Lecc 3 2019T1
Lecc 3 2019T1
Desde Patmos, Jesús envió una carta con siete mensajes a su pueblo. Si bien esos
mensajes atañen a las iglesias de la época de Juan, simbólicamente también retratan la
condición de la iglesia a lo largo de la historia.
Una comparación paralela de estos mensajes muestra que siguen la misma estructura
séxtuple. Comienzan cuando Jesús se dirige a la iglesia específica mencionando su
nombre. La segunda parte comienza con la frase: “El que tiene [...] dice esto”, donde
Jesús se presenta a cada iglesia usando descripciones y símbolos que se encuentran en
el capítulo 1. Esas descripciones de Jesús se adecuaban a las necesidades específicas
de cada iglesia. Por lo tanto, Jesús destacó la habilidad para enfrentar las diferentes
luchas y situaciones de cada iglesia. Luego, Jesús hace una evaluación de la iglesia y
le aconseja cómo salir de su aprieto. Finalmente, hay un llamado a escuchar el
mensaje del Espíritu y promesas para los vencedores.
Como vimos la semana pasada con la primera iglesia, Éfeso, esta semana en nuestro
estudio de los seis mensajes restantes veremos que Jesús ofrece esperanza y atiende
las necesidades de cada iglesia en cada situación. Por ende, también puede satisfacer
nuestras necesidades actuales.
Esmirna era una ciudad hermosa y rica, pero también un centro de culto obligatorio al
emperador. Negarse a cumplir con este mandato podía provocar la pérdida de la
condición jurídica, la persecución e incluso el martirio.
¿Qué significa no negar “mi fe” (Apoc. 2:13; ver, además, Apoc. 14:12). ¿De qué
manera el hecho de rehusarnos a negar nuestra fe nos ayuda a resistir la
avenencia y a ser “fiel[es] hasta la muerte” (Apoc. 2:10)?
Sardis tenía una historia gloriosa. Pero en el período romano la ciudad había perdido
prestigio. Si bien la ciudad todavía disfrutaba de riquezas, su gloria estaba arraigada
en su historia pasada más que en la realidad presente. La antigua ciudad había estado
construida en la cima de una colina empinada y era inaccesible. Como los ciudadanos
se sentían tan seguros, no ponían atención a la custodia de los muros de la ciudad.
La sexta iglesia a la que Jesús se dirigió fue Filadelfia (“amor fraternal”). La ciudad
estaba ubicada en un camino comercial del Imperio y servía como entrada, o “puerta
de acceso”, a una meseta extensa y fértil. Las excavaciones indican que era un centro
al que la gente acudía en busca de salud y curación. Cuando la ciudad temblaba
debido a los terremotos frecuentes, sus habitantes se trasladaban al campo y vivían en
refugios humildes.
Hubo grandes reavivamientos en las iglesias a ambos lados del Atlántico. En los años
previos a 1844, el mensaje de la pronta venida de Cristo se proclamó en muchas partes
del mundo. La promesa de escribir el nombre de Dios sobre los vencedores indica que
el carácter de Dios se percibirá en su pueblo. El mensaje de que Cristo promete
preparar a su pueblo para ese gran acontecimiento perdonando sus pecados y
escribiendo su Ley en su corazón (ver Fil. 1:6; Heb. 10:16, 17) es tan importante
como el mensaje de que Cristo viene pronto.
La última iglesia a la que se dirigió Jesús estaba ubicada en Laodicea, una ciudad rica
situada en la principal ruta comercial. Era famosa por su industria de la lana, sus
bancos llenos de oro y una escuela de medicina que producía ungüento para los ojos.
La prosperidad de Laodicea colmó a los habitantes de autosuficiencia. A falta de agua,
la abastecía un acueducto proveniente de las aguas termales de Hierápolis. Como el
manantial estaba lejos de Laodicea, el agua se entibiaba antes de llegar allí.
