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Introducción A La Historia Antigua (2019)

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

(6702108GR07A01)

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© Universidad Nacional de Educación a Distancia


Madrid 2019

Librería UNED: el Bravo Murillo, 38 - 28015 Madrid


Tels..· 91 398 75 60 / 73 73
e-mail: libreria @[Link]

© Javier Cabrero Piquero, Raúl González Sa linero,


Milagros Moro Ípola y Miguel Ángel Novillo López

ISBN: 978-84-362-7566-7
Depósito legal: M-23852-2019

Primera edición: septiembre de 2019

Impreso en España - Printed in Spain


Maquetación e impresión: Grafo, S.A.
Avda. Cervantes, 51-edificio 21 - 48970 Basauri (Vizcaya)
~

INDICE GENERAL

PRESENTACIÓN .. 15

INTRODUCCIÓN .. 17

Unidad Didáctica 1
Historia del antiguo Egipto. Javier Cabrero Piquero .. 19

1NTRODUCCIÓN 21
Geografía de Egipto 21
Transcrip ción de los nombres egipcios 24
Fu entes para la hi stori a de Egipto . _....... . 24
Cron ología . _ 25
Im perio o reino 26
La lengua y la escri tura egipcia . 26
La lengua . 26
La escritura . _ ...... ....... ....... ....... ....... .... . 27
Bibli ografía ......... .. .... ... ..... .... ...... .... . 28

TEMA 1. ÜRÍGENES DE EGIPTO E IMPERIO ANTIGUO (3200-2181 A. C.) 29


Sinopsis .............. . 29
Guion / Resumen.. 30
Protod inástico (3200-3000 a. C.) . .... . . ............. ...... . 32
Dinastías 00 y O ......... ... .. ... ........ .... .. ........ ........ . 33
Época Tinita (3000-2686 a. c.) . . .... .. .. ..... .. . ... .. ... .. ..... .. .. . ....... .. . 36
Los monarcas .............. .... ........ ............ .......... .... ........... ........ .... .. ..... . 36
El estado Tinita .. . ..... ... ..... ...... ... .. ....... ........ ..... ... . 40
Imperi o Anti guo (2686-2181 a. C.) . . . . .... .. . . . . ......... . . ....... ... ............ . . 42
Los monarcas 43

5
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

La religión en el Imperio Ant iguo 56


La sociedad del Imperio Anti guo 63
Orga nización territori al, administración e in sti tuciones . 66
La eco nomía . . . . . . . . . . .... ~ ......... ..... . .. . 68
La ciencia y literatura . . . . .. . . . .. .. . . .. .. . . . . . ....... ... 70
Bibliografía .. .. ....... .. ... .... ... .. ..... ..... .... ....... ........ .. .... ..... ......... .... .. ... . 72

TEMA 2. IMPERIO MEDIO (2055-1650 A. C.) 73


Sinopsis ... 73
Gui on/ Resumen 74
Primer Períod o Inte rm edi o (2160-2055 a. c.) 75
Los monarcas . . .... . .... . 78
Civi Iización del Prim er Período Intermedi o ............. ..... .... .. .......... .. .... .... . 81
Imperi o Medi o (2055-1650 a.c.) ................ . 86
Los so beranos . 87
Admini stración y sociedad . . . . . . .. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . .. . . . . . . . .. . . . .. . . .. 97
La Religió n del Imperio Medi o . . . . . . . .. .. .. ... .. . . .. . . . .. . .. . . .. . . . . . .. 99
La eco nomía . . ........ .. ............. . ... .. .... . . . .. .. .. . . . . .. .. . .. ... 100
Las institu ciones ... .... ..... ...... ..... ...... ................. ......... ......... ... .. ........ ... 101
La Iiteratu ra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . .. . . . . 102
El Segundo Período Interm edio (1650-1550 a.c.) .... . .. ....... ............... ... ... 103
Prim era fase : Egipto hasta la llegada de los Hi csos ...... .......... ................. 104
Segunda fa se: los Hi csos.. . . .. . ... .. .... 107
Tercera fase : ascenso de Tebas y expulsión de los hi csos . . ........ 113
Bibliografía . . . . .. . . .. .. . . . . . .... .. . ... . .. . .. .... . .... 11 5

TEMA 3. IMPERIO NUEVO Y TERCER PERIODO INTERMEDIO (1550-664 A. C.) . 117


Sinopsis . 11 7
Guion / Resumen ............. ... ......... .... ..... .... ... . . . . 11 8
Imperi o Nu evo (1550-1069 a.C.) .... ........ ...... ..... .. .. 121
La dinastía XVIII (1550-1350 a.C.) ... .. ........ ...... .... .. .. .. .. ..... .... .. ........ . 122
XIX dinastía. 142
XX dinastía 150
La orga nización del Estado durante el Imperio Nu evo 155
La eco nomía del Imperio Nu evo . . .. .. .. . .. . . . . .. . ......... . 156
La reli gión del Imperio Nu evo .. . . .. . . . .. ......... .. 158
La cultura del Imperio Nuevo ......... ................. .................... .. . ... ..... .. 163
Tercer Períod o Interm edio (1069-656 a. C.) .. . . . . .. . . ........ . 164
Farao nes Tanitas 165
Faraones Libi os 166

6
Índice general

Farao nes Nubi os 168


Época Sa íta (664-525 a. c.) ... .. ... .... .... ........ ........... ... .. ... ........ ....... . 170
XXVI dinastía 170
Bibli ografía 173

Unidad Didáctica 11
Historia del Próximo Oriente Antiguo. Raúl González Salinero .. 175

INTRODUCCIÓN . Los ELEMENTOS DEL SUSTRATO HISTÓRICO 177


Marco geográfi co y med io físico . 177
Bases históri cas de la civilización . ..... ........ ... .... .. .... .... . .. .... .. .. . . 179
El proceso de co nfi guración del Estado . 179
Pu ebl os y gru pos lingüísti cos . .. . . . . . . .. . . ...... .. .......... ... .... ....... ... ...... ........ 181
Lenguas y pueblos semíti cos 182
Lenguas y pu ebl os no semít icos . . .. ... .. ... . 185
Bibliografía ................................... . 188

TEMA 4. El PRÓXIMO ORIENTE DURANTE El 111 MILEN IO A. C.


BRONCE ANTIGUO {3000-2000 A. C.) ..... ... ... ...... ....... .. .. .... .. .. .. .. .... 189
Sinopsis ........................................ ...... ........ .... ..... 189
Guion/ resum en 190
Las prim eras ciud ades-estado : Sum er ............... .... ...... ......... . 192
Precedentes proto hi stóri cos ... 192
El Dinásti co arca ico o Protodinásti co sumeri o 193
Dinastías míti cas (Protodinásti co 1, ca . 2900-2750 a. c.) .. . . . . . ... . 194
Dinastías mít ico-h eroicas (Protodi nástico 11 , ca. 2750-2600 a. C.) .. ... .. .. .... . . 194
Dinastías históri cas (Protodin ásti co 111 , ca . 2600-2350 a. c.) . 195
El Imperio sirio de Ebla 200
El modelo político 202
La base económ ica .................. . 203
Ámbito reli gioso ....... ....... .. ....... .. ... ... ........... .... ...... .............. ........... . . 204
Fin del Imperi o . . . .. ..... . ............. .... .... . . .... . . . 204
El Imperio Aca di o .......................................................... ..... 204
La fi gura históri ca de Sa rgó n I de Akka d (2335-2279 a. C.) .. ............... .. . 206
La obra políti ca de Sargó n ... 208
El territori o del Imperi o 209
Despu és de Sa rgón 210
El re nacimi ento sumerio y el Imperio de Ur . ........ ... .......... ...... .... ........... . . 212
La efím era dominación de los «qutu ». 212

7
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

~~ ~~~;~~~ sduemUerri; .::: : :: ::: ::: ::..... ... ... .... ..... ... ..::::::::::::::::::: :: :: ::: : :: . .. \
213
218
Bibli ografía ....... . . . . . .. . . . .. .. ... . . . ..... ..... ...... ............ ...... . 219

TEMA 5. EL PRÓXIMO ORIENTE DURANTE EL 11 MILENIO A. C.


BRONCE MEDIO {2000-1600 A. C.) Y BRONCE TARDÍO {1600-1200 A. C.) ... 221
Sin opsis 221
Gui on / Resum en. 222
Un período de transición .. 224
La hegemonía del Imperi o Ba bil ónico . 226
Época paleobabilóni ca . 226
El Im perio de Hammurabi 226
Gobi erno y administración del Imperi o de Hammurabi 231
La eco nomía en la Babil on ia de Hammu ra bi 232
Estratifi cación social en ti empos de Hammurabi 233
Disgregación del Imperio 234
El Imperi o territori al Asiri o 235
El Imperio Anti guo 235
El Imperi o Medi o Asiri o.... 238
Orga nización, administración y sociedad durante el Im peri o Medi o Asiri o 241
El Imperio hitita 243
Ori gen y desa rro ll o del Reino-Imperio hit ita ....... ........ .... ... ... ......... . 243
Orga nización políti ca del Imperi o hitita ............... ..... ..... ........... .... .. ..... . 249
Economía y sociedad entre los hititas .. 250
Infiltración de nu evos pueblos en el Próxim o Ori ente durante el II milenio a. C 251
En Meso potami a: amorreos, cassitas, hurritas y Mitanni . 251
Amorreos .. . 251
Cassitas .............. ..... ........ ..... .... ....... ... .... ..... .. ... . 251
Hurritas y Mitanni .... ..... ..... .... ... ... ....... ...... ...... ............... ........... . . 253
En Siria- Palestin a: arameos .. ........... .... ... . . 255
En el litoral mediterráneo: los llamados «Pu ebl os del Mar»............. . .... .. . 255
Bibliografía ......... ........ . 257

TEMA 6. EL PRÓXIMO ORIENTE DURANTE EL I MILENIO A. C.


LA EDAD DEL HIERRO (CA . 1200-330 A.C.) . . 259
Sinopsis 259
Guion/ Resumen.. . . . . .. . . . . . . . .. . .. . .. . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . .. .... . 260
Mutaciones culturales y geopolíti cas. . ... ... .. ... ......... ... ..... ........ .... .. .. ... ..... 263
Imperio Nuevo Asirio (883-612 a. c.) . . . . . . . . . . . . . . .. .. .. .. . .. . . . .. .. .. . ... . . . . . .... 266
La form ación del Imperio 266
El apogeo del Imperio 272

8
Índice general

El ejé rcito asirio .......................... .... .... ........ . 278


La eco nomía en el Imperio asirio 278
Imperio Neobabilónico (612-539 a. C.) . 279
La época del sometimiento . . . . . . . . . .. ... .......... ..... .. ... ... .... ...... . 279
La configuración de un nuevo Imperio . . ............. ...... . 281
Gobierno y adm inistración ........... . 285
Economía y sociedad neobabilónicas 286
Nuevos pueblos y reinos en el Próximo Oriente ......... ...... .. ..... ..... ......... ...... . 287
Fenicios ............ ........... ... .... ... . 287
Israel y Judá ............................ ........... .. ..... ................... . 291
El Imperio persa aqueménida (559-330 a. c.) ..... . .. . ................ ... ................ . 296
Preámbulo: los medos ............... ........... ........ ......... .. .... . 296
La formación de una gran dinastía .... . . ............... . 297
Cambises 11 y la conqu ista de Egipto 302
La consolidación del Imperio y el intento de apertura hacia Occidente . 303
La decadencia del Imperio ... ............. . 308
La organización del Estado persa . 309
El monarca y su corte . 309
El aparato burocrático .................... ............. .... .. . 310
Las conexiones territoriales ....... ......... . 310
La admin istración provincial ..... ........ .. ... ... .. ...... ....... .... .. . . ........... 311
El ejército . .. . . ... . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . .. . . . .. . . . . . . .. . . .. . 313
El derecho y la justicia . . . . .. .. . . ...... .. .. . . .. . .. . . . . .. .. .. . . .. 314
Estructura socio-económ ica ...... ....................................... ... .. ....... . 314
La economía persa . 314
La sociedad persa 316
El derrumbe socio-económico .. ........ .... ........... .... ... 317
La religión . ........ ... . . .. . . . ... ...... ... ...... ... ..... ... .. ............ . ..... .. ... 317
Bibliografía .... ... ............... ............ ..... ... ....... .... ... ... .... .... .... ....... ........... 319

Unidad Didáctica 111


Historia de Grecia. Miguel Ángel Novillo López 321
1NTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . .. . ......... . .......... . ............ . ..... . 325
El contexto geográfico .. . . . .. . . . . . . . . .. . . . ..... ......... ... 325
La Edad del Bronce (111-11 milenio) ..... .... .. .... ........ .. ...... ...... .... .. .......... . 326
Bronce Antiguo . . . .. . . .. .. . . . .. .. .. .. .. .. . . . . . . .. . . .. . . . . .......... ............ . 327
Creta. Minoico Antiguo ............. ..... ..... .. ... ....... ....... .. .... .... ........... .... ... . 328

9
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Cicl ádi co Anti guo 328


El área ori ental ............... ..... .. 329
Bronce Medio (2 .000-1.700 a.C.) ... . 329
Creta. Minoi co Medio o Protopalaciego (2.000-1 .700 a. c.) 329
El Cicládico Medio . 331
El área ori ental 331
Bro nce Reciente 331
La Creta Neopala cial (1.700-1.450 a. C.) ... 331
El mund o mi cé ni co . 337
Mi cenas, Tirinto y Pil os 339
Beocia 341
Áti ca . 341
Tesa lia . . . . .. ......... .. .......... .. . ..... .... ............. .. .... ...... ............. . ..... .... 341
Cícladas.. . . . . . .. . .. . . . . . .. . .. . .. .. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . .. . .. .. .. . . .. . . . . . . . . . . . . .. .. 341
Creta y periferi a . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . .. . . . 341
La Guerra de Troya y el nacimiento gri ego (1.200-776 a. c.) . 344
Bibliografía ................. . 345

TEMA 7. LA GRECIA ARCAICA 347


Sinopsis . 347
Guion / Resum en.. 349
La época Oscura . 351
El submicénico . . . . . . . .. . .. . . . . . . .... ........... .... ....... ...... ....... ... ........ ..... .. .. 352
El Geométri co (1.050-700 a. C.) .. . . .. .. .. .. . . ...... . . . ... ... .. .... ... . 352
La con stituci ón de la polis . 354
La col onización gri ega en época arca ica .. 356
Áreas coloni ales 358
La tiranía en época arca ica . . . ... . . . .. ....... .... .... ... ........ ...... ....... .. . 361
La tiranía en el Pelopon eso y en el Istm o . . .. ... .... ..... ... ........... ......... ....... . 361
Esparta en época arca ica . 362
Atenas en época arcaica 366
Bibli ografía .. ... 377

TEMA 8. LA GRECIA CLÁSICA 379


Sinopsis .. 379
Gui on / Resum en 380
Los medos 382
Los persas 382
Las Guerras Médi cas (490-479 a. c.) 386
La Penteconteci a (478-431 a. C.) 393

10
Índice general

La Primera Guerra del Pelopo neso (460-445 a. C.) ... .... ..... ..... . 399
La Segunda Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) ... .... .... .... ... ... .... .. .. ... . 401
La guerra aquidámi ca (431-421 a. C.) . . ......... ...... ..... ..... ... .. ... ...... .. ... . 404
La invasión de Sicilia (415-41 3 a. c.) 406
La guerra de Decel ia (413-404 a. C.) .... ..... ............ . 406
Co nsecuencias .. . 408
La supre macía de Esparta y de Beocia ... .... ...... ... .. ....... ....... ...... .... .... ... .... . 409
La ascensión de Macedonia ... . 411
Siracura .. 416
Bibli ografía ..... ... .. .. ..... . 417

TEMA 9. LA GRECIA HELENÍSTICA . .. ....... . . . .. . . .. . . . . .. . . . .. . . ... . ...... .... .. . . . .. . . . . . . ... . .. . . 419


419
Gui on/ Resum en... .. . . . . . . . . . . . ... .. ... ........ .. ... . ... . . .. . . .. . . . . . ... ... ...... .. . ... ..... 420
Al ejandro Magno (336-323 a. C.) . 421
Un hombre adelantado a su ti empo . 421
El proyecto políti co . ... ... .......... .... ... ... .............. ..... ....... ...... ....... .. ...... . 426
Estru ctura socioeconómi ca ... . 428
De los Diádocos a la dominación ro mana .... .... ..... ......... ........ . . 428
Los diádocos 428
Los epígon os y los reinos helenísti cos ...... ... ...... .. .. .... ...... 435
Las guerras macedóni cas (214-148 a. C.) . ......... .. .. .. .. ... .. ... . 437
La dinastía se léuci da .. .. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. ... . .. .. . . . . . . ... .. . . . . . ...... .. . .. . . ...... . .. . 440
La dinastía lágid a . . . . .. . . .. . . .. . . .. . . . . .. . . .. .. . . . . . . . . . . . . .. . .. . . . .. . .. . 442
Bibli ografía .... .. ..... ........ .......... .... ........ ................. ........ ..... .. .. .......... .. .. 444

Unidad Didáctica IV
Historia de Roma . Milagros Moro !polo . 445

INTRODUCCIÓN . Los ETRUSCOS 447


Bibli ografía 453

TEMA 10. ROMA DESDE LOS ORÍGENES AL FINAL DE LAS GUERRAS PÚNICAS 455
Sinopsis 455
Gui on / Resumen .... .. ..... ...... ..... .. . 457
La Monarquía ..... .......... ....... ... ..... ........... ..... .......... .... ... ......... ... .... ...... . 458
La República . . . ...................................... .... .......... ... ..... .. . 464
Co nflictos internos: patri cios y plebeyos ............. ...... ... ..... .... ........ ..... . 465
La liga latina y las prim eras amenazas extern as .... .... .... ..... ... .. ....... . 469

11
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Roma y el Mediterráneo: Cartago .. 476


Los primeros contactos entre Roma y Cartago: los tratados ... ......... .. .. .... . 481
Las Guerras Púnicas: el siglo 111 a. C. ........ ... ...... ....... . . 482
Bibliografía . .. .. . .. ................... ..... .... .. ..... .. ............. .. . 494

TEMA 11. LA REPÚBLICA PLENA 497


Sinopsis 497
Guion/ Resumen .. 498
El siglo II a. C.: El Imperialismo Romano 499
La conqu ista de Grecia .. 500
Expansión hacia Occidente . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . .. . . 503
Destrucción de Cartago . . . . . . ... . . . . .. .. . .. . .. . .. 507
La lu cha política y la crisis del Estado ... . . .. . . ... . ... . .. .. . 508
Situación política de Roma en la primera mitad del siglo II a. C.. ....... .. ..... 508
Los Graco ..... 509
Yugurta, címbrios y teutones 512
La Guerra socia 1 517
Mario y Sila 518
César y el final de la República . 523
Desmantelamiento de la obra de Sila 523
Peligros internos y externos 525
El contubernio. Craso, Pompeyo y César 530
La guerra de las Ga lias .. 532
La guerra civi 1 536
Bibliografía 539

TEMA 12. EL IMPERIO . .. 541


Sinopsis 541
Guion / Resum en 543
El alto imperio 544
El principado de Augusto . 544
Los Julio Claudios .... ..... ... ....... .... ...... .......... ...... ........ ..... .... .... ...... . . 555
Los Flavios (69-96) . . .... ... ...... ...... ....... ..... .... .... ......... ................ . 560
Los Antoninos (96-192) .. .. ...... .. .. .. .. ... . . . . ... .. ... . . . .... .. . 562
Los Severos (193-235) ......... . 570
El bajo imperio . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . .. . .. . . .. . . .. . 573
La anarquía militar (235-268) .. . .. .. .. . .. . .. . 573
La Tetrarquía ..... .. .. ..... ..... ...... ... ..... ..... ........... . 575
Constantino (323-337) y sus sucesores .. ..... .. ..... ..... .. .. .. ...... .. ... ...... ..... . 579
Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . .. ........ ...... ... .... .... ..... ... .... .... . 586

12
Índice general

LÍNEA DEL TIEMPO . 587

El Mundo Anti guo . 589


Desde el 111 Mil enio antes de Cri sto a la caíd a del Imperio Rom ano 589
BIBLIOGRAFÍA GENERAL. ... . ... . ... . ... ... ... . .. . .. . . .... .. .. . . .... . 591

Obras de conjunto . 593


Hi stori a Anti gua 593
Di ccionari os . . . . . . . . .. . . . .. .. .. .. .. . ... .. .. .. .... . .. .. .... .. . ..... .. . . .. .... . .. .. .... . ... .. . . .. . 594
Obras por civilizaciones . . .. . ... .. . ... . .. .. ... .. . . ... .. .. .. . . . . ... ... .. .. .. . .. . ... ... . . . . .. .. . .. . 594
Egipto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. .. ... . . . . ............. . ........... .. .. . . .. .. .... .... ..... .. .. .. 594
Fu entes .. 594
Obras Generales 595
Próximo Oriente 595
Fu entes ... 595
Obras Generales 596
Grecia 597
Fu entes ... 597
Obras Generales. 597
Rom a 598
Fu entes 598
Obras Generales 598

13
PRESENTACIÓN

Elaborar un manu al universitario nun ca es tarea fácil (aunqu e encontremos un cierto


núm ero de ellos en las bibliotecas) y menos aún si han de estar preparados para un alum-
nado de la UN ED diverso, di se minado y qu e, con mu cha posi bi Iid ad, uti Iiza rá di cho ma-
nual como principal referencia para la in strucción y conocimi ento de una materi a de es-
tudio tan compl eja com o Hi storia de la Anti güedad.

Los autores del libro son expertos en esta tarea como hi stori adores y co mo docentes
de la metodología de la ense ñanza universitari a a di stan cia.

Ellos, col egas, compañ eros y, sobre todo, amigos muy qu eridos, me han hecho el ho-
nor de pedirm e que hici era esta breve prese ntación de su libro : «Introducción a la Historia
de la Antigüedad» qu e han rea liza do en cu atro grand es ámbitos culturales mediterráneos
(Javi er Cabrero Piqu ero : Egipto ; Raúl Gon zá lez Salin ero: Oriente Próximo ; Mi guel Án ge l
Novillo López: Grecia ; y Milagro s Moro lpola: Roma), desde dond e surgió nu estra propia
civili zación y de los qu e aún somos deudores.

Ello no significa qu e su elaboración haya res ultado se ncill a ni qu e ca rezca de res-


pon sa bilid ad por un dobl e motivo : la neces id ad de adaptar un a materi a tan extensa a
un programa establ ecido para un solo cuatrim estre y, ad emás, la de facilitar su estudio ,
comprensión y aprendi za je a través de un a adecu ada docum entación y materi al did ác-
tico apropiados para su refl ex ión y di scernimi ento . Esta elaboración ex ige, sin dud a,
ti empo, pac iencia, esfu erzo pero , sobre todo , experi encia y conocimi ento de esta di sci-
plina.

Aunqu e se trata de un manu al, qu e, por sus propias cara cterísti cas, ex ige res umir y
concretar su contenido, los autores han logrado sintetizar en pocas págin as los más im-
portantes sucesos y mom entos con sus circun stanci as, sin olvid ar factores como la admi -
nistración , la sociedad o la s cree ncia s, pu es todos estos compon entes forj an la Hi stori a.

15
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Considero que estas exposiciones, precisas y ajustadas, se complementan de forma muy


adecuada con el enorme apoyo de im ágenes, textos, mapas, esquemas, resúmenes y biblio-
grafía que sirven de firme estructura para su comprensión, y de ayuda en la preparación de
la materia de estudio, pues lejos de distraer y disipar su lectura, permiten introducirse en el
contexto donde se desarrolló la Historia de la Antigüedad, con lo que no so lo se logra cono-
cer y aprender, sino disfrutar de ella sin sentirse abrumado por la magnitud de su informa-
ción, sino, en todo caso, por su gran trascendencia.

Quisiera subrayar otro mérito de esta obra que considero aún mayor: a pesa r de su ne-
cesid ad de concreción, no por el lo se deja de ana lizar el estado de la cuestión tratado en los
distintos capítu los. En ellos también se sugieren los problemas de estudio e investigación
más actua les, fundamentados en el emp leo , técnicas y métodos propios del conocimiento
de la Antigüedad: los textos literarios, la documentación arqueológica, el contexto geográfi-
co .. . que siempre están presentes.

No todo está dicho. Aun siendo una obra para quienes se ini cian en el conocimiento de
la Hi storia Antigua , encontra rán en este libro que tienen en sus manos y comienzan a ho-
jear sugerencias, interrogantes, puntos oscuros en un mundo fascinante que se desarrolló
hace milenios en torno al mar Mediterráneo y que tan profundamente nos ha condiciona-
do. Sin duda, hay muchas incógnitas aún por resolver que esperan ser investigadas por los
futuros profesionales de esta ciencia dedicada al conocimiento de la Antigüedad. Sin em-
bargo, para quien apenas tiene id ea de la riqueza cu ltural qu e encierra ese mundo tan
nuestro como lejano, resulta esencial comenzar a valorar la importancia de este inmenso
legado a través de un acercam iento comprensibl e, firme y claro como el que proponen los
autores de esta obra.

Pilar Fernández Uriel

Profesora Emérita de Historia Antigua. UNED

16
,,
INTRODUCCION

Es de sobra co nocido qu e el término Anti güedad ha estado suj eto a debate y a modifi ca-
ciones, sobre tod o en lo relativo a su extensión cron ológica y geográfi ca. En términos estri c-
tos di cho término es identificado co n el periodo de la Hi stori a co mprendido por la anti gua
Grecia y la anti gua Rom a. Sin embargo, en el siglo x1x Edu ard Meye r (1855-1930) incluyó
ta mbién el Próxim o Ori ente y Egipto al suponer qu e el mund o grecorrom ano no resulta ba
ser sino heredero el e varios aspectos desa rroll ados en esos contextos. En este sentido, a me-
did a qu e se han ampli ado los co nocimi entos sobre las culturas de la Anti güedad, se han
reforza do los argum entos del histori ador alemán, por lo qu e co nsid eramos que la Histori a
Anti gua es el period o que comprend e desde el ini cio de una seri e de fenómenos culturales
y sociales qu e ti enen lu ga r haci a la mitad del IV mil enio a.c. en Próx im o Ori ente, desde
dond e se extendi eron a otras region es, hasta fin ales del siglo v1 de nu estra era. Por con si-
guiente, la Histori a Anti gua no só lo ha de comprender el estudio de la anti gua Grecia y de la
antigua Roma, sin o tambi én de Próximo Ori ente y de Egipto.

El histori ador de la Anti güedad ha de hacer frente a num erosas dificultades y se ve obli -
gado a rea liza r num erosas conj eturas provocadas por la parqu edad de las fu entes y la ca-
rencia de los sufi cientes medios auxiliares. Una de las difi cultades más signifi cativas es la
extrema amplitud temporal de la Hi stori a Anti gua, a lo qu e se un e la gran diversid ad cultu-
ral de las distintas civilizaciones qu e se suceden en la Anti güedad. Asimismo, se ha ce nece-
sa rio apuntar qu e la metodología hi stóri ca qu e se debe empl ear para el estudio de las civi -
lizacion es de Próximo Ori ente y de Egipto difi ere de la qu e pod emos apli ca r en el estudio de
la Anti güedad Clásica , es decir, de Grecia y de Rom a.

Cualqui era qu e sea la metodología elegida, resulta compl ejo aunar detall adamente en
una sola obra cuatro milenios de histori a. Empero, y como ya han puesto de manifiesto varios
historiadores, resulta posibl e plantea r un estado de las cuestion es esenciales ori ginadas por la
historiografía mod ern a relativa a la interpretación de muchos y muy diversos problemas.

17
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

La prese nte obra se compon e de cuatro bloqu es bi en diferenciados temáticamente,


pero qu e presentan un a homoge neid ad analíti ca - Próximo Ori ente, Egipto, Grecia y
Roma- divididos a su vez en tres ca pítulos precedidos por una introducción . Cada ca pítulo
cuenta con un resumen y un guión-esqu ema qu e recoge los aspectos más relevantes y signi-
fi cativos, y con obj eto de fa cilitar la comprensión se han incluido varios mapas e imágenes
de apoyo a la lectura . Asimismo, ca da ca pítulo presenta varios textos de los epi sodios o as-
pectos más importantes a tener en considera ción . Por otro lado, ca da capítulo di spone de
una bibliografía, que pu ede ser utiliza da por el lector de acuerd o co n sus propi as disponibi-
lidad es y preferencias, y una cronología dond e se recogen los hitos más trascend entales.

La mejor virtud de esta obra es qu e se han cuid ado los aspectos form ales y de contenido
co n obj eto de fa cilitar el autoaprendizaje y evitar, en la medida de lo posibl e, el empl eo de
materi ales y recursos inapropi ados para el estudio de la Histori a Anti gua - no se requieren
grand es conocimi entos previos para su comprensión- . En este se ntido, el obj etivo qu e
persigue esta obra co nsiste en pod er proporcionar el marco cron ológico y cultural sin el cual
no sería posible entend er los procesos históri cos qu e se desa rroll aron en la Anti güedad.

Los autores han utiliza do una gran vari edad de fu entes y presentan un rel ato coh erente
de las rea lidades del pod er insertas en diferentes co ntextos. En con secuencia, se prese ntan
las ca usas, las consecu encias y el signifi ca do de los ca mbios qu e contribuyeron a la modifi -
cación de las estru cturas de un sistema político determin ado a otro diferente analizando los
aspectos más importantes de ca da cultura.

Esta obra, por tanto, pu ede ser con cebida como una obra de cabecera desde la qu e po-
der acercarse, profundiza r y refl exionar sobre diversas cuestion es escapando en todo mo-
mento de academi cismos y co nsid eraciones sólo manejadas por unos pocos.

18
UNIDAD DIDÁCTICA 1
HISTORIA DEL ANTIGUO EGIPTO
JAVIER CABRERO PIQUERO
INTRODUCCIÓN
Geografía de Egipto
Transcripción de los nombres egipcios
Fuentes para la historia de Egipto
Cronología
Imperio o reino
La lengua y la escritura egipcia
La lengua
La escritura
Biliografía
TEMA 1. ORÍGENES DE EG IPTO E IMPERIO ANTIGUO (3200-2181 A. c.)
TEMA 2. IMPERIO MEDIO (2055-1650 A. c.)
TEMA 3. IMPERIO NUEVO Y TERCER PERIODO INTERMEDIO (1550-664 A. c.)
INTRODUCCIÓN

Geografía de Egipto

Desde sus orígenes el ser humano escogió con sumo cuidado los lugares para construir
sus asentam ientos. El denominador común de todos ellos fue que tuvieran un fácil acceso al
agua y que ésta fuera abundante, quedando en segundo plano las necesidades de defensa.
Estos dos condicionantes se cumplían amp liamente en el caso de la civilización egipcia. El
agua que proporcionaba el Nilo era más que suficiente, y la defensa la aseguraba el desierto
que comenzaba a pocos centenares de metros de las orillas del río.

De la importancia del Nilo ya habló Heródoto, probablemente tomando la expresión de


Hecateo, cuando seña la en su libro 11 que Egipto es un don del río. Precisa mente «el río» es
como los egipcios llamaban al Nilo, vocablo del que desconocemos su origen pero que pro-
cede del griego Neilos.

Heródoto y el Nilo

Y decían que el primer hombre que reinó en Egipto fue Mina; en su tiempo todo Egipto, excepto el
nomo de Tebas, era un pantano, y no emergía de las aguas ninguna parte del país que ahora se halla
más abajo del lago Meris, al cual se llega desde el mar navegando siete días río arriba. Y lo que dedan
de su país me pareció exacto. Pues es evidente, para un hombre juicioso, sin haber sido informado
previamente, con sólo verlo, que el Egipto al que los griegos llegan por mar es para los egipcios tierra
adquirida y un don del río, y también la zona más arriba de este lago hasta tres días de navegación,
de la que los sacerdotes ya no me dijeron nada parecido, pero que es de igual formación.
Herodoto 11 , 4. Traducción Federico Lara Peinado

21
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Los orígenes del Nilo siempre fueron objeto de especulación y fue sólo a mediados del
siglo x1x cuando se consiguieron estab lecer con certeza sus fuentes situadas en el Lago
Victoria. El curso del Nilo está interrump ido por una serie de cataratas que se enumeran
desde su desembocadura . La primera se encuentra a unos 950 km, cerca de Siene (Asuan).
Fue en este espacio, el comprendido entre la primera catarata y la desembocadura, en el
que se desarrolló principalmente la civilización egipcia.

Con la retirada de los glaciares, hace unos 20.000 años, lo que había sido una zona
agradab le para la vida se fue desertizando, y si bien hasta ese momento, el territorio por
el que discurría el Nilo, era una región pantanosa y poco apta para la vida, con la perdi-
da de humedad de la tierra, se convirtió en una zona id eal para acoger a aque llos que
huían del avance de los desiertos, el Sahara por el oeste y el Arábico por el este. El cic lo
climatológico provocó que el deshielo de la s nieves, que se habían acumulado en las
montañas de la zona centro-oriental de África, aumentara considerablemente el cauce
de los ríos que alimentaban el Nilo y este comenzara a desbordarse los primeros días de
julio, alcanzado su máximo nivel a inicios de septiembre, para regresar a su nivel habi-
tual en octubre. Pero durante casi tres meses había inund ado las tierras cercanas y depo-
sitado en ella una rica capa de cieno que el agua había arrastrado desde las montañas y
que año tras año fertilizaba la tierra sobre la que se depositaba, convirtiéndola en extre-
madamente fértil.

En efecto, el río Nilo fue la base articu ladora de la vida y de la civili zación egipcia . A
largo del río surgieron poblaciones cuya vida él la hacía posible. Pero si el aporte de
agua era importante, los más importante, sin duda, era la capacidad de fertilización de
la tierra que proporcionaba sus periódicas inundaciones, inundaciones que por debajo
de los seis metros eran escasas y pronosticaban un año de hambre y que por encima de
los nueve podía suponer la catástrofe y la inundación de las cercanas poblaciones. A lo
largo del río surgieron los ll amados nilómetros que indi caban la cuantía de la crecida del
río y servían de referencia a los campesinos. Muchos aspectos de la vida egipcia estaban
regulados por el río, como la división del país o el ca lendario de tres estaciones basadas
en la actividad del río : ajet (estación de la inundación), peret (estación de la cosecha) y
shemu (estación de la sequía).

La base de la economía egipcia, por tanto, fue la agricultura , toda la vida giraba en torno
al río Nilo, que además de las estaciones climatológicas, definía también al propio país y sus
divisiones.

22
Fuente: At las Histó rico. Mundo Antiguo. National Geograph ic

1 Mersa Mat ruh


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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Transcripción de los nombres egipcios

Uno de los grandes problemas a la hora de enfrentarnos a escribir una historia de Egipto es
como vamos a transcribir los nombres, pues no hay una norma comúnmente aceptada entre los
estudiosos y podemos encontrar grandes variantes de unos a otros. Esto se ve agravado aún más
en nuestro caso, pues la tradición egiptológica española es relativamente reciente. Este es un pro-
blema que puede llegar a ser grave e inducir a cierta confusión. La variedad de tendencias motiva
que no nos veamos cómodos adoptando alguna de las corrientes internacionales para la trans-
cripción de los nombres egipcios. Por ello, hemos optado por utilizar aquellos nombres que el uso
común ha convertido en habituales y que son los usados con mayor frecuencia.

Fuentes para la historia de Egipto

La civilización egipcia ya despertó un intenso interés en la antigüedad greco-romana.


Tanto griegos como romanos se sintieron atraídos por una civi lización que en su época ya era
milenaria. Cuando la civilización griega estaba en pleno clasicismo y la romana se afanaba
por conquistar Italia, la civilización egipcia estaba ya entrando en decadencia. Por eso, las
primeras fuentes de información van a ser historiadores griegos: Hedódoto de Halicarnaso,
historiador del siglo va . C., que dedica su libro 11 a la Historia de Egipto, estudiando la geogra-
fía, las costumbres, los an imales y la propia historia.

Dos siglos después, Manetón, un sacerdote del siglo 111 a. C., escribió una obra llamada
Aegyptiaka, de la que solam ente se nos conservan fragmentos, que nos han transmitido auto-
res posteriores como Flavio Josefo, Julio Africano, Eusebio de Cesárea y Sincelo. En su obra ,
Manetón realiza un recorrido por la historia de Egipto, que divide en períodos de tiempo y
agrupa sus gobernantes en 30 dinastías que comienza con la unificación de Egipto con Menes
y concluye con Nectanebo 11. De este sistema de dinastías es deudora la egipto logía actua l
que, con evidentes y necesarias modificaciones, continúa utilizando.

Pero necesariamente estos autores, aparte de la observación directa o las narraciones de


viajeros, debieron utilizar fuentes de información que les permitieran compilar sus relatos.
Algunas de estas posibles fuentes han llegado hasta nosotros, y es muy probable que también
fueran conocidas por ellos. Nos referimos, entre otras, a la Lista Real de Sakkara, que comienza
con la Primera Dinastía y llega hasta Ramses 11, y que actualmente se conserva en el Museo de
El Cairo; la Lista Real de Abidos, que se puede ver en el templo de Seti I en Abidos; la Lista Real
de Karnak del Louvre, desde Tutmosis 111 hasta el Segundo Período Intermedio; el Papiro de
Turín, sin duda el más impórtate de todos estos documentos que contiene unos 300 nombres
con la duración de sus reinados; la Piedra de Palermo, documento contemporáneo de la V di-
nastía, y aunque de modo fragmentario se trata de un relato de las primeras dinastías.

24
Historia del antiguo Egipto

En los últimos siglos y a partir del desc iframiento de la escritura j ero glífi ca por
Champollión, nuestra s fu entes de información se han multiplicado. Aunqu e la arqu eología
egipcia no nos ha proporcionado un relato continu ado de su histori a, sí nos ha proporciona-
do narraciones parciales que nos han permitido reconstruir con cierta fid elidad la sucesión
de acontecimientos, a pesa r que que las lagunas aún sea n con siderabl es.

Cronología

Otro de los grand es problemas que nos plantea la histori a de Egipto es el de la cron ología
de los acontecimientos, que se ha ido compli ca ndo con el paso del tiempo y el descubrimiento
de nuevos documentos ya sea n textu ales o arqu eológicos. El período denominado fa raónico
abarca más de 2500 años y podemos decir que va desde aproximadamente el año 3000 a. C. ,
hasta la conquista de Al ejandro Magno en el 332 a. C.

Como hemos mencionado, Manetón estableció las bases de la histori a de Egipto, divi-
diéndola en 30 dinastías y dando a ca da una de ellas una cronología específi ca. Esta cronolo -
gía, aceptada durante mu chos años, y qu e se basa ba en una lista sucesoria de monarcas,
agrupados entre sí por unos lazos de parentesco o unas ca racterísti cas co munes, no se ha
mostrado efi ciente a la hora de incorporar los datos qu e constantemente proporciona la ar-
queología y los nuevos sistemas de datación.

La mod ern a egiptología se ha vi sto en la necesidad de intentar poner en conco rd ancia las
diferentes informacion es cronológicas, adoptando un tripl e sistema: cron ología relativa basa-
da en las secuencias estrati gráfi cas de las excavaciones. La evolu ción de las cerámicas. La
tambi én evolu ción de materi ales y diseños.

Un segundo sistema cronológico adoptado por los egiptólogos es la llamada cronología


absoluta basada en sucesos astronómicos rastrea bles en los textos antiguos y que se pueden
datar con cierta exactitud .

Por último están las dataciones gra cias a análisis de los objetos por radioca rbono o ter-
moluminiscencia que se inició en los años 40 del siglo xx, y que ll evaron a un acuerdo entre
egiptólogos aceptando que los dos últimos sistemas eran coin cid entes. El problema es que las
dataciones llamadas radiom étri cas presentan un mayor índi ce de error qu e los sucesos astro-
nómicos, no permiti endo establ ecer la antigüedad exacta de un determinado objeto, aunqu e
los datos radiom étricos sí que han sido de gran ayuda para las épocas más antiguas, concre-
ta mente para la Prehistori a de Egipto.

En un intento de llegar a una mejor conciliación entre fechas astronómicas y las proporciona-
das por los análisis radiométricos se elaboraron una serie de curvas de calibración que permiten
la conversión con un menor índice de error de los datos proporcionados por la radiometría.

25
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

A pesar de lo dicho, y a lo largo de los años, cada vez se ha hecho más complicado
estab lecer una única cronología para la historia de Egipto. Por desgracia, ésta varía , de
una manera más o menos radical, en función de las escuelas, pudiéndose hablar de una
cronología baja y de una cronología alta, algo, que siendo desconcertante, no debe preo-
cuparnos siempre que sepamos en qué marco cronológico nos encontramos. Además las
discrepancias cronológicas son más marcadas para los períodos antiguos, que pueden
ll egar hasta las 200 años, mientras que para el Imperio Nuevo éstas se reducen a unos 10,
y para la época de Psamético I en adelante (dinastía XXVI), las fechas prácticamente son
las mismas.

Imperio o reino

Los egiptó logos cuando comenzaron a estudiar la Historia de Egipto, decidieron que
esta debía ser compartimentada en períodos. Ya en la Antigüedad, Manetón había dividido
a los gobernantes egipcios en dinastías, pero en ningún momento agrupó estas dinastías
en períodos; esto es algo que decidió hacer la moderna investigación, probablemente para
facilitar su estudio. Así se definieron cuatro períodos (antiguo, medio, nuevo y época baja)
y se estableció el paso de uno a otro por aquellos momentos en los que se debilitó el poder
central. Estos momentos recibieron el nombre de períodos intermed ios. Tradicionalmente
se optó por denominar a cada uno de estos períodos de concentración del poder como
«Imperio», y así nos encontramos con las denominaciones de Imperio Antiguo, Medio y
Nuevo, separados por los tres períodos intermed ios que fueron enumerados (Primer
Período Intermed io, Segundo Período Intermedio y Tercer Período Intermedio). En los últi-
mos decenios un grupo de egiptólogos, sobre todo británicos, optó por camb iar la denomi-
nación de «Imperio » por «Reino», algo que no ha sido unánimemente aceptado, y un im-
portante grupo de la investigación sigue optando por la forma de «Imperio» para nombrar
los períodos de la historia de Egipto. Nosotros, al igua l que cuando hablábamos de la
transcripción de los nombres eg ipcios y decíamos que habíamos optado por las formas
tradicionales de la investigación españo la, en este caso también hemos preferido utilizar la
tradicional denominación de «Imperio».

La lengua y la escritura egipcia

La lengua

La lengua egipcia presenta numerosas dificultades para estudiar su origen. No se


puede negar su relación con las lenguas cercanas, la s llamadas lengua s semíticas como

26
Historia del antiguo Egipto

el hebrero, el arameo o el acadio, pero, además, su situación en el paso entre Asia y


África , motivó que también estuviera influ enc iada por otras de la zona oriental africana,
como el soma lí y también con las de la s poblaciones bereberes del norte de África . La
estructura genera l de la lengua está compartida con las de origen semítico, pero tam-
bién tiene muchas diferencias con ellas, más de las que ella s tienen entre sí, y su relación
con las africanas motiva que no debamos encuadrarla dentro del grupo de lenguas semí-
ticas. Se trata de un lenguaje que estará, como no podría ser de otra manera, en evo lu -
ción, con un rico vocabulario. El lenguaje egipcio, como norma genera l, pasó por tres
periodos:

a) El Egipcio Antiguo empleado durante las dinastías I a VIII , muy formalista , como re-
flejan los Textos de las Pirámides y los numerosos documentos oficiales. Acabó convir-
tiéndose en el lenguaje religioso por excelencia.

b) El Egipcio Clásico, utilizado desde la dinastía IX hasta la XVII. Es un lenguaje no tan


oficia l, sino mucho más popular, se empleó en numerosos textos literarios y en los
monumentos donde continuó usándose hasta la época romana .

c) El Neo-Egipcio, dinastías XVIII a XXIV, que se utilizó sobre todo en documentos co-
merciales y cartas y, raramente, en monumentos oficiales a partir de la dinastía XIX.

d) Finalmente el Demótico, a partir de la dinastía XXIV y casi hasta el final de la época


romana. Fue muy ligado a la escritura demótica.

El Copto, es el lenguaje egipcio más tardío; fue empleado, sobre todo, por los coptos, es
decir, los cristianos descendientes de los egipcios y se utilizó hasta la conqu ista árabe en el
640, cuando paulatinamente fue reemplazado por el árabe.

La escritura

Uno de los grandes avances de los egipcios fue la creación de un sistema de signos que
representaban el lenguaje y que todo el que conociera ese sistema de signos podía convertir-
los de nuevo en lenguaje. Fue en definitiva la invención de la escritura, que aparece, más o
menos simultáneamente en el valle del Nilo y en la zona del Éufrates y del Tigris.

