Análisis Morfotectónico de Las Deformaciones Cuaternarias de La Cordillera de Jucuarán - Intipuca (El Salvador)
Análisis Morfotectónico de Las Deformaciones Cuaternarias de La Cordillera de Jucuarán - Intipuca (El Salvador)
2
ÍNDICE
3. METODOLOGÍA ...........................................................................................................22
4. RESULTADOS .............................................................................................................24
5. DISCUSIÓN ..................................................................................................................36
6. CONCLUSIONES .........................................................................................................46
7. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................48
8. ANEXOS .......................................................................................................................53
3
1. INTRODUCCIÓN Y OBJETIVOS
El presente estudio surge del interés del Grupo de Investigación de Tectónica Activa,
Paleosismología y Riesgos Asociados de la Universidad Complutense, dentro de la línea de
investigación Geología de Terremotos, que por más de 6 años ha venido trabajando en
Centroamérica, abarcando tanto aspectos regionales como locales, de los que han surgido
importantes interrogantes acerca de la estimación del riesgo sísmico de esta zona altamente
vulnerable y sísmicamente activa. Esto ha requerido de grandes esfuerzos tanto de este
grupo de investigación como de otros, incluyendo a las autoridades locales, que han llevado
al desarrollo de diversos estudios para complementar la información geológica, estructural,
sismotectónica, etc.; con miras a la correcta estimación de la peligrosidad y al ajuste de los
modelos tectónicos regionales.
4
movimiento de las fallas principales de dirección E – O pertenecientes a la ZFES, que en la
literatura es referenciada como la cuenca pull – apart de Fonseca (Alvarado et al., 2011).
Para alcanzar este fin se contempla como objetivo principal el cálculo de la tasa de
deformación o extensión horizontal cuaternaria en la Cordillera de Jucuarán – Intipuca y su
comparación con los vectores GPS recientes, para determinar si hay reparto de la
deformación en el sector oriental de la ZFES a lo largo de las estructuras secundarias.
5
2. CONTEXTO GEOLÓGICO Y ANTECEDENTES
CV
Volcán San Miguel
Golfo de
GS Fonseca
Rio Grande
OCÉANO
Volcán Conchagua
PACÍFICO
PC
CV
CC Cordillera Jucuarán - Intipuca
87.7033688943°W
6
Figura 2. Configuración
actual de las placas
tectónicas en Centroamérica,
donde se observa la
localización de la zona de
estudio (punto amarillo)
dentro del Bloque de Chortís,
cerca de la margen noroeste
de la Placa Caribe.
La primera hipótesis defiende que la Placa Caribe se formó in situ entre las dos Américas
mediante un centro de expansión, mientras que la segunda dice que ésta con un carácter
alóctono, se formó en el Pacífico y que sin subducir fue empujada de oeste a este por una
nueva zona de subducción que se formó bajo el arco de las Antillas Mayores, que se movía
hacia el este en relación con las placas Americanas.
El Bloque de Chortís, limita al norte con el Bloque Maya que hace parte de la Placa
Norteamericana, a lo largo del Sistema de Fallas sinestrales de Motagua – Polochic y la falla
transformante de la Isla de Swan; al sur con el Bloque Chorotega a lo largo del Escarpe de
Hess y su continuación en el sur de Centroamérica, Falla sinestral de Santa Elena o de
Gatún (Berrangé et al., 1989; James, 2007) y al oeste con la fosa mesoamericana donde es
subducido por la Placa de Cocos (ver Figura 2). Es el único vestigio de corteza continental
de la actual Placa Caribe (Case et al., 1984), que ya en tiempo cretácico derivada al oeste
del plateau oceánico proto – Caribe. Entre el periodo cretácico tardío y paleoceno y junto
con los bloques de Chorotega y Chocó (Beccaluva et al., 1999; Giunta et al., 2002b) de
afinidad oceánica o transicional (Dengo, 1968), formaron la margen oeste de la placa
Caribe: Istmo de Centroamérica (Giunta et al., 2006).
Desde el terciario hasta hoy, el movimiento de la Placa Caribe hacia el este con respecto a
las Américas, ha derivado en procesos transtensionales a lo largo de las márgenes norte y
sur, con disipación y desmembramiento de los terrenos ofiolíticos (Giunta et al., 2006).
7
Su configuración estructural ha permanecido sin alteraciones desde el Pleistoceno
(Weinberg, 1992).
Después Plafker (1976), en su análisis tectónico del terremoto de 1976 en la Falla Motagua,
suma al modelo anterior una zona de debilidad o desgarre dextral a lo largo del arco
volcánico, que desacopla el bloque proarco en contacto con la Placa de Cocos del resto del
Bloque de Chortís. Este modelo predice una variación en la cantidad de deformación, de
manera que el movimiento del Bloque hacia el este va disminuyendo desde las tierras altas
de Nicaragua hasta el arco en Guatemala (Figura 3A).
Mann & Burke (1984a) propusieron que los grábenes o rifts de dirección aproximada N – S,
se forman debido al movimiento de rotación a lo largo de la curvatura del límite
Norteamérica – Caribe, en el movimiento de esta ultima alrededor del Bloque Maya o
Yucatán. Posteriormente Burkart & Self (1985) refinan este modelo y definen que la
deformación está dominada por la rotación antihoraria de pequeños bloques y su
consecuente segmentación del arco volcánico, referido como zona de debilidad.
8
Gordon (1990) y Gordon & Muehlberger (1994) ajustan el modelo anterior, redefiniendo la
Falla Guayape, límite entre la zona sometida a rotación al oeste y la parte principal de la
Placa Caribe al este, como una estructura de actividad reciente de tipo dextral, causante de
la rotación antihoraria de la parte central del Bloque de Chortís (Figura 3B).
A. B.
Para determinar cuál de estos modelos representa la situación geodinámica del Bloque de
Chortís, se han adelantado cuantificaciones de la deformación a partir del análisis de
mecanismos focales (Guzmán-Speziale, 2001; Guzmán-Speziale et al., 2005; Cáceres et al.,
2005 y Guzmán-Speziale & Gómez–González, 2006) y de vectores de desplazamiento
obtenidos con GPS (DeMets, 2001; Trenkamp et al., 2002; Márquez-Azúa & DeMets, 2003;
Lyon-Caen et al., 2006; DeMets et al., 2007; Turner III et al., 2007) (Figura 4). Sus
resultados se ajustan a los modelos de Plafker (1976), Burkart & Self (1985) y Gordon &
Muehlberger (1994), aunque no son concluyentes con respecto a la rotación de los bloques
ni al movimiento dextral de la Falla Guayape.
9
arco volcánico en la evolución geodinámica del bloque, definida en El Salvador por la ZFES.
Así mismo, reporta el bajo grado de acoplamiento de la subducción de la Placa de Cocos
bajo El Salvador, característica fundamental para tener en cuenta al momento de la
interpretación de los resultados obtenidos en este estudio.
Las estructuras más sobresalientes en el Bloque de Chortís son las que tienen lugar en los
límites con las placas de Norteamérica y Cocos (Figura 5). Su límite con la Placa
Norteamericana está definido por una zona de cizalla sinestral que ha funcionado desde el
paleoceno y sobre la que se ha trasladado entre 300 y 1000 km, dependiendo del modelo
asumido para el origen de la Placa Caribe (Malfait & Dinkelman, 1972; Anderson & Schmidt,
1983; Meschede & Frisch, 1998; James, 2006; Mann et al., 2007), con una tasa de
movimiento entre 11 y 25 mm/a (DeMets et al., 2000). Dentro de esta zona de cizalla, la
Falla Motagua parece ser la estructura principal actual.
La zona de estudio hace parte de la región de grábenes al sur de la Falla Motagua. Encierra
una serie de fallas normales y grábenes de dirección N - S y NNO - SSE, como evidencia de
la tectónica extensional E - O que actúa a razón de 8 – 10 mm/a (Guzmán-Speziale, 2001;
Lyon-Caen et al., 2006). Estos grábenes se extienden desde el arco volcánico de
Guatemala hasta la depresión de Honduras (Figura 5).
También abarca parte del Arco Volcánico Centroamericano, que se extiende desde Costa
Rica hasta la Falla Polochic al noroeste, paralelo a la fosa y a la depresión volcánica
10
reconocida inicialmente en Nicaragua, donde a pesar del marcado relieve negativo se
registra actividad sísmica asociada fallas de desgarre dextral (Mann et al., 1990; Weinberg,
1992). Esto se ha confirmado recientemente con estudios GPS que reportan un
desplazamiento del bloque proarco hacia el noroeste con relación a la Placa Caribe (Turnerr
III et al., 2007). Algunos autores consideran que la depresión NO – SE de Nicaragua se
extiende con menor magnitud hacia El Salvador donde cambia su dirección a E – O (Gordon
& Muehlberger, 1994; James, 2007); pero estudios recientes afirman que la deformación en
El Salvador responde a estructuras E – O dextrales sin que haya evidencia de un graben
como el de Nicaragua, sin descartar la generación de cuencas pull-apart en los relevos
diestros de la estructura principal (Martínez–Díaz et al., 2004; Corti et al., 2005; Álvarez–
Gómez et al.,2008; Agostini et al., 2006).
B.
B
.
15
11
Falla Guayape: Con dirección N 30° E y 300 km de longitud, atraviesa Honduras desde la
Costa Caribe hasta la Pacífica, en el Golfo de Fonseca (Figura 5A). Tiene movimiento
sinestral provocado por la rotación de parte del Bloque de Chortís, que da lugar a una serie
de grábenes en el lado norte en forma de splays y cuencas pull-apart en relevos diestros;
movimiento opuesto al que parece haberla formado al final del cretácico y hasta el eoceno,
cuando probablemente actuó como una zona de cizalla sinestral (Mann et al., 2007).
Fallas N120°E: Interpretadas por Manton (1987) como desgarres dextrales que han
generado cuencas pull-apart. Más tarde Gordon & Muehlberger (1994) consideran que
estas fallas actuaron como normales durante el mioceno y que han sido relevadas por otras
N - S en el cuaternario, sobre las que encontraron estrías con cabeceo de 67° en el Graben
de Comayagua, como evidencia de su carácter normal con componente dextral.
La zona de estudio, Cordillera Jucuarán – Intipuca, se caracteriza por estar casi cubierta por
rocas volcánicas efusivas, epiclásticas, piroclásticas y cenizas, reunidas en las formaciones
más recientes cartografiadas en país, con edades miocenas a holocenas (Figura 6):
12
COLUMNA GENERALIZADA
0 20 40 km
13
café y los cuatro niveles de Tierra Blanca (Tierra Blanca Joven y Tierra Blanca 2, 3 y 4)
compuestos por depósitos de caída y coladas piroclásticas ácidas procedentes de la
caldera de Ilopango.
