El Turismo de Las Comunidades Rurales en México: Un Turismo Alternativo Enmarcado en La Economía Social y Solidaria
El Turismo de Las Comunidades Rurales en México: Un Turismo Alternativo Enmarcado en La Economía Social y Solidaria
solidaria
Maxime Kieffer
Otra Economía, vol. 14, n. 26: 62-82, julio-diciembre 2021. ISSN 1851-4715
Tourism of rural comunities in Mexico: An alternative tourism framed by Social and Solidarity
Economy
Maxime Kieffer*
mkieffer@[Link]
Resumen: El turismo en comunidades rurales en México adoptó desde sus inicios formas de organización
basadas en la gestión colectiva y en el manejo de recursos de uso común. Este trabajo pretende visibilizar los
procesos asociativos, democráticos y participativos que sostienen estos proyectos, para luego entender si las
lógicas, instrumentos y mecanismos existentes permiten hablar de procesos alternativos a los modelos
dominantes, coherentes con el sistema de valores e ideas de la Economía Social y Solidaria (ESS). El análisis se
construyó alrededor de cuatro ejes fundamentales para la ESS: el gobierno y la toma de decisiones, la
autorregulación, la gestión colectiva y las relaciones sociales, y las relaciones con el ambiente. Los resultados
permiten entender que el turismo de las comunidades rurales en México, por su funcionamiento que resulta de
prácticas e instituciones comunitarias de colaboración y solidaridad, está basado en los pilares y características
de la ESS. Se trata de un modelo de turismo que, más allá del tipo de turismo ofrecido (ecoturismo, rural, de
playa, de aventura, etc.), promueve prácticas basadas en la cooperación, la organización colectiva, la ayuda
mutua, el respeto a la naturaleza, lo que hace de él un modelo alternativo.
Palabras claves: turismo alternativo, economía social y solidaria, México
Resumo: O turismo em comunidades rurais no México adotou desde seu início formas de organização baseadas
na gestão coletiva e na gestão de recursos de uso comum. Este trabalho visa dar visibilidade aos processos
associativos, democráticos e participativos que sustentam estes projetos, para posteriormente compreender se as
lógicas, instrumentos e mecanismos existentes permitem falar de processos alternativos aos modelos
dominantes, coerentes com o sistema de valores. e ideias da Economia Social e Solidária (ESS). A análise foi
construída em torno de quatro eixos fundamentais para a ESS: governo e tomada de decisões, autorregulação,
gestão coletiva e relações sociais e relações com o meio ambiente. Os resultados permitem compreender que o
turismo em comunidades rurais no México, por seu funcionamento que resulta de práticas comunitárias e
* Profesor de Tiempo Completo Titular A, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Escuela
Nacional de Estudios Superiores (ENES Unidad Morelia), Morelia, Mexico
Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto de investigación “Turismo en comunidades rurales,
desarrollo, sustentabilidad y economía social y solidaria en México”, financiada por el Programa de Apoyos
para la Superación del Personal Académico (PASPA) de la DGAPA-UNAM.
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Internacional, siendo permitida su reproducción y adaptación dando crédito a su/s autor/es de manera adecuada, sin
propósitos comerciales, y dando la misma licencia que la original en caso de distribución.
El turismo de las comunidades rurales en México: Un turismo alternativo enmarcado en la
economía social y solidaria
Abstract: Tourism in rural communities in Mexico adopted from its inception forms of organization based on
collective management and the management of common resources. This article aims to make visible the
associative, democratic and participatory processes that sustain these projects, in order to understand if the
existing logics, instruments and mechanisms allow to speak of alternative processes to the dominant models,
consistent with the system of values and ideas of the Social Economy and Solidarity (ESS). The analysis was
built around four fundamental axes for SSE: government and decision-making, self-regulation, collective
management, and social relations and relations with the environment. The results allow us to understand that
tourism in rural communities in Mexico, due to its functioning that results from community practices and
institutions of collaboration and solidarity, is based on the pillars and characteristics of the SSE. It is a tourism
model that, regardless the type of tourism offered (ecotourism, rural, beach, adventure, etc.), promotes practices
based on cooperation, collective organization, mutual aid, respect for the nature, which makes it an alternative
model.
Key words: alternative tourism, social and solidarity economy, Mexico
Introducción
A partir de la década de los noventa, se observó en México una evolución de las prácticas turísticas,
orientada hacia el medio rural y la naturaleza y, por ende, lo que subyace: el patrimonio biocultural de
las sociedades campesinas y/o indígenas. Según varios autores (López Pardo y Palomino
Villavicencio, 2019; Kieffer, 2018a; Cañada, 2015; Zizumbo Villarreal, 2013), esta evolución
responde a: 1) la ejecución de políticas públicas internacionales y nacionales vinculadas al combate
contra la pobreza y la conservación de los ecosistemas mediante el turismo; 2) una tendencia global
de toma de conciencia hacia el cuidado del medio ambiente, de voluntad de viajar a lugares
preservados y de mitigación de los efectos negativos generados por la actividad turística convencional
y; 3) una voluntad de diversificar la oferta turística del país.
El medio rural en México se caracteriza por una presencia importante de poblaciones indígenas y/o
campesinas cuya organización territorial está basada en la propiedad social: el ejido o la comunidad
agraria según el caso, modalidades de propiedad de la tierra que se manejan colectivamente. El uso de
dichas tierras es administrado bajo el concepto de recursos de uso común o bienes comunes (Ostrom,
2011) y las decisiones sobre el territorio se negocian y definen en asamblea, lo que confiere a los
ejidos y comunidades agrarias un gran potencial para el manejo de los ecosistemas (Paré y Lazos,
2004; Thoms y Betters, 1998).
