El Judeoespanol I Conceptos Basicos
El Judeoespanol I Conceptos Basicos
Conceptos básicos
F
SE
IC
D
CI
EL
D
L
A
IT
IG
Los contenidos incluidos en el presente artículo están sujetos a derechos de propiedad intelectual. Cualquier copia o
reproducción en soportes papel, electrónico o cualquier otro serán perseguidos por las leyes vigentes.
1
© 2010, E-EXCELLENCE – WWW.LICEUS.COM
Aitor García Moreno – El judeoespañol I. Conceptos básicos
ISBN - 978-84-9822-873-1
THESAURUS:
Dialectología hispánica, Sociolingüística, Historia de la Lengua Española, contacto de
lenguas, diglosia, lengua en extinción.
F
SE
“El judeoespañol II: características”;
IC
“Sociolingüística del español en el norte de África”
D
CI
EL
RESUMEN:
D
descendientes de los judíos expulsados de España a finales del siglo XV. Durante
A
IT
cerca de 500 años y en comunidades tanto del norte de África como del levante
IG
como los hitos fundamentales en la historia externa de su evolución. Por otro lado,
BI
como punto de partida necesario antes de exponer los rasgos lingüísticos más
sobresalientes, se exponen brevemente las características (de fondo y forma) de los
propios textos sefardíes, en la medida en que determinan nuestro acercamiento a la
lengua.
F
SE
judeoespañol– es, como señalaba Hassán (1995: 129) «la denominación castiza que
IC
se da tanto en particular a la lengua más hebraizante usada en traducciones serviles
D
CI
de la Biblia y otras fuentes textuales hebreas de contenido religioso (esa que
EL
expresión yidis (al. jüdische ‘judío’) para referirse a la lengua de origen germánico
CA
hablada por los judíos centroeuropeos– son algunos de los nombres usados también
TE
por los mismos sefardíes para referirse, desde su propia condición de judíos, a una
IO
especial forma de expresión que los contraponía a otros pueblos (turcos, griegos,
BL
eslavos) con los que convivían. En tanto que, por último, la forma español –también
BI
usada desde antiguo por los sefardíes– diferenciaba su variedad lingüística (y a ellos
mismos por ende) frente a las de otros grupos judíos (asquenazíes, romaniotas, etc.).
Por su parte, haquitía (tal y como lo recoge el DRAE) es el término con el que
los sefardíes de Marruecos denominaban su propia variedad judeoespañola.
Esta aparente disparidad a la hora de designar la lengua de los sefardíes, se
deriva parcialmente de un hecho que habrá de quedar patente a lo largo de toda
nuestra exposición: la ausencia de una variedad estandarizada unitaria, para la lengua
de unas comunidades sefardíes dispares desperdigadas sobre una vasta extensión
geográfica que va desde Tetuán hasta Jerusalén y desde Viena (por no decir
Amsterdam) hasta El Cairo, durante más de 500 años.
Por lo demás, teniendo en cuenta estas puntualizaciones, formas como
español sefardí, judeoespañol o ladino resultan perfectamente intercambiables.
3
2. La diáspora sefardí
En la España medieval (denominada convencionalmente «Sefarad 1») existían
comunidades judías desde época romana. La lengua de dichos judíos, aunque con
ciertas particularidades derivadas de un desigual contacto con el hebreo (mayor entre
los eruditos y elemental entre el resto de la población) era la misma que la de sus
convecinos de otras confesiones: el árabe hispano en Al-Ándalus, primero, y los
distintos romances de los reinos cristianos a medida que avanzaban sus fronteras a
costa de los reinos musulmanes, después (Minervini 1992).
A fines de la Edad Media, a raíz de los disturbios antijudíos de 1391, y
especialmente con los decretos de expulsión de los reinos de Castilla y Aragón (1492),
primero, y posteriormente Portugal (1497) y Navarra (1498) comenzó un éxodo masivo
que se completará cuando, ya entrado el s. XVII, salgan de la Península los últimos
F
SE
criptojudíos o marranos hispanoportugueses.
