ECLIPSE
Alfonso Rodríguez del Río
Icarvs
Edición Bilingüe: Alfonso Rodríguez (2022)
Portada: Graffiti -Doca- Baiona
Diseño (Deseño): Amazon KDP
Revisión: (03-2022)
ECLIPSE
Septiembre llegó anticipadamente, sin avisar.
Mientras abría la ventana caían las primeras
lluvias, revoloteaban los pájaros y saboreaba un
café.
Sentado a la sombra de un árbol, ese que me
inspiró tantos relatos, me abrazo con sus ramas.
Oh, silencio cruel que un día golpeaste mi ventana
con la furia de un invierno en soledad, sapos
verdes se hacinaban alrededor del lodazal y la
sosegada claridad deliraba grandeza. Múltiples
bombillas destellan iluminando la ciudad.
V
ECLIPSE
Tu adicción se basaba en pasearte desnuda por
la casa. Eras mi inspiración, mi musa... Los años
pasaron apresuradamente, languideciendo igual
que las flores del jarrón que nunca regué.
Maduraron los poemas como el vino que retienen
las barricas.
VI
ECLIPSE
Con las manos sucias y los bolsillos plagados de
miseria, nuestra esperanza es la cosecha. El
afluente serpentea por la senda, su sonido retumba
en el valle donde alza sus alas glaciares.
Te amaré hasta que todos los remordimientos
salgan de la madriguera.
El amor es una línea recta en la que se deslizan las
caderas.
Los minutos cortaban el aire igual que las cuchillas
de un barbero, y la penumbra se adentraba en la
estancia.
Existe un mar que puede ser tragado por las olas y
una brisa que refresca la madrugada con una luna
de ceniza.
VII
ECLIPSE
Mirabas fijamente el reloj, las horas marcadas
por la marcha del segundero y la ausencia, la
araña que acampaba a sus anchas en la pared.
Pronto se cerrarán las puertas, echaremos la
cadena a nuestros sueños, se descorchará la
pintura adherida al devenir, se dispersarán los
argumentos y las heridas.
¿Cómo puedo acariciarte en la distancia si nuestro
destino es la guadaña que siega la hierba?
VIII
ECLIPSE
En un cofre guardo mis recuerdos, mis
cuadernos, toda la poesía que tanto me hizo sentir,
a la que con tantos anhelos dediqué la razón de mí
existir y mi locura.
Por todos esos poetas muertos que nos cautivaron
con sus versos, seguimos escribiendo.
IX
ECLIPSE
Si mi corazón se quedara desolado y mi sangre
no llenara caudales, muchas bocas enmudecerían
ante el apremio, sin una fuerza que las incite a
salir de la deriva.
X
ECLIPSE
No hubo príncipes ni princesas ni espada
rociera. Entre los naranjos cantan los ruiseñores,
refulgen las estrellas y callan las piedras, se apaga
la esperanza y sangra el poeta, se inundan las
orillas y se oculta la niebla.
Te ofreceré un pedazo de cielo para cuando estés
durmiendo, beberé de tus arroyos y escucharé
jugar a los críos, así repiquen las campanas
perdidas.
XI
ECLIPSE
No caminamos solos, siempre hay sombras que
nos acompañan en este larga travesía. Nunca
sabremos la razón de nuestro viaje. Como
mendigos envueltos en harapos, aletargados en la
calle, los Ángeles buscan comida en la basura y la
humanidad aclama devastada.
XII
ECLIPSE
Los caballos beben del riachuelo, los hombres se
recogen y las mujeres aguardan con impaciencia.
Los perros ladran al horizonte y las auroras se
disipan pausadamente.
El sosiego se refleja en el cristal. Murmuran las
voces de los que no están. A veces se escuchan
cadenas y ruidos de amanecida, laten los
corazones, tiemblan y gritan con voz desgarrada,
rezuma el veneno y la sangre.
XIII
ECLIPSE
Mi viaje en una gota de agua... Desde que me
arrastró el aguacero conocí la contradicción, me
sumí en la aflicción, navegué a contracorriente y
acabé sumergido en las letrinas.
El otoño vendrá cuando se te iluminen los ojos con
un poema: mi tesoro oculto, mi sol, mi luna alta,
muda entre amapolas.
XIV
ECLIPSE
Sigue la senda, amigo mío. Aunque no quede
esperanza posible por el dolor del infundio,
suspirarán las musas bajo el preludio de la noche.
En la víspera loca, madrugada remota, las callejas
lloran, se mueren y nosotros las transitamos con
nostalgia.