En un inicio, fueron los ejidos y las comunidades agrarias quienes, por su capacidad institucional en
organizar la vida social, política y productiva en su territorio, integraron la gestión de la actividad
turística en sus prerrogativas dentro de una estrategia de desarrollo local endógeno (Flores Amador et
al., 2014). Las iniciativas más recientes, a partir de mediados de los 2000, empezaron a optar por la
creación de sociedades cooperativas, instituciones consideradas más modernas y más adaptadas a la
gestión de una actividad económica (Lemas Valencia y García de Fuentes, 2019). También muchas
comunidades transitaron de una organización ejidal o comunal a una organización cooperativista, en
la mayoría de las ocasiones para responder a requerimientos fiscales. Así la coyuntura de crecimiento
del turismo en áreas rurales y de organización social en las comunidades campesinas dio lugar a un
crecimiento de iniciativas turísticas manejadas por instituciones locales colectivas.
La singularidad de esta situación representa una novedad y un cambio estructural. El hecho de que
una actividad económica como el turismo, tradicionalmente en mano de empresas privadas y en el
caso mexicano de grandes empresas nacionales y transnacionales, fuese manejada por instituciones
colectivas, dio lugar al desarrollo no solo de prácticas turísticas distintas (ecoturismo, turismo rural,
agroturismo, etc.) que tienen que ver con el medio en el que se implementan (áreas protegidas, medio
rural) y con las actividades que se ofrecen (caminatas, observación de la naturaleza, actividades
culturales, paseos, etc.), sino también con formas de gestión diferentes. Estas formas de gestión de
actividades económicas basadas en instituciones colectivas proponen “una racionalidad propia en sus
prácticas de gestión, gobierno, regulación y relaciones” (Fernández Miranda, 2020: 26), lo que las
vincula, sin necesariamente expresarlo de forma explícita o consciente, con el paradigma de la
Economía Social y Solidaria (ESS), representado por organizaciones cuyo objetivo principal es el de
satisfacer las necesidades de sus miembros según una gobernanza democrática.
El presente artículo tiene como objetivo analizar los procesos vinculados a los proyectos de turismo
en las comunidades rurales en México, a nivel social, económico y ambiental para determinar si son
coherentes con el sistema de valores e ideas de la ESS. Analizaremos cuáles son los procesos
existentes en estos proyectos para determinar si permiten referirse al paradigma de la ESS y hablar de
la construcción de alternativas económicas. La hipótesis central de este trabajo plantea que los
proyectos de turismo de las comunidades rurales de México promueven prácticas económicas basadas
en la organización colectiva, la vida comunitaria y los lazos sociales de los actores locales, que
permiten construir nuevas realidades económicas alternativas a la forma clásica de producción privada
basada en una economía de mercado y vigente en la actividad turística a nivel mundial (García, 2020).
De esa manera conforman un modelo de turismo alternativo.
De acuerdo con Coraggio (2014), la ESS en Latinoamérica surgió a partir de que el sistema
económico neoliberal generó políticas sociales focalizadas en los sectores de extrema pobreza, para
compensar los efectos desastrosos ocasionados por el mismo sistema. Paralelamente, el Estado
reconoció que la pobreza no era un problema temporal de exclusión, sino estructural, por lo que
resultaba insuficiente esa política. Apareció entonces una variante de política social, que siguió
estando enfocada a los sectores pobres, pero como una propuesta que reconocía que las personas y
grupos sociales se podían organizar de forma asociativa para la satisfacción de muchas de sus
necesidades. Estas formas de asociación han buscado resolver necesidades que el sistema no resolvía
y así contribuyeron a conformar el sector social de la economía.
Para entender el cambio de paradigma que supone la ESS, un punto de partida interesante es el
planteamiento de Pastore (2006) sobre las tres dimensiones de la ESS:
a) Dimensión empírica: las experiencias de ESS están guiadas por objetivos sociales por encima de
la rentabilidad de capital invertido. En el centro del proceso de producción o distribución de bienes y
servicios se encuentran el mejoramiento de la calidad de vida, sea de sus propios miembros, de al-
gún sector social particular, de una comunidad local o de la población en un sentido más amplio.
Según Pastore (2006: 5): “los emprendimientos de ES resultan una combinación de un agrupamiento
social con autonomía de gestión junto con una organización productiva que genera bienes y servi-
cios en formas económicas plurales, las cuales pueden incluir formas mercantiles (de intercambio
monetario o no) como no mercantiles (de redistribución o de reciprocidad)”.
c) Dimensión propositiva: la ESS se concibe como un proyecto de transformación social que hace
evolucionar las formas de practicar la economía, integrando nuevas lógicas de funcionamiento para
construir “una sociedad más integrada, justa y plural” (Pastore, 2006: 14). Los proyectos de ESS re-
plantean, a través de la pluralidad de sus expresiones, la relación sociedad-economía-Estado, inte-
grando principios invisibilizados por la economía de mercado. Estos espacios ocupados y ganados
por la ESS permiten a su vez atender sectores de la población tradicionalmente excluidos por la eco-
nomía de mercado o bien deseosos de transformar las realidades socio-económicas.
a) la administración doméstica, es decir que las organizaciones están integradas por grupos de
personas o familias que buscan satisfacer sus propias necesidades y resolver un problema económico
b) la existencia de una reciprocidad, entendida como el resultado del traslado o del intercambio no
monetario de bienes y servicios (Arai, 2020), tal como el tequio1 , y de una solidaridad e identidad
colectiva en los miembros de dichas organizaciones
c) el crear un vínculo entre producción, distribución y consumo, a través del encuentro entre una
oferta y una demanda de bienes y servicios intercambiados mediante la fijación de precios
1
En México se conoce como” tequio” a la faena o el trabajo colectivo no remunerado que todos los habitantes
de las comunidades rurales, en particular las indígenas pero no solamente, deben efectuar para la realización de
actividades benéficas a la comunidad. Es un trabajo no pagado monetariamente, pero sí retribuido en función del
prestigio social.
