¿Qué dice la Biblia sobre el divorcio y el recasamiento?
En las sociedades occidentales, cada vez es más frecuente la práctica del divorcio,
hasta el punto que para muchos es la consecuencia “natural” del matrimonio. Esto
es así incluso para los que profesan la fe cristiana. Por eso, los cristianos que
tomamos en serio la opinión de Dios, debemos preguntarnos: ¿Qué dice la palabra
de Dios sobre este asunto? ¿Hay alguna causa para el divorcio? ¿Qué significa “por
causa de fornicación”?
Después que Dios estableciera el primer matrimonio entre el hombre y la mujer,
declaró: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer,
y serán una sola carne.” (Génesis 2:24) Nótese que en este momento, la primera
pareja humana tenía la vida eterna por delante, y con esta perspectiva, se estableció
que serían una sola carne, una situación donde el divorcio era totalmente ajeno.
Mucho tiempo después, ante una pregunta de los fariseos, Jesús hizo referencia a
las palabras de Génesis, al decir:
“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por
esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola
carne?” (Mateo 19:4-5) y a continuación añadió lo siguiente: “Así que no son ya más
dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” (Mateo
19:6) Aquí Jesús declara que el matrimonio es una unión establecida por Dios, y por
lo tanto, una unión sagrada, que nadie tiene el derecho de deshacer.
La importancia de permanecer en la unión matrimonial también se aprecia en esta
declaración bíblica: “Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la
mujer de tu juventud. Porque YO DETESTO EL DIVORCIO, dice el Señor, Dios de Israel,
y al que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Presten
atención, pues, a su espíritu y no sean desleales.” (Malaquías 2:15-16) Así, para Dios
el divorcio es un acto grave de deslealtad; por lo tanto, algo que evitar si queremos
agradar a Dios.
A pesar de lo anterior, Jesucristo declaró un ÚNICO motivo para obtener el divorcio:
“Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo POR CAUSA DE
FORNICACIÓN, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada,
adultera” (Mateo 19:9) Solamente la fornicación del otro cónyuge permite a un
cristiano tomar la decisión voluntaria de divorciarse y sentirse libre para casarse de
nuevo. (Para una discusión detallada ver artículo: “por causa de fornicación”)
“si se separa, quédese sin casar”
La imposibilidad del divorcio por otras causas que no sea fornicación, queda
reforzada en este mandato del Señor transmitido por Pablo: “Pero a los que están
unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del
marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el
marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10-11) El Señor dice que la mujer o
el marido no se separe de su cónyuge; pero si, quizá por causas mayores decidiera
separarse, el mandato de Jesús es claro: “quédese sin casar”, porque de casarse
con otra persona estaría viviendo en adulterio. Notemos que no concede otra
opción, porque si a alguien separado se le hace difícil permanecer sin una relación
marital, no le queda otra opción que reconciliarse con el cónyuge.
“si el incrédulo se separa, sepárese”
Algunos señalan a 1 Corintios 7:15 para establecer que los cristianos pueden
divorciarse y casarse de nuevo siempre que su actual cónyuge sea incrédulo y este
tome la iniciativa de separarse. Pero al leer todo el pasaje se percibe con claridad
que, lejos de querer proporcionar una excusa al divorcio, su propósito es que los
cristianos se mantengan unidos en sus matrimonios. (Para una discusión detallada
ver el artículo: “¿Permite 1 Corintios 7:15 casarse de nuevo?”)
“si te casas no pecas”
A veces se argumenta que cuando en 1 Corintios 7:27-28 Pablo dice: “¿Estás libre de
mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas”, se trata de una
autorización para casarse de nuevo a los que están divorciados. Pero el contexto de
ese mismo capítulo ofrece varias razones para concluir que Pablo se estaba
refiriendo a personas solteras, no a divorciados. (Para una discusión detallada ver el
artículo: “¿Qué dice 1 Corintios 7:27-28 sobre el divorcio?”)
