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Para Qué Sirve Realmente La Ética Adela Cortina - Cap2

Este documento describe un diálogo en clase sobre el concepto de moralidad. Los estudiantes debaten si incumplir una promesa hecha a una madre fallecida es inmoral si la madre ya no se entera. Aunque la mayoría cree inicialmente que no es inmoral si no hay daño, otros argumentan que engañar a alguien que confía en ti es inaceptable. El documento también resume brevemente la historia de la ética y algunas tradiciones como las virtudes, el diálogo socrático y el concepto de felicidad.

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Para Qué Sirve Realmente La Ética Adela Cortina - Cap2

Este documento describe un diálogo en clase sobre el concepto de moralidad. Los estudiantes debaten si incumplir una promesa hecha a una madre fallecida es inmoral si la madre ya no se entera. Aunque la mayoría cree inicialmente que no es inmoral si no hay daño, otros argumentan que engañar a alguien que confía en ti es inaceptable. El documento también resume brevemente la historia de la ética y algunas tradiciones como las virtudes, el diálogo socrático y el concepto de felicidad.

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lPARAQUE
SIRVE realmente. •••?
,
TIC
ADELA CORTINA
''Ninguna
sociedad
puede funcionar
si sus miembros no man­
tienen una actitud ética.
Ningún país puede salir
de .la crisis si las conduc­
tas inmorales de sus ciu­
dadanos y políticos siguen
proliferando con toda im­
punidad. Este 1 ibro nos
'1erda que ahora, más
nunca, necesitamos la
:t."
2

