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Ética y Valores en Bachillerato

Este documento presenta una introducción a la ética y la filosofía. Explica que la ética es una disciplina filosófica que estudia la moral y las teorías sobre cómo vivir bien. También describe que la filosofía enseña a hacer preguntas para buscar la verdad y la sabiduría, y que los filósofos usan métodos como la lógica, la epistemología y la dialéctica. Finalmente, señala que la filosofía no solo consiste en preguntas teóricas, sino también en guiar la vida pr
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Ética y Valores en Bachillerato

Este documento presenta una introducción a la ética y la filosofía. Explica que la ética es una disciplina filosófica que estudia la moral y las teorías sobre cómo vivir bien. También describe que la filosofía enseña a hacer preguntas para buscar la verdad y la sabiduría, y que los filósofos usan métodos como la lógica, la epistemología y la dialéctica. Finalmente, señala que la filosofía no solo consiste en preguntas teóricas, sino también en guiar la vida pr
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ME GUSTARÍA QUE LA PORTADA FUESE UN TRIÁNGULO

EQUILÁTERO EN CUYO VÉRTICE SUPERIOR SE LEA VALOR, EN EL


VÉRTICE INFERIOR DERECHO DEBER Y EN EL INFERIOR
IZQUIERDO VIRTUD

ÉTICA Y VALORES 1

Carlos Díaz
PRESENTACIÓN

Los seis grandes temas incluidos en el presente libro corresponden al nuevo


programa para el bachillerato nacional de la asignatura de Ética y Valores de la Secretaría
de Educación Pública:

1. Introducción a la ética y los valores


2. El juicio moral, las virtudes y ámbitos de la práctica moral
3. Democracia y derechos humanos
4. Identidad cultural, multiculturalismo y globalización
5. Problemas éticos de la ciencia y la tecnología
6. Ética y medio ambiente

El objetivo principal del libro Ética y Valores I es proporcionar al estudiante de


bachillerato una guía para reflexionar sobre las teorías y las prácticas de la humanidad en
su búsqueda del bien y en su evitación del mal. Y esto, a su vez, buscando:

¨ Ayudar al alumnado a crecer como personas.


¨ Educar desde la escuela para la vida.
¨ Instruir deleitando.
¨ Formar informando.
¨ Enseñar a ser, interiorizando los valores humanos.
¨.Fomentar la solidaridad y la buena convivencia ciudadana.
¨ Desarrollar hábitos y actitudes virtuosos configurando un carácter moral.
¨ Potenciar la esperanza y el sentido de la existencia.

Para conseguir estos objetivos nos serviremos de un método constructivo e


integrador de los procedimientos siguientes:
¨ Expositivo (lecciones magistrales).
¨ Socrático (interrogativo, cuestionador).
¨ Individualizado (trabajo personal de interiorización de valores).
¨ Participativo (comunitario y activo en la socialización de los mismos).
¨ Activo (exteriorizando hábitos y valores en forma de conducta).
¨ Estimulador (desalentando las actitudes negativas y celebrando los progresos
axiológicos).
¨ Evaluador (revisando periódicamente la situación).

Si el primer deber moral es dar las gracias, vaya nuestro agradecimiento a la


Fundación Emmanuel Mounier (por nosotros fundada en España, México, Paraguay,
Argentina), pionera mundial en el desarrollo y en la puesta en práctica de los valores del
personalismo comunitario. A la Universidad Nacional de Educación a Distancia (España),
por confiarnos la responsabilidad general de la Psicología Evolutiva, luego explicada
también en la Universidad Simón Bolívar (Caracas). Al Instituto de Enseñanza Secundaria
Calderón de la Barca (Madrid), en donde tuvimos ocasión de evaluar y aplicar
experimentalmente los valores adolescentes durante más de una década. A la Facultad de
Filosofía de la madrileña Universidad Complutense, y en especial a nuestros doctorandos
actuales más cercanos en México y en España. A nuestros lectores, algunos de los cuales
nos formulan valiosísimas observaciones desde hace tres décadas. De todo corazón a
cuantos docentes mexicanos acogen una y otra vez nuestros cursos, lecciones, seminarios,
conferencias en las mejores Universidades y en multitudinarios Congresos Internacionales
organizados por diferentes Estados de la República. En nuestros encuentros e intercambios
axiológicos de toda naturaleza me han regalado infinitamente más –mucho más- de lo que
yo nunca podría darles.

Carlos Díaz
Dr. En Filosofía (Universidad Complutense, Madrid)
Dr. En Derecho (UNED, España)
Lic. En Altos Estudios Constitucionales (Instituto Superior Estudios
Políticos)
UNIDAD I

INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA

(Por ejemplo, ver ILUSTRACIONES, COLORES Y TIPOGRAFÍA en el libro de


McGraw)

1.1. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA FILOSOFÍA Y DE LA ÉTICA

1.1.1. La ética como disciplina filosófica


1.1.2. Dimensión histórica de la ética

1.2. LA ÉTICA COMO TEORÍA SOBRE LA MORAL Y COMO MORAL


FILOSÓFICA

1.2.1. La eticidad: característica esencial del ser humano


1.1. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA FILOSOFÍA Y DE LA ÉTICA

1.1.1. La ética como disciplina filosófica

El filósofo no puede saber de todo


En el siglo XIX el padre del positivismo, Augusto Comte, quiso hacer de la
filosofía el saber de todos los saberes y a los filósofos especialistas en las
generalidades de todos esos saberes. Todavía hasta hace un cuarto de siglo los maestros
de escuela eran docentes enciclopédicos encargados de transmitir a los pequeños los
rudimentos de todos los conocimientos. Pero la “barbarie de la especialización” ha
pulverizado aquellas pretensiones, pues ¿quién podría hoy saber todo de todas las
cosas? Pero al menos cabe el trabajo interdisciplinar entre especialistas de áreas
diversas en un programa común de investigación, a la búsqueda de un lenguaje general
y de un método interactivo, que el filósofo podría sintetizar.
Si antiguamente todos los saberes pertenecían al mismo árbol, el de la filosofía,
tronco común de todas las ramas, hoy han brotado del viejo árbol otros nuevos
independientes. Hoy podemos agrupar todas las dimensiones básicas de la filosofía en
tres: el nivel más abstracto (lógica, epistemología, estudio del conocimiento lógico-
científico y del funcionamiento de la mente y el lenguaje), el nivel intermedio o
sapiencial (vida moral y religiosa) y el nivel más cercano a la acción (vida social y
política). De todos modos, no hay nada más práctico que una buena teoría, ni a la buena
acción le sobra la buena formación En su búsqueda incesante de la verdad, los
filósofos se han servido de métodos o herramientas para evitar el engaño. Cada escuela
filosófica ha desarrollado su propio método, así los kantianos el método crítico
trascendental, los marxistas el método dialéctico, los fenomenólogos el método
fenomenológico, etc. Para estudiar estos métodos habría que explicar esas filosofías, ya
que métodos y filosofías son inseparables. Veamos.

La filosofía enseña a preguntar


La filosofía no es un saber, sino un deseo de saber, un amor a la sabiduría (filo-
sofía). Además los filósofos tampoco parecen unánimes en decirnos en qué consiste su
oficio, y por eso la primera impresión que producen es la de un escándalo, pues el
filósofo siguiente refuta al anterior. Por eso al mismo tiempo que: amantes de la
sabiduría son también maestros de la desconfianza o maestros de la sospecha. En
efecto, desde que en el siglo V a.C., Sócrates afirmara sólo sé que no se nada, y desde
que Aristóteles definiera a la filosofía como ciencia que se busca cuyo saber está más
allá de las cosas físicas (metá-física), el filósofo viene necesitando una andadera para
caminar, un método (un metá-odos, un más allá del camino). Filosofía y camino van tan
unidas, que algunos griegos hacían filosofía caminando (“peripateando”: perípatos eran
llamadas las primeras escuelas filosóficas). Mientras la filosofía occidental camina, la
sabiduría oriental se sienta: el Oriente es la estatua de Buda en reposo; el Occidente, el
anhelo de movimiento continuo.
Ahora bien, si la filosofía consiste en reconocer la ignorancia, ¿bastaría con
ignorar como un asno para ser considerado filósofo? No, porque el asno no sabe que
ignora; por eso al sólo sé que no sé nada le sigue un pero quiero saberlo todo. El
filósofo debería formular la siguiente protesta filosófica, similar al juramento
hipocrático de los médicos: “Afirmo por mi honor que sólo sé que no sé nada, en
comparación con lo que aún me falta por saber, de manera que me dedicaré de por vida
a estudiar y a preguntar, aunque el ámbito de mis preguntas sea mayor que el de las
respuestas que pueda obtener. Mientras tanto, poco a poco, modestamente, iré
descubriendo verdades que me sirvan de soporte para seguir adelante”.
En el arte de preguntar lo que cuenta no es únicamente el resultado (la
sabiduría), sino también el esfuerzo libre y desinteresado: “Los hombres comienzan y
comenzaron a filosofar -escribía Aristóteles- movidos por la admiración; al principio,
admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a
poco, planteándose problemas mayores”. La filosofía es el análisis de todas las cosas
buscando sus últimas causas a la luz natural de la razón. No todas las preguntas
encuentran respuesta; respecto a las más importantes, ya es mucho que hayan sido
formuladas por los grandes espíritus de forma cada vez más sabia sobre la mayor
cantidad de cuestiones posibles y con un nivel interrogativo más profundo. Quien no
pregunta no aprende. En todo caso, no existe amor a la sabiduría sin un mínimo de
sabiduría: los asnos no preguntan porque no saben; pero asimismo no saben porque no
preguntan. Los niños aprenden rápidamente porque preguntan mucho.

La filosofía enseña a preguntar enseñando a vivir


El jardinero, el comerciante, el estudiante o el profesor de filosofía (¡incluso él!)
se comportan como verdaderos filósofos cuando, interesados en la realidad,
profundizando y reflexionando sobre ella, abriéndose al saber, aman la verdad que van
descubriendo. Por ser la filosofía amor a la sabiduría, resulta tan difícilmente definible o
delimitable como el amor. Ahora bien, esto no impide que la estudiemos, ni que
podamos decir de ella muchas cosas. Precisamente para eso la estudiamos.
Hay preguntas superficiales y otras muy agudas. Por las preguntas que el otro
formula conocemos el grado de su sapiencia. Según Kant, la filosofía pregunta con un
nivel interrogativo más profundo, pues “refiere todo el conjunto de los conocimientos a
los fines esenciales de la razón”. Por eso el filósofo, a diferencia de los científicos
ocupados en parcelas particulares de investigación, busca el conjunto del saber, es decir,
los fines esenciales de la razón misma.
Pero hay más: el filósofo que ilumina con la razón teórica ha de iluminar
también la vida cotidiana: el comportamiento moral: ayuda a filosofar para la vida con
valores y virtudes. Para los filósofos presocráticos saber era entender, para Sócrates
discernir, para Platón definir, para Aristóteles demostrar, para Kant es trabajar en favor
de toda la humanidad. Puede decírsenos que muchos filósofos no han querido llegar tan
alto, de acuerdo; pero falta saber si esa renuncia ha sido fruto de la dificultad o de la
pereza: en este último caso no merecerían estimación como tales filósofos.
La filosofía también ayuda a querer saber, para saber querer. Tanto Confucio
como Sócrates, coetáneos, defendieron que la bondad se aprende y, una vez bien
aprendida, no cabe portarse mal: “El maestro dijo: si nuestras palabras son sinceras y se
hallan conformes con la recta razón, cuantos nos escuchen modificarán su conducta y
entrarán por el camino de la virtud. Si nuestra conversación resulta agradable y
persuasiva, induciremos a todos los hombres a buscar la verdad. Es imposible que tras
una conversación persuasiva el hombre no se sienta incitado a la búsqueda de la verdad.
No creo que pueda existir nadie que, tras haber escuchado unas palabras sinceras y
conforme a la recta razón, deje de convertirse hacia la virtud”. Tal vez Sócrates y
Confucio exageraban, pues una cosa es conocer lo que es mejor y otra llevarlo a cabo;
en lo que no exageraban es en que hay que saber. Saber y querer forman unidad ¿Te has
preguntado qué haría contigo quien supiese pero no (te) quisiera? Dime, pues, a qué
sabe lo que sabes. Aunque la respuesta no te resulte fácil, verás que, sin saber cómo, ya
estás empezando a saber.
La filosofía ayuda a situarse en el espacio y en el tiempo
Filosofar exige situar el saber en su dimensión histórica, pues la historia es
maestra de vida y por ella evita que repitamos errores pretéritos. Situando las cosas y las
teorías fuera del tiempo en que ocurrieron, con frecuencia nos equivocamos al intentar
entenderlas. Muchas veces, aunque no siempre, lo que superficialmente nos parece
relativo no lo es cuando sabemos situarlo en su contexto existencial. Esto se debe a que
las sensibilidades de las gentes, expresadas en sus culturas, tienen con frecuencia muy
diversas formas de interpretarse y de vivirse. Por este motivo la filosofía no se puede
entender al margen de la historia de la filosofía, como tampoco puede entenderse a esta
última fuera de la historia de la humanidad.
Bástenos un ejemplo, el de los sofistas y Sócrates. Si al principio de la filosofía
los fisiólogos presocráticos buscaban el origen de las cosas fuera de sí mismos, más
tarde los sofistas dirigieron su mirada hacia el propio yo. Al principio, el niño es
extrovertido; más tarde, se afianza y vive su propio yo. Un filósofo que no vuelve sobre
su yo no ha llegado a la madurez. La vuelta al propio yo, sin embargo, no tiene lugar en
soledad, y por eso se discute sobre él en la calle, en el mercado, en la ciudad. Así lo
hacen los sofistas, que aman el debate. Quien vence en las disputas se convierte en
célebre. A veces, a los sofistas no les importa el fondo de la verdad, sino sobre todo
callar al otro, dejarle sin argumentos, derrotarle. Por diez monedas te demuestro que tú
tienes cuernos: tú tienes lo que no has perdido; tú no has perdido los cuernos; luego
tienes cuernos... Precisamente esto es lo que causó la mala fama de los sofistas: si sofos
es el sabio serio, y filósofos el que busca saber seriamente, sofistés es el tramposo, el
polemista interminable.
Veámoslo en varios frentes, comenzando por las discusiones morales.
Protágoras niega la existencia de un bien y de una justicia fijos y universales.
Lo que a unos les parece bueno, a otros malo; la misma cosa es buena y mala al mismo
tiempo. Como “el hombre es la medida de todas las cosas”, si él juzga que algo es
verde, pues verde es; si negro, negro. Son las cosas las que nos engañan, no el hombre
quien se autoengaña. Gorgias añade: “Los deberes varían según la condición de las
personas, según se trate de hombres o mujeres, jóvenes o adultos, amos o esclavos”. Se
erige así en defensor de la “moral de ocasión”: cada cual es diferente en cualquier
ocasión y no existen normas de validez universal. Si algo existe, dice, sería
incognoscible, y si fuera cognoscible sería incomunicable a los demás.
Las discusiones sobre la ley
Según Antifón, la ley (nómos) es válida solamente para algunos en algún tiempo
y bajo algunas circunstancias, pero nunca para todo tiempo y lugar. Arquelao
contrapone la ley a la naturaleza (físis): sólo esta última es verdadera e igualitaria, pues
todos comemos y respiramos del mismo modo. Por el contrario, las leyes son
innecesarias; mucho de lo que se reconoce justo por ley es contrario a la naturaleza
humana, el derecho no es más que la ley de la fuerza. Por naturaleza todos somos
iguales, pero la ley nos hace diferentes. Nótese el avance de los sofistas respecto al
pensamiento griego medio, que veía en el esclavo a un ser inferior “por naturaleza”. En
esa línea Alcidamas combatía las instituciones políticas griegas, la esclavitud, e incluso
toda tradición y toda costumbre, siendo un precedente de la “anarquía”.
Las discusiones sobre lo divino
Aquí las posiciones eran variadísimas. Para Protágoras “no puedo saber si los
dioses existen o no existen, pues muchas cosas impiden saberlo, ya la oscuridad de la
cuestión, ya la brevedad de la vida”. Según Critias, “cierto prudente varón y sabio
espíritu inventó para los hombres el temor a los dioses, a fin de que los malos sintieran
algún miedo”. Antifón aseguraba que “a la divinidad nada le falta y nada puede recibir,
porque es infinita y sin ningún defecto”, por lo que consideraba sin valor todos los
cultos religiosos.
Sócrates (470-399 a.C.), que no escribió nada y del que tenemos noticia por sus
discípulos (especialmente por Platón), aparece como un individuo completamente
despreocupado por el dinero, como un griego más en medio de zapateros, cocineros, etc,
a los que se refiere constantemente en sus lecciones. Rodeado de un nutrido grupo de
alumnos, se despreocupaba también de su aspecto externo. Pero la preocupación de
Sócrates era en el fondo la misma de los sofistas: conocer al ser humano. O mejor, que
cada cual se conociese a sí mismo por sí mismo (Conócete a tí mismo). A tal efecto, su
método consistía en preguntar continuamente para que cada cual fuese derribando la
propia ignorancia (ironía) y construyese la verdad (mayéutica). He aquí lo básico de
Sócrates: a) Enseñaba la virtud personalizadamente: “Desciende a las profundidades de
ti mismo, y logra ver tu alma buena”. La felicidad la construye uno mismo solamente
con la buena conducta. b) La virtud produce agrado, el vicio desagrado. Hay que
renunciar a los vicios. c) Quien logre conocer el bien hará el bien; sólo hará el mal quien
se equivoque, pues el malo toma a lo que es malo como si fuera bueno. El malo es un
ignorante; sólo el ignorante es malo. d). El mayor mal no es sufrir la injusticia, sino
padecerla. Por enseñar a pensar con libertad frente a las leyes de Grecia, lo acusaron de
“corromper a menores” y de “ofender a los dioses”, condenándolo a muerte. Y, aunque
pudo escapar, prefirió aceptar la condena para demostrar que sus jueces mataban a un
inocente. A partir de Sócrates van produciéndose diversos sistemas éticos, que de una u
otra forma siguen planteándose estas cuestiones, aunque las resuelvan de forma distinta.
Sin embargo, más allá de sus distintas perspectivas el planteamiento de los problemas es
el mismo, no habiendo lugar por tanto para el relativismo subjetivista ni para el
escepticismo desengañado.

La filosofía ayuda a pensar en profundidad


La filosofía potencia la inteligencia lógica pura en sus niveles más abstractos.
Un programa de investigación es una estructura que sirve tanto de guía positiva
(diciéndonos lo que hay que hacer y evitar), como negativa (no pudiéndose rechazar ni
modificar los presupuestos básicos del núcleo central del programa, que hay que
conservar mediante un cinturón protector de hipótesis auxiliares y supuestos
adicionales). Un pensamiento maduro se rige por un paradigma o principio básico
suficientemente abierto y flexible, en cuyo interior los problemas que se resisten a ser
solucionados son considerados anomalías más que crisis, ya que no se conoce
paradigma alguno que carezca de anomalías, y culpar de las mismas al paradigma sería
como culpar de la propia torpeza a los instrumentos que manejamos. Si todos criticaran
por principio todas las partes del marco conceptual en el que trabajan no se llevaría a
cabo ninguna investigación. Sólo cuando existan fallos graves entrará en crisis y
entonces deberá ser reemplazado: será el momento de la revolución, de la cual puede
más salir progreso que en la mera acumulación de tradiciones, pues los pensadores
enfrentados a la emergencia promoverán estrategias para resolverla.

La filosofía ayuda a conocerse a sí mismo


Un discípulo entregó a Buda una flor y le pidió que le explicara su doctrina. El
maestro tomó la flor, la contempló en silencio durante un largo rato, y, sin mediar
palabra, con un gesto indicó al discípulo que se retirase. Al parecer, de esta anécdota se
deriva el zen: el misterio no se alcanza con palabras ni con razonamientos, sino
mediante la contemplación. Ella produce la imperturbabilidad. Cierto ejército rebelde
irrumpió en una ciudad y hasta los monjes del templo budista de la localidad huyeron.
Todos, excepto el abad. El general quedó atónito: “No sabes, rugió, que estás viendo a
un hombre que puede traspasarte con su espada sin un parpadeo?” “¡Y tú, replicó el
abad, estás viendo a un hombre que puede ser traspasado por una espada sin un
parpadeo!” El general, desconcertado, pasado un momento se inclinó reverencialmente
y se marchó.
Si no razonas te arriesgas a convertirte en potencial agresor. Algunos esperan el
redoble del tambor y el airear al viento de la bandera para lanzarse contra el enemigo;
como los primates, sienten entonces erizar sus cabellos, adelantar la barbilla, tensar el
cuerpo, y buscan pelea. Desciende a las profundidades de tu yo, entonces podrás
corregirte sin echar la culpa a los demás. Conócete a ti mismo, si quieres conocer a los
demás, porque en ti viven los demás: quien sabe de sí sabe de todos. Quien se conoce a
sí mismo sabe criticar. Criticar no es destruir. Sin amor, la crítica es envidia. La
filosofía enseña a denunciar al gato que quiere pasar por liebre, y a tal efecto no tiene
pelos en la lengua. Esto entraña vivir en el riesgo, pues donde hay poca justicia es
peligroso tener razón.
Es justo en su crítica a los demás quien sabe autocriticarse: sólo supero los
propios errores que reconozco. Por lo demás, el verdaderamente crítico con su propio yo
compañero sabe aceptarse a sí mismo (¿para qué despedazarse a sí mismo?) y reconocer
en los otros sus aspectos positivos, ¡desmexicanízate para mexiconocerte!

La filosofía ayuda a cultivarse


Decía Confucio: “Cuando se penetró en la razón de las cosas, la conciencia se
desplegó al máximo y los pensamientos se hicieron sinceros. Cuando eso ocurrió, el
corazón se hizo recto. Cuando eso ocurrió, cada uno se perfeccionó a sí mismo. Cuando
eso ocurrió, el orden comenzó a reinar en la familia. Cuando eso ocurrió, el Estado fue
bien gobernado. Cuando eso ocurrió, la paz se extendió por el universo. Los antiguos
príncipes se esforzaban primero en gobernar con rectitud sus propios reinos. Para ello,
se aplicaban ante todo en ordenar bien sus familias. Para ello, procuraban previamente
corregirse a sí mismos. Para ello, ponían un especial cuidado en adornar su alma de
todas las virtudes. Para ello, se esforzaban en conseguir la rectitud y sinceridad de todas
sus intenciones. Para ello, se entregaban con ardor al perfeccionamiento de sus
conocimientos morales, que consiste en descubrir los móviles de las acciones. Si
alcanzamos la perfección personal, se establecerá el orden en nuestra familia. Entonces,
el reino será rectamente gobernado. Y cuando todos los reinos son bien gobernados, el
mundo entero goza de paz y armonía. Desde el más noble al más humilde, todos tienen
el deber de mejorar y corregir su propio ser. El perfeccionamiento de uno mismo es la
base de todo progreso y desarrollo moral”.
El saber va entreverado de ignorancia; además, no siempre se sabe decir lo que
se sabe, ni se sabe del todo lo que se quiere decir; con frecuencia tengo algo que decir,
pero no sé del todo qué, ni cómo. La sabiduría es como las luciérnagas, necesita las
tinieblas para brillar. El entendimiento alumbra como las velas, derramando lágrimas, y
no hay saber que no tenga 99% de transpiración y 1% de inspiración: “El maestro dijo:
El primer absurdo consiste en pretender alcanzar el bien prescindiendo del estudio, y su
consecuencia es la decepción; el segundo consiste en intentar alcanzar la ciencia sin
entregarse al estudio, lo que conduce a la incertidumbre; el tercero consiste en el deseo
de ser sincero prescindiendo del estudio, lo que provoca el engaño; el cuarto consiste en
pretender obrar rectamente sin haber recibido la instrucción adecuada, con lo que se cae
en la temeridad; el quinto consiste en querer compaginar el valor con la incultura, lo que
da lugar a la insubordinación; finalmente, si se desea alcanzar la perseverancia
prescindiendo del estudio, se cae en la testarudez y obcecación”. Mucho de lo que pasa
por sabiduría no es sino pedantería. Es más fácil la erudición, archivo de conchas sin
molusco, que la sabiduría, aquello que queda cuando toda erudición se ha olvidado, no
antes de que haya sido olvidada. Frente a la erudición, el saber es como un edificio
hermoso, que ha de tener su entorno libre para que podamos disfrutar de su verdadera
forma, de lo esencial. Libre, sobre todo, de la vanidad.

La filosofía ayuda a saber vivir


Saluda
Sabe vivir quien sabe reconocer a los demás, y ese reconocimiento comienza por
el saludo. Sin el saludo conoces, con el saludo reconoces. No olvides que si dejas de
saludar a los conocidos comenzarán tarde o temprano a desconfiar de ti y acabarán un
día infortunado por volverte la espalda, hurtando su rostro. Saludar no es fingir, sino
practicar la convivencia que termina calmando la desconfianza.
Cultiva la amistad, humoriza, sonríe
El humor es la verdad llena de simpatía. Ciertos pueblos dirimen sus rivalidades
profundas contando chistes, ironizando, cantando, silbando, etc. Los hombres se
diferencian entre otras cosas de los demás animales en su capacidad de reírse sanamente
-sin hacer daño- de los demás y de uno mismo. Si eres capaz de reírte indulgentemente
de ti mismo, no temas: en lugar de enervarte por tus limitaciones, podrás superarlas.
Sonreí es facilitar la verdad. Cipselo se salvó de niño según la leyenda porque sonrió a
quienes iban a ser sus verdugos. No esperes a que la sonrisa parta del otro. Si quieres
ventaja, tómatela: sé el primero a la hora de sonreír. Quien sonríe primero sonríe dos
veces. Y no te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, ni a un carente
de humor por ningún sitio.
Practica deportes, vive una vida sana
Si los japoneses descargan la tensión de su laboriosidad en las artes marciales es
porque el deporte, ritualizado, reglamentado, convertido en juego caballeroso, deleita,
instruye, y tonifica. Un puñetazo a un saco evita un puñetazo a un enemigo. ¡No es lo
mismo vivir con problemas que morir entre balas! En la búsqueda de la verdad lo
importante no es sólo ganar, sino participar con elegancia. Descansa.

La filosofía ayuda a favorecer la convivencia y el diálogo construyendo un


mundo mejor
La filosofía busca la “vida buena”, es decir, a esa convivencia amistosa que
según Cicerón constituye el mayor placer de la vida: “Y esto no lo digo por el placer,
sino por la vida, por la convivencia de las almas que se logra en la conversación
familiar, que en los convites resulta agradabilísima, porque en las convivencias se vive
en compañía de otros”. Pero la amistad entre los particulares debe completarse con la
amistad entre los ciudadanos, algo que los griegos denominaron política.
En orden a esa convivencia, el filósofo trabaja por los derechos humanos en
solidaridad con las personas, las instituciones y los pueblos sometidos bajo el peso de la
marginación y el autoritarismo. Rechaza las discriminaciones sociales y laborales,
mostrando una efectiva preocupación y sensibilidad con las personas desfavorecidas.
Desde luego no solamente la filosofía puede trabajar en esta línea, pero la filosofía
intentará también fundamentar racionalmente esas actitudes: al filósofo se le ha de pedir
un esfuerzo de profundización y de sistematización.

La filosofía ayuda a orientar con esperanza la vida moral


La filosofía invita a la actitud serena y prudente, al discernimiento
desapasionado, enseñando a vivir. En su deseo de hacer el bien, proporciona contenidos
formativos que nos ayudan a ser plenos, y no simplemente felices a cualquier precio,
por eso propone un corazón alegre, encantado con la realidad pese a las desventuras,
porque un corazón triste sería un triste corazón; un corazón liberador que supera
aquellas esclavitudes que destruían; un corazón esencial que se conforma con poco para
ser feliz; un corazón modesto que se abre a lo grande y lo saluda; un corazón bueno que
perdona y permite rehacer la experiencia de estrechar vínculos cuando todo parecía
perdido; un corazón paciente que espera, disculpa, acompaña y se esfuerza por ponerse
en positivo.
No basta con saber. Hay que actuar, y actuar bien. Las generaciones pasamos
haciendo y deshaciendo, no sin hacer: cuando debes hacer una elección y no la haces,
esto ya es una elección. Así que, cuando no tengas otra cosa que hacer, puedes plantar
un árbol: irá creciendo mientras tú duermes.
Por lo demás, La filosofía busca, y la búsqueda no termina en la inmanencia de
este mundo, pues todo pensamiento que no se decapita desemboca en la trascendencia,
en lo eterno. Ahora bien, no cabe búsqueda de lo eterno sin alguna esperanza en la
bondad de la realidad de esta vida. A diferencia de quien contempla a los humanos
como seres egoístas y orgullosos inmersos en el mal y destinados a la náusea o a la
nada, el filósofo procurará ayudar a plenificarse en la esperanza y a renacer de nuevo a
quien parecía destruido y roto.

1.1.2. Carácter histórico de la ética

La ética ha evolucionado a lo largo del tiempo.

a. Estadio teocéntrico: Abrahán


La humanidad ha pasado por estadios axiológicos, con sus correspondientes
crisis de transición. Casi hasta ayer ha vivido en el estadio religioso, cuyo prototipo es
Abrahán, al que las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo)
designan como patriarca: “Cayó Abram rostro en tierra, y Dios le habló así:
‘Estableceré mi Alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de
generación en generación: una Alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu
posteridad’” (Gn 17,1-10). A cada creyente Dios le dice: sal de tu tienda, sal de tu tierra,
abandona lo que te adhiere a tu apego egoísta y te impide amarme, fíate totalmente de
mí, aunque no entiendas del todo lo que pido. Dios habló, el maestro repite lo dicho por
Dios, y el alumno repite a su vez lo enseñado por el maestro. Convertido el maestro en
catequista de lo eterno, el alumno reproduce esa enseñanza que es doctrina. Memoria y
tradición van de padres a hijos, generación tras generación. El padre es a la casa lo que
el maestro a la escuela.

b. Estadio teo-antropocéntrico: Renacimiento, Reforma, Ilustración


Renacimiento, Galileo
Galileo se encuentra con un problema: en caso de verdad enfrentada, la verdad
de la fe contra la verdad de la razón, ¿hay que fiarse de la razón o de la fe?. A Galileo
las matemáticas le dicen que la Tierra gira en torno al sol; pero la cultura religiosa de la
época le obliga a decir lo contrario, a saber, que la Tierra no se mueve y es el centro del
universo porque Jesús le ha elegido para vivir eligiendo un pesebre para nacer. En aquel
tiempo la Iglesia condenó a Galileo. El Papa Juan Pablo II pedirá perdón por ello en
1999.
Reforma, Lutero
Según Lutero, la capacidad de interpretar la Biblia es la misma para todo ser
humano, sea el Papa o el último creyente, pues ambos han de arriesgarse a vivir
interpretando la fe libremente. Tanto Galileo como Lutero son creyentes, pero
descubren que la razón (matemática o teológica) es adulta y que se puede leer la fe con
la razón, ya que la fe sin la razón se infantiliza. Pero, si Galileo se queda en la Iglesia
pese al conflicto, Lutero la abandona para fundar otra.
Ilustración, Voltaire
Voltaire da el último paso: del teísmo que adora a un Dios personal, al deísmo
que invoca a un dios sin rostro, fuerza cósmica suprema que rige la naturaleza. Los
masones veneran este orden cósmico en sus logias (logia: plural de lógos, razón),
lugares de culto a la Razón universal. Cada masón refleja esa Razón en la suya propia
interior, si es una persona de orden ético. Sólo más tarde la masonería irá perdiendo
religiosidad y ganando poder político-económico. Esta humanidad adolescente, más
antropo-teocéntrica que anti-teocéntrica, no es que no quiera a su madre la Iglesia, sino
que le echa un pulso para medir su propio poder. El pueblo sustituye el monopolio del
poder político-religioso de la corona por el poder popular.

c. Estadio antropocéntrico: Prometeo


La siguiente generación, revolucionaria, se identifica con Prometeo (1789-1989)
porque quiere hacer desaparecer a Dios de su horizonte, convencida de que el propio
hombre será capaz de hacer el cielo en la Tierra. Cuando esto llegue en el futuro, los
valores serán vividos con plenitud. Así lo cree...
Primero, el marxismo
El revolucionario-superhombre acabará con los inhumanos burgueses que dicen
creer en Dios mientras expolian al hombre. Proletarios contra burgueses, aquellos deben
ganarse el título de humanos y sus correspondientes derechos, de los que por principio
carece quien explota a los demás. Pero esa ganancia no se regala, antes al contrario
exige la lucha de clases, movimiento de ruptura dramática.
Luego, el nihilismo
Para Federico Nietzsche no es la revolución obrera la que crea valores nuevos,
sino el superhombre que cada cual descubre en sí mismo con su voluntad de poder.
Nietzsche rechazará la idea de que los valores humanos están sustentados en Dios.
Finalmente, el psicoanálisis
Por su parte Freud también critica la visión teocéntrica de la persona hecha a
imagen y semejanza de Dios, completando así el magisterio de la sospecha respecto del
teocentrismo: Marx en el terreno social, Nietzsche en el ético, y Freud en el anímico.
Contra Boecio, filósofo medieval, para quien el hombre es sustancia individual de
naturaleza racional, Freud afirma que ni somos racionales, ni sustancias individuales
sino un ello, un superyo y un yo, ni mucho menos imagen de Dios.
El ello, así llamado porque ninguno lo quiere reconocer ante los demás como
suyo, es el impulso sexual, la energía libidinal que no puede ser juzgada con criterios
morales, sino biológicos. Aunque el ello nos da vergüenza y nos autocensuramos por su
presencia, se nos aparece en sueños. Freud reconstruye los sueños para recuperar sin
problemas éticos esa libido, siendo el psicoanálisis el arte de administrarla sin dejarse
arrastrar por ella, pues quien no sabe frenar su libido se transforma en su esclavo y en
peligro para los demás.
El superyo es el yo que a cada cual le gustaría ser (el santo más bueno, la
quinceañera mas bonita etc). De carácter cultural, ideológico, en cuanto que arquetipo
de perfección está construido por las exigencias paternas y sociales. Es elástico porque
según se alcanzan metas se va subiendo el listón, hasta que al final nos damos con él en
la cabeza: “¡Soy tan estúpido, que no he sabido superar el listón!”. Si el ello me impulsa
hacia la tierra, el superyo hacia el cielo. Dividido, en mi deseo de atender
simultáneamente al ello y al superyo, tengo que buscar alguien que ponga orden y ese
alguien es el yo, sin el cual montaríamos sobre dos caballos divergentes de difícil
cabalgadura propensos a la esquizofrenia (esjizós, roto, partido). Hay que encontrar un
yo capaz de manejar armónicamente cada una de las riendas de los dos caballos.
Muchas gentes no lo logran: no todo el que dice yo maneja adecuadamente su propio yo.

d. Estadio posmoderno (posantropocéntrico y posteocéntrico): Narciso


Pero el comunismo fracasó (recuérdese que el Muro de Berlín comunista cae en
el 1989), y ya desde entonces sólo queda Su Majestad el Yo, sin Dios a la vista, ni
revolución social, ni valores objetivos. Es la posmodernidad, cuyos rasgos básicos
serían:
Adiós a las cosmovisiones
“Es posmoderna la incredulidad con respecto a los grandes relatos. Esta es sin
duda un efecto del progreso de las ciencias; pero este progreso, a su vez, la presupone.
La función narrativa pierde el gran héroe, los grandes peligros, y el gran propósito. El
criterio de legitimidad es tecnológico, no resulta pertinente para juzgar lo verdadero y lo
justo”1.
Relativismo
“A la moral de la convicción he contrapuesto la moral en constante tensión para
refutar sus propios postulados y por verificar los del vecino. Paralelamente, a la moral
cuyos criterios de valoración son la coherencia, la autenticidad, la autonomía y la
realización ha de contraponerse la moral de la falta de autonomía (heteronomía), la
incoherencia, la prodigalidad y la disolución personal: de la instrumentalización, de la
dilapidación y del despilfarro de sí mismo. Según este criterio, bueno no es el acto que
se dirige a mi realización, sino el que propicia mi disolución”2.
Cada maestrillo se pasea con su librillo. Sin modelos objetivos de magisterio, el
alumno busca la sabiduría en sí mismo convencido de su genialidad. En lugar de valores
objetivos, bailes, cantos, juegos, y distracciones; capacitación derivada de las
habilidades profesionales. En el ámbito familiar los padres coexisten con los hijos en
plan de amigos. Si no se producen choques intrafamiliares es por la ausencia de
convicciones. Padres e hijos se dejan permear por la omnipresente televisión, esa gran
sembradora de normas a todas horas.
Decrecen las religiones clásicas y en su lugar se instauran sectas naturalistas,
orientalistas y esotéricas a la medida del consumidor.
Pensamiento débil
“Hay que pensar modelos desde el escepticismo y la desorientación que
constituyen el aire que respiramos. Si es inútil buscar un Sentido unificador de la vida
(no porque no se encuentre, sino porque será siempre la extrapolación de un sentido
parcial), es porque hoy somos conscientes de la irremediable ambivalencia de nuestro
mundo”3. No solo un conocimiento débil, sino además un convencimiento débil en el
imperio de lo efímero, del crepúsculo del deber y del sacrificio, de éticas indoloras sin
sentimiento de culpa y sin propuestas fuertes. En realidad se trata de éticas de náufragos
para supervivientes en tiempos de crisis aguda, que rechazan mirar a lo lejos y que
prefieren asirse a la primera tabla de salvación que encuentran, la del propio yo.
Individualismo
Los individuos se retiran a sus espacios domésticos tras haber dado por perdida
1
Lyotard, Jean .Fr: La condición posmoderna. Ed. Cátedra, Madrid, 1984, p. 10
2
Rubert de Ventós, Xavier: Moral y nueva cultura. Alianza Ed. Madrid, 1971, p. 52
3
Camps, Victoria: La imaginación ética. Ed. Seix Barral, Barcelona, 1983, p. 120
la batalla social, y se dedican mansamente al bricolaje sincrético como técnica de
autoafirmación4. Más que de convivir, se trata de sobrevivir día con día en asociaciones
egoístas. Pocos recuerdan hoy aquella afirmación de John Stuart Mill: la fuerza social
de una persona que tiene convicciones equivale a las de noventa y nueve que sólo tienen
intereses. Gilles Lipovetsky, autor de libros muy vendidos en Europa tales como La Era
del Vacío, El Imperio de lo Efímero, o El Crepúsculo del Deber (publicados en la
potente Editorial Anagrama en 1986, 1990 y 1994) afirma: “Una persona 'buena' en el
sentido de la moral del deber no siempre produce beneficios, por eso todos preferimos
un gestor que robe un poco, pero que incremente la cuenta de resultados, a una bellísima
persona que con su bondad nos lleve a la ruina. Los santos pueden ser perjudiciales para
el bienestar general, mientras que los astutos pueden resultar beneficiosos. Al individuo
responsable le interesarían más los segundos que los primeros”.
Fin de la historia
El pensamiento posmoderno asegura con Francis Fukuyama que en el primer
mundo estamos en el fin de la historia. Acabado el mito del progreso y de la revolución,
el Estado de bienestar invita a gozar hasta que el mundo se acabe. A los “espaldas
mojadas” se les cierran las puertas para que queden fuera de esta historia. Según el
posmoderno ya hemos superado el viejo mundo de la injusticia y las religiones nada
significan. Estamos en el escalón más bajo del desarrollo moral. A todo eso se añade un
problema serio: ¿por qué estamos destruyendo la naturaleza?

Pero los valores son una conquista interminable


Veremos qué es lo que vendrá en el futuro: ello, en todo caso, será resultado de
los esfuerzos morales de cada uno de nosotros. De momento, las crisis conllevan
destrucción de valores anteriores y producción de valores venideros. A veces, en el saldo,
lo negativo es mayor que lo positivo o viceversa, pero hace falta perspectiva para poder
valorar. Hoy -por ejemplo- comprendemos mucho mejor que sus coetáneos los valores que
Cristo enseñó. A tal efecto conviene recordar que:
- Toda potenciación de un valor constituye un progreso.
- Toda institución destinada a realizar un valor es progreso, por imperfectamente
que desempeñe su cometido.
- Toda transformación social de una cosa en un bien significa progreso.
- Toda mejoría de un valor ya realizado es progreso.
- Todo aumento de bienes en cantidad significa una universalización del progreso.
-Toda disminución de males forma progreso.
-Todo aumento de males significa retroceso.
-La conversión de un bien-medio en un bien-fin no entraña progreso, y puede
entenderse como detención o como retroceso.
-Todo aumento en la capacidad popular para estimar valores conlleva progreso.
-Contribuir a la rectificación de aberraciones estimativas en las masas y en los
individuos es progreso, tanto en la denuncia de estimaciones falsas en sí mismas como en
el restablecimiento de la auténtica jerarquía de valores.
-Fomentar y desarrollar un valor inferior con detrimento de un valor superior
puede significar retroceso, planteando siempre la compleja cuestión técnica de cómo lograr
el paralelo desarrollo en ambos valores conflictivos.

4    ?
“Pese a la decadencia de los grandes relatos eso no significa que no haya relatos que no puedan ser
creíbles. Su decadencia no impide que existan millares de historias pequeñas o no tan pequeñas que
continúen tramando el tejido de la vida cotidiana” (Lyotard, J.F: La posmodernidad explicada a los
niños. Editorial Gedisa, Barcelona, 1986, p. 31).
1.2. Ética como teoría sobre la moral y como moral filosófica

1.2.1. La eticidad como característica esencial del ser humano

El término ética viene del griego êthos, que significa lugar donde uno habita
(primera naturaleza) y también modo de ser, carácter (segunda naturaleza) con la que uno
se enfrenta con la vida lograda gracias a la obtención de unos hábitos (si buenos, virtudes;
si malos, vicios), los cuales hábitos surgen de la repetición de los actos. Así que la ética es
sencillamente aquel quehacer que consiste en la forja del carácter. Nacemos con una
determinada naturaleza primera, pero vamos modificándola con nuestro actuar y podemos
encaminarla hacia la plenitud moral, y entonces nos encontramos altos de moral, o hacia la
degeneración inmoral, y entonces andamos con la moral por los suelos, estamos bajos de
moral, desmoralizados.

Ética de normas y códigos


Para el mejor ejercicio de todo esto la ética se sirve de normas y de códigos. En
efecto, existen códigos y normas morales, aquellas que obligan a un individuo
internamente, es decir, desde su propia conciencia, y así dijo Emmanuel Kant: Obra de tal
modo que puedas querer que la máxima de tu acción se convierta en ley universal. Si uno
viola esa norma es su propia conciencia la que va a remorderle y a sancionarle.
Ahora bien, no todos los códigos son aceptables por el mero hecho de ser códigos
que contienen normas. Pongamos el caso de la ética de los negocios (business ethics),
también llamada ética empresarial, que se sitúa entre dos direcciones divergentes, a saber,
entre el deseo de beneficios a ultranza, y la exigencia de que las personas actúen
moralmente con unos límites en su enriquecimiento y en su actitud. En esa encrucijada la
propuesta de la ética de los negocios es: ni héroes éticos que trabajen para el puro bien
común, ni mártires que entreguen hasta su vida por esa causa, sino trabajadores y
empresarios eficientes. Pedir a alguien que arriesgue su vida por salvar a otro hombre o
que la dedique al cuidado de sus semejantes son actos supererogatorios, que cumplen
personas de gran calidad moral, pero no pueden exigirse a todos. Si una empresa tiene por
meta satisfacer necesidades sociales sin engaños, dentro de un marco moral de respeto a
los derechos de consumidores, empleados y proveedores, las decisiones que tomen quienes
trabajen en ella serán correctas desde un punto moral sin necesidad de esfuerzos ni
sacrificios; pero si el diseño y funcionamiento de la empresa es otro, si pone el beneficio
económico a corto plazo por delante de la satisfacción de las necesidades de los
consumidores o del respeto a los derechos, entonces quienes en el seno de ella quieran
tomar decisiones moralmente correctas habrán de comportarse de manera heroica,
jugándose incluso en ocasiones el puesto de trabajo.
Otra de las razones que han impulsado la creación de una ética de la empresa es la
situación de intranquilidad en la que se encuentran muchos directivos cuando tienen que
tomar decisiones exigidas por la empresa, pero que ellos sienten como inmorales en
conciencia. El hecho de que en múltiples ocasiones se produzca esta situación ¿no quiere
decir que el diseño y funcionamiento de la empresa es el que no es moralmente correcto, y
que es preciso remoralizarla para que sus miembros puedan comportarse moralmente sin
necesidad de heroicidades?
Porque si no queremos ser héroes ni las empresas son morales, pero se pide a las
personas que trabajan en ellas que obren moralmente, la situación es insostenible. La única
solución razonable consiste en remoralizar la empresa recordando cuáles son los fines que
le dan sentido y legitiman socialmente, y adaptándola a tales fines. Entonces quienes
trabajan en ella podrán actuar moralmente sin ser héroes ni mártires 5. ¿Será esta nueva
aventura de los consultings éticos de la empresa una forma de lavarse la cara, una prueba
más de la capacidad de adaptación de la empresa a los malos tiempos, en los cuales cada
vez van más obreros indefensos a la calle mientras se elaboran y encuadernan con la piel
de los obreros mismos lujosos Codes of Ethics, códigos éticos justificalotodo para mayor
alabanza de la empresa a fin de mantener el sepulcro bien blanqueado? Ojalá que no.
Comprendemos que hay que ser positivo, dar un margen de confianza, abandonar la
actitud derrotista y a la defensiva que nada propone, pero hay que mantener la vigilancia.
Por lo demás, el rearme moral de la empresa ha de orientarse en el marco de los derechos
humanos asumidos a través del diálogo, comunitariamente: una acción, norma o institución
es justa o correcta cuando puede ser aceptada por todos los afectados en un diálogo libre y
simétrico; y cuando decimos por todos los afectados estamos mirando también a los
afectados que no hablan, al Sur pobre, marco al que ninguna actividad ética puede
renunciar sin abjurar de su moralidad, es decir, sin renunciar al bien común.

