Lacaniana II Moustapha Safouan
Lacaniana II Moustapha Safouan
los SEMINARIOS DE
]AC U_ES LACAN
1964-1979
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ll1blm1cca de PSICOLOGÍA PROFUNDA
Dlnmo. títulos public:ados
lncroducci6n . . . . . . . . . . . . . .. . . . .. . . .. .. . . .. . . . . .. . . . . . . . . . . . .. .. . . . . . . 9
Cubler11 de Oustavo Maeri Moustnpha Snfounn
l•rt tr..\lll.'I - In cual no significa, ya lo veremos, que no tenga vínculos •11 objeto, al que Lacan designa con una letra, b que prece1lc ,, l.1
1u11l(111:11-. Este libro no tiene nada de un compendio y no preten- génesis: a.
de ,1,,¡~n,Jr al lector de leer a Lacan. Solamente da testimonio
d~ un~ ctrru transmisión que, esperan los autores, conuibuir.í a Aparentemente la definición de lo real no coastituye un pro·
d 111ticar en ~lgo la obra de Lacan y a desentrañar mejor sus obje- Llcma. Muchos filósofos cstarfan de acuerdo con la opinión
1m15, l'.n esta mtroduccióa, me propongo recordar los desarroUos uirnente de que lo real es lo que se loca liza en el tiempo y en el
¡11 inci¡nl~ de Lacan dcspu~ de los seminarios de Sainre-Anne, espacio. Pero el asunto se complica en cuanto se roma en consi·
1('Jl11.:.1dos entre 1954 y 19ó3. deraoón la parte que ocupa el lenguaje en la coastruccióa de 12
realidad.
Se sabe que, en sus seminarios de la Escuela Normal Superior Asignar <U ocmpo al acontecimiento implica situarlo en uao
r luego en la Facultid de Derecho, la enseñanza de Lacan se tic los lugares en que se divide el tiempo, según articulaciones
<11.">urolló en tres direcciones pnnC1plles. prc"iamente dadas dentro del lenguaje, y que \'an desde la simpli-
1.3 primera consiste en profundi1.:.1r la cuestión del sujeto en udad de la trip:irtición entre hoy, ayer y mañana, que no falt:a en
Ml' relaciones con el significante. La novedad aquí consistirá en ninguna lengua, hasta la complejidad de nuesrros calendarios y de
reducir este último a unidades del cipo de los rasgos unarios, mien- nuestros instrumentos de medición. Igualmente, estar en el espacio
tr;is que el sujeto, por su parte, scr.i definido a la vct. como el es estar a la rzqu.ierda o a la derecha, al norte o al sur, en ta l grado
primer efecto de la relación sif,rnific:mte y lo que un significante tic latitud o de longitud. Lejos de traducir la sucesión de los acoate-
n·presenta para otro significante. Las reflexiones de Lacan sobre citnientos en el orden del tiempo, o la repartición de los objetos en
cMos temas se acompañan con una infatigable vuelu al cogito. el del espacio, el lenguaje genera dichos órdenes.
La segunda dirección consiste en retomar la cuestión de 13 Porque no existe ninguna significación que no remita a otraS
sexualidad. Ésta será reducida a un proceso de sexuación, cuya significaciones, y porque el significante no sólo no refleja la signi-
lcígtca --<¡ue se apart.1 notnblemcntc de Aristótclcr- traduciría fo fie1ci6n, siJ10 que rige lo implmtnci6n de las signific-Jcioncs primeras,
verdad del falipo, lihcrada de su prcscnrnción mítica, por ao decir bs que preceden al discurso, nuestra percepción no capta individuos,
mitificante, en Freucl. unidades aisladas, sino relaciones. Yo no veo un comercio, veo una
La tercera dirección concierne a In cuestión de lo real en sus ¡uguetcri" o una tienda de ropa; yo no veo un auto, siuo un auto
rclJciones con lo imaginario y lo simbólico, por una parte, y con que viene de este lado o del otro. Lo mismo sucede coa nuestras
l.1 cscmura o más precisamente con la letra, por otra. En el rrámice sensacioaes. Si la salsa me parece demasbdo salada, está claro 1111l'
tic 1licho examen, la a1esti6n de la cientificidad del psicoan:ílisis, ese dn11asiatlo sólo existe en el lenguaje, y que la salsa misma for111.1
11unc1 ausente del pensamiento de Lacan, recibid sus últimos parte del arre culinario en el cual se reconoce toda una cult111·J.
1li~.1rrollos. ;Hablaremos de un fenómeno natural? No negaremos entonl-es
Fst.1 división en tres direcciones constituye, sin embargo, un que el monte Evere~t existe fucrn dd lcngua¡c. Pero sí picnic el
1rt1lino, 1huado por las necesidades tic la presentación frente a nombre que constituye su puerta de entrada al di«.-u~> como sujeto
un ra unido complejo, que no escapa a la polisemia de los signifi- de nuestras oraciones, no estar.í "en el nonc de la India", ni teadrá
cante~. 111 a 13 necesidad de introducir a veces los significantes "8.000 merros de altura"; y menos aún esrar.í "cubieno de nieves
(tJk cuino IOI del goce, del ser, del síntoma o de la falta), cuando eternas". En resumen, saldrá del ámbito de los hechosconscituti•"OSdc
~0111111 cs1amo~ al tanto de sus significaciones. Recorrido que está nuestro muado. Q.ucn dice "hecho" dice "pro~icíón".
aln <'mhargo ammado por el deseo de decir algo del deseo y de su Ahora bien, una tcoria de l.1propos1ci1\111l•11..!•1l11s rn uon
r ll•ICtun, que rtvtla ser topológica, de la relación del deseo con la de 1~ relaciones entre l~s pJblu as y las rns:n, y l11c11n, 111
11 IA 1'Nl1'NA LOS S!>"'IARl05 DE IACQUES l1'CAN •964 lt79 ll
p.itlh ulmncntc, IJ del sentido de la referencia. Sobre ambos nimo en "ningún fénix renace de sus cem:z.as". En cuanto a la
I'""""• l.ncan preconiza una teoría que es contrapuesta a la de proposición particular, es verdad que ella significa la existencia en
\11"ú1clcs. el sentido de Frege, el del número de objetos que caen lxijo un con-
1'.1ra éste, hablar es hablar de una cosa para decir lo que ella ctpco. Pero significar la existencia no es garantizarla. Decir
cs.,\ pJrtir de lo cual no se puede afirmar lo contrario. Los con- w,1lgunos ángeles se rebelaron contra la ,·oluntad divina" no nsegurd
unios, según él, no pueden ser ,·erdadcros, porque la cuestión la e,Oscencia de un ángel.
•ltl referente está dirimida por anocipado; la existencia csd Pero entonces, si el lugar del referente es el de un agujero donde
JM»lulada.Además, para Aristóteles, la palabra debe tener un solo el hablante es libre de poner cualquier cosa, si el lenguaje está
•rntido, puesto que corresponden una sola cosa o esencia -aunque hecho para decir lo que se quiere y 110 lo que es, ¿no se reducin a una
~1 mismo reconozca que las palabras tienen múJciples sentidos y v;ma fontasmagorfa? ¿Qué sentido tendrá lo real? ¿Cómo se accede
1111e rodas lns dispucis son, como se dice, dispucas sobre palabras-. 3 él?
De hecho, su refutación a los sofisw est.i fundada en la definición Pues bien, hay una experiencia privilegiada que pone la
que decide dar a la palabra "verdadero": corresponder a una cosa. respuesta :i nuestro alonce: la del psicoanálisis. Después de haberla
¿Por qué vendría el lagos a mostrar la cosa, si ésta se muestra tlcfinido como una experiencia del discurso, Lacan dedujo ele ella
por sí misma? La cosa no aparece sino a tírulo de correlato de un no solamente su teoría de la proposición, sino también la del
demostrativo del que el la recibe su unidad: su apariencia es una lenguaje.
apariencia en el lagos. La relación de reciprocidad entre el signi- Esta experiencia descubre algo asombroso-descubrimiento sin
ficante y el significado sobre la cual se fundaría la ad~qt1a110 rt1 ad tluda 12n importante como el que Gorgias hizo de la retórica, y
inttlltttUm oculu lo que Lac:in afirma :acerca del arraigo del se- t)UC extiende así su campo más allá de todo lo que se podía pn:su-
gundo en el primero, o m:ls bien, en un primer decir, el del mir· y es que cuando 111,·itamos a alguien a decir cu.a lquier cosa, a
lenguaje. Uno puede preguntarse con Gorgias: ¿cómo lo que es asociar libremente, nos vemos lle\'3dos a plantear la existencia de
verdadero podría enunciarse en el decir? ¿Cómo el videme se lo un objeco que determina sus enu11ciados tall\O como su cxistcnei:i.
comunicaría a otro, cuando lo que dice no es un color sino un Constatamos en primer lugar que el sujeto se guarda muy bien
1lcc1r, sí ello no hubiera y;¡ tenido lu&'llr en un decir primero? f.I de gozar del objeto al que sin embargo dice desear, cuando ese
origen del lenguaje y el origen del mundo es codo uno. Según deseo suyo no toma francamente la forma de un deseo de lo impo-
,\ris1lucles, la exisccncia del lenguaje depende del repano de las sible. De donde Lacan concluye: alH donde el deseo se reconoce
ws:h en su\1ancins primeras y accidentes, cuando de hecho, afimia en un objeco .r, se sustrae a ese reconocimiento mismo; ese objeto
l.acan, este rcp.1rto depende de que el mundo está prefonnado en es de hecho una 111e1onimia, en el sentido de que es el ng111ftcnm~
el lenguaje. 1 L1y wstancins primeras porque hay u110. de otro deseo, el de persevera r en su ser de deseo o de falta.
Como se ve, ~el!un l .ac:in, la proposición no se ordena sobre el Segunda constatación: cuando el sujeto quiere descubrir la
referente, lo produce.! .1 rcfereoru deriva de la pretensión n;1tural significación que tiene para él el ob¡eto de su deseo, apela a met:í-
del logas respecto del ser. Esu teoría encuentra su expresión más foras que coma prestadas de panes del propio cuerpo y de sus
densa en la observación hecha por Lacan de que la x que figura en funciones, metáforas orales o anales, o también y más numerosas,
la escrirura de Frege, F(x), no es sino el modo de aislar lo que bs fülicas, aparte de las que roma de la mirada y de lavo~
debe nmcionar como argumento en la proposición. Por eso, el La prevalencia de estos objetos en el campo del deseo llevó a
dominio de la proposición universal es el de lo posible. Su commrio los analistas a hablar de objetos'"parci¡¡les" o también "regresivos"
puede ser igualmente verdadero cuando el referente es una entidad respecto del objeto genital, que en cambio sería coral, así como de
imaginaria. Hay tanta verdad en "el féni" renace de sus cenizas~ puntos de Mfijación" sobre los cuales <e demora el sujeto en su
lACANIANA 1 OS S(HINARIOS OE JACQVES LACAN 196<.0979 lNTROOUCCl()N
dr 111,.Jlo hh11linal, por no superar el temora la amenaza de castra- Jo:,te real recubre lo que subsiste más allá de la metonimia y sólo
c:u'in, SI es 'arón, o a reconocer su privación, si es mujer. encuentra su sentido gracias a la metáfora: es lo que Lacan llama
l'C"ro Clra concepción, observa primero Lacan, se apoya en el objeto ".
un.1 opom 1ón no cuestionada entre la pane y el todo. Más que a Esto no es todo. Pues este objeto se significa en un decir, que
IJ tmalid.1d, "todo" remite ~n la mayoría de sus usos-ya sea a lo t.tmbién l'S a la vci. interno y externo al dicho. Alcanzamos aquí la
•111e se !lama púdicamente "el salto inductivo" o también "el pasaje división del su¡cto, que Lacan concibe con los l111guisras como
n lu universal", ya sea a una fulta cuya satisfucción d SUJCto anticipa, una división entre el sujeto de la enunciación y el del enunciado,
~1 puede decirse, desesperadamente. No se trnta entonces de una con In diferencia ele que él le adscribe al primero una autonomía
plcnm1d o de una completud representable por un círculo de Euler 111agotablc, como el punto desde donde parte la palabra y que al
'ino de un agujero comparable a la abertura de Ja nasa en que scrí~ mismo Licmpo se sustrae a ella. Este agujero de la enunciación,
a¡rnpada. In representación. La segund,1 obscrv.ición es que esta desde donde procede la concatenación de las significaciones, se
c?.n~~pc16~ va en ~entido contrario a un hecho: que la ualucina- profundiza por falta de una significación primera que daría un
~1011 d~ d1c~1os ob¡etos, quiero decir su intrusión en el campo de asidero !;Obre el referente. El metalenguaje se introduce por ese
las apanenoas, especialmente en ciertos suerios que se vuelven agujero que, al mismo tiempo, lo pone en jaque La di"ísión del
~dillas, lejos de aportar alguna satisfacción, rc\'cla !<Cr fuente ,11jcto, según Lacan, significa en resumen que este último no puede
Je an~stia. Lacan concluye oporrunamence que eso- objetos no \'er el punto desde donde parce su palabra. En este sentido, es
~n ob!~tos ~rd1d~~. en el sentido de objetos de una primera s~ auscnoa. Si tiene un lugar en el lenguaje, es en tanto no tiene
as.focc1on, smo ob¡etos funáummtalmniu perdidos, cuya génesis ninb'llno; no es en moto el lenguaje abre ¡xirn él la dimensión del
nmma consJSte en su delegación a la función de ser esa falta que ser que nos mteresa, sino en tanto se la arreb:tca. Y esta ausencia, que
di~ aseguran y perpetúnn en el reencuentro, y de la que son los es fluli11g en 1.1 medida en que ella se repi re en cad.1 arla rición en el
s1gn1ficantes puros: los que dan su finitud a una folca en la cunl de significante, se verifica como la presencia del deseo. En resumen,
no ser así, se hundiría tocio el lenguaje, sin poder detcncrs: en el sujeto es el primer excltüdo, forcluido, del lenguaje. S u emer-
1111U significación que pudiera calificarse de verdadera. Lo que da gencia cst.í lig:1da a la del objeto11, a úwlo de lo <1uc subsiste fuera
.1 c·•os objetos retóricamente manejables su carkrer específico, del asidero de lo simbólico.
rn .1111 voyc11r1~t;1, por ejemplo, son las zonas crógenas interesadas en En verdad, la idea de una exclusión interna al sistema que la
l.1, p11h1111ws ¡¡ue ellos susciran. produce )'J csci presente en el corncncano de "La carta robada".
Se' e d111111 c,1.1 conclusión encraña con~ccuencias respecto de Ciertamente, no se puede comparar el lenguaje con un sistema
b teoría tld lcngua¡c: este sistema, que es el sistema simbólico simbólil'O que lija previamente el sentido de cada uno de sus signos.
por cxcclcnda, no puede funcionar sin poner fuera de sus propias No obstante, bastó simbolizar la presencia y la ausencia con los
~1h1htl.ules de artículacic;n, es decir fuera de rodo enunciado, sih'"os + y - para demostrar la imposibilidad de ciertas secuencias
1Uer:1 de lo wnsc:1cn~c._un cierto número de significantes que no de signos, a cuyo alrededor gira sin emb:irgo todo el sistema. De
por ello dc1an de ek-s1sor -puede deorse, en el inc:onscícntl'- como ahí la concepción general de lo real como el implW"tque se dcsnud,1
los puntos de la falta que hacen del objeto del deseo una metonimia en las pruebas de unposibilidad, y de lo imposible, que sólo lo
d:ín~ole a la vez la aureola de un sentido indecible, salvo po; ~imhólico define como aquello por lo cual ncccclemos a lo real.
mernfora. Dcs~mbocamos así en la concepción de un real que, Lacan encuentra la prueba más luminosa de est:1 conccptió1t
por el hecho rn1sm? de}~ simbolización, está excluido de elltt, que en el teorema de Godel. Según él, este teorema atcstigu:i el frilloh!1
~lo aasc1cmle lo s1mbohco en canto cosa en sí, sino que, en el ele b ~nlur:1ció11 del sujeto ele la ciencia, en el scnuclo cl1• •u
111terior mismo de lo simbólico, se indica como excluido de él. n:ahsorcilm en un conjunto de enunciados en los 1111c'" c·.1:1hlccc
• lA AMIA.NA 10' '' ... 't'-'"'D l"JS 0( 1ACQUfS LA.CAN 19•• 1919
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1111~ 1.K1<lllJhdad completa. Introduce un modelo matemático y duda, en sí mismo o en otro, está seguro de que detrás hay un
nc.11111 un posible que deriva de ese mismo modelo. Todo sistema 1• ·nsamiento •= todo ti pao dt sr• yo soy•. Ciertamente, allí donde
•nnhólico pone ümites fuera de los cuales un real subsiste, aun <Inda, Descartes est:í seguro de su existencia de sujeto pensante,
c111ndo su desarrollo interno pueda no conouer ningún ümite. cmenrras que Freud CXIT.IC, de esa misma duda, la certeza de un yo
El sujeto subsiste por lo mismo como el correlato de la ciencia, pieiw que es otro. Pero en 6n, si el yo pienso fuera una operación
pero un corrclnco antinómico, puesto que señala el fracaso del reflexiva conforme a la imerpretaci6n corriente, si el yo (ie) cuyii
c·.fuerzo por suturarlo. cnstencia afirmo se enoontrara en el punto en que yo digo que yo
En resumen, ya sea que se lo considere desde el punto de vist.1 prnw, ¿qué es lo que prohibirá duplicar este último (yo pienso que yo
de la experiencia psicoanalítica o desde el de la ciencia, el sujeto pienso), que se vuelve por esto mismo una representación sin certeza?
se sitúa, en el mismo nivel que lo real, fuera y dencro de la signi- De hecho, según la interpretación corriente del cogito, el yo se
fic:ición tal como ella se despliega en la gramática, así como escl presenta como una conciencia reOexiV2, presencia del sujeto frente
fuera y dentro de las fonnaliz.aciones de la lógica. Modo de exclu- ,¡ mismo, y como tal comparable con elyo pi= considerado como
s16n-ioclusión que Lacan simboliza mediante el "ocho interior". el acto mismo de esta reflexión. Pero el yo [mo1l es, según Lacan,
Ese StJjeto, que él sitúa en w1a exclusión interna respecto de las una imagen donde el sujeto se extrallÍa y que lo ext.nwfa. Si por lo
formalizaciones de la lógica, en ese punto donde ni la proposición (p) tanto consideramos el JO piroso como el neto por el cual el sujeto
ru su negación {-p) son lógicamente verificables y donde cl saber se recupen de esa alienación, se le opone de la misma manera que
debe in~-enCll'SC, oomo rcspeao de las significaciones de b gramática, el inconscienrc. Ademas, si el JO pitnso sólo es captado en la sus-
en ese punto de enunciación de donde procede la palabra, ese StJjeto pensión de todo saber, no habrá que sorprenderse de que Lacan ven
es, según Lacnn, el del rogito. .11lí la operación de la que resulta ese agujero en el lenguaje donde
Lacan tiene sus moti11os para insistir sobre csco: el sujeto reside el sujeto. Pero entonces, ¿cómo encender el yo soy?
cartesiano es tanto el de la ciencia como el del psicoanálisis. Según Observemos primero que el pensamiento no es un atriburo del
él, el <t>gito es una experiencia mental que se efeccúa en el pensa- yo Ue], ni tampoco su esencia, despejada una vez que ha sido puri-
miento y al mismo tierupo lo aísla. Unn vez aislado este pen- ficado de todo el orden del saber. Lo que capta Descartes es un
~amiento, el sujero est:í solo, sin mundo, es decir sin ese marco pensamiento al que el yo [ie] sólo adviene por el hecho de esa
famasmático al que pertenece a árulo de esa realidad estudiada nusrna captación. Observemos luego que la aserción de la exis-
por la ciencia aristotélica, donde el fantasma de la copulación es tencia de un sujeto alega una relaci6n con un real como referente,
más que legible. Ahora bien, es realmente en un pensamiento pero ella no csci subordinada a esa relación, porque la referencia,
libcrndo de los funtasmas que impregnaban la ciencia antigua, según lo hemos visto, es en principio V2cfa. Una existencia real es una
heud, donde se realiza el principio de realidad en Virtud de los existencia demostrada. Lo que el yo pmiso demuestra no es la exis-
procesos secundarios. En la perspectiva de esta ciencia, el cogiro cons- cencia, sino la certeza que de ella tengo. Por otra parte, tltnwstrar
utuye una relación puntual y evanescente con el saber, pucsro que el 110 tiene aquí el sentido de In implicación necesarin, el de la in1po-
)'ti pumo se aísla en el momenro en que el saber es suspendido y se sibilidad de afirmar lo concrario o de negar la afirmación. La exis-
,¡..,,anece. Desde este punto de vista, es comparable al sujeto del tencia, según Lacan, es siempre del orden de la contingencia tó
mconscicntc, cuyo ser se limita a su aparición en el significanre, donde, soy derw.1 de yo pienso como de una significación y no de una con·
anmediacamcnte, desaparece. "Evasivo•, recuerda al StJjeto cartesiano secuencia. Representa, no una reflexión de la conciencia, sino I~
•111c C\hte cicla vez que dice "yo pienson p:1m eclipsarse después. significación del acto por el que me identifico con el yo pimso.
Por una parte, observ.1 Lacan, Freud comparte con Descanes Hay una primera idcnrificación, en el sentido Je uru puotl ele
1~ ccttc1.a c111c él encuentra en la duda. Gda 11ez que encuentra la ii como ~1gnificado, con el nomhrc propio, que con<hdona el co·
1
lA. A.NI~ l'fA LOS ,¡ HINA.llUOS VI. JACQUES LA.CAN 1961· l 979
NTl\OOUCCIÓN 19
ll<Kll11lc11to ele! ~cr. Hay una segunda identificación con el yo pim-
•¡uc dJ la ~cr1cza del ser, pero que deja intacta la prcgunr:i sur- lm "proccsos primarios"-. El equívoco, en esrc ~catido, es el suje-
r.•Ja c11 la ci.tcla de la primera: ¿qué soy? Ninguna de las dos ase- tn 1nanifestindose en el discurso como un su¡eto velado. Es la
iur.i 11111guna posesión pcrfect:i y uanquila de sí mismo; ambas 1tnJn11."k de su división. Esto hace que la experiencia psicoanalítica
_.,11 "l'Cl".1c1onc:. de uu sujeto que siempre se de~v.mece, de un 1c:.1 esencialmente una experiencia de lecmr.i. S61o la lcctur.1 disi-
~u1c101¡ue reside fuera del mecanismo reflexivo, que es unyo pim- 1'~ el equívoco (por ejemplo, entre dit11r [dCCOl"Jdo) y des rorps [~.~r
'" 'in conciencia, radicalmente distinto de una conciencia sin yo posl), y sólo ella ayuda a abrir el camino a través de las nmb1gue-
pimso. La verdad del cogito reside en esa división del sujeto. Pero tl.11lcs de la gramática. De modo que allí donde aparentemente el
Descartes se iclentific:i con el sujeto del conocimiento. De ahí su "¡:nificanrc reina, es decir en la experiencia psicoanalítica: es ~n
desconocimiento de esa división. Desconocimiento que se tra- rl fondo In lct.rn la que, a semejanza de lo que sucede en la ciencia,
duce en el hecho de dejar la cuestión de la verdad n c:irgo de Dios. permite el abordaje de lo re;iL Lacan ve aquí la pru:bn'. si falta
F.sco le permite actuar ooa to<la Jiben:ad en el campo del saber. A hiciera, de In identidad de estructura enrre b letra y el significante,
consecuencia de su origen cartesiano, el sujeto de la ciencfo es mse- l.1 que hace que el ser de ambos sea diferencia. ,
parable del desconocimiento del sujeto como sujeto de la verdad. Esca diferencia se despliega, para Lacan, de la manera mas pura
El hecho de que el car:icrer cienrifico de una teoría resida, al decir y m;is significath;a bajo b forma de los rasgos unarios. En cícero,
de Popper, no en su verificación sino en su f.tlsabilidad n:present:1, IJ definición del rasgo unario no es que él n lo que los Otros no son.
a los ojos de Lacan, un indicio pertinente del divorcio entre el saber El no es nada fuera de esa alteridad en la que reside el re:;one de 13
y la •'Crdad; muestra que un saber, si es falso, no deja de ser un rcpcucón. El cazador lo rastrea en una anticipaci~n sobre el otro
~aber, incluso c:<lge esca dist:1ncia con respecto a lo verdadero. rasgo que lo constituye a é\ mismo como orro, sm que se pueda
Esta resis de Lacan no desmiente el "ciencismo" de Freud, que lubbr de un primer rasgo. El es emoaces aquello con que se mar-
veía a b vez en el psicoanálisis una ciencia, y en la ciencia un ideal t;;l Ja repccicióa en tanto ella procede a p,1rtir de esro: que falca
parl el psico;1nálisis. incluso sería más justo decir que despi iega su uno. Por eso ella no funda ningún t0<Ú!, ni identifica nada, porque
verdad. Sea como fuere, la cuestión de la relación del psicoanáhsis no puede haber un "primer rasgo". Los rasgos unarios son
con la c:icncia es abordada por Lac:m desde otro punm de vista, el ,1ltcridades porque se e.xtraen de unn falm que no ~gotan ~1un:a.
tlt \Ut rcspccuvas relaciones coh la letra. Son los mismos por ser indiscerniblcs salvo como d1 fcrcncrn ~s·
Est•t da ro que, en la medida en que se reali?.i sobre las vías de ma. No tienen nada que ver con el Uno que se afirma en el aforis-
la fo1111.tli1.1ci1'1n, la capución de lo real como lo que está fuera de mo "hay uno", y que, él sí, se presta a UJ1 tratamiento ordin~.
'ªPt.1rnin, su prrxlucción gracias a un sistema simbólico como aunque la falta de la que ambos p.roceden n~ ~nnita concebir
a<¡ucllu que existe fuer:1 de ese sistem:i mismo, ~-s una operación que no por casualidad es en el ámbito de la ariuneUC-J donde toC2-
impos1l1fo sm d recurso a '3 letra. Hayauseneia porque la presen- mo> con el dedo Jo que se opone ,11 ago1:1micmo lógico, lo que
cia se con sen a en l.1 memoria, y porque presencia y ausencia se ahonda una hiancia irreducible donde >'3 hemos designado lo real.
designan por "!:"º'• se puede construir una sinta.:<l~ que estipula En verdad, ese uno que siempre falt:1, esa alteridad en <í, cons-
leyes de 1mpostb11id.1d {n de6111r como lo que no cesa de no escri- tituye lo que se puede llamar lo Absoluto según Lacan, o, como
birse) y que es, en deliniciva, una sinraxis de signos. Ahora bien, lo gustaban llamar sus oyentes a propósito de sus ev_oc3c1ones d~ la
que en Ja expenencin psicoanalítica se evidencia como presencia falta, su "laguna" central, puesto que su captac1on trae ~ons1go
de un decir a la vez interno y externo al dicho no es otra cosa que consecuencias decisivas, ya se trate del ser, del uno, del s1g111ficantc
el eq11ívoco ··térnuno al que Lacan da un sentido tan amplio que o también del sujeto.
cubre rodas las "técnicas de la menee" en las que Frcud descubrió E.I ser, observa Lacan, se desprende de sus usos par:1 volvt:~l'
una sustancia A consecuencia de lo cual es pensado rn1110 1111;1
IA ANIAN• LOS S!MIN.0.~105 DE JACQU!S l.0.CAN 1964·1979 INTROO\.JCOON JI
1hrrld.11I 1hsolut:1, sin medida común con su otro, una alreridad El punto más importante que aqw debe noursc es que esro
1l1m•lc se reconcilia con el ser mismo, el U110 y el codo, y donde se upercepción modifica de manera decisiva nuestra concepción del
lcv•ntn indo lo que constirure mi limi12ción: wcimiento y muer- su1cto. En efccro, si ningún discurso 2SCgura una identidad po!titi~'2,
te, 1n 111ci1uo y fin. Sólo subsisten los lazos de necesidad que re- e,, decia Lacan, porque f.ilra el significante capaz de hacerlo
•1111crc el todo. Por lo ramo, él no es dado al pensamiento, sino respecto de la cuestión del ser, el ser que se abisma en el enigma
11111· hace al pens.1miemo. Además, obsen':I también Lacan que cerrado del "yo soy lo que soy": puesto que tal es la signific:ición
.11111i piensa sin duda en Parménides, esta alteridad del ser 1lc b rnutologfa bíblica. Sin repudiaresrn rcsis, ahora Lacan plantea
~u,rnntiflcado excluye de él cualquier orro objeto que lo rebnje al otr:i más fundamcnr:1l, n saber, que esto es así porque, siendo dife-
r;mgo de pura palabra; una vez sustantificado, el ser no puede rencia, alteridad, el significante remite neccsari;1mente a otro
.11nburrse sino a sf mismo. Ahora bien, según Laca11, el error por ,jgnificante, y el ~ujeco constiruye el primer efocto de esro relación en
cxwlci1cia es el de la relatividad generaliiada, que.n" 11ieg11atrJ/n11/teridná que uno de los términos lo representa para el Otro. Tndudable-
qur mpnmt n1 str. Dicho de otro modo, para Lacan, el vicio reside mentc, el sujeto del inconsciente es un su¡eto rrnbajado por la
en un pensamiento obnubilado por el ente que meno<;precia al cucsuón del ser.
'ignificante... y entonces, si el ente es, ¡con mayor rnz6n, el ser! Pero es así precisamente porque no es posible detenerse en
l.acan recusa t.1l lcvant.1r vuelo. Para él, las categorías del ser son una sigmfic-;¡ción última, por ful12 de una primern, El sujeto no
las de los objetos en ranro se dice que ellos son, o en tanto ellos puede evitar que se lo remit:1 de un significante a otro del que es
,.,,n, entes. El ser no representa una idea autónoma en relación efecto. Como umpoco puede e-,¡12r identificarse con ese punto
con aquello de lo que se dice, un campo que se propone como ral que se susrrae al sentido al mismo tiempo que él. Si se negara a
al pensamiento. Su estudio es el de la predicación con cópula. Si hacerlo (lo que sucede en ese psicótico que se rcab:>Orbe en una
considernmos el ser, no en el sentido de lo que se diversifica en las 1denrific;ición irrevocable, impcrmcable a la duda), dejaría de ser
categorfos arisrotélic:is, sino en el sentido de lo que es, o del eme, Ja ausencia que él cs. En verdad, el sujeto se consuruye con el
se dirá que el ~er es lo real venido a la luz de la simbolización, nombre que manipula: lo dice, lo firma, lo lega, c1c. Pero este nom-
mientras que lo real representa el punto en que el ser se sustrnc a bre le es a la vez íntimo y exterior. Encuentra en él su identidad
ell:1. Esto equivale a decir que lo real no es el ser c¡uc 3e afirma en sin estar identificado con él o, si se quien:, csr;I identificado con él
la proposición; él despunta en el límite de su consistencia. sin estar simplemente en él. El inconsciente es esa ausencia que
Ahor;1 bien, el desconocimiento del lugar del lenguaje en la acompaña roda aparición del sujeto: a concebir como el lugar en
construcción de la realidad entraña el del significante como fun- que el ser b1ryt. Is tbtrt SUlb a tbing as l1Jdwig fVittgm.ruin? La
11.uncnto del ser así como el del uno, en t:lnto el Uno de la d1feren- pregunrn <1ucda sin respuesra mienrras la tbi11g que el sujero es
na es b carncterística esencial del signific:rnte: lo que n es uno aparentemente no sea reconocida como das Dí11g, es decir, ya que
porque~ reúne bajo un nombre. Esca unidad del significante se tal es el sentido más fundamental que Lacm asigna a dicho término,
111~nifiCl>ta con la apercepción de la identidad de su c~trucrura con como objero a. A una filosofía de lo pleno el descubrimiento freu-
l11lcl r.1~go unario. diano del inconsciente opone un vacío central surgido del hecho
l. 1:1pcrccpción de esta idencidad de estructur.J viene a ser en el de la entrada de los significantes en el mundo. Recordemos 1¡11c
Í1111d11 l.11lcrcepción de la diferencia entre, por un lado, el uno que Lncan no deja de concebir la génesis del objeto /1 como la tTcnc1ón
I·•' msu 1lw, que es una alteridad, el que Lac:in plantea ni señalar que de uno ausencia que pueda funcionar como causa del deseo.
J•,1y U110, y, por el O(.ro lado, el 11110 que es esa ful ta de la cual extraen Es sabido que la relación coo la demanda, según él, es 1;111¡11c
~"' '•"}t'" i,,. otH'ls unos y que, por su parte, nunca se inscribe: lo en ella queda abolida la particularidad del objeto ncccs;irin p.1r.1 l.1
111111111• 'lflllhC'Jcln, lo r~l, lo Otro infoh::iblcmente foltnnte. <:1mfacc16n de la necesidad, volviéndose escobjcln 1111 s1111pluMg1111,
AUIA~A l0' lfHl..,AAIOS 'll JACQUES LACAN lt6 .. ·t979 INTROOUCCIÓN )J
l!Jl •l¡p"J 1ln ,1111or. La cJcmanda de amor es incondicional, ávida de l lombre y mujer nunca tienen que vérselas, el uno y la otra, m.ls
11 11<11, 1rhclilc a b satisfacción que aportaría b respuesta • la que con •semblante" : semblante de 11. De ahí el drama de sus
1lanJ11da o don. El pasaje de la necesidad por los dcsfiladuos refaciones. Llegamos aquí a un punto que debe ser cxammado
de 1' , ,.1,·11.1 "gnificantc, como se expresaba Lacan, conduce un con mayor detenimiento.
""/'~'" 1¡11 e los teóricos del primary lwt desconocen dcsvcrgouza-
1111rm111<', por ~o reconocer ese pasaje mismo. Pero la par- Se tratl de la cuestión de la se.walidad feme ni na, que siempre
1101lorhl; d abolida re-aparece. Rcaparece en el interv:ilo entre la fue -¿hace falta subrayarlo?- el escollo de la teoría psicoanalítica.
dc111an1b como expresión de la necesidad y la demanda como La reoria de Lacan se resume en dos aforismos negativos: ';La
,¡, 111.111(!;1 de amor. El objero así re-apa recido funciona como mujer no exisre"; "no hay refoción sc>CUal". Esos dos aforismos se
rnnd1cí6n absoluta, como aquello sin lo cual no hay samfacción motivan en una lógica de su invención, diferente de la de Arisróreles,
p<>sible, la imposibilidad de satisfocción es sustituida por la y que apUllta a eliminar el mito de Tórnn y rabtí, miro que inCJta a
~osfocaón condicionada por un objeto e.'m'año al don y al poder Lacan a considerar el Edipo como un "sueño de Freud", en pro-
1lcl don, del que goi.a el Otr0. Más precisamente, se cnu:a de una ''ccho de una elucidación estrucrural, en tanto la estructura, como
parte d_e su propio cuerpo de la que el sujeto se despega, de una dice Lacnn, es lógica.
falta nua, que es, e~ el Otro, lo que yo amo más que el Otro, qut ts Estrictamente hablando, el primer aforismo no puede decirse,
rl Otro 111umo. El 1nterv:alo donde rcap:arcce así la particularidad sino wlo escribirse con 13 barra puesta, notémoslo, en el articulo
abolida consuruye el espacio por excelencia de la relación sexual definido y no en rntl)CI: Ahora bien, este artículo significa la
ya .que ninguno de Jo~ dos participantes de esta relnción podrí; universalidad. Lo nc¡,'lldo, por lo tanto, no es la existencia del sexo
>•1t1sfacerse con ser Objeto de necesidad 1ú de amor, <tino causa de femenino (la existencia de los dos sexos es innegablemente legible
deseo. Para que haya un vacío, observa ucan, hace fulu una vasija. en las dos escrituras genéricas XX y XY), sino que se lo subsuma
La consoruoón de esta c:iusa equi\'alc a la transformación del en un concepto pretendidamente universal. Fn Aristóteles el
ob1eto de la demanda en vasija. Si no fuera así, Ja demanda, en vez univer;:1l se obtiene a partir de los particulares cuya existencia
tic ser circular, se dispersaría en una recurrencia infinita, toda postula. Ahora bien, ese paso al universal consútuye manifiesta-
verdad sena sustraída al orden del inconsciente, si ae;iso u 11 orden mente una apue.ta que nada justifica. Hasta hoy, el sol ha salido
1al fuese aún concebible, y la se~ahdad misma perderi:i todo por b mañana, pero e' lícito dudar, con RusseU, que mañana suceda
u .iento \'lablc en los seres hablantes. lo mismo. Por eso, para Lacan, el universal (el hombre, el caballo,
. Por ello, el objeto causa del deseo, ya se tome de los signi- los números primos, el unicornio, ere.) atestigua primordia lmente
li~antcs de la demanda dirigida por el sujeto al Otro o del Otro al el poder de ficción propio del lenguaje. Sólo el lenguaje est:i en
sujeto -transformado en el significante fundamentalmente condiciones de crear b forma o el concepto cJbnllo y de crearlo
indecible del deseo- reviste su carácter sexual sólo en tanto viene como Uno que no es 1111 Uno, independientemente de toda consi-
u Mt~~mlizar el falo. Una vez consútuido así, se convierte en Ja deración en cuamo a la existencia o a la no c.xi.stcncia de los objetos
l11nc1on que roma a los objetos entre sus paréntesis como otros que le corresponderían. El universal no se construye pasando
t;11ir°' ar~'llmenros. El objeto extrne sus títulos de objeto deseable rC\isu a lo, particulares uno por uno, operación manific:.umente
J>Or ocupar su lugar y, en tanto, él planea más allá del pbcer como im¡:><hible, sino po~tulando o imaginando la existenci~ de un~
el lugar de 1111 goce sollado y no por sus cualidades intrínsecas. En cxc~pción Se crea el unicornio imaginando un ca hallo sin cutnl<I.
u111"'c11c11cin, por detenninado que esté, el deseo no deja de Sólo c11 relación con un hombre 11ue sería, él, inmorrnl, es <111c "~
L1Hh<'rv.11 11 carácter gratuito. Comparte con la muerte su ,nunti~ "t11<I°" Jo¡ hombres son mortales". Alli tlondc faltJ el juictn
ln•hfcrcnw tinto haoa las cualidades como haoa las rawnes. tic ais11.:nc1a ~nv dign la o:istcnaa cfccti,";t) 1lc una cxccpaón se
LACANIANA . LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 1961· 1919 INTROOOCOÓN
detiene la constn1cción del universal. Pero entonces, ¿qué es lo el deseo. Para eso, hay que introducir la falta allí donde no falta. Y
que hace que la afirmación de una excepción, y por lo tanro la ole esos~ encarga la función fálic::i, que Lacan sin1boliza con <1> (.:).
consD"Ucción del unh·ersal, no funcionen allí donde se trata del Estamos ahora en condiciones de abordar las fórmulas de la
sexo femenino? •eXUJ1ción de Lacan y de ver, a la luz de lo que precede, que dichas
Pues bien, todo depende de la manera en que ese sexo Jt dtfint. íórmul:is no conciernen a los dos sexos, masculino y femenino,
Esto equivale a decir que el problema no se plantea en el nivel del "no al deseo. Si Lacan eviro la expresión "fórmulas de Ja sexualidad"
sexo real, que ck-siste sin duda alguna fuera del discurso -aun y habla de "sexuación", es porque esmn en juego los procesos de
cuando sea un discurso el que plantea esu ek-sisrencia-, sino en formación de los deseos mascuhno y femenino. De modo que no cscl
el nivel de lo que quiere decir el significante 11119rr. En efecto, excluido n priori que un ser de sexo masculino pueda elegir \tn deseo
nada es percibido sí no en el lenguaje, y es por inscribirse en él que femenino, y que una mujer, inversamente, pueda elegir un de·
lo percibido reviste una capa propiamente imaginaria, sin la cual seo masculino. Lacan no utiliza dos letras, x e y, para designar a los dos
no podría planrcuse la falta. Este es el sentido en que dice Lacan sexos, porque toda la cuestión reside en saber cómo llega un sujeto a
que, aunque la privación es real, el objeto de la falta, por su parte, Jdoptar una pogición oonforme 2 su sexo, o no.
es simbólico. El p:iso de la falta como dato real a la posición simbó- Para Freud, la posición masculina se arraiga en dos temas
lica es mediatizado por lo imaginario. A partir de esa imaginuiza· núticos: un tiempo en que domina un padre castrador cuy.i
ción primen, lo percibido se presta a toda suerte de inrerprera- existencia se perpetúa en una suerte de memoria filogenética; un
etoncs o de representaciones igualmente imaginarias, pero que segundo tiempo en que el "deseo" de ese padre muerto cobra fuer?.a
no por ello dejan de infom1arlo. Así es como la privación del falo de ley, en el sentido de que, presos de un sentimiento de culpabili·
es asimilada a una castración. dad respecto a ese padre tan amado como odiado, los hermanos
De hecho, un factor distinto de la simple lógica de la percepción homicidas deciden someterse a w1a castración simbólica, en el sen-
entra en juego en esta asimilación. La privación de la madre sólo se tido de que renuncian al bien por el que habían cometido el homicidio,
capta en relación con otro ser que posee, él sí, el objeto faltante, su madre, al precio de elegir a sus mujeres fuera del grupo. Con todo
pnra decirlo por m 1111mbre: el padre - lo cual hace de esta percepción, lo que deja de inexplicado un p35aje de un estado en que la
la percepción de un deseo propiamente se.roa! y agrega al falo, con reproducción sexual está sometida solamence a la ley biológia de la
el que el sujeto se identifica como el significan~e del deseo del Otro, copulación, a otro estado en que queda sometida a urui ley de castración
un valor al que podemos llamar "jurídico", que prohíbe esa <imbólica, en el sentido de una renuncia en que se funda un deseo,
identificación misma y excluye de ella al sujeto-. ü.re es despo¡ado esta "historieta" a los ojos de Lacan no es sino un mito que, como
de su ser allí mismo donde piensa encontrarlo, es castrado allí donde rodo mito, recubre una ignorancia de la CSD"Uctura.
piensa ser el falo. Esto es realmente lo que Lacan llama "función Según é~ esta esD"Uctut:l comprende igualmente dos tiempos.
í.ihca", en unto ella es asimismo castración. ¿Porqué esta función? Un pmner tiempo en que se afimia la existencia de un ser de
El <lcseo, lo hemos visto, es una falta radical que ningún don excepción, no sujeto a la ley de la castraCJón o a la función fálica.
rnlnu, r que sin embargo condiciona toda satisfacción, muy Se trata, no cabe duda, del padre, símbolo y figun de Ja autoridad
I' 1111culo11111cn1c 1.1 satisfacción sexual. Esta falta no falta en el nivel en nuestras sociedades. De una manera general, la autoridad y la
p1rgcJ1111l, )'11 t¡uc ,.11li" rrata de un objero del que el su¡eto se representación del grupo ante el afucn siempre fueron funcion~
1e11ar~ n11lm1111r tn11fo1111t· ~su cvoluetón de ser viviente y a las masculinas, aun entre los Na de China.1 No porque los hombres
11101l.1l11l 1ol1' 1l1• ~l • 11'1,111011 rn11 1•1 Otro. Fn cambio, en el nivel
lll""'"I• t);I f~hJ, j11n:111u:ntc, "" 1,¡,1 In·. 1los o;cn,.. o sus reprc-
2. C" Hua, U11rsonlu ums ptrr 111 man, ParíJ, PUF, ZOOl.
Klltlntt'J e 14n 1hl, p1cm ~ 111 r111¡1lt u l'c1 ocs necesario que tengan
• ll\CANl~N/\ •la\ SlM•Nl\RIOS DE J/\CQUES LAC/\N 196•-1979 INTl\OOUCCIÓN ll
'' '" l.1lc\Jnrn\, "no porque en el niño el deseo no se construye sin sometida a la castración, pero nada impide que no lo esté en su
d Jl_H.t¡c por otro deseo que, en la madre, se dirige en principío mralidad. Llegamos aquí a un problema que ya se plantea en el
h.u 1J un tercero. La ley de prohibición del incesto funda esta nivel de la teoría de la construcción del universal.
t~rt-er1Jad medfadora del deseo, sin 13 cual el niño se sepulta en la En efecto, se puede decir con Lacan que la construcción de Ja
1ha1fa. El ser hablante, como repite Lacan, no puede sino pedir proposición universal exige lógicamente la excepción; pero que
ser pm11do de algo re:il. La función f:llica le ofrece la privación de una vez construida, dicha proposición niega la excepción en el
''.n goce c_uy:i satisfacción sellaría su sujeción al deseo del Ocro y nivel de su significación. Es así que se plantea la existencia de un
s1grufiam el fin del mundo de la demanda. En relación con ese profeta que dice la verdad para afirmar que todos los profew son
tercero o con esa excepción, se puede hablar universalmente de mentirosos, lo cual no le ímpide a esca proposición negar retro-
t~ los h"":_bra. Por ejemplo: "Todos los hombres son siempre activamente la excepción que permitió construirla. El sentido de
solo pequenos padres de came y hueso•. En resumen, sometién- la necesidad lógia está en juego aquí: ¿cómo escablecer previa-
dose a la ~tración como ley univel'S31, a partir de Ja excepción, es mente reglas de inferencia sin delimitar las significaciones?
que un su¡cto accede a un deseo calificable de heterosexual si el Si apelamos a la experiencia psicoanalítica, comprobaremos que
suj~to en cuestión es del sexo masculino. Y se concibe que una 12 lógia de Lacan es aquí adecuada. No caben dudas de que en el
mu¡er puede plantear igualmente la existencia de Ja excepción, y ruvel del ser, una mujer está sometida, igual que el hombre, a la
por lo tanto, subsumirse sin restricción bajo la función fálica en ustración simbólica que la constituye como falta en ser. En cuanto
cuyo caso estaría habitada por un deseo homosexual. La ~osa ,¡) tener, Freud indudablemente ex:igera cuando fija su posición
merece ser examinada m:ls detenidamente en el nivel clínko: el en la envidia del pene. El hecho es que en la medida en que la hija
temor a la amenaza ele castración, ¿es más in renso en las mujeres está librada a su madre, ya sea a su amor o a su odio, a su angustia
homosexuales que en fas Otras mujeres? ¿Es ésa la razón por la o a su indiferencia, a su agresividad o a su ternura, a sus cuidados
cual la homosexualidad femenina toma a veces aspectos caballe- o a su desatención, en la medid~ en que falta una mediación tercera,
rescos, si no platónicos? la hija se aferra al PmiJmitl en tanto ésce consriuiye un mecanismo
. _Pascmo~ ahora a la construcción del deseo femeni no. Esta po- espontáneo que le pennitc preservar su deseo bajo su forma pri-
s1c16n comienza por In negación de tod~ excepcí6n. En efecto, si mitiva como demanda de lo imposible, o más precisamente, como
la x designa a una mujer, entonces ést:J es por definición a-fálica, una contra-demanda en la que puede subsistir como sujeto frente
lo que por ende la sustrae a la amenaza de castración sin que haya a las demandas maternas. Lo cual no le impide reconciliarse por
por qué hacer una excepción. orra paru con una fo Ita que le evita justamente la amenaza de castra-
Q~ed~ ,el hecho de que la negación de la excepción veda la ción que t30to pesa sobre el hombre. De hecho, esta amenaza está
consotucion del universal 1lay que poner entonces la barra de la anudada al cuerpo de este último de una manera mucho más apretada
negación en el cuantificador que designa esta función V.r<l>x. y directa que al cuerpo de la mujer. De donde se puede concluir que
Pero ".1!ton~ ¿qué qUJere decir ese no todo sino que alguna el goce de ésta es por ello más tranquilo, menos perturbable.
excepcion enste, como lo afirma Aristóteles) Lacan, cuya teoría No obstante, si se la considera desde el punto de vista de sus
entera est:í aquí en juego, niega enérgicamente la validez de esca relaciones con el goce, la diferencia entre los dos sexos no termina
conclusión. Según él, 13 proposición Mno rodo x csra castrado" de Jqui. No se limita a una simple diferencia entre el más o el menos,
ninguna manera implica la existencia de algún x que no Jo esci-lo como lo sugiere la pregunta a la que contestó liresias, no sin
cual e~~valdría a replantear la exisrencia de la excepción, cuando ,.nraer sobre si la ira de la diosa.
l~1o~n ~ememna consiste ¡ustamente en negarla-. Afirma que Fn dcc10, 'i el lenguaje nombra las cosas, en cambio no no•
'ir<l>x s1grufica solamente que una mujer esd ni 11/g111111 pnr·t, 11(111 !}I nmg1111a rsmd11. l>L'\1r do 1111 h<m1htt• 11uc es 11n homlu e 110 lo
ll lACAN ANA LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 1964.1979 INTROOUCCION
pone en posesión de su realidad sexual, sino que por el contrario blo sólo se da por metáfora- tr.1Sladando a la vez la falta al nivel
la subviene planteando la pregunta: ¿qué es un hombre? Lo mismo 1lc la ausencia del ser en que el deseo subsiste y en que el objeto n,
sucede para una mujer. No obstante, esta nes-ciencia no ha por ser un:i F.ilta rebelde a la representación o al encuentro, no es
impedido la diferenciación de dos sexos según una 71/lltTa, el falo, nada más que la figur.1 de esta ausencia. A tal punto que Lacan no
que tiene ¡ustamente su garante orgánico en el hombre. Por lo 1ludó en considerar el fufo como el significante de la parre del ser
cual el goce de este último se limita al goce Wico, visto que su 1¡uc no puede ser íntegramente dicha en la palabra, de la parte de
sexualidad está enteramente sometida a la función f.ílica. Mientras la significación que quedará siempre más acá de la Cosa. En esto
que toda una parte de la sexualidad femenina (y es imposible des- m"ia el equivalente del acúculo determinado, ya que, a partir de la
conocer el vfnculo mucho más estrecho de la mujer con la repro- unposibilidncl de nlc:mzar la quidclidad, se fomenta el t0do: la foltll
ducción sexunl, o sea, con la vida y con la muerte) no cst:i sujeta a se resuelve en clasificación de universales, especies, géneros. L.~
esta función. Allí donde Freud distingue entre dos modos de goce limitación del poder del don se consuma con la afirmación de que
según sus sedes anatómicas: clitorídeo y vaginal, Lac:m disongue el sexo -que no es cuestión de negar- no funda ninguna relación
entre un goce femenino que se alcanza según las vías trazadas por se,ual. No hay relación sexual porque la palabra sólo funciona en
la función falicn t:il como funciona en un primer tiempo, rn:ís lógico el mvcl de lo que hace, del se.i:o, semblante. Las posiciones sexuales
que cronológico, en el plano del ser, y un goce distinto, inscripto no son datos sociológicos sino opciones lógic:is que hacen que lo
en su carne misma y que queda fuera de <:11tc alcance, lo que que el hombre busc:i en 13 mujer sea el objeto c:iusa de su deseo,
equivale a decir fuera del lenguaje, pero al mismo tiempo marcado mientras que ella se pone en el límite en que su ser, marc:ido por
en él. Sin ser inefable, es pues indecible, y por ser indecible en- IJ barn del significante, desfallece. No hay aquí ntnguna
gendra el discurso místico, aquel cuyas más altas expresiones cornpleme ncar1edad en que podría fundarse el uno o que
encuentra Lac:in en el éxtasis de Santa Ttrmt del Bcrnino y en In autorizaría a hablar de no sé qué fusión. Además, la posición de
"Noche oscura" de San Juan de la Cruz. Este otro goce, o goce otro goce, el goce suplementario, hace de la mujer el O ero absoluto,
del Otro que es nquí la mujer, Lacan lo califica no de complemen- que, a semejanza del uno que nunca se inscribe, pone término a la
tario -lo que equ ivaldría a restablecer una ho111ogc11cidad allí rclatividnd genera lizada, que no es diferencia en virtud de un
donde no hay ninguna-, sino de s-uplm1ro1nrio. No por ello deja .mibuto que le sería predicable, sino que es la difcrencin misma.
de plantearse la cuestión de saber si la insistencia en este goce del
que nada puede decirse no equivaldría a relanzar el famoso La teoría de la sexuac:ión constituye un punto culminante en La
"concinente negro" evocado por Freud en el nivel del deseo feme- enseñanza de Lacin. En lo sucesi"º• sus interrogaciones apuntarán,
nino. La respuesta más coherente con la enseñanza de Lac:in seria no a lo que el psicoanálisis nos ensefut, sino a lo que cs.
que no se trata de un continente desconocido a descubrir, por no
decir a colonizar, con nuestra Sclnoiimurti, síno de un límite a J. J fabiéndose admitido que un vínculo social no puede ser
nuestro ama<mtimro. sino el hecho de un diSCUJ"So, équé discurso representa al psi-
Las elabonciones teóricas de Lacan van en el sentido de una coanálisis en tanto vínculo social entre dos sujetos? Su respuesta,
limitación creciente del poder del don. No encuencrn ténninos que él "matematiia" utilizando cuatro términos (S,, S,, $. a)
bastante duros para denunciar la oblatividacl de la que ciertos dbLribuidos en cuatro lugares (agente, Otro, producto, verdad),
analistas han hecho la marca del amor genim l, ¡mientras que por le permite descubrir otros tres discursos que tienen la misma
otra parte reconocen en ella la marca de la fuse anal! En In medid:1 función: el del amo, el que desde siempre se le opone, a saber, el
en que el complejo de castrac:ión cobra allí efecto, la fose Wica, d1~c11rso histérico, y, finalmente, el que lo reprcse11t.i en nuestro
como lo subraya Lacan, asigna justamente su límite al don --el 11\\111do, a saber, el discurso universitario.
LACANIANA. LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 1964 · 1919 JNTROOUCCIÓN JI
2. En tanto el psicoanálisis es una terapia, ¿en qué consiste? Porque en la medida en que cst:í attapado en la pabbra en el
Sus reflexiones al respecto son lllll radicales, que vaóan de todo momemo mismo en que babia de dila, el analist.1 no escapa a la
sentido el cénnino mismo curar. Un síntoma psicoanalítico no es polisemia del significante. La lectu a de Lacan es la mejor prueba
un accidente en el ser hablante, una penurb:tción debid• a una <le esto. T~nninos clave como goce, fulo, Otro, funtasma, falm, etc.,
causa exterior. Consriruye, literalmente, el cuarto nudo que per- no tienen un sentido unívoco y sólo el contexto indica la signifi-
mite a los orros rres (el de lo simbólico, el de lo imaginario y el de cación que debe retenerse. La afirmación de Lncan de que el snjero
lo real) sostenerse juntos. No se rrata de desembaraz.:1r al sujeto 1lel psicoan&lisis es el sujeto de la verdad forcluido por la ciencia
de los síntomas, sino de ponerlo en una posición tal que él pueda vale ramo parn el psicoanalista hablando del aná lisis como para el
arreghírsclas con lfnin nvuJ su sínroma y de que la repetición sea ~ujetn hablnndo en análisis. Una docrrina psicoanalítica no es un
menos devastadora, si no, según la expresión de Jcan Clavreul, memlenguaje.
fecunda.l La experiencia del pase es!á al respecto llena de enseñanza.
3. En unto se enseña, ¿nos provee la teoría de los nudos una Que el análisis va m tlsmlido de una destirución subjeti\12 o de un
escritura capaz de asegurar una trarumisión inttgral del psico- atrnvcsamicnto del funtasma es algo indudable en el sentido de que
análisis, en el sentido de una trarumisión que evite a los analisms dicha destirución o dicho at:ravcsimiento se indica en los confines
ciertos extravíos que a veces los llevan a dcsnaruraliz.:ir su expe- de lo que liene lugar en el análisis y delimim mis esrrechamente
riencia? Quienes recuerdan los debates tumulruosos que siguieron lo que 2llí se produce como realización subjetiva o como surgi-
a la disolución de su escuela no han olvidado la conclusión desilu- miento de la verdad, o más bien, de un decir verdadero. Lo mismo
sionada de Lacan: el psicoanálisis no se t:ransmitc, se inventa. sucede con lo que Lacan llamaba ~heideggeramente" la asunción
del ser parn la muerre.
Aparentemente, esta conclusión es excesiva, porque no hay Puesto que está la ley, la muerte habla en el inconsciente y nos
invención sin alguna rransmisión, ni transmisión que no tenga la habla a la vctcomo destino y como tiempo originario: es la misma
marca de alguna invención. Sin embargo es justa, si por ella en ren- cxpcricncb t.¡uc la de la realidad mona! y de la primera separación
demos que no hay transmisión integral del psicoanálisis. Pues las de la 111ndrt. Pero hacer de esm destirución, de este atravcsanticn10,
invenciones constantes de Lacan: su álgebra, sus grafos, sus un fin a nlcanzn,., es introducir una suerte de causa final que per-
maternas, su topología, sus nudos, si bien son necesarias para deli- 1enece al orden de lo religioso, como se manifiesta en el hecho de
mitar claramente lo real a que nos conduce la experiencia psico- que allí donde los analistas se reúnen paro hablar del pase, su
aruilítica, no impedirán al psicoanálisis ser una ciencia 1exrual. reunión tiene rufo a sínodo. El hecho es que la gran mayoría de
los analistas pasan al ejercicio del análisis mientras aún est:ín en
análisis, lo que Uevó a cienos colegas a preguntarse si la candidarura
3. El pisto fuene del scmúwio PJ sintbomt concierne •James Joytt, que al pase no t:raduce un momento de resistencia al análisis.
ttpre>cnta a los ojos de Lacan un sujeto pan el cual no se puede hobbr de una Estas observaciones no impiden que el pase continúe siendo
forclus16n del Nombrc-<lcl-Padrc, pero cuyo súuom2 resulta mh bien del proceso
cuasi psicóuco de la suplencia que del retomo de lo reprimido. No podría wu experiencia incomparable para clarificar el proceso mismo dd
cx:i:gcrarse 11 importancia priccica de este an~lisis, cuando se piensa en 111 Clntidid anfüsis, así como las modalidades muy diversas de volverse analist.1.
de casos que nos aucoriz.an t hablar de un "grado cero de la nonn.atividad tdfpica" Ellas sólo muestran que, igual que la transmisión del psicoanál1~1s,
y en los que el sujeto, en las constelaciones más felices, se dedico lo promoción
de su nombre propio alll donde el nombre del padre corre el riesgo de fullar. ht formación de los analistas es aleatoria.
Agregu6nosle, en lo que hace a James Joy<:e, su lfom•do tronsp>rcnte, en sus Lejos de motivar la negligencia, el riesgo llama a la vi11il:1nc 1;¡
Íllnt;iin\.U 1n11soquisus, a la lt-y del apricho eo1no l.i íom13 1n~J prin1itiva de la Los psicoanalis1as están tanto menos dispensados de elh1, 111.J11t>l
ley del Otro.
que Lacan no ha dejado de indicar el único criierio seguro, hJ 1.1
ll LACANIANA • LOS SEMINARIOS DE jACQU(S LACAN " " · 1979
17 de septiembre de 2004
l~tt mniwmo u con rtguridad tmo dt lor 1111is ricos. Tirnt lugar m tm
rno111m10 duisiw. Lara11 araba dc rtr privaáo dt mr f11nciones de didác-
'"º r11 ti seno de 111 Sociedad Francesa de Psicoa11tílisis. Ést trn el pruio,
11• rp1111/o por nlg11nos tle sus roltgas ni término de 11na 11egodadó11 diflci~
}''"" rl rurmodwie1110 dt su gmpo por la Asociación l11tcnindo1111I de
/~1111nT1álisis. Retoma n1 mstñnma en la Rut d'Uh11, m In saln D111ra1111t
J< /,1 Esmela Nm11nl Superior y m ti marro de la Esmtln Práctica de
11/101 Emulior, gracias a la im11·cesión dt úmu Altlmsrtr. El 1wroo n11-
il11ono, fi1mrmt11tt na-rcmra® por la pretmcin de tm1dinntts menor
f111111ltilrizados con ti psicoanálisis q1u con las ciencias, la filosojla, etc.,
/"I'"" /111m111· n rmn mme dt diáWp;o con lor filósofos. Sm embargo, la
tltoió11 dt tstudiar cuatro ronccptos fimdnmt111alu 1/tl ps1t01málisis, ti
tncar1men1t, la rtpttia6n, la trnniftrtncin y la p11l.ti6n, prvvient menos
Jt f.1 flllt'nCÍIÍll de bactr llT/O mlteSÍS q11e dtf "dtbtr Je tstla1T(tr Wnbmpto
Jt ¡,, rtal {. .. ] m ti campo ltgndo por Fm1d n 1111utrvs aiidntlos".1 St
trata dt dnr mmta de ~ rtaJ tk Ja txptrimtia 1111alítira opmmdo 1n1a titulo "La ciencia y la verdad". Esta interrogación lo lleva en pri-
subvmrtin radiral fJ'lll sr d6 no tanto m ti snbtr (hay sabtr l{Ut no st mer lugar a definir una ciencia a partir del est:aruto de exclusión
sabt) mamo m ti sujtto. que en ella tiene el sujeto, lo que más tarde calificará con el cérmi-
nu /ordusi6n. Así, si la química, contrariamente a la alquimia, puc-
En su lección inaugural, que las circunstancias vuelven solemne, tl• 1c·r llamada ciencia, es porque la pureza del alma del sabio ya
Lacan compara su suene con la de Spinoza, excomulgado en 1956. no cksempcña en ella papel alguno.
Él sin duda no es indiferente a lo que puede asemejarse a prácricas !•monees, fundar el psicoanálisis en el deseo del analista, como
religiosas dentro de la comunidad analítica, y a aquello que afecta 111 h:1ce en este seminario, ¿no es expulsarlo a la era prccientífica?
a su persona. Pero no parn caer en lo patético: en resumen, es parte 1 :1r11amente no. Se traca de devolverle su lugar al deseo del analista,
del destino común que cada uno, en tanto sujeto, esté somerido a y primeramente el de Freud, en la conceptualización del psicoa-
las leyes del intercambio dentro de una estrUctura social. Incluso " il1s1s. Pero sobre todo, al hacer ver que el sujeto del análisis no
se permite, con humor, señalar lo cómico de la situación-durante rs otro que el sujeto forcluido de la ciencia, Lacan arricula estrUc-
dos años se supo negociado por sus propios colegas, y aun por sus 11ualmcnte esos dos campos. Da un paso en relación con Freud,
alumnos- y exponer su mecanismo: el surguniento del objeto, I'"~ quien la ciencia funcionaba más bien como ideal del psicoa-
velado por naturaleza, donde yace la verdad de todo sujeto (aun- n.il1sis.
que sea el macsuo), a saber, el falo. Nada de F.ilso pudor, enton- Freud, afirma U.can, lu sido llevado al camino del inconscien-
ces. Pero ésu es ocasión, a partir del examen estricto de 13 pr:ícri- te "freudiano~ gracias a Wl2 singularidad del deseo histérico: el
ca efectiva del análisis didáctico, "de saber qué puede, qué debe l"'térico constituye su deseo hablando, en la medida en que ese
esperarse del psicoanálisis, y qué lu de ratificarse como freno y clc<.eo es presentarse 111 otro como insarisfccho. Eso, Frcud lo vio
aun como fracaso" (pág. 14). Finalmente, y sobre todo, incerroga 111 la inttrprttnri6n de los sutií<is, sin explicitar sin embargo su por-
frente a este nuevo público los fimdnmmtor del psicoan51isis, es •111é. Pero si él pudo, gracias a los histéricos, hacer ese descubri-
decir, aquello que lo funda como praxis. 1111cnto, es gracias a su propio deseo, el de Freud. Lacan insiste en
El psicoanálisis ¿es una ciencia? ¿No debe inscribirse más bien ese deseo original del psicoanálisis. Ese deseo origina l de Freud -y
en el registro de la religión? Después de todo, allf también hay rl hecho de que algo de éste nunca fue analizado- habría de ser
búsqueda. Pero la palabra de Cristo a Agustín, "No me buscarías objeto de su seminario interrumpido "Los Nombres-del-Padre".
si no me hubieras encontrado ya", en su paradoja, remite al pasa- Como inmediatamente le objetlln que está girando hacia el
do el objeto de la búsqueda: lo ya encontrado... iY ya olvidado! ·1,~1cologismo", Lacan replica que, muy por el contrario, esta re-
En la continuación del seminario se abordará la cuestión de la ferencia al deseo, al del histérico como al de Freud, se deduce de
rememoración. Por ahora, a la invtStig11ri6n, indefinida, y que busca, una conceptualización más rigurosa del análisis. Por otra parre,
en la que se complace una concepción hermenéutica del análisis, tn ausencia de tal referencia, el mantenimiento en la literarura
Lacan opone el hallazgo de la interpretación. Se puede constatar 1nalírica de los conceptos formados por Freud "[...] no impide
el carktcr religioso de la satisfacción del discípulo que, al térmi- 11ue se esté muy rezagado respecto a csros conceptos, que la ma-
no de una búsqueda fingida, verifica que está realmente en la vía yoría estén fulseados, adulterados, quebrados, y que los que son
del maestro. De ella no están exceptuados los analistas. 1lcmasiado difíciles [sean] pura y simplemente dejados en un ca-
Ln cuestión de las relaciones del psicoan61isis con la ciencia y ¡cín". Queda este punto capital -y que constituye una originaJi-
la religión es recurrente en Lacan. La desarrollará mns tarde y clad en las ciencias-: el analista no puede ser separado del concep-
específicamente en la lección de apertura de su seminario "El to de 1nconscientc, y en él interviene por el deseo mismo que a él
objeto del psicoanálisis", de 1965, aparecida en los Esn11os bajo el In Ucva.
lACANIANA. LOS SEMINARIOS OE jACQUE' LACAN 196'4·1979 LOS CW.TllO CONCEPTOS fVNOAl"ENTAlES OCL PSICOAN.l.Lts.<S l7
EL INCONSCIENTE e< •mu rasgo, como Uno. Este Uno es el que hace surgir al sujeto,
no wbre un fondo de ausencia, sino él mismo como una ausencia
Después de esca primer.a lección inaugural, las cuatro siguienres •1uc cuenca. uc:m insiste sobre el tipo de Uno en cuestión en el
(2 a 5) abordarán el inconscience y la repetición, dos conceptos 111consciente, que no es el Uno de una rocalidad sino el Uno res-
estrechamente ligados en Lacan a consecuencia de su hipócesis fll">nsable de la diferencia pura (del significante), de la hendidura,
fundament11l que determina al sujeco por el signific:mte. Se trata tlel rasgo de la ruptura.
en primer lugar, para él, de luchar contra un cierto rechtJzo dtl De ahí su ¡uego de palabras con el Uno (Un l del Unbnoussu
concepto en los freudianos. ¿Cómo llegar a formar el concepto de (inconsciente) que dcbeda entenderse casi como un U11begriff, o
inconsciente? Para Lacan, el inconsciente está esmicturado como ;c;t, no como un "no concepto", sino corno el "cor¡ccpto del Uno",
un lenguaje, lo cual le confiere un escatuto objetivable fundado en en la medida en que el Uno deja escapar algo de su gura. 1
una ciencia: la lingüística. Pero esca no es describir el concepto de
inconsciente en Freud. Para captarlo, dice Lacan, no basta hablar Poner así el acento sobre la causa estructural de la aparición
de psicodinámica (cénnino cómodo hoy para reunir las corrientes ele! sujeto del inconsciente como corte no es sin consecuencias.
psiqui:ltricas opuestas al codo neurobiológico). La noción de fi1rr- Ello evita, dice ucan, encarar los tropiezos del curso norrnal de
Z4 en este dominio parece aún más misterios:i que lo que supone b vida que son las manifestaciones del inconsciente como resul-
elucidar. uc::m recwriní más bien a la noción de m1u.i, uno de los tando únicamente de 13 alienación de un sujeto en su historia, lo
hilos de este seminario. cual no es F.ilso pero no acicrca con lo esencial. No se rr.ata aquí de
Observa que esta noción de causa, contrariamente a la de ley, negar b contingencia, lo veremos más adelante (¿el psicoanálisis
sólo interviene más allá de la cadena racional de deducciones ló- mismo no está ligado acaso a b contingencia del deseo de un
gicas: "(... )sólo hay causa -dice-de lo que cojea" (pág. 30). Lacan Freud?). Pero es mencscer primeramente situar el inconsciente
nos dice que, para Freud, lo imporcante no es que el inconsciente en la sincronfo, en el nivel del sujeto de la enunciación. Ese sujeto
sea la causa de la neurosis. Un día se le encont.radn quizá deter- indeterminado plantea su enigma, afirma Lacan, en cnda tropiezo
minantes humorales, etc. Pero"(...] el inconsciente nos muestra del enunciado que puede surgir en cualquier pnrce del discurso y
la hiancia por donde la neurosis empalma con un real¡ real que revela así I~ hianciq que e,<;trucmra al inconsciente.
puede muy bien, por su parce, no escar determinado" (pág. 30). Para Lacan, esca biancia es la presencia misma del deseo. Así,
Más que con la idea de fuerza oscura, de arcaico, primitivo o in- cuando Freud olvida el nombre del pintor de los frescos de On~eto,
cluso entemdo en las profundidades, el inconsciente, según Lacan, Signorrlli, se da cuenta de que en realidad su olvido.sólo atañe a
tiene que ver con el tropiezo, la F.illa, la grieta. Es allí, "en la su- Signor, y sus asociaciones de ideas lo llevan muy pronto a la po-
perficie", podría decirse, donde, pese a su metáfora de las "pro- tencia scrual y a la muerce, amo absoluto (Htn; Signor). Pero al
fundidades", Frcud va a buscar el inconsciente que se le presenca mismo óempo que, con este ejemplo, ilustra la estructura de hiancia
como algo que pidiera realizarse, "de lo no nacido". Lo que alli se Je! inconsciente, Lacan señala allí el enigma del deseo (del) fun-
realiza se presenta como hallazgo, provoca sorpresa. Hallazgo que dador del psicoanálisis, a saber lo que "Freud necesita para en-
por otra parte se le presenta al sujeto como rehallazgo, dispuesto a contrar en los mitos de la muerte del padre In regulación de su
sustraerse de nuevo. "Eurídice dos veces perdida" (pág. 33), tal es deseo" (pág. 35). El mito de la muerte de Dios para Freud, como
la imngen que da Lacan de la relación del Orfeo analista con el
inconsciente.
La disconti11uitlad, que es entonces la forma en In <1ue el incons- 3. l~n fmnc~s. 11iffi, que también significa "sello", "i111pront~1 clcl lTCildor".
ciente se manifiesca en una vacilación, es la marca del significante IN. de la f.!
38 LACANIANA ·LOS SEMINARIOS OE fACQU[S LACAN 1964°1919 1OS C"JATRO CONCEPTOS fUNOAM NTALES OH PSICOANÁLISIS
para otros, quizá no es sino un refugio contra la ameona de cas- 11!111.1 1111,1 insmncia (no equivale al ello, y parece volver a ser un
tración. En esta promoción ineviuble del padre que insuura, ese linpl• 1d¡eci110 que califica 1:1 fah:a de conciencia de ciertos proce-
mito, observa Lacan, no es en todo caso la fórmula de un ateísmo llO l>'<ll]Utcos. De hecho, es el 1111t11111ntimuJ ti< repetició11 (lig:ido eu
consecuente. Incidentalmente, es a esa relación particular con el 1rru<I :1 ll pulsión de muerte) el que, en la segunda tópic:i freudiana,
padre a la que atribuye Lac:m la turbación de Frcud respecto al rnn ,¡ 1111rá para Lac:an el aporte fundamental.
deseo de las mujeres, su "continente negro". Lacan rennina su se- Su primera preocupación en efecto es sacar al análisis de los
gunda lección con esus palabras: "Diremos que Freud tenía ma· ¡111·1uici<X ontológicos que atribuyen una suerte de ser a cada una
del'\\ para ser un magnífico idealisu apasionado, s1 no se hubiese 1lr las instancias desentrañadas por Freud. Ni ser, ni no ser, el
dedicado al otro, bajo la forma de la histérica" (p~g. 35). Sin duda 111< 1n-;ciente es del orden de lo no rcalil'.'ldo: "Lo óntico, en la
hay aquí algún exceso en la fórmula, porque no se ve que su rela- funcuín del inconsciente, es la ranura por donde ese algo, cuya
ción con el padre pudiera llevar a Freud a la psicosis paranoica. MVl·nmra en nuestro campo parece tan corca, sale a la lui un ins-
Pero es realmeme su cuestionruniento del deseo del histérico lo que 1~nte, ~ólo un instante, porque d segundo tiempo, que es de cie-
condujo a ese apasionado de la invención y de las grandes s[ntesis, 11 e, da a esta captación un aspecto evanescente" (p~g. 39). Se trata
a través del descubrimjemo de su propio complejo de Eilipo, a nonces, con el inconsciente, de un ser paniculacmente huidizo.
arrimarse a un real, el de la castración, aunque sólo haya podido Si el deseo inconsciente participa de esra naturaleia evanescente,
abordarlo a partir de construcciones míticas (asesinato del padre interroga Lacan, ¿de dónde proviene la certel'.'l de Freud, afir-
de la horda primitiva) y asentarlo en una tendencia biológic:i ("re- mada en la 1rarmuim11mg, de su indestructibilidad? ¿Qué lógica
chazo de la fenúnidad") por lo menos na rosa. Está clnIO que si el podría dar cucnra de esa temporalidad paradójica? Lacan nos re-
psicoanálisis sólo fuera una elucubración ingeniosa sobre el apa- mite aquí a su ensayo bistante anceríordc 194S.• En esta lógica, el
rato psíquico, o un método de psicoterapia como se inventaron nbjeovo principal no es la verdad sino la c•ruw. El sujeto cuestio-
tantos, habría desaparecido hace tiempo. nado en psicoanálisis busc:i tener una certt?.3, es un sujeto cane-
Así, contrariamente a Freud, Lacan no mtroduce el concepto "ano. No es el viviente, ni el sujeto del conocimiento o el de la
del inconsciente por la n:p1·tsió11. l~sto se debe sin duda n que el ~ensibilidad. Lac:an señala que en Descartes, como en Freud, la
término "represión", que traduce a la vez Untmlnukung(caída en duda es el apoyo de la certeza. Para Descartes, UtllJ seguro, m ramo
el fondo) y Vrrdrnngrmg (desalojo de lo conscienre), no es unívoco. 'f"~ d11tlo, de ptmsary por pnwn; soy. Obsérvese que con esta opera-
Corresponde a dos momentos lógicos clisamos: la represión ori- ción, a lo que apunta la certeza no es a la verdad, sino a lo real del
ginaria, por la cua.l se produce la 6íación de la pulsión a un repre- \ujeto, a su existencia. En cuanto a la verdad y a su garantía, Lacan
sen cante al que "se le denieg:i la admisión en Jo consciente";y la observa que Descartes se ve obligado a ponerlas en manos de un
represión propiamente dicha, que "recae sobre retoños psíqwcos Dios infinito, no engañoso. Corta así todo acceso del hombre fi-
del representante reprimido, o sobre unos itinerarios de pensa- nito a su verdad, pero como contrapanida le permite a ese hom-
miento que, procedentes de alguna otra parte, han entr.ado en un bre finito liberarse de la necesidad de encontrar en el mundo la
vrnculo asociativo con él".1 perfección divina. Las letras, habiendo perdido su ligazón divina,
A primera vista, parece referirse aún menos a la segunda tópi· esmn disponibles para la escritul'\l del álgebra. La vía de la ciencia
c:a (yo, ello, superyó), donde el término "inconsciente" ya no de- se abre al precio de un cliv:ijc entre un sabtr sobre lo real, desde
;ihom aucoriiado, y una vtrtlatl de b que nos desembaruam0< JI
t !i1¡mu ~ Fn:ud, ..La represión"', Obras co111pltt.J1S, L Xl\f, Buenos A.tres,
4'111n1t•'llU1, Jf>79, pJg, 14}. 6. J•cqucs L>ean, ·1::1 ócmpo lógico y el aserto de certitlurnhrr an1ic1pJol 1
J /J Un nuevo sofism•", Esmtos l, México, Siglo XXI. 1985, páp. 187-WS
LACANIAN;.. ·LOS SEMINARIOS DE fACQVES LACAN 1961°1979 LOS CUATRO CONCEPTOS íUNOAMENTALES OEL PSICOANÁLISIS
'º
encomendárscla a Dios. En un curso de pens:tmiento cuya analo- pués ele todo, engañar es un deseo verdadero y no hay paradoja
gía con Descartes señala Lacan, Frcud afirma que ahi donde "yo 1l¡r11na en afirmar: "yo miento". Fracasa, sin embargo, en este caso
(je]" dudo (el paciente o él mismo) al contar un recuerdo, un sue- 1 n1110 con Dom, la histérica. Lncan nos recuerda entonces su fór-
ño, entonces "yo (ft}" puedo csur seguro: allí csú la resistencia, onul.l "el deseo del hombre es el deseo del Otro" para apoyar esta
por lo tanto allí es donde yace un pens:uniento inconsciente, es ntrci6n: si para el histérico en gencnl se trata de sostener el de-
decir, un pensamiento que se revela como ausente. A partir de 1e11 del padre para sosrener el suyo propio -aunque se-~. como lo
ahí, Lacan prosigue: "En suma, está SCg\lrO de que el pensamien- 111111 Freud, en tnnto insatisfecho-, en el caso de Ja joven homo-
to ése está allí por sí solo con todo su yo soy, por así decir -por <'Jttal se trata de desafiarlo. Desgradadamenre, Freud cree su
poco que alguien, y ése es el salto, piense en su lugar" (p:íg. 44). ddK"r mostrarle que no cae en la trampa. Desenmascara ese desa-
Lacan marca una diferencia entre los cursos de pensamiento Cln e 111ternimpe la cura. Lac:in nos da a entender así que el analista
de Descartes y de Freud. Pnra Freud, el campo del inconsciente y •lt·hc evitar presentarse como u11 Otro al q11e 110 st mg111ia.
del deseo no pertenece a Dios. El sujeto está allí en su c:isa. Freud J n la lección del Sde febrero de 1964, Lacan se pregunta si Jos
tiene la certeza de esto: hay allí una vtrdnd que le concierne. Des- 1111.., de Ariadna que le pennicicron elaborar su teoría del incons-
cartes sólo sabfo una cosa del sujeto: que era el sujeto de una cer- rn ll< cstrucrurado como un lenguaje no le habrán venido, sin
teza. "(... )nosotros, sabemos, gracias a Frcud, que el sujeto del l1•hu podido entenderlos en su momento, de las elaboraciones
inconsciente se manifiesta, que eso piensa antes de que él entre en he utlunas sobre el aparato psiquico. En las carms a Fliess, él re-
la certeza. Tenemos que cargar con eso" (pág. 44). Por eso puede "'"' ' JJ posuriori, en el término iVnhn1thrmmgr.;tirbm, los
decir Lacan, por una parte, que el esroruto del inconsciente no es 111111lic<1ntes. Desde entonces, el hecho de encontrar en Freud
separable del deseo de Freud, por otn parte, que no es óntico hJI" l.1 forma de esa "indicación cnigm~tica", Jo qu~ él mismo
•
sino ético, a S3ber •iv., Es T::Jnr sol/ Ich 111mlm •, "Dtmdt ~ trn, Yo d C11hn6 en su propia experiencia, nos asegura -dice- progresar
dtbo ndumir".1 AJU donde se muestra el inconsciente, hay que tra- •rn ti c:irnino de n1 certeza. Pues el sujem de la certcz.1 está aquí
bajar.' Pero habrá sido necesaria la emergencia del sujeto carte· l1v1d11ln la certeza es de Freud" (pág. 55).
si ano (y la ciencia moderna) para que ese sujero pueda posterior- ,\h01r;1 bien, si Freud afianz.1 su certeza arando los diversos cabos
mente ser llamado a volver a estar "co1no en su casa en el c:impo 1¡11c 11h11tne en la cura del rc1orno de lo reprimido, no son ellos
del inconsciente" para encontrar allí el acceso a su verdad. it'l\Jl.1 Lacan- los que la fundan. Su certeza proviene ele que allí
Con Freud, el correlato del sujero yn no es el Otro (posible· 11 more la ley de su deseo (su fantasma, por ende) ta l como apare-
mente) engañoso de Descartes, sino el Otro (posiblemente) en- 111 •11 autoaruílisissuspe.ndido del Nombre-<lel-Padre. Laca.o nos
gañado, lo que no c:irece de consecuencias 1>3ra la dirección de la f)'1l l 1 •le~ modo a pensar la relación del análisis con F reud como
c11ra. Lncan nos recuerda el caso de In joven homosexual que le 111~ tm y IJ cuestión de saber si "ese pedúnculo" podr.I algún día
trae sueños a Freud para "convencerlo de que elb regrcs.1 a lo que '1 lium h;1do (¡no dice "liquidado"!), pcimitiendo al análisis 6gu-
le piden, al gusto por los hombres", cuando no era así. Freud no I 1m1n: la, ciencias en el sentido moderno. Parn nosotros, la refe-
se de13 desconcertar por la objeción de que si el inconsciente puc• ' 11 111 nombre de Lacan puede desplazar o bien enmascarar ese
de mentir, entonces todo el psicoanálisis se ve amenaz.1do. Des• 1ul11m ufo original. Pero, épucde concebirse un sujeto de la cer-
•11111 v.1 no csnovicra dividido, en el sentido de que su certeza no
1ÍJ )'ll en d Otro, sino que la extraería de sí mismo? Seria de
7. Sigmund Freud, "Nuev:u coním:nci•S de intr<>ducuón al p<teotnlltm",
Obm1cornpkr111, ~XXII, fl/1· w., p.lg. 74.
1111• u ~boloc1ón, ¡unto con la de la crnnsfen:ncia. F.sro cuestión
H. Fn front~•. il[11111 y •llrr• "hJy que gomlir", y toonbifo, (<olot¡ui>I) "l1.1y 'I"" nlltty• •"" b del fin de la curn, que Lacan abordará al término de
u1h•1""· IN d·· la J l t " " """ io nm d "atravesamienl'O del f.mtasma". Quedará liga-
LOS cu...TRO CONCEPTOS FUNOAMENTAlfS D!L ~ICOANAI j ,1$
,1~ h:ist1 el 6n de su cnscñ:i.nza, pero con muchos dcsplazarniemos, a no puede justificar con el principio de placer la repcnc1011 mse11
b función laicizada de lar nombres dd padre. Más radicalmence, CStO .aca del traumatismo en los sueños. ¿Cómo hablar de dorn1n.11 el
pl.111rc:i In cuesción de la función del nombl'c de los fundadoreli en displacer de la excitación, cuando no se ve dónde situar ins1.111du
1.Jco:wálisis (Frcud, Klcin, Lacan) en tamo ellos ciernen el lugar •linioa de control? Lo que más bien vemos aquí, afirma Lat:lu, ca
intliminable en la doettina de su deseo. un /11gnrque el sujeto no puede abordar sin estallar, sin div1d11~<".
Ya en los primeros tiempos del análisis, cuando se podía penrn
11ue la rememoración se aproximarla poco a poco a un foco 11uc
LA REPETICIÓN e'taría muy dispuesto a revelarse, se veía surgir la rcsisrencia drl
su¡eto bajo la fonna de una repetición en acto.
La repetición, según Lacan, se concibe como una experiencia de- Para definir eso que Freud atribuirá entonces al imperio de lJ
t-epcionante de nn real que el su¡cto está condenado a no alcanzar ¡misión de muerte, Lacan se semrá de la relación de dos términ~
pero que esa misma falla revela. aristotélicos levemente revisados: el n1110111nto11, automatismo de
Fue primerameace incroducida por Frcud en relación con la la cadena significante, y la tycbt, encuentro con lo real. Pero el aporte
1w1tmur11ció11 (Erinnmmg). Lacan nos muestra que esta rememo- esencial de Laca.o aquí es que lo que se repite es el encuentro con
ración no es la reminiscencia platónica. No es el retorno de una lo real como malogrado. Para Frcud, detrás del a11t1f111nton había
"verdad suprema" que viene del m:ís allá, sino algo hu milde, ligii- siempre w1 renl que él no quería dejar escapar y que, a veces, se
•lo a la estructura del significante pero iniciado en el azar de los empeñaba en volver a encontrar. Lacan se pregunta incluso si en
encuentros balbuceados en las distintas lenguas. Toda rememora- el Hombre de los Lobos esa insistencia en volver a encontrar, mis
ción es un trabajo de "remcmori:tlización". Sin embargo, por le- .1ll:í del famasma, u.n real que proba ra, contra J ung, la verdad de
jos que uno recuerde, no recuerda todo. La historiiación de una su teoría sexual no condicionó su accidente psicócico.
biografiase detiene en un límite que Lacan llama lo real. Se pudo A p:lrtir de esto, el proceso pnmano apuece como ese lugar
creer, al principio del análisis con las histéricas, que el recuerdo intemporal entre percepción y conciencia, donde, bajo la presiún
volvía en una suerte de fresca objecividad. (Se lo cree nuevamen- ele las leyes del lenguaje, se despliega una cadena significante que
te, allí donde ha desaparecido el psicoanálisis.) Pero pronto Freud trae de vuelta, en su agobiante repetición, el encuentro f.tlhdo
•e percató de que el médico confidente estaba implicado. Nada, con lo real.
dice, puede ser captado in effigie, í11 absentín (lo que por otra parte Lacan trota de darnos una idea de este "encuentro fnllido" cnn
subraya la ambigüedad del modo de presencia del analista en 13 el célebre sueño "Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?". Este sueño
uansftrencia). El recuerdo pasa por la repecición, Witderbo/1mg, rs narrado por una paciente de Freud que lo traía de un tercero.
"muy cerca[...) del balar-como se hace en los caminos de sirga-, Un padre, que veló a su hijo dín y noche durnnce 13 cnfermcdJd
111uy ccccn del balllr del sujeto, que siempre tira de su cosa para que se lo llevó, se ha dormido agotado en una pieza conógu;i a IJ
111ettrb por cieno camino del que no puede salir" (pígs. 58-59). habitación donde reposa el cadáver del niño, al que un anc1Jno
l,~ csrc1u reencontrada no es una "reproducción" como las que cst:í encargado de velar. Luego de algunas horas, el padre ~""''·'
~o puc<lcn rnnseguir de los cuadros de maestros a precios muy que el niño está junto a su cama, lo roma del braio y le mumu1111
U'IC•1111J.l, F.s una rcpecición que se hace en acto, es decir, precisa lleno de reproches: "Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?". Se 1ks·
1 11.111, q"' rnnc1crne a un real sin que ese real aparez.a¡ alu de picrro, nota un vivo respbndor que '~ene de la cámar.1 mort111111.1,
111;nc1 .1 r\'1Ck111c entra corriendo, encuentra al viejo vigilador dom1ido, los<~,¡,,,.
l\1r 'I'" . 1n dl'rto, observa Lacan, la repetición apareció pri- tores y un brazo del querido cadáver infiamados por un dno 11110
111 11111r1110 rn ti 111vd tic la neurosis traumática? En l-sta, freud t-ayó sobre él. ¿Cuál es la realidad que produce el tk}pcn.11) ~1· I
•• lACANtANA ·LOS SEMINARIOS DE JACQUES lACAN 1964·1979 lOS CVATRO CONCEPTOS RJNDAf1EN'fALIS OIL 1'$1COll>!All~I\ o
ruido de la caída del cirio, la claridad de las llamas? ¿No es más Nt'g.1uvo, -;e titubea en idenóficarlo con el odio, •e h.1h!J rn5,
bien, perccpóble en los reproches del hijo, algo más rC31 :tún que bien ele ambivalencia. Por otra pane, se dice que escrucrura tc><l.n
lo que sucede en la pjC'la de al lado: Ja realidad psíquic:i de un 1 , rdaciones con el analisra. Decir de alguien: "está en plena tran,•
encuentro malogrado entre el padre y su hi¡o, y que y:t no podrá fcrcnc1a", es indexar todos sus pensamientos con una nota de re•
hacerse sino repióéndosc indefinidamente? Ese real que se repite """· incluso de sospecha. Todo eso, dice L:ic:an, no hace de la
mediante una realidad sobrevenida como por a:iar debe b\ISC:IJ'Se 11 msfercncia un concepto. Se trata primeramente, según él, d~
más aU:I del sueño. Ese real es la esquizia del sujeto en el encuen- 1111rrrogarse sobre la presencia del analista y observar que esca
tro fallido. No solamente entre realidad y pesadilla, sino, y aquí ¡1rcscncia del analista, en tanto es analisw, preso en b transferen-
csro el aporte propio de Lacan, entre la imagen del niño (represen- c1.1 clcl analiinnte, ts una manifestación del inconsciente. Del 111-
tación especular) y lo que causa su aparición parn el sujeto sin sa- rnn~cientc en la medida en que hace del campo freudiano "un
berlo él: Ja mirada (llena de reproches), la voz. Por esta división que 1 11npo que, por su propia (ndole., se pierde". Pérdida que consu·
él produce en el sujeco, con la sep=ción de esos objetos llamados 111yc el encuentro fallido con lo real, p<!rdida sin compensación,
11 (voi, mirada ...), lo real se hará cómplice de la pulsión, como nos •m otra ganancia que su repetición, pérdida que cada uno de los
lo enseña paróculannente In historia de las perversiones. cuatro conceptos csrudjados trata de cernir. PérJida, sobre todo,
•le la que el p-;icoanalism es tesógo, y que torna su presencia
Aprovechando ese sueño que ilustra la función de c:aus:i de cier- u reducible.
tos objetos como la voz y la mirada (objetos llamados a) en el La transferencia da pues acceso, aunque de manera erugm.:íti-
"encuentro fallido" en que todo sujeto halla su origen y su com- c~. al sujeto indeterminado del inconsciente en la medida en que
pulsión a repetir, el curso del seminario parece interrumpirse p= husca su certeza. Lacan denunciará varios errores cometidos ha-
dar espacio a un largo desarrollo (lecciones 6 a 9) lleno de inven- h1rnalmente, según él, respecto a la transferencia. Uno de ellos es
tiva sobre la mirada, el ojo, la luz, el cuadro, etc., respuesta póstu- ti de confundirla con b repetición. Ciertamente, lo que no puede
ma sin duda al último libro de Maurice Mcrleau-Ponry, pero so- .cr rememorndo se repite en la c.'Onducra, nos dice Freud, pero
bre todo csnidio de la pulsión escópica que anticipa el estudio p.ira revelar lo que ella repite, se remite a la rcconsu-ucci6n del
genern l de la pulsión (lecciones 13 a 15). p~icoanalista. Por esto, ese tiempo en que la transferencia se
mstaura, ese momento en que la resistencia de la significación
1rac la transferencia, ¿ha de comprenderse como el tiempo de un
LA TRANSFERENCIA trJspaso de poderes del sujeto al Otro? De ningún modo, respon•
ele Lacan. El Otro ya estaba alJj en toda apertura, por fugaz que
Las lecciones 1O, 11 y 12 inician el esrudio de la transferencia. fuese, del ínconscienre. Lejos de ser traSpaSO de poder, para Frcu<I,
Para esto, Lac:in parte del uso que los psicoanalistas hacen del la tr:m~ferenci:t es resistencia, cierre del inconsciente. De ahí l.1
término. Por una parte, se habla de ella como de un :tfeeto c:ilifi- paradoja que consiste en aconsejar ~perar la transferencia llU~
0110 \'ag:imenre de posjóvo o de neg:nivo. Positivo, es el amor. comenzar a dar b interpretación.
