PORFIRIO DÍAZ ¿MALO O BUENO?
Pocas figuras en la historia de México, e incluso en la de América Latina, son tan
conocidas como Porfirio Díaz. Hasta muy recientemente, pocas han sido más
incomprendidas o difamadas. La explicación básica para tantas distorsiones se
revela al investigar los vigorosos mitos que se han creado en torno a la figura de
Díaz. Todos los mitos, creados durante y después de la vida de Don Porfirio,
tuvieron un origen y un claro fin político, pero cada uno se fortaleció con base en
una corriente historiográfica poderosa, pero últimamente distorsionada. Por lo
tanto, para empezar a acercarse con más imparcialidad a la vida de un personaje
tan importante, y tan polémico, es imprescindible entender cómo la imagen de
Díaz ha sido creada y denigrada y, sobre todo, cómo ha sido objeto de apropiación
a lo largo del último siglo. De hecho, las diferentes representaciones del régimen
porfirista pueden verse como un claro ejemplo de los cambios tanto de la moda
historiográfica como de la política nacional a lo largo del siglo XX. Estas
interpretaciones contradictorias entre sí han dificultado, si no imposibilitado, la
realización de un análisis equilibrado tanto del hombre como de su régimen. De
acuerdo con el crítico francés Roland Barthes, los han despojado de su calidad
histórica.
La historiografía porfiriana puede dividirse en tres categorías principales, cada
una con una cronología, un enfoque y, cabe decir, una distorsión específicos.
Éstas son: el porfirismo, el antiporfirismo y el neoporfirismo. El retrato favorable de
Díaz (porfirismo) domina la historiografía del periodo anterior a la Revolución de
1910, aunque durante y después de ésta se hicieron algunas contribuciones
importantes. El porfirismo pone de relieve, sobre todo, la longevidad del régimen,
particularmente en contraste con sus predecesores en el México del siglo XIX, y
su éxito al lograr una estabilidad y una paz políticas por un periodo de casi 35
años: inter alia, su patriotismo, su heroísmo, su dedicación, su sacrificio personal,
su tenacidad y su valentía.
La portada típica de las numerosas biografías de Díaz, publicadas durante los
últimos años del régimen, se elegía con la intención específica de mostrar la
imagen del patriarca austero, pero benigno, del héroe militar, del constructor de la
nación y del anciano estadista en pleno control del destino de la patria; en pocas
palabras, del héroe con el clásico molde republicano. El deliberado culto de la
personalidad se promovió de manera activa a lo largo del régimen, pero
especialmente después de la tercera (y muy polémica) reelección de Díaz en
1892, y vio su apoteosis en las fastuosas fiestas del Centenario de la
Independencia. Con una ironía suprema, las celebraciones de 1910 representaron
también la némesis del régimen. Menos de dos meses después, en noviembre de
1910, empezó la revolución que despojaría a Díaz del poder. Seis meses más
tarde, había dimitido y había sido obligado a un exilio del que nunca regresó.
Una de las principales consecuencias de la Revolución Mexicana fue la
destrucción del culto porfirista y su sustitución por un antiporfirismo igualmente
poderoso. Sin embargo, el antiporfirismo no fue producto exclusivo de la
Revolución, aunque se expresó con mayor fuerza después de 1911, en lo que
devendría la interpretación estándar, ortodoxa y prorrevolucionaria. Según el
antiporfirismo, el régimen de Díaz era el ejemplo máximo de la tiranía, la dictadura
y la opresión, el mismo Don Porfirio quedaba condenado por su corrupción, su
autoritarismo y su traición a los intereses nacionales.
El antiporfirismo dominó la historiografía mexicana durante casi tres
generaciones de la posrevolución. Sin embargo, en la década de 1990 hubo
fuertes indicadores de que la imagen de Díaz y la interpretación de su régimen
habían sufrido una marcada transformación. Se empezó a interpretar la época de
Díaz bajo una luz mucho más positiva, que se llegó a identificar como un culto
neoporfirista. Ciertamente, incluso podría afirmarse que el neoporfirismo
constituye ahora la nueva ortodoxia historiográfica. Un estímulo importante para
esta nueva y profunda evaluación han sido los logros y la sofisticación de las
investigaciones recientes realizadas por la generación actual de historiadores
mexicanos y extranjeros. En consecuencia, las nuevas tendencias de la historia
social, política, económica y cultural se han reflejado profundamente en la imagen
tradicional del México porfiriano. Cada vez más se rechaza la división tradicional
de Porfiriato y Revolución, así como su categorización como fenómenos
separados. Ahora se interpretan las tensiones y conflictos de la época como un
choque "cultural" (en el sentido más amplio del término) entre una sociedad
"tradicional" y las fuerzas de la "modernidad"
BIBLIOGRAFÍA
Doralicia Carmona. Memoria Política de México.
Efemérides. Nacimiento: 15 de septiembre de 1830. Muerte: 2 de julio de 1915.
https://www.memoriapoliticademexico.org/
Biografias/DIM30.html