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La Significación de los Milagros de Cristo

Los milagros realizados por Jesucristo revelan su divinidad y poder sobre la naturaleza. Aunque pueden interpretarse simbólicamente, los milagros fueron hechos históricos que confirmaron la enseñanza y autoridad de Jesús. Los milagros servían para curar cuerpos y almas, aunque también contenían significados más profundos. El hombre moderno rechaza los milagros porque parecen violar las leyes naturales, pero en realidad demuestran que Dios actúa dentro de la creación de maneras que solo Él comprende

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La Significación de los Milagros de Cristo

Los milagros realizados por Jesucristo revelan su divinidad y poder sobre la naturaleza. Aunque pueden interpretarse simbólicamente, los milagros fueron hechos históricos que confirmaron la enseñanza y autoridad de Jesús. Los milagros servían para curar cuerpos y almas, aunque también contenían significados más profundos. El hombre moderno rechaza los milagros porque parecen violar las leyes naturales, pero en realidad demuestran que Dios actúa dentro de la creación de maneras que solo Él comprende

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MILAGROS

INTRODUCCIÓN

El hombre moderno marcado profundamente por el cientificismo rechaza los milagros


porque se salen de las leyes naturales. Muchas veces con escepticismo los considera como fábulas.
Los milagros son para el hombre moderno un escándalo.
Los milagros se pueden interpretar simbólicamente, como lo hacen muchos racionalistas.
Sin embargo ellos yerran en negar su historicidad. Dicen: los evangelistas los escribieron para
simbolizar una enseñanza de Cristo pero no son hechos históricos. Es cierto que los milagros
contienen un simbolismo profundo que trasciende el hecho pero eso no excluye su realización
histórica. Algunos les dan explicaciones racionales y por tanto niegan lo sobrenatural, lo que
excede lo empírico. Otros los convierten en “el reflejo irreal de una imaginación popular
singularmente crédula, una trasposición más o menos poética de hechos muy diferentes en su
realidad de los que nos cuentan”1.
No se debe dar tanta importancia a los milagros de Cristo como si fueran lo esencial en su
vida. Ellos están “subordinados a una significación más alta. Son el sello del Rey que marca con el
signo de la omnipotencia su mensaje soberano”2.
Los milagros revelan “su persona, su doctrina, su misión y también tienen, en muchos casos,
un sentido profético”3.
Los milagros son un signo del poder de Jesucristo. Poder que se ordena a la salvación
integral del hombre. Cristo había venido a salvar a los hombres y sus milagros buscan a través de
la curación corporal la curación del alma4.
Pero además de ser hechos históricos obrados por Cristo encierran, la mayoría de ellos, un
significado más profundo. Una gran parte de los milagros son parábolas en acción.

Lo que es impresionante, es la manera que tiene Jesús de actuar como señor de la naturaleza,
del mundo visible y del mundo invisible, y su soberanía es aún más inteligente que libre.
Utiliza a su gusto la naturaleza: sus gestos o sus actos, milagrosos o no, son metáforas que
sugieren un desarrollo ulterior. En Jesús, el taumaturgo es idéntico al poeta. Tanto y más
que cualquier poeta, rompe las costumbres, los conformismos, lo hace aún más en actos que
en palabras. Desplaza los horizontes o los confunde a su gusto. Superpone los órdenes, no
se deja encerrar por ninguno. Es libre, y esa libertad soberana es el milagro de los milagros5.

Decíamos al principio que los milagros escandalizan al hombre moderno. Lo escandalizan


no sólo por el hecho de parecer algo irreal y fabuloso sino por romper el orden de la naturaleza.

Un milagro depende de la voluntad del taumaturgo y de la fe del que lo recibe; y


aparentemente está sometido a ciertas leyes que desconocemos. Naturalmente, Dios no
tiene leyes; pero evidentemente también si quiere hacer un hecho propio suyo, que lo señale
a Él, no necesita descompaginar la creación con una especie de tiranía o acto de violencia,

1
BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 24
2
BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 30
3
BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 33
4
Cf. BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 30
5
BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 33
1
sino manejar las naturas de las cosas que Él ha hecho, y que Él únicamente conoce hasta el
fino fondo. Dios está dentro de las cosas y de sus leyes y no fuera de ellas6.

El mundo moderno ama el orden, lo idolatra y le molesta que alguien pueda trastocarlo. El
milagro y el taumaturgo que lo realiza alteran el orden del universo que custodia diligentemente la
ciencia moderna. En un universo en que todo sigue las leyes exactas de la física el milagro es una
ofensa. Esta concepción de un orden meticuloso y totalitario del universo está profundamente
enraizado en el espíritu moderno. Lo que escapa a ese orden es una anarquía y el que altera ese
orden es un anarquista7.
¿No es curiosa la actitud de la ciencia moderna de rechazar a rajatabla todo lo que salga del
orden establecido por ella? Todo lo que escapa a las leyes naturales de la física, es decir, todo lo
sobrenatural y milagroso hay que rechazarlo porque pone en aprieto la autoridad absoluta adquirida
por la ciencia moderna.
Sin embargo, volvamos a decir que Jesús pone sus milagros en un segundo plano. Ellos son
el sello del Rey que viene a salvar. Jesús quiere con ellos que se adhieran a su persona porque sólo
en ella está la salvación del hombre8.
El milagro puede volverse en las turbas lo principal y, en consecuencia, puede llevar a
desconocer el mensaje que él contiene. Las turbas buscaron ávidamente a Jesús para que le realizara
milagros. Es cierto que cuando se siente necesidad apremiante se busca la solución
desesperadamente y si aparece un taumaturgo ¡cómo no correr a él! Pero muchos de los que
buscaban los milagros los buscaban por pura curiosidad, sólo para presenciar lo extraordinario.
El diablo usando esta ansiedad de la gente por lo extraordinario tentó a Cristo con un
mesianismo de popularidad y Cristo lo rechazó. Su vocación era ser un Mesías escondido y
humillado.
En este sentido algunos hombres critican a Cristo porque no curó a todos los enfermos y
porque no suprimió la enfermedad y las miserias de una vez por todas.
“Cristo acepta la realidad humana tal como existe, y sobre ello promete la “Salvación”, el
reino de los Cielos. Los milagros son como vislumbres o relámpagos de ese Reino; pero no profesan
ser la abolición del Destino; y la inmediata recuperación del Jardín del Edén al golpe de una varita
mágica […] Si tengo una enfermedad que contraje o heredé, ella forma parte de mi Destino, y con
ella y por ella debo conseguir mi salvación. Si viene un taumaturgo y me la sana, buena suerte; si
no, tengo que tirar adelante con ella. Ya sanará […] si yo me salvo.
Si Cristo aceptó el Destino de la Humanidad con sus males y miserias, es evidentemente
porque no podía hacer otra cosa, aun siendo Dios; exactamente por ser Dios. Hay allí una realidad
inquebrantable, una realidad que tiene sus propias leyes, que para los judíos y cristianos se llama
Pecado Original”9.

* * *

Dice Santo Tomás que Dios otorga al hombre el poder de realizar milagros por dos motivos:
“Primero y principal, para confirmar la verdad que enseña, pues las cosas que exceden la
capacidad humana no pueden ser probadas con razones humanas y necesitan serlo con argumentos
del poder divino, a fin de que, viendo que uno hace obras que sólo Dios puede hacer, crean que
viene de Dios lo que enseña.

6 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo, Dictio Buenos Aires 1957, 376-77


7
Cf. BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 31-2
8 Fuera de Jesús no hay salvación (Cf. Hch 4, 12)
9 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 464-65

2
Segundo, para mostrar la presencia de Dios en el hombre por la gracia del Espíritu Santo,
para que, viendo que el hombre hace obras de Dios, se crea que Dios habita en él por la gracia. Y
así dice el Apóstol: ‘El que os otorga, pues, el Espíritu y obra milagros entre vosotros’10.
Pues una cosa y otra debía manifestarse de Cristo a los hombres, a saber, que Dios estaba
en Él por la gracia, no de adopción, sino de unión, y que su doctrina sobrenatural provenía de Dios.
Y así fue convenientísimo que hiciera milagros11”12.
“Los verdaderos milagros no pueden ser realizados sino mediante el poder divino, porque
sólo Dios puede mudar el orden natural, en que consiste el milagro”. Y Jesús hizo los milagros con
el poder divino.
“En Jesús hay dos naturalezas y cada una de ellas obra en comunicación con la otra, la
naturaleza humana es instrumento de la acción divina y la acción humana recibe la virtud de la
naturaleza divina”13. “Por eso Jesús ejecuta los milagros ya sea con su poder, ya haciendo oración
al Padre. En los menores, por ejemplo, en la multiplicación de los panes 14, mira al cielo; pero en
los mayores, que son sólo de Dios, obra con su poder; por ejemplo, cuando perdona los pecados o
resucita los muertos. A veces se dirige al Padre o levanta los ojos hacia Él para nuestro ejemplo,
como en la resurrección de Lázaro”15”16.
El primer milagro que realizó Jesús fue el de la conversión del agua en vino17. Y este
milagro lo realizó al comienzo de su vida pública. Este fue el tiempo más conveniente por
disposición divina. Comenzó a predicar a la edad perfecta y, para probar su doctrina, recién allí
comenzó a hacer milagros.
Además, para dejar patente “la realidad de su humanidad. ‘Con razón no empezó a hacer
milagros desde la primera edad, pues hubieran creído que la encarnación era pura fantasía y antes
del tiempo debido le hubieran puesto en la cruz’ (San Juan Crisóstomo)”18.
Finalmente, los milagros sirvieron para acrecentar la fe de sus discípulos. “‘Y creyeron en
Él sus discípulos’19. No que entonces comenzasen a creer, sino que creyeron con más firmeza y
perfección”20.
Los milagros que hizo Jesús prueban su divinidad.
“Primero, por la especie de las obras, que superan todo el poder de la criatura y, por
consiguiente, no pueden ser ejecutadas sino por el poder divino21.
Segundo, por el modo de hacer los milagros, porque los ejecutaba con su propia virtud, sin
recurrir a la oración, como los otros22
Tercero, por la misma doctrina en que se declaraba Dios, la cual, si no fuere verdadera, no
podría ser confirmada con milagros hechos con poder divino: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva,
expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’23”24.

* * *

10 Ga 3, 5
11 Cf. Jn 5, 36; 10, 38.
12
III, 43, 1
13 III, 43, 2
14 Mt 14, 19
15 Jn 11, 42
16 III, 43, 2 ad 2
17 Jn 2, 11
18
III, 43, 3
19 Jn 2, 11
20 III, 43, 3 ad 3
21 Jn 9, 32-33
22 Lc 6, 19; Mt 8, 16; Jn 5, 19. 21
23 Mc 1, 27
24 III, 43, 4

3
Los milagros que realizó nuestro Señor Jesucristo son, en verdad, obras divinas,
que convidan a la mente humana a elevarse a la inteligencia de Dios por el
espectáculo de las cosas visibles. Dios no es una sustancia tal, que con los ojos se
pueda ver; y los milagros con los que rige el mundo y gobierna toda criatura
han perdido su valor por su asiduidad, hasta el punto que casi nadie mira con atención
las maravillosas y estupendas obras de Dios en un gra no de una semilla
cualquiera; y por eso se reservó en su misericordia algunas para realizarlas en
tiempo oportuno, fuera del curso habitual y leyes de la naturaleza, con el fin de
que viendo, no obras mayores, sino nuevas, asombrasen a quienes no impresionan
ya las obras de todos los días. Porque mayor milagro es el gobierno del mundo
que la acción de saciar a cinco mil hombres con cinco panes. Sin embargo, en
aquél nadie se fija ni nadie lo admira; en ésta, en cambio, se fijan todos con
admiración, no porque sea mayor, sino porque es rara, porque es nueva 25.

“Desde el comienzo de su vida pública, Jesús hizo milagros en cantidad, que eran el signo
mesiánico del advenimiento del Reino de Dios, pero al final de su vida pública los milagros se
vuelven abrumadores, ricos de significaciones escatológicas, jugosos de poesía, signos sensibles
de la omnipotencia del Padre en su Hijo Amado. Los milagros de Cristo están en relación con la
revelación trinitaria. Y la acción del Espíritu Santo vendrá a continuar y completar en nosotros la
enseñanza de los milagros de Jesús, cumplidos de una vez por todas en aquel tiempo” […] “‘Si yo
no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su
pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha
hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre’26.
‘Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que
procede del Padre, él dará testimonio de mí’”27.
“Al final de esta vida fulgurante, en mitad de esta batalla que iba a costarle la vida, Jesús,
pues, acumulaba los milagros, que explotaban como la bomba de Hiroshima, con lluvias radiactivas
que cubrirán hasta el fin del mundo todas las playas del tiempo. Milagros únicos de potencia y de
significación, milagros eternamente justificativos de nuestra obediencia racional y de nuestra fe,
‘esas obras que no ha hecho ningún otro’” […] La crítica racionalista, toda ella basada en el dogma
rígido de que el milagro es imposible, y en la negación de Dios, no vio en la curación del ciego de
nacimiento y en la resurrección de Lázaro más que símbolos de Jesús poniéndose como luz del
mundo y señor de la muerte y de la vida. Pero si Jesús era verdaderamente el señor de la muerte y
de la vida, y la luz del mundo, ¿qué extraño es que hiciera milagros a su imagen? Actuó como todo
artista que se proyecta en su obra. En todo caso, nunca se explicará el odio, el miedo, el entusiasmo
de que Jesús fue entonces objeto, si esos milagros no tuvieron lugar. Por ellos le admiraba el pueblo,
a causa de ellos le temían los fariseos. ¿Cómo acabar con tal hombre? Esa es la pregunta que se
hacían todos los enemigos de Cristo.
La razón de Estado fue lo que puso el calderón al conflicto. Juan cuenta: “los sumos
sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza
muchas señales”28”29.

25 SAN AGUSTÍN, Tratados sobre el Evangelio de San Juan (t. XIII), Tratado 24, 1, BAC Madrid 19682, 541
26 Jn 15, 22- 24
27 Jn 15, 26
28 Jn 11, 47
29
BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 167-8
4
Los milagros y los signos que Jesús realizaba para confirmar su misión mesiánica y la
venida del reino de Dios están ordenados y estrechamente ligados a la llamada a la fe. Esta
llamada con relación al milagro tiene dos formas: la fe precede al milagro, más aún, es
condición para que se realice; la fe constituye un efecto del milagro, bien porque el milagro
mismo la provoca en el alma de quienes lo han recibido, bien porque han sido testigos de
él.

Es sabido que la fe es una respuesta del hombre a la palabra de la revelación divina. El


milagro acontece en unión orgánica con esta Palabra de Dios que se revela. Es una “señal”
de su presencia y de su obra, un signo, se puede decir, particularmente intenso. Todo esto
explica de modo suficiente el vínculo particular que existe entre los “milagros-signos” de
Cristo y la fe: vínculo claramente delineado en los Evangelios30.

“Jesús subraya más de una vez que los milagros que Él realiza están vinculados a la fe” […]
“Nótese cómo en la narración evangélica se pone continuamente de relieve el hecho de que
Jesús, cuando “ve la fe”, realiza el milagro” […]
“El milagro es un “signo” del poder y del amor de Dios que salvan al hombre en Cristo.
Pero, precisamente por esto es al mismo tiempo una llamada del hombre a la fe. Debe llevar a creer
sea al destinatario del milagro sea a los testigos del mismo” […]
“Así, pues, el principio de la fe es fundamental en la relación con Cristo, ya como condición
para obtener el milagro, ya como fin por el que el milagro se ha realizado. Esto queda bien claro al
final del Evangelio de Juan donde leemos: “Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los
discípulos que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el
Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 31)”31.

Jesús manifiesta con sus milagros su poder sobre la naturaleza32, especialmente sobre la
enfermedad33, sobre la muerte34, y sobre los demonios35. Los milagros de Jesús, diferentes
por su simplicidad de los maravillosos prodigios del helenismo y del judaísmo rabínico, se
distinguen sobre todo por su significación espiritual y simbólica: anuncian los castigos36 y
los dones de la era mesiánica37 e inauguran el triunfo del Espíritu sobre el imperio de Satán38
y las fuerzas del Mal, pecados39 y enfermedades40. Realizados a veces por compasión41 se
destinan sobre todo a confirmar la fe42. Por eso Jesús los realiza en casos especiales,
exigiendo el secreto de los favorecidos43 y reservándose el ofrecer más tarde el decisivo
milagro de su propia resurrección (Mt 12, 39-40)44.

30SAN JUAN PABLO II, Audiencia general del 16 de diciembre de 1987, nº 1


31 SAN JUAN PABLO II, Audiencia general del 16 de diciembre de 1987, nº 5.7.8
32
Mt 8, 23-27; 14, 22-23 p
33 Mt 8, 1-4.5-13.14-15; 9, 1-8.20-22.27-31, etc.
34 Mt 9, 23-26 p; Lc 7, 11-17; Jn 11, 1-44
35 Mt 8, 29 ss.
36 Mt 21, 18-22 p
37 11, 5 ss.; 14, 13-21; 15, 32-39 p; Lc 5, 4-11; Jn 2, 1-11; 21, 4-14
38
Mt 8, 29 ss.
39 Mt 9, 2 ss.
40 Mt 8, 17 ss.
41 Mt 20, 34; Mc 1, 41; Lc 7, 13
42 Mt 8, 10 ss.; Jn 2, 11 ss.
43 Mc 1, 34 ss.
44 Nota a la Biblia de Jerusalén, Descleé De Brouwer Bilbao 1998 3, comentario a Mt 8, 3. En adelante JSALÉN. a Mt 8, 3

5
6
CAPÍTULO 1
LOS MILAGROS DE JESÚS

Nombres dados a los milagros de Jesús45

Cuatro nombres dan los escritores sagrados a los milagros de Jesús:


+ “Prodigia o portenta, prodigios, o sea, acciones notables; a veces, también hechos
maravillosos, o hechos extraordinarios, que sorprenden. Son llamados así a causa de la admiración
muy legítima que suscitan en los espíritus46 […] Jesús no se ha servido de este nombre para
designar sus milagros […] Además nunca es empleado sólo por los evangelistas sino en compañía
de otras denominaciones47, precisamente porque Jesucristo ha rehusado siempre obrar prodigios,
pura y simplemente, milagros que no habrían sido más que acciones extraordinarias, destinadas a
deslumbrar a las muchedumbres” […]
+ “Virtutes, fuerzas, es decir, acciones de poder en tanto que son las manifestaciones de una
potencia superior a los hombres, o sea de la potencia divina misma puesta al servicio del que
cumple esas acciones. Este nombre es relativamente frecuente en los sinópticos48.
+ Signa, signos, cuando son mirados en sus relaciones con la misión superior de Jesús a la
que Dios se proponía, en cierta manera, mediante ellos, aprobar y confirmar. Los signos
manifiestan de manera clara y visible al Mesías. Este calificativo pone claramente de manifiesto el
fin moral de los milagros del Salvador. Todos los prodigios de Jesucristo son signos. Este nombre
lo usan los cuatro evangelistas49 pero particularmente San Juan” […]
+ “Opera, obras. Esta denominación es muy profunda y cargada de sentido, pues parece
suponer que, para Jesucristo, el milagro es la forma natural de la actividad” […] “El mismo Jesús
ha recurrido a la palabra ‘obras’ para señalar, sin lugar a dudas, sus milagros. En ciertas ocasiones50,
él llama a sus ‘obras’ ‘signos’, por consiguiente, milagros”. Esta denominación es poco usada por
los sinópticos51 y frecuentemente por San Juan52.

Algunas características especiales de los milagros de Jesús53

“Los milagros de Jesús fueron manifestaciones notables de la bondad misericordiosa, del


amor compasivo de Jesús que quería, en cuanto dependiese de Él, aliviar los sufrimientos físicos y
morales de la pobre humanidad caída. Su bondad infinita, que se traducía de inmediato en actos,
ha dejado visibles huellas en las Escrituras que la señalan como el motivo de muchos de sus
milagros54” […]
“Este carácter de los prodigios de Nuestro Señor es tanto más notable cuanto que la mayor
parte de los enfermos y de los poseídos sanados por Él pertenecían a la clase pobre, de tal manera
que su triste estado se hallaba agravado aún más por su indigencia. Al socorrerlos les hacía, pues,

45 FILLION, Los milagros de Jesucristo, Círculo Latino Barcelona 2006, 27-30


46 Cf. Mt 9,8; 12, 23; Mc 1, 27-28; 2, 12; Lc 11, 36; 5, 15.26, etc.
47 Cf. Mt 4, 24; Mc 13, 12; Jn 4, 48
48
Cf. Mt 11, 20.21.23; 13, 54.58; 14, 2; Mc 6, 2.5.14; 9, 39; Lc 10, 13; 19, 37
49 Cf. Mt 12, 38.39; 16, 1.4; Mc 8, 11, 12; Lc 11, 16.19; 23, 8; Jn 2, 11.18.23; 3, 2; 4, 48.54, etc.
50 Cf. Jn 4, 48 y 6, 26
51 Mt 11, 2 y Lc 24, 19
52 Jn 5, 20.36; 7, 3.21; 10, 25.32.37.38, etc.
53 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 126-140
54 Mt 14, 14; Mt 15, 32; Mt 20, 34

7
un doble servicio, sin contar con el bien superior que hacía a sus almas” […] “Considerados desde
este punto de vista, los milagros de Jesús formaban una parte esencial de su misión en cuanto
Mesías” […]
Jesús no ha obrado jamás uno solo de sus prodigios para su interés personal.
Cada milagro de Jesús corresponde a una necesidad en el orden físico y en el orden moral.
En ellos notamos una “noble serenidad, una perfecta sencillez para cumplir sus prodigios, sin
exceptuar los más brillantes. Jamás le vemos abandonar su divina calma. Cumplía las acciones más
maravillosas con tanta facilidad como la que empleamos al realizar nuestros actos ordinarios.
Nunca notamos en Él el menor esfuerzo, la más ligera duda: tan seguro se halla de sí mismo y de
su poder.
Los medios empleados por el taumaturgo son también de una extrema simplicidad.
Habitualmente le basta una palabra o un gesto para curar las enfermedades más rebeldes, las
dolencias incurables, y hasta para dar vida a los muertos55” […] “Muy a menudo también ni siquiera
se tomaba el trabajo de manifestar exteriormente su voluntad, la cual, producía directamente el
efecto esperado por Él56” […] “Otras veces curaba a distancia57” […]
“De ordinario, el resultado se produce en el acto” […] “Nada resiste al divino taumaturgo”
[…] “Desde el momento en que el prodigio se ha realizado, la naturaleza retoma su curso habitual”
[…]
“Muy a menudo Nuestro Señor mantenía reserva acerca de sus milagros y esperaba, para
cumplirlos, que se hiciese un llamamiento directo a su bondad o a su poder58” […] “Sin embargo,
le ocurrió varias veces tomar Él mismo una iniciativa y provocar espontáneamente algunos de sus
más grandes prodigios59” […]
“El poder de Jesús era ilimitado. ¿No le vemos acaso obrar sobre los dominios más diversos,
y siempre con pleno éxito?” […]
“Por cualquier lado que se los considere los milagros de Jesús constituyen un hecho
absolutamente único en la historia de la humanidad. “Si no hubiera hecho entre ellos obras que no
ha hecho ningún otro”60, tal es la caracterización que el mismo Jesús ha hecho a la vez de su
conducta en general y de sus milagros. Esta apreciación, que era también la de las muchedumbres
judías61, ha sido ratificada por el juicio de los siglos. No, jamás el mundo fue testigo de obras tan
maravillosas, tan bellas, tan trascendentales, tan divinas como los milagros de Jesús” […]
“La fuente de donde manaba la potencia milagrosa de Jesús ciertamente era su voluntad.
Ella era la causa suficiente de los milagros. El príncipe de los demonios lo sabía muy bien, pues
cuando se atrevió a tentar a Jesús, expresó varias veces, en sus pérfidas sugestiones, el pensamiento
de que el Hijo de Dios no tenía más que querer para cumplir inmediatamente notables prodigios.
Por consiguiente, Nuestro Señor obraba sus milagros en virtud de un poder personal que residía en
Él, y este poder era constante, permanente, de suerte que podía usar de él cuando quisiera. Los
testigos de sus curaciones y de sus liberaciones maravillosas de posesos lo comprendían muy bien
cuando exclamaban: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y
salen’62.

55 Cf. Mc 1, 25; Mt 8, 3; Jn 5, 8; Mc 4, 39; Lc 7, 14; Jn 11, 43


56
Cf. Mt 14, 25; Jn 21, 6
57 Cf. Jn 4, 43-53; Mt 8, 7-8; Mt 15, 28
58 Cf. Jn 2, 3; Jn 4, 46-54; Mt 9, 18
59 Cf. Lc 5, 4-6; Jn 21, 6; Lc 6, 13-15; Jn 11, 17-40
60 Jn 15, 24
61 Cf. Mt 9, 23
62 Lc 4, 36

8
Por su parte, Jesús afirma que él echaba los demonios “en virtud del espíritu de Dios” 63,
eleva los ojos al cielo antes de devolver el oído y la voz a un sordomudo64, antes de multiplicar los
panes y los peces65; o bien, antes de resucitar a Lázaro, agradece a Dios el haber escuchado la
oración que le había dirigido en favor de su amigo66” […]
“Es por su propia virtud, y no como consecuencia de poderes delegados, que Jesús cumplía
sus milagros, de suerte que poseía este poder de una manera perpetua, pudiendo ejercerlo sin freno
ni obstáculos, según su voluntad, independiente de toda circunstancia de tiempo, lugar y personas.
Por otra parte, Jesús se hallaba, como Verbo Encarnado, en un estado de real dependencia
con respecto a Dios. Esto no era en cierto modo más que un matiz, puesto que Jesús sabía, aun
cuando recurriese a la oración antes de cumplir un prodigio, que su Padre lo escucharía
indefectiblemente67 ya que había puesto por adelantado todas las cosas en sus manos68.
Luego, es en virtud de su papel de Mesías, y finalmente en virtud de su divinidad, que Jesús
obraba sus milagros.
Aunque su naturaleza divina fuese la causa principal, es consolador comprobar que su santa
humanidad tomó parte muy activa en ello” […]
“Una circunstancia también muy digna de mencionar es el hecho totalmente único, de que
el poder milagroso de Jesús estaba en Él con tal plenitud que podía comunicarlo a quien quería. De
hecho, lo ha trasmitido oficialmente a sus apóstoles y a los setenta y dos discípulos como repetidas
veces lo mencionan los evangelistas69” […]
“Estás no fueron vanas promesas. Después de haber mencionado este don maravilloso, los
evangelistas y los demás escritores del Nuevo Testamento no han dejado de indicar el uso no menos
admirable que de este don hicieron los discípulos, tanto durante la vida pública de Jesús como
después de la ascensión.
En el discurso después de la cena, el Salvador llegó a hacer esta solemne afirmación a sus
discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago,
y hará mayores aún, porque yo voy al Padre’70. Esta magnífica promesa se ha realizado también,
pues más de una vez la historia ha sido testigo de ello; los apóstoles y los discípulos han cumplido,
en virtud de poderes delegados de su Maestro, prodigios que han superado los suyos hasta cierto
punto: tal por ejemplo, para no citar más que uno tomado a los Libros Santos, los maravillosos
efectos producidos por la sombra de Pedro71. Pero toda la gloria de ello pertenecía a Jesús, y toda
la ventaja para su Iglesia”.

El signo72

He tomado este nombre particular de los milagros por ser el más usado en los
evangelios.
La Biblia de Jerusalén traduce ‘semeion’ como señal/es “aunque tiene un sentido
más profundo y se acerca más a la de milagro. Etimológicamente, sin embargo, es señal.

63 Mt 12, 28
64 Mc 7, 34
65 Mt 14, 19
66 Jn 11, 41
67 Jn 11, 41-42
68
Jn 13, 3
69 Mc 6, 7; Lc 10, 9-19; Mc 16, 17-18; Lc 9, 6.
70 Jn 14, 12
71 Hch 5, 15
72 LEAL J., Sentido de “semeion” en el cuarto evangelio, La Sagrada Escritura, Nuevo Testamento, Evangelios (1ª), BAC

Madrid1964, 840-41

9
Es indiferente que sea uno en singular o en plural. Aparece relacionado con los verbos hacer,
ver y creer. En Jn 4, 48 se le asocia el substantivo prodigio, térata” […]
“Lo primero que podemos decir de signo es que refiere algo extraordinario que
Jesús hace y lleva a la fe 73. Siempre se relaciona con la fe y frecuentemente con la fe de
muchos, de un grupo numeroso. Las señales abren el camino para la fe” […]
“Para creer no basta ver la materialidad de la señal. Hay que ver su alcance interior.
Así en Jn 6, 26 se queja Jesús de que la turba le sigue porque ha comido del pan, no porque
haya visto “signos”. Vieron la corteza exterior del milagro, pero no vieron que el milagro
significaba la misión divina de Jesús. Los judíos se cegaron y no vieron el significado
trascendente de los milagros 74. Signo es un testimonio en favor de la misión de Jesús, como
podía ser la voz de las Escrituras o la de Juan.
Los milagros muestran ‘la gloria’ de Jesús. Los testigos del milagro, los que creen,
han visto “la gloria”. Por eso creen. El contenido trascendente de la señal signo es, pues,
la gloria de Jesús. La señal habla de la gloria. Quien oye esta voz, cree; los que no la oyen,
no creen. Los discípulos vieron el milagro de Caná, ‘la gloria’75. La resurrección de Lázaro
se hace para mostrar la gloria 76. Existe una relación estrecha entre la gloria y la señal signo.
Los creyentes por la fe penetran en la gloria de los milagros de la persona que los hace; los
incrédulos ven la materialidad del milagro pero no ven su gloria. El semeion es una
manifestación velada de la gloria del Unigénito.
El gran signo de la gloria de Jesús es su muerte y su resurrección77. Nada tan relacionado
con su gloria como la muerte y la resurrección. Es la hora de su glorificación. Jesús
crucificado se compara con la serpiente de bronce, que daba la vida 78, y más adelante afirma
que en la cruz es cuando se ha de revelar el ‘Yo soy’79. Juan vuelve a aludir al tema de la
exaltación de Jesús 80, que reviste un doble sentido: exaltación material en la cruz y
exaltación moral o gloriosa, revelación de su gloria. Es que en Nm 21, 8 los LXX
traducen: pon sobre un signo la serpiente. El palo que alzaba la serpiente era un signo, el
vexillum 81 de nuestra cruz. Así se explica cómo miraba Juan la cruz, como la señal de la gloria
de Jesús. Verán o descubrirán la gloria del que han crucificado 82. Los milagros para Juan son
señales en cuanto que no sólo revelan el poder de Cristo, sino su gloria de Hijo de Dios. Así son el
punto firme donde se apoya la fe, en cuanto son algo sensible, y la luz reveladora de la
trascendencia que se esconde del Logos, que se esconde en la carne”.

El signo en algunos pasajes evangélicos

Cuando se acercaba la primera pascua Jesús entró en el Templo y llevado de un celo santo
expulsó a los mercaderes del templo83.
Los judíos, las autoridades eclesiásticas, le dijeron:
“¿Qué signo nos muestras para obrar así?”84

73 Jn 2, 11.23; 4, 54; 7, 31; 10, 41; 11,47; 12,18-19


74 Jn 12, 40
75 Jn 2, 11
76 Jn 11, 4
77 Jn 2, 13-20
78
Jn 3, 14
79 Jn 8, 28
80 Jn 12, 32-34
81 El palo mayor de la cruz.
82 Cf. Jn 19, 37
83 Cf. Jn 2, 13-22
84 v. 18

10
Muchas veces en la vida de Jesús se habla del “signo”. Los hombres quieren un signo para
creer en Jesús.
¿Es lícito pedir un signo a Dios? Sí. El mismo Dios quiere en ciertas ocasiones confirmar
su palabra con un signo. Lo que no quiere es que se le pida un signo para tentarlo sino que se lo
pida para abandonarse en Él.
La petición de los fariseos es escuchada. Jesús les da el signo por antonomasia, su Pascua:
“cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo soy”85. Este es el signo
definitivo y confirmatorio de lo que es Jesús. Los fariseos no se dan cuenta del signo que Jesús les
da, ni tampoco los apóstoles. Estos últimos se darán cuenta después de la Pascua: “cuando fue
levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y
creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús”86. Los fariseos jamás conocerán
el signo porque de antemano lo rechazaban, pues, querían un signo a su gusto y esto es tentar a
Dios. Es la segunda tentación que hace el diablo a Jesús en el desierto87, la tentación del circo. La
primera es el pan; la segunda, el circo. El diablo en el desierto y los fariseos en el templo quieren
que Jesús haga un signo espectacular. Signo espectacular que lo aparta de su misión: la redención
de la humillación.
El signo de Jesús lo acredita como el Hijo de Dios igual al Padre y por tanto evidencia su
autoridad para limpiar su propia casa y para llamar a la fe a los predestinados al Reino, todos
aquellos que aceptaron a Jesús como Mesías. El signo de la Pascua en el pasaje se concreta en:
“destruid este santuario y en tres días lo levantaré”. Jesús por este signo muestra su autoridad
religiosa que está por encima de las autoridades constituidas de Israel. Ellos representan a Dios, Él
es el Hijo de Dios, y ellos estaban profanando la casa de su Padre.
El Señor podría haber dicho a los fariseos cuando le pidieron signos “no tentarás al Señor
tu Dios”88. Jesús no va a realizar ningún signo de los que ellos querían. Si los hubiera hecho
tampoco los abrían aceptado. Jesús hizo signos extraordinarios: las curaciones, las resurrecciones,
etc. y ellos se negaron a reconocerlo como el Mesías porque se estrellaban en su doctrina y su vida
pobre y humilde y sobre todo en el escándalo de la cruz. La última tentación que le hicieron a Jesús
fue en la cruz: “¡el Cristo, el rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y
creamos”89. Pedían un signo espectacular y si Jesús lo hubiese hecho no lo hubieran confesado
como el Mesías. Jesús quería hacer la voluntad del Padre y la voluntad del Padre era la redención
por la cruz.
Los judíos se obstinaron en rechazar a Jesús y sus ojos se obscurecieron para ver el signo
de la Pascua.

* * *

Un tiempo más adelante90 Jesús volverá a tocar el tema de los signos. Sucedió en Caná de
Galilea ante un funcionario real91. El funcionario le pide una curación y Jesús le dice:
“Si no veis signos ni prodigios no creéis”92.

