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Encuentro Peligroso y Amoroso

El documento cuenta la historia de Celia, quien casi es atropellada por un vehículo pero es salvada por Liam. Más tarde, Celia se reencuentra con su amiga de la infancia Helen. Liam le confiesa a Celia que se ha enamorado de ella.

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Encuentro Peligroso y Amoroso

El documento cuenta la historia de Celia, quien casi es atropellada por un vehículo pero es salvada por Liam. Más tarde, Celia se reencuentra con su amiga de la infancia Helen. Liam le confiesa a Celia que se ha enamorado de ella.

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Amber James

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¡Contrólame!

Volumen 3

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1. Encuentro agitado

El capó del vehículo aumenta a la vista. ¡Pareciera una Hummer! Éste


ocupa ahora casi todo mi campo de visión, enorme y terriblemente
amenazante. Es como una escena de acción en una película, excepto
que... esto es la vida real. Y el terror me deja congelada. Debería
moverme, reaccionar, pero miro cómo la muerte se acerca a mí sin
hacer nada. Toneladas de hierro corren en mi dirección y soy INCAPAZ
de hacer ni un movimiento. Mi único reflejo es cerrar los ojos...

Se acabó, se...

De repente unas manos me sujetan y me jalan hacia atrás. Lanzo un


grito y siento el impulso del vehículo que me roza zumbando. Y luego
reconozco un perfume, antes de escuchar una voz que me hace creer
que los milagros existen.

– Celia, Celia, estoy aquí, todo estará bien.

Siento su aliento cálido en mi cuello mientras que me abraza. Mi


corazón late muy rápido, me dejo abrazar... ¡no estoy muerta!

Liam acaba de salvarme la vida.

No puedo evitar pensar en lo que hubiera pasado si no hubiera tenido


una cita para cenar con Liam en la zona. Por fortuna, el incidente
sucedió muy cerca del restaurante. Liam estaba afuera para hacer una
llamada cuando me vio. Mi salvador me sostiene para acompañarme
hasta allí. El auto se fue demasiado rápido, era imposible ver quién lo
conducía. En mi cabeza resuenan palabras de amor pero me quedo
muda, todavía impactada.

Ambos entramos en el lujoso establecimiento y él me conduce a un


rincón privado de estos lugares tan pacíficos antes de sentarme sobre
un cómodo taburete.

– ¿Estás bien, mi amor? pregunta con ternura.

Asiento con la cabeza.

– Lo mejor sería llamar a un médico, ¿qué opinas?

– No, es inútil. Sólo necesito reponerme.

Él pone su frente contra la mía y yo paso mis manos por sus mejillas.

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– Afortunadamente estabas allí, Liam.

Me estremezco mientras pasa sus manos por mi cabello.

– Llamaré a la policía, es...

Lo interrumpo con una voz suave:

– No, no, eso no sirve de nada, no sabemos exactamente lo que sucedió,


yo...

– Sea como sea, haré todo para encontrar a ese demente. Puede haber
algún testigo que haya visto su matrícula. ¡Por poco te mata, Celia! Y ni
siquiera se detuvo. Es como si no hubiera perdido el control del auto,
como si estuviera acelerando voluntariamente hacia ti. ¡Daría todo por
saber quién es!

Tengo el presentimiento desagradable de que se trata de Kleber Aniston.


Esta simple idea me aterra y me da náusea. La situación no es muy
difícil de imaginar. Aniston sin duda había previsto mi reacción y le
había dado órdenes por si acaso a su chofer a algún empleado. Debería
contarle todo a Liam, esta historia me da mucho miedo pero temo
mucho más parecer loca. Sin tomar en cuenta que debería explicarle mi
cita con el hombre político y no creo tener la fuerza para ello por ahora.
Se lo contaré cuando llegue el momento, lo prometo, pero no ahora.

No tengo mucho tiempo para pensar en ello puesto que una voz me hace
sobresaltar. Y mi corazón se acelera. Creo que estoy soñando, pero no...

¡Helen, es la voz de Helen!

En la entrada del restaurante, una castaña encantadora me observa con


una sonrisa radiante en los labios. No ha cambiado, sólo está todavía
más bella, más femenina. Me levanto mientras que ella corre hacia mí y
me toma entre sus brazos riendo en mi cuello. Siento sus lágrimas
también. Y las mías que corren por mis mejillas. Es una mezcla de
felicidad y de emoción.

Mi vida es muy loca en este momento. Estoy enamorada de un tipo que


conozco desde hace muy poco y que acaba de evitarme una muerte
segura... y mi amiga de infancia está entre mis brazos, después de años
de separación. Todo sucede al mismo tiempo, y tan rápido que me
marea.

Respiro su perfume, me resguardo en su calor. ¡Hace tanto tiempo, es


increíble, es tan bueno!

– Helen, Helen, Helen…

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Murmuro su nombre al infinito y escucho el mío en respuesta. Los
largos discursos serán para más tarde, para después del shock de este
sublime reencuentro que nos deja incapaces de pronunciar ni una sola
palabra.

Al fin volteo hacia Liam, fingiendo estar enojada:

– ¿Entonces organizaste esta cita a escondidas?

Con las manos en los bolsillos de su pantalón, él me dirige una ligera


sonrisa que me da ganas de lanzarme sobre él para agradecerle con
todo tipo de besos cuya lista sería demasiado larga. Lleva puesto un
traje Versace gris claro y una camisa blanca con los dos primeros
botones desabrochados. Si el modisto lo viera en este momento,
seguramente le ofrecería lo que fuera para que aceptara convertirse en
la imagen de su marca.

– Liam reservó una mesa para los tres, explica Helen. Estoy tan
contenta, Celia, te...

Ella se interrumpe, pasa una mano temblorosa por mi mejilla. Sus ojos
brillan. Entonces me dice con una voz ahogada por la emoción:

– Te extrañé tanto, ¿sabes?

Asiento con la cabeza reprimiendo las lágrimas que se agolpan en mis


párpados.

– Yo también, Helen, si supieras cuánto he pensado en ti durante estos


años.

Nos volvemos a abrazar por un largo momento, luego nos dirigimos


hacia nuestra mesa.

Helen y yo nos tomamos de la mano. Con fuerza. Y vuelvo a revivir en


mi mente los instantes mágicos en los que nos paseábamos así. En ese
entonces éramos niñas pequeñas, juntas en las buenas y en las malas. Y
nos habíamos prometido que nunca nos separaríamos. Que estaríamos
juntas sin importar lo que sucediera. Tuvimos un contratiempo, cierto,
pero el destino decidió reunirnos de nuevo. El mismo destino en el cual
Liam acaba de jugar un papel inmenso. Y me alegra enormemente
volver a ver a las personas que más amo en el mundo.

Liam le explica a Helen el accidente del que acabo de escapar y Helen


parece preocuparse. De inmediato les propongo hablar de otra cosa,
puesto que todo eso me pone muy incómoda.

En medio de la cena donde nos contamos nuestras diferentes


experiencias bajo la mirada discreta y dulce de Liam, mi corazón se
acelera y no me siento bien. Seguramente es la consecuencia de todas

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mis emociones. Me es difícil respirar, en verdad necesito aire. Estoy
teniendo una crisis de nervios.

– Es el shock, me dice Liam. Te llevaré de regreso Celia, necesitas


descansar.

Helen me toma la mano y me susurra:

– ¡Nos veremos pronto Celia, nos hemos rencontrado para siempre!

Asiento con la cabeza pero no logro moverme. Siento como si me


hubieran vaciado de todo, privado de toda voluntad, y entro cada vez
más en pánico. Liam se inclina hacia mí y me fuerza gentilmente a
levantarme para llevarme hacia la salida. Uno de sus brazos rodea mi
cintura, siento que mis pies flotan encima del suelo.

Una vez en la calle, él hace una llamada rápida, cuelga y me obliga a


caminar sobre la banqueta para calmarme.

– Respira, Celia, respira. Walter no tardará en venir a buscarnos.

Mi voz no es más que un lamentable gemido:

– No puedo, Liam, no sé qué me pasa.

Él pasa su mano por mi cabello y me tranquiliza:

– Solamente has vivido muchas cosas extrañas últimamente, me dice.


Hace apenas una hora, un bastardo casi te atropella. ¡Y justo después te
encontraste con Helen, tras años de estar separadas! Son bastantes
emociones, uno puede sufrir taquicardia por menos que eso, ¿no crees?

Asiento con la cabeza dando vueltas en la banqueta. Comienzo a


sentirme mejor, la angustia se aleja poco a poco. El rostro de Kleber
Aniston se vuelve borroso, sus amenazas se diluyen y yo regreso a la
superficie. El rechinido de los frenos de la limusina se escucha y nos
subimos en ella. Le dirijo una sonrisa pálida a Walter mientras que Liam
le pide insertar el CD de Giselle en el reproductor.

Me gustas, Liam, si supieras cuánto me gustas.

Siempre es muy atento conmigo, es increíble. Me dejo llevar contra sus


brazos, estoy mejor, mucho mejor.

– Tuve miedo, resopla con su voz más grave. No soportaría perderte.


Tú...

Se interrumpe, acomoda un mechón de cabello que me cae sobre la


frente. Tengo la extraña sensación de que mi corazón ha dejado de latir,
que la música se detuvo, como si el silencio hubiera decidido dejarle

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lugar a las palabras de Liam que me acarician como nunca antes me
había sucedido:

– Eres tan importante para mí, ni siquiera puedes imaginarte a qué


punto...

Es tan bueno, tan sublime escucharte...

– Estoy enamorado de ti, Celia.

Me acerco a él con más fuerza, me estremezco, hago como si no hubiera


entendido bien para que repita lo que me acaba de decir.

– ¿Cómo, Liam?

Adivino su sonrisa, mientras que su voz grave se quiebra un poco:

– Te amo, Celia.

Me deslizo contra él a la velocidad de un rayo para que mis labios


encuentren el camino hasta los suyos y lo beso, mucho tiempo,
profundamente, hasta que se me corta el aliento.

¡Es la segunda vez que el hombre que deseo más que nada acaba de
decirme que me ama! Y tengo la deliciosa sensación de que podría
decírmelo mil veces por día durante toda una vida y cada vez sería
como la primera. Más que esas palabras mágicas, es sobre todo su
manera de pronunciarlas lo que me conmovió. Fue como una plegaria
llena de emoción. Fue sincera y fue en mi vida real.

Mmm, quiero que este beso dure por siempre...

Siento las manos de Liam deslizándose por mis caderas y un calor


inaudito abrasa de repente mi espalda baja, mi vientre, todo mi ser. Lo
deseo como él a mí. Está escrito en nuestros ojos que se devoran y
nuestras manos que se buscan. Liam abandona por un instante mi boca.

– Perdóname, mi amor. Es una situación de emergencia.

Él se inclina hacia Walter y le pide que suba el vidrio de separación.


Agrega con una cierta elegancia reñida de humor:

– Tengo que decirle algo muy importante a la Srita. Diamond. También


podría subir el volumen de la música, no se escucha muy bien atrás.

Walter asiente con dignidad y obedece.

Miro a Liam y le pregunto:

– ¿Estás seguro que...

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– Walter no puede vernos, me interrumpe sonriendo. Y con la música no
podrá escucharnos tampoco. Y justo ahora, la deseo mucho, señorita. ¡A
menos que la situación le incomode, por supuesto!

Para ser honesta, me incomoda un poco...

¡Inclusive bastante!

Sin embargo también sé que no podré esperar a que lleguemos a su


casa. A manera de respuesta, me acurruco contra Liam, ofreciendo mi
cuerpo a sus caricias.

– Deseo tomarte salvajemente, murmura a mi oído.

Gimo y saboreo el contacto de su palma bajo la seda de mi pequeño


vestido negro, allí, justo allí donde mi tanga me parece más húmeda que
nunca. La música me transporta, siento como si me encontrara en mi
sueño, cuando Liam me tomaba sin miramientos y yo no dejaba de
pedirle más. En definitiva este hombre me vuelve loca. Audaz y
dispuesta a todo. Sus dedos rozan mis labios bajo el encaje de mi tanga
y ahogo un grito en su poderoso cuello. Su dedo medio se introduce en
mí y comienza a golpear con vigor. ¡Me lo advirtió! ¡Liam dijo «
salvajemente » !

¡Y yo estoy de acuerdo!

Separo las piernas para facilitarle las maniobras que comienzan a


volverme loca ya. Gimo, jadeo, me retuerzo como una anguila. La voz
ronca y sofocada de Liam me cosquillea los tímpanos.

– Mierda, Celia...

Sí, mierda, es muy malo decir eso, pero no hay otra palabra...