XV
ECLIPSE
Dile que venga a buscarme..., ¡pero ella duerme
sin más! Mientras me enredo en la niebla, las
nubes derraman tristeza y yo sigo mi caminar.
Al otro lado de mi soledad tengo las manos vacías,
solamente permanece el recuerdo del gris de tu
cuerpo.
XVI
ECLIPSE
Se está muriendo el alba y en el ocaso se
retuercen de amor los olivos. Mi ser encanece. El
día sigue a la noche y la noche a la mañana. El ayer
decaerá, continuarán los desiertos y la noria dejará
de girar.
Decían que era un engaño, mas sucedió a la vez
que te enojabas. Susurraban las bocas llenas de
codicia y nadie pudo cambiar sus semblantes. Por
el carmín de tus labios brotan palabras de fuego.
XVII
ECLIPSE
Se esclarece la herida de muerte. A la sombra
cantan los grillos, el verde viste el paisaje y observo
las estrellas que se iluminan y desvanecen.
Me arrebataron el porvenir, el ayer... Mi llanto lo
comprenderán los espectros que huyen y aguardan
impasibles cual delirio.
XVIII
ECLIPSE
Echaremos a volar los pensamientos y nada
turbará nuestros sueños, únicamente esa entraña
sedienta que habita en un esqueleto y persiste
observándote, tan sólo un latir funesto, alojado en
otro tiempo, resistiendo a la nada.
La luz se va mitigando bajo un cielo cristalino,
perdida toda esperanza en la ausencia que deja en
los ramales la añoranza del sol.
XIX
ECLIPSE
Cierras los ojos y corren turbias las aguas,
crecen los arboles a su paso, resplandece el
firmamento y se realzan unos cabellos
encrespados.
El aire se serena, la belleza caduca en su esencia.
Fiel a los sentidos adormecidos, envueltos en la
fragancia de la oscuridad, seguimos las emociones
que añoramos.
XX
ECLIPSE
Alegría y tristeza conviven bajo el mismo techo
habitualmente.
Dale color a los cuadros, que muden los paisajes
que se fusionan con la poesía alcanzando la
perfección y el clímax.
El alma puede contener la penitencia si se vierte
por tus pechos lentamente (imagínate la falta de
moderación a la orilla de un mar que advierte tu
presencia).
Arden las arenas de los desiertos, se escuchan sus
lamentos con la fuerza de amantes enfermos de
pasión, eclipsándose de tormento ante la luz
cegadora.
XXI
ECLIPSE
Partirá el jinete al alba, temeroso, con su
armadura de bagaje. Caballero al remanso de los
pinos, ¿cuál es tu destino?
Busca a su doncella para protegerla de las brumas
y arroparla con su sable del rigor.
En el silencio desolador, en el rincón de un
subterráneo, con el runrún de la brisa donde
jugábamos a cobijarnos, los Dioses desembarcarán
de sus naves ancestrales, ignorantes de nuestra
existencia.
XXII
ECLIPSE
Las flores arrancadas no perdurarán. ¿Quien
puede contemplar el fuego de unos ojos sin amar?
Sólo Venus sería capaz de proporcionarte el éxtasis
carnal. Ni un beso ni una mirada se perderán del
palpitante corazón.
El alma y el cuerpo no tienen ataduras, tan sólo
remaches invisibles.
XXIII
ECLIPSE
Un rio no se desborda si sus aguas permanecen
remansadas. No entenderemos este viaje si el
desamparo no suma.
Avenidas de antorchas que deambulabas desnuda,
danzando al viento, bulevares atormentados en el
albor de los Dioses. Nadie nos podrá detener,
maravillados por la luz de Cupido.
XXIV
ECLIPSE
Prostitutas en su templo abandonado… ¡Si las
paredes hablaran! Ellas guardan la substancia, las
marcas inminentes.
Vago por los pasillos y exhalo tu fragancia. A la par
que los rojos quinqués atraen moscas chupa-
sangre al ritual clásico de las perversidades, mi
espíritu se proyecta al más allá, elevándose por
encima del resplandor.
XXV
ECLIPSE
A Jose Ángel Carbajal
Le das color a una vida en blanco y negro.
Mezclas los pigmentos a golpe de pedaleada en tu
bicicleta. Escribes poemas acompañado de tu
maleta de cuero agrietada, tu fiel libreta e
inspiración, traspasando el umbral de los sueños
de ónice.