é\'ncl.1dcro o falso amor? A diferencia de Frcud, b tendencia ge- Señalemos aquí una fra5e de este seminario que pudo prc,1.11 •e
11~ 1.11 cs ¡1oner en duda su autenticidad, ver allí un anefocto ligado ,d malentendido: "La interpretación del analisro recubre \llll('lc
1l.1 M111.1c1611. Lacan muestra que "tal vez uno de los aspectos más menee el hecho de que el mcoosciente-si es lo que yo 1li¡¡11, .1"''"•1,
11111·1"~11u1r~ p11r:1 nosotros de la expcricocia de In cr:insferencia es ¡ucgo del signiñc:mtc- en sus fonnacioncs -sue110, l.1p'u~, 1111 '' 11
'l"' dL1 ~11,nl.l, ele manera quizá más decisiva que nunca, la prc- síntoma-procede mediante la interpre1<1ci6n" (p•il(. l lt1). 11 1l•in
11u111a l•OI el llJICt.ttlo unor auténuco, únt tchtt litbt" (pág. 130). ele t¡uizá quien n1vo la responsabilidad de c:a.1hlc"c1 e;lr 111:mln 1111
lACANIANA • LOS SEMINARIOS DE JACQVES LACAN 196.. 1979 LOS CUATRO CONCEPTOS RJNOAM<NTAU5 DEL PSIC<ll'NÁli'llS
pudo concluir un día que la interpretición ya no tenía razón de ser l.a naturalC7.a de la dimensión del engaño en la cur.1 pmvicnc
puesto que de eUa se encarga el inconsciente mismo. Esia conclusión en realidad de la inevitable división del sujeto entre enunl·1aoi111 )'
auda?. tiene cien:imenre por mériro aliviar al analista de UJU buena enunciado.'° Ahora bien, esta cfüwón del sujeto, en tanto él r~ 110
parte de su carga.' La continuación del mismo seminario (lección 19, es una simple función lógica sino UD sujeto descante, es c:1uu1IJ
particularmente pág. 258) la contradice rotalmcnce. JM" el objeto o (véase más adelante: alienación-separación). S1 el
Otro error denunciado por Lacan es la idea de que, si la crans- amor engai'loso se d1nge a la imagen que viste a ese objeto, es p.1111
ferencia altera neuróticamente fas conductas del analiiantc, con- 1Jr,conocer mejor que él falta a la imagen. El análisis, por lo 1•111·
vendrín apelar a una parte del sujeto que haya quedado sana, a su 111, no puede concluirse sobre la identificación con cualquiera de
sentido comú n, para hacerleno1>1r elcaníctcr i lu~orio de rales con- cus imtlgenes, aunque fuese la idealizada del analista, sino que
ductas suy.is en su relación con el analista. Pero esa pretendida debe movilil.nr lo que "desempeña el papel de un obturador -el
parte sana no es otra que la que está interesada en la transferencia ..h¡cto o succionado, aspirado, en el orificio de la nasa-" (el in
y, por eUo, le cierra los postigos al inconsciente. Es al sujeto, :1 la rnnscienre) (p:ig. 151). Es él, en definitiva, y no el engaño de la
beldad detr.ls de los postigos, a quien hemos de dirigimos. Lacan 1r.111sferenc1a, quien cierTa la aperrura del inconsciente.
aprovecha esta metáfora para invertir el esquema tradicional de Por el contrario, en sí misma, "la transferencia es Ja pucsm en
un inconsciente encerrado en las profundidades: si el inconscien- 1c h 1de la n:alidad del inconsciente" (págs. 152 y 15 5). Y, verdad
te es el di<eurso del Otro, el Ouo aquí no e:; la bestia eras los 11~1stcniblc, esta rc:1lid:1d es se.xual. ¿Por qué es así? ¿Por qué la
postigos, está afuera. Es el analista quien por su boca tiene ese 1cxualidad '~ene a engancharse en el lenguaje? Dicho de otro
discurso del Otro por realizar para lograr la apertura del postigo. 111odo, ¿qué es lo que funda el vínculo entre el inconsciente y la
Este error llevó a este otro: el de querer proteger al análisis y a 1c•h<lad sexual? Lacan responde a esto desde ambos extremos a la
los pacientes del peligro, ligado a la transferencia, de que el analista vcx. Del lado de la biología, la sexualidad consagra el viviente a la
se sitúe m:ls all:I de la prueba de realidad. En efecto, sólo su inte- muerte. Del Indo del lenguaje, la demanda deja un resto irreducible
gridad moral puede entonces salvar al psicoamílisis. Este impasre, 1111r constiruye el deseo. Ahora bien, si el lenguaje mam la cosa, la
artificial a ojos de Lac:tn, proviene de una posición que, m:1rcada 11111wmüz.1 en concepto. Así, la palabra "caballo" da a entender
por el positivismo lógico, pemlllllece de hecho en la ignorancia 1¡11c la especie caballo sobrevive m:ís aU:! <le la muerte de cada
radical de que toda palabra, aun mentirosa, :ipeln primeramente a 1111hviduo. Sabemos por otra parte cómo bs cstn1cturas elemen-
la verdad. F.I interés de partir de Descartes y de su Otro engañoso l il ..:s del parentesco inscriben la actividad sexual en una combina-
esoí en ver que a la inversa, en el análisis, el peligro est;Í en que ese tot1• ~ignific:ante, conceptual, al punto de que "La intcgrnción de
Otro sea engañado. Lacan nos muestra entonces un mecanismo ~1.1 combinuoria a la realidad sexual suscita l:i pregunta de si <ed
esencial del amor de transferencia, en la medida en que el amor I~ la vía por la que llegó al mundo, al mundo del hombre, d
da realmente el modelo de UD engaño que tiene alguna prob:abili- "gmíicante" (pág. 157). En ese nivel de los orígenes se perfila el
dad de éxito: "¡Puede haber mejor manera Je rl'2firmar el punto mito. t.~can mismo producirá el suyo sobre el origen de la lihi.Ju
sobre el cual uno se engaña que fa de convencer al otro de la ver- 1 Cll\ d de b lamin.ilfa (representando la falta de inmonali1l:id).
dad de lo que uno afirma! [... )Persuadiendo al otro de que tiene ,\ l11·mras tanto, no se niega a avanzar sobre ese terreno rc~h.1lacl1·
lo que puede complernrnos, nos aseguramos precisamente de que
podremos seguir ignorando qué nos falta" (p<lg. 139).
IU. l .1t4.·iln In ilustra con la pa.rndoja del mentiroso que ac c:n11n('1.1 •;1 1111C'n10
, w111il1t 1ltg11 "1nicnto", digo la verdad, pero cntooC!CS, ;11 c.k.-c-ir IJ vcnLul, (''e 1crto
9. f,, Cmu< fmulimnt, nº 32. 1¡11e Y" 1111c1uo, cfr. 1•.so fuls~ parndojn se resuelve, scgi'1n Lac-Jn, ch~11nw111·ndo
I • c111111~ Mt1on ctrl tnwlt1Jdo.
LACANIANA LOS SEMINARIOS Ol JACQUES 1.ACAN IU1·1979 ..
zo observando Ja analogía entre la pérdida que constituye la re- •le separación, que darán W12 forma lógica rigurosa a la arucul.·
ducción cromos6mica ca el proceso de midurnción de las células , 1un del inconsciente y la sexu:ilidad, es decir de lo viviemc y d
sexuales y la función de a como objeto pe.-dido. Para ucan, la 1 ngua1e. Éstos le dan una prolongación imprevista a la tcor 1.1
ciencia primitiva estaría todn ella al semcio o.· la sexualidad. Me- Ji cu1füna de la pulsión, que ahora deberí abordar.
jor, se puede constatar que la ruptura con este origen "sexual" de
la ciencia se hace en forma bastante tardfa, y se encontrarán ros-
tros de esto en muchas concepciones actuales, que se dicen cien- LAPUl..SIÓN
tíficas.
El inconsciente, ¿babña de considerarse entonces como el re- Las lecciones 13 a 1S retoman toda la teoría freudiana de las
manente de ese vínculo arcaico primitivo con la realidad sexual? pu Is iones. .
Esta pendiente, que es la de Jung, lo llevó a éste a repudiar la Con un a-abajo paciente Lacan vn a demostrar, a parnr de Jo,
libido. Paro Freud, muy por el contrario, la libido no es la "som- 1cxros freudianos, y de 13 interpretación que hace de ellos, la fun
bra pcrsistenre de un mundo antiguo a través del nuescro. Es la uón esencial de la pulsión en la génesis del sujeto. En primer
presencia efectiva, como tal, del deseen (pág. 159). Ahora bien, y lugar, pone en duda que la pulsión sea esencialmente del registro
Lacan coma ahora las cosas del lado del lenguaje, el deseo es de ele lo orgánico. Esto lo lleva por oLra parte a apartar las pulsioncs
alguna mnne111 el residuo último de los efectos del significante 1le autoconsernción o pulsiones del yo, es decir las necesidades,
sobre el sujeto m:ls allá de la deaunda. Es el "punto nodal por el del campo de las "verdaderas" pulsioncs, a saber, las pulsionc1
cual la pulsación del inconsciente está vinculada a la realidad .exualcs. Rechaza la traducción de Tritb por ínstinUJ, palabra que
scxuain (pág. 160). Dos consecuencias pueden inferirse de esro. cvoCJ el saber del que dispone el animal para asegunr su supervi·
Por una parte, la existencia del deseo como punto nodal constitu- vencia. Esta a-aducción ha orientado buena parte del psicoanálisis
ye para Lacan una objeción a reducir el psicoanálisis a unn her- anglosajón hacin la vía de In ndapmción. Él recuerda y da cuentu
menéutica. Por otra parte, es en la actualidad de la transferencia de los caracceres fundamentales de la pulsión en la ceoña freudiana:
donde vamos a ver inscribirse el peso de la realidad sexual. En
cuanto al deseo por el cual se presentifica en la cura la incidencia J. La constancia del empuje de la pulsión, que impide as1milarl;1
sexual, Lacan no nrubea, p!lra sorprcsJ nuestra, en designarlo como a una función biológica t'Ualquiera y que la distingue también,
siendo el del analista (píg. 163). Para mostrar su incidencia en la por otra parte, del deseo. Lacan dará una incerpretación fis1t.1
transferencia, SUgiCre, no sin alguna raz611, que el embarazo ner- de esre hecho, osando un teorema de aoáhsis vectorial de Sir
vioso de Anna O., sobrevenido en el momento en que Breucr George Gabriel Stokcs que c1mr.í en su ankulo contemp11111
contemplaba la de[ención de la cura, podría más justamente neo titulado "Posición del inconsciente". Según este tcorcn1a,
impumrsc al deseo de Breucr que al de Ja paciente u el flujo que atrnviesa una superficie limitada por un mismo rn11
Lacan se detiene aquí moment.ineamenre en la transferencia. romo cerrado es constante. Dicho de otro modo, el eml'"'' ele
Para continuar, necesita introducir los conceptos de alienación y b pulsión es una constante que sólo depende de In apc11111.1 ,¡,.
Ja fuente. "Hay gente más bocona que otra. Inclu'° tc111\'rt1
dría tenerlo en cuenta, a veces, en la selección 1lc un 111111· 11''
11. Cremmente, el deseo de Brcuer no puede ronmse como modelo de lo (pág. 178). Esra apelación a los recursos de hs m.11c.111411cu' 1
q~ Loan designa como deseo <kl all2lista. En el aso de Brcuer, el deseo del
terapeuta habría super1do insidiosarn~nte al des<:o del :m•list:L Frcud sc:1iala que
llrcucr <rcmpre habrf• uuruíe<tado aena resutcnci• • rccoooccr lo sew1I en la 12 La uuhz.aa6n de la~ rnateniárias por L1t .1n ha t-nl11'1c1l1 111.a111 ut \1
hrsrena. tion•J• hace poco por algunos cicnúficos, y COn\ICltr J l11uu rm~l\!11 ('MA 1r
so LACA.NIANA LOS SEMINARIOS DE JACQUES LA.CAN lt'" · l ,79 lOS CUATRO CONCEPTOS FUNDAMfNTALES OEL ~ICo.o.NAllo;r. , 1
no le impide a Lacan calificar la superficie que soporui este bs vías del displ:icer no están e.-.:cluidas en la bú.~ucda del pla< cr
empuje, la libido, de órgano irreal, e introduarla mediante un y "que las formas de acomodo entre lo que anda mal y lo que
ltlltO fabricado por él: el mito de la bminiUa. 1mda bien constituyen una serie continua" (p:íg. 174).
2. La v:iriabilidad del objeto atestigua su independencia respecto ' fodo csrado mórbido o no, en análisis, puede considerarse corno
de cualquier necesidad. Ningún ob¡eto específico de una nece- alcanzando esforzadamente su propia saosfacción, pero c:I
sidad S:ttisfor.í jamás una pulsión. El fenómeno de la fijación paciente puede anhelar, por su parte, encontrar otra, más corr.i
no contradice la indiferencia. El análisis testimonia la narura- por ejemplo. De hecho, Lacan invierre la perspectiva clásica y
lcza li ngüística e incluso literal de esm fijación, como en el muestra que la satisfacción de la pulsión pone en juego lo
ejemplo "translingüístico" de Frcud, en el que un sujeto, que imposible, lo imposible de su coexistcncin con uoa captunt
había dejado Inglaterra por Alemania, había trocado por ello cualquiera del objeto por ejemplo. Este imposible es precisa-
su fijación a una glance ("mirada" en ingl~s) por un Glnnz ("bri- mente lo real sobre el cual un sujeto pod ni advenir de la pulsión.
Uo" en alemán) en la nariz.. De hecho, uas la indiferencia del En cuanto a la fuente, las zonas Uamadas erógenns, Lacan nos
objeto, la fijación concierne al objeto nen tanto ese objeto "de dice que todas tienen una esttuctur:l de borde. Lo que revela
hecho, no es otn cosa más que la preseneta de un hueco, de un ' ercvidcnte para las pulsiones oral, anal, escóp1c:i, inicialmente
vacío, que, según, Freud, cualquier objeto puede ocupar" (pág. lo es menos para la pulsión s:ídic:i. De hecho hay que considerar,
187). En la pulsión oral, es bajo la forma del seno dcstet3do csama Lacan, que el cuerpo "presa" sus orificios a la pulsión
como desempeña su función. A condición, claro está, de dis- en la medida en que su estructura de borde es homeomorfa
tinguir el seno de toda idea de nutrición, de recuerdo de nutri- con la hiancia del Otra. Sabemos que cuando hay ausencia en
ción, incluso de cuidado materno. Su papel en la satisfacción el Otro de un borde que signifique su deseo (lo que realiza el
no es por lo tanto la de constituir la presa. Lo radic;il que :ipor- signific:in tc f.ílico) los orificios del cuerpo pierden su función
ta aquf Lacan es que la pulsión se satisface en tanto In amtornea, crógena e incluso pueden desaparecer de la imagen del cuerpo,
le t/11 /a v11tlta [elle m fait le to11r], pero también vuelm, ttmr, en el como en el síndrome de Cotard.'l lnvcrsaoncntc, otras zonas
sentido de la prestidigitación, en el sentido de que In pulsión la pueden quedar afectadas en la economía del deseo, el estómago
csc~motea. por ejemplo, pero con otras consecuencias. Lacan desarrollani
3. En resumen, la meta de toda pulsión es satisfacerse cerrando por otra parte más adelante en este seminario algunas obser-
su circuito de ida y vuelta. Esta proposición en la cual la v.1cioncs esenciales para siruar correctamente la psicosom:ític:i
satisfacción no pasa por alcanzar su objeto resuelve en parte el (págs. 235-236 y 245).
diñcil problema de la satisfacción en la sublimación. Ella es
diñcil de concebir en la sublimación, si la pulsión está en ella l.acan rns1stc sobre todo en distinguir la pulsión de todas fas
inhibida en cuanto a su meta y esa meta no puede ser alcanzada furn1J;, que puede tomar el instinto animal. El car.ícter de "collagc
sino por el objeto. Lacan \'ll más alU y observa que la pulsión •urrealista" de los montajes pulsionalcs se opone a la invariab1litbd
encucntni satisfacción en síntomas penosos, ¡aun cuando el
sujeto no se satisface con eUos! Puede verse por otra parre que 1t . FI .sindromc de Cot:trd, llamado delirio de l;i~ ncg.1c1oncs 1 se CJrath!n1.i
111 Kt nc:ml, en el 'Cno de un cuadro de melancolía ansios;,i, por 1.i afir111.H.16n tltl
11111·111 tic l.1 1ncxistcncia de órg.¡nos, cspcefolrn~ntc lo., odfic:io!I tft1 i·ucrpo, l.a
19'1d1d.1 tic l.1VÍ!\ÍÓn nu:ncal, una ~uerte de incapacidnd p¡'lru rc1>rc!W.:.nC:'lr'-C i·l 111uucl11
Bricmont). Es sin cn1bargo coherente con l:i. hipótesis bc:uu:1nr. <lcl inco1\sc:-1cn·
li11111l1.1r, y nut11 globalmente, por una pérdid:i alr<>z de tl)(to 11fr<:to. liuphc..a l 1
re C\mtctu~dn co1no un lenguaje. Es Li est:ruct-ur:i 1ni~n1:t del lenguaje, con !itK
dn!I dinlen~joncs de sincrotú.a y diacronía, la que impone su :1burtla1e 111cd1.in1c 1t. J dr t'M;lr )'41 lll\ICrtO y por ende de e.st::lr condenado~ 1;11n111ur1 .1lhl..cl, >· 11111, 11
,. C<oJlOIO~· de ,., SUp<"rficics. et11h1t 1111ur h;1.L1a un delirio de gr.inda.a en que rl cutrpu "º 1gu.1la al u1u' tl"1"1
n l ACANIANA · LOS SEMINARIOS DE jACQUE.S LACAN 196• · 1979 LOS CUATRO CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL PSICOANAi.J!.I~
1lc los montajes instinruales. Puede observarse por otr.1 parte que <tundo cst2 aparición del sujero es contingente, e incluso la pul111\11
los desúnos de la pulsión descricos por Freud son aibucarios de lum puede enrollarse alsededor del objeto 11 sin "subjetivarse-.11
arti licios gramaticales (inversión de la voz activa en pasiva, por Con una andadura muy progresiva, Laca.n recuerda un cieno
ejemplo). Pero esas inversiones no consisccn en un juego de roles número de propied•des de la pulsión ya adelantadas por Freud
en el cual sujecos reales, ya presenccs, incercambrnrfan sus lugares. pnr:i conducimos a lo que scr:i so elaboración decisiva de ese año:
Lac:in, en una lectura analítica impresionante del ce.~to freudiano, '" conceptos de alienación y de sepa.ración como constituyendo
muescra que el término neues Subjekt que designa al nuevo sujeto In., dos tiempos djsi.métricos del proceso de subjetivación.
nctivo, voyeur -exigido por la inversión del voycurismo en exlú-
bicionismo, que requiere que alguien venga n ocupar In posición • No hay pulsión sino parcial respecto de fo fina lidad biológica
nctiva abandonada a f'avor de la posición pnsiv:1- debe entenderse de la sexualidad. Ella puede foncionnr con toda independencia
como la aparición, en un moncaje pulsional hasta entonces •leste respecto. El objeto a selntroduee en el circuito pulsionnl
"acéfalo", de un nuevo sujeto. Este sujeco aparece en el Otro [Autrt] sólo a tirulo de ersatz, sólo por ful ca de algún objeto satisfactorio.
-:i escribir con O mayúscula-, porque se cr.it.:1 del sujeto del incons- t\sí, ningún alimcnrosatisfará la pulsión oral. El seno sólo fon-
cience que viene a producirse, en esce ejemplo, por medio de la ciona allí en el destete. Lo veremos también, a ese objeto, en
mirada que hace surgir en el Otro. AJ pasar del ~ver• al uhaccrsc cienos silencios del analizantc, como manifest.:1ndo "la instancia
ver", d sujcco se separa de su mirada. A partir de esto esa mirada, pura de la pulsión oral cerrándose sobre su satisfacción" (pág.
en Unto est2 perdida, se vuelve apra para metaforizar su propia 187).
fa ha en ser y, por cllo, pan producir la c-.iusa de su deseo. Así se • Aun cuando la emergencia de la serualidad bajo su forma
produce la dependencia del sujeto respecto de ese ob¡eto de naru- acaballa parece ligada al proceso org:inico de '3 pubertad, no hay
r:1le1.;1 e~trafü1, puesto que escapa a su conocimiento: el objeto a. natla que evoque un proceso semejante para el pasa¡c de una de
Ese oh¡cto, suhrnyn Lacan, nunca se cncuencr.1 en posición de fa, pulsioncs parciales a la siguiente.
mira del de~co, sino en fonción de causa." Est~ allí antes de Ja • Si la pulsión encr.i en juego en el funcion:1miemo del incons-
npnric1611 del suje10 como unn suene de prét-a-porter en el ciente, es en ta llto hay isomorfismo (si mil irud) topológico entre
func1ona111icnt0 acéfalo de b pulsi6n. Él es, para Lacan, el funda- b hi3nc13 que el inconsciente instaura en el sujeto y aquell3 a
mento de la verdadera identificación del sujeto en el fan r.isma que rnyo alrededor la pulsión estructura el aparejo del cuerpo.
sostiene su deseo. No se trata de una identificación en el sentido • ' li>da pulsión parCJal es al mismo tiempo pulsión de muerte.
freudiano, que Lacan muesua como una identific:ición de signi- 1..a prc~cncia del sexo en el viviente cst:í ligada a la muerte del
fic:inte y que tiene por efecro una idealización. Si puede h:iblarse, 1ntl1viduo.
con Lacan, de 1deoó.fic:ición con el objeto 11, es en el sentido de • ' JO.la pulsión atestigua poroua parte la posibilidad misma, para
que este objeto, el sujeto lo cede para paliar su afanisis, su propia un sujeto, de fprzar el principio de pfaccr gracias ni lenguaje,
de.s:ipHición en el inconscicnce, como se verá más adelante. 11uc le revela que hay un goce más allá.
El aporte mayor de Lacan aquí es el de mostrar que n fin de • t V b pulsión genital? El amor, dice Freud, en el que "querría-
<cuentas es fonción de la pulsión el "producir" un sujeto descante 1111r1 tliscermr ( ... ) la expresión de la aspiración sexual como un
en ese encuentro entre el lenguaje y el cuerpo viviente, y eUo aun
1~ <ll1\t'.l'Vt'1uc~ que eslo plantca l:oJ cuestión de l:I! relac:iones de l:i puJsjón
(1 11 l" l"' 1vt•n.1r'ln que no deben confundirse. Si la rcncgaci6n pcrvcrs;l, por i>.ane
14. Se puede apreciar el av:ance tt:lli7..JdC'> drnlc ..:1 sc.:1n1u;1rio '"l·:t c.ICS<'n y 10 1 l tu1' 111, 1lt• Mt iJrnuficación con el ob1eto a le impide rcconhcersc .autor,¡,. ""
•ntcrpr~1:.1c1ún.,
11 IU,)f r11I 11111.11, 110 por c.Uo se trata de un acnu1r c.:in <r\llf'lil
LACANtANA LOS ~(MINAlltOS DE jACQUES lACAN 19,'4-•979 LOS CUATllO CONCEPTOS FUNDAMENTALES OCL PSICOAN.4JJSI\
• ~f1. SignlWlcl Frcud...Pulsioncs r destina\ de pul\jón.., Obnt1 crpnp/~1411 t. 17 fJ •ujcto <>ese >1gnifit>ntc pnmord1almcnte rcpnruido por el hecho de
Xl\ , op. 11r , p.ig.128. l 111ltrución
H LACANIANA ·LOS SEMINARIOS OC JACQIJES LACAN 196< 1979 LOS CUATRO CONCEPTOS RJNOAMENTALES DEL PS>COANÁllllS
deniega la admisión en lo consciente•'" y que constituirá así la St l.1 libertad es un fantasma, ¿qué resta de promesa en l.1 cu1 .1?
represión originaria. l .tc rc~:o es el sujeto a liberar del sentido que lo paraliu
Siguiendo a Freud, Lacan obsen-:1 que no es la reprcsen12cíón (la
significación) la que es objeto de Ja represión (en sentido estricto) La separación, por su panc, es la vía de retorno de esa nflmüii,
sino su representante (el sin-sentido del significante). El rechaz.ado 4'•1ui yi no es el signi6cante mismo, ~ino el intervalo entre los
es el diplomático, y no su mensaje. Pero p:ara Lacan, la rtpnsión 1lgmlicames el que le ofrece una posibilidad al sujeto. Todo sur•
tiriginmia no depende de ningún rechazo de lo consciente. Tiene que l\1111icnto de un significante abre una falla en el Otro, suscitando el
ver con la estructur.1 de las relaciones del sujeto con el significmte. c111gi1u de su deseo. "Me dice eso, pero, ¿qué quiere?" (pág. 222).
Se ven inmediatamente las consecuencias de esto sobre la inter- N• •\ lo atestiguan "todos los i}lllr· ~? del niño (que] constituyen
pretación. "La consecuencia de la alienación es que( ...] el objetivo un;1 puesta a prueba del adulto, un iJIO" qui 111e dicu uo?" (id.).
de la interpretación no es tanto el sentido, sino la reducción de F.I primer objeto que él propone en respuesta a este enigma
los significantes a su sin-sentido para así encontrar los determi- 11..t ilc~eo parental cuyo objeto es desconocido es su propia pérdida,
nantes de toda la conduct:1 del sujet0" (pág. 219). ¿Y esto por qué? 1u 1>rop1a desaparición de sujeto en la afnnisis. "(...]el niño evoca
Porque precisamente en el nivel del sin-sentido, en esa parce t"rmmmente el funcasma de su propia muerce en sus relaciones
cercenada de sentido, se encuentra, si puede decirse, el sujeto en ,¡., ;unor con sus padres. Una falta recubre a la oc:ra" (id.). Pero
suspenso en el inconsciente. Y esas huellas significantes en su sin - 1 ira darle un soporce a esa pérdida de sí mismo, a esa separación,
sentido son los verdaderos determinantes de la conducta sintomá- rl su¡eto va a adornarse -aquí Lacan juega con equívocos latinos:
tica del sujeto. Lacan precisa más adelante, para evirar toda conclu- 1tp.m1rt (sepanr). st parnrr (adornarse). st parm (parirse, engen-
sión apresurada: •La interpretación no est:í abierta en todos los oharse)- con objetos n que entnrán así en la dialéctica del deseo.
sentidos(...]. Es una interpretación significativa que no debe fa- 1>e este modo la puJsión viene cfcctiv:imeme a proveerle al sujeto
llarse. No obstante, esta significación no es lo esencial para el l •oporte de su falta en ser.
advenimiento del ~111eto. Es esencial que el sujeto vc:i, más ali~ de Con esm lógica poderosa, Lacm refunda totalmente el estatuto
esta significación, a qué significa1ue -sin-sentido, irreduccible, dd sujelo en Ja articulación del viviente con el lenguaje, o sc:i, b
traum:ítico- está sujeto como sujeto" (pág. 258). cuc>aón psicosomátic:i en el scncido más general. L:i arriatlación
Esre concepro de alienación le servirá a Lacan para poner en 1111re estos dos campos fundamcnrolmente heterogéneos no puede
tela de juicio el término de libertad (~g. 227). Coa esta lógica, la i.~~ersc, según Lacan, sino por la comunidad de sus faltas. La falu
dialécria del amo y del esclavo puede leerse como una opción 1li.: uno viene a recubrir la falta del otro. Por un lado, el viviente
alienante entre vida y libertad. "No hay libertad sin vida", dicl el acxu.1do está marcado por una pérdida irreducible: está destinado
esclavo. Para él está claro: el tendr:l la vida sin libcrcad. Pero el ~ b muerte. Por el otro, la alienación dcscina al sujeto a la efanuu.
amo, que habrá dicho "No hay vida sin libertad", no está menos l'cru h1 captura de la demanda en el lenguaje deja un resnluo
sometido n la alienación. Ésta se revela en el momento deJ Terror, l11cducible: el objeto a, que se vuelve causa del deseo por ser mctol •
por ejemplo, en el que no hay otra opción que la muerte para lora de esa doble falta. Es por eso que, afirma Lacan, el sujeto no
conscrv:tr su libcrt:id. Lacan ilustra con el ejemplo de Sygne de l111sca, a pesar de las apariencias, su complemento en un co111p:11\cm
Coufontaine "la alienación radical de la lfüercad que existe en el ~ imagen suya, sino en ese objeto irreducible a la símbolnaoor1 y
propio amo". 1• 1¡11c recubre la pérdida de b vida eterna (amor• e1emi1Lld).
Para decirlo en los términos de la búsqueda cancs1an;1, 1111~
18. Si31"und Freud. "(.a rq:iresuín". Oénu"""pltt#, 1. XIV,.,."'·· pág. 143. ' ·rtcu no había apturado a un sujeto s.ino para hac<'rlo ilesa·
1~ r.ul ClouJd, L'Ougr, Paris. G.llumrd, 1911. p.1recer en la represión originaria: certeza sin sujeto (oltc1rnrn'111l
SI LACANIANA ·LOS SEM INARIOS DE JACQUES LACAN 19'< - 1979 LOS CUATRO CONCEPTOS FUNOAf<ENTAUS O(L PSICo..N<ILJSIS 19
Es el sujeto en eclipse ame el significante($ OO). Pero la certeza pmncr lugar como falm en lo significado por el (primer] par de
volverá a encontrar a ese sujeto en el fan1:1sma, en eclipse cstll vez •1gnificantcs, en el intervalo que los vincula, o sea, el deseo del
ame el objeto /1 ~O a) (separación). La condición de esto habrá Otro" (pág. 243). Se comprende entonces u importancia que da
sido el tiempo intennedio: el rodeo por la incertidumbre radical l A<·.tn a definir lo que debe ser d deseo dd omlisu; "obtener la dife-
en cuanto al deseo del Oo:o. Para Lacan, es a la falca de apertura a 1c-ncia absolum".
ese tiempo de incertidumbre que deben atribuirse ciert:lS posi- Según él, lejos de favorecer Ja identificación con su persona, el
ciones subjetivas como la paranoia, la debilidad mental o la psico- il<:11co del analista lo lleva a caer del lugar (idea l del yo) desde
somática. 1l11nde el sujeto se ve amable para hacerse el soporte de ese objeto
Después de este ordenamiento que desplaza el clivaje psique/soma ,, ~cp;iraclor, "objct0 i11tragable [...] que queda atorado en lagar-
que el concepto freudiano de pulsión tcndfa a articular, y quizá f' 111ta del significante (pág. 278). Si la transferencia tiende a una
porque se trata, para Lacan, de unfulso plano de clivaje,~el ténnino 1l•·111;111da de identificación, el deseo del analista, en la medida en
mismo de pulsión tiende a desaparecer de la elaboración ulterior 1111c "sigue siendo una .r!' (pág. 282), reconduce a la pu lsión y, por
de Lacan a favor del concepco de goce articulado exclusivamente d in ricndc a separar el objeto a del ideal del yo. Así el fin del
sobre el significante. ~11.1hs1s lleva al sujeto a una ªliquidación" del engaño del amor de
En cambio, los conceptos de alienación y separación conocerán mnsfcrcncia (que sostenía sus identificaciones) y a una suerte de
importantes desarrollos en los seminarios ulteriores ("La lógica •,tcsrnbrimicnto del :malis1:1" bajo las especies del objeto a: "el
del f-anwma" y "El acto psicoanalítico" especialmente). f!uhz.ado, en suma, le dice a su interlocutor, el analista: Te amo,
pno porq11t i11txplicablcmrott amo rn ti algo más q11t ní, ti objtto a, tt
"11/11/0. [ ... ] Mt tntrtgo a ti [... ), prn> tst do11 dnm perrona[ ... ), ¡ob
CONSECUENOAS PARA LA CURA 111>1trrio!, se tnttra imxplicnblmuntt en rtgalo dt 11nn mitrdn (pág.
1 111).
Las úlrimas lecciones del seminario muestran cómo In ubicación l .J~an evoca por primera vez lo que sería, en el fin de In cura,
razonada del objeto n, a partir de esos cuatros conceptos, ha llevado 11 mús allá del plano de la identificación" (pág. 28 l), "aLravcsar el
a importa ntes consecuencias para el manejo de la trnnsferencia la 11111:1sma" (id.). Ese franqueamiento, puntual, a repetir sin duda,
función del deseo del analista y el fin de Ja cura. ' p11•l11c1rfa un efecto de desengaño" en cuanto a los esfuenos más
La transferencia, nos diceLacan, "sólo puede pensarse a partir nolol~ de la ética tradicional. Al entregar a Dios el objeto de su
del sujeto a quien se le supone el saber". Es1:1 suposición implica, u 1licio, el hombre religioso le deja la carga de la causa de su
no que el sujeto no pueda cerner engañar a su analism, sino que el d eo, y con ello cona su propio acceso a la verdad. "Su demanda
analis1:1 a quien él teme engañar pueda, él, equ1voc:arsc. Ahí, el t tá sometida al deseo supuesto de un Dios al que entonces hay
sujeto se detiene. Esm suern de infalibilicbd se traduce, por ejem· que sc<lucir".n Pero el análisis no es una religión. El sacrificio
plo, en el hecho de que un analizante atribuirá una intención 1 1111mtutivo del deseo no puede detenerse aUí. En efecto, "el deseo
una eventual equivocación de su analista:"¡ Usted lo hizo para poner• r11 ~lado puro(...) desemboca eo el sacrificio, propiamente dicho,
me a prueba!". Es que el sujeco ea análisis no puede reconocer ~u 11 1111 10 objeto de amor en su humana ternura" (pág. 283). Pero,
deseo sino en el nivel del deseo del Otro, "con lo que aparece e n
11 ~" lr.111"~$, 1/tsttllr111n1t: occión de separar 10$ p;lrpaclos, de •brir 10$ ojos.
[N ,¡, 11 1:1
20. P11"1 La:an, .el plano de clivajc no paS.'l caue p~iquc y Mun.1 Mno rrure ll l•"l"º' 1 ••:a11, • i... cicnci• y la verdad", EJmto111, México, Siglo XXI,
cuerpo ¡l<ln b etenC1• y cuerpo por• el goce. I R7,¡• lfl· Hit ,
60 lACANIAN" LOS SEMINARIOS 0€ IACQUCS lACAN 19•-4 197t
Problemas cruciales
del psicoanálisis
(1964-1965)
Daniel Kore1l y Nora Ma,-kmtm
depen~e de_ la del lenguaje, ya no será posible cvocur la cscruccura 1111 lo U11 for11uzri1111ts dtf inro1uamu, en el cual todas estas cues-
del su¡ero SUl abordar lo que constituye esra cscructura misma. 1ii111r, fueron deba odas larga y ampliamente.
_En esa obra, Chomsky considera las estructuras sintácticas con l•.nc recuerdo le permite introducir un pwiro esencial que da
la 1menc1ón de realizar una fonnalitacióo de la gramática que el rnno d ·I seminario que nos ocupa: se trarn de hacer las eleccio-
pueda csra bl~cer lo que es grama a cal y lo que no lo es, al menos nu, hs elecciones que conciernen a lo real. La elección de Lacan
en la lengua mglcsa. Ahora bien, al decir esto, subraya Lacan, el wmi~te en dejar abierco el espacio de una b.iancia, de una pérdida
a~tor se_confronc:i con la lengua, y se ve llevado a introducir UD2 c¡ue se produce ada vez que, en un discurso, el lenguaje inrenta
~ferencia suplemcn.mria esencW. En efecto, por el sesgo de "las il.i cuenta de sí mismo.
ideas. verdes (que) sm color duermen furios:imente", el lingüista Lsta pérdida m~rca la relación del significante con el sujeto y
a_mencano pretende introducir la distinción entre el orden g:r:una- JI! 11nia en las antípodas de toda filosoffa que vcndña a maquillar,
acal Yel or~en de la sig:ni~cacián o del sentido (m~1111illg). u 11'frazar el carácter originario y fundador de In pérdjda, de fa
Ahora b1en, Lacan valJda que una cadena significante, con c:il 1..h;1. Sostener de esta manera, siguiendo a Lacan, el discurso del
que sea gramatical, engendra siempre una sig:nific:ición. r :oanálisis implica la exclusión de cieno número de otras posi-
Se ~ta de_ cernir la función del sentido. Pero, para esto, es 1 ""'es respecto a lo real. Paro él, éstas deben ser denunciadas no
ne~esar10, segun Lacan, pasar por otra función: la del significante. ~olo como falsas sino también como ideológicas.
Le¡os de se~ neu'['l, est2 función compromete, induye neccsaria- E.~taS posiciones son n:prcsenrndas de manera ejemplar por
mencc al su~eto. Esta es la primera disyunción que Licnn introdu- 1'1:1get y Russell. Este último, al proponer su teoría de los tipos,
ce entre la lingüística y el psicoanálisis: el ling(iista se comprome- llega a elaborar Ja noción de "lenguaje-objeta", que Lacan recha-
te _resuel~mente en la vía de la formalita.ción, vía que excluye al z:i absoluramente. Laca.o desafía a su auditorio a encontrar "una
sn¡et~, mientras que para los psicoanalistas está excluido excluir •o!.1 conjunción de significantes que responda a ese concepro".•
al su¡eto, puesto que el sujeto es el punto central: sólo se trata de Fn cuanto a Piaget, considera el lenguaje como una simple herra-
él e~ la "praxis" ~icoanaütica. Si el lingüista o eJ lógico del Jen- 1111cnta al servicio de una función cuyo desarrollo seña inmanen
gu_a¡e pue.den saasf.icerse sólo con la dimensión del enunciado, el te: el pensamiento, la imeljgcncia. El lenguaje, pnrn el psicólogo
ps1co~nahsta no deberá 113rse más que de la enunciación. ginebrino, no sería otro cosa que un puro instrnmento al sel"\~cio
. Dicho de ~tra manera, aun cuando la cuestión de la fonnahu- e e la inceligcncia. Lacrn recoma a su modo el planceo de Piaget y
CIÓ~ en el psicoanálisis no está ausente en Lacan, él Ja diferencia se pregunta cómo ese instrumento puede ser tan inapropindo para
radrc:ilmcn.te de la que est:I en juego en la lógica. Asimismo, su- su fin, cómo, justamente, el lenguaje es lo que hace obsclculo a 13
b.raya_ las diferentes relaciones que estas disciplinas tienen con Ja mteligencia. Con sutileza e ironía, Lican sostiene que, si segui·
c~cnoa -la ~estión del su¡m1 define irreductiblemente In oposi- mos a Piagct, el pensamiento no sería otra cosa que la inteligencia
ción que designan estas lineas de partida-. buscando librarse de las dificultades que le impone el lenguaje.
Laan recuerda con firmeza que siempre promovió en el cen- La posición de Lacan es muy diferente. Consiste en afirmar
ero de la _experiencia analitica, la relación entre signific~me y sen- que nada nos es inteligible, como "m11ndo" o "realidad", sin q11c
tido, haciendo recaer el acento sobre el primer elemento, el sig:ru- el lenguaje haya inrroducido un corte en relación con lo reaL I· 1.
ficant~. A este respecto, remite a su texto "La instancia de Ja letra
en el inconsciente",• redactado justo ames del dictado del semi-
S.Jacquc1Locan.El1t1fl1nllri.o. Libro V, Lnsfttmu1d1111t1dtl111((1rm.-1nttr, HumM
A1m, P2id6<, 1999.
. ~d·~:ICqF.ucs Lacan, "La i~cia de la letn en el inconsc:1enrc o la ro>ón desde 6. Lección del 9 de diciembre de 1964. \ruch·e a los rnismo, u·11111no1 r11 l.1
l rtu , .•111101 /, Mb1co, Siglo XXI, 1985. lección del 1J de enero de l965.
U lACANIANA • lOS SEMINARIOS. DE JACOUES LACAN 196<-1979
PROIUMAS CRUOAU$ DEI. l'SICOANÁLISll
l~tamo a la significación, no se produce sin inrermediación entre "
el significante y el sujeto, pero implica la incroducción del refe- 1lura implica que la frase puede tener varias. Por lo tan111, J .uran
rente. Ahora bien, para Lacan, el referente es lo real, y un real subraya inmediatamente que esta "multi-pli-(signifi)c-Jc1c111" 110
ap:irentemcnte estrueturado. Sólo que si es estrucrurado, lo es por es efecto de sentido y se distingue netamente de éste.
el lenguaje. Dicho de otro modo, no podríamos saber nada de lo El efecto de sentido debe siruarse en el nivel <le lo que surge
real si el lengua¡e no fuera de la partida. romo efecto de sigruficación debajo de la barra. Pero en fa mc<li-
En lo que concierne a la función de la signific:icaón, la relación tl.t en que también hace aparecer lo que cst:í en el corazón de );,
del significante con el sujeto esci mediatizada por un referente. experiencia analítica: la dimensión del no sentido como .1qucllo
Lacan evoca los dos usos posibles del sig nifica nte en relación con ele lo rea l que resiste al orden significante.
el referente (lo real para él): el uso de la denornción y el uso de Ja Escas cuestiones, abordadas al principio del seminario y deja-
connotación. El uso de la denotación introduce -o, para ser más clJs en una especie de suspenso, toma n todo su relieve l1acia el fin
exactos, quiere introducir- una correspondencia biunívoca e in- cid mismo, después de que Lacan haya cornada fuertemente la
deleble entre el significante y el referente, miencras que la rela- <ontribución de la lógica. Él se refiere not:1ble y ;lbundamemente
ción de connotación incroduce UD elemento radicalmente dife- • las claborneioncs de Frege. Si la obra de c~te lógico tiene cal
rcme, el del concepto. Queda claro de qué lado se sitúa Laca.n. 11nport:1nc13 parn Lac:in es porque muestra~ "extenuación de la
Por una parte, él no deja de cricicar la relación •susmncialisc:a" rrfcrencia".• Lacan retoma a su manero la diferencia que Frege
con el lenguJ¡e. Esa identidad entre la palabra y la cosa -que está tstablccc entre Sí1111 y Btdmttmg,' y según la cual la 8tdt11t1mg
p1e11tnti: en las nociones de pensamienco e inteligencia de Piaget guJnlaría relación con UD referente cualquier.i, en tanto que ese
11 rn l.1 Axorindtica y en la teoría del metalenguaje de Russell-Ueva w1culo tenc.lería a desaparecer o, en todo c:iso, a no ir de suyo,
11 net1 1 ~n clctro, que existiría un punto <le Arquímedes a partir 11arl el Sim1, el sentido.
1lrl 111.111.1 uu'MICÍn del sentido y la verdad podrían decidirse. Por Lo que par;i Lacan está en juego es lo rea l, y m:ís espccífica-
lit 1.1 p.111~, 11·1ut•rda <1ue su seminario del año precedente bahía 111cnte lo rea l del sexo. ¿Cuál es el "referente" del sexo para el
11111•Mlll11 1·11 fii1ja1 lo, conceptos " rigurosos respecto a ningún ••11cto? Frcucl ya habla subrayado q11c nada en el inconsciente de-
1.-fi·1c1111·":1 011.1 111.1nc1J de decir que si lo real es cernido por el ·•¡¡na lo que es masculino y femenino. Lacan precisa hacia el fin
nrclrn sig111ficJ111c, <JllC<IJ aforudo por éste. ·Id •cminario que el sujeto del inconsciente es el "sujeto que evita
F\aa pcr~pn1iv-' llene sus consecuencias en la cuestión del sen- rl saber del sexo".Iº Es por esto que en el triángulo moebiano que
1ido. En dccto, la barra que Lacan coloca entre el significante yel presenta en las últimas lecciones, sitúa la Btdnmmg entre el sujeto
~igni fic:ailo no sólo marca el lugar de la ruprura cna-c esas dos ytl sexo, y el Sí1111 entre el saber y el sexo. Dicho de otro modo;,¡
nociones sino que indica también dónde se realizan los efectos de el sujeto produce una significación de su "posición subjeth·a" en
sentido. De allí surge un retomo crítico a las proposiciones de n unto ;1) sexo-que tiene una relación con su verdad .•. en el mb-
Chomsky: contrariamente a lo que éste pretende, Lac:in demues-
trll que debido a la borradura de la cuestión del referente -o de su
fijación como biunívoco, lo que definiría una frase como rolorlm N. l.<0cc1ón del 2de111nio de 1965.
1
gntn como una frase sin sentido-, el significado es flexible en > Ciuttlob Frege, ..Sens et dénotation", Étrtts"1git¡r1t1 tl philtJJ·opb1111rs. P11rí'i,
1111, 11.1g'I!. 102· 126. Subrayamos sin en100rgo que Lacnn t111clucr S111n c111t1t1
todos los sentidos. Lejos de carecer de significaciones, esa borra- 111hlo (Jt'11J), nucr1tr11~ que en general conscrvn Brdeu111ng en 11lc:1n.tn o c:vcn~
1
111.1h111·ntc 11111 :1dut:c coo10 significac.ióll (tignifir11t1on). (o:c;ce pruhlcnut dc.• th1th1l
1 1 ÍU( uuht·;ulo, At:.trti1d11n1cnt~1 por P~alippc: dt Roulhon en hl obr.1 f•ftt/' J,.
1
la función del sujeto que habla. Para Locan, decir que "Sócrates r.1 topológica le permite distmgwr, a diferencia de los círculos tic
es morul porque todos los hombres lo son" quiere decir esto: Fuler-que definen dos c-Jmpos equivalentes- lo que el silog1smn
que, para un sujeto, hay más de una manera de caer en b cuenta encubre. Luego, desmonm el silogismo utiliz.:indo el ocho intc-
de que es mortal. Dicho de otro modo, la universalidad en juego
en el enunciado del silogismo ("lodos los hombres son morta-
les") engendra una confusión de regiStrOS que enmascara la nan1- 11 . l.ct(:ir'tn dcl 4~ de 4l1cic:u1Lrr: de 196 \,
raleza irreducible de lo singular del sujeto, en este caso "Sócrates" 1l. l..cl l 1c\n 1h·1 JO 11" cn1·ru ele l 1>(, ..
AN1ANA LOS SllilNARIOS DE JACQU(S lACAN 19&4·1979 Pf\084.EMAS CRUCIALES DEL PSICOANALIS~ ¡1
rtor y sobre todo la boteU2 de Klein, que es la cstructur.1 topológiCJ 1DC'ln llJma una "falsa apariencia de sururaw.11 Ret0mando el
tic C>tc ~cminario. No retomaremos aquí in tXlmR> 12 demostra- tj(mplo de Frcud, Lac:in considera que lo esencial no reside en
ción muy detallada que h2ce Lacan. Contentémonos con señalar Ju mcunsrnnci3s del olvido, sino en el hecho de situar a qué agujero
el nervio de esa :trgumenación. ll<'\':1 ese nombre.
LaCJn muestra la heterogenei~d de los enunciados que com- l'nmeramentc ' Lacan recuerda el esclarecimiento al que había
. . .
ponen el silogismo a partir de la botella de Klein y m:ís particu- llegado en su seminario Las formaciones dtl intot11cm1u: el olvido
lamtente !oque se Uama "círculo a contrapelo", que define también '"'ci1:1 una mct!iforn sustitutiV1l, pero a diferencia del Wirz, no es
el círculo de reversión de la demanda entre el sujeto y el Otro. , , c,ulora de scnúdo. Luego, introduce una nueva idea: el olvido
Por el sesgo de la representación topológica y haciendo 1lc Freud se articul a nlrededor de la cuestión de su propia idcn-
"entender"" el silogismo en su hererogeneidad, Lacan puede dife- uficación con el I itrr del personaje médico a partir del cual él se
renciar el registro de la identificación y el de la demanda, algo "• sin darse cuenta que se mira desde su nombre propio: Sig-
que quedaba enmasc:irado en la supuest::1 linealidad del silogismo. rnund • Sig-norelli. Lacan capta así, en vivo, el intervalo entre el
Así Lacan hace surgir, claramente, lo que no puede quedar en- 111into en que se ve y el punto en se mira, a saber, el punto de
rnasc:irado bajo los oropeles de la universalidad: la singularidad <:\'2nescencia del traro unario por donde "eso que en la lengua no
del sujeto. puede tr:1ducirse más que por la f.tlta viene al ser"."
Lacan de este modo, por un viraje extraordinario, pone en
Señalemos ahora un segundo nivel de cucsrionamienco. A p:irrir c\'i1lencia la rel3ci6n entre la desap:irición del nombre, la atopía
de que se enuncia "Sócrates es mortal", "Sócrates" ¿es un nombre ele b mirada y la atopfo del significance: uno no puede verse allí
propio? ¿Qué es un nombre propio? Planteando esta cuestión 1lonJe se mir.t, como wt signific:ante no puede significarse a sí
esencial, Lacan retoma el debate iniciado en su seminario "La mismo. Punto de cone, punto ciego del sujeto en cuanto n la iden-
idcnuficación" que lo opone notablemente a lns posiciones de 11fic:ación con su propio deseo.
G;mlincr y Russell. En oposición a la idea de Russell, pa1"11 quien el
nomhrc pmpio es "a word for particular'', y contrn b de Gardiner, Paralelamente, Lacan introduce otra vía lógica que penni te
que consi~tc en 1cduc1r el notñbre propio a una diferencia sonora, 1 Jptar (3 relación entre el sujeto, la falt1, la identificación y la fun-
Lac:in propone que cl nombre propio es el significante en cst::1do q(m del nombre propio. Se trat:ll de la noción demmrn, articu lada
puro. De hecho, introduce la función del sujeto, ya que el nombre ron b teoría lógica de Frege (lógica del número cero, del uno y
propio sugiere en últim~ mst::1ncia la dimensión de la falta. Lacan lo drl sucesor).
demu~trn plen~mcnte con el célebre ejemplo freud12no del olvido El sujcro se instituye por una falt::1 y Lacan sitúa esa falta como
del nombre del pintor de los frescos de Orvieto, Signorelli. .in:ilog:i a la función del cero en el pens3mienco matemácico.'.1 El
&te e¡emplo, que inaugura Psi~11tOlogí11 Je la vuia rotidiana,,. su1cco es un efecto del significante y se manifies1:1 en un moVlllUen-
permite c:iptar el estatuto original del nombre propio, cuya función tu Je pulsación repetida, apareciendo y desapareciendo en los
es entonces, según Lacan, indicar la dimensión de la falta.
Sugestión, se podrfo decir, a contrario, en el sentido <le que el
nombre propio marca el agujero que él viene a obturar, lo que l S. Lccci6n del 6 de enero de l 965.
16. lbiil. • <l J
17 "Es Jo que no> provee este embriague del J sob!e el O, que nos viene . e
''· F.n fr::inri~, rtlftndrr, que tanlbién signjfic:a .. oír''. (N. de ltt T.) 1••1tnn en el <¡ue Frege entiende que se funda lo matemáoc•. Desde alU, se p<rtobc
illll' ti ~cr del SUJCtO es la sutura de una faltil" Oacqocs Ltc:in, "Rcsc"as de
14. Sigrnund Freud, PJicopatología á.t la vida rotitlinna, Obr·11sm11plrt111, t.
VI, Buenos Aires. Amorrortu, 1979. t11tc1'1.1n1..-, 1964-1968 .., (),711011-?1 nº 291 Ytrano de 1984).
71 LACANIANA · lOS SEMINARIOS OE IACQUES lACAN 196"1-1979
7)
significantes pueden, sin embargo, crear In ilusión puntual de col- rncsrión del tiempo lógico y de sus tres momentos: el m~tante de
mar '3 fulm. Así, la nominación, según Lacan, funciona como . r el tiempo de comprender, el momento de concluir. Estos
\C ' I' .
obturación imaginaria de la falta. Esto es lo que Lacan llama, ha- wrnpos se V:1J1 a inscribir en el dispositivo topo ogico. .
blando propiamente, nimra. Éste es el punto en el que La can más Si bien Lacan busa proponer u.na topología esencial a b P~
se aleja de Russell. El nombre propio no es el nombre" que designa 1 ,1coanalítica, remarca al mismo tiempo que coda rcpresc.ntacion
a cualquiera en una simple función de denotación. Es esencial- 1¡uc pueda darse en una tabla de dos din_iensiones es nccesanamcnte
mente el nombre propiamente dicho y comport:l una función de mexacta. Sin embargo, sostiene que cxiste una relación de a~alogla
19
col/nge: el nombre no viene a marcar unn especia l particularidad entre lo que la superficie rcpresent:i para nuesi:rn perce¡>C1~n Y ~I
sino una desgarradurn, para jusmmenre raparla, suturnrla. 2 º espacio donde ella funciona, que representa preC1Sa111cnre el espacio
ilcl Otro en ramo que lugar de la palabr:i. .
Para sitnir la distancia entre saber y verdad, a conunuación L.1can Laan no desarrolla esto> tiempos de manera d~ecta. E.n c:im-
opcrn una torsión suplement:1ria e interpela, una vez más, a este luo, in1cnta señalar, con la ayuda de esca superficie, los ucmpos
interlocutor privilegiado, D=ncs. Éste ve, señala Lacan, la marcha mis importantes de la experiencia, que reduce 2 rre.s elementos
no de la \'Crdad sino de la ccnidumbre. La verdad se descarga sobre fondamentales: identificación, demanda, rransferenc1a.
el Otro, es decir Dios, sobre el arbitraje divino, y es expedida en la
seguridad de las verdades eternas: por alú, entonces, progresa la
DEMANDA TRANSFERENCIA. IDENTIFICACIÓN
!
surgimiento de la cstrucrnrn inconsciente se encuencr:i esca forma
de referencia a un materialismo radical cuyo soporte no es "la nlitrllllÓn no nene ninguna relación con la necesidad sino con
biología ~tno el cuerpo".'' teniendo el cuidado de precisar que se Li demanda, y finalmente, en tercer lu¡,'llr, h1 r1JStm<iú11 concierne
tr~t" del cuerpo como aparaco libidinal. 1rectamente a la rel•c1ón del sujeto con el sc.~o. Para abordar
La segunda forma de identificación está ligada al objeto de wdo lo cual es evidentemente necesario que la frustración no sea
1
amor en sí y Lae11n sostiene que In posibilidad de la identificación entendida como frustración de una necesidad.
con el ob¡eto de amor se introduce por el lado de la frustración Para Lacan, la aruculación de la cast:raoón con la frnst:ración
inherente a la demanda de nmor. En csco, sigue a Freud, que habla requiere que se plantee el cstanno del sujeto como .°'.I: Lncan
de la alternancia entre el ser y el tener: al no tener al objeto de su r :cuerda que Clito constituye el aislamiento de la posicion ~e la
elección, el sujeto pasa a serlo. privación, ya evocada por ~.Jones, cuando ~~ce t~~enoga el cmgma
La tercera fonna de idcnti6cación es la identificación histérica, ,1 la relación <le la fenurudad con la func1on fohca
de alguna manera directa, de de:;coa deseo, ªcomunicación direet.1 L~can remtroduce por e;1e rodeo b necesidad, que acabamfü
con deseo del Otro".11 de explicitar, de la localización lógica de la función del cero Y ~-el
Lacan se detiene sobre esta forma para mostrar el carácter uno. f.I sujeto como tal es unpen!llble fuera de esta pulS3cion
enigmático de la noción de identificación en Frcud. Por lo tamo, ligun1cla por la oscilac16n del cero al uno. La repetición (uno, Y uno.
sus apreciaciones aparecerán perfectamente justificadas ... a uno más) constituye la opcr•ción en la que se engendra, pmnern
condición de articularlas bien, tal como él quiere hacerlo. Sobre como presencia de b falta, el su¡em. F.n la medida en que el su1cto
este punto, Lacan desarrolla una crítica m:ís precis.~ de este desvío •e insuura, se soporta corno ese cero que C<rcce de colmal\litnto,
de la experiencia analítica que sobrevino después de Frcud, desvío puede jug3~C Ja simetría de lo que se establece, y que queda
que consiste una exploración m:ís y m:ís clctalladn de la frustración, ~nigm:íáco para Freutl, entre el "objeto que puede rencr y el 11h1c1u
entendida como la frustración de una necesidad-" Concluye que, que puede ser~-" La c:cpericncia muestra qu7_'a dcm~nd.1 ª" KI
<Í tc1tlo el análisi.~ se de.~arrolla en este nivel, su consecuencia será
1ucga simplemente en el plano de la frustrac1on que 11ul11n· " l.1
30. Nótese q11c .LaC'Jn abordó .esca "tripartición• repetidos veces, cspc·
cialmente c:n los semuunos ÚI rt'4<i4n dt objtto. LAtform11c11mt1 Jtl innmsrimtt 12. LCC<'•6n del 9 de junio de 1965.
"FJ deseo y su 1nttrpreaci6n" y ÚI 1111gusriJ. ' 13 . .""'1, en fnncés, sigruJico "<emido". [1'. de I> T.)
31. Lttaón del 7 deabnlydel S dcma}'Odc 1965. H l .ccrnln del 19 de "'">" de 1965.
PR06lEMAS CRUCl•.US OEl PSICOANÁLISIS
8l LACANIANA. LOS \[MINMIOS DE JACQUH l ACAN 1961-1979
11 1pólogo trata de ltn jtugo. El análisis es, de cierta m.mcn1,
altthtia, como revela<:tón. Pero se trata de una re\•elación muy 1111111cgo, pero de un género un poco especial. El j\1cgo del nruh,1~.
particular: Ja que lleva al sujeto ni encuentro con lo real del sexo. 11lvuirtase, se instituye con una regla que excluye el sexo en t.tntu
Es el punro en el que la experiencia y la pr:íctica del análisis encuen- ptm' o de acceso imposible (en la medida en que lo real se tldin•
tr.Ul su límite en la forma de lo imposible. La verdad ha de decirse 1iumo imposible). Planteado así, el juego se reduce a la rclil,ii111
sobre el sexo; sólo que esta verdad es imposible de decir y esrn dd <u¡eto con el saber, y esta relación no puede tener más que un
imposibilidad retoma como una falla en el saber. Falli que, en M•lo sentido, el de la e:¡pcra. El sujero espera ¿qué? Ninguna otra
Descartes, deviene certeza de saber y signo de esta fulta de saber, rns;1, según Lacan, mns que su lugar en el saber, y la pasión del
lo que del sexo se reht'.isa al saber. Es por esto que todo saber "se ¡ucgo surge del hecho de que frente al sujeto supucsro saber, el
instituye en un horror insuperable a la mirada de ese lugar donde 5u¡cto se instituye como aquel que puede, que va a saber.
se aloja el secreto del sexo".'l El juego se instituye a partir del hecho de que yo puedo saher
e1l¡:o, en tanto que lo que ha sido excluido del saber como impo,;ible,
·I ~xo, deviene la realidad de lo que esti en juego. Pero La_can
t¡wcrc llegarn esto: si el psicoanálisis es un juego, si tiene codas las
(;::\ '"ractcrísticas de éste )':I que en su interior se sigue una regla,
~monees se trat:t de sahcr cómo el analisu se comporta en este
V 111cgo, de qué mnnern debe ocupar su posición ei1 este juego a fin de
wmlucírlo de una manera correcta. En un análisis hay, en apa-
Sujeto Sao ncncia, dos jugadores cuya rel~dón es un malentendido, ya que
in1posiblc 11110 de los dos ocupa el lugar del sujero supucslo saber, mic1 uras
certeu de lo
imposible de saber ¡ne "el sujeto no se aisla sino rcur:indosc de toda sospecha de
1abcr". Esta relación falaz. es necesaria: el sujeto ~upuesto saber
csi:i ahí para hacer la conjunción del polo del sujeto con el polo
,1c1 saber, para llevarlo a constatar que en el nivel del saber, no ~e
supone sujeto, puesto que es mconscicmc.
Así se articulan estos eres polos que Lacan relaciona en su Esta metMor.1 permite que L:1c:m muestre unn vez m:is la
esquema: Ji,wncia entre su posición y las otras comentes analíticas. F.vo-
- el saber inconsciente, saber agujereado en la medida en que <ando el juego de Pasc1l o las estrategias de la teoría de los juegos
sabe todo, menos la folla que lo determina; de van Neumann, en las que los sujetos maximizan sus chances de
- el sujeto repleg:ido en las únicas certidumbres extraídas de rq .1ru~ la apuesta de una mancr.i >atisf.tctoría para los dos, l.~c:m
sus fantasmas: no querer saber nada de ellos y no querer saber de 111ch•.1 que esro hará ercer que suJCto y saher pueden volver .1 reu-
su imposibilidad; nirse y hacer alianza común. Esto es lo que se llama "alian1.:i m11
- el sexo como el lugar en el que se sitúa esta verdad imposible la parte sana del yow o bien "eogañémonos junros". Lacan in~istc
de saber y, además, de la que nada se quiere saber. Lacan introduce l.i úmca manera de llegar a una identificación del s-ujeto i111le-
u11 verdadero apólogo con el fin de subrayar la radícalidad de la icnnin;1do del inconsciente con el sujeto supuesto s.tbcr (lu •111c
cuestión.
16 "''"
JS. IbiJ.
LACANl>.N... ·LOS SlMINARIOS. OE JACQUES LA.CAN 1,64.1979 n
quiere decir: el sujeto del engaño) consiste en no olvidar al tercer con la creencia o en relación con 11 certidumbre. Están J.os •JUl'!
jugador en el combate, a saber, la diferencia seiual. crcrn que la cosa sabe, pero justamente creen porque no cst.ín se•
La posición correcta del analista se desprende entonces, para guros: son los neuróticos. Y c:.tán los que no creen en el 0110
Lacan, de esm puesta en perspectiva. En relación con la realidad l"'111ue están seguros de la cosa, csrnn segu ros que In cos;1 s.1lic:
scrual, el sujeto se constiruye siempre a partir de su propio juego, 11111 los psicóticos.
que se resume en la división entre el sujeto y el saber. El sujero no Comoquiera que sea, si el deseo del :malist:a debe sostenerse
quiere saber nada de lo que, a un tiempo, es su causa y su puesra en tu el ¡iunto preciso de una complicidad abierta a la sor¡iresa, ese
juego, a s.iber, el f.mmsma. Desde ese punro de •ist<l, el analism no m J el punto de lo incspcrndo en el campo de Ja espera. lncspcrado
puede en ningún caso contcnta~e con una rcparcición equiutiva que no es el peligro, precisa Lacan, ya que uno se prepara para lu
de la apuesta: es un juego en el que no luy lug:ir parn soluciones lnop<:rado. Lo inesperado, para decirlo con las palabras de Lacan,
de común acuerdo. Pero, prcci<a Lacan, si el sujeto c:.ú a la defen- ~una "espera ya esperada", cuyo modelo topológico será el del
siva, no lo esrá conrra el orro jugador, el analista, sino contra la "' hn mterior, puesto que este inesperado se revela como siendo
realidad sexual. Esto define el rol del analista digno de ~'Se nombre: y.1esperado pero sólo cuando sobreviene.
llegar a un resulmdo, uerivnr de esta defensa una forma siempre
m:ís pura, y éste es el deseo del analista en la operación. Locan Volvamos una última vez, a fin de completar el recorrido, sobre
considera que conducir al paciente a su fantasma original "es no IJ 1rfada que nos propone Lacan.
enseñarle nada, es aprender de él cómo hacer"."
El an2lisis se verifica porque se muesll':I en una superposición
estricta con el deseo del Otro (superposición entendida como la
superposición de las superficies en el ocho interior). l'o'o es que al
J>acientc le sea dicmdo el deseo del analista, ya que éste ~e cons-
tituye en un espacio virrunl, del lado del Otro, y se hace deseo del
analizante.
En este lugar ocupado por el analista se sitúo, según Lacan, "el
punto del deseo en el polo opuesto donde se aloja In realidad del / \
~exo" 11 (véase el esquema representado en la p:íg. 82).
Si el analista Uega a sostcncr<>e en este lugar, puede ocurrir que
el sujeto Uegue a una wtraición del pudor~ en relación con Ja reali-
dad del se.Yo: a confrontarse a los límites del significante en cuanto
al sexo. El saber inconsciente se refugia en un derecho que Lacan, La trínda sujeto-saber-sexo es redoblada por una seguntb en I~
evocando de modo poético las "vías antiguas", denomina "un nial Lac:in introduce tres tén11inos: Si1111 (sentido), Zw1111g(c111pu1e)
derecho al pudor original"19 para evocar el umbral del secreto del )' 1l;1brbeit (verdad). Por intermedio de Zwa11g, La can pasa a Zturi •
sexo infranqueable para el sujeto. Ést; es el punto de suspensión F111.:1Z1chmg(división); se establece una equivalencia entre S['11/r1111g
de las úlrimas posiciones subjetivas. Esrns se di•'iuen en relación y /·111:.wmmg. Sirua Zwangentre el sujeto y el saber, Si1111 cn1rc rl
Glicr )'el sexo, Wabrbm entre el sujeto y el sexo. Estas rd.1noncs
17. fb1J. ddmcn lo que Lacan considera el estatuto del sujeto. l~n particular
lR /h,J 1 1•mir del Zwa11g en relación con el saber: lo 1¡11c se llama u11
39. LCCCJón del 19 de n1ayo de 1965. 1111111111a, es decir, cstJ relatic'm particular que mantiene t11<l(I 1111• M
86 LACAN!ANA ·LOS SEMINARIOS DE JACOUES LACAN 196" 1,79
PR08lEMAS CRUOAlf5 OEL PSICOANÁUSIS 87
A/nin Le111osof
rrolla en todos los dominios tanto de la vida como de la muerte a 11 1 l.1 en espejo con la ciencia denominada tal-, en su existcnt1¡
un riano exponencial' nmu ·n su estructura, es ~cocxcensiva de esta presencia del su1c
Aquí de manera más profunda y en la línea de su enseñam.a de t 11l1• l.1 ciencia". Es, dice, primeramente como sujeto de la cic11
los dos años preceden res, La can identifica el sujeto de la ciencia 111 c¡ue se dirige al psicoanalisra, en canto que "la demanda c~t.1
con el sujeto de Descartes. Sabemos que después de Koyré, L.1an 1111 :1•b a la ciencia". Esta proposición puede sorprender. El p .i-
considera a Desc:ines como fundador del lazo histórico íntimo ~lism no es, de acuerdo con la rcprcscmación social común,
existente entre el establecimiento del rogito cartesiano y el naci- l 111," legítimo abanderado de 13 ciencia. Su ejercicio es, en suma,
miento de Ja ciencia moderna. Subraya que la irrupción de esra l'"LO rcconoci<lo como participe del cimpo de lo científico y re-
úlnma conmueve la relación entre el saber y la verdad y engendra 1• nL~ para muchos m:ís bien una forma comempor:ínea de re-
la nueva concepción del su¡ct0, no sm record.ar cómo, por contra- 11 1011, de suge:.tión, incluso de adoctrinamiento. (LJ psiquiatría
posición, este último contribuye a sostener esa relación. Descar- l•111ln¡!ica, si bien basrame joven en J9ó6, no parecía ya un lugar
tes había dejado la cuestión de la verdad en manos de Dios, la 11 • .11lccuado para recibir esta demanda de ciencia' Para com-
ciencia no tenía que preocuparse y podía desde allí desarrollar 1rt"mfcr esta proposición de Lacan, es necesario entonces superar
infinitamente su saber. Sin embargo, Lacan ya lo había indicado, ¡1rimer nivel.
el cogito no funda la conciencia: revela la división del sujeto. Ha- Su tesis se verifica en términos de estrucrura . Si el analista n
bía propuesto la copologfo de ese sujeto, que e~ también la de q111c11 uno se dirige es uno de los nombres del sujeto de la ciencia,
aquella conmoción: la estructura del sujeto es una banda de b 1lc :nanda dingida al analisra es una demanda de saber. El neu-
Moebius pues verdad y saber, irreductibles uno al otro, esc.ín li- wurn moderno, !Tuco del "puro simbólico", quiere comprender
gntlos moebianamente. No hay verdad sin saber y no hay saber l•>11uc le pasa, lo que lo angustia, por qué sus clavijas no entran en
sin verdad, y sin embargo jamás uno y otro escin juncos. El sujeto 11 pc1¡ueños agujeritos. No viene a buscar la sabiduría, el Nirva-
de la ciencia es mocbiano. 11;1, el descmbrujamiento o el perdón, por lo menos en la medida
Este sujeto es asw1co del analista: desde 1964 Lncan no dejó de en 1¡uc su demanda pernrnnece sostenida por el deseo de un
mostrar la proximidad del sujeto c;mcsiano y del sujeto del in- ~11.1lisca. Más fündamenralmence, el psiconnalisra es, en esca d1
consciente freudiano, uno y orro se afirman no como sujcco del rctaón y en esca demanda, su¡ero de 1:1 ciencia en la medida en
conocun.iento smo como sujeto de b ccrrcza, y esto a partir de b 11uc él se acepte como objeto de la transferencia, como sujeto su·
duda. Pero, ¿es sólo por esrns razones que el sujeto de ln ciencia 1mcsto saber la verdad sobre el sexo.
interesa al analista? S<ibre la base de esta relación estructural entre verdad~· saher,
F..ste seminario introduce un elemento nuevo F.l psicoanálisis l.11can considera el psicoan:ífüis como ~hijo de la ciencia.". Peto
es, para Lacan, uno de los nombres del sujeto de b ciencia.' Esto uhraya que es un niño extrañamente rebelde cuya posición, a lo~
va a ser especial menee explicado durante la lección del 12 de ene- •11os de este universo de la ciencia, es absolutamente singular, )
ro de 1966. L:1 "neurosis moderna" -como a Lacan le gusta de- 0111 según, al menos, dos modalidades.
Por una parte, es1e heredero sub\iene la relación entre ser el
vnd<1d y ser de saber tal como ha funcionado clásicamente rn 1 I
6. Est:il t~i,, ¡')Crccptiblt: en tlistintos 1no1ncncos del sc1n1nario. cu:ando L:acan 1lomi11io del conocimiento. En efecto, el psicoanálisis 1111 en• u 11
h.abl:a de l:a ªncuro-.is modcm:a .., secl rttom:1JJ ulccrionncnrc, especialmente Ir.a b verdad del lado del sujeto supuesto saber, smn como sale 11
dur.ante el año que COl1S3gn.r:í a El Trt'ml dd pritrNmi/isiJ.
7. Evidcntc1nc:ntc el psiC(JQ.nihs.1s no Cj l.i única .6gura que cnt:1m2 tl:)tC ·~u
,1., 1lc b boca, de la angustia, del síntoma de aquel <)11•" $C pr 1111
Jt'lo 1k~ la CJt'lltia" y e1\ la lección inaugural Lncin ptecisa c":a función a partir de. ~orno no sabiendo, no comprendiendo. Con el p~n 11.1111li 1 , J 1
cicn1.:las cfctdv-.is. ¡i.1l.1hra es dada al neurótico como represenrant le la I• 1.I 111
,.. lACANIANA · lOS SCMINAIUOS OE. JACQUE~ LACAN 1964.f971
1 1110 nces, para Lacan, el psicc, n:ílisis encuenrrn su lugnr sólo
Por ot:r:i parte, el psicoanálisis inrecroga aquello que su ascen- (ll l 1..•nto -e
-
ti""
o-
de manera ese aal a esta íncompletud ;
tic. lo
dencia oculta. Rcimroduce en el campo de la ciencia Ja pregunia .t111 h<ihco, interrogii a este resto rreducible,_ y esto en rem~os
por la verdad, que la ciencia, para poder fundarse, había desplau-
1¡0 \·miad, de palabrn y de goce, en el seno mismo del movumen·
do hacia el plano divíno. 10 ,1 b ciencia.
La originalidad del estatuto del psicoanálisis "reside en ese
poder absolutamente ínscnsato" dcscinado a una manifestación 1.a teoría psicoanalítica debe, es el son de Lacan de este :ltiO,
de la palabra y el lenguaje, en tanto se lle~ a cabo en la ciencia 1, .uestaruto en ote punto derccncucncrocoo la verdad, don(~C
cuando la ciencia precisamente la excluye por esrrucrura para el . ni:irca la causa de h división del sujeto. Y, por lo mismo, exph-
sujeto de la ciencia. En el mismo lugar donde sus hiancias, sus ,, d fracaso del esfueno de formalización. Ese proyecto define
aberturas, sus agujeros se manifiestan y a los que se intcntn sutu- ti nb¡eto de este seminario en la medida en que apunta al lugar de
rar científicamente incerviene "el dominio del engaiio que es aquel hueco del objeto del psicoanálisis. .
en el cual, la verdad, como tal, habla". Es por esto que, retomando Subrayemos no sólo el carácter paradójico de la_ operación
en este punto el gran tema del cstrucrural1smo, no existe, según l•raruana que consiste en rcinscribir en el c:amJX:> c1e."ófico lo 1
Lac:an, la ciencia del Hombre.• , c de ta verdad padece de la constitución de La ~1encia moder- 1
111
Señalemos con él que si el sujeto es el correlato de la ciencia, es 1 , sino umbién la potencia segunda de la paradoja en ~neo que
un correlato absolutamente antínómico a ella. Hay un resto de la rl objeto en cuestión no solamente reimroduce la cuesaón de 13
división del sujeto. La ciencia no puede reabsorberlo completa· verdad allí donde ella no puede ser m:ls que oblicerada, sino que 1
mente y Lacan Uega a proponer, a propósito de este resto, la rni6n ~·lem:ís no existe m:ís que como falta. E.s por lo que Lacan, tra-
del teorema de incompletud de Géidel sobre los límites del método undo de evitar toda reificación imaginaria, habla de la ~nc1ón
a.<iomárico, su imposibilidad de dcmoscr:u- la consistencia lógica
interna de un sistema deductivo-como el de la aritmética-; dicho
111 ,¡~ que de Jo que sería una ilt1soria esencia de ese ob¡7to, en
unto qt1e este último sería otra cosa que una falta, un agu¡ero e_n
de otro modo, la imposibilidad de todo sistema formal de las mate- d campo de la represencació11. ,
máticas de poder ser :1 la vc-1. no contradictorio y completo.• Reinterpretando a Descartes, La can prosigue con Freud. En
la duda, alü donde Freud reconoce el punt~ de em~rgencia de
8. fJ apom: del Lacan "lúpcr=u:runliu:a" c:n el scntidodcJ-C.Milnercs el de esta falb del sujeto que lo divide y que se llama_u~consc1cnte, Lac_an
fundar •lli llfl sujeto. Vl..sc )<"aJl-O•ude MUncr, ú Piripk 11111'tJlrOJ, p.,,¡.- Seuí~ 1
(escubre la suStancia del objeto cenml, que divide el ser del ~gito.
2002.
9. ¿ l!s ncces•riQ subr:iyar que Lacan interpreta a COdei> Tal como Ju p~i
F.n el punto de surora, de cierre no percibido en el "y~ ~1en~
sa J:i.ako Hintikb en su obra sobre GOOd (On GoJrl, Bclmon1, W.d.,,·orth luego yo soy", Lacan invita a "reconsmur cod~ la parte elidida de
Publishmg, 2000). el <eomna de inoomplctud no dcmuestn que "exiscen en lo que se abre", a "reabrir la hiancia", 1º que s1ein~re surge como
2ri1Jllétia (o en cu;ilquier ouo sistmu) prupositiooei. verdader», pero absolu-
Luncntc indcmostnblcs. Muesrra 1n5s bien que codas las propmicioncs vcrd2-
un tropiezo, una interferencia, un fracaso en el d15curso hwnano
t.ltr.is tic l3 'lrion.!ria no pueden .ser dcm0$'tn.das en un solo y Unico sistcm2 en rnnro se considern que éste es coherente. En este pu~ro hay
íonn:.I d1do•, con un corolario rnayor: que f:1 no contr:adicd6n de un:a teoría, oo ·,¡ue buscar la función del objeto a, que sostiene como d1v11lido
cuntr~dietonJ, ax.ionuw.ad:a y mfic:icntt.rmruc podtíOS2i, no es dcmosmblc en . en e1dº1scurso. 11
r1 lt.ngu.ije de la teoría en cuestión. Pero, p;ir:a COdcl, esto no sign1fici que b no todo lo que se realiza del su¡eto
1·11ntr:11licci6n no~~ dcmoStr.ablc., cspccialmcnie en un mcalcngu:a,e. :a menM
tiur. conM> 1.acan. que es lnahsa y no n1<1tcmtitico, se sostenga la inex.isteocia
41tl nuuno, p, querer ser ciego frente a esta distancia fund.tm<!:nul ~o nom-
l>t• '' "' dnco .Id analista· y al aporte propio de Lacan consumido por s11 desp<:- t O. l..ccei6n del 9 de febrero de 1966.
1' ,1.. 111l1¡e11111, es <ttJt:rcr '(Utuf'3r ju)t:1mcntc la cuestión y ncguta, Ucg:ar a Ju 11. Tbtd.
1 11 td olóst('t11 prttcnchdJmrncc e1cntificas cc>mo las de Suk:.1 y Bricn•Ont.
LACANIANA ·LOS SEMINARIOS OE jACOUES LACA'I " ' ' "7t a O~O DEL PSICOANÁUSIS 97
Así, siguiendo a Freud, Lacan subraya, a partir de la cxpcrien· ¡1osk1ón del matemático y la del analma, y recuerda que este \tlti·
cin del incooscicnce, que en el nivel de este "empalme extraño" 1110 r;impoco dice de qué habla. No solamente porque no sabe nada
entre ser de saber y ser de verdad, cuando eso renquea, la verdad de dio, precisa Lacan, sino también porque no quiere saberlo: no
habla." Proposición esencial que Lacan había enunciado anos i¡uiere saber lo que con<nruye el objeto pues s:tbe que no puede, que
atrás, pero que vuelve a poner aquí a cnbajar: la verdad no se Qtc objeto, consntuido por b represión onginana, es irrepn..-.;cncable.
funda sino en que ella habla y no tiene ocro medio de hacerlo. En este punto el deseo del :malisca encucntr:l su saber."
Ella "se instaura como ficción primitiva", u antes de ser verdadera A cst:i posición, I~1can opone otra,~ la que se atienen muchos
o fulsa. Lnposible eh minar esm dimensión del lugar del Otro donde malistas, la de b'Ozar de l.1 verd;1d, que designa com~ "pulsión
todo lo que se articula como palabra se planrea primero como rpistcmológica" 17 o m1111r6nicamentc "plut0mítica".11 Est:i rcprc-
verdad, incluso la mentira. Parn el psicoanálisis, la verdad yn no es .«nu el saber como goce de la verdad, lo que entraña no s61o la
convocada como problemática en b emergencia del est;ituto de la opacidad en el abordaje cicnófico del oh¡cto en juego, sino inclu-
ciencia, pero incita a "venir ella misma a pleitear su ciu!<3 al estra· 5., b posición masoqui>ta del :malista que se hace el héroe. La
do, a plantear ella misma el problema de su enigma"." wrdad que se ofrece como goce esr.i prohibida como tal al ser
Se podría creer que al reconocer el objeto /1 como objeto del h:1blante. Notemos 11ue este goce plutomírico de la venl:ul no se
psicoanálisis, el saber que se desprende de él lo instiruye como noca sin lo que se podría designar como goce de la cJstración. Si
ciencia. Lacan se opone formalmente a una derjvación tal de su el psicoanalist:.1 no es el fiel servidor de l.1 verdad, es que "clb se
e laboración. "Yo, In verdad, hablo" significa que no hay .u. -\'Ca s1~ misma.
• " 1'1
.
metalenguaje. En el corazón de la ilivisión subjetiv;¡ y engendran·
do el deseo de ~ber, el objeto a es irreprcsenable. Ningún len- De este modo, p2r1 Lacan, la ~-i~-ncia no quiere saber nada de
guaje puede decir lo verdadero de lo verdadero. •13 verdad como causa•, y en este punto idcm.ifica la posición 1le cst:1
Igualmente, Lacan subraYll firmemente que si el analista no 11lti111a con la Vcromfimg freudiana. Srn embargo, seii.1fa, la cucs·
puede sino prestarse al sujeto supuesto saber, sin embargo, se su- 1ion ele la verdad no deja ele retornar, pero cmonces es úmcamcn-
pone que sabe todo, salvo lo que tiene que ver con In verdnd de su 1c :1 título de causa formal, del valor de verdad rot:ilmentc cons-
paciente, en el sentido de no querer saber nada al respecto. En· 1nudo en la escritura simbólica. éQué oporta aquí c:l psicoan.ilis1s?
tonces, nueV3 pandoja, es esro lo que la salv:L Es por cst:i actirud (jue la verdad del v.ilor de' erdad no es otro que (11), ·,·alor ab:;olu-
"pirrónia"11 que debe ser la del analista, que ahí toda,ia él es 10" en la ilimcmión Jcl deseo. Má~ fmubmenmlmente, que nad:i
sujeto de la ciencia, retomando por este gesto ético la actirud fun- en el mundo de los ob¡eros podría >Cr retenido como valor, si no
damenrol de aquélla. 1micr.1 la función del objeto"· Esu :irt írnbción entre valor y vcr-
Lacan lo demuestra con un ejemplo ilustrativo. Recordando 1).ul es admirablemente 1,nic1d:1 durante el seminario ccrr.1do de l 19
las palabras de un amigo matemático que le habfa confiado con 1lc ~ncro de 1966, en el curso del cua 1 Thércse Parisot aborda la
sutileza: "En la matem:ítica, no se dice de qué se habla, simple- pr..blemáoc:i de Narciso en la Dtt·m11 w11ttli11 de Dantc.N
meme se habla", Lacan muestra la diferencia cstrucrurnl entre la
16. Vé>se nou 9 ¡>lg. 94
11. Es~ "cinp•lme <Xtnño" designa ¡nra Lann cl lug>r de la suturo, efec· 17. Lccci6n del 1, Sy IS <le diciembre Je 1965.
ruad• al precio de lo tor<ión de Mocbius del sujeto de lo cieaci• (lc:cc:i6n del 12 1~. Lección del l de feb rero de 1966.
de enero de 1966). 111 Lección del 22 de 1liciemhre de 1965.
13. Lección del 12 de enero de 1966. 20: SubroyJ1no~ en t''IC tr.3b:lJO not~1hlc opcci:ll~n~nce el ;tnoili'i'_ •~e, 1.. l-n;"
14. Lección del 12 de enero de 1966. ue11pon1lcni:-1J entre 111onc~l f:ils:a ~ po1L:ibr;a µcrvcruJ:a en el c;anlO XXX 1lc ¡.:¡
15. Lección 1lcl 2 de febrero de 1966. 1efimr4.
.. lACAr- ·ANA LOS SfMINARIOS 0( JACQUES l,._CAN 11&• 1979 ,..
Pero ¿qué hay de la religión r la magia, pr.íccicas que implican EL FANTASMA ESCÓPICO
1¡,'llJlmcnrc saber y verdad? Con elegancia, Lac:m prosigue el
cnrramado del mecanismo freudiano de IJ ncg-Jcividad y de las F n b lección del 4 de marzo de 196-t de su seminario los c-11arro
cJusas aristotélicas para responder a csu interrog-ación. En la m1up1os fimda'1Jtntalu dd pnroanJÍ/í.sis, Lacan había definido
magia, la verdad como causa aparece en su aspecto de causa efi- pr cc1samen tc el objeto a, en su inasible definición: "El objeto a es
ciente. El saber alü se caracteriza por disimularse como tal: .1lgo de lo cual el sujeto, p:ira constituirse, se separó como órgano.
Vi:rJ,.,mgrmg. En la religión, la verdad es remitida a fine<i escatoló- V;ile corno símbolo de la falta, es decir, del falo, no en tanto mi,
gicos. No apnrece como causa final, aplazada hasta un juicio del fin sino en tanto hace falra".13 Ya había precisado que (11) se presenta
del mundo. Lncan interpreta entonces la rcvel:ición corno unn mmo la puestn en juego en la relación delsu¡cto con el Otro según
ncgnción, Ve111eimmg, de la verdad como cnusn, :1 saber, que ella cuatro modalidades de pérdida de objeto. Cuatro mo<l.1!idades de
niega lo que autoriza al sujeto a tomarse como parte interesada. inscripción corporal, que había polarizado de .1 tlo,, según la
SeñJ la que la religión, como el psicoanllisis, impone a la ciencia la vertiente de la demanda o según la del deseo: el st"no y el escíbalo
pregunta por la verdad, pero a diferencia de éste, lo hace a partir de ronstiruycn rcspectiv:uneme el objeto de la denuml.i hecha al Otro
un punto radic:ilmente fuera de la ciencia. Por otra parce, Lac:in no y el objeto de la demanda que viene del Otro, y la mirada y b voz
se priv:i de criticar los sistemas 6Josófico-religiosas que amalg:i- son reconocidos como los objetos del deseo dirigido al Otro y del
rnan, con mayor o menor humanismo, s;¡bcr científico y verdad <ieseo 1¡uc emana del Otro.
rC\·cla1fa, y en los cuales no ve más que intentos de mistificación. Esta polari1,ación, frecuentemente recordada por Lacan, puede
¿Y justamente en el psicoanálisis? Considerando que Aristóteles ser intcrrog:ida. Si la oposición demanda/deseo es fácilmente
ha frac;1<ado cor:almente en la cuestión tic la causa material en 11ncligiblc," al haber subrayado Lacan siempre la realidad y las
1:11110 <]lle b m;neria no aparece en esta úluma más que como puestas fundamentales, ¿la diferenciación es tambicn pertinente
drn1cn10 purnmente pasivo, Lacan subraya In impor~1ncin de la en lo ciue concierne a los objetos que les corresponden respccriva-
l'•llfS,11na~crral en ramo que la define como ln fonna de incidencia 111cmc? L.1 mirada, por ejemplo, ¿es sólo un objclO de deseo y no
1lcl ~1¡¡mfa:1111c. Significante considerado como luS"rtcnieme de puede ser reconocida como objeto de la demanda? ¿Cómo se
l.1 rcprc::;rn1.1ci<i11 clcl objcro foltantc y dcílnido como actuando en comprende, entonces, el movimiento del 111/11111 ante el espejo que
prin~ipio scp.1r-.1do de su significación. A.sí, el falo "se imprime" se vuelve hacia la madre? .Movimiento en el que la mir.ida de la
sobre el sujcw sin poder ser el signo que represente el sexo madre no es simplemente demandada sino que es demandada en
biológico del Jl'"tmain. "No es nada má< que ese punto de falt:1 bu,c1 de rcconocimicnco en y por la mirada del níño. Incluso,
que indica en el sujeto"." ¿cómo pensar que el seno, en tanto objeto erótico, pro,·endría del
F.s este "gnomo que el sujeto erige para designnlo a toda hora campo de la demanda y sería excluido del campo del deseo? Para
como el punto de verdad"," en relación con el cual ucan ordena, mtentar responder a escas cuestiones y capear por qué Lacan afimu
y más aún al año siguiente, el "círculo" de los cuatro objetos a,
que nos llev:i ahora al siguiente paso del seminario: primeramente
el fantasma en rnnto que introduce la articulación entre (n)y (-<¡>) 23. J.u;l1ucs. l ..acan. EJ1r1111nnrio. Li/,t-, XI, los n1ntro eo"t:rplOJJi111dn111rr1r.1lrs Jtl
p_•ift>.111tilu-i.s, Buenos Aires, Paidós1 1990, pJg. 11O.
y la problemática del, de los goce(s). 24. F·H:t oposición rnuy c.lia.léc-ticn no tiene >Cntido sino en 111 ~1rticolaci6n de
lo\ dos lC-rnlinos. La cuestión del deseo del Otro sic1nprc viene di:rroí$ de b dn la
clc1n.1nd:a 1 por <'I hecho de que se expresa por 1nedin d~I Jt-•n11ujjc. ""' ~n 111
rtc\11.:r(lia lOtlivt':t dur:tntc una de las últimas lcccionc:s Jcl '1('1nín.,rin .l Jln 111ó-.it11
21. Jm¡uc• Lac:in, Esrrllos, op. m. tkl nhJcto orotl: inaugurantlo la función <lc:I dc:.eo, lntroch1<·i: tn I" ililn(u•.l.Sn tlr:
l2. /bid. e)ll' 11h11nn "'t1 conc.hc1ón JbsolotJ del deseo del Otro'' ( 1 1lc ju1110 ele l 1Jftl;).
l)l 1ACANIMIA. LOI SEMINARIOS oe JACQUES LAC.O.N 196<-1979 El 04\¡E'TO OfL PSlCO.O.NÁl ~IS 101
n11cv.11ncnte, en el seminario sobre el objeto, la diferenciación entre 1111/mmlicbt o en las psicosis. F..11 estas úlámas, las alucinaciones y
objetos de la demanda y objetos del deseo, consideremos primero los delirios ilusunn con violencia la preeminencia de la voz y la
la problemática del objeto oral. 11111ada. Estos objetos a se fijan como no perdidos, m:mifestando
En la conccprualii.1ción de Lacan, el seno en tanto objeto eró- 111\l presencia insoportable en r:into que, corrclJtiV:lmenre, la del
aco no es el objeto a, musa de d=o, incluso si tiene forma y 1111clo es eminentemente problemática. La mir.ida del Otro, pri-
designación de {a). Para que el seno devenga objeto de deseo, hay rn111vamentc tan esencial en la constitución de la imagen narcisista
que reconocer, en efecto, que hace falta un doble atravesamiento: ¡.ira todo sujeto, debe secundariamente ser perdida, a fula de lo
este objeto debe ser f.alici1.ado -scxuali7.ación del seno como pane cu.11 perseguirá esa un•gcn incesantemente. L:a operación de la
del cuerpo del Otro que pone en juego la metáfora paterna-, y la nstración de la mirada del Otro, consuruye esa mirada como
pérdida del seno como objeto de la necesidad debe poder ins- ohjcto a y contribuye a que el rujcto tenga una mirada. Por lo
cribirse y simbolii:irsc en el inconsciente del niño. La clínica in- llnlo, aunque el interé. de Lac:m por la cucsoón de las psicosis sea
fantil muestra /1 amtrario lo que pasa cumdo esta pérdida simbólica pcrcepcible,l' no es por este lado que interroga, en la segunda
no tiene lugar: las dificultades, inclll!>O la imposibilidad de utiliz:ir p;orte del seminario, la subjetividad de la mirada sino por el lado
los órganos de la zona buco-f.aríngc~ para adquirir el lenguaje, ele b estrucrun de esta subjetividad misma, la del famasma cs-
con lo cual el vínculo con el Otro se reduce especialmente a la tc"tpico.
mordida ya la avidez de la mirada. Para estos niños, se puede decir Antes de retomar lo) principales elementos de la cuasi
que el seno no est•Í separado de la boc:i y ésta no puede funcionar 1li-111ostración que efectun, señalemos que de esta manera Lacan
en y para el lenguaje articulado, lugar de b subjetivación. No Mlr•wiesa una nueva ct;1pa: no se contcnrn con se1inlar b disánción
nis1c11 ni la boca ni el seno. Esta mbm11 pérdida instiroye la ··ntre ob¡etos n de la vertiente de la demanda y ()bjcros a de la vcr-
posihili1L1d de la funcionalidad del seno como objeto n, y corres- 11rmc del deseo, sino que da los fundamentos radicalizando la teo-
pomlc •I In que Frcud designó como crogcncidad. lfu del objeto y, corrclaLiv;uncntc, In del sujeto dividido. En efec-
1Je111111 11u11cr:1 tn;ís general, los objetos de la demanda deben to, para Lacan, el análisis de la estructura del funtismn escópico
c111c11clcN· rnmn los nhjctos en juego en la demanda artirulada, 11 :ic a la lui, en el seno mbmo de éste, In csqui7.ia irreductible del
:1~ol'i:1tla :11orden tic l.1 ncccs1tlad e11 t:rnto que es concebida como btlfcto y In función que nllí dcsempcñ:1 la mirada como objeto que
pudicndn sc1 sausfcrhn. ( :01110 tales, se ofrecen en los fantasmas l.1lt:1. Estos objetos, mirada y vo1., "hacen cuerpo con la división
ncm·ótit:os -de mo<ln ejemplar en el fantasma anal, oblaávo, del 1ld sujeto y prcscntifican en el campo mismo de lo percibido b
obsesivo-como ohjcros 1m.1ginarios de la satisfacción posible del J'.111e elidida como propiamente libidinal".16
deseo esperado como posible, de b coi nplcrud narcisista del sujeto · romar en cuenta de modo ineludible esta presencia no especular
y del Otro, en la mut\l:I protección ilusori•l contra la castración. 11~ 1:1 fu.kJ de objeto engendra, dice Lacan, dos consecuencias
Son utilizados, y esto a un CO'>to a menudo cxorbit:intc, como apun- 1111portantes.
t:111do a enmascarar la dhisión donde se sopom el deseo del Otro. Por una parte, impone una teoría del deseo m:ís consist<:nte
Así, se puede considerar que en b neurosis, los objetos de la •111c b que se sostiene en los objetos clásicamente llamados
demanda se oponen al deseo. Lacan mo,tró anteriormente cómo prccdipicos. En este sentido, Lacan, en su seminario, da su
haberlos tenido en cuenta habfo modificado la práctica analítica.