85 Jn 8, 28
86
v. 22
87 Mt 4, 5-7
88 Mt 4, 7
89 Mc 15, 32
90 Para la cronología de los pasajes evangélicos hemos seguido a LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios, BAC Madrid 1961
91 Cf. Jn 4, 46-54
92 v. 48

11
También San Pablo dirá de los judíos: “los judíos buscan signos”93.
Buscan signos pero no los ven por más que se les dé y menos aún los entienden. Piden
signos y han visto signos de Jesús que lo acreditan como Mesías y Él les ha revelado que es el
Mesías y no le han creído. Jesús les dice que les dará un signo por antonomasia, el signo de Jonás.
Signo que rechazaron y que les fue motivo de escándalo, como también, dice San Pablo94.
Piden signos y no los ven porque están carnalizados. La carne ciega para ver los signos y
los símbolos, por eso tampoco entendían las parábolas que son poesía simbólica.
La carne rechaza la humillación y por eso los judíos rechazaron a un Mesías crucificado.
Dos veces dice el Evangelio que el funcionario real tuvo fe en Jesús: una, antes de ver el
milagro y otra, después de comprobarlo.
El hombre se adhirió a Jesús sin ver el milagro y este fue el acto de fe que se requería para
el milagro. Para que Jesús pueda hacer un milagro lo primero es creer en que Él puede hacerlo
porque tiene poder para ello. El hombre creyó en Jesús y se regresó a Cafarnaúm confiado en que
su hijo estaba curado. Al regresar se encontró por el camino con sus siervos que le dijeron que
estaba curado. Preguntó a qué hora había sucedido la curación y comprobó que fue la hora en que
Jesús le dijo que ya estaba curado. ¿Tuvo fe de nuevo? Creció su fe por el signo de credibilidad y
en consecuencia su familia, seguramente por su testimonio, también creyó. No es contradictorio
que la segunda vez creyera con más fe y que lo hiciera con todos los suyos.
El funcionario real va a ver al carpintero.
Sube para pedirle un milagro. Sabía que había hecho milagros en Judea y uno en Caná. Sus
paisanos decían que el carpintero del pueblo hacía milagros. El funcionario sube, olvidándose de
su jerarquía. Sube de Cafarnaúm a Caná, unos ochocientos metros en una distancia de treinta y tres
a treinta y cinco kilómetros, unas seis a siete horas de recorrido. Sube para pedirle la curación.
El funcionario real no se amilana a pesar de las pruebas. Jesús prueba su intención y le
reprocha, y a todos los presentes en él, porque busca los signos y no a Él, les falta fe en Él. El
reproche está planteado más bien para el auditorio. El funcionario no se vuelve sino que persevera
pidiendo la curación de su hijo.
El funcionario real cree en el taumaturgo. Pide al Señor que baje a curar a su hijo y Jesús le
dice que se regrese que ya está curado. El hombre regresa. Cree pero además de creer acepta una
revelación de Jesús desconocida para él hasta entonces: la curación a distancia. Él le pide que baje
desconociendo su poder para curar a distancia. Recibe la gracia de conocer algo más profundo del
poder del taumaturgo. Regresa a su casa porque cree, porque tiene fe. Vuelve a hacer los treinta y
tres kilómetros bajando a Cafarnaúm. Cree y se entrega con toda su familia. Cree en el Mesías y se
adhiere a Él con todos los suyos.

* * *

Todos los signos de Jesús son participación del signo por excelencia que es el signo de
Jonás95.
Jesús va a hablar del signo de Jonás en el segundo año de su vida pública, en Galilea.
Los ninivitas se convirtieron por la predicación de Jonás. ¿Conocían el signo que Dios había
hecho en Jonás? No, y por eso la conversión de los ninivitas es ejemplar. Jonás predicó la
conversión a los ninivitas, ellos creyeron a su palabra sin signos, y se convirtieron.

93 1 Co 1, 22
94 1 Co 1, 23
95 Cf. Mt 12, 40

12
Jesús les dice que el único signo que les dará es el de Jonás. En Lucas simplemente dice
esto. En Mateo recuerda el signo, que era conocido por los israelitas, y hace la comparación con su
muerte y resurrección.
El signo de Jonás es figura de la muerte y resurrección de Jesús.
Jonás predicó a los ninivitas y ellos se convirtieron. La generación de Jesús contempló su
muerte y resurrección y no creyó. Tampoco hicieron caso de su predicación y siguieron en sus
pecados.
Los ninivitas se convirtieron por la predicación de Jonás que era un profeta. Los israelitas
no se convirtieron por la predicación de Jesús que era el Mesías.
La reina del Sur fue a escuchar la sabiduría de Salomón. Hizo un largo viaje para conocerlo
y escucharlo y bendijo a su Dios. Los israelitas no se convirtieron ante la sabiduría de Jesús de la
que muchas veces se admiraron, aunque, su admiración no terminó en confesión sino en
obstinación. En vez de convertirse lo persiguieron hasta matarlo.
Los ninivitas y la reina del Mediodía condenarán a los israelitas obstinados en el juicio final
porque no se convirtieron.
Del signo de Jonás podemos decir que es el signo acreditativo máximo de que Jesús es el
Mesías. El Mesías verdadero, no el mesías que esperaba Israel. “Cuando hayáis levantado al Hijo
del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”96. Toda la predicación, todos los signos que Jesús hizo
en su vida convergen en el signo de Jonás, convergen en la Pascua del Señor.
Si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados97.
Jesús al nombrarse como “Yo soy” está haciendo referencia al nombre divino revelado por
Dios a Moisés98.
Dos veces les dice Jesús99 a los judíos que morirán en sus pecados100. Y ¿por qué? Porque
no reconocen su divinidad.
¿Deberían reconocer su divinidad? Sí. Jesús la había revelado por sus palabras haciéndose
igual al Padre y la había confirmado por los milagros.
Jesús les vuelve a decir hoy: si queréis salvaros de vuestros pecados tenéis que creer que
Yo soy.
La última prueba de su divinidad será su elevación en la cruz y su elevación de la tumba en
la resurrección y posteriormente su subida al cielo y su sede a la diestra del Padre. Pero será tarde...
ya el Mesías no estará con ellos, aunque no será definitivamente tarde para creer. De hecho muchos
de ellos se endurecieron en su infidelidad pero una minoría creyó por la muerte y resurrección
predicadas por los apóstoles. “Moriréis en vuestros pecados”, muerte de los que se cierran al
Espíritu Santo, pecado imperdonable101. El pueblo judío todavía no reconoce al Mesías aunque lo
reconocerá antes de su segunda venida al menos una parte de ellos.
Jesús desde la cruz vence al demonio y a la muerte la deja sólo arrebatar nuestra vida
temporal y no definitivamente.
El demonio creyendo dar muerte sólo a un hombre justo mató al Verbo Encarnado y en su
muerte fue vencido.
El último enemigo vencido será la muerte pero en la resurrección final.
“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado,
Jesucristo”102.

96
Jn 8, 28
97 Jn 8, 24
98 Ex 3, 14
99 Jn 8, 13-30
100 v. 21 y 24
101 Mc 3, 29
102 Jn 17, 3

13
¿En qué se apoya nuestra vida cristiana? En la resurrección de Cristo. Si Cristo no ha
resucitado vana es nuestra fe, vana nuestra predicación, vana la predicación de Cristo, vanos sus
signos.
La resurrección de Cristo es el último eslabón que cierra la cadena de la religión. En ella
debemos apoyar toda nuestra vida cristiana. Si Cristo ha resucitado también nosotros resucitaremos
y si resucitaremos la perspectiva de esta vida es la fugacidad. Hay que vivir bien esta vida para
alcanzar la vida verdadera.
No busquemos signos para convertirnos. El signo para convertirnos ya ha sido dado y
nosotros lo hemos aceptado. Hacia él nos dirigimos en el tiempo presente y por tanto debemos
convertirnos como los ninivitas.
Todos los días Jesús nos da signos que son participación del signo de Jonás y todos los días
nos hace conocer su voluntad significada, participación de su voluntad pascual. Porque todos los
mandamientos y preceptos de Dios y la Iglesia, se basan en el signo de Jonás que es el Misterio
Pascual de Jesús.
Si tenemos el Signo, el signo por antonomasia, ¿para qué buscar más signos?

* * *

Jesús dos veces visitó en su vida pública Nazaret. Una viniendo de Judea en el primer año103
y la otra yendo hacia Jerusalén en el segundo año para la fiesta de los Tabernáculos por octubre del
año 28. Esta segunda venida, en la que trataremos de los signos, se califica por los celos y la
hostilidad que muestran con él sus paisanos (Mt 13, 54-58 p)104.
Los de Nazaret se escandalizan por causa de Jesús. ¿Por qué? Porque veían sus signos,
escuchaban su sublime enseñanza por un lado y por otro sabían de dónde era, conocían a su familia,
sabían su oficio. Un nazareno no podía saber letras, no podía ser doctor. Y ¿los signos? ¿De dónde
venían? ¿Estaba loco? ¿Era un brujo? ¿Era un discípulo de Belcebú?
Al menos, como lo narran Mt y Mc, no hay alusión ni remota a que se les haya ocurrido
pensar que Jesús pudiese ser el Mesías. Aunque esta ignorancia es voluntaria.
¿Existía la posibilidad que lo consideraran el Mesías? Sí. Ya había hecho muchos signos.
Lucas en su Evangelio dice claramente que Jesús se presenta como el Mesías y ellos lo rechazan.
Mateo al decir que no pudo hacer milagros allí por su incredulidad está enseñando que les
faltaba fe en Jesús como Mesías. Se escandalizan que el hijo del carpintero sea el Mesías y lo
rechazan.
La mala voluntad hace poner miles de excusas para no creer.
Así es más difícil escandalizarse que aceptar lo que salta a la vista. Se escandalizan los de
Nazaret de su paisano porque tiene una elocuencia extraordinaria y hace milagros, en vez de creerlo
el Mesías esperado.
La incredulidad dificulta la manifestación de la mesianidad de Jesús. Por eso no puede hacer
en su pueblo ningún milagro.
En realidad el escándalo es la simplicidad de Dios en la cual se estrellan los de corazón
doble o a veces a los que les falta simplicidad. Los de Nazaret se escandalizaron ante el Mesías que
se presenta como un nazareno más, con singular sencillez.

* * *

103 Lc 4, 16-22
104 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 190-91.
14
Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí105.
Esta palabra fue pronunciada por Jesús en el tercer año de su vida pública en Jerusalén
durante la fiesta de la Dedicación.
En este pasaje las obras dan testimonio de la divinidad de Jesús. Y esto en respuesta a la
pregunta de los judíos: “¿hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo
abiertamente”106. Respecto de las obras, es decir, los milagros, son prueba de nuestra santa religión
y de la divinidad de Jesús. Ellas dan solidez a nuestra espiritualidad.

Analicemos los motivos de credibilidad:

Individuales

Internos

Generales

Intrínsecos

Externos
Extrínsecos

Los internos individuales sirven en casos particulares. Pueden dar solidez y permanencia,
en algunos casos, pero la mayoría de las veces no dan la solidez para perseverar en la doctrina
abrazada. Lo vemos mucho en algunas espiritualidades, en algunos retiros de conversión, en
experiencias de cambios de vida, etc., que por lo general no duran mucho.
Los internos generales por ejemplo la paz, la alegría, la felicidad, etc., todo lo que los
hombres buscan, tampoco fundan una vera doctrina porque muchas de las aspiraciones de los
hombres de paz, felicidad, etc., son de orden humano y se dan en muchas doctrinas y en muchos
hombres religiosos que las pueden trasmitir a otros.
Los externos intrínsecos que son aquellos que hacen a una religión santa como la santidad
de doctrina, mandamientos santos, fundador de buenas costumbres, aceptación universal, pronta
propagación, etc., si se dan todos juntos podrían ser motivo fuerte para fundar una doctrina. Es un
largo camino que no todos podrían recorrer.
Los motivos más fundantes son los motivos externos extrínsecos, externos al hombre y
extrínsecos a la religión, el milagro y la profecía.
Jesús enseña que es Dios y lo prueba con un milagro, lenguaje accesible a todos y rápido
para fundamentar una doctrina y probar su divinidad. Enseña “Yo soy la vida” y resucita a Lázaro,
“Yo soy la luz del mundo” y devuelve la vista a un ciego de nacimiento, “Yo soy el pan de vida”
y se nos da como comida, “Yo soy” y derriba a sus enemigos, “Yo soy la resurrección” y resucita
a los muertos y Él mismo se levanta de entre los muertos.
Es importante saber que nuestra fe está fundada en motivos que nos llevan a creer, en el
particular sobre las obras o milagros que Jesús hace. Por ellas nosotros creemos en la divinidad de

105 Jn 10, 25
106 v. 24
15
Jesús pues por ellas quiere llevarnos Jesús a creer en Él. Una vez hecho el acto de fe es necesario
saber dar razón de nuestra fe a quien la pida porque así llevaremos a los que no creen a abrazar la
fe.

Fuerza probatoria de los milagros de Jesús107

Los milagros son “obras de la misericordia de Jesús destinadas directamente a aliviar los
sufrimientos humanos, sin embargo, este es un fin secundario” […]
“Jesús ha venido, con el objeto de hacer milagros para utilidad de los hombres,
principalmente en lo que concierne a la salvación de las almas” […] “Es decir, los milagros tenían
como fin servir a la gran causa de la revelación aportada a los hombres por Jesús y, por eso mismo,
abrirnos el camino de la eterna salvación. Tal era en verdad la razón última en la intención de Jesús.
Por otra parte, quería demostrar que era el Enviado del Padre: ‘las obras que el Padre me
ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre
me ha enviado’108” […] “y el Mesías: Los discípulos de Juan le llevaron todas estas noticias.
Entonces él, llamando a dos de ellos, los envió a decir al Señor: ‘¿Eres tú el que ha de venir, o
debemos esperar a otro?’ ‘En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias y de
malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos. Y les respondió: Id y contad a Juan lo que habéis visto
y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos
resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva’109” […]
“En otra ocasión ‘le rodearon los judíos, y le decían: ¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo?
Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Ya os lo he dicho, pero no me creéis.
Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí’110” […]
¿Qué efecto producían los milagros en la gente? “Eran la prueba decisiva, irrefragable de
su unión íntima con Dios, de su misión especial, de su papel mesiánico. Tal era su carta de crédito
y el testimonio infalible de su soberana dignidad.
Por una parte, Jesús se presenta a nosotros como taumaturgo, y nos dice: Escuchad mi
enseñanza, contemplad mis milagros que la acreditan, y creed en Mí. Por otra parte, los felices
testigos de sus prodigios reiterados reconocen que Dios está con él, que es Dios en persona. Quien
obra en él, que él es el Santo de Dios, tal como lo afirmaban los demonios lanzados por él, que era
menester creer en él y abrazar su doctrina y adherirse a su persona, era incapaz de engañarse e
inducirnos a error; los que los veían y los estudiaban de cerca no podían tampoco engañarse” […]

¿Los milagros de Jesús prueban su divinidad?

“No hay duda de que, por si mismos, los milagros del Salvador no demuestran su divinidad,
ya que, antes de él y después de él, simples mortales como Moisés, Aarón, Elías, Eliseo y otros
santos personajes del Antiguo Testamento, los apóstoles, los discípulos, y hasta simples cristianos
bajo la Nueva Alianza, los han cumplido también extraordinarios. El don de obrar milagros no
supone directamente otra cosa que la existencia de una misión divina más o menos extendida, más
o menos duradera, en quienes han recibido este don de Dios.
Pero ¿quién no advierte que los milagros de Jesucristo poseen una fuerza probatoria singular
que sobrepasa notablemente la de los milagros cumplidos por los profetas, los apóstoles y los demás
santos del cristianismo?

107 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 151-62


108 Jn 5, 36
109 Lc 7, 18-22
110 Jn 10, 24-25

16
Es verdad que, para muchos de sus prodigios, quería simplemente hacer comprobar el papel
de Cristo redentor, que había recibido del cielo. Empero, una conclusión mucho más estricta se
impone a propósito de varios milagros de Jesús, o de palabras estrictamente relacionadas por él a
tal o a cual de entre ellos.
Pero, antes de señalar estos milagros especiales y estas palabras particulares del Salvador,
recordemos que él ha sido taumaturgo de una manera absolutamente única, que ha usado, en este
aspecto, de poderes ilimitados, que ha multiplicado los milagros como ningún otro lo ha hecho en
el mundo antes ni después de él, cumpliéndolos en nombre propio y por propia voluntad
poderosa111, comunicando sus poderes a sus apóstoles, quienes los ejercían en su nombre, no en el
de ellos112.
En resumen, estos milagros muestran que poseía el poder divino en su plenitud. Desde aquí,
no hay más que dar un paso para admitir que poseía también, como propia, la naturaleza divina. Al
cumplir sus milagros en tales condiciones, Jesús demuestra por consiguiente, al menos en forma
indirecta, que él es Dios, puesto que obra por sí mismo, en virtud de un poder que reside siempre
en él, obras que no pertenecían sino a Dios. Si a veces eleva los ojos al cielo, o hace oración antes
de cumplir sus prodigios, lo hace en calidad de Verbo encarnado, de hombre-Dios.
Pero vayamos más lejos ahora, siempre considerando de cerca los textos evangélicos, y
demostremos que Jesucristo ha hecho muchos de sus milagros para directa confirmación de su
divinidad” […]
“Así por ejemplo en el texto de la curación del paralítico113 realiza el milagro para confirmar
que Él puede perdonar los pecados, atributo exclusivo de Dios.
Los judíos persiguen a Jesús por hacerse igual a Dios: ‘Por eso los judíos perseguían a Jesús,
porque hacía estas cosas en sábado. Pero Jesús les replicó: Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo
también trabajo. Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo
quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a
Dios’114” […]
“En otras su palabra manifiesta la asociación íntima entre sus milagros y su divinidad115.
En la última cena dice a sus apóstoles: ‘Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en
mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él
también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre’116.
Jesús ha afirmado muchas veces que él era Dios, y sus milagros demuestran la perfecta
verdad de esta aserción. En efecto, si no hubiese poseído la naturaleza divina, la Providencia nos
habría engañado al permitir que un impostor usase, para demostrar una cosa falsa, y esto sobre un
punto esencial de la religión, de un poder que solamente pertenece a Dios”.

111 Mt 8, 3.7; Lc 7, 14
112 Lc 10, 17; Hch 3, 6
113 Mt 9, 2-8p
114 Jn 5, 16-18
115 Jn 10, 22-38
116 Jn 14, 11-12

17
18
CAPÍTULO 2
EXPULSIÓN DE DEMONIOS

Jesús y satanás117

“La existencia y la naturaleza del Diablo están vinculadas a la existencia del mal en el
mundo, menos, por lo demás, del mal físico, que se explica suficientemente por la corruptibilidad
del ser material, que del mal moral, la corrupción, el extravío y la perversión de la voluntad que,
en lugar de querer lo que sabe que está bien, elige deliberadamente su contrario, el mal” […]
“La unidad absoluta de Dios, su cualidad de Creador y de Señor absoluto del universo y de
la historia, estaban demasiado en el centro de la religión de Israel para que los judíos reconocieran
un principio del mal independiente que disfrutara de una casi-igualdad con Dios como sucedía en
otras naciones como los persas. Nadie puede ser el rival de Dios. Pero reconocen, sin embargo, no
un principio del mal, sino una jerarquía en el mal, y un jefe de esta jerarquía. Un solo Dios creador,
un solo universo dominio suyo, pero en el seno de ese universo, una rebelión de la criatura libre
que lleva su sublevación hasta negar el dominio y el imperio de Dios. Y esa rebelión lo aprovecha
todo.
El universo es un campo de batalla; cada uno de nosotros es un campo de batalla en que se
afrontan el bien y el mal, todo, el espíritu, el corazón, el cuerpo, todo es campo de batalla, todo en
mí y todo alrededor de mí; los demás hombres y los bienes de este mundo. Todo puede servir de
arma en uno u otro campo, todo puede traicionar. Es una batalla tan entremezclada que resulta
volátil ningún terreno de este mundo ni está definitivamente conquistado para un bando o para el
otro; no importa qué y no importa quién, pueden cambiar de bando en cualquier momento. Los
campos sólo quedarán separados y zanjados en el más allá, y del más allá no tenemos experiencia.
Por malo que sea un hombre, nadie tiene el derecho de decir que esté perdido para el bien sin
remedio” […] En el Evangelio Jesús ha hablado de esta mezcolanza de buenos y malos en este
mundo118.
“El gran privilegio de los judíos es la gran claridad de su juicio moral. Sabían muy bien lo
que estaba mal. Estaba mal todo lo que se oponía a la voluntad de Dios; el mal era una rebelión de
la criatura contra su Señor, rebelión que no podía comprometer las bases del imperio de Dios sobre
el universo ni su triunfo final, pero rebelión de todos modos, y que hacía a Dios una lucha universal,
áspera, inteligente, obstinada, a veces, con las apariencias de autoridad legítima y de victoria. En
esa rebelión, los hombres servían más bien de peonaje y de infantería; los grandes señores estaban
en otra parte, eran criaturas espirituales, negras, soberbias, perdidas. El jefe de ese orgulloso
ejército tenía varios nombres: Satanás, Belcebú, Belial, a veces Lucifer, el portador de luz.
La manifestación más espectacular y más perniciosa de ese dominio de Satanás sobre el
mundo, los judíos la vieron en la idolatría” […] “San Pablo pensaba que fueron ‘inexcusables’ los
hombres que idolatraron. En la idolatría, el hombre se rebaja al nivel de lo que adora. En ese
sentido, se tiene la sensación de que, detrás de toda idolatría, actúa y maniobra un espíritu superior
y maligno que ha consagrado a Dios un odio pensativo, que ha consagrado al hombre el más duro
desprecio, y que se alegra de todo lo que puede deshonrar a Dios en el hombre” […] El demonio
organiza el mal en el mundo y le da una cierta entidad que lleva a los hombres al escándalo y a la
negación o al menos al cuestionamiento serio de la omnipotencia de Dios.

117 BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 83-85


118 Mt 13, 24-30
19
“Un rey está deshonrado cuando deja deshonrar sus estandartes. Ahora bien, la más alta
dignidad del hombre es haber sido creado a imagen de Dios, ser el espejo y el estandarte de Dios
en la naturaleza material. En algún sitio hay un espectador que se ríe y aplaude cada vez que la
imagen de Dios es deshonrada y se inclina libremente y se prosterna ante una imagen de piedra o
de madera, o ante un poste clavado en tierra, dando a ese objeto el homenaje que sólo se debe a
Dios.
Si se cree en Dios, la idolatría es demasiado absurda, demasiado irracional, para que no se
tenga la idea de que, en tal empresa, el hombre es un juguete en manos más expertas. Es la
marioneta grotesca de una payasada sacrílega, cuyo director de escena está detrás del telón. Pero
ese director de escena existe: sin él, no habría espectáculo. Tras la idolatría que llenaba el mundo
de entonces, es ese director de escena, ese animador de las marionetas humanas, el que los profetas
de Israel denunciaron y desenmascararon con peligro propio” […]
“Hoy día nos creemos demasiado evolucionados, demasiado racionales, demasiado
ilustrados, demasiado instruidos y conscientes de la jerarquía de los valores, demasiado astutos,
para ser idólatras. Afirmamos no adorar a nadie ni a nada. Sin embargo, lo que sucede es que la
puesta en escena ha cambiado de decoración, pero que continúa la payasada sacrílega. La empresa
de deshonrar a la humanidad, y en especial la imagen de Dios en el hombre, nunca se ha impulsado
con tanta insolencia. No somos nosotros quienes tenemos derecho a reprochar a la Antigüedad las
hecatombes inútiles y monstruosas: ¿A qué Moloc, a qué Astarté, a qué Baal se han inmolado los
hombres de la edad moderna? ¿Quizá a nada? Sólo una utopía. En ese caso somos aún más
estúpidos, y sin duda aún mejor manejados que los que doblaban la rodilla ante un Baal de madera,
que al menos tenía el mérito de existir” […] “Y el diablo además tiene un señorío en el mundo
moderno a través del ansía insaciable de bienes materiales y de vanidad por las que se afanan los
hombres. Esto también es idolatría. La idolatría del dinero y la idolatría de la fama” […]
Juan Bautista decía “está a punto de llegar el que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera
soy digno de desatarle la correa de sus sandalias”119. Y Juan señaló a Jesús porque supo por
inspiración divina que Aquel sobre el cual se posase el Espíritu era el Elegido de Dios. Lo vio y lo
señaló120. Sin embargo, Jesús no sólo era más fuerte que Juan sino que era más fuerte que el fuerte,
que Satanás121. Comentando la parábola ‘del fuerte y el más fuerte’122 dice San Beda: “llama atrio
de él al mundo que está puesto en el maligno123 y en el cual éste tenía todo poder hasta la venida
del Salvador, como que descansaba en los corazones de los infieles sin contradicción ninguna; pero
vencedor de él Jesucristo, más fuerte y poderoso lo arrojó, librando a todos los hombres”124.
“La teofanía del Jordán era como la señal, el primer cohete en el cielo, que marca la hora
que desencadena la guerra abierta entre Jesús y Satanás.
Cierto que Jesús era un hombre excepcional; todavía hacía falta intentar examinar más de
cerca la cualidad de ese recién llegado, ante quien se había inclinado Juan y sobre el cual se había
desgarrado el cielo. La larga historia de Israel había visto otras muchas teofanías otros muchos
‘hijos de Dios’: toda elección divina para la profecía o la realeza confería el título de ‘hijo de Dios’,
que no tenía, pues, nada de único en el lenguaje de Israel. Esta vez, sin embargo, Dios había hablado
del ‘Hijo amado’ en quien se había complacido enteramente. Convenía rondar a ese personaje, y,
a ser posible, hacerle caer en una trampa en que quedaría preso y vencido. Debía ocurrir algunas
veces, entonces como hoy, que un elegido de Dios traicionara a su vocación y cayera bajo el
imperio del Diablo”.

119 Lc 3, 16
120 Cf. Jn 1, 31-36
121 Lc 11, 22
122 Lc 11, 21-22
123 1 Jn 5, 19
124 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Catena Aurea, comentario a Lc 11, 22

20
* * *
“Pero el profeta había dicho sobre el futuro Mesías que quitaría el espíritu impuro de la
tierra125.
Los milagros realizados por Cristo fueron argumento de la fe que enseñaba. Ahora bien,
Cristo debía con la potencia de su divinidad librar del poder de los demonios a los hombres que
creyesen en Él126 buscando con ello el bien de su cuerpo y sobre todo el bien de su alma, por eso
realizó en su vida muchas expulsiones de demonios”127.
“Jesús expulsó a los demonios para el bien de los hombres, como hemos dicho, no sólo
como argumento de fe sino principalmente para que glorificaran a Dios” […]
Jesús mandó a los demonios guardar silencio sobre lo que conocían de Él justamente para
que los hombres dieran gloria a Dios al ser liberados o al presenciar la expulsión de los demonios.
Y los hizo callar por tres razones:
“‘Los reprimía impidiéndoles hablar, aun cuando decían verdad, para enseñarnos a no
cuidar de ellos aun cuando parezcan hablar verdad. No está permitido dejarnos instruir del diablo,
teniendo a la mano las divinas Escrituras’, dice San Atanasio. Es esto peligroso, pues los demonios
siempre mezclan con la verdad las mentiras.
O, como dice San Crisóstomo, ‘no convenía que se arrogasen la gloria del ministerio
apostólico. No era decente que el misterio de Cristo fuera pregonado por lengua fétida’; que ‘no
cabe la alabanza en boca del pecador’128.
En tercer lugar, dice San Beda que ‘no quería encender con las declaraciones del diablo la
envidia de los judíos’. Por lo que ‘los mismos apóstoles reciben la orden de callar, no fuera que,
pregonada la majestad divina, se difiriera el misterio de la pasión’”129.
¿Qué sabían los demonios sobre Jesús?
“Dice San Agustín que ‘Cristo se dio a conocer a los demonios en la medida que quiso, es
decir, lo conveniente. Se les dio a conocer por ciertos efectos temporales de su poder’. Cuando
vieron que en el desierto padecía hambre130 juzgaron que no era Hijo de Dios […] Sabían que había
de venir el Mesías pero desconocían que vendría en la debilidad de la carne. Luego, cuando lo
vieron hacer milagros, por conjetura, pensaron que era Hijo de Dios, pero no tenían certeza sino
que más bien sospechaban de ello. Y llevado por esta sospecha persuadió a los judíos que le
crucificasen aunque no fue porque dejase de pensar que fuese el Mesías o el Hijo de Dios, sino
porque no previó que con la muerte sería él condenado. Pues de este misterio, ‘escondido desde la
eternidad”, dice el Apóstol “desconocida de todos los príncipes de este mundo - pues de haberla
conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria’ (1 Co 2, 8)”131.
“La caída de Satanás contrasta con la elevación de Cristo. El reinado de Satán en el
mundo132 va a llegar a su fin para ceder el sitio al reinado de Cristo133. El diablo es mentiroso por
naturaleza. Desde los orígenes ha engañado a la humanidad acerca de los mandamientos divinos,
lo cual, les ha costado la muerte; es, pues, homicida134. Las autoridades judías que quieren matar a

125 Cf. Za 13, 2


126 Jn 12, 31
127
III, 44, 1
128
Si 15, 9
129 III, 44, 1 ad 3
130 Lc 4, 2
131 III, 44, 1 ad 2
132 Jn 14, 30; 16, 11; 1 Jn 5, 19
133 Ap 12, 9-10
134 Jn 8, 44b; Gn 3; Sb 2, 24

21
Jesús lo hacen por instigación del diablo135, como lo hizo Caín136. Es el Príncipe de este mundo
quien, por sus mentiras, es la causa de todos los desórdenes morales137. Su reinado es el del Mal y
engendra la muerte. Por el contrario, Cristo fue enviado por Dios para decirnos la verdad 138, esa
verdad que debe liberarnos de la esclavitud del diablo139 porque nos hace saber claramente cuál es
la voluntad de Dios sobre nosotros140. Ahora bien, será la elevación de Cristo la que nos
proporcione ‘el signo’ por excelencia que nos probará que Él ha sido en efecto enviado por Dios141
y que Él nos trasmite sus palabras”142.
“En la vida de Jesús el enemigo tuvo unos aliados peculiares que fueron los fariseos. Ellos
eran hombres demoníacos. En el Evangelio aparece muchas veces su actuación contra Dios, contra
Jesús, contra la verdad y eso hasta el extremo de dar muerte al Mesías que era lo que buscaba
Satanás. Jesucristo trató de demoníacos a los fariseos; los cuales lo trataron de demoníaco a él
desde luego, en virtud del principio de la proyección malvada de sí mismos143. Vosotros os llamáis
hijos de Abrahán, y sois hijos del demonio; el cual es homicida desde el principio y por eso queréis
matarme”144. De hecho en varios pasajes del Evangelio acusan a Jesús de obrar por virtud del
príncipe de los demonios145.

EL ENDEMONIADO DE LA SINAGOGA DE CAFARNAÚM


Mc 1, 21-28 (Lc 4, 31-37)

Este milagro ocurre en el primer año de la vida pública de nuestro Señor en la sinagoga de
Cafarnaúm y es la primera expulsión de demonios que nos relata el Evangelio. El milagro ocurrió
poco después del llamamiento definitivo de los cuatro primeros discípulos146.

Jesús, por el Espíritu que ha recibido en su bautismo, inaugura su misión tal como le ha
prescrito la voz del cielo (Mc 1, 9s). Él enseña, como el Siervo de Isaías (42, 1-4); al
expulsar los espíritus inmundos, agentes de Satán, pone de manifiesto que despoja a éste de
su poder regio (Lc 10, 18-19; Jn 12, 32ss; Ap 12 9-11)147.

El endemoniado da a Jesús dos nombres. Lo llama “Jesús de Nazaret” y “Santo de Dios”.


Es la única vez que el demonio llama al Señor con estos nombres.
Respecto del primero, dice San Agustín: “Cuanta virtud tiene verdaderamente contra la
soberbia de los demonios la humildad de Dios, que ha aparecido en forma de siervo, lo saben
también los demonios, que se lo han expresado al mismo Señor revestido de la debilidad de la
carne”148.

135 Jn 8, 44a
136 1 Jn 3, 12
137 Ef 2, 1-3; 6, 10-17; 2 Co 4, 4
138
Jn 8, 45
139 Jn 8, 34 ss.
140 Jn 8, 32 ss.
141 Jn 2, 11ss; 3, 14 ss.
142 Cf. JSALÉN. a Jn 12, 31
143 El demoníaco acusa a los demás de sus propios pecados, se descarga de ellos en el prójimo, a veces en medio de las calumnias

más inverosímiles. Sus pecados gravísimos que él no puede ver, los ve en el vecino; y cuanto más santo sea el vecino, con más
facilidad Cf. CASTELLANI, Psicología Humana, Jauja Mendoza 19972, 92
144 CASTELLANI, Psicología Humana…, 95-6
145 Mt 12, 22-32; Lc 11, 14-15
146 La cronología de los milagros está tomada de LEAL, Sinopsis de los Cuatro Evangelios, BAC Madrid 1961
147 JSALÉN. a Mc 1, 21
148 Catena Áurea, comentario a Mc 1, 24

22
¿Qué significa Santo de Dios?

“Siendo Dios el ‘Santo’ por excelencia, todo lo que con Él se relaciona es santo 149 y ante
todo Jesús que, perteneciéndole por su filiación divina y su elección mesiánica150 está constituido
cabeza del ‘pueblo de los santos’151, es decir, de la comunidad de los elegidos, los cristianos (Hch
9, 13ss)”152.
“‘Santo’ significa ‘consagrado, separado’. El espíritu inmundo reconoce en Jesús al profeta
consagrado por Dios para su misión153 gracias al Espíritu que ha recibido (Is 61, 1 ss. Ver Lc 1, 35;
Hch 2, 27; 3, 14; 4, 27-30; Ap 3, 7)”154.
“Dios es el Santo, el Puro; sus ángeles participan de su santidad y pureza; al contrario, los
demonios son impuros. Este espíritu presiente en Jesús un poder divino, que viene a destruir el
suyo. Es el testimonio que continuamente dan de Jesús los espíritus por boca de los posesos”155.
El demonio le llama santo pero no como se puede llamar a otros, por ejemplo los profetas,
sino como un santo por excelencia. Los Santos Padres dicen que los demonios reconocen a Jesús
Señor de todo y santo por esencia porque de Él participan los otros la santidad156.
Sin embargo, no proclaman la divinidad de Jesús como lo hace Pedro después del discurso
del Pan de Vida157.
La gente se maravilla de la autoridad que tiene Jesús en su enseñanza y al final del relato se
maravilla de su autoridad sobre los demonios.