Jesús no reprendió a los cristianos de Laodicea por ningún pecado grave, herejía ni
apostasía. Su problema era la complacencia que conduce al letargo espiritual. Decían
ser ricos y sin necesidad de nada; sin embargo, eran pobres, desnudos y ciegos ante su
condición espiritual.
La iglesia de Laodicea simboliza la condición espiritual de la iglesia de Dios al
acercarse el fin de la historia de esta Tierra, como lo muestran algunas conexiones con
las porciones del Apocalipsis referentes al tiempo del fin. Una de estas conexiones,
que aparece en la advertencia parentética de Jesús en Apocalipsis 16:15, hace
referencia a las “vestiduras blancas” de la justicia de Cristo necesarias para los
laodicenses espiritualmente desnudos (ver Apoc. 3:18). El momento de esta
advertencia de Jesús, en medio de una referencia a la batalla espiritual de Armagedón,
puede parecer bastante extraño al principio, porque el tiempo de gracia ya se habrá
cerrado y no será posible recibir estas vestiduras. Pero aparece en este contexto porque
Jesús quiere recordarle a Laodicea que se prepare ahora, antes de ese terrible
conflicto, antes de que sea demasiado tarde. Por lo tanto, Apocalipsis 16:15 les
advierte a los laodicenses que si no obedecen el consejo de Jesús y prefieren seguir
desnudos (Apoc. 3:17, 18) se perderán y se avergonzarán en su venida (ver 1 Juan
2:28-3:3).
Jesús les asegura a los laodicenses que los ama. Los llama a arrepentirse (Apoc. 3:19).
Concluye su llamado describiéndose como el amante de Cantares 5:2 al 6, parado en
la puerta, tocando y suplicando que lo dejen entrar (Apoc. 3:20). A todos los que
abren la puerta y lo dejan entrar se les promete una cena íntima con él y, finalmente,
reinar con él en su Trono (ver Apoc. 20:4).
Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 7 – Durante e 34 sta semana, HAp cap. 4.
Los siete mensajes a las iglesias muestran un declive espiritual en ellas. La iglesia de
Éfeso todavía era fiel, aunque había perdido su primer amor. Las iglesias de Esmirna y
Filadelfia eran mayormente fieles. Pérgamo y Tiatira transigieron cada vez más hasta
que la inmensa mayoría apostató totalmente de la fe pura de los apóstoles. La iglesia
de Sardis estaba en una condición muy grave. La mayoría en esta iglesia no estaba en
armonía con el evangelio, mientras que Filadelfia representaba a unos pocos fieles. La
condición de la iglesia de Laodicea era tal que no había nada bueno que decir acerca
de esa iglesia.
Al concluir cada mensaje, Jesús hizo promesas a los que aceptaban sus consejos. Sin
embargo, se puede observar que, junto con la evidente decadencia espiritual de las
iglesias, hay un aumento proporcional en las promesas dadas. Éfeso, a quien Jesús le
da el primer mensaje, recibe solo una promesa. A medida que cada iglesia sigue la
tendencia espiritual descendente, recibe más promesas que la anterior. Finalmente, la
iglesia de Laodicea, si bien recibe una sola promesa, esta es la mayor: compartir el
trono de Jesús (Apoc. 3:21).
1. Este incremento en las promesas junto con el declive espiritual de las iglesias
¿en qué medida refleja la declaración de que cuando el pecado abunda la gracia
sobreabunda (Rom. 5:20)? Piensa en eso a la luz de la afirmación de que “la
iglesia, aunque de´bil y defectuosa, constituye el u´nico objeto en la Tierra al
cual Cristo otorga su consideracio´n suprema. E´l la observa constantemente
lleno de solicitud por ella, y la fortalece mediante su Espi´ritu Santo” (MS
2:457).