El divorcio entre los cristianos primitivos
Entre los cristianos de hoy día existe una gran variedad de puntos de vista sobre
cuál debe ser la postura cristiana respecto al divorcio y las segundas nupcias. Pero
afortunadamente disponemos de unos testimonios que merecen poderosamente
nuestro interés. Son los escritos de los cristianos primitivos, donde se registraron las
creencias practicadas por los cristianos después de la muerte de los apóstoles, y
donde se manifiesta el “curso de acción” de las primeras generaciones de cristianos
en cuanto a sus ordenanzas y su aplicación de mandamientos bíblicos. Son por
tanto, los comentarios cristianos más próximos en el tiempo a las enseñanzas
originales de Jesucristo, y por eso, los más fiables para conocer el entendimiento
correcto sobre el divorcio y las segundas nupcias.
Al leer estos escritos notamos que todos son unánimes en interpretar que Cristo
prohíbe y condena un segundo matrimonio. A quienes se casan por segunda vez se
les califica de adúlteros, e incluso herejes. A la mujer se le dice que no se separe de
su esposo, y si lo hace, debe permanecer sin casarse. Y quienes se casan con una
mujer divorciada comete adulterio. (Para ver los testimonios ver artículo: “Los
cristianos primitivos y el divorcio”)
¿Qué dice 1 Corintios 7:27-28 sobre el divorcio?
¿Sugiere 1 Corintios 7:27-28 que cualquier divorciado tiene derecho a casarse de
nuevo?
“¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No
procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa,
no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera
evitar.” (1 Corintios 7:27-28)
¿Cuál es el entendimiento correcto de estos versículos? No debe haber ninguna
dificultad en entender que la primera pregunta “¿Estás ligado a mujer?” se refiere a
si está casado con una mujer; la segunda pregunta “¿Estás libre de mujer?” la hace a
quien no está ni ha estado casado; y es a éste que Pablo aconseja que no se case;
aunque reconoce a continuación que si se casa, no peca.
Pero hay quien entiende que la segunda pregunta ("¿Estás libre de mujer?") también
se puede referir a quien está divorciado; y que la declaración que hace a
continuación: “si te casas, no pecas”, le está dando permiso a casarse de nuevo.
Vamos a ver cómo esta interpretación es altamente improbable.
En primer lugar, hemos de notar que, esta interpretación contradice de plano la
única declaración explícita que hace Pablo en este capítulo sobre si un cristiano
divorciado tiene permiso para casarse de nuevo, y que encontramos en los
versículos 10 y 11, que dicen: “Para los casados, tengo una orden del Señor, no mía,
que manda que la mujer no se separe del marido. Y si tuviera que separarse, que
permanezca sin casarse o se reconcilie con su marido. Y que tampoco el marido se
divorcie de su mujer”. Aquí Pablo deja claro que el cristiano, en caso de tener que
separarse ha de permanecer sin casarse. Por lo tanto, no es concebible que Pablo
contradiga sus mismas palabras.
En segundo lugar, debemos fijarnos en el contexto inmediato. El versículo 25, con la
expresión: “En cuanto a las vírgenes” hace ver que Pablo ahora se dirige a los que
aún no se han casado. Por lo tanto, hace improbable que los versículos 27 y 28
estén dirigidos a los divorciados.
En tercer lugar, hay una cierta analogía entre los versículos 27 y 28 y el versículo 36,
que dice: “Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de
edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case.” El
versículo 28 dice: “Mas también si te casas, no pecas”. Como el versículo 36
claramente se refiere a personas vírgenes, es lógico pensar que el versículo 28 se
refiere también a personas que no han estado casadas.
En cuarto lugar, notemos el contexto inmediato posterior en el mismo versículo 28,
que dice: “si la doncella se casa, no peca.” Pablo está dando el mismo consejo, tanto
a varón como a la mujer. El hecho de que, cuando se dirige a la mujer, la llame
doncella, o virgen, apoya la idea que el varón a quien ha mencionado antes
también es soltero o virgen, nunca un divorciado.