Me arqueo para llegar al encuentro con sus dedos. Su índice se ha unido


ahora a su medio y es delicia pura. Su pulgar exaspera mi clítoris y
sonrío ante la idea de que a veces las palabras no dicen la verdad.

¡No me exaspera para nada, lo adoro!

Mis manos se deslizan bajo su camisa de la cual hago saltar los botones
uno a uno clavando mi mirada en la suya. Liam está haciéndome gozar
con sus dedos, sus ojos de felino me devoran y lo provoco suplicándole
deliciosamente que continúe. Pequeños gemidos parecidos a los de un
animal herido se escapan de entre mis labios y marcan el ritmo de su
vaivén. Una sonrisa se dibuja en su linda boca cuando lee en mis ojos,
sobre mis labios, que estoy gozando. Mis piernas se cierran sobre su
mano por lo sensible que estoy.

– Basta, Liam, basta…

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Él continúa y me desafía sonriendo ampliamente.

– No, Celia, no…

¡Qué sádico tan adorable! Me tapo la boca con la mano para ahogar un
grito de placer en el momento en que una segunda oleada me sumerge.
Tengo la indescriptible sensación de que Liam se ha apoderado de todo
mi cuerpo. Me sacuden espasmos incontrolables mientras que me da
decenas de besos en el rostro. Este hombre poseo posee más bocas y
dedos que cualquier otro. Liam es un extraterrestre. Es sensual,
seductor, autoritario, dulce, delicado, poderoso y dejo de pensar en eso
puesto que yo también quiero ocuparme de él.

Mi mano llega a su entrepierna, mis dedos bajan el cierre de su pantalón


Versace. Giselle sigue arrullándonos. Es extraña esta mezcla de música
y erotismo, de suavidad en los acordes y de salvajismo en nuestros
movimientos. Libero su sexo que está duro mientras escucho los
gemidos de lujuria. Mi palma lo aprisiona y se desliza de arriba hacia
abajo, concentrándose en su glande hinchado de placer. Tengo un deseo
intenso de succionarlo hasta que explote en mí, tengo ganas de sentir su
calor invadirme. Me dispongo a arrodillarme para poner mis ideas en
práctica cuando la limusina se inmoviliza bruscamente.

No, ¿por qué Liam no vive más lejos?

La música baja poco a poco y la voz de Walter nos llega:

– Llegaron a buen puerto, les deseo una excelente velada.

¡Qué elegante Walter, en verdad!

Nos despedimos de él y salimos de la cabina antes de llegar corriendo al


inmueble. Somos como dos locos. Una vez que llegamos al ascensor, nos
abalanzamos el uno sobre el otro. La probabilidad de ser sorprendidos
por alguien multiplica nuestra excitación. Desciendo por el cuerpo de
Liam, deslizo mis dedos por la abertura de su pantalón, me apodero de
nuevo de su sexo y lo hago deslizar entre mis labios, lo trago
enteramente, ni siquiera sé cómo es posible pero está enteramente en
mí. Comienzo a moverme muy rápido, haciendo ir y venir a su miembro
entre mis labios, lamiendo su glande intermitentemente lanzándole
miradas provocadoras.

Esta naturalidad entre nosotros es sublime, este incesante juego para


volvernos locos por turnos. Estamos tan a gusto en este dominio. Y
mesuro mi felicidad por haber conocido a Liam, ya que nunca había
conocido sensaciones así antes. Él me revela en cada uno de nuestros
encuentros y yo descubro en mí tesoros que ignoraba. Y esta idea de
conocerse para entregarse mejor me colma. El timbre del ascensor
resuena y me levanto rápidamente por si acaso alguien lo está
esperando en nuestro piso. No hay nadie y corremos por el largo pasillo
de moqueta hasta llegar a la puerta de su apartamento. Mientras

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introduce su llave en la cerradura, pasa de nuevo su mano bajo mi
vestido, acaricia mis nalgas con pasión y yo deslizo de nuevo mi mano
en la abertura de su pantalón.

Ya extraño a su sexo...

Volvemos a cerrar la puerta y entramos en el apartamento sin dejar de


besarnos. Estamos demasiado excitados. Alguien debió haberle echado
algo a lo que comimos en el restaurante. En el silencio del dúplex de
Liam, no escuchamos más que el roce de nuestras prendas, el sonido
mojado de nuestros besos, nuestros gemidos que se mezclan. Es
terriblemente... sensual. Es la segunda vez que vengo a su casa, pero
ahora es diferente. Yo ya no soy Lily ni el Swan. Somos Celia y Liam...

– Ven, mi amor...

Vuelve a decirlo, por favor...

Él me lleva hacia una habitación que ilumina ajustando un reóstato para


crear un ambiente más íntimo. Estamos en la cocina, que es inmensa y
sublime. Es una mezcla de acero y madera, la duela del suelo está
pintada de blanco y las ventanas altas ofrecen una vista sublime hacia
los rascacielos de Nueva York.

Liam pasa su mano por mi cabello despeinado, desliza su mano bajo mi


vestido, toma de la orilla mi tanga y la arranca de un golpe seco. Lanzo
un grito y él sonríe.

– Listo, dice mientras baja los tirantes de mi vestido por mis hombros
antes de deslizar la prenda hasta el suelo.

– Listo también, digo en un gemido.

Él desabrocha mi sostén y lo deja caer al piso. Gimo mientras que


aprisiona mis nalgas con sus palmas y me levanta para sentarme sobre
la gran mesa central adosada a una estufa.

Auxilio, no me quemes, ya estoy lo suficientemente caliente...

Me siento muy pequeña y vulnerable sobre esta inmensa mesa de


madera que parece haber sido tallada en una secuoya. El contacto de la
madera contra mis nalgas es agradable. Liam levanta mis piernas una a
una tomándome de los tobillos para quitarme los zapatos que llegan al
suelo junto con el resto de mi ropa. El ruido que producen resuena en la
cocina. Y constato que por primera vez, Liam no ha puesto música. Lo
que significa que un futuro muy próximo no se escuchará más que el
inimitable sonido de nuestras respiraciones y nuestros gemidos. Esta
perspectiva me vuelve loca de deseo.

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– ¿Qué estaba diciendo hace poco?, me pregunta con su voz ronca que
haría desmayar hasta a un gladiador.

Lo miro sin decir nada, sonriendo con un aire inquisitivo.

– Ah, sí, retoma. Tenía ganas de tomarte salvajemente.

Asiento con la cabezo.

– Sí, Liam, ahora lo recuerdo. ¡Efectivamente dijiste « salvajemente » !

Él ríe y pienso que es como un regalo del cielo. Quisiera escuchar esa
risa a todas horas. Esa risa es la vida y es la seducción en estado puro.
Esa risa podría hacerme mojar por ser una parte tan íntegra de Liam.
Éste camina para abrir un cajón y me dispongo a decirle que ya no
necesitamos preservativo cuando me muestra una larga venda de cuero
con correas. Inclino la cabeza hacia un lado:

– ¿Me vas a vendar los ojos?

Él sacude la cabeza poniendo el índice sobre sus labios.

– Te voy a amordazar, princesa.

Suspiro, Liam es un maniático. Pero también me estremezco porque me


excita con sus ideas raras. Tengo ganas de dejarme llevar. Me hará bien
dejar de hablar, dejar de pensar.

Él pone la venda frente a mi boca, la aprieta lo suficiente para


impedirme mover los labios pero con suavidad para no lastimarme y
después fija las correas. Bueno, en cuanto a lo de ya no hablar, ¡está
arreglado! ¡Sin embargo me costará más trabajo el no pensar! Digamos
que sobre todo voy a dejarme ir en alguna parte del éxtasis. Con Liam
es fácil... ¡y tan delicioso!

Recapitulemos: estoy desnuda, sentada sobre una mesa de cocina, una


venda de cuero me amordaza y un hombre de traje con sólo un par de
botones desabrochados me observa y parece admirarme. Leo en sus
ojos que quiere devorarme, que soy la futura víctima de un malvado
lobo.

No tengo miedo, ¡cómeme entera, lobo malvado!

Como si me leyera la mente, Liam se pasa la lengua por los labios.

Tu lengua es demasiado bella...

Sin dejar de verme, desliza la mano en la abertura de su pantalón para


liberar su sexo. Bajo los ojos y miro su miembro hinchado y erguido que
sostiene en su palma. Es terriblemente excitante verlo así.

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Liam se acerca y guía el extremo de su virilidad hacia la entrada de mi
sexo.

Apenas ha rozado mis labios y yo ya me estoy retorciendo sobre la mesa


gimiendo. Sus manos se deslizan bajo mis rodillas para separar mis
piernas y se hunde en mí lentamente. Pongo las manos planas sobre la
mesa para inclinarme un poco hacia atrás y entregarme mejor. Quiero
ofrecerme a este hombre, quiero ser suya por siempre.

Una sonrisa se dibuja en mis labios ante el pensamiento que acabo de


tener.

¿Eso es salvajemente?

En conexión conmigo, Liam sonríe por su parte comenzando a moverse


con más seriedad.

Sí, sí, ahora comienza... es la S de « salvajemente »…

Al paso de los segundos, las puñaladas de Liam ganan poder. Echo la


cabeza hacia atrás, siento la caricia de mi cabello sobre mi espalda. Me
apoyo con todas las fuerzas sobre la mesa con mis manos para resistir
sus asaltos que se vuelven cada vez más furiosos. Mis nalgas frotan
contra la madera. Es una tempestad lo que se levanta entre nosotros, un
huracán que agita nuestros cuerpos y nos devasta a fuego lento. Siento
el miembro de Liam golpear al fondo de mí, invadirme y saciarme. Soy
la más feliz de las mujeres con el hombre más sublime de todos que me
ama y sabe hacerme gozar tan bien.

Liam me besa y me mira, es una combinación mágica. Una linda sonrisa


se dibuja sobre sus labios y resalta sus hoyuelos en la orilla de su boca
tan bella. Liam es un hombre al que uno quiere devorar ante el menor
gesto que hace. En un respiro acompañado por una puñalada
alucinante, me murmura:

– Eres bella, Celia.

Gimo bajo mi mordaza. Me abro aún más para que se hunda en lo más
profundo de mi intimidad. Estoy subyugada de constatar que sentir a
Liam en mí es una felicidad que no deja de renovarse. Y esta vez, ya no
hay una muralla entre nosotros. Sin preservativo, nuestra relación
adquiere otro sentido. Gimo de antemano ante la idea de que en verdad
se va a venir en mí, que lo voy a sentir totalmente. Su calor, esa parte
suya de la cual había sido privada hasta ahora.

– Me voy a venir en ti, Celia...

Asiento. Tengo tantas ganas de sentir su placer vaciarse en mí.


Experimento una necesidad irresistible de sentir su calor. Una corriente
eléctrica muy poderosa me atraviesa mientras que Liam se agita en mí

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con pasión. Mi sexo se contrae alrededor de su miembro. Entonces casi
puedo sentir lo inminente de su orgasmo. Él palpita furiosamente en mi
intimidad.

Me aferro a su cuello, él levanta mis piernas subiendo mis rodillas.


Estoy soldada a su pubis. Y comienzo a venirme. El grito que viene de mi
garganta está bloqueado por mi mordaza, siento las lágrimas
acumularse en mis ojos. Mis manos, que deslicé bajo su camisa,
acarician y rasguñan su larga espalda.

Su piel es suave, la mezcla de nuestros perfumes me embriaga. Y


cuando Liam termina es un instante mágico, su placer me llena de
sacudidas y me calienta. Es una sensación indescriptible que multiplica
mi orgasmo. Tengo ganas de gritar que lo amo, que él es mi amor, pero
la mordaza me lo impide. Entonces me aprieto contra él, con todas mis
fuerzas, como si quisiera desaparecer en él, perderme en él y que sólo
seamos uno. Podría matar a quien intentara separarnos.

Liam pasa sus dos manos por mis cabellos mezclándolos entres sus
dedos. Sigue moviéndose lentamente en mí, animado por pequeños
espasmos que me dan todavía más placer. Pega su frente a la mía. Al fin,
me libera de la mordaza. Gimo y aspiro una gran bocanada de aire. Lo
miro a los ojos, todavía soldada a él.

– Eres bella, me dice.

Paso una mano por los relieves de su magnífico rostro donde perlan
gotas de sudor.

– Te amo, Liam.

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2. Castillos en el aire

Una melodía de jazz que conozco me llega desde la sala. Es Kind of


Blue , el mejor álbum de Miles Davis. Helen y yo lo escuchábamos
seguido. Cierro los ojos para saborear este instante.

Mmm, es muy dulce...

