Personajes y Escenas de una Pastorela
Personajes y Escenas de una Pastorela
Personajes
Ángel
María
Benigna
Benita
Agustina
Rosita
Justina
Ramiro
Graciela
Pancracia
Lupita
Panchito
Hijo 1
Hijo 2
Hijo 3
Molas
Tomas
Desdemonia
Blanche
Luciferano
Diábolo
NARRADORA: La anunciación La escenografía es un telón de fondo azul, entero, alto y sin relieves.
Y la música son coros angelicales. Tono muy serio.
ÁNGEL: De los cielos he venido para darte una noticia, que has sido por Dios elegida para una gran
bendición.
ÁNGEL: Digna has sido y serás para concebir sin pecar. En tu vientre alojarás el fruto más puro y
bello.
MARÍA: No entiendo.
ÁNGEL: Tu nombre bendito es, y por lo mismo tu si, tu destino está ya escrito, madre de Jesús
serás.
MARÍA: ¿Jesús dices? ¿Y quién es Él?
ÁNGEL: Es el hijo de Dios, que partirá el tiempo y la historia, recibe con toda su Gloria la bendita
anunciación.
MARÍA: Si dices que digna soy, entonces no me opondré, la voluntad del Señor se haga en su
humilde sierva.
ÁNGEL: Sea pues.
MARÍA: Solo una cosa te pido y es que me des paciencia; sobre todo resistencia para la misión que
encomiendas. No quiero dudar nunca y quiero ser muy valiente, dame un alma nueva y pía, y
dame un corazón fuerte.
ÁNGEL: Entonces así sea y dado el celestial mensaje, una vez que estés ya lista, que comience la
odisea.
PRIMER ACTO
Escena 1 Pasillo extenso de un convento; altos arcos al fondo invitan a imaginar las habitaciones
que se hallarán ligeramente esbozadas en el telón dando profundidad a la imagen. Pesado
silencio; la niña Benita, cruza corriendo con una caja de cartón.
BENIGNA: ¡Benita!… ¡Benita, cuántas veces te he dicho que no corras por el pasillo pues te puedes
caer!
BENITA: Es que tengo que llevar estos muñequitos con la madre Agustina.
BENIGNA: ¡Esos “muñequitos” se llaman peregrinos!
BENITA: Pues lo que sea, dice que quiere que los lleve porque está poniendo el regimiento.
BENIGNA: ¿Regimiento? ¿Cuál regimiento?
BENITA: Pues el que se pone en la navidad, ese que tiene un ángel, un diablo…
BENIGNA: ¡Nacimiento, Benita, Nacimiento! Parece mentira que cinco años viviendo con nosotros
y no aprendes.
BENITA: Lo que sea, tengo que llevárselo si no ya sabe cómo se pone y… “chin” ahí viene…
AGUSTINA: Como te tardas para hacer un mandado…
BENITA: Es que la madre Benigna me entretiene componiendo mi “habla”, dice que no se llaman
muñequitos que se llaman pergaminos.
AGUSTINA: ¡Peregrinos!
BENITA: ¡Bueno, lo que sean!
BENIGNA: ¿Y al menos sabes por qué la madre Agustina está poniendo el nacimiento en estas
fechas?
BENITA: Pues ha de ser porque todos los ponen; yo lo veo en todas las casas.
AGUSTINA: El nacimiento se pone como una vieja costumbre mexicana que nos dejó San Francisco
de Asís.
BENITA: ¿Y ponía también estos otros que son diablitos, pastores, güeyes…?
BENIGNA: Benita, no se dice “güeyes”, se dice “bueyes”.
AGUSTINA: (Arrebatándole la caja.) Y sí, el nacimiento básicamente debe incluir estos dos
peregrinos, un ángel, una vaca, una mula, el Niño Dios, y ya si lo quieres adornar más, le puedes
poner un diablo y algunos pastores…
BENITA: Y esos pastores qué anuncian…
AGUSTINA: ¡No anuncian nada! Más bien acuden al llamado del Ángel para visitar al recién nacido,
cada uno de estos pastores tiene una historia.
BENITA: A ver, cuéntamela…
AGUSTINA: Ay Benita, no tengo tiempo de andar contando historias, tenemos que terminar de
poner el nacimiento antes de que anochezca. (Sale.) Por favor, madre Benigna, no dilates.
Escena 2
Ruido Matinal, canto de un gallo, aves. La escenografía son dos campesinos que giran las
mamparas y estas muestran sendas puertas de madera. Sale Rosita muy afectada de una puerta y
toca fuertemente en la puerta vecina.
ROSITA: ¡Comadrita Justina! ¡Comadrita Justina!
JUSTINA: ¿Qué pasó, comis?
ROSITA: Ay comadrita, ¡por favor ayúdeme! A su compadre se le atoró el bocado y no hay modo
de que se lo saque.
JUSTINA: ¿Y ya le sopló?
ROSITA: Ay comadre, no me albureé.
JUSTINA: No sea malpensada, quiero decir que, si ya lo sacudió, si ya le sopló a la cara pa que se
distraiga.
ROSITA: Ay, pues ya le hice todo lo que tenía que hacerle y nomás no reacciona. ¡Se me va a morir
mi viejo!
JUSTINA: Voy por mi rebozo y salgo para irme con usted.
Narradora. Sale Ramiro de la misma puerta que Justina.
RAMIRO: ¿A dónde vas? Es hora de que me sirvas el desayuno.
JUSTINA: Ay mira tú, seré tu sirvienta, sírvetelo tú que ya estás muy grandecito.
RAMIRO: ¡Mira, condenada, ya estuvo suave de que me estés llevando la contraria enfrente de las
amistades, si no me dejas servida la cena antes de que te largues ahorita mismo te sueno tus
moquetazos!
ROSITA: (Olvidando su asunto.) Ay compadrito, con que se las da de muy machito ¿verdad? Pues
ahorita le echo a mi viejo a ver si con él se pone igual.
RAMIRO: Usted no se meta, comadre, porque no quiero faltarle al respeto. ¡Y tú, métete ya para
que me des el desayuno!
JUSTINA: ¡Desayuna tus calzones! Ya te dije que soy mujer liberada.
RAMIRO: Liberados te voy a dejar los ojos de lo morados que te van a quedar, ya me tienes hasta
el copete con esa cantaleta.
Narradora. Comienzan a jalonearse.
JUSTINA: ¡Ay comadre ayúdeme, ayúdeme!
ROSITA: ¡Ahorita le voy a hablar a mi viejo y a mi hija para que vengan a ponerlo en su lugar!
Narradora. Entra Graciela llorando.
GRACIELA: ¡Mamá! ¡Mamá! Que mi papá ya está todo morado y tieso.
ROSITA: ¿Morado y tieso? Pues, ¿qué le pasó?
GRACIELA: ¡Pues que se le atoró el pedazo de cecina! ¿Qué no te acuerdas?
ROSITA: ¡Ay, de veras, ayúdeme, compadrito! Ande, luego se suena a su vieja.
RAMIRO: Ay chirriones, ¿cómo que se está ahogando mi compadre? Déjenme ir a ponerme mi
sombreo y ahorita salgo para ayudarle.
Narradora. Entra Pancracia llevando de la mano a Lupita.
