VICTIMOLOGIA
ÁREA III.
I. LA CIENCIA DE LA VICTIMOLOGIA:
ORIGEN
Al estudiar la historia de esta ciencia, se puede determinar que las ciencias
penales a excepción de la criminología y la medicina forense, han tenido muy poco
o nada de interés en relación al fenómeno victimal.
Para señalar el origen de la victimología, iniciaremos con las escuelas del Derecho
Penal, es así como la escuela clásica “centra su interés en el delito como ente
jurídico, importa básicamente el hecho delictuoso, y la justa retribución al
responsable del mismo”1. Es decir, a esta escuela le interesa únicamente el nivel
conductual, desinteresándose por el nivel individual, toda vez que centra su
atención e investigaciones en la teoría del delito, pasando a un segundo plano el
delincuente y por ende la víctima, lo cual se evidencia como el principio de un
problema de interpretación.
Con la escuela positiva del derecho penal se origina la criminología, centrando su
estudio en el hombre antisocial, olvidando a la víctima al orientar su esfuerzo en la
comprensión del criminal, en la conducta de la persona que cometió el delito. Es
así como el criminal es objeto de estudio, protección, sanciones, auxilio, mientras
que a la víctima muy poco se le mencionaba.
A partir del interés en la victimología hasta su consolidación, “la víctima había
sufrido el más absoluto desprecio por parte del Derecho Penal y Procesal Penal, la
Política Criminal y la Criminología, la víctima, en el mejor de los casos, inspiraba
solamente compasión…”.2
1
Rodríguez Manzanera, Luis, Victimología, estudio de la víctima.
2
Reyes Calderón, José Adolfo y Rosario León-Dell, Victimología.
El doctor Luis Rodríguez Manzanera en su obra “Victimología, estudio de la
Víctima”, señala que la actual victimología tiene su origen particularmente como
una respuesta de los judíos contra el holocausto hitleriano/germano,
aproximadamente en el año 1945. Tres años después, en el año 1948 destacan
los trabajos sobre victimología escritos por Hans Von Henting.
La victimología no puede ser considerada como un capítulo de la criminología,
debido a que abarca aspectos jurídicos y sociales que rebasan el ámbito
criminológico y del delito; en ese sentido, Benjamín Mendelsohn señala que el
estudio de la víctima y del delincuente debe orientarse a formar parte de una
nueva ciencia denominada victimología, la cual debiera estar separada y en forma
paralela al estudio criminológico.
DEFINICIÓN
La victimología es “…el estudio científico de las víctimas del delito”, también se le
conoce como “una rama de la criminología que se ocupa de la víctima directa del
