Instituto Superior Tecnológico
“Los Andes”
ISTLA
SEGURIDAD CIUDADANA Y ORDEN
PÚBLICO
Tema: SITUACION CARCELARIA
Asignatura: TS-SECOP-COIP I
Alumna: Carolina Solange Chunga Huacon
Fecha: 29/jun/2021
CONTENIDO
Asignatura: TS-SECOP-COIP I.......1
1. SITUACION CARCELARIA EN EL
ECUADOR..........................3
[Link]í se quebró el sistema
carcelario nacional..............3
[Link] de presupuesto.......10
1.3. Muchas cárceles, poca reforma
carcelaria.....................12
Aumento de la criminalidad.....16
[Link]...............17
[Link]ón.................19
[Link] de la prisión preventiva
21
3: CONCLUSIONES---------------22
[Link]. ----------22
1. SITUACION CARCELARIA EN EL ECUADOR
En el Ecuador hay 35 carceles en 17
provincias, diez son de varones, cuatro
de mujeres, 20 mixtas y una de
detencion provisional. De acuerdo a la
region, estan distribuidas asI: 14 en
la Costa, 19 en la Sierra y dos en el
Oriente. ... EI 60% de las internas y
el 77% de extranjeros/as presos/as
estan en la Sierra.
[Link]í se quebró el sistema
carcelario nacional
El 23 de febrero de 2021, 79 personas
fallecieron en motines concertados dentro de
cuatro cárceles del país. Pero no era un
hecho aislado, sino la consecuencia de una
serie de reformas legales, errores y
recortes presupuestarios.
El Ministerio de Gobierno ha llamado la
atención sobre la desprotección de los
guardias penitenciarios, que no tienen
permitido llevar armas de fuego dentro de
los recintos. Solo pueden portar
herramientas disuasivas. En algunas cárceles
no hay ni siquiera comedores y los
prisioneros que cumplen condena de privación
de libertad reciben sus comidas en
recipientes de plástico en sus propias
celdas.
El hacinamiento es un problema
reconocido oficialmente desde hace años,
pese a la construcción de nuevas cárceles.
El director del SNAI achaca el déficit a la
legislación penal nacional y al hábito de
los jueces de enviar a prisión provisional a
acusados cuando hay riesgo de que no
comparezcan a juicio. Eso hace, indicó
Edmundo Moncayo, que los condenados con
sentencia firme convivan con personas que
aún están siendo procesadas. La población
carcelaria ronda los 40.000 presos pese a
que apenas hay espacio para 29.600. Justo un
año después de decretar aquel estado de
excepción en 2019, las escenas de violencia
se fueron repitiendo y la respuesta
presidencial ha sido siempre la misma:
estado de emergencia.
El país ha invertido 1,2 millones de dólares
(casi un millón de euros) en reformar las
infraestructuras; cerca de 200.000 dólares
en la adquisición de aproximadamente 100
armas de aire comprimido; y 150.000 dólares
en 35 mochilas que contienen gas pimienta
que, en vista de los acontecimientos de esta
semana, no ha resuelto el problema de
violencia interna en las cárceles de
Ecuador.
Eran casi las nueve de la mañana del martes
23 de febrero cuando se dio la alarma de
motines en varias cárceles de Ecuador, pero
pasarían varias horas para que el país
entendiera que era en realidad la
peor masacre carcelaria de la historia del
Ecuador. En la tarde, el Servicio Nacional
de Atención Integral a Personas Adultas
Privadas de Libertad y a Adolescentes
Infractores (SNAI) confirmó que los motines,
que fueron una acción concertada en cuatro
centros carcelarios, dejaron 79 muertos. Ese
mismo día, Edmundo Moncayo, director del
SNAI, dijo que los motines simultáneos en
las cárceles de Turi, en la provincia de
Azuay al sur del país, de Latacunga en la
Sierra central, y en dos cárceles de la
provincia costera del Guayas, se habrían
dado por disputas de poderes entre bandas
dentro de las cárceles. La violencia
inusitada fue producto de una crisis que
empezó hace mucho tiempo.
