SÍNODO
SÍNODO
AGOSTO 2022
ECUADOR
INTRODUCCIÓN:
La XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos tiene por tema “Por una Iglesia
sinodal: comunión, participación y misión”. Su santidad el Papa Francisco inauguró en la
Iglesia universal la fase de escucha el 17 de octubre de 2021 y posteriormente cada
Iglesia particular tuvo su respectiva ceremonia de apertura junto con su equipo
sinodal que se encargó de la animación de esta consultación al Pueblo de Dios. Esta
primera fase sinodal terminó con la entrega de la síntesis diocesana el 7 de julio del
presente a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.
Para este tiempo de escucha, la Secretaría General del Sínodo de los Obispos nos
proporcionó dos recursos pastorales que son el Documento de participación y el
Vademécum. Recordemos que este Sínodo plantea la siguiente pregunta fundamental:
“Una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, “caminan juntos”. ¿Cómo se realiza hoy
este “caminar juntos” en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el
Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”?” (PD, 26). A partir de esta pregunta se
han ido tejiendo encuentros de escucha, diálogo, discernimiento y síntesis a la luz de los
núcleos temáticos: “Compañeros de viaje, Escucha, Hablar claro, Celebración,
Compartir la responsabilidad en la misión común, Diálogo en la Iglesia y sociedad,
Ecumenismo, Autoridad y participación, Discernir y decidir, Formarnos en sinodalidad”
(Vademécum, n. 5.3).
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1. LOS COMPAÑEROS
DE VIAJE
Al interrogarnos ¿quiénes son los que caminan juntos?. Constatamos que no hay una
respuesta homogénea y fácil. En primer lugar, se expone que el primer compañero de
viaje es Jesús y que, por su carácter peregrinante, todos los bautizados, al ser miembros
del pueblo de Dios, se convierten en compañeros de camino.
También es recurrente la idea que los compañeros de viaje son aquellos que han
asumido una responsabilidad pastoral directa en la comunidad parroquial o en el
movimiento eclesial. En este sentido serían el obispo, los sacerdotes, las religiosas, los
catequistas y los laicos comprometidos en las diferentes pastorales y movimientos
apostólicos.
Pero, el porcentaje de fieles que tiene una participación más activa en la vida de la
comunidad cristiana es muy reducido. Además, si el caminar juntos supone estar en
comunión, guiados por el Espíritu Santo que nos hace hermanos, y trabajar por una causa
común, constatamos una débil comunión entre los diferentes estados de vida: clero, vida
consagrada y laicado. Cada cual vive su vocación mirándose a sí mismo sin abrirse y
valorar las otras vocaciones.
De igual manera, en muchos lugares hay una incapacidad para abrirse a los demás, a los
“nuevos” compañeros de viaje. Hay algunos grupos apostólicos que son cerrados y
muchas veces en competencia de quién tiene más seguidores o de quién reúne más
dinero, etc. En muchos casos nos invade el espíritu de secta, ya que las diferentes
sensibilidades litúrgicas o morales son presentadas como diferencias doctrinales
insuperables. Sin contar con un marcado individualismo en el clero a la hora de ejercer su
acción pastoral, donde es clara la autoreferencialidad y la búsqueda de protagonismos
mesiánicos.
Este proceso de escucha nos ha permitido detectar que la inmensa mayoría de
bautizados quedan al margen, y ya no caminan con la Iglesia, principalmente por un
doble motivo: En primer lugar, hay que señalar a quienes se han autoexcluido, tales como
los que han abrazado otra confesión religiosa, los que cuestionan o no creen en el
modelo de Iglesia, quienes no han recibido una sólida formación cristiana, o quienes por
sus preferencias sexuales o situaciones familiares o laborales se han sentido fuera de la
Iglesia.
