0% encontró este documento útil (0 votos)
89 vistas11 páginas

Bioética

Este documento presenta una introducción a la bioética. Define la bioética como el estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y el cuidado de la salud desde una perspectiva ética. Explica los cuatro principios fundamentales de la bioética propuestos por Beauchamp y Childress: autonomía, beneficencia, justicia y no maleficencia. También resume brevemente la evolución histórica de la bioética y algunos de los temas más importantes que aborda como el aborto, la eutan

Cargado por

Ganímedes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
89 vistas11 páginas

Bioética

Este documento presenta una introducción a la bioética. Define la bioética como el estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y el cuidado de la salud desde una perspectiva ética. Explica los cuatro principios fundamentales de la bioética propuestos por Beauchamp y Childress: autonomía, beneficencia, justicia y no maleficencia. También resume brevemente la evolución histórica de la bioética y algunos de los temas más importantes que aborda como el aborto, la eutan

Cargado por

Ganímedes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD CATOLICA REDEMPTORIS MATER

(UNICA)

Asignatura: D.S.I
Docente: Pbro. José Luis Rivas.
Unidad: Familia y Bioética.
Tema: La Bioética.
Fundamentos antropológicos, ¿Qué es la bioética?
Breve evolución Histórica.
Grandes principios de bioética.
Visión de la bioética según el Pontificio consejo “justicia y Paz” sobre
el uso de las biotecnologías.
Objetivo de la clase: Fundamentar las bases teológicas, filosóficas, éticas y
antropológicas de las directrices del Magisterio de la Iglesia Católica en temas de
Bioética.

Fundamentos antropológicos: ¿Qué es la Bioética?

A lo largo de la historia de la humanidad se han violado en múltiples ocasiones los


derechos humanos, han existido repercusiones negativas y positivas en los
avances científicos de la biomedicina en la vida humana, y se ha priorizado el
avance de la sociedad industrial a costa del daño que se podía generar en los
ecosistemas. Como respuesta, a modo de toma de conciencia, se creó hace unas
décadas una nueva área dentro de la ética general: la bioética.

Como veremos, definir la bioética no es algo sencillo. Existe una gran cantidad de
orientaciones que conforman la bioética, que la nutren para el análisis y resolución
de problemas que han justificado su aparición.

Definición de Bioética

La bioética es una rama de la ética, encargada de proporcionar y examinar los


principios de conducta más adecuados para el ser humano en relación con la vida
(vida humana, animal y vegetal). Entre las múltiples definiciones que existen de la
bioética, podemos afirmar que la bioética es “el estudio sistemático de la
conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y el cuidado de la
Pbro. José Luis Rivas
Docente D.S.I.

Pá gina 1
salud, en cuanto que esta conducta es examinada a la luz de los valores y
principios morales”.

Debemos aclarar que a diferencia de la ética médica, la bioética no se limita al


entorno médico, sino que aborda múltiples cuestiones (p. ej., medio ambiente y
derechos de los animales).

En síntesis, se trata de la reflexión con carácter ético de los problemas morales de


la sociedad plural contemporánea en la que estamos sumergidos.

Algunos de los temas más conocidos dentro de la bioética aplicada son:

a) El aborto y el estado del embrión


b) La eutanasia
c) La genética y clonación humana
d) La investigación y ensayos clínicos
e) Medio ambiente y animales (dentro de esta área destaca el autor Peter
Singer)
f) La relación entre médico y paciente
g) Donación de órganos
h) Tratamiento del dolor

Breve evolución histórica

Se trata de una disciplina relativamente joven, pues tiene menos de medio siglo de
historia. Además, se ha convertido en un área de obligado estudio dentro de la
investigación y la medicina, y a lo largo de los últimos 30 años se ha ampliado su
cuerpo de conocimiento, llegándose a convertir en una de las ramas más
actualizadas de la ética.

El autor del origen del término es algo controvertido: unos abogan por el teólogo y
filósofo alemán Fritz Jahr (1927), que utilizó el término Bio-Ethik en un artículo
relacionado con la ética para con las plantas y animales. Otros autores destacan al
bioquímico oncólogo Potter, que en el año 1970 usó el término bio-ethics dentro
de un artículo, y un año más tarde publicó un texto titulado “Bioethics: bridge to the
future”.