ACTIVIDADES

5
Cortina, Adela: Ética de la Empresa. Editorial Trotta, Madrid, 1994, pp. 84-85.
1. Texto para comentar

“Acción-hábito-carácter-destino: al final, el mundo es un espejo, y te devuelve la


imagen de tu propio rostro: frunce el ceño ante él, y te lanzará una mirada agria; trabaja por
él, y él te ayudará. Es afortunado aquél cuyas circunstancias se ajustan a su carácter, pero
es más excelente el que sabe adaptar su temperamento a las circunstancias. Tú puedes
forjar tu buen temple o temperatura ética, o tu carácter destemplado, disarmónico.
Temperare (templar) es de la misma raíz que tempus (tiempo), pues es en el tiempo donde
se labra la identidad ética, y por eso si siembras un acto tendrás un hábito, si siembras un
hábito tendrás un carácter, si siembras un carácter tendrás un temperamento aprendido.
Mientras tanto no podremos presumir de haber ganado para siempre tal o cual hábito,
porque vivimos como Penélope, que tejía por el día y destejía por las noches el mismo
manto hasta que llegara Ulises, su esposo.
Pocas cosas se obtienen por azar, pocos deseos se realizan por si solos, hay que
buscarlos con afán y alimentarlos con diligencia. No fracasa quien intenta sin desmayo
lo mejor, aunque no lo logre; por lo demás, mejor fracasar honradamente que triunfar
con fraude. La persona valiosa se levanta tras la experiencia dolorosa sin consumirse en
la inacción de la frustración: nuestra vida es un trampolín no una hamaca. Ante un bien
inalcanzado quizá te sientas mal, si fracasas; pero estás perdido si no lo intentas: duro es
caer, pero es peor todavía no haber intentado nunca subir. Ilusión fracasada es la
experiencia dolorosa, pero una vida sin ilusiones ¿qué es?. No se sale adelante
celebrando t sólo los éxitos, sino superando fracasos, pues todo fracaso nos brinda una
nueva oportunidad. Fracasado es quien comete un error, pero no sabe transformarlo en
experiencia. Los errores suelen ser el puente que media entre la inexperiencia y la
sabiduría, por eso en el fracaso hay dos tipos de clase: primera clase y ninguna clase. No
te importe el fracaso, siempre que no te resulte destructivo. Lo peor es autodescubrirse
fracasado ante uno mismo.
La actitud más inteligente es enfrentarse a las situaciones con buen ánimo; él es
al espíritu lo que la sangre al cuerpo. En toda circunstancia siempre hay un lado
brillante, detrás de la más negra nube nos espera un sol radiante, quizás puedas dar la
vuelta en U; los conflictos no duran siempre. ¿Acaso la gema no continúa siendo valiosa
cuando se encuentra en el lodo? Lo que para algunos es una piedra que brilla, para el
joyero es un diamante. Las luces del semáforo están a punto de cambiar de rojo a verde.
¿Es que el polvo vale algo porque el viento lo levante hasta el cielo? No ganarás la
carrera posterior por la derrota en la anterior, sé modesto y recomienza.
Si dijeses “ya basta, alcancé la perfección”, todo estaría perdido, pues la
perfección hace que uno conozca su propia imperfección. Hay quienes se consideran
perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos. Abandonar puede tener
justificación, abandonarse jamás. El progreso es un error constantemente rectificado,
recuerda que el hecho de dar por terminada una obra no responde a una ley de
perfección, sino simplemente a un límite de fatiga, y que se quiere más lo que se ha
conquistado con más fatiga. Te cansas, luego estás viejo: renuévate, pero no culpes de
tu cansancio al resto de los cansados..La primera cosecha está ya en el hecho de
sembrar. Surco a surco, caminas hacia el futuro. Siembra sin esperar la cosecha; quien
siembra poco, espera demasiado y desespera mucho. Todo el placer de los días está en
sus amaneceres. Imposible plantar hoy un árbol y sentarse mañana a su sombra: el
tiempo es la hora de la siembra, la eternidad la de su cosecha” (Carlos Díaz: El maestro
justo, forjador de caracteres morales. Ed. Progreso, México, 2007).
2. Glosario Básico

Ética: aquel quehacer que consiste en la forja del carácter humano.


Eticidad: Carácter social de la ética.
Filosofía: Análisis de todas las cosas buscando sus últimas causas a la luz natural de la
razón.
Fisiólogos: Buscaban el origen de las cosas fuera de sí mismos.
Heteronomía: Falta de autonomía, es decir, de capacidad para darse a sí mismo las
normas en libertad.
Imperativo categórico: Obra de tal modo que puedas querer que la máxima de tu acción
se convierta en ley universal
Superyo: Es el yo idealizado que a cada cual le gustaría ser.
Teocentrismo: Filosofía que afirma que Dios es el centro de todo.
Trabajo interdisciplinar. Llevado a cabo entre especialistas de áreas diversas en un
programa común de investigación.
Virtud: Puesta en práctica del valor.

3. Actividades

- Organiza equipos de trabajo para discusión y elaboración de escalas valorativas


respecto a un caso seleccionado.
- Lluvia de ideas sobre la libertad.
- Valora un problema ético que refleje la influencia e interrelación entre el individuo y
la comunidad.
- Ejemplifica en cinco personajes mexicanos el valor del estudio y el buen
comportamiento moral.
- ¿Crees que podrías llegar a ser un buen filósofo? ¿Por qué?

4. Para la reflexión y el diálogo

-Problema: ¿qué harías tú?


Estás lavando autos. Te dan una propina interesante para repartir con otro compañero que
hace lo mismo. Él no lo ve. Pregunta: ¿Compartirías la propina con él si fuese pequeña?
¿y si grande?.

-¿Qué valores buscas tú en las fotos que haces?


Fotografiar personas es lo más divertido del mundo, pero también lo más difícil. Las
personas nos movemos y expresamos con nuestros gestos diferentes sentimientos. Puedes
sacar primeros planos de cerca, o alejarte. Puedes hacer que las personas posen para ti, o
dejar que actúen espontáneamente y sacar imágenes por sorpresa. Las dos formas son muy
interesantes. Si te mueves, tus ojos se posan en principio en un punto, van avanzando, se
detienen: obtendrás distintas perspectivas. Y recuerda: por mucho que vayas y vengas con
la cámara, nunca sacarás todas las expresiones de las gentes, pues no se han inventado aún
cámaras que fotografíen el interior más oculto, el alma humana.
-¿Eres buen(a) oyente para poder ser buen agente?
El buen oyente............................. El mal oyente
1. Se esfuerza por escuchar. 1. Finge atención.
2. Oye las ideas centrales. 2. Se centra en los detalles.
3. Se centra en los hechos. 3. Su mente divaga.
4. Encuentra áreas de interés. 4. Se desentiende.
5. Sabe concentrarse. 5. Se distrae.
6. No cae en los “disparaderos 6. Reacciona fuertemente
emocionales”. a las palabras emotivas».
7. Juzga el contenido. 7. Juzga las formas.
8. Es paciente. 8. Tiende a Discutir
Yo soy...... porque:
...............................................................
..............................................................
..............................................................
..............................................................
..............................................................
..............................................................

-¿Cuáles son las virtudes y los vicios más comunes a los mexicanos?

-¿Conoces los mecanismos que te impiden ser coherente entre lo que dices y lo que
haces? ¿Puedes comentarlo en grupo, y que otros compañeros hagan lo propio?

5. Comenta las frases siguientes

- Comenta estos versos de Antonio Machado en relación con la captación de valores:


“Dice la razón: tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
Que dices lo que no sientes”.

- Y esta frase de Blas Pascal:


“El corazón tiene sus razones que la razón no conoce”.

- ¿Qué tiene que ver con los valores y las virtudes esta frase de Helvetius? “La verdad
tiene muchos predicadores y pocos mártires”?

- Lee y comenta este texto de Confucio:


“Yan-kieu dijo: “Tu doctrina me complace, maestro, pero no me siento con fuerzas para
practicarla”. El maestro le contestó: “Los débiles emprenden el camino, pero se detienen
a la mitad; tú ni siquiera tienes voluntad para iniciar el camino; no es que no puedas,
sino que no quieres”.

- ¿Tienen el mismo valor ético las opiniones de estas cuatro personas? ¿Por qué?
El maestro dijo al discípulo: Existen cuatro tipos de personas:
El justo que dice: “Lo mío es mío, lo tuyo es tuyo”.
El enamorado: “Lo mío es tuyo, lo tuyo es mío”.
El egoísta: “Lo tuyo es mío, lo mío es mío”.
El santo: “Lo mío es tuyo, lo tuyo es tuyo”.

6. Bibliografía

Aristóteles: Ética a Nicómaco. Editorial Porrúa, México, 1992.


Díaz, Carlos: Pedagogía de la ética social. Editorial Trillas, México, 2004.
Díaz, Carlos: La filosofía, sabiduría primera. Editorial Videocinco, Madrid, 2000.
Lyotard, J.F: La posmodernidad explicada a los niños. Editorial Gedisa, Barcelona,
1986.
Platón: Diálogos. Editorial Porrúa, México, 1986.

7. Hoja de apuntes personales

UNIDAD 2

ÁMBITOS DE DECISIÓN PERSONAL Y SOCIAL


DIBUJO

2.1. EL JUICIO MORAL SOBRE LAS ACCIONES HUMANAS

2.1.1. Componentes de la acción moral


2.1.2. La libertad
2.1.3. Libertad y responsabilidad
2.1.4. Autonomía y heteronomía
2.1.5. Autonomía y deber

2.2. LOS VALORES

2.2.1. Universalidad frente a relatividad de los valores


2.2.2. Objetividad y subjetividad de los valores
2.2.3. Jerarquía de valores

2.3. ÁMBITOS DE LA PRÁCTICA MORAL DE LOS VALORES

2.4. LAS VIRTUDES COMO REALIZACIÓN DE LOS VALORES

2.1. EL JUICIO MORAL SOBRE LAS ACCIONES HUMANAS


Agentes, actores, autores
Los seres humanos somos agentes, pues por el hecho de vivir hacemos,
transformamos y deshacemos, algo que compartimos con el reino vegetal y en mayor
medida con los animales. Cuando hacemos la digestión estamos siendo agentes de
cambio.
También somos actores, es decir, en el escenario de la vida jugamos un papel. A
veces nos ponemos máscaras; de hecho, el término persona procede de personare,
sonar a través de un tubo que a modo de altavoz poseían las máscaras que los actores se
ponían en el teatro griego y latino. Esto significa que somos complejos y versátiles, que
actuamos como si fuésemos lo que no somos.
Y somos finalmente autores, es decir, responsables morales de nuestras acciones
y de nuestras vidas. Para saber si estamos viviendo una vida buena o una vida mala
necesitamos el juicio moral sobre ellas. Cuando actuamos sin conciencia del bien o del
mal moral de nuestros actos realizamos actos del hombre; cuando somos conscientes
realizamos actos humanos. Ahora bien, ¿existen actos indiferentes moralmente? En
sentido estricto no existe acto humano a-moral: o es virtuoso, o vicioso. Aparentemente,
cuando el vago y el laborioso se tumban a descansar realizan un mismo acto físico, pero
no un mismo acto moral. El primero se inserta en un contexto de irresponsabilidad y no
merece el descanso, a diferencia del segundo, que sí lo merece porque ha peleado para
llevar a casa los alimentos de sus hijos. Muchos de los actos que parecen “indiferentes”
no lo son en el fondo: tiene una intencionalidad moral distinta según la opción adoptada
en cada caso.

La intencionalidad
El juicio moral exige deliberar y juzgar las cosas con criterio, y ese es el sentido
de la presente asignatura. De este modo podremos determinar cuáles son las causas y
cuáles los motivos y las intenciones de nuestras acciones. Todo agente, al actuar, está
causando un efecto. Ahora bien, unas veces los efectos de nuestras acciones causales
son meramente mecánicos (al lavar un plato lo rompo), pero otras responden a motivos:
puedo romper el plato porque estoy enfadado o porque he roto con la persona que me lo
había regalado. Y entonces mi intención puede ser romper con ese gesto cualquier
posible reconciliación, etc. Las intenciones son muy variadas en cada ser humano. Los
motivos obedecen a una finalidad, a un para qué. Cuando el “para qué” es bueno los
actos son menos inmorales. Sin embargo, cuando decimos que el “para qué” es bueno
los actos son menos inmorales no equivale a decir automáticamente “buenas”, pues hay
toda una serie de circunstancias que modifican el valor de los fines.¿Y si hago algo con
buena intención y a pesar de ello perjudico? Dos ejemplos.
Ejemplo uno: regalo una flor tropical a un amigo y, como es alérgico, cosa que
yo no sabía, se llena de granos. Como consecuencia le deja la novia, se deprime, le
echan del trabajo, y a un mal sigue otro. Sin embargo, pese a lo lamentable del caso, no
soy moralmente responsable: ¿cómo imaginar todo eso? Con la mejor intención he
producido un desaguisado, desde luego, pero sin responsabilidad moral.
Ejemplo dos: saco a pasear a un perro dóberman, y mientras él corretea me
siento a leer. De repente oigo un grito. El perro ha mordido a un niño, aunque
afortunadamente no ha llegado a causarle lesiones de gravedad. Sin embargo, aunque la
cosa no haya ido más lejos, sí sería responsable moralmente, al no haber querido saber
que al dóberman hay que llevarlo atado con una correa, dada su agresividad.
En cualquier caso, la conciencia tiene una función autocrítica: actúa como un
juez que alaba algunas de nuestras acciones y desaprueba otras, castigándolas en este
caso con el remordimiento. Por eso se habla de examen de conciencia: es la necesidad
de revisar la propia vida. Hay conciencias escrupulosas: de todo se sienten culpables:
“yo debería haber preguntado a mi amigo si era alérgico antes de enviarle las flores”,
etc. Es una deformación de la conciencia moral. En el otro extremo están las
conciencias laxas: no se sienten culpables de nada, etc. También es una deformación.
Entre ambos extremos está la conciencia recta, que hace lo posible por estar bien
informada; cuando lo está se llama conciencia cierta; en caso contrario, o sea, cuando
induce o se ve inducida a error, es conciencia errónea.
En cualquier caso, quien menosprecia la posibilidad de querer ser bueno pierde
humanidad. La persona verdaderamente humana no solamente se limita a querer ser
mejor ella misma, sino que ayuda a que los demás también lo sean. La conciencia
madura busca la universalidad del bien: si es bueno para mí comer, debo trabajar por
extender ese bien a toda la humanidad, superando el egocentrismo (solo para mí), el
etnocentrismo (sólo para mi raza), el nacionalismo (solo para mi patria), etc.

2.1.1. Componentes de la acción moral

Conciencia, deliberación, decisión


La acción moral tiene dos momentos. El primero de ellos se mueve en el terreno
puramente intelectivo de la ética el ámbito del pensar: concepción, deliberación y
decisión. No hay actos morales sin conciencia y sin reflexión sobre los actos de esa
conciencia. Una vez aclaradas y deliberadas las cosas por sus causas, la conciencia
toma la decisión de actuar de tal o de cual modo. Al actuar podemos seguir el juicio de
la conciencia, o desatenderlo, ya sea por debilidad o por perversidad moral. A menudo
sé qué es lo mejor, pero hago lo malo, o incluso lo peor. Se dice que un intelectual es
una persona que usa más palabras de las necesarias para decir más cosas de las que sabe
o mejores de las que hace. Algo, en todo caso, muy común, pues del dicho al hecho va
mucho trecho. Si la ética es la teoría y la moral la práctica, hay casos de gentes sabias
en el discurso, pero muy perversos en la práctica.

Decisión y voluntad
De todos modos, al actuar podemos seguir el juicio de la conciencia, o
desatenderlo, ya sea por debilidad o por perversidad moral, veo lo mejor, lo apruebo,
pero hago lo peor. A menudo sé qué es lo mejor, pero hago lo malo, o incluso lo peor.
Se dice que un intelectual es una persona que usa más palabras de las necesarias para
decir más cosas de las que sabe o mejores de las que hace. Algo, en todo caso, muy
común, pues del dicho al hecho va mucho trecho. Si la ética es la teoría y la moral la
práctica, hay casos de gentes sabias en el discurso, pero muy perversos en la práctica.

Acción
El segundo momento es el de la acción, es decir, el de la moral (recordemos que
ética es la teoría y moral es la práctica). ¿Cuándo se manifiestan socialmente las malas
intenciones? Cuando pasan a la acción, cuando se llevan a acabo, y ese es precisamente
el momento de la acción. Las malas intenciones, aunque todavía no se pongan en
práctica, también son negativas; sin embargo, hasta que no se llevan a cabo a través de
la acción no son conocidas por los demás, y en consecuencia no reciben sanción social.
En cualquier caso, para que una acción sea moral ha de ejercerse con libertad. Pero
deberíamos tener mucho cuidado para no olvidar que la libertad humana no es ni
individualista, ni gregaria, sino relacional: seré más libre cuanto más rodeado de
hombres y mujeres libres me encuentre, de ahí que no pueda liberarme a mí mismo
esclavizando a los demás, explotándoles, sometiéndolos a condicionamientos internos -
coacciones morales, psicológicas...- ni externos -fuerza física, tortura...-.
La libertad es indivisible: si te dan el 99% de libertades, pero se quedan con el
1%, que es la llave, no eres libre. Esto se refleja en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. Esto no impide que la libertad sea limitada, al estar condicionada
por las estructuras físicas, biológicas, psicológicas, económicas, sociales, históricas,
culturales, etc, y por las posibilidades de elección, también limitadas. Hay limitaciones
que son comunes -en una dictadura todos están privados de ella-, pero también otras que
son individuales: no todas las personas se comportan del mismo modo: el alcohólico se
ha labrado su propia dependencia respecto del alcohol que le eslaviza. La libertad
humana no es absoluta, porque el ser humano no es omnipotente: vive solo unos años,
cuenta solo con unas capacidades, nunca alcanza todas sus metas. Menesteroso,
limitado, finito, no puede estar libre de todo condicionamiento. Aún así, sigue siendo
libre: podría estar en este momento leyendo otra cosa, o no leyendo ninguna, estudiando
o vacando. Así como la paloma está condicionada por sus alas, son también ellas las que
permiten su vuelo. Existen ejemplos de gente que por decisión libre, con fuerza de
voluntad y gran convicción en su causa, lograron vencer grandes condicionamientos: el
tartamudo Demóstenes llegó a ser el mejor orador de Grecia.

2.1.2. La libertad

Sin libertad no habría responsabilidad moral, y entonces ni el bien ni el mal nos


serían imputables. Pero somos morales (moralmente buenos) o inmoral (moralmente
malos); incluso el des-moralizado vive moralmente, aunque en baja forma. Nacemos
con una determinada naturaleza, pero vamos modificándola con nuestro actuar,
pudiendo encaminarla hacia la plenitud, y entonces nos encontramos altos de moral, o
hacia la degeneración, y entonces andamos con la moral por los suelos, bajos de moral.
Por lo demás, la libertad es histórica: las elecciones que se van haciendo en el tiempo
pueden aumentar, disminuir o destruir progresivamente esa libertad.
Los ámbitos de libertad son tantos como las acciones que podamos realizar.
Señalamos a título de ejemplo los siguientes:
- Libertad física (de residencia y circulación)
A veces se impide sin causa legítima: cuando se encarcela a la gente por tiempo
indefinido sin que se sepa cuál es la causa; cuando no se permiten las visitas de
familiares o abogados del detenido. A la protección legal con que cuentan las personas
para defenderse en esos casos se le llama en algunos países habeas corpus o juicio de
amparo, en el sentido de proteger o tutelar esos derechos.
- Libertad de elección o psicológica, o libre albedrío
Consiste en no prohibir la capacidad de autodeterminación, o sea, en permitir
darse a sí mismo los motivos de la actuación. En ella se encuadran la libertad de
ejercicio, o de poder actuar o no actuar; la libertad de especificación, o de poder obrar
de una forma u otra; la libertad de contrariedad, o de poder elegir entre el bien y el mal.
-Libertad de expresión
No basta con tener libertad de conciencia, es necesario poder manifestarla sin
censura. Dentro de ella se encuadran las libertades políticas: de asociación de individuos
y grupos, etc.

2.1.3. Libertad y responsabilidad


Libertad
No podemos echar la culpa de nuestra pereza a la conjunción de Venus y Marte
(determinismo cósmico). Ni atribuir nuestra condición física únicamente a la
constitución somática (determinismo biológico), pues un cuerpo bien dotado puede
arruinarse y uno mal dotado mejorarse. Ni a los genes (determinismo genético), pues no
existe el cromosoma moral. Ni a México por la corrupción (determinismo sociológico),
pues hay mexicanos corruptos y otros que son ciudadanos ejemplares. No son nuestros
sentimientos los que nos arrastran hacia una acción inevitable (determinismo
psicológico), pues tenemos voluntad.
La libertad no consiste en hacer lo que nos dé la gana, sino en hacer lo que
tenemos que hacer porque nos da la gana, nadie es más esclavo que quien hace de la
libertad la facultad de elegir la esclavitud. Libertad no es libertinaje, ni entregarse a toda
clase de impulsos e inclinaciones: al contrario, eso es esclavitud. ¿Qué pasaría si todos
hiciéramos siempre lo que nos gustara, aunque no fuera bueno? ¿y si nunca
calculásemos las consecuencias de nuestros actos? ¿y si nadie nos diese nunca pistas
sobre lo lícito y lo ilícito? No podemos hacer lo que nos venga en gana si con ello
perjudicamos a los demás. La libertad propia tiene su límite allí donde comienzan las
libertades de los demás. El derecho a la libertad va íntimamente unido a la
responsabilidad. Ejemplo: a pesar de que defendamos la libertad de expresión, ésta no
tiene derecho a ser divulgada masivamente en ciertos casos, a saber: cuando quien
informa sólo tiene sospechas, pero no total certeza de la verdad de lo que informa;
cuando carece de cualificación específica; cuando se basa en la versión de solo una de
las partes involucradas; cuando la información conlleva secuelas negativas para la vida
privada de las personas; cuando puede poner en peligro vidas humanas, o el bienestar, o
el orden público, por ejemplo creando el pánico o interfiriendo en algún operativo
policial, o en un plan de emergencia sanitaria; o cuando la difusión masiva hace que
alguien sea linchado por la opinión pública antes de que la juzguen los tribunales.
Libertad es manejo responsable de nuestro yo creando (mediante la reflexión, el diálogo
y el autodominio) ámbitos que posibiliten la acción y la interacción conforme a valores
que nos acercan cada vez más a lo necesario, conveniente o deseable. El ejercicio de la
libertad requiere cultivo a través de la educación, proceso en el cual la experiencia
humana es examinada, valorada y transmitida individual y colectivamente. La libertad
es el valor fundamental de la democracia, forma de convivencia en la cual, dentro de los
límites impuestos por la observancia de las leyes que aseguran el orden y respeto de los
derechos de todos, nadie impone su voluntad sobre la del otro.

Convicción y responsabilidad
Distingue Max Weber entre ética de la convicción y ética de la responsabilidad.
La ética de la convicción prescribe o prohíbe determinadas acciones incondicionalmente
como buenas o malas en sí, sin tener en cuenta las condiciones en que deben realizarse u
omitirse, ni las consecuencias que de su realización u omisión podrían seguirse. Quien
defiende la ética de la convicción, más que desinteresarse del todo por las consecuencias
de su acción, no acepta la irracionalidad ética del mundo por resultarle imposible creer que
de una acción mala puedan deducirse consecuencias buenas y que, en sentido contrario, de
una acción buena puedan seguirse consecuencias malas, por todo lo cual prohíbe usar
medios dudosos aunque pretexten conseguir fines buenos, ya que para él nunca un fin
bueno justificará la elección de un medio dudoso.
La ética de la responsabilidad, por su parte, tiene en cuenta las consecuencias
previsibles de las propias decisiones y las circunstancias en que se toman, aunque no pueda
eludir el hecho de que para conseguir fines buenos haya que contar en muchos casos con
medios moralmente dudosos o peligrosos, y con la posibilidad de consecuencias
moralmente dudosas. Lo correcto sería no dejarse llevar por la intolerancia ni por el
pragmatismo absoluto del “todo vale”; sino actuar con responsabilidad convencida. El
hipermoralismo no es mejor que el amoralismo cínico. En la historia está mezclado el mal
con el bien y los avances hacia éste se realizan no pocas veces a través de los medios
malos. En cuanto hemos ejercido en el mundo una acción, no sabemos del todo qué
consecuencias se derivarán de ella. Mientras tanto, debemos servirnos de medios buenos y
preocuparnos del contexto para procurar que tenga posibilidad de ser lo menos malo
posible. “Pero después de eso ¡quédese tranquilo! El temor a mancharse por entrar en el
contexto de la historia es un temor farisaico. No es posible tocar la carne del hombre sin
ensuciarse los dedos. Ensuciarse los dedos no es ensuciarse el corazón. La purificación de
los medios exige que un fin digno del hombre se realice por medios dignos del hombre y
proporcionados a su fin. Pretender renunciar a los medios humanos sería un absurdo”6.
Así pues, los principios de la moral no son ni teoremas ni ídolos, sino reglas
generales dirigida a una obra que ha de realizarse en determinadas circunstancias mediante
reglas más inmediatas y, en definitiva, mediante las reglas de la prudencia nunca trazadas
de antemano. No pretenden devorar la vida humana; existen para construirla. Como somos
débiles, para procurar lograrlo hay que aplicar en concreto el principio del mal menor y
tolerar ciertos males cuya prohibición acarrearía males mayores. Hay que apreciar en la
acción, además, la energía de realización histórica y el coeficiente de porvenir que aportan.
La vida se desenvuelve en el mundo de la existencia y de la contingencia, no en el de las
esencias puras. Las cosas buenas son de difícil manejo. La moral exige que antes de que un
hombre realice el mal hagamos todo lo posible por impedírselo; y después, por superarlo
sin ocasionar un mal mayor; pero si esto es imposible, exige que reconozcamos el hecho:
lo que se nos pide ahora es que hagamos todo lo posible por sanarlo y repararlo y para
enderezar en el sentido del bien las consecuencias del hecho consumado. No obremos
como si para separar el trigo de la cizaña tuviéramos que negar esta existencia histórica en
que vivimos. Abusaríamos del principio del mal menor si en él encontrásemos pretexto
para no hacer nada en pro de la justicia. No puede uno mancharse y quedarse tan tranquilo,
a menos que se sea un inmoral. Entre el abstencionismo pretendidamente purista y el
maquiavelismo impuro se debate enteramente la cuestión de la relación entre pureza y
eficacia en los individuos y en los colectivos.

2.1.4. Autonomía y heteronomía

La libertad moral es una propiedad de la voluntad cuando ésta actúa


autónomamente, es decir, con la capacidad de poder decidir por sí mismo entre lo mejor
o peor, sin imposiciones. Por eso la libertad es autodeterminación, acción causal
inteligente. Esto no impide que la libertad sea tendencial y desiderativa, ya que no se da
al margen de las tendencias y deseos humanos, pero los gobierna.
Su antítesis es la esclavitud, la servidumbre respecto de los demás o respecto de
los propios vicios y debilidades. Lo contrario de la autonomía es la heteronomía, en la
que el agente actúa dirigido por otro que suplanta o pretende suplantar su propia
identidad moral. A este respecto tanto el juridicismo como el sociologísmo, que
pasamos a explicar, atentan contra la autonomía de la norma moral.
El juridicismo niega la autonomía moral reduciendo lo moral a lo legal,
olvidando que hay normas legales que son inmorales, desgraciadamente más de las
debidas. En efecto, ¿qué actitud tomar ante las leyes democráticas legales pero
inmorales, acaso acatarlas, contraviniendo la propia conciencia? Ciertamente no.
6
Maritain, J: Humanismo Integral. Editorial Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1966, pp. 186-189.
¿Desobedecerlas? A pesar de todo, sí, aunque este ejercicio de la disidencia por motivos
morales no sea cómodo. Desde que san Agustín (siglo V d.C) acuñó el lema la ley
injusta no es ley, se usa la objeción de conciencia frente a las leyes injustas. Para que
una sociedad sea justa no bastan las leyes jurídicas, por las siguientes razones.
- Las leyes jurídicas no siempre protegen suficientemente todos los derechos que
son reconocidos por una moral cívica.
- A veces exigen comportamientos que no parecen justos a quienes se saben
obligados por ellas.
-Las reformas legales son lentas, y una sociedad no siempre puede esperar a que
una forma de actuación esté recogida en una ley para considerarla correcta.
- Las leyes no contemplan ciertos casos particulares que sin embargo requieren
consideración.
- En las sociedades más libres la necesidad de la regulación legal es menor,
porque los ciudadanos actúan correctamente.
- Aunque parezca que las normas jurídicas que protegen derechos fundamentales
garantizan esa protección en mayor medida que las normas morales, su capacidad
protectora es muy limitada. Las leyes pueden eludirse, manipularse, y tergiversarse;
sobre todo, por parte de los poderosos. Por eso la única garantía de que los derechos se
respeten consiste en que las personas estén convencidas de que vale la pena hacerlo.
Por su parte, el sociologismo niega la autonomía moral reduciendo lo moral a
los usos y costumbres sociales dados. Sin embargo, aunque sea una costumbre, la
borrachera es indecente en sí misma. La sociedad puede obligar externamente con todo
tipo de coacciones, pero ¿cómo podría ella explicar el remordimiento o la sensación de
culpabilidad cuando bastaría una simple mentira para cumplir con lo que la sociedad
pide? La sociedad no es capaz de llegar al interior de la conciencia. Fundadores y
reformadores religiosos, místicos, santos, con su impulso de amor han roto las
convenciones sociales y elevado la humanidad a nuevos destinos.

2.1.5. Autonomía y deber

Deber y poder
Si asumo un deber, he de intentar al menos saber hasta qué punto me considero
capaz de ejercerlo, es decir, cuáles creo que son los límites de mi poder, cuestión tanto
más importante cuanto más realista sea mi planteamiento al respecto, pues ¿qué sacaría
yo en claro si sé, quiero y debo, pero me resulta imposible realizar ciertos deberes? Yo
puedo hacer algo, pero no puedo hacerlo todo. A lo imposible nadie está obligado.
Así las cosas, puede ocurrir que la voluntad: quiera y pueda, quiera y no pueda, hno
quiera aunque pudiera, ni quiera ni pueda.¡Y hasta cabe que una parte de mí mismo se
oponga a otra parte de mí mismo en su complejo querer-poder!
He ahí algunas de las frustraciones más comunes: -No sé lo que puedo, quiero, o
debo hacer. -Sé lo que quiero hacer, pero no me atrevo. -Sé lo que quiero hacer, pero no
me merece la pena intentarlo. -Soy sinceramente incapaz de dominar mis impulsos. -Sé,
quiero y puedo, pero no sé bien con quién podría. ¡Tantas dificultades en esta vida,
similar a una carrera de obstáculos o de vallas! Al final, no son pocos los que, en lugar
de hacer algo por corregir las propias deficiencias, se dicen a sí mismos: -No tiene
remedio el mundo, huelo “política” y me tapo la nariz. -Si lo tuviera, yo no sabría qué
hacer ni dónde hallar ese remedio. -Si todo lo anterior fuese superable, yo no sabría con
quién asociarme. -Y si también esto último pudiera solucionarse, el cambio sería tan
lento, que yo no llegaría a contemplarlo, así que no me vale la pena. Sin embargo, el
poder sigue al ser, allí donde hay ser hay también poder. Por supuesto, el minusválido
tiene poder ante quien o quienes le aman. Hasta un enfermo postrado impotente en su
lecho goza al menos del poder de dar lástima a quienes le miran. Es que el poder brota
no sólo de las capacidades del ser, sino de las fuerzas que nos confieren quienes nos
aman.

2.2. LOS VALORES

2.2.1. Universalidad y relatividad de los valores

¿Qué es el valor?
Valor es lo que mueve mi corazón, imanta mi vida, me hace existir, ser,
moverme. Cuanto menos valioso es algo para mí, tanto más se aleja de mi horizonte. Si
son valores, lo son en todo tiempo y lugar, pero ¿cómo saberlo? Las opiniones se
reducen a dos básicamente, la que afirma que los valores se captan a posteriori, y la
que afirma que su captación es a priori.
A posteriori
Según las éticas teleológicas (de fines) algo es valioso si después de haberlo
experimentado (a posteriori) nos produce placer o utilidad, como aseguran el hedonismo y
el utilitarismo. Éste no es nuestro punto de vista por dos motivos: primero, porque resulta
absurdo pensar que sólo sabemos que el asesinato es malo después de haberlo cometido.
Segundo, porque si no hubiera posibilidad de universalizar los juicios, éstos serían
relativos. Pero afirmar que algo es relativo no es dotarlo de objetividad.
A priori
Según las éticas deontológicas, o sea, de deberes (a priori), se conoce lo bueno aún
antes de experimentarlo. En ello coinciden cuatro sistemas muy diferentes entre sí, los
siguientes:
- El aristotélico-tomismo
Según esta teoría de Aristóteles y Santo Tomás, el bien es lo que todos desean y, no
poseyéndolo nosotros en su totalidad, ha de haber un fundamento absoluto de lo bueno, un
bien ideal, y ese fundamento es Dios. Algo es bueno y valioso porque, desde siempre, es
reflejo de la ley divina y eterna de Dios, fundamento eterno de todos los bienes, los posee
en plenitud. La ley divina eterna impregna a su vez a la naturaleza con la ley natural: es
malo el comportamiento humano que se desvía libremente de la eterna ley de Dios y de la
ley natural. ¿Cómo se sabe que un comportamiento humano es el natural? Observando la
ley natural: ella nos lleva a ejercer el bien conforme a la razón conservando el ser propio,
el de la prole, y el de la especie. Deriva a su vez de ella, las leyes positivas son las que los
gobernantes promulgan para el bien común y que han de reflejar la ley natural y la eterna.
-Kant
Según Kant, no es que algo sea bueno porque lo quiera Dios, lo cual resultaría
inaceptable para los ateos, sino que lo quiere Dios por nacer de la conciencia moral. Nada
ajeno a esa conciencia podría ser fuente de comportamiento moral. Primero: porque si yo
no decidiera por mí mismo carecería de autonomía. Segundo: sería inevitable evitar el
relativismo si fulanito se lanzara al agua para salvar a otro buscando la recompensa
económica, menganito por obtener fama, zutanito por compasión, etc. No necesito ayudar
a un huérfano para saber que eso es un acto moralmente bueno, tampoco necesito matar a
nadie para saber que eso es un acto malo. La actitud moral universal dice de forma
imperativa y categórica: obra de tal modo que tu comportamiento pueda ser tomado como
ejemplo para todos, como norma universal. La voluntad moral sólo es digna si actúa por
sentir que debe hacerlo aunque se venga abajo el mundo, diga la gente lo que diga. Quien
no actúe por respeto a esa ley interior de la conciencia no actuará moralmente.
¿En qué se concreta esto? En hacer el bien y evitar el mal, en querer para los demás
lo que quiero para mí, y en no querer para los demás lo que no quiera para mí mismo. Si
pretendo que me salven cuando corro peligro, también yo deberé salvar a todos los demás;
si no quiero que me mientan, tampoco yo deberé mentir nunca7. En resumen, la conducta
moral será a priori y no a posteriori; formal y no material (no seguirá los estímulos
exteriores); subjetiva (trascendental) pero no subjetivista. Según Kant basta consultar a la
propia conciencia para encontrar esa respuesta. Ahora bien ¿sabría yo lo que debo hacer o
evitar si los demás no me ayudasen a descubrirlo?
- Max Scheler
Max Scheler, el padre de la axiología fenomenológica, coincide con Kant en la
crítica de éste a la identificación entre ser y bien, pues una cosa es el bien y otra el ser. Sin
embargo, a Kant le reprocha Scheler haber llegado al colmo de la barbarie al defender que
la persona que auxilia a quien se está ahogando sólo debe hacerlo por cumplir con su
deber, y no por compasión; la conducta exigida por Kant sería inhumana, de un rigorismo
orgulloso, pues sólo le importaría la tranquilidad de la propia conciencia que al obrar como
debe se siente superior.
Frente a eso propone Max Scheler que los valores se captan por amor, por intuición
emocional, la cual presenta distintos planos, no sólo el empírico (ejemplo: amor no es sólo
sexo). El mayor premio es amar y el mayor mal experimentarse como origen del mal.
Resulta, pues, erróneo desacreditar el acto de compasión o de amor, de las emociones en
general, para reemplazarlo por actos de la voluntad, sólo porque en algunos casos la
compasión o el amor sean insinceros o insuficientes. El mundo de los bienes es más
distante que el de los valores, pues ante estos se da el amar y no sólo el conocer. El valor
me implica, me afecta.
En la esfera afectiva no se produce libremente alegría o tristeza del mismo modo
que en la esfera volitiva proferimos un acto de voluntad o una promesa. Tampoco se
pueden gobernar los afectos como gobernamos los movimientos de nuestros brazos,
porque el sentimiento tiene sus razones que la voluntad no conoce. Intelecto, voluntad y
amor deben cooperar entre sí, pero respetando el papel de cada uno. El problema surge
cuando el corazón va más allá de su dominio y usurpa papeles que no le competen: si
alguien que quiera comprobar un hecho se limita a afirmar que su corazón le dice lo que ha
ocurrido, abre la puerta a todo tipo de ilusiones; ha obligado a su corazón a realizar un
servicio que nunca puede prestar y ha permitido que su uso inadecuado sofoque al
intelecto. Si son valores, se intuyen no sólo afectivamente, sino también racio-
cordialmente. Esto no impide la existencia de situaciones en las que podemos decir: ‘siento
que esto no es correcto’, aunque seamos incapaces de demostrarlo lógicamente. La persona
con un corazón alerta se alegra o entristece según los motivos objetivos que se dan frente a
él para sentirse feliz o desgraciado; el juicio verdadero es una síntesis de subjetividad y
objetividad; su subjetividad no se borra, pero sí debe desaparecer su subjetivismo, que
desvirtúa la objetividad de la vivencia. ¿Cómo, pues, orientarse en estos terrenos? Quizá la
pregunta fundamental de un corazón bien orientado no sea ¿me siento feliz?, sino ¿la
situación objetiva es tal que resulta razonable ser feliz?. Es entonces cuando de la
afirmación eso es verdaderamente un bien se sigue la afirmación eso debe ser realizado.

7    ?
Al loco furioso que cuchillo en mano quiere entrar en mi casa para matar a un viandante que allí se ha
refugiado no debo decirle que no está allí, pero añadiendo que si no se va llamaré a la policía, y si es necesario
defenderé al perseguido con mi vida, pues decir la verdad es una exigencia categórica de la razón moral: si
miento una sola vez, ya no valgo de referencia para la humanidad. Cfr. Kant, E: Sobre el pretendido
derecho a mentir por altruismo. Editorial Tecnos, Madrid, 1991
Para evitar el sentimentalismo, que es una hipertrofia que mata al sentimiento, se necesita
educar los sentimientos.

-El emotivismo
Según George Edward Moore8, máximo exponente del emotivismo o
emocionalismo moral, bueno es una noción simple igual que amarillo, y las nociones
simples se intuyen, no se explican: no puedo explicar a ningún ciego qué es el amarillo.
También lo bueno es una noción simple, y por tanto indemostrable: o se capta, o no se
capta. Cuando digo de algo que es bueno no afirmo nada sobre el objeto (que no es
simple), ni sobre mí mismo (que tampoco soy simple), tan sólo estoy exteriorizando mis
emociones y mis sentimientos. Asegurar A es bueno equivaldría a decir: apruebo A,
apruébalo tú también; o ¡viva A!. La razón no dice nada, la emoción todo. ¿Qué podemos
decir de estas tesis? Que, en efecto, bueno no es una cualidad simple, y por tanto exige una
captación intuitiva. Pero Moore no lleva razón en su total desconexión entre la razón y los
sentimientos, y ello por varios motivos.
Primero, porque no toda afirmación axiológica es emocional. Cuando el médico
dice que es bueno operar tal cáncer, está expresando un juicio meramente técnico,
descriptivo, sin emotividad. Además, los humanos compartimos básicamente los
mismos sentimientos: la empatía, el sentimiento de solidaridad y de apoyo mutuo son
universales. ¿Por qué los sentimientos universales no pueden servir como criterios de
verdad, y sí la racionalidad universal? Tampoco el desapasionamiento es criterio de
verdad. Puedo aceptar con emoción, y errar con desapasionamiento; a veces, incluso,
cierto exceso de frialdad impide la percepción de lo real. La temperatura no es criterio
de verdad. Además, el uso de un lenguaje aséptico, meramente descriptivo, no evita su
vivencia axiológica. Cuando a un daltónico le digo que el semáforo está en rojo, no sólo
le estoy informando acerca de la existencia de un color, sino también de que no debe
pasarlo porque no es bueno para él. La frontera entre lo descriptivo y lo emotivo o
evaluativo nunca es tan rígida como asegura el emotivismo. Más aún, afirmaciones
sobre las que existe un consenso casi universal, por ejemplo: “Todos los seres humanos
tienen derecho al trabajo”, ¿no podrían autorizarnos a decir que es moralmente bueno
que lo tenga? Por último, el emotivismo maneja dos criterios de verdad: para los hechos
físicos, la observación rigurosa y objetiva: es verdad lo que veo; para los hechos
morales, por el contrario, la falaz voz de la emoción. Semejante división ignora la
unidad razón-corazón del ser humano.

Mostradas las posiciones básicas en torno a la captación del valor, vayamos a su


naturaleza.
Los valores, si valen, de alguna manera son; si son, valen
Todo lo que vale es; pero no todo lo que es vale. Ser materialmente y valer no se
identifican. Hay cosas que valoramos negativamente, como un dolor de muelas, pero
son, están ahí, mientras que otras no son, no están ahí, y sin embargo las valoramos
favorablemente, por ejemplo la justicia perfecta. Aunque tendamos a sustantivar los
valores, es decir, a condensarlos en sustantivos (la libertad), e incluso a representarlos
de forma simbólica (justicia: balanza; pureza: paloma), no son cosas. Según Ortega y
Gasset los valores son irrealidades, cualidades de las cosas; para evitar malentendidos,
creemos que sería mejor afirmar que son realidades, aunque no de carácter físico. Los
bienes participan de los valores, pero no se identifican con ellos, frente a la ética
material aristotélico-tomista, para la cual los valores son las cosas buenas.
8    ?
Principia Ethica. Philipp Reclam, Stuttgart, 1970; El concepto de valor intrínseco. Editorial
Universidad Complutense, Madrid, 1993
Si algo es realmente valioso, debe ser amado
Los valores no son inertes ideas platónicas indiferentes a mí, sino que cuando los
veo conculcados siento irritación, cuando ejercidos siento cómplice alegría, y cuando
aún no realizados me siento incitado a trabajar por ellos. Ante una violación de una niña
no hace falta ser Don Quijote para decir eso no debe ser, y reaccionar.
¿Se ama a los valores porque son valiosos, o son valiosos porque se les ama? Si lo
segundo, subjetivizo los valores; si lo primero, reconozco su existencia. No resulta fácil
separar ambos extremos, de todos modos, pues son buenos porque los amo y los amo
porque son buenos. Demostrarlo puede costar trabajo, si los demás difieren de nuestra
opinión, pero nadie puede presumir de que algo sea valioso para él si no lo ama. Para quien
valora sólo los automóviles como medio de transporte resultan útiles (grado inferior del
valor); sin embargo, para quien los ame más que a su novio o novia, la cosa cambia. Los
valores, pues, van vinculados a la posición del valorante, aunque no se reduzcan a ella.
También el tiempo altera la posición: uno puede llegar a valorar después lo que
antes no tanto, o a la inversa. Para captar el valor hay que moverse. Un niño con
vocación pacifista puede terminar queriendo ser becario de la OTAN. Los valores
exigen un aprendizaje, no se captan de un golpe, hay un antes y un después. La asunción
de una escala de valores genera un comportamiento militante para universalizarlos. Si
afirmo que mi libertad es absoluta pero menosprecio la tuya, no universalizo. Si
considero al dinero como valor superior a la honestidad, no universalizo. Si tomo a la
publicidad como un fin en sí mismo a costa de la veracidad del producto, no
universalizo. Si me lucro con los productos de mi fábrica, aunque deteriore la
naturaleza, no universalizo. Si una empresa da trabajo pero contamina, no universaliza.
En todos estos casos un valor destruye al otro y atenta contra otras personas, por lo que
en tales condiciones no puedo aceptarlos como tales valores: sólo cuando los valores no
lesionan los de las personas pueden aceptarse de entrada. Si no valen para todos, no
valen para ninguno.; si valen para el 99% pero no para el 100% no es un principio de
universalidad, es un principio de generalidad. Aunque en el intento, incómodo, me vaya
mal a mí, al menos que no le vaya mal a los valores, sin menospreciar la prudencia, ni
exponer a riesgos destructivos a la propia persona. Si los valores no nos afectan
vitalmente no son valores, sino ideas.
Nuestros conflictos nos pican tanto porque no quedan fuera de nosotros, sino que
su drama se vive en nuestro interior. Y es buena señal que duelan: señal de que estamos
vivos, me duele luego existo. La fuerza del ejemplo es fundamental: un maestro axiológico
vive cálidamente lo que enseña y lo transmite por empatía. Él será quien impacte intuitiva
y emocionalmente a los discípulos; discípulo es más que alumno, discípulo será quien
comparta su pasión o simpatía con la axiología del maestro. La persona sacudida por el
valor del maestro se comporta como una caja de resonancia con sus valores. El maestro no
es el que me dice cómo debo ser, ni el que me remite a su propia vida, sino a los valores
que con el testimonio de su vivir propio ha descubierto en el universo axiológico objetivo.
Riesgo serio existe cuando la personalidad ética del maestro es demasiado fuerte llevando
al discípulo a perder su autonomía, su lucidez analítica, incluso su libertad, y a ser un
satélite del maestro. Por eso éste debe tratar de evitar la seducción, fenómeno manipulador.
Un corazón empático, es decir, capaz de ponerse en la piel del otro, entiende
mejor. Aprendemos matemáticas mejor si nuestro profesor o profesora nos caen bien.
Conoce mejor quien ama más. La empatía abre los ojos del ciego y los oídos del sordo.
Desproveer del sentimiento cálido a la razón es castrarla, es hablar en nombre de la
objetividad para quererla sin afectividad, sin calor, es decir, sin lo esencial de ella
misma. Pero no se entra a la verdad si no es por el amor. Hay que dar a la voluntad y al
sentimiento lo que es propio de la voluntad y del sentimiento, a la razón lo que es de la
razón, y a ambos conjuntamente. Enseñamos a racionalizar los afectos, no a castrarlos.
Sin el orden de los afectos no hay orden en las virtudes.
Si hablamos bien y hacemos poco, poco vale. Si hablamos mal y hacemos mal, peor
aún. Si hablamos bien, sentimos bien, y hacemos bien, tenemos experiencia axiológica
Hay academias que se dedican a hablar y dar cursos sobre valores pero son
corruptas. Eso está mal. La naturaleza nos ha dado la prudencia de hablar menos y hacer
mejor. Si hiciésemos el diez por ciento de los valores que proclamamos esto sería mucho
mejor. Cuando todo el mundo hace lo que debe, ya no hay que hablar de ello: es normal
que una mamá cuide a su hijo, a nadie le extraña, por fortuna. Es noticia que un niño
muerda a un perro, pero no es noticia que un perro muerda a un niño. Pese a todo ¿más
vale hablar de valores aunque se conculquen y se escandalice, que callar absolutamente
sobre ellos no dando la oportunidad de que alguien pueda realizarlos correctamente? Quizá
quien escucha la plática sobre valores pueda decidirse a ponerlos en práctica. Reconocer la
distancia que separa nuestros discursos y la virtud activa correspondiente es bueno para
intentar cambiar.
En un país corrupto son muy pocos los que reconocen que sus padres también lo
son. La fórmula país corrupto, papá honesto desgraciadamente es más frecuente, y se
traduce en un enlodémonos gustosamente, porque no hay otra posibilidad. Todo el mundo
se queja de la corrupción, pero en no pocos casos para justificar la propia: lo que es del
común no es de ningún. Se tiene la coartada muy a flor de piel: como los demás roban
mucho, yo -simple taxista- robo poco, con lo cual me siento justificado frente al que roba
mucho. Aunque moleste, también se está dispuesto a participar de la corrupción, e incluso
a agudizar la capacidad de sacar partido de ella a costa de los menos hábiles. Quien no
hace lo que cree que tiene que hacer se acostumbra a hacer lo que no quiere hacer: la mala
costumbre des-virtua. Al des-valorar le sigue el desvirtuar. La vida se desvirtúa después de
que se devalúa.
Valor: donde está tu tesoro, allá está tu corazón. La experiencia del valor es la
virtud. La virtud es un hábito operativo bueno, un hábito activo bueno. Nadie puede
realizar ningún valor si no realiza al propio tiempo el valor de su propia persona: si no
realizamos el valor de la persona como tal, no captaremos personalizadamente los
valores. Si no vivo como pienso, terminaré no pensando como vivo y viviendo como no
había pensado, tratando así de justificar mis valores según mi vida, y no mi vida según
los valores. Esto es una forma de resentimiento.