Los dos narradores hacen notar, en un lenguaje muy expresivo, que su palabra producía una
profunda impresión sobre el auditorio. E indican inmediatamente el motivo de esta
admiración: “Pues los instruía con autoridad y no como los escribas”. Según la bella
expresión de San Justino, “su palabra era una virtud de Dios”, es decir, una fuerza
enteramente divina tanto por el fondo como por la forma158.

El endemoniado reconoce que Jesús viene a perderlos.


“Sin duda el hombre que estaba endemoniado fue a la sinagoga en un período de calma y
lucidez. De pronto, la presencia y la palabra de Jesús provocaron en él una crisis violenta.
Interrumpiendo al orador, exclamó con todas sus fuerzas (Lc): “Déjanos en paz, que hay (de
común) entre tú y nosotros, Jesús de Nazaret ¿Has venido a exterminarnos? Yo sé quién eres: el
Santo de Dios […]
Los demonios se sienten amenazados por Jesús. Perderlos, destruirlos, no sólo quiere decir
que los lanzaba del cuerpo del desdichado, sino, que también eran mandados al abismo infernal
[…]
“Yo sé quién eres”. El tránsito del plural al singular denota que hablaba el demonio en
nombre de los espíritus malos, ahora, es el poseído el que toma la palabra lo que sabía respecto del
Salvador gracias al demonio”159.
Él lo hace callar y lo expulsa.

149 Lv 17, 1
150 Mc 1, 10 ss.
151 Dn 7, 18 ss.
152 JSALÉN. a Mc 1, 21 (ed. 1975)
153
Jn 10, 36
154 JSALÉN. a Mc 1, 21
155 NACAR-COLUNGA a Mc 1, 21
156 Cf. CRISÓSTOMO Y ATANASIO, Catena Áurea, comentario a Mc 1, 24
157 Jn 6, 69
158 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 384
159 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 385-6

23
Jesús da dos órdenes breves y perentorias: Enmudece y sal de este hombre.
Respecto de la primera: lo hace callar porque “el Santo de Dios” no podía aceptar este
testimonio, aun obligado, de los espíritus malignos.
“Sal”, a la cual, obedeció con prontitud. Mostró su odio sacudiendo a su víctima con
violencia y lo abandono lanzando un grito, grito de angustia y de rabia impotente.
Los que contemplaron el milagro primero se llenaron de espanto pero luego sucedió al
espanto una religiosa admiración que se expresaba aprobando la nueva doctrina por la que Jesús
expulsaba los demonios160.
Este silencio que Jesús impera al demonio se lo llama “secreto mesiánico”.
Jesús prohíbe al demonio que lo dé a conocer161. En otras ocasiones impera el “secreto” a
los que ha curado162 y también, en algunas ocasiones, se los prohíbe a sus apóstoles163. “Impone,
respecto de su identidad mesiánica, una consigna de silencio que no se levantará hasta después de
la muerte164”165. Esto lo hace para evitar el error del mesianismo carnal.
Con la venida de Jesús se cumplieron los vaticinios del Antiguo Testamento, de los cuales,
resaltaron dos en su persona, que son los que menos tradición tienen por causa de los dirigentes
religiosos de Israel: Jesús como Hijo de Dios y como siervo sufriente. Sin embargo, Cristo no dejó
de enseñar su divinidad no sólo con palabras, sino, especialmente con los milagros y las profecías.
Por otra parte, también enseñó a sus discípulos la necesidad de cargar con la cruz como Él mismo
lo haría. Varias veces en su vida profetizó delante de ellos su pasión y resurrección.
Para que el mesianismo terreno no fagocitara al mesianismo de cruz es que Jesús manda
guardar el secreto mesiánico166.
Jesús había sufrido la tentación por parte del demonio de un mesianismo carnal y la rechazó
desde el comienzo de su vida pública167. Y durante el tiempo de su ministerio rechazó lo
espectacular168 y hasta ser proclamado como rey temporal169 porque sabía bien cuál era el camino
que le había trazado el Padre para redimir a los hombres.

Jesús no sólo expulsa los demonios de las personas, liberándolas de la peor esclavitud, sino
que también impide a los demonios mismos que revelen su identidad. E insiste en este
“secreto”, porque está en juego el éxito de su misma misión, de la que depende nuestra
salvación. En efecto, sabe que para liberar a la humanidad del dominio del pecado deberá
ser sacrificado en la cruz como verdadero Cordero Pascual. El diablo, por su parte, trata de
distraerlo para desviarlo, en cambio, hacia la lógica humana de un Mesías poderoso y lleno
de éxito. La cruz de Cristo será la ruina del demonio; y por eso Jesús no deja de enseñar a
sus discípulos que, para entrar en su gloria, debe padecer mucho, ser rechazado, condenado
y crucificado (cf. Lc 24, 26), pues el sufrimiento forma parte integrante de su misión170.

160 Cf. FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 386-7


161 v. 25
162
Cf. Mc 1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26
163 Mc 8,30; 9, 9; Mt 16, 12
164 Cf. Mt 10, 27ss
165 Cf. JSALÉN. a Mc 1, 34
166 Los judíos siguen esperando la manifestación del Mesías y siempre según el sentido carnal.
167 Cf. Mt 4, 5-7
168
Huye del asalto de las multitudes refugiándose en lugares solitarios (Mc 1, 45). Prohíbe severamente a un leproso que hable de
ello a nadie (Mc 1, 44). Más tarde escapa con sus discípulos al lago; pero cuando las turbas le rodean vuelve a curar a muchos,
aunque prohibiendo a los demonios que le den a conocer (Mc 3,10ss). Se retira con los discípulos (6, 10ss) después de haberlos
elegido, etc.
169 Cf. Jn 6, 15
170 BENEDICTO XVI, Ángelus domingo 1 de febrero de 2009.

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/angelus/2009/documents/hf_ben-xvi_ang_20090201_sp.html
24
Jesús apareció contradictorio a los hombres de su época. Se muestra como un gran
predicador y un taumaturgo extraordinario, pero al mismo tiempo, se muestra como un hombre que
no quiere manifestar su grandeza y además enseña un oscuro futuro de su vida. Sus hechos
extraordinarios provenían de su filiación divina que sólo se develarían después de su
resurrección171. Y en la tierra se mostraba como el siervo obediente de Dios. “Mateo172 aplica a
Jesús la profecía de Isaías en su primer poema173, acentuando que no tendrá altercados con sus
enemigos y que evitará la aclamación del pueblo y la admiración sensacionalista”174. También la
resurrección esclarecerá su mesianismo sufriente.
En consecuencia, el “secreto mesiánico”, además, de evitar el incremento de una
concepción errónea del Mesías tiene como efecto secundario enseñar de una manera pedagógica el
camino que el Mesías esperado debía seguir según los planes de su Padre celestial.
¡Qué palabra ésta!175
Se queda la gente asombrada por la doctrina de Jesús y por la expulsión del demonio y
ambas cosas las atribuyen a su palabra.
¿Cómo es la palabra de Jesús? La palabra de Jesús es espada del Espíritu176, más cortante
que espada alguna de dos filos, discierne sentimientos y pensamientos del corazón177, es palabra
que rengendra de un germen no corruptible sino incorruptible178, es palabra “viva y permanente”179,
“es útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia”180, “es fuerza de Dios
para salvación de todo el que cree”181.
Jesús enseña con autoridad y expulsa a los demonios con autoridad. ¿De dónde le viene esa
autoridad? Le viene porque es la Palabra pronunciada por el Padre y por la cual se hicieron todas
las criaturas182. ¿Cómo no va a hablar con autoridad la Palabra encarnada? ¿Cómo no va a expulsar
los demonios la Palabra que hizo todas las cosas?
Los hombres expresamos con palabras la Palabra revelada. Jesús expresa con palabras
humanas su misma Persona. Es la misma Palabra que se expresa por palabras humanas. “Cristo no
solo anunciaba el Evangelio sino que Él mismo se hacía Evangelio. No es sólo una palabra
pronunciada la que escuchaban sus seguidores sino una Palabra Encarnada”183.
La autoridad viene por la vivencia de lo que se dice. Se cree más al testigo que al orador.
Jesús es la Palabra viviente entre los hombres “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre
nosotros”184 y se expresa por palabras que dan vida “Señor, ¿Dónde quién vamos a ir? Tú tienes
palabras de vida eterna”185.
Además, la autoridad de Jesús al expresarse va acompañada de signos, en este caso, la
expulsión de los demonios que señalan a Jesús como un hombre en relación íntima con Dios.
El pasmo y la admiración nacen de todos los elementos conjugados, la autoridad de la
doctrina de Jesús, su poder de expulsar los demonios, otros milagros que realiza.

171 Jn 8, 28
172 12, 17ss
173
42, 1-4 a
174 GER, Enciclopedia, Rialp Madrid 1991, Versión electrónica, voz: Mesías
175 Lc 4, 36
176 Ef 6, 17
177 Hb 4, 12-13
178 1 P 1, 23
179
Ibíd.
180 2 Tm 3, 16
181 Rm 1, 16
182 Cf. Jn 1, 1-3
183 FUENTES, INRI, Ed. Del Verbo Encarnado San Rafael 1999, 88
184 Jn 1, 14
185 Jn 6, 68

25
EL CIEGO MUDO
Mt 12, 22-23 (Lc 11,14)

Este milagro ocurre en Cafarnaúm en el segundo año de la vida pública de Jesús. Mateo
habla de un ciego mudo pero Lucas sólo de un mudo, por lo cual, su relato se acerca mucho al de
Mt 9, 32-34. Sin embargo, son dos curaciones diferentes aunque hechas en el mismo lugar.

Este milagro presenta un especial interés puesto que con él se relacionan la injuria
blasfematoria de los fariseos y la vibrante apología del Salvador. San Mateo y San Lucas
son los únicos que lo narran; sin embargo, San Marcos menciona también en sus términos
propios, ya la blasfemia, y el discurso apologético (Mc 3, 22-30)186.

La posesión diabólica no permitía al hombre ver ni hablar. Jesús al expulsar al demonio


hace que vea y hable.
La reacción de los espectadores es diversa. Algunos se preguntan si no será el hijo de David,
es decir, el Mesías (Mt). Otros se admiran de lo sucedido. Otros, probablemente fariseos y escribas,
explican el poder de Jesús por la ayuda del príncipe de los demonios.
Hace notar el evangelista la maldad de los fariseos que tratan a Jesús de demoníaco, es
decir, un hombre que tiene pacto con el demonio y con la ayuda del demonio expulsa al demonio.
A esta blasfemia y otras semejantes, a lo largo de su ministerio, Jesús se las refutará con la parábola
del fuerte armado y con la del reino en guerra civil.
El Evangelio “del fuerte armado”187 nos muestra al “más fuerte” encadenando al “fuerte”.
Sólo Lucas habla del “más fuerte” que es Jesús pero los tres sinópticos se refieren al “fuerte” que
es satanás.
La expulsión que hace Jesús de los demonios es una manifestación anticipada de su victoria
sobre satanás en la cruz.
Era necesario atar al “fuerte” para liberar a los hombres. Jesús derrotó al demonio en la cruz
pero satanás está libre en el mundo para obrar hasta que sea atado definitivamente al fin de los
tiempos. Y el demonio sigue siendo “el fuerte” en el mundo.
Jesús lo llamó “el fuerte”. Sabía de su astucia y poder.
Los fariseos y los escribas habían caído en las garras de satanás. Jesús les dijo que eran sus
hijos188. Por esta razón acusan a Jesús de tener pacto con el demonio, pero Jesús desarma su
calumnia con un argumento de sentido común: “todo reino dividido va a la ruina”.
Los fariseos llevados por la envidia acusaban a Jesús de demoníaco porque no querían
reconocer en Él la mano de Dios y se cierran a la luz, pecando contra el Espíritu Santo. Este pecado
no tiene perdón porque no da paso a la luz de la gracia debido a que los ojos están cerrados
voluntariamente.
Un día que Jesús curó a un ciego de nacimiento los fariseos querían negar el milagro. Al
final del Evangelio se establece el siguiente diálogo: “Algunos fariseos que estaban con él oyeron
esto y le dijeron: “¿Es que también nosotros somos ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos,
no tendríais pecado; pero, como decís: Vemos vuestro pecado permanece”189.
“Tienen ojos y no ven” ¿Por qué? Porque no quieren.
Y la ceguera de la mente, cuando es voluntaria, como en este caso, engendra no sólo envidia
y calumnia sino que lleva hasta el homicidio. Así ocurrió con la muerte de Jesús.

186 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 396.


187 Lc 11, 15-26 p
188 Jn 8, 44
189 Jn 9, 40-41

26
¿Qué busca Jesús al decirles la parábola y al hablarles del pecado contra el Espíritu Santo?
Busca hacerles ver que la calumnia es infundada pero en definitiva quiere su conversión. De igual
manera al advertirles del gran pecado que cometen quiere que se retraigan de su pecado.
Jesús defiende su razón de obrar. El obra por el poder de Dios y ha venido a expulsar al
demonio de su trono. Recibe humildemente la humillación de ser llamado demoníaco pero les
demuestra que no lo es, sino por el contrario, que es un hombre de Dios.

LOS ENDEMONIADOS GADARENOS


Mt 8, 28-34 (Mc 5, 1-20; Lc 8, 26-39)

Esta expulsión la realiza Jesús en su segundo año de vida pública. El lugar donde ocurrió
fue la ciudad de Gadara, al sureste del mar de Galilea en la desembocadura de Wadi es Samak,
frente a Magdala. Los flancos de esta costa oriental son muy escarpados y contrastan con la caída
suave de las colinas occidentales190.
En esta ocasión, una vez más Jesús, está haciendo una apología de su condición de Mesías.

Es este el caso más terrible, y por eso mismo el más célebre, de posesión diabólica que
narran los sinópticos. El relato de San Mateo es muy sumario; el de San Lucas encierra
detalles en mayor cantidad y precisión; el de San Marcos es el más dramático de los tres191.

Jesús partió de Cafarnaúm después de realizar numerosas curaciones, también


manifestación clara de su mesianidad. En la travesía por el Tiberíades calmó con su poder la
tempestad desatada ante el asombro de sus apóstoles que creían próxima su muerte a causa de la
furia de las olas y el viento.
Ahora en Gadara se las tiene que ver con dos posesos192, es decir, se enfrenta a los
demonios, en número tal que se llaman “legión” (Mc, Lc).

No bien el endemoniado divisó a Jesús a distancia (a longe, dice San Marcos), acudió por
sí mismo, como atraído por una fuerza irresistible, y se postró a sus pies, rindiéndole un
homenaje involuntario. Luego dio un gran grito y exclamó: “¿Qué tengo yo que ver contigo,
Hijo del altísimo Dios? Te conjuro por Dios que no me atormentes”. Hecho extraño: Jesús
es para él a la vez un objeto que le atrae y que le inspira una viva repulsión. ¿De qué modo
conoció al divino Maestro, a quién jamás había visto? Este hecho se explica fácilmente: no
es el hombre, sino el demonio quien reconoció inmediatamente al Salvador. La humilde
petición: “No me atormentes”, es explicada al punto por los dos evangelistas: “Pues Jesús
le decía: Sal, espíritu inmundo, de ese hombre”. Los demonios se debatían, pues, contra
esta orden, y al experimentar su impotencia, recurrieron a la petición a fin de que no se
cambiase en lo más mínimo su situación actual193.

El demonio se queja de que Jesús haya venido a molestarlos antes de tiempo, con lo que da
a conocer que su fin se aproxima. Le queda poco tiempo. Su fin será en la Pascua de Jesús. El

190 Cf. LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 185


191 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 401.
192 Mc y Lc hablan de un solo poseso
193 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 404.

27
demonio muestra su impotencia ante Jesús. Jesús maneja la situación con el demonio. Ellos se
irritan ante su presencia, los expulsa, permite que vayan a la piara de cerdos.
Los demonios piden a Jesús que no los arroje de aquel lugar sino que les permita ir a los
cerdos ¿Qué no los arroje dónde? Al abismo (Lc), al lugar donde ya no puedan tentar y donde sólo
reciben castigo. Jesús les concede ir a los cerdos y los demonios hacen una diablura más. Arrojan
la inmensa piara, dos mil cerdos, al mar de Galilea y allí se ahogan los cerdos. Es que el demonio
de una u otra manera busca hacer el mal. Gran pérdida material para los porqueros. Y así lo sienten
los porqueros que no miran el bien de los hombres liberados del demonio, ni la paz que reina
nuevamente en aquellos parajes, sino la pérdida material que Jesús les ocasiona.

Cristo permitió a los demonios entrar en los puercos, no a persuasión de los demonios
mismos, sino, primero, para instruir a los hombres sobre la magnitud del daño que les
infieren los demonios; segundo, para que aprendiesen que ni contra los puercos se atreven
a hacer cosa alguna si no les es concedido; y tercero, para mostrar cuánto más graves cosas
obraran en los hombres que en los puercos si no fueran los hombres protegidos por la divina
Providencia194.

Jesús permitió la muerte de los dos mil cerdos para que los gadarenos pudieran recobrar dos
de sus ciudadanos con salud o pudieran conocer al Mesías que hacía tales milagros y tenía tal poder.
Jesús permite al demonio que siga tentando en la tierra pero hasta la medida que Él quiere. Le
permitió ir a la piara. Si no lo hubiera querido hubieran vuelto al abismo. Permite al demonio tentar
pero no más allá de las fuerzas que el hombre puede resistir. Da la gracia suficiente para vencer al
demonio y todas sus tentaciones.
Es patente la impotencia de los demonios ante el poder de Jesús. Cristo tiene poder supremo
sobre el diablo y permite hacer al diablo sólo lo que Él quiere que haga. Los impera a que digan su
nombre, se molestan de su presencia y se quejan por haber venido antes de lo que ellos pensaban.
Deja que lo proclame “Hijo de Dios” (Mt), “hijo de Dios altísimo” (Mc, Lc).
No pueden resistirse a ser expulsados. Ruegan no volver al abismo. Jesús regula según su
voluntad la situación y permite hasta donde quiere o esconde según quiere el “secreto mesiánico”.
Hay tres símbolos que se relacionan con los espíritus impuros referentes al lugar donde
moran. Primero, el lugar donde estaban los endemoniados era un lugar desierto, también en el
desierto fue tentado el Señor por el demonio. Los endemoniados se encontraban en un lugar
solitario junto a los sepulcros, lugar de los muertos; segundo, el lugar donde piden ir los demonios
que son los cerdos, animales impuros para los judíos. Los gadarenos pertenecían a la Decápolis y
eran paganos en su mayoría; y tercero, el lugar donde se precipitan los cerdos que es el mar, lugar
simbólico por excelencia de las fuerzas del mal, lugar donde habita el Leviatán, lugar donde la
tempestad se levanta para hace naufragar la nave de Pedro, lugar, en el caso presente, donde van a
parar los demonios, lugar de inseguridad y vaivenes como el mundo.
No nos olvidemos de esta verdad, Cristo es Dios y el demonio es una criatura caída.
El diablo no puede hacer más mal que el que le permite Dios. Si Dios no permite que haga
daño alguno no puede hacer daño alguno. A veces, Dios permite al diablo que haga algún mal, para
sacar un mayor bien de ese mal y para respetar la libertad del hombre cuando el hombre busca
libremente lo malo.
Dios permite el mal, permite que el diablo haga el mal a alguno de sus hijos para ejercitarlo
en la paciencia y en otras virtudes y en definitiva porque si resiste a la tentación crecerá en santidad.

194 SAN JUAN CRISÓSTOMO en III, 44, 1 ad 4


28
Dios le permitió al demonio, quedarse en la zona, aunque fue derrotado por Jesús que lo
hizo salir del hombre pero no pudo soportar la derrota y como no podía perjudicar a Dios quiso
perjudicar a los hombres. ¿De qué manera? Tocándolos en sus bienes materiales. Bien sabía él que
los gadarenos estaban apegados a sus piaras de cerdos. Ante la pérdida de bienes materiales ni se
cuestionaron lo que habían contado los porqueros del milagro. Pidieron a Jesús que se fuera de su
región. Perdieron los cerdos y perdieron la compañía del Mesías.

El divino Maestro, accedió sin tardar a este pedido, a pesar de la pena que debió sentir por
ello. Pero, en el momento en que iba a embarcarse para atravesar el lago nuevamente, uno
de los poseídos que acababa de liberar le dirigió también una petición que felizmente
contrasta con la de sus compatriotas: “se puso a suplicar que le admitiese en su compañía”
(Mc y Lc). Él hubiera querido no separarse jamás de su bienhechor y unirse a sus discípulos
que le acompañaban a todas partes. “Jesús no aceptó”. Por lo menos, lo consoló,
indicándoles un medio de servir piadosamente a la causa del evangelio y del reino de Dios,
sin abandonar su país: “vete a tu casa con los tuyos y anúnciales la gran merced que te ha
hecho el Señor y la misericordia que ha usado contigo”. Jesús le dejó, pues, en esta
provincia infiel, como una prueba viviente y continua de su divinos poderes. Dócil a esta
orden, el endemoniado curado se fue, y comenzó a publicar por la Decápolis cuantos
beneficios había recibido de Jesús; y todos quedaron pasmados195.

CURACIÓN DE UN MUDO ENDEMONIADO


Mt 9, 32-34

Este milagro ocurre el segundo año de la vida pública del Señor. Siguiendo el lugar que
ocupa en el Evangelio de Mateo, que es el único que lo narra, parece que ocurrió en Cafarnaúm.
El evangelista indica la relación entre la mudez del hombre y la posesión diabólica. El
demonio le tenía trabada la lengua porque en cuanto el demonio fue expulsado el hombre comenzó
a hablar.
No dice la narración evangélica como curó al hombre. Simplemente hace constar la
expulsión del demonio y la liberación del hombre manifestada en su lengua expedita.
Una de las características de las posesiones diabólicas que narra el Evangelio es privar a los
hombres del habla. Esta característica también se repite en el orden espiritual. Los hombres que
tienen un espíritu diabólico, los demoníacos espirituales, son mudos. En la caracterología de los
hombres llamados demoníacos sobresale el mutismo, la reserva absoluta, el encierro del alma. El
demoníaco no puede abrir su interior a los demás, y lo que es más curioso, ni siquiera a sí mismo:
no puede examinarse, no puede juzgarse, no puede mirarse siquiera, corre una cortina de humo
entre su mente y su corazón. Y lo más notable es que a veces habla muchísimo, esa cortina de humo
es una cortina de charla intranscendente y falsa, pero revelarse a sí mismo no puede, su interior es
tiniebla196. Asimismo una de las maneras de engañar el demonio es lograr que el alma se quede
callada cuando es tentada y no revele las tentaciones a quien pudiera aconsejarla197.
Llama la atención, en la narración, la admiración de la gente: “jamás hemos visto cosa
semejante en Israel” y es que en el mismo Cafarnaúm había curado a una mujer con flujos de
sangre, le había devuelto la vista a dos ciegos y había resucitado a la hija de Jairo. Podría ser que

195 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 406-7


196 CASTELLANI, Psicología Humana, Jauja Mendoza 19972, 92
197 Cf. SAN IGNACIO DE LOYOLA, Ejercicios Espirituales nº 326

29
la admiración a la que alude el evangelista fuese la resultante de presenciar todos estos sucesos o
la manera tan simple de expulsar al demonio, simpleza que denota el poder de Jesús sobre el diablo.
¿El demonio tiene poder sobre la naturaleza? Sí. Puede evadir las leyes naturales
concernientes al cuerpo principalmente y puede simular milagros.
Hay una lucha entre el diablo y Jesús en los signos. El Mesías debía realizar signos y ellos
manifestarían su presencia. El demonio ¿podría hacer signos? Sí. ¿Podría haber hecho surgir un
falso mesías? Sí. El argumento sobre el reino dividido no parece concluyente si existiera esta
posibilidad aunque es cierto que el diablo nunca haría signos en bien de los hombres sino para
desviar la misión del Mesías. ¿No podría haber hecho surgir el diablo un falso mesías como lo hará
al fin de los tiempos? Sí, pero tendría que haber competido con Jesús y Jesús lo hubiera aplastado
por su humillación voluntaria en la cruz.
De hecho el demonio intentó hacer de Cristo un falso mesías cuando lo tentó en el desierto.
Quiso que hiciera signos sometiéndose a Él, siguiendo su voluntad, adorándolo y en esta línea se
encuadra la blasfemia farisaica. Pero Jesús lo derrotó por la fidelidad a su vocación, es decir, siendo
un Mesías sufriente.

LA HIJA DE LA CANANEA
Mt 15, 22-28 (Mc 7, 25-30)

Este milagro ocurre en la región de Tiro y Sidón, en Fenicia, durante el tercer año de la vida
pública de Jesús.

Este episodio es paralelo al de la curación del hijo del centurión. Jesús realiza una curación
en favor de un gentil o de una gentil; pero cura a distancia, por el poder de su palabra,
porque no estaba permitido a un judío entrar en casa de un gentil198.

“La mujer era griega (Mt), no de raza, ya que era sirofenicia, pero sí de cultura, es decir,
gentil”199. Cree en Jesús. Cree que puede expulsar el demonio que atormenta a su hija. La mujer lo
confiesa como “hijo de David” (Mt), es decir, como el Mesías.
La hija de la cananea estaba enferma a causa del demonio. Así lo expone ella, según Mateo.
Marcos directamente consigna el hecho “una mujer, cuya hija estaba poseída de un demonio
inmundo”.
Su fe la va a demostrar en la perseverancia que manifiesta siguiéndolo, a pesar, de que Jesús
le niega el milagro en un principio.
No se calla sino que insiste a gritos detrás de Jesús y sus discípulos. Grita pidiendo el
milagro y Jesús la ignora. Los discípulos cansados del seguimiento de la mujer y de sus gritos le
piden al Señor que le haga caso y Él se niega argumentando que es una extranjera. Finalmente, la
mujer no le permite avanzar porque se arrodilla delante de Él pidiéndole socorro. Jesús la humilla
tratándola de perra.

Jesús debe dedicarse a la salvación de los judíos, “hijos” de Dios y de las promesas, antes
de ocuparse de los paganos, que a los ojos de los judíos no eran más que “perros”200.

198JSALÉN. a Mc 7, 24
199 JSALÉN. a Mc 7, 26
200 JSALÉN. a Mt 15, 26
30
Marcos dice “espera que primero se sacien los hijos”, es decir, está insinuando que una vez
saciados los hijos habría gracias para los paganos. Mateo es más excluyente: “no he sido enviado
más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.
Jesús a través de sus palabras la invita a convertirse, le hace ver que la salvación viene por
los judíos y que debe creer, para obtener el milagro, en el Mesías de los judíos. La mujer debe
abandonar sus falsas creencias que son comida de perros y creer en Jesús para participar en la mesa
de los hijos. La mueve a deponer su orgullo y obsequiar con sus palabras a la multitud, expresando
el acto de humildad que había hecho al arrodillarse y que es maravilloso: “también los perrillos
comen las migajas de los hijos” y tenía razón porque si bien Jesús había venido en primer lugar a
Israel era un Salvador universal. Cristo concluye resaltando la fe de la cananea y haciendo el
milagro. Ella en su humillación se humilla más todavía pidiendo el milagro con palabras llenas de
sabiduría. Jesús se admira de su fe y por su fe le concede la curación.

Entrando en el pensamiento de Jesús, la Cananea quería decir: “Para alimentar a los


perrillos, no es necesario echar el pan destinado a los hijos; ellos se contentan con las
migajas que caen de la mesa”. Lo cual quiere decir, sin metáforas: las gracias concedidas
por vos a los israelitas son de tal modo numerosas que no los privaríais de nada al escuchar
mi humilde petición.

No se sabría admitir esta conducta y este lenguaje. De una frase que habría podido
humillarla y descorazonarla, la Cananea sacó un argumento infalible para que fuese
escuchada.

Su respuesta estaba tan llena de espíritu como cargada de cualidades morales201.

Este milagro es un preludio de la salvación que Cristo viene a traer también a los gentiles y
manifiesta la importancia que tiene la fe para alcanzar la salvación y para ser hijo de Dios.
Jesús resalta delante de los israelitas la fe de aquella mujer, como delante de ellos la había
postergado por su raza. Esto tiene mucho valor porque va enseñando la precedencia de la fe sobre
la descendencia racial. Los israelitas son el pueblo predilecto de Dios y Jesús lo reconoce en este
caso: “no he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel”, “no está bien tomar
el pan de los hijos” pero también reconoce la fe extraordinaria de la mujer: “mujer, grande es tu
fe”, una fe semejante a la del centurión202, quizá como no había en Israel. Delante de los israelitas
humilla a la mujer para luego exaltarla y ellos exaltados como pueblo elegido quedan humillados
ante una fe que los supera.
La humildad de la mujer la lleva a reconocer su condición de pagana y el privilegio de la
raza elegida. Esa era su verdad. Humildad es andar en verdad, dice Santa Teresa. La cananea es
humilde porque reconoce su verdad pero también es humilde porque sabe sufrir las humillaciones
sin desanimarse, sin dejar de confiar en Aquel que puede subsanar su miseria. La humildad es
condición necesaria para la fe. Sólo cree el que es humilde, el que sabe que necesita de Jesús para
salvarse y que no puede salvarse por sí mismo como lo creería el orgulloso. Dios da su gracia a los
humildes que acuden a Él y resiste a los soberbios que no lo confiesan.
La fe hace que la mujer que no era considerada del pueblo de los hijos se haga hija y reciba
la salvación de Jesús. La exclamación de Jesús denota esta importancia de la fe: “Mujer, grande es
tu fe” (Mt).

201 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 392-3


202 Mt 8, 10
31
Ésta mujer no sólo tuvo una fe humilde sino también recta. Una fe como dice Santiago sin
ninguna vacilación, no como la fe que es semejante a las olas marinas203. Una fe, además, fervorosa.
Hay otro aspecto que podemos aprender de la mujer cananea y que es condición de la
verdadera oración, la perseverancia. Ella a pesar de las negativas de Jesús no se echó atrás sino que
siguió pidiendo con insistencia según aquello de: “pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y
se os abrirá”204. A veces, el Señor quiere ser importunado para concedernos lo que le pedimos, de
esa forma se agiganta el deseo y se purifica la fe205.
La mujer nunca dudó que Jesús pudiera curar a su hija y esto manifiesta el aspecto de
confianza que tiene que tener nuestras peticiones. No hay que dudar que Jesús pueda salvarnos y
liberarnos de todas nuestras miserias.
Y nuestro Señor la escuchó porque “cumple los deseos de sus leales, escucha su clamor y
los libera”206.
La gran fe de la mujer llevó a Cristo a hacer el milagro: “Que te suceda como deseas”, es
decir, según tu fe. “Y desde aquél momento quedó curada su hija”.

EL JOVEN LUNÁTICO
Mt 17, 14-21 (Mc 9, 14-29; Lc 9, 37-43a)

Este milagro ocurre en el tercer año de la vida pública de Jesús al pie del monte Tabor en
una pequeña aldea llamada Daburiyeh.
Mateo habla de un muchacho lunático. La Biblia de Jerusalén titula a este milagro del niño
epiléptico.

Los diversos síntomas descritos por los tres evangelistas son demasiado claros y demasiado
categóricos para que podamos engañarnos acerca de este punto: “Se trata de un caso de
epilepsia inveterada, y por consiguiente, incurable. Las convulsiones, los paroxismos, las
caídas, la espuma que lanza por la boca, la extrema debilidad de sus miembros, no dejan
lugar a dudas al respecto207.

Sin embargo, la causa de los síntomas que sufría el joven era el demonio. El joven esta
posesionado del demonio y cuando el demonio quiere lo echa por tierra o lo arroja al agua o al
fuego y lo hace echar espuma por la boca. El resto del tiempo lleva una vida normal.
Ante la presencia de Jesús el demonio hace que el joven entre en crisis.
El padre está agotado de esta situación y parece que no ha tenido éxito con los exorcistas,
incluso al presente con los judíos y los mismos apóstoles, que no lo han podido expulsar.
Al llegar Jesús surge una nueva esperanza y la fe le hace exponer la situación al Señor. Su
fe es débil pero con esa poca fe le pide que se compadezca de ellos y tenga misericordia de su hijo.
Con sinceridad expone la situación y manifiesta su poca fe “si puedes”. Jesús con sus
palabras lo llama a tener confianza y a creer en Él. “Todo es posible al que tiene fe” y el padre del
niño gritando pide al Señor le acreciente la fe y se abandona en sus manos junto con su hijo.
Jesús le hace misericordia y expulsa al demonio y luego entrega al niño sano a su padre.

203 St 1, 6
204 Mt 7, 7
205 Lc 11, 5-10; Lc 18, 1-7
206 Sal 144, 19
207 E. REUSS, cit. FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 416.

32
Jesús ha venido a liberar al hombre de la esclavitud del demonio no sólo física sino también
espiritual. Jesús tomando nuestra carne, por el misterio pascual, ha derrotado y expulsado
definitivamente al demonio para que todo el que se acerque a Jesús con confianza absoluta venza
en sí el poder del enemigo.
“Pero si algo puedes, compadécete de nosotros”. Jesús podría haberse enojado mucho ante
esta falta de confianza pero simplemente hace un pequeño reproche “que es eso de si puedes” y
enfatiza la importancia de la fe para el milagro. “¡Todo es posible para quién cree!” el hombre se
ve en falta respecto a su fe pero no se amilana sino que le pide a Jesús que acreciente su fe “creo,
ayuda a mi poca fe” porque la fe es un don y el crecimiento en la fe también es don y sólo Dios nos
lo puede dar si se lo pedimos.
Si nada es imposible para el que tiene fe, la fe nos hace, en cierta manera, omnipotentes.
Jesús ha dicho en otras ocasiones las grandes cosas que podemos hacer con una fe pequeña,
tan pequeña como la de un grano de mostaza. Trasladar montes, arrancar árboles, etc. y sobre todo
curar o curarnos.
La fe es adhesión del hombre a Dios. Pero en la medida que va desapareciendo lo humano,
que impide una adhesión completa, la fe crece. Cuando lo humano nuestro desaparece por estar
divinizado, cuando nuestro obrar se funde en el querer de Dios, la fe llega a la plenitud y el hombre
es omnipotente. Hace todo lo que quiere porque hace siempre la voluntad de Dios que
infaliblemente se cumple.
El Señor reprocha también a los presentes su incredulidad y en un tono más grave: “¡oh
generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros?”.
Es que el Señor manifiesta su poder, su amor y su bondad con multitud de signos y los hombres no
confían en Él.
Jesús increpó al espíritu inmundo ordenándole que saliese del niño y el espíritu salió dando
gritos y agitándolo con violencia dejándolo como muerto. Pareciese que fue en detrimento del niño
este milagro de Cristo. Sin embargo, aunque en este caso no hubo detrimento permanente permitió
este estado transitorio por el bien de su alma. “Permitió que fuese afligido más gravemente aquel
que fue librado de los demonios, aunque al instante lo sacó también de aquella aflicción. Por aquí
se pone de manifiesto también, al decir de San Beda, que ‘muchas veces, cuando nos esforzamos
por convertirnos a Dios después de una vida pecadora, somos acometidos por mayores y nuevas
asechanzas del enemigo. Esto hace para inspirar odio a la virtud y vengar la injuria de su expulsión’.
El hombre curado se quedó como muerto –dice San Jerónimo– porque es ‘a los sanos a quien se
dice: Estáis muertos, y vuestra vida se halla escondida con Cristo en Dios’ (Col 3, 3)”208.