2. A menudo, los cristianos dicen que es difícil ser cristiano en las ciudades
industriales, comerciales y metropolitanas. En las ciudades prósperas de Asia
había cristianos que se mantuvieron leales al evangelio e inquebrantables en su
lealtad a Dios en medio de las presiones ejercidas sobre ellos por su ambiente
pagano. ¿Qué podemos aprender de este hecho? Piensa en esos cristianos de
Asia a la luz de la oración de Jesús en Juan 17:15 al 19. ¿Cómo se aplica el
concepto de estar en el mundo pero no ser del mundo para los cristianos
actuales, en particular para los que viven en ciudades metropolitanas?
3. ¿Cómo podemos, como adventistas del séptimo día, prestar atención a las
palabras que recibimos en el mensaje a los laodicenses?
Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 8 – Durante esta semana, HAp cap. 4.
Lección 3- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...
RESEÑA
Enfoque del estudio: La semana pasada vimos el primero de los mensajes a las siete
iglesias. En esta lección, estudiaremos los mensajes dos al siete (Apoc. 2:8-3:22).
Introducción: Los mensajes a las siete iglesias han animado al pueblo de Dios a lo
largo de los siglos. Nos aseguran que Dios está sumamente interesado en el
funcionamiento de su iglesia. Él conoce todos sus desafíos, y está ansioso por brindar
consejos y preciosas promesas a todos los que lo escuchen.
Temática de la lección:
Los mensajes a las siete iglesias tienen un estilo típicamente hebreo en su estructura
(para más detalles, ver la sección “Comentario”).
Las evidencias textuales apoyan la idea de que Laodicea representa a la iglesia del fin
de la historia.
Aplicación a la vida: La inclusión de Jezabel en el mensaje a Tiatira invita a los
estudiantes a reflexionar sobre el papel de las cuatro mujeres de 37 Apocalipsis.
También se invita a los adventistas del séptimo día a aplicar el mensaje de Laodicea a
sí mismos.
COMENTARIO
Los mensajes a las siete iglesias tienen una estructura común, cuya forma es similar a
las cartas antiguas: Jesús
Los mensajes a las siete iglesias tienen una estructura cuya forma literaria se basa en
la lógica hebrea. En el pensamiento occidental, A + B = C. Pero en la lógica hebrea, A
+ B = A mejorado. Esta forma literaria se llama quiasma (de la letra griega X, que se
pronuncia “qui”). Los escritores producen quiasmas cuando razonan completando el
círculo y vuelven al punto inicial de un argumento. El primer punto es similar al
último punto. El segundo punto es similar al penúltimo punto, y así sucesivamente;
por ende, el punto culminante está en el centro en vez de al final. Quizá no sea casual
que la forma del candelabro de siete brazos del Tabernáculo sea análoga a un quiasma
literario.
La carta a Esmirna (la segunda) tiene muchas similitudes con la carta a Filadelfia (la
sexta); ambos son mensajes mayormente positivos. Las cartas a Pérgamo (tercera
carta) y a Sardis (quinta carta) son para las iglesias con gran decadencia. El mensaje a
Tiatira (la cuarta iglesia, en el centro) es el doble de largo que los demás y es diferente
de todos los otros mensajes (ver el tema IV). Esta disposición significa que la primera
y la última cartas (para Éfeso y para Laodicea) también son similares. Esta estructura
sugiere que Laodicea, al igual que Éfeso, padece de deficiencia de amor.
Como adventistas del séptimo día, a menudo hemos considerado que el mensaje a
Laodicea se aplica especialmente a nosotros en el tiempo del fin. Una de las mejores
evidencias de esto es la conexión entre Apocalipsis 3:18 y 16:15. Ningún otro texto
bíblico contiene las cuatro palabras principales que se encuentran en estos dos pasajes.
Ambos versículos incluyen las palabras griegas para “ver” (blepô), “vestiduras”
(himation), “vergüenza” (aischunê, aschêmosunê) y “desnudez” (gumnotês, gumnos).