PANCRACIA: Así me lo quería encontrar, viejo transa.
RAMIRO: Y ora usted qué se trae.
PANCRACIA: No se me haga, mire cómo me dejó a mi chiquita.
RAMIRO: ¿Yo? Pues, ¿qué le hice?
PANCRACIA: Según usted y sus remedios, me dijo que la curaría del ansia y nomás me la dejó
peor…
ROSITA: (Olvidando otra vez su asunto.) ¿Pues qué le pasó a Lupita? Yo la veo muy completa.
PANCRACIA: Ay señora Rosita, de verás que soy muy desgraciada, primero se me fugó la hija
mayor y ora esto.
JUSTINA: ¿Pero ¿qué es lo que tiene? ¿De qué la iba a curar mi viejo?
PANCRACIA: Pues según yo, estaba malita del ansia; nomás le daba por morderse las uñas, se
asomaba y se asomaba a la ventana dizque porque tenía visiones y se la traje a este viejo maldito
para que me la revisara y le diera algún remedio. No sé qué demonios le dio porque ora ya me la
dejó muda.
RAMIRO: Un momento, usted me pidió un remedio para que la curara de los nervios y le di unos
buenos tés de tila y de flores de jazmín, si está muda debe ser por un problema de la lengua.
PANCRACIA: Pues no le funcionaron nada y ahora le da por señalar una estrella en el oriente sin
decir una palabra. Yo la veo y la veo.
RAMIRO: Pues eso no es culpa mía, es más déjeme revisarla y ahorita mismo le diré qué es lo que
tiene.
Narradora. Ramiro Avanza hacia ella y Pancracia Lo regresa a su lugar.
PANCRACIA: Usted no le revisa nada, lo que quiero es que me devuelva los doscientos pesos que
me cobró sin ningún remedio de su mal.
Narradora. Justina Lo jala.
JUSTINA: Ah no, eso sí que no, ese dinero ya está bien gastado.
RAMIRO: Además no sé por qué viene a reclamarme, si esa cura se la di hace más de un mes.
ROSITA: A ver, déjeme revisarla…
PANCRACIA: ¿Usted sabe de medicina?
ROSITA: No, pero mi abuelo era yerbero, yo digo que eso se trae en los genes.
PANCRACIA: Pues revísela, a ver si le haya algo.
ROSITA: Ah, esta niña tiene ojos de enamorada.
LUPITA: Cállese, vieja chismosa.
JUSTINA: Ora, ¿no que estaba mudita su hija?
PANCRACIA: Ah, jijo, ya me la hizo hablar, de veras que usted es milagrosa.
LUPITA: ¡Qué milagrosa va a ser! Lo que pasa es que ando bien asustada y “finta”.
ROSITA: Eso quise decir, que está asustada no enamorada.
LUPITA: Desde hace noches que tengo sueños muy extraños, algo está por suceder. Es un gran
pensamiento.
PANCRACIA: ¿Y por qué no me lo decías, condenada chamaca? Nomás te quedabas calladota.
LUPITA: Porque cuando te lo dije, solo movías la cabeza diciéndome que sí.
PANCRACIA: ¿Yoooo? Cuando que ni cuenta me di.
LUPITA: Porque estabas viendo la tele.
PANCRACIA: (Muy apenada.) Ahhhh.
LUPITA: (Muy general.) Pero ya no puedo callar más. (Exaltada.) Mi sueño es claro… es… ¡Es un
ángel! La música son los coros angelicales del principio.
PANCRACIA: Ay, ora sí que ya enloqueció.
ROSITA: No Pachita, déjela hablar, hay que escuchar a los hijos pa que luego no se nos descarrilen.
PANCRACIA: Ay, no sea payasa.
PANCHITO: (Lloriqueando.) Mamá, mamá, mi papá ya está todo rojo y saca espuma por la boca.
ROSITA: Ay contigo, niño, cuántas veces te he dicho que no te presentes así nomás, saluda.
Narradora, panchito Saluda de mano a todos.
PANCHITO: Buenas tardes, Buenas tardes, Buenas tardes, etc.
ROSITA: Ora sí, ¿qué me decías?
GRACIELA: (Llorando también.) Que mi papá se está muriendo.
ROSITA: (Recordando.) ¡Ay, de veras! compadrito, comadrita, Pancracia, Lupita, ayúdenme a salvar
a mi viejo que se me está ahogando.
PANCRACIA: ¡Dios mío! Pues vamos corriendo.
LUPITA: Uuuy, no hace falta que vayamos, miren, ahí viene todo rojo y manoteando.
Narradora, Entra el marido, retorciéndose de ahogado.
ROSITA: (Afligida.) ¡Ay viejo! ¿Para qué te saliste? (Regañona.) ¡Y sin suéter!
RAMIRO: Compadre, pásele a tomarse una copita.
JUSTINA: Qué la canción contigo, ¿nomás piensas en tomar?
ROSITA: ¿Qué me quieres decir? Ay que no te entiendo nada, habla bien, caramba.
Narradora, Mira a todos, luego hacia su esposa, hace un ademán alzando el brazo y doblando
violentamente, luego cae muerto en medio de todos.
JUSTINA: ¡Ay Jesús!
LUPITA: ¡Era mi presentimiento!
ROSITA: ¡No, Agustín, no me hagas esto! ¡Ya se me petateó mi viejo!
RAMIRO: ¡Mi compadrito! Y tan joven, quién lo dijera.
JUSTINA: ¿Y ahora qué vamos a hacer?
RAMIRO: Pues enterrarlo, ¿qué otra más?
ROSITA: No, no, no me separen de él, miren, creo que aún está respirando…
LUPITA: Ay qué va a ser, si ya está bien muerto.
PANCRACIA: ¿Por qué no lo revive, Rosita? Ya ve que usted hizo hablar a m’ija.
JUSTINA: ¡Ay no! Eso de revivir a los muertos solo Cristo, lo demás es magia negraaa…
ROSITA: Y mi viejo tan joven, tan bueno, tan guapo.
Justina y Pancracia se miran entre ellas y hacen una mueca de extrañeza. Un resplandor aparece y
nadie lo ve, solo Lupita. (Lanzando un grito muy fuerte que espanta a todos.)
LUPITA: Ay, ahí está, ahí está otra vez… (Repite todo el tiempo.)
PANCRACIA: Ay m’ija, ya le volvió la crisis.
JUSTINA: ¿Quién es esta? ¿De qué habla esta?
RAMIRO: Pa mí que ya se le fue la cordura.
LUPITA: Ahí está… ahí está el ángel…
JUSTINA: Ay, yo no veo nada.
Narradora, Ramiro Levanta un palo del piso.
RAMIRO: Por si las dudas.
Narradora, Un Ángel muy barroco aparece en medio de todos, solo Lupita puede verlo. El Ángel le
manotea pidiéndole silencio.
ÁNGEL: Shhh, escucha, escuchaaa…
LUPITA: Me dice: ¡Escucha, escucha!
JUSTINA: ¿Qué? ¿Qué es eso? ¿Quién es “cucha”?
ÁNGEL: Lupita, tengo algo que decirte.
LUPITA: Ay no me lleves angelito, yo no hice nada, llévatelo a él; es él, por quien vienes.
ÁNGEL: Escucha, niña, tengo que darte un mensaje.
