Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Como en Santiago
Obra Dramatica
Reriics)
en Santiag
DANIEL BARROS GREZCOMO EN SANTIAGO
Daniel Barros Grez
(Comedia de costumbres, en tres actos)
La escena pasa en une ciudad de provincia en casa de don Vietoriano. El lugar de la accién es una sala
modestamente amoblada, con dos puertas laterales y una puerta y una ventana en el fondo, que dan a un patio
extefior.
ACTO PRIMERO
Escena 4
Inés.— (Entretenida en su costura canta una cancién de la época).
Escena Il (Inés, dofia Ruperta)
Ruporta— jInés! cQué bulla es ésa?
Inés.— Cantaba, tia, para entretenerme y hacer menos pesado mi trabajo.
Ruporta— {Sit Pero debieras tener presente que tu prima esta durmiendo,
Inés — Como ya es tarde, creia que Dorotea se hubiera levantado.
Ruperta— ZY cémo piensas, inconsiderada muchacha, que una niffa tan delicada y tan nerviosa como mi hija,
haya de levantarse antes de las once del dia? Has olvidado que estuvimos anoche en el baile con que este
pueblo festejé a nuestro simpatico diputado?
Inés. Pues, por eso mismo, tia mia, por lo mismo que Dorotea es débil y enfermiza, no deberia recogerse
tarde!
Ruperta— {Qué dices?
Inés — Que acostandose temprano, podria Dorotea también levantarse temprano.
Ruperta— 2 quién te mete a ti venir con reglas sobre lo que no entiendes? .Qué sabes td de bailes y de
recogidas temprano o tarde?
Inés.— Nada sé de eso, tia: pero.
Ruperta— jSabe que mi hija se levanta a la hora que le da la gana, porque es rica, y iene con qué darse gusto!
Inés. — Pero, tia, cdlmese Ud.; yo no he dicho eso sino porque.
Ruperta — |No faltaba mas sino que tu vinieras a enseffarme a mi las regias del buen tono; a mi que he nacido,
‘que he crecido en Santiago, y que crio y educo a mi hija como conviene a una persona de su clase! ¢Te parece
‘que on Santiago se va a un baile a prima noche para recogerse a horas de cenar? ;Pobre muchacha
provinciana! Venir a ensefiarme estas cosas a mi, que acabo de hablar con él... Situ lo hubieras oido hablar
‘noche, habrias comprendide.
Inés— 2A quién, tha?
Ruperta— 2 quién ha de ser sino a nuestro
simpatico diputado, don Faustino Quintalegre, que
noche estuvo divino?
inés— jAn!
Ruperta — {Qué talento de hombre! jQué maneras tan distinguidas, qué aire tan cortesano, qué movimientos
tan elegantes, y sobre todo, qué galén con las nifias! No se separé en toda la noche de Dorotea, y bailé ocho
‘veces con ella
Inés.— jOcho veces!
Ruperta— Si, si; ocho veces. Las llevé en
cuenta, con las cuentas de mi rosario.
Inés.— Todo eso podré ser. tia: pero, quiere
‘que le diga una cosa?
Ruperta — jHablal
Inés.— Es que Ud. le esté metiendo a mi
prima mucho més bulla que yo.
Ruperta — Es verdad que como tengo una voz tan vibrante, seguin me lo dijo anoche Faustino... ;Sabes ti lo
‘que significa esta palabra vibrante? El también me lo explicé... 'Ah! Voy a ver si esa pobrecita duerme. Es tan
nerviosa como yo cuando tenia su edad. (Vase)
Escena Ill. INES (Ilorando)
Inés.— jAh! jPobrezal ,Quién no te debe su desdicha? jMadre mia! Cuando al morir me entregaste a mi buen
tio don Vietoriano, ereiste haberme dado un padre y moriste tranquila. - No me quejo de mi tio; pero su muier.
ZPor qué se te parece tan poco, madre mia? jAn! iSi tu vivieras: si yo pudiera abrazarte como en tiempos mas
felices, yo te diria: madre mia, amo a un hombre, y ese hombre se casard bien pronto con mi primal Y tu
illorarias conmigo; y tus caricias consolarian mi pobre corazén, mientras que ahora. .. (Se pone la cabeza entre
las manos, con muestras del mas profundo dolor
Escena IV. INES, DOROTEA. (Vestida fantasticamente)
Dorotea — jInés, Inés! iQué desgracia la mia.! Yo quisiera llorar, pero no puedo.
Inés.— cQué tienes, Dorotea?
Dorotea.— Mis lagrimas se resisten.
Inés.— Pero dime, qué es lo que te pasa? Dorotea — Y la frialdad con que me lo preguntas! (Aparte: Estas
‘almas vulgares no saben sentir). zNo echas de ver por mi semblante el profundo dolor que me abruma?
Inés.— Pero yo quisiera saber.