Estoy en la cama de Liam O’Neil y quiero quedarme en ella toda mi


vida. Pienso en los últimos días y pienso en Helen, estoy impaciente por
volverla a ver. Fue tan breve nuestro encuentro en el restaurante.
Tenemos tantas cosas que decirnos. Me siento verdaderamente bien,
todo es posible y no tengo miedo de nada. En cuanto a ese Kleber
Aniston, no es suficiente para arruinar el esplendor de los instantes que
comparto con Liam. No, no es tan importante.

Me deslizo hacia el lado donde él durmió, su lugar sigue estando tibio.


Debió haberse despertado para poner música y pronto regresará. Ruego
en silencio para que venga rápido conmigo y me haga caricias. Algunos
minutos más tarde, escucho pasos en la duela de la habitación.

Finjo estar dormida, habiendo tenido cuidado de tomar una posición


sugestiva de antemano.

« Alguien » se mete en la cama y se acerca a mí.

Los escalofríos me recorren cuando la voz ronca de Liam me susurra:

– Hola, mi amor.

No abro de inmediato los ojos, disfruto el momento lo más que puedo.


Mi corazón baila con un ritmo jovial. Definitivamente estoy en el escalón
más alto del pódium del amor, con medalla de oro en los juegos
Olímpicos de la felicidad absoluta.

El aliento tibio de Liam acaricia mi nuca, me volteo, lo atrapo del cuello


y lo abrazo fuertemente. Respiro el olor de su piel suave mezclado con
esencia de sándalo. Con una voz dulce y adormilada susurro:

– Hola mi amor.

Él ríe suavemente con una risa que se parece a la felicidad y al placer. Y


se pega a mí.

Mmm, está desnudo...

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– Es hora del desayuno, Liam.

– Lo tomaremos después, murmura recorriendo mis nalgas con la mano.

Me estremezco, adoro el contacto de sus palmas.

– No, no, primero el desayuno.

Liam desliz su mano entre mis nalgas para llegar a mi sexo. Estoy
mojada, lo sé. Y puedo adivinar desde antes lo que me va a decir:

– Creo que estamos en la misma frecuencia.

¡Bingo, lo sabía!

¡No pienso ceder esta vez! ¡QUIERO mi desayuno primero!

– No, Liam. Tenemos que agregar ese artículo al contrato: no impedir al


otro tomar su desayuno cuando quiera hacerlo...

Su tono revela una ligera decepción teñida de diversión:

– Eres buena negociante. Pero...

– ¡Shh, nada de peros! ¡Tendrás todo lo que quieras una vez que yo haya
saboreado mi desayuno!

Liam se aleja de mí y deja la cama. Me volteo y él está de pie en medio


de la gran habitación. Está desnudo, espléndido y seductor a más no
poder. Nunca había visto a un hombre tan bello. Evito fijarme mucho en
su sexo erecto para no cambiar de opinión. Debo aguantar. No
solamente tengo mucha hambre, sino que también Liam debe saber que
no soy tan volátil.

Recargada sobre un codo, con la cabeza puesta sobre mi mano, observo


a Liam. Estoy consciente de que mi desnudez lo desestabiliza.

¡Así estaremos a mano!

¡Y espero que se dé por vencido! Una sonrisa exquisita se dibuja de


pronto en sus labios:

– Ya que es así, acabo de tener una idea.

Le lanzo una mirada de interrogación mordiéndome el labio.

– Haremos las dos cosas la mismo tiempo, Celia. ¡Hacer el amor y


comer!

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Liam me desafía con la mirada y me rindo.

– Deal done, mister O’Neil.

Él me lanza una sonrisa victoriosa y me hace una señal que significa


algo como « ¡espérame, ya regreso, no tardaré mucho! » ¡Al menos ésa
es mi interpretación!

Aprovecho su ausencia para ir al baño y refrescarme un poco. Cuando


Liam viene conmigo al fin, parezco una de esas chicas en las películas
americanas, bien peinada a pesar de una noche de amor y lujuria.

Desnudo en el umbral de la habitación, Liam trae una bandeja de plata


donde se encuentra todo tipo de comida. Y una botella de champagne en
una cubitera.

¡Wow, el desayuno será súper continental!

– ¿Puedo entrar, señorita?

Hago una mueca y esbozo un gesto con el brazo:

– ¡Hazlo, querido, deja esa bandeja sobre mi cama!

Pequeño resumen de la situación: estoy desnuda sobre una cama king


size, un hombre sublime en traje de Adán se acerca a mí con una
bandeja surtida de frutas y de chocolate fundido en tazones de vidrio. Y
vamos a beber champagne... ¡Todo mientras hacemos el amor!
Francamente, ¿no es bella la vida?

Liam se sienta a mi lado. Observo su hoyuelo en la esquina de los labios


mientras que sirve champagne en mi copa. Tengo ganas de devorarlo
crudo... ¡De hecho él es mi verdadero desayuno! Brindamos mirándonos
a los ojos y mi cuerpo está más ardiente que la lava de un volcán. Este
hombre me vuelve loca y no deja de sorprenderme. El sonido producido
por nuestras copas chocando me permite medir la suerte que tengo de
estar en presencia del hombre más increíble del universo. Las burbujas
del champagne se mezclan con las mariposas que bailan en mi vientre.

Liam abre un kiwi para dármelo en pedazos. Es delicioso ser alimentada


por un top model. Él esboza una sonrisa que no sé de dónde viene y
estoy segura de que acaba de tener otra idea. Toma un tazón de
chocolate derretido y me pide recostarme boca abajo.

Gimo cuando el chocolate corre por mi espalda. Luego la lengua de


Liam comienza a lamerme. Río un poco porque esto es súper excitante.

– Mmm, murmura con un tono lujurioso, este chocolate es una


maravilla.

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Mmm, lo adoro...

Liam hace correr chocolate por mis nalgas para beberlo a lengüetazos y
mordisquearme. Gimo suavemente mientras que él me dice:

– De hecho yo también tenía mucha hambre, princesa.

Aliméntate, mi amor...

Liam se desplaza sobre la cama y me pide abrir la boca. Obedezco y me


presenta una cuchara llena de chocolate frente a mis labios.

– Saca tu lengua y lame.

Esta orden es muy... erótica.

Mi lengua se desliza entre mis labios y saboreo el chocolate.

– Mmm, ese chocolate es efectivamente sublime, habría que...

Me interrumpo y le pido a Liam que se acueste boca arriba. Tomo


algunas uvas de un racimo, las muerdo encima de su boca, dejando que
el jugo escurra por sus labios. Sus ojos mirándome me dan ganas de
gemir de felicidad. Él lame el jugo de sus labios.

– Esas uvas son una delicia.

Asiento y susurro:

– Sin embargo creo que no saboreé bien el chocolate.

Una sonrisa excitada se dibuja sobre sus labios carnosos y brillantes. Y


ahora me toca a mí derramar chocolate... sobre su sexo.

– Vas con todo, bromea.

– Te dije que tenía hambre, señor O’Neil.

Su miembro erguido por donde corre el chocolate es un espectáculo


maravilloso. Tengo frente a mis ojos el postre más original de todos.
Esto es alta gastronomía.

¡Miam, todo esto es para mí!

Sin esperar más me inclino hacia su erección que comienzo a saborear.


Paseo mi lengua a lo largo de su miembro para lamer el chocolate.

Levanto la mirada hacia Liam y leo la excitación en sus ojos. Murmuro


con una voz suave:

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– Está buenísimo este chocolate.

Vierto más en su glande que desaparece bajo un río azucarado y de


color, luego lo tomo con la boca para succionarlo y tragarlo. Los dedos
de Liam se aferran a mi cabello mientras que hago ir y venir mis labios
entrecerrados alrededor de esta parte de su anatomía que amo cada vez
más. Está bueno, verdaderamente delicioso, y eso me excita
francamente.

Lo abandono un instante, lo provoco con la mirada haciendo correr de


nuevo chocolate sobre su virilidad. Y lo vuelvo a tomar con la boca.
Tengo mucha hambre esta mañana. Estoy dispuesta a sufrir una
sobredosis de chocolate. Entonces me lo trago entero y me ocupo de él
con esmero. Quiero sentirlo venirse, quiero saborear la mezcla de su
placer con el chocolate y las uvas. Quiero que explote en mi boca.

La pelvis de Liam se eleva hacia mí, sus manos juegan con mi cabello, y
sus gemidos me animan a dar lo mejor de mí. Este desayuno
permanecerá grabado por siempre en mi mete. Nunca más podré volver
a ver el chocolate derretido sin pensar en el sublime sexo de un hombre
cubierto y rebozado de este suculento ingrediente. Abandono por un
instante su miembro y hago correr mi lengua sobre su escroto
inflamado, lo succiono mientras él gime lánguidamente. Adoro
ocuparme de él.

– Celia, es…

Ni siquiera me tomo la pena de responder y vuelvo a comenzar a


succionarlo.

¡Demonios, le falta chocolate!

Nuevamente vierto más sobre su erección que palpita entre mis dedos.
Liam suelta un gruñido, lo estoy volviendo loco. Subo de nuevo por su
torso, le doy un beso en sus labios estremeciéndose y murmuro:

– ¿Te gusta eso, señor O’Neil ?

Él pasa una y otra vez sus dedos por mi cabellera.

– Mierda, me encanta...

¡Y a mí me encanta hacerte perder la cordura!

Vuelvo a descender por su torso mordisqueándolo intermitentemente,


admiro de nuevo su sexo que parece suplicarme, suspiro de placer y
avanzo hacia ese magnífico objeto de deseo.

Lo aprisiono en mi boca, hago deslizar mi lengua, aspiro el chocolate,


succiono su glande que debe estar cada vez más sensible. Mis uñas se

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aferran a sus musculosas piernas, luego descienden lentamente hacia su
escroto para acariciarlo y masajearlo. Tengo la demencial impresión de
que el miembro de Liam no deja de crecer en mi boca. Está muy cerca...
se va a venir...

Vente, por favor, vente para mí...

Seguramente mis pensamientos son órdenes puesto que Liam se arquea


mientras que siento contra mi lengua y mi paladar su semen que me
inunda con violencia. Lo bebo por tragos, gimo y lo mantengo en mi
boca.

Las manos de Liam se aferran más a mi cabello mientras que su pelvis


sube y baja sin cesar. Sigue gozando y tengo la impresión de que no
dejará de hacerlo. Es tan excitante y regocijante que no logro soltarlo a
pesar de sus gemidos suplicantes.

Cuando al fin lo libero, con la boca llena de una mezcla del perfume de
su placer y de chocolate derretido, mis ojos deben parecerse a los de un
vampiro que acaba de saciar su sed. En verdad no me reconozco... ¡pero
asumo francamente mi nuevo papel! Es tan raro poder ir más allá,
olvidar los tabús para a fin de cuentas convertirse... en uno mismo
realmente. Todo mi cuerpo se estremece y me acurruco contra su torso
sudado. Acaricio con mis dedos su sedoso cabello. Adoro su cabello.

– Celia, me matas.

Sonrío pasando la lengua sobre mis labios.

– Y no sabes lo peor, Liam.

– Dime, resopla, dime.

Suspiro y murmuro con una voz baja destinada a enternecerlo:

– Sigo teniendo hambre, ¡es increíble!

Él deja caer uno de sus brazos sobre la sábana y estalla de risa.

No te rías así, soy frágil...

Se voltea hacia un lado, se recarga sobre un codo y clava sus ojos


brillantes en los míos. La forma en que su mirada lujuriosa pasa de mi
rostro a mi cuerpo lánguido entre las sábanas arrugadas no deja lugar
a dudas. Se va a ocupar seriamente de saciarme. ¡Sé que puedo contar
con él!

Liam se endereza y toma por la mano para obligarme a dejar la cama.

– Ven, pequeña comelona.

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Lo sigo riendo mientras que me lleva hacia el baño. Miro sus
musculosas nalgas y pienso que me encantaría pasar mucho tiempo
mordiéndolas. Su espalda también es sublime, larga, musculosa. Este
hombre es una escultura viviente. Es injusto para los demás.

Él me señala la inmensa regadera con múltiples chorros que podría


recibir a un equipo de football y entro en ella. Después entra él, procede
a ajustar los chorros de masaje y me pega contra el mosaico. Me
estremezco al contacto del frío mientras que una de sus piernas se
desliza entre las mías para hacerme abrirme. Su mano derecha toma mi
cabello para forzarme a echar mi cabeza hacia atrás. Su otra mano
masajea mis nalgas mientras que su lengua se introduce en mi boca. Me
besa hasta casi ahogarme, moldeando mis nalgas con pasión, me siento
minúscula frente a esa masa poderosa que me domina. Él abandona mi
boca y me devora con los ojos:

– ¿Aun así, sigues teniendo hambre?, pregunta con su voz cálida y


provocativa.

