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Modelo Criterial

El documento describe la teoría del modelo criterial de Hilary Putnam. Putnam critica la idea de que los conceptos están determinados por las propiedades definitorias en la mente del hablante. En su lugar, argumenta que la extensión de un concepto depende del contexto social y del conocimiento científico. También introduce la idea de la "división del trabajo lingüístico", donde diferentes subgrupos dentro de una comunidad adquieren el término o los métodos para reconocer los objetos a los que se refiere el concepto.
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Modelo Criterial

El documento describe la teoría del modelo criterial de Hilary Putnam. Putnam critica la idea de que los conceptos están determinados por las propiedades definitorias en la mente del hablante. En su lugar, argumenta que la extensión de un concepto depende del contexto social y del conocimiento científico. También introduce la idea de la "división del trabajo lingüístico", donde diferentes subgrupos dentro de una comunidad adquieren el término o los métodos para reconocer los objetos a los que se refiere el concepto.
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Modelo Criterial.

La idea fundamental en su teoría es, como decíamos,

que no son los estados psicológicos de los hablantes los que

determinan la extensión del concepto. Resalta la importancia del contexto

centrándose en conceptos que denomina natural kind concepts.

Con esto en vista, desarrolla un experimento mental de acuerdo al

cual concluye que existe una relación de ‘igualdad’ –relación ‘sameness’–

de acuerdo a la cual la determinación de que cierto objeto sea o

no el mismo que esto –objeto referido por definición ostensiva– puede

requerir un cúmulo indeterminado de conocimiento científico al respecto.

Conforme a esto, y dado que ese conocimiento puede variar

temporalmente o conforme a supuestos contrafácticos, Putnam afirma

que “…la condición necesaria y suficiente para ser agua es poseer la relación

‘sameness’ con el objeto en el vaso [otra vez, por definición ostensiva,

agua]; pero esta es la condición necesaria y suficiente solo si el presupuesto

empírico se encuentra satisfecho”9.

La otra cuestión fundamental en el desarrollo de la teoría de

Putnam consiste en la cuestión de la competencia necesaria para el

reconocimiento del objeto referido por un concepto. La idea es que

existe lo que él denomina una ‘División del Trabajo Lingüístico’. De

acuerdo a la misma, dentro de cualquier comunidad existe un subgrupo

que, debido al rol que cumple dentro de las prácticas sociales de esa

comunidad– tiene que adquirir el método para reconocer si algo es o

no es, por ejemplo, agua. Este subgrupo se diferencia de los restantes

miembros de la misma comunidad, quienes tan solo tienen que adquirir

el ‘termino’ agua, saber emplearlo en condiciones usuales. Afirma

Putnam al respecto: “Las propiedades que generalmente consideradas en

conexión con un nombre general –condiciones necesarias y suficientes para formar

parte de la extensión, formas de reconocer si algo se encuentra dentro de la

extensión, etc– están presentes en toda la comunidad lingüística considerada


9 Putnam H., “Meaning and reference”, en Meaning and reference, ed. por Moore

A.W., Oxford University Press, 1993, pp. 150-161, p. 153, “…the necessary

and sufficient condition for being wáter is bearing the relation ‘same’ with the

stuff in the glass; but this is the necessary and sufficient condition only if the

empirical presupposition is satisfied”.

Discusiones xiii

Lucila Fernández Alle

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como un cuerpo colectivo; pero ese cuerpo colectivo divide su ‘trabajo’ en conocer

y emplear estas diversas partes del significado de ‘oro’”10.

Las principales ideas, entonces, planteadas desde esta concepción

son las siguientes: “…la extensión de un término no está fijada

por un concepto que el hablante individual tiene en su mente, y esto es

verdadero tanto por el hecho de que la extensión es, en general, determinada

socialmente –existe una división del trabajo lingüístico tal como existe una

del trabajo ‘real’–, como por el hecho de que la extensión es determinada,

en parte, indexicalmente. La extensión de nuestros términos depende de la

naturaleza que efectivamente tienen las cosas en particular que constituyen

paradigmas, y esta naturaleza real no es, en general, completamente conocida

para el hablante”11.