Dentro de los trabajos que sobresalen está la tesis doctoral de Álvarez–Gómez (2009) en la
que hace una revisión general de la evolución del marco tectónico de Centroamérica,
además de un análisis morfotectónico y geomorfológico general y otro sismotectónico
detallado para comprender a que esfuerzos responde la deformación allí presente.
Propone una división del Bloque de Chortís en zonas, similar a la realizada por Burkart y
Self (1985), Malfait y Dinkelman (1972) o Rogers (2003); quedando el área de estudio dentro
de la Zona Oriental de Arco Volcánico en El Salvador que se dispone como una depresión
discontinua de dirección N 105° E desde la cuenca del Rio Lempa hasta el Golfo de
Fonseca (Figuras 5 y 7). Esta zona de Arco, junto con las zonas occidental y central del
Bloque de Chortís están fuertemente influenciadas por la tectónica del Bloque, contrastando
con la zona oriental donde la escases de relieve es evidencia de la disminución de la
tectónica actual y el predominio de los procesos erosivos.
14
con el eje de esfuerzos compresivos en dirección NO – SE y el de extensión NE – SO
(Figura 8). Tanto en El Salvador como en Nicaragua la subducción de la Placa de Cocos
bajo la Caribe se caracteriza por tener bajo nivel de acoplamiento (Álvarez–Gómez, 2009;
Correa-Mora et al., 2009).
A. D´ E´ F´ G´ B.
H´
I´
D
J
´
E
Cordillera de F G
Tehuantepec H I K´
Figura 7. Zonación morfotectónica del Bloque de Chortís, las líneas punteadas indican algunos de los cortes de
sismicidad presentados en B. B. Trazas del límite superior de la sismicidad en la zona Wadati-Benioff
interpretadas a partir de cortes de sismicidad. Línea horizontal: transición frágil – dúctil, base de la zona
sismogénica; triángulos: posición aproximada del arco volcánico respecto a la fosa. Modificado de Álvarez-
Gómez (2009).
Sugiere que parte de la deformación que implica el movimiento relativo de la Placa Caribe
respecto a la de Norteamérica y al bloque de proarco, es absorbida por estructuras de tipo
normal en la zona de grábenes del Bloque de Chortís, tal y como predicen los modelos
cinemáticos de la zona (Plafker, 1976; Lyon-Caen et al., 2006; DeMets et al., 2007).
15
Presenta el Mapa de las Principales Fallas Activas como primer acercamiento al tipo de
fracturación de la Cordillera Jucuarán – Intipuca y se refiere a la ZFES en superficie, como a
una estructura joven generada por la unión de distintos planos de falla que se propagan bajo
un régimen de desgarre transtensional con SHmax ~N 160º E y SHmin ~N 70º E. Limita 5
segmentos dentro de la ZFES, de modo que la Cordillera Jucuarán – Intipuca y alrededores,
se ubica justamente al sur de los segmentos más orientales: Berlín y San Miguel. El
Segmento Berlín, entre el Rio Lempa y el Volcán Berlín; tiene una zona de desplazamiento
principal muy clara de dirección E - O y algunas fallas secundarias NO - SE.
El Segmento San Miguel, entre el Volcán San Miguel y el Golfo de Fonseca, comprende un
gran número de pequeñas fallas en echelon con relevos dextrales sin una zona de falla
principal, por lo que fue definido como un estadio inmaduro dentro de la zona de falla de
desgarre asociado a una menor tasa de movimiento, como lo confirmó con la disminución de
las rupturas superficiales cosísmicas en esta dirección. Datos de velocidad GPS recientes
(Correa-Mora et al., 2009) también sugieren que la velocidad de movimiento para este
segmento es menor que al occidente, por lo que explica que la deformación de desgarre en
esta zona parece estar transferida hacia el sur en la Cordillera de Jucuarán – Intipuca donde
diferencia 2 familias de fallas activas muy penetrativas afectando depósitos recientes: fallas
normales de dirección N – S y fallas oblicuas normales con componente de desgarre y
dirección ONO – ESE; lo cual indica un régimen transtensional que parece absorber buena
parte del movimiento de desgarre desde los segmentos más occidentales. Además, plantea
la posibilidad de que al sur de la Cordillera Jucuarán – Intipuca haya otra falla de desgarre
principal E – O para que en el salto o relevo se dé el campo extensional o si por el contrario
la deformación de desgarre está distribuida en una amplia banda desde la ciudad de San
Miguel hasta la Costa Pacífica.
Dentro del análisis estructural y evolución cinemática encuentra varias familias de diaclasas
y fallas coherentes con la fracturación secundaria propia de una zona de cizalla de desgarre
dextral E – O en fase inmadura, con planos sintéticos Riedel R en dirección ONO – ESE a
NO – SE primeros en formarse, antitéticos Riedel R´ N – S a NNO – SSE casi simultáneos a
los R y finalmente algunos planos Y de dirección E – O, resultantes de la rotación de los
primeros hasta hacerse paralelos a la dirección de cizalla principal (Figura 9).
16
difiere de la velocidad intersísmica de 8.5 mm/a calculada para la misma zona por DeMets
(2001) y Correa-Mora et al., (2009). Explica que este déficit de cerca de 4 mm/a puede
deberse a la repartición del movimiento de la zona de falla principal en fallas secundarias de
dirección NO – SE, subestimación de los datos geológicos por perdida del registro ya sea
por causas erosivas o depositación de productos volcánicos que enmascaran los rasgos
neotectónicos, ocurrencia de deformación dúctil y/o variación de la velocidad de la falla con
el tiempo.
17
La implicación tectónica más importante de su trabajo es que el mecanismo que rige el
movimiento del bloque proarco no es la partición de la deformación por la convergencia
oblicua de la Placa de Cocos bajo la Caribe, puesto que es difícil transmitir la tracción a
través de una superficie no acoplada o débilmente acoplada, coincidiendo con los modelos
de Álvarez – Gómez et al., (2008). De esta manera, el motor que impulsa el desplazamiento
hacia el NO del bloque proarco como una sola entidad (incluyendo los de Costa Rica,
Nicaragua y El Salvador), es la subducción de la Cordillera de Cocos bajo Costa Rica,
sumado a la ausencia de resistencia friccional a la base del bloque en la interfase
desacoplada.
Pull-apart
de Fonseca
Figura 10. Modelo de inversión para la distribución de acoplamiento intersísmico para A. las fallas en el arco
volcánico y B. la interfase de subducción. Volcanes activos, Estaciones GPS, Hipocentros de terremotos
(Engdahl et al., 1998) para una zona de 50 km de ancho sobre el arco volcánico. Las líneas punteadas limitan la
cuenca pull- apart de Fonseca (Alvarado et al., 2009). Tomado de Correa-Mora et al., (2009).
18
donde además se dan algunos terremotos asociados a fallamiento de rumbo que indican
que la extensión puede estar acompañada por fallamiento en estante de libro o bookshelf.
Exponen que a pesar de que en la zona la interfase de subducción no está acoplada y por
tanto no hay partición de la deformación, existen evidencias de que el bloque proarco en el
Salvador se mueve en dirección N70°W a N85°W a una tasa que incrementa
sistemáticamente de ~5 mm /a en las áreas al interior del arco volcánico a ~16 mm/a cerca a
la Costa Pacífica, con patrones de desplazamiento típicos de una falla de rumbo bloqueada.
Esa tasa de deslizamiento es consistente con la del proarco Nicaragüense (~15 mm/a), por
lo que sugieren que se mueven como una misma lamina de corteza.
Presentan también un mapa de fallas del este de El Salvador y el Golfo de Fonseca, donde
resaltan la ocurrencia de fallas normales de dirección N – S principalmente en áreas
montañosas, como la Cordillera de Jucuarán, con evidencias geomorfológicas de
desplazamiento a lo largo de planos buzando al W con estrías que indican fallamiento
normal con alguna componente oblicua, formando una serie de half-graben (Figura 12A); de
manera que son estas estructuras las que acomodan la extensión regional de dirección E -
O. Determinan que este fallamiento normal es de edad reciente, mediante la datación con el
40
método Ar/39Ar de 2 unidades volcánicas falladas. La primera de ellas, un flujo de lava
basáltica cortado por la Falla Chilagua (normal) en la Cordillera Jucuarán, arroja una edad
de 1114± 40 ka. La segunda, con una edad de 430±72 Ka, corresponde a una toba
pomácea andesítica extraída del lado W del Volcán Conchagua, que es desplazada 33 cm
por varias fallas normales N – S (ver Figura 12A).
A. B.
Figura 12. A. Líneas rojas: fallas interpretadas; Triángulos morados: estaciones de campo; Banderas blancas:
40 39
dataciones de 2 muestras Ar/ Ar. B. Diagrama esquemático en el step-over entre los arcos volcánicos de El
Salvador y Nicaragua, mediante una cuenca pull-apart. Bloque proarco fijo. Tomado de Alvarado et al., (2011).
19
Para explicar la trasferencia de movimiento en este step-over, proponen que el este de El
Salvador pertenece a una estructura pull-apart de 60 km de ancho y 40 km de alto, en el
cual el deslizamiento es transferido gradualmente a estructuras intermedias localizadas
entre las fallas rumbodeslizantes principales que corren a lo largo de los 2 arcos volcánicos
(Figura 12B). El limite este del pull-apart es el Golfo de Fonseca, mientras que al oeste
está definido por la ausencia de fallamiento y la presencia de centros magmáticos que no
siguen una tendencia linear. Al sur, la cuenca extensional estaría limitada por una falla
localizada en el offshore, que Funk et al., (2009) encontró mediante líneas sísmicas marinas
dentro del Golfo, pero que interpretó como el límite sur del arco volcánico. Este modelo
implica que la tasa de desplazamiento de la ZFES decrece hacia el este, puesto que el
movimiento es trasferido a las fallas dentro del pull-apart.
La baja tasa de movimiento obtenida con las estaciones GPS en el SE de El Salvador son
consistentes con las evidencias estructurales y sísmicas de escala regional y local de una
deformación ampliamente distribuida a lo largo del step-over extensional.
De los sismos con magnitudes superiores a 4.5 registrados durante los últimos 30 años en el
Catálogo de Harvard (2008), solo 5 tienen epicentro cerca de la Cordillera Jucuarán –
Intipuca: 4 someros (20 a 50 km): uno normal cerca del borde oeste y 3 de desgarre dextral
20
con planos ONO - ESE asociados a la zona de debilidad en el arco; y un evento profundo
(60 km) de tipo inverso, posiblemente asociado al límite inferior de la placa subducente bajo
el Golfo de Fonseca (Figura 14).