En segundo lugar, hay personas y grupos que ya no caminan con nosotros y no se
identifican con la Iglesia, porque nosotros los hemos excluido o no hemos hecho lo
suficiente para que sean compañeros de camino. Duele constatar que no hemos sido
capaces de comunicar el mensaje de salvación de manera significativa, por los
antitestimonios y los escándalos de quienes estamos llamados a dar ejemplo de servicio,
por prejuicios los hemos dejado al margen, por el egoísmo y por los chismes de quienes
monopolizan todas las actividades, porque no fueron escuchados y acogidos en sus
propias comunidades.
Tenemos el reto de fortalecer la experiencia de caminar juntos, experiencia que requiere
superar de modo decidido el clericalismo y el machismo que se encuentra en gran parte
de nuestros sacerdotes y de nuestros laicos varones. Esta realidad no permite caminar
juntos, porque prima la decisión del que “manda” y los demás tienen que hacer lo dicho;
impide escuchar a los demás y dificulta la corresponsabilidad, excluyendo a otros, en
especial a los pobres y alejados.
Anhelamos que entre la Iglesia y la sociedad no haya discriminación, sino que se
entretejan caminos para caminar juntos. Las dos realidades están llamadas a trabajar en
armonía, cada una con sus características propias, teniendo como principio y fin el bien
común, respetando sus derechos, libertades, educándoles en sus obligaciones, y
fomentando valores que contribuyan significativamente en los procesos pastorales y
sociales, dando siempre prioridad a los desposeídos.
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FRASES
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2. ESCUCHAR
¡Damos gracias a Dios por la participación alegre y entusiasta de todo el Pueblo de Dios!
Especialmente, queremos resaltar el protagonismo de los laicos en los espacios de vida
eclesial. Hemos hecho esta experiencia de la escucha: estando abiertos al otro,
participando de sus sueños y de sus desventuras, de sus miedos y seguridades y
aprendiendo de su sabiduría y de su experiencia.
Miramos con ojos de fe y un corazón lleno de esperanza todos los intentos e iniciativas por
generar espacios de acogida, escucha y participación para que el pueblo santo de Dios
exprese sus experiencias y propuestas desde sus dones y carismas, respetando la
libertad de expresión, manteniendo un diálogo fluido, sencillo y claro, rompiendo
con la visión intimista e intraeclesial, para promover una fe que nos permita caminar
juntos. En nuestras comunidades eclesiales se estima el diálogo espiritual y pastoral en el
sacramento de la Confesión y la dirección espiritual; además en los talleres, retiros,
convivencias y reuniones de grupos se facilita la escucha de la Palabra de Dios y la
escucha del otro.
Hemos evidenciado que el clericalismo nos impide escucharnos ya que el clérigo, desde
su autoreferencialidad, con demasiada frecuencia es incapaz de acoger al otro y de
orientar su ministerio hacia los alejados, los más pobres e incluso hacia sus mismos
hermanos presbíteros. Más aún, es incapaz de favorecer el encuentro, de consultar o
buscar junto con otros las respuestas a tantas interrogantes que se plantea hoy a la
acción pastoral de la Iglesia. Es una pena, pero hay que subrayarlo, que todavía hay
actitudes y voces clericales que dicen “aquí mando yo, tú a mandar en tu casa”
considerando a los laicos como simples ayudantes del “padrecito” y de su benevolencia.
Entre las propuestas de escucha se considera que es urgente crear y potenciar en las
Diócesis y en las parroquias las estructuras de escucha como los Consejos de Presbiterio,
Consejos de Pastoral y Consejos Económicos, garantizando la participación
representativa de la comunidad diocesana o parroquial, teniendo claro los estatutos de
constitución y de funcionamiento, y evitando que estos organismos sean dependientes
del buen querer de los clérigos. También es importante ir creando y facilitando nuevos
espacios de escucha para quienes están alejados. Se propone que se sigan
manteniendo los grupos bíblicos, de oración y de lectio divina para meditar, profundizar
y crecer en la escucha contemplativa de la Palabra de Dios.
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FRASES
“Nos hace falta escuchar con amor a quienes se han alejado de la Iglesia
o se sienten rechazados para que nos ayuden a comprenderlos mejor,
para así corregir nuestras actitudes y asimilarlas a las de Cristo.”