Pero si algo tenemos que destacar dentro de la historia de la bioética es el Informe


Belmont (1978). Nació a raíz de la National Commission for the Protection of
Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research en Estados Unidos,
después de los estragos del conocido experimento Tuskegee (sobre sífilis no

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 2
tratada en personas afroamericanas). Este texto recoge los principios o criterios
para guiar la investigación con seres humanos en biomedicina. Hoy en día el
Informe Belmont sigue siendo considerado un texto de referencia para los
investigadores.

Grandes principios de la Bioética

A continuación vamos a explicar los cuatro grandes principios de la bioética,


propuestos por Beauchamp y Childress (1979):

1. Autonomía

La autonomía refleja la capacidad de la persona de tomar decisiones sobre uno


mismo sin influencia externa, a su privacidad y autodeterminación. Este principio
será susceptible de no ser aplicado cuando se produzcan situaciones en que la
persona no pueda ser 100% autónoma o tenga autonomía reducida (p. ej., estado
vegetativo).

La máxima expresión de este principio sería el consentimiento informado del


paciente. Es un derecho del paciente y un deber del profesional que lo atiende. En
este sentido, las preferencias del paciente y sus valores deben ser reconocidos y
respetados. En Psicología también se aplica este principio, y siempre se debe
obtener el consentimiento informado de los pacientes, sean adultos o niños (a
través de sus progenitores o tutores legales).

2. Beneficencia

Es la obligación y deber del profesional de actuar en beneficio al paciente u a


otros. Se pretende promover los intereses legítimos del paciente y suprimir al
máximo sus prejuicios. Sería como “hacer lo mejor para el paciente”.

El problema que surge de este principio es que a veces se promueve el beneficio


del paciente pero sin tener en cuenta su opinión (p. ej., el médico posee una
formación y conocimientos que el paciente no tiene, por lo que el médico decide
libremente lo que más le conviene a la persona). Es decir, en estos casos se
prescinde de la opinión del paciente o enfermo por su falta de conocimientos.

El principio de beneficencia depende del de autonomía, sería como hacer el bien


que el paciente consiente o solicita.

3. Justicia

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 3
Este principio busca la igualdad y reducir la discriminación por razón ideológica,
social, cultural, económica, de raza, género, orientación sexual, etcétera. Se
reconoce que todas las personas tienen derecho a los beneficios de la medicina, o
la psicología, por ejemplo. Se busca proporcionar a todos los pacientes la misma
calidad, atención y servicios en todas las intervenciones.

En la psicología, por ejemplo, no se aceptan discriminaciones ni prejuicios de


ningún tipo.

Este principio es aplicado de forma cualitativamente distinta en función de los


países. Por ejemplo, en Estados Unidos los cuidados médicos se basan en
seguros contratados con compañías privadas, por lo que sí podría existir
discriminación por razones económicas. En España, la asistencia sanitaria es
gratuita y universal, basada en un principio de necesidad.

4. No maleficencia

Este principio se basa en la abstención de realizar actos intencionadamente


dañinos a la persona. Es decir, no perjudicar injustificadamente o de forma
innecesaria al otro. En algunas disciplinas este principio puede ser interpretado
con matices, por ejemplo:

En medicina, a veces las actuaciones médicas generan daño en el paciente pero


el fin es obtener su bienestar (p. ej., una intervención quirúrgica). En Psicología,
pedirle al paciente que se exponga de forma sistemática y gradual a situaciones
que generan ansiedad, miedo, enfado, etcétera, puede suponer un daño o un
dolor para el mismo, pero el objetivo final es su bienestar psicológico y la
superación de los problemas.

Existen otras consideraciones en este principio: el profesional se debe


comprometer a tener una formación fundamentada en conocimientos sólidos y
científicos, debe actualizar sus conocimientos (basados en la evidencia y no en
pseudociencias) de forma permanente para ejercer a nivel profesional, y debe
investigar sobre tratamientos o terapias nuevas con el fin de mejorar y ofrecer a
sus pacientes la mejor atención.

Como en cualquier campo de la ética, se trata de estudiar la conducta humana


libre. Lo específico de la bioética es que contempla esa conducta en aquellas
actuaciones que afectan a la vida y la salud humana; y lo hace desde una
perspectiva moral y de forma sistemática.

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 4
El estudio de la bioética requiere conocimientos de moral y conocimientos
científicos. La falta de uno de ellos implica falta de comprensión cabal de los
problemas bioéticos: estos no pueden ser dejados solamente en manos de
científicos, ni de solo moralistas. Requieren una colaboración interdisciplinar.

