0% encontró este documento útil (0 votos)
67 vistas24 páginas

SÍNODO

Este documento presenta una síntesis de las discusiones del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad en Ecuador. Resalta que aunque hubo una participación entusiasta del pueblo de Dios, la escucha se centró principalmente dentro de las comunidades cristianas. Identifica algunos desafíos como la exclusión de ciertos grupos, el clericalismo, y la falta de escucha entre niveles de la Iglesia. Propone fortalecer la experiencia de caminar juntos de manera más inclusiva y corresponsable.

Cargado por

Juan Hidrovo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
67 vistas24 páginas

SÍNODO

Este documento presenta una síntesis de las discusiones del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad en Ecuador. Resalta que aunque hubo una participación entusiasta del pueblo de Dios, la escucha se centró principalmente dentro de las comunidades cristianas. Identifica algunos desafíos como la exclusión de ciertos grupos, el clericalismo, y la falta de escucha entre niveles de la Iglesia. Propone fortalecer la experiencia de caminar juntos de manera más inclusiva y corresponsable.

Cargado por

Juan Hidrovo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SÍNTESIS NACIONAL

SÍNODO DE LOS OBISPOS


SOBRE LA SINODALIDAD

AGOSTO 2022

ECUADOR
INTRODUCCIÓN:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de caminar juntos

Hemos vivido un tiempo de bienaventuranza a pesar de las dificultades y coyunturas


sociales y políticas de estos últimos meses. Dios ha visitado a su pueblo. Así como Jesús de
Nazaret en el sermón de la montaña retrató el rostro de la humanidad transfigurada por
el amor de Dios en el discurso evangélico de las bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1-12),
también hoy, Él nos sigue viendo, llamando y tratando como bienaventurados. En esta
nueva normalidad, hemos contemplado la fe del Pueblo de Dios que tiene hambre y sed
de encontrarse, de celebrar su fe, de reunirse alrededor de la Palabra de Dios y de la
Eucaristía, de caminar juntos, de seguir soñando y construyendo el Reino de Dios, aquí y
ahora, de asumir esa tarea como parte esencial de su propio bautismo y no como una
mera delegación.

La XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos tiene por tema “Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación y misión”. Su santidad el Papa Francisco inauguró en la
Iglesia universal la fase de escucha el 17 de octubre de 2021 y posteriormente cada
Iglesia particular tuvo su respectiva ceremonia de apertura junto con su equipo
sinodal que se encargó de la animación de esta consultación al Pueblo de Dios. Esta
primera fase sinodal terminó con la entrega de la síntesis diocesana el 7 de julio del
presente a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

Para este tiempo de escucha, la Secretaría General del Sínodo de los Obispos nos
proporcionó dos recursos pastorales que son el Documento de participación y el
Vademécum. Recordemos que este Sínodo plantea la siguiente pregunta fundamental:
“Una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, “caminan juntos”. ¿Cómo se realiza hoy
este “caminar juntos” en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el
Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”?” (PD, 26). A partir de esta pregunta se
han ido tejiendo encuentros de escucha, diálogo, discernimiento y síntesis a la luz de los
núcleos temáticos: “Compañeros de viaje, Escucha, Hablar claro, Celebración,
Compartir la responsabilidad en la misión común, Diálogo en la Iglesia y sociedad,
Ecumenismo, Autoridad y participación, Discernir y decidir, Formarnos en sinodalidad”
(Vademécum, n. 5.3).

Es importante subrayar que se privilegió como lugar de escucha a las comunidades


parroquiales donde estaban invitados a participar de las asambleas sinodales todos los
grupos, movimientos, vida consagrada, fieles y pastores. También se organizaron y
promovieron otros lugares y visitas de escucha a personas, instituciones y grupos de las
periferias geográficas y existenciales.

A continuación, les compartimos la síntesis de las 28 jurisdicciones eclesiásticas y del


obispado castrense articulada en los diez núcleos temáticos propuestos para las
asambleas sinodales con sus fortalezas y debilidades, con sus oportunidades y límites, con
sus sorpresas y desolaciones, con sus propuestas y sus riesgos.

1
1. LOS COMPAÑEROS
DE VIAJE

Al interrogarnos ¿quiénes son los que caminan juntos?. Constatamos que no hay una
respuesta homogénea y fácil. En primer lugar, se expone que el primer compañero de
viaje es Jesús y que, por su carácter peregrinante, todos los bautizados, al ser miembros
del pueblo de Dios, se convierten en compañeros de camino.
También es recurrente la idea que los compañeros de viaje son aquellos que han
asumido una responsabilidad pastoral directa en la comunidad parroquial o en el
movimiento eclesial. En este sentido serían el obispo, los sacerdotes, las religiosas, los
catequistas y los laicos comprometidos en las diferentes pastorales y movimientos
apostólicos.
Pero, el porcentaje de fieles que tiene una participación más activa en la vida de la
comunidad cristiana es muy reducido. Además, si el caminar juntos supone estar en
comunión, guiados por el Espíritu Santo que nos hace hermanos, y trabajar por una causa
común, constatamos una débil comunión entre los diferentes estados de vida: clero, vida
consagrada y laicado. Cada cual vive su vocación mirándose a sí mismo sin abrirse y
valorar las otras vocaciones.
De igual manera, en muchos lugares hay una incapacidad para abrirse a los demás, a los
“nuevos” compañeros de viaje. Hay algunos grupos apostólicos que son cerrados y
muchas veces en competencia de quién tiene más seguidores o de quién reúne más
dinero, etc. En muchos casos nos invade el espíritu de secta, ya que las diferentes
sensibilidades litúrgicas o morales son presentadas como diferencias doctrinales
insuperables. Sin contar con un marcado individualismo en el clero a la hora de ejercer su
acción pastoral, donde es clara la autoreferencialidad y la búsqueda de protagonismos
mesiánicos.
Este proceso de escucha nos ha permitido detectar que la inmensa mayoría de
bautizados quedan al margen, y ya no caminan con la Iglesia, principalmente por un
doble motivo: En primer lugar, hay que señalar a quienes se han autoexcluido, tales como
los que han abrazado otra confesión religiosa, los que cuestionan o no creen en el
modelo de Iglesia, quienes no han recibido una sólida formación cristiana, o quienes por
sus preferencias sexuales o situaciones familiares o laborales se han sentido fuera de la
Iglesia.
En segundo lugar, hay personas y grupos que ya no caminan con nosotros y no se
identifican con la Iglesia, porque nosotros los hemos excluido o no hemos hecho lo
suficiente para que sean compañeros de camino. Duele constatar que no hemos sido
capaces de comunicar el mensaje de salvación de manera significativa, por los
antitestimonios y los escándalos de quienes estamos llamados a dar ejemplo de servicio,
por prejuicios los hemos dejado al margen, por el egoísmo y por los chismes de quienes
monopolizan todas las actividades, porque no fueron escuchados y acogidos en sus
propias comunidades.
Tenemos el reto de fortalecer la experiencia de caminar juntos, experiencia que requiere
superar de modo decidido el clericalismo y el machismo que se encuentra en gran parte
de nuestros sacerdotes y de nuestros laicos varones. Esta realidad no permite caminar
juntos, porque prima la decisión del que “manda” y los demás tienen que hacer lo dicho;
impide escuchar a los demás y dificulta la corresponsabilidad, excluyendo a otros, en
especial a los pobres y alejados.
Anhelamos que entre la Iglesia y la sociedad no haya discriminación, sino que se
entretejan caminos para caminar juntos. Las dos realidades están llamadas a trabajar en
armonía, cada una con sus características propias, teniendo como principio y fin el bien
común, respetando sus derechos, libertades, educándoles en sus obligaciones, y
fomentando valores que contribuyan significativamente en los procesos pastorales y
sociales, dando siempre prioridad a los desposeídos.

