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El Senido de La Barca - P. Lojoya

Este documento presenta un sermón que analiza la parábola bíblica de Jesús calmando la tormenta en el mar. El sermón explica que la barca representa el alma del creyente y la Iglesia, y que Dios permite las tormentas para probar la fe, avivar la confianza y fundarnos en la humildad. También purifica los vicios a través del sufrimiento y nos lleva a la oración.

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El Senido de La Barca - P. Lojoya

Este documento presenta un sermón que analiza la parábola bíblica de Jesús calmando la tormenta en el mar. El sermón explica que la barca representa el alma del creyente y la Iglesia, y que Dios permite las tormentas para probar la fe, avivar la confianza y fundarnos en la humildad. También purifica los vicios a través del sufrimiento y nos lleva a la oración.

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EL SENTIDO DE LA BARCA

Alma e Iglesia, prueba de Fe,Confianza, Humildad.


23 de Junio de 1985
Mc 4, 35-41
Domingo 12 Durante el año
El Señor esté con vosotros.
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.

Al atardecer de ese día Jesús dijo a sus Discípulos: "Crucemos a la otro orilla", ellos
dejando a la multitud lo llevaron a la barca así como estaba. Había otras barcas junto a la suya,
entonces se desencadenó un gran temporal y las olas entraban en la barca que se iba llenando
de agua. Jesús estaba en la popa durmiendo sobre el cabezal, entonces lo despertaron y le
dijeron, "Maestro no te importa que nos ahoguemos", despertándose El increpó al viento y dijo al
mar: "Silencio, cálmate", y el viento se aplacó y se produjo una gran calma. Después les dijo:
"¿Por qué tenéis miedo, cómo no tenéis Fe?", ellos quedaron atemorizados y se decían unos a
otros: "¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?"

Palabra del Señor.


Por la lectura del Santo Evangelio se nos perdonen nuestros delitos.

En este "Décimo segundo domingo durante el año", la Iglesia pone a nuestra meditación
esta anécdota y este milagro, anécdota de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, y milagro que
pasmó, admiró, a los Apóstoles, ¿quién es este a quien el viento y el mar le obedecen?. El Señor
estaba predicando en todos los pueblos de la región adyacente a Cafarnaúm, al mar de Galilea o
Lago de Primesaré. Le llamaban "mar" justamente por las tempestades que solían
repentinamente desencadenarse en ese Mar de Galilea, las razones de esas tempestades es que
está rodeado del monte Ermón, que tiene nieves eternas, entonces cuando sopla el viento del
Ermón, produce en el Lago, generalmente cálido, esas terribles tempestades, de ahí que la gente
le llamara el Mar de Galilea.

El Señor ha terminado agotado y como refugio le dice a los Apóstoles, que cruzaran a la
otra orilla, y se van a la barca, dice que había otras barcas también allí, y en la barca se duerme
profundamente, el Sueño del Señor, los Padres de la Iglesia les encanta reflexionar sobre Jesús
dormido sobre el cabezal de la barca, es decir en la popa de la nave, meditan sobre la realidad
humana del Señor, verdadero Hombre, ven, muerto de cansado porque no le daban tregua las
multitudes, sube a la barca y se duerme, y se duerme profundamente porque ni la mísma
tempestad lo despierta, son los Apóstoles los que lo van a despertar. Ese es el momento de la
barca en tempestad, de esa barca a la cual los Padres de la Iglesia, y los teólogos, Príncipes de la
Teología, los Santos Teólogos la configuran con dos sentidos.

El primer sentido, más personal, dicen: "la barca es nuestra alma", allí muchos padres de
Oriente y de Occidente, esa barca en el medio del mar, el "mar"es el mundo, es nuestra alma,
nuestra alma que tiene que llegar al "puerto de la eternidad". Y todas las pruebas que el cristiano
ha de pasar, tribulaciones, las tempestades que el cristiano ha de pasar para llegar a la otra orilla
de la eternidad.

También la configuran con "la barca de Pedro", es decir con la Iglesia, es el cuarto sentido
que le da San Agustín. La Iglesia a lo largo de toda su historia, si la leemos del otro lado esa
historia vamos a ver, y nos vamos a dar cuenta, que siempre ha estado en tribulación, que
siempre ha estado cruzando este mundo con las asechanzas de las tempestades. Según aquello
de San Pablo: "el que quiere vivir cristianamente, ha de padecer persecución", así la Iglesia como
la Barca de Pedro cruzando el mundo. San Gregorio en sus Morales va a decir hermosamente:
"sabe la Santa Iglesia crecer a pesar de sus tribulaciones, sabe la tormenta exaltar su espíritu
hasta la suprema esperanza", las tempestades no hacen más que purificarle su esperanza en el
Señor, en ese grito que decimos después de la Consagración: "Maranata", "Ven Señor Jesús".

