ESCUELA DE BACHILLERES VERACRUZ
TALLER DE LECTURA Y REDACCIÓN
Diferentes personalidades en un mismo cuerpo TID (trastorno de
identidad disociativo)
TEMA: ENSAYO
PRIMER SEMESTRE GRUPO: UNICO
Alumna: Romina Itzel Rizo Nepomuseno
Docente: Ignacio Bucio Aumada
25/04/2022
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Índice
Introducción …………………………… pág. 3
¿qué es? ……………………………. Pág.4
¿Qué lo causa? ………………………….. Pág.6
Tipos de disociación …………………………. Pág.9
Síntomas ………………………….. Pág.11
¿Qué tipos de trastorno de identidad disociativo hay? Pág.16
Secuelas ………………………… Pág. 17
Tratamiento ………………………… Pág.19
Factores de riesgo ………………………… Pág.20
Complicaciones ………………………... Pág.20
Prevención ……………………….. Pág.21
Personalidad múltiple: casos reales ……………….. Pág. 22
Conclusión ……………….. Pág. 23
Referencias bibliográficas ………………. Pág. 24
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Introducción
Los trastornos disociativos son trastornos mentales que suponen una desconexión
y falta de continuidad entre pensamientos, recuerdos, entornos, acciones e
identidad. Una persona que sufre trastornos disociativos escapa de la realidad de
formas involuntarias y poco saludables, lo que causa problemas con el
funcionamiento diario.
Por lo general, los trastornos disociativos aparecen en reacción a un trauma y
ayudan a mantener los recuerdos difíciles controlados. Los síntomas, que pueden
ir de la amnesia hasta las identidades alternativas, dependen, en parte, del tipo de
trastorno que tengas. Los períodos de estrés pueden empeorar temporalmente los
síntomas, haciéndolos más evidentes.
Los tratamientos para los trastornos disociativos pueden ser la terapia de
conversación (psicoterapia) y los medicamentos. Si bien tratar los trastornos
disociativos puede ser difícil, muchas personas aprenden nuevas formas de
afrontarlos y llevan una vida saludable y productiva.
Aunque pasen desapercibidas las experiencias disociativas suelen ser comunes
en la vida diaria, si bien, si bien, los trastornos disociativos son relativamente
raros. “Entre estos los más comunes son los fenómenos autoscópicos o
experiencias extra corporales, habla y escritura automática, auras, alucinaciones
auditivas y visuales, síntomas de conversión, sonambulismo, flasbbacks e
intromisión de episodios de trauma o abusos pasados que han sido olvidados,
reprimidos o disociados” Fraser 1994.
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En este trabajo se tratará la información acerca del trastorno, desde los síntomas
hasta el tratamiento correspondiente.
En el trastorno de identidad disociativo, antes conocido como trastorno de
personalidad múltiple, la persona está bajo el control de dos identidades distintas
de forma alternativa. Además, la persona no puede recordar información que
normalmente recordaba fácilmente, como los acontecimientos cotidianos,
información personal importante y/o acontecimientos traumáticos o estresantes.
¿Qué es?
La existencia de diferentes personalidades, cada una con un pensamiento propio,
al igual que características físicas propias, al alternar cada una no se recuerda lo
que haya hecho la otra al estar al mando.
El trastorno de identidad disociativo (TID), antes llamado trastorno de personalidad
múltiple, es uno de los trastornos mentales más graves y complejos. Entre los
ejemplos más clásicos, encontramos la novela El doctor Jekyll y mister Hyde de
R.L. Stevenson.
Contrariamente a lo que podría parecer por su impactante sintomatología, es una
patología que pasa relativamente inadvertida a nivel clínico, tendiéndose a
diagnosticar mucho menos de lo que debería y confundiéndose con otros
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trastornos como esquizofrenia, trastornos afectivos y de ansiedad, trastornos
neurológicos, etc. Si bien raramente se diagnostica, diversos estudios indican que
cumplen criterios entre un 4 y un 18% de los pacientes psiquiátricos.
se caracteriza por la existencia de dos o más identidades (también llamadas
estados mentales o estados de personalidad) muy diferentes entre sí, que
controlan el comportamiento de la persona de manera alternante. El individuo
puede comportarse y expresarse como si fuera personas diferentes según qué
estado mental tenga el control. Por otro lado, la persona es incapaz de recordar
información importante de algunas de las identidades coexistentes, por lo que
puede hacer o decir cosas desde un estado mental que no recuerde en otro.