2
FRASES

“Los sueños, deseos y aspiraciones de muchos, frente a esta realidad es


que la Iglesia camine del lado de los pobres mirando el rostro de Dios en
los más pobres, para que verdaderamente seamos solidarios y empáticos
con nuestro prójimo y también construir una comunidad de paz, pero con
justicia.”
(D. LATACUNGA)

“Frente a esto, la experiencia sinodal, como oportunidad de encuentro,


nos ha hecho tomar conciencia de la marginación de muchos
hermanos, y de lo lejos que estamos de la propuesta de Jesús.”
(A. CUENCA)

“En la Iglesia y en la sociedad estamos en el mismo camino uno al lado


del otro.”
(D. BABAHOYO)

“Ha sido enriquecedor espiritualmente compartir con los hermanos la


Palabra de Dios, sabiendo que somos una sola Iglesia, y que a pesar del
cansancio físico nos hemos reunido, con una sola intención vivir como
Iglesia discípula y misionera que peregrina y habla un mismo lenguaje
eclesial.”
(V. GALÁPAGOS)

3
2. ESCUCHAR

¡Damos gracias a Dios por la participación alegre y entusiasta de todo el Pueblo de Dios!
Especialmente, queremos resaltar el protagonismo de los laicos en los espacios de vida
eclesial. Hemos hecho esta experiencia de la escucha: estando abiertos al otro,
participando de sus sueños y de sus desventuras, de sus miedos y seguridades y
aprendiendo de su sabiduría y de su experiencia.

Miramos con ojos de fe y un corazón lleno de esperanza todos los intentos e iniciativas por
generar espacios de acogida, escucha y participación para que el pueblo santo de Dios
exprese sus experiencias y propuestas desde sus dones y carismas, respetando la
libertad de expresión, manteniendo un diálogo fluido, sencillo y claro, rompiendo
con la visión intimista e intraeclesial, para promover una fe que nos permita caminar
juntos. En nuestras comunidades eclesiales se estima el diálogo espiritual y pastoral en el
sacramento de la Confesión y la dirección espiritual; además en los talleres, retiros,
convivencias y reuniones de grupos se facilita la escucha de la Palabra de Dios y la
escucha del otro.

Es necesario constatar que este proceso de escucha en la fase diocesana ha sido


realizado casi exclusivamente al interior de nuestras comunidades cristianas. Hemos
constatado que el grado de escucha a nivel diocesano, zonal y parroquial es aún
deficiente. Nos percatamos que en el camino hubo muchos obstáculos a la hora de la
escucha, por ejemplo: estar sobrecargados de muchas actividades, creer que tenemos
las respuestas definitivas para todas las situaciones, la indiferencia frente a las situaciones
que viven los demás, la falta de agentes pastorales preparados y también una cultura de
raíces machistas que todavía está presente en nuestra sociedad. Igualmente,
reconocemos que hay un amplio abanico de personas hacia las cuales nuestra iglesia se
encuentra “en deuda de escucha”; además, hay espacios de escucha que son
selectivos para ciertas personas o determinados movimientos.

Hemos evidenciado que el clericalismo nos impide escucharnos ya que el clérigo, desde
su autoreferencialidad, con demasiada frecuencia es incapaz de acoger al otro y de
orientar su ministerio hacia los alejados, los más pobres e incluso hacia sus mismos
hermanos presbíteros. Más aún, es incapaz de favorecer el encuentro, de consultar o
buscar junto con otros las respuestas a tantas interrogantes que se plantea hoy a la
acción pastoral de la Iglesia. Es una pena, pero hay que subrayarlo, que todavía hay
actitudes y voces clericales que dicen “aquí mando yo, tú a mandar en tu casa”
considerando a los laicos como simples ayudantes del “padrecito” y de su benevolencia.

Entre las propuestas de escucha se considera que es urgente crear y potenciar en las
Diócesis y en las parroquias las estructuras de escucha como los Consejos de Presbiterio,
Consejos de Pastoral y Consejos Económicos, garantizando la participación
representativa de la comunidad diocesana o parroquial, teniendo claro los estatutos de
constitución y de funcionamiento, y evitando que estos organismos sean dependientes
del buen querer de los clérigos. También es importante ir creando y facilitando nuevos
espacios de escucha para quienes están alejados. Se propone que se sigan
manteniendo los grupos bíblicos, de oración y de lectio divina para meditar, profundizar
y crecer en la escucha contemplativa de la Palabra de Dios.