Los problemas bioéticos también son cuestiones de la Doctrina Social de la


Iglesia. En la oración dirigida a la Virgen de Fátima, con ocasión del Jubileo de los
Obispos, el Papa Francisco afirmaba: “Somos hombres y mujeres de una época
extraordinaria, tan apasionante como rica en contradicciones. La humanidad
posee hoy instrumentos de potencia inaudita. Puede hacer de este mundo un
jardín o reducirlo a un cúmulo de escombros. Ha logrado una
extraordinaria capacidad de intervenir en las fuentes mismas de la vida: puede
usarlas para el bien, dentro de la ley moral, o ceder al orgullo miope de una
ciencia que no acepta límites, llegando incluso a pisotear el respeto debido a cada
ser humano. Hoy, como nunca en el pasado, la humanidad está en una
encrucijada”.

La importancia que tienen para los cristianos los problemas de los que entiende la
bioética se captan de una manera particular si se enfocan desde la perspectiva del
fin de la Iglesia, que también incide en la cultura: Redescubrir y hacer redescubrir
la dignidad inviolable de la persona humana constituye la tarea central y unificante
del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la
familia humana”. La razón es sencilla: nadie como la Iglesia confiesa de manera
más convencida la dignidad de todo ser humano, desde el momento en que la
verdad central del cristianismo es la Encarnación del Hijo de Dios, que asumió
para siempre una naturaleza humana como la nuestra haciéndose semejante en
todo a nosotros menos en el pecado. Como afirma el Concilio Vaticano II, “pues Él
mismo, el Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo
hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró
con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María,
se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto
en el pecado”. Para el seguidor de Jesucristo, todo hombre, cualquier ser humano,
es Cristo mismo.

Basada en este convencimiento, la Iglesia, encabezada por Juan Pablo II, libra
una guerra en favor de la civilización del amor y la cultura de la vida, enfrentada
brutalmente con la llamada cultura de la muerte. Porque el problema excede el
ámbito de la moral personal para afectar a la cultura misma de la sociedad que
Pbro. José Luis Rivas
Docente D.S.I.

Pá gina 5
cristaliza en forma de estructuras sociales, fuertemente resistentes a todo cambio,
y que se oponen al mensaje central de Cristo: el amor de Dios Creador y Redentor
por el hombre, por todo hombre, por cada hombre.

Hay una pregunta que podemos hacernos con lo anteriormente expuesto ¿Hay
una relación entre Bioética y Doctrina Social de la Iglesia? ¿Y en qué consiste?
Me parece que se puede afirmar que sí: el vínculo existe y es profundo y fructífero;
mientras que no se entienda por Bioética un espacio teórico de arreglo de
conflictos éticos a través de negociar valores fundamentales, sino, más bien, como
el espacio en que unos pocos principios -declarados y presupuestos- encuentran
su aplicación de acuerdo a la razón en circunstancias concretas. Sin embargo, hoy
es precisamente esta primera definición la más difundida por los medios y por
muchas escuelas de pensamiento, porque el fundamento de nuestra cultura
occidental moderna es, de hecho, la idea de que nada es cognoscible con certeza
y que el tema de la verdad es una molestia en la solución de distintos problemas.
Se dice con frecuencia, a mi parecer de manera inexacta, que hoy las posiciones
bioéticas que se enfrentan en el debate público y legislativo, se pueden reducir a
las categorías de “ética laica” y “ética católica”, estando la primera abierta al
diálogo y a eventuales acuerdos, mientras que la segunda estaría limitada
confesionalmente al horizonte de la fe que la distingue. Por el contrario, yo sí creo
que se podría formular una distinción entre diversas bioéticas, pero partiendo del
examen de la concepción de persona que les da forma, porque no es para nada
irrelevante lo que se decida hacer con el destino, ya sea de seres determinados
por su biología o de seres humanos, ciudadanos de la eternidad, pero ahora
habitantes de lo temporal.

Esto también es cierto para las doctrinas sociales; y la de la Iglesia Católica se


basa precisamente en la persona humana -sobre su naturaleza de criatura querida
por amor y orientada hacia un fin, su redención realizada por el único Salvador, el
Señor Jesús, y el igual valor de cada ser humano-; el motivo racional por el que
las sociedades se deben ocupar de los hombres y de su vida, no solo como
individuos, sino como pertenecientes a una comunidad de destino; tanto así que
es posible distinguir “las” bioéticas y “las” doctrinas sociales sobre la base de sus
respectivas perspectivas antropológicas. Es decir, que el horizonte de
pensamiento de referencia se puede identificar solo indagando qué idea de
hombre gobierna cada teoría bioética y social, incluyendo también -y con no poca
importancia- el ámbito económico como lo hemos visto en temas pasados.

