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En la UNS Rescate de un valioso texto latino
---------- El profesor Rubén Florio, titular de la cátedra de Literatura Latina de la UNS,
ha traducido un texto del latín inédito en nuestra lengua, revelador de la cultura
medieval europea y de gran calidad literaria. Se trata de Versus Letaldi monachi de
quodam piscatore quem ballena absorbuit (Versos del monje Letaldo sobre un
pescador que fue tragado por una ballena).
09:00 | 30/10/2005
El profesor Rubén Florio, titular de la cátedra de Literatura Latina de la UNS, ha traducido un
texto del latín inédito en nuestra lengua, revelador de la cultura medieval europea y de gran
calidad literaria.
Se trata de Versus Letaldi monachi de quodam piscatore quem ballena absorbuit (Versos del
monje Letaldo sobre un pescador que fue tragado por una ballena).
El trabajo, en vías de publicación, ha tenido amplia repercusión en Europa, donde los expertos
han valorado la precisión y expresividad del trabajo realizado por el profesor Florio.
Hoy ofrecemos a los lectores de "Ideas/Imágenes" un fragmento de dicho texto.
El monje benedictino
Muy poco conocemos de la vida del monje benedictino Letaldo; sin embargo, de esa reducida
información asoma un carácter fuerte y controvertido. Pasó su infancia y niñez en el
monasterio de san Mesmin, pero desarrolló su tarea de escritor en el de Micy (cercano a
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Fleury-sur-Loire), donde gozó del aprecio de su decano, Constantino. Por otro monje
benedictino, Abbón de Fleury, contemporáneo y admirador de Letaldo, se sabe que encabezó
una rebelión en Micy, hacia el 1004, contra su abad, Roberto. El motín no prosperó y Letaldo
se refugió en Le Mans, donde, hacia el 1010 compuso, para su obispo Avesgaudo, la Vita
Sancti Iuliani Cenomannensis. A partir de este momento carecemos de otros datos sobre su
vida.
El Liber de miraculis sancti Maximini (Mesmin en lengua vulgar) es considerada la primera de
sus obras, compuesta hacia el año 987. A pedido de Constantino, para la abadía de Nouaillé,
escribe la Delatio corporis sancti Iuniani in synodum Karrofensem, hacia el 989, coincidente
con la celebración del Concilio de Charroux, pues Letaldo habla de milagros acaecidos en esa
reunión. De su autoría es la Vita sancti Martini Vertavensis, y muy probablemente la Vita et
miracula sancti Eusichii.
Pero es en su poema De quodam piscatore quem ballena absorbuit (más conocido como
Within piscator) donde mejor se aprecia su talento de escritor, su destreza en el metro heroico
(adaptado al gusto de la época), su conocimiento de la cultura pagana y cristiana, su
sagacidad para combinar equilibradamente materiales de un tema común a ambas, logrando
un relato de estilo particularmente elegante y de notable fuerza creativa. Aspectos, entre otros,
que, si por un lado lo sitúan dentro de una tradición y de un género, no obstan para destacar
su originalidad e independencia frente a los modelos conocidos.
El poema, entonces, dista mucho de ser un mosaico de palabras y frases arrancadas de la
poesía clásica latina.
Rubén Florio
Un pescador que fue tragado por una ballena
Aunque Píndaro me facilitara las cuerdas de su lira y con su voz me asistiese el vate tracio
que todo lo encanta, y obliga a los ríos a fluir hacia atrás, y cuya cítara arrebata por doquier
bosques suspensos de armonía, ni siquiera así podría componer el magnífico poema que en
mente tengo y me esfuerzo en forjar con rústica sensibilidad. Me contó esta historia un viejo,
venerable por sus hábitos de vida y muchos años, de cuya boca emana un resplandor como el
que emite el oro brillante.
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Hay una isla en el Océano, situada en el septentrión, antes llamada Albión, luego Bretaña,
que, favorecida por un clima bastante suave y por sus recursos abundantes, produjo un pueblo
de duro carácter y amigo de las guerras. Habitada ahora por rubios colonos de los anglos, bajo
el pontificado de Gregorio, entona píos cánticos en honor de Cristo, cuando hasta hace poco
solo sabía farfullar en lengua bárbara.
Cantamos un hecho sucedido en esta tierra, el cual nos preparamos a exponer de la manera
acostumbrada.
Se llamaba Within, hábil en el arte de la pesca, explorador de río y de alta mar, a quien ni los
cursos de aguas dulces o saladas podrían apartarlo de traer a la costa la captura arrebatada
de olas vertiginosas.
Este mismo de quien hablo, en tanto Aurora dejaba el azafranado lecho de Titón, zarpó hacia
el alta mar en su querida barca; lleva chisque y pedernal, sin olvidar el cebo (podrían serles
útiles para prender un fuego pequeño), y ciñe a su flanco el fiel cuchillo de doble hoja.