Otras patologías y dificultades que frecuentemente van asociadas serían
depresión, ansiedad, baja autoestima, dificultades sociales, conductas
autodestructivas, trastornos de personalidad, abuso de alcohol y drogas,
trastornos alimentarios, somatización, etc.
Este tipo de desorden es muy frecuente en la ficción, tanto en el cine como en la
literatura. Sin embargo, más allá de su presencia en la cultura popular, su
verdadera existencia es aún polémica y discutida. Muchos profesionales de la
psicología consideran que no se trata de una verdadera patología, o que suele
confundirse con otros trastornos disociativos o incluso con los propios roles o
comportamientos que una misma persona puede desarrollar en distintos entornos,
de manera más o menos consciente.
Con independencia de la polémica que lo rodea, este trastorno está recogido en el
manual DSM-IV; este es el manual diagnóstico y estadístico de trastornos
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mentales de referencia entre los profesionales de la salud mental, editado por
la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA). Esto quiere decir que, si bien
aún se trata de un diagnóstico controvertido, en la actualidad goza de
reconocimiento oficial.
¿Qué lo causa?
La necesidad de huir de los problemas, hay veces en que los traumas superan a
las personas, la humanidad suele ser tan cruel, y la mayor causa de este trastorno
suele ser los traumas en la niñez como abuso físico y psicológico, la mente crea
diversas formas de proteger, en esto se cran personalidades que salen a flote
dependiendo la situación, justamente porque al ser niños la mente es más débil.
Suele considerarse que la causa de este trastorno se encuentra en haber
vivido traumas extremos en la infancia. Esto vincula la aparición de este desorden
con otro tipo de problemas, como el estrés prostraumático o la ansiedad. De las
personas a las que se diagnostica este desorden, más del 90% sufrió maltratos
infantiles físicos, psicológicos o sexuales. Como consecuencia de estos traumas,
el niño puede tener dificultades a la hora de desarrollar su personalidad adulta.
La hipótesis más aceptada es que estas vivencias estresantes dan lugar en un
primer momento a la disociación; así, el niño aislaría recuerdos, emociones o
vivencias como mecanismo defensivo ante el malestar ocasionado por estos
traumas. Con el paso del tiempo y al madurar el niño, esta disociación iría dando
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lugar al desarrollo de distintas personalidades; estas irían adquiriendo
gradualmente una mayor complejidad, diferenciándose cada vez más unas de
otras.
Como conclusión, la personalidad múltiple no surgiría como resultado de la
fragmentación de la identidad principal del individuo, sino que más bien consistiría
en una anomalía en el desarrollo de esta identidad desde la infancia.
El estrés de una guerra o una catástrofe natural pueden generar trastornos
disociativos.
La identidad personal aún está en formación durante la infancia. Por eso, un niño
tiene una capacidad mayor que un adulto de despegarse de sí mismo y observar
el trauma como si le estuviera pasando a otra persona. Un niño que aprende a
disociar para superar una experiencia traumática puede usar ese mecanismo de
superación como respuesta a situaciones estresantes en su vida.
Los niños que han sufrido abusos pueden pasar por fases en las cuales se
mantienen separadas las diferentes percepciones, recuerdos y emociones de sus
experiencias vitales. Los padres u otros cuidadores intensifican esta segregación
de experiencias al comportarse de manera inconsistente a lo largo del tiempo (por
ejemplo, intercalando conductas cariñosas o abusivas), un comportamiento que se
denomina traición traumática. Con el tiempo, estos niños pueden desarrollar una
creciente capacidad de escapar del abuso al "alejarse", disociándose de su duro
ambiente físico o replegándose hacia el interior de su propia mente. Cada fase o
experiencia traumática se puede usar para producir una identidad diferente.
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Sin embargo, si estos niños en situación de vulnerabilidad son suficientemente
protegidos y contenidos psicológicamente por adultos que verdaderamente se
preocupen por ellos, es menos probable que desarrollen un trastorno de identidad
disociativo.
La disociación es, pues, una forma de defenderse del trauma, y con el tiempo se
va convirtiendo en la única manera de manejar cualquier tipo de estrés.