El hecho de que el terremoto del 13 de febrero de 2001 (Mw:6.6) rompiera todo el Segmento
San Vicente de la ZFES hace pensar todos los demás segmentos puedan considerarse
sismogénicos, por lo que podría esperarse que dentro de la zona de estudio, se produjeran
también terremotos de magnitudes similares. Esto puede sustentarse con el Modelo de
Transferencia de Esfuerzos Estáticos de Coulomb desarrollado por Canora-Catalán (2010)
tras el terremoto y considerando la sismicidad entre los años 2001 y 2008, donde se observa
un aumento significativo de los esfuerzos en los segmentos orientales de la zona de falla
(Figura 15). Con este modelo se sustenta que el terremoto principal disparó rupturas
secundarias y réplicas, principalmente generadas por fallas extensionales NO - SE
localizadas en el Segmento Lempa, al este del Segmento San Vicente.
21
3. METODOLOGÍA
Se utilizó como herramienta principal el modelo de elevación digital del terreno (MDT) con
resolución de 10 m, cubriendo la totalidad de la zona estudiada, 4600 km2. A partir del MDT
y utilizando el software Global Mapper v11.02, se identificaron índices geomorfológicos de
tectonismo activo, como escarpes de falla, controles y obturación de drenaje, ganchos de
falla, discontinuidad en divisorias de drenaje, entre otros; para generar el primer Mapa de
detalle de Fallas Activas en la Cordillera de Juacarán – Intipuca y sus alrededores.
22
topográficos perpendiculares a las estructuras e identificando el mejor sitio para la toma de
dicho dato, contemplando la posibilidad que exageraciones o subestimación por factores
erosivos, como incisión del drenaje o caída de cuñas coluviales desde las partes altas del
escarpe, dando un grado de confiabilidad a la medida en escala de 1 a 3. Esta información
esta recopilada en la Tabla 1 (Capitulo 4), donde además se reúne información sobre la
edad de las litologías afectadas, el azimut de la falla estimada, la localización exacta del
punto donde se midió el salto vertical, la distancia de este punto a las 3 estaciones de la red
GPS más cercanas (SAIN, JUCU y SSAS) al igual que el azimut de la línea que los une
partiendo desde la estación, y comentarios específicos sobre su expresión geomorfológica y
relaciones de corte con estructuras transversales.
Con la medida del salto vertical y asumiendo un buzamiento de 60° para todas las fallas
identificadas, partiendo de la premisa que son normales; se utilizaron relaciones
trigonométricas para calcular el desplazamiento horizontal sobre una línea E – O.
23
4. RESULTADOS
En función de las definiciones anteriores y teniendo en cuenta que las edades de las
formaciones geológicas contenidas en la zona de estudio y afectadas por fallamiento,
abarcan desde mediados del mioceno (Formación Bálsamo) hasta el holoceno (Formación
San Salvador), es decir, 23 Ma hasta 0.01 Ma, y que el campo de esfuerzos tectónico
regional vigente está actuando desde el oligoceno e inicios del mioceno (aprox. 20 – 25 Ma),
el análisis que se presenta en este capítulo hace referencia a la actividad tectónica reciente
de las estructuras en la Cordillera Jucuarán – Intipuca y alrededores.
24
LEYENDA
Holoceno
Pleistoceno
Plio - cuaternario
Plioceno
Mioceno - Plioceno
Mioceno
Figura 16. Mapa Morfotectónico de Fallas Activas del SE de El Salvador (Codillera Jucuarán – Intipuca y alrededores) y unidades cronoestratigráficas tomadas de Bosse et al., (1978).
25
utilizando el programa Global Mapper v.11. Sobre este se adelantó el mapeo de las trazas
de falla en superficie con evidencias de actividad cuaternaria, es decir, aquellas que
presentan geoformas o indicios geomorfológicos relacionados con el desplazamiento a lo
largo de la falla y que por su excelente grado de conservación sugieren que son recientes.
Considerando los rasgos rectilíneos del paisaje, dentro de los que sobresalen escarpes de
falla que desplazan superficies de diferentes edades, además de discontinuidades y
desplazamientos de divisorias de agua, ganchos de falla, cambios de pendiente y cauces
controlados, desplazados y decapitados; se cartografiaron un total de 223 estructuras
distribuidas en 5 familias principales (Figura 17).
Familia 1 - Fallas ONO - ESE: Azimut dominantemente de 110° a 120° y otros de 120° a
140°. Reúne un total de 72 fallas, F1 a F72, dispuestas generalmente en segmentos que
forman escalones sinestrales, que en cuanto a continuidad dan lugar a la familia principal de
fallas, puesto que son las estructuras de mayor longitud de la zona de estudio y sobresalen
marcadamente en la topografía. Se concentran en el sector oeste, cerca del contacto entre
los centros volcánicos y la Cordillera Jucuarán – Intipuca con la planicie costera,
constituyéndose como el límite oeste de la deformación de la zona, ya que a la izquierda de
estas no se identificó ninguna otra estructura.
Se caracterizan por presentar una clara componente de movimiento vertical normal, definida
por fuertes escarpes de falla muy bien preservados que desplazan superficies volcánicas
miocenas-pliocenas, siempre con el bloque SO levantado. En contadas ocasiones se
26
observaron evidencias de desplazamientos horizontales, como es el caso de los asociados a
la falla F68 que desplaza en sentido dextral y a lo largo de aproximadamente 260 m a 2
valles adyacentes encajados en depósitos miocenos, incluyendo la divisoria de aguas.
Además hay algunos controles de drenajes encajados en depósitos holocenos al sur del
Volcán Berlín, pero que no son determinantes del sentido de movimiento (fallas F38, F48,
F55 y F68).
Esta familia de fallas se presenta claramente desde el Volcán Berlín al norte, donde al
parecer se une al segmento de la ZFES que lleva el mismo nombre y continúa hacia el SE
cortando principalmente depósitos pleistocenos provenientes de los centros volcánicos,
hasta alcanzar el Rio Grande de San Miguel donde inicia la Cordillera Jucuarán – Intipuca.
En su recorrido tienen una expresión casi nula sobre los depósitos holocenos, a excepción
de algunos controles de drenaje de la falla F68 y un suave cambio de pendiente relacionado
con el paso de la falla F48.
Al entrar en la Cordillera, sobresale la falla F53 por desplazar una superficie de edad
miocena–pliocena, elevando el bloque SO entre 120 – 160 m y bloqueando el paso del Rio
Grande de San Miguel que antes fluía en dirección NE – SO. Al encontrar el escarpe, el rio
gira 90° para continuar corriendo hacia el NO y al pie del escarpe, controlado por la falla por
cerca de 9 km. Sobre la parte alta del escarpe pueden reconocerse valles colgados que
evidencian que antes, tanto los afluentes como el rio principal, continuaban su curso normal
hacia el SO antes de desembocar en el Océano Pacífico. Este rasgo morfotectónico tan
marcado, corrobora la fuerte componente normal de esta familia de fallas.
También algunas de estas estructuras, las de menor longitud (<4 km), se encuentran
subparalelas en la parte norte del Volcán San Miguel, cortando depósitos de edades
miocenas a pleistocenas, haciendo parte del corredor del Segmento San Miguel de la ZFES
(F15, F12, F56, F39, F57, F57´, F6).
Familia 2 - Fallas NO - SE: Es la familia de fallas con menor población, puesto que agrupa
solo 19 estructuras, fallas F73 a F90, con azimut entre 145° y 159°. Están distribuidas al
27
interior de la zona extensional y con una longitud menor de 6 km, resaltan dentro del paisaje
por la ocurrencia de rasgos rectilíneos, principalmente cauces controlados. Los indicios
morfotectónicos de tectonismo que se les asocian no son contundentes al momento de
determinar componentes de movimiento.
Estas fallas cortan los depósitos pleistocenos de la ladera norte del Volcán San Miguel
(fallas F90´, F88), al igual que los de edad plio-pleistocena de las laderas del Volcán
Conchagua (F76, F85, F89, F87) (ver Figura 16). No son muy comunes dentro de la
Cordillera Jucuarán – Intipuca.
Familia 3 – Fallas NNE - SSO: Encierra 30 fallas de azimut variable entre 21° y 50°, fallas
F91 a F119, con rasgos morfotectónicos que sugieren movimiento tanto vertical como
horizontal. Se concentran en 2 sectores dominantemente. El primero de ellos al sur del
Segmento San Miguel de la ZFES, al NE de la zona de estudio, donde dejan valles
rectilíneos principalmente sobre depósitos plio-cuaternarios y pleistocenos (fallas F91, F95,
F97, F108, F99, F96) (ver Figura 16).
La segunda zona se encuentra en los alrededores del Volcán Conchagua, iniciando al norte
con la falla F101, muy cerca del Golfo de Fonseca. Esta presenta a lo largo de su
contundente traza evidencias de movimiento horizontal sobre depósitos pleistocenos, como
son 3 cuchillas dislocadas y en forma de gancho indicando movimiento sinestral (Figura 18).
N N
F122
F122
F101
La ladera sur de este volcán también está visiblemente afectada por el paso de varias fallas
de esta familia, como son: F115, F114, F93, F119, F92; las cuales dejan como evidencia de
movimiento normal escarpes de falla con cara libre al O – NO, a la vez que actúan como
barrera para el drenaje radial que baja desde la parte alta del volcán (ver Figura 16).
28
Familia 4 – Fallas E – O: Incluye las fallas F120 a F146, con un rango de azimut entre 61°
y 99°. La mayoría de ellas se localizan dentro de una franja de 1.5 km al noreste de la zona,
definiendo el Segmento San Miguel de la ZFES. Sobresale la falla F136, que con una
expresión morfotectónica excelente, alinea lomos de presión fácilmente reconocibles en el
MDT y define un valle lineal y alargado que se prolonga por cerca de 12 km. También a lo
largo de su traza se presentan 2 evidencias de fallamiento de rumbo dextral, ganchos de
falla en depósitos pleistocenos y la deflexión de un drenaje con sedimentos plio-cuaternarios
desplazados por 250 m; coherentes con el sentido de movimiento definido por otros autores
para la ZFES (Martínez-Díaz et al., 2004; Álvarez-Gómez, 2009; Canora-Catalán, 2010;
Correa-Mora et al., 2009; Alvarado et al., 2011) (Figura 19).
N A
B
C
F136 F136 F136
F136
F136
F136
A. B. LP C.
F136
N
N
F136 N F136
Figura 19. Detalle de los rasgos morfotectónicos asociados a la falla F136. A. Extremo oeste de la traza donde
controla un drenaje superficial que corre sobre depósitos holocenos, ganchos de falla como evidencia de
movimiento dextral. B. Lomos de presión alineados compuestos de sedimentos miocenos y plio-cuaternarios.