así como con ámbitos de vida considerados como tradicionales, en donde las expresiones de
organizaciones sociales comunitarias satisfacen muchas de las necesidades para la reproducción de la
vida. Estas formas de organización tradicional de comunidades campesinas y/o indígenas, en donde la
noción de lo común permea tanto en la organización de las actividades productivas como en la de la
vida sociopolítica, han creado instituciones mediante las cuales se manejan y cuidan los recursos
comunes, así como las prácticas culturales comunitarias. En este tipo de organizaciones comunitarias
se aseguran tanto los medios materiales de sustento como los medios sociales que cubren diversos
aspectos del bienestar y de la reproducción de la vida en las comunidades. Es desde 1983 que se
reconoce formalmente en el Artículo 25 Constitucional el Sector Social de la Economía, conformado
por: ejidos, comunidades, organizaciones de trabajadores, sociedades cooperativas, empresas que
pertenezcan mayoritaria o exclusivamente a los trabajadores y, en general, todas las formas de
organización social para la producción, distribución, y consumo de bienes y servicios socialmente
necesarios (Instituto Nacional de Economía Social INAES, s.f.). Dicha especificidad, propia del
contexto mexicano, resultó de una realidad socioeconómica que se construyó a lo largo de la historia
del país desde la época prehispánica. Posteriormente, la revolución mexicana dio paso al
reconocimiento legal de tenencias de la tierra basadas en la propiedad social, el ejido y la comunidad
agraria.
Los ejidos son una modalidad de propiedad de la tierra fundada por el Estado mexicano como
resultado de un proceso de repartición de las tierras agrarias iniciado después de la revolución de
1910, mientras que las comunidades agrarias tienen antecedentes desde la colonia cuando obtuvieron
reconocimiento jurídico por medio de cédulas reales, que eran títulos concedidos por los reyes de
España, otorgando tierras a los pueblos originarios (Morett-Sánchez y Cosío-Ruiz, 2017). El ejido
consta de tierras parceladas que se asignan individualmente a cada ejidatario para labores agrícolas, de
tierras de uso común y de tierras para el asentamiento humano, mientras que la comunidad agraria
(núcleo de población comunal o de bienes comunales), no puede otorgar títulos individuales (a menos
de convertirse primero en ejido). La mayoría de las comunidades agrarias son también comunidades
indígenas. “La autoridad máxima de ejidos y comunidades agrarias es la asamblea general y los
órganos de dirección son el comisariado (ya sea ejidal o de bienes comunales) que se designa por el
voto directo de los ejidatarios o comuneros y consta de presidente, secretario y tesorero” (Morett-
Sánchez y Cosío-Ruiz, 2017:129). Ambos tipos de tenencias tienen reconocimiento legal para tomar
decisiones sobre el manejo de los recursos naturales, lo que conlleva una organización social
particular a nivel local (Litka, 2013) y se convirtieron en el mejor ejemplo de un modelo propio de la
ESS en México (Ramírez-Méndez, 2015).
2. Metodología
Tabla 1: Lista de proyectos de turismo de comunidades rurales en las que se realizó trabajo de campo desde el
2006
Tabla 2: Ejes, elementos y características para analizar los procesos alternativos generados por el turismo de las
comunidades rurales de México en el marco de la ESS
a. Tipo de democracia
En los proyectos de turismo de las comunidades rurales en México, la asamblea general de las
comunidades (ejidal en un ejido y comunal o de bienes comunales en una comunidad agraria), es la
que dio paso al desarrollo de dicha actividad. De allí, distintas formas de democracia se han
implementado, desde mecanismos de democracia directa, en los que la asamblea toma las decisiones
más importantes en cuanto a la actividad turística, es decir aquellas que tienen que ver con
orientaciones estratégicas sobre el turismo, de largo plazo, decisiones que van a afectar otros
ámbitos que los del propio turismo; así como formas de democracia representativa que se traducen
por lo regular en la existencia de un comité de turismo, que tiene una función de administrador de
tareas cotidianas. Ambas formas de democracia se pueden observar tanto en los proyectos
administrados por ejidos (San Pedro Tututepec, Laguna Miramar) y comunidades agrarias (Los
Pueblos Mancomunados, San Juan Nuevo Parangaricutiro), a través de las asambleas generales
(democracia directa) y de los comités de turismo (democracia representativa), como en las
cooperativas (Las Nubes, U Najil Ek Balam, El Faro), con decisiones que incumben a la asamblea
general de socios y otras al comité directivo.
b. Propiedad de la tierra
La propiedad de la tierra en espacios rurales en México es mayormente de carácter social y colectiva
(Morett-Sánchez y Cosío-Ruiz, 2017), traduciéndose por la existencia de mecanismos de gestión de
los recursos naturales tomados por comités o asambleas. En el caso del turismo, por la misma
característica que las actividades ofrecidas están basadas en la naturaleza y en la cultura, los
espacios en los que se desarrollan son de carácter colectivo: el bosque, la laguna, la playa, el cerro,
el río, etc. Por lo tanto, la existencia misma de la actividad turística en espacios rurales está
supeditada a la aprobación de los actores locales. Dicha autorización sobre el uso del territorio
comunal o ejidal para el ejercicio de actividades turísticas recreativas, fue otorgada en una primera
etapa por la asamblea ejidal o de bienes comunales, y posteriormente ha sido autorizada por
acuerdos, tácitos o explícitos, entre el grupo encargado de la actividad turística y dicha asamblea.