En quinto lugar, fijémonos en la razón por la cual Pablo aconseja no casarse: porque
“los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” No tendría sentido
que ese consejo fuera dirigido a los divorciados, por la sencilla razón que los
divorciados ya conocerían bien que el matrimonio conlleva “aflicción de la carne”
Ese consejo sólo tiene sentido a quienes no han experimentado el matrimonio y sus
posibles consecuencias.
Y en último lugar, y no menos importante, en los versículos considerados, Pablo
hace este reconocimiento previo: “no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi
parecer.” Así, se ha de recordar que las opiniones de Pablo siempre están
subordinadas a las claras instrucciones que dio el propio Jesús en Mateo 5:32 y
19:9; pero aún tratándose de la opinión personal, se hace evidente que concuerda
al completo con los mandamientos del Señor.
Los cristianos primitivos y el divorcio
En el cristianismo moderno hay una variedad de entendimientos sobre cuál debe
ser la postura cristiana respecto al divorcio. En apoyo de una u otra posición, se han
publicado numerosos libros y comentarios con más o menos grado de interés y
acierto. Pero disponemos de unos comentarios que merecen poderosamente
nuestro interés. Nos referimos a los comentarios de los cristianos primitivos. El
interés de estos escritos no se puede exagerar si lo comparamos con los
comentaristas actuales.
Sus escritos registraron las creencias practicadas universalmente por los cristianos
después de la muerte de los apóstoles. Esto es de mucha transcendencia porque
nos revela el “curso de acción” de las primeras generaciones de cristianos en cuanto
a sus ordenanzas y su aplicación de mandamientos bíblicos. Es decir, se trata de los
comentarios cristianos más próximos en el tiempo a las enseñanzas originales de
Jesucristo y, por esa razón, los más fiables.
También es muy importante fijarnos en la motivación que tenían al escribir.
¿Intentaban establecer enseñanzas que justificaran sus actos o preferencias
doctrinales, como sucede con algunos comentaristas actuales? ¿O más bien los
movía un interés genuino y sincero de transmitir la verdad de Cristo? Los escritores
primitivos demostraron su honestidad e integridad de su fe, y esto lo vemos al
acercarnos a sus vidas y constatar su disposición a renunciar a todo por Cristo; a
sufrir encarcelamientos, torturas e incluso la muerte.
Veamos el testimonio de los cristianos primitivos sobre el divorcio y las segundas
nupcias:
“Sobre la castidad, [Cristo] dijo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha
cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y
tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu
cuerpo sea arrojado al infierno (Mt 5:28-29). Y el que se casa con una divorciada de
otro marido, comete adulterio (Mt 5:32) (...). Así, para nuestro Maestro, no sólo son
pecadores los que contraen doble matrimonio conforme a la ley humana, sino
también los que miran a una mujer para desearla. No sólo rechaza al que comete
adulterio de hecho, sino también al que lo querría, pues ante Dios son patentes
tanto las obras como los deseos. Entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos
discípulos de Cristo desde la niñez, permanecen incorruptos hasta los sesenta y los
setenta años, y yo me glorío que los puedo mostrar de entre toda raza humana.”
(Justino Mártir, 160 d.C.)
“Todos los que han estado casados en dos ocasiones por la ley humana, son
pecadores a la vista de nuestro Maestro.” (Justino Mártir, 160 d.C.)
“…o hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez. El
segundo matrimonio es un adulterio decente. Dice la Escritura: “el que deja a su
mujer y se casa con otra, comete adulterio” (Mt 19:9; Mc 10:11), no permitiendo
abandonar a aquella cuya virginidad uno deshizo, ni casarse de nuevo…”
(Atenágoras, 177 d.C.)