208 III, 44, 1 ad 4


33
34
CAPÍTULO 3
LAS CURACIONES EN GENERAL209

Las curaciones ocuparon un lugar preponderante entre los milagros de Jesús. Lo cual,
deducimos de algunos pasajes evangélicos210.
Y era conveniente este tipo de milagros al Salvador que se aplica a hacer desaparecer las
miserias de los hombres. Era absolutamente conforme a “su misión de Mesías libertador, pues,
como Mesías, tenía que luchar contra el mal en todas sus formas: en primer lugar, evidentemente,
contra el mal moral, que es el más afrentoso de todos; pero también contra el mal físico, y en
particular contra las enfermedades, causa de sufrimientos tan terribles y múltiples. Por otra parte,
su naturaleza infinitamente amante, delicada, simpática, misericordiosa, lo llenaba de piedad para
con los enfermos y dolientes.
San Mateo resume admirablemente estos pensamientos cuando dice que Jesús curaba a
todos los enfermos ‘para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas
y cargó con nuestras enfermedades’211” […]
“Los procedimientos que Jesús empleaba para curar a los enfermos no tenían ninguna
relación directa, ninguna analogía natural con los resultados producidos. Muchas veces se
contentaba con una palabra por la que expresaba su intención de cumplir la curación 212.
Frecuentemente imponía las manos a los enfermos213, o bien los tocaba dulcemente, tomando a
veces el órgano enfermo como objeto de este contacto saludable214 o a veces levantaba los ojos al
cielo en señal de oración215” […]
“El gesto favorito mediante el cual manifiesta de ordinario su voluntad poderosa, la
imposición de manos, figuraba la comunicación del favor sobrenatural que, de Jesús, pasaba a los
enfermos que devolvía la salud” […]
“Las muchedumbres buscaban tocarlo porque sabían que de Él salía un poder de curación.
Esta conducta manifiesta un vivo sentimiento de fe y por eso Jesús no desanimaba tal actitud. Hasta
le oímos felicitar a la hemorroísa, la cual debió su curación a una piadosa inoportunidad del mismo
género216” […]. En este pasaje de la hemorroísa se habla de que Jesús noto salir de Él una fuerza217.
¿Qué es esta fuerza? “No es otra cosa aquí que el poder de obrar curaciones milagrosas” […]
“Fuerza que no es una sensación sino una percepción enteramente íntima y espiritual”.
Otra de las características particulares de las curaciones de Jesús es que son de carácter
instantáneo y al mismo tiempo completas, lo cual, habla de una causa sobrenatural. Con excepción
de un ciego que lo curó por etapas218.

209 Para esta introducción FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 229-41


210 Mt 4, 23-24; Lc 4, 40; Lc 6, 18-19; Mc 6, 54-56; Mt 15, 30-31
211 Mt 8, 17
212
Mc 8, 13
213 Mc 6, 5
214 Mt 8, 3
215 Mc 7, 34
216 Mt 9, 20
217 Lc 8, 46
218 Mc 8, 22-25

35
¿Qué papel desempeña la fe en las curaciones de Jesús?

“En muchas circunstancias, el mismo Jesús designa a la fe como una condición sumamente
favorable para el ejercicio de sus poderes milagrosos. Cuando nota una fe demasiado débil se
dedica a fortificarla dulcemente219” […]
“En los rarísimos casos en que el Salvador empleó medios extraordinarios para curar ciertas
enfermedades220, se proponía por lo menos en parte hacer nacer la fe en el alma de los enfermos.
Ordinariamente, un sentimiento de vivísima fe animaba a los enfermos o a las personas que
los conducían a Jesús” […] “Por ejemplo el paralítico de Cafarnaúm, al que sus amigos presentan
al divino taumaturgo, después de haber triunfado de las dificultades que una confianza menos
profunda habría juzgado insuperables221” […] Jesús “era entonces doblemente feliz al ejercer sus
divinos poderes, gustando alabar la fe de quienes le suplicaban y diciéndoles que la curación era la
recompensa de su fe inquebrantable” […]
“La ausencia y la imperfección de la fe, por el contrario, entristecen singularmente el alma
del Salvador, y en varias ocasiones le arrancarán dolorosas protestas222” […]
Sin embargo, la fe de los curados nos es una condición sin la cual no pudiera curar Jesús.
“Jesús, en cuanto taumaturgo, no dependía de nadie. Sus divinos poderes eran los mismos en todo
tiempo, en todo lugar, pues eran íntegramente independientes de las voluntades y circunstancias
humanas. Empero, como las curaciones milagrosas son actos morales, era justo que Jesús exigiese
ciertas disposiciones morales en quienes eran favorecidos por ellas. Cuando, mediante sus
prodigios, no podía alcanzar ningún fin moral y religioso, se rehusaba a cumplirlos obrando, así,
de conformidad con el plan de su Padre celestial […] Cuando la fe faltaba totalmente, Jesús
rehusaba manifestar su omnipotente misericordia”.
La fe que exigía Jesús a los enfermos “no era una confesión perfecta, precisa y muy exacta
de su naturaleza y de su misión” […] El grado de fe requerido variaba, pues, según las
circunstancias; era menester al menos que esta fe existiese, acompañada por el deseo de creer cada
vez más. No era necesario que dicha fe se afirmase en actos o en palabras; el más pequeño signo
podía manifestarse a Jesús, quien por otra parte leía el fondo de las almas”.

CURACIÓN DE PARALÍTICOS
EL PARALÍTICO DE BETZATÁ
Jn 5, 1-18

La narración de éste milagro es exclusiva de Juan.


Jesús realiza este milagro en Jerusalén antes de la segunda Pascua de su vida pública.
El milagro del paralítico está incluido en el c. 5 de San Juan. La narración va desde el v. 1
al 9. Luego sigue la reprensión que hacen los judíos al hombre curado a causa de que lleva su
camilla en sábado, reprensión, que termina en la manifestación de Jesús como autor del milagro.
Todo el resto del capítulo es un discurso de Jesús sobre su obra.
Jesús conoce la hipocresía de los fariseos y su ira por las curaciones que realiza en sábado.
Jesús hace curaciones todos los días. Esta ocurrió el sábado.

219 Mt 9, 28-29; Mc 9, 22
220 Mc 7, 32-35; 8, 22-26; Jn 9, 5-7
221 Mt 9, 2
222 Mt 17, 17; Lc 8, 25; Mt 14, 31; Jn 4, 48

36
Al pasar por la piscina de Betzatá en donde había multitud de enfermos de todo tipo
encuentra a uno que estaba paralítico hacía treinta y ocho años. Lo traían a la piscina para que se
curara. Cuando Jesús le dice si quiere recobrar la salud, él le expone el impedimento que tiene y
ese impedimento explica el mucho tiempo que lleva allí sin poder alcanzar las aguas curativas.
Jesús compadecido le dice: “toma tu camilla y anda”. Él recobró la salud y se puso a caminar
mientras Jesús se perdía entre la gente223.
Jesús no pidió al paralítico algún acto de fe explícito incluso al preguntarle si quería curarse.
Él manifestó con simplicidad la dificultad, la cual, hace notar que creía en la posibilidad del milagro
por las curaciones de que había sido testigo en tanto tiempo que acudía allí. Por otra parte, es
consciente de la necesidad terrena: alguien que lo meta en la piscina. El hombre manifiesta una
gran esperanza en curarse, de no ser así no perseveraría tanto tiempo junto en la piscina, máxime
que la intervención del ángel se realizaba en el momento menos esperado224.

¿Quieres ser sanado? Sí, ciertamente, el pobre paralítico lo deseaba con todas sus fuerzas;
¿no era ése acaso el momento propicio para intentar lograrlo? Evidentemente, Jesús le
dirigió esta pregunta con el objeto de excitar su fe y su esperanza. Esta pregunta debió
parecerle extraordinaria desde el primer momento, pues la continuación del relato
demuestra que no conocía personalmente al divino Maestro. La pregunta: ¿Quieres ser
sanado? […] es una promesa implícita. Por una parte, al interrogar así al enfermo […] Jesús
le saca de su sombrío abatimiento donde le había postrado esta larga e inútil espera,
reavivando en él la esperanza; por la otra, desvía su pensamiento del medio terapéutico al
cual se había apegado exclusivamente, y le hace presentir uno nuevo225.

Tampoco busca Jesús en este caso manifestar el milagro para que crea la multitud sino que
desaparece de tal manera que el hombre después del entusiasmo de la curación, cuando vuelve en
sí de la emoción, no sabe dónde está Jesús. No sabe siquiera que es Jesús.
El milagro parece orientado, en este caso, a demostrar que Él hace los milagros con el poder
del Padre y que Él es uno con el Padre.
El paralítico se va a casa con la camilla a cuestas y los judíos lo reprenden porque está
violando el descanso sabático. Él da la razón de portar la camilla, razón del todo peculiar. Ha sido
curado de la parálisis que tenía hacía treinta y ocho años. Está estrenando su caminar después de
un período interminable. El paralítico dice que el que lo ha curado lo mandó llevar su camilla y él
obedeció.
En este mandato de Jesús al paralítico ya se manifiesta su soberanía divina. ¿Quién osaría
violar la ley sabática y menos mandar violar el sábado a alguien sino alguien que estuviera por
encima de la legislación mosaica?
Preguntaron al paralítico: ¿quién te curó? Pero él no sabía.
Luego lo sabrá, como dice el Evangelio, al encontrarse en el templo con el hombre que lo
había curado. Conoce que es Jesús y va a decirles a los judíos quién es.
Como en otras ocasiones los judíos critican a Jesús o lo persiguen por violar el sábado. En
esta ocasión Jesús les responde diciendo que Él trabaja como el Padre también en sábado226 con lo
cual se atribuye la potestad de Juez universal, según la concepción judía, que se daba
exclusivamente a Dios.

223 v. 13
224 v. 4
225 F. GODE, cit. FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 304
226 Cf. JSALÉN. a Jn 5, 17

37
Se ofuscan grandemente y buscan matarlo porque violaba el sábado y se hacía igual a
227
Dios .
El discurso que completa el c. 5 es una demostración de la igualdad entre Jesús y el Padre.
Jesús es Hijo de Dios y Dios es su propio Padre (). Entre los distintos testimonios que
manifiestan esta verdad están los milagros228.

Cuando alude a sus milagros, Jesús no habla de “signos” (Jn 2, 11 ss.), sino de “obras”, en
referencia a Nm 16, 28. Al igual que Moisés, él no los realiza “por su cuenta”; no hace sino
imitar al Padre, Jn 5, 19, incluso hasta volver a dar vida a los muertos, Jn 5, 20-21. Estas
obras atestiguan, pues, que es Dios quien actúa en Cristo y por Cristo, Jn 10, 25.37-38; ver
Jn 9, 3-4. No creer a pesar de las “obras” o a pesar de las palabras de Cristo constituye el
pecado por excelencia, Jn 15, 22.24229.

“Marchar y llevar su camilla sobre las espaldas eran dos pruebas evidentes de curación,
especialmente después de la dolorosa inercia que, independientemente de la parálisis, había
anquilosado sus miembros desde hacía treinta y ocho años. Indudablemente sólo un milagro podía
operar súbitamente tales efectos” […]
Otra “prueba consistirá en la actitud tomada respecto de Jesús por sus enemigos más
encarnizados” […]
Finalmente prueba el milagro la respuesta que da Jesús a sus enemigos: “‘mi Padre trabaja
hasta ahora, y yo también trabajo’ Es decir, Jesús se había propuesto verdaderamente cumplir una
obra sobrenatural, en virtud de las estrechas relaciones que le ligaban con Dios. Tenía conciencia
de ser un taumaturgo divino”230.

PARALÍTICO EN CAFARNAÚM
Mt 9, 2-8 (Mc 2, 2-12; Lc 5, 17-26)

Este milagro lo realiza Jesús en Cafarnaúm en el segundo año de su vida pública.


Jesús se acerca a los hombres. No sólo haciéndose hombre por los hombres sino también
acercándose a los más necesitados. A los pobres, los apóstoles; a los marginados, publicanos y
prostitutas; a los pecadores “el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba
perdido”231.
Jesús se acerca para facilitarnos nuestra apertura a su Persona, se acerca para
transformarnos.
Hay dos actitudes delante del Señor y estas son la raíz de la realidad. Son la humildad y la
soberbia. La primera fundada en el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo y la segunda fundada
en el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, según el decir de San Agustín.
Estas dos actitudes aparecen en el pasaje evangélico.
Para recibir a Jesús es necesario creer, por tanto, la fe que implica humildad.
La soberbia de los fariseos les dificulta ver a Jesús, el Mesías.
El pueblo es humilde y por tanto tiene fe, sin embargo, su humildad radica en la
sensibilidad. Cree en aquel que puede subsanar sus necesidades, sus enfermedades, sus problemas,

227 v. 18
228 5, 36
229 JSALÉN. a Jn 5, 36
230 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 304-306
231 Lc 19, 10

38
pero, muchas veces, el pueblo no cambia su vida después de la curación y Jesús critica esta actitud.
“Me buscáis no por haber visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis
saciado”232. Es una fe endeble que no ha arraigado en la inteligencia y por tanto no ha cambiado la
mente (metanoia).
Jesús hace el milagro en atención a la fe del paralítico y de los que venían con él, porque
como relata el Evangelio, abrieron un boquete en el techo de la casa donde se hallaba Jesús y
descolgaron por él al paralítico que quedó delante de Jesús para que lo curara.
El milagro de Jesús consiste en devolverle la capacidad de caminar. El paralítico toma la
camilla en que venía postrado y se va con ella ante la admiración de los presentes.
Presenciaron el milagro muchos escribas y fariseos y el pueblo que había venido a escuchar
las enseñanzas de Jesús.
La fe del paralítico le trajo la salud física y espiritual porque Jesús busca la salud espiritual
a través de sus milagros y ella se alcanza por la fe. En este caso es la fe la que mueve a Jesús a
realizar el milagro y el milagro ciertamente causa la fe en muchos de los presentes.
Jesús comienza el proceso de conversión al revés, primero perdona los pecados y luego le
da la salud física. En ningún lugar, a excepción de este pasaje, Jesús perdona los pecados sino que
lo insinúa al decir por ejemplo: tu fe te ha salvado233. También causó esto sorpresa en los fariseos
y escribas que seguramente habían visto milagros pero nunca pensaron escuchar que Jesús
perdonara pecados.
El paralítico se debe haber sorprendido también porque él buscaba la curación física aunque
en la tradición palestinense del tiempo de Jesús había una relación entre pecado y enfermedad234.
Los dirigentes religiosos acusan a Jesús de blasfemo. Es que sólo Dios puede perdonar los
pecados y en Jesús sólo veían al hombre.
¿Cómo probar la verdad del perdón de los pecados? Decir: te perdono los pecados es más
fácil que hacer un milagro aunque en el caso de perdonar los pecados hay un mayor poder que al
realizar un milagro. Jesús hace caminar al paralítico y con esto prueba la verdad de sus palabras, o
sea, el perdón de los pecados.
La gente se admira de ambas cosas: del perdón de los pecados y del milagro, aunque me
parece, que principalmente de ver andar al paralítico. En ellos nacería o crecería la fe en Jesús, el
taumaturgo de Cafarnaúm.
Los fariseos seguirán con la acusación de blasfemia, de manera obstinada, hasta la pasión,
pero no podrían negar, sino voluntariamente, prueba tan contundente de la divinidad de Jesús.
Jesús muestra su divinidad al decir al paralítico “tus pecados te quedan perdonados”,
también al conocer los pensamientos de los fariseos y finalmente por el milagro.
Los fariseos no se equivocan al decir que el perdón de los pecados es propio de Dios. En lo
que yerran es en no querer ver en Jesús al Hijo de Dios.
Jesús conoce los pensamientos de los corazones y los da a conocer.
Los fariseos en vez de reconocer en Jesús a alguien trascendente se enojan porque les ha
descubierto en público y se enfurecen.
El milagro confirma el perdón de los pecados y la malicia y prejuicio de los judíos.
El pueblo queda admirado por lo que hace el Señor.
La admiración es propia del corazón sencillo que reconoce algo extraordinario en lo que
mira.
Hay una diferencia entre la humildad del pueblo y la del paralítico.

232 Jn 6, 26
233 Mt 9, 22; Mc 10, 52; Lc 17, 19
234 Jn 9, 2; Jn 5, 14; Lc 13, 2

39
La humildad del pueblo sólo genera admiración momentánea porque surge del hecho
sensible y sólo genera una fe débil e inactiva. Vemos que el mismo pueblo crucificará a Jesús y
eso que ha sido testigo de multitud de milagros.
La humildad del paralítico genera en él la verdadera fe. Cree en quien lo puede salvar y
cambia de vida. Se le perdonan los pecados y se va glorificando a Dios.
Su fe es actuosa. Se ve principalmente en todas las peripecias que tiene que pasar para
alcanzar la curación.
¿Qué reacciones suscita el milagro?
En los fariseos: los reafirma en el escándalo por su mala disposición. No quieren creer, por
lo cual, no creen que Cristo perdone los pecados porque no es Dios.
La gente del pueblo: “se pasmaron todos”235. Pero su fe es endeble. Buscan a Cristo por los
milagros y porque los puede curar pero no buscan que les perdone los pecados.
El paralítico: alcanza una fe grande y gracias a ella queda curado en cuerpo y alma.
Sólo Dios puede perdonar los pecados.
Y ¿Jesús? Jesús puede perdonar los pecados porque es el Hijo de Dios hecho hombre. Jesús
es Dios. Lo demuestra con los milagros y profecías, lo demuestra con su doctrina, lo demuestra
con su vida.
Y si es Dios puede comunicar el poder de perdonar los pecados.
Dice Mateo: “la turba presente temió y glorificó a Dios, que da tal poder a los hombres”.
La novedad era un buen augurio porque Dios puede perdonar los pecados por medio de
representantes y en consecuencia se preludia el sacramento de la penitencia.

CURACIÓN DEL HOMBRE DE LA MANO SECA


Mt 12, 9-14 (Mc 3, 1-6; Lc 6, 6-11)

Este milagro lo realiza Jesús en alguna sinagoga de Galilea en el segundo año de su vida
pública.
Está en relación más que con la fe del curado, de la cual no dicen nada los evangelistas, con
la falta de fe, o mejor dicho, con la obstinada incredulidad de los fariseos.
De hecho, quieren acusarlo por quebrantar el sábado y teniendo allí al hombre enfermo le
preguntan si es lícito curar en sábado (Mt). Mc y Lc dicen que lo observaban para ver si curaba en
sábado.

El dilema de sus adversarios era obrar o no obrar. La alternativa suya era: hacer el bien u
omitirlo; y a menudo esa segunda hipótesis equivale a hacer el mal. El ejemplo que les citó
inmediatamente, tomado al instinto natural, al buen sentido y a la práctica general, debió
acabar por confundirlos, ya que ellos mismos no titubeaban en ejecutar el día sábado, actos
más opuestos al reposo de ese santo día que la curación de un enfermo cumplida mediante
una simple palabra236.

Jesús les pone un ejemplo de la vida diaria. Si se quebranta el sábado por salvar un animal,
cuánto más será posible quebrantar el sábado por un hombre, que vale mucho más (Mt). Mc dice
que Él les preguntó si era lícito hacer el bien y salvar una vida en sábado y ellos callaron. Jesús los
mira con ira por su dureza de corazón.
Finalmente, los tres evangelistas narran la curación.

235 Mc 2, 12
236 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 311
40
Los fariseos se ofuscan más todavía, no sólo por el milagro sino porque ha evidenciado su
malicia, según su mala conciencia, y se confabulan para matarlo (Mt-Mc) o al menos para dar una
solución al problema Jesús (Lc).

Los tres narradores han observado el doloroso resultado del milagro. Los enemigos del
Salvador “quedaron llenos de furor” (Lc) y cuando hubieron salido de la sinagoga “se
juntaron en consejo contra Él con los herodianos” (Mc) para ver la manera más pronta y
fácil de perder a Jesús. Los herodianos eran los partidarios del tetrarca Herodes Antipas, y
por esto, amigos de los romanos. Sus tendencias eran, pues, directamente opuestas a las de
los fariseos, pero el acuerdo entre ellos se establecía fácilmente cuando se trataba del
enemigo común. En los últimos días de la vida de Nuestro Señor237 los encontramos ligados
juntamente con un fin idéntico238.

La fe es una gracia que se recibe libremente.


La gente al ver los milagros y sentir el impulso de la gracia, libremente, cree en Jesús. Los
fariseos rechazan, libremente, la gracia y permanecen en su incredulidad. La obstinación en
rechazar la luz los fija en el pecado y cada vez sus fuerzas son más débiles para salir del pecado
porque rechazan una y otra vez la gracia.
Esta obstinación se debe, en los fariseos, a la búsqueda de la propia gloria que Jesús
obnubilaba.
El precepto del descanso sabático es de institución divina:

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos,
pero el día séptimo es día de descanso para Yahvé, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu
ciudad. Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y
el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo hizo sagrado239.

El nombre sábado es relacionado con una raíz que significa cesar, descansar. La razón de
ser del sábado es consagrarlo a Dios que descansó el día séptimo de la creación y a este motivo se
añade un motivo de preocupación humanitaria240. “Será descanso consagrado a Yahvé”241.
Hay que decir que aunque el sábado sea de institución divina no tiene un valor absoluto
sino que se puede exceptuar por necesidad242 o por caridad, como en el pasaje que estamos
comentando.
Además, Jesús puede interpretar la ley mosaica por ser el Mesías.
Los rabinos eran muy exigentes en el cumplimiento del descanso sabático y critican a Jesús
por curar en sábado, o sea, por quebrantar el descanso sabático. En el fondo es una censura con la
que buscan justificar su envidia a Jesús.
Jesús es Señor del sábado243 y es Señor del lunes y del martes y es Señor del tiempo, que es
criatura.
El sábado es para consagrarlo a Dios y el descanso del sábado es un medio para acercarse
a Dios.

237
Cf. Mt 22, 16
238 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 311
239 Ex 20, 8-11
240 Cf. JSALÉN. a Ex 20, 8
241 Lv 23, 3
242 Cf. Mc 2, 25-26
243 Mt 12, 8 p

41
“El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado”244. Con esto
establece que el sábado no debe servir de obstáculo a los hombres, que era lo que sufrían los
israelitas por la casuística escrupulosa de los fariseos, sino que debe ser medio para que el hombre
con total libertad se entregue al servicio de Dios.
El sábado sirve al hombre para que el hombre se acerque a Dios.
Las prescripciones son criaturas, medios instituidos por Dios, por la Iglesia o por los
hombres para alcanzar a Dios. Si se mal interpretan y se los absolutiza dejan de ser medios y en
cierta manera criaturas para convertirse en un dios falso que se llama Ley, sábado, templo, etc.;
son medios, son criaturas, para el hombre, para que por medio de ellos alcance su fin último245.
Las prescripciones son letra muerta si no se pone el que las va a cumplir en contacto con el
legislador que las dictaminó por el bien de los que caen bajo la ley.
En el caso de las prescripciones farisaicas que reglamentaban pormenores de distinta clase
y con un sinnúmero de casos, podían obviarse si se daba la necesidad o el que aplicaba la ley tenía
autoridad para aplicarla o exceptuarla.
Los fariseos engreídos por el minucioso cumplimiento de sus leyes condenaban a los que
violaban las pequeñas leyes que ellos habían inventado y estaban tan enceguecidos y tan ofuscado
tenían su corazón, que condenaban al mismo autor de la Ley que ellos interpretaban, y además se
encerraban tanto en sus propios juicios que faltaban al amor al prójimo por apegarse a la letra.
Jesús va a condenar su arrogancia muchas veces y también su dureza de corazón, va a
echarles en cara dar más importancia a los preceptos humanos que a la ley de Dios.
Si vamos a la razón que ellos dan para condenar a Jesús la violación de la ley del sábado
Jesús la deshace diciéndoles que “el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para
el sábado”.

Lo esencial era remontarse a la razón de ser de la Ley, cuando sólo es una ordenación
positiva sin implicar ningún principio eterno. Así era el sábado. Dios había mirado al bien
de los israelitas obligándolos a descansar ese día: no era su designio sujetarlos con un
precepto absoluto, sin consideración a las circunstancias o a la naturaleza de los actos246.

La ley del sábado había sido instituida para que el hombre en ese día se dedicara
exclusivamente a la alabanza divina.
Jesús les enseña que el sábado es para el hombre, para que en ese día el hombre se dedique
a Dios, y no el hombre para el sábado para que se encadene a la letra de lo que puede hacer o no
lícitamente ese día. Los fariseos se quedan en la letra de la ley el descanso y Jesús les habla del
espíritu de la ley para que el hombre se entregue a la alabanza de Yahvé.
Los fariseos enseñan que el trabajo se opone al sábado y Jesús enseña que se opone al
sábado la falta de amor a Dios, el dejar de dedicarlo a las cosas divinas.
A aquellos que Jesús eligió y lo aceptaron, como es el caso de los doce, los capacitó “para
ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata más el
Espíritu da vida”247. Él iba enseñando con su vida y, en especial, en su lucha contra los fariseos
que la plenitud de la Ley está en el amor al prójimo.

244 Mc 2, 27
245 Cf. E.E. nº 23
246 LAGRANGE, Vida de Jesucristo según el Evangelio, Edibesa Madrid 20032, 124-5
247 2 Co 3, 6

42
LA CURACIÓN DEL SIERVO DEL CENTURIÓN
Mt 8, 5-13 (Lc 7, 2-10)

En la cronología que seguimos, este milagro ocurre en Cafarnaúm en el segundo año de la


vida pública del Señor.
Algunas versiones de la Biblia ponen como paralelo a Juan248 pero parece ser otra curación
que ocurrió en Caná de Galilea en el primer año de la vida pública de Jesús.
Mateo es el único que habla sobre el tipo de enfermedad diciendo que el siervo tiene
parálisis y que la parálisis lo hace sufrir mucho. Lucas dice que está próximo a la muerte.
Mt dice que es el centurión el que sale al encuentro de Jesús. Lc dice que el centurión
permanece en casa y desde allí manda gente para que le pidan a Jesús el milagro confesando su
pequeñez ante el Señor, “no soy digno de que entres en mi casa”, y su poder sobre la enfermedad.
Los evangelistas hacen notar la fe del centurión. No sólo cree que Jesús puede curar a su
siervo sino que lo puede curar a distancia. Este último aspecto habla de una consideración del
taumaturgo más poderosa. Que un taumaturgo pueda curar tocando a un enfermo implica un gran
poder pero mucho más que pueda curarlo a distancia.
Jesús se admira de la fe del centurión, fe que manifiesta una superioridad de los gentiles
sobre el pueblo elegido. La admiración de Jesús surge al comparar la fe del centurión con la fe de
los hijos de Israel. Era grande en comparación con la de ellos, dice Santo Tomás249.
Jesús lo cura a distancia y el centurión comprueba la curación milagrosa (Lc).
Jesús se admira. ¿Se admira? ¿Puede admirarse? No puede admirarse en cuanto Dios porque
todo lo sabe. Y ¿en cuánto hombre? No puede admirarse según su ciencia beatífica, porque todo lo
ve en el Verbo, ni tampoco según su ciencia infusa donde se incluye el conocimiento de todas las
cosas sobrenaturales y entre ellas la fe. Jesús por su ciencia infusa conocía la fe grande que podía
tener un hombre, por ejemplo, la fe de Abraham pero no la fe de “este hombre”, en este caso no
sabía que el centurión pudiese hacer tal acto de fe pero no se admira porque conoce casos de mayor
fe como la de María, su madre. Sí se admira como hombre según su ciencia experimental porque
experimenta un acto de fe extraordinario de parte de un gentil. Un acto de fe más grande que el de
los hombres de Israel250.
Jesús se admira de la fe que se esconde en la comparación que pone el centurión. Así como
él siendo jefe de soldados y señor de esclavos da una orden y se cumple, así, Jesús tiene poder para
curar, es decir, tiene poder sobre la enfermedad aún a distancia.
El centurión era simpatizante del judaísmo porque había ayudado a construir la sinagoga de
Cafarnaúm y probablemente conocería algo de la doctrina israelita y sobre su Mesías.
¿El centurión, cree en la divinidad de Cristo? No. Sin embargo, probablemente reconoce a
Cristo Mesías.
El centurión reconoce el poder de Cristo para obrar milagros, en este caso poder sobre la
enfermedad. Se considera indigno de ser visitado por el Señor. Pero esto no basta. Lo que lleva a
suponer la confesión en Cristo Mesías es la alabanza que le hace el Señor por su fe, a la cual, se
suman las dos anteriores.
Tengo subordinados que me obedecen. Está confesando, en cierta manera, que Cristo tiene
todo bajo sus pies. En el caso presente la enfermedad.
Reconoce un poder extraordinario en Él que supera lo natural. Curar la enfermedad a
distancia y sólo de palabra no lo hace ningún médico y ningún hombre sin un don especial del cielo
o sin un poder sobrenatural.

248 4, 46-53
249 Cf. III, 15, 8 ad 2
250 Cf. III, 15, 8c

43
El centurión reconoce este poder en Jesús, cree en Jesús, cree que Él puede curar a distancia
y Jesús viendo su fe extraordinaria le concede el milagro.
Jesús recrimina a Israel su dureza para creer y les dice que los gentiles entrarán en el Reino
y ellos quedaran fuera. Al hacer alusión a Abraham quizá también alude a la alianza en la fe en la
cual ha sobresalido este gentil y de la cual carecen los israelitas. Los judíos deberían reconocer más
fácilmente al Mesías porque tenían la Ley, porque habían escuchado las enseñanzas de Cristo y
habían visto sus milagros. Su infidelidad es culpable.
“Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado
quedará sano” (Mt y Lc). En Mt le dice el Señor la palabra: “Anda, que te suceda como haz creído”.
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa”. Estas palabras han quedado inmortalizadas
en la Santa Misa. En cada Misa que se celebra, antes de la comunión y en preparación a ella, se
dicen estas palabras que son un acto de humildad.
Las palabras reconocen la indignidad de la persona para recibir tal huésped. Allí el centurión
respecto a Jesús en persona; en la Misa cualquier cristiano respecto a Jesús sacramentado. Por otra
parte, del reconocimiento de la indignidad surge un acto de abandono. Allí el centurión se abandona
en la palabra de Jesús y reconoce que Él, a través de ella, puede sanar a su siervo aún a distancia.
Jesús confirma con el milagro lo que él cree que Jesús puede hacer. En la Misa el cristiano se
abandona en Dios sabiendo que puede disponer por su gracia el corazón para recibir dignamente a
Jesús. Se abandona el alma en el poder sanativo de la gracia, en su poder predispositivo para recibir
“el sacramento” y confiesa también el alma que el Señor la sana con el sacramento, del pecado, de
su enfermedad.

LA MUJER ENCORVADA
Lc 13, 10-17

Este milagro ocurre en una sinagoga de Galilea, probablemente en Caná, en el segundo año
de la vida pública de Jesús.
El relato es exclusivo de Lucas.
La mujer venía cargando su enfermedad desde hacía dieciocho años. Su enfermedad la hacía
estar encorvada sin poder enderezarse.

Esta penosa enfermedad que duraba hacía dieciocho años y que era, según la palabra del
mismo Jesús, una consecuencia de la posesión diabólica, consistía en una parálisis, o por lo
menos en una contracción crónica de la columna vertebral; o acaso, según otros, en lo que
se denomina arthritis deformans: enfermedades difícilmente curables251.

Jesús la llama junto a sí y la cura.

“Mujer, libre quedas de tu achaque”. El resultado de estas palabras y de este gesto fue
instantáneo: “Y enderezóse al momento”. Los lazos psíquicos y corporales que la tenían
por así decir cautiva quedaran rotos repentinamente y, con una alegría inexpresable, levantó
sin esfuerzo alguno su cabeza y sus hombros, inclinados desde hacía largo tiempo hacia la
tierra. Su primer sentimiento fue el de un religioso reconocimiento delante de todos los
testigos del milagro252.

251 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 421


252 Ibíd., 421
44
Al ser curada glorificaba a Dios.
Aquí Jesús no pidió fe alguna. Simplemente hizo el milagro. Él suscita la fe en la mujer y
en los circunstantes que se maravillaron de lo que había obrado.
Ante el milagro las multitudes se maravillan pero los fariseos se obstinan en su incredulidad.
La obstinación en la malicia produce incoherencias, acerca a la locura, lleva a hablar y obrar sin
seso, tontamente. Aunque es notable en los fariseos una astucia diabólica que los hacía obrar fría e
inteligentemente. Muchos relatos evangélicos hacen notar esta inteligencia diabólica para hacer
caer a Jesús en alguna trampa y tener motivo para acusarlo y condenarlo.
En el pasaje sucede que el jefe de la sinagoga obra incoherentemente. Reprende a la gente
por traer enfermos el día sábado violando así, según ellos, la Ley.
Jesús se enoja por esta actitud y los llama en la persona del archisinagogo “hipócritas”. Y
da mediante un ejemplo el fundamento de su hipocresía, al menos, en su manifestación externa. El
ejemplo es tomado de la vida diaria: se atiende a los animales en día sábado para que coman y no
desfallezcan. ¡Cómo no hacer lo mismo y mucho más con una mujer israelita, hija de Abrahán, que
tenía ligada Satanás por tanto tiempo!
Parece ser que tenía “espíritu de enfermedad”253 y Jesús dice que el demonio la tenía atada.
Las palabras de Jesús avergüenzan a sus adversarios, los confunden. El pueblo se alegra por
las cosas que obra y ciertamente por las respuestas contundentes a sus enemigos.
Esta escena parece haberla preparado el mismo Cristo para dejar en evidencia la maldad de
los jefes judíos y, por otra parte, manifestar, con el fin de producir fe, su poder taumatúrgico, su
sabiduría y su innovación de la religión, innovación consistente en una interiorización de las
enseñanzas de los maestros y un regreso a la pureza de la religión según su origen.
La actitud del pueblo es la admiración que surge de contemplar la verdad y desemboca en
el gozo. Todo corazón simple al descubrir la verdad se regocija y exulta: “la gente se alegraba con
las maravillas que hacía”. Es la actitud de asombro ante la maravilla obrada por Jesús.

