JONAS: EL AMOR DE DIOS POR TODAS LAS NACIONES
DATOS IMPORTANTES DEL PROFETA JONÁS.
El profeta Jonás.
Su nombre significa “tórtola” y el de su padre, "veraz". El hogar del profeta se encontraba en
Gat-hefer de Zabulón (Josué 19:13), al norte de Nuaret de Galilea. (Observe el error que
cometen los enemigos del Señor en Juan 7:52.) El mismo libro de Jonás es suficiente para
darnos una introspección en lo que respecta a la vida y el carácter de este profeta tan
debatido y desdeñado.
El llamado y la desobediencia de Jonás.
La palabra de Dios dicha a Jonás fue una orden clara e inequívoca para que fuera a la Nínive
pagana y predicara contra ella, debido a su gran maldad. Este es el único caso de un profeta
enviado a los paganos.
Al profeta se lo comisionó para que predicara contra la ciudad a causa de su gran pecado y
corrupción. (Para una expresión similar de pecado, véase Génesis 18:21; respecto a la
fraseología, véase 1 Samuel 5:12.) Dios le mandó a Jonás que fuera allá; pero el profeta era
de opinión contraria y huyó hacia Tarsis. Los profetas no eran simples máquinas; podían
resistirse a la voluntad de Dios. Sin embargo, éste es el único caso registrado en que un
profeta se negó a llevar a cabo su misión.
Muchas veces se nos hace fácil ver a Jonás como el desobediente, sin pensar que también
estamos expuestos a caer (y muchas veces caemos). No fue simple recibir un mensaje e irlo
a dar cuando la condición de ese pueblo era tan grabe, a tal grado que Dios la iba a destruir.
Como dice el autor de nuestro libro de texto: “Los profetas no eran simples máquinas; … y
que éste es el único caso registrado en que un profeta se negó a llevar a cabo su misión”.
Aunque parece que Jonás explica y se escusa por qué razón no quiso ir a Nínive y huir (Jonás
4:2), debemos ser conscientes que nuestras emociones pueden hacernos débiles y en algún
momento podemos fracasar en dar un mensaje del Señor. A mi parecer, no es que entienda
la justificación de Jonás, pero se requiere de valentía ser un profeta, así como Jonás y más
en el tiempo que a él le tocó.
¿Por qué huyó Jonás?
Las respuestas a esta presunta han sido varias. Se ha sugerido que presentía que el
arrepentimiento de la ciudad, si se producía, significaría la caída de su propio pueblo. Otros
expresan la opinión de que el profeta temía que la conversión de los gentiles disminuyera los
privilegios de Israel como pueblo escogido de Dios. Se ha explicado la desobediencia del
profeta como producto del orgullo y de la intolerancia: no podía regocijarse ante el hecho
de que Dios fuera a demostrar su gracia para con un pueblo pagano. Es verdad que Jonás
sabía, por las profecías anteriores (véase Oseas 9:3), que Asiria sería la encargada de ejecutar
el castigo divino sobre Israel.
En el capítulo 4, versículo 2, el profeta mismo nos indica cuál fue su motivo para huir a Tarsis.
Se negó a ir a Nínive porque temía que el mensaje de Dios tuviera éxito entre ellos. Por
naturaleza, el corazón del hombre prefiere que caiga el juicio sobre otros hombres más bien
que se manifieste en ellos la gracia y la misericordia de Dios.
La gratitud de Jonás.
Al pasar por todas esas experiencias tremendas, el profeta aprendió una de las lecciones más
grandes del reino espiritual. Descubrió que los que confían con celosa consideración en las
vanidades ilusorias desechan su propia misericordia. Esta es una reveladora descripción no
sólo de los idólatras, sino de todos los que depositan su confianza en objetos sin valor e
im1tiles, en lugar de confiar en el Dios vivo y verdadero.
La misericordia es algo que sólo puede proceder de El; por consiguiente, es una
representación de Dios mismo. El es el gran Benefactor, la fuente de todas las misericordias
y beneficios. Así conocía David también a Dios (se usa la misma palabra chesedh
"misericordia", para Dios, en el Salmo 144:2; véase también Salmo 31:6 y 59:17).