Pero. para él, la diferenciación entre la veráente de la demanda y
la vertiente del deseo se h1cc aún m:h ne~-esaria en cuanto se 2$.J¡cqucs l.ac•n, •1:ooic1 de b psych>Nlyse. C.omp1e rcnJu duúmin.me
desborda el campo resguardado de b neurosis y se interroga acerca 196!·1W'6". nt ,Jutm «nu, P.rí<. Scuil. 2001, plgs.110-2!0.
de lo que esci en juego en los fenómenos que Frcud calific:i de 2C> /bu/.
102 LACANIANA • lOS SEH1NAR.IOS DE IACQUES LACAN 1961 1979 101
acabamiento n esta teoría, mostrando con el mayor rigor, m:ís allá 11 uttur:1lmente como un engaño. La funoón imaginaria soporta
de todas fas manifestaciones que habfa señalado en la clínica ana. b 1 len nhcación ll3CClSÍsra como soporta codo lo que sirvió de modelo
lí~ca, de qué manen la castración está inscripta en el cora~ón t IJ ¡ •ismología y como continúa hacié.ndolo parn In psicología. De
mismo del deseo. Por vfo del retorno, esta teorización efectuada a h• dw, perperú;1 el doble error sobre el que reposa: el error del
partir de la mirada deja 13 cuesaón de la voz. para más tarde, da 1•c¡1smo de la 1tlcntificac1ón especular, pero también el
cuen~ del lugu que ~pan las otras vertientes del objeto 11. En lnco 1oom1enro de lo que hay en el corazón de ese espejismo, la
relac100 con la castración, los objetos 11 de la demanda vienen mu .11la en tanto ob¡ero o. Este dcsconocin11enro se refiere 3 lo real
rttronctivn1111:ntt a situa rse ante el deseo del Otro esmndo la •I'" ""tiene la imagen y el espejismo: "(a) es del orden ele lo real"."
cuestión del deseo planteada siempre más allá de Ja demanda. Se \ p 1rtir de este momento, Lacan intentará despe1ar la verdad
percibe entonces el lado vano de Ja posición neurótica. do este engaño.
Por otra parte, estos objerosa del deseo necesitan, para dar cuenta
topológicamcnte del deseo y del fo nrnsma, una estructura más l,;1 experiencia analítica del campo escópico implica radical·
compleja que la del toro. Estro= del toro en 12 cu:il L:ican había mente este univer.;o de b reprc.,cntación, y la cstnJctUf11 del sujeto
mostndo desde el seminario "La identificación" que tenía circuitos 1¡11e ella ilumina debe abolir esta concepción tradicion:ll del
el onde se im.bricaban demandas y deseos neuróticos pero que no decía n 11tnc11nicnro. Par:\ Lacan, el universo clásico de la representación
nn~a, espcetalmcnte, de lo que se refiere a la relación con el goce. ,¡ m1noce la estructura compleja de la relación de la representa·
,1(in l'Oll el objeto y b interposición de la pantalla, en el sentitlo
Señ'1lcmos 1¡ue L.m111 prosigue, durante las lecciones de mayo c111¡ue Freud enuncia que fa investidura precede a la percepción.
de 1966, una rmyecroria análoga a Ja que promovió en rclnción l :1crn precisa no b naruraleza sino la estructu ra y l:t función de
con 13 ~icncia bajo la mirada de la verdad: reabre Jo que el campo de 01.1 rantalla funt1Smitica que se imerponeentreelsu¡ccoyel rnun·
la apanencia, que es el de 13 representación, oblitera. Después de la dn. L:i pantalla no es un objeto como cualquier otro: se le pmt:-J
l'.recha de Jo simbólico, opera con la de lo imaginario, a fin de plgo r. como rcprcscnt:lllte, anticipa lógic-Jmenrc la representación.
Situar de nuevo el lugar lo real. P:u-:i captar mejor estas apuestas, El foncasma escópico es el nombre ele esta pantalla. Dicho de
retomemos algunos elementos de los deslrrollos de Lacan. otro modo, lo que desconoce por esencia toda conc(pc:ión
Primero, evoca tesis yn enunciadas. Según él, la eso-uctura del tra<I c1on:il de la representación es la barrera del fantasma y la com
espacio esférico, espacio méuico homogéneo de eres dimensiones pkjidJtl del campo escópico. El concepto mismo de rcprcsentac16n
constituido como una esfera, está presente en la teoría del cono- 1k'Srnnoce el car:ícter real, imposible de sobrepasar de la pantalla,
cimiento desde Aristóteles y es retomada por Desc:irtes corno la y crea la ilusión de algo m:ís all,i de la representación, donde no
extensi~n, que él reduce al cuerpo. Esta pregnancia esférica está hw nada .
en cl.ongen de la función del espejo puesto en el principio de la .L.tcnn regresa al psicoanálisis para iluminar la función queocu·
relación de~conoc'.mi!nro: lo que est;Í en el cenero se ve reflejado, 1•.1 este c.impo esc6pico en la estructura de b relación del sujeto
como una marnvilla en las paredes, microcosmos correspon- con el Ocro.~Nos parece esencial paN seguir a Lacan comprender
diente al macrocosmos. Este sujeto, que Lacan reconoce como el 1¡uc l.1 pantalla es por estructura no especular. Si se quiere
su¡c10 de la concepción d:ísica,17 transparente a sí mismo, se revela
representar esta pantalla, se puede pensar en un cipo de pant:illa ' I• n efecto, no solamente posicionó est.1 lHnt:illa como real-es
invisible sobre la cua l, sin embargo, algo siempre se inscribe dp1- 1lccir imposible de represcnrnr-, sino que quiere ndem:ís despejnr
damcnte y que, por su sombra im:iginaria, no deja de tener borde, h c~trucrura de ese rea l que por una parte debe integrnr lo que
marcando el agu¡ero del objeto a corno rcal. 1º Cuando abrimos rn1 r .,ponde a la mirnda y por otra peruutirdarcuenta de la emer·
los ojos al despcmr de un sueño. lo que tenemos primero a '3 vista ,;encía del sujeto en nnto dividido. En las lecciones que se
y más cerca de nosotros es esta pantalla del fantasma que no desarrollan entre fin de m3rzoy la mitad de smyo de 1966, Lac::m
podemos ver, pero sobre b cual se escriben todas las represen- se c11C1rga de dar cuenta de la "escructur3 visual de este mundo
taciones. ¡upológico",ll estructura de envolrura-y no de extensión infinita-
"Si hay fantasma, es en el semi do rn:ís riguroso de Ja i11stiruci(m ,1,.1 f.mtasma en el campo cscópico.
de un real que cubre la vcrdad."11 l-fost;l entonces, el fantasma era
reconocido como una formación imaginaria que cubría lo real. P.1ra intentar oponer, frente a sus oyentes, las representaciones
Lacan nos im;ta a reconocer esta función del funtaSma en la eco- mis clásicas de la org:iniz:ición del espacio y sus regbs, ucan no
nomía de un sujeto como an:ílog.t a aquella del praccic.iblc en el duil.i en subrayar srunediatamente que este mundo no es ni el mun·
escenario del teatro. Es un "trompc-l'oeil". Sopom el deseo en do ele la óptica ni el de la fisiología visual. Es anterior, en el sentido
su función ilusoria s111 ser él mismo ilusorio, tiene un "hilv:ln" ,1, que el campo de ln percepción no funciona sino en una matriz
que es el objeto 11 en tan to real. i~ni licante primern que le ofrece tanlo~us objetos como su sujeto.
Esta pantalla no especular delante de lo real ha hecho decir a 1 sta elaboración tomn codo su relieve en la interpretación
Lacan que abrimos los OJOS para continuar durmiendo. Tener ojos trucrural que da a continuación del cuadro de Velázquei, Las
para no ver nadJ se COO\.¡erte así en nlgo estructural Mnúnas.
Pero entonces, se interroga, ¿de qué namraleza es esta verdad,
a la vez cubierta y apuntada por el fantasma? Es la verdad que se apoya, entonces, en un sistema tic aproximación doble.
J .;ic:in
interesa a In cuestión del goce. Emonccs, si el famasm;1 es muy una parte recu rrc n ht topología, f)Or Otra parte recoma a su
l '111'
otra cosa que um1 ilusión que habrá que reducir para volver a en- """'ºlos trabajos que conciernen a las tcoríns sobre la perspectiV':t.
contrar la "realidad verdadera", es que eso úlrim:i designa parJ S h~ comprendido que unl estructurn ropológic:i que sea diferente
Lacan lo re;il del goce. Elb es del dominio de lo imposible, y es de l.1 esférica, puntiforme, es necesariJ para dar cuenta de ese mun-
por eso que est.í mtcrJict.1. La verdad reside en esta imposibilidad do sub¡éO\'O de la visión, del f.lnwma escópico. En ocras palabras,
misma. Par" J,;ican, la escrucmra del fantasma realiza como i.11 \111110 hemos subrayado, "el coro no es suficiente paro dar cuenn
una defensa pruncra contra el goce, J la vez que apunta a él. ,¡, 1.1 dialéctica del ps1coan:ílisis".ll Su estructura no dice nad~ de
I• !unción de (a) en el fant~sma, en la deter111in:1c1ón de la división,
Pero, ¿qué mh decir de esta estruCtur.l que hemos CJlific:1do 111 rn su relación con el falo y el goce.
de invisible? Lacan cfccnfa entonces una verdaderJ vucltJ de ruer- ~ Jllonces, ¿cuál es la superficie topológica sobre la que, con·
fui me a la experiencia del psicoanálisis, un corte va a determinar
30. Esto no~. por cieno...muy topoló~co", pcn> puede pcnn.ior ~gu1r el
por una pane el c:impo del sujeto dividido ul como es necesario,
hilo de lo que Lar:nn pro¡>0ne. Dicho ele otro mildo, Lacan tnre11>rc1ia y rt¡1Hc t '""'sujeto de la ciencia, y por orra el agujero? Agujero por el que
n1ucbas \1eces que lo t¡uc Jla1n:11nos recurso ,, h 1nt111e:ión 1 ::i los csq11e1nas,, o Ja
representación, c:on10 ;•quf :a est::i p..1nt.1lLa 1n,•i,1hlc, no es <1ui1.Js un artcfocao.
un.1 fábula de nucsttil capacidad de pc1\SJr1 sano el re!>to uu.fclcblc de C'iCC oh1ccu
,, que es b mind•. Jl l.cu:ión Jet 4 de nuyo de l 966.
l 1.Jacquci ucan. I'Jrmo<ll, op. m., pig. SS 1. JJ l..c«íon cid ll de .,;.ro de 1966.
Ob LACANIANA. \.OS SEMINARIOS DE JACOUES LACAN 1961 11179 El OBJETO DEL PslC0A.NA11% 101
se origina un cieno modo de objeto que es objeto c:ius1 en tamo Sin entrar en detalles, indiquemos solamente que los teóricos
c:ie y en 1:11110 no aparece en el campo de la ciencia sino bajo la del une disónguen, en los cuadros figuraó\•os clásicos, dos puntos
fonna de sus leyes. Est11 CStructur3 es b del mJJ:S-<ap, más precisa- , ,1111.1les, que designan como "ojo" y"otroojo". Estos puntos defi-
mente 13 de la esfera rrutriada. Como y:i habfa indicado en "La nen rl lug;ir en que el pintor se inscribe en el cuadro, a partir del
idcnófic:ición", el trruS-cap, o indu.so el plano proyectivo, es la lur,.ir donde él ttuiere situarse en relación con el objeto que pinta.
esm1crun topológica del fantasma, Soa, que se puede leer, ".5 l'1ra Lacan, est•• diferenciación técnica no tiene su fuente en las
corte de a""Sb . u rayemos que, par.1 Ln<:an, 1.1 topolog1J • de las tc¡¡las de la estética sino en el corazón mismo de la csquizia sub-
superficies no ócne valor ih1stn1tJvo ni metafórico: es la estructura jwv.1. Corresponde en el fondo a los dos polos del sujeto cscópico,
como tal, resultante de la combinncorin sign1fk11itc. que h.1bía cvoc:1do en 1964: el sujeto de la visión y el sujeto de la
Paralcbmcnte y de modo completamente cohcrcntc.'s Lacan 11111.1da. /\su vez., traduce la división del sujeto y la ncccsidnd de su
se mteresa en los trabajos de los teóricos de b pcrspecnw del 1mcripción cscópica en la relación con el Ou·o.
Rc11ac1micnto, y allí encuentr.1 su miel. Sin emh1rgo, su cosecha l'rn~igu1cndo su an:ílisis y su juego de equivalencias entre el
se efectúa a costa de una orient:ición que puede, de buenas a cu:11lro y el fan1a,m.1, reconoce como plano del fantasma, como
primeras, d~"'1ar al que no es especialista de estas b1ísquedas: la •, cnrana",el plano paralelo al cuadro en el que se mcluyc el pinror.
pcrs~-c:Ü,"1, subraya Laean en la línea de las res~ de Panofi;kv," l.or-~n ,1nía b caída de la mir.ida, causa de Ja di"isión, en el íntef\-alo
no tiene nada que ver con lo que se ve o con el relieve, a la im·c~a entre ~ste plano del fantasma y el del cu:ulro, inrcrV11!0 cuya im-
de lo que a menudo se imagina. Pero Lac:1n lec el fenómeno como 1101 cancia ya habia subrayado Dcsargues, considerado el padre de
analism y no como filósofo. La perspecti•':I es el modo por el cual IJ gcomccrfa proyccti•':I, en su disciplina. f..sto es así, señala Lacan,
en una cicrm époc:i, el pintor se incluye como sujeto en el cuadro. po111ue ningtin cuadro podrfa realizarse si este intCT\';1(0 no exis-
Para Lal'\ln, el fantasma escópico, "en tan ro t¡uc es el reprcsen- 111·1.1, dicho tic otro modo, si el pintor estuviera pegado a su cuadro.
C;111cc de coda representación posible del ;1ijuo"" (l de ju.nio 1966), l\St.1 consitlcrnción <1ue parece aivial evidentemente no tiene otro
y <'I ~uadro son homólogos. El fant.1sm;1 es el 1}rototipo del cuadro, 1.1lur que subraynr <1uc, sin este intervalo, sin esta ;1benma donde
pcm.•:111cn el w10 como el otro tienen la misma cstructtu·a y la misma 1,11· la mirada, n111¡,ruua inscripción del sujeto sería posible.
lu11w111 Je 'it:r lumrllrmgrrtpriismtmr;, al mos01lr lo rcnl y disfrazarlo <\\1 1 la existencia de cs1a ventana es absolu1a111c111c fundamental,
,,ti 1111~1110 tiempo, soporlllJldo toda representación por \'enir. ptrn siempre es elidida en la relación de la mime.la con el mundo
Como el fanta~ma no puede ser ,;sro, mientras que el cuadro whro, como la abertura de los párpados o la de las pup1 l:is. La mirada
!i, el .m.ili~is de la perspe~va le ofrece a Lacan, por homología, 1<11110 objeto a es lo que no podemos captar ja mis y menos aún en
b CSlnlctura del fantasma. Este es todo el interés de estas in"esb- d c:speJO, porque es la Yentana que constiruimos nosotros mismos
gaciones para Lacan. ~I ahnr los ojos.
l'ero Larnn no deja de subrayar cicro paradoja: hablar de fon-
Cl\103 tnconscicnte implic'J tener el "fantasma de verlo".~' t\lás
H. l.ccc1ón del 30 d e = de 1966. 1rnl.l\ 1;1, "el ideal de realización del >'UJeto seria prcsentifil~lr este
JS. Este doble enfoque difunde Je hecho u11.1 "'"'"·' luz •cg\ln ilos e¡es rn ulro en su vcnt.llla".'' la unión de los dos planos, uno mbre el
diícn:ntC$ pe~ n1uyceranos. a propósim de b pm:rimid:ul y La fili~ción existente
1 o1111, colmnnclo el intervalo, cuya imagen realiza Magritlc. Ahora
cnrrc l:oiii _c:t1cs~oncs involucra<bs por estos dos canlpM. J.:a ~trucrura en juego
en In J>Ct\JlCttavt es.fa del pfono proyectivo, ho1ncon1or(o c:lef tTO.U'""'"P· c~trucrun
dtl ~nrnsnl~ cscóp1co, marco de la caida del objeto 11 que e> fo mimd;.1,
36. l'rw1n l'•nofsky. La pmp«tivn romo,.,,
1985. "-na,;,,,¡,,;¡¡,. . B•rcdon 3•Tu<num
-. . IH f .1·1·oún del 18 de mayo de 1966.
\ 11 l .t·f, 111'\ clt•I lS ~le n12yodc 1966.
l 7. L<:cción dcl 1 de ¡unio de 1966. Subrayodo del •uwr.
I OI LACA.NIANA LOS SEM1NARIOS DE JACQUES LACAN 19,.. -1979 EL 08JETO DEL PSICOANÁUltS ICIJ
bien, como hemos remarcado, si escose realiZ3r.1 efecti\'ameme, Para FoucJult, esta obra es emblcm:itica de }3 emcrgcnd3, en
la 11f1111itis del sujeco sería definitiva. En este sentido Lacan intcr- el siglo :-.·vn, de un nuevo orden, de un nue.-o modo de org:mi-
prew la imagen de Magritte como una provocación que cautiva a r.:inón del pensamienco que él designa como el de la reprcsenwción
aquel que la mira, pues este ideal, esta zambullida en lo real en cl.ísica. Orden en el que "la representación puede darse como pura
tanto espacio del goce, se puede decir que ''nadie 13 hiro". El artista, rcprcsentJción" y que se acompaña de "la desaparición necesaria
así como mmbién cada uno de nosotros, "renuncia a la ventana .le lo que la funda"." En esta representación que se da a ver, "la
paro tener el cuadro,"° y así sostiene su deseo y realiz:1 en lo que a uwisibilidad profunda de lo que se ve es solidaria de la imisibilidad
él se refiere la obra de arte. ilc aquel que ve": e.I sujeto ha sido elidido. Es manifiesto que la pre-
~cncrn ambigua de Velázquez como mirnda en su cuadro es radical-
Esta paradoja nos cond11ce más alhí del annlisis de la estructura mente diferente del modo en que antcriormcme los pintores se
del fama~ma, a los últimos desarrollos de Lacan acerca del goce. mduian como tales en la composición, ocorg:mdo por ejemplo su
A fin de precisar sus elementos principales, es necesario primero 1mtro a uno de los personajes de la escena.
tomar tn cucnm la manera en que Lacan se apodera del célebre Para Lacan, el acento debe ser puesto en otro lado. Si bien da su
cuadro de Vel<Ízquez., ÚIJ Mtninas, a lo largo de las lccdoncs que total asentimiento a las tesis de Foucault, da el paso suplememano
van del 11 de mayo al 8 de junio de 1966. Para Lacan, no hay más c;ue la c."C¡>Criencia del psicoanálisis le impone. Como anafüca, sos-
bello ejemplo de trampa de la mirada, antes de Magrirte, que este 11cnc que el valor ejemplar de este cuadJo no se puede pLimear en
cuadro, cura aetualidad e interés han sido rc:alz.1dos por la publi- ttnninus de historia, incluso de arqueología fouc;aultiana, sino de
cación del libro de Michel Foucault Las (Jlllabras J /111 ruas. Obra suhjcti\'ación. Precisando lo que ya había adelantado a propósito
cuyo pnmercapítulo consta de un an:ílisi~ notable de úu 1Wminas. •le su concepción de la perspectiva, Lacan intenta mostrar q11e el
Foucault asiste a la lección del seminario del 18 de mayo de 1966, lug•ir tlcl su¡cto cst.í situado en el corazón ele úts Mrni11ns. Nueva
en el curso de la cual Lacan incentar:í despejar sus respectivos ejes vuclrn de ruerca: en el lugar mismo en que este sujcm parecía fuera
de interpretación del cuadJo, sin que esto rcsult~, sin embargo, ni <le l-am1>0, en t•lnCO que la representación lo excluía •l~ign;ínclolo
en cstn fecha ni probablemente más tarde, en un verdadero debate. mmo pura mirndll, Lacan va a mostrt1.r cómo el sujeto cst:í inscripto
F.s posihlc, empero, precisar las perspectivas de cada uno, subra- ,.n d cam po mi~mo de la representación clásica, pero según las
ymdo que tamo uno como el otro valoran, aunque con sus dife- mntlalid()des que no son del orden del reflejo sino de la división.
rencias, Li correspondencia que exisce entre la invisibilidad del Srgún él, el cuadro de Velázquez no es tanto la representación de
cuadro representado sobre la cela, vuelta y escondida a la mirada 11 representación clásica,41 que constiruyc el paradigma de codo
del cspccudor, )'la extrañeza del lugar donde C$tC último se capea.•• cua<lro: opera como VonttUrmV'P'"astnt1111z, sino lo que hemos
1 isto m:ís arriba ... En efecto, si, según su concepción, codo cuadJo
e$ ,1111e: rodo representante de la reprcscnmción, en Las ~frninas, espectador, "cura mirada, en cnmbio, <e encueot:r:1 l1tcralmcntc
nnno en numerosos cuadros de Magrirte, hay un redoblamiento, '•lcpucsm' sobre la tela, de 13 cual no ve m:ís que el revés.""
1111 cuadro dentro de un cuadro que mucsrra esta problem:ínc:i. Sin embargo, Lncan no se queda ahí. Prosigue haciendo hahl:11
1•\tos pintores pú1celan estn problemática sobre el cuadro, In lantan lire1;1lmente al cuadro: no solnmeote le hace decir a Vel:ízquez su
~obre la rela anre los ojos de aquel que la mira. "Tu no me ves allí desde donde yo te miro", y:i celebre desde el
1 J interpretación efectuada por Lac:m se da en dos tiempos. $C1111nJrio XI, sino que muestra alrededor de un magist:r:1l "i 1 hz
b1 el curso de las primeras lecciones, en el tiempo mismo del des- 1Tr'" la verdadera función, podríamos dcc:ir desplazada, de la cara
montaje de la esr:rucrura del fonmsma cscópico, pl'Ocede a un análi- nnilta del cuadro. Desplazada en relación con el verdadero ob¡cto
sts cstrucrural asombroso del cuadro, y muestr.l cómo Velázqucz. en jut ¡o en este cu2dro que es la Infanta r en relación con 12 cu2l
ne» hace, por así decir, cntr:tr en su cuadro. Lacan efeccúa este l.nc111 no deja pasar la ocasión de hablar de In abcm11·a [la fenrc)
an;ilisis evidentemente sin seguir las reglas canón icas ele la com- (l I 1lc mayo de 1966). Agudeza para no olvidar que esta abertura
posición, sino siruando los lugares de la división del sujeto escópico 1ld~ referirse fundamentalmente en su función ~-strUctural a la
y prh'ilegiaodo el espacio de la ventana, "donde estamos no:;otro>", 1hcrrura de los labios, de l:b pupilas, de los esfínteres.
delante del cuadro, y situada sobre la obra misma. El lugar de 13 Volver a cenrrarse en la cuestión de la castración y de la caítia
mirada, ocupado por el pintor, se opone al del ver, ocupado por el 1lc la mirada conduce a Lacan a retomar su formulación anterior
11d e ;quema óptico, efectuada en la épo.:a de "Observación sobre
t;J mfonne de Daniel Lagachc" y retomada especialmente en el "" ·
111111ano La ang11st1a. Lacan no sólo itlcntifica aquí el florero
111vcrndo, la unagen espcct,1lar, con las vestimentas de b Infont<t,
(;.1uí1.1'1 .. Repré.~l!lltarion fre~dicnnc et signHi.1nt bc:anien" en Fr~11,J Úlc;111: q11tllt
ntl(hf,,ri.,,l, /,tur•Jn• 1-1, Eres. noviembre 1?8~. plgs. 41·S6. Flautor expone e t ; nto que seiiala pero enmascara lo que es del orden del (-<1>),
de manua. cspccialmeotc clan rl problema concemícn1e- a b cucstaón dtl ~m< que consagra un desarrollo impomnte a la función de la
1•rrtrUtmgs:rrp11.1rttranzcon la que J...tc;an sccnfr..:nta: "CmWdcrJndoque eJ ~ujtto m1r.t1t1 del Otro, en la esu·uctura del deseo, interesfodose cu l:i
Ítt' 1n.1 11,1rtc intrÍll\C('J Je 13 reptt"StntlciÓn, ¿C'fJlnO inscribir su Jugar y SU función
r1Lu11lu rl se rc: ..·cl.1 cnn1n ~lgn que no puede ser repre~rntado por un.i l111m6n de la pareja real aislada en un espejo sobre el cuadro. En
rcprccnt1dón y.i c¡uc ninguni rr:pr~nttc:16n lo 2Sem4.:J-l y entonces, en ..u ntc campo del Ocro, al lado de la ley del deseo cond1ci01udo por
sentido dJuco, toda rcpresmUClón 1crmUu rc¡irncncin<k>lo? (p.ig. H), y romo el l\.J1po, la mirada es fo que introduce "la pantalla y la necesidad
r~.¡oe1nllt6&1 rt'JHt'~c·11tjr al SUJtt1•1'0r una su:i.utución meafórica: '"El signifi,01nrc
c<C lo 11uc rc¡lrr~t·111 .11111111jc10 p.1r:l otro signiíic111ne".
. se .mscn'bu en e1cua dro "...
11" 1¡uc e 1su¡eto
Sc:t1:ak1no' c1uc ii1. tn el cut'º de bs letc.-1ones de 1n;.1.ro-junio Je
1966 •re.. l.acan subraya que si todos estos seres de Lar 1'\-lminas están
prC$Cnt,1ltc Je lJ rcprcscnt.n.16n• califica c.~11liciamenrc fana.5.rlll y <."U.idro. "no alli representados sino en representación", nadie lo discute:
l..u Jn no luce rcfcrenoa ci.:pT icilJmcntc al '1gniÍ1Cmtc identificado, PJn ti,
Jc•"Jc hJC'C mucho ron c.1 f'mrrl/1111gsrrprd.rmrrm: de Ja teorfr1 freudjana. E~to c't', corresponde ni estaruto de c:ida uno a estar induitlo en una fun-
<lcbc h:tcernos dcLcuer un insl.irltc. En efecto, el funtisma no es el singnHic:antc t 11\11 .1mlloga a la que representa el cuadro, es decir, atrapado en el
y no •e puede d<:<:ir, por ejemplo, pmxfüindo l;¡ ftlrmub canónica del significonrc ÍJ11I~ .ma.•· Pero, entonces, ¿cómo ese mundo entero soportado
'"El bntlSnUcsloquc representa el sujelO~r-.&orro Íl.ntlMJU•,ddmismo 1n0ilo
qU< no se puede lublardel sujeto como "cfa:to Jcl &nt>Sma". F-<asobsctvacionc:<
subra)':ln que, adiícrenci:a del !.1gnifi~nte, )in el CU31, es ncccs:ario señalarlo, no 11. Moust>pho S•fooan, Dix ConF"'11w d< psJ<h•11alyti; Porfs, Foy.,d, 200 l,
hahrfo fon12s1112, cs1e líltimo "rcprescnmntc de tod:t reprcsenmci6n posible del I"!:'· HI 82. Señalcinns que si P""' Del C.rnpo y Frances (vél<e nou ~l, pJg.
sujeto" implica L1 exi'itenciJ de un irnugin:1rio no especular que anud:.J 1.1 l 1¡ ""e: el revé> de b ~sino el revés del soporte de bt:l lo que es vwblc, b
c<>nnnicción sirnbólrc:i del "'jeto, efecto dd signilian1t, y lo real cid ob¡ccu. t.lq>0$1tJnn de b nunda sigue •ocndo b misma.
Función no cspccubr que Lac:an ya había reconocido y aliliado de "\'enl..Jao ~6 Lc:cci6n del 8 de junio de 1966.
unagin3rio• had01 mis o menos cuatro aíl:os, ti 13 de 1unio de 1962, en \H 17 Fn la i111er¡>rtr.1ci6n de l..1t"':ln, es nccc~rio rc1narcar que sl el cuadro tic
sc1ninario "La idcntifícaci6n". 'u1 ;\fr;un111 es 1>or estructura, como lodo cuadro, representante Uc la
111 LACANl~NA LOS SEMINARIOS DE IACQUES lACAN l'l4"1 1979 11]
por el fant:isma puede sostenerse?, pregunta mmcd1atamcnte tltJ cem.ític:i de la "pertenencia~ OCU¡>3 numer05lS lecciones. Le
l .:iCtn. Todo se sostiene sólo en la su¡: os1ción de la mirada del s11~c a Lacan de tr:1nsición entre lo que ha 2dclantado de b es-
Otro, de la pareja real y del lugar que'"" ;1 ,:ncr la Infanta. Sin esa tructura del fantasma y la cuestión cemrnl del final de csce semi-
supuesta mir.ida del Otto, nada, ni del f.m: 1.ma ni del deseo, se nuio: el goce. Así, pucstO que el fantasma tiene función de panralfa,
funda. Pero la suposición es suficiente: al mndo tic! Dios "enga- l .1c:m se dedica a atra,-esarlo en las últimas lecciones. Lacan trabaja
ñado" -siguiendo la tesis de Lacan- de Descartes, lo mismo que e'te goce según dos problemáticas: una es la relación del signifi-
el de la apuesta de Pasea.! al que igualmen Le se hace rcforcnci;1 en nnte con el goce, la ocra subraya fa disparidad de lo~ goces mascu-
este seminario, Lacan señala que por la construcd6n misma del 11110 y femenino.
cuadro, esa mirada real es ciega... por lo tinto lo ve todo. Es por lo Al>ordcmos In primera. ¿Qué relnción existe entre el surgi-
que puede ironiwr acerca de la filosotia modcnia posnicLZScheana 1mcnto del significante y la relación del "ser" con el goce? ¿Por
1¡ ue reivindica la muerte de Dios. ¿Esto ha cambiado nlgo?, pregun- •111c, tal como lo aprendimos de Freud, el sentido es ~e.~ual? ¿Cómo,
ta, rciomantlo bs observaciones freudianas de Tótm1 y Mbtí. Bien 1omanclo 10'> ténninos de Lacan, la arriculnción del goce y de la
poco, según él, pues a pesar de que Dios está bien muerto, su nurada scxualid3d se lleva a cabo en el ser hablante en el campo del len-
e:>Ú mi-; presente. Es por lo cu:i1 continuamos "lnilando cnuc nuestra ¡:u;ijc' ~ De cnttada hay "caprura en el engranaje", responde Lacan,
mintb, la mirada de Dios. y algunos otros objcros menudos".•• ~ decir, desde que la demanda del smo es articubda. No sólo 13
F.n este sentido, L3can propone una interpretación del deseo 1lcmancb oral reúne el goce del cuerpo y la inscripción en el campo
y de la mirada de \'elázquez en este CU2dro. 1\1 centrar el cuadro 1lcl lenguaje del Otro, sino que apunta a recuperar en ese campo
en la Infant:i, ¿adónde dirige el pintor nu~tra mirada, sino hacia cid Otro nuestro propio cuerpo ªen tanto que eso>'ª esti allí"
el objeto, la grr/-falo, objeto probablemente para Vclúquez que C<>rno mama en el cuerpo de 12 madre: "pertenencia de ese cuerpo
lo ha representado más de una vez, pero sobre todo objeto al que perdido en el campo del Otro".'º enuncia Lacan.
se enga11cha esra monarquía decadente, que no deja de estar \hls generalmente, el abordaje del goce por parte de un sujeto
presente por su mirada? Para Lacaii, m:ís aU5 de la lnfontn, es est::1 '"' cfccnía neccsarinmeme siempre por ui1a pregun1;1 planteada en
caída de la grandeza real lo que se capL'l bajo la mir.ida del pintor. ti lugar del Otro. Esto l.iene por consecucnci,1 i¡ue en este lugnr
ilrl ¡:occ que viene a ser interrogado en el ÜLro puede venir a
hmcionar el fonL1sma del sujeto, "detrás ele él, en relación con
HAClA LOS GOCES n1¡11cllo " lo que apunta", su realiuición en el lu:,'3r del Otto que
¡•JS.1 por la caída del objeto a. 11
M3s all:í de esta interpretación, Lacan formula una pregunta, un
primer tiempo, desconcertante: ¿a quién pertenece el objeto a?
~·1 l~u: úlum2 prci.runt.s permite recordar que, PQri l.ac-.in. el goce cn el
En efecto, si el objeto a es lo que csci en juego en la fundación del 1Mlitrr no c..~. pw narr1n1/e...J1, sexual. Est2 tes.is clá~ía de l.ac::an e1 enunciada tn
sujetO en su relación con el Otro, por esttuctura, se podría decir thÍt'rtntt'I nlo1ncnto> en d curso de SlJ semi.nano, cspea2hntnte el ª"º de La
en principio, no pertenece. Ahora bien, lejos de ser contingence, '"P'"" ~icmprc intena: ~~l~r, a>n humor pero de moJo rcJCcl")<lo1 b dif'ercnciJ
c¡uo cfücc, "'glin <I, entre Lis modilidades compleja$ de goce en el I<Cr lublamc
y lo c¡ur 5t' ~upone que cxiscc tn numerosas especies aninialc:s, ¡incluso encrc los,
"' 8' 1.11c~
1
rcprcsc.ntación, hornólogo al funcasma y no al cspcJO, funciona sin embargo ,,,_ LcC"ci6n del Hde junio de 1966. S~bt1nos que pana Lac01n el seno, en
1
igualn1cntt con10 espejo: dn n ver a.1 cspccrodor, a veces hia1t.1 el vértigo, que 1 111t11! 1.u1¡¡lfr1ro 1 es e:n principio "percenencfo." cor¡>om1 del sujC(O, de don,le J.1
corno i.11jcto no cxbtc sino en tanto rcpresenmdo, inscriplo y dividido en y ¡>nr 1~11htl.1 ,le goce y IJ oon~et.-utiv;'I búsqueda de 6tc; •1,<l"ic~i611", h;ihría d11.:ho
lo sunb6hc.'O. \\ 1111\lt:llH
48. Lección del 25 de ¡unio de 1966. SI l."'rn"ndd22clcjuniodc 1966.
1 "' l..ACANIANI\ LOS ~lH1N4.R.IOS DE IACQUES LACAN lfl4 · 197t
Sin embargo, aun cuando el término Mpertenencia" roma representan las traducciones simbólica e imaginaria 1lc 1111 real
'cntido en relación con los objetos caídos del cuerpo en el c:tmpo 1¡ue concierne al goce femenino: este goce Je est:í prohihiolo ul
entre el sujero y el Otro q uc org:iniza la demanda y el deseo, Lacan hombre, porque le es imposible alcanzarlo, salvo que sc.1 ' l 11 e•
subraya, a la inversa, que csco no qujere decir nada en lo referente "·''·· El goce femenino como imposible, "sirundo en el lu¡;.11 ole·!
ni folo. El goce de la relación con el Otro sexuado, con el cuerpo t >tro"," constituye la verdad de esos micos. En el mito de 7b1m1 y
seruado del Otro, no es en nbsoluto del mismo orden que lo que t.11>11, en el padre est:í concentrado el goce de codas las mujnc~ y
estaba en juego prcccc.lentememe en esra articuución demanda/ 1111 ,.~.Jo de la madre, pues codas sin excepción están prohibidas. Si
deseo. F.l falo, "mc<liador", que articula el deseo y el goce en tanto esto es así, según Lacan, no es sólo p:ira pcrmmr que se engendre
~t~ en juego en la unión cnrrc el hombre y la mujer, no es Mun el deseo, sino también para que por la prohibición del padre el
objcm, incluso un objeto prohibido"." Fundarnentalmcnce, según •u¡cto no se acerque a este goce. Nuevo modo para él de recordar
L:ic:in, no es la prohibición que recae sobre el objeto f:ílico lo que lu 1¡uc hace mucho declaró: el deseo funciona como barrera frente
permite el goce sexual en la rcbción con el Otro. Precisa que la d ~occ.
¡iosihilidad del "goce mntho" supone Ja C!lÍdn del órg.1110 peniano Lac:tn afirma la disparidad irrcduccible que existe entre los goces
al m11go de objeto a, pero esto no es, puede decirse, m:ís que un 111.1,culino y femenino. Estn diferencia "no es un.i polaridad",16
efecto. Lo esencial hay 1¡uc lmsc:trlo en el signo(-), en esta ncga- h.11· heterogeneidad y no complcmcnrariedad. Anticipanc.lo los sc-
tiviz:1C1ón del falo como (·q>), que es lo único que pcnnite hacerlo 11111urios "... o peor" y 1-lun, planrea enwnccs la cuesuón de la
funcionar como m.:Jium en la dialéctica del goce del wjcto en su ulenrificación sexuada y su fundamento en términos de goces. En
relación con el Otro. Lal-.in no dir:i más, pero podemos, rctroac- nunto a la complejidad de las relaciones y a la extrema dificultad
ti•"llmentc, presentir los dcsarroUos ulteriores que efectuar.í en l '·"• <¡ue el deseo armonice en la "unión inrcrscxual", ellas cncuen-
cuanto a la fonción fálica , 11.111 su origen, no en la prohibición sino en esta disparidad.
Rcscrvnndo la elaboración más a fondo de csr.a negatividad p:i ra
el ~cminario del aiio SÍb"Uicntc,11 Lacnn scaboc:t, p<1ra ava111.~1r hacia
su segundo eje de aproximación que se refiere a b disparidad de
los goces, a la revisión de los temas de la castración, del Edipo,
tlcl ¡~tire de b Ley como ¡udrc mucno.
Según su vi~6n, b tcoril del Ec.lipo no permite enunciar nada
M~«crca de lo que es ser una mujer o un hombre".!< Le parece
ejemplar que Frcud jam.h haya podido definir lo que era lo
masculino y lo femenino,,¡ no es acoplando esra cfüparidad a las
pobridades regresivas, t:1I como "activo/pasivo", lo q11c dejaba al
mismo Freud tocalmcntc í11satisfccho. Para Lacan, esro traduce
las dificultades de Frcud frente n la cuestión del goce femenino,
concebido muy simétricamcnlc en relación con el lugar del goce
en la sexualidad masculina Según Lacan, los mitos frcudianoo
H. l..tteiclci del IS de junjo de 1966. Si d goce ddouu fcmcní,., n d ¡ucc
dtl 01ro. l.xan prccisaquenoc>b.12n1ccsonovuem bsCOSBm.is11m¡~cs pou
S2. Lttc!6n del 8 de junio de 1966. In mu¡......, pues cll:u 12mb..:O son su¡oU>'i y enJOnccs runbiái csrln rc!<rid.t• •
SJ. Véase el comentario Je O•nicl K<>rcn en el pn:5Clln: vtdurncn 14 c.1ten1t·li1111 a.pcci.almcnt.e 2 la clcl Cl1ro
H. Lcroón del 1S de ¡unio de 1%6. !lo 1.cnitin del 8 Je ¡w1io tic 19M.
Capítulo 14
Daniel Korer:
J 966-1967, "l,a lógica del fantnsma ". Título sorprendente 1·11 el hast1 su ctdminación en el seminarioAtm, a p:mir del cual el acento
1¡ue la promcs,1, anunciada de cnuada, deviene inmediatam~ntc "' trasladar.í a los nudos borromeos. 7
prc;,'Ullta. Par:a Lacan, se t:rata de plantear hasta sus últimas con-
secuencias las proposiciones y los plameos que ha desam !lado Anees de desplegar los gnndes ejes del scminuio, enumeremos
desde La relación át objeto y más particuhrmcnte desde "La iden- los puntos alrededor de los ~'Ulles esta lógic:1 "inédita" se \':I a ar·
tificación". Lacan quiere d<!!>pcjar la lógica que subyace a estas cicular. ¿De qué debe dar cueni..1? Nos parece posible reducir Ja nml-
proposiciones. Considera que se trata de la lógica que exigen la 11plicidad de los temas abordados en este seminario a tres puntos.
pr:íctica psico,malítici y la e.\pericncia del inconcicntc; de la lógica En primer lugar, el sujeto se funda en una alienación forzada
ljUC estamos obligados a fumlar, dice, en nombre de los hechos 1¡uc se mJnifiesra como el re,·és de la implicación del cogíto
del inconscienrc. Es un gran propómo. ¿Cu:ílcs son, más precisa- c:inesiano. Oicbo de otro modo, a la (falsa) cenidumbre de ser
mente, esos hechos del inconsciente que han ocasionado los 1¡ue un sujeto extrae de "su pensamiento", Lac;111 le opone la allcr-
desarrollos de los af\os precedentes y que oblig:m a la fundación nativa "o no pienso, o no soy". FI sujeto, tal como está constituido
tic esta ló¡;iet? Son la lógica de la alienación (seminario XI); f;1 ¡ior su dependencia del ortlen s1gnific:uue, ;tquel que se manifiesta
aniculación del sujeto y de la csuucrura significante, así como 13 en un anilísis, aparece en IJ basculación entTc el polo alienante
relación de inconmensurnbilitbd que mantiene con el sexo 1 no pienso") y el de la Btánmmg mconsciente ("no soy"). Segundo
(seminario Xll); y la teorfa del objeto a (semi11ario ::\.111).• punto: In experiencia del psicoan:ílisis, como Freud lo ha demos-
Sin embargo, aun cuando Lacan se compromete cotalmenle 1rado en Más 11/M 1/el pri11cipio1/c plncer, se juega wmpletamentc en
en esrn audaz apuesta, no dep de subrayar el aspecco un poco el rerristro Je b repetición. 1.a segunda vertiente de la lógiet del
desmesurado de su empresa, tbda l:t dificultad de los temas fan~ se articula b3jo las razones esuucturalcs de producción
abordados, tanto del lado del psicoan:ílisis como del lado de la tic la repetición y de su C\'entual ~-uperación por 13 dimensión del
lógica. En efecto, se trntaria de construir una "lógica" de un carác- 1cto.s Finalmente, el punto tic coníluencfo Je los dos puntos prc-
ter completamente inédito, en la mcclicla en que toma na en con- •·cdentes (alienación y repetición) e.~ la cueslión sexual: Lacan in-
sideración lo contrario ele la lógica chísicn, como ''eremos. Respecto
" .te a Jo largo de todo el seminario sobre lo que llama reiteradas
a csco, es interesante señalar lo~ matices que Lacan introduce a
veres "b dificultad inherente 21 acto sexual", en lo cual sigue siendo
meruda que :w:mu su reflexión. Si, durante la primera lección del
resueltamente freudiano. Freud ya.había señalado que nada en el
seminario, po<lía comentar el títt1lo de ese afio como• .. .lo que se
. . "'el 111conscientc dcremúna lo que es lo "masculino" y lo "femenino".
impone en el punto en el que ~-st;1mos de oerco canuno , urantc
l.acan va m:ls lejos: "El gran secrcw del psicnnnólisis, es que no
la última lección constata que "h,1br.í que ccrr;tr ese rema sin haber
lur acto se~ual"'
hecho otra cosa que abrirlo"• F.s por esto que podemos afirmar
que este o;eminuio marca la sintesis de un progreso y signa 13 aper-
tura de otra cupa que sostiene la inexistencia de la relación sexual
con el apoyo del recurso cada vez más importante de la lógíc;i, 7 Nr.1 olvidcmo<; dos aconteci1nienttt1 importantes que ttivicron lugnrd11nantc
nrc ¡.crfo<ln ti< 19<'6-1967. 'El primero es b publicición dchi. ~&rim. Ehc¡¡undo,
IJ pr11po~.jc1ón Jt•I p:a.;e. se sit~ entre el fin de este scm1n:tno y la apen:ur 1drl
-l. Pero 1:.1mb10n l.t ttspuesu • un• prcgun12 que quedó pbntcoda d<><lc el •¡uc d:i el año •igu1entc, "El acto psicooiulírico". •
""'1lÍ!lariO ÚI ,,,,,,..,,¡,,
(ÜM .'<), ¿el fin de un Wli.1$ puede llenr mi> 21li del 8 l>1g:11nos <ICS<lc yo que est2 intmog;icióo 2bn: la '12 > 12 proposición del
pne y al .KJHjmno del año siguiente.
linutc: que Frcud dnignó como li mea de IJ castración? "
5. Lección del 16 de noviembre de 1966 (el subrayoclo es mio}. O, J.c:c<·1i'1n clC'I 1~ ele 3bril de 19()7. ,\fimución CJUC prcligun c:I céltl1r(' •nu
6. Lección del 21 de junio de 1"67. l11y rrlac1(1n 'iex11;1l 't {<'l .sohr.i)·Jtln e• 1níu).
120 .,ACANIANA. LOS SEMINARIOS DE IACQU.ES LACAN 19li4, 197' LA L0GtcA DEL f.\NTASMA
l.ac-Jn se ocupa de desplegar esta lógiC3 del fonusma en v:iñas Más radicalmente, y con el fin de marcarlos imp.mtstlc la ló¡¡t• 1
ctap:ts. ~o:o; conremaremos aquí con señalar algunos puntos de 1¡ue prct.:ndc concebir un univeJ'SO del discurso c:n d que I~
articulación esenciales. rncsrión del -;entido estarú resuelta por el lado de un mculcn¡¡ua¡~.
Una de la~ rrimera~ cuestiones que Lac:in plantC2, }' CSIO desde Lacan se pregunta: ¿cuil seria la consecuencia, en esté umvcno
el comienro del seminaño, se refiere a la necesidad de recurrir a Jcl discurso, del principio según el ru2l el significante no p0ol1f1
b lógic:i fonnal. LaC3n est:iblece, en este aiio del seminario, un M~níficarsc a sí mismo? Afirma qae este principio cumple l.i mii111J
di:llogo con la lógic:i en el que ésta es a la ve:t un mst:rumemo función que un :ixioma y que pone en b mayor de bs dificuludcs 11
esencial y un obstáculo a superar. Si fa lógica nos ayudn a "pensar l.1 lógica que considera la e."<isrencia de un universo del d1scuN1.
el mundo'', Lacan constata que la e,,pcriencia del inconsciente l'oror:ro lado, Lal':ln le aplica la mismn función crítica que In 1¡uc '<'
enfrenta a la lógica con sus mayores impnsser. Pero 110 es a nna wna pone en juego en In paradoja de los cat:5logos de Rnssell. S1 el
rolémic:i con la lógic:i formal a lo que nos convoca. El punto que universo del discurso está constituido por todo lo que puede de
le parece esencial, y que él precisa de manera explícit;l sólo ni final mse, ¿11ué introduce el a'Cioma "un significante no podría signi
del scminuio, supera la cvenrual querella con los lógicos ya que íic:irse a sí mismo"? ¿Este a'Cioma fom1a parte del universo del
el punto de vist.1 es siempre psicoanalíáco. Lacan no se propone discurso> Plantel problemas en los dos casos. Sea que no csré cn-
en ningún momento hacer un simple "curso" de lógica, sino utilizar ¡;lohaJo en el universo del discurso, se:i que esté incluido y enmn-
los elementos de b lógic:i como amudura para abordar estos dos CC'S remi1:1 a algo que no estaría en el universo del discurw, aun
registros que tienen la mayor importancia en Ja pr.ktic:a psicoana- <'U3ndo su pñncipio mismo es englobar rodo lo que puede decirse.
litiC3: el registro de '3 alienación por una parte, el registro de la
repetición por la otra. Desde este punto de viso y en relación con la lógic.1 formal,
l.ncan efectúa una torsión cuyo objetivo es demarcar aquello de la
Para Lacan, la lógica esa! mismo tiempo necesaria ycngnñosa. lnl!1C;1 que él inrcnrn fundar sobre los hechos del inconscicnrc. En
Necesaria porque nos permite articu lar correctamente un cieno
electo, apela a In lógica formal para dar cuenw de la radicalidad de
número de relaciones (y en el mismo movimiento, sus lfn1itcs);
L1 const1tnc16n tlel sujcto(esi-atuto del objeton, nlienación sub¡ctiv;l,
eng:u1osa porque instab b ilusión de un metalenguaje. Esto es
particularmente verdadero p:ira los que intent.1n Íundarel lenguaje
1naliecuación cncrc los sexos, ecc.). Pero no deja de rubr:iy.tr los
l11111tcs de esta lógic-.i (crítica de la paradoj;1 de Russcll, li111it,1ción
como un "lcng11a¡e ob¡ero", operación que consistirla en rodear al
1lc los criterio; de operacionalidad de las proposicionl'S lóg1r;.1s,
lenguaje por otro orden que sería el encargado de explic-arlo sin
contradicción. Por esta razón se demora ampliamente en las rela- etc.). Esca corsión lo conduce a enunciar una tesis que sólo puede
ciones encre la lógica, el lenguaje y la escñrura. 'lfr rccibi,fa por los lógicos, en el mejor de los casos, como 11n
Las relaciones entre la escñrura y la lógici son muy escrcchas, 111alentend1do, y en el peor, como una provocación, n saber, que~¡
y Lacan precisa que rodos los desarrollos reciente' de 13 lógica énJ es una lógÍl':l del fan1:1sma, será "más esencial rr..'S(>«tn a iocb
están lig:idos a los juegos de escrirura. Ahora bien, demuc>tr3 que l{ig1ca que corre por los desfiladeros del fonnalismo".'º d(Jndc,
esto permanece "operacional" sólo con la condición e.le concen- 1111 embargo, dio pruebas de una extl':lordin:lri:l fccu11d1d.ul.
En otros términos, Lac:in busca de manera explicita "nUC\'OS 161t'camente, formalmcnre, la no identidad del significante, es 1lc1:.u
!•pcr;t<lores", herramientas que le permitan dar cuenu de manera une ningún significante se significa a sí mismo. Por otra 11a11e, lo
decisiva de estos procesos que, como los Tra11111goda11km, los pen- que retoma se apo;-a en la unposibilidad de que la lógiCJ ind111 ,1 11
samientos del sueño, tienen 13 paniculari<lad de pensarse ellos mis- 1l1111cnsión de la ful ta. En efecto, esta lógica excluye el ( 1). es
mo, en el sentido de que ningún Yq 11 puede adjudicarse la autorfo. tlccir, la falta. ¿Cómo caprn1·Ja? Tomemos el ejemplo de un wu •
Pues, muy por el contr.1rio, es el efecto de ellos. 1unro cualquiera. Lo que dispone, lo que organiza el con¡111llo 1111
puede ser interior a este conjunto. Lo que quiere decir que no se
Des<le las primeras lecciones del seminario, Lacan retoma los ¡1uede predicar sobre un conjunto SI no es desde su exterior, o
puntos que volverán a ser trab:ijados a continuación, tCm3S bien aunque no se puede pen:;ar (;i unidad de un conjunto si no es 1ks.lc
conocidos por los oyentes del seminario desde ÚI rrlaaJn 1k o/,jrto. fuera de ese conjunto. ¿Qué quiere decir? Lacan subraya que hace
Citemos a grandes rasgos: la preeminencia del significante en la fa ha un elemento suplementario, lo que designa durante la lecd6n
causación del sujeto, la no identidad del significante consigo del 23 de noviembre de 1966 como el "Uno en m:ís". En el ejemplo
mismo, b inexistencia del metalenguaje, la refutación del lengua- 1•rcccdcnte, el conjunto no puede ser significado más que u partir
je-objeto, la fórmula de la mettlfora como modelo del funciona- •k c~te "Uno en más". Pero esto quiere dccirtambién que el "Uno
micnro del inconsciente y de b represión, fa crítica <le la paradoja en m.ís" folm entre los elementos de la colección. Dicho de otro
de los c:icilogos de Russell en nombre de la dimensión de la enun- modo, este (+l) es al allimo tiempo (-1), el elemento en m:ls que
ciación, el rasgo unario, la dimensión de la ful ta y su relación con marca una falta esencial, constiruriva. En este hiato de la lógica
la función de la repetición, la pregunta -esencial r retomada en J.:ican sitúa el lugac del significante y del sujeto en relación con la
detalle a continuación- por la verdad, el problema de la interpre- bita. La lógica excluye esta falta a fin de ser operaúva, pero esta
tación y la cuestión de las implicaciones de lo verdadero y lo falso rli,ión dcvienesintomácica, y es a parnr dealli qucLacan desarrolla
en relación con la enunciación subjeriva... "' rnonamiento. Muy precisamente, considera que la lógica deja
Pero Lac:-Jn había prevenido a su auditorio: repetir no es nece- cunpos en blanco, y que estos puntos son los que conciernen a la
sariamente repecir lo mismo. Si rcintroduce estos elementos, logica requerida por el campo psicoanalírico, que no elide al sujeto
pJralclameme presenta otrOS nuevos. El aporte de la bcrr.unienra de 13 enunciación y que disonguc radicalmente el estanno de b
IÓ!!•ca aparece allí. El esfucrw de conceptualización al que se libra ~1gnificación y su origen en el significante.
Lacm lo conduce, según sus propios términos, a los línutes, a los Durante estaS primerai; lecciones del seminario, Lacan efccní•
bordes de 12 praxis analítica. Ahora bien, esto exige dar formulaciones un ir y venir permanente entre los hechos psicoanalíticos )' la.>
aún más ngurosas pan cernir lo <JUC considera nuesiro asunto. propmíciones lógicas, tanto para indicar sus puntos de conflucnti.1
De este modo, tomará la lógica de Boole, por e¡cmplo, para n11no para marcar su diferencia. Lacan prosigue su marcha cfr•·
ilustrar que la lógica matem;ítica es, según él, una lógica "pura", 111,mdo una aproximación entre la asociación libre y la intcrprc
es decir, un puro juego teórico que se supone refleja las leyes del 1.1rion por una parre, y por otrn la red definida como In orgamz;inún
pensamiento que se piensa por fuera de la subjetividad del sujeto. 11 p:1nir de la cual, según él, his premisas de una lógic-J lll•llc111;111t.1
De hecho, lo que le interesa esencialmente aqui a LJcan son dos J'llCclcn desarrollarse. De hecho, Lac:in" ya había apcl.ulu .1 l.1•
aspectos de esta lógica. Por una parte, ésta le permite demostrar cs1 me turas en red." Pero aquí, en un movimiento dohlc, m1urog1
las cstrucruns en red (queseci el debate acera del grupo de Klein) y dtpende de apartar lo que los psicoanalistas justamente no pueden
la cuestión de b verdad tal como se pbnte:a después de b E<bd Media. 1lti•rde lado, a saber, el sujeto de la enunciación. De todos 1110<10~,
N'o hay que perder de vism que la función esencial de la esll'Uc- C'.jta excursión le permite introducir otra función lógica L'SCD• ul
tura en red con~iste en la manera en que las lineas de osociación de la cual sacar:í gran provecho: la función de la negación, aplll ad1 0
-a<OCiaciones libres, según Lacan- vienen a converger en poneos lógicamente al rogito carresiano. Ésre es el venfadero punro de 1>:11 t I •
de elección privilegiados. La pregunta que se perfila por el lado 11~ de lo que se puede llamar una lógica del fantasma.
de esta convergencia es primeramente aquella por la verdad que Partiendo de estos elementos de la lógica (la función de mi
se puede e~traer de la experiencia analítica. L1 estructura sig- qcmplificadn por el grupo de Klein, u las funciones de verdad y h
nificante es uno estructura en red, que se despliega en redes múl- luntión ele l:i negación), Lacan va a rmbajar de nuevo sobre el cogito
tiples. Cuando se arriba a un fantasma fundamental como el que 1 11 tcsiano. ¿Por qué? Simplemente porque el cog1to, como ha ex·
aparece en el sueiio repetido del Hombre de los Lobos, uno se plicit;1do reiteradamente,•• es ejemplar por cuanto se presemJ
prcguntJ ~"ll•il es nuescro criterio de verdad. Para Lacan, tal como como una aporla, una concraclicción radical al cst;1tuto del in·
para Frcud, la cuc$ÜÓn se reduce a determinar la manera en que con5'icntc. En efecto, el inconsciente desmiente todos los días la
el sujeto \'Ícnc o csrnr represenudo por los significantes en esrn 11rc1ens1ón del yo (111011 de asegurarse de su existencia por medio
escena. El análisis del sueño muescra de manera ejemplar cómo del pensamiento. La experiencia de la clínica psicoanalítica mucscra
las líneas de asociación que produce el sujeto convergen sobre los c:.ucumente lo concrario: la afirmación "yo pienso~, cu31quiera
puntos precisos donde no se trarn de ocra cosa que del manejo del c¡uc sea el predicado que se le añada, se paga con el dcsconoci·
significante. I.ac:in entonces articula, con fue17.a, lo que tiene para nucnto de la enunciación s"ltbjetiV<J. A la inversa, dejar el lugar a b
decir: ¿dónde cnconcramos nuescro criterio de verdad? En ninguna enunciación devuelve el sujeto a la asunción de no ser "el autor~
parte sino en la relación de la verdad con el signilic:intc. Según él, .¡,. ~us pensamientos.
el punto por donde la experiencia psicoanalític:1 confluye con la La crnpa siguiente consiste en poner a prueba el cogito do-
lógica 111odcrna consiste en que In relación del significante con l>lrmcntc: porla im1llicación material de los estoicos y por b lógica
la verdad puede "cortodrniítar todo pensamiento que lo sopor- de lle t'vtorgan. Poner :1 prueba significa, lo hemos visto, no ercer
ta"." Si el objetivo de la lógica moderna se reduce JI manejo 111111csl1onahlcmcnte en la implicación c:irtesiana (el trgl)). LaC:ln
correcto sólo de lo que cstí escrito, para los analistas b cuestión ac •irvc de L1 lógica y de las funciones de verdad utilizando un
de 1:.1 venfic:1ción pasa por ese hilo dirccro del 1ucgodcl significante, , icno número de matrices para establecer que no se puede dclimr
en la medida en que de ese hilo, que tejen las múltiples repeticiones 1111.1 operación como la de la implic:ición a menos que se la admit.1
como mr:is tanrns declinaciones de la falta, pennancce suspendida 1111110 una consecuencia." En este caso. lo que él entiende por
la cuestión de la verdad.
Lacan >C lanza a continuación a un recorrido por la lógica de 1S. l,'.ll'an rcmnc a "'us orentes 2 un ceno que acaba de ::ap:arccc:r en un.a
las proposiciones, las tablas de verdad, y comenrn el exfalso m¡uintr •1t'\ISU que no es gran cosa", un texto sobre: b C\1nit.tura e:n 1nalcn'l<illC".t ,¡uc:
quod l1btt de los e:.toicos. así como las relaciones entre lo verdadero •t 1111:1.Sti<.<1 b~ ct>S:1s con cxm::mo cuicbdo". Lacan no cita n.1 ti ani'a1lo, ni el
111)101.rc th·I :autor ni el de la re\-ÍStJ. Se trata \.'Crosínuln1cn1c dtl h:\lo tic 4'1.Ju.
y lo fulso. El ,·cnh1dcro mterés de esre comcnr.1rio consiste en confir· ltul111t .. Suhn;: ~1 ~('nrido ele la p;ibbra •estructur.t' en n1atc111.uu..as". :111.au·l 1110
mar de nuC\'0 l]Ue el funcionamiento sin obsL1culo de la lógica cin rl uh11110 1nínlcrn de 1966 de Temps111oám1ts.
1t•. F\p~ci;1'111cnu; en e:I :.e1nin:uio "Lo 1dendCic:aci6n" (196 1 1'U1!),1!1.f t11111u
fil / .., ''"''""' tmurptt11< f11n1/11111(!1t41/ts dd psiconnrllisis ( 196·))
17 l·\t 1 fMJ"''iOn dr L11can no dehe relaciona.r5C 1_11.i'-> que; c.~111 l.1 c111· .. 111•111I+
14. E~ CX'3Ctr11ne1\te el c:aso, como ...·irnos prcccdcntcmcnu: 1 lle- los l.t wc11I ul rn rc:l.u:1l1n «:On el l·:impo del lcnguJ.)C. En clc1.:10, ~ 1l1lc:rCnf1J tlt• l•J •pie
lf11u111J{tJ1u1*'11, Je:~ pensJmiencos Jcl sueño que te p1cns;'n c·llos n11~t11fl:S .o ptentl gtru·r.alrncntc, b 11npli1:ac1ón en cJ 5cnrul!1 tlt: l.1 l~i[1t 1(orntJl no 001 'IU
114 LACANIANA LOS SEMINARIOS ílf IACOUES LACAN 19•<·1?1• LA LÓGICA IYl FANTASMA
"consecuencias" consiste en definir b amplirud del campo en el que, suhr.iy:iraquí, ya que esto a mena• 1>causa confusión, 'l"C 1><-SCQflt'I
en una cadena significaore, podemos incluir b connoroción de verdad. 110 es considerado por Lacan C(' no un metafísico dd Seo S1 Ir.
Según Lacao, podemos situar la connoración de verdad en una unión interesa Descartes, es en tanto h 1 efccniado una mpmrn r ulocnl
de un falso en primer lugar y un verdadero a continuación, y no a la en relación con la mcw.físic:a aristotélic:i -centrlda en el Ser· •I re·
inversa. Así, la •udad no puede plantearse sino como segunda, como 1l11cir I~ cucsoón del ser a la del ser del Yo. Desc:irtes opero 111u
consecuencia de la c.tistcncia del cimpo del significante. primer-A separación ontológic:i; Lacan prolonga este mmim1cmn
Desde esta óptica, Lacan propone una nuev:i oper:ición de 1ld 'ujcto sub•vÜéndolo, t¡uidnclolc, se puede decir, su ser. Insiste,
lógica proposicional que llama "operación omega": se tr:ita de una 11111í como siempre -dt..'Sdc el comienzo de su enseñanza-, en el
tenativa de inscripción lógic:i de l:t alienación. Si las dos pro- hecho de que el descubrimiento freudiano conduce a un rechJ7.o
posiciones sobre las que ella opera son exactas, entonces el re- ele esta cuestión del ser del \o, a una verdadera imposibilidad de
sult:1do de la operación es falso. 11 Por esta "operación omegaª; retorno al pensamiento del ser, sea del bdo del inconsciente o dd
Lacan afirma que "yo pienso" y"yo soy" no pueden ser verdaderos !Jilo del ello, imposibilidad, por otr.1 panc, cuyo contorno lógico
ni simultáneamente, ni por implicación. Por oua panc, esta LJc:in va a dibuju.
conjunción" es objeto de una critici radical por parte de Lacan; Es por esto que recurre a la lógica de De Morgan, a la aplicación
el cogiro de Desc:ines instituye, en esta relación del pensamienro y ,le IJ negación dejando aparecer una serie de articulaciones posibles.
el ser, "la instauración del ser del Yo".'º Sin embargo, hay que $cg1in la ley de De Morgan, la negación de la imcr.ecc1ón de A y B
ro¡111vale a la reunión de la negación de A y de Ja negación de B:
una l"CIJtióo de causa-coruccueru:ia, .1"1 co1no u111poco introduce un nlor
c:dstc:ncial. La in1Jllic:ic:i6n reros1 c:n un11 (ttunci:ici6n. Si se pbn~es como (no (Ara ll)) •((no A) v (no B))
verdaderas las: pto¡>usiciones 11 hicc buen eic1n1>0"' y '"el unicornio es verde''. la
in1plicaci6n !(hace huc:n tie111po) •>(el unicornio es verde)) se vel'ifiC'lr.í :iunque La negación del rogito cmcsiano h;1cc aparecer la alternativa "o
no hay.a ninguna rcl:aci6n, si no e~ In de cnuncirirla, enrrc el ticn1poyel color del ~" 11u pienso, o yo no soy" como corolario del pasaje por la folsación
unicomjo, sjcndo lstc un ser de: ficcifln <le un:t blílncura inn\1cu1nd:t. A fo inversa,
una ''ªdefinida esta implicación, induce ll que orras puc<lan ser o bien fuls.3.s: .Id rog110. Si la experiencia psicoana lítica reíuta la implicación
!(hace buen tiempo)•> (el unicornio no es >crde)J¡ o bien verUQdcras !(no Jmr • 11ccsian•1, es lcf,rílimo aplicar n csrn fórmula del cogito la función dt
buen tiempo)•> (d unicornio es verde)) o !(h>cc buen tiempo)=> (el unicornio l 1 negación. En eíccto, si "yo pienso", entonces "yo no soy"; o si
no es •er,lc)I. (N"'" rcd~ctoJo por t\. Lemc><of.)
18. Semuaorm Jcl Z1de doceinbrc de 1966. L>con insiste en d hecho de que "yu "W", "yo no pienso". A~f, para Lacan, la implicición se despliega
t.\U operación no c:x1!tc en li\ uhl.li tic vcrd:tJ. ¡Esto no es verll:.d sino en parte! rn una altemativa excluyente: o yo no pienso o yo no soy.
F.n efecto,~¡ lia "opc:rac.1(1n 0111ctt.i .. no 11~ne en 13 l1lgica form.:il ni 12 inlporanci:a L.1can sostiene que es la mejor cr;1ducción que se puede dar del
funcional ni el prc:,tig-io Je boe cu:atrn opcracionc'i c:anónic:i.s (ncg:tci6n.
conjunción, dt~ción, unphoci6n), es t':al~ Jcc1r tlUC no Clásrc. Es muy sencillo rigiro <:omo punto de criswlización del sujeto del inconsciente.
definida como un;a. cun1pos1ciOn de opcnc1oncs fund:imen1~res por la cual se l'.11 tiendo de ese pumo, pan dJr ocro cimiento a la alienación t¡uc
puede realiTjt f.ínlrncntc la tabla de vcrJ;1J. La 111openci6n omega.• pued~ fun1L1 al ~-ujeto, L•can comienza a des;irrollar lo concerniente a b
escribirse en tres íomus equivalrnrn -ritnen li mi,mi t3bla de ~rdad- como
uru nqr.tción dt una con¡un1,.·ión (no A n 8), como un-i disyunción de dm
liig1c1 del fonrasrna.11
ncgocioncs ((no A) u (no 8)) o 2un como un• unpliCJción (A•> no 8). Eíectmndo
csta ubl:t de '~rd.Jd, 1puccc anrncdiiumtncc que s:i A y B tienen simultincamcruc
como ,-aJor "verdadero", b "opcr:ición omcp" .. r.i.... • r pan cu:al~ º"" .: 1 Estos últimos elc.mtntm 1poraJos por Laon 00$ 111,·n.;an 1 luttr dot
con1unciñn de ,..lom J•Jm 1 A (yo pi<nso) r • B (yo soy) b m1plicación scci 1ri'u1Jn11cntus. S1 no se puede "tguir arulític~ r cHniC".JJUC'ntc el rttarndo de
'i:nladcn. (Nou rtJ•cud• por.\ lemosof.) l4CJ.n en cwnto J.l car.kttr C'lClt.l.'"'º de C'!fa di\juncu~n -K2 el SU.J<''º· K.l C"I
19. SigW<:ndo • Uc>n, d rogii. se escribe como un• ronjunción: \)V pim· I" ~ndi:oto. pero no los dot :al misrno utn1po·-.. y ~o nm 1p.1rccc mlKho ntÍ'I
soi " •"yo <0yj. rubkn1lt1co dode un punto de visu c>tncumcmr lógico. l'.n rfrno, b loy de
20. Lc=ón del l l de en<ro d.< 1967 1Ja,\lar¡µn nosc wcnfiGI nús que11 l.a disyu1w:l6n 1101\V no U 11onCJlluym1c,
lll LACONIANA LOS SEMINARIOS DE JACQUU l"CAN 19'.. 1979
alienación
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alicn11ci6n
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las tlifcrcntcs 111vcrsiones y reversiones de In csLnictura gramati- m pero r:imbién pérdida del Otro materno, marcado en lo succ-
cal impucm1 por la dección alienante. La alicn:1ci6n subjetiva que ~1vo por la cnslrJción. Así, este primer momento de alienación
funda al su¡cto es hablando con propiedad el revés del togiro. Se ul11cavi1, correlativo de la operación de Ja mctáfor;1 p~ccrna, ~e
ohscrva una diferencia respecto al modelo de alienación que Lac:in 1nli!J por l:i sep.1rac1ón del sujeto. Aquí interviene el scgu11<lo tiem-
hahfa propul·i.to en el seminario XI. Lac:m propone aquí dos tiem- po de 13 alic1ución que se juega también en la disyunción de una
pos diferentes de alienación subjecin. El primer momento co- clcn:ion fo17.ada entre el ser }' el sentido. Pero aquí se tr.na 1ld
rresponde al de b metáfora paterna: ¿ser el falo Je la madre, o 1c111iilo 4ue el )UJeto le ª'igna a su pensamiento.
,o no pienso o no soy? La opción menos mala es la dd "no
1uc11so", donde se cree sal'"ar la apuesm dcl.io "rnmo pura y ú1110
m trnración del ser"'. Frente a esta elección fonada, el füJeto "d1-
t1 <lccir que s1 no t\ )" 110 8 \·crd:.ld-cros s1multjnc:.111u::ntc vuelven también ll•ú" IJ opción menos peor, la que le pemlite cn apnrienc1.1 prcsc1-
vtn.bdc:n 13 dbyunc1ón. Dicho de otro modo, esto ~ignitic.-a <¡uc, p:tna que el v11 "'ser. Un único inconveniente, pero imporianre: tic este "M, ",
rccucso Je l-.1C\ln :i l:t ley de De ~lorg.1n sc-3 pcrtinc:ntc;. La-t proposiciones (yo no
n11 podr;i pensar nada, SLllO sólo designarlo.
JU~n~o) y (yu no soy) d_cben ttmbién poder ser vcn..l:idt:nl't 21 rnis1no 1ic111po.
:F.sro no et des1!.(n.1r el ucn1po nnteriorn I:' n!J\rt:<'ión origio1.1da? Si~ nos sigue, F11 rnncxi6n cnn la escncin del "yo no pienso" ••parc<:c tu ~0 11 1.
se ,1<.h11crtc tJUe esto 111troducc una dlfcrenciaci6n entre b alil'n:u:i6n 'luc cMl h1,11ltl 11u-y•u en el lugar mismo del ergo, es decir, en el nivel 11c la
01quí c:-n cutsliún y la que Lacan C"\'OCÓ prcccdcnu:1ncnh: en /,t1J '"''''"' r111tirp1q1
fi11u"1n1rnt11lr1 ,/ti puM.uuíl.uil, ciuc supone: qut! y:i rstí in~cripr.1. IJ n:1•rc~i(nL
·íl'• J)ctrión de la representación "euJeriann". Este 11n·1·u es .iliso-
!11t111w111c cst·ncial pues, como indica Lac:in, e< lo qm: Frc11d cll'·
LA LOCICA Ofl FANTASMA
IJO LACANIANA LOS 'ifM!NARIOS Of J.AC.QUES LACAN 19&<4-1979
'"
signa en su segunda tópic::1 como el ello. Para Lacin el ello es mosque ver con la Btdmrrmg. Lo que quiere decir que .1111 ''"'" 1~
hablando con propiedad lo que, en el discurso en ramo estructura "yo no soy'' cienc lugar el mismo tipo de inversión que e 1 'I"º
lógíc.i, no es yo. Lo que quiere decir, siguiendo la articulación ohseivamos en relación con el ''yo no pienso". Dicho de otro m• ~1,,,
lógica de Lacan, el discur-;o en tanto cstrucrun lógica que escapa 11 el "yo no pienso" se invierte seglin el esquema de b altcnJ< iun
al Yo. Y Lacan precisa: "Cuando digo 'estructura lógica' encien- tn "soy - algo", el "yo no soy" se invierte, se aliena en un "picn10
dan: 'gramatical'".11 J:'.sto se manifiesta en el hecho de que el fun- u>SJ". Lacan subraya que esta fórmula da el verdadero sentido :t l.1
tasma se pre.scnw como una fra.;(! (Se pega a un niño) que c.,cluyc formulación de Freud según la cua 1el inconsciente está consntm·
en su estructura misma al yo como tal. '.\:ingún mmentario, añade do por representaciones de cos2s.
ucan, puede testimoniar lo que se introduce en el mundo en tal Para el eUo, tenemos que vérnoslas con un pensamiento que
fórmula. "La estructura de la frase 'Se peg:i a un niño' no se co- ha perdido algo que sería como un "deser".24 Del mismo modo, 12
menta, se mucsrra.":1 mcmteocia en el nivel del inconsciente es marcada con un "yo
Lacan subraya el lazo1.-scncial emre el fanasma así estructurado pienso que no es yo".
y la pulsión, de la que y:i hahia mostrado en un aprcmdo comentario Hay un último paso que dar en el camino de <.'SU lógica de la
de "Pulsiones y dcstin<» de pulsión" que constituía un montaje •hcnación, primer aspecto de esta lógica del fantasma: ,e tr.1ta de
gramatical organi1.ado como una serie de inversiones. El sujeto es m<licar la disyunción de esos do~ ténninos que se plantean como
tomado en esta estructura granucic:il que había definido en el se- 'rnnstituycndo las relaciones diferentes del Yo en el pensamiento
minario XI como "acéfala'', es decir, donde el Yo no tiene lugar, de la existencia. El "yo no pienso" y el">'º no soy" no están llama-
donde no es el sujeto de b frase, ;11 igual que en el enunciado del dos a rew1irse: se ocultan uno a1otro. Pero es en el lu¡r-ir del "yo
fantasma. no soy" que el ello se positivi:r.a en "yo soy ello", frase que, para
Hay una lú1ea ele separación enu·c el Yo que habla, pero que L1cóln, remite al uupcrativo freudiano: flló E.rwm; sol/ !ch werdm.
está excluido del ser, y lo que subsi~tc como articulación del pen- FI ld1, si debe wcrdm, advenir, es porque no está allí. El Yo debe,
samiento y que es la csu uctur;1 gramatical de la frase. Queda de rn <"onsecucncin, no ser "desnlojado", como se hn c:raducido la fÓJ·-
un lado el ser y del ol!O el pcnsa micn ro; y Lacan pone el acento 111ula frcudiana, sino mtls bien al comrario nlojarsc, o como dice
en el elemento e.le la altcrmuiva que se va a perder. Si 13 pérdida en 1 .1c:in jugando con el equívoco: alojarse llogtrl en su lógiCl [/ogiqi1cl.
el nivel del pcns;unicnto, como acibamos de ver, se salda median-
te un ser que no puede pensarse, la otra alternativa, el "yo no l.Js líneas del esquema del semign1po de Klein convergen hn-
soy", es just;imentc de lo que se tniu en el inconsciente. La ver- ' '·' el vértice situado abn¡o a la izquierda; numerosas consecuen•
dad de la alienación se demuestra en la parre perdida. uJs derivan de esta articulación. Si a In sombra del '"yo no soy", de
En el nivel fenomenológico m;ís inmediato, el inconsciente se 1.1 falril de ser, se revela la Vt't'datl de la eS1T1Jet11ra, es decir, el objero
manifiest:i como efecto de la sorpresa, allí donde el sujeto no se o, entonces a la sombra del "yo no pienso", de la falta del pcnsa·
reconoce, donde no es (lap:.us, chiste, etc.). Lacan remaica un punto miento, se abre '"el agujero en In Btdmnmt", a saber, dice Lnc:in,
que ya había puesto de relie\'e en el seminario "Problemas cruciales b mcapacidad, la imposibilidad de toda significación para culirir
del psicoanálisis", a sabc:r, que to<la frase, con L11 que sea gramati- 111 rcbtivo al sexo. De allí la inscripción -q>, abajo a la izquicnlJ,
cal, pro<luce sentido. En el nivel del inconsciente, nos las cene- que Mmboliu la castración. L3can subraya que b e<enc1.l de la
l-1. 11'1J. Subnye:mO\ qut, sah·o error de nuotn p.trte. es b pnmen ,·cz que
22. Ltcción del 11 dccncro de 1967. 1 K:tn uullt.J el ténnino •Jcstr", ténnino que tcndri atm i1nporunc1.s • conu
B.¡¡,¡¡, huacujn, npccUln1tllte en ta •Proposición Jcl puc:".
1)2 lACANlANA lO!. SEP1lNAR.IOS DE JACQUE;S t ACAN 1964ol979 lAtóGICAOEL FANTASMA fil
castración es lo que en est:1 otn relación de ocu lt.ición y de eclip· ,le un~ "ley consciruycntc del sujeto mismo y que es: la rcpc·
se se manifiesta en que la diferencia sexual "no se soporci nús que !JCI< n".:l
de la Btdmtrmg de algo que falta bajo el aspecto del folon. 1 ;t repetición es el movimiento propio del desdoblamiento 111
ílnit» de la falta. Lacan recurre al número de oro para explicitar
Con estas ariculaciones, el primer aspecto-y de algún modo el ~te movimiento. Se cratll de dar cuenra de la manera en la que el
"hueso duro"- de la lógica del f:mcasma csci planteado. A parnr 111jtto, tomado en la c~trucrurn significanre, marcado por el sigru
de csrn estructuro ccilida alrededor de cst.J verdadent "inversión flt"~lllC y por la falta que fo constituye como sujeto descante, SC
del cogiw" con escas herramientas lógicas (lógica de los conjuntos ,¡, spbza en wia serie de repeticiones interminables de esa falta
DeMorgnn, grupo de Klein, funcioues de la negación) Lacan abre P'" .ranJo responder de ella. En este fenómeno de la repetición
el espacio de dos faltas que se corresponden rc:ciproc:tmente: la
falta en el nh-el del ser (el objeto a en tmto causJ del deseo) y la
falta a nivel del significante S (A). Nos parece que Lacan nunca
,, .
11 111cga lo que Lacan llama "el drama de la subjetivación del
mento ele medida y armonfan, es decir, que ordcnn el despliegue ntndal clc la conjunción de la relación sexual con su realización
de la rcpcuoón y que es justamente lo que se tr:ita de precisar. 111i•1c11va"." El falo es un elemento tercero que no instaura ru
Lacan rcpresen12 este problema en el esquema a partir de Ju cumplcmentariedad ni simetría entre los sexos. En cambio, los
transformaciones, o más bien de los desdoblamientos, del n, el A. aos •e diferencian según la relación que establecen con el falo.
el Uno y el I." Esco en la medida en que en la repetición -enton- I~•• ~n sostiene la idea de que la ausencia de gar.inúa en cuanto
ces en el fracaso- del acco se.mal h:iy, justamente, una meruda. I! In 11uc diferencia lo masculino y lo femenino es lo que sicúa al
Esta mcdídJ, intenta es12blecerla entre Uno, 1, /1 y A. • tu ,Je la copulación como aquello que podría aportar e:.ta ga·
nu11f:i. l.1 versión moderna del mito platónico sería la de una con•
f•mc 11111 sexual en el que el goce de cada uno podría ser compl1·-
29. S1<e pbnte• AC =o: 11• = :i/I ·•o •un 1 + • • l/o 111rnt rno, encontrar una común meclida y repartirse del bdo ho111 •
30. Por cjcniplo: sección de orc>, di\~n:t ptoporción, ntlmcm de om, y l:a a
presión 1n~cc1nJtica en fracciones continu::LScn la~ scri~ de Fibon:1C'Ci. H.efcrenrc 1 h1 , }' <it'i l.1do mu¡er. '1;sta común medida, esta relac1éin entre los
e<to. se puede recomendar la lc.:wro del oráculo de Paul f lcnry: • L•can, el nú111e ruccs ¡mdria producir una simbolización de los sexos riuc supllrfa
ro de oro )' lu series de Fibonacci", Cisr11't n' 1, septiembre de 1991, p.ígs. 1()9
1)9
31 Véanse en parocular los desarrollos de las lc:cc1oncs tld 22 de fcbrem y rl
1) 8 tk marro de IQ67. ll. l.cm<'•n dd ll Je fdmoro de 1967.
,,. lACANIANA. LOS SEMINA•:unc o: JA(QUES LACAN lt&•·l979
l.1 que falca en el lcngua¡e. ¡Por desgracia, no es así! Sobre este rrnci Pero de manern mis rnd1caJ, el sujeto está y.i ma1' ~1!01 "11
punto >e aruculan la coesaón del sexo y la de h alienaaón sub¡etiva, l 1función significanrc, que sólo se adquiere al precio de unj pfr•
Y esw arácubción sigue el mismo e-Amino que la lógic-~ de 13 alie- thda .le goce. Esta pérdida está designada con la le= n. De r~•e
nación. Si el "yo no pienso" se manifiesta como "ser macho o 111e1<lc1, los sexos son el uno para el otro la medida de lo 11np<h1hlc
hembr:i", el "yo no soy", al estar del otro lado, es decir, del !..do Jcl r• e, pero esl'.<\ medida es un posible, inconmensurable. G.ub
del Orro, funda el malentendido del acco sexual, "signo que ,·1ene '"'º repite con el otro el desdoblmicnto de l + n • lln.
del 'yo 110 pienso', de donde yo soy como no pensando" y que llega
al "yo 110 soy, ahí donde yo soy como no siendo" .11 Así el suíeto se 1'11 este movimiento de repetición, según Lacan, se abren tres
declara con toda inocencia como siendo hombre ahí donde ''yo ,r , "3ra el sujeco, siempre en la per<pccáva de esta cstrucrun en
no pienso" ba¡o la fonna de "tú eres mi mu¡er alli donde yo no 1ccl de b que se sirve, el grupo de I<lcin: el 11tti11g-011t, el pasaje ni
soy". Nada impidc que la mujer haga lo mismo. El sujeto se mani- tlC y la sublimación. Esto tiene una relación directa con la alíe·
fiest:i en el acto sexual bajo esa forma de ignorancia. Y, haciéndo- umón, que, recordemos, nos es rcprcscntaclu como asociando dos
lo, se si rúa "en la junrura, o mejor dicho, en la disyunción entre el opcr a ·iones diferentes: en primer lugar la elección obligada, ne·
cuerpo y el goce"." ""ari.1, del "yo no pienso", como merma del F.s de la cscn1ctura
16¡ a conunuación, el hecho de que el otro elemento que no se
Esta articulación constituye el segundo aspecto Je esta lógíC2 1'11cdc elegir de la alternativa sitúa el nudo del inconsciente como
del fantasma. Como dice Lac.in, "se trata de repensar la lógic:i a re ll<• >donde nmgún pensamiento puede 'cr atribuido al Yo, y
p:m:ir de este pequeño n".n No hay que perder fo perspecá'-a de 1111c lo une n un "yo no soy", :1 saber, el car:ícter mdctcrminablc
que este desarrollo del "drama de la subjetivación del sexo" en la •I .u1eto en relación con el pensamiento 1nronsc1ente. A partir
media y extrema razón del f.ilo wmo falca es comcruriva de la alie- 1, allí, Lacan propone ~ituar, siempre por el sesgo de la repeá-
nación primordial: el pequeño n es "el niño metafórico <lcl Uno y '"· la correspondencia de dos modos en los que el suicto puede
del Otro", dice Lac:an, en la me<lida en que nace como un desecho 11p,1rcccr de manera diferente según lo1s venientcs del acco: y;1 sea
de la repetición inaugural de la relación del Uno con el Otro, ti ,1 1ro de la alienación, que correlaciona con el pasaje al 2cto, ya
reperioón Je donde nace el sujeto. llCI como el que revel~ la posición del inconsciente en la situación
El sujeto se Íll\tiruyc en la satisfacción buscada en la repeti- 1r 1luica, correlativo del náing--011t.
ción. En la -cpcución del acto $Cxual, el sujeto ~L<Í en busca de: Lac1n considera este despliegue de la dimensión del acto en la
una rcspuestil, de l:i aparición de un significante último que pueda rcp ·udón como fundador del sujeto. De c'te modo, según él. el
rcpre.,cncarlo con .o hombre o como mujer. Allí se dibuja b disyun- 1111<'tt1 será, en el acto, división pw·a. Cernir la cuestión del acto
ción entre el cuerpo y el goce. La co111ún medida esperada del acro c11111> 1lc entonces a cernir el punto pivote de la repetición del
scmal no puede ser alcanzada y no sólo por el hecho del des- Jt1Jcto, dicho de otro modo, lo que se orgamzn a parti r de b faha.
fallecimiento rnismo del órgano de la copulación. Si el goce fálico l.,irnn no se demorn más en este punto, pero lo hará el año ~i
eriste, éste se limita a L erección, es un puro goce autoerórico uu1c ll ce.
que no hace relación y 1.:uyo lín111e está sig11ado por la derumcs· Sin embargo, subrayemos lo que pone de reli.-ve: lo unportan ·
1, nn es tanto b definición del acto como sus consecuencias. L111~1n,
~n csu lección del seminario, se sirve de 11s reprcsemac1on• ·. h ·'
33 L<Ctión del 7 Je Junio •le 1967. ¡,,.11,11l·s de la ropología de lns superficies' el loro y 111 hnncl.1 de
34. /bid. ~l{JChius. Se plantea b cuestión de saber si el corte "111'.cn•h ·"I"
J5 Lección dd Z6 .le abnl de 19"•7. I"" rl significante -es decir, por el acto· ¡1ro1lucc un•I c'1r1111111.1
IJI LACANIANA - LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN ••6'4 t•'79 lA LóOCA DEI. IANTASMA ,,,
tlifcrente. Esto deja en SU>pen<O la cuestión, que nos parece escn• 10 <Id sujeto, en el desfiladero del sign16cante, en su rccurrcnc ia.
cial tmto desde el punto de visrn teórico como clínico, de situar tu ] >e drmde la impomncia del fantasma.
mcidencias y consecuenciJs del acto no solamente en el 111vel de la F n la lógica "lógica" los autores, cualesquiera que sean sus
detem1inación del sujeto, sino ucn lns mutaciones del sujeto".•• 111énros, se limitan a las funciones formales de la verdad en el cua
1lr11 IJllC hemos dibujado, a saber, el pri11cipio de no contradicción
1fay también orras cuestiones que son abordadas en este ~cmi· y,¡, h1valcncia. Ahora bien, La can insiste en la imposibilidad a la que
nario. Así, por ejemplo, el lct'tOr encontrará desarrollos unpor· so rncuentra confrontada la ló¡:ic:i a causa del problema de la s1g-
tame,, sobre la sublimaci~n y su relación con la sa~facción, la 111íic.tción, pues no hay pos1bili<'2d de fi1ar una signific:icióo
repetición y el acto sexual. Pero Lacan aporta contribuciones escn· walqmcra como unívoca. Según él, por eso, desde un punto de
ciales, que se cuentan seguramente entre las m:í~ finas que se pue· vi~tl lógico. no se puede h3CCr OtrJ cosa que atribuir a alguna
dan encontn1r en la líter.atura analítica, acerca del goce, la perver· p 1r1c una lógica, que "atnbmr la función de verdad a un agrup:1-
sión en general y el mas0<1uís1110 en particular. No 13, abordare- m1cnm s1gnificantc".'8 Es exactamente la función que Lncan re
mos ;iqtú, a pesar de su interés y su imporroncia, pues c¡uer~mos 1mtocc :11 fontasma. Para él, el fant,isma no es sino un arreglo
circ.:unscribir nuestro propósito al nen~o del seminario, que res- ~1¡: nificamc que captura el objeto 11 y el sujeto representado por
ponde a su útulo. una fr.1sc. Desde ese punm de vista, el fantasma se deduce de la
Simplemente subrayemos que Lacan cierrJ este año de semi· 01rnrr ira gTamancal que oscila del "yo no pienso" 31 uyo no soy"
nario volviendo a la cue,rión de la \·erdad. Allí donde la lógica mmo una significación de verdad. Ahor.a bien. ¿qué ~entitlo nene
tiene ..-nación de ser dar:i, neta}' tajante -connotando un coun· ctia signi ficación de verdad? Lac-an p!Jntca aquí una vcrcladcr.a
ciado cualquiera con un valor de verdad o falsedad-, d p>icoalÚ· 1klm1ción. Considera que la significación de \'erdad quiere decir
lisis, o más bien lo que la práctic.1 psicoanalítica revcl.i, se inscribe lo n11<mo que cuando se afecta un enunciado con una\· mayúscu-
en contradicción con esto. F.~ just:imente Jo que pbnica proble· l.1 v1 logica. Por esta connotación de verdad (a la cual nos vemos
mas para la lógica: la contradicción, ya que reposa sobre el princi· lln,1dos por los rorruosos senderos ele 13 repetición) el fam;isma,
pio del tercero excluido (algo no puede ser afinmdo y negado al 1·1lucido a una frase, adquiere p;1ra Lacan la dignidad de un rucio
111151110 ucmpodesdc el mi~mo punto de vista) o la ley de lllvalencia 'Jl,1 "En wcsira imerprctac16n 1el fantasma no tiene ningún otro
(u><Li proposicion es o verdadera o falsa). La práctica analítica papel"." Dl!lide Cl>te punto de visu, se lo debe tomar tan lítcral-
dcmuestn que en ningún caso en lo que concierne al sujeto, las incntc como sea posible. r\ cargo del analista esci encontrarlo en
cosa' serfan tan linules o unívocas. El inconsciente se manifiesta Jlb estrucrur.a, r definir bs leyes de transformación que le ga·
como un¡¡ contradicdón en acto del principio de no contradic- ranm.arJn a este fantasma, en la deducción de los enunciados del
ción. Pero este estado de cosas no hace más que plantear con una Jl'.icu"o mconsciente del paciente. el lugar de un axionu. ¿A.'<10-
agudeza y una exigencia todavia más grandes la cuestión de la 111.1 1lc 11né? De la manera en que el sujeto se las arrcgl.i para "rc-
verdad. ¿Cuál es la verdad de un discurso que puede afirmar e 1111·1li.1r la carencia de su deseo en el c.1111po clcl acto scxm1I". 0
invalidar al mismo cicmpo b nmma cosa? Lacan no retrocede l•'.voe;imos en la introducción la idea de una apuesta audaz por
frente a la dificultad. Define el discurso analítico como somcudo p 111c 1le La~<in. Le corresponde a cada uno decidir si esta apuesu
a esta ley de solicitar esta vcrdad.l' Ésta se cncucnrra en el discur
Podemos cnconces reconocer que el sentido inconsciente del 3C- alon an;ilítica no es una recraducción ni una re• elación h1 lo r
to se refiere a la conmoción de la imc.icionalidad; es allí donde !creme a la rransfcrcnaa, Lacan indici que es precisamente por1¡11e
ucin sinia el acro del psicoanalista. Lo ti·•~ no impide a los ana- hly una fafü del saber respecto del sujeto SC.'<tlado. que d sujctu llCl
lisw, dice Lacin, ver sólo el ful lo sin darle t n sentido m.ís impor- d111ge a un sujeto-supuesto-saber más que los otros. El analma Ki
tante al acto. Su lectura sobre el acto sintomárico en Frcud lo 1omcll a esta regla de juego que es la transfercnc1a, sin que Kll
lleva a enunciar que el acto psicoanalítico se uttcula con la defi- lorzosamcn1e él quien es identificado con este lug:ir del s111cto•
ciencia que la verdad e.xperimenta en su relación con lo sexual, y 11111ucsto-saber. Establece la eliminaoón del su1cto-s11pucsto-~.1h«1
da el e1cmplo de un joven que dice de su co11Lrat1cmpo con una nimo objetivo del an;ílisis de la transferencia. Para el anafüt.1, d
111uchacha: "1 lc comprendido, me dijo, que una vez más era una >111c1n-s11pucsro-sabcr no existe, lo que cuenta para él no es s1110 el
mujer de no recibir".• Notemos este sei\a lamienro que hace Lncan '"'"duo ele esta opernción del saber qlle hace advenir al sujeto. De
a propósito de la lógica, indicando que los valores de •erdad no ~·1u1 sale la verdad y es por la cuestión de la verdad que Lacan
hacen m:is que asexuar esta vcrd3d. Todavía hay que aportar esta 11uroJucc el acco propiamenre psicoanalíáco.
precisión dada por Lacan a la lectura del acto. Dice que no se h:tce E1acto del psicoanalista deviene la causa del proceso de la c11r:1,
sino en b tcmporalicbd del apris-<oup y que no e!- ninguna lectura y romporn fingír que esta posición del su1eto-supuesto-saber es
sobreañadida que le daría al acto su \'alor significante. i'or el ll()<;tcnihle en L,nto es la únici condición de JCccso posible a b
contrario, el acto sintom:ítico contiene }'2 en sí esta dimen~ión del 1crclad. Una ,·erdad reducida a su función de ciusa del de,o;eo, Falta
significante que lo rcaliz.ará plenamente como acto en su apris-cw1;. uhrr, para Lacan, lo que resulta de ella del lado del psicoanalist:I.