IC
Las vías de salida fueron varias: por tierra, a Portugal o a Navarra y el sur de
D
CI
Francia; por mar, los hubo que cruzando el estrecho de Gibraltar se establecieron en
EL
Los que eligieron la vía portuguesa y –en muchos casos– una no demasiado
L
A
F
SE
especialmente pujante en el ambiente cultural de fines del s. XIX.
IC
D
CI
EL
D
L
A
IT
IG
D
CA
TE
IO
BL
BI
Interesa destacar tanto los distintos centros culturales como las diversas rutas
de comunicación entre esta amplia red de comunidades pues, junto a ciertos hechos
históricos que veremos en el próximo apartado, determinan en gran medida tanto la
evolución del judeoespañol como su distribución en diferentes sub-áreas lingüísticas.
Por último no podemos dejar de aludir a lo que en Díaz Mas (1987: 84-93) se
denomina «diáspora secundaria» y que –desde el s. XVIII, pero principalmente a fines
del XIX y principios del XX– supuso el progresivo asentamiento de sefardíes
provenientes de distintas zonas, en Norteamérica y Latinoamérica primero, y
posteriormente Israel, especialmente tras la Segunda guerra mundial. En dichos
lugares es donde se concentra actualmente la mayor reserva del sefardismo mundial y
por tanto constituyen la llamada «Sefarad 3».
F
SE
Como es fácil imaginar, lo que hoy llamamos judeoespañol no ha sido una
IC
realidad monolítica a lo largo de sus más de cinco siglos de historia, teniendo además
D
CI
en cuenta el vasto territorio sobre el que –como hemos apuntado– se extendió. A su
EL
nada tienen que ver con la lengua y que, sin embargo, han determinado enormemente
L
A
su desarrollo.
IT
Por un lado, como señala Lapesa (1985: 524, nota 1) los escritos de las
IG
D
Por otro, los contactos entre las comunidades del norte de África y las del resto
BL
F
SE
Este proceso además fue doble, por no llevarse a cabo de igual modo en
IC
Constantinopla y en Salónica. Entre otras cosas, la organización social de las
D
CI
comunidades de un mismo núcleo estaba más jerarquizada en Constantinopla que en
EL
Salónica –donde hasta fines del siglo XVI fueron prácticamente autónomas–, lo que
D
impronta portuguesa de los anusim se dejó sentir con más fuerza en Salónica que en
IG
D
Constantinopla, donde, sin embargo, pudo ser más determinante la influencia de otros
CA
La posible huella dejada por estos otros judíos –en principio, muy minoritarios
IO
frente a los recién llegados–, pudo empezar a sentirse a fines del siglo XVI y principios
BL
inglesas relacionadas con la industria textil, lo que provocó una importante crisis
económica en importantes comunidades como las de Safed o Salónica, haciendo
florecer otras como la de Esmirna. La crisis económica conllevó profundos cambios
sociales y así, grupos de nuevos ricos judíos, provenientes de la clase media sefardí y
de esos otros grupos judíos lingüísticamente hispanizados, accedieron al poder dentro
de las comunidades. Esto supuso la estandarización de sus hábitos lingüísticos, de
origen popular, dando lugar al judeoespañol.
El apogeo del judeoespañol clásico o castizo –al que los rabinos de la época
decidieron verter su producción literaria por haberse vuelto inaccesible en hebreo–, se
extendió durante más o menos siglo y medio, hasta que a mediados del siglo XIX
comience paulatinamente su declive. A ello contribuyeron nuevamente varios hechos
de carácter político y social.
7
Por una parte, las reformas políticas del llamado Tanzimat (1839-1876) en el
Imperio otomano cambiaron el estatus de los judíos, que pasaron de ser una minoría
protegida a convertirse en súbditos a todos los efectos y comenzaron, por ejemplo, a
realizar el servicio militar obligatorio, iniciándose la apertura de las hasta entonces
cerradas comunidades sefardíes. Asimismo, la progresiva desmembración del propio
Imperio y el surgimiento de los diferentes estados balcánicos, supondría la
obligatoriedad de estudiar la lengua nacional de estos.
Por otra, la implantación de distintas redes de escuelas judías de corte
moderno y occidental, de entre las que destacan las francesas de la Alliance Israélite
Universelle (aunque también las hubo italianas, alemanas e incluso no judías)
desencadenó un profundo cambio de mentalidades en las tradicionales comunidades
sefardíes de Oriente.
