El enfoque económico en la lucha contra el crimen:
una revisión a lo largo de la historia del pensamiento
económico
Autoría: Sofia Abril Luque
Año 2022
Cá tedra de Historia del Pensamiento Econó mico
Facultad de Ciencias Econó micas- UNNE
“Me gustaría que los especialistas de las ciencias sociales vieran también en la historia un
medio de conocimiento y de investigación. ¿No es acaso el presente más que a medias
víctima de un pasado obstinado en sobrevivir? Y el pasado, por sus reglas, sus diferencias y
sus semejanzas, ¿no es la clave indispensable de todo conocimiento del presente?”
- FERNAND BRAUDEL
RESUMEN
La preocupación acerca de los hechos criminales ha sido un tema de interés de grandes
economistas quienes se han esforzado por demostrar las razones que llevan a un individuo a
tomar la decisión de cometer un crimen.
De esta manera, la "economía del crimen" restablece una vieja tradición en la historia del
pensamiento económico confiando en su poder de unificar el análisis económico para explicar
las preferencias en el comportamiento humano y la asignación de recursos dentro y fuera del
mercado convencional.
A lo largo del presente trabajo se han estudiado los avances y teorías de cada uno de ellos.
Iniciando por la teoría clásica, se abordará a los utilitaristas Cessare Beccaria y Jeremy
Bentham. Bajo esta perspectiva, el crimen debe ser entendido como una elección entre
placeres y dolores, además los autores hacen hincapié en la certeza de la detención,
estableciéndola como un punto clave para combatir la criminalidad. Por otro lado, con la
económica neoclásica, el paradigma de la economía del crimen se traslada para hacer foco en
distintas teorías. Las cuales serán abordadas como la teoría del control, teoría del autocontrol
y, la más importante, la teoría de la elección racional. Esta última ha sido sostenida por uno de
los más renombrados economistas, Gary S. Becker, quien ha investigado a fondo las
conductas criminales desde una perspectiva económica argumentando que estas pueden ser
vistas como un análisis de costos y beneficios por parte de los individuos.
Palabras claves: crimen, economía, teoría de la elección racional, historia del pensamiento.
ABSTRACT
The concern about criminal acts has been a topic of interest for great economists who have
made an effort to demonstrate the reasons that lead an individual to make the decision to
commit a crime.
In this way, the "economics of crime" reestablishes an old tradition in the history of economic
thought by relying on its power to unify economic analysis to explain preferences in human
behavior and the allocation of resources inside and outside the conventional market.
Throughout the present work, the advances and theories of each of them have been studied.
Starting with the classical theory, the utilitarians Cessare Beccaria and Jeremy Bentham will
be approached, who are based on the idea of man as a calculating entity of pleasures and
pains. Under this perspective, crime should be understood as a choice between pleasures and
pains, and the authors also emphasize the certainty of arrest, establishing it as a key point to
combat crime. On the other hand, with neoclassical economic theory, the paradigm of the
economics of crime moves to focus on different theories. Theories that will be addressed such
as control theory, self-control theory and, most importantly, rational choice theory. The latter
has been supported by one of the most renowned economists, Gary S. Becker, who has
thoroughly investigated criminal conduct from an economic perspective, arguing that it can be
seen as an analysis of costs and benefits by individuals.
Keywords: crime, economy, rational choice theory, history of economic thought.
INTRODUCCIÓN
El crimen puede definirse como aquellas acciones que se llevan a cabo sobrepasando la ley, es
el resultado de las actuaciones siniestras que afectan la integridad humana y la propiedad
privada de los habitantes de una región. Aunque la palabra "crimen" se usa en el título para
minimizar las innovaciones terminológicas, el análisis pretende ser lo suficientemente general
como para cubrir todas las violaciones, no sólo los delitos graves -como asesinatos, robos y
asaltos-, sino también la evasión fiscal, los llamados crímenes de cuello blanco y los
mercados negros y otras violaciones. Desde un amplio punto de vista, el "crimen" es una
actividad o "industria" económicamente importante, a pesar del descuido casi total de esta
cuestión por parte de los hacedores de políticas públicas.