Sin embargo, el trauma por sí solo no es un factor suficiente para desarrollar un
trastorno disociativo. Algunas personas superan situaciones devastadoras sin
presentar demasiados problemas. Lo que va a marcar la diferencia será el apego,
la forma que el niño tiene de vincularse afectivamente. Si tiene una figura de
referencia positiva que le proporciona experiencias de apego seguras (protección,
atención, modulación emocional, etc.), el niño aprende que la adversidad puede
ser soportada y vencida, minimizando el riesgo de fragmentación psicológica y
posibilitando un bienestar emocional futuro .
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Tipos de disociación
No toda la disociación es problemática:
Disociación no patológica: Se da en todas las personas (con y sin TID). Son
cambios normales en el estado de conciencia. P.ej. quedarse absorto en
actividades cotidianas, soñar despierto, etc.
Disociación patológica: Tiene que ver con la desconexión de aspectos
fundamentales del yo, como la conciencia, la identidad, las sensaciones,
movimientos corporales, la memoria o la percepción del entorno.
Hay tres trastornos disociativos principales definidos en el Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales 5, DSM-5) publicado por la American Psychiatric Association
(Asociación Estadounidense de Psiquiatría):
Amnesia disociativa. El síntoma principal es una pérdida de memoria que es más
grave que un olvido normal y que no puede justificarse por la existencia de una
enfermedad. No puedes recordar información sobre ti ni sobre acontecimientos y
personas de tu vida, en especial los relacionados con un momento traumático. La
amnesia disociativa puede ser específica de acontecimientos producidos en un
cierto momento, como combates intensos, o, con menor frecuencia, puede tratarse
de la pérdida completa de la memoria sobre ti mismo. A veces puede implicar que
te traslades o deambules en un estado de confusión que te aleje de tu vida (fuga
disociativa). El episodio de amnesia generalmente se presenta en forma repentina
y puede durar minutos, horas o, rara vez, meses o años.
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Trastorno de identidad disociativo. Este trastorno, antes conocido como
«trastorno de personalidad múltiple», se caracteriza por «alternar» diferentes
identidades. Es posible que sientas la presencia de dos o más personas que
hablan o viven en tu cabeza y que sientas que estas identidades te poseyeron.
Cada identidad puede tener un nombre, una historia personal y características
únicas, entre ellas, diferencias obvias de voz, género, tratos e incluso cualidades
físicas, como la necesidad de usar lentes. También hay diferencias en cuanto a la
familiaridad de cada identidad con las demás. Las personas con trastorno de
identidad disociativo, en general, también tienen amnesia disociativa y, a menudo,
sufren fuga disociativa.
Trastorno de despersonalización-desrealización. Este trastorno implica una
sensación continua o episódica de desconexión o de estar fuera de ti mismo, al
observar tus acciones, sentimientos, pensamientos y a ti mismo desde cierta
distancia como si estuvieras mirando una película (despersonalización). Es posible
que otras personas y cosas que te rodean se perciban distantes, borrosas o como
en un sueño, que el tiempo transcurra más lenta o más rápidamente y que el
mundo parezca irreal (desrealización). Puedes sentir despersonalización,
desrealización o ambas. Es posible que los síntomas, que pueden ser
profundamente angustiantes, duren solo unos momentos o que vayan y vengan a
lo largo de los años.
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Sintomas
Amnesia
La amnesia puede incluir lo siguiente:
Lagunas en la memoria de acontecimientos personales pasados: por ejemplo, la
persona puede dejar de recordar ciertos períodos de tiempo durante la infancia o
la adolescencia.
Fallos en la memoria de los acontecimientos cotidianos actuales y habilidades bien
aprendidas: por ejemplo, la persona puede olvidar temporalmente cómo utilizar un
ordenador.
El descubrimiento de la evidencia de cosas que han hecho pero que no recuerdan
haber hecho.
Las personas afectadas pueden tener la sensación de que todo un periodo de
tiempo ha quedado en blanco.
Después de un episodio de amnesia, es posible que descubran objetos en los
armarios de su hogar o muestras de escritura a mano que no pueden explicar o
reconocer. También pueden encontrarse en lugares distintos a los que recuerdan
haber estado por última vez y desconocer cómo y por qué razón están allí. Pueden
mostrarse incapaces de recordar cosas que han hecho o de explicar cambios en
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su comportamiento. Es posible que se les diga que dijeron o hicieron cosas que no
recuerdan.