1
Vamos nosotros a comentar en esta Misa un texto del famoso padre Lafuente, el padre
Lafuente es uno de los padres que tiene uno de los mejores comentarios a este texto que se leyó,
fíjense, el primero... en primer lugar en orden a la Barquilla de nuestra alma y esto lo tenemos que
aprender, y dice "Cristo permite la borrasca para probar en primer lugar nuestra fe", todos
sufrimos borrascas, no hay persona que no tenga Cruz, Dios permite esa borrasca para probar
nuestra Fe, porque el que se dispone a servir a Jesús, a Cristo, a Dios, ha de disponer su alma
para la prueba, y así como el oro se purifica en el crisol así Dios Nuestro Señor prueba a los que
ama, si quieres servir al Señor prepara tu alma para la prueba, ven que no es la fe cosa de
palabras sino de vida, a veces el Señor prueba la fidelidad, prueba la fe, en primer lugar es eso.

"Hombres de poca fe -les regaña Cristo a sus Discípulos- ¿por qué dudáis?", que parecido
es a nuestros casos, cada vez que viene la tempestad empezamos a dudar en vez de acrisolar
esa fe, en vez de levantar la mirada hacia donde no hay tormenta y donde no hay tormenta es en
el Cielo, todo alrededor de la Barca es mareo, es confusión, cuando miramos para arriba se
serena entonces nuestro espíritu, ven, por eso digo para probar nuestra fe.

"En segundo lugar -dice el padre La Palma- para avivar nuestra confianza", ven, esa
confianza que tenía por ejemplo Teresita del Niño Jesús, dice que ella frente a cualquier dificultad
se colgaba de los cuellos de su padre, como niño chiquito, esa es la infancia espiritual, que no se
apoya en nada, sabe que su Padre no le va a fallar, entonces se cuelga del cuello de su Padre, no
anda buscando apoyos, ven, sino que se cuelga de los brazos de su Padre, es más dice "y
cuando es mucha la dificultad hay que hacerse chiquitita para que esa dificultad pase por arriba",
pase por arriba... no está más que el apoyo del cuello de Dios nuestro Padre, por eso, para avivar
nuestra Fe y avivar nuestra confianza.

"En tercer lugar -dice el padre La Palma- para fundarnos en la unidad", sólo en la tormenta
y en la prueba, sólo cuando no nos queda ninguna fe ni esperanza en las cosas humanas o
temporales, es cuando levantamos los brazos a Dios: "Señor...", y nos damos cuenta que frágiles
somos, que débiles somos, San Pablo decía "cuando soy débil, es cuando soy fuerte, porque
triunfa en mí el poder de Dios". Ven la prueba nos tiene que acrisolar en la humildad, "¿qué tienes
que no hayas recibido, y si lo recibístes de qué te jactas?", el hombre que se cree muy firme, ah,
pero lo toca Dios con la tempestad, ven como los Apóstoles, "¿No te importa Señor que nos
ahoguemos?", eso que tenían mucha pericia, Pedro conocía ese mar, el mar natal ahí habíase
criado, lo conocía como la palma de la mano, pero su pericia no le servía de nada, entonces ahí
se da cuenta que tiene que recurrir a Dios.. tiene que hacer humilde en la prueba, generalmente
pasa al revés, frente a la prueba, frente a la tormenta nos revelamos con soberbia... El Señor
manda esa prueba justamente para que la sepamos sufrir cristianamente.

"Para purificarnos de los vicios -dice el padre La Fuente-", ¡cómo purifica la Cruz!, queridos
míos, si uno sufre con sentido, no vayan a creer que uno va a ser más bueno por tener un dolor
de muelas, al contrario puede ser más malo, pero si a ese dolor de muelas yo le encuentro el
sentido del sufrimiento, yo sé el sentido del sufrimiento, entonces ese dolor me purifica de mis
vicios, eh, como la penitencia purificaba a los Anacoretas. Chesterton decía "el único que puede
tener sentido del humor es el cristiano, porque sabe el sentido del dolor", sabe el sentido del
dolor, ¿qué es el sentido del dolor? , la Cruz de Cristo, no hay otro sentido, ven.