2.2.2. Objetividad y subjetividad de los valores

Dificultades objetivas para valorar bien


Cualquier sacrificio se nos antoja necesario en defensa de los míos, pero poco o
nada parece obligarme hacia los tuyos, por lo que carecemos de una medida común y en
su lugar rige la ley del embudo: lo ancho para mí, lo estrecho para los demás. La
distancia adecuada dice así: trata al otro como te gustaría que te tratasen a ti. Veamos
algunas dificultades comunes a todos nosotros.
Cerca-lejos
Solemos manifestar a nuestros próximos afectivos cercanía, confianza y amor;
pero a los lejanos indiferencia, desconfianza u hostilidad. “Un día -dice un escrito
tibetano- vi algo que se movía a lo lejos. Creí que era un animal. Me acerqué y me di
cuenta de que era un hombre. Se acercó él entonces y vi que era mi hermano”.
Arriba-abajo
Como máximo, desde arriba se es capaz de estrategias de condescendencia con
los de abajo, sobre todo si aquellos se encuentran lo bastante seguros de su posición en
las jerarquías objetivas como para poder actuar sin correr riesgos. Los aviadores que
arrojaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky se arrepintieron toda su
vida. Pero desde tan arriba no podían ver lo que estaba sucediendo por efecto de sus
bombas. Desde arriba los administradores no conocen a los administrados, los
gobernantes ignoran a los gobernados, etc. La relación humana ha de darse en el mismo
plano, guardando respetuosamente las distancias.
Grande-pequeño
Los más robustos de la especie padecen insaciable voracidad predadora, no
concediendo siquiera tiempo a la parada biológica necesaria para que engorden los más
pequeños de la especie a fin de reemplazar a los ya fagocitados, asegurando así la
despensa futura. Desde lo alto de su voracidad, las empresas multinacionales o
transnacionales resultan ilocalizables cuando se trata de socializar las pérdidas, pero
están ahí concretísimas cuando se trata de individualizar las ganancias.
Pronto-tarde
Si del plano espacial pasamos al temporal, todos estimamos urgente la
satisfacción no sólo de lo razonable, sino incluso de los propios caprichos, pero
ponemos en lista de espera las urgencias más perentorias de los pobres, muchos de los
cuales mueren antes de que les llegue el auxilio requerido. ¿No es acaso la primera
medida que adoptan sus señorías cuando inauguran una legislatura la de subirse el
sueldo? Para ellos, las urgencias de los sin techo siempre pueden esperar.
Cerrado, abierto
La moral cerrada se opone a la moral abierta ¿Cómo podría explicarse el
remordimiento o la sensación de culpabilidad cuando bastaría una simple mentira para
cumplir con lo que la sociedad pide? Reformadores sociales, místicos, santos, con su
impulso de amor han roto las convenciones sociales y elevado a la humanidad. Quien es
capaz de testimoniar que ya no hay judío ni griego, ni libre, ni esclavo, ni varón ni
varona, ni adulto ni niño, sino personas iguales entre sí, eleva moralmente a la
humanidad aunque para ello se vea obligado a arriesgar su vida enfrentándose a las
normas cerradas de las castas. Más tarde, la generación siguiente a la que había
condenado a estos creadores erige para ellos monumentos.

Dificultades subjetivas hipertróficas vinculadas al orden de los afectos


Con frecuencia cualquier juicio crítico adverso nos desquicia, como si fuera
contra nosotros. Llevados por el anhelo de ser el muerto en el entierro, el novio en la
boda, y el niño en el bautizo, para impresionar y atraer la atención mentimos e incluso
terminamos creyéndonos las propias falsedades. Veamos algunas de sus variedades.
Sentimentalismo
En lugar de considerar el objeto intencional que origina una respuesta afectiva, la
persona se centra en su propio sentimiento; el contenido de la experiencia se desplaza de su
objeto al sentimiento ocasionado por el objeto, y así la conmoción hasta las lágrimas sirve
más que nada de instrumento para procurarse un gozo, una sensación placentera,
degradando el sentimiento a un puro estado emocional, el sentimentalismo. Resultado:
carente de refrendo objetivo, queda embrollado en la dinámica de su propio corazón sin
saber distinguir entre lo grande y lo pequeño, y de este modo termina enredado en disputas
pequeñas y triviales, como es usual entre personas de pocas luces y de mente estrecha: por
paradoja, un exceso de ego empequeñece la afectividad del yo.
Autocomplacencia exhibicionista
Se da esta situación cuando el sujeto toma su propio entusiasmo como señal de
hallarse en posesión de la virtud, lo cual no debe verse como intensidad afectiva, sino por
estado narcisista y desordenado del alma. Quien, no sabiendo frenar su sentimiento de
compasión ante el borracho que le suplica una copa más, se la sirve aunque ello resulte
desastroso para el borracho mismo. Esta persona ignora que el verdadero amor obliga a
pensar en el bien objetivo de nuestro prójimo -alguna vez en la vida “quien bien te quiera
te hará llorar”- y que en ocasiones un no puede ser una manifestación mucho más
verdadera de afecto que un sí. Ciertos corazones “demasiado buenos”, más que
benevolentes o delicados, son débiles y desordenados.
Esta perversión moral puede darse incluso cuando, más que acercarse a Dios, lo
que se busca es saborearse a sí mismo, degustar los propios sentimientos, manejando la
oración como medio para satisfacerlos. Aquí se desconoce a Dios, así como la voluntad de
no volver a pecar, pues se hace de la contrición un mero estado emocional. Bajo una orgía
de contriciones, el agente se entrega a un frenesí público de “remordimiento” revolcándose
por el suelo y lanzando gritos salvajes, aunque volviendo después a la “normalidad” sin
que se haya operado ningún cambio fundamental en su vida, pero sintiéndose mejor tras la
liberación emocional de la mala conciencia. En realidad, se trata de una autoindulgencia
emocional.

Dificultades atróficas vinculadas al orden de los afectos


Aquí no mostramos nuestro lado afectivo a quienes nos rodean: si son alumnos, los
tratamos como a máquinas de archivar, decimos que valen para ciencias o para letras, sin
preguntarnos si son buenos, etc. La estadística, el resultado sin la intención, todo eso nos
hace vivir vidas burocráticas, que no dan de sí todo lo que llevan dentro, y que secan la
riqueza de humanidad que podrían gozar. Ejemplos:
Esteticismo
El esteticista, en lugar de interesarse por el herido grave en un accidente, se
preocupa sobre todo de observar sus reacciones, su expresión, etc, pues sólo le interesa la
clasificación estadística, la ocasión para aumentar el conocimiento, la curiosidad, etc.
Difícilmente podría decirse de este afectivamente mutilado que su conocimiento llegará a
profundo, pues le falta la empatía necesaria para entrar en lo vivo, en lo irrepetible, que
forma parte inextirpable de lo real. Una variante de lo mismo se da en el esteta refinado y
de corazón helado. Nerón se deja conmover por la llama que incendia la ciudad,
permaneciendo indiferente al achicharramiento de los ciudadanos. Mucho esteticismo
desmayado se esconde en general en todas las manifestaciones del arte por el arte, o del
arte-espectáculo. Sin embargo, esta falta de corazón dista de ser desapasionada, pudiendo
llegar a generar fanáticos del esteticismo, para quienes no importa el sufrimiento ajeno, ya
que la compasión les parece una abominable debilidad.
Pragmatismo
Para el utilitarista pragmático toda experiencia afectiva resulta superflua y
constituye una pérdida de tiempo, por eso se mofa de cualquier gesto de compasión por el
sufriente, de ahí que diga: “La compasión no ayuda, haz algo y no pierdas el tiempo con
sentimentalismos”. Para el burócrata fosilizado, sólo cuentan las cosas que tienen realidad
jurídica, de ahí que su afectividad se reduzca a la satisfacción que siente al cumplir al pie
de la letra las prescripciones legales9. El corazón del pragmático, amargado, ha sido
endurecido por alguna herida inflingida por alguien a quien amaba ardientemente, o por el
mal trato de la vida. Ese empequeñecimiento o supresión completa de la afectividad, que
sella su corazón por temor, teme el riesgo que implica todo sentimiento, y lucha por
silenciar su corazón. Lo encontramos también en el apático e indiferente. Los
afectivamente impotentes ni saben lo que es una emoción, ni se interesan en aprenderlo, de
tal modo que su corazón parece tan bruñido como el acero. Puede consumirles todo tipo de
sentimientos negativos (odio, rabia, ira, envidia, avaricia, orgullo, codicia, pánico, etc),
9    ?
Hildebrand, D. v: El corazón. Editorial Palabra, Madrid, 1997, pp. 115.
comportándose entonces como animales salvajes, pero son incapaces de dejar afectar su
corazón y de hablar por él, porque los afectos y dolores que verdaderamente llegan al alma
han debido despejarse previamente de todos los sentimientos destructivos: sabido es que el
toro manso cuando se ve acorralado se vuelve violento, mas no por ello bravo. No debe
tomarse, sin embargo, por tales a quienes padecen una afectividad débil, oscura, salvaje.
Un borracho víctima de su propio vicio puede poseer un corazón sensible; un irascible, a
pesar de que su irascibilidad le lleve a violentas explosiones de iracundia, puede asimismo
tener buen corazón.
Cinismo
Los cínicos son oportunistas que zigzaguean siguiendo la ley del mínimo
esfuerzo, aunque a veces terminan trabajando mucho por no haber querido antes apostar
fuerte en favor de ninguna convicción grande. El cínico, decía Oscar Wilde, conoce el
precio de todas las cosas y el valor de ninguna. También afirmaba Antonio Machado
que el cínico es un necio, y como tal confunde valor y precio. Él cree que con dinero en
el bolsillo se es inteligente, atractivo, y además se canta bien. Cuando en la sociedad se
ha instalado el cinismo, qué suerte tiene el alumno si el maestro le lleva de lo que come
a lo que hace, de lo que hace a lo que piensa, y de lo que piensa a lo que es: el sabio
habla de las ideas, el inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come. También el
decir verdades a tiempo y a destiempo puede ser una forma de cínico menosprecio de
los demás. A la verdad hay que prepararla el camino, pues sólo con quien amas puedes
mostrarte fuerte sin producir en él una reacción de fuerza o de violencia. Las puertas
sólo se abren a quienes giran el picaporte, no a quienes dan una patada. Trata a una
persona como es y seguirá siendo como es. Trátala como podría ser, y se convertirá en
lo que debe ser.

2.2.3. La jerarquía de los valores

Muchas han sido las escalas de valor que se han propuesto. La más común es la
siguiente, de abajo hacia arriba:

Valores ecológicos o ecodúlicos


Ecología viene de oikós, palabra griega con significación doble, casa y buena: el
ecologista tiene que respetar su casa y a la vez ser bueno, es decir, no se puede proteger
la naturaleza y destruir las personas. Si ecología significa conocimiento de la naturaleza,
ecodulía es respeto de la naturaleza. No da igual lo uno y lo otro, pues con frecuencia
quienes mejor la conocen más la maltratan y explotan intensivamente: las
multinacionales. La naturaleza es nuestro “segundo cuerpo”. Pero, aunque está
emergiendo una toma de conciencia social al respecto, desgraciadamente hoy se dan
casos de ecologistas que defienden la vida de un árbol, pero matan la vida del niño que
está en el seno de la madre, abominación máxima. Frente a eso, la ética defenderá, pues,
la vida; no propiciando ninguna cultura de muerte.

Valores físico-vitales
La vida es el primer valor. Ella existe desde el primer instante de la fecundación, y
desde ese mismo instante ha de ser defendida absolutamente a lo largo de toda la
existencia. Una persona que no se cuida es poco razonable. Aunque la gente sabe que el
cáncer de pulmón es la primera causa de mortalidad en Occidente, pero muchos fuman. No
pocas mamás suministran golosinas que sin embargo saben lesivas para la salud de sus
hijos. No pocos modelos de estética joven producen anorexias de difícil curación. Todas
las sociedades aceptan valores que sin embargo en la práctica conculcan: ¿por qué se
consideran pese a ello sociedades razonables y sanas?

Valores económicos
El dinero es necesario; es preciso tener para poder decir: ser, más que tener. El
dinero no da la felicidad, pero creeremos a quien dice esto si devuelve lo robado, y si
regala lo poseído. La riqueza está en lo que eres, no en lo que tienes. Muchos gastan el
dinero que no tienen para comprar cosas que no necesitan tratando de impresionar a gentes
que no les agradan. El que mucho posee poco duerme, si tiene que vigilarlo. Las cosas que
más se desean menos se pueden comprar. Se es rico en proporción a las cosas de que se
puede prescindir. Un paisaje, un libro, una melodía, un rostro; con poco basta a quien es
mucho; con nada se satisface a quien sólo tiene deseo de tener. Sencillez, naturalidad,
espontaneidad, humildad, ayudan a ser feliz; modelos de personas felices: un artesano
silbando por el trabajo bien hecho, un niño construyendo castillos de arena, una madre
bañando a su bebé, un médico salvando la vida de un enfermo. Muchas son las cosas
necesarias para vivir, lo que ocurre es que a veces las cosas se imponen sobre las personas,
y no a la inversa. Debemos descubrir, pues, el camino de vuelta, el camino que va de las
personas hacia las cosas.

Valores sensibles
Son los que producen alegría, placer, etc. Gentes hay, por ejemplo, que quieren
vivir su sexualidad como la vive cualquier perro, pero otras amorosamente, con cariño, con
ternura en el acto sexual, humanizadamente. Ahora bien, si alguien se empeña en decir que
él es un perro y no logro convencerle de lo contrario, ¿qué puedo yo hacer por él y por mí,
a no ser no tratarle como a un perro, y procurar que no me muerda? No todos los placeres
son iguales; al sádico le produce placer dañar a otras personas, al masoquista dañarse a sí
mismo, sufrir por sufrir; al sadomasoquista hacer daño a todos y cada uno. Hay
coleccionistas que se levantan pensando en acumular placeres. El utilitarista Jeremy
Bentham aseguraba que sólo cabe medir la felicidad por los placeres: la cantidad de placer
es la medida de la felicidad. Pero cuando el obseso de los placeres no logra sumar la
cantidad de placer que esperaba, se deprime y entra en crisis y se viene abajo. Para
justificarse dice: “Hagas lo que hagas, egoísta o altruista, al final lo haces porque te
gusta”; en última instancia todo comportamiento humano es hedonista. Desde luego
cuanto hago es resultado de mi acción personal, por ello en última instancia toda acción
es egorrelativa, o sea, relativa al yo que la ejerce; sin embargo, eso no la convierte en
egoísta hedonista, pues no buscando placer lo encuentra como resultado de su acción.
No todos los placeres son iguales, lo mismo saltarle el ojo a una persona que ayudar a
un ciego a cruzar la calle, por aquello de que en ambos casos todo concluye en un
problema de oftalmología. Aunque quizá sí, teniendo en cuenta que el defensor de esa
barbaridad es un ciego axiológico...
Ese hedonista ignora que el placer no puede ser objeto de búsqueda, sino que
resulta o se deriva de un modo de ser y de vivir, que es el que hay que lograr. El placer
elevado a principio cierra el camino al desarrollo personal. La felicidad es el premio no
buscado para quien realiza el valor que cree que tiene que realizar, para quien vive
conforme a un ideal. El placer no es la medida de la felicidad, sino su consecuencia; la
felicidad es un regalo para la persona que cultiva su vida correctamente; por eso, aunque el
regalo no llegue, la persona es feliz, e incluso puede serlo aunque advenga el displacer o el
sufrimiento. Como dijeran Platón y Aristóteles, la felicidad está en el interior del sabio.
Mejor sería no sufrir, obviamente, pero se puede ser sufriente por la causa que uno asume
y a la vez feliz, del mismo modo que se puede ser acumulador de placeres y esclavo infeliz
respecto de ellos.
Valores económico-utilitarios
Son los valores del bienestar material. Siendo necesarios, la cuestión es determinar
el límite en que el bienestar material se torna superfluo, así como la medida en que pueda o
no universalizarse su consumo. Verdad es que no siempre se plantea el autodenominado
ecologista comprar el coche menos contaminante, si puede acceder a otro más potente. En
el primer mundo tenemos más de lo que necesitamos, pero necesitamos cada vez más. Sin
embargo, mientras el deseo no tiene límite, los valores económicos tienen un techo. La
naturaleza no permite un ecodesarrollo insostenible, no se pueden talar todos los árboles ni
acabar con el agua. Por lo demás, nos la pasamos trabajando para tener cosas, pero al final
vivimos casi exclusivamente para trabajar. El consumidor es consumido por el consumo
que (le) consume. El tener ahoga al ser.

Valores sociopolíticos
Los humanos nos asociamos; todos dependemos de todos. Quien vive para sí
contra los demás muere a los valores; y, lo que es peor, al vivir para eso mata a otros.
Cerrados en el ego, lo demás se olvida. Para no disolverse en eso hay que reconocer el mal
y resolverse activamente contra él para absolverse de él.

Valores espirituales
Si en los valores económicos las diferencias excesivas son ofensivas, en los
espirituales no ocurre lo mismo: a nadie decente le debe ofender que haya un gran artista,
eso suele ofenderle tan sólo al triste y resentido compañero de gremio, pero a las
sociedades les encanta contar con una pléyade de artistas, poetas, músicos, filósofos,
escritores. También en esta esfera rige la ley que es común a todas, a saber: en los valores
inferiores igualdad, en los superiores diversidad. Los mediocres tienden a burlase de los
mejores. Sin embargo, cualquier valor espiritual, si realmente lo es, se encuentra presente
en los demás valores: una persona llena de luz interior vive más años y con más salud,
irradiando más y sin contaminar.

Valores estéticos
En cierta ocasión dijo Marilyn Monroe a Albert Einstein: “Sería ideal que
tuviésemos un hijo que saliera con la inteligencia de usted y la belleza mía”, a lo que el
sabio contestó: “Lo malo sería que saliera con la inteligencia de usted y con la belleza
mía”. Anécdotas aparte, no habiendo nada más diferenciador que la estética, sin embargo
todo el mundo consume las mismas marcas en nombre del gusto estético. Pero una cosa es
la moda y otra la estética. El arte de la vida consiste en hacer de la vida una obra de arte.
Cuando todo lo que está se encuentra donde debía estar, es bello; cuando todo lo que es se
atiene a lo que debía ser, es hermoso. La belleza es un trascendental del ser. En el fondo, la
maldad es fealdad. La belleza está sujeta a pocas reglas, es el ámbito de la creatividad y de
la libertad. Como escritor no me siento culpable cuando omito una regla de juego, aunque
cuando robo me siento mal.

Valores éticos
Se dice que un intelectual es una persona que usa más palabras de las necesarias
para decir más cosas de las que sabe o mejores de las que hace. Algo, en todo caso, muy
común, pues del dicho al hecho va mucho trecho. Por eso suele convenirse en que la ética
es la teoría y la moral la práctica, pudiéndose por tanto encontrar casos de gentes sabias en
el discurso teórico, pero nefastas en la práctica. En este sentido quien no quiera ser
virtuoso no realizará actos de virtud. A veces se dice: “No quiero ser bueno porque no va
con mi carácter, respéteme, soy como soy”. Y esto te lo dice mientras te pisa el pie. Pero
quien menosprecia la posibilidad de querer ser bueno pierde humanidad. La persona moral
no se limita a querer ser mejor ella misma, sino que busca ayudar a que los demás también
lo sean, y en ese empeño no cesa, si bien hay siempre un límite al respeto que marca la
razón práctica, la prudencia, aunque se degrade con frecuencia en forma de miedo. Así
como se puede ser genio estético sin compartir la genialidad, no se puede ser persona
moral sin intentar universalizar el bien.

Valores religiosos
Cierto día un sabio visitó el infierno. Allí vio a mucha gente sentada en torno a una
mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cuales más apetitosos y exquisitos.
Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado. No
podían comer con palillos porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por
más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca. Impresionado, el
sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una
mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la
cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre, respiraban salud y
bienestar por los cuatro costados. Y es que allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de
alimentar con los largos palillos a quien tenía enfrente.

2.3. ÁMBITOS DE LA PRÁCTICA MORAL DE LOS VALORES

Desde el punto de vista del agente hay tantos ámbitos como relaciones: con la
naturaleza, consigo mismo, con los amigos y la pareja; con la familia; con la escuela;
con la patria; con los organismos internacionales. Como no somos individuos aislados,
sino personas relacionadas, los ámbitos de decisión personal y social axiológicas
abarcan los siguientes niveles:

Nivel uno: compartir con los pobres


Los pobres son los que más agradecen, los que te dan infinitamente más de lo que
tú puedas pensar en darles. Me contaba un preso que un día trasladaron a su mejor
amigo del penal en el que estaban y, no teniendo éste nada que darle, se arrancó un
diente y se lo entregó. Los pobres siempre dan sus dientes cuando no tienen nada más:
se dan a sí mismos. Quien ignora a los pobres no descubre la propia riqueza. Y quien no
se enriquece con la lucha superadora de los más pobres no se enriquece con la propia.
Descubro en lo que hacen los pobres, desde la propia pobreza, todas las posibilidades
que se albergan en el alma. Hay padres que creen que por tocar pobre sus hijos van a
echarse a perder; entonces los sobreprotegen. Sin embargo, el mejor regalo que pueden
darles a sus hijos es acompañarles a descubrir el rostro de la viuda, del huérfano y del
extranjero.

Nivel dos: estudiar


Para saber cómo es la realidad debo estudiarla a fondo. Si te quedas en lo
superficial creerás que el mundo está mal porque los jóvenes son unos viciosos. En
general tampoco se sabe cómo se solucionan o al menos se plantean adecuadamente los
problemas de este mundo, pues para eso hay que saber dónde duele.

Nivel tres: estar presente


Para transformar la realidad hay que estar presente en ella, en asociaciones
civiles, culturales, recreativas, sindicales, políticas, etc. El peor de los políticos es mejor
que el mejor de los abstencionistas; quien no hace nada y se queja es como mínimo un
hipócrita. ¿Por qué no trabajar en el voluntariado? Suele definirse al voluntario como
aquella persona que - además de atender a sus propios deberes profesionales- dedica parte
de su tiempo de modo continuo, desinteresado y responsable a actividades para erradicar o
modificar las causas de la marginación. La acción voluntaria es ética cuando conlleva
voluntad de cambio y cuando hace camino con las víctimas. Sin ello, muchos principiantes
desmayan y pierden la perseverancia necesaria. Si el ritmo de tortuga no puede parecernos
loable en una acción social cuyas urgencias son tan imperiosas porque determinadas
miserias no pueden esperar, también ciertas prisas resultan ser malas consejeras: lo difícil
es lo que no se puede hacer enseguida; lo imposible es lo que exige más tiempo. Nada de
esto impide abrirse a la trascendencia colaborando con todas las gentes de buena
voluntad.

2.4. LAS VIRTUDES COMO REALIZACIÓN DE LOS VALORES

¿Qué es eso a lo que llamamos virtud?

Aristóteles la define como hábito electivo que consiste en un término medio


relativo a nosotros, determinado por la razón y del modo que lo determinaría el hombre
prudente. El término medio lo es entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. La
virtud, pues, habrá de ser: Un hábito de excelencia o perfección. Consistente en situarse
según la razón (no según la sinrazón). En el término medio al modo como se situaría
una persona prudente: la puntualidad no consiste en llegar ni temprano ni tarde, sino en
punto. En general, para los griegos la virtud es la excelencia de carácter, la armonía
interior, la plenitud del hombre de bien que se alcanza cuando se realiza el fin al que
está llamado. El sabio no es el coleccionista de virtudes que reúne en su persona las
excelencias complementarias desde fuera de sí mismo -la prudencia del zorro y la fuerza
del león- sino el capaz de todas las virtudes. Para la tradición estoica, la virtud es
fortaleza y elevación de ánimo frente a los impulsos irracionales y frente a los azares de
la fortuna. Kant aúna ambos extremos: la virtud, en cuanto que buena voluntad, es
“fortaleza moral de la voluntad de un hombre en el cumplimiento de su deber”, así
como “capacidad y propósito deliberado de oponer resistencia al adversario”
(Metafísica de las Costumbres). Para los creyentes, sin rechazar lo anterior, acercarse a
Dios: “Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia
según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carisma de curaciones, en
el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de
espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas” (1 Cor 12,4-11).
La virtud dista de dos defectos, en primer lugar el egocentrismo del virtuosismo
o moralismo, esa pretensión de ser virtuoso por serlo y para serlo, sin más. ¿Puede
quererse la perfección propia a modo de “saco de virtudes” como objeto del querer?
Pretenderlo sería fariseísmo, salir del gimnasio ético presumiendo exhibicionistamente
de virtuoso. Quien dice que posee el bien es un fatuo presuntuoso, “dime de qué
presumes y te diré de qué careces”. Este narcisismo egocéntrico o autotélico hace de
uno mismo el fin de la acción. El segundo es el vicio extrinsecista. Quien para ser
virtuoso exige premio o recompensa exterior es moralmente reprobable; la acción
virtuosa tampoco está sometida al miedo al castigo (“haré tal cosa o no la haré sólo para
que no me castiguen”); ni se es virtuoso por actuar según lo manden leyes contrarias a la
ética.
La virtud es el hábito o disposición racional sin exceso ni defecto para hacer el
bien, que se adquiere con la práctica. Realizando acciones justas se hace uno justo, y con
acciones morigeradas morigerado. Sin hacerlas, ninguno tiene la menor posibilidad de
llegar a ser bueno. Sin embargo, las mayorías no practican estas cosas, sino que se refugian
en la teoría y creen poder llegar así a hombres cabales. De este modo se comportan de un
modo parecido a los enfermos que escuchan atentamente a los médicos pero no hacen nada
de lo que les prescriben. Y, así como éstos no sanan el cuerpo con tal tratamiento, así
tampoco aquellos sanarán el alma con tal filosofía10. Por lo general queremos ser buenos,
pero no totalmente ni todo el tiempo, es decir, no hacer de la bondad hábito, con lo que la
virtud se frustra. Más que hábitos buenos nos conformamos con meras costumbres, aunque
no sean tan buenas; nunca se ofende más a los hombres que cuando se choca con sus
ceremonias y costumbres, y el motivo de esta atracción de la costumbre es la ilusión de la
perpetuidad, el gusto por lo conocido de la cuna a la tumba. Con las costumbres sucede a
veces lo que con las aguas fluviales: el río se abre cauce y el cauce esclaviza luego al río, o
como con la sirviente que termina casándose con el dueño para que éste le sirva después.
Nos chocan más las costumbres ajenas que las propias, de ahí nuestra mayor facilidad para
censurarlas.
La virtud es un “hábito electivo que consiste en un término medio relativo a
nosotros, determinado por la razón del hombre prudente. El término medio lo es entre dos
vicios, uno por exceso y otro por defecto” 11. En el medio está la virtud: la cuestión es
llegar a la cita ni tarde ni pronto, ni después ni antes, sino en punto, dando las campanadas.
El exceso no es una carencia del reverso, ni el defecto es una carencia del anverso.
Aristóteles lo precisa:
a. Hay excesos o defectos naturalmente viciosos, como imprudencia y cobardía,
en los cuales la moderación no es jamás virtuosa, pues ni el poco imprudente ni el poco
cobarde dejan de ser viciosos ni cobardes, aunque lo sean en pequeño grado.
b. Hay medios que están por naturaleza y por definición en el centro, tales como
moderación, templanza y dulzura, y no comportan ni exceso ni defecto.
c. Un defecto puede ser un exceso, y así la cavilación puede ser un exceso de
prudencia y un defecto de confianza, y un exceso puede ser un defecto: la temeridad,
exceso de confianza y falta de prudencia.
d. El medio es exceso respecto al defecto, y defecto por relación al exceso: el
valeroso parece temerario al poco valiente y poco valiente al temerario.
e. Los extremos se oponen solidariamente al medio al que hacen bueno en la
medida en que éste se les opone, y se oponen entre sí insolidariamente, pues la
respectiva oposición de los extremos entre sí es mayor que su oposición respecto del
medio.
f. Ciertas virtudes están más próximas al exceso, como el valor o la liberalidad,
mientras que otras están más cerca del defecto, como la templanza o la humildad.
g. El hombre medio elige su domicilio en la mediocridad (aurea mediocritas),
pero Aristóteles recomienda otra cosa: una cierta magnanimidad entre la estrechez de
espíritu y la fatuidad; una cierta magnificencia sirve al hombre de bien, más allá de la
mezquindad y de la ostentación. Este hábito sin exceso ni defecto es además un hábito
electivo, se elige mediante la razón que coordina el deseo (la educación debe ser aquí
educación de sentimientos, de modo que la virtud se realice no sólo con facilidad, sino
con gusto). La voluntad tiene su principio en sí misma, en su propia inmanencia: si
10 Aristóteles: Ética a Nicómaco, II, 1105 b, 7-13
11 Aristóteles: Ética a Nicómaco, II, 6, 1106b 36
quiero hacer un icono con rostro humano he de diseñarlo antes en mi mente 12. Sin el
esfuerzo la sabiduría es impotente, sin la sabiduría el esfuerzo es ciego. Si falta
conocimiento no hay voluntad, sino instinto. No se quiere lo que no se conoce, la
voluntad que quiere necesita conocer con un conocimiento perfecto del fin, el que se da
“cuando no sólo se aprehende la cosa que es fin, sino también se conoce su razón de fin
y la proporción con el fin de lo que se ordena a él” 13.Desarrollar el entendimiento es el
primer paso para hacer el bien, pero no basta con pensar bien, ya sea porque conozco el
bien y lo quiero pero no lo hago (Ovidio), ya sea porque hago el mal que no quiero (San
Pablo), ya sea porque erróneamente se me presenta como bueno sin serlo. Por el
contrario, al ejercer bien la voluntad iluminada por la inteligencia, convierto a la fuerza
en un poder que entonces trae consigo felicidad. En todo caso, como dijera Pascal, la luz
es suficiente para los que desean ver; pero también es suficiente la oscuridad para los
que no desean ver. La condición humana es en parte espontaneidad natural, pero
también deliberación artificial: llegar a ser humano del todo es un arte, y por eso los
clásicos contraponían los actos del hombre irreflexivos, mecánicos, irresponsables, a los
actos humanos mediados por la razón, la prudencia, y la responsabilidad.

El triángulo valor-deber-virtud

Tiene el ser humano tres vértices: el valor, que es la dimensión objetiva de la


moralidad; el deber, que es la respuesta subjetiva a ese valor; y finalmente, si logro
responder bien, obtengo la virtud. La virtud es un valor que se ha hecho vida en
nosotros. La virtud es un hábito de excelencia o perfección. El valor captado despierta
en mí el sentimiento del deber; si ejerzo bien el deber, realizo una acción virtuosa. La
virtud es un valor que se ha hecho vida en nosotros, es decir, un hábito de excelencia o
perfección. Por tanto no es virtuoso quien con sus buenos gestos sólo desea exhibirse; o
exige recompensa por ellos, o sólo para no ser castigado; o sólo porque lo manda la ley.
Liderar moralmente es ir a la cabeza sirviendo. Para eso hace falta carácter,
convicción, y testimonio. El líder moral hace que los demás se sientan importantes y da
importancia al trabajo ajeno, no trata de dominar. Da toda la libertad posible, respeta la
personalidad ajena, no la explota. Ayuda a conquistar cotas elevadas de responsabilidad.
Destaca lo mejor de los comportamientos. Critica constructivamente el trabajo ajeno y
el propio. No sólo acepta las ideas y sugerencias de las personas a las que dirige, sino
que hace todo lo posible por incentivarlas, capacitarlas e inspirarlas. Demuestra
comprensión con los fallos razonables, en lugar de castigar. No se da por vencido, ni
anda lamentándose. Inspira voluntad de vencer a todos sus colaboradores. Cuando es
posible, consigue conciliar los puntos de vista en conflicto. De todos modos, no es
Superman y por eso no debe terminar con la lengua fuera haciendo más de lo que puede.

Las virtudes: todas para una, una para todas

“Quien posee una y no ofende a las otras, las posee todas. Y quien ofende a una,
ninguna posee y a todas ofende”14. La prudencia no es verdadera si no es justa; ni es

12 Cfr. Zubiri, X: Inteligencia sentiente (Inteligencia y realidad). Alianza Ed


itorial Madrid, 1980.
13 Santo Tomás: Summa Theologica I-II, q. 6 a 2.

14
Francisco de Asís: Saludo a las virtudes. Escritos. BAC, Madrid, 1985, p. 47.
perfecta la templanza si no es fuerte, justa y prudente; ni es íntegra la fortaleza si no es
prudente, templada y justa; ni es verdadera la justicia si no es prudente, fuerte y templada.
En realidad no existen las virtudes en plural, a modo de catálogo de habilidades
independientes; la virtud es el ser humano entero, de ahí que cada hábito virtuoso implique
a los demás porque es el ser humano entero quien puede recibir el calificativo de virtuoso.
Pues, aunque las virtudes son personales, sin embargo todas son eslabones de una misma
cadena: todas son manifestaciones del amor; la única virtud que no tiene límite ni medida
es el amor, nunca podremos decir que amamos demasiado, porque la medida del amor es
amar sin medida. Esto no impide que, yendo juntas, cada una de ellas tenga su sede propia,
y por eso afirma Aristóteles que el ojo posee su virtud como el caballo la suya, siendo la
virtud del ojo la de hacernos ver bien, y la del caballo ser bueno en la carrera15.
a. Primero está la justicia, ser bueno haciendo el bien para sí mismo y para con los
demás. ¿Quiero ser justo? No tengo más que ponerme a ello. De nada dependo para ello
sino de la fuerza de mi querer, llegue con él hasta donde llegue.
b. Ahora bien, como nadie es en todo momento y totalmente justo, siempre
necesitamos algún perdón de quien nos quiera. El perdón es subsiguiente a la ofensa (a lo
injusto), sin ofensa no tiene por qué haber perdón, la forma del perdón necesita de la
materia de la ofensa.
c. Por la rehabilitación que el perdón introduce se produce la activación de la
esperanza. Desde luego, el perdón abre la puerta a la esperanza, pero esto no impide que
la esperanza se mantenga a pesar del desamor: es esperanza contra toda expectativa,
virtud ilógica.
d. ¿Por qué es lo más lógico la esperanza? Porque el argumento vital último de
todo ser humano consiste en esperar ser feliz. Sin esa perspectiva nuestra realidad
biográfica se desvitaliza y degrada. Con la esperanza, pues, se mantiene alta la expectativa
existencial. ¿Esperanza, pues, de qué? Esperanza de felicidad, pues la esperanza es y sólo
puede ser esperanza de felicidad.
e. La esperanza de felicidad produce mayor confianza (con-fianza, con fe). La
persona esperanzada da crédito a la realidad, cree en ella, se aventura hacia lo venidero de
forma venturosa. La felicidad, culminación de las virtudes, deja fuera sus incompatibles:
injusticia, rencor, desesperación.
f. De ahí brota la fuerza de las virtudes cotidianas y sencillas. En primer lugar la
fortaleza: decir fortaleza y decir virtud son dos formas distintas de decir lo mismo. Hay
una fortaleza fuerte (el espíritu emprendedor) y una fortaleza débil, la que resiste.
g. La fortaleza exige templanza temperada: un fuerte destemplado sería un
violento violentador, antítesis de la fuerza que se expande en ternura.
h. Esa fortaleza temperada, que es ni más ni menos que la forja y fragua de un
carácter ético, necesita de la prudencia, virtud del instante, dominio del discernimiento,
que nada tiene en común con la sagacidad maquiavélica.
i. La prudencia, virtud del tiempo, necesita de la compañía de la paciencia, una
virtud muy difícil para principiantes.
j. Humildad es la última palabra de la virtud. Homo (hombre), humus (ceniza,
barro) y humilis (humilde).
Hay tantas virtudes como fuerzas te ayudan a cumplir tu verdadera vocación,
que es la de ser persona. Cuanto te ayuda a crecer como tal es virtud. Y todo lo que
llamamos virtud es fortalecimiento de esa vocación personal. El médico, el albañil, el
profesor desarrollan su virtud siendo personas a través de sus correspondientes oficios
de médico, albañil o profesor. Virtud: esencia única con nombres distintos.
.
15
Aristóteles: Ética a Nicómaco, II, 6, 1106a 20.
ACTIVIDADES

1. Texto para comentar

“El temor de ensuciarnos al entrar en el contexto de la historia no es virtud, sino un


medio de esquivar la virtud. Algunos parecen pensar que poner manos a lo real, a este
universo concreto de las cosas y las relaciones humanas en que el pecado existe y circula
es ya de por sí contraer pecado, como si el pecado se contrajera desde fuera y no desde
dentro. Eso es purismo farisaico, pero no la doctrina de la purificación de los medios. Esa
última se refiere ante todo a la cuestión de la jerarquía de los medios; se apoya en el
axioma de que el orden de los medios corresponde al orden de los fines y exige que un fin
digno del hombre se persiga con medios también dignos del hombre. Insiste en la voluntad
de suscitar medios, no sólo buenos en general, sino verdaderamente proporcionados a su
fin, que lleven efectivamente en sí mismos la marca de su fin, medios en los que actúe
auténticamente esa misma justicia que constituye la esencia del bien común” (Maritain, J:
El Hombre y el Estado. Ediciones Encuentro, Madrid, 1983, pp. 77-78).

2. Glosario Básico

Cinismo: El cínico conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna.


Ecodulía: Respeto de la naturaleza.
Empatía: Capacidad para ponerse en los zapatos del otro.
Éticas deontológicas: Son las que estudian el deber.
Hedonismo: Pone la felicidad en los placeres.
Ley del embudo: Lo ancho para mí, lo estrecho para los demás
Moralismo: Pretensión de ser virtuoso por serlo y para serlo.
Pragmatismo: Bueno es lo útil.
Virtud: término medio lo es entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto.
Voluntariado: La acción voluntaria es ética cuando conlleva voluntad de cambio y
cuando hace camino con las víctimas.

3. Actividades

- Con tus compañeros, realiza alguna actividad a favor de los más pobres y
desgraciados: visitar niños enfermos en un hospital, acompañar a ciegos, compartir
alimentos con algún necesitado...
- “Hay dos categorías de personas que no consigo soportar: las que no buscan a Dios y
las que se imaginan que lo han encontrado” (G. Thibon). ¿Dirías tú lo mismo? Si
perteneces tú a una de esas dos clases de personas, ¿qué harías en concreto para mejorar
la situación?
- Reflexiona primero sobre las diferencias entre la vida que llevas y los ideales de
perfección que tienes, después, haz algo para mejorar en coherencia vital. Ejemplo: Soy
perezoso; para combatirlo asumo el compromiso de....
- ¿Tus valores son lights, o comprometen tu vida entera? Ejemplo: Sería ideal que no
mintiese, pero a la hora de la verdad en mi vida miento;; para combatirlo asumo el
compromiso de...
- De ti depende dónde pones el sentido de la vida y el valor que des a las cosas
fundamentales. Propón esta afirmación para el diálogo en grupo: ¿Dependen realmente
de ti, de la naturaleza, de la sociedad, de la herencia...?

4. Para la reflexión y el diálogo


- Meditación de una madre: “Que la primera impresión que reciban mis hijos de mí sea
limpia, santa, elevadora. Que mi ejemplo les arrastre hacia lo mejor. Que sea firme para
castigarlos en caso de necesidad, pero justa y bondadosa. Que no interfiera con mi
tristeza en su alegría. Que los instruya sin represión, sino en libertad responsable. Que
no los humille ante nadie, ni arruine su carácter con ridículas exigencias, sino que los
acoja incondicionalmente para restaurar sus heridas. Que les inspire confianza, pese a
mis fallos. Que no discrimine, ni compare, ni tenga absurdas pretensiones, sino que
asumas las inevitables diferencias”. ¿Es así como realmente ves a tu madre? En caso
contrario, propón medidas por tu parte para mejorar la situación.
- Meditación de un padre: “Que mi hijo pueda aprender de mí, más allá de mí, a ser lo
bastante fuerte como para conocer su debilidad y tan valiente como para reconocer su
miedo; a ser tan entero y resuelto en la derrota honrosa, como generoso y humilde en la
victoria; a no tener el corazón donde debe estar el cerebro, y a la inversa; a no caminar
por el sendero de lo fácil y cómodo, sino por el de las dificultades y obstáculos que
hacen madurar; a sostenerse en pie durante las tempestades y a ser compasivo con los
que flaquean; a ser puro en su corazón y limpio en sus aspiraciones; a ser señor de sí
mismo antes que pretender dominar a los demás; a reír sin jamás olvidarse de llorar; a
lanzarse hacia el porvenir sin perder de vista la enseñanza del pasado”. ¿Logras realizar
estas virtudes con tu propia familia? Si no fuera así, propón formas de mejorar,
comenzando por ti mismo, si no es así.
- “No discutas con el hombre rico, no sea que te venza con su peso. No discutas con
hombre charlatán, no eches más leña a su fuego. No bromees con el maleducado para
que tus mayores no queden en deshonra. No reproches al hombre que se arrepiente del
pecado, recuerda que culpables somos todos. No deshonres al hombre en su vejez, que
entre nosotros también se llega a viejos. No te alegres de la muerte de nadie, recuerda
que todos moriremos” (Sir,7).
- El amor todo lo soporta. Desconoce el egoísmo, la irritación, la venganza, la injusticia,
la envidia, la jactancia, la soberbia, los celos”. Pon en común esta afirmación con tus
compañeros de salón.
- La justicia sin amor te hace duro. La inteligencia sin amor te hace cruel. La amabilidad
sin amor te hace hipócrita. La fe sin amor te hace fanático. El deber sin amor te hace
malhumorado. La cultura sin amor te hace distante. El orden sin amor te hace
complicado. La agudeza sin amor te hace agresivo. El honor sin amor te hace arrogante.
La amistad sin amor te hace interesado. El poseer sin amor te hace egoísta. La
responsabilidad sin amor te hace implacable. El trabajo sin amor te hace esclavo. La
ambición sin amor te hace injusto”. Dialoga con tus compañeros poniendo ejemplos de
cada una de estas afirmaciones.