4
FRASES

“Nos hace falta escuchar con amor a quienes se han alejado de la Iglesia
o se sienten rechazados para que nos ayuden a comprenderlos mejor,
para así corregir nuestras actitudes y asimilarlas a las de Cristo.”
(A. QUITO)

“La sociedad y la Iglesia se está acostumbrado a no escuchar a los


adultos mayores, a los vulnerables y a los indiferentes, necesitamos
romper esas barreras.”
(D. AMBATO)

“Es una pena, pero hay que subrayarlo, todavía hay actitudes y voces
clericales que dicen “aquí mando yo, tú a mandar en tu casa”.
(D. GUARANDA)

“No siempre hemos sabido dedicar el tiempo suficiente a esta tarea


pastoral como es la escucha serena y atenta, agobiados por tantas
actividades descuidamos este primer paso fundamental en la
evangelización.”
(A. PORTOVIEJO)

“Me han asistido con consejos cuando tuve problemas importantes en mi


hogar y se involucraron en esta realidad estando pendientes y dando
seguimiento…”
(V. ZAMORA CHINCHIPE)

5
3. HABLAR CLARO

El hablar claro tiene su origen en la escucha de la Verdad del Evangelio que es Jesús. Esa
escucha exige una actitud de humildad en la que la palabra se libera para ser “puesta a
consideración” de la comunidad. Hablar claro no es garantía de verdad, pero sí lo es del
camino necesario para encontrarla. La parresía es esencial para encontrar juntos
lo que el Espíritu dice a la Iglesia hoy.

Hemos visto con admiración que el amor es la clave de la comunicación. Nuestra Iglesia
de puertas abiertas sale por amor, a ejemplo de Dios mismo, al encuentro de los
marginados, haciendo propia esa realidad para habitarla con una palabra de vida y de
esperanza. La Iglesia habla a los hombres y mujeres de este tiempo desde el amor de Dios
revelado en su Hijo Jesús. Esta comunicación, que parte del sentirse amado por Dios,
permite cultivar la empatía.

El camino sinodal nos invita a ser protagonistas y no meros espectadores de la vida y


misión de la Iglesia. Todos somos peregrinos en este camino, es necesario entonces que
laicos y clérigos podamos hablar de manera libre y auténtica; venciendo el miedo,
los prejuicios y las falsas justificaciones.
A pesar de las características singulares de cada Iglesia particular es muy frecuente ver
una estructura eclesial vertical que ignora y relativiza la voz de los laicos, especialmente
de las mujeres y jóvenes. Otro obstáculo para hablar claro es la falta de conocimiento de
la liturgia, del catecismo, de la doctrina social de la Iglesia, de la teología, así como de la
realidad propia del entorno. Por otro lado, se percibe una fractura entre la Iglesia y la
sociedad. Para muchos, la Iglesia es vista como una institución reaccionaria, poco
propositiva y alejada de la realidad concreta de la gente. También, se considera que el
mundo digital ha influenciado en el aislamiento con las personas reales y, dado que no
hay cercanía, la escucha poco a poco se torna más frágil. Por último, se mira con
preocupación que la enorme brecha entre ricos y pobres está acelerando la
descomposición de la sociedad.

Algunas propuestas para hablar claro son las siguientes: Desarrollar la virtud de la empatía
creando ambientes de familia donde se respeten las ideas del otro. Incentivar la
presencia de los laicos en los consejos pastorales. Crear una atmósfera de confianza para
sentir la libertad de hablar con verdad, claridad, valentía (parresía) y prudencia. Ser una
Iglesia abierta, sin exclusivismos, ni intereses de unos cuantos. Salir a las periferias y hablar
con quienes no piensan como nosotros sin ningún afán de proselitismo. Promover una
comunicación libre, auténtica entre todos los miembros de las comunidades cristianas y
con la sociedad. Desarrollar procesos de una formación integral: humana, intelectual,
espiritual; haciendo uso de los medios tecnológicos para difundir el Kerigma,
recuperando la dimensión profética. Además, se insiste en dejar hablar más a aquellos
que son marginados por su diferencia.

6
FRASES

“Gracias a este proceso sinodal hemos tenido la oportunidad de poder


expresarnos con valentía ante el párroco”
(D. IBARRA)

“El miedo es principalmente el factor que nos impide hablar con valentía,
claridad y responsabilidad en nuestras comunidades y en la sociedad:
nos cuesta ser rechazados, juzgados o excluidos, nos falta formación
espiritual y bíblica y saber cómo hablar en público.”
(A. QUITO)

“El párroco (jerarquía) sigue siendo el portavoz oficial de la comunidad


cristiana, y en las pequeñas comunidades se van eligiendo líderes con el
consenso de los hermanos y hermanas. Su elección obedece a una
convocación de Dios y de acuerdo con sus cualidades y carismas. Sin
embargo, aún falta trabajar y ser conscientes de la corresponsabilidad
de la Misión entre el laicado y el clero.”
(D. SANTO DOMINGO)

“El miedo nos impide hablar con valentía y franqueza, preferimos callar
por “falsos respetos humanos” que nos impiden decir la verdad.”
(D. SAN JACINTO)

7
4. CELEBRACIÓN

La Palabra y la Eucaristía son la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana. La


Eucaristía inspira a cambiar y mejorar la vida comunitaria; es la mejor expresión de
la Iglesia sinodal, porque todos estamos invitados a la misma mesa.

El Pueblo de Dios considera que la celebración eucarística y la oración son


imprescindibles en la vida comunitaria y cristiana. Afianzan nuestra fe y fortalecen
la vida para la misión. Las celebraciones litúrgicas son una fuente viva de
inspiración ya que, sin la escucha de la Palabra, no hay discernimiento, y por
ende, sin el encuentro con la presencia real de Cristo en la Eucaristía, no hay
transformación de la vida personal y comunitaria. Es sólo así que nuestra identidad
cristiana se forma teniendo a Cristo (Eucaristía) como centro absoluto de nuestras
vidas. La celebración en comunidad nos ayuda a crecer en la fe y a tomar
conciencia de la misión, a conectarnos con la realidad y vivir las obras de
misericordia.

Estamos llamados a crecer como compañeros, caminando juntos, sobre todo con
los excluidos, acogiéndolos como hizo Cristo. La celebración litúrgica solo puede
ser una expresión de la vida en comunidad si la vida comunitaria trasciende el
espacio y el tiempo de la celebración. Las Comunidades Eclesiales de Base
(CEBs), Iglesias Vivas (CEBs indígenas) y los distintos movimientos apostólicos han
ayudado mucho a vivir la Iglesia como Pueblo de Dios, tal y como nos lo recordó
el Concilio Vaticano II.