La apertura a la cultura europea en general y francesa en particular traerá la
F
SE
adopción de nuevos géneros literarios –novela, teatro, prensa– y un auge editorial sin
IC
precedentes, pero también una pérdida de estima por el propio judeoespañol que se
D
CI
contamina irremediablemente por influencia del francés: judéofragnol llamó Sephiha
EL
(1976) a este judeoespañol tardío sumamente afrancesado que los sefardíes veían
D
sobre cuál haya de propugnarse como lengua que debían aprender los sefardíes: si el
IT
turco o alguna las distintas lenguas nacionales de los modernos estados donde vivían;
IG
D
si el hebreo, como lengua del pueblo judío, o aun si el propio español moderno con el
CA
hacia Estados Unidos o Israel) desde las antiguas zonas de residencia, como el golpe
BI
F
SE
eminentemente religioso.
IC
Destacan por un lado las traducciones de la Biblia que, siguiendo la tradición
D
CI
judía de la traducción palabra por palabra que ya exhibían los romanceamientos
EL
bíblicos medievales hechos por judíos, presentan un registro lingüístico muy particular,
D
marcado por el calco (a veces hipercorrecto) del original hebreo. Tal es el respeto
L
A
verterlo a otra lengua distinta del hebreo , que traducciones tan distantes en el tiempo
IG
D
Por otro lado, la prosa rabínica en judeoespañol será la responsable del primer
BL
intento por conformar una especie de norma culta sefardí, desde su aparición a
BI
F
SE
Por su parte, el género de las coplas se nos presenta como el más castizo de
IC
la producción literaria sefardí. Se trata de poemas estróficos con frecuencia acrósticos,
D
CI
cantables, de muy variada temática (históricos, hagiográficos, admonitivos, festivos
EL
tanto en el norte de África como en el Imperio otomano entre los siglos XVII y XX, y en
IT
ellos se auna la cultura sefardí con la tradición de las coplas hispánicas (Romero
IG
D
sintaxis judeoespañola –al menos no de igual manera que con un texto de prosa
TE
elaborada– pero no por ello dejan de mostrar los rasgos más característicos de la
IO
mayor difusión, constituyen un inmejorable banco de datos para acercarse tanto a las
distintas variedades locales del judeoespañol, como a su propia evolución.
Por último tenemos los géneros de moderna incorporación al acervo cultural
sefardí como son el periodismo, la novelística o el teatro (aunque ya se documentara
cierta suerte de teatro tradicional entre los sefardíes en el siglo XVIII). El corpus textual
en judeoespañol se multiplica enormemente gracias a ellos desde mediados del siglo
XIX: téngase en cuenta, por ejemplo, que desde 1850 hasta 1939 vieron la luz más de
trescientas cabeceras de periódicos por todos los lugares de la diáspora sefardí. Sin
embargo, no es menos cierto que se nos ofrece una lengua en su decadencia o que –
como es el caso de la narrativa–, el hecho de tratarse casi exclusivamente de
traducciones de obras en otros idiomas, la transferencia de rasgos lingüísticos está a
la orden del día.
10
F
SE
aprehender en su totalidad la información lingüística de un texto sefardí.
IC
D
5.1. La aljamía hebraica en textos sefardíes CI
EL
medievales para los textos en romance desde –al menos– el siglo XIV y así, en su
IT
mayoría aparecen escritos con los caracteres del alefato hebreo, y de derecha a
IG
D
Las razones para esta elección bien podrían ser dos: por un lado, por
TE
adscripción ideológica o doctrinal, pues era el tipo de letra del que se servía el judío
IO
frente a la latina que era el instrumento del cristiano; y por otro, por el simple hecho
BL
práctico de que los varones judíos aprendían el alfabeto hebreo desde pequeños para
BI
poder cumplir con la obligación religiosa de recitar sus oraciones (Hassán 2008a: 121).