LUPITA: (Cada vez más histérica.) ¡Ay no te me acerques, por favor, no te me acerques!
Narradora, rosita (Que ha visto todo desde el piso abrazando a su marido, se levanta muy
decidida.)
ROSITA: A ver, háganse a un lado…
Narradora, rosita Le da dos bofetadas a lupita.
ROSITA: Ya, ora sí niña, si estás viendo visiones mejor dinos de una vez qué es, pero sin gritar, por
favor.
ÁNGEL: Debes dar este mensaje a todos los presentes. El fin de una era vendrá…bienaventurados
los que escuchan.
Narradora: el ángel Posa sus manos sobre la cabeza de lupita. Después de una sacudida, tomando
un acento muy español.
LUPITA: Convencido que estos tiempos se han tornado miserables, el creador manda con tientos
una prueba a los mortales. Y el hijo que nos envió ha de volver a nacer para ponernos a prueba en
temible acontecer. Derriba todos los templos y llamad a los mortales porque llegan crueles
tiempos y hay que vencer tempestades.
JUSTINA: Ay, qué lindos esos versos.
RAMIRO: Pero, ¿dónde hemos de hallarle?
JUSTINA: Yo sí confío de esos rezos.
PANCRACIA: Pos pa luego que ya es tarde.
LUPITA: La verdad está escondida en lo alto de una colina, reunirse niños y ancianos porque
nuestra era termina.
RAMIRO: Se lució con esas rimas.
TODOS: Shhh.
LUPITA: Habrán de llegar al huerto para alcanzar redención con la única condición de que carguen
con el muerto.
JUSTINA: Ay qué miedo me da esta niña.
PANCRACIA: Ahora me creen lo que les digo.
Narradora: Un resplandor cae sobre la cabeza de Lupita, en ese momento todos se tiran al suelo
arrodillados.
PANCRACIA: ¡Mi hija se está quemando!
JUSTINA: No la toquen, esto es un milagro.
Narradora: Ramiro Sobre su cara pasándole la mano.
RAMIRO: Lupita, Lupita, reacciona.
LUPITA: El camino, el camino es hacia allá, apúrense que es hacia allá.
Narradora: lupita Sale corriendo.
RAMIRO: Ay Pancracia, quién la viera, su hija salió profeta.
ROSITA: Pero, ¿será cierto? ¿No estará tomada?
PANCRACIA: Ay como será, mi hija no tiene vicios.
ROSITA: Ay no sé, a mí me da harto miedo. (Sigue llorando.)
RAMIRO: Ándele, comadre no sea rajona, la niña no se equivoca.
JUSTINA: Además no todos los días se ven cosas como estas.
PANCRACIA: Yo sí voy, sin dudarlo.
JUSTINA: Ándale tú, llámales a tus hijos para que nos ayuden a cargarlo… y a separar a la comadre
que ya está pegada al cuerpo.
RAMIRO: (La cantidad de hijos son opciones al reparto.) Moisés, Isaac, Gamaliel, Abraham, Ruth,
María… ah, y “Karenyoselin”.
HIJO 1: ¿Y ora qué, pá?
RAMIRO: Ayúdenme a levantar al compadre.
HIJO 3: ¿Y a dónde lo llevamos, pá?
RAMIRO: Pa donde va la Lupita, córranle.
Narradora: Salen todos, la última es Rosita que se queda dudando y sale después de un momento.
Al irse también se llevan las mamparas como si estas viajaran con ellos, ya que desaparecieron.
Escena 3
Narradora: Salen Molas y Tomas que han estado escondidos todo el tiempo.
MOLAS: ¡En perros!
TOMAS: ¡En osos!
MOLAS: ¡Que en perros!
TOMAS: ¡Que en osos no porque nos apedrean!
MOLAS: Ah que necedad la tuya, ¿cuándo has visto un oso por estos caminos? Lo primero que
harán es dispararnos con una escopeta.
TOMAS: Pues si nos volvemos perros nos van a correr a patadas.
MOLAS: Ay cómo crees, ¿qué no has oído eso de que el perro es el mejor amigo del hombre? Nos
convertimos en unos lindos perros callejeros y así no faltará quien nos lleve con ellos, es la manera
más fácil.
TOMAS: Bueno, pero conste que no nos van a hacer nada, eh…
MOLAS: Oh, tú confía en mí, mira aquí viene una niña, a los niños le encantan los animales.
¡Prepárate!
Narradora: Se meten detrás de la mampara y salen unas marionetas con forma de perros negros.
Entra Benita rezongando.
BENITA: Ay qué lata con esas monjitas: Benita, ve por la harina; Benita, bate el chocolate; Benita,
dale de comer a los pollos; Benita, Benita, Benita, ya me tienen harta.
Narradora: Benita Ve a las marionetas de perros negros.
Ay qué perros tan feos… sáquense, sáquense.
Narradora: Benita se agacha para levantar una piedra, los perros salen disparados hacia el otro
lado.
BENITA: Ay qué susto, pensé que me mordían.
Narradora: Benita Sale, regresan Tomas y Molas.
TOMAS: Tú y tu gran idea, ¿no que los perros son el amigo de no sé quién?
MOLAS: Pues yo qué iba a saber que esa niña era salvaje.
TOMAS: Yo digo que en osos.
MOLAS: Y dale con lo mismo, que siendo osos…
TOMAS: Es que no me dejas terminar, tú hazme caso y verás que bien funciona.
MOLAS: Mhhh está bien, apúrate que allá viene más gente. Tenemos que llegar al rancho lo antes
posible.
Narradora: Entran tras las mamparas y botan al escenario dos osos de peluche.
Escena 4
Narradora: Aparecen los campesinos del otro lado con gran bullicio, Lupita viene por delante
hablando fuertemente en latín, los demás viene tras ella. Ahora el muerto es solo el muñeco que
traerán de un lado a otro.
JUSTINA: Ay, esa Lupita corre como venado, móntala abajo.
RAMIRO: Yo ya me cansé.
GRACIELA: Mira mami, unos ositos de peluche… qué bonitos.
PANCHITO: Y están nuevos.
ROSITA: Dejen ahí, chamacos, no es hora pa estar jugando.
JUSTINA: Han de ser de la niña que pasó de largo.
GRACIELA: ¿Nos los podemos quedar?
RAMIRO: No, cómo creen, eso se llama robar. Déjenlos ahí, ya la niña vendrá por ellos.
PANCRACIA: ¿Qué? ¿ya se cansaron?
JUSTINA: Ay la verdad si, Pancracia, esa Lupita nos ha hecho correr rete harto y yo ya no estoy
para esos trotes.
Narradora: Pancracia se sienta en un oso de peluche y se oye un pujido que suena como
flatulencia, todos la miran con cierta extrañeza.
PANCRACIA: Pues usted fue de las primeras en querer venir.
JUSTINA: Pues sí, pero con calma, además con eso de que su hija va hablando en otro idioma yo la
verdad me desespero, no sé si nos está platicando o nos está regañando.
HIJO 1: Apá, ya se me entumió el brazo de cargar al difuntito.
RAMIRO: Déjenlo ahí un rato y “siéntense”.
Narradora: hijo 1 Se sienta en el otro oso y se escucha otro pujido.
HIJO 1: Oiga, apá, ya tenemos hambre.