Se han evidenciado algunos riesgos de la dimensión celebrativa de la Iglesia: La


celebración de la Eucaristía, en algunos casos, se ha tornado aburrida, en
especial para los jóvenes. Se ha ido degradando, cayendo en ritualismos sin
formación y compromiso. Lastimosamente, hay celebraciones de sacramentos
por intereses económicos y sin un proceso adecuado de formación e integración
a la vida de la comunidad de fe. Hay una escasa participación de los varones y
de los jóvenes en el compromiso pastoral. La transmisión de la fe y la vida espiritual
de las familias es cada vez más difícil. No hay suficientes espacios de formación
para los laicos. La escasez de vocaciones sacerdotales y religiosas es notoria. Los
bautizados desconocen su compromiso por la escasa o nula formación litúrgica,
bíblica y espiritual. La participación en la celebración eucarística es comprendida
como una obligación y pierde la esencia del encuentro con Dios y con los
hermanos. Se realizan celebraciones privadas o particulares como privilegio de
unos pocos.

De ahí que se propone: Promover encuentros de catequesis sacramentales y


familiares que garanticen una incorporación real a la comunidad a través de
procesos de evangelización que favorezcan la participación activa en la vida de
la Iglesia. Orientar a los fieles para que se involucren en los distintos servicios y
ministerios eclesiales. Formar comunidades de puertas abiertas y cada vez más
acogedoras según los valores del Evangelio. Promover una liturgia más
encarnada, inculturada y misericordiosa donde se respete la identidad mariana
de nuestro pueblo y su devoción a los santos.

8
FRASES

“Caminar juntos solo es posible sobre la base de la escucha comunitaria


de la Palabra y de la celebración de la Eucaristía.”
(D. AMBATO)

“Sentimos la necesidad de promover una liturgia más encarnada,


inculturada y misericordiosa.”
(A. CUENCA)

“La celebración de la Palabra y de la Eucaristía nos fortalece en la


unidad y nos lleva a hacer lo que hacían las primeras comunidades, entre
todos nos ayudamos, nos fortalecemos en la fe, crecemos en el espíritu y
en la gracia de Dios.”
(D. MACHALA)

“La celebración eucarística y la oración son imprescindibles, en la vida


cristiana y comunitaria, ambas son pilares fundamentales que nos llevan
a comprender que Dios está presente en medio de su pueblo.”
(A. GUAYAQUIL Y SANTA ELENA)

9
5. CORRESPONSABLES
EN LA MISIÓN

Hemos palpado con nuestras manos que la misión necesita del caminar en sinodalidad.
La misión es una llamada siempre actual en la vida de la Iglesia. Hay conciencia de que
la responsabilidad de cada bautizado es asumir como propia la misión de la Iglesia y
debe prepararse para eso. La corresponsabilidad parte del respeto y valoración
positiva de cada carisma específico. De ahí que la complementariedad en el trabajo
pastoral se funda en la participación de todos los movimientos y comunidades religiosas
en una pastoral de conjunto. Esto se impulsa a través de reuniones periódicas,
actividades formativas, eventos celebrativos. Desde la experiencia del trabajo en común
entre los distintos carismas y responsabilidades, se logra una real integración.

Nos anima mucho saber que, en muchas partes de nuestra Iglesia ecuatoriana, los fieles
laicos participan formándose y asumiendo el llamado a los distintos ministerios laicales
que hoy hace la Iglesia: catequistas, lectores, acólitos, ministros extraordinarios de la
comunión, misioneros parroquiales, músicos, caridad, entre otros. Y ante la escasez de
evangelizadores ordenados, los laicos, con un enorme ímpetu misionero, contribuyen a
hacer presente la Iglesia entre los más alejados.

Por otro lado, la imagen de Iglesia jerarquía está muy presente en nuestro pueblo. Sin
embargo, no es solo cuestión del laicado; por mucho tiempo la misión de la Iglesia se
enmarcó en el ámbito clerical y de la vida religiosa, pidiendo a los laicos su sola
participación sacramental o devocional. Los laicos, encuentran muchas dificultades
para sentirse corresponsables de misión. Felizmente, aunque sea de manera insipiente,
empiezan a tomar consciencia de su misión, por esto no es raro encontrar en ellos el
miedo, la vergüenza, la inexperiencia. Otro riesgo para la corresponsabilidad viene del
mundo digital que ofrece impresionantes oportunidades para la misión, y al mismo
tiempo, atrapa y seduce poderosamente a niños, jóvenes y adultos.

De igual manera, se subrayó con fuerza que el activismo, autocentrado entre “los
nuestros”, muchas veces, no nos deja llevar el Evangelio a todos. El anti-testimonio de
muchos agentes de pastoral debilita el anuncio ya que una palabra que no está
refrendada con la vida del evangelizador no es escuchada en toda su fuerza.

Se propone la necesidad de emprender un proceso de conversión misionera en la Iglesia


que sepa salir al encuentro de la realidad. Somos una Iglesia bastante bien organizada,
pero poco misionera; no hay, por ejemplo, interés en el clero por la misión ad gentes. Es
necesario abandonar la pastoral de la conservación de las estructuras y empezar
proceso de acompañamiento pastoral en la tarea de ser corresponsables en la misión de
la Iglesia.

Frente a la falta de formación de los agentes de pastoral, muchos laicos reducen su vida
de fe a una sacramentalización devocional o de evento social, haciendo que sigamos
teniendo miles de bautizados, pero pocos convertidos. Por eso es necesario propiciar
espacios de formación a los laicos, verdaderas escuelas de formación sistemática e
insertada en la vida de las diócesis. Los laicos deben integrarse en los distintos grupos
parroquiales convirtiéndose en referente para los demás, viviendo a plenitud su vida de
fe, integrándola a todo su quehacer humano, asumiendo compromisos con el prójimo,
especialmente con los más vulnerables. La inclusión del laico en la misión de la iglesia
debe realizarse sin clericalizarlo. Esto se da muchas veces de manera sutil, entregándole
algún signo distintivo que lo aleja de los demás, o dándole títulos que no vienen al caso.