En este tema se refleja la controvertida cuestión del rol de la fe para cada


creyente, en la vida personal y en la social. El rechazo, totalmente moderno, de la
Pbro. José Luis Rivas
Docente D.S.I.

Pá gina 6
dimensión trascendental de la vida, la laicidad entendida como antítesis de lo
sagrado, la suposición de que a quien tiene fe le falta juicio, han llevado a teorizar
que el horizonte moral debe estar limitado al comportamiento personal, en la
intimidad de la habitación, mientras que el comportamiento público solo puede
tener como principio regulador la convención social, que encuentra sus únicos
criterios fundacionales en los parlamentos (y por tanto, en los mecanismos de
elección basados en el voto de las mayorías) y en la legislación vigente. Pero así
el hombre, naturaliter religiosus, estaría constreñido a la esquizofrenia: creyente
en lo privado, agnóstico -por no decir ateo- en la vida social, a merced de un
relativismo ético en que todas las opiniones tienen igual valor moral y se imponen
basadas en la mera prevalencia numérica. Mecanismo ciertamente funcional para
las asambleas de vecinos, pero de dudosa validez para la búsqueda del bien
común, que está estrechamente ligado al reconocimiento de la verdad.

A la Bioética y a la Doctrina Social, entonces, muchos les atribuyen el fin de ser el


espacio de encuentro entre concepciones y prácticas éticas diferentes, lo que
significaría, sin embargo, que quien quisiera utilizarlas desde esa perspectiva
debería renunciar a referirse a ellas en términos epistemológicos rigurosos,
debiendo considerarlas más bien como colectores adecuados de diferentes
antropologías e incluso teologías. Es decir, dos ámbitos concebidos como ágora
abierta a “cualquier viento de doctrina”, dada la supuesta imposibilidad, en el
contexto cultural moderno, de referirse a categorías como “verdad”, “ley moral
universal”, “naturaleza humana”. Antes bien, se dice, se les podría utilizar como
espacios de debate permanente, de duda metódica y de negociación consensual.

También cierto destino infeliz común de minimización, negligencia e


intelectualismo “hermanan” profundamente a la Bioética con la Doctrina Social,
unidas por la facilidad con que se encuentran en la boca de todos de cara a una
incomprensión (o falsificación) sustancial de su naturaleza y, por lo tanto, de sus
respectivas competencias y fines.

Como prueba de su estrecha relación, me parece importante subrayar que los


temas bioéticos más relevantes en nuestro tiempo fueron examinados a fondo,
tanto en una encíclica considerada “moral”, Evangelium vitae (EV); como
en Caritas in veritate (CiV), una encíclica correctamente definida como “social”, de
hecho, la cuestión social se muestra sustancialmente como cuestión ética o, dicho
de otra manera, como ciencia de la libertad y por lo tanto “moral”.

La Doctrina Social de la Iglesia, en palabras muy autorizadas, “no pertenece al


ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral”

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 7
(Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 41) y es “caritas in veritate in re socialis:
anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad” (Benedicto XVI, Caritas in
veritate, n. 5). No es la versión católica de un plan de dominación del mundo: al
contrario, está puesta al servicio del hombre, se interroga por las cuestiones
verdaderamente fundamentales; una de sus características es la de actuar como
recordatorio, sin sustituir la libertad de elección; esboza las coordenadas, traza las
líneas sobre las que se debe escribir, no escribe los textos. Ya en la definición de
la Doctrina Social como rama de la teología moral resulta evidente el nexo con la
justicia y el bien común.