253 Dice Leal traduciendo el griego


45
46
CAPÍTULO 4
CURACIONES DE CIEGOS

LOS DOS CIEGOS DE CAFARNAÚM


Mt 9, 27-31

El relato de los ciegos es exclusivo de Mateo. Ocurrió en el segundo año de la vida pública
de Jesús.
Jesús sale de la casa de Jairo y lo siguen dos ciegos. Lo llaman “hijo de David” y le piden
que tenga misericordia para con ellos.
“El título ‘Hijo de David’ es aplicado a Cristo en los Evangelios sinópticos” […] “en su
genealogía254; le invocan con este nombre la mujer cananea255; las muchedumbres se preguntan:
‘¿no será éste el Hijo de David?’256; título con el que le aclaman en la entrada triunfal a Jerusalén257.
En todo esto es título mesiánico. En Mt 22, 41-45 p se plantea cómo Cristo puede ser hijo de David
si éste le llama Señor. Quizá este texto sea la clave del por qué Jesús no utiliza para sí mismo el
título de “Hijo de David”: la razón sería estar cargado de sentido político” […]
“En los Evangelios de la infancia se proclama esta descendencia de David; Jesús es el
Mesías; se han cumplido las promesas de un descendiente: es Emmanuel258, nacido en Belén,
caudillo que apacentará a Israel259, se sentará en el trono de David y su reino no tendrá fin260, nacido
de la Virgen261” […] “luz para la Galilea de los Gentiles262, sobre quien reposa el Espíritu del
Señor263, triunfante en la humildad de su entrada a Jerusalén (Mt 21, 5; Cf. Za 9, 9)”264.
Quizá tampoco utiliza este nombre “porque podía parecer afectación de linaje noble
solamente, aunque para sus paisanos equivalía simplemente a Mesías. Una sólo vez,
indirectamente, en uno de esos ‘contrapuntos’ dialécticorreligiosos lo usó refiriéndose al Mesías,
como Hijo de Dios. ¿Por cuál de los beneficios que os he hecho me queréis apedrear? Por ningún
beneficio, sino porque tú, siendo hombre, te quieres dar por Dios. ¿De quién es hijo el Mesías? De
David. ¿Cómo pues dice David en el salmo 109 (110): ‘Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi
diestra’? ¿No es David el padre del Mesías? ¿Cómo aquí le llama ‘mi señor’?. ¿Cómo puede ser
un hijo señor de su Padre? Solamente en el caso de ser Hijo de Dios. E inmediatamente desvió el
sentido contencioso de ‘hijo de Dios’, que era justamente el motivo del escándalo fariseo, con otro
argumento ‘ad hominem’: ¿No os llamáis vosotros hijos de Dios? ¿Por qué pues no puedo llamarme
yo hijo de Dios? (Reconstruyó el contrapunto con lugares paralelos; puedo errar aquí, no mucho
en todo caso).
Cristo no se denominó Hijo de David, pero aceptó que otros lo hiciesen. Si lo hubiese
repugnado hacía ofensa a la verdad, pues era descendiente directo del Rey David; y era el Rey
Mesías”265.

254 Mt 1, 1
255 Mt 15, 22
256 Mt 12, 23
257 Mt 21, 9.15
258 Mt 1, 23-Is 7, 14
259
Mt 2, 6; Cf. Mi 5, 5
260 Lc 1, 32.33; Cf. 2 S 7
261 Lc 1, 31; Cf. Is 7, 14
262 Mt 4, 14-16; Cf. Is 8, 23-9, 6
263 Lc 4, 18; Cf. Is 11, 1; 61, 1
264 GER, Enciclopedia…, voz: Mesías
265 CASTELLANI, Las parábolas de Cristo, Jauja Mendoza 1994, 201-202

47
El título de “hijo de David” que le daban manifestaba por sí sólo la vivacidad de su fe, pues
entonces era sinónimo de Mesías266.

Al llegar a la casa los ciegos se acercan a Jesús y Él les pide un acto de fe en su persona:
“‘¿Creéis que puedo hacer eso? Dícenle: Sí, Señor’. Ellos manifestaron su fe en Él y Él les tocó los
ojos diciéndoles que se hiciera en ellos según su fe. Y recobraron la vista. Los ciegos hacen un acto
de fe plena en Jesús porque al momento se curan.
Dieron una pronta y enérgica respuesta: ‘Sí, Señor’. Satisfecho por esta contestación, tocó
suavemente sus ojos […] Su gesto era simbólico: el contacto de sus dedos abría en cierto modo los
órganos cerrados desde hacía largo tiempo a la luz […] El evangelista señala con una sola palabra
el carácter repentino de la curación: ‘Y se les abrieron los ojos’. Como en otros casos semejantes,
el taumaturgo, adoptando un tono y un rostro severos, ordenó a los dos ciegos curados que
mantuviesen el milagro en secreto”267.
Jesús, una vez más, pide que no lo digan a nadie lo sucedido pero ellos difunden el milagro
por aquella región.
El silencio que pide Cristo se dirige a la exterioridad en lo religioso. Cristo pedía el silencio
“por pudor; porque la religiosidad profunda tiene una especie de rubor, como todo sentimiento
profundo. Cuanto más religioso es un hombre menos ganas tiene de ostentar su religiosidad” […]
“En Cristo se dio la paradoja que por un lado quería esconderse y por otra debía manifestarse” […]
“Y así los fariseos se creyeron que Cristo era un hipócrita; sólo los que tenían los ojos de la fe
vieron claro en él”268.
Jesús les pregunta explícitamente si creen que Él tiene poder para devolverles la vista. Es
necesaria la fe en Cristo, en su poder, para que Él pueda realizar el milagro. Ellos respondieron
afirmativamente y Jesús, tocando sus ojos, los curó.

EL CIEGO DE BETSAIDA
Mc 8, 22-26

Este milagro lo realizó Jesús en el tercer año de su vida pública en Betsaida. Se discute cual
fuese de las dos Betsaida que estaban a orillas del Lago, una en la costa oriental y otra en la
occidental. Pareciese que se tratase de la Betsaida Julias. Es cierto que “el nombre de aldea no
cuadra con ella pero la dirección que traían Jesús y sus apóstoles era la de oriente y el sitio al que
se dirigían, Cesarea de Filipo, conviene mejor con Betsaida Julias”269.

El milagro sucede “casi inmediatamente después de la segunda multiplicación de los panes


y precediendo a la confesión de San Pedro; sucedió, pues, en una época bastante avanzada
del ministerio de Nuestro Señor”270.

Le presentaron al ciego para que lo tocase y así volviera a ver. Jesús no realiza el milagro
como en otras ocasiones de una sola vez sino que el milagro es progresivo. ¿Por qué? Por la
imperfección de la fe.

266 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 329


267 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 330
268 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 132-33
269 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 218
270 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 332

48
Son los conocidos, los amigos del ciego, los que lo llevan a Jesús como en otras ocasiones.
Él no puede acercarse a Jesús por su enfermedad pero permite que lo conduzcan a Jesús. Jesús no
le pide un acto de fe explícito pero se supone la fe del ciego en Jesús, por su docilidad. Se deja
conducir fuera de la ciudad, se deja ungir con saliva, deja que Jesús lo toque y con esto manifiesta
su fe.
¿Cuál es la fe de los que lo conducen?

Parece que una gran incredulidad había corrompido a Betsaida, puesto que le dice el Señor:
“Ay de ti, Betsaida, que si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han
obrado en vosotros”, etc. (Mt 11, 21). Sacó, pues, fuera de la aldea al ciego, porque no era
verdadera la fe de los que se lo habían llevado271.

Primero, Jesús lo toma de la mano y lo conduce a las afueras de la ciudad. Luego, unge con
saliva sus ojos y le impone las manos. En este segundo momento le pregunta si ve algo y él
responde que ve dificultosamente, aunque ya hay algo de luz en sus ojos. “Veo a los hombres, pues
los veo como árboles, pero que andan”.

Le parecía que se movía algo, como troncos de árboles pero cuyos contornos no eran muy
claros. Este rasgo demuestra, en su caso, la ceguera no se remontaba hasta la infancia y que
provenía de algún accidente acaecido más tarde al enfermo. Si hubiese sido congénita, el
ciego, habría sido incapaz de formarse una idea de árboles y de hombres en movimiento272.

La fe del ciego también es imperfecta como la de los que lo conducen. Necesitaba más fe
porque la fe lleva a la curación. Fortificó, pues, su fe desde el momento en que empezó a ver, y en
virtud de ella le hizo ver perfectamente. Finalmente, pone nuevamente la mano sobre los ojos y le
devuelve la vista totalmente.

Hemos señalado que este caso de curación lenta y progresiva es único entre los milagros
del Salvador. ¿Cuál fue su motivo especial? Es evidente que Jesús perseguía un fin al obrar
así pero ¿cuál era ese fin? Puede decirse con seguridad que recurrió a este método porque
lo juzgaba más apropiado a las circunstancias en las cuales se encontraba el enfermo, y es
verosímil que haya que buscar la razón última de este proceder en la poca fe del enfermo273.

Jesús lo envía a su casa y le pide que no entre en la aldea porque “como eran incrédulos
podían hacerle sufrir e incurrir a la vez ellos, no creyendo, en una culpa más grave”274.
La incredulidad y la desviación en la fe son dos inversiones de la fe auténtica. Ambas
pueden menospreciar al taumaturgo y en definitiva el mensaje que Dios envía por medio de él.
Ambas carnalizan el mensaje y frustran su objetivo. A Jesús los incrédulos nazarenos lo habían
tratado, después de conocer los signos, de hijo del carpintero y la multitud, por otro lado, quería
aclamarlo ostentosamente perjudicando la misión que Dios le había confiado.

271 Catena Áurea…, TEOFILACTO a Mc 8, 22


272 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 334
273 Ibíd., 334
274 Catena Áurea…, TEOFILACTO a Mc 8, 26

49
Esta curación lenta manifiesta en un sentido espiritual lo difícil que resultaba a la gente
“ver” quien es Jesús de Nazaret275.

EL CIEGO NATO
Jn 9, 1-41

Este milagro lo realiza Jesús en Jerusalén en ocasión de la fiesta de los Tabernáculos, en el


tercer año de su vida pública, en día sábado
Y le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido
ciego? Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de
Dios.
Los judíos creían que las enfermedades físicas eran consecuencia del pecado. Por eso, o el
ciego había pecado o sus padres. El ciego no había pecado porque había nacido ciego como dice el
Evangelio276. Sus padres tampoco por lo que dice Jesús: “es para que se manifiesten las obras de
Dios”, es decir para que Jesús pueda hacer un milagro en él.
La divina providencia había permitido que éste hombre naciese ciego y viviese ciego
durante años para que Jesús lo curase y así se siguiesen muchos bienes para el hombre en cuestión:
que recuperará la vista física y espiritual, para que el pueblo sencillo constatará el milagro y creyera
en Jesús y como prueba apologética de la presencia mesiánica para los fariseos.
A veces Dios quiere una enfermedad sin que haya alguna culpa, como en el ciego del
Evangelio, para sacar un bien mayor, en este caso, la curación física y espiritual de aquel hombre
y otros bienes a su alrededor.
Cada uno de los males que Dios quiere y permite llevan como resultado un bien mayor para
todos los que participan de ese mal aunque de momento no lo entiendan. Por ahora nos toca
abandonarnos sinceramente y amorosamente en manos de Dios porque lo que nos ocurre es como
en el caso del ciego de nacimiento “para que se manifiesten las obras de Dios”.
Jesús escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le
dijo: “Vete, lávate en la piscina de Siloé” (que quiere decir Enviado). Él fue, se lavó y volvió ya
viendo.

Su extrañeza debió ser primeramente muy grande cuando Jesús le aplicaba, sobre los ojos,
algo así como un tapón de barro “añadiendo de este modo a su ceguera natural una ceguera
artificial”. Pero poco a poco la confianza había vuelto a su alma; por eso no titubeó un solo
momento en ir a la piscina de Siloé, tal como le había ordenado Aquel que tanto interés se
tomaba por él. Conocía bien el camino, o acaso le guio hasta allí una mano caritativa. No
bien se hubo lavado los ojos con las aguas de la piscina, cuando inmediatamente vio. San
Juan esquematiza estos últimos hechos con rara fortuna, en tres proposiciones rápidas que,
por así decir, nos lo presenta ante nuestros ojos: abiit ergo, el lavit, et venit videns277.

El ciego de nacimiento tuvo la gracia de ver en aquel día que fue curado el desenlace de
tantos años de sufrimiento. ¿Cuál había sido la razón del fin de su sufrimiento? El encuentro con
el Hijo de Dios, con el Mesías, con la Luz esencial, con la “luz del mundo” y recibir de Él la tan
anhelada luz en sus ojos físicos y la luz de la vida en su alma. El ciego recibió de Jesús la luz
natural para sus ojos y la luz de la fe para su alma. Con la primera disipó la ceguera y con la segunda

275 JSALÉN. a Mc 8, 22
276 v. 20
277 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 341-2. “Fui, me lavé y vi”.
50
el pecado. El hombre, sin embargo, hizo algo sumamente importante para recibir la luz:
abandonarse en Jesús, obedecer sus palabras y reconocer su poder curativo.
Este milagro del ciego de nacimiento va a ser un argumento para probar la enseñanza que
les ha hecho Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que
tendrá la luz de la vida”278, pues, con el milagro va a devolver la vista al ciego y le va a dar la luz
de la vida librándolo del pecado. Jesús se proclama como la luz del mundo “más aún, obra como
tal, y esta acción provoca en los testigos una variedad de actitudes tan rica como, en una
muchedumbre abigarrada, un repentino rayo de sol que se abrió paso al través de la nube: desde la
parcialidad apasionada, terca, indagadora, y, finalmente exasperada de los dirigentes farisaicos,
hasta la ingenuidad franca, pero llena de buen sentido, del curado, pasando por la circunspección
servil de sus padres”279. El relato del milagro está lleno de detalles que destacan un corazón sencillo
y dispuesto a la luz de Jesús en el ciego nato y, por otra parte, los corazones obstinados y
entenebrecidos de los fariseos cerrados a la luz. La estupidez y necedad de la ceguera de la mente
en las averiguaciones y la obstinación que hace repetir el interrogatorio al que era ciego, la claridad
de las respuestas de éste y, en cierta manera, en sus padres, los argumentos forzados para
desacreditar a Jesús, el tema reiterado de la curación en sábado, la cerrazón ante la luz de las
palabras y argumentos sencillos, pero certeros, del neovidente.
Veamos los testimonios:
Primer testimonio: “Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo:
Vete a Siloé y lávate. Yo fui, me lavé y vi” (v. 11).
Segundo testimonio: “Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo” (v. 15).
Tercer testimonio: “Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero,
cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos.
Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo” (v. 21).
Cuarto testimonio: “Les respondió: Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era
ciego y ahora veo” (v. 25).

Luego de haber devuelto la vista material al ciego de nacimiento, Jesús se dignó iluminarlo
más admirablemente todavía, abriendo su inteligencia y revelándole su persona y su papel
[…] Estaba pronto, pues, para admitir la verdad de todo lo que le dijese un hombre tan
poderoso y tan estrechamente unido con Dios280.

El encuentro posterior con el que fuera ciego completa la curación. Había recibido la
curación corporal y ahora recibe la curación espiritual. “¿Tú crees en el Hijo del hombre? El
respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Le has visto; el que está hablando
contigo, ése es. Creo, Señor. Y se postró ante él”.
Las palabras de Jesús al hombre curado dan la clave de su presencia en el mundo. Jesús
viene a salvar a los hombres pero para salvarse deben recibir su luz y esto a través de la fe. El que
cree en Jesús se salva, el que no cree permanece en la muerte. Los que creen en Jesús comienzan a
ver y los que no creen permanecen ciegos.
Jesús con la ironía final, “si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: Vemos
vuestro pecado permanece”281, quiere enseñar a los fariseos que deben volverse ciegos según su
mirada humana y carnal para poder ver con la luz de Jesús. Si se mantienen en sus criterios humanos
rechazando la luz permanecerán en el pecado. Jesús se refiere a los presuntuosos que se fían en sus

278 Jn 8, 12
279 GRANDMAISON, Jesucristo, Edibesa Madrid 2002, 482
280 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 343
281 v. 41

51
propias luces. En el relato se ve esta soberbia de los fariseos “nosotros sabemos que ese hombre es
pecador”, “ese no sabemos de donde es”, “has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones
a nosotros?”282.
La ceguera que procede de malicia es la ceguera farisaica, ceguera que endurece el corazón
y hace rechazar la luz. Nunca una ceguera así puede ser curada por la luz de Jesucristo. Los fariseos
por ejemplo dicen al ver al ciego curado: “este hombre no viene de Dios, porque no guarda el
sábado” o “¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?”. El rechazo de Jesús enceguece
porque Jesús es la luz y ha venido como luz al mundo para que el que crea en Él no siga en
tinieblas283 y tenga la luz de la vida284.
Los fariseos, a pesar de ver tan grandes signos, se resisten a creer y en ellos se cumplen las
palabras de Isaías “¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le
reveló?”285, donde les recrimina que no oyeron sus palabras. Y también dice el profeta “Ve y di a
ese pueblo: Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis. Engorda el corazón
de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus
oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y se le cure”286, se endureció su corazón por resistir
a la gracia287.
Por otra parte, los sencillos que han renunciado a sus propias luces por la fe han alcanzado
la luz de Jesús y su vida ha quedado iluminada y su alma limpia de pecado, como el hombre del
relato evangélico.

BARTIMEO, EL DE JERICÓ
Mt 20, 29-34 (Mc 10,46-52; Lc 18, 35-43)

Este milagro lo realiza Jesús en Jericó en el tercer año de su vida pública. En la Jericó
herodiana que era la segunda ciudad de Palestina, ante una muchedumbre, en su subida a Jerusalén.
“Aunque Lc pone la curación del ciego Bartimeo a la entrada de la ciudad y antes, por tanto,
del episodio de Zaqueo, Mt-Mc lo ponen a la salida, y así lo suponemos nosotros” […] “Los ciegos
estarían a la entrada de la ciudad, cuando pasa Jesús. Luego se van a la puerta de salida y allí lo
esperan. El milagro se opera aquí. Lc lo pone a la entrada, porque allí estaban los ciegos al
principio, y así despacha este episodio de una vez, pero con fundamento real. Esto pudo ser, pero
no es necesario para legitimar la inversión literaria de Lucas.
El hecho de que Mateo hable de dos ciegos y Mc-Lc de uno ofrece menos dificultad. Había
dos ciegos juntos pero uno, cuyo nombre ha pasado a la tradición, Bartimeo, se distinguió más”288.
El milagro consiste en la curación de los ciegos. Jesús les devuelve la visión.
Lo nombran con el título mesiánico de hijo de David y le llaman con insistencia, de tal
manera, que los quieren hacer callar. Aquí hay una manifestación de la fe. Los ciegos tienen fe en
Jesús.
Piden a Jesús que se compadezca (Mt-Mc). “Compadecido Jesús”, dice
el evangelio (Mt).
Jesús los interroga para saber que querían. Lo sabía el Señor como todos los que iban con
Él. Teniendo a un taumaturgo, a Jesús de Nazaret, ya famoso en todo Israel, no podían dejar de

282
Cf. JSALÉN. a v. 39
283 Jn 12, 46
284 Jn 3, 36
285 53, 1
286 6, 9
287 Cf. Jn 12, 37-40
288 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 253-54

52
aprovechar la oportunidad de pedirle la visión y por eso también su insistencia ¿quién sabe si
volvería a pasar Jesús por allí?
Ellos le piden ver. Mt dice que tocó sus ojos. Los otros sinópticos dicen que es la fe lo que
los ha curado.
Una vez curados siguen a Jesús glorificando a Dios.
Ante el milagro crece la fe de los espectadores, lo cual, los lleva también a glorificar a Dios.
Mc dice que Bartimeo lo llama Rabbuní, es decir, Maestro mío, semejante a como la
Magdalena lo llama a Jesús cuando lo reconoce como resucitado 289. “Esta denominación es más
solemne que la de rabbí y es empleada a menudo dirigiéndose a Dios. Se acerca, pues, a la profesión
de fe de Tomás”290.
Aquí la fe es obradora del milagro. Jesús no se la pide, aunque, la enciende dándose a
conocer por los ciegos, pasando a su lado, preguntándoles que querían, dejando que lo llamaran a
los gritos e insistentemente.
Luego de realizar el milagro manifiesta que la fe en Él es obradora de la curación “tu fe te
ha salvado”, ciertamente, como causa coadyuvante y no como causa principal ya que la causa
principal es el poder divino de Jesús.
Es una curación súbita “con solo tocarlo” los curó y lo proclaman “Hijo de David”, es decir,
Mesías291.
¿Qué significa y de dónde procede este título?
Hijo de David es un título mesiánico.
El segundo libro de Samuel narra como David pide al profeta Natán permiso para edificar
una casa a Yahvé, pero Yahvé le responde que un descendiente suyo la edificará292.
No será David quien edifique una casa (templo) a Yahvé sino que Yahvé edificará una casa
(dinastía) a David.
“Yahvé te anuncia que Yahvé te edificará una casa”293.
La promesa concierne esencialmente a la permanencia del linaje davídico sobre el trono de
Israel. Así lo entiende David294. “Aun esto es poco a tus ojos, Señor mío Yahvé que hablas también
a la casa de tu siervo para el futuro lejano”295.
El oráculo rebasa la persona de Salomón.
El claroscuro de la profecía deja ver un descendiente privilegiado en quien Dios se
complacerá. Es el primer eslabón de las profecías sobre el Mesías, hijo de David (Cf. 2 S 23, 5; Sal
89, 30-38; 132, 11-12)296.
En el Nuevo Testamento se cumplen los oráculos.
El ángel a María: “será grande… Dios le dará el trono de David, su padre”297
Lucas en los Hechos de los Apóstoles hablando de David profeta dice: “Sabía que Dios le
había asegurado con juramento que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre”298.

289 Jn 20, 16
290 JSALÉN. a Jn 20, 16
291 Cf. DE TUYA, PROFESORES DE SALAMANCA, Biblia Comentada (Va) Evangelios, BAC Madrid 1964, comentario a Mt 20, 29-34
292
2 S 7, 1 ss.
293 v. 11
294 v. 12-16
295 v. 19. Cf. 2 S 23, 5; Sal 89, 30-38; 132, 11-12
296 Cf. JSALÉN., (ed. 1975). Nota a 2 S 7, 1
297 Lc 1, 32
298 Hch 2, 30

53
El título de Hijo de David era aceptado normalmente en el judaísmo299 y cuya aplicación a
Jesús subraya, por ejemplo Mateo en la genealogía300 y en otros pasajes301.
Jesús acepta este título, a pesar de ser mesiánico, con reservas porque podía implicar una
concepción demasiado humana del Mesías302.
En una ocasión303 pregunta a los fariseos de quién es hijo el Mesías. Al responderle: de
David cita el Sal 110 “dijo el Señor a mi Señor…”. Si David lo llama Señor ¿cómo puede ser hijo
suyo? Es decir, “era un descendiente de David por su origen humano pero poseía un carácter divino
que lo hacía superior a David”304.

299 Mc 12, 35; Jn 7, 42


300 Mt 1, 1
301 Mt 12, 23; 15, 22; 20, 30; 21, 9.15
302 Mt 22, 41-46; cf. Mc 1, 34
303 Mt 22, 41-46
304 JSALÉN. a Mt 22, 46

54
CAPÍTULO 5
OTRAS CURACIONES

EL LEPROSO DE GALILEA
Mt 8, 1-4 (Mc 1, 40-45; Lc 5, 12-16)

El Señor iba de camino hacia Jerusalén para la segunda Pascua de su vida pública305 cuando
se encontró con un leproso fuera de una ciudad. Los leprosos solían andar fuera de la ciudad. La
ley les mandaba vivir fuera de la ciudad para que no contagiasen a nadie 306. Este encuentro se
produjo en la región de Galilea cerca de alguna de sus ciudades aunque no se puede determinar el
lugar exacto de este encuentro307. Lucas, sin embargo, hace referencia a que se encontraba en una
ciudad.
Es el leproso el que se acerca a Jesús y se postra delante de él, le pide que lo cure con una
oración peculiar: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Jesús se compadece de él (Mc), lo toca y
la lepra desaparece.
Le pide silencio sobre la curación y que vaya a presentar ante los sacerdotes la ofrenda que
mandaba la Ley308 para que ellos certificaran la curación y pudiera reintegrarse a la comunidad de
Israel. El leproso, sin embargo, divulgó el milagro (Mc), de tal manera, que la fama de Jesús se
extendió por toda la región y, en consecuencia, se acercaban muchos para que los curase pero Él
prefería quedarse fuera de las ciudades, en lugares solitarios, y allí aprovechaba para hacer oración
(Lc).
Jesús le dijo que no dijera a nadie lo del milagro. Sin embargo, el gozo que tiene el leproso
es inmenso ¿cómo acallarlo? Quiere contar la maravilla que hizo en él Dios por medio de Jesús.
Salir de la lepra era como salir de un infierno. Los leprosos eran sumamente marginados.
Poder, milagrosamente, volver a reintegrarse a la sociedad era volver a la vida. Poder nuevamente
volver a la familia, a la vecindad, a los actos sociales. ¿Cómo callar tanta alegría?
Seguramente habrá ido el leproso a presentar su ofrenda y a hacer constar su curación
porque de otra manera le era imposible reintegrarse a la sociedad. Sin un certificado extendido por
el sacerdote no se podía restablecer. Pero esta manifestación de la curación sería un testimonio a
favor de Jesús, ¿a favor o en contra?… tanta era la obstinación de sus adversarios.
Dice la carta a los Hebreos que “tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser un
sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios, y expiar los pecados del pueblo. Pues,
habiendo pasado él la prueba del sufrimiento, puede ayudar a los que la están pasando” 309. Jesús
no sufrió la lepra, pues, tuvo un cuerpo perfecto, no estuvo sujeto a la enfermedad pero sí sufrió la
marginación como el leproso. En su pasión todos lo abandonaron. Ya lo había dicho Jesús: “todos
vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche porque está escrito: Heriré al pastor y se
dispersarán las ovejas del rebaño”310. Sufrió el desprecio de los hombres cuando prefirieron a
Barrabás y para Él pidieron la crucifixión311.
El leproso vino a Jesús con humildad porque estaba lleno de humillaciones y las
humillaciones aceptadas nos hacen humildes. Jesús se compadeció también porque vio en el
leproso un corazón humilde como el suyo. No sólo sufriente, humillado y marginado sino también
305
Cf. Jn 5, 1
306 Cf. Lv 13, 45-46
307 Cf. LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 135
308 Lv 14, 1-32
309 3, 17-18
310 Mt 26, 31
311 Cf. Jn 18, 38-19, 6.

55
humilde y lleno de confianza, de fe, en su Persona. “Si quieres puedes limpiarme”. “Un corazón
contrito y humillado tu no lo desprecias, Señor”, dice el Salmo312.
Por otra parte, hay que señalar la fidelidad de Jesús a la Ley, pues, no había venido a abolir
la Ley sino a plenificarla313. Manda al leproso certificar su curación. Los tres sinópticos dicen que
Jesús manda al leproso a presentar la ofrenda como testimonio. ¿Testimonio de qué? Testimonio
de la curación. El leproso, ¿dijo a los sacerdotes que lo había curado Jesús? Probablemente sí,
según lo narra Marcos.
La oración del leproso es una oración de fe. El leproso confía en Jesús. Sabe que tiene poder
para limpiarlo “puedes limpiarme” pero deja humildemente su curación a la voluntad de Jesús “si
quieres”. Jesús quiere curarlo y lo cura.
¿Qué movió a Jesús para curarlo? Ciertamente la humildad del leproso que se postra ante
Él y que confiesa su poder y libertad infinita, pero también, ese afecto que manifiesta su perfecta
humanidad que es la compasión. Jesús ve su miseria y se conmueve interiormente, hace propia la
miseria del leproso y misericordiosamente lo limpia. Jesús había venido a cargar con nuestras
enfermedades314 y también, como en este caso, con la lepra.
La oración del leproso del Evangelio es ejemplar: humildad, se puso de rodillas;
incondicional, en cuanto que está dispuesto a aceptar la voluntad de Jesús “si quieres”; confianza
en el poder de Jesús “puedes limpiarme”.

LA HEMORROÍSA
Mt 9, 20-22 (Mc 5, 23-32; Lc 8, 43-48)

Este milagro lo realiza Jesús en el segundo año de su vida pública camino a la casa de Jairo.
Dice el Evangelio que lo seguía una gran multitud que le apretujaba.
Cuando caminaba se acercó a Él una mujer que desde hacía doce años sufría flujos de sangre
y aunque había recurrido a muchos médicos no había podido curarse. Las medicinas de ese
entonces eran duras de realizar y mezcladas de superstición.

La medicina era ejercida por los Escribas, y consistía en un poco de empirismo y mucha
superstición. En la Mishna (Talmud) existe esta sentencia: “El mejor de los médicos merece
el infierno”315.

La mujer se acercó ocultamente porque era impura y no podía acercarse a la gente debido
a su enfermedad316 y contaminaba a todo el que tocara. Por eso las leyes sobre la pureza le prohibían
mezclarse con el gentío. Pero su fe la lleva a violar algo más sagrado: tocar los flecos del manto
del rabbí, los cuales, eran un recuerdo de Dios y de su ley, y tocados estando impura era un
sacrilegio.

La hemorroísa “había oído hablar de Jesús” (Mc). Habiendo perdido toda esperanza de
curación por el lado terreno, había puesto poco a poco, su confianza en Jesús. Su fe, ingenua
pero profunda, se manifiesta vivamente en estas palabras que ella gustaba repetir desde el
fondo del alma: “si tocase tan sólo su vestido, sanaré”. Su delicadeza de mujer le impedía

312 Sal 51, 19


313 Mt 5, 17
314 Mt 8, 17
315 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 380
316 Lv 15, 19

56
pedir abiertamente a Nuestro Señor su curación, pues habría sido necesario revelar la
naturaleza de su enfermedad; de ahí por qué se había decidido a hurtar, en cierto modo, un
milagro sin que nadie lo supiese, ni siquiera el mismo Jesús, según pensaba ella317.

La mujer tocó a Jesús y sintió que quedaba curada. Jesús sintió que salía un poder de Él,
se dio cuenta que alguien había arrebatado de Él una fuerza curativa y preguntó quién lo había
tocado, ante la sorpresa de sus discípulos que se extrañaron que dijera esto porque caminaba entre
una multitud que lo rodeaba.
La mujer al quedar descubierta reconoció que lo había tocado. Jesús la despidió diciéndole
que su fe la había curada.

Y él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado” La que así había creído digna es de ser llamada
hija. La multitud, que lo apretuja, no puede ser llamada hija, más esta mujer, que cae a sus pies y
confiesa, merece recibir el nombre de hija. “Tu fe te ha salvado”. Observad la humildad: es él
mismo el que sana y lo refiere a la fe de ella. “Tu fe te ha salvado”318.

Y nosotros podemos hoy preguntamos: ¿A qué se debe el milagro? ¿Lo produce la fe del
que pide o es Cristo quien lo realiza?
La mayoría de las curaciones que cuenta el Evangelio no se parecen a las que hace un
curandero. Está claro que los que venían a Jesús tenían la convicción íntima de que Dios les
reservaba algo bueno por medio de Él, y esta fe los disponía para recibir la gracia de Dios en su
cuerpo y en su alma. Pero en la presente página se destaca el poder de Cristo: Jesús se dio cuenta
de que un poder había salido de Él y el papel de la fe: “tu fe te ha salvado”.
Jesús dice “te ha salvado”, y no “te ha sanado”, pues esta fe y el consiguiente milagro habían
revelado a la mujer el amor con que Dios la amaba.
Es cierto que fue el poder de Jesús el que curó a la hemorroísa pero ella puso una fe muy
grande. Se decía: “con sólo tocar su manto, me salvaré”. Se arriesgó a la condena por violar la ley,
pues, no podía acercarse a Jesús y el Señor la premió con la curación.
Dice Castellani que “un milagro depende de la voluntad del taumaturgo y de la fe del que
lo recibe; y aparentemente está sometido a ciertas leyes que desconocemos” […] “Naturalmente,
Dios no tiene leyes; pero evidentemente también si quiere hacer un hecho propio suyo, que lo
señale a Él, no necesita descompaginar la creación con un acto de violencia, sino manejar las
naturas de las cosas que Él ha hecho, y que Él únicamente conoce hasta el fondo. Dios está dentro
de las cosas y de sus leyes y no fuera de ellas” […] “Aquí está el error de los que niegan el milagro
alegando que Dios no puede destruir las leyes naturales: puesto que no necesita destruirlas. Aquí
también está el error de los que, viendo una cierta uniformidad en el modo en que ocurren los
milagros, sostienen que no son milagros, sino efectos de leyes naturales que todavía desconocemos
como los modernistas en general”319.
La hemorroísa según la tradición fue la que enjugo el rostro de Cristo en su Pasión. De su
rostro también fluía sangre a causa de las heridas. La mujer es llamada Verónica.

317 FILLION,Los Milagros de Jesucristo…, 320.


318 SAN JERÓNIMO, Comentario al evangelio de San Marcos, Ciudad Nueva Madrid 1988, 50
319 El Evangelio de Jesucristo…, 376-77

57
CURACIÓN DE UN HIDRÓPICO
Lc 14, 1-6

Este milagro ocurre en Jerusalén en el segundo año de la vida pública de Jesús.