5. Comenta las frases siguientes:

- “Existen en el gobierno de los hombres dos categorías de problemas: los susceptibles


de una solución única, son los técnicos. Pero también existen algunos problemas que no
son susceptibles de esta solución. La política es el conjunto de problemas que no tienen
solución” (Bertrand de Jouvenel). ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué sí o por qué no?
- “El método democrático es el mecanismo institucional para llegar a decisiones
políticas en las que algunas personas adquieren el poder de decidir mediante una lucha
competitiva por el voto popular” (J.A.Schumpeter). ¿No hay otras posibilidades?
- “Si tuviésemos que tolerar a los demás lo que nos permitimos a nosotros mismos, la
vida sería in soportable”. Comentar en grupo esta frase.
- Y esta otra: “Si una persona tiene razón veinticuatro horas antes que los demás, será
considerada necia durante veinticuatro horas”.
- “Mira, tú dabas lección a mucha gente, infundías vigor a las manos caídas; tus razones
sostenían a aquel que vacilaba, robustecías las rodillas endebles. Y ahora que otro tanto
te toca te deprimes, te alcanza el golpe a ti y todo te desconciertas” (Libro de Job). ¿Por
qué el ser humano es así? Mesa redonda sobre esta compleja cuestión.

6. Bibliografía

Díaz, Carlos:
La virtud de la alegría. Editorial Trillas, México, 2002.
La virtud del amor. Editorial Trillas, México, 2004.
La virtud de la confianza. Editorial Trillas, México, 2003.
La virtud de la esperanza. Editorial Trillas, México, 2002.
La virtud de la fortaleza. Editorial Trillas, México, 2002.
La virtud de la templanza. Editorial Trillas, México, 2006.
La virtud de la justicia. Editorial Trillas, México, 2002.
La virtud de la prudencia. Editorial Trillas, México, 2005.
La virtud de la humildad. Editorial Trillas, México, 2006.
La virtud de la paciencia. Editorial Trillas, México, 2002.
Educar en valores. Guía para padres y maestros. Editorial Trillas, México, 2005.
Educar con valores y vivir con humanidad. Editorial Progreso, México, 2007.

7. Hoja de apuntes personales

UNIDAD 3

DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS


DIBUJO

3.1. VALORES DE LA DEMOCRACIA

3.1.1. Pacto social y soberanía popular


3.1.2. Dignidad, libertad, igualdad
3.1.3. Diálogo y consenso
3.1.4. La protección de los derechos de las minorías
3.1.5. La tolerancia y la paz
3.1.6. El bien común y la solidaridad

3.2. CARACTERÍSTICAS Y PRINCIPIOS DE LA DEMOCRACIA

3.3. OBSTÁCULOS PARA LA DEMOCRACIA

3.1.VALORES DE LA DEMOCRACIA

3.1.1.El pacto social y la soberanía popular

Contrato social y consenso


Thomas Hobbes (1588-1679) suponía que existía un estado natural en los hombres
que originariamente viven como seres naturales libres de toda vinculación; a pesar de ello,
tal estado natural es el más desagradable de los imaginables, pues (contra lo que Rousseau
diría luego) los hombres son malos fundamentalmente: todos tratan de conseguir su
provecho, imponerse a los demás, y cada uno de ellos tienen motivos para temerse como
lobos entre sí, reinando la anarquía, el crimen y la guerra de todos contra todos. Por eso el
instinto de propia conservación decide al hombre a firmar un contrato colectivo con la
institución de un poder superior y común a todos: el Estado soberano, que arbitra los
conflictos a costa de imponer su omnímoda voluntad.
John Locke (1632-1704) también parte de la idea de un estado natural de hombres
aislados, iguales y aislados. Empero, ya en ese estado natural tiene validez una ley, la ley
natural que manda al hombre conservarse a sí mismo y, dentro de sus posibilidades, apoyar
la conservación de los demás. Cuando los hombres se ven impelidos a reunirse en una
comunidad y a instaurar un poder estatal que nunca puede surgir más que por la libre
voluntad de todos, lo único que pueden transferir son los derechos de que disponían en el
estado natural, pero sin constituir un poder arbitrario y despótico por encima de ellos. Aún
dentro del Estado el hombre sigue siendo portador de derechos inviolables. Un poder
despótico sería irracional; si los hombres decidieron limitar su independencia fue sólo
porque en el estado natural no podían considerarse suficientemente garantizadas la vida, la
libertad y la propiedad.
Juan Jacobo Rousseau en su Contrato Social (1762), asegura también,
metafóricamente, que existió una perdida edad de oro en que las relaciones humanas
fueron de simplicidad, igualdad y libertad, aunque bien pronto la codicia arruinó ese
estado. Para recuperar de algún modo la pasada felicidad, el hombre -a cambio de su
libertad natural ya perdida- se subordina al poder y firma un contrato social con renuncia al
estado de naturaleza. Ahora bien, de acuerdo con John Locke, tras el contrato no pierde el
hombre sus derechos, sino que por la ley comienza a obedecerse a sí mismo en la medida
en que uno mismo otorga su asentimiento a la comunidad. La participación en la
legislación asegura la libertad al hombre, por cuanto cada uno otorga su conformidad a las
leyes en cuya formación ha participado. El ideal de Juan Jacobo Rousseau es ya de este
modo la democracia directa, la voluntad general en lugar de la sumisión al soberano
único.

Seis tipos de sociedad civil en la actualidad


Hoy se entiende por sociedad civil aquella donde hay mercado libre, pluralismo
cultural y privacidad, los cuales no pueden darse sin la existencia de una agencia
centralizadora de normas, a la que llamamos Estado interventor, que vela por la libertad
de todos garantizando la solidaridad y protege las libertades de cada uno dentro de la
sociedad. Puede haber sociedades muy distintas:
- Países donde la sociedad civil sea muy fuerte porque posea una gran capacidad
de organización, de motivación y de activación colectiva, con un Estado fuerte y bien
articulado capaz de recoger los recursos y de estar presente en la sociedad civil, como es
el caso de Suecia.
- Un Estado fuerte y una sociedad débil, lo que es más frecuente;
- Países donde ni el Estado ni la sociedad civil sean fuertes, como en el caso de las
repúblicas bananeras.
- Una sociedad civil pactada con el Estado: el socialismo democrático, que
promueva un equilibrio social basado en: un fuerte partido socialista democrático apto para
establecer el pacto constitucional con las fuerzas políticas de la derecha y de la izquierda
en orden a defender la democracia, y el pacto complementario, pero prioritario, con los
sindicatos y amplios sectores de la sociedad civil para avanzar en la línea de un socialismo
democrático.
- Una sociedad civil donde los movimientos sociales potentes y de organizaciones
populares y sindicales “desde fuera”, que apoyan la gestión que “desde dentro” del Estado
realiza la izquierda anticapitalista. La negación de lo establecido, la denuncia testimonial,
la resistencia frente a los poderes dominantes se puede transformar en un proyecto
«positivo» y con posibilidades de éxito. Este esperar sin dormitar marcaría la actitud
propia del “resistente activo”.
- Un Estado que en exclusiva legitimaría la sociedad civil de la ciudadanía, a
condición de que su ejercicio fuese conforme a derecho social. Falta saber si lo que se
presume un Estado salvador no será aquello mismo que impida esa presunta salvación. Lo
ideal sería un tipo de sociedad civil fuerte, viva, articulada, culta, ética, y un Estado
mínimo y progresivamente decreciente. Para ello habría que tomarse muy en serio aquella
afirmación de que la liberación de la sociedad civil es cosa de la sociedad civil misma, y
que no puede nunca esperarla del Estado cual concesión gratuita de éste.

3.1.2. La dignidad, la libertad y la igualdad

Dignidad
El fundamento de la democracia está en la defensa del respeto a las personas y a
las instituciones dentro de la libertad y buscando la igualdad. Como dijera Kant, “el
hombre existe como fin en sí mismo y no sólo como medio para cualquier uso de esta o
aquella voluntad. Los seres racionales se llaman personas, porque su naturaleza los
distingue como fines en sí mismos, o sea, como algo que no puede ser usado meramente
como medio”16. De ahí su máxima “actúa siempre de manera que la humanidad sea
tomada, tanto en tu propia persona como en la de cualquier otro, siempre como fin, nunca
como medio”. Somos fines en sí mismos, no medios o instrumentos para cualquier otro fin,
por eso ante el hombre no vale el lema “el fin justifica los medios”. El hombre tiene valor,
y no precio; las personas tienen valor, y las cosas tienen precio. El valor de la persona es
absoluto, no relativo. Mientras las cosas tienen precio, las personas ponen precio porque
valen, de ahí que ellas sean la medida, no lo medido.
Hay dos tipos de seres: aquellos que tienen valor en sí mismos, y aquellos que por
el contrario sólo valen para otra cosa distinta de ellos mismos. Por ejemplo: un martillo,
que es útil para clavar un clavo, pierde su utilidad cuando se rompe, y entonces su precio
baja o cae totalmente. Sin embargo una persona humana es valiosa en sí misma, tiene valor
siempre aunque ya esté rota o vieja, o aunque todavía no haya nacido, vale desde el primer
instante y para siempre, es valiosa en sí misma y por eso no tiene precio sino dignidad, no
es objeto, sino sujeto. Como tal sujeto -nunca objeto- nadie esta legitimado para causarle
ningún daño ni físico ni moral ni de ninguna naturaleza. “Aquello que tiene precio puede
ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y
no admite nada equivalente, eso tiene dignidad”17.

Libertad, igualdad, fraternidad


Llenar de libertad la igualdad democrática, llenar de igualdad la libertad
democrática. Libertad e igualdad forman una mancuerna indisoluble: libertad sin
igualdad vacía, igualdad sin libertad ciega; ni libertad sin igualdad, ni igualdad sin
libertad. Hay que llenar de igualdad la libertad, y la libertad de igualdad, la democracia
16 ?
Kant, E: Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1990,
pp. 100-103.

17    ?
Kant: Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1990, p.
112.
es esa tarea; como dijera Alexis de Tocqueville, “la democracia no da al pueblo el
gobierno más hábil pero hace lo que el gobierno más hábil es frecuentemente incapaz de
hacer: expande en todo el cuerpo social una fuerza sobreabundante, una energía que no
existe jamás sin ella y que, por poco que las circunstancias sean favorables, puede hacer
maravillas”.
En todas las culturas se ha exaltado la fraternidad o filadelfia. Ya desde muy pronto
el término adelphós, hermano, que originariamente tenía un sentido puramente biológico,
pasó a ser sinónimo de prójimo, cuyo contenido es obviamente más amplio. También se
utilizó desde antiguo en sentido étnico: los israelitas se llamaban entre sí hermanos, y más
tarde los cristianos sabedores que ser hijos de un mismo padre. Tan es así que todavía
durante la Revolución francesa (1789) el vocablo está en boca de todos en el lema libertad,
igualdad y fraternidad. Frente a la monarquía absolutista medieval, la reivindicación más
urgente y sentida era la libertad. Con ella se creía posible acceder a la no menos ansiada
igualdad. Sólo con la revolución rusa de 1917, desconfiándose de la libertad del
capitalismo, el comunismo hizo hincapié en la igualdad incluso a costa de la libertad.
Después, el antiguo “libertad, igualdad, fraternidad” ha dado paso al libertad,
justicia, solidaridad”. Pero el término solidaridad no explica por qué haya que ser
solidarios: ¿por qué serlo con quien niega la fraternidad, por ejemplo? . También fue
suprimida la igualdad, y en su lugar aparece el término “justicia”, dar a cada uno, algo
que es demasiado abstracto. Lo que se mantiene es la libertad, y hoy más que nunca, para
que se note que el neoliberalismo está bien vivo: libertades y más libertades para que el
pez gordo se coma libremente al chico. Y eso es lo que queda del lema del 1789. Mas
nosotros ¿cómo podríamos aspirar a algo serio en la historia de la humanidad si no
comenzamos por restaurar la fraternidad? Y a su vez ¿cómo vamos a comenzar por la
fraternidad sin el reconocimiento de una misma Paternidad que nos iguala a todos como
hermanos? Cuando esto se asume, de pensamiento y de corazón, se traduce en la igualdad,
aquella que aún siendo muy consciente de las diferencias las asume dentro de la unidad
común. Digamos pues: Fraternidad, igualdad, libertad. Y arrimemos el hombro.

La dictadura, contra la democracia


No hay dictadura buena. La democracia es ese sistema político en el que, como
dijera Churchill, cuando alguien llama a la puerta de la calle a las seis de la mañana, se
sabe que es el lechero. Y siempre es mejor encontrarse con el lechero que con un
encapuchado armado. La democracia perfecta sería una sociedad de ángeles todos para
uno y uno para todos. La democracia actual, imperfecta, es el peor régimen... excluidos
los demás. No es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro, sino un método de
convivencia civilizada, el menos malo de los regímenes que dista de ser el óptimo.
Gobierno tiránico es aquel donde el superior es vil, y los inferiores envilecidos;
gobierno bueno, aquel que hace felices a los gobernados, y atrae a los que viven lejos; el
mejor gobierno aquel que nos enseña a autogobernarnos; el gobierno óptimo, aquel que
se hace superfluo. Se puede estar más o menos críticamente en favor de la democracia,
pero nunca fuera de ella.
Verdad es que la justicia sin la fuerza, y la fuerza sin la justicia, constituyen dos
grandes desgracias; sin embargo, los dictadores siempre olvidan que gobernar es pactar,
y que pactar no es ceder, sino saber rectificar. Ellos se creen hombres incorruptibles, y
hasta piensan que son como los billetes de banco de un millón, que es difícil cambiarlos.
Por eso no quieren enterarse de que los gobiernos son velas; los pueblos, el viento; el
Estado, la nave; el tiempo, el mar; y ellos, el lastre. Ellos, los dictadores, fusilarían a
quienes se atreviesen a decirles a la cara esta frase: una papeleta de voto es más fuerte
que una bala de fusil. Sin embargo, nunca se entra en un corazón por la fuerza, nadie
puede ser llamado señor de otro por fuerza, tirano sí; por la fuerza un rey puede hacer
un noble, pero no un caballero. La fuerza tiránica sólo es capaz de hacer esclavos en
torno a sí, el tirano hace a los esclavos, y los esclavos que aceptan su esclavitud hacen a
los tiranos. En la dictadura la gente, en lugar de pensar, recita, y en lugar de caminar
repta. Sin embargo, el dictador está siempre amenazado, pues a muchos ha de temer
quien es temido por muchos.

3.1.3. El diálogo y el consenso

Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) distinguía entre la voluntad general (lo


verdaderamente común a las voluntades individuales) y la voluntad de todos (donde cada
una de las voluntades persigue sus propios intereses especiales), y esta distinción de alguna
manera nos introduce ya en la distinción entre pacto estratégico y consenso, dos cosas
muy distintas.
El primero brota de la racionalidad estratégica, el segundo de la comunicativa, en la
cual los actores no coordinan sus planes de acción calculando su éxito personal ni sus
equilibrios de intereses, sino el entendimiento acerca de las pretensiones de validez a través
de un acuerdo y orientan sus metas buscando conjugarlas desde definiciones comunes de la
situación. Lo que ocurre es que el consenso y los acuerdos alcanzados nunca satisfarán a
todos, y puede que sean injustos para algunos, aun en el caso de que los realicen
respetando las reglas del juego democrático. Es importante, pues, subrayar que el diálogo,
la comunicación constructiva, es la que no rehuye el conflicto, sino que lo trata
civilizadamente.
Acechan al consenso tres peligros: concebirlo como un pacto estratégico en que
cada cual defiende sus intereses individuales rabiosamente hasta llegar a un equilibrio,
dependiente de la correlación de fuerzas. Si sólo este tipo de pactos egoístas fuese
accesible al hombre, no existiría el reconocimiento de los demás como personas. Por eso si
entendemos el consenso como estrategia, y sin convicción de concordia, invitar a una
moral ciudadana es puro cinismo.

3.1.4 La protección de los derechos de las minorías

El consenso es necesario en política, pero quizá no sea siempre bueno en ética


sobre cuestiones muy concretas. Porque todos los consensos son fruto del compromiso y la
negociación, de la confrontación de puntos de vista parciales. Los consensos nunca deben
ser satisfactorios para todos. La función de la ética es sobre todo crítica. Dogmática ha de
serlo sólo con respecto a los grandes valores cuya negación pondría en duda la integridad
de la ética misma. En las decisiones democráticas es esencial el respeto a los derechos
individuales y de las minorías y que la decisión por mayoría es un mal menor: puesto que
la unanimidad no puede alcanzarse, porque costaría tanto tiempo y energías que nunca
llegaríamos a tomar una decisión, y, puesto que atenerse a las decisiones de la minoría
sería todavía más indeseable, utilizar la mayoría como regla de decisión, respetando los
derechos de individuos y minorías, es el mal menor. “¿Debe considerarse democrática la
elección de quienes perseguirán a las minorías, impedirán los derechos de numerosos
ciudadanos o impondrán una forma inapelable de creencias y conducta, siempre que hayan
llegado al poder legalmente? La respuesta, a mi juicio, es rotundamente negativa. Las
decisiones democráticas son mayoritarias, pero no toda decisión mayoritaria es
democrática. Ninguna mayoría tiene derecho democrático a votar a favor de la sumisión
sin derechos de las minorías o para imponer la desigualdad política por razón de creencias,
sexo, clase social, etc. En realidad, ni siquiera pienso que un demócrata radical puede
considerar aceptable la pena de muerte. La autonomía del individuo, base del proyecto
democrático, exige que nadie sea identificado irreversiblemente con sus acciones malas o
buenas” (F. Savater: Diccionario Filosófico).
¿Y la disidencia? Constituye la grandeza y la miseria de la democracia ese
acostumbrarse a vivir en disconformidad para generar conformidad en la medida de lo
posible. Sin disconformidad no hay democracia, con exceso de disconformidad tampoco:
“Ante todo debe aceptarse que la democracia no es un absoluto ni un proyecto sobre el
futuro: es un método de convivencia civilizada. No se propone cambiarnos ni llevarnos a
ninguna parte; pide que cada uno sea capaz de convivir con su vecino, que la minoría
acepte la voluntad de la mayoría, que la mayoría respete a la minoría y que todos preserven
y defiendan los derechos de los individuos” (Octavio Paz).

Diálogo entre éticas de máximos y éticas de mínimos


Utilizando la distinción entre ética de mínimos y ética de máximos, que ha puesto
de relieve la profesora Adela Cortina, podríamos decir que la primera, la de mínimos, ha
de ser común a mayorías y minorías, mientras que la de máximos puede servir para las
minorías. hay dos tipos de racionalidad: la “racionalidad” de aquello que es
universalmente exigible y la “razonabilidad” de lo que puede proponerse con pleno
sentido, sin ser por ello exigible. La racionalidad de lo universalmente exigible se refiere
a aquellos contenidos que se apoyan en argumentos de tipo silogístico y, por eso, quien los
mantiene está legitimado para pretender que cualquier persona dotada de racionalidad debe
entenderlos y compartirlos. Por su parte lo razonable, es aquello que va más allá de lo
racional y puede proponerse con pleno sentido, pero no exigirse universalmente porque los
argumentos que lo avalan no son silogísticos. Por eso no pretenden convencer
argumentativamente, de modo que el interlocutor quede “derrotado” sin argumentos, sino
buscar una sintonía con él en el terreno biográfico de un relato vital: cada cual puede
exponer con plenitud de sentido a otro sus convicciones religiosas, pero no pretenderá
convencer con meros argumentos lógicos fríos, sino además con vivencias, ejemplos
concretos, etc. Veámoslo.
Las éticas de mínimos son racionales y deontológicas (se ocupan del deón o
deber). Son éticas de justicia, para todos, ya que cuando tengo algo por justo no estoy
expresando un sentimiento meramente subjetivo o grupal, relativo a mi cultura o
circunstancia, sino que pretendo que lo tenga por justo cualquier ser racional que quiera
pensar moralmente, esto es, que se sitúe en condiciones de imparcialidad. Cuando
tenemos algo por justo nos sentimos impelidos a exigir que los demás también lo tengan
por justo, porque ciertamente existe una gran diferencia entre los juicios esto es justo y
esto da la felicidad. Cuando afirmo “esto es justo” estoy confiriéndole un peso de
objetividad que queda más allá de las preferencias personales y grupales. No he de
hacerle dichoso, sino de darle el mínimo decente exigible para que se labre su felicidad
como bien pueda y quiera, porque ni la sociedad puede arrebatarle sus decisiones acerca
de cómo quiere ser feliz, ni está obligado tampoco a costearle la satisfacción de sus
deseos. Una sociedad que se empeña en hacer felices a sus ciudadanos según un modelo
de lo que es la vida feliz es una sociedad totalitaria, aunque el modelo sea el de la
mayoría, porque los ideales de felicidad son bien diversos y nadie tiene derecho -
tampoco la sociedad a imponer el suyo a los demás”18.
Por su parte las éticas de máximos son éticas de felicidad referidas a la
autorrealización, e intentan ofrecer ideales de vida buena en ideales, utopías, religiones.
Como dice la profesora Adela Cortina, en una sociedad pluralista los ideales de felicidad
pueden ser distintos y resultaría irracional la conducta de quienes se empeñaran en exigir a
18
Cortina, A: Ética civil y religión. Editorial PPC, Madrid, 1995, pp. 58-59.
todos sus conciudadanos que se atengan al que ellos tienen por adecuado. Decir, por
ejemplo, que el cristianismo hace feliz puede ser una recomendación, pero no una
obligación para quien no desee ser cristiano. El cristianismo no es una ética de mínimos de
justicia, sino una religión de máximos de felicidad. Los mínimos de justicia le parecen
irrenunciables y se alegra por ello profundamente de que formen parte de la conciencia
moral social de nuestro tiempo; pero tales mínimos no agotan el contenido de la religión
cristiana, su viva y rica oferta. Dados estos presupuestos, y puesto que fe y razón son
bueyes de una misma yunta, se hace posible y necesario ser creyente y ciudadano; fe y
razón son bueyes de una misma yunta, sí, pero con dos niveles distintos de exigencia,
niveles autónomos, ninguno de los cuales puede pretender absorber al otro, por eso ni la
religión puede suplantar a la moral civil, ni la moral civil puede pretender sustituir a las
religiones, jamás una ética de mínimos puede pretender ser un equivalente funcional de la
religión ni competir con ella.

Éticas de Mínimos Éticas de Máximos


Ética de la Justicia Ética de la Felicidad
Lo justo Lo bueno
Razón Práctica Prudencia
Normas Consejos
Exigencia Invitación

Dicho lo cual, hay que añadir sin embargo que lo racional (mínimo) y lo razonable
(máximo) no están enemistados ni son del todo disociables. La distinción entre mínimos de
justicia, aplicables a todos los miembros de la sociedad, y los máximos de felicidad no
significa que las propuestas religiosas no sean racionales, ni que la razón nada tenga que
ver con la felicidad, pues es imposible cortar con el bisturí el complejo fenómeno de la
moralidad, como si a la ética de mínimos sólo competieran las cuestiones de justicia y
pudiera defenderlas racionalmente sin contar con los sentimientos, quedando para la
religión proyectos de felicidad, de salvación y de sentido ofrecidos desde la irracionalidad.
Sin duda no es éste el caso, porque la razón humana siente y el sentimiento piensa. Por eso
no puede separarse tajantemente entre lo justo y lo bueno.

3.1.5. La tolerancia y la paz

La tolerancia insensata
No resulta fácil la convivencia social. Para facilitarla hay que practicar la virtud de
la tolerancia, tanto personal como comunitariamente. Ahora bien, la tolerancia no consiste
en decir que todo está bien, pues cuando todo vale por igual, entonces nada vale más que
nada, y en consecuencia todo me vale. La tolerancia no es el “allá cada cual con su rollo”,
ni el inhibirse con indiferencia, ni argumentar “si ellos piensan que tienen razón, ¿quién
soy yo para decir que no la tienen?” Semejantes actitudes impiden la existencia de un ideal
de perfección humana compartido, lo cual permite por contrapartida que las transgresiones
queden impunes.
Puede haber tolerantes sensatos o tolerantes insensatos, pero ni siquiera el más
insensato de los tolerantes puede permanecer al margen de la deliberación, como tampoco
rehusar la argumentación moral. La tolerancia insensata suele ser bien recibida por los
beneficiados tratados como niños malcriados, aunque los efectos de esa mala tolerancia
puedan ser desastrosos para ellos mismos.
Ahora bien, junto a la tolerancia insensata está la intolerancia insensata, la cual es
la otra cara de la misma moneda, la moneda de la insensatez. La diferencia entre ambas
consiste en que la intolerancia insensata aduce malas razones para imponer prohibiciones,
mientras que la tolerancia insensata se apoya en malas razones para aumentar el campo de
lo permitido.
Y, aunque no lo parezca, hay otra forma insensata de comportarse en caso de
conflicto, y es el excesivo recurso a los tribunales de justicia, cuando lo sensato hubiera
sido comportarse bien antes.
La tolerancia sensata: seis características
a. Ante todo, para que exista verdadera tolerancia el tolerante debe poseer
competencia deóntica, o sea, estar en condiciones de poder prohibir, ya que carece de
sentido decir que “tolero el mal tiempo” o su contrario, toda vez que ningún humano tiene
competencia sobre el mal tiempo, simplemente lo soporta o lo padece porque no puede
hacer otra cosa. Tampoco puede decirse que se “tolera” la libertad de cultos, sino que ella
es un derecho de todo ciudadano y nadie puede considerarse competente para concederla o
no.
b. El tolerante debe establecer lo que es bueno y lo que es malo. En principio, lo
tolerado es algo malo, una carga que soporta: se tolera lo negativo, una mala jugada, un
insulto, se aguanta a los y abstente demás y a sus obras, conforme al principio estoico
soporta y abstente de actuar. En efecto, el tolerante podría prohibir lo malo, pero decide
dejarlo en el ámbito de lo permitido. Ahora bien, como ya hemos dicho, su acto de tolerar
no debe ser mero resultado de la inhibición, la indiferencia, el aburrimiento fastidioso, o la
distracción.
c. La tolerancia sincera implica buena disposición o buena voluntad ante algo que
nos desagrada: a mayor desagrado, mayor buena voluntad, hasta donde sea posible. En el
límite, la tolerancia se convierte por ello en virtud heroica.
d. La tolerancia más profunda no es una actitud meramente pasiva, sino activa y
propositiva; disciplina y exigencia en el cumplimiento de los deberes definen la conducta
deseable. Respetar a otro es mirar benignamente al otro, sin renunciar a la tarea de
ayudarle a ser de otra manera mediante la corrección y la exigencia, con la confianza de
que puede lograrlo; exigir el cumplimiento de los deberes no es ser intolerante, sino
respetuoso con las personas cuya perfección ideal se busca.
e. El tolerante tiene un ideal de perfección que está obligado a tratar de alcanzar,
pues si no existiera una meta ideal de perfección, no se podría hablar de progreso cívico ni
moral; dicho de otro modo, si se parte del relativismo ético, se impone la tolerancia
inhibidora que lleva al permisivismo y a la mala educación.
f. Precisamente porque la tolerancia no debe ser la medida de la ética, sino la ética
la medida de la tolerancia, es precisamente el respeto a la persona el que podría llevarnos a
no respetar sus opiniones si éstas son delirantes o perniciosas.. Del mismo modo, la
tolerancia tampoco debe desconectarse de la verdad: ningún respeto debe darse ante la
mentira o el error. Por eso podemos alargar la bella afirmación odia el delito, compadece
al delincuente en esta otra: sé intolerante con el mal, acogiendo al malo. Debemos, pues,
luchar contra la falsa compasión, es decir, contra ese chantaje emocional que mete en el
mismo saco al mal y al malo. No. Lo intolerable no puede ser tolerado en modo alguno,
antes al contrario el amor al bien exige no tolerarlo, no olvidemos que quien tolera lo
intolerable hace imposible el bien y de este modo se convierte en su enemigo intolerante.
Tolerancia vertical: privada y pública
Si el tolerante condesciende con aquello, o disimula aquello que estaría en
condiciones de poderlo imponer desde arriba, entonces nos encontramos en la tolerancia
vertical. Ésta a su vez puede ser privada o pública, y en este último caso aplicable a todos
por igual. Pero, como la tolerancia pública total conduciría a la eliminación de toda
regulación, no se puede tolerar lo que amenace con destruirla, a saber, la intolerancia del
fanático, del totalitario, o del terrorista. Por su parte, la tolerancia privada sí puede ser
unilateral, en la medida en que yo puedo ser tolerante con otro, sin exigir su contrapartida
o reciprocidad.
La intolerancia de la guerra, crónica de una muerte anunciada.
Tambores de guerra, rumores de sable, amenazas de bomba. La voluntad de unos
pocos se impone a la voluntad de todos, macabra danza y burla de todas las exigencias
de la razón. El “día después” todo será peor, pues una guerra no se borra con otra más
grande, y nunca el orden nuevo se cimentó sobre el desorden anterior. Existen en el
mundo infinidad de gentes que se lanzan a la carnicería bélica porque una idea carroñera
de conquista ha pasado por el cerebro de unos degenerados. La guerra es algo
demasiado serio como para ser dirigida por los cuatreros mismos, que además se
adornan de patriotismo a costa de las demás patrias a las que arruinan: ese patriotismo
es el último refugio de los bribones. Como dijera Gustave Flaubert, “la obligación de
exaltar un rincón de la tierra marcada con rojo o azul sobre el mapa y detestar por ello
los otros rincones que aparecen de color verde o negro, me ha parecido siempre algo
mezquino y limitado y de una estupidez acabada”.
“La” guerra es el motor de la industria nacional de USA, y para mantenerlo
engrasado y productivo se necesita todo el petróleo del mundo: guerra del petróleo y
petróleo de la guerra, aunque no lo parezca, son lo mismo bajo el mismo aspecto, oro
negro, dinero sucio. Dicho de otro modo: la guerra es la continuación de la rapiña por
otros medios. Mientras tanto, el soldado de a pie cree que muere por la patria, pero
muere por los industriales, los cuales se llevan los macabros beneficios y los honores
mundanos, dejando para los cadáveres unas discutibles honras fúnebres: esos funerales
son ceremonias mediante las cuales los poderosos demuestran su respeto por los
muertos enriqueciéndose a sí mismos, en cuanto que sepultureros.
En la guerra (y menos cuando es la guerra que el Imperio impone donde quiere,
porque quiere, y como quiere) no hay legalidad, ella es la ilegalidad por excelencia,
cuyo axioma primero y primario no puede ser más contradictorio que éste: “Si quieres la
paz, prepara la guerra”. ¿Estaría en su sano juicio aquel bombero cuyo lema rezase “si
quieres evitar el fuego aviva la llama?” El bombero no, pero ni siquiera el pirómano.
¿Qué es un hombre de guerra? Alguien pagado para matar a sangre fría a semejantes,
quienes a él no le han hecho ningún daño, pues si se lo hubieran hecho no estarían
guerreando, sino muertos. ¿Y un conquistador? Un asesino al por mayor. ¿De qué se
nutre la “gloria” de un general victorioso? De la muerte de muchos inocentes en un día:
la sangre sólo sirve para lavar las manos de la ambición.
No hay que darle demasiadas vueltas: la guerra es un mal radical que deshonra al ser
humano, así como una auténtica derrota de la humanidad misma. La guerra es un
atentado contra el homo sapiens, un asesinato en masa. Como dijera Emmanuel Kant, la
guerra es nefanda, porque hace más hombres malos aún que los que mata, y mata cada
vez más. La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz, por eso el que predica
la guerra es un apóstol de Satán (que en hebreo significa “el acusador”). Si un líder
político periférico sirve como satélite al Imperio bélico, merece la entera desobediencia
de su pueblo; por el contrario, un príncipe bueno y sabio debe amar la paz y huir de la
guerra; él sabe que el único modo de vencer la guerra es evitarla, por eso en su imperio,
cuando calla el tambor, la razón retoma el mando. Y, si ese príncipe es cristiano, ha de
recordar aquella sabia exhortación de San Bernardo de Siena: “Donde hay guerra nunca
está Dios. ¿Crees que Dios está en tu casa cuando allí se mantiene la guerra y la
discordia? Indudablemente, no. Desea solo morar donde hay concordia, paz,
tranquilidad y justicia”.
La guerra, apariencia de orden a corto plazo, sólo es desorden establecido; como
escribiera don Francisco de Quevedo, “sale de la guerra, paz;/ de la paz, abundancia;/ de
la abundancia, ocio;/ del ocio, vicio;/ del vicio, guerra”. La guerra es la fiesta de todos
los muertos, y las armas el mayor enemigo de sus dueños. ¡Gentes de buena voluntad:
por caridad, por racionalidad, por dignidad, No a la guerra!. No es la guerra lo que hace
la historia, antes al contrario la deshace. No es la guerra, sino la acumulación cotidiana
de las pequeñas virtudes, la que determina la grandeza y el bienestar de las naciones. La
patria no será inmortal si no la hacemos justa y buena. Si la mitad de las riquezas
empleadas en los campamentos y desfiles se aplicara a redimir del error a las mentes
humanas, no habría necesidad de arsenales ni de fortalezas.

3.1.6. El bien común y la solidaridad

La ciudad es la antítesis de los siete pecados capitales censurados por Gandhi:


riqueza sin trabajo, placer sin conciencia, conocimientos sin carácter, comercio sin
moral, conciencia sin humanismo, adoración sin sacrifico y política sin principios. En
su antítesis, el Grameen Bank ha podido conceder créditos a bajo interés a artesanos y
campesinos pobres de Bangladesh manteniendo porcentajes bajísimos de impagos, y
ello en un país en que la no devolución de préstamos constituye un enorme obstáculo a
la actividad bancaria regular, en beneficio de los usureros. La clave de su gran éxito es
un original mecanismo de préstamos de grupo que convierte a otros miembros de la
comunidad del poblado en responsables de seleccionar, motivar su devolución y
controlar a los candidatos a un préstamo. En otras palabras, este original banco de
desarrollo se ha basado en la existencia de tupidas redes de relaciones entre los
habitantes de las zonas rurales. Nadie debería pensar en el bien común si no es capaz de
articular un común relacional; en realidad, el bien común ¿qué es sino esa red misma?.
“Cuantos más individuos actúan bajo la influencia de los compromisos morales, más se
espera que perseveren cuando cambian las circunstancias. Inversamente, cuantos más
individuos se dirigen por su placer o interés propio, menos probable es que
perseveren”19. Contra la liberal Public Choice Society que defiende que la acción
colectiva no puede ser explicada más que por el resultado de individuos que pretenden
maximizar su utilidad o su riqueza, la solidaridad resalta el factor C: compañerismo,
cooperación, comunidad, compartir, comunión, colectividad, carisma, y ello “aplicando
los mismos conceptos de productividad y eficacia”20.

Solidaridad y compasión
La solidaridad tiene en su raíz la compasión. Quienes, como Federico Nietzsche,
no tienen compasión, no pueden ser solidarios. He aquí sus palabras: “La compasión
obstaculiza en conjunto la ley de la evolución, que es la ley de la selección. La
compasión es la praxis del nihilismo. Este instinto depresivo y contagioso obstaculiza
aquellos instintos que tienden a la conservación y a la elevación del valor de la vida:
tanto como multiplicador de la miseria cuanto como conservador de todo lo miserable,
19
Etzioni, A: La dimensión moral. Hacia una nueva economía. Editorial Palabra, Madrid, 2007, p.
104.
20
Razeto, L: ¿Pueden juntarse la economía y la solidaridad?. Editorial ACC, Salamanca, 2007. p. 31.
es un instrumento capital para la intensificación de la decadencia” (Nietzsche, F: El
anticristo, 31-32). “¿En qué lugar del mundo se han cometido tonterías mayores que
entre los compasivos? ¿Y qué cosa en el mundo ha provocado más sufrimientos que las
tonterías de los compasivos? ¡Ay de todos aquellos que aman y no tienen todavía una
altura que esté por encima de su compasión!. Así me dijo una vez el demonio: ‘También
Dios tiene su infierno, es su amor a los hombres’, y hace poco que oí esta frase: ‘Dios
ha muerto a causa de su compasión por los hombres’ (Nietzsche:, F: Así habló
Zaratustra, 319). “Y cuando los corderitos dicen entre sí ‘estas aves de rapiña son
malvadas, las aves rapaces mirarán hacia abajo con un poco de sorna y tal vez se dirán:
‘nosotras no estamos enfadadas en absoluto con los buenos corderos, incluso los
amamos: no hay nada más sabroso que un tierno cordero’” (Nietzsche, F: Genealogía
de la moral, 51).

3.2. CARACTERÍSTICAS Y PRINCIPIOS DE LA DEMOCRACIA

Democracia es un término griego introducido por Herodoto, que significa


etimológicamente poder popular. La célebre Oración Fúnebre de Pericles, considerada
como la primera herencia teórica de la democracia ateniense, denomina al régimen de
Atenas democrático “por no depender del gobierno de pocos, sino de un mayor
número”. Allí todos los ciudadanos son iguales en cuanto a su derecho a hablar en la
asamblea (isogoría). Su correspondiente latino es republica, cosa pública. El
protagonista de la democracia es el pueblo, de ahí que subrayando ese protagonismo se
la haya definido como gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, antítesis
tanto del despotismo ilustrado que pedía “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, como
de la democracia censitaria o selectiva de la tradición liberal francesa, que solamente
permitía votar a los ciudadanos más ricos del censo, es decir, a los capaces de pagar
impuestos.
La democracia se ejerce en libertad y constituye un hermoso desafío para todos.
Ahora bien, siendo realistas, aunque los desafíos de la democracia nos incumben a
todos, no todos le afrontarán. En primer lugar, serán muchos los que -marginados y
desarraigados socialmente- ni siquiera podrán llegar a plantearse cómo colaborar con el
orden democrático, pues bastante tendrán con sobrevivir cada día. Además habrá otros
que, si bien no tan pobres económicamente, se encontrarán tan desestructurados
personalmente, que difícilmente lograrán emerger del fondo oscuro de su caverna:
alcoholizados, deprimidos. Un tercer grupo de inhábiles democráticos lo compondrán
los egoístas acérrimos. Finalmente, tampoco aportarán nada a la causa democrática los
pesimistas, aquellos para los cuales el hombre es un animal depravado e irrecuperable.
Entonces, ¿para quién es el reto de la construcción de una convivencia social
democrática? Para la gente de buena voluntad.

La democracia numérica representativa, necesaria pero insuficiente

En democracia numérica rige la ley del número, necesaria, pero insuficiente, no


necesariamente la ley de los mejores. En las democracias no consolidadas los
demagogos y tiranos recurren al voto del miedo (“habrá caos postelectoral si mi partido
no triunfa por amplio margen”), el cual no sólo es una incitación al fraude, sino una
grave vulneración de los derechos humanos y una conculcación de los mínimos éticos.
Sea como fuere, hay que practicar la democracia numérica, pues el abstencionismo es
enemigo de la democracia, que no es un sistema de fugas o de renuncias, sino de
laboriosidad cívica. Un hombre un voto, primero; un hombre un control, después. No
con el voto avestruz (cuando votas escondiendo la cabeza para no ver los problemas), ni
con el videovoto (si votas por el candidato más fotogénico, por el partido que gasta más
en publicidad), ni con el voto borrego, ni con el voto corazonada (“me late que este
gallo es el bueno”), ni con el no-voto (“la política y los políticos son una basura”, “este
país no va a cambiar”), porque las cosas tenemos que transformarlas entre todos, no
caen como lluvia de ángeles. De la democracia no hay que esperar más de lo que puede
dar, pero tampoco menos. Por tanto, rechazamos frases que sólo atraviesan palos entre
las ruedas del carro cuando definen a la democracia como “soberanía del innoble”, “arte
de hacer oprimir al pueblo por el pueblo en interés del pueblo”, “vicios de unos cuantos
puestos al alcance de la mayoría”, “derecho de cada uno a ser su propio opresor”, “yo
soy igual que tú, pero tú no eres igual que yo”, etc.

Autovacunas democráticas contra la ley de la selva

La clásica expresión electoral un hombre un voto poco vale en Brasil cuando


sólo pagan impuestos 7'5 millones de personas frente a 75 millones de votantes, con lo
que se muestra que existen millones de ciudadanos con capacidad electoral que no son
más que ciudadanos de segunda clase. La democracia directa hoy apenas se ejerce, y en
su lugar impera la democracia representativa. En ella todos pueden al menos votar para
elegir y controlar a sus representantes gracias al sufragio universal.
En la democracia indirecta de masas los electores no gobiernan directamente
ellos mismos, sino que eligen a unos delegados, diputados, representantes o
compromisarios organizados en partidos políticos, los más votados de entre los cuales a
su vez elegirán el gabinete de gobierno. Esta desviación en la elección se puede repetir
cuantas veces se quiera, dando lugar a sufragio indirecto de segundo, tercero o séptimo
grado, procedimiento de elección de compromisarios. Con frecuencia, y por desgracia,
esta democracia es compatible con la ley de la selva. Pero hay vacunas capaces de
potenciar la democracia dentro de los partidos. Mencionamos algunas:
- Castigar con ejemplaridad a los políticos corruptos.
- Suprimir la inmunidad parlamentaria, privilegio en virtud del cual se necesita
la previa autorización de la Cámara legislativa para procesar y detener a uno de sus
miembros. Aquello que históricamente nació como una garantía institucional se ha
transformado en privilegio antidemocrático.
-Fortalecer, en cambio, la inviolabilidad parlamentaria, es decir, la no
responsabilidad por opiniones y actos pertenecientes al ejercicio de la función
parlamentaria, con la finalidad de garantizar la independencia y autonomía de la
institución.
-Democratizar internamente reconociendo la existencia de corrientes internas
con el fin de que haya diálogo dentro del partido; flexibilizando sus estructuras;
reduciendo sus órganos; estableciendo una rotación de los altos cargos; definiendo los
derechos del militante; luchando contra la disciplina ciega del partido, teniendo en
cuenta a las bases (militantes) a la hora de elaborar las candidaturas a las elecciones.
-Controlar la financiación velando por su transparencia y control para evitar las
corruptelas sometiendo la financiación privada al principio de publicidad; exigiendo la
identificación de los donantes de cierta cuantía; limitando drásticamente los gastos
electorales, especialmente en momentos de crisis económica; regulando estrictamente
los procesos de privatización de empresas públicas con el fin de impedir que su paso a
manos privadas produzca beneficios económicos ocultos; adjudicando y limitando
obras, proyectos y anteproyectos en materia de construcción.

De la democracia numérica representativa a la democracia moral participativa

Mas ¿cómo pasar de una democracia numérica a una democracia moral? Con
lucidez de inteligencia y conversión del corazón sin revoluciones por decreto, pues la
impaciencia es la enfermedad de los totalitarios. La democracia moral está compuesta
no solamente por los muchos, sino además por los buenos y en ella se ejerce el arte la
“desconfianza activa” con mecanismos institucionales anticorrupción y aumentando el
control popular. Un solo voto permite gobernar al ganador, porque cada voto es fin en sí
mismo, y quien viola un voto desacredita todos los votos, del mismo modo que quien
apalea a un niño apalea a todo lo humano que hay en cada miembro de la humanidad.
Por eso el demócrata moral derrotado continuará oponiéndose hasta la victoria final,
pero no se acogerá a su condición de perdedor por escaso margen para dar un golpe de
Estado. Nada de abandonar, maldecir o no reconocer el triunfo ajeno. Cuando el
adversario triunfa hay que seguir trabajando hasta liberar la polis del asedio de sus
secuestradores, cada cual con los medios a su alcance, por eso hay que prepararse
mucho. Si la democracia numérica se vive como un derecho, con su otra cara se vive
como un deber, un deber que yo me impongo con alegría como la oportunidad de
construir un mundo más digno: por ejemplo, procurando que se tapen las alcantarillas a
las que le falta la tapa, (¡y las hay con verdadero peligro de muerte!), a fin de que no
puedan caer en ellas ciegos o cualquier otro viandante. Eso lleva molestias, tiempo, y
hasta dinero, claro está, pero existen extraordinarias posibilidades en la gente ordinaria.

La democracia directa y participativa: poder popular

Responsabilidad
La individualización de los deberes en un sistema democrático requiere un
notable esfuerzo de responsabilidad personal, que no puede subrogarse: nadie puede
suplirme ni obrar por mí. Muchos criminales sociales surgen de la omisión, de la
pasividad y de la ausencia irresponsable de cada uno de nosotros los supuestamente no
criminales, pues los que sí han demostrado serlo, en estas circunstancias, creen que no
caerán en manos de la justicia; que si caen, no los declararán culpables; que si esto
ocurre, la sentencia no será muy severa. Y lo peor es que a quienes no son criminales
sociales se les debe en gran parte que aquellos piensen como piensan.

Autonomía y autoorganización
El ser humano es capaz de darse a sí mismo sus propias leyes: ¿cómo nos
organizamos para posibilitar conductas participativas en órganos autónomos
municipales (empresas, patronatos, equipamientos...), cómo potenciamos la formación,
el asesoramiento y el apoyo a las asociaciones (participación de representantes
ciudadanos en las comisiones informativas municipales, referendos de iniciativa
popular...), cómo participamos en la organización, desarrollo, seguimiento, elaboración
de reglamentos, etc?
De la autonomía brota la isonomía o igualdad ante la ley. Reconocer la igualdad
del otro no es uniformizar a todos, sino verlos como idénticamente iguales en ser
idénticamente distintos, La democracia participativa se convierte en fuente de felicidad
debido a la autoestima sobreañadida que tal actuación conlleva, y a la estima ajena,
deviniendo así una forma de vida en sí misma valiosa.
3.3. LOS OBSTÁCULOS PARA LA DEMOCRACIA

Los tres enemigos del pluralismo democrático

El fideísmo o confesionalismo,
Afirma que si alguien no cree expresamente en Dios no puede profesar moral
alguna. Y así “cuando un creyente está convencido de que ‘si Dios no existe todo está
permitido’, de que sólo él tiene razones para apoyar la dignidad de la persona y, por tanto,
de que sus interlocutores no creyentes son incapaces de fundamentar sus argumentos
morales en el discurso de la dignidad humana, está equivocado de raíz: ‘Yo estoy a favor
de la dignidad humana, a favor de una cultura de la vida, y usted está a favor de una cultura
de la muerte’. Porque el no creyente también está a favor de la dignidad humana, si no es
un cabeza rapada por dentro. Según esto, la tarea no estaría en entrar en estas otoñales
rebajas de la moral cívica y aguando el vino de la fe para que todos puedan beberlo sin
dolor de estómago.