En el Ecuador hay 38 mil personas en las
cárceles. El sistema que
los acoge “se ha venido deteriorando por
años”, dice Daniela Oña, experta en derechos
humanos y personas privadas de libertad. Oña
dice que la crisis empezó alrededor del 2017
y se intensificó en 2018 cuando Ecuador
alcanzó un índice de hacinamiento del 36% —
el más alto en los últimos 4 años. Según la
Policía Nacional, en 2018 hubo 15 muertes
violentas dentro de los centros de
rehabilitación social del país. En 2019, la
cifra aumentó a 32 y en 2020, a 51. En 2019,
la crisis fue tan grave que el presidente
Lenín Moreno decretó un estado de excepción
en las cárceles que se extendió por 90 días.
A pesar de la medida, mientras el estado
estaba vigente, 14 personas privadas de la
libertad fallecieron en enfrentamientos
entre bandas.
Sin embargo, la situación no se reduce a
intentar controlar enfrentamientos de
bandas, dicen los expertos. Daniela Oña dice
que el sistema carcelario de Ecuador
enfrentaba otras falencias
“multidimensionales” que, desde 2017, ya
alertaban sobre la necesidad de adoptar
otras medidas correctivas dentro del
sistema. Algunas son la falta de personal,
de presupuesto, de una buena reforma
carcelaria y el debilitamiento de la
institucionalidad del Ministerio de Justicia
y Derechos Humanos, que antes controlaba el
sistema penitenciario, y que ahora está a
cargo del SNAI. Otros factores como las
reformas del Código Orgánico Integral
Penal (COIP) de 2014, el aumento de la
criminalidad en el país y la corrupción
dentro de las cárceles, también aportaron a
la debacle. La falta de entendimiento sobre
los factores que han quebrantado el sistema
carcelario además impactan la forma en que
se comporta la sociedad. Tras las masacres
en las cárceles, en redes sociales mucha
gente intentaba justificar los hechos
diciendo que eran “criminales” y que era una
especie de autodepuración. Esta convicción
podría ser la más peligrosa de todas las
consecuencias de la debacle en la que se
hunden las cárceles del país.
Hay razones muy puntuales para la crisis en
que se ahoga el sistema carcelario del
Ecuador.
Quizá la más importante a nivel conceptual
es aceptar que es un problema de violación
de derechos humanos. La Constitución del
Ecuador dice que las personas privadas de
libertad son un “grupo prioritario” porque
están bajo la tutela del Estado. Pamela
Juliana Aguirre Castro, directora del
Observatorio Jurídico Social de la
Universidad de Especialidades Espíritu Santo
(UEES), dice que esto significa que el
gobierno tiene un “deber reforzado” de
cuidarlos y de proteger sus derechos
humanos. Por eso, dice Aguirre Castro lo que
pasó el 23 de febrero, “es responsabilidad
del Estado”.
Pero también es responsabilidad de toda la
sociedad. Según el analista militar Yaavok
Gavriel Cedeno, “tenemos sangre en nuestras
manos” porque si celebramos la muerte de
otros ecuatorianos, los estamos volviendo a
matar. Las personas privadas de libertad,
independientemente del delito que hayan
cometido, son sujetos de derechos, lo dice
la Constitución y la Declaración Universal
de Derechos Humanos. El problema es que no
se los trata como tal. El antropólogo Jorge
Nuñez, cofundador del Centro de Etnografía
Interdisciplinaria Kaleidos, dice que la
población penitenciaria es tratada como
objeto. Estas personas son deshumanizadas y,
por ende, se llega a creer que no merecen la
misma dignidad que el resto de la
población.
Después de los amotinamientos simultáneos
del martes 23 de febrero, empezaron a
circular en redes sociales videos
sangrientos. Cabezas decapitadas y cuerpos
mutilados contaban la historia de una
jornada que parecía haber sido sacada de una
película de terror.
En los noticieros de televisión, algunos
familiares contaban entre lágrimas que
habían reconocido a sus hijos, hermanos, y
parejas en los videos que se compartían en
Internet. Pero la respuesta social fue casi
tan violenta como las propias imágenes. En
redes sociales algunos usuarios decían: “79
problemas menos que mantener con nuestros
impuestos”, “ojalá y fueran más”, “una purga
necesaria”, “noticias que alegran”. La lista
de comentarios con este tono es
interminable. En algunos casos, eran incluso
más violentos.