LABRARSE UN BUEN CARÁCTER

El carácter es para el hombre su destino.1

l. UN DIÁLOGO EN CLASE

Cuando doy clases de ética en la facultad, suelo empezar tratando de


aclarar qué es eso de la ética y qué es eso de la moral, porque, como
decía un excelente profesor mío, Fernando Cubells, las cuestiones
de nombres son solemnes cuestiones de cosas, y por eso importa
ante todo aclararlas para saber de qué estamos hablando.
Dispuesta a llevar a cabo esa tarea en la asignatura de Introduc­
ción a la Ética, hace un par de cursos, conté a los alumnos uno de
esos ejemplos de lo que se ha llamado en la bibliografía anglosajona
«males sin daño», para que debatiéramos sí el problema que allí se
planteaba era moral o de otro tipo. Como es sabido, algunas teorías
entienden que sólo hay problemas morales cuando se daña a alguien
y, por lo tanto, que algunas acciones que podríamos considerar ma­
las porque nos parecen repugnantes no son moralmente malas si no
producen daño alguno; mientras que otros autores entienden que la
moral tiene que ver con no dañar, pero también con no realizar ac­
ciones repugnantes. Éste me pareció un buen comienzo para dialo­
gar sobre qué es eso de la moral.
En la bibliografía reciente hay muchos ejemplos sumamente ju­ dad de tinta que ha corrido en la bibliografía del ramo sobre la obli­
gosos de males sin daño. Como el de la familia que decide comerse a gación moral de cumplir las promesas, único ejemplo del imperati­
su perro, al que ha atropellado un camión, para sacarle alguna utili­ vo categórico kantiano que apenas presenta problemas, afirmación
dad, una vez muerto. O el de la señora que seca el inodoro con la radical de Nietzsche de que el hombre es el animal capaz de hacer
bandera nacional, por no tener otro paño a mano.2 En ninguno de promesas, a mis alumnos no les parecía en principio que la falta de
estos casos se daña a nadie, porque el perro ya murió y la bandera no fidelidad a la palabra dada tuviera la menor trascendencia. Todo un
siente, y tanto la familia como la señora actuaron a puerta cerrada, descubrimiento.
sin testigos, con lo cual ni siquiera pueden contagiar esa forma de Así andábamos cuando un segundo alumno interpeló a la chica
conducta. Pero se trata de hechos que producen repugnancia a pri­ que acababa de hablar con un argumento bien interesante: que la
mera vista, un sentimiento al que se ha ligado en muchas ocasiones madre no se entere no es una razón para asegurar que la acción no
con el rechazo moral. Yo entiendo que son cosas distintas, pero los está mal, porque tú puedes pasarte la vida engañando a tu pareja,
ejemplos resultan lo suficientemente chocantes como para desper­ que no se entere y, sin embargo, eso estaría mal. Engañar a quien
tar interés e iniciar una discusión. Eso sí, para evitar confusiones en confía en ti, lo sepa o no, es impresentable, estafar a quien te da su
esta ocasión me pareció más prudente acudir a un ejemplo poco cariño, no se hace. Un segundo descubrimiento todavía más intere­
repugnante, al menos a primera vista. sante que el primero.
Un joven promete a su madre, en ellecho de muerte, que le lleva­ La clase tocaba a su fin y ahí parecía que nos íbamos a quedar,
rá flores a su tumba si ella fallece. Muere la madre, pero el hijo in­ cuando una chica dijo, muy enfadada, «la inmoral es la madre por
cumple su promesa y no lleva las flores al cementerio. Con lo cual la empeñarse en que el hijo le lleve flores a la tumba». Me pareció justo
madre no sufre ningún daño, porque ya no le afecta, y cabe pregun­ echar un capotazo a la pobre madre y le repliqué: «no hay para tan­
tar entonces si el hijo ha actuado moralmente mal. Mi propósito era to, total se trata de llevarle unas simples flores y la madre se está
averiguar si sabíamos lo que significan «moral» y «ética», porque muriendo». Pero la chica cerró el diálogo con un rotundo «al fin y al
nadie parece saberlo. En cualquier caso, nunca pensé que el debate cabo, lo que le pide es que haga un esfuerzo».
iba a ser tan apasionante. Todo hay que decirlo, esta postura fue minoritaria, la más aplau­