Sensación de estar separado de ti mismo y de tus emociones
Percepción de que las personas y cosas que te rodean están
distorsionadas o son irreales
Un sentido confuso de la identidad
Estrés significativo o problemas en tus relaciones personales, tu trabajo y
otros ámbitos importantes de tu vida
Incapacidad para afrontar bien el estrés emocional o profesional
Problemas de salud mental, como depresión, ansiedad, y pensamientos y
comportamientos suicidas
Más de una identidad
En la forma de posesión, las diferentes identidades son claramente
aparentes para los familiares de la persona en cuestión, así como para
otros observadores. La persona habla y actúa de una manera obviamente
distinta, como si otra persona o ser hubiera tomado posesión.
En la forma de no posesión, las diferentes identidades no suelen ser tan
evidentes para los observadores. En lugar de actuar como si otro ser
hubiera hecho posesión de ellas, las personas con este tipo de trastorno de
identidad disociativo pueden sentirse desconectadas de algunos aspectos
de sí mismas (un trastorno denominado despersonalización), como si se
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estuvieran viendo a sí mismas en una película o como si estuvieran viendo
a una persona diferente. De repente pueden pensar, sentir, decir y hacer
cosas que no pueden controlar y que no parece que les pertenezcan. Las
actitudes, opiniones y preferencias (por ejemplo, en cuanto a comida, ropa
o intereses) pueden cambiar repentinamente para volver a cambiar a
continuación. Algunos de estos síntomas, como los cambios en las
preferencias alimentarias, pueden ser observados por otras personas.
La persona puede pensar que su cuerpo se nota diferente (por ejemplo,
como el de un niño pequeño o una persona del sexo opuesto) y que su
cuerpo no les pertenece. Pueden referirse a sí mismos en primera persona
del plural (nosotros) o en tercera persona (él, ella, ellos), a veces sin saber
por qué.
Algunas de las personalidades conocen importante información personal
que desconocen las otras personalidades. Algunas personalidades parecen
conocerse e interaccionar entre sí en un complejo mundo interior. Por
ejemplo, la personalidad A puede ser consciente de la existencia de la
personalidad B y saber lo que hace B, como si estuviera observando el
comportamiento de B. La personalidad B puede ser o no ser consciente de
la personalidad A, y lo mismo puede ocurrir con las otras personalidades.
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La alternancia entre distintas personalidades y el desconocimiento de las
conductas que provocan suele hacer que la vida de la persona sea caótica.
Como las identidades interactúan entre sí, las personas afectadas pueden
referir que escuchan voces. Las voces pueden ser conversaciones internas
entre las distintas identidades o pueden dirigirse a la persona directamente,
a veces haciendo comentarios sobre su comportamiento. Varias voces
pueden hablar al mismo tiempo, produciéndose mucha confusión.
Las personas con trastorno de identidad disociativo también experimentan
intrusiones de identidades, voces o recuerdos en sus actividades
cotidianas. Por ejemplo, en el trabajo, una identidad enojada puede gritar
de repente a un compañero de trabajo o a un jefe.
Otros síntomas
Las personas con trastorno de identidad disociativo describen a menudo un
conjunto de síntomas que recuerdan a otros que aparecen en distintos trastornos
mentales y en numerosas enfermedades orgánicas. Por ejemplo, es frecuente que
presenten intensos dolores de cabeza y otros síntomas dolorosos. Padecen
diferentes grupos de síntomas en distintos periodos de tiempo. Algunos de estos
síntomas pueden indicar la existencia de otro trastorno, pero otros pueden reflejar
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las irrupción en el presente de experiencias pasadas. Por ejemplo, la tristeza
puede indicar la presencia de una depresión coexistente, pero también reflejar el
hecho de que una de las personalidades esté reviviendo emociones asociadas a
desgracias que acontecieron en el pasado.
Muchas personas con trastorno de identidad disociativo se deprimen y sufren
ansiedad. Son propensas a hacerse daño a sí mismas. Son frecuentes el abuso
de sustancias, los episodios de automutilación y el comportamiento
suicida (pensamientos de suicido e intentos de llevarlo a cabo); también aparece
con frecuencia disfunción sexual. Al igual que muchas personas con un historial de
maltrato, pueden buscar o mantenerse en situaciones peligrosas y son vulnerables
a volver a sufrir un acontecimiento traumático.