1.1. ¿POR QUÉ HUBO UNA REACCIÓN TAN
AGRESIVA?
El antropólogo Núñez explica que esta
reacción se debe al argumento de que lo que
pasó se limita a “una guerra entre bandas”.
Según Núñez esto crea una “otredad
artificial” que separa a la ciudadanía de
las personas privadas de libertad porque los
ciudadanos “no forman parte de una banda”.
Pero los reclusos son parte de la misma
sociedad en la que vivimos las personas que
no estamos dentro del sistema penitenciario.
“No podemos normalizar el discurso de que
las bandas se están matando”, dice Cedeno.
Núñez opina lo mismo, y cree además que es
necesario cambiar la narrativa sobre las
cárceles e incluir en la conversación a las
personas privadas de libertad y a sus
familias para que podamos entender sus
perspectivas. Una vez que comprendamos que
las personas en las cárceles tienen también
derechos y que no podemos normalizar que
sean víctimas de violencia, el Ecuador
tendrá una mejor predisposición para
resolver los problemas más tangibles que
agobian al sistema penitenciario: recortes
presupuestarios, falta de una verdadera
reforma carcelaria, aumento de criminalidad,
hacinamiento y corrupción.
1.2. Falta de presupuesto
Los recortes de financiamiento son un golpe
crítico al sistema carcelario. En 2019,
cuando el Ministerio de Justicia fue
eliminado por el gobierno, el nuevo Servicio
Nacional de Atención Integral a Personas
Adultas Privadas de Libertad y Adolescentes
Infractores (SNAI) recibió un presupuesto de
98 millones de dólares. En 2020, se
redujo en 43%: solo se asignaron cerca de 55
millones de dólares. Para 2021, se aumentó
el presupuesto en 8 millones de dólares
pero, según Moncayo, ese incremento en
realidad “no es nada”.
En 2018, Ernesto Pazmiño, Ministro de
Justicia y Derechos Humanos, dijo que se
necesitaba por lo menos 292 millones de
dólares al año para mantener el sistema
carcelario. El presupuesto de 2021 de
aproximadamente 63 millones de dólares es
solo un poco más de la cuarta parte de lo
que en realidad se necesita para que el
sistema funcione. El presupuesto es tan
escaso que ni siquiera hay dinero suficiente
para contratar personal que proteja la
seguridad de los reclusos. El propio
director del SNAI, Edmundo Moncayo, dijo que
hay un 70% de déficit de agentes
penitenciarios para poder controlar
efectivamente a las más de 38 mil personas
que permanecen en las cárceles de Ecuador.
Según Daniela Oña, se estima que debe
existir al menos un guía penitenciario por
cada 6 personas. Pero en el país, en algunos
centros de rehabilitación social, “hay un
guía por cada 20 o 30 personas”, dice.
Controlar lo que sucede dentro de los
centros de rehabilitación y garantizar la
seguridad de la gente que ahí está —y que
está bajo control estatal— parece imposible
con esa brecha de personal.
El criminólogo Santiago Argüello dice que no
solo no hay guías, tampoco hay personal en
otras áreas que son indispensables para una
verdadera rehabilitación social. Según
Argüello “no hay educadores, médicos,
psiquiatras, psicólogos” dentro del sistema
penitenciario porque no hay dinero para
pagarles. Oña dice que tampoco hay dinero
para los uniformes de las personas privadas
de libertad. Recuerda que en una ocasión que
pudo entrevistar a reclusos, dijeron que
“les
dieron un solo uniforme cuando entraron al
centro, después de eso nunca más les dieron
una muda de ropa.” Oña asegura que el SNAI,
con el presupuesto que tiene, solo puede
pagar lo básico: alimentación y gastos del
personal. Según Oña, incluso con eso, ha
habido reclamos por sueldos atrasados y por
la deficiencia del servicio de alimentación.
