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Artículos sobre la Guerra Civil y política

Este documento resume dos artículos de opinión publicados recientemente. El primero discute el trabajo continuo de historiadores para descubrir detalles adicionales sobre la Guerra Civil Española, incluso si no cambian el relato general. El segundo examina cómo las encuestas a menudo no capturan las verdaderas percepciones y aspiraciones del público, lo que lleva a sorpresas electorales y pérdida de confianza en los políticos.
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Artículos sobre la Guerra Civil y política

Este documento resume dos artículos de opinión publicados recientemente. El primero discute el trabajo continuo de historiadores para descubrir detalles adicionales sobre la Guerra Civil Española, incluso si no cambian el relato general. El segundo examina cómo las encuestas a menudo no capturan las verdaderas percepciones y aspiraciones del público, lo que lleva a sorpresas electorales y pérdida de confianza en los políticos.
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1.

Los flecos de la Guerra Civil siguen contando” por José Andrés Rojo.

Publicado en el diario El País de España, en fecha 21 de noviembre de 2016.

El afán de saber lo que pasó reúne a gentes de muy distintas ideologías

No va a cambiar el mundo si a estas alturas nos enteramos de que hubo unos cuantos
espabilados del bando franquista que cruzaron el río Manzanares unos días antes de la
fecha que los historiadores han dado hasta ahora por buena, y que llegaron incluso
hasta Argüelles, donde hubo escaramuzas con las fuerzas republicanas. Lo que se ha
venido explicando, lo que está más o menos fijado por los estudiosos de la Guerra
Civil, es que las tropas de los militares rebeldes solo consiguieron cruzar el río tras
haber conquistado la Casa de Campo, y que recién lo hicieron el 15 de noviembre de
1936, unos meses después del infame golpe de julio. No les sirvió de mucho. Madrid
consiguió resistir, y la guerra se prolongó.

Pero resulta que hay unos cuantos papeles que dan cuenta de que hubo un asalto
anterior, tal como contaba este diario ayer en sus páginas de Cultura. Un asalto que
no llegó muy lejos y que no logró fijar una posición sólida, como ocurrió después
cuando las fuerzas franquistas llegaron a la Ciudad Universitaria y se enquistaron ahí
hasta el final de la guerra. ¿Es esto relevante y llegará a cambiar el relato sobre la
batalla de Madrid? Seguramente no, salvo que aparezcan otras evidencias de mayor
peso, pero lo que de verdad importa es el hecho de volver sobre los documentos, de
seguir tirando de manera incansable de los flecos, de continuar explorando. El pasado
es siempre un vasto territorio desconocido, y muchos tratan de él como el que toca
una compleja partitura de oído.

Lo que seguramente muestran estos papeles es que, así en la paz como en la guerra,
muchas veces se esconde la verdad: porque no conviene, porque complica las cosas,
porque da una imagen distinta de la que queremos proyectar. A los republicanos no
les venía bien que se supiera que los franquistas habían llegado tan lejos tan pronto,
muy poco después de iniciar esa ofensiva sobre la capital que pretendían fuera la
definitiva. Y a los franquistas les fastidiaba que (esos zaparrastrosos) los hubieran
obligado a retirarse. Fue una llamarada, habituales en una guerra; como se apagó, ya
nadie puso mayor interés.

Salvo esos cuantos que siguen escarbando, y que siguen preguntando, y que
persiguen incansables todas las pistas para que el relato de lo que ocurrió se ajuste
cada vez mejor a lo que de verdad sucedió en aquellos aciagos (y caóticos) días.
Muchos de esos infatigables curiosos forman parte del Grupo de Estudios del Frente
de Madrid (Gefrema).

No está de más subrayar que lo que importa en ese grupo es el afán de conocer lo
que pasó, e investigar y profundizar en todo aquello que queda por descubrir y
explicar. Algunos proceden de familias que estuvieron en la guerra con los rebeldes y
otros son descendientes de los defensores de la República o de los que andaban como
locos para hacer la revolución. El saber los hermana más allá de sus respectivas
ideologías y, bueno, es una manera inteligente de volver al pasado. No para ajustar
cuentas pendientes: para conocerlo mejor.