Dorotea.— jAh! Si el cielo te hubiera dotado de mi exquisita sensibilidad, habrias adivinado en mis ojos, y hasta
en la inflexiOn de mi voz, este cruel dolor que me atormenta, Pero te lo diré, ya que es necesario. Te acuerdas
{del peinador de cuerpo entero que mi papa me encarg6 a Santiago?
Inés — Si, me acuerdo,Dorotea — Pues bien, cuando esperabamos que habia de llegar en estos dias, recibié anoche mi papa una
carta, en la cual le dicen que la carreta que lo trala se ha quebrado en el camino.
Inés — cY no es mas que eso, Dorotea?
Dorotea — 2 te parece poco, Inés. el encontrarme sin peinador, ahora que tanto lo necesito? iA, si tuvieras
mi sensiblidad, me comprenderias! {Mi peinador de cuerpo enterol(llora,)
Inés.— Calmate, prima mia, $i ese espejo se ha quebrado, mi tio te encargaré otto.
Dorotea — (Con un imperioso movimiento de mafia antojadiza). Es que yo lo necesito ahora, porque es preciso
‘que le parezca bien... Y ze6mo puedo parecerle bien, sino puedo vestirme ni adornarme con exquisita
elagancia? jcompadécete Inés, de mi desgracial
Inés.— No te afljas, Dorotea,
Dorotea.— Véome obligada a vestirme delante de un espeito de estos que no parece sino que se estan riendo
de una, pues, en vez del retrato, se ve alli la caricatura. jOh, es un martirio horrible. . 1 zCémo he de poder
presentarme ante mi pretendiente?
Inés.— jPero, Dorotea, oye por Dios! Tu amante es un joven que te ama, no por los adornos postizos de tu
cuerpo, sino por las cualidades de tu alma
Dorotea— jEs que tii no lo conoces, Inés! No hay un hombre mas apasionado por la belleza que él y iene un
alma tan sensible, que hasta un azo de cinta mal colocado le da mal de nervios. El mismo me lo dijo anoche.
Figirate que, estando para casarse en Santiago.
Ings-— cEI?
Dorotea— Oye. Al fiempo de ponerle las bendiciones, noté que la novia llevaba guantes de color patito, por lo
cual dijo redondamente no, y dejé a la tal novia plantada, delante de todos sus parientes
Inés.— jDios mio! {Estoy sofiando?
Dorotea — Para que aprenda a manejarse como debe.
Inés.— jPero eso es increible, Dorotea!
Dorotea— Y, sin embargo, nada es mas natural. Situ estuvieses dotada de mi delicadeza de sentimientos,
comprenderias la enormidad de aquella falta, ;Cémo crees que un hombre de corazén se case con una mujer
que, en el acto mas serio e importante de la vida, se atreve a presentarse con guantes color patito? (Esa mujer
no sabe amar!
Inés. — Si eso fuera cierto, creeria que Silverio estaba loco, cuando.
Dorotea.— jSilverio! jJa, ja, jaa! {Tu crees que te hablo de Silverio?
Inés.— Ast lo pensaba, Doretea, {No es Silverio el amante preferido por tu corazén, y al cual tus padres te
tienen prometida por esposa?
Dorotea — Es verdad que existe ese compromiso; pero he comprendido al fin que mi corazén no podré nunca
‘amar a un hombre tan vulgar como Silverio,
Inés.— jAn! (Aparte: .Sera verdad?)
Dorotea— Bien claro se lo demostré anoche. Inés.— Y entonces, cquién es?
Dorotea — 2E! rival favorecido? Es Faustino Quintalegre, el héroe del baile de anoche
Inés — Ese caballero recién llegado de San-
Dorotea— El mismo, Inés, el mismo. No me dejé en toda la noche. Qué joven de tanto talento! ;Por eso el
‘gobierno lo mandé elegir diputado por este pueblo! Qué amabilidad! Bailé conmigo ocho veces, por lo cual
todas me miraban con envidia. Yo creo, Inés, que sera un marido modelo, porque viste como un figurin;
habla y baila como figurin... Mira tu si una mujer de mis sentimientos no gozara a) lado de
tun hombre tan fino, tan delicado,
Ings. — Y tan fgurin
Dorotea — jAsi es! 2No es verdad, mama?
Escena V. (Dichos y dofia RUPERTA)
Ruparta — Dioes bien, hijta. Qué era lo que decias?
Dorotea — Le estaba contando a Inés mi conquista de anoche.
Inés.— Pero, Z¢émo has podido adelantar tanto, Dorotea, en una sola noche?