Esta característica muestra la necesidad de un consenso colectivo, no solo del grupo encargado de la
actividad turística sino de toda la comunidad para usar un espacio de uso común para fines
turísticos. Es también importante mencionar que el espacio en el que se construyó la infraestructura
turística (cabañas, restaurantes, área de acampar, muelle, etc.), es un área común que fue -según los
casos- prestada a un comité o bien vendida a un grupo de personas por la comunidad, para la
realización de la actividad turística. Lo regular es que cuando una cooperativa maneja el turismo, el
terreno es vendido, arrendado o simplemente prestado a los socios de la cooperativa (Las Nubes, Las
Guacamayas), y cuando el responsable es un ejido o una comunidad, el espacio es prestado como tal
con la finalidad de ejercer actividades turísticas2 (San Jerónimo Purenchecuaro, Isla Yunuén).
c. Participación
La participación de campesinos en los proyectos de turismo alternativo “supone una dinámica de
intervención activa, voluntaria y consciente en la construcción de su realidad, y un intercambio que
genera una mutua transformación entre la persona y el hecho del que participa” (Fernández Miranda,
2020). Sin entrar en detalle en la calidad o en el tipo de participación específica de los actores
locales, que para ello habría que realizar un análisis de casos específicos, y sin caer en una ilusión
participativa que haría pensar que todo proceso participativo es bueno en sí (Girard y Schéou, 2012;
Tosun, 2000), el involucramiento en la actividad turística implica un proceso voluntario por parte de
un grupo de individuos (las personas activas en el comité, los empleados, los socios) e involuntario
(los demás miembros de la comunidad), ya que el desarrollo del turismo de base comunitaria
depende de una dinámica compleja de colaboraciones (Burgos y Mertens, 2016). Este proceso
participativo se materializa en las reuniones. La rotación de los miembros de los comités directivos
hace necesaria el intercambio de la información para las tomas de decisiones, operándose así una
construcción colectiva de capacidades para la gestión y administración del turismo. Este proceso ha
sido desparejo según los proyectos, pues la capacitación no siempre ha sido adecuada, pero aún así
la experiencia colectiva construida desde finales de los 90 para los primeros proyectos ha permitido
a los actores locales reforzar habilidades y tejer redes con actores externos, como es el caso de Los
Pueblos mancomunados, Taselotzin, Tosepan Kali, Punta Laguna y U Najil Ek Balam, entre otros.
Otra característica de la participación que debe estar presente para poder hablar de ESS y que es
significativa en los proyectos de turismo en el medio rural, es la creación de espacios y actividades
socioculturales. La presencia de proyectos de turismo ha permitido a varias comunidades aprovechar
la infraestructura y la organización colectiva para organizar actividades culturales para los
habitantes, financiar proyectos socioculturales y obras de interés comunitario, así como crear una
dinámica para revitalizar prácticas culturales tales como la artesanía. La inserción y la articulación
de la actividad turística en la comunidad también es una característica que cabe mencionar. Si bien
esta articulación depende de cada proyecto, se puede observar una circulación de flujos en diferentes
ámbitos entre el proyecto de turismo y la vida socio-política y cultural de la comunidad. Dichos
flujos pueden ser financieros, organizativos, comunicativos, de ayuda mutua a través de los tequios,
etc., y permiten mantener lazos sociales entre los diferentes miembros de la comunidad mediante la
actividad turística.
d. Control
Otro elemento importante del gobierno y la toma de decisiones es el control de los actores locales
sobre la actividad turística, visto como la posibilidad de tomar decisiones estratégicas sobre su
orientación. Este control, en algunos pocos casos inició desde la fase de diseño de los proyectos de
turismo, pero principalmente se materializa en la toma diaria de decisiones de los actores
involucrados, quienes no responden a dueños particulares sino a sus propias asambleas. Si bien es
necesario relativizar este control de las comunidades por la presencia de dependencias
gubernamentales quienes, a través del otorgamiento de recursos públicos y del acceso a programas y
2
Dependiendo de sus recursos y características, un ejido puede -por decisión de la asamblea general- establecer
parcelas con destino específico que se emplean en la atención de necesidades de carácter comunitario, como la
educación de los niños (parcela escolar) o actividades productivas (granja agropecuaria, turismo en nuestro
caso); así como parcelas a favor del ejido, que son los lugares donde se localicen bienes pertenecientes al
conjunto de los ejidatarios (como pozos, viveros, corrales, instalaciones de almacenamiento, beneficio o
transformación) (Morett-Sánchez y Cosío-Ruiz, 2017).
ayudas diversas, puede llegar a ejercer algún tipo de influencia sobre los responsables, no cabe duda
que en los proyectos de turismo de las comunidades rurales existe un control de un colectivo
compuesto por actores locales, miembros de alguna comunidad rural, sobre una actividad
económica. Así como decidieron iniciar una actividad turística, los miembros de una asamblea
pueden decidir en cualquier momento dar otro rumbo a la actividad o simplemente interrumpirla.
3.2 Autorregulación
La autorregulación de los procesos colectivos es un conjunto de prácticas colectivas que enmarca las
respuestas a las situaciones y a los problemas que se presentan en lo cotidiano en la gestión de una
actividad de ESS. Las personas vinculadas a las prácticas de ESS establecen dichas prácticas de
autorregulación con la finalidad de “garantizar la corresponsabilidad, gestionar las tensiones,
constituir un marco de convivencia en la actividad económica o con los grupos de interés” (Fernández
Miranda, 2020: 29).
La gestión colectiva en los proyectos de turismo de las comunidades rurales de México responde a
otras racionalidades económicas, sociales y culturales que las empresas turísticas basadas en la
gestión privada. A continuación, se describen los diferentes elementos y características inherentes a
dicha gestión colectiva.