1.3. Muchas cárceles, poca reforma
carcelaria
Otra razón por la que Ecuador sufre una
crisis en sus cárceles es la ausencia de una
buena reforma carcelaria. En mayo de 2013,
el entonces Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos, planteó un nuevo modelo de
gestión penitenciaria. Este se alineaba con
el ejercicio de los derechos humanos,
incluía la construcción de nuevas cárceles,
la contratación de personal, el refuerzo de
la seguridad, un nuevo régimen de visitas y
una política integral conocida como “cero
ocio” —que los reclusos siempre estuvieran
ocupados, sin tiempo muerto. Oña dice que
entre esas opciones se planteaba aprender un
oficio, estudiar, trabajar en la panadería,
o hacer deporte. Además, contemplaba su
educación, salud física y mental, trabajo
social, y la relación con sus familias.
Pero, según Oña, aunque la idea en papel
sonaba bien, en la práctica no se ejecutó
con éxito.
De a poco, se fueron dejando de lado
programas importantes como el de
rehabilitación de drogas que, según la
abogada Oña, permitió reducir el consumo de
sustancias psicotrópicas dentro de los
pabellones. Los programas de cero
ocio dejaron de ser una prioridad con la
reducción de personal. Los proyectos de
educación y aprendizaje de oficios mermaron,
y los programas de atención de salud física
y mental, dejaron de implementarse como
antes. Los planes de reforzar la seguridad y
contratar más guías penitenciarios quedaron
en el olvido, al igual que los reclusos.
Entre 2013 y 2017, en lugar de priorizar una
verdadera rehabilitación social a través de
programas integrales, se priorizó la
construcción de cárceles. Se creía que al
construir más se podría evitar volver a los
altos índices de hacinamiento de cerca l
200% que se alcanzaron en 2008. Pero no fue
así.
Construir más cárceles o cárceles más
grandes no solucionan los problemas de
fondo. “Tenía que haber un equilibrio con la
aplicación de penas, la fuerza de seguridad
penitenciaria, y las medidas de prevención”,
dice el analista militar Yaakov Gavriel
Cedeno. Pero no lo hubo: se destinó la mayor
parte del presupuesto y de la atención a la
construcción de más cárceles y se descuidó
el sistema judicial.
En 2014, entró en vigencia el nuevo Código
Orgánico Integral Penal (COIP) —la
legislación llamada a tipificar los delitos,
establece el procedimiento para juzgarlos, y
promueve la rehabilitación social de las
personas sentenciadas. El COIP reemplazó a
tres leyes bastante desgastadas: el Código
Penal que regía desde 1971, el Código de
Procedimiento Penal que estaba vigente desde
el año 2000, y el Código de Ejecución de
Penas que aplicaba desde 1982. El objetivo
de este nuevo código era, explica Oña, tener
un solo cuerpo normativo que contenga todas
las penas y por ende, mejore el sistema
penitenciario.
Pero el COIP y las tres reformas que se han
hecho hasta febrero de 2021, más que mejorar
el sistema, lo han empeorado. Las normas del
Código y los cambios que se le han hecho
significaron aumentos de penas y la
tipificación de nuevos delitos. Y si bien
tipificar nuevos delitos y endurecer las
penas busca afianzar la seguridad de los
ciudadanos y mantener el orden en la
sociedad, hacerlo también tiene efectos
contraproducentes.
El más grave de ellos es el crecimiento de
la población carcelaria. “Deberíamos tratar
de tener cada vez menos gente encarcelada”,
dice Pamela Juliana Aguirre Castro. En
países como Holanda, más de 20 prisiones han
cerrado en los últimos diez años porque no
hay prisioneros. Wiebe Alkema, portavoz del
Ministerio de Justicia y Seguridad de
Holanda, dice que el bajo número de reclusos
se debe a un nuevo enfoque en la emisión de
sentencias y en el entendimiento de cómo
los delitos impactan a la sociedad. Sin
embargo, en Ecuador los cambios que se han
hecho en el sistema judicial no buscan
precisamente reducir la población
carcelaria, sino aumentarla. Mientras más
delitos se sancionen con el COIP, más
personas habrá en las cárceles. Y mientras
más personas haya en las cárceles, menos
espacio habrá para ellas. Hay tantas
personas entrando al sistema carcelario que
ni siquiera los tres megacentros de
rehabilitación —las cárceles regionales de
Latacunga, Turi y Guayaquil— construidos en
el gobierno de Rafael Correa son
suficientes.