La estructura gráfica de las lenguas semíticas (y entre ellas el hebreo) es
consonántica con ciertos indicios de vocalización. Esto hace innecesaria una más
cumplida representación gráfica de los sonidos vocálicos, si bien ha desarrollado una
serie de mecanismos para notarlos y evitar su total ausencia: de estos, el uno consiste
en la utilización de ciertos grafemas consonánticos potencialmente vocálicos –álef
< > א, he < > ה, yod < > יy vav < > ו, denominadas tradicionalmente matres lectionis–; y el
otro en la utilización de un sistema combinado de puntitos y rayitas que se escriben
debajo, encima o dentro de los grafemas consonánticos (la llamada vocalización
masorética), marcando así el timbre de la vocal que acompaña a la consonante, la
ausencia de aquella, o los alófonos de un mismo fonema consonántico en
determinados contornos.
11
F
SE
IC
D
CI
EL
D
L
A
IT
IG
D
CA
TE
IO
BL
BI
12
F
SE
desempeñar las funciones de la doble yod.
IC
La doble yod < > יי, tras consonante y ante vocal, representa el sonido
D
CI
semiconsonántico [j]. Tras consonante, cuando no precede a vocal, representará tanto
EL
el diptongo decreciente [ei], como el creciente [je]: para estos casos, nunca
D
aparecerán tres yodim seguidas por más que pudiera pensarse que las dos primeras
L
A
Asimismo, tras vocal, representa la semivocal [i]. Por otra parte, en posición
D
13
La letra he < > הrepresenta vocal [a] en posición final de palabra –que es como
sucede en hebreo– si bien no es infrecuente encontrar casos de álef como [-a] final:
patraña / פאטראנייא.
F
b) el de la ŝade con el de la sin < > שy con el de la sámej < ( > סambas para la
SE
dorsodental fricativa sorda [s]),
IC
D
c) y el de la tav con el de la tet < [ > טt], siendo estas grafías las que se prefieren
CI
sistemáticamente.
EL
un mismo grafema hebreo pe/fe < פ/ ' > פ/p/-/f/, bet/vet < ב/ ' > ב/b/-/v/ y sin/šin < ש/ '> ש
A
IT
/s/-/š/, se añade una tilde o «varica» sobre la letra, cuya ausencia/presencia marca la
IG
diferencia.
D
para los que el alefato no tenía representación. Así, se añadió una tilde a la guímal
TE
IO
< ( > גque indica el fonema /g/) para convertirla en chímal /ĉ/, ŷímal [ŷ] o en žimal [ž],
BL
resultando un mismo grafema < ' > גpara tres fonemas o sonidos distintos; o en época
BI
más moderna a la źayin < ( > זque indica el fonema /z/) para convertirla en žayin [ž] y
aligerar un poco la citada sobrecarga de guímal con tilde.
En otros casos, lo que se inventa es el uso de dígrafos como nun + (doble) yod
< > נייpara <ñ>, y lámed + (doble) yod < > לייpara lo que en el estándar se escribiría
con <ll> o <y>. Adelantemos que es general el yeísmo.
El resto de grafemas hebreos por citar (dálet < > ד, lámed < >לy reš <)>ר
mantienen su biunívoca correspondencia con /d/, /l/ y /r/, respectivamente.
(nun < נ/ > ן, mem < מ/ > ם, kaf < כ/ > ך, pe < פ/ > ףy ŝade < צ/ > ץ, restringida su aparición a
voces hebreas, salvo en el caso de nun), donde el segundo se utiliza en lugar del
primero en posición final de palabra. También se mantiene el siguiente signo < >,
tomado de la escritura hebrea en caracteres merubá, que sirve para marcar el
segmento fónico [-al-] aun cuando uno y otro sonido pertenezcan a sílabas distintas.
5.1.4. La puntuación
Por último, en lo que respecta a los signos de puntuación podemos generalizar
que los textos sefardíes parecen heredar la tradición de los textos de los que beben.
Así, antes de la aparición de los géneros literarios modernos (prensa, novela, teatro),
en obras impresas de literatura rabínica del s. XVIII nos encontramos sólo el punto alto
(·) y los dos puntos (:), tal y como sucede en sus contemporáneos hebreos (García
Moreno 2002). Sólo mucho más adelante encontraremos marcas de corte occidental
F
SE
como comas, signos de interrogación y exclamación o paréntesis.
