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Patronatos Regios en Mexico

Este documento presenta un análisis del patronato real en la Iglesia de México. Explica que los patronatos originalmente eran concesiones papales a los reyes, pero con el tiempo los estados fueron ganando más control sobre la Iglesia. Describe cómo el patronato real se estableció en España y luego se extendió a México durante la colonia, dándole al estado poder sobre nombramientos eclesiásticos y otros asuntos. Finalmente, argumenta que aunque los patronatos tuvieron algunos beneficios iniciales, la Iglesia terminó perdiendo

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Patronatos Regios en Mexico

Este documento presenta un análisis del patronato real en la Iglesia de México. Explica que los patronatos originalmente eran concesiones papales a los reyes, pero con el tiempo los estados fueron ganando más control sobre la Iglesia. Describe cómo el patronato real se estableció en España y luego se extendió a México durante la colonia, dándole al estado poder sobre nombramientos eclesiásticos y otros asuntos. Finalmente, argumenta que aunque los patronatos tuvieron algunos beneficios iniciales, la Iglesia terminó perdiendo

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SEMINARIO DIOCESANO DE CIUDAD OBREGÓN

TEOLOGÍA

PATRONATOS REGIOS EN MÉXICO


Trabajo Semestral

Alumno: Mario López Sotelo


Materia: Historia de la Iglesia en México
Profesor: Francisco Angulo Silva

CIUDAD OBREGÓN, SONORA, A 11 DE JUNIO DE 2021.


ÍNDICE

Introducción……………………………..…………………………………………………3
Contexto……………………………………………………………………………………4
Balance…………………………………………………………………………………….6
¿Cómo se obtiene el real patronato?.......................................................................7
Consecuencias del real patronato en México………………………………………….7
Conclusión…………………………………………………………………………………9
Bibliografía………………………………………………………………………………..10

2
INTRODUCCIÓN

El presente trabajo es un análisis del patronato real en la Iglesia de México, su inicio,


antecedente, funcionamiento y consecuencias.
Seleccioné dicho tema porque me parece que es parte de las bases más
importantes en la relación Iglesia-Estado y sienta los precedentes del regalismo y
las subsecuentes ideas liberales de ponerse por encima del clero en sus propias
estructuras de organización dictadas por el Señor Jesús en los Evangelios y en la
Tradición apostólica.
Mi planteamiento es que la Iglesia con este tipo de negociaciones se fue
distanciando de la esencia de su misión y se fue deteriorando su autonomía frente
al Estado Mexicano. Lo que fue enconando las relaciones Iglesia – Estado en
México hacia una fuerte separación que a ambos les ha afectado negativamente y
les limita.

3
CONTEXTO

Sabemos que desde los tiempos de la Iglesia Novohispana, a finales del Siglo XVIII,
ya existían los patronatos regios. Hasta entonces, dichos patronatos eran
concesiones del Papado hacia los reyes u otras personas en el poder, pero que
desde las reformas borbónicas y al pasar por los sucesivos períodos de la historia,
y sobre todo ya en el contexto del liberalismo en el México independiente, el
patronato terminó y se instaló el regalismo1.
Ahora bien, ¿qué es el patronato y el regalismo?

Guillermo Porras nos presenta la siguiente definición: “«Patronadgo es derecho, o


poder, que ganan en la Eglesia, por bienes que fazen, los que son Patrones della».
Aplicado este concepto a la Iglesia en Indias, la opción que ofrece entre derecho y
poder resulta lamentable, pues se escogió el segundo término”2.

El regalismo es una doctrina canónica conforme a la cuál, los derechos y


propiedades frente a la Iglesia no eran concesiones del papado sino una especie de
regalías intrínsecas a la caridad del soberano. Podía gobernar a la Iglesia en lo
relativo a lo temporal. Con esa doctrina, la corona española en la época de las
reformas borbónicas, va a echar manos de esas regalías y esos derechos para
intervenir en la Iglesia. Poco a poco, el Estado fue ganando potestades3 soberanas
para reformar al clero.
De hecho, junto con el patronato, la provisión de Obispos también fue un asunto en
el que el que el Estado intervenía ya desde 1857. Hasta se llegó a promulgar una
ley de provisión de Obispos. Pero ¿cuál era la posición de la Iglesia respecto a este
aspecto? La jerarquía eclesiástica argumentaba que el patronato había cesado con
la independencia respecto a España, pues aquél se había cedido al rey de Castilla
en lo personal y sólo podría obtenerse por concesión pontificia. Las discusiones
entre regalistas y canonistas —por utilizar los términos de Charles Hale— dieron
paso a la búsqueda de un concordato que no llegó a firmarse a pesar de que México
mantuvo, con algunas interrupciones, una representación diplomática ante la Santa
Sede desde 1825 (Hale, Charles, A., El liberalismo mexicano en la época de Mora,
México, Siglo XXI, 1992, pp. 129-1304).