Empezó una alumna asegurando que, en efecto, allí no podía ha­ dida entendía que dañar es malo, pero que también lo es engañar a
blarse de inmoralidad alguna, porque nadie resultaba dañado. A fin quien ha depositado en mí su confianza, aunque de ahí no se siga
de cuentas la fallecida no sufría por el incumplimiento porque no se sufrimiento alguno. Parece que la moral tiene algo que ver con no
enteraba de nada; si no se enteraba no hay daño, y si no hay daño, no dañar, pero no siempre y no sólo con eso; también con no defrau­
hay mal moral. Esta posición pareció generar un gran consenso en el dar la confianza. Y es verdad, pero también lo es que tiene que ver
aula 31 del aulario III, llamado «multiuso». A pesar de la gran canti­ con muchas cosas más. Es un juego con muchas cartas, al que no hay
30 ,,,
más remedio que jugar, y no es fácil porque andan muy embaru­ un buen carácter. Justicia, prudencia, fortaleza, honestidad y tan­
lladas. tas otras.
El recurso al diálogo para averiguar qué es lo bueno y lo justo, del
que echaron mano los sofistas, Sócrates y Platón. Nadie es capaz de
2. EL JUEGO DE LA ÉTICA descubrir en solitario qué es lo verdadero o qué es lo conveniente,
sino que necesita entrar en un diálogo con otros para ir descubrién­
Estrenábamos ese año el controvertido «Plan Bolonia», con lo cual dolo conjuntamente.
hubo que redactar una tonta guía de la materia, en la que figuraban La convicción de que hay un fin de la vida humana que importa
el volumen de trabajo que se suponía que debía invertir un alumno descubrir para intentar acceder a él, porque es la forma de vivir una
medio en hacerse con ella, los objetivos, y una infinidad de com­ vida digna de ser vivida. Todos convienen en entender que ese fin es
petencias, divididas en básicas, generales y específicas, a cuál más la felicidad, pero no dan a la felicidad el mismo contenido. Aristóte­
inútil. Toda esa jerga burocrática con la que se están empeñando les aseguraba que consiste en la eudaimonía, en realizar aquellas ac­
en destrozar poco a poco la universidad aquellos a los que corres­ tividades que son más propias de un ser humano, como tratar de
ponde, y después se quejan del nivel que alcanzan nuestras universi­ desentrañar los secretos del universo o dedicarse a la vida política
dades en los índices mundiales. haciendo uso de la justicia y la prudencia. Los epicúreos cifraron la
En cuanto al contenido, que en la maraña de formalidades parece felicidad en el placer, mientras que los estoicos entendieron que
irrelevante, cuando justamente es lo importante y por eso es lo que la felicidad no puede consistir en emociones placenteras, por­
elabora con gusto y cuidado el profesor, trataba yo de ir mostrando que sentirlas no depende de nosotros.
cómo la ética se va tejiendo a lo largo de la historia a partir de tradi­ Estas tradiciones, la de las virtudes, el diálogo y la felicidad, se
ciones que ponen su acento en las cartas indispensables para jugar al han prolongado hasta nuestros días, cobrando más fuerza en unos
juego de la moral. periodos u otros, reformulándose para responder a las nuevas exi­
La adquisición de virtudes, que son esas predisposiciones a obrar gencias de los tiempos nuevos, y se trata de naipes indispensables (
bien que vamos conquistando a lo largo de la vida y que conforman para jugar el juego de la ética. Pero a lo largo de la historia se han ido
el buen carácter. Desde el mundo homérico, el de la Ilíada y la ganando otras, como los sentimientos, del que hablaron los autores
Odisea, esas virtudes se entienden como excelencias del carácter, el escoceses; la libertad entendida como autonomía, como la capa­
virtuoso es el que se sitúa por encima de la media en una actividad, cidad de darse leyes a sí mismo, que incluyó Kant en el juego, o el
como Aquiles en velocidad, Héctor en valor, Príamo en pruden­ mundo de los valores, que tanto éxito viene teniendo en los últimos
cia. Hoy seguimos hablando de virtuosos del piano o del violín, tiempos.
y también de las virtudes que es necesario conquistar para tener Podríamos ir añadiendo muchos otros naipes, pero conviene em­