C. Deflexión de drenaje claramente dextral.
Otras fallas se presentan entre los volcanes Berlín y San Miguel (fallas F121, F129, F128,
F125, F130, F133), donde controlan drenajes desarrollados sobre sedimentos pleistocenos y
holocenos. Las fallas F135 y F141 flanquean al norte y sur el Volcán Conchagua.
Las fallas F217 y F211, son las más occidentales de esta familia y se encuentran afectando
depósitos holocenos de la ladera este del Volcán Berlín, a lo largo de los cuales han dejado
ganchos de falla y escarpes, que sugieren que estas estructuras han tenido movimiento con
componente de rumbo sinestral al igual que vertical normal (Figura 20).
N
F21
1
F21
7 Figura 20. Detalle de los rasgos morfotectónicos
asociados a las fallas F217 y F211, evidencia de
su componente de movimiento sinestral y normal.
Continuando hacia el este se hacen más abundantes a medida que comienzan a aflorar las
unidades plio-cuaternarias y miocenas–pliocenas, de manera que donde mejor se pueden
ver es justo al oeste del Volcán Conchagua dentro de la Cordillera Jucuarán - Intipuca. Allí
hay una densa red de estas fallas, contenidas dentro de un corredor de 12 km de ancho,
donde alcanzan a estar a solo 250 m unas de otras y limitadas al sur por el paso de la
Familia 1. Son rotundos los escarpes de falla con cara libre principalmente al oeste, que
desplazan superficies miocenas a pliocenas modelando un paisaje escalonado (Figura 21).
F152
N
F215
N
F223
F214
F174
F174
F223
F214
30
4.2. Cuantificación de los saltos de falla netos horizontales y verticales
Dentro de cada franja se trazaron perfiles E – O auxiliares, con el fin de que las posteriores
medidas de los saltos verticales quedaran homogéneamente distribuidas a lo largo de la
franja y sin superponerse (ver Figura 22). Ya sobre cada perfil auxiliar se adelantó un
minucioso análisis a lo largo de cada escarpe de falla que fuera tocado por este, con el
propósito de elegir el punto más adecuado para la toma de la medida del salto vertical, a
partir de la realización de un perfil topográfico perpendicular al escarpe (Figura 23).
31
Salto vertical
A B
F173
N
F222
F210
F110 F222 F210
F148
F110
En este punto fue necesario considerar los efectos de los procesos erosivos y
depositacionales para evitar sub o sobrestimar los saltos netos verticales o altura del
escarpe, puesto que puede haber exageración por la incisión de los drenajes o por el
contrario perdida de altura por depositación a la base del escarpe de sedimentos caídos de
la parte alta del mismo. Por esta razón, se trazaron líneas de referencia siguiendo las
pendientes principales de la topografía en ambos bloques de la falla, para luego calcular la
diferencia de elevación entre ambas líneas al muro y techo del escarpe (ver Figura 23).
Durante este proceso se evaluó la confiabilidad de la medida, encontrando que las de valor
3, máxima confiabilidad, se relacionan generalmente a superficies miocenas – pliocenas que
han sido desplazadas.
Con todos los saltos verticales de las fallas al interior de cada franja, se calculó mediante
relaciones trigonométricas el salto en la horizontal, que es finalmente el valor que se
requiere conocer para calcular la tasa de deformación extensional en dirección E – O. Para
esto entonces se utilizó la tangente del buzamiento de la falla, estimándolo en 60° para
todas las estructuras, partiendo de los fundamentos teóricos para fallas normales (Anderson,
1951). Así, conociendo el buzamiento de la falla y el salto vertical que corresponde al valor
del cateto opuesto, se halló el desplazamiento en la horizontal o cateto adyacente (Figura
24A). En caso de que la falla analizada no fuera perpendicular al perfil auxiliar E – O,
dirección del proceso extensional, fue necesario aplicar otras relaciones trigonométricas
para llevar este desplazamiento horizontal perpendicular al escarpe a la línea de referencia
E – O (Figura 24B).
Tras haber realizado todos estos pasos, al final se obtuvo la extensión total en metros para
cada franja haciendo la sumatoria de todos los desplazamientos en la horizontal, resultando
que la extensión total horizontal en dirección E – O para cada franja es igual a:
- Franja 1: 1701.009 m
- Franja 2: 187.886 m
- Franja 3: 135.981 m
32
Áng Cose
Cara Desp perp ángu
Coordenada Salto Dist. Azimut Dist. Azimut Dist. Azimut Azim Desplaza
ID Unidades Azimut libre hztal falla perp
medida salto verti GC a est. est. a est. est. a est. est. Comentarios Relaciones de corte perp miento
falla afectadas falla esca perp - falla-
vertical cal SAIN SAIN JUCU JUCU SSAS SSAS falla horizontal
rpe falla perfil perfil
E-O E-O
FRANJA 1 (°) (m) (m) (°) (m) (°) (m) (°) (m) (°) (°) (m)
Mioceno
13.27040987° N, Alinea escarpes de falla que desplazan superficies pliocenas y
F38 Plioceno 122.84 NE 94.87 2 62188 264.40 14879 278.25 74638 105.11 54.77 32.84 57.16 0.54 29.6989111
88.38630320° W miocenas. Sobre el holoceno y pleistoceno captura drenajes
Holoceno
13.30724906° N, Mioceno
F38´ 126.37 NE 50 2 66001 268.26 19814 288.16 69586 102.69 28.86 36.37 53.63 0.59 17.1160508
Perfil 1
88.42419404° W Plioceno
Mioceno
13.29217551° N, Alinea escarpes de falla que desplazan superficies pliocenas y
F48 Plioceno 126.37 NE 100.4 3 62109 266.62 15591 287.06 73778 103.23 58.01 36.37 53.63 0.59 34.3998389
88.38736417° W miocenas, controla drenajes sobre depósitos holocenos
Holoceno
Mioceno
13.27725073° N, Sobresale por un marcado escarpe que desplaza una superficie
F53 Plioceno 133.84 NE 156 3 57988 264.75 11020 285.37 78495 103.75 90.06 43.84 46.16 0.69 62.3819861
88.34787397° W pliocena y controla el cauce del Rio Grande de San Miguel
Holoceno
Mioceno
13.22664333° N, Alinea escarpes de falla que desplazan superficies pliocenas y
F38 Plioceno 115.07 NE 63 3 52691 257.98 5187.3 238.23 85649 106.35 36.37 25.07 64.93 0.42 15.4117206
88.29115615° W miocenas. Sobre el holoceno y pleistoceno captura drenajes
Holoceno
Perfil 2
Mioceno
13.25610404° N, Sobresale por un marcado escarpe que desplaza una superficie
F53 Plioceno 122.14 NE 150 2 54783 261.95 7139.7 274.47 82459 104.76 86.60 32.14 57.86 0.53 46.0652425
88.31574114° W pliocena y controla el cauce del Rio Grande de San Miguel
Holoceno
13.23186287° N, Mioceno Alinea escarpes de falla que desplazan superficies pliocenas, controla
F68 140.29 NE 106.4 3 49929 258.02 2728.1 219.06 88426 105.54 61.43 50.29 39.71 0.76 47.2533949
88.26582581° W Plioceno drenaje que sugieren componente dextral
13.24082581° N, Mioceno Desplaza dextralmente al F20 (NNE -
F44 130.09 NE 44 3 48576 258.91 1237.3 204.27 89477 104.76 Escarpe desplazando superficie pliocena 25.40 40.09 49.91 0.64 16.3577367
88.25467200° W Plioceno SSO)
13.24400311° N, Se cruza con el F20 pero ninguno esta
F79´ Plioceno 152.08 SW 24 2 48305 259.21 922.76 209.04 89420 104.49 Escarpe desplazando superficie pliocena 13.85 62.08 27.92 0.88 12.2438799
88.25366889° W deslazado
Perfil 3
F50 140.25 NE 146 3 23616 240.44 26799 97.21 116148 102.33 84.29 50.25 39.75 0.76 64.8064665
88.00497327° W Plioceno bloque SO levantado
13.24104079° N, Mioceno
F213 175.84 W 85 3 24633 247.72 24352 92.52 113282 101.44 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 49.07 85.84 4.16 0.99 48.9437067
88.02547965° W Plioceno
13.24084490° N, Mioceno
F216 176.80 W 55 3 24421 247.27 24623 92.64 113737 101.39 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 31.75 86.80 3.20 0.99 31.704388
88.02301984° W Plioceno
13.24084645° N, Mioceno
F205 173.63 W 91 3 24061 247.25 24960 92.65 113737 101.42 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 52.54 83.63 6.37 0.99 52.2146651
88.01991028° W Plioceno
13.25327419° N, Mioceno
F198 166.58 W 185.6 3 23011 249.79 25546 89.37 114472 100.72 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 107.1 76.58 13.42 0.97 104.223187
88.01420802° W Plioceno
13.25975068° N, Mioceno
F214 179.34 W 132.6 3 21879 250.51 26510 87.83 115233 100.25 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 76.59 89.34 0.66 0.99 76.5858741
88.00550377° W Plioceno
13.25828446° N, Mioceno
Perfil 6
F214 176.75 W 55 3 21102 249.39 27379 88.28 116133 100.28 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 31.75 86.75 3.25 0.99 31.7012125
87.99811900° W Plioceno
13.26570304° N, Mioceno Escarpes de falla con el bloque E levantado, muy bien conservados en
F223 179.52 W 42.28 2 19819 250.35 28500 86.66 117050 99.77 24.41 89.52 0.48 0.99 24.4086443
87.98741202° W Plioceno el extremo norte de la traza Casi todas cruzan con F23 (E-O) pero no
13.26636416° N, se ven afectadas
F152 Plioceno 178.47 W 42.6 3 19297 250.06 29027 86.61 117549 99.68 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 24.59 88.47 1.53 0.99 24.5860046
87.98257106° W
13.23779189° N, Mioceno
F207 173.01 W 29.67 2 19927 240.73 29774 92.78 118878 101.11 Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantado 17.13 83.01 6.99 0.99 17.0020064
87.97557207° W Plioceno
33