La escritura egipcia recibió, por extensión, el nombre de Escritura Jeroglífica y, claramente


tuvo un origen pictórico. Surgió a finales del IV milenio a. C., en el ll amado período
Predinástico. En principio era un sistema con muchas limitaciones, pero que cumplía la
función para la que fue creado. Existían dos clases de signos: los figurativos, llamados tam-
bién ideogramas, que hacían referencia a un objeto o expresaban una idea; y los signos so-
noros o fonogramas que se utilizaban para deletrear palabras.

27
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

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~
db.
Jeroglífico <-:;, Do ® ~-?-

Hierático l .::=.
,s ~ ~ ~t
Demótico .. fL /
....s ~ G::,l

• Figura 1. Ti pos de escrit ura egipcia: jeroglífico, hi erático y demóti co.

La grafía de la escritura de los egipcios no fu e uniforme a lo largo de los siglos, y depen-


día también de la finalidad del texto al qu e estaba destinada. Así nos enco ntramos con tres
tipos diferentes:

La Escritura Jeroglífica, destin ada a ser esculpida sobre monumentos, sobre tod o en los
muros de los templos con un cl aro espíritu decorativo. Habit ualm ente tenía un co ntenido
religioso y fue empleada hasta finales de la dinastía XX.

La Escritura Hierática , era empl eada por los sacerdotes, una forma cursiva y estili za da,
de trazos angulares del jeroglífico, que se rea liza ba co n un pin cel de ca ña habitualm ente so-
bre papiro. Durante el Imperio Anti guo, aparte del so porte, presentaba muy pocas diferen-
cias con el jeroglífico, pero a partir del Imperio Medio co mienza a evolu cionar y desa rroll a
una ortografía propia y cada vez más se emplea pa ra textos religiosos.

La Escritura Demótica, o popu la r. Fu e una evolución del hieráti co, empl eada en la vida
cotidiana en época ptolemaica y romana, so bre papiro, aunqu e algunas veces la encontra-
mos en estelas de piedra.

BIBLIOGRAFÍA

DESR0CHES N0BLECOURT, C., La Herencia de! Antiguo Egipto. Ensayo Edhasa. Barcelona, 2006. ISBN 84-350-2687-6.

HoRNUNG, E., Introducción a la egiptología. Estado métodos, tareas. Editori al Trotta, Madrid , 2000.

SAUNERON, S., La Egiptología. Oikos-tau. Barcelona, 1971.

28
Tema 1
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo {3200-2181 a. C.}

Sinopsis

Entre el 6.000 a. C. y 5.000 a. C. aparecen las primeras sociedades neolíticas basadas en la agricultura
y la ganadería . En este período destacan diferentes culturas como la gerzeense o Naqada II que se
fu eron difundiendo por todo Egipto, logrando así una unificación cultural inexistente hasta entonces.

Aparecen la s primeras búsquedas de una unidad políti ca qu e llevaron a luchas entre diferentes
cl anes y finalmente dieron origen a los primeros proto -estados de Egipto, hasta llega r a la con-
form ación de dos reinos de importancia: uno ubicado en el Bajo Egipto y otro en el Alto Egipto.

A finales de este período se producen dos grandes avances: los ca nales de ri ego y la escritura
jeroglífica en Abidos.

Entre la creación del protorreino del Alto Egipto y la unificación del país transcurrió un periodo
en el cual los gobern antes del protorreino del Alto Egipto fu eron dejando su nombre en diferen-
tes soportes: cerámica, rocas ... De estos monarcas apena s se sa be algo pero forman lo que se
denomina la dinastía O.

Al fina l de la dinastía O un monarca consigu ió situar bajo su contro l todo el territorio del valle
del Ni lo. Según la tradición , gracias a los desvelos de Menes; según a arqueología, merced a las
obras de Namer, prim er soberano de la dina stía 1(llamada Tin ita por proceder qui zá de Ti ni s). El
Estado faraónico había nacido.

Despu és de la unificación de las dos tierras (alto y bajo Egipto) a Narm er le sucedió en el trono
el faraón Menes, considerado como el primer faraón de la I dinastía o dinastía Tinita.

En estos momentos aparece el culto al dios Ra.

Hacia el año 2850 a. C. comienza la 11dinastía. En esta etapa se dio un fortalecim iento del estado
central y crecimiento en su importancia del grupo de los escribas, dedica dos a la burocracia.

29
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

El Imperio Antiguo , integrado por la 111, IV, V y VI dinastía , consolidó el sistema político,
cultural y religioso surgido durante el período protodinástico, con la aparición de una mo-
narquía cuyos rasgos más notables son: la divinización absoluta del monarca (los egipcios
creían que el faraón aseguraba las inundaciones anua les del Nilo que eran necesarias para
sus cosechas) y un poder político fuertemente centralizado.

El rey Djeser traslada la capital a Menfis y extiende el Imperio egipcio desde Nubia al Sinaí.
Aunque más importante que Djeser fue su visir lmhotep, el arquitecto de la pirámide esca-
lo nada de Saqqara. También las grandes pirámides de Guiza, atribuidas a los farao-
nes Keops, Kefrén y Micerino se datan en este periodo.

Tras el largo reinado del rey Pepi 11 (94 años), y ante la debilidad del poder real, los nomar-
cas (gobernadores de los nomos) se hacen fuertes , y convierten sus cargos en hereditarios.
Entonces Egipto pasó a un período histórico en el cual se descentralizó fuertemente el sis-
tema político, siendo denominado por los historiadores como el Primer Período Intermedio.

Guion / Resumen

ORÍGENES DE EGIPTO E IMPERIO ANTIGUO

Culturas de La cultura de Nagada surge en el alto Egipto y destaca entre las culturas
Nagada del período predinástico por su producción artística. Se divide en varias
etapas: Nagada 1(4000-3500 a. C.) y Nagada 11 (3500-3200 a. C.).

Protodinástico Durante la fase de Nagada 111 (aprox. 3200-3000 a. c.) se produce la expan-
sión del Alto Egipto hacia la zona del Bajo Egipto.
3200-3000 a. C.
A este nivel cultural pertenece la llamada dinastía O, o período protodi-
nástico.
A un rey de la dinastía O, Namer, se le considera el unificador parcial de las
dos regiones: el Alto y el Bajo Egipto.
Aparición de la escritura pictórica

Época Tinita Unificación parcial de Egipto. Capital en Tinis.


Dinastías 1-11 Aparición de la división en nomos.
3000-2686 a. C. Evolución de la adm inistración dividida en centra l y provincial
La sociedad: Rey-> Altos funcionarios-> nobleza menor-> artesanos y
campesinos

30
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo {3200-2181 a. c.)

Imperio Egipto pl enamente un ifi ca do divid ido en Alto (sur) y Bajo (norte) Egipto.
Anti guo Es el momento de la con stru cción de las pirámid es en torno a Giza .
Dinastías 111-VI La IV dinastía va a ser la mas importante destacando:
2686-2181 [Link]. Enefru
Keops
Khefren
Micerino
Tras la VI dinastía, la rivalidad entre los nomarcas minaría el poder ce ntral
al tiempo que com enza ba un período de crisis económ ica y humanitaria
Se considera que el monarca es un dios.
Gran importancia de la religión fun eraria
La admin istración en manos de Visir y del Ca ncil ler del Rey co n tres depar-
tamentos:
Doble granero
Agricultu ra
Archivo
Economía basa da en:
Agri cultura (Cereales, legumbres, verduras y vegetales)
Ganadería (Vacas, cord eros y cerdos)
Artesanía (herramientas, cerámica , vidrio y joyas)
Obtención de materias prim as
Sinaí: piedras preciosas
Nubia: oro

31
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

A falta de otras fuentes de información, es la arqueología la que nos proporciona datos


sobre el predinástico egipcio, que en determinados momentos se funde con el protodinásti-
co. Una cultura , la llamada Cultura de Nagada, que recibe su nombre por el yacimiento cal-
colítico de Nagada, localidad situada a unos 25 km de Tebas, ha sido tomada como fuente
fundamental de información para este período. La Cultura de Nagada afecta fundamental-
mente al Alto Egipto. Esta cultura se ha subdividido en tres fases:

Nagada I o Amaratiense , por el cementerio de El Amrah (4500/3900-3500 a. c.).


Representada por una serie de necrópolis que se extienden entre Luxor y Abidos. Tumbas
rectangulares con cerámica decorada con motivos animales, vegetales y geométricos y figuri-
llas humanas de terracota . Sociedad estratificada con pastores, artesanos, trabajadores de la
piedra. La caza es una actividad de prestigio.

Nagada II o Gerzeense, por el cementerio de Gerzeh (3500-3200 a. C). Extensión progre-


siva hacia el norte. Aparecen las primeras ciudades que se protegen de las inundaciones del
Nilo entre otras Hieracompolis, Elefantina y Abidos Dos reinos principales. Buto al Norte y
Nekeb al sur.

Nagada III o Semaniense por la necrópolis de Es Semaina (3300/3200-3150/3000 a. C).


Se produce una unificación cultural. La cerámica va decorada en registros y aparecen los
primeros rastros de escritura jeroglífica. Se multiplican los relieves, paletas y objetos votivos.
Se fortalece el poder real que somete a las ciudades por la fuerza. Las ciudades de rodean se
recintos fortificados.

PROTODINÁSTICO (3200-3000 A. C.)

El comienzo de la historia de Egipto, o el nacimiento del Estado Egipcio, viene marcado


por la primera unificación de las «dos tierras». Esta primera unificación presenta numerosas
dificultades por la fa lta de una información plenamente fiable.

Míticamente para los propios egipcios fue el resu ltado de la lu cha entre Horus y Seth por
el dominio del país. Horus será el protector de Egipto, protector de la monarquía y el símbo lo
del poder so lar. En este primer momento se crea un ciclo del poder protagonizado por los
monarcas. El rey es la reencarnación de Horus, a la muerte, el monarca se transforma en
Osiris y por tanto pasa a ser el sumo gobernante del más allá; su sucesor, el nuevo monarca,
al asumir el poder, se va a reencarnar, nuevamente, en Horus. Es un ciclo que se repite de un
rey a otro.

El protodinástico, también conocido como Período Arcaico o Tinita, tradicionalmente


ha englobado las dos primeras dinastías que conducen a la unificación del Alto Egipto.

32
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

Delante de estas dos prim eras dinastías las últimas investi gacion es han colo ca do un a pre-
via, denominada dinastía O, y antes de esta un a dinastía OO. Tanto una como otra no han
sido ace ptadas un ánim emente por los egiptólogos y es muy difícil establ ecer qu é gober-
nantes las integraron . Se ha co nsid erado qu e es un período de ti empo durante el cual se
va a ir produci endo la unifi cación política del Egipto con la ex istencia de comunid ades
ind ependientes o protoestados co mo Hi eracómpolis, Nagada y Abidos. La dinastía 00 eng-
lobaría los denomin ados períodos de Naga da 11 tardía e ini cios de Naga da 111 , mi entras
qu e la Din astía O, mom ento en el qu e la unifi cación ya se ha produ cido, se encuadraría en
Naga da 111B.

Dinastías 00 y O

Un grupo de investi ga dores optó por definir para las épocas más antiguas de la histori a
de Egipto una denominada Dinastía O, a la qu e lu ego se añadiría una dinastía 00 en la qu e
se deberían incluir aqu ellos gobern antes anteri ores de la época Tinita. Estos dos términos
no están del todo aceptados. Se trataría de simpl es jefes loca les, de poca t rasce nd encia,
anteriores a la unifi cación de Egipto, qu e solamente co nocemos por algun os restos arqu eo-
lógicos de difícil interpretación. Se trataba de jefes loca les qu e no estaban relacionados
entre sí. Arranca de un enterrami ento en Gebelein, otros de Naga da, Abidos y Hi eracómpolis.
Una época en la qu e están ya co nstatadas la fortifi cación de algunas ciudades para prote-
ge r a sus habitantes, aunqu e tambi én hay algunas qu e no ti enen rastros de fortifi cación.
Tenemos ya con stancia de la ex istencia de Nekh en, Coptos, Abidos, Ombos, Nekh eb, Edfú y
Elefa ntina. Se desa rroll a la artesa nía y se conocen numerosos instrum entos como cu chillos
de síl ex con mango deco rado y las ca bezas de maza.

En este primer mom ento de la histori a de Egipto, que algunos estudiosos dan la denomi -
nación de época pretinita, se pu eden encuadrar varios monarcas de difícil cl asificación, de
los que tenemos algunos testimonios arqu eológicos, pero muy escasa información. Se trata
de Escorpión, Ka y Narmer.

El primero de ellos, Escorpi ón, es consid erado como el primer monarca de la Dinastía O.
Se le conoce por una o tal vez dos ca bezas de maza, halladas en Hiracómpolis, en las que fi -
gura el nombre Escorpión . En una de ellas, aparece un personaje toca do con la coron a blan-
ca (Hedyet) del Alto Egipto. El paisaje qu e le rod ea sugiere el delta del Nilo. En la segunda
maza, en la que tambi én podría estar representado Escorpión, el personaje central va toca do
con la corona roja (Desheret) del Bajo Egipto, pero de ello no puede deducirse que co ntrola-
ra las dos zonas y Egipto estuvi era unifica do bajo su mandato. No hay unanimidad sobre su
posible tumba, en Abidos o en Hieracómpolis.

33
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

A Escorpión, según algunos investigadores, le sucedió Ka (Sheken), según otros a


lry-Hor que habría sido quien sucedió a Escorpión. Este último está documentado en la
necrópolis de Abidos y en una inscripción del Sinaí encontrada en 2012. La tumba de Ka
se encuentra también en Abidos y de él , al igual que de Narmer, poseemos múltiples
testimonios.

• Figura 2 . Paleta de Narmer. Museo de El Cairo.

A pesar del desconocimiento general que tenemos de estos monarcas de la dinastía O,


Narmer es, quizá, en mejor conocido. Fue el último monarca de la época pretinita y para
algunos el primer monarca de la Dinastía l. En ocasiones se le ha identificado con Menes,
cuya historicidad no ha sido confirmada, e incluso con Aha. El documento arqueo lógico
tradicional para el conocimiento de Narmer es la paleta de cosméticos del Museo de El
Cairo. En ella el rey Narmer aparece como el unificador de Egipto. En una cara aparece con
la corona blanca go lpeando a un libio o asiático con la maza. En la otra con la corona roja
acompañado de su séquito. Podría tratarse de la representación de una batalla por el con-
trol del Delta del Nilo.

34
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

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• Mapa 2. Prim era unificación de Egipto.

35
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

ÉPOCA TINITA (3000-2686 A. C.)

Tradicionalmente se ha pensa do qu e la denominación de época tinita se debe a qu e la


cap ital de esta s dos dinastías estuvo en Ti nis, en el Alto Egipto, cerca de Ab idos. Esta cree n-
cia se basa en el pasaje de Manetó n dond e describe al rey Narm er como Tinita. Sin embar-
go, no estamos seguros en dond e estuvo la ca pital de las dos prim eras dinastías egipcias y,
so bre todo, la inform ación que poseemos sobre ell as es tod avía mu y escasa. Sa bemos qu e,
en esta época , Menfis había alca nza do una gran importancia, aunqu e de mom ento la ar-
qu eo logía no lo ha podido co nfirmar pu es no se han pu esto al descubi erto los est ratos
arqu eo lógicos de esta época. En la zo na sí qu e se conocen algunas tumbas pertenecientes
a la prim era dinastía. Es un período en el qu e Abidos tamb ién fu e un importante centro de
culto e, igua lmente, all í se encu entran mucha s de las tumba s de la prim era din astía. La
existencia de tumba s rea les tanto en el Alto como en el Bajo Egipto es una clara ind icación
de qu e ya en la I dinastía el pod er de la monarquía estaba pl enamente consolidado.

Aunque se admite qu e en esta época Egipto ya esta ba unifica do, el proceso por el que se
llegó a esa un ificación no es cl aro. Muy probablemente gobernadores o reyezuelos de la zona
media y alta de Egipto fu eron extendiendo su influencia al Bajo Egipto, hasta culminar el proce-
so bajo Narmer.

1 Dinastía 11 Dinastía
Aha Hotepsekhem ui
Djer Nebre
Uadji Nineter
Udimu Uneg
Adjib Senedj i
Semerkhet Sneferka
Qaa Peribsen (Su r)
Horus-Ba (Sur)
Neferkare (Norte)
Neferkasokar (Norte)
Hudjefa (Norte)
Kh asekhemui

Los monarcas

Dinastía I

A la ll ega da de la prim era dinastía , como decimos, Egipto está ya unifica do y dividido
territorialmente en nomos al frente de cada uno de los cuales hay una ciudad principal. A

36
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

pesa r de la unificación , el estado centra li za do todavía no estaba demasiado afi anza do. Se
producen avan ces y retrocesos y hay momentos en los qu e parece inevitabl e la disgregación.
Esta primera dinastía servirá para que poco a poco los monarcas qu e la integran vayan dan-
do fu erza a esas incipi entes estructuras de estado centraliza do.
No tenemos seguridad en el número de monarcas qu e componen esta prim era dinastía,
nuestra información procede de Manetón y de las diferentes lista s rea les existentes. Ad emás
apenas conocemos las rea lizacion es de ca da uno de ellos.
Ya hemos dicho qu e la unificación de Egipto se atribuye a Narm er, un monarca que proba-
blemente se puede identificar con el Menes de Manetón; sin embargo, hay un intenso debate
sobre su inclusión o no dentro de esta prim era dinastía egipcia. Si se le desca rta como fundador
de la monarquía, el prim ero de ellos sería Aha , del que se discute si fu e hijo de Narm er. En
ocasiones es identificado con Atoti. Los testimonios arqu eológicos evid encian que pudo llevar
a ca bo una intensa actividad religiosa . También testimonios arqueológicos sitúan su influencia
en Nubia y muy probablemente a finales de su reinado se interrumpi eron los contactos con el
leva nte mediterráneo. Su tumba está en Abidos, en la qu e también están enterrados sus fami-
liares. Le sucede su hijo Djer. Por la tumba de Abidos conocemos los nombres de cinco de sus
esposas. Sa bemos que probablemente ejerció el control hasta la segunda catarata. Bajo su rei-
nado ten emos noticias de una expedición militar al Sinaí, lo que será una constante en los si-
guientes monarcas y durante todo el Imperio Antiguo. También rea liza interca mbios comercia-
les con el Líbano, en busca de cedro. Manti ene relacion es comerciales co n Nubia, dond e,
probabl emente, también penetra con el ejército, como atestigua una inscripción de Gebe l
Sheikh. La metalurgia alcanzó un gran desa rrollo durante su reinado.
Fue sucedido por Uadji, también conocid o como Djet. No sa bemos si Uadji era hijo de
Djer, lo que sí es seguro que Djer era el padre de Mern eith, una de sus esposas. Apenas co noce-
mos sus actividades. Por la arqu eología sa bemos que pudo mantener relaciones comerciales
con Siria y con Palestina. Existen dudas sobre si su esposa Merneith, en algún momento pudo
reinar o ejercer la regencia de Udimu. A este respecto, existen tantas dudas sobre Udimu, hijo
de Uadji, que no sabemos a qué edad accedió al trono, pero probabl emente era muy joven lo
que justifi ca ría la regencia de su madre Mern eith. Es muy probable que durante su reinado se
creara en Egipto el sistema de escritura jeroglífica. Udimu es el primer soberano identifica do
con certeza por las estelas del Sinaí, aunque alguno de sus predecesores probablemente ya ha-
bía ejercido su influencia en la zona. Su actividad militar debió ser intensa , y así lo atesti gua la
Placa Macgregor, donde aparece golpea ndo con la maza a un enemigo, imagen que nos recuer-
da la de la Paleta de Narmer. Tuvo que hacer frente a incursiones nómadas y se conocen expe-
diciones militares a la zona del Sinaí y probablemente más al norte. Consolidó, en gran medida,
la centra lización de la adm inistración y sa bemos el nombre de alguno de sus altos funcionarios
como Hemaka, qu e fue su tesorero y portador del sello. Su tumba fu e la primera ya constru ida
en piedra, no con adobe como las de sus predecesores.

37
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

No se conocen co n exactitud los orígenes fam iliares de Adjib, au nqu e su padre pu do ser
Udimu. No te nemos demasiados datos de su reinado, pero probabl emente ll egó al trono
siend o ya muy mayor, pues su predecesor Udimu rein ó más de cuarenta años. Entre sus rea-
lizaciones pudo estar la co nstrucción de una nueva fortaleza rea l. Mand ó rea liza r numerosas
estatu as de culto. Desco nocemos casi co mpl etamente su activid ad política, probabl emente a
él se debe la rea lización del prim er censo de la histori a de Egipto.

No pa rece que el final del reinado de Adjib fu era pacífi co. Semerkhet es considerado por
muchos autores como un usurpador. El acceso ilegítimo al trono se justifica porqu e se encargó
de borrar el nombre de su predeceso r de los vasos de piedra, sustituyéndolo por el suyo. Tal vez
fu e un sacerd ote que pudo estar emparentado con Adjib; se especula con que fu era su hermano.
Esta teoría de la usurpación cada vez ti ene menos partidari os, pues era habitual que los monar-
cas de la primera dinastía borraran el nombre de sus predecesores de los jarron es para sustituir-
lo por el suyo. Arqu eológica mente, su nombre está perfectamente documentado. La informa-
ción sobre su reinado es escasa, pero llaman la atención alguna de las anotaciones de la Piedra
de Palermo. La primera dice que en el año de su coronación se produjo la unificación de los dos
reinos, lo que parece indica r que hubo problemas en su acceso al tro no y que Egipto estu vo divi-
dido a la hora de aceptar al nuevo rey. La siguiente es más preocupante, pues habla de la des-
tru cción de Egipto. Manetón, para el mismo períod o, dice que Egipto fu e golpeado por una gran
calamidad. Pero ni arqu eológica ni documentalmente podemos confirmar esa ca lamidad.

El último monarca de nuestra lista, Qaa , con el qu e se cierra la primera dinastía, presen-
ta numerosas difi cultades. Una bu ena parte de la investigación considera qu e Semerkh et y
Qaa son la misma persona, para otros, es hijo de Adjib. Sa bemos muy poco de su reinado.
Por los restos arqu eol ógicos se pu ede intuir que mantuvo contactos co n Palestin a y que su
reinado fu e bastante próspero.

Dinastía 11

Desconocemos como se produjo el ca mbio de la prim era a la segunda dinastía, pero este
ca mbio parece indica do por el sa qu eo de los tumbas de la I dinastía. Esto podría deberse a la
existencia de una guerra dinásti ca que tuvo sus preliminares en los reinados de Semerkh et y
Qaa. Los hallazgos en la tumba de un alto fun cionari o, Merka , confirmarían el turbul ento fi -
nal de la prim era dinastía. Allí, un vaso con el nombre de Snerferka informa de la existencia
de otro soberano, de breve reinado, o de no ser así, se trataría de un nombre más de Qaa qu e
le disputaría el trono a Hotepsekh emui.

La lista de los monarcas de esta segunda dinastía presenta numerosas lagunas, al igual que
el orden sucesorio. Por otra parte, tenemos muy poca información sobre ellos por lo que difícil-
mente podemos reconstruir los acontecimientos de este períod o. Durante esa dinastía, los mo-

38
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

narcas van a reforza r poco a poco su poder absoluto, al igual que la centralización del estado
egipcio se va a ver reforzada. Por un breve tiempo Menfis será la capital del Bajo Egipto. La ex-
tensión del uso de la escritura favoreció el afianzamiento de ese estado centraliza do.

La economía también va a evolucionar. La tierra se convertirá en propiedad del rey, que es


la encarnación del Dios. Las ciudades se administran bajo las directri ces rea les y en ellas está al
mando un representante del monarca. En principio no existe la propiedad pri va da, pero las
grandes fa milias fu eron acumulando propiedades que no podían vender, sa lvo los inmuebles.
Agri cultura, pesca y ga nadería sólo utiliza ba los excedentes para la venta o el intercambio. La
parte principal era entregada al orga nismo central del qu e dependían. El com ercio exteri or de-
pendía única mente del estado que se enca rga ba del aprovisionamiento de materias primas.

Oficialmente el sucesor de Qaa fu e Hotepsekhemui . Desconocemos si había alguna rela-


ción famili ar con los monarcas de la I Dinastía. Sa bemos qu e tras establ ecerse en el pod er
restauró la tumba de Qaa, que años antes había sido saqueada. Se enca rgó de co nstruir un
nu evo palacio rea l. De su sucesor Nebre, nada sa bemos, algunos obj etos de Sa qara ll evan su
nombre, pero no tenemos certeza de dond e se encontraba su tumba. Oficialmente Nineter
es el tercer monarca de esta segunda dinastía, pero mu chos egiptólogos dudan de qu e fu era
así. Su nombre está recogido en numerosas inscripcion es, lo qu e podría ser indicativo de su
importancia. Por Manetón sa bemos qu e a partir de este monarca las muj eres pod ía n acceder
al trono de Egipto, algo qu e pu ede ser in exacto si tenemos en cuenta los precedentes de
Mern eith, que pudo haber ejercido la regencia durante la I Dinastía. Según algunos egiptólo-
gos, Nineter decidió dividir el reino a su mu erte dejándolo a dos de sus hijos; otros, sin em-
bargo, opinan qu e el fin al de su reinado se produjo como consecu encia de un desastre eco-
nómico (hambruna) que afectó a todo Egipto. En los últimos años el desastre eco nómico ha
sido desca rta do pu es tenemos referencias de la crecida del Nilo durante su reinado, y estuvo
dentro de lo normal. No sa bemos si el reino se dividió a la mu erte de Nin eter, o si estaba ya
dividido, lo ci erto es qu e tras Uneg, su sucesor Senedji , y un no confirm ado Sneferka, las
diferentes listas rea les no coin ciden y se hace difícil la reconstru cción de la sucesión de mo-
narcas. Estos dos monarcas pudieron reinar sobre tod o Egipto, pero los egiptólogos parecen
coincidir en la separación de los siguientes monarcas para el Alto y el Bajo Egipto; así en el
Bajo Egipto reinarían Neferkare, Neferkasokar y Hudjefa , en el Alto Egipto Peribsen y
Horus-Ba . La reunifi cación de nuevo pudo producirse bajo Khasekhemui.

Los sucesos de estos reinados son bastante oscuros. Hay quien ha intentado asemejar a
Peribsen con Akh enatón y le ha atribuido una revolu ción religiosa, convirti endo la religión egip-
cia en monoteísta con Atón como dios único, lo que fu e rechazado por los sacerdotes de Horus
y de Seth . Actualm ente esto es muy cu estionado y se cree que al no reinar en todo Egipto, de
ninguna manera pudo imponer una religión única a todo el estado. Ad emás, en las escenas de
su tumba en Abidos están representadas numerosas divinidades. Con Kh asekh emui se ci erra

39
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANT IGÜEDAD

esta segunda dinastía. Durante su reinado se abandonó Menfis como residencia real. Parece ser
que hubo un fu erte enfrentamiento entre el norte y el sur. Un conflicto que tendría componen-
tes políticos, pero también religiosos. Los textos con servados hablan de combates contra los
enemigos del norte. Su actuación, probablemente, puso las bases de una nueva unifica ción que
se materializaría con la 111 Dinastía.

El estado Tinita

Como norma general podemos decir que los monarcas tinitas emp lea ron la fu erza para
reprimir las revu eltas. Llevaron a ca bo una activa políti ca de alianzas matrimoniales y una acti -
vidad diplomáti ca extraord inaria. Siempre qu e pudieron mantuvieron relaciones pacífi cas con
el exteri or. Así, conocemos contactos con Palestina. Tuvieron luga r fru ctíferos interca mb ios co-
merciales y conocemos que cerámica sirio-palestina es importada a Egipto, y la egipcia aparece
en Biblos y ta mbién en Palestina. Los artesa nos reclaman madera para su trabajo y se trae de
Líbano, Siria y Palestin a. También la piedra va a ser objeto deseado y se importa en grand es
cantidades, aunque las importaciones de piedra serán aún mayores en el Imperio Antiguo.

La administración

La administración estatal se va a perfeccionar poco a poco. Aparecen ya los dos niveles


que serán una con stante en los siguientes siglos: la adm inistración central y la administración
provin cial.

En la administración central, el Rey va a ser la figura primordial, sobre él desca nsa todo
el sistema. En torno a él existe un numeroso grupo de funcion ari os cuya misión fundamental
era vigilar los trabajos púb licos. No está cl aro qu e exista ya en estos momentos la fi gura del
Visir, pero sí está atest iguada la del Canciller, una de cuyas misiones era rea liza r el censo
imprescindib le para la rea lización de los trabajos públicos. Una institución de suma impor-
tancia, que aparece en esta época, fu e la del Tesoro Público, form ado por los graneros qu e
se enca rga ban de recoger los tributos en especie.

Otra institu ción destaca ble en la administración de Egipto fu e la encargada de contro lar
el agua y su utilización. Llevaba a ca bo previsiones sobre la crecida del Nilo, de la que depen-
día casi totalmente la bonanza de la cosecha. Una crecida desmesurada, o escasa, significa ba
un año de hambre para la pob lación, por lo qu e los egipcios busca ron prever esta situación
para poder tom ar medidas con antelación, acumulando grano, por ejemp lo.

Dentro de la administración central los tres orga nismos fund amenta les fu eron la Casa del
Rey, la Casa Blanca y la Casa Roj a.

40
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

La Casa del Rey era una especie de corte en la qu e el monarca era la fi gura principal y
estaba ayudado en las labores de gobi erno por dos fun cionarios principales: el Jefe de los
Secretos, qu e para algun os egiptólogos no aparece hasta la IV Dinastía y que se enca rga ba
de contro lar todos los departamentos de la admin istración central, y el Compañero de la
Casa Real , cuya misión es más desconocida.

La Casa Blanca (per-hedye) y la Casa Roja (per-desher) estaban destin adas a la adm i-
nistración del Alto y del Bajo Egipto. Casi con seguridad estaban separadas y ubi ca das en un
luga r diferente. Al frente de ca da una de ellas estaba un Cancill er rod eado de ayud antes y
escribas. Cada dos años debían rea liza r un censo y su misión era almacenar produ ctos e im-
pu estos. En el Imperio Anti guo ambas se unirán apareciendo la Doble Casa Blanca.

La administración provin cial estab a a ca rgo de los nomarcas, jefe de ca da uno de los
nomos en los qu e estaba dividido el territori o egipcio. Le ayud aban una nutrida red de fun -
cionarios y en mu chas ocasiones los nomarcas no residían en el nomo qu e administraban,
simplemente se desplaza ban a él cuando era necesa rio.

Estructura política y social

La estructura política estaba orga niza da en torno a la fi gura del rey, qu e solamente reci-
birá el título de faraón a partir del Imperio Nuevo. Estamos ante una monarquía teocráti ca;
el rey es dios y lleva el título de Horus. Los dist intivos de la monarquía son: la coron a blanca
del Ato Egipto con la Diosa Bu itre (Nekbet) y a corona roj a del Bajo Egipto con la diosa cobra
(Wadjet) ambas coron as están unidas formando una sola y simbol iza n la uni ón del Alto y del
Bajo Egipto bajo el mando de un solo rey.

A partir ele estas dos prim era s dinastías, el rey comi enza a tener varios nombres, tres,
cuatro, o cinco a partir del imperio Antiguo, siendo los más interesa nte para nosotros el de
nacimiento y el de trono.

El monarca posee ante el pu eblo poderes extraordinarios. Es ca paz de favorecer la fertili -


dad, uniéndose con la divin idad. Su mujer principal tamb ién tiene un papel importante en la
sucesión dinásti ca, pues la rea leza se trasmite por lín ea femenina, lo que favoreció los matri -
mon ios entre hermanos.

La estructura de la sociedad es mal conocida, podemos acerca rnos a ella a través del es-
tudio de las tumbas. En prim er luga r estaba el rey, seguido de los altos fun cionarios el e la
admin istración . Se enterraban en grand es complejos fun erarios. A continuación una nob leza
menor, compu esta por fun cionarios de segundo nivel y artesanos. Podían con struir cemente-
rios aparte qu e imitaban a los de las cl ases altas. Las tumbas de los ca mpesinos, estaban di-
seminadas por todo el país.

41
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

IMPERIO ANTIGUO (2686-2181 A. C.)

AMENTY

BAJO EGIPTO ¡
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Merimde e
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KEKAT-ADY
JEPESH
Reino de ... Protoestados • Hellópolls
ANES HEDY Guiza,A.._
del Alto Egipto
Abusir • • Menfis
• Ciudades - - - - - - - - =-a=- - -
Dahshur¿ Saqqara DEMET
UABUY Nomos
FAYUM
Caravanas y Me,duh PENÍNSULA
rutas comerciales NAR~ rzeh
DELSINAÍ
• Pirámides
NARET-JENT ~ - Ab~si r .. ......... ..

Heracieópolls
..... ....
UABY e
....... ANTY

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ANPU

. ALTO EGIPTO

MAHEDY
e Akoris
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1• Catarata
ALTO NILO Limite sur del Reino Antiguo Hermópolis •

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NARET-EF-PEH
----.,
NARET-EF-JENT
...
e EIJ3adari
~ DYU-E.F

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UADYET e Asyut
Reino de
~ nis Thinis

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Limite s ur del Reino Medio

NUBIA
- MENU

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~ - - ; Catarata
Desierto de Nubia UASET , HeRuv "' ,
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00
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Napata f- "'-
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5• catarata
Hleracompolls y
Hieracómpolis

TAS-HERU

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Desierto de Bayuda
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Assuán
~ 50 100 150 200Km
e: 1• Catarata
~ © UNED
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Limite sur del Reino Antiguo
¿ Meroe

• Mapa 3. Egipto durante los Imperios Anti guo y Medio.

42
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo {3200-2181 a. c.)

Los monarcas

El Imperio Antiguo Egipcio agrupa las dinastías 111a VI, con capital en Menfis, manteniéndo-
se allí hasta fina liza r el Imperio Antiguo. Durante las dos primeras dinastías habían quedado
delineadas, a rasgos generales, la organización y la evolución políti ca de Egipto. Con la constitu -
ción de los nomos había quedado definida la orga nización territorialidad de Egipto, organ iza -
ción que se mantendría hasta casi el fina l de su historia. Lo que supone la llegada del Imperio
Antiguo es una marcada centra lización del poder.

El espacio territorial que abarca este periodo comprende desde la primera catarata hasta
el Mediterráneo y la cronología siguiendo la lista proporcionada por Man etón , va desde
2800/2700 a 2400/2300.

De las cuatro dinastía s que integra n el Imperio Antiguo Egipcio, las tres primeras son de
pleno apogeo, en tanto qu e la últim a de ellas, la VI, es una época de clara decadencia y es la
tran sición hacia el Prim er Período Interm edio

No ex iste unanimidad a la hora de estab lecer la lista de los monarcas qu e componen


estas cuatro dinastía s. Tradiciona lmente se aceptan los siguientes:

111 Dinastía IV Dinastía V Dinastía VI Dinastía

Nebka Esnefru Userkaf Teti


Dj eser Kh éops Sa hure Userkare
Dj eser-Teti Didufri Neferirkare Kakai Pepi 1
Khaba Kh efren Shepseskare Merenre-Netiemsaf 1
Sedjes Hordjedef Neferefre Pepi 11
Nebkare Bicheris Niuserre- lni Meren re-Neti emsaf 11
Neferka Micerino Menkauhor-Akauhor Nitocri s
Huni Shepseska f Dedkare- lsesi
Th amphthis Unas

La característica principa l qu e dist ingue a todo este período es la con strucción de las
pirámid es , que desde El Cairo y en direcc ión sur sa lp icarán la parte oeste del desierto,
constru idas por diferentes monarca s, comenzando por Djese r, primer rey constatado de
la 11 1dina stía , que construirá en Saqqara una pirámide esca lonada, evo lución de la ma s-
taba , actua lmente compuesta por se is cuerpos, cuya siguiente evo lu ción fu e la pirámid e
acodada de Dahshur, construida por Snefru, para aca bar en la esti lizad a f igura de la pi -
rámid e de Keops.

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INTRO DUCCIÓ N A LA HI STORIA DE LA ANTIGÜEDAD

fil dinastía

Es un a dinastía qu e pl antea num ero sos probl emas, pu es no se pu ede asegurar ni el


núm ero de monarcas ni el ord en de sucesión . Sol amente los descubrimientos arqu eol ógi-
cos nos han aproxim ado a su co nocimi ento. No resulta fácil reali za r una correspond encia
entre los datos que proporcion a la arqu eología y la información de las diferentes li stas
rea les. Los investi ga dores, pa ra pod er poner un poco de ord en, han recurrido a la utiliza-
ción de la tipología de las tumbas rea les y su evolu ción arquitectónica.

La Fiesta Sed

Con tal expresión, «Fiesta Sed» o «jubileo real», se conocía en Egipto el ritual de la regeneración
del monarca, celebrándose teóricamente cada 30 años de reinado, para así gobernar un nuevo
ciclo con plenas facultades. De hecho, tenía lugar cada vez que las circunstancias lo requerían,
si bien solía tener una media de dos o tres años. El ritual, que hunde sus raíces en tiempos
predin ásticos, conectado con un oscuro dios llamado Sed, es conocido a tra vés de diferentes
figuraciones, pero es muy difícil de interpretar al no disponer de textos. Parece evidente que era
de carácter mágico, puesto que con él se pretendía rejuvenecer al rey, evitando las antiguas
prácticas de su eliminación física, así como un modo de relacionarlo con la actividad militar,
dado que tal jubileo estuvo precedido por expediciones en búsqueda de botín, precisamente
para costear tal celebración, según evidencian los documentos en el que aparecen figurados
motivos del heb Sed (tablilla de Nogada, mazas de los reyes Escorpión y Narmer, por ejemplo).
El ritual, que fu e adaptándose a las épocas, comprendía tres ceremonias diferentes: renovar la
entronización del monarca, presencia de la reina y de los hijos, dentro de complejas ceremonias,
e identificación del rey con Osiris durante la erección del pilar djed. Este ritual, que acabó
siendo una manifestación de purificación colectiva, tenía lugar en edificios levantados para
ello, llamados «Casas de millones de años»

Federico Lara Peinado

Tradicionalm ente se co nsid era a Dj eser, co mo el fund ador de esta 111 Dinastía qu e da
ini cio al Imperio Anti guo. Fu e hij o de Kh asekh emui, aunqu e probabl emente este no fu e el
prim er rey de la din astía, y habría qu e con sid erar a Nebka , qu e aparece en el Papiro
Westcar, como el verd adero fund ador de la din astía. Nebka, probabl emente era hijo de
Kas hekh emui . De él tan só lo se han con servado algunos grafitos. Su exi stencia parece con -
firm arl a la presencia de un sacerdote de nombre Aaakhti qu e en ti empos de Djeser era el
enca rga do del culto fun erario de Nebka. Muy probabl emente a él se debe el ini cio de la
co nstru cción de la mastaba de Sa qq ara. Al gunos de los logros recogidos en la Piedra de

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

Palermo pudi eron rea li za rse durante su reinado, como la rea li zación de censos, la con s-
t rucción de un templo, aunqu e desconocemos la divinidad a la qu e estaba dedi ca do, la
erección de una estatu a a su padre Kh ase kh emui y la botadura del algún navío.

Tras 28 años de gobi erno, según Manetón, fu e sucedido por Djeser, su herm ano.
Rein ó 19 años y fu e qui en ll evó la ca pital a Menfi s. Incorporó a Ra al culto rea l. Ll evo a
ca bo un a intensa labor con stru ctora, dedi ca ndo va rio s templos a Horu s y a Thot. El nom -
bre de Dj ese r indud abl emente va unido al de su arquitecto lmhotep y el levantami ento
del co njunto de la pirámid e esca lon ada de Sa qqara en la qu e fu e enterrado. lmhotep,
fu e a la vez su con sejero, alca nzó el ca rgo de ca ncill er del Baj o Egipto y a él tambi én se
le atribu ye n texto s de medi cin a y de astr onomía. A Dj ese r le suce de Djeser-Teti o
Sekhemkhet, qu e reinó se is años, y es conocido por un a pirámid e escalonada ce rca na a
la de Sa qq ara , pero de menores dim ension es . Su influ encia debió ll egar hasta el Sinaí,
dond e aparece en una inscrip ción y está represe ntado en vario s reli eves de la zon a. No
tenemos muy claro el nombre de su suces or. La li sta Rea l de Abido s nos mencion a a
Sedjes, qu e podría ser el Khaba de varia s vas ij as y un se llo y parece relacion ado con la
pirámid e escalonad a de Zewi et el-Aryan , qu e indudabl emente por su estilo de con stru c-
ción pertenece a la 111 din astía. En sus proximidades estaba ubi ca da la necró poli s rea l.
Sedj es rein ó durante se is años. Cierta confu sión se exti end e tambi én al suces or de Sedj es ,
Nebkare para la Lista Real de Sa qq ara, Neferka para la Lista de Abidos. Este mon arca
tambi én se relaciona con la con strucción de la pirámid e de Zewi et el-Aryan. Su nombre
aparece en algunos grafitos. Al gunos es peciali stas id entifi ca n a Neferkare co n Huni , el
último rey de la din astía, qu e según el Papiro de Turín rein ó 24 años. No sa bemos dema-
siado de su reinado. Pudo tener vari as propi edades en El efa ntina y a él se le atribu ye el
ini cio de la con stru cción de la pirámid e de Meidum , próxima a El Fayum , qu e lu ego con -
cluyó Esnefru.

El desa rrollo de los acontecimientos de esta 111 dinastía, al margen de lo ya mencionado,


es conocido de modo muy insuficiente y sobre todo va a desta ca r la co loniza ción sistemáti ca
del Baja Nubia en busca de oro y del Sinaí en busca de sus riqu ezas naturales, sobre todo
turqu esas y cobre.

El final de la 111 dinastía es altamente co nfuso y no sa bemos con seguridad cuál o cuáles
fu eron los motivos de su caída, pero sí que uno de los indicios qu e nos informan del cambio
es el traslado de la necrópoli s real hacía el sur, a la zona de Meidum y Dahshur, para luego,
con Keops, volver al norte. El traslado al sur busca ba no sólo diferenciar la 111 y la IV dinastías,
sino qu e probabl emente tuvo motivos famili ares, y allí se enterraron los mi embros de más
edad de su familia .

45
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 3. lmhotep, arquitecto de la pirámid e de Saqqara.


Metropolitan Museum . Nu eva York . Foto MET.

IV dinastía

El prim er monarca de la IV fu e Esnefru , probabl e hijo de Huni y Meresankh un a co n-


cubin a secundari a. Para pod er legitimar su acceso al trono contrajo matrimonio co n su
herm anastra Hereferes. Con Esnefru se inicia el períod o de mayor espl endor del Imperi o
Anti guo, dando ini cio las grand es con struccion es de este período. En Dahshur levantó dos

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Orígenes de Egipto e Imperio Anti guo {3200-2181 a. c.)

pirámid es la Romboid al y la Roj a. Tambi én ord enó qu e se aca bara de co nstruir la de


Meidum , con sid erada co mo una fa lsa pirámid e. Así mi smo, ord enó el levantami ento de
templos, palacios y fortalezas . Esta Intensa labor con stru ctora necesitaba una gran ca nti -
dad de material es, para lo qu e ord enó expedi ciones a Fenicia en bu sca de mad era. Por el
reli eve del Wadi Meghara sa bemos qu e llevó a ca bo accion es militares contra los beduinos
de la zona del Sinaí e incursion es en Libia y en Nubia. Estas acciones le proporcionaron un
cu antioso botín , sobre tod o ca bezas de ga nado y num erosos prision eros, cifra probabl e-
mente cercana a los 20.000. La expedi ción a Nubia se expli ca porqu e esta región propor-
cionaba num erosa mano de obra para rea liza r los trabajos públicos. Pero los nubios tam-
bi én eran empl ea dos co mo age ntes de segurid ad. Estas ex pedi cion es militares tambi én
aseguraban el control de las rutas ca ravaneras qu e abastecía n de produ cto s a Egipto, fun -
damentalm ente animales, incienso, marfil y ébano, así como el oro del desierto de Nubia
o la diorita de la zona de Abu Simbel.

Un obj etivo diferente tuvi eron las ca mpañas diri gid as hacia el Sinaí, qu e fu eron una
co nstante en los monarcas egipcios, qu e más allá de co ntener posibl es invasion es, busca-
ban el control de las minas de co bre, malaquita y turqu esa. Los beduinos, co ntra los qu e se
dirige la ex pedición, eran un azote co nstante al ocupar, aunqu e fu era temporalm ente, los
lu ga res por los qu e se interesa ban los egipcios. Esnefru , cuyo reinado probabl emente su-
peró los 40 años, fu e obj eto de un prolongado culto qu e ll egó hasta el Imperio Medio qu e
le convirtió en mod elo de mon arca para sus sucesores.