Asiento con la cabeza, él me amordaza con una mano, dobla las rodillas
y guía a su miembro entre mis piernas con la otra mano.

Estoy tan mojada...

De hecho, no he dejado de mojarme desde que me desperté. Y debí


haberme mojado mientras dormía soñando con él. Mojarme es mi
segunda naturaleza desde que conozco a Liam. Su glande roza mi
clítoris, gimo bajo su palma que se presiona sobre mis labios, luego
fuerza su entrada por mi abertura tan sensible que tengo ganas de
gritar « auxilio ». Voy a ser devorada nuevamente por el lobo feroz. Una
descarga me sumerge mientras que su pene se desliza en mí, profundo,
hasta el fondo. Con una mano todavía sobre mi boca, Liam me levanta
de las nalgas. Mis piernas rodean su espalda y me preparo a ser poseída
hasta el orgasmo.

– Yo también sigo teniendo hambre, resopla por encima del ruido de los
chorros en acción.

El agua me masajea y Liam me penetra.

– Siempre tengo hambre contigo, agrega a mi oído.

Mmm, ¡ ídem!

Él me pega al mosaico y me bombardea con energía. Me aferro a su


cuello, me abro lo más posible para sentirlo totalmente. Sigo muy cerca,
pude haber alcanzado el orgasmo ya desde hace rato cuando se vino en
mi boca. Estoy a flor de piel desde que comenzamos con nuestro
desayuno en la cama. Sus dos manos amasan mis nalgas, su boca vuelve
a tomar la mía y gimo en la suya. Él invade mi boca, mi sexo y hace latir

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mi corazón. Estamos en simbiosis, más allá de la osmosis. Realmente
cada vez es diferente y sorprendente sin cesar por lo intenso que es.
Liam y yo todavía tenemos ganas de hacer el amor y esta increíble
complicidad entre nosotros me subyuga. Algunos espasmos me
recorren, mi placer aumenta, Liam jadea contra mí y yo gimo
infinitamente. En mi vientre las mariposas explotan y alcanzo un
orgasmo muy fuerte bajo las incesantes puñaladas de mi amante
incansable.

– Ven, Liam, ven…

No reconozco mi voz sin aliento que le suplica venirse en mí mientras


que todo mi ser se llena de convulsiones. En ese mismo instante, el
orgasmo de Liam me invade. Tiemblo y me estremezco bajo los
espasmos que animan su vientre bajo.

Es magnífico sentirlo dejarse ir en mí, es caliente, es fuerte, es dulce.

Permanecemos un largo momento bajo los chorros calientes que nos


masajean. Y pienso sonriendo que el placer en una regadera es mil
veces más agradable con Liam. La primera vez que nos imaginé, estaba
sola y me encontré bajo el agua fría. Ahora, el agua caliente nos
recubre y nos envuelve.

Liam deja la regadera para ir a buscarme una bata limpia. Es hora de


prepararse para el día. Nuestras miradas se cruzan, nuestras sonrisas
chocan, no necesitamos palabras para expresar nuestros sentimientos.

El timbre de la puerta de entrada resuena. Liam se pone una playera


negra que resalta su musculatura. Se desliza desnudo en su pantalón.

¡Mmm, sin nada abajo!

Pasa su mano por su cabello mojado y me lanza un guiño.

– Iré, princesa, te espero en la sala. Hay ropa para ti en el armario, ¡me


dirás si tengo buen gusto!

Lo miro desaparecer vestido con su playera, su pantalón bajo el cual


está desnudo y sus Tod’s. Es tan apuesto como un dios.

¿Entonces me compró ropa?

Impaciente por descubrir lo que eligió para mí, voy hacia el armario.
Hay camisas de seda, algunas faldas y otros vestidos del mismo material
que son para caerse muerta. ¡Y hasta hay... ropa interior!

¡Wow, todo esto es muy elegante!

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Me decido por un atuendo chic y casual: una pequeña blusa negra sin
mangas y una falda beige bastante corta, ropa interior simple de
algodón blanco y finas sandalias de cuero.

Cuando llego a la sala donde la voz de Sam Smith canta en sordina «


Money On My Mind », tengo la dicha de encontrar a Liam en compañía
de Nigel y Helen. Liam se levanta de inmediato y pasa un brazo
alrededor de mi hombro.

Me encanta que haga eso frente a los demás...

– Celia, te presento a mi hermano, Nigel O’Neil. Nigel, te presento a


Celia Campbell, mi princesa.

– Encantado, dice Nigel antes de saludarme de beso.

Helen se levanta y me abraza. Bajo la mirada enternecida de los top


models O’Neil, nos quedamos un largo momento una contra la otra,
como si hubiéramos decidido recuperar el tiempo perdido. Después de
tantos años de separación tenemos miles de caricias atrasadas.

– Estás muy bella, Celia.

La voz de Helen me hace estremecer. Retrocedo y la observo sonriendo.

– Tú también, Helen.

Reímos y nos sentamos alrededor de la mesa baja. Liam está contra mí


y me sostiene mientras que nuestras conversaciones se cruzan. Me gusta
tanto esta sensación de que el hombre que amo se comporta frente a
Helen y Nigel como si lleváramos una eternidad siendo pareja. Luego
Nigel se levanta y le propone a Liam ir a dar una vuelta:

– Creo que podríamos dejar a Helen y Celia un momento a solas.

Liam asiente con la cabeza, me da un beso en la sien y va con su


hermano.

Estoy sola con Helen. Es un momento que bien pudo no llegar a suceder
nunca. Entonces lo saboreo. Escucho a mi corazón latir, le agradezco al
cielo. Estamos tan cómodas juntas. Siento como si nunca nos
hubiéramos dejado. Cuando llegamos a hablar de nuestros recuerdos de
danza, Helen confiesa con emoción:

– Por casualidad volví a ver al antiguo director del ballet de San


Francisco. ¡Fue ahí que me enteré que te habían despedido por robar
dinero de la caja! Aun cuando fui yo la ladrona. Y yo...

Helen se interrumpe un instante, antes de retomar, con un nudo en la


garganta:

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– Me di cuenta de lo injusta que había sido, Celia. Te odiaba por
haberme abandonado... cuando tú te habías sacrificado por mí, para
cubrirme. Me di cuenta de que eras la mejor de las amigas,
completamente loca e inconsciente, pero la mejor.

– Tú hubieras hecho lo mismo por mí, Helen.

Helen asiente con la cabeza mordiéndose el labio inferior.

– Al enterarme de la verdad, me sentí culpable de tu suerte y decidí


encontrarte para arreglar todo. Contacté a tus padre pero tampoco
tenían ninguna noticia tuya.

Contengo un mar de lágrimas al pensar en mis padres a quienes


también extraño siempre. Dejé que el tiempo nos alejara y llegué hasta
este triste estado: sola en el mundo, sin amiga, sin padres. Pero fue mi
elección, no podía echarme para atrás. Pongo una mano sobre el brazo
de Helen.

– ¡Los extrañé tanto como a ti, sabes!

Helen me sonríe con dulzura, toma mi mano en la suya y la aprieta con


fuerza.

– Sí lo sé. Imagino lo que pudiste haber vivido. Pensé en eso en cuanto


me enteré de tu historia. Se lo conté de inmediato a Liam, tenía mucha
necesidad de confesarme. Al constatar mi desasosiego, me prometió que
haría todo para encontrarte antes de que cumpliera 21 años. Me dijo «¡
ése será tu regalo de cumpleaños, Helen! » Ya conoces a Liam ahora y
sabes que siempre obtiene lo que quiere. Creo que es algo característico
de los O’Neil.

Sonrío al escuchar las palabras de Helen. Y el rostro de mi amiga se


ilumina de pronto:

– Lo que no podía imaginar, era que al lanzar a Liam en tu búsqueda le


iba a permitir a mi mejor amigo encontrar el amor por primera vez en
su vida.

Por primera vez...

– ¡Con mi mejor amiga!, continúa Helen. Y puedo jurar que nunca lo


había visto así. Ha cambiado completamente desde que te conoció,
créeme Celia.

Estas palabras dulces me llenan de felicidad. Saber que Liam ya no es el


mismo desde que me conoce me calienta el corazón y me conmueve.
Helen debe percibir mi emoción ya que se acerca a mí y me abraza con
fuerza.

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– Si supieras lo feliz que estoy por ti, me dice.

Me acurruco contra ella y murmuro:

– Mi vida es tan bella desde hace unos días. Yo también conocí el amor...
y es gracias a ti...

Es tan increíble que estemos de nuevo reunidas las dos. Helen me hace
parte del futuro que planea. Y admito que aprecio francamente su lado
de vidente cuando predice que ya ve a Nigel como si fuera mi cuñado.

¡Sí, una boda con Liam!

– No sé si...

– Shh, me regaña Helen, créeme que no tardará, ¡lo siento!

Tengo ganas de saltar en el aire. Ser la esposa de Liam sería lo más


bello de mi vida. Helen se coloca frente a mí y me mira con la mayor
seriedad del mundo:

– Por otra parte, me encantaría que pudiéramos trabajar juntas. Quiero


crear una escuela de danza y quisiera hacerlo contigo.

Tengo la impresión de que todas las piezas del rompecabezas acaban de


ser descubiertas escondidas abajo de una alfombra. Un rompecabezas
que es exactamente idéntico al futuro con el que soñaba. Vivir con el
hombre que amo y trabajar con mi mejor amiga ejerciendo mi
verdadera pasión.

Nos dejamos una hora más tarde. Abrazada a Liam, los miro alejarse.
Son bellos. Y Liam que lee realmente mi mente me murmura con
ternura:

– Son bellos... ¡como nosotros!

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3. La verdad acerca de Aniston

Liam y yo desayunamos en el balcón arbolado del apartamento. Es un


pequeño paraíso en plena ciudad. Estamos suspendidos en el cielo... y
también en los labios del otro.

Estoy saboreando un delicioso tiramisú que Liam pidió de un lujoso


restaurante cuando éste regresa sin avisar al incidente de ayer. Tiene la
clara impresión de que fue más un intento de intimidación que un
accidente, en lo cual coincido con él en mi mente porque es exactamente
lo que supuse cuando sucedió. No me atreví a hablar de eso cuando
estábamos en el restaurante por temor a parecer loca. Y además eso me
habría obligado a hablar de mi entrevista con Kleber Aniston, y esa
perspectiva no me encantaba para nada.

Ahora, sé que Liam no dejará el asunto. Las preguntas atacan y me


llevan finalmente a contarle todo acerca del hombre que me abordó en
el Blue Butterfly antes de que nos citáramos en ese establecimiento de
Broadway. Liam parece contrariado, se muerde el labio y me mira con
gravedad:

– ¿Pensabas contármelo algún día?

Alzo los hombros. En verdad, quería considerar este asunto como


cerrado pero me veo obligada a darme cuenta de mi despreocupación.
Si ese Kleber Aniston intentó lastimarme, es posible que no se detenga
hasta lograrlo. Parece lo suficientemente enojado con Liam para llegar
hasta el final. Con o sin mi ayuda.

Liam me mira sin decir nada, espera mi respuesta. Una arruga de


preocupación marca su frente. Suspiro y separo los brazos en un gesto
de impotencia.

– Ese tipo pretende que te involucres en negocios turbios. No podía


creerlo, pero quería comprender, tener el corazón tranquilo,
comprender por qué ese hombre quería hacerte mal. Y ayer, lo encontré
en un bar antes de nuestra cita. Me pidió tomarme unas fotos
comprometedoras, ¡y por supuesto que me negué! ¡Fue justo después
que ese auto por poco me mata!

– ¡Ese tipo es una basura, un imbécil!

Me sobresalto. Rara vez Liam se enoja tanto hasta maldecir. Sus labios
tiemblan, su rostro está contraído. Sus puños se aprietan e imagino que
si Kleber Aniston se encontrara frente a él en este momento no la
pasaría tan bien.

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– ¡No sabía qué hacer! Sólo quería dejar todo eso en claro.

Él sacude la cabeza:

– ¡Debiste hablarme de eso, Celia!

– Pensaba hacerlo, pero estaba completamente confundida.

– ¿Dudabas de mí o qué?

Demonios, se ve muy enojado.

– No, Liam. No comprendo nada de esto pero me negué a su odiosa


propuesta.

Asiente con la cabeza, se esfuerza por mantener la calma.

– No puedo creer que haya decidido jugar así.

Me acerco a Liam y le digo:

– ¿Pero por que te odia tanto? ¿ Quién es ese tipo?