XXVI
ECLIPSE
Me quiero someter, preso de tus trincheras, y
que decida nuestra suerte la metralla de una
orquesta; tener un principio pero también un final
apoteósico, en el momento que se desafinen todos
los instrumentos al azar.
XXVII
ECLIPSE
La notoriedad y el fracaso están a un paso.
Emprendimos direcciones siniestras, igual que
veleros ingobernables, alterados por la confusión y
la rudeza del viejo sendero, empedrado y ruinoso,
en el que sollozan los ecos invisibles.
XXVIII
ECLIPSE
Una tarde festiva, las mujeres se engalanaban
para la ocasión. Entre tanto los hombres bebían en
el bar, calle abajo se escuchaba el chirrido de una
carreta tirada por bueyes, los niños hacían
trastadas y las viejas se dirigían a los oficios.
Despertando sentidos adormecidos, envueltos en la
fragancia de lo oscuro, se desvelan las ánimas
inmortales.
XXIX
ECLIPSE
Entenderás algún día la poesía, comprenderás
que los versos no están expuestos a la publicidad
sino sometidos a la generosidad y la veracidad.
Ya no hay pecados, sólo historias de amor para los
devotos.
XXX
ECLIPSE
La vida se asemeja a una sucia roca calcárea. No
perdamos el tiempo, se trata de afecto. Todo se
acaba: enfermedades, mares muertos y
desolación... ¿Qué voluptuosidad puede plasmar el
pintor en su lienzo?
Ruinas colapsadas por el porvenir. Bandadas de
aves migratorias prudentes nos apartan de los
monstruos reales, difíciles de domesticar.
XXXI
ECLIPSE
Inspira el hálito matinal. Se deslizan las nubes
mientras las estrellas residen altas, reflejándose en
la distancia.
Lagrimas desordenadas se precipitan por tus
mejillas: la agonía de la serenidad al atardecer.
Las hadas te acompañan por una cavidad sin luz.
Dejas atrás el rencor y se hunden en la arena tus
huellas borradas por las mareas.
XXXII
ECLIPSE
Poetas en una calle vacía
Merodeadores del verso
Seguid avanzando
Luchando contra la adversidad
Una y otra vez
Si hay un porque
Si existe una sola verdad
Abrazad lo que es digno de amarse
XXXIII
ECLIPSE
Despliegan los Ángeles sus alas. A un paso del
infierno el paraíso clama, alma anegada, colchón
de pureza más allá de la conciencia. Golpea Dios la
Tierra con su tridente enajenado y el peso de las
atmósferas.
XXXIV
ECLIPSE
Ahora que estoy lejos remiendo los detalles
-fieles compañeros del camino-, el destino -brillante
como tu dulce mirada- y la sombra de la miserable
suerte, enredada en el tormento de la fe y la
esperanza del milagroso amor.
XXXV
ECLIPSE
Mi vida se seca y la lluvia no deja de caer. No
llores, sólo susúrrame al oído, borraré los
recuerdos, alquilaré mi alma y las estrellas fugaces
atravesarán mi corazón. Volando cuervos negros
alrededor de tus ojos, no importa lo que pase entre
tanto permanezca el sentimiento.
XXXVI
ECLIPSE
El mundo interior es nuestra naturaleza-núcleo,
no tiene fin. Ya lo decía el caminante aventurado,
cuando el sol penetra en el agua su serenidad no se
detiene. ¿Dónde están las horas que se han ido si
no nos esforzamos en avanzar?
¿Cómo es posible amar en la distancia si tu
ausencia me deja melancólico? Sólo Dios sabe por
qué tu voz me rememora la pasión. Fuimos
víctimas del anhelo, por eso estamos aquí,
corazones rotos en busca de taller.
XXXVII
ECLIPSE
A mil años luz, nunca hubiera imaginado los
meteoros colisionando, recordándome que es el
momento de descubrir la máscara de nuestro
rostro. Me doy cuenta de la realidad, que las cosas
han cambiado y son distintas, la aurora boreal ya
lo anunciaba cuando flotábamos en el aire sin
perjuicios.
XXXVIII
ECLIPSE
Abrazamos la orilla, respiramos libertad,
suspiran los soñadores y se encabritan las olas por
encima del invisible pantalán. Alumbran los faros
y los marineros regresan a la mar.
Me estremezco ante el presente, pensando en las
penas pasadas. Somos dolor adentrándonos en la
inmensidad: delirios poderosos, arrebatadores de
deseos.