IC
D
5.2. Evolución
CI
EL
ortográfico aljamiado ha ido sufriendo una cierta evolución histórica. Se trata de una
IT
evolución leve, pero lo suficiente para que podamos saber por su ortografía si un texto
IG
D
Estos cambios están marcados por dos constantes: la de eliminar todo atisbo
TE
De todos ellos (Bunis 1974), sólo nos detendremos en tres: uso o no de vav
BI
< > וpara marcar el fonema consonántico /v/; utilización de zayin con tilde para el
fonema /ž/, y redistribución de los grafemas sámej < > ס, sin < > שy šin < ' > שen la
notación de /s/ y /š/.
a) Uno de los cambios más antiguos que documentamos en la ortografía sefardí
es el del abandono del uso de vav con valor consonántico /v/ (salvo en
hebraísmos del judeoespañol escritos a la hebrea), que fue sustituido en
dichos casos por bet con tilde < ' > בprácticamente en el siglo XVIII y quedó
desde entonces reservado únicamente para sus valores vocálicos velares.
b) Por otro lado, hasta mediados del siglo XVIII, la guímal con tilde lo mismo
representaba tanto la palatal africada sorda /ĉ/ como la sonora /ŷ/, que en
interior de palabra y posición intervocálica servía para mostrar el sonido (o
15
fonema según [cuándo y cómo] se mire) palatal fricativo sonoro /ž/. Cuando
con la entrada de numerosos préstamos del turco, el fonema palatal africado
sonoro empezó a aparecer también en posición intervocálica, la antigua
diferenciación distributiva se volvió inservible. La solución fue la de crear el
citado signo de zayin con tilde y reservarlo para la palatal fricativa sonora,
dejando guímal con tilde para las palatales africadas sorda y sonora. Ni que
decir tiene que la innovación tuvo gran éxito, especialmente cuando con la
llegada de nuevos préstamos, ahora del francés, la palatal fricativa sonora
pasó a aparecer en inicial de palabra.
c) Por último, el más complejo de los cambios es el que afectó a los grafemas
sámej, sin y šin (o lo que es lo mismo, sin con tilde). En los primeros tiempos
sin se reservaba para la dorsodental fricativa sorda /s/ (<-ss-> en escritura
latina medieval), sámej para lo que en escritura latina correspondía con <ç>
F
SE
(aun cuando la antigua oposición fonológica entre la dental africada sorda /ŝ/
IC
y la dental fricativa sorda /s/ estuviera prácticamente perdida) y šin para la
D
prepalatal fricativa sorda /š/. CI
EL
indistinto de sin y sámej para la dorsodental y šin para la palatal, con los numerosos
L
A
comes [kómes] vs. vosotros comés [koméš]) en la presencia de una minúscula tilde
CA
que con frecuencia faltaba (o no se apreciaba) en los textos. Por todo ello, y en pro de
TE
la citada preferencia por una escritura lo más fonológica posible, los textos más
IO
modernos desde el siglo XIX muestran la clara distribución sámej para la dental y sin
BL
una he que en el segundo de los casos pudiera interpretarse como arcaísmo gráfico
para representar la <h-> etimológica (de probable articulación aspirada), pero que en
el primero queda lejos de encontrar fácil explicación.
2- Por otro lado, si el grafema vav destacaba antes por haber dejado
relativamente pronto de tener su primigenio uso consonántico para pasar a notar
preferentemente las vocales posteriores /o/ y /u/, destaca aún más si tenemos en
cuenta que –aunque muy excepcionalmente–, se pueden documentar ejemplos de
doble vav para notar el sonido semiconsonántico [w] en formas como agua / אגווא,
como grafía paralela a la de doble yod.
3- Circunscrito al área de Liorna por publicarse allí libros que luego serían
vendidos en Gibraltar y el norte de África, encontramos el uso de ħet ( )חo jaf ( ' ) כpara
representar el fonema velar fricativo sordo /x/ de realización aspirada [ħ] a la andaluza
en formas como hijo / ( איכ'וen judeoespañol general /ížo/) o dijo / ( דיכ'וen
F
SE
judeoespañol general /díšo/) que claramente muestran el influjo de la vecina fonética
IC
hispánica peninsular.
