ANÁLISIS DEL PROEMIO Y EL PRIMER CUENTO DEL PRIMER RELATO
DE LA OBRA EL DECAMERÓN DE GIOVANNI BOCACCIO
En el proemio, el Autor aborda el tema del amor irracional incontrolado y
dominado por el apetito como algo que le causó un gran dolor: “…
ciertamente no por crueldad de la mujer amada sino por el excesivo fuego
concebido en la mente por el poco dominado apetito, el cual porque con ningún
razonable límite me dejaba estar contento, me hacía muchas veces sentir más
dolor del que había necesidad (…) mi amor, más que cualquiera otro ardiente
y al cual no había podido ni romper ni doblar ninguna fuerza de voluntad ni
de consejo ni de vergüenza evidente ni ningún peligro que pudiera seguirse de
ello…”. Seguidamente, el autor nos devela que en agradecimiento a este favor
(haberlo sacado un amigo de la depresión por una decepción amorosa), él se
dará a la tarea de administrar su apoyo y consuelo a aquellos quienes
realmente y desesperadamente lo necesiten, inclinando su balanza hacia las
mujeres por ser un público “interesante” en el sentido de que, al igual que los
hombres, tiene unas pasiones, pero que no las pueden liberar a causa de las
normas sociales que tienden a posicionar a la mujer en el lugar de un mueble
doméstico: “…pasan la mayor parte del tiempo confinadas en el pequeño
circuito de sus alcobas, sentadas y ociosas, y queriendo y no queriendo en un
punto, revuelven en sus cabezas diversos pensamientos que no es posible que
todos sean alegres”. Luego nos dice que las mujeres, siendo físicamente
menos fuertes que los hombres, sí que tienen una fuerza que yace en fingir que
están alegres cuando en realidad sus pensamientos son tristes: “…Y si a causa
de ellos, traída por algún fogoso deseo, les invade alguna tristeza, les es fuerza
detenerse en ella con grave dolor si nuevas razones no la remueven, sin contar
con ellas son mucho menos fuertes que los hombres…”. Diferente es el caso del
hombre que puede desfogar su tristeza en público y realizar lo que les es
impedido hacer a las mujeres: “…Ellos, si les aflige alguna tristeza o
pensamiento grave, tienen muchos medios de aliviarse o de olvidarlo porque,
si lo quieren, nada les impide pasear, oír y ver muchas cosas (…) por los cuales
modos todos encuentran la fuerza de recobrar el ánimo, o en parte o en
todo…”. Finalmente, Bocaccio admite que escribió estos relatos para que las
desafortunadas mujeres puedan encontrar, al leerlos, un poco de disfrute y
consejo a fin de mitigar un poco su dolor. Dichos relatos contienen temas
como amores buenos y malos, así como acontecimientos de tiempos modernos
y antiguos.
En la parte de la introducción, Bocaccio se disculpa ante las damas, por
abordar los temas de la sensiblidad femenina y el doloroso tema de la peste
bubónica, no sin antes decirle a sus lectoras que es luego vendrá una
recompoensa que radica en una llanura de cosas buenas a lo largo de la
lectura de las historias. Así lo afirma el autor: “Este horrible comienzo será solo
como como una montaña escarpada y pina, pasada la cual el caminante halla
una llanura bellísima y riente, que le resultará tanto más grata cuanto haya
penado en la subida y a bajada”.
Aparte de las medicinas y la prevención, algunas personas creían que la
sobriedad y la moderación era la clave para resistir (no aliviar) esta desgracia.
Estos se aislaban y cortaban el contacto con el mundo exterior, comìan con
templanza y se entretenían con la música y los placerers que podían tener.
Otros, por el contrario, asumiendo que en cualquier momento les llegaba su
hora, se daban a una vida de excesos terrenales. Inclusive compartían sus
bienes entre ellos y cuando se topaban con un enfermo, huían. Otros eran
moderados entre los dos extremos. Como es de e3sperarse, a falta de
hombres que hicieran cumplir las leyes humanas y divinas, cada quien obraba
según su antojo. Otros salieron de las murallas de la ciudad y abandonaron
todo y a todos. Esto se siguió en una cadena donde finalmente, todos se
abandonaban. En esta situación el rol apacible y sumiso de la mujer cambió al
de una (cuando adquiría la peste) que sin tapujos se entregaba a los placeres
carnales. Como es de esperar, las mujeres que sobrevivieron terminaron por
inclinarse por esta costumbre.
De aquí, se puede decir, nació una nueva sociedad: “Por lo cual, casi por
necesidad, cosas contrarias a las primeras costumbres de los ciudadanos
nacieron entre quienes quedaban vivos”. Estas primeras costumbres se
refieren a las normas sociales como preocuparse por los muertos y
acompañarlos en sus funerales, reunirse en las casas de amigos y familiares y
la natural compasión de la mujer materializada en la ayuda al necesitado. Con
la cantidad desbordadas de muertes y el facilísimo contagio, éstas prácticas
dejaron de existir.