1
Cfr. Castillo Flores J. G., La Iglesia mexicana en tiempos de la impiedad, P. 347.
2
Porras G., El regio patronato indiano y la evangelización, p. 756.
3 El patronato fue concedido a la Corona Española como un privilegio, pero hubo una interpretación
ultramontana que sostenía que esa prerrogativa había sido concedida a los reyes y no a la nación española.
Véase Gómez Álvarez Cristina, La Iglesia Católica y la Independencia mexicana, p. 13
4
Citado por Rosas Salas Sergio, Ibid.

4
¿Podemos encontrar rasgos de cómo es que en México el patronato y luego el
regalismo se fue instalando de manera que poco a poco la Iglesia jerárquica fue
perdiendo poder de decisión?
Estos orígenes exceden nuestra propia historia mexicana. Habrá que remontarnos
a un período y lugar distinto que poco a poco se acerca hasta nuestras tierras.
Las relaciones Iglesia-Estado en México han sido ricas y complejas a lo largo tanto
de los tres siglos de virreinato como de los dos que cumpliremos en el 2021 de vida
independiente. Los antecedentes de esa relación se encuentran en la creación del
Regio Patronato Castellano y su ampliación a las Indias en el siglo XVI5. En la
España visigoda, el nombramiento de los obispos correspondía al clero, y el pueblo
era testigo. Con el tiempo, los gobernantes tomaron estas ceremonias bajo su
protección, para evitar la excesiva injerencia popular que traía consigo frecuentes
perturbaciones a la paz. Los reyes visigodos, primero arrianos, y católicos luego de
la conversión de Recaredo en el 589, desempeñaron así un patronato general sobre
la Iglesia visigoda; llegaron incluso a nombrar finalmente al alto clero, convocando
a concilios nacionales y estableciendo los límites de las diócesis.

Luego se presentó la invasión musulmana con la consiguiente caída de la


monarquía visigoda. Con la expulsión paulatina de los musulmanes del territorio de
la Península Ibérica, los gobernantes cristianos en cada zona reconquistada
continuaron con la práctica de la intervención de la autoridad estatal en los asuntos
de la Iglesia, hasta que en el siglo xi la Iglesia redujo este patronato que se habían
arrogado los gobernantes de los territorios cristianos en España.

El papado no objetaba los patronatos particulares de familias sobre capillas o


iglesias determinadas en donde habían tenido especial atención en su fundación y
mantenimiento. En la Edad Media el patronato se había utilizado como forma de
incluir al poder político en la expansión del cristianismo. El derecho de patronato
tenía como contraprestación el esfuerzo económico del príncipe para establecer la
Iglesia en los territorios de infieles recién conquistados. Se exigía del patrono la
fundación y la dotación de las iglesias.

Las grandes empresas viajeras de la época hechas por Castilla y Portugal, que
llevaron al descubrimiento de América, dependieron estrechamente de la
intervención del papa que concedió a los monarcas el principal título de legitimidad
de su dominio sobre las tierras descubiertas incorporadas a su señorío.

Así, el poder político adquiría el deber de establecer la Iglesia y ayudarla en su obra


de evangelización, y recaía sobre las autoridades civiles la obligación de fundar
iglesias y edificios de culto, así como de dotarlas adecuadamente para su
sostenimiento y el de los clérigos a su servicio.

5
De aquí al siguiente apartado, el texto se toma de la obra de Cruz B. O., Relacion iglesia-estado en México:
el regio Patronato indiano y el gobierno mexicano en la primera mitad del siglo XIX, p. 117-119.