El suces or de Esnefru fu e su hijo Khéops , qu e, co mo prim era medid a, tras ladó la


necrópoli s a la meseta de Giza , dond e se levantó su pirámid e. Ap arte de qu e tenía 40
años cuando acce de al trono y de las relacion es famili ares, tuvo vari as esposas de las qu e
cono ce mos el nombre de algun as (Henutsen , Nefertkay, herm anas suyas y Meritities) y
más de doce hijos, es po co lo qu e sa bemos de su rein ado. Estuvo en el tron o más de 23
años. Es muy probabl e qu e co ntinu ara la explotación de las minas del Sin aí y por tanto
la prese nci a militar en la zona, pu es en los reli eves de Wadi Ma ghara aparece represen-
tado. Tambi én debió reali za r ex pedi cion es a Nubia pu es su nombre aparece en una este-
la de diorita encontrada en el desierto de Tochka (Nubia). Igualm ente mantuvo relacio-
nes co merciales co n Feni cia y co n Ebl a, lo qu e se dedu ce de diferentes obj eto s
enco ntrados allí y en Biblos. Las fu entes le han adjudi ca do un ca rácter perso nal despóti -
co, obli ga ndo a la pobl ación a rea li zar trabajos forza dos, probabl emente relac ion ados
con la con stru cción de la pirámid e. Tambi én tenemos dato s qu e le ca lifi ca n como un rey
afabl e, deseoso de conocimi entos y ami sto so con sus inferiores . Su relación con los sa-
ce rdotes no debi ó ser demas iado bu ena, al menos co n algún sector, pu es sa bemos qu e
ll egó a cerrar templos, y qu e tambi én edificó algunos. A pesa r de todo, y aunqu e no fu e
tan venerado como Esnefru , el pu eblo egipcio con se rvó un bu en recuerdo de Kh éops y
en época sa íta aún recibía culto.

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 4. Pirámide de Keops.

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

Construcción de la pirámide de Khéops según Heródoto

Pu es bien, hasta el reinado de Rampsinito hubo en Egipto, al decir de los sacerdotes, una
estricta legalidad y el país gozó de gran prosperidad, pero Khéops, que reinó tras él, sumió a
sus habitantes en una completa miseria. Primeramente cerró todos los santuarios, impidiéndoles
ofrecer sacrificios, y, luego, ordenó a todos los egipcios que trabajasen para él. En este sentido,
a unos se les encomendó la tarea de arrastrar bloques de piedra, desde las canteras existentes
en la cordillera arábiga, hasta el Nilo y a otros les ordenó hacerse cargo de los bloques, una vez
transportados en embarcaciones a la otra orilla del río, y arrastrarlos hasta la cordillera
llamada Ubica . Trabajaban permanentemente en turnos de cien mil hombres, a razón de tres
meses cada turno. Asimismo, el pueblo estuvo, por espacio de diez años, penosam ente
empeñado en la construcción de la calzada por la que arrastraban los bloques de piedra, una
obra que, en mi opinión, no es muy inferior a la pirámide; su longitud, en efecto, es de cinco
estadios; su anchura de diez brazas y su altura, por donde la calzada alcanza su mayor
elevación, de ocho brazas; además, está compuesta de bloques de piedra pulimentada que
tienen figuras esculpidas. Diez fu eron, como digo, los años que se emplearon en la construcción
de esa calzada y de las cámaras subterráneas de la colina sobre la que se alzan las pirámides,
cámaras que, para que le sirvieran de sepultura, Khéops se hizo construir - conduciendo hasta
allí un canal con agua procedente del Nilo- en una isla. Por su parte, en la construcción de la
pirámide propiamente dicha se emplearon veinte años. Cada uno de sus lados - es cuadrada-
tiene una longitud uniforme de ocho pletros y otro tanto de altura; está hecha de bloques de
piedra pulimentada, y perfectam ente ensamblada, ninguno de los cuales tiene menos de
treinta pies.
Esta pirámide se construyó sobre la colina en una sucesión de gradas, que algunos denominan
repisas y otros altarcillos; después de darle esta primera estructura, fu eron izando los restantes
sillares mediante máquinas formadas por maderos cortos, subiéndolos desde el suelo hasta la
primera hilada de gradas; y, una vez izado el sillar al primer rellano, lo colocaban en otra máquina
allí instalada y, desde la primera hilada, lo subían a la segunda y lo colocaban en otra máquina;
pues el caso es que había tantas máquinas como hiladas de gradas, a no ser que trasladasen la
misma máquina - que, en ese caso, sería una sola y fácilmente transportable- a cada hilada una
vez descargado el sillar; pues, tal y como se cuenta, debemos indicar la operación en sus dos
posibilidades. Sea como fu ere, lo primero que se terminó fu e la zona superior de la pirámide, luego
ultimaron las partes inmediatamente inferiores y, fina lmente, remataron las contiguas al suelo, es
decir, las más bajas.
En la pirámide consta, en caracteres egipcios, lo que se gastó en rábanos, cebollas y ajos para los
obreros. Y si recuerdo bien lo que me dijo el intérprete que me leía los signos, el importe ascendía
a mil seiscientos talentos de plata. Si ello es así, ¿cuántos talentos debieron invertirse en las
herramientas metálicas con que trabajaban y en provisiones e indumentaria para los obreros1
Pues construyeron esas obras en el tiempo que he dicho, pero a él hay que añadir el que supongo
debieron emplear en cortar y transportar los sillares y en construir la galería subterránea, que no
debió de ser poco.

Heródoto 11 , 124-1 25. (Traducci ón F. Rodríguez Adrados)

49
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

A Khéops le sucedió su hijo Didufri (Djedefre). Su reinado fue corto, hasta el punto de
que hay investigadores que consid eran que su acceso al trono fue ilegal y le consideran un
usurpador, pero la boda con dos de sus hermanas legalizaría su acceso al trono. Muy proba-
blemente su reinado se vio envuelto en numerosas intrigas fam iliares. Sabemos que fue el
primero en hacerse llamar «hijo de Ra» (Sa Ra). Los hechos de su reinado son totalmente
desconocidos y, solamente conocemos alguna cosa puntual, como que su pirámide inacaba-
da se construyó al norte de Giza en Abu Roash, lugar que ya había sido utilizado durante la
111 dinastía.

La sucesión de Didufri no debió de ser del todo pacífica. Khefren tuvo que imponerse
a los hijos de Didufri apartándoles del trono. Con él vuelven las tradiciones implantadas
por Khéops, de las que se había apartado Didufri. Apenas se han conservado documentos
sobre él, y de las pocas informaciones que nos han llegado podeos aventurar que sigu ió
contro lando Nubia y que llevó a cabo una intensa política de construcciones. Reforzó el
culto a Raya iniciado por sus antecesores, haciéndose ll amar Ka.f-Ra (cuando Rase levan-
ta). A él se debe el levantamiento de la segunda pirámide en importancia de Giza, así como
numerosos templos repartidos por todo el país. Así mismo se nos han conservado numero-
sas estatuas suyas.

Entre Khefren y Micerino, gobernaron al menos dos hermanos de Khefren. Primero


Hordjedef, cuyo reinado fue muy breve. Su nombre aparece en los grafitos del Wadi
Hammamat. Nada sabemos de su reinado salvo que probablemente se enterró en una mas-
taba de Giza. Le sucede su hermano Bicheris (Baefre), cuyo nombre también aparece en los
grafitos del Wadi Hammamat. Al igual que el de su hermano, su reinado fue muy breve, pro-
bablemente solo unos meses. Tras ellos subió al trono Micerino, hijo de Khefren , y una vez
más sabemos muy poco de su reinado, al margen de la construcción de la tercera de las pirá-
mides de Giza. Según el historiador griego Heródoto, fue un rey amab le, amante de la justi-
cia, su reinado duró unos 18 años. Sellos aparecidos con su nombre en Nubia indican que la
presencia egipcia al lí continuaba . Finalmente, mantuvo buenas relaciones con el clero. En la
recta final de la dinastía accedieron al trono Shepseskare, hijo mayor de Micerino cuyas rea-
lizaciones desconocemos y, tras breve tiempo Thamphthis, que cambió la política religiosa y
legisló para proteger los recintos funerarios, produciéndose también , ya con Shepseskare, un
alejam iento de las concepciones teológicas heliopolitanas.

Al igual que sucedía con la dinastía anterior, los acontecimientos históricos que se produ-
jeron durante este dinastía son mal conocidos. Hubo interés en Asia, se produjeron contactos
con el Líbano como demuestra la barca de Khéops, cuya madera procedía de allí. Se conti-
núan buscando materias primas en la Península del Sinaí, se perfeccionó la administración y
se produjeron grandes progresos en el arte. Estatuas, relieves y pinturas se vieron mejorados,
con la aparición de la ley de la frontalidad.

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

V dinastía

A diferencias de las dos anteriores, la V dinastía es algo mejor conocida. Sa bemos de


una manera bastante segura el núm ero de monarcas y la duración de sus reinados aunqu e
los datos históri cos sobre ellos siguen siendo escasos. Al igual qu e en las dos anteriores, no
parece qu e hubiera una ruptura radi ca l entre la IV y la V dinastías, pu es el prim ero de sus
monarcas Userkaf, hij o de un sacerdote y una princesa rea l, parece qu e era descendi ente
lejano de Kh éops. Su reinado ta n só lo duró siete años y durante él no se produj eron gran-
des novedades ni trasform acion es radi ca les de la administración, pu es mu chos fun ciona-
rios continu aron ocupand o su pu esto. Ord enó co nstruir en Abu sir una copi a del templ o de
Heli ópoli s sobre los planos del de Atum-Ra, lo qu e parece indi ca r un cierto di stanciamiento
de la teología menfita o que supon e qu e durante esta dinastía se produjo una cierta supre-
macía de la teología heliopolitana. Bajo su reinado sa bemos que se rea liza ron tres censos.
Se intensifi có el culto a Ra co n la edifi ca ción de varios templos sol ares, el más destaca do
de ellos en Abu Ghurob. La di osa Hathor tambi én se vi o muy favorecida, permiti endo a sus
templ os ampliar su exte nsión. Su pirámid e fun erari a, de pequ eñas dimension es, se levantó
en Sa qqara, cerca del co mplejo fun erari o de Dj eser.

A Use rkaf le suce de su hijo Sahure, qu e co nt inú a la lín ea políti ca de su padre y su


reinado se prolongó durante doce años. Es con sid erado co mo uno de los prin cipales reyes
del Imp erio Anti guo . Mantuvo dest aca das relac ion es co n la co st a occ id ental del
Mediterráneo, sobre todo con el Líbano e inclu so pudi eron ll ega r hasta An atoli a. Sus ex-
pedi cion es tuvi ero n un obj etivo más econ ómi co qu e mili ta r. Por los reli eves de su t umba
sa bemos qu e poseía una importante flota, co n barcos de más de 50 metros de eslora. En
ell os aparecen los produ ctos logrados en sus expedi ciones, madera y esclavos. Los co ntac-
tos co merciales co n Bibl os fu eron intensos co mo demu estra la apari ción de num erosos
obj eto s, encontrados en esa zo na del Mediterráneo, en los qu e aparece grabado el nom-
bre de Sahure. Fu e también el prim er rey en enviar un a exp edición a la legend aria ti erra
de Punt, buscando mirra, malaquita y electrón, y despu és a las minas de Wadi Maghareh
y Wadi Kh arit en busca de co bre y turqu esa. Su vi ctori a sobre las pobl ac ion es as iáti cas
está represe ntada en dos reli eves del Sin aí, en los qu e aparece Sa hure go lpea ndo a los
asiáti cos co n su maza. En los reli eves de su co mpl ejo fun erari o tambi én se mu estran sus
éx itos en la ca mpaña co ntra los libios. En políti ca interi or destaca su labor de co nstru ctor,
so bre todo en la zona de Abu sir dond e con struyó su pirámid e y seguramente un templo
sol ar. Su palacio, se levantó a orill as del lago Abu sir, y grafitos con su nombre han apare-
cid o en la zona de la segunda catarata y un a estela en Nubi a lo qu e indi ca el manteni -
mi ento de relacion es con esta región .

A Sahure le sucedi ó su hijo mayor Neferirkare-Kakai qu e gobernó Egipto durante


ocho años. Mantuvo bu enas relac ion es con los cortesa nos y favoreció el aum ento de

51
\

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

fun cionario s y de sacerdotes, qu e fu eron acumul and o un mayo r poder. Mantuvo las rela-
ciones co mercial es co n Nubi a, las úni cas docum entadas, pero se cree qu e tambi én co n
Biblos. Por algunos reli eves se dedu ce qu e rea li zó ex pedi cion es de casti go a Libi a, al
Sinaí y a Canaá n. Su labor de con stru cción nos ha dejado su pirámid e en Abu sir, el tem-
plo fun erario en el mismo lu ga r, qu e fu e compl etado por sus hijos, y un templo dedi ca do
al Sol.

De su suces or Shepseskare, apenas sa bemos nada, ni siqui era es segura su relación


de parentesco con Neferi ka re-Kakai. Rein ó un os siete años. Tampoco sa bemos qu é rela-
ción tenía con su suceso r Neferefre, e in clu so se dud a si éste reinó antes o des pu és de
Sh epseskare. El descono cimi ento qu e tenemos de este mon arca es aún mayor, pu es ni
siqui era sa bemos los años qu e pudo rein ar. Debi eron se r pocos, pu es su pirámid e de
Abu sir está inaca bada

Niuserre-lni, el sexto monarca de la dinastía, probabl emente era hij o de Neferefre,


pero éste es un dato inseguro. Para algunos egiptólogos Niuserre- lni accedió al tro no sien-
do niñ o. Durante su reinado co ntinu ó el crecimi ento de la burocracia del estado y del sa-
cerd ocio, ya ini ciado co n Neferirk are- Kakai. Se multipli caron las ofi cinas admini strati vas.
Todo ello ll evó a un debilitamiento del pod er rea l. Com o había sid o con stante a lo largo de
tod a la dinastía se mantuvi eron intensas relaciones co merciales co n Biblos y la costa ori en-
tal del Mediterráneo y al menos rea li zó una expedición al Sinaí y se continu aron explotan-
do las ca nteras de Nubi a. La ex istencia de estatu as de piedra ca liza fec hadas en su época y
de prisioneros arrodill ados y atados, nos hacen supon er que rea lizó ex pedi cion es militares
a Libia, el Sinaí y Pal estin a. Su compl ejo fun erario quedó in aca bado.

Menkauhor-Akauhor es prácti ca mente descono cid o. La información qu e tenemos so-


bre él es, casi tod a, muy tardía. Su nombre se in co rp ora a las listas rea les a partir de
Ramsés 11. Según estas fu entes su reinado duró ocho años. Sa bemos, qu e sin aband onar el
culto a Ra, volvió a dar preferencia a Horus. Construyó un templo solar, no loca liza do, al
igual qu e no se ha locali za do su pirámid e, si ll egó a con struirl a, y qu e de hacerlo pudo
estar en Saqqara o en Dashur. Su nombre aparece en una inscripción muy dañada del Wadi
Maghareh, cercano a las minas del Sinaí. Por último han aparecido en Asía Menor algunos
objetos con su nombre, lo qu e pu ede indicar el mantenimiento de relaciones comerciales.
Su culto apenas duró 150 años, pero en el Imperio Nu evo fue retom ado, asimil ado a un
dios loca l de Saqqara. A su mu erte, el trono fu e ocupado por Dedkare-lsesi. Su rein ado fu e
largo, se le adjudican unos 40 años. Rompió con la tradición de levantar un templo al Sol ,
lo qu e podría indi car un ascenso del culto a Osiri s. Rea lizó una profunda reform a de la
administración ; bu sco la ca pacitación de los altos ca rgos qu e no serán ya ocupados por la
famili a rea l; los fun cion arios provinciales gozaron de mayor libertad para ejercer su ca rgo,
lo qu e mejoró la admini stración . Apareció el cargo de gobern ador del Alto Egipto, qu e será

52
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo {3200-2181 a. c.)

enco mendado a un visir. Uno de estos visires, Ptahotep será el autor de un texto de sa bi -
duría filosófi ca, Las enseñanzas de Pathotep, dirigid o a su hijo. Tal vi si r organizó el culto
funerario de sus antepasados , prestando es pecial atención a los enterrados en Abu sir y
tamb ién reformó el sace rd ocio dedi ca do al culto de todos ellos. En políti ca exterior rea lizó
nu evas expedicion es al Sinaí, al menos tres, en busca de cobre y turqu esa. En Nubia bu scó
oro y diorita. Mandó as i mi smo una ex pedi ción al País del Punt en bu sca de in cienso.
También sa bemos qu e rea lizó algun a incursión a Canaán, probabl emente parte de su acti-
vid ad militar, conf irmada por una de las prim eras representacion es de asa lto a un a ciud ad
en el arte egipcio. Esta represe ntación se encuentra en la tumb a de lnti , fun cionario del
nomo 21 del Alto Egipto, y en ella los soldados egipcios esca lan los muros de una fortaleza.
La Pirámid e de Dedkare- lsesi está en Saqq ara. Su legado es importante, pues para mu chos
egiptólogos, su reinado supuso el comi enzo de la deca dencia del pod er del rey y el debili -
tami ento del estado ce ntral, qu e vio como los pod eres loca les asumi eron mu chas de sus
co mpetencias. Dedkare- lsesi fracasó en el intento por frenar esta pérdid a de influ encia de
la monarquía. Por otro lado, sus reform as favorec ieron el florecimi ento de las artes, al am-
pliarse los clientes potenciales de los artesanos, pu es ahora no solamente el rey es ca paz
de acu mul ar riqu ezas, sino qu e comienzan ya a ex istir mu chos fun cionarios que se pueden
permi t ir la compra de objeto s de lujo. Tanto ell os, co mo los enriqu ecidos artesa nos co-
mi enza n a construirse destaca dos complejos fun erarios, qu e en épocas anter iores eran
impensa bl es.

A Dedkare- lsesi le suce de Unas, qu e con gran probabilid ad era su hijo y su rein ado
duró entre 15 y 30 años. Una vez más tenemos muy pocos datos sobre los sucesos históri-
cos de este reinado y en la mayo ría de las ocasion es debemos basa rnos en conjeturas. Es
seguro qu e fue una época de declive eco nómico, pero debieron mantenerse, hasta cierto
punto, las relacion es co merciales, so bre todo con Bib los como sugieren las representacio-
nes de barcos, de gran tamaño, ca rgados de hombres y qu e podemos ver en las paredes de
su complejo funerario. Hasta hace algunos años, la existencia en estos reli eves de personas
de aspecto demacrado se había interpretado como qu e hubo prolon ga dos período s de
hambruna, pero esto no concuerda con la existencia de reli eves semejantes en el reinado
de otros monarcas qu e se sa ben fu eron mom entos de prosperid ad, por lo qu e se pi ensa
qu e no so n represe ntacion es de hambrunas general iza das, sino de indigentes tal vez soco-
rrido s por la generosid ad del monarca . Por estos reli eves también dedu cimos qu e ll evó a
ca bo ca mpaña s militares, pu es en ellos se nos mu estra a egipcios fuertemente armado s
ataca ndo a los Shasu, grupos de nómada s cananeos. Una inscripción de El efa ntin a nos in -
form a de la vi sita de Unas a la zo na baja de Nubia, dond e los jefes loca les estaban dobl e-
gados a los intereses del rey.

A la muerte de Unas no había un hered ero claro, su hijo Unas-Ankh es muy probabl e qu e
ya hubiera fall ecido y se impuso la creación de una nu eva dinastía.

53
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

VI dinastía

Con la VI dina stía se pu so fin al Imperio Anti guo. La V dinastía había favorecido el
aum ento del pod er religioso y el crecimiento de la burocracia había socavado el pod er
del rey, so bre todo durante los reinados de Neferikare- Kakai y Dedjkare-l sesi. Todo ello
había favorecido la creación de un sistema «feudal» en el qu e el poder centralizado del
rey había ido cediendo ante los pod eres locales de los vis ires. A pesa r de ell o, el adveni-
miento de la VI din astía no supu so cambios radicales. El Imp erio Anti guo, no obstante de
los alarmantes síntom as, continuaba en pleno apogeo , pero no iba a se r por mucho
ti empo.

El primero de los reyes de esta VI dinastía fu e Teti . Desco nocemos cuál fu e el mecan ismo
por el qu e acced ió al pod er, pero todo parece indicar qu e fu e un mom ento política mente
difícil. Esto se deduce que eligió como nombre personal Seheteptawy «pacifica las dos ti e-
rras», nombre que indica la división y la lucha suceso ria que se produjo a la muerte de Unas.
Qu e su acceso al trono fuera por derechos matrimonial es, algo que ya había suced ido co n
anteriorid ad, ha sido rechazado por la mayo r parte de los egiptólogos. Mu chos optan por
considerarle un usurpador. Sus relaciones con el exterior no se diferencian mucho de las que
había en la época anterior. Sabemos que rea lizó varios censos de población, qu e se hacían
ca da dos años, hasta seis. Rea lizó varia s expediciones a las ca nteras de Hatnub, en busca de
alabastro. Favoreció el culto a Osiris eliminando los impu estos que debían paga r los sacerdo-
tes de su templo en Abidos. Según Manetón, fu e asesinado por uno de sus guarda espa ldas,
algo de lo que no tenemos ningún dato histórico. Lo que sí sa bemos es qu e, en principio, no
fu e suced ido por ninguno de sus hijos, sino por Userkare, un desconocido qu e bi en pudo
usurpar el trono. Teti fue enterrado en la necró polis de Saqqa ra, donde se encuentra su pirá-
mid e y las mastabas de algunos de sus funcionarios.

Userkare estuvo en el pod er por muy poco tiempo y so lamente contro ló una parte del
Bajo Egipto, mientras que Pepi 1, el hijo de Teti , controlaba el resto. Para algunos egiptólogos,
no fu e un rey propiamente dicho sino el regente de Pepi 1, junto a la madre de éste, lpuet.
Desconocemos la situación de su tumba, y si esta fu e una pirámide. De serlo, no logró aca-
barla y su sucesor no se preocupó de hacerlo por él.

A Userkare le suced ió uno de los hijos de Teti, Pepi 1, que reinó unos 50 años, pues
accedió muy joven al trono. Su gob ierno estuvo marcado por un a constante política expa n-
sionista teniendo Nubia como objetivo. Intensifi có el comercio con la zo na del actu al
Líbano y con la costa de So malía. Para asegurar la exp lotación de sus canteras mandó ex-
pediciones al Sinaí, y tambi én a Biblos y a Canaán . Su política comercia l le ll evó a entrar en
contacto en la zona de Siria , con Ebla. En política interna, de nu evo perdió peso el poder
central, comenzando durante su reinado, ahora sí, la decadencia , en todos los sentidos, del

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

Imperio Anti guo. El pod er regional de los nomarcas aum entó con sid erabl emente, ll ega ndo
a convertirse su cargo en hereditario. La fid elidad al rey se debilita, pu es ya no depend e de
él el nombrami ento de los gobern adores de los nomos; además, comi enza n a producirse
ali anzas entre diferentes nomos para oponerse a algunas de las decisiones rea les, lo qu e
debilitó aún más el pod er central. Incluso, en ocasiones, la propi a famili a de Pepi I conspi-
ró contra él. La tumba de Pepi 1, una pirámid e de pequ eña s dim ensiones, está en Sa qqara.
Para evitar los probl emas sucesorios, antes de morir, asoció al trono a su hijo Merenre-
Nemtiemsaf.

El reinado de Merenre I no fu e muy largo, entre 5 y 7 años, aunqu e reci entemente se


ti ende a prolonga r su reinado ll ega ndo a 13 o 14. No ll evó a ca bo grand es ca mbios ni en
políti ca interior ni en la exterior. En los últimos años ha sido puesta en duda la corregencia
con Pepi I y un nutrido grupo de egiptólogos, a partir de un documento de Saqqara, encon-
trado en 1995, creen que sucedió directamente a Pepi 1, sin la existencia de la corregencia. Al
igual que su padre estuvo muy interesado en Nubia y continu ó enviando expediciones milita-
res para que exploraran esta región y, de paso, explotaran sus produ ctos naturales. Por pri-
mera vez, bajo su reinado tenemos atesti guada la fi gura de un gobern ador encarga do de
todo el Alto Egipto, un alto fun cionario de nombre Weni, cuyo nombrami ento tenía la finali-
dad de recuperar el poder cedido a los nomarcas. El compl ejo fun erario de Merenre I está en
el sector sur de Saqqara.

Si bi en tradi cionalm ente se ha con sid erado a Pepi II hijo de Pepi 1, las investi gaciones
rea liza das en la década de los 90 del siglo pasado y la apari ción de nu evos do cum entos en
Saqq ara relativos a esta sexta dinastía y la duración del reinado de Merenre 1, hacen pen-
sa r qu e Pepi 11 pudo ser hijo de Merenre I dado qu e su madre Ankhsenmerire estuvo casa -
da con Pepi I y con su hij o Merenre 1, cosa qu e sa bemos por los título s rea les de la reina
«Esposa del rey de la pirámid e de Pepi, Esposa del rey de la pirámid e de Merenre, Madre
del rey de la pirámid e de Pepi ». Qui en, probabl emente, ejerció la regencia durante los pri -
mero s años del reinado de Pepi 11. En su rein ado, el declive del Imperio Anti guo fu e ya
in evitabl e debido al desmedido crecimi ento del pod er de los nomarcas. El rey no era ca paz
ya de mantener el control del territorio y fu eron frecu entes los enfrentami entos entre no-
marcas y el asalto de los territorios vecinos, con lo qu e el caos fu e en aum ento. Solamente
la intervención de Djau , herm ano de Ankh senm erire, y nomarca de This, en el Bajo Egipto,
fu e capaz de controlar algo la situación . El reinado de Pepi 11 fu e extremadamente largo,
entre 60 y 70 años. Envió varia s ex pedicion es a Nubi a, al frente de una de ell as iba Ankhuf,
gobern ador de Aswan . Su misión era com erci al , buscado marfil y ébano y como dato curio-
so ll evó a Egipto un pi gmeo. Un relato de este vi aje se ha con se rvado en la tumba de
Ankhuf. Los contactos con Nubia, durante su reinado, fu eron muy irregulares y pasaron por
num erosas dificultades. Al igual qu e sus predecesores fue en busca de cobre y turqu esas a
la s mina s del Sinaí y en bu sca de alabastro a Hatnub, en el desierto ori ental, al sur de

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INTRODU CI ÓN A LA HISTO RIA DE LA ANTIGÜEDAD

Am arn a. Su no mbre también aparece en inscrip cion es de Biblos. Mantuvo abiertas las ru -
tas caravaneras del desierto occid ental, qu e permitían el com ercio con el oasis de Selim a
qu e pro porcion aba ébano, el de Dakhl a y el de Kh arga, puntos de paso indispensa bl es
para las ca ravanas. En el as pecto interno, como hemos avanza do, su rein ado supuso la
deca dencia definitiva del Imperio Anti guo. Entre otras medidas qu e provoca ron esa deca-
dencia está la supresión del ca rgo de Gobern ador del Alto Egipto; el ca rgo de visir de des-
dobla y aparece un Vi sir para el Alto Egipto y otro para el Bajo Egipto. Po r otra parte se
produjo la pérdid a del co ntrol de la justi cia, algo qu e iba en detrim ento del poder del rey.
Su co mpl ejo fun era rio se leva ntó en Saqqara.

A la muerte de Pepi 11 qu edó evid ente el estado de desco mposición en el qu e se encon -


tra ba el Imperi o Anti guo. No está del todo claro qui én fu e el sucesor de Pepi 11 , aunqu e t radi-
cionalmente se ha aceptado que fu e su hijo Merenre-Nemtiemsaf, Merenre 11. No sa bemos
nada de su reinado, tan solo qu e debió durar solamente unos pocos meses, y que le sucedió
Nitócris, su esposa, aunqu e algun os autores entre ambos sitúan a un descono cido rey
Neitiqerty Siptah .

Con Nitócris fin aliza el Imperio Anti guo. Es la primera muj er de la qu e tenemos noti cia de
qu e llega al trono egipcio co n pl enitud de fun cion es. Pero no tenemos ninguna evid encia
arqu eológica qu e co nfirm e su existencia. Sa bemos de ell a so lamente por Heródoto, por
Manetón, y por el Papiro de Turín.

La religión en el Imperio Antiguo

En el Imperi o Anti guo el concepto de pod er ya esta ba muy ligad o a concepciones teo ló-
gicas y religiosas. Esto aparece ya en la 111 dinastía, y poco a poco se va percibiend o en el títu -
lo que adoptan los faraones. El primero de ellos ligado a Horus «Horus de Oro», adoptado por
Djeser. Pero lo fund amental, en este Imperi o Anti guo, va a ser la introducci ón y la difusión
del culto a Ra co n la adopción del títul o de «Hijo de Ra» por Kh éo ps. Muy importante es sa-
ber cómo la teología heliopolitana, dominante durante las dos prim eras dinastías, co n su
prin cipal divinidad Atum , pudo integrarse en las nu evas tendencias de culto de la monarquía
unida, dond e Horus, el hijo de Osi ri s, era el dios primordial. Los sacerdotes de Heliópolis ha-
bían jugado un papel muy destacado hasta la unificación de Egipto y, tras ella, su importan-
cia y su influencia tod avía era muy grand e. El pueblo egipcio fu e extremadamente religioso y
los sistemas teológicos fu eron un intento de ordenar los múltipl es dioses y, eventualmente,
sustento del pod er de los dirigentes.

La religión lo impregnaba todo, no hay ningún as pecto de la vid a de los egipcios en


el qu e no estuvi era presente. Se trata de un a reli gión qu e no estaba basada en las cree n-

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

cias sino en el culto. Se fund amenta en la adorac ión a la divinid ad qu e es la du eña y se-
ñora de la loca lid ad en la qu e recibe culto y ell a es la poseedora legítim a del suelo. A
pesa r de esto la reli gión eg ipcia no estuvo exe nta del dog ma, en el se ntido más amplio
de la palabra, pu es no se dio la controversia y ace ptaron ex pli cacion es totalm ente co n-
tradi ctori as a un mi smo hecho reli gioso. Por otra parte nun ca se codificaron libros sa-
grados, más allá de lo qu e se ex presa en los Libros de las Pirámides, Libros de los Sarcófagos
y Libro de los Muertos, qu e son simpl emente reco pil acion es de fórmul as necesa ri as para
la vid a de la ultratumba. El Rey fu e el máx im o admini strador del culto estatal, con ce bido
como un se rvi cio público . Él era el enca rga do de su regul ación en todo el Vall e del Nilo y
rendía culto a todo s los dioses.

La religión egipcia tuvo dos verti entes muy definid as, por una parte está el culto a los
dioses y todo lo que ello suponía materi al y espiritualmente: sacerdotes, templos, devo ción
a determin adas divinidades, etc., y por otra la llamada religión fun erari a. La vid a del egip-
cio giraba en torno a ella y su vid a no tenía sentido si no se preparaba para la mu erte. La
religión fun erari a estuvo en con stante evolu ción y aunqu e los dioses qu e parti cipaban de
un a y de otra eran los mismos, aca baron siendo dos fenóm enos diferenciados. La adora-
ción de los dioses era algo loca l, ca da ciudad tenía preferencia por alguno ind ependi ente-
mente de cu áles fu eran las directri ces de culto ofi ciales. En ca mbio, la religión fun erari a
adquirió un grado qu e pod emos consid erar universa l. El culto fun erario está presidido por
los mismos dioses en todo el Vall e del Nilo e igualm ente es común el ritu al seguido a la
hora de enterrar a los mu ertos.

Culto a los dioses

Ya hemo s mencion ado qu e en prin cipio la reli gión cultu al eg ipcia era algo loca l.
Cad a ciudad y ca da nomo tenían preferenci a por un determin ado dios, aunqu e se vene-
raran a otros mu chos. Al igual qu e en otras reli gion es, el culto a los dioses se ll evaba a
ca bo en los templos. Del Imperio Anti guo, aunqu e tenemos notici as de ellos y cono ce -
mos la exi stencia de mu chos, son pocos los qu e nos han dejado resto s arqu eológicos qu e
podamos estudi ar y qu e nos arroj en algo más de luz sobre el culto a los dioses. La mayo -
ría de los templos sufri eron la decadencia del Imperio Anti guo, muchos de ellos prácti ca -
mente en ruina s al fin al del período y lo poco qu e qu edó el ti empo se ha enca rga do de
hace rlo s desa parece r. Es muy difícil comprend er como era el culto provin cial a esto s
dioses, y su fin alid ad, sin di spon er de los templo s qu e daban aco gid a a esto s culto s.
Aunqu e no podamos conocer en profundidad el culto provincial, sí tenemos otros ele-
mentos por los qu e pod emos recon struir parci alm ente la religión egipcia y su evolu ción
a lo largo de los siglos.

57
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Teología menfita de la creación

Estela de Sahabaca
Los dioses que han nacido bajo forma de Ptah.
Ptah que está sobre el gran trono.
Ptah-Nun, el Gran dios [que creó} a Atum.
Ptah-Naunet, la Gran madre que dio nacimiento a Atum.
Ptah el Grande es el corazón y la lengua de la Enéada.
<Ptah ... > que dio nacimiento a los dioses.
<Ptah ... >.
<Ptah ... >.
<Ptah ... >.
<Ptah que es Nefer >tum por la nariz de Re, diariamente. El que se ha manifestado como el
corazón, bajo el aspecto de Atum, el que se ha manifestado como la lengua, bajo el aspecto de
Atum, es Ptah, el Gran Poderoso, quien ha infundido <la vida a todos los dioses> ya sus kau. A un
mismo tiempo, en su corazón Horus nació como [una forma de] Ptah, Thot sobre su lengua nació
como una forma de Ptah.
Así se manifestó la supremacía del corazón y de la lengua sobre todos los <demás> miembros,
según la enseñanza [que quiere] que el corazón es el elemento dominante de cada cuerpo y que la
lengua es el elemento dominante de cada boca; [corazón y boca] pertenecientes a todos los dioses,
a todos los hombres, a todos los animales, a todos los reptiles, a todo lo que vive, uno concibiendo
y la otra ordenando cuanto aquél desea.
Su Enéada está en su presencia, bajo la apariencia de dientes y labios; ellos [son el equivalente] del
semen y las manos de Atum. Así pues, la Enéada de Atum nació por medio de su semen y de sus
dedos; la Enéada {de Ptah}, en verdad, son los dientes y los labios de su boca, que pronunció el
nombre de todas las cosas, y de la que brotaron Shu y Tefnut. La Enéada [de Ptah] creó el ver de los
ojos, la audición de las orejas, la respiración de la nariz; éstos informan al corazón y es el corazón,
por consiguiente, quien permite que todo conocimiento se manifieste; y es la lengua la que repite
que el corazón ha concebido. Así nacieron todos los dioses y fu e completada su Enéada.
Pues toda palabra divina cobró su ser según lo que había pensado el corazón y había ordenado la
lengua. Así fueron creados igualmente los kau y las hemesut, que procuran todas las provisiones y
todos los alimentos benéficos, gracias a aquella palabra.
Así, también (fu eron creadas la justa recompensa] para el que hace acciones agradables, y [el
castigo] para el que comete acciones punibles. La vida se concedió al ser pacifico, la muerte al
criminal. Así fu eron creados todos los trabajos y todas las artes, el hacer de las manos y el andar de
las piernas, el movimiento de cada miembro de acuerdo con la orden concebida por el corazón y
exteriorizada por la lengua, y que no cesa de producir el significado de todo.
Sucedió, pues, lo que se dijo de Ptah «Quien creó todo y dio el ser a todos los dioses». Es él, en
verdad, Ta-tenen quien creó a los dioses y de quien surgieron todos los bienes, alimentos, provisiones,
las divinas ofrendas, todas las cosas buenas y hermosas.

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Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

Se comprendió así que su poder era mayor que el de los {demás} dioses. Y Ptah se consideró así
satisfecho, después que hubo creado todas estas cosas y todas las palabras divinas. El creó a los
dioses, construyó las ciudades, fundó los nomos, puso a los dioses en sus santuarios, hizo prosperar
sus ofrendas, fundó sus capillas y dio forma a sus cuerpos según el deseo de sus corazones. Gracias a
ello los dioses pudieron penetrar en sus cuerpos hechos de todo tipo de madera, de piedras de todas
clases, de barro, o de todas {las demás} cosas que pueden crecer sobre él y en las cuales ellas
adquieren forma. Así fueron congregados en él todos los dioses con sus kau satisfechos y unidos al
Señor de los Dos Países.

Traducción Federico Lara Peinado

El imperio Anti guo es el ti empo en el qu e van a surgir las teología s qu e expli ca rán la
form ación del mundo; cad a ciudad tenía la suya propia, pero las predominantes surgie-
ron en los grand es ce ntros reli giosos. Los prin cipales para este período fu eron Heli ópoli s,
Herm ópoli s y Menfi s. Las teologías crea das en ell os tuvi eron mayor o menor éx ito en
fun ción de su ace ptación por el monarca . Por norm a general la crea ci ón del mundo se
ex pli ca medi ante parejas divin as personifi cación de las fu erzas naturales. No en tod as
las teologías el núm ero de parejas es el mismo. La manera de solu cion ar las diferencias
ex istentes en las con cepcion es de la s diferentes teologías y la ex istencia de divinid ades
prin cipales en cad a una de las ciud ades, los teólogos di eron la solu ción de la as imil ación
de dioses, un sincreti smo qu e les ll evó a asimil ar a todos los dioses a Atum -Ra, en el caso
de Heliopolís, qu e va a se rl a teología prepond erante en el Imperio Anti guo, mi entras qu e
en Menfis se asimilaran a Ptah y a Thot en Hermópoli s.

Esto s tres Atum -Ra, Ptah y Thoh , van a ser los más venerados en el Imperio Anti guo,
sobre todo el prim ero, cuyo culto van a adoptar los monarcas, sa bemos qu e se convirtió en
costumbre, sobre todo a partir de la V dinastía , qu e ca da uno de ellos, ad emás de la pirá-
mid e fun eraria, con struyera un templo solar, lo qu e ha ce evid ente el dominio de la teolo-
gía heliopolitana durante este periodo, así como el pod er qu e alcanzaron sus sacerdotes.
Atum-Ra va a ser la suprema divinidad solar, qu e la teología heliopolitana divid e en tres
person as: Jepri , el esca rabajo, el sol de la mañana, serán frecu entes las representacion es
de Jepri empujando el sol ; Ra, el sol del mediodía y Atum , el sol del atard ecer.

Thoth es el dios luna, cuyos ciclos regulaban muchas actividad es; es el dios de la sa bidu -
ría, de la escritura y de la magia, está tambi én relacionado con la medición del ti empo, la
matemática y la geom etría , todo ello fundam ental en la vid a de los egipcios, pues ésta de-
pendía , sobre todo de las inundaciones del Nilo y era imprescindible saber cuándo se iba a
producir y cuando se retiraba recon struir los límites de los territorios. Para la teología hermo-
politana es la divinidad creadora del mundo.

59
INTRODUCCI ÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Path , es el crea dor por excelencia, qu e ex istía antes de qu e nada fu era crea do, pro-
tec tor de la con stru cción, de la metalurgi a y de la escultura. En el Imperi o Anti guo riva-
lizó con Atum-Ra, lo qu e se refl eja en la ex istencia de un confli cto perm anente desde la
IV din astía y ha sta fin ali za r el Imp erio Antiguo, entre los cl ero s de Menfi s y de Heliópolis.
Su s pod eres crea dores están simboli za dos por el cetro (pod er), el ankh (vid a) y el pil ar
djed (estabilid ad).

A estas divinidades hay qu e añadir otra s como Oriris, un dios origin ario del Delta del
Nilo, inventor de la agri cultura y de la religión, benefactor de la humanid ad, cuyo mito de
mu erte y resurrecci ón tendrá un a enorm e importancia. Osiris muere ahoga do en el Nilo a
con secuencia de un complot orga niza do por su herm ano Seth ; su cu erpo es descuarti za do
para que no pu eda resucitar, pero sus hermanas lsis y Neftis y gracias a ritu ales mágicos le
devu elven a la vid a. A partir de ese mom ento Osiris reinará sobre el mundo de los mu ertos y
será su ju ez supremo. El dios halcó n Horus, dios tutelar de Hi eraco mpolis, qu e ll eva ba la
dobl e co rona, símbolo de la unidad en Egipto y muy relacionado co n el pod er del rey. Fu e
una de las prim eras divinidades nacionales. Al inicio el rey era la reencarnación de Horus en
Vid a y de Osiris una vez mu erto. Anubi s, muy relacionado con la religión fun erari a, protector
de las necrópolis y del mundo de los muertos e inventor de la momifi cación. Comenzó a ser
adorado ya en la I dinastía. Su mi sión era acompañar a las almas de los difuntos a la ultra-
tumba y rea liza r allí el ritu al del pesaje de su corazón determin ante para decidir si el difunto
podía entrar o no en el reino de los muertos.

Entre las diosas ca be citar a Hathor, diosa de Denderah, una de las más importantes y de
gran popularidad . Protectora de la maternid ad, madre de todos los monarcas. En el más allá
era la enca rgada de acoger el alma de los difuntos; asistía a las parturi entas y estaba relacio-
nada con la música y con la danza . A partir de la IV dinastía la relación con el monarca, como
señora de las dos ti erras, fu e muy intensa, sobre todo con Micerino.

Neit, venerad a en Sa is, originalmente diosa de la caza y de la guerra, creadora de las ar-
mas de los guerreros y guardiana de los muertos en la batalla. Sus atributos indica n tambi én
que estaba relacionada con el tejido y, por tanto, diosa domésti ca protectora de las muj eres
y del matrimonio. Como diosa de la guerra estaba relacion ada con la muerte y su relación
con el tejido hacía que fu era vi sta como la encargada de envolver los cu erpos de los muertos
en vendas.

Nekhb et, era la diosa protectora del Ato Egipto y del rey, su asociación con Wadj et, diosa
cobra del Bajo Egipto, la ll eva a ser el símbolo de la unión de las dos ti erra s unidas por el Rey

Junto a esta religión oficial , en Egipto había otra religión, la popular, qu e habitualm ente
iba asociada al culto de los animales, convertidos en animales sagrados. Uno de los más po-
pulares, sin duda fu e el bu ey Api s. Esta referencia popular por el culto a los animales proba-

60
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

blemente provocó que muchas de las divinidades fu eran representadas o asociadas a algún
animal : Anubi s al ch acal, Hathor a la vaca, Horus al halcón, o Thoth al babuino.

La religión fun eraria

La religión fun eraria egipcia tuvo una gran compl ejidad debido a sus orígenes que arran-
ca n del Neolítico, qu e es cuando aparece la creencia de que los difuntos tenían una vid a
despu és de la mu erte, vid a que se desa rroll aba en el mismo suelo dond e habían sido ente-
rrados, por lo qu e junto a ellos se depositaban todos aquellos obj etos que podían necesitar.
Esta continuidad de la vida después de la muerte hizo que se desa rrollaran una seri e de ri-
tu ales y de prácti cas destin adas a favorecer la inmortalidad. Aunqu e el proceso fun erario fu e
vari ando con el ti empo, los elementos fund amentales perm aneci eron : preparación del cuer-
po, ritu ales mágicos y tumba ad ecuada .

Las creencias populares eran que los difuntos podían tener los mismos sentimientos que
los vivos, podían guard ar rencor y recrimin ar a su famili a si no eran atendidos como era de-
bid o. En caso contrario les apoyaban desde el más allá. Los con ceptos de Ka y Ba, iban muy
unidos a la religión fun erari a. Eran dos compon entes espirituales indisociabl es que se sepa-
raban a la muerte del difunto, pero qu e volvían a unirse para revivir el cuerpo. El Ka revivía
al difunto al regresa r a su cuerpo, y el Ba, era la personalidad individualiza da de ca da hom -
bre, cu ya misión era cuidar a la famili a. Se trataba de un interm ediario entre el cielo y la
ti erra . A la mu erte de la persona abandonaba el cuerpo y se reunía con los dioses, pero de
noche regresaba a la ti erra para unirse nu evamente con los restos del difunto, para por la
mañana volver a subir al cielo.

Nuestra principal fu ente de información sobre la religión fun eraria son los Textos de las
Pirámides. En un primer momento, no todos podían acceder a esa vid a de ultratumba, para
ello era necesa rio tener un papel que cumplir en el más allá. Al rey le estaba permitido pu es
había desempeñado un com etido de primer ord en, pero para el resto, nobles y pu eblo llano
no era tan fácil acceder. Es aquí dond e probablemente entran en juego los sacrificios huma-
nos que se pu eden constatar en las tumbas rea les más antiguas. La manera de acceder a esa
vida de ultratumba, al menos para los más humildes, era servir al rey en ella, pero no sólo las
clases bajas, también para los nobles, entrar en la vida eterna dependía de la voluntad del
rey. Con el ti empo, los sacrificios se sustituyen por estatuillas, cuya misión es la misma, servir
al monarca. En un segundo momento, cuando el Rey moría y se convertía en dios, entre sus
capa cidades estaba la de conceder la vid a futura a quienes con sideraba dignos de merecerla .