La Bioética, según una la definición clásica y esencialmente compartida que


definimos al principio de ésta clase, es el “estudio sistemático de la conducta
humana en el ámbito de las ciencias de la vida y la salud, conducta examinada a
la luz de valores y principios morales” (Encyclopedia of bioethics, 1978). Lejos de
los intelectualismos, se ocupa de los actos humanos concretos. Explora, con
metodología multidisciplinaria, campos en que la experiencia de la acción es
todavía incierta o problemática, a fin de individuar los ámbitos de intervención
posibles; describe escenarios, gracias a las competencias generadas por los
distintos saberes: médico, filosófico, jurídico, sociológico; y examina las posibles
consecuencias y derivas, a fin de iluminar aquella toma de responsabilidad que es
parte integrante del acto humano en cuanto tal, imprescindiblemente libre y
consciente. La Bioética remite, en su etimología, al ethos: si se le toma en la
acepción de “moral” se hace obvia referencia a la categoría de justicia, mientras
que usando el sentido de “costumbre”, se escoge la dimensión descriptiva propia
de la sociología. Y nacen grandes diferencias de estas diversas lecturas, donde en
la segunda se condena a la Bioética a ser dependiente de la contingencia y de los
juicios subjetivos, mientras que en la primera se le arraiga sólidamente en la
búsqueda de la justicia.

Por lo tanto, es en ese modo de acción en que los objetivos son comunes a la
Bioética y a la Doctrina Social. Ambas están interesadas en ayudar al hombre en
su labor cotidiana de hacer frente a las cuestiones temporales, sin dejar de lado la
completa dimensión humana que ciertamente no puede separarse de su destino
último. No somos “hombres sin esperanza en este mundo” y por eso podemos
“actuar” conociendo el “porqué”.

Es una exigencia de justicia respetar el inmenso valor del ser humano mediante la
construcción de una forma de ser, es decir, de una sociedad, que sea adecuada,
digna, a su medida. Bioética y Doctrina Social pueden ayudarse mutuamente,
conociéndose e inspirándose en la búsqueda de la justicia en el ámbito biomédico
Pbro. José Luis Rivas
Docente D.S.I.

Pá gina 8
(y, necesariamente, cada vez más biojurídico y biopolítico) que se concreta en la
construcción de una vida social buena en cuanto adecuada a la verdad.

Aquí está la fecundidad de una relación que hace hermosa esta vida y facilita su
cumplimiento en la ulterior, perfecta y eterna.

Visión de la Bioética según el pontificio consejo “justicia y paz” sobre el uso


de las biotecnologías

En los últimos años se ha impuesto con fuerza la cuestión del uso de las nuevas
biotecnologías con finalidades ligadas a la agricultura, la zootecnia, la medicina y
la protección del medio ambiente. Las nuevas posibilidades que ofrecen las
actuales técnicas biológicas y biogenéticas suscitan, por una parte, esperanzas y
entusiasmos y, por otra, alarma y hostilidad. Las aplicaciones de las
biotecnologías, su licitud desde el punto de vista moral, sus consecuencias para la
salud del hombre, su impacto sobre el medio ambiente y la economía, son objeto
de profundo estudio y de animado debate. Se trata de cuestiones controvertidas
que afectan a científicos e investigadores, políticos y legisladores, economistas y
ambientalistas, productores y consumidores. Los cristianos no son indiferentes a
estos problemas, conscientes de la importancia de los valores que están en juego.

La visión cristiana de la creación conlleva un juicio positivo sobre la licitud de las


intervenciones del hombre en la naturaleza, sin excluir los demás seres vivos, y, al
mismo tiempo, comporta una enérgica llamada al sentido de la responsabilidad. La
naturaleza, en efecto, no es una realidad sagrada o divina, vedada a la acción
humana. Es, más bien, un don entregado por el Creador a la comunidad humana,
confiado a la inteligencia y a la responsabilidad moral del hombre. Por ello, el
hombre no comete un acto ilícito cuando, respetando el orden, la belleza y la
utilidad de cada ser vivo y de su función en el ecosistema, interviene modificando
algunas de las características y propiedades de estos. Si bien, las intervenciones
del hombre que dañan los seres vivos o el medio ambiente son deplorables, son
en cambio encomiables las que se traducen en una mejora de aquéllos.  La licitud
del uso de las técnicas biológicas y biogenéticas no agota toda la problemática
ética: como en cualquier comportamiento humano, es necesario valorar
cuidadosamente su utilidad real y sus posibles consecuencias, también en
términos de riesgo. En el ámbito de las intervenciones técnico-científicas que
poseen una amplia y profunda repercusión sobre los organismos vivos, con la
posibilidad de consecuencias notables a largo plazo, no es lícito actuar con
irresponsabilidad ni a la ligera.