El integrismo
El integrista dice: o estás totalmente de acuerdo con todos mis planteamientos, o
totalmente en contra de mí. Y como eso no se da, entonces adviene la confrontación
permanente, el andar a la greña perdidos en lo que enemista en lugar de buscar lo que une.

El laicismo
El laicista niega al creyente el derecho a tener cualquier opinión racional olvidando
que el creyente es miembro de la sociedad civil.

Pero la democracia cívica ha de ser una ética laica, aunque no laicista. Laica
porque para orientar el quehacer personal y comunitario no remite expresamente a Dios,
pero tampoco lo niega expresamente, reconociendo la existencia de unos valores mínimos
comunes a todos los humanos, creyentes o no, compartiéndolos en un pluralismo no
impositivo sino dialogado y argumentado, aunque los unos defiendan el origen meramente
humano de dichos valores asegurando que -si Dios existe- los querrá porque son valores
(como asegura el Eutifrón de Platón) y otros por el contrario que son valores porque Dios
los quiere. Así que hay que ir más allá del laicismo y del confesionalismo, pues no cabe
competencia alguna entre las religiones y la ética cívica, como se empeñan en mantener
laicistas por un lado y confesionalistas por otro, que entienden las relaciones humanas
como juegos de suma cero donde lo que gana el uno lo pierde el otro. Es éste, por el
contrario, un ‘juego’ en el que todos pueden cooperar potenciando los mínimos ya
compartidos, para que ‘ganemos’ los humanos en el camino de la justicia y la liberación.
Lo cual no significa que quienes tengan propuestas de máximos las silencien, sino todo lo
contrario: que sigan haciéndolas, pero no desde la imposición, sino desde el lugar
apropiado para ofrecer el amor, que es el diálogo y la vivencia personal. Porque, así como
la universalidad de los mínimos de justicia es una universalidad exigible, la de los
máximos de felicidad es una universalidad ofertable.
“Nada de lo moralmente exigible en los mensajes de las grandes religiones, añade
Adela Cortina, puede indigestar a cualquier no creyente que se encuentre en la etapa
posconvencional en el desarrollo de su conciencia moral, es decir, sabiendo distinguir entre
las normas convencionales de la sociedad y los principios morales universalistas, como
puedan ser el kantiano (obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona
como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca como un
simple medio), los principios supremos utilizados por actuales pragmatistas americanos
(todos los hombres merecen igual consideración y respeto), o el principio de la ética
dialógica (una norma sólo será correcta si todos los afectados por ella están dispuestos a
darle su consentimiento tras un diálogo celebrado en condiciones de simetría). Qué puede
decirle un creyente -me pregunto- a quien afirma que los hombres son fines en sí mismos,
que merecen un trato igual, y que nadie puede decidir sobre ellos sin consultarlos, que
pueda resultarle un vino intragable por fuerte. Todos han aceptado ya, como una gran
conquista el reconocimiento de la dignidad de los hombres, y con sus formulaciones se
proponen concretarla: han de ser tratados de modo igual, por decirlo con los pragmatistas;
han de ser consultados cuando se toman decisiones que los afectan y tenidos en cuenta de
un modo significativo, si queremos decirlo con la ética del discurso. Un creyente se
encuentra en casa en una ética cívica que defiende la libertad, la igualdad, la solidaridad,
los derechos humanos de las tres generaciones y una actitud de diálogo; solo que, desde su
experiencia religiosa, son éstos los mínimos que él quiere asegurar desde los máximos:
desde su vivencia de la paternidad de Dios y de la fraternidad de los hombres”.

La dictadura
No hay dictadura buena. La democracia es ese sistema político en el que, como
dijera Churchill, cuando alguien llama a la puerta de la calle a las seis de la mañana, se
sabe que es el lechero. Y siempre es mejor encontrarse con el lechero que con un
encapuchado armado. ¿Sólo eso? La democracia perfecta sería una sociedad de ángeles
donde todos para uno y uno para todos formasen una grande y bien avenida familia; sin
embargo, la democracia formal, aquella en donde el Estado sirve a los intereses de los
más poderosos, es el peor régimen... ¡excluidos los demás!. ¿Nada más? La democracia
no es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro, sino un método de convivencia
civilizada, el menos malo de los regímenes que dista de ser el óptimo. Gobierno tiránico
es aquel donde el superior es vil, y los inferiores envilecidos; gobierno bueno, aquel que
hace felices a los gobernados, y atrae a los que viven lejos; el mejor gobierno aquel que
nos enseña a autogobernarnos; el gobierno óptimo, aquel que se hace superfluo. Se
puede estar más o menos críticamente en favor de la democracia, pero nunca fuera de
ella; lo óptimo sería convertir la democracia formal en democracia real.
Por desgracia, si no cabe esperar justicia donde reina la democracia formal,
menos aún donde existen dictaduras. Verdad es que la justicia sin la fuerza, y la fuerza
sin la justicia, constituyen dos grandes desgracias; sin embargo, los dictadores siempre
olvidan que gobernar es pactar, y que pactar no es ceder, sino saber rectificar. Ellos se
creen hombres incorruptibles, y hasta piensan que son como los billetes de banco de un
millón, que es difícil cambiarlos. Por eso no quieren enterarse de que los gobiernos son
velas; los pueblos, el viento; el Estado, la nave; el tiempo, el mar; y ellos, el lastre.
Ellos, los dictadores, fusilarían a quienes se atreviesen a decirles a la cara esta frase: una
papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil. Sin embargo, nunca se entra en un
corazón por la fuerza, nadie puede ser llamado señor de otro por fuerza, tirano sí; por la
fuerza un rey puede hacer un noble, pero no un caballero. La fuerza tiránica sólo es
capaz de hacer esclavos en torno a sí, el tirano hace a los esclavos, y los esclavos que
aceptan su esclavitud hacen a los tiranos. Ese es el círculo letal de la dictadura, aquel
régimen en que la gente, en lugar de pensar, recita, y en lugar de caminar, repta
arrastrándose por los suelos. Sin embargo, el dictador está siempre amenazado, pues a
muchos ha de temer quien es temido por muchos.
Esto no impide que muchas veces también las democracias no sean más que
formas desgraciadas de política, es decir, conflictos de intereses disfrazados de lucha de
principios. Las malas políticas que hacen los malos políticos sólo piensan en la próxima
elección, pero si fueran estadistas deberían trabajar para la próxima generación; ellos
parecen tener la cabeza en el corazón, mientras que los estadistas han de tener el
corazón en la cabeza. pues ¿cómo acertará a gobernar a los demás aquél político que no
sabe gobernarse a sí mismo?, ¿no sería el mejor gobierno el que nos enseñara a
gobernarnos a nosotros mismos, es decir, aquel que se hace superfluo? Si un pueblo
tiene el gobierno que merece, ¿cuándo merecerá no tener ninguno? La mala política
falta a la razón de ser de la democracia, que es la ejemplaridad. Desde ese punto de vista
resultarían denunciables:

La partitocracia o prepotencia de los grupos parlamentarios


Según los partidos se van consolidando y adquiriendo preponderancia social y
representativa, la necesidad de mostrar una imagen de unidad interna y la de codearse
con las elites de las organizaciones públicas y privadas, son factores que inciden en la
tendencia a la burocratización de los grupos parlamentarios. Pese a ello, cuanto más
poder gana el partido tanto menos la mayoría de sus propios miembros, los cuales, como
simples diputaditos de a pie, se limitan a obedecer la orden de su speaker o portavoz, de
suerte que al final, tras tanto ruido electoral, los ilustres representantes de la nación se
pasan la vida apretando el botón según órdenes superiores e indiscutibles: son los
célebres diputados-llave, así denominados porque manejan la llave del tablero
electrónico donde aparece reflejado su voto, y eso es casi todo lo que hacen a lo largo de
su carrera parlamentaria. Con frecuencia se afirma que la política es: el arte de: obtener
dinero de los ricos y votos de los pobres para proteger a unos de otros; servirse de los
hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos; hacer marchar del brazo la verdad y
la mentira de modo que quienes la vean no sepan cuál es la una y cuál es la otra; oprimir
al pueblo por el pueblo en interés del pueblo; hacer a los otros lo que no quisiéramos
que nos hicieran a nosotros; no tratar de hacer felices a los hombres, sino de depravarlos
para oprimirlos; en definitiva, que si el arte de la guerra es el de destruir a los hombres,
el de la política sería el de engañarlos.

Privilegios y deshonestidades
Los legisladores se confieren a sí mismos prebendas superiores, privilegios,
regalos, etc. Resulta execrable la pretensión de impunidad política de los gobernantes.
Las campañas y propagandas electorales sin escrúpulos, el recurso a los más
difamadores insultos, la consideración de la política como un mercado, suelen dar lugar
a un tipo de actuación partidista atrapalotodo (catch-all-party) que pone en tela de
juicio la fecundidad de los partidos.

Contaminación de lo público con lo privado


Las oligarquías plutocráticas (el gobierno de unos pocos enriquecidos) imponen
condiciones para el establecimiento de sus capitales en tal o cual país por ellas elegido,
de suerte que, si no obtienen privilegios desorbitados, amenazan con irse a otros países,
lo que con frecuencia fuerza a claudicar a los Estados más pobres ante los más ricos.
Por eso los gestores de la cosa pública y los empresarios privados pactan directamente
trato de favor y todo tipo de exenciones a los inversores con gran poder económico, por
ejemplo cuando dos bancos desean fusionarse exponen primero sus intenciones al
Ministerio de Economía y Hacienda y pactan con él las condiciones de la fusión
proyectada, obteniendo asombrosas ventajas fiscales, por otra parte nunca del todo
conocidas por el común, mientras a los ciudadanos corrientes se les fríe a impuestos.
Infidelidad al votante
La tendencia a la conquista de un espacio electoral más amplio ha flexibilizado
la posibilidad de llegar a acuerdos postelectorales entre distintos partidos, al tiempo que
ha disminuido buena parte de los aspectos más supuestamente radicales o innegociables
de los programas respectivos, produciéndose después de las elecciones coaliciones que
en sí mismas constituirían un delito contra la lógica, transfuguismos (¿cómo se permite
la fuga de un diputado a otro partido si no recibió los votos para ello?, ¿a quién
pertenece entonces el acta de diputado, al votante o al votado?, ¿quién controla al
votado?), etc

Descontrol de los supuestos controladores


Brilla por su ausencia el control de los medios de financiación de los partidos
políticos, después de haber procurado el poder ejecutivo -el gobierno- invadir el poder
judicial saltándose a la torera la separación de poderes recomendada por Montesquieu
como la base de todo Estado de derecho. Ahora bien, ¿quién controlará a los
controladores?

Desmoralización pública por agravio comparativo


Se agiganta la irresponsabilidad financiera y la prepotencia y corrupción de los
funcionarios, con su correspondiente impacto en la desmoralización pública. Se
escamotean y burlan con espesas redes y tramas los controles fiscales defraudando
comparativamente a los contribuyentes pequeños.

Judicialización de la vida parlamentaria


En última instancia se sienta en el banquillo de los acusados un día sí y otro
también, cuyo inalterable ritmo se manifiesta como sigue: Surge el escándalo. Le sigue
una reacción autodefensiva: todo es una campaña de acoso. Viene a continuación el
turno de las comisiones investigadoras, de las que no se saca nada en claro, con olvido
del escándalo. Y vuelta a empezar. A su vez, todo esto corresponde a lo siguiente: Lo
ocurrido tiene carácter excepcional e infrecuente cuando el nuevo gobierno llega al
poder. Más tarde comienza a convertirse en zona franca, permisiva, aliviadero de
tensiones. En adelante pasa a ser razón de ser del gobierno, que necesita defenderse a sí
mismo. A partir de ahora, y no habiendo mejor defensa que un buen ataque, pasa de
nuevo a la acción deviniendo elemento multiplicador de violencia (bandas
parapoliciales, fondos para pagar cómplices, etc). Y vuelta a empezar con la próxima
legislatura, aunque sean los mismos quienes detenten el mismo poder. De lo cual resulta
la distribución por unos pocos de los fondos reservados (fondos con doble fondo,
fondos para pagar pistoleros y terroristas de Estado, fondos para premiar corruptelas)
que deberían ser los primeros en volverse transparentes, pues de lo contrario las zonas
de opacidad del Estado serán cada vez mayores mientras crece la impotencia y el
sentimiento de encontrarse mal tratadas entre las masas populares, cuyas cuentas por
contrapartida se quieren absolutamente limpias, claras y transparentes. De ahí la
permanente situación de desconfianza y de sospecha.

El círculo vicioso: a gobierno corruptor, pueblo corrompido-corruptor: “la


corrupción somos todos”
¿Son malos los gobiernos porque han sido elegidos por malos electores, o son
malos los electores porque han elegido malos gobiernos? Quizá lo uno y lo otro.
Tomemos como referente a México: presidencialismo; paternalismo; mesianismo
sexenal; centralismo exagerado; servilismo ante los poderosos; resignación y
conformismo; ritualismo en los aniversarios oficiales y en los informes de gobernadores
y presidentes; pactos y prevaricaciones de alto nivel con poderes trasnacionales a
espaldas del pueblo; conductas complacientes y alcahuetas de los sindicatos que, una
vez impuestos -porque la afiliación no es libre- protegen tanto al obrero que fomentan
su indisciplina e irresponsabilidad; influyentismo (demasiadas credenciales, demasiadas
placas especiales y recomendaciones); antesalas a que los funcionarios someten a los
demás para darse importancia; trasgresiones de los reglamentos (“más vale pedir perdón
que pedir permiso”); continuas violaciones de la Constitución (“la gran prostituta de la
República”); el fenómeno del “tapado” (el nuevo gobernante sale misteriosamente de un
cónclave de amigos supuestamente sacralizados); la extorsión del juez que vende la
justicia; la prepotencia policíaca y su exigencia de “propinas” antes de aclarar un delito;
las “comisiones” de los contratistas a los funcionarios; los embutes a los medios de
comunicación; el peculado o sustracción ilícita de fondos públicos por parte de quienes
los manejan; la burocracia que se come el presupuesto, etc. Ahí están los fraudes
fiscales, los “aviadores” que cobran sueldo sin trabajar, el soborno, la extorsión, la grilla
sucia (patadas debajo de las mesas), la colusión del funcionario con el patrón en agravio
de los obreros, el coyotaje, la explotación del trabajador de niveles inferiores, la
demagogia, los líderes charros, la fayuca o contrabando, los fraudes al fisco, los
mordelones de tránsito, la fanfarronería (ser echador, presumir de lo que no se tiene,
querer apantallar), la impuntualidad, el miedo a decir no, la envidia (enanismo de quien
busca todos los recursos para atacar a quien sobresale de la común mediocridad), el
despilfarro (“yo pago la cena a todos”), el chambismo (búsqueda de “un puestito” sin
pena ni gloria), el incumplimiento laboral de todos los días. Resultado: La corrupción
generalizada es un problema cultural, tanto que para muchos no llega a ser problema
moral: al dar sobornos se sienten víctimas de la corrupción en lugar de contribuyentes a
ella, y ni les pasa por la cabeza que son corruptos. Echan la culpa al sistema y se lavan
las manos. Dejamos fuera de estas consideraciones los asaltos, los secuestros, los
asesinatos políticos, el narcotráfico.

Baja autoestima, fatalismo, disimulo...


Cuenta Octavio Paz que, en cierta ocasión, trabajando en su estudio, oyó de pronto
un ruido y preguntó: “¿Quién es?”. La criada respondió: “No es nadie, señor; soy yo”. Ni
los individuos ni los pueblos pueden tener aprecio por sí mismos cuando se saben
corruptos. La corrupción acarrea la drástica debilitación de la autoestima, es su expresión
más sutil. Supone la conciencia de ser gente vulgar, incumplida y delincuente; y supone
también la convicción de ser incapaz de ganarse la vida y resolver los problemas con las
armas limpias de las capacidades profesionales y de las habilidades negociadoras. Lo
extranjero es mejor, el colonialismo, el refugio en formas convencionales sin atreverse a
innovar, el no involucrarse a fondo, la carencia de ideas propias, las rutinas ciegas que
nadie cuestiona, las quejas interminables del gobierno mientras no se acude a votar para
echarle, ni siquiera a participar en la junta de vecinos, la sumisa manipulación de los
trabajadores por los cabecillas sindicales, etc. Hasta el abuso de diminutivos es un claro
signo de baja autoestima, por lo cual forman parte importante del lenguaje del mexicano.
Los hay de cariño, pero también los hay que nos rebajan (“estoy juntando unos
centavitos”), no faltando los despectivos (“tengo un changarrito de refacciones”, “voy a
recoger mi carcacha en el estacionamiento”, “me conseguí una chamba”). De todo esto
surgen actitudes fatalistas, que se traducen en refranes tan pesimistas como: Al que nace
para tamal del cielo le caen las hojas. Cuando el pobre tiene medio para carne, es
vigilia. El que ha de morir a oscuras, aunque muera en velería. Unos nacen con estrella
y otros nacen estrellados. El que nace para maceta no pasa del corredor. Que te
mantenga el gobierno...
Disimulando: es la mexicana una sociedad de dos caras: en la retórica oficial, la
democracia; en la realidad la dedocracia, así llamada humorísticamente por el pueblo
(aludiendo al dedazo en la designación de puestos). En los emblemas de gobierno, la
Revolución, con mayúsculas; pero una revolución congelada. En el discurso político,
interés prioritario por el campo y por los campesinos; en la vida real son ellos los
olvidados. Y, si pasamos al ámbito individual, allí también campea el doblez, por eso
oímos a cada paso: ‘Me hice la disimulada’, ‘me hice la desentendida’. Los ciudadanos
muestran más preocupación por tener un buen coche que una buena casa. Otro síntoma
del disimulo: el camaleonismo político; la mayoría, no sólo de funcionarios y
burócratas, sino también de empresarios, van tomando el color del grupo en el poder.
Quizá por ello André Bretón definiera a México como país surrealista, aunque sin
necesidad de demasiadas reflexiones bien pronto se cae en la cuenta de que el
surrealismo es la filosofía política de la mayoría de los países..
Un pueblo no puede salir adelante con bien si se empeña en todo esto. Debe
desincentivar la política profesional poniendo un límite a la renovación de los
mandatos, empezando por el Presidente del Gobierno. Debe impulsar un sistema sólido
de incompatibilidades que incluya también a los cargos de confianza. Debe arbitrar
medidas que impidan que, una vez terminado su mandato, los parlamentarios, ministros
y otros altos cargos puedan ocupar inmediatamente lugares de importancia en la vida
pública, ya sea en el sector público o en el privado (banca, televisión, grandes
empresas). Debe revisar el sistema de atribución de sueldo a los parlamentarios, pues
constituye un pésimo ejemplo para los ciudadanos que en una sociedad donde el trabajo
es retribuido según las leyes del mercado, los parlamentarios sean el único estamento
que se asigna a sí mismo el sueldo. Y sobre todo debe ejemplarizar.
Por desgracia, las críticas desafortunadas o hipócritas contra los políticos
abundan; con frecuencia tenemos mucha vista para perseguir la mala política de quienes
dirigen la cosa pública, pero hacemos vista gorda cuando nosotros mismos adoptamos
pautas de conducta que a la larga van a redundar negativamente en la sociedad. En
efecto, cuando tal ciudadano enfatiza que pagará sus impuestos después de que todo el
mundo los pague, y solo entonces: ¿acaso no está buscando una coartada para no pagar
él mismo, aferrándose al mal ejemplo que sin duda algunos manifestarán? Mas ¿por qué
cuando se trata de reivindicar nuestros derechos corremos a protestar sin esperar a que
lo hagan los otros?, ¿por qué ese otro se queja indignado ante cualquier fallo de los
parlamentarios, pero practica la filosofía del “me engañarán en el sueldo, pero en el
trabajo les engaño yo a ellos”? Y ¿qué pasa cuando este otro grita contra el despilfarro y
la malversación de fondos públicos, pero despilfarra en su casa agua, luz, etc, aunque la
sequía resulte alarmante? ¡Qué “tolerantes” con nosotros mismos, y qué intolerantes con
los demás!¡La política no se rige por la ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho
para ellos!
ACTIVIDADES

1. Texto para comentar

“Los derechos humanos fundamentales son garantía de una esfera de libertad del
hombre y cauce para la participación social y política. En ese sentido, y a diferencia de
otros derechos subjetivos, son inalienables, imprescriptibles, inembargables,
irrenunciables e intransmisibles. Si entendemos esta garantía de la autonomía del
hombre en un sentido pasivo, representan un ámbito donde ni el Estado, ni los grupos
sociales, ni los demás hombres pueden entrar. Todos tienen obligación de respetarlo. Si
lo entendemos en un sentido activo, es el presupuesto necesario para una participación
auténtica de los ciudadanos. Sin autonomía y sin respeto a los derechos fundamentales,
la participación activa del hombre en la vida pública está viciada de raíz, es imposible.
Los derechos humanos fundamentales son límite del poder político. De ahí la
fundamentación personalista y humanista, de la doctrina de los derechos humanos.
Representan el intento de cristalización jurídica de la afirmación de que el hombre
trasciende al Estado, que no se agota en él ni en la sociedad, aunque necesite de ambos
para su desarrollo. Impiden el totalitarismo, la disolución del individuo en la
colectividad” (Gregorio Peces Barba: Derechos fundamentales).

2. Glosario Básico

Contrato social: Por él no pierde el hombre sus derechos, sino que por la ley comienza a
obedecerse a sí mismo en la medida en que uno mismo otorga su asentimiento a la
comunidad.
Democracia: poder popular
Disidencia: Divergencia dentro del consenso o acuerdo.
Estado interventor: Debería velar porla por la libertad de todos garantizando la
solidaridad y protege las libertades de cada uno dentro de la sociedad
Fundamentalismo: Actitud intolerante que se niega a reconocer el carácter plural de la
democracia.
Integrismo: O estás totalmente de acuerdo con todos mis planteamientos, o totalmente en
contra de mí.
Laicismo: El laicista niega al creyente el derecho a tener cualquier opinión racional
olvidando que el creyente es miembro de la sociedad civil..
Laico: Plural, dialogante.
Partitocracia: Prepotencia de los grupos parlamentarios
Persona: Fin en sí misma, no puede ser usada meramente como medio.

3. Actividades

- Elaborar un mapa conceptual a partir de la exposición.


- Leer biografías de personas que han contribuido con sus vidas a ennoblecer a la
humanidad: Gandhi, Martín Luther King, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, etc.
- Escenificar el siguiente texto: Cierto mexicano fue enviado por su partido en el poder
a presentarse como candidato a diputado a su Estado natal. Joven e inexperto, se lanzó a
hacer su campaña con todo entusiasmo. La noche de las elecciones esperaba en su hotel
los resultados, cuando se presentó un funcionario electoral a preguntarle: “Licenciado,
¿con qué porcentaje de votos quiere ganar?”. Otra vez, cuando un político terminó su
gestión, se encontró con un viejo amigo que le preguntó: “¿Fuiste honesto en el
ejercicio del poder?” “Bueno... honesto no, pero honesto sí”. En cierto mitin electoral
era tal el número de acarreados llevados en autobús para hacer masa, que los
funcionarios del partido, temiendo que se pudieran volver a sus casas, les regalaban un
par de zapatos a cada campesino que llegaba al recinto; lo asombroso fue que un zapato
se lo daban al inicio del mitin, y el otro al final. (Gerardo Mendive: Cotidianerías. Ed.
de autor, México, 2002).
- Exponer en grupo los principios y valores de la democracia según el artículo 3º
Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
- Dibujar un mapa del mundo señalando el estado actual de la democracia y de los
derechos humanos.
- Dibujar un mapa del mundo señalando el estado actual de los conflictos bélicos, y
luego relacionarlo con el mapa anterior.
- Exponer en grupo algunas prácticas antidemocráticas y de violación de derechos
humanos de los jóvenes y los niños.
- Buscar en la prensa más importante de la última semana ejemplos y
contraejemplos de actitudes y prácticas democráticas.

4. Para la reflexión y el diálogo

- De las dificultades señaladas en este libro para lograr una democracia más sana,
¿cuáles son las más importantes en México? Ejercicio por equipos: cada alumno sale a
la pizarra y las ordena de mayor a menor.
- ¿Cuál es el límite de la tolerancia? ¿Hasta dónde estarías tú dispuesto a tolerar?
¿Puedes poner ejemplos concretos?
- ¿Se debe tolerar sin límite la entrada de todos los extranjeros que deseen llegar a
trabajar a México?
- ¿Crees que la tolerancia exige indiferencia cuando son maltratados los bienes
públicos? ¿Qué harías tú, o qué has hecho?
- ¿Por qué crees que existe un incremento del vandalismo en el fútbol? ¿Qué habría que
hacer para frenarlo?
- ¿Piensas que con los chicos se debe tener más tolerancia que con las chicas? ¿No sería
eso una prueba de trato desigual, y por lo tanto de injusticia?

5.Comenta las frases siguientes:

- “Para que no se pueda abusar del poder es preciso que el poder frene al poder. Cuando
el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona o grupo, no hay
libertad. Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del
ejecutivo” (Montesquieu: El espíritu de las leyes). ¿Crees que Montesquieu se
equivocaba?
-.”La religión natural defiende el conocimiento de todos nuestros deberes como
mandatos divinos” (Kant: La religión dentro de los límites de la mera razón). ¿Qué
piensas de esta posición que subordina la religión a la ley moral? ¿No puede ser a la
inversa, es decir, que la moral se subordine a la religión? ¿O no deben subordinarse
entre sí?
- “El derecho es el nombre que la ley invoca cada vez que quiere vampirizar a los
indefensos, y finalmente el Estado mismo no es sino la cúspide de esa pirámide de
sacrificios” (Max Stirner: El único y su propiedad). ¿Es cierto que el Estado castiga a
los pobres con el Derecho penal, y beneficia a los ricos con el Derecho civil?
- “Cuando los Estados pretenden confundir lo legal con lo moral, ¿no habrá que
recordar que si las leyes son inmorales, entonces la obligación de las personas decentes
será ir contra las leyes inmorales?” (Etienne de la Boetie: Discurso sobre la
servidumbre voluntaria). Debatir en grupo esta cuestión aportando ejemplos de leyes
inmorales que en conciencia pueden inducir a oponerse haciendo una “objeción de
conciencia”.

6. Bibliografía

Aranguren, J.L: Ética y política. Editorial Trotta, Madrid, 1995.


Cortina, Adela: La ética de la sociedad civil. Editorial Anaya, Madrid, 1994.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Declaración Universal de Derechos Humanos.
Díaz, Carlos: Sociedad, cultura y religión. III volúmenes. Editorial Santillana, Madrid,
2000.
Díaz, Carlos: Educar para una democracia moral. Editorial Castilla, Valladolid, 2000
Díaz, Carlos: Vocabulario de formación social. Editorial Edim, Valencia, 2000.
Rousseau, J.J: El contrato social. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2002
Garzón, E: Derecho, ética y política. Editorial Centro de Estudios Constitucionales.
Madrid, 1993.
Weil, S: Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social. Editorial
Piados, Barcelona, 1995

7. Hoja de apuntes personales

UNIDAD 4
MULTICULTURALISMO Y GLOBALIZACIÓN

DIBUJO

4.1. CULTURA, IDENTIDAD COLECTIVA, MULTICULTURALIDAD Y


GLOBALIZACIÓN

4.2. MÉXICO, NACIÓN PLURICULTURAL


4.2.1. Conocimiento y valoración de nuestra identidad
4.2.2. Formas de expresión cultural de grupos sociales mayoritarios y
minoritarios

4.3. MULTICULTURALISMO

4.3.1. Formas de dominación hegemónica de una cultura sobre otra:


colonización, explotación, racismo y discriminación
4.3.2. Valores de la convivencia y de la soberanía de los pueblos. La justicia
internacional y su relación con la paz

4.1. CULTURA, IDENTIDAD COLECTIVA, MULTICULTURALIDAD Y


GLOBALIZACIÓN

Aproximaciones a una noción de cultura

La cultura consiste exclusivamente en ideas


Para E. B. Tylor las ideas serían los átomos de la cultura, a partir de los cuales se
produciría cualquier movimiento corporal que a su vez se tradujese en producción
material de objetos. En la misma línea, para Kroeber y Kluckhohn la cultura consiste en
abstracciones de la conducta concreta, algo intangible que no puede ser directamente
aprehendido ni siquiera por los mismos individuos que participan en ella: uno puede ver
ciertas producciones, pero no ver una cultura, que es directamente inobservable. Por eso
la conducta la estudiarían los psicólogos y la cultura los antropólogos.
La cultura consiste en hacer cosas con las ideas
Antítesis de la postura anterior, la cultura consiste en hacer cosas, en tratar como
si fueran cosas u objetos a algo que en su realidad no se da con los caracteres tangibles y
materiales de los objetos físicos, como por ejemplo la bondad, la belleza, etc. Según
Leslie White21 la cultura consiste en todos aquellos modos de vida que dependen de la
simbolización y a los que consideramos en un contexto exterior a los agentes.
La cultura se expresa en un grupo
Según Franz Boas “la cultura es la totalidad de las reacciones y actividades
físicas y mentales que caracterizan la conducta de los individuos que componen el
grupo”. Se necesitan dos o más para hacer cultura; cualquier elemento de conducta de
un individuo aislado no puede ser considerado como parte de la cultura de una sociedad;
en consecuencia, una técnica de tejer cestas conocida por un solo individuo no podrá ser
calificada como parte de una cultura. El hecho cultural comienza a producirse cuando el
interés individual se transforma en sistema público, general y transferible de esfuerzo
organizado.
La cultura es la herencia social
Según Bronislaw Malinowski, “la herencia social es el concepto clave de la
antropología cultural. La palabra cultura se utiliza a veces como sinónimo de
civilización, pero es mejor reservar este último término para un aspecto parcial de las
culturas más avanzadas. La cultura incluye los artefactos, bienes, técnicas, ideas, hábitos
y valores adquiridos”.
La cultura es lo que hacen las personas
Como ha dicho Malinowski, la cultura es una realidad que ha aparecido para
satisfacer las necesidades humanas que sobrepasan la adaptación al medio ambiente. La
cultura capacita al ser humano con una ampliación adicional de su aparato anatómico,
con una coraza protectora de defensas y seguridades, con movilidad y velocidad más
allá de los medios de su equipo corporal concreto. La cultura, la creación acumulativa
del hombre, amplía el campo de la eficacia individual y el poder de su acción, y
proporciona una profundidad de pensamiento y una amplitud de visión con las que no
pudo soñar ninguna especie animal. La fuente de todo esto consiste en el carácter
acumulativo de los logros individuales y en el poder de participar en el trabajo común.
De este modo la cultura transforma a los individuos en grupos organizados y les
proporciona continuidad.

Diez caracteres identitarios o identificadores de una cultura humana

a. Imperativo de la naturalidad
El saber sobre la naturaleza debe ser vivido desde el respeto a la naturaleza, de
forma que el vivir en el saber sea también un saber en el vivir, y ambos un saber vivir.
b. Imperativo de la difusividad
La cultura permite al hombre potencia en él el sentimiento de la solidaridad
haciéndole sentir continuador de la obra de los antepasados, y espera que los sucesores
harán lo propio. Ello hará que frente a la injusticia proteste y luche.
c. Imperativo de la universalidad
Para quien vive en profundidad todas las culturas forman parte de una cultura
común, hay una universalidad intercultural, en cierto sentido un difusionismo universal
dentro de la pluralidad. Cuando esto no existe sólo queda relativismo.
d. Imperativo de la felicidad
“Una cultura contra la cual pueda lanzarse el gran argumento de que no nos hace
21
Kahn, J. S: El concepto de cultura. Editorial Anagrama, Barcelona, 1975.
felices es una cultura incompleta”22. Esto no impide que el entendimiento alumbre como
las velas, derramando lágrimas, que quien añade ciencia añada también cansancio, y que
la obra del genio contenga noventa y nueve por ciento de transpiración y uno por ciento
de inspiración.
e. Imperativo de la radicalidad
Porque en última instancia la raíz de toda cultura es el sujeto, la cultura no es un
sector, sino una función global de la vida personal.
f. Imperativo de la dinamicidad
La cultura es un proceso interminable durante el caminar de la vida.
g. Imperativo de la deportividad
No es posible ganar todas las carreras en la lucha contra la ignorancia; se sale a
jugar sabiendo que la victoria está en la adecuada participación.
h. Imperativo de la humanización
La cultura se reconoce por su capacidad de establecer vínculos. Una cultura que
enemista sólo por un error inmenso que nos delata ha podido ser tenida alguna vez por
cultura.
i. Imperativo de la modestia
La cultura nos pone en la verdadera dimensión: sabemos que no sabemos; al
final de la jornada gloriosa ¿qué otra cosa que pobres ignorantes podemos
considerarnos, teniendo el inmenso cielo estrellado encima de nuestra cabeza?
j. Imperativo de la trascendencia
La cultura no puede cerrarnos, antes al contrario continuamente nos invita a
participar en la aventura de lo uno, de lo verdadero, de lo bueno, de lo bello: de lo
eterno.

4.2. MÉXICO, NACIÓN PLURICULTURAL

4.2.1. Conocimiento y valoración de nuestra identidad

Multinacionalidad
En México, como en el resto de las sociedades modernas, no sólo las noticias van y
vienen con velocidad, también los pueblos se trasladan, con frecuencia acuciados por el
hambre: ellos mismos son noticia, pues dan a conocer aquello de lo que las cámaras no
suelen informar. Los fenómenos migratorios se agudizan, acentuándose con ellos la
inevitable y no siempre fácil coexistencia de pueblos y gentes de todas las latitudes, el
multiculturalismo: muchas gentes de distintas convicciones, religiones, etnias, etc,
conviviendo entre sí. Dentro de él suele distinguirse entre multinacionalidad (convivencia
en un mismo país de grupos sociales pertenecientes a naciones diferentes) y polietnicidad
(convivencia de individuos y familias pertenecientes a etnias diferentes).
Nación (o pueblo, o país, o raza e el sentido usado por los mexicanos) es el
conjunto de individuos que se sienten miembros de un colectivo por tener o haber tenido
en común un territorio, una historia, una lengua y una cultura. Y, dado que muchos de los
actuales pueblos no ha surgido en torno a una cultura nacional, sino en torno a la de varias
nacionalidades anteriores, los grupos nacionalistas acentúan su identidad frente al gobierno
22
Ortega y Gasset, J: Ensayos de crítica. Editorial Revista de Occidente, Tomo II. Madrid, 1979, p. 89
central. Cuando los grupos nacionalistas quieren recuperar, no sólo su propia cultura, sino
además la autonomía de sus propios órganos de gobierno, e incluso pretenden alcanzar la
independencia o la secesión, entonces surgen serios problemas en la convivencia, a veces
también guerras más o menos interminables. Pero otras veces las diferentes nacionalidades
han llegado a un consenso sin renunciar a sus diferencias, conviviendo con un sentimiento
de común pertenencia a la unidad nacional, como es el caso en los Estados Unidos de
Norteamérica o de Suiza, confederados.
El nacionalismo nos recuerda que lo pequeño es hermoso, y siempre es bueno tener
unas raíces con las que enraizar, tu rinconcito, tu patria, así que pobre del desarraigado sin
nexos de identidad, del errabundo apátrida y desnacionalizado. Además, quien no sabe
defender lo pequeño tampoco sabrá defender lo grande. Pero, a su vez, el nacionalismo
excluyente es negativo, y con frecuencia las ambiciones nacionalistas impiden el
establecimiento de un orden universal. Por lo demás, la desembocadura más turbia del
nacionalismo es el nacional-socialismo o nazismo.
Polietnicidad
La polietnicidad se produce con la llegada a un territorio de individuos y familias
pertenecientes a etnias diferentes.
México es uno de los países del mundo privilegiados por su polietnicidad. Cuando
el país se constituyó como tal ya había en él muchas etnias incluidas. Lenguas indígenas
que se hablan todavía en México, pese a su creciente disminución, son las siguientes:
1.Cucapa; 2.Paipai; 3.Kiliwia; 4.Seri; 5.Guajiro; 6.Tarahumara; 7.Kikapo; 8.Kame;
9.Kora; 10.Mayo; 11.Chichimeca; 12.Cucupan; 13.Purepecha; 14.Chontal; 15.Popoluca;
16.Mazahua; 17.Matlaltzinca; 18.Ocuilteco; 19.Chol; 20.Tlalpaneco; 21.Tzotzil;
22.Mixteco; 23.Txetzal; 24.Amuzgo; 25.Lacandón; 26.Tojobal; 27.Triqui; 28.Cochimi;
29.Kumiai; 30.Nmocho; 31.Papago; 32.Yaqui; 33.Hñahñú; 34.Pima; 35.Tehuano;
36.Nahuátl; 37.Huasteco; 38.Huichol; 39.Tepehua; 40.Totonaco; 41.Popoloca; 42.Maya;
43.Zoque; 44.Kanjobal; 45.Huave; 46.Mame; 47.Kakchiquel; 48.Zapoteco; 49.Chocolteco;
50.Chatino; 51.Mixe; 52.Mazateco; 53.Cuicateco; 54.Cinanteco; 55.Hñohño; 56.Tenek.
En México por una parte se está orgulloso de esta enorme riqueza, pero por otra
parte los pueblos indígenas anteriores a la llegada de los españoles se encuentran
demasiado marginados. Este esperpento resulta muy chocante cuando los profesores
universitarios teóricamente se manifiestan como los grandes paladines defensores de los
autóctonos, y en sus propios domicilios retribuyen con un salario de miseria a los sirvientes
indígenas. Semejante incoherencia debe de terminar, pues resulta un espectáculo
bochornoso.
Cuando los grupos étnicos persiguen la reforma de las instituciones lo hacen tan
sólo para dar cabida a su propia cultura, pero siempre dentro del ordenamiento político y
jurídico del país receptor, y utilizando la lengua de dicho país. En los países poliétnicos, las
minorías no aspiran a convertirse en nación separada, pues los grupos inmigrantes no son
naciones, y su identidad y diferencialidad se manifiesta en el cultivo de las tradiciones
familiares, en sus costumbres y en sus creencias, todo lo cual puede resultar compatible (si
no va contra la ley) con su integración institucional en el país que les recibe. La finalidad
de quienes buscan el reconocimiento de los derechos poliétnicos no es garantizar el
autogobierno de grupos nacionales, sino evitar las discriminaciones de unas etnias sobre
otras, y propiciar la integración de los grupos de inmigrantes.
Con frecuencia la lengua materna del inmigrante se usa en la casa, pero se va
atrofiando hasta que desaparece a la tercera generación; el desarraigo respecto de la cultura
de origen es progresivo, por lo que rara vez plantean los inmigrantes reivindicaciones
como el derecho a emplear su lengua nativa, o el autogobierno, limitándose a solicitar
mayores cotas de poder y reconocimiento en el país de acogida. Esto no impide que lleven
a cabo variadas acciones reivindicativas: acciones compensatorias, petición de
subvenciones para la realización de actividades que permitan el mantenimiento,
divulgación y desarrollo de su cultura minoritaria, reclamaciones religiosas (por ejemplo:
los judíos y musulmanes residentes en países europeos demandan el derecho a no cerrar
sus comercios los domingos), etc.

4.2.2. Formas de expresión cultural de grupos sociales mayoritarios y minoritarios

A la ética le resulta irrenunciable el sueño de alcanzar un patrimonio social e


histórico común al pluralismo de las opciones y proyectos éticos de la humanidad, por
eso apoya la comunicación, el diálogo (frente a la intransigencia), la persuasión (frente a
la imposición fanática), la aculturación (frente al provincianismo), la identidad (frente al
avasallamiento) e intenta sumar y no restar, detectar cuáles son nuestros valores
comunes y compartidos por creyentes y no creyentes, a fin de construir una ética cívica
donde se supere aquella intolerancia recíproca que a veces manifestamos, a pesar de que
nuestra experiencia cotidiana nos vaya enseñando que la honradez, la bondad, la
responsabilidad, el amor a los demás y otras muchas virtudes y valores humanos no son
patrimonio exclusivo de nadie; más aún, la misma experiencia nos enseña que a veces
quienes tienen otras creencias religiosas, o ni siquiera las tienen, nos dan lecciones de
rectitud, compromiso ético, defensa de los valores humanos, etc. El pluralismo ha
llegado a ser, en consecuencia, tan inevitable, y probablemente tan positivo, que ni
siquiera en el interior de las iglesias existe monismo; tan es así, que a veces el
entendimiento parece más fácil en ciertos aspectos con los situados fuera de la propia
Iglesia, que con quienes están dentro: el reto del pluralismo es una realidad
insoslayable.
Así pues, precisamente el pluralismo es posible en una sociedad cuando sus
miembros, a pesar de sus ideales distintos, demuestran tener en común unos mínimos
morales que les parecen innegociables y a los que han ido llegando libremente y no por
imposición, mínimos morales desde los que resulta posible construir juntos una
sociedad más justa. Pues bien, en esa ciudad pluralista los valores compartidos son los
de la autonomía individual y de la democracia: el valor intocable de cada persona
humana, su dignidad, los derechos humanos, la libertad, la igualdad, la solidaridad, que
se han ido descubriendo desde la mezcla de razón y fe en una sociedad que, como la
europea, tiene innegables raíces cristianas. Y aunque en la práctica ocurra que todo eso
sea continuamente violado, ello no nos exime de la obligación de seguir trabajando en
su favor, siquiera sea a través de la crítica de lo que hay.
Desde esta perspectiva es desde la cual las grandes religiones de la humanidad
han manifestado también su reconocimiento de un mínimo moral común a toda la
humanidad (compuesta por creyentes y por no creyentes) en su Declaración en Pro de
una Ética Mundial (Chicago, 1993), con la idea de ir logrando paulatinamente intereses
más concretos. De momento la declaración se articula en principios todavía muy
generales, el central de los cuales consistiría en una exigencia ética universalmente
aceptada (todo ser humano ha de ser tratado humanamente porque posee una dignidad
inviolable) y el siguiente en una regla ética común a las distintas tradiciones religiosas,
la llamada regla de oro (no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti). El
seguimiento de estas dos reglas conllevaría a su vez una transformación cultural
marcada por cuatro directrices presentes también en todas las religiones:
- La no-violencia y el respeto a la vida : ¡no matarás!.
- La solidaridad y la búsqueda de un orden económico justo ¡no hurtarás!.
- La tolerancia y el compromiso por una vida vivida con veracidad: ¡no
mentirás!.
- La igualdad de derechos y la hermandad entre varón y mujer: ¡no prostituirás ni
te prostituirás!.
Reconocidos estos valores comunes, ¿podrían fundamentarse para darles mayor
profundidad? Muchos como Richard Rorty lo creen demasiado pretencioso, por lo cual
sugieren que cada cual se reserve esas convicciones para su vida privada, limitándose a
articularlas en público dándolas un formato legal común. Sin embargo, tampoco basta un
superficial consenso de pareceres logrados mediante pactos sociales interesados sino un
acuerdo más profundo como corresponde al grado de maduración y de diálogo de la
sociedad. Ello exige dar razón con una racionalidad práctica mínima que afirma que todo
ser racional es autónomo -dotado de dignidad y no de precio- y que su realización en la
vida social no puede darse sino a través de la participación. Ahora bien, no podemos
comenzar esa tarea desde cero, pues a la hora de hablar de derechos humanos es preciso
tener en cuenta que en cualquier diálogo que trate sobre ellos ya tenemos que haber
aceptado y reconocido esos derechos como condición de posibilidad de que ese diálogo
llegue a decisiones moralmente correctas. Porque intentar determinar qué sean derechos
humanos a través de un diálogo en que a algunos se les niega la vida, la salud, los medios
materiales y culturales y la posibilidad de participar es un auténtico sarcasmo: haber
aceptado ya esos derechos es condición de posibilidad de que lleguemos a buen puerto a la
hora de concretarlos.
Así las cosas ¿por qué se expresan las identidades culturales y morales de forma
distinta en muchos pueblos? ¿Es que a pesar de todo la defensa de sus propias
identidades singulares hace imposible la convicción común? No. Veásmoslo con un
ejemplo. La tribu de los kamarakoto, en la cuenca del Orinoco, considera que fumar es
el mayor pecado. La tribu vecina de los kueng cree que el mayor delito es no saludar.
¿Cambian, pues, los valores de tribu en tribu, de Estado en Estado? No, en el fondo
ambas tribus defienden el mismo valor: los kamarakoto creen que inhalar limpio el aire
y devolverlo sucio ofende a los dioses que viven en la atmósfera; los kueng creen que
quien no saluda viola la hospitalidad que se deben todos los humanos, hijos de un
mismo Dios, al que no se debe ofender. En ambos casos, pues, más allá de los hechos
diferentes, las intenciones y valores son universales.

