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Rubén Darío: Modernismo y Esoterismo

Este documento resume un libro que analiza la obra del poeta nicaragüense Rubén Darío a través de una lente filosófica y esotérica. El libro argumenta que el modernismo, y la poesía de Darío en particular, estaban fundamentados en tradiciones esotéricas como el pitagorismo, y no eran meramente estilísticos. A través de un análisis detallado de los poemas, el libro muestra cómo Darío buscaba la unidad y armonía del cosmos a través de estas filosofías ocultas.

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Rubén Darío: Modernismo y Esoterismo

Este documento resume un libro que analiza la obra del poeta nicaragüense Rubén Darío a través de una lente filosófica y esotérica. El libro argumenta que el modernismo, y la poesía de Darío en particular, estaban fundamentados en tradiciones esotéricas como el pitagorismo, y no eran meramente estilísticos. A través de un análisis detallado de los poemas, el libro muestra cómo Darío buscaba la unidad y armonía del cosmos a través de estas filosofías ocultas.

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Otra virtud del trabajo de C.

Pujol es la bibliografía; demasiadas veces, hoy en


día, las obras de lecturas y consulta que uno adquiere carecen de este instrumento
elemental o, lo que es peor, ofrecen densas páginas de referencias entre las cuales uno
no sabe dónde dirigir sus pasos o qué elegir. La bibliografía que ofrece el autor es
una selección comentada y valorada de lo que uno puede encontrar en las bibliotecas
o en las librerías, de lo que se puede leer provechosamente y, más aún, de lo que falta
por hacer en el mundo de la crítica balzaquiana. Por fin, un completísimo índice
onomástico permite localizar, con suma facilidad, las referencias textuales a cada
personaje real o de ficción.
En definitiva, el libro de C. Pujol será el vademécum de cualquiera que sienta
curiosidad por Balzac y mentor indispensable de quien tenga que estudiarlo. N o existe,
hoy por hoy, en el mercado español, y creo que extranjero, ningún trabajo que, en el
espacio de unas 350 páginas, permita a uno enterarse de tanto; en esto conoce uno a
los maestros: en que de su mano, las dificultades no son menores, sino más llevaderas;
también en que su enseñanza le hace a uno ganar tiempo y disfrutar más.—ALAIN
VERJAT (Paseo de la Cru^, 14. San Cugat del Valles. BARCELONA).

Un estudio de Darío *
En su libro Rubén Darío and the Romantic Search of Unity. The Modernist Recourse to
Esoteric Tradition (publicado por University of Texas Press y pronto a salir en versión
española por el Fondo de Cultura Económica), Cathy Login Jrade nos ofrece un
estudio serio y muy agradable de leer sobre el fundamento filosófico de la obra de
este gran poeta nicaragüense. El libro abarca la amplia literatura dedicada al
modernismo hispánico, a la vez que sitúa a este movimiento dentro de un esquema
universal, relacionándolo con los románticos y simbolistas europeos, en cuya obra
brotó por primera vez la crisis de la modernidad. Este enfoque crítico de someter la
literatura moderna en lengua española a un examen universal y así colocarla
firmemente dentro de su propia época ha sido la tarea principal de la obra crítica de
Octavio Paz, especialmente en su libro Eos hijos del limo, y la profesora Jrade es
generosa en su reconocimiento de la influencia del poeta/crítico mexicano en su libro,
como lo es con todas las aportaciones críticas al estudio del romanticismo y del
modernismo. Su libro traspasa la mera influencia, sin embargo, para indagar en un
terreno hacia el cual sólo unos pocos críticos, entre ellos Paz y Enrique Anderson
Imbert, habían apuntado: el ocultismo como sustento metafísico de la obra poética de
Darío. La profesora Jrade posee un conocimiento amplio y profundo de la poesía de

* Rubén Darío and the Remande Search for Unity. The Modernist Recourse to Esoteric Tradition, Cathy Login
Jrade, University of Texas Press, 1983.