10
FRASES

“Me he sentido protagonista, corresponsable y no solo como


espectador”.
(D. IBARRA)

“De igual importancia se espera establecer un organismo vivo, abierto


siempre a nuevas maneras de comunicar y vivir el Evangelio, unido a la
vida y comprometido con todos, pero, sobre todo, con los oprimidos en
lucha por su liberación: los indígenas, los jóvenes y las mujeres.”
(D. RIOBAMBA)

“Conocer los grupos vulnerables en la sociedad, distanciados de las


personas que deben tomarlas en cuenta, la misión de la iglesia seria: con
actos de solidaridad y mensajes de salvación.”
(D. MACHALA)

“Es tanto lo que Dios hizo por mí, que tengo que hacer algo por los
demás.”
(A. GUAYAQUIL Y SANTA ELENA)

“Nos inspira a soñar con una Iglesia que supera por desborde los
conflictos internos, mientras mantiene el ímpetu misionero y la alegría de
seguir a Jesús por el camino.”
(V. SUCUMBÍOS)

11
6. DIÁLOGAR EN LA IGLESIA
Y EN LA SOCIEDAD

El diálogo requiere de perseverancia y de paciencia, pero también posibilita la


comprensión recíproca. Por el diálogo, la Iglesia anuncia la Buena Noticia de la
salvación y denuncia todo lo que atenta contra la dignidad humana. En varios lugares la
Iglesia a través del párroco o de algún delegado participa de las directivas barriales,
buscando mejoras en la infraestructura, pero también en la atención a los sectores más
vulnerables. A veces esto produce cierto recelo ya que cada vez más la religión es vista
como algo privado y relativo.

Vivimos en medio de una sociedad pluricultural que empieza a estar marcada por lo
inmediato y lo fácil, por ejemplo, los pueblos indígenas aparecen en contradicción con
esta realidad, pues descubrimos en ellos una sensibilidad particular por hablar y
escuchar.

Esta fase de escucha nos ha recordado que el diálogo es un camino de perseverancia,


que comprende silencios y sufrimientos, alegrías y gozos, capaz de recoger las
experiencias de personas y pueblos. Hay apertura y diálogo por parte de los párrocos con
las autoridades parroquiales y cantonales, pero esto se hace desde el ámbito de ser
considerado autoridad religiosa, dicha consideración es aprovechada sobre todo
para pedir favores a las autoridades civiles y no en función de caminar juntos buscando
soluciones a los problemas da la gente, o simplemente se limita a la crítica destructiva
de unos y otros.

Sin embargo, en la mayoría de parroquias no existe un diálogo permanente entre la


comunidad parroquial y los otros sectores de la sociedad. Se ha planteado la urgencia
de involucrar más en estos aspectos a los grupos laicales, pero se requiere una mayor
formación en los aspectos de política, economía, cultura y arte.

Merece un énfasis especial la presencia de la mujer dentro de la Iglesia, que hasta ahora
aparece como relegada, secundaria y que en este caminar más inclusivo de comunión,
participación y misión debería tener un rol más protagónico y relevante.

Algunas propuestas para que la Iglesia siga siendo un puente de diálogo y reconciliación
son las siguientes: Buscar mecanismos nuevos para comprometer a personas que se
encuentran fuera de la Iglesia en un compromiso eficaz para la transformación de la
sociedad; esto permite también escuchar lo que la sociedad civil espera y siente de
la Iglesia. Favorecer la formación de quienes frecuentan la Iglesia en temas como:
ciudadanía, derechos humanos y sus deberes, valores humanos y cristianos, etc. Generar
conciencias críticas con capacidad de discernimiento y análisis frente a los problemas
sociales. Evitar caer en ideologismos políticos que manipulan y se absolutizan.
Fortalecer el diálogo y la formación con la dimensión cultural, en particular el tema
indígena y afro. Y crear espacios de escucha y de acogida en las parroquias para todo
el que quiera venir. Este servicio debería ser una responsabilidad laical.

12
FRASES

“Somos conscientes de que debemos descubrir y acercarnos a las


nuevas periferias y encontrar y construir allí nuevas alternativas de acción
pastoral comenzando con la escucha y el diálogo. Nos ha faltado estar
más atentos a las distintas formas de discriminación y marginación que se
dan con respecto a las mujeres por ser mujeres, pobres y, también,
por ser indígenas.”
(D. RIOBAMBA)

“No faltan dificultades de diálogo hacia dentro de la Iglesia ante


posturas individualistas y absolutas; el camino de ser conciliadores,
buscadores de soluciones ante las dificultades es parte de nuestro
recorrido al caminar juntos.”
(D. GUARANDA)

“Este acontecimiento permitió ver mejor la unidad en la diversidad y


redescubrir el valor de la comunidad.”
(D. LOJA)

“El apoyo mutuo que se brinda entre todos. La solidaridad que hay en
buscar trabajar juntos por el bien de los demás. Ayudando con
disponibilidad en las tareas de la comunidad cristiana. Compartir en
familia y en comunidad lo que tenemos. Saber dialogar y respetar sin
imponer para adquirir la paz sin perder la serenidad.”
(V. AGUARICO)

“Se percibe, sin embargo, una clara fractura entre Iglesia y sociedad.
Aquella es vista como una institución reaccionaria y poco propositiva,
alejada del mundo de hoy. En parte, consideramos que la responsabili-
dad es nuestra, porque no sabemos comunicar bien todo lo que somos y
hacemos.”
(OBISPADO CASTRENSE)

“Evitar caer en ideologías políticas totalitarias que manipulan y


esclavizan”
(V. ZAMORA CHINCHIPE)

13
7. ECUMENISMO

Hay una confusión de conceptos sobre ecumenismo y sectas protestante, Al no existir una
presencia significativa de iglesias históricas protestantes en nuestro país no hay ninguna
experiencia de diálogo y mucho menos un proceso de ecumenismo que pueda ser
citado. En la mayoría de lugares el Ecumenismo se ha reducido a la semana de oración
por la unidad de los cristianos o a alguna actividad formativa planificada dentro del año
que muchas veces toma una forma apologética.

Nosotros como católicos mantenemos el respeto por las otras confesiones cristianas, pero
reconocemos que existen grupos y personas que debido a su intransigencia no permiten
ningún proceso de acercamiento. Es entonces necesario contar con el apoyo de
personas preparadas para esta misión y no decaer en nuestros esfuerzos por ser agentes
de comunión y reconciliación al interior mismo del ámbito religioso.

En cuanto a las otras confesiones cristianas constatamos que hay una presencia muy
plural y un número cada vez mayor. Tenemos algunos rasgos en común que nos unen:
usamos la misma oración que enseñó Jesús para dirigirnos al Padre, la evangelización es
igualmente un mandato de primer orden, así como la defensa de la vida y la familia, el
servicio de los pobres, la defensa de la casa común y la práctica de las obras de
misericordia, entre otras.

Cuando los hermanos separados visitan los hogares católicos, es una oportunidad para
recibirlos con respeto, con empatía, siempre estando firmes en nuestra fe. No se ha
podido avanzar más allá de eso por falta de formación doctrinal y de madurez humana
y cristiana, prejuicios encontrados, no hay apertura al diálogo, se vive en un fanatismo
religioso (creerse poseedor exclusivo de la verdad), confusión religiosa, etc.