Arrecia el viento, susurran las tempestades…
Cuando estás cerca sólo puedo aguardar que se
rindan las estrellas, que se eclipse la noche más
larga como una marea incesante en mitad de la
nada, salobre y fría, antes de evadirse entre las
rocas.
XXXIX
ECLIPSE
Alfonso Rodríguez del Río
ECLIPSE
Setembro chegou anticipadamente, sen avisar.
Entrementres abría a fiestra caían as primeiras
chuvieiras, batían as ás os paxaros e degustaba un
café.
Sentado á sombra dunha árbore, esa que me
inspirou tantos relatos, aperto as súas pólas.
Oh, silencio cruel que un día golpeaches a miña
fiestra coa furia dun inverno en soidade, sapos
verdes amoreábanse a rentes do lameiro e a
sosegada claridade deliraba grandeza. Múltiples
bombillas refulxen iluminando a cidade.
XLIII
ECLIPSE
A túa adicción baseábase en pasear espida pola
casa. Eras a miña inspiración, a miña musa... Os
anos pasaron apresuradamente, esmirrando igual
que as flores do vaso que nunca reguei.
Madureceron os poemas como o viño que reteñen
as barricas.
XLIV
ECLIPSE
Coas mans lixadas e os petos cheos de miseria, a
nosa esperanza é a colleita. O afluente escorrega
pola senda e o seu son retumba no val onde alza as
súas ás glaciares.
Amareite até que todos os remorsos saian do tobo.
O amor é unha liña recta na que esborrexan os
cadrís.
Os minutos cortaban o aire mesmo que as coitelas
dun barbeiro e a penumbra invadía a estancia.
Existe un mar que pode ser tragado polas ondas, e
unha airexa que refresca a madrugada cunha lúa
de cinza.
XLV
ECLIPSE
Ollabas fixamente o reloxo, as horas marcadas
pola marcha da agulla dos segundos e a ausencia, a
araña que acampaba aos seus folgos na parede.
Pronto pecharán as portas, botaremos a cadea aos
nosos soños, descortizarase a pintura adherida ao
devir, espallaranse os argumentos e as feridas.
Como te podo aloumiñar na distancia se o noso
destino é a gadaña que sega a herba?
XLVI
ECLIPSE
Nunha arca gardo os meus recordos, os meus
cadernos, toda a poesía que me fixo sentir, á que
con tantos anhelos dediquei a razón do meu existir
e a miña tolemia.
Por todos eses poetas mortos que nos cativaron cos
seus versos, seguimos escribindo.
XLVII
ECLIPSE
Se o meu corazón anicase e o meu sangue non
enchese caudais, moitas bocas enmudecerían ante
o apresuramento, sen unha forza que as incite a
saír da deriva.
XLVIII
ECLIPSE
Non houbo príncipes nin princesas nin espada
de romaxe. Entre as laranxeiras cantan os
reiseñores, refulxen as estrelas e calan as pedras,
esgota a esperanza e sangra o poeta, inúndanse as
beiras e agocha a brétema.
Ofrendareite un anaco de ceo para cando esteas a
adormecer, beberei dos teus regatos e escoitarei
xogar aos cativos, así repeniquen as campás
perdidas.
XLIX
ECLIPSE
Non camiñamos sos, sempre hai sombras que
nos acompañan neste longo percorrer. Nunca
saberemos a razón da nosa viaxe. Como
esmoleiros envoltos en farrapos, aletargados na
rúa, os Anxos procuran comida no lixo e a
humanidade aclama devastada.
L
ECLIPSE
Os cabalos beben do rego, os homes recóllense e
as mulleres agardan con impaciencia. Os cans
ladran ao horizonte e as auroras esvaecen
pausadamente.
O sosego reflicte no cristal. Murmuran as voces dos
que non están. Ás veces escóitanse cadeas e ruídos
de amencida, latexan os corazóns, tremen e berran
con voz esgazada, agroma o veleno e o sangue.
LI
ECLIPSE
A miña viaxe nunha pinga de auga... Desde que
me azorrou o trebón coñecín a contradición,
adentrei na aflición, naveguei ao contraxeito e
acabei mergullado nas latrinas.
O outono virá cando se iluminen os teus ollos cun
poema: o meu tesouro oculto, o meu sol, a miña lúa
alta, muda entre papoulas.
LII
ECLIPSE
Percorre a senda, meu amigo. Aínda que non
reste esperanza posible pola dor do infundo,
suspirarán as musas baixo o preludio da noite. Na
véspera tola, madrugada remota, as quenllas
choran, morren e nós transitamos por elas con
morriña.