RAMIRO: Aguántense tantito, tenemos que llegar primero.
ROSITA: Yo ya tengo apuración de que a mi marido le entre eso que dicen rigor mortis y se quede
tieso antes de la sepultura.
PANCRACIA: Ay como serán, no confían en las palabras divinas.
ROSITA: ¡Pues en las palabras divinas sí confío, pero en su hija la verdad lo pienso!
JUSTINA: Yo le preguntaré.
NARRADORA: Justina Va hacia Lupita que sigue en trance, pero hincada.
JUSTINA: Oye m’ija, m’ija… ¿falta mucho?
LUPITA: (Muy enérgica.) Oux eternum, od divariux. Ora pronobis, cantus peregrinus eo…
JUSTINA: Ora, pero no es para que te pongas así.
NARRADORA: Entran Agustina y Benigna muy apuradas y nerviosas.
BENIGNA: ¡Benita! Benita…
AGUSTINA: ¿Han visto a una niña así de chiquita, con un vestido blanco limpísimo y colitas en el
pelo perfectamente peinadas?
RAMIRO: Pues nosotros nos cruzamos con una niña desde hace rato, pero no era como usted dice,
esta iba mugrosa y bien greñuda.
AGUSTINA: ¡Ah no, entonces no era ella!
BENIGNA: Yo digo que sí, madre, y se fue con toda su ropa. Ay, Dios quiera la encontremos antes
de que anochezca.
AGUSTINA: ¿Hacia dónde dice que cruzaron con ella?
RAMIRO: Hacia allá, el otro lado del río.
GRACIELA: (A Rosita.) Má, sus ositos.
ROSITA: Ah, de veras, dáselos a la monjita.
GRACIELA: Oigan, yo creo que estos ositos son de ella, los dejó aquí tirados en el camino.
BENIGNA: Que raro, ella no tiene muñecos de peluche.
AGUSTINA: Le digo que esa niña anda en malos pasos, por eso se ha de haber escapado, y usted
que creyó que se quedaría quieta leyendo su cuento. ¡Por favor!
NARRADORA: Salen Benigna y Agustina con los osos en los brazos.
JUSTINA: Deberíamos pedirles posada a esas monjitas.
RAMIRO: Tas loca, nos trajimos a todo el rancho, cómo crees que nos van a alojar.
ROSITA: Yo lo que quiero es enterrar a mi marido.
PANCRACIA: Pues entonces hay que seguirle, o si no, nos va a agarrar la noche aquí.
PANCHITO: Ay, mejor ya no hay quir.
ROSITA: Tú por flojo, ándele, ayuden a cargar a su padre.
NARRADORA: Salen.
Escena 5
NARRADORA: Regresan Benigna y Agustina que traen a Benita, las tres vienen muy espantadas.
AGUSTINA: Ay Jesús, Jesús.
BENIGNA: Ya pasó madre, ya pasó.
BENITA: Pero les digo que esos osos no eran míos.
JUSTINA: ¿Qué les pasó?
BENIGNA: El mismísimo Satanás, más bien dos Satanes se aparecieron en nuestro camino.
BENITA: Quien sabe de dónde salieron dos enanos o duendes, o chanekes, ¿quién sabe qué eran?
AGUSTINA: Demonios, es lo que eran, dos demonios.
BENIGNA: Dos seres del inframundo se nos aparecieron y se echaron a correr montaña abajo. Ay,
nomás de recordarlo se me pone la carne de gallina.
JUSTINA: Ay, qué miedo.
RAMIRO: ¿Y no les hicieron nada?
BENIGNA: No, echaron a correr apenas y nos vieron.
AGUSTINA: Niña, ¿de dónde sacaste esos monos infernales?
GRACIELA: ¿Yo? De ningún lado, aquí estaban tirados.
BENIGNA: Le digo que es obra del maligno. Es la señal, Madre, es la señal.
ROSITA: ¿Entonces los ositos no eran tuyos?
BENITA: Ay a mí ni me gustan los peluches, a mí me gustan los niños.
NARRADORA: Benita voltea a ver a Panchito coqueta.
AGUSTINA: Deja de decir tonterías. Si mi corazón se detiene en este instante te habrás de sentir
muy culpable, todo esto ha sido por tu culpa.
BENIGNA: No la culpe madre, no sabe lo que hacía.
BENITA: A mí ni me digan nada, que la que los que los traían eran ustedes, algo habrán hecho para
que salieran los diablos de sus cuerpos.
LUPITA: Es la señal, es la señal.
JUSTINA: ¡Ay, ya va a empezar está de nuevo!
LUPITA: Son las pruebas del camino, los demonios que quieren derribar los templos, tenemos que
salir rápido de aquí antes de que vuelvan, córranle o se aparecerán de nuevo.
AGUSTINA: ¿De qué habla esa niña?
ROSITA: Córranle, Madres en el camino les decimos.
JUSTINA: Llama a todos tus hijos, apúrenle, córranle o si no se nos aparecerá el chamuco.
NARRADORA: Salen todos en gran alboroto, jalan consigo a las dos monjas y a Benita.
SEGUNDO ACTO
Escena 1
Música muy misteriosa y siniestra, ruido de grito y lamentaciones. En la escenografía las
mamparas salen de escena, solo queda en el centro la del infierno.
DESDEMONIA: ¡Blanche! ¡Blanche!
BLANCHE: Ya le dije que me llamo Blandina.
DESDEMONIA: Y yo ya te dije que ese nombre no te da categoría… Mamita, trabajas en el infierno
no en cualquier mesón, para mi eres Blanche, como esa heroína incomprendida llena de agobio y
deseo…
BLANCHE: Qué quiere.
DESDEMONIA: ¿Ya le serviste la comida al Señor?
BLANCHE: Ya, pero ni tragó nada, está haciendo corajes.
DESDEMONIA: ¿Tan temprano? ¿Pues qué pasará? ¿Será que no llegó el cargamento de almas
perdidas que esperaba?
BLANCHE: Quién sabe. Llegaron los hermanos esos que son re mensos, creo que ellos lo hicieron
enojar.
NARRADORA: Entra Luciferano.
LUCIFERANO: Pero qué linda luce el día de hoy, señora Desdemonia… no cabe duda que los
infiernos le sientan cada vez mejor.
DESDEMONIA: Ay, usted siempre tan ceremonial y caballero… ¿A qué se debe su visita? Si aún no
es principio de mes.
LUCIFERANO: Vine a ver al señor Don Diablo, resulta que tengo que verlo de emergencia.
DESDEMONIA: Mmmh, pues deberá esperar porque mi familia dice que está de mal humor.
LUCIFERANO: ¿Cómo? Pero, ¿qué le sucedió?
BLANCHE: Pues sabrá Dios.
NARRADORA: Luciferano se dobla Y gime de dolor.
DESDEMONIA: Ay atrevida, aquí no digas esa palabra.
BLANCHE: Ay perdón, no se me arrugue mi don, pero como le decía a mi patrona, el jefe anda bien
enchilado.
DESDEMONIA: Pero quizá podría yo atenderlo.
LUCIFERANO: Son cosas de negocios mi exquisita Desdemonia, usted no debe alterarse por las
malas nuevas, su belleza puede verse afectada.