Dorotea — Es que un joven como Faustino hace en una sola noche lo que otros en un affo; porque no creas tu
que él me hablaba asi como suelen hacerlo los mozos de provincia, que se andan por las ramas, y que es
necesario que una los ayude. ;No, no! Me hablaba como en Santiago, clarito como ol agua, pues es joven
‘educado y que sabe decir las cosas con una claridad encantadora; y aunque una se defienda, él porfia sin
descanso, hasta que la hace decir @ una todo lo que él quiere. En el segundo baile, ya yo le habia
correspondido, sin quererlo, a sus apretoncitos de mano, dados, eso si, con la mas exquisita dolicadeza. En ol
tercero me hizo suspirar mas de dos veces; en el cuarto tuve que mirarlo fiamente, para reprocharle su
atrevimiento; pero no acabé el quinto sin que yo hubiese vuelto a mirarlo para manifestarle mi desenojo. ¢Para
‘qué he de decir mas sino que en el sexto, me arrancé mas de cinco sies, y que antes de llegar al octavo, nos
hablames jurado un amor eterno?
Inés.— No se puede negar que el negocio marché algo de prisa.
Dorotea..— Al vapor, nifia, al vapor, como sucede en Santiago. Allé se marcha al vapor en asuntos amorosos.
Con decirte que si un matrimonio no se realiza en un mes, contado desde la primera conversacién de los
amantes, ya Se pone aquello fiambre y de mal gusto!
Ruperta — Asimismo es; y hay matrimonios que en una sola noche de baile se arman, se desarman; pelean los
novios, vuelven a reconciliarse y se casan al otro dia
Dorotea — No importa. Asi es como una mujer ha gozado en una semana una vida entera de ilusiones.
Inés. — No comprendo, Dorotea, como es que.
Ruperta— No te admires, Inés; ésas son maneras de la alta sociedad, que tino sabes, porque no has estado
en Santiago.
Dorotea — No se canse en balde, mama, No todas las almas tienen las mismas tencencias. Inés piensa de un
modo y yo de otro; y no puede ser de otra manera, porque las dos tenemos divarsa ‘manera de pensar. Esto es,
seria ella de ignorante.claro. Yo he nacido para la alta sociedad; un marido de provincia me materia, y desde anoche suefo con los
paseos, bailes y tertulias de Santiago. Mi alma estaba aletargada, cuando creia amar a Silverio, quien jamas me
ha expresado su pasién con aquel fuego, aquella gracia, aquel sentimiento, en fin, de Faustino Quintalegre
Ruperta — Es que Faustina te dice eso como se dice en la capital
Dorotea—. Asi es que estoy resuelta a no acordarme mas de Silverio.
Inés.— c tu palabra empefiada? zY el amor que le has jurado a ese mozo?
Dorotea— ZY crees ti, pobre Inés, que una mujer que empefia hoy su palabra, ha perdido la libertad de
desempefiaria mafiana
Ruperta — jEso si que nol La mujer tiene derechos inalienable, y el mas santo de todos esos derechos es el
de anuiar mil sies con un solo no.
Dorotea.— Sobre todo, cuando a ello nos obliga este tirano que llevamos dentro del pecho,
Ruperta — Tales son las leyes que rigen a! gran mundo.
Dorotea— Asi me lo explicé Faustino anoche, Hablando con él, me parecia estar en Santiago. Ya se ve. El
también me dijo que yo era una verdadera santiaguina. Inés — Y si mi tio quisiera obligarte a que le cumplieses
la palabra dada a Silverio?
Ruperta— jNo la obligaré, porque aqui estoy yo!
Dorotea — jAh! Si mi papé fuera tan cruel que me obligara a casarme con un hombre que no sabe ponerse la
corbata, me moriria,
Ruperta — No te atlas, hija mia. {No te casards con éll
Dorotea — Figurate, Inés, que anoche se atrevié Silverio a ir al baile con corbata de color! Pero ahora que me
‘acuerdo, Zque te parece mi peinado? Mirame bien el vestido por detras, zHace bulto elegante y de gusto? iEs
una verdadera desgracia que no haya llegado mi espejo de cuerpo entero!
Inés.— (Examinando el vestido), Si he de decitte la verdad, Dorotea, a mi me parece exagerado este bulto,
Dorotea— Qué llamas ta exagerado, cuando este vestido ha sido hecho en Santiago por la modista recién
llegada de Paris? Pero alguien viene.
Ruperta.— Esa os la voz de Vicloriano, que ha ido por mi orden a visitar a nuestro diputado
Dorotea — Bien hecho, mama. Voy a preguntarie a mi papa qué le ha parecido. (Va hacia la puerta del fondo y
vuelve corriendo.) Mama, mama! {Mi papa viene con él!
Ruporta— Con Ouintalegre?
Dorotea — (Hace sefias de que si, como embargada por Ia emocién).
Ruporta.— {Quién sabe si en Santiago se usa ahora veniise con el visitante, para pagarle, a rengién seguido,
la visita?
Dorotea — jPreciosa moda! Pero salgamos. La emocién debe haberme puesto colorada, y no debo
presentarme a él con este color tan provinciano... jSe muere por las mujeres palidas, mama!
Ruperta— Pues, entonces, ven acd a ponerte los polvos de arroz.