4.3. MULTICULTURALISMO

4.3.1. Formas de dominación hegemónica de una cultura sobre otra: colonización,


explotación, racismo y discriminación

Colonización
Hay muchas formas de colonización. En este caso vemos la llevada a cabo por
España. La colonización propiamente dicha queda políticamente reservada al más potente
reino de Castilla, que se apropia las nuevas tierras en las Cortes de Valladolid de 1518. La
titularidad del suelo y del subsuelo colonizado pertenece a la Corona, pero el rey mediante
repartos otorga tierras a su antojo. La Corona, necesitada de recursos para mantener el
imperio, en lugar de asumir con sus propios ejércitos de soldados regulares, y de costear
con el erario público la nueva empresa, concede cartas de merced o licencias por las que a
cambio de contraprestaciones económicas autoriza a particulares a colonizar las tierras.
Las Capitulaciones regularán las relaciones jurídicas entre la Corona y los adjudicatarios
respectivos. En general los conquistadores encargados de sentar las bases de la
colonización, segundones de la nobleza, antiguos soldados, aventureros a la búsqueda de
poder y riqueza, reclutan por cuenta propia las tropas, adquieren las armas y avituallan los
navíos con semillas, útiles y animales. Aunque muchos dicen ser cristianos, ante todo
buscan poder y riquezas. Los nuevos colonizadores organizarán los territorios
conquistados en encomiendas, protectorados tutelados para ofrecer a los indios protección
y evangelización, a cambio de tributación. Los pobladores, a quienes se exige limpieza de
sangre, fundan ciudades, abren minas y caminos, roturan extensas regiones, sometiendo
siempre a los indígenas, a los que ponen a su servicio. El sistema se prestará a todo tipo de
abusos, pues no pocos colonos se comportan obligan a los indios a realizar durísimos
trabajos muchas veces mortales y vejatorios, en nada distintos al régimen de esclavitud.
Tales procedimientos levantan las protestas de religiosos como el dominico
Bartolomé de las Casas, que había viajado a América en 1502 siendo el primer sacerdote
ordenado en el Nuevo Mundo, y que terminaría siendo obispo. Llegadas las protestas a
oídos de los monarcas, el sistema de encomiendas es sustituido por otro basado en las
Leyes de protección de indios, inspirado precisamente en Bartolomé de las Casas. Para la
defensa de los encomendados se crea el cargo de corregidor de indios. Mención especial
merece la escolástica jurídico-política que, con la mayoría de los teólogos de la
Universidad de Salamanca, levanta la bandera de los derechos humanos en defensa del
indio. Así, el padre Francisco de Vitoria defiende que, antes de que los españoles
descubriesen América, los indios eran ya los verdaderos dueños de las mismas, por lo que
ni siquiera el emperador estaría legitimado para expropiárselas. Nadie podrá tampoco
alegar derecho alguno a desencadenar una guerra de conquista, por impedirlo tanto el
derecho natural como la religión cristiana. Empero, no faltan gentes que, como Juan Ginés
de Sepúlveda, aún argumentan en pro de la inferioridad del indio: “Los bárbaros del Nuevo
Mundo e islas adyacentes -escribe-, en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son
inferiores a los españoles, habiendo entre ellos y éstos tanta diferencia como la que va de
gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los
continentes, y estoy por decir que de monos a hombres”.
La esclavitud de los indios queda prohibida jurídicamente tras la Junta de teólogos
de Burgos (1512) por Fernando el Católico: los indígenas son considerados vasallos libres,
aunque rústicos necesitados de protección. La tercera conclusión de dicha Junta reza: Sólo
en virtud de la autoridad del Papa puede nuestro Rey de Castilla dominar sobre los indios,
gobernándolos en régimen político de vasallos libres, y conservarlos perpetuamente bajo
su imperio. De esto se infiere que están obligados a restituir todos aquellos que han tenido
a los indios en servidumbre, lucrándose indebidamente y sin mediar otra causa. Esto no
impide que nuestros Reyes puedan exigirles legítimamente algunos tributos, incluso
mayores que a los súbditos españoles, siempre que sean conformes a lo que dicta la razón,
la justicia y la caridad cristianas. El gobierno de dichos indios, tan alejados de España, su
conversión y el sostenimiento de la paz, implican crecidos gastos, y nuestros reyes pueden
resarcirse mediante dichos tributos o servicios de los indios”.

Semibárbaros o semicivilizados
Según la mayor o menor cercanía de los nativos a la civilización occidental, los
conquistadores, se distinguió entre indios semibárbaros o semicivilizados (habitantes de
los grandes imperios orientales, como los chinos y los japoneses, porque tenían
repúblicas estables, monumentos y escritura), indios simplemente bárbaros o sin
civilizar (indios de la América prehispano-portuguesa, que también gozaban de sistemas
de gobierno estables, pero observaban leyes y costumbres impropias de la persona
humana), e indios totalmente ajenos a la civilización o sumidos en la barbarie más
profunda (etnias “sin rey ni ley, ni fe”). Esto no impide el cambio de perspectiva pues,
en su primer viaje, Colón admira al indio porque espontáneamente ofrece agua al
conquistador, y hasta comparte con él sus propias pertenencias, pero este juicio irá
empeorando según se vaya consolidando la dominación.
En los teóricos de la Conquista hay dos posturas fundamentales: la de quienes
elogian sin reservas los aspectos positivos de las culturas indígenas, o las cualidades de
determinadas tribus aisladas, al mismo tiempo que lamentan sus aspectos negativos, y la
de quienes insisten en la barbarie de los pueblos que conquistan y evangelizan: son
“indios”, o sea, brutos, bestias, monstruos racionales, hombres que parecen fieras,
indios aunque hombres, etc, términos tan arraigados que según Solórzano Pereira en
1647 el calificativo de “bestia” se ha generalizado por el modo de designar a los
amerindios. Así pues, el indígena americano debía renunciar a su propia identidad para
insertarse en la ajena. Expresiones como “ponerse en civilidad”, “civilizarse”,
convertirse en “civilizado” lo delatan. Para el conquistador, todo lo indio, para él nuevo,
es monstruoso, de ahí la necesidad de forzar al abandono gradual de las costumbres “de
fieras” (ferinas) impropias de la persona: primero, la supresión de prácticas
consideradas contrarias a la naturaleza, como los sacrificios humanos, la poligamia, la
embriaguez, el entierro de la viuda con el cacique muerto, la desnudez, etc. Después, la
supresión de prácticas contrarias al cristianismo, como la idolatría (también considerada
antinatural). Una actuación semejante ofrece como mínimo dos ángulos de enfoque
distintos, a los que se pueden agregar posiciones intermedias.

Mecanismos barbarizadores

Mecanismo de la xenofobia
Hoy nos resultan perfectamente conocidos los mecanismos psicosociológicos
que conducen a la barbarización, y así escribe Erich Fromm en su libro Anatomía de la
destructividad humana: “Cuando uno desea hacer más fácil para su bando la
eliminación de seres humanos del otro inculca en sus propios soldados la idea de que los
que se trata de suprimir no son personas humanas. Entonces el otro deja de ser para el
agresor un ser humano y se convierte en cosa”. Cuando yo tiendo al tú diferente
(alteridad) sin hacerme alter (otro) con él, quedo yo también ajeno a mí mismo,
enajenado. Si le veo como alguien que altera mi normalidad (y a la vez yo creo ser la
única norma), entonces la diferencia que nos separa me parece deficiencia de él,
produciéndose en mí xenofobia: los antagonistas aparecen como dos manos que tienden
al mismo sitio no pudiendo menos de enfrentarse. El deseo mimético es deseo del otro,
o incluso deseo del deseo del otro. En ese clima el bello todos los hombres son iguales
se torna un agresivo y lamentable ¡todos los hombres sois iguales!, es decir, igualmente
hostiles, pues el otro (para sí) pretende apropiarse de mi persona (en sí); y a la inversa,
construyendo así recíprocamente un muro de desencuentro.

Mecanismo de la indiferenciación
La diferencia se produce cuando le vivo con in-diferencia: ciertamente existen
los demás y les reconozco como distintos a mi, pero ahí se acabó todo, precisamente
porque sólo me interesa otro rostro como el mío. Es así como el otro deviene para mí lo
anónimo, lo sin nombre, lo innombrable e indiferenciado, una presa fácil para descargar
sobre ella. Con la exclusión de su diferencia (de su identidad diferencial y diferenciada)
yo le avasallo, y ya no somos tú-y-yo, sino o-tú-o-yo, primer paso hacia el exterminio.
Hablando más en plata, entre nosotros viven y trabajan cercanas gentes del Magreb,
también de América Latina y Asia; les ha empujado la necesidad y el deseo de alcanzar
un futuro digno. Ellos ofrecen lo mejor que poseen: se ofrecen a sí mismos; sin embargo
lo que encuentran es marginación y exclusión en la ley de extranjería que busca
salvaguardar el propio yo en el bunker de su “bienestar”.

Mecanismo de la expiación
La barbarie no nos rige según el “nada es querido si no es previamente
conocido”, sino por el nada es querido si no es previamente querido por otros. René
Girard ha señalado el carácter mimético del deseo, que destruye mediante los siguientes
pasos: El deseo del otro aparece como la personificación del mal porque yo también
deseo lo que él desea. Los deseos cruzados, el cruce de los deseos se traduce de ese
modo en un choque inevitable, en culpabilización del otro que eventualmente puede
llegar a desear lo mismo que yo deseo.
A ese enemigo procuramos apartarlo, excluirlo, hacerlo extraño al grupo,
enajenarlo, segregarlo, extranjerizarlo, echarlo fuera de la comunidad, criminalizarlo,
excomunicarlo, cargando sobre él las culpas de todos los deseos.
Al cargar con la culpa de todos se espera (falsamente) que los libere de la culpa
de cada uno. Luego se mata a uno cualquiera que funciona como chivo expiatorio, al
que tras su muerte se atribuyen cualidades benéficas para restaurar la vida común. Es
Herodes ordenando decapitar a Juan Bautista para satisfacer el deseo violento de
Salomé, su indiferenciada violenta: el daño causado a la víctima mediante la ejecución
absolutamente arbitraria de una violencia colectiva que los hombres no se atreven a
confesarse.
Todo esto evidencia que la convivencia multicultural es difícil desde los tiempos
más remotos. El primer filósofo griego del que tenemos noticia, Tales de Mileto (siglos
VI-V a.C.), daba gracias a la fortuna por tres cosas: por haber nacido hombre y no bestia,
varón y no mujer, griego y no bárbaro. También Platón denomina barbaros a los
extranjeros (especialmente a los persas) conforme al verbo griego barbaroo, que designa
lo inculto, lo ininteligible, lo irracional, lo amenazante, pues sus lenguas resultaban
ininteligibles para los griegos, que se burlaban de ellas porque no las comprendían (oían
bar-bar-bar, hoy decimos bla-bla-bla), justificando así abiertamente la guerra contra ellos,
e incluso su anexión. Ni siquiera Platón se privó de identificar extranjero con inhumano.
Hasta el cultísimo Cicerón llega a utilizar el término bárbaro como sinónimo de
monstruoso y cruel. El derecho romano tampoco habría de quedarse atrás en su arte de
impartir “justicia”. Las Pandectas de Justiniano, uno de los más célebres juristas romanos,
describen al extranjero como “aquél a quien se le niega el pan y el agua”. Pero esto no sólo
ocurre en Occidente, pues Shao Yung (s. XI d.C.) todavía afirmaba: “Soy feliz por ser
humano y no animal, hombre y no mujer, chino y no bárbaro”. Los gauchos de ayer,
cuando oían y veían conversar animadamente en alemán o inglés a extranjeros, decían: “Se
ve cómo les gustaría hablar”. Menos ingenuamente, los españoles vencedores de la guerra
así llamada civil ofendían a los creyentes vascos obligándoles a “rezar en cristiano”, es
decir, en español, burlándose de las oraciones en su propio idioma materno. Desde siempre
hasta hoy la humanidad, máquina de impartir sumo derecho y suma injuria, no ha cesado
en barbarizar ni por ende en excluir/recluir, y eso para no hablar de Auschwitz, Bosnia,
Ruanda, Guantánamo, etc. Esta actitud es etnocéntrica. El etnocentrismo, que consiste en
hacer de la propia cultura el centro del universo, es algo muy común en todas las culturas,
aunque no muy inteligente. De este modo se lleva al terreno de las relaciones éticas
humanas el fracaso que Protágoras (a quien malamente podríamos nombrar patrono de la
racionalidad comunicativa) pronosticó universalmente: Nada existe. Si algo existiera sería
incognoscible. Si algo existiera y fuera cognoscible resultaría incomunicable.

Endogenismo y exogenismo cultural

Para la perspectiva endogenista, que como su nombre indica analiza las culturas
desde el interior de sí mismas, lo importante es la cultura indígena, y no el supuesto
nivel de progreso o de bienestar que hipotéticamente pueda introducir la cultura
occidental.
Para la perspectiva exogenista, por el contrario, que las mira desde fuera, no
pudiendo coexistir dos culturas, se prefiere la más desarrollada en los niveles
tecnológicos, sanitarios, económicos, intelectuales y morales, pues lo principal en todo
encuentro es el hombre, luego las formas culturales.
En términos de evolución sociocultural, la Conquista hizo evolucionar del
paleolítico, o del neolítico en algunos casos, al estadio cultural europeo de los siglos XVI
en adelante. Toda civilización es sustitutiva, en el sentido de que destruye en unos casos y
reemplaza en ese momento lo que no considera útil o lo que estorba, y evolutiva, en cuanto
que cada cual es hijo de su tiempo y la escala de valores o la mentalidad cambia con él.
Nosotros mismos prescindimos hoy de toda consideración cultural al destruir tantas cosas
valiosas con motivo de una guerra, de una revolución, o de un simple cambio de gusto
estético o de régimen político; permitimos que desaparezcan por incuria o simple
conveniencia cosas a las que no damos valor, pero que posiblemente lo tendrán mañana; o
sólo ahora comenzamos a prestar atención a aspectos, como el de la conservación de la
naturaleza, que son trascendentales no sólo para la cultura, sino para la subsistencia de la
propia humanidad. Por eso:
- Constituye un anacronismo exigir que los conquistadores del pasado tuvieran la
misma sensibilidad cultural y axiológica que nosotros.
- No deja de ser una injusticia exigir de ellos una perfección en la conquista que
no se puede pedir nunca a ningún humano de ninguna cultura.
- Por otra parte, algunos de ellos -que resultan más cercanos a la cultura de hoy-
fueron los primeros en criticar los propios excesos cometidos.
- La transculturación no fue total: los mismos conquistadores nos han
transmitido el conocimiento de lo que hicieron desaparecer, por lo que no se trataría
absolutamente de destrucción o de desaparición de una cultura por otra, sino de la
sustitución de algunos aspectos por otros. Fueron los europeos (los evangelizadores)
quienes se preocuparon de transmitir por escrito las concepciones religiosas de los
indios evangelizados y contra las que ellos luchaban, dejando definitivamente
establecida una auténtica ciencia de antropología cultural americana de la época anterior
a la conquista, adelantándose así a su propia época. Y esto por no hablar de su inmensa
contribución a la fijación en gramáticas, lexicografías, etc, de todo tipo.
- Si lo que se condena es el hecho de conquistar, de iniciar una guerra de
conquista, ¿no sigue haciéndolo la humanidad “civilizada”?
- Si la actual burguesía criolla y neocolonial se aplicase a sí misma los mismos
criterios, tendría que reconocer que lo está haciendo aún peor que los conquistadores
quinientos años después.
Explotación

La explotación es tan antigua como la humanidad. Todavía a finales del siglo


XVIII el hasta entonces débil capitalismo comienza a dejar de ser mercantil, o de
compraventa, para convertirse en maquinil y fabril. En esa época de éxodo masivo del
campo a la ciudad, donde los adultos varones trabajan literalmente de sol a sol a cambio
de un pedazo de pan, donde las mujeres de los obreros tienen que salir a la calle a
vender su cuerpo para poder dar de comer a sus hijos, donde los niños penan desde los
nueve años en fábricas infectas, donde tan sólo gozar de jabón para lavarse constituye
un auténtico lujo, en aquella época en que los obreros se hacinan en naves sin intimidad
donde al anochecer se extienden jergones de paja y donde la totalidad del mobiliario se
reduce a un botijo, donde todo tipo de enfermedades y desnutriciones marcan la pauta,
precisamente en esa época la Cámara de los Lores inglesa publica su Libro Azul (1863)
conteniendo la triste ley de bronce del salario que intenta calcular el mínimo energético
en carbono, nitrógeno, agua y sustancias inorgánicas “suficientes nada más que para
prevenir la muerte por inanición de las clases trabajadoras”. El informe no por eso deja
de reconocer que “en los ocho años que van del 1853 al 1861 ha aumentado el rédito
imponible del país en un veinte por ciento”, aumento que desde luego no había ido a
parar a la clase trabajadora precisamente.
En estas condiciones absolutamente insoportables resuena el clarinazo de Karl
Marx: ¡Proletarios de todos los países, únanse! (Manifiesto del Partido Comunista),
grito del cual, con otros muchos, saldrá la búsqueda apasionada de una organización
donde asociarse: la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.), fundada en
Londres en 1864, cuyo programa dice así:
“Considerando:
Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores
mismos;
Que los esfuerzos de los trabajadores por conquistar su emancipación no han de
tender a constituir nuevos privilegios sino a establecer para todos los mismos derechos y
los mismos deberes;
Que la sujeción del trabajador al capital es fuente de toda esclavitud política,
material y moral;
Que por lo mismo la emancipación económica de los trabajadores es el gran
objetivo al que debe subordinarse todo movimiento político;
Que los esfuerzos hechos hasta ahora han fracasado por falta de solidaridad entre
los obreros de las diferentes profesiones en cada país, y de unión fraternal entre los
trabajadores de diversas regiones;
Que la emancipación de los trabajadores no es un problema únicamente local o
nacional, sino que, al contrario, este problema interesa a todas las naciones civilizadas,
estando necesariamente subordinada su solución al concurso teórico y práctico de las
mismas;
Que el movimiento que se está efectuando entre los obreros de los países más
industriales del mundo entero, al engendrar nuevas esperanzas, da un solemne aviso
para no incurrir de nuevo en antiguos errores, aconsejando combinar todos los esfuerzos
hasta ahora aislados.
Por estas razones los abajo firmantes, miembros del Consejo elegido por la
asamblea realizada el 28 de septiembre de 1864 en el Saint Matin's Hall de Londres, han
adoptado las medidas necesarias para fundar la Asociación Internacional de
Trabajadores. Declaran que esta Asociación internacional, así como todas las sociedades
e individuos que a la misma se adhieran, reconocerán como base de su conducta para
todos los hombres la Verdad, la Justicia y la Moral, sin distinción de color, de creencia
o de nacionalidad.
Consideran como un deber reclamar no solamente para ellos los derechos del
hombre y del ciudadano, sino para todos los que cumplan sus deberes. No más deberes
sin derechos, no más derechos sin deberes”.
A pesar de toda su gran lucha proletaria a través de los siglos, la explotación
obrera continúa, y junto a ella la infantil y todas las demás, así que habrá que seguir
luchando para evitarlo.

Racismo

El etnocentrismo exagerado es peligroso, porque cuando menos se espera puede


dar lugar a la xenofobia; que a su vez puede dar paso al racismo, fenómeno
discriminador que ya constituye una amenaza real para la humanidad. Estamos en la
tendencia a representarse a los otros individuos o a los otros grupos como si no
perteneciesen realmente a la raza humana y a negarles algunas de las características
consideradas como más humanas. Este tipo de deshumanización, en su forma más cruel,
ve a las razas diferentes como subhumanas, es decir, como si no hubiesen todavía
realizado completamente la transición entre el animal y el hombre, y por eso no
mereciesen ser tratados como seres humanos. En su obra De cerca y de lejos el
antropólogo Claude Lévi-Strauss resume así las falsas convicciones racistas:
- Los grupos, llamados razas, se pueden jerarquizar en función de su patrimonio
genético.
- Existe una correlación entre el patrimonio genético, las capacidades
intelectuales y las actitudes morales.
- El patrimonio genético del que dependen esas aptitudes es común a todos los
miembros de determinados grupos humanos.
- Esas diferencias autorizan a las razas consideradas superiores a dominar,
explotar y eventualmente a masacrar a las otras.
El racismo está más extendido de lo que parece, y se puede percibir en
situaciones tan cotidianas como la siguiente: “Cuando viajé desde Sierra Leona, cuyos
habitantes somos negros, a Londres, cuyos habitantes son blancos, a través de Bélgica,
cuyos habitantes también son blancos, nos retuvieron el pasaporte a mis padres y a mi, a
pesar de tener los documentos necesarios para viajar. Nos llevaron aparte y nos
interrogaron, mientras todos los blancos pasaban sin problemas. Nos humillaron por ser
negros. Este fue para nosotros el primero de una serie de sucesos racistas. Vivíamos con
una familia en una pequeña ciudad al norte de Londres. Una noche fuimos a dar una
vuelta por la ciudad. Cuarenta y cinco minutos más tarde, un coche paró a nuestro lado
y un policía salió diciendo: ‘Hemos recibido una llamada asegurando que había gente
extraña dando vueltas por aquí'’ ¿Éramos extraños por ser negros? Nuestro tercer
tropiezo ocurrió en Londres cuando, una noche ya tarde, mis padres y yo nos pusimos a
buscar un taxi para volver a casa. Lo chistoso era que ninguno de los que paraba nos
recogía. Allí de pie, con el dinero del trayecto en el bolsillo, mirábamos a los blancos
irse mientras nos helábamos de frío. ¿No es esto racismo?”.

Totalitarismo
Contempla a las personas como parte de un todo controlable por un grupo único
(fascista, nazi, comunista, populista, etc) que se autoproclama élite regidora de todos,
realidad distinta y superior a las personas concretas que lo integran. No son, pues, según
esta ideología las personas las que originan la sociedad, sino al revés la sociedad (nación,
raza, estructuras socioeconómicas, Estado) quien configura a cada individuo, así entendido
como mero producto social. Desde tales supuestos se niega a la persona un destino propio,
pues sólo la colectividad lo tendría; quien se sale de ese destino común es tenido por
peligroso enemigo del común. El totalitario no soporta, pues, la diferencia ajena.
El totalitario supervalora el valor del propio clan en la medida en que es el propio.
El nuevo Estado alemán no tenía necesidad de hacer apóstoles, santos, constructores
frenéticos y posesos, sólo necesitaba hacer empleados y funcionarios. Y es desde ese
tribalismo desde el cual condena a los demás: “Al fin supe definitivamente que el judío no
era alemán; ahora sí que conocía íntimamente a los pervertidores de nuestro pueblo”
(Adolph Hitler: Mi lucha). He aquí algunos de los rasgos de lo que Eric Fromm (1900-
1980) denominara neurosis totalitaria: Sumisión a la autoridad. Agresión contra el
supuestamente inferior, compensatoria de la sumisión al supuestamente superior
(frustración-agresión). Admiración por la rudeza y la violencia, desprecio por el débil y
pacífico. Cinismo, baja opinión de la naturaleza humana en general, compensada por la
idealización del propio grupo y de sus seudomesías. Rigidez intelectual, intolerancia de las
situaciones ambiguas. Etnocentrismo, prejuicios raciales, políticos; fanatismo.
Supersticiosa creencia en las fuerzas ocultas, en las conspiraciones cósmicas, en los
procesos de atribución irracionales. Rechazo de la introspección, miedo a la voz de la
propia conciencia, bloqueo de la intimidad. Convencionalismo moral, rechazo drástico de
las ofensas contra las costumbres y la tradición. Hipersexualismo, virilismo machista.

Discriminación: prejuicios y estereotipos

Sin embargo, predominan los prejuicios, los estereotipos discriminatorios y las


ideologías a la hora de la convivencia.

La discriminación
Consiste en establecer distinciones que no solo crean grupos diferentes, sino que al
mismo tiempo sugieren que uno de los grupos es mejor o peor que el otro, alegando al
respecto supuestas razones de sexo, raza, idioma, nacionalidad, edad, capacidad física,
creencias, etc. La discriminación de todos los días se manifiesta en prejuicios y
estereotipos. Así define Alexander Solthenitsyn al discriminatorio terror rojo por él
padecido: “No estamos en guerra con individuos aislados. Exterminamos a la burguesía
como clase. No busquéis durante la instrucción judicial ni materiales ni pruebas de que el
acusado haya actuado de obra o de palabra contra los soviets. La primera pregunta que
debéis formularle es a qué clase pertenece, cuál es su origen, su educación, sus estudios o
su profesión. Estas preguntas deberán determinar la suerte del acusado”.
El prejuicio
El prejuicio es una opinión que se emite anticipadamente sin tener información
suficiente para pronunciar un juicio verdadero, fundado y razonado. Por lo general surge
al repetir irreflexivamente opiniones antes reiteradamente oídas. Al final la repetición
produce convicción, aunque sea falsa.

El estereotipo
El estereotipo es la deformación caricaturesca de la realidad: se la simplifica
(seleccionando algunos elementos o rasgos e ignorando los demás), se generalizan esos
rasgos (aplicándose sin excepción a todos los miembros del colectivo), y se exagera
negativamente el conjunto. Así “los indios son...”, “los gitanos son...”, “los negros
son...”. Sea positivo o negativo, el estereotipo siempre es falso, por empobrecer y
distorsionar la realidad. Quien lo usa se imagina que está describiendo, pero sólo está
aplicando sin matices un esquema rígido prefijado, de ahí frases como: “todos son
iguales”, “esa gente es así”, “cuando se ha visto uno se han visto todos”, “para muestra
basta un botón”, etc. Solo que las personas no somos igual que los botones. Iguales en
dignidad sí, pero a la vez diferentes e irrepetibles.

Los prejuicios y la ideología


El estereotipo se convierte en ideología: “Cuenta N. Paulova que en cierta ocasión
la conducía a interrogatorio una celadora impasible, muda, de ojos impenetrables. De
pronto, las bombas empezaron a estallar al lado mismo de la Casa Grande y parecía que
acto seguido iban a caer sobre ella. La vigilante se precipitó sobre ella y la abrazó presa del
pánico, ansiando calor y respaldo humanos. Pero cesó el bombardeo. Y otra vez la misma
mirada ausente: '¡Las manos atrás. Camine!'. Por supuesto, poco mérito hay en volverse
humano a causa del horror que precede a la muerte. Como tampoco es prueba de bondad el
amor de los padres por sus hijos (es un buen padre de familia, dicen a menudo en defensa
de un canalla respecto del resto de la humanidad). ¡La ideología! He aquí lo que
proporciona al malvado la justificación anhelada y la firmeza prolongada que necesita. La
ideología es una teoría social que le permite blanquear sus actos ante sí mismo y ante los
demás y oír, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. Así, los inquisidores se
apoyaron en el cristianismo; los conquistadores, en la mayor gloria de la patria; los
colonizadores, en la civilización; los nazis, en la raza; los jacobinos y los bolcheviques en
la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras...

4.3.2. Valores de la convivencia y de la soberanía de los pueblos. La justicia


internacional y su relación con la paz

Los países se embarcan en guerras de dominación y de exterminio, en vulgares


guerras de conquista llevadas por un afán imperialista, que algunos han caracterizado
cínicamente como continuación de la política por otros medios, aunque también a la
inversa se ha dicho que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Da lo
mismo. Así como dentro de los Estados a veces se organizan luchas tribales a muerte, así
también se organizan entre los Estados las mismas guerras.
Tratando de frenar esta situación, se establecieron las siguientes condiciones para
declarar justa una guerra: que fuese por una causa justa, publica y cierta; que fuera
proporcional a los males que ocasionara; que antes de declararse se agotaran todos los
medios pacíficos; que hubiera una esperanza moralmente cierta de su éxito; que estuviera
animada de la recta intención por procurar el bien común; que no hiciera más daño que el
necesario para conseguir el fin propuesto; y que, finalizada la contienda, se reparasen los
daños causados.
Obviamente, la mayoría de las guerras finalmente desatadas nunca cumplieron esos
requisitos, y la actual aldea global tiene abiertos una serie de focos bélicos permanentes, a
modo de respiraderos de las tensiones que hasta el presente parecen no resolverse
pacíficamente. En estas, circunstancias, y en un planeta amenazado por la overkilling
capacity (capacidad para matar más veces: con el arsenal armamentístico acumulado
podría hacerse volar la tierra más de mil veces), han ido surgiendo instituciones
internacionales con la intención de encontrar la paz entre los Estados. Todo esto, claro, en
teoría, pues en la práctica los Estados más poderosos utilizan los organismos
internacionales para sus propios fines. Piénsese simplemente esto: aún existe el derecho de
veto en la ONU, por el cual unos pocos países pueden rechazar las propuestas de todos los
demás. Tal es la “democracia” que impera en la organización jurídica internacional más
grande.
Organizaciones internacionales más importantes
O.N.U. (Organización de Naciones Unidas)
Su Asamblea general es un órgano deliberativo compuesto por todos los miembros
de las Naciones unidas, a razón de un voto por país. Decide por una mayoría de dos tercios
sobre las cuestiones importantes, tales como el mantenimiento de la paz y seguridad
internacionales; otros asuntos se deciden por simple mayoría. El Consejo de seguridad es
el órgano ejecutivo en materia política. Está compuesto por quince miembros, solo cinco
de los cuales son permanentes (EEUU, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña), los cuales
tienen el derecho de veto antes mencionado, siendo elegidos los diez restantes por dos
años, sobre la base de un reparto regional. El Consejo económico y social consta de 54
miembros elegidos por tres años. Promueve la cooperación mundial en torno a los
problemas económicos, sociales, culturales y humanitarios.
Tribunal internacional de justicia
Juzga actuaciones que afectan a la humanidad (crímenes de guerra, etc). El
Secretariado es el órgano administrativo, y lo nombra la asamblea general a propuesta del
consejo de seguridad. La existencia de bloques políticos en la organización condiciona la
elección de colaboradores por el secretario general, a fin de establecer un equilibrio entre
todas las tendencias. Más de tres mil personas trabajan solamente en la secretaría.
Instituciones especializadas de la O.N.U.
La O.I.T. (Organización internacional del trabajo), la O.M.S. (Organización
Mundial de la Salud), la Organización internacional del comercio, la Organización
internacional para los refugiados, la F.A.O. (Organización mundial para la alimentación y
la agricultura), la Unesco (de carácter cultural), el F.M.I. (Fondo monetario internacional),
el B.I.R.D. (Banco internacional para la reconstrucción y el desarrollo), la Agencia
internacional para la energía atómica, el Instituto de formación e investigación, el Banco
asiático de desarrollo, la Unión postal universal, el G.A.T.T. (Acuerdo general sobre
aranceles y comercio), la Asociación para el desarrollo internacional, etc. Dominada por
los EEUU, ninguna organización internacional puede compararse con ella en magnitud ni
potencia.
O.T.A.N (Organización del tratado del Atlántico norte (en inglés N.A.T.O)
Organización militar. Pensada en principio por EEUU y europeos contra la
entonces potente URSS, hoy acepta también a los antiguos países comunistas del Este, que
se habían agrupado en el Pacto de Varsovia.
U.E. (Unión europea)
El antiguo Mercado común europeo (1958), luego Comunidad económica europea,
se ha transformado después de casi medio siglo de lenta evolución en la Unión europea,
que en la actualidad cuenta con quince miembros, a los que se han de añadir más en los
próximos años, un banco central, un parlamento, unos tribunales de justicia, y una moneda
común, el euro. Es una comunidad en expansión, posiblemente capaz de entrar en
competencia con los EEUU.
O.E.A. (Organización de Estados americanos)
Fundada en 1948, busca la defensa de la democracia representativa, la cooperación
económica, la reforma social y la no intervención en los asuntos internos de cada país.
Habiendo perdido fuerza, se ha convertido en un foro diplomático sin capacidad resolutiva
y en una entidad con fines humanitarios.
O.U.A. (Organización para la unidad africana)
Fundada en 1963, está en crisis desde la década de los sesenta, debido a la
disparidad de criterios que existen dentro de su complicado mapa político, así como por su
dependencia respecto a las antiguas colonias, de las que surgieron los Estados africanos.
Y, mientras, el mundo gira. En el aeropuerto de Guanajuato hay un gran mural
separado en dos tablas, una de las cuales representa lo azteca, lo maya, lo inca... y la otra a
los conquistadores españoles firmemente acorazados y armados hasta los dientes. Eso no
impide que al conquistado y dominado le quede siempre la esperanza de desalambrar y de
reconquistar con astucia lo que perdió por la violencia: quizá Texas, expoliada ayer por los
EEUU tras la derrota del general Santana, pase a ser algún día de nuevo un territorio
cultural y emocionalmente mexicano gracias a la infiltración migratoria de los mexicanos
crecientemente mayoritaria en Texas y a la cultura texmex en expansión generada por
tantos espaldas mojadas en el territorio estadounidense, que en otro tiempo fuera suyo.
A veces no hay que ir demasiado lejos para encontrar la raíz de los males en uno
mismo. Veamos. Un hombre quiere colgar el cuadro y decide pedir el martillo a su vecino.
Pero “¿y si no quiere prestármelo? Ayer me saludó algo distraído... Quizá tenga algo
contra mí. Yo no le he hecho nada. Si alguien me pidiera a mí una herramienta se la dejaría
en seguida, ¿cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste
le amargan la vida a uno. Y además pensará que debo devolverle el favor ¡es el colmo!”.
Tras esta rumia, llama al timbre del vecino, y antes de que pueda abrir la boca le grita:
“¡Métete el martillo donde te quepa, idiota!”.

ACTIVIDADES

1. Texto para comentar

“Diremos a los enemigos más rencorosos: A vuestra capacidad para infligir el


sufrimiento, opondremos la nuestra para soportar el sufrimiento. A vuestra fuerza física
responderemos con la fuerza de nuestras almas. haced lo que queráis y continuaremos
amándoos. En conciencia no podemos obedecer vuestras leyes injustas, porque la no-
cooperación con el mal es, igual que la cooperación con el bien, una obligación moral.
Pero tened la seguridad de que os llevaremos hasta el límite de nuestra capacidad de
sufrir. Un día ganaremos la libertad, pero no será solamente para nosotros. Lanzaremos
a vuestros cuerpos y a vuestras conciencias un grito que 'os' superará y nuestra victoria
será una doble victoria.
Sabemos por una dolorosa experiencia que la libertad nunca la concede
voluntariamente el opresor. Tiene que ser exigida por el oprimido. A decir verdad,
todavía estoy por empezar una campaña de acción directa que sea 'oportuna' ante los
ojos de los que no han padecido considerablemente la enfermedad de la segregación.
Hace años que estoy oyendo esa palabra '¡Espera!'. Suena en el oído de cada negro con
penetrante familiaridad.
Más que la oposición virulenta del Ku Kux Klan o de los segregacionistas
voraces, le afectó la tibieza «del blanco moderado que antepone el 'orden' a la justicia;
que prefiere una paz negativa, que supone ausencia de tensión, a una paz positiva que
entraña presencia de justicia; quien dice continuamente: 'Estoy de acuerdo con el
objetivo que usted se propone, pero no puedo aprobar sus métodos de acción directa';
quien vive de un concepto mítico del tiempo y aconseja al negro que aguarde a que
llegue 'un momento más oportuno'. La comprensión superficial de los hombres de buena
voluntad es más demoledora que la absoluta incomprensión de los hombres de mala
voluntad. Resulta mucho más desconcertante la aceptación tibia que el rechazo sin
matices...
Yo os digo hoy que, aun cuando nos enfrentamos a las dificultades de hoy y
mañana, albergo todavía un sueño. Es un sueño que se halla profundamente enraizado
en el sueño americano. Yo albergo el sueño de que, un día, toda la nación se pondrá en
pie y vivirá el verdadero significado de su credo: Sostenemos que estas verdades son
evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales.
Yo albergo el sueño de que un día, en las rojas montañas de Georgia, los hijos de
los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos podrán sentarse
juntos a la mesa de la hermandad. Yo albergo el sueño de que, un día, incluso en el
Estado de Mississippi, un Estado abrasado de injusticias, abrasado por el calor de la
opresión, se transformará en un oasis de libertad y de justicia.
Yo albergo el sueño de que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la
que no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su personalidad.
Yo albergo el sueño de que, un día, todo valle será elevado, todo cerro y
montaña será aplanado. Los lugares ásperos serán alisados, los torcidos serán
enderezados. Esta es la fe con que retorno al Sur. Con esta fe, podremos extraer de las
montañas de la desesperación la piedra de la esperanza, luchar juntos, ir a la cárcel
juntos, defender juntos la libertad, sabiendo que, un día, seremos libres.
Este será el día en que todos los hijos de Dios podremos cantar dándole un
nuevo significado: ‘Resuene la libertad’. Resuene la libertad desde las prodigiosas
cumbres de New Hampshire; resuene la libertad desde las majestuosas montañas de
Nueva York. Pero no sólo eso. Resuene la libertad desde la montaña de piedra de
Georgia. Resuene la libertad desde cada colina y cada cerro de Mississippi, desde cada
ladera. Cuando dejemos que la libertad resuene en cada poblado y en cada aldea, en
cada Estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día en que todos los
hijos de Dios, blancos y negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, podamos
estrecharnos las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: ¡Libres al
fin! ¡Libres al fin! ¡Gran Dios Todopoderoso, al fin somos libres!”. Discurso
proclamado en la Marcha por los derechos civiles (Washington, 1962), por el pastor
bautista Martin Luther King, mártir de la causa antirracista.

2. Glosario Básico
Discriminación: Distinción que no solo crean grupos diferentes, sino que al mismo
tiempo sugieren que uno de los grupos es mejor o peor que el otro, alegando al respecto
supuestas razones de sexo, raza, idioma, nacionalidad, edad, capacidad física, creencias,
etc.
Estereotipo: Deformación caricaturesca de la realidad.
Ideología: Conjunto de ideas que el sujeto cree a pies juntillas y da por demostradas y
razonables, aunque no lo sean.
Multinacionalidad: Convivencia en un mismo país de grupos sociales pertenecientes a
naciones diferentes.
Nación (o pueblo, o país, o raza e el sentido usado por los mexicanos): Conjunto de
individuos que se sienten miembros de un colectivo por tener o haber tenido en común un
territorio, una historia, una lengua y una cultura.
Polietnicidad: Convivencia de individuos y familias pertenecientes a etnias diferentes.
Prejuicio: Opinión que se emite anticipadamente sin tener información suficiente para
pronunciar un juicio verdadero, fundado y razonado.
Racismo: Actitud de las consideradas razas superiores que se creen con derechos a
dominar, explotar y ventualmente a masacrar a las otras..
Regla de oro ética: No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti.
Xenofobia: Odio al extranjero.

3 Actividades

- Guiar la elaboración de un periódico mural sobre cultura étnica, regional y nacional de


los alumnos.
- Analizar notas periodísticas al respecto y obtener conclusiones.
- Seleccionar textos sobre organización social y política, así como sobre tradiciones y
costumbres de distintos grupos étnicos nacionales.
- Desarrollar un cuadro comparativo sobre garantías individuales y derechos humanos
expresados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la
declaración Universal de los Derechos Humanos.
- Investigar documentalmente hechos que evidencien las formas de dominio de USA
sobre los Estados Unidos de México.

4. Para la reflexión y el diálogo

- En grupo: Investigar sobre las culturas de los estados de la República Mexicana:


nombre, lengua, costumbres, características específicas.
- En grupo: El impuesto sobre la venta de armas entre países es un inmenso volumen de
dinero, más importante que la ONU misma. Este dinero ¿debe volcarse para arreglar un
país, o debe suprimirse la venta de armas entre países?
- La interdependencia entre los países resulta imposible, pues la noción básica del
derecho internacional, que es la soberanía, no la tienen de verdad los países
dependientes o satélites. ¿Puedes mencionar algunos de estos países satélites?
-“ En chino y en guaraní hay muchas formas de decir yo: un yo masculino, un yo
femenino, etc. Pero el pronombre personal básico es nosotros, y además un nosotros
inclusivo, es decir, en movimiento y acción: nosotros estamos haciendo, nosotros estamos
yendo... ¡Y a estos hermanos guaraníes les despreciaban los conquistadores por bárbaros,
ya que carecían de las tres letras civilizadoras: la l (ley), la f (fe), la r (rey)! a lengua
guaraní todavía habla. Su nosotros está esperándonos, actuemos: la lengua del
personalismo comunitario está siendo amenazada, ¿la declararemos lengua protegida, o la
protegeremos de los protectores convirtiéndola en gramática generativa? . En grupo: ¿De
dónde proceden y por qué se originan tan diferentes cosmovisiones en las etnias?
- “Me repito a menudo que el mundo se halla consumido por el tedio. Claro que hay que
reflexionar un poco para darse cuenta de ello, pues no se comprende de buenas a
primeras. El aburrimiento es semejante al polvo. Vamos y venimos sin verlo,
respirándolo, comiéndolo y bebiéndolo. Es tan fino, tan tenue, que ni siquiera cruje al
ser masticado. Sin embargo, basta detenerse unos instantes para que recubra el rostro, el
cuerpo, las manos. Hay que moverse sin cesar para sacudir esa lluvia de ceniza. Se
objetará acaso que el mundo está tan familiarizado con el tedio que éste forma parte de
la verdadera condición humana. Es posible que en el principio la semilla estuviera
diseminada por todas partes y que germinara aquí y allá. Los hombres conocen bien ese
contagio del tedio, esa lepra. Es esa una desesperación”. (François Mauriac).¿Ves
alguna relación entre este texto y la forma habitual y superficial de hacer turismo, sin
reparar en las raíces de las culturas, las etnias, etc? ¿Puedes señalarlas?
- “Antes de que el hombre tome vino, es simple como un borrego que nada sabe, o
como una oveja que está con la boca abierta ante quienes la venden. Cuando ha bebido
lo conveniente es fuerte como un león y dice que no hay en el mundo nadie más fuerte
que él. En cuanto ha bebido más de la cuenta, se vuelve como un cerdo, y se revuelca en
el arroyo y en el fango. Y, cuando está ebrio, se vuelve como un mono: se pone en pié,
salta y se divierte, y deja que salgan, delante de todos, tonterías de su boca, y ya no sabe
lo que hace” (José Hermógenes Martín). En grupo: ¿También estos hábitos se producen
por el fenómeno de la globalización, o hay algo que tiene que ver con la identidad
humana que nunca cambia? ¿Puedes poner ejemplos de esto último?

5. Comenta las frases siguientes:

-.“Cuando el ser humano viene al mundo, sus manos se cierran procurando aferrar lo
posible, como para decir: “El mundo entero comienza a pertenecerme”. Sólo cuando ha
madurado y abandona el mundo sus manos están abiertas, como para decir: “De nada
me he adueñado” (Charles Bonmaison).
- “El águila es el ave de mayor longevidad. Llega a vivir setenta años. Pero, para llegar
a esa edad, a los cuarenta años deberá tomar una seria y difícil decisión. A los cuarenta
años sus uñas se tornan apretadas y flexibles, sin conseguir tomar a sus presas, de las
cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo se curva apuntando contra su pecho. Sus
alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas. Volar se hace ya muy difícil.
Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar su dolorido
proceso de renovación, que durará ciento cincuenta días. Este proceso consiste en volar
hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí en un nido cercano a un paredón, en donde
no tenga necesidad de volar. Después, al encontrarse en el lugar, el águila comienza a
golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo. Después de arrancarlo,
esperará el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas
talones. Cuando sus nuevos talones comienzan a nacer, comenzará a sacar sus plumas
viejas. Después de cinco meses saldrá hacia el famoso vuelo de renovación que le dará
treinta años más de vida”.
- “Los neuróticos acusadores son como los excusados: sólo ellos saben quiénes obran
mal”. (El filósofo de Güémez).
- “Hay gentes que tienen el síndrome del gavilán estreñido: planean, planean, pero no
sueltan nada”. (El filósofo de Güémez).
- “La gente de antes era más honrada que la de ahora... Yo soy de antes, pero vivo
ahora”. (El filósofo de Güémez).

6. Bibliografía

Campillo, A: Adiós al progreso. Editorial Anagrama, Barcelona, 1985.


Díaz, C: ¿Tolerancia o apostasía? Editorial PPC, Madrid, 1995.
Díaz, C: El hombre, animal no fijado. Editorial PPC, Madrid, 2001.
Marina, J.A: Teoría de la inteligencia creadora. Editorial Anagrama, Madrid, 1993.
Olivé, L: Multiculturalismo y pluralismo. Editorial Herder, Barcelona, 1975.
Ramírez, M.T (Coordinados): Filosofía de la cultura en México. Editorial Plaza y
Valdés, México, 1997.
Salmerón, F: Diversidad cultural y tolerancia. Editorial UNAM/Paidós, México, 1998.
Sánchez Ron, J.M: El poder de la ciencia. Alianza Editorial, Madrid, 1992.
UNESCO: De la diversidad al pluralismo. Declaración universal sobre la diversidad
cultural, 1998.
Villoro, L: Estado cultural, pluralidad de culturas. Editorial Piados, México, 1999.