Liam suspira y me explica:

– Aniston me odia a muerte, literalmente, porque me negué a participar


en el financiamiento de su campaña electoral.

Me quedo boquiabierta.

– ¿Y es por eso que está dispuesto a hacer lo que sea para vengarse?

Liam sonríe con tristeza, antes de continuar:

– Descubrí que el bastardo había desviado fondos atribuidos a la ciudad


de San Francisco para reparar los daños producidos por un grave
sismo. Por nada del mundo me asociaría con un tramposo.

Lo observo sin decir nada, quiero saber más. Y todo se aclara cuando
Liam continúa explicándome la situación.

– Le avisé a Aniston que no sólo no podía contar con mi apoyo


financiero para su campaña sino que pensaba reunir las pruebas
suficientes para denunciarlo a la policía. No lo hice, esperando que
decidiera por sí mismo regresar al buen camino. ¡Pero aparentemente el
bastardo lo tiene en la sangre, es más fuerte que él!

Liam se agarra la cabeza entre las manos.

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– Nunca debió acercarse a ti, Celia.

Con estas palabras, Liam lanza un puñetazo contra la pared:

– ¡Acaba de ganarse un boleto sin regreso a la prisión! Haré lo


necesario para que nunca más pueda lastimar a nadie. ¡Nunca más,
mierda!

Liam se levanta y da vueltas por la sala como una fiera enjaulada. Sus
músculos están tensos bajo su playera. Se ve muy apuesto tan enojada.
Y yo estoy lista para acompañarlo en su combate contra esa basura que
utiliza el dinero de los demás para fines personales.
Desafortunadamente, tengo la impresión de que Liam está en otro
mundo donde yo no tengo lugar. Me dirige una breve mirada antes de
anunciarme:

– Discúlpame, Celia, tengo que hacer unas llamadas.

Y deja la sala con un paso apresurado.

No, no quédate conmigo...

En la playlist del iPod, Selah Sue canta « Alone », y es exactamente


como me siento en este momento. Sé bien que Liam está preocupado por
todo esto y que quiere aclarar la situación. Comprendí que estamos
juntos, me lo acaba e demostrar hace poco cuando estábamos con Nigel
y Helen. Y el hecho es que podría fácilmente comenzar a sentirme como
en mi casa aquí, pero justo ahora, me siento inútil y abandonada en este
inmenso apartamento.

Entonces, ¿ahora qué hago?

Tengo muchas ganas de ir a dar una vuelta para meditar. Algo muy
importante sucede entre Liam y yo, ¡pero tengo miedo de que todo se
termine tan pronto cómo comenzó! A veces tengo dudas con respecto a
la naturaleza de nuestra relación. Aun cuando Liam es el único con las
condiciones para acorralar a Kleber Aniston, tengo la desagradable
sensación de ser dejada de lado. En verdad me encantaría tener un
papel en este asunto.

¡Mierda, fue a mí a quien casi atropellan! Entonces esto me concierne


un poco, ¿no?

Y esa canción me deprime, en verdad quiero ir a dar una vuelta. El


clima está muy agradable afuera. Sólo tomo mi bolso y me dirijo hacia
la entrada cuando la voz de Liam me asusta.

– ¿Celia?

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Me volteo hacia él sin decir nada. Él guarda su celular en su bolsillo
trasero y llega corriendo hasta mí.

Parece un animal salvaje...

Liam acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja.

– Si pensabas irte, ¡ni pensarlo! No he tenido mi baile, princesa.

Dos cosas se desencadenan en mí... Una onda de calor se inmiscuye bajo


la seda de mi falda y sube peligrosamente hacia mi intimidad... Y la
rabia aumenta, se propaga de mi cabeza hasta el resto de mi cuerpo. No
necesito para contestarle de inmediato a Liam.

– ¿Por quién me tomas exactamente?

En la sala resuenan los acordes rítmicos de « Locked Out Of Heaven »


de Bruno Mars y me contengo para no bailar con esta canción.

Calma, sólo es un reflejo de bailarina...

Liam me observa pasándose las manos por el cabello. Se acerca más


pero retrocedo mientras que él me responde con suavidad:

– Te tomo por una mujer verdaderamente deliciosa y seductora.

Basta con eso, ¿quieres?

No quiero dejarme, le ofrezco una mirada furiosa y exclamo:

– ¿Crees que estás en Aladin ? ¿Que te basta con chasquear los dedos y
la stripper aparece?

Primero sonríe con mi alusión a Aladin , luego sacude la cabeza, como


diciendo que me equivoco. Pero aun así habló de su baile, ¿no? Estallo.
De acuerdo, tendrá su baile, lo voy a excitar y en el último momento me
echaré para atrás. Retrocedo un poco y comienzo a moverme con la
música. Lo provoco:

– ¿Eso es lo que quieres?

Me mira con los puños sobre las caderas mientras que recorro mi
cuerpo con las manos. Desabrocho los botones de mi blusa para
descubrir mi sostén blanco escotado. Me acerco a él, me pego a su
torso, sus brazos comienzan a rodearme pero lo rechazo.

– ¡Sólo puedes mirar!

Adopté mi voz más sensual y se muerde el labio inferior. Me bajo


progresivamente hasta hacer caer mi cabello en cascada hacia el suelo.

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Con un gesto tan discreto como hábil hago deslizar mis bragas por mis
piernas. Las tomo, me enderezo, paso la lengua sobre mis labios
agitando las bragas frente a sus ojos, antes de ofrecérsela. E insisto con
sensualidad.

– ¿ Esto es lo que quieres, Liam?

Casi pronuncié estas palabras gimiendo. El rostro de Liam desaparece


detrás de mis bragas que aspira por un momento antes de guardarlas en
un bolsillo de su pantalón. Asiente, su cuerpo ondula ligeramente.

¡Mierda, es demasiado guapo!

Subo mi falda hasta mis muslos y me detengo en el límite de mi sexo.


Muy a mi pesar me mojo y comprendo que voy a tener que calmarme si
pienso cumplir la promesa que me hice: dejarlo con una linda erección
que podrá aliviar solo. Liam debe adivinar algo con mi simple forma de
sonreír, porque se coloca tranquilamente frente a la puerta para
impedirme el paso:

– Celia, Celia, repite devorándome con los ojos.

– ¿Celia, qué?

Sonríe y murmura:

– Pensabas irte, ¿no es así?

Pff, ¿soy tan predecible?

Lo miro sin dejar de moverme:

– Tuviste lo que querías, ¿no?

Suspira, antes de preguntar:

– ¿Y si detuviéramos este pequeño juego?

Su voz es suave y me cuesta trabajo resistirme.

– ¡La mayor parte del tiempo eres tú quien juega, Liam!

Asiente con la cabeza y sonríe:

– Tienes razón, Celia. Pero creo que ambos nos parecemos. Nos encanta
dirigir, controlar las relaciones.

Inclina la cabeza hacia un lado y tengo ganas de devorarlo en este


instante.

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– ¿No estás de acuerdo, princesa?

Me muerdo el labio inferior. ¡Es loco cómo puede leer tan bien mi
mente!

¡Por supuesto que la princesa está de acuerdo!

Es por eso que todo va tan bien entre nosotros. Nuestras dos
personalidades reunidas lanzan chispas que encienden nuestras
pólvoras. Somos dos volcanes que un movimiento tectónico reunió para
las buenas y... ¡las buenas! Un sobresalto de consciencia me impulsa a
anunciar con una voz calmada:

– No te equivocas pero aun así me voy.

Liam esboza una mueca que no es más que una sonrisa francamente...
¡diabólica!

– Entonces tendrás que hacerlo sobre mi cadáver, me advierte.

Con gusto, señor O’Neil…

Me avergüenza mi pensamiento, de pronto me siento débil, pero el


hecho es que su manera de pronunciar esas palabras me hizo perder la
cabeza. Sigo teniendo ganas de pasar por encima y por debajo del
cuerpo de Liam. Es más fuerte que yo. Tengo la impresión de que
siempre necesitamos tocarnos para respirar.

– Pasa sobre mi cuerpo, agrega con su voz ronca, lo que me acaba


definitivamente.

Me lanzo sobre su boca como la miseria sobre el mundo.

Mmm, huele delicioso.

Meto mi lengua entre sus labios y nos besamos. Las manos de Liam
están ya bajo mi falda y acarician mis nalgas.

¡Espera, no tan rápido!

Me separo de él y lo observo de arriba a abajo:

– Acepto quedarme, Liam.

Sonríe y me resopla:

– ¿Pero?

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Sonrío por mi parte, conmocionada de constatar que nos
comprendemos tan bien.

– Soy yo quien establece las reglas, soy yo quien controla la situación.

Liam hace como si lo pensara, pero conozco ya su respuesta.

– Soy tuyo, Celia.

Repítelo, dilo siempre, ¿de acuerdo?

– ¡No te muevas, ya vengo!

Voy a buscar un pañuelo a nuestra habitación y regreso con él. Sigue


estando en la entrada, frente a la puerta:

– Te vas poner este pañuelo en los ojos.

Leo la excitación en su mirada brillante. Obedece sin rechistar. Lo


admiro. Es tan bello, ahí, en la entrada de este amplio apartamento.
Está entregado, con los ojos vendados y espera la continuación de los
eventos. Me acerco a algunos centímetros de él aferrándome con una
mano a su hombro. Me pongo sobre la punta de los pies y le susurro al
oído:

– ¿Esto te excita?

Gime y se estremece cuando los dedos de mi mano izquierda rozan el


material de su pantalón tenso hasta el extremo, ahí donde su sexo
hinchado parece buscar la forma de salir de su prisión de mezclilla.

– Creo que necesitas ayuda. ¿No es así, Liam?

Gime, su respiración se acelera mientras que mi mano ejerce una


presión sobre el bulto que deforma su pantalón.

– ¿Con mis manos?

Sigue gimiendo con más fuerza.

– ¿Tal vez con mi boca también?

Se muerde el labio inferior y susurra:

– ¡Mierda Celia, haces que se me pare!

Sonrío y bromeo:

– ¿Ah sí?

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Con estas palabras me desabrocho el cinturón y los botones de su
pantalón, antes de deslizar mi mano por la abertura. Está duro como
nunca. Todo su cuerpo se estremece cuando mis dedos tocan la piel tan
suave de su pene.

En la sala, Eric Bellinger susurra la letra de « Bed Medicine ».

Me encanta esta canción y me excita ocuparme de Liam con este ritmo.

Libero su miembro erecto que palpita ahora en mi mano. La cierro y


gimo. Está duro, caliente, es exquisito y excitante.

– Adoro tu sexo, lo adoro francamente.

Liam se crispa mientras que hago ir y venir mi palme sobre su erección.

Paso mi otra mano bajo su playera para acariciar sus abdominales. Su


piel es suave, podría pasar horas recorriéndola con mis dedos, mis
uñas, mi lengua, mis dientes. Para acariciarlo, arañarlo, lamerlo,
mordisquearlo. Tengo hambre cuando estoy cerca de Liam. Y cuando
tengo hambre, como y devoro. Subo mi palma hacia su corazón que late
con fuerza. Y estoy emocionada. Esta pequeña cabalgata bajo sus
pectorales, ese ritmo rápido, soy yo quien lo provoca. Me siento como
un músico cuando exploro el cuerpo de este hombre. Me encanta
hacerlo estremecer, gemir. Y no pienso más que en una cosa: hacerlo
venirse.

Lo abandono por un instante, retrocedo y lo miro. Es tan bello como un


dios. A la vez poderoso y frágil. Está esperando, de pie, entregado, con
los ojos vendados y su sexo tenso fuera de su pantalón.

¡Qué placer!

– Te miro, eres muy bello.

Susurré estas palabras con una voz muy suave.

– Y tú eres una sádica, responde sin moverse.

Es obediente, eso me gusta.

– ¡Dime que esto no te gusta, Liam!

No dice nada, sólo sonríe, es justo lo que creí.

– En verdad es muy difícil lo que te pasa, pobrecito.

Me acerco a él y agrego en un suspiro acariciando su rostro que tanto


amo:

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– Horrible, verdaderamente horrible. Sé valiente, porque ahora, justo
ahora, te la voy a chupar.

Liam gime lánguidamente y su cuerpo su tenso al encuentro con el mío.

Desciendo lentamente por su cuerpo, me arrodillo y acerco suavemente


mis labios a su glande terriblemente hinchado. Liam se estremece, su
pelvis llega a mi encuentro. Lo retengo por las caderas, soy yo quien
decide. Por experiencia sé que el hecho de estar privado de la vista en
este tipo de situación multiplica las sensaciones. Sé que Liam se
pregunta dónde estoy exactamente, qué voy a hacer exactamente. Soplo
suavemente sobre su glande, levanto su sexo y le doy el mismo
tratamiento a su escroto. Pongo saliva sobre mi palma y comienzo a
acariciarlo mientras que mi lengua recorre la piel suave de su escroto
tan lleno. Al fin acerco mi boca a sus testículos que succiono por turnos
para terminar por tragarlos a ambos. El cuerpo de Liam se agita con
sobresaltos.