Dorotea— Ven, Inés, @ ayudarme a inflar un poco mas el vestido.
Inés.— Pero, no estés ya bastante inflada?
Dorotea — jTodavia no, Inés! jVen pronto! (Vase con dofia Ruperta)
Escena VI. (Inés)
Inés — jQué par de locas! Me han dado ganas de conocer al galan, y este plumero me servird de pretexto,
(Coge un plumero, y se pone a sacudir las mesas, manifestando distraccién.)
Escena Vil. (Inés, don Victoriano, Faustino)
Vietoriano— (En la puerta). Porque como yo soy municipal... iSeffor don Faustino, entre Udi!
Faustino.— Sirvase Ud. pasar, sefior don Vietoriano.
Vietoriano — No lo permitiré de ningun modo! ;Pase Ud ! (Entra Faustino). Porque como yo soy municipal
Inés, ve a decir a la Ruperta que una visita la espera aqui.
Inés'— (Hace una cortesia a Faustino). Voy usa ahora venirse con el visitante, para pagarle, a renglén seguido,
la visita?
Dorotea — jPreciosa modal Pero salgamos. La emocién debe haberme puesto colorada, y no debo
presentarme a él con este color tan provinciano... jSe muere por las mujeres palidas, manna!
Ruperta — Pues, entonces, ven aca a ponerte los polvos de arroz.
Dorotea — Ven, Inés, a ayudarme a inflar un poco mas el vestido.
Inés.— Pero, éno estés ya bastante inflada?
Dorotea— iTodavia no, Inés! iVen pronto! (Vase con dofia Ruperta)
alla al momento. (Aparte: parece un titere el sefior diputado del gobierno.) (Vase.)
Escena Vill. (Dichos, menos Inés)
Victoriano— Porque como yo soy municipal... Signtese Ud., sefior.
Faustino — (Sentandose). Gracias. ¢ Decia Ud.? Vietoriano.— Decia que, como yo soy municipal, estuve toda
ia noche ocupado en el Cabildo, y me fue imposible asistir al baile, Pero la Ruperta me encargd
‘encarecidamente esta mafiana que fuese a hacerle a Ud. la visita de cumplimiento
Faustino.— Y por eso no he querido tardar en venir a dar las gracias a tan cumplida y amable seffora,
Vietoriano.— En cuanto a eso, es la mujer mas cumplida del mundo; vive pendiente de la moda, y no se le
escapa un apice de las reglas de la etiqueta. ia se vel Criada y nacida en Santiago.
Faustino. — Eso se conoca a la distancia.
Vietoriano— |Ud la tratara cerca y verd qué cabeza aquiélia! le aseguro que ami me tiene como un reloj! No
me deja pasar una, porque ella esta siempre al cabo de todo lo que sucede en Santiago; asi es que ha educado
a nuestra hija, que da gusto. Ya se ve, la muchacha tiene un memorién, que es para dejar pasmado, cuando
tno la oye recitar una novela de Alejandro Dumas.
Faustino — jh, sefior! Anoche fue Dorotea la reina del baileVictoriana—. No es verdad, seffor, que parece una verdadera santiaguina? Perdénele aun padre esta
franqueza. Quiero tanto a mi hija!
Faustino,— Esos sentimiantos honran a Ud. y a toda su familia, seffor. (Aparte Es un viejo original.)
Victoriano— Si, amigo mio, todos mis esfuerzos se cifran en mantener a la debida altura la honra y el tono de
imi familia: y desde soy municipal, he tratado de poner mi casa bajo el pie que corresponde a la dignidad que
invisto, como dice mi mujer.
Faustino — Hace Ud, muy bien.
Victoriano— Verdad es que me cuesta algunos pesitos al afio; pero la Ruperta no es mujer que se mida en
gastos cuando se trata de seguir la moda, y desde que hago parte del municipio de este pueblo, puedo decir a
Us... pero aqui vienen elles.
Escena IX. (Dofia Ruperta, don Victoriano, Dorotea, Faustino)
Ruperta — Sefior Faustino, jcuan dichosa soy de ver a ud. en esta casal
Faustino. — Mayor es mi dicha, sefiora, en poder presentar a Uds. mis respetos,
Dorotea — Mil gracias, sefior. (Aparte: ;Que elegancial)
Faustino — Me he apresurado a venir, porque, como, por desgracia mia, slo puedo permanecer hasta mafiana
‘on esta encantadora ciudad,
Dorotea — jAn!
Ruporta— {Tan pronto se vuelve Ud. a Santiago? jYa se vel Este pueblo no presenta aliciente.
Faustino.— {Qué dice Ud., seforal Aqui no echa nada de menos un viajero de la capital. (Aparte: Casi me han
muerto de hambre en eso que llaman hotel.) Belleza, gracias femeniles, sociedad escogida, todo, todo se
‘encuentra en este pusblo, que con mucha justicia merece e! nombre de Santiaguito, (Aparte: No hay mas que
alabarle su pueblo a los provincianos.)
