La enfermedad del parásito del corazón es una enfermedad grave que ocasiona una enfermedad
pulmonar severa, insuficiencia cardíaca, daño a otro órgano, y muerte en las mascotas, sobre todo
en los perros, los gatos y los hurones. Es causada por una lombriz parasítica conocida como
Dirofilaria immitis. Los gusanos se propagan a través de la picadura de un mosquito. El perro es el
huésped definitivo, lo que significa que los parásitos se convierten en adultos y se reproducen
mientras que viven dentro del perro. El mosquito es el huésped intermediario, lo que significa que
los parásitos viven dentro del mosquito por un breve período de transición, para convertirse en
agentes infecciosos (capaz de causar la enfermedad del parásito del corazón). A los parásitos se
les llama “Gusanos del corazón” porque los adultos viven en el corazón, los pulmones y en los
vasos sanguíneos asociados del animal infectado.
Los síntomas iniciales que presenta la mascota con dirofilariosis son:
Tos crónica.
Disnea (dificultad respiratoria) de moderada a grave.
Síncopes tras ejercicio o excitación.
Los síntomas avanzados del gusano del corazón en perros son:
Síntomas de insuficiencia cardíaca congestiva: ascitis, edema vascular, anorexia, pérdida de peso,
deshidratación…
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Soplos cardíacos y arritmias (fibrilación auriculoventricular).
Tromboembolismo por muerte de gusanos: ocasiona disnea y hemoptisis.
Hipertensión pulmonar (síndrome de vena cava) durante la migración de gusanos de la arteria
pulmonar al ventrículo derecho: genera disnea, soplos, hemólisis, hemoglobinuria (orina oscura) y
muerte.
Muerte por insuficiencia respiratoria grave o emaciación progresiva (pérdida patológica de peso).
Observación directa de microfilarias: se toma una muestra de sangre y se realiza un frotis
sanguíneo para observar directamente al microscopio las microfilarias. Previamente, se pueden
filtrar o concentrar las microfilarias para detectarlas más fácilmente. Un resultado negativo no
descarta la infección, ya que un 30 % de los perros infectados con vermes adultos no presentan
microfilarias. Por eso, se debe complementar con otras técnicas de laboratorio.
Detección de antígenos de Dirofilaria immitis: mediante ensayos ELISA o inmunocromatográficos
(test rápidos), se puede detectar en sangre la presencia de adultos de dirofilaria. El resultado
puede ser negativo si no se ha cumplido el periodo de incubación (6-8 meses tras la infección).
Diagnóstico por imagen: en los estadíos avanzados de la enfermedad, es posible observar cambios
en los pulmones y el corazón mediante radiografía. Las arritmias cardiacas se detectan mediante
electrocardiografía. Las anomalías en el interior del corazón, e incluso los vermes adultos, pueden
llegar a visualizarse gracias a la ecocardiografía.