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Darío y de la literatura moderna en general y, lo que es más, su análisis crítico
incorpora numerosas aportaciones sólidas al estudio del poeta nicaragüense, a la vez
que resalta lo esencialmente humano de su lucha poética. La originalidad del libro
reside en la manera en que, a través de un estudio fundamentalmente formalista,
reencarna el drama del poeta en su búsqueda por la esencia del ser humano y la
armonía del cosmos.
Estructuralmente, el estudio es temático y, dentro de cada tema, cronológico, y
así el drama del poeta se revive a través del lector. El primer capítulo, «El
modernismo y la tradición romántica/esotérica», es una especie de introducción al
libro, cuyo asunto abarca todos los temas que se desarrollan en los demás capítulos: la
relación entre el romanticismo europeo con el ocultismo y, en menos grado, el
positivismo y la herencia por parte del modernismo (siempre el hispánico y no el
anglosajón) de esta tradición. En América Latina, el sentido de fragmentación y
enajenación (con el mundo y con uno mismo) se había agudizado a finales del siglo
XIX. Darío y los modernistas elaboraron una posible recuperación de la unidad del
cosmos, igual que los románticos, en las concepciones esotéricas y bíblicas del mundo.
En este capítulo, la profesora Jrade estudia detenidamente las filosofías no ortodoxas
y también las tradicionales, como el catolicismo, con referencia a la obra de Darío.
Para la generación de Darío, todos los sistemas creados por el hombre para descifrar
la esencia del cosmos, descubrir el «más allá» y encontrar la unidad perdida se
consideraban válidos. Sin embargo, como se señala aquí, era el pitagorismo —basado
en el orden, la armonía y la música— el sistema que más atrajo a Darío y el libro se
propone demostrar cómo esta filosofía era el fundamento filosófico de su obra y no
meramente un toque estilista y superficial. Señala que lo que se llama «pitagorismo»
en la obra de Darío es, de hecho, un pitagorismo reinterpretado a través de las
doctrinas esotéricas y combina libremente elementos no sólo del pitagorismo histórico
(el cual en sí es un fenómeno complejo y difícil de precisar), sino también del
neopitagorismo, del platonismo y del neoplatonismo. Esta tendencia al sincretismo era
muy propia de Darío, el cual nunca dejó de explorar sistemas no tradicionales de
interpretar el mundo. Claramente, el propósito de este capítulo y de todo el libro en
general es establecer las bases filosóficas de la obra poética de Darío y así rescatar al
modernismo, cuya figura máxima era el poeta nicaragüense, de la tesis de que era un
movimiento reaccionario, estilista y superficial. La profesora Jrade se propone y logra
con éxito demostrar que, al contrario, el modernismo era un verdadero movimiento,
nacido de una crisis auténtica y que, como prueba de su autenticidad, forjó la dirección
en que se movieron las obras literarias venideras.
Es en su análisis de la poesía de Rubén Darío donde la profesora Jrade expone
con gran habilidad sus argumentos y hace que la voz del poeta los refuerce sin perder
ni su belleza ni su complejidad. Como ella dice: «Para apreciar la centralidad de esta
influencia, la poesía de Darío tiene que examinarse con profundidad. Los poemas
tienen que ser analizados para poder tratar de resolver lo enigmático y explicar lo
aparentemente inexplicable, como también para revelar los niveles de intensidad jamás
explorados en la poesía de Darío, la cual, por lo general, se ha admirado como
filigrana fina —imaginativa, florida y muy bien construida, pero superficial y sin