Esta inclusión tiene una similitud sorprendente. En medio de los versículos que hablan
del Armagedón (Apoc. 16:14- 16), y utilizando el lenguaje de Laodicea (vers. 15;
comparar con 3:18), hay un llamado a velar durante el tiempo del fin. Este llamado es
una evidencia sorprendente de que Laodicea representa a la iglesia final de la historia
de la Tierra.
APLICACIÓN A LA VIDA
1. ¿Cuántas mujeres se describen en el libro de Apocalipsis, y cuáles son sus roles en
el mensaje del libro?
Hay cuatro mujeres que se describen en Apocalipsis. Dos son personajes positivos y
dos son negativos. La primera es Jezabel, la líder de la oposición a los fieles en Tiatira
(Apoc. 2:20-23). La segunda es la mujer piadosa de Apocalipsis 12 (vers. 1, 2, 5, 6,
14-17). La tercera es la ramera Babilonia (17:1-7, 16). La cuarta es la esposa del
Cordero (19:7, 8). En última instancia, las cuatro se vinculan con la iglesia, ya sea en
forma positiva o negativa. Jezabel, la adversaria de Tiatira, se adelanta a la ramera
Babilonia, que está vestida como el sumo sacerdote (17:4). Si la primera parte de
Tiatira representa a la iglesia medieval, entonces las dos imágenes están muy
relacionadas. La oposición a Cristo a menudo adopta un aspecto cristiano. Asimismo,
la mujer de Apocalipsis 12 representa al pueblo fiel de Dios a lo largo de la historia.
La esposa del Cordero, en Apocalipsis 19:7 y 8, representa a los fieles de Dios al final
de la historia, simbolizada por la Nueva Jerusalén. Por lo tanto, tiene sentido que la
mujer de Apocalipsis 17 represente a todos los que se oponen a Dios, especialmente
los poderes religiosos que se unen con los poderes mundanos seculares, y forman la
Babilonia del tiempo del fin. La “mujer”, en Apocalipsis, representa a los que
profesan ser seguidores de Cristo; sin embargo, según cuál mujer, esa profesión
probablemente no sea sincera.
2. ¿De qué modo nosotros, los adventistas del séptimo día, deberíamos aplicar a
nosotros mismos el mensaje de Apocalipsis 3:18 al 21? ¿Qué nos enseña este pasaje?
El oro puede expresar el valor que tenemos ante los ojos de Dios, así como la fe que
se ha sometido a un proceso de refinación y purificación. Las vestiduras blancas
representan la justicia de Cristo que se nos concede; y el colirio para los ojos, el
discernimiento espiritual, que nos ayuda a ver claramente nuestra necesidad de Cristo.
Aunque Jesús disciplina si es necesario (Apoc. 3:19), nunca obliga a nadie a seguirlo.
Él invita amablemente y deja la decisión en nuestras manos (vers. 20). Y nos promete
cumplir con todas las promesas. Si invitamos a Jesús a reinar en nuestro corazón y a
vencer (vers. 21), participaremos de su Trono. Según lo expresado por el oro puesto a
prueba en el fuego, Dios ve un valor infinito en nosotros.
Esmirna
Jesús se presenta a la iglesia de Esmirna como "el primero y el postrero, el que estuvo
muerto y vivió" (Apoc. 2:8). Estas características de Jesús corresponden
adecuadamente a su situación. El comprende su posición porque él también fue
perseguido hasta el punto de la muerte. Ellos están en pobreza extrema; tal vez
muchos no tienen trabajo o son desterrados; algunos sufrieron prisión o aun la muerte:
todo por Cristo. Los jíidíos que se estaban distanciando de los cristianos y los
ridiculizaban son llamados por Jesús como la "sinagoga de Satanás" (vers. 9).