Se proponer avanzar hacia una cultura ecuménica que nos ayude a fortalecer lo que nos
une y superar las tensiones y divisiones ideológicas y proselitista. Nos damos cuenta de la
necesidad de una formación doctrinal más integral para que podamos dar razones de
nuestra fe y que no terminemos confundiendo la apologética con peleas, discusiones y
disputas religiosas que tanto desdicen de nosotros. Es necesario que los planes
diocesanos consideren en firme la importancia del diálogo ecuménico y que se
establezcan la necesidad de encuentros con los hermanos separados, realizar
actividades en conjunto, etc.

A pesar de las sombras que hemos encontrado en este eje transversal de nuestra fe,
existen algunos frutos: el compromiso de continuar caminando juntos en los temas de
interés común.

14
FRASES

“En el diálogo con las otras confesiones cristianas, en nuestro camino de


Iglesia diocesana, mas que logros hay dificultades. Sucede que es fuerte
el proselitismo; y así, cada quien lleva a cabo su proyecto, inclusive,
atacando a los demás, expresándose negativamente de quienes no
comparten su fe.”
(D. GUARANDA)

“El proselitismo sectario ha sido muy fuerte en todos los sectores, especial-
mente en barrios populares y en el mundo indígena, de gran número en
la diócesis de Azogues, especialmente en la vicaría central donde la
mayoría de las parroquias tienen un alto número de población indígena.”
(D. AZOGUES)

“También nos hemos dado cuenta de la necesidad de una formación


íntegra, en nuestros laicos, para que puedan dar razones de su fe y no
terminen confundiendo la apologética con peleas, discusiones y disputas
por la fe.”
(D. BABAHOYO)

“Las marchas y campañas por una cultura “pro-vida” ha unido a distintas


confesiones religiosas, todos por un objetivo común: “a defensa de la
vida”, esto ha permito fortalecer el ecumenismo en la localidad (Jn
17,21)”
(V. NAPO)

15
8. AUTORIDAD

La autoridad es aquel que camina junto a otros como servidor. Si entendemos


evangélicamente la autoridad es el discípulo–misionero que está al servicio de los demás.
La corresponsabilidad eclesial es un don que se basa en la respuesta agradecida de un
verdadero seguidor de Cristo que reconoce que todos los dones vienen de Dios.
La comunidad eclesial está llamada a formar a sus fieles en el respeto y obediencia a la
autoridad eclesiástica sin que esto signifique excluirlos del proceso de discernimiento y de
toma de decisiones. Ciertamente, en nuestra Iglesia local existen diferentes estructuras
(Consejos pastorales y económicos en las parroquias y diócesis, Consejo Presbiteral
diocesano, etc.), pero sus miembros participan escasamente en la reflexión y en el
discernimiento del caminar pastoral; prima la “mentalidad jerárquica”, seguimos siendo
una Iglesia en donde unos piensan y disponen, mientras que el resto acata y ejecuta.

A nivel parroquial, la autoridad a veces solo la ejerce el sacerdote, acompañado del


Consejo pastoral que en general es elegido de entre las personas que son sus
incondicionales. En ocasiones el párroco se “compromete” o “da cabida” solo a una
cierta realidad eclesial, a un cierto grupo, movimiento o a ciertas personas, sin dar
espacio y lugar a que otros se sumen.
En cuanto a los sacerdotes, se hace imprescindible una formación que profundice desde
los seminarios y en su formación continua la vida apostólica en clave de sinodalidad
y corresponsabilidad, reconociendo el rol propio de los fieles laicos, entendiendo la
autoridad no como poder, sino como servicio. Es necesario que “haya mayor comunión
y organización dentro del clero” ya que, en muchos casos, los sacerdotes hacen tabla
rasa del pasado y creen que todo empieza con su llegada a la parroquia; destruyen
procesos pastorales por soberbia, envidia y egoísmo. Son incapaces de inscribirse en
una historia que los precede, haciendo mucho daño a la Comunidad. Deben tener claro
que son servidores de una comunidad, no sus dueños. La Comunidad debe tener el rostro
de Cristo y no el de los caprichos de sus sacerdotes. Eso exige que los sacerdotes sean
verdaderos animadores y acompañantes del caminar de la Comunidad. El que no lo
pueda hacer por falta de competencias, fuerzas o interés, no debe ser nombrado
párroco.
El clericalismo se ha vuelto un impedimento para la colegialidad, hace falta una mayor
incidencia y corresponsabilidad participativa, debe existir una palabra importante que es
la comunicación; de lo contrario vivimos desinformados, la autoridad se ha confundido
con una imposición y autoritarismo, llenándonos de terror.
Nos falta, especialmente a los agentes de pastoral, actitud de apertura y escucha para
posibilitar que los demás, sobre todo los otros laicos, se sientan “en casa” y no sean
excluidos o marginados a mirar desde lejos o a hacer lo que se les mande.
Entre las propuestas que se han generado alrededor de este núcleo de participación
están las siguientes: Favorecer el discernimiento y el ejercicio de la autoridad; se han de
crear, con carácter obligatorio, todos los consejos que deben existir en una parroquia;
se debe dar lugar a todas los carismas y movimientos. Crear y promover el Consejo de
Pastoral en todas las parroquias junto con el Consejo Económico, con la respectiva
formación a los miembros para que asuman el rol que le es propio. Promover la
conversión pastoral de los seminaristas y los sacerdotes para que estén más cerca de su
pueblo, confíen en los laicos y asuman con liderazgo y responsabilidad la misión
encomendada. Fomentar espacios de diálogo, coordinación y delegación para que
todos sean partícipes de la pastoral de la parroquia. Tomar decisiones enfocadas en las
realidades de las parroquias.