“Que la escritura aconseja el matrimonio y no permite deshacerse de tal unión
expresamente está contenido en la ley, “No repudiarás a tu esposa, excepto por
causa de fornicación.” Esto se refiere a la fornicación del matrimonio del cónyuge
separado mientras que el otro está vivo… El que toma una mujer repudiada,
comete adulterio.” (Clemente de Alejandría, 195 d.C.)
“Siendo un hereje, por su misma naturaleza… mantiene matrimonios repetidos.”
(Tertuliano, 197 d.C.)
“El Señor sostiene más agradable que el matrimonio no debería contraerse, que el
que nada debe disolverse. En resumen, Él prohíbe el divorcio, excepto por causa de
fornicación.” (Tertuliano, 205 d.C.)
“Cristo prohíbe el divorcio, diciendo: "El que repudia a su mujer y se casa, comete
adulterio. Y cualquiera que se casa con una mujer repudiada por su marido también
comete adulterio." Con el fin de prohibir el divorcio, Él declara ilegal casarse con
una mujer que ha sido repudiada.” (Tertuliano, 205 d.C.)
Sostengo, pues, que había una condición en la prohibición que ahora hacía del
divorcio: el caso en cuestión era que un hombre repartía a su esposa con el
propósito expreso de casarse con otra... Es decir, la razón por la cual una mujer no
debe ser despedida - para obtener otra esposa... Permanente es el matrimonio que
no está bien disuelto. Por lo tanto, casarse mientras el matrimonio no se ha disuelto
es cometer adulterio. Dado que, por lo tanto, su prohibición del divorcio era
condicional, Él no lo prohibió absolutamente. Y lo que Él no prohibió en absoluto, e
permitido en algunas ocasiones - cuando hay una ausencia de la causa por la que Él
dio su prohibición. (Tertuliano, 207 d.C.)
“Lo que Dios juntó, no lo separe ningún hombre… ni magistrado ni ningún otro
poder. Porque Dios, quien los juntó, es mayor en poder que todo lo demás que uno
pudiera nombrar o aun imaginar.” (Orígenes, 225 d.C.)
“Ahora, contrario a lo que fue escrito, algunas de las reglas de la iglesia han
permitido a una mujer casarse mientras su esposo estaba vivo, obrando contrario a
lo que estaba escrito: Una mujer casada está sujeta todo el tiempo que su esposo
viva.” (Orígenes, 245 d.C.)
“Una esposa no debe separarse de su esposo. O si se separa, debe permanecer sin
casarse.” (Cipriano, 250 d.C.)
“El que se casa con una mujer divorciada es un adúltero.” (Lactancio, 304-313 d.C.)
“salvo por causa de fornicación”
En el evangelio de Mateo se lee como Jesús introduce una única cláusula de
excepción para permitir un divorcio que posteriormente no incurra en adulterio.
Estos son los versículos:
“yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de
fornicación, hace que ella adultere” (Mateo 5:32)
“Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de
fornicación, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:9)
La pregunta es: ¿Qué quiso decir Jesús “por causa de fornicación”? La lectura lógica
y sencilla es que Jesús se refiere al acto sexual que, después de casarse, uno de los
cónyuges comete fuera del matrimonio; lo cual permite al cónyuge inocente ejercer
el derecho a divorciarse y volverse a casar con otra persona.
Sin embargo, hay quienes entienden que esta clausula de excepción se refiere a la
fornicación sexual cometida por uno de los cónyuges cuando aún estaba soltero,
algo que después es descubierto. Según esta interpretación, solo bajo esta
circunstancia, el cónyuge inocente puede decidirse por el divorcio. ¿Pero hay
evidencia bíblica que respalde este punto?
Primero hemos de notar el contexto inmediato. En Mateo 19:3-12 los fariseos le
estaban preguntando a Jesús por repudiar a la mujer en relación con el matrimonio.