Con el paso del ti empo la vid a de la ultratumba se hace cada vez más compl eja. En el
Imperio Anti guo los particulares ya ti enen su propia morada, y la dependencia del monarca

61
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

a este respecto es cada vez menor. El culto fun erario va a qu edar a ca rgo de las famili as, que
periódi ca mente proporcionan ofrendas a sus difuntos, ofrendas destinadas a qu e tenga n una
vid a cómoda

En el Egipto predinásti co ya existía la id ea de qu e para que existi era vida despu és de la


muerte, el cu erpo tenía qu e preservarse. Esto ll evó a que se abandonaran los rituales de cre-
mación, que hacían desa parecer el cu erpo, sustituidos por los de inhumación . Pero por sí
só lo esto no bastaba, pu es el cuerpo enterrado se desco mponía, por lo qu e era necesa ri o
tratar el cu erpo antes de ser enterrado para evitar esa desco mposición.

Esta necesidad de con servación ll evó a los egipcios a busca r la forma más adecuada de
conservar el cu erpo. A su favor tenían la sequ edad del ambiente proporcionada por la cerca-
nía del desierto. La justifi cación de la necesidad de la conservación del cu erpo radica en que
cuando se muere los egipcios creía qu e el Ka , el principio vital de la persona, abandona el
cuerpo como ya hemos dicho; sol amente el embalsa mamiento del cuerpo siguiendo un pro-
cedimiento muy específico, permite qu e el Ka regrese al cuerpo, se renazca y se prolongue
eternamente la vid a. La base del embalsa mamiento era deshidratar el cuerpo co n una com-
binación de bicarbon ato de sodio y sa l (natrón), que los egipcios obtenían en el Wadi Natrum.
No todo el mundo podía acceder a la momificación, y aquellos qu e no podían la sustituían
por la recitación de fórmul as mágicas.

• Figura 5. Wadi Natrum

62
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

El segundo paso eran los ritu ales mágicos que se rea liza ban una vez había co ncluido el
proceso de embalsa mamiento. Lo primero que se rea liza ba era la ceremonia llamada «a per-
tura de la boca», cuya finalidad era qu e la momia pudiera volver a respirar y hablar. La dirigía
un sacerdote utiliza do un cuchillo con la hoja de cobre o piedra. El rito iba aco mpañado de
hechizos qu e también rea nimaban brazos y pi ern as. A continuación se ll evaba el cuerpo al
templo fun erario dond e se recitaban fórmul as mágicas y se quemaba incienso qu e tenía por
fin alidad preparar al monarca para el vi aje. Acto seguido se llevaba el rey a la pirámid e, don -
de estaba todo el ajuar fun erario, y esta era sellada para qu e nadie pudiera vol ver a entrar.

La elección de una tumba adecuada era de gran importancia. Durante el predinástico,


las tumbas eran muy sencillas, de form a circular y con solo un a vasija como ajuar fun era-
rio. A fin ales de ese periodo comi enza n a aparecer ca da vez más obj eto s en las tumbas,
qu e ya adoptan un a form a rectangular y cuerpos en posición fetal mirand o hacia el este.
Las vasijas co mi enza n a se r decoradas y son habituales las fi gurillas de mujeres con pec hos
descubi ertos. La riqu eza de las tumb as no es uniform e, y se diferencian sexualm ente, las
de mujeres con paletas de cosméti cos y las masculinas con arm as. A partir de la I dinastía
la diferenciac ión social ya es evid ente y se refl eja en las tumbas qu e evolu cionan a un edi-
fico rectangular de adobe, con cá mara subterránea destin ada a aco ger el cuerpo del difun -
to. Estas tumbas recibieron el nombre de mastaba y su fa chada intentaba imitar el palacio
del monarca . En ellas co mienza n a aparece r no só lo ya ajuares personales de no demasia-
da importancia, sino también todo tipo de objetos incluido joyas, alim entos y mu ebl es. En
definitiva, todo aqu ello qu e co ntribuiría a hacer más agradabl e la vid a etern a; tambi én
aparecen los ataúd es qu e recuerd an la form a humana . La tumba de los monarcas comi en-
za a convertirse en un compl ejo qu e acoge no sólo la tumba del rey, sino tambi én la de sus
sirvi entes más cerca nos. Durante el Imperio Anti guo la mastaba fun erari a evolu cionó hacia
una form a más compl eja, a pirámid e, primero con sucesivos pisos, de form a esca lonada de
Saqqara, lu ego de form a qu ebrada como la de Esnefru , y fin alm ente de lín eas rectas como
la de Kh éops y sus suces ores.

No todos podían acceder a este tipo de tumbas y al embalsa mamiento. Los menos afor-
tun ados se enterraban en el desierto, envueltos en lino. La sequ edad de la arena es un con-
servante natural. Se enterraban con unos pocos obj etos personales. Incluso los más pobres lo
hacían en fosas comunes.

La sociedad del Imperio Antiguo

Los teóricos de los estudios de las soci edades han intentado elaborar un mod elo para
la soci edad egipcia, sin qu e nin guno de ellos encaje pl enamente en la rea lidad del Anti guo
Egipto, basá ndose en la información que nos proporcionan las fu entes literari as y arqu eo-

63
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

lógicas. Han llegado a la conclusión de que no estamos ante una sociedad esclavista, ni
aristocrática y, aunque la vida y la economía de los egipcios está organizada con el Nilo
como referencia, tampoco podemos decir con propiedad que se trataba de una sociedad
hidráulica .

Hay muchos aspectos de la historia del Antiguo Egipto que se van a mantener durante
más de dos milenios, con leves variaciones, la sociedad egipcia del Imperio Antiguo no va a
ser muy diferente a la del Imperio Nuevo. Toda ella va a estar articulada en torno a la figura
del rey, soberano de todos los egipcios, rey del Alto y del Bajo Egipto, portador de las dos
coronas, adornado y venerado por su esencia divina. Era considerado como un dios, y porta-
dor de cinco títulos:

1. El Horus, el soberano divino, co locado sobre un serej, o fachada de edificio, que lleva-
ba su nombre.

2. Nebti, el señor de las dos damas, protegido de Nejbet diosa de Hiracómpolis, y de


Uadjet, diosa de Buto.

3. Horus de Oro, en referencia a que la carne del rey era de oro.

4. Nesu-Biti, dueño de la abeja y de la caña, monarca del Alto y del Bajo Egipto.

5. Hijo de Ra . Pero no estamos seguros si los egipcios creían que el rey era un dios. Es
muy probable que no, ni siqu iera durante el Imperio Antiguo.

El rey moría como todos los demás, pero es más, debía responder de sus actos en el más
allá, al igual que todos sus súbditos y muchas de sus acciones estaban encaminadas para
asegurarse la vida eterna.

Fuera dios o no, el rey ocupó la cim a de la pirámide socia l en el antiguo Egipto. Junto
a él estaba la familia real , compuesta por esposas, hijos y parientes cercanos. Solamente
el rey podía tener más de una esposa legít im a y numerosas concubinas. La s esposas
principales con toda probabilidad eran miembros de su propia fam ilia y, de ser necesa-
rio, podían eje rcer la regencia. El rey tenía numerosos hijos, pero entre ellos también
había categorías y, so lam ente los de la s esposas principales estaban capacitados para
acceder al trono. El resto de los hijos eran em pl eados para desempeñar sacerdocios o en
los cargos superiores de la administración. Sin embargo, no existió un a norma sucesoria
que se cumpliera en todos los casos. Cuando fallecía el monarca era suced ido por un
hijo o por un hermano, y tampoco hay nada que indique que los mayores tenían prefe-
rencia sobre los menores.

Inmed iata mente por debajo, estaban los altos funcionarios, lo que podemos considerar
como la nobleza. A ellos se les encargaba la mayoría de las tareas admin istrativas. Junto a la
nobleza se situaban los sumos sacerdotes y los escribas.

64
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

• Figura 6. Horus sobre se rej. Mu seo del Louvre.

Por últ im o estaba el pu eblo ll ano, tanto el qu e vivía en la ciud ad co mo los de las
zonas ag ríco las. Se trataba de artesa nos, ca mpesin os, sirvi entes. Todos ell os estaban su-
jetos al pod er del Rey y, en determin ados momentos estaban obli ga dos a trabajar para
él. Tambi én había un bu en núm ero de extranj ero s qu e aca baban integrándose en la so-
ciedad egipcia.

Un aspecto interesa nte es que, en opinión de mu chos autores, en el Egipto del Imperio
Anti guo no ex istió la escl avitud , aunque sí sa bemos qu e exi sti eron prisioneros de guerra,
ca pturados en las ca mpañas militares, y que estos prisioneros eran obligados a trabajar para
el estado.

65
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Organización territorial, administración e instituciones

Organización territorial

Territorialmente Egipto tuvo una primera división global, que podemos considerar natu -
ral: Alto (a l sur, hasta Asuan) y Bajo Egipto (al norte). Desde muy antiguo estas dos demarca-
ciones se fueron subd ividiendo, a lo largo del Nilo, en unidades territoriales mas pequeñas,
que recibieron el nombre de nomo.

La aparición de la división territorial de Egipto en nomos parte de la estabil ización de la


población . El paso de la vida nómada a sedentaria, algo que sin duda favorece la evolución
de las sociedades y el progreso de la civilización. Se afianza la organización patriarca l de la
familia y también se hace necesario que ex ista una normalización de las relacion es con las
poblaciones vecinas. El nomadismo, ante el conflicto con otro grupo, buscaba la solu ción en
el desplazamiento. Con la sedentarización se impone la negociación, pu es ha entrado en
juego un nuevo concepto, el de «territorio» que tiene un límite que está marcado por el de las
poblaciones vecinas. Esta nueva organización tambi én impone que cada territorio tenga una
autoridad política, una religiosa y un cu lto a una divinidad principal. La autoridad política y
religiosa en ocasiones pueden ser la misma o ir muy unidas, y la divinidad puede favorecer a
aparición de confederaciones de grupos unidos por un mismo cu lto, que aca ban teni endo
una única autoridad , para algunos autores «rey sacerdote» y una metrópoli con una asam-
blea de notables que ayudaba al gobierno de la ci udad. Estas unidades territorial es entre los
egipcios recibieron ese nombre de «nomos» (sepaut). La rivalidad entre los nomos y la impo-
sición de unos sobre otros favoreció la progresiva concentración del poder en Egipto.

Administración e instituciones

Durante el Imperio Antiguo, Egipto se convirtió en un estado centralizado, con capita l en


Menfis. A la cabeza de ese estado estaba el Rey, que era el dueño de toda la tierra , aunque
esto era nominalmente, pues como veremos en Egipto existió la propiedad privada y ésta
estuvo muy protegida por las leyes.

En el Imperio Antiguo, ya desde las primeras dinastías, la adm inistración estaba presidi-
da por un Visir, que era el hombre de confianza del rey, que él mismo designaba y con el que
se entrevistaba todos los días.

Al Vi si r se le encargaba la administración de justicia, pues él era el juez supremo y todas


las tareas de gobierno. Existían seis grandes tribunales y el Visir presidía todos ellos estando
asistido por los llamados Jefes de Misión, una especie de ministros plenipotenciarios que le

66
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

informaban de todo lo qu e suce día. Como máximo enca rga do de la justi cia era también el
sacerdote supremo de la diosa Maat, diosa de la justi cia.

Su estatu s social, evid entemente muy elevado, le permitía enterrarse en las proximidades
de la tumba del monarca y fu e frecuente que tal fun cionario fu era un mi embro de la fa milia
rea l. De él dependían los principales departamentos de la administración: el Tesoro o Doble
Granero, qu e gestion aba la eco nomía de Egipto; el de Agricultura , con dos casas, qu e se
enca rga n del ga nado y de los cultivos, ca da una co n un jefe y un escriba; el tercero era el
Archivo, en el qu e se guardaban títulos de propiedad, contratos y testamentos, pero so bre
todo los decretos rea les base de la legislación .

Por debajo del Vi sir, estaba el Canciller del Rey del Bajo Egipto, un ca rgo qu e co n el
ti empo se co nvirti ó en simplemente honora rio despojado de cualquier fun ción

Por último estaba el Ca ncill er del Dios qu e a partir de la IV Dinastía se co nvirti ó en uno
de los más importantes ca rgos administrativos. A él le co rrespondía la supervi sión de las ac-
tivid ades económicas y co merciales y bajo su mando estaba una parte del ejército

Estos altos fun cionarios era ayud ados por un numeroso cuerpo de escribas, que se enca r-
ga ban de tomar nota de todo aquell o que era necesa ri o. Normalmente, los escribas eran hi-
jos de fun cionarios, pero también podían acceder a la profesión el pueblo llano. Su labor era
fund amental para la admin istración del Imperio, pu es entre las notas que tomaban estaba la
co ntabilización de los bienes y la clasifi cación de los documentos.

Ya hemos mencionado la existencia de la institu ción llamada Tesoro. Ésta fu e fund amen-
tal para la histori a de Egipto y ya aparece fun cionando en la época tinita. El Tesoro, en el
Imperi o Anti guo, era el más importante de todos los departamentos admini strativos. A ini-
cios del Imperio estaba form ado por la Casa Blanca del Alto Egipto y la Casa Roj a del Bajo
Egipto. Ahora se va a unir en una Doble Casa Blanca, indica ndo de alguna manera la prima-
cía del Alto Egipto. Sus fun cion es eran numerosas: recogida de tributos (cerea les, lino, cuer-
das, pieles, etc.); almacenaje en locales específicos; paga r a los fun cionarios provin ciales; y,
por último organi za r los trabajos de interés público. Al frente de esta institución estaba, por
delegación del Vi sir, el llamando Jefe del Doble Granero.

La admini stración estaba orga ni za da en torno esto s se rvi cios, a los qu e se añadían
otros. Al frente de ca da uno de ellos, bajo la supervi sión del vi sir estaba el denominado
«jefe de los secretos» correspondi ente. Entre el resto de los servi cios de la administración
estaba la gestión de las órd enes del rey (ca ncill ería) hasta la supervi sión de los trabajos
rea les, lo qu e llamaría mos hoy «obra s Públi cas», con la gestión de las con stru ccion es, la
supervi sión de las canteras, pasa ndo por la administración del culto al rey, que se ocupaba
de su mantenimi ento y la intend encia militar enca rgada de mantener al ejército perfecta-
mente equipado.

67
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

En la ca pital, la administración central tenía su sede en Khenou (Residencia) que acogía


los principa les servicios del estado como el tesoro, la orga nización de los graneros, las obras
públi cas, la administración de justi cia y los archivos rea les. Todos estos servicios estaban bajo
la supervi sión de un Visir que recibía el nombre de «director de los seis tribun ales». Su misión
era la de co nt rol ar a los diri gentes de los se rvi cios de la administración ce nt ral. Junto al
Kh enou estaba el Per aa (G ran casa), qu e era el palacio rea l, con un «director del palacio» y
un sistema administrativo propio.

Más allá de la ca pital, los nomos están go bern ador por un di gnatari o de la admini s-
tración ce ntral qu e rec ibe el nombre de nomarca (heqa sepat), qu e habit ualmente no
resid e en el nomo, al menos a prin cipi os del Imperi o Ant iguo, y qu e so lo lo vi sitan cu an-
do hay un mot ivo imp erio so qu e les ob ligue a hace rlo. Podía darse el ca so de qu e un
nom arca tuvi era a su ca rgo la adm ini stración de vario s nomos. Su mi sión era control ar
las ex plotac iones agríco las qu e dependían del estado y, sobre tod o, reca ud ar los impu es-
to s. Con las dos últ imas dinastías , muy probabl emente se t rasladaron a vivir a los nomos
para ejerce r un mayor contro l, lo qu e impidi ó qu e tuvi eran a su ca rgo varios de ell os.
Esto suced ía en los nomos del Alto Egipto, pero en los del Bajo parece se r qu e la situ a-
ción fu e algo diferente. Los mon arcas continu aron vivi endo en la ca pital, a la vez qu e
durante la VI dinastía, aparecieron un os gobern adores de nivel superior qu e tenían a su
ca rgo vari os nomos del Alto Egipto. El ca rgo de nom arca, qu e en prin cipi o era de desig-
nac ión rea l, pasó a se r hereditario , co n lo qu e co menzó a produ cirse un a es pecie de
efecto de feud alización de Egipto, co n la form ación de lo qu e podríamos co nsid erar «di-
nastías loca les», algo qu e, en opini ón de los es peciali stas, favo rec ió el co ntrol de las
prov in cias , pero debilitó el pod er del rey.

La economía

Ya hemos mencionado qu e la vid a de Egipto estuvo condicion ada por la existencia del río
Nilo, no solamente porque servía de nexo de unión del territorio, sino porque con sus inun-
dacion es fertiliza ba la ti erra. Así tambi én la agri cultura se convirti ó en la base de la econo-
mía egipcia, hasta el punto de que más de 3000 años despu és de que se iniciara la civiliza-
ción egipcia, cu ando el país pasó a ser dom inado por Rom a, Egipto fu e una de las principa les
fu entes de aprovisionamiento de al imentos para todo el Imperio Romano.

La economía egipcia se arti culaba en torno a la agri cultura y esta era posible gra cias a las
inundacion es del Nilo. Pero si bien en un principio, a los egipcios les bastó con esperar la
in undación, para luego, una vez ret iradas las aguas sembrar, con el paso del t iempo y el cre-
cimi ento de la pob lación , esto com enzó a ser insuficiente. Era necesa rio ll evar el agua allí
donde hacía fa lta y en el momento preciso. Fue así como se idea ron una seri e de ca nales que

68
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

cubrían grandes partes del territorio y permitían regar las cosech as cuando estas necesitaban
agua. Esta red de canales, cuya creación requería un enorme esfu erzo, fu e posibl e graci as a
la cooperación de todos los campesinos y, sin ella, a pesa r de las inundacion es, no habría
sido posible la prosperidad de Egipto.

La base de la economía, por tanto, fu e la agri cultura y, uno los problemas qu e se plan-
tea n es el de la propiedad de la ti erra. Tradicionalmente se ha admitido el rey era en único
propi etario de la ti erra. Pero en ca mbio, esto entra en contradi cción con la apari ción de actas
de compraventa, a lo que se añade qu e es habitual que en los testamentos aparezca el repar-
to de la ti erra a partes iguales entre los hijos. La explicación qu e dan los egiptólogos es que
debieron existir unas ti erras llamadas de «derecho común» cuyos propietarios eran altos fun -
cionarios y el pu eblo; y otras, de «derecho rea l», qu e eran posesión exclu siva de los monar-
cas, y qu e ellos podían ceder o alquilar a sus funcionarios.

La agricultura estaba basada en cereales (tri go y cebada), legumbres (habas, lentejas y


ga rbanzos), vid , higos, dátil es, ajos, diferentes verduras, vegetales silvestres com estibl es y
también lino para los vestidos. Por otra parte se rea liza ba la recol ección de plantas de ca rác-
ter medi cinal y ornamental. El ca mpesino egipcio mezclaba el cultivo de la ti erra con la cría
de algunos animales como vaca s, cord eros y cerdos, utilizados en la siembra para que con
sus sucesivas pisadas introdujesen los granos en la ti erra. Después en la cosecha se servían de
asnos como animal es de ca rga. Ad emás hay que citar también a los perros, que no eran usa-
dos para el pastoreo. Intentaron , sin éxito, dom esti ca r gacelas, antílopes y hienas. Otro pun-
tal de la economía de las sociedades antiguas, la caza, en Egipto tuvo poco éx ito, aunque se
sa be qu e, entre otros, se caza ban leon es e hipopótamos, sobre todo por su peligrosidad,
aves, habitualmente para com er. También se pescaba en el río.
Otro aspecto de la economía, qu e no pod emos olvidar, era la artesa nía. Toda sociedad
está necesitada de productos manufa cturados y cubrir esta necesidad era responsabilidad de
los artesa nos: Herrami entas agrícol as, recipientes de esparto o cerámicos, artesanía del vi-
drio, productos suntuarios como joyas y amuletos, cu ero, tejidos, productos de cantería, es-
culturas, barcos, pesqueros y de ca rga , arm as, medios de transporte terrestre, etc. El destina -
tario de la mayoría de estos productos, habitualmente era el estado

Al estado le correspondía también el suministro de materias primas qu e había qu e bus-


car en el exterior. Ya hemos mencionado como los monarcas del Imperio Antiguo realizaron
numerosa s expedicion es en busca de esas materia s primas; a las minas del Sinaí, a Nubia, al
País de Punt, al Líbano, etc. Y como procuraron mantener abiertas las rutas com ercial es ca-
ravan eras.

Una parte importante de la economía del Imperio Antiguo estuvo basada en la con struc-
ción , sobre todo las necrópoli s real es, que para algunos autores fue la base económica prin-

69
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

cipal debido a la gran cantidad de recursos que necesitaban. La construcción de las necrópo-
1is, que albergaban a las pirámides , templos etc., requería la participación de una
considerable cantidad de artesanos, artistas y una ingente masa de obreros, que en su mayo-
ría no trabajaban gratuitamente.

Finalmente un aspecto interesante de la economía egipcia del Imperio Antiguo es el de


las transacciones comercia les. No se conocía la moneda física , pero sí se desarrolló un con-
cepto equ ivalente, era una moneda teórica , el shat, que equiva lía a 7,5 gramos de oro. El
valor de cualquier producto era traducido a shats y se pagaba con oro, o productos que tuvie-
ran un mismo valor en shats.

La ciencia y literatura

Ciencia

Los avances científicos, en gran medida, también estuvieron condicionados por la activi-
dad del Nilo. La s inundaciones, que a pesa r de los cana les continuaban teniendo el pape l
protagonista de la vida de los egipcios, provocaron la necesidad de averiguar más cosas sobre
ellas. No bastaba con esperar a que se produjeran, era necesario saber, lo más exactamente
posible, cuando se iban a producir. La observación de las crecidas recayó sobre un grupo de
sacerdotes que llegaron a la conclusión que, de media, éstas se producían cada 365 días. En
consecuencia , elaboraron un calendario de 365 días, que ya no estaba vinculado exclusiva-
mente con el ciclo lunar, tal y como había venido siendo lo habitual. Dividieron ese año en
doce meses de 30 días, y al final añadían unos días adicionales para hacerle coincidir con el
ciclo solar. Solamente en época de Julio César se mejoraría este ca lendario, y ese ca lendario
juliano, tenía como base el egipcio, por lo que nuestro ca lendario actual es deudor del crea-
do por los egipcios hace unos 5000 años.

El Nilo también fue el causante de los avances en geometría y medición de la tierra. Sus
inundaciones provocaban que se borraran los límites de la propiedad de cada campesino.
Por ello, cuando bajaban las aguas, era necesario que estos fueran restituidos de una manera
fiable y que todos estuvieran de acuerdo. Aquí jugaron un papel muy importante los conoci-
mientos de matemáticas y de geometría. Pero con esto sólo no bastaba, para que pudieran
aplicarlos, era necesario que exist iera un registro en el que se recogiera los datos básicos que
permitieran su empleo.

Los egipcios establecieron también sistemas de pesos y medidas. Sabemos que la unidad
de de volumen era el hekat que equivalían a unos 4,7 litros y tenía múltiplos. lpet (4 litros)
jar (16) y divisores, henu (1/10) y ro (1/320).

70
Orígenes de Egipto e Imperio Antiguo (3200-2181 a. c.)

La unidad básica de peso en el Imperi o Anti guo fu e el deben , equivalente a 13,5 gramos,
aunque en el Imperio Nu evo el deben equivaldría a 91 gramos. Las medidas de superfi cie
com enza ban por el selat equivalente a unos 2750 m2; el kha (1/10 de selat); el ta (1/100 se-
lat); el remen (1/200 selat); el heseb (1/400 selat) y el sa (1/800 selat).

Las medidas de longitud se conocen desde la I dinastía pu es en la Piedra de Palermo está


registrada la altura qu e alca nzó el Nilo durante el reinado de Djer, 6 codos y un palmo (3,2
metros). La base de las medidas de longitud era el meh nesu (codo), unos 52,5 cm, aunque
va ri aría co n el ti empo.

Máximas de Ptahotep

El hombre que no escucha no aprende nada. Él equipara el conocimiento con la ignorancia, lo


inútil con lo dañino. Él hace todo lo que es detestable, por lo que la gente se enoja con él todos
los días.
En cuanto a tí, enséñale a tu discípulo las palabras de la tradición, de modo que pueda servir de
modelo a los hijos de los poderosos, que puedan encontrar en él la comprensión y la justicia del
corazón que les habla, pues el hombre no ha nacido sabio.
Traducción Federico Lara Peinado

Literatura

Durante todo este periodo los egipcios crea ron numerosos textos literarios. Los podemos
dividir en dos categorías: los religiosos y los profanos.

Entre los religiosos, los más importantes serán los llamados Textos de las Pirámides, sobre
todo a partir de la V y más aún VI dinastía. Se trata de un extenso conjunto de textos graba-
dos en las pirámides de los reyes, pero también de las reinas. En ellos están recogidos rituales
fun erarios, ceremonias religiosas, fórmul as mágicas y todo aquello que facilite el tránsito a la
vida del más allá. Son una valiosa fu ente de información para conocer la religión egipcia .

De importancia parecida son los Textos de los Sarcófagos. Son algo posteriores a los Textos
de las Pirámides y, sobre todo, recogen ritu ales mágicos con la misma finalidad que los ante-
riores. Cronológicamente, aunqu e comi enzan a fin ales del Imperio Anti guo, hay qu e encua-
drarlos en el Prim er Período Interm edio. Tienen un carácter apotropaico, pretend en proteger
al difunto en el más allá de cu alquier peligro que tenga qu e afrontar y asegurarl e así la in-
mortalidad.

Entre las obras de carácter profano habría que destacar los cuentos. Muchos de ellos los
conocemos por versiones del Imperio Nuevo, pero sa bemos qu e proceden de esta época.

71
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Junto a ell os, pod emos mencionar las instru ccion es o máximas de sa bidu ría. Generalm ente
se trata de consejos para el bu en gobierno. Es un tipo de obra literari a que sobrepasa rá los
límites del Imperio Antiguo y se producirá durante toda su historia y muy especialmente en
el Prim er Período Interm edio. El más famo so del Imperio Anti guo seguramente es Las
Máximas de Ptahotep, un perso naje de la V Dinastía, del que ya hemos hablado. Se trata de
una seri e de instru cciones qu e Ptahotep dejó escritas para su hijo, en las que intenta trasmi-
tirl e la sa biduría de sus antepasados; busca n el autocontrol y la amabilidad con los demás, el
respeto a los dioses, y la form a de co mportarse, ante los poderosos y ante los inferi ores.

BIBLIOGRAFÍA

MORENO GARCÍA, J.C., Egipto en el Imperio Antiguo: {2650-2 750 antes de Cristo}, Bellaterra, Ba rcelona,
2004.

PADRó, J., El Egipto del Imperio Antiguo, Historia 16, Madrid , 1989.

URUELA, J., Egipto: Época Tinita e Imperio Antiguo, Akal, Madrid, 1988.

72
Tema 2
Imperio Medio (2055-1650 a. C.)

Sinopsis

Tras el reinado de Pepi II se produce la disgregación del Reino Antiguo.

Se pasó de una sociedad centrada en la rea leza a un mundo donde los habitantes tomaban mayor
protagonismo.

El triunfo de la IX dinastía hacia el año 2000 a. C. y la instalación de la ca pita l en Tebas suponen el


fin del Primer Período Interm edio y el comienzo del Imperio Medio.

Se inicia la reunificación de Egipto a pesa r de que los nomarcas siguen manteniendo el poder en
sus tierras. Mentuhotep II despu és de conquistar Heracleópolis, logró el control de todo el reino.

Destaca la relación comercial con dos de los centros más importantes del Mediterráneo Oriental:
Creta y Biblos.

SESOSTRIS 111 eliminó el pod er de los nomarcas, recuperó Nubia y su influencia llegó hasta el
Mediterráneo.

La XIII dinastía traslada la capital a Tebas. Se mantienen los territorios co nquistados pero, poco a
poco, sólo queda la influencia sobre Biblos. Comienza la invasión del pu eblo Hicso. La XIII dinastía
se mostró incapaz de dominar el extenso territorio de Egipto y los gobernantes de la región de Xois
se independizaron para constituir la XIV dinastía. Empieza otro periodo de decad encia y falta de
pod er rea l. El creciente pod er asiáti co llegó a Egipto con la invasión de los Hicsos hacia el s.
XVIII a.e, conqui stando la ciudad de Avaris y fund ando en el Delta del Nilo las dinastías XV y XVI
(los grandes y los pequeños Hicsos). Surge una nueva aristocracia guerrera y otras clases artesana-
les que adaptan las técnicas que trajeron los invasores extranjeros.

De nuevo llegó la paz y prosperidad co n la aflu encia de varios pueblos aunque sigue existi endo un
reino independi ente de gobernantes egipcios con ca pital en Tebas: la dinastía XVII. Kamose último
rey de la dinastía XVII comenzó la recuperación del territorio en manos de los Hicsos.

Fin almente, Amosis 1, hermano de Kamose, consiguió tom ar Avari s, y expulsa r a los hicsos de
Egipto, aproximadamente hacia 1550 a. C.

73
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Guion / Resumen

IMPERIO MEDIO (2055-1650 a. c.)

Prim er Período Dos centros de poder:


Interm edio Heracleópoli s (Bajo Egipto)
2160-2055 a. C. Tebas (A lto Egipto)
Din astías VII-XI
El pod er está descentrali zado.
El go bi erno de las provincias se convierte en hereditario.
Gran inseguridad por falta de autoridad fu erte.
Tres fases:
Primera. Din astías VIII y VII I. Breves reinados manejados por la nobleza .

Segunda. Dinastías IX y X. Primacía de Herecl eópolis. Se contienen in-


cursiones extranjera s.
Tercera . Dina stía XI (prim eros reyes). Capital en Teba s. Se produce la
reunificación

Imperio Medio Mentuhotep 11 , volvió a reunifica r el país


2055-1650 a. C. El nombramiento de los nomarcas deja de se r, aunqu e algunos nomos
Dina stías XI-XII conservan cierta autonomía
Vu elve a cobrar importancia la política edilicia
Gran importancia de la XII Dina stía
Se impul sa el culto a los monarcas
Se reinstala el sistema burocrático.
Cobró importancia el ejército sobre todo con Amenemhat I y Sesóstri s l.
Los Textos de los Sarcófagos sustituyen en importancia a los Textos de las
Pirámides.
La economía vuelve a recuperar los ritmos de época anteriores.
Sesóstris 111 pone fin al poder de los nomarcas que son sustituidos por
funcionario s.
Auge de la clase media (a rtesa nos, comerciantes y agricultores).

74
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

Segundo A partir de Sesóstri s 111 se produce la decadencia que se agudiza al final de


Período la dinastía.
Interm edio Con la XIII dinastía Egipto entra en un caos absoluto.
1650-1 550 a. C.
Tres fa ses:
Dinastías XIII-
XVII Primera. Hasta la ll egada de los hicsos. Dinastías XIII -XIV

Segunda . Los hicsos. Dinastías XV-XVI.

Tercera. Tebas y la expulsión de los hi csos

La presencia de los hicsos va a ser muy importa nte


Dan ci erta estabilidad al país recuperando presencia intern acional.
Capital en Avari s.
Introducen nu evas arm as (carro, arco arco compuesto, espada curva)
que harán un ejercito más poderoso.
Amosis 1, fund ador de la dinastía XVIII pone orden en Egipto y vu elve a
reunificar el país.

PRIMER PERÍODO INTERMEDIO (2160-2055 A. C.}

Lo s períodos interm edios en la Hi stori a de Egipto son mom entos de transición. Son
aqu ellos en los qu e el pod er centraliza do qu e habían establ ecido los mon arcas, pi erd e
fu erza, el reino se di sgrega, y son los pod eres loca les, un os más fu ertes qu e otros, los
qu e ej erce n el control de los territorio s. Es un a época en la qu e a pesar de qu e co ntinu e-
mos hablando de din astía s y de pod er más o menos centrali za do, lo cierto es qu e las
din astías están poco definid as y ll ega n a superpon erse. Con un pod er qu e sol amente
afecta a una parte del territorio se suce den con rapid ez unos mon arcas a otros, y al igual
qu e las dinastía s, tambi én pod emos encontrarn os vario s mon arcas reinando a la vez. En
definitiv a, estamo s ante un reino di sgregado, en el qu e ex isten num ero sos pequ eños
reinos ind ependi entes unos de otros.

Este Prim er Períod o Interm edio se prolongó por más de 150 años y fu e la consecu encia
de la ca íd a del Imperio Antiguo, herido de mu erte desde el reinado de Pepi 11. Un reinado
muy prolongado, en el qu e los num erosos descendi entes que había dejado, se disputaron
el poder encarni za damente a su mu erte. A ello se unió el aum ento de pod er de los nomar-
cas, algo qu e ya hemos ido vi endo, así como el hecho de qu e el ca rgo pasa ra a ser heredi-

75
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

tari o, co nvirti ó los nomos en pequ eños reinos. Es evid ente qu e las lu chas intern as y la fa lta
de co ntrol so bre las provincias, unido a una cri sis alimenticia, provoca da por los bajos ni-
veles de inundación del Nil o, dando como con secuencia cosechas muy pobres, solamente
podían dar como resultado la des integración del poder central.

En este period o van a surgir dos centros de poder, la ciudad de Heracl eópolis en el Bajo
Egipto y Tebas en el Alto Egipto. La rivalidad entre ambos centros de pod er va a ser muy im -
portante. Un símb olo de la cri sis va a ser que no se van a levantar más edificios monumenta-
les como los qu e se habían construid o en el Imperio Anti guo. Al contrari o, muchos de ellos se
van a destruir fruto de la insegurid ad.

Fu eron muy frecu entes los sa qu eos de los templ os y la destru cción de estatu as, so bre
todo las de los reyes anteri ores. A pesa r de ello, esos mi smos nom ancas qu e ahora go-
bi ern an las provin cias co mo si fu eran reyes, les van a imitar en la con stru cción de tum -
bas, y tenemos num ero sos ejempl os de ell as , aunqu e no alcanza ron el es pl end or del
peri odo anterior. La cri sis eco nómi ca se ace ntu ó durante las din astías VII y VIII , lo qu e
ll evó a qu e se produj eran co nst antes enfrentami entos militares por tod o Egipto. Un a
guerra civil , qu e al no haber un pod er fu erte qu e lo impidi era, de tanto en tanto asol aba
los territorio s. Heracleopoli s intentó infructu osa mente impon er su dominio durante las
dinastías IX y X, hasta qu e un a dinastía tebana, la XI logró pacifi ca r el país y reunifi ca rlo
de nu evo.

Si bien este es el panorama general, en el que el poder del rey cedi ó a la presión de los
gobernadores provinciales perdi endo el control del reino, la situación rea l no fu e tan clara y
las investi gacion es han pu esto de manifiesto qu e la prácti ca totalidad de los gobernadores
ind ependientes estaban en la región de Menfis, precisa mente la zona sobre la que los reyes
habían ejercido un co ntrol más férreo, mientras que tenemos muy pocas noticias de lo que
sucedía en el sur y de si los nomarcas de esa zona ejercían el poder ind ependiente o estaban
bajo el control , aunqu e no fu era total, de alguno de ellos.

Lo qu e sí sabemos es qu e la falta de control ge neró un a gran in segurid ad en to do


Egipto, tal y como se lee en uno de los papiros de la Colección Leyden, conocido como las
Lamentaciones de ipuwer qu e, aunqu e el texto qu e nos ha ll ega do es posterior a la din as-
tía XIX, los egiptólogos se ñalan qu e sol amente pu ede recoger el ambi ente qu e se vivía en
el Prim er Período Interm edio, durante el qu e se trasto có compl etamente el ord en de
cosa s tal y como habían venido sucedi endo en los siglos anteriores . La confu sión políti ca
alca nzó niveles altísimos, las leyes no funcion aban y los registros públicos, qu e habían
tenido un papel de prim er ord en en la estabili zación y crec imi ento de la economía de
Egipto, ya no existían .

76
Imperio Medio {2055-1650 a. c.)

Lamentaciones de lpuwer

El arquero está dispuesto. El malhechor está en todas partes. No hay ningún hombre de ayer Un
hombre va a arar provisto de su escudo. Un hombre destruye a su hermano, el hijo de su madre. Hay
hombres sentados entre los arbustos hasta que llega el viajero incauto, para robarle lo que lleva. El
ladrón posee riquezas. Las cajas de ébano están rotas. La preciosa madera de acacia es hendida .. .
. . . El que no tenía nada de su propiedad es ahora un hombre con riqueza. El hombre pobre rebosa de
alegría. Cada ciudad dice: suprimamos a los poderosos entre nosotros. El que no tenía ni una yunta de
bueyes posee ahora una manada. Los poseedores de vestidos van ahora en harapos. Oro, lapislázuli,
plata y turquesa, cuelgan del cuello de esclavas. Todas las esclavas tienen la lengua libre. Cuando
habla el alma, la servidumbre se enoja. Los hijos de los príncipes son estrellados contra las paredes .. .

Traducción Federico Lara Peinado

• Figura 7. Lam entaciones de lpuur (Papiro Leid en)

En el Primer Período Interm edio podemos distinguir tres fases netamente diferenciadas. Una
primera muy breve no más de 25 años, ocupada por la VII y VIII dinastías. Se suceden un buen
número de monarcas que reinarán por muy poco ti empo. No tenemos la certeza de sus nombres
ni de su número; tampoco del orden de sus reinados. Se pone en duda si eran capaces de gober-

77
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

nar por sí mismos o era n simples instrumentos manejados por una nobleza que se ha instalado
en los nomos creando diminutos reinos de los que pocos destacan. La segunda fase es la del as-
censo de Heracleópolis, Dinastías IX y X. Esta ciudad , cercana al Fayum , logró una cierta primacía
sobre el resto de nomos. La capitalidad, que en principio estuvo en Heracleópolis, posteriormen-
te se trasladó a la zona de Menfis. Estas dinastías ejercieron su control sobre toda la zona del
delta, conten iendo las incursiones de extranjeros, pero en ningún momento lograron extender
su influencia hacia el sur, aunque, parece ser, que sí llegaron hasta Tinis. La tercera fase ti ene
lugar durante el reinado de los primeros monarcas de la Dinastía XI con capita l en Tebas. Ellos,
como hemos dicho, lograron la reunificación de Egipto y la fundación del Imperio Medio.

VII-VIII Dinastía IX-X Dinastía XI Dinastía

Kakare Aba Meribre Heti 1 Antef 1


Neferkare Antef 11
Nebkaure Heti Antef 111
Uakare Heti Mentuhotep 1
Merikare
Reyes del Imperio Medio

Los monarcas

Primera jase: dinastías VII y VIII (2181-2160 a. C.)

Ya hemos mencionado que las dinastías VII y VIII son muy mal conocidas, hasta el punto
que se debate la existencias real de la VII. La única referencia que tenemos de ella es gracias
a Manetón, que en un primer fragmento dice que la VII dinastía, con capita l en Menfis, estu-
vo formada por 70 reyes que reinaron 70 días, en otro que fueron cinco, que reinaron 75 días
y en un tercero que fueron cinco, que reinaron 75 años.

A pesar de ser considerada ficticia y los monarcas que la integraron en realidad debían ser
los últimos de la VI dinastía , algunos estud ios recientes han buscado otra solución y con sideran
que una serie de faraones que con anterioridad se habían encuadrado en la parte central de la
VIII dinastía, deben ser considerados como integrantes de la VII. Las listas reales, como el Papiro
de Turín , no contribuyen a arrojar luz y nos encontramos ante un dilema de difícil, solución por
la falta de consenso entre los egiptólogos, formando, cada uno a su manera, la VII y la VIII di-
nastía con criterios válidos pero difícilmente demostrables por el momento.

La VIII dinastía presenta los mismos problemas que la VII: desconocimiento del número de
reyes que la forman . Los que se conocen, ficticios o no, somos incapaces de colocarlos por orden

78
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

cronol ógico, más allá de la información que nos dan las listas real es. Manetón nos informa de
que estuvo compuesta por 17 reyes que reinaron 146 años, cifra del todo exagerada. Se cree que
en realidad no debió sobrepasa r los 45 años de duración. La ca pitalidad probab lemente se man-
tuvo en Menfis. Cinco de los reyes que supuestam ente forman parte de esta dinastía llevan el
nombre de Neferkare, por otra parte relacionados con Pepi 11. Ello ha llevado a la suposición que
pudieron ser descendientes suyos que de alguna manera intentaban mantenerse en el poder. El
único monarca de esta dinastía del que hay cierta seguridad de su existencia es Kakare Aba ,
decimocuarto de la dinastía, cuya tumba, una pequeña pirámide, está en el sur de Saqqara.

A pesa r de que los desconocemos casi en su totalidad , si sa bemos que el poder de todos
estos monarcas de la VII y VIII dinastía no debía ir más allá de la región de Menfis. El delta
había sido invadido por poblaciones extranjeras provenientes del Este como ya dijimos y la
zona central de Egipto parecía estar ca mbiando.

Segunda fase: dinastías IX y X {2 160-2025 a. C.)

Las dinastías egipcias IX y X ti enen una mayor consistencia históri ca qu e las dos anterio-
res. En la zona central de Egipto, los prín cipes de Heracl eópolis poco a poco se habían ido
imponi endo. Hasta ella no habían llegado más invasiones del norte y los intercambios con
Nubia estaban siendo fru ctíferos. Si la relación con el Imperio Anti guo era evid ente en las dos
anteriores dinastías, también lo es en estas IX y X en las que la necrópolis rea l probablemen-
te continua en Sa qara, aunqu e la necró polis rea l descubi erta en Dara, cerca de la actu al
Manfalut, lo pone en duda.

Es cierto que conocemos los nombres de los reyes, pero es muy poco lo que sa bemos de
ca da uno de ellos. Oficialmente, el prim er monarca de esta dinastía, que apenas duro unos 30
años, pudo ser Meribre Heti 1, quien logró imponerse sin oposición a los gobernantes de los
nomos cercanos. Arqueo lógicamente, está atestiguado por algunos objetos de uso cotidiano
que ll evan su nombre y un fragmento de ataúd de marfil. Es muy probabl e qu e Meribre se
considerara heredero de los últimos reyes de la VI dinastía . Si hacemos caso a Manetón debió
ejercer el poder con extrema rud eza hasta el punto de acabar devorado por un cocodri lo. Su
posición al inicio de esta IX dinastía ha sido discutida y para algunos egiptólogos habría que
situarlo a fin ales de la X. Con independencia de las listas rea les, en dos ocasiones más tenemos
restos arqu eo lógicos de un monarca qu e lleva el nombre de Heti , Nebkaure Heti, conocido
por una pesa y Uakare Heti , no sa bemos si de la IX o de la X dinastía , docum entado en un
sa rcófago, que no era el suyo, pu es fu e fabricado en la XII dinastía para un funcionario, en los
textos escritos sobre él aparece el nombre de Uakare Heti. De la X dinastía, seguramente el
mejor conocido es Merikare, gracias y sobre todo a las llamadas Enseñanzas de Merikare, una
obra sa piencial que supu esta mente dejó escrita su padre para que le sirvi era de guía para el

79
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

buen gobierno. Al margen de esta obra, una seri e de objetos con su nombre han sobrevivido,
como una pal eta de madera proced ente de una tumba de Asyut y un grupo de estelas que
podrían pertenecer a una pirámide de culto funerari o en Saqqara.

Tercera fase: el ascenso de Tebas. Dinastía XI (2 125-2065 a. C.)

La numeración de las dinastías puede dar la fa lsa impresión, de que la sucesión era linea l y
cronológica, pero es evid ente que no era así. Mientras qu e en el norte, en torno a Menfis y
Heliópolis se hacen co n el poder los monarcas de la IX y la X dinastías, e intentan poner orden
en la zona del delta, en el sur una seri e de monarcas controlaron de modo efecti vo el Alto
Egipto fund ando la XI dinastía, con cap ital en Tebas. La lucha entre la X dinastía Hercl eopolitana
y la XI Tebana se prolonga rá cerca de un siglo. Ambas rivaliza rán en atraerse a los nomos del
Egipto Medio que eran fund amentales para los intereses de ca da una de ellas. Tenemos un pe-
queño relato de los acontecimientos gracias a las tumbas de algu nos nobles de la época.

• Figura 8. Representación de Anktifi en su tumba de el Mo'All a.