LIII
ECLIPSE
Dille que veña a procurarme..., pero ela dorme
sen máis! Mentres enredo na néboa, as nubes
derraman tristura e eu sigo o meu camiñar.
Alén da miña soidade teño as mans baleiras, tan só
resta a lembranza do gris do teu corpo.
LIV
ECLIPSE
Está a morrer a alba e no solpor retórcense de
amor as oliveiras. A miña alma encanece. O día
segue á noite e a noite á mañá. O onte decaerá,
continuarán os desertos e a noria deixará de xirar.
Dicían que era un engano, mais aconteceu á vez
que te anoxabas. Murmuraban as bocas cheas de
cobiza e ninguén puido cambiar os seus acenos.
Polo carmín dos teus beizos agroman palabras de
lume.
LV
ECLIPSE
Esclarécese a ferida de morte. Á sombra cantan
os grilos, o verde viste a paisaxe e observo as
estrelas que se iluminan esmorecentes.
Arrebatáronme o porvir, o onte... O meu pranto
comprenderano os espectros que foxen e agardan
impasibles cal delirio.
LVI
ECLIPSE
Deixaremos voar os pensamentos e nada
turbará os nosos soños, unicamente esta entraña
sedenta que abeira nun esqueleto e persiste
observándote, tan só un latexar funesto, aloxado
noutro tempo, acougando na nada.
A luz vai esluíndo baixo un ceo cristalino, perdida
toda esperanza na ausencia que deixa nos ramais a
lembranza do sol.
LVII
ECLIPSE
Pechas os ollos e corren túrbidas as augas,
medran as arbores ao seu paso, resplandece o
firmamento e reálzanse uns cabelos encrechados.
O ar amaina, a beleza caduca na súa esencia. Fiel
aos sentidos adormentados, envolvidos na
fragrancia da escuridade, seguimos as emocións e
as soidades.
LVIII
ECLIPSE
Ledicia e tristura conviven baixo o mesmo teito
habitualmente.
Dálle cor aos cadros, que muden as paisaxes que se
fusionan coa poesía alcanzando a perfección e o
clímax.
A alma pode conter a penitencia se escorre polos
teus peitos devagar (imaxina a inmoderación no
recanto dun mar que advirte a túa presenza).
Arden as areas dos desertos, escóitanse os seus
queixumes coa forza de amantes doentes de
paixón, eclipsándose de tormento perante a luz
cegadora.
LIX
ECLIPSE
Partirá o xinete ao abrente, temeroso, coa súa
armadura de bagaxe. Cabaleiro ao remanso dos
piñeiros, cal é o teu destino?
Procura á súa doncela para protexela das brumas e
arroupala co seu sable do rigor.
Silandeiramente e desolador, no recuncho dun
subterráneo, co abalar da brisa onde xogabamos a
nos gorecer, os Deuses desembarcarán das súas
naves senlleiras, ignorantes da nosa existencia.
LX
ECLIPSE
As flores arrincadas non perdurarán. Quen pode
contemplar o lume duns ollos sen amar? Só Venus
sería capaz de proporcionar a éxtase carnal. Nin
un bico nin unha ollada perderanse do palpitante
corazón.
A alma e o corpo non teñen ataduras, agás
remaches invisibles.
LXI
ECLIPSE
Un rio non reborda se as súas augas
permanecen acougadas. Non entenderemos esta
viaxe se a aldraxe non suma.
Avenidas de fachos que deambulabas espida,
danzando ao vento, bulevares atormentados no
albor dos Deuses. Ninguén nos poderá deter,
abraiados pola luz de Cupido.
LXII
ECLIPSE
Rameiras no seu templo desleixado… Se as
paredes falasen! Só elas gardan a substancia, as
marcas inminentes.
Vago polos andadeiros e exhalo a túa fragrancia.
Tal que os vermellos quinqués atraen moscas
chucha-sangue ao ritual clásico das perversidades,
o meu espírito proxéctase ao alén, erguéndose por
enriba das luminarias.
LXIII
ECLIPSE
A Jose Ángel Carbajal
Dáslle cor a unha vida en branco e negro,
Mesturas os pigmentos a golpe de pedaleada na túa
bicicleta. Escribes poemas acompañado da túa
maleta de coiro gretada, o teu fiel caderno e
inspiración, traspasando o limiar dos soños de
ónix.
