El periodismo narrativo cobra cada vez más importancia en la tarea siempre pendiente
de comprender nuestra realidad. Las técnicas narrativas no cumplen solamente la
función de hacer amena la lectura, sino que aporta todo el acumulado del arte como
una forma diversa del conocimiento. En algunos países como Estados Unidos, el
periodismo narrativo, denominado allí literatura de no ficción, le disputa cada vez con
mayor fuerza un espacio dentro de la oferta editorial a la literatura tradicional. Nuestro
país cuenta con una amplia tradición del periodismo literario, que incluye a los más
grandes escritores, de la talla de García Márquez y Osorio Lizarazu; y pude decirse
incluso que entre los grandes aportes a la literatura contemporánea colombiana se
destacan aquellos hechos por autores consagrados al periodismo narrativo, tales como
los de Alfredo Molano y Carlos Sánchez, por mencionar apenas algunos nombres. No
obstante, la circulación y el aprecio de este tipo de trabajos es muy reducido en nuestro
país y la apuesta del negocio editorial por este tipo de obras es muy endeble.
Por eso consideramos que la publicación y puesta en circulación de esta serie de
crónicas, que recogen las historias de la periferia en múltiples ámbitos, no constituye
sólo un aporte a la comprensión de nuestra realidad dolida, sino un aporte a la
literatura contemporánea de nuestro país. Y, sobre todo, es la posibilidad de impulsar
un género (periodismo literario y literatura en periodismo) que en Colombia tiene
muchos cultores y muchas posibilidades, aunque ignoradas y desaprovechadas hasta
ahora.
Tal vez el aporte más importante de esta publicación es que va dirigida a un público
que generalmente no es objetivo de las empresas editoriales, esto es, el público de la
periferia social. Pues las historias de la Periferia publicadas aquí tienen también la
pretensión de que la Periferia se reconozca en ellas y sienta la motivación de contarse
y dejarse contar en un ejercicio permanente de reconocimiento y reconstrucción de la
memoria histórica.
Preocupados por el poder omnímodo de los medios masivos de comunicación y su
alianza con el poder político excluyente y autoritario, y al observar que no existía en el
país un medio de comunicación que dialogara con la periferia social y que permitiera
hablarle a la sociedad desde sus propias vivencias, sufrimientos y alegrías; decidimos
colectivamente iniciar con una propuesta de comunicación que hiciera periodismo
desde la gente y compartiera los conocimientos necesarios para que ellos mismos
informaran y comunicaran lo que estaban viviendo. La relación con la población fue
inmediata porque la actividad del periodismo no se entiende si no es con la gente.
Periferia privilegia las fuentes que provienen de las organizaciones sociales y
populares y las comunidades étnicas, los campesinos, las mujeres, los indígenas y
todos aquellos excluidos por el sistema económico y político imperante.
Cuando el periodismo es realizado por personas formadas en el ideal de la
construcción de una sociedad democrática, justa, equitativa e incluyente, y sobre todo
cuando estas personas tienen suficiente sensibilidad social como para preocuparse por
la vida de la gente, de sus dificultades y alegrías, de sus problemas y sus esperanzas, y
de sus luchas, el periodismo se convierte en una herramienta fundamental para que la
comunidad se reconozca y conozca la dimensión de su propia fuerza. El periodismo es
entonces la principal herramienta a través de la cual la comunidad se ve reflejada,
cuenta y conoce a la vez sus problemáticas y se hace consciente de ellas y descubre las
maneras más ingeniosas y efectivas para enfrentarlas. Sobre todo se convierte el
periodismo en una posibilidad para la organización social, y a través de él la
comunidad toma conciencia de la necesidad y la posibilidad de construir proyectos
colectivos y hacerse así protagonista de su propio proceso transformador.
Como apuesta investigativa y formativa, el objetivo radica en generar puentes de
información con las comunidades, con el ánimo de fortalecer los procesos de
organización y empoderamiento frente a las problemáticas que viven en sus territorios;
divulgar en los escenarios regionales, nacionales e internacionales, la actuación
criminal de los actores armados, las transnacionales y algunas instituciones privadas y
del Estado en el proceso de expoliación de los recursos naturales y la explotación de
los pueblos; y generar procesos de investigación, con el fin de fundamentar y sustentar
denuncias públicas en los diferentes escenarios sobre las violaciones a los derechos
humanos, atropellos y violaciones al espacio ecológico, a las culturas indígenas, a las
comunidades campesinas y la atroz persecución genocida contra sectores sociales y su
dirigencia.