Victoriano.— Eso mismo digo yo: pero hay aqui gentes enemigas del sefior gobernador, que por el gusto de
hacer oposicién al gobierno —que es un gusto que yo no entiendo— no cesan de vociferar por esas calles que
‘el puebio no adelanta; y cierran los ojos para no ver cuanto hacemos los municipales. Mire Ud.- desde que soy
cabildante, que hara como trece afos, se ha gastado, sélo en componer veredas, mas de 200 pesos largos.
Ruperta — Son gentes rojas esas que hablan y sélo por envidia lo hacen.
Victoriano.— Asi es. No hay vereda de las de los municipales que no esté arreglada: y s6lo cuando lieve
mucho no mas suele cortarse el tréfico en alguna,
Ruperta — De aqui nace la enviia: y como ven que en todas las elecciones gana siempre la lista en que se
halla Victoriano.
Vietoriano.— Es decir, la del gobiemo; porque ha de saber Ud. que el Ministerio ha tenido siempre a bien el que
represente los intereses de esta localidad
Faustino — Esto no prueba sino la honorabilidad de Ud
Ruperta — Y también que esta Municipalidad es como la de Santiago, es decir, formada de las personas mas
respetables.
Victoriano— No todas por desgracia, pues los rojos consiguieron meter uno de los suyos este affo; y alli
tenemos que suftir aque! hombre, que se lleva dale que le daras, oponiéndose a todo. iY luego quieren que un
pueblo adelante! Mire Ud: anoche tuvimos una sesién muy acalorada; y desde que soy municipal no he viste
nada parecido.
Faustino.— cY sobre qué asunto se trato?
Victorino. —— Sobre la reja que habia de rodear el jardin que pensamos poner en la plaza.
Dorotea — jAh! 2Vamos a tener jardin como en Santiago?
Victoriano.— Si, hija. Comenzamos a discutir sobre si se pondria o no la tal reja. El rojo se opuso, diciendo que
la Municipalidad estaba pobre.
Ruperta— Pero, {no le dijiste que en Santiago.
Victoriano.— {Vaya si se lo dje! Les ganamos la votacién. Luego volvieron a dividirse los pareceres. El rojo
‘opinaba por que la reja fuase de madera, fundandose siempre en la pobreza del municipio,
Vietoriano— Si, hija mia, tendremos todo eso, una vez que la lustre Municipalidad encuentre un prestamista
que facilte el dinero.
Dorotea — Pero, papa! A qué esperar eso del prestamista para hacer el jardin?
Victorian — Qué dices, nifia
Dorotea — Que hagan primeramente el jardin y después arreglaran el asunto del prestamista, 0 qué sé yo.
Ruperta— (Aparte y dando con la rodilla @ Dorotea). Calla
Escena X. (Dichos, Inés)
Inés.— (A don Vietoriano). Un caballero que lo aguarda en su cuarto necesita hablar urgentemente con Ud.
Victoriano — Debe ser de la Municipalidad. Estas cuestiones del jardin nos tienen a todos revueltos en este
pueblo. No me dejan descansar. jY luego dicen los rojos que no hacemos nada! Dil, Inés, que me espere.
Faustino.— (A dofia Ruperta). Yo creia que Ud, no tenia sino una sola hija.
Ruparta— (A media voz). Asi es, sefior, esta muchacha.
Faustino.— Es una preciosa nifia,
Ruperta — (En el mismo tono). Es una sobrina de mi marido a quien he recogido por caridad,
Victoriano— Dispénseme, seffor don Faustino; un asunto importante me obliga a separarme de Ud.
Faustino.— jOh, mi seffor, don Vietoriano! Cumpla Ud. con los sagrados deberes de su dignidad concejil; yo
‘estoy muy lejos de querer privar a la patria de sus importantes servicios,
Ruperta — (Aparte a Inés). ¢Quién es el caballero que espera?
Inés — (Aparte a dofia Ruperto). Silverio.
Ruperta — Esté bien. Vete de aqui
Victorian — Queda Ud en su ¢asa, seffor don Faustino.
Faustino — Mil gracias.Vietoriano.— ¥ en cuanto a lo del arriendo, haremos negocio. (Bajando la voz) Basta que Ud. sea como yo de
los elegidos por el supremo gobierno. {Esta Ud?
Faustino. —Si, seffor mio, Comprendo ¥ le agradezco a Ud. porque el pueblo me ha gustado, y veo que
adelanta con pasos
Victoriano.— jOh! Si, sefior: de gigante
Faustino.— En razon a que sus interese locales estan a cargo de una municipalidad tan escogida.
Victoriano — ,Qué quiere Ud.? escogida por el supremo gobiemo, que tiene el don de elegir a su gusto.
Faustino— Un pueblo que sigue en todo husllas de la capital
Victoriano— iPor supuesto! Y seguiremos con paso de gigante esas huellas, mientras el gobiemo siga las
gigantescas huellas de... del gobierno, zme explico?