(A. QUITO)
“Es una pena, pero hay que subrayarlo, todavía hay actitudes y voces
clericales que dicen “aquí mando yo, tú a mandar en tu casa”.
(D. GUARANDA)
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3. HABLAR CLARO
El hablar claro tiene su origen en la escucha de la Verdad del Evangelio que es Jesús. Esa
escucha exige una actitud de humildad en la que la palabra se libera para ser “puesta a
consideración” de la comunidad. Hablar claro no es garantía de verdad, pero sí lo es del
camino necesario para encontrarla. La parresía es esencial para encontrar juntos
lo que el Espíritu dice a la Iglesia hoy.
Hemos visto con admiración que el amor es la clave de la comunicación. Nuestra Iglesia
de puertas abiertas sale por amor, a ejemplo de Dios mismo, al encuentro de los
marginados, haciendo propia esa realidad para habitarla con una palabra de vida y de
esperanza. La Iglesia habla a los hombres y mujeres de este tiempo desde el amor de Dios
revelado en su Hijo Jesús. Esta comunicación, que parte del sentirse amado por Dios,
permite cultivar la empatía.
Algunas propuestas para hablar claro son las siguientes: Desarrollar la virtud de la empatía
creando ambientes de familia donde se respeten las ideas del otro. Incentivar la
presencia de los laicos en los consejos pastorales. Crear una atmósfera de confianza para
sentir la libertad de hablar con verdad, claridad, valentía (parresía) y prudencia. Ser una
Iglesia abierta, sin exclusivismos, ni intereses de unos cuantos. Salir a las periferias y hablar
con quienes no piensan como nosotros sin ningún afán de proselitismo. Promover una
comunicación libre, auténtica entre todos los miembros de las comunidades cristianas y
con la sociedad. Desarrollar procesos de una formación integral: humana, intelectual,
espiritual; haciendo uso de los medios tecnológicos para difundir el Kerigma,
recuperando la dimensión profética. Además, se insiste en dejar hablar más a aquellos
que son marginados por su diferencia.
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FRASES
“El miedo es principalmente el factor que nos impide hablar con valentía,
claridad y responsabilidad en nuestras comunidades y en la sociedad:
nos cuesta ser rechazados, juzgados o excluidos, nos falta formación
espiritual y bíblica y saber cómo hablar en público.”
(A. QUITO)
“El miedo nos impide hablar con valentía y franqueza, preferimos callar
por “falsos respetos humanos” que nos impiden decir la verdad.”
(D. SAN JACINTO)
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4. CELEBRACIÓN
Estamos llamados a crecer como compañeros, caminando juntos, sobre todo con
los excluidos, acogiéndolos como hizo Cristo. La celebración litúrgica solo puede
ser una expresión de la vida en comunidad si la vida comunitaria trasciende el
espacio y el tiempo de la celebración. Las Comunidades Eclesiales de Base
(CEBs), Iglesias Vivas (CEBs indígenas) y los distintos movimientos apostólicos han
ayudado mucho a vivir la Iglesia como Pueblo de Dios, tal y como nos lo recordó
el Concilio Vaticano II.
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FRASES
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5. CORRESPONSABLES
EN LA MISIÓN
Hemos palpado con nuestras manos que la misión necesita del caminar en sinodalidad.
La misión es una llamada siempre actual en la vida de la Iglesia. Hay conciencia de que
la responsabilidad de cada bautizado es asumir como propia la misión de la Iglesia y
debe prepararse para eso. La corresponsabilidad parte del respeto y valoración
positiva de cada carisma específico. De ahí que la complementariedad en el trabajo
pastoral se funda en la participación de todos los movimientos y comunidades religiosas
en una pastoral de conjunto. Esto se impulsa a través de reuniones periódicas,
actividades formativas, eventos celebrativos. Desde la experiencia del trabajo en común
entre los distintos carismas y responsabilidades, se logra una real integración.
