Capítulo 9 (páginas 359-382)
La “segunda fase” comenzó por una disputa entre generales radicales, pero logró
imponerse aquel que deseaba parar la revolución. Esto sucedió en medio de una crisis
económica que, junto a otros factores, influyeron para acabar con el régimen militar.
En 1978 la crisis económica se manifestó con grandes huelgas, por lo que los militares
no tuvieron otra opción más que convocar elecciones para formar una Asamblea
Constituyente, de tal modo que se redacte una nueva Constitución y se facilite el
retorno a la institucionalidad democrática. Después de años volvieron las elecciones
generales con nuevas medidas. En dichas elecciones, destacó la alta votación hacia
Haya de la Torre, del APRA. También fue elegido presidente de la Asamblea
Constituyente y llegó a firmar, postrado por una enfermedad, la Constitución de 1979.
Dicha Constitución destaca por la concesión del voto a los analfabetos.
Tras las elecciones presidenciales, los militares no esperaban que Belaúnde Terry
ganara las elecciones ya que en el golpe de Estado ellos lo sacaron del poder y lo
denigraron. Sin embargo, Belaúnde supo mantenerse sereno durante el caos social.
Aparte, permitió nuevamente la libertad de prensa y la convocatoria a elecciones
municipales. Las primeras se dieron en 1980, donde Acción Popular destacó. También
optó por seguir con la mayoría de las reformas militares, pero dejándolas a su suerte.
Las tasas de interés se elevaron en los países acreedores, incrementando las cuotas
de los países deudores. La escasez de divisas volvió y la moneda nacional se devaluó
rápidamente. En el segundo gobierno de Belaúnde se dictaminó la austeridad del
gasto fiscal, la reducción del rol del Estado en la economía, el fortalecimiento del
sector privado y la promoción de la inversión extranjera. Sin embargo, estas medidas
no fueron firmes por la oposición de la izquierda. Por otro lado, una de las más
importantes consecuencias del “decenio” militar fue el debilitamiento de la clase
dominante.
El fenómeno de “El Niño” en 1983 ocasionó graves daños en la agricultura y la
infraestructura vial. Las comunidades indígenas sobrevivían como organizaciones de
supervivencia y relictos culturales. En ese contexto, surgieron los terroristas que,
aceptando el maoísmo, querían hacer del Perú un país campesino colectivista.
Ayacucho fue la cuna de Sendero Luminoso. Ahí empezó a crecer un culto personal
en torno a Abimael Guzmán Reynoso y los actos terroristas que tuvieron impacto a
nivel nacional. Dado esto, las Fuerzas Armadas intervinieron como en una guerra por
años.
Tras el fracaso económico belaundista y ante la división izquierdista comunitaria, las
elecciones de 1985 fueron ganadas por el APRA con Alan García. Sin embargo, no
presentó un plan de gobierno. Pero, domeñó a los militares, a pesar de que estaban
en su contra. Intentó moralizar a la policía, cuya corrupción era legendaria y consiguió
forjar una alianza con la izquierda moderada. La protección a la industria nacional fue
incrementada con altos aranceles, controles de importación y prohibiciones. La
inflación trató de ser combatida. También, la moneda nacional fue reemplazada por el
“Inti”. Al comienzo los resultados fueron aparentemente exitosos. Pero, el déficit fiscal
creció. El Perú dejó de ser sujeto de crédito internacional para importantes agencias
de cooperación. Tal decisión acabó desatando un enfrentamiento del país con los
acreedores extranjeros y una de las peores crisis económicas de su historia.
Tras cierto apaciguamiento, Sendero Luminoso, inició lo que consideraba su atentado
final contra el “Estado fascista”. El Poder Judicial había perdido poder para juzgar y
castigar a los terroristas. Pero, las Fuerzas Armadas decidieron entregar rifles a los
campesinos para que se organizaran en “rondas campesinas” de autodefensa. La
política del gobierno con respecto al terrorismo oscilaba entre la indolencia y la
violencia desenfrenada. A pesar del asesinato a tres reos que apoyaban el terrorismo,
este no parecía acabar. En 1989, el Perú parecía al borde del abismo. Muchos
peruanos decidieron emigrar a otros países y los gobiernos aledaños comenzaron a
tomar precauciones. Finalmente, todo cesó en el año 2000.
Mario Vargas Llosa fue el candidato de una alianza de partidos de la derecha y
prometía una suerte de revolución cultural en el Perú. Su programa modernizador
pretendía hacer del Perú un país europeo. Se pretendía acabar con el régimen de
control de precios, pero la población carecía de la experiencia de un mercado de
precios libres. Las alianzas que había establecido Vargas Llosa parecían
desfavorecerlo y junto al desgaste de los partidos políticos, fueron algo provechoso
para que Alberto Fujimori se abra paso a la presidencia.