LXIV
ECLIPSE
Quero someterme, preso das túas trincheiras, e
que decida a nosa sorte a metralla dunha
orquestra; ter un principio pero tamén un final
apoteótico, no intre que se desafinen todos os
instrumentos ao chou.
LXV
ECLIPSE
A notoriedade e o fracaso están a un andar.
Principiamos direccións sinistras, mesmo que
veleiros ingobernables, alterados pola confusión e
a rudeza do vello roleiro, empedrado e ruinoso, no
que saloucan os ecos invisibles.
LXVI
ECLIPSE
Un serán de algueirada, as mulleres
engalanábanse para a ocasión. Namentres os
homes bebían no bar, rúa abaixo escoitábase o
rousar dunha carreta tirada por bois, os nenos
facían trasnadas e as vellas dirixíanse aos oficios.
Espertando sentidos adurmiñados, envolvidos na
fragrancia do escuro, desvélanse as ánimas
inmortais.
LXVII
ECLIPSE
Entenderás algún día a poesía, comprenderás
que os versos non están expostos a publicidade
senón sometidos á xenerosidade e a veracidade.
Xa non hai pecados, só historias de amor para os
devotos.
LXVIII
ECLIPSE
A vida asemella unha sucia rocha calcaria. Non
perdamos o tempo, trátase de afecto. Todo remata:
enfermidades, mares mortos e desolación... Que
voluptuosidade pode plasmar o pintor no seu
lenzo?
Ruínas colapsadas polo porvir. Bandos de aves
migratorias prudentes afástannos dos monstros
reais, difíciles de domear.
LXIX
ECLIPSE
Inspira o hálito matinal. Escorregan as nubes
entre mentres as estrelas residen altas,
reflectíndose na distancia.
Bágoas desordenadas precipítanse polas túas
fazulas: a agonía da serenidade á tardiña.
As fadas acompáñante por un cavorco sen luz.
Deixas atrás a carraxe e afunden na area as túas
pegadas borradas polas mareas.
LXX
ECLIPSE
Poetas nunha rúa baleira
Albiscando o verso
Seguide avanzando
Loitando contra a adversidade
Decontado
Se hai un porque
Se existe unha soa verdade
Apertade o que é digno de amarse
LXXI
ECLIPSE
Despregan os Anxos as súas ás. A un paso do
inferno o paraíso clama, alma anegada, colchón de
pureza alén da conciencia. Bate Deus a Terra co
seu tridente anoxado e o peso das atmosferas.
LXXII
ECLIPSE
Agora que estou lonxe remendo os detalles -fieis
compañeiros do camiño-, o destino -brillante como
o teu doce ollar- e a sombra da miserable sorte,
enleada no tormento da fe e a esperanza do
milagroso amor.
LXXIII
ECLIPSE
A miña vida é unha seca e a choiva non cesa de
caer. Non chores, só rumoréame ao oído, riscarei
os recordos, alugarei a miña alma e as estrelas
fugaces atravesarán o meu corazón. Voando corvos
negros ao redor dos teus ollos, non importa o que
aconteza entre tanto permaneza o sentir.
LXXIV
ECLIPSE
O mundo interior é a nosa natureza-núcleo, non
ten fin. Xa o dicía o camiñante aventurado, cando o
sol penetra na auga a súa serenidade non se detén.
Onde están as horas que partiron sen o esforzo de
espreguizar?
Como é posible amar na distancia se coa túa
ausencia torno apesarado? Só Deus sabe por que a
túa voz rememora en min a paixón. Fomos vítimas
do anhelo, por iso estamos aquí, corazóns rotos na
procura de taller.
LXXV
ECLIPSE
A mil anos luz, nunca imaxinei os meteoros
colidindo, recordándome que é o momento de
retirar o anteface do noso rostro. Decátome da
realidade, que as cousas cambiaron e son distintas,
a aurora boreal xa o presaxiaba cando
flutuabamos no aire sen prexuízos.
LXXVI
ECLIPSE
Apertamos a beira, respiramos liberdade,
suspiran os soñadores e encréspanse as ondas por
enriba do invisible pantalán. Brillan os faros e os
mariñeiros regresan ao mar.
Estremezo ante o presente, matinando na dor
pasada. Somos dor adentrando na inmensidade:
delirios poderosos, arrebatadores de desexos.
Venta con forza, rumorean as tempestades... Cando
estás preto de min só podo agardar que claudiquen
as estrelas, que se eclipse a noite máis longa como
unha marea incesante en metade da nada, salobre
e fría, denantes de se evadir entre os cons.
LXXVII