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33
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pezar por uno, y concretamente por aquel que está en la entraña eti­ nuestra biografía, que somos nosotros en muy buena parte los auto­
mológica de los nombres «moral» y «ética»: la ética trata de la forma­ res de nuestra novela vital en decisiones concretas y en la forja del
ción del carácter de las personas, de las instituciones y de los pueblos, carácter al medio y largo plazo. Y resulta indudable que el carácter
como expresan los términos que le dan nombre «moral» y «ética». de una persona condiciona en muy buena medida cómo recibe los
acontecimientos vitales, cómo los aprovecha, cómo saca el jugo a la
fortuna para tratar de labrarse una vida buena. Por eso podía decir
3. ARTESANOS DE LA PROPIA VIDA
Heráclito de Éfeso, hace ya aproximadamente unos veintisiete si­
glos, que el carácter es para el hombre su destino.
En efecto, la palabra «moral» procede del término latino mos­moris, Y, aunque Heráclito no lo dijera, lo mismo sucede con las insti­
que significa carácter, costumbres, usos, pero también el lugar en tuciones, las organizaciones y los pueblos, que también ellos se for­
el que se vive, la morada del hombre. Los seres humanos vivimos de jan buenos o malos hábitos, y que también para ellos su carácter es
nuestras costumbres y en ellas, en los hábitos que nos vamos forjan­ en buena medida su destino.
do día a día, en el carácter que se viene configurando desde esos há­ No me refiero con esto a la «historia de las mentalidades» de los
bitos. Quien se vaya labrando un buen carácter, una buena morada, pueblos, que tacha a unos de trabajadores, a otros de holgazanes, a
aumentará la probabilidad de lograr una vida buena. A esto se refiere unos de tolerantes y abiertos, a otros, de intransigentes y cerrados.
también la palabra «ética», nacida del término griego éthos, que in­ Me refiero a las costumbres que potenciamos libremente y que tie­
dica los hábitos que las personas vamos adquiriendo para obrar bien nen efectos en la vida cotidiana, porque la ética es efectiva, tiene
o mal y que componen el carácter. 3 efectividad.
Es verdad que nuestro carácter no está sólo en nuestras manos, En lo que hace al carácter, los éticos griegos, desde Heráclito a
porque nacemos en un determinado país, en el seno de una familia, Séneca y Epicuro, pasando por Sócrates, Platón o Aristóteles, enten­
en el contexto de una vecindad y nada de esto lo hemos elegido, dieron que la tarea más importante de las personas consiste en la­
como tampoco las características genéticas y psicológicas con las brarse un buen carácter, que aumente las probabilidades de ser feliz
que nacemos. La lotería natural y social nos toca en suerte, y nos si­ en vez de aumentar la probabilidad de ser desgraciado.
gue acompañando a lo largo de la vida en la gente con que nos en­ Porque en esto de las cosas humanas no se puede asegurar nada,
contramos, las circunstancias, la salud o la enfermedad. La libertad una persona puede esforzarse por obrar con prudencia y justicia, por
humana no es absoluta, nunca lo fue ni lo será, siempre está condi­ vivir la solidaridad y, sin embargo, verse abandonada por aquellos
clonada.' a quienes más ama, contraer una enfermedad incurable, padecer
Pero por muy condicionada que esté nuestra libertad por todos la muerte de sus seres más queridos. La suerte es ingobernable.
estos factores, también es verdad que no está escrito el guión de Por eso se preguntaba Aristóteles si podemos decir de alguien
34
;,h. .p·, 35
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que es feliz antes de que muera, porque mientras vive está expuesto han lanzado contra la posibilidad de que los seres humanos poda­
a sufrir los más terribles males.5 Pero también es verdad que quien mos ser artesanos de nuestras vidas. Layo y Yocasta, reyes de Tebas,
intenta labrarse un buen carácter aumenta la probabilidad de ser tienen un hijo, Edipo, y el adivino Tiresias predice que en el futuro
feliz, porque disfruta de las buenas acciones que son valiosas por sí matará a su padre y se casará con su madre. Para eludir tan mal
mismas y porque sabe aprovechar mejor los dones de la fortuna o de augurio, entregan al niño a un pastor para que le dé muerte. Pero el
la providencia, convertir los problemas en oportunidades de creci­ pastor, compadecido, le entrega a unas gentes que le cuidan, le edu­
miento. Puede convertirse, como decía Séneca, en «artesano de su can y, andando el tiempo, sin saberlo, Edipo mata a un desconocido
propia vida». en un cruce de caminos, que resulta ser Layo, y se casa con la reina
De esto tratan, pues, la moral y la ética, de este auténtico modo de Tebas, viuda, que es su madre. Es el destino, escrito en los astros
de vivir del hombre, que es su morada, su forma de habitar, el de el que ha dirigido las vidas de todos los actores de la tragedia, aun ­
intentar adueñarse de sí mismo y anticiparse a la fortuna para mar­ que ellos creían estar actuando libremente.
car el curso de los acontecimientos. A esto se llama en ocasiones vi­ Esta negación de la libertad humana se ha contado en distintas
vir de forma proactiva, ganando el futuro, y no reactiva, dejándose versiones a lo largo de la historia. Los astros han sido quienes han
comer por acontecimientos que no están en nuestras manos, en al­ dirigido la vida humana, según algunas de ellas; según otras, Dios, la
gunas ocasiones porque es imposible preverlos, en otras, porque les fisiología humana, la economía, los genes o las neuronas. Ahora
hemos dejado llegar con nuestro modo de vida. bien, si nos resulta imposible cambiar el temperamento con el que
Esto es lo que ha ocurrido con las crisis que empezaron como nacimos, si ya nuestras actuaciones están determinadas por nuestra
mínimo en 2007, que también nuestras formas de vivir nos han ayu­ constitución genética y neuronal, como vienen diciendo hoy en día
dado a llegar a la catástrofe, porque son efectivas, tienen efectos en algunos gurús de la genética y las neurociencias, si los hados han
la vida corriente, optar por unas u otras nos ayuda a hacer el mundo escrito el guión de nuestra vida, sean hados cosmológicos, económi­
más habitable o, por el contrario, a que se nos escape de las manos. cos o sociales, entonces somos radicalmente incapaces de ir adqui­
Pero antes de pasar adelante, la pregunta se impone: ¿es que es riendo nuevos hábitos, nuevas virtudes, de ir forjando un carácter
posible forjarse un carácter? desde nosotros mismos.
Pero eso no es así. Nuestra libertad está condicionada, pero exis­
te. El oscuro funcionario HGW XX/7de la Stasi, GerdWiesler, el
4. ¿Es POSIBLE FORJARSE EL CARÁCTER? protagonista de La vida de los otros, cambia radicalmente de actitud
al conocer el amor, la belleza de la música y de la poesía. Acostum­
Leer el Edipo Rey, de Sófocles o asistir a su representación es una de brado a su rutina de enseñar a otros a descubrir a los conspiradores
las múltiples formas de conocer una de las críticas más fuertes que se contra el régimen, a su rutina de espiar posibles enemigos, sin vida