a. Autogestión
La gestión colectiva se vincula directamente con las formas de gobierno y de autorregulación
mencionadas anteriormente. La organización de la actividad turística sea bajo el modelo del ejido,
de la comunidad agraria o de la cooperativa conlleva una gestión que involucra a un colectivo, con
gradientes diferentes. Sin embargo, en todos los casos, este sistema en el que los integrantes
controlan y dirigen la actividad a través de representantes rotativos es propio de la autogestión y, en
el caso particular de una gestión del ejido o de la comunidad agraria, a través de una gobernanza
comunitaria para el bien común (Palomino Villavicencio y López Pardo, 2019; Pérez-Ramírez y
Zizumbo-Villarreal, 2014). Estos comités que operan la gestión día con día suelen tener un
funcionamiento rotativo cuyos periodos van de uno a tres años, dependiendo de los acuerdos de cada
comunidad. La autogestión ha sido sin duda uno de los principales retos a los que las comunidades
se han enfrentado para desarrollar una actividad económica (Gascón, 2016). Las faltas de
capacitación, de tiempo disponible, de organización, entre otras, han dificultado la gestión en los
primeros años de actividad, lo que resultó en la renuncia de muchas personas involucradas e
interesadas en un primer momento en la actividad turística (Las Guacamayas, Angahuan, U Najil Ek
Balam). Mientras se consolidaba la actividad turística, los procesos de gestión han empezado a
mejorarse, con responsables mejor acompañados en sus procesos de capacitación y con mayor
experiencia adquirida sobre la marcha. Los diferentes modelos de autogestión adoptados por las
comunidades han ido adaptándose a la evolución de la actividad turística, mostrando la flexibilidad
y adaptación de esta gestión a una realidad fluctuante. Sin embargo, si bien los proyectos de turismo
siguen asumiendo racionalidades distintas, existen tensiones entre sistemas de valores tradicionales
y otros de funcionamiento moderno, por ejemplo, de las cooperativas (Fernández Aldecua, 2010).
En este sentido, los modelos autogestivos del turismo intentan hacer coincidir sistemas de valores en
tensiones, entre los impulsores de los proyectos, los técnicos de los programas gubernamentales, así
como los mismos turistas de un lado, y de otro lado las comunidades rurales, con su sistema de usos
y costumbres, que condicionan sus relaciones sociales, económicas y culturales bajo la lógica del
don y la reciprocidad (Arai, 2020).
familias. Esta cooperación está basada en el principio de mutualidad, que conlleva la puesta de un
interés común por encima del interés individual. Las prácticas de usos y costumbres en las
comunidades rurales en México, la importancia de asumir cargos colectivos, la ayuda mutua y la
reciprocidad en los intercambios sociales no solo permiten, sino que garantizan estas prácticas de
cooperación transferidas a la actividad económica, en este caso el turismo. En particular, la
reciprocidad, basada en las tres obligaciones dar-recibir-devolver tanto bienes como servicios
(Marañón y López, 2013; Mauss, 2009), es una práctica común en las comunidades indígenas que se
traslada a las diferentes actividades socioculturales y económicas alternativas. Un claro ejemplo de
ello lo podemos ubicar en la Sierra Norte de Oaxaca en los distintos emprendimientos de turismo
alternativo cuyo funcionamiento está basado en la comunalidad, que sitúa la reciprocidad y los lazos
de confianza como elementos centrales de la vida sociopolítica de las comunidades zapotecas (Arai,
2020; Palomino Villavicencio y López Pardo, 2019; Rosas-Baños y Correa-Holguín, 2016).
c. Liderazgo
La obtención de un cargo en una comunidad rural es un acto importante en la vida socio-política de
una persona, es un momento en el que se reconoce a la persona por su liderazgo, en el sentido en que
sea digna de confianza para representar a la comunidad, para la organización de alguna fiesta, para
conducir la vida política o bien, como en el caso que nos interesa, para desarrollar una actividad
económica basada en la satisfacción de las necesidades y del bien común de una comunidad o de un
grupo de personas. En el caso de los proyectos cuya gobernanza sea a través de la comunidad o del
ejido, las personas elegidas para conducir la actividad turística reciben un cargo por la comunidad
que legitima su responsabilidad y a la vez reconoce su trayectoria sociopolítica en la comunidad, sus
conocimientos sobre las estructuras locales (culturales, sociales, etc.). Sin embargo, esto no
necesariamente significa que las personas elegidas tengan la motivación, el deseo y el interés
necesario para desarrollar el turismo, pues se trata de una actividad nueva que moviliza habilidades
y capacidades que no todos dominan o quieren adquirir. De hecho, se ha observado en algunos
proyectos que estos cargos, en general atribuidos en un primer momento a las personas mayores con
mayor liderazgo, reconocidas social, cultural y políticamente en la comunidad, en etapas posteriores
a la conformación del proyecto, pasan a personas generalmente más jóvenes que son elegidas no
tanto por su autoridad moral en la comunidad sino por su voluntad y capacidad por ocupar un cargo
vinculado al turismo, un interés genuino en la actividad, y su deseo de adquirir las habilidades
necesarias, tales como manejar herramientas digitales, hablar con personas ajenas, comunicarse en
otros idiomas, etc. (por ejemplo, en Lachatao, en Los Pueblos Mancomunados).
Finalmente, el último eje que debe analizarse para reconocer al turismo de las comunidades rurales
como parte del ámbito de la ESS es la relación con el ambiente, basada en las actividades ofrecidas, la
gestión sustentable y el compromiso ambiental.
a. Actividades ofrecidas
Las actividades turísticas ofrecidas están orientadas de un lado hacia el contacto con la naturaleza y
de otro lado hacia el descubrimiento de elementos culturales de las comunidades anfitrionas. Las
actividades de naturaleza se desarrollan en los ecosistemas que rodean el lugar (a veces bajo alguna
categoría de protección tal como una reserva de la biosfera, un área de protección de fauna y flora,
una reserva ejidal, una unidad de manejo ambiental) por lo que, según los casos, ofrecen caminatas
en el bosque o en la selva, paseos en lanchas en ríos, estuarios o en el mar, paseos a caballo o en
bicicleta, nados en cenotes o ríos, visitas de sitios naturales como grutas, cascadas, parajes o
miradores, observación de aves, flora y fauna, entre otras. Dichas actividades permiten fomentar el
contacto con la naturaleza y participan de un despertar ambiental de los turistas.