Jonás nos muestra que no puede buscarse liberación sino sólo en el Señor. Ahora conocía la
condición de los paganos, puesto que, al procurar huir del Señor, habia abandonado también
la única fuente de misericordia. El profeta había aprendido una valiosísima lección y estaba
dispuesto a darle a Dios las gracias debidas a Él. Agradecido por la intervención de Dios a su
favor, Jonás promete ofrecer sacrificios de acción de gracias (Levítico 7:12-14) y cumplir sus
votos, lo que indudablemente incluía el cumplimiento de su misión en Nínive. Al final del
capítulo 2 hallamos a Jonás en la misma posición que los marineros en 1:16, ofreciendo un
sacrificio y haciendo votos. Ha llegado a conocer ahora como nunca antes que la salvación,
la liberación, ya sea del alma o del cuerpo, sólo puede provenir del Señor mismo.
UN PROFETA QUE OBTUVO BUENOS RESULTADOS.
El profeta obediente
¡Cuán diferente es ahora el relato! Jonás se levantó e hizo exactamente lo que el Señor le
había mandado. En lugar de su actitud caprichosa anterior, ahora vemos una obediencia
inmediata. Jonás es ahora un ejemplo vivo de misericordia recibida por medio del
arrepentimiento (véase Mateo 21:28, 29). ¡Ojalá Jonás tuviera más seguidores en su
obediencia que los que tiene en su huida! Nuestro Señor nos dice que el profeta fue una
señal para los moradores de Nínive (Lucas 11:30).
Aun cuando estas confirmaciones históricas resultan interesantes, el centro del relato se
halla en la persona de Jonás mismo al traer el mensaje de Dios. El mismo había sido salvado
de la muerte y, de este modo, podía darle a la ciudad pecadora de Nínive la esperanza en el
Señor que tanto necesitaba. Una vez más, el relato recalca que Nínive era una "ciudad grande
en extremo" (literalmente: "grande para Dios"); era grande para el Señor que no se deja
engañar por las apariencias, sino que ve todas las cosas en su verdadera luz.
Al entrar Jonás en la ciudad y recorrerla, predicaba su mensaje de advertencia. Aquí no se
implica necesariamente una distancia definida, por cuanto no sabemos cuánto tiempo pudo
haberse detenido el profeta en diferentes lugares. El aviso del juicio era en sí mismo un
mensaje de gracia. Se les concedía un período de cuarenta días durante el cual deben
volverse a Dios de sus malos caminos. Cuarenta es el número empleado en las Escrituras con
relación a las pruebas. (Véase Génesis 7:17, el diluvio; Éxodo 24:18, Moisés en el monte; 1
Reyes 19:8, Elías en su huida a Horeb; y Mateo 4:2, la tentación de Cristo.) Aquí se usa el
mismo verbo que en el caso de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Dios los amenazó con
que iba a destruir por completo su ciudad, desde sus cimientos mismos.
El arrepentimiento de Nínive
Nuestro Señor dijo que Jonás había sido una señal a los ninivitas. La noticia de los
acontecimientos registrados en este libro había llegado hasta la gente de Nínive antes de
que el profeta llegara a esa capital. En consecuencia, fue una señal para ellos. Podían ver en
Jonás que Dios castiga el pecado; pero también que salva al pecador arrepentido. La historia
sagrada conserva para nosotros sólo cinco palabras del mensaje de Jonás (en el original de
3:4); pero fue uno de los mensajes más grandes predicados jamás por el hombre, si no el
más grande de todos. En ninguna parte de la Biblia ni fuera de ella encontramos una
indicación de que un mensaje de Dios fuera usado por El en un grado tan amplio. ¡Porque
toda la ciudad de Nínive creyó en Dios! En la historia de los avivamientos, nunca ha sucedido
nada ni remotamente parecido a esto. Jonás fue una señal; pero el pueblo no se excitó con
el profeta, sino que creyó en Dios.
El hecho esencial es que Jonás, que viene con un genuino mensaje procedente de Dios,
recibe autenticación de su mensaje por el poder del Espíritu Santo en el corazón de los
ninivitas paganos. En la hora del arrepentimiento, el rey y el pueblo estaban en el mismo
nivel. Dios está interesado en el corazón contrito y humillado, no en la púrpura real ni los
andrajos del pobre.
Cuando Dios vio lo que hicieron y que se habían vuelto de su mal camino, se arrepintió del
castigo acerca del cual los había advertido y no lo hizo. Los actos de los ninivitas no fueron
obras meritorias, por cuanto no se hace mención de sacrificios ni ofrendas, sino sólo de un
verdadero arrepentimiento y fe en Dios.
CONCLUSIÓN:
El relato bíblico nos da a entender que sin duda alguna el arrepentimiento fue verdadero, de
otro modo Dios no habría perdonado a la ciudad por mostrar una conversión simulada. Por
lo tanto, el libro nos enseña con claridad la eficacia del arrepentimiento, primeramente en
el caso de Jonás y, luego, en el de los ninivitas.