Los fariseos se referían sobre todo a las circunstancias que pudieran sobrevenir en
el transcurso del matrimonio. Y Jesús les habló entendiendo lo que preguntaban. Si
Jesús se hubiera referido a la fornicación prematrimonial, lo hubiera aclarado; pero
al no hacerlo hemos de entender que les hablaba en el marco matrimonial, no
prematrimonial.
Por otro lado, si Jesús al decir “salvo por causa de fornicación” se hubiera referido a
fornicación prematrimonial, esto llevaría a concluir que Dios estaría justificando el
divorcio solo si la fornicación se produjera antes del matrimonio, pero no si la
fornicación se produce una vez casados. Dicho de otra forma: Dios penalizaría más
la fornicación prematrimonial (cometida cuando la persona es soltera), que la
fornicación postmatrimonial (más conocida como adulterio). Esto no solo parece un
contrasentido, sino que en realidad contradice la postura de Dios, evidenciada en
algunas leyes que mandó observar a los israelitas.
Primero veamos cómo trataba la ley de Dios a los hombres y mujeres que eran
sorprendidos en adulterio:
“Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y
la adúltera indefectiblemente serán muertos.” (Levítico 20:10)
“Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la
hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a
la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio
voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo;
así quitarás el mal de en medio de ti.” (Deuteronomio 22:23-24)
El castigo tanto para el hombre como la mujer que cometía adulterio era la muerte.
Pero ¿Qué sucedía cuando un hombre se acostaba con una mujer soltera?
“Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere
con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. Si su padre no quisiere
dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes” (Éxodo
22:16-17)
“Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada,
y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el
hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas
de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir
en todos sus días.” (Deuteronomio 22:28-29)
En este caso no debían morir. Las consecuencias penales se limitaban a exigir al
hombre que tomara a la mujer como esposa, sin poder optar nunca a divorciarse.
Tanto la fornicación entre solteros como el adulterio eran considerados pecados,
pero sus consecuencias penales eran muy diferentes, lo que evidencia la distinta
gravedad que a los ojos de Dios tenía uno u otro pecado. Esto nos ayuda a
entender que la clausula de excepción “salvo por causa de fornicación” no podía
referirse a la fornicación prematrimonial, sino a la fornicación cometida después de
casarse.
Ahora bien ¿Por qué utiliza Jesús la palabra fornicación dentro del matrimonio, si en
tal caso se trata de adulterio? Usualmente “adulterio” (moicheia) es definido como
el acto sexual de una persona casada con otra que no es su cónyuge; en cambio,
“fornicación” (porneia) es un concepto más amplio que puede abarcar el adulterio
(Oseas 2:2,4); pero además, comprende todo acto sexual ilícito como la prostitución,
inmundicia, homosexualidad (Judas 7), lesbianismo, el uso crasamente inmoral de
los órganos genitales bien con otra persona o con un animal. (VER NOTA) Dicho de
otro modo, todo acto de adulterio es fornicación; pero no todo acto de fornicación
se puede catalogar como adulterio. Cualquier acto sexual ilícito de una persona
soltera constituye solo fornicación; pero si la persona que lo comete está casada,
incurre además en adulterio. Por eso, si una persona casada comete
voluntariamente fornicación, eso permitiría al cónyuge inocente optar por el
divorcio
Así, vemos que lo único que puede deshacer un matrimonio a los ojos de Dios es la
fornicación voluntaria de uno de los cónyuges, lo que constituye adulterio. Lo
apropiado de esta excepción se puede ver al meditar en esta declaración: “Por tanto
el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola
carne.” (Génesis 2:24) El matrimonio es la unión de dos personas en una sola carne,
una expresión que tiene su culminación literal en el acto sexual, y solo mediante esa
unión carnal se origina una nueva vida; lo que literalmente también constituye “una
sola carne”. El adulterio rompe esa unión porque el cónyuge adúltero decide
unilateralmente unirse con otra persona en “una sola carne”; lo que
apropiadamente deja la decisión al cónyuge inocente de perdonar o divorciarse.
