Modelo Criterial.
La idea fundamental en su teoría es, como decíamos,
que no son los estados psicológicos de los hablantes los que
determinan la extensión del concepto. Resalta la importancia del contexto
centrándose en conceptos que denomina natural kind concepts.
Con esto en vista, desarrolla un experimento mental de acuerdo al
cual concluye que existe una relación de ‘igualdad’ –relación ‘sameness’–
de acuerdo a la cual la determinación de que cierto objeto sea o
no el mismo que esto –objeto referido por definición ostensiva– puede
requerir un cúmulo indeterminado de conocimiento científico al respecto.
Conforme a esto, y dado que ese conocimiento puede variar
temporalmente o conforme a supuestos contrafácticos, Putnam afirma
que “…la condición necesaria y suficiente para ser agua es poseer la relación
‘sameness’ con el objeto en el vaso [otra vez, por definición ostensiva,
agua]; pero esta es la condición necesaria y suficiente solo si el presupuesto
empírico se encuentra satisfecho”9.
La otra cuestión fundamental en el desarrollo de la teoría de
Putnam consiste en la cuestión de la competencia necesaria para el
reconocimiento del objeto referido por un concepto. La idea es que
existe lo que él denomina una ‘División del Trabajo Lingüístico’. De
acuerdo a la misma, dentro de cualquier comunidad existe un subgrupo
que, debido al rol que cumple dentro de las prácticas sociales de esa
comunidad– tiene que adquirir el método para reconocer si algo es o
no es, por ejemplo, agua. Este subgrupo se diferencia de los restantes
miembros de la misma comunidad, quienes tan solo tienen que adquirir
el ‘termino’ agua, saber emplearlo en condiciones usuales. Afirma
Putnam al respecto: “Las propiedades que generalmente consideradas en
conexión con un nombre general –condiciones necesarias y suficientes para formar
parte de la extensión, formas de reconocer si algo se encuentra dentro de la
extensión, etc– están presentes en toda la comunidad lingüística considerada
9 Putnam H., “Meaning and reference”, en Meaning and reference, ed. por Moore
A.W., Oxford University Press, 1993, pp. 150-161, p. 153, “…the necessary
and sufficient condition for being wáter is bearing the relation ‘same’ with the
stuff in the glass; but this is the necessary and sufficient condition only if the
empirical presupposition is satisfied”.
Discusiones xiii
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como un cuerpo colectivo; pero ese cuerpo colectivo divide su ‘trabajo’ en conocer
y emplear estas diversas partes del significado de ‘oro’”10.
Las principales ideas, entonces, planteadas desde esta concepción
son las siguientes: “…la extensión de un término no está fijada
por un concepto que el hablante individual tiene en su mente, y esto es
verdadero tanto por el hecho de que la extensión es, en general, determinada
socialmente –existe una división del trabajo lingüístico tal como existe una
del trabajo ‘real’–, como por el hecho de que la extensión es determinada,
en parte, indexicalmente. La extensión de nuestros términos depende de la
naturaleza que efectivamente tienen las cosas en particular que constituyen
paradigmas, y esta naturaleza real no es, en general, completamente conocida
para el hablante”11.
Hay dos cuestiones sobre esta teoría que me interesa resaltar, aclarando
que un análisis exhaustivo de la misma excede los límites de
este trabajo; a saber, la posibilidad de relacionar los conceptos con el
contexto de la comunidad que los utiliza y la cuestión de la división
lingüística del trabajo. En lo que sigue, procuraré relacionar estas dos
cuestiones con algunas de las conclusiones sobre la teoría del derecho
de Raz y de Alexy, presentes en el libro discutido.
La refutación de la idea de que los conceptos están determinados
por las convenciones acerca de sus propiedades definitorias, como
decíamos, se relaciona con la crítica a la imposibilidad de dar cuenta
desde el Modelo Criterial, del desacuerdo y del error en el derecho.
10 Putnam, ob. cit, p. 155: “The features that are generally thought to be present
in connection with a general name –necessary and sufficient conditions for
membership in the extension, ways of recognizing whether something is in
the extension, etc., are all present in the linguistic community considered as
a collective body; but that collective body divides the ‘labour’ of knowing and
employing these various parts of the ‘meaning’ of ‘gold’”.
11 Putnam, p. 161: “We have now seen that the extension of a term is not fixed
by a concept that the individual speaker has in his head, and this is true both
because the extension is, in general, determined socially –there is division of
linguistic labour as much as of ‘real’ labour– and because extension is, in part,
determined indexically. The extension of our terms depends upon the actual
nature of the particular thins that serve as paradigms, and this actual nature is
not, in general, fully known to the speaker”.
Acerca de los presupuestos metateóricos de “Las pretensiones normativas ...