Nos anima mucho saber que, en muchas partes de nuestra Iglesia ecuatoriana, los fieles
laicos participan formándose y asumiendo el llamado a los distintos ministerios laicales
que hoy hace la Iglesia: catequistas, lectores, acólitos, ministros extraordinarios de la
comunión, misioneros parroquiales, músicos, caridad, entre otros. Y ante la escasez de
evangelizadores ordenados, los laicos, con un enorme ímpetu misionero, contribuyen a
hacer presente la Iglesia entre los más alejados.
Por otro lado, la imagen de Iglesia jerarquía está muy presente en nuestro pueblo. Sin
embargo, no es solo cuestión del laicado; por mucho tiempo la misión de la Iglesia se
enmarcó en el ámbito clerical y de la vida religiosa, pidiendo a los laicos su sola
participación sacramental o devocional. Los laicos, encuentran muchas dificultades
para sentirse corresponsables de misión. Felizmente, aunque sea de manera insipiente,
empiezan a tomar consciencia de su misión, por esto no es raro encontrar en ellos el
miedo, la vergüenza, la inexperiencia. Otro riesgo para la corresponsabilidad viene del
mundo digital que ofrece impresionantes oportunidades para la misión, y al mismo
tiempo, atrapa y seduce poderosamente a niños, jóvenes y adultos.
De igual manera, se subrayó con fuerza que el activismo, autocentrado entre “los
nuestros”, muchas veces, no nos deja llevar el Evangelio a todos. El anti-testimonio de
muchos agentes de pastoral debilita el anuncio ya que una palabra que no está
refrendada con la vida del evangelizador no es escuchada en toda su fuerza.
Frente a la falta de formación de los agentes de pastoral, muchos laicos reducen su vida
de fe a una sacramentalización devocional o de evento social, haciendo que sigamos
teniendo miles de bautizados, pero pocos convertidos. Por eso es necesario propiciar
espacios de formación a los laicos, verdaderas escuelas de formación sistemática e
insertada en la vida de las diócesis. Los laicos deben integrarse en los distintos grupos
parroquiales convirtiéndose en referente para los demás, viviendo a plenitud su vida de
fe, integrándola a todo su quehacer humano, asumiendo compromisos con el prójimo,
especialmente con los más vulnerables. La inclusión del laico en la misión de la iglesia
debe realizarse sin clericalizarlo. Esto se da muchas veces de manera sutil, entregándole
algún signo distintivo que lo aleja de los demás, o dándole títulos que no vienen al caso.
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FRASES
“Es tanto lo que Dios hizo por mí, que tengo que hacer algo por los
demás.”
(A. GUAYAQUIL Y SANTA ELENA)
“Nos inspira a soñar con una Iglesia que supera por desborde los
conflictos internos, mientras mantiene el ímpetu misionero y la alegría de
seguir a Jesús por el camino.”
(V. SUCUMBÍOS)
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6. DIÁLOGAR EN LA IGLESIA
Y EN LA SOCIEDAD
Vivimos en medio de una sociedad pluricultural que empieza a estar marcada por lo
inmediato y lo fácil, por ejemplo, los pueblos indígenas aparecen en contradicción con
esta realidad, pues descubrimos en ellos una sensibilidad particular por hablar y
escuchar.
Merece un énfasis especial la presencia de la mujer dentro de la Iglesia, que hasta ahora
aparece como relegada, secundaria y que en este caminar más inclusivo de comunión,
participación y misión debería tener un rol más protagónico y relevante.
Algunas propuestas para que la Iglesia siga siendo un puente de diálogo y reconciliación
son las siguientes: Buscar mecanismos nuevos para comprometer a personas que se
encuentran fuera de la Iglesia en un compromiso eficaz para la transformación de la
sociedad; esto permite también escuchar lo que la sociedad civil espera y siente de
la Iglesia. Favorecer la formación de quienes frecuentan la Iglesia en temas como:
ciudadanía, derechos humanos y sus deberes, valores humanos y cristianos, etc. Generar
conciencias críticas con capacidad de discernimiento y análisis frente a los problemas
sociales. Evitar caer en ideologismos políticos que manipulan y se absolutizan.