Sin embargo, el interés por explicar la criminalidad a partir de condiciones económicas ha
estado presente desde hace mucho tiempo en la historia del pensamiento social. A lo largo del
presente trabajo, se buscará abordar minuciosamente a cada uno de los pensadores que han
aportado importantes contribuciones sobre esta temática.
LA ECONOMÍA DEL CRIMEN A LO LARGO DE LA HISTORIA DEL
PENSAMIENTO ECONÓMICO
A lo largo de la historia del pensamiento económico, múltiples economistas se han esforzado
por demostrar los fundamentos que se encuentran detrás de los actos criminales. En primer
lugar, se abordará a la escuela clásica, y en especial a dos autores: Cessare Beccaria y Jeremy
Bentham.
1. LA ESCUELA CLÁSICA
En criminología, la escuela clásica generalmente se refiere al trabajo llevado a cabo por los
utilitaristas Jeremy Bentaham y Cessare Beccaria hacia el siglo XVIII durante el periodo de la
Ilustración. Se inclinaron por estudiar a fondo el sistema de justicia penal y penológico.
Asimismo, a través de su idea de "el hombre es un animal calculador", buscaron explicar las
causas del comportamiento criminal. La idea de los clásicos se basaba en la idea de que las
personas pueden tomar decisiones por su propia voluntad, y que el castigo debe ser
proporcional al delito dado que de esta manera y si se lleva a cabo de manera adecuada y
rápida, puede desalentar a los delincuentes.
1.1. Cessare Beccaria
Uno de los primeros pensadores en abordar esta temática fue Cessare Beccaria, de origen
italiano, fue un economista, criminólogo, jurista, filósofo y político que es ampliamente
considerado como uno de los más grandes pensadores del periodo de la Ilustración. Una de
sus obras más importantes la constituye es De los crímenes y las penas (1764), en la misma,
condenaba la tortura y la pena de muerte, y fue una obra fundacional en el campo de la
penología y la Escuela Clásica de Criminología.
En su juventud, Beccaria frecuento con Pietro y Alessandro Verri y junto con otros jóvenes de
la aristocracia de Milán, conformaron una sociedad literaria llamada "L'Accademia dei pugni"
(la Academia de los Puños), donde se reunían para generar debates acerca de múltiples
temáticas, dentro de ellas una de las principales fue la reforma del sistema de justicia penal.
Fue mediante este grupo que Beccaria logró conocer a filósofos políticos franceses y
británicos, como Diderot, Helvétius, Montesquieu y Hume. En particular, fue muy
influenciado por Helvétius en su intento de modificar las leyes penales.
Hacia el año 1764, con el apoyo de Pietro Verri quien se encontraba trabajando un texto sobre
la historia de la tortura, Beccaria publicó Sobre crímenes y castigos. Con los antecedentes de
sus amigos del grupo, Beccaria volcó en su obra tanto sus convicciones como las de sus
amigos que buscaban la reforma a través del discurso de la Ilustración.
El tratado de Beccaria marcó el punto culminante de la Ilustración de Milán. En su obra
manifestó algunos de los primeros argumentos modernos contra la pena de muerte y abogo
por la reforma del sistema de derecho penal la cual debía ajustarse a principios racionales,
expuso que es una alta probabilidad de castigo, no su severidad, lo que lograría un efecto
preventivo.
Su tratado era una crítica muy fuerte en contra de la tortura para obtener confesiones, las
acusaciones secretas, la discrecionalidad arbitraria de los jueces, la inconsistencia y
desigualdad de las sentencias, el uso de conexiones personales para obtener una sentencia más
leve y el uso de la pena capital para delitos graves e incluso leves, hechos comunes en aquella
época.
Para el desarrollo de su obra, Beccaria expone su posición respecto a las dos teorías
filosóficas fundamentales: el contrato social y la utilidad. En lo que respecta al primero,
declara que un castigo se justifica sólo para defender el contrato social ya que de esta manera
asegura que todos estén motivados para cumplirlo. En segundo lugar, trata el tema de la
utilidad refiriéndose a que el método de castigo que se seleccione debe ser aquel que sirva al
mayor bien público.