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225
Existe una alternativa a este problema desde las mismas teorías convencionalistas
en la que nos detendremos luego. Por el momento,
basta reiterar que la crítica al Modelo Criterial consiste en que si la
intensión determina la extensión y no hay acuerdo acerca de la intensión,
la extensión, en consecuencia, no es la misma para las dos
partes entre las que se plantea el supuesto desacuerdo que, por ende,
es superficial o no genuino. En cambio, cuando es el caso que dos
personas comparten sus pensamientos acerca de dos objetos distintos,
sus pensamientos son por ello mismo distintos y el elemento que
permite identificar esa diferencia se encuentra en algo externo; específicamente,
en el contexto12. La idea que Putnam refuerza sobre
este punto es que este factor, que se encuentra en el contexto, puede
ser desconocido –aunque es cognoscible– por el sujeto y la consecuencia
de su enfoque es, como señala Stavropoulos, el contraste
entre competencia –entendida como la habilidad para pensar con un
concepto– y habilidad para discriminar su extensión y su conclusión
es que esta última no está conectada con la primera del modo en que
el Modelo Criterial indica13.
Esta distinción entre competencia y habilidad para determinar la
extensión de un concepto nos lleva al otro punto fundamental en la
teoría de Putnam, y que denomina División del Trabajo Lingüística.
Conforme a esta idea, existe una diferencia entre subgrupos que, dentro
de una única comunidad lingüística y por razones no lingüísticas,
o bien adquieren el término correspondiente a un objeto, o bien los
métodos para reconocer si ese objeto es o no el referido por el concepto
tomado en cuenta.
A partir de esta División del Trabajo Lingüística, el autor formula
su Hipótesis de la Universalidad del Trabajo Lingüístico, en los siguientes
términos: “Toda comunidad lingüística ejemplifica el tipo de división
de trabajo lingüístico recién descripta; esto es, posee al menos algunos
términos cuyo ‘criterio’ asociado es conocido solo por un subgrupo de los hablantes
que adquieren esos términos, y cuyo uso por parte del resto de los ha-
12 Stavropoulos, ob. cit., p. 30.
13 Stavropoulos, ob. cit., p. 32.
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226
blantes depende de una cooperación estructurada entre ellos y los hablantes de
los subgrupos relevantes”14.
Ahora bien, ¿es posible trazar algún paralelo entre esta diferencia
entre subgrupos de una misma comunidad lingüística y los diversos niveles
de comprensión del concepto de derecho planteados en la teoría
de Raz y de Alexy, de acuerdo al análisis presente en el libro de Gaido?
Recordemos las conclusiones de la autora sobre este punto.
Respecto de Raz, en primer lugar, el mismo distingue entre manejo
acabado y posesión mínima de un concepto. Lo primero indica el conocimiento
completo de la cosa que el concepto designa15, mientras
que la posesión mínima del concepto implica la capacidad de identificar
ejemplos de derecho en casos normales de aplicación. Alexy, por
otra parte, distinguía entre conceptos vigentes y concepto correcto de
derecho. Los conceptos vigentes dependen de convenciones lingüísticas
contingentes –aun cuando siempre tienen una pretensión de adecuación
al concepto correcto–, mientras que el concepto de derecho
está vinculado a la naturaleza del derecho, que es única.
Considero que la idea de división del trabajo lingüística y la diferencia
que plantea entre quienes adquieren un término y quienes adquieren
los métodos para reconocer si ciertos objetos constituyen, efectivamente,
la referencia de un concepto, es aplicable y permite comprender las
categorías de posesión mínima y manejo acabado de un concepto –
Raz– y de conceptos vigentes y concepto de derecho –Raz–.
Gaido, sin embargo, concluye que dado que la teoría de Raz como
la de Alexy otorgan importancia radical a la idea de práctica jurídica
14 Putnam, ob. cit, p. 156: “HYPOTHESIS OF THE UNVERSALITY OF THE
DIVISION OF LINGUISTIC LABOUR: Every linguistic community exemplifies
the sort of division of linguistic labour just described; that is, it possesses at least
some terms whose associated ‘criteria’ are known only to a subset of the speakers
who acquire the terms, and whose use by the other speakers depends upon a
structured co-operation between them and the speakers in the relevant subsets”.
15 Gaido incluso señala que, desde la concepción de Raz, cabe también distinguir
el manejo acabado del concepto de su articulación –mínima o acabada–, de
modo tal que aun quienes tienen un conocimiento acabado pueden incurrir en
errores. Cfr. Gaido, ob. cit, p. 52.
Acerca de los presupuestos metateóricos de “Las pretensiones normativas ...
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–para identificar cuál es el valor que el derecho aspira a realizar, es
decir, para identificar su normatividad–, la idea de concepto de ambos
era de naturaleza convencional. En el caso de Raz, completamente
convencional, porque este autor habla de la elucidación de ‘nuestro’
concepto de derecho; mientras que en el caso de Alexy, la concepción
de concepto sería parcialmente convencional –solo en lo que no respecta
a la idea de concepto correcto, o de pretensión de corrección–.