Hmm, creo que le gusta.

Sí, es cierto que estamos parejos. Adoro tener el control sobre él de esta
forma. Es un sentimiento de poder que me pone fuera de mí. Adopto una
actitud calmada, una voz pausada y tórrida, pero por dentro me quemo
y estoy cada vez más excitada. Por más que logre volverlo loco, él
también me vuelve loca a mí. Me contengo para no introducir en este
instante su magnífico miembro hasta el fondo de mi garganta. Estoy
impaciente por lamerlo mucho tiempo, fuerte, profundamente, para
conducirlo progresivamente hasta el orgasmo. ME encantó la primera
vez que Liam se vino en mi boca.

– Celia, por favor.

Es una plegaria, un respiro excitado, no puedo resistirme.

Abandono sus testículos para concentrarme en su erección, entreabro


mis labios sobre su glande y me deslizo con lentitud. Lo tomo
enteramente en mi boca. Está caliente, se desliza bajo mi lengua,
acaricia mi garganta. Hago descender su pantalón y su bóxer a lo largo
de sus muslos tan perfectos, pongo una mano entre sus muslos para
acariciar la separación de sus nalgas redondas y firmes. Mi otra mano
se desliza entre mis piernas hasta mi sexo empapado. Mis dedos entran
en mi intimidad, mi pulgar cosquillea mi clítoris. Decidí hacerme venir al
mismo tiempo que Liam. Echo hacia atrás la cabeza para mirar a Liam.
Visto bajo esta perspectiva, parece un gigante, un héroe de La Odisea ,
está para caer muerta. Le anuncio:

– Estoy arrodillada frente a ti, eres mío, te voy a succionar hasta que te
vengas. Y ahora...

– Dime, jadea.

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– Me estoy acariciando para darme placer, estoy tan mojada.

El gruñido excitado de Liam me conmueve y me transporta.

Haré que te vengas con fuerza, ya verás...

Lo vuelvo a tomar con la boca y gimo por este placer y por el placer que
mis dedos me ofrecen. Entre más me acaricio, más ganas tengo de
chupar a Liam. Es simplemente delicioso jugar este juego.

Me agito furiosamente sobre su miembro, mis dedos van y vienen en mi


intimidad, mis labios están inflamados, mi clítoris ultra sensible, estoy
mojada como nunca. Y la erección de Liam me llena y me regocija.
Tengo la increíble sensación de que es la primera vez que se la chupo a
un hombre. Y ahora siento un placer infinito al tomar a Liam con mi
boca, me parece natural, evidente, inevitable... necesario. Lo necesito
tanto como él y sé que eso también es lo que le excita. El placer está
seguido en la consciencia de que el otro está muy, muy excitado de
dártelo. Descubro que uno tiene que amarlo.

Mmm, y yo simplemente amo esto.

Ya no sé ni dónde estamos en la música de la playlist. Lo único que sé es


que es convincente. Lo demás no me importa. Las manos de Liam se
colocan sobre mi cabeza para marcarme un ritmo. Mmm, el hombre se
despierta, la bestia sale de su madriguera. Pienso sonriendo por dentro
que debí haberle atado las muñecas.

La próxima vez, lo prometo. Y lo amordazaré...

Por ahora, lo dejo hacerlo. Él me llena la boca con su sexo y lo aprecio.


Me dejo llevar y me concentro en sus caricias. Estoy muy cerca, espero
a que Liam se una a mí, quiero que mi orgasmo llegue al mismo tiempo
que el suyo. Quiero que nuestros gritos y nuestros gemidos se mezclen.
Sueño con ello. Entonces, me controlo. Está en mi boca y lanzo gemidos
sobreexcitados y ahogados. Una central eléctrica explota en mí cuando
la voz de Liam se queda sin aliento y repite:

– Ya casi... ya casi...

Vente mi amor, estoy aquí...

Mi dedos aumentan su vaivén, mi pulgar se dispone a dar el impulso


decisivo para mi orgasmo. Y cuando siento el miembro de Liam vibrar
bajo mi paladar, me muevo un poco más entre mis piernas que se
aprietan alrededor de mi muñeca. Mi sexo se contrae y el orgasmo me
devasta cuando el semen de Liam se vacía con sacudidas poderosas en
mi boca. Lo trago y gimo, me sofoco y gozo, es inimaginable. Las
caderas de Liam parecen poseídas por un monstruo que lo maltrata por
lo mucho que se agita. Y entre mis piernas hay un incendio de locura.

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Siento como si miles de dedos acariciaran y rasguñaran mi espalda que
se arquea en una tormenta de espasmos. Es tan intenso y largo que me
pregunto si se va a detener. Tenemos el aliento tan cortado que me
pregunto si lograremos reponernos. Estamos en otro mundo. El sexo
con Liam es definitivamente una especie de viaje espacio-temporal que
te hace perder la mente.

Liam no deja de gemir y de reír por lo feliz que parece. Amo tanto su
risa después del placer. Es una risa que parece una liberación
milagrosa. Y yo tengo los ojos llenos de lágrimas porque estoy feliz y las
palabras no bastan. Porque fue demasiado fuerte. La voz ronca y sin
aliento de Liam me hace estremecer.

– Mierda, Celia... ¿Qué me hiciste?

Mierda, Liam... Creo que te amo hasta la locura...

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4. Imposible decir que no

Me despierta la música. ¡A todo volumen! Reconozco el ritmo sensual de


« Human » de Kwabs. Son las 8 de la mañana, Liam ya se levantó.

Salto fuera de la cama, me pongo una camisa de Liam que me queda


como un vestido muy corto y corro hacia la fuente del ruido.

Al llegar a la sala, descubro un espectáculo que me deja sin aliento.

Vestido solamente con un bóxer negro que resalta su piel mate, Liam se
menea al sexy ritmo de « Human ».

¡Simplemente seductor, señor O’Neil !

Se mueve muy bien.

Con los ojos cerrados, ondula y es... tórrido. ¡No hay duda de que sería
todo un éxito en el Blue Butterfly ! Sus músculos se dibujan sobre su
magnífica piel y su cabello vuela cuando voltea moviendo los hombros.
Se arquea y parece deslizarse sobre la duela. Cualquiera creería que
está viendo un anuncio para un shampoo renovador.

Lo tiene en la sangre, qué loco...

Me acerco bailando y me pego a él, que abre los ojos y sonríe al


descubrirme. Pasa las manos por mi cabello y tiemblo de los pies a la
cabeza porque adoro que me acaricie la cabeza. Mis zonas erógenas se
han multiplicado desde que Liam y yo nos conocimos.

¡Mmm, Liam y yo!

Sus ojos son magníficos y brillan con un resplandor particular. Además


del deseo que dilata sus pupilas, sus iris expresan una alegría particular.

– Te ves bella con mi camisa.

Coloco las mangas frente a mi rostro e inhalo profundamente. Lo


abrazo sin perder el ritmo y murmuro:

– Amo tu perfume, Liam.

– Te regalaré un frasco, bromea.

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Sonrío. Amo su perfume sobre su cuerpo, sobre su ropa. Ese perfume
está hecho para él, como un traje a la medida.

Liam baja el volumen con el control mientras me da miles de besos en el


rostro. Es una suave lluvia de tormenta, una intemperie de ternura.

Me murmura al oído:

– ¡Todo está arreglado, princesa!

Lo interrogo con la mirada. Y él me explica la razón de su buen humor


matinal:

– ¡Acabo de enterarme que arrestaron a Aniston!

¡Wow, cuando Liam se encarga de las cosas, lo hace en serio! Es una


gran noticia. Si eso significa que lo voy a descubrir todas las mañanas
en bóxers en la sala, estoy dispuesta a encontrarle diario un asunto que
arreglar.

Me aferro a su cuello para besarlo. Y susurro:

– Es genial, señor O’Neil.

Liam estalla de risa y da vueltas sosteniéndome entre sus brazos. Lanzo


gritos de alegría sintiéndome como en un carrusel. Cuando al fin me
deja en el piso, tengo un poco de mareo mientras que me confiesa:

– Si supieras lo aliviado que estoy.

¡Te va muy bien el estar aliviado!

Liam vuelve a pasar las manos por mi cabello y continúa con


entusiasmo:

– La policía encontró las pruebas de sus desvíos. Ni siquiera tendrás que


atestiguar, princesa. Es decir que no tendrás por qué involucrarte para
nada en todo esto.

Respiro. Me había preparado para tal eventualidad, firmemente


decidida a hacer todo para ayudar a Liam a mi manera, pero estoy
secretamente tranquilizada con la idea de no tener que encontrarme
expuesta al público.

Ed Sheeran comienza la primera estrofa de « Sing ».

Yes¡j’adore!

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Bailo en los brazos de Liam. Siento su erección contra mi vientre y un
deseo loco me atraviesa. Liam sonríe y me advierte:

– Yo tengo tantas ganas como tú, princesa, pero tengo muchas citas. La
primera es en una hora, al otro lado de la ciudad.

Asiento con la cabeza sonriendo y respondo con un tono lleno de


indirectas:

– ¡No te pierdes de nada por esperar!

Liam se aleja un poco de mí, levanta un mechón de cabello que me cae


sobre la frente y susurra:

– Nos veremos al final del día para aclarar este asunto .

Él acaricia mi rostro y me da un beso en la nuca antes de escabullirse.


Lo miro desaparecer y aprieto los puños para resistir las ganas de no
dejarlo ir.

***

Estoy en camino hacia mi pequeño apartamento.

Helen me mandó un mensaje diciéndome que le gustaría verme para que


escuche algo. Intenté saber más pero ella me respondió que prefería
verme. Le propuse que nos viéramos en mi casa.

Ella me espera frente al inmueble. Me parece hermosa en su vestido


rojo de seda. Parece una actriz de cine. Hoy me puse un pantalón de
mezclilla, una playera y unos Converse. ¡El contraste entre ambas es
evidente!

– Hola, linda, dice, ¡pareces una adolescente!

– ¡Y tú una estrella de cine!

Nos saludamos riendo y subimos hasta mi apartamento.

En cuanto la puerta se cierra, ataco sin esperar más:

– Cuéntame todo, Helen. ¡Parecías tan misteriosa en tu mensaje!

Ella sonríe tímidamente y saca una grabadora de cassette que pone


sobre la mesa baja llena de revistas y de obras sobre la danza. La miro
sonriendo.

– ¿Me estás proponiendo una venta de garage o qué?

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– Ya sé que es un objeto viejo, responde. Dicho eso, es mágico cuando lo
piensas.

La interrogo con la mirada, pero ella se confirma con apretar el botón


de « play ».

La voz que escucho entonces me hace estremecer. La emoción me


invade.

« Helen, en caso de que encuentres a Celia después de nuestra muerte,


por favor hazle escuchar esto a nuestra pequeña hija… »

Es la voz de mi mamá, estoy conmocionada.

Me acurruco en el sofá y escucho las palabras de amor que me dicen


mis padres. Hablan por turnos y las lágrimas corren por mis mejillas.
Sus voces me atraviesan el corazón:

« Siempre te hemos amado con todas nuestras fuerzas, querida... »

Es mi madre.

« Y sin importar lo que hayas podido hacer, sin importar lo que nos
pase, te amaremos por siempre... »

Y ése es mi padre.

Los sollozos me invaden cuando continúan en coro:

« Te extrañamos, si supieras cuánto... »

Y luego el silencio solamente interrumpido por mis sollozos. No tengo


ganas de luchar. Está bien que salga todo. Entonces me doy cuenta de
hasta qué punto los necesito. Me blindé para salir adelante, para ser
fuerte, pero nuestra separación causó heridas secretas. Estaba
escondido en mí. Y mido hasta qué punto mis padres debieron sufrir con
mi partida.

Helen se sienta conmigo sobre el sillón para tomarme entre sus brazos.

– No estés triste, linda. Tus padres siguen vivos, pronto se volverán a


ver. Siempre han estado muy orgullosos de ti. Y eso no ha cambiado, lo
sé.

Asiento con la cabeza contra su hombro. Seco mis lágrimas con el


reverso de la mano. Estoy tan conmovida que podría llorar todo el día.
Pero sí, Helen tiene razón, pronto nos volveremos a ver. Tenemos tantas
cosas que decirnos. Tantas miradas, sonrisas y caricias atrasadas. Y
quiero aprovechar antes de que sea demasiado tarde. ¡Hoy estoy lista!