Los vencedores de Esmirna reciben la promesa de que no serán dañados por la muerte
segunda (ver Apoc. 2:11). La muerte física es un sueño temporario y no es una
tragedia, por causa de la esperanza de la resurrección. Hay que temer la segunda
muerte, la muerte eterna, de la cual no hay resurrección.
Pérgamo
Durante más de dos siglos y medio, Pérgamo sirvió como la capital política,
intelectual y religiosa de Asia, y fue una de las ciudades élite del mundo helenístico.
Ostentaba una biblioteca que rivalizaba con la de Alejandría, con cerca de doscientos
mil tomos. De todos los templos magníficos a Atenea, Dionisio y Esculapio, el
enorme altar de Zeus, del cual se elevaba humo continuamente, era el más importante.
Del inmenso asclepeion, justo fuera de la ciudad, salían historias de curaciones
milagrosas por "el Salvador" Esculapio, el dios griego de la curación. Esta saturación
de paganismo hacía realmente que Pérgamo fuera el lugar donde "habita Satanás"
(vers. 13).
Jesús viene como "el que tiene la espada aguda de dos filos" (vers. 12). El gobernador
romano tenía ius gladii (el derecho de la espada), el poder de la ejecución,2 un poder
que se usó con frecuencia contra los cristianos. Pero el poder sobre la vida y la muerte
pertenecen solo ajesús (cf Apoc. 1:17,18).
Jesús sabía que los cristianos de Pérgamo vivían en el mismo corazón de las
actividades de Satanás. Ellos habían sido excluidos por rehusarse a aceptar la
adoración al emperador y a honrar a los dioses paganos. Algunos, como Antipas,
habían pagado con su vida. No obstante, la mayoría se había mantenido sin vacilar,
fiel, frente a esta persecución.
Jesús los anima a negarse a hacer concesiones con el paganismo, y advierte que, si no
se arrepienten, él vendrá contra ellos con la espada de dos filos del juicio que tiene en
su boca (vers. 12,16). Así como Balaam fue muerto con la espada (Jos. 13:22), así
serán juzgados los nicolaítas. La única manera de evitar este destino es arrepentirse y
hacer un cambio completo en su relación con Cristo.
Además del maná escondido, que es "el pan de ángeles" (Sal. 78:25), Cristo promete a
los vencedores que él reemplazará los certificados de trabajo emitido por los romanos,
que les fueran negados por su rechazo a participar en la adoración al emperador, con
piedras blancas grabadas con nombres nuevos. Estas piedras les otorgarán privilegios
mucho más allá de cualquier placer pagano.
Después de que la iglesia finalmente ganó su lucha con el paganismo en el año 313
d.C., lo que siguió a la conversión de Constantino el Grande, los cristianos ya no
temieron más persecuciones o presiones externas. No obstante, las concesiones
todavía infestaron a la iglesia cuando filosofías y costumbres paganas penetraron en
ella, y reemplazaron gradualmente la Biblia como la fuente de enseñanzas y creencias.
Aunque muchos permanecieron firmemente fieles, los siglos cuarto y quinto
presenciaron la declinación espiritual y la apostasía mientras la iglesia luchaba con la
tentación de las concesiones.
Tiatira
Jesús viene a Tiatira como el Hijo de Dios. Sus ojos llameantes significan su
capacidad de ver lo que está en las partes más íntimas de los humanos (Apoc. 2:23),
escudriñar la mente y el corazón (el asiento de la inteligencia), una capacidad que solo
pertenece a Dios (Jer. 17:10). Los pies de bronce bruñido de Jesús enfatizan su actitud
inflexible contra las influencias seductoras en la iglesia.
Jesús describe a la iglesia de Tiatira como amante, fiel, orientada hacia el servicio y
perseverante. En contraste con Éfeso, sus obras posteriores de amor son mayores que
las primeras. En el Nuevo Testamento, el amor y la fe van juntos (Gál. 5:6; Efe. 1:15;
1 Tes. 3:6); además, el servicio es un resultado del amor y la perseverancia es un
producto de la fe (Col. 1:23; 2 Tes. 1:3,4).