También se ha observado una tendencia a la diversificación hacia una oferta de corte cultural en los
últimos años. Así, proyectos tradicionalmente orientados hacia la naturaleza, han empezado a
ofrecer talleres de gastronomía y de artesanía, visitas de espacios de producción (agrícola, artesanal,
de textiles, bebidas, alimentos, etc.) (Latuvi, Tosepan Kali, Punta Laguna), o la participación en
eventos culturales (U Najil Ek Balam, TateiKie), entre otras. En este sentido, las actividades
productos del turismo en espacios rurales y naturales permiten hablar de una forma de hacer turismo
basada en los recursos locales y en el patrimonio biocultural de las comunidades locales, lo que
constituye un elemento central en la pertenencia al paradigma de la ESS, al revitalizar actividades
productivas y posicionar el trabajo vinculado con la tierra y lo que conlleva a nivel cultural, en el
centro de la actividad turística, tejiendo puentes entre sociedades urbanas y campesinas.
b. Gestión de la actividad
Otro elemento importante de considerar para hablar de ESS es la gestión sustentable de la actividad
y su vínculo con el entorno, procurando respetar y preservar los procesos naturales. En el caso del
turismo, la gestión sustentable se materializa en el uso de una infraestructura amigable con el
ambiente, procurando usar ecotecnias e intentando fomentar un uso razonado de los recursos. El uso
del agua y de la energía deben ser racionales y no ocasionar un sobreconsumo por encima de los
intereses de la comunidad, la separación y la gestión de la basura han de integrarse en el centro
ecoturístico y la infraestructura debería usar materiales locales y naturales. Es común encontrar
ecotecnias en algunos proyectos, tales como uso de energías alternativas, hornos solares, sistemas de
tratamiento de aguas grises con plantas, baños secos, captación de agua de lluvia, pero otros
proyectos todavía no implementan ninguna. La integración de consideraciones ambientales en la
actividad turística ha sido progresiva. Por ejemplo, en algunos proyectos las primeras construcciones
de infraestructura se han realizado con materiales convencionales, pero la extensión de la
infraestructura de hospedaje años más tarde pudo haberse realizado con materiales locales,
mostrando una evolución en la gestión de la actividad hacia la sustentabilidad: esto es el caso de la
Tosepan Kali en Puebla, cuya nueva infraestructura está construida en bambú producido en la región
y es de bajo impacto ambiental.
c. Compromiso ambiental
El compromiso ambiental de las comunidades rurales a través de los proyectos de turismo se puede
observar en los esfuerzos que realizan los responsables por conservar los recursos naturales
necesarios al funcionamiento de la actividad y que, además, constituyen su principal atractivo y en
acciones de educación ambiental dirigida a la comunidad y/o a los turistas.
El desarrollo de los proyectos de turismo en las comunidades rurales ha sido por lo regular muy
vinculado a la existencia de acciones de conservación, aquellas antecediendo o desarrollándose a la
par del proyecto de turismo. Este es el caso del Centro ecoturístico Ara Macao Las Guacamayas en
Chiapas que empezó con acciones hacia la conservación de las guacamayas rojas intentando frenar
la deforestación a principios de los 90, para algunos años más tarde, crear un centro de hospedaje en
la comunidad. Muchas comunidades, vinculadas por ejemplo a programas de pago por servicios
ambientales, empezaron a recibir financiamientos para crear una infraestructura turística para
valorizar áreas protegidas, por ejemplo, la Alianza Peninsular para el Turismo Comunitario (APTC),
que agrupa a 24 empresas sociales de turismo alternativo en la península de Yucatán, registra un
total de 24,539 ha protegidas.
Finalmente, estas empresas sociales participan en diversas acciones de conservación de fauna y flora
tales como el manejo sustentable de la fauna, la reforestación, el monitoreo de especies, la creación
Desde finales del siglo pasado, el turismo ha experimentado transformaciones profundas que han
modificado la forma de viajar de un lado y de ofertar actividades de otro lado. Los turistas, cada vez
más conscientes de los efectos negativos del turismo, demandan actividades vinculadas con la
naturaleza, que respetan el medioambiente y que también permiten el contacto con otras culturas
(García de Fuentes, Jouault y Romero, 2015). Este nuevo imaginario social turístico (Équipe MIT,
2011) ha sido retomado por las instancias internacionales y gubernamentales que vieron en esta
evolución una oportunidad para diversificar la oferta turística, en el caso de México muy
especializada en sol y playa, pero también para crear programas de políticas públicas enfocadas al
combate a la pobreza y a la protección de los recursos naturales. El desarrollo de este turismo
pretende generar relaciones más sanas entre personas (turistas y anfitriones) pero también con la
naturaleza, contrastando con las relaciones invasivas de los grandes desarrollos turísticos (Marín
Guardado, García de Fuentes y Daltabuilt, 2012).
Un término hoy en día bastante utilizado para caracterizar a este tipo de turismo es el de turismo
alternativo, definido por la Secretaría de Turismo en México (SECTUR) como:
“aquellos viajes que tienen como fin realizar actividades recreativas en contacto directo con la
naturaleza y las expresiones culturales que le envuelven con una actitud y compromiso de conocer,
respetar, disfrutar y participar en la conservación de los recursos naturales y culturales”
Tres tipos de turismo se desprenden según la SECTUR del turismo alternativo: el ecoturismo, el
turismo de aventuras y el turismo rural3 (SECTUR, 2002: 15).
Sin embargo, aparece necesario profundizar en lo que se entiende por “alternativo” respecto al
turismo, ya que existe cierta fetichización mercantilista del término que esconde las condiciones
reales del fenómeno turístico. La definición de la SECTUR está solamente planteada desde el punto
de vista de la oferta, con la finalidad de diferenciarse de los tipos de turismo más clásicos y
posicionarse en el mercado para responder a las nuevas demandas ya mencionadas de los turistas. El
planteamiento omite ciertas condiciones intrínsecas del desarrollo de un turismo realmente
alternativo: las etapas esenciales de diseño, ejecución y gestión de la actividad turística de manera
colectiva. Lo “alternativo” del turismo alternativo no se puede definir solo con ofrecer actividades
turísticas alternativas a las tradicionales de sol y playa, es decir con el tipo de turismo ofrecido, sino
con fomentar un tipo de gestión turística basado en los siguientes aspectos fundamentales:
3
La SECTUR (2002) plantea los siguientes tipos de turismo como alternativos: - el ecoturismo, “aquellos viajes
que tienen como fin el realizar actividades recreativas de apreciación y conocimiento de la naturaleza a través
del contacto con la naturaleza”; - el turismo de aventura, “viajes que tienen como fin el realizar actividades
recreativas deportivas, asociadas a desafíos impuestos por la naturaleza”; y - el turismo rural, “los viajes que
tienen como fin el realizar actividades de convivencia e interacción con una comunidad rural, en todas aquellas
expresiones sociales, culturales y productivas cotidianas de la misma”.