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Abrazo con fuerza a Helen agradeciéndole con todas mis fuerzas que me
haya hecho escuchar este mensaje.

– No tienes que agradecerme a mí, resopla, es a tus padres a quienes


tienes que llamar cuanto antes.

– Sí, lo hare hoy mismo.

Me interrumpo y agrego llorando:

– En cuanto me haya repuesto de mis emociones.

Helen me abraza más fuerte acariciándome la espalda. Es tan dulce


estar con ella. Y es increíble todo lo que me está pasando en este
momento.

– Prepárame un café, susurra Helen, tengo algo más que decirte.

La miro a los ojos y le digo:

– ¿Me vas a hacer llorar otra vez?

Helen ríe y me empuja gentilmente hacia la cocina:

– ¡Primero hazme un café y después verás!

Helen da vueltas a su cuchara en su taza mirándome tiernamente.


¡Estoy colgada en sus labios, impaciente por verlos moverse!

Con un aire más serio que nunca, me anuncia:

– No estaba bromeando la última vez, ¿sabes?

La interrogo con la mirada. No sé bien de qué habla.

– Mmm, tu café está delicioso, dice para hacer durar el placer, antes de
dejar su taza y explicarse con más claridad. Es a propósito de mi
proyecto de escuela de danza, es muy serio. Lo voy a hacer y quiero que
seas mi socia en esta aventura.

Wow, si esto continúa así, terminaré por desmayarme. Mi vida parece


cada vez más un cuento de hadas. Conocí a un hombre sublime del cual
estoy enamorada, volví a encontrar a mi mejor amiga, volveré a ver a
mis padres y ahora Helen me propone trabajar con ella. ¡Eso significa
que podré reanudar mi primera pasión: ¡la danza clásica!

¿Pero seré capaz de hacerlo? No es tan fácil dar clases. Siempre me


entrené en la barra durante todos estos años, pero formar a los demás
es una gran responsabilidad. Como si pudiera leer mi mente, Helen me

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sonríe, como si dijera « lo harás perfectamente, lo tienes en la sangre.
¡En verdad esto es lo tuyo! » A pesar de todo comienzo a responder:

– ¿Pero estás segura de que...

Ella me interrumpe de inmediato:

– ¡Shh! Llevo tiempo preparando todo. Conozco los presupuestos,


encontré el edificio que nos quedaría perfecto. Está en pleno centro de
Manhattan, un viejo inmueble de algunos pisos con adornos de madera,
una bella duela e inmensos ventanales en cada habitación. ¡Me enamoré
de inmediato y a ti te va a encantar!

Asiento y le pregunto:

– ¿Y cómo vas con tus negociaciones?

– Llevaba meses estando en un punto muerto. Pude haberme lanzado


sola en este proyecto con el dinero de Nigel, pero no lograba decidirme.
Quería...

Se interrumpe, visiblemente conmovida por lo que se dispone a agregar.


Inhala profundamente antes de retomar la palabra.

– Me di cuenta de que te estaba esperando para hacerlo. No podía


lograrlo sin ti.

Mi corazón late rápido. Pienso en nosotras de adolescentes. Desde


entonces ya soñábamos con crear algún día una escuela de danza,
hacíamos castillos en el aire. Era un sueño que crecía entre nosotras. Y
me conmueve que Helen lo haya recordado hasta el grado de no poder
comenzar sin mí.

Me levanto y separo los brazos:

– Ven aquí, ven rápido conmigo.

Helen se levanta y llega hasta mí. La abrazo con fuerza. Permanecemos


un largo momento así sin decir nada. Los años de separación no han
afectado nuestra complicidad. Siento las lágrimas regresar pero tengo
que controlarme. Lloraré más tarde, a escondidas, lloraré hasta
sentirme maravillosamente viva.

– Estoy pensando en alguien para nuestra escuela, ¿me autorizas


reclutar a esta persona?

– Permiso concedido, Celia. Estoy impaciente por conocer a la persona


en cuestión.

Sonrío, estoy segura de que le gustará mucho a Helen.

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Mi celular vibra para indicarme que tengo un mensaje en espera. ¡Es
Liam!

[Cita en el Four Seasons, princesa. Besos de impaciencia.]

Adoro los besos de impaciencia...

Respondo rápido:

[De acuerdo, ¡pero después de las 10! Debo pasar antes al Blue
Butterfly. Besos de locura.]

Un mensaje de Liam no tarda en mostrarse en mi pantalla:

[¡Ni pensar que hagas un strip tease frente a alguien que no sea yo!]

Hmm, ¡el lobo feroz parece furioso!

Respondo simplemente:

[¿Confías en mí?]

Y cinco segundos más tarde:

[Sí...]

Es un sí con puntos suspensivos. Es un sí de un hombre enamorado que


duda pero quiere aparentarlo. Sonrío por dentro. Y sólo escribo:

[¡Gracias!]

Guardo mi celular en mi bolso y le doy un beso a Helen que debe irse a


arreglar algunos detalles acerca de nuestra futura escuela.

– Te mantendré al corriente en cuanto tenga noticias, me dice pasando


el umbral de mi apartamento.

Voltea y agrega con una magnífica sonrisa:

– ¡Estoy impaciente por que la aventura comience!

Paso la mano por su rostro y la acaricio con suavidad:

– Gracias Helen.

***

En el Blue Butterfly me encuentro a Linda que me salta a los brazos.

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– Yees , te ves más bella con ese vestido de locura. Te extrañé.

La beso riendo y le digo que me alegra volver a verla. Este « vestido de


locura » es un regalo de Liam del cual aprecio el gusto tan refinado en
materia de estilo. Éste es de seda negra, con botones al frente y un
escote vertiginoso en la espalda. Me siento maravillosamente bien y sexy
en esta prenda cuya costura se detiene encima de mi rodilla. Mi ropa
interior es de seda, del mismo color que el vestido.

¡Otro regalo de mi príncipe azul!

Linda se vuelve seria de pronto.

– Deberías ir a ver a Amanda. Se pregunta a qué estás jugando.

Asiento con la cabeza. Es precisamente por esa razón que estoy aquí
esta noche, para hablar con Amanda. Frente a frente.

Cuando me encuentro con ella en su oficina, Amanda me hace una seña


para que me siente. Detrás de su actitud un poco severa, puedo adivinar
que le da gusto volver a verme.

¡Y es recíproco! En verdad amo a esta mujer. Me dio la oportunidad de


regresar a la danza. Me hizo regresar al ruedo aun cuando el strip-tease
no formaba parte de mis ambiciones... ¡excepto para los bellos ojos de
Liam! Y ahora, me toca a mí hacerle una propuesta. Me toca ofrecerle
la posibilidad de cambiar de vida. Me di cuenta desde el principio de esa
pasión que la anima cuando dirige las coreografías de las strippers.

– ¡Tengo trabajo para ti, Amanda!

Su mirada sorprendida me hace sonreír.

– Sé bien que tienes el Blue Butterfly , pero pensé que tal vez te gustaría
ir más lejos. Y tal vez cambiar de aires.

Ella inclina la cabeza hacia un lado y murmura:

– ¿De qué me estás hablando exactamente, linda?

Me inclino un poco más hacia la mesa:

– Me encontré con una amiga de infancia que me propuso crear una


escuela de danza con ella. Y quería... quería proponerte que fueras
profesora en esa escuela. Mi amiga ya está al tanto y confía plenamente
en mí.

Amanda no responde enseguida. No muestra nada, pero tengo la


impresión de que está en shock. Sus ojos pestañean un poco, cambia de

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posición en la silla. Todos estos pequeños gestos dejan entrever su
interés.

– No me lo tomes a mal, Amanda. No es una crítica a tus actividades en


el club, sino todo lo contrario. Tu trabajo en el Blue Butterfly es
extraordinario, pero creí comprender que...

Ella me interrumpe gentilmente con un elegante gesto de la mano:

– Todo está bien, Celia. En verdad, adivinaste todo. Y yo...

Inhala profundamente antes de continuar:

– Estoy cansada de todas esas noches de striptease, aspiro a, digamos,


algo más puro y tranquilo. Comencé a dar clases de baile hace mucho
tiempo. Luego la escuela cerró y se me presentó la oportunidad de crear
el Blue Butterfly .

Ella pone sus codos sobre el escritorio y pone su rostro entre las manos
mirándome con un aire de agradecimiento:

– ¡Pero pronto serán quince años de eso y creo que ya tuve suficiente!
Desde hace un tiempo, sueño con ampliar mis horizontes. Ya no estoy en
edad de vivir en este extraño mundo de la noche, necesito descansar, así
que...

Le sonrío tímidamente. Sé que está conmovida pero no quiero ser muy


brusca.

– Mi sueño sería darle clases a los niños y hacer trabajar a los adultos
con los estiramientos. Son dos cosas que sé hacer muy bien. Y yo...

Ahora soy yo quien al interrumpe:

– ¡Vamos a realizar tu sueño, Amanda!

La jefa del Blue Butterfly me ofrece una sonrisa radiante. Sus ojos
brillan. Esa mujer que dirige a sus bailarinas parece repentinamente
frágil y vulnerable.

– Debo pensarlo, Celia.

Amanda acaba de pronunciar estas palabras con una dignidad


excepcional. No es el tipo de mujer que saltaría en el aire lanzando
gritos. Pero puedo leer en sus ojos la alegría y la emoción.

Verifico la hora y constato que llegaré tarde a mi cita con Liam.

– Tengo que irme, Amanda.

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– ¿Cita con el novio, tal vez?

Sonrío porque sé que sabe lo de Liam y yo. Me confirma este


sentimiento susurrando como si alguien nos espiara:

– Desde que nos conocimos supe que algo pasaría, esa famosa noche en
el club. Fue un momento especial que nunca había tenido en toda mi
carrera.

Me muerdo el labio inferior.

¿Entonces era tan evidente?

Me encanta esta complicidad entre nosotras.

Me levanto, me dirijo hacia la puerta y volteo antes de pasar el umbral.


Amanda me siguió sin que la escuchara y está cerca de mí. Ella pone
suavemente una mano sobre mi hombro y me resopla con su bella voz:

– Gracias Celia.

Le dirijo una tierna sonrisa:

– Pronto te llamaré para mantenerte al corriente. No regresaré a bailar


al club, pero espero con todo mi corazón que trabajemos de nuevo
juntas.

Amanda asiente y me escabullo. De paso beso a Linda calentando en un


pasillo al ritmo de « Stolen Dance » de Milky Chance. Prepara un lap-
dance para un cliente. Le digo que se cuide y me dirijo a la salida.

Llamo a un taxi. Como en las películas, éste se detiene con un rechinido


de llantas. ¡Creo que esta parada intempestiva tiene algo que ver con mi
vestido! Entro en la cabina y me encuentro con la mirada interesada del
chofer en el espejo retrovisor.

¡Mira el camino, estoy impaciente por ver a Liam!

– ¡Al Four Seasons de la calle 57, por favor!

¡Lo dije a toda velocidad como si fuera una cuestión de vida o muerte! Y
noto la pequeña sonrisa del chofer a quien parece costarle trabajo
quitar la mirada de su retrovisor. Insisto para animarlo:

– ¡Debo llegar pronto, estoy retrasada!

Él suspira, antes de arrancar por fin. Me echo hacia atrás contra mi


asiento. Siento ese calor familiar que invade mi espalda baja, arqueo la
cadera, acaricio mis nalgas y encuentro el camino hasta mi vientre. Es

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increíble el efecto que me produce la simple evocación de Liam. Pienso
en él y ya estoy fuera de mí...

Pierdo mi mirada a través de las ventanillas del taxi. Las luces de la


ciudad son como flashes al ritmo de las calles que desfilan.

Rápido, señor chofer, más rápido...

Me encantaría tener el poder de teleportarme al Four Seasons . El


tiempo me parece pasar lento...

***

Estoy afuera del Four Seasons y me estremezco.

¡Wow, vertiginoso!

¡Es un rascacielos que mide más de 200 metros! Es impresionante.


Desde arriba, la vista hacia Central Park debe ser espectacular.

Lo veo inmediatamente en el espacioso vestíbulo. Él m espera con las


manos en los bolsillos de su pantalón de traje negro. Su saco está
abierto sobre una camisa marfil. Sus zapatos italianos brillan como un
espejo. Fiel a su naturaleza, Liam está para morirse. Hay otros hombres
elegantes en todas partes del vestíbulo pero Liam los sobrepasa a todos.
Tiene como una aura, una cierta presencia, y su carisma es tal que el
resto del mundo parece gravitar alrededor de él.