13.25970015° N, Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantando
F218 Plioceno 177.78 W 94.96 3 18674 246.98 29949 87.99 118626 99.98 54.82 87.78 2.22 0.99 54.7829284
87.97377223° W una superficie pliocena
13.25959791° N, Mioceno Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantando
F203 173.50 W 39.88 2 18248 246.07 30313 88.10 118972 99.90 23.02 83.50 6.50 0.99 22.875739
87.97044944° W Plioceno una superficie pliocena
13.25190481° N, Mioceno
F174 183.37 W 115.4 2 18197 243.27 30805 89.75 119577 100.29 Escarpe con el bloque E levantado en la parte central del lineamiento 66.65 93.37 3.37 0.99 66.5370612
87.96579636° W Plioceno
13.23354682° N, Mioceno Traza definida por un conservado escarpe con el bloque E levantando Se cruza con F23 (E-O) pero no se ve
F215 185.95 W 113.3 2 18600 236.69 31636 93.46 120701 101.16 65.46 95.95 5.95 0.99 65.114142
87.95860483° W Plioceno una superficie pliocena afectada
13.24555391° N, Mioceno Solo en el extremo norte es claro un escarpe con el bloque E
F170 190.00 W 53 3 16919 237.97 32793 91.01 121705 100.41 30.60 100.0 10.00 0.98 30.1353349
87.94742729° W Plioceno levantando una superficie pliocena
13.25732541° N, Traza definida por un conservado escarpe que desplaza una superficie
F46 Plioceno 127.99 NE 56 3 15484 240.75 33590 88.78 122286 99.76 32.33 37.99 52.01 0.61 19.9006928
87.94016466° W pliocena, bloque SO levantado
Segmentos en arreglo escalonado sinestral no traslapados, El límite de cada segmento coincide con
13.26245943° N, Mioceno
F58 131.00 NE 87 3 14905 241.94 33997 87.83 122530 99.47 desplazados por fallas N-S y NNE-SSO, escarpes muy conservados una transversal que lo desplaza, F107 y 50.23 41.00 49.00 0.65 32.9515012
87.93651061° W Plioceno
desplazando una superficie pliocena F155 sinestralmente
13.25785108° N, Mioceno Alinea escarpes con el bloque E elevado y desplazando una superficie
F155 189.72 W 80 3 14932 239.39 34232 88.64 122871 99.68 Desplazado en sentido dextral por F65 46.18 99.72 9.72 0.98 45.5242494
87.93424079° W Plioceno pliocena, además controles de drenaje
Perfil 7
Segmentos en arreglo escalonado sinestral no traslapados, El límite de cada segmento coincide con
13.25754139° N, Mioceno
F58 139.32 NE 85 3 13698 236.50 35703 88.80 124334 99.59 desplazados por fallas N-S y NNE-SSO, escarpes muy conservados una transversal que lo desplaza, F107 y 49.07 49.32 40.68 0.75 37.2144919
87.92058002° W Plioceno
desplazando una superficie pliocena F155 sinestralmente
13.24256439° N, Mioceno Desplaza con sentido dextral estructuras
F65 147.95 NE 47 3 15902 234.93 34131 91.44 123045 100.43 Fuerte control topográfico 27.13 57.95 32.05 0.84 22.9979792
87.93488579° W Plioceno transversales NNE-SSO (F155 y F171)
13.24554600° N, Mioceno
F182 200.12 NW 62 2 14645 232.66 35477 90.94 124341 100.22 Control de drenaje 35.79 110.1 20.12 0.93 33.6095843
87.92263868° W Plioceno
Plio-
13.24841059° N, Claro escarpe de falla levantando depósitos pleistocenos en el bloque
F104 cuaternario 197.17 NW 33 3 12523 226.81 37990 90.39 126767 99.86 19.05 107.1 17.17 0.95 18.2033487
87.89943015° W E
Pleistoceno
13.23340320° N, Segmentos en arreglo escalonado sinestral no traslapados, El límite de cada segmento coincide con
Mioceno
F58 87.89539577° W 139.62 NE 20 3 13443 220.17 38479 92.86 127521 100.57 desplazados por fallas N-S y NNE-SSO, escarpes muy conservados una transversal que lo desplaza, F107 y 11.54 49.62 40.38 0.76 8.79561201
Plioceno
desplazando una superficie pliocena F155 sinestralmente
13.23583650° N, Traza definida por un conservado escarpe que desplaza una superficie
F17 Pleistoceno 146.91 NE 22 3 12236 216.42 39925 92.26 128863 100.28 12.70 56.91 33.09 0.83 10.6418014
87.88235979° W pleistocena, bloque SO levantado
13.23958072° N, Escarpes con cara libre al NO que desplazan la superficie pleistocena
F119 Pleistoceno 234.33 NW 22 3 11415 213.04 40929 91.74 129858 100.04 12.70 144.3 54.33 0.58 7.40658199
87.87232803° W obturando el drenaje
13.23678005° N, Escarpes con cara libre al NO que desplazan la superficie pleistocena
F115 Pleistoceno 221.92 NW 27 2 10960 205.93 42417 91.99 131273 100.07 15.58 131.9 41.92 0.74 11.5981524
87.85844881° W obturando el drenaje
13.24207355° N, Escarpes con cara libre al NO que desplazan la superficie pleistocena
F114 Pleistoceno 218.64 NW 15 3 9816.2 199.81 43779 91.24 132576 99.72 8.66 128.6 38.64 0.78 6.76385681
87.84613944° W obturando y decapitando los drenajes
13.24265919° N, Escarpes con cara libre al NO que desplazan la superficie pleistocena
F93 Pleistoceno 199.72 NW 38 2 9524.8 195.63 44547 91.14 133331 99.62 21.93 109.7 19.72 0.94 20.6520785
87.83900862° W controlando fuertemente el drenaje
13.25026468° N, Escarpes con cara libre al NO que desplazan la superficie pleistocena
F168 Pleistoceno 191.41 NW 44 3 8499.3 191.74 45384 90.03 134015 99.22 25.40 101.4 11.41 0.98 24.9011547
87.83122986° W controlando fuertemente el drenaje
13.20710444° N,
F202 Pleistoceno 160.77 SW 100 2 17055 140.17 58247 94.68 147309 100.22 Ambos lineamientos presentan escarpes con caras libres en dirección 57.73 70.77 19.23 0.94 54.5150115
Perfil
87.71423391° W
contraria, formando un graben dentro del que han colapsado las
9
13.20504780° N,
F193 Pleistoceno 170.45 NE 67 2 16977 141.95 57803 94.94 146908 100.36 calderas volcánicas 38.68 80.45 9.55 0.98 38.1459007
87.71865256° W
TOTAL DESPLAZAMIENTO HORIZONTAL FRANJA 1 1701.009
FRANJA 2
13.41765085° N,
F164 Pleistoceno 185.09 E 35 2 37154 285.90 21647 31.63 98250 91.79 Escarpe con cara libre al E que desplaza la superficie pleistocena 20.20 95.09 5.09 0.996 20.1270208
88.14510977° W
13.41850662° N, Pleistoceno
F177 197.80 W 97 2 36811 286.19 21938 32.34 98627 91.74 Escarpe con cara libre al O que desplaza la superficie pleistocena 56.00 107.8 17.80 0.95 53.3219977
88.14157867° W Holoceno
13.41408203° N,
Perfil 10
F103 Pleistoceno 206.29 NW 72 3 35431 286.01 22243 35.84 99917 92.02 Escarpe con cara libre al NO que desplaza la superficie pleistocena 41.57 116.2 26.29 0.89 37.2678984
88.12961856° W
13.41417917° N,
F102 Pleistoceno 207.35 NW 39 3 34912 286.28 22590 36.93 100481 91.98 Escarpe con cara libre al NO que desplaza la superficie pleistocena 22.51 117.3 27.35 0.88 19.9998845
88.12460957° W
13.42582238° N,
F102 Pleistoceno 191.06 W 52 3 35133 288.30 23746 35.35 100599 91.25 Escarpe con cara libre al O que desplaza la superficie pleistocena 30.02 101.0 11.06 0.98 29.4646651
88.12312495° W
13.41876331° N,
F20 Pleistoceno 163.69 SW 50 2 34245 287.44 22590 36.93 101294 91.66 Escarpe con cara libre al SO que desplaza la superficie pleistocena 28.86 73.69 16.31 0.95 27.7049654
88.11688192° W
TOTAL DESPLAZAMIENTO HORIZONTAL FRANJA 2 187.886
FRANJA 3
13.42508590° N,
F194 Pleistoceno 196.81 SE 13 3 25978 294.63 30283 50.77 110324 91.21 Escarpe con cara libre al E que desplaza la superficie pleistocena 7.50 106.8 16.81 0.95 7.18452656
Perfil 11
88.04002342° W
Plio- Dos segmentos sin traslape en arreglo escalonado dextral, definidos
13.42397511° N,
F110 cuaternario 164.73 NE 28 3 26712 294.25 29819 49.69 109602 91.16 por escarpes con cara libre al SEE que desplazan las superficies plio- 16.16 74.73 15.27 0.96 15.5939954
88.03292719° W
Pleistoceno cuaternarias y pleistocenas
34
13.42427014° N, Escarpe con cara libre al E que desplaza la superficie pleistocena
F222 Pleistoceno 182.95 E 45 3 25544 295.24 30707 51.34 110847 91.19 25.98 92.95 2.95 0.99 25.9451501
88.02852337° W controlando el drenaje
13.42797655° N, Escarpe con cara libre al E que desplaza la superficie pleistocena
F210 Pleistoceno 168.67 E 30 3 25038 296.83 31459 51.48 111471 90.98 17.32 78.67 11.33 0.98 16.9832564
88.02216825° W controlando el drenaje
13.43765692° N,
F199 Pleistoceno 168.71 E 10 3 25027 299.47 32646 50.75 112115 90.42 Suave cambio de pendiente 5.77 78.71 11.29 0.98 5.66166282
88.01652483° W
Plio- Escarpe con cara libre al E que desplaza la superficie pleistocena
13.42710947° N,
F173 cuaternario 164.56 E 30 3 23561 298.36 32774 53.51 113219 91.02 controlando el drenaje y dejando sobre el bloque levantado drenajes 17.32 74.56 15.44 0.96 16.6957275
88.00667097° W
Pleistoceno decapitados
13.43308655° N, Escarpe con cara libre al O que desplaza la superficie pleistocena
F148 Pleistoceno 180.24 W 83 3 22777 301.39 34212 53.89 114488 90.66 47.92 90.24 0.24 0.99 47.9166859
87.99470696° W controlando el drenaje
TOTAL DESPLAZAMIENTO HORIZONTAL FRANJA 3 135.981
Tabla 1. Base de datos con la información de los saltos netos verticales y horizontales de las fallas incluidas en los perfiles auxiliares dentro de cada franja E – O, y cálculo de la extensión total horizontal E – O. ID Falla: Código de la falla tal como aparece en el
Mapa Morfotectónico de Fallas Activas del SE de El Salvador (Cordillera Jucuarán – Intipuca y alrededores); GC: Grado de Confiabilidad 0 -3 (máximo); Dist. a est. SAIN: Distancia entre el punto de medida del salto vertical y la estación GPS SAIN; Azimut est.