80
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

Sabemos que Neferkare decidi ó frente a los intereses ex pansionistas del Tebas, dond e
acababa de subir al trono Mentuhotep l. Anktifi , nomarca de Nejem, tercer nomo del Alto
Egipto, y aliado de Heracl eópolis, atacó, con cierto éx ito, a los nomos favorabl es a Tebas, en-
tre otros Edfu. Despu és, co n la ayud a de Elefantina decidi ó ataca r directam ente a Tebas y
Coptos, pero no logró su objetivo. Anktifi actuaba con total independencia y no sa bemos con
certeza si defendía los intereses de los soberanos de Heracleópol is o los suyos propios.
Desco nocemos si fu e derrotado o si detuvo la ofensiva por ini ciativa propia a ca usa de moti-
vos internos, como una mala cosecha que provocara el desa ba stecimiento de las tropa s.
Posteriorm ente, en la zona de Ab idos se dieron num erosos enfrentamientos de pequeño ca-
lado. Los sucesores de Mentuhotep 1, Antef 1, Antef II y Antef 111 , continuaron la lucha contra
los monarcas de Heracl eopolis. La muerte de Anktifi y la actuación de Antef 11 , posibilitaron
que Tebas controlase el territorio hasta la primera cata rata , se conq uistó Abidos y se co locó
la frontera a la altura de Qau, en el nomo 10 del Alto Egipto. Con Antef 111 se ll evó la frontera
hasta Asiut. Tras ellos, Mentuhotep 11 , se proclamó «unificador de las dos ti erras», aca bó con
el poder de Heracleopo lis e inauguró el Imperio Medio.

Civilización del Primer Período Intermedio

Un aspecto a desta ca r es qu e a diferencia de la deca dencia política , en el terreno econó-


mico, este Prim er Período Interm edio no es una época de decadencia. Se manti enen los in -
tercamb ios comerciales y se produ ce una mayor distribu ción de la riqu eza, aunque la situa-
ción de los ca mpesin os habitualm ente era muy mala y casi siempre estaban cercanos a la
miseri a. La población más desfavorecida tendió a concentrarse en las ciudades donde creían
que la subsistencia sería posibl e. En el sur, Elefa ntina tuvo un gran desa rrollo, lo mismo qu e
Edfu . Un indicativo de la prosperid ad eco nóm ica de algunos sectores son las tumbas de los
nobl es loca les, qu e siguen estando ricam ente decoradas.

Pero esta prosperidad económi ca no qui ere decir qu e no hubiera momentos de crisis.
Sabemos qu e se produjo una carestía de alim entos, qu e muy probablemente hay que relacio-
narl a co n crecidas irregulares e insufi cientes del rio Nilo. Durante todo el Imperio Antiguo se
había detectado un pau latino retroceso de las aguas en los momentos de la inundación con
un consigu iente aum ento de la arid ez de los terrenos cu ltivabl es y una disminu ción de las
cosechas y la aparición de hambrunas qu e fu eron muy frecu entes en el Prim er Período
Intermedio. Sin duda, se trató de un cambio clim ático que provocó una pertin ente sequía y el
ava nce del desierto sobre la zona fértil de Egipto.

En la biografía de Ankhtifi , como hemos dicho nomarca de Hi eracómpoli s, están clara -


mente refl ejadas estas crisis alimentarias. Se menciona incluso qu e los padres llega ron a co-
merse a los hijos y como Ankhtifi socorrió a muchos nom os llevándoles trigo.

81
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Biografía de Ankhtifi

Ankhtifi es el ejemplo de nomarca guerrero del Primer Período Intermedio. En su tumba de


Mo'Alla, antigua Hefat dejó esculpida en las paredes su biografía .

§. 1 El noble Hereditario, Príncipe, Canciller del Rey del Bajo Egipto, Compañero Único, Sacerdote
Lector, Jef e del Ejército, Jef e de los Intérpretes, Superior de los Países Extranjeros, Gran Jef e de los
nomos de Edfú y de Hieracómpolis, Ankhtiji dice:
§.2 Horus me llevó al nomo de Edfú, para su beneficio, y yo (lo) hice, ya que Horus deseaba que yo
restableciera el orden pues me había llevado a ese nomo para que restableciera el orden. Encontré la
casa de Khuu inundada como una marisma, descuidada por el que la tenía a su cargo, en manos de
un agitador, bajo la dirección de un miserable. Yo hice que el hombre abrazara al que había matado
a (su) padre, al que había matado a su hermano, para restablecer el nomo de Edjú. Que jeliz el día que
encontré la prosperidad en este nomo. No permitiréqueel ardor de la discordia prevalezca (nuevamente)
sobre él después de la destrucción malvada que los hombres detesten realizar
§.3 Yo soy la vanguardia de los hombres; yo soy la retaguardia de los hombres, uno que encuentra
la determinación cuando (es) necesario, un principal de la tierra, gracias a una conducta (bien)
dirigida, uno poderoso de palabra, que controla su corazón el día en que se unen los tres nomos. ¡Yo
soy un bravo que no tiene igual!, que supo hablar con libertad cuando las gentes callaban, el día de
infundir temor, cuando el Alto Egipto estaba en silencio.»
§.4 En cuanto a todos los hombres a quienes yo extendí la mano, nunca nunca les alcanzó ningún
mal, porque mi corazón está (como) sellado y mis deseos son excelentes; pero los ignorantes, los
miserables que se levantaron contra mí, han recibido han recibido conforme a lo que dieron .
Desdichado aquel a quien he elevado otras veces, porque hice que su casco navegara como un bote,
Porque yo soy un hombre valiente que no tiene igual.
§. 5 El príncipe y el gobernador, el tesorero del rey del Bajo Egipto, el compañero único, el líder de
los profetas, el j ef e de las regiones montañosas, el j ef e de los intérpretes, el gran j ef e de los nomos
de Edju y Hieracómpolis, Ankhtiji el Valiente, dice: «Soy la vanguardia de los hombres y la
retaguardia de los hombres porque un hombre como yo no existía y nunca existirá, porque un
hombre como yo no ha nacido y nunca volverá a nacer Deseo hacer más que lo que hicieron mis
antepasados y mis sucesores nunca me igualan durante este millón de años, en todo lo que hice.
De hecho, si, por un lado estoy satisfecho con esta tropa de Hejat (= Mo'ana) este país igualmente
está satisf echo, pero, por otro lado, si caminamos sobre mi cola como si juera la de un cocodrilo,
el sur y el norte, todo este país está bajo el terror Si tomo los remos (I}, los encuentro ... encerrado,
Los cerrojos están pasados. En cuanto al que se camufla en Abydos para traicionar su deber , el
vigilante, que está en las murallas, la marca (q). Ysi Provoco la disputa, el desgraciado llora: "Es.
una desgracia 1". Porque soy un hombre valiente que no tiene igual».
El Gobernador y el comandantedel ej ército del nomo de Hieraconpolis en su totalidad, Ankhtiji el Valiente,
dice: «Traje al gobernador del sur que reside en el nomo thinita (y) toma el consejo de [mi padre], el líder
de los profetas, El gran jefe del mediodía de Hieracómpolis, Hetep. Ciertamente no es algo que hayan

82
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

hecho los otros nomarcas de este nomo, yo lo hice gracias a mis excelentes planes, gracias a mis palabras
previsoras, gracias, finalm ente, al cuidado que puse en ello, día y noche. Es porque soy un hombre
valiente que no tiene igual».
§.6 El príncipe hereditario, el gobernador, el jefe del ejército Ankhtifi el Valiente, dice: «el jefe del
ejército de Ermant vino a decir: «¡Mira hombre valiente! Baja la corriente hasta las fortalezas de
Ermant». Así baje la corriente hasta las regiones occidentales de Ermant y descubrí que Tebas y
Coptos, en su totalidad habían asaltado las fortalezas de Ermant en la región llamada «Colina de
Sémekhsen». Esta es la causa por la que vino a mí. Entonces, mis brazos fueron fuertes, allí, contra
ellos, como un arpón en la nariz de un hipopótamo a la carrera. Luego subí la corriente para
demoler sus fortalezas con la valiente ropa de Hefat. Es porque soy un hombre valiente que no tiene
igual»
§.7 El gobernador, el jefe del ejército de Hieracómpolis, Ankhtifi el Valiente dice: «habiendo
descendido la corriente con mis hombres fieles y valientes, me acerqué a la orilla oeste del nomo de
Tebas. La parte delantera de la flota estaba a la altura de la Colina de Semekhsen y la trasera a la
altura del territorio de Tchemy. Mis fieles reclutas buscaron el combate en la región occidental de
Tebas, pero nadie se atrevió a hacerles frente por temor a ellos. Después de descender la corriente
me acerque la orilla oriental de nomo de Tebas, la parte trasera de la flota a la altura de la tumba
de lmby y la delantera a la altura de la planicie de Sega. Los muros de sega fu eron asediados
después de que la ciudad cerrara sus puertas delante de él. Luego estos valientes y fieles reclutas se
convirtieron en exploradores de las regiones situadas en el oeste de este nomo de Tebas, deseosos de
buscar pelea, pero nadie se atrevió a salir por temor a ellos, porque soy un hombre valiente que no
tiene igual.
§.9 El príncipe, el gobernador, el tesorero del rey del Bajo Egipto, el único compaíiero, el sacerdote
lector, el jefe del ejército, el jefe de las regiones montañosas, el jefe de los intérpretes, el jefe principal
de los nomos de Edfu y de Hieracómpolis, Ankhtifi el Valiente, dice: «Le di pan al hambriento y ropa
al desnudo; ungí al que no estaba ungido y calce que no tenía zapatos (f); Le di una esposa a quien
no tenía esposa. Di vida a Héfa t, Hormer y. . . allí un momento cuando el cielo estaba en las nubes
y la tierra en el viento, [y donde todos los hombres murieron} de hambre en este banco de arena de
Apophis (j). {El Sur vino} con su gente, el Norte vino [con} sus hijos. Yo traje mi trigo del sur, e hice
que este trigo del sur llegara rápido; Hacia el sur, alcanzó el país de Wawat, y hacia el norte, alcanzó
el nomo de Thinis. Todo el Alto Egipto se estaba muriendo de hambre, hasta el punto de que muchos
hombres (habían llegado) a comerse a sus hijos, pero yo, me aseguré de que nadie muriera de
hambre en este nomo. Le concedí un préstamo de grano al Alto Egipto y (le di) al Norte [trigo del Alto
Egipto} que se recibió en ración. Ciertamente, no es algo que hayan realizados los nomarcas que
existían antes que yo; nunca (de hecho), un comandante del ejército de este nomo hizo algo asi. Di
vida a la casa de Elefantina . Di vida a t-Ngn durante aquellos años las ciudades de Héfat y de
Hormer estuvieron satisfechas. No es cierto que encontrara algo que había realizado mis padres. Yo
he sido una montaña para Hefat y una sombra fresca para hormer»
Ankhtifi dijo: «Todo el país se había convertido en un saltamontes hambriento, (la gente) iba, una al
norte y otra al sur, pero yo Nunca permití que sucediera que un hombre fu era llevado de este nomo
a otro nomo, porque soy [un hombre valiente que no tiene igual],>.
(Trad. J. Vandier)

83
INTR DU I NA A tll RIA LA ANTIGÜEDAD

En el aspecto cu ltural, el Primer Período Intermed io tampoco fue una época de retroceso
como cabría esperarse. La literatura de este período va a ser muy rica, teniendo un gran de-
sarrollo la llamada literatura sapiencial, con las Enseñanzas de Merikare como obra de refe-
rencia. Es una obra que, en cierta medida, está en la línea de las Máximas de Ptahotep del
Imperio Antiguo. El relato tradicional mantiene que se trata de una obra escrita por el padre
de Mericare en la que le daba consejos para que su gobierno fuera provechoso. Esto no lo
podemos asegura r, pues los manuscritos conservados pertenecen al Imperio Nuevo y actual-
mente se cree que fue escrita durante el reinado de Merikare y por tanto es un relato de fic-
ción. A pesa r de ello se trata de un relato plenamente sap iencia l en el que se da instrucciones
para que el rey sepa como actuar en cada momento. Aconseja la paz, que el pueblo este bien
atend ido, que se instruya a los funcionarios y se les pague y que se ponga un gran esmero en
el cu idado de las tumbas.

Mito de Osiris

Osiris desciende de Ra, es hijo de Geb {la tierra) y de Nut {el cielo). Estaba casado con !sis. Osiris
enseños a los hombres todo aquello que les era necesario, suscitando así la envidia de su
hermano Seth que gobierna el desierto. Seth conspira contra Osiris y son 72 cómplices le atrae
a una trampa y le asesina, descuartiza el cuerpo y los despojos los arroja al Nilo. !sis, cuando
se entera de la muerte de su esposo pide ayuda a Neftis y a Toth y recorre el país buscando los
pedazos de Osiris. Donde encontraba un fragmento levantaba un templo para adorar la
reliquia hallada. !sis logró encontrar todos los fragmentos de Osiris excepto su pene que había
sido devorado por un pez. Ayudada por Anubis, /sis recompone el cuerpo de Osiris llevando a
cabo una serie de ceremonias: Apertura de los ojos, Apertura de la boca y Momificación . Por
medio de la magia, !sis se convierte en un ave rapaz que con sus aleteos provoca un aire
reanimador, se posa sobre Osiris y queda embarazada de Horus. Horus será el hijo póstumo de
Osiris. Osiris se convierte en un dios de la naturaleza, que muere en la estación seca y revive
tras la crecida del Nilo. También es el soberano de la ultratumba, preside el juicio a los difuntos
donde se decide si tendrá vida eterna. De él depende el orden político y es el legitimador del
monarca.
Traducción J. Vandier

Pero si la literatura sap iencial busca sacar del individuo sus capac id ades de buen
gobierno, las lam entaciones como las del lpuwer, lo que reflejan es la anarquía y la in se-
guridad de la época. Narra como una mujer que so lo tenía una ca ja , ahora ti ene mu e-
bles, y que una niña, que contemplaba su rostro en el agua, ahora tiene espejo, un
hombre rico, ahora so lamente tiene harapos; pide que el rey cump la con su deber y
destruya a sus enem igos. El caos es la consecuencia de la descomposición del poder cen-

84
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

t ral. No hay segurid ad de la época en la qu e se escribi eron estas lamentacion es, pu es el


manu scrito es del Imperi o Nu evo y pu ede refl ejar la situ ación tanto del Prim er Período
Interm edio como del Segundo. Es una literatura qu e pod emos llamar ca tastrófi ca de la
qu e tambi én form aría parte el Diálogo del Desesperado con su alma, una líri ca apoca líp -
ti ca en la qu e se pon e de reli eve la inutilidad de la ex istencia y el escepti cismo ante la
vid a.

Otro tipo de literatura serán los Textos de los Sarcófagos, qu e aparecen a fin ales del
Im peri o Anti guo, pero qu e en este Primer Período Interm edio, y a lo largo de tod o el Imperi o
Medio, van a alca nza r un gran desa rroll o. Fueron sobre todo adoptados por las clases altas
egipcias para asegurarse la vid a de ultratumba a la qu e a partir de este Prim er Períod o
Interm edio ya ti ene acceso todo el pueblo, no solo los reyes.

En el aspecto religioso tambi én hubo notabl es ca mbi os. Si hasta ese momento se ha-
bía co nsid erado qu e los monarcas estaban íntim amente li gados a los dioses, co n la cri sis
polít ica , el pu ebl o va a perd er parte de estas creencias. La ll egada del deso rd en es vi sta
co mo que el pu ebl o ha sid o aband onado por ell os y el rey es el responsa bl e de este aban-
dono. El culto al monarca co mi enza a ser sustituido por el culto a otros di oses, norm al-
mente a aqu ellos por los qu e más devo ción ti enen los nomarcas más poderosos. Así, los
cultos loca les adquiri eron un a relevancia muy importante, co mo el de Am ón en Tebas,
pero tambi én la fa lta de alimentos provoca da por las escasas crecidas del Nilo va a favore-
ce r qu e las divinid ades relac ionadas con la fertilid ad, co mo Osiri s, adqui eran des mi smo
modo una gran importancia.

Osiri s también va tener una gran difusión y un papel destaca do en el culto fun erari o y
en él parti cipará tod a la sociedad egipcia, desde los máxim os diri gentes a las ca pas más
bajas. Todos los egipcios, co mo avanza mos antes, ya ti enen acceso a la vid a del más allá.
En este aspecto, el culto a Osiris, y a los dioses qu e form an parte de su mito, sustituye el
culto al monarca y Osiris pasó a co nvertirse en el dios de los muertos por excelencia.

El culto a Osiris y su auge van unidos a otro fenómeno qu e se produ ce en este Prim er
Períod o Interm edio y es la evolu ción en la moral. Adqui eren gran importancia las id eas
de ju sticia y de ca rid ad. El paso a la vid a etern a depend e úni ca mente de nu estras accio-
nes en la ti erra. Nu estras acciones se rán juzga das despu és de la mu erte, en el acto en el
qu e Anubi s, en prese ncia de Osiri s, pesa el co razó n del difunto para determin ar la bon-
dad de sus accion es. Para poder pasa r al ot ro mund o hay qu e ser puro y haber sid o pu -
rifi ca ndo con todo s los rito s prescritos; es necesa ri o qu e se haya sido ju sto en vid a, y
presentarse con el cu erpo intacto, de ahí la importanci a de la co nservación del cu erpo y
de los ritu ales de purifi cac ión. Si cumpl e con todo lo establ ecido y el pesado de su co ra-
zó n es favorabl e, un barqu ero le ayud ará a atravesa r el lago qu e hay a la entrada del
más allá.

85
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 9. Juicio de Osiris. British Museum. Londres.

Un último aspecto a destacar en este Primer Período Intermed io, es la importancia que
va a adquirir el ejército, que hasta ese momento solamente había tenido un papel secunda-
rio. A partir de aquí, los nomarcas se van a preocupar mucho por su existencia y por su man-
tenimiento. El ejérc ito se convierte en indispensable para conservar el poder. En las
Instrucciones de Merikare se refleja la preocupación los jóvenes y que se les concedan privile-
gios, pues ellos son la base de las tropas. Junto a los jóvenes egipcios van a entrar en escena
los mercenarios, generalmente procedentes de Libia y de Nubia . El poder del ejercito será
perfectamente aprovechado, primero por algunos de los nomarcas como el conocido Ankhtifi,
y sobre todo por los reyes tebanos, como los Mentuhotep, quienes a la postre lograran , con
la colaboración del ejército, reunificar nuevamente Egipto.

IMPERIO MEDIO (2055-1650 A. C.)

El Imperio Medio da inicio a la época clásica de Egipto. Tiene también unos comienzos
bastante oscuros, entremezclando su historia con la del Primer Periodo Intermedio. Hasta
que Mentuhotep II logra unificar nuevamente Egipto, los monarcas tebanos de la XI dinastía
comparten el gobierno de un país dividido, sumergido en conflictos de todo tipo, y en el que
la X dinastía está firmemente estab lecida en el norte. La capital de la XI dinastía fue Tebas,
pero con la XI I se trasladó a las proximidades de Menfis. Desde la entrada del Delta se podía
hacer un control más efectivo de todo el país.

Tradicionalmente, el Imperio Medio estuvo integrado por dos dinastías, la XI y la XII,


cubriendo un arco temporal de unos 250 años. Esto no es aceptado por todos los egiptólo-

86
Imperio Medio (2055-1650 a.c.)

gos y mu chos defienden la inclusión en este Imperio Medio, la primera mitad de la dinas-
tía XIII (egipcia) que co mpartiría ti empo con la XIV (asiática). La inclusión de la primera
parte de la XIII dinastía está muy ace ptada pues, entre otras cosas, no ll ega a trasladarse la
capital, ni hay una reducción significativa de la s formas de gobierno. Sí qu e se produjo,
una cierta disminu ción en la actividad edilicia y una menor duración de los reinados de los
monarcas. Por otra parte, un problema importante afecta a este periodo y sobre todo a la
XII din astía y es el de la corregencia de algunos de los reinados, que parecen indi ca r las
llamadas estelas de «dob le datación» en las qu e pod emos observar dos reyes sucesivos con
fechas diferentes; para unos se ría el indicativo de que compartieron el poder, para otros
son las fechas en las que el du eño de la este la vivió entre ambos reinados y se trataría de
las fechas en las qu e ejerció su ca rgo.

XI Dinastía XII Dinastía

Reyes del Prim er Periodo Amenemhet 1


Intermedio Sesostri s 1
Amenemhet 11
Mentuhotep 11 Sesostris 11
Mentuhotep 111 Sesostris 111
Mentuhotep IV Amenemhet 111
Mentuhotep V Amenemhet IV
Sebeknefru re

Los soberanos

XI dinastía

Ya vimos como parte de la XI dinastía compartió gobierno y un territorio dividido con


los monarca s de la X dina stía. Uakare Heti había logrado una cierta paz con los monarcas
tebanos. Con la ayuda de otros nomarcas liberó el delta de pu eblos extranj eros, reorganizó
en cierta medida las provincias y comenzó un a labo r colonizadora para que sirvi era de
tapón contra las invasiones. Mi entras tanto, en el sur subió al trono Antef 111 , qu e apenas
reinó ocho años. Durante su gobierno ya se pu sieron las bases de la unificación , aunque
ésta la comp letaría su sucesor. Antef 111 comenzó a restaurar templos significativos para el
pod er rea l como el de Heqaib, construido por este nomarca durante la VI dinastía, cerca
de Elefantina .

87
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 10. Mentuhotep 11. Metropolitan Museum . Nueva York Foto MET.

Está mayoritariamente aceptado que el Imperio Medio lo inicia Mentuhotep 11, con
quién se vuelve a unificar Egipto, aunque es probable que cuando acced ió al trono, esa
unificación estuviera ya muy avanzada, pero que no se logró hasta bien entrado su reina-
do, tras un último confl icto entre Tebas y Heracleópolis. De este confl icto no tenemos
noticias, aunque algunos egiptó lo gos han creído ver su reflejo en la Tumba de los
Guerreros en Deir el Baharí, cerca del complejo funerario de Mentuhotep 11 , donde apare-
cieron 60 soldados enterrados sin momificar, pero perfectamente conservados. En el nor-
te, la muerte de Merikare acabó con la resistencia de Heracleópolis, y Mentuhotep 11 pudo
reunificar el país de modo teórico, aunque de modo efectivo todavía tardó algunos años.
La insegurid ad perduró por algún tiempo como indica el que es frecuente encontrar ar-
mas en los ajuares funerarios. Mentuhotep 11 poco a poco conso lid ó las fronteras.
Restableció las relaciones diplomáticas que con las dinastías anteriores se habían perdido.

88
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

Rea nudó la co stumbre de enviar ex pedicion es a Nubi a, en dond e desde fin ales del
Imperio Anti guo, Egipto había perdido toda la influencia . Tra s las campaña s en Wawat,
diri gid as por su Vi sir Khety, pudo obligar a los nubios a qu e de nu evo paga ran tributos.
Para un mejor control de Nubia asentó tropa s en una fortaleza con struid a en El efantin a,
ce rca de Asuán. Haci a ori ente, de nu evo reabrió la s rutas com ercial es qu e iban a las can-
teras y las min as del Sinai , control ando el des ierto con su cancill er Meru . Así mismo, re-
tomó la costumbre de qu e los monarcas fu eran deifi ca dos, y él mismo se describ e como
hijo de Hathor. Utili zó con frecu encia los símbolos de Amón y Min , intentado recuperar
de algun a manera el culto a los soberanos qu e establ eci eron los monarcas del Imperio
Anti guo.

Con Mentuhotep 11 se recuperó la política edilicia y las obras públicas cobraron de nuevo
importancia. Por desgracia, la mayor parte de los edificios que construyó han desa parecido,
pero sa bemos qu e fu e pródigo levantando templos y sa ntuarios. La id ea de qué tipo de cons-
tru cción ll evó a ca bo nos la da su complejo fun erario en Deir el Baharí .

Fu e sucedido por su hijo Seankhkare, Mentuhotep 111. Su reinado co incide con la caíd a
de la 111 dinastía de Ur. Al contrario que su padre es un monarca pacífi co qu e va a centrar su
activid ad en la con stru cción de edificios, sobre todo en las loca lidades de Elefantin a, EI-Kab,
Tod , Ermant, Abydos y la propia Tebas. Ad emás continuó co n la con stru cción de fortifi cacio-
nes en la zona este del delta, con gran probabilidad para evitar incursiones de los pueblos
asiáti cos.

De su reinado sólo tenemos noti cias de una expedi ción, rea liza da al País del Punt, casi
con seguridad, en busca de incienso. Al frente de ella estuvo Henenu y la componían unos
tres mil hombres. Por una seri e de ca rtas del sacerdote Heqanakht, dirigidas a su hijo Mersu,
sa bemos que durante su reinado se produjo escasez de alimentos. Tal vez las co ndicion es
clim áti cas del periodo anterior no habían mejorado.

No es cl ara la sucesión de Mentuhotep 111 pu es tenemos un vació de información. Es


probabl e qu e exi sti era un Mentuhotep IV, pero no está docum entado en las listas rea les.
Pudo se r un usurpador que no era mi embro de la famili a rea l e hijo de una pl ebeya. Una
inscripción de las ca nteras de Hatnub nos transmite qu e el ambi ente político com enzó a
enrarecerse sobre todo en la zona media de Egipto. Tambi én sa bemos qu e en esta época
el vi sir Am enemhat orga ni zó un a exp edi ción al Wadi Hamm amat , atesti guada por un a
inscripción en una de las cantera s. Más insegura aún es la exi stencia de un Mentuhotep
V, qu e pudo despla za r viol entam ente del trono a su predecesor. Con esto s últimos monar-
cas se acentúa la inestabilidad política, con luchas con stantes entre los aspirantes al tro -
no, provocando una cri sis qu e dese mbocó en el establ ecimi ento de una nu eva dinastía.

89
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

XII dinastía

Profecia de Neferti

[ . .] Entonces un rey vendrá del sur, Ameny, el justificado. Hijo de una mujer de Ta-Seti, hijo del Alto
Egipto. Se pondrá la corona blanca. Llevará la corona roja; unirá a las dos poderosas; satisfará a los
dos señores con aquello que deseen. El roedor de los campos estará en su puño, el remo ... ¡A légrate
pueblo de su tiempo' El hijo de un hombre establecerá su fama para siempre y eternamente. Los
que se inclinan al mal y los que maquinan rebelión bajaron sus voces por miedo a él. Los asiáticos
caerán bajo su espada y los libios a su llama. Los rebeldes ante su cólera, los traidores ante su poder.
La serpiente de su frente somete a los rebeldes para él. Alguien construirá os «Muros del gobernante»
para impedir que los asiáticos entren en Egipto [ ..}

Traducción J. Vandier

La XII dinastía probablemente fue una de las más importantes no sólo de este período,
sino de toda la historia de Egipto. Buscó recuperar algunas de las tradicion es del Imperio
Antiguo que le asemejaran a él, como volver a elegir la pirámide como comp lejo fun erario y
tumba real. Se vuelve a implantar el sistema burocrático de las primeras dinastías y se impul-
sa, de nuevo, el culto al monarca.

El amb iente en el que ll ega esta XII dinastía de alguna manera recuerda un poco la situa-
ción del Primer Período Intermedio, pero con la diferencia de que logró hacerse con el poder
un monarca poderoso, Amenemhat 1, que supo insta lar en el trono una dinastía que contro-
ló con suficiencia la situación y supo restablecer un poder centra lizado. No quiso romper con
el pasado, pero sí quería que fuera vi sto como una nueva era. Respetó la memoria de los
monarcas anteriores, buscando la legitimación de su acceso al trono. Algo a lo que ayudó la
llamada Profecía de Neferti, un texto literario elaborado, probablemente por orden suya, para
justificar su llegada al trono.

El fundador de la dinastía, Amenemhat 1, para muchos era el Visir de Mentuhotep IV que


realizó la expedición al Wadi Hammamat. Esto no es aceptado por algunos egiptólogos, pues
no hay pruebas concluyentes que puedan ava lar la identificación de ambos personajes.

La primera medida del nuevo monarca fue trasladar la capital a las proximidades de
Menfis, donde creó un nuevo centro adm inistrativo, lti-tawy, para así poder ejercer un mejor
control sobre el Bajo Egipto, y hacer frente a posibles invasiones, tanto de libios como de
asiáticos. Pero éste pudo no ser el único motivo. Una nueva ciudad sign ifi caba un nuevo go-
bierno y un nuevo sistema. Los funcionarios, al ser trasladados, perdieron parte de su poder
y parte de sus recursos propios, dependiendo ahora totalmente del monarca.

90
Imperio Medio {2055-1650 a. c.)

EGIPTO

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• Mapa 4. Egipto en época de Sesostris 111

91
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Sin embargo, no sa bemos en qué momento de su reinado se llevó a ca bo el traslado, ni


tampoco conocemos el luga r exacto en el que se levantó, sólo qu e estuvo en la región de
Menfis, cerca de El Fayum y de la necróp olis de Lisht. Para algunos investi gadores este trasla-
do debió ser bastante tardío, en la última etapa de su gobierno, algo que parece co ntradecir
los pocos monumentos con struidos en este period o en Tebas, así como la ausencia de tum-
bas de funcionarios a partir de la época de Mentuhotep 11.

El empleo del ejército va a tener una gran importancia durante su reinado. Se trata, bási-
ca mente de ejércitos privados que le proporcionan los nomos y con los que hace frente a los
asiáticos en el Delta. A la vez creó un sistema de defensas, de los qu e no se han encontrado
restos en la parte oriental, pero qu e conocemos por la literatura, para qu e no se produj eran
nuevas incursion es de extranjeros. Sa bemos de la co nstru cción de fortalezas y puestos avan-
za dos en Semna, Quban, los dos en Nubia y de su interés por la expl otación de las minas de
oro de Wadi Allaqi, en el desierto ori ental de Egipto.

Asesinato de Amenemhat 1

Tras la cena, cuando la noche había caído y había pasado una hora de f elicidad. Estaba dormido
sobre mi cama, estando cansado y mi corazón comenzó a quedarse dormido. Cuando las armas de
mi consejo fueron empuñadas me convertí en una serpiente de la necrópolis. Cuando lo hice, me
desperté para luchar y me encontré con que era un ataque de mis guardaespaldas. ¡Si hubiera
cogido las armas en mi mano con rapidez habría hecho retroceder a los desgraciados con una carga!
Pero nadie es poderoso durante la noche, nadie puede luchar solo; ningún éxito se consigue sin
ayuda. Mira, mi herida tuvo lugar cuando me encontraba sin ti, cuando mi séquito toda vía no
había escuchado que te lo entregaría, cuando toda vía no estabas sentado conmigo, que te daría
consejos; porque yo no lo preví y mi corazón no pensó en la negligencia de los sirvientes.
Traducción J. Vandier

Muy probabl emente las ca mpañas militares de Amenemhat I no fu eron más all á de
Elefantina en la primera etapa de su gobierno. Nubia había dejado de ser un pacífi co destin o
en busca de materi as primas, para convertirse en un objetivo militar. Así lo demuestran las
incursiones rea liza das por este monarca, qu e no sólo busca ba piedra, oro y otros produ ctos,
sino también el establecimiento de colonias perm anentes. La última de tales incursiones fu e
mandada por su hijo Kh eperkara Senusret, Sesostris l.

Como había previ sto Am enemhat 1, la sucesión a su muerte no fu e demasiado viol enta,
pero si dramáti ca, pu es el monarca fu e asesinado. No sa bemos hasta qu é punto fun ciona el
sistema de la corregencia establ ecida por Am enemhat 1, pero sí qué mi entras que Sesostri 1
estaba en Nubia al mando de una expedición ord enada por su padre, se produj o una conjura

92
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

que acabó con el más qu e probabl e asesinato del monarca y qu e es recogida en un manus-
críto de la XII dinastía que seguram ente fu e compu esto por ord en de Sesostris I como méto-
do de legitimación de su acceso al trono. Supu estam ente es Am enemhat I qui en desde la
tumba narra los acontecimientos.

Sesostris I accedió al trono sin demasiados problemas, de lo que se dedu ce que el sistema
id ea do por su padre fun cionó como él esperaba. Tuvo un largo reinado unos cuarenta y cinco
años, de los que los 10 primeros habrían sid o compartid os con su padre, desempeñando la
corregencia. Pero las Enseñanzas de Amenemhat parecen contradecir esta afirmación donde
el rey pide a Seostris que le suceda, no que comparti era el trono.

Por la información qu e poseemos su reinado fu e muy pacífico, sin grandes confli ctos.

La primera acción de Sesostri s fu e castigar a aquellos qu e habían con spirado contra su


padre y aca bado con su vid a.

Aparte de esta demostración de fu erza, su reinado fu e bastante pacífi co, excepto esos
primeros diez años de corregencia , en los qu e la política exterior la ll evó su padre. No tene-
mos noticias de que se produjeran confl ictos importantes, pero sí de qu e con cluyó proyectos
ya iniciados.

Mantuvo buenas relaciones comercia les con Asia, Creta , Siria y Chipre. Por el sur amplió
el contro l del territorio enviando vari as expedicion es a Nubia qu e ll ega ron más allá de la se-
gunda catarata. En Buh en, Sesostri s levantó una estela y construyó un fu erte, con lo qu e la
Baja Nubia se convertía en una especie de provin cia de Egipto. El comercio co ntinuó co n la
Alta Nubia; de allí obtenían oro, cobre y piedras preciosas y semipreciosas. Por el noreste las
ca rava nas llega ban hasta Siria busca ndo madera y marfil

La activid ad más abundante del monarca fu e la construcción y las restauraciones, entre


otras, del templo de Ra en Heliopol is, que tuvo motivaciones tanto religiosas como políticas.
Era la residencia de Ra, como vimos uno de los principal es dioses del Imperio Anti guo, direc-
tamente relacionado con la legitimidad de la monarquía . Sesostris necesitaba la aprobación
y la compli cidad del sacerdocio de Ra, para qu e el resto del país le vi era como el legítimo
continuador de los monarcas del Imperio Anti guo. Por otra parte, al estar situado el templo a
la entrada del Delta era un centro de peregrinaci ón por lo qu e con su restaura ción se granjeó
además el agradecimiento de los peregrinos, qu e veían como el templo estaba ca da vez más
arruinado.

Levantó monumentos por todo Egipto. Una intensa actividad constructora qu e requ ería
una cuantiosa aportación de piedra; así fueron frecu entes las expediciones en su búsqueda,
so bre todo Wadi el Hudi, Hatnub y Wadi Hammamat. Las expedi ciones al Sinaí prácti ca mente
habían cesado desde Pepi 11 , ahora se van a retom ar, pero los asiáticos dejan de aparece r

93
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

como enemigos, y lo hacen como aliados en los relieves. Lo mismo que co n el Sinaí, co n la
zo na de Palestin a, Siri a y Líbano se debi eron mantener pacífi cas relaciones co merciales, a
juzga r por la gran ca ntid ad de obj eto s manu facturados egipcios, datados en el Imperi o
Medi o, aparecid os en la zona. Es muy probable qu e Sesostris I iniciara la costumbre de hacer
rega los a los príncipes de Asia, rega los que facilitarían las alianzas. Esta costum bre está docu-
mentada años despu és en los textos de El Amarn a del Imperi o Nu evo.

Las relaciones comerciales debieron llegar hasta Creta, lo qu e expli ca ría la presencia de
objetos egipcios en la isla y pro du ctos min oicos en Egipto, aunqu e desco nocemos la intensi-
dad de estos contactos o si simpl emente se trata de hallazgos casuales. Lo cierto es que hay
egiptólogos qu e remontan estos co ntactos al reinado de Mentuh otep 11 , y otros manti enen
que los primeros se rea liza n con la XVIII dinastía.

La labor edilicia de Sesostri s I no fu e rea lizada al aza r si no qu e se trató de un programa


político de propaga nda, pu es leva ntó edifi caciones co n su nombre en tod os los lu ga res de
culto de Egipto. Ten ían la fin alidad de restar poder a los sacerd otes y templ os loca les, a lo
que co ntribuyó el fl orecimiento del culto a Osiris.

En política interi or, Sesostri s I mantuvo las mismas directri ces que su padre, pues muchos
de los nomarcas habían sid o nombrados por él. Sus hij os continuaron fi eles a la monarqu ía .

Sesostris I siguió la costumbre de su padre y para evitar probl emas en la sucesión asoció
al trono a su hijo Am enemhat 11 , pero lo hizo sólo al final de su vid a, por lo que la corregencia
no fu e tan larga como la anterior. Tal vez veía peligros en ell o, y no quiso experim entar en sus
ca rn es lo qu e sup onen algun os eg iptólogos, y es qu e en la co nspirac ión y mu erte de
Am enenhat I estuvo involucrado su hijo Sesostri s l. Solamente reinaron juntos dos años

El reinado de Sesostris I fu e un o de los más fru ctíferos de la historia de Egipto. Dio esta-
bilid ad al reino, recup eró el presti gio de la mon arquía, impulsó la economía, ampli ó las
fronteras, mejoró la situación de los campesinos y del pu eblo en general y, fin almente, fu e
divinizado después de su muerte. Su importancia fu e tal, que incluso histori adores de época
rom ana como Diodoro Sículo, tod avía le recu erd an, diciciendo de él que tras la muerte de su
padre y heredar el reino, animado por las primeras acciones que llevó a ca bo, proyectó con-
quistar el mundo habitado.

Los siguientes monarcas difícilmente podían superar la obra de los dos anteriores. Para
ellos era suficiente con que lograran mantenerl a. Amenemhat II accede con tod os los dere-
chos al trono a la muerte su su padre, cu ando se encontraba realiza ndo una expedición en
Nubia, circunstancias muy parecid as a las que se dieron con Sesostris l. Lo primero que hizo
fu e asegurarse la fid elidad de los nomos manteni endo en su cargo a los nomarcas qu e había
nombrado su padre, confirm ando tambi én a aqu ellos qu e habían llega do al gobi erno por
derecho de herencia. La situación exterior estaba pl enamente consolidada, por lo que tradi-

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Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

cion alm ente se ha creído que no fu e necesa rio envi ar nu evas expedi ciones militares . Sin
embargo, en los Anales de Amenemhat 11, encontrados en Menfis y publica dos a inicios del si-
glo xx, se menciona una ex pedi ción militar a Asia y la destru cción de dos ciudades Luai y
Lasy, cuya situación desconocemos. De igual modo, se rea liza ron ex pedi ciones co n ca rácter
co mercial. Se va a Nubia, de donde se obtienen grandes ca ntidades de oro, se explotan nue-
vos yacimientos en la zona del Sinaí. Crea un puerto marítimo en Sa u, en el Mar Roj o, que
servirá de enlace en los vi ajes al País del Punt.

• Figura 11. Sesostris 111. Museo del Louvre. París . Foto Wikimedia Commons.

Sesostris II compartió el trono con Am enemh at 11 aproximadamente tres años. Fu e un


continu ador de la política de sus predecesores, en todos los sentidos. Tambi én él admitió
el ca rácter hereditario en el gobierno de los nomos. No tenemos noticias de que rea liza ra
ningún tipo de campaña miliar. Dado qu e la situ ación en las fronteras eran tranquila, se
ocupó de mantener las rela ciones com erciales y enfocó sus esfu erzos en política interior,
sobre todo en la zona de El Fayum, qu e se convirtió en un importante ce ntro agrícol a y

95
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

religioso, a la vez qu e buscó convertirlo también en un centro de ocio, dond e se podía ir a


caza r y a pesca r.

Se podría con sid erar que el reinado de estos cuatro monarcas fu e una época dorada de
la histori a de Egipto. Con la mu erte de Sesostri s II y la ll ega da al trono de Sesostris 111 , las
cosas van a ca mbiar, tanto en políti ca interior co mo exterior. Ya no será un monarca duro,
pero con ciliador, sino simpl emente un monarca duro, dispu esto a aca bar con todo aqu ello
qu e amenace su pod er. Por muchos es con sid erado co mo el rey más importante de esta XII
dinastía. Ante todo se rá un militar con una clara políti ca expansionista, sobre todo hacía
Nubia, Sudán y Pal estin a. Aca bó con el pod er de los nomarcas, potenció la eco nomía y se
preocupó por todos los aspectos reli giosos qu e afectaban a su persona.

Una de las primera s cosas qu e realizó fu e cambi ar su relaci ón con los nomarcas, algunos
de los cuales habían logrado unas cotas de ind epend encia comparabl e a la qu e tuvi eron
durante el Prim er Período Interm edi o, a lo qu e se unía un extraordinari o pod er económi co.
Una vez afi anza do en el reino, Sesostri s 111 decidi ó quitar todos los privil egios a los nobl es
provinciales, reduciendo drásticam ente su importancia política. Desconocemos el proceso y
el sistema empl ea do para lograrlo, pero el refl ejo es la di sminu ción de la riqu eza en las
tumbas de los provin ciales.

Por encima de todo, como hemos dicho, sobresa le el carácter militari sta de su reinado.
Lo más destacado, sin duda, fu eron sus ca mpañas contra los nubios, que dirigió personal-
mente. Tenemos noticias de qu e rea lizó cuatro expedicion es militares. El motivo fu e qu e al-
gunas tribu s de Sud án habían avanza do hacia el norte y su presencia ce rca de la segund a
catarata ca usa ban bastante inquietud a los egipcios. Sesostri s 111 id eó, para hacer frente al
peligro, la construcción de un canal navega ble a través de los rápidos de Asuán que uni era el
Alto Egipto con la Baja Nubia. Debía ser lo bastante profundo para que pudiera ser utiliza do
tanto por los barcos de guerra como por los merca ntes. Tras una primera expedición en la
qu e inauguró el canal recién con struido, siguieron otras tres que tenían por fin alidad impo-
ner la supremacía de Egipto a las tribu s de Kush y a los nómadas del desierto. Apl astó una
insurrección de poblacion es nubias, los luntius, destruyó sus casas, cegó sus pozos, incendi ó
sus campos de cultivo y raptó a sus mujeres. En otra expedición llegó hasta la segunda cata-
rata y Sudán llevando con él los barcos y solo regresó cuando el ca lado del río le impidió se-
guir avanza ndo Ll evó la frontera muy al norte, a la altura de Semna, cincuenta kil ómetros al
sur de la segunda catarata. Tenía qu e consolidar los dominios y proteger la frontera y lo hizo
con struyendo un compl ejo de fu ertes de ladrillo, que debían alberga r tropas, pero también
servían para establ ecer en ellos estacion es com erciales e impedir que entrara en Egipto el
com ercio no contralado por el monarca. Los restos de estos fu ertes nos indican se se trató de
magníficos ejemplos de co nstrucciones militares.

96
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

De menor impacto fu eron las expediciones que rea lizó hacía el noreste. Sabemos qu e
llevó al ejército, sin grand es probl emas, a la zona de Palestina, contra los Mentju , llega ndo
hasta Sekkem. El regreso no fu e ta n pacífi co, y la retaguardia fu e atacada por bandas de
asiáticos qu e fu eron rechazados sin demasiados probl emas.

A Sesostris 111 le sucedió su hij o Am enemhat 111, que en esta ocasión no había sido asocia-
do al trono como sus predecesores de la XII dinastía. Tuvo un largo y pacífi co reinado, duran-
te que se intensificó la explotación de los recursos del Sinaí y de otros lu ga res como Nubia y
el Wadi Hammamat. Su obra más destaca bl e fu e aca bar el proyecto iniciado en el Fayum y
fin alizó el sistema de diques y ca nales que favorecieron la agri cultura.

Durante casi un siglo Egipto había estado gobernado por Sesostris 111 y Amenemhat 111. Un
largo periodo de estabilidad en el que había prosperado tanto territorial como econ ómica men-
te. Cuando sube al trono Amenemhat IV debía ser muy mayor y su permanencia en el trono no
debió superar los diez años. Durante su reinado tod avía no se aprecian signos de declive de la
dinastía, ni de que el sistema político y económico esté comenza ndo a entrar en crisis. Se conti-
núa con la constru cción de monumentos de excelente ca lidad. Se mantienen las relaciones con
Sudán y explotando las minas del Sinaí. Siria sigue estando bajo influencia egipcia.

El último monarca de la XII dinastía fu e una mujer Sebekn efrure, hija de Am enemhat 111.
Rein ó muy poco tiempo, tres o cuatro años. Su llegada al trono parece indica r que la dinastía,
por línea masculina, se había agotado. Poco sa bemos de su reinado, pero la arqu eología nos
ha dejado numerosos testimoni os y varias estatuas.

Con tod o, al fin alizar la XII dinastía, Egipto había entrado en una especie de letargo. A
pesa r de ello, todo parecía fun cionar sin problemas. Para muchos investi ga dores, en este
momento comenza ría el Segundo Período Interm edi o, pero se tratró fu e un lento proceso
que se dio a lo largo de la XIII dinastía.

Administración y sociedad

La información que tenemos sobre la administración del Imperio Medio, es más abun-
dante que la de la época anterior gracias a la gran ca ntidad de papiros conservados.

Los nomos, aunque volvi eron a estar bajo el poder central, muchos de ellos conservaron
cierta autonomía, al menos hasta Sesostris 111, probablemente fruto de las alianzas que los mo-
narcas tebanos tuvi eron que hacer para hacerse con el poder. Con la llegada de la XII dinastía,
estas alianzas ya no eran tan fuertes y los monarcas, ahora menfitas, decidieron acabar con la
excesiva autonomía de algunos nomos restableciendo legalmente los límites entre ca da uno de
ellos, algo que fu e motivo de constantes disputas. Es más, numerosos egiptólogos sostienen que

97
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

durante la XII dinastía los nomos, como unidades adm inistrativas, desaparecieron y fueron
sustituidos por las ciudades y el territorio que las rodeada , gobernadas por un funcionario que
recibió el nombre Hati-a en las grandes ciudades, y Hega-hut en las pequeñas.