El antropólogo Jorge Núñez dice que la
crisis que viven las cárceles del Ecuador es
profunda y no se va a solucionar de un día
al otro. Según él, tampoco se va a
solucionar construyendo más cárceles o
trasladando reos a otros lugares. Las
acciones que está tomando el gobierno ahora
tras los amotinamientos —hacer requisas,
reforzar la seguridad, hacer traslados— son
temporales y en algún momento dejarán de
funcionar. Por eso expertos como Núñez y Oña
coinciden en que se debe trabajar en
políticas para prevenir los delitos y no
solo para luchar contra el crimen. Núñez
dice que esto implica trabajar desde varias
áreas —salud, justicia, seguridad,
educación, cultura— en políticas integrales
que busquen lograr una verdadera
rehabilitación social.
Aumento de la criminalidad
Pamela Aguirre Castro dice que en los
últimos años, la criminalidad en Ecuador se
ha complejizado. Ya no hay gente en las
cárceles solo por cometer robos, asaltos u
homicidios, que era lo común hace 20 años.
Ahora, según datos del Ministerio de
Gobierno, los delitos por los que hay más
personas en el sistema carcelario son
delitos relacionados con drogas.
El tráfico de drogas en Ecuador es uno de
los factores agravantes de la criminalidad
en el país, dice Aguirre Castro. Con el
aumento de bandas dedicadas al narcotráfico
y la lucha por territorios de distribución y
rutas de exportación, los crímenes en
Ecuador empezaron a aumentar. La banda de
Los Choneros se ha enfrentado a otras
organizaciones delictivas por el control de
esta ilícita industria en el país. No es un
problema nuevo: ya en 2006, la banda había
cometido 120 asesinatos. Según Daniela Oña,
el problema del narcotráfico se refleja en
el incremento de casos de homicidio en el
país y en la forma en la que se dan estos
hechos de violencia.
Tras los acontecimientos violentos del 23 de
febrero en las cárceles, el presidente Lenín
Moreno y el director del SNAI, Edmundo
Moncayo, dijeron que eran responsabilidad
del narcotráfico. Moreno le echó la culpa al
gobierno anterior por haber expulsado al
ejército estadounidense que vigilaba el
tráfico de drogas desde la base de Manta.
Moncayo atribuyó los hechos a la disputa
entre bandas delictivas tras el asesinato de
Jorge Luis Zambrano, alias ‘Rasquiña’, líder
de Los Choneros, en diciembre de 2020.
Sin embargo, no se le puede atribuir la
crisis carcelaria a un solo factor. Expertos
como Yaakov Cedeno y Pamela Aguirre Castro
aseguran que el gobierno tiene que dejar de
buscar un culpable para un problema que es
estructural. Según Cedeno, si el gobierno
(sea cual fuere) no hace nada por resolver
cada una de las falencias del sistema
carcelario, matanzas como las del 23 de
febrero van a seguir sucediendo
“probablemente antes de lo que nos
imaginamos”.
1.4. Hacinamiento
Con un catálogo de delitos tan amplio, las
cárceles seguirán llenas, generando
hacinamiento y sobrepoblación. La experta en
el sistema penitenciario y derechos humanos,
Daniela Oña, dice que ambas condiciones en
los centros de rehabilitación social son
severas. Según datos del SNAI, hasta
diciembre de 2020 el índice de hacinamiento
en las cárceles era de 31,01%. En el primer
mes de 2021, se redujo a 29,42% —pero
debería estar en 0.
Un familiar de una persona privada de
libertad protesta contra la violencia en las
cárceles. Fotografía de David Díaz para GK.
El hacinamiento ocurre cuando el espacio de
un lugar no es suficiente para el número de
personas en ese lugar. En el sistema
carcelario, las Reglas Nelson Mandela
—que establecen los estándares mínimos para
el tratamiento de reclusos—
dicen que el Estado debe asegurarse que las
personas privadas de libertad tengan “un
espacio personal suficiente”. Las reglas no
detallan qué tan amplio debe ser ese
espacio. Pero, según el Comité Europeo para
la Prevención de la Tortura y de las Penas o
Tratos Inhumanos o Degradantes, en el caso
de celdas compartidas, la superficie mínima
debe ser de cuatro metros cuadrados por cada
interno, y en el caso de una celda
individual, debe ser de seis metros
cuadrados.