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profundidad emocional y filosófica» (pág. 18)—. El segundo capítulo, «El pitagorismo
esotérico en la visión del mundo de Darío», traza —a través de los poemas— el
desarrollo filosófico del poeta, revelando su carácter religioso y supersticioso. Darío
veía a Dios en la naturaleza, postura que le unió al pitagorismo esotérico, cuya idea
central era: «Dios es el Uno que es todo». Aunque hay ecos panteístas en sus poemas
desde 1879, es en 1885, explica la profesora Jrade, cuando escribe su primer poema
sofisticado basado en mitologías ocultas: «Coloquio de los centauros». En este poema,
el poeta es argonauta y sólo él puede leer los signos del universo e interpretarlos como
indicaciones del orden del universo y la imanencia de Dios. Aquí un ejemplo de cómo
los comentarios críticos siguen muy de cerca los textos de los poemas: «En
"Coloquio" el mar recuerda el corazón único y pulsante del mundo, el cual resuena
por el universo y dentro de la poesía de Darío. Darío comunica este mensaje del pulso
universal en el ritmo "staccato" de la segunda, tercera y cuarta estrofas. La pulsación
de estos versos y la descripción de los sonidos estrepitosos de los centauros que se
acercan sirven como una introducción de tambor al coloquio y hacen hincapié en su
tema principal: la vida es una extensión armoniosa de Dios» (pág. 31). El análisis
formalista y ocultista que ella hace de este poema descubre el papel que tiene en él el
fenómeno de la transmigración de almas: es el foco temático y dramático del poema.
Tanto los objetos inanimados como los seres humanos tienen la capacidad de ascender
y hacerse más divinos. Pero también tienen la capacidad de descender a la bestialidad.
De ahí se explica el cariño que siente Grineo hacia las piedras y las rocas,
considerándolas peregrinas a punto de empezar su viaje por el proceso de la evolución.
Sigue inmediatamente el discurso de Quirón sobre el mito griego de la destrucción
del mundo, en el cual Deucalión y Pyrra restauraron la humanidad tirando rocas que
se convertían en seres humanos. Pero es en su actitud hacia la muerte donde la
profesora Jrade descubre la originalidad ocultista de Darío. Quirón ofrece su
inmortalidad a Prometeo no tanto para librarle de su castigo eterno sino por lograr
él mismo la mortalidad y a través del fenómeno de la transmigración llegar a
encarnaciones cada vez más avanzadas hasta finalmente unirse con Dios. El capítulo
termina con el análisis de siete poemas más, de «Las ánforas de Epicuro», donde se
nos enseña a través de una lectura formalista el intento de Darío de «iluminar la
naturaleza armoniosa y viviente que —quizá por algo que no es culpa suya— teme
que no pueda emular».
Este terror de no poder cumplir su destino de poeta —considerándolo el privilegio
de unos pocos elegidos— es el tema central del siguiente capítulo: «Bajo el signo de
un destino supremo: la reencarnación y la responsabilidad poética». La profesora Jrade
empieza con dos poemas sobre la reencarnación, «Reencarnaciones» (1890) y «Metem-
psicosis» (1893), para comparar su relativa ingenuidad con el poema «Alma mía»
(1901) de «Las ánforas de Epicuro». Ella señala el tono optimista de este último poema
—la confianza del poeta en ser la forma más alta de la humanidad y de cumplir con
su destino si sigue el rumbo que ha seguido hasta ahora. Aunque es un poema más
maduro que los otros dos, la profesora Jrade hace hincapié en que la madurez se
diferencia de la vejez y que la idea de la muerte todavía no era una posibilidad
inminente. En esos momentos, la creatividad y estima personal de Darío estaban en