La elección de Tebas como capita l del Imperio Medio tuvo una extraordinaria importan-
cia por la función de control que podía ejercer desde su privilegiada situación. Mentuhotep 11
en la organización de la admin istración va a elegir funcionarios de la zona de Tebas. Recuperó
el cargo de Visir y el de Canci ll er que alcanzó más importancia que en el Imperio Antiguo.
Junto al Cancil ler estaba el gobernador del Alto Egipto, ya ex istente, y el de Gobernador del
Bajo Egipto, de nueva creación. Ambos tenían los mismos poderes. Tampoco sabemos con
certeza si se dividió o multiplicó el cargo de Visir, creándose uno para cada uno de los depar-
tamentos de la administración, que básicamente a partir de Amenemhat 1, continuaron sien-
do los mismos que los del Imperio Antiguo. La situac ión de los visires camb ió algo con
Sesostris 1, ta l vez no se fiara de ell os ni del poder que podían llegar a adquirir, por eso, du-
rante su reinado, tuvieron un papel secundario. A pesar de ello continuaron siendo la máxi-
ma autoridad en la administración de justicia y de ellos dependía el conj unto de la admin is-
tración. Los únicos mandos que no podía ejercer era el del ejército y el de la policía, los dos
ún icos que le permitían al monarca permanecer en el poder

Las sedes de los órganos adm inistrativos, durante el Primer Período Intermedio, habían
sid o totalmente destruidas. No quedaba ningún rastro de los almacenes centra les, del catas-
tro, de las diferentes cortes de justicia, se había perdido el derecho escrito y dispersado el
cuerpo de funcionarios. La XI dinastía no se ocupó de solucionar este prob lema, pero con la
llegada de Amenemhat I se reconstruyeron todos los cuadros y servicios admin istrativos. Fue
comp licado recuperar el cuerpo de funcionarios, pues había pocos que tuvieran la experien-
cia necesaria. Tuvo que emplear la propagada para reclutar asp irantes, y las capacidades
formativas de los que ya tenia para que instruyeran a los nuevos

La nueva situación hizo que el poder de los nomarcas, que probablemente vieron redu-
cid o su número, fuera decreciendo en cierta med ida por el control ejercido por los funciona-
rios fieles al monarca. Con toda seguridad hubo represa lias contra aquellos gobernadores
loca les que habían apoyado a los monarcas de Heracleópolis, al igua l que también recom-
pensas para los que habían permanecido fieles a Tebas.

Amenemhat I puso personas fieles al frente de los nomos. Estos nombramientos le ase-
guraban el contro l de los territorios. Su hijo Seostris I mantuvo esta misma situación, que por
otra parte le proporcionaba paz en el interior del reino.

Con Amenemhat 1, una vez trasladada la capita l, sabemos que los graneros se sitúan en
lti-Tawy, donde se han trasladado todos los servicios del estado y la casi totalidad de los fun-

98
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

cionari os, aunqu e Tebas co ntinuó siendo la ca pital de la dinastía, a la qu e el monarca acudía
en determin adas ocasiones y con motivo de las fi estas.

Co n Sesostri s 111 se produjo un gran ca mbi o en la administración provincial, reform a qu e


no es admitida por tod os. Co mo hemos visto, puso fin al poder de los nomarcas y en adelan-
te las provincias se administrarían desde la ca pital. Egipto fu e dividido en tres departamentos
(wa ret), norte, centro y sur, y al mando de ca da uno de ell os un fun cionari o o supervisor, qu e
era ayudado en su labor por otro fun cionari o de menor categoría, por un consejo, fun ciona-
rios menores y escribas. El Vi sir continu ó ejerciend o el co ntrol de los departamentos de justi-
cia, agri cultura, trabajo y teso ro, pero ahora tambi én será su misión la supervi sión general de
los tres departamentos waret.

La pérdid a de pod er de la nobl eza provincial fa voreció el ascenso de una cl ase media,
co mpu esta por comerciantes, pequ eños artesa nos y agri cultores

La Religión del Imperio Medio

La religión no va a sufrir vari aciones radica les, pero sí se irá adaptand o las nu evas nece-
sidades. Durante el Primer Período Interm edi o se produjo un cierto retroceso en las co ncep-
cion es religiosas. Durante algún ti empo desa pareció la religión de estado, con lo qu e tam-
bién se perdió el elemento unifi ca dor qu e tenía, para tomar un mayor auge las divinidades
loca les qu e ejercían de elemento disgrega dor. Entre estas destacó Montu en Herm ontis y
Amón en Tebas. Am ón ya había tenid o un papel importante durante la segunda fase el
Imperi o Anti guo, unido a Ra, y volverá a tenerl o durante el Imperi o Medi o, cuando los sobe-
ranos de la XI y XII dinastías vu elvan a restablecer la religión de estado.

Montu, el dios Hal có n, ya aparece en los Textos de las Pirámides y en el templo fun erario
de Pepi 11. Su supremacía fu e corta, pues con el acceso al trono de Am enemhat 1, Am ón tom ó
su lu ga r, uno de los di oses hermopolitanos adorado en Tebas a ini cios del Primer Períod o
Interm edio. Se le representaba con form a humana y fu e el dios oficial de la XII dinastía, aso-
ciado, coo ya había suce did o en el Imperi o Anti guo, a la divinidad solar de Heli opolis, Ra.

Otro dios qu e adquiri ó una gran importancia fu e So bek, el di os cocodrilo, divinidad de El


Fayum , protectora del agua y la vegeta ción.

Al margen de los dioses, también fu e importante la evolu ción de los ritos y de los ritu ales
fun erarios. Aunqu e teó ri ca mente todos los egipcios podían acceder a la vid a del más allá, lo
cierto es que durante el Imperio Anti guo estaba casi exclu sivamente reservada al monarca,
su familia y las clases nobl es más elevad as. Con el Imperio Medio, no será el nacimiento el
que determin e si se pu ede acceder o no a la vid a eterna, sino el poder económi co. Accederá

99
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

al más allá, todo aqu el qu e pueda pagar los ritual es imprescindibles para ello, así como la
tumba y el ajuar.

Será una popularización del más allá, en la que como vimos va a juga r un papel impor-
tante el mito de Osiris.

La economía

No se produjeron grand es ca mbios en los sistemas de producción y en general en la eco-


nomía egipcia durante este Imperio Med io

La propiedad de la ti erra sigue estando dividida, pero si en el Imperio Antiguo no era fácil
sa ber cuál era de propiedad del monarca y cuá l se podía considerar como propiedad privada,
ahora es más fácil, pero nada ha ca mbiado sustancialmente. Los impuestos van a ser una parte
fund amental de la eco nomía, y sin ell os el estado difícilm ente pu ede subsistir. Desde
Am enemhat I se llevó a ca bo un control muy efectivo sobre el cobro de estos impuestos.

Con tal rey, el aumento de la riqueza fu e considerable, tanto la perso nal como la de sus
funcionarios, como demu estran la gran ca ntidad de joyas que apa recen en las tumbas.

• Figura 12. Escenas de cazadores de la tumba de Knumhotep 111 ,


visir de Sesostris 11 , en Beni Hasan. Foto K. Garret.

La base de la economía continuaba siendo la agricultura y para este período poseemos una
fu ente de información de primer orden. Una serie de documentos procedentes de la tumba del
Visir lpi que son conocidos como los Papiros de Hekanakhte y las Cartas de Hekenakhte. Se trata
de documentos esencialmente económicos, que nos dan información sobre la situación de los
campesinos, las unidades monetarias, la tenencia de la ti erra, los sa larios, los productos bási-
cos, lo que se paga ba por ellos. Así, sa bemos que los impuestos que recibía el monarca, eran,

100
Imperio Medio {2055-1650 a. c.)

generalmente en grano. Los valores de las cosas están ca lculados también en grano. Muchos
investi gadores ven en estos textos un prim itivo sistema de contabilidad.

La agri cultura era próspera, no só lo en el Delta, sino a lo largo de todo el vall e del Ni lo.
Con Sesostris I se produjo un extraordinario fl orecimiento econ ómico en todos los ca mpos y
el claro reflejo es la riqu eza de las tumbas.

La eta pa de conquistas de Sesostri s 111 unida a la prosperid ad de Egipto co n los anteriores


monarcas de la XII dinastía, y la estabi lidad política de todo este período, tuvo un cl aro refle-
jo en la eco nomía, qu e se notó co n cl arid ad durante el reinado del hijo de Sesostri s 111 ,
Am enemhat 11 1. Nubia había qu edado totalm ente co ntrolada y la nob leza prov incial había
dejado de ser una amenaza para el pod er central. Sin otras preocupacion es, los monarcas se
podían centrar en otros prob lemas como era el abastecimi ento de materias primas. Bajo el
reinado de Am enemhat 111 se llevó a ca bo una intensa explotación de las minas de turqu esas
y de cobre del Sinaí. Los ca mpamentos provisionales qu e había en sus cerca nías se co nvirtie-
ron en prósperas ciudades, qu e in cluso ll ega ron a estar fort ifi ca das. Durante el Imp erio
Anti guo se había con struido un templo a Hahtor como protectora de la región ; co n
Am enemhat 111 se restauró y se amplió.

La agricu ltura tambi én recibi ó la atención del monarca y se buscó la mejora de los siste-
mas de irrigación para así poder llevar a ca bo los planes proyectados sobre El Fayum.

Las instituciones

Con la ll egada de la XII dinastía, se produce un ca mbio en el ejercicio del pod er. Am enemhat
1era consci ente de los problemas qu e podía plantea r la sucesión, y como esto había sido ca u-
sa de graves enfrentamientos, qu e en ocasiones fu eron en perjui cio del poder de los monar-
cas. Ideó un sistema para fa cilitar la sucesión, pero a su vez también plantaba algunas dificul -
tades. Bajo su reinado aparece la forma de gobierno de la co rregencia. Para qu e fun cionara
este sistema tuvo que superar el problema religioso y cómo la fi gura del monarca estaba im -
pregnada de la divinidad. Aqu ello fu e una solu ción teó ri ca , no sa bemos si fun cionó en la
práctica, y hasta qué punto fu e efectiva. Sí sabemos qu e Am enemhat I comparti ó el pod er con
Sesostri s I al menos durante diez años, pero no parece que siguiera fun cionando con Seostris 11.
Ad emás se le planteó el problema añadido de recuperar el presti gio perdido de la monarquía.
La visión que se tenía de los reyes, que pod emos ver en la literatura de la época, era bastante
peyorativa. Sólo algunos de los soberanos del Imperio Antiguo eran vistos con benevo lencia.
Am enemhat I buscó qu e la rea leza fu era vi sta como más humana, y en ell o jugó un importan-
te papel la religión osiriaca, a lo qu e se unieron los ca mbios morales que se produjeron en la
sociedad egipcia con los nuevos idea les de justi cia y de caridad . El resultado de sus esfu erzos
tuvo éxito y los ataques de la literatura a la monarquía cesaron .

101
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Con Sesostri s 1, el presti gio de la monarquía, recuperado por su padre, fu e en aumento, y


la literatura hace de él numerosos elogios, como en el Cuento de Sinuhe. Es un dios, se dice en
la narración, aunque no ti ene su apari encia, antes nadi e ha existid o igual a él, es un maestro
de sa biduría, sus decisiones son perfectas. Cada vez más se va a emplea r la palabra «dios»
para designar al rey, yendo más allá co n el reinado de de Sesostri s 111 , qu e será un o de los
pocos monarcas consid erado dios en vid a.

La literatura

El imperio Medio Egipcio fu e una época de esplendor en el ca mpo literario. Los propios egip-
cios la consideraron como la época clásica de su literatura. La narrativa, las obras religiosas y las
obras filosófi cas alcanza ron un gran desa rroll o. Se han conservado numerosos relatos, obras
pseudo-proféticas, tratados didácti cos, etc, que en los siglos sucesivos serían copiados una y otra
vez. En muchas ocasiones los relatos están basados sobre sucesos rea les, por lo que contienen
información muy valiosa para el conocimiento de esta época y de las inmediatamente anterio-
res. Entre las obras que nos proporcionan informaciones políticas, sociales y contienen muchos
datos históri cos podemos citar: entra las Máximas, las de Djedefh or y las ya mencionadas de
Pahotep; entre las enseña nzas las de Am enemhat 1, las de Merikare, las de Un sabio Egipcio, la
Historia del Campesino Elocuente; entre las obras pseudo-proféticas, la Profecía de Nef erty.

Sin duda, uno de los relatos más fa mosos es la Historia de Sinuhé, qu e probabl emente
tenía por fin alidad exa ltar la figura de Sesostri s 1, pues contiene un himno dedica do al mo-
narca y en varias ocasiones exa lta su generosidad . Sinuhé, un noble de la corte, se opone a la
llegada al trono de Sesostri s I y huye a Siria. Allí lucha contra numerosas tribu s, pero no olvi-
da su ti erra y siempre está deseoso de regresa r. Finalmente, Sesostris le perdona y le pone a
su servi cio. Las Enseñanzas de Aenemhat I tenían por fin alidad reforza r la sucesión dinástica ,
dando consejos para la políti ca qu e se debe seguir en el reino, y en esa misma lín ea de con-
ducta, están las Enseñanzas de un hombre a su hijo, pero en esta ocasión dirigidas a un públi-
co más amplio. Podríamos con siderar un libro de vi ajes el Marinero naufragado: se trata del
relato de un viaje al País del Punt en el que se hunda la nave y el protagonista se sa lva aga-
rrado a un madero siendo arrastrado a una isla donde debe sobrevivir y allí recibe la ayud a
de una serpi ente que le pronosti ca su futuro. También interesante por ser un relato qu e po-
dríamos consid erar social, es la Historia del Campesino elocuente: lnpu, un ca mpesino de Wadi
Natrum se dirige a la ciudad para vend er sus productos, por el camin o asa ltan la ca ravana y
le roban. Cuando llega a la ciudad se dirige al intend ente para ex poner su caso y aprovecha
para qu ejarse de la corrupción que hay en Egipto.

La abundancia y la vari edad de las obras literari as ha ll evado a pensa r a los egiptólogos
qu e pudo existir tambi én, aunqu e no hay pru ebas de ello, una especie de tea tro popular

102
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

para diversión de la gente. Muy probabl emente las obras se representarían por actores profe-
sionales, con motivo de grand es fi estas. Se nos han conservado algunos fragm entos de com-
posiciones qu e hacen pensa r qu e existió este tipo de obras, como el Drama Menfita y el
Drama de la coronación. El Drama menfita es una glorificación de Ptah con una seri e de diá-
logos entre varios personajes.

No podemos olvidar las llamadas obras técn icas, fund amentalmente tratados de medici-
na y de matemáticas, que han llega do por copias posteriores. A este respecto se puede men-
cionar el Papiro quirúrgico de Edwin Smith, una copia de época de los Hicsos, pero que puede
remontarse al Im perio Antiguo. Estas obras de med icina suelen ser recopilaciones de casos
médi cos co n anotaciones de cómo deben tratarse las enferm edades o como debe rea liza rse
la cirugía. También de época de los Hicksos es la copia del Papiro Rhind qu e ha ll egado hasta
nosotros. Esta es la mejor fu ente de información so bre la matemática egipcia, probablemen-
te compilada bajo el reinado de Amnemhat 111. Durante el Im perio Nu evo serán frecuentes
todo este tipo de obras científicas, muchas de las cuales se basan en escritos anteriores.

EL SEGUNDO PERÍODO INTERMEDIO (1650-1550 A. C.}

Es evidente, por lo di cho hasta aq uí, que cuando fin alizó la XII dinastía Egipto no entró en
un caos absoluto semejante al de fin ales del Imperio Antiguo.

Con el paso de los monarcas, la situación se fu e haciendo ca da vez más caóti ca, los reina-
dos eran excesivamente co rtos, lo qu e podría indi ca r una inestabilidad políti ca creciente y
qu e las intrigas pala ciegas eran con stantes, pu es en la mayoría de las ocasiones no existe
ningún lazo de unión ni de parentesco entre un monarca y su sucesor.

Por los datos qu e tenemos actualmente, podemos esta bl ecer una cronología global para
este Segundo Período Interm edio, pero se hace extremadamente difícil establ ecer una par-
cia l para cada una de las dinastía s, porque la información es confusa y poco fi abl e, sobre
todo para las dinastía s XIII y XIV. La arqu eología está intentando poner un poco de orden en
este comp lejo panorama, siendo lo más urgente pod er tener a nu estra disposición un listado
ordenado de los monarcas, pu es las diferentes listas rea les no se ponen de acuerdo ni en el
nombre, ni en el ord en de los reyes, ni, por supuesto, en la duración de sus reinados. Por ello,
el listado de monarcas que demos debe ser considerado incompl eto e inexacto, lo hacemos
sólo a titulo de información porque de alguno de ellos tenemos breves informaciones que no
pu eden ser co locadas en su momento exacto, pero son dignas de mención.

Intentando establ ecer una cierta periodización de este Segundo Período Intermedio,
nu evam ente pod emos distinguir, grosso modo, tres fa ses. Una primera , durante la qu e se
produ ce un paulatino deterioro de las institucion es, ca racterizada por la inestabilidad políti -

103
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

ca y la descentralización de gobierno, hasta la llegada de los Hicsos (dinastías XIII y XIV); una
segunda en la que los Hicsos serán los protagonistas (dinastías XV y XVI); y una tercera en la
que Tebas se impone de nuevo y expu lsa a los invasores (dinastía XVII)

XIII Dinastía XIV Dinastía XV Dinastía XVI Dinastía XVII Dinastía

Amenemhat Numerosos Grandes hicsos Pequeños hicsos Rahotep


Sobekhotep 1 so beranos de Sekehrer ... Antef V
Amenemhat poca importancia Sheshi Apofis 111 Antef VI
Sonbef Capital Xoix Yakubher Sobekemsaf 11
Semenj¡kare Djehuty
Khyan
Amenemhat V Mentuhotep VII
Apofis 1
Sehetepibre Nebiryayu 1
Khamudi
lufni Antef VII
Hetepibre Seqenemre Tao
Sobekhotep 11 11
Reseneb Kamosis
Hor-Auibre
Amen emhat-Kai
Ugaf
Sneferibre
Userkare
Semen ka re
Sebekemsaf 1
Sobekhotep 111
Neferhotep 1
Sobekhotep IV
Sobekhotep V
Neferhotep 11
Neferhotep 111
Uahibre
Merneferre

Primera fase: Egipto hasta la llegada de los Hicsos

XI// dinastía

Manetón nos informa que la XIII dinastía estuvo integrada por 60 reyes que gobernaron
no 453 años tal como dice, sino durante unos 150. Aunque la cifra global de los reinado es
inexacta, no lo es tanto el número de monarcas. Los monarcas de la XIII dinastía estuvieron
poco tiempo en el poder y la debilidad de la corona no afectó todo lo que se podría suponer
a la prosperidad del reino.

104
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

En consecuencia, el paso de la XII a la XIII dinastía, en principio influyó poco en la situa-


ción de Egipto y en la de los de los territorios que hasta ese momento habían dependido del
gobierno central. Aunqu e, tampoco se pu ede negar que la creci ente debilidad de la coron a
poco a poco debió ir afectando a la prosperid ad del reino y a sus relaciones externa s. Los
enemigos de más allá de las fronteras es indudabl e qu e percibían esa debilidad , y lo único
qu e debían hacer era esperar el momento oportuno.

La reco nstru cción de los acontecimientos se hace extremadamente difícil porqu e la infor-
mación qu e tenemos de ambas dinastía s es muy escasa, al margen de los testimoni os qu e
nos proporciona la arqu eología qu e, aunqu e interesa ntes y muy valiosos, son insufi cientes.

Al gunos egiptólogos han pensa do qu e reinados tan cortos, sin qu e ex isti era una cri sis
manifi esta, podrían supon er qu e en realid ad se trataba de monarcas ficti cios qu e eran
elegidos por un breve periodo de ti empo para mantener las apari encias y qu e los verd ade-
ros gobern antes eran los vi sires. Eran ellos qui enes los designaban y, por detrás, maneja-
ban los hilos del gobi ern o. La demostra ción de este hec ho podría proce der de algunos
papiros en los qu e se aprecian reyes muy efím eros, pero en ca mbio hay vi sires, co rno Anku
qu e perm anecen en su pu esto durante el rein ado de varios soberanos, Anku lo hizo desde
Userkare- Kendj er a Sobekhotep 111. Si esto fu e así, el pod er desca nsa ría en el Vi sir y no en
el rey.

Hay ci erto acu erdo en qu e los monarcas de la XIII dinastía eran mayoritari amente de
ori gen tebano, por lo qu e, a pesa r de que no tenemos datos que lo confirm en, es muy proba -
ble que pudieran exi stir algún tipo de relacion es famili ares con los monarcas de la dinastía
anterior. Aparentemente ex isti ó tend encia ge neraliza da a legitimarse a través del nombre
elegido para reinar, nombres qu e les liga ran a las dinastías anteriores, así eli gen Sesostri s,
Antef, Am enemhat, Mentuhotep, pero el más frecuente será Sobekhotep.

Al menos con el primero de ellos qu e lleva el nombre de Amenemhat Sobekhotep 1, que


co ntinu ó con las labores administrativas de sus predecesores, también se realizó el censo y
reform as en los templos de Deir el Baharí y el Madamud . Con el sigui ente mon arca,
Amenemhat Sonbef, las cosas comi enza n a ca mbiar y las mediciones constantes del Nilo, a
la altura de Semna, cesa n, con lo qu e los egipcios pi erd en la información sobre la bondad o
no de las inundaciones de ese año. A pesa r de ello parece que Egipto aún mantenía el control
de la Baja Nubia y del Próximo Ori ente.

Es muy posibl e qu e este descuido indicara qu e ya había com enzado la deca dencia del
pod er en el sur, al menos en las partes más alejadas. Siguen apareci endo monumentos en el
sur, con los nombres de los monarca s, pero cada vez a más distancia de la frontera estableci-
da por Sesostris 111 , lo que claramente indica qu e se va cedi endo terreno ante la presión de
los extranjeros, aunque esta sea tod avía muy tenu e.

105
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Con los sigui entes monarcas, co ncreta mente con Sehetepibre, el príncipe de Biblos conti -
núa reconociéndose com o siervo de Egipto. Es muy difícil poder seguir aunqu e sea parcial-
mente las rea liza cion es de los monarcas de esta XIII dinastía. Incluso alguno de ellos, por el
nombre, parece que no era egipcio y mu chos eran de origen humild e. De los sucesores de
Sehetepibre no sa bemos nada, sólo los nombres que son confirm ados por la arqu eología y
nada más, así Hetepibre, Sobekhotep 11 , Reseneb , Hor-Auibre, Amenemhar-Kai , Ugaf,
Sneferibre (Sesostris IV). Userkare, el sucesor de Sesostri s IV, tod avía co nstruye su pirámide,
de pequ eñas dimensiones, en Saqqa ra, lo que hace pensa r que la región aún está controlada
por el monarca . La presencia de Semenkare en el delta sigue atesti guada. Aparentemente el
gobi erno sigue fun cionando con Sebekemsaf 1, Sobekhotep 111 , Neferhotep I y Sobekhotep IV,
qu e están docum entados en papiros y en algunos monum entos.

Si no hay dud a de qu e la monarquía es in establ e, lo cierto es qu e la administrac ión


sigue fun cionando razonabl emente bi en. Una admini stración qu e poco a poco se va po-
blando de extranj ero s, sobre todo asiáti cos, qu e están al servi cio de los altos fun cionari os
del Alto Egipto. El origen de esta población es dud oso. Podría tratarse de prisionero s de
guerra, qu e pudi eron haber ll ega do de modo pacífi co aprovechando la relajac ión de las
fronteras, que no se pu eden control ar ya tan rígidamente co mo en épocas anteri ores. Esta
penetración de asiáti cos, de alguna manera, favoreció a llegada de los Hi csos, qu e no tar-
darían en establecer su dinastía en la zona este del Delta.

Durante el reinado de Neferhotep 1, Egipto tod avía controla Siria, r ero a partir de su su-
cesor Sobekhotep IV, la XIII dinastía entra en cl aro declive. Avaris es ocupada po r los Hicsos,
lo qu e indi ca la pérdid a del control de la frontera noreste. Sobekhotep V, Neferhorep 11 y
Neferhotep 111 , apenas pueden co ntrolar el Bajo Egipto, incluso deben defender Tebas de los
ataqu es lanza dos desde el norte. Co n Uahibre y Merneferre la deca dencia ya es total. El
resto de los monarcas de esta dinastía simplemente ayud an a agudiza r el problema qu e fin a-
liza con la caíd a de Tebas y con el fin al de la XIII Dinastía.

XIV dinastía

La XIV dinastía de alguna manera co nvive con la XIII e incluso pervive a ella. Ocupan los
territorios pantanosos de la zona oeste del delta, alejados de la penetración de los hicsos. Su
ca pital será Xoi s (Kh asusut). Según Manetón la dinastía estuvo formada por 76 reyes que go-
bernaron 184 años. Descon ocemos cualquier dato históri co de estos monarcas, y solamente
el Papiro de Turín corrobora las palabras de Manetón. No hay explicación al hecho de que los
monarcas de la XIII dinastía permiti eran a los príncipes de Xois gobern arse de modo ind e-
pendiente, a no ser qu e no se tratara de una verdadera dinastía, y estuvi eran bajo el pod er
de los monarcas tebanos, pero tampoco hay nada qu e corrobore este hecho.

106
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

Segunda fase: los Hicsos

Washukanni

AMORREOS
< r rr

lar AJ •di trrrcÍ11éo


HICSOS

PENÍNSULA
ARÁBIGA

u
:.e
Abydos
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Q.

"'oi,
¡.
o
V
Tebas
e:,

Elefantina
1• Crilllrnt<i

Buhen 11
• 2 Calorutci

Sem ·a
Reino de,Mitahni

~
1• C'atarall1 ? Imperio hitit

i Ke ma . " awra,1
i Na ºata ," Catur(l((I
LL.
~--------~-------~----~
• Mapa 5. Invasión de los hi csos.

107
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

La visión tradicional qu e se dio de los hicsos en Egipto fu e muy negativa, y un cl aro ejem-
pl o de ello es la vi sión que de ellos da Manetón, recogida por Flavi o Josefo, histori ador roma-
no del siglo I en la qu e di ce qu e un os hombres de raza desco nocida invadi eron Egipto y se
adueñaron de todo el por la fu erza y sin combate. Aprisionaron a sus dirigentes, incendiaron
las ciudades, arrasa ron los templos, trataron con gran cru eldad a los egipcios y los esclaviza-
ron y puntualiza qu e a este pu eblo se le daba el nombre de hics os, qu e Manetón tradu ce
como «reyes pastores». Esta es una vi sión altamente negativa, que sin duda no se correspon-
de con la rea lidad y que se generó a partir de la ll ega da del Imperi o Nu evo.

Existe un gran debate, aun no escl arecido del todo, sobre cuál es la naturaleza de los
hicsos y no hay ningún acuerd o a la hora de asignarl es una procedencia con creta. Por algu-
nos estudios onomásticos podrían ser ca naneos; tambi én podría tratarse de grupos de po-
blación nómada de ori gen hurrita. Pero lo más probable es que se trate de una mezcla de
poblaciones semitas e indoeuropeas.

Sa bemos qu e la palabra hi csos procede del término Heka -Khasut (prín cipe nómada).
Aparece ya en Egipto en ti empos fin ales de la XII dinastía para designar a aquellos qu e esta-
ban al frente de las tribu s nómadas de la zona de Siria y de Palestina. Ya eran co nocid os
desde el Imperio Anti guo.

Los hicsos, com o ya hemos mencionado, se fu eron infiltrando en la región poco a poco,
desde inicios de la XII dinastía. No eran una población homogénea , aunque la mayor parte
de ellos eran semitas. Los egipcios no los designaron co n un único nombre y les co nocían
co mo setetiu, amu o mentiu de Setet. Todos esto s nombres los utili za ban para designar a
pueblos asiáticos.

Aunqu e la infiltra ción co menzó a fin ales de la XII dinastía, está admitido qu e la masa
de población asiáti ca comi enza a ll ega r a partir del reinado de Neferh otep, co ntinua co n
Sobekhotep V hasta Uahibre, culminando con la conqui sta de Avari s, previ a a la tom a del
pod er.

La con solidación de su pod er en el delta necesitará cerca de cincuenta años, años qu e


tard aran en llegar a Menfis, y años en los que respetaran los territo rios de la zona noroeste
del delta, gobern ados por la dinastía XIV. Una vez conqui sta Menfis, los hi csos se co nsideran
du eños y señores de Egipto, establ eciendo su ca pital en Avari s.

Los hicsos van a establ ecer dos dinastía s en Egipto, los llamados «hi csos mayores», di -
nastía XV y los «hi csos menores» dinastía XVI. Ambas van a ser simultáneas y van a co nvivir.
Su gobi erno no habría sido posibl e, o al menos hubiera pasado por gravísim as dificultadas,
si no se hubiera apoyado, inteligentemente, en las estru cturas política s y administrativas
heredadas del Imperio Medio. No desmontaron el sistema administrativo, sino qu e lo utili -
za ron , y utiliza ron tambi én la estru ctura de funcionarios de ori ge n egipcio, qu e co nocían

108
Imperio Medio {2055-1650 a. c.)

el sistema y estaban acostumbrados a él, en luga r de sustituirlos por asiáti cos. Ello favore-
ció qu e la transición de pod er fu era suave y la administración continu ara fun cionando ra-
zonabl emente bi en.

• Figura 13. Restos de la ciudad de Avari s. Foto Ministerio de Antiguedad es Egipcio.

Ello no impidió qu e los hicsos trajeran sus propias tradiciones de go bierno, que intenta-
ron combin ar con las egipcias. No estaban habituados a vivir en un estado enormemente
centraliza do y pod eroso. Su form a habitu al estaba más en con sonancia con el panorama
político del Prim er Período Interm edio, en el qu e se produjo una disgregaci ón del pod er cen-
tral en favor del pod er territori al. Los hicsos eran partidarios de un estado disgregado en
muchos pequeños núcleos de poder, todos ellos bajo la autoridad de un líder más pod eroso,
pero conservando un alto grado de autonomía y de autogobi erno a ca mbio del pago de tri-
butos. En con secuencia, es probable que los hi csos control aran solamente una parte limitada

109
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

del territorio, y el resto quedó bajo la observancia de asentamientos militares situados en


puntos estratégicos.

Este sistema posibilitó la existencia de la dinastía XVI, esos hicsos menores, pero sobre
todo, aunque no podemos decir que lo facilitara , no fue capa z de impedir, el surgimiento de
una dinastía egipcia en Tebas, la XVII , la que a la postre acabaría con la dominación hicsa.

XV dinastía

No tenemos seguridad ni en el nombre ni en el número total de los gobernantes que


constituyeron esta XV dinastía. Tampoco tenemos datos sobre la relación que existió entre
ellos.

Por lo que se refiere al ascenso de los hicsos en Egipto, los investigadores estab lecen
dos fases. Una primera tiene lugar en la zona noreste del delta a finales del siglo xv1 11 a. C. ,
con la ocupación de Avaris, la adopción del dios principal de la ciudad Seth y la reconstruc-
ción de su templo. En una segunda fase se consolidó la conquista, expandiéndose hacia el
Bajo Egipto. Los protagonistas de las expansión son prácticamente desconocidos.

Según las listas reales, la XV dinastía pudo reinar unos 108 años, y los dos primeros
monarcas los conocemos por Manetón. El primero, Salitis (Sekerher) que podría identifi-
carse con el Sheshi, cuyos sellos llegan hasta la Tercera Catarata . Esto no debe interpre-
tarse como que el dominio de los hicsos llegaba hasta Sudán , pues en esa época en la
zona Baja de Nubia se habían estab lecido una serie de príncipes locales independientes.
Relacionado con este monarca está Hur un funcionario conoc ido también por los escara-
beos, que ll evaba el título de «tesorero del rey del Bajo Egipto» y «superintendente del
tesoro», cuya misión debía ser recaudar los impuestos. La prueba de la continuidad del
funcionariado anterior, es que conocemos otro tesorero de esta época, que trabajaba
para la adm inistración de los hicsos, pero que tenía nombre egipcio: Perymwah.

El segundo monarca importante fue Yakubher (Menuserre Yak-Baal) al que so lamen -


te conocemos por los escarabeos y porque las relaciones comerciales debían llegar ba s-
tante al sur de la primera catarata que probablemente era el límite del dominio de los
monarcas hicsos.

El tercero de los monarcas Khyan (Seusenenre), tuvo un reinado bastante largo del
que apenas tenemos inform ación. Sin embargo , a diferencia de sus predecesores, hay
restos de monumentos construidos bajo su mandato. Pudo mantener contactos con Creta,
donde ha aparecido una copa con su nombre, y con Palestina (escarabeos y sel los), pero
debieron perderse las relaciones con Sudán y con Nubia.

110
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

El cuarto soberano tomó el nombre egipcio de Apofis. Apofis 1(Auserre) reinó unos cua ren-
ta años si hacemos caso a las listas reales. Bajo su mandato Tebas todavía estaba sometida al
gob ierno de los hicsos, como demuestran algunos monumentos del Ato Egipto en los que está
grabado el nombre de Apofis, y en una tablilla de escriba aparece con el títu lo de Rey del Alto y
del Bajo Egipto. La tranquilidad para los hicsos ya no duró mucho y a finales del reinado de
Apofis 1, los príncipes de Tebas comenzaron el proceso para sacudirse el yugo de los invasores.

Con el poder hicso en descomposición el reinado de los dos últimos fu e muy breve. Apofis
11 apenas ha dejado testimonios, y su nombre no aparece en los monumentos al sur de Bubastis,
lo que indica cómo se iba reduci endo el territorio controlado por los monarcas hicsos. El ultimo
monarca fue Asehre (Khamudi), que tan sólo reinaría uno o dos años y con él se perdería la
influencia hicsa en el delta. La XV Dinastía concluyó con la caída de Avaris, pocos años después,
desde Tebas, Amosis fundaría la XVIII Dinastía y daría inicio al Imperio Nuevo.

XVI dinastía

La inform ación que tenemos de los so beranos de la XVI dinastía es rea lm ente escasa .
Sabemos que estuvo compuesta por parte de los 75 «reyes pastores», por ocho nombres ex-
tranjeros de Papiro de Turín y por un cierto número de soberanos de los que solamente cono-
cemos su nombre gracias a los escarabeos. Somos in capaces de ord enar cronológicamente
estos soberanos. A esta dinastía pudo pertenecer Apofis 111 , cuyo nombre aparece en algunos
monumentos.

Significado y aportaciones de los hicsos

Los hicsos iniciaron una revolución en la civilización egipcia, aportando nuevas concep-
cion es en todos los campos, concepciones que luego serían fundamentales para la evo lución
y el desarrollo del Imperio Nuevo, sacando a Egipto de su ancestra l anqui losam iento. Gracias
a su presencia en Egipto, lograron que los egipcios abandona ran la creencia en su superiori-
dad frente a otros pu eblos. Se trató una evolución en su pensamiento que fu e favorecida por
el contacto continuado e íntimo con otras cu lturas, sobre todo las asiáticas qu e los hicsos
representaban. A esta creencia en su superioridad probabl emente había contribuido el aisla-
miento que les producía estar entre dos desiertos, el arábigo y el Sahara que les cerraban la
visión del mundo exterior.

Esta apertura hacia el exterior favoreció que penetraran en Egipto nuevas corrientes de
todo tipo: religiosas, filosóficas y artísticas, así como numerosas innovacion es técnicas que
cambiaron radicalmente la vida de los egipcios.

111
IN RODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 14. Carro de gu erra introducido por los hicsos.


Tumba de Yuya padre Tiy de la esposa de Amenhotep 111. Foto National Geographic.

Así, por ejemplo, sa bemos que los egipcios, probabl emente ya conocían el caballo y el
carro tirado por caballos, pero con los hicsos se introduce una novedad: el empl eo del carro
por el ejército apareciendo así en Egipto el ca rro de guerra. Muy probabl emente también in-
troduj eron una mejora en otro arma importante: el arco tradicional se transform a en el arco
compu esto, qu e daba una mayor potencia y alcance a sus proyectil es. En el campo bélico
también aparecen los puñales de bronce, las espadas mejoradas, la espada curva, que tendrá
una enorm e repercusión, y la armadura de malla.

Al margen del campo bélico también introducen nuevos instrum entos musicales, sobre
todo de cu erd a. Igualmente una mejora generaliza da de la metalurgia del bronce; aparece el
telar vertical, y en orfebrería se fabrican pequeñas joyas como pendientes o alfileres.

Los hicsos, por su parte, adoptaron muchas de las tradiciones egipcias, van a emplear el
sistema de escritura jeroglífica para poner su nombre, sobre todo, en pequeños objetos.
También asumirán los nombres person ales egipcios y, a imitación de ellos, crea rán una reli -
gión oficial , adoptando como dios principal a una divinidad egipcia, con cretamente al dios
Seth de Avaris, ciudad en torn o a la cual crea ron su principal centro de poder. Es muy proba-
bl e, qu e la elección de un dios egipcio co mo di os nacional, no fu era gratuita e intentaran
equiparar a Seth con alguno de sus dioses asiáticos, tal vez Baa l, Rehesep o Tesnub. La intro-
du cción de algunas divinidad es típicamente asiáticas también parece atesti guada, como la
mujer desnuda qu e aparece en numerosos esca rabeos de esta época, indudablemente id en-
tifi cada con Astarté.

112
Imperio Medio {2055-1650 a. c.)

Tercera fase: ascenso de Tebas y expulsión de los hicsos

XVII dinastía

Casi coincidi endo con la ca ída de la XIII dinastía y la conqui sta del norte de Egipto por
los hicsos, en la región de Tebas se está formando una nu eva dinastía qu e va a intentar
mantener el control sobre una parte del territorio tebano, pero va a estar sometid a a los
hi csos. En ese periodo tod avía no pod emos hablar de reyes, sino simplemente de príncipes
locales.

Como en ot ras ocasiones, no es fácil establecer la lista de los monarcas que integraron
esta dinastía, ni el orden de sucesión. Nuestra fu ente principal, El Papiro Real de Turín , men-
ciona quince monarcas, diez de ellos son conocidos por los monumentos, mientras que la
inscripción de Tutmosis 111 de Karnak en la qu e se recogen sus antepasados, se mencionan
nu eve de estos quince. Finalmente, en las tumbas de Tebas, de los quince monarcas están
enterrados siete.

Cuando se inicia la dinastía, es muy probable que los príncipes tebanos solamente tuvi e-
sen aspiracion es sobre sus territorios tradicionales, los ocho primeros nomos del Ato Egipto,
desde Elefantina a Abidos. Mientras que los hicsos dominaban Egipto, ellos estaban intenta-
do rescatar las tradicion es del Imperio Medio, pero ca recían de los recursos necesa rios: sin
acceso a las canteras de Asuan ni al Wadi Hammamat. Tuvieron que conformase a los pobres
materi ales a los que podían con seguir, lo que en gran medida se refl eja en sus tumbas.

El fund ador de la dinastía será Rahotep, qu e se enca rga rá de restaurar los templos de
Min en Coptos y Osiris en Abydos. Antef V, el segundo monarca, tuvo un breve reinado, sien-
do sucedido por Antef VI . A los dieciséis años accedió al trono Sobekemsaf 11 , uno de los que
mas documentos existen, como la información del saqueo de su ri ca tumba en ti empos de
Ramsés IX. Su nombre aparece en numerosos monumentos y, por la riqu eza de su tumba, a
pesa r del saqueo, puede deducirse que en esos momentos se produjo una cierta bonanza en
la economía de los monarcas tebanos. Su sucesor Djehuty, apenas gobernó un año, siendo
sucedido por Mentuhotep VI , qu e conocemos por algunas esfinges. De los sigui entes monar-
cas, hasta la llegada de Sequenenre Tao II apenas tenemos noticias. Hasta ese momento los
monarcas tebanos continuaban sometidos al poder de los hicsos, y el primero en rebelarse
contra esta situación será Sequenenre Tao 11.

Durante el reinado de Apofis 1, Sequenenre provocó el enfrentamiento con los hicsos El


relato de éste lo conocemos por un documento de época ram ésida, La disputa de Apofis y
Seqenenre, docum ento qu e ha sido puesto en duda , y cuyo contenido es una la qu eja de
Apofi s por el ruido qu e hacen los hipopótamos en Tebas. La disputa provocaría el inicio de la
resistencia de Tebas al poder de los hicsos.

113
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Sa bemos que muy probablemente Seqenenre fu e derrotado por Apofis y que murió duran-
te la rebelión; sin embargo, los hicsos, a pesa r de la victoria, se vi eron obligados a abandonar el
Alto Egipto, estableci éndose la frontera al norte de Asyut. Kamosis «el que doblega las dos tie-
rras», se encargó de continu ar la lucha, enviando una expedi ción naval que llegará cerca de
Avaris. Aunqu e no fue una vi ctori a aplastante, sí redujo sustancialmente el poder de los hicsos,
lo que sa bemos por dos grandes estelas colocadas en el templo de Amón en Karnak y por la
Tablilla Carnarvon l. Ello provocó que los hicsos fu eran también expulsados del Egipto Medio.

Tablilla Carnarvon 1
Gu erra de Kamosis contra los hi csos

Año tercero del Horus «El que aparece sobre su trono»; las Dos Señoras: «El que renueva sus
monumentos»; Horus de oro: «El que contenta a las Dos Tierras»; Rey del Alto y del Bajo Egipto:
«<Uadjkhe>per<re; Hijo de Re>: Kamose, amado de Amón-Re, Señor del trono de las Dos Tierras,
que viva como Re eternamente y para siempre jamás.
El poderoso rey en Tebas, Kamose, que viva eternamente, fue el benéfico rey. Fue el mismo {Re quien
le hizo] rey y quien le concedió la victoria en verdad.
Su Majestad habló en su palacio al Consejo de los Grandes que estaban en su séquito: «¡Hacedme
entender para qué tengo esta fu erza, si un príncipe está en Avaris y otro en Kush y [aquO me asiento
yo en medio con un asiático y un negro. Cada hombre tiene su parte de este Egipto compartiendo la
tierra conmigo. Yo no puedo pasar más allá de Menfis y las aguas de Egipto < ... > Mirad, él tiene
Hermópolis y ningún hombre puede asentarse siendo despojado por los impuestos
de los Setiu. Yo lucharé contra él y podré abrir su vientre. ¡Mi deseo es salvar a Egipto y aplastar a
los asiáticos!,,
Pero los Grandes de su Consejo dijeron: «Mirad, los asiáticos han <llegado> hasta Cusae y tras
haber mezclado sus lenguas hablan de idéntico modo, mientras que nosotros estamos tranquilos en
nuestra <parte de> Egipto. Elefantina es fuerte, y la zona central es nuestra hasta Cusae. Los más
lustrosos de sus campos se cultivan para nosotros y su ganado pasta en el delta. Se manda comida
para nuestros cerdos y nuestro ganado no ha sido abandonado < ...> por esto. El posee la tierra de
los asiáticos, nosotros tenemos Egipto, pero <si alguien> viniera y actuara [contra nosotros],
entonces nosotros actuaríamos contra él".
Pero ellos fu eron desagradables en el corazón de Su Majestad: «En cuanto a vuestro consejo <de no
combatir> contra los asiáticos que <están en Egipto, es vil. Mirad, yo combatiré> contra los asiáticos
y vendrán éxitos. Cuando <los haya vencido>, la tierra entera <me aclamará, el rey poderoso> en
Tebas, Kamose, el protector de Egipto,>.
Yo fui al norte, porque estaba {lo suficientemente] fuerte para atacar a los asiáticos bajo la dirección de
Amón, el verdadero de los designios. Mi valiente ejército estaba frente a mí como una ráfaga de fuego.
Las tropas de los Medyau estaban dentro de nuestras fortalezas para perseguir a los Setiu y empujarles
de sus posiciones. Este y Oeste tuvieron su provecho y mi ejército saqueó todo lo que encontró. Mandé
una fuerte tropa de los Medyau, mientras yo estaba con la patrulla, de día, en < ... > Teti, el hijo de
Pepi, dentro de Neferusi. Yo anduve para no dejarlo escapar Rechacé hacia atrás a los asiáticos que se
habían enseñoreado de Egipto y él actuó como uno que <confiaba en> la fu erza de los asiáticos.