Faustino.— Perfectamente, y confio en que Ud.
Vietoriano— Yo seré siempre un amigo dispuesto a servirle con todos mis posibles, no s6lo en esta casa sino
‘en la Municipalidad. Cuente con mi fundo,
Ruperta.—. (Hace imperiosamente una sefia a Inés para que se retire). (Vanse Inés y don Vietoriano.)
Escena XI. (Faustino, dofia Ruperta y Dorotea)
Faustino.— jQué caballero tan cumplido! Pareca criado en Santiago.
Ruperta— Y, sin embargo, no ha estado jamas en la capital,
Dorotea — (Aparte: {Que visita tan inoportuna ja de Silverio! Ahora lo aborrezco).
Faustino — Pero yo sé el secreto.
Dorotea— No lo crea, seffor. Ese mozo que ha venido a ver a mi papa es un.
Ruperta— (Aparte). ;Calla, niftal
Faustino.— Digo que yo sé por qué don Vietoriano, sin haber estado jamas en la capital, pose esas maneras
tan elegantes.
Ruperta — {Por qué?
Faustino — Porque ha vivido a su lado, seffora
uperta.— Favor que Ud. me hace, sefor. Verdad es que conozco la alta sociedad, y trato que mi familia se
imponga de los usos y maneras sociales,
Dorotea— En cuanto a eso, yo pusdo estar orgullosa de mi mama. No deja nunca de ensefiarme los usos
sociales: y ya sé cémo se va a los bailes, cémo se hacen los pasos, c6mo debe una nifia conducirse en la
Fiiarménica, y en fin, todas las maneras de la alta sociedad
Faustino.— Por eso decia yo que don Vietoriano ha vivido aqui como en la capital
Dorotea — El nombre de las calles, las plazas, todo me lo ha ensefiado mi mama; asi es que puedo pasearme
con la imaginacién por todo Santiago. Pero como ella no ha visto, después de transformado, el cerro de Santa
Lucia, nada ha podido decirme... Dicen que Vicufla Mackenna lo ha puesto muy lindo,
Faustino — jh, sefiortal El intendente de Santiago es un verdadero mago, que con su varita de virtud ha
escrito sobre aquelias rocas la palabra buen gusto, convirtiendo aquel montén informe en un grupo de cristales,
obeliscos, piramides, agujas, rampas, explanadas y escaleras. Hoy ruedan vehiiculos por donde ayer sélo
volaban los pajaros. Las cumbres del histérico cerro se han alegrado al sentirse oprimidas por el diminuto pie
de las hermosas. El arte ha ido alli a auxiliar a la naturaleza: y auxiliado también por ella misma, ha convertido
las rocas en estatuas; las ha hecho hablar con el murmullo de las aguas, que aparecen por entre sus grietas
corriendo, ondulando o despefiandose en espumosas y chispeantes cascadas, y las ha engalanado con
4rboles, flores y arbustos de mil colores y formas.
Dorotea,— Ah, mama! {Qué cosa tan encantadoral Yo daria cuanto tengo por ver tanta belleza. .Por qué la
Municipalidad no hara también aqui un cerro de Santa Lucia?
Ruperta — Yo se lo diré a tu padre, y él hablara en el cabildo sobre el particular.
Faustino — Este pueblo, siguiendo como hasta ahora los pasos de la capital, una vez que tenga un cerrito, por
equefio que sea, se convertiré en un verdadero paraiso.
Dorotea— {Lo cree usted asi, sefior?
Faustino.— Si, sefforita: y aun creo que, sin necesidad del cerrito, merece, desde luego, el nombre de paraiso
tuna ciudad como ésta, en donde hay tantos angeles.
Dorotea — (Ah!
Faustino. — Pido a ustedes permiso para retirarme.
Ruperta—. jTan pronto!
Dorotea — {Cuando apenas ha comenzado Ud. la visita!
Ruperta — Ruégole que no sea ésta la titima vez
Faustino — No tiene para qué rogarme una cosa que yo tan ardienteriente deseo. Sefiora, beso a usted la
mano. Seftorita, a los pies de Ud. (Vase.)
Escena Xil. (Dichos, menos Faustino
Dorotea — (Abrazando a dofia Ruperta). ;Mama, mamal iste hombre... este...hombre!
Ruperta — Calmate, niffa, porque no es bueno que una muchacha sea asi tan impresionable, tan sentimental,
tan.
Dorotea — jPero, mama, por Dios! Este hombre es el Unico con quien puedo ser feliz. Anoche sofié con él
Mama. £Quiere que le diga una cosa? Como usted me ha dicho que una hija no debe ocultarle nada a su
madre
Ruperta— Dime, 2qué cosa es?
Dorotea — Que me casaria con él ahora mismo, para que me llevase a Santiago.