Los filósofos políticos contemporáneos distinguen entre dos teorías principales de la
justificación del castigo. Primero, el enfoque retributivo, basado en un derecho punitivo y
represivo, que sostiene que el castigo debe ser igual al daño causado, apelando así a la idea
del “ojo por ojo, diente por diente”, este tiende a ser de alguna manera vengativo. Por otro
lado, el segundo enfoque es utilitarista y sostiene que el castigo debería aumentar la cantidad
total de felicidad en el mundo. Se basa en un derecho positivo o restitutivo que de alguna
manera implica el castigo como un medio para reformar al criminal, incapacitándolo de
repetir su crimen y disuadiendo a otros. Beccaria adopta claramente una postura utilitarista
puesto que para él el propósito del castigo es crear una sociedad mejor, no la venganza. Se ve
al castigo como un elemento que sirve para disuadir a otros de cometer delitos.
Como las ideas de Beccaria eran críticas con el sistema legal vigente en ese momento y, por
lo tanto, era probable que generaran controversia, decidió publicar el ensayo de forma
anónima, por temor a una reacción violenta del gobierno. Una vez que estuvo claro que el
gobierno aprobaba su ensayo, Beccaria lo volvió a publicar, esta vez acreditándose a sí mismo
como el autor.
Muchas de las ideas expresadas por Beccaria en su obra, habían sido expresadas con
anterioridad en otros lugares, como por ejemplo, en el “El espíritu de las leyes” de
Montesquieu, pero ninguno había logrado darles esa coherencia ni estructurar toda la
argumentación sobre la convicción de que delito y pecado debían separarse, de que la justicia
es asunto humano y de que el daño del delito se mide por el daño a la sociedad y no por
razones religiosas o teológicas externas (Jasso Fuentes, 2020).
1.2 Jeremy Bentham
Jeremy Bentham (1748-1832) fue un filósofo, jurista y reformador social inglés considerado
el fundador del utilitarismo moderno.
Durante su vida, Bentham criticó fuertemente la sociedad en la que vivió dado que veía
inconsistencias en el gobierno de Inglaterra de aquella época. Se enuncio acerca de la forma
en que se trataban las penas, considerando que los castigos eran severos, los delitos violentos
se castigaban de forma leve siempre que no se matara a la víctima, el asesinato se castigaba
con la horca, llevando a que la persona se estrangulara, a su vez, que se trataba de un
espectáculo público que atraía a multitud de espectadores. Hubo azotes públicos, marcas e
incluso quemaduras en la hoguera como castigos. Bentham criticó fuertemente esta
celebración pública de la barbarie.
En aquella época la ley y el gobierno se basaban a menudo en preceptos teológicos. La Biblia
permitía los castigos físicos y la pena de muerte y debido a que la población creía en el
cristianismo y consideraba que la Biblia era inerrante, estos castigos no eran muy
controvertidos.
Bajo estos precedentes, Bentham definió el axioma fundamental de su filosofía: "la mayor
felicidad para el mayor número”.
Asimismo, Bentham propugno que “La naturaleza ha colocado a la humanidad bajo el
gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Ellos nos señalan lo que tenemos que
hacer." Por tanto, aplicó estos principios al castigo, él pensaba que la gente cometía delitos
para obtener un beneficio, generalmente de forma material, y que está obtención implicaba un
posible costo, el castigo, que en aquella época consistía en infligir sufrimiento. Bajo estos
principios, Bentham reconoció que esto era ético, siempre y cuando redujera la cantidad total
de sufrimiento al reducir la delincuencia. En este sentido, Bentham argumentó que había
habido un "desplazamiento del castigo", es decir, que la severidad de los castigos había
aumentado lentamente, de modo que en Inglaterra se impuso la pena de muerte por más de
doscientos delitos. Por ejemplo, si tanto la violación como el homicidio fueran castigados con
la muerte, entonces sería más probable que un violador matara a la víctima (como testigo)
para reducir el riesgo de arresto.
Asimismo, reparó en que el carácter público del castigo era deseable puesto que demuestra a
los demás cuáles son las consecuencias de cometer un delito.
En síntesis, para Bentham la conducta criminal responde a un cálculo hedonístico, es decir, el
principio según el cual el individuo perseguirá el máximo de felicidad o el mínimo de
insatisfacción en todos sus actos. El método de Bentham en el control de la delincuencia
radica en establecer un conjunto de “precios” por cada delito, manipulando las dos variables
que determinan el costo de la sanción impuesta al delincuente (en potencia): la severidad del
castigo y la probabilidad de que sea infringido (Bentham, 1780).