No obstante, Tiatira ha tolerado a una mujer influyente, a quien Jesús le da el apodo
de Jezabel. En el Antiguo Testamento, Jezabel fue la notoria reina, esposa de Acab,
que condujo a Israel alaapostasía (1 Rey. 16:31-33).En formasimilaralos nicolaítas,
esta "Jezabel" pretendía ser una profetisa de Dios y afirmaba que estaba bien que los
cristianos aceptaran los requerimientos de los gremios (Apoc. 2:20), y "cosas
sacrificadas a los ídolos y a cometer fornicación" (vers. 14,15). Su influencia condujo
a muchos a hacer concesiones con el paganismo.
Durante la Edad Media, la iglesia afrontó peligros no de afuera sino de adentro. Los
que pretendían autoridad divina pusieron las tradiciones por encima de la Biblia. Un
sacerdocio humano y reliquias sagradas reemplazaron el sacerdocio de Cristo, y las
obras llegaron a ser el medio de salvación. Aquellos que defendían una fe bíblica
enfrentaron persecuciones severas y la muerte.
Sardis
Sardis tuvo una historia espléndida. Seis siglos antes, había sido unas de las ciudades
más grandes del mundo, como capital del opulento reino de Lidia. Era conocida como
un centro del comercio de lana, industrias del teñido y confección de vestimentas, lo
que proveía a sus ciudadanos un estilo de vida lujoso. Ubicada en un monte
especialmente empinado, con una sola ruta de acceso, la ciudad era una fortaleza
natural. Comprensiblemente, los ciudadanos se sentían muy confiados, demasiado, y
descuidaban negligentemente la vigilancia de las murallas de la ciudad, si es que lo
hacían. No obstante, la ciudad fue capturada por sorpresa en dos ocasiones: primero,
por Ciro el Grande, de Persia (547 a.C.); y más tarde, por Antíoco III (214/213 a.C.).
En ambas ocasiones, los soldados enemigos treparon el acantilado de noche y
encontraron los muros sin guardias, por lo que tomaron rápidamente la ciudad
arrogante y sin defensas.
Jesús anima a la iglesia a ser vigilante y recordar cómo había oído y recibido el
evangelio al principio (vers. 2,3). La única manera de volver a encender su devoción a
Dios era mantener frescas en su mente sus experiencias pasadas y aplicarlas al
presente. El arrepentimiento resultante los arrancaría de su letargo y, por el Espíritu de
Dios, daría energía de nuevo a su amor y devoción.
Este período de la historia tiene que ver con el escolasticismo protestante, que siguió
al remozamiento producido por la Reforma, y que arrojó a la iglesia a un formalismo
sin vida. Progresivamente, la gente se enfocó en polémicas y controversias doctrinales
hasta llegar a un estado de letargo espiritual. Hacia el final, la creciente marea del
racionalismo filosófico y del secularismo sobrepasó la gracia salvadora del evangelio,
y dio lugar al racionalismo y la argumentación teológica. A pesar de la apariencia de
vitalidad, la iglesia estaba realmente muerta.
Filadelfia
Filadelfia era una ciudad próspera que estaba sobre la ruta comercial imperial, que
conectaba todos los lugares del este con todos los lugares del oeste. Desde su origen,
Filadelfia tenía el propósito de servir como una ciudad misionera para promover la
lengua y la cultura griegas en las regiones de Lidia y Frigia. Su ubicación geográfica,
sin embargo, la sometió a terremotos ocasionales. El más severo ocurrió en el año 17
d.C., que devastó Filadelfia, Sardis, y otras ciudades de los alrededores.