36, 37
propia, viviendo de la vida de los otros, empieza a cambiar cuando, ño para mí y no creo que sea incorrecto detestarlo. Ahora estoy apren­
a través de su espionaje, descubre la fuerza revolucionaria del amor diendo que si le digo palabras crueles al hombre iracundo cuando sale
y de la música. Es al ministro de Cultura, Bruno Hempf, a quien le de casa, al mismo tiempo lastimo a los otros a los que no quiero lasti­
interesa declarar que «un hombre no puede cambiar» para poder mar, al hombre juguetón que me provoca, al hombre serio que habla

manipular la acción y apropiarse de la protagonista. Pero la película de dinero y al hombre paciente que brinda consejo. Sin embargo, miro

se propone justamente refutar esa afirmación y mostrar cómo un al hombre paciente, por ejemplo, el que más quisiera proteger de pala­
bras crueles como las mías, y aunque me digo que él y los otros son el
individuo mostrenco puede convertirse en un hombre bueno.
mismo hombre, sólo puedo creer que dirigí esas palabras, no a él, sino
Las personas sí podemos cambiar, por eso tiene sentido la ética,
a otro, mi enemigo, que merecía toda mi ira.6
porque nacemos con un temperamento que no hemos elegido y en

1 rechazar, pero a partir de él vamos tomando decisiones


,.
un medio social, que tampoco estuvo en nuestras manos aceptar o
1
que refuer­ ¿Cómo es posible que en distintas circunstancias una misma per­
i
\ zan unas predisposiciones u otras, generando buenos hábitos si lle­ sona se comporte de forma tan diferente? ¿No debería ocurrir que
) van a una vida buena, malos, si llevan a lo contrario. Los primeros quien ha conseguido incorporar a su quehacer una virtud, por ejem­
1 .
(, reciben el nombre de virtudes, los segundos, el de vicios. plo, la honestidad, la justicia o la prudencia, se comporte de forma
! Pero ¿es posible que cada uno de nosotros se fragmente en distin­ honesta, justa o prudente en las diferentes situaciones en que se en­
tos «caracteres», y que se comporte de un modo en la familia, de otro cuentre?
en el trabajo, de otro con los amigos? La pregunta no es nueva, ya la formulaban los sociólogos que
Si esto fuera así­piensan algunos autores­ éste sería un argu­ hablaban de los diferentes roles que representa cada persona, pero
mento contra el carácter. Y en alguna ocasión aducen para ejempli­ en los últimos tiempos se insiste en el tema y se llevan a cabo una
ficarlo un cuento de la escritora Lydia Davis, que lleva por título Tra­ buena cantidad de experimentos para constatar que esta incoheren­
to de aprender. El cuento, sumamente breve, es el siguiente: cia interna es más que habitual en los seres humanos.
También es cierto que cualquier persona corriente podría confir­
Trato de aprender que este hombre juguetón que me provoca es el mis­ marnos que es así sin necesidad de salir de sí misma. La madre o el
mo hombre serio que habla de dinero con tanta gravedad que ya ni si­ padre cariñosísimos con sus hijos se vuelven despiadados en el tra­
quiera me ve y el mismo hombre paciente que me brinda consejo en los bajo, el político corrupto es un excelente amigo y vecino de escalera,
malos momentos y el mismo hombre iracundo que da un portazo Calígula era enormemente tierno con su caballo y así hasta el infini­
cuando sale de casa. Muchas veces he deseado que el hombre juguetón to. Es el pan nuestro de cada día, en este asunto nadie está legitima­
sea más serio y que el hombre serio sea menos serio y que el hombre do para tirar la primera piedra. De todo esto concluyen algunos
paciente sea más juguetón. En cuanto al hombre iracundo, es un extra­ autores que los rasgos del carácter no manifiestan estabilidad inter­

. �•­·r
39