Bajo este marco, recalca que el objetivo es hacer comprender a los potenciales criminales que
del delito se derivan consecuencias más negativas que positivas para el mismo y así de esta
manera buscar prevenir la comisión de hechos delictivos futuros.
2. EL NEOCLASICISMO
Hacia finales del siglo XIX el enfoque clásico de la economía ha sido reemplazado
paulatinamente por la escuela neoclásica, de esta forma ha empezado a surgir una nueva
forma de analizar la relación entre economía y crimen.
En criminología, el neoclasicismo se caracteriza principalmente por el principio de la
disuasión y pone foco en la probabilidad de detección, de esta manera, establece que nada
disuade más a los delincuentes que el hecho de tener la certeza de que van a ser detenidos.
Asimismo, se diferencia de la escuela clásica por darle mucha más importancia a los valores
morales, y bajo este marco, establece que debe priorizarse la asignación de recursos al sistema
educativo para fomentar la adhesión a valores morales que vayan en contra de la criminalidad.
2.1. Teoría del control social
La teoría neoclásica del crimen se basa en la teoría del control. La misma establece que
existen distintos tipos de control:
-En primer lugar, el control directo: bajo este tipo de control las amenazas o castigos son
establecidos debido al comportamiento indebido, y el rol de los padres, la familia y las figuras
de autoridad es vital pues son los responsables de establecer una recompensa cuando el
individuo cumple.
- En segundo lugar, se encuentra el control indirecto: a través de él un joven se abstiene de
cometer un acto delictivo porque llevarlo a cabo provocaría dolor y decepción a sus padres y
otras figuras cercanas al individuo.
-Por último, se encuentra el control interno: por el cual la conciencia o el sentimiento de culpa
de una persona le impiden cometer actos delictivos.
Estas son las bases sobre las cuales se desarrolla la teoría del control social la cual plantea que
son principalmente estas relaciones, compromisos y valores, los que alientan a los individuos
a no cometer delitos.
Se observa aquí una influencia hobbesiana. Remitiéndonos a Thomas Hobbes, en su libro el
Leviatán de 1651, el mismo expone una teoría del contrato social que se basa en que todas las
elecciones están limitadas por contratos sociales implícitos, acuerdos y arreglos entre las
personas. De manera que la moral se crea en la construcción del orden social, asignando
costos y consecuencias a determinadas elecciones y definiendo algunas como malas,
inmorales y/o ilegales.
Fue Travis Hirschi (1935-2017) un sociólogo estadounidense quien desarrolló una versión
moderna de la teoría del control social del crimen, en la misma realizó un estudio donde
observó que los lazos sociales inhiben la delincuencia, argumentando que los jóvenes sin
compromisos similares se unieron en grupos delictivos. De esta manera, concluyó que las
causas de la delincuencia y de la asociación con delincuentes fueron los lazos sociales débiles.
2.2 Teoría del Autocontrol
La teoría del autocontrol del delito fue desarrollada por Travis Hirschi y Michael Gottfredson
la misma determina a la falta de autocontrol individual como la principal causa detrás del
comportamiento delictivo.
Con base en la observación empírica de la fuerte y constante conexión entre el
comportamiento delictivo y la edad, Hirschi y Gottfredson teorizan que el factor individual
más importante detrás del crimen es la falta de autocontrol individual. El autocontrol
individual mejora con la edad como resultado de muchos factores: la biología cambiante a
través del desarrollo hormonal, la socialización y el aumento de los costos de oportunidad de
perder el control. Además, los actos delictivos suelen estar marcadamente fuera de control;
tanto oportunistas como miopes.
Una serie de estudios empíricos, han confirmado que el autocontrol individual es, de hecho,
uno de los predictores más fuertes de la delincuencia, en comparación con una variedad de
factores en varios niveles de análisis.
2.3. Teoría de la elección racional
El pensamiento económico neoclásico ha desviado el eje de estudio de los fenómenos
económicos hacia el estudio del homo economicus.