7. Hoja de apuntes personales

UNIDAD 5

PROBLEMAS ÉTICOS DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

DIBUJO

5.1. CIENCIA Y ´ETICA


5.1.1. Características de la ciencia
5,1,2, El juicio ético sobre la ciencia

5.2. TECNOLOGÍA, TECNOCIENCIA Y ÉTICA

5.2.1. El juicio ético sobre la tecnología y la tecnociencia


5.2.2. Conflicto entre el saber tecnocientífico y la vida humana

5.1. CIENCIA Y ÉTICA

5.1.1. Características de la ciencia

Objetividad
Separación nítida entre lo conocido y quien conoce. Incluso si el propio sujeto se
convierte en sujeto de estudio, automáticamente se convierte en lo otro a lo cual hay que
enfrentarse. El sujeto es un ser ahí frente a la naturaleza a la que trata de dominar.
Separación establecida por el dato del marco objetivo de estudio, es decir,
establecimiento previo de las cualidades y relaciones que van a estimarse primarias y
que se estipulan en los supuestos de partida.
Reiteración
Los sistemas con su estabilidad interna y su organización estructural no
constituyen ejemplares únicos, sino que hay repetición de formas, aunque en la
naturaleza los objetos que existan sean, en sí, radicalmente únicos y diferentes. La
reiteración argumental posibilitará también la reiteración conceptual.
Orden, regularidad
Razón significa orden y conexión, orden lógico. Una racionalidad desordenada
¿no sería razón caótica? Cualquier movimiento de un sistema supone cierta estabilidad
que indica que a lo largo del tiempo se mantiene el sistema. La reiteración posibilitará
también la reiteración conceptual, aunque no debe confundirse estabilidad del sistema
con constancia. La diferencia provoca dos enfoques: estático y dinámico. En la
organización estructural de los sistemas hay repetición de formas, aunque en la
naturaleza los objetos que existan sean únicos y diferentes. Cualquier movimiento de un
sistema supone cierta estabilidad que indica que a lo largo del tiempo se mantiene dicho
sistema. No debe confundirse estabilidad del sistema con constancia del mismo.
Rigor
No habría razón sin rigor metódico. Un rigor sin método lo es sólo por azar y
durante breve tiempo. Gracias al método se convierte el rigor en sistema, en ruta segura.
En el sistema las normas han de cumplirse (¡por sistema!), como en una gran autopista
bien señalizada, con unas reglas de juego comunes a los usuarios, donde no han lugar
los riesgos innecesarios de la arbitrariedad.
Universalidad
Allí donde aparece la razón, allí aparece asimismo la relación causa-efecto, esto
es, la necesidad y la no-excepcionalidad del discurso, pudiendo explicar definitivamente
con unas cuantas leyes la razón suficiente y el sentido de la totalidad.
Simplicidad
Se pretende que la naturaleza no hace sus transformaciones sino en la vía más
fácil, y ello condiciona el propio conocimiento, que debe seguir las líneas de sencillez y
simplificación todo lo posible.
Reproducción de lo real
El conocimiento obtenido en los procesos de transformación de la naturaleza
corresponderá a dicha naturaleza.
Aproximaciones sucesivas
El conocimiento no se obtiene de una vez para siempre. Cada teoría puede ser
ampliada hasta el infinito bien por desarrollo interno, bien por yuxtaposición de nuevas
teorías. Que ello suponga modificaciones o cambios estructurales en las teorías o en la
organización de las disciplinas es algo secundario frente a la convicción de que el
conocimiento es una acción abierta al infinito tanto en profundidad como en extensión.
La repetición del pensamiento y de la acción cognoscitiva hace que, mediante etapas
sucesivas, puedan alcanzarse posiciones más adecuadas. Es lo que posibilita los
procesos de ensayo y error, experimentaciones reiteradas, inducción simple, inducción
completa, inducción transfinita, etc.
Argumentatividad
El método y el rigor se expresan mediante argumentos, por lo cual devienen
probatorios, demostrativos, fundados. Quien prueba, demuestra, explica, y funda sabe
que lleva razón. En la universalidad de la razón descansa su carácter dialógico. No basta
con “llevar razón”, hay que darla. A menor grado de comunicabilidad, menor grado de
racionalidad.
Evidencia
De todos modos, en última instancia llega un momento en que ya no existen más
razones, sino que éstas descansan en la evidencia de los hechos. Y los hechos ya no se
demuestran, se muestran. No siempre las razones poseen suficiente valor explicativo:
resultaría ridículo que alguien nos dijera: “¡Dame diez buenas razones para explicar por
qué los padres quieren a los hijos, o de lo contrario no creeré en su amor!”.
Plausibilidad
Cuando los argumentos no resultan definitivos se orienta en el sentido de lo
plausible (razonable, lo sensato, lo posible, lo que funciona mientras no se demuestre lo
contrario). Tal vez sea este un criterio débil de razón, pero en todo caso humano.

Autocrítica de la ciencia

Estos caracteres no convierten a la ciencia en infalible. Es la propia ciencia la


que, en un ejercicio de humildad admirable, nos enseña a ser modestos. La ciencia
moderna toma conciencia de que el conocimiento no se obtiene de una vez para
siempre. Cada teoría puede ser ampliada hasta el infinito por desarrollo interno, o por
yuxtaposición de nuevas teorías. Por aproximaciones sucesivas se alcanzan posiciones
más adecuadas. Esto posibilita los procesos de ensayo y error, experimentaciones
reiteradas. El teorema de Gödel (1931) venía a frustrar el sueño de Hilbert, el cual dijo
en 1925 de que en matemática no existe la palabra ignoraremos. Para Kurt Gödel, en
cualquier sistema formal aritmético existen proposiciones indecibles, es decir, que ni su
afirmación ni su negación resultan demostrables, y una de ellas es precisamente la que
afirma la consistencia del sistema, o sea, la imposibilidad de que en él aparezcan
contradicciones. El quehacer matemático es un proceso tentativo de acercamiento a la
realidad que no se puede soñar en realizar de un golpe ni completamente. No tratamos
de verdades inmutables ni infalibles. En este contexto el filósofo austriaco Karl Popper
defiende lo siguiente:
Postulado de falibilidad
“Quizá yo esté equivocado y quizá usted tenga razón, pero, desde luego, ambos
podemos estar equivocados”.
Postulado del diálogo racional
“Queremos críticamente, pero sin ningún tipo de crítica personal, poner a prueba
nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas -criticables- teorías. Esta
actitud crítica a la que estamos obligados a adherirnos forma parte de nuestra
responsabilidad intelectual”.
Postulado de acercamiento a la verdad con ayuda del debate
“Podemos casi siempre acercarnos a la verdad con la ayuda de discusiones
críticas impersonales -y objetivas-, y de ese modo podemos mejorar nuestro
entendimiento, incluso en aquellos casos en los que no lleguemos a un acuerdo”.
Como señala Karl Popper, estos tres principios son epistemológicos y al mismo
tiempo éticos: “Si yo puedo aprender de usted, y si yo quiero aprender en el interés por
la búsqueda de la verdad, no sólo debo tolerarle como persona, sino que debo
reconocerle potencialmente como a un igual; la unidad potencial de la humanidad y la
igualdad potencial de todos los seres humanos deviene un prerrequisito para nuestra
voluntad de dialogar racionalmente. De mayor importancia es el principio según el cual
podemos aprender mucho de la discusión, incluso cuando no nos lleva a un acuerdo.
Porque un diálogo racional puede ayudarnos a que se haga la luz sobre los errores,
incluso sobre nuestros propios errores”. Junto a esos tres postulados, he aquí estos otros
doce principios en favor de una razón cálida:
Los doce principios
- Nuestro conocimiento objetivo conjetural continúa superando con diferencia lo
que el individuo puede abarcar. Por consiguiente no hay autoridades.
- Es imposible evitar todos los errores, incluso los evitables en sí mismos. Todos
los científicos cometen equivocaciones continuamente.
- Por supuesto, sigue siendo nuestro deber hacer lo posible para evitar errores.
Pero, precisamente para evitarlos, debemos ser conscientes de la dificultad que eso
encierra.
- Los errores pueden ocultarse a todos, incluso en nuestras teorías mejor
comprobadas, siendo la tarea específica del científico buscar tales errores.
- Debemos, pues, cambiar nuestra actitud ante el error, y es aquí donde comienza
la reforma práctica de la ética.
- Intentar ocultar la existencia de errores constituye el mayor pecado científico;
hemos de aprender de nuestros propios errores.
- Hemos de estar continuamente al acecho para detectar errores, especialmente
los propios, con la esperanza de ser los primeros en manifestarlos.
- Forma parte de nuestra tarea poseer una actitud autocrítica, franca, y honesta
hacia nosotros mismos.
- Puesto que debemos aprender de nuestros errores, también debemos aprender a
aceptarlos, incluso con gratitud, cuando nos les señalan los demás.
- Necesitamos a los demás para descubrir y corregir nuestros errores, y, sobre
todo, necesitamos a gente que se haya educado con diferentes ideas, en un mundo
cultural distinto.
- Tenemos que aprender que la autocrítica es la mejor crítica, pero que la crítica
de los demás nos resulta imprescindible.
- La crítica racional y no personal (u objetiva) debería alegar razones específicas
cuando algo nos parece inconducente, guiados por la idea de acercamiento a la verdad
objetiva; en tal sentido la crítica será impersonal y benévola.
Hasta aquí Karl Popper. Por su parte Roger Penrose distingue en su libro La
Nueva Mente del Emperador entre cuatro clases de teorías, las excelentes, las útiles, las
tentativas, y las desencaminadas, pero el paso de una a otra no siempre resulta
definitivo, pues la ciencia no parece ya tan «científica» como creen los filósofos, lo cual
no la hace menos verdadera.

5.1.2. El juicio ético sobre la ciencia

La ciencia, parte de la tecnociencia, ya no es éticamente neutral, no busca el


conocimiento por el conocimiento, sino que está llena de prejuicios, ideologías e
intereses de todo orden, sobre todo económicos. Por eso debe analizarse el contexto en
que se lleva a cabo, la aplicación práctica de ella resultante, así como la evaluación
social de sus resultados.
El único criterio y el único juicio ético sobre la ciencia es el siguiente: toda
especulación y ensayo científico que lesione la dignidad de la vida humana ha de
prohibirse, del mismo modo que se prohíbe el asesinato. Habida cuenta de este axioma,
que se desprende de que -como habíamos dicho- la persona es un fin en sí misma, nunca
un medio o un instrumento, nunca un conejillo de indias con el que experimentar, sino
un fin en sí mismo al que debe subordinarse la ciencia, habida cuenta de ello podemos
orientar hacia una solución mejor la ingente cantidad de problemas éticos que van
generando las ciencias particulares a medida que se desarrollan en todos y cada uno de
sus niveles (ciencias de la información, ciencias físicas, químicas, médicas, económicas,
etc), cada una de las cuales ha ido elaborando mientras tanto sus propios códigos éticos
con el deseo de coincidir en las grandes cuestiones ético-científicas de fondo.
Por lo demás, el análisis de todo esto presenta a su vez cuatro grandes niveles:
Contexto de investigación e innovación. ¿Sería lícito iniciar pruebas científicas
que condujesen al holocausto o exterminio del planeta Tierra?, ¿sería ético experimentar
con los prisioneros, como hicieron en su día los nazis para ver cómo sacar más provecho
biológico de ellos? ¿Todo lo que puede ser investigado debe ser investigado?
Contexto de evaluación, o de valoración social. ¿Sería moral que los países
emprendiesen investigaciones totalmente innovadoras con repercusiones importantes
para el resto del mundo, sin informar de ello a la comunidad internacional? ¿Sería
moralmente justificable que sólo algunos países pudiesen tener derecho a fabricar
bombas atómicas, y otros no? ¿sería valioso mantener ocultos los intereses sociales de
los más poderosos?
Contexto de aplicación o uso. ¿Podría justificarse moralmente lanzar
medicamentos al mercado sin un control riguroso antes de estar bien seguros de que no
produce efectos secundarios graves? ¿Es defendible el mantenimiento de los precios de
los fármacos anti-sida en continentes empobrecidos como África, donde cada día
mueren miles de personas por no poder pagarlos, o rebajar la tasa de beneficios
suculentos de las multinacionales farmacéuticas?
Contexto de acceso y divulgación: ¿Sería ético investigar sirviéndose de
acciones instrumentales perversas, donde el fin justificase todos los medios? ¿Pueden
publicarse informaciones difamatorias, o de contenidos aberrantes, amparándose en el
anonimato de los nuevos medios, por ejemplo, el de Internet? ¿Es absoluto el derecho a
informar de la vida privada como se pretende en la prensa rosa o prensa del corazón?
¿Tiene el enfermo derecho absoluto a ser informado de su dolencia, o se le puede paliar
dicha información según lo aconsejen la prudencia y las circunstancias? ¿Puede ser
dicho lo que no debe ser dicho?

5.2. TECNOLOGÍA, TECNOCIENCIA Y ÉTICA

5.2.1. El juicio ético sobre la tecnología y la tecnociencia

El hombre antiguo se proponía como objetivo principal conocer la naturaleza; en la


actualidad la tecnociencia -sobre la base del conocimiento científico- modifica al mundo: a
la naturaleza, a la sociedad y a los seres humanos, transformándolos. Si los seres humanos
explotamos la naturaleza y especulamos con la vida ¿qué calidad de vida tendremos?, es
más ¿será posible la vida?. Antes el saber científico buscaba la verdad, actualmente se
integra en la lógica capitalista de maximizar ganancias al menor costo.
A partir del auge científico y tecnológico en el siglo pasado surgieron reflexiones
críticas sobre la ciencia y la tecnología desde diferentes perspectivas: económicas,
ecológicas, sociológicas, políticas, etc, examinando las consecuencias ambientales
negativas de determinados experimentos científicos; los problemas éticos aparejados por
ciertas líneas de investigación tales como la biotecnología, la sociotecnología, la bioética,
la dependencia económica y tecnológica a las que son sometidos los países
subdesarrollados, así como la función ideológica y de control social que desempeñan
algunas teorías. Javier Echeverría denomina a este nuevo saber filosofía crítica de la
ciencia y la tecnología recordándonos que si bien los avances tecnológicos permiten a la
humanidad progresos irrenunciables, debemos tener en cuenta los precios a pagar, así
como reflexionar sobre si podemos evitar efectos negativos. La tecnociencia es un
instrumento de dominio y transformación de la naturaleza y de la sociedad; y aunque de
ella se espera un avance en el control de la naturaleza y una mejora en la calidad de vida,
sin embargo parece beneficiar sólo a determinados grupos sociales. De suerte que es el
deseo de enriquecimiento y poder, más que el de saber, el que hoy impone a la ciencia y a
la técnica el imperativo de mejorar sus actuaciones y la realización de sus productos.
Dejando de lado las razones humanitarias, lo que realmente busca la ciencia es el
incremento del poder económico y político.
La tecnociencia se `preocupa por los sin voz que se verán afectados por los
resultados del cambio técnico. Es importante dar cuenta de las decisiones que se
adoptan y cómo se adoptan, pero también del “programa oculto” que influye en tales
decisiones, y que nunca se hace explícito. Se trataría de desvelar intereses y procesos
sociales más profundos que pueden estar en la base de las elecciones sociales de la
tecnología.
Aceptar sin crítica la tecnología implica aceptar un contrato social implícito
cuyas condiciones sólo advertimos a menudo mucho después de concretarlo
permitiendo que se vayan remodelando las condiciones de vida humanas de modos no
deseados y con consecuencias negativas para amplias capas de la población y para el
futuro del planeta. Lo que pareciera ser elecciones meramente técnicas son en realidad
opciones hacia formas de vida social y política que van construyendo a la sociedad y
configurando a las personas, sin plantearse un momento valorativo y reflexivo que
introduzca cuestiones sobre las posibilidades de crecimiento de la libertad humana, de la
creatividad o de otros valores. No aceptemos vivir encadenados como los prisioneros en
la caverna de Platón, rompamos las cadenas pensando críticamente qué sociedad
tenemos y qué sociedad queremos. No debemos caer en un tecnofanatismo siendo
acríticos considerando que el progreso tecnológico traerá progreso económico y por
ende social, en definitiva un futuro de promesas que se expandirá a todos los seres
humanos; tampoco debemos quedarnos con las visiones tecnofóbicas, considerando a la
ciencia y a la tecnología como una amenaza para el orden social, donde se le atribuye a
la tecnología la causa de todos los males.
Si bien la ciencia y la tecnología se han convertido en recursos estratégicos
políticos y económicos tanto para los Estados como para las industrias, no pudiendo
desconocer que el desarrollo tecnocientífico aporta ventajas al bienestar de la sociedad,
habría igualmente que tomar conciencia de que el cambio tecnológico está en la base de
muchos de los problemas ambientales y sociales. En América Latina mueren veintidós
hectáreas de bosque por minuto, en su mayoría sacrificadas por las empresas que
producen carne o madera, en gran escala, para el consumo ajeno. La tecnología pone la
imagen la palabra y la música al alcance de todos, como nunca antes había ocurrido en
la historia humana, pero esta maravilla puede convertirse en un engaño si el monopolio
privado por imponer la dictadura de la imagen única, la palabra única y la música única.
Irremediablemente, la ciencia y la tecnología se han politizado y vuelto más complejas,
y su imagen benefactora ya no se debe dar por supuesta, ni sus practicantes pueden
pretender mantener su estatuto tradicional en la sociedad. Además de los riesgos, el
desarrollo aporta nuevas formas de relación y nuevos valores. No podemos concluir que
la tecnología sea buena, mala o neutra. Dependerá de la responsabilidad en el uso y del
análisis preventivo de las consecuencias antes de tomar las decisiones. Desde la
educación se puede contribuir a desmitificar la tecnología contrarrestando alguno de los
riesgos que suele traer y para ello hay que conocerla pero no sólo en su aspecto
funcional, sino también en el impacto que causa. Una educación que forme ciudadanos
participativos y solidarios, que utilicen críticamente las nuevas tecnologías, ayudará a la
construcción de una sociedad más justa, humana y sin exclusiones”23.
23
Patricia Valdés y Roxana Mariel: www.fmmeducacion.com.ar//Recursos/tecnociencia.htm
5.2.2. Conflicto entre el saber tecnocientífico y la vida humana

Una especie recién llegada y tan sabia tecnológicamente


Esta especie, última llegada al planeta, aún en vías de desarrollo manifiestamente
mejorable, es a la vez compleja, capaz de lo mejor y de lo no tan bueno. Desde hace
13.000 millones de años o más el cosmos ha ido preparándole su nicho ecológico: los
humanos terrícolas existen desde un millón y medio; el homo sapiens desde hace 200.000
(Paleolítico); desde hace apenas 10.000 años (gran cambio del Neolítico), un número
creciente de agricultores y ganaderos sedentarios; desde hace unos 5.000 años, grandes
culturas y grandes religiones de la historia primitiva.
Pues bien, si tomásemos 62 años como esperanza media de vida para los últimos
50.000 años de la historia de la humanidad, ahora nos encontraríamos en la vida numero
800, de las cuales 650 vividas en cavernas; desconocedoras de la palabra escrita hasta la
generación 70 anterior a nosotros; sólo en las 6 últimas se ha dado la palabra impresa al
alcance de las masas; sólo en las 4 últimas exactos cómputos de tiempo; sólo en las 2
últimas motor eléctrico (electrodomésticos); sólo 1, la nuestra, la número 800, ha conocido
la mayor parte de los bienes de consumo, y -dentro de ella- únicamente en los tres últimos
decenios ha tenido acceso a la universalización de las redes informáticas y telemáticas:
baste decir que un servidor no conoció la televisión cuando fue niño, y el ordenador
personal sólo hace unos años. Pero a un sobresalto sigue otro, como el de la ingeniería
genética. Hoy nos echaríamos a reír si recordásemos que: en 1825 los periódicos, ante los
recién estrenados 40 kilómetros/hora del ferrocarril, escriben: “Con esa velocidad subirá la
tensión arterial de los viajeros, y las vacas que pastan tranquilamente se marearán”. En
1876 un periódico de Boston comenta a propósito de la invención del teléfono: “La gente
bien informada sabe que es imposible transmitir la voz a través de alambres y que, si fuera
posible hacerlo, carecería de valor práctico”. En 1878, tras observar la luz eléctrica en una
exposición científica universal, un profesor británico escribe: “Cuando finalice la
exposición de París, la luz eléctrica se acabará, y no se oirá más de ella”. En 1895 el
fisicomatemático lord Kelvin manifiesta: “Máquinas voladoras más pesadas que el aire son
de todo punto imposibles”. En 1899 Charles Duell, nada menos que director del registro de
patentes de los EEUU, comenta: “Se ha inventado ya todo cuanto se puede inventar”,
razón por la cual aconseja a la Casa Blanca la clausura de tal registro. El 2 de agosto de
1968 se lee en el Business Week: “Con más de cincuenta marcas extranjeras de
automóviles vendiéndose ya en EEUU, no es en absoluto probable que la industria
automovilística japonesa consiga ni siquiera un pequeño porcentaje del mercado
americano”. En 1977 Ken Olson, presidente de Digital Equipment Corporations,
proclama: “No existen razones para que un individuo tenga un ordenador en su propia
casa”.
También la vida humana se ha dilatado tanto, que hoy sólo con humor podemos
leer frases como ésta de Stendhal: “La señora de Renal tenía casi treinta años, pero todavía
era una mujer encantadora”. Actualmente, a los treinta años de edad, una mujer es todavía
casi una adolescente a la búsqueda de su primer empleo. Prótesis sobre prótesis, quién sabe
cómo pueden terminar las cosas mañana. Todas las mutaciones que han venido luego se
han dado con el trasfondo del aceleradísimo cambio del escenario geoestratégico que ha
barrido el mapa de Europa? Especialmente en el ámbito tecnológico bien pocas cosas nos
sorprenden hoy, razón por la cual la gente, necesitada de creer en algo, vuelve la vista
hacia el pasado. Es el retorno de los brujos, contra el que predicó el siglo XIX ilustrado y
positivista. La cosa es de tal magnitud, que cada año de hoy equivale a un milenio de
desarrollo científico-técnico de antes. Pronto habrá viajes de fin de semana a la luna, donde
se está sembrando atmósfera artificial como base para la exploración del espacio. No has
terminado de abrir la caja de la sorpresa, y otra mayor ya te sorprende. Una palabra define
el ritmo de nuestras horas: obsolescencia: vivimos caducados antes de que se haya
cumplido nuestro plazo, entramos en el desempleo antes de haber ocupado un empleo. El
mundo nos jubila. Para la omnipotente ciencia nada parece imposible, término a desterrar
de los vocabularios. En la antítesis respecto de nuestros abuelos, muchos de los cuales
se han ido al otro mundo sin haberse creído del todo eso de la llegada de los primeros
astronautas a la luna, evento que tomaron por un mero anuncio publicitario, ¿para qué
fatigarse estudiando el pasado cuando estamos a punto de fundirnos en la masa crítica
del futuro, nuestro verdadero tiempo? Nuestra ley psicológica de gravedad rezaría así:
el futuro caerá por su propio peso. La máquina histórica ha progresado tanto, que
arrastra y sobrepasa a su propio constructor; hoy estás arriba, mañana abajo, pero tú no
la dominas. La historia toca a su fin cuando pasado, presente y futuro se funden en una
unidad de tiempo en el cual ya está todo andado. Dicho de otro modo: nihilismo y fin de
la historia resultan ser dos vocablos diferentes para dar cuenta de una misma realidad, la
realidad de la nada, el tiempo del vacío, la existencia social sin impulso propio.
Quizá haya sido el filósofo Martín Heidegger (1889-1976) uno de los filósofos
relevantes que con más profundidad haya sometido a crítica a la técnica. Según él, hoy
no basta con limitarse a decir que se trata de un instrumento cada vez más poderoso, en
sí mismo indiferente al uso que de él pueda hacerse, puesto en las manos del hombre, de
quien depende en último la responsabilidad sobre los destinos de la sociedad técnica. Lo
decisivo de la tejne no es hacer y manipular, ni el uso de medios, sino el desencubrir, en
el mostrar la verdad. Ahora bien, ¿cuál es el modo de desencubrir que caracteriza a la
técnica moderna? Extraer de la naturaleza energía para la cadena de explotación,
almacenaje, distribución, vuelta a transformar y consumo, en definitiva, voluntad de
poder. Este montaje técnico-industrial es cualitativamente diferente al de la antigua
técnica. Dentro de él, hoy el hombre no es el dueño y señor de la técnica como modo de
desocultamiento, es también él “material humano”, factor humano, como en la célebre
novela de Graham Greene, un elemento más en el sistema de producción, reducido a la
condición de objeto. La omnipotencia del pensamiento técnico tiende a expulsar toda
otra forma de pensar que no sea en su forma técnica, y las cosas mismas no son más que
‘existencias’ prestas para su uso. La absoluta nivelación de la realidad que impera en la
técnica es la plena realización de la tendencia a centrarse exclusivamente en lo presente:
“Todo funciona, esto es precisamente lo inquietante, que funciona y que el
funcionamiento nos arrastra siempre a un mayor funcionamiento y que la técnica
arranca y desarraiga de la tierra cada vez más a los hombres. No necesitamos de la
bomba atómica, el desarraigo ya es un hecho. Sólo tenemos puras relaciones técnicas.
Esto en lo que el hombre hoy vive ya no es la tierra”24.

Una especie en pañales en lo referente a su desarrollo moral


Carentes de identidades morales, más de la mitad de la población mundial opina
que en materia de valores todo es relativo, nada verdad ni mentira. Especie enferma -
etimológicamente hablando enfermo (in-firmis) es el no firme)- camina con un pie más
corto que otro, ha hipertrofiado su brazo de acero de tecnita, a costa del alma bella de
santo. Ojalá que, como especie joven, podamos acompasar ambos avances. Al parecer,
tantas escuelas y universidades del primer mundo no lo solucionan, ¿para qué sirve la
escuela, si no es para hacernos más buenos, sin dejar por ello de ser más científicos? El
nivel de desarrollo moral de la humanidad no va parejo con el tecnológico. Por lo que
vamos viendo, lo fácil es hacer ciencia y tecnología, más difícil es ser bueno, y no a la
24
Heidegger, M: Entrevista en Der Spiegel, número 23/1976, p. 206.
inversa, como los ingenieros nos dicen. La ciencia avanza mientras la ética da la
impresión de retroceder; ¿por qué la razón matemática es capaz de universalizar axiomas,
mientras que la racionalidad ética lo que a unos les parece bueno, a otros doblemasbueno,
y a otros imbueno, como nos recordaba Georges Orwell.
Si las cosas siguen así, la gran mayoría morirá de hambre, y el resto de
aburrimiento. También están los que triunfan, pero esos “triunfadores” morirán
finalmente de éxito. Hoy se mata de tres formas en el tanatorio social: a la mayoría por
penuria, a la minoría por aburrimiento, y a la élite por un éxito que se mide por la
capacidad de un ganar-consumir no a la medida del hombre sino el hombre a la medida
de la ganancia y del consumo. A la vista de ello, la más grande lección de la historia es
que muy pocos han aprendido las lecciones de la historia. Hoy la capacidad de
elaboración intelectual de los particulares continúa siendo rudimentaria, creciente su
vulnerabilidad psicológica, y progresiva la infantilización ideológica de sectores cada
vez más amplios de población; ellos se muestran ineptos para hacerse cargo de una
realidad que cada vez está en menos manos y es más compleja. Por eso muchas gentes
se encierran en sus microproyectos, baste recordar que 2'5 millones de ciudadanos de
los EEUU andan afiliados a sectas destructivas.¿Y qué decir del ánimo de gentes como
Pessoa? “Me encuentro tan solo que siento la distancia entre mí y mi traje”25.

Los desafíos principales


El desafío ecológico
La naturaleza no puede ser transgredida. Quien destruye la naturaleza cava su
propia fosa. Un ecologismo democrático y bien fundado pondrá en el centro de su
discurso a la persona. No es el hombre para la naturaleza, sino la naturaleza para el
hombre. Obviamente, no somos enemigos de los árboles, pero más que todo vale el ser
humano. Un espalda mojada es siempre, incondicional y cualitativamente superior a
cualquier otra especie animal -en vías de extinción o no- y como tal hay que cuidarle. Y,
porque la ecología comienza por la persona, también la persona ha de comenzar
actuando ecológicamente. Ejercicio de congruencia democrática y de credibilidad
personal: ¿qué tal si para comenzar a ejemplarizar dejamos de fumar, dado que la
democracia que no comienza con el ejemplo de cada individuo no llega a sustanciarse
comunitariamente?, ¿qué tal si no arrojamos basura a la calle, etc? Si no estamos
dispuestos a asumir los pequeños gestos, ¿para quién dejaremos las grandes gestas? La
democracia dice: no dejarás para los demás lo que puedas hacer por ti mismo, madruga
tú más.

El desafío de la vida
Todo ser humano defenderá el derecho a la vida. Una especie que conculque este
derecho se mutilará biológica y éticamente. La cuestión de la vida no es algo que deba
dejarse al arbitrio de cada ciudadano en particular, sino que ha de ser defendido también
por las instituciones, es de orden público. Nunca se debe atentar contra la vida del niño
o niña que va a nacer, aunque la madre sea violada. Es triste que una mujer sea violada,
y hay que castigar duramente al violador. Pero por encima de todo hay que defender la
vida de todos y de cada uno, especialmente la vida de los seres más indefensos, las
personas que van a nacer. La vida que hay en el vientre de la madre es el test de toda
democracia, la última palabra en torno a la cual ningún diálogo es posible: no se puede
negociar con esa realidad sagrada, no cabe plantear otra cosa que su vida. La vida de
quien va a nacer es la prueba de fuego de la democracia, su razón de ser, algo no
sometible a pactos. Los demócratas son los mayores entusiastas defensores de quienes
25
Pessoa, F: El libro del desasosiego, Editorial Acantilado, Barcelona, 2002, pp. 100-101.
no pueden defenderse a sí mismos. La sociedad juzgará mañana con infinita dureza al
abortismo; a su lado, los defensores de la esclavitud parecerán grandes demócratas.
El verdadero demócrata defenderá la vida siempre, vida que comienza desde el
instante mismo de la fecundación. Y la defenderá a pesar del secuestro emocional con
que cierta prensa poderosa -enemiga de los débiles- manipula a la opinión pública
presentando a los defensores de la vida como reaccionarios integristas, derechistas
fundamentalistas, papistas vaticanistas, etc, adjetivaciones tanto más frecuentes cuanto
menores son los argumentos que las fundan. Tampoco faltarán las descalificaciones
profesionales, y hasta las personales. Pero si la democracia se relaja en esta cuestión,
será construida sobre los féretros invisibles, pero reales, de los abortados. El derecho a
la vida, el primero y central de los derechos humanos sobre los que se funda la
convivencia democrática, habría quedado conculcado.
Quien se compromete con la defensa de la persona que va a nacer debe también
comprometerse con la defensa de la vida en todas y cada una de sus manifestaciones:
estará en contra de la pena de muerte, en contra de la tortura, en contra del machismo,
en contra del trabajo de niños menores, en contra de los salarios de hambre, etc. Y por
supuesto estará dispuesto a acoger a los niños y niñas no deseados de los otros. En este
sentido tenemos que decir con gran dolor -insistimos: con gran dolor- que son malos
compañeros de viaje en la defensa de la vida aquellas personas que se han enriquecido
con los despojos de los pobres, a los que a duras penas permiten sobrevivir, o
simplemente aquellos que retribuyen con salarios ínfimos a sus trabajadoras y
empleados domésticos, aunque ello sea conforme a lo estipulado legalmente. Estas
gentes explotadoras cometen crímenes abominables, y tras su coartada (falsa de todos
modos) se agazapan quienes cometen los crímenes aún más abominables contra la vida.

El desafío de la justicia social


A menos que den a su riqueza un uso social, los ricos serán contrarios a la
democracia real. El rico es ladrón, hijo de ladrón, o nieto de ladrón, no siendo justicia
tener lo común por propio, pues “la naturaleza engendró el derecho común y la
usurpación hizo el derecho privado” (San Ambrosio). “Es la riqueza, dice san Juan
Crisóstomo, asesino implacable, fiera indomesticable, déspota más feroz que un
bárbaro, enemigo irreconciliable que no sabe de treguas ni depone jamás el odio contra
los que la poseen. ¿Por qué huyendo de la pobreza, perseguís la riqueza, enemiga que
es, asesina y más feroz que las fieras? ¿Por qué azuzas a una fiera que debieras
domesticar? ¿Cómo, pues, dejará la fiera de ser fiera? Aun cuando seas opulento, si
gastas más de lo necesario tendrás que dar cuenta de la riqueza que te ha sido confiada.
Si fuera posible castigar en justicia a los ricos, de ellos estarían llenas las cárceles. El
cuerpo del ricachón ha sido entregado a la tierra; pero la vista de las grandes
construcciones no permite que con él quede enterrada la memoria de su avaricia. Todo
el que pasa, al contemplar la grandeza y cultura de la espléndida casa, no dejará de
decirse a sí mismo o a su vecino: ‘¡Con cuántas lágrimas no se habrá edificado esta
casa! ¡Cuántos huérfanos se habrán quedado desnudos! ¡Cuántas viudas no habrán
sufrido una iniquidad y cuántos obreros no habrán sido defraudados de su jornal!’. De
modo que te salen las cuentas del revés: querías gozar de gloria mientras vivías, y ahora
ni después de morir te ves libre de acusadores. La casa lleva tu nombre como esculpido
en una estela y obliga a que te ultrajen quienes no te vieron en vida. ¿Por qué mientras
los pobres perecen todos los días de opresión, hambre, frío, injurias, tú eres amigo del
oro, guardas la plata, tienes por sacrosantos, como si fueran ídolos, los vestidos
preciosos y los ornamentos lujosos superfluos? ¡Cuántas almas asesinadas cuelgan de
los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras una sola de tus joyas, distribuido su
precio entre los pobres, conocerías por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos
vale tu ornato” (San Zenón de Verona). ¿Quién moralmente sano podría gozar de lo
superfluo cuando otros mueren por falta de lo necesario? “¿Hasta dónde pretendéis
llevar, ricos, vuestra codicia insensata, acaso sois los únicos habitantes de la tierra, por
qué expulsáis de sus posesiones a los que tienen vuestra misma naturaleza y vindicáis
para vosotros solos la posesión de toda la tierra? En común ha sido creada la tierra para
todos, ricos y pobres; ¿por qué os arrogáis, ricos, el derecho exclusivo del suelo? Nadie
es rico por naturaleza, pues ésta engendra igualmente pobres a todos. Nacemos
desnudos y sin oro y plata. Desnudos vemos la luz del sol por primera vez, desnudos
recibe la tierra a los que salieron de ella, y nadie puede encerrar con él en su sepulcro
los límites de sus posesiones. Un pedazo estrecho de tierra es bastante a la hora de la
muerte, lo mismo para el pobre que para el rico, y la tierra que no fue suficiente para
calmar la ambición del rico lo cubre entonces totalmente. La naturaleza no distingue a
los hombres en su nacimiento ni en su muerte. Les engendra igualmente a todos y del
mismo modo les recibe en el seno del sepulcro. ¿Quién puede establecer clases entre los
muertos? Excava de nuevo los sepulcros y, si puedes, distingue al rico. Desentierra poco
después una tumba y di si reconoces al necesitado. Acaso solamente se puedan
distinguir en que con el rico se pudren muchas más cosas (San Juan Crisóstomo).

El desafío de la paz y la concordia


La injusticia produce violencia. No habrá paz sin justicia. Terrorismos, robos,
etc, se incrementan en los países más injustos. Las guerras son negocio para los
enriquecidos a costa de las vidas de los más empobrecidos, los cuales dejan sobre el
suelo lo único que tienen: su vida. Frente a eso, la justicia y la paz democráticas se
besan. Sólo los justos y pacíficos construirán democracia en paz y en concordia. Esa
será una buena globalización.

ACTIVIDADES

1. Texto para comentar

Los objetos físicos son pasivos desde el punto de vista cognoscitivo, es decir, o
no conocen en absoluto (como por ejemplo las estrellas, las piedras o las plantas), o el
conocimiento que poseen no está en condiciones de asimilar sistemáticamente como una
información decisiva el hecho de que a su vez son conocidos por otros. Es verdad que
un perro no se comportará de la misma manera si sabe que su amo le observa que si no,
pero eso no pasa de ser un estímulo inmediato -normalmente inhibitorio- que no puede
llegar a configurar un cambio estable en los parámetros de conducta: podemos adiestrar
al perro para que se comporte de determinada manera, pero no para que lo haga a la
vista de lo que el animal sabe que los demás saben de él, y no digamos de lo que puede
llegar a conocer de sí mismo. Simplemente, sus facultades cognoscitivas no están
preparadas para hacer el bucle que es indispensable en orden a reprocesar como datos lo
que más bien son productos de su percepción, imaginación, o lo que sea. En otras
palabras: con los seres del mundo natural interactuamos físicamente, no
cognoscitivamente. El ‘yo sé que tu sabes que yo sé que tu sabes, etc., no es algo que
preocupe excesivamente a un domador que tiene que tratar a diario con sus fieras. En
cambio, entre seres humanos es el pan nuestro de cada día: basta con preguntar a un
adolescente sobre el particular para comprobar hasta dónde pueden llegar los
alambicamientos de esta índole. Por tanto, podríamos decir que los objetos físicos se
están ‘quietos’ cuando los conocemos, esto es: nuestro conocimiento no se agrega a
ellos como un añadido que debe ser tenido en cuenta para proseguir adelante. En
realidad, ni siquiera es cierto lo que acabo de decir, puesto que la más sofisticada teoría
de la física, la mecánica cuántica, contempla precisamente el hecho de que nuestro
conocimiento modifica irreversiblemente lo que somos capaces de decir con seguridad
acerca de la realidad; es lo que los expertos denominan a veces ‘colapso de la ecuación
de ondas de Schrödinger’. Pero, en fin, aceptemos que en condiciones habituales las
cosas no se dan cuenta de que las estamos observando y siguen comportándose como si
tal cosa aunque lo hagamos. Es obvio que con las personas no ocurre eso. En la serie
televisiva que se dedicó a la vida de Santiago Ramón y Cajal aparecía un ejemplo muy
esclarecedor de este efecto: el anciano sabio pedía en una escena a su joven secretaria
que se paseara por la habitación mientras él la observaba; luego, le pedía que volviera a
hacerlo pero imaginando que quien la miraba era un joven elegante y apuesto: la
muchacha perdía su indiferencia y acababa dando un traspiés. Hay confirmaciones de lo
mismo por todas partes: los estudiantes no estudiarán igual si saben de antemano las
preguntas del examen, ni los inversores mantendrán la calma si llegan a adivinar las
ocultas dificultades que atraviesa una empresa. Es algo trivial: el conocimiento es
determinante de la conducta y además el conocimiento humano recicla de continuo sus
conclusiones, conjeturas y sospechas como nuevos datos que tiene en cuenta para seguir
produciendo conclusiones, conjeturas y sospechas. Eso significa que la importancia de
los presupuestos extrateóricos a la hora de desarrollar teorías tiene que ser mucho mayor
que la que ya tiene en el caso de las ciencias naturales. Por lo tanto, la reflexión
filosófica debería ocupar una parte sustancial del trabajo teórico del historiador, el
psicólogo o el economista. No crean que con esto estoy tratando de promocionar el
colectivo profesional al que pertenezco, porque estoy convencido de que la filosofía es
una cosa demasiado importante para dejarla en manos de los filósofos profesionales. Me
repele incluso la idea de que así fuera. Nadie puede hacer mejor filosofía de la economía
que un economista cabal, decidido a hacer una investigación equilibrada, en la que todas
las fases reciban la atención que en justicia les corresponde. Lo único que ocurre es que
también en esto hay que optar entre el corto y el largo plazo: quien busca resultados
rápidos, ganancias epistemológicas fáciles, puede conformarse con hipótesis simplistas
y métodos abusivamente esquemáticos. Es muy posible que por ese camino se obtengan
éxitos a menudo espectaculares, porque, por una parte, en el hombre hay mucho de
animal, de vegetal y hasta de mineral, y, por otra, porque cuando contemplamos el
comportamiento de colectivos humanos las compensaciones estadísticas juegan un
papel decisivo, permitiendo generalizaciones estocásticas que para nada tienen en
cuenta las sofisticaciones que acabo de mencionar. Así es, en efecto, pero no para
siempre. Aunque sea tan lentamente como la maniobra de un gran trasatlántico, las
poblaciones humanas también son capaces de asumir lo que sabemos de ellas,
modificándose por ello de modo a veces imprevisible. No existen unos presupuestos de
platino iridiado que, una vez descubiertos, perduren para siempre jamás por los siglos
de los siglos; gracias al conocimiento el hombre cambia, su vida económica también.
Nuestra responsabilidad es procurar que lo haga en sentido positivo, para lo que no
pueden dejarse de lado indefinidamente las consideraciones éticas en las que está la
única clave posible de una genuina mejora” (Prof. Juan Arana).

2. Glosario Básico

Argumentatividad: Capacidad para explicar racionalmente lo que se pretende


demostrar.
Factor humano: El hombre como un elemento más en el sistema de producción,
reducido a la condición de objeto.
Filosofía crítica de la ciencia y la tecnología: Ciencia interdisciplinar que ha
surgido para repensar los peligros de los planteamientos tecnoecológicos en general.
Obsolescencia: Caducidad de los saberes tecnocientíficos.
Plausibilidad: Cuando los argumentos no resultan definitivos se orienta en el
sentido de lo plausible (razonable, lo sensato, lo posible, lo que funciona mientras no se
demuestre lo contrario).
Programa científico oculto: Influye en las decisiones, pero nunca se hace explícito.
Tecnita: Hombre técnico sustituto del homo sapiens,. Es también el tecnita el
sucesor del homo faber (hombre obrero) del pasado.
Tecnociencia: Sobre la base del conocimiento científico- modifica al mundo: a la
naturaleza, a la sociedad y a los seres humanos, transformándolos.
Tecnofanatismo: Posición acrítica que considera que el progreso tecnológico
traerá progreso económico y por ende social.
Tecnofobia: Consideración de la ciencia y de la tecnología como una amenaza
para el orden social y causa de todos los males.

3. Actividades

- Realizar un esquema-resumen de una cuartilla sobre la exposición del tema.


- Participa en el debate por grupos sobre la regulación ética en el desarrollo científico y
tecnológico de los distintos campos.
- En grupo: ¿Qué hace cada uno de nosotros para mejorar tu propia calidad de vida sin
deteriorar la de los demás: Ejemplo, ¿viajas en coche...?
-Localiza en un mapa los lugares mexicanos donde se dan problemas ecoambientales.
-Elabora un cuadro sinóptico derivado de la exposición.

4. Para la reflexión y el diálogo

- En grupo ¿Tienen responsabilidad los científicos y tecnólogos respecto de las


aplicaciones tecnológicas? ¿Puedes poner algún ejemplo cercano a nosotros?
-¿Qué instituciones conoces que se dedican a luchar por mejorar las condiciones de
habitabilidad de la Tierra?
- En grupo. ¿Crees que los jóvenes científicos se ven envueltos en una loca carrera
donde lo que importa no es la verdad sino el éxito en los proyectos subvencionados,
publicaciones, promociones profesionales, premios y el reconocimiento público de las
autoridades en la materia? Aportar razones en pro o en contra.
- En grupo: Comentar el sentido de este “criterio de los peritos” buscando similitudes
con otros “criterios” similares en la vida diaria: “Bello es lo que los peritos encuentran
bello, Bach es superior a Strauss porque así lo afirman los peritos. ¿Cómo se sabe que
un señor es perito? Porque prefiere Bach a Strauss. Resultado: Bach es superior a
Strauss porque así lo afirman los señores que prefieren Bach a Strauss”.
- “Es frecuente llegar a la barbarie cargado de sinrazón pura, así como utilizar buenas
razones para malas causas” (Schopenhauer). ¿Cuáles son algunas de tus “sinrazones
puras” como hijo, como alumno, como amigo?

5. Comenta las frases siguientes:

- “Formamos parte de una especie de mamíferos que en el curso de los próximos mil
años cambiará de medio y vivirá en el espacio. Existen precedentes en la historia de la
evolución de cambios radicales de entorno. El grupo de los tetrápodos en los peces
eligió hace unos setecientos millones de años, abandonar el mar y refugiarse en la tierra:
peces como el celacanto o los pulmonados se convirtieron así en nuestros antepasados
directos. Un grupo de dinosaurios –el arqueopterix- se pusieron a volar transformándose
en los antecesores directos de las aves. Las gallinas son un subproducto evolutivo de los
dinosaurios. Muchos otros mamíferos han hecho algo parecido. Un niño que nace y vive
en el espacio, cuando vuelva a la Tierra, quizás no pueda andar. Alguien que naciera en
la Luna o en otro planeta, con una gravedad inferior a la terrestre, por ejemplo, siete
veces inferior, su masa muscular y esquelética no estaría adaptada para caminar en la
Tierra cuando regresase, sería como si pesara siete veces más. Se sentiría como
aplastado, no se podría mover. Un día irá la gente al espacio sabiendo que no regresará,
y a medida que la especie humana se disemine por el espacio, se irá transformando.
Quizás la gente que viva más allá de nuestro sistema solar tendrá que aprender nuevas
formas de comunicarse, seremos una especie nueva. Puede que dentro de miles de años
estemos muy lejos del origen, que es la Tierra, y regresar de esas distancias tan grandes
sea absurdo” (Javier de Felipe).
-“Con grandes titulares se nos informa de que la clonación es ya un éxito. Y nosotros,
todos los hombres del planeta que no queremos esta profanación última de la naturaleza,
¿qué podemos hacer frente a la inmoralidad de quienes nos someten? La humanidad ha
recibido una naturaleza donde cada elemento es único y diferente. Únicas y diferentes son
todas las nubes que hemos contemplado en la vida, las manos de los hombres y la forma y
el tamaño de las hojas, los ríos, los vientos y los animales. Ningún animal fue idéntico a
otro. Todo hombre fue misteriosa y sagradamente único. Ahora, el hombre está al borde de
convertirse en un clon por encargo: ojos celestes, simpático, emprendedor, insensible al
dolor o, trágicamente, preparado para esclavo. Engranajes de una máquina, factores de un
sistema, ¡qué lejos, Hölderlin, de cuando los hombres se sentían hijos de los dioses!”
(Sabato, E: Antes del fin).
-“Los ignorantes acuden siempre a las matemáticas como a una ciencia maravillosa,
como a una ciencia más que ciencia. Tienen esa sorda, esa oficial convicción de que las
matemáticas son más científicas que la física, la física más científica que la química, la
química más científica que la biología. Creen que el camino que va de la ciencia del
hombre a la matemática es una progresión científica creciente” (Charles Péguy).
- “Todos los animales cuidadosamente observados se han comportado de forma que
confirma la filosofía en que el observador creía antes de comenzar sus observaciones; y lo
que es más, en todos los casos se han manifestado las características nacionales del
observador. Los animales estudiados por norteamericanos van frenéticos de un lado para
otro con gran apresuramiento y viveza, y llegan al fin por casualidad al resultado
apetecido. Los animales observados por alemanes quedan quietos y pensativos y llegan a
la solución por obra de su conciencia interior. Para el hombre corriente tal estado de cosas
es desalentador. Tal vez las cobayas, además de complacientes, son más listas que los
experimentadores y por eso se comportan conductistamente si el que las estudia es
conductista y gestálticamente cuando se fija en ellas un partidario de la psicología de la
forma” (Juan Arana).