114
Imperio Medio (2055-1650 a. c.)

Yo pasé la noche en mi barca, con mi corazón feliz. Cuando despuntó el día, yo me encontraba sobre
él como si fuera un halcón. Llegada la hora de perfumar la boca, le ataqué. Rompí sus muros, maté a
su gente e hice que su esposa bajara a la orilla del río. Mis soldados eran como leones que, con sus
despoj os, tomaban siervos, ganado, leche, comida y miel, dividiéndose sus propiedades, gustando
mucho a sus corazones.
La región de Nef e<rusi> estaba en ruinas; no era demasiado para nosotros aprisionar su alma.
La <región> de Pershaq había desaparecido cuando la alcancé. Sus caballos habían escapado; la
patrulla < ... >.
(Traducció n, F. Lara)

La ofensiva final contra los hicsos la protagonizó el hermano de Kamosis, Amosis 1, fun-
dador de la XVIII dinastía. En la toma de Avaris los egipcios debiero n emplear ya las noveda-
des técn ica s en armamento introducidas por los hicsos, como el carro de guerra. Tras la caíd a
de la ciudad, los hicsos fu eron perseguidos hasta el Sinaí, el sur de Palestin a y el desierto del
Negev. Sin embargo, su influencia todavía permaneció po r algún t iempo en algunos ca mpos
de la cultura egipcia, como la literatura.

BIBLIOGRAFÍA

URRUELA, J., Egipto durante el Imperio Medio. Akal, Madrid, 1991 .


MARTíNEZ BABÓN, J. , Los Hicsos y la conquista de Egipto, Dstoria, Barcelona, 201 5.

CIM INO, F. , Sesostris. Storia del Medio Regno Egiziano, Ru sco ni, Milán, 1996.

11 5
Tema 3
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. C.)

Sinopsis

El Imperio Nuevo co mienza co n la reunificación de Egipto por los príncipes tebanos.

Es la época del máximo espl endor de Egipto qu e se exti end e su influencia desde el Eúfrates
hasta la cuarta catarata.

Am osis 1, prim er fa raón de la XVIII dinastía, logró expul sa r a los hicsos y llevar la frontera egip-
cia hasta el sur de Palestina.

Tras los dos prim eros Tutmosidas sube al trono la reina Hatsheptup.

Tutm osis 111 forjó un imperio que iba desde la actu al Siria hasta la cuarta catarata del Nilo, en el
actual Sudán. Con ello, los dominios del Egipto faraóni co alca nza ron la máxima extensión de
toda su historia.

Tutmosis IV quiso frenar el poder del clero de Am ón fom entando el cu lto a Atón qu e llega ría a
su cénit co n Am enofis IV, Akenatón, y en la ciudad crea da para ello: Ajetatón.

Se sustituye la primacía del culto del dios Amón por la de Atón al ti empo que la fa lta de aten-
ción a la políti ca internacional hace que el pod er políti co egipcio peligre.

A la muerte de Am enofis IV se restaura la religión tradicional.

Suben al trono los fa raones de la XIX dinastía cuya meta es la restauración del pod erío egipcio.
Destaca Ramsés 11 que co nsiguió frenar el expansionismo hitita. Durante su reinado Egipto co-
noció su épo ca de mayor espl endor, gra cias a la prosperidad eco nómica qu e fa voreció el de-
sa rro llo de la literatura y las ciencias, y que le permitió eri gir grandes con stru cciones co mo
Abu -Simbel.

Después los faraon es van perdi endo pod er ante la casta sacerdotal hasta que Herior, sumo sa-
cerdote de Amón se procl ama faraón com enzando la XXI dinastía y con ella el Tercer Periodo
Interm edio

117
INTRODUCCIÓN A LA HI STORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Hacia el siglo x1a. C. , Egipto se vio dividido en dos unidades políti cas, una en Tanis y otra en
Tebas.

El control sobre Siria , Fenicia y Canaá n se perd ió compl eta mente.

El equilibrio entre el norte y el sur se rompi ó cuando rey de Tanis, impuso a su hijo co mo sumo
sacerdote de Am ón en Tebas. Mientras se produ cía una rebelión en Tebas, en Leontópoli s, una
isla en el delta del Nilo, se form aba la XXIII dinastía.

La presencia de dos monarquías tan cerca nas en Ta nis y en Leontópolis, posibil itó la form ación
de otros ce ntros de pod er.

Mientras en Egipto se instalaba la anarquía, en Nubia se form aba un pequeño reino que se iría
haciendo grande.

El faraón nubio Taharqa llevó al reino a su apogeo, aunque tuvo que retirarse ante los asirios.
Las tropas egi pcias fu eron derrotadas y el avance del rey asirio Assurbanipal hizo retirarse al
fa raón.

Hacia el año 660 a. C., los fa raones kushitas fu eron expul sa dos a Nubia, y la dinastía de los fa-
raon es negros quedó desde ento nces en el olvido.

Guion / Resumen

IMPERIO NUEVO Y TERCER PERIODO INTERMEDIO

Imperi o Nuevo Tras la expulsión de los hicsos Egipto de nuevo está reun ifi ca do.
1550-1069 Es la época de máximo espl endor.

Dinastías XVIII-XX Se co nvierte en un estado militarista y agresivo


Grandes enfrentamientos co n potencias asiáti cas:
Tutmosis 111 Con Mitani - Batalla de Megiddo
Ramsés II co n Hatti - Batalla de Qadesh
Ramsés 111 co n los Pu ebl os del Mar
Revolu ción de Amarn a
Ake natón sustituye el culto a Amón por el de Atón.
Traslada la ca pital a Akh eraton (El Am arn a).
Prohíbe el culto a otros dioses.
Tutankhamón resta ura el culto a Amón y devu elve el pod er al clero.
Con la XIX dinastía se lleva a ca bo una política expansionista

118
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Con Seti I se delimitan las zon as de Influencia con los hititas


Ramsés II Fracasa en su intento de control del Asia Occidental
La organización del Imperio Nuevo es semejante a la de épocas anteriores.
Se suceden las disputas di násti cas.
En economía se introduce la metalurgia del hierro.
La madera de Siria y del Líbano llega constantemente.
La casta sacerdotal adquiere cada vez más pod er¡h asta rivali za r cvon el
del fa raón .
Se mejoran los métodos de momificación
Los fa raon es del Imperio Nuevo se entierran en el Valle de los Reyes.
La literatura alcanza sus máximas cotas

Tercer Período Tres períodos:


Interm edio • Faraon es Tanitas. Ca pital en Tanit. Dinastía XXI
1069-656 a. C. • Faraones Libios. Reino muy fragmentado, casi feudal. Dinastías XXII -XXIV
Dinastías XXI-XXV • Faraones Nubios. Capital en Napata. Din astía XXV. Logran una reuni-
ficación temporal.
Tod as estas dinastías son casi simultaneas.
El clero de Amón ti ene un pod er desmedido.

Época Sa ita Última dinastía nativa de Egipto. A partir de ella se suceden la s domina-
664-525 a. C. ciones extranjeras.
La ca pital se sitúa en Sais
Dinastía XXVI
Probabl emente es una dinastía relacionada co n los Faraon es Libios
El cl ero de Amón mantiene su pod er pero va en retroceso.
Al fin al de la dinastía los persas se adueñan de Egipto y Ca mbi ses II inau-
gura el Egipto Aqu emenida.

119
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

IMPERIO HITITA MITANNI


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<é) CJ Reino de Tebas (h. 1570) Conquistas sucesivas:
-+ Campañas de Thutmosis 111
>- ..!... con Ahmose 1 (1552-1527 a.C.)
oV CJ Imperio Nuevo Egipcio
(h. 1470 a.C.) ...L
(1490-1346 a.C.)
conAmenhotep 1 (1527-1506 a. C.)
e -+ Supuesta ruta seguida por
.~
:r: • Ciudades importantes con Ramsés 11 (1289-1224 a.C.) los hebreos en la salida
de Egipto
V,

"' Máxima extensión del - -► Pueblos del mar


~ Imperio Nuevo Egipci o con -+ Presiones de pueblos
Thutmosis 1(h .1506-1494) -+ Campañas de Ramsés 11 externos
~
e:
<l.>
:::,
u..

• Mapa 6. Egipto durante el Imperio Nuevo.

120
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a.c.)

IMPERIO NUEVO (1550-1069 A. C.}

Faraón

La palabra <1araón» deriva de la expresión egipcia per-aa («Casa grande»), que si en principio se
utilizó para aludir exclusivamente al Palacio real acabó por identificar, a partir del Reino Nuevo, al
soberano que vivía en él. Tal palabra no fue nunca título oficial, dado que para aludir al rey se
emplearon las expresiones neb («señor»), nesut («rey»), ity («so berano») o heme/ («su majestad»). La
expresión per-aa fue incorporada por los judíos a su idioma, pasando luego a la Biblia y de ésta al
griego, llegándonos así la voz 11araón>J. Estas expresiones iban casi siempre seguidas por la llamada
«fórmula de deseoSJ}: ankh, uadja, seneb, cuya traducción es: «{que tenga} vida, prosperidad [y]
salud!>, frase abreviada por lo común por medio de tres signos j eroglíficos. También se le señalaba
en ocasiones con las expresiones de «el dios bueno» (netjer nef er) y de «Señor de las dos TierraSJ} (neb
tauy). Es un anacronismo aplicar el título de fara ón a todos los reyes del antiguo Egipto.
Históricamente, sólo es correcto hacerlo a partir de Ameno/is IV, a quien se le dirigió una carla en la
que, por primera vez, se le saludaba como Faraón.
Federico Lara Peinado

El Imperio Nuevo será el período de mayor espl endor de tod a la histori a de Egipto. Abarca
las dinastías XVIII a XX. Pod erosos faraones como Tutmosis 111 , Am enofis IV y Ramsés 11 , me-
diáticos como Tutankhamón, reinas como Hatshepsut y Nefertiti o revoluciones como la de El
Amana, se sucederán durante un periodo de casi 500 años, lleva ndo a la civilización egipcia
a las más altas cotas políticas, culturales y económicas.

Con la ex pulsión de los hicsos y el establ ecimi ento en Egipto nu evam ente de una mo-
narquía, fu erte y centrali za da, podría pensa rse qu e esta mos ante la potencia hegemóni ca
del Próxim o Ori ente. Nada má s lejos de la rea lid ad. En los siglos sucesivos los rivales de
Egipto se iban a suceder unos a otros, comenzando por los mitanios, qu e serán los antago-
ni sta s prin cipales de los egipcios durante bu ena parte del Imperio Nuevo y amenaza rán la
zo na del delta. Con ell os rivalizarán por el contro l de la franja siri o-palestina . Egipto tam-
bién va a ser amenazado desde el sur, dond e algunos pueblos, qu e hasta ese mom ento no
les habían creado demasiados probl emas, comenzaron a organi za rse. En los períodos en
los qu e el poder centra li zado era fu erte, Egipto se había sentido seguro dentro de sus fron-
tera s, sin tener aspiraciones fu era de ellas, más al lá de las provocadas por motivos comer-
cia les o por la búsqu eda de materia s primas. A partir del Imperio Nuevo, las cosas van a
cambiar; Egipto va a prestar mucha más atención a la política internacional, se va a con-
vertir en un estado agresivo, qu e va a rivalizar con los Imperios del Próximo Ori ente y va a
mantener con el los intensas relaciones diplomáticas, cuando no enfrentamientos militares
abiertos.

121
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

En el Imperio Nuevo se produce un cambio muy importante en la figura del monarca. En


la Dinastía XVIII aparece por primera vez el término Per-Aa (Faraó n), solamente a partir de
Amenofis IV podemos llamar con propiedad Faraón a los gobernantes egipcios.

XVIII Dinastía XIX Dinastía XX Dinastía

Amosis Ramsés 1 Sethnak ht


Am enofis 1 Sethi 1 Ramsés 111
Tutmosis 1 Ramsés 11 Ramsés IV
Tutmosis 11 Mern eptah Ram sés V
Tutmosis 111 Am enm ess u Ramsés VI
Hatshepsut Seth i 11 Ramsés VII
Am enofis 11 Siptah Ram sés VIII
Tutmosis IV Tau sret Ram sés IX
Am enofis 111 Ramsés X
Am enofis IV / Akenatón Ram sés XI
Neferneferuatón
Tutank hamón
Ay
Horemheb

La dinastía XVIII {1550-1350 a. C.}

Los primeros monarcas: de Amosis I o Tutmosis fil

Una de las diferencias que va a haber entre el estado egipcio del Imperio Nu evo y el de
las épocas anteriores es su ca rácter militarista , consecuencia de su sa lida del aislacionismo. El
estado egipcio quiere ser tan poderoso en la esfera internacion al, como lo había sido hasta
ese momento en la interna. También va a ser una constante que a la mu erte de ca da sobera-
no se produzca una sub levación en los territorios so metidos. con la esperan za de que el
nuevo no sea capaz de mantener el control y, así, lograr liberarse del yugo egipcio. Ello ll eva-
rá a que una y otra vez se deban repeti r campañas militares en los mismos lugares y, habi-
tualmente, con el mismo resultado.

Como ya hemos dicho, la dinastía XVIII se inicia con Amosis 1, hijo de Seqenenre Tao y
hermano de Kamosis. Desconocemos los motivos por los que sucede a su hermano, tal vez
éste no tenía descendencia y tuvieron que acudir a su pariente más próximo. Lo cierto es que
Amosis I accedió al trono siendo muy joven . Sabemos que durante unos años su madre

122
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Ahhotep ejerció la regencia. Tal vez ella influyera tambi én mu cho en la designación de su
hijo como sucesor. Al acceder al trono tod avía había partes del territorio egipcio qu e no esta-
ban bajo su control. Com o ya hemos avanza do, co n él continuó la ofensiva sobre los hicsos,
iniciada por su hermano Kamosis, ofensiva realiza da a través del río, co n barcos, qu e conoce-
mos gracias al relato de un soldado de el-Qab. El objetivo final era Avari s, para lo cual nece-
sitó mu chos años y al menos tres ataqu es. Con ell o no co ncluyó la guerra en el delta. Era
necesa rio aca bar co n los focos de resistencia y los hi csos qu e quedaban fu eron empujados
con difi cultad hacia el este, hasta Palestin a, donde asediaro n la ciudad de Sharuh en, tradi-
cionalmente co nsid erada una fortaleza de los hicsos, pero lo más probabl e es que se trata ra
de una ciudad en la qu e se habían refu giado gentes emparentadas co n ellos. La toma de
Sharuh en hay qu e encuadrarl a en la política para proteger la frontera oriental. Una vez esta-
biliza do el norte, Am osis necesitaba pon er ord en en el sur y restabl ecer el poder egipcio en
Nubia. Para ello ini ció en el sur una seri e de ca mpañas. La prim era de ellas co ntra el príncipe
de Kush, que gobernaba un territori o qu e iba desde Elefa ntina hasta la Segunda Catarata.

Durante el Segundo Periodo Interm edi o, con la dominación de los hi csos establ ecidos en
el norte, Ku sh se había convertido en un estado ind ependi ente. Es muy pro bable qu e este
príncipe de Ku sh fu era un nubio, pero co n toda seguridad muy ligado a la cultura egipcia,
pu es sus fun cionari os tenían nombres egipcios y allí también se adoraban a los dioses egip-
cios. Sa bemos que entre Ku sh y Avaris tenían buenas relaciones, hasta el punto de que cuan-
do Kamosis atacó el pod er hicso en el norte, Apofi s le pidi ó al príncipe de Ku sh, probabl e-
mente de nombre Nedjeh , que ataca ra a los egipcios desde el sur. Con ocemos las ca mpañas
de Am osis I en el sur gracias a la inscrip ción de un soldado, llamado tambien Am osis, hijo de
lbana, qu e parti cipó en ellas. Sa bemos qu e Am osis I rea lizó al menos tres expediciones con-
tra Ku sh, con poca oposición de las poblaciones de la región. La segunda a consecuencia de
la revu elta de Tetian , sucesor de Nedjeh, tambi én aplastada con fa cilidad, llega ndo el ejérci-
to egipcio hasta el sur de Buhen. Una vez restablecido el pod er de Egipto en Nubia, Am osis,
dejó la región en manos de Horm eni, qu e ocupó el puesto del príncipe de Ku sh y se compro-
metió a paga r un tributo anual. Es probable que Amosis rea lizase, al final de su reinado, una
última ca mpaña contra Palestin a en la que también incluyó Siria.

A la muerte de Amosis 1, le sucede en el trono su hijo Amenofis 1, quién se mantendrá en


el trono, aproximadamente unos 21 años. Aunqu e tenemos pocos datos de su reinado, sí sa-
bemos que estuvo preocupado por consolidar el reino heredado, sobre todo en lo referente a
las fronteras. Co nocemos que su control se extendi ó hasta la región de lombos, cerca de la
Tercera Catarata. También llevó a ca bo expediciones contra los libios por el oeste, recuperan-
do, o con solidando, las zonas de los oasis. Actuó contra los asiáticos por el este, aproximando
la frontera al Éufrates, qu e en esta época ya era con sid erado el límite de la influ encia egipcia,
comenza ndo ya desde este momento la rivalidad con Mitanni . De su política interna, a parte
de su intensa labor como constru ctor, no sa bemos nada. Tambi én descon ocemos si Am enofis 1

123
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

tuvo descendencia, lo cierto es que a su muerte le suced ió un militar de alto ran go, Tutmosis l.
No sabemos si tenía algún tipo de relación sanguínea o fam iliar con él, y es probabl e que la
designación la rea lizara Amenofi s I antes de morir, pu es en algún documento aparecen jun-
tos los nombres de ambos, lo qu e indi caría la ex istencia de una corregencia, qu e hasta el
mom ento no ha sido aceptada por todos los egiptólogos

Inscripción rupestre de El Kab


Campañas a Nubia y Asia de Tutmosis 1

Conduje a continuación en barco al rey del Alto y del Bajo Egipto Aakheperj¡kare, justo de voz,
mientras descendía el río en dirección Khenthennefer, para reprimir una sublevación [suscitada} a
través de los países extranjeros y para rechazar una invasión por el lado del desierto. Realicé en su
presencia un acto de bravura, sobre aguas difíciles, que asaltaban el navío en un paso peligroso de
la catarata. Se me llamó jefe de los marinos <... >.
Entonces su majestad se puso furioso como una pantera; lanzó su primera flecha, que quedó
clavada en el pecho de este vil enemigo; [los adversarios huyeron}, sin fuerza, a causa de la llama
de su uraeus; en un instante se formó allí una carnicería, y se tomó como prisioneros a todos sus
habitantes. Su majestad navegó río abajo, teniendo en su puño todos los países extranjeros, mientras
un vil nubio estaba colgado, cabeza abajo, en la proa de la barca de Su Majestad. Desembarcamos
en Katnak.
Después de esto partimos hacia Retenu por distracción a través de los países extranjeros. Su Majestad
alcanzó Naharina; tan pronto como encontró a ese vil enemigo, comenzó el combate. Hizo una gran
masacre y se podía contar el número de prisioneros que trajo de sus victorias. Entre tanto, yo estaba
a la cabeza de nuestro ejército y Su Majestad pudo percibir mi valor Traje conmigo un carro, y su
yunta de caballos como prisioneros, lo cual ofrecí a Su Majestad. De nuevo me recompensó con oro.
Traducción F. Lara

Con Tutmosis 1, tuviera relación sa nguín ea con Am enofis 1, o estuvi era casado con alguna
de sus hijas, lo cierto es que se instaló una nueva fami lia real en el trono de Egipto y con ella
nuevas costumbres, como la de enterrarse en el Valle de los Reyes, qu e va unido a la creación
de un poblado de artesanos en Deir el Medineh donde van a vivir los encargados de excava r
los hipogeos rea les. Tuvo que reafirmarse en el trono frente a las amenazas extern as, rea li -
za ndo una campaña contra Nubia en la que ll egó a Tambos, donde levantó una forta leza
para co ntrolar la zona. También aplacó una rebelión en Kush . Intervino en Canaán y aumen-
tó la tensión con Mitanni. En el aspecto interno, prestó mucha atención a Menfis, que en
realidad se convirtió en una segu nda capita l. Murió si n descendencia masculina directa y la
sucesión fu e complica da, pues el trono acabó pasando a Tutmosis 11 , hijo de Tutmosis I y una
co ncubina, qu e se había casado co n su hermana stra Hatshepsut. Su reinado fue muy co rto y
siemp re destacó por encima de él su esposa, qu e como veremos tuvo un papel importantísi-

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

mo en los años sucesivos. Se vio obligado a hacer frente a la consa bida revu elta en Nubia que
se había separado y dividido en tres reinos a la mu erte de Tutmosis l. El ejército, mandado
por Seni , logró sofoca r la revu elta. También tuvo que enfrentarse a los shasu, tribu s beduinas
de Asia, aunque bastó la sola presencia del ejército para que se sometieran. No conocemos
qu e tuvi era hijos varon es con Hatshepsut, por lo que el heredero iba a ser el hijo habido con
un a co ncubina, Tutm osis 111 , pero era muy joven para hacerse ca rgo del trono, por lo qu e
Hatshepsut se ocupó de la regencia.

Hatshepsut y Tutmosis 111

Sin duda, Hatshepsut es uno de los personajes más atrayentes de la histori a de Egipto,
no só lo por el hecho de ser muj er, sino porqu e ejerció la monarquía con tod as sus con se-
cuencias y con pl enos pod eres, en un momento en el qu e, en Egipto, la mujer desempeñaba
un papel diferente al que había tenid o hasta ese momento. Estaba muy presente en mu chos
aspectos de la vid a egipcia, pero sobre todo en la política. Las reinas de Egipto, co mo esposas
del monarca, no iban a estar al margen de las decisiones de gobierno.

• Figura 15. Busto de Hatsh epsut. Museo de El Cairo. Foto National Geographic.

125
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

La mujer en Egipto tenía un status bastante elevado. Podían poseer bienes y podían he-
redar. Ahora bien , fue bastante raro que una mujer se convirtiera en monarca, so lamente
Sobekneferu , a la muerte de Amenemhat IV, Khentkaus, que sirvió de nexo de unión entre
los faraones de la IV y la V dinastía, y tal vez Nitocris a finales de la VI din astía , llega ron a
sentarse en el trono como monarcas.

Como hemos visto, Hatshepsut era hija de Tutmosis 1, esposa y hermana stra de Tutmosis 11
y madrastra de Tutmosis 111. No cabe duda que el currículum fami liar le hacía merecedora del
trono, y eso mismo pensaba ella cuando se hizo cargo de la regencia de Tutmosis 111 , regencia
que asumió sin ánimos de renunciar al trono en ningún mom ento. Como hija de monarca
había sido perfectamente educada para cumplir con sus deberes y, durante el reinado de su
padre, ya ocupó puestos de responsabilidad . En comparación con el reinado de otros monar-
cas, el suyo fue mucho más largo y próspero.

Cuando Tutmosis 111 llegó a la mayoría de edad, ell a ya había asumido y hacía ostenta-
ción de todos los atributos de un monarca de plenos derechos y, aunque el rey legítimo era
Tutmosis 111 , decidió no entregarle el poder hasta su muerte. Se hizo coronar con el nom-
bre de Maatkare y asum ió los títulos de «Esposa de Dios», «Mano de Dios», «Adoradora di-
vina de Amón», «La que ve a Horus y a Set». Vestía atuendo masculino y se hacía rep resen-
tar con él. Portaba todos los atributos del monarca : el khat o pañuelo de cabeza rematado
con el uraeus, la barba falsa, la shendyt o fa ld a corta , incluso la doble corona, símbolo de
su dominio sobre el Alto y el Bajo Egipto. Generó tanto odio en Tutmosis 111 , qu e cuando
éste logró finalmente acceder el trono a la muerte de Hatshepsut, despu és de casi veinte
años de espera, intentó hacer desaparecer todo vestigio de su ex istenc ia, borrando su
nombre de todos los monumentos que había construido. Casi lo logró, pues so lamente
pudo ser rescatada del olvido a mediados del siglo x1x, cuando se observó que los texto s de
Deir el-Bahari, templo funerario de Hatshepsut, no cuadraban con las imágenes y con las
inscripciones, que mientras que éstas se referían a un rey, los sustantivos y los verbos eran
femeninos , llegando a la conclusión de que el Amenenthe (Hatshepsut) de las inscripciones
no era un nombre más de Moeris (Tutmosis 111), sino que era un monarca diferente, y que
ese monarca era una muJer.

Tradicionalmente se ha considerado el reinado de Hatshepsut como no excesivamente


militarista. A ella no se le atribuyen la realización de grandes expediciones militares. En cam-
bio sí que llevó a cabo importantes expediciones comerciales, una al País del Punt, y otra en
busca de piedra para la construcción de obeliscos.

La primera exped ición comercial , probablemente la envió a las cercanías de Asuan, a las
canteras de gran ito rojo para que trajeran dos parejas de obeliscos destinados a Karnak. A la
cabeza de esta expedición iba uno de sus favoritos, que colaboraría con ella durante todo su
reinado, Senenmut, quién dejó su impronta en las rocas de aq uella región .

126
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Los contactos con el País del Punt se habían ini ciado ya durante el Imperio Antiguo.
Se iba allí en busca, sobre todo de incienso, y estaba situ ado en la costa oriental de
África en el límite con el sur del Mar Rojo. Según la documentación que conocemos en el
año 7 de su reinado envió cinco naves al mando de Nehesi , que za rparon de un puerto
del Mar Rojo según unos, según otros el viaje lo realizó remontando el río Nilo. Cambiaron
armas y joyas manufacturadas por árbo les de in cienso, que transportaron con sus raíces
en cesta s, para que permanecieran vivos, breas aromáticas, oro, marfil , ébano y pieles
de leopardo entre otras muchas mercancías. En el viaje de regreso les acompañaron al-
gunos nobles del País del Punt, y también otros del norte de Nubia para rendir homena-
je a Hatshepsut.

Unos años después de la expedición al País del Punt, Hatshepsut envió otra expedición
para obtener dos nuevos obeliscos destinados a Karnak. Esta vez el encargado de gu iar la
exped ición fue Amenhotep que dejó constancia de ellos en su tumba de Tebas y en un grafi-
to de cerca de Asuán . Además de estas expediciones también envió otras a las minas de tur-
quesas del Sinaí.

En política interior, probablemente su labor más importante fue la constructora , apoya-


da por su arqu itecto Senenmut. Levantó numerosos edificios, como el santuario de Karnak,
del que quedan pocos restos visibles, pero, sobre todo, su templo funerario en Deir el-Baharí .
Además se preocupó por la ad ministración de justicia, creando tribunales que distribuyó por
todo el país.

A su muerte, como hemos avanzado, le sucedió Tutmosis 111 , quién hasta ese mo-
mento, y durante los años de gobierno de Hatshepsut se había visto obligado a vivir en la
sombra. Ini ció su rein ado llevando a cabo una violenta repres ión contra todo lo que
había sign ifi cado su predecesora, represión que está siendo negada en los últimos años
por parte de la investigación egiptológica, considerando que la destrucción de la obra de
Hatsheps ut es de época de Ramsés 11. Destruyó todas las estatuas de la reina; persiguió a
todos los que habían desempeñado ca rgos importantes en su gobierno; mutiló los textos
donde aparecía el nombre de Hatshepsut, sustituyéndolo por el suyo, el de su padre o el
de su abuelo.

El reinado de Tutmosis 111 fue muy largo, en torno a 51 años, pero aproximadamente 21
de ellos son los que permaneció relegado por Hatshepsut. Fue un claro exponente de monar-
ca militarista apoyado en un poderoso ejército. Oficialmente están registradas 17 campañas
militares.

Para muchos investigadores fue el creador del Imperio Egipcio, llegando a establecer la
hegemonía egipcia desde Nubia hasta el Éufrates, río que llegó a cruzar en su campaña con-
tra Mitanni. Para ello se apoyó en un ejército poderoso y bien organizado.

127
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

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• Mapa 7. Egipto en época de Tuthmosis 111.

128
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio {1550-664 a. c.)

El ejército de Tutmosis 111 supo aprovechar todas las novedades que se habían introduci-
do en Egipto desde la llegada de los hicsos, sobre todo los ya mencionados arco compuesto y
carro de guerra, a los que se había añad ido el hacha de guerra, ideada en tiempos de Amosis.
Las batallas eran enormemente sangrientas, pero tras la victoria, no ll evaba a cabo una
cruenta venganza contra los derrotados; en cambio hacía numerosos prisioneros de guerra
que ll evaba consigo a Egipto, incluidos los jóvenes príncipes de los países derrotados, prínci-
pes que educaba en su palacio y que, una vez que habían adqu irido todas las costumbres
egipcias, eran enviados a sus países de origen como embajadores. El mando supremo del
ejército, dividido en dos, uno ubicado en Tebas y otro en Menfis, estaba en manos de Tutmosis
111. Al frente de cada uno de estos ejércitos estaban dos delegados suyos, dos visires, asesora-
dos por un Consejo del Ejército. Con él aparece también el virrey de Kush , que contro la el
territorio de Nubia bajo dominación egipcia. La unidad básica del ejército era la infantería
armada con lanzas y hachas, un nutrido grupo de arqueros nubios, caba ll ería y carros de
guerra. La marina podía operar en el Nilo y en el Mediterráneo. Su misión, a parte de la pu-
ramente bélica, era esco ltar a las tropas y proteger a los mercaderes.

Algunas de las campañas militares levadas a cabo por Tutmosis 111 las conocemos en de-
talle por los Anales de Karnak, compuestos por 232 líneas de texto escu lpidas sobre los mu-
ros del corredor que rodea el Santa Santorum del templo. Hubo campañas que fu eron sim-
ples viajes de control , pero otras fueron auténticas empresas militares, como la primera de
ellas que le llevó a enfrentarse con Mitanni, y en la que el choque más importante tuvo lugar
en Megiddo.

La batalla de Megiddo es la primera de la que tenemos una narración completa , con


todo tipo de detalles, incluido recuento de bajas y del botín conseguido.

Las consecuencias de la batalla de Megiddo fueron importantes para Egipto, pues cesa-
ron las revueltas en Canaán y en Siria , con la consiguiente pacificación de la región. Fue
una victoria de prestigio que impresionó a regiones que no habían intervenido en el con-
flicto, hasta el punto de que Hatt i, Chipre, Asiria y Babilonia enviaron tributos de homena-
je a Egipto.

En las siguientes campañas consolidó la presencia de Egipto en Asia así como la percep-
ción de tributos. Algunas de ellas no pueden ca lifi carse de campañas militares, más bien
fueron giras acompañado del ejército. En las últimas campañas, a finales de su reinado se
centró, sobre todo, en Nubia, llegando hasta la Cuarta Catarata y de allí trajo grandes canti-
dades de oro.

En política interior, al igual que sus predecesores, se interesó mucho en las construccio-
nes públicas. Añadió nuevas edificaciones a Karnak, como el Patio de los Anales; nuevas co-
lumnatas, obeliscos y el Pórtico del Gran festival. Levantó un templo a Ra en Heliópolis y otro

129
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

a Hator en Deir el-Baharí. Al igual que su predeceso ra, parte de su gobierno descansó en la
actuación de grandes colaboradores como el visir Rekhmire, o el gran sacerdote de Amón
Menkheperreseneb.

No hay unanimidad al admitir si Tutmosis 111 asoció al trono a su hijo Amenofis 11.
También este último fue un monarca militarista, interesado sobre todo en la guerra, y prepa-
rado desde joven para ella. Según las últimas investigaciones y el análisis de su momia, debió
morir en torno a los 40 años, por tanto su reinado duró unos 26.

• Figura 16. Representación de Tutmosis 111 en los muros de Karnak tras


la batalla de Megiddo. Foto National Historia .

130
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Batalla de Megiddo

Año vigésimo tercero, primer [m es] de la estación shemu, día 21, el día exacto de la fiesta de la
Luna Nueva . El rey se levanta al despuntar el alba . Se dan órdenes a todo el ej ército de
desplegarse < ... >. Su Majestad avanza, sobre su carro de electro, tocado con sus ornamentos de
combate, como Horus, el del brazo poderoso, Señor del poder, como Montu el tebano, mientras
su padre Amón fortalece sus brazos. El ala meridional de su ej ército alcanza la colina del sur
[del riachuelo] de Kyna < ... >, mientras que el ala septentrional está al noroeste de Megiddo; Su
Majestad está en el centro, Amón le asegura la protección mágica de su cuerpo <en> el combate
y la fuerza de <Seth recorre> sus miembros.
Mientras, Su Majestad se apodera de sus enemigos, a la cabeza de su ej ército; y cuando aquellos
ven a Su Majestad asegurar su empresa sobre ellos, huyen <hacia> Megiddo, tropeza ndo y
cayendo de cabeza, con rostros aterrorizados; abandonan sus caballos, sus carros de oro y plata.
Se les saca izándoles por sus trajes sobre [las murallas] de esta ciudad, porque la población
había cerrado [las puertas]; en ocasion es dejan caer sus ropas para ser izados [más deprisa] a lo
alto [de los muros] de la ciudad. ¡Ah, si el ej ército de Su Majestad no se hubiese lanzado al
pillaje, habría < tomado> Megiddo al instante! De este modo fueron izados, con prisas, a fin de
hacerles entrar en la ciudad, el vil enemigo de Kadesh y el vil enemigo de esta ciudad, porque el
temor que Su Majestad inspira había penetrado <sus cuerpos> y sus brazos estaban sin fuerza.
La uraeus se había apoderado de ellos.
Luego, [los soldados de Su Majestad} capturaron sus caballos y saquearon los carros de oro y
plata convertidos en fácil <botín>; mataron a los que estaban tendidos en el suelo, como peces
en un sitio cerrado. El victorioso ej ército de Su Majestad contó los bienes de los enemigos; y
saqueó también la tienda, trabajada < en plata>, de ese vil enemigo < ... >. El ej ército entero
lanzó gritos de alegría, prodigando a Amón aclamacion es, < por la victoria> que había
concedido a sus hijos <en ese día. Los soldados rindieron homenaje> a Su Majestad, exaltando
su victoria; le ofrecieron el botín que habían traído consigo: manos, prisioneros vivos, caballos,
carros de oro y plata, [objetos] <de gran calidad>.
[ . .]
<Lista del botín que el ej ército de Su Majestad ha recogido de la ciudad de> Megiddo:
340 prision eros vivos; 83 manos; 2.401 caballos; 191 yeguas; 6 sementales, < ... > potros. Un
carro trabajado en oro, cuya <lanza> es de oro, perteneciente a este enemigo. Un precioso carro
del príncipe de <Megiddo>, trabajado en oro. <30 carros de príncipes aliados>. 892 carros que
habían pertenecido a su ej ército. En total: 924.
Una hermosa cota de mallas de bronce que había pertenecido a este vil enemigo; una hermosa
cota de mallas de bronce, del príncipe de Megiddo < ...>; 200 cotas de mallas <de cuero> que
habían pertenecido a su vil ej ército; 502 arcos; siete columnas de madera mery trabajadas con
plata, que habían pertenecido a la tienda de este [vil] enemigo. El ejército <de Su Majestad> se
apoderó igualmente de <rebaños de esta ciudad>: < ... >, 1.929 bóvidos, 2.000 cabras, 20.500
ca meros. [ . .]

Traducción F. Lara

131
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Durante los prim ero s años tuvo qu e hacer frente a las habituares subl evacion es de los
territorios som etidos. Cruzó el Orantes y destruyó Ugarit. Derrotó a los prín cipes rebeld es
de Qadesh, qu e tomó como pri sion eros y luego ejecutó, para demostrar a sus adversarios
la fortaleza de su gobierno. Uno de esto s príncipes lo llevó hasta Nubia , dond e lo colgó de
la murall a de Napata . Siri a tambi én se subl evó, probabl emente in sti gad a por Mitanni,
pero el prestigio militar de Am enofis 11 favoreció qu e las ciud ades siri as se som eti eran
rápid amente. De algun a manera, Mitanni y Egipto lograron alca nza r un acuerdo de paz,
pu es a partir de este mom ento no vo lvemos a tener noti cias de enfrentami entos entre
ambas potencias.

El resultado de sus ca mpañas militares fu e la obtención de una gran cantid ad de tribu -


tos. Entre otros, 600 kg de oro y 45.000 de cobre de Retenu , así como un gran núm ero de
eslavos.

Al go que le diferencia de su predecesor es que no pu ede decir que Am enofis 11 fu era un


rey con stru ctor. Se limitó a concluir los proyectos iniciados por Tutmosis 111. A su mu erte, la
corona pasó a su hijo Tutmosis IV.

Existen dudas sobre cómo accedió al trono Tutmosis IV, si suce diendo directamente a
su padre o usurpando el trono a su herm ano mayor. Su reinado pudo durar entre nu eve y
diez años. Para asegurar la pa z con Mitanni se casó con una princesa de la nación asiáti ca ,
probabl emente hija de Aratama l. A pesa r de ello, rea lizó alguna ca mpaña en Asia. Se tra -
tó más de demostra cion es de fu erza qu e campañas militares . Tambi én controló militar-
mente Nubi a, a la qu e envió una expedición . A él le atribuyen la form alización del Tratado
de Kurushtama, firmado con Hatti , en el qu e se fij aban las fronteras y la presencia de hititas
en Siria. Uno de sus logros más destaca dos fu e la restauración de la esfinge de Giza y algu-
nas con struccion es en Karn ak.

A Tutmosis IV le sucede su hijo Amenofis 111 cuando apenas tenía di ez años, por lo qu e
mu madre Mutemuia ejerció la regencia. Su reinado solamente tuvo alguna compli cación
al principio, con dos campañ as a Nubia . El resto de su gobierno fu e relativam ente pacífico,
dedicándose a con solidar las rela cion es con Asia Anterior. Su labor diplom áti ca qu eda
co nstatada en las llamad as Cartas de El Amarna, 379 tablillas redactadas en lengua aca di a
y escritura cuneiform e, qu e reco gen la corres pond encia entre Am enofis 111 y Am enofi s IV
con los soberanos Hatti , Amurru , Mittani , Babiloni a y Asiri a. Tambi én por el gran núm ero
de matrimonios de conveni encia con princesas de Mitani y de Babilonia . Pero no tod o fu e
fácil pu es co n los hititas las relacion es com enzaron a tensarse. No solamente con solidó las
rela cion es diplomática s, también logró estabilizar las fronteras y fruto de ello fu e una in-
tensa labor de con strucción desde Sudán al delta del Nilo. Destaca el templo fun erario de
Medin et Habu , cuyos restos más famosos son los Colosos de Memn ón, de más de catorce
metros. Tambi én el templo de Lu xor y el pilono occid ental de Karn ak.

132
Imperio Nuevo y Tercer Periodo Interm edio (1550-664 a. c.)

• Figura 17. Colosos de Memnon .


Restos del templo de menofis 111 en Medina Habi .

Durante su reinado Egipto alca nzó una gran prosperid ad eco nómica y cultural. Se ejerció
un gran control sobre las rutas comerciales y sobre los pu ertos.

Es muy probable qu e antes de morir, durante los últimos años de su reinado, asociará al
tron o a su hijo Am enofi s IV. Por el estudio de su momia sa bemos que debía tener unos 50
años cuando murió, dejando un estado poderoso y muy respetado por sus vecinos.

Amenofis IV: la «revolución» de Amarna

Con el reinado de Amenofis IV las cosas en Egipto iban a ca mbiar. Se produjo una autén-
ti ca revolu ción que afectó a todos los sectores de la vid a egipcia. Bajo Am enofis 111 la XVIII
dinastía había llegado a su máximo esplendor. Con su sucesor, Am enofis IV, a pesa r de sus
rea lizacion es, iba a co menza r el inicio de la decadencia de la dinastía.

Como hemos dicho era hijo de Am enofis 111 y de su esposa Tiyi. Para asegurar la co nti -
nuación dinásti ca se casó con su prima Nefertiti. En su ascenso al trono recibi ó la aprobación

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

de Tushratta de Mitanni y de Subiluliuma de Hatti. Ello permitó mantener el presti gio inter-
nacional logrado con los monarcas anteriores. A pesa r de todo, Mitani, presionada por los
hititas, rompi ó la alianza con Egipto y la paz fu e difícil de mantener, produ ciéndose algunos
conflictos en Siria y en Fenicia.

Un problema importante para la investi gación , es el de la mencionada corregencia con


Am enofis 111. Para un grupo de investi gadores ésta no existi ó y Am enofis IV subió al trono a la
muerte de su padre Am enofis 111 ; para otros, gracias a datos de reci ente descubrimi ento, esta
corregencia sí qu e existi ó y duró al menos diez años. Ninguna de las dos teorías está en pose-
sión de pru ebas concluyentes.

Carta de Tushratta a Amenofis 111

Archivo de el Amarna
Di a Nibmuareya rey <de Egipto>, mi hermano: Así {habla] Tushratta, rey de Mitanni, tu hermano. A
mí me va bien. Deseo que para ti todo vaya bien. A Kelu-Kheba le deseo el bien. A tu casa, tus mujeres,
tus hijos, tus Grandes, tus guerreros, tus caballos, tus carros y a tu país les deseo que todo vaya bien.
Cuando yo ocupé el trono de mi padre-entonces yo era muy j oven-, en ese tiempo UD-khi había
cometido una mala acción en mi país: él había asesinado a su Señor. Por aquella razón él no me
toleró que tuviera amistad con aquél a quien yo amaba. Pero yo, por mi parte, estaba en contra de
aquellas malas acciones que se habían cometido en mi país. No he sido negligente, sino que he
exterminado a los asesinos de Artashumara, mi hermano, con todo lo que le pertenecía.
Puesto que tú tuviste amistad con mi padre, justamente por eso te he escrito y te he informado para que
mi hermano sepa acerca de eso y se alegre. Mi padre te amaba y tú amabas a mi padre. De acuerdo con
esa amistad, mi padre te dio a mi hermana. ¿Yquién estuvo nunca como tú estuviste con mi padre?
Por otra parte, <no más tarde que un año>, todos los países de Khatti provocaron enemistad contra
mi hermano. Cuando los enemigos de <mi> país lo hubieron invadido, Tessup, mi Señor, los puso
en mi mano y yo los vendo Ninguno hubo de entre ellos que pudiera regresar a su propio país.
Ahora te envío con la presente un carro, dos caballos, un muchacho y una muchacha del botín del
país de Khatti.
Como regalo para [tij, mi hermano, te envío cinco carros y cinco tiros de caballos.
Como regalo para Kelu-Kheba, mi hermana, le envío un par de alfileres de pecho, de oro, un par de
pendientes de oro, un anillo mashkhu y un estuche de piedra, lleno defin o aceite.
Con la presente te envio a Keliya, mi visir, y a Tunibibri. Que mi hermano los dej e partir pronto y que ellos
puedan rápidamente devolverme noticias, y con ello pueda oír los saludos de mi hermano y alegrarme.
Mi hermano puede pretender conmigo una buena amistad y mi hermano puede enviar a sus
mensajeros, para que ellos me traigan los saludos de mi hermano y los oiga.

Traducción F. Lara

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

En el plano político, en reinado de Am enofis IV no supuso grand es novedades, pero sin


duda, el hecho que más destaca en su reinado, es el cambio en la orientación religiosa, y la
constru cción de una nueva ca pital co n el posterior traslado a ella. Para muchos, esta actu a-
ción de Am enofis IV fu e la llamada «revolución» de El Am arn a o «cisma amari ense».

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• Figura 18. Akh enatón y Nefertiti en un a estela de el-Amarn a.


Museo de Berlín . Foto National Historia .

Tambi én importante es el carácter pacifista qu e se ha dado tradi cionalmente a este mo-


narca. Esto ha sido puesto en duda en los últimos añ os, pues sin la col aboración del ejército
no se entiende el triunfo de su programa político y religioso. También sa bemos que empleó
el ejército para apla star una revu elta en Nubia en el año 12 de su reinado, y qu e también
pudo enfrentarse a los hititas, quienes en esa época estaban en confli cto con Mitani.

En el año 2 de su reinado para unos, en el 5 para otros, Am enofis IV decidió dar un ca m-


bio a la orientación de la religión estatal. Abandonó la prepond erancia en el culto al dios

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Amón , para sustituirlo por el culto al dios Atón , el disco solar, cambiando su nombre de
Amenofis por el de Akenatón . Se produjo una tendencia abandonar el culto a los demás dio-
ses, convirtiendo a Atón en el dios único. Para muchos se convirtió en el paso de un politeís-
mo a un monoteísmo solar.

No se conocen cuáles fueron las causas de este cambio, pues al principio de su reinado
parecía llevarse bien con el clero de Amón , incluso hay algunas escenas en las que aparece
adorando a esta divinidad .

Una de las consecuencias inmediatas del cambio en las concepciones religiosas afecta
directamente a la economía, pues la nueva divinidad no necesita estatuas, dado que sim-
plemente es representada como un disco solar. Sus santuarios son levantados al aire libre,
algo muy diferente a las oscuras y cerradas construcciones necesarias en el culto a Amón y
a otras divinidades. Otra consecuencia es que el gran sacerdote de Amón es sustituido por
el de Atón, con lo que el clero de Amón perdió su poder y su influencia política y económi-
ca . Esto afectó también a las grandes oligarquías, que fueron privadas de los recursos eco-
nómicos ligados al clero. En adelante los sacerdotes perdieron los bienes que estaban
vinculados a la corona . El nivel de centralización de la administración aumentó, y con ello
la corrupción. La reacción del clero fue alejarse del monarca , y aunque los cultos locales
oficialmente fueron prohibidos, el pueblo continuó la práctica de adoración a sus dioses
tradicionales.