Siguiendo a Ramírez de Garay (2014), la teoría de la elección racional aplica los criterios de
racionalidad económica para el análisis del crimen. Este cuerpo teórico surge a raíz del éxito
de tres tendencias: la economía neoclásica (homo economicus y microeconomía), el
individualismo metodológico y la metodología de la elección racional.
En términos de economía del crimen, esto conlleva que la decisión de los individuos de
adoptar una conducta criminal puede explicarse por medio de la racionalidad económica. De
esta manera, la esencia del enfoque económico del crimen es simple: Las personas deciden
cometer un crimen o no mediante la comparación de los beneficios y los costos de embarcarse
en el crimen.
La teoría de la elección racional, se nutre además en cierta manera de los supuestos del
individualismo metodológico debido a la importancia atribuida a la acción individual como
una explicación viable para una conducta criminal.
Con el surgimiento de este enfoque, las teorías que anteriormente orientaban este campo han
sido en gran medida reemplazadas por este análisis de costos y beneficios. Los trabajos
fundacionales de la elección racional aplicada al crimen son: Crimen y castigo: una
aproximación económica de Gary Becker (1974) y La participación en actividades ilegales:
un análisis económico de Isaac Ehrlich (1974). Posteriormente, En 1986 Cornish y Clarke
formularon la teoría de la elección racional, pero ellos se situaron dentro del enfoque
situacional del delito.
2.3.1 Gary Becker
Gary Stanley Becker (1930-2014) fue un economista y profesor estadounidense que recibió el
Premio Nobel de Ciencias Económicas en 1992. Asimismo, fue líder de la tercera generación
de la escuela de economía de Chicago.
Gary Becker ha sido uno de los primeros economistas en estudiar temáticas que solo habían
sido estudiadas en el ámbito de la sociología Entre ellas, el crimen. Becker, creía que el
comportamiento humano obedecía a una conducta racional y maximizadora de la utilidad,
incluidos aquellos actos que podrían considerarse autodestructivos o irracionales.
Hacia el año 1968, Gary Becker publicó su obra llamada “Crime and Punishment: An
Economic Approach” en la misma realiza un profundo análisis acerca de la economía del
delito elaborando su teoría para explicar los beneficios y costos que conlleva la criminalidad.
Becker repara en que el crimen es una actividad económica más y considera al criminal como
un individuo racional. Para su estudio, Becker se basa en el análisis en la teoría del bienestar,
esto puede relacionarse con el problema del principal y el agente, teniendo en cuenta que la
sociedad es el principal y los criminales son los agentes. En su estudio, Becker expone que el
delincuente llevará a cabo una conducta criminal únicamente si la utilidad esperada de una
actividad ilegal excede a la utilidad que obtendría si empleara ese tiempo y esos recursos en
una actividad legal. En el modelo de Becker puede pensarse como un juego no cooperativo,
en el mismo, existen dos sujetos, a saber, la sociedad y los delincuentes. (Balbo, 1998)
¿De qué dependerá la utilidad esperada de cometer un crimen? Los delincuentes valuarán esta
utilidad a través de la probabilidad de ser atrapado, de la probabilidad de ser condenado en
caso de ser atrapado, de la severidad de las penas en caso de ser condenado y de la ganancia
que obtendrán si no son condenados. Por otra parte, la utilidad esperada para el criminal de
una actividad legal va a depender del ingreso disponible, del salario y de los impuestos. Los
delincuentes comparan estas utilidades para tomar una decisión. Siguiendo a Balbo (1998) se
desarrolla el modelo propuesto por Becker:
De esta manera, se establece una “función de oferta de delitos”;
O j =O j ( p j , f j , u j )
Donde O j es el número de delitos que el individuo j cometerá durante un determinado
período de tiempo
p j es la probabilidad de ser capturado por el delito
f j es el castigo que recibira por delinquir;
u j son todas las variables que influyen en la decisión del agente.