5
Como contrapartida, los príncipes seculares gozaban con el patronato del derecho
de presentación para cubrir cargos eclesiásticos, es decir la selección de candidatos
para dichos cargos que habrán de ser nombrados por el papa. Además, la
concesión de la soberanía sobre las tierras conquistadas es lo que los príncipes
obtienen a cambio del esfuerzo económico que significa el envío de misioneros,
edificación de iglesias y concesión de rentas para su manutención.

En 1416 Castilla había logrado obtener del papa que, en caso de vacantes de cierta
importancia, como las de obispos, los nuevos nombramientos los harían los
Cabildos en cuestión. Esta medida es un antecedente del privilegio que lograría la
Corona posteriormente de presentar candidatos para toda clase de vacantes
eclesiásticas y, finalmente, en la práctica, el derecho de nombrar a los nuevos
funcionarios eclesiásticos con la posterior ratificación papal.

Como antecedente del Regio Patronato Indiano también se considera al patronato


concedido a los Reyes Católicos respecto de los territorios reconquistados en el
Reino de Granada, que incluía el derecho a cobrar diezmos. Más tarde, en 1494, el
papa Alejandro VI les concedió un tercio de los diezmos de sus reinos. Otros
privilegios se le otorgaron a la Corona española en 1523, pues el papa concedió
una influencia decisiva en el otorgamiento de los beneficios consistoriales,
extendido a los beneficios catedralicios por Clemente VII y confirmados por Pablo
III en 1536 mediante una declaración general.

BALANCE

¿Qué balance podemos hacer hasta aquí? Simplemente hay que decir que hasta,
cierto punto, la Iglesia misma se puso en una situación crítica y de pérdida de poder
de decisión para nombrar a sus propios Obispos y decidir sobre sus parroquias y
otros bienes6. Aunque los patronatos tuvieron sus bondades en el sentido más
cristiano posible, por ejemplo, en que gracias a ellos se impulsaron las misiones con
más fuerza7. Sin embargo, a mi parecer, fue más lo que se perdió que lo que se
ganó en términos generales.

6
Siendo muy específico, la fecha exacta se da en 1508, el 28 de julio: “se obtuvo una nueva bula, Universalis
ecclesiae,en términos más adecuados a la tradici6n del Derecho castellano. El Papa Julio II decía: «concedemos
al Rey Fernando y a la Reina Juana, y al rey de Castilla y de León, que por tiempo fuere, que nadie, sin su
expreso consentimiento, pueda construir, edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas
o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas
para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios
eclesiásticos y lugares píos».
7 En cuanto a los efectos del patronato en México, el boletín informativo de la dirección general del archivo
histórico y memoria legislativa (Año III No. 25 Mayo Junio 2003) nos aclara: En este sentido, las concesiones
papales de potestad y dominio sobre las tierras americanas recién conquistadas por la corona de España --
independientemente de la discusión sobre si el poder estaba circunscrito a la ocupación para fines exclusivos

6
¿CÓMO SE OBTIENE EL REAL PATRONATO?

«Este derecho gana ome por tres cosas. La vna, por el suelo que da a la Eglesia,
en que la fazen. La segunda, porque la fazen. La tercera, por heredamiento que le
da, a que dizen Dote, onde bivan los Clerigos que la siruieren, e de que puedan
complir las otras cosas, segund dize en el titulo que fabla de como deuen fazer las
Eglesias8».

CONSECUENCIAS DEL REAL PATRONATO EN MÉXICO

¿Cuál fue el resultado de este tipo de relaciones entre el Estado y la Iglesia a lo


largo de todo el camino de transición hacia el México independiente? En última
instancia, la separación extrema entre Iglesia y Estado, sin duda tuvo sus ventajas
pero también sus pérdidas por parte de ambas instituciones9.
En lo personal, considero que son más las desventajas pero, en cierto modo, al
principio en la Iglesia no existían unos procedimientos tan establecidos a cerca
cómo se elegían a los Obispos, los mecanismos para organizar las misiones, y en
general las relaciones entre la Iglesia y los Estados en los diversos países, es tan
diversa que prácticamente en muchos países se fueron dando diversos acuerdos (o
desacuerdos en otros) a través de los llamados Concordatos.
Llegando a este punto de la reflexión, el error no fue establecer relaciones con el
Estado. Porque la Iglesia no está peleada con el Estado en esencia. La Iglesia ora
por los gobernantes y pide que la sociedad se de en un espíritu de paz y fraternidad.
¿Cuál fue el error entonces? En mi percepción, el error fue dejar crecer el Estado
demasiado en las decisiones internas de la Iglesia. El intercambio de beneficios
económicos para el desarrollo de las misiones terminó atando, en cierto modo, las
manos a la Iglesia.