Ruperta — {Qué nifia de tanta sensibilidad {Calmate, Dorotea. ..| Pero {de qué me admico si yo era lo mismo
que olla, cuando tenia su edad?Dorotea— ¥ cuando estuviéramos en Santiago, nos paseariamos en vehicula por “donde ayer volaban los
pajaros". ¢Se fij6 usted en eso que dijo?
Ruperta — Si, me acuerdo; pero no te presiones tanto.
Dorotea— Es que temo
Ruperta.— Ten confianza, porque te miraba con unos ojos que... yo tengo experiencia se muy bien lo que
aquelias miradas querian decir.
Dorotea— jPero se val jSe val
Ruperta — Si éles fino, ha de volver, querida mia
Escena Xill, (Dofia Ruperta, Dorotea, Victoriano)
Victoriano— Sabes lo que ha pasado, Ruperta? -
Ruperta — jHabla, hombre!
Vietoriano— Es oi caso que después de haber hablado con Silverio sobre su matrimonio con Dorota.
Dorotea — jAh, papal
Victorian — Que el muchacho desea realizar pronto
Dorotea— iPapa! iPapa mio! {Ud. no querra ver muerta a su hija!
Vietoriano — 2 Qué significa esto, Dorotea? Ruperta— Calla, nifia: y td, Vietoriano, prosigue.
Victoriano— Prosigo. Pues, seffor, cuando yo salia de mi cuarto me encontré con don Faustino, quien, sin mas
aca ni mas alla, me pidié la mano de Dorotea.
Dorotea— ZY Ud. qué le contest6, papa?
Victoriano — 2 Qué habia de responderle, sino que tenia mi palabra empefiada y que acababa de hablar con tu
novio?
Dorotea— Ah, yo me muerol (Se desmaya.) Ruperta — {Padre desnaturalizado! Has muerto a tu hija!
Victoriano.— ¢ Yo desnaturalizado? No entiendo, Dorotea, zqué tienes?
Dorotea — {Papa desnaturalizado, Ud. ha muerto a su hija!
Victoriano— Explicame, Ruperta, qué significa esto.
Ruperta — Esto significa que Dorotea no quiere casarse con Silverio.
Vietoriano.— ¢Por qué razon?
Ruperta— Porque ama a Faustino. Victoriano.— jAh! yo no sabia... Ruperta.— Por eso te he dicho que jamas
tomes una determinacién seria sin consultarme.
Victorian — Pero mujer, gqué necesidad tenia de consultarte ahora, cuando sé que hemos de cumplir la
palabra que le hemos dado a don Manuel, de casar a Dorotea con su hijo Silverio, y sobrino tuyo?
Ruperta— Pues entre mi sobrino y el diputado, prefiero el diputado
Dorotea— Y yo también
Vietoriano — 2Y la palabra que tenemos empefiada?
Ruperta— Qué sabes tu de palabras, hombre sin educacién? {No ves lo que sure tu hija?
Victoriano.— Pero, Ruperta, yo no sé... -
Ruperta — {Quieres ensefiarme a mi cémo se conduce la gente ilustrada en casos semejantes? ,Te parece
‘que on Santiago respetan estipidamente una palabra dada, cuando se trata del establecimiento de una hija,
hombre sin corazén?
\Victoriano.— Pero, Ruperta, si yo no tengo corazén, tengo honradez y mis padres me han ensefiado
Ruperta— zY qué sabian tus padres, pobres provincianos que jamas divisaron la Plaza de Armas? Corre al
momento a dashacer lo que has hecho, no te detengas. Ve y dile que has reflexionado mejor, y que prefieres
‘que él sea el esposo ce nuestra hija,
Victoriano.— (Empujado por doffa Ruperta va a salir y vuelve). Lo peor es que, por esta negativa mia, se ha
deshecho un negocio que teniamos palabreado.
Ruporta— Qué negocio es ése?
Vietoriano— Has de saber que don Faustino me queria arrendar mi fundo de la Rinconada: y esta mafiana
hablamos largamente sobre el particular, Sélo nos fataba convenir en el canon cuando este incidente ha venido
a entorpecer el negocio
Ruperta— Razén de mas para ir a desdecirte de tu negativa.
Victoriano — Yo creo que €! la ha recibido muy mal
Ruperta — jRazén de mas, Vietoriano! Vietoriano.— Y que desea casarse con Dorotea tanto como arrendar el
fundo,
Ruporta —. Razén de mas, razén de mas, hombre de Dios! Toma tu sombrero antes que la cosa se enfrie y no
pierdas tiempo.
Vietoriano — Pues siendo asi, voy al momento
Ruperta — Y no le pidas muy caro por el arriendo, porque al fin y al cabo todo quedara en casa. (Vase don
Vietoriano.)
Escena XIV. (Dichos menos don Victoriano, después Inés)
Ruperta — {No te lo decia, Dorotea? jAquelias miraditas indicaban algo!