NOTA
La palabra "fornicación" de Mateo 19.9 se traduce del término griego πορνεία
("porneía"), que en el Nuevo Testamento tiene varios usos, pero básicamente se
aplica a toda clase de relaciones sexuales ilícitas, inmoralidad sexual; falta de
castidad, etc. aunque también se usa en sentido espiritual como en Ap. 9.21; 14.8;
17.2, 4; 18.3 y 19.2 Pero es más frecuente cuando se relaciona con la inmoralidad
sexual. He aquí algunos ejemplos:
“Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito
determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo
sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 21:25)
“estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad;
llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades” (Romanos 1:29)
“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se
nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.” (1 Corintios
5:1)
“Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a
las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y
el Señor para el cuerpo” (1 Corintios 6:13)
“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del
cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18)
“pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga
su propio marido” (1 Corintios 7:2)
“que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por
muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y
fornicación y lascivia que han cometido.” (2 Corintios 12:21)
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia,
lascivia” (Gálatas 5:19)
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros,
como conviene a santos” (Efesios 5:3)
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones
desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5)
En todas estas citas, cuando se lee "fornicación" se está traduciendo del término
"porneía" (πορνεία), el mismo que Jesús utilizó en su expresión “por causa de
fornicación”. Por lo tanto, es evidente que se refería a toda clase de relación sexual
(carnal) ilícita. Pero además de estas referencias, hay una que tiene especial
relevancia:
“¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la
letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.
Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las
fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que
contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al
hombre.” (Mateo 15:17-20)
De las 26 veces que se utiliza "porneía" en el Nuevo Testamento esta es la única que
encontramos en Mateo, además de las ya mencionadas en Mateo 5.32 y 19.9 (Ver
también Marcos 7:21) ¿Y cuál es el sentido que da Jesús cuando habla de
"fornicaciones"? En ningún modo podemos concluir que tiene otro significado que
no sea relaciones sexuales ilícitas, entendidas como actos físicos y carnales en la
línea de "los homicidios, los adulterios y los hurtos". Así, aunque "porneía" puede
tener más de un significado, tanto el contexto inmediato como el contexto del
evangelio, nos ayuda a entender que en las ocasiones que Jesús habla de "porneía"
según Mateo, se refiere a actos sexuales ilícitos.
¿Permite 1 Corintios 7:15 casarse de nuevo?
Algunos apuntan a 1 Corintios 7:15 para decir que los cristianos pueden divorciarse
y casarse de nuevo en el caso de que su actual cónyuge sea incrédulo y este tome
la iniciativa de separarse. Pero ¿Es correcta esa interpretación? ¿Qué mensaje
transmite el versículo y su contexto?
"10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el
Señor: Que la mujer no se separe del marido;
11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el
marido no abandone a su mujer.
12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que
no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.
13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir
con ella, no lo abandone.
14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer
incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían
inmundos, mientras que ahora son santos.
15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la
hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó
Dios.
16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O
qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?" (1 Corintios 7:10-
16)
Aunque no se dice, es posible que los versículos 10 y 11 estén dirigidos a los
matrimonios donde ambos son cristianos; pero aún siendo así, en modo alguno
significa que los principios generales que contienen las palabras de Jesús en estos
versículos no apliquen también a los matrimonios mixtos. Analicemos y
comparemos el mandato del Señor (10-11) con lo que dice Pablo (12-16)
El Señor manda a los casados que no se separen de sus cónyuges, pero si aún así se
separan se han de quedar sin casar (10-11). Pablo dice (no el Señor) a los cristianos
que tienen cónyuges incrédulos que no lo abandonen (12-13), pero si el cónyuge
incrédulo decide separarse, entonces quedan libres de sus responsabilidades
matrimoniales y entran en una estado de mayor paz (15). Podemos pensar que
Pablo habla bajo inspiración en lo que dice en todo este capítulo, pero si él mismo
diferencia entre el mandato del Señor de lo que a continuación él opina, debemos
entender que reconoce más autoridad a las palabras que el Señor le ha revelado,
que a su propia opinión.