de evangelización o si era ilimitado e implicaba pleno dominio político y económico bajo el derecho de la
guerra justa—significaban la autorización de Roma para que la corona tuviera injerencia en los asuntos
internos de la Iglesia. El Real Patronato permitió que el proyecto de la Iglesia española fuera de la mano del
proyecto de conquista de nuevos territorios. La evangelización, en sus principios, fue encabezada por órdenes
mendicantes de franciscanos, dominicos y agustinos, cuyo proyecto estaba inmerso en la utopía del
cristianismo primitivo para construir una nueva sociedad cristiana, al margen de la viciada sociedad occidental.
8
Porras G., Ibid, p. 156.
9
Erika Pani sugiere, a mi entender, que la tensión y separación de la Iglesia y el Estado en México provocó
inconvenientes para ambas instituciones. Véase Pani E., Religión y autoridad: la crisis en las relaciones Iglesia-
Estado a mediados del siglo XIX.

7
Creo que fue un error porque Jesús nos dijo en lo relativo a las misiones: “no lleven
doble túnica ni morral”. Es decir, que nos faltó humildad e inteligencia para no
dejarnos envolver por las facilidades que ofrecían las buenas relaciones con los
Estados y Reyes de los diversos países.

8
CONCLUSIÓN

Aunque hoy nos rasgamos las vestiduras al darnos cuenta de que el Estado estuvo
por mucho tiempo metido en decisiones de la jerarquía de la Iglesia, de algún modo,
la forma en que se fue dando y desarrollando el patronato en la Iglesia responde
también a la forma democrática en que los primeros cristianos elegían a sus
Obispos en algunos lugares del mundo10.
Sin embargo, y a pesar de lo anterior, no se puede dejar el mandato de Cristo de
evangelizar el mundo en manos de los gobiernos o reyes de la tierra. Jesús dio ese
mandato a sus apóstoles no a los dirigentes políticos de su tiempo (ni religiosos).
Por lo tanto, en conclusión, los patronatos fueron el inicio de unas relaciones con
los gobiernos y reyes de los diversos países que dieron pie a un crecimiento de
derechos del Estado sobre la Iglesia. En México, estos mismos derechos que luego
ya no quisieron soltar fueron evolucionando y hoy tenemos una Iglesia muy limitada
por el Estado mexicano, lo cual se puede ver en la Ley de Asociaciones Religiosas
y en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y sus políticas (no podemos
como Iglesia tener un canal de televisión, de radio, etc.).
Por todo lo anterior, para mí, fueron un error y no tienen una base evangélica ni los
patronatos, regalismos, provisión de obispos, etc.

10
León Zavala J.F., El real patronato de la Iglesia, p. 301-302.

9
BIBLIOGRAFÍA

castillo Flores, J. G. (2018). La Iglesia mexicana en tiempos de la impiedad.


Tzintzum, Revista de Estudios Históricos, 347-353.
Cruz Barney, O. (2013). Relacion iglesia-estado en México: el regio Patronato
indiano y el gobierno mexicano en la primera mitad del siglo XIX. Revista
Mexicana de Historia del Derecho, XXVII, 117-150.
Dirección General del Archivo Histórico. (2003). Las relaciones Iglesia-Estado en
México, una historia de encuentros y desencuentros. México.
Gómez Álvarez, C. (2007). La Iglesia Católica y la Independencia. Montalbán, 29-
42.
León Zavala , J. F. (s.f.). El real patronato de la Iglesia. Biblioteca Jurídica Virtual
del Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM, 287-303.
Pani, E. (2007). Religión y autoridad: la crisis en las relaciones Iglesia-Estado a
mediados del siglo XIX., (págs. 121-137).
Porras, G. (1987). El regio patronato indiano y la Evangelización. Scripta
Theologica, 755-769.
Rosas Salas, S. (2016). ¿Quién tiene derecho a nombrar Obispos? Provisión
episcopal y patronato en México, 1850-1855. Tzintzun. Revista de Estudios
Históricos, 67-96.

10

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