Hay dos cuestiones sobre esta teoría que me interesa resaltar, aclarando

que un análisis exhaustivo de la misma excede los límites de

este trabajo; a saber, la posibilidad de relacionar los conceptos con el

contexto de la comunidad que los utiliza y la cuestión de la división

lingüística del trabajo. En lo que sigue, procuraré relacionar estas dos

cuestiones con algunas de las conclusiones sobre la teoría del derecho

de Raz y de Alexy, presentes en el libro discutido.

La refutación de la idea de que los conceptos están determinados

por las convenciones acerca de sus propiedades definitorias, como


decíamos, se relaciona con la crítica a la imposibilidad de dar cuenta

desde el Modelo Criterial, del desacuerdo y del error en el derecho.

10 Putnam, ob. cit, p. 155: “The features that are generally thought to be present

in connection with a general name –necessary and sufficient conditions for

membership in the extension, ways of recognizing whether something is in

the extension, etc., are all present in the linguistic community considered as

a collective body; but that collective body divides the ‘labour’ of knowing and

employing these various parts of the ‘meaning’ of ‘gold’”.

11 Putnam, p. 161: “We have now seen that the extension of a term is not fixed

by a concept that the individual speaker has in his head, and this is true both

because the extension is, in general, determined socially –there is division of

linguistic labour as much as of ‘real’ labour– and because extension is, in part,

determined indexically. The extension of our terms depends upon the actual

nature of the particular thins that serve as paradigms, and this actual nature is

not, in general, fully known to the speaker”.

Acerca de los presupuestos metateóricos de “Las pretensiones normativas ...

Discusiones xiii

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Existe una alternativa a este problema desde las mismas teorías convencionalistas

en la que nos detendremos luego. Por el momento,

basta reiterar que la crítica al Modelo Criterial consiste en que si la

intensión determina la extensión y no hay acuerdo acerca de la intensión,

la extensión, en consecuencia, no es la misma para las dos

partes entre las que se plantea el supuesto desacuerdo que, por ende,

es superficial o no genuino. En cambio, cuando es el caso que dos

personas comparten sus pensamientos acerca de dos objetos distintos,

sus pensamientos son por ello mismo distintos y el elemento que

permite identificar esa diferencia se encuentra en algo externo; específicamente,

en el contexto12. La idea que Putnam refuerza sobre


este punto es que este factor, que se encuentra en el contexto, puede

ser desconocido –aunque es cognoscible– por el sujeto y la consecuencia

de su enfoque es, como señala Stavropoulos, el contraste

entre competencia –entendida como la habilidad para pensar con un

concepto– y habilidad para discriminar su extensión y su conclusión

es que esta última no está conectada con la primera del modo en que

el Modelo Criterial indica13.

Esta distinción entre competencia y habilidad para determinar la

extensión de un concepto nos lleva al otro punto fundamental en la

teoría de Putnam, y que denomina División del Trabajo Lingüística.

Conforme a esta idea, existe una diferencia entre subgrupos que, dentro

de una única comunidad lingüística y por razones no lingüísticas,

o bien adquieren el término correspondiente a un objeto, o bien los

métodos para reconocer si ese objeto es o no el referido por el concepto

tomado en cuenta.

A partir de esta División del Trabajo Lingüística, el autor formula

su Hipótesis de la Universalidad del Trabajo Lingüístico, en los siguientes

términos: “Toda comunidad lingüística ejemplifica el tipo de división

de trabajo lingüístico recién descripta; esto es, posee al menos algunos

términos cuyo ‘criterio’ asociado es conocido solo por un subgrupo de los hablantes

que adquieren esos términos, y cuyo uso por parte del resto de los ha-

12 Stavropoulos, ob. cit., p. 30.

13 Stavropoulos, ob. cit., p. 32.

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Lucila Fernández Alle

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blantes depende de una cooperación estructurada entre ellos y los hablantes de

los subgrupos relevantes”14.