Pero esta iglesia no está espiritualmente fuerte. Como Sardis, sufre la influencia de su
ambiente pagano, lo que impacta significativamente en su vida espiritual y su
testimonio. A pesar de su debilidad, Cristo promete poner delante de ellos una puerta
abierta de oportunidades. Cuando él abre esa puerta, ni siquiera todo el poder del
enemigo es capaz de cerrarla.
A los vencedores se les promete ser columnas permanentes -símbolos de la iglesia del
Nuevo Testamento (1 Tim. 3:15)- en el templo en la Nueva Jerusalén, con los
nombres de Dios, de la Nueva Jerusalén y de Cristo escritos sobre ellos. A los fieles se
les promete que siempre estarán en la presencia de Dios y lo servirán en su Templo
(Apoc. 7:15).
Laodicea
Debido a su ubicación favorable sobre la ruta comercial principal entre Éfeso y Siria,
Laodicea era uno de los grandes centros comerciales del mundo antiguo. Su riqueza
provenía mayormente de la lujosa lana negra que se usaba para la fabricación de
vestimentas y su posición como un gran centro bancario, que almacenaba grandes
cantidades de oro.
Laodicea también ostentaba una escuela de medicina que producía un ungüento para
los ojos hecho con un polvo de Frigia mezclado con aceite. La ciudad era tan rica que
rechazó la ayuda imperial después de un terremoto devastador en el año 60 d.C.,
comentando que no era necesaria. De hecho, lo único negativo era la falta de agua,
que debía ser traída a la ciudad por medio de un acueducto de casi diez kilómetros
(seis millas). Alimentada tanto por un manantial termal como por fresca agua de las
montañas, la ciudad ganó la reputación de tener agua tibia.
Laodicea estaba en tan malas condiciones que Jesús no tuvo nada positivo que decir
de ella. A pesar de la ausencia de acusaciones específicas de pecados, apostasía o
herejías, ninguna otra iglesia recibió una reprensión tan severa de Jesús. Compara el
suministro de agua con los feligreses, ni refrescantes ni calientes, sino tibios, y como
tales él está a punto de vomitarlos de su boca (Apoc. 3:16).
Jesús aconseja a la iglesia que compre de él tres cosas. La primera es oro refinado en
fuego, que haría que los laodicenses fueran verdaderamente ricos, un símbolo de una
fe probada (1 Ped. 1:7). Segundo, Jesús ofrece vestiduras blancas para cubrir su
desnudez, un símbolo de la salvación (Apoc. 3:4-6; 7:9,13,14; Isa. 61:10), y una
relación correcta con Dios (Apoc. 3:4). Finalmente, él ofrece colirio para sanar sus
ojos, a fin de que puedan ver con exactitud su condición y el valor de la herencia que
Cristo pone a su disposición (cf Efe. 1:17, 18). Que estos elementos no están
disponibles gratuitamente indica que los laodicenses deben dar algo a cambio de lo
que necesitan. Lo que deben entregar es su orgullo, su complacencia y su
autosuficiencia a fin de recibir las riquezas de Cristo.
Jesús no los ha abandonado, y está haciendo todo lo posible para que se den cuenta de
su situación y rompan las cadenas de la autosuficiencia. El único remedio es el
arrepentimiento verdadero y un nuevo comienzo con Cristo. Jesús concluye su
apelación con una notable imagen de él parado a la puerta, y llamando (Apoc. 3:20; cf
Cantares 5:2-6). De repente, Jesús se está dirigiendo a los individuos dentro de la
iglesia. Aquellos que le abren la puerta gozarán de una cena íntima y amante con
Cristo, lo que indica una relación profunda y personal.
Referencias
1 Ver William Barclay, The Revelation ofjohn, The Daily Study Bible, 2a ed.
(Filadelfia, Pensilvania: Westminster John Knox Press, 1976), t. 1, pp. 76-78.
2 William Ramsay, TheLetters to theSeven Churches,2' ed. (Peabody, Massachusetts:
Hen-drickson, 1994), p. 214.