Dorotea.— jAh, mama! No me cabs el corazén en el pecho. ¢ Qué pasos son esos?
Inés.— (Mirando por la ventana hacia el patio exterior). Es Silverio que viene
Dorotea — jJestis! {Qué hombre tan mal cerrado! No sabe llegar nunca a tiempo. jLo aborrezco! Vamonos,
mamat
Ruperta— Vamonos, hija mia. Pero ten caima
Dorotea — No, no, mama, lo aborrezco,
Escena XV. (Inés, Silverio)
Silverio.— Inés, crei haber ofdo hablar aqui a mi tia
Inés.— Acaba de retirarse; voy a llamariaSilverio.— Gracias, querida prima, por haber adivinado mis deseos.
Inés — (Aparte: jPobre Silverio! jQué golpe tan cruel va a suftir!jY tan digno de ser amado!)
Escena XVI, (Silverio)
Silverio, — (Dejandose caer e un sillén). Aguardaré aqui... Yo quiero que ella me explique su conducta de
noche.
ACTO SEGUNDO
Escena 1.
Silverio — (Pasedndose agitadamente a lo largo de la sala). No sé qué pensar de la conducta de mitia pues no
parece sino que trata de huir de mi, seguin ha sido su prisa en retirarse de aqui, Porque si ella no me vio, Inés
dobié decirle que era yo quien venia a visitaria. 2Y Dorotea? { Qué motivo he podido darle para que se
condujera como lo hizo conmigo anoche en el baile? Sdio tenia miradas para el héroe de la fiesta -y no pude
conseguir que bailase una sola vez conmigo. Cuando llegué ya estaba comprometida para todos los balles con
el tal don Faustino.
Escena IL. (Silverio, Inés)
Silverio. — Dime, Inés, ,por qué me hace esperar tanto mi tia? {Qué ha sucedido? Se ha enfermado ella? O
bien Dorotea.
Inés.— No, Silverio; ambas gozan de perfecta salud; pero tu tia me ha encargado decir.
(Aparte: No sé como darle este recado).
Silverio — {Qué te ha dicho mi tia?
Inés — Que no saldra a recibirte.
Silverio — {Por qué razén?
Inés.— No me ha dicho la causa sino solamente que ti, como persona que has estudiado en Santiago, debes
sacar las consecuencias de esta negativa.
Silverio — {Qué significa esta conducta? zAcaso he cometido alguna falta que me haga merecedor de tal
desprecio? ZY Dorotea?
Inés. — Dorotea me encargé que te dijese lo mismo.
Silverio. — iGran Dios! jAqui hay algo que yo no comprendo, algtin chisme, sin duda. . porque no puedo
persuadirme de que Dorotea haya alvidado, sin motivo alguno, sus protestas de amor. .. Dime, Inés, zme
aprocias?
Inés.— (Conmovida). 2¥0? ZY cémo pudiera no apreciarte, Silverio?
Silverio — Gracias, Inés. TU eres buena, prima mia, y no dudo de que tu corazén de angel sabré comprender mi
dolor.
Inés.— (Aparte: jMi corazén! Si supiera él lo que mi pobre corazén sufre)
Silverio — Querida Inés, dime: gqué le has ofdo decir @ mitia o a Dorotea de mi?
Inés.— -Yo? Nada... (Aparte: ¢como he de tener fuerzas para decirie?)
Silverio — Pero es preciso, Inés, que esta accién de mi tia tenga alguna causa. Es preciso que Dorotea tenga
‘algtin motivo serio para romper conmigo. Los vinculos formados por el amor de sels afios no se cortan en un
dia, Sin embargo, Dorotea se ha conducido conmigo, en el baile de anoche, como si yo fuera indigno de su
carifio. ¢Por qué esta mudanza tan repentina? No puedo creer que sea causada por un nuevo amor, porque
‘esto seria insultar a Dorotea, ‘Dime, Inés, por Dios, si sabes que alguien haya venido a calumniarme ante ella!
Inés,— No es eso, Silverio,
Silverio.— jAh, Inés! Dices que no es eso; luego tu sabes el motivo de tan repentino desvio. jAh! Dimelo, Inés,
por lo que més quieras. ;Hazme saber la causa de mi desdicha, ti que hasta ahora has sido ia mas querida de
mis amigas!
Inés,— (Avarte: Corazén mio, no me vendas). Antes de contestarte, dime, Silverio, si podras dejar de amar a
Dorotea
Silverio.— zY por qué me preguntas es0? Aun cuando pretendiera olvidar este amor que ha constituido la dicha
de mi corazén y la Unica aspiracién de mi alma
Inés.— (Aparte: jCuénto la ama!)
Silverio — Aun cuando lo pretendiera, Inés, yo no podria dejar de pensar en Dorotea.
Inés.— (Aparte: {Dios mio! ;Dame fuerzas para cumplir con mi deber!). {Ni aun cuando vieras que ella ama a
otro?
Silverio.—