Fortalecer el diálogo y la formación con la dimensión cultural, en particular el tema
indígena y afro. Y crear espacios de escucha y de acogida en las parroquias para todo
el que quiera venir. Este servicio debería ser una responsabilidad laical.
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FRASES
“El apoyo mutuo que se brinda entre todos. La solidaridad que hay en
buscar trabajar juntos por el bien de los demás. Ayudando con
disponibilidad en las tareas de la comunidad cristiana. Compartir en
familia y en comunidad lo que tenemos. Saber dialogar y respetar sin
imponer para adquirir la paz sin perder la serenidad.”
(V. AGUARICO)
“Se percibe, sin embargo, una clara fractura entre Iglesia y sociedad.
Aquella es vista como una institución reaccionaria y poco propositiva,
alejada del mundo de hoy. En parte, consideramos que la responsabili-
dad es nuestra, porque no sabemos comunicar bien todo lo que somos y
hacemos.”
(OBISPADO CASTRENSE)
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7. ECUMENISMO
Hay una confusión de conceptos sobre ecumenismo y sectas protestante, Al no existir una
presencia significativa de iglesias históricas protestantes en nuestro país no hay ninguna
experiencia de diálogo y mucho menos un proceso de ecumenismo que pueda ser
citado. En la mayoría de lugares el Ecumenismo se ha reducido a la semana de oración
por la unidad de los cristianos o a alguna actividad formativa planificada dentro del año
que muchas veces toma una forma apologética.
Nosotros como católicos mantenemos el respeto por las otras confesiones cristianas, pero
reconocemos que existen grupos y personas que debido a su intransigencia no permiten
ningún proceso de acercamiento. Es entonces necesario contar con el apoyo de
personas preparadas para esta misión y no decaer en nuestros esfuerzos por ser agentes
de comunión y reconciliación al interior mismo del ámbito religioso.
En cuanto a las otras confesiones cristianas constatamos que hay una presencia muy
plural y un número cada vez mayor. Tenemos algunos rasgos en común que nos unen:
usamos la misma oración que enseñó Jesús para dirigirnos al Padre, la evangelización es
igualmente un mandato de primer orden, así como la defensa de la vida y la familia, el
servicio de los pobres, la defensa de la casa común y la práctica de las obras de
misericordia, entre otras.
Cuando los hermanos separados visitan los hogares católicos, es una oportunidad para
recibirlos con respeto, con empatía, siempre estando firmes en nuestra fe. No se ha
podido avanzar más allá de eso por falta de formación doctrinal y de madurez humana
y cristiana, prejuicios encontrados, no hay apertura al diálogo, se vive en un fanatismo
religioso (creerse poseedor exclusivo de la verdad), confusión religiosa, etc.
Se proponer avanzar hacia una cultura ecuménica que nos ayude a fortalecer lo que nos
une y superar las tensiones y divisiones ideológicas y proselitista. Nos damos cuenta de la
necesidad de una formación doctrinal más integral para que podamos dar razones de
nuestra fe y que no terminemos confundiendo la apologética con peleas, discusiones y
disputas religiosas que tanto desdicen de nosotros. Es necesario que los planes
diocesanos consideren en firme la importancia del diálogo ecuménico y que se
establezcan la necesidad de encuentros con los hermanos separados, realizar
actividades en conjunto, etc.
A pesar de las sombras que hemos encontrado en este eje transversal de nuestra fe,
existen algunos frutos: el compromiso de continuar caminando juntos en los temas de
interés común.
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FRASES
“El proselitismo sectario ha sido muy fuerte en todos los sectores, especial-
mente en barrios populares y en el mundo indígena, de gran número en
la diócesis de Azogues, especialmente en la vicaría central donde la
mayoría de las parroquias tienen un alto número de población indígena.”