BLANCHE: No pues ya estuvo que le han dado muchas malas nuevas desde hace tiempo.
DESDEMONIA: ¡En vez de que estés de entrometida, llámale a mi marido y dile que nuestro casero
lo está buscando!
NARRADORA: Blanche Sale muy pachorruda.
DESDEMONIA: Usted perdonará al servicio, esta niña es casi nueva y sus referencias fueron
bastante escuetas.
LUCIFERANO: No se preocupe mi bella airosa, yo la entiendo, sé que en unos meses más usted la
convertirá en toda una damisela refinada.
DESDEMONIA: Pero dígame, ¿será usted tan poco cortés de dejarme con la duda? Aquí entre nos,
¿qué está pasando?
LUCIFERANO: Mhhh, bueno, pero lo que le contaré es muy extraoficial. Hoy por la mañana… pasó
algo muy extraño. Me llegó un alma al infierno, un campesino robusto, regordete, bastante ajado
y maltratado por la vida, llegó por una asfixia y cuando estaba a punto de mandarlo al quinto
infierno, ¡zas! que se me aparece uno de los ángeles consentidos por el mero-mero y que me lo
arrebata; me dijo que todo había sido un error y que le disculpara las molestias. Pero no me quedé
con la duda y me puse a investigar. Creo que algo grande está a punto de acontecer.
NARRADORA: Se oyen gritos y alboroto. Entran Molas y Tomas y caen al suelo.
MOLAS: Ya, ya, ya.
TOMAS: Ay, ay, ay.
NARRADORA: Entra Diabolo
DIABOLO: Es que solamente a ustedes se les ocurre llevar disfraces tan absurdos, si lo hubieran
hecho bien a estas horas estarían llegando con esos campesinos.
MOLAS: Es que tú mismo nos has dicho que no podemos usar más poderes.
TOMAS: Que tenemos que respetar el trato con los de arriba.
DIABOLO: Eso mismo he dicho yo, pero hay que tener inteligencia para cada acto que se hace en la
Tierra, no pueden exponerse tanto… dos perros callejeros, dos osos de peluche, habrase visto la
vulgaridad en pleno… (Se sienta muy cansado.) Ay, pero en fin, no cabe duda de que los tiempos
se están terminando, se empieza a notar la crisis en todas las mentes.
LUCIFERANO: Mi estimado Diabolo, ¿y ahora, por qué andas tan malhumorado?
DIABOLO: Mira lo que dice aquí.
LUCIFERANO: La nacida del redentor; esta noche en Navidad: noche buena para el bien, noche
mala para el mal… bs bs bs, ay canijo, ora sí ya nos fregaron, ¿entonces eran ciertos los rumores?
Ocurrirá de nuevo.
DIABOLO: Pues parece que así es, el muy tramposo de arriba “quesque” lo pensó mejor y decidió
redimirlo nuevamente en estos tiempos en que parecíamos haber ganado, y ni siquiera me
avisaron nada, estoy que me lleva el diablo y, ¿ya leíste lo demás?
LUCIFERANO: Géminis, es un buen día para…
DIABOLO: Eso no, la nota de letras rojas.
LUCIFERANO: Muere la travesti Francis.
DIABOLO: Eso tampoco, la de abajo.
LUCIFERANO: Una comunidad de campesinos emprende larga peregrinación, misma a la que se
han unido otras comunidades, entre ellos monasterios, seminarios, monjas, ¿y policías? Y esto, ¿a
nosotros qué nos importa?
DIABOLO: Cómo que: “¿Qué nos importa?”, ¿ya viste la fotografía?
LUCIFERANO: Ay, sinvergüenza, ese es el campesino que me mandaron en la mañana y que luego
me arrebató el angelito ese, pero, ¿qué hace allí?
DIABOLO: Mi querido Luciferano, no cabe duda que la edad te hace estragos en la memoria, ¿no
recuerdas la última profecía del salvador?
TODOS: Habrán de llegar al huerto para alcanzar redención con la única condición de que cargue
con el muerto.
LUCIFERANO: Pero de qué las ha de servir el muertito, si ya estaba bien dado al catre, es más, creo
que hasta cuernos traía.
DIABOLO: Eso es lo de menos, lo que importa aquí es que ese difunto es el vínculo entre el bien y
mal, la profecía se está cumpliendo y entonces se me ocurre mandar a estos dos inútiles para que
localicen el sitio exacto y así hallar al recién nacido, y se les ocurre ir disfrazados de lo que no,
desperdiciando la única oportunidad que tenían de trascender… Por eso me lleva el diablo.
NARRADORA: Todo cruje con su último grito.
DESDEMONIA: Ay mi vida, pero no es para que te pongas así, digo, la vez anterior tuviste treinta y
tres años para poner en acción tus planes y ya ves, los tiempos te dan la razón. El mundo es un
chiquero sobrecalentado y nadie hace nada por remediarlo.
DIABOLO: Esa es la razón más poderosa para traerme tantas almas. Ah, pero no, al máximo jefe se
le ocurre la ingeniosa idea de darles una nueva oportunidad, no importando la porquería en la que
se ha vuelto su imagen y semejanza.
LUCIFERANO: Pero, ¿qué te apura tanto? Con lo perezosos que son los humanos, y con lo
escépticos que se han vuelto, no creo que tengan la más mínima idea de la gran oportunidad que
les están brindando. Déjalos, están ocupados en sus negocios, en su bienestar privado, en ganar y
producir dinero, y esa es tu más poderosa arma.
DIABOLO: Por ese lado tienes razón, pero olvidas algo muy importante…
NARRADORA: Blanche atraviesa la escena con un plumero y se pone a limpiar muy desenfadada.
DIABOLO: Esas personas de las que me hablas son una parte proporcional de la humanidad, pero
una parte mínima, la otra parte son los ignorados, los que no tienen nada, los malamente llamados
pobres, y son precisamente ellos los que están buscando una segunda oportunidad para redimirse,
y lo harían mediante un amotinamiento, una guerra civil, una revolución o lo que sea porque no
tienen nada que perder y, ¿sabes qué pasará si ellos ganan?
DESDEMONIA: Pues serán nuevos ricos con muy mal gusto.
DIABOLO: No, se apoderan del mundo porque, desgraciadamente, los pobres son una parte que se
niega a desaparecer.
LUCIFERANO: Entonces, ¿por qué no vas tú personalmente a arreglar este asunto?
DIABOLO: Es lo que voy a hacer, pero tú sabes las reglas Luciferano, si los altos mandos entran a la
acción…
LUCIFERANO: La reacción se hace una cadena.
DIABOLO: Y se desata… ¡El apocalipsis!
TOMAS Y MOLAS: (Que han estado escuchando todo.) Ay, nanita.
DIABOLO: Hey, tú, Diamantina… o Arbequina, o como te llames.
BLANCHE: ¡Blandina!
DIABOLO: Bueno, tú, Blandina pásame mi capa de gala, he de subir a la tierra, y mi trinche… ese no
pude olvidárseme.
NARRADORA: Blanche le dice a Desdemonia.
BLANCHE: ¿Cuál capa de gala? Yo nomás veo que tiene pura ropa vieja.
DESDEMONIA: Ay contigo… esta.
NARRADORA: Desdemonia Saca una capa roja y se la pone a su marido.