SAIN: Azimut de la línea que une la estación GPS SAIN y el punto de medida del salto vertical; Dist. a est. JUCU: Distancia entre el punto de medida del salto vertical y la estación GPS JUCU; Azimut est. JUCU: Azimut de la línea que une la estación GPS
JUCU y el punto de medida del salto vertical; Dist. a est. SSAS: Distancia entre el punto de medida del salto vertical y la estación GPS SSAS; Azimut est. SSAS: Azimut de la línea que une la estación GPS SSAS y el punto de medida del salto vertical; Desp
hztal perp falla: Desplazamiento horizontal perpendicular a la falla; Azim perp falla: Azimut perpendicular a la falla; Áng perp falla - perfil E–O: Ángulo entre la perpendicular a la falla y el perfil auxiliar E - O; Cose ángu perp falla - perfil E-O: Coseno del
ángulo entre la perpendicular a la falla y el perfil auxiliar E – O.
CA = CO / Tan 60°
60°
A.
Perfil auxiliar
Falla
Desplazamiento horizontal
perpendicular a la falla
Perfil auxiliar
ϴ
B.
Vista en planta
Figura 24. Procedimiento para el cálculo del desplazamiento horizontal para cada falla tocada por los perfiles auxiliares E – O. A. Caso de una falla perpendicular al perfil auxiliar. B. Cálculo adicional en caso de que la falla sea oblicua al perfil auxiliar.
35
5. DISCUSIÓN
Tras haber obtenido la extensión o estiramiento total en dirección E – O, acumulado por las
estructuras normales N – S y NO – SE a lo largo de la Cordillera Jucuarán – Intipuca y
alrededores, en este apartado se discute la estimación de la tasa extensional en mm/a.
Para su cálculo se requiere conocer la edad de los depósitos afectados y elegir uno de los
valores de desplazamiento horizontal, derivados del análisis de las 3 franjas E – O. De ellas
la que mejor refleja la magnitud del estiramiento es la Franja 1, debido a que encierra el
ancho total de la zona afectada: desde el limite oeste donde aparecen las estructuras NO –
SE hasta el Golfo de Fonseca, pasando a lo largo de la Cordillera Jucuarán – Intipuca;
donde además afloran formaciones geológicas con edades desde el mioceno hasta el
holoceno, cuyas deformaciones son el registro de la evolución del proceso extensional.
En contraste las 2 franjas restantes cubren áreas muy locales con registro solo durante el
pleistoceno. A pesar de esto, los valores de extensión horizontal resultantes de su análisis
son coherentes con los de la Franja 1. Así, si se calculan las tasas de extensión para estas
2 franjas considerando una edad de 1 Ma, puesto que los sedimentos pleistocenos han sido
fallados después de su depositación, y se comparan estos valores con el calculado en la
zona de traslape con la Franja 1 (ver Figura 22, Figura 25), se encuentra que:
36
F213, F216, FF205; Perfil 6: F198, F214, F214). Dentro de esta zona los escarpes están
cortando formaciones miocenas – pliocenas y pliocenas. Si se estima al igual que en el
caso anterior una edad de 1.8 Ma para calcular la tasa de extensión, se obtienen 0.255
mm/a, casi el doble de la esperada en la Franja 3. Al observar la Figura 25 resalta que la
mayoría de los escarpes desplazan superficies que pueden ser de edades entre el
mioceno y plioceno, por lo que podrían estimarse edades más antiguas; por ejemplo, si
se toman 3 Ma, se obtiene una tasa de extensión de 0.153 mm/a, en este caso
cercanamente similar a la obtenida para la Franja 3.
Holoceno
Pleistoceno
Plio - cuaternario
Plioceno
Mioceno - Plioceno
Mioceno
Franja 3
Franja 2
10 11
N
Franja 1
1 5 7
2 6
3 4 9
8
Para el cálculo de la tasa extensional de toda la zona, es necesario conocer con mayor
precisión la edad de los depósitos que están siendo afectados por dichas estructuras. Si se
considera que a lo largo de la Cordillera Jucuarán – Intipuca afloran casi exclusivamente las
unidades que conforman las formaciones Bálsamo y Cuscatlán, con edades que oscilan
entre el mioceno y el pleistoceno inferior, podrían contemplarse edades más recientes que
estas, es decir, menores que 1.75 Ma (edad cerca del tope de la Formación Cuscatlán, ver
37
Figura 6), puesto que ambas se encuentran afectadas y desplazadas por fallas de tipo
normal como se hizo evidente con los escarpes de falla detectados durante el análisis
morfotectónico del relieve.
Estas observaciones hacen que sea posible restringir el periodo de tiempo que se debe
contemplar para el cálculo de la tasa extensional, de manera que este debe estar por debajo
del holoceno, 11.500 años – 0.0115 Ma, pero por encima del pleistoceno inferior, 1.75 Ma.
En este punto aparece como herramienta valiosa el trabajo realizado por Alvarado et al.,
40
(2011) en el que reportan las edades Ar/39Ar obtenidas para 2 depósitos volcánicos
fallados y desplazados verticalmente en la Cordillera Jucuarán – Intipuca, la primera de
1.114 ± 40 Ma y la segunda de 0.430 ± 72 Ma (ver Figura 12). La edad de la formación más
joven, es la que se ha tomado como base para el cálculo de la tasa extensional, puesto que
las fallas están cortando ambos depósitos, indicando que aunque pueden haber estado
actuando desde antes, han seguido estando activas aun después de la depositación de la
unidad más joven.
88°33´0´´W 88°00´0´´W
LEYENDA
13°33´0´´N
Holoceno
Pleistoceno
Plio - cuaternario
Plioceno
Mioceno - Plioceno
N
Mioceno
Figura 26. Mapa de Fallas Activas del SE de El Salvador con las edades de las unidades geológicas. Detalle de
la zona semicircular deprimida ubicada en la Cordillera Jucuarán – Intipuca donde las fallas normales pierden
continuidad y no afectan los depósitos holocenos.
38
Así, calculando la relación entre los 1701.009 m resultantes de la sumatoria de los
desplazamientos horizontales en dirección E – O dentro de la Franja 1 y los 0.430 ± 72 Ma,
se obtuvo un valor de 3.95 mm/a para la tasa de deformación extensional horizontal E – O
de la Cordillera Jucuarán – Intipuca.
Para este cálculo podrían también utilizarse edades más recientes teniendo en cuenta que
el fallamiento debió ocurrir tiempo después de la depositación de los sedimentos afectados
más jóvenes. Por ejemplo, si se estima una edad de 0.400 Ma se obtiene una tasa de
extensión de 4.25 mm/a, muy cercana a la calculada anteriormente; pero si se eligiera una
edad por encima del límite pleistoceno – holoceno, por ejemplo 10.000 años – 0.100 Ma,
esta sería de 170.10 mm/a, valor demasiado alto y mucho más elevado que el de la
velocidad de movimiento de la ZFES y que la del movimiento del bloque proarco hacia el O -
NO, calculada por otros autores con datos GPS entre 13 mm/a y 15 mm/a (Correa-Mora et
al., 2009; Alvarado et al., 2011;). Esta última no debería considerarse teniendo en cuenta
que la zona de estudio hace parte del bloque proarco que se mueve como una sola lamina
de corteza desde Costa Rica hasta El Salvador (Correa–Mora et al., 2009), por lo que sería
de esperar que su velocidad de movimiento asociada a las estructuras secundarias al sur de
los segmentos orientales de la ZFES, fuera menor a estas velocidades calculadas con datos
GPS. Por esta razón la tasa de deformación extensional que más se ajusta a las
velocidades de deslizamiento de la ZFES y al marco tectónico al que está sujeta la zona es
la calculada con la edad de los depósitos fallados más jóvenes reportada hasta ahora, es
decir, 3.95 mm/a.
Si se compara esta tasa de extensión con la velocidad de movimiento a corto plazo del
bloque proarco hacia el O - NO, obtenidos mediante el procesamiento de datos GPS a lo
largo de la ZFES, se obtienen datos interesantes. Con estos vectores se hace evidente
como ya exponían otros autores (Straller et al., 2008; Correa-Mora et al., 2009; Canora–
Catalán, 2010; Alvarado et al., 2011;), que la ZFES presenta una disminución gradual de
velocidad de deslizamiento en dirección este, siendo el desplazamiento del bloque sur,
correspondiente al bloque proarco, del orden de los 13 mm/a a 15 mm/a desde la Falla
Jalpatagua al oeste hasta el inicio del Segmento San Vicente, en la estación GPS SSAS.
Hacia el este, las siguientes estaciones GPS, JUCU y SAIN, están localizadas dentro de la
zona extensional donde se incluyen la Cordillera Jucuarán – Intipuca y el Golfo de Fonseca,
las cuales arrojan velocidades de 7.5 mm/a y 5.1 mm/a, que comparadas con la velocidad al
oeste presentan déficits de 5.6 mm/a y 8 mm/a, respectivamente (Figura 27). Estos valores
de déficit casi doblan la tasa de deformación extensional horizontal acumulada desde el
39
mioceno y encontrada en este trabajo, lo cual lleva a pensar que además de que los
segmentos orientales de la ZFES presenten menor desplazamiento con respecto a los
occidentales por transferencia de la deformación, es posible que se muevan a velocidades
variables a través del tiempo geológico y que ahora estén actuando a mayor velocidad.
La zona oriental de la Cordillera Jucuarán – Intipuca es clave para determinar las relaciones
de corte de las diferentes familias de fallas identificadas a lo largo del análisis
morfotectónico, tanto porque presenta numerosos escarpes de falla que desplazan
claramente superficies pliocenas como porque en ella confluyen las familias de fallas 1 y 5,
transversales entre sí.
40
levantado una superficie pliocena; que parecen haber sido desplazados por la falla F155
(Figura 28).
F58
F58
N N
F65 F171
F58 F58 F155
F171
F55
F58
F155
F58
F155
Figura 28. Relación de corte entre fallas de las familias de fallas 1 y 5, este de la Cordillera Jucuarán – Intipuca.
Una situación similar se presenta entre otras fallas de la Familia 1, las F61 y F45, las cuales
son cortadas y desplazadas sinestralmente por las fallas F174 y F191, respectivamente;
ambas de la Familia de fallas 5. Un poco más al NE, la falla F54 de la Familia 1 corta y
desplaza dextralmente la F 172 de la Familia 5 (Figura 29).