Lo relativo al acto propiamente psicoanalítico no aparecerí Nos enseña que se supone que el psicoanalista llcg:i, por su cura.
sino a la luz del cuidado que Lacan se toma p;1ra afinnar que no A1111 pumo de ser que está marcado por esta verdad. Podem<» rc-
hayacto analítico fuera de la ttansferenoa. LJcan indic:i a propósito <•nuccr allí lo que Moustapha Safouan precís;i claramente como
de esto que su interrogación respecto al acto rcmne al senúnario "renuncia [... J al poder, temible, del goce"." En esta pérdid:1 se
L11 fflm dtl priroanálisis1 y le da un lugar esencia l a In transferencia. r11< 11cntra, para Lacan, el punto de Arquímedes de la experiencia
!lahicndo constatado que no existe ningún escrito ni sobre el acto 11~ hacer del ana liz.intc aquel que es instituido por el acto clel
analtuco n1 sobre el fin del análisis didáctico-ele lo cual hace res- p111·oanalí~t'J Lo que muestra el camino a seguir, el del objeto a,
ponsable a la organmición de las sociedades ps1coanaliúcis-, Lacan 11"" l ..1can v:a a emprender a lo largo de su seminario. El objeto a
se imerro¡¡a sobre lo insopon:able del acto analítico, que no es r~ 1prchend1do como una "caída de lo real", 10 incluso un clc":chu.
competencia de la •ubjetividad del analista, sino que m:ís bien \ propósito del objeto a, Lacan rinde un homenaj~ a \\'tnnicou,
deri•·a de sus consecuencias. ¿Cu:ílcs consecuencias? La respuesta 11uc con su obicto transicional, le permitió esta 1m·cnoón.•\pro-
llega de h transferencia y del análisis que Lacan desarrolla a p:irtir n ha para llam:tr nuestra atención sobre el hecho de que un
del ,\1món de Plarón,1 lo que le pennite precisar que la mterpreta- 1lr'iC·unocimiento de lo que respecto al acto analioco entraña !J
11qr.1cuín de la pCh1ción del analista, es decir, 1,1 negación 1k l.1
rd•uún con el Otro como lugar de la ••erdad. l,o ihMr:a rnn el
6. LL-ttion del 22 de noviembre de 1967. F.n francés,femmt tlt non-rtm•oir,
I' mplo de \\'innicorr y su hallazgo del objeto traMil·iun.11, 1.111
hurnúíouo de fin dt Tltm-rt<ttloir, que, en un juicio, C'i b alc~clón p1r:'I que sr
declare 1naolmi,iblc J. 1irerensión de la coampartt. (N. de lo T.)
7. Joct1uc~ L'1C:in, El stn1innrio. LilmJ VJJ, L11 i11r11 1/t•I psirof111dliJis, Buenos
Aires, P~idós, 1992. ''· ,\ l1111•.1 .1ph.• Sifou.ln, '"Dt: J'.icte an='lytique'\ /)Lr tt11qrr1·11,·11 i/1· prv1l11u11.1ly1t,
8. Pl4'tón, l.t Mirum1 en <f:UVf"tSm1Jp/ita, París, (;allunard, col. .. B1hlioth~1uc 1'~111, I· oyllfll, 2001, ¡r.lg. 1B.
de b Plfüdc". 111. l .ccc1on cid (o ele d1c1cmbrc Je 1967.
11 lACANIANA LOS SEMINARJOS Ol ,ACQUES lACAN 1'9&'4 · 97'1 [l ACTO PSICOANALJTICO
CCI~'Dno al objeto a, en tanto no es ni interior, ni Cllterior, ni ilusorio. un1 puorn signíficanre. El resorte de la efic:tcia de b .1ccu'ln no
llrcvcmcore, un ob¡cto que no entra en la construcción del :trtificio está en el hacer sino en esta punra significante. Es lo 1¡uc el a< IU
olcl n:irc1sismo. Sin embargo, UC3Jl obscn-a que 3 "ínoicorr le íal!ulo jusumenre revela: un acto que se presenta a si misnio ro111u
f:ilL1 la teoría del su¡eto que está en el uextremo" de este objeto. Su fallido es un acto que oenevalor de significante. El ejemplo cl.ísioo
1coríJ del fru::.ing del self y las consecueoci:ts psicóticas, en los tkl manojo de llaves que se saca del bolsillo al llegar a la m~• ole
pmncros meses del bebé, anres de la constitución del sujeto, u11/a amigo/a es suficientemente explícito.
cuando su entorno no es apropiado, le har;Í proponer un "falso .\I d:tr el ejemplo de César cruzando el Rubicón, Lac:rn pom·
rdf' Lacan no deja de designar 13 naturalc1a clc la posición de al ;tcentosobrc om1 dimensión del acto, a saber, el fr.mqucamicntu.
W1nnicott, mostrando que detnís de este "falso self', Winnicott (•,te acto no licne nmguna justificación militar. Este franc1uc.1
\u pone un "verdadcro.relf', a la espera. Al hacerlo, L:tcnn deduce miento es la penetración de la rierrn madre, la de la Repúhl1ca "'
lcig1camenre que esta teorfo de Winnicou no hace más que 1111;1 violación. Lacan da rodnvfa otro ejemplo de c;;te cipo, el 1lcl
introducir los \':llores Je verdad ea su práctica de Ja t-ura. Señala ,1tln revolucionario, que él interroga de esta manern: ¿el acco
muy justamente que esci situación induce )3 pn..-scnc1a del analista, 1noluciooario se sitúa en el momento en el que Lenin da una
en este e;1so Winnicott, como "presencia de);, verdad". Lo que es .. rJcn, o bien en el momento en que los sigoilicmtcs son l:tnl:ldos
mur disanto del acto analítico, como veremos a continuación. al mundo y quieren füScitar un deseo nuc•·o?
La rcspuc..u de l~1C\o se encuentra en b mismJ fonnulac1ón.
fJl ocasión de la primera lección del año 1968, al pre,cot:tr sus s~ disunguen dos dimensiones del acto: el acto como frnnquea-
deseos pan el nuevo año a su anditorio, Lacan ret-uerda 13 inci- omcnto y el acto como aparición de un deseo nuevo.
dencia del significante en lo real por su denominación del afio y el
c·iclo de bs estaciones. No le es ioútil mencionar que al ;11!0, como Lac:tn cita el poema de Rimbaud ...i 1111 r1111on, y dice encontrar
J tan ras ocns cosas, no se le puede asignaru11 comienzo naroral, v :illi la "fórmula del acto" en todas sus diinensioncs: significante,
lo mismo succ<le con lo real. Entonces surge la cucsnón ele sab;r ,Je f1~mqucamiento y de comienzo.11 1le aquí el poema de Rimbaud:
do111lc loe;1lai:1r el comienzo. El acto mismo rcbponde a esrn iu-
tc1111~11nún, ya ([lle su presencia es precisamente función de la "Un coup de ton doigt sur le tambour déchargc cous les
nn-011la1l 1lc cu1111cnw en el momento en C)UC éste luce folrn. Su sons e1 commcncc 1:1 nouvelle hannonic.
1l1111o~ltílc1ón por referencia al acro ritual es comprensible; lo que Un pa.sdc tO! c'cst b levéedcs nom'C:luxhomrm:s ctlcur cn-nurchc.
no lu es 1a1110 l-:1 IJ revelación de esta dimensión clel acto creador 'fa tete ,e dt!roume: le oouvel amour! ·fa tete se retoumc
ole 1111 rnmicnzo. Esto es lo que worn L.1cao desarrolla, usando le novucl amour!"
estas cius: Anhur Rimbawl, •,\une ra1son", /llwmnati11111.
"En el comienzo fue la acción• Queda la cuestión de saber cómo concebir la puesta en neto
Goethe, Fausto, J dtl inconscicnre :1 partir de la to:s1s de 1.acao scb'Ún la nial el
111..unsdcntc esti estructurado como un lenguaje.¿ C<ímo t·on<.·C'i11r
"En el conúenzo fue el verbo"
Ev..ngtlio segun S«n J111m, / /
11 l .ce<ión del 1Ode enero de l 968.
1l Un gol¡>c de n1 dedo en el t:tntbor d2 vida a todo~ Jos/a;nnultl"¡ y •111n1n 1 l.t
Para Lacan, no hay oposición entre estas dos fórmulas. No 111H·v.a arinnnfa./Un rr.aso ruyo es la l<..'V'J. <le 10\ auc\·o~ ho1nhrcs y c·I pr111r1¡11o/1 l.:
hay comienzo sin acción y no hay acción que no se presente con 1>11 c. .'111111ar./lú cal>C?~ gira: ¡el nucvo;unor! Tu cabc1;¡ \C '-''1t·lvc:/ 1,·l 1111cvo o1UH1l 1
141 LACANIA.NA LOS SEMJNo.RJOS DE JACQUlS lACAN 19'4 1979 EL N::TO PSCOANAUTICO
el efecto de ruptura de este acto sobre el cagiro, ul como lo fonnula scm.1clo por un significante (S,, que evoca el senii1lo poi el 1c:tru11 1
Descartes: "\o pienso, luego yo existo"? de lo repnmido) para ocro significante (S:, el significante re¡tnrm<lo.
Dicho de otro modo, ¿ el "yo pienso" de una fonnación del el s.ibcr incon.scicnte que soporta el oo sentido del ~'t¡cto). l·l 110
inconsciente impliC3 un "yo soy" o un "ern/e:>taba ahí"? Lacan sc:nritlo no es más que el rostro del rechaz.o que el scnudn ofn:co ol
recuerda aquí el empleo del imperfec10 que hace a b ambigüedad 51gnificndo. Entonces, lo real del sujeto no est:í m:ís en su str, ~in<• cn
de la expresión: "un instante m:ís y la bomba estallaba". Ella iba a '" muerte como significación de su ser mismo. Se puede rccnC1 •n11111
estallar y no lo hizo, es este no realizado el que define el in- c'rn 1csis consult;tndo el célebre sueño del p:idrc mucno de Frcwl.1'
consciente y el que entraña la conminación de ser "allí donde eso El ejemplo de un lapsus dado por Frcud en la Psitopmolop/11 ,¡,
era/estaba". Es este advenir del sujcco que Lacan trnduce para el /11 vit/11 rotidi111111 aclara este pensamiento de Lac;m: cuando un sujt l1>
:u'tllisracon el adigiofre1.1diano: Vf,f¡Eswn;SD/Jlthwnrlm... psicoanalista. b dice en oc:isión ele un duelo "rodas mis fclic1rncioncs" en luQ;1r
Lo que significa: allí donde eso era, yo debo devenir psicoanalista. de "todas mis condolencias'', y se corrige diciendo: "no lo pens••",
Podemos apreci:u el esfuerw hecho por Lac:rn en su seminario ~e ;\Segura el upo de perpetuación de <U ser en b vertiente de h alk~
para si ruar cómo el psicoanalista pu.cdc enconcrar su lugar en cst1 oución. El 2nilisis consiste, por el con1nrio, en hacer la otra clcc-
coyuntuni del ltb, que él traduce por "su¡cro". Este trabajo fue aón, la de c:ipt:1r la ocasión del tropiezo de b palabra para sacar a
iniciado por Lacan en el seminario precedente "La lógica del luz. el mconsc1cnte que alli se manifiesta, es decir, la de un lugar
fantasm2", 11 al recom:u su desarrollo de la "elección foriada" o en el que "yo no soy". La elección más forr.:rd;1 en el sentido de IJ
del "vtl de la alienación"," que ya había emprendiclo en el seminario mis habitual es la de •yo no pienso".
de LM nmrro ct111rtp/QS fimdmnrotaks J~I psironndlilis.
Lacan traduce el cogito carresiano por esrn fom1ulación: "o yo no Volv;unos ahora a la cuesoón plante:ida por Lacan .icerca del
pienso, o yo no soy'', lo que implica el vtl 1/e /1111/i1:111wó11, o lo que lu¡:ar que el ps1coa na lista puede enconerar en esta coyuntura de Li
él llama la tlecci611 foruula. El lenguaje da ejemplos cominuos de .1licnación: "o yo no picoso, o yo no soyn. El acto c.lcl psicoanalista,
esto en !ns expresiones: ub bolsa o la vida", "libertad o muerte". 1cc·11cnla Lncnn, insticuye el comienzo de b cura. Este initium estnr.í
Puedo elegir el mejor de dos términos y aun así no habré hecho ildin ido por tres operaciones: b de la alienación, la de la verdad y
otr.1 cosn que amputarlo. En cuanto al otro término, si lo elijo, l.1 de In Lransferencin. Estas tres operaciones pueden representarse
pierdo todo. .-c1mo la puesta en acto del grupo de Klein. 17 r1 analista, segun
!.a alicnacuín" lacamana consiste para el sujeto, en su relación l ,;1<an, encuentra su lugar en la transferencia como dcposiumo
con el Otro, en la obligación de elegir entre el sentido y el ser. Si 1lcl ob¡cro n. 11 Encuentra su lugar por su acto de poner y reponer
el sujeto elige el ser, sí quiere asegurarse su ser, "" idcnudad.
enionccs de'>aparece en orra parte en el inconsciente; si elige el
sentido aceptando lo que hay de imposible, de no sentido, entonces 16. SigmunJ FrtuJ. l.oiot~d<'4ssudos. O.rammpkt.u,L \',op.11~,
¡•i¡p. SC);l·505.\ 'b"' también J•cques L•=. "El d<Sro y su in«rprttaoón",
el sujeto se realizar:í al dc,·enir real, como no siendo rnh que: repre- 1116h1<>, ltc:aón del 1Ode diocmbrc de 1958 y ,\loumptu S•Í<x1m. IJ1UmldNJ /,
llucm" t\1~. l'líd(><, 200), p•g. IOS.
17. fnc\t.1 l6gici de grupo, bay igualdad enrredosoptr-Jc1oncs)' un.l tcf..:(n
\'i:asL" i\l:arc D:innon, F..n1.1ls 111r la t1Jpolog1c laC1111imnt1 Ali, 19'>0, pác;'I• .! 11) .. \OJ.
l 3. Vfn"ic.1u¡n·,,, fo rescñ.a de este se'nin~rio. 1(111.uul C~henl:tOl:l, É/n11mts /11tnnims pwrunt PJJ<b1mnlyrt 1111 q11orul1n1, J\t1, l fJ? 1.
1~· Véllsc 1trpr11. En fo. reseña de este ~eminairo, Robncl Chen1.un.1 "'Quclqucs ¡•J¡¡. 121·14M.
<¡lll'-;oon$ ) Ur 'L'Ac-te psychanalyque'". Eln11r1u1 /11r11ni~11s pqur 1111r ptyrh1111n1J1e 11u IH. F\l.\ concepción de la transferencia en Lac-Jn se nlin1.:a ton lia tlt• l 't•:111I tu
q11oti1ltrn, Ali. 1994. l.a 11111• el ilnnli\t;i t" inu:grndo en un:i de l:afj 11~eric~ ps.Í<.)UÍC.t'I.. drl .11ul111111
1S. V~<c con J¡t reseña del SCJ'l11nt1rio LM roatro tonrtpt"f /11ndtn11rnt11/r1 drl Vt'J..;ft S1g11n11HI Frcud, •L:1 din.iJnic:i. de l:a transferencia". ()/or1tr t111n{'/,1.11, 1 '.\; 1\',
p1i<0anJhri1, en ti V(llo1nen presente. .,...,,
~ lAC"r'l,\tlA. LO°' SEMINARIOS DE 1ACQUES LACAN 1'16~d97~ ELKTO ~ICOANAttnCO 1 1
el 11H:onscicme al comienzo de cada cura. Lacan emprende en:on- 1lc su an;ífüis, "recoja el guante~ del acro no puede olvidl• el 3lic1
ccs el cumen de la relación entre ese comienlo al principio de una Pd<¡uiriJo en su e<perienda sobre el de"cnír del analma •01110
rura r otro comienzo, aquel en el se deviene psicoanalista Ha- residuo, desecho, COS3 rechaz:ub. Al restablecer por su aciu el Ju
hria, en con<;ecuencÍ2, un víncnlo entre el fin del an:ílisis y• 1acro icw-supu~to-saber, no sin este saber, el psicoanafüt.1 ín~1.1la, not
analítico, lo que indiC3, en esre pumo extremo, la rehción de la dice La~n, el objeto 11 en el nivel de este sujeto-supuc$tn-s.1l1tt
urea del analiz:mte con el acro del psicoamlista. Entonces, a La- De este modo podemos, SÍ!,'Uiendo a Lacan, descubrir cómo d 1111
cm le rc>ta intcrrog:ir el fin del análisis y formular su lógic:1. ¿Cu:íl ele .111;ilis1s lacaniano permite esclarecer el acto del psico.m:1hMa
es esta lógica lacaniann del fin del análisis clid.íctico? Este fin que Jrticuln el deseo del analista, su falca, con In trnnsfercnc·1;1 tn
supone, parn Lac;ln, la realización de In operación verdad, es decir, ,.1comienzo de In cur:i. Lncan adelanra el término "dcscr" p•lrJ
In castración. El sujem del conocimiento, el que c5tá instalado en 1lcsi¡:mir este devenir objeto a del analista en el linde In cura. 1•-\tc
su falso sci-, encuentra, al fin de su cura, In articulación de su falrn "1leser" golpea el ser del analista y se instituye en el nivel del su¡c111·
en ser con el deseo por la identificación del objeto 11 como causa supuesto-saber. L.'\can aportará una precisión en un texto ulterior."'
<le deseo, y del falo corno símbolo de Ja hiancia del acto sexual. 1111licuulo que el psicoanalista es el afectado por este "dcscr ' al
Señalemos 1¡ue Lacan todavfo en este seminario utiliza el témúno 1crmino del an.ílisis, cuando Mno soporta más la transferencia del
acto sexual. Va a precisar que la verdad es la falra (síruada en el uber que se le suponen."
ni"el del "yo no pienso") y el "falso ser" de b alícnarión es la
pérdida (simada en el nivel del "yo no soy"), b misma del chiste y A continuación Lacan interroga el acto a tra\'és del discur.;o
la imcrprcración. Lo ~iguiente es tan importante como lo 2nccrior: .Id :malíiame. Este acro psicoanalítico que soporu la rraii>fe1cncia
"el su1cto depende de esta c3usa que lo divide y que se llama objeto msutuycndo la tarea :m.alizanre mediante la "destimcíón del su-
11", b b m3rca de que el sujeto no es causa de si, que no es m:ís 1,.10".:! Su tarea consiste en asociar sin preocuparse <le estar ahí
t¡ue l.1 t·onscl-uencia de la pérdida y que debe colocar.oc "en In consc- rnmo sujeto. La relation del sujero con el saber es sulwcrúda por
cucnda de In perdida", es decir, la que constituye el ohjcto 11, parn ,.¡ inconsciente, que es "un saber sin sujcto".ll L3 represión no
saber "lo 1¡11t le foltn". 1" Lacan señala In incidencia clínica de esrn unplica sujcto.1-1 El inconsciente está eo el movimiento del acto
ltí¡:ir.i, :i '>lhci, que entre la fulta del sujcco v su pérdicfa en el 1¡11c soporn1 la u·ansferencia. Pero enton~, se prc8\111c.i l .acan, ¿qué
mwns1·1c111c, el sujeto a menudo no puede pensarse smo con su ser. 1lcv1ene el SUJCto-supuesto-saber? La respuesta es que el unali'u
Se refugia·''' en el ser de un falso acto que es el del cogito, acerca del J:ihe, sJbc que la caída del sujeto-supuesto-saber, su suprcsi<Ín, se
cual l.:icm cnnd111r.i que consiste en un error sobre el <er. Fn lo 11umficst;1 por el surgimiento del objeto a en su luhrar y que el
que condcmc o b transferencia, el ténmno del :m.íli,is se traduce, clcLto es la di,isión del sujeto. El sujeto no se realiza m:is que en
en csw lógica de Lacan, por la caída del sujeto-supul'St<>->Jl>er )'su unto fah:a (·<l>). Lacan agrega que es porestl fult:1 qucc.x1>tecl psiro-
reducción al objeto 11, que causa la di,úión del sujeto. !~ce sujeto
dividido es llamado 3 tomar el lugar de sujeto·supucsto·s•hcr.
¿Y el analisra? 'licnc que soportar, al término del :mfüsis, no .!ll. J.i.cquc~ Lian, ..D,~urs -i l'Écolc &cudicnnc de P:iris"• "'""'' lmn
ser más que este resto de In cosa caída que bcan llama objeto a. (l'llo7), París, Scuíl, 2001.
Dcspucs de haber definido su lógica Jcl fin de ,m,ílisis, Lacan l l. lb1J., pig. 274.
22. L•·mc\11 del 17 de enero de 1968.
vuelve,, In cucsción del devenir ana lista. El ann li1.antc que, al fin
21. 11"'1.
l·I. VC:t\.C el excelente artíc.-ulo dej3cquesL:1c;1n: "La ct¡1uv1.rat:icl111lcl r.11i1 11 •
h1p11t.~10 ,.1hcr", tn Mrmrmtos crunalt1 ~la txprrirnáa u1111/,11,.tj Bu •U•·• A1•ct,
M on•nii.11, 1987.
&-. ANIA~A LOS $[M N.\RIOS 0( JA.CQVES lACA.N 1'164 1'97'9 ELM:lO Pl>COANAllTICO 1'
11.il11t.1. Lo que desde Freud se llama ClStr.ICÍÓn: el sujeto ad~1crte tcmunos, es decir, el mayor y el menor del oilogismo, se rd.1< 11 •11111
•1uc nn áene el órgano del goce unificador. Nada impide pens:i.r ¿Por qué el objeto" como término meclío? Lacan sulir•)'·' que él
'11JC L:ican critica de est~ manera la concepción de un fin de an.ihsis es el efecto del diSCUl"iO del ps1co;malizante y que no ~'S lo 1¡1u•
en la realización del groitnl /ove. Afinna que no hay subjetividad ilc\'ienc el psicoannlisro, sino que cs~S unplicado desde el inicio 11..:
tlel sujeto en la w1ifiC<1ción imaginaria del acto serual." La castra- la operación psicoanali7.,nte, de la cual debe ser el saldo. Para •111c
ción es, por el contrario, la rcafü:ación de fa inconmensurabilidad csl:l verdad analítit':t, la que Lacan fom1ula mediante la dcsiguJl1bcl
dcl objeto 11 con el 1. Esm falt:i es del orden de la esencia del Hom- ,1e1 ~u1eto con toda subjetivación posible de su realidad sexual,
bre, es decir, de su deseo; no progresa en la cura sino por su 11ueda aparecer en el fin de an:íl isis, es necesario que el psicoanalí.,ta
realización como falta fálica(<!>). La pérdida originaria que define ea p la represen ración Je lo que "cnma'tara, obtur.l, tapa c. .ta
el inconsaence es llevada a producirse en la transferencia en el verdad, y que se llama ob¡ero t1".28 Lal'an precisa que esra operamín
11111<:1 del "deser" del sujeto-supuesto-saber. Para Lacan, el o es me12fórica; el objeto a, que es aquello en lo que deviene el
Jl'>iet>analista áene este saber de que es él quien da el cuerpo, en el psico.rnnlista, va a reaparecer en lo rc:il como rechaz.;1do por el psi-
fin 1lc ;infüsis, a Jo que el sujcm deviene, y ello lr.ijo la íonna del ·oan liz:wtc. E.l analista es en si el soporte de este objeto a (heces,
objeto"· I· l sujeto dc..•víene falta, entendiendo como fu Ita "el goce 'ºZ. m1rnda). Así, el sujeto se separa del objeto n y se reconoce
de 1:1 u1uón serual","dcsc..":lrgandocl objeto pcrdidosobrt el Otro, >mu causado por este objeto en so división de sujeto. Éste es d
aquí el psíaunalisu, cuya función es precisamente ésa segl.in Lacan. cree.to de lU\ p>icoan:ílisis, nos dice Lacan. Lo que queda :1 su tér-
1'.S e~ro lo que el acto engendro como hacer. núno. el de la d1\'lsión del su¡cco, es que este sujeto no es sin este
Al 1nrerrog:ir el acto en su punto de origen en el ;inálisis, Lac;in ob¡cto y el analista no es cualquier objeto [pos umr oijctJ. Tenemos
plan tea 111psicoannlistn como sujeto dividido hasta en su octo, acto llí la' premisas de wu lógica del "no todow (pas 1011t] que Lacan
que lo desuna a ..er recha7.ado como objeto o. La resbrencia del Jesa1 rollar:\ a co1uinunc1ó11 en su enseñanza utilizando la lógica
onalisrn encuenu·a nllí MI ~cntido como rechazo del acm y de su le los cuantificadores. I. a división del sujeto al ténmno del an~lisis
consecuencia. pennite el retorno hacrn el acto del psicoanalista, peroe!iesaltodc la
E.sta co.Dccpción del acro permitiría, según Lac:m, intCrrog"Jr = analiz:.uue hacta el ac:o analítico, que Lacan consider.t como un
el acto pohuco, y esto desde Aristóteles, al reconocer que el "fruto pase, conserva pm1 él un car:íctcr enigmático.
del acto",es el objeto a, de donde su fórmula m; !{ lat, 711/trs lcb (a) •\ partir de est3 e.~pulsión del objeto " 11 térmUlo dt• la tnns-
-r,/m. El desunri del héroe se encuenll":l sellado allí. fi:rcnc1a, L;1~-nn vn a formular al¡,,unos señalamientos laterales sobre
L:1:a11 smncrc el acto "en el r1ue se instituye el psicoanalista"ll 1 histeria, el amor y el goce. f.I ob¡eto a e' lo quiere la histérica,
a una m1crrogac1on lógi< l mediante el uso del silogismo. La cucs- cst:1 .11 pnnc1JlÍO del amor yse encontrará en lo real como parten:ure
uón es saber cómo el analizantc deviene psicoanali.~ta. de donde ~cru~I. La pareja, dice Lacan, "no es un todo, así como el ruño no
su formullClon lógica en tcnnmos de sujeto y de predicado. ¿Qué cs un:1 parte de l;i ma<lrc".l'I Jomás dos sin rres; el ejemplo de b
es lo que pcnnite l:i articulación del su¡eto con el predicado "psi- csrainp:i japonesa que pn.:.<;eot:i es mur esclarecedor. en esta pmtur.i
. La
coana¡1sta .
~,
respuesta de Lacan pasa por el objeto 11 como l,11111rada figura siempre como 1crcero en el abrazosexu;1i. Precisa-
término medio, como intermediario por el cual los otros dos mente porque en el "seno de la demanda" dirigida a la madre está
el ohicto 11, rodemos ciJltar la concepción lac:ininna de la cura :lila-
litic-l que hace posible reconocer la función del Edipo en el nivel lo b:istantc c.~traordinaña para intentar precisu tocl,1vb mh
pregcni tal . Pue:. en 12 transferencia se demuestra b c.tiscencia del ob- esta función del acto psicoanalitico.
1c10 /1 como pi•·ore de b experiencia instituida por el acto del ana· Lacan recuerda haber definido el aeto "de un modo a111lu" ni
lista que deviene su soponc. poner en su centro el rechazo, "como una mierda", del an•h51a
Según Lacan, hay una analogía esrrucrural del acto analítico por el analiume. Dice que el rechazo del analista "como 1111A
con la represencación de la tragedia, en la que el acto tnigico arras- mierda" al final del análisis depende sólo del analizanre. De h~t hu,
tra al héroe hacia su destino que es el de ser sólo un desecho, y la precisa que no hay otra cosa que la mierda en el objeto n, pcrn A
csqufrj3 del sujeto se realiza entre el cspccrodor y el coro. L.1reorfo menudo es por esta razón que el analista es rechazado. Sin nmgmu
ele los cunntificndores, con la cual Lacan o continunci611 llusca eluda, Lncan responde aquí, de la manera más coherente, con "'
arcicuJarcl acto con la predicación, le ofrece la csqu iiin incroducida cn11cepci611 del acto a los psicoanalisrns que perseveran en
por un "p•1rn todo" y un "existe". Es decir, ~-uando surge b cxis- nuntener el fin de análisis como identificación con el analista. La
tencJJ particular de la negación del universal.JO referencia a un escrito de Lacan de diciembre de 1967¡¡ puede
Lacan termina considerando que la cuestión de la calificación acbrnr su teoría del fin de análisis "El psicoamlisra, como se dijo,
del p;icoanahsta se encuentra reglada por la realización de lacas- 11uicrc ser la micrdJ, pero no siempre la nusma. Esto es intu·
tración, como precisa suficientemente en este seminario. En cam- precable, a condición de que se dé cuenta que ser la mierda es •·cr·
bio, reconduce su interrogación hacia el estatuto del p"coa112lisra, clJderamenre lo que quiere, desde que se hace el hombre de pJjJ
a saber, el de un sujeto que se ubic:i en est:i elección de objeto 11. del sujeto-supuesto-saber. Lo que importa, entonces, no es esu
Al finalizar la lección del 20 de marro de 1968, plantea la idea de mierda o :aquella ocra. ( ...) Lo que capta es que esta mierda no es
que esra elección se puede explicar por el hecho "de una cierca 1k él, no más que del árbol que rubre en el apaci!Jlc país tic los
inmunitl3d a la negaciónn del objeto a. Su demostración muestra pa1aros: en el cual, más que el oro, hace el Perú". Así es como el
fácilmente que la enunciación de un "yo no miro" asegura la ¡>sicoanalist.1 instaura una experiencia en la que él ¡>onc su grano
existencia de algo inneg.1ble. Lo mismo ocurre con lo referido al de arcnn en nombre de la función tercera del olljeto n, que es li1
"seno" en un "yo no tomo" y al objeto ana l en un "yo no suelto". llave de la determinación del deseo en relación con el aprieto del
Podemos agregar aquí el propósito de Lacan en su conferencia ~occ del acto.
del 19 de junio de 1968,31 en la que anuncia la continuidad que Del mismo modo, para Lacan "no hay acto sexuat•,H en tanto
previó para su semanario antes de la interrupción por el Mayo del d deseo masculino impone a su partenaire esta función de objete>
'68. Nos entcnunos que ilxi a mostrar la división radical que result:i a, que ella no tiene ninguna raron para accptaí'i no es para percibir
de tener que ocupar el lugar del su¡eto-supucsto-sabcr. Lacan había este eng:uio. Por su lado, el hombre de:;cubre que no tcndd j,mds
rescn'3do el término Vnfmgmmg para designar esta csquazia del "d 'abcr del otro se.<ott. Lo que quiere decir que el s;ibcr del macho
sujeto en el acco, en canto esta posición de sujeto consiste en sos- en b cura llega a la casIT:1ción, es decir, a la verdad, la de su "im1>0·
tener algo del sujeto-supuesto-saber que el acto va a desmentir." tcnria para hacer del acro senial algo plcnott. 1i:ncmos en t:nnsc·
rnrncia el "poder de la mentira" del lado femenino y la "vcntul
En fa lección del 27 de mano, Lacan retoma ~u avanzada sobre ,¡,. 1.1 impotencia" del lado macho.
el acto 1ltrig1éndose particularmente a los analistas. La ocasión es
Le: queda al annl1sra advertir que ninguna suma de esta dialéctica del sujeto-supuesto-saber, donde se distribuyen los tl11111111111lrl
cmre saber y verdad es de su competencia Nada puede dominar l.1nta,ma, el objeto 11 para el analma, y la división del su¡c1u 1111 ¡¡
esta interferencia de lJ función del sujeto "en relación con lo que el analizanre. Conocemos su efecto de "de,;tinición subjctiv.1 ""
concierne a este acto"." Al psicoanalista no le qncda m5~ que buscar rn el analiza.me y el ad,.cnir de la división del sujeto al lugar .Id
"I modo de VeUique:i; en el cuadro de las Menma1 "dónde él, el wjcro-supue,;to-SJber. La cuestión que resta s:iber es lo que puede
analisra, estaba. ya, en tal momento y en tal punto de la historia h•cer que un sujeto que ha hecho esca e:q¡eriencia del fin de anilistS
del sujero"." Sólo así sJbr:i qué es la rransferenci:l. Tomándolo de desee sostener, a su tumo, esta ficción del sujeco-supuesro-saher,
este modo, Lacan pien.s:i que el analí>ta llcg:tría a enconrrar una de la cual ya conoce el resultado, es decir b caída. Esto es lo llUC
nueva clíruca, totalmente distinra de la de la psíquiarrfa. "ndu¡o a Lacan a hacer su proposición del Pase:'°
Lacan hace sup b consigna de ,\!layo del 68 llamando a la '\eñalemos que en lo que sigue de su cnseñan7.3 Lacan noapor-
huelg:i y se niega a continuar con su seminario. Fínali1.J su semi- ur:i mayores modificaciones a su ~-onccptualiL:1ción de 13 cura
nario indicando no haber rratado sino un cuarco de su programa y psicoanalítica: podemos, en consecuencia, considerar la teoría
que, una ve1. más, como con el seminario interrumpido sobre Las llciniana de la formación del analisra concluicb en 1968.•1
no111bl-r1 dt/ padrt, no lo retomará más.
Sin embargo, en fa lección del 4 de junio de l 9ó9 del senúnaño
"De un Otro ni otro", Lacan indica: "aquí[...] yo retomo el plan
[...] del acto psicoannlitico". Desarrollad la relación del saber
con la verdad en ronco se asienta en lo SCl1lal y afecc:i de inexistencia
al Otro como lugar de su conjunción.
En FJ rtvtrso dd psicomufliris, 17 Lacan recomad orras dos veces
el trayecto del acto psicoanalítico, que "tiene una avería". En w1a
refc1·enci:1 n Tóre-111.y tnbií, el neto coma su nuevo sentido en L1 nto
"no habrfa llcto fuera de un campo ya complct;1menre articulado
en el que se sitúe l;1 ky". Se sc¡,'l1iríl con atención In consecuencia
de esta propo•ic1ó11 sobre el acto, cuando Lacan in Lerrogue la
función del padre •cal y su efecto de c1strac:ión.'"
De un Otro al otro 1
(1968)
Christian I-Ioffmmm y
Adrinn Jloubbnllab
guiente: "éEI saber se sabe a sí mismo, o por su estructura esd o\braham, cuyo nombre es impronunciable, indica ocrn cur.)11611,
abierto?". 14 Lacan se apoya en la teoría de los conjuntos e intraduce ),1del Nombre-del-Padrc. 11 La puesta de la apueSl':t es un.1 v11I•,
el par ordenado para formalizar la relación S,-S,, dicho e.le ocra 1¡11e Pascal dice que se considera que no vale nada, lo que, P·"•'.
manera, su definición de significante. En la teoría de los conjuntos, t.acan, es el objeto a, del cual también precisa que no ac11r 111
"el par ordenado pone en relación uno de los conjuntos a no con valor de uso ni valor de cambio.19 "Hay que apostar", el sujeto csU
otro conjunto b, sino con 13 relación del primero con el segundo, "implicado•-en el discurso y mucho antes de su rucimiento-co1110
siendo esta relación misma un conjunto. Ya que el significante en obieto a además del Uno. éQué es este Uno?'º Para Lacan es el
si mismo no es nada sino una diferencia con otro significante"." 111uverso que yo invoco desde que pienso en algo. La apuesta de
Lo que permite considerar la diferencia como un significante: )>;1scal pone así en juego, para Lacan, el objeto n con el Otro
S -+A deviene S-+ (S -+ A) donde A puede de nuevo y al infinitO tomado como Uno, lo que da al objeto la función de "la a-causa"
ser remplazado por la relación. El Otro deviene inaprehcnsible ele "el Uno supuesco del pensamiento".11
por este juego de diferencia y repetición. Podemos comprender La segunda lección está dedicada a la conferencia dada por
la conclusión de la demostración lógica de Lacan que declara que Michcl Foucault "¿Qué es un autor?" u a b que Lacan asistió el
el Otro por este 1uego de diferencia y de repetición no es consis- •z de febrero de l 9ó9 en la Sociedad Francesa de Filosofía.
tente. La Urvmirlingrmg y el objeto a se deducen como causa de Lacan retornará su seminario sobre la relación del saber con la
ese movimiento. Lacan deduce que es por eso que la enunciación verdad, cuya puesta en juego eo el inconsciente revela el psico-
se muda en demanda de lo que le folta. 16 .in:.lisis, la de un saber sobre una verdad que se enuncia y de la
El goce es para Lacan la topología del sujeto, que él va abordar <"UJI el sujeto oo sabe nada. Recuerda la evidencia frcudiana de la
por el lado de b apuesta de Pascal, indicando que esta apuesta se .-i$tencia de una prohibición en lo que se refiere al saber sexual
refiere a la existencia del "Yo", el que participa en el juego. Pode- F.n lo que sigue del seminario, Lacan enuncia por primera_ ~c1~
mos reconocer que el juego está en lo más vivo en nuestra relación "no hay relación sexual".11 Vemos cómo articula esta propos1c16n
con el significante. La apuesta se refiere a la existencia de Dios. ron la prohibición, el goce y su pérdida, en la que reconocemos
La rnión, nos dice Pascal, no puede determinar nada allí. Lacan Jhora al objeto a. El goce, ya lo hemos visto, es lo real en la expc-
hace bascular la apuesta de Pascal de lo simbólito a lo real, cJ de ttellcil psicoanillricn, lo re~I definido como lo que siempre vuelve
ese límite del saber que aquí hace de tope. Lo real surge en el 11 mismo Jugar. Este saber, repite Lacan, nos viene de la mujer, y
juego como cara o cru:i; "Dios es o no es". 11 Señalemos con Lacan mis particularmente de la histérica, quien, al plantear el goce como
que la aparición de la apuesta es concomicance con el nacimiento
del saber cienófico experimental moderno. Lo que se pone en
juego en la apuesta es la existencia de Dios. Lacan no olvidm 18. Namlic Chorraud 00010 en ;u obra Lnw•y los mnw111/tirM: "La posibili1h11I
recordar que Pascal ha distingnido entre el Dios de Abraham y el 1 11na de un juego de csmtegia -opuesto a un juego cnt~nr.mcntc .detcrnl1n.ul11,
n ,
" " 1tr.11egi:o- es pues un efecto del Nombre-del-Padre . En su hbro Ln Nom'
de los filósofos, que apelan a él como ~ignificante para tapar el Ju,.,-. r/Jc úwm, 1997, l::.ric Porge subny.a muy ¡ust:amen<t el retorno en este
agujero del discurso y para dar lugu al Uno de la totalidad -lo 1em1runoal Nombn:-del-Padre, nurt:ando un vcnbJero remmo, que n050trns
que ya había entrevisto Diderot-. Lacan anuncia que el Dios de he 110> «ñalado.
19 Lección del 12 de febrero de 1969.
io. Eric Porge, "L• bi6d~ de l'Un", L< Ritl rn mar~<mhliqua (<lir. P. C:•11ir1
y N. Charraud), París, Agalma, 2004.
14. Lección del 27 de noviembre de 1968. 21. Lección del 12 de febrero de 1969.
15. M!ltC O;arrnon, Enais dt ropologit "1tt11um111, P:arís. Ali, J990. 22 Ese confercncio fue publicad• en el OuUetm d<ia SPP, ¡uh<>«l"'""'I•«
16. Lección dcl l I de diciembre de 1968. 1lc 1<>69.
17. Bias Pascal, PtnJ1m1mto., Buenos Aires, C.:dal, 1982. ll. L<ctióo del 12 de man.o de 1969.
t.. lACANIANA lOS SEMINMIOS 0[ JACQUfS VCAN '964.1970 OE ~ OfROAI. OTRO lil
1
;tbsoluco, no puede más que ser rechaz.:ida y ver allf su deseo 111111ando el objeto n como referencia. Lacan se pregunta d(i111l11
insaásfecho. t,to\ el objeto a en las perversiones y en la neurosis. El pcrvc1 ~o,
Después de habemos señalado que el hormiguero y la colmena '"" recuerda Lacan, es un defensor de la fe que hace exi~11r 11 I
están completamente organiz<1dos alrededor de la realiz.:ición de l ltro, al consagr:in;c a "capar el agujero en el Otro". 21 Nos l1;1n1
la rdación sexual, Lacan demuestrn que es totalmente distinto en .!~cubrir esto con el ejemplo del exhibicionista, que vela por el
la organización humana por el hecho del lenguaje y de la prohi- JOC'' del Ocro, haciendo apa.recer la mir.ida en el campo del Otro,
bición que vacla el goce del Otr0. Lacan insiste en el significante en tJnto el voymr interroga lo que fala en el Ocro y se encarga ele
que produce Ja incompletud por donde se insáruye el Otro como 1.Jornarlo. Falca, para Lacan, examinar el objeto a en la pulsión
lugar "evacuado del goce",1' lo que introduce Ja fulr.i, el agujero, i1lo-111asoquism. Sobre esce punto, Lacan limita el dolor con la v11ra
por el cual se puede distinguir el objeto a. Laean retoma en freud d• b prohibición de goce, y renúte así al lector a Sade. El objeto /1 es
el concepto de das Ding, la Cosa, en canto es "éxtima", porque lo ll<JU b voz que el masoquista instaura en el lugar del Otro, esa vo:r:
más ínámoseencuentra en el NtbnmmudJ, el prójimo, como "inmi- que es el soporte de su pabbra, que esti dispuesto a perder par.i tapar
nencia intolerable del goceº. u El Otr0 como lugar del inconsciente rl ~•'.lljero en el Otro y someterse a su orden. El sádico le quita la
estructurado como un lenguaje esr.I "limpio de goce" y aparece p.11.ibra al Otro imponiéndole su voz. Lacrui se refiere a la historia, la
como el lugar del deseo indestrucáble. En consecuencia, podemos •I<' los "hornos crematorios",29 para consmmr que la vícán1a no se
resumir la afirmación de Lacan como distribuida en dos ejes: la 1cvcb contra este clonunio del objeto a. Señalemos que Lacan utiliza
Cosa como lugar del goce y el Otro como lugar del deseo. ~ propósito de Ja perversión el término "goce del Otro", que
No hay relación sexual porque "la mujer, no se sabe lo que es",16 rcc 1contraremos en lo que sigue de su enseñanza.
hay muchas representaciones, pero Lacan constata que el repre- Ln cuanto a la neurosis, Lacan considera como prioridad la
sentante de la represcnt:ición cst:í perdido, el "significante sexual• lnnclencia del sujeto en la pr.ícáea analíáca y retoma el desarrollo
falta en el inconsciente. La salida, para Lac:m, es por el lado de la ohrc la "huella" que había iniciado en su seminario de "La iden-
sublimación, que consáruye a Ja mujer en el orden de la Cosa en 11tic.1ción"/º para moslfamos que el sujeto borra la huella trans-
In relación amorosa. La ocra veráente de la sublimación es la de la l11rmándola en objeto a, como la mirada y la voz lo hacen en la
obr.i de arte, cuyo mérito reside en el objeto a que 3quf •cosquillea tscrítura. El objeto a consciruye de esta manera lo que Lacan
a das Ding desde el interior"." Su valor comercial, como ya indica nombra como "las cuatro borraduras donde puede inscribirse el
Frcud, le ,·icnc de esta relación parácular con el goce. El cuadro 111jcto".li La referencia al texto de Freud titulado Psirologfn dt las
de Munch, FI gnto, pennile que Lacan indique que el objeto /1 es • ,,,,,.y tmáliris dtl yo11 no aparece aquí sino para subrayar mejor la
el rénnino en el que se conjugnn lo íntimo con la radical exterio- 11lrmificación del sujeto con el objeto a, cuyo efecto es su propia
ridnd de fa institución del sujeto, y esto en la relación con el Otro. 1hvi~i611 consigo mismo. Lacan recuerda que sólo el significante
Lo cual hace del objeto 11 un objeto "éxtimo", que puede funcionar puede dar cuenta de esca masificación del objeto a, como la mirada
como el equivalente del goce perdido en el Otro. en na muchedumbre, imprimiéndole la marca del Uno. La>
Para Lacan, se trnta ahora de dar la encarnación clínica de .su
teoría. Considera la clínica como el lugar de captura del goce,
2R Lección del 26 de marro de 1969.
l9 /Md.
IO. Moustlph• Safou•n, Úlcanim1a. Lor m11i11m·i01 d• ]nt1J1l« Lawr, / 9S /.
24. Lección del 26 de mono de 1969. /Y~
1, llucnos Aires, Paidós, 200}.
2S. Lea:ión del 12 de mano de 1969. 11 Lctti6ndcl 14dcmayodc 1969.
26. lbiJ ! l SigmunJ Freutl, Pm.i.,¡. tk 1111 mnMJ y.,,,;¡,,;, .Uf]o. °'1rtU t'lllllflttdJ, 1
27. /};J. XVIII, Uucnos Airo. ,\mormrru, 1979.
16' LACANIANA LOS SEMINARIOS OE JACQUfS lACAN 19'4 1979 Of UN OTRO Al OTRO ..
imágenes son tomadas del mismo modo en este juego del Resumiendo, aquí, para Lacan, se t:r.lta de cxtraor las t o1is
significante, cuestión que la e.'tpC11encia del análisis devela y que cucncias de su desarrollo de la repetición desde su scminmu de
lleva ahora a que Lacan interrogue esta función de caprun "L11dentifioción•en cuanto a la alteridad radical del s1gnificuntc
ímagínaria de la relación del hombre con la mu¡cr. La tcSis de tnnsigo mimio. FI inconsciente que Lacan nos prescnu e~ "un
Lacan es clara, a saber, que nínguna huella puede fund:ar el 1Ji>cr no sabido por el sujeto"."' De hecho, es un paratligm.1 qu<·
sígmficantc de la relación sexual. Qucdarfa entonces interrogarse ¡icnnitc su articulación con el deseo de saber del neurótico. l.J
sobre el l'alo, definido por Lacan como significante de la falta. El !<1.dcse<:ncia neurótica de la estrucru.ra con el sujeto-supuesto-s.1bcr
falo, dice, no representa al sujeto sino al goce sexual, pues no hay 1lcp al sujeto a la espera del acro del psicoan:1lista que lo librad
sujeto del goce sexual. El fulo es el signi ficnnte "forcluido" en tanto 1klsíntoma de tener que representar en su propia cnmc esta verdad,
el goce es real. Lncan aplica su fónnufa de b forclusión, según la 11 ele una desuposición al amo y a la mujer del saber que ellos
cual todo lo que es reprimido en lo simbólico aparece en lo real, "es l1.1ten.
por esto que el goce es completamente real".º Se puede señalar l .1can no alcanza su objetivo del año que apuntaba a definir el
que el uso del término represión en la cita no es adecuado a la tlim1rso psicoanalítico. Sin embargo, ubio las coordenadas de
forclusión indiada. El goce no es simbólico. Lacan afirma que es ne Jiscur;o, S1, S1 , el sujeto y el objero a, respecro del saber, la ver-
por esto que se conrinlÍ2 creyendo en el miro de F..dipo. Kroebcr y dJ<I y el goce. Aquí ya se pueden ver las premisas del seminario
Lévi-Strauss lo han comprendido muy bien y han dejado el goce drl año siguiente, EJ TnJn'$0 dtl psitomuilisis,JJ donde Lacan for-
fuera de sus sisremas. Así, podcmosscgwr a Laon cuando propone nuhzuoí cuatro discursos (sin palabras), uno de los cuales es el
reconocer la eclosión de la neurosis en el momento en que se 1l11cul")o psicoanalítico.
produce lo que llama un drama en la estructura, a saber, una posi·
ovización del goce erótico (autoerótico e incrusivo), correlativameme
n una positivización del deseo del Orro (su dependencia). El goce
seaíirmn como real por su e.~clusión de lo simbólico y es este real el
que 1.acan dcsenma.scar.1 en el síntoma.
"dumno drl 111110", P"° tamhiin 1mn introd11aió11 n las otros trts dismrsor. s, s,
¡,,, trorín dt los "matra discursOJ" arnnit11yr uno dt las nJK!rltS mlÍS a
arig11wltSy más fmmtlos del m11innrio XVII.
Sin duda, es importante señalar de entrada que el discurso no se Poco a poco, Lacan precisa los términos aquí en juci:u. )'
define aquí como un conjunro de p3labrns. Lacan ind1ca que puede umbién los lugares, pero igualmente va a bacer funcionar cst.1
haber un "discurso sin palabras".' Lo que define un discurso son ''cnrur:i.
ciertas relaciones fundamentales. Esrns relaciones suponen, claro, En lo que concierne a los témlinos, el primer capítulo insiste,
b existencia del lenguaje, pero van más a ll:í de lns enunciaciones en primcrlugnr, con el S1, queLaean llama "saber". .Éste se define
cfeccivas. ¿Cu~les son estns relaciones? En principio, hay que re- rn principio como la articulación de significantes. Por otra parte,
cordar que, parn Lacan, la batería de significmccs es lo que deter- 5r encuentra referido al goce, a rravés de diversas fónnulas que es
mina al sujeto. Decimos significantes, no significaciones. Ciertos nrccsario interrogar. El término goce debe, primeramente, ser
fonema>, incluso cien:as letras (si bien no se puede asimilnr letra y 111\tinguido del término placer. El placer, y.i en Freud, puede
significante), pueden repecirse en una existencia, tom:u las signi- dcfinir>c como la disminución de una tensión. En este senado
ficaciones más diversas, comandar los acros mismos del sujeto. Se comporta un límite. El goce, en cambio, podrfa, por sf mismo, no
podní decir en este sentido que el sujeto no es concebible sino a tener límites y conducir a la muene, como se ve bastante en ciert2S
partir de la cadena significante, alli donde un significante puede formas clínicas (anorexia, toxicomanía, etc.). En relación con esto,
venir a representarlo para todos los otros signific:antes. Desde en- t. definición de saber va a ser doble.
mnces, no hay acceso directo al objcm, pues se debe pasar siempre Por una parte, Lacan ciende a asimilar el saber a la repetición
por el significante, o por otro lado, también, por la demanda que nusma. Cuando nos dice que el saber es el goce del Ouo, podemos
se dirige al otro. Así, el objeto a designará no un objeto nccesible r11ccndcr, por poco que asimilemos aquí el Otro al inconsciente,
a su necesidad sino el objeto radicalmente perdido que causa su 1¡11c el inconsciente no se ocupa de otra cosa que de gozar. Pero
deseo. 1 .1can nos dice también que "el saber es lo que hace que la vida se
Se puede partir de allí, incroducir algunos elementos de la clnenga en un cierto límite frente al goce".• Sin duda, se puede
cscrinira !Jc.rniana. Si se llama S2 a "la batería de significantes".' • •11tar que en el movimiento de la repecición entramos en un rodeo
~e definirá S, como "el significante que interviene"' sobre estl rn el camino que conduce hacia la muerte.
batería, representando al sujeto en relación con esta bateña. La Después de hablar así del saber, Lacan toma el S1• S1 es el sig-
relación entre S, y S, hace surgir al sujem S, como dividido, e 111ficante amo, que generalmente concebimos como un significante
igualmente "algo que se define como una pérdida",' a saber, el <1ue "iene a tomar, en un momento dado, un ,·alor particular. Sin
objeroa. embargo, en este primer capítulo, Lacan parece asimilarlo a la
Todo esto puede ser representado con el materna siguiente: función misma del significante "sobre el CU3l se apoy:a la esencia
olcl :uno". Y a partir del Mm6n de Platón, en el que un csdarn
l{l¡¡i .1, gracias a las preguntas bien planteadas, responder bien, por
1111.1 ¡lartc, no sin un dejo de esc:irnio, Lacan enuncia que :u¡ui el
111111 arrebata al esclavo la ftonción del saber. Esto no signific:1, poi
l. Lección del 26 de noviembre <le 1969, pág. 1O.
). /111d, p~g. 11.
4. Id.
S. Op. rtt. p3g. 13. 1..<Jp. "',pág. 17.
111 LACANIANA tm SIMINARIOS DE IACQUES LACAN 196< 1979 EL REVERSO OEL PSICOANÁU"e• 111
~Jbcr se mscribe en el lugar de la verdad, sólo puede decirse, al J~>~ible. La plusvalía no es verdaderamente uriliwhle p.11.11111 p.ncc,
igual que ella, a medias. En esto reside el resorte de la interpreta- porque es en gran parce reinvertida en el proceso ~e prrnh1< <••'' '·
ción, que es enigma o cita. Cita, medio-decir que no es válido sino Pensemos también, sin embargo, el lugar que oencn parn 1H 1
porque analista y analizan te se refieren a un mismo discurso. Y sobre •otros las pequeñas letrnS que se repiten en el nivel inconscr< """
tocio enigma: una enunciación, y arréglenselas para lucer de ella un Aquí, la referencia a la lctn en el discurso cienúfico es lo que'""
enunciado. Esta dimensión del medio-decir que no carece de rela- ,~, 3 iluminar. Lacan evoca el hecho de que el uso de la letra en l.1
ción con la disyunción entre saber y verdad, debemos mantcnerb ucncia no está exento de cierra pérdida. La ciencia coloc:a sobre d
siempre en la escritura reóriai misma. Lacan no deja de hacerlo, mundo una red de signilicames. Cuando un ~ujeto descendió Y
como se transparenta en estaS reseñas: el lector de ellas se asegurará luc ~o subió una pendiente de 500 metro>, con 80 kilos de equip•l-
de eso sobre todo si se remite al mismo tiempo a la obra original IC , 0 bre b espalda, una teoría energética nos conclucir.l a fonnular
1¡ue no hubo allí ningún tr.abajo. Se ve bast::mte bien lo q~e ~perdió
Para tratar el discurso psicoanalítico, y especialmente el lugar .u¡uí. Sin duda es necesario concebir que la red de significantes
que allí ocupan, Lacan present.'\ el luga r de arriba a la izquierda, que insiste en cada uno tiene efectos del mismo orden. En la
"el dominante", este lugar desde donde se ordena el discurso, y 1nción de esta pérdida habrá que inscribir el plus-de-gozar.
que, por otra parre, le sirve para denominar el discurso. ¿De qué goza el sujeto, si es verdad que ordinariamcm: sed~
En el nivel del discurso del nmo el dominante es la ley-y no la ucne bastante r.ípidamcnte ante '3 vía del goce? Se podr;a ~ce'."
justicia que la adorna-. 1¡uc el significante viene a limiror este goce; q~e _Ja b~tena s1_gni-
En el nivel del discurso de la histérica, es el síntoma -enten- tic•u1te produce siempre un objeto como proh1b1do, ma~c~siblc.
diendo por ral el sujeto mismo que ,.¡ene al primer plano de la l'Jradójicamente es entonces este objeto perdido, proh1b1d~, el
escena··. que constiruir:í parn el Sltjeto aquello de lo que le es prescnpto
En el nivel del discurso universitario, se lo ha dicho bastante, r,ol3r, es este objeto el que será el "plus-de-go7.:tr". Sin em~~g?,
es el saber. d lector no deberá olvidar que otros desarrollos perm1unm
Fin;1 lmemc, en el nivel del discurso psicoanalítico, lo que viene 1l"tingu1r, por e¡cmplo, la posición del neurótico y la del perverso,
:11 lugar dominnnte es el ob¡eto a: lo que es ordinariamente re- 11 .mn la posición masculina y la posición femenina. .
cha1.11lo del J1s(:'llrso, lo que hace agujero en el discurso. Sea como sea, esta dimensión de la pérdida deben! conducimos
Aqul, Lac;in va ~ retamar las cosas desde más lejos. En su 1 ncarar distintamente muchas cuestiones. Es, sin duda, el lugar
•cmmario del ario prc1:cdente, "De un Otro al otro", en efecto, ha de la pérdida para el sujeto humano lo que explica qu~ el amor :e
llmnmlo "plu1 clc-g01.ar" al ob¡eto a, y lo ha prcscnmdo a partir de 111r ¡a sobre tocio a la debilidad, y que la verdad sea b 1mpotenr1a.
b teoría manista de la plusvalía. E.• un enfoque cup importancia Lacan vuelve sobre In verdad en el capirulo siguiente Una
habrá que subrayar parn terminar. Pero veamos ya lo que podemos vcr.Iad que no hay que concebir simplemente como cse<.111ditlJ,
decir aquí al respecta. como pudo estarlo en el primer libro de lecrura de Lacan (Hm11n.1
El goce, parn Lacan, se en(:'llentra ligado a la repetición -en- 1/r mtdio pollo), la segunda mitad, el Otl'O perfil. ¿Qué es verdadero?
tendiendo que lo que se anicula en el nivel de la repetición es el 1 J frase Pero la frase se soporta en el significante. .\hora bien,
retomo a lo inanimado-. Por otrn pane, lo que se repite comporta e .,10 no concierne al ob¡eto, sino al sentido. A lo cual se agrcgnr:i
siempre una pérdida de goce. Lo más simple para captarlo es ,1 11 el psicoanálisis toma el sentido de una forma muy pamcular.
siruarlo a partir de lo que sabemos del objeto originariamente !11 habitt1almemc se considera que el ser es del orden del scnt11!0,
perdido, objeto que el sujeto no podr.í jamás rcencomrnr. Es desde l' 1¡uc "In que m;is ser Licnc no puede no ~xi~tir~, el l~~ico:m•ili'i',
esta pcrspecuva que un acerc1miento al concepto de plusvalía es por sn ¡nrtl', se intcrc..-s:i "1hrc uxlo en el s111~nndo. l•I ch1\1e, pnr
IN lA Al;IA~IA l01 UM1NA~ 10S DE JACQUES lACAN 196.. 1979
171
c)c111¡ 1lu,. im pie.~ abcza. El sinsentido pesa, te tonu el estómago. en atribuir a Wittgenstein "una detección de la anall.u!J hlo
l lc A1¡u1, tnmed1atl1Illente, en el tcxr•• mismo de Lacao una sófia ".,.
ilU>tr.ición de este juego del sinsentido o, mejor, del oo s~rido Luego Sade. Para ir rápido se recordará que para tal o cual 11~
(l'at-át-rm.r). La \'trdad no está del lado del 1cntido. Est2 del lado su-; pcrsona¡es (LaCllJl cita a Saint-Fond), b mucne no con~utuyc
del "no sinn (par .rmu). No estamos sin ella Fs un modo de decir m.ís que un modo de colaborar con el movimiento de la naturJlcl.il,
que si estamos a su alcance, la pasaremos bien. de donde siempre renacen las formas. Es decir, según Lacan, 11ue
tlespués de la muerte misma todo queda animado por el deseo de
L:ican a continuación habla de In verdad a partir de Wittgen- goce.
s1cin, pero también de Sade, lo que lo lleVllrá una vez más n Ja Esto es Sacie teórico. El pníctico, por su parte -entendamos el
cuestión del goce. hombre Sadc- habrín sido más bien masoquista. Notemos de
Primero Wittgenstein. Lacan recuerdo que, paro éste, In Jógia pasada que es rambiéo la tesis de Jea.n Paulhan, rcsis que puede
comprende un conjun':° de reglas, entendiendo que este conjunto <astenerse, incluso si no se puede olvidar que en algunas ocasiones
es tautológico. Cualqwer cosa que se enuncie es o bien verdadera Sade buscará una satisracción en algunas Aagelaciones activas.
o bien falsa. Sólo que decirlo así anula el sentido. ' De rodas formas, a Lacan aquí le interesa el teórico, o al menos
Lacan .re~nocc que pasa rápidamente por Wirtgenstem, lo 12 distancia entre el tc6rico y el práctico. Allí la cuestión de la
que no le 1mp1de hablar, a propósito de este autor, de una "feroci- verdad se junta con b del goce. L:ican nos dice, en efecto, que
dad psicótican, sin duda ligada, p:ara él, al funcionamiento rauto- Sade es teórico porque ama la verdad.
ló~co de la lógica. En el Traallt'U!, la lógica parece acéfala, sin ¿Qué es lo que amar la verdad puede querer decir aqw'? La
su¡~to. Se podría preguntar qué diría Lncan de publicaciones más verdad es esto: aunque Sade se afirme como ateo, la distancia misma
recientes, que son de tomlidad sensiblemente diferente. Pero so- que establece entre este goce que supone en la narunleza y los
bre todo, ¿qué es lo que le interesa de lo que conoce de Witt- pequeños medios de los cuales se puede servir p~ra esperar su
genstein? Se puede pensar que ltnO de los puntos esenciales está propio goce testimonia lo contrario. Cuando habla de nnruraleza,
en b definición del hecho, por oposición a fo cosa. Sólo el hecho exalta finalmente el goce del Otro. Pero lo que prueba que él ama
~~ ankula. Yel hecho (es átdiá) no constituye un hecho sino cuando esta verdad, dice Lacan, es que la rechaia. Es necesario, para captir
es 1lidm. 1lay ;1111 una dimensión que L:ican califica de f.íctica, esto, estar un poco "fromdon por el discurso analítico, es necesario
J1~1t111lu mduso que puedo luccr de eso una falacia, incluso si es 5aber algo sobre el modo co que, para preservar un deseo,
ver.!J1lcrn . .-\•í, puedo ser\'irme de esto para hacer creer a cual- preferimos a menudo no ir a ver allí.
quiera que adivinará mis intenciones. Se podr.I lament:lr que en este punto Lacan sea muy rápido
¿Qué extraer de todo esto? Dos cosas. La primen, que en este para comencar b formulación a la que llega: la verdad "es la
orden de hechos estamos siempre sólo en la dimensión del deseo. hermana de este goce probibido".11 Entendemos que las conquisras
Y la segunda, que no hay meralenguaje. Sería una canallada querer de b lógica -incluso las más radicales, como '3s de Wittgcnstcin-
ser el gran Ocro ~n el sentido de un Ocro donde la verdad del vienen a responder a la prohibición del goce. Por otra parte, se
hecho sería garantía, donde el sujeto vería dibujarse "la.~ figuras puede pregunmr qué valor da Lacan aquí al significanre "hcrman;1",
~n ~as ~ue su deseo será caprurado"-. Le pnrece bien que es1:1 ya que no duda en evocar el "affaire" que Freud habría tenido con
md1cac~ón valga para el anaüsra, que no debe afirmarse en esta
dimensión de un Otro que dice lo verdadero sobre lo verdadero
aun cuando el analizan te lo suponga. Pero La can no ducb ram~ l O. Lección del 2J de enero de 1970, pág. 64.
1 1 11'111 pil(. 7l
178 lACANIANA. i.OS S(MINAAIOS OE JACQUES lACAN 196,. -19?9 EL REVERSO DEL PSIC~USIS
su cuñada, y en pregunurse, asimismo, si no era a causa de su 1r muy lejos en la vía del goce. En efecto, éste puede rr11¡.cz~r , •ll
cuñada que Sade amaba 12nco la verdad. unas cosquillas y terminar poniéndolo al fuego.
Para hablar de un goce no fálico, Lacan evoca sin c111h,11110, 1
El quinto capítulo tiene, sin duda, una importancia particular. ¡1;rtir de Cristo, los lirios de los cunpos, que imagina n nnu un
Se puede pensar que La can, antes de comprometerse en una lecrura cuerpo enteramente librado al goce. ¿Esto quiere decir que el h1"11
crítica del maro de Edipo, y sobre codo de su uso en psicoan:ílisis, l1re, en tanto ser hablante, no tiene ningún acceso a un goc<' 111."
saca algunas conclusiones de lo que plantea sobre el goce, ;ll:í del falo? Esto sería inexacto. La mujer (que no se reduce .1 l.1
conclusiones que tienen en particular un alcance ético. posición histérica) hunde sus raíces en el goce mismo. Sin ern b:1r1111,
Sus preguntas comprometen, en efecto, lo que psícoon:ílisis mis- este tema, que se encuentra de modo más o menos elaborado t'll
mo es. Por decirlo de este modo, ¿tiene por meca la felicidad, <hversos seminarios, no es simple: Lacan, sin negar que una mu1cr
como se podría creer por la lectura del ln1trno1io11nl Jo11rnnl of pueda tener un acceso particular a este goce, llegará a decir que
Psycbon11nlyns? Pero ¿qué es la fClicidid? ¿Será seroomo todo el mun- Ln 1111ijtr no existe.
do? Según Lacan, las tesis de los analistas que privilegian el Estas referencias, dice Lacan, son esenciales. Esenciales en el
nu1011cr11q111 Ego llevan a esto, porque creen que el analista puede momemo en que sc plantea la pregunta por el lugar del psico-
apo)'3rse en un yo que sería autónomo respecto a las pulsiones. análisis en la política. Es por lo canto pertinente, sea cual sea el
Aquí, Lacan se contenta con decir que eso sería bastante triste. mrerés de este capítulo, considerar que hay enronccs un salto en el
Pero sabemos, sobre todo, que toda la experiencia analítica se le;.'(((). Este salto conduce a un cuarto de giro en relación con el dis-
opone a esta idea de un yo autónomo. curso del amo, cuarto de giro aparentemente ligado al proceso de
.~e hecho, como afirma Lacan abruptamente, "no hay más l.a ciencia. La cual escl, en efecto, comprometida en la vía de una
fehc1dad que la del fulo~." Tomemos aquí el genitivo en sentido fom1alización donde lo que vendría al lugar dominante estaría
subjetivo, lo que quiere decir que es el fulo el que gota, no su wnsticuido por "puras verdades numéricas". Al lugar del esclavo
pomidor. En efecto, éste se esfuerza en hacer nceptnr la privación (es decir, el lugar del otro, arriba a la derecha) viene el producto.
a su partenaire, privación que es la suya: envidia del pene, decía FI trabajador mismo, en este discurso que es el de la 1111iversidad,
Freud. pero tambi6n el del amo moderno, no es m:ís que una unjdad de
. A decir verda~, Lacan presenta las cosas de manera un poco \'alor. Aquí Lac:m se divierte con Jo que la universidad acababa de
distinta. Una muicr puede disponer del falo bastante fácilmente instaurar con ese nombre en el domifilo del control del cono-
como en el C3SO de la Bella Carnicera, cuando "el follador de su' ··inuemo. Toda esta teoría está, tal vez, a la espera de una arncu-
maridon la colma. Más precisamente, si ella quiere continuar foción que Lacan hará más tarde, y de manera muy fragmenuri3,
deseando, es necesario que rechace ser colmada. Conocemos Ja rn lo que concierne al "discurso capitalistan. Aquí, en todo caso,
solución histérica: conviene más bien dejar el falo a otra. Es ahí propone una disúnción entre el amo y el rico. Este úlómo, dice,
donde la histéri~-a enconcraria su plus-de-gozar, y Dor:i lo ve mejor no paga. Y en particufar jamás paga el saber. No se convertiría en
que la Bella Carnicera. .uno sino cuando se haya redimido. Es poco decir que este pasaje
En resumen, tncluso si hay una felicidad en el falo, éste no .abre a una canódad de cuestiones.
define para el sujeto sino un goce excluido, aisbdo. Stxus viene de
;·wwt, "corcarn. Sin duda, una vez más, se trata para el sujeto de no En las primerns páginas del capítulo VI, que inicia una serie de
• •lpímlos esenciales, se pueden destacar en principio dos ideas
1111portantcs. La primern es que el discurso del amo no de¡a de ser
12, l«e>ón del 11 dcfcbrcro de 1970. <liscurso del arno en "lo que con romanticismo ~e llama Re·
lffl 'A APll.\•11\ l,(J'- ••a.tt"'lA.RIOS OE JACQUES LACAN lt6i 1•79 111
vul11co\11K.'' UnJ re\·olución ¿no es también una vuelta que se C<'S jam5s adecuado a la verdad, es decir, aquí al plus·dt:·¡;utar. 1 11
l0111plcu, el retomo, pues, de lo mismo? La segunda idea se refiere todo caso, la !Uscérica prefiere que otra la prive de este 1í1gano
al Edipo. Los analts12s, a pesar de algunas concradiccioncs que que el señor K. le propone. Se puede nolllr al pa<ar 1¡uc l .iic.on
disimulan, hacen de eso una clave bien Slmplc para dcscncripw plrecc asimilar aquí el amo y el padre idealizado, el que revelJ ser
coda cuestión relativa al sujeto. Lacan hace notar entonces que deficiente en relación con su función de "ic¡o progenitor. faw
muy bien se puede tratar del Edipo en el 111conscicncc de los puede sorprender. El padre, que trabaja para todo el mundo,<"' ni
roguenscs europeizados, sólo que es el inconsciente que se les ha efecto muy diferente del amo: él es todo amor. Pero se trae~. 1l11·c
vendido junco a las leyes de colonización, fonna regresiva del entonces Lacan, no del padre mícico que goza de todas las mujcrc~.
discurso del amo. Se ve cómo las dos ideas participan de un mismo >Íno del padre desde que entra en el campo del discurso del nmo.
rigor, de un rechazo a ceder al peso de Jos prejuicios -sean éscos Lacan hace, n partir del discurso de la histérica, el discurso
mauistas o freudianos- tanto en el plano de lo social como en el mismo del analiz.ome. Lo que quiere decir que, a partir de él, puede
del sujeto individual. llegar al discurso del analisca: 11
El capítulo VI propone sobre,codo una configuración compleja
del discurso de la histérica. Esta se apoya sobre una nueva
presentación de los lugares.'•
.1l>t>nlJdo, de un cierco modo, en cuanco a la cuestión del parre y El 15 de abril de 1970, Lacan da la palabra a And1é <~1111111>1,
por orra parte mmbién de la madre. Sabemos de qué mooo ha 1lirector de esrudios de ciencias religiosas en el Hautes 1111ulcs,
podido subrayar cómo el niño podía ser aspirado por el deseo de la ¡>ara que comente In obrn de Sellin a la que Freud se refiere c11
madre. Aquí, la madre es designada como un cocodrilo. Lo ,¡ue le Jloisis y la nligió11111011otdsta. En efecto, se sabe que apoy.11100~
impide volver a cerrar su bococa, lo que procege al sujeco, es el tn la lectura del profeta Oseas, Scllin sosruvo que Mo1scs luh1.1
falo. Por orra parte, él subraya el hecho de que, en el miro de Edi- ido asesrnado por aquellos a los que conducía. Lacan, en ese mo•
po, Freud no ha recuperado codo. Lo que le parece esencial es lo mento, parece imercsado por cierro cono de invectivn que en·
que concierne a la verdad. Al responder a ln esfinge, &lipo suprime tuentra en Oseas, una invectiva contra la "prostitución sagrada".
el suspenso que inrroduce en el pueblo la cuestión de la verdad. Lacan recuerda cómo en las religiones de la época se desplegaba
El precio que debe pagar será la cascración, que E<lipo encama cierro tipo de saber sexual que mezclaba inscancias sobrenarurales
con sus ojos que se "caen como eSC1lmas". Ahorn bien, si aquí se con la naturaleza misma. Este saber que Yahvé ignora fcroi.mcmc,
rrarn de una posición de amo, de amo castrado porque hn borrado en cierto modo, inaugura el discurso del amo.
la verdad, también, recuerda LaC':ln, se rraci de la casrracíón en la Lac:in volverá, en las siguientes lecciones, a lo que en adelam<
rraru.mi~ión que se opera cnrre padre e hijo. nos impide concebir el mundo a través de las antiguas representa
Lacan muestra, por otra parce, hasca qué punto Tótem y rnbtí se ciones de la fonna y la materia, del principio masculino y del
separa del miro de Edipo: si la muerte del padre permite aquí el principio femenino. Se trata de la ciencia moderna, cuyo poder
goce de IJ madre (en los dos sentidos), allí la muerte '~ene a fundar iubrnyar.í como ya lo ha hecho a menudo. Incluso recoma.una
b prohibición del goce. El goce en Tótem y 111bú es el del padre de ondicac1on qoe había dado antes a propósito de Descartes. Este,
la horda: hay equivnlcncfa entre el padre muerto y el goce, lo cual es dejando :1 cnrgo de l)ios la libre creación de !ns verdades eternas,
signo de lo imposible mismo, es decir, de lo real. Podemos pasar le ahom al hombre esta preocupación. Lo que ahora nos queda es
rápidamente por alto lo que Lac:in puede decir, entre paréntesis, · 1CUparnos de un saber formalizado, lo que ha C\-ocado hablando
de la histérica: "quiere un amo robre el que pueda reinar". 16 No tle las pequeñas leU"aS del álgebra.
obstame, se notará que esta fórmula, que se hizo célebre, provoca Se puede preguntar, en este pumo, por qué emplea, para ha?lar
numerosas preguntas. Se concibe que pueda remitir a esta manio- del mundo creado por la ciencia, el término "aletosfera". Alttbtta es
bra incluso en el síntoma mismo, cuando puede comar por ejemplo l1fl término griego que C\'OC3 no c;ólo la verdad, sino la verdad como
lo fonna de la posesión. Aquí el amo, ya sea médico, sacerdote u 11cvelamiemo. Sin duda quiere indicar con ella que, incluso en la
hombre ele ley, se encuentra en efecto desacreditado en su impo- producción de la ciencia, "la verdad no está en absoluto descubierta"."
tencia. Pero, ¿cómo no ver al mismo tiempo que la histérica se La ciencia hace circubr, por ejemplo, las voces humanas sobre ¡,,,
acomod.1 al poder que denuncia? <>ndas, pero deja velado lo que es concierne a la voz com_o obj".to n. Y
este objeto, a la ve¿ producido en :erie ~r la oen~a y siempre
Después de este recorrido, se puede ver que lo esencial del escondido, Lacan lo nombrn "Jeto~ a parur del aonsto del verl.u
aporte del seminario XI está en su lugar Lacan, en la última A.av0aV1l1 (oculm), de donde viene nlttbtin, como Hc1dcg~ h.1
lección, indicará que ahora es necesario familiarizarse con los ,ubravado. Por esto Lacan dice que el analista se pone en pos1oon de
términos que introduce,$, S1, S1, a. Pero antes, cambién habrá de <;OStC~er el lugar de la letasa. Sin embargo, es necesario no "aguijo-
prolongar sus análisis en varias direcciones, que por orrn parte near la lctosa" demasiado. Orientar demasiado su bús~¡ucda hac1.1
están más ligadas de lo que se creería. la verdad equivale a soscener el poder de los impo>iblcs.
Los imposibles son los que Freud ya habfo señalado como roles: tames no sólo de El rr11tr10 del psicoanálisis sino también del Je
gobernar, educar, psicoanalizar. Se encuentran en los cuacro minario yue lo precede, •De un Otro al otr0".
1l1scursos. Lacan añade, entonces, u.na demostr:ición magiscral que En est& época, se habían reorganizado los esrudios, i11tt•)•
es necesario retomar en dcclle. Presenta, de todos modos, esca <luciendo lo que se llamaban las "unidades de valor": ob1cni1l.s
demostración a partir de la universidad y del discurso univcrsimrio, poco a poco por un control continuo o por los ex:imenes, se
y esto puede conducir a retomar los intercambios que Lacan ruvo Jdicionarían en la perspectiva de un logro final. Para Lacan, C!I
o quiso tener con los estudiantes durante el año que siguió al movi- una ocasión de deslizarse del valor a la plusvalía. Los esrodiantcs
miento de Mayo del 68. mismos, en t2Dto objetos a, funcionarían en la sociedad capital1>1;1
En el primero, en el que ~e puede notar 13 presencia de algunos como una plusvalía.
esrodiantes contestatarios, Lacan no se hace, ciertamente, el de- Eso puede concebirse. Así como en la mdusoia el obrero tra-
fensor del orden est2blccido, pero t2mpoco se hace el demagogo. lr.ija más allá del tiempo necesario para la reproducción de su
Muestra, en particular a los csrudíantcS, cómo a través de su discur- existencia, lo que permite despejar una plusvalla, que entonces
so revolucionario, en rttlidad busc.in un amo. Hacia el fin de su puede ser contabilizada, del mismo modo la socied2d contempo-
propio seminario, retama la cuestión de la universidad de manera ránea transforma todo en dato capitalizable, incluido el trabajo de
mis argumentada. Denunci3 cierta falsa ingenuidad, que consiste los que prefiere en sus universid2des.
en sorprenderse de fa revuelta de "los pichonciros de la civiliza- El concepto de plus-de-goiar, en t:lntO producido a partir del
áón".11 En realidad, los estudiantes ocupan en In universidad el 1lc plusvalía, muestra toda su importancia.
lug;ir del esclavo, y sólo una jugarreta de tipo hegeliano podría Se dice que wu de las cuestiones decisivas en El rwerso dtl
hacerles creer que son ellos los que, con este tírulo, mn a hacer psicoanálisis es la del goce, que el sujeto bus~-n y del que huye a lavei.
historia. El sujeto producido por el discurso universitnrio (S'en el FI lazo social se orguniui alrededor de esta cuestión. Así, Lacan
lugar de la producción) se encuentra de hecho en la impotencia puede decir reiteradamente que es el esclavo el que goza. Sin em-
de imnginarsc como amo del saber (S1en el lugar de In verdad). h.ugo, a esta fórmula parndójíca preferimos una cita de "El objeto
La<.-nn articula todo csro en términos formalizados. Recordemos !lcl psicoanálisis": el esclavo es un ser dcstinndo al goce, o aun es
esta disyunción que Lacan estableció entre producción y verdad." rl toto reservado parn el goce. Lacnn hace referencia a una comedia
Él la connota con ln cl11nensi6n de In impotencia y piensa que esta 1lc Tcrencio en la que el hijo del amo busca más bien el goce por el
impotencia subyace en cada discurso a lo que es solamente lJdo de la joven esclava, o al menos de la joven que toma por una
imposibilidad entre agente y otro (imposibilidad por ejemplo, en r'dava. Para el goce, tiene el interés de no ser la hija del amigo
el discurso del amo, de que 5 1 obedezca verdaderamente a S,: en ild papá.
rodo poder hay algo que cropieia). No retomaremos, a partir de allí, roda una teorfo posible de las
La segunda intervención de Lacan en Vincennes no escl repro- rdaciones encrc amos y esclavos. Si Lacan dice que el esclavo es
ducida en la edición que propone Seuil. Sin embargo, nos puede 1¡wen goza, sin duda es en parte por referencia al esclavo c:n h
conducir a despe¡ar, eo conclusión, uno de los aportes m:ís impor- teoría de Hegel, quien ha rccrocedido ante la muerte y ha elegido
tl goce de la vida. Pero reconoce, llegado el caso, que allí se crau
1le un esclavo más bien mítico. Por oua parte, toda relación entre
18. Leoci6ndcl 10dejuniodc 1970,pJg. 177. umo y esclavo no es localizable en el apo de relaciones corteses
19. Es necesario mostnr aquí cómo par> U<-:an los cu2ao lu~r<s de los 1¡11e Lacan retoma en Terencio o en Eurfpides. De hecho, si ti
cuatta d1.sc:unos se in,cribc:n en wt tctncdro. y c:órno una de b.) aristas de este tsdavo es un ser destinado al goce, es también, seguramente,
tcmcdro cs., en cierto modo, bornda, no pcnn1timdo n1ngun2 circul~ci6n.
l">lllllC el amo puede hacerlo tnb~jar ap;1rcntrn1cnt<' sm lí1m1cs,
1'4 IACANl,.NA • LOS SEMINA~IOS OE JACQUES lACAN 196.. 1979 El REVERSO DEl PSICOANÁLISIS ,.,
porque puede ex1r.1er de su cuerpo, o del de su mujer, un goce propia fuerza un objeto calculable. Incluso se puede de~ 1r 1¡110 fll
sexual, porque los hijos del esclavo pueden sen:ir de vícomas a los deseo tambifo deviene calculable. La indusoia lo calcula Je 1110<lu
hijos del amo. de vender lo que produce, y eventualmente, actúa sobre este ch:scu
Por consiguienre, ¿Lacan concibe el pasaje de la esclavitud al Esto se llama publicidad y los psicoanalislllS no deberían co1t.>íclc1p1
c:ip1talísmo como un progreso? No necesariamente. No es, segu· triviales las cuestiones que pbntea.
ramenre, partidario de la esclavitud. Pero, sin duda, no es por El plus-de-gozar constituye, en el discurso del amo, como en
azar que Lacan, en un momento dado de su enserianza, presenta el discurso universitario, el objeto de un saber. ¿Ocurre lo mis1110
el objeto n denominiindolo plus-de-gozar y en referencia a la en el psicoanálisis?
plusvalía. Es que la extracción de la plusvalía en el c:ipitalismo El peligro scrfo pensar que el saber sobre el objeto n constiu1yc
hace del goce extraído del otro un goce supuesromente legítimo. la ciencia del psicoanálisis. Si ése fuera el caso, nos instalarfamo$
Cierumente, y.1 no es el goce sin límite supuestamente contenido en posición de sabios, es decir, llegado el caso, en expertos capaces
en el cuerpo del esclavo. Pero en la medida en que se compró la de conocer -y por qué no entonces de manipular- lo que tiene
fuerza de 1r.1bajo, su explotación est:á justificada en determinadas •~lor de plus-de-gourr. He aquí una verdadera cuestión, porque,
condiciones, precisas, mensur:ibles. Las relaciones interhumanns S<:guramente, los psicoanalistas no renuncian al saber. Pero el
entran verdaderamente en la edad de la ciencia, es decir que el su- psicoanálisis, sin duda, es el único en retomar una cuestión que,
jeto, forcluido, no tendría más que repetir. Si hay goce, no es pro- por 01r.1 parte, está olvidada, la de la verdad. Es por esto que, en el
piamente el de un sujeto. Como dice Lacan desde la primera discurso del psicoanalista, el saber cst:á en el lugu de la verdad. Es
lección de "De un Otro al otro", el discurso detiene los medios de por esco, correlativamente, quen viene al primer plano de la escena,
go1.:ir en ranro implica al sujeto. no ya como un objeto manipulable, sino en el lugnr en el que nos
1lay, seguramente, numerosas formas en Lacan de mostrar la rncstiona.
dependencia en la que esramos con relación al Otro. El incons-
ciente es el discurso del Otro, en el sentido de que en el Otro se
encuentran, en primer lugar, los significantes que dctenninan al
sujeto. Su deseo es el deseo del Otro. E incluso, él no puede dejar
de hacerse la pregunta de qué es lo que quiere el Otro de él. ¿Qué
es lo que hace gour al Otro?
.El problema es que, con el capitalismo, estamos m:ís bien en el
nivel de una respuesm. Una respuesta sin escapatoria y no una
pregunta.'° Este goce, reducido ciertamente al plus-de-gozar, se
unponc implacablemente. Sea lo que fuere lo que el sujeto haga,
está apresado en el orden anónimo de la economía, que hace de su
20. Sin duda 1 es necesario indicar 2quí que Lacan, después de h1bcr escrito
los cumo discursos, propuso un discurso del copirnlisto. Es un discurso del cual
d1rcn1os solamente que nada consciroyc ~lí un tope, de Jnodo que el sujcro ~
cncuentr:a do1niniado por el objeto en un movi1niento sin fin. Así lo cscibe Lacan
¡ ~ X: ¡
Capítulo 18
De un discurso
que no fuese semblante 1
(1971)
Cyril Veken
I'' «"iones y rectificaciones que aporro a continuación, anee lo 1u11vcrsitario y que "sólo puede articularse a partir Jcl di~< 11110
(]UC le puede volver, ya sea de las lecciones precedentes, ya de su dd 1mo".
ensciian2a más antigua, y especialmente MdeJ m:il uso que se pudo l .acan reacciona ante el modo en que los hngüistu univcrn1.1
hacer de sus propios ténninos", 'ºcomo por ejemplo el de intersub- 1111' "esperan, en suma, reservarse el privilegio de hablar del
jetividad, en lugar del cual ahoria prefiere el de intersignificancia, lcn11, •aje" y objetan que Lacan haga de la lingüística sólo un •u,.,
incluso, en lo que concierne al falo, precisa que lo que lo carac- mc1afórico". Esta objec:ión cae exactamente sobre uno de los pun-
teriza no es "ser el significante de la falta, [... ) sino ser segura- l•" ·•enciales del recorrido de Lacan, a saber, que "toda designa-
mente, en todo caso, aquello ante lo que no surge ninguna (. on es metafórica" en la medida en que "no puede hacerse sino
palabra". 11 Y en el hilo del seminario rnjsmo, se ve cómo Lacan JK1r la intermediación de otra cosa'', dicho de otro modo, el signi-
vuelve a tal o cual formulación que le parece poco feliz -dando ti rnte es semblante, incluso si en su matenalidad es lo contrario
testimonio de lo que pan él es lo que en otra parte llama una ética del artefucto. Y precisamente en tanto semblante es el soporte de
del bien decir-. Estos ejemplos indican hasta qué punto se trata o•sc .ilgo a lo cual se refiere el discurso y, por esta razón, es susccp-
de una palabra más cercana al lugu del analizante que al del amo 11hk de efectos en lo real.
o del umversirario, e incluso del analista. ¡,,, c1.1estión de la mct:ífora vuelve al primer plano cuando toma
rl ~omenrnrio de La corta robado que abre los &criw, cuando se
En todo caso, si el punto de partida de este año se sitúa alrededor 1r;iti de disonguir la letralcaru11 del significante amo, ya que jus-
de la cuci.tión de lc>s discursos tal como la formuló el año anterior, 1.1111cnte el cuento de Poe nos muestra cómo éste es arrastrado por
entonces la tarea que Lacan se fija aquí consiste en principio en ••111 lla con su envolrorio. Ahora bien, agrega Lacan, el término
dio;cerrur, por medio de las herramient2S del discurso del cual nos "!cure" no es metafórico ya (¡ue el cuenco de Pee muest:r.1 que el
titee que es instrumento, aquello que hace obstáculo a que se m - 111cnsaje que se escamotea es precisamente del orden de "la carm
timlÍJl.u Y todo transcurre como si lo que tiene para deci r fuera 1 1 ,ófo hace pcnpccias". 11 Dicho de otro modo, al ~er carieter
1
no sólo inseparable del lenguaje, sino su trama misma. 1111c wma prestada una escritura o una epístola que arrastra un
En lo que concierne al lenguaje y al lugar crucial que ocupa, mensaje, la letra como tal arrastra con ella el significante sin tener
todavía hay lug;ir pa.ra escapar de la ilusión de saber que mantiene ella misma signi6cac1ón.
el discurso universitario, en particular en el campo de la lingüística.