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 9
Las modernas biotecnologías tienen un fuerte impacto social, económico y político,
en el plano local, nacional e internacional: se han de valorar según los criterios
éticos que deben orientar siempre las actividades y las relaciones humanas en el
ámbito socioeconómico y político.1003 Es necesario tener presentes, sobre todo,
los criterios de justicia y solidaridad, a los que deben sujetarse, en primer lugar, los
individuos y grupos que trabajan en la investigación y la comercialización en el
campo de las biotecnologías. En cualquier caso, no se debe caer en el error de
creer que la sola difusión de los beneficios vinculados a las nuevas biotecnologías
pueda resolver todos los apremiantes problemas de pobreza y subdesarrollo que
subyugan aún a tantos países del mundo.

Con espíritu de solidaridad internacional, se pueden poner en práctica diversas


medidas relacionadas con el uso de las nuevas biotecnologías. Se ha de facilitar,
en primer lugar, el intercambio comercial equitativo, libre de vínculos injustos. Sin
embargo, la promoción del desarrollo de los pueblos más necesitados no será
auténtica y eficaz si se reduce al mero intercambio de productos. Es indispensable
favorecer también la maduración de una necesaria autonomía científica y
tecnológica por parte de esos mismos pueblos, promoviendo el intercambio de
conocimientos científicos y tecnológicos y la transferencia de tecnologías hacia los
países en vías de desarrollo.

La solidaridad implica también una llamada a la responsabilidad que tienen los


países en vías de desarrollo y, particularmente sus autoridades políticas, en la
promoción de una política comercial favorable a sus pueblos y del intercambio de
tecnologías que puedan mejorar sus condiciones de alimentación y salud. En
estos países debe crecer la inversión en investigación, con especial atención a las
características y a las necesidades particulares del propio territorio y de la propia
población, sobre todo teniendo en cuenta que algunas investigaciones en el
campo de las biotecnologías, potencialmente beneficiosas, requieren inversiones
relativamente modestas. Con tal fin, sería útil crear Organismos nacionales
dedicados a la protección del bien común mediante una gestión inteligente de los
riesgos.

Los científicos y los técnicos que operan en el sector de las biotecnologías deben
trabajar con inteligencia y perseverancia en la búsqueda de las mejores soluciones
para los graves y urgentes problemas de la alimentación y de la salud. No han de
olvidar que sus actividades atañen a materiales, vivos o inanimados, que son parte
del patrimonio de la humanidad, destinado también a las generaciones futuras;
para los creyentes, se trata de un don recibido del Creador, confiado a la
inteligencia y la libertad humanas, que son también éstas un don del Altísimo. Los
Pbro. José Luis Rivas
Docente D.S.I.

Pá gina 10
científicos han de saber empeñar sus energías y capacidades en una
investigación apasionada, guiada por una conciencia limpia y honesta.

Los empresarios y los responsables de los entes públicos que se ocupan de la


investigación, la producción y el comercio de los productos derivados de las
nuevas biotecnologías deben tener en cuenta no sólo el legítimo beneficio, sino
también el bien común. Este principio, que vale para toda actividad económica,
resulta particularmente importante cuando se trata de actividades relacionadas
con la alimentación, la medicina, la protección del medio ambiente y el cuidado de
la salud. Los empresarios y los responsables de los entes públicos interesados
pueden orientar, con sus decisiones, el sector de las biotecnologías hacia metas
con un importante impacto en lo que se refiere a la lucha contra el hambre,
especialmente en los países más pobres, la lucha contra las enfermedades y la
lucha por salvaguardar el ecosistema, patrimonio de todos.

Los políticos, los legisladores y los administradores públicos tienen la


responsabilidad de valorar las potencialidades, las ventajas y los eventuales
riesgos vinculados al uso de las biotecnologías. Es inaceptable que sus
decisiones, a nivel nacional o internacional, estén dictadas por presiones
procedentes de intereses particulares. Las autoridades públicas deben favorecer
también una correcta información de la opinión pública y saber tomar las
decisiones más convenientes para el bien común.

Los responsables de la información tienen también una tarea importante en este


ámbito, que han de ejercer con prudencia y objetividad. La sociedad espera de
ellos una información completa y objetiva, que ayude a los ciudadanos a formarse
una opinión correcta sobre los productos biotecnológicos, porque se trata de algo
que les concierne en primera persona, en cuanto posibles consumidores. Se debe
evitar, por tanto, caer en la tentación de una información superficial, alimentada
por fáciles entusiasmos o por alarmismos injustificados.

Pbro. José Luis Rivas


Docente D.S.I.

Pá gina 11

También podría gustarte