6. Bibliografía

Echeverría, J: La revolución tecnocientífica. Fondo de Cultura Económica, Madrid,


2003.
Fernández-Rañada, A: Los científicos y Dios. Ediciones Nobel, Oviedo, 2002.
García Bacca, J. D: Elogio de la técnica. Editorial Anthropos, Barcelona, 1987.
García Martínez, R: Técnica y moral. Editorial Anthropos, Barcelona, 1996.
Habermas, J: Ciencia y técnica como “ideología”. Editorial Tecnos, Madrid, 1986.
Marcuse, H: El hombre unidimensional. Editorial Orbis, Barcelona, 1984.
Ortega y Gasset, J: Meditación de la técnica. Editorial Revista de Occidente, Madrid,
1968.
Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (http:/wwww.undp.org.mx):
Informe de desarrollo humano. México, 2002
Punset, E: Cara a cara con la vida, la mente y el universo. Conversaciones con los
grandes científicos de nuestro tiempo. Editorial Destino, Barcelona, 2006.
Queralto, R: Ética, tecnología y valores en la sociedad global. Editorial Tecnos,
Madrid, 2003.

7. Hoja de apuntes personales


UNIDAD 6

EDUCACIÓN AMBIENTAL PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE

DIBUJO

6.1. LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA RELACIÓN HOMBRE-NATURALEZA


6.2. CONCEPTOS Y CATEGORÍAS PARA EL ANÁLISIS DE LA RELACIÓN
HOMBRE-NATURALEZA

6.1. LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA RELACIÓN HOMBRE-NATURALEZA

El actual ecopesimismo individual y colectivo


Sigue haciéndose en el siglo XXI lo que se hacía antes de la revolución industrial:
“Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las
montañas para obtener con la ceniza un abono que sólo les alcanzaba para fertilizar una
generación de cafetos de alto rendimiento, poco les importaba que las lluvias torrenciales
de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles,
y no dejasen tras de si más que rocas desnudas. Con el actual modo de producción, y por lo
que respecta a las consecuencias naturales como a las consecuencias sociales de los actos
realizados por los hombres, lo que interesa preferentemente son los primeros resultados,
los más palpables”26. Desde hace mucho tiempo, en efecto, se veía venir el desastre
ecológico o ecodesastre a doble escala:
También a gran escala se veía venir el actual ecopesimismo: los ricos no cesamos
de emitir vapores contaminantes para mantener nuestra economía lo más boyante posible,
pues producir sin ensuciar o limpiar lo ensuciado nos costaría más caro, de ahí que
prefiramos contaminar. Pero carecemos de instinto de conservación a la larga mientras:
Perdemos biodiversidad al destruir hábitats naturales, como por ejemplo las selvas,
que albergan a la mayor parte de las especies vivas.
Producimos el conocido como efecto invernadero que sobrecalienta la tierra, eleva
los niveles del mar con la subsiguiente desaparición de las tierras allí donde las aguas
suben, y derrite la nieve principalmente por la emisión de gases industriales (con su
correspondiente lluvia ácida que acaba con la vegetación y en general con todo el reino de
la vida) y por la emisión de gases salidos de los vehículos automotores (que arrojan por sus
tubos de escape monóxido de carbono, dióxido de azufre y metales pesados como el
plomo).
Contaminamos por tierra, mar y aire: por tierra, con los “fertilizantes” tóxicos, con
los residuos no biodegradables desertizamos los ecosistemas y degradamos los suelos
agrícolas, etc; por mar y en los ríos, con residuos orgánicos y químico-industriales con la
subsiguiente acidificación de las aguas, aumento de la salinidad, alteraciones en la flora y
la fauna marina, destrucción de arrecifes de coral, aumento de algas fagocitarias; por aire,
causando la progresiva desaparición del hermano Ozono, el aumento de ciclones, tornados,
sunamis, etc..
Utilizamos tecnologías con las cuales se producen catástrofes de todo tipo, desde
catástrofes ecológicas, como el derrame de petróleo, del que es triste exponente la
catástrofe del buque Prestige en aguas territoriales de España (Galicia), hasta las
catástrofes radiactivas como la tristemente célebre de Chernobil (Ucrania) en 1986, y
cuyos efectos patológicos perduran varias generaciones (cánceres, malformaciones, etc);
esquilmamos los recursos naturales (pescas de arrastre que arrasan todo y aniquilan
especies enteras por no dar tiempo a la parada biológica necesaria para que dichas especies
tengan tiempo necesario para regenerarse; invadimos con especies exóticas lugares donde
había animales autóctonos (por ejemplo, el cangrejo de río español, en beneficio del
norteamericano), producimos especies transgénicas sin haber comprobado
minuciosamente los efectos de ello derivados a largo plazo, etc.
Desparramamos todo tipo de residuos contaminantes, plásticos, pilas y aparatos
electrónicos, que no pueden reciclar la naturaleza por sí misma, habiendo que enterrarlos,
almacenarlos o quemarlos, con el subsiguiente efecto negativo para todos, ya que producen
cantidades peligrosas de tóxicos no biodegradables a corto plazo, sino dentro de siglos o
milenios.

El cinismo de los poderosos


Para más ironía, mientras tanto los países ricos contaminantes hacen una vez más
lo que siempre hicieran: inventan la ecología como discurso teórico mientras envían sus
basuras radioactivas y sus industrias ultracontaminantes al Tercer mundo, a cambio de
unos dólares miserables o simplemente a cambio de nada. Por lo demás, los mecanismos
económicos del primer mundo generan, entre otras causas perversas, el agotamiento de
todos los recursos. En efecto, para aminorar su eterna deuda respecto de los países
enriquecidos, los países empobrecidos han de exportar lo más posible, explotando todos
los recursos naturales vendibles sin preocuparse de los daños ambientales y sociales que se
26
Engels, F: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Editorial Ayuso, Madrid,
1972
pudieran derivar de ello. A lo cual habría que añadir que las materias primas tradicionales
no tienen relevancia en la economía actual, donde cada vez es más importante la
informática: tradicionales materias primas básicas como el petróleo serán sustituidas a
medio plazo por la energía de fusión, cuya materia prima es el agua. Es importante caer en
la cuenta de que las materias primas, abundantes en los países empobrecidos, siempre
estarán por debajo del precio de los productos industriales abundantes en los países
enriquecidos.
Todo esto se ha ido produciendo y sigue produciéndose para mayor beneficio
económico de las grandes fortunas económicas de la Tierra. Mientras los países más ricos
con sus fábricas mil veces más contaminantes hacen irrespirable el ambiente y rechazan
tomar medidas contra ese estado de cosas. De todos es sabido al respecto que los Estados
Unidos de Norteamérica son el país que con mucho degrada más que ningún otro la esfera
bioecológica, y el que sin embargo se resistió con unas y dientes a firmar en la Cumbre de
Kyoto ningún acuerdo para reducir su mortífera tasa de envenenamiento planetario. Y no
lo firmó finalmente. He ahí un caso típico de genocidio o crimen de lesa humanidad, y no
sólo de lesa humanidad, sino cósmico planetario: un ecocidio.
Pero la cosa no termina aquí. ¿Qué están haciendo los más pudientes-dueños de
fábricas contaminantes? ¡Están produciendo refugios anti-radioactivos, bunkers de amplio
espectro, en cuyo interior prometen conservar la vida a los compradores afortunados
durante un periodo de un año, tres o cinco, según precios. Y de nuevo a ganar dinero!
No comprenden que de ese modo clausuran el futuro de sus nietos. Pero cuando la
avaricia llega a tal grado de locura, ni la vida delos nietos, ni la de los hijos, ni la de los
ricos fabricantes mismos les importa. Morirá cada uno de ellos sin planeta en su
correspondiente bunker de oro: recordemos que por encima de unos niveles, se pierde de
vista la realidad.

La ecoausteridad como respuesta ética frente al consumismo que consume al


consumidor y a lo por él consumido: la virtud de la templanza
Felizmente, y por contrapartida, comienza a producirse en ciertos sectores de la
sociedad civil un movimiento de reacción, una alarma que los movimientos ecologistas
han contribuido a educar, porque se ha comprendido que verdaderamente la vida del
planeta está seriamente amenazada, y que de ella depende la vida de todos y cada uno de
nosotros sin excepción ni diferencia entre clases sociales. Por eso tiene hoy más que nunca
vigencia y validez el lema clásico vivir de acuerdo con la naturaleza, respetarla, no
transgredir sus frágiles normas. De ahí también la urgencia de pasar hoy al ecologismo
(“ecología o muerte”).
Así pues, la Templanza le grita al Norte enriquecido a costa del Sur empobrecido:
modérate en el despilfarro, vive austeramente: lo que basta nunca es poco, por eso quien
nunca tuvo almohada no la encuentra a faltar. Sin la frugalidad nadie llega a ser rico, y con
la frugalidad poquísimos llegarían a ser pobres. No es más feliz quien más tiene, sino quien
menos necesita, aunque si un máximo es superfluo, un mínimo es necesario; si no se desea
mucho, hasta las cosas pequeñas parecerán grandes. Recordemos la grandiosa carencia de
necesidades en el hombre creativo. ¡Cuánto es lo que no necesito!. Recortemos lo
superfluo y contentémonos con lo suficiente, lo cual se define por la necesidad de aquellas
cosas sin las que no es posible vivir. Si se miran las cosas a fondo, en la sobriedad está el
sumo deleite.
El mensaje de la publicidad es que la tristeza se cura saliendo de compras: la
vida propia y la de nuestros hijos se nos escapa por estar de compras. La publicidad
vende máquinas, y el resultado es que los compradores se convierten y pervierten en
máquinas tragaperras, en perras máquinas, si no fuera demasiado ofensivo decirlo, cada
vez más deterioradas. La persona sobria, o austera, o bien templada, no piensa en lo que
está ausente como si estuviera presente, más bien considera lo mejor que tiene y piensa
con cuánto afán lo buscaría si no estuviera presente. Al mismo tiempo, cuida de no
complacerse demasiado en las cosas presentes llegando a sobreestimarlas de tal modo
que, si dejaran de estar presentes alguna vez, le quitaran la paz. La templanza se
manifiesta de cuatro maneras respecto a los bienes: en la manera de conseguirlos, de
conservarlos, de acrecentarlos y de usarlos bien. El hombre superior ama su alma; el
inferior, su propiedad. Sólo puede cuidar lo ajeno quien sabe poseer lo propio. Sin por
eso llegar a la avaricia, la persona sobria cuida los pequeños gastos, por eso gasta
siempre una moneda menos de la que gana: quien compra lo superfluo no tardará en
vender lo necesario.
En el imperio del oro, el Obispo Bartolomé de las Casas fue enterrado con un
báculo de madera. Joseph de Maistre cita el caso de un príncipe ruso amigo suyo que
dormía en cualquier rincón de su palacio, sin cama fija, pues sentía estar siempre de paso,
acampando en espera de irse en cualquier momento. Inocencio IX, habiendo encargado un
cuadro en el que se le representaba en su lecho de muerte, lo miraba cada vez que tenía que
tomar una decisión importante. La persona profunda es austera. Don Quijote, el caballero
manchego de flaco rocín y lento caminar, levantaba su cotidiano galopar porque no había
objetos que se lo impidiesen en la inmensa llanura manchega. En cuanto te detienes en los
objetos, tu mirada se hace particularista y tu caminar declina. ¡Ancha Castilla para
universalizar lo particular, sin que nada se interponga!. Son los enemigos del milagro
quienes deben explicar cómo logran producir el milagro de terminar creyendo y haciendo
creer que lo innecesario se necesita. La ecoausteridad define a la persona. Quien se plantea
la austeridad es quien puede salir de ella, no el que forzosamente está en ella. El mendigo
de la calle no se plantea el no tener, aunque a decir verdad mejor cumpliría con su deber si
en lugar de pedir luchase por cambiar las estructuras, para lo cual hemos de ayudarle
compartiendo: sólo habrá revolución cuando cada uno haga la suya compartiendo con
quien no tiene: un lujo, el lujo de despojarse de lo superfluo, un lujo bendito que comienza
por educar mejor los hábitos del gusto y del consumo.
La templanza es una virtud del día a día, de la vida corriente. Y, ya que
hablamos de algo corriente, pongamos el ejemplo del consumo de agua. Si no hay agua,
yo me ducho menos, aunque sepa que los otros se duchan más, que los despilfarros
ajenos son enormes, que los usos industriales consumen casi todo, que los conductos de
agua deteriorados producen la pérdida de mucho líquido elemento, etc. Todo eso lo sé,
pero mi propia convicción me impele a asumir mi propia responsabilidad, hagan lo que
hagan los demás. Los ejemplos podrían multiplicarse: no derrochar luz, colaborando en
las acciones organizativas ordenadas a salvaguardar la Naturaleza, boicoteando todos
los productos que atenten en su proceso de producción y en su publicidad contra la
dignidad del ser humano y de la naturaleza, dejando además limpio lo que encuentres
sucio, y no a la inversa. Como docente siempre me encuentro sucia la pizarra de clase,
pero me gusta dejarla limpia. Como ciudadano veo cáscaras de plátano en el suelo que
procuro recoger y echar en la próxima papelera, no siempre tan cercana. Se comienza
por poco: el que ha llevado una cáscara de plátano cincuenta veces a una papelera
termina convirtiéndose en un buen ciudadano. No se trata de convertirse uno mismo en
un recogedor de basuras, porque sería imposible. Pero la vida no es una excursión en la
que tus residuos molesten al siguiente: no dejes otra huella que no sea la de tu limpieza
vital. Ojalá que el corazón te lleve a cargar con quien sólo sabe ensuciar.

Diez propuestas en favor de un ecodesarrollo sostenible o sustentable


No se puede jugar impunemente con la naturaleza, así que tengamos en la mente
esta carta de un jefe indio al presidente de los EEUU de América: “¿Cómo se puede
comprar o vender el firmamento ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es
desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas,
¿cómo podrán ustedes comprarlo? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo.
Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los
oscuros bosques, cada montaña y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la
memoria de mi pueblo. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores
perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el gran águila son nuestros
hermanos: las escarpadas peñas y los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y
el hombre, todos pertenecemos a la misma familia. Por ello, cuando el gran jefe de
Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras nos está
pidiendo demasiado. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los
seres comparten un mismo aliento; la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el
mismo aire. He visto miles y miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a
tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Pero ¿qué sería del hombre sin los
animales? Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de
nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de
nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que la tierra es
nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los
hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos”.
Hagamos caso al jefe indio; al menos, acompasemos el desarrollo a las
posibilidades de la Tierra. La expresión desarrollo sostenible se refiere al equilibrio que
debe haber entre el consumo para cubrir las necesidades humanas y la explotación de
los recursos naturales.
- El contacto con el ecosistema natural es necesario para el bienestar físico y
psicológico de la humanidad.
- Tratar de vivir dentro de los límites puede ser más alentador que esforzarse por
transgredirlos.
- Los países ricos han de vencer el círculo vicioso del consumismo: redistribuir y
sustituir, en vez de producir más objetos.
- Las áreas ricas, ya que tienen más medios, se han de responsabilizar de la
estabilidad, primero dentro de sus fronteras, después más allá.
- Es preciso descentralizar el poder económico y político. El desarrollo tecnológico
debería dirigirse a las necesidades de las comunidades pequeñas más que a los mercados
internacionales.
-Las sociedades sostenibles han de invertir y sacrificarse a corto plazo con
objetivos a largo plazo.
- Los avances técnicos se han de programar a partir de los valores sociales, y no al
revés.
- Los sistemas de mercado han de tener en cuenta los recursos no renovables y
procurar más igualdad entre las naciones.
- La sociedad sostenible será difícil de conseguir y se alcanzará en un futuro lejano,
sin embargo hay que poner desde ahora todos los medios para ello.
- Un crecimiento sostenible se consigue con iniciativas individuales y colectivas
que parecen insignificantes, pero que pueden iniciar un proceso de cambio que fomente
una existencia humana más vivible.

6.2. CONCEPTOS Y CATEGORÍAS PARA EL ANÁLISIS DE LA RELACÍON


HOMBRE-NATURALEZA
A. La cuestión antropológica

Ley del péndulo: Ahora, el hombre es para la naturaleza y no la naturaleza para el


hombre
Son célebres estas clásicas palabras: “Podéis llamar a la naturaleza como gustéis:
es la diosa que acude a una evocación de mil nombres; naturaleza es la materia, lo
fisiológico, es lo espontáneo. En una sinfonía de Beethoven pone la naturaleza las tripas
de cabra sobre el puente de los rubios violines, da la madera para los oboes, el metal
para los clarines, el aire vibrátil para las ondas sonoras. Y todo lo que en una sinfonía de
Beethoven no es tripas de cabra, ni madera, ni metal, ni aire inquieto, es cultura”27. Sin
embargo, esa distinción entre naturaleza y cultura trazada por Ortega y Gasset hoy no
está tan clara para muchos, pues el rango de ambas se ha invertido, de modo que la
naturaleza es sobrevalorada cada vez más y la cultura cada vez menos. En efecto, poco a
poco ha ido produciéndose un giro hacia el ecologismo radical, que se expresa del modo
siguiente: puesto que el hombre está matando a la madre Tierra, y como reacción frente a
ello, muchos afirman ya que no es la naturaleza para el hombre, sino el hombre para la
naturaleza. La persona humana pierde de este modo su sagrada centralidad en la creación y
pasa a ser considerada peligrosa terricida, es decir, enemiga pública número uno de la
naturaleza. Esta desconfianza respecto del humano está llevando a desposeerle de su
corona de rey de la creación, equiparándosele finalmente con los demás animales:
“Nosotros, los humanes, dice Jesús Mosterín, no somos más que una especie animal entre
otras. Desde luego, los humanes se parecen más a un orangután que cualquiera de los dos a
una mosca. Es cierto que nosotros somos los parientes listos, ricos y poderosos, pero ello
no impide que pertenezcamos a la misma familia”28

¿Humanos, o humanes?
Paralelamente, pero en sentido contrario, mientras decrece el lugar privilegiado
asignado al hombre, crece con mucha rapidez la consideración del animal como portador
de unos derechos iguales a los del hombre. La Declaración Universal de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano se equipara poco a poco a la Declaración Universal de los
Derechos del Animal, con la subsiguiente desaparición de la clásica distinción establecida
en el Derecho Romano entre derechos personales -relación entre dos sujetos jurídicos
iguales, el acreedor como sujeto activo y el deudor como sujeto pasivo; únicamente las
personas son sujetos de derecho, y por eso pueden heredar- y derechos reales, directos e
inmediatos del propietario sobre las cosas y los animales, que impiden a los animales
convertirse en sujetos de derecho y por tanto en herederos. En la actualidad, sin embargo,
estamos viendo cómo algunos animales se han convertido en herederos universales de los
bienes de ricachones famosos.

Para un planteamiento más serio de ciertos ecologismos puestos de moda en los


países enriquecidos y más contaminantes

Se necesitan voces críticas que alerten de lo que está pasando. Es lo que


tratamos de emprender a continuación en el presente apartado.
Bajo las leyes de la oferta y de la demanda (motivadas siempre por la relación
entre lo escaso y lo abundante: a más escasez mayor valor) en cualquier país del
27
Ortega y Gasset, J: Renán. Obras Completas, I. Alianza Editorial, Madrid, 1909, p. 459.
28
Mosterín, J: Grandes temas de la filosofía actual. Editorial Salvat, Barcelona, 1981, pp. 6-8.
mundo se valora cada vez más a un animal en vías de extinción y cada vez menos a
los seres humanos abundantes y pobres: ¿acaso no se dedican más medios y se
manifiesta por lo general más cariño a un oso panda, a un buitre leonado, o a una
foca monje, y menos todavía a un africano lleno de miseria o a un espalda mojada?
El Norte enriquecido llora al árbol corroído por la lluvia polucionada en la Selva
Negra, pero no está dispuesta a abandonar el capitalismo tan ligado a la causa que
genera el mal. Desde esa perspectiva, el ecologismo actual, lejos de ser un gran
avance en el progreso natural, nos parece la caricatura del desarrollo capitalista de
los pueblos del norte. En resumen, se ha dado un salto doble, primero se ha ido del
antropocentrismo, donde el hombre era el rey de la creación, al geocentrismo,
donde el centro es la naturaleza, es decir, la madre Tierra, y de ahí un nuevo salto
hacia el zoocentrismo, donde el centro de la naturaleza es el animal.
Esto constituye un giro radical en la cosmovisión del mundo y de la historia,
por lo que se hace necesario rectificar y plantear la cuestión mejor, y es lo que vamos
a tratar de hacer en las siguientes líneas. Hay, como dice Juan Luis Ruiz de la Peña,
tres opciones éticas para afrontar lo ecológico:
- La del siglo XIX, antropocentrismo prometeico: el hombre como conquistador
de la naturaleza, de toda la naturaleza, incluida la humana, donde sólo tiene existen-
cia autónoma un hombre des-naturalizado cuya libertad carece de restricciones.
- La del siglo XX, cosmocentrismo panvitalista: surgido como reacción frente al
anterior, este paradigma apuesta por la recuperación de un nuevo antropocentrismo
restableciendo el equilibrio hombre-naturaleza reintegrando a aquél en ésta o, mejor
aún, recuperando el respeto sagrado que el universo infundió siempre en la especie
humana y que hoy se ha perdido
- La del creacionismo: Es Dios quien marca la distancia entre los seres por él
creados, los ordena según su rango y los tutela en su auténtico valor. Mientras
hablemos del hombre y la naturaleza en el horizonte de Dios, tenemos emplazados al
hombre, a la naturaleza y a Dios en una escala de valores.
El actual ecologismo no es un humanismo creacionista:
- Porque es fisicalista, al reducir lo superior (el hombre) a lo inferior, haciendo
del humanismo un naturismo, de ahí la primacía que concede a las ballenas y a las
águilas sobre el hombre
-Porque es fisiocrática, alentando el retorno a la Tierra, un poco por cansancio
de la civilización industrial y otro poco por miedo al futuro.
-Porque deshistoriza al hombre al situarlo dentro de un supuesto círculo de
eterno retorno: que todo vuelva a la naturaleza, que se recicle el hombre mismo, con
cuyos huesos difuntos se obtendrá abono para que con ese abono crezcan buenos
tomates que comerá el hombre para que a su vez abone...
-Porque ve al mundo como invernadero y como pesebre, de tal suerte que el
universo no es tomado ni como creación de Dios, ni como regalo divino al hombre,
su criatura, sino como despensa amenazada de saqueo, de ahí que cuente más la tro-
fología (ciencia de la alimentación) que la antropología (ciencia del hombre).
-Porque se obstina en un pequeñismo que no permite al hombre abrirse a las
grandes cuestiones del sentido; por defender que lo pequeño es hermoso se acepta
que lo grande es feo. Dicho de otro modo, porque prima en esa medida lo verde de
la vida sobre lo gris de la teoría, volviendo a unilateralizar al hombre, recon-
duciéndole a su condición de faber (bricolaje, serrucho, manufactura) en detrimento
de su realidad de sapiens.
En resumen, para nada aparece el hombre como un novum radical y
cualitativamente diferenciado. Frente a esta perspectiva, que buscando una visión
idílica del animal olvida el carácter cruel de la evolución donde el más fuerte
machaca al más débil y el animal último se come al anterior, y que por lo mismo no
puede reivindicar estatuto específico para nada y para nadie, frente a dicha
perspectiva hay que afirmar la soberanía humana en el ejercicio responsable de esa
su soberanía sobre la tierra, esto es, en el sentido de la administración respetable del
patrimonio que se le ha conferido. El hombre tiene derecho de dominio, pero no de
destrucción; el hombre tiene derecho de uso, pero no de abuso. El hombre es
criatura que a su vez, lejos de destruir, recrea por cuanto ayuda a mantener el regalo
gratuito a él obsequiado. El hombre, en todo caso, es fin en sí, mismo, y la
naturaleza es un medio, un medio entrañable y gratísimo que hay que respetar
sagradamente y cuidar en toda su profundidad. Ser ecologista en el sentido profundo
reclama, pues, pensar al hombre como sujeto ético y como sujeto poético, es decir,
como racionalidad axiológica y recreativa. El hombre no es un animal más del zoo,
sino un animal racional, entiéndase por racional lo que se quiera, pero nunca un caso
más de la naturaleza. Por racional, la ley que el hombre imponga será la del amor, y
si no lo hace así aún no se habrá comportado como hombre. Decir hombre es decir
portador de leyes de amor, hacedor del reino de la libertad que conlleva el mutuo
respeto y el agradecimiento por el cosmos regalado como maravilla espléndida.
Situarse así es comprender que dar una paliza a un perro es inhumano, no porque el
perro sea como un hombre, sino porque el hombre que así golpea no se comporta
como un hombre. Situarse así es también comprender que se puede eliminar a un
perro enfermo para que no contamine a otros, pero jamás se puede eliminar a ningún
hombre bajo ningún pretexto. En suma, que ser ecologista en el sentido más
profundo y coherente exige respetar siempre y desde el A pesar de la gravedad de la
crisis ecológica, una vez más el capitalismo busca primer instante esa vida humana
que es cualitativamente diferente desde el instante mismo de la fecundación. No se
puede ser ecologista y matar al hombre. El ecologista defiende siempre y sin
excepción la vida: La que ha de nacer y la nacida. Para ello trabaja, y en ello se
compro-mete a fondo y con entusiasmo.
Por lo demás, conviene deshacer otro error, propio esta vez de la filosofía
tradicional representado por el tomismo de los sucesores de santo Tomás, a partir del
siglo XIII. El tomismo usa un concepto de naturaleza que es equívoco y ambiguo
porque se aplica al mismo tiempo a la naturaleza y al ser humano, pero y que, por su
ambigüedad corre el peligro de perder de vista la diferencia entre el orden personalista
(fundado en la naturaleza espiritual propia del hombre y, por consiguiente, en la
libertad) y el orden propio del resto de la naturaleza. Hablar de las leyes de la naturaleza
humana sugiere una estructura rígida que aherrojaría la libertad; en cambio, la
afirmación está en la naturaleza humana el amar (o el odiar) no genera esa reacción
porque implica más bien que, a pesar de que los hombres somos muy distintos entre
nosotros, hay algunos rasgos comunes que hacen que, a pesar de todo, nos podamos
considerar hombres, siendo uno de ellos, en este caso, la capacidad de amor o de odio.
Emmanuel Mounier ya lo había escrito: “Si las personas formaran una pluralidad
absoluta, resultaría imposible hablar de este nombre común de persona. Es necesario
que haya entre ellas alguna medida común. Nuestro tiempo rechaza la idea de una
naturaleza humana permanente, porque toma conciencia de las posibilidades aún
inexploradas de nuestra condición. Reprocha al prejuicio de la naturaleza humana
limitarlas de antemano. En verdad, resultan a menudo tan sorprendentes que no se debe
fijarles límites, sino con extremada prudencia. Pero una cosa es negarse a la tiranía de
las definiciones y otra negar al hombre, como a menudo lo hace el existencialismo, toda
esencia y toda estructura. Si cada hombre no es sino lo que él hace, no hay humanidad,
ni historia, ni comunidad”.
Frente a las dificultades que plantea el término de naturaleza humana, el
personalismo la emplea exclusivamente en el sentido de ‘humanidad’ o ‘unidad de la
humanidad’, lo cual implica: 1) asunción sin reservas de la común humanidad de los
hombres o, en tros términos, de su esencial igualdad a pesar de todas las variaciones
culturales e históricas; 2) empleo del concepto de naturaleza humana en el sentido
general de unidad esencial de la humanidad o de modo de ser de los hombres; 3) uso
restringido o muy limitado del concepto de naturaleza desde un punto de vista técnico
para evitar el peligro de ser malinterpretados culturalmente e incurrir en los problemas
filosóficos que tiende a generar la teleología, que supone que la naturaleza no humana
está orientada perfectamente según sus fines, como si se tratase de un ser humano.
B. La cuestión poblacional

- La población de la Tierra dista aún mucho de haber llegado a su saturación.


Cualquier economista especializado en geografía de poblaciones sabe que puede
multiplicarse todavía por cuatro la población sin que falten en absoluto alimentos para
mantenerla, y ello sin contar con las potencialidades derivadas del progreso científico-
técnico al respecto.
- En el supuesto (falso, desde luego) de que la Tierra hubiera llegado a su
saturación ¿por qué no se dice que los países con mayor densidad de población no son
precisamente los países del Sur, sino los del Norte, por ejemplo Japón, Países Bajos,
Inglaterra?
- ¿Por qué oscuros intereses están esterilizando actualmente a poblaciones
autóctonas del Sur a cambio de prestaciones económicas, poblaciones autóctonas nada
abundantes, como por ejemplo las andinas?. En similar dirección ¿por qué están
fumigando y exterminando a toda prisa a núcleos poblacionales indígenas muy reducidos
que viven tranquilamente de la caza y de la pesca en las selvas interiores del Brasil?
- ¿Por qué no se dice en ninguna parte de los innumerables estudios que publica el
Norte que África no presenta en modo alguno excedentes poblacionales, sino que muy por
el contrario se encuentra cada vez más despoblado, y que -debido al gravísimo azote del
Sida- ese continente amenaza con llegar a ser un continente casi vacío para el siglo XXI?
- ¿Por qué no se comienza por distribuir un poco mejor al menos los recursos
existentes, en lugar de comenzar por exterminar la población del planeta? ¿por qué
sinrazón no principian los ricos por limitar su consumo -sin sobrepasar el nivel máximo de
la media por cabeza mundial-, esos ricos cuyo gasto energético, de hacerse universalizable,
de modo que cada terrícola lo igualase, resultaría de todo punto catastrófico e insostenible
ecológicamente?
- Por lo demás ¿acaso no se queja el Norte del envejecimiento de su propia
pirámide de población, de la dificultad que su actual configuración invertida representa en
orden a la garantía de los sistemas de pensiones futuras?, ¿por qué no acepta el Primer
Mundo jóvenes procedentes del Tercer Mundo para que insuflen en aquél savia nueva?

De sobrar población, pues, nada de nada. Lo que pasa es que todo el mundo
debería estar al corriente de que existe un ecodesarrollo insostenible en el Norte, aunque
luego se eche la culpa a la población, que no la tiene. Así pues, si las cosas están mal no es
por culpa de la abundancia de población, sino por culpa de la mala distribución de la
riqueza, que hace que unos pocos tengan todo y las tres cuartas partes de la población
mundial carezcan de todo. Efectivamente, que la naturaleza cuenta con una serie de
recursos no renovables, los cuales una vez gastados o consumidos desaparecen. Ahora
bien, si esos recursos se dividieran por el número de habitantes se obtendría una media per
capita que constituiría el límite máximo del gasto persona/humanidad. Pues bien, lo que
pasa es que los países más ricos del Norte no quieren trazarse a sí mismos ningún límite
natural, y antes serían capaces de meter al mundo entero en las más absurdas guerras
mundiales que de restringir su fabuloso derroche. Ahí es donde verdaderamente le duele al
Norte, aunque grite que le duele en otra parte, comportándose como el cuco, que en un
lado pone los huevos y en otro profiere los gritos.

C) La estrategia geopolítica

La Guerra del Golfo primero, y la invasión de Irak después, ha sido una


vergonzante guerra de los yankis por miedo a perder el control sobre los barriles de
petróleo. Para llevar adelante su siniestro imperialismo no han vacilado en exponer a la
humanidad a todo tipo de catástrofes. Para garantizar su hegemonía sobre el resto de la
humanidad asegurándose algo tan importante al efecto como la energía contenida en los
barriles de crudo y el precio de sus galones. Evidentemente, no por atacar a las barras y las
estrellas de los EEUU hay que defender aquí al dictador terrible y personaje siniestro
Sadam Hussein, pues no hay que apuntarse a una mala causa por decepción de otra mala
causa, pero ¿a dónde fue a parar aquel famoso Nuevo Orden Económico Mundial
pregonado a bombo y platillo que iba a inaugurar la victoria yanki? Después de la masacre
-muy al contrario de lo prometido- se ha entrado en una recesión económica gravísima y
con escasos precedentes, tan grave que ha dado al traste con extensas zonas del Norte
mismo, por no hablar del Sur. ¿Dónde está el Nuevo Orden Económico Mundial (a new
beginning) que iba a florecer después de la Guerra?
Lo único que hasta el presente hemos visto producirse ha sido una defensa a
cualquier precio del viejo y habitual desorden económico mundial que ellos lideran en su
favor, eso sí, a pesar de tanto boato y de tanta «estatura moral» que al parecer poseen. A
pesar de tanta estatura moral, por cierto, como la de su máximo mandatario el ciudadano
Bill Clinton, llevado a los juzgados de guardia cada veinticuatro horas por presuntas
víctimas violadas o forzadas, si es que no estamos mal informados por la prensa misma del
Norte, que con tantos detalles de esa naturaleza nos suele obsequiar, no sé con qué fines
perversos.

ACTIVIDADES

1. Texto para comentar

“Se lleva mucho tiempo intentando la despersonalización, que los hombres


pierdan de vista su condición de personas, que se vean como organismos, reducidos a
las otras formas de realidad que existen en el mundo; a última hora, reductibles a lo
inorgánico. Por supuesto, sin libertad, sometidos a las leyes naturales -físicas,
biológicas, sociales, psíquicas, económicas-, susceptibles de toda manipulación desde
todas esas instancias. Una serie de relevos han borrado el carácter personal del hombre.
Esta actitud ha ido acompañada de un extraño deseo de aniquilación, la voluntad de
extirpar en los demás la esperanza de seguir viviendo después de la muerte. Se puede
descubrir algo que en el fondo no se entiende: un terror a la supervivencia, acaso a la
responsabilidad, a la exigencia de amor. Por si fuera poco, se ha difundido la vida eterna
con una imagen popular escasamente atractiva: los bienaventurados, sentados en nubes,
con túnicas blancas y tocando el arpa, ocultándose, por otra parte, que la vida eterna
ante Dios ha de ser como glorificación, como iluminación de toda realidad. Las diversas
formas de vida, empezando por la recíproca disyunción entre varón y mujer, las diversas
edades, que en esta vida son sucesivas y en gran medida excluyentes, pero que en la otra
podrían conservarse sin pérdida; la multitud de pueblos, de variantes de lo humano,
transformadas en el curso de la historia, toda la riqueza inagotable de la humanidad
creada, ¿no tendrá que ser conservada, potenciada, salvada?” (Julián Marías. La
perspectiva cristiana .Alianza Editorial, Madrid, 1999).

2. Glosario Básico

Antropocentrismo prometeico: El hombre como conquistador de la naturaleza, de


toda la naturaleza, incluida la humana, donde sólo tiene existencia.
Cosmocentrismo panvitalista: Apuesta por la recuperación de un nuevo
antropocentrismo restableciendo el equilibrio hombre-naturaleza recuperando el
respeto sagrado que el universo infundió en la especie humana y que hoy se ha
perdido.
Desarrollo sostenible: Equilibrio que debe haber entre el consumo para cubrir las
necesidades humanas y la explotación de los recursos naturales.
Ecoausteridad: Sobriedad ecológica, actitud contraria al despilfarro ecológico.
Ecopesimismo: Pesimismo que produce el saqueo y el abuso de los bienes naturales.
Efecto invernadero: La emisión de gases industriales sobrecalienta la tierra, eleva los
niveles del mar y derrite la nieve.
Geocentrismo: lo más importante es la madre Tierra.
Humán: Término que pretende sustituir a humano para subrayar que los humanos , no
somos más que una especie animal entre otras.
Lluvia ácida: Acaba con la vegetación y en general con todo el reino de la vida.
Zoocentrismo: El animal como centro de la naturaleza.

3. Actividades

-. En grupo. Participa en la lluvia de ideas del tema.


-. Participa en grupo en el análisis sobre la crisis ecológica global y extrae conclusiones
individuales de trabajo.
-. Elabora un cuadro sinóptico derivado de la exposición.
-. Escribe en una cuartilla sobre algún problema ambiental o nacional.
-. Lluvia de ideas sobre los derechos y deberes ciudadanos en el cuidado del medio
ambiente.

4. Para la reflexión y el diálogo


-.“La mayor parte de los que han escrito acerca de los afectos y la conducta humana
parecen tratar no de cosas naturales que siguen las leyes ordinarias de la naturaleza, sino
de cosas que están fuera de ésta. Más aún, parece que entienden al hombre, dentro de la
naturaleza, como un imperio dentro de otro imperio. Pues creen que el hombre perturba,
más bien que sigue, el orden de la naturaleza que tiene una absoluta potencia sobre sus
acciones y que sólo es determinado por sí mismo. Atribuyen además la causa de la
impotencia e inconstancia humanas, no al poder común de la naturaleza, sino a no sé
qué vicio de la naturaleza humana, a la que, por este motivo, deploran, ridiculizan,
desprecian o detestan. Pero nada ocurre en la naturaleza que pueda atribuirse a vicio de
ella; la naturaleza es siempre la misma, y es siempre la misma en todas partes su
eficacia y potencia de obrar; es decir, son siempre las mismas en todas partes las leyes y
reglas naturales según las cuales ocurren las cosas y pasan de unas formas a otras; por
tanto, uno y el mismo debe ser también el camino para entender la naturaleza de las
cosas, cualesquiera que sean, a saber: por medio de las reglas y leyes universales de la
naturaleza. Siendo así, los afectos tales como el odio, la ira, la envidia, etcétera,
considerados en sí, se siguen de la misma necesidad y eficacia de la naturaleza que las
demás cosas singulares. Así pues, consideraré los actos y apetitos humanos como si
fuese cuestión de líneas, superficies o cuerpos”. (Benito Spinoza: Ética demostrada
según el orden geométrico. Editora Nacional, Madrid, 1979, pp. 181-182).
- “La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades corporales y
mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte
de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en
conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para
que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender
tanto como él. Porque, en lo que toca a la fuerza corporal, aun el más débil tiene fuerza
suficiente para matar al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con
otros que se encuentran en el mismo peligro que él. Y, en lo que toca a las facultades
mentales, encuentro mayor igualdad aún entre los hombres, que en el caso de la fuerza”
(Hobbes, T: Leviatán. Editora Nacional, Madrid, 1979, cap. XIII, p. 222).
- “Los procesos discurren en el sentido de un desorden siempre creciente, a pesar de lo
cual la naturaleza lograría irse abriendo camino con orden y concierto, lo mismo que el
profesor encuentra sus apuntes entre la masa desordenada sobre su mesa de trabajo (si bien
y por lo mismo en otras ocasiones el modo más rápido de encontrar algo es ponerse a
buscar otra cosa). Quizá sea que bajo el desorden visible de los fenómenos existe un orden
profundo, de un grado infinitamente elevado, que permitiría explicar lo que nosotros
interpretamos como desorden, como dijera el físico David Böhm, para quien los
movimientos de las motas de polvo en un rayo de sol no son aleatorios más que en
apariencia” (Fernando Bombal).
-. “Si cada átomo de un gramo de sal tuviera el tamaño de una cabeza de alfiler el conjunto
de los átomos que componen el grano de sal cubriría toda Europa con una capa uniforme
de veinte centímetros de espesor. Si deseáramos contar los átomos de un grano de sal a
razón de mil millones de átomos por segundo, necesitaríamos más de cincuenta siglos para
realizar el censo completo de la población de átomos contenidos en ese minúsculo grano
de sal. Se necesitan cerca de 6.000.000.000.000.000.000 de electrones por segundo para
mantener encendida una simple bombilla de 100 watios. El núcleo ocupa el
0.00000000000001% del volumen del átomo. ¡Y sin embargo la hermosa playa se
compone de menudos granitos de arena visibles, pero al fin compuestos por lo invisible!
Debajo del asfalto está la playa, mira a ver. El universo esconde un secreto de abstracta
elegancia en el que la materialidad es poca cosa y la sustancia de las cosas es lo no-
material; que lo esencial es inaprehensible, invisible a los ojos; que lo que trasciende al
espacio-tiempo no es más que una nube de cifras, una nube de probabilidades, humo
matemático; que el corazón y la sustancia de la materia es casi nada, pues se disuelve, se
disipa en lo evanescente e impalpable, en lo fluctuante y discontinuo, en una red de
relaciones y de mediaciones y de referencias campales. Y el resto, por si fuera poco, a
excepción de los diminutos electrones, es espacio vacío. En efecto, si todos los átomos que
componen un cuerpo humano, venciendo la enemistad del vacío que los separa, se juntaran
hasta tocarse, obtendríamos el tamaño de una ínfima mota de polvo de apenas unas
milésimas de diámetro, y por mucho que el encendido galán pretendiera requerirla con sus
requiebros no lograría nunca verla” (Ana María Díaz).
- “Precisamente porque el cuerpo es un medio para vivir valores-fines, se explica la
admiración que suscitan esos héroes morales que, con un cuerpo disminuido y
sobreponiéndose a sus limitaciones, consiguen ser axiológicamente creativos. Es el caso
bien conocido del físico y matemático inglés Stephen Hawking o del japonés Hirotada
Otokake, que sin brazos ni piernas escribe libros llenos de optimismo ante la vida. Es el
caso de músicos ciegos como Cabezón y Rodrigo, o Händel en sus últimos años, los
cuales se alzaron a las cumbres del arte. Por muy limitados que estén, demuestran que
son capaces de vivir valores, y vivirlos en altísimo grado. Ellos elevan al máximo la
dignidad humana. Son lo mejor de la humanidad. Precisamente por eso nos impresiona
tanto su ejemplo” (José María Méndez).

5. Comenta las frases siguientes:

- “El hombre no tiende como tienden los animales y, en realidad, ni siquiera tiende, sino
que responde libremente a los motivos; tampoco sus fines están estrictamente fijados
como los de los animales sino que la persona interviene en su determinación; no se
dirige sólo hacia objetos exteriores, sino que se busca a sí mismo, etc. En definitiva, su
estructura dinámica es profunda y radicalmente diferente de la de los animales, por eso
no se le puede aplicar sin más una estructura dinámica cuyo origen está en la biología.
Es necesaria reelaborarla con profundidad. Esto es lo que el tomismo no hizo y lo que
la modernidad ha sabido o intuido de manera más o menos lúcida. En ese punto
personalismo y modernidad coinciden porque ambas advierten y sienten” (José Manuel
Burgos: La naturaleza humana).
- “Lo universal es el entramado de naturaleza y sociedad. Al niño le educan el aire, la
luz, la vida de las plantas y de los animales, la ecología en su sentido de ecodulía
(respeto por la naturaleza), pero también la relación interhumana, el intercambio de
reciprocidad, el don y el perdón de los demás” (Martín Buber).
-. “Los órdenes más bajos de nuestro organismo están en el rizo de la razón superior.
Todo está mezclado y es una mezcla en forma de rizo: por tanto, en vez de ver la razón
aquí y la emoción ahí, como las capas separadas de un pastel, lo que pasa en realidad es
que nos encontramos con la emoción interfiriendo en la razón y con la razón
modificando la emoción. Es muy importante comprender que tenemos todas estas
posibilidades -emoción, razón- porque tenemos la capacidad de representar nuestro
cuerpo en nuestro cerebro. Nuestro cerebro está representando constantemente el estado
de nuestro organismo; está siempre ahí, cada milisegundo se ajusta la representación de
nuestro cuerpo en el cerebro. Y cada cosa de nuestra mente, cada operación de nuestro
cerebro, gira alrededor del problema de mantener la vida” (Antonio Damasio).
- “Existe el fenómeno del mundo pequeño. Un ejemplo: dos personas cualesquiera de
nuestro planeta se pueden relacionar entre sí por una cadena de, como media, sólo seis
conocidos. Quien sabe matemáticas y ajedrez, podríamos volver a decir con Platón, a las
seis casillas del juego ya habría acumulado muchos granos del trigo hasta entonces
acumulado por los mandarines. Podemos asimismo considerarlo de otro modo, como en
la mitosis: en ella, uno se divide en dos, en lugar de necesitar a dos para que nazca uno.
Uno para dos, dos para uno, todos para uno para todos: buena enseñanza” (Steven
Strogatz).
-“Todo el mundo conoce, o debería conocer para reflexionar sobre ella un poco, la céle-
bre fábula del emperador chino y el maestro de ajedrez que le enseñó a jugar. Ante la in-
sistencia del emperador en que el maestro de ajedrez le pidiera el regalo que quisiera
como contrapartida a sus lecciones, éste accedió a recibir la cantidad de arroz resultante
de poner un grano en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera, y así su-
cesivamente. Al emperador le costó salir de su asombro –demasiado tarde-, cuando los
cálculos del maestro de ajedrez mostraron que no bastaría todo el arroz de China para
cumplir su promesa. El emperador, como la gran mayoría de homínidos, no era capaz de
pensar exponencialmente. Prefiere creerse el emperador de la China y considerar que
sus recursos son ilimitados, porque previamente ha decidido que todo es suyo, e ignorar
a la vez que el interesante aprendizaje del juego del ajedrez no es más que el aprendizaje
de un juego, porque la vida está en otra parte. Moraleja: necesitamos de la presencia
cercana del maestro de ajedrez, nosotros los mandarines de vocación” (Eduardo Punset).

6. Bibliografía

Commoner, B: En paz con el planeta. Editorial Crítica, Barcelona, 1992.


Díaz, Carlos: En el jardín del Edén. Editorial San Esteban, Salamanca, 1991.
Durning, A.T: Cuánto es bastante. La sociedad de consumo y el futuro de la tierra.
Editorial Apóstrofe, Barcelona, 1994.
Fukuyama, F: El fin del hombre. Consecuencias de la revolución biotecnológica.
Ediciones B, Barcelona, 2002.
Gómez Heras, José María. Propuestas de fundamentación de la ética del medio
ambiente. En “Ética en la frontera”. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2002.
Houstoun, H: Proyectos verdes. Manual de actividades participativas para la acción
ambiental. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1994.
Jiménez Herrero, L: Medio ambiente y desarrollo alternativo. Gestión racional de los
recursos para una sociedad perdurable. Editorial Iepala, Madrid, 1991.
Jonas, H: El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización
tecnológica. Editorial Herder, Barcelona, 1995.
Roszak, T: Persona-Planeta. Hacia un nuevo paradigma ecológico. Editorial Kairós,
Barcelona, 1985.
VVAA: La salvación del planeta. Cómo desarrollar una economía global para el
medio ambiente. Editorial Apóstrofe, Barcelona, 1992.

7. Hoja de apuntes personales

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