La lección del l Ode febrero, dictada en un dfa de huelga en la Pero Lacan no se detiene allí y da otroS e¡emplos de posiciones
universidad, le procura, a propósito de "ecos, resonancias y mur- "111'ostenibles a partir de la experiencia analítica"." Por ejemplo,
muraciones" que llegan del "campo definido al modo universirario l.1 del lógico-positivismo, para el cual toda expresión cuyo
y que se lla1D2 lingüística", la oportunidad de precisar su posición •1 mficado no puede pasar la prueba de resolverse por sí o por no
en cuanto a la relación entre la hngüistica y su enseñanza, y de 1111 quiere decir nada. Es necesario constatar con Lacan que a este
precisar, además, en qué encuentra allí un ejemplo completamente p "CCIO, apenas quedan algunas expresiones que quieran decir
notable de ese discurso -de los cuatro- que él ha denominado 1igu .. , Otra posición que juzga insostenible, esta vez a propósito
10. lbid.
l l. lbid. 1J, En fn.r1ici~ ltltr (¡Oicn decir wuo •letra• como "a.ru•. [N. de la ~f.I
12. Vñsc not2 ll, pjg. 70. [N. de b T.) 1~. Lcmlon old 10 11< """º ck 1971
1!. lr<nl\111lcl lOdr frhr<ro1lr 1071 ,
1'6< et UN OISOJRSO <l\JE NO FUESE SEMllUINTt
"' lACANIANA · LOS SEMINARIOS DE IACQUES LACAN 1979
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0
de la sexualidad, es la que aparece en Stx ami Gmdn-de SroUer y entre por wu parre la hiancia que separa b pabbra de lo o<111o1, p;•r
que le ofrece a Lacan la ocasión de indicar lo que sería una clínia ()Ira parte lo imposible que sepan verdad y goce en el tetr:1c:<lr111lc.i k.,
~icoanaüt:ica del transexualismo." 1liscursos, y 6nabnente b imposibilidad de escnl>ir la rcbción :.cx11.1l
La cuestión plantC2da aquí, al privilegiarse el .íngulo "li11 •
Entonces, Lacan no teme decir aquí no a los saberes que el ¡¡uisteril", es pues el punto de partida de un trabajo en el que'" va
discurso del psicoanalista puede subvertir o in•;ilidar. Éstos serian, u uamr no solamente de enunciar el discurso psicoanalíoco (ésa fue
nombrados o no, pero reconocibles, Mounin y Martinet (12 la primera vuelen) sino de permitir entender o leer aquí lo t¡ut
lingü!scica institucional de Ja época), Chomsky(dc cu)lll distinción wnstituye la estructura en raoro discurso y donde puede encon
competencia/actuación se burlará), Derrida (para quien la letra trarse la clave dcsu eficacia, es decir, de su rencuentro con lo re:1l.
no es consecuencia del hecho de que se hable, sino "nrql1itccrura", ¡Cómo no ver aq1ú la indicación de las dos vueltas que e~cructuran
allí desde siempre, prefigurando la palabro), Ogdcn y Riclurds "L'étourdit?". 19
(cuyo célebre Tht Mtanmg of Mtaning''cs cirado a menudo por
Laan), y algunos otros. Pero tampoco teme decir lo que debe a
"su querido maestro Démieville", con el que estudió chino en otra OóNDE QUIERO UEGAA
época, y le rinde homenaje a Mencius y algunos otros autores
chinos, o :aun a 12 notable obra de Madeleine David sobre la l>c entrada, el comentario del órulo elegido para c:.tc año subraya
cscnrura." ¡,distancia entre "mi discurso" en ranroocasioaa la aglomeración
de su auditorio y el de "la serie de enunciados que les presento",
Entonces, todo parece transcurrir bien, como si esre scnúnario nic,tionable, precisa Lacan, "por el paso/no l.11<u]'0 de un discurso
inaugurara una nueva etapa en el trabajo de Lacan: al mismo •111c no fuese semblante"." Ya se ha podido mecltr la unporrancb
tiempo continuidad, recuerdo de las bases a partir de las cuales se 1lc este paso/no que, a la vez negación y frnnquenmiento, da una
prosigue el trabajo, pero también indicación prcc:isn ele los punros idea de la relación que puede haber entre el rcch:1zo de algo y el
sobre los cuales hay que proceder n esta torsión particular por la 11.1cimicnto de lo l)llC Lacan llama significante amo. Aquí, a parcir
cual el derecho y el revés del discurso estén en continuidad. Yla tic hi estrucrurn de los cuatro lugares que organizan los discursos
fórmula "de dónde quiero hacerlos partir" (o volver a partir para ~e retendrá lo infranqueable entre el lugar llamado de la verdad y
qwcnC!i lo siguen desde hace mucho tiempo) parece indicar que el le la producción o del goce. Este paso/no ea tanto imposible va
después de una primera vuelta que acaba en El rrotrso J~/ u guiar la reflexión del seminario, si es verdad que es así como el
psicwmálisis, hay una segunda vuelta que Lacan comienza aquí con discurso toca lo real, hacia algo que no es semblante y que h:1cc
la cuestión de la letra en su relación con la palabra. Y es el intento hmite al discurso en ranto semblante.
de despejar lo que podría haber en común, en el plano lógico,
Se plantea, entonces, la cuestión de un discurso que pueda decir
algo de ese momento en que la verdad, tal como de ella ha~e
16. La cucsción csr2 cspecialmcnie desarrollada por "vlou>taph• Safouan en
Étmlts "" l'CF:dipr, París, Seuij, 1976, y Marcel Ciermak y Henry Fnguet (cd<.). c•pcr1cncia el amílisis, se encuentra desencadenada por "e~c f<milo
Lr 1'rnnsr.n1.nlim1t /y 11. París, EdJtiOt\$ de la ~oc1~c1on Jacrin1cnnc 1ntcmacionalr,
1996.
J 7. ChnrlcsOgden e lvor Richards, Thdvlr1mi11gofM<m1illg, Londres,Ke•S"•n
l'oul, 1946. l? En Sulittl, París, Seuil 1 n.. 4, 1973.
18. Madcleine David, lt Dib11t mr laimNtrtttt lrt biiroglypbt1 nu XVIr tt ª" 10. F n fl'2nct!< pus s1gnific:t 01nt0 "paso" como b ncgJt16n "110" IN, tlo 1' l 1
xv11r1irclt, P•rís. SEVPEN, 1965. l l 1.cm<ln del IJ de enero de 1971.
1" lACANIANA. LOS SEMJNAR.IOS DE JACQUES LACAN 1964 197~ DE UN DISCURSO QUE NO fVESE S(Mllt.<NTE
de verídico que, como el oráculo, pertenece a In palabra"." Y, a Yesta posibilidad de repetición más allá del nivel de cxcit.u 1611
partir de ese momento en que el discurso, en canto representante mínimo, es decir, del principio de pbcer, es justamente • por )J
de la representación, es remitido, descalificado"u (es decir, el mo- ncrgencia del discurso del inconsciente a partir de cierta funnon
mento en que se produce este efecto de verdad n propósito del 1lrl significante- la posibilidad <.le hacer aparecer el relieve de cMe
cual el Edipo está allí par:i enseñarnos que "lejos de ser de sem- rfocto de discurso que hasta allí p:irecia imposible, a saber, este plus-
blante, se trata de sangre roja"), H lo que ahora va a ser puesto 1 .U go::.nr, el objeto a.
trabajar es el modo en el que se pasa a una lógica que v:i a intcntu"
dar cuerpo a esta verdad. En efecto, en este preclSo momento -en Al oíraLacan definir el discurso como artefacto y el significante
el que, más allá de una significación que remite a otm ~ignificación, 11uc lo constiruye como semblante, algunos han creído ver en él un
la palabra to<:a lo rea 1-sc encuentra plant~da la cuestión de saber 'ulcalismo pernicioson. Entonces, se ocupa de mostrnr que el sem·
qué lógica puede dar cuenta del modo en el que una 5Crie de dit- bl.tllte es lo contrario del artefacto: plantear como él lo hace que
cursos puede caracterizarse como efecto de ,·erdad. Lo que incluye no es por b vú de la percepción que conocemos sino por el aparato
In cuestión del sujeto en la medida en que el sujeto como tal no 1ld discurso, equivale a quitar a la idea todo lugar en el sistema de
maneja jamás la "articulación significante sino que est:í, propia· 1e presentaciones. Y, prosiguiendo con este impulso, plantea que si
mente hablando, determinado por ella". u r 1<hrurso científico tal como lo conocemos puede encontrar lo
El ob¡ctivo es, entonces, claro: ¿cuál es esra lógica propia del ic " esto se debe precisamente a que depende de la cuestión del
lenguaje y que sobrepasa en mucho lo que acabamos de detallar? ·mblame, ya que son los efectos de un scmbhmrc, donde no se
¿Cuál es, entonces, este objeto que no se produce sino en la articu· 11.11:1 sino de lerr:is (el "colmo de lo escrito" que constituye el discurso
!ación del discurso? ,Jr la cienci2), Jos que nos d:m los medios de siruar lo real, es decir,
lo 11ue hace aguiero en el sembl:mtc. Es puc:s enoonD":llldo los límites
Lacan se apoya ahora en el terreno que Frcud prepar& '' ;u consistencia como el aparato del discurso apunta a lo real.
tímidnmence c:on Más 11/ltí del principio de plnccr, y el modo en quo 1.11cnn, se ve, plantea nqul fuertemente la cuestión de los
nnuda rcpeúci6n y goce. En efecto, si la repetición v-J contra al l111ubmemos materiahstas de su concepción del psicoanálisis,
princ1p10 de placer, es que, nrriesgando la muerte, tropieza con el lfll :ulándola a una teoría del dlSCUrso que, lejos de presentarse romo
punto que representa un límite al goce de la vida 1dlt10 de lo real, encuentrn lo real justamente allí donde falta.u
Lacan rc>ume lo que llama "la hipótesis freudiana" en fonnt
de un silogi\lllO particularmente esclarecedor para valor:ir, a partir
del principio de placer y del peligro de franqueamiento mortal ¡Y LA SEXUALIDAD'
que implica, la posibilidad de repetición en la forma de un retomo
al mundo en tanto semblante, es decir, al "mundo de este animal 1!.te real encontrado allí donde él falta conduce a Lacan a cvoe:tr
dcsnarurali1.ado por el lenguaje que es el habbnte·ser".'6 1111¡uc, para él, es el único punto en común entre Freud y Marx, a
1;1l11·1, la demoscración de In dimensión del síntoma como lo que
hJl>l.1, "incluso a los que no saben escuchar", y que no dice totln
"mdusoa los que sí saben"."¡\ partir de aquí se plantea la cuestión
22. /bid
23. lbid.
24. /hit/.
2). lbiJ. Z7. Se: ¡Hxlcá ver 11qui, corno en numerosos btros Cl'JOI, un retorno '4»bn? rl
26. Lctt1ón do! 13 de enero de 1971. •no h1y un1vcf10 Jcl dacuno• del Kmin.1rio A1\ '~ •1.a lógica del f.1n11uru•.
ze. l ~<."Cil1n de170 1lc e Jl(f n tic 11171 .
191 LACANIANA ·LOS SEMINARIOS DE IACQUES LACAN 1961 1979 DE UN DISCURSO QUE NO ruESF S(,..tv.NI( IW
de saber lo que se dice cuando se repite que el aporte de Freud es considerado necesario por Lacan paro designar lo r~'lll tlrl tl"«l
haber señalado Ja subyacencia de la sexualidad en todo lo que con- 1cxual como imposible, en la medida en que la figura tlcl p-••h Q
cierne al discurso. ALacin le gusta subrayar aquí hasta qué punto 1ksigna ahi al ser mítico cuyo goce sería el de todas b, 11111¡1·1 ~.
se asombra de que no se hayi percibido que él mjsmo no ha abor- Ahora bien, justamente, todas las mujeres, eso no existe. En ~i.1rn1• 1
dado aún lo que se refiere a ese térmmo, insistiendo sobre la di.s- 21 falo, la escrirura de los aumtorts muestra que hay quienes no In
Clllcia que hay entre la susancia biológica que se fija a él cada vez ucnen.
más y aquello de lo que se trata cuando Freud enuncia lo que el
inoonsciente re\lcla de la sexualidad y que, "cualesquiera que SC2D A partir de allí, llegamos al coraz.ón del seminario, a la cuestión
las tribulaciones a las que él mismo ha sucumbido, no tiene nada de de lo que la lógica, en t.into cscrirura de los efectos de verdad del
biológioo". Es por esto que Lacan prefiere al término rUt111liáaJ, lenguaje, permite aclarar en cuanto a lo que puede y no puede ser
el de "relaciones entre el hombre y la mujer", ya que "lo que de- escrito según las leyes mismas del orden del lenguaje. Entonces
fine al hombre es a fin de cuentas su relación con la mujer, y lparecer:ín los fumosos a11111tortr que van a permitir escribir algo
viceversa•. ?O 1lcl uiJu y del 110 txistt, así como del todo y del no todo.
Pero, antes de proseguir, Laan nos libra, en fom1a "charlada",
Si el comportamiento sexual del humano conserva algo del es decir, no formali:t:1da en una escritura, lo que va a dar lugar a la
semblame arumal (el papel de la par.ida sexual en la copulación tmporcante elaboración lógica que, dos años m:ís tarde, desembo-
sexual), la diferencia radiC':ll es que, en el humano, este semblante 1·lrá en las asf llamadas fórmulas de la scxuación: en la relación
está vehiculado por un discurso. A partir de aquf, y de aquí sola- entre el hombre y La mujer (relación en la cual lo real es el goce
mente, es llevado hacia cierto efecto que, por su parte, no sería 'cxual y cuyo significante es el folo), Ja mujer es para el hombre
semblante. Como, por ejemplo, cuando, en lugar de "la exquisita "b hora de b verdad" pues, dice Lncan, clln escl en posición de
cortesía animal"/º se lle~ a que un hombre viole a unt1 mujer. ..cñalnr la equivalencia del goce y el sembbnte, de apuntar lo que
Entonces es el pasaje al neto, el limite más allá del cual el discurso hay de la nnrurnle7.a del signific:inLc, y por lo tanto del semblante,
no puede sostener m:ís ni semblnme. Dicho de otro modo, es la en la relación del hombre con In mujer. Porque está en la inter-
intervención de lo real, a saber, mtís precis~1ncnte Jo que está ~ccción de dos goces (el "goce de la vida" y el "plus de goz:ac"), el
prohibido en el discurso sexua l en tanto permite la puesta en juego hombre experimenta de frente el malcsrnr de esta relación llamada
del plus-de-gozar, lo que garnnti1.a el no fr:inqucamicnto del límite 'e:.-ual, mientras que para b mujer, goce y semblante, aun cuando
mortal. De donde la fórmula: "no hay relación sexual". 'ºn equivalentes en la dimensión del discurso, no están, por ello,
menos disjuntos. 1le aquí la verdad que la mujer rcpresentn para
En efecto, el plus-de-gozar no se normalil.a sino en relación el hombre: sólo ella puede dnr su lugar al semblante, y en esto
con el goce sexual, el cual no puede formularse sino mediante el encontrarse en la posición de b letra. Lacan tiene entonces e;1a
falo en tanto él es el significante, es decir, contrariamente al pene. fórmula: "El resorte del incon:sciente no es otra cosa que el horrut
un semblante. Desde un punto de \ista lógico, y es uno de lo< 1 t"Sta verdad". 11
c1ón "no hay relación sexual" óene \':llor sólo en el campo de lo Llegado este punto del seminario, Lacan introduce un ¡:1alo,
escrito. En efecto, toda relación tiene que poder ser escrita (por 11ue le fue sugerido por la forma de escritura china c¡ue 1i1·11n 1·1
ejemplo a~ b), en la medida en que hablar de relación impl.ica la .1r;nificante zsu (que quiere decir "astuto", "personalft o •un
referencia a estos semblamcs que son las pequeñas letraS y no a lo "pri,11do")ycuyo diseiioevoca un triángulo incompleto. Éste ..:1·•
que seña deducido en lo real.1' Lo que no significa que no pase el grafo de este sem inario, por medjo del cual Lacan comparn In
nada en lo real, pero ¿en nombre de qué hablaríamos aquí de 1¡ue concierne, por una parte, a la relaciónde la cscritur• y el
relación, ya que este término no vale sino para lo simbólico, y por 1, nguajc, y por otra, la relación llamad:a ~exual. Pero qued:a mucho
lo t:mto para lo que es asunto de escritura? El problema muy par- ¡>0r hacer por medio de la palabra, parn así "abrir el camino de lo
ticular, la aporía con la cual se tropieza el psicoanilisis, es dar cscrito".H
cuenta de esco: si una relación sólo es rol en el campo de lo escrito, ( 1) Efeao de lengi1>je
¿qué decir de una relación, la relación sexual, que no puede escri-
L
~
La respuesta está preanunciada: la función del falo es lo que ()) d h«ho de lo cscnto
constituye el obscículo a mi relación y vuelve insostenible la bipo- (2) el PASO/NO (PAS) Mujer (u J,q,,,,,,oinwn•)"
larid;1d sexual al mismo tiempo que vuelve imposible su inscripción. E..<cri10
En efecto, lejos de confundirse con el pene, el falo apunta a la relación Hombre (o ¡wpl"'1un)"
con el goce. Y, prccisamcnre, éste es el punto que distingue b función
del mio de fa función fisiológica deJ pene: hay Wl goce que constituye Lacan inscribe en este grafo, en (1) el lenguaje cuyo campo
su condición de verdad. Es también el punto que justifica la distinción reservado se sitúa en la hiancia de la relación sexual tal como la
de lo que Lacan llama el ser y el tener, cuya incompatibilidad es otro 1lc1a abierta el falo. F.o efecto, lo que introduce el lenguaje no son
de los nombres de la caStrOción. Pero una vez enunciada la cosa, V2 a 1los términos que se clefinirfon como el macho y la hembrn sino la
neccsit:U" muchos esfuerzos para ser demostrada, es decir, para pro- elección entre dos términos de una naturaleui bien diferente: el
ducir la escrirun que permitir:í cenur Jo reaLH ., y el tener. Así la rtlacilÍn st:mal se encuentra sustituida por la lty
srxwl, que plantea que no hay nada común -el no del PAS señalado
)2. Pued<: producir :asombro ''"aquí la lemi mit1d• como un scmbhnl1', 34. Lccc<6n del 10 de mano de 1971. Señ•lo •quíuna rcíl<xión acerca de In
igual que el significante, lo 1¡uc puede dar J, imprc•ión de una obolición de la 1wunle7.o de lo que se llama gro fo, y especialmente el grafo lb modo "del deseo''.
dífcrcntb entre Jetn y signific.1nce. Pl2ntc:1r b. lema como sembl:snte es un1 i<<ílcxión tanto ~ pertinente, cusnto que • mwudo se olvido que el gnfo,
m•ncra de decir que, cualqwcra que sea ru numialidaJ (fónict, grifia, terru:d}. .• tal, no dice n•d• Primen.mente, un grafo es um noación de •lgo que
ello no es mis que el modo umginuio de repttsentoción de esa pur:a d1fcrmcio 1•11mcro fue habl:ido (entendido como •organi1.s•lo en sign10cantcsj y que no
que es una Icen en tomo pertenece •I orden simbólico. En cuanto o b letra 1oruará significación a1guna sino g condición de volver a hnblar de él, pero Lt~
conlo tachadun1 (vlase ''Liruraterre": li1rr·ani:11r11. lttttrllitur) escl cbro qur, 11..1t.1bras tiuc pueden ~er dichas se tncuentran conscrel1id21~ por las rel.icioncs
prh-.da de su dimensión simbólu.-2, no cs m.U que d~o. bomidun, 12chadura, fnt tt W. tfrminos reprt"'nodos en el gr:ifo(• entender como J. estrUCtun d•d•
es decir, objeto rttl. P•n decirlo de otto moJo,"' matcri•licbd es puro "'mbbnt< 1 un1 rcprt'!-c:nación caída de la ptl1br:a. o. como ambié.n dice Lac:m, llo\'1Ja, o
en relación con el referente construido por la red del lengu2je, es decir, el 111r JOf1 prCX,Lllt'O!da).
significante en n:inro reaHu.ción del orden $i1nbólico. 15. Escrliuro homo(óniea con 1111 m plus, "uno en mó•" IN. de IJ T 1
H. Demostración o refu"ición, diril Loan por otn parre, que son .ISUnto 1le 16. E>W!Ur:a hoonofon1a con p.u pi"' d'u11, "no m2s d• uno" r." •le J¡ 'l.J
signific2rue. por lo ttnto de s.t1nblmtc: •Ja qngre roJJ no refou el scmbb.nce•, l7. (Á111•tt ru.ac16n h«Knofóruc:a .\t-a rROUUll~, •at mcnt~ \l'.!J yhonmwmom.J
dicho de ocro modo. es DCC'C34ri2 un2 argument:1ción para es.ro. ""'· •ho1nhr<' n1c·oo1 u11.1•. 1N. ,Jc- 11 'I')
IOl l ACAN•AN• lOS SfMINARJOS Df J~CQUES LACAN 19'• 1979 DE \-"" OOC\JRSO QUE NO FUESE SlM81.AN11
en (l}- entre una relación que baria ley al modo de una función LA REVOÓN SEXIJAl:
rnatcm:ítica -el hecho de lo escrit0 señ1lado en (3)- y una ley co- ENTRE PALABRA Y ESCRITURA. IJN ASUNTO DE LÓGICA
herente en el registto del deseo, de la prohibición -efecto de len-
guaje señalado en ( 1}-. Todo lo que deriv:i del efecto del lengu:ije, Volviendo a la cuestión de la relación entre palabra y cscrituu,
de lo que Lacan llama "demansion" de la verdad, va a encontrarse Lacan toma como ejemplo la frase: El discurso del analista "no es
entonces fon.a do a una estructura de ficción, es decir, de semblante, otrJ cosa que la lógica de la acción",'° de la cwl indica que si no se l.1
entiende es porque es un escrito. Para que un escrito sea entendido,
Si, por el Indo hombre, el pene se regula por la ley, el deseo, el precisa Lacan, es necesario en efecto "devolverle la palabra, y en·
plus-de gozar y el fantasma, por el lado mujer, el saber se topa con manteculo de ella seriamente".'° De este modo, aqul, los Escritos
"el hueso que folta al órgano". Ahora bien, este hueso foltante no son presentados como una tentativa, a partir de la palabra, de abrir
es el fulo sino el deseo. De modo que una mujer no tiene testimonio el c:imino hacia lo escrito, tentativa marcada por el hecho de que
de su inscripción en la ley fálica, es decir, del semblante que suple esto termina en los grafps.
la rebción, sino por el deseo del hombre. Ahora bien, el deseo del Pero comentar a Lacan a partir de los grafos, ya sea el esquema
hombre está ligado a su causa, el plus-de-gozar, que no tiene su L, el esquema Ro el grafo llamado "del deseo", no puede ser más
fue~te en ninguna parte que no sea en el efecto del lenguaje, es que una fuente de errores o de malentendjdos, puesto que no •e
decir, en el deseo del Otto. En consecuencia, la mujer, para el rr.tta del S3bcr que contendrían los grafos en cuestión, sino del de
hombre, es el Otro, es decir, el lugar donde reside la causa del b pabbra que ha conducido a ellos." Lo que nos llev:i a la regla
deseo. Ahora bien, causa del lenguaje en el sentido de que es lo del anfüsis: "Hable, hable, es suficiente con que hable, he aquí la
que hJcc que hablemos, el instrumenro Wico es imposible de L':lja de Pandor.i de donde salen todos los dones del lenguaje"." Se
arcie11br en el lcn¡,'Uaje. De donde la discordancia inevic.1ble entre puede entonces preguntar qué hay de In verdad que resulta del libre
un hombre y una mujer, ya que la relación entre ellos se encuentra empico de la palabrn, n lo cual Lacan responde que la función
fol~eodo por la ley "scl<\rnl" inrroducida por el lenguaje, ley "que clefinicb por el discurso analítico no es más libre que una variable
dc¡n que c:icb quien desee su cada cua l".l• Y, comenta maliciosa- Ji¡¡.ida en una función matemática, es decir, en un escrito. De donde
mcmc L3c:in, si esto ocurre, no se dirá que es algo natural, sino l.i importancia de las en trevistasprelinúnares parn poner en su lug.1r
que "¡está escrito!". las condiciones que, al pennitir que el anali~1:1 pueda estar en posición
de sujeto supuesto saber, van, con la instalación de la trnnsferencia,
El grafo, un poco oscuro si no se lo acomparia de muchas pala· "constituir el espacio del "gabinete analítico", propicio para h¡¡cer
bras, contiene lo que va a ser desa1Tollado en dct311e en el curso p:1reccr aquello de lo cscrit0 que regula el di~rw del analizante.
de los do~ años sigujentes: lo que concierne a la doble naruraleu Se ve aquí cómo se precisan los contornos de la 5egunda vuelta
del Uno en su relación con d falo y con la cuestión de la no relación n la que se compromete Lacan: después de un tiempo c:n el <1uc:
sexual que resulta de eUo. Se señalar:í aquí la tentativa Je forjar, '~ hl ocupJdo de despejar los fundamentos epistemolc>gicos del
P'icoJn3lisis, se erara, de aquí en más, al resitwr el lug:ir de la cura al captar de lo que se trataba. Se tendrá un:i ide~" se rn11~¡<kn1
en todo el asunto, y en particular su import:mcia desde el punto hasta qué punto el discurso universitario nos ha obhg:i1lo n 1;1111
de vísu estructural o lógico, de definir lo que vJ 2 tomar un lugar faccmos con lo que, al principio de este seminario, LaC1111 lbn1(1
ada vez m:ís considerable, a saber, la cuestión de b relación entR un "un-plus-de-go1.ar-aprerado» y a no entender lo que pu e.le •o:r
la palabra y lo escrito, la cuesrión de 12 letr.1 en tanto ésta no se un discurso enunciado por un sujeto decenninado por ese mismo
reduce 2 los signos gráficos de nucsuos alfubecos.41 ,Jascuí'-0 con los constreñunientos que impone el hecho mi~mu 1lc
1¡ue ~e tratJ precisamence de lo que Lacan llJma discurso, es deci1,
S1, contrariamente a lo que dice Derrida fjam~s nombrado pero nada que tcng:i que ver con alguna construcción lingüisceril o hn
continuamente presente a Jo largo de esta discusión), lo escrito es güística. De allí proviene la insiscencia, a todo lo largo del semi na
siempre segundo en relación con toda función del lenguaje, eso no, en el hecho de que un decir como éste no se articula síno en el
no impide que, sin lo escrito, nosc pueda cuestionar lo que resulta 1hscurso analitico, el único capaz de hacer aparecer la relación de lo
del efecto de lenguaje. Dicho de otr.1 manem, lo que Laca n designa escrito con el efecto de lenguaje y con la verdad que éste puede
aquí con un término cuyo significado deja al cuidado de su 1lcsencadenar como disjunta aquí del saber.
auditorio, a saber, Jo que él escribe dn111msio11 de la verdad," o aun En el corazón de este seminario, entonces, está h cuestión del
el lut.r:ir del Orro. En efeeto, la lógia se constituye sólo a partir de goce, particubrmente del goce sexual en tanto diferente del ~em
lo escrito, en la medida, una ve2 m:ís, en que lo escrito no es el lcn- hlante. En lo que concierne al modo en que se aborda aqu1 este
!,'IJ2je sino la huella de un efecto del lenguaje. punto, hemos subrayido la insistencia sobre el aspecto ~lingü~
l .a célebre fórmula "no hay metalenguaje• se Jcbra así de modo tcril" de 12 reflexión que aborda la cuestión del estaruro de lo eSO'lto
luminoso: ~e habla del lenguaje sólo a parúr de la e:;critura. lJna (~n sus dive1'1iaS formas) en relación con la palabra para inccntar
demostración matemática, un gr.ifo, un rn1.onamicmo de gram:írica =birallí la posición sexuada del ªhablante-ser~, del lado hombre
ncce~itan que se hable acerca de eUos. La lengua que sirve para >del lado mujer. En la medida en que la presentación y la di~cusi~n
ello, y que los lógicos llaman "lengua de uso", es precisamente del de esro cscrirnra lógica serán desarrolladas en los dos scmmanos
orden del lenguaje y no de un memlenguajc cualquiera, ya que siguientes, invitamos al lectora remiúrse a los comentarios corres-
aquello a propósico de lo que se habla, entonces, no es el lenguaje 1xmdientes, prefiriendo insistir aquí en el modo recurrente en que
sinoW'lescrim, a saber, algo que se ha caído de la palabra, un efecto Lacin roma y recoma esca cuestión de lo escrito y de la escritura.
de lenguaje. Y LaC2D precisa que si es desde lo escrito que se inte- Por e1emplo, evoca la dificultad de hablar de ese término que
rrogad lenguaje, es porque, sin confundir;c con él, lo escrito no unicamcnte puede concebirse escrito, a saber, la acosa. Ahora bien,
se constituye sino por su referenCÍ2 al lengua1e. M 13 p;ibbra •':1 más all:í del hablante (que, por el hecho del díseuNI,
es en realidad un hablado), lo escrito, por el contr.iño, presenta la
Decir, como lo hace Lacan aquí, que lo escrito no es el lenguaje p:micularidad de >er algo de lo que se puede hablar. Si la escritura
ni pertenece al lenguaje, no ha de sorprender. Se puede compren- puede servir para algo, es precis:amencc por ser otr.1 co:.:i que tipa-
der que los lingüisms o lógicos de su wditono que habían hecho lahra, en el sentido de que no es su simple reOejo o un simple re·
de estas cuesuones su objeco de reflexión, se sinueran confundidos verso suyo. En este sentido, el grafo es una escritura. Pero ése nn
es el úmco modo de escritura: la escrin1ra china e~d ;11lí p;tr.1
43. V~ase i.Qoe se aprcnd3 a leer'\ dastinro ele que •se alf:ibeLlce" l'O et 1crnrdur la cxisccncia de los caracteres que se llam;111 picmgrJ111;1'
.. Posfacio" de F.'/ 1t111inar;o. Libro XI, Los cr1111ro roruept01 fiouln111t11rnlt1 1111 n ideogramas, del mismo modo que nuestra cscri~ur:1 alf.1bém .1
psitoon11/11it, op. rlt,
44. Donde ;1 la vez puede oirsc/1cc::rsc "d1n1c11)i611" y .. nun,iln1" ("11H1r.11h"), prc,cnrn IJs letrns con las cuales cst:ll1los tan funu han1.ulos. Y'"'"·~
\ÍgniCk·;uue c.1uc tunbi~n escribirá tlit-1111t1Uion (dichn"1111n-.:11ln). 11ilc1cn1cs niveles de cscrírura permiten com¡uc11dc1 •¡ne l.1
~ LAC ANIANA • l OS SEMINARIOS OE J"CQUES lACAN 1964·197' OE UN Ot5CURSO QV€ NO f\JES( 5lMBt.AN TI
conjunción de los enunciados "on grafo represenu una topología" biología, ¿apornui algún día los medios? Lo que es stguru e,• c¡uti
y "no hay ropología sin escritura" está lejos de ser cmtológica en la no se podrá escribir nada sin hacer intervenir la funcic\n clcl faln,
medida en que siempre se tr.11:2 de lo que esr:á puesto en juego en romo por ejemplo para escribir:
b palabra. - el deseo del hombre: <I> (o), donde<!> anota el signific-Jntc f•ln,
L.1can toma enconces el ejemplo del triángulo. Un aiángulo no el deseo de la mujer: A (<p), donde q> anou el falo imaginario, r.s
es 01r.1 cosa que una escritura, ca el sentido de que es un grafo que decir, el pene.
sirve de soporte para enunciar lo métricamente superponible fun-
damental de Ja geometría. Cualquiera que sea la manera de es- Al indicar que es así como se Uega a escribir mejor, después 1lc
cribirlo, es decir, de dibujarlo, permiciní demostrar lo que e.~ un 1111 cierto momento cientí6co, Lacan compara las escrinll':is que
triángulo isósceles o un triángulo rectángulo. Pero la cscrilura de él mismo está por in.~taurar con ese momento científico indiscutible
la geometría tiende cada vez más a prescindir ele los grJÍOS en fuvor C)Ue representa la fórmula de Newton del campo de la graviraci6n,
de unn escritura llamada lógica o algebraica, hecha de letr.is. En fórmul3 que, en el mismo año del seminario, condu¡o al hombre a
eíecto, muy poco tiempo después de la puesta a punto de los griegos b Luna. Con esto precisa su ambición de cernir lo real, es decir,
de un alfubcto que, con la escritura de las v~es, completara los lo imposible de todo discurso, por medio de lo que, a este real le
alfabetos existentes hasta entonces, son estas letraS las que Yrul a hace borde o, como dice en "Lirurarerre", "litoral", y que no es
permitir la cscrirura de la lógica y lo que, a propósito de los prime- nm co<a que ese colmo de lo escrito que es un2 de estas pequeñas
ros analíticos de Aristócelcs, Lacan Ua1113 un principio de topología. letras tan fa1mliares.
¿En que consiste esta escrirura? En hacer agujeros en lo escrito. Lacan llega aquí a sostener los diferentes bilos que tocan la
Esto es lo que pasa desde que, en lugar de "tod~ Jos animales son n1estión de la letra de manera de hacer aparecer la estructura que,
mortales", se escribe "todos los x son y", es decir,~ pone allí ese tic la escritura como sopone de Ja lógica y la ciencia, a la escritura
"colmo de lo escrito" que es "una pequeíia letra sim¡,Je". rn su uso más corriente, tcngn siempre esta misma característica
Las consecuencias de este becho de escritura scgummente van de ser representación de palabras, es decir, el proceso secunclario
a ser con~idcr:1hlcs, ya que v:i a repercutir en la palabra y a dnr una 'luc Frcud llama fVortwrrrellrmg. Lacan insiste: ¡no hay repre-
vuelta panit"lllar al discurso del amo. "No hay cuestión ele empiria sentación de palabras (o de lo que sea del orden lingüístico) sin
m de crnpmsmosin el soporre la escrirum".'' dice Laean, 1nvit:1ndo escritura' En efecto, un piccograma o un ideograma deben su
ª"a C!{p)orar las diíerencias entre una escritura como la china o la pronunciación a lo que parecen 6gurar Qo que es verdad también
japonesa y una escrituro alfobétic:r" como la nue:.tra en lo que pue- para las letras del alfabeto, derivadas de antiguos pictogramas). Y
den entrañar en términos de la lógica de los discursos y sus con- luego de esto, como con un rebus, se hace lo que se quiere. Uno
secuencias en lo real. cnmcntra lo que en su tiempo había pbnteado en •u instancia .Je
ti letra"" a propósito del chiste, que sólo puede reposar en ti ~in·
En todo caso, si el hecho de habitar la palabra y la ausencia de scnciJo (de donde el árulo "instancia tú la lttra" y no Jtf ug111 •
rebción sexual ~n correlativos, entonces se puede decir que la re- fi..mtt). Y el hecho de que el sueno participe del rebus ih"t r.1 d
lación seimal es In palabra misma. Y esto ¿cómo escribirlo? La hecho de que el inconsciente está escrucrurado como un lenl(u.1jc.
Pero un lenguaje que tiene cierta propiedad compl c1;1111,·111~
4S. l.cc<:i6n del 17 de febrero de 1971.
'16. Adc1n4~ ele'" existencia de un número i1nport.a.ntc de .-.Jfobcto.~ (griego.
latino, georgiano, annenio, $~n~crito, cin1ico, árabe, hebreo~ ere.}, IM que 'C 47 . •1.-a io\tlnci;1de13 lcrrn en el inconsoe1'ltc o l.a ra1.on dc~lt·· Frc111l'', 1·11
<lifcrcnci.u1 espec:ialrncnte por el hecho de escribir o no la1 V()C;)lcs. ¡.:,,,,,., /, Méxt<n, Siglo XXI, 1985, póg. 473.
20I LACA.NI.ANA t..05 SEHINARfOS DE jACQUES LACAN 19•4 · 1919
¡>:irticular que es lo escriro que se manifiesta alli, puesto que las e' que jamás nadie aparre de la reina sabrá qué hay en c,1.1 • 11t1,
figuras que circu'3n en el sueño no son o ras que representaciones Junque es seguro que tiene un sentido. Como viene de 1111 11hu
de palabras, es decir, de lo escrito, o más c~;.r.tameme letras. Sínro- personaje que se dirige a ella, el rey no podrá dejar de verlo rn11111
ma, lapsus, acto follido, psicopatologfo de 'a vida cotidiana, no un asunto sospechoso. Un ministro, enemigo de fa rcin;1, ~e h•
tienen sentido, precisa Lacm, si "no se parre de la idea de que lo que 1p iderado de efü y la reina hace todo para recuperarla, la luni
se dice está programado, es decir, a ser cscriro"." husc:ir por b policía, que sabe de manera ciem que se encu<:nua
Pero si la escritura es la representación de l:i palabra (según en el domicilio del grosero personaje pero no llega a dar con clls.
modalidades que no son las mismas en toda~ parresycuy:isdifcren- l brá fu Ira roda la astucia de Dupin, el héroe de Poe, paro acabar
cins corren el pelígTO de no carecer de efecro), esta cscrin1ra no por encontrarla y reemplazarla por otro billete similar. Lo que
carece de repercusión sobre la palabro: ¿sin la escritura, tendríamos l~1ca11 retiene de esta historia es el efecto de los desplazamientos
palabras? La escrirura, entonces, está llamada a tener un papel 1lr esta carra, que pasa de manos de la reina a las del ministro,
central en la cuestión de la interpretación, ya que, al escribir una 1lespués a Dupin, y lo que eso tiene como consecuencia para el que
misma palabra de diferentes maneras, se producirán efectos que 11 ·tenra la carta en cucsóón. En efecto, el que la escribió no sabe
también pueden ser diferentes. La proximidad de un viaje al japón, lo que escribió, del mismo modo que el que habla no sabe ne-
combinado con el interés por la escritura china, enriquc~e el l'CSariamentc lo que dice. De ahí la consecuencia: la carra fe mini za.
seminario con el ejemplo de la escrirurn jnponesa, que mucsm Poner en cuestión In cnrt:illetra, implica que se va m:ís allñ ele
hasta dónde una escritura puede trabajar una lengua. los esquemas de los cuatro discursos, pues la estrucrura del discurso
queda en un nivel de construcción, el del tetraedro, que no es
Lo cual vuelve a traer la cuestión (de hecho nunca abandonada) wfictente si se hace surgir la instancia de la lcrra.11 Es, dice Lacan
del fu1o en relación con la letra (ese trazo hecho por un cllamo) e In que está indicado por el hecho de que uno de los lados del
introduce lo que va a dn ocasión para seguir otro hilo respecto a 11·traedro -la estructura alrededor de la cual giran los términos
letra, a saber, el de la letra como carta. Esro es un retomo al semi· 11uc, según su lugar, determinan los cuatro discursos-está roto.u
nario de La cart11 robada, se1ninario en el cual, Lacan nos dice, no I· n un mundo estrucrurado por cieno rca"llcclro, b carta no lleg3
es cuestión sino de la función dd fulo "en mmo éste se articuln en .11lcstino sino encontrando al sujem. Ahora bien, como el rey del
cierro discurso" .... Y aquí se presenta para L:ican la ocasión de cuento de Poc, éste que .se distingue por su especial imbecilidad,
precisar qué de ese discurso puede leerse ya en Freud: la imposi- es decir, por su incapaci<bd de comprender de lo que se trata,
bilidad de la relación sexual. "No hay más que leerlo. Sólo vayan
a verlo [...] porque ustedes no lo leen•. Y Lacan agrega: "Yo intento
52. Lamo hace not~r que 1nás nllá del te.triedro, lll intuición tiene tJUt'
decirlo. Decirlo porque yo Jo leo". so •npormrsc en los letra. F.n cfccc:o, ¿de qué depende b consistencfo del cip.1dn
fut:lidcano. que se cicrn sobre ~us trC:S dimensiones? Jntcnr.ar localizar dos pur111n
La carra robada, o m:ís precisamente, "en espera", 51 es una carra • igu•I distancia uno del otro es muy simple. Con tr<> puntoS ubicad"' • igu>I
J1\t:u\Ci3 eo.ue si. o C\lidcntc~ Y con cuatro. tod.a"í2 nurch2. Pero. en nuestro
que, como toda carra, termina por llegar a desóno, es decir, a npocio. con cinco no marcha mk f$ nettS>rio &briar una cuma dimcnsi<\n.
alguien que no comprende nada, en esre caso, la polióa. Lo esencial 1.., nul es muy f:icil con las lcuas' se puede dcmo.tnr que WI espacio cun cuatro
1hnltnSlOnes es perfetu1ntnte coherente en la mcJid.a en que se puede 111uatn.u
111 t:oherenci~ con Ja coherencia de Jos números rc.ilcs.
SJ. Se tratll del lodo que va del lugor de 13 producción ol luS"r de 1.1 "'"1.ul,
48. Lección del lOde mm.o de 1971. u \tJ, los dos lug.lrtS de ab110 de IJ escrucrura de los cuatro lugares I'º' lot c:11.1lti
49. Jbiá.
111.ln los cu.ttto c~rnuntH Véase en c:;)lC \·olurncn, el conlcnt.trin 111l 11c rl
SO. Lea:ión del 17 de mano de 1971.
1e1n1nario X\'Il.
S1 En swjfmt11Cr, litcnlmcott, •en S\IÍnmítnto". [N. de b T.I
:110 t ACANIANA LOS SEMINARIOS OE JACOUES LACAN 196'4· 1919
,1, /11 jigtmmcm 111íticn, prop11ma pcrr Frwd, del Urvater de In horda con agujero? "No hay relación scrual" responde ~K.rn, 1>1d1u1le
t•-imith•a. Esto se na/iza 11 favor de 11110 figura p1mmunu légita que otro modo, en el ser hablante, el sexo no define ningun.1 1cl.1 ion,
11SJ1111t la fondé11 de nq11tl q11e tlict non la mstrnd6n, pt1dimdo así dar S1no, sólo se podrá decir ... lo peor, es decir, para Lacan, todo1 lt~
t'ltmta del buho al q1te todas los dmuls hw1bnr son confrontados: la cuentos que se escuchan, especialmente de algunos psicoan.1li~1.1~,
exupci6n "bau" la ng/n ..llgrtgunnos q11t lar ftfnmt!as dt la st.nJOd6n l propósito de la relación sexual.
y In fond6n del Uno 1m1tmm1, a lo largo del rn11inario, sr1 rolidnridnd,
ya que la unn:rrs.ilid11d dtl todo, del lado bo111bn, asegurada pcrr la
existmdn tk me Uno, ptTTtlltt l[llt re dtrarrollt, dtl /atft¡ nmjn; la lA HONMOINZUNE EQUIVOCAOÓN
problmuítica del no-todo, e//J mismaj11stijimdn pcrr la falta de =tp<ién.
En el semilurio del año anterior, "De un discurso que no fuese
Pero no nos anticipem~ y demos la p:ilabn a ese úrulo un poro ~emblame", Lacan había comenudo a IOC31ízar las fórmulas de 12
enigmático: " ... o pcortt. E.~cc modo de introducir lo peor es una rcs- sexuación que están en el cenero del presente seminario. Había
puesc:i a una 6lo.ofia del Bien y a una moral de los buenos sen- propuesto una palabrn para designar lo que la histérica busca en el
timientos. Es enunciar que al salir de la proposición "no hay hombre: el bom111oi11Z1m el al menos uno que tenga esre semblante
relación sexual", no se dice más que lo peor, lo que hacen el discurso que es el falo, el bo11n11oinz.rm "conforme al hueso que conviene a
del amo o su succsor 1 y "aliado", el discurso universitario, en su su goce para que ella lo pueda roertt.s
búsqueda del Bien. Aquí, introduce otro significante que hace eco a esre hommoin-
um. Se trat11 de la bo111111oi11z11nt, In "al menos una equivocación",
Este útulo tiene en sf mismo la esu·uctura de un enunciado que, según él, apunta a dar consistencia a "lo Mrurnl ele esm vo-
lógico: se escribe como la ÍJ111osa "frase con agu¡cro" de Frege. cación prematura[... ) que cada uno experimenta para su sexo".•
Te.5timonlo ele la rurbación ina·oducida por éste en la lógica, esca Esi;i equivocación tiene sus raíces en la tramposa narurJlidad
frase es una proposición que comporta una función que encuentra que ve a cada niño acomodarse ni papel que reclamaría su sexo.
su valor de verdad gracias a un argumento, que es una variable, !\sí, muy rápido se marc:i la diferencia: b niña se conduce como...
que viene a anidar en el agujero en cuestión. En cfecro, Frege ana- niña y el varoncito como ... varoncico. Enconces se los distingue,
liza "cada contenido de juicio en función y argumento, como puede con wia clistinci6n que es fn1to del discurso de los padres que los
serlo toda expresión arit1nétic:1". •"Pa rtir no de conceptos sino ele designa asf. Y las e.~ccpciones que pueden solircvcnir, del tipo "mu-
juicios" constituía, según ¿1, un1 de las diferencias mássignificativ:is chacho follado" en la niña, no hacen m:ís que confirmar b regla:
de su concepción ele la lógica respecto a la de Aristótele.5. El ún1lo se imputara a esa falla un suplemento de feminidad.
ele e.5te semmario se escribe entonces como una fórmltl3 proposi- Est~ distinción, señala Lac:in, será al mismo tiempo rechn1.:ida
cional fregc.'3Jla: es suficiente con suponer que "un decir" referido por todo tipo de identificaciones precoces, pues no porque el niño
a la función fálica, en otr.1s 113labras, a la castración, ocupa el lugar se deslice en el p:ipcl que se le atribuye, dcj:tr:i de rc:iliz.1r las idcn •
designado por los trc) puntos suspensivos. uficnciones que no \'311 en ese sentido; por ejemplo un:t niña po<ld
¿Entonces, qué se trata de decir en lo que concierne a b .r que identificarse con su padre haciendo osrentación de su fcmin1lbd.
debe venir a ocupar, en lugar del argumento, el agujero de b frase
El reconocimiento de los padres, que instala al niño en esta impera en In lógica silogistica de Aristóteles, ponitudo ~s¡•c
"vocación prematura" por su sexo, se opcrn sólo según los critt:rios t·1almente en cuestión el tratamiento resen.-ado al p:irm:ulJr: ~JU:
que están bajo b dependencia del lenguijc, por lo tinro bajo Ll do- V3 no tendrá asegurada una CJCistcncia con el solo útulo dt ~u p.tr
minio del complejo de castración. El carieter no natural d ! esta ticularidad. 1
primera orienmción sexual depende de que los padres aborden Por otta parte, introduce un cunntor -inexjstentc rnnto en l.1
esta "pequeña diferencia" a partir de criterios condicionados por lógica moderna como en la de Aristóteles y cuya idea éste indu'"
el hecho de que ellos mismos han debido p:igar el precio de la castr.1· ti :scartó-, el no toda r, que niega el todo, sin no obstante dcsign11
ción de esta diferencia. la universal negativa que se caracceriz.:irfa con un nh1gtin r. E.\lt
La diferencia de los sexos, que parece nn dato dependiente de t-uantor servid para caracterizar la posición de fo mujer, en rnnto
la "naturaleza", está de hecho enternmente sometida a la lógica ella está no toiln sometida a la función tiílica.
significante, centrada sobre el falo insuumento del goce: un órgano Lacan va a comentar largamente en el curso de este seminano
no es insuumento sino "por el intérprete de aquello en lo que se as cuatro fórmulas lógicas que se distribuyen:
funda todo instrumento, en que es un significante", dice Lacan. dos del lado izquierdo (hom~e:!x (!),V x <11X) y
Entonces, Lacan puc<lc suministrar el contraejemplo de esta dos del Indo derecho (mujer: 3:<<l>X,Vx <ll x)
b1Jmmoi11zunt equivocación, dado por el cransexual, que no quiere en su cuadro de la se.xuación.
"ser significado &lo" por el discurso sexual y qwere "forzar" a La sexuación no es aquí nada más que una definición del
esa: último por el sesgo de la cirugía. Funcionamiento sexual de los hombres y las mujeres, sino una re·
Otro contraejemplo, In homosCA'Ual que se vuelve campeona partición de un lado hombre y de W\ Indo mujer en el que cadn x
de la feminidad a partir de una identificación masculina. puede venir a insertarse, según su modo de relación con <l»t. Lncan
Laon aconseja a los psicoanalistas no confundirse en querer h~bla de tltmon en cuanto a este posicionamiento. ¿No es necesano
"cuidar" esta "no relación sexual", tentándose en hacer de la cura entenderla en toda su ambigüedad, al modo de la "elecaón de la neu-
una herrnmienta para csroblecer la paz de los matrimonios. La rosis" de In que babia Freud?
única actinid sostenible es la enunciación de wl "que ellos se Por otro lado, esti "elección" no excluye para nada que cada
desenreden". quien pueda hacer "incursiones del orro lado del cuadro". Por
ejemplo, nada impide a una mujer venir a ocupar, a cravés de tilo
cual acto, el lugar de excepción: que se sueñe, por ejemplo, Juana
LA LÓGICA SEGÚN 1.ACAN .te Arco, a veces virgen emblemática y figura que dice no a la ca\
tración de los Franceses.
Lacan se csfuer?.3 en esablecer una lógica que tome en cuenta la Los paS3jcs evenruales ele un sujeto de uno de los 12dos al º.tro
dimensión del sujeto. Pute de la lógica proposicional, pero del cuadro merecen, subrayemos, recibir una argumentacuín
también utiliza la lógica 1ntuicionistJ.7 El uso de los cunnti6C3dores clínica atenta: ¡no parece que se "pasee" por alli simplemente sc¡¡1i11
-que Lacan prefiere llamar "cuantorcs", e.~istt un x, pnra todo x, c¡us "humores"!
etc.- le va a permitir for¡ar una formalización diferente de la que
·Pero qué designan estar y esta <l>? La vanable ~c~t1.1l ;t· es
( 1 .
;ipra, por su estJrutO mismo de vnrinb e, pnra mscrrnrsc t111u11
7. La lógica intuicionisto, que pcnnicc pr<:scmdir del tercero ocluido, po<lrl
du cucnu J.- lo indecidiblc que'"• sut!l'r del bdo " mujtr" de 1.. fónnubs de
la scxwción. 8. Lnutln dd 8 de d oclcmbtt de 1971
lii LACANIANA • LOS SEMINARIOS DE )ACQUES LACAN ""·1979 o~ ,,
argumento en la proposición frege:ina. Es necesario recordar que La formalización de esta posición de la excep.:11í11 pc1 mh<
un argumento no tiene, por otra parre, ningún sentido. N'o toma localiz:ir de otra manera el lugar habirualmentc destina.In al l'111lr11,
uno sino en virtud de su entrada en función, lo que signifie;t quex lqucl que le atribuye el mito freudiano del "Padre de la houh",
no designad ll priori al hombre o a la mujer sino a cualquiera de Su ventaja es considerable. Permite "despegar" el Edipo 1le 11 ~I~
nosotros "en el menor nivel en que existamos en tanto sexuados".' referencia religiosa al Padre todopoderoso, incluso prescinclir ele
et> represen ro la función fálie;t. Un dichoso azar quiso que Frege ¿,,e, en el mismo sentido en que Lacan dirá más tarde, en /.'/
unlizara esrn misma letra para definir su función proposicional. untbrmie, acerca del psicoanálisis "si prospera, prueba ademds que
Lacan declara que esta función sexualiia el goce, permite que ~e puede prescindir del Nombre del Padre. Se puede presci11cl11
no quede como un goce "bruto" que no encontrarfa su cumpli- <le él con la condición de utilizado". 12
miento sino en la destrucción de su partenairc. Pero ni mismo
tiempo, esta función es la que hace objeción a la escritura de la Este lugnr de excepción es un lugar lógico. Todox, que se ins·
relación sexual, detem1inando para la misma un discurso cuya cribe del lado iu¡uierdo, se encuenrrn confrontado a él, en tamo
naturaleza es estar "roto", por no enconrrnr una correspondencia rs nuunrio para que todos Jos otros puedan inscribirse en la
entre los lados dmcbo e ju¡uimlo del cuadro de la scxuación. C'JStración. Cada uno, de este lugar, podrá hacer la experiencia, ya
SC'I para sufrir los efectos o para asegurar su semblante.
Se ve b diferencia que hay entre la atribución /1 priori a un A pamr de es1a excepción, d "Vx 4> x va a poder funcionar,
sujeto de la característica hombre o mu¡er y el "21or de verdad (es indicando que todo hombre está sometido a la castración. Esto
decir, el hecho de situarse a la derecha o a la izquicrdJ) de una ¡>crmite darle a ésta "otro valor que el anecdótico~, como puede
posición subjerivn de origen inconsciente articulada :a la función 1>Crlo cualquier amcnaz.a paterna frente a la virilidad del varoncito.
fálica, es decir, a la castración. Amenaza que, sabemos, está lejos de ser la regla.
Entonces, todo hombre tiene que habérselas con la función
En el hilo de la lógie;t fregeana se nomr:i que a este valor de Wicn. Su goce <Jebe responder a este criterio fiílico, que es un criterio
verdad se le responderá con un verdndm> o falso. 'º Dicho de otro 'ign ificante y por esta razón hace barrera a La relación sexua l, ya
modo, el ~ujcto, por su elección, asumir:í o rechazará este valor. 11uc, del lado femenino, la relación con ese significante no es ni
idéntica, ni inversa sino distinta.
Examinemos ahora las cuatr0 fórmulas. Pero allí, todavía, el universalp11ra todo no asegura la existencia
3 x el> x: lado hombre, existe un x que dice no a la función f;ilica, del hombre -ser.í mejor decir de esca x-. La exiscencia no es aqu1
es decir, repitámoslo, que dice no a la castración. Para Lae;tn, este sono del dominio de lo posible, entonces habrá que tomarla uno
t.rirt~ no va de su~'O, al contraóo de lo que ocurre en la propo-;ición por uno. Es necesario referirse, aquí, al tratamiento que Lacan da
parncular de Aristóteles, en la que, desde que el nlgti11 se plantea u la "tsftrn de Peirce", en el seminario kLa identificación". Allí
en un prosdi~rismo, su existencia se considera probada." Aquí, •lcmuestra que el universal puede acomodarse muy bien a 1.1
por el conuano, lo que designa un existt cualquiera no es más que ,llL~encia de trazos verticales a partir del momento en que se cnunci.1
un número que satisface una ecuación. 1111e el universal se defme por "todo trazo es vertical": <¡uc 110 l1.1y.1
11 ingún trazo, entonces una esfera vacía, responde pcrfcu.1111c 1111· .1
9. Lcoción del 1S de didcmbre <le 1971. esta definición.
10. Conlob l'rcgc, op. m .
• 1 ~· .Esm reflexión )'ll había comenzado en "Problcm•• cruciole< del psko·
an~h~is , 11 pro~1to de un01 proposición eotno ""foclos lcx hombres son 1nortalci¡", l l .J11cq11t... t..ic.an, El1a11111111·io. LibroXXfll, FJ11n1/tut11t, lh1rn<"' ,\111~, 1'111 ló•,
Wasc la rcsc~J de O Korcn y N. Markm•n en este \"Olumcn 20(1(,, pág. t 11.
)11 lAC ... N1...NA •LOS SfMINAR10$ CE JACQUH LACAN l9'4o1979 .O PEOR
La cuestión de las psicosis podóa ella SQ)a justificar est:t pru- últimos años de su enseñanza, la singularidad de la 11os1e1(m
dencia en relación con la añnnación de la uruvcrsalidad de esta fcrnenina. La mujer responde al fantaSma de la omnipomu i• ~ld
existencia, puesto que justamente el lado altarnenre problcmfoco hombre -identificado en la ocasión con el Padre de la honla- rnn
de la inscripción del sujeto en esta función, eo relación con su un no toda que lo remite a su castración y lo hace p:asar Jcl ci.ti11li•1
dificultad para integrar la dimensión de fa excepción paterna, es ~uperior izquierdo del cuadro, la exctpción, al estadio infcnn1
lo que va a provocar el tm¡mjt hacia la mujer del psicótico. izquierdo, la castració11."
Abordemos ahora el lado derecho del cuadro de la sexuación. El no todo es el "no imposible que la mujer conozca la función
El Vx q) x indica que la mujer está no todn en la función fálica: fálica",'' enuncia La can. Es allí que el no todo se articufa, desde el
su goce no deriva completamente de la función de la castración. punto de visc:i modal, con lo comingmu. Lacan plantea que la escn
tJna mujer, como Lacan desarrollará largamente en A1m, tiene cia de la mujer no es la casrracióu, sino que es.a partir de lo real
una posibilidad de goce suplementario -y no complemenrario- que ella toma su relación con esta función. El llega a afirmar
con el Otro en tanto barrado, en un campo en el que la función "c.•cepto una pcqucna - na da .ms1.6~·¡;
.=cante, ellas no son castra bl es".16
fálica no es relevante.
Lacan re:irticula la ntgadón en es1:1 lógica de la sexuación. Según La mujer toma su relación con la castración de lo real. Real en
é~ este no tQIÍo corresponde a la negación en su vertiente discor- tanto no puede ser todo simbolizado a rravés de la relación con el
dancial, mientns que la vertiente forclusiva 11 implica que "sólo significante fálico. Por orra parre, si Lacan dice "insignificante"
existe forclusión del decir( ...] que algo(existencia) puede ser clicho no es por azar, sino que parece querer subrayar el hecho de que la
sí o no". Esto remite a las dos fórmulas superiores, a la izquierda "pequeña nada" hace fracasar el pasaje al significante, en todo C3SO
t:ristt, y a la derecha no txistt. a un signific:;inte que pueda tener su parte en el "affaire" de la
Las mujeres no existen, tn tamo todas, sino en relación con el relación sexual.
Padre de la horda frcudiana en tamo él es el poseedor de todns. Dicho de otro modo, b castración no es extraña a la mujer, pero
Pero una mujer, en tamo no toda, no tiene necesidad de constituir no es su esencia. Después de haber constatado, en un primer tiem-
un universal. po, que estaba castrada por el hecho de la ausencia del falo, ense-
Lacan, puesto que integra la sexuación en su aborda¡e de b lógica, guida escapa, al menos en parte, a esta castración, yendo a buSC3 r
puede proponer la problemática del no toda, mientras que Aristóteles, su goce en otro lado. Al est:lf castrada, no necesita, contrariamente
prisionero del funtaSma de la relación hombre/mujer como ligada a il hombre, constituir un "incasrrable" en la excepción.
la pareja actividad/pasividad, hizo "existir" o escribió la "relación Sm embargo, ella tiene, aunque nq toda, acceso a la función
sexual" a través de la oposición del toda, universal positivo, y del Lilica, por lo que podrá encontrar al hombre en el nivel de la c:istn •
ninglÍn, uni"ersal negativo: hombres y mu¡eres pueden entonces ción de él. Éste último, viendo su goce limil2do por al 111m0111110,
oponerse simplemente por su "cualidad" o no de fulóforos. podrá emonces "ofrecer" su propia castración a la mujer qut, l-onu1
En cuanto a Freud, se esforzó por mantener la ficción de la
omnipotencia parema y entonces no pudo sino entrever, en los
14. t>ara n1's preci~ioncs a propósito de esrn C\u:stión, convic.nt tt·tnn1..1r· t'I
1). Según lo di.unción operad• por los gramáticos Onmourcttc y P1thon •rticulo de L•can, •[;~Loundit", Sifi(tt, n• 4, París, Scuil, 1973, p4¡¡•, +1•i.1•H
En la verLicntc discordancfol que LaC'Jn ilustra con la :unbigücdad de un Te1no
11
15.1.ceción del 12 de enero de 1972.
que vwg~,. (11 cr11u11 t¡u'i/ ne vunnt), no hny concndicción. E.n la vcrtic1uc J6. /b1J Véa•e el debate que l'\IVO lugar entre los •n•h>t•<. "" l t Mu11J ,J,
forcJuslva. sí: es .. si' o ••no". IQ10, rcícrcntc ~1 cstJruto de esca ..pc:qucfia naJa"
llO lACANIANA lOS SEMINARIOS OE jACQUH lACAN 19&< 1979 • O PEOR J1
'~bemos, no es nada inhábil en el ejercicio de recibirla, incluso de Del lado mujer, entre la escritura de arriba (710 txap111f11) y l,1 ell•
provocarla. Va a recoger la fuha en él, que así le ofrece lo que no •bajo (110 toda) hay lo indccidible: a la excepción en el humlu e le•
tiene, el falo, del que sólo asegura el semblante :1 p:trtir de 13 posi- responde la Ley, y a la falta de excepción en la mujer le r~ponelc
ción "arriba a la izquierdan. l.1 falta de una ley que la haría toda."
finalmente, última fónnuin, amoo a b derecha, 3X (i, X: noexis- Este indecidible remite a las paradojas y aporías en las que caen
tC un.~ que sea tal que pueda s:itisf:iccr la función fálica en tanto es l.1 lógica fonnal y las m:itemáticas modernas. Según Lac:in, a tr-j'-és
negada. Desde el punto de vista modal, éste es el lugar de lo ele estas aporías se puede entrever que se coca lo real.JO
imposible, entonces de lo real: imposible que un x sea suscraído a
la función fálica. No hay excepción.
Se ve la relación con la fónnula eorTcspondienre, del lado a SIGNIACANTE DE LA INEXISTENCIA
izquierdo: alli, el olnrmos tJno que dice no a la cascnción, micncras
que del lado femenino no hay excepción, entonces no es posible "La lógica es el arte de producir una necesidad de discurso.n Esta
todas las mujeres, no es po~iblc la constitución del universal mujer. fúnnula se encuentra inscripta en el pizarrón en la apertura de la
Es por esto, para Lacan, que los hombres pueden fonnar un lección del 19 de enero de 1972. Como siempre, en estas ocasiones,
conjunco17 (todos los hombres), no las mujeres. No es verdad que la cada palabra uene su peso.
función '5x domjne, para la mujer, lo que concierne al signific:mte, Este arte, deberá practicarlo el psicoanalista. La lógica de su
agrega Lacan. No hay ninguna función unificante en el nivel discurso, como de cualquier otro discurso por orrn pane, debe ser
femenino desde el punto de vistn de la existencia, conrrnriamentc explicitada. Esta necesidad deriva de su producción: no hay medio
al lado masculino. No hay ln mujrr como puede haber ti Pndrt, de esmblecer una lógica sin producir su necesaria coherencia dis-
por lo menos d Uno, del otro lado. Esto llevará a Lacan, al año cursiva. Para Lncan, la necesidad no comienza sino con el ser ha -
siguiente, a decir que Ln 1111tjt1· no txistc. blante y todo lo que puede parecer producirse de elb es siempre
lruto de un discurso. Dicho de otro modo, el ser hablante esd
, En su abordaje de la modalidad, Lacan sesc1>nr.1 de Aristóteles.11 expuesto a la necesidad y ésrn lo empuja al discurso. Parece, en
Este opone necesario y concingcntc por unn p~rtc, posible e efecto, que In historia del pensamiento lo testimonia ~rnpliamence.
imposible por la otra, mientras que acabamos de ver que se pone Se conoce la importancia que Lacan otorga n la producción, a
en juego otra o~ición: del lado hombre, necesario y posible están la que le atribuye uno de I~ cuatro lugares en su escritura de los
anudados lógicamente, mientras que del lado mujer están asociados cuatro discursos. En el discurso analítico, el producto es S,, el
imposible y contingente. "gruficante amo.
Del lado hombre, entre la escritura de arriba (la ~xuprió11) y Ja Lacan juega con el doble sentido de la palabra producrr, demos-
de abajo (el paro todos), hay contradícc1ón. trnr y realizar mediante un trabajo, parn escblecer un la<t:O entre
d simoma con, en pnncipio, la inexistencia de la verdad y el autu·
marismo de repetición, en tanto hace surgir la inexistencia <Id
1i. "Con¡umo de 10> hombre>" que tac~ sus rtpcl'Ol51oncs im>gin•nu.
cspccialmcntc b de poder 1cner b función de protección con<n b 2ngustia de goce.
c:astnción.
18. Lacan el2bo'1 su propio •bor.Ljc de b mochlid•d en refcrenci• • b obr>
de Hintilli, r,.,,, 0
imJ l\ ""'1ty sobre b lógic. mod:al de Ari<tótclcs. Sobre este 19. Es,. cu.-tión de la modalicbd será traml• ª"'""'mcn1c, con ti apoyo
tam se enconmrfn mtcmianúsimos dcsonolloo en b obr.t de Picrtt-Chri<tophc del pium\n, en la úhim.t conf<rtnm de "FJ sobcr del p:Ucocm>l1Sa", ti 1 de
C.thelinc:a"' lM6n, ltttnrd'Arororr, Parí" Édnionsdc l'AS10Cllrion frcudicnne 1unio ele Wl.2.
intcmaaon>lc, 1999. 20. \"fa.. el cua.tro ele la K\U>Ción en b pá~m• !56 de e.te' olomcn.
m LACA'llAN' • OS SEMINM•OS OE jACQUEs LA CAN 1941 '979
.O PEOll lll
Pmhtmos 'cguir este razonamiento más bien apretado. Pro- Entonces hay que diferenci:u entre la nada (lo que no tiene
ducir e1~ d sentido de demostrar lo que estaba allí delante no puede a mencia). que se puede design r igualmente con el cero, y d
>Urgir •mo 11pris cot1p de su producción como "trabajo•. Tomemos ~ro en tamo con~pto, número e itero, símbolo de la inexistencia.
un ejemplo, no verdaderamente al azar: gr:acias a su trabajo de m~ necesidad pan. establecer Ja serie de números enteros )'
cscuch:ir a las histéricas Frcud demosttóquc un inconsciente estaba primeramente para fundar el Uno por el método del unúmero
allí, esperando ser revelado, y sólo la transferencia ha permitido predecesor" demostró Frege. Gracias a este recurso a Frege pero
esrn operación. Probablemente así sea la producción de todo nuevo umbién al triángulo aritmético tal como lo desarrolla Pascal, donde
discurso. Recordemos que, muchos años anees, Lacan se ¡-a cstl en germen In teoría de los conjuntos,21 Lacan 11'(1 a poder
pregunrnba si se podía afirmar que antes de ser descubierto por .1finar su definición del significante de la inexistencia.
Freud, el inconsciente propiamente dicho no existía.1 1 En ese mo- Frege funda el Uno como sucesor de un primer cero (no idéntico
ment~ de emergencia, actu:tli.zar la demostración es un trabajo ne- a sí mismo o Ja nnd;1) y lo posiciona entonces en el nivel de un scgi.m-
c~ar10 que prueba que la demostración no puede ser supuesta tlo cero (éste sí idéntico a sí mismo), que es el de la inexistencia.u
sino a drulo de lo inexistente. Lacan se apoya en esta dualidad del cero para mostrar que los
unos, en tanto se repiten, como rasgos unarios, no son jamás sino
Este traba¡o es también aquel con el que el analista se encuentra repecición del Uno de Ja inexistencia, este Uno que no txirtt sino
cuando efectúa su "bricolage" cotidiano. Tiene que vérselas con en unto re:il, pues eSCJpa a toda simbolización, como lo demuestra
el síntoma Yel automatismo de repetición. ¿Por qué, a través de la gr.111 dificultad de los matemáticos para "atraparlo•.
ellos, se demuestra "la inexistencia como previa a Jo nece511rio"? Además del tmo imaginario, englobante (plotmiano), b.abr:i
Porque el síntoma marc:i el lugar de la verdad en rnmo inexistente: enronces dos tipos de 11110. Aquel que, como rasgo unario, dcriv:i de
no hay la Verdad sino efectos de verdad. En cuanto al automatismo lo simbólico y concierne a In repetición y aquel que se despeja como
de repetición subraya el estancamiento del significnntc que upunta r~al, cuyo origen, conu·ariamente al rasgo unario, base del Ideal del
a un goce jam5s alc:iniado. yo, no es una producción que surge por el sesgo especular. Es 1ínico,
Que la verdad del síntoma sea inexistemc en ranro no tiene incluso si se repite <.:01110 "el mismo". Uno es U110. Su nrnlid,1d
curso-el síntoma "conmernorando" una verdad antigua-y que el pcm1ancce invariable, mientras que el rasgo unario cxh1hc c11 t-.11b
repccición su pequeña diferencia. No remite menos J l.1 dift1cnd.1
goce quede ~n la puerta en el automatismo de rc1>eti<.:1ón -pues
misma: el Uno no puede ser, en su ek-sistencia, sino d1ínend;1 ,:•
este auromausmo marca, por definición, algo de la falla de este
goce q~e sobreviene siempre demasiado temprano en el obsesivo,
demasiado tude en la histérica- no debería plantear problemas 22. Lscan intcrpttta e>te uüngulo ~do prcc:c.lcr !t fila Je m6n.1das por
wu hilen de Mdn(dcl español """").que indian el lug;tr lógico dcle<rocomo
para un lector familiarizado con la obra de Freud. ong<n de la cucn1:1 que efectúa esta figura aritméric.. Se puede remitir al
comenarioque h2<cen b ruena deesn:seminario,cnclqucCSClbc: •J..a m6noda
~ qu~ La~ rntroducc aqui como novedad es el s1gmficnntc ~ enron~ d Uno l]Ue ~ ~lbe único. punto ~.I ~ I~ rel:1ci6n "'cíJ; li n21di a
e>a relación ..d, ins1>ticndo" (" •••ou pire comptc rcndu du ~m111.11rc 1971-
de la me:osrenc1a. Le encuentra su símbolo en el cero: la inexis· 1972". en tl11truimts, París, ~uil, 2001, póg. SSO, no1:1 1).
tencia, ele• la verdad como del goce puede "inexistir"J como cero t
23. Gottlob Frcgc,Lt1 F.,uímin111dt /'ari1bmit11f11<, Pufs, Scu1I, 1929. Sobre
que SI eXJstc. e~tc preciso ponto vé"n\C fo.s p~g$. 200-204. Lnc:in Mee nu1nero1:a~ referencias a
<1ra obra a lo J.,rgo del seminario. Encrc otras, es indispcns:able tener en 1ncnte
l;Js dctinicionc:s frcgi::1n:is del ccru como el nú1nero Cilrd1nal que pcrccotcc 9J
l ~· Jacqu~s L2C1n, EJ. Sn11inorio. libro XI, Los rtu11ro ro11ttprar fi11u/n111tntnltt cnnccpro ••no idéntico ia s1 niismo", y del Uno como el número cardinal ciuc
dtl pnco~ndlt111, ~ucn~ Aires, Paidós, 1990, pág. 41 : " ... f.iUC su esL1ruto d~ :ttr, 1~rtcncct ~t concepto .,.id~ntlc:o a c.:er<>".
un cvos1\'0, tan 1nconsisu:ntc, se lo da la 1n:'locra de proceder de su dCst'11hrirlllr• 24. Pt1 a dt!>:trs-ollos n1J, :unplios sobre es-ta diferencia entre los 111101, se puede
rtnuur ,.1 J,. tonlcrcnrta tld •I de 1nayo de 1972 dr ..FJ s:abrr drl r~1coanilii.u"
n< LACANIANA . LOS SEMINARIOS DE JACOUES LACAN "6< 1919 0
...O PEOR
La lógica alumbra así, según Lacan, esta ine.risttncia de fa verdad dimensión de imposible, con la cual semide roda rela<:ión .111u11 ni.1
que el síntoma expresa a su manera tescaruda, y del goce 1:1mbién, que no se acantona en lo imaginario.
en t:111to repite su propio frac:aso. Sostiene, del mismo modo, el
U11o tk fil txisrmcia, en t:tnto funda, del lado hombre, la posibilidad Parce de este enunciado: ''11: demando que rechaces lo quc tt•
de la universalidad de b castración. La construcción del Universal ofrezco, porque no es eso".
llega a sus límites allí donde reina el Uno, encontrando allí su Esto puede formalizarse así F, f y <1> que son las funciones (de·
fundamcnlo. Esto es lo que explica torpemcnce la expresión "la mandar, recha7.3r, ofrecer) y x, y los pronombres (yo y tú), lo cual
excepción confi nna la regla", ya que sería mejor decir que ella la tfa: F (x, y, f (x, y, <1> (x,y))).
funda. Volveremos o;obre este Uno que es uno de los elementos El no es m en tanto malcan.zable surge de un "nudo de sentido".
esenciales planreados por Lac:m en este seminario. En efecto, si "no es eso lo que yo ce ofrezco y te demando que
rechaces, entonces no rengo que demand:lrtelo". El "no es eso" que
Pero habfamos partido de la necesidad que es la del bricolage designa el objeto a interviene en cada articulación del enunciado y
de todos los días del analista. Esta necesidad es la repetición. Hay esclarece b distancia entre los polos de la oferta y la demanda.
en la repetición un resorte que no es ni pulsión de vida, ni pulsión Retirar uno de los términos del cnuncindo le hace perder a
de muerte, sino una necesidad en la que se funda el sujeto que, sin C.te todo su sentido: ¿qué querrá decir, por ejemplo "demandar
e.to, se aboliría en el goce. Se comprende que Lacan intente toma r que se rechace" si ninguna oferta está en juego? En ese caso, el
distmcia, no del dualismo pulsional que siempre sostuvo, sino de nudo de sentido se deshace.
la 1crmioología frcudiana y lo que ella eogendr:i. Piensa que la Señalemos la disuncia que Lacan toma aquí respecto de
pulsión de vida, en canro se refiere a un Eros unificante, resulta de Wittgenstein, para quien "lo que no puede decirse, mejor callarlo".
un p11to montaje imaginario. En cuanto a La pulsión de muerte, Lacan, evidentemente, va a darle ot:r.1 dimensión al decir, que,
declara que hace div-~gar un poco a los analistas y es por lo que precisamente, le permite no retroceder ame lo imposible. El
utilizar:í de mejor gana el término de goce.u término mismo rarta dt amuro implica justamente algo de una
t >critura sobre --0 de- esre imposible.
'10 es dejando al (a), como objeto que se propone "delante"
LA CARTA OE.M1UROY EL OTRO del deseo, el lugar dominance -aquel que le es habitualmente
destinado, el de objeto de la demanda- sino integrándolo al
La= intenta vol\'er a cnlaur las cuestiones del deseo, de la enunciado como causa, como caemos sobre ese nudo de sentido
demanda y de la pulsión, en su relación con el objcco. t¡uc permite interrogar la estructura entre oferta, demanda y
Ilumina la estructura de la demanda cal como se desnuda en la rcduzo.
operación analítica: coma, dice, la forma de una ama dt amuro. Se adivina est:i estructura en la fórmula matemática (F (x, y ...)).
Este último ténnino, que aparece en la conferencia del 1 de enero 1 .1can propone también Wl esquema espacial en forma de
de 1971 acerca del "saber del psicoanalista", está formado por la tetraedro. Pero lo que mejor la traduce es la figura del nudo
condensación de muro (de la castración) y del objeto a. Traduce la lw1rromeo !6 hecho de eres círculos anudados de tal manera que s1
\e corca ~no, los otros dos se liberan: si uno de los térm inos
lS. Dejaremos en suspmso Ji cuestión de Slbe:r $.Í cs1c timuno. goce. no 2(1 F.l 9 de febrero ele 1972, L•o:on l"'""'Pº de su dc>Cllhrimirntn d< mu
i>rovoc:i en algunos una divagación cotnpjñlblc, en tanto vendrfa a upcrar 001110 flgur.i topológica que, en ~u obr:a, conoce!'~ un Je~rro11o conSidcrahlc c.n ti
•ftiPOesU paro todo" tur'o dt 1~ •i\o·, ·.1gu1('ntc:,
.)Jt lACANIANA • lOS SfHlNAl\.IOS DE JACQUES LACAN 1,64 1979 ..o~
1lcsap3rece (demanda, rechazo, oferm). los otros no siguen juntos, Estas articulaciones teóricas encuentran Stl fundamento• 11 I;
y el sentido que no existe sino en ese anudamiemo alrededor de experiencia clínica, que muestra cómo la mujer, al encono .11 .1 1111
(n) se desvanece. hombre, por su posición Otro, por Ocroponerse, se encuemr,1 t· 11 11 t•
tentro y ausencia. El centro se encuenma del lado del ni 11/ntl>f 1111•
El interés de este enunciado "no es eso" no reside tamo en la masculino y la ausencia del lado No rolÍl1: se sitúa entre gouprtsrm111
constatación de que "no es esoº que te ofrezco, ni que te demando, (lado Uno) y grx~attsm(la (lado no-uxfo), enuncia Lacan.
etc. -esto, no hay n~cesidad de psicoanálisis para constatarlo-, Por no hacer diferencia entre sacrificar su falo -que depende
sino que lo que no es eso, es que "yo te ofrezco". Lacan ace~túa tic! al menos uno- y pensar reencontrarlo del lado del no toda en
aquí la \'llnidad de rodo don, el objeto 11 como causa afecra de ma- una complicidad que la mujer, por razones de estructura, no le
nidad no sólo la oferta, sino el "ofrecer". Lo impasible viene a ubi- puede ofrecer- el hombre se pierde en el desconocimiento que le
carse de alguna manera en el corazón del enunciado, y la causa (el opone la histérica que lo aguarda, por su parte, "cerTadamentc"
no t$ m que es el objeto 11) implica que un tktir se articula, un tic! lado de la excepción.
decir que será sobre y a partir de lo imposible. Se podría agregar
al "no es eso": no es eso que yo deseo, ydiceLacan, l:wrrtntknmuro
se extendería indefinidamente. Lo que da a la demanda a la que HAY UNO
satisface, y 110 a aquella a la que el analista se niega a acceder, esta
tonalidad panicular de ser: "El reconocimiento de lo fundamcn ul ( acan vuelve al Uno y propone el término "bifididad" del Uno.
que es que lo que se demanda, no es eso". /lay, como hemos visto, eres abordajes del Uno. Si dejamos de
hdo el Uno englobante, que deriva de lo imaginario, quedan lo$
Para Lacan, el otro de la pareja sexual es lo que él designa Uno. que provienen de lo simból.ico y lo real. Lacan los diferencia
como Otro con mayúSC1.ila. Éste est:i, pues, por definición barrado, .1 través del término "bifididad", que significa división, desdobla-
lo que enuncia con el significante S ~· 1111cnto, pero también los solidariza: hay, al mismo tiempo, divi~ión
Seilalemos que este significante de la incomplerud de lo \'solidaridad entre el unario, el rasgo que se cuenta, y el rm111110,
simbólico, que Lacan había forjado con anterioridad, toma aqu1 i¡uc marca el Jugar de un origen inhallablc, pero lógicamente
una nueva acepción que apunta a lo real de la incomplerud de los nece.<ario y que se apoya sobre el cero o el conjunto vacío: "el
goces. Desde entonces significa la alteridad radical del Otro sexo, uniano designa el modo en el que este unario, contable, se enlaza
alteridad que permanece, aun cuando alguno prefiera el suyo. .11 vacío"."
De este Otro, no se goza sexualmente. E l sujeto no tiene acceso El rasgo unario, el tinzi~tr Z:ug freudiano, es aquello con lo
a su partenaire sino a partir de In transformación inconscic nt<· 11uc se marca la repetición. Esta última, precisa Lacan, "no fund(l
operada por la castración, Jo que se enuncia en "no hay relarn111 mngún todo, no identifica nada",211 señalando que no pue_de tcncrl.1
sexual". Igualmente, no se es gozado por el Otro: ser objeto 1ld tic primera taurológicamente. Vuelve a poner en cuesoon 13 Ma<-
goce del Otro es imposible, ya que este Otro es inconsistente, y se tmpsycbologit tal como Freud la habfo dibujado y que dur:1111c
presenta en la relación como imagen del semejante. mucho tiempo se tradujo en francés como "psicología de las mul-
Del Otro no se goza, afirma Lacan, sino por el lado de ""
fantasmas. No se goza sino de sus fontasmas, del mismo modu
que no se "es gozado" sino por ellos. Esta dimensión gencralmcn1r 27. Erie Porge, "La bifiditi! de l'Un", en lt Ritl ttt f11111JJ;,11"1i111r, P.11í1,
queda bien enmascarada en el intercambio con el otro. \~•hn•, 2004, pág. 184.
!8. Lcroón del 10 de mayo ele 1972
W '-ACANl4NA LOS SfMINAA.IOS Of JACQVE.S 1.ACAN 1964-1•79
urudes". Según él, esca psicología "pierde la Mnu·aleza del no to/Ü lupótesis del Parménides acerca del Unll. La primero se fo111111l.1 • ""
que Ja funda, que es just:imente la de "la mujer".19 Este señala· "So el Uno existe", la segunda "si el Uno es". Lis traduce •t l:t ¡,,, tllJ
miento proporciona una pista que mercceria ser tnb:ijada, pues 1h:hram-a, respectivamente "Es Uno" yel "Unoesfl. El pnmcr L~nu,
podría proseguirse en referencia a la cuesoón de lo que, en 11 1tu11do del lado de 13 cxistenoa, no tiene nada que ver con aqutl ~I
multitud, se funda en el rechazo del Otro, en tamo es también el 11uc engloba, el segundo: el Uno no es identificable con el ser
Otro sexo. ¿Habría, entonces, una 11111/tittid lrwmia11a? l\ristótcles se imaginaba, dice Lacnn, que era suficiente dcrn
Lacan sujeta este Uno, este uniano, de una fórmula: Hay Uno, ''.1lgunos" para asegurar la existeneia. Para nada, agrega, ya que J.1
suerte de jaculación que forja para indicar cierta indeterminación, c'istencia no se enuncia sino a partir de su correlativa ine:astenclJ,
no sólo del lado del rtr sino umbién del untr, indetenninacióa v:-sistirr no se sostiene sino en un afuera qi1t '"' ts. La Idea plat6n1c-J
'°
que acentúa el partitivo dt y que confunde igualmente sobre d nos deja entrever lo que es el Urio mejor que la lógica de Aristóteles,
carácter de "el Uno como significante o como número". prosigue. La existencia no se reduce a constaror la presencia de
El U110 surge de una función que Lacan lbma el 1mier. Neo- ,1 lgunos individuos, ella comenzó ligada a una operación subjetiv•t
logismo que es, se puede decir, una función lógica elevada a la 1¡ue moviliza la dimensión de lo rea~ a través ele la nominación
dignidad de acto origin3Iio. Acto que reúne, en el mismo mO\;. !.os cuerpos celestes, graci3s a su carácter puntifonne y su
miento, el de negar (nitr] la función fálica y el de unir [unir] a los "''terioridad en el mundo sublunar, fueron completamente aptos
que dependen de esca función. p.tra representar este Uno en tanto participa de lo real. Lo Uniano
Pero justamente, no es el caso de todas las mujeres (el 110 toda se scrfo enconces "lo que no existe sino cuando no es". El Uno, dice
transforma en 110 todas) y esto marca la discanda de este abordaje l .acan, comienza en el nivel en el que hay uno que falta. No
lógico respecto del mito del Padre primordial que, "él", se carac- comienza sino en su falta.
teriza por poseerlas a todas. Es necesano el fr:inqucamicnto de este Uno para que lo semc-
Aquel que quiera tener este papel de excepción no podrá hacer- pntc apueu:a a partir de la producción de la falta. El Utio remite
lo sino recurriendo a la "impostura" [épnu], declara Lacan. El ,, la falta que lo necesita.
fracaso de Inoperación que npumaría a cscnblccer la "relación se- Jugando con b ambigüedad que produce el subjuntivo de los
xual" restringe al goce a no ser posible sino por el sesgo del scm· , ~rbos fundar y fundir, Lacrn 'iCñab "Uno [...] de tilos (d'ttix) no
blante.
Sin embargo, que se tenga que evocar la dimensión del scm·
blante, en lo que concierne a aquel que querría autorizarse en esta 111u: el C<lrdin:al del conjunto de las p3rt.cs de u.n conjunto infinito es n13s gnlntlc
función de excepción, no impide que éstn produzca el Uno, que, 1¡11e el del conjtutto niisn10, subvirtió el pen.sa1niento cldsico aplicado u. 1111
por su parte, deriva completamente de lo real. rnnjuntos finitos que enuncia que b p-me es mós pequeil• que d todo. Le> 'l"'
h p<nniúJo, según Lo=, al est:iblcccr el infinito actual, es decir, un infimm
rn -.cto, )' no un potencial como el de Aristóteles, darle un nuevo esaMo al
Esta característica del Uno v:i a ser ilustr:1da por una doble t l(t: aquel que ~rgiri en el pasaje de un 2leph al otro, a partir de N•. en cuyc•
referencia; una antigua, el 1'11m1inidts de Platón, y otra moderna, , ., \O c:ida franqucan1iento de un mfini~o al otro podría ser cng:anchado con 1111
el trabajo sobre los conjuntos de Cantor. ll Lacan va a retener dos 111.is uno''. Noce1nos que P:1sC3l eia: convocado nucv:1n1cntc: S\l tnJnN:ulo
.¡11unético, rcintc:rprctJ.do por Lacan, dando de algun¡a ina.ncl'1, !legún est( últ1111c1,
, r\J ;;inticipación y una mu>n, en el nivel arianético, de los h:.lb1tgos sohtt1 1·1
29. ,.,, i 1f1nito de Cantor
30. La ínsc en fr.uicés es "1'• 1l'r1m" (ron d port11ivo "dcj, cuya mJucd6n Estos d..afcrcnta lpones \"2.n a pcnn1ur a lAc:an definir mejor el esa.uno de:
literal es •ti.y de lo uno". (N. de I• ·n ntt Uno, en unto 1iru:ado siempre en un limite, un fnnqutJm1tnto, F1 _(/no c1
31. FI Uno en cuestión es aquel cuyo est:iruto fue complet:imentt put\to rn •-1hu, ruprur:i, ~1c:nll>rc "c11 mis'". Ron\JH! 111 rc1;u;i6n h1 -\111ivor.\ d\.' lo~ 11ú111e1111
cuestión por lo< matemáticos y 10$ 16gic0$ del siglo XIX. Cancor, ol ,fcmmtw 1·11 un 1.:on,11ntn.
Jt) tAc .\NIAN.A LOS SEMINARIOS DE fACQUES l ACAN 196'4·1979 O PEOR 111
C!it:Í fimdido en Uno'', pero nomás "Uno fimdndo por dos [dmxj".n ¡101· cnca rgo, incluido en el dominio de In creación. El conm imir1th1
Dicho de otro modo, no hay fusión de pareja en la unidad, ni W- si se encucncra identificado con b higiene y el de la enfcnncd:i1I se
fundación de una unidad a través de ella. wn,ierte en asunto de la medicina, que t1Jnbién deriva de ~•e disctu" 1,
Lacan va establecer una separación entre la tlt-smemia que 1¡ue eUa adoma con buenos scntimienros supuesumentc para ~ni·
deriva de la excepción, de la exterioridad, y el atributo, que remite narlo. E.I cocrpo, así, se va a enoomrarllenodeestOS buenos senurnu;.n
al pnra t«/o. l1Jsydormido en su sometimiento a csrn higiene, predice Lacan.11
Este Uno, que no tiene relación ni con el sentido ni con la
verdad, permite a la ecuación "Existe uno que dice no a la función También el discurso analínco se ocupa del cuerpo, pero no de
fálica" desplazarse al lugar de la relación sexual. Desplazarse a ese fo misma forma. Lacan insiste en la impormncia de las entrevist•lS
lugar, pero no suplantarlo, precisa Lacan. Dicho de otro modo, preliminares, en las que es importante el cuerpo a cuerpo. Luego,
ningún ser vendii a este lugar. Es una función lógica que, para 1ma vez.en el discurso analítico, y:i no será cuestión de este cuerpo
La can, sustituye n1 miro freudiano del Urvaltl". .El padre, por su 1 cuerpo. Entonces, todo va a tr:1nscurrir en el nivel del discurso,
panc, por no advenir al estatuto del Uno real, debcii decidirse a lo que no quiere decis, seguramente, que el paciente no será llevado
pasar por ese semblante, lo hará pasmarse [l'i-pattr]. .1 hablar de su cuerpo, incluso n hacerlo hablar, simplemente ya
nu habr.í confrontación de cuerpos.
El analista, por su panc, "rn t11try0,instala el objeto11 en el lugar
EN CUERPO 1ld scmblante".H Esto permite que poco a poco se le revele al
•UJcto su funcasma. Poniéndose a la escucha de los dichos de su
Después de estlS consideraciones teóricas, el seminario termina pmcntc (lo que se dice en lo que se escucha), se producir.! entonces
con planteos más clínicos. Se referirá al cuerpo, al fundamento un decir (q11est diga) que va a signar la entrada de éste en el discurso
que es éste como soporte del discurso. Según Lacan, en caso dd y le ,.Ja pernútir advertir dónde está, cómo se sitúa como objeto
goce de cuerpo a cuerpo, no se sabe cuál goza pues, como hemOI rn el decir (bJ q11t quet/11 olvidado), dicho de otro, modo el fantasma
visto, la relación fulla. Hay sobredeterminación significante: d 1¡uc C!>trucrura su realidad. Encontramos aquí los términos de la
goce, cuando emerge, se encuentra prisionero y organizado por lormula" que usó como exergo de sus dos últimas lecciones y que
un discurso. Lacan se va a detener particularmente en dos de e.~tol e volverá ramosa por servir de introducción al artículo publicado
discursos, uno de los cuales funciona como reverso del otro: d 11 la misma época con el nombre de "Fl atolondradicho".14
discurso del amo y el discurso analítico, que dice algo acerca de la [•~n este momento, el i.nterpretame será el analiiamc y el pa¡>cl
sobredcterminación que sufre el sujeto. Él quisiera que este 1ltl analista será el de "recoger bastante de su paciente como para
segundo discurso pudiera equilibrar un poco al primero. •1uc .1dvcnga la palabra". 17
El discurso del amo instala el Uno, por medio del S,. en el lugar
mismo del semblante. Que este semblante del Uno sea un scm l l 1hgiene y buenos scnñmien1os fonnan •hora el esquelctu de nur>m
blanre de ser, según Lacan, implica cierto número de consecuencias, j1lrc•logfa posmodem~. Es decir, se ve c6mo L:aain era un visionario rcs.pctt11 .1
Va a deducir la relación del hombre con su mundo, que ~l "haC'I ntc l"1n1.
J·I. f.o¡-cc tinn1no rc:sucn:a en el umlodcl seminario que va a pro..cl'11r,1lu11
marchar con el dedo y el ojo". Todo lo que haga el sujeto lo hari ¡l.•11tnt, ho1n6fooo con 01 nnp1).
I~ . "Que..., diga, de hecho, quedJ olvidado lns lo <JU<"' <l1.-e en lo qu~"'
t\(\1th.t".
