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Actividades Del Maiz

Los aztecas le pidieron ayuda al dios Quetzalcóatl para conseguir maíz, ya que solo crecía detrás de unas montañas inaccesibles. Quetzalcóatl se transformó en una hormiga negra e invitó a una hormiga roja a acompañarlo en el viaje para cruzar las montañas y traer de vuelta un grano de maíz. Después de mucho esfuerzo, lograron regresar con el grano y los aztecas pudieron plantarlo y cultivar maíz, convirtiendo
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Los aztecas le pidieron ayuda al dios Quetzalcóatl para conseguir maíz, ya que solo crecía detrás de unas montañas inaccesibles. Quetzalcóatl se transformó en una hormiga negra e invitó a una hormiga roja a acompañarlo en el viaje para cruzar las montañas y traer de vuelta un grano de maíz. Después de mucho esfuerzo, lograron regresar con el grano y los aztecas pudieron plantarlo y cultivar maíz, convirtiendo
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PREGUNTAS SOBRE LA LEYENDA DEL MAÍZ

INSTRUCCIÓN: A PARTIR DE LA LEYENDA QUE ESCUCHASTE, CONTESTA LAS PREGUNTAS Y


REALIZA LO QUE SE TE PIDE.
1. ¿Qué pueblo quería plantar maíz?

2. ¿De qué se alimentaban los aztecas?

3. ¿Dónde crecía el maíz cuando no lo podían conseguir?

4. ¿A qué Dios azteca le pidieron ayuda para conseguir el grano de maíz?

5. ¿En qué animal se transformó el Dios?

6. ¿Quién lo acompañó en su travesía?

7. ¿Cuántos granos de maíz trajeron en su regreso?

8. ¿Cómo expresaron los aztecas su agradecimiento?

9. Haz un dibujo que represente la leyenda que escuchaste.


Adaptación de la leyenda mexicana (azteca)
 
Hace varios siglos, antes del descubrimiento de América, en México vivían los aztecas.
Cuenta la leyenda que se alimentaban de raíces de plantas que iban encontrando y de los animales que
conseguían cazar cada día.
Su mayor deseo era comer maíz, pero no podían porque crecía escondido detrás de unas altas y escarpadas
montañas, imposibles de atravesar.
Un día, pidieron ayuda a varios dioses y éstos, deseando prestar ayuda a los humanos, probaron a separar las
gigantescas montañas para que pudieran pasar y llegar hasta el maíz. No sirvió de nada, pues ni los dioses,
utilizando toda la fuerza que tenían, lograron moverlas.
Pasó el tiempo y, estaban tan desesperados, que suplicaron al gran dios Quetzalcóatl que hiciera algo.
Necesitaban el maíz para hacer harina, y con ella poder fabricar pan. El dios se comprometió a echarles una
mano, pues su poder era inmenso.
A diferencia de los otros dioses,  Quetzalcóatl no quiso probar con la fuerza, sino con el ingenio.
Como era un dios muy inteligente, decidió transformarse en una pequeña hormiga negra. Nadie, ni hombres
ni mujeres, ni niños ni ancianos, comprendían para qué se había convertido en ese pequeño insecto.
Sin perder tiempo, invitó  a una hormiga roja a acompañarle en la dura travesía de cruzar las altas montañas.
Durante días y con mucho esfuerzo, las dos hormiguitas subieron juntas por la dura pendiente hasta llegar a
la cumbre nevada. Una vez allí, iniciaron la bajada para pasar al otro lado. Fue un camino muy largo y
llegaron agotadas a su destino, pero mereció la pena ¡Allí estaban las doradas mazorcas de maíz que su
pueblo tanto deseaba!
Se acercaron a la que parecía más apetitosa y de ella, extrajeron uno de sus granos amarillos. Entre las dos,
iniciaron el camino de regreso con el granito de maíz bien sujeto entre  sus pequeñas mandíbulas. Si antes el
camino había sido fatigoso, la vuelta lo era mucho más. La carga les pesaba muchísimo y sus patitas se
doblaban a cada paso, pero por nada del mundo podían perder ese granito del color del sol.
Los aztecas recibieron entusiasmados a las hormigas, que llegaron casi arrastrándose y sin aliento ¡Qué
admirados se quedaron cuando vieron que lo habían conseguido!
La hormiga negra, que en realidad era el gran dios, agradeció a la hormiga roja el haberle ayudado y
prometió que sería generoso con ella. Después entregó el grano de maíz a los aztecas, que corrieron a
plantarlo con mucho mimo. De él salió, en poco tiempo, la primera planta de maíz y, de esa planta, muchas
otras que en pocos meses poblaron los campos.
A partir de entonces, los aztecas hicieron pan para alimentar a sus hijos, que crecieron sanos y fuertes. En
agradecimiento a Quetzalcóatl comenzaron a adorarle y se convirtió en su dios más amado para el resto de
los tiempos.

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