De esta manera las relaciones de corte tan irregulares entre las familias de fallas analizadas,
donde unas desplazan a las otras indistintamente, sugiere que ambas corresponden al
mismo régimen tectónico y que por tanto podrían ser coetáneas.
F172 N
F45
F191
F54
F174
F172
F61
Figura 29. Relación de corte entre fallas de las
familias de fallas 1 y 5, en el sector central de la
F45
F61 Cordillera Jucuarán – Intipuca.
F61
41
Esto también pone en evidencia que la Familia de fallas 1, además de la fuerte componente
vertical normal que exhibe en superficie relacionada con los bien conservados escarpes de
falla, también tiene una componente de rumbo dextral, sintética al movimiento de la ZFES,
mientras que la Familia 5, de dirección cercana a la N - S correspondería a estructuras
antitéticas, que además de la evidente componente vertical tiene deslizamiento sinestral.
En el resto de la zona las relaciones no son tan claras y solo en algunos casos hay
evidencias geomorfológicas de sentido de movimiento.
42
N
ᵟ3
Figura 31. Esquema cinemático y dinámico de la fracturación secundaria resultante de combinar las fracturas
que se generan en una zona de cizalla a causa de acortamiento y extensión plano paralelos y de cizalla simple
(Modificado de Swanson, 1988). Se señalan con colores los campos de orientaciones sometidos a cizalla
dextral, sinestral y tracción; y el abanico de direcciones de acortamiento compatibles con las cinemáticas de la
fracturación. Obsérvese también a la derecha la relación con las familias de falla cartografiadas.
Otra hipótesis es que esta situación tenga lugar en el relevo dextral con traslape de las
estructuras que corren a lo largo de los arcos volcánicos tanto del Salvador como de
Nicaragua, quedando dentro de la zona de traslape el Golfo de Fonseca y la Cordillera
Jucuarán – Intipuca. Las estructuras traslapadas estarían representadas en El Salvador por
la ZFES, mientras que en Nicaragua podría correlacionarse con las fallas que limitan la
depresión de Nicaragua, todas con movimiento de desgarre dextral en respuesta al
movimiento de la Placa Caribe hacia el este. De ser así, en este relevo tendría lugar una
estructura pull–apart en régimen transtensional, limitada al oeste por la fallas agrupadas en
la Familia 1, que haría las veces de conexión entre las 2 estructuras traslapadas, y al norte
por la Familia 4, que reúne las fallas del Segmento San Miguel de la ZFES. Al interior, en la
cuenca habrían estructuras asociadas a los 2 tensores de esfuerzos, al Nicaragüense que
44
tiene una dirección de máximo esfuerzo compresivo N – S y al Salvadoreño que tiene una
dirección de esfuerzo máximo compresivo NO – SE, siendo dominante el primero (ver
Figura 8). Esta última idea se sustenta partiendo de las evidencias geodésicas y
paleosismológicas presentadas en otros estudios (Correa-Mora et al., 2009; Canora –
Catalán, 2010) que indican que hacia el este la ZFES presenta una tasa más baja de
actividad (Figura 32.B).
Figura 32. Modelos de la situación del tensor de esfuerzos al interior de la zona extensional Cordillera Jucuarán
-Intipuca y alrededores. A. Considerando la ZFES como una estructura independiente B. Interacción de las
estructuras que corren paralelas a los arcos volcánicos de El Salvador (ZFES) y Nicaragua.
Este último modelo está de acuerdo con lo propuesto por Alvarado et al., (2011) y Canora–
Catalán (2010), donde contemplan la formación de una estructura pull–apart o zona
extensional en el SE de El Salvador, pero se diferencia de la primera en que los autores
proponen que el límite sur de la estructura debe corresponder a una falla E – O localizada
en el offshore frente a El Salvador. De acuerdo a los resultados del análisis morfotectónico
de este trabajo, el límite sur de la zona extensional está definido por la Familia de fallas 1 de
dirección NO – SE y que cortan a la Cordillera Jucuarán – Intipuca cerca de su contacto con
la Planicie Costera y que se pierde bajo el agua al entrar en el Golfo de Fonseca (ver Figura
16) y a lo que denominamos Falla de Jucuarán.
45
6. CONCLUSIONES
- Los datos de velocidades GPS utilizados aquí hablan de tasas de deformación “geodésica”
que es el reflejo de la deformación elástica intersísmica, mientras que la tasa de extensión
obtenida del análisis morfotectónico está asociada a la deformación tectónica interna finita
de la corteza en la zona extensional Jucuarán - Intipuca. Se considera muy necesario a
partir de estos resultados, realizar estudios futuros de modelización de la deformación
elástica en esta zona, considerando distintos escenarios de acoplamiento a lo largo del
46
sector oriental de la ZFES; con el fin de entender las diferencias de tasas y velocidades y,
en especial, poder estimar qué parte de deformación elástica se libera en forma de
sismicidad a lo largo de la ZFES y qué parte se libera en forma de deformación interna
(extensión regional). A priori los resultados de esta investigación indican que cerca de la
mitad de la deformación geodésica se traduce a medio y largo plazo en deformación
tectónica distribuida, lo que es coherente con lo obtenido a partir de datos paleosísmicos por
Canora-Catalán (2010) en el sector central de la ZFES.
- Las tasas parciales de deformación extensional horizontal calculadas para las franjas 2 y 3
y las zonas de traslape con la Franja 1, indican que el proceso extensional ha estado
actuando durante el régimen tectónico actual vigente (aprox. 20 Ma a 25 Ma) y velocidad
variable a lo largo del tiempo geológico.
- Todas las familias de fallas detectadas con este estudio presentan actividad reciente como
se hizo evidente con su contundente expresión morfotectónica sobre las formaciones
volcánicas miocenas a holocenas, sobre las que hay indicios de desplazamientos con
componente vertical y en rumbo, a excepción de la Familia 2, muy pobre en rasgos que
permitan determinar movimiento. Para las Familia de fallas 1 se encontraron rasgos de
movimiento normal dextral, para la Familia 3 sinestral normal, para la Familia 4 dextral y
para la Familia 5 normal sinestral.
47
7. BIBLIOGRAFÍA
AGOSTINI, S., CORTI, G., DOGLIONI, C., CARMINATI, E., INNOCENTI, F., TONARINI, S.,
MANETTI, P., VINCENZO, G. D. & MONTANARI D. 2006. Tectonic and magmatic
evolution of the active volcanic front in El Salvador: insight into the Berlín and
Ahuachapán geothermal areas. Geothermics, 35(4): 368–408.
ALVARADO, D., DEMETS, C., TIKOF, B., HERNÁNDEZ, D., WAWRZYNEIC, T.F.,
PULLINGER, C., MATTIOLI, G., TUNER, H.L., RODRIGUEZ, M. & CORREA-MORA,
F. 2011. Forearc motion and deformation between El Salvador and Nicaragua: GPS,
seismic, structural, and paleomagnetic observation. Lithosphere, 3(1): 3-21.
ÁLVAREZ-GÓMEZ, J.A., MEIJER, P.T., MARTÍNEZ-DÍAZ, J.J. & CAPOTE, R. 2008.
Constraints from finite element modeling on the active tectonics of northern Central
America and the Middle America Trench. Tectonics 27.
ÁLVAREZ-GÓMEZ, J.A. 2009. Tectónica activa y geodinámica en el norte de
Centroamérica. Tesis Doctoral, Facultad de Ciencias Geológicas. Universidad
Complutense de Madrid.
ANDERSON, E.M. 1951. The dynamics of faulting. 206 págs. Oliver & Boyd. Edinburgh.
ANDERSON, T.H. & SCHMIDT, V.A. 1983. The evolution of Middle America and the Gulf of
Mexico–Caribbean Sea region during Mesozoic time. Geological Society of America
Bulletin, 94: 941–966.
BECCALUVA, L., CHINCHULLIA-CHAVES, A.L., COLTORTI, M., GIUNTA, G., SIENA, F. &
VACCARO, C. 1999. Petrological and structural significance of the Santa Elena-Nicoya
Ophiolitic Complex in Costa Rica and geodynamic implications. European journal of
Mineralogy, 11: 1091-1107.
BERRANGÉ, J.P., BRADLEY, D.R. & SNELLING, N.J. 1989. K/Ar dating of the ophiolitic
Nicoya Complex of the Osa Peninsula, southern Costa Rica. Journal South America,
Earth Sciences, 2(1): 49-59.
BOSSE, H., LORENZ, W., MERINO, A., MIHM, A., RODE, K., SCHMIDT-THOMÉ, M.H.,
WEBER, S. & WIESEMAN, G. 1978. Mapa Geológico de El Salvador / América
Central. Centro de estudios e investigaciones geotécnicas para El Salvador (CIG),
Misión Geológica Alemana en El Salvador, editado por H. S. Weber y G. Wieseman,
Bundesanstalt für Geowissenschaften und Rohstoffe, Hannover.
BUFORN, E., LEMOINE, A., UDIAS, A. & MADARIAGA, R. 2001. Mecanismo focal de los
terremotos de El Salvador. Memorias 2nd Congreso Iberoamericano de Ingeniería
Sísmica. Madrid, España. 115–118.
48
BURBACH, G.V., FROHLICH, C., PENNINGTON, W.D. & MATUMOTO, T. 1984. Seismicity
and tectonics of the subducted Cocos plate. Journal of Geophysical Research, 89(B9):
7719–7735.
BURKART, B. 1983. Neogene North American-Caribbean plate boundary across northern
Central America: Offset along the Polochic Fault. Tectonophysics, 99: 251–270.
BURKART, B. & SELF, S. 1985. Extension and rotation of crustal blocks in northern Central
America end effect on the volcanic arc. Geology, 13: 22–26.
CÁCERES, D., MONTERROSO, D. & TAVAKOLI, B. 2005. Crustal deformation in northern
Central America. Tectonophysics, 404.
CANORA-CATALÁN, C. 2010. Análisis sismotectónico, neotectónico y paleosísmico de la
zona de Falla de El Salvador, Centro América. Tesis Doctoral, Facultad de Ciencias
Geológicas. Universidad Complutense de Madrid.
CARR, M.J. 1976. Underthrusting and Quaternary faulting in northern Central America.
Geological Society of America Bulletin, 87: 825–829.
CASE, J., HOLCOMBE, T. & MARTIN R. 1984. Map of geological provinces in the Caribbean
region. Geological Society of America Memoir, 162: 1–30.
CORREA-MORA, F., DEMETS, C., ALVARADO, D., TURNER, H.L., MATTIOLI, G.,
HERNÁNDEZ, D., PULLINGER, C., RODRÍGUEZ, M. & TENORIO, C. 2009. GPS-
derived coupling estimates for Central America subduction zone and volcanic arc
faults: El Salvador, Honduras and Nicaragua. Geophysical Journal International,
179(3): 1279-1291.