Jf• <lp. ti/
l 2. Lección del 17 de mayo de 1972. 17 l.cnil111tl<'l 21 1lo ¡1111io tlo 1'172
lll LACANIANA LOS SEMINARIOS DE JACQUES lACAN 1964-19'9
Dominique S&mmney y
Alain Lemcsof
dt los 11111ros a los que rrgrtsa t11 ma orasi6n. Por otra paru no se priVll t¡uc podría augurar, un poco como la lir1griisttrÍa, groc1;1s .1 l pfü, •
dt asociar actrra de los muros: los dtl asilo que "cqntimm •a los padmta ~n:ilisis, un abordaje subvertido de estas "ciencias oficiales",
myo sabtr debma ttr prrdoso para aqutllos q11e los esmchan, cwnult Volviendo a la cuestión del saber, Lacan subraya la diíc1cnt1.1
tstos muros lt porr«n mttyfrrnm1tl1nn1tt abrigar una ~adtra cuiturl t¡ue opone, por una parte, la docta ignorancia, promovida por N1ni •
dt la ignoranna, ptro también ti 11111ro dtl lmgrwje, d(Jtldt st origina t. lls de Cus;i, que remite al "saber más clcv:ido" y traduce una ll<>•
rastr11d6t1, sohrt la mal st tsrribt la tarro dt 1111111ro y más allá dt la tTUll J1aón de humildad en relación con éste, y por otra parte, la ígno·
intmta d~legarst la <imda m 1m acmmnimto a lo rta~ q11e st pag1111 r11nnn ron1ú1J, que hace del saber un saber establecido. En ci.tc
un prrcio a/tQ mi la exclu.tWn del ni¡eto. último aso, se comprende fácilmente que si el saber es de alguna
manera empujado hacia abajo, "no es por culpa de la ignorancia,
1mo juscunente lo contrario•. El saber, se podría decir, no tiene
El SABER Y SU IGNORANCIA otra ignorancia que la que merece.
El saber, recuerda, es el revés de la verdad, pero no su contrario;
Lacan introduce su primera conforcncia1 poniendo la ignorancia, t-stin en relación n10tbi01111. FI "no saber" que puede reclamar la
en compañía del amor y del odio, entre las pasiones del ser. ancipsiquíatria no es el equivalente de la verdad. Esta puesta a pun-
Cuando era un ¡oven interno, había constatado que entre sus 10 apunta muy certeramente, a una interpretación errónea que
congéneres había una ignoroncia apasionada. Reencuentra la "pata" ~lgunos han hecho de su "Proposición del 9 de ocrubre de 1967",
en un movimiento floreciente de aquella época, la ancipsiquiaaú,' en la que escribe "que lo no sabido se ordena como marco del
en la cual participa una parte de jóvenes psiquiacrns de su nuditorio. \Jber". Ella fue interpretada como la apología del "no saber",
Este movimiento lucha contra el encierro de los enfermos y el 111cluso cuando la frase precedente enuncie: "esto no auroriza en
discurso médico 6jo que lo justifie11. Tendr:I una iníluencia innc· 111odo alguno al psicoanalista a contentarse con saber que no sabe
gable en la aperturo de los asilos, que se acompañará frecuen· nada, porque lo que cst5 en juego es lo que tiene que saber".• Ln
temente, pero no siempre, de un rechnzo de l saber psiquiátrico, unicn frontera "sensible" que interesa al cliscurso analíáco, aquella
acusado de ser un instn1mento de represión y de coerción. Este donde se sostiene, recuerda Laca n, es la que separa saber y verdad.
úl timo punto es el que retoma Lacnn.
Si reconoce que el psicoanálisis ha mejorado muy poco el esta
ruto del saber en el campo de la psiquiatrfo, no juzga menos sevc lAtE.NGUA
rnmente a la antipsiquiatrfo, que no aporta la menor solución a 11
cuestión de las psicosis y apunta, a sus ojos, a la liberación de 1011 Desde entonces, Lac:m se esfuern en definir la naruraleza del
psiquiatras mismos de la tarea de servicio social que les incumbe. 5:1her inconsciente. Segun él, decir que el inconsciente es un saher
Constata que la psiquiatría no toma el Cllmino de esta liberación y 1¡11c no se sabe a sí mismo no alcanw: ¿si no en qué se difcren·
predice que, como toda revolución, ésta no dejará de volver a su <iaría del saber insuncivo del animal? Lo propio del saber rcvebcln
punto de partida.J No deja de plantear el término psiqtJiatrtrÜI, por el psicoanálisis, prosigue, es que se arcicul2, que está csmK
111rado como un lenguaje. Pero allí se impone aún un2 precisitin:
J . S:ohu mención rontnn>, b> ¡ut.bn> de L2an n:fcndas en los dos pmllCIV!I ¿tic qué lenguaje hablamo~? El ténnino lenguaje es ui11i1,1llu 1lc
apirulos de e.te comcntan0 cormpondcn • t. pnmen ooofemicia de Uan,
dd 4 de oOYlCmbre de 1971.
4. Con. corno 6gurasdcpn»., R. Laingy D. Coopcryromo 1ckiuria ~ 6.Jacqucs Lacan, ºProposic1cin del 9 Je onul>re Je 1967sobre d 1mn>irú1111t
anporann; d tnlio10dc MJChd fouC1uk IOli<c b loc:un, dUlC>Crroyd p<><1<r médio;Q, Je b ~'..!cucl•º, en .\f-mtar m1<1:.Ja ik /,, r.>:pmm<.. 11n•liU<•, llu<JUK Auo,
S. No podemos dcar que el futuro no le h•)':I J•do la n?i.... Mm•n<i>I. 1'191, póg. M
El SABER Ofl PSICOANAUSTA 11
muchas maneras, sí no a diestra y a siníestrn: lenguaje marem:itico, nón desprovista de sencido y deriva de una esrricw puéSI 1 • 11
filosófico, genético, incluso de la~ planrns ... lorma.•
Para especificar lo que concierne a la inscripción del ser ha·
blante en el lenguaje-lo que interesa al psicoanálisis es esta única El proyecto de Lacan es desarrollar una 16gira dtl 1/w1,
cuestión del sujeto- Lacan introduce un neologismo, un signi· dc,plauda en relación con la lógica fregeana -que no se ocupa 1lo:
ficame nuevo: lolmgr111 Esta palabra, ruacida de la fusión del artículo i. enunoación-, aunque se apoya en esta última. Precisemos, 1lc
con el sus12ntivo, remite a una lengua que fue singular para cada 1odO'l modos, que Lacan recha7..:1 todo isomorfismo con respecto
uno, rrasnútida por ese primer Otro que fue su madre. No se trata a la ciencia lógica, prefiriendo describir su operación según el
sólo de la lengua materna entendida como aqueUa que habfo la modelo ele lo que los matemáticos definen como una operaci611 dr
madre, francés, inglés, etc., sino sobre todo de /nlmgua en la cual [1,rnmulbr.
el sujeto fue sumergido de entrada, aquella, singular, de esta madre, Si Lacan uciliz.a lo verdadero y lo falso de la lógica proposício·
con las palabras que le eran propias, sus invenciones, sus manías y, ual' es a los fines de hacer surgir algo acerca de un saber sobn In
desde el arranque, el equivoco significante. rmlaJ de la relación entre los sexO'l. Se propone tratar la finalidad
Sin embargo, hay que diferenciar el lenguaje de lalmgr111: reto- ilcl goce en una estructura comp11rable a "la de una lógica y que se
mando su fórmula canónica, Lacan insiste en el hecho de que el lbma la cascración".
inconsciente está estructurado como un /C11¡;11njt y no corno Este proyecto lo obligar:!, agregamos nosotros, a "torcer"d.1c11a
lnlengr1a. Es decir, aun cuando /alengua es muy variada, con rodo lógica Lacan habla de lógica elástica- para conducirlo, de nuevo,
oculta cierto número de hueUas que constiruyen el orden del a cuesuonarla por el modo que ciene ella de excluir al sujeto en
lengu:i¡e e inreresan a los psico:malistaS. Recuerd:i, especialmente, sus teorizaciones. 10
la distinción entre código y mensaje, sin la cual no hay lug:ir para Para Lac:m, la noción del decir remite 2 b del discurso y vuelve
b )'l:llabra, menos aún para la verdad. Subraya que la "vertiente vana toda búsqueda de un lenguaje-objeto con el que soñ:iron
util" de /alengua es la de la estrucrura lingiíisteril. La "verciente" ciertos lógicos, después de Russcll. La cuestión del sentido sufre
que interesa a los psicoanalistas, que trabajan con el inconsciente un desplazamiento. Su aparición es desde allí esencialmente rcfc
y la repetición, es, dice entonces, la de la ¡,'Tam:ítica y la lógica y mla a un cambio del discurso en el que se inserta el sujeto, el
no la de la dicción, la poesía y la retórica, opcr;idores "de invención ,ígnificado de un significJnte que viene del lugar que el mismo
y de persuasión". Sin embargo, cscí duo que la dimensión de ~ígnificantc ocupa en OU'O discurso. Aquí, la función del discur;o
invención del inconsciente fue puesta en primer plano en el curso prima sobre el efecto "inmediato" de un tropo en la lengua.
de los diez primeros años de su seminario, durante los cuales centrtí
su trabajo sobre la metáfora del Nombre-del-Padre.'
Ta l vel. porque la invención comporta un potencial •le 8. E~tJ~ prccis.ione5 2iporc2das por Lacan sitúan l:a con«pcl6n quC' acnc
per-;uasión, de sugesuón, se la deja de lado p:ira dar lugar " IJ cntunCC1i del s2bcr incon"'t'icntc. A5i, es~ conccpc16n comporu m¡¡flt·c-s
gramática que, como 12 lógica, procede de una fonn2hza· omporantasegún las époc:ts de•• •nscii•ou, indmo CU2ndo suh>istcn los holoo
ducctnccs: el inconsciente tstnJCTUndo como un lcnguaJC. et.e.
•1. Sr verá que Lacm inten u 10ntatcl obstáculo usando la lógica intuic1onu1u,
~1ue rompt l:a bivalencia vcrdóld~ro/falso y no respeta el rlo~n:a. drl tch r111
?. Esta dimensión voJvcr:i 2 tener un lugar 1111pon;ante en los sc1nin;arJot ri¡1,:l11ido1 pero que eslo no -se da $111 plancear ocros problc1n01~, d1fit1lc111 tu"'~•
ulteriores, especial1ncnte cu;tndo se ocupe dejoycc. pero cs:t3 ''CZ referid.i ill tJ{• 111du'MJ inlpoSlhles de resolver. ..
de este último. Por lo t.lnto, sería apresurado concluir que L:ac;in renie!l'"J d1.• J.e 1O. Lo tJUC Lacan \l\lCl\lc a ptunc::ir:a<¡\ú e5a Li vez la l"\1otu1n •le 1., ,·u·nt 1fit 111.1.I
potcncialidaJ creadora llcl 1nconscicnte... Simplctnentc parece que de!<.-onl1J de .t('I ,,..1cuJnlli'iÍ$ y IJ Jcl valor epislcmológico tic un.t CICO,IJ ll•IC rou lll)'C' ;I
cierta idealización del mismo. IUJCfO
>• lO~ SEMINARIOS DE JACQUES lACAN t944 1979 EL SABER DEL PSICOANALIST_..
"'
lACANrANA
La palabra, en Cinto define el lugar de la verdad-como estruc- goce senial en el ser hablante queda la copulación, est.1 no clt11r11d
tura ~~ ficción-, justifica la impornancia que se otorga a Ja absolutamente de "lo natural", podña decirse, del goce, cld11111lo
re~aetón: a tr:lvés de sus tropiezos, tal como se producen en el como "la relación de este ser hablante con su cuerpo". PJra l.1cu11,
decir, algo de la verdad de un goce ol~;dado emerge." Es por ~¡ los hombres y las mujeres son reales, no somos sin cmli.tr¡:o
esto, se lo reconozca o no, que la interpretación recae siempre c.ipaces de articular, a este respecto, algo en /almgiui que tcn~.1 l.1
sobre el lazo de la palabra con el goce capta ble en la repetición. menor relación con este real. u Es en nombre del significante, del
Volveremos pronto a esca diferenciación entre discurso y palabra. 'cmblantc, que se existe a nivel del sexo, que uno se dice "hombre"
Su~rnycmos primero que, en este asunto, el cuerpo est:I nece- o "mujer". El goce sexual procede sólo de la palabra, que nsegur,1
sanamente comprometid~, pues para gozar hace fulm un cuerpo, esa dimensión de verdad, siempre medio-dicha, de esca relnc16n
recuerda l..;ic:m,.que m1~1b1én agrega.que la dimensión del goce para ron el goce. Pero es también por escoque, corrclativa1ncntc en el ser
el cuerpo es la d1me11s1on de la pendiente hacia Ja muene.'I Lo cual hablante, todo acoplamiento, aunque sea fugaz, exige encontrar
quiere decir que pua el ser hablante-en lo que éste se distingue del L1 castración, que no es de otra dimensión que de lnlmgtJa. El goce
animal- el objetivo del goce da en el blanco en una hinncfa. tropieza infaliblemente con la castración, cuando un sujeto intenta
. Según Lacan, el logro más ac:ibado de este objetivo es el suici- el encuentro se.~al con W1 o Wla partenairc.
dio, q.ue parece ser, para él, el único acto que no sería semblante. Si la sexualidad está en el centro de lo que pasa en el incons-
Pero mduso.cl swcidio, retoma, es semb'3nte: cuilquiera que 50 nencc, no es sino como falta. En lugar de todo lo que podría es-
su final, es siempre sólo "wu rcntati~"!l • desde et pwno de ,;sra cribirse de la relación sexual como tal, el sujeto encuentra Jos
de! g~e. El sujeto se ausenta de este goce "fundamental", y el mtpasstr engendrados por la función del goce se.~al, poniendo en
su1ci~10 es, como todo acco, un acto fallido. Pero, ¿por qué esra ¡uego el Falo. F..s por eso que, recoma Lacan, el goce está condenado
fulla me~o"'.ble? Lacan responde aquí con su tesis mayor desa- ;11 fmcaso: la castración para el goce masculino, lJ división más
rrollada senamcnte", este mismo año, en~·u seminario "...o peor": precisamente para lo que concierne al goce femenino. Señalemos
"no hay relación sexua l" para el pnrlétrc. t¡ue aquí aparece netamente 13 diferenciación que Lacan opcr-J
fodiquemos que en el curso de esta primera conferencia Lacan entre el goce aIque se apunta, ideal-que scrfa el goce de fa relación
e~phcita esta "no relación sexual" con una claridad co111plct.a111cotc sexual, si existiera-, y el goce sexual orienrndo y limitado por la
e¡emp!ar. No es suficiente'. dice y para retomar sus ténninos, "joder" !unción f:ílica: goce sexual que, a diferencia de lo <Jue sostenía
para dcmostrnr lo contrano, pues la noción de relación no coincide 1 reud, no es para nada "absoluco".
complemmcnrc con el uso metafórico que se hace habirualmcntc
de ese palabra cuando se enuncia: "rovieron relaciones". Según
Lac:m •. hablar de relació~ supone no solamente haberla integrado MATEMAYVERDAD: LA INCOMPRENSIÓN
en el discurso, smo también ser capaz de escribir esta relación
Pero si hay esta no ~e.lación, es porque "hombre" y "m~jcr" En la siguiente conferencia," Lacan se va a apoyar en b problc-
son reahdadc) problematicas. Según Lacan, si como objetivo del mfoca de la incomprensión, para precisar ciertas arricubc1oncs
Ll. Lo que Frcud y.i enunciaba tanto al indicar que el Jnconiw:1t·11le 1guot .. l.1
11. La cucsuón del th:cir y del tlitho ser:í C!'\'oe:td.i en ef texto a¡~r<.'Cido lt\to
tbíertncfa de lo•scxóS, con1oal C\focar la i1nposibilid:.ul de rc..~olvrr tlc:liu1uv1uuru1~
tlcsp~és de csr:lS confercn.cias: ••L'étourdit", Silirtt, n., 4, París, Scuil, 197 J.' rn lo <1uc se dc.riv.1 rc.s1>ccti~n1cnlc de lo rnasculino y lo h·111e1111ut.
1... Loca~' en C$tC 1>:1s:i¡t 1nuestra cón10 se corresponden ínri1nan1t.'nlc 101' Ju..
14. l.n, ¡lJLahr.i' dr l .~tan rcícriU..,. en ate t,.pftulo e .t.1n C:•lf.1lcl.-1, 1.1lvu
textos Ír<ucl1•no•, Mds allá Jrl prinapio Je plnr.ry El •nnlmnr "'¡,, rultur~
11'tnt.·111n C"UUUJri.a, tlr 111 c:t1nírn:1u:1~ <lcl 2 <k d1c·fr111hrf' ¡J, 1')11
140 lACANl,6,NA t.OS SE.M1NAFUOS Ol JACQUES lACAN 1961 1979 El SABER DEL PSICO/\NALISTA I•
(principalmente entre el síntoma, la verdad y el goce) y discrimi- tico"," pues esta reducción formal deja entera la d1m~nsió11 de l.i
naciones conccpruales (el discurso y la palabra) esenciales. Más "erdad misma." La deducción matemática no se dirige a 1.1 vc-1<1.ut,
precisamente, evoca primero la incompr<..01Sión de ciertos ps.ico- pero no carece de relación con ella, subraya.
nnalistas frente a su discurso, antes de inten ">g:Jr, de manera pro- Sin embargo, esto no es sino introductorio. Según Lac.111, ~11
funda, la de los "jóvenes• confrontados a l..s matemáticas, a la incomprensión y esca exigencia de verdad resultan de algo JJ1;ls tun
111J1tmuítiCll. u Esta última cuestión le va a permitir explicitar lo tlamenta l aún que ese "vacío formal". Los primeros rcsonc.s tk·
que entiende por "matema" y la función que quiere reconocerle. éstas no solamenre no derivan de ninguna psicología, ni les alca01.a
De pronto, plantea la pregunta: ¿la incomprensión de lo que este cfecro de la formalización, sino que encuentran su origen en
enuncia Lacan es un síntoma? No, ya que él no reconoce la real la estn.1crura misma del discurso, en el materna, en canto es, a dife
incomprensión de su discurso para quien efectiv:imente lo ha en- rencia de la palabra, "lo que determina lo real". Para mostrarlo,
tendido, recordando que, en toda una parte del mundo de los psi- reroma su teoría del discurso, cuya cstructur.1 despejara dos años
coanaliscas, una prohibición se ha posado sobre el hecho de venir antes 19 y para cuatro de los cuales esrnbleció los maternas.
a oír su enseñanza. Pero más ali:! de esca explicación fáctica, la El real que csrá en cuestión, hay que precisarlo, es el que
pregunta rebota: ¿la incomprensión psicoanalítica es un síntoma? concierne al goce sc:mal, a '2 aniculaci6n de éste con, en el campo
Y más fundamentalmente aún: ¿qué es un síntoma? delaltngt111, la palabra, el decir y la castración. Para Lacan, el enru-
El síntoma, subraya, no es el rechazo de la verdad, es decir, mecimienm que hace de escolta de In incomprensión, que ilustra,
resistencia de un hipotético "ser de un ente" a aquélla, sino a! en los antiguos griegos, el doloroso conmcto con el torpedo,19
contrario, ..--alor de verdad. El sínroma dice una verdad, de ningún sale así al encuentro de dos campos discordantes entre sí: el del
modo traduce algún tipo de ser de rechazo que scrfa entonces marcma en tanto, por el sesgo de lo simbólico, tne:1 lo .real de la di-
identificable con la resistencia. La verdad, que oculta el síntoma y ferencia de los sexos y de sus goces, que no concuerdan entre ellos,
que o;e articula en la palabra, no es sino relativa, subraya Lacan.I' y el de la verdad, que vehicula la palabra y que funciona en el nivel
Según él, reducir la vercl3d a un valor, a una cifra-"que es lo escrito del semblante.
de su Y:llor" como Oy 1o Vy F-, es la rnón de la perplejidad de los
"jó,·cnes". El ,,.Jor de verdad no agora la cuestión de la verdad.
A semejanza de numerosos matemáticos que se resisten a la
17. ""e t~mú110 "patético" debe set scilalado. Recuerdo que ningún nuevo
absorción integral de su dominio por la lógica, estos jóvenes tli.scw·so 1n:1tcri2lii.1do por un~ nuev:a eculción, por un nuevo m:ittm:i, se in.>eribt-
mnifestaron, sin saberlo, un interés por la verdad en un punto "en cn el cutrpode 12 Citncia, espteialmcntc en nutcnút:ia> o en lisici, sin "deb>t«
que se habría conseguido escamoce3r completamente lo paté· iir- pa1abns•. oposacJ()nes vin..lcnt1s, confuClos violentO'\ relativos a lo que ~e
m.:ne1na tnducc de fo verdad. La hisroria del concepto inatcnlático del .. nUmc.ro•
t',, en este sentido, cjcn1pl2r. y.i SC3 que se picn!IC ~menee en la introducción
.kl concepto de número irracional y del r.1d1c:al vo en ti del número írn.1guurin
1S. Se pued• n:rord:ar c¡ue •n Fruxia, a principíot de los años tetenci, b 'Orl •1 • ,':¡ advenga un:a fntc.midad•. 1..tcan wbny.a C$U dimcn~16n patética
enscftanza ~cundana de la.s matemáucas esr:iba donumda por l01s "'rnat~ C\'OC.;Jndo a Cantor, 1nostrando así cómo el retomo del sujeto en el t1m1>0 de 1.t
modern;lS", •n un• continuidad mol asimil•d• de los trnb:>jos de Dourboki. mnciJ pudo Ucv:irlo a los línutes de la locurn.
16. "El str es el ser hablante. Es por $Cr hahlontc que llega al ser. 6nalmentc 18. De los c.nunci3dos ou.tcm,ricos es im¡>06ib1c decir si mducc:n un.a ..-c.:nJ 111
tiene sentimienw de su. Natunlmentc, no llega a <!l, tilla.• J\Jirnucíón cscoci>I •" Wdcra" o induiO un sentido.
que, desde el pnllClpio de su enseñanza, ha dcmuudo la posición de Laan dr 19.Jacques Lac:an, ElmnmlfNo. Libro X1111, EJ,.,._.,.
drlpsitwn11i/1<11, llue.nu1
toda la pcrspecuva frcud1ana designada -Jnjuswnenle- ...orrodox-""· Posición 1\Jres, 1'01dós, 1992. Véase t. rcseft• de Rolond Chamomo.
lacanian:. que hA despejado J.1 dirncnsi6n, no del supuesto ser de un cnrc, sino J¡1 ?O. f.,tJ. metdínr11 del torpedo y los catn~ 16 pris1oncros en el ~cn1ictu lle.· Ir~
del sujtto. Muchos llJ\os antes de esta.s coní<rcncias, L:IC'1n subr.iyobo y.i qu• "" c.¡1n¡H,. m.ign~tit:o " criduc~ )' n:Jobla c. .u disim~:tria Je 10,1 g<>cCJ y su1
luy ocn resistcocia que la del 1112lis12. •111untJ4;1ones• d1se<H &bntn..
1<1 IACANIANA tm HMINARIOS DE fACQlJES lACAN 19&.. 1979 El SABE~ ()(l PSICOANAUSTA l•l
Ahora bien, Lacan subraya que rodo esto no puede entenderse, tibie de recaer en la represión, de donde la necesidad de 111ul11plc'
y menos aún e>asrir, sino es a parár del discurso analítico, espe- "vueltas del dicho".21 Estos desarrollos no dejan menos en smpr111"
cia lmente con 13 emergencia históriCI del mismo. Así, el discurso las cuestiones de la posibilidad de articulación de la lógi~'ll y fo
analítico es materna. Dando la preeminencia al objeto a, haciendo teona analítica. Una incomprensión puede ser feCWlda, pero 11m·•lc
venir (a) al lugar del semblante, ese discurso hace hablar n lo real. también ser el síntoma de la imposibilidad de mantener dos c.1111po•
En este sentido se distingue de la palabra, aunque necesita de ella. juntos.
Pero (o), que sustituye a toda noción de "ob¡eto soporado por El pasaje, en Jos años que siguen, a otro abordaje del mcons·
un sujeto", como lo sostienen las ceorfas del conocimiento, ocupa ciente, la topología de los nudos, ¿señala que el abordaje que pre·
un Jugnr en cada uoo de los <liscwws. Es él el que aportll la dimensión "alece aquí habrá mostrado su límite?ll La pregunta merece
de lo real a codo discurso y el que de algún modo va a "comérselo", plantearse aun cuando la respuesta no sea para nada evidente.
micncras que el objeto tomado como objeto del conocimiento lo deja
preso de uoa deriva idealista e imaginaria. Así, se comprende que Lacan
califique(•) como "m.:n;cnu cetraédrico de cscos cliscur.ios". EL SENTIDO, LA RÉ50NY LO REAi • VARIAOONES SOBRE El AMURO
El saber es del orden del goce. Si la pregunta del psicoanalista
es "saber en qué lugar tiene que estar para sostenerlo", Llican Lacan se lam.3 en.seguida a las "variaciones" sobre el tema "aquí
responde que es en el lugar del objeto a y, por su posición, repro- hablo a los muros ... siempre les hablé a los muros".11
duce Ja neurosis que el pariente craum:íúco, por s11 parte, reproduce Recuerda 11sí q uc no se lo había escuchado y se pregunta si
inocentemente. El analista interroga el goce de su paciente, lugar ahora se lo escuchará más. Pero también recuerda :a los psiquiatr.1s
que no es muy fácil ru confon.1ble ocupar, eventualmente produc- que cierta sordera de su parte a las palabras de los enfermos que se
tor de angustta. Se sabe que el goce del Ocro afccrn a todos, incluso encuc111:ran en el interior de eso; muros podría ser el resultado de
a at¡ud o aquella que \'Íene a ocupar este lugar. Probablemente hay la segregación de esos enfermos kpeligrosos para ellos mismos y
que encontrar la fuente, agregamos nosocros, de un cierco nú· para los den1iis" operado por el discurso del amo, un discurso del
mero de dh•:1gncioncs sobre In concratransfercncia. cual ellos mismos, como psiquiatras, están generalmente presos.
l .acan subrap rcspccco a esto que cada discurso pone a quien Añade que la evolución del discurso del amo en discurso del
allí se coloca en posición de incompremión en relación con el rol capi talista t"vo con10 consecuencia el rechazo de la cnstr.1ción pero
que desempeña alJ(. Si, como señala I legel, el Amo es el último también ... el retomo como irrupción de esta última bajo la forma
en comprender el suyo, el analista no es más favorecido: está él del discurso analítico.
mismo en una cierta ceguera frente al discurso que lo causa. La
incomprensión que enfrenta la enseñanza de Lacan puede Esta variación sobre el tema "hablo a los muros" le sirve de
encontraren este hecho una de las razones m:ís determinantes. F.I rretcxto para 1r mucho más lc¡os, hasta el amuro, intcnnnclo
analista se hace en su discurso encamación de (a), pero sólo -y se .uticular de una nueva manera (n), ca;traciún y amor.
traen de no olvidarlo- como semblante.
La verdad no es el semblante, aunque renga relación con ti
Subsme de todos mod0$ una disyunción entre semblante y vcrd;td, l 1 "Que se diga quedo olvidado tn.as lo que se dice en lo que M: t"·~ u1:h.a"
El decir, que es decir de un discurso, asigna un lugar a lo real, qur O.sl·t¡ues ~t:an, '"L'crourdit", op. cit.) .
no puede ser capudo directamente por el dicho (la palabra), pero 12 .. Scñalc.1no' igmlnlcntc: que c:n el cuno J, c\'..l" CUO\ <"moono, l ~can 1e
1n11~1ri.1 n1J~ 11l1Ut"1nático que 16gico.
a esta palabra no le es sin embargo imposible, por ejemplo, en la z t ' 6 de ent.'ffl de 1~172. L..1... dt1~ tic 1 .1con cll' C~h.· c.tphul11 prr h jl!'l I H ·'e ,, 1
curo, acceder al estatuto de Wl decir, s;1lvo que siempre es susce¡• \'tMlfl•ttlt(t.l
14-t lACANiANA ·LOS S~1"'1NAFllOS DE JACQUES LACAN 19,'4 1979 [l V.llER DEL P$1CO""Al.ISTA ,,
El 6 de enero de J972, interroga acerca del efecto de su voz mundo "sustituye la volatilización del partenaire sc"1.1I", 1lc1•111lu
repercutiendo en las paredes de la capilla, que en este caso idenrific:i que el hombre se imagine que conoce el mundo, puro un.1gmano
con la caverna platónic:i." El objeto" que es la \'OZ justifica que, que viene al lugar de un s:iber sobre el otro sexo.111 Entonce:.,, l .1mrn
•igujendo a FrancisPonge," escriba la razón como ri.ron.'' como recurre mmcdi:itamente a las propiedades topológicas de la liotdl.1
lo que nmmn en los muros. La rnón tiene una voz, pero no es de Klein para "mostrar" este muro de In castración. Correspon1lc,
necesariamente la que se imagina, pues el goce es de la partida. 'egún él, al círculo a contrapelo que une y sepa.ra verdad y SJl>er.
Con el juego entre nrJr1 y rism y entre am11r y nmm'O, Lacan hace Este círculo a contrapelo recorre coJa la superficie, del mi"no
oír aquí a lalmgua. modo que la ciscración concierne a todo el campo del lenguJjc,
Pero ~'Sta risrm remite mmbién, par.1 Lacan, a la m: etimología todo lo que se juega entre un hombre y unn mujer.
indirecta de la razón (r111io) que remite a la realidad de b cual esca El objeto a, que ac:ibamos de encontrar como voz en el corazón
razón b~ dar cuenti, especialmente a través del raronamicnto mismo de lo que valdría como razón, es él mismo una objeción a
matemático. Lo que le permite preguntarse a qué riscn recurrir, más la asunción annonios:i del ser de dos individuos a través del amor.
allá de est.1 mntcmátic:i, parn aceedcr a lo real. Si '3 razón, podrfa Incluso en la fonna idcalir~1da de la relación madre-hijo, a la que
deci.rse, lle\111 su peso de real, hace falta dar la "razón de los muros". Freud daba gran importancia, la relación que la madre tiene con
¿Qué son pues estos muros, a los cuales Lacan niega el esta ruto la castración "cuenti por un pedazo". El amor es entonces también
de metáfora, esforzándose en fundu una escrirura que oo sea, d (a)m11ro.
precisamente, metafóric:i, sino escrirura de lo real? Retomando
un poema "proverbial" 17 ya evocado años antes, precisa que el Parn Lacan, el discurso -en tanto pone en juego el objeto, los
muro es el lugar de la castrnción, el muro del lenguaje, antes de ~ignificantes (S,, S,) y el sujeto dividido y los hace girnr en los dife-
señalar que si "entre el hombre y la mujer hay un mundo", ~ rentes lug;ires: semblante, verdad, goce y plus-de-go1.ar- puede
sólo d.'IT cuenta, reconstituyéndolo, del modo en que este muro se
cdific:i, su rlJm de ser y qué lugar tiene allí lo real.
24. ScñakmO'I que Laon, ._..,noche del 6 de enero de J972, moni6cstaruente
¿Desde aquí, qué sentido puede darse al discurso del analista .1
1legn. va a bmqoepr, ~l. que síemp~ la habil r"hazado, una trorú dd origtn p:irtir del cull se estiblecen los ocros ues? El sentido de est:1bl~
dd Jmguajo, en la lOrma ele: wu supa<icióo: loo sonidos profcríd<,. por los bomhou cerse, responde Lacan, "delante del muro" y entonccsdiferenciar<c
prim11J\'QO hJbri2n resonado d1>Unto se¡¡Un el punto de los muros de la º''<l'M
donde repcrniá21t, lo que les hobrfa pcnniudo comenzar o Jiforc1tciarlos. Pero 1iel discurso lógiro-mnu111átiro en el cual se ve el carácter propia
se aprcsurit :i añ:iclir: .. me dejé arrastr:tr ~tn noche, porque h:1blo a los muro••. mente lla1mclo uinsensato". Esto no dejn de plantear la cuestión
25. Fr.tnm Poage, "(mi) ombición es opcr>r b confusión de la razón con la <le su origen: el sentido es "pintarra1eo añJdido a este objeto" 11uc
r<-" (cntmohU de Frana. Ponge coo Philippe Sollen, Parls, C.llim.rd, 1970,
pág. 158). no tiene ninguno.
16. Aqul ~• 1uega con la homofonía entre"""" (rozón) y,.¡_,, que alude a El sentido, entendido como "sentido confusión", remite 111
resononcfo. [N. de la T.J "placer que el otro les da". Así, el arce permite que una mnnch.1
27. EoLre d hombre y b mujer,
h•yamor.
,obre el muro sea transfonnada en una madona poi Leon;irdn 1la
F.ntrc el hombre y el amor, \'mci, así como la escrirur.1 puede producir su desbarranc:imicn1n.
hay un m•mdo.
Entre el hombre y el mundo,
hay un nnaro.
(Amoinc Tudal, en P•rls w l'•n ZOQfJ) F5te poema habla •ido cit;ido ¡••• 18. ·rrn1~t11::1 rctomJd;a pt1r l,;1c-..1n en tl1h·ttntt~ rnouu·ntOI, csp«iJl111(nlO
L•cin en "Función yompo Je la p:tbbn yel lengu2jc"(&mw /. Mtxiru, Siglo en el K'nunario •[.3 ignc:>ranci.t c¡uc s;ibc ele un.1 cqtU~1X':IC1Óll• VhWt La rc.wA~
XX1, 198S).
de .Aban l.c-n1t"4•1
116 LACANIANA ·LOS S(MINMIOS OE IACQVES LllCAN 196<-1979 EL IABE~OEL PllCOANA~llTA
'"
Otro modo de este placer uque el otro les da": la cam de D'ltn11TJ que - materno (material).
refuerza el muro. Dicho de otro modo, ninguna esperanza para - matemático.
ella de franquear aquello del lenguaje del que es parte integnnte. Es una distinción que sólo es de horizonte, precisa. E,,u 1h1
Sin embargo, esta escritura deja augurar, aun a través del fr Jcaso tinción remite a lalmgr111 y 2 la materialidad, lo que resuena .td
en &anqueado, un más 2llá de este muro: el del reino del Discurso significante, por una parte, y por otra parce a la produc<i<'•n
de la ciencia. En cuanro al sentido, que ser.í otn cosa que usentido mensurable de un saber siruablc gracias al materna.
confusión•, 19 se produce, según LaC31l, como hemos indic:ido, El más allá del horizonte de estas dos ocurrencias del sign1fi·
durante el pasaje de un discurso a otro. El sentido surge en a da cante no se sostiene smo en su posición en un discurso de hubo.
etapa de la ronda de los discursos, el de la histérica libra el del \un allí, somos remitidos a la posición de un sujeto compromctitlo
amo, el del analista el de la hisréria: es así como el nacimiento de en un decir apto ¡»ra sostener un discurso que permitiña tener
un nuevo discurso como el discurso anaütico puede dar a los que unidos estos dos horizontes s1grufic:mtes: es precisamente la tarea
se insertan alü la impresión de comprenderlo todo. Pero la ronda que Lacan se asigna.
no se detiene jamás, el discurso universitario ,~ene en seguida a
dar sentido al discurso analítico y así sucesivamente. Lacan se Lacan concluye estas conferencias dirigiéndose directamente
localiza en otro nivel en su tentativa de fonnaliz.ición del discurso a los psicoanalistas para hablarles de su rclnción con el saber. La
anaütico. relación que mantienen con su saber es compleja. Lleg:m a negarlo,
reprimirlo, incluso rcchnarlo. De este modo los psicoanalistas
han sido llevados a favorecer que la medicina retome las riendas
EL SABER DE ...O PEOR del psicoanálisis y lo pong.i en vereda, es decir, rodo lo contrario
de aquello por lo que Freud abogó en ~u promoción de laim-
El Uno va a tener un papel ccnt:n1I en es1:1 fonnali1.1ción. "Huy uno" 111111/yse.
proclama ~can en el núsmo momento en su seminario" ... o peor". Lacan ve en esta co11jrwnci611111fdico psicom111/mo la razón por In
Los públicos de los dos lug1u·es de enseñanza est:ín al !:lato de las cual la partida, en b que se había inscrito antes de In guerra, estaba
evidencias reunidas en el curso de las tres úlcimas confer~ncias, de perdida de antemano. Su rce'\lrso a la fo rma lfaación lógico-
modo que se trata menos de dirigirse n los jóvenes psiquiatras que de matcmática puede ser visto como una tenrativa de establecer un
proseguir el trab-Jjo que se hace allí: b dromiqn se convierte poco a saber anaütico que sea lo bastante consistente para resistir a ese gé-
poco en algo serio, las palabras se vuelven más arduas. nero de tentativa de retomar las riendas. Siempre, señala Lacan,
No rccomaremos aquí todas las reflc.~iones que corresponden cualquiera que= el grado de ignornnda o inteligencia de los psicn·
aJ tr.ibajo en curso en ese •cminario: han sido reagrupadas ea el analistas, importa sobre todo que sean c:ipaces de ponerse en el
comentario de este último. 14 Tnvcrs:imente, algunos puntos mere- lugar del objeto a, en posición de semblante, para que algo tlcl
cen que nos detengamos en ellos. En pnmer lug;ir, la diferenciación psicoanálisis p\1eda advenir en una cura.
que Lacan establece entre dos horizontes del significante:"
Aun1
(1972-1973)
É.tiith De Cock
11/fi1111I dtl seminario lliÍStirtmos ni rttorr10 dtl mido "°1Twuo m la usa la letra y se sirve de una declaración, pues el amor se 1lc< l 11 ~,
Ji1m1t1 tü redtmdi-lts dt mtrda, t¡11t dnrán In pos1bilid11d dt conrtr11ir una este es su aspecto necesario y también su drama ...
<11drru1. En este seminario Lacan explora la noción de goce. Pero <I
goce sexual como cal no es abordable directameme porque ei.1.i
L.1can comienza es1e seminario refiriéndose al seminario VIl LA marcado por la imposibilidad del Uno de la relación sexual. FI ilC'r
ttita dtlpn<0análiris, en el que la relación de b noción de goce ~n la humano presenca, es verdad, los caracteres ffsicos y sexuales que
ley estaba }'2 establecida. La Facultad de Derecho que Jo recibe este penniten diferenciar un hombre de una mujer, pero esca "org;l·
aiio es un lug:ar perfcct:1mente conveniente p:1ra hablas del len- nicidad" revela ser secunduia, como pueden serlo los carnctercs
guaje, que, también él, está hecho de códigos, incluso tj el campo sexuales llamados secundarios del cuerpo que se desarrollan en el
en d que opera el psicoanálisis se distingue como aquel del ser momento de la pubertad.
hablante, el parlittr. Además, el término goce es un término¡uridico, Para aclarar la noción de goce sexual, Lacan se apoya entonces
que se encuentrn en "usufructo", que significa que se puede tener el en las referencias topológicas que muestran que el goce en tanto
uso de un bien del cual se puede sacar provecho pero sin lleg:ar a sexual apunt:I al f:alo y no al Otro sexo, es decir que no se relaciona
"~nsumir" el capital. Pero el derecho no es el deber. El goce no con el Otro como tal. Así, el goce sexual se verifica como f.ílico.
suve de nada. Sólo el superyó es el imperativo del goce: ¡goza! La paradoja de Zcnón de Etea permite separar el goce fálico
Desde ~I muy denso primer capírulo, Lacan distingue goce y del goce del Otro, del cuerpo del Otro, que no se promete sino en
~or me.d1ame una frase presente durante todo el seminario, que la infinirud. El encuentro imposible entre estos dos goces se ilustra
tiene C2Sl el valor de un enunciado estrucrural. Su particularidad con Aqujlcs queriendo atrapar la tortuga. En efecto, cuando
es que tiene una neg:ición importante: "el goce del Ocro, del cuerpo Aquiles esté, gracias a sus saltos, en el punto de la llegada, la corruga
del Otro quelo simbofjza, no es ~igno de amor". Recordando que ya no estará más ahí porque cambién se habrá desplaz.1do. Una
cuando se ama, no se trata de sexo, Lacan nos habla del goce en su distancia, un resto subsistir.! siempre, ella nunca ser:i completa-
reforenda al amor y los di~tingue. En cfcc10, en esro frase recu- mente suya, y si terminaran por reunirse, sería en la infinirud ...
rrente, el amor se cnc:uentra definido negativamente, por lo que
no es, aquello de lo cual no es signo. Esta paradoja, que se puede volver nnrt:ic1.1lar con In estructura
Pero el amor sí hncc signo. Sólo que no es signo del goce del del significante, es muy importante para aclarar estas nociones de
Otro. El amor estl del lado de b demanda, el amor demanda, aun goce. En esta ocasión y reiteradas veces, Lacan invita a remitirse a
y aun ... lo que incluso hará decir a Lacan que A11n es "el nombre un texto suyo contemporáneo, "El ntolondradicho'', donde cree
propio de esa fulfo de donde en el Otro parte la demanda de amor" haber establecido la estricta equivalencia entre la topología y '1
(pág. 12). El ótulo de este seminario puede escribirse también estructura (pág. 16).
"en cuerpo",' como propone Lacan el año anterior en el seminario Así, los saltos de Aquiles determinan espacios cerrados,
XIX," ... o peor". A1m podría ser considerado como el adverbio limirodos, que se muestran como característicos del goce fálico y
de la demanda y el tiempo ... que el falo como significante va a "compaci6car"1 aun cuando los
En el amor, se apunt:i al sujeto. El amor esr.i en el corazón del Jesplazamienros de la torruga se dan en una serie de vccindatlcs,
discurso filosófico, es siempre recíproco. Narcisisca, impocente,
es deseo de ser Uno. No concierne a nuesuo campo sino cuando
3. El término •compaci6car• ad relacionado con la noción Je c,..pacao
compacto Jcfuudo en el teorema de Borcl-Lcbdgucs t<>hre la t<•nf'ld•t.J
Vé>n5'0 los desarrollos de Marc Darmon en &.u mrü t"flO#tjt """""""'• l'•ri<.
2. En mps, bomóíonncon mm-r. (N. de b T) F.dmons de l'Asiocntion frcuohtnnc, 1990.
151 LACANIANA l.OS SE~'NARIOS t,..C JACQUES LAC:AN 196• • 197~ AUN
de aperturas en relación con el Orro como cuerpo. El número entonces, quien goza. Respecto a esto, Lacan llcg.114 .1 p11•11on r,
finito de espacios abiertos determinados '-a a pcrrnior contar, uno en lo referido al goce del cuerpo, la noción de "su.~tancia gowut~•
por uno, como en el mito llamado femenino de Don Juan, en el ¿Cuál es la función de lo escriro en el discurso anali1icol J ,pcan
que él tendr.i a las mujeres, una por una. El infinito de la búsqueda nos recuerda que ha fundado el <liscurso analítico con ayu1l 1 el"
de Aquiles para reunirse con la tortuga se encuentra en relación las letras, pero que la !erra es a la vez. ~efecto" de discurso )'
con una f.alla que es, según Lacan, la de la castración. constituye el discurso mismo. Para explicar las funciones 1lcl
Con el apoyo de esrn paradoja que ilustra dos tipos de goce, discurso, también har:í uso de las letras n, A, S (X) y <I> que scl.Ín
goce F.ílico y goce del Orro, hemos rocado la topología del signifi- retomadas a todo lo largo del seminario.
cante y por lo ta neo de lo simbólico,• Ja que responde, según Lacan, Ln letr:1, en el discurso, revela la gramática, nos dice Lac.m,
a In topologfo de Saussure, euclideana, la del recto-verso. El pero en este período de su enseñanza, época del matcmn toc:mtln
significante, diferente de sí mismo, que puede escribirse A~ A, lo real, debe poder, afirma, transmitirse integralmente. Considc
est:í determinado por relaciones de vecindad. rada ent0nces como "matemática", manejable y móvil, puede ser
Luego Lacan retoma lo que anunció en el seminario "De un tachada, desplazada, permitiendo constituir con¡untos y en
discurso que no fuese semblante" para marcar una diferencia, en referencia a la teoría de los conjuntos, poner juntos elementos sin
verdad romper, con la lingüística usando el término "linguisrería" ninguna relación enuc ellos.
para designar el modo en el que el discurso analitico aborda el La referencia a lo escrito aquí toca lo esencial porque escribir
lenguaje. Que el inconsciente esré estructurado como un lenguaje b relación xRy enrre un hombre y una mujer es "una tontería•
no depende entonces del campo dela lingfilstica. Esto es confin113do según Lacio. En efecto, para él, hombre y mujer deben entenderse
por una frase clave de "El atolodradicho": "Que se dig:i que queda como signific:mres que toman función a pacti.r del decir y no de su
olvidado rr.is lo que se dice en lo que se escucha". Lo importan re, referente biológico, lo que incluso podría invitamos a preguntamos
en efecto, se c:ncucntrn en la relación del dicho con el decir. El de qué sexo puede ser un hombre ... o una mujer. FI sígnificame
~ignifie<111ce, para Lac:m, no es la palabra que tiene un lugar en el no es del registro de lo escrito, afuma Lacan, es primero ¡n1c.~ no
diccionario. Ln manera de Lopologiz.1r lo que concierne al lenguaje existe realidad precliscursiva. En el discurso ana lítico no se lo lec
se ejerce en el fonema pero también en In frase, In locución, incluso por lo que significa, es imperativo, ordena (p:lg. 38).
en el proverbio, capaces de constituir una unidad significante. Adem5s, esrnndo el inconsciente estructurado como un
Cuestionando el significante Uno, Lacan muestra que hace falta lenguaje, y siendo el lenguaje aparato de goce, sucede que de codo
plantear de orro modo la pregunta: ¿qué es un significante? sin tlear, eso tiene éxito y eso es el Universo ... pero ¿tiene é.'(ito en
que esos "unos" puedan formar una colección. qué? En hacer "fallar" la relación sexual del lado macho, responde
Por otra parte, y de manera imaginaria, el abrazo de dos cuerpos l.acan (pág. 71 ).
¡amás hará Uno (incluso si se aspira a ello), pues el cuerpo de uno De ese lado, en efecto, el hombre en tanto signifiani:c no puede
no se junta sínocon una pane del cuerpo del Otro. Un cuerpo "se goz:i", acceder a su partenaire sexual, dice Lacan, sino por el fanta~ma, es
dice Lacan. El genitivo de "goce del cuerpo" puede ~er entendido, decir, identificándolo con el objeto de su deseo.
según él, como lo entiende Sade, para quien no se gow sino de Le hace q11ontl m.rtr11ti1111tt11, rotalmente tomado en el goce falirn,
una parte del cuerpo del Otro o de manera extáúca, y es el Otro, mientras que Ja mujer, como significante también, nu wd.1 1·11 d
¡¡occ fálico (pero igualmente "a pleno"), abordad este ;1n·cm •I '11
4 La c~ntticid~d de I? sím~li<.1> también ~s argu1nent:uf:i por Marc Darnll'1n Jlil rtenairc quontl m11trer11, confonne a lo que el ice Freud, Jl" i.1 ti""'"
en lo$ Essn111ur út rr1polog1r larnn1n1fk, qp. cit. Este considcrn que l:as íónnul.1s de In mujer espera clcl hombre un niño sustituw tlcl Lilo. ht""
la sexuaci6n constin1ycn un:a escrirura lógica de esce (:)piacio ~hnbólico. pi.micos scdn desarrollados más ampliamente .,11 el nmu•111.111• •
2S< LAC ANIANA • lOS SEMINARIOS O E JACQ UES LACAN 1941 .¡979 AUN
del cuadro. Notemos que en esta época Lacan cspenb:i mucho de ,1, amor permanece erugmático "\ el plano histórico. se U •Uh~
las psicoanalistas mujeres, "mejor ubicadas" parn decir más acerca i~'Ualmente para el trovador, afim 1 Lacan, de cantarle~ b 1>•11,.,
de esta "discordancia", pero en vano ... Para tratar esta falla del femenino "inaccesible", aislada p• •r un entorno necesario.
lado llamado hombre, Lacan se apoya en una demostración Aquí pronuncia el término "inaccesible'' a propósit? de lo I~ lllC'•
matem:lrica que es una implicación, y esto grncias a las referencias nmo, como una especie de "brecha" en el uruverso fálico y v1a ti~
ya presentes en el seminario VIT, úz iti'll dtl psiaNJrnflisis, a saber, Jcceso al corazón del seminario.
el utilitarismo de Bentham y la noción del superyó.
Así, el manejo del equívoco entre los verbos "fallar" lfaiflir] y El cuadro anunciado, por su estroctura misma, va a detcnninar
"hacer falta" [folloir) le va a servir para plantear una de las frases I~ lugares para 12s fórmulas de la sexuació11 ~ la parte su~ri~r >
más erugmáticas del scminano: "si hubiera otro goce que el fálico, rara las pequeñas letras ya vístas, ll, A, S W y CI> en la pane mfenor¡
haría falta que no fuese ése". En el plano lógico, "si hubiera otro las flechas indican una circulación.
goce que el fálico" es falso (salvo ...) y "haría falta que no fuese ése" Quienquiera que sea el ser hablante, habitante del lenguaje, se
es verdadero. Puesto que en una 1mplic:ic1ón, lo •-erdadero puede inscribe canco de un lado como del oiro, nos dice Lacan, y esto
seguir a lo falso, Lacan estima que la implic:ición funciona. mdependicncemenre de su famoso sexo biológico. .,
Dicho de otro modo, el "harfn folta que no" subraya el carácter Resultado de la lógica aristotélica, las fórmulas de la scxuaoon
prohibido del goce fálico, y si hubiern otro goce que el fálico, éste -e sostienen en la lógica de Frege, quien le permite a Lacan elaborar
sería el goce que haría falta que no. El conjunto de esta frase cons- la nooón de función fálica, común a todo parlitrt y que va a operar
tituye un comentario del hecho de que el hombre accede a la Je manera disimétrica del lado llamado hombre y del lado llamado
relación sexual quond castratio111m1.
~R .
La simple eventualidad de otro goce situaría al goce fálico en Si el padre de la horda primitiva reprcscnt3 la excepoón a !ª
posición de ser reprimido porque no conviene a la relación sexual función fálica, entonces a la castración del lado hombre, en cambio
y lo llevarla por lo mismo a retomar como inter-dicco. Del mismo del lado mujer no opera ninguna excepción. De este modo, Lacan
modo, dado que esta imerclicción del goce parn el sujeto hablante inventa una función inédita, V x, que indica que "cuando cual-
es la del superyó, la ley le ordenará: "¡Gou1" y el sujeto, pretende quier ser que habla ciem filas con l_as m~j.er:S• ~ fund2 por ello
Lac:in, no podría responder a eso más que con un "Oigo",S donde rnmo no codo al ubicarse en la función fálica (pag. 89).
el goce no estarla más que sobreentendido. Seguidamente Lacan se explica, con los npoyos lógicos que le
La relación entre los dos sexos no se realiza fuera de aquella 'ºn útiles p31'3 elaborar el no todo del lado mujer (pág. 97).
que produce un nuevo ser y que aquí deber.i considerarse como La condición de mlinimd es requisito, nos dice Lacan, para qu.-
una metáfora biológica, impulsada hasta la operación "sustractiva" las fórmulas de la sexuación se sostengan. Sobre este punto en
que representa la 1nciosis. Es necesaria una función de suplencia particular es necesario tratar de precisar de qué infinito se tra1.1,
de esta imposibilidad y este lugar lo va a ocupar el amor. Lacan en una é~ en la que Lacan se refiere al infinito de Can1or •
vuelve entonces a cierta forma de amor, la del amor cortés, ya Parece, más bien, que Lacan sigue siendo de hecho prccantorianu
introducido en el seminario Vil, La itica del psicoa111Jl1ris, que y concinúa usando el infinito potencial de Aristóteles. Su rcfere1m.1
muestra de manera ejemplar cómo el hombre Uega a "salir air0$11
de la ausencia de relación sexual" (pág. 85). E incluso si este opo
6. Pnnopalmcntc en el st'!Dinano • .o peor• l..-can se n:fit ,_. al inhn110
Jt·ru.al de: Cantot. Vbsc el comcntano de D. S1mmoncy en e.ir V«•lunu·n 11
lct Lor ¡xxlr;I igualmente rcrn1<irse al ual,.10 de N>t•lic Cham111I r11 ¡ .,,.,. '' '"
5.]'01111, homófono dejouit. [N. de la T.) lt'•tbnn1>11q11t•, P,,rís, Anthropos. 19'17
1" 1 ACANll\NA · LOS SfMINARIOS 01 IACOUIS LACAN 19&~ · 1979 111
10. "lmrr J"(•Jm•rr": aquí se 1uog> con la doble •ign1ficitci6n de ltttrt romo 1. las aw de Laan ele este "°""""""
se lun <m>klo de b 1nmnipdón Je la
4\Jowciún Fmidiaoa lntmuoo.W <• cnión nu cum«úol). l"l tirulo cu ír.uicb: t.,,
•1cm" r como •a.na•, y con la homofonía entre •2mour• y "'mur", es d«ir
"amor" y "muro".(!\. de la T.J -.J#pn mrru. wnbibi puc<lc tntrrwlmc I"' lwJtn<•fonb ronw" "1<11 "'"'"""' tkl
p11ln:". \.on ou pnln..l<nn• JU"P IMlln 1lolargo1khcmuuno [N Jo I ) u
1'2 LACANIAN4 L0'5 SEMINARIOS OE JACQVF.S LAC AN 1964·1979 lOS DlSlNGAÑAOOS Sf f~ li!
1corización lacaniana, ya que establece la condición de posibilidad Que un elemento de la conceprualizac16n lacan1a1u puedo
de la simbolización misma, la condición de la consistencia de la formularse por el equ.ívocode una homofoni3 que sólo b unuw 1h•
cadena significante en la que puede inscribirse el sujeto. Sólo fue ¡meda distinguir no es una novedad. Lo interdicto [intl.'l'd1tJ. c"·1110
pronunciada la primera lección de ese seminario. como inter-dit [catre dicho], o el it1mrdit, que evoca las vuehH ild
En enero de 1964, Lacan continúa su enseñanza en la Escuela .!icho en la cura, son algunos ejemplos. Lacan nos indica Jsi 11111
Normal Superior de la calle Ulm con otro seminario, Los ""'"" toda conceprualización, comprendida la conceptualización psico-
<1mttpttJSftmdammtaksMI pnCOlmlÍlisis. La elección del término "fun- 1nalítica, está sometida a las leyes del inconsciente, que son las del
damental" es paniculannen1e pertinente en el momento en el que lenguaje, y debe, si quiere ser fiable, adherirse a lo que enscñ;1n
Lacan se ve "excomulgado" del cargo de los que enseñan en la so- los juegos de significantes. Que la inscripción de ese juego de paln
ciedad de psicoan:llisis a la cual pertenecfo. Dice así, el l5 de ene- hns se haga en el momento en que Lacan retoma nno de sus
ro de l 964, que su enseñanza sufrió, por parte del comité ejecutivo l-Onceptos principales marca bastante bien que jamás somos au ·
de la Asociación Psicoanalítica Internacional, nna ªcensur.a nacb cores-propietarios de un concepto, sino que éste, si se vuelve a él,
ordinaria".1 Se tr.ataba en efecto de proscribir esta cnseñanl'.3 ydc ,¡ se lo repite, finalmente, se suelta y se inscribe de orro modo
anular su valor de fonnación para los psicoanalistas y su habilita- 11¡rr?s toup de su pasaje por las vueltas del dicho.
ción. Incluso esm proscripción se convirtió en condición de la "Les Noms-du-P~re, les non-dupes errent" ("Los Nombres·
afiliación a esta sociedad de psicoanálisis a la que, sin embargo, del-Padre, los dcsengaílados se engañan"): dos palabras se libernn,
pertenecía Lacan. b palabra d11pt ("engaiiado, chorlito") y la palabra errtr ("errar,
Esta primera lección, a pesar del singular de su útulo, "El nom- cng2ñnrse"). Este juego de palabras indica con humor que ser psi·
bre del padre", desarrollaba ya, desde sus primeras líneas, un plural: coanalista no consiste en 2cruar como d más lisio consigo mismo
los nombres del padre. Lacan quería "punruar" los diferentes pun- ni con los otrOS, sino que se mea sin duda de ser engmado como
tos de referencia elaborados en los seminarios precedentes: en conviene. Al hacerlo, interroga también a lns instiruciones psico·
1958 la cuestión de In metáfora paterna, en 1961 la de la función Jna líticas que se proclaman freudianas, a nquella que estuvo en el
del nombre propio, finalmente, el mismo año, la cuestión de la origen de la interrupción del seminario de 1963, taoto como a lns
transferencia. Ésta es una cuestión, según Lacao, que habría que ncru, comprendida mmbién la suyu, la Escuelu Freudiana de París.
continuar explorando, más allá de Freud, para sacar el análisis, tanto hrrar es, a veces, est:ar seguro en el error, pero también es
a su tc0ría romo orientamos por su praxis, del mrpasrt. Lacan designa Mlanzarse". Sin embargo, en el movimiento mayor de este semi-
entonces wu nueva dirección a seguir. ¿No podríamos ir más al1' nario se pasa de la palabra "erra" [t.7n] a la letra R que designa, en
del mito y orientamos por lo que el mito implica según nuesO'O 1.acan, lo real, y que suena como • m·e" .
"desarrollo, el de esos tres cénninos, goce, deseo, objeto?•.i ¿De qué modo? Hace mucho tiempo, Lacan había planteado
LI necesidad clínica y teórica de distinguir y de articular simbólico,
Diez años después, en 1973, Lacan re roma esca cuestión, pero 11nag1nario y real. En los seminarios que preceden a éste, en
bajo otr0 tirulo: un plural en principio-lo que indica más precisa- puticular en el seminario Atm, Lacan, con la presentación del
mente que la función del nombre-del-padre no remite sólo al juego nudo borromeo, af1rma la solidaridad y la equiwlencia d« 11.-.1
simbólico de un patronímico-, seguido de un juego de palabras. "clicho-mansjones" [dit-111nnsi01ts]. Este neologismo, en el 'I"''
puede escucharse alguna asonancia con "casa" [mnison], no\ 1111111.1
2. Jacques Lacin, f!J Srminano. ülnv XI, ÚJ.r mnrro ~,.,fumla111n11nln J.I una nueva manera de hacer con el espacio que hahit:1mos u I'·" 111
psicomullisis, Buenos /\Jru, Paidós, 1987, póg. 11. 1ld momento en el que se toma en cucnm la cxistenc1.11lcl 111l• ""
J.J:acq- Lacan, Dt lot 1"""'1ratkl/>O<frr, Buenos Aires, Paidós, 200S, ¡.tg. 88 <1cntt Se comprueba a<í que no ~e trau de c;11cgorí.1s 111 de
LOS OE~ENCANADOS SE ENGAÑAN
"'
1c¡;is11"', mn lo que se puede imaginar a su sujeto de jerarquía o Señalemosy:t que no se trata de referirse a cualquier dJl•11 uc1611
Je gén.:;1s. S1 se ha podido creer en el primado de lo simbólico, en mnemática. Si la imagen del cuerpo se refiere a la gcomc1n.1. )'en
el pnmer movimiento de su obra, uc:m, aquí, afirma la estricta puucular al espacio de dos dimensiones, que es un m0<lo tic .. ·'"
equivalencia entre éste, lo imaginano y lo real. 1rar", de cortar el espacio de eres dimensiones, el espacio que h,1h1
Lacan, en este seminario, muestra que lo imaginario en par- •~mos, dice Lacan, si el inconsciente existe y lo tenemos en cuent.1,
ticular no debe ser subwluado, pues "es siempre una intuición de ·ría más bien del orden del nudo. En efecto, en el nudo, y en el
lo que debe ser simbolizado".• Lacan utiliza a propósito el verbo c:iso del nudo borromeo esto es ejemplar, el punto se define no
"ser" y no los verbos "manifiestar" o "expresar" en referencia 1
esta inruición, a la cual le devuelve su sentido etimológico ligado
'°"
por una intersección de rectas, sino por el calce de las <.'Uerdas de
1rcs redondeles. No se trata de una proyección, sino de una clisti11-
a la mirada. Pero la fuerza del nudo borromeo estará en introducir rí6n y a la vez de una efecávización real de su !aro. El juego de
esa mirada articulándola con un mwc¡o de las cuerdas que la anu- p:ilabras de Llican india pues, en cada punto de una dimensión,
dan, y en realizar otra cos:i que el espectáculo y las conclusiones la 'dicho-m:msión•del inconsciente que debemos poner en marcha
producidas por la U'3DSÍOrmación de figuras geométricas. Lo cual <'n el manejo de este nudo borromeo.
permite que Lacan sitúe la ciencia marem:ítica, donde lo imaginario Por otra parte, si definimos un sentido levógiro o dextrógiro
tiene su verdadero lugar, pues para él, lo imaginario es una "dicho- 11 la nominación de las letras que designan cada uno de los
mansión• tan impomnte como lo =I y lo simbólico. La ciencil redondeles, nos damos cuenta que la sucesión de las !erras R, S, l, "lo
matemáoca, aquella que se puede enseñar, porque concierne a lo 1¡ue reali7..a lo simbólico de lo imaginario", dice Lacan, da una
real que lo simbólico vehicul iza, lo muestra muy bien. La can insista definición rigurosa de la religión, con el snbor del juego de palabras
en el cifrado constitutivo de lo simbólico en tanto puede vehiculizar 1¡ue nos hace oír y que nos adviene: "herejía".' En cuanto a los
lo real. Fntonccs sitúa lo imaginario como lo que detiene el p;icoanalis1'2S, que imaginan lo real de lo simbólico, según la sene
descifrado, es decir, el sentido. Y, en esca misma lección del 13 de 1, R, S, estín del mismo lado que los que inventan las matemáticas.
noviembre de 1973, Uega n decir que "es necesario detenerse en Entonces, nhora se aclara el árulo del scm inorio: sólo si es chor-
alguna parre, e incluso lo más pronto que se pueda". No se tratl lito, pero no de cualquier cosa, chorlito de la estructura, es decir,
entonces de despreciar el sentido-incluso si antes hubo de insistir el" b relación con cierro saber, el analis12 puede elaborar este nuevo
en un sinsentido p:tra liberar, en el lenguaje, la eficacia del 1•a<Jje. Ser chorliro como conviene es "adherirse" a la estructura,
significantt- sino de situar, mediante lo imaginario, su lugar y su ilicc induso.Lacan. Se trata entonces de adherirse no a las imágenes
necesidad. \.)ue lo imaginario y lo real sean nombrados, como lo 1¡11c dan a la vidn figura y sentido de viaje o de vía religiosa, sino a
simbólico, donde esto parece más evidente, "dicho-mansiones", In que permite la simbolit:1ci6n misma en la meta de su relación
muestra que son también del orden del "dicho" y por lo tanto del <'nn lo real. F.I único imaginano fecundo es aquel que, como en
lengua¡e, y que este juego de palabras donde interviene el incons• 1nacemáticas, permite la inruición de esta simbolización. Fl nuevo
ciente va a tomar lo geometría, incluso la topología en lo que p.1so franqueado en este sennnario muestra que esta si1nbol izaci6n
concierne a los nudos, de una manera tal que el discurso que scri 111> pone en marcha sólo al significante sino también a lo escrito,
suscitado por las elaboraciones matemáticas más exaetas no se puri 1111 ..olamemc en y por las letras de la oencia moderna como ya lo
6car.í jam:ís de este otro punto de apoyo del lenguaje que es el rvocaba el seminario Aun al referirse a °"ewron, <ino :iquí ¡m·
juego del equívoco. 11rnlarmente en y por las lccras en juego en el nudo bm rnmco.
~. L«ción dd U de llO\'lcmbre de 1'173. S 1"1 fronm, blrint, humMono de RSI fN. dc I> l'I
l44 LACANIANA LOS SEH NAAIOS 0 ( )ACQUH l.ACAN 1"4 ·1979
"Les noms du pere, le:. non-dupes errenr", el juego de palabras a uno o más sentidos ocultos. Pero ¿qué es el sentido? l·~1c JCni •·lo
Jcl tirulo manifiesta el mismo saber -aquel que se produce y se se define por estar desplegado y orientado compleram~ntc poi NtM
mvem:a a través del desfiladero del significante y que difiere imposibilidad de escribir la relación sexual. El func1rni:11111n110
entonces de lo que se llama, en filosoña, conocimiento- pero en sensato del lenguaje no es entonces más susceptible de scnk la1111lu
un juego de escritura diferente que no produce emonccs el mismo filosóficamente por un consenso, y no tiene, para el psicnn1111Ji,1~.
sentido. Se era ta aquí de considerar la escritura en su relación con gnn cosa que ver con un ideal de comunicación.
lo real, como lo hacen las matemáticas y la lógica. También allí se Hay que hacer eres señalamientos sobre estos imporrnntc.,
encuentra el cnrnpo del psicoanálisis. textos:
Sin embargo, ser chorlito no garantiza en nada que uno no se l. La cientificidad del discur;o anaütico no se sitúa, para Lncnn,
engañe, porque se trat2 de encontrar justamente de qué engaño del mismo modo que para Frcud. Para Freud, la ciencia de la natu,
deriva el discurso psicoanalítico, cuya escritura fundó Lacan con ralez.a ofrecía un modelo de ncionalidad para el psicoanáli~1~.
las letras: Lacan, retomando lo que, en Freud, plantea la cuestión del límnc
11 z del lenguaje en sí, propone ocr:i manera de pensar la cientificidad
pensar el lenguaje a partir de su cifr:ido.
2. El punto de apoyo del lenguaje, manifestado por In escrirurn
formalizada de la lógicn y de las macemáticas, define lo que LaCln
Apelando a la lectura del texto de Freud "Dit Grni::m dn- nombra como lo real. Este real es abordado por el psicoan:llisi~
Dmth1rlttí1• ("Los lfmitc:. de la imerpretabilidad"), Lacan define por el lado de la imposibilidad de la relación sexual como tal. Lo
la posición del lenguaje pua el psicoanálisis. Retornando el término que se llama el sentido no tiene que -;cr fustigado ni menospreciado
freudiano L1istg<Wi11n, que craduce como "plus-de-go1,:ir", afi11112 en su función de detención, de lope. Es una función necesaria, sin
que la operación de cifrado, en el sueño, está hecha 1>arn el goce. Ja cual no podríamos v1Vir. Señalemos con LaCllo que esta función
La ulum;1 sflaba de esta palabra remite a la palabra "sentido".' La del sentido revela üícilmente su ~rácter de tope, incluso de tapón,
obstinación en la que esci el ser hablante cuando busca el sentido ya que est:I siruada en el punto mismo en el que funciona en lug;1r
sin que ningún sentido pueda satisfacerlo es producida por el len- de un agujero. Ahora bien, es la fecundidad misma del des-
guaje mismo. El lengua¡e, dice Lacan "jamás llegar.! a soltar lo plazamiento operado por la cura psicoanalítica de hacer que el
que se refiere al sentido, porque esci ahí en el lugar del sentido».' sentido, del cual no se puede prescindir, pueda ser tan riguros.1-
El lenguaje codo est:í allí para tapar el agujero producto del hecho meme siruado que se muesll'e como lo que es, es decir, el tapón
de que la relación sexual no puede escribirse como tal, aun si por imaginario de un agujero. No de cualquier agujero: no se trata pues
habitar el lenguaje el pn,./irre puede imaginar que la relación sexual de rebotar sobre una imgen de hiancia, sino de siruar tx;1ctamcntc y
existe. Lo cual había mostrado en el seminario ll1111. El acceso a distintamente lo que es un agu¡ero, es decir, como cocx1c11s1vo 1lc
este punto de real que toca apenas al ser hablante, a CSlC punto de iodo trenzado, tejido, tejido de punto, de codo anudamiento.
rea l desde entonces definido corno imposi,ble, porque es imposible 3. El lenguaje no tiene ot:roscntido que el goce-''j'o11u-sr111" , '1·11
escribir esca relación, es aquello que todo el lenguaje tap:1. Se ve Li medida en que éste, como en este seminario, es ~unsi1.kr:1du t·11 "ª
entonces, y de otra manera, que el lenguaje no es lo que v:t a remiur relación con lo real. fuo pcnnitc ~ituar lo incalculables que p11~.lt11
6. Se rc6en: • b homoÍ<•ni• cncn: b úft111u síbba de.!"'"''""" (goce) y'"" 8. Condt:ruwción boin\>f6nic.a cutre j'11uo J<W. •otgo scnutlu•, y j;#l•utita,
(scnó<lo). )N. de I• T)
1. l..ccción del 20 de novicmbn: de 197J. "!lf><.-c" (N. dr b T)
,,.. lAC ANIANA · LO S SEMINARIOS OE JACQUCS lACAN 196<·1979 LOS omNGAÑADOS SE IN<'·"'""'
St·r los efectos de toda interpretación, lo cu:il no se puede medir más scnta. Lo que importa no es tanto el nudo en~¡ 11us11111 '""'" d
ttuc apris l'f111p, pues su único sentido, afirma Lacan, es el goce. hecho de que implica un decir. Sobre este punto se tlcd111n11 l 11
tres "dicho-mansiones•, ta de lo imaginario, porque no• h.u·c111•11
Tndicionalmeote, una iniciación era lo que prctendfa abrir una una imagen efectiva del nudo, la de lo simbólico, porque lo <ldi·
aproximación y un conocimiento de lo que concierne al goce. nimos como mi, y la de lo real, por el acontecimiento mismo 1lc
Sobre este punto, Lac:an dice dos cosas: hoy, en Occidente al ese decir que hace que podamos darle sentido.
menos, no se encuentra ninguna huella de inici3c1ón,) en ningún El decir sobre el nudo borromco interesa a Lacan en b med11IJ
caso el psicoanálisis podrfa constituirse en una. Esto le permite en que -ese nudo se definiría porque la ruptura de uno de l11s
precisar el lugar del psicoanálisis. El paso siguienrc es sutil y plantea redondeles de cuerda cntnña la ruptura del nudo mismo- afirm•
12 distinción enue psicwnálisis y religión, afinando la noción de que el "dos~ mítico y a veces religioso celebrado en el ideal 1le
engaño. Señala, a propósito de los estudios de Freud sobre el ocul- todo encuenuo es segundo en relación con el "ues•.
tismo, que se puede considerar como los •,·estigiosM de lo que }.1anifiesu también, y ést:a es una de las consecuencias más
seña una iniciación que Freud haya sido un chorlito de lo real, importantes de este seminario, que 1,2,3 puede ser pensado como
incluso si podemos pens:i.r que él no lo creía. Ahora bien, dice otra cosa que una sucesión o un orden, sino como lo real de un nudo.
Lac:an, el buen chorlito es el que no yerra, "es necesario que haya El "¡por azar!" proferido por Lacan a propósito del encuentro
en alguna parte un real del que sea chorlitoM.' No hay que condenar entre un hombre y una mujer no escl fundado sobre ninguna oua
el ocultismo o la religión mi~ que al hecho de ercer en eso; ser chor- cosa que lo real de ese nudo. No se trata de distinguir y de enca-
lito como correspondería, parece decir Lacan, no depende pues denar real, simbólico e imaginario según un orden. Se rrat:a de
de la creencia, que se hace siempre una idea de lo real, sino de una referir su consistencia non su disunción sino a su anudamienco.
actitud que consiste en adherirse a ese rea.I del cual no se tiene idea, Es de ese real del anudamiento que tenemos que ser chorlitos.
pero que es ese punto de detención en los hnpnsse.r de todo lo que Lacan dice . entonces que .intenta nuestra "éd upauon . ".11
pretende ser "ciencia del goce", iniciación y religión. Se podría Cuando L~can afirma que no puede haber iniciación, es porque
así aprender un poco más. ¿Sobre qué? Sobre las diferentes ma- jamás hay otr3 cosa que el "velo del sentido". Pero no hay nada de-
neras que hay de plantear b cuestión de la relación enue un ir.ís, es ncccsªrio que nlca ncc con el soporte del semblante, término
hombre y un.1 mujer cuando se toma en cuenca que hablan, que que, en Lacan, define el modo del significnnce. La intención de
estín tomados por el lenguaje. Lacan en este seminario es decir que lo imaginario, en unto es
del orden del velo, no debe ser, sin embargo, difumado. Lo que Íln·
"¿Cómo ama un hombre a una mujer? ¡Por azar!".'º Est:l frase porta plantear es que la "consistencia es de ouo orden que el de l.1
célebre dice, en particular, que el amor no está incluido en la evidencia"." Esta última frase indica, una vez más, que el discurv1
eternidad de un amor divino. Tampco es la celebración del azar psicoonalíoco se distingue del discurso filosófico. Lo real del nutlo
surrealista, a pesar de la resonancia de esro frase con la Nadja de borromeo es ser tres, es hacer ucn7.:I (trrsst], palabra que resucn•
André Breton. Lac:an define el amor como un decir, un decir que con lo real del tres. El orden no es entonces esencial.
no sea de palabras vanas, sino del orden del aconcecimiento. Antes, Lacan ya había utilii2do la topología. FJ paso nuevo s<.J
Lo cual lo disunguc de todo "conocimicmoM de lo que sea. refiere a los nudo.. Para él, se prescnra la oc:a<ión de rcdcfimr, 1011
Este decir se dirige al sabc:r incon.o;ciente cal como el nudo lo pre-
11. Lttrióndcl 8duncrodc 19H. F.n c;;1~ncologísmo bani•no..,riq;-~ b
9. Lccaón dcl 4 de d1acmbre de 1973. rd.cl6o cnttt educación, iJJlat-, y cngai\<>, •I" (N. de b TJ
10. Lección del 18 de dJCJCmbrc de 1973. 1l . (~;,J.
LOS ()[5(N<:AÑAOOS SE • NGAAl>N
1111 lA( ANIANA LOI IEH1NAllJOS DE JACQUES LACAN 19•1 ·197t
el seno, las heces, la mirada, la voz y la nada. Lo que el nudo este goce Lacan elige referir la función del Uno. En rtl•ll i(u1 "'"
borromeo permite es "una imagen escrita" del objeto a, el atasca- csm indicación se puede entender que el goce del cuerpo e 11 el
miento mismo entre los tres redondeles de cuerda. Aquí se escl animal, que no tiene nada que ver con este Uno, no se pl•nlcc
lejos del "¡ntetismo del objeto a" del cual hablan los ps1comalist:as, más que como un gozar de si mismo.
con una alegría simplista, cuando toma forma de desecho. El.objero Sii\ embargo, el goce humano no muestra esta prevalenc~a fiíhl\•
a, aquí, está siruado en relación con lo real del anudamiento, y no sino en la medida en que el falo es ese semblante que se 1~vcn1.1
en relación con alguna huella de un objeto mítico perdido o aun sobre el agujero, sobre la falla que hay en todo. lo que se dcm":l del
con algún objcro rechazado. El agujero es aquí estrucrural, perte- amor, en el abrazo mismo y en el esrrecharruento en el que d°'
nece al nudo mismo. En cuanto a la "nada" que difiere de ese agujero cuerpos intentan gozar uno del otro. Se encuentra, en efecto, que
evocándolo, y que es añadida por Lacan a la lista de las formas para uno el goce aparece como fáli~, pero que para el otro no
que puede tomar el objeto a -lo que, una vez más, subvierte toda aparece sino en el modo de una relao6n con el O.tro. .
idea de objero parcial-, es esencial en la clinica de la anoré:xica, Lacan puede entonces atreverse a decir que lo sunbólico tal vez
que, en resumen, dice: "como nada". ptiede ser concebido como "hurtado, sustraído al orden del ~no
Si hay un saber en lo real, funciona sin que podamos verdade- del goce f;ílico''. 19 En efecto, cuando se trata de pensar la relación
ramente saber lo que es. T.a posición que toman la religión y la entre los cuerpos en el g<><.-e sexual en tanto dos, se pa~a ncccsa
metafísica es ordenar esto con un pensam1enco ordenador. Incluso n3 mente mediante un tercer término, a un tres más radical que el
s1 la ciencia llega a hacer que el saber sea providencial y que el dos. Ent~nces tenemos que v~moslas con otra cosa que lo sí'."bó-
sujeto esté en annonía con él, lo que Freud plantea es que el saber lico, y con tres cuya hudb se encuentra en la menor cs~nrura.
inconsciente no es providencial; es "dramático", dice Lacan, y Ahora bien, sólo la referencia a la escritura, en tanto ella mtegra
proviene incluso de una "disarmonía entre el pensamiento y el lo real en un trenzado, permite siruar lo que, del lengua¡c, toca lo
mundo". 11 Fs en ese sentido que la relación sexual se muestra real.
descompuesta en el ser hablante -a la inversa de lo que pasa con
oo·os seres-. El saber del inconsciente se distingue aqu! radical- En la última lección, Lacan va a r.idica!i7.ar la cuestión y, ajus ·
mente del instinto. Sólo la articulación de lo escrico puede wndose a lo que indica un juego de palabras para retomar todo lo
testimoniar lo real con el que tenemos que vérnoslas como que se refiere :il amor, va a 1u.gar con,l~ hoi:nofonía de "<e aman"
psicoanalistas en lo que concierne al inconsciente en su relación (s'nimmt] con "serna" [sbne]. E.l goce fálico viene d7I s~m~, es decir,
con la cuestión de la relación sexual. Así, Lacan, en el seminario de lo que hace sentido. A causa de que el goce senuóoco se sobre·
del 14 de mayo de 1974, muestra que el nudo borromeo, a aíiade al cuerpo hay un problema''.20 Habfomos leíd_o más arnb;1
condición de inscribir los redondeles de cuerda en los cuatro que la sexuahdJd humana no era narural, smo que mas bien escah.1
cuadrantes que eUos determinan, permite inscribir las cuatro "descompuesta". El cuerpo hablante no es el cuerpoammal mudo
fórmulas de lo sexuación que había escrito en el seminario A1m en su relación con el compañero parn la seguridad del msonto. h
Así, si lo simbólico es del orden del Uno, no lo es al modo del el cuerpo que encuentra al "otro" en los semas, este "otro" 11111:
Uno del universo. Lo que Lacan propone es entender este Uno "habita fa/mgua"" y que nos obliga a pensar que no hay otra rclacu 111
como rclac1on:índose con el goce fálico, en tanto este ultimo es In
que hace obstkulo a lo que sería una relación sexual como 1al. ¡\
t ?. Lcccic\n Jcl ZO de m•)'O ele 1974.
20.Lcuióndcl 11dc¡uniodc1974.
18. Lcroón dtl l l de m:>)'<> de 1974. l l . l/.UI
176 lACANIANA LOS S!,.,INOIOS Of JACQU(S lACAN 1'64-1979 lOS OESENGAÑAOOS SE ENGAÑAN
con el panen:úre sexual pan el parlitrt, que lo que pasa por lo que no tienen nada que hacer con el conocimiento, sino <1111 c·I 53licr
l1a("C sc:nñdo en lalmgua. Este punto es esencial para encender lo mconscaente. Entonces, cuando Lacan dice que es po<1lilc que e 1
que Lacan llama Otro a b luz de todo lo que hemos aprendido psicoanalista se engañe, erre del buen modo, es deor, rchu<.1111111
robre el lenguaje, desde el momento en que si ruamos la cscrirura amar su inconsciente, no contradice la proposición prcccil1·111i.
como huella de un tres que integra lo renl como "dicho-mansión", jucgn con la R que se escucha en "errcr": se trata de aproxi111.11, 1·11
desde el momento en que el lenguaje no depende sólo de lo ese saber en el que entonces se puede oír y leer aquello a lo IJ llt' d
simbólico. Radicaliza lo que habfa planceado como Otro barrado. "sema" acostumbra a la lengua, ese punto de real en relación l·un
Aquí, porque va hasta eJ punto de lo que propone la problem:lrica el cual se redefinió el Otro y que se aborda mediante 13 cscri1111 .1
borromcana sobre lo real, indica que la altttidad no es otra cosa del nudo.
que lo que transmite la palabn "otro", no es otra cosa que el hecho
de que esa p:ilabra "otro"h.agascntido. Pero esto no puede captarse
sino por toda la elaboración de este seminario sobre el sentido, a
saber, que est:í ea lugar de un agujero y que si no podemos pres-
cindir de él, esto no quiere decir que no podamos, como psico-
analistas, simarlo. Ninguna oncologfa a partir de esto, sino, tan
modesta mente como sólidamente, la cosmmbre que te¡e, hace
punto, trenza una alreridad que se hace con lo real del anuda-
miento. Ko se trata de ser chorlito de lo posible, dice Lacan, al
comieni..o del seminario, el 1 J de diciembre de 1973. Ser chorlito
de lo posible es dejarse engañar por lo imaginario del dos; estar
d<:!>cngañado por otra pane, es tener una idea imaginaria del otro.
Se trata de dejarse engañar por lo que en el lenguaje t~ lo real.
Por lo tanto, ao más espec\llacione.s filosóficas, sino la captación
de est:i cosrumbre del "serna" que fucrLa el lenguaje, por esa palabra
"otro", a seguir otra pendiente que la de la imagen del otro, y lo
conduce a esta ascesis que ubica el tres como la operación más
cncta, pues toma en cucara lo real, ¡nea pensar y cscuch:tr la
alteridad.
12. Tb.t.
Capítulo 22
RSI1
1974-1975
Daniel Kuren
• •• f{Sl no son más que letr:is y, como mies, suponen una equiva- habían beneficiado con una elaboración cspccific,1 Su c11°hu 1611
lcm·rn. ¿Qué resulta de[ ...] lo que les hablo como real, simbólico concepcual -muy particularmente la de lo real- nunci h.1l1i.1 11110
e imaginario? Eso toma sentido. La cuestión del sentido es lo que tratada de manera temática, y hay que seguir l.1s su(~ovu
intento situar este Jño".2 Para los oyentes -o lectores-- del semi- significaciones que Lac:m dio a estas categorías y a sus ~• 11• ull•
nario de Lacan, "RSI" es una tríada que hace m:ís que eco, "hace ciones, alo largo de su v:ork in progrm del seminario y de los l"Tt1toJ
sentido". Se tr.lta par.a él, en el curso de este año, de dar cuenta de f.I tirulo del seminario del año 1974-1975, "RSI", del que hab1 d
esta "Trinidad infernal" y de conmover, si no el Acheron del psico- que esperar hasta la segunda lección p:ira que sea anunciado,• 014
análisís, al menos el sentido mismo de esta triada despejando en íntiuwnentc ligado al dcsarrollo por parte de Lacan de su reílc111i11
ella la cuestión del nombre y de la nominación que implica. sobre el nudo borromeo. Recordemos que Lac:in inuodujo el nu.lo
uEs el orden explorado a puor de mi experiencia( ...) lo que borromeo por primen \'e¡¡ en su semin2ño " ...o peor"' y que lo
me ha conducido a esta 1iinidad infernal (simbólico, imaginario retoma de manera puntual en una lección de su seminmo Arm.'
y real). No pienso jugar aquí con una cuerda que no sea freudiana, En el seminario que precede a "RSl", "Los desengañados se en·
Fkcttrt ri ntqvto1 S11prror, escribe en el cnc:ibc1.amiemo de la gañan o los nombres del padre", Lac:an emprende una reflexión
Trarmulnmmg el querido Frcud, Atbrroma movtbo."1 más larga sobre el nudo borromeo, relacionando especialmente
Esos treS registros -real, simbólico, imaginario- están unidos por primera vez los eres redondeles del nudo con los tres regiscros
de maner.a indisoluble a la cnsc1ianza de Lacan, y esto desde 1951,' real-simbólico-imaginario. Estos planreos son objeto de una íncer-
desde su seminario privado, luego de man cm pública, incluso fun- vención muy importante de Lacan en el congreso de la Escuela
dadora, con la conferencia del 8 de julio de 1953 titulada "Lo Freudiana de París, que se hace en Roma, en octubre-noviembre
simbólico, lo imaginario y lo rcal",1 que abre los erabajos científicos de 1974, titulada "La tercera".'
de la co111plernmcntc nueva Sociedad Francesa de Psicoanálisis "RSI" es un seminario que prescma unn estniccura en "patch-
fundada en 1953, después de la primera escisión. wo rk".1• Según nosotros, ese seminario no está organizado
alrededor de w1 hilo conductor. O pnrn ser más exactos: siendo el
Estos tres registros son indisociablcs de In elaboración lacaniana hilo cooductor la incrincaci6n de los tres regiscros en la estrucntra
y constiruyen s11 aporte escn~inl al psicoan:ilisis en el mismo nivel del nudo borromco, Lacnn despliega su elaboJ'1lción alrededor de
que el objeto a. Constiruyen la palanca que le permite n Lacan
repensar de arriba abajo la experiencia frcudinna. Las referencias
a estos registros son constantes, pennancntes, omnipresentes a Jo 6. Como se Iría a repetir rnl.s y n1Jit en 1~ sc1ninJriO$ posrcriorcs, l..aon
largo de todos los anos de su seminario. Sin embargo, jamás se declaró, en b sesión llamad• "pttl1111in>r" del 19 de nQvicmbrc de 1974, que no
ten fa ganas de d.ar este seminario.
7. • ...opeor", 1971·1972, lccción Jel 9de fcbttro 1972. V6se dwmentJrio
Je Domínique Simonney en c.l presente \"Olumcn.
2. L<:cet6ndel 1 l dt tnarwde 1915. °"'""'f,n• S, p;ig.17 8. La lección "Rcdondd<Sdc cucnb" del 22 Je ocrubrc de 1971, enJm1uo
1. lc«Jón del 18 de fcbn:ro de 1975, ihiJ, n• 4, p:lp. IOJ-104. Laa.n, El srm11vri.. f.,,/n't XX, 1/tm, lluenos Ain:s, P•1dcl$, 1985.
4. Según el runmonio dt .\lo111t1plu S•fown (vbse EliS3bcth Roudinesco, 9. ªLa tercera•, en Jacqucs Lacan. lntt1Tt7Kiou<.1J11rr111, Bueno; .-\1m,
HUt#TU Jd p.""'1Wlms m f,..,.,.,vol. l, Madrid. Fund>m<ntoS, 1993. Los :\lanantial, 1988.
seminarios que~ conugn • k>S C2!<l0 dt FrouJ )" uriliub:>n las C2tegosfas 10. Hacia el 6ni1 de ate sem1n~no, Lac:an califica JU p.ito Je rmncra
RSI pero ap~<b•.• la paternidad (p.uln: rcil. imaguurio y simbólico), lo que sorpttodcntc: "Los he n:W>odo, a lo largo de todo <Stc año, •lrcJcJ.•r de< oeno
no carece de 1ntcra c.n rcl.lcaón con estt" semuurio, m d qut b cuestión del mi.mero de flashes" (lección del U de mayo de 1975, Ornitm'. n• 5, pig. S7). h
nombn: del padre ¡· de los Nombra del PaJtt ocupa un lugu ccn1?2(. codo aso. cabe coru't2t1r que en c2dJ uno de ~sos fla,hes, l.al'".an hace
5.J•cqu.. J...an. •Losambólico, lo1m•gmañoy lo ,...1•, Dtlot-"raJJ strlal2micntos. fulgurantes y rcflc:tionc~ in"·1tuablcs sobrf' algunos ¡>Unto1
Jkldr<, Buenos Aires, P>idó., 2005. ocnáak'1 dd psicoonfüsi<,
)11 ~ACANIAN" l OS 5( '1/NA .. O S OE JACQUES lACAN " ' ' · 1919 !\SI 11
clifcrcntc:s puntos de modo un poco "aleatorio". Ser:i cuestión así unos de los ocros. El mismo movimiento define áreas de rcl.1< 1t1nq
1lc las cu3lid3des intrínsec:is del nudo, de las dificulmdes de su re- 1¡ue permiten esquematizar cicrt0 número de fenómenos 1lc h ~.xpc
pre-.cn r::ición, de lo que permite ruticulary,en esm perspectiva, se tr:1- riencia. Pues de lo que se trat:I es de la práctica analiuca l• l 111111..
t.1r.i nlternativarnente del sentido, de los goces, del nombre del padre debe dar cuenta de la experiencia analítica, y Lacan 1>rcc1"1 •1'"
y ele los nombres del padre, de la nominación, del síntonm, de la ciertamente con la ayuda de ese nudo no se puede ir • 1mls lc¡m
i ntcrpretación, etc. que allí de donde sale, a saber, la experiencia analitica". 11 F,, Jl'll ~
Por eso, en lugar de seguir una linealidad que sería puramente él, un "aparato pivote cuya manipulación nos puede permitir 1IJ1
cronológica, vamos a aislar en una lectura trasveml los puntos cuent:1 de nuestra propia operación",14 evitando los "ardides de
~nciales que nos parecen concentrar el apone de Lacan en este l:is palabr:is•.is
seminario tan desconcemnrc y que se remiten a dos ejes: la articu- En cuanto a esro perspectiva, se nos impone de entrada una
lación borromea de los tres registros y la cuestión del Nombre- pregunta tal como se le impuso a Lacan. Si se supone que los tres
del-Padre y de la nominación. redondeles definen de manera homogénea las relaciones entre los
tres registros, real, simbólico e imaginario, ¿en qué registro situar
el nudo borromeo en sí mismo? Parece que ese problema no tiene
RSIY NUDO BOAAOMEO una respuesra unívoca en el semin.-uio. Lacan adopta diferentes
posiciones que presentan una alternativa esencial: ¿real o imagina-
Co11w ani/'4 al dedo. En estos t~nninos Lacan describe el acuerdo no? Mienrras que en un primer tiempo, parecía inclinarse hacia el
de su discurso con el nudo borromco y el justo uso que él entiende lado imaginario, plant=-2 a continuación que el nudo es real. ¿Por
que hace de esos anillos entrelazados. Ha usado esa expresión tres qué?
años antes para evocar el modo en el que tomó conocimiento de Al principio del seminario, las cos:is parecían claras: • [... ) el
los escudos de armas de los borromcos. Ahora bien, mientras que nudo borromeo, en tanto se soporta en el número tres, es del
la primera vez 11 estaba en cuestión la relación de la demanda con registro de Jo imaginario. Pues In tríada de Jo real, lo simbólico y lo
el objeto o, en este seminario la perspectiva es completamente imaginario no existe si no es por la adición de lo imnginnrio como
otra; ~Los t:es redondeles me han venido como anillo al dedo y tercero. Y es por eso que el espacio en tanto sensible se encuemn
supe inmediatamente que el nudo me inciraba a enunciar algo reducido a ese mínimo de tres dimensiones~ sea, por su atadura
que homogeneizara lo simbólico, lo imaginario y lo real".'1 a lo simbólico y a Jo real- donde se enraíza lo imaginario".16 E\1a
Temcnos ahí la esencia condensada de lo que concierne a la posición parece, por ou:i parte, coherente con lo que Lacan 3fim1ó
relación del nudo borromeo con los tres registros R, S e l. Están respecto de la ªdebilidad mental" a la que los seres hablantes esu •
anudados de cal manera que se sostienen los tres juntos -si no, se rían consagrados, 11 como resultante del enraizamiento de lo im;1g1 •
desatan los tres-, siendo tres el mínimo número pan1 que el nudo nario en Ja referencia al cuerpo, anclado en las tres dimcm1oncs
ttc "~ostenga".
