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Cuento de Ciencia Ficción: "El árbol de la buena muerte"

La historia se desarrolla en Marte, donde vive la familia de María Santos, una anciana que extraña la Tierra. María muere placidamente bajo la sombra de un árbol especial que le proporciona una muerte sin dolor. El cuento explora los recuerdos y la nostalgia de María por su vida en la Tierra a través de conversaciones con su nieto, y contrasta las sociedades marciana y terrestre.

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Cuento de Ciencia Ficción: "El árbol de la buena muerte"

La historia se desarrolla en Marte, donde vive la familia de María Santos, una anciana que extraña la Tierra. María muere placidamente bajo la sombra de un árbol especial que le proporciona una muerte sin dolor. El cuento explora los recuerdos y la nostalgia de María por su vida en la Tierra a través de conversaciones con su nieto, y contrasta las sociedades marciana y terrestre.

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CUENTO DE CIENCIA FICCIÓN

La ciencia ficción es un género narrativo que sitúa la acción en unas


coordenadas espacio-temporales imaginarias y diferentes a las nuestras, y que
especula racionalmente sobre posibles avances científicos o sociales y su
impacto en la sociedad.
En ocasiones se la ha llamado también "literatura de anticipación",
debido a que algunos autores, como Julio Verne, han llegado a anticipar el
surgimiento de logros científicos y tecnológicos, como los cohetes espaciales o
los submarinos.
Algunas de las características de la ciencia ficción son sus temáticas:
viajes al espacio, conquista espacial, consecuencias de una hecatombe,
apocalipsis nuclear, mutaciones, evolución de los robots, realidad virtual,
civilizaciones alienígenas, y utopías y distopías.
Las acciones pueden desarrollarse en pasado, el presente o el futuro e,
incluso, los acontecimientos pueden tener lugar en tiempos alternativos al
nuestro o ucrónicos.
Los escenarios son de lo más variados: pueden ser terrestres o
extraterrestres, o, incluso, pueden encontrarse en el interior de la mente.
Los personajes, por su parte, son antropomorfos, es decir, tienen
muchas características de los seres humanos. Por lo general, son entidades
de inteligencia artificial, como robots, androides o cíborgs, así como
criaturas orgánicas dotadas de cierta inteligencia.