DIABOLO: Ahora sí, todo está listo. Figura… color, presencia, porte y una misión que cumplir…
LUCIFERANO: Traigo los ojos rojos.
DIABOLO: Pues tráetelos, qué más da.
NARRRADORA: Luciferano y Diabolo salen
DESDEMONIA: Darling, Cherrisse, Amore mío yo voy contigo, hay tanta vedetucha de mala facha
que te van a pervertir.
BLANCHE: Pues si va a ir, apúrese porque ahora sí que van como alma que lleva el diablo.
DESDEMONIA: Ahí te encargo a mis chiquilines, no me los descuides y duérmelos temprano.
NARRADORA: Desdemonia Sale mientras Blanche Mirando a Molas y a Tomas que se han salido
por el lado opuesto.
BLANCHE: ¿Chiquilines? Semejantes labregones. Ay, el trinche…
NARRADORA: Toma el trinche y sale.
BLANCHE: Don Bolo, Doña Monia, Don Anito… pérenmen.
TERCER ACTO
Escena 1
NARRADORA: Entran campesinos y monjas.
BENIGNA: No sean malitos, déjennos descansar.
AGUSTINA: Pero lo que no entiendo es porqué esa anunciación se las vinieron a dar solamente a
ustedes, siendo nosotras las esposas de Dios.
PANCRACIA: Pues no sabemos, madrecita, pero lo que le digo es cierto, la prueba ahí la tienen, los
demonios esos que se les aparecieron.
BENIGNA: Yo solo espero que esto no sea una tomada de pelo, el mal tiene muchas caras.
AGUSTINA: Lo que sinceramente no me agrada mucho es tener que cargar con el difunto, digo, a
los muertos hay que devolverlos a la tierra.
ROSITA: Es lo que yo digo. Oiga, madrecita ¿y si lo enteramos aquí?
AGUSTINA: Ay hija, ¿enterrarlo a campo abierto? Ni que fuera perro.
PANCRACIA: Además dice mi hija que no falta mucho.
ROSITA: Ay, eso viene usted diciendo desde que salimos, además ni nos consta, nadie le entiende
nada.
BENIGNA: La muchacha habla latín y alguna que otra lengua muerta.
ROSITA: Las muertas seremos nosotras de tanto susto que nos da… ¿la han visto cuando se le
ponen los ojos en blanco? Que miedo da… ¿qué nos irá a curar esa niña?
AGUSTINA: Debemos ser fuertes y muy resistentes a todo.
NARRADORA: Entra Justina cansada.
JUSTINA: Dice la Lupita que tomemos un descanso.
PANCRACIA: ¿En serio eso dijo?
JUSTINA: Si… ay, bueno, yo le pedí que tomáramos un descanso, estaba como en su momento de
entendimiento.
NARRADORA: Entra lupita afligida
LUPITA: No podemos descansar, córranle, no podemos descansar.
PANCRACIA: ¿No que un descansito Justina?
AGUSTINA: Mentirosa.
NARRADORA: Todos salen apresurados.
Escena 2
NARRADORA: Entran los diablos sigilosamente.
LUCIFERANO: ¡Alto, alto! Miren, allá vienen los campesinos y las campesinas también…
DESDEMONIA: ¿Son esos? ¡Ay, están refeos!
BLANCHE: Pues los quieren para perderlos, no para casarnos.
DIABOLO: Ya cállense las dos, si accedí a que se quedaran es porque necesitamos refuerzos, no
para oír necedades.
LUCIFERANO: Entonces, ¿qué vamos a hacer?
DIABOLO: Poner en acción, la primera tentación… la de la carne.
NARRADORA: Un puesto de tacos se instala en el centro, Diabolo será el taquero, Luciferano limpia
la barra y Desdemonia se sienta a limarse las uñas. Blanche barre el piso.
HIJO 1: Papá, papá, cómprame un taco.
DIABOLO: ¿De qué lo quieres mi estimado gordito? ¿De maciza, de cuerito o de tripita?
HIJO 1: Quiero uno de pastor.
LUCIFERANO: No tenemos de pastor… puro suaderito, macicita y tripita…
RAMIRO: Ay vieja, qué suerte hallar comida en el camino…
JUSTINA: Aaah, tacosss… mmmh y con el hambre que tengo.
DIABOLO: Pásenle y aprovechen, dos tacos al precio de uno.
RAMIRO: ¿De qué hay?
DIABOLO: De macicita, de tripita y suaderito.
JUSTINA: Yo quiero dos de pastor.
DIABOLO: Que no hay de pastor, solo de…
AGUSTINA: Bendito sea Dios que nos puso la comida en el camino, madre Benigna, madre
Benigna, detengámonos a comer algo… ¿de qué tienes los tacos?
DIABOLO: De macicita, de tripita y suaderito.
BENIGNA: (Llegando muy emocionada.) A mí deme dos de pastor.
DIABOLO: (Cada vez más enojado.) Que-no-hay-de-pastor… solo de suadero, maciza y tripa.
ROSITA: Ay comadre, me van a perdonar, pero yo ya no aguanto el hambre, ya hasta veo todo
borroso de que no he comido. ¿Joven, tiene de pastor?
DIABOLO: (Furioso.) No-hay-pastor.
ROSITA: ¡Ay, qué genio!
PANCRACIA: Y ¿a qué hora llegan los de pastor, pues?
DIABOLO: (Explotando.) Con un montón de chinches, ya les dije que no hay pastor, no tenemos y
no va a haber a menos que achicharremos a uno de ustedes…
NARRADORA: Salta furioso del puesto y se le ve la cola de diablo.
BLANCHE: ¡Patrón, la cola!
NARRADORA: Al darse cuenta todos corren en círculo perseguidos por Luciferano y Diabolo.
Desdemonia y Blanche se quedan en el centro. Los campesinos salen corriendo llevándose su
bullicio.
BLANCHE: Le dije que vendiera tacos al pastor.
DIABOLO: ¡Cállate ya! No importa… no importa… (Respirando y conteniéndose.) Con uno que caiga
y caerán todos. Uno solo, pero es cosa de paciencia.
LUCIFERANO: Esto de los tacos no fue buena idea, hay que irnos por la verdadera necesidad de
estos campesinos andrajosos.
DIABOLO: ¿Y según tú cuál?
LUCIFERANO: El dinero… Vamos, pero déjamelo a mí.
NARRADORA: Salen. Entran los campesinos por el otro lado, muy exhaustos.
AGUSTINA: Ay Dios, no cabe duda de que el mal anda suelto esta noche.
BENIGNA: Y no cabe duda de que Lupita tiene razón, está noche es especial por la llegada del
redentor, si no fuera así no estarían sucediendo tantos sucesos tan extraordinarios.
ROSITA: Y con el hambre que teníamos yo sí me hubiera comido uno de suaderito o tripita, o
macicita.
AGUSTINA: Pero estás loca mujer, las tentaciones del mal son muy tramposas, con uno solo que
coma hubiéramos caído todos. Sin embargo, el bien nos acompaña.
GRACIELA: Má, ya tenemos harto sueño.
BENIGNA: ¿Será que al fin podremos descansar?
PANCRACIA: ¡Ay, yo ya ni sé!
RAMIRO: No se vayan a dormir, eh. Porque no hay quien los cargue.