(D. AZOGUES)
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8. AUTORIDAD
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FRASES
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9. DISCERNIR Y
DECIDIR
No se puede seguir tomando decisiones pastorales sólo desde las ideas y programas,
aislados de la realidad del pueblo de Dios. Este tiempo de escucha nos ha hecho más
sensibles al paso del Señor por nuestras comunidades que va tejiendo una historia de
amor, de misericordia y de salvación.
Es verdad que no podemos seguir siendo ciegos, sordos e indiferentes ante muchos casos
de autoritarismo y “clericalismo” dentro de las comunidades eclesiales, dejando el
presente y futuro de las comunidades en la decisión de una sola persona. También es
cierto que hay que evitar la confusión de la sinodalidad con la “democratización”
de las estructuras eclesiales confiando el descernimiento y las decisiones de la
comunidad en manos de unos pocos sin haber escuchado la voz de los más necesitados
y de los marginados.
Nos alegra constatar que un gran número de parroquias y diócesis cuentan con los
organismos eclesiales del Consejo de pastoral, Consejo económico y Consejos de
consultores. Pero falta que éstos tengan una completa incidencia en la toma de
decisiones de la vida de las comunidades eclesiales y que no sean sólo organismos
que ejecutan las decisiones.
Como propuestas se pide: Que se siga integrando la voz de las mujeres, los jóvenes y las
periferias en los momentos de discernimiento orientados a una decisión pastoral. También
se recomienda seguir avanzando más en procesos de transparencia, responsabilidad,
evaluación y rendición de cuentas de las decisiones tomadas en favor de la comunidad
cristiana, así como de los recursos materiales y económicos, por más escasos que
parezcan. Por último, se valora positivamente el método pastoral “ver, juzgar y actuar”
como una manera de ver la realidad con los ojos de la fe, discerniéndola según Jesucristo
Camino, Verdad y Vida y actuando desde la Iglesia en la construcción del Reino de Dios.
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FRASES
“El discernimiento de los “signos de los tiempos” nos hace ver que, en el
presente momento histórico de la sociedad y de la Iglesia, marcado por
la fragmentación, por las posiciones extremas y por la incertidumbre, es
indispensable la decisión de un caminar común. En tal sentido, la
dimensión “sinodal”, constitutiva de la Iglesia, está llamada a favorecer
todo lo que fortalezca la comunión.”
(A. PORTOVIEJO)
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10. FORMARSE EN
LA SINODALIDAD
Esta fase de escucha ha sido un tiempo oportuno para que el Pueblo de Dios se ponga
en camino, no solo hacia el encuentro del prójimo –después de mucho tiempo de
aislamiento físico–, sino que también ha sido un tiempo de Dios para volver a las fuentes
de la Palabra de Dios, de la Tradición, del Magisterio de la Iglesia, de la religiosidad
popular y de la Liturgia.
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FRASES
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CONCLUSIÓN:
El Pueblo de Dios, hoy más que nunca, tiene hambre y sed de comunión comprometida.
La respuesta a la pregunta fundamental de este sínodo sobre la sinodalidad es la
fraternidad. Todos somos compañeros de viaje. Nadie tiene que sentirse excluido de la
única historia de salvación en la que la Iglesia es sal y luz del mundo (Mt 5,13). También
hemos visto que no es fácil caminar juntos, pero tampoco imposible. Hemos dado gracias
a Dios por toda la memoria de amor que atesoran nuestras comunidades eclesiales.
También hemos visto y escuchado con compasión muchas heridas aún abiertas en el
Pueblo de Dios. Por último, hemos sido animados y vueltos a poner en pie por la fe, la
esperanza y los sueños de todos los discípulos-misioneros que siguen luchando y orando
para que venga el Reino de Dios.
Siguiendo las huellas del tema sinodal convocado el Papa Francisco hemos articulado las
conclusiones a partir de las categorías teológico-pastorales: comunión, participación y
misión. Que prácticamente son caminos que nos abren a la esperanza activa y a la
creatividad de la caridad.