En otras palabras, el turismo alternativo es un concepto que se refiere a un modelo de turismo que se
enmarca en los principios de la ESS, participando así en la construcción de una gobernanza del
turismo alternativa a la de las organizaciones privadas inherentes al modelo económico neoliberal.
Estos aspectos claves para definir el turismo alternativo permiten situar el manejo comunitario de los
territorios locales, que incluye la conservación y aprovechamiento de la naturaleza y las actividades
sociales, culturales y económicas, en el centro del concepto de lo alternativo del turismo. Tal como lo
menciona Stengurt (2016: 11):
el elemento definitorio del turismo comunitario no es tanto su objeto como actividad turística, sino
la forma de organizar esta actividad. Gran parte de la confusión terminológica se produce dado a que
se confunde productos turísticos (la naturaleza, la cultura, los pueblos indígenas) con las formas de
organización que se pueden adoptar para llevar adelante la actividad turística. No se puede confundir
el ecoturismo o el propio turismo étnico con una actividad ecoturística o de turismo cultural
organizada por una comunidad.
Siguiendo este planteamiento, existen por ejemplo iniciativas privadas de ecoturismo (o de turismo
de aventura), que no deberían ser consideradas como alternativas ya que no respetan los principios
arriba mencionados. Por otra parte, podríamos pensar en un hotel de sol y playa que, siendo manejado
por una institución colectiva local (cooperativa o comunidad con propiedad social) y, aplicando una
política de gestión sustentable, podría considerarse como turismo alternativo. Así, este acercamiento a
lo alternativo poco tiene que ver con el planteado por los organismos gubernamentales e incluso parte
del mundo académico que no han profundizado en las implicaciones del término alternativo,
limitando su uso a esas otras actividades turísticas que no son de sol y playa y sin poner en el centro el
tipo de gestión de la actividad.
El turismo alternativo, tal como caracterizado anteriormente, en cuanto práctica de ESS, permite la
construcción de lazos y de conexión entre diversos procesos socio-ambientales, actores sociales y
agentes económicos, en los que se asigne un sentido al mantenimiento colectivo y corresponsable de
la vida de las personas y del ambiente (Kieffer, 2019). Tal como lo plantea García (2020: 104-105),
“proponer un proyecto de turismo rural comunitario responsable con el ambiente, un turismo
alternativo que ofrece experiencias desde otra concepción del desarrollo, ha sido una apuesta contra
hegemónica”. En México, esta apuesta no ha sido formulada en estos términos por los actores locales
en el momento de incursionar en la actividad turística, se ha tratado más bien de una transferencia de
prácticas organizativas, costumbres, formas de relacionarse en las comunidades rurales y visión para
el bien común lo que dio forma a las formas actuales de turismo alternativo. No hubo en un primer
momento una construcción consciente de una propuesta económica alternativa, fue una forma de
organización colectiva tradicional que vino a plasmarse en una actividad económica que comúnmente
no acostumbraba regirse por mecanismos organizativos colectivos. Los actores del turismo alternativo
llegaron a transformar las formas de gestión del turismo, no para luchar contra las derivas de la
explotación laboral del turismo, contra los impactos negativos de la actividad turística ni para
construir alternativas económicas basadas en otros principios, sino porque su forma de concebir las
actividades productivas en general, descansa sobre procesos de tomas de decisiones consensuadas, la
búsqueda de beneficios colectivos, la ayuda mutua, la reciprocidad y la cooperación, así como el
respeto hacia el medio ambiente. Como lo observó Loor Bravo (2019) en Ecuador, “la gestión y
organización comunitaria de la actividad turística no es un fin sino una estrategia de desarrollo local y
consolidación política”, convirtiendo el turismo comunitario en un medio para la reivindicación y
autogestión del territorio y de los recursos, y así consolidar su lugar en el Estado y en el mercado.
De acuerdo con Coraggio (2011), la ESS busca superar la separación entre economía y sociedad,
que caracteriza al paradigma capitalista neoliberal, yendo más allá de la idea de que pueda ser el
Estado el central planificador y regulador de la economía, pues ello sustrae poder a la sociedad y
asume la representación de un bien común. Esa doble superación se lograría, además, oponiendo
“resistencia frente a diversos aspectos de la economía que se consideran negativos y perjudiciales, y
en torno a los cuales se plantean otras maneras de organizar la vida” (Reygadas et al., 2014). En el
caso de los proyectos de turismo de las comunidades rurales de México, no buscaban superar aquello,
pero lo hicieron de manera natural porque correspondía a un modo de gestión y una concepción
económica tradicionalmente sociales y solidarios, con otros criterios de valoración del patrimonio bio-
cultural que el aspecto mercantil y utilitarista (Fuente Carrasco y Ramos Morales, 2013), criterios que
tienen una dimensión que podemos llamar ética ya que se refiere a la misión de mantener vivos los
valores, la identidad cultural y el capital social de la comunidad (Fernández Aldecua, 2020).