Este modelo supone, que cuando los delincuentes son aversos al riesgo, existe lugar para
políticas públicas que a través de variaciones en p j y f j , disminuyan la oferta de delitos. Sin
embargo, se debe tener en cuenta que la condena o castigo afecta tanto a los criminales como
a la sociedad, que debe efectuar gastos destinados a seguridad que de otra manera estarían
disponibles para otros usos (costo de oportunidad). Debido a la existencia de estos costos de
oportunidad se deben plantear condiciones de optimalidad. En primer lugar, se deben fijar los
objetivos de la sociedad, si este fuera la disuasión completa del crimen, es decir, que no se
cometa ningún delito, la sociedad debería gastar recursos en elevar la probabilidad de captura
y formular los castigos de forma que las ganancias de cometer un crimen nunca sean
superiores a las de llevar a cabo actividades legales.
Una vez, establecido el objetivo de la sociedad, se plantea la siguiente función de pérdida
social:
L=L( D , C , bf , O)
∂L ∂L ∂L
con ≻0; ≻0; ≻0
∂D ∂C ∂ bf
Donde L es la función que mide la pérdida de la sociedad a causa de los delitos;
D es la disuasión
C es el castigo
bf es la pérdida que tiene la sociedad por cada delito;
y O son los delitos.
Planteada la función de pérdida, el objetivo es seleccionar valores para C, D y bf tales que
minimicen L.
De esta forma se obtiene el número óptimo de delitos (O* ) y se determina que la pena y la
probabilidad de ser condenado deben ser fijadas en niveles tales que induzcan a los criminales
a cometer exactamente O* delitos. De esta manera, el el valor marginal de las penas debe
igualar la ganancia privada marginal.
V =G' (O¿ )
Es decir que el valor monetario de las penas (V) debería igualar el daño marginal causado por
¿
los delitos G ' (O ). Esta línea de argumentación dio surgimiento a una nueva rama de la
economía: la “Teoría de la Disuasión”. (Balbo, 1998)
2.3.2 Isaac Ehrlich
Isaac Ehrlich es un economista estadounidense nacido en 1938 graduado en la Universidad
de Columbia. Es conocido por haber realizado importantes investigaciones sobre la economía
del crimen, la aplicación de la ley y la economía de la disuasión y sobre todo su postura
acerca de la pena de muerte. A través de estudios empíricos Ehrlich ha encontrado evidencias
que implican que existe un efecto negativo significativo de la pena de muertes en los
homicidios, por lo que se sostenía en contra de ella.
Al igual que el modelo de Gary S. Becker (1968), el modelo de Ehrlich (1996), se ha basado
en la tradición neoclásica dado que parte de los siguientes supuestos:
-Los individuos de mercados ilegales y sus contrapartes se rigen bajo las reglas de la
optimización.
-Los individuos tienen expectativas dependiendo de la gravedad o certeza de castigo, es decir,
una distribución estable de las preferencias por el delito, así como por la seguridad frente al
delito entre la población.
-La ley tiene como objetivo final la maximización del bienestar social.
En su obra “The economics of Crime” (2006) examina la teoría y la metodología económica
que se encuentra detrás de la aplicación de las leyes para la prevención del delito. A su vez,
explora la economía del crimen organizado desde el punto de vista del criminal, pero también
considera los costos para la comunidad de los actos criminales y sus efectos.
Concluye argumentando que el nivel del crimen está determinado conjuntamente por la oferta
de delitos (que refleja las decisiones de la gente de participar en actividades ilegales), y la
demanda de protección privada y pública contra el crimen (lo cual define implícitamente la
demanda de delitos). (Gaviria, 2001, p. 164)
2.3.3 Cornish y Clarke: La teoría situacional del delito
Hacia 1986 Cornish y Clarke realizaron un trabajo que se ubica dentro de los enfoques de
prevención situacional del delito. El trabajo es realizado sobre las bases de la teoría de la
elección racional.
La prevención situacional del delito ha sido definida como “el uso de medidas dirigidas a
formas altamente específicas de delincuencia, que involucran el manejo, diseño o
manipulación del entorno inmediato de la manera más sistemática y permanente posible”
(Clarke & Hough: 1980).
En su obra, Cornish y Clarke resaltan que existe una tendencia teórica a sobrepatologizar la
delincuencia y a subestimar su racionalidad, lo que dificulta el diseño de estrategias más
eficaces para el control de la conducta delictiva. De esta manera, si bien no niegan la
existencia de componentes irracionales y patológicos en algunos delitos, sugieren que deben
examinarse más de cerca los aspectos racionales del crimen y rechazan que deba analizarse
exclusivamente como un fenómeno individual, sino que deben considerar el aspecto social.