También sabemos que la nueva religión produjo un cambio en las concepciones fu-
nerarias. El dios de los muertos, Osiris , fue prohibido, por tanto dejó de ser la manifesta -
ción nocturna del dios sol; en consecuencia desapareció también el juicio de los muertos
y el pesaje del corazón . Atón era un dios capaz de dar la vida , y no se sabía que sucedía
con él durante la noche. La nueva religión no daba respuesta a esta incógnita . Igualmente
se pensaba que los muertos dormían durante la noche. La resurrección se producía a la
vez que aparecía el sol durante la mañana . En consecuencia, la tumba era un lugar de
reposo nocturno. Continuaron existiendo rituales como el de la momificación y la cos-
tumbre de los ajuares funerarios, pero los textos del Libro de los Muertos, que iban en los
ajuares, desaparecieron . Solamente la lealtad a Akenatón garantizaba la vida después de
la muerte.

La nueva orientación religiosa , en la que algunos han creído ver un incipiente monoteís-
mo, mientras que otros hablan de henoteísmo en el que un dios principal desplaza a divini-
dades secundarias, pero no las descarta, y no dejan del todo de ser adoradas, fue acompaña-
da de otros cambios. Uno de los más importantes, sin duda, fue el de la creación de una
nueva capital. Se abandonó Tebas y se construyó Akhetaton, actual Tell el-Amarna, cuyo
emplazamiento le había sido revelado por el mismo dios, en un lugar en la orilla izquierda de
Nilo, a unos diez kilómetros al sur de Mellaui.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

El ca mbio afectó tambi én a las concepcion es artísti cas relajándose el hi erati smo de las
fi guran, dando paso al naturali smo. Los personajes aparecen con todos sus defectos que no
se busca escond er, sobre todo cuando se representa a Akh enatón y su familia.

• Figura 19. Lu ga r dond e se levantó la ciud ad de Akh et aton (Tel el Amarm a).
Foto National Historia.

Hay quienes opinan que el ca mbio religioso no ti ene nada de revolu cionario. No se trata
de una religión revelada, co mo han qu erido ver algunos, que busca n las raíces del cristi anis-
mo en las civili zacion es semíticas. Sa bemos qu e con el Imperio Nuevo se había producido un
progresivo auge de las con cepciones religiosas de Heliopolis, que ya fu eron populares duran-
te el Imperio Anti guo y Medio. En ellas el sol como divinidad principal ya tenía un importante
papel bajo la form a de Amon-Ra. Muy probablemente estas con cepcion es heliopolitanas de-
jaron su impronta en la nueva religión de Akh enatón.

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Una incógnita importante que se nos plantea es lo que sucedía fuera de la ciudad de
Amarna y si lo que ocurría allí se repetía en todo Egipto. Muy probablemente el pueblo llano
continuó con sus prácticas religiosas y solamente las élites practicaban la nueva religión ,
aunque se levantaron templos a Atón en Menfis, Heliópolis y otras muchas ciudades.

En el aspecto administrativo, sabemos que uno de los dos visires continuó viviendo en
Menfis, lo que parece indicar que la administración todavía se controlaba desde allí.

En el aspecto interno se despreocupó mucho del gobierno, por lo que se produjeron nume-
rosos desordenes. Al final de su reinado se produjo un mal entendimiento con su esposa Nefertiti,
y junto al monarca aparece la figura de otra mujer, Kiya, probablemente una princesa de origen
mitanio, que había estado casada con su padre. Asoció al trono a Smenkhkare, esposo de su hija
Meritatón, pero morirá al poco tiempo. No tenemos claro cómo se produjo la sucesión, sí que
durante tres años le sucedió Neferneferuaton, nombre tras el cual podría esconderse Nefertiti, y
a ella le sucedería Tutankhamón, esposo de Ankhesenamón, otra hija de Akenaton.

El final de la Dinastía de Neferneferuaton a Horemheb

La «revo lución» amarniense duró casi veinte años, pero el impacto que produjo en Egipto
fue muy grande, y aunque se regresó a la religión tradicional, algunos de los cambios produ-
cidos se mantuvieron, sobre todo en la arquitectura de las tumbas y en las representaciones
pictóricas de ellas.

Sabemos que a la muerte de Akhenatón, la situación internacional era muy complicada por
la ofensiva hitita y que le sucedió una mujer, cuya identificación se hace extremadamente difí-
cil. Su nombre era Ankhkheperure Neferneferuaton. Bajo su reinado de nuevo se trasladó la
capital a Tebas. No sabemos las circunstancias de su muerte, pero sí que fue sucedida por
Tutankhamón, hijo de Amenofis IV. Desconocemos si la vuelta al culto a Amón se debe a él o a
su predecesora . En caso de que fuera obra suya, tampoco sabemos en qué momento de su
corto reinado se llevó a cabo. Sí es evidente que por los restos encontrados en su tumba, reple-
ta de objetos preciosos, el agradecimiento del clero de Amón hacía él fue muy grande.

Relacionado con la vuelta a la religión tradicional , a Tutankhamón se debe el llamado


Decreto de Restauración, por el que se autorizaba el regreso al culto a Amón. Este decreto fue
em itido en Menfis y está recogido en una estela de Karnak. Un largo texto en el que aparece
como señor de las dos tierras, se le ensalza como realizador de monumentos para los dioses;
devolvió su cargo a sacerdotes. En él se glorifica a la eneada de los dioses y se autoproclama
como «amado hijo de Amón». Sobre todo, se ordenaba el cese de la persecución de los partida-
rios de Amón. De este decreto intentó apropiarse Horemheb, sustituyendo el nombre de
Tutankhamón por el suyo.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

• Figura 20. Estatua s sedentes de Tutankhamon y su esposa Ankhesenamón . Luxor.

El clero de Amón, recu perado de nuevo el poder, se preocupó por borrar todas las hu e-
llas visibles del reinado de Akh enató n.

El reinado de Tutankhamon estuvo totalm ente controlado por su general Horemh eb,
quien luego sería el último faraón de la XVI II dinastía, y por su tío abuelo Ay; ambos se repar-
ti eron las tareas de gobi erno.

Las causas de la mu erte de Tutankhamón han sido discutidas. Durante mucho tiempo se
pensó que murió asesinado de un fu erte go lpe en la ca beza. En la actu alidad toma cada vez
más fu erza la teoría de un accidente, que le fracturó la pi erna izquierd a antes de morir; pro-
bablemente una herid a abi erta que se le infectó. Sabemos, gracias a los análisis de ADN rea-
liza dos a la momia, que padecía malaria ; otra posibilidad sería que su muerte se debi era a
un agravamiento de esta enferm edad, a lo que se uniría una necrosis ósea del escafoides.
Todas estas teorías, producto del estudio de sus restos, han contribuido a añadir dificultad al

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

esclarecimiento de las causas de su muerte. Lo que sí que es cierto es que la muerte fue pre-
matura y repentina, como demuestra el apresuramiento en el acabado de su tumba.

Tras su muerte sin descendencia, la situación era muy complicada. La rivalidad entre el
visir Ay, y Horemheb, hombre de confianza de Tutankhamón y general de sus ejércitos, era
muy evidente. Ambos aspiraban al trono y ambos, finalmente , llegarían a él, pero debió exis-
tir una intensa lucha interna por ver cuál de los dos llegaba primero.

Ankhesenamón, viuda de Tutankhamón , necesitaba casarse para transmitir la realeza


pero, como demuestra una carta a Subilu liuma, tenía miedo de elegir a uno de los cortesa-
nos, que rivalizaban por el poder. Finalmente decidió pedirle un hijo al rey hitita, sabedora
de que esto le daría estabilidad a la sucesión. Subiluliuma en principio desconfió de la pro-
puesta , pero finalmente aceptó y envió a su hijo Zannanza. Desconocemos que sucedió por
el camino, pero el joven príncipe nunca llegaría a Egipto. Ankhesenamón, finalmente se casó
con el anciano Ay, no sabemos si por voluntad propia u obligada por las circunstancias. La
muerte de Zannanza fue motivo de discordia entre Egipto y los Hititas. Se cursaron entre
ambos estados numerosas acusaciones, que desembocaron en el ataque hitita a asentamien-
tos egipcios en Asia , lo que debilitó la presencia internacional de Egipto.

Ay penas reinó cuatro años en un clima que podríamos considerar de anarquía y corrup-
ción, hasta el punto de que no mucho después su reinado fue considerado il egítimo. A pesar
de que Ay designó heredero, éste no llegó nunca a sucederle y fue Horemheb quien se hizo
con el trono.

Horemheb fue el último faraón de la XVIII dinastía y gobernaría durante unos 14 años. Es
muy probable que su carrera política comenzara con Tutankhamón y bajo sus órdenes desa-
rrolló una intensa labor diplomática y militar, hasta el punto de que es muy probable que el
faraón le nombrara su sucesor. Pero a la muerte del monarca, Horemheb se encontraba lejos
de Egipto y Ay aprovechó su ausencia para proclamarse faraón. A la muerte de Ay, muy pro-
bablemente Horemheb se valió del ejército y su mando sobre él, para ocupar el trono.

Su primera misión fue borrar de la historia todo lo que había significado el cambio reli-
gioso de Akhenatón; para ello también tenía que borrar de la historia a los monarcas que le
habían precedido, comenzando por Ay. Afortunadamente só lo logró su objetivo parcialmen-
te. Llevó a cabo la sustitución de los nombres de Ay y de Tutankamón de las estatuas y de los
relieves por el suyo. Intentó borrar cualquier rastro del reinado de Akhenatón, para convertir-
se él en el sucesor de Amenofis 111. Poco más sabemos de su reinado. Sólo que recibió el
apoyo del clero de Amón , al que devolvió todo su poder; y también que intentó poner límite
a los abusos de los funcionarios y magistrados, con el conocido Decreto de Horemheb. Por úl-
timo buscó recuperar la influencia de Egipto en Siria y Palestina, parcialmente perdida en los
años anteriores.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Como norma general, en el política interior bu scó una vu elta a la situación anterior a
Akh enatón, reintroduci endo las autoridad es locales y el pod er dividido en dos, Alto y Bajo
Egipto. Su experi encia militar le llevó a rea lizar una reform a del ejército que le hiciera más
efectivo. Bajo su reinado Egipto logró recuperarse parcialmente y se preparó el terreno para
la llegada de una nueva dinastía ; una dinastía mu cho más pod erosa en todos los sentidos. A
pesa r de sus intentos, Horemh eb no logró engendrar un heredero, pero fu e lo suficientemen-
te preclaro como para elegir uno que tuvi era asegurada la sucesión, Param esse, su vi sir, el
futuro Ramsés l.

Decreto de Horemheb

Medidas legislativas

Cuando el particular fabrique un barco para portar su tienda para poder servir al faraón - ¡Vida,
<Salud, Fuerza!- y el barco le sea retirado, de tal suerte que no pueda librar su contribución y
que> el particular se encuentre despojado de sus bienes y privado de sus múltiples servicios, <
¡Debéis saber que no es una buena acción' Mi Majestad ordena que se le dispense de su contribución
y que> no se actúe más de esa forma <a causa de> sus buenas intenciones.
En cuanto a todo <barco> que se ponga a trabajar en provecho de los uabut del fara ón - ¡Vida,
Salud, Fuerza'- por intermedio de <dos> tenientes [generales} <del ejército .. . > y que él se apodere
del barco de cualquier miembro del ejército o de cualquier [otra} persona que se encuentre en el país
entero, la ley será aplicada de la siguiente forma: su nariz será cortada y será deportado a
Tja <ru ... >.
<Si, mientras tanto, un funcionario encuentra a un> particular desprovisto de barco, él le procurará
un barco para desempeñar sus prestaciones por medio de algún otro y estará [así} en condiciones de
llevar madera por su cuenta personal; cumplirá sus obliga <ciones ... >.
<Si un funcionario encuentra a un particular en posesión de su barco, pero cuyos bienes le> han
sido quitados y vaciado su cargamento en manos de ladrones, y que el particular se encuentra [en
consecuencia} privado de sus servicios <...> de forma que no le queda nada, ¡Debéis saber que no
es una buena acción! Es incluso un abuso muy perjudicial. Mi Majestad ha ordenado poner término
a esto. ¡Mirad < ... >'
<¡Si alguno causase dificultad a aquéllos que ... > y a aquéllos que pagan contribución al Harén [o}
igualmente [a la Mesa destinada} a los «Sacrificios a todos los dioses> >, habiendo [se] puesto a
trabajar por mediación de dos tenientes [generales} del ejército y <... > la ley le <será aplicada> de
la forma siguiente: su nariz será cortada y será deportado a Tjaru.
Igualmente, los encargados del Almacén de Ofrendas del faraón - ¡Vida, Salud, Fuerza!- tienen la
costumbre de dispersarse por las villas requisando la mano de obra para efectuar la cosecha <del
azafrán ... y si los> encargados <se apoderan del servidor o de la sirviente del particu>lar y los
[mismos} encargados <los> envían <con la misión de recoger el azafrán> durante seis a siete días
seguidos sin que tengan autorización para irse libremente.

141
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

¡Debéis saber que esto es un abuso! ¡Que no se actúe más de esta forma!
En cuanto a cualquier servicio < ... > En cuanto a cualquier encargado del Almacén <de Ofrendas
del fara ón -¡Vida, Salud, Fuerza!- se> concluirá que el que requise todavía mano de obra para
efectuar la cosecha del azafrán, y si alguien viene a denunciarlo en estos términos: <»Se llevó para
él> a mi servidor o a mi <sirvienta», la ley le será aplicada en la forma siguiente: su nariz será
cortada, será enviado a Tjaru y el trabajo del servidor o de la sirvienta>, durante todos los días que
hubieran pasado <con él, será confiscado>. Los dos cuerpos del ejército <tienen la costumbre>,
cuando se encuentran en el campo, uno en el distrito sur, otro en el distrito norte, de apoderarse de
las pieles de los animales de todo el país sin dejar un año de descanso para permitir a <los
campesinos> respirar <... y se apoderan de las pieles sin> hacer distinción de las que están marcadas
al Juego entre ellas, y después de ser retiradas de casa en casa van maltratando y atormentando, sin
dejar pieles a <cualquier campesino que sea ... > y el intendente de las tropas del faraón - ¡Vida,
Salud, Fuerza'- viene [a continuación} para efectuar la inspección del ganado en todo el país y <
... reclama las pieles a la gente> aunque no se pueden encontrar estas pieles con ellos, estamos
[entonces] en el derecho de hacerles responsables de la falta, {pero] ellos se justifican declarando:
«¡Nos han sido arrebatadas!» ¡Debéis saber que esto es una villanía! ¡Que no se actúe más de esta
forma!
[ . .]

Traducción F. Lara

• Figura 21. Relieves de la tumba de Horemh eb. Rijksmu seum . Leiden .

XIX dinastía

Con la XIX dinastía, se inició el periodo de la historia de Egipto co nocido com o los ramé-
sidas: dinastías XIX y XX. En él, Egipto alca nzó su zenit, pero tambi én en su última etapa, se
ini ció un declive del que ya no se va a recuperar. Los ramésidas no estaban emparentados
co n la dinastía anterior, podría decirse que no corría sa ngre rea l por sus venas. Eran origina-
rios del delta, de su parte más ori ental, donde estaba situada Avaris. Eran devotos de Seth , el

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

di os principal de esta ciudad y, política mente, muy próximos a Horemheb. Fu e una dinastía
eminentemente mi litari sta. Basaron su poder en la fu erza del ejército, para así contrarrestar
la influ encia del cl ero de Amón . La oposición al cl ero de Amón también la intentaron por vía
religiosa, potenciando los cultos a Ra, a Osiris, pero, sobre todo, a Horus, considerado como
el dios protector del ejército y de la guerra.

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• Mapa 8. Ramses 11y Kad esh.

La ca pital de la nu eva dinastía continuó siendo Tebas, pero apareció una nueva ciudad,
Pi-Ramsés, cerca de Ava ris, que si no ca pital sí, al menos, se convirti ó la sede dinásti ca y resi-
dencia rea l.

Ya hemos visto cómo, durante la XVII I dinastía, en el noroeste, el enemigo más enconado
para Egipto había sido Mitanni y cómo a fin ales de ella, la enemistad con Mitanni poco a
poco estaba siendo sustituid a por un enfrentamiento con los hititas. En esta XIX dinastía , se-
rán precisa mente éstos últimos los que disputen a Egipto el control de Asia anterior.

143
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Inicio de la dinastía: Ramsés I y Sethi I

Ya hemos vi sto que Horemheb, designó como sucesor a su visir, qui en tom aría el nombre
de Ramsés I y daría inicio a la XIX dinastía. Era bastante mayor, y su permanencia en el tron o
debió ser muy breve, probablemente no más de dos años. Con tod a seguridad, casi desde el
inicio, estuvo asociado al trono su hijo Sethi l. La avanza da edad no le permiti ó parti cipar en
la represión de las habitu ales subl evacion es qu e se produ cían en Egipto con el ca mbio de
monarca. Apenas tuvo ti empo de rea liza r nada destaca ble; solamente en algún reli eve de
Karnak aparece su nombre.

A la muerte de su padre, Sethi I accedió al trono, por un peri odo aproximado de unos 15
años. Con él, Egipto comenzó a recobra r la presencia internacional perdid a. Los diez prime-
ros años de su gobi erno fu eron de incesa nte activid ad militar. Se menciona la rea lización de
cuatro campañas en su primer año, algo que es difícilmente creíbl e. Nuestra principal fu ente
de información sobre su actividad béli ca son las escenas de batalla del muro exterior de la
sa la hipóstil a del templo de Amón en Karn ak, junto con estelas que mencionan las ca mpañas
de Ca naá n y de Nubia.

Se ha discutido si las representac ion es de Karnak ti enen un ord en cronol ógico. De ser
así, la prim era ca mpaña se desa rroll ó sobre la llanura central de Palestin a, parti end o del
Delta, por la costa norte del Sinaí. Se rea li zó un recorrid o por las fortifi cacion es egipcias
qu e había en la zona y cuyo mantenimiento era imprescindibl e, co mo pa rece demostrar el
qu e se luchara por ellas co ntra gentes de Shashu, cl anes nómadas de la zo na. Megidd o fa-
cilitó su paso, por lo qu e todavía debía mantenerse fi el a la alianza co n Egipto. En su avan-
ce hacia el norte atacó va ri as ciud ades y so meti ó Líbano, al qu e impuso un tributo en ma-
dera.

De la segunda ca mpaña tenemos poca información y un único fragmento en el que se


menciona el asa lto a Qadesh con el texto: «asa lto qu e el faraón hizo para destruir la ti erra de
Qadesh y la ti erra de Amurru ».

La tercera ca mpaña fu e dirigida contra los libios, lo que parece demostrar que los probl e-
mas fronterizos estaban co menza ndo a afectar al delta occid ental. Aunqu e no tenemos datos
concretos de batallas ni de ciudades sometidas, sí con ocemos la vi ctori a de los egipcios.

En la cuarta ca mpaña los hititas fu eron el objetivo. El enfrentamiento tuvo lu ga r al norte


de Qadesh y según las informaciones fu e favo rabl e a los egipcios, con una gran ca ptura de
prisioneros y la posterior tom a de ciudades con Qatn a y Tunip, que les diero n el control so bre
Siria . El control debi ó ser temporal y los territori os conquistados pronto se perdi eron. Si no
hubiera sido así, no se expli ca ría que Ramsés 11 tuvi era qu e volver a pelea r por estos mismos
territorios poco ti empo despu és.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Tra s esta última ca mpañ a no hubo una delimitación , sobre el terreno, de zon as de
influ encia de ambos estados , pero sí qu e se firmó un tratado entre Sethi I y Muwatali ,
rey hitita, por el qu e se restabl ecía la influ encia egipcia en Palestin a.

No solamente la zona de Asia fu e obj eto de atención por parte de Sethi 1, tambi én
tenía qu e restabl ece r el control del des ierto ori ental, el Sin aí y Nubia . Las mina s de
Turqu esas del Sin aí y las de oro del des ierto de Edfu , fu eron fund amentales para sufra-
ga r las co nstru cciones de Sethi I en Abydos. La falta de agua le ll evó a qu e para pod er
rea li za r su ex plotac ión mand ara exca var nu evo s pozos en el Wadi Mi ah y en el Wadi
Abb ad.

La autoridad egipcia sobre Nubia, aunque no había sido gravemente amenazada por los
sucesos de la XVIII dinastía, fu e confirmada por Sethi, quién para reafirmar su domini o, llevó
a ca bo una acción militar contra los lrem. El gobierno de Nubia co ntinuaba en manos en un
fun cionari o qu e asumía todos los poderes en nombre del fa raó n, con el título de «Hijo del
Rey de Kush».

En políti ca intern a, continu ó la obra de Horemheb, sobre todo en la reparación de los


da ños ca usados por el episodio de el Am arn a. Aunqu e el nuevo fa raón, por su ori gen tenía
preferencia por el dios Seth , mantuvo el culto y los privil egios de Am ón. Levantó nuevas co ns-
tru cciones en su honor, com o la sa la hipóstil a de Karnak. A esta constru cción aco mpañaro n
otras muchas distribuidas por todo Egipto, por desgracia, muchas de ellas, de las qu e tene-
mos noti cias, han desa parecido.

Sethi I eligió pronto a su sucesor, su hijo el fut uro Ramsés 11 , pero no hay evidencias de
que se produjera una corregencia. Los qu e la aceptan se basa n en la existencia de los nom-
bres de los dos fa rao nes en algun os monumentos, pero parece ser qu e el de Ramsés fu e
añadido co n posteriorid ad.

Su sepultura, al igual qu e la del resto delos ramésid as se co nstruyó en el Vall e de los


Reyes y fu e la primera en ser deco rada íntegramente con bajorreli eves y pinturas de vivos
co lores.

Ramsés 11

Sethi I debi ó morir en torno a los 40 años y fu e suce did o por su hijo Ramsés 11 , co n-
sid erado uno de los más grand es faraon es de la histo ria de Egipto. En su época es mu y
posibl e qu e ex isti era un a t ripl e ca pitalid ad: la ca pital admini strativa, probabl emente
Menfi s, la pol íti ca y reli giosa , Tebas, y la res id encia rea l, Pi-Ramsés . Su rein ado fu e extre-
madamente largo, teni endo una duración aproximada de 67 años.

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

• Figura 22. Momia de Ramsés 11. Museo de El Cairo.

Su prim er acto oficial que cono cemos, fu e el vi aje a Tebas con motivo de la fi esta Opet,
en la que las imágenes de Amón , Mut y Kon su vi ajaban en procesión de Karn ak a Luxor. Esta
ceremonia era una confirmación de la rea leza y de la co ron ación.

Pronto tuvo qu e hace r frente a sus deberes militares. Prob abl emente, siendo aún
muy joven, participó junto a su padre en la ca mpaña de Nubi a co ntra los lrem. Tambi én
tuvo qu e hace r frente a un probl ema qu e se presentó ya en el rein ado de Am enofi s 111: el
de las incursion es de los pirata s sherd en en la costa del delta. Sa bemos qu e posterior-
mente algunos contin ge ntes de pri sion ero s sherd en. nubios y libios form aron parte del
ej ército egipcio.

Pero el confli cto más destaca ble de su reinado fu e el qu e le enfrentó a los hititas, cuyo
episodio principal fu e la batalla de Qadesh. Ya hemos visto como Egipto tuvo un enorme in-
terés por controlar la región de Siria y, sobre todo, recuperar los territorios perdidos en la
zona central. Un cl aro ejemplo de ello fu e el enfrentamiento con Mitanni protagoni za do por
Tutmosis 111 y las campañas contra los hititas y otros pu eblos, de Sethi l.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

Tratado entre Ramsés II y Hattusil 111

Extracto de la versión egipcia encontrada en Hattusa

Ramsés, el gran rey, rey de Egipto está en paz y en amistad con Hattusil, gran rey de Hatti. Los hijos de
Ramsés, amados de Amón {Gran Rey), Rey de Egipto, estarán en paz y [amistad con] los hijos de Hattusil,
Gran Rey, Rey de Hatti, para siempre. Ellos mantendrán las mismas relaciones de amistad [y de} paz que
nosotros, así Egipto y Hatti estarán en paz y amistad para siempre. Ramsés, amado de Amón, Gran Rey,
Rey de Egipto, en el futuro no emprenderá hostilidades contra Hatti para tomar cualquier cosa y Hattusil,
Gran Rey, Rey de Hatti, no emprenderá hostilidades contra Egipto para tomar cualquier cosa.
Traducción G.M . Beckman

El interés de egipcios, mitanios e hititas por la región era claro: explotar sus enormes re-
cursos naturales y aprovecharse de su privilegiada situación, para controlar el com ercio inter-
nacional de la región . Ad emás, para Egipto, tras el episodi o de los hi csos, el control de estos
alejados territorios era la mejor manera de asegurar sus propias fronteras.

Como ya hemos mencionado, los egipcios había intentado controlar la región con Sethi l.
Su actu ación con respeto a la co nquista de la zona de Qadesh no es cl ara. Es seguro que en
época de Ramsés 11 estaba de nuevo bajo el control de los hititas. La causa por la que el con-
fli cto entre hititas y egipcios se rea vivo, fu e la deserción de Ammurru , va sa llo de los hititas, a
favor de los egipcios. Controlar Amurru era controlar Qadesh y, con ello, el co mercio de la
región, algo que no podía permitir Muwatali, quién envi ó un mensajero a Pi-Ramses con una
misiva que, en la prácti ca , era una declaración de guerra.

Ramsés 11, puso en marcha su ejército con la finalidad de recuperar el control de la re-
gión. Para ello se sirvi ó de sus posesion es en el sur de Palestin a y fenicia para preparar el
ataque. Logró avanza r hacia el norte sin apenas oposición hasta llega r a Qadesh, la principal
de las fortalezas hititas. La batalla que tuvo luga r allí no tendría un claro vencedor y ambos
bandos se atribuyeron la vi ctori a. Poseemos un detallado relato de los acontecimientos. En
principio Muwatali, ataca ndo por sorpresa, desbarató parte del ejército egipcio y penetró en
su ca mpamento dedi cá ndose al pillaje. Esto fu e aprovechado por los egipcios para contraa -
taca r, logrando qu e los hititas huyeran en desbandada. La ll egada de refu erzos egipcios des-
de el norte compli có más aún la situ ación de los hititas , qu e vi eron como sus ca rro s eran
destruidos. Aunqu e la batalla no estaba decidida y parecía qu e los egipcios tenían superiori -
dad, record emos a este respecto qu e nu estra úni ca fu ente de inform ación es egipcia, ni
Ramsés ni Muwatali optaron por co ntinuar la lucha, Ramsés 11 tal vez porqu e esa superiori -
dad no era tan clara, y Muwatali, porqu e podía perd er tropas que le eran necesa ria s para
sofocar otros conflictos internos. De hecho, parte del ejército hitita escoltó al egipcio hasta
que ll ega ron cerca del Nilo, como si acompañaran a un ejército derrotado.

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INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

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• Figura 23. Batalla de Qadesh , Sala Hipóstila del Templo de Abu Simbel,
Foto National Historia,

Egipto no ganó nada co n la batalla y tod a la región de Siria qu edó bajo dominio hitita,
Sólo años despu és recup eraría el control sobre ella. Después de la batall a de Qadesh, no se
produj eron más enfrentami entos militares entre egipcios e hititas hasta pasa dos más de
100 añ os.

Con Mursil III y Hattusil 111 , el pod er hitita retrocedi ó en la región. Poco a poco Ra msés
11 fu e reco nquistando territorios. Hasta llega r a la firma del Tratado de Qadesh con Hattusil
111 , por el qu e, entre los acuerdos, además sellar la paz y la amistad entre hititas y egipcios,
Hattu sil 111 , enviaba una hija para qu e se casa ra co n Ramsés 11. Una alianza matrim onial qu e
sería la ga rantía de la paz entre amb os estados.

Ramsés II ll evó a ca bo otras acciones militares. Sa bemos que actu ó co ntra Moa b, Edom y
Negeb, aunque no en que mom ento de su reinado tuvi eron luga r estos ataques, y tampoco si
se trató de expediciones de casti go. Mucho más co nsistente y peligrosa era la amenaza qu e
llegaba desde Libia: una seri e de tribus que intentaban penetrar en el delta para establ ecerse
en él. Aunqu e hay algunos datos de las acciones militares co ntra ell os, no sa bemos demasia-
do. Sí qu e tenemos co nstancia de la utiliza ci ón de prision eros libi os en algunas obras de
con stru cción, lo qu e indica que Ramsés 11 debió conjurar el peligro,

En el aspecto interno, Ram sés 11 supo mantener el equilibrio co n el cl ero y despl egó una
intensa labor de con strucción , Templos en Abu Simbel, Abidos, nu evas con stru cciones en
Karn ak, templo fun erari o en Luxor y su tumba del Vall e de los Reyes.

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio {1550-664 a. c.)

Por lo que respecta al gobiern o, no ex isti eron grand es ca mbios. El visir, ya fu era uno o
dos, co ntinu ó siendo el más alto fun cionario. Los grand es sacerdotes de Amón en Tebas au-
mentaron su pod er e influencia hasta t ra nsform ar su ca rgo en hereditario, convirti éndose de
esta maneca casi en un segundo monarca. Hombres y mujeres alca nza ron casi una posición
de igualdad, al menos en lo qu e se refi ere a la ca pacidad de poseer ti erras. Se co ntinuaron
expl otando las minas de turqu esas del Sinaí, y las de oro del desierto oriental y de Nubia. Con
el pasa r de los años, poco a poco las fronteras se habían ido descuidando, al igual que la ca-
pacidad militar del ejército, por lo que el peligro para Egipto fu e en aumento.

El final de la XIX dinastía

Ramsés 11 fu e el último gran fa raó n de Egipto que logró una ex pansión territori al, sus
sucesores se limitaron a defend er lo heredado y no siempre con éxito. De su muerte apenas
tenemos datos. La mayor parte de sus pari entes no le sobrevivi eron, por lo que la sucesión no
fu e sencill a, hasta el punto de qu e fu e su decim otercer hij o, Merneptah ya de avanza da
edad, el que le sucediera.

Mern eptah gobern ó aproxim adamente un os di ez años y heredó un a situ ación extre-
madamente difícil , sobre todo en las fronteras. El mayor peli gro provenía de la occid en-
tal, acosa da por los libios, qu e co nstantemente penetraban en territori o del delta para
sa qu ea rl o.

Su prim era misión fu e reo rga ni za r el ejército para poder hace r frente a los peligros
extern os. Entre estos peligros aparece n ya en el horizo nte egipcio los ll amados «Pu ebl os
del Mar» que ll evaron a ca bo alianzas con los libi os. Estos «Pu ebl os del Mar» qu e pro babl e-
mente procedían de Asia Menor y del Egeo, fu eron los precurso res de un gran movimi ento
migratorio qu e afectó a Egipto un os años después.

Envi ó exp edi cion es a Nubi a y a Palestin a, y por prim era vez en las fu entes egip cias se
menciona a Israel, pero no co mo nación sino co mo una tribu . Poco más sa bemos de su
rein ado. A su mu erte le sucedi ó su hijo Sethi 11 , qu e co mparti ó años de gobi erno co n un
usurpador, Amenmessu , qui én logró destron arl e por algunos años. Sethi 11 fin alm ente
logró rea firm ar su autorid ad en Tebas. De su reinado y de los de sus suceso res , apenas
co noce mos nada. Sabemos qu e le suce dió Siptah , probabl emente hijo de Mern eptah,
pero no lo pod emos confirmar. El último faraón de la dinastía, en este caso rein a, fu e la
es posa de Sethi 11 , Tausret , qu e probabl emente en los prim eros años actuó co mo rege n-
te de Siptah. Pasó a convertirse en faraón a la mu erte de éste gracias al apoyo de su vi sir
Bay. Com enzó la con strucción de un templo fun erario en Gurn a y mantuvo co ntactos co n
el Sin aí y con Palestin a.

149
ORIA DE LA ANTIGÜEDAD

Los siguientes gobernantes de Egipto quisieron hacer ver que los últimos años de la XIX
dinastía fueron de auténtico desgobierno y una completa anarquía. Serían los faraones de la
XX dinastía lo encargados de devolver el orden al país.

XX dinastía

Agotada la XIX dinastía no está muy claro cómo se produjo el cambio hacia la XX dinas-
tía, sa lvo que los reinados de Siptah y Tausret, extremadamente débiles, no pudieron evitar
que se impusiera un nuevo grupo de hombres, decididos a recuperar el antiguo esp lendor
de la monarquía egipcia. Esta recuperación iba a ser extremadamente difícil y só lo parcial-
mente lo lograría Ramsés 111. La situación en la que se encontraba Egipto en estos momen-
tos, era muy parecida a la que atravesó al final del reinado de Horemheb, cuando finalizó
la XVIII dinastía .

La historia política de la XX dinastía presenta numerosas lagunas de conocimi ento,


comenzando por el origen de esta nueva dinastía . Existe un relato, el Papiro Harris, que
intenta arrojar algo de luz sobre el camb io de dinastía. Menciona el desorden existente a la
muerte de Tausret y como Bay, su visir, intentó hacerse con el gobierno, saqueando el reino
hasta que Sethnakht logró expu lsarle, haciéndose con el trono e inaugurando una nueva
dinastía.

Sethnakht y Ramses fil

Aunque la anarquía que menciona el Papiro Harris sea algo exagerada , lo cierto es que
la ll egada al trono de Sethnakht supuso volver a poner orden en el gobierno de Egipto.
Aparentemente no estaba emparentado directamente con la familia real anterior, aunque
si cabe la posibilidad de que lo estuviera políticamente, tal vez casado con una hija de
Merneptah; ello explicaría que la mayor parte de los miembros de esta dinastía lleven el
nombre de Ramsés. El nuevo faraón, sin duda, debió contar con la ayuda o, si no al menos,
con la aprobación del ejército, para poder acceder al trono. Su reinado fue muy corto tan
solo tres o cuatro años, y fue sustituido por su hijo Ramsés 111.

Hay acuerdo en que Ramsés 111 intentó por todos los medios emu lar a su predecesor
Ramsés 11 no so lo en la política de construcción de edificios, sino en todos los ámbitos.
Como venía siendo habitual, sobre todo cuando las poblaciones vecinas tenían la sensa-
ción de que Egipto estaba debilitado. Se produjeron revueltas e intentos de invasión a los
que Ramsés 111 tuvo que hacer frente. La primera fue la amenaza desde la frontera libia.
Tribus de occid ente de nuevo intentaron penetrar en el delta. Pero el peligro más impor-

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

tante provino de los ll amados «Pu eblos del Mar», a los qu e ya vimos am enaza r a Egipto en
el reinado de Mern eptah.

En una inscripción de grand es dimensiones del templo fun erario de Ramsés 111 hace refe-
rencia a su lucha con estos «Pueblos del Mar».

Los Pueblos del Mar

Inscripción de Ramses III en Medinet Habu

«Los países extranjeros conspiraron en sus islas. Repentinamente, los países se pusieron en
movimiento y se diseminaron en <son de guerra>. Ninguna tierra podía sostenerse frente a sus
armas, desde Kheta, Kode, Karkemísh, Arzawa y Alasiya en adelante, siendo amputadas de
una vez. <Levantaron> un lugar en Amor. Asolaron a su gente y su tierra fu e como lo que
nunca había existido. Avanzaban hacia Egipto mientras la llama se preparaba ante ellos. Su
confederación la formaban los peleset, tjeker, shekelesh, denyen y weshesh. [Estos} países
estaban unidos y pusieron sus manos sobre los países hasta el círculo de la tierra, con los
corazones llenos de confianza y seguridad: '¡Nu estros propósitos triunfarán!'
Pero el corazón de este dios, el señor de los dioses, hizo que estuviera preparado y dispuesto
para atraparlos como aves salvajes; él me proporcionó la fu erza y motivó que mis planes se
realizaran. Salí adelante, iniciado en estas cosas maravillosas. Organicé mi frontera en Djahi,
preparé frente a ellos a príncipes, jefes de guarniciones y maryannu. Hice equipar las bocas de
los ríos como una poderosa muralla, con naves de guerra, de transporte y barcas con la
tripulación [completa], pues las ocupaban de proa a popa valientes guerreros cargados con sus
armas. Las tropas consistían en hombres escogidos de Egipto. Eran como leones rugiendo en las
cimas de las montañas. La fu erza de carros se componía de corredores, de hombres entrenados,
de todo guerrero de carro bueno y capaz. Los caballos estremecían cada parte de su cuerpo,
dispuestos a aplastar a los pueblos extranjeros bajo sus cascos. Yo era como el valiente Montu,
firm e frente a ellos para que pudiesen ver la lucha cuerpo a cuerpo de mis brazos. Yo, el Rey del
Alto y del Bajo Egipto, Usermaatre Meri-Amón, hijo de Re, Ramses, gobernador de Heliópolis.
Yo, yo soy el que actúa, el intrépido, consciente de su fu erza, el héroe que salva su ejército el
dia del combate.
De aquéllos que llegaron a mi frontera, su simiente ya no existe, su corazón y su alma
desaparecieron para siempre jamás. Aquéllos que vinieron juntos por mar, el fuego todo estuvo
delante de ellos en las bocas de los ríos y una empalizada de lanzas los rodeó en la playa.
Fueron rechazados y tendidos en la orilla, muertos y amontonados de proa a popa de sus
barcas. Todos sus bienes fu eron arrojados al agua.

Traducción F. Lara

151
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

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• Mapa 9. Egipto en tiempos de Ramsés 111.

Se ha di scutid o mu cho sob re el origen de estos pu ebl os del mar. Al gun os, co mo los
pelesets, con tod as las reservas, podrían ser id entifi ca dos co n los filisteos bíbli cos. Otros
parece más cl ara su id entifi cación por ser co nocidos desde antes, como los lukkas qu e se-
ría originarios de Li cia, o los aqwesh , qu e serían los aqueos. Pero los intentos de id entifi -
ca ci ón global de tod os estos pu ebl os no han dado resultados co ncluyentes.

Por lo qu e afecta a Egipto, sabemos qu e ll ega n desde el noreste con la intención de


penetrar en el delta. El hecho de qu e vayan acompañados de sus fa milias, más hace pen-
sa r en un a emigración de pobl ación, qu e en un ataqu e militar. Podría tratarse de pobl a-
cion es en busca de nu evas ti erras dond e ase ntarse. Habría qu e intentar escl arecer cuales
fu eron la s ca usas del despla za mi ento de esto s pu eblos. Para Ramsés 111 eran un grup o
comp acto y unido, algo qu e no parece respond er a la rea lidad. Al marge n de qu e se tra-
tara de un conglom erado de pu eblos, sí perece n existir dos bloqu es netamente diferen-

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio (1550-664 a. c.)

ciados, uno form ado por bandas organiza das y saqu ea dores, qu e deva staban las regio-
nes a las qu e ll ega ban, y otros más pa cífico s, qu e simpl emente bu sca ban un a nu eva
ti erra para establ ecerse.

• Figura 24. Bat alla entre Ramses 111 y los Pu eblos del Mar.
Rweliebe del templo de Medin et Habu

La llegada de estos pu eblos fu e favorecida por debilidad de las otrora potencias asiáti cas,
Hatti , Arza wa, Karh emish y Al ashiya.

En enfrentami ento ent re Egipto y estos «Pu ebl os del Mar», en terri to ri o egipcio, se
produj o en ti erra, pero tambi én los ca nales del delta fu eron lu ga r de co mbate, unos co m-
bates en los qu e los egipcios no pudi ero n utiliza r sus arm as más co ntund entes, co mo los
ca rros y los ca ballos. Como mej or arm a t uvi eron qu e limitarse a empl ea r a los arqu eros.
No pod emos ubi ca r co n exactitud los luga res de los enfrentami entos militares, qu e de bi e-
ron extenderse a toda la costa levantin a, en la qu e hay mu chos testimonios de la destru c-
ción provoca da po r estas invasiones. Aunqu e se logró rechaza r a los invasores en un pri-
mer momento, Ellas se rían la ca usa de que, a largo plazo, Egipto perdi era el control sobre
las region es meridion ales de la costa levantina. La situ ación de in seguridad, qu e se pro-
dujo en tod a esta región, está claramente refl ejada en un texto egipcio del siglo x, a. C. ,
cono cido co mo El Viaje de Unamón, dond e se narran las vi cisitud es de un a ex pedición
com ercial a Biblos.

153
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA ANTIGÜEDAD

También debemos tener presente que la destrucción de algunas ciudades, sobre todo las
hititas de Anatolia Central , no están relacionadas con estos «Pueblos del Mar», sino que hay
que incluirlas dentro de una crisis generalizada del Próximo Oriente.

Con todo, bajo Ramsés 111, Egipto aún tuvo una cierta presencia internacional en el
Próximo Oriente, aunque no pudo alcanzar las cotas logradas por Ramsés 11. Los libios
que fueron rechazados a ini cios de su reinado, volvieron a hacerse presentes años des-
pués, y ya no fueron expu lsados con tanta energía, ll egando a crearse comunidades li-
bias en el delta, tal vez porque parte de estos grupos los formaban los prisioneros de
época anteriores.

Al margen de las guerras, en su reinado de Ramsés 111 tuvo que afrontar otra serie de
problemas, sobre todo políticos y económicos. Ante la incapacidad de sus ayudantes, tuvo
que ocuparse personalmente de las relaciones con el clero de Amón . El dinero dejó de fluir, y
los obreros que trabajan en las construcciones del faraón no recibían su paga , lo que les llevó
a rebelarse. Todo ello contribuyó al debilitamiento del estado. A todo esto hay que sumar los
problemas dinásticos, que finalmente fueron la causa de su muerte, pues su esposa Tiy cons-
piró contra él para poner en el trono a su hijo Pentauret. La trama la conocemos por un
papiro de Turín de época de Ramsés IV. Por el estudio de la momia, parece ser que Ramsés
111 murió degollado. En la conspiración estuvieron implicados cortesanos, altos funcionarios
e, incluso, jueces. Muchos de ellos tuvieron que su icidarse antes de recibir el castigo por la
traición y a otros se les cortó la nariz.

Los sucesores de Ramsés JI/ y el final del Imperio Nuevo

La sucesión de Ramsés 111 fue un largo camino hacia la decadencia y la descentralización


del estado Egipcio. Durante casi un siglo, los ocho siguientes monarcas llevaron el nombre de
Ramsés, como si esto fuera la garantía de la recuperación del estado. Ramsés IV se ocupó, en
primer lugar, de castigar a los asesinos de su padre. Mantuvo buenas relaciones con los tem-
plos. Envió expediciones a las canteras del Wadi Hammamat y debió mantener relaciones
activas con Palestina . A pesar de que imploró a los dioses por tener un largo reinado, lo cier-
to es que éste no duró más de seis o siete años, lo que le impidió finalizar la importante labor
constructora que inició.

Las disensiones hereditarias iniciadas con Ramsés 111 se prolongaron a lo largo de toda
la dinastía. Sabemos que Ramsés VI, hijo de Ramsés 111 , nunca reconoció a sus predeceso-
res, apropiándose incluso de la tumba de Ramsés V. El poder de los monarcas se había
debilitado tanto, que ni siquiera podían garantizar la seguridad de las necrópolis. La de
Tebas sufrió constantes saqueos, a los que intentó poner so lu ción Ramsés IX . Las lu chas

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Imperio Nuevo y Tercer Periodo Intermedio {1550-664 a. c.)

por el poder, qu e se producían entre sacerdotes y altos funcionarios, eran constantes, has-
ta el punto de qu e ll egó a la situación de una auténtica gu erra civil , en la que muchos de
los personajes qu e lu chaban por el pod er desaparecieron . De la mayor parte de estos mo-
narcas solamente conocemos alguno de sus monum entos, o pequ eños detall es, como qu e
con Ramsés V el control de la economía estaba en manos de los templos, o que Ram sés VI
con struyó su tumba sobre la de Tutankhamón, lo qu e preservó esta última del pillaje; tam-
bién qu e con Ramses XI los verd aderos gobern antes del Alto Egipto fu eron los sacerdotes
de Amón , con Herior a la cabeza.

Aunqu e las disputas dinásticas fu eron determinantes para la pérdida de pod er de los fa-
raon es, provoca ndo una fu erte in estabilidad, lo cierto es qu e también hubo otros fa ctores,
heredados de épocas anteriores, provoca ndo la decad encia del pod er central. Recordemos
las intensas sequías, qu e se van a reprodu ci r, provoca ndo que el Nilo estuvi era por debajo de
su ca uce habitual. Con ello volvieron las hambrunas, unidas a disturbios civiles y la apari ción
de una co rrupción generaliza da.

El fin al del Imperio Nu evo dio paso a una nu eva época de pod er desce ntralizado, el
Tercer Período Interm edi