Cuando no se cumplen esas condiciones, se
considera que existe hacinamiento. “Hay 9
mil personas privadas de la libertad que no
tienen cama para dormir”, dijo Moncayo en
una comparecencia ante la Asamblea
Nacional el 1 de marzo de 2021. Según la
abogada Oña, el hacinamiento y la
sobrepoblación en las cárceles del Ecuador
son gravísimos no solo porque no tienen
condiciones dignas de habitabilidad, sino
porque mientras más personas haya en un
espacio reducido, “más precarias se vuelven
sus condiciones y más compleja la
convivencia” entre ellas.
1.5. Corrupción
La corrupción en el sistema de justicia y en
el sistema carcelario es otra de las razones
por la que la convivencia entre las personas
privadas de libertad se ha complicado, dice
el criminólogo Santiago Argüello. Según
Argüello, hay reclusos que en realidad
quieren rehabilitarse e incluso están
pensando en un proyecto de vida, que se
frustran cuando ven las injusticias del
sistema. “Imagínate que eres alguien que
está empezando a rehacerse al interior de la
cárcel y ves que uno de los pillos más
grandes sale con prelibertad y tú no”, dice
Argüello refiriéndose a la salida de alias
Rasquiña.
Parte de la solución de la crisis en las
cárceles del Ecuador implica ver qué pasa
dentro y fuera de las cárceles, e
identificar qué y quiénes están promoviendo
la corrupción. Sin embargo, Daniela Oña no
cree que se pueda eliminar la corrupción del
sistema carcelario. “Siempre va a existir
por la dinámica que hay dentro de ellas”,
dice. Oña asegura que “siempre va a haber
una persona dispuesta a cometer este tipo de
actos [corruptos] por dinero”, por eso
siempre hay armas y celulares dentro de los
centros.
2. Abuso
de la
prisión preventiva
Pero la frustración que sienten los reclusos
no es provocada solo por el hacinamiento y
la corrupción en los centros penitenciarios.
Hay reclusos cuya molestia se origina en el
mismo hecho de ser reclusos. Ecuador tiene
un problema con el abuso de la prisión
preventiva. Según cifras del Ministerio de
Gobierno actualizadas hasta el 10 de febrero
de 2021, de las 38.693 personas privadas de
libertad en todo el país, 14.377, casi el
40%, no tenían sentencia. Ellas cumplen
órdenes de prisión preventiva dictadas por
un juez mientras la Fiscalía reúne pruebas
para determinar si son inocentes o culpables
del delito por el que se los procesa.
“Por ejemplo, tenemos el caso de la
Secretaria de Salud de Quito que es una
persona casi de la tercera edad a la que le
dictaron prisión preventiva, y luego tienes
a un funcionario en Puerto Quito que agredió
sexualmente a tres niñas y le dieron medidas
sustitutivas. Es absurdo”, dice
molesta. Para solucionar este problema, Oña
dice que es necesario que el Consejo de la
Judicatura establezca una directriz clara
que sirva para que los jueces “tomen las
decisiones”. En otras palabras, que decidan
no seguir colapsando el sistema carcelario
del país.
comunidades y cuya situación, lejos de
volvernos violentos promotores de purgas
indignas de nuestro tiempo, debería
llevarnos a la reflexión sobre problemas
estructurales más grandes como la relación
entre la pobreza, la falta de oportunidades
y el extenso catálogo de delitos que tiene
nuestro país.
3. CONCLUSIONES
La corrupción en el sistema de justicia y en
el sistema carcelario es otra de las razones
Mientras no cambien estos puntos, la crisis
carcelaria no se va a resolver. Sobre todo,
no se va a solucionar si seguimos pensando
en las personas privadas de libertad como
excluidos sociales y no como lo que son:
sujetos de derechos que forman parte de
nuestro país
El tráfico de drogas en Ecuador es uno de
los factores agravantes de la criminalidad
en el país
4. RECOMENDACIONES.
Al país le falta más disciplina
Mejores cárceles, mejor seguridad
Menos corrupción y mas ley
Limpieza de armas y drogas en las
cárceles