PANCHITO: Tengo mucho sueño, má… (Llora.) J
USTINA: Pues duérmanse un rato, yo me quedaré aquí con mi comadre Rosita a velar… ¿verdad,
coma?… ¿coma?
NARRADORA: Rosita ya se durmió como todos, solo se oyen los grillos. Entra Luciferano vestido
como policía y le habla a Justina.
LUCIFERANO: Hey, muchacha…
JUSTINA: ¿Yo?
LUCIFERANO: Sí, la más guapa…
JUSTINA: Ah, entonces sí soy yo. ¿Qué se le ofrece?
LUCIFERANO: ¿Tú eres la lideresa?
JUSTINA: Ay no, señor. Yo soy de aquí de México.
LUCIFERANO: Me refiero a que, si tú eres la que manda aquí, la que mueve las masas, la que
decide.
JUSTINA: ¡Ah…! (Lo piensa.) Ah, sí, yo soy esa.
LUCIFERANO: Entonces tú me puedes ayudar… estamos buscando a una joven que nos dijeron se
encuentra con ustedes.
JUSTINA: Pues como verá hay muchas. ¿A cuál buscan?
LUCIFERANO: (Dudando mucho.) Aaaah, una delgadita, poco agraciada…
JUSTINA: ¡¡¡Aaaah!!! A la Lupita, la que nos está llevando al huerto, ¿qué tiene?
LUCIFERANO: Exactamente, es la que estamos buscando, la que los esté llevando al huerto.
JUSTINA: Y, ¿para qué la quieren?
LUCIFERANO: La estamos buscando porque… es una criminal.
JUSTINA: Ay Dios, no me diga.
LUCIFERANO: Claro, y es sumamente peligrosa.
JUSTINA: Ay, pues sí le creo, eh.
LUCIFERANO: Mira, estamos dando una recompensa a quien nos ayude a capturarla y la
recompensa es muy muy jugosa.
JUSTINA: ¿Usted quiere que yo se las lleve?
LUCIFERANO: No, linda, no, bastará con que nos digas quién es y con ese dato ya te haces
merecedora de la recompensa.
JUSTINA: Ah, ¿a poco tan fácil? No, luego dirán que soy una soplona.
LUCIFERANO: No te preocupes, tus datos son sumamente confidenciales, no te pasará nada, nada
más dime quién es… Mira, aquí tengo el dinero
NARRADORA: Luciferano Saca una maleta, la abre y contiene muchos billetes.
JUSTINA: ¡Por todos los pescados de la cuaresma! Cuánta lana.
LUCIFERANO: Nomás dinos quién es… y el dinero será tuyo, anda, solo basta con señalarla.
JUSTINA: Toda esa lana, ¿pa mí?
LUCIFERANO: Todita. Es más, mira te doy la mitad ahorita y la otra mitad cuando la llevemos
presa.
JUSTINA: Ay, la escuela de los niños y los quince años de Karen Yoselin. ¡Mi balón gástrico!
LUCIFERANO: Ándale, linda, no tienes que hacer nada más y nadie se dará cuenta, quedarás
impune…
JUSTINA: (Aparte.) Ay Dios santo, dame hartas fuerzas para lo que voy a hacer.
NARRADORA: Se dirige hacia Luciferano, lo agarra y grita.)
JUSTINA: Comadre Rosita, compadre Ramiro, despierten, despierten, madresss… un secuestrador,
un secuestrador, despierten.
NARRADORA: Todos se alborotan y zarandean a Luciferano.
JUSTINA: Quería llevarse a la Lupita, la quería secuestrar.
RAMIRO: Con que muy machito, eh.
ROSITA: Vamos a llevarlo a la policía.
PANCRACIA: Mejor vamos a lincharlo, canijo viejo jijo.
ROSITA: Si, hay que lincharlo.
RAMIRO: ¡Ya sé! Mejor lo encerramos y pedimos rescate.
NARRADORA: Se hace un alboroto. Las madres llegan queriendo impedir el linchamiento.
Luciferano luce muy asustado.
AGUSTINA: No, qué van a hacer, están locos.
JUSTINA: Ay, madre, no se metan porque esto es cosa de oprimidos.
AGUSTINA: No se dan cuenta de que van a cometer una locura linchándolo en la vía pública… Hay
que llevarlo a esa cueva y ahí lo quemamos para que nadie lo vea.
TODOS: Sí, vamos.
NARRADORA: Llegan Diabolo, Desdemonia y Blanche vestidos como agentes judiciales con sendas
pistolas. Diabolo Dando tiros al aire.
DIABOLO: Atrás, atrás, suelten a ese cristiano… Atrás.
NARRADORA: Lo sueltan en la revuelta y Luciferano sale huyendo. Todos se quedan pasmados y
furiosos. Lupita al fondo está en trance.
ROSITA: Ay, esto se pone cada vez más canijo, yo creo que mejor nos regresamos.
PANCRACIA: Qué nos regresamos ni que nada, ya llevamos más de la mitad del camino.
ROSITA: Es que me da miedo que mi viejo comience a oler feo, ya lleva varias horas de muertito y
mírenlo.
AGUSTINA: Pues hoy es cuando más se debe aferrar a la voluntad de Dios, tenemos una misión
que cumplir.
BENIGNA: Los niños ya están cansados, ya no quieren seguir caminando.
PANCRACIA: ¿Los niños o usted?
BENIGNA: Ay bueno, yo decía.
NARRADORA: Lupita entra gritando
LUPITA: Apúrense, apúrense que ya no hay tiempo, apúrense.
NARRADORA: Todos corren atrás de ella.
JUSTINA: Ay… chamaca loca, mejor sí la hubiera denunciado… (Se arrepiente.) Ay no es cierto,
Diosito, no es cierto… no es cierto, eh no es cierto. Entran los demonios.
DIABOLO: No cabe duda, estos canijos campesinos son más difíciles de perder que la bolsa de
valores.
LUCIFERANO: La vi cerca, eh, la vi cerca.
DESDEMONIA: Yo digo que han usado el plan equivocado.
DIABOLO: Ahora resulta que tú me vas a aconsejar a mí.
DESDEMONIA: Es que eres muy atrabancado, Darling. Deberías de ser un poco más astuto y pensar
en algo práctico.
DESDEMONIA: ¿Y por qué no les buscan debilidad a los hombres?
DIABOLO: ¡Ah! Mira tú, qué lista.
LUCIFERANO: Pues yo sigo sin entender cómo lo vas a perder.
DIABOLO: Ay, no me hables en verso que me retuerzo.
LUCIFERANO: Es que según tu inteligencia, ¿cómo los vamos a debilitar?
BLANCHE: Pues fácil, con unas buenas diarreas.
DIABOLO: ¡Claro!
DESDEMONIA: ¡Ay, están locos! Yo me refiero debilitando a los hombres con la tentación de las
mujeres.
Escena 3
NARRADORA: Llegan todos los campesinos cada vez más cansados y se acomodan un momento
quejándose de sueño y fatiga; en ese momento entra un grupo de mujeres muy arregladas son los
mismos diablos en un ambiente festivo.
RAMIRO: Ora pues.
DESDEMONIA: Buenas, buenas, caballeros.
RAMIRO: Pues buenas las tenga usted.