16
FRASES

“La causa de esta débil participación laical, pensamos que se debe a un


clericalismo doble, es decir, un exceso de protagonismo de los sacerdo-
tes y un defecto en la responsabilidad de los laicos. Por una parte, los
sacerdotes no impulsan la corresponsabilidad laical; por otra, los laicos no
asumen su papel protagónico en la edificación de la comunidad, quizá
por comodidad, por inseguridad, por miedo a equivocarse o por
experiencias negativas anteriores. Aún persite una visión de la Iglesia
cimentada sobre el sacramento del orden, que sobre el sacramento del
bautismo.”
(D. IBARRA)

“Rendición de cuentas a través de instrumentos tecnológicos e informes


de cumplimiento de actividades. Fomentando los equipos parroquiales
económicos.”
(D. LATACUNGA)

“…hace falta un cambio en la Iglesia, donde los pastores y el pueblo


caminen juntos en las diversas realidades existenciales como verdaderos
discípulos misioneros que sirvan en las diferentes pastorales, propiciando
una Iglesia de comunidad en su multiplicidad de carismas y ministerios. Es
decir, una Iglesia hacia la fraternidad.”
(A. CUENCA)

17
9. DISCERNIR Y
DECIDIR

No se puede seguir tomando decisiones pastorales sólo desde las ideas y programas,
aislados de la realidad del pueblo de Dios. Este tiempo de escucha nos ha hecho más
sensibles al paso del Señor por nuestras comunidades que va tejiendo una historia de
amor, de misericordia y de salvación.

Es verdad que no podemos seguir siendo ciegos, sordos e indiferentes ante muchos casos
de autoritarismo y “clericalismo” dentro de las comunidades eclesiales, dejando el
presente y futuro de las comunidades en la decisión de una sola persona. También es
cierto que hay que evitar la confusión de la sinodalidad con la “democratización”
de las estructuras eclesiales confiando el descernimiento y las decisiones de la
comunidad en manos de unos pocos sin haber escuchado la voz de los más necesitados
y de los marginados.

Nos alegra constatar que un gran número de parroquias y diócesis cuentan con los
organismos eclesiales del Consejo de pastoral, Consejo económico y Consejos de
consultores. Pero falta que éstos tengan una completa incidencia en la toma de
decisiones de la vida de las comunidades eclesiales y que no sean sólo organismos
que ejecutan las decisiones.

Este tiempo de escucha ha marcado el compás para seguir caminando y celebrando


juntos la fe, abriéndonos aún más a la novedad de Espíritu de Dios, con una actitud
orante a la Voluntad de Dios aquí y ahora.

Como propuestas se pide: Que se siga integrando la voz de las mujeres, los jóvenes y las
periferias en los momentos de discernimiento orientados a una decisión pastoral. También
se recomienda seguir avanzando más en procesos de transparencia, responsabilidad,
evaluación y rendición de cuentas de las decisiones tomadas en favor de la comunidad
cristiana, así como de los recursos materiales y económicos, por más escasos que
parezcan. Por último, se valora positivamente el método pastoral “ver, juzgar y actuar”
como una manera de ver la realidad con los ojos de la fe, discerniéndola según Jesucristo
Camino, Verdad y Vida y actuando desde la Iglesia en la construcción del Reino de Dios.

18
FRASES

“Saber discernir la voz de Dios es el primer paso para poder decidir y


optar por el camino de Dios y los nuevos impulsos del Espíritu Santo.”
(D. AZOGUES)

“El trabajo sinodal permitió encontrarnos como Iglesia en camino, llena


de desafíos y necesidades, pero también con muchos aciertos y
esperanzas.”
(D. LOJA)

“El discernimiento de los “signos de los tiempos” nos hace ver que, en el
presente momento histórico de la sociedad y de la Iglesia, marcado por
la fragmentación, por las posiciones extremas y por la incertidumbre, es
indispensable la decisión de un caminar común. En tal sentido, la
dimensión “sinodal”, constitutiva de la Iglesia, está llamada a favorecer
todo lo que fortalezca la comunión.”
(A. PORTOVIEJO)

“También hemos descubierto la necesidad de Dios presente en nuestro


pueblo. Así mismo, se experimentó la importancia del discernimiento. Por
ello vemos como necesario aprender a salir y visitar, reviviendo el estilo de
las Santas Misiones Populares. Esto no podrá ser posible, si el punto de
partida no es la oración y los actos litúrgicos.”
(V. PUYO)

19
10. FORMARSE EN
LA SINODALIDAD

Esta fase de escucha ha sido un tiempo oportuno para que el Pueblo de Dios se ponga
en camino, no solo hacia el encuentro del prójimo –después de mucho tiempo de
aislamiento físico–, sino que también ha sido un tiempo de Dios para volver a las fuentes
de la Palabra de Dios, de la Tradición, del Magisterio de la Iglesia, de la religiosidad
popular y de la Liturgia.

Es imprescindible seguir avanzando en el camino del encuentro, la conversión, la


comunión, la caridad y el acompañamiento pastoral permanente de nuestras
comunidades eclesiales, favoreciendo experiencias de formación en diálogo con las
ciencias humanas desde una visión cristiana y salvífica del mundo. Se constata una
incipiente formación en la eclesiología del Concilio Vaticano II, es importante redescubrir
y valorar la común dignidad de los bautizados que son llamados a la santidad y a
participación en la construcción del Reino de Dios. Todos, como discípulos misioneros
en salida, estamos llamados a discernir los signos de los tiempos con una especial
atención a los pobres, los jóvenes, la casa común y la cultura del buen trato.

Se agradece el esfuerzo y la dedicación de los obispos y comisiones sinodales a nivel


diocesano y vicariales que han sabido compartir con alegría, generosidad y paciencia,
tanto el contenido, como la metodología de la sinodalidad. A pesar de eso hay muchas
dudas sobre si los aportes que han nacido de esta fase de escucha serán realmente
tomados en cuenta para este proceso de renovación eclesial. Por eso, es menester seguir
caminando juntos para que el paradigma de la sinodalidad siga empapando nuestras
estructuras, organismos y encuentros de formación para seminaristas, clero, vida religiosa,
laicos, grupos y movimientos eclesiales.

Como propuestas se sugiere: Seguir teniendo encuentros de formación sobre la


naturaleza y el estilo sinodal de la Iglesia. Que podamos compartir las experiencias, los
frutos y los límites de otras iglesias locales en un proceso de retroalimentación pastoral.
También se sugiere tener encuentros de formación que privilegien la presencialidad y en
lugares que permitan hacer uso creativo de los medios de comunicación. Por último, se
ha visto que muchas de nuestras comunidades empezaron este proceso con mucho
entusiasmo y participación, pero poco a poco los integrantes de las asambleas
sinodales fueron mermando, por eso es importante seguir motivando al pueblo de Dios
para buscar tiempos y lugares de encuentro y formación sinodal que evite cualquier
pesimismo, rigidez o improvisación de la acción pastoral de la Iglesia.