1.- En los versículos 10 al 16, el objetivo que persigue tanto el mandamiento Señor
como la opinión de Pablo es la no separación de los cónyuges, describiendo los
beneficios que ello comporta (14 y 16). Utilizar este pasaje para buscar un motivo
para divorciarse y casarse de nuevo es justamente hacer lo contrario para lo cual se
escribió.
2.- Justo entre los versículos 14 y 16 que describen los beneficios para no separarse
del cónyuge incrédulo, está el versículo 15, que dice: “si el incrédulo se separa,
sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante
caso, sino que a paz nos llamó Dios” ¿Enseña este versículo que el cónyuge creyente
está libre para casarse de nuevo? NO. Sólo dice que si el cónyuge incrédulo se
separa el cónyuge creyente, este debe aceptar la separación. Que el cónyuge
creyente acepte la separación de ningún modo significa que tiene libertad para
casarse de nuevo, como muy bien se ejemplariza en las palabras del Señor del vers.
11 donde con la expresión “si se separa, quédese sin casar”, queda manifiesto que
bajo el punto de vista de Dios la separación matrimonial no conlleva la libertad para
casarse de nuevo.
3.- En los versículos 12 al 16 Pablo argumenta a favor de salvaguardar el
matrimonio, no a romperlo. Sólo cuando el cónyuge incrédulo decide separarse,
entonces el cónyuge creyente debe aceptar la separación y dejar de luchar por
conservar el matrimonio ¿Con qué propósito? ¿Para casarse de nuevo? NO, sino
para dejar de estar sujeto a la servidumbre que conlleva el matrimonio, alcanzando
un estado de mayor paz. La misma razón que Pablo apunta va en contra de la idea
de permitir un nuevo matrimonio ¿Cómo el cónyuge creyente va a experimentar
esa paz si después decide sujetarse a la servidumbre de un nuevo matrimonio? Es
evidente que Pablo no pensó en conceder al creyente la libertad para casarse de
nuevo; primero, porque no lo dice, y segundo porque esa idea iría precisamente en
contra de lo que sí dice; que es, estar libre de las responsabilidades del matrimonio.
4.- Si Pablo hubiera tenido la intención de declarar una nueva excepción para
divorciarse y casarse de nuevo lo hubiera dicho con total claridad. Sería inverosímil
que un aspecto tan importante lo dejara a la interpretación personal de cada uno;
sobre todo, cuando se tiene en cuenta que en el versículo 39 dice: “La mujer casada
está ligada por la ley mientras su marido vive; pero SI SU MARIDO MURIERE, LIBRE ES
PARA CASARSE”. Aquí está la única condición que Pablo menciona para casarse de
nuevo. Se trata necesariamente de una declaración explícita que no deja lugar a
dudas, algo de lo que carece por completo la interpretación que se hace del
versículo 15 en el sentido de apoyar las segundas nupcias.
5.- Con el fin de explicar por qué en los evangelios Jesús no mencionó la separación
del cónyuge incrédulo como causa de divorcio, se intenta razonar que Jesús solo se
dirigió a los judíos, y no había necesidad de emitir nuevos mandamientos a pueblos
con costumbres distintas a la que tenían los judíos. Pero ese razonamiento se
desmota por completo al observar que Jesús SÍ QUE INTERVIENE activamente en
instruir a TODA LA IGLESIA, como se demuestra en los versículos 10 y 11, donde a
través de Pablo da mandamiento a todos los cristianos, tanto judíos como gentiles,
que en caso de separarse se queden sin casar. Por lo tanto, si Jesús señaló la
fornicación como única causa de divorcio (Mateo 5:32; 19:9) se debe precisamente a
que esa es la ÚNICA causa de divorcio cristiano que él ha establecido para sus
seguidores.