Por eso el que viene a este mundo y no tiene fe, frente a la tempestad, porque también
pasa la tempestad al que no cree, ¿para qué vivir?, la náusea de esta existencia, más vale
quitarse la vida, si son más dolores, más sinsabores que sabores los que pasamos en esta vida,
ven, pero si eso lo sufrimos con sentido, es decir con dirección eso es sentido, sabiendo que el
último ´¿por qué?' está en la Cruz Redentora de Nuestro Señor, entonces eso nos purifica, nos
purifica, dice, "y nos hace precabernos -dice el padre La Fuente- con la oración", ven,
empezamos a orar en la prueba... "Señor que perecemos, ¿no te importa?", y ¿qué están
haciendo los Apóstoles?, están orando, están pidiendo al Señor.

2
"Dormido en la barca -dice Agustín- como hombre, como Dios velaba por sus Discípulos",
como Dios velaba.. pero ellos le claman, "¿No te importa que nos ahoguemos?", la oración ven
frente a la prueba, la humildad y la oración, tenemos que orar, y al orar empezamos a pulir las
verdaderas virtudes, la fortaleza y la paciencia frente a esas pruebas terribles, ¿eh?, porque a
veces al Cristiano le vienen todas juntas, hay tempestad, por adentro y por afuera. Por adentro el
mareo, como el que está en un mar embrabecido y por afuera confusión, de afuera y de adentro.
"¿Hasta cuándo Señor te olvidarás?", ven el salmista, ¿hasta cuándo apartarás tu rostro de
nosotros?.

"Hay dos adagios castellanos -dice muy bien el padre La Fuente-, "quien entra en el mar
aprende a orar", y entrando en el alma las olas de las tribulaciones suelen salir de ellas los vicios",
"Oh, piloto sapientísimo gobierna como quieras la nave de mi alma, con tal que no te ausentes de
ella", que hermoso, el Señor estaba dormido en la barca, gobiérnala como quieras, saber, tener
esa confianza que Dios es Padre de la suprema Bondad y la suprema Sabiduría, y todo lo que
sucede, sucede con peso y medida para bien de los que aman a Dios, esa confianza que hacía
exclamar a Pablo: "¿Quién me puede separar del Amor de Cristo, los azotes, las persecuciones,
las tribulaciones, los naufragios, los falsos hermanos, nada, la espada, tampoco, ni alto, ni lo
profundo, ni lo ancho, ni lo largo me puede separa de ese Amor de Cristo, porque sé en Quien he
puesto mi confianza", ven, se en quien he puesto mi confianza.

Allí está entonces para que nos sirve a la navecilla de nuestra alma, la tormenta, la alma
que tiene que llegar allá a las praderas eternas, a la otra orilla, la Casa del Padre, tiene que llegar,
ven, por eso tenemos que saber aprovechar la tempestad, ser avesados pilotos, y todos tenemos
pruebas queridos míos. San Agustín cuando habla de la Iglesia como nave, cuyo timonel es
Pedro, él ustedes saben que resume en cuatro las tentaciones, que son tormentas que pueden
avecinarse en la vida cristiana, "la primera tentación -dice- es cuando el hombre que es gracia, se
da cuenta de su vaciedad por estar adherido al error, entonces encuentra su alma con oquedad y
es el momento en que empieza a creer", esa es la primera, ven, la primera gracia, "pero después
-dice- viene una segunda gracia, que le llama 'tentación', claro yo he dado el paso de la Fe, creo,
pero me atan los vicios", el 'como lo vivió', ven, la dificultad de vivir esa Fe, y cuando supera esa
tempestad ir domeñando sus pasiones y sus vicios, dice "viene la tercera que es la más brava y la
más difícil, 'el cansancio en hacer el bien', no tienes vicios pero tampoco te atraen, pero también
te cansas y te artas de caminar en el bien", se te resfría la Caridad, ven, la cuarta ¿cuál es?, "la
cuarta -dice San Agustín- es la que le corresponde a los que gobiernan la Iglesia, a los Pastores,
los Obispos y a los Sacerdotes, y ¿cuál es esa prueba?, es la prueba que se avecina a los que
tienen que gobernar la nave", y ¿por qué Dios permite esas tempestades en la Iglesia Señor?, y
¿por qué -dice San Agustín- para que no nos olvidemos de El, para que miremos siempre al
Cielo", para que no perdamos nuestro espíritu de Fe como veo que mucha gente está bajando la
mirada, está perdiendo el sentido sobrenatural de la Fe en la Iglesia, ven, justamente el Señor no
sólo permíte la tormenta, es la tormenta, es la misma tormenta, ¿y para qué?, para que miremos
siempre al Cielo.