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su cumbre. Este optimismo, combinado de todas formas con cautela, se refleja en la
estructura formal del poema. En el siguiente poema analizado, «Palabras de la
Satiresa», el optimismo y la confianza siguen, pero Darío se enfrenta directamente con
los peligros que personalmente le achacaban en su rumbo hacia Dios: las tentaciones
de la carne. Es un poema exuberante, como se señala aquí, a pesar de su súplica a la
moderación. Cuatro años después escribe «Divina Psychis», el cual contrasta notable-
mente con los poemas anteriormente analizados en este capítulo. En este poema se
analiza detalladamente la tensión entre el espíritu y la carne y se demuestra cómo de
aquí en adelante, es decir a partir de 1906, Darío se enfrenta con la realidad de sus
años malgastados, del terror de haber sido un alma que hubiera podido alcanzar el
reino eterno y que lo ha perdido. Empieza a obsesionarse con las reencarnaciones
tanto del futuro como del pasado. Se examina su remordimiento a través de los
poemas «Eheu!», «Caracol», «Epístola» y «Hondas», donde, con gran claridad y
manteniendo la tensión dramática de la poética personal de Darío, se demuestra cómo
llega a perder su fe en la visión poética y filosófica que le proveía hasta entonces el
pitagorismo esotérico. En «Divina Psychis» vacila entre un sistema simbólico
esotérico y un sistema tradicional cristiano (este último por permitir la conversión
mística en cualquier momento). En su búsqueda por la inmortalidad busca el lenguaje
mágico que le permita la comunicación con la fuerza vital universal, pero se enfrenta
con las limitaciones fundamentales de cualquier sistema humano de símbolos y
creencias, incluso los del esoterismo. Sin embargo, como señala la profesora Jrade, a
pesar del fracaso de no encontrar en la tradición esotérica el lenguaje con que podía
comunicar su sentido de armonía universal, esta tradición le proveyó una dimensión
religiosa al papel de poeta.
El cuarto capítulo, «El poeta como mago: descifrando el universo», continúa con
el tema de la función religiosa de los poetas modernistas, herencia de la segunda
generación de románticos y simbolistas, y cuyo ejemplo más representativo era Víctor
Hugo. En este capítulo se señala que para el año 1908, cuando Darío escribe «En las
constelaciones», ya no ve claramente el ritmo y el orden del universo. Se analizan los
poemas «La página blanca» (1896) y «A Juan Ramón Jiménez» (1900), en los cuales
Darío transforma al poeta en salvador, en uno que «penetra la aparente discordia del
universo y percibe el orden armonioso del cosmos, captando ese orden —y su
promesa de salvación— en la página blanca». Al escribir estos poemas, Darío tenía
una gran confianza en el poder visionario del poeta. Las cualidades que tal tarea exigía
(la sinceridad, la desnudez del alma y la fuerza de enfrentarse con sí mismo y con el
cosmos) le convertían en un héroe de proporciones míticas, como se ve en «Pegaso»,
al final de «Yo soy aquél que ayer no más decía», y en «¡Torres de Dios! ¡Poetas!» En
este último poema, sin embargo, la profesora Jrade nota que Darío se siente defensivo
en relación a los que no entienden su visión poética. El sufrimiento de verse solo y
sin comprensión alcanza rasgos religiosos también en «Mientras tenéis, oh negros
corazones», donde el poeta se parece a Jesucristo, y esta tensión, desarrollada a través
de los capítulos 2 y 3, aumenta y llega a su cumbre en «Divagaciones» (1916), uno de
sus últimos poemas. Ya no coge su papel divino con tanto entusiasmo y grita la
injusticia de su soledad al cumplir su misión divina. Esta desilusión con su

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responsabilidad poética existía también en poemas anteriores, como «Melancolía»,
«Pasa y olvida» y «¡Ay, triste del que un día...!», analizados detenidamente aquí, en
donde la conclusión del poeta puede darse en este verso: «Ese es mi mal. Soñar». La
profesora Jrade afirma que Darío creyó que había fracasado porque en vez de descifrar
«ese país incógnito que sueñas...» sólo vio la superficie del cosmos. Al final de su vida,
el poeta propuso la ignorancia y el olvido como solución a este malestar. Sin embargo,
su fe en el poder del lenguaje no se descartó del todo, como tampoco se descartaron
sus experiencias personales de verdadera comunión con la naturaleza y el cosmos,
como se ve en «¡Ay, triste del que un día...!», «Sum...» y «Nocturno II», analizados
aquí con gran brillantez. La presencia de la muerte aumenta sus ansias acerca del
cumplimiento de su misión divina y reaparecen los signos y símbolos del cristianismo
en su obra. No puede reencarnar en su poesía su comunión con la naturaleza y con
la esencia misteriosa del cosmos. Pero estas experiencias eran auténticas e inyectan fe
en todo lo demás, que es duda. Este análisis del papel de poeta/mago en la obra de
Darío recrea su lucha poética, le proporciona su verdadero fondo metafísico y lo hace
palpable. La creencia de Darío en su misión divina era, como ha acertado en demostrar
la profesora Jrade, la única medida por la cual él valoró su vida y su obra.
En el siguiente capítulo, «El paraíso encontrado: el amor sexual en la tradición
erótica», la profesora Jrade analiza el origen esotérico de la concepción del amor y de
la mujer en la obra de Darío, un enfoque que ella atribuye originariamente a Enrique
Anderson Imbert y Octavio Paz. La formación católica de Darío se manifiesta en la
poesía amorosa antes de Prosas profanas, en donde, como ella señala, el amor es más
romántico que pasional, más sentimental que pasional. Pero en todas las etapas de su
vida, el amor aparece junto a la salvación. Con Prosas profanas, y hasta casi el final de
su vida (cuando reaparece la perspectiva cristiana y ni condena ni exalta el placer
carnal), Darío basa su idea del amor y de la mujer en la de la tradición esotérica, en
donde el universo se concibe como un andrógino y donde los deseos biológicos se
reconcilian con la armonía universal y hasta ayudan a conseguirla. Esto le lleva a
exaltar a la mujer como fuente de la sabiduría y eleva la atracción entre los sexos a
una vía de perfección.
El penúltimo capítulo, «Hacia una visión del mundo sincrético», demuestra cómo
Darío, desde sus primeros poemas, reconcilió las varias filosofías esotéricas que le
atrayeron, y éstas con el cristianismo. El análisis más relevante es el que se hace de
«Helios», en donde la aparición de una cruz en medio de un contexto precristiano no
causa incomodidades, sino que refleja el deseo de los precristianos (léase aquí, según
la profesora Jrade, la generación de Darío) por la era mesiánica. La libre combinación
en un tiempo de creencias procedentes de diferentes épocas se basa, como muy bien
se demuestra aquí, en la idea ocultista de que las nociones fundamentales de todas las
religiones se pueden reducir a «philosophia perennis». El orden universal coincide
para Darío con el arte de la música y el recurso del poeta a sistemas y técnicas dispares
para interpretar ese orden refleja, como señala la profesora Jrade, lo que Octavio Paz
ha llamado la búsqueda moderna por la verdadera presencia.
Con el último capítulo, «El modernismo y su herencia», la profesora Jrade da una
vuelta completa al tema de su libro. Lo empezó relacionando al modernismo con los