“El árbol de la buena muerte” de Héctor G. Oesterheld


María Santos cerró los ojos, aflojó el cuerpo, acomodó la espalda contra
el blando tronco del árbol. Se estaba bien allí, a la sombra de aquellas hojas
transparentes que filtraban la luz rojiza del sol. Carlos, el yerno, no podía
haberle hecho un regalo mejor para su cumpleaños. Todo el día anterior había
trabajado Carlos, limpiando de malezas el lugar donde crecía el árbol. Y había
hecho el sacrificio de madrugar todavía más temprano que de costumbre para
que, cuando ella se levantara, encontrara instalado el banco al pie del árbol.
María Santos sonrió agradecida; el tronco parecía rugoso y áspero, pero era
muelle, cedía a la menor presión como si estuviera relleno de plumas. Carlos
había tenido una gran idea cuando se le ocurrió plantarlo allí, al borde del
sembrado.
Tuf-tuf-tuf. Hasta María Santos llegó el ruido del tractor. Por entre los
párpados entrecerrados, la anciana miró a Marisa, su hija, sentada en el
asiento de la máquina, al lado de Carlos. El brazo de Marisa descansaba en la
cintura de Carlos, las dos cabezas estaban muy juntas: seguro que hacían
planes para la nueva casa que Carlos quería construir. María Santos sonrió;
Carlos era un buen hombre, un marido inmejorable para Marisa. Suerte que
Marisa no se casó con Larco, el ingeniero aquel: Carlos no era más que un
agricultor, pero era bueno y sabía trabajar, y no les hacía faltar nada. ¿No les
hacía faltar nada? Una punzada dolida borró la sonrisa de María Santos. El
rostro, viejo de incontables arrugas, viejo de muchos soles y de mucho trabajo,
se nubló. No, Carlos podría hacer feliz a Marisa y a Roberto, el hijo, que ya
tenía 18 años y estudiaba medicina por televisión. No, nunca podría hacerla
feliz a ella, a María Santos, la abuela... Porque María Santos no se adaptaría
nunca -hacía mucho que había renunciado a hacerlo- a la vida en aquella
colonia de Marte. De acuerdo con que allí se ganaba bien, que no les faltaba
nada, que se vivía mucho mejor que en la Tierra, de acuerdo con que allí, en
Marte, toda la familia tenía un porvenir mucho mejor; de acuerdo con que la
vida en la Tierra era ahora muy dura... De acuerdo con todo eso; pero, ¡Marte
era tan diferente!... ¡Qué no daría María Santos por un poco de viento como el
de la Tierra, con algún "panadero" volando alto!
- ¿Duermes, abuela? - Roberto, el nieto, viene sonriente, con su libro
bajo el brazo. - No, Roberto. Un poco cansada, nada más. - ¿No necesitas
nada? - No, nada. - ¿Seguro? - Seguro. Curiosa, la insistencia de Roberto; no
acostumbraba a ser tan solícito; a veces se pasaba días enteros sin acordarse
de que ella existía. Pero, claro, eso era de esperar; la juventud, la juventud de
siempre, tiene demasiado quehacer con eso, con ser joven. Aunque en verdad
María Santos no tiene por qué quejarse: últimamente Roberto había estado
muy bueno con ella, pasaba horas enteras a su lado, haciéndola hablar de la
Tierra. Claro, Roberto no conocía la Tierra; él había nacido en Marte, y las
cosas de la Tierra eran para él algo tan raro, como cincuenta o sesenta años
atrás lo habían sido las cosas de Buenos Aires -la capital-, tan raras y
fantásticas para María Santos, la muchachita que cazaba lagartijas entre las
tunas, allá en el pueblito de Catamarca.
Roberto, el nieto, la había hecho hablar de los viejos tiempos, de los
tantos años que María Santos vivió en la ciudad, en una casita de Saavedra, a
siete cuadras de la estación. Roberto le hizo describir ladrillo por ladrillo la
casa, quiso saber el nombre de cada flor en el cantero que estaba delante,
quiso saber cómo era la calle antes de que la pavimentaran, no se cansaba de
oírla contar cómo jugaban los chicos a la pelota, cómo remontaban barriletes,
cómo iban en bandadas de guardapolvos al colegio, tres cuadras más allá.
Todo le interesaba a Roberto, el almacén del barrio, la librería, la lechería...
¿No tuvo acaso que explicarle cómo eran las moscas? Hasta quiso saber
cuántas patas tenían... ¡Cómo si alguna vez María Santos se hubiera acordado
de contarlas! Pero, hoy, Roberto no quiere oírla recordar: claro, debe ser ya la
hora de la lección, por eso el muchacho se aparta casi de pronto, apurado.
Carlos y Marisa terminaron el surco que araban con el tractor. Ahora vienen de
vuelta. Da gusto verlos; ya no son jóvenes, pero están contentos. Más
contentos que de costumbre, con un contento profundo, un contento sin
sonrisas, pero con una gran placidez, como si ya hubieran construido la nueva
casa. O como si ya hubieran podido comprarse el helicóptero que Carlos dice
que necesitan tanto. Tuf-tuf-tuf... El tractor llega hasta unos cuantos metros de
ella; Marisa, la hija, saluda con la mano, María Santos sólo sonríe; quisiera
contestarle, pero hoy está muy cansada.
Rocas ondulantes erizan el horizonte, rocas como no viera nunca en su
Catamarca de hace tanto. El pasto amarillo, ese pasto raro que cruje al pisarlo,
María Santos no se acostumbró nunca a él. Es como una alfombra rota que se
estira por todas partes, por los lugares rotos afloran las rocas, siempre
angulosas, siempre oscuras. Algo pasa delante de los ojos de María Santos.
Un golpe de viento quiere despeinarla. María Santos parpadea, trata de ver lo
que le pasa delante. Allí viene otro. Delicadas, ligeras estrellitas de largos rayos
blancos... ¡"Panaderos"! ¡Sí, "panaderos", semillas de cardo, iguales que en la
Tierra! El gastado corazón de María Santos se encabrita en el viejo pecho:
¡"Panaderos"! No más pastos amarillos: ahora hay una calle de tierra, con
huellones profundos, con algo de pasto verde en los bordes, con una zanja,
con veredas de ladrillos torcidos...
Callecita de barrio, callecita de recuerdo, con chicos de guardapolvo
corriendo para la librería de la esquina, con el esqueleto de un barrilete no
terminando de morirse nunca, enredado en un hilo del teléfono. María Santos
está sentada en la puerta de su casa, en su silla de paja, ve la hilera de casitas
bajas, las más viejas tienen jardín al frente, las más modernas son muy
blancas, con algún balcón cromado, el colmo de la elegancia. "Panaderos" en
el viento, viento alegre que parece bajar del cielo mismo, desde aquellas nubes
tan blancas y tan redondas... "Panaderos" como los que perseguía en el patio
de tierra del rancho allá en la provincia. ¡"Panaderos"! El pecho de María
Santos es un gran tumulto gozoso. " Panaderos" jugando en el aire, yendo a lo
alto.
Carlos y Marisa han detenido el tractor. 5 Roberto, el hijo, se les junta, y
los tres se acercan a María Santos. Se quedan mirándola. - Ha muerto feliz...
Mira, parece reírse. - Sí... ¡Pobre doña María!... - Fue una suerte que
pudiéramos proporcionarle una muerte así. - Sí... Tenía razón el que me vendió
el árbol, no exageró en nada: la sombra mata en poco tiempo y sin dolor
alguno, al contrario - ¡Abuela!... ¡Abuelita!
FIN
ACTIVIDADES
Luego de leer el texto “El árbol de la buena muerte” y la teoría sobre ciencia
ficción, responda las siguientes preguntas:
1. Explique el significado del título del cuento.