situacional, o, lo que es idéntico, que la misma persona en distintas da, y eso es lo esencial: no perder la capacidad de reflexionar, pre­
circunstancias actúa de modo diferente. guntarse el porqué y tomar decisiones cogiendo las riendas del pro­
Por si faltara poco, nuevos experimentos muestran que las gentes pio futuro, al menos en la medida de lo posible.
están más predispuestas a ser amables en condiciones físicas agrada­ Cultivar esos intereses de segundo orden a través de la educación
bles, por ejemplo, a dar cambio a un viandante que se lo pide para es lo que requeriría una educación de calidad, más que preparar a
llamar por teléfono, si están junto a una panadería de la que sale un los alumnos para el juego del mercado.
aroma delicioso que si están junto a una cloaca maloliente. Claro Quien reflexiona puede percatarse de que estuvo muy amable
que si se pregunta a esas personas por qué han dado cambio, igno­ porque le acababan de dar una buena noticia o que estuvo insopor­
rarán que la causa es el buen olor del pan y los pasteles y buscarán table porque le habían dado un disgusto. Vale la pena entonces
una razón, razón que a menudo tendrán que inventarse porque en pensar qué queremos hacer en el futuro, y esto es lo que convierte el
realidad, según los autores de los que hablamos, desconocen que su deseo en voluntad.
acción estuvo causada por el buen aroma.7 Por si faltara poco, no siempre se puede ni se debe actuar del
Si todo esto fuera verdad, parece que esto de que nos labramos un mismo modo en distintos contextos, no hay una medida aplicable
buen carácter sería más bien una ilusión que los seres humanos nos por igual en todos los casos, nadie puede ahorrarnos el esfuerzo de
hacemos por no se sabe qué secretos mecanismos de nuestro cerebro, calibrar si éste es el contexto para el juego, este otro para la escucha,
para poder conservar una mejor imagen de nosotros mismos, y que la paciencia y el consejo, este otro incluso para dar algún portazo,
nos inventamos razones para justificar esas acciones nuestras que se aunque esto último en bien raras ocasiones y dependiendo de a
desvían de la virtud para no perder nuestra autoestima. quién.
Y digo «parece» porque, a mi juicio, no es verdad, y el proyecto La virtud no consiste en saber aplicar una regla comprada en al­
de forjarse un buen carácter sigue siendo uno de los más inteligentes guna papelería, sino en saber valorar cómo actuar en cada caso, te­
que puede proponerse una persona. Porque las personas tenemos niendo en cuenta el contexto y en reflexionar después si es necesa­
lo que se llama «intereses de segundo orden», es decir, podemos de­ rio. No existe el GPS que nos indica el camino a seguir en cada caso,
cidir reflexionar sobre nuestras actuaciones, intentar apreciar si exis­ es cada persona la que ha de arriesgarse a decidir, actuar y cargar con
te o no coherencia en nuestro modo de obrar en distintas situacio­ la responsabilidad por lo hecho.
nes, tratar de entender por qué hay incoherencia, cuando la hay, y Hace ya muchos años, en la Universidad del Valle, en Cali, Co­
también tomar la decisión de extender al conjunto de la vida la ac­ lombia, descubrí hasta qué punto es necesario adaptar las actitudes
tuación honesta y justa, o bien al menos tomar conciencia de por a los casos concretos. Acababa de explicar en un seminario en qué
qué no es posible hacerlo. consiste la ética del discurso, una ética entonces prácticamente des­
Bien decía Sócrates que una vida sin reflexión no merece ser vivi­ conocida en el mundo hispano, y al hilo de la explicación había
40,,. 41
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formulado el principio ético, según el cual, una norma es justa si 5. LA MALDICIÓN DEL CORTOPLACISMO