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movimientos que lo precedieron y lo termina con los movimientos que vinieron
después: nunca se ha perdido de vista el sentido de la tradición. Este capítulo examina
los enlaces entre la obra de Darío y la literatura hispánica que la siguió. Las
características no ortodoxas del modernismo se ven en la obra de Martí y Ñervo, y
durante el período postmodernista en la obra de Valle-Inclán y Machado. El
movimiento que pone fin al modernismo es la vanguardia, porque, como subraya la
profesora Jrade, la búsqueda por la armonía y el orden del cosmos que emprendió
Darío y los de su generación se convierte en este nuevo movimiento en una
investigación sobre su pérdida. Como ejemplo se examina la obra Trilce de César
Vallejo. Sin embargo, la relación más profunda e interesante que se traza aquí es entre
Darío y tres escritores hispanoamericanos contemporáneos nuestros: Julio Cortázar,
Alejo Carpentier y Jorge Luis Borges. La insuficiencia del lenguaje para interpretar
lo que para Darío era la armonía del cosmos se convierte para estos tres escritores (y
para nosotros) en una desconfianza hacia el lenguaje mismo. Los signos ya no se
refieren a una esencia invisible sino a sí mismos: su proliferación es la otra cara de su
vaciedad. Como señala la profesora Jrade en este análisis iluminador, el modernismo
nos puede parecer ingenuo en comparación con el escepticismo de un Borges, por
ejemplo, pero no lo es su lucha poética, la cual hizo posible la ruptura con la lógica
y la coherencia conceptual que es la esencia de la obra de estos tres escritores. El
análisis presentado aquí de la novela Rajuela de Cortázar, y su estrecha relación con
la poesía de Darío, merece una lectura detenida, así como las páginas dedicadas a la
novela de Carpentier, Explosión en la catedral, y la obra de Borges. Son los análisis de
estas obras y de los poemas de Darío a través de todo el estudio los que forman el
foco imaginativo y lógico de este libro. Aquí sólo se han podido dar en forma muy
esquemática, pero espero que su rigor, su seriedad y, en algunos momentos, su
verdadera belleza de expresión, se hayan confirmado tanto para los especialistas de
Rubén Darío como para los estudiosos del tema más amplio de la modernidad. Creo
que lo mejor que se puede decir de esta obra tan original e imaginativa es que es un
libro que hay que leer.—MARY FARAKOS (P.° de la Habana, 72, 8." C. MADRID).

La filosofía como sacrificio del amor *


Aunque tiene por título El Alma y la Muerte, el último libro de Subirats nos habla
de la renuncia al amor, del sacrificio del amor en el altar de la Razón abstracta. Es,
acaso, la renuncia característica del pathos filosófico: de Platón a Santo Tomás, de
Descartes a Leibniz, de Spinoza a Kant, de Kierkegaard a Wíttgenstein, la saga de
alguno de los más grandes filósofos se ha llevado a cabo en la soledad de una soltería,
no exenta de una cierta nostalgia por el amor imposible.

* El Alma y la Muerte. Eduardo Subirats. Barcelona, Anthropos, 1983.

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