ESCUELA DE PALO ALTO: SABOTAJE BENÉVOLO COMO SOLUCIÓN A LA CRISIS ENTRE PADRES E
HIJOS
06/12/2014 Alicia García Aguiar 0 comments adolescentes, familia, rebeldía, sabotaje benévolo
“Puberty“, de E. Munch
Se trata de una intervención eficaz en el tratamiento de otra típica y monótona crisis que se da
entre padres y sus hijos menores de edad y rebeldes (si bien es también aplicable a otras
situaciones en las que una de las partes se esfuerza intensa pero inútilmente por ejercer algún
control sobre el comportamiento de la otra). En la mayoría de los casos, el problema es fácil de
definir: el muchacho o la muchacha no obedece, no estudia ni tiene su cuarto ordenado; o bien es
brusco, desagradecido, llega tarde a casa, fracasa en el colegio, se rodea de malas compañías,
probablemente consume drogas, está a punto de entrar en conflictos con la ley o ha incurrido ya
en ellos, etc, etc. La situación, por lo general, se repite de un modo estereotipado. La transición
que se verifica en un adolescente, desde la niñez a la vida adulta, es uno de los varios períodos de
cambio en las familias que exigen correspondientes cambios en cuanto a las normas de sus
relaciones mutuas, es decir, cambio 2. Simplificando mucho esto último, mientras que a un niño
de ocho años de edad puede bastar con decirle: Harás lo que te digo o de lo contrario…, puede
ocurrir que el adolescente de catorce años replique: ¿O de lo contrario qué? y los padres tienen
entonces que apelar al viejo repertorio de sanciones que ya hace años perdieron su eficacia. El
sentido común y la receta de “más de lo mismo” del cambio 1 tan solo conducirán entonces a un
callejón sin salida, en el que cuanto más cambien las cosas, más continuarán siendo las mismas.
Los padres, por ejemplo, pueden intentar primeramente razonar con el menor, pero esto fracasa,
ya que las premisas de su
El fracaso de las exhortaciones
razonamiento son diferentes; entonces impondrán algún castigo leve; el hijo se rebelará con éxito;
entonces impondrán más sanciones que solo servirán para provocar más rebeldía, y finalmente la
policía y las autoridades que se ocupan de menores serán llamadas para enfrentarse con lo que ya
parece un comportamiento claramente recalcitrante e incontrolable. Está bastante claro que son
las soluciones intentadas quienes crean y mantienen el problema, pero este hecho permanece
velado dentro de la ceguera interpersonal tan típica en los conflictos humanos. Los padres no se
atreven a relajar su presión, ya que “saben” que el comportamiento de su hijo se les escaparía
entonces por completo de las manos; para el hijo, por otra parte, la rebelión es el único modo de
asegurarse la supervivencia psicológica contra aquello que, en su opinión, es la amenaza de las
constantemente crecientes exigencias paternales. [] Al observador exterior no le cabe duda de que
si una de las partes quisiera hacer menos de lo mismo, la otra la seguiría inmediatamente.
A este fin, se instruye a los padres para utilizar un sabotaje benévolo. Éste consiste en adoptar una
posición basada en admitir francamente ante el hijo que son incapaces de controlar su
comportamiento. “Deseamos que estés en casa a las once, pero si no estás a esa hora no podemos
hacer nada”; he aquí uno de los posibles mensajes. Dentro de esta nueva estructura, el
adolescente se da cuenta rápidamente de que su actitud de defensa y desafío carece ahora de
sentido. No resulta fácil desafiar al débil. Se indica luego a los padres que cierren todas
Abrir la puerta medio dormidos y preguntar "¿quién es?"
Abrir la puerta medio dormidos y preguntar “¿quién eeess?“
las puertas y ventanas de la casa a las once, y que se acuesten, de tal modo que cuando el chico
llegue a casa no pueda entrar y tenga que tocar el timbre o golpear la puerta. Luego le han de
dejar fuera durante un buen rato, hasta abrirle la puerta, pero no sin preguntar medio dormidos y
repetidamente, que quién es. Una vez le hayan abierto, le dirán que sienten haberle dejado fuera
tanto tiempo y se volverán a la cama sin preguntarle, como de costumbre, dónde ha estado, por
qué vuelve tan tarde, etc. A la mañana siguiente no se referirán para nada a lo sucedido, a no ser
que el hijo lo haga, en cuyo caso adoptarán de nuevo una actitud de disculpa por haberle hecho
esperar tanto hasta abrir la puerta. A cada fechoría de su hijo, tienen que responder tan pronto
como les sea posible con algún acto adicional de sabotaje: si el hijo no hace su cama, la madre la
hará por él, pero picará unas cortezas de pan y se las meterá entre las sábanas. Cuando él se
queje, admitirá que estaba comiendo pan mientras le hacía la cama y que siente lo ocurrido. Si no
guarda nunca bien su ropa, la madre cometerá otro error tonto (“No sé qué me pasa estos días
que hago una tontería tras otra”) y le almidonará la ropa interior o le echará sal en lugar de azúcar
en su postre favorito, o bien y como por casualidad, durante la cena le echará encima un vaso de
leche cuando se haya arreglado para ir a alguna cita. En ningún momento deben mostrarse los
padres sarcásticos o punitivos acerca de tales actos de sabotaje, sino disculparse siempre por ellos.
Gran parte de la eficacia del sabotaje benévolo reside en un doble proceso de reestructuración: le
quita al adolescente las ganas de rebelarse, ya que no le deja mucho motivo para ello, y
virtualmente invierte la dinámica de la interacción familiar. En una familia típica en la que existe
un delincuente juvenil, los padres son abiertamente punitivos y regresivos, pero ocultamente
permisivos y seductores. El sabotaje benévolo da lugar a una situación en la que se vuelven
abiertamente permisivos y desvalidos, pero ocultamente punitivos, y ello de un modo contra el
cual el adolescente no puede rebelarse. En lugar de lanzar vanas amenazas, de utilizar
razonamientos y exhortaciones, los padres asumen un modo tranquilo pero mucho más poderoso
de manejar a su hijo. Este cambio impide una “solución” inútil que contribuía a mantener el
problema.
Alicia García AguiarAutor: Alicia García Aguiar Psicoterapeuta especialista en Terapia Breve
Estratégica y miembro afiliado del CTS que dirige Giorgio Nardone. Encuentra en este blog el
tratamiento para todo tipo de trastornos desde la TBE y la Terapia Breve en general y mantente
informado de las últimas novedades sobre libros, cursos y seminarios de Giorgio Nardone
LAS RELACIONES HUMANAS: EL TRUCO DE BELLAC. En la obra de teatro de Jean Giraudoux
"L'Apollon de Bellac" se cuenta el aprendizaje social de Inés, una joven tímida y angustiada que
descubre que la forma más eficaz de hacerse con la gente consiste en decirles que son guapos.
Quien recibe este elogio "se siente hermoso", y por lo tanto no supone ninguna falsedad. Pero es
que además... el hecho de decirles a los otros que son guapos le convierte a uno mismo en
hermoso.
Ésta es la médula de la obra de Giraudoux, que Watzlawick denomina el "truco de Bellac" (A LA
TÉCNICA CONNOTACIÓN POSITIVA). Con frecuencia, en las relaciones humanas, una actitud
defensiva deja a la persona tanto más vulnerable. Puede ser mejor bajar la guardia, exponerse y
nombrar el juego. La vida de relación está llena de paradojas.