Para Lacan, Ja únie11 manera de dar una común medida a estos
tres registros es "homogenei1.arlos", anudarlos de esta manera en 13. Lección del 17 de diciembre de 1974, ibid., n• 2, p;íg. 101, ¡,. 1·11•11111
a uon progresivamente y a otros después de ~l. inrcnm 11 111l• •llJ •I
11 npediró
la que los tres son intrínsecamente solidarios y dependientes los menas fon:.iu fundo la próctic:s de I> marupulación del nudo e>penuuln <n< ontr"
•lli Wl c"'1arecimient0 inédito de «ta cxpc:ricnru.
H Lcttión del 10 ele diciembre de 1974, ;•;J, pig. 96.
1S. /bid., pág. 90.
11. • ...o peor", op. ÓL l6. 1•1J.• p:lg. 94
ll. l.c:món dcl 18 de: m•node 1975, Omi<nri, n• S, pág. 29. 17. /biJ., p:lg. 90.
"' lACANIANA · LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 19,4-197' RSI
•
1lcl esp:icio. El pensamiento, la "cogirnción", se envisca en lo úna- mento dado afirma: "el audo borromeo es una csnllur'J u e
gmario.11 critura soporta un real"." ¿Esu afirmación no inKnli111a 'l 11u1lo
Pero al mismo tiempo, Lacan insiste ada vez mís sobre el en el registro de lo simbólico? Si un modelo se especifica 1><•r hm
c:tr:icter real del nudo. ¿En qué es real el nudo? En que los tres dar una escritura como él dice, ¿por qué dependería de lo 1111Jg1
están realmente anudados, aunque, matiz import.1ntc, el nudo por nario más que de lo simbólico? La pregunrn es mn justificJ.l.11111r.
el hecho de su escritura se sitúe en Jo inuginario. Citemos el pasaje Lac:an insiste en el hecho de que la suposición de excepción 1111.1 •
de b lección del J7 de diciembre de 1974 en el curso de la cual, ginaria del modelo, yn que el nudo dependería ele lo real, i111pl1c.1
especialmente, Lacan se enfrenta a esta cuestión. Comienza por la metáfora. Ahora bien,jusramenteuna metáfora no depende de lo
interrogar el nudo que une RSI: ¿se trata de un modelo como "se real. Lac:in es más preciso aún: designa "el engaño de la metiforn",
entienden por ejemplo esos modelos matem:íticos que permiten es decir, sus límites. Dicho de otro modo: ¿cu:íl es el límite ele la
extrapolar lo rea l"? "Un modelo es una escritura. Por ese solo metáfora que pcnnite especificar los tres registros como RSl en la
hecho se sinía por lo imaginario. Ahora bien, no ha¡• imaginario diferencia de sentido? Sin resolver por el momento estas cuestio-
sin susrmcia. Escas preguntas [ ... ) son planteadas a lo real nes, que vuelven varias veces en el seminario, tomemos en cuenm la
secundariamente. Pero ese real, no es más que suposición". Antes dificulrad epistemológiC2 que el nudo borromeo pbntca para Lacan.
de responder: "(... ) el nudo borromeo, tal como lo uso, es una Lac:m indica numerosas posiblidades de presentación del nudo:
excepción, aunque situado en lo imaginario, a esrn suposición. lbdo los tres anillos de los CUJlles ya hemos hablado, pero umbién tres
lo que propone en efecto es que los eres que est:ín allí funcionan recras infinuu, que se supone que se unen en el infinito, recomdas
como pura consistencia. Sólo por sostenerse entre ellos, son en puntos precisos, o bien por tres superficies.:1 El nudo pennite la
consistentes -por sostenerse en ere ellos rtnlmmtt. [ ...] si enuncio. localización de espacios decenniruidos por el anudamiento mismo.
Lo que no podría hacerse mediante lo simbólico, la palabra, que L:ic:in propone una primera versión del nudo y de los pontos que
la consistencia ele esos tres redondeles no se soporte smo en lo éste dctcn11ina en Ja lección del 17 de diciembre de 1974.1'
rea l, entonces estaría bien que use la diferencia de sen Lido que se
permite entre RSf como indivídualizando los redondeles, El aplan:11niento del nudo pennite situar fiícilmente los diferentes
espccifie:ínclolos como mles". 19 "lugares". Según el modelo de los círculos de Eulcr, un lugar único
Este pasaje del seminario cestimonia la dificultad para concl uir se produce por el cake delos tres redondeles: escl lugar que L:ican
acerca del estatuto del nudo. ¿Imaginario, y:i que coda reprcsenu- le otorga :il objeto nen canto objeto causa del deseo. Los redondeles
ción depende de él? Lacan no lo niega, pero lo imaginario lleva determinan cada uno de los elementos frcudianos: Inhibición
en sí la suposición de una sustancia y la serie de los scmimrios (Imaginario), Síntoma (Simbólico) y Angustia (Rcal).14 A
pone en evidencia el constante esfuerzo que ha hecho por continuación se definen tres puncos dobles de c:alcc: RS, SI, IR. FI
"desontolog¡zar" el psicoan:ílisis.10 primero corresponde al goce llamado f.ílico (RS •JI!>), el segundo
Curiosamente, en ningún momento Lacan sugiere el carácter (SI) a b función del sentido, el tercero al goce del Ocro (IR• JA).
simbólico del nudo. ¿Tendr:í que ver, tal vez, con el hecho de que
anhela no hacer del nudo un coacepto? Y a pcs;lr de ello en ua mo- 21 Lección del 17 de diciembre de 197'1, Om;<11rl, n• 2, pjg. 100.
H. /bid.
23.1""'1C'+ln ya hibía presentldo este modelo en $\1 confere~nci.1 '"(.3 ttr\'t·1.~".
ti 1<le 11uvie1nbrc de 1974 en Roma, es decir, ~lgunos scnt!lllíl'i •Ulll'S •le liJ11\e111,11
18. Lección del 8 <le obril de 1975, ibid., n• 5, póg. 37. e: <tlC r.c1uin:ario.
19. L<cc16n del 17 de diciembre de 1974, ibiá., n• 2, p~g. 1OO. J•1 . \.f rt11111!1 t(UI'! esto conlleva di6c..-ult3de~ eonceprualc-:> en n:l.-t 1óu t • •11 )11
20. Cl:ir:.'lnlente pcrccpt1ble: en so seminario 04 L:a. idcnr.ilic:id6n", quC' rl n11!.n1n l..:acan cnunc;1a en ti CUNO del scm1n1no.
114 lACANIANA ·LOS 5H11,..ARIOS OE JACQUES LACAN 19"<·1919
•
RSI T
equiv:ilcncia: redondel R =real•< i:-sistcncia, redondel S • unl>6
lico •agujero, redondel I = imagi1 1rio •consistencia, pero Y" •JU
los redondeles están intrinscC<tmc 1te ligados por el anucl.1111111110 1
consistencia, agujero y ek-sistcncia definen también las rcl.1< iu111 •
que mantienen lo real, lo simbólico y lo imaginarioemre sí. 1>i<1111
de otro modo, si lo real es definido por la ek-sistencia, ta111l1ir11
está concernido, marcado por el agujero y la consistencia (}' lu
simbólico entonces por la ek-sistcnci3 y la consistencia, y lo
imaginario por el agujero y la ek-sistenc12).
¿Qué definen estas triples rchciones R-S-l/consistencia-agu•
jero-ek-sistencia? La consistencia remite en primer lugar al nudo
R mismo, al hecho deque "sostiene", que los redondeles "se sosnencn
juntos". Desde este punta de vista, l:i consistencia es real. Pero
Lacan subraya al mismo tiempo que no hay otra consistencia que
la imaginaria, en ese sentido en el que la consistencia supone algo
Lacan define rambién lo que llama campos mtennedios, que que hace cuerpo y que hace sentido/• car:icterísticas esenciale~
son la consecuencia de la apertura de los redondeles en rcws del registro imaginario. El hecho mismo de que la aprehensión
infinitas. Esos campos, que representan el desplazamiento al in- del nudo no pueda hacerse de otro modo que por el sesgo de csque·
finito de cada Lmo de los tres redondeles que se entrecruzan en el m:JS y dibujos de dos dimensiones (aplanamiento) muestra la de-
punto centrnl (objeto a), no dejadn de plantear preguntas, aunque pendencia del parlétrt respecto a la representación, por lo tanto a lo
sea a causa ele una ausencia. En efecto, si el campo producido por imaginario. Esto implica, como hemos indicado, una relación de
la apcrturn del redondel de lo simbólico está definido como el consistencia con lo real y lo simbólico: en relación con lo real, LaC<tn
campo del inconsciente y el engendrado por la de lo real lo está recuerda la consistencia misma del nudo -nudo real, es decir, lo
como <I>, el fulo (campo de la funci6n f:llica), curiosamente la aper- real de su anudamiemo, no aquel representado en el papel o en el
tura del campo de lo imaginario no llcv:i ninguna designación, sin pi1.:irr6n- y la materialidad de la cuerda¡ para lo simbólico la
que Lacan proporcione la menor explicación al respecto. consisiencia remite a la materialidad de la cadena significante.
La apertura de los campos imenneclios y, más generalmente, A pesar de ello, se debe señabr que en iodos los casos, las con,i~-
la estructura que define el nudo no se comprenden si no se evocan 1enc1as respectiv:is remiten de alguna manera a la consis1cnl·iJ
las c:iracterfscicas que La can otorga a los tres redondeles: In consis- "originaria", la de lo imaginario. Por una parte, en referencia .1 b
tencia, el agujero, la ek-sisrencia."
Lacan designa las correspondencias entre cada una de esns c~•·
ractcrfacicas y los redondeles que definen los registros RSJ. Así, la 26. Asf, por ejemplo el 11 de febrero de 197S dice: •t. co11sisrencio 1 , ¡r<
del orden imaginario. Lo que se demucstn ampliamente en roda la hiMon• 1lc I•
consisrcncia corresponde a lo imaginario, el agujero a Jo simbólico humanidad 1•.• ] roda la consisrcncia que ya ha hecho sus prueba• •• I"" •
Y la ck-sistencia a lo real. Habría, entonces, en principio una triple amJginación. H2go que Jo imagimrio retome aquí a su acento de scnhtlo• (i/t1J,
¡»g. 9n. Paro b relación con el cuerpo, véase por ejemplo la lecuc\n 11¡;wrn1c,
del 18 de febrero de 197S, ibid., pág. 104: "cQué soporu uncua¡v» U11 rncr1"'
lS. Véaruc: In lecc:ooncs dd J 1 y el 18 de f'ebrero de 1975, Om1C11rf, n• 4, oo uene: pan u~tcdcs ocro upeao que el de se.r lo que resiste, lo •1uc· ttunh•t
'"l"'"'ón 19iS, pógs. 93-106. anlts de d1solvcNe. Ha)' consistenci2 del cuerpo corno h1y con~1\lcncl.1 ll li
hnca, y 11 too<liistcncia es del orden de lo i111Jg1nariu".
111 lACANIAN.\ LOS S(MINAR•OS OE JACQVES lACAN 196'4-1979 111
mnsistcncia real, hay que representar la materialidad de Ja cuerda, ha subrayado el lugar de lo que ek-siste, es decir, lo que ""t.1 exd111
por otr1, la materialidad significante remite en última instancia a do, puesto afuera en relación con la función f:HicJ (<l>).n
IJ problemiírica del sentido. Producción de sentido que depende En atención a los tres registros, la ek-sistcncia se m.111ih.;i.1~
de lo imaginario. como lo que, en mnto real, se encuentra fuera de sentido. l .o 1 c~I
La c:negoria dd agu¡cro es más compleja. Si se la refiere a b re- no tiene sentido, ek-siste al sentido. En cuanto a lo imagin;1ri•l, es
presentación del nudo, representación consistente e imaginaria, el goce fálico (Jcl)) el que le ek-siste. En ese senrido es dcfinulo
el anudanúento ruce agujero. Esto en la medida en que cada redon- por Lacan como goce "fuera-del-cuerpo". En cuanto al Otro ( ;u<'c
del cstií definido por su consistencia y su consistencia misma o Goce Otro (JA), que ek-sístc a lo simbólico, est:í "fuera-ild.
delimita un agujero, que atraviesa los otros do~ r~dondeles para lenguaje". Para fijar mejor las ideas, recomemos estos puntos de
constituir el anudamiento. Es evidente, en consecuencia, que el manera esquemárica en el siguiente cuadro:
agujero es solidario de la consistencia imaginaria que lo cierne ..•
y de la ek-sistencia (lo que queda fuera). Vemos ahí la dependencia
Real Simbólico lmagimrio
e=ema de cada término en relación con los otros.
¿Cuáles son los respectivos agujeros de esos registros? Para Jo Cucrd•
-
Consislcncia (como C.den• Represent:1ci6n
simbólico es la incomplctud que hace agujero, es la Urvmlrih1g11ng, significante Cuerpo
m•tcriolidad)
la represión originaria, lo que escapa siempre al sentido. Para lo
imaginario, en tanto hace cuerpo, son sus orificios. Queda el agu-
jero de lo real. Éste concierne al Otro del cuerpo, al Otro del Agujero El Otro 5<J<O Un'tTdrongrmg Orificios
(represión ddcucrpo
Otro sexo, lo que se traduce por la "no relación sexual•. Esto es lo primaru)
que Lacan Uama "traumaúsmo•11 del sexo.
F.n cuanto a la ck-siscencia, como hemos dicho, corresponde a Ek-sistcncia Sentido GoceOtru Go"" fülico
lo real. Imposible no señalar la manera especial que riene Lacan (reol como (fuera del (fuera del cuerpo)
de decir y de escribir esta ck-sisrencia. Esto parece corresponder fuer• de lenguaje)
So?t1tido)
a un doble objetivo: diferenciarse de los filósofos de la existencia
-que apunt:aD siempre, según Lacan, a procurnrle una sustancia al
ser, a lo que él se opone de h manera miís firme-y subrayar que la
Pero, como estos tres redondeles son equivalentes, solidario' y
ek-sistcncia debe ser tomada en su sentido literal: lo que esci fuera,
homogéneos, ¿qué es Jo que los detem:U.na, ni uno como redo111l1·I
en el exterior. Desde ese p11nto de vista, lo real es, para La can, lo de lo simbólico, al ou·o como redondel imaginario y al ten.:c 1·11
que esci fuera de lo simbólico (el lenguaje) y de lo imaginario (la como redondel de lo real? Esta interrogación introduce la seg1111cl.1
representación y el scnrido). Hay todavía una razón suplementaria problcm:ítica esencial que L:tcan aborda en C!¡te scmin~riu. I~
y más específica. Esta creación signific:mte es consecuencia de la cuestión de la nominación.
escritura lógica de las fórmulas de la sexuación en las que Lacan
NOMllf<.E DEL PADRE. NOMBRES DEL PADRE Y NOMINACIÓN La idea de Lacan es que los tres registros csi..in lHCsrm• ~ en
Freud, pero desanud:idos: "En Freud, los II'CS no se S<>'>llrncn, Jt1lu
Uno de los problemas esenciales que se le prcsenran a Lacan es el est:ln puestos uno sobre el otro".H Es por tal razón, sostiene 1~10111, v
,fe qué sentido dar a los tres círculos que constiruyen el nudo para mantenerlos juntos, que Freud inventó una cuart:t con,iitrn
lx•rromeo. Como hemos V1Sto, no es evidente que se pueda resolver cia: la noción de realidad psíquica. Lacan b representa como un t.'t.111u
el problema del esranno del nudo, es decir, de lo que hace que el nudo nudo que viene a wlir los ocros tres que, al no estar anud:id06, pJ1 ti
escé anudado. Dicho de ouo modo, ¿qué es lo que anud• al nu- rian cada uno por su fado. Pero Lacan no se detiene ahí: "¿Qué es h
do? Pero tan pronlO como se plantea el anudamiento se impone realidad psíquica en Frcud? Es el complejo de F.dipo"."
el problema de su (de)nommación. Subrayemos que, inmedia12mcntc después, Lacan declani con
Estos problemas son presentados en la primen lección de csic insistencia que "el complejo de Edipo sin cmbugo no debe rec:ha •
seminario, pero habrá que esperar a la quinta lección pani que zarse. Está implíciro en el nudo tal como yo lo figuro".11 fate
Lacan introduzca una precisión que entrañará consecuencias im- señalamiento es tanto más interesante si se tiene en cuenti que
pon.anees y que lo ocupará hasta el fin del seminario: h cuestión Lacan ha criticado muchas vect.'i, incluso ha bromeado con el com·
del padre yde la nornimción. "Para que se anuden esos tres, ¿hace piejo de Edipo en sus seminarios precedentes," y en consecuencia
falta necesariamente uno mis, cuya consistencia habría que referir este retomo al Edipo plantea una pregun12. Lacan la responde al
a la función del Padre?"19 concluir esta lección: lo esencial del Edipo consiste en que el nudo
Vayamos paso a paso. Señalemos simplemente que hace f.tlta pueda "anudarse de otro modo" y que "es en eso que opera el
leer, en lo que sigue, la continuación del debate de Lacan con análisis mismo". 17
Freud, debate en el cual se vcr.I cómo Lacan inscribe su diferen- Dos lecciones más rordc, Lacan retoma el nudo de cuatro "de
ciación. Frcod": "Frcud, dije, elide mi reducción de lo imaginario, losimbó-
Lacan recuerda que su propio decurso teórico comenzó con el licoy lo real como estando anudados los tres. ~s por s11'8 Nombre-
abordaje de lo imaginario y continuó por lo simbólico antes de del-Padre, idéntico a lo que él llama realidad psíquica, y que ne> es
llegar a reinterrogar el campo freudiano a partir de lo rea l. Afirma otra cosa que la realidad religiosa, es por cstn función del sucíio,
que Freud no tenía la noción que él sí tiene de lo imaginario, lo que Freud insrouro el lugar de lo simbólico, de lo imaginario y de
simbólico y lo real. "Freud no em lacaniano. Pero nada me impide lo real".'9 De este modo, Freud no es lacnniano, pero es como si lo
suponerle mis tres, R.S.I. -cáscara <le banana deslizada bajo sus
pies- para ver cómo se desenreda."'º Efectivamente desenredado,
pues de estos registros "tenía, sin embargo, una sospecha".11 Y Jl . lbiJ., pág. 103. ¿Es decir que, para Lac:on el •nud;m1cnto borro1nco •e
agrega que hay en Frcud una referencia a algo que éste último reconoce e.o Frcud en la pulsión, o 1nclU50 que el nudo borron1eo o<:up:1r1.i,
considera como lo real y que, además, el padre del psicoanálisis entre ouos, e.n los últimos s.cm1narios de Lac:an el lug:ar primord11l. tic n1lrr1i.
tic nudo entre lo psíquico y lo somit.icn, que Frcud hlbb :1tribuitlo a la 1•l1hi11n,
habú señalado los agu¡eros correspondientes en lo simbólico s.:i\2landO, por Otn parte, que ..ta WUllU h>bfa dC$tp>tccidO progresiv-•lll<>UC
(represión). en lo real y en lo imaginario." tlcl láico bcaniino en estos tños?
34. IJiJ.
H. lbuL
36. Por ejemplo, en b lctti6n del 18 de Í<brero de 1970 de su 11cttuharlo H
m.~ 1M phtotnúw1', donde dccbn que "el complejo <le l'•I•¡., n inutlltuhlr",
29. Lección del 11 de Í<bruo de 1975, Ornínlrl, n• 4, pág. 99. o aun cuando lo c:allfic:a de "sucllo de Freud".
30. Lcoci<\n del 14 de enero de 197S, 1b1J , n• J, p>g. IOZ.
J l. lbUI.
37. Lttrión del 14 de enero de 197S, 0rw-r.
n• J, p:íg 101
)8 Suporueodo que eso no sea un la¡»US. FI subr.yado n mfn
IZ. l~1J. l'I l-"tt•ón dd 11 de lchmn de 1971 , l>r-ukor1, n• •1, pJg 9'•
)t2 LACANIANA - LOS $(MINA~tOS DE JACQUES lACAN 19•4 ·19'' RSI ltl
(uer:i, p que no solamente no desconoce las Cltegorias RSI, sino de la íne•istcncia de la relación sexual y de la afetudl·n .to tslJ
11uc incluso tiene "su" Nombre-del-Padre bajo la forma de la rea- especie animal por el lenguaje: en lo cual "difiere singul1r111cntc"
lidad p~íquica, que no es otra cosa que el complejo de Edipo. Má5 El inconsciente viene a condicionar Jo real del parlitrt, 1.'S <lt.-i1, lu
seriamente, l .acan dice, por el sesgo desulectun de Freud, que la que hace agujero en el lengwije, lo que no puede Jecil""5C ~ino
realidad psíquica, y por lo tamo el complejo de Edipo, es uno de solamente contornearse.
los Nombres-del-Padre. Notemos sin embargo que esta solución, si vuelve a conduc11 u
La equivalencia que introduceLacan entre realidad psíquica y la estructura definida como lo que se deduce del discurso del •llU•
realidad religiosa va por completo en este sentido, como desarrolla- Lizante, no se da sin plantear un problema autorrefercncial. l•.11
remos en su momento en relación con la función del Padre como efecto, si el inconscienrc ek-siste a lo real, está no obsrnnte
nombrante. Seguramente es lo que lo hace afirmar, algunas lec- "estrucmradocomo un len¡,•1iaje". Dicho de otro modo, ¿el incon•·
ciones más tarde, la relación entre los Nombres-del-Padre -en ciente es él mismo exterior a la estructura RSl?
plural- y Dios. Después de haber recordado que la reflexión de Tal vez la solución a este difícil distingo se encuentre en cst.1
Freud ha girado alrededor del Nombre-del-Padre -en singular- frase enigmática de Lacan cuando evoa el "desengañado del nom-
sin tener el recurso de las categorias RSl, designa el nudo borromeo bre del nombre del Nombre-del-Padre". Encontramos allí una
afirmando: "Los Nombres-del-Padre es eso: lo simbólico, lo nueva "tnplicidad".<1 Pero si hemos visto precedentemente que
imaginario y lo real. Éstos son los nombres primeros, en tanto esco concernía a las relaciones entre RSI por una parte y la con-
nombran algo".40 Y Lacan recuerda, con humor, que en el Génesis, "stcncia, c:I agujero y la ek-sistencia por otra, esta vez es cuestión
Dios comiem.2 por nombrar a cada uno de los animales. de tres apariciones diferences del nombre según los momentos de
R, Sel son cnconccs los Nombres-del-Padre. ¿Es necesario com- wculación. l lay, por una parte, redondeles de cuerda, "materia-
prender esto en el sentido de que no hay nominación posible fuera les", equivalentes pero no distinguibles. Lacan los llaim Nombre-
de los tres registros? ¿Que codo tiene un nombre en tanto es to- del-Padre en la medida en que "eso sujeta bien", en que eso hncc
mado en el anudamiento? Esta lecrura parece ciermmc1ne posible.•1 estructura indcpc.ndicntcmente de la nominación. Eu ese sentido,
Pero otra m6s restringida nos parece más plnusiblc. Se refiere a la el anudamiento de tres es equivalente al "nudo de cuatro de Frcud".
escruccura en La neo tal. Pues Lacan afinua que si lo ~imbólico causa Por mm parte, es necesario darles nombres diferentes plr:t poder
el senado, es porque "el inconsciente ek-sistc, es decir que él con- hacerlos operativos. Es lo que hace Lacan al designarlos: Real,
diciona lo re:il, lo real de este ser que yo designo parlim [ ...]. Simbólico e lmaginario. Lacan los distinguió en 1953 como los
Nombra las cosas P'lra ese parl?trt, ser que ~iendo de la especie registros e.~encialcs de la realidad humana. En este seminario, los
animal, difiere de ella singularmente~." Como Lac-Jn prosigue restringe a registros que permiten dar cuenu de la pr.íctic:1 '1na-
indicando que lo que caracteriza al animal es su forma de repro- litica. Finalmente por esas dos operaciones se Uega al tercer tiempo
ducirse, podemos concluir que la estructura es lo que se deduce en el que algo puede ser nombrado en el campo analitico por d
nudo y por la nominación de los registros; así por c1r111pln:
inhibición, síntoma, angustia, goce, etc. (incluso ... ¿incon,cirr11r?)
Hace falt;1 ahora pasar a otra acepción que Lacan le da .11 p.11hr
40. Lección del 11 de mmu de 1975, ibiJ, n• S, pig. 17. Se trata en realidad de una inversión, ya que no sed ni,ls Ull"Stir•n
41. lrfa en el sentido del prirnerrexto de Lacnn de 1953 sobre los tres rcg;m111
(véase" L.o sirnbólico, lo imaginario y lo reol", op. dt.) en el que los c2lifici1 como
10, tres registros esenciales de la re:iUdad humana", te~to que evoca él 1n1!>0lo
11
en t>tl lección del scminmo (l I de m•rw de 1975). 41. Ocspu~~ de rcal·si1nbólico·in1aginarin, o t"L• 'li\lr11.:1a 1&11Je1n
~1. Lección del 11 de m•no de 1975. On1i,.,rl, n• S. c11rhntcn~1J. o aun Jlr&\l:ttí6n ·Ínt.\lnci6n~~tncl<>n,
l9'4 lACANIANA LO~ SEM1NARfOS DE JACQU(S LACAN 1964 197• RSI tt
cid ¡uclre ~-omo nombre sino del padre como nombr.mte, último Entonces recuerda que ya habíainuoducidoel n111lo 1lccm1ro "
av.a1Jr del debate con Freud. l..aC3n comienza por subrayar una "Lo menos que se puede decir es que, para mi nudo, IJ nomi n1c1611
\'Cl m.is el lug:ir del agujero en lo simbólico, que él identifica ahora es un cuano elemento".49 Pero ese cuarto elemento rc-1~11: 11111
con la prohibición del incesto,.. para precisar que la prohibición unportancía particular para Lacan, porque ese cu:irto rccln111lel
del incesto es estructural: "Es necesario lleg:ir a concebir esto: el introduce las particularidades en el anudamiento y en la 110111111.1 -
agujero de lo simbólico en que consiste esa prohibición. Es ción: impide que el orden de los círculos sea intercambiable, 11<'
necesario lo simbólico para que aparezca individu•lizado en el modo que impediría la confusión entre los registros. ¿Qué es un•
nudo algo que yo no llamo el complejo de Edipo [... ].Yo llamo a nominación imaginaria (Ni), una nominación simbólica (Ns) o
eso Nombre-del-Padre. Lo que no quiere decir m6s que el Padre una nominación real (Nr)? Lacan no lo dice todo al principio ele
como Nombre [... ], no solamente el padre como nombre sino el manera explícita; deja flotando la pregunta y la deja como lllrea
padre como nombrante".41 Ahora bien, este lug:ir del Padre, Padre para el año siguiente.jo ¿La nominación imaginaria rcmjtirla "ni
como Nombre y Padrenombrante, es un agujero: agujero "inima- cuerpo en t.1nto hace orificio?, interroga Lacan; la nominación
ginable", como lo califica Laean. L•can lo subrayo recordando <imbólica al Padre que ha dado su nombre a las cosas, o aun al
una vez más el "Soy el que soy"... En ese momento hace el lazo Padre en el mvcl de lo real? Lacan pbntca estas prcguncas y las
entre la prohibición del incesro y la castración: es la no relación deja abicms. No obst:1.nte, concluye el seminario identificando
sexual. Pero no continúa la reOexión por ese camino. estas eres nominaciones con la tríada freudiano: "Entre estos tres
En cambio, retoma la cuestión de la nominación en la última términos, nominación de lo únaginario como inhibición, nomina·
lección del seminario para especificar tres modalidades del ción de lo real como angustia, nominación de lo simbólico (... ]
Nombre-del-Padre como nominación: nominación real, simbólica como síntoma, entre estos tres términos, intentaré el año próximo
e imaginaria. Este retorno puede parecer sorprendente porque interrogarme acerca de lo que conviene dar como sustancia ;11
precedentemente Lacan habfo definido el Nombre-del-Padre Nombre-del-Padre"." Aun cuando queda enigmática en parte,
como el nnudamiento borromeo de tres redondeles de cuerda, esta enunciación deja aparecercbramenre que Lacan hace coincidir
mientras que aquf se interroga acerca de la introducción de un bs tres nominaciones con lo que hace agujero en cada redondel
cuarco elemento en el nivel de la nominación. ¿Es l~ necesidad de de cuerda.
no dar preeminencia a lo simbólico? P3recería ser el caso, ya que
se interroga: "¿La nominación depende, como parece aparente- Hay muchos ocros "Oashes~ en este seminario, referidos por
mente, de lo simbólico?"." ¿Responder por la afirmativa no vol- ejemplo a los goces, al síntoma, a la inexistencia de relnc1ón se·
vería a alribuir una supremacía a lo simbólico, mientr.IS que Lacan xual, etc., pero consideramos que esos señalamientos, si bien ~011
intenta subrayor la equivalencia de los tres registros? ¿Esto no interesantes, retoman en lo esencial las afinn•cioncs que l .acan
implica un tipo de;,,,/'=' lógico, en el sentido de que lo simbólico va ha enunciado en los seminarios anteriores.
sería llamado a nombrar a lo simbólico? Nos parece que el verdadero aporte de este seminario se refiere
a dos aspectos: el nudo borromeo de los tres registros, rc.11, •i111l.r,.
44. Let'Ción del LS de obril de 197S, Omítar?, n• S, f)'lg. S4. 48. Pero no rccucrd;i en cs:a ocasíóo que lo habfo 1nrrodut·1c.lo JMrit 111.1111< 11rr
4S. /bit/. unidos los eres rcgistr~ des11nudados" de Freud, en In cqu1\',\lcn1111 .. " .,h1b1I
11
46. ~""'.'<'º 3. A I• prcgunca de Mois~s sobre el Nombre de aquel 11uc lo l"íquic:1 • complejo de &tipo• Nombrc-dcl-P•drc frr111fi111,."
envío • E.g1ptc>, desde el matorral, la voz le responde con la rnutologlo: "Soy <I 4~. Lección del 1l de m•yo de 1975, 01'nir:J1r!, 11• S, p.1g' r.o r. 1
que >0y" SO. //•1n, pág. M
47. l.ccc•ón del 13 de m2yo de 197S, Omimr?, n• S, p~~· 60 s1' /1•111, pig. 66.
"6 lACAHIANA t.OS Sl t1iNA AIOS O l JACQUES LACAN 1961-ICJ79
rcrnrrc al equivoco, le propondrá en lugar del sentido que deman- Pero si la consistencia imaginaria hace bol~a. •111111:s111 IJ
cl.1, un efecto de senado que temúrumí agotando el sentido mismo: cuerda", agrega.
"l .3 interpret3ción anaÜtiC3 no está hecha p:irn ser comprendida; t\sí como coda esfera es siempre el conjunto de lo, dr<~1lo5 (111~
<>LÍ hecha para producir oleaje".' Así, el síntoma es sustiruihle, la generan, del mismo modo "el cuerpo, lo sentimos l'OlllO p1d
dc~plauble, y remite a lo real de un goce ignorado. que retiene en su bolsa un montón de órganos. En otros túminos,
El ti11tb11111t no es sustituible ni desplal.3blc: apunta a alC3nzar esta co11Simnrin deja ver el hilo de la trama. Pero la c:ipaci1lad •le
su real. No desnuda el enigma ni el equfvoco, sino q uc, al contrario, abstrncción imaginativa es tan débil que excluye el nudo de l~IC
los manoene en una singularidad inalcanzable por el 0Lro: así hilo -que se muestra como residuo de la consistencia•• ( p .i g ,
ocurre en In obra dcJoyce. El tinthomces nominación, respuesta a 63)-. Y Lncan a¡,.,.cga que el "grano de sal", del cual se sicnlc
la falta de un Otro creador del nombre. responsable, es haber agregado el nudo como lo que ex-sim al
El campo de la fordusión, hasta el límítc de la fordusión del elemento cuercla-consisttntia.
Nombre-del-Padre, se va a extender. Concierne también al des- Esca t.~-sistttma del nudo es muy difícil Je im:1ginar. Lacan mi~
fallecimíento del otro rostro del Nombre-Jcl-Padre, el que nff1tl- mo frecuentemente va a embro113 rse en sus manipulacíones Je
bra, al cual va a responder la forclusión del sentido por la orienta· redondeles de hilo.
cíón de lo real -concepto nuevo, que no va de suyo y que remite a La consistencia del cuerpo, simboliz:id:1 por la cuerda, es ya
una falta de nominación en el Otro-. Así, la forclusión no se limita una abstracción imaginaria: es antipátiCI a la mentalidad, eicplk:i
más a sus efectos en la psicosis, también puede dar cuenta de lo LaCtlO, que va en el sentido de la "adoración ~'CUal, es decir la
que ocurre cuando temúna un análisis. FJ ti11th1J111t será entonces equivOC:1ción [mtPriseJ, en otras palabras, el menosprecio (mlprisl"
la respuesta de un sujeto confrontado a la obligación de asumir su (pág. 64).
singularidad, por lo can ro su soledad. Los rcdontleles de hilo son a menudo reempla1.ados en la~ de·
mostr.iciones por rectas infinitas. Éstas se unen en un punto en el
infinito y son concéntricas, para no formar ratlma olf111p1ta, lo cual
UNA NUEVA ESCRITURA es condición para el nudo borromeo.
La ventaja de esta línea recta es, me parece, poder ilusm1r el agu•
El 1111do /oo cambia el sentido de la escritura, nos dtce Lacan antes jero que delimita sin, no obstante, imaginari~1rlo como en d <":\5<1
cJc prccisJr: el 11111/obo, luy que escribirlo. Uno no se puede conten- del círculo: la recen infinita tiene la virtud de tener el agujero
tar con hablar Je el, si no es para dejar sobrevcrur los lapsus en su alrededor.
manipulación y también para confrontarse a lo cxtrlño de b es- Esta rectl, señab además LaC3Il, otorga otro soporte :11 rasgo
critura de ese modo de abordaje topológico. unario, una cscrirura que no viene de otra parte que del 'igniticmtc
El nudo está hecho, afuma LaC211, en el espíritu de un nue\'O El nudo de tres dimensiones sustituye (sin elinúnarla sin cmh:argo)
mos gtomttriros, funda otra geometría. Viene a subvertir l:i cos- la definición del inconsciente como lugar del Otro, tesoro ele lc11
tumbre que tenemos de pensar, bajo el dommio de la mirada, el significantes.
cuerpo como una bolsa o como una superficie cuando es.1 bolsa se Los tres elementos, R, S, 1, enC1dcnados, "hacen 111<·1,ifw .1 clc
reíleja en un espejo. algo que es número" y que "a C3usa de est0 se IL1m.1 df1 .1", ,1li1111~
Lacan.
7.J•cque1 l.ocon, "Conffrcnce 3 Vale Universny", op. ttt. 8. l".l •ubr:iyodo es oúo.
)OJ IAC~Nl,A.t14. 1 01 .! tiJNAIUOS OE JACQUES LA.CAN 196~· 1979 El SINTHOME IOI
~' ••••·•· l'ntonccs, de un nuevo modo de cifrado del incons- el nudo de trébol se sostenga. Sobre esta figur.i, vemos 'l"" l.11 110111
' k111t•. l ~1t.m ve allí un foriamicnco de una nueva escritura que, por puntas de lo real y lo ümginario no se juntan (lado Jtl C:oc"C 1ld
•lle• 11111 •· dice, uene un alcance que bien puede llamarse simbó- Ouo, volveremos sobre esto) y que esto nccesit11, según LaL1111, ,1,,.,
hn>. Cunsidern que esm escritura provoca, en su público, rr.iu- empalmes, uno entre lo simbólico y lo imaginario, otro c1111c lo
111~t1>mo. Parece que éste es efectivamente el caso, cuando se s1mbólicoylo re:tl. Auna apertura, a una fuga de un lado, le respo11.lw
recuerdan las reacciones de dicho públtco, que han o~cilado cncre dos rcfor-1.an:tientos sobre los otros lados donde se opera una jmmn :i.
el rechazo de csro nueva aproximación y la pr:íctica compulsiv:i de
la topología borromea.
Lacan insisce en el hecho de que el mulo bo tiene una csrructura LA PISl'~ DE jOYCE
de cadena borromea, lo que da entonce' un r11dmudo. El verdadero
nudo de eres (que no hace cadena) es el nudo de trébol, que resulta
del enlazado de los eres redondeles y presenta una continuidad
que definirá como paranoia, es decir, una estn1ctura que Liende
hacia el todo ne(,T¡Uldo la división del sujeto: por esta razón, él la
identificará, haciendo refcrenoa a su tesis, con la personalidad, que
se proclama como un todo.
De.'tlc aquí Lacan se esfuen.a en trenzar de a tres, luego con
mucha dificultad de a cuatro, esos nudos de trébol, a [in de que ese
anudamiento pueda ac:ibar en otra cosa que una paranoia, cum-
s s
pliendo el cuarto nudo función de.muhomty cliferenciando, como Fig. 2 plg. 9ol
Fig. 1 11<1g. 20
acabamos de ver, los oLros nudos.
Por oua parte pueden, en el cuno del anudadanuenco, pro-
ducirse errores, igualmente Uamndos foltas, o lapsus, que deshacen s
el carácter borromeo del nuJo. Esos lapsus pueden aparecer en
cada cmzamiento entre los difcrenccs redondeles, es decir, para 1
volver a la cadena borromea clásica, que po<lr;í haber falu en el
ni"el de los entrecruz.am1cmos I y R, R y S )' S e I. tsf•tm11 H 4ot tmPflmtt
Lacan propone diferentes anudamientos que rcmitirfnn a lfr--.. IJ-• .,,,¡
muchas maneras de hacer la falu. ün primer nudo (figuras 1 y 2), s
deja libres los eres redondeles, superpuestos unos a otros, y lo que Figur-d póg. 73 Fig. 4 p;g 112
interesará a Lacan en este caso es el dcsanudamiemo de lo simbó-
lico, que será "reparado" por su nudo en el s1111ho111t, penniuendo
por lo mismo un nuevo cng:mche entre lo imaginario y lo real. Otro tipo de nudo (figura 4) muestra una unión de lo '11nl.l1 lio •
Un segundo tipo de nudo se refiere al nudo de trébol (figu- y lo real diferente del primer caso, ya ~uc e~ error, en l11gíl'. 1lc
ra 3). Ya no bay cuarto redondel, sino suturas y empalmes. En sobrc\'cniren dos puntos de cnice de lo s1mbóhco y lo rc:i1, .1•l\'ll·11~
efecto, la delimitación de R, Se 1no está clara en este upo de nudo en un ...,1 0 punm. Los dos redondeles se enc11cntr:111 cmi11lcn,d<•~.
a b vez en el plano topológico y a veces en el sujeto. El empalme y lo 111inginarío libcrndo. Ln suplcncii1 ;1pu11111 "'"º""c.,, pc11
mJrca entonces los límites estableciendo loseolaccs, haciendo que 111tnnwtl10 tkl ei:u, • rcpar.1r la faltJ en d lu¡:.r 1lo111lc tll~ K
~ l " CAMllNll Lm IEMINllRIOS DE JACQUES LACl\N 1941.¡979 El.SINTHOME IOI
p1od11jo, para retener lo imaginario. Notemos igualmente que oo Lacan, las tres dimensiones juegan entre ellas, y que 1.un.11 un~ 1!t
wb~1~1c menos el encadenamiento de 11. sunbólico y lo real. ellas reina sobre las ocras dos. Como explica Alain l>idttr•\\'cil,
lJlmoo punco de este rápido panorama!!~ las figuras borromeas "el hecho de que lo real cenga ascendiente sobre lo simbcílico ( IVS)
en 1ucgo en este seminario: el cuano redond< 1•¡ue <er.I el nnrhom~. remite a lo que nos enseña la experiencia traumática: el sujctu <!llo
Importa -rubrayar que si se quiere anudar un cuarto redondel al pues deja de esrar soporrado por lo simbólico, vuelto dc,fallcl·1c1110
((l,fm111Jo de tres, hace falta desanudar pnmero los LrCS primeros en su encuentro con lo real del trou-matismo".9 Por otr.i P•lrlc,
en caso de que éste no sea hecho por imermedio de una fult:a de recuerda, el nudo muestra igualmente el ascendiente de lo simhó·
anudamiento. Primero hay que deshacer el nudo antes de reha- lico sobre lo imaginario y el de lo imaginario sobre lo real. Lo <¡uli
tcrlo. Este seña lamiento puede ponernos sobre la pisca de una "tiende a significar que lo simbólico dispone paradójicamente(... J
operación que sería la del ooálisis, que comcnzai·fa por el de.<anu- de w1 ascendiente sobre lo real. Allí est:í la paradoja borromea11;1
clamiemo de tres y se tenni.oa.ría por un anudamiento ele cuatro que da cuenrn de la paradoja simbólica: la pafabra tiene a b ver. l.i
con el sinthrm1t. Simple hipótesis, pues Lacan no se pronuncia verda- capacidad de ser maldita, maldicha, por lo real y la capacidad de
deramente acera de la posibilidad o no de que un sujeta se soporte ser fuente de un bim dtdr c:ipaz de simbolizar lo real".'°
en un nudo de eres coovenieotemenre anudado. Hay que subray.ir otros dos puntos. Por una parte, los nudos
Al final de "RST", Lacan sostiene que en Freud el anudamiento de m:s son orientables de un modo dextrógiro o le..-ógiro. Se puede
de tres redondeles es deficiente: no esr>ín unidos. Ve en esta con- también colorearlos para diferenciarlos. Pero existe Otra solución,
figuración la definición de la perversión. colorear dos y orientar el tercero. Por otra parte, si se considcr:i el
Según L.1can, Frcud agrcg:a, para hacer que se sostenga, un CU.'lrtO nudo de trébol y las difercnres correcciones del lapsus por otro
redondel que se presenta bajo la forma de la re:tlidad psíquica, o de redondel, se prcsenrnnín dos ocurrencias: aquella por la que el
la realidad religiosa, o aun del complejo de Eclipo. Tcnnina diciendo circulo corrector es inteCC11mbiable con el corregido (por lo tanco
que se trata de "su" Nombre-del-Padre (de Frcud). Pero entonces hay equivalencia en ere los dos círculos, ya que un nudo de trébol
ese cuarto redondel sujeta al sujeto al amor ni Pad1·e, es decir, para "fallado" equivale a un círculo) y aquella en la que no existe esta
Lacan, a esa versión paterna que intitula pm-verrion. posibilidad de cquiv:ilencia. Lacandeduce que allf donde hayeqm
Si excluye la posibilidad del nudo de tres "que sostiene" en el valencia, no puede haber relación, mientras que allí donde no h;1y
abordaje freudiano, ¿qué pasa con el suyo? Me parece, por mi equivalencia, esa relación puede advenir. No puede haber relación
parte, que él no sostiene la posibilidad del nudo de tres, pero no si no es entre dos elementos diferentes.
es fácil, sobre este punto como sobre numerosos otros por ocra Lacan ejemplific:i con esras relaciones entre redondcle> de hilo
parte, llegar a certidumbres. El estilo de este seminario, meicla la cuestión de la relación sexual. Muestra así que si hay reparación
de preguntas, dudas y luego aserciones más o menos 11forístiC2$ en un solo punto (en donde sobre'"ino el error) por el si111brmu, no
.
de¡a poco lug:ir a una lecrura univoca.
' hay cqui,-:ilencia entre los dos círculos, entonces hay relación. PI
<inth0111t (es d1.-cir, el circulo corrector) pemúte la relación, lu •¡uc
Finalmente impon.a subrayar que en el nudo de tres, lo real
,.a a pemurir que Lacan enuncie que es en el rintbamt clontlc rl
pasa sobre lo simbólico eo dos puntos: estamos en la ú.lcima parre
de 1i enseñanza de Lacan. Lo simbólico ya no tiene el lugar cenera!, Otro sexo se soporta.
adosado al Nombre-del-Padre, que pudo tener. Ahora se trata,
c~pcci.1hncnte en la cura, de dar la última palabra a lo real, que es
lo único que puede dar razón de la expericncfa a la (1ue el sujeto se 9. Véase""'' IS, p5g. 271. [N. de la T]
10. Ak1ln l)1Jicr \.Veil. Ltl.1 ti /4 /1111/ifrr Jr i'rt-,11ttr, 1':1ri1, 1)\'t11.t'l 1 1 1101 1
confrnnt,1. Sin embargo, hay que señalar que, como siempre en
1•Jk. 106
W 1A C A~~IAN.\ LO\ Sl"11t.r.ARIOS DE JACQUE:S lACAN 196'4 19?9 El SlNTHOME
1• I nu<lo borromeo es un apoyo par:i el pensamiento, dice Lacan, Pero queda la cuestión con la CU!!! termina "RSJ", ¿u~1110 or
y eso pcnmtc escribirlo distinto. Propone el témúno de 11pmsm11im/Q. ócular las tres nominaciones, real, simbólica e imagi1ur1Js, 1w1
Ncc-~i<lad, entonces, de la escritura del nudo par.a poder pcas:ar algo que "hagan" Nq,ubrts-dtl-Paárt? En efecto, anudando R, $e 1, gni·
de bs enseñanzas que nos aporta la clínica. Lo meno:. que se puede cias al Nombre-del-Padre "freudiano" (¡que fue cimbién IJlar1l~·
<kc:ir es que él se aboca a esm tarea con 13 más grande seriedad. no!), se llega a un cortocircuiro evidente: lo que hace que se nr.111
tengan las tres dimensiones como diferentes al nombrarl.1s <"l
también lo que es nombrado pocellas, en tanto Nombre-del-Padre
LA NOMINACIÓN Y lALENGUA real, imaginario y simbólico.
La can responde introduciendo el úntbq,m en el 1ug:ir del Nom
El Nombre-del-Padre remite al Padre como Nombre, pero mm· brt-tlcl-Pmlrt. El sujeto encontrará en sí mismo la prueba no de (¡1
bién al Padre como nornbrante, lug:ir que ha ocupado "natural- existencia del Otro, sino de su remible influencia, y en esto, como
mente'', si puedo decirlo, Dios. En esre seminario, Lacan habla veremos más adelante, el psicótico puede damos algunas lecciones.
de éste en un tono que no le es el verdaderamente habitual, un No obsWlte, el Nombre-del-Padre no desaparece, sino que
rono que~ podría calificar de ateo: "No fue Dios el que consumó queda en algún sentido suspendido del síntoma. "todo se sostiene
esta cosa que llamamos Universo. Se le imputa a Dios lo que es en tinto que el Nombre-del-Padre es cambien el Padre del Nom-
asunto del artism [ ...]" (p:íg. 62). El artista v:i a ocupar este lugar bre, lo que •'Uel"e igualmente necesario el síntoma" (p:íg. 23), dice
abandonado por Dios. 11 Lacan.
El analista, por otra vía, podrá también prescindir del Nombre· Se notará e:.ta modalidad de lo 11ectSm·io aplicada al símoma.
del-Padre. 11 Fl Nombre-del-Padre no es el de Dios, aun cuando modalidad reservada hasta allí a la e.'tcepción patern.1 (lo que no
Lacan los ha relacionado a menudo." Hay, entonces, un problema cesa de escribirse) y que conduce a interrogarse: ¿la excepción no
en el nivel de la nominación en tanto no podrfo ser únic.uuente deviene, para Lal'üll, en Ja del sinroma de c:ida uno en tnnto se
simbólica, si nada viene a sostener este agujero del "yo soy el que afirrnarfo en la singularidad del acto de sostener a éste, lo que
soy" en el nivel de la creencia, agujern que, se&rún Lacan, escupe enunciad algunas lecciones más tarde con un "se es responsable en
No111brtt. la medida de su saber-hacer"? Un síntoma no sostenido como tal,
smo simplemente remitido a su propio narci~ismo scg\llr:i su pcn·
Jicnre natural y se colectlvizar.í, con las consecuencias que po-
11. Laan siempre diio que no hay Ouo del Otro, P"ro en lo que concierne demos imaginar del lado de los fenómenos de masas: cuc~tión no
• 12 creencia en Dios, ha sido prudeme, afinn:111do que deuf,.ba a quien pudien rrauda aquí por Lac:m, pero que es legitimo promover.
probar que no creía en Di<». Aquí, el cono me parccc un poco diferente, tal •-n
• pmir de la puesta en cuestión del lugu mismo del rrr..Joren tanto nombrante
Es menos uni at~uón de -ateísmo. donde se s::ibe que puede 1rb1tnnc com Desde la primera lección, Lacan vuelve sobre la no111i11J·
pkamente una crccnetJ en el Ouo, que de la dcsuposíción Je un orden <imb6üco úón. Señala que la naturaleza no tiene nada de natural, t¡ue se
ortlcnJdo ¡»r d Nombre-del-Padre.
tlistmgue por ser nombrada, y que la naturaleza, por ese prncc·
12. El que: no ~ :1utonia c:n una de esas vús. anlst1a o an;11iuea, va a c:n
contrar dillc:ult.a<lcs p.ira caminar en un tejido social que p::trccc cJda vez 1nJ1 11imicmo, "sólo se atreve a afirmarse como un popurrí de jitr1111ll' /,1
Jiv1d1rse entre !Ji 'iolucioncs cmcm;1s del coruu1111 ..1no y del ._sujeto rey" Jlb' 1111t1l1'nltw" (pág. 12). No hay entonces "relación n:m1r.1l111n11~
un:i J):>rtc, y dcJ retomo desesperado y suicidn 111 integrismo rtlig:ioso por otr•.
c1uc, c-aJa uno .1 s:u nunera, anulan la dimensión del Olro.
'crnal", a¡,rrcg-J (pág. 12). La distinción naturnlcza/culn11.1 '"~ f.1k1,
11. W;a-.e 1-'.rit l'orge, Lrs Nomsáu pmcbeo]uet¡tm Lncm1, l'arh, Er~s. IW7, ¿pero entonces, qué nombra?
un:i olu.1 i1nport:Jnr('iin1.i pilra cernir las cuestione$ en juego en QlC 1oc1ni11ariu La nonun;ición en tanto creación (el fi111 /11.\'). u11110 r.c l 1
en el nivtl dt b no1ninaci6n. mrncntr.1 en la Biblia, plantea problcnu,, l,at~11\ ~u1.1l.1 n '" mJhi:.l,1
'"' LACANIANA lOl llMINARIOI oe !ACQUEI LACAN 19&<.f979 n SINTHOME
que 1>10J no ha nombrado la bacteria. En cambio, afirma que Dios, que le atribuye a Sócntes cuando rehusa recibir :1"111111j1•1 'I"'
/J11}011w11do (alusión a Bufón) ni hombre, supuesto original, le viene a asisúrlo en sus últimos instantes. No quiere "esrnd111 b
prn¡~1ncdarle un nombre a c:ida bichito. Se craci allí de ocra fonna hablar". Probablemente, se podría agregar, para nodejar~~• 1••~11 j,\11
1lc nominación, que ya no cieoe efecto real, como la efectuada por de excepción iniciada por la palabrcríadeesce "nococb~ que lo h.1lnf~
Dios en la Biblia, sino simbólic:i, el hombre nombrando lo que ya conducido a su posición de simple moml. Sabemos que:, ~egiin
c11stc. Lacan, Sócrates esc:ipa a esta condición de morral, caso panículu
Desde que forjó el significante lnlmg1111 (en "Elsaber dd psico- de cada uno remiodo al rmn:tnal de todo hombre, en el cu.11 lo
analísta", en 1971-1972) Lacan sostiene que no se lo encuentra encierra el fumoso silogismo procedente de la lógica ariscotélírn,
en d diccionmo sino que en primer lugar es obra de las mujeres. ocupando esta pos1c1ón singular de acepr:ir "morir para que la
Los hombres, por su pane, C5t:in más ocupados en aquello a lo ciudad viva~ (pág. 14).
que los empuja su tropismo fálico: manrener las formas, las reglas. El¡NrO 110 m, añade Lacan, "con mi tirulo de csccaño lo incro-
Lacan le va a dar un lugar eminente a /11ltngt111 macem:c un duu:o como el smtb11111e" (pág. 14). Éste, grno del corazón de un
"conjunto de mujeres que engendró L1/mg1111", dice (pág. 115). hombre en situación de<."Onfrontarse con su esposa, viene entonces
Aun precisa que a cada instanre se crea "1ltngr111, se le da un al lugar en el que una mujer es no toda en la función fálica y por lo
pequeño empujón. Sí se supone que Adán, señala, dio nombre a canco cuando, para este hombre, se perfila lo real de la diferencia de
los animales, lo hizo en la lengua de Em (que él llama la Éi•it, 14 los sexos.
11111drt delos v1vimtts). y entonces, retomando la palabra de] oyce, El simho11u tiene una función de suplencia respecto a una falca
Ad:ín era una madama. 11 En la creación divina, si la bacteria no es de la función fálica en un sujeto comojoyce. Lacan m a generalizar
nombrada, es porque la nominación se puede hacer sólo a partir esta necesidad de suplencia diciendo que una mujer ts tm simhome
de lnlmg11n materna. "La Creación llamada divina se redobla con p11ra todo h11111bre (pág. 99).
el parlocco del pnrletre" (p5g. 13). Y la 1111111inoción viene a suplir la Elsi11tbo111e hace existir la relación sexual según Lacan y enton-
falta de nombrar inherente al agujero cscrucniral que cst:í en el ces, para Joycc, hay y no hay relación sexual. Tomemos nota de
lugar de aquel que nombnt las cosas. V.1 que Dioo no ha nombrado la esce enunciado que z.1nja In radicalidad del "no hny relación sexual"
bacteria, lo hace lale11g11n. F.ste corrillo es nominación. sostenido los años anteriores, al e.xceptuarlo de la existencia de esta
Concinuando en est:1 vena bíblic:1, Lacan señab el "no hay que"16 relación en c:iso de intervención del si11thomt 1111ytr en canco per-
de Evn con la serpiente, <¡ue c:tmbién nombra como fulla o falo. mite soport.tr el Otro sexo, precisando que si11tlJ11111t no es síntoma,
Este "no hay que" es el pecado, sin en mglés, que se encuentra en y que no alcanza que l:i mujer de ustedes sea su síntoma para que
sinthwm. Este pecado es signo de la falc:i, la serpiente-falo anuncia esa relación sobrevenga. Probablemente es la función de vaciamiento
la castración y no sólo en un;1 mujcr.'7 Pero ésta, en Lacan, se espe- de lo real del smtblfmt (recordemos que un sintb1111u debe ser
cific:i como siendo 110 toda. sostenido, no padecido) la que permite que lo real del Ocro 'e'"
Lacan relaciona a continuación el mt pnntts, el 110 todo dejado pueda ser abordado por un sujeto en términos de relación.
de lado por Aristóteles en su lógica, con un "todo pero no eso•
Lacan nombr.i en pnncipioelsin1bomtdejoycc, comosmthomt
nuulnqrun, en alusión a la influencia de santo Tom:is de Aquino,
H t•t;¡.., conde... <n ínn~ Íilv, "Evo", y ki <ta, "bnicbs". (N. de b T.I perceptible en la daritos que se manifiesta en bs expenwdas
1S. F.n fnncá, AJ... está 1ncluKlo en 11 pabbruu4-r (N. de b T.I
16 En ínnds, ¡.., ptu, homófono con fil1Lr,.,. p>SO en &lso. IN . d<: b TI
cpif.ínic:is. Pero, según Lacan,Joyce conjunu (el ténnino es nuda
'""""ºde
17. E»a, que podrU ha•a 1111 ser u mujer, ouo Nombre de Dios, dosamente elegido) otro 1inth111nt, el sínt-lmJU R11lt, en referencia
J..cc 1!.a.n. se cun"·icnc :a.hora. t tnvO de su a.ida, m -.. m*r. a la atención que pone en el com~te de ,.u pueblo por su lihe1 .u i6n
110 LACAN!At'~ llJ!I St:MlNAAIOS Q( fACQUES LACAN 1964·19/9 El 9'1THOME 111
! '..te cambio de registro, del religioso al político, es intcrpre1Jdo Lacan comienza su demostración por la bolsa que es el l no· 11" •
pnr Lacan como una elección herética, "pero es un hecho que ésUI evoca la hinchazón imaginaria de Uno, cuyo ejemplo es l.1 iub
Joyce elige, por lo cual es, como yo, un hereje. Porque el hen je se ruación del obsesivo que se hace la rana que quiere volvc1~ 11111
C'Jr.tcteri:t..~ precisa menee porla bncrtsis. Hay que elegir el ca nino gorda como el buey. • . ,
por el cual alcanzar la verdad" (pág. 15). La palabra hoerr;is re- Por otn parte, como bolsa vac1a, es el con¡unto vaao en el 11110
cuerda a RSI. La herejía es una doccrina concraria a los dogmas de el Uno encuentra su origen en las maremáócas modernas: t.'$ lo
la Iglesia cacól ica, y también un modo de anudamiento de RSI con real lo que aquí est~ en juego. .
el smtbmm. De un sintb111nt :l otro, hay conjunción y elección, en- F..stos dos abordajes remiten respcctiv2mente a la cvnsistroc"' y
tonces elección de una ronjunción. La noción de elección es abso- a la ex-si.rtencin. Pero, n p:uur de esta pnreja binaria (el Uno que ~e
lutamente cenera) en el abordaje lacaniano del si11tbo111t, es lo que imaginarii:¡ y el uro que funda el Uno), la junrur:a con el Otro no
lo distingue del síntoma que, en cambio, no es elegido por el sujeto. se hace. El Orro que, corno conjwno, se considera rercero a esta b1 ·
La cuestión de la elección revela ser no obstante tan problearnítica naridad, no existe, pues es inconsistente, y entonces no pennitc el
como la elección "freudiana" de la neurosis. Lacan v:i a c.~licar que pasaje de S1 a s,.
ordinariamente al "reinado· des, responde en s1 una duplicidad" En consecuencia, 52 se divide entre un símbolo, que, para ~acan,
del si111bolo y del si1110111a. w "vuelve 3 remitir a lo imaginario", y un $Ílllt111Ja que se marufiesca
El significante amo, S., es la clave de bóveda del edificio simbó- cit lo simbólico pero apunt:1 a lo rcaJ,lO Est:t duplicidad se encuentr:1
lico y al mismo tiempo no se sosoene sino por los apoyos que reílcjada en la división del sujeto, en tanto en éste se sitúa siempre
toma de lo imaginario y de lo real. entre dos significantes, puesto que el lugar de S1 es el de un puro
semblante, apoyado ciemmenre en un real (el Un~) Y ~~levado
por lo imaginario, pero cuyas manifestaciones en lo sambohco son
inconsistences.
18. Que significa 1 su ve~ duplo pue" rcÚJ1e las signlfic2cioncs de En el artista puede, según Lacan, ser de otro modo. Qui~ por·
dcsdobl•m1c111u y de engaño.
19. Volv•mo1 al razonamiento(•...,.,,. un poco elíptico) de Lac::in, ul como
que su obra, incluso si se la inserta como produ~t~ en el da~curso
se prodUC% dur:inte b pnmen lea:ión n:fen<b al anudamiento simhóbto·sinmma. del 2mo, no obstante no es recuperable por csteúlomo. Aun cuan·
t::I cuarto redondel, úntbomr, se anud• • lo simbólico, rompiendo la do el artista venda su obra, 110 suelta su verdad al amo. De nlguna
iuJifcrcnd:u;ión de ésto> en el nudo de m:s: ilnponc un:i disünccría. Entonces m2nera, él es su propio wio, lo que le pennite escapar a esta di\;sion
sólo"' pueden •copiar lm redonJclcs de dos en d<>s-AJ!, 1i se enumeran I ,!,l,-1,
los rc<lnnddc:s 1, R, I )' S. 1 poo.lrí ambi~rlo, <in modificar I• esrrucnm del de S, que es el hecho, señala Laean, del reino del discu~ del ;uno.
nuc.lu, con d<>s, :lSÍ corno J con 4. Interpreta la posición subjetiva del artesano (o del arasra) rcuur-
F.n el caso c.:onrrJrio, si ! pllJ ;a .J (lo que quiere decir que 1qucdJ ro1no 1 y cando que ~por la conjunaón de dos signific:mtes e~ capat de pro·
que R piso • 4), se fonn• en los redondeles medios un nudo en fomu de fabo
•gu¡ao. F.I falso agu;ero "" pkgotln de un círculo sobre otr0, qt1e porn exi1or ducir [...]el objeto n" (pág. 24). Su obra es el objeto 11. La con¡un·
001110 verdadero agujero necesit.-i -ter atravesado. por ejemplo por Wll recta ci6n, avan1.o (aquí la extrema concisión del discurw de Lac.m nos
infi~tll, que. rnfu¡at C'\C agujero. e; decir. ur Jo at1t'" 1tifiquc corno "--cnlac:'rro
agu~·rn
impone proponer nuestra propia interpretación), es para Joyce la totalmente inconsciente respecto a esto, su ttayccw ~ulijc11vc1 •C1
de estos dos significantes: uno (sintbomt mnán1J11in) escá pro- separa aquí del del analista.
fundamente anclado en 13 religiosidad de una madre que le repro- Símbolo y síntoma se conjugan entonces, cnmasca randu l.1 v~ r
chaba descuidar sus deberes de creyente y burlarse de los sacer- dad de la división del sujeto que se expresa generalmente a tr .I\ •~
dotes; el otro (sint-ll1»11t-R11lt) gira hacia el militantismo "irbn- de su duplicidad. Ésta se comprende porque el símbolo que pre••
dés" de su padre (mlt quiere deár "aurorid:id", "gobierno")que condujo pone el artis1:1 es su síntoma, si acordamos decir que este úlumo
ajo¡rcea darse como mel:l forjar"la conciencia incrcadi de su raza"21 es identifiC3ble con su obra. Lo que se enoende perfecumentc en
en el lugu del padre. Éste era, en cfect0, para retomar la palabra las palabras de Flaubcrt: ".Vladame Bovary soy yo".
de Lac:m, froúmo, es decir, fanárico de Sirm Ftin, pero cambién La posición subjeti'"2 del artista, según LaC3n, puede resumirsc
holgazán [fi11ninnt] y, además, alcohólico, por lo tanto completa- así: cargar las tint:1s sobre S1, y debJratar la verdad (de su división)
mente desfalleciente.Joyce \'3 a ser "enC3rgado del padre" -dicho a cravés de la producción de un artificio, su obra. El artista, con su
de otro modo, es conducido a sostener el S,, a hacer de Uno, pero obra, ilustr.1 su nombre.
también a v:ilorizar su nombre propio a expen~:t.~ del padre: "a
este nombre ha querido que se le rinda el homenaje que él mismo
negó a cualquier otro. [.•] el nombre propio hace todo lo que JOYCE EL SINTOMA
puede por volver:;e más que [... ) el signifiC3nte amo". Joyce no
ruvo amo y lo que ha fundado su S, es la fama que ha dado a su La escrituni, sobre todo si produce enunciaciones que enmascaran
nombre, redoblado de su nombre de pila y de su "sobrenombre": el enunciado, como en el enigma, permite accedern cabos de real,
Dednl11S. que no estarán entonces concernidos por ningún equívoco, equi-
LaC3n v:i a recurrir, para su demostración, al discurso del amo, valencia o igualdad, que son privativos del "saber en tanro habla-
en tanto que el artesano o el artista puede alojarse como S1, saber do"11 que es d inco11scicnte, siniado en Sr Este saber va a ser
hacer, en el lugar del Otro, ofreciendo su saber al amo por el desba rarodo y esto tendr:í una rnnsccucncin, señab Lacan: Joyce
sesgo de la producción de su objeto artesana l o artísrico. "¿Cómo se va a encontrar "desabonado del inconsciente".
el ane [...]puede desbaratar f... J lo que se impone del simoma? A Inclinémonos ahora hacia el tratamienco que Lacnn le da a la
saber, b verdad" (pág. 23). .Esta verdad, In de la división subjetiva, obra de ]oyce. P ues vn a trabajar esencia lmente sobre su obra
es desbaratada por este artificio que es el nrte. Lacan basa esta Conocemos su repulsión hacia codo lo que podría parecerse a una
hipótesis en el modo en que)oycc, encargado del padre, ilustra a psicobiogmffo. Los trazos biogr.lficos pennanccer.ín neromente
través de su obra "el espíritu increado de su raza". en retirada en principio, se trata del escritor, del ho111brt dt letras
Sostiene a este padre para que subsista, dice Lacan, y así que era. "Joyce el sÚltoma hay que entenderlo como Jesús la Caillc:
desbam1:1 efectiv:imeme, ;1 cravés de esro suplencia, b verdad de la es un aombrc":11 así comienza Lacan su confcrcnci;1 sobrcJoyce.
quiebra paterna. El Otro paterno, que habría debido estar en jue- Éste es nombrado por su síntoma y se identifiC3 con él como se
go en el Edipo, est:i fuera de juego, y es el hijo el que asume su baria con un sobrenombre. Que aquí ]m'ís esté en lugar de Joya no
papel de sostén del Nombre. El síntoma que es el &lipo está a C3rece de interés. Sabemos que Lac:rn interroga a Jacques Auht:rt
orgo del hijo, nada de su verdad aparcccr.í allí, excepto tal vez
por los comentadores de la obra. Generalmente, el artista es
22. Jacq~ Lac:an. ""JO)"<C le S)·rnpcümc", en ,-l11trN Íi.T1t1, PJ.ris, Sanl, 200 l,
pág. S66.
23 . Confc:rtnci2 en el m.Jrco del\• S1nl¡Kis10 lntcrnxionalJ.uncsJt1)-Ce-, que
.., lle>·ó a abo en l»rit. Jd t 6 •I ~O~< ¡unio de ! 97S \'¿.,.., ihúl, plg. S6S
El.~E
,,,
• ¡1ropt1"'º de la tentación de Joyce de ser un redentor. Señalemos tal punto que se continúan unos en otros, a fah::1 de una oper;1c1ón
1¡111r 1no es su síntoma, lo óene,como nosce:ssu nombre (osu sobre· r
que los distinga [... (p5g. 85), y agregará "Al mismo tiempo, no
111•mhrc), se lo tiene. Uno se reconoce sólo "en lo que se tiene, es un privilegio estar loco" (pág. 87). A lo largo de todo el sc1111
[ •• J Jamás en lo que se es".2' remarca LaC3n. nario, persiste cierro ambigüedad en cuanto a lo que separa, par;1
fata cuestión concierne también al fin del :uúlisis. Uno se iden· él, la psicosis de la locura común, lo que evidentemente es una ví.l
utic:i con su síntoma en la medida en que reconoce que lo tiene, que de trabajo que abre muy ampliamente para quien quiera enc:imi·
In nombra a uno, y no que uno se imagina que lo es, en un modo que narse por ahí. Por otra parre, la ªrelativa relacivización de esta
ixi.lría enunciarse con un: yo soy como eso y eso es todo. Sabemos delimimción estructura 1entre neurosis y psicosis se debe tal vez al
1¡uc b cópula "es" tiende a hacer existir In "relación sexual", y que el hecho de queLaca11se interro¡,'3 sobre la posibilidad de otros tipos
slntOma, que viene asignificar la no relación, puede ser absolutamente de forclusió.n que la del Nombre-del-Padre Volveremos a esto.
desconocido o a negado través de esm onrologización. Lacan va a LaC3n piensa que Joyce permanece enraizado en su padre aun
describir el simhomt a partir de las diferentes manifestaciones de la neg:lndolo. l..o llama old unificer, siendo que el mifoer es él mismo,
relación deJoyce con la escritura y con b voz: el 1r.11::uniento (muy) en tanto que va, por su arte, a rendir artificialmente homenaje a
particular que le hace sufrir a la lengua, su gusto por el enigma y el ese Nombre que le ha legado su padre, a ocupar al mundo y a los
equívoco, y finalmente la atención que le pre:s1;1 a la fonación, a tra- univcrsiroriosdurantc algunos siglos haciendo regresar ese nombre
vés por ejemplo de lo que él llama las tpijimfns. propio, a través de sus sucesivos desdoblamientos: James, Joycc,
)oyce, dice Lacan, "tenía el pito algo flojo, si puede decirse as{, su DednhJJ, :i la categoría de nombre común.
arte suplió su firmeza f:ilkatt (pág. 16). Agreg;i que la carencia de Elsintbomt que es, parajoyce, su obra, para Lacan se especifica:
su padre puede pennitir suponerle a la obra una "Ven::nfimg de ser tindxmu y neurótico. Por este enunciado un poco e.ttrnño <JUC
hecho" y lleva a plantear la pregunt:1: ¿Joyce era loco? Aun cuando redobla el término rmzbqmt, Lacan aproxima a este último a la C31i-
Lacan no responde direcmmente esta pregunta, sus palabras ficación de neurótico. & neurótico porque crea y sopottd nrtifi·
muestran que juz.¡r.i que la locura no lo alcanza, no sin que ha}'ll cinlt11c11u un Nombre -del Padre que hace falta. Él bace e.or-mtir al
estado muy cerca. Encuentra su !mella en su rebción con su hija Padre. Lacan afim1a: usi se elige un simbr»ne, se lo puede usar
Lucía, que los psiquiatras declararon esquizofrénica y que pasó hasta no tener más sed, hasta alcanzar lo rcal".11 El sinthfl1nc, en
muchos años en clínicas psiquiátricas. Lud3 se decía telépata y su ranto suple la firmeza filic:i, permite a lo simbólico funcionar en
padre le creía y la sostenía en su creencia. Era, según Lacan, una su rol de hacer agujero en lo real.
prolongación de su propio síncoma, y se pregunca •¿Cómo es que El sinth011u apunta así a alcanzar lo real por oua vía que la de la
todos nosotros no percibimos que las palabras de las que depen- experiencia psicótica en el curso de la cual lo real hace irrupción,
demos nos son, de alguna manera, impuestas?", antes de agregar cfracción en lo simbólico, especialmente bajo la forma de alucina-
m;is adelante"[ ... ) la palabra es un parásito" (pág. 95). ciones. Lo real es convocado aquí por el sujeto mismo, el s-i11th~111t
Dicho de otro modo, tal vez}oyce fuera loco, pero de una locu· de )oyce pasa por la voz, pero es su propio goce "invocanten que
ra de b cual, más o menos, todos somos portadores. Igualmente, él opone al de un Otro que amenaza invadir con su propio goce.
cuando los tres redondeles, R, Se !,no se distinguen, y se continúan Se recuerda así que Joyce al escribir Finnegans Wakt leía los
el uno en el otro -<le6nici6n de la paranoia-, remarcará que "en la pasa¡es en voz alta y que era presa de ataques de risa con la lectura
mayoría lo simbólico, lo imaginario y lo real están enredados hasta
2S. A I• invcm de"" sed inS:1ci•ble en b que 5\1 podre dcvonbJ su P"'l''"
H . //mi rchco<in ck<f.,Utticntc con lo real
"' lA ANIANA. LOS (íM!NARJOS OE JACQU[(_ lACAN 1 964 1979 )17
rl1' 11111uc :1,~1baba de escribir. Un escrito esní hecho para scrleído, ,·crso real del cuerpo de Nora, fantasmas que se pueden, evcnru~l
}' 1111.1 le1ra sopom el significante, hasta, y podría decirse sobre mente, incerpretlr como una idenrific:ic1ón de éste con la mujer.
1o<lo. en la homofonía y el equívoco. Esta cualidad del equjvoco, Lacan, por otra parce, hJce hinc:ip1é en que "respecto de Sil
q1111n lo ilusira el chls1e, mantiene a dist1ncia todo enviscamiento mujer posee los sentimiento~ de una madre. Cree llev:trb en su vien-
<11 el sentido, que es una de las vertientes de la neurosis, y toda tre" (pág. 71). Esta identificación que he c:iliñcado como imaginaria
111vasión de un sentido lijo y enigmático, '-omo en la psicosis. Es y real con su mujer se acompaña, al parecer, de una falta del lado
el su1eto quien plmtca el enigma, no lo impone el Otro. Por esta
razón, Joycc pierde tal vez un poco del lado de la verdad, al no
. ..
de un reconocimiento simbólico que se enunciaría con un "tú eres
m1 mu¡er .
mterrogar al Otro, pero se presel"Vl1 de los cfecros devastadores de Además, señala Lacan, desde que aparece un niño, esto se vuelve
una respuesta que lo dejaría sin voz. Lacan va a hacer intervenir un drama. Parece indicar como eso la dificulcad deJoyce para con-
Jquí al Ego, como funriún roigmátita, de joyce. froncarse con su paternidad.
Lacan ex:imina la relación que J oyce mantiene con las mujeres
en general y con la suya en particular. En él, la no relación sexua l ¿Cómo hizoJoyce paro no volverse loco, frente a la"Verwerfimg
roma, según Lac:m, L1 siguiente forma: dno hay verdadera mente nin- de hecho" a la que se ha confrontado? ¿A qué suplencias ha re-
guna razón para que él considere como m mujer a una-mujer- currido? ¿A qué se ha sentido llamado? F.ste último ténnmo, em-
cntre-otras. Una-mujcr-<ntre-otras es también Ja que~ relaciona picado por Lacan, no deja de tener resonancias del bdo de lo que
con cualquier otra hombre" (p3g. 68). Esta no relación toma en él se sabe de ciertas "vocaciones psicóticas".
la forma del exilio, como lo testimonia su 1ibro Et-iks, que se tradujo Lacan seJfa la que en el nivel de la palabra algo parece imponér-
los e:xilindos pero que, remarca Lacan, podría titularse también sele a Joycc. Esto va a llevarlo a evocar a un enfermo <1ue, preci·
Exilios. Se trata allí de b relación de una mujer con e~ "cualquier samente, venfa de presentar en Saintc-Anne y que presentaba el
otro hombre". Para Joycc, agrega él, no hay más que una mujer, síntoma de "palabras impuesras". Había propuesto a propósito,
que está siempre en relación con único modelo. en sus comcnwrios, el térmi110 psicosis lncaniann. Este hombre se
Lacan utiliza, para describir su relación con Norn, la metáfora dccfo tclépata emisor, es decir que todos sus pensamientos eran
del guante dado vuelta que ella seria p:lra él: "No solamente es pre- transmitidos hacia el otro, estaba en esa posición drarn:itica de no
ciso que le "ªY3 como un guante, sino también que le a¡uste [mn] cener secretos para nadie. Lacan se autoriza a hablar de psicosis
como un guante. Ella no sirve [sm] absolutamente para nada"." lacaniana probablemente porque este paciente verifica la tesis de
(p:ígs. 81-82). El guante dado vuelta es la imagen especular del la palabra como parásito, como enchapado. Se pregunta cómo
guante en su forma común, pero también b sugestión de un tipo de hay quienes llegan a sentirlo.
correspondencia real, de encastre entre los p:menaires. Se encuentra Los que lleg:in a senurlo son por ejemplo este enfenno, pero
e'ca oscilación en las cartas de James a Nora, en las que ella es también, en cierta medida, Joyce mismo, que por lo menos lo ha
1lescript:i como la "única" (luego la elegida realmente) y al mismo presel\ticlo.1estimonio de el lo son, 110 solamente su "complicidad"
tiempo se ven sugeridas coda suerte de situaciones más o menos con Lucía, a quien coilSidcraba telépata, sino sobre todo su relación
p<:rversas (el desprecio) en las que James es en cierto modo el re- con la escritura. Es la escritura la que le va a permitir imponer al
lenguaje mrsmo una especie de quiebre, de descomposición, que
hace que y.¡ no haya identidad fonatoria, qt1e la palabra, dice Lacan,
16. Est.1 toinp:ar:ación de ~u 111ujer con un guanre d2do V\Jt:ltia se cncuentr.t "se descomponga, imponiéndose como tal".
Cii Jo)'t:C. RulK"rto l lar:ui ]J encontró en la correspondencia c.:on Nora. \'li'\c La cucsuón que Lacan no zanja es s1, para Jorcc, se trata de
Rt.l.c·1to f l.ar:an, 1 r. 1\'orm Jt ]oyct, Piris, L'HarrrutW\ l?J9, p.ís. 131.
1
hhcra~c <Id parloteo pmimo o sí, por el contr.irío, se tlcj~ inv.11l1r
l if l A(:ANIANA lOS SEMINARIOS 0( IACOUES lACAN ,,,.. 1979 )lt
por IJ polifonía de b palabra-" Por ouo lado se puede señalar que asegurar un mínimo de consiste:nc11 a su cuerpo. En ese cao;o, dice
cstJ p.1radoja puede referirse a cualquier sujeto, especialmeme Lacan, se tl'3ta "de un Ego, de funr oncs cnigmátic:is, de funciones
cuando hace un clusre (mor Je crprit). Entonces se libcr:a de ciera repar.idor.lS". 11
pesadez de la lengua en tanto ésta lo aliena, pero puede también Repar:a, en cícero, el dcs&llecimiento del nudo, ¿pero por qué
ser victima del apíri111 [aprir) de esta lengua, sin poder sustr:1erse funciona como enigm;i? Es su modo de unir enunciación y escri-
al juego de palabras que se le impont: esto es particularmente tura, responde Lacan. El enigma deshace el sentido e induce la per-
sensible en la neurosis obsesiva. plejidad en el otro. Del mismo modo que la "ile¡,iib11idad" de los
En la última conferencia, precisa la naturaleza del simhomt de libros de Joyce, pan:icularmente sensible, como se sabe, en Fi11-
joycc. negnns Wáke. Deshaciendo el sentido, deja de lado .lo imaginario
Lo hace a parti r de una anécdota referida por él mi~mo en (de donde deriva el sentido) y efectúa un segu ndo nudo entre lo
Retrato dd 1111in11 adoltsmlle. Cuent3 cómo en u na pelea fue atado simbólico y lo real, nudo que permitirá en un segundo tiempo
a una barrera de alambre de púas por algunos "camaradas•. De reintegrar lo imaginario en el nudo. El leetor oscilará entre el no
esta aventura que podña haber sido tr:1umatizante sale diciendo sentido, la perplejidad y el surgimiento de un sentido en cierto
que lo que de su cuerpo pudo haber sido afectado en esta avcnrun modo satundo, enigmático, inefable, que no pennitc reunirse con
"se suelta como una ciscaran (pág. 146). el autor en la complicidad de la ilusión de una comprensión común
LaC30 concluye que él no gozó en el modo masoqwsta de esta que remite siempre 2 la significación fálica.
paliza, lo cual confinna su impresión de que, incluso si, como testi- Es allí dondejoyce podrá alcanzar algo de lo real, en este lugar
monia su obra, estaba "interesado" por el masoquismo, ése no era desertado por la función paci6C3nte, pero de puro ~cmblAnte, que
su modo de goce privilegiado: dicho de otra modo, no era perverso. es la función fálica, cuyo paladín es el padre.
Lo que m:ís bien surge de este episodo es "la posibi lid ael de rela-
cionarse con su propio cuerpo como algo ajeno" (pág. 147). Al no
funcionar lo imaginario, no siente sino asco. j'OUI~ SEN5 "Y FORCLUSIÓN DEL SENTIDO
l se desliza "bajo" R y S, a continuación de un error de anuda-
miemo de éstos, y une directamente a estos últimos redondeles La escrirurn de Joycc ofrece un lugar de elección ni enigrm, que
• Lacan va a definir así: "una enunciación cuyo enunciado se ignora".
lo que anu la lo que yo llamaría su "capacidad borromca".
Esta idea de "dejar caer" la relación con el propio cuerpo hace Y la va a relacionar con lo que open en el psicoa.n:ilisis, definido
suponer a Lacan que, en Joyce, la imagen de su cuerpo era "no así: "es la respuesta a un enigma, una respuesta, es preciso decirlo,
interesada" y que esto señala que "el ego o ene en él una función (...J completa y especialmente ton12" (pág. 72). La trivialidad es
muy particular". remitida al enunciado reprimido, mientnis que la genialidad de la
Si Lacan onplea aquí el cénnino E~'" cuyo => no es lubirual en él, lengua opera en la enunciación.
contnriamcme al de Yo, cuya naturaleza ~ta siempre ha subraya- El enigma culmina con seguridad cuando la escntura misma se
do, es que aquí el Ego no lo es: Joyce parece desinterarse, en esta his- vuelve enigmática, cuando las letras operan un verdadero dinami-
toria de la pciliza, de su integridad corporal sólo parn cxperunenmr asco.
El Ego permite a lo imaginario no amenaza r a cada instante
mn "largarse" como en el episodio de la paliza, dicho de otro modo, 28. ¿Cómo no pensor, o propósito de elite tgotis1110 de Joyce, en aquel que
introdujo cm palobro en la lirernn1ra, Henri Btylt, que deshonró y rcchoz6 •su
p•drc y"' forjó un nombre iluscrc: Stcndhal?
17. El mM10 Strlalamiento podría valer p•ra Schrcbcr en C\lanto escritor. 2'1. Vé.se noto Y, pág. 267. [N. de la T.J
110 IACANIANA IOS SEMINARIOS DE )ACOUES tACAN 1964ol'79 Et SINTHO"'E Jll
tl¡c olcl lenguaje: "cnígnu inclinado al poder de la escrirur:i", re- nudo gracias a ese nuevo imaginario que es su Ego, entre su in-
m.orC'J l .t<'2n. consciente Oo simbólico) y lo real.
E,tu lengua tan enigmática de Fh1111gnns Wake acentúa el Igualmente la voz toma gran importancia en la experiencia casi
rnntrJste entre el no sentido de las palabras y un efecco de sentido cxt:ítica de la que da cucnro bajo la apelación a la tpiftmín. Se traca
nt~s o menos erugm5tico, que surge y capro al leccor, al no dejarlo de un ejemplo muy ilustrativo-es el caso decirlo-de la manifesa-
un;'ouu-•ms, es decir, sin que un sentido sea sugerido por el sesgo ción de un sentido m:is o menos misterioso que surge de una
dcl oír, y por lo canco de la vo¿ que se hace escuchar a través de la experiencia vivida en In que un sujeto es confrontado al no sentido
lectura, pero sin que lo imaginario le dé wia buena forma a ese sen- de una voz que, en principio, no suclro m:ís que lo real de su emisión
tido. Ella deja la dimensión simbólica de la pahbrn hu~rfana del 'iDnora.
sentido común y accntÚa por el contrario la pregnancia de la lerni, Joycc aparta este significante tpifnnín, cuya cnstiandad viene al
a la que no le imporn ese sentido común y no procede sino a caso para dar cuenta de la 111011ifestadón del Hijo, para significar
cravés de su dimensión del letra, litttr, desecho, real nacido de una manifestación muy diferente. De algún modo, la laiciciza. La
esta experiencia homofónica en la que el buen sentido ,-..cila frente define así por intermedio de Stephen (otro hijo): "Por epifanía,
al j'ows-sms. encendía una súbim manifestación espiritual, que se traduce por
Se puede hacer el paralelismo con la experiencia analítica, ya la vulgaridad de la palabro o del gesto o bien por cualquier frose
que la interpretación, a partir del equívoco, hace surgir un sentido, memorable del espíritu mismo•.'° Son cnigajas de conver.;aciones,
a condición de especificar lo que ese sentido tiene de enigmático, frecuentemente entre mujeres, que se canctenzan por ~u mv1ali-
de singular. Y entonces no es una significación "compartida" dad, su ausencia de sentido o la suspensión de éste, pcrn t;1mbién ,¡
'
l,11 función de la voz que vemos en la obr.a en el fenómeno esa1tura en esre último, estlndoambos colocados del lado de lo re1I>
tp1 f.inico csti muy presente a lo largo de todo el seminario. L:tcan Lo hemos visoo para la \'OZ, pero la letra cunbién debe ser sirua<la tic
opone el Ji<bo y el Juir. Este úlámo hace resonar la vo¿, la hace ese lado, como lo tcStimonia jusCllllenreen un comentario sobrcjoycc
111tcncnir en tanto pequeño objeto a, lo que va a llamar fonatión. en "tim1rnterre", donde -;e refiere al juego de palabrasdeJoyce eno-e
Por ~11 lado, el Jicbo remite a la verdad, por lo L:llllO a la.•. mentira. lmtry !1tttr, es decir, basura, que subraya esta función de desecho que
Lo qu '1111 Jtt mmr 11 lanza Lacan a su auditorio, añadiendo que la tiene csro "precipitación del significante• que es la letra.
;1djunción del n1mr a adved>ios como renlme11u, mn11nlmmtt, Tal vez, se puede resiruar este rol preponderonte atribuido a la
heroirnmmre es ya en sí suficienrementc indic:itiva. Precisa, en refe- voz a panir de lo que se dice en la primera lección nccrca de lnlmg1111
rencia a sus juegos de palabras: "a fin de Cllentas sólo tenemos materna y su función de nominación. En efccro, ¿el Falo no podría
eso, el equivoco, como arma contra el síntoma". llamarse función de fonación porque es la madre quien lo nombra
El 1kdr tiene relación con las pulsiones: "las pulsiones son el eco en su /nlmgr1n? Igualmente, la consonancia que esoblece "acuerdo
en el cuerpo de que hay un decir". El eco remite a la resonancia en de cuerpos•, ¿no es el hecho pulsional, que en su circuito de ida y
tanto se refiere a la pulsión: "es que el cuerpo tiene algunos orificios. vuelm tiene que ver con esta lnlmgun, que ya hemos visto que se
entre los cuales el más importante es la oreja, porque no puede caracteriza sobre todo por los equh-ocos que son posibles allí?
taponarse, clausurarse, cerrarse. Por estl vía responde en el cuerpo Entonces comprendemos que la verdad [virile1 sufra en el pas:i¡e,
lo que he IJ3111:ldo la'=" (p:íg. 18). Agreg:a que b mir.ida le hace l1ll2 y que L;tc3n al año siguiente propong:a para ella el significante
competencia emincnre, que "estecuerpo tiene un poder tan cauti\"ante variti [véanse p3gs. 3·H y 342). Por otra parte, ¿~to no implica
que basa cieno punto habrla que envidiar a los ciegos" (p:íg. 18). mcerrog:ar, siempre en la primera lección, las relaciones entre el
arte y la verdad? ¡El arre, como n11thomr, se preocupa por la verdad
La voz resuena, para Lacan, del lado de lo real. El equívoco sólo para dcsbaramrla! Por orro lado, Lacan se.fialará que Joyce
signifi~nte encuentra su pendiente pulsionnl en la voz: "las pul- era completamente inconsciente de susi111ho111e y que no se podía
siones son el eco en el cuerpo de que hay un decir'', afirma en la hacer nada para analizarlo. Vemos entonces que no es posible llevar
primero lección (p:íg. 18). Añade en la lección siguiente: "Esta demasiado lejos la nnalogín enrre el arre y el psicoanálisis, lo que
consonancia puede encontrarse en el nivel de lo real. Respecto de: de¡a intacta la cuestión siguiente: ¿cómo situar al psicoanalista, ni
esos polos que consriruycn el cuerpo y el lenguaje, lo renl es allí lo que Lacan califica también de sinthome, a partir de esta
que establece un acuerdo" (pág. 41). Lacan ya había abordado redistnbución de roles de lo real y de la verdad? Nommos que
esta cuestión de la resonancia en 1972, en "El saber del psicoana- esta rclativiz.1ción del rol de la verdad aleja todavía un poco más el
lista". El 6deenero hace jugar el equívoco de lo c1ue resuena de la psicoanálisis de la religión.
voz y de lo que llama, siguiendo a F rancis Ponge, la rilon. En la segunda lección, Lacan ha vuelro de los Estados Unidos,
Añadamos que el 16 de marzo de 1976, califica el falo simbólico, Jonde se ha encontr:ado con Chomsl..7. Confiesa haber quedado
<I>, de fimci611 Je fonación. pasmado por el modo en el que éste considera el lenguaje: como
Nos encontramos confrontados a un cierto número de asercio- una herramienm capaz de aprehenderse a sí misma. Por el cona-a-
nes que plantean problemas. ¿H.1y cierta inflexión de su teoría rio, Lacnn considera que la verdad es el efecto de vaciamiento de
<¡ue verfa que 13 dimensión de lo real toma una nueva dimensión, lo real por el lenguaje. De este real sólo se pueden atrapar cabos.
a través de su lectur.l de Joyce y del lugar que ocupan lt1 voz y la Duronte la lección de 16 de marzo, Lacan propone un concepto
1111e no va de suyo, la orientación de lo real. Este último es sin ley
'J . l'r '1" '1111Jit111mr, .. lo que se ditt snie:ntt" es ho1nUfonfl dt ,., rondnnr1111, ~ excluye el sentido. El sentido se encuentr.1 en la "copulaci6n" de
"c\t<l conduoento". [N de b T] lo 11naginario y de lo simbólico, de la cual está excluido lo real.
IJI l .V MllM'IA LO l IEM NARIOS oe JACQUES LACAN .,, .. 1979 EL SlNTiiOHE m
l ·u~l poclrfa -;cr, enronces, una orientación que no fuera un sen- La orientación de lo real es, al parecer, la que toma la deraw
udo? El sentido proviene de la mecifora (fálica) que h2cc creer en hacia la muerte, a través de la pulsión de muerte. Repetición del
I~ n/¡¡¡;órr rt.n1nl. Pero es confundir un2 vejag:i con un farol," señala. tro11-ma11mur. al testimoniar éste una falta de significante que
F.I fuego que arde en este farol es un "fuego frío", "lo único que efectúe b ligaron al significante traumático que se presenta, esta
hay real es el límite inferior" (pág. 119). repetición es verdaderameme "insensata", ignora la metáfora y
Fntonccs, hay un límite, com:rariarnente al "fuego caliente'', y empuja hacia la desligazón. En ese caso, tal vei, se podrían
l.acan va a mosarar que este límite es la muerte, 13 de la pulsión encontrar ejemplos clínicos de esto forclusión del senrido por la
del mismo nombre. En su demostración, opone el tropismo del len- orientación lo real, "111enos leve que la del Nombre-del-Padre"
guaje parn la cópula, el verboserqucconduccnl sujeto a recono- en patologías como el aucismo o la melancolía, incluso c11 ciertos
cerse en lo que es y no en lo que tiene. Lacnn extiende ese poder episodios anoréxicos, en los cuales el objeto parece rener una
de desconocimiento al inconsciente (iY no sólo a In represión!), presencia mortífera que no puede encontrar su lugar en el fantasma
~"Uyas huellas están borradas por "todo uso del discurso (... ), tanto y no Uama a ninguna producción de sentido, sólo produce nodo. El
el discurso analítico como los otros" (pág. 122). ¿Qué quedar.i del goce del Otro se manifiesta en estado bru10, sin intervención del
lado de lo que se tiene? Y bien, el objeto a, es decir la basura, al goce fálico.
menos a los ojos del psicoanalista, precisa Lacan. Es el pasaje Se puede también formular la hipótesis de que esu fordusión
oblig:ado por esta "basura decidida" (pág. 122) lo que permite del sentido remite a lo que el cuerpo recuerda ante:. del sentido, a
C\'cnrualmentc "reencontrar algo que sea del orden de lo real". Se saber, "el enra11.amiemo del lenguaje en la fordusión del sentido,
remarcar.í el empleo del términotkciditÜI, que subraya la dimensión en las primeras orientaciones".'; Pero también se encuentran ejem-
del acto de este pasaje. Reencontrar, precisa, quiere decir encontrar plos de ClitO cnJoyce, en el goce opaco de la lcn¡¡ua,j'o1111·smr que
una vez que se ha dado una vuelta en redondo. ¿Yquésecncuemm? preside la escucha de las epifanías.