Todo lo prepara; lleva su equipo completo: no olvida las redes; el ancla, para afirmar la popa
cuando se mece en la superficie marina, se encuentra en la bancada, y las retorcidas escotas
cubren el tablado, lleva una cestilla con pan y agua dulce en un recipiente, para evitar la
tortura de la acerba sal que tiene el fragoroso mar. Así, en soledad, Within se aventura en el
piélago abierto; va alejándose de las tierras: atrás quedan montes y bosques. De este modo,
surcando el mar salobre, se adentra en medio de sus olas. Mientras cavilaba en qué lugar
echaría la red, en cuál el anzuelo, se apresta a anclar la barca donde el ponto estaba en calma
gracias a la suave brisa del céfiro. Repentinamente, de entre las aguas surge un enorme
monstruo: su rostro, sus ojos, similares a los de Escila y Caribdis, con dientes de serpiente y
fauces siempre abiertas, fauces capaces de arrojar al Tártaro ciudades enteras. Within, luego
de recoger la red, se afana por retirar el garfio del ancla y dirigirse a las costas con ayuda del
viento; pero abandona su empresa: le tiemblan las manos y respira agitadamente. La terrible
fiera, en cambio, enfureciéndose dirige su ingente boca al aterrado marino, y (como bebe, al
descubrirla, el agua que fluye de una fuente fresca un viajero agobiado por el sol ardiente, en
medio del estío) precipita en su hambriento vientre la barca junto con Within.
Estaba Within sentado en la popa, cuando, de pronto, aparece encerrado en un ciego antro.
No necesita remar ni desplegar al viento las velas, ni apremian curso preciso los astros con su
luz; sin embargo, la marcha por en medio de las olas agitadas no se interrumpe.
¿Qué pensamientos te asaltan, Within, dentro del vientre del monstruo? Tus hijos queridos
van a la costa para ver si vuelves, y el corazón femenino de la casa, atravesando con pie
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desnudo los sacros umbrales, ruega que puedas regresar con vientos favorables. Solo estás,
en situación crítica, toma entonces una decisión en soledad, saca fuerzas, muestra tu
fortaleza. El coraje nunca se manifiesta cuando la fortuna sonríe: en los infortunios lo mejor es
tener alto el espíritu.
Así pues, estaba Within encerrado en el vientre de la ballena, como en oscura cárcel, hasta
que chisca eslabón y pedernal: luminosa salta una centella que, cuando le acerca el cebo,
arde esplendente y exhibe su vitalidad en medio de las olas fragorosas. Extrae Within el sólido
cuchillo de doble hoja que había ceñido sus riñones y decide cortar los remos sonoros en
trozos y arrancar los cañizos que cubrían la barca, para quemarla. El fuego, tan pronto como
se alimentó de estas cosas, creció relumbrante hasta el techo; el humo, elevándose hacia las
alturas, pugnó por salir al aire libre, pero, impulsado hacia abajo por la impenetrable espalda
del monstruo, busca la boca, los ojos, las orejas y las fauces del profano enemigo, y emerge
con violencia para disiparse en la brisa ingrávida.
Como el Etna aquel, que, rugiendo, vomita vapores de sulfuro y lanza hasta los astros
lucientes cenizas salidas de su vientre, no de otro modo esta furia, impulsada por chimeneas
arrasadoras, hierve, y se expulsa en las fauces abiertas a lo largo de las olas fragorosas. No
hay ningún lugar adonde huir: lleva consigo, dentro, a su enemigo. Ahora, rugiendo, extiende
sobre el agua sus vastos miembros, ahora, buscando las tinieblas abisales del piélago, recorre
sin rumbo la azul llanura del mar, y, sin sosiego, acumula terrible furia, fuera de sí.
Y el nuevo huésped, encerrado en su vientre, no añade menos calamidades. Ni bien la llama
llegó hasta su límite, se levanta y hiere el costado del monstruo con las dos hojas del cuchillo,
y lacera sus entrañas, tajándola por todos lados a cuchilladas. El eslabón corta las visceras,
atravesando profundamente las cavidades interiores, hiere el estómago, se adentra en
recónditos lugares del corazón e intenta abrir resquicios en las robustas costillas, para que el
mar vengador irrumpiera con sus aguas saladas. Las profundidades de la morada gimen con
cada golpe contundente del heridor y, una vez producido, un doble lamento hiere las
superficies del mar: el alimento causa la muerte, la comida devora a su rabioso devorador y
cambiada la suerte, la presa derriba al gigantesco predador.
Ensangrentado y agotado, el huésped se sienta dentro de la vasta morada. Se prepara
algunas piezas para comer, clavándolas, aún palpitantes, en un espetón, procurando alimentar
su carne con esas carnes y con ese cuerpo su cuerpo. Viviendo de este modo pasa Within 5
días y, con las rotaciones del sol, cuatro noches.
Bahía Blanca | Lunes, 17 de octubre 26.1°
Tenía pocas esperanzas de sobrevivir, pero el motivo de su esfuerzo permanece siempre
intacto, y no se entregó a su enemigo. La terrible bestia regresa, gimiendo, a las costas,
llevada por las olas, el mar la arroja exangüe en las doradas arenas. Se encarga de tal presa
el puerto de Rochester, ciudad en que Within había nacido, donde se había hecho experto en
arrojar el anzuelo.
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