20
FRASES

“La falta de formación impide un diálogo correcto y acertado, nos


impide ser verdaderamente promotores de encuentro”
(D. TULCÁN)

“Mayor espacio de formación en las parroquias. Formación litúrgica,


bíblica, y catequética para toda la comunidad. Que haya una
formación continua para los laicos y agentes de pastoral”.
(D. IBARRA)

“Creemos con profundidad de fe que el Espíritu Santo nos invita


como Iglesia local para crecer en SINODALIDAD a ser más humildes,
sencillos y solidarios así que nuestra Iglesia tenga el Rostro de los Dis-
cípulos de Emaús y del Buen Samaritano.”
(V. ESMERALDAS)

“Trabajar en conjunto, innovar, participar, caminar y salir al encuen-


tro del otro, sin dejar de lado la formación permanente, que es una
responsabilidad a nivel personal y grupal.”
(V. MÉNDEZ)

21
CONCLUSIÓN:

Hacia una misión en clave de diálogo y reconciliación


Para nuestra Iglesia particular que peregrina en Ecuador uno de los signos de los tiempos
que palpita con más fuerza es la fraternidad del Pueblo santo y paciente de Dios que se
sigue abriendo paso a pesar de las sequelas de la pandemia y de la fragmentación
social. Es como si la respuesta de Dios a la oración de sus hijos ha sido el redescubrimiento
de la sinodalidad: seguir caminando juntos detrás del Supremo Pastor, Jesucristo, que es
“el mismo ayer, hoy y siempre” (cf. Hbr 13, 8-9).

El Pueblo de Dios, hoy más que nunca, tiene hambre y sed de comunión comprometida.
La respuesta a la pregunta fundamental de este sínodo sobre la sinodalidad es la
fraternidad. Todos somos compañeros de viaje. Nadie tiene que sentirse excluido de la
única historia de salvación en la que la Iglesia es sal y luz del mundo (Mt 5,13). También
hemos visto que no es fácil caminar juntos, pero tampoco imposible. Hemos dado gracias
a Dios por toda la memoria de amor que atesoran nuestras comunidades eclesiales.
También hemos visto y escuchado con compasión muchas heridas aún abiertas en el
Pueblo de Dios. Por último, hemos sido animados y vueltos a poner en pie por la fe, la
esperanza y los sueños de todos los discípulos-misioneros que siguen luchando y orando
para que venga el Reino de Dios.

Siguiendo las huellas del tema sinodal convocado el Papa Francisco hemos articulado las
conclusiones a partir de las categorías teológico-pastorales: comunión, participación y
misión. Que prácticamente son caminos que nos abren a la esperanza activa y a la
creatividad de la caridad.

Comunión
La imagen de Iglesia con la que muchos se ha encontrado es la de ser luz de los pueblos
en la medida que está unida a Cristo que es Luz del mundo (Lumen Gentium 1).
Efectivamente, se ve una Iglesia que es portadora de la Luz de Vida y de la Verdad. Una
Iglesia de puertas abiertas que brinda muchos encuentros fraternos, celebraciones
litúrgicas, experiencias de comunión, conversión y acompañamiento pastoral. Sobre
todo se valora la celebración de la Eucaristía como espacio de encuentro privilegiado
con la Palabra de Dios, con los hermanos y con la presencia real del Señor Jesucristo.
Por otro lado, nos duele ver que muchas comunidades eclesiales están internamente
divididas por la rivalidad, el orgullo, el resentimiento, los intereses mezquinos y los chismes,
entre otros antivalores que apagan la luz del Evangelio. Comunidades que se han
convertido en mechas humeantes y son signo de división, condena, rebeldía, exclusión e
irrespeto.

Participación
También se considera que la Iglesia es como una madre, que no es indiferente a la
realidad de sus hijos. El Concilio Vaticano II manifiesta que la Iglesia participa de “los
gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”
(Gaudium et Spes, 1). Se valora positivamente la presencia de la Iglesia en muchas
comunidades donde se anuncia el Evangelio y se promueve la dignidad de todos los hijos
de Dios con obras de salud, educación, trabajo, asistencia en comedores y obras de
misericordia.

22
Es un desafío constatar que muchas comunidades eclesiales siguen bajo el
sistema clericalista que no promueve la participación plena y digna de todos los
fieles laicos. Hay muchas comunidades donde no se promueve, respeta, se forma,
ni se valora los carismas y ministerios laicales o de la vida religiosa por parte de los
clérigos. Se ve con mucha preocupación la poca participación de las mujeres
y jóvenes en el discernimiento y decisiones pastorales.

Misión
Se tiene una alta estima la misión de la Iglesia como un puente de diálogo social.
Es la Iglesia en salida que tanto insiste el Papa Francisco. Una Iglesia que camina
con los ojos abiertos y los oídos atentos para escuchar los clamores de todos, que
no deja a nadie por el camino, que sabe detenerse, agacharse, curar y levantar
al prójimo caído como el Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37).
Nos falta emprender seria y decididamente el proceso de la conversión eclesial:
abandonar la pastoral del mantenimiento de estructuras pastorales caducas
para salir al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo con el bálsamo
de la misericordia, para ser más cercanos a las realidades de nuestro pueblo y
para poner en centro de la acción pastoral la integridad de la persona humana,
la dignidad de la familia, el cuidado de la casa común y la cultura del buen trato.

Agradecemos a todos y cada uno de Uds., pastores y fieles, por haber puesto
todas sus fuerzas, toda su alma, toda su fe y todo su corazón en esta experiencia
orante de comunión, participación y misión. ¡Gracias de corazón, a todos los
equipos de animación sinodal a nivel diocesano y parroquial!
No ha sido tiempo perdido. Hemos sentido el paso y la voz del Buen Pastor
resucitado que se ha acercado a nuestro camino en esta hora de la historia para
escucharnos en nuestras tristezas y derrotas, para iluminar nuestros miedos y
huidas, y para dejar su fuego de amor en nuestros corazones. Por eso, como
los discípulos de Emaús una vez más le decimos: “¡Quédate con nosotros, Señor!”
(Lc 24, 29).
Les invitamos a seguir creando espacios y tiempos de encuentro, de comunión,
de diálogo, de discernimiento, de participación y misión. Una vez terminada esta
fase de escucha a las iglesias particulares, el camino sinodal sigue en su fase
continental, así que les invitamos a seguir atentos y vigilantes en las sorpresas que
el Espíritu de Dios nos brinde en este tiempo de esperanza y de fraternidad.

23

También podría gustarte