¿Cómo le haces, señor O’Neil ? ¿De dónde vienes exactamente?

Intercepto las miradas insistentes que le lanzan algunas mujeres


sentadas en sillones. Pero en algunos segundos, soy yo quien estará en
sus brazos y soy yo quien sentirá sus manos sobre mis caderas. Voy a
respirar su perfume que amo tanto y dejar latir mi corazón contra el
suyo.

Él me sonríe y me sorprende que no haga muecas ya que llegué tarde y


sabe que vengo del Blue Butterfly . Estoy casi decepcionada de que no
sospeche ni un poco. ¡Sí, las mujeres pueden ser complicadas a veces! Él
me lanza una mirada de admiración que significa que mi vestido le gusta
mucho.

– Magnífico, confirma con su voz ronca.

Me abraza suspirando de bienestar y agrega:

– Ven princesa, ¡reservé una suite en el último piso!

Estaremos en las nubes, ¡debí imaginarlo!

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Recogemos las llaves de nuestra habitación en la recepción y casi
corremos hasta el ascensor. En la cabina nos quedamos a algunos
milímetros el uno el otro. Pareciera que estamos en un duelo, con el
suspenso de saber quién va a desenfundar primero. Me excita sentirlo
tan cerca, estoy tan a flor de piel de recibir su aliento tibio sobre mi
rostro que no puedo contener un gemido. Su sonrisa me knockea
mientras que él me levanta y me aplaca contra una pared e la cabina.

– Celia, murmura

– ¡Sí, soy yo!

Se ríe y pone sus labios sobre los míos. Le doy mi lengua para que la
succione sin dudar.

Súper excitante…

Me dejo atrapar la boca mientras que sus manos masajean mis nalgas y
no veo el tiempo pasar. Cuando la cabina se detiene en el último piso,
me siento fascinada de constatar que acabamos de subir 200 metros en
tan poco tiempo. Sigo a Liam que parece flotar por encima del suelo. No
me había dado cuenta de que su caminar era tan divino. En verdad amo
todo en él, hasta su manera de moverse es delirante.

Cuando abre la puerta de nuestra suite, dejo escapar una exclamación


de sorpresa.

– ¡Wow, sublime!

Él sonríe y me invita a entrar. Lo rozo y respiro de nuevo su perfume


que me vuelve loca.

El lugar es inmenso y muy elegante. Es un pequeño mundo aislado, lujos


y caluroso. Inclusive hay una chimenea entre dos ventanales, tendremos
que regresar para Acción de Gracias. Mis pensamientos me hacen
sonreír. Puedo ver Central Park y la Quinta Avenida. Esta vista me deja
sin aliento. Me paseo como una niña casi brincando. Lanzo un grito de
alegría al descubrir la bañera spa con vista hacia Central Park. Al fin
llego con Liam sobre la terraza privada. Con las manos en los bolsillos,
está admirando la vista que se ofrece a nosotros. Él siente mi presencia
y se voltea para anunciarme con mucha seriedad.

– Antes de pasar una excelente noche contigo, tengo que hacer algo
importante. Espero que no te enojes.

Respondo sin pensarlo:

– Por supuesto que no, Liam.

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Entonces una sonrisa se dibuja sobre su rostro y comprendo que tal vez
hablé un poco rápido. Es como un sexto sentido. Liam se coloca atrás de
mí y me sube el vestido hasta la cadera. Me baja las bragas y las toma
para apretarlas contra su rostro.

– Hmm, ya estás mojada, princesa.

Asiento con la cabeza mordiéndome el labio. ¿Qué me estará


preparando ahora?

No tengo bragas, estoy con las nalgas al aire, sobre una terraza de
hotel, a más de 200 metros de altura.

¡Dios, qué extraño!

Liam me pide gentilmente que ponga las manos sobre el borde


barandilla. Miro el suelo abajo y un repentino vértigo se apodera de mí.

– No mires hacia abajo, susurra con un tono dulce pero inapelable.


Ocúpate del cielo y arquéate.

Obedezco. Es increíble pero este hombre puede pedirme lo que sea y


siempre estaré de acuerdo.

Cuando su palma se abate con firmeza sobre mis nalgas, lanzo un grito.
Tengo la impresión de que todo Nueva York acaba de oírme.

– ¿Qué haces?

La risa sublime de Liam me impide enderezarme. ¿Estoy loca o qué?


Acabo de recibir una nalgada y me quedo allí con el trasero extendido
sobre la terraza del Four Seasons .

¿Dónde quedaste, Celia? ¡Reacciona!

No, no quiero reaccionar. La sorpresa ya pasó y me avergüenza admitir


que estoy lista para la próxima.

¡Diablos!

– ¿Sabes por qué?, me pregunta Liam dándome una nueva nalgada.

Esta vez gimo y se parece mucho a un gemido... de excitación.

– ¡No, dime!

– ¡Es para castigarte!

– ¿Castigarme por qué?

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Liam suspira, me da otra nalgada y sigo gimiendo.

¡Es loco, pero me gusta!

– ¡Me molestaste un poco cuando me dijiste que irías al Blue Butterfly


sin darme una razón!

Me defiendo, fingiendo rebelarme un poco.

– Ya sabes que no iba a ir a bailar.

– Sí, Walter me lo dijo.

Me sobresalto.

– ¿Me mandaste seguir?

– Sí, estaba un poco preocupado para ser honesto.

¡Me gusta cuando te preocupas!

¡Pero aun así estoy sorprendida de que haya temido tanto que hiciera un
striptease !

– Estoy un poco decepcionada de que no hayas podido confiar en mí.

Liam acaricia mis nalgas que deben estar un poco enrojecidas por este
castigo tan agradable.

– No me reproches, princesa. Debes saber que he progresado desde que


te conozco. Si no me hubiera contenido, habría llegado en persona al
Blue Butterfly para llevarte sin siquiera intentar comprender la razón de
tu presencia en ese lugar.

Asiento con la cabeza y me burlo un poco:

– ¡Eso es seguro! Es de admirarse tu progreso.

Otra nalgada me hace gemir más.

– Eso es por tu insolencia, bromea.

Sí, sí, soy muy insolente, eso es cierto.

Escucho el particular y característico sonido de un cierre. Y en los


segundos siguientes, siento el sexo de Liam en la entrada de mis labios
abiertos. Él desliza su glande por mi grieta para hacerme mojar aún
más.

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Ya estoy mojada, tómame enseguida, tengo ganas...

No digo nada, gimo y casi puedo ver su sonrisa tan seductora. Sus
palmas acarician mis nalgas tan sensibles. Y espero a que me penetre,
que me tome por detrás. Soy suya, lo acepto mil veces, sin condiciones...
siempre y cuando yo sea para siempre la mujer de su vida. Entonces
estoy de acuerdo en cuanto a las nalgadas, los castigos y todo lo que
quiera. Me gusta demasiado la vida con Liam. Cuando entra en mí con
un solo impulso, rujo como una pantera.

– Y esto es porque me vuelves loco.

– Sí, Liam, sí.

Lo siento moverse furiosamente en mí, Aferrado a mis caderas, no deja


de lanzarme puñaladas que me inundan. Me encanta, me encanta... Me
encanta cuando Liam me toma y me posee. Me encanta que se vuelva
loco con mirar mi trasero ir y venir a su encuentro. Me encanta ese
poder que tengo sobre él cuando me somete. Estamos hechos para estar
juntos. Nos parecemos como dos gotas de agua. Es una osmosis
alucinante entre nosotros. Me sorprendo deseándole a todas las mujeres
en el mundo de allá abajo que tengan la suerte de tener sexo con un
hombre excepcional en el último piso de uno de los hoteles más altos de
Nueva York. Y les deseo que amen a un hombre tanto como yo amo a
Liam.

Él me mantiene firmemente por las caderas, yo acompaño sus


movimientos ofreciéndole mi anca en ritmo. Liam golpea hasta el fondo
de mí, me domina con su poderío. Tengo la sensación de ser apreciada
por un gigante. Su sexo que se desliza en mí me parece cada vez más
duro, hinchado, listo para verter en mí su placer. Miro el cielo nocturno
de Nueva York. Voy a tener un orgasmo a 200 metros de altura, con los
ojos clavados en las estrellas. No dejo de gemir y cuando las manos de
Liam sobre mis caderas aumentan la presión, sé que está muy cerca.
Siento su aliento acelerado sobre mi nuca y una corriente eléctrica de
alto voltaje me atraviesa de lado a lado cuando comienzo a venirme. Mi
sexo se contrae alrededor de su virilidad que termina en mí a sacudidas.

Mmm, adoro sentirlo venirse en mí...

Ambos mezclamos nuestros gemidos y reímos por lo relajados que


estamos. Cada vez es más fantástico entre Liam y yo. Es...

– Te amo, Celia. te amo, te amo...

Mi corazón casi se detiene. Esta manera tan dulce de confesarme su


amor me llena los ojos de lágrimas.

Nadie, nunca nadie me había dicho que me amaba de una forma así.

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Liam se retira lentamente de mí, yo me enderezo y volteo para ver sus
ojos. La mirada de mi delicioso amante es conmovedora. En ella leo el
placer y la felicidad, el deseo y el agradecimiento. Esta plenitud que me
invade me corta verdaderamente la respiración. Amo su manera tan
particular de tomar mi rostro entre sus manos. Es como si me dijera «
eres mía y eres mi tesoro ». Mis labios se mueven lentamente, a tal
punto que apenas si me escucho decirle a Liam por lo ahogada que está
mi voz:

– Lo amo hasta la locura, señor O’Neil.

Su sonrisa devastadora me ilumina como un sol, tengo calor, estoy bien,


estoy feliz como nunca lo había estado.

Nos besamos tiernamente, por mucho tiempo. Las palmas de Liam sobre
mi espalda me dan escalofríos, luego hace deslizar sus labios por mi
mejilla, llega hasta mi oído y susurra con más ternura que nunca:

– Espérame un segundo, princesa.

Él pasa de la terraza a la suite y lo espero. Ajusto un poco mi ropa y


arreglo mi peinado. Escucho el ruido de la ciudad: rugidos de los
motores, cláxons y sirenas de policía; aspiro el aire de Nueva York que
tanto amo. Esta ciudad loca e inimitable.

La música acaricia de pronto mis oídos. Reconozco « I Just Say I Love


Him » de Hindi Zahra.

Yes, ¡mi DJ favorito está de regreso!

Cuando Liam por fin reaparece, trae dos copas de champagne en una
mano y una pequeña caja en la otra. Ésta está empacada con el mismo
papel marfil que usa para escribirme. Primero me da una copa que
choca enseguida con la suya devorándome con los ojos. Bebo un trago y
susurro:

– ¡Me encanta!

Él sonríe y me da la cajita:

– ¡Y esto es para ti, Celia! Es nuestro verdadero contrato, con una sola
cláusula…

Los latidos de mi corazón se aceleran.

Sobre el papel que envuelve la caja, leo estas palabras:

« Cláusula n°1: no tienes derecho a decir que no... »

Me muerdo el labio, inhalo profundamente y abro la caja temblando.

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Y luego mi corazón deja de latir de nuevo durante algunos segundos...
antes de retomar su cabalgata.

¡Un anillo, es un anillo de compromiso!

No puedo decir que no, no quiero decir que no, es imposible decir que
no...

La voz ahogada de Liam me hace sobresaltar:

– Celia… ¿Quieres ser mi esposa?

Lo miro sonriendo:

– ¡No!

Él me interroga con la mirada, un poco perplejo. Y agrego:

– ¡No, no tengo derecho a decirte que no, nunca!

Me pego contra Liam, levanto la mirada hacia él, paso el índice por sus
lindos labios:

– Más que nada en el mundo, mi amor, más que nada en el mundo tengo
ganas de ser tu esposa...

Me levanto sobre la punta de los pies, me aferro a sus hombros, pego


con dulzura mis labios a los suyos, deslizo lentamente mi lengua en su
boca y lo beso infinitamente, pongo en ello todas mis fuerzas y toda mi
alma. Ahora, ya no le tengo miedo a nadie, floto en una nube, estoy lista
para romper el récord del beso más bello del mundo de la pareja más
feliz de la galaxia. ¡Y Liam parece estar de acuerdo!

En algunos días la suerte tocó a mi puerta, me encontré en el camino al


hombre de mis sueños y nuestros dos destinos se mezclaron, volví a ver
a mi amiga de la infancia y voy a volver a ver a mis padres. Estoy
dispuesta a todo, inclusive a lo imposible, para proteger esta felicidad
por siempre. Y saborear cada segundo de esta nueva vida que
comienza... Al ritmo de los latidos de nuestros corazones...

FIN

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