En las elecciones, se vieron dos factores. Primero, la identificación de Fujimori con las
víctimas del racismo, mientras que Mario Vargas Llosa era percibido como miembro de
la élite blanca a pesar de haber nacido en Arequipa. Asimismo, existió un marcado
temor, alentado por sus opositores, de que las políticas económicas de ajuste
estructural de Vargas Llosa producirían mayor pobreza. Ello hiso que Vargas Llosa
perdiera el interés en la victoria electoral, por lo que le dio pase libre a Fujimori.
Capítulo 10 (páginas 385- 437)
Desde la década de los 90 del siglo XX, el descontento con la privatización de los
servicios económicos de mercado se ha hecho notar en una parte importante de la
población. Se dan por sentadas las fortalezas de la industria, como la negativa del
gobierno a privatizar el agua potable de Lima, así como de las petroleras del sur del
país, donde los efectos de la apertura y liberalización económica han creado prejuicios
sociales. La privatización de la empresa eléctrica de Arequipa ha provocado
movilizaciones masivas que demuestran una profunda fe en el proyecto neoliberal
entre la mayoría de los peruanos, a pesar de una mejoría desde la década de 1990.
Las mejoras como los servicios de telefonía e Internet llegan a más lugares que solo a
los de clase alta; los caminos a través de las montañas fueron pavimentados con
asfalto, mejorando así la comunicación de los peruanos, lo que hace que la
desigualdad sea más pronunciada, al tiempo que hace que las actividades productivas
locales sean más vulnerables a la competencia por las carreteras. El rechazo al
neoliberalismo ha crecido con fuerza en el país, donde la producción y el comercio
interno han sufrido la apertura comercial, y el empleo estatal ha sido la principal vía
para que los ciudadanos obtengan salarios formales y beneficios sociales.
La privatización se detuvo después del Arequipaso en 2002, pero las protestas no se
detuvieron. La pérdida del apoyo social del gobierno provocó nuevas protestas de
rechazo, la más memorable fue la de Andahuaylasso, el primer día de enero de 2005.
Un momento definitorio en la actitud neoliberal fue la protesta contra decretos
supremos del gobierno de García en 2009 para promover un acuerdo de venta de
tierras a comunidades indígenas en la Amazonía, que dijo contenía muchos recursos
naturales. Debido a las barreras legales y culturales que deben superarse, estos
recursos están en manos de comunidades indígenas que no saben cómo usarlos, pero
no permiten que otros los usen. Tras las protestas comunitarias centradas en la
provincia de Bagua, el gobierno se vio obligado a retirar los decretos supremos. La
protesta bautizada como Baguazo llegó a su clímax gracias al apoyo de otros, las
ONG se mostraron muy activas apoyando a la organización, así como en el
seguimiento del cumplimiento de las actividades de exportación. Así, una coalición de
líderes de frentes de defensa locales, ONG y posiciones políticas limitaron la
radicalización del proyecto neoliberal en la primera década del presente siglo.
La corrupción es un fenómeno polifacético y globalmente insidioso que incluye
acciones tanto públicas como privadas, cohecho, malversación y asignación indebida
de fondos y gasto público que ha reducido nuestro crecimiento económico en las
últimas décadas, el Perú se ha visto afectado por importantes actos de corrupción, los
llamados Vladivideos, que son estas una expresión del siniestro gobierno de Fujimori
favoreciendo a los empresarios políticos usando el dinero. Bajo esta administración, se
ha resuelto el problema de la apropiación indebida de fondos públicos y donaciones de
ciudadanos y organizaciones japonesas y, según los informes, Japón recibirá $ 20
millones en las donaciones antes mencionadas. Asimismo, el ex asesor de Fujimori,
Vladimiro Montesinos, es considerado el más corrupto de la historia peruana. El
gobierno de Ollanta Humala, por su parte, también terminó con acusaciones de
corrupción en la distribución de armas y contratación de obras públicas y acusaciones
similares de que la constructora brasileña Odebrecht, cuya extradición está pendiente,
recaudó 20 millones de dólares a Alejandro Toledo. Sobre el tratamiento adicional en
nuestro país.
De esta forma, los juicios a Fujimori, Humala y Toledo demostraron que Perú es uno
de los países latinoamericanos donde la corrupción es sistémica y se cuestiona la
legitimidad de las instituciones, lo que genera protestas populares.