Los autores plantean que, en lugar de concentrar exclusivamente la atención en el delincuente
y en aquellos factores que influencian su implicación en ciertos delitos, debe prestarse más
atención al propio acto delictivo y a los factores situacionales. Clarke y Felson (1998)
remarcan la importancia del papel del elemento de oportunidad en la causa del delito, y para
ello hacen una compilación en la que incluyen también el enfoque de la actividad rutinaria, la
teoría del patrón delictivo y la perspectiva de la elección racional.
Sin embargo, reconocen que el crimen es un comportamiento intencional diseñado para
satisfacer las necesidades comunes del delincuente de cosas tales como dinero, estatus, sexo,
emoción y que satisfacer estas necesidades implica la toma de decisiones y elecciones (a
veces bastante rudimentarias), limitadas como están por los límites de tiempo y capacidad y la
disponibilidad de información relevante". Por lo tanto, los delincuentes toman decisiones que
parecen racionales (al menos para los delincuentes) para participar en actos delictivos
específicos.
Su enfoque se centra en reducir las oportunidades delictivas más que en las características de
los delincuentes o de los posibles delincuentes. La estrategia es aumentar los riesgos y
dificultades asociados y reducir las recompensas. Afirman que el delito a menudo se comete a
través del accidente de una oportunidad práctica o atractiva, por ejemplo, que se encuentra un
automóvil desbloqueado o una ventana abierta y que los patrones en la actividad delictiva no
se basan simplemente en el lugar donde viven los delincuentes. Para los delitos dirigidos a los
hogares, las iniciativas incluyen animar a las personas a hacer que sus hogares sean más
seguros, a veces denominados 'endurecimiento de objetivos', y marcar sus propiedades para
identificarlas más fácilmente.
3. CRÍTICAS A LA ELECCIÓN RACIONAL
La estrategia metodológica de centrarse exclusivamente en cómo las decisiones son
determinadas por las preferencias, y no por el origen de estas últimas, implica ventajas
metodológicas y técnicas que otras propuestas no tienen. Sin embargo, estas virtudes
explicativas también vienen acompañadas con importantes límites que vale la pena
mencionar. (Ramírez de Garay, 2014).
De esta manera, las críticas más importantes hacia la teoría de la elección racional se resumen
en los siguientes puntos:
1) la falta de capacidad para explicar conductas criminales que no están relacionadas con
ganancias pecuniarias, como es el caso de los llamados crímenes expresivos (violencia
familiar, sexual, cierto tipo de homicidios)
2) una limitada efectividad para explicar fenómenos criminales agregados y la variación
diferencial entre tipos de crímenes (crimen patrimonial y homicidio)
3) técnicas de análisis sofisticadas sin el correspondiente acompañamiento teórico.
En definitiva, la crítica primordial es que más allá de la metodología de la elección racional ha
sido exitosa sus logros se concentran en un tipo específico de crímenes dejando de lado la
multiplicidad de crímenes existentes y las diferencias entre ellos.
4. CONCLUSIÓN
La teoría económica del delito arroja importantes claves para el diseño de políticas públicas
eficientes en materia de control de la delincuencia.
Según El Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) ≪ente que recolecta
información sobre los hechos presuntamente delictuosos registrados por las fuerzas policiales,
las fuerzas federales de seguridad y otras entidades oficiales de recepción de denuncias en
todo el territorio de la República Argentina≫ hacia el año 2020 han existido en total 51.308
víctimas de delitos en todo el país.
De esta manera, las cifras estadísticas deben constituir un llamado de atención a la sociedad y
sobre todo a la gobernanza para el diseño de políticas públicas eficientes en torno a la
criminalidad. Se observa que existen múltiples herramientas por parte de la teoría
microeconómica para organizar la política criminal. Por ende, una alta tasa de criminalidad es
una evidencia de que los beneficios de cometer un crimen son en gran medida mayores que
los costos. Por tanto, resulta indispensable una política orientada a aumentar los costos de la
comisión de actos delictivos, mejorando el sistema judicial, la duración y la efectividad de las
condenas.
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