CORTI, G., CARMINATI, E., MAZZARINI, F. & GARCIA, M. O. 2005. Active strike-slip
faulting in El Salvador, Central America. Geology, 33(12): 989–992.
DEMETS, C., JANSMA, P.E., MATTIOLI, G.S., DIXON, T.H., FARINA, F., BILHAN, R.,
CALAIS, E. & MANN, P. 2000. GPS geodetic constraints on Caribbean-North American
plate motions. Geophysical Research Letters, 27: 437–440.
DEMETS, C. 2001. A new estimate for present day Cocos-Caribbean plate motion:
Implications for slip along the Central American volcanic arc. Geophysical Research
Letters, 28(21): 4043–4046.
DEMETS, C., MATTIOLI, G., JANSMA, P., ROGERS, R.D., TENORIO, C. & TURNER, H.L.
2007. Present motion and deformation of the Caribbean plate: Constraints from new
GPS geodetic measurements from Honduras and Nicaragua, en Geologic and Tectonic
Development of the Caribbean Plate in Northern Central America: GSA Special Paper,
428: 21–36. Editado por P. Mann, pp. Geological Society of America, Boulder, CO.
DENGO, G. 1967. Geological structure of Central America, Studies in tropical oceanography,
5: 56–73. University of Miami, Miami.
49
EHRENBORG, J. 1996. A new stratigraphy for the Tertiary volcanic rocks of the Nicaraguan
Highland. Geological Society of America Bulletin, 108(7): 830–842.
FUNK, J., MANN, P., MCLNTOSH, K. & STEPHENS, J. 2009. Cenozoic tectonics of the
Nicaraguan depression, Nicaragua, and Median Trough, El Salvador, based on
seismic-reflection profiling and remote-sensing data. Geological Society of America
Bulletin, 121: 1491-1521.
GIUNTA, G., BECCALUVA, L., COLTORTI, M., MORTELLARO, D., SIENA, F. &
CUTRUPIA, D. 2002b. The peri-Caribbean ophiolites: structure, tectono-magmatic
significance and geodynamic implications. Caribbean Journal of earth Science, 36: 1-
20.
GIUNTA, G., BECCALUVA, L. & SIENA, F. 2006. Caribbean Plate margin evolution:
constraints and current problems. Geologica Acta, 4(1- 2): 265–277.
GORDON, M. B. 1990. Strike-slip faulting and basin formation at the Guayape fault – Valle
de Catacamas intersection, Honduras, Central America. Tesis Doctoral, University of
Texas.
GORDON, M. B. & MUEHLBERGER, W. R. 1994. Rotation of the Chortís block causes
dextral slip on the Guayape fault. Tectonics, 13(4): 858–872.
GUZMÁN-SPEZIALE, M. 2001. Active seismic deformation in the grabens of northern
Central America and its relationship to the relative motion of the North America–
Caribbean plate boundary. Tectonophysics, 337: 39–51.
GUZMÁN-SPEZIALE, M., VALDÉS-GONZÁLEZ, C., MOLINA, E. & GÓMEZ, J. M. 2005.
Seismic activity along the Central America volcanic arc: Is it related to subduction of
the Cocos plate?. Tectonophysics, 400: 241–254.
GUZMÁN-SPEZIALE, M. & GÓMEZ- GONZÁLEZ, J. M. 2006. Seismic Strain rate along the
Middle America Trench reveals significant differences between Cocos-North America
and Cocos-Caribbean convergence. Geophisical Journal International, 166: 179–185.
HARVARD. 2008. Harvard Seismology Group: Centroid Moment Tensor Catalog. [en línea]
<http://www.seismology.harvard.edu/>
HERNÁNDEZ, W. 2004. Características geomecánicas y vulcanológicas de las tefras de
Tierra Blanca Joven, Caldera de Ilopango. El Salvador. Tesis de Maestría en
Tecnologías Geológicas, Universidad Politécnica de Madrid.
HEY, R. 1977. Tectonic evolution of the Cocos-Nazca spreading center. Geological Society
of America Bulletin, 88(10): 1404–1420.
JAMES, K.H. 2006. Arguments for and against the Pacific origin of the Caribbean Plate:
discussion, finding for an inter American origin. Geologica Acta, 4(1-2): 279–302.
50
JAMES, K.H. 2007. Central America: Geology, resources and hazards, Structural geology:
From local elements to regional synthesis. 1436 págs. Taylor & Francis. London, UK.
LYON-CAEN, H., BARRIER, E., LASSERRE, C., FRANCO, A., ARZU, I., CHIQUIN, L.,
CHIQUIN, M., DUQUESNOY, T., FLORES, O., GALICIA, O., LUNA, J., MOLINA, E.,
PORRAS, O., REQUENA, J., ROBLES, V., ROMERO, J. & WOLF, R. 2006.
Kinematics of the North American-Caribbean-Cocos plates in Central America from
new GPS measurements across the Polochic-Motagua fault system. Geophysical
Research Letters, 33(1–5): 309.
MALFAIT, B. T. & DINKELMAN, M.G. 1972. Circum-Caribbean tectonic and igneous activity
and the evolution of the Caribbean Plate. Geological Society of America Bulletin, 83:
251–272.
MANN, P. & BURKE, K. 1984a. Neotectonics of the Caribbean. Reviews of Geophysics and
Space Physics, 22(4): 309–362.
MANN, P., SCHUBERT, C. & BURKE, K. 1990. Review of Caribbean neotectonics.
Geological Society of America, 307–338.
MANN, P. 2007. Geologic and tectonic development of the Caribbean plate boundary in
northern Central America, Special Paper, 179 págs. Geological Society of America,
Boulder, CO.
MANTON, W.I. 1987. Tectonic interpretation of the morphology of Honduras. Tectonics, 6(5):
633–651.
MÁRQUEZ-AZÚA, B. & DEMETS, C. 2003. Crustal velocity field of Mexico from continuous
GPS measurements, 1993 to June 2001: Implications for the neotectonics of Mexico.
Journal of Geophysical Research, 108(B9).
MARTÍNEZ-DÍAZ, J.J., ÁLVAREZ-GÓMEZ, J.A., BENITO, B. & HERNÁNDEZ D. 2004.
Triggering of destructive earthquakes in El Salvador. Geology, 32(1): 65–68.
MESCHEDE, M. & FRISCH, W. 1998. A plate tectonic model for the Mesozoic and Early
Cenozoic history of the Caribbean plate. Tectonophysics, 296: 269–291.
PLAFKER, G. 1976. Tectonic aspects of the Guatemala earthquake of 4 February 1976.
Science, 193(4259): 1201–1208.
PONCE, L., GAULON, R., SUÁREZ, G. & LOMAS, E. 1992. Geometry and state of stress of
the downgoing Cocos Plate in the Isthmus of Tehuantepec, Mexico. Geophysical
Research Letters, 19(8): 773–776.
ROGERS, R.D. 2003. Jurassic-Recent tectonic and stratigraphic history of the Chortis block
of Honduras and Nicaragua (northern Central America). Tesis doctoral, University of
Texas.
51
SCHREURS, G. 1994. Experiments on strike-slip faulting and block rotation. Geology 22:
567-570.
STALLER, A., MARTÍNEZ-DÍAZ, J.J., BENITO, B., HERNÁNDEZ, D., DÍAZ, M.,
PULLINGER, C., DEMETS, C., CANORA, C., ÁLVAREZ-GÓMEZ, J.A. & BÉJAR, M.
2008. Red GPS “ZFESNET” Para el estudio de la evolución del ciclo sísmico de
deformaciones y esfuerzos asociado a la Zona de Falla de El Salvador. Geotemas,
10.
STEWARD, I.S & HANCOCK, P.L. 1994. Neotectonics. In: Continental deformation. 421
págs. P. L. Hancock Ed.
SWANSON, M.T. 1988. Pseudotachylyte-bearing strike-slip duplex structures in the Fort
Foster Brittle Zone, S. Maine. Journal of Structural Geology, 10: 813-828.
TRENKAMP, R., KELLOG, J., FREYMUELLER, J.T. & MORA, H.P. 2002. Wide plate margin
deformation, southern Central America and northwestern South America, CASA GPS
observations. Journal of South American Earth Sciences, 15: 157–171.
TURNER III, H.L., LAFEMINA, P., SABALLOS, A., MATTIOLI, G.S., JANSMA, P.E. &
DIXON, T. 2007. Kinematics of the Nicaraguan forearc from GPS geodesy.
Geophysical Research Letters, 34(L02): 302.
WALLACE, R.E. 1986. Active tectonics. National Academy Press. Washington D.C.
WEINBERG, R.F. 1992. Neotectonic development of western Nicaragua. Tectonics, 11(5):
1010–1017.
WORTEL, R. & CLOETINGH, S. 1981. On the origin of the Cocos-Nazca spreading center.
Geology, 9: 425–430.
52
8. ANEXOS
53
F3 F4 F9
9 1
´
F4
19
F195
F14 F7
7
4 F32 F136
F1 F7´
5
F6 F139
F16
6
F136
F3
1
F108
F6
F137
F6
F1
F8
05
46 2 ´
F217
12
8
2
F169
8
F1
F9
´´ F
F7
0´
0
F163
5
5
F17
F211
F9
F154
F201
F7
F97
2
1
F9
F125
F148
22
F133
F222
F1
F221
F183
F102
Volcán San Miguel 23 01
F1
53
F1
F1
F6
F219
8
76
F1
0
F5
F10
0
F5
F5
F5
5
5´
2
F8
F8
F7
F186
F10 F146
1
0
3
F6
F5
F19
F8
8
4
F3
2
8
F4 F135
F7
F215
9
F1
F51
F19
F155
F158
F202
F7
Río Grande de San Miguel
F85
90
F2
6
2?
F35 F51 9
F5
F4
´
F18
3
2
F4
F214
F5 F1
F64
0 F1
4
8 0´ 7
F8
4
F16 F3
F17
F19
5
F53
F19
F155
Planicie Costera
F223
6
1
F4 F5
F6
F141
F172
5 8
F4
8
4 F2
3
F198
F5
8´
F5 F6
1 F8
0
F170
2
F17
F9
F218
F18
F6 F45
13.20000000° N F38 1
F1
7
F7 8
OCÉANO PACÍFICO
88.50000000° W
88.20000000° W
87.90000000° W
Anexo 1. Mapa Morfotectónico de Fallas Activas del SE de El Salvador (Cordillera Jucuarán-Intipuca y alrededores) sobre MDT de 10 m de resolución