todos los afectados por ella pueden darle su consentimiento después


de un diálogo celebrado en las condiciones más próximas posible a Hace unos años el sociólogo Richard Sennett describió en su libro
la simetría, un diálogo en que los afectados han sacado a la luz sus La corrupción del carácter hasta qué punto el nuevo capitalismo hace
intereses de forma transparente y están dispuestos a dar por justo el prácticamente imposible la formación del carácter tanto de las per­
resultado final, el que satisfaga intereses universalizables. La pre­ sonas como de las empresas.8
gunta no se hizo esperar: ¿cómo adoptar una actitud dialógica seme­ El carácter ­entiende Sennett­ se centra en el aspecto durade­
jante en un país marcado por la violencia de los narcotraficantes, los ro de nuestra experiencia emocional, se expresa por la lealtad y el
paramilitares, la guerrilla, el ejército? ¿Es mínimamente sensato, compromiso mutuo, a través de la búsqueda de objetivos a largo
incluso moralmente aconsejable, sacar a la luz los propios intereses, plazo y postergando la gratificación con vistas a un objetivo futuro.
cuando otros no están dispuestos a hacer otro tanto, y buscar des­ Se relaciona con aquellos rasgos personales que valoramos en no­
prevenidamente un consenso con los que no tienen el menor interés sotros y por los que queremos ser valorados, por eso intentamos
de llegar a él, porque sólo buscan sus ventajas particulares? mantener algunos sentimientos, que serán los que sirvan a nuestro
Claro que no, por supuesto, lo moralmente aconsejable no es carácter. Sin embargo, forjarse un carácter parece imposible en una
poner todas las cartas sobre la mesa, sino negociar prudentemente, sociedad capitalista centrada en lo inmediato, en una sociedad que
proyectar estrategias que permitan ir construyendo una sociedad tiene por consigna no plantearse «nada a largo plazo». Este princi­
en la que sea posible entablar diálogos de forma transparente para pio socava las bases de la confianza, la lealtad y el compromiso, que
poder determinar qué es lo justo atendiendo a intereses universali­ necesitan del medio y largo plazo para consolidarse. Las empresas
zables. se convierten en redes débiles, los puestos de trabajo se reemplazan
La pregunta se repite a diario, de forma implícita o explícita: por proyectos y campos de trabajo.
¿cómo aplicar la imparcialidad en una situación en que nadie actúa ¿Cómo pueden perseguirse objetivos a largo plazo en una socie­
de forma imparcial?, ¿no se perjudica entonces a los más débiles, que dad cortoplacista?, ¿cómo mantener relaciones sociales duraderas?,
son los que no tienen apoyos? Sin duda el argumento es peligroso, ¿cómo puede desarrollar un ser humano un relato de su identidad
porque puedo acabar acomodando lo que considero justo a lo que e historia vital en una sociedad compuesta de episodios y fragmen­
me conviene, pero para eso es importante la autovigilancia, que sólo tos? La hipótesis que Sennett intenta confirmar en su libro es que
se practica cuando tenemos verdadero interés en ser justos. Lo más la economía cortoplacista amenaza con corromper el carácter, es­
importante es tener verdadero interés en serlo, tener voluntad de pecialmente en aquellos aspectos que unen a los seres humanos
serlo, reflexionar sobre lo hecho y proyectar el futuro. entre sí y brindan a cada uno la sensación de mantener un yo sos­
tenible.9
Y es verdad que la maldición del cortoplacismo es una amenaza La cosmética sería cosa de los maquillajes que mejoran el aspecto
para la construcción cuidadosa del carácter en el mundo económi­ de las personas durante un tiempo, pero no las transforman por
co. En tiempos de globalización el trabajo estable se transforma en dentro, mientras que la ética se referiría a una transformación inter­
trabajo precario, la identidad que se lograba a través de una especia­ na, nacida de la convicción de que merece la pena obrar bien, por el
lización se convierte en «empleabilidad», en virtud de la cual el em­ valor interno del obrar bien mismo y porque, como venimos dicien­
pleado igual sirve para un fregado que para un barrido, y la fuerza de do desde el capítulo anterior, resulta fecundo.
una comunidad empresarial degenera en redes y trabajo en equipo, No hay que descuidar el aspecto, eso es verdad. Como bien acon­
tan flexibles como evanescentes. Pero también el mundo político sejaba Maquiavelo a su príncipe nuevo, «todos ven lo que pareces,
está sometido al imperativo del corto plazo, porque conquistar y pocos palpan lo que eres»." Un consejo que se hace más que perti­
conservar el poder requiere estar obsesivamente atentos a los calen­ nente hoy en día, cuando los casi inexistentes medios de comunica­
darios electorales, a calibrar cuál es el mejor momento para tomar ción de la Italia renacentista se han convertido en esa infinidad de
determinadas decisiones de modo que no merme el número de vo­ redes que vinculan a las gentes más lejanas a través de blogs, chats,
tos, a lanzar las redes en lugares insospechados tratando de pescar lo twiters, sms o wasaps. Por eso tratar de comunicar lo que se hace
que se pueda, amoldando la red a la posible pesca. bien es aconsejable, pero es preciso que la comunicación sea veraz, y
En algún tiempo se hablaba de que más vale ser camaleón que no un puro maquillaje.
dinosaurio, más vale saber adaptarse a los entornos cambiantes El maquillaje se esfuma al cabo de unas horas, mientras que el
que mantener numantinamente la propia identidad a pesar de que carácter se labra día a día, requiere esfuerzo, entrenamiento, tomar
ya haya pasado el periodo de las glaciaciones y el calor caldee la vitaminas, optar por las cosas que realmente valen y que por eso
Tierra. Pero más allá de los camaleones y los dinosaurios deberían mismo dan sentido a trabajar en esa dirección. Como ocurre a los
estar las personas, capaces de labrarse el mejor carácter posible con deportistas que se esfuerzan en romper el récord por el gusto mis­
vistas a vivir una vida buena. mo del deporte, como los arqueros que se entrenan diariamente
para poder dar en el blanco.
Labrarse un buen carácter, un buen éthos, es lo más inteligente
6. ÉTICA, NO COSMÉTICA que puede hacer una persona para aumentar sus posibilidades de
llevar a cabo una vida buena, feliz.
En cualquier encuentro sobre ética de la economía y la empresa, un Y lo que vale para las personas, vale también para las organiza­
tipo de ética especialmente boyante desde los años setenta del siglo ciones y para los pueblos, que también unas y otros van toman ­
pasado, alguien del público pregunta convencido de su sagacidad: do decisiones que les generan predisposiciones a actuar de un modo
¿pero todo eso es ética o cosmética? u otro. Por eso, cuando las organizaciones, las instituciones o los

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·­l�:· .. ,­.­. .• ­­·•. ·­�­,;"!
pueblos generan un mal carácter, malos hábitos y costumbres, re dar a entender que hay dos niveles de reflexión y lenguaje, el de la moral
pierden el señorío sobre su presente y su futuro y se convierten de la vida cotidiana, que es distinta en las diferentes culturas y nace prácti­
en seres reactivos. Reaccionan a los acontecimientos, y además camente con el ser humano, y la parte de la filosofía que se ocupa de re­
tarde y mal, precisamente porque son los sucesos los que ganan la flexionar sobre ese fenómeno de la moral en la vida cotidiana. Como la