Además de escuchar voces de otras identidades, la persona puede sufrir otros
tipos de alucinaciones (visuales, táctiles, olfativas o del gusto). Las alucinaciones
pueden ocurrir como parte de una imagen retrospectiva. Por lo tanto, el trastorno
de identidad disociativo puede ser mal diagnosticado como un trastorno psicótico
como la esquizofrenia. Sin embargo, estos síntomas alucinatorios difieren de las
alucinaciones características de los trastornos psicóticos. Las personas con
trastorno de identidad disociativo experimentan estos síntomas como provenientes
de una identidad alternativa, desde el interior de su cabeza. Por ejemplo, pueden
sentir como si otra persona estuviera intentando llorar usando sus ojos. Las
personas con esquizofrenia por lo general piensan que la fuente es externa, fuera
de sí mismos.
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A menudo, la persona trata de esconder o de restar importancia a sus síntomas y
al efecto que tienen sobre los demás.
¿Qué tipos de trastorno de identidad disociativo hay?
No existe ninguna clasificación comúnmente aceptada entre los profesionales de
la salud mental respecto al trastorno de identidad disociativo. Algunos
investigadores han realizado diferentes categorizaciones de las distintas
personalidades que pueden darse en un individuo con este desorden; sin
embargo, puesto que la misma existencia del trastorno de identidad disociativo
está en duda, el consenso científico no ha podido avanzar en este sentido.
Sin embargo, sí que es importante recalcar la diferencia entre este desorden y
la esquizofrenia, ya que frecuentemente se confunden. Para las personas que
rodean al paciente, ambas patologías pueden presentar síntomas parecidos. Sin
embargo, se podría decir que la principal diferencia es que, en el caso de la
esquizofrenia, el paciente cree que otras personas le persiguen o le controlan;
mientras que en los supuestos de trastorno de identidad disociativo, esas
personalidades realmente toman el control del paciente.
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Secuelas
Ansiedad
Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
Aumento del ritmo cardíaco
Respiración acelerada (hiperventilación)
Sudoración
Temblores
Sensación de debilidad o cansancio
Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la
preocupación actual
Tener problemas para conciliar el sueño
Padecer problemas gastrointestinales (GI)
Tener dificultades para controlar las preocupaciones
Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad
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Depresión
Sentimientos de tristeza, ganas de llorar, vacío o desesperanza
Arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos de poca
importancia
Pérdida de interés o placer por la mayoría de las actividades habituales o
todas, como las relaciones sexuales, los pasatiempos o los deportes
Alteraciones del sueño, como insomnio o dormir demasiado
Cansancio y falta de energía, por lo que incluso las tareas pequeñas
requieren un esfuerzo mayor
Falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de
peso
Ansiedad, agitación o inquietud
Lentitud para razonar, hablar y hacer movimientos corporales
Sentimientos de inutilidad o culpa, fijación en fracasos del pasado o
autorreproches
Dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas
Pensamientos frecuentes o recurrentes sobre la muerte, pensamientos
suicidas, intentos suicidas o suicidio
Problemas físicos inexplicables, como dolor de espalda o de cabeza
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Tratamiento
La fragmentación de la personalidad genera un gasto de energía mental muy
importante ya que la persona lucha constantemente por intentar mantener el orden
entre las diferentes partes, lo que genera un alto grado de tensión. Esto hace que
quede muy poca energía mental para todo lo demás. Es necesario potenciar la
integración de la personalidad, haciendo que las partes se solapen entre sí,
reconciliándose y fusionándose. De este modo, la energía se dejará de gastar a
nivel interno y podrá ser volcada a nivel externo, haciendo que la persona pueda
afrontar adaptativamente su vida presente y funcionando de forma unificada.
Dejará de vivir en pasado y empezará a vivir en presente. Así pues, integración es
lo opuesto de disociación.
El tratamiento del TID aborda diferentes aspectos:
Estabilización: fortalecer y afianzar a la persona.
Trabajo con las diferentes partes.
Trabajo con el trauma.
Integración de la personalidad y recuperación de las funciones
interpersonales.
Es importante señalar que el objetivo terapéutico no es únicamente integrar los
diferentes estados mentales. Hay que trabajar para mejorar la funcionalidad global
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de la persona, mejorar su calidad de vida, su autonomía, sus relaciones
interpersonales, etc.
Factores de riesgo
Las personas que padecen maltrato físico, sexual o emocional en la infancia
durante mucho tiempo corren mayor riesgo de manifestar trastornos disociativos.