D
CI
4- Por su parte, principalmente en los textos impresos en los países de habla
EL
eslava del área de los Balcanes (Bosnia, Bulgaria...), aunque también en Viena,
D
destaca el uso indiferenciado de la secuencia yod yod álef he < ייאה- > tanto para el
L
A
Bajar Hayim –el más (pre)claro impulsor de la revolución ortográfica sefardí (Bunis
CA
1996: 161)–, encontramos ciertos usos gráficos particulares que no tuvieron tanto éxito
TE
como el arriba citado de zayin con tilde, también invento suyo. Tal es el caso de la
IO
doble zayin < > זזpara marcar el fonema dorsodental africado sonoro /dz/ que se
BL
BI
17
F
SE
Como ya hemos venido señalando a lo largo de este texto, la primera división
IC
dialectal dentro del judeoespañol establece la diferenciación entre el dialecto
D
CI
norteafricano occidental (haquitía) y el judeoespañol levantino.
EL
tres áreas fonéticas y fonológicas en el continuum dialectal del judeoespañol del otrora
L
A
Imperio otomano:
IT
IG
D
CA
TE
IO
BL
BI
1. Área central (A), que ocupa el sur de los Balcanes (este de Macedonia,
Grecia, Turquía y Egipto) y corresponde al área de influencia de los tres grandes
centros culturales sefardíes: Estambul, Salónica y Esmirna.
18
F
SE
Se caracteriza por:
IC
a) La neutralización de las vocales átonas medias [e, o] y altas [i, u];
D
CI
b) Los diferentes tratamientos del grupo [rđ], que se mantiene en el oeste
EL
De acuerdo con excepciones como las que hemos ido señalando, se distinguen
TE
salonicense.
BI
7. Conclusión
Hasta aquí una presentación de los conceptos básicos que el estudiante debe
conocer mínimamente antes de acercarse al judeoespañol. Para la exposición
pormenorizada de los rasgos lingüísticos de esta variedad hispánica, remitimos al
texto El Judeoespañol II: características, de esta misma colección.
19
BIBLIOGRAFÍA
Alvar López, Manuel (2ª ed. 1969): Endechas judeo-españolas. Madrid: CSIC.
Alvar López, Manuel (1971): Cantos de boda judeo-españoles. Madrid: CSIC.
Bunis, David M. (1974): The historical development of Judezmo ortography: A brief
sketch. Columbia: Max Weinreich Center for Advanced Jewish Studies.
Bunis, David M. (1996): «Yisrael Haim of Belgrade and the History of Judezmo
Linguistics», en Histoire, Epistemologie, Langage 18:1, 151-166.
Díaz Mas, Paloma (1987): Los sefardíes: historia, lengua y cultura. Barcelona:
Riopiedras.
Di Leone Leoni, Aron (2006): «The Pronunciation of Hebrew in the Western Sephardic
Settlements (XVIth-XXth Centuries). First Part: Early Modern Venice and Ferrara,
Sefarad 66:1 (2006), 377-406.
García Moreno, Aitor (2002): «La puntuación en textos judeoespañoles aljamiados»,
F
SE
Res Diachronicae 1, 169-177.
IC
Hassán, Iacob M. (1968): “De los restos dejados por el judeoespañol en el español de
D
CI
(los) judíos del norte de África” en A. Quilis et al., eds. XI Congreso Internacional
EL
Hassán, Iacob M. (1995): «El español sefardí (judeoespañol, ladino)», en Manuel Seco
L
A
March, 117-140.
IG
D
Hassán, Iacob M. (2004): «Es el ladino judeoespañol calco? (cfr. DRAE)», Quaderns
CA
F
SE
IC
D
CI
EL
D
L
A
IT
IG
D
CA
TE
IO
BL
BI
21
F
SE
IC
D
CI
Portada del Me‘am lo‘ez de Génesis
EL
22
F
SE
IC
D
CI
Portada de El Luzero de la Pasensia
EL
(Turnu-Severin, 21-11-1885)
Jevrjeski Glas (Sarajevo, 9-8-1940), p. 6
D
L
A
IT
IG
D
CA
TE
IO
BL
BI
23