mano. moral forma parte del ser del hombre y hay distintas morales, esas morales
diversas llevan «apellidos» de la vida cotidiana. Por su parte, la ética, como
La felicidad no está sólo en nuestras manos, pero también está
filosofía moral, se pregunta en qué consiste eso de ser moral, por qué de­
en ellas, y las malas decisiones acaban pagándose. Lo peor es que
bemos actuar según determinadas normas y principios morales, y cómo se
suelen pagarlas quienes menos responsabilidad tuvieron en todo
aplican esas normas y principios en la vida cotidiana. De la misma manera
ello.
que hay distintas morales hay también distintas éticas, pero éstas llevan
apellidos filosóficos, como ética aristotélica, utilitarista o kantiana, porque
* * * sus reflexiones son filosóficas. Como es obvio, no es verdad, como se ha
dicho en ocasiones, que haya distintas morales y una sola ética. Ni tampo­
¿Para qué sirve la ética? Para intentar forjarse un buen carácter, co que las morales sean particularistas y la ética, universal. Al menos desde
que aumenta la probabilidad de ser felices y justos, al ayudar a esti­ la aparición de las religiones monoteístas, que son universalistas, las mora­
mar los mejores valores y optar por ellos. les de la vida cotidiana también pretenden universalidad. Y las distintas
éticas intentan explicar la existencia de la moralidad buscando sus funda­
mentos con métodos filosóficos, pero hay discrepancias entre ellas, porque
Notas unas consideran que la razón de que haya moral es la búsqueda de la vida
buena, que es el fin que nos dala naturaleza (aristotelismo), otras, el placer
l. El fragmento que nos ha quedado de Heráclito de Éfeso dice así: «El o la utilidad (utilitarismo), otras, la capacidad de los seres humanos de
carácter es para el hombre daimon» (Stob. Flor. IV 40, 23/DK 22 B 119). darse a sí mismos sus propias leyes (kantismo). Las más relevan tes hoy en
Traduzco «daímon» por «destino», como es habitual. Ver Fernando Cu­ día son las nuevas versiones de la ética aristotélica, la kantiana, el utilitaris­
bells, Los fil6sofos presocráticos, Anales del Seminario, Valencia, 1965, mo o el pragmatismo.
pp. 162 y 299. 4. Adela Cortina, Neuroética y neuropolitica, Tecnos, Madrid, 2011,
2. El ejemplo de la bandera está tomado de J. Haidt, S. Koller, M. Dias, parte III: «La indeclinable libertad».
«Affect, culture and morality», Journal of Personality and Social Psycholo­ 5. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Instituto de Estudios Políticos, Ma­
gy, 65 (1993), pp. 613­628. drid, 1970, I, 9, l lOOa, 4­9 (p. 12).
3. José Luis Aranguren, Ética, Obras Completas, II, Trotta, Madrid, 6. Lydia Davis, «Tryíng to learn», en Almost no memory: Stories, Nueva
1994, cap. 2. Es verdad que en el lenguaje filosófico se mantiene la distin­ York, Farrar, Straus y Giroux, 1997 (citado por Kwame Anthony Appiah,
ción entre moral y ética, no por razones etimológicas, sino porque se quie­ Experimentos de ética, Katz, Madrid, 2010, pp. 49 y 50).

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.
7. Kwame Anthony Appiah, ibid.
8. Richard Sennett, La corrupción del carácter, Anagrama, Barcelo­
na, 2000.
9. Ibid., p. 25.
10. Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, Cátedra, Madrid, 1985, p. 141.

QUERER CUIDAR

l. CUIDAR DE SÍ MISMO, CUIDAR DE OTROS

Desde el comienzo del mundo moderno se suele contar la historia


de los seres humanos como si fuéramos individuos aislados que un
buen día deciden unirse y formar sociedades para defender mejor su
vida y sus propiedades. Éste es el relato que contó Thomas Hobbes
en el Leviatán hace ya más de tres siglos y ha tenido tanto éxito que
se ha ido extendiendo a otras latitudes dando forma a esa unidad
política que es el Estado de derecho. Según Hobbes, los seres huma­
nos deseamos preservar nuestra vida y nuestra propiedad y ésa es la
razón por la que estamos de acuerdo en sellar un pacto por el que se
constituyen los diferentes Estados. Como las personas vivimos de
relatos, este del egoísmo inteligente que nos lleva a sellar pactos y
construir Estados nacionales es el que ha triunfado, como también
el de creer que somos seres esencialmente egoístas. No faltaba más
que la fabulación del gen egoísta que algunos cuentan desde labio­
logía y la genética para remachar el clavo.
Pero resulta ser que los seres humanos no somos sólo egoístas,
inteligentes o estúpidos, sino que somos también, entre otras cosas,
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