Se llama asi porque la protagonista, Maria, muere placidamente bajo un


tronco de árbol que le hizo su yerno.

2. Caracterice a todos los personajes.

● Maria Santos: anciana, con un rostro arrugado, trabajó mucho.


● Carlos: es el yerno de Maria, es agricultor, madrugador, sabe trabajar,
buen hombre, marido inmejorable.
● Marisa: hija de Maria, contenta, sonriente, ayuda a su marido en las
maquinas.
● Roberto: nieto de Maria, hijo de Carlos y Marisa, 18 años de edad,
estudiaba medicina por televisión, nació en marte.

3. Explique por qué este cuento pertenece al género ciencia ficción. ¿Qué
características cumple?

Es un cuento de ciencia ficción porque sus secuencias espacio -


temporales son imaginarias y diferentes a las nuestras.

● Utopía.
● Tiempos alternativos al nuestro.
● Escenario extraterrestre: Marte
● Escenario en el interior de la mente: los recuerdos de la tierra.

4. Caracterice a la sociedad marciana y la terrestre.

Marte Tierra

Rocas ondulantes. Veredas de ladrillos torcidos


Pasto amarillo. Pastos verdes.
Estrellas de largos rayos blancos. Panaderos.
No hay viento. Hay viento.
Sin calles. Calles de tierra.
No hay niños ni escuelas. Niños corriendo.
Se ganaba muy bien

5. ¿A qué época terrestre creen que hace referencia María Santos cuando
recuerda su vida? Basándose en este dato ¿En qué época terrestre
creen que se desarrollan los hechos que narra el texto?

Los hechos que narra Maria son de su infancia y su juventud.


Los hechos que narra el texto es de una Maria anciana sentada en la
vereda de su casa de la tierra.

6. Imagine cómo sería la vida en Marte y describa todo siguiendo la lógica


del cuento.
Creo que la vida en marte seria aburrida y hostil. No hay calles, ni casas,
ni niños ni nada. Tampoco sol, viento, arboles o pasto. Todo es muy
monotomo y oscuro. No pasaria mas el tiempo, no habria mucho para
hacer ni lugares a donde ir a distraerse.

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