Los niños y los adultos que pasan por otros sucesos traumáticos, como guerras,
desastres naturales, secuestros, torturas o procedimientos médicos prolongados y
traumatizantes en la niñez, también pueden tener estos trastornos.
Complicaciones
Las personas con trastornos disociativos presentan un mayor riesgo de tener
complicaciones y trastornos asociados, tales como:
Autolesiones o mutilaciones
Pensamientos y comportamiento suicidas
Disfunción sexual
Trastornos por alcoholismo y abuso de drogas
Depresión y trastornos de ansiedad
Trastorno por estrés postraumático
Trastornos de la personalidad
Trastornos del sueño, como pesadillas, insomnio y sonambulismo
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Trastornos de la alimentación
Síntomas físicos, como aturdimiento o convulsiones no epilépticas
Dificultades considerables en las relaciones personales y en el trabajo
Prevención
Los niños que son víctimas de maltrato físico o emocional o de abuso sexual
presentan mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como los
trastornos disociativos. Si el estrés u otros problemas personales están afectando
la forma en que tratas a tu hijo, busca ayuda.
Habla con una persona de confianza como puede ser un amigo, el médico o
un líder de tu comunidad religiosa.
Pide ayuda para hallar recursos disponibles tales como grupos de apoyo
para padres y terapeutas de familia.
Busca iglesias y programas educativos comunitarios que ofrezcan clases de
crianza de hijos, que también pueden ayudarte a aprender técnicas
parentales más saludables.
Si tu hijo ha sido víctima de maltrato o ha sufrido otra situación traumática,
consulta con el médico de inmediato. Es posible que el médico te derive a un
profesional de salud mental que pueda ayudar a tu hijo a recuperarse y a adquirir
la capacidad de enfrentar desafíos o situaciones.
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Personalidad múltiple: casos reales
El primer caso de esta enfermedad se detectó por el médico de origen alemán
Eberhardt Gmelin en el año 1791. Este médico trató a una chica alemana que de
repente empezaba a hablar en francés o en alemán con acento francés. Existía
una relación entre las dos personalidades ya que la personalidad secundaria
conocía a la primaria y mantenía sus recuerdos, aunque la primaria no conocía a
la secundaria.
Felida X: personalidad tímida y vivaz
Este es el tercer caso que apareció en la historia y se produjo en el siglo XIX.
Felida X era una joven tímida y seria que tenía otra personalidad completamente
diferente, mucho más activa. Su personalidad secundaria se burlaba de la
personalidad primaria. A lo largo del tiempo, la personalidad secundaria fue
convirtiéndose en la predominante hasta que se implantó por completo.
Miss Beauchamp y la hipnosis
Este caso aparece mencionado en muchos casos de psicología. Era una mujer
joven que llegó a la consulta del psicólogo Morton Price diciendo que sentía
mucho cansancio y falta de vigor. La joven se sometió a unas sesiones de
hipnosis y apareció una segunda personalidad que odiaba las responsabilidades,
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un tiempo después aparecieron una tercera y cuarta personalidad. El tercer alter
ego era muy obsesivo y se enfadaba con frecuencia.
Doris Fisher y sus cinco personalidades
Doris Fisher fue una mujer que en el año 1917 fue estudiada por desarrollar hasta
cinco personalidades diferentes. Algunos días la personalidad primaria de Doris
solo se manifestaba cinco minutos al día. Una de las personalidades, que llamaron
Margaret, se autolesionaba para que la personalidad primaria sintiera dolor. En el
año 1976 se estrenó una película que daría a conocer la enfermedad de la
personalidad múltiple que se tituló Sybil. La película narraba la vida de una mujer
con personalidad múltiple y que tenía más de 16 tipos de personalidades
diferentes.
Conclusión
El trastorno es un tema delicado, se caracteriza por tener diferentes
personalidades, cada una con pensamiento propio, las personas con este
padecimiento tienen que pasar por un largo proceso y aun así es difícil. Se
confunde en muchas ocasiones con la esquizofrenia por el escuchar voces y los
cambios en la persona, la enfermedad conlleva a muchas cosas, también puedes
sufrir otros padecimientos debido a la frustración por la que se está pasando.
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El padecimiento se origina en la infancia, principalmente en los traumas de está, el
poder controlarlo conlleva mucho tiempo, ya que una de las personalidades tiene
que tomar el control y no todos los casos son iguales.
Referencias bibliográficas
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