La pulsión de muerte, que es lo ~real en la medida en que sólo se Conviene precisar que también se puede imaginar (aunque
lo puede ¡>cnsar como imposible" (pág. 123). Lacan no hable de ello) que la orientación de lo real se hace en la
Una tesis retendrá toda nuestra atención en este pasaje: "la dirección inversa, es decir, hacia un acceso del sujeto a una nom.i-
orientación de lo real, en mi propio territorio, forcluye el sentido" n;1ción simbólie11, h~cin una apertura hacia el sentido. Ln curo analI-
(pág. 119). Y como se le ha planteado la cuestión de saber si hay tica podrfo igualmente dar una idea de esta orientación. A un
otras forclusiones además de la del Nombre-del-Padre, responde: progreso de la nominación se le adjunta una puesta en cuestión del
"la forclusión tiene algo más radien!. El Nombre del Padre es, a soporte que esta nominación misrrui puede encontrar en lo simbólico.
fin de cuentas, algo leve. Pero es verdad que eso allí puede servir.
mienms que la fordusión del sentido por la orientación de lo El sentido se encuentra, en el nudo borromeo de tres instancias,
real, pues bien, aún no hemos Uegadoa eso" (págs. 119-120). como Otro de lo real, a-sin< a él. Entonces, el sentido se encuentra
¿Qué tiene la foclusión del Nombre-del-Padre de leve? ¿Por en relación con lo real en una situación homóloga a Ja del goce del
qué no hemos llegado a la forlcusión del sentido por la orientación Oaro (barrado) de cara a lo simbólico, y a la del goce fálico de cara
de lo real? El lector se har.í una idea frente a estas aserciones a lo imaginario.
relativamente en igmáticas.
Capítulo 24
Alai11 Lemosof
1. L.u ow de e.re <emmmo csdn ro11U<I., del rnro cmblecido por J•cqucs-
Alain J\lillcr, en la mista º"""'"'· boleún pcnódico del C.mpo Freudiano,
Pans, Lpc, nº IUIJ,d1ctcmbre 1977, plgs. ~-16; n• 14. Pique> 1978, p.ígs. 4-9;
nº IS, >vano 1978,plg>. 5-9; nº 16,otoi\t> 1978, pdg" 1· ll; nº 17/18,prinuvcn
1979, p:lgs. 7-H.
11.'t•JW f'" "''' Jt /'1111r·blrt1t 1'•1/t a mot1n-r C\ ho1n6fono ron L·1nru<th Jt
/.'~,,,·...,r.,,,,_, •n ínca•odtl Unb<wu.,.1ccscl •mor". (N.de la T.(
JI!) lA AtJIAt-'o\ LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 1•64 · 19/9 lA Jc;NOAANCIA QUE SABE DE lA UNA EQUl\'OCACIÓN (SE VA A lA H•:>RM) l 11
no tr11 1111 "ramrlo", qur no se mstituya cU11w la fM711n modrrna dr ltt responsable de haber abierto las esclusas: Bien habría ~odí1lo ce·
,,/,gión, tino qur mi lo más urra pon/Jlt dt lo rral. rrnrlas (... ]. No se puede decir que ha sido con entusiasmo que
tomé el relevo de ese sujeto del inconsciente".'º EfcCt'Ucmos un
t\lg\Jlus citas pcnnitir.ín apreciar un color esencial de fo enuncia- último rodeo por Bruselas parn concluir este florilegio: "frcud n1>
dl\n <le La can en esos años.' es un acontecimiento histórico. Creo que ha errado su golpe, como
F.I mcon~cientc es una enfermedad menrnl de fo que uno no se yo; dentro de poco tiempo, codo el mundo se cansará del psi-
,fc.,pierta. "Saber hacer allí, con su síntoma, ése es el fin del análisis. coanálisis. Allí se demuestra algo: esro claro que el hombre pasa
l l.1r que reconocer que es corco".3 El psicoanálisis "es un delirio .
su tiempo soñando, que no se desp1erta nunt-a "11
.
un delirio del que se espera que lleve a una ciencia .. Se puede
esperar mucho tiempo".• No es un progreso, "es un sesgo práctico Mtls all5 ele los límites del psicoanálisis reconocidos por Lacan
para sentirse mejor. Este sentirse mejor no excluye el embrute- -los de la teorfo de Freud así como también de la suya propia- hay
cimiento".1 Evocando una conferencia efcctuad.1 en Bélgica algu- que volver ni concexto de estas ciras. ~acan tiene ~uchos años,
nos dias antes: "f-foblé del psicoan:ílisis como pudiendo ser una esti cansado de escuchar "la machaconena de los anahzantcs acerc:i
cst..1fu".• En cuanto al padre del psicoanálisis, parece ser que no ha de sus rclJciones con sus padres"." En el seno de b cscueb que
comprendido nada: "Freud no tenía nada de tr:isccndente, cm un
fundó, las tensiones son más y más visibles, los procedimientos
mediquillo c¡ue hacía lo que podía para lo que se llama cur:ir, lo
institucionales puestos en marcha, como el pase, no responden a la
que no \'3 demasiado lejos".' Y prosigue Lac:in: "frcud era un
cspcram.:a que habían promovido. Esta desilusión que supone en·
débil mental -<orno todo el mundo y como yo mismo en par-
tonces que antes se albergaban, si no los sueños, al menos bs cs-
ticular"-.• Pues si no tiene etúdado con Frcud, tampoco lo tiene
peranuis11 de Lncan, es decir, su deseo, ~~ .1l¡:n q~c ."º' parece
consigo mismo, tampoco con su auditorio. "Alguna vez di¡c [... )
fundamental subra~-ar de entrada. ¿Pero este es el un1cn tono de
No bmco, tnmmrro. En el punto en que estoy, no encuentro tanto
este seminario? Detenerse en esta primcr.1 lc'1111,1 scn;1 rnnsidcrar
como bu>co. Dicho de otro modo, doy vueltas en redondo".• En
una sola verúcnre de lo que aporta Lacan, penlicndo entonces tocio
referencia :1I hecho de que su ceoría del significante haya sido 1·eto-
Jo que se dice de nuevo, de creación en su .cns.cfürnza, de
mada por mros :rumrcs: "Estoy espantado de semi rme m:ís o menos
interrog~ción rodavía y siempre 9cerc:i de la t!:<pencnc1:1 de la t:ULt.
¿Cómo aproximarse a lo más íntimo de ese real, es decir, cómo el lector habrá captado que el despercu es muy particulJmtrntc
no dcj.1r jam.ís su borde? ¿Cómo supenr la apori2, que L.1can conveniente. Despenar especialmente ligado a la tensión irreduc·
quiere subrayar, que es frm11¡11wr ti m11ro dtl lrngt111;t rn ti srno tibie presente en este seminario entre, por un lado, las p:ilabra~
111inm dt 111111 t.rpnimria dt palnbra? ¿Cómo alc:anzar lo real del sín- desengañadas de Lacan y, por otra, a pesar de la dificultad, su
toma para que éste pueda cesar de escribirse? ¿Cómo domesoc:ir pasión por avanzar y su sed de transmis160 también muy mani-
ese síntoma para que no se reduzca a lo que es como goce fálico? fiestas.
¿De qué naruraleza debe ser la interpretación para ser rwlmmtt
operativa? T.1lcs son las preguntas, de nuevo sobre la profesión, que
Lacan intenta responder en este seminario, apoy;lndosc especial- EL TITULO: ¡PARADIGMA DE UNA INTERPRETACIÓN
mente en la interpretación y la escritura poétic:is, a continuación lACANIANAI
de~" lectura deJoyce llevada a cabo el año anterior.
La ambición misma de este cuestioll3mienco V3 a imponer a La- Lacan subrayó, hace mucho tiempo, la importancia de la función
can reiterar In limpieza de las caballerizas de Augias del psicoan:i- del equívoco en lo que él propone como interpreación. El árulo
lisJS, es decir, hacer una limpieza sin miramientos hacia lo que él de este scnunuio, "U ignorancia... n, oculta algo inasible, siempre
considera ciertos desconocimientos de Freud y de los analistas en huidizo, y juega de manera repetida con este equívoco, según dife-
general. Crítica de la que no está excluido, por ejemplo, el acento rentes mcxfalidades. El equfroco se ilustra, al principio, en lo que
cada vez mís débil que pone sobre lo simbólico y sobre la "erdad se escucha respecto de lo que escí escrito. Para m05trar su comple-
-es decir, sobre lo que él mismo ha sostenido mucho tiempo- a jidad, descompongamos esquemática y rápidamente este úrulo.
partir del momento en el que habla, cada vez moÍs en el curso de Hay "ignorancia que sabe", el saber no sabido del incon'lcicnre.
los años, desde "m punto lk f11ga" 14 lk lo rral. Proposición clásica para el lector de Lacan, de l.1 cuil podemos
Si Lacan nmca tan violentamente en este seminario los dogmas señalar que juega intrínsecamente con el equJvoco, segun se con-
del psicoan,ílis1scorno la verdad, el inconsciente, la imcrpretación, sidere el aspecto objetivo o subjetivo del genitivo, ~llf donde los
ru1da de ~to aparece corno nihilismo. A b inversa, es como psico- dos se condensan. Pero esta "ignorancia que sabe" [i11m q11t snir]
an¡ilista y para que el psicoanálisis viva más allá del pclibrro de su se escucha también como fracaso [in.ruair] y es esto lo que hay que
muerte anunciada, que Lacan nombra sin disimulo y de manero subrayar. Este fracaso toma múltiples figuras y en ello vuelve el
provoc:idora los riesgos inmanentes a la empresa del lenguaje y pesimismo de Lacan. Es el &acaso del Unbt'Wtlm paro alcanzar
de la palabra que es la cura, más aci de la pr:íctic-J de tal o cual. aquello a lo que apunta, por lo que no hace más que ron(d)ronnn-."
A semcjam:.1 de la cita de más arriba, un significJntc sun:c al Es también aquel de la elección freudiana del término Unbnrrisst,
témlino de este seminario, el "despertar" como marca de lo ~1.11 fracaso que se redobla en la traducción al francés con el término
Laan ha obrado siempre de modo que su enseñanza nunca pu- inconsciente. Elección que ucan objeta: "La ignorancia que sabe,
diera estar en complero reposo. Durante este año de cnsc1iania, eso yerra, y he traducido" continuación el Unht111usrt, diciendo que
tenía el tú en el sentido del partitivo, que había algo dt 1'11nt-bitm~.11
14, "Intervención deJacques L:u:on en Brus<!l•s", op. tit
IS. Lcct'l6n del 19 de abril de 1977, Omicnr?, n• 17/18, p4g. IS; lcce1ón dd
17 de •~ay(> de 1977,iMl.,pig, 21. Véase tnnbién: "Yo tamb1bl tengo el dcrechC1,
co1no I· rcud, de h:icerlos parce de mis sueilos; contrario.mente 1 Joi ele Freucl lo.~ 16. Con C$\O neologismo se pbruea un juego de p•labr.is entre ronJ,
nlicx nr1 ~1;in in41pirndo, por el deseo de dormir, es rnás bie.n el deseo dt dcspe~t.lr "redondo", y ~nm11rr"ronronear". [N. de la T.]
el '1111' 111e .ig1ta" Q3cquc:s 1-ic-tn, "La tertcra", lntat!f11<Ío11uy 1txro1 //, Blu:no~ 17 .Juego hg1noí6nico en ere 11nt bévue, 111error, n1cdc:la ele llara", y U11/1t"flJ11Stl,
Aires, MJ11J1111•I, 1988), 1nc.1,nsci<"ntc en 1lcn1án. (N. de la T.]
I•• 1.1111bic.'n una forma de traducir U11bromsst, ron buena como Juego de la mom1, que L:\can y:i habfo evocado los años anteriores,
r11Al11uicr otr:i, como inr:rmmmtt en particular, que tamo en francés pero que, aquí donde es cuestión decnvolrura, remite a la invcsug••·
romo en tlemán equi,·oa con mr:tmsrimrian." Señalemos desde ción topológica, que desarrolla en este seminario, y en la cual in-
ahora que cuando Lacan h:tbb de "tr:iducción", puede presmrsea con- tenta ceñir íntimamente esrrucrura 16rica y nudo borromeo.'0
his1ón, a menos que se considere la subversión que opern respecto
11 este término. Con "1'1me-hiv11e", Lac:in no traduce el Unbromsst
en el scnodo de proponer una nueva traducción del término' IR MÁS LEJOS QUE EL INCONSCIENTE
freudiano. Lo interpreta, lo 111eralmgtl(n." Desplna el acento,
haciendo una operación joyceana entre el alemán y el francés, una "Con esta ignorancia que sabe de la una equivocación, trato de
operación sobre la letra, una translitcrnción, que da a entender lo introducir algo que vn m:ís lejos que el inconsciente"." Jr m:ís
que designa como lnlmgua, en el sentido ele que es otra aunque ar- lejos que el inconsoeme es "prolongar•i: a Frcud, que ha sido
ticulada a la lengua materna. Tomar en cuenta /almgua, que él "aspirado por esta noáón",n es ir m:ís :tllá de lo que las histérios
designa también como cuerpo de lo simbóUco, y ese juego de la han ense11ado n éste último, más allá de la referencia a la histenn,
letra es ab.;olummente necesario, según Lac:tn, par.1 caprnr lo que es imporrnntc en este seminario. Según lncan, las histéricas, inspir11
el síntoma y para permitir una interpretación que no infle, que no doras generosas, han hecho creer a F"reud que el saber inconsciente
añada sentido. En esu perspectiva, este árulo, si es una interpreta· permitía conducir a la ,·erdad, aislada como nudo traumático, r
ción del ténnmo freudiano, también debe entenderse como aquello que el mconsciente se presencaba como alimentado por em verd.111
en lo que, para Lacan, una interprernción puede, incluso debe, a revebr. /\hora bien, rara Lacan, si el inconsciente es saber, no es
consistir. conocin11ento y no conduce a él. "Manifiestamente no har rnno
Algunas palabras m:is sobre este 1irulo. l'inn1 q11t sait de /'11nt· cimiento (del inconscience). No ha)' mis que ~ibcr, en el scnmlo
k~'Ut concluye con la cvoaáón de la elación, del amor que tiene en que he dicho al principio, a saber, que uno se c-qul\·tX-a".l'
alas y que es un don. Si se puede ya adelantar que la fumosa tesis Lacan vuelve muchas veces en este scm111;1ri11 a cxplíc1ur lo
de Balim sobrcla salidn maníaca obligada al fin de la cura es corre- que es, según él, ese saber y b difcrcnci:i articub1l.1 que cs1.111oció11
lariva al fracaso de este análisis para concebir lo que hay de l'1111t- mantiene con la de conocimiento. Lo explicita C$peciJlmcntc l~\·
bñn1t, este 2mor debe entenderse aun según otros re¡:isrros. Por racteril.ando la rmt-bn:ru como algo que sustituye :1 lo que se funda
ejemplo, y más generalmence, el amor, y:i sea de 1ransferenoa o como saber que se sabe sm saber/o [lt sm:oir). Esto podóa ser en-
fuera de In cura, áene siempre la caractcrlsáca de envolver este no tendido simplemente como el saber no sabido del inconsciemc
saber y de cubrir el objeto a, causa del dc,;eo,quecircula en la trama
del inconsciente. Lacan e''OCa igualmente, muy temprano en su se-
10. So· 1rc C:•~ cuestión 1oC cncontncin lllU)' intercuntc~ propos.icionts O el
minano, el amor de la histérica por su padre, que viene a paUar la :aróculo dcJtan·i\1:arieJadin y de wu mancr.1 m.i~ general nuJnerososcon1e~L1fi<,s
impotencia de éste. Pero escrita, la carta de amor fmno11r) se lec sobre el tfruto del scmh1'*rio 1 1dc1nás en C!.!ltC artículo, en l<rJ tlo~ ntln1cros t •t\ldos
como /11 'lll()rrn [/111no111nJ, con la cual se anuda en el equívoco. de la rcv1st:a t'llntblvt1~. Las referencias <le estos textos rigur.111 en 1~ bibliografi;l
!l. Lc.ción del 16 de nO\ícmbre de 1976, OrnKa7f, n• 1?113, pág. 5.
n. "J•nm pr<tcncli •up<rir> Frcud ( ... t <mO prolongarlo! O•cques l.>an,
lección del 18dc mano de 1980. "Disolución", Ornirarf, n°20-21,>'l:rano 1980,
IS.1;-ce<ión_del 16dc nov1c1nhrc 1976, Ornu:arl, n' 12/IJ, 1>~g. S. pág. 20). Scrf;. un:>. lecruna crr6ne:a creer que, por el hecho de ~U$ fonnuJ:acioncS
19. En 11 uloma lección, l.ac:tn interroga •Julio Krisccw, ti.ryo libroPo{ylogur muy inc1sins en este scrninario, Lacan •abandona .. el inc.'On:>eiente. No lo hace
lt:tibabJ deo npnrccer y ~1 el c;u:al ~ua introduce l;a cuestión de la "mee.lengua"'. caer SlnU p•r.i dorle Su verdadero fug>r y $U función respc«O de lo real.
Lac.u1 rctnrn.l "te término 1>3n nómbrar su O('K'nc:ión de t.nh.l1tcr.ici6n :a b v"'-z 23 ''lntt'rvt.nción <le J:.u t¡ttC:1" Lacan en Bruscbs", .p. tit
que J,, opone ill término mctalcngw;je.. ' H. ¡..,,, '"'"lcl I~ de dicmnl>rc J, 1'176, Onuar!, n• ll/11, ¡úg. 11
IM t.AC.A,NIA,NA LOS SfHINARIOS DE JACQUES LACAN t96'1-1979 LA IGNORANCIA OUE SABE DE LA UNA EQUIVOCAOÓN (Sf VA A LA "OAAA) )"
Í1cml11nu, lo que no aportaría nada nUC\'O, si Lacan no precisara que se conoce mejor•.n No hay otro conocimiento que el bíblico
1111nrchatamcnre que el le es un pronom~re que se relaciona no y otro sentido que no sea sexual, y escc conocimiento del goce del
1 un el saber supuesto como tal sino con d hubo de saber. Esm Otro, siempre insuficiente, no es un s:iber-no hay saber sobre el
pn·c1>1Ón sobre el ft despeja el equívoco ei.trc el articulo y el sexo- sino un saber hacer.
pronombre, entre el gnipo nominal y el gni po verbal." Incluso si "Conocer su síntoma quiere decir sa bcr hacer con". 29 Si, según
la 1nrroducci6n del término saber en el psicoanálisis no es de Freud Lacan, éste es el fin de un análisis, señala que DI fin es corto, no va
sino de L2c:an, ¿no se puede considerar que "k", como artículo, se le¡os. Sin embargo, llegar aquí requiere un camino a veces muy
refiere a la concepción freudiana del saber como conocimienro y largo que supone la caída del sujeco supuesto s:1ber. Identificarse
"fe" pronombre, a la de Lacan, con su síntoma, pero "tomando sus garanúas de una especie de dis-
Algunas lecciones más arde, se puede decir que Lac:an enfoca t:mcia"10 supone justamente la asunción de la discnncia existente
lo principal. lnterprecn la creencia de Freud en el incouscicmc, entre I, idctil del yo, y (11), con In que babia conclltido su seminario
en el saber del inconscieme-<¡ue resume en una enunciación, pues- consagrado a Ú>s ruatro t0ntlptos finuim11tnU1lu dtf psiaxmálisis.
1:2 ficticiamcnte en la boca de Frcud: "Yo sé que él [inconsocnteJ En cierro modo, la noción de /'mu biut1t cuestiona la -forjada, más
sabe"-, como la causa de la inclinación de este último a entusias- temprano tO(favía, en los tiempos del "rcromoaFrcud"-de L1S"forma
marse a veces por el ocultismo y la telepatía. Esu diferencia dones del inconsciente", si esta fonnubción llcw":I a creer que e:itistc
fundamenal, punrualiiada por Lacan, entre saber y conoomienro una entidad con ese nombre, una insroncia, un todo y que, corre·
no tiene sentido si no es referida a lo sexual. Si el saber carece de lativamente, esas formaciones representan los pseudópodos de
conocimiemo, es que éste en el fondo es imposible. No h:iy relación aquélla. Pan Lac:an, cl único todo que cuenta, es un utodo falso", 11
sexual ªen el sentido de algo que hiciera que un hombre ruo110zca 1111t-béuut, "un trop1ew, un traspié, un dcslizanucnto de palabra a
obligadnmentc a una mujer",1'' o inversamente. Es por lo que uno palabra".ll La genialidad de Freud, enuncia Lac;rn, nocs ~<'>lo lubcr
se equivoca ... No hay otra cosa que /'une bivue. reconocido que el inconsciente esti tcpdo por ll:llabras, entre Ju
Esto tiene sus consecuencias en lo que Lacan considera las fina- cuales los equívocos siempre ~on posihlcs,11 sino corrclativ;uncntc
lidades ycl fin de la curn. Se reencontra ni con Frcud en Ja modestia haber puesto a la luz la relación intrír1.-cca, ínuma, quc existe entre
respecto de lo que se puede esperar de la cura, pero, a diferencia el uso de las palabl"2S y la serualidad dd ser hablante: uLa x~ullid.1d
de su predecesor, sabemos que no se encontrará en él el ideal del est:Í cnceramence tomada en bs palabras, allí csr.í el paso esencial
levnntamiento de b amnesia infantil, el ideal de In revelación del que él ha dado".'"'
trauma o el de la conscrucción de la verdad histórica. ¿Qué es el Donde Lacan no sigue 2 Freud y lo pone en cuesoón, como
fin de un análisis según Lacan? ¿A qué 1dentificac1ón conduce? A hemos podido leer m5s arriba, es en el hecho de que Frcud ha insti-
una idcncificnción con su síntoma, repitc.I' Anees de recordar: tuido en la teorfa psicoanalítica, en y por la noción de inconsciente,
"AJelancé que el síntoma puede ser el partenaire sexual [... J. El
síntoma, tomado en este sentido, es lo que se conoce, e incluso lo
28. /biJ (V/aJt E/ tintborn<).
~9. lbúl., P"!?<· 6-7.
30. lbuJ. p>g. 6.
J 1. Lección del 14 de diciembre de 1976, 1h11I., pág. 1O
l S. ú sfJVQ11·, en francés, sigiüfica ..saberlo", en cuyo caso 11lt" c:s un pronombre, 32 Lección del 10 de m•yo de 1977, n• 17118, ibid., pj!r 18.
y "ti s.Jbcr", en cuyo aso"/<" es un mlculo. [N de la T.l U. "El 1nconscicntc es que, en mumcn, se lubla -unto es 2SÍ que h•y pin-/itrr-
26. Leccióndd 15 dcmsnode 1977, Om1arl,n• 11118,op.át., r0g. 8. un1c..-ameou:. Se lubla únicamente ¡>orquc no se dice ni~s que una sola cosa".
17. Lección ckl 16de noviembre de 1976, Orniear?, n• 12/13, op. m., póg. 6 l.ccn6n dd 11 de enero de 1977, iMI, n• 14, p.ig. 7.
(v~.1\c.• el seu1Úl~rio prcccdenu:1 fJ sintho1ne). ,.¡ '"lntl"tvtnciún t.k J.••'t1Ut:' l 1('.ln en Bru.sc!.ls"',op. dt.
111 lACANIANA L':lS SEMINMIOS OE !ACQUES lACAN 19'4·1979 lA IGNORANCIA QIJE s..ee OE lA UNA EQVMX..OON \1( VA A lA MORAAJ 31'1
1111lea de representación, de pensamientos, mienlTIIS que no hay función que parece tener en las palabras de Lacan y para evitar
otrn C(IS;l <1uc el cuerpo de las palabras. "Eso no tiene nada que ver malos entendidos muy fáciles.
con rcprcscnuciones, lo simbólico son las palabra y en el límite El témlino aparece repetido muchas ,·cces en el am;o del
1c puede concebir que las palabras son inconsocntes. [... )hablan semmano y exige seguir su trayccro. La pnmera aparición se en-
s111 llabcr absoluc:imente nada Jo que dicen." 1 Si el inconsciente cuentra en la segunda lección: "Todo lo que no está fundado en la
"una equivocación con coda la fuerza", lo sin1bólico no puede más materia es una estafa -i'vfntiriel-nt-ment"-.40 Tal como Lacan
11uc tropc1.1rsc al decir lo real. Al concebir el inconsciente como enuncia inmediarnmente, todo esto no es más que un llamado,
constituido por representaciones, que son abstracciones, es lo real una verdad primera. El oyente o el lector de Lacan sabe que el
que, según Lacan, se desconoce. La equivocación de Frcud, se material en cuestión no es otro que el signific:inre, en rnnro se so-
podría decir, es que al menor tr0piezo es "precipitallo",16 impulsado port;i en el r-Jsgo unario. Así csm enunciación de Laca n se entiende
por su escucha de las histéricas, hacia el sentido y el saber del en principio como una enésima crítica dirigidll a toda mirada
inco11scicnte. Que el inconsciente sea saber, es decir, efectos de psicoan.ilítici que no se funde en la dimensión del significante y
significantes, no implica que haya saber del mconsc1ente. quede enredada en la significación. ¿Si sólo fuera eso, qué interés
¡\l;ís tO<l.wia, ~ saber mismo hace creer en la CJUStcnc1a su- tendría este llamado? Lo importame se encuentra en "matériel-
pucsc:i del Otro. En la enunciación "Yo sé que él [el inconsciente) ne-ment": que "el significante <liga la verdad" es justamente lo
sabe", cv0C1tla más arriba, el "sabe" genera retrooctivamente el que va a ser problematiz:ido por Laca.o..
"él", y ese saber del Ocro, "él sabe", desde que se funda, se tlife- Algunos años antes, Lacan subrapba que rodo discurso, com-
rencia poco, s1 se sigue a Lacan, del de "yo sé" de la conciencia. prendido el discurso analítico, no era más que semblante respecto
Nos parece que ahora se puede comprender la provocación de a la 1mpo~ibihdad de escritura de la relación scxuaJ •1 En este
Lacin cuando considera a Freud como a sí mismo afectad~ de debi- seminario, "La ignorancia que sabe", Lacan extrae las rnn'c~"Uen
lidad mema!, si se ¡>rccisa además que para Lacan "lo mcnrnl es el cias m:ís importantes. "Todo lo que se dice es una c,1;1fo"•l-seg111ida
discltrso".I' Como todo pnrletre, los dos csrlÍn habitados por esos
efectos de si¡p1 ilic;111tcs y tienen que hacer con. "El hombre, dice
ps.icoJn~JiSJ~ ÍUC proferido públicnn1CJ\lC por prÍlllCf:.1 \'Cl por ),¡1(.'";\I' t'O Btu\l:bS
Lacan, no sabe 'hacer con' el saber."18 La función del an~li~i~ es el 26 de febrero de 1977, pu('S entonces se lo entendió como algo diíefüuc de
conducirlo a eso. una pal;abr:a del Anyo. Sin ernbargo, viene d~dl! )-0s dl:as dt 101c:srud10:\1l_c [.illc
(véase lttrrrs dr l'EaiJr frttu11<11T1<, n• 22, 1977, p:íg. 499). Oc hecho, el remuno
•parte<, c:<>mo lo dcs:irrolbmos, en diciembre de 1976 en e>t< scmin•rio sobre
'"1.t. ignorancia que YIN:" y él Ín!>istc en reton~rlo en Jifc:rcntcs lugaru del mi..,1no.
EL PSCOANÁUSIS ES UNA ESTAFA 4-0. uc:cil>n del H de diciembre de 1977, tbiJ, n• IZ/I}, póg 10. (A1¡uí
Lacan juega con la homofoni2e:ncrc11U1tiritlmmt, '"rnatcnalmcntc• )' 11111ttritl •t
.\lás aún que b "debilidad mental" -pero ligada a cll:i- la noción mnrt, •mau;rial no miente·. K. de b T.]
de "estafa" 19 demanda ser desplegada p:irJ que se pueda captar la 41. f.•u pro\tlem.í11c:i de h •suplcnciJ" de Ja rcl>ción K.XWI por d lcngusjc
es record~da y profondiuda en numerosas oca~ones c:n el SCJnintrio. Dos
c¡empl0>0 "h en íunción de esto c¡ue no h•y rcbción se.u•). l.<> que po..!cmos
15. l/iid, llamar en c"c coso el lcngu2je l2 supliría. Es un hl-cho que el bla·bla rcllcn3, lo
36. Le<tión dd 10 de 1n•yo de 1977, ihid., n" 17118,¡r.lg. IH. que sc di,tíng\lt de que no bny rcl2ción" (ltcci6n del 1~de enen> de 1977). "La
37. Lew6n clcl 19 de abril de 1977, ibid., nº 17/18, p.lg. M f ....> ••dcb1lubJ relación sc•u•I, hay que reconsriruirla mediante un d1scuno. Ahora bíen l···l
111c-1H11I ucnc y.i 5"U!i titulosde nnhle7.:l, pues T...acan fo l1~bfa tvoc:1do11ntcrium1cntc, (mr:t 1o 'l\IC prin1cro ;irvc un diseur$O es fklr.l orden;ar, <1u1cro decir, p:.ra llev:ir el
t'ipcrn,1Jncnte en •RSI", Vé:1sc el co1nentario de Daniel Korcn en el pre~ente 1.:01n1uulo, t¡uc ulc 1>erniito lliunar intención <lcl discurso, porque queda del
,-olu1ncn iu1pcntivo, en roda intención. Todo díscoJ'SC) 1ienc un efecro ele \Ugt:!.Uón" ~ccción
38 Lttción del 11 tic enero de 1977, Onr1"1T?, oº 14, p.1¡¡. S. del 19 de Jbrol de 1977).
Jf> ,\ 111c11udn :11e 1.·on\iclt:ra que este calific.-;iu ...'O di: ..c,t.1f.i"' apl1r.l<ln al .¡z l.<tcu1n del 11 de entro de 1977, On11car?, n• 14, p.ig 6.
MO LACANI#~" lOS SEMJNAr1os DE JACOU-CS LACAN 191.'4 · 1979 LA IGNOIW<IA QUE SA8l IX IA UNA EQU111000ÓN ~ v,v 1~ 110MA¡ JO
nparición-. Todo lo que se dice, es decir, también en el discurso "matiritl-mmt" pero respecto de lo real. Y que diga la verdad l'll
;malitico. La clásica oposición hcaniana entre decir y dicho result.1 tanto mentira, eso no deja de plantear problemas. Lacan, por utrJ
absolutamente pertinente respecto a la cuestión de la verdad. "El parce, juega mucho en el cur;o de este semmario con lo ";•erdadcro
decir es la enunciación de la verdad", pero cUa no vale tanto en rela- miente" .4s
ción con lo real, pues ¿qué sería un decir sin dicho? ¿Esto supo11- Si el analizante, diciendo lo que cree verdadero, no dice la Ver-
tlrfa, como evoca LaC311, prescindir de lo simbólico, ideal que sería dad, en el fondo es un efecto de estructura, en canto esca llan:uda
.1quel que se calific:ufa de Jtcir puro, pero en el que se muestr:1 la in:i- Verdad "de lo real" es imposible de decir. Pero es necesario señalar
mdad-dcspués de h2bcr bUSC3do alcm1.:ir este ideal-? Volveremos que esta cuestión de la verdad es sin embargo inmanente al psico·
a esto. Correlativamente el discurso del Amo, el discurso menos análisis, que el analista no puede imiwr a Poncio Pilatos, pues ella
verdadero, es el más mentiroso, "el más imposible", es decir, el está en el corazón de la cura y de la cransfereocia, por el hecho de
más real. que el analizan te cree en el Otro, en lo que él dice, incluso esen-
Dicho de otro modo, lo que se desprende con fucru y que cialmente cuando duda.
constiruye uno de los ejes más importantes de este seminario, se ¿Hace falta precisar que si el anali:imte no tiene esta Verdad,
refiere a la heterogeneidad de los registros de lo real y de la verdad, el analista está en la misma simación? Cuando Frcud identifica
lo que él complcjiza por el hecho de que es verdaderamente la esm Vcrcfad "imposible de decir" como núcleo traumático, Lacan
materia signifiC:lllte y la :ll'tlculación borromea lo que anuda estos la califict de delirio. Dicho de otro modo, Lacan opera una dis·
campos. yunción entre la "erdad del discurso, que es también discurso de
Si lo real dice la Verdad, no habla. Es necesario hablar para verdad y que pasa por Jo mentira de Jo simbólico, y la Verdad en
decir lo que se~, lo que, bajo esta forma trivial, funda el problema. juego en lo real que reconoce como Ja de la relación sexual "que
En cuanto a lo simbólico, Lacan nos recuerda que no "dice"•l más no cesa de no escribirse" en el sínroma.
que mentiras... El discurso de verdad, que acerCll peligrosamente el psicoaná-
La Verdad, el "Saber Absoluto de lo real", de la no relación lisis y la religión, es u11 acto de fe, una creencia. "Lo verdadero c.'
sexual, no puede pasar entonces sino por lo Simbólico, es decir, por lo que se cree como tal. La fcy la fe religiosa, he aquí lo vertl1dcm
b mentira, cuya forma esencial promovida por el psicoanálisis es que no tiene nada que ver con lo real. El psicoanfü,¡,, hay que
la V"11timmg. Pero lo contrano de la V"11tinw1g no nos d11 sin deci rlo, gira en el mismo círculo~~ IJ forma rn0<lcnu ele la fe, ele
embargo la verdad. La mentira que Lacan define como realmente la fe religiosa-"." En oposición, Lacan ,1nia rndit~1lmcme csw
simbólica, como simbólico en lo real, e.mí más próxima n lo real Verdad "que tiene que ver con lo Rc:il" en b pul.,1on. "; / /111lt'1'iv11,
que la verdad, pero tampoco es su antónimo: la mentira no es he ahí donde está lo vcrrladero cuando se tr:1t:1 de lo real".•'
falsedad, que para Lacan es un atributo de la conciencia y de lo ¿Y qué entonces de la verdad del 'ímom2? "El síntoma es real.
imaginllio. La mentira es irreductible y es así que es barquera de Es, inclu~o. la única cosa verdaderamente real, es decir que tiene
l.1 verdad y que puede "decir que socorre". un sentido, que conserva un sentido en lo real".•• Para indicar
De este modo podemos reconocer que el paso franqueado por cómo operar con este verd11deramenu rt11I, Lacan crea un neolo-
1.Jcan, desde b primera apJrición del ténnino "estafa" enunciado
al principio del seminano, consiste en ~ubray:ir que a ronrrario lo
45. En francés, vrai mm1, que puede Icen.e conio •vercbdcr:amcntc• y ambién
como "lo vcrdndero miente". (N. de fa T.)
46. Lección del 14 de diciembre de 1976, Ornuar?, n• 12/tl, póg. 1J.
41 . En f~nrC.,1/Jr, que s1gn1fi<3 1:1mbién "dicho". [N. de u T.I 47.1/nd Subnyado del 2utor.
+I Wd. 18. l.ccáun dd 15 derNf"l'I de 197', d<tJ. n• 17/LB, pág. 9.
10 lACANIMJ• • lOS SlHINARIOS 0[ IACQU(S lACAN IHi 1979
g151110, que condens3 •\'erdad" [vmul y "variedad" [t·ariiul, e1 el A esta ligazón ausente, imposible, entre S, y S2que 111.1rca esa:
'ual invi1:1 a los analistas a imcrcs:irse: b rxnitt.... L:i "vnnu•• del ín- lugar de lo real, de lo que no entra en el discurso, Lacan le oturg.1
l<lllll es lo que el analizante dice esperando que se verifique. en todo su peso en relación con 13 prom~a del Otre. "S, no es sino el
1a1110 esto puede engendrar efectos de significante para redu11r el comienzo del saber, y un saber que se contenta con comenzar
m11bo11u, paro hacer que el síntoma cese de escrfüirsc. Se puede siempre, eso no llega a nada".ll
decir que introduciendo la v11rité, Lacan invita a los anal istas a no La estafa es creer y dejar creer un áempo que el Otro, marcado
ohnubilarsc con la Verdad, sin que, sin embargo, olviden cs1:1 como saber, S, va a est:ir atcnro y responder. Ahora bien, el Oc:ro
tl11ncns1ón que los funda. no responde, S (X). "El análisis, propiamente hablando, enuncio
Lo que precede nos permite llegar a la aparición más 1mpor1:tnte que ti Otro 110 es nada nno ma áuplitidad. Hay Uno, pero no hay
.Id ténnino estafa. El pasaje en el que áene lugar ha sido r:ípida- nada de Otro. ( ... ] Es él [el Uno] el que sabe y no el supuesco
mcnte evocado de entrada, pero ahora puede ser ca:ido íntegra- sabcr".11
mente: "Yo hablé (en Bn15elas) del psicoanálisis como pudiendo Para Lacan, ese "famoso inconsciente" no es sino la deducción
ser una estafa. Es sobre lo que insistía [... ) ni boblor dtl S, t¡ut supuesta, en el lugar de este imposible S (KJ en el que "S, no r<:pre-
pnrecia promttt,. ·1111 S2".su En estn falsa promesa reside la estafo. sem;1 al sujem ante S1".14 Eso no llega a su desánatario y por eso el
Lac.m, dcsJc el comienzo de su enseñanza, ha indicado que el ;ma- molcnrcndido es irreduccible. Esta promesa de saber del Otro es
List:i ácne que aceptar la demanda f:tlaz de aquel que se dirige a él, la promes:i del franqueamiento de este imposible a franquear. Esta
mtroduciendo entonces el mo,~miento tranSferencial y la din.lmica creencia conduce a Lacan a designar el lugar del psicoanalista como
de la cura. Aquí, indica sobre qué reposa est:i promesa a la cual el c:l de "hacer verdadero, semblante"" y el analista debe sostenerlo,
analista no puede más que ¡ilegarse hasta que ella revele, vuelo pero sin creerlo, en el seoádo en que lo enácnde L'tc:rn. E.te
!Tas vuelca, la función de señuelo que realiza, y al mismo tiempo "hacer verdadero es un smtido f,fmuo", un corte de sencido, e> decir
la estructura que le da senudo. E~ca estructunl es la del discurso que es generado por el signific;inte mismo. La duplicidad del Orro
'innlícico," cuya formali7..ación Lacan recoma en diferentes ma- es In del significante, c.'OmO aparece duramente cuando se continúo
men ros del seminario. con el úlárno pasaje de Lacan por In estafa.
"El psicoanálisis es tal vez una estafa, pero no cualquiera -es
una estafa que cae justo en relación con lo que es el significante-.
(... ]También es suficiente que connote el Si, no por ser el segundo
en el ciempo, sino por wncr un smtido dobk, para que el S1 tome su
lugor correctamente"." Hemos subrayado que lo que Lacan
designa como "saber" hizo ercer en la existencia del Otro, del i/
de "Él sabe". Lacan sopesa oquí que la duplicidad del significonre,
•'!. Lección del19 de abnl dt 1977, ibi1f., pág. 13. (Con>tlV31noS lo fonn.1
lr.1nc~o;, porque no prec;cnt;1 1Jificuh:ide< y conscrv~ 1nás t:h1rn1ncnle 1.1 su "sentido doble" por definición, es lo que hace creer, se podría
wnJen<;1dón entre los dos p•lobrn•. N. ele la 1:)
SO. l .c<eíón del t; de nurzo de 1977, rbiJ., p:íg. 8. Subr.iyJdo del outor
St. Utílíumos •qui el gr.ifo tctr•édríco del discurso del anali'ta que L•c-Jn
evoca el Hde nurzo de 1977. t.11 co1no lo con~tnt)·ó cinco años a.ntc"' (véa.'c "'f:J S?. Lca:ión del 8 de uww Je 1917, Orni,·ar?, o• 16, p.ig. 1J.
,.bcr dd psi=l<S<2', lecáón dd J de fcbttro de 1972). Señalemos• ore SJ. Lección del 10 de m•)'O Je 1'177, ibul., n• 17118, p.íg. 18. Subr:ipJo
proplsitn •1uc diferentes rerrui"cas abordodu en =i: scmllurio X.XIV h.abfan .lcl au10<.
sido yi comenz.odas en el scmuurio •Oe un discurso que no fuese sembl•nte" H. 11,,,1•• pág. 19.
Ota 1ri\tl ful ante del tetraedro, la in1pc:1runcia de la escritura diina, la t,,·uqueti~ SS lbíd
de t1:111n<1tr1pc:ión 5;unbótia '1UC' tl11fn lo rc:1I. 11.. /bu/, 1»g. 8. sul>nay:aJo del"'"'"·
.... lACANIAN A LOS S[P11NARIOS OE JACOUES t ACAN • • , ... .. ,,
dn:i1, t•n f1"1, en ''La" mujer, en el "reconocimiento" dedla, en la es efecto de sentido pero t:1mbien efecto de agujero", pennite b
oufü·nC"1a de dos sexos, analític:Jmente hablando, en la relación ínterpr..cación, "es por esto que no llego más, en mi técnica, a lo
&l'xuaL "La relación sexual, no la hay, salvo incestuosa [... ) o que ella sostiene. Yo no soy basrance poeta [ns.tez potu]. No soy
11101tiícn1 (... ].No hay otra verdad que la castración"." po1?tc-asstz"."' Es la constataci6n que hace Lacan sobre su propin
Entonces ¿cómo debe el annlisw ejercer más allá del sentido, práctica, su propia concepción del psicoanálisis. Es una constnta-
tic la sugestión ligada a todo discurso? O, al menos, apuntar a este ción dolorosa, pero ¿qué se pllede decir?
objetivo, pues para Lacan, corno para Frend, aooque de distinto Esto pennite al menos dar un fundamento a ese proyecto de
rnoJo, en la pníctica no se sale del sentido, en canto "las palabras Lacan -proyecto inaudito, par.i ncxotros, considerando lo que ha
tienen un alcance•;• y "alc:ince quiere decir sentido, eso no tiene podido decir y =bajar a todo lo largo de su enseñanza y especial-
otra incidencia. Quedamos siempre pegados al sentido"." mente en el seno de este seminario- referido al significante nuevo,
La cuestión que plant1:2 de nuevo Lacan, pues no es tan nueva, el significante que despcrtarfa. "¿Por qué no inventariamos un
es cómo hacer resonar otra cos;1 que el sentido, lo que no quiere significante nuevo? Nuesrros significantes siempre son recibidos.
decir abolirlo, incluso si ése fuera su deseo. ¿Cómo superar el U11 Tig11ific1111u, por ejt111plo, que 110 111viern, 'omo lo rtnl, 11ingiín ripo
sistema de oposición de la ley del discurso? Si el equívoco est~ en dtmitillo", "que abriera a lo que( ...] yo llamo lo real[ ... ], que tuviera
el principio del chiste, constituido por la equiva lencia entre el un cfecto."64 ¿Pero de qué clase de efecto babia Lacan? ¿Efecto de
sonido y el sentido, es de eso, a la inversa de la lógica articulada, sujecol ¿Efecto de real?
de donde, para Lacan, hay que agarrarse. Y en ese juego de cqui- Comoquiera que se;i, se vcr:í que Lacan abandonar:i ese
•'alencia, Lacan propone, como modelo de la interpreación, la proyecto el año siguiente. Hay que indicarlo desde el presente,
poesfa. Por eso, según él, "el psicoanálisis no es más estafa que la pues ciertos analistas, si bien han encendido correetamentc h radi·
poesía misma•.• No toda poesía, sino la escritura poética,61 cuyo calidad de 11110 parre del discurso de Lacan, busc.1ndo dcsi~rrar el
paradigma es para él la escritura poética china, pues 13 verdad sentido en la interpretación en el curso del crabajo del ;111:1lisca,"
-que es la de la castración-se revela como poética. "Es en la medida todo sentido, tal vez no han tomado suficientemente en menta el
en que una interpretación justa disipa un síntoma, que la verdad reconocimiento deLacan mismo de su fracaso relativo a l,1 produc-
se especifica por ser poétic:i."6l ción <le ese significante nuevo. Que el trabajo del analista sc;1 im-
Escn este contexto que, en el <.'Urso de la última lección, Lacan posible, como lo dice Frcud, no si¡,'ll1fica que sea insensato.
enuncia su célebre fórmula del pas poíiu-asra.. Si sólo la poesía, "que Si era necesario insistir en mn otra part~ del discurso de L:ican,
y en consecuencia, en la tensión de la consrrucción de este semina-
rio, no hay más que remarcar que, en esas mismas lecciones, Lacan
57. lftd. págs. 8-9. recoma la "antigua" oposición entre palabra plena y palabra vaáa,
SS. Lección del 8 de mano de 1977, 1b11I.. nº 16, pág. 13. que se podría pensar caduca y que vuelve a poner en juego el
59. Lección del 17 de mayo de 1977, 1b11f., nº 17/18, pág. 23.
GO. l.ccción del LO de mayo de 1977,íbul, nº 17/18, p3g. 18. sentido. "La palabra plena es una palabra plena de sentido", es
61 . "El ~mido. eso ropona, pt:ro con lo ayud• de lo se llam• b cscrimrn decir, pleM de esta duplicidad, de ese doble sentido de la palabra,
poétia, podr.ln cencr l• dimensión de lo c¡uo podría ser la ínterprct1ción anolíuc•"
(19 de •hrd de 1977). Es nccesano subray:u que cs. elección po<!uc:a ••muy
l"«·iu F•pc<i•lmcn"' pan Laan, que lo india poro :ante$: ;"La pocsil llamad•
•d""'1cudor:a"! El lcnor no csci obligado a oomparúr cstll opinión que no.. 6J. n,J. pig. 22.
paruc muy singuhr, si ieswnonía cicru f.ióg:i, p<'JO csc:omplCtllnlCD"' collcr<:n1c 64. /büL
ron b 1<>i< de Llan sobre el discww comn 1mpcnm'O e hipnóúro. 6S. Algunos h:an llcgodo • """ncr, por ejemplo, que el·~""" no u~nc que
62. t.<ec1ón del 17 de mayo de 1977, págs. 21 y H.º'""ª''· 11• t 7118, 1ntcrprcur, ya que ¡el incon~tc m"mo es el que mte.rpret:1. ótas pcr..1c1onM,
rig. 16. \11\ c1nh:arNº• simplifican nctJn1crnc tl tr2b"Jº ·· ·
lt LAC. ANl.6.U-" ¡na llF*"!l 'iARIOS OE JACQUES LACAN 196... · 1979
1111<·n1ras que la palabra vacía "no tiene otra cosa que la significación centa construir no es una "topología de lo real", como t:1I im-
1 1,1, la voluntad de sentido que consisre en eliminar el doble posible sino una "geometría verdadera [...] aquella que tiene un
· ntidn" ... cuerpo~..., una "esmictura que sea tal que encame el sentido de una
manera 'correcta";" una esuucrura que encarne el sentido, como
sexual, y que procure apunta r a lo imposible. Si lo real es exclu-
LO REAL SÓLO SE CAPTA EN LA ESTRUCTURA sión del sentido, la "geometría del senado", a la inversa, supone la
mostración de lo real.
!.legados al pw1to final de este seminario, ahora hace falta que Esta cuestión del, delos cuerpos, que es también fa de los goces,
volvamos un momento sobre nuestros pasos, para precisar m~s arravies:i el seminario de punta :t punta: cuerpo de lo simbólico
1odavfa lo que esti noción, tan central, de real s1grufica para Lncan. que es /a/eng11a; cuerpo de lo imaginario en tanto este último se
Esclarecimiento que él mismo emprende, para su auditono, en distingi.1e del significado, que es "cuerpo viviente";71 c~erpo de lo
las lecc1oncs del 8 y 15 de marzo de 1977. real, que justamente es la cuestión de la cual Lacan ~te?ta dar
RetOlD2 por supuesto las formulaciones ahora canónicas: lo real cuenta con el nudo borromeo." "Lo real[ ...] sólo esta umdo por
es lo imposible de escribir, lo que no ces:i de no escribirse, pero una csuucturn, si plantcJmos que rsrnutUrn no qttitrt decll' otra cos11
intenta que se las entienda de ocro modo. Lo real es lo imposible l{Ut nuáo barromto. ""
ú11ica111mu de escribir. En efecto, nombrarlo ªreal" es ya decir Lo real no constituye un universo, salvo al estar anudado a lo
algo, pero eso no se escribe sin embargo. Eso no puede escribirse simbólico y a lo imaginario. Si no lo está, nos dice Lacan, entonc~s
lógitm11m1r. "Eso que llamo lo i111pos1blt, es lo nnl, se limita n la no se desvanece en una polvareda de toros ...
contradicción". Desde donde enuncia: "Lo real es lo posible a la
espera de que se lo cscribn".67 Lo que puede evocar lo no 11addo,
formulado al pnncipio del año 1964, pero que aquí puede ser 70. lb11/., pág. 1o.
cnrcmlido como lo que designa el lugar del síntoma. La idea direc- 11. lbid., p:ig. 9. ¡u ' K
72. Lección del 18 de enero de 1977, 1/.1.I, n" IS, wr•~m 19 o, l'•ll· •Y
triz de estas lecciones, sin embargo, es que lo real comporta la IC<Oón dd 8 de mano ele 1977, nº 16, pág.''- E11t1tlchc orurubr"' <0 n lo quc
exclusión de todo sentido." Es por esto que "contrariamente a lo planteo Lacan respec<o~l "gocc Je la m la" al final Je •i., 1t1nu", t1p <11.
73. f..n este seminario, l...ac-an em1cc una h1rót~ que t'\"O(':I t"l>n 1nuch2i
que se dice, 1w hay vrrlÍltd st>brt lo Real, )'':l que lo real se perfila prudencia: el mundo humano e\ ióric:o. Dcclán U1~h1~11, ~r¡:'lrcnJcnte1ntntt,
e.~cluyendo el sentido. Aún serfo mucho decir que hny Real, porque que con esa pttci.s.ión se puede corucrv:ar b nocton ~e Sl)tcma del m~uldo,
decir eso es suponer un sentido"... mientras que el mundo de Freud permanccerfa esffooo, Este lugor cenml
El momento de concluir 1
(1977-1978)
Bernard Vandtrmerrch
lft 19-15. l.n.-nn dmriórín allí 1mn f11ntión temporal m lógica, jamás irrefutable. Lo es, nos dirá, en u• primer sentido porque no se
'°"-'"ln-nJ11 romo to/ anttr que il, la dt In prua. A ptrar dtl azrnntr ofrece a una refutación por una CXJl' ciencia crucial cuya objeti"idad
Jr¡1111.ilico de la siruntilin e:ramfnndn -te trntn dt trts prisio11es qtic in- sería verificable por un testigo net tro. Pero lo es rambién en w1 se-
tm/1111 obtmtr m libtrnción- estn p1isa no dtrivn dt nfngtin pathos. gundo sentido porque, al o;ujeto en análisis, la experiencia del ob¡eto
.ll1usrro q~. m cima1 amdirionts, tm juicio nsmivo st 11umifimn ro que lo causa se le present:l como 1rrefue;1ble. Pero eso no impide,
111111m>, el de c011c/1111; cuya si11g11lnnilnd es que m aserción st anticipo a dice Lacan, que deba ser tomado en serio, pues tiene consecuencias.
/J (mtZIJ que ptrntitt. AJmom-ar igualmrott "cuámo dtpmdt la vmlad Es urui "práctica de charlat:1nerfo" en la cual-<lc un modo sin dutla
paril t!Xks dtl rigor dt azdn uno, e Íl/c/11So que In verdad, 1/e se,. nlcn11urd11 m5s advertido que en la ciencia- las palabras, y no solamente 13s
1ólo por 111101, p11tdt mgmdrnr, si tf que 110 confim1ar; ti error m 101 proposiciones, cenen consecuencias. Uno de los ejes del scmin2rio
orns",' lncan indicaba ti i11ttris dt m sofisma para 11110 lógica de In es cernir lo que hoce a la eficacia de las palabras. El psicoanálisis din
rolectivid(f{I. algo. Y ahí cstí todo lo que csú en juego: ¿qué es decir?
LA DIMENSIÓN !MAGINARIA DEL DEOR ción sobre el análisis, lo anulamos». u Lacan se refiere aquí tic
manera elíptica a la historia de la escritura, que sugeriría que no
La dimensión im:iginaria del decir hace 13ro entre lo ~I y losimbó- hay relación sexual. ¿Tal vez quiere decir que si hubo un símbolo
li~'O, o sea, entre la palabra y la cosa. Si "la palabra hace la cosa", es que se articulaba directamente con lo real sexual en cada SCJIO,
,;n embargo "con la inadecuación de las palabras a las cosas que nunca habría habido cscrirura> Lacan prosigue mostrando que el
nosotros tenemos que vérnoslas".' Lapa.labra no "hace la cosa" ;1nálisis no se sostiene sino de bablar de las relaciones de parentesco,
sino en un plano funt:asm:ítico, es decir, no sin un lazo inuginario: el o sea, de "lo imaginario sugerido por lo simbólico"" (¿hace refe-
efecto de sentido. La palabra-perdigón evocada más arriba no ~e rencia a las escructu.ras elementales de parentesco?). Plantea la
sostiene sin ese lazo del sentido: no hay "escuposa",' dice Lacan, cuestión de saber si la neurosis es narural en el hombre. En resu-
que parece entonces admitir aquí que un significante nuevo que men, responde positivamente.
abriera direct:imente sobre lo real sin la mediación del sentido es
imposible. Por eso escribe más bien: "la palabra raja la a-cosa".1
El equívoco, gracias a la escrituro, hace resonar el vacío que la EL ANALISTA ES UN RETÓRJCO:
falta de relación sexual de¡a en el sentido y por el cual la noción de LA ELECCIÓN DE LAS PALABRAS
conjunco vacío es la que conviene. En cfecro es por el hecho de este
vacío que se p12Ilte:i la cuestión de la verdad para w1 sujeto a través Entonces Lacan cuestiona el decir del a11alista en su relación con
de su fanwma. ¿Por qué tenemos necesidad del equívoco? Porque, 13 verdad. Para hacerlo, recuerda que en la ciencia misma hay una
ul como lo sugiere la lengua, "el equívoco enseguida se inclina dimensión imaginaria funtasmótica desconocida. Esta dimensión
hacia el scxo".' 1!.sta inclinación hacia el sexo se debe :i que la se- le parece evidente en sus comienzos, como, por ejemplo, en 1:1 gco-
xualidad hace agujero en el saber inconsciente. No hay otr:i cosa metrfa euclideana, donde la idea de línea recta, para el caso "ideal",
que lo imaginario del fantasma para recubrir esta ausencia de deriva del !2ntasma. Prefiere la ropología, •que ha rcsUt1J1do {...]
inscripción de una relación entre los sexos en el inconsciente. La el tejido"." Noremos que la idea de base de la topología, la idea
dimensión imaginaria del decir participa necesariamente de la cons· de vecindad -y la de conexidad-, teonza el concepto nusmo de con·
titución del ttji®dc la metáfora. La mctáfor:i es en efecto aquello sisrencia, osea, lo que dn cuerpo a la idea. En resumen, la topologfo
sobre lo que se opera en psicoanálisis. Es necesario, recuerda :itribu1ría una consistencia a lo imaginario, mientras que en
Lacan, que el an21isis "llegue a deshacer por la palabra lo que se matemática la noción de consistencia está ligada a la de no contr:i·
hizo por la palnbra".'ºLa metáfora esloquehacecuerpoenel pensa- dicción y por lo tanto a la lógica. Para Lacan, refirifodO!>e a Platón,
miento. Inversamente, Lacan muestra que si, en el nudo borromco, "una idea, eso óene un cuerpo"." La palabra, que representa esa
simbólico y real estuvieran anudados direcwmente, esto liberaría idea, tiene, Jl:lrn Lacan, csu propiedad curiosa: "raja la cosa•. Es
lo imaginario y anularía el psicoanálisis. "Si hacemos una abstrae· lo que justifica el uso del equívoco, como se hu visto. "El psico-
analisu es un retórico" dice Lacan, "él 'retorific:a', lo que implica
que rectifica".'!
6. /bit/
7. f.n l'nnds,mub<<r, condensaoonde mrthtr. escupir, ythosr, cos:a. [N. de
,. T.)
8. E.n franc~s,ji/t a-tbast, homoíónico con foi1 IA thM<, "h•O< la cOS>". IN. 11. lbúl.
,,, la 1'.J 12. lbid
9. lb11/. 11. lbi,/
10 INJ. H /bí./
IS. /M.I
lS1 LACANIANA · LOS SEMINARIOS DE JACOUES LACAN 1961-1979 El MOMENTO OE CONCLVIR
Lac:m hace un señalamiento, que no es nuevo pero es enunciado quiere decir y el analista corta leymdo lo que el anali1.;10le quiere
aquí de una manera simple, sobre la paradoja de la posición del decir "suponiendo que el analista sabe lo que él mismo quicre" 11
analista. Si el analizante es for-tado, por el hecho de dirigirse a un (hay una ambigüedad acerca de quifo es "él mismo" y sobre la
interlocutor, 2 saber lo que demanda, no puede ~aber ~in embargo responsabilidad del analista sobre este punto). Pero para él, en
lo que desea (y que está determinado por esas pabbr:is singulares). uno como en otro, "no hay otra cosa que escritura".11 Sueño, lapsus,
De donde la impomncia del deseo del analista pues él, el malisu, chiste... todos testimonian el hecho de que deben ser leídos, que
es supuesto saber, si no del deseo de su aruilizantc, 21 menos de cómo hay seguramente escrírura en el incon~cnre. El analista puede
operar para descubrirlo. "Pero scr:i completamente excesivo decir así ser llamado el sujeto "supuesto-saber-leer-diferentcmente".21
que el an2lista s.ibe oómo operar~ ¿Con qué, por otra parte, opera? Es decir, como el gran Otro, con la reserva de que este Otro no es
No con la consistencia (en el ~nodo de la no contradicción) del un sujeto, sino un lugar marcido por una falta. No se tr:lta entonces
raronamicnto, ya que el inconsciente no conoce la contradicción. en la interpretación de dar otra versión ps1cológu:2 del deseo (de
Tampoco con el lenguaje, ya que ti lenguaje no existe: no hay más ese sujeto supuesco), sino de mostrar cómo la falta de ese sujeto
que lenguas. Esto es lo que da rodo su peso a L1Spalabrasdelalengua podría escribirse diferentemente, "falrnr diferenremente".
y a la dificultad de un decir verdadero, pues "uno se engaña en la
elección de las palabras". Sería necesario que el analista se diera
cuenta "del :tlcancc de las palabras para su analizante, lo que indis- EL FIN DEL ANÁLISIS
cutiblemente ignora"." Lacan extrae entonces las consecuencfas
de su demostración, pues lo que distingue lo verdadero de lo falso El fin del análisis, "es cuando uno ha dado dos veces la vuelta en
es lo que se llama el "peso del analista, y es por esto que yo digo redondo, es dedr, encon1.rndo eso de lo que se es prisionero"." El
que él es un retórico".'7 inconsciente y el rinth1mtt son las huellas de nuestro enredo en el
El analista retórico "no opcrn sino por sugestión''," dice Lacan, lenguaje. Para Lacan, el inco1\scicnte es el efecto del poder de su-
no que sugiere algo consistente en el sentido de la no contradicción, gestión del lenguaje y el análisis no consiste tanto en liberarse
sino que hace cx-siszir en el sentido en que "la palabra hace la como en saber por qué se está enredado. Si csrnmos enredados es
cosa". sin duda porque el "lenguaje es una molo herramicnt•1". No hay
correspondencia biunívoca entre fos palabras y la~ co»ls, entre len-
guaje y real. Para nosotros, "lo que hay de m:í~ rc.11 es lo cscmo, y
EL DECIR DEL ANALISTA ES UNA lo escrito es confuson. Esto no ha~c Je ese rc;1J un rnniento para
LECTURA "QUIRÚRGICA" el sujeto que sea independiente de él, lo real no ap,1rcce sino por
un artificio lig:ido al hecho de que e)(Íste la palabra. Es este origen
"Trabajo en lo imposible de decir", 1• dice Lacan al comienro de Ja de lo real en el decir lo que hace que sea imposible decir (toda) la
tercera lección. Y prosigue: "El analizantc habla. [... ) El analista verdad.
corta. Lo que él dice[ ... ) participa de la cscnrura".~Pord hecho
del equívoco en la ortogrnffa, el analizantc di(( mucho más de lo que
16. lb.J.
17. /bid. 21.lbúl
18. Jbid. ?2. I•ÍJI.
19. Lección del 20 de dlOembrc de 1977. 23 Lección dd 10 de enero de 1978.
10. lb.J. H T•ut
1$6. LAI" A.~1IANA lOS ~E.MINARIOS DE JAr.Quts LACAN '' '~ · 1979 El MOMENTO DE CONCO.Udl
27 J•cqucs Lacan, "u cíenci• y la verdad", Es<riwr 11, México, Siglo XXI,
1987, p>g. 849.
25. Lección del 17 de enero de 1978. [En fr:incés, ltJ rrmnnins, juego
28. Lección del 11 de abril de 1978.
homoí6nico que condensa,,.,,,,, u11gujcro", y lt rm b11111ain, .. el ser hu1nano". [N.
29 /hui
dclaT.l 10 /bu/
16. Lccoón dd 11 de abril de 1978.
ll lbiJ
lll lAC ANIANA ·LOS SEMINARIOS DE JACQUES lACAN 196.. 109
l .11c1111 "1®111, pqr ocrn pnnt, In mmi6n dt la m1ml(i11 de rrlnritfn sincronía de la secuencia entre varios sujetos. Finalmente, indu'u
•f~11111I tvoi:11n~o la idta dt la ntcts11/ad dt 1111 ttrctr uxo. Dice qut mole si esta lógica de tres sujetos resiste la crítica de b noción de
t-mo ni tmtdtar ti nudo l'OnV!mo gmtraliZAdo. St erara tle catlenas intersubjetividad, lo que Lac:m introduce después sobre 13 topo•
myos muros st liberan si St los rona no 111ár uno sobrt crts o marro sino logía del acto (en "La lógica del f.intasma" y "El actO psicoana-
tfos o m~ sobrt d11":, ms, m. Em nudo borrormo gmtrafizlldo p~ lítico" especialmente) denuncia csu linealidad aparente. La topo-
rtlatn11zar la ntctsidad dt la fimdtfn fálica, o sea, dt la cnstracitfn. Pn>- logía retroacti,·a en doble bucle del acto, que él propone, no
a1rart111Qs 11cm~os a lo ~ut conttiNryt ti objtto dt /ns inurrogadones corresponde a esta secuencia de tres tiempos lógicos. Salvo que se
dt Lacan. El <llT1lcttr thpuco dt lo t¡ttt m1111d.1 v11th:t ptligrosa la tm- haga del momento de concluir esa segunda vuelta que viene a re-
tatn:a t indmo ti rm1ltado. tomar la primera vuelta del instante de ver. El acordonamiento se
produciría entonces con un desfase que testimonfa 13 duración del
tiempo para comprender (resistencia del objeto).
LA COAAESl'ONOENOA ENTRE LA En la tercera frase, Lacan precisa: "La topología rtsiste, es en
TOPOLOGÍA Y LA PRÁCTICA esta que la correspondencia txistt". La correspondencia consiste
en Jos tiempos, existe por el hecho de la resistencia de la topolo-
~etomemos la pnmera frase de Lac:in: "Hay una corresponden- gía. Desde el seminario "RSl", sabemos que Lacan distingue exis-
cia :mre la topologfo y la pr:lctica (psicoanalítica)". Si Lacan ha tencia y consistencia. Ln consisccncia es del orden imaginario. En
~do hablar de sus casos, ha querido constnmemenre que el ana- la práctica analítiC1, lo que Frcud llama defensa es del orden ima-
lista pueda dar cuentol de su pr:lctic:i. En cambio, al final de su ginario. El Yo se defiende conrra lo que amenaz.a su imagen o la
enseñanz.~, él se verá i~uy expuesto en lns búsquedas topológic:is de sus objecos. Se puede admicir que la LOpologfo, que produce
que son siempre pclcucas. ¿Qué quiere decir cnronccs estn afir- tanta inseguridad para estas imágenes, puede susciror defensas.
~~ci~n de la correspondencia entre topología y pr:ícticn psicoana- Pero lo que hace consistencia en estn correspondencia, dice
ht1ca. Se conoce el término rig11roso de correspondencia bi- Lacan, son los tiempos. Y.'1 había recordado, en los seminnrios pre-
unívoca entre dos conjuntos. Significa c¡uc a cada elemento de uno cedentes, el ca r:ícter imaginario de b consistencin de los rnzonn-
de los conjunros se puede hacer c;orresponclcr uno y sólo un ele- micmos lógicos. Es a causa de esta consistencia imaginaria de la
mento del otro. secuencia que los Lres tiempos hacen sentido. Pero, dice Lacan,
"Esta correspondencia consiste en los tiempos." Esta segunda porque la topología resiste, es decir, porque parricipn de lo real,
frase, con su plural, "los tiempos", pnrecc confirmar esta lectura: esro correspondencia entre ¡míctil'a an;1lítica y to¡>ología existe,
a ca_da tiempo de la pr:íctica corrcspondcrfa un tiempo de la iopo- ella misma es real.
lo~a; ¿Pero qué querrá decir b e.xpresi6n: los tiempos de la topo-
logia. Se pueden evocar los tres tiempos del sofisma de los prisio- Lo que resiste es el Ello de Frcud, es la estructura equivalente
ne~s evocado por el tín1lo del seminario precedente. Después a la topología.
del mstante de ver vendría el tiempo para comprender, luego el No sólo hay correspondencia entre esas dos pr:íctiCIS por el
momento de concluir, tres tiempos de los cuales sólo el tercero es hecho de que en cada una de ellas hay resistencia (sobre lo cual
objetivable como duración. nos hemos demorado en nuest.ro resumen del seminario prece-
Solamente que es dificil unir cspcdlicamenre esta secuencfa dente). Lo que resiste en la cura -eso por lo que hace f.ilta tiempo
lógica~ la to~logfa. Además, c:i1 el sofisma, esro secuencia lógica para hacer un análisis aun cu:ando el inconsciente ignora el tiem-
no esta sola: viene a apoyar el intento de Lacan de aislar la fun- po- seóa de orden topológico. La resistenóa en la cura dcriw a
ción de la pnsa en lógica, la cual sobrcimpone la exigencia de una fin 1lc cutn1as 1k hecho~ mpolü~cos.
Jtl LAC:ANIANA. •LOS SEMINARIOS DE JACQUES LACAN 194• · 1979 lA TOPOl.OOA Y El TllMPO 161
Si h2y correspondencia entre los tiempos de la topología y los cedente, a la existencia de un law imaginario entre lo simbólico y
Je la CUl'2, es el tiempo de la cura el que se plieg:i a las exigencias lo real. Nos parece que, para Laan, esca necesidad del te¡ido, del
Je la topología del inconsciente, que no es otra cosa que la topo- anudamiento por lo imaginario, constituye In primera metiífora,
logia a secas. El analista debe plegarse a esta resistencia de la to· la de la "urdimbre". Así, Lacan va a hablar m:is adelante de "la
pología. met5fora del nudo borromeo". Pero yu la consistencia de cada
T.1mbién se puede pensar el recorrido del analizante como el cuerda R, S e 1 supone un sentido núnimo y por lo tanto una
recorrido específico de su estructura. Pensemos en términos de metáfora, lo que hace retroceder el origen dela metáfora y le hace
superficies. Localmente toda superficie es homeomorf.i a un uo-- decir a Lacan que R, Sel son los primeros nombres del padre. Tal
io de esfera. La "'vuelta en redondo" en este espacio banal no vez, Lacan se interroga aquí sobre el mínimo número de esos nom·
permite el trazado del acto, que es un doble bucle (véase el semi- bres primeros (véanse los desarrollos ulteriores sobre el nudo
nario "La lógica del fanrasma"). P31'2 completarlo, es ncces:iria borromeo generalizado).
una "audacia" para aventurarse más allá, en un espacio cuyu ve- Por ocrn parte, la copologia, a la inversa de la geometría por
cindad inmed~ata parecería sin emb2rgo siempre familiar, parn per- ejemplo, introduce una falta de semejanza radical entre el objeto
cibir retroacovamente que se opera m1 corte decisivo -corte que y sus diferentes presentaciones. Nos pone así frente a un real que
habrá recorrido el trayecto especifico del plano proyectivo (cross- se sustrae a la idealización. Si todo triángulo escrito sobre una hoja
cap), por ejemplo-. de papel remite al concepto ideal de triángulo, del cual da una re-
presentación imperfecta pero sensible, no pasa lo mismo con las
Un poco más lejos, después de haber reromando las nociones diversas representaciones del plano proyectivo que no tienen re-
bien establecidas sobre la band2 de Moebius, Lacan señala que lación mmediacamente sensible con el objeto "plano proyectivo•,
~Y.a ~sar .de codo "una hiancia entre el psicoanálisis y la topo lo- ral como está definido matemáóc:imentc. Sólo la exploración pa-
gia , h1ancia que él se esfuena en colmar. A propósito de una ciente del objeto -eso toma tiempo- puede verificnr su estruc-
equi1111lencia entre la estructura y la topología, añade: "Eso es el tura.
Ello del que se trata en Groddcck, es lo que es el Ello".
Esto nos parece confirmar que Lacan identifica la estructura
del Ello-de todo lo que en la lengua no es Yo [Je], pat2retomar13 EL TERCER SEXO
definición que da en "La lógic:i del fantasma"- con la topología.
En la cuarta lección, Lacan señala que a peS3r de la au-;encia de
relación setUal, es un hecho que b gente luce el ~mor. La explica-
¿EN QU~ PERMITE LA TOPOlOGIA EN LA PRÁCTICA ción, para él, está en "la posibilidad de un tercer sexo". Lo posi-
"HACER UN OERTO NÚMERO DE METÁFORAS"? ble, recuerda, es lo que cesa de escribirse o lo que cesa (coma) de
escribirse. (Concrnriamente a la intuición comím, cuanrln se co-
Si se entiende bien que hace foltn una topología particular para mete el acto, ya no es posible. Se convierte en contingente y es
dar cucara de la posibi lidad de la met:ífora, ¿por qué solamente para permanecer en el campo de lo posible que se retrocede anee
"un cierro número"? La topología del plano proyectivo (cross-rap), el acto.) "Por qué hay dos [sexos) por otra parte, eso no se entien-
que mscnbe el doble bucle del significante con la separación de de.» Tal vez, nos dice La can, el personaje de Lilic, la doble de Ev:i,
un ~to de superficie de otra riaturalC?.3 (objeto a), le da el mode- evoque esce tercer sexo. Pero la evocación es algo impreciso y "es
lo. Esta no limita sin embargo el numero. En la topología de lm juscamcncc la precisión, es decir, lo real, lo que he tenido en cuen-
nudos, la metáfora está ligada, según Lacan en el seminario pre- 1a, en resumen, al ~oñar con el nudo borromeo".
>t4 l ~l".' AP'i lANA - LOS S(MINARIOS OE JACQU( S LACA"' 1961-1979
La consistencia del nudo borromeo depende de lo que se ima. otros dos. Sin t:rnnsición, habla de la iniciación gracias a la cual se
¡¡111a. Lo imaginario, dice, refleja lo real. Pero parece, siguiendo a integra el falo. Pero esm iniciación es para ~I un forzamien10 y "el
l.:1c.111, que dibuja emonces muchos nudos, que esto supone cier- psicoanálisis es una anti-iniciación". Y, n folta de iniciación, hay
ta presentación del nudo ('3 presenmción cl~sic:i por ejemplo, en que "ser hombre" o "ser mujer". Sigue con un estudio, embrolla-
la cull c:ada redondel aparece en forma de un círculo equivalente do, de la rrenz.a de cinco hebras.
a los orros). En efecto, dice, p:ira que el nudo simbolice algo, hace Aquí, un.a lectur.1 posible de esus proposiciones. El fulo es a la
íah:i que cada redondel SC3 dispuesto de modo que muestre un vez lo que hace obstáculo a la relación sexual (ya que cada sexo ~o
interior. Sin duda al modo de los círculos de Euler, lo que se sim- tiene relación sino con el falo y no con otro sexo) y lo que perrrure
boliz.1 en "lo imaginario, lo simbólico y lo rea l es el interior del la copulación. Toda sociedad tradicional prevé la iniciación de sus
drculo". Sería mucho m~s difícil "instah1r una metáfora" en nu- miembros al falo. Que el psicoanálisis sea unn ami-iniciación re-
dos borromeos más o menos atormentados. mite al hecho de que el analizanre deba percibir lo que le es "suge-
Luego vuelve a poner en cuestión abruptamente la metáfor:i rido" por el lenguaje en cuanto al falo (a falu incluso de una ini-
del nudo borromeo. Esta met:ífor:i seria abusiva porque "en reali- ciación ritual): que él no es el falo y no puede permanecer en esta
dad no hay nada que sopone lo imaginario, lo simbólico y lo real". posición de serlo imagiMriamente sin cnconcrar grandes dificul-
Esta afirmación parece contradecir lo que planteaba antes, asa- tades en el acto sexual. De allí viene la idea de identificar el tercer
ber, que el nudo borromco era esta cosa, lo real mismo ele la estruc- sexo y el falo. El "hay que" ele la última frase sería entonces el
tura. Sin explicitar todavfo las razones por las cuales revisa su po- imperativo de la cura.
sición, Lacan confirma que lo esencial de lo que enuncia es que
no hay relación se.mal. ¿Por qué? "Porque hay un imaginario, un De todos modos, en la séptinu lección, Lac:an vuelve a la exis-
simbólico y un real" A continuación hace este señalamiento, que tencia de este tercer sexo. Dice que esta cuestión le surgió cuando
sitúa un poco el estilo de su enunciación: "Es lo que yo no osé estudió el nudo borromeo generali7.3do. "El nudo borromeo ge-
decir. Lo dije a pesar de todo". ncraliz:ido, va de suyo que yo 110 comprendo nada de él, que me
Tenemos entonces, en esta suerte de pensnmiento en voz alta, cmbarrullo... "
cierto número de proposiciones: Tal vez estll confesión permite aproximarse a la pregunta de
Lacan sobre lo que llama la impropiedad del nudo m.ís simple.
- No hay relación se.mal. Los últimos seminanos ("RSI", FJ smtl'M/1~. "La ignorancia") plan-
- La posibilidad, sin emb:irgo, del acto sexual está ligada a la tean el problema de la insuficiencia o no del nudo de tres redon-
de un tercer sexo. deles. La solución de un cuarto retlontlcl permití rfo 1mroducir
- El sueño del nudo borromeo tiene en cuenca lo real (.y no la una imposibilidad de pcmrntación total de los redondeles y en-
simple evocación) de ese tercer sexo. ronces especificarlos. En ausencia de t:il redondel, los tres son
- La metáfora (¿que constituye?) el nudo borromco más •im- equivalentes y por lo unto real, simbólico e imaginario ya no pue-
ple es impropia "porque no hay nada que soporte lo inugi- den ser distinguidos. Poniendo el ejemplo de la paranoia, Lacan
nario, lo simbólico y lo real". dice que tal nudo equivale a un nudo de trébol en el que los tres
Es mjustificado decir que no hay rcfoción sexual pqrt¡u• hay registros están en continuidad. La "inici~ción" al falo, en esta pre-
11n imaginario, 1111 simbólicoyrm real, osea, rre.rconsistencias. sentación, no puede surgir sino al precio de un cuarto redondel,
con el síntoma.
Al comienzo de la lección siguiente, Lacan vuelve sobre fa no- El "descubrinucnto" de Lac:an de la existencia del nudo borro-
ción del tercer sexo que no podóa sub~istir en presencia de los mcn gcneralii.ado abre la via a la relat1V11.aci6n del falo, y por lo
"6 lACANIANA ·LOS SEN NARIOS DE jACQU[S lACAN 19'4.0979
DISOLUCIÓN
S1 d famoso "Je pere-sévcre": de su "Cam de disolución" remite gioso del que anuncia proféticamente un ~boom" del cual no se
en ¡mncipio al "problema" de ~u Escuci1 y requiere así, según tendría "ningún tipo de idea"··.'
Lacan, de lo nuevo en el plano del "func;'>namiemo", esto no En la última lección, e•·ocando su próxima p;trtida a Caracas,
queda todavía, dice, más que en el comienzo. 'jt otra acepción de habla ya del retomo y de su mninario rtrrno:
esta "palabra" de Lacan concierne a su deseo itTeductible de pro- "Voy a volver porque mi prktica esd aquí, y este semina-
seguir su práctica y su enseñanza. No consider:t que sea posible, rio, que nocs de mi práctica, pero que la complementa. htescm1·
pan él, detener su seminario y, en el cuno de las lecciones, res- nario, lo tengo menos de lo que me tiene.
ponde a las cuestiones que ha solicit11do parn preci~ar, de nuevo, ¿Es por la costumbre que me tiene? Seguramcnre no, porque
algunos puntos: la relación de las mujeres con el goce y con la es por el malentendido. Y no esci cerca de terminar, preci~:imemc
cana de amor, lo religioso como fundamento del sentidol -reli- porque yo no me acostumbro, a ese malentendido.
(... ]Como no me habitúo a él, me fotiga disolverlo. Y de gol·
pe, lo alimento. Es lo que se llama el seminario etemo.s
Subrayemos que la orientación tomada por Lacan parece ser
No h:iy. segUn nosotrOS, la menor dud:a en COJet11Jcrar que Lacan no hnhria sustituir con el término "malentendido", presente desde las pri-
leído ~os textos, entonces las lecciones de su semin:ario. si no los hul icra
ttt0nocido como suyos. Lo uphcn:a con tod2 clariJ.d en b ltteión del 1Ode
meras palabr3S de la "Carta de disolución", el de inconsciente.
junio de 1980. Sin emlw-go, la =>-or pan e de este seminario quedó centnda co Ésta constituye el cora7.Ón de esta última lección. Lacan conside-
l.1 disolución de la Escuela Frcudia.na e.le Pa.rís, n.sf como en el contexto muy ra que el psicoanalist:t, si no deviene religioso, debe asumir y sos-
conflicLivoy polltnioo-quc p<:rtcnece ;i l;a historia-- en el cual dl.J se dcsen\'O)ví;a..
tener el m2lentendido que 110 putdt 1cr disipado. "No digo que el
Nos lima12remos 1 a fin de pcnnaocccr c.n el cspíriru Je tStC volum~ a rc:la-ar
como hemos esenio m2s tmba, algunos apones doctruurios C\<X:Jdos. verbo sea creador [... ) digo que el verbo es inconsciente -<> sea
L:l c-:i.r1:1. de disolución y cien.is lecciones del sc1ninario ht11l sido publicados malenrendido"-.6 No se puede revelar todo.
en Ornk•rl, París. Lysc, n• 20-2 l, '"''""º 1980, ~!!'· 7-20, n• 22-23, prinuver.i De modo más contingente, este término 2parece como un:i
1981, pdgs. S-14
Rcmiumos al ltttor que se inrettS< mis precisamente en c.1c período al respuesta, un desarrrollo a una cuesuón que Lacan habfa plantea-
libro precedentemente cit1do de Elisabeth Roudincsco, como ni de Suzonne do algunos ~ños antes: ¿por qué los analiz.~ntes hablan inexora
CintslCt·Dtlbrcil, Narrwimu tt Trirnsftrt, Parí$, C..mpagne Prcnúcre, 20<>!, al
Almana<adcilltluoJuniun, París, Nn":Uin, 1968, ya Cl.mde Dorgcuille, /,6,,,....J, blemente de sus padres?'
'1Ul'flt Jt ]""'1tt ~""· Actualit~ f'rcudionnc, 1981.
2. ~quí se jueg:1 la homofoul:.1 entre prrrtivh'f, "pcr;evero" y ph·~siveri, "1,:adre
scvcr<> • (N. de la T.I 4.Jacque< La=, "Monsicur A.". lccci6ndel IS Je man.o Je l'l~O. Orn:-1,
3. "El sentido siempre es rcliposo" ("C..n:a de Ji..olución"), "La rcligi6n es n• 20-21, pdg. 19. _
b montb origino! del senado" (18 de mar1.0 de 1980), "Yo mtcmo h•cer la S. Jocques Locan, "El malcntcnd1do", lección del 10 de 1un10 de 1980,
eontr.a, p::ira que el psicoondlisis no sen una religión. como tiende a \trio, Ondrar?, n• 22-23, págs. 11·12.
irresi>ublcmcntc. desde que se im2gin:i que t. inrerprctición opcr.icon el sentido. 6. lhiJ.. póg. 12. E.su dccbrx1ón viene e>pcci•lmrntc en ropue>ta • un'
Enseño que su rcsone esnl en otn parte, cspeciolmcme en el s1gni6antc como c:uu, c-·oc:itb por Lacan durante la ltteión precedente, que le envió Fra_n~1S<
ul A lo que se rcs1Stcn los que temen la d1soluci6n. La ¡cr.irquf• no se SO>ticne Doho -que ha loa1ado posición contra ti disolu.ci6n- :i. fin, Je h!.\ cse:nro, de
sino in:incjando el scnudo" (tbitf). La pro¡xxición es chisica en L:tC!ll\ aun cu.1ndo
0 "disil"" el m2lcnten<lido". Este correo lo enfureció. .
tnma un• duncnsión parricubr con el •m de disolución de b EfP. Sólo se puede Alrededor de este témllno "rualcnccndido", la ex:accrboctón del malcntcndi<!o
>egwrlo. Pero, hay allí, nos pll'Ca:, deslizamientos del scnndo que demand•rían recíproco entre Dolto y Lacan n~ parece cjc1np12r p3ra i1u5tnr.1:.a 1111pos~ilidad
no ol»Wltc ser reconocidos y probleinatindos. En efecto, canto el signific:lnte de p:tllbra que cancttNz11 este pc:ríodo. ¿No se puctlc cons1Jcr-:\r, rna?i ant·
como el <encido pueden h•cer religión: con la étic:i del "bien decir", algu11os pli.amentc, que el conJ\anto de este teminario p~rticip~ de un v:asto uulcnr~dtJo?
dogm.íticos lacanianos pattcer h2ber SU>t1ruido muy bien, en pro-ixhodcl Amo No es mcn<» cierto que tnduce el nulcntend1do mas fundament1I que mten:1>
y d< est1 jeruqub que La.can combatía, 1t éáa del "bien dcar l• teoría•; ese • b cuestión del scnudo.
dCS\fo de la cruca.nu de La.can que podría apoy2rse sobre el <~nnino •real", 1. Véase nuestro c<unentario del senlin:irio "La ignorancia t¡uc s.1bc de la
convcnltlo en s1gnilicante-:uno. un:t equi\'OC;tci6o (se v:l 111 li mom)", ap. 24.
)JO L.. C .. .. 1"-NA. lOS SEMINARIOS DE JACQU[S LACAN t•4 1979
Según él, haya sido deseado o no, "se nace malentendido", pues
no se nace sino de seres hablantes. El imlcntendido se transmite
1si de generación en generación. "Forman parre de la furfullaría
de sus antecesores. No hay necesidad de que farfullen ustedes
mismos. Desde antes, Jo que Jos sostiene a título del inconsciente,
o sea del malentendido, se enraíza allí." El parltt:rt "se rep:irtc co
general en dos lublantes. Dos que oo hablan la misma lengua.
Dos que no se escuchan hablar. Dos que no se escuchan a secas. Bibliografía
Dos que se conjuran para la reproducción, pero con un malen-
tendido completo, que el cuerpo vehicufará con la así llamada re-
producción".•
Se comprende entonces que en sesión, el sujeto, nuevo parlitrt,
renga que arreglar cuentas con ellos, por tener que car~r con la
responsabilidad de esta herencia.
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J"' LACANIANA • LOS S(MINARIOS DE )ACQUf.S lACAN 196< 1979
&litr<: 113, 138, 250, 256, 261, d= de-: 167, 173 310·311, 313, 342-343 Topologi1:69, 73, 78, IOS-106, 206,
166,275,292-293,308,327 inconsciente: 82, 84, 149, 172, Simbólico: 14-18, 80, 95, 166, 200, 243, 2)1, 252, 264, 269-270, JSJ,
l'a•c. JI, 141, 153, 157, Hl 23S,237n8,268,170,333, 226,241,252,264,274-275,280, 359-363
l'lu•~e-gour: 160, 16 1, 17-175, 33S-ll6, 338 285-295, 298, )02-307, 334, 338, 'lbro: 69, 77, 102, 138 (v. <Ot>Ologia)
17S, 180, 185-187, 197, 198, 202, S•b<:r hocer: 307, 312, 326. 330, 337 340-34 1,3S2,J58,364-l6S Tmnsíercncia: 44-48, S8-S9, ?S, 76,
lOS, 206 Scmbl•nre: 12, 1), 2J, 196-197, 213, S1111home: 299·327, 355 93, 143-14S, 149·153, IS6, 203,
l'ocsfa: 2J6, J44 220, ZJ0-23 1, 2}8-239, 242, 264, Síntoma: JO, SO, 79, 8S-86, 166, 167, 341, 342
Posiciones subjcti"'1S: 67, 216, 311, 266-269,275-276,280,187-289, 197,?22,224,?40,28S,299-J30,
313 292, 299-300, 311, 339, )4) 332,3J4,336-337,341-342,344 Uno: 12, 19-20, 23, 37, 72, 75-76,
l'rinción: 14, 24, 61, 72, 75, 79, 178 Scn¡ido: 12, 15, SS-S7, 63-70, Sueao: 14, 2J, 43, 78, 104, 122, 9J, 134-IJS, 136, 162·16J, 166,
8S-86, 113, 121, 129, 130, 148-149, t81,207-208,291,J5S,3S6 202, 207, 211, 220-224, 227-230,
Real: 10, JI, 36, J9, 43-'14, SI, SS, 17S-176, 208-210, 237, 24J-2'1ó, del "Hombre de los Lobos": 43, 246,250-2Sl,252,271-27S,
6S-ó7, 78-79, 14S, 149, 166, 197, 266-269, 275-276, 280, 287-289, 124 311-312, 343
210, 219, 229, 241-245, 264, 266, 292, 299-300, 319-326, Jl7, J41, • P•drc, ¿no ves que esroy rosgowurio: 19, 20, 122, 13S, 166,
267,271,272,280-281,285-289, 343-347, 351-352 •rd1cndo?•: 43-44 202,223,227,298,301,J39
292-29J, J27, l32, 340-341, cícero de-: 67, 300, 320, JS, 352 Sujcro: pMri.n "Uno en más": 123, 201n)5
346-347, 355 no - (p111-dt-m11): 61·68, 86, cartesiano: 16, 39, 40, 73, 92
Referente: 12-13, IS, 66, 67, 200 18·149, 176,319-32 1 de b enunciación: 15, 37, 123, 12S \ferdad: 18,)9-40,46,68,72 ·73 ,
Rcl•ción ltrual: 22, 29, 81, 118, 135, sin-cncido: SS-56, 175-176, 207, del tnconscienrc: 16, 21, 37, 40, 81-8?, 85-86, 90-98, 124-127,
164, 166, 195, 200, 201. 202, 264,299 52, 63, 67, 91n3, 92. 127, 331 138-139, 145-146, ISO, ISS·IS6,
206-207,210,211,214,216-219, velo de-< 269, 271 división del-: IS, 18, 47, 76. 81, 90, 161, 163, 172-174, 176-178,
228,2J0,2J8-239,249,251, S.ro:23-29,63,67~.79-85, 131, 91, 9-1, 9S, 101, 107, 110, ISO, 180-182, 195-196, 216, 222, 235,
2S3-2S4,2S9,266,267,271-274, 1)), 135-ll7, 213-214, 239, lSl, 153, 157, 308. Jll, JIJ, 351 238, 259, 271-272, Jl2, 322, 323,
288,29J,294,309,314,J24,326, 25J-255,272,J44,J52 supu«to-s3bcr: 83, 93, 96, MS, J40-342,346
H9, J41, J44, 352-353, 357, Otro-< 226, 228, 24S, 2Sl, tSO·ISI, 152, 154-157, 203, 209, Vmirinrmg: 98, 340
363-J6S 288-289, 305, 309, 327 JJ7, 343, 3S4, 355
Religión: 34, 98, 268, 272-273, tercer: J63-366 Sutura: 67, 71, 72, 77, 96nt2, 320
274, 341 Sciruaci6n: 10, ZS, 29, 133, 199,
Repetición: 42-'14, 75, l 19, 132-137, 2 IS-2 18, 225, 288-289
161, 166-167, 196- 197, 238, Suu2lidod: 23, 25, 47-49, 53, 76,
223-224, J2S 113, 197-202, 239, 337, 352
Reprcscnt:oci6n: 14, 73, IOJ, S1gn1ficoci6n: 11, 56, 63-69, 120,
109-110, 288-289 139, 339
p•labro· 207-208 Signific:ante: IO, 11, 20-22, H-60,
rcpresenanie de b --< 56, 106, 66~. 70-72, 98, IZO-IN,
110, 164, 196, 338, ))8 HJ-144, 161-162, 16S-166,
170-171, 193, 211-223, 237, 239,
.S: 29, SS, 82, 106, 181, 182, 256, 2S2,2S3,298-299,316,323,J4S
2S9, 266, J42-l43 •mo: 171, 193, 195, 221, 310,312
Sab<:r: 16· l7, 18, SS, 63, 72.73, 92, cadeno-: 22, 43, 64, 126, 170, 256,
93, %, 97-98, HS, IS0-152, IS6, 262,287,289
161-162, 16), 171-174, 181, 187, CÍC<IOS del-: 48
ll.f..23S,2S9,265-266,174, 176, S 29, SS, 64, 149, 162, 166-167,
313, JJ6, 343 1
170-173.181, 182, 184, 186,221,
de lacicnca: 39, 73, 143, 162 230, 245, 256, 259, 310-Jl3,
del Orro: H. 161, 338, 343 HZ-343
dehexo: 62, 63, 67-68, 79-87.
ISS, 356 '181, 182, 184, 186, 145, 2S9, 2M,.
S 29,SS, 6-1, 149, 162, 167, 170-173