Jesús realiza este milagro con un fin principalmente apologético. Para mostrar su divinidad
ante los fariseos que se negaban a reconocerla. Lo hace no sólo por el milagro que es la curación
de un hidrópico sino también porque se coloca sobre la legislación mosaica del sábado.
Los fariseos invitaban a Jesús a sus casas con la intención de sorprenderlo en alguna falta.
El Señor conocía sus intenciones y a pesar de ello asistía, porque no quería desaprovechar ninguna
ocasión para redimir a las almas y estas reuniones eran una buena oportunidad para hablar del
Reino de Dios.
Jesús va a comer a casa de uno de los fariseos. El evangelista hace notar que el día de esta
reunión fue un sábado. Estaba delante de Él un hombre hidrópico. El enfermo no dijo nada, no
pidió nada, simplemente estaba delante del Medico Divino. Ellos han preparado la trampa. No lo
dice el evangelista explícitamente pero si lo da a entender al constatar que lo observaban. ¿Qué
observaban? Observaban si curaba en sábado. Allí estaba el hombre necesitado de salud y allí
estaba Jesús que ya tenía fama de taumaturgo. Observan a ver si viola el sábado para poder
reprocharle su falta de santidad.

Como en otras dos ocasiones análogas, el caso del hombre de la mano seca y el de la mujer
encorvada, Jesús va a demostrar a sus adversarios que no les teme. Tomando la palabra, les
preguntó ex abrupto: “¿Es lícito curar en día sábado?”. Esta pregunta debió desconcertarlos,
pues demostraba que el Salvador leía hasta el fondo de sus corazones. Apelaba Él a la vez
a la conciencia, a la caridad y al espíritu religioso de los fariseos. Pero guardaron un silencio
que decía a las claras toda su mala fe. En efecto, la pregunta, tal como ha sido planteada,
no permitía más que una respuesta afirmativa, la que el mismo Jesús va a confirmar con su
acción. “Habiendo tocado” al enfermo con la mano, le curó sin decir palabra y le despachó.
Había visto fe en su alma se la recompensaba de este modo320.

Él les pregunta si es lícito curar en sábado o no. Ellos callan. Jesús cura al enfermo y lo
despide. Luego les dice a los fariseos “¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo
en día de sábado y no lo saca al momento?” Y no pudieron replicar nada.
Jesús cura al enfermo a pesar de los fariseos que observaban maliciosamente a ver si curaba
en sábado. Jesús actuó con claridad y no se dejó llevar de respetos humanos. Les hace ver que la
misericordia no quebranta el sábado y para ello les pone un ejemplo de sentido común.

CURACIÓN DE UN SORDO MUDO


Mc 7, 32-37

La narración de este milagro sólo aparece en Marcos. Lo realizó Jesús en su tercer año de
vida pública.
Comienza el relato con el itinerario de Jesús hasta realizar el milagro. Algunos dicen que el
milagro sucedió en Galilea321, otros en algún pueblo de la Decápolis322. El evangelista ha querido

320 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 315


321 Cf. Ibíd., 354
322 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios, BAC Madrid 1961, 215

58
mostrar la acción salvífica de Jesús dirigiendo su mirada preferentemente al mundo pagano323. Así
que lo más probable es que el milagro se realizase en una ciudad de la Decápolis.
“La gente presenta a Jesús un sordo que, por la misma dureza de oído, sólo puede hablar
con mucha dificultad, y tal vez sólo balbuceaba o tartamudeaba: toda una imagen de la impotencia
humana”324.
Puede ser que fuera un sordo mudo que había aprendido a leer los labios y simulaba las
palabras y por eso salían con dificultad325, pero, principalmente se comunicaría por señas.
Y le rogaban que, para curarle, “le impusiera las manos”. Era gesto familiar a Cristo 326.
Igualmente era usado como gesto de transmisión de poderes y autoridad con el que los rabinos
comunicaban el “magisterio” oficial a sus alumnos, lo mismo que signo de transmisión de
bendiciones327. Posiblemente estos que traían al enfermo creían que fuese condición esencial para
la curación este gesto, pues era de uso tradicional328. Otro sentido se expone en Lucas329 y que lleva
a pensar en que era necesario para la curación.
Las múltiples curaciones de Jesús tienen características distintas, cada una tiene un matiz
particular. A veces son concisas y simplemente una palabra potestativa hace desaparecer la
enfermedad, otras veces, hay un progreso en la curación como en el caso del ciego del Evangelio330,
otras, se dirige al Padre como pidiendo su poder para hacer el milagro, otras, sorprenden a la gente
porque las realiza con autoridad.
En la presente curación se dan gestos particulares: meter los dedos en los oídos del sordo,
tocar con saliva su lengua, gemir mirando al cielo.
Respecto de los procedimientos curativos de Jesús no sabemos en definitiva su razón porque
se encierran definitivamente en su Sabiduría divina. Jesús tenía poder absoluto sobre todas las
enfermedades y sólo una palabra o un gesto suyos producían la curación, pero, prefería ocultar las
manifestaciones externas de poder para no producir una desviación en la concepción mesiánica y
además la simplicidad en las curaciones manifestaba más su divinidad.
Jesús toma la miseria humana muy a pecho: introduce sus dedos en los oídos del sordo y le
toca la lengua con su saliva. Se acomoda así al pensamiento del pueblo y no deja duda alguna de
que quiere sanarle de su mal.
Jesús quiere privacidad y se retira a un lugar aparte y allí frente a algunos discípulos y ante
el interesado realiza el milagro.
Los gestos de la curación, según mi parecer, se deben a la condición del enfermo. Antes de
realizar los milagros Jesús exige la fe. ¿Cómo suscitar la fe en un sordo? Las palabras no sirven,
en este caso no resulta lo de “la fe entra por el oído”. Sí resultan adecuados los gestos, que son el
estadio primitivo del lenguaje. Jesús con sus gestos busca trasmitir un mensaje al sordo. Es una
parábola en acción. Los gestos buscan suscitar la fe y dar a conocer que Jesús es el Enviado de
Dios.
¿Qué le enseña Jesús? ¿Qué quiere enseñar su parábola? Que se pueden abrir los oídos y
soltar la lengua y curar cualquier enfermedad si lo pedimos con confianza. El gemido de Jesús le
hace entender al enfermo que es necesario manifestar una gran necesidad de misericordia y a su
vez una gran confianza en Dios. El gemido que sale de un corazón desgarrado por el sufrimiento y
que confiado busca la misericordia de Dios no puede ser desoído.

323 Cf. SCHACKENBURG, El Nuevo Testamento y su Mensaje…, comentario al pasaje


324
Ibíd.
325 Hoy en día hay escuelas que enseñan a hablar a los sordos mudos.
326 Mc 6, 5; 8, 23.25
327 Gn 48, 14 s
328 2 R 5, 11
329 13, 13
330 Mc 8, 22s

59
Sin embargo, todo eso no es más que la preparación. La curación propiamente dicha se
realiza por su palabra soberana. Jesús pronuncia la palabra aramea “Effetá” para expresar con
palabras el poder de curar ante los testigos oculares. Para el sordo fueron los gestos. Para los
discípulos una palabra de autoridad “ábrete”. Jesús la pronuncia por propia iniciativa, pero después
de haber elevado los ojos al cielo y en comunión con su Padre celestial. Él mismo está íntimamente
conmovido, como lo revela su gemido. La palabra aramea que se nos ha conservado, y que el
evangelista traduce para los lectores, no se dirige a los órganos enfermos sino al mismo paciente:
“¡Ábrete!” En la concepción judía, todo el hombre está enfermo y cuando se cura, la salud opera
también sobre los órganos dañados. El resultado llega inmediatamente: los oídos se abren y el
impedimento de la lengua se suelta.
Esta palabra “¡ábrete!” se usa en el bautismo cristiano y es un rito ilustrativo de lo que ha
sucedido en el alma del niño. El bautismo confiere al recién bautizado la capacidad de escuchar la
palabra de Dios y de trasmitirla331. En el milagro los gestos de meter los dedos en los oídos y tocar
la lengua con saliva son gestos preparatorios al milagro propiamente dicho que se realiza al
pronunciar Cristo la palabra “¡ábrete!”.

El taumaturgo puso luego un dedo en cada uno de los oídos del enfermo; luego, tomando
un poco de saliva con la punta de los dedos, le tocó la lengua. Eran todos éstos actos
simbólicos, indudablemente, y que no podían ejercer ninguna influencia directa sobre la
curación. Al tocar las orejas del sordo, Jesús las abría, en cierto modo, para devolverle el
oído; al tocarle la lengua mostraba que iba a curarla para que pudiese hablar: los dos órganos
enfermos se hallaban así preparados para la curación milagrosa. Todo esto es muy natural
dadas las circunstancias […] Hubo todavía un tercer acto preparatorio al milagro. Jesús,
“levantando los ojos al cielo, arrojó un suspiro”. Se ha dicho que suspiraba por simpatía, a
causa del triste estado a que el pecado había reducido a los hombres en general, y a éste en
particular […] Un cuarto y último acto obró el prodigio. Jesús dijo al sordomudo: Ephetha,
palabra aramea que significa: “Ábrete”332.

La parábola en acción quiere revelar la presencia del Mesías entre los hombres. El final del
Evangelio narra el efecto del milagro en muchos. La emoción mesiánica de la turba se desbordó:
“todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos” haciéndose eco de las palabras
de Isaías333 que se referían al futuro Mesías.
Jesús condesciende con el sordomudo. El Verbo Encarnado, la Palabra Subsistente se ha
hecho hombre. La Sabiduría humanada ha asumido una cultura histórica determinada, la cultura
palestina. Nacido en Belén, criado en Nazaret, conoce la cultura de los galileos, de los samaritanos
y también la de los judíos. Domina la lengua aramea y el lenguaje propio de su época, lenguaje de
trasmisión oral.
Jesús baja un peldaño en los estadios de la lengua, del lenguaje oral al lenguaje de los gestos
para comunicarse con el sordomudo. El lenguaje de los gestos es el más primitivo de los lenguajes.
Es la manera más primitiva de comunicarse y la más universal, de ahí que el lenguaje de los
sordomudos sea el más universal. Jesús suscita a través de los gestos en el sordomudo la fe
necesaria para realizar el milagro de su curación. Esta condescendencia no es sino un pálido reflejo
de la Encarnación del Verbo que ha querido descender hasta los hombres para salvarlos a través de

331 Dice el Ritual Romano de los Sacramentos: “El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te permita muy
pronto, escuchar su Palabra y profesar la fe para gloria y alabanza de Dios Padre”. Amén.
332 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 355.
333 Is 35, 5-6

60
la fe en Él y devolver al hombre la voz para alabar a Dios y el oído para escuchar su voz, pues
ambas, le habían sido arrebatadas por el demonio desde la caída de nuestros primeros padres.
Marcos subraya ante todo la orden de silencio de Jesús (v. 36), aunque aquella gente no le
obedece, y difunden cada vez más lo que habían visto como proclamó antes su curación, por la
Decápolis, el poseso de Gerasa334.
Cristo insiste en que no lo “dijesen” a nadie; no en vano le había apartado de la turba.
Buscaba con ello evitar prematuros y desorbitados movimientos mesiánicos. Pero no hicieron caso.
Cristo, sabiendo que no se había de guardar secreto, ¿por qué prohíbe divulgarlo? Para que viesen
que El cumplía el plan del Padre y que no buscaba ni precipitaba estos acontecimientos. Tenía que
esperar a su “hora.”
El Mesías, que presenta Marcos, en las grandes curaciones busca el silencio y el alejamiento
de los hombres. Esto no excluye que tales hechos deban testificar también el inminente tiempo de
salvación; deben hacer reflexionar a los hombres y conducirlos a la fe. Por ello rehúye Jesús a la
multitud curiosa y ávida de novedades, aunque sin retirarse de su actividad pública. No obstante,
ese Jesús sólo puede y debe ser comprendido en la fe, por lo que permanece en una cierta penumbra.
“A los hombres les invade el pasmo, salen por completo fuera de sí; pero no llegan realmente a la
fe. Esto entra, sin embargo, en los planes salvíficos de Dios, porque Jesús tiene que seguir el camino
que lleva a la Cruz335 para dar su vida en rescate de muchos336”337.

LOS DIEZ LEPROSOS


Lc 17, 11-19

Este milagro lo realiza Jesús en el tercer año de su vida pública al acercarse a una aldea por
los confines de Samaria y Galilea. Probablemente en Djenin, la antigua En-Gannin, que, según
Josefo se hallaba entre los límites de Samaria y la gran llanura de Esdrelón.
Probablemente el Señor se dirige al Jordán para subir por Jericó a Jerusalén338.
“La misma región explica que entre los leprosos hubiera un samaritano. Los demás serían
galileos, de religión judía”339.
Los leprosos se acompañaban mutuamente en su común desgracia y se ayudaban para paliar
sus necesidades, por lo cual, no es extraño encontrarlos en grupos como en éste caso que eran diez
los que andaban juntos. El leproso sufría en sí mismo una enfermedad incurable y que lo hacía un
muerto en vida. Sufría una marginación social ya que no podía vivir en la ciudad sino que vivía
fuera como mandaba la Ley y se reunía con otros leprosos en comunidades para poder sobrevivir.
Sólo se les permitía entrar al campamento o a la ciudad para pedir limosna y no debían acercarse
demasiado. La ley mandaba que anduviesen andrajosos y despeinados y anunciándose “impuro,
impuro”340. En cuanto a la religión no se los excomulgaba pero debían ponerse aparte en las
sinagogas. Se consideraba que su enfermedad era efecto de sus pecados.
El leproso era un marginado social y, en cierta manera, eclesial. Además, su vida personal
era de mucho sufrimiento no sólo en el cuerpo sino también en el alma debido a su condición de
marginado.

334 Mc 5, 20
335 Mc 8, 31
336 Mc 10, 45
337
SCHACKENBURG, El Nuevo Testamento y su Mensaje…, comentario al pasaje
338 Lc 18, 35
339 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 231
340 Cf. Lv 13

61
No se acercan a Jesús, sino que desde lejos le piden que tenga misericordia () de
ellos. Lo llaman “Maestro”.
Jesús los manda, como en el caso del leproso de Galilea, a que se presenten a los sacerdotes.
Jesús les está pidiendo implícitamente un acto de fe. ¿Cómo se iban a presentar ante los sacerdotes
sin estar curados? Ellos al marchar a presentarse a los sacerdotes deben haber creído, tal como iba
a suceder, que se curarían. De hecho, dice el Evangelio, en el camino quedaron curados.
Pero de los diez uno sólo se volvió, al verse curado, a agradecer a Jesús glorificando a Dios
por su salud.
El leproso, llegando a la presencia de Jesús se postró y le agradeció. Resalta el evangelista
que era un samaritano. Jesús le preguntó por qué no habían vuelto a glorificar a Dios los otros
nueve y hace notar ante los presentes que sólo el samaritano ha vuelto a agradecer su curación (v.
18).
Jesús lo hizo levantarse y lo dejo marchar diciéndole: “tu fe te ha salvado”.
¿Los otros nueve alcanzaron la salud? Sí, lo dice el Evangelio, pero sólo la salud corporal.
De hecho quedaron curados y se presentaron a los sacerdotes para que certificaran su curación.
Hecho esto volvieron a integrarse a la sociedad. El leproso samaritano probablemente hizo esto
aunque el Evangelio parece decir que al instante de su curación se volvió para agradecer a Jesús.
Ya habría tiempo de certificar la curación, ahora, lo importante era agradecer al taumaturgo la
salud. El samaritano al volver y agradecer a Jesús consigue por la gracia de Dios una salud más
profunda, la salud del alma, porque reconoce a Jesús como el Mesías, “postrándose rostro en tierra
a los pies de Jesús” y Jesús certifica esta curación al decirle que por su fe en Él ha alcanzado la
salvación, esta es la salvación más interior, la de su alma, que los otros nueve no consiguieron.
Jesús deja bien claro que fue el samaritano, “este extranjero”, el que volvió a agradecer. No
es la primera vez que el evangelista hace notar la verdadera religiosidad que existía también fuera
de la religión judía y mucho más auténtica que ésta341.

341 Lc 10, 30 ss.; cf. Lc 4, 25-27


62
CAPÍTULO 6
MILAGROS SOBRE LA NATURALEZA

LAS BODAS DE CANÁ


Jn 2, 1-11

Este es el primer milagro que realizó Jesús. Lo realizó en Caná de Galilea aldea situada a
unos siete kilómetros al norte de Nazaret. Sucede en el primer año de su vida pública, tres días
después del encuentro con Felipe y Natanael. El milagro lo realiza en un banquete de bodas. Fue
invitado Jesús y sus discípulos. También fue invitada la Virgen María que se encontraba allí al
llegar Jesús. Ella presenciará y será parte activa en el primer milagro de Jesús. El milagro es una
conversión de agua en vino.
Parece ser que ya había comenzado la boda cuando llegó Jesús y que el vino se había
acabado. La primera en intervenir es María. Ella seguramente notaria la falta de vino o quizá
escucharía el comentario triste de alguno de los organizadores de la boda o de los mismos esposos.
María le dice a Jesús: “no tienen vino”. Jesús le responde: “¿Qué a mí y a ti?”, semitismo
bastante frecuente en el Antiguo Testamento342 y en el Nuevo Testamento343. Se emplea para
rechazar una intervención que se juzga inoportuna y hasta para indicar a alguien que no se quiere
mantener relación alguna con él. Sólo el contexto permite precisar el matiz exacto en cada caso.
Aquí, Jesús presenta a su madre la dificultad de que “todavía no ha llegado su hora”344.

“Aún no es llegada mi hora”. Al añadir estas palabras, Nuestro Señor indicaba la razón de
su momentáneo rechazo. Para cumplir lo que pedía su madre, tenía necesidad de una señal
divina, y aún no la había recibido. En el cuarto evangelio, “la hora” de Jesús es sobre todo
la de su pasión (cf. Juan, 7, 30; 8, 20; 12, 23, 27; 13, 1; 17, 1). Empero, aquí esta expresión
debe ser tomada en otro sentido: como en el pasaje paralelo de Juan 7, 6, designa un
momento preciso, determinado por adelantado en el plan divino. En los dos casos, Jesús
afirma que no cumplirá inmediatamente el acto que se le sugiere; poco después ejecuta este
acto; pero “un cambio de condiciones morales y espirituales no se mide con longitud de
tiempo”. Cristo esperaba la manifestación de las órdenes de su Padre; desde el momento
que las recibe, obedece a ellas con minuciosa puntualidad. Por otra parte, nada se opone a
que entre esta palabra de Jesús y el cumplimiento del milagro haya transcurrido cierto
tiempo345.

María nunca intentó desviar a su Hijo de su misión aunque le hizo adelantar su hora esta
vez porque esto estaba en los planes divinos manifestando con ello que cuando hay amor verdadero
entre madre e hijo, nada inconveniente se pide y nada conveniente se niega. ¿Conveniente?
Conveniente para que creciera la fe de los discípulos346.
María dice a los sirvientes que hagan lo que Jesús diga. La Virgen tiene la seguridad de que
su Hijo la escucha y que va a solucionar el problema del vino.
El evangelista señala que había allí seis tinajas de piedra de dos o tres medidas cada una.
La medida griega se llamaba metreta; y era una medida de líquidos que equivalía a cuarenta litros.

342 Jc 11, 12; 2 S 16, 10; 19, 23; 1 R 17, 18 etc.


343 Mt 8, 29; Mc 1, 24; 5, 7; Lc 4, 34; 8, 28.
344 JSALÉN. a Jn 2, 4
345 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 175
346 Cf. Jn 2, 11

63
Es decir, en total había recipientes con una capacidad de entre cuatrocientos ochenta y setecientos
veinte litros.
Les dijo Jesús que llenaran las tinajas de agua y que sacando el líquido lo llevaran al
maestresala. Así lo hicieron y el maestresala se sorprendió por aquel vino que era mejor que el que
habían tomado hasta el momento.
Dice el Evangelio que Jesús manifestó su gloria por medio de este signo y creyeron en Él
sus discípulos.
Jesús realiza el milagro y anticipa su hora. En realidad todos sus signos se orientan y son
como participación de su signo: la pascua. Y son participación de su hora en la que los hombres
sabrán que Él es: “cuando sea levantado en alto sabréis que Yo soy”347.
Aquí Jesús transforma el agua en vino, allí de su costado abierto, el agua y la sangre, que
en el banquete de la última cena fue antes vino, hacen de nosotros el hombre nuevo que Dios ha
reservado para la plenitud de los tiempos. Como en Caná fue el vino mejor el que sirvieron al final.
En ambos es Jesús el autor del milagro y María compañera inseparable de la obra redentora.
Ambos milagros son motivos de credibilidad para los discípulos de todos los tiempos. María
por sus palabras enseña la verdadera vida religiosa “haced lo que Él os diga”, un total abandono en
Jesús, porque todo lo que pidamos confiadamente en su nombre el Padre nos lo concederá348. Los
discípulos al contemplar el milagro por la intercesión de la madre, abandonan la mirada humana
sobre el compañero de festejos y ven en Él al Mesías que había de venir y lo siguen, con deseos de
permanecer ligados a Él, como buenos religiosos. “Después bajo a Cafarnaúm con su madre y sus
hermanos y sus discípulos”349.
En Caná María contribuye a suscitar la fe de los discípulos y nos ofrece como una
predicción de su mediación orientada hacia Cristo y encaminada a la revelación de su poder
salvífico350. Jesucristo ha querido comenzar sus milagros por María. Los milagros de gracia:
santificando al Bautista en el seno de Isabel y los milagros de naturaleza en las bodas de Caná.
Jesús ante la humilde plegaria de María, convirtió el agua en vino, era su primer milagro en el
orden de la naturaleza. Comenzó y continuó sus milagros por medio de María y por medio de ella
los continuará hasta el fin de los siglos.

El fin especial del cambio del agua en vino nos es claramente revelado por la reflexión del
v. 11. Seguramente, aquí como en muchas otras circunstancias, la bondad inefable del
Salvador, que se conduele con todas las miserias humanas, grandes o pequeñas, se propuso
poner fin a una angustia que podía llegar a ser prontamente muy penosa y humillante;
gracias a ella, la tristeza fue apartada de la fiesta de familia a la que Jesús honraba con su
presencia.

Desde este punto de vista, este milagro fue, como más tarde en Betania, un milagro de la
amistad al mismo tiempo que de la piedad filial, puesto que fue María quien lo sugirió a su
hijo. Pero Nuestro Señor se proponía entonces un fin todavía más elevado. Al demostrar su
potencia creadora, Él atestiguaba su grandeza y su gloria de Verbo Encarnado, excitando
por eso mismo a sus primeros discípulos y a todos nosotros a creer cada vez más en Él351.

347 Jn 8, 28
348 Jn 16, 23
349 v. 11

350 Cf. SAN JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris Mater nº 21
351 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 179

64
LA PESCA MILAGROSA
Lc 5, 1-11

El milagro de la pesca milagrosa acontece en el primer año de la vida pública del Señor en
el mar de Galilea.
Jesús entra en el mar en la barca de Pedro y le pide que eche la red para pescar. Pedro le
objeta que han estado intentando toda la noche y no han pescado nada, sin embargo, confiado en
su palabra hecha las redes y pescan abundantemente.
Es notable el acto de fe que hace Pedro en Jesús. Confía en su palabra, confía en su persona
a pesar de una realidad humana que se manifiesta contraria. No han pescado en toda la noche, es
la realidad. Seguramente han buscado los lugares donde ellos conocían que había peces, los mejores
lugares porque eran pescadores experimentados, y nada. Pedro deja de lado toda su apreciación
humana, su gran experiencia de pescador y se abandona en Jesús. Echa las redes. La actitud de
Pedro no es la de aquel que por evitar contradicciones hace lo que el otro dice. Pedro es un hombre
impetuoso. De hecho le dice al Señor su experiencia: no hemos pescado nada en toda la noche. Y
viene un segundo momento en el cual Pedro se olvida de sí mismo para abandonarse en Jesús. Y
por su fe se produce el milagro. Si Pedro no hubiese echado las redes al agua no hubiera visto
maravillas, no hubiera visto lo extraordinario, el milagro.
Dice el Evangelio que pescó gran cantidad de peces, de tal manera, que llenaron su barca y
la de Santiago y Juan.

Milagro evidente, cuya grandeza hace resaltar el narrador mediante algunos detalles
subsidiarios. 1) “La red se rompía”. Hubo, por consiguiente, un comienzo de ruptura; el
auxilio llegado a tiempo impidió que la red se rompiese completamente. 2) Pedro y los que
con él estaban en la barca hicieron señas a los pescadores que se hallaban en la barca vecina
(la de los hijos de Zebedeo, según los otros dos relatos) para que viniesen en su ayuda, pues
solos no habrían podido salir del apuro. 3) Juntos todos, “llenaron las dos barcas”, y
quedaron éstas de tal modo cargadas con peces que se hundían hasta el borde, corriendo
peligro de naufragar. 4) Por habituados que estuvieren a excelentes pescas, Simón Pedro y
sus compañeros no titubearon en considerar esta pesca extraordinaria como un gran milagro
obrado por Jesucristo352.

Pedro estaba tan asombrado de la pesca milagrosa que cayó a los pies de Jesús y confesó su
santidad. “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”. Esta confesión es una confesión
hecha por él, pecador, ante un hombre santo. La santidad de Jesús se ha manifestado por el milagro.
Pedro reconoce en Jesús un hombre muy cercano al Dios santo, el cual, le da el poder de hacer
milagros. Pedro experimenta un temor religioso porque está ante la presencia de alguien muy
cercano a Dios y al notar el gran abismo entre el hombre que está frente a sí y su indignidad, la
confiesa con reverencia353. Este mismo temor reverencial o religioso lo lleva al asombro y también
a los allí presentes porque había experimentado algo extraordinario, el poder de Jesús sobre la
naturaleza. Este asombro religioso habla de la fe de todos aquellos hombres. Pedro la manifestó
antes del milagro y en todos surgió después de haberlo presenciado.
La pesca milagrosa produce en los espectadores una reacción afectiva: asombro.
Y ¿qué es el asombro? Es un sentimiento intelectual que surge ante lo inesperado. El
asombro, la admiración, es la raíz afectiva de la religiosidad354. Es una prueba más que los

352 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 200


353 Cf. JSALÉN. a Ex 33, 20
354 Cf. CASTELLANI, Psicología Humana, Jauja Mendoza 19972, 151

65
discípulos se sienten ante la presencia de alguien muy cercano a Dios. En el caso presente ante el
poder de Jesús que hace que pesquen en un lugar donde no han pescado nada.
La admiración procede según Santo Tomás355 del desconocimiento de las causas del
fenómeno admirado y tanto más desconocidas nos parecen cuanto más llamativo es el efecto y más
lejano de nosotros el poder que lo pudiera producir.
Por eso aunque todos los milagros son igualmente portentosos unos suscitan mayor estupor
que los demás.
La admiración que experimentan los apóstoles surge al constatar el poder de Jesús sobre la
naturaleza y su reacción casi instintiva ha generado un acto de religión, el reconocimiento de su
indignidad ante Jesús, el reconocimiento de su impotencia ante las leyes naturales, el
reconocimiento, en fin, de su indigencia creatural.
El sentimiento de indigencia es el más profundo del hombre y es el punto de partida de toda
religión356.
Este Evangelio también narra la llamada a los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago
y Juan. Los llama en el ambiente donde se desarrollaba habitualmente su oficio: en el Mar de
Galilea. Jesús condesciende con los primeros discípulos.
Dios ha condescendido con la humanidad haciéndose hombre y también revelándose. Ha
trasmitido su revelación en un lenguaje humano, accesible para nosotros.
En el pasaje presente condesciende con los hombres que quería llamar para que fuesen sus
discípulos y que eran pescadores. Lo hace realizando un milagro, produciendo una pesca abundante
en un lugar o una hora en donde era casi imposible humanamente pescar.
Jesús condesciende con los hombres para elevarlos. Condesciende con estos pescadores
para hacerlos pescadores de hombres. Los eleva de un oficio sencillo a una dignidad incomparable.
Jesús tomó la iniciativa. “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a
vosotros”357. Buscó a sus elegidos, los llamó, les dio signos de su llamada.
Pedro nota la condescendencia de Cristo para con ellos en cuanto que les concede una pesca
milagrosa pero en definitiva se da cuenta que este hombre viene a liberarlo del pecado. Se da cuenta
que está ante un hombre santo, quizá el Santo de Dios, y reconoce su pecado ante él como
confesando que lo puede liberar y Cristo condesciende con él no sólo para perdonarle los pecados
sino para hacerlo pescador de hombres y darle el poder de que él mismo perdone los pecados.
Cristo no lo rechaza por ser pecador porque sabe que lo va a liberar de su pecado ya que es el
Redentor.

LA TEMPESTAD CALMADA
Mt 8, 23-27 (Mc 4, 35-41; Lc 8, 22-25)

Este milagro se produce en el Mar de Galilea en el segundo año de la vida pública del Señor
después del discurso parabólico358 y cuando se dirigía con sus discípulos a la otra orilla del Mar359.
Jesús va en la barca con sus discípulos y se duerme. De repente se levanta una gran
tempestad en el Mar y los discípulos temen por sus vidas. No pueden hacer nada porque las olas
son grandes y el viento fuerte. Entonces, despiertan al Señor diciéndole la situación real en la que
se encuentran, “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”.

355 Ver III, 15, 8


356 Cf. CASTELLANI, Psicología Humana, Jauja Mendoza 19972, 153
357 Jn 15, 16
358 Mt 13, 53 y Mt 8, 18
359 Mc 4, 35

66
El despertar de Jesús fue tan tranquilo como su reposo; su primer cuidado fue calmar no las
olas sino los corazones “¿Por qué teméis, les dijo, hombres de poca fe?”360.

Jesús se levanta y calma la tempestad con su sola palabra. Y vuelve la tranquilidad. Ellos
quedan admirados. Pero Jesús les reprocha su falta de confianza.
¿Quién es este? Se preguntan los discípulos ante el milagro ocurrido. “¿Quién es éste, que
hasta los vientos y el mar le obedecen?” Y en la respuesta a esta pregunta está contenido el reproche
de Jesús por su poca fe. Se hallan ante un hombre con poder extraordinario, al cual, los elementos
desatados de la naturaleza le obedecen, y no confían en Él. Jesús les manifiesta su divinidad. Jesús
es el hombre Dios.

¿A quién no aterrorizan y empequeñecen los elementos desatados de la naturaleza? ¿Hay


algo que parezca más inasequible al poder humano que dominarlos? Así resulta tan
verosímil la estupefacción producida por este prodigio, incluso en el espíritu de aquellos
que acaban de presenciar en Naím la resurrección del hijo de la viuda ¿Quién es éste?
Nosotros lo sabemos: el Hombre Dios361.

El viento y el mar no se calman repentinamente a la orden de un hombre sino es por una


intervención sobrenatural. Esta calma repentina “realza la grandeza del milagro, pues, de ordinario
las aguas del mar de Galilea permanecen agitadas durante varias horas y retoman la calma poco a
poco”362 una vez cesado el viento.
El temor surge ante la presencia del poder, de lo que sobrepasa las fuerzas humanas. Esta
reacción de los discípulos se da porque advierten en Jesús más que un hombre que necesita dormir
y atravesar el mar en una barca. La bonanza repentina los hace reconocer en Jesús a Dios363. Y ante
la presencia de la divinidad cobran temor364.
Jesús les reprocha su poca fe. ¿Por qué? Porque han visto muchos de sus milagros y todavía
no terminan de reconocer su divinidad y la solicitud que tiene por ellos y por los que esperan la
venida de su Reino.
Jesús no ha obrado el milagro por algún intermediario365 sino por su sola palabra. Milagro
que evoca el poder de Yahvé366.
La pregunta de los discípulos “¿quién es éste?” surge espontánea ante el poder de Jesús.
Jesús es omnipotente no solo por ser Hijo de Dios, poseyéndola eternamente como el Padre y el
Espíritu Santo367, sino también según su naturaleza humana, en cuanto hombre, en el tiempo, por
la Unión Hipostática368. La omnipotencia es un atributo divino, incomunicable, propio y exclusivo
de Dios. El poder activo es consecuencia de la naturaleza misma del ser. Como la naturaleza divina
es el mismo ser de Dios incircunscrito, de ahí se sigue que posee potencia activa respecto de todas
las cosas que pueden tener razón de ser. Por tanto, la omnipotencia es exclusiva de la divinidad369.

360
FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 213
361 MALDONADO, Cit. por HERRERA, La Palabra de Cristo, t.2. , BAC Madrid 19572, 465
362 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 214
363 Catena Áurea…, SAN JUAN CRISÓSTOMO a Mt 8, 27, TEOFILACTO a Mc 4, 41; SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermones, 20, 1. Cit. en

La Biblia Comentada por los Padres de la Iglesia y otros autores de la época patrística. Nuevo Testamento, Mateo (1-13), 1a,
Ciudad Nueva. Madrid 2004 comentario a Mt 8, 27, PRUDENCIO, La Biblia Comentada por los Padres de la Iglesia y otros autores
de la época patrística…, Nuevo Testamento, Marcos, 2, Ciudad Nueva. Madrid 2000 comentario a Mc 4, 41.
364 Cf. Lc 1, 12 y JSALÉN. Cf. Lc 1, 29
365 Cf. Ex 14; 2 R 2; Jos 3.
366 Cf. Sal 28, 3-4; 32, 7; 45, 2-4; 65, 8; 68, 2-4.15-17; 88, 10.13; 106, 21-30; Jr 5, 22
367 Ver I, 42, 6 c. Símbolo Atanasiano.
368 Cf. III, 13, 1 ad 1
369 Cf. III, 13, 1 c

67
El alma de Jesucristo, en cuanto que es instrumento del Verbo, tuvo la virtud instrumental
para hacer toda clase de milagros. Es necesario para el fin de la Encarnación, que es restaurar todas
las cosas, ya en los cielos, ya en la tierra370. Y en este sentido, Jesucristo pudo todo cuanto quiso,
bien por sí o bien por la virtud divina371.
Los discípulos ven al hombre y creen en Dios. Saben que lo sobrenatural es obra del poder
divino, único capaz de mudar el orden natural, en lo cual, consiste el milagro. La naturaleza humana
que ellos veían es el instrumento de la acción divina y la acción humana manifestada por las
palabras “¡calla, enmudece!”372, recibe la virtud de la naturaleza divina, es decir, ambas naturalezas
obran una obra común373. “El hombre recibió en el tiempo la omnipotencia que el Hijo de Dios
tuvo desde la eternidad”374.
Cristo realiza el milagro. El mar se calma. El milagro es para reafirmar a los discípulos en
la fe y especialmente para que se abandonen en Él que es el Hijo de Dios.

PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES


Mt 14, 14-21 (Mc 6, 34-44; Lc 9, 12-17; Jn 6, 5-15)

El milagro se da con ocasión de un retiro de los apóstoles con Jesús. Se retira con ellos para
descansar (Mc) porque habían vuelto cansados de su misión375.
Ocurre en la primavera del año 29, cercana ya la penúltima pascua de Jesús. Entre el
episodio de las espigas376, año 28 y la última pascua y su pasión en el año 30. Ocurre en un lugar
solitario, al este del mar de Galilea.
Se encontró Jesús con sus discípulos en Cafarnaúm y atravesaron el lago para buscar retiro.
Lucas dice que se dirigieron a Betsaida; Juan hacia el otro lado del mar de Galilea o Tiberíades. En
el lugar había hierba verde y mucha. Mateo narra que Jesús ordenó que la gente se echase sobre la
hierba. Era primavera.
En esta ocasión Jesús multiplicó cinco panes y dos peces377. Los panes eran de cebada (Jn).
Los hombres que comieron eran cinco mil (Mt, Mc, Lc, Jn). Sobraron de lo que comieron, doce
canastas llenas de trozos (Mt, Mc, Lc, Jn).
Algo a tener en cuenta antes de hablar del milagro. La compasión va a señalar la dirección
del obrar de Jesús durante toda su vida.
En el relato la manifiestan Mt y Lc en dos cosas que señalan. Ellos buscan el retiro pero se
encuentran con la gente que los busca. Buscan a Jesús. Mt dice que al ver la muchedumbre se
compadeció y curó a sus enfermos. Además, se compadece (Mc) porque la gente andaba como
ovejas sin pastor, es decir, desorientadas, confundidas, erradas, angustiadas, temerosas y Él se puso
a enseñarles.
“Sintió compasión”. Sintió compasión de la desorientación de las ovejas y su misericordia
les enseñó; sintió compasión porque tenían necesidad de salud y tuvo misericordia curando a sus
enfermos; tuvo compasión porque tenían hambre y tuvo misericordia dándoles de comer.
En aquel momento Jesús tenía razones para estar triste y desanimado. Le acababan de dar
la noticia que su amigo Juan Bautista había sido asesinado cruelmente y él olvidándose de sí mismo

370 Cf. III, 13, 2 c


371
Cf. III, 13, 4c
372 Mc 4, 39
373 Cf. III, 43, 2c
374 III, 13, 1 ad 1
375 Mc 6, 30; Lc 9, 10a
376 Mt 12, 1 ss.
377 Todas las narraciones.

68
y de su estado de ánimo se entrega generosamente a los demás. Olvidándose de su dolor se puso a
aliviar el dolor de los demás.
Es que como dice Isaías fue ungido para anunciar la buena nueva a los pobres, vendar los
corazones rotos, pregonar a los cautivos la liberación, dar a los reclusos la libertad, pregonar un
año de gracia de Yahvé, consolar a los que lloran378.
Otro detalle importante por resaltar es el gesto de repartir los panes: levantó los ojos al cielo,
los bendijo y los partió (Mt, Mc, Lc). Juan varía un poco la narración, dice: “Tomó los panes y
después de haber dado gracias, los repartió”.
Este gesto lo hará Jesús en la última cena. Los sinópticos dicen que lo bendijo y lo partió.
La primera a los Corintios379 sigue la narración joánnica “después de dar gracias, lo partió”. En la
narración de los discípulos de Emaús Jesús lo bendijo y lo partió380.
Este detalle de los gestos ha quedado marcado a fuego en los apóstoles y también en la Iglesia
apostólica, se ha trasmitido por la tradición y ha llegado hasta nosotros en las plegarias eucarísticas
de la Misa.
La Iª dice “elevando los ojos al cielo […] dando gracias lo bendijo, lo partió y lo dio”.
La IIª dice “dando gracias lo partió y lo dio”.
La IIIª “lo partió y lo dio”.
La IVª “lo partió y lo dio”.

San Juan trae un detalle importante para comenzar nuestra explicación del milagro.
Ellos le plantean el problema del hambre de la gente y Él deja que den soluciones. Juan
comenta “Esto lo decía para probarle (a Felipe): pues sabía él lo que iba a hacer”.
Los discípulos proponen varias soluciones. Soluciones humanas: comprar panes, repartirlos
infinitesimalmente, parece decir Andrés, despedir a la gente y listo, quizá la solución más fácil.
Los apóstoles le dicen lo que tienen: cinco panes y dos peces y el Señor les pide y manda
que acomoden a la gente sobre la hierba en grupos (Mc), grupos de cien y de cincuenta (Mc), de
cincuenta (Lc).
En este momento Jesús hace los gestos que hemos indicado y los panes comenzaron a
multiplicarse en sus manos y en las manos de los discípulos, dándoles de comer a todos y sobrando
trozos de pan y peces.
Jesús mandó recoger lo sobrante, como hacía el padre de familia, para darlo luego a los
pobres.
La gente ni Jesús parece fueron prudentes en esta ocasión. Es que la prudencia humana deja
lugar a la Providencia divina. La prudencia humana dejó lugar a la prudencia del milagro381.
La multitud, por amor a Jesús había ido al desierto y Él por amor los alimentó con el pan
de la salud, con el pan de su palabra y con el pan material para que siguiesen estando con Él.
Este milagro tiene un fin apologético que es mostrar la divinidad de Cristo. Jesús tiene poder
sobre la materia y puede hacer de un número reducido de panes, panes en abundancia.
Este milagro tiene referencia a la eucaristía no sólo por los gestos que hace sobre el pan
sino porque da de comer en el desierto a una multitud como lo hizo Dios en el éxodo por medio de
Moisés. En Juan este milagro antecede al discurso del pan de vida y de hecho Jesús toma pie del
suceso para introducir su discurso.
Jesús manifiesta también su humanidad al compadecerse de la gente y su divinidad para
subsanar su miseria.

378 Cf. Is 61, 1-3


379 1 Co 11, 24
380 Lc 24, 30
381 Cf. CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 185

69
Enseña a sus discípulos a imitarlo en la compasión, a confiar en Él, en su poder, y en
definitiva a confiarse en la Providencia de Dios. Ellos mismos ayudarán a repartir los panes
participando de la compasión y misericordia de Jesús. Luego repartirán también ellos la Palabra de
Dios, harán milagros en favor de los miserables y multiplicarán el pan eucarístico para nutrir las
almas de los cristianos.
Este milagro es un canto a la confianza en la Providencia divina. La gente busca el Reino y
la Providencia le da lo demás.

Es evidente que, en este caso, así como en el de las bodas de Caná, hubo un milagro de
poder, de creación propiamente dicha. Algunos antiguos exegetas católicos han caído a
veces, aquí también en la exageración y en nimiedades, al pretender determinar el modo
particular de este prodigio, que permanecerá siendo siempre un misterio para nosotros. Lo
mejor es confesar, con san Hilario de Poitiers, que ignoramos el modo de este milagro, pero
que Dios es omnipotente382.

JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS


Mt 14, 22-33 (Mc 6, 45-52; Jn 6, 16-21)

La caminata de Jesús sobre las aguas ocurrió en el tercer año de su vida pública en el Mar
de Galilea después de la primera multiplicación de los panes.
El sentido de este relato, muy impregnado de la piedad del salmista383, consiste
esencialmente en presentar a Jesús ejerciendo el control divino sobre las aguas del caos, símbolos
de las potencias del mal. Jesús tiene el poder de salvar a sus discípulos384.
Jesús obliga a sus discípulos a ir a la otra orilla del Mar (Mt y Mc). Marcos dice que se
dirigieron a Betsaida y Juan a Cafarnaúm. Ellos obedecen a Jesús y se embarcan. Era conveniente
que los discípulos no se quedasen a despedir a la gente por el peligro de apegarse a las almas y
además por su concepción de un mesianismo triunfalista.
Jesús despide a la gente y cuando se queda solo se va a un monte a orar. Hace una larga
oración. Cuando la barca iba a mitad de la travesía (Mc) Jesús viene a su encuentro a la cuarta
vigilia, es decir entre las 3 y 6 de la mañana, caminando sobre las aguas. Viendo Jesús que ellos se
fatigaban (Mc) tratando de avanzar y no podían se compadece de ellos y va a su encuentro. Los ve
desde el monte donde ha subido a orar.
Jesús viene al encuentro de sus discípulos, viene a socorrerlos. Pero, viene de una manera
inverosímil: caminando sobre el mar.
Pensaron que era un fantasma. Los discípulos se sorprenden que camine sobre las aguas. Se
sorprenden que un hombre camine sobre el mar. Jesús les habla y se calman. Reconocen el poder
divino de Jesús. Jesús dijo “Soy yo, no temáis” (Jn), que literalmente es “Yo soy” invocación para
sí del nombre divino385. Los tres evangelistas (Mt, Mc y Jn) en el original griego evocan el nombre
“Yo soy” ().
Mateo es el único que narra el suceso de Pedro. Pedro le pide a Jesús caminar por encima
del agua. Pide algo grande pero con fe, al menos en un primer momento con una fe grande, y Jesús
se lo concede. Pedro comienza a hacer maravillas, comienza a vencer la fuerza de gravedad y
camina sobre el agua hacia Jesús pero aparentemente es ganado por la presunción y al comenzar a

382 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 187


383 Cf. Sal 107, 23-32
384 JSALÉN. a Mt 14, 22
385 Ex 3, 14

70
caminar se olvida de que es una gracia de Jesús. Se suma a esto el movimiento tumultuoso de las
aguas que hacen dudar a Pedro. Pedro comienza a mirar humanamente las fuerzas del mal y el
milagro y en consecuencia comienza a hundirse. Ante el peligro recurre a Jesús y Jesús lo salva.
Sin embargo, Jesús le reprocha su poca fe. Es necesaria una fe grande en Jesús para los milagros.
Si Pedro hubiera tenido una fe plena en Jesús habría podido caminar junto a Jesús sobre las aguas
del mar sin hundirse en ningún momento.
Jesús sube a la barca y viene la calma. Juan relata en su Evangelio que no alcanzó a subir
Jesús y llegaron a destino.
Reconocen la divinidad de Jesús: “verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mt). Este milagro
de Jesús manifiesta su poder sobre los elementos de la naturaleza.
Ante el milagro se quedan estupefactos (Mc) porque no habían entendido lo de la
multiplicación de los panes (Mc) porque su mente estaba embotada por la pasión de la gloria
humana.
Pero Mateo dice que cuando subió a la barca, se postraron ante Él reconociendo su cercanía
a Dios. Los discípulos dan un salto cualitativo en la confianza en Jesús.

San Marcos nos abre un horizonte muy instructivo acerca del estado mental del cuerpo
apostólico, en esta época del ministerio de Jesús: “Es que no habían entendido el milagro
de los panes, porque su corazón estaba ofuscado”. Sin duda que su fe se había acrecentado
durante el tiempo que estuvieron cerca de Él, pero aún les quedaba mucho camino por
recorrer. El milagro que ahora estudiamos contribuyo en parte a fortificarla, pues, por su
misma esencia, los deslumbró más todavía que el de la multiplicación de los panes, del que
habían sido testigos horas antes, llevándolos a comprender mejor la naturaleza superior de
Jesús. Tal es lo que hace notar expresamente san Mateo por la reflexión con que termina su
relato: “Más los que estaban dentro de la barca se prosternaron ante Él y le adoraron,
diciendo: Verdaderamente eres tú el Hijo de Dios”. Este gesto y estas palabras tienen gran
alcance, pues muestran que en ese instante los apóstoles tenían por lo menos alguna idea de
la naturaleza sobrehumana y del carácter divino del Salvador. Es probable, empero, que
ellos no hayan empleado la locución “Hijo de Dios” según su más estricta y profunda
significación, de tal manera que designara en Jesús a la unión hipostática […] No es aquí
sino otra cosa que un sinónimo de Mesías386.

SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES


Mt 15, 32-38 (Mc 8, 1-10)

Esta multiplicación se realiza el tercer año de la vida pública del Señor a orillas del mar de
Galilea un poco tiempo después de la primera multiplicación no lejos de la hoy indeterminada
región que Mateo llama Magadán y Marcos Dalmanutá, en la región de la Decápolis 387. Mientras
que la primera multiplicación de los panes se hace en favor de los judíos, la segunda beneficia a
los gentiles.
“El milagro segundo parece coincidir en todo con el primero, excepto en las cifras: la misma
muchedumbre heterogénea y ferviente, la curación de innumerables enfermos” […] “Jesús que
realiza la multiplicación movido por la compasión, “el hambre por oír la palabra, la objeción de los
Apóstoles, el mandato de que ‘les den ellos de comer’, la colecta de la comida existente: siete panes

386 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 220-21


387 Mc 7, 32
71
y algunos peces, el ordenamiento del pueblo en grupos regulares de cincuenta y cien, cuatro mil
varones, la solemne bendición del pan, la recolección de los fragmentos, siete canastas de sobras,
la inmediata retirada de Cristo a bordo de la lancha de Pedro a través del Lago”388.
Es un milagro sobre la materia. Jesús multiplica un número determinado de panes. De siete
panes salen muchos más, lo suficiente para alimentar a cuatro mil hombres y lo mismo de los pocos
peces con los que contaban.
En esta multiplicación ante la dificultad de dar de comer a la gente Jesús sólo señala que
siente compasión por la multitud hambrienta y no quiere despedirlos en ayunas. Los discípulos
señalan la dificultad de dar de comer a tal multitud pero no dan soluciones como en la primera
multiplicación. Es curioso que objeten como dar de comer a tal multitud después de haber
presenciado multitud de milagros de Jesús e incluso una multiplicación de panes en situación
semejante y poco tiempo antes.
Los discípulos se encontraron, sin ellos buscarlo, en situación de dar una respuesta a un
hecho real que los superaba. La solución es la confianza absoluta en Dios y la esperanza en el
milagro.
Jesús les solucionó el problema por un milagro. Ellos, no fueron muy buenos colaboradores
con la solución al problema pero si lo fueron en la docilidad a la obra de Jesús. En esta situación
deberían haber dicho: dinos que hacer, es decir, abandonarse en el poder y la misericordia de Jesús.
Jesús podría haber hecho una multiplicación de panes de la nada, sin embargo, utiliza una
cantidad numérica de panes que aportan los discípulos que consiguieron de algunos prudentes
devotos. Siete panes y unos pocos peces no son mucho, es una miseria, pero Jesús ensambla su
omnipotencia a la miseria y resulta una maravilla.
Los apóstoles ayudaron a ordenar a la gente y los panes y los peces se multiplicaron en
manos de Jesús y en sus propias manos. Esta multiplicación y los gestos que Jesús hizo antes de
realizar el milagro “y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los
panes” recordarían a los discípulos en la última cena el haberlos visto antes y luego de Pentecostés
reconocerían la figura y la realidad y multiplicarían el Cuerpo de Jesús a los fieles como alimento
de vida eterna.
En los discípulos se manifestó una prudencia humana pero en la gente y en Jesús hay un
poco de imprudencia. La gente buscaba en Jesús la ayuda a su indigencia y escuchaba sus palabras
con gusto, con un gusto tan grande que se olvidaban de comer el pan material. Es que el pan de la
Palabra sacia mucho más que el pan material. Y buscando a un guía veraz, a un buen pastor y
recogiendo de su misericordia el remedio a sus enfermedades crecía el amor y el amor atropella
con la prudencia humana y es comprensible en los simples. Jesús “sintió compasión” llevado
también por el amor a los hombres y dejó de lado la prudencia humana para usar de la prudencia
del amor, manifestada en algo sobrehumano, el signo de la multiplicación de panes. Ellos no sabían
qué iba a suceder y se olvidaron de comer cautivados por aquel hombre compasivo. Él sabía lo que
iba a hacer y espero una situación angustiante para hacer más ostensible su revelación como Mesías
a través del signo.

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR


Mt 17, 1-8 (Mc 9, 2-8; Lc 9, 28-36)

Este milagro acontece en el tercer año de la vida pública del Señor seis días después (Mt-
Mc), ocho días después (Lc) de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo en el monte Tabor con

388 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 271-72


72
una altura de quinientos sesenta y dos metros sobre el nivel del mar. El Tabor dista de Cesarea de
Filipo unos 70 kilómetros.
La Transfiguración la contemplan los apóstoles por medio de una visión imaginaria389.
Vieron el cuerpo de Cristo traspasado de luz y rezumando gozo y belleza, “su rostro se puso
brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”390, tan blancos “que ningún
batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo”391. Vieron un anticipo del cuerpo
glorioso de Cristo semejante a como lo tendría después de su Pascua cuando el Padre lo exaltara392
y lo colocara en la situación que tenía antes de la Encarnación393 y de la cual se despojó libremente.
La gloria que de hecho le pertenecía y poseía en su prexistencia terrena y que normalmente hubiera
debido redundar en su humanidad394.
Jesús tiene delante una meta difícil, hacia la que lo impulsa la voluntad de Dios y lo orienta
su vocación de “Siervo”, y predice su conclusión, que será al mismo tiempo trágica y gloriosa. Su
humanidad, para superar la prueba, tiene que ser “confirmada” por el amor poderoso del Padre y
confortada por la solidaridad de los discípulos que caminan a su lado. Y, así, los guía hacia la
comprensión de lo que está a punto de cumplirse, de manera que se conviertan en sus “compañeros”
en el camino que deberá recorrer hasta sus últimas consecuencias. Por las palabras de los
discípulos, se tiene la impresión de que éstos están dispuestos a seguirlo, pero los hechos concretos
hacen ver que se echan atrás a causa del miedo y del escándalo.
En este camino hacia la cruz hay una pausa. Jesús sube al monte con sus discípulos más
fieles. Allí, durante breves instantes, les hace entrever su destino final: la gloriosa resurrección.
Pero les anticipa igualmente que antes es necesario seguirlo a lo largo del camino de la pasión y de
la cruz.
La Transfiguración del Señor es un gran milagro privado de Jesucristo, efectuado delante
de tres de sus Apóstoles, los predilectos, Pedro, Santiago y Juan.
Jesús conversa con Moisés y Elías.

El Señor hace aparecer a Moisés y a Elías. Al primero, porque diciendo la gente que Cristo
era Elías, o uno de los profetas, manifestaba así a sus discípulos la diferencia que había
entre el Señor y sus siervos; y a los dos juntos porque, acusándole los judíos de transgresor
de la ley y juzgándole blasfemo porque se atribuía la gloria de su Padre, convenía que se
mostrasen unidos a Él, Moisés como legislador y Elías como celoso defensor de la gloria
de Dios, lo que no hubiera hecho si fuera Él contrario a Dios y a la ley. Y para que viesen
que tenía potestad sobre la vida y la muerte mostró a su lado a Moisés, que había muerto, y
a Elías que aún no había llegado a morir. Significó así también que la doctrina de los
profetas fue una iniciación a la doctrina de la ley de Cristo. Igualmente significó la unión
del Nuevo y Antiguo Testamento, porque los apóstoles se unieron en la resurrección con
los profetas y ambos saldrán al encuentro al Rey de todos395.

¿De qué hablaban? De su Pasión y Muerte.


Dice San León Magno396 que la transfiguración del Señor tuvo como finalidad fortalecer a
los apóstoles para el escándalo de la cruz.

389 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 170


390
Mt 17, 2
391 Mc 9, 3
392 Flp 2, 9
393 Flp 2, 6
394 JSALÉN. a Flp 2, 7
395 SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el evangelio de Mateo, homilía 56, 1
396 Cf. Liturgia de las Horas, Lectura del Oficio, 2º Domingo de Cuaresma

73
Ellos debían ser testigos de la redención a través de la cruz.
¿Por qué fortalecidos? Porque tuvieron una visión de la vida del cielo, un anticipo tenue de
cómo será el cielo y esto los consoló sobremanera.
Una visión clavada a fuego en sus corazones. ¿Clavada a fuego en sus corazones? Dicen
que este tipo de visiones imaginarias se pasan rápido, es decir, sus efectos no son muy durables
como el de las sensibles o intelectuales, y por eso en la pasión estos tres testigos cayeron. Sin
embargo, yo creo que el deseo de lo que vieron lo tendrían y ese deseo fue clave en su
perseverancia.
Pedro, Santiago y Juan, al presenciar la conversación de Cristo transfigurado con Moisés y
Elías, tienen una gran consolación.
Pedro dijo: “Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados”.
Dios nos consuela y el consuelo es el momento en que el alma se siente llena de Dios. Las
virtudes teologales crecen y esto es lo esencial de la consolación. La consolación es una
participación de la vida celestial como fue esta consolación peculiar que tuvieron los Apóstoles.
Vieron la gloria del cielo anticipada en Jesús. Vieron cómo serán los hombres en la gloria del cielo
y esto los llenó de gozo.

LA MONEDA EN LA BOCA DEL PEZ


Mt 17, 24-27

Esta narración es exclusiva de Mateo.


El milagro ocurre en el tercer año de la vida pública de Jesús en Cafarnaúm.
El tributo al que se refiere Mateo es el que “pagaban anualmente al Templo todos los
israelitas varones, desde los veinte años. Cada uno tenía que pagar medio siclo. El estáter equivalía
a cuatro dracmas y a un siclo sagrado. Con uno se podía pagar el tributo de dos varones” […] “Lo
normal es que las colectas se hiciesen antes de las tres fiestas de peregrinación. Por Pascua,
Pentecostés y Tabernáculos”397. Probablemente el suceso ocurre cerca de la fiesta de los
Tabernáculos.
Entran en Cafarnaúm y se acercan los cobradores de impuestos. Era un tributo sagrado398
para las necesidades del Templo. Le preguntan a Pedro sobre el pago del impuesto de Jesús y él
afirma que Jesús lo paga. ¿Sabía Pedro si Jesús lo pagaba? Probablemente lo había visto pagarlo o
al menos sabía que era un israelita cumplidor de la Ley. La cuestión es que Pedro responde
afirmativamente.
Parece ser que Pedro fue abordado por los cobradores cuando caminaba solo o al menos
aparte del grupo porque si no le hubieran preguntado directamente a Jesús. No se ve que haya algún
deseo de investigar a Jesús aunque no se descarta la posibilidad de que los fariseos los hubieran
mandado con el propósito de acusar a Jesús por desobedecer la Ley.
Al llegar a casa Jesús se anticipa a preguntar a Pedro del asunto que le preocupaba, el asunto
del impuesto. Jesús aborda el tema diciendo a Pedro: “¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la
tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños? Al contestar él: De los
extraños, Jesús le dijo: Por tanto, libres están los hijos”. En un primer momento pareciese que el
ejemplo de Cristo se refiere a los tributos romanos, pero no, porque el tributo es un tributo de los

397 LEAL, Sinopsis de los cuatro evangelios…, 225


398 Cf. Ex 30, 13 ss.
74
israelitas para el Templo y como rescate por la vida de cada israelita. Este impuesto en su génesis
está referido al rescate de los primogénitos399.

La comparación — pequeña parábola — está tomada de la vida real y aplicada a Jesús


y los suyos, en contraposición a los demás. Pero sobre todo a Él. Jesús abiertamente
reconoce y proclama su absoluta independencia frente a las leyes tributarias del
templo, que era homenaje, en último término, a Dios. La parábola iba a tener algo de
alegoría. Los hijos estaban exentos. Pero Pedro había proclamado hacía aún poco,
por “revelación” del Padre, que Jesús era “el Hijo del Dios viviente”. Jesús se situaba
así en la esfera de su Padre. Por eso estaba exento del tributo al templo. Pero con Él
estaban asociados y exentos los discípulos. Era ello una prueba del supremo dominio
legislativo de Jesús. No en vano Él era “mayor que el templo” (Mt 12, 6). Por eso, Él
dispensaba las leyes, pues era “señor del sábado” (Mt 12, 8). De esta conducta de
Cristo concluyen Strack-Billerbeck: “De la prueba alegada por Jesús para su exención
de la didracma, se sigue que reivindica para sí, ante Dios, un lugar que jamás ha
convenido a un israelita”400.

Jesús había sido rescatado por sus padres401 en cumplimiento de las prescripciones de la
Ley pero aquí aplica el caso del tributo a sí mismo llamándose hijo del Padre y llamando hijos a
sus discípulos. Jesús es el Hijo402 y sus discípulos son sus hermanos403 e hijo del mismo Padre (Mt
5, 45; 4, 3 ss.)404. Es decir, ellos que tienen una relación estrechísima con el Padre, sobre todo Jesús,
están exentos del impuesto.
Jesús manda pagar el tributo para no escandalizar y lo va a pagar de una manera peculiar,
haciendo un milagro para conseguir el estáter, que era lo que tenían que pagar Él y Pedro.

Jesús, en tanto que hijo del hombre, obedecía a las leyes y pagaba el tributo; sólo que pagaba
a la manera de un Dios, mediante un prodigio405.

Jesús manifiesta en el milagro su conocimiento de las cosas ocultas. No sólo conoció la


preocupación de Pedro por el impuesto y su conversación con los cobradores sino que ahora conoce
la existencia de un didracma en la boca de un pez. Manda al pez que trague el anzuelo que Pedro
ha echado al mar y Pedro recogiendo el pez halla la moneda en su boca según lo había dicho Jesús.
Jesús conoce estas cosas por su ciencia divina pero también por su ciencia humana, por su ciencia
beatífica.
“Milagro de poder (creación) o de presciencia divina. Seguramente Jesús podría haberse
procurado el dinero de otra manera pero para grabar mejor la enseñanza en los apóstoles quiso
emplear sus poderes sobrenaturales” […] Quiere pagar el impuesto del Templo mediante un
milagro, de suerte, que quedará demostrado que Él es el Mesías. “Este milagro señala el verdadero
lugar al que Jesús tiene derecho en el reino de los cielos”406.
Pedro paga el impuesto por Jesús y por él.

399 Cf. Ex 13, 2; 13, 11 ss. y JSALÉN.


400
DE TUYA, PROFESORES DE SALAMANCA, Biblia Comentada (Va) Evangelios, BAC Madrid 1964, comentario a Mt 17, 24-27
401 Lc 2, 22
402 Mt 3, 17; 17, 5; 10, 32 ss.; 11, 25-27
403 Mt 12, 50
404 JSALÉN. a Mt 17, 25
405 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 209
406 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 210

75
El rescate que se pagaba por cada uno de los primogénitos con dinero Jesús lo pagará
muriendo en la cruz por todos los hombres de todos los tiempos y derramando su propia Sangre407.

PARÁBOLA DE LA HIGUERA ESTÉRIL


Mc 11, 12-14.20-22 p

Este milagro lo realizó Jesús ya cercano a su pasión, en la última semana de su vida, en el


camino que va desde Betania a Jerusalén.
Jesús tenía hambre y vio cerca de él una higuera con hojas, se acercó para comer de sus
frutos y no encontró ninguno, entonces la maldijo: “¡Qué nunca jamás coma nadie fruto de ti!”.
Dice Mateo que al instante se secó la higuera. Sin embargo, los apóstoles recién se dieron cuenta
al otro día de que la higuera maldecida se había secado de raíz. Pedro es el que lo advierte y
recuerda la maldición de Jesús.
El milagro de secar la higuera es el único milagro en donde Cristo destruye algo. Todos los
milagros tienen por finalidad manifestar que Cristo era Dios y casi todos son parábolas en acción,
es decir, contienen una enseñanza simbólica408. En el milagro de la higuera estéril Cristo muestra
su poder pero principalmente quiere enseñar que la Sinagoga409 se iba a secar, había llegado su fin.
La Sinagoga debía dejar lugar a la Iglesia, se debía adherir al nuevo Reino de Dios traído
por Cristo y esto por la aceptación del Mesías. Sin embargo, la Sinagoga termina de forma abrupta
por castigo de Dios, por su incredulidad, por haber rechazado al Cristo.
La Sinagoga está abocada a darle muerte. Jesús morirá por causa de la Sinagoga y también
morirá ella con Él. La rasgadura del velo del Templo es el momento puntual del fin de la
Sinagoga410. Cristo después de maldecir a la higuera dice algunas parábolas sobre el rechazo de
Israel al Mesías. Proclama los anatemas contra los dirigentes de la Sinagoga y profetiza la
destrucción de la ciudad deicida411.
El versículo difícil de interpretar es el 13: “no era tiempo de higos”. ¿Qué culpa tenía la
higuera de no dar higos en abril si los da en junio? Ninguna. Cumplía con la ley natural. ¿Entonces?
La Sinagoga no tenía frutos y por eso Jesús la maldijo, pero, llegará el tiempo en que tenga frutos.
¿Cuándo? Cuando llegue la estación, en el tiempo previsto por Dios.
Llegará un tiempo en que la Sinagoga dé frutos y será en el tiempo cercano a la Parusía,
cuando los judíos se conviertan en masa, y esa será la señal de la eminente venida del Señor, porque
cuando la higuera comience a reverdecer es porque se acerca el verano412.
¿Qué hacen los judíos actualmente? Obstinados en su doctrina persiguen a la Iglesia, a los
cristianos. Buscan su corrupción y su muerte. Así como Caín mató a Abel, la Sinagoga mató a
Cristo y busca matar a la Iglesia.
Custodia la revelación de Dios y las promesas mesiánicas, pero está ciega. Se la representa
como una mujer con un velo en los ojos y la Biblia en la mano.

407 Cf. 1 P 1, 18-19


408 Del griego  y del verbo que significa reunir, juntar, asociar. La idea de símbolo implica recomposición,
reconocimiento, presencia de algo distinto a la simple apariencia. El símbolo es posible supuesta la capacidad cognoscitiva del
hombre junto con su poder inductivo, deductivo, intuitivo e imaginativo.
409 Nos referimos a los dirigentes religiosos que ostentaban la autoridad sobre el pueblo de Israel. Los que rechazaron e indujeron

el rechazo del Mesías.


410 Cf. Mc 15, 38
411 Cf. Mt 21-23
412 Cf. Mc 14, 28-30

76
Llegará el tiempo en que el velo caiga. La conversión de los judíos, el reverdecer de la
higuera será algo grandioso413. Si su rebeldía produjo nuestra integración a la Iglesia, su conversión
será un acontecimiento sin parangón como una resurrección gloriosa.
A esta conversión hace alusión Mt y Lc en distintos contextos: “ya no me volveréis a ver
hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”(Mt 23, 39p)414.
El milagro “era un efecto evidente de la omnipotencia del Salvador. Por otra parte tenía un
simbolismo del que hemos hablado más arriba, cuya clave contiene la parábola citada por Lc 13,
6-9, y los diversos incidentes del Martes Santo, Jesús aprovecha esta ocasión para dar a los
apóstoles una lección importantísima acerca del poder irresistible de la fe”415.
Jesús afirma que con fe se puede mover montañas.
¿Y cuánta fe pide Jesús? Una fe como el grano de mostaza. “Si tenéis fe como un grano de
mostaza, diréis a este monte: Desplázate de aquí allá, y se desplazará, y nada os será imposible”416.
“Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: Arráncate y plántate en
el mar, y os habría obedecido”417. Y el grano de mostaza es la más pequeña de las semillas418.
Los discípulos se sorprenden porque la higuerita que estaba junto al camino se secó pero
Jesús enseña a sus discípulos que harán lo mismo y cosas mayores, como transportar un monte por
los aires, si tienen fe y piden con fe.

413 Cf. Rm 11, 15


414 Cf. CASTELLANI, Las parábolas de Cristo, Jauja Mendoza 1994, 259-64
415 FILLION, Los milagros de Jesucristo…, 226
416 Mt 17, 20
417 Lc 17, 6
418 Mt 13, 32

77
78
CAPÍTULO 7
RESURRECCIONES

LA RESURRECCIÓN DEL HIJO DE LA VIUDA419


Lc 7, 11-17

Este milagro ocurre después de la curación del siervo del centurión y antes que los
discípulos de Juan vengan a preguntar a Jesús si es el Mesías para decírselo. ¿Cuál fue la pregunta
de Juan por medio de sus discípulos? ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Jesús
hace en aquella ocasión muchos milagros y ellos probablemente escuchan la narración de la
resurrección del hijo de la viuda de labios de testigos presenciales. La respuesta de Cristo a la
pregunta de Juan son sus signos, ellos acreditan la presencia del Mesías.
La narración es exclusiva de Lucas.
El milagro ocurre en una pequeña aldea de la Galilea al pie del monte Tabor, llamada Naím.
Jesús va acompañado por sus discípulos y una gran multitud.
Jesús a las puertas de la ciudad se encuentra con el acompañamiento. El muerto es el único
hijo de una viuda.
En el mismo instante en que Jesús se aproximaba a la puerta de la ciudad se encontró de
pronto frente a otro cortejo, muy diferente. El contraste era evidente: por un lado, “el autor de la
vida”420 rodeado de amigos numerosos; del otro, una víctima de la muerte, a la que se conducía al
cementerio421.
La narración es concisa. Nadie le pide nada, nadie le suplica. Jesús se compadece de la
viuda y resucita a su hijo que era su único sostén.

Dirigiéndose a la madre, que parecía marchar a la cabeza del cortejo fúnebre, Jesús le dijo:
¡No llores! Muy a menudo, los hombres dirigen también estas mismas palabras a los que
ven llorar a su alrededor; pero, en la mayor parte de los casos no es más que un consuelo
vano y estéril, pues de ordinario son incapaces de llevar el consuelo al que llora. No sucede
lo mismo con “el Señor”, pues poseía la omnipotencia, al mismo tiempo que la infinita
misericordia. Estas simples palabras pronunciadas por Él: “No llores más” contenían, pues,
una promesa tácita que pronto se va a realizar. De otro modo, pedir a una madre que no
llore semejante pérdida sería duro y antinatural422.

Es manifiesta la doble naturaleza de Jesús: el poder de su divinidad para hacer el milagro y


el corazón humano de Jesús manifestación sensible de la infinita misericordia de Dios.
Jesús resucita al joven con estas palabras: “joven, a ti te digo, levántate”. El Evangelio
detalla que el joven se incorporó y se puso a hablar, dos signos indudables de su retorno a la vida,
y Jesús se lo dio a su madre.

419 Este milagro está tomado de SAN AGUSTÍN, Sermón 139 A, o.c., T. XXIII, BAC, Madrid 1983, 270-73. SAGRADA BIBLIA, Nuevo
Testamento, EUNSA, Pamplona 2004, comentario al pasaje.
420 Hch 3, 5
421 Cf. FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 456
422 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 457

79
Nuestro Señor había adquirido, por así decir, un derecho especial de propiedad sobre este
joven al resucitarlo. Él confirma su derecho, pero solamente para devolver a la madre el
hijo que la muerte le había arrebatado423.

Trocó el llanto de la viuda, causado por la muerte, en alegría por la vida.