2. “El peso de las incertidumbres” de Gustavo Roosen.

Publicado en el diario El Nacional de Venezuela, en fecha 20 de noviembre de 2016.

Colombia y el plebiscito sobre el acuerdo de paz, Inglaterra y la decisión de dejar la


Unión Europea, Estados Unidos y la elección presidencial son apenas tres casos en los
que la sorpresa ha superado la presunción, pero son además, y muy especialmente,
tres demostraciones de la distancia creciente entre la lógica política y la gente, entre el
dibujo de las encuestas y el cuadro de las percepciones y aspiraciones reales y
profundas de la sociedad. El resultado de esta brecha, alimentada por el olvido o el
desconocimiento de la gente, no es otro que el surgimiento de la desconfianza, el
abandono de las responsabilidades de ciudadano en la acción política y el florecimiento
de muy variadas formas de anarquía y demagogia.

Pocas cosas hay posiblemente más peligrosas para la libertad y la democracia que la
pérdida de confianza en los políticos, la sensación de la gente de no ser comprendida
o de ser incluso engañada por quienes aspiran a representarla o dirigirla. En
Venezuela, en concreto, unos sienten que las propuestas no responden a sus
aspiraciones de país; otros, que la atención se ha concentrado en el juego político con
desmedro de los verdaderos intereses de la población. En cualquier caso, crecen más
las dudas que las certidumbres.

A raíz de los primeros acuerdos entre el gobierno y los representantes de la oposición


organizada en la Mesa de la Unidad estos sentimientos han cobrado fuerza
inesperada. Pese al intento de explicar la estrategia y las intenciones se percibe que la
representación política de la oposición no expresa con la fuerza que debería la
gravedad de la situación y la urgencia de las soluciones; que no alcanza las objetivos
políticos que propone y se propone; que declara plazos y metas que no puede
sostener; que desperdicia su capital político y de apoyo popular; que no está haciendo
lo que debería para mantener el entusiasmo; que hay un discurso hacia el interior de
las mesas del diálogo y otro para la calle; que las explicaciones sobre el tono y la
estrategia no suenan suficientemente convincentes. La gente entiende que se negocie,
pero quiere ver que se avance. La gente espera que se resuelvan los puntos que están
sobre la mesa, no porque crea que sean únicos, pero sí porque los percibe como
inmediatos, como de emergencia.

El resultado de esta pérdida de confianza comienza a acelerar un proceso en el cual no


se puede correr más la arruga de la esperanza. Quien puso límites para su plan B,
siente ahora que no puede seguir postergándolo. De allí el aumento de la emigración.
De allí, por ejemplo, el número creciente de médicos venezolanos rindiendo prueba en
Chile para trabajar en la red pública de ese país. El año pasado fueron 338, este año
son ya 847. Y como estos médicos, miles de otros profesionales y de emprendedores
que cancelan su sueño de oportunidades en el país para buscarlas fuera. El
desconcierto no permite a muchos correr más la arruga. Llega un momento en el que
las razones reales, las de la economía y las personales, no dan para más. Prolongar la
situación agota la esperanza de la gente. Y frente a eso, no basta con recordarla
consigna de que el que se cansa pierde.

El ejercicio de la política tiene hoy más que nunca el imperativo de agudizar la


percepción sobre la gente, sus motivaciones, sus aspiraciones, sobre lo más inmediato
y visible pero especialmente sobre lo profundo, lo que se dice y lo que se calla, lo que
se declara en público y lo que se sostiene en privado, lo que se descubre frente a los
demás y lo que se guarda en el fuero interno. Interpretar correctamente a la gente,
comprender sus aspiraciones, sus motivaciones, sus temores, sus expectativas es, por 
lo  mismo, el único camino para llegar a la sociedad y para hacerse comprender por
ella. Lo ha dicho Luis Ugalde: “A los demócratas les falta informar y escuchar a la
gente para que en la cabeza y el corazón de las negociaciones estén los dolores y
esperanzas de la población”. Si lo que se pretende es alimentar la confianza y la
esperanza, esa buena comunicación es, sin duda, condición obligante.

Fuente: [Link]

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