La particularidad del complejo modelo de gestión manejado por las comunidades rurales de México,
así como su posible evolución en el tiempo, se refleja en los matices entre les tres formas de manejo
del turismo: la comunidad agraria, el ejido y la cooperativa, cuyos funcionamientos reflejan dos
modelos, uno comunitario (la comunidad agraria y el ejido) y otro cooperativista, los cuales, aunque
ambos tengan una gestión autónoma, presentan una impregnación de la vida comunitaria gradual en
su funcionamiento. El modelo comunitario se ha visto poco a poco reemplazado en la mayoría de las
organizaciones por el modelo cooperativista (esto es el caso de Las Guacamayas, las Nubes,
Angahuan, U Najil Ek Balam, San jerónimo Purenchecuaro, entre tantos, mientras Los Pueblos
Mancomunados, Zapotiltán Salinas o la Isla Yunuén siguen manejando el turismo a través de la
comunidad agraria). Esta evolución, fomentada por las instituciones gubernamentales dentro de
políticas de modernización que apuntan al desmantelamiento del sistema de propiedad social de las
tierras rurales, evidencia tensiones entre un modelo basado en su totalidad en los usos y costumbres de
la comunidad y otro que refleja un funcionamiento más moderno de una actividad económica (Rosas-
Baños y Correa-Holguín, 2016). Ambos se inscriben en el paradigma de la ESS, pues en ambos las
comunidades asumen un protagonismo en la gestión de su patrimonio biocultural y su desarrollo y se
basan en relaciones de reciprocidad, tal como mostrado anteriormente. Sin embargo, existen
diferencias en la permeabilidad de los modelos a lógicas provenientes de la economía de mercado o
de aquellas provenientes de un sistema organizativo tradicional del medio rural, tal como lo han
notado también Pérez-Ramírez et al. (2012).
Siguiendo a Marañón y López (2013), que consideran que la construcción de “un orden social
alternativo, con la reciprocidad como lazo social, estaría vinculada a una toma de decisiones centrada
en la comunidad como estructura de control democrático de la autoridad colectiva, concentrada en el
ejercicio de la democracia directa y no en la democracia representativa”, la evolución hacia un
modelo cooperativista puede considerarse como una especie de privatización de la actividad turística
o, por lo menos, de pérdida de control de la comunidad en su conjunto hacia un grupo de personas.
Como lo sugiere el estudio regional amplio de Jouault et al. (2015), las lógicas de atomización y
privatización en la Península de Yucatán es una tendencia fuerte que probablemente seguirá
dominando en los años venideros. Sin embargo, más allá del modo empresarial bajo el cual se ejerce,
el turismo manejado por mecanismos de gobernanza controlados por las comunidades sigue siendo un
emprendimiento social colectivo (Fernández Aldecua, 2020). El punto central sigue siendo que ambos
modelos posicionan elementos de la ESS tales como la propiedad colectiva de los recursos, la
identidad colectiva, la reciprocidad, la organización comunitaria y el compromiso hacia aspectos
ambientales (Coraggio, 2011; Fuente Carrasco y Ramos Morales, 2013; Pérez-Ramírez et al., 2012;
Razeto, 2010), como centrales en su forma de gestión, más allá de su inserción en el mercado,
fomentado así la construcción de alternativas económicas propias dentro de una actividad turística.
Conclusión
El análisis realizado de los procesos existentes en los proyectos de turismo en las comunidades
rurales en México a nivel social, económico y ambiental muestra la existencia de lógicas,
instrumentos y mecanismos coherentes con el sistema de valores e ideas de la ESS. Las tres
dimensiones de la ESS definidas por Pastore (2006), la empírica, la conceptual y la propositiva se
pueden ver reflejadas en los fundamentos, prácticas y gestión del turismo por parte de las
comunidades rurales. En su dimensión empírica, el análisis realizado muestra una prioridad por parte
de los actores locales en desarrollar una actividad con autonomía de gestión y cuyos beneficios tienen
una racionalidad basada en el bien común y el mejoramiento de la calidad de vida de un sector de la
población. La dimensión conceptual se ve reflejada en la integración de componentes sociales en la
actividad económica, como la satisfacción de necesidades y en la existencia de la reciprocidad y la
cooperación mutua en las formas de trabajo, a través por ejemplo del trabajo comunal. En cuanto al
lado propositivo de la ESS, los proyectos de turismo alternativo evidencian procesos de
transformación social y ambiental mediante los lazos existentes con la comunidad y las actividades
desarrolladas para atender necesidades, construyendo así nuevas formas de hacer economía.
Finalmente, los resultados presentados permiten profundizar en los elementos para la construcción y
caracterización de un modelo turístico realmente alternativo, para no confundir productos del turismo
y formas de organización de la actividad turística. Así, es preciso referirse al concepto de turismo
alternativo como un modelo turístico basado en los ejes, elementos y características de la ESS, y no
como un tipo de turismo, como lo son el ecoturismo, el turismo rural, el turismo de aventura, etc. que
no necesariamente proponen otras maneras de concebir, practicar, gestionar la actividad turística, y
pueden incluso seguir reproduciendo lógicas depredadoras detrás de un aparente cambio. Este
acercamiento a través del marco de la ESS permite entender que lo alternativo del turismo reside en su
capacidad de promover un turismo basado en la cooperación, la organización colectiva, la ayuda
mutua, el fomento del bienestar humano, el respeto a la naturaleza, entre otros, más allá del tipo de
turismo ofrecido. La única manera de construir un turismo alternativo al modelo hegemónico es a
través de formas de organización que no reproducen las relaciones de dominación del sistema neo
liberal, sea sobre la naturaleza, las culturas o los individuos, al proponer otras relaciones sociales,
económicas y con el medio ambiente. Desde sus inicios, los proyectos de turismo de las comunidades
rurales en México han sido concebidos de manera alternativa, incluso cuando no se proponían
explícitamente como tal, porque se basaron en formas de organización que respetan principios de
solidaridad, reciprocidad y conservación que vienen de los modos de vida practicados históricamente
en el mundo rural indígena y mestizo. En este sentido, el modelo de turismo que desarrollan las
comunidades rurales en México, un turismo alternativo como práctica de ESS, pone en el centro de la
vida económica la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas naturales, las tareas de cuidado y los
vínculos comunitarios, lo que permite pensarlo como una potencialidad hacia la defensa de los
recursos comunes.
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Enviado: 29/04/2021
Aceptado: 06/09/2021
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