No se vayan a creer, dice San Agustín, que esto es sólo para los Curas y los Obispos, ojo,
que vamos en la misma Barca aunque no estemos sentados al lado del timonel, dice, ¿y qué
tienen que hacer los fieles?, orar por el timonel para que no se confunda, porque si el timonel se
confunde se hunde la Barca y perecemos todos, eh, no sólo el que gobierna, sino los que van
también en la Barca, eh, la prueba para la Iglesia, esa prueba, que como dice San Gregorio,
"tiene que exhaltar su espíritu hasta la suprema esperanza", cuando sólo esperamos en El.
Tormentas en la Iglesia, y la nave de la Iglesia siempre ha tenido tormentas, nunca es tan fácil, a
veces arrecia más el temporal.

Entonces no tenemos que ser hombres de poca Fe y dudar. "¿No te importa Señor que
perezcamos?", así le dijeron los Discípulos, ¿no te importa?, el Señor dormía como hombre,
velaba como Dios, esa Iglesia que tiene las promesas del Padre, y que las puertas del Infierno no
prevalecerán contra ella, ven, ya volver a ver esa Iglesia, saberla ver, saberla ver con el espíritu
cristiano, que es un espíritu de alegría, no de tristeza, Fader dice "el triste es un convalesciente

3
en la Casa de Dios, porque la tristeza no viene de Dios", "hay una moderada tristeza -dice Santo
Tomás- que es aquella por nuestros pecados, pero que tiene que ser moderada", claro que
vemos muchas cosas en la Iglesia que nos causa tristeza, basta vernos nosotros mismos, ¡qué
tristeza!, escándalo, que un pobre hombre pueda ser Sacerdote, ¡qué escándalo!, claro la tristeza,
pero cuidado que tiene que ser moderada, "la única tristeza válida -dice el Doctor de Aquino- es la
tristeza moderada por nuestros pecados", "por lo demás tenemos el secreto de la verdadera
alegría -en el decir de San Francisco de Asís-".

Muchas veces al ver la Iglesia y ver las cosas que pasan, nos agarran las tristezas, por
eso yo pensaba en este verso del Padre Cue: "Perdóname Señor -dice el Padre Cue-, eh
traicionado tu más valiente y atrevida herencia/ el gozo y la alegría de la misma tormenta/
Perdóname Señor, igual que Pedro/ yo temblé por la Barca de tu Iglesia/ Y se hundíó en el
naufragio, la fe de mi alegría/ mientras tu Barca navegaba ilesa/ Dale tu mano a mi alegría
náufraga/ que quiero caminar sobre las olas/ cantando a la tormenta/ ¡Alegría Señor!, no estás
dormído/ y arrullado en la Barca de tu Iglesia/ ¿no eres Tú mismo misteriosamente/ Tú mismo el
disfrazado de tormenta?/, ¿No es tu mismo poder el que duerme en la Barca?/ ¿y El que en los
truenos y rayos se despierta?/, el huracán que ruge ¿no es viento de tu Espíritu?/ alegría si se
rompen las garcias, ya habrá otras nuevas/ Este trueno que estalla, ¿no es tu Palabra Viva?/
Alegría si en todos los tímpanos sordos resuena/ ese ciego relámpago, ¿no es tu luz increada?/
Alegría, que lo miren los ojos ciegos y que crean/ el fuego que calcina, ¿no es tu Espíritu en
llamas?/ Alegría si limpia y purifica, aunque nos duela/ Alegría barrida por la sal y la espuma/ la
Barca de San Pedro, renacerá más bella/ ¿Y cómo tener miedo, Señor?/ si eres Tú mismo, Tu
mismo, la tormenta", ahí está el sentido cristiano, por eso tenemos que tener ese sentido de la
verdadera alegría, de la alegría de saber cual es el sentido de todas las pruebas, cual es el
sentido de todas las tempestades, cual es el sentido de todas las cruces. Esto no lo entiende el
mundano, esto lo entiende el hombre espiritual. El mundano cree, que porque es bueno al modo
judío, le tiene que ir todo bien y no tiene que tener pruebas, ¿por qué me pasa esto a mí padre, si
yo soy tan bueno?, y eso no es cristiano queridos míos, eso es un liberalismo burgués que quiere
la paz de los cerdos que engordan para el día del juicio.

Por eso le vamos a pedir a Jesús, que nos de la gracia de saber vivir con alegría en la
misma tormenta, la gracia de llegar con nuestra barquilla, es decir con nuestra alma, un día allá a
la otra orilla, a la orilla de la Eternidad, y de no asustarnos tanto por la Iglesia, aunque parezca
que el Señor a veces duerme, pero duerme como hombre y vela como Dios. En el Nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

P. Carlos A Lojoya

23-06-1985

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