DESDEMONIA: Ya es hora de que detengan su caminar prolongado y vengan con nosotras a
divertirse.
ROSITA: Y ora, ¿de dónde salieron estas?
DESDEMONIA: Estas tienen su nombre, nosotras somos “las coristas del edén”. Vamos divirtiendo
a los hombres y a las mujeres también.
RAMIRO: Órale, qué “diversas”.
DESDEMONIA: Sabemos que van de camino a conocer a un Niño que nació esta madrugada,
nosotras venimos de allá y no encontramos nada.
JUSTINA: ¿Qué? Nada, nada.
BLANCHE: Nada, nada, más que montones de paja y uno que otro bueyecito.
DIABOLO: Nosotros se los décimos claramente y sin reparos, dejen ya de perder el tiempo, mejor
echemos relajo.
PANCRACIA: No les hagan caso a estas, mejor sigamos pa lante.
AGUSTINA: Esto me huele muy mal…
BENIGNA: Y ya se está haciendo tarde.
LUCIFERANO: Anden, no sean rajones, vamos a pasarla bien, queremos nomás que reposen.
DIABOLO: Que retocen.
BLANCHE: Y se propasen.
DESDEMONIA: Pero mira qué caritas de inocentes, ¿no creen que es hora de despertar?
JUSTINA: (Prepara el puño.) En la cara le voy a dar.
ROSITA: Un momento, comadre, ¿qué no ve que son artistas?
JUSTINA: Qué artistas van a ser estas, si todas se ven bien güilas.
DESDEMONIA: Güilas tienes las patas, mejor deberías aprender a tratar a los varones, enseguidita
se ve que se están muriendo de hambre.
JUSTINA: Pues de hambre se han de morir, pero no de los calambres.
RAMIRO: Ay vieja, no seas fijada… total, que tantito es nada.
DESDEMONIA: Muchachas, tráiganse el vino que no hay fiesta sin asesino.
ROSITA: Yo traeré carnita asada.
LUCIFERANO: Yo nomás no traigo nada, pero traigo muuuchas ganas de sentirme bien querida.
DIABOLO: Ándele, chicos, vengan, esto se pondrá muy bueno.
ROSITA: Pues lo acepto, nomás porque hace harto frío y estoy pasando un duelo.
JUSTINA: Y yo por acompañarla.
RAMIRO: Ay, pero miren nomás, qué bonitas muchachas.
AGUSTINA: Mmmmh, qué gustos tan extraños.
BENIGNA: Ande, madre, échese un trago, ya está entrando el invierno.
LUPITA: Apúrense que ya es tarde.
JUSTINA: (Medio ebria.) ¡Yo digo que esa se calle!
ROSITA: Total, dicen que allá no hay nada.
RAMIRO: ¿Será que esta nos mintió?
DESDEMONIA: Tómenle más que aquí sobra.
BLANCHE: Y éntrenle a la botanita.
LUCIFERANO: Arránquese con las coplas.
DIABOLO: Venimos bien preparados los cuatro diablos para una buena tardeada. Suena música,
empieza un gran aquelarre.
Narradora: Entra el Ángel, nadie lo mira.
ÁNGEL: ¡Pero ¡qué diablos es esto!
NARRADORA: Todos se espantan.
ROSITA: Ay Diosito, que sustote.
JUSTINA: ¿De dónde salió ese gallote?
RAMIRO: Ja, ja ja, gallote el que se salió clarito de tu cogote.
BENIGNA: No sean tan irrespetuosos, qué no ven su aura divina.
ROSITA: ¡Ay Jesús! Madre Agustina, ayúdenos por favor.
ÁNGEL: ¿Alguien me puede explicar por qué ustedes no han llegado al nacimiento anunciado?
JUSTINA: Es que estábamos de fiesta.
ÁNGEL: Pues qué festejo tan raro. ¡Festejar sin festejado!
ROSITA: La culpa es de esas señoras tan finonas, tan suavonas y tan llenas de pecados.
DESDEMONIA: Vaya malagradecidas, ahora sí se me voltearon.
DIABOLO: Díganles la verdad, mustias, ustedes que comenzaron.
LUCIFERANO: Fíjate, angelito lindo que esta bola de arraigados dijo que ya no irían quesque por
estar cansados.
ROSITA: Ay qué vieja mentirosa, ora sí que se la parto.
ÁNGEL: Ya estuvo bueno de hablar, ¿qué no ven que son los diablos vestidos de señoronas para
poder embaucarlos?
RAMIRO: Ya decía yo que estas viejas estaban muy caballonas.
NARRADORA: Ramiro Tomando a Blanche.
BLANCHE: Ora, no sea llevado, siempre he sido algo robusta, pero diabla de nacimiento.
ÁNGEL: Esto merece un castigo, Diábolo tan atrevido.
DIABOLO: Uy, qué miedo, ¿tú y cuántos más?
ÁNGEL: Yo y un montón de campesinos que ya están hartos de tu engaño.
LUCIFERANO: Ja, déjanos reír libremente, ¿qué nos pueden hacer estos? ¡Aviéntales unos huesos y
comerán de tu mano!
RAMIRO: Eso crees tú, desgraciado. Y ahorita lo vas a ver.
NARRADORA: Entre todos les dan una golpiza a los diablos, que quedan en el suelo rendidos
cuando terminan.
ÁNGEL: Ahora sí, que se hace tarde. Vámonos adelantando porque la cosa está que arde.
ROSITA: ¿Y qué hacemos con mi marido? Ya nos cansó la cargada.
ÁNGEL: Aguanten, no pasa nada.
ROSITA: Ay, como usted no lo carga.
ÁNGEL: Pero que poca fe tienes. No ves que un milagro espera, verás que cuando Dios quiera tu
marido a va volver.
JUSTINA: Ay Jesús.
AGUSTINA: ¿Resucitará?
ÁNGEL: No les quiero adelantar las buenas nuevas del cielo, pero tengan consuelo que un milagro
llegará.
JUSTINA: Ay qué feo, así no juego, los zombis dan harto miedo.
LUPITA: Dejen de decir bobadas y que avance el que me crea.
ÁNGEL: El camino está al final de unos arbustos de espinos. No duden de su destino, que ahí la
salvación está.
NARRADORA: Todos corren apresurados y entran por el lado opuesto, traen el cadáver en alto,
moviéndolo de un lado a otro. Todos hablarán hacía el público.
ROSITA: Pues no hice nada, pero llegando te preparo una cecinita asada.
TODOS: Noooo.
ROSITA: Ay, de veras, no les digo.
ÁNGEL: (Muy dulce.) Pueden pasar.
NARRADORA: Avanzan todos hacia adentro.
ANGEL: ¡Pero límpiense los pies que acabamos de trapear!
NARRADORA: Todos lo hacen, entran al fondo y se pierden en la luz que los absorbe. Al final solo
queda Justina en escena.
JUSTINA: ¡Ay Dios, una luz al final del camino! ¿No será que es otra cosa y nomás nos engañaron?
Pues no creo, y si así es… ya Dios dirá… es que sin fe… no se vive.
NARRADORA: Justina entra. La luz se apaga lentamente y viene muy lento un telón breve. Al
abrirse se ve el nacimiento formado y estático. La luz disminuye, la música sube.
Oscuro final.