Comunión
La imagen de Iglesia con la que muchos se ha encontrado es la de ser luz de los pueblos
en la medida que está unida a Cristo que es Luz del mundo (Lumen Gentium 1).
Efectivamente, se ve una Iglesia que es portadora de la Luz de Vida y de la Verdad. Una
Iglesia de puertas abiertas que brinda muchos encuentros fraternos, celebraciones
litúrgicas, experiencias de comunión, conversión y acompañamiento pastoral. Sobre
todo se valora la celebración de la Eucaristía como espacio de encuentro privilegiado
con la Palabra de Dios, con los hermanos y con la presencia real del Señor Jesucristo.
Por otro lado, nos duele ver que muchas comunidades eclesiales están internamente
divididas por la rivalidad, el orgullo, el resentimiento, los intereses mezquinos y los chismes,
entre otros antivalores que apagan la luz del Evangelio. Comunidades que se han
convertido en mechas humeantes y son signo de división, condena, rebeldía, exclusión e
irrespeto.
Participación
También se considera que la Iglesia es como una madre, que no es indiferente a la
realidad de sus hijos. El Concilio Vaticano II manifiesta que la Iglesia participa de “los
gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”
(Gaudium et Spes, 1). Se valora positivamente la presencia de la Iglesia en muchas
comunidades donde se anuncia el Evangelio y se promueve la dignidad de todos los hijos
de Dios con obras de salud, educación, trabajo, asistencia en comedores y obras de
misericordia.
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Es un desafío constatar que muchas comunidades eclesiales siguen bajo el
sistema clericalista que no promueve la participación plena y digna de todos los
fieles laicos. Hay muchas comunidades donde no se promueve, respeta, se forma,
ni se valora los carismas y ministerios laicales o de la vida religiosa por parte de los
clérigos. Se ve con mucha preocupación la poca participación de las mujeres
y jóvenes en el discernimiento y decisiones pastorales.
Misión
Se tiene una alta estima la misión de la Iglesia como un puente de diálogo social.
Es la Iglesia en salida que tanto insiste el Papa Francisco. Una Iglesia que camina
con los ojos abiertos y los oídos atentos para escuchar los clamores de todos, que
no deja a nadie por el camino, que sabe detenerse, agacharse, curar y levantar
al prójimo caído como el Buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37).
Nos falta emprender seria y decididamente el proceso de la conversión eclesial:
abandonar la pastoral del mantenimiento de estructuras pastorales caducas
para salir al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo con el bálsamo
de la misericordia, para ser más cercanos a las realidades de nuestro pueblo y
para poner en centro de la acción pastoral la integridad de la persona humana,
la dignidad de la familia, el cuidado de la casa común y la cultura del buen trato.
Agradecemos a todos y cada uno de Uds., pastores y fieles, por haber puesto
todas sus fuerzas, toda su alma, toda su fe y todo su corazón en esta experiencia
orante de comunión, participación y misión. ¡Gracias de corazón, a todos los
equipos de animación sinodal a nivel diocesano y parroquial!
No ha sido tiempo perdido. Hemos sentido el paso y la voz del Buen Pastor
resucitado que se ha acercado a nuestro camino en esta hora de la historia para
escucharnos en nuestras tristezas y derrotas, para iluminar nuestros miedos y
huidas, y para dejar su fuego de amor en nuestros corazones. Por eso, como
los discípulos de Emaús una vez más le decimos: “¡Quédate con nosotros, Señor!”
(Lc 24, 29).
Les invitamos a seguir creando espacios y tiempos de encuentro, de comunión,
de diálogo, de discernimiento, de participación y misión. Una vez terminada esta
fase de escucha a las iglesias particulares, el camino sinodal sigue en su fase
continental, así que les invitamos a seguir atentos y vigilantes en las sorpresas que
el Espíritu de Dios nos brinde en este tiempo de esperanza y de fraternidad.
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