Sin embargo, esta conclusión implica una cierta concepción de
práctica jurídica –y de práctica social, en general–, que identifica práctica
con convención o que, al menos, entiende que la práctica es causada
por la convención. Existe, no obstante, otro modo de concebir a
las prácticas sociales que no explica las mismas a través de la idea de
convenciones, sino a través de estándares o criterios sustantivos sobre
los objetos –en este caso, los valores– que dichas prácticas involucran.
Teniendo esto en cuenta, creo que es posible la comprensión de las
conclusiones sobre teorías desde una clave esencialista, como la planteada
por las semánticas K-P.
La idea de práctica social –y de práctica jurídica en particular–,
como decíamos, puede ser individualizada de acuerdo, nuevamente,
al Modelo Criterial. Es decir, de acuerdo a los criterios compartidos
respecto de qué es, o en qué consiste, la práctica en cuestión; en nuestro
caso, la práctica jurídica. Sin embargo, si para la comprensión de
la práctica apelamos a standards sustantivos sobre lo que la práctica
es –o sobre lo que la realización del valor al que aspira, requiere–,
la consecuencia varía, permitiendo cierto grado de objetividad dentro
de la misma práctica. Puede objetarse esta conclusión a partir
de la propuesta del convencionalismo profundo. Si bien un análisis
detallado de esta corriente exigiría un desarrollo mucho más extenso
del que aquí puede abarcarse, sí podemos cuando menos señalar
algunos puntos fundamentales sobre la misma. Como señala Gaido,
esta corriente afirma que “…existiría una manera diferente de entender
los conceptos desde una posición criterialista, asociada a un convencionalismo
profundo. De acuerdo con esta posible perspectiva, la existencia de conceptos
se mostraría en el acuerdo en torno a ciertos casos paradigmáticos que se reconocen
como aplicaciones correctas del concepto. La posesión de un concepto,
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de esta manera, estaría más relacionada con una habilidad en su uso, en el
sentido de ser capaz de identificar casos paradigmáticos de aplicación en condiciones
normales. Los conceptos siguen siendo entendidos como el conjunto
de propiedades necesarias y suficientes asociadas al objeto. Sin embargo, la
transparencia de estas propiedades solo sería accesible a aquellos que manejan
el concepto de manera acabada”16.
En este sentido, el error (incluso generalizado) y el desacuerdo,
como así también las distinciones de Raz y de Alexy respecto de posesión
mínima y manejo acabado del concepto, podrían explicarse desde
este tipo de convencionalismo. Sin embargo, y aunque la cuestión
merece un análisis profundo, explicar el error y el desacuerdo desde
esta concepción parece plantear otro problema: si la extensión del
concepto de derecho –y de conceptos asociados– está determinada de
acuerdo al Modelo Criterial –es decir, por las propiedades definitorias
del concepto– no se explica el uso del concepto por quienes no tienen
conocimiento de sus propiedades. Si este grupo puede identificar –y
de hecho identifica– casos paradigmáticos de aplicación del concepto,
esto parece estar ligado a la relación entre ese concepto y la práctica
de la comunidad a la que ese subgrupo pertenece, y no al conocimiento
de las propiedades definitorias como constitutivas de la extensión.
En otras palabras, si por práctica social se entiende exclusivamente
convención social –y por convención, acuerdo acerca de las
propiedades definitorias–, el modelo del convencionalismo profundo
puede dar una respuesta a la cuestión del error y del desacuerdo en
el derecho. Sin embargo, si tomamos en cuenta que existe otro modo
de entender el problema, que consiste en ligar la práctica social no a
los significados –no a las propiedades definitorias del concepto o de
los conceptos implicados en esa práctica– sino a teorías sustantivas
acerca de lo que esas prácticas refieren, la objeción no parece ser
superable desde el convencionalismo. Desde este punto de vista alternativo
sobre la práctica social, no se negaría la importancia del significado
convencionalmente fijado dentro de la práctica, pero tampoco
podría afirmarse que la práctica está determinada por la convención,
16 Gaido, ob. cit, p. 25.
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no al menos exclusivamente. Si esto es así, la respuesta del convencionalismo
profundo no explica el error y el desacuerdo a partir de
las convenciones, sino a partir de las prácticas, y las prácticas remiten
a teorías sustantivas acerca de lo que el concepto de derecho –o de
conceptos asociados– de hecho refieren.
Retomando entonces a la pregunta, central en el libro discutido,
sobre los presupuestos metateóricos en las teorías del derecho de Raz
y Alexy, creo que es posible analizar estos presupuestos –particularmente
el presupuesto relativo a la idea de concepto implicada– desde
la concepción de las semánticas K-P. Esto permitiría, según entiendo,
explicar más acabadamente la noción de desacuerdo y de error respecto
del concepto de derecho, dando lugar a que aun los contenidos
de los conceptos –como ocurre con el contenido del concepto o de
nuestro concepto de derecho– que dependen de las prácticas sociales,
sean pasibles de críticas objetivas.