Los efectos del milagro son el temor, la gloria de Dios y la propagación del hecho por toda
la región.
El milagro es realizado ante sus discípulos y una gran multitud, por una parte la que
acompañaba a Jesús y por otra la que salía de Naím.
La narración evangélica pone en boca de la multitud dos expresiones de gran interés “un
profeta ha surgido entre nosotros” probablemente por la evocación de los milagros realizados por
Elías y Eliseo424. La otra exclamación “Dios ha visitado a su pueblo” expresión de las
intervenciones divinas a lo largo de la historia del pueblo de Israel. Esta expresión se refiere más
propiamente al Mesías. Intervención divina en el Mesías que se irá profundizando más adelante en
la respuesta de Jesús a Juan por medio de sus discípulos y llegará a su plenitud en la confesión de
Pedro en Cesarea de Filipo425.
La fe que suscita el milagro en los testigos no llega a alcanzar el fin del milagro pero si, al
menos, temor ante la presencia de un hombre con poderes extraordinarios y, en definitiva, sobre
alguien que domina las fuerzas naturales, quizá secundariamente, de estar ante la presencia de
alguien íntimamente relacionado con Dios426. Por otra parte, algunos reconocen en Jesús la
presencia de un profeta427.
Este es uno de los tres milagros de resurrección que hizo Jesús. Los otros dos: el de la hija
de Jairo y la de Lázaro.
En ésta resurrección más que en las otras se nota el poder de Jesús. “Como de paso” hace
el milagro, sin ostentación ni grandes alharacas. Toca el féretro, le dice al joven que se levante, y
este vuelve a tener vida.
Dice San Agustín que muchos se asombran del milagro externo y no del poder de Jesús de
resucitar al pecador. Sólo se sorprende de la interior resurrección aquel que ha resucitado en el
corazón.
De las tres resurrecciones que Jesús realizó en su vida la primera se refiere a la muerte del
hombre en el interior, la segunda cuando el pecado interior se exterioriza y la tercera al pecado
hecho vicio428.
Jesús se compadece de aquellos que lloran por los pecadores y concede gracias abundantes
a sus lágrimas.

RESURRECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO


Mt 9, 18-20.23-26 (Mc 5, 21-24.35-43; Lc 8, 40-42.49-56)

Este milagro ocurrió en el segundo año de la vida pública de Jesús, después de la


resurrección del hijo de la viuda, probablemente en Cafarnaúm.
Mateo presenta a la niña como muerta al llegar el jefe de la sinagoga junto a Jesús. El que
le pide el milagro se llamaba Jairo. Los otros sinópticos presentan a la niña agonizando.

423 Ibíd., 457


424 Cf. 1 R 17, 17-24; 2 R 4, 18-37
425 Cf. Lc 9, 18-21
426 v. 16
427 Ibíd.
428 La del joven de Naím, la de la hija de Jairo y la de Lázaro respectivamente.

80
Jesús se dirige hacia la casa de Jairo y en el camino cura a una hemorroísa (Mt). Mc y Lc
narran, además, otro suceso: vienen los de la casa de Jairo a avisarle que su hija ha muerto y que
en consecuencia no tiene sentido molestar al Maestro. Jesús le dice a Jairo que tenga fe. Los que
vienen con el recado creen que Jesús puede curar enfermedades pero ante la muerte es impotente.
Jesús al decirle a Jairo que tenga fe se presenta como el que tiene poder también ante la muerte.
Sabe que va a resucitar a la niña y va al encuentro con la muerte para vencerla.
“No temas; solamente ten fe”. Jesús pide fe a Jairo.

Cristo exigía la fe a sus milagrados; y a veces el milagro dependía del grado o existencia de
esa fe; pero no exigía fe a los muertos que resucitó. La fe, pues, es causa (concausa) del
milagro; pero no es causa física de él sino causa moral: en el sentido de que Cristo se
interesaba en sus milagros sólo en cuanto eran medios de llevar a los hombres a la
conversión interior, y a creer en Él y en sus tremendas palabras429.

No temas, ten confianza en mí, parece decirle Jesús a Jairo, que puedo curar y también
resucitar. Tengo poder sobre la enfermedad, que es el anticipo de la muerte, pero también tengo
poder sobre la muerte. ¿O no te has enterado del milagro de Naím? Si crees, veraz resucitar a tu
hija y también conocerás mi resurrección de entre los muertos como sello definitivo de toda mi
enseñanza y mis signos.
El temor surge ante el peligro real que se nos presenta. Aquí el temor de Jairo tiene como
causa la muerte de su hija y la realidad de tener que enfrentarse a la separación de la que amaba.
Jesús le pide que crea en Él y así su miedo desaparecerá. Jesús ahuyentará también el objeto real
del miedo de Jairo, la muerte.
No todos van a ser testigos directos de aquella resurrección, sólo los padres de la niña y los
apóstoles predilectos del Señor. Sin embargo, todos los que están en el velatorio son testigos de la
resurrección, pues, los detalles que nos dan los sinópticos sobre los que lloraban y lo que dice Jesús,
las burlas al pobre iluso, demuestran claramente que la niña había muerto.

¿Por qué hizo salir a todos antes de obrar el portento? Primero, porque se habían reído de
Él y no merecían verlo. Segundo y principal, porque Cristo no quería hacer espectáculos
sino crear fe. La fe es interior, la fe no ama los alborotos, la fe no hace aspavientos, la fe se
nutre en el silencio: ella es callada y operosa, es sosegada, es modesta, es fecunda, es más
amiga de las obras que de las palabras, es fuerte, es aguantadora, es discreta. Es pudorosa.
Los hombres profundamente religiosos no ostentan su religiosidad, como los Don Juan
Tenorio de la religión, porque todo amor profundo es ruboroso; lo cual no impide que
reconozcan a Cristo ante los hombres cuando es necesario430.

Jesús entra en la habitación y tomándola de la mano la manda levantarse y ella se levanta


volviendo a la vida. Lucas dice que Jesús les mando que le dieran de comer.
Los testigos estaban sobrecogidos de temor. Les pidió que no lo contaran pero el milagro
se difundió por la comarca ¿Cómo callar suceso tan extraordinario?
Los padres de la niña tendrán acceso al conocimiento de lo que experimentó la niña después
de la muerte. Ella les habrá contado su experiencia. Pero lo más importante es el don de la fe que
han recibido. La maravilla que presenciaron fortaleció enormemente la fe que tenían en Jesús.

429 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 377-78


430 CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 381-82
81
Los apóstoles presenciaron una vez más un milagro de resurrección. Ellos estaban junto a
un hombre que tenía poder sobre la vida y la muerte. También serán testigos de una tercera
resurrección: la de Lázaro. Y finalmente contemplarán a Jesús resucitado con sus dotes gloriosas.
Entre estas resurrecciones y la de Jesús hay una diferencia esencial. Estas son temporales,
la de Cristo es definitiva.
Los apóstoles tendrán la gracia de convivir con el primer hombre que resucita
definitivamente de entre los muertos y estarán con él durante cuarenta días antes de su ascensión a
los cielos. Ellos conocerán de labios de la infinita Sabiduría lo que hay después de la muerte y
sabrán donde está el árbol de la vida que se negó a nuestros primeros padres. Sabrán que Jesús es
“la resurrección y la vida” y de todo esto serán testigos hasta el fin del mundo.
Muchos de ellos presenciarían la muerte de los que resucitó el Señor y todos testificarán
con su vida la resurrección definitiva de Jesús sellándola con su sangre.

Jesús requiere para algunos milagros la fe.

Le pide a Jairo que no tema y que crea.


Nuestros miedos nos vienen por una falta de confianza en Jesús. Es cierto que hay
situaciones objetivamente peligrosas para nosotros cuando contamos con nuestras solas fuerzas y
el miedo que sentimos es algo natural. Jairo sintió miedo ante la muerte de su hija. No era una
posibilidad infundada como suele ocurrir en nosotros que tememos situaciones que no existen o
que inventamos, sobre todo, respecto de nuestro futuro.
Jesús le pidió que no temiese y que tuviese fe. ¿Fe en quién? Fe en Él. Jairo lo había buscado
porque tenía fe en que era capaz de sanar a su hija porque era el Salud Dador, Jesús. Ahora Jesús
le pide que tenga fe en Él como el Señor de la vida y de la muerte. ¿Y quién es Señor de la vida y
de la muerte sino Dios? Jesús le pide a Jairo que crea en Él. Y Jairo se va con Él. Tiene esperanza
en que Jesús va a hacer algo respecto a su hija muerta.
Cuando llega y le dice a la gente que la niña no está muerta sino que duerme abre la
esperanza de la resurrección. Para Dios la muerte es como un sueño. Ellos se reían porque les
faltaba fe. Jesús los hecha fuera y no los deja presenciar el milagro.
Sólo se queda con aquellos que tienen fe en Él y no dudan que pueda resucitar un muerto.
Los discípulos ya han presenciado la resurrección del hijo de la viuda. Los padres tienen fe en Jesús
y abrigan una esperanza contra toda esperanza, tan propia de los momentos límites en nuestra vida.
Jesús resucita a la niña y se la devuelve a sus padres.
Ellos y sus discípulos quedan llenos de espanto. Un temor reverencial ante la presencia de
un hombre extraordinario o ante alguien muy cercano a Dios.

La fe es algo interior

Jesús no busca con sus milagros manifestaciones populares. “Les insistió en que nadie lo
supiera”. El diablo lo había tentado en el desierto para que hiciese obras espectaculares y entonces
los hombres creyesen en Él. Le había propuesto que se tirara del pináculo del templo y bajase
volando pero Él había rechazado esa tentación reafirmando su vocación de Mesías humilde y
humillado.
Los milagros de Jesús son para confirmar su doctrina. Tenemos que creer a Jesús. Creer lo
que nos dice. Si Jesús nos favorece con un milagro bienvenido pero si Él permite que sigamos con
nuestras necesidades no por eso debemos aflojar en la fe.

82
Jesús hace milagros a desgana, dice el padre Castellani431. No quiere que lo sigan por los
signos. Una vez que lo quisieron hacer rey porque había hecho una multiplicación de panes Él
rechazó la reyesía y huyó. No quiere ser rey de los estómagos y de los enfermos sino rey de todo
el hombre, alma y cuerpo.
La fe no necesita milagros. Si se dan, bien, sino, hay que seguir creyendo. “Dichosos los
que no han visto y han creído”432.

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO
Jn 11, 1-45

Esta es la última resurrección que Jesús realiza en su vida pública. Sucede en el tercer año
de su vida pública ya cercana su pasión.
La finalidad del milagro la hace constar Juan en tres ocasiones: en el v. 4, en el 15 y en el
42. La resurrección de Lázaro busca suscitar la fe en Jesús.
Este milagro trasmite también una enseñanza clara: Jesús es la resurrección y la vida. Y la
resurrección y la vida que posee Jesús se alcanza por la fe en Él: “el que cree en mí, aunque muera,
vivirá y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás”.
Jesús podría haber estado allí cuando Lázaro agonizaba y haberlo curado, salvándolo de la
muerte, pero no, quiere que muera para resucitarlo.
Su enseñanza: “Yo soy la resurrección y la vida” la prueba con la resurrección de Lázaro.
Jesús habla con las dos hermanas de Lázaro al llegar a Betania. Primero con Marta.
La fe de Marta es imperfecta. Sus palabras son mezcla de confianza y a su vez de reproche.
Ella cree que Jesús va a resucitar a Lázaro el último día, según lo enseñaba la doctrina de su tiempo,
pero Jesús actualiza en sí mismo y en su poder la espera hasta el fin del tiempo “Yo soy”, no sólo
la vida por esencia sino la vida eterna y puedo resucitar en cualquier tiempo que quiera433. Es decir,
que en Jesús podemos resucitar ya uniéndonos a Él por la fe. El que se une a Jesús por la fe tiene
la vida eterna aunque necesariamente tendrá que gustar la muerte corporal. Jesús aparece como el
único capaz de librar de la desesperación de la muerte. Marta se aferra a Jesús. Jesús es vida sin
límites, vida esencial, fuente de vida. Él es la vida que vence a la muerte y al pecado.
Jesús resucita a Lázaro que estaba puesto en el sepulcro hacía cuatro días434 y a este hecho
hace alusión Marta al decirle “Señor, ya huele”.
La resurrección de Lázaro es un preludio de su propia resurrección y en ambas vencerá a la
muerte. Será glorificado en ésta por el Padre concediéndole hacer el milagro y también en aquella
por su resurrección435.
“El doble rasgo ‘se conmovió interiormente, se turbó’, expresado en términos enérgicos
designa una emoción muy viva. El verbo griego denota un estremecimiento ocasionado sobre todo
por el disgusto, la indignación. El sustantivo que a él es asociado localiza en cierto modo este
movimiento de la pasión, que queda así restringido al alma de Nuestro Señor. Las palabras que le
siguen “se conmovió interiormente” demuestran que no había nada de puramente pasivo en el alma
santísima de Jesús, y que todas sus emociones permanecían constantemente bajo el control más
absoluto.

431 Cf. CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo…, 464


432 Jn 20, 29
433 Cf. JSALÉN. a v. 25b
434 v. 17
435 Cf. v. 4 y JSALÉN.

83
¿Cuál fue el principal motivo de este estremecimiento doloroso?” […] “La profunda pena
que veía a su alrededor. Se indigna contra las potencias ya infernales, ya naturales, las cuales han
aportado a la tierra tantos sufrimientos y tristezas” […]
“Dirigiéndose a las dos hermanas, Jesús pidió ser conducido al sepulcro […] Rasgo ¡tan
verdaderamente humano! ¡Como si aquel que va a resucitar a un muerto tuviese necesidad de que
se le indique el lugar donde se encuentra!” […] Jesús llora. “Un llanto silencioso, en contraste con
los sollozos de los presentes. El Verbo encarnado no estaba por encima de las lágrimas, que
manifiestan, en el fondo, uno de los más hermosos aspectos de la naturaleza humana” […]
Los presentes manifiestan dos juicios ante el llanto de Jesús: uno: “mirad cómo le quería”,
el otro: “Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?”.
“Nuevo estremecimiento de indignación por parte del Salvador, excitado acaso por la
malicia y el odio que había inspirado esta segunda reflexión” […]
Al llegar, Jesús mando retirar la piedra. “Esta orden enérgica revela ya ‘al autor de la vida’,
pues no en vano y para contemplar el cuerpo desfigurado de su amigo que Jesús hace mover la
piedra del sepulcro. Al oír estas palabras, Marta no pudo reprimir un particular sentimiento de
angustia” […] y dijo: ‘Señor, ya huele’. “El Salvador reanimó con palabras su fe vacilante” […]
“No bien se hubo retirado la piedra, Jesús, después de haber levantado los ojos al cielo a fin
de manifestar su íntima comunión con su divino Padre, dijo, en alta voz, de modo que lo oyeran
todos los presentes: ‘Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me
escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado’. Oración
no de petición, como las nuestras, sino de agradecimiento y de acción de gracias, tan seguro estaba
de ser escuchado ahora y siempre” […] En esta oración Jesús acentúa nuevamente el fin del
milagro. Después de esto, “si Lázaro permanece en la tumba, ¡que Jesús sea reconocido como un
impostor, y que todos sus milagros sean atribuidos a Belcebú! ¡Si Dios, tan solemnemente
invocado, escucha esta oración, que Jesús sea reconocido efectivamente como su enviado! He aquí
cómo esta acción de gracias anticipada, ante este sepulcro todavía habitado, hace de este momento
una prueba decisiva… y da al milagro, en el conjunto de la vida de Jesús, un carácter único y
supremo… Jesús pone positivamente a Dios de su parte en la obra que va a ejecutar; por eso, esta
obra llega a ser la obra misma de Dios. En adelante, el Dios de Israel servirá de garantía de su
misión, o será el cómplice de su impostura” […]
“Y Jesús con un simple acto de voluntad, mediante una brevísima orden dirigida
directamente al difunto, lo resucita”436. El milagro no es una exhibición fabulosa de poder, quiero
decir, que Cristo no aparece como exigiéndose enormemente, sino que con naturalidad y
manifestando su divinidad y el poder de ella dijo: “¡Lázaro, sal fuera!” y el muerto salió resucitado.
La fe de Marta confesó a Cristo como Mesías, aunque, como dijimos era una fe imperfecta.
La fe de María era una fe superior. Ella creía que Jesús podía resucitar a su hermano ya y esto habla
de una concepción mesiánica más profunda. Tiene una fe contra toda esperanza.
¿Qué habrá sido de la fe de estos tres hermanos, de los apóstoles y de los que presenciaron
el milagro? De hecho el efecto sobre los bien dispuestos habrá sido creer que Cristo era el Enviado,
el Mesías437.
Los discípulos y los tres hermanos creerían en la divinidad de Jesús porque apropiarse el
nombre divino y hablar de la posesión de la vida por esencia ¿a quién puede caberle sino sólo a
Dios?

436 FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 476-79


437 Cf. v. 42
84
En los incrédulos surtió su efecto porque querían hacer desaparecer la prueba más
contundente de que era el Mesías esperado. La prueba de su mesianidad, manifestada por el
milagro, los escandalizó438.

438 Cf. Jn 12, 9-10


85
86
EXCURSUS 1
MILAGROS DE MAJESTAD

Se pregunta Santo Tomás439 porque Cristo no pudo convertir milagrosamente algún


incrédulo a la fe, sino por las amonestaciones y a través de los milagros.
Simplemente porque no convenía justificar a los hombres sin su consentimiento. Cristo
justificó a los hombres interiormente pero no sin su consentimiento.
De todas maneras, cuando quiso, cambió las almas de los hombres, no sólo infundiéndoles
la justicia y la sabiduría, como ocurrió con los apóstoles, sino también atrayéndolos exteriormente
como hizo al llamar a Mateo o aterrándolos como cuando expulsó a los mercaderes del templo o
dejándolos atónitos como en Getsemaní, y estos son verdaderamente milagros.
En la visita a Nazaret440 Cristo hizo que los enfurecidos nazarenos se sosegaran mientras Él
se iba tranquilamente de su lado. Sobre esto dice San Juan Crisóstomo: “estar en medio de
enemigos insidiosos y no ser aprendido demuestra la alteza de su divinidad”. Es decir, que también
este es un milagro que muestra la divinidad de Cristo.
Que lo llevaran al alto del monte y lo rodearan para despeñarlo muestra su humanidad y el
escabullirse de sus manos pasando por entre ellos muestra su divinidad y ambas cosas dan a conocer
el misterio de la Encarnación, dice el Crisóstomo. Este pasaje nos enseña además que Jesús no
sufrió la pasión en su cuerpo por necesidad sino voluntariamente porque “cuando quiere es
apresado y cuando quiere se escapa”. Es prendido por unos pocos y de muchos se evade. Busca al
escaparse darles una oportunidad más de salvarse, dice San Ambrosio. Además, “no había llegado
aún la hora de su pasión” […] “ni tampoco se encontraba en el lugar donde debía morir” […] “ni
tampoco era la clase de muerte que debía padecer, agrega San Beda”441.
Cristo realiza aquí un milagro de majestad. Por él quiere mostrar su divinidad. Y actúa sobre
el alma de los hombres.
También en otros pasajes realiza este tipo de milagros.
Infunde con su poder divino la sabiduría a los ignorantes discípulos, “porque yo os daré una
elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios”442.
Esta iluminación interior no se cuenta entre los milagros visibles, sino sólo los actos exteriores, por
cuanto los hombres podían ver a hombres iletrados y simples hablar con tanta sabiduría y libertad.
Así leemos en los Hechos: “Viendo la valentía de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin
instrucción ni cultura, estaban maravillados”443. Sin embargo, aunque estos efectos espirituales se
distinguen de los milagros visibles, son, no obstante, testimonios de la doctrina de Cristo y de su
poder, según se lee en la Epístola a los hebreos: “testificando también Dios con señales y prodigios,
con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo”444.
Hay otros milagros que hizo Jesús sobre las almas de los hombres, sobre todo en cambiar
las potencias inferiores. San Jerónimo, sobre aquellas palabras: “Él se levantó y le siguió”445, dice:
“El esplendor mismo y la majestad de su divinidad oculta, que en su rostro humano se
transparentaba, era suficiente para atraer a sí a los que por primera vez le veían”. Y sobre aquellas
otras: “echó fuera a todos los que vendían y compraban”446, dice el mismo San Jerónimo: “De todos

439 Cf. III, 44, 3 ad 1


440
Lc 4, 16-30
441 Cf. Catena Aurea, comentario a Lc 4, 30
442 Lc 21, 15
443 4, 13
444 2, 4
445 Mt 9, 9
446 Mt 21, 12

87
los prodigios que hizo el Señor, éste me parece más admirable: que un hombre, y en aquel tiempo
sin prestigio, pudiera, a los golpes de un flagelo, arrojar tanta muchedumbre. Era que de sus ojos
irradiaba una fulgurante mirada de fuego, y la majestad de la divinidad se traslucía en su rostro”.
Y Orígenes dice de este mismo suceso: “Este es mayor milagro que el de convertir el agua en vino,
puesto que allí permanece la materia inanimada, pero aquí quedan domados los espíritus de tantos
millares de hombres”. Y sobre las otras palabras: “retrocedieron y cayeron en tierra”447, dice San
Agustín: “Con sola la voz, sin dardo alguno, hiere, rechaza y echa por tierra aquella turba, animada
de odio feroz y terrible por las armas. Es que Dios estaba escondido bajo la carne”. Al mismo
propósito viene lo que cuenta San Juan: “Jesús se ocultó y salió del Templo”448 , a lo que comenta
San Agustín: “No se escondió en un rincón del templo, detrás de un muro o de una columna, como
hombre medroso, sino que con su poder celeste se hizo invisible a los enemigos que le acechaban
y salió por medio de ellos”.
“Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos”449. A lo que dice San
Agustín: “No era difícil al Verbo sacar su carne fuera de las manos de la carne”450 y en otro pasaje:
“Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora”451.
“Véase aquí refrenado de una manera invisible el furor de los judíos”452.
Fillion453 considera milagros, siguiendo la doctrina de la mayoría de los exégetas, las dos
expulsiones de los vendedores del templo454, el suceso de Nazaret455 y la caída de los soldados en
Getsemaní456.
Sobre los otros pasajes de Juan457, algunos que hemos apuntado, dice que se pueden explicar
por razones naturales aunque los Santos Padres lo atribuyan a un poder milagroso.

447 Jn 18, 6
448 Jn 8, 59
449 Jn 10, 39
450 Catena Aurea, comentario a Jn 10, 39
451
Jn 7, 30
452 Catena Aurea, SAN JUAN CRISÓSTOMO comentario a Jn 7, 30
453 Cf. FILLION, Los Milagros de Jesucristo…, 425-27
454 Jn 2, 13-22 y Mt 21, 12-17p
455 Lc 4, 28-30
456 Jn 18, 3-8
457 Jn 7, 30; Jn 7, 44; Jn 8, 20; Jn 8,59

88
EXCURSUS 2
PARÁBOLAS EN ACCIÓN458

Parábola significa en griego “arrojar una cosa al lado de otra”. El griego no dice “poner”
una cosa al lado de otra, sino “arrojar” porque las dos cosas pertenecen a planos distintos.
Las parábolas de Cristo son poesía simbólica.
Sólo diré lo necesario del símbolo porque así como las parábolas contienen un símbolo así
también algunos milagros, que son parábolas en acción, nos trasmiten a través del símbolo una
verdad que Cristo quiere manifestarnos.

El símbolo

El símbolo es una clase de signo que tiene un poder de expresión en parte contenido en su
misma naturaleza y en parte dependiente de la libre imaginación del hombre.
La palabra símbolo459 viene del griego y del verbo  que significa
reunir, juntar, asociar. La idea de símbolo implica recomposición, reconocimiento, presencia de
algo distinto a la simple apariencia. El símbolo es posible supuesta la capacidad cognoscitiva del
hombre junto con su poder inductivo, deductivo, intuitivo e imaginativo.
Toda la doctrina de Jesús no la han podido resumir en sus grandes obras los genios más
grandes de la teología. Las extensas y profundas obras de Santo Tomás y San Agustín no han
podido abarcarla, pero la Iglesia, sabiamente inspirada por el Espíritu Santo, la ha podido resumir
y ocultar en un símbolo como lo hizo el mismo Jesús en sus parábolas. El Símbolo o Credo que
recitamos los domingos contiene toda la doctrina de Cristo.
El símbolo cristiano es una vida traducida en fórmulas que el cristiano recita como profesión
de fe sabiendo que esas fórmulas deben convertirse nuevamente en vida en él mismo.

La religión es revelación. En otras palabras, es una visión, y una visión recibida por la fe;
pero es una visión de la realidad. La fe consiste en una convicción de su realidad. Hay algo,
en el uso razonable de la propia palabra visión, que implica dos cosas acerca de ella; primero
que acontece muy raramente, posiblemente, por una única vez; y en segundo lugar, que
probablemente acontece de una vez para siempre460.

“Dios se manifiesta y el hombre lo descubre a través de todas las cosas, creadas por Él,
signos y símbolos, por tanto, de su inteligencia, bondad y poder. Sin embargo, Dios y su
Omnipotencia no necesitan siempre de signos y símbolos para manifestarse y comunicarse al
hombre, aunque los utilice muchas veces, condescendiendo con lo humano y queriendo siempre,
al comunicarse, respetar y guardar el ser y la libertad que Dios mismo ha dado al hombre” […]

458 He extractado algunas alusiones a las parábolas en acción de las obras de Castellani. Domingueras prédicas, Jauja Mendoza
1997, 87; Las Parábolas de Cristo…, 259-260.
459 La definición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española: “Representación sensorialmente perceptible

de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada”. R.A.E., Espasa-Calpe
Madrid 199221.
460 CHESTERTON, El hombre eterno… Cit. por VELAZCO SUÁREZ, Algunas Consideraciones sobre Santo Tomás, Chesterton y el

Sentido Común, Diálogo 47, Del Verbo Encarnado Mendoza 03/05/2008, 84. La primera parte de la cita es ilustrativa de lo que
vamos diciendo: la religión es vida. Es una vida que se nos revela en un símbolo y que debemos transformar en vida. La segunda
parte de la cita que también he querido dejar a propósito se refiere más particularmente al hecho concreto de la conversión de
Chesterton pero tiene un gran valor apologético sobre nuestro tema porque cuando por la fe vemos la realidad de la religión, es
decir, cuando por la fe se nos manifiesta con plenitud, se da una verdadera conversión y las verdaderas conversiones son cosa rara...
89
“El hombre a través de los símbolos rompe su limitación fragmentaria para incorporarse en
el conjunto armónico que forma el universo. Mediante el símbolo el hombre comprende y
comunica verdades que están por encima de lo sensitivo e incluso del pensar discursivo. El símbolo
insinúa, por eso, querer explicarlo completamente es destruirlo. El símbolo, en general, es
ambiguo, vaporoso, difuso. Precisamente esa vaguedad le permite alcanzar y expresar esferas
inalcanzables para la idea filosófica pura, para la palabra concreta. El símbolo despierta
presentimientos, descubre la existencia de otros mundos. Otra nota del símbolo es su operabilidad
y su poder de acción sobre los que lo reconocen. El símbolo pone en movimiento la intuición, y
además lleva consigo fuerzas determinadas. De ahí que la veneración por el símbolo no se funda
solamente en su relación con el mundo superior sino también con frecuencia en la fuerza que se
manifiesta y actualiza en el símbolo mismo” […]
“No se puede prescindir de los símbolos, ni en la vida humana en general, ni en lo religioso.
En el momento que se desprecia o se destruye el símbolo, el hombre puede quedar mudo y ciego
ante los demás y ante lo divino. Es evidente que el lenguaje religioso y cultual, lleno de símbolos,
que facilitan la comunicación con Dios y su conocimiento, no son algo meramente ficticio. De
ninguna manera es así, ya que el símbolo es la expresión de una realidad existente, aunque sea
expresión parcial e imperfecta; realidad que no puede estar plenamente contenida en el símbolo,
porque lo supera y lo rebasa”461.
Jesús ha resumido su Persona, su vida, su Reino en parábolas. Todas ellas son símbolos de
una realidad más profunda. Cuentan hechos reales al lado de los cuales se vislumbra, y es el intento
del nabí Jesús, otro hecho real, infinitamente mayor y trascendente simbolizado en aquél.
Jesús tenía la capacidad de suscitar en sus oyentes imágenes que eran símbolos cargados de
afectos y regidos por la realidad, ya que sus ejemplos los sacaba de la vida cotidiana, de lo que veía
a su alrededor, de lo que contemplaba cada día entre sus paisanos. Jesús suscitaba las imágenes
pero sus oyentes tenían que captar y vivir el simbolismo. Él con su predicación parabólica suscitaba
la visión.
La gente se maravillaba al oírlo recitar pero además se llenaba de esperanza porque renacía
en sus corazones la emoción por las palabras de los profetas sobre la llegada del Reino mesiánico
tan anhelado desde tiempos remotos.
Jesús con sus parábolas enseñaba de una forma pedagógica, además de una verdad concreta,
un camino nuevo hacia la contemplación, un pensar simbólico, un pensar lo concreto y lo abstracto
a la vez, en una imagen, y este pensar es el que hace la felicidad del hombre.

La parábola está dirigida a hombres que piensan valiéndose de imágenes. Moviliza su


imaginación y a través de ella les permite descubrir el sentido de lo que se está tratando.
Pero la parábola no expone el sentido de modo unívoco, como es el caso de la enseñanza
conceptual, sino entrelazado con la realidad, tal como ese mismo sentido suele aparecer en
la vida cotidiana462.

El simbolismo de los milagros

“El género parabólico impregna ampliamente el estilo oral de Jesucristo e incluso, excede
el marco de las palabras, ya que, de acuerdo a lo que sostienen varios exegetas modernos, casi
todos, los milagros que se relatan en los Evangelios pueden ser considerados parábolas en
acción”463.

461 GER, Enciclopedia…, Voz: Simbolismo Religioso I


462 GUARDINI R., El Señor, Lumen Buenos Aires 2000, 334
463 SÁENZ A., Las Parábolas del Evangelio según los padres de la Iglesia. La misericordia de Dios, Gladius Buenos Aires 1994, 20

90
“La regla más importante de la pedagogía y la literatura es que hay que enseñar lo
desconocido por medio de lo conocido; la regla teológica más importante es que a Dios lo
conocemos ‘por medio de las cosas visibles, comprendiéndolas’, como dijo San Pablo. Estas reglas
confluyen en este género simple, primitivo, profundo y original que es la parábola. Las costumbres
y las circunstancias lo imponían y el genio lo transfiguró”464.
Algunos milagros, así como sucede en las parábolas, tienen un sentido simbólico, sentido
que es secundario. El principal sentido de los milagros, como hemos dicho, es la manifestación de
la divinidad de Cristo.
Los judíos ya consideraban algunas acciones sagradas como parábolas en acción. Así para
ellos el bautismo contenía un profundo simbolismo.

El bautismo era una pantomima sagrada, o si se quiere una parábola en acción, que
significaba la pertenencia del bautizado al destino histórico de su pueblo, su conversión
interior para hacerse digno de las teofanías, es decir, de las revelaciones de Dios. Así es
como el paso del mar Rojo precedió a la revelación en el Sinaí. La historia de los profetas
está llena de esos “mimos”, como la escena del emigrante en Ezequiel: ante los ojos de
todos, el profeta hace su hatillo, abre un agujero en la pared de su casa y huye de noche al
campo, para significar a todos que el mismo Israel sería vencido, reducido a huir y
deportado al destierro. Lo mismo, Yahvé había dado a Juan la orden de bautizar; había de
ser además para él el medio de reconocer al que, mayor que él, bautizaría con el Espíritu
Santo465.

Entre los milagros de Cristo hay algunos que tienen un significado más claro que otros.
Entre otros, la curación del ciego de nacimiento, por ejemplo, es una muda docencia del carácter
iluminante del cristianismo, y últimamente, de Cristo como luz; la resurrección de Lázaro, una
enseñanza sobre Cristo como resurrección y vida, la resurrección del hijo de la viuda de Naím, el
cual, nos enseña que hay remedio para todo incluso para la muerte. En esta resurrección Cristo
manifiesta su poder sobre la muerte y la prenda de nuestra resurrección futura. Las multiplicaciones
de los panes son símbolos de la Eucaristía. La higuera maldecida quiere enseñar que la Sinagoga466
se iba a secar, había llegado su fin. El milagro del didracma en la boca del pez significa que Cristo
asumió nuestra mortalidad y con ello todas las molestias de nuestra existencia cotidiana, es decir,
alude en definitiva, a la Encarnación. El lavatorio de los pies en la Última Cena significa que Cristo
no ha venido a que le sirvieran, sino a servir, a dar su vida, en rescate por los demás.

Jesús define (en el lavatorio de los pies), con una pantomima comentada, la naturaleza y el
sentido de la realeza mesiánica que le ha sido reconocida por el pueblo de Israel. Igual que
el baño está hecho para lavar, el efecto de esta realeza es purificar las almas. Jesús lava los
pies a sus discípulos, y, en efecto, ese es un servicio bajo, reservado a los más bajos
esclavos, y también es un servicio maternal: las madres lavan a sus hijitos. La realeza de
Jesús es al mismo tiempo una realeza de servicio y una realeza maternal. Y ese servicio
maternal es muy exigente, porque llega a dar su vida en rescate para purificar a la multitud.
[…] Pero está claro que, mientras que los sacerdotes paganos se han expresado tantas veces
mediante la crueldad, hasta los sacrificios humanos, en cambio, el hombre revestido de una

464 CASTELLANI, Las parábolas de Cristo…, 16


465 BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 74-5
466 Nos referimos a los dirigentes religiosos que ostentaban la autoridad sobre el pueblo de Israel. Los que rechazaron e indujeron

el rechazo del Mesías.


91
autoridad que viene de Cristo, si quiere seguir en el espíritu de Jesús, debe hacerse servidor
de todos, como Jesús mismo se hizo servidor: entró voluntariamente en todas las
servidumbres: del sufrimiento, de las lágrimas, de la muerte, de la tumba, para liberarnos
de la única esclavitud temible, pues nos separa del Reino de Dios, la del pecado467.

Las parábolas en acción encierran un simbolismo muy manifiesto, a veces, con el fin de
realzar su importancia, como en las dos Pescas Milagrosas, las dos tempestades calmadas, las dos
multiplicaciones de panes, las dos purificaciones del Templo.
La lectura y la meditación de los milagros de Cristo nos llevarán en primer lugar al
crecimiento en la fe, a la confesión de su divinidad, pero además, a través del símbolo que contienen
estas parábolas en acción a un conocimiento profundo de las cosas trascendentes.

467 BRUCKBERGER, La Historia de Jesucristo…, 203-204


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