Ahora bien, ¿es posible trazar algún paralelo entre esta diferencia
entre subgrupos de una misma comunidad lingüística y los diversos niveles

de comprensión del concepto de derecho planteados en la teoría

de Raz y de Alexy, de acuerdo al análisis presente en el libro de Gaido?

Recordemos las conclusiones de la autora sobre este punto.

Respecto de Raz, en primer lugar, el mismo distingue entre manejo

acabado y posesión mínima de un concepto. Lo primero indica el conocimiento

completo de la cosa que el concepto designa15, mientras

que la posesión mínima del concepto implica la capacidad de identificar

ejemplos de derecho en casos normales de aplicación. Alexy, por

otra parte, distinguía entre conceptos vigentes y concepto correcto de

derecho. Los conceptos vigentes dependen de convenciones lingüísticas

contingentes –aun cuando siempre tienen una pretensión de adecuación

al concepto correcto–, mientras que el concepto de derecho

está vinculado a la naturaleza del derecho, que es única.

Considero que la idea de división del trabajo lingüística y la diferencia

que plantea entre quienes adquieren un término y quienes adquieren

los métodos para reconocer si ciertos objetos constituyen, efectivamente,

la referencia de un concepto, es aplicable y permite comprender las

categorías de posesión mínima y manejo acabado de un concepto –

Raz– y de conceptos vigentes y concepto de derecho –Raz–.

Gaido, sin embargo, concluye que dado que la teoría de Raz como

la de Alexy otorgan importancia radical a la idea de práctica jurídica

14 Putnam, ob. cit, p. 156: “HYPOTHESIS OF THE UNVERSALITY OF THE

DIVISION OF LINGUISTIC LABOUR: Every linguistic community exemplifies

the sort of division of linguistic labour just described; that is, it possesses at least

some terms whose associated ‘criteria’ are known only to a subset of the speakers

who acquire the terms, and whose use by the other speakers depends upon a

structured co-operation between them and the speakers in the relevant subsets”.

15 Gaido incluso señala que, desde la concepción de Raz, cabe también distinguir
el manejo acabado del concepto de su articulación –mínima o acabada–, de

modo tal que aun quienes tienen un conocimiento acabado pueden incurrir en

errores. Cfr. Gaido, ob. cit, p. 52.

Acerca de los presupuestos metateóricos de “Las pretensiones normativas ...

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–para identificar cuál es el valor que el derecho aspira a realizar, es

decir, para identificar su normatividad–, la idea de concepto de ambos

era de naturaleza convencional. En el caso de Raz, completamente

convencional, porque este autor habla de la elucidación de ‘nuestro’

concepto de derecho; mientras que en el caso de Alexy, la concepción

de concepto sería parcialmente convencional –solo en lo que no respecta

a la idea de concepto correcto, o de pretensión de corrección–.

Sin embargo, esta conclusión implica una cierta concepción de

práctica jurídica –y de práctica social, en general–, que identifica práctica

con convención o que, al menos, entiende que la práctica es causada

por la convención. Existe, no obstante, otro modo de concebir a

las prácticas sociales que no explica las mismas a través de la idea de

convenciones, sino a través de estándares o criterios sustantivos sobre

los objetos –en este caso, los valores– que dichas prácticas involucran.

Teniendo esto en cuenta, creo que es posible la comprensión de las

conclusiones sobre teorías desde una clave esencialista, como la planteada

por las semánticas K-P.

La idea de práctica social –y de práctica jurídica en particular–,

como decíamos, puede ser individualizada de acuerdo, nuevamente,

al Modelo Criterial. Es decir, de acuerdo a los criterios compartidos

respecto de qué es, o en qué consiste, la práctica en cuestión; en nuestro

caso, la práctica jurídica. Sin embargo, si para la comprensión de

la práctica apelamos a standards sustantivos sobre lo que la práctica


es –o sobre lo que la realización del valor al que aspira, requiere–,

la consecuencia varía, permitiendo cierto grado de objetividad dentro

de la misma práctica. Puede objetarse esta conclusión a partir

de la propuesta del convencionalismo profundo. Si bien un análisis

detallado de esta corriente exigiría un desarrollo mucho más extenso

del que aquí puede abarcarse, sí podemos cuando menos señalar

algunos puntos fundamentales sobre la misma. Como señala Gaido,

esta corriente afirma que “…existiría una manera diferente de entender

los conceptos desde una posición criterialista, asociada a un convencionalismo

profundo. De acuerdo con esta posible perspectiva, la existencia de conceptos

se mostraría en el acuerdo en torno a ciertos casos paradigmáticos que se reconocen

como aplicaciones correctas del concepto. La posesión de un concepto,

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de esta manera, estaría más relacionada con una habilidad en su uso, en el

sentido de ser capaz de identificar casos paradigmáticos de aplicación en condiciones

normales. Los conceptos siguen siendo entendidos como el conjunto

de propiedades necesarias y suficientes asociadas al objeto. Sin embargo, la

transparencia de estas propiedades solo sería accesible a aquellos que manejan

el concepto de manera acabada”16.

En este sentido, el error (incluso generalizado) y el desacuerdo,

como así también las distinciones de Raz y de Alexy respecto de posesión

mínima y manejo acabado del concepto, podrían explicarse desde

este tipo de convencionalismo. Sin embargo, y aunque la cuestión

merece un análisis profundo, explicar el error y el desacuerdo desde

esta concepción parece plantear otro problema: si la extensión del

concepto de derecho –y de conceptos asociados– está determinada de

acuerdo al Modelo Criterial –es decir, por las propiedades definitorias


del concepto– no se explica el uso del concepto por quienes no tienen

conocimiento de sus propiedades. Si este grupo puede identificar –y

de hecho identifica– casos paradigmáticos de aplicación del concepto,

esto parece estar ligado a la relación entre ese concepto y la práctica

de la comunidad a la que ese subgrupo pertenece, y no al conocimiento

de las propiedades definitorias como constitutivas de la extensión.

En otras palabras, si por práctica social se entiende exclusivamente

convención social –y por convención, acuerdo acerca de las

propiedades definitorias–, el modelo del convencionalismo profundo

puede dar una respuesta a la cuestión del error y del desacuerdo en

el derecho. Sin embargo, si tomamos en cuenta que existe otro modo

de entender el problema, que consiste en ligar la práctica social no a

los significados –no a las propiedades definitorias del concepto o de

los conceptos implicados en esa práctica– sino a teorías sustantivas

acerca de lo que esas prácticas refieren, la objeción no parece ser

superable desde el convencionalismo. Desde este punto de vista alternativo

sobre la práctica social, no se negaría la importancia del significado

convencionalmente fijado dentro de la práctica, pero tampoco

podría afirmarse que la práctica está determinada por la convención,

16 Gaido, ob. cit, p. 25.

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no al menos exclusivamente. Si esto es así, la respuesta del convencionalismo

profundo no explica el error y el desacuerdo a partir de

las convenciones, sino a partir de las prácticas, y las prácticas remiten

a teorías sustantivas acerca de lo que el concepto de derecho –o de

conceptos asociados– de hecho refieren.

Retomando entonces a la pregunta, central en el libro discutido,


sobre los presupuestos metateóricos en las teorías del derecho de Raz

y Alexy, creo que es posible analizar estos presupuestos –particularmente

el presupuesto relativo a la idea de concepto implicada– desde

la concepción de las semánticas K-P. Esto permitiría, según entiendo,

explicar más acabadamente la noción de desacuerdo y de error respecto

del concepto de derecho, dando lugar a que aun los contenidos

de los conceptos –como ocurre con el contenido del concepto o de

nuestro concepto de derecho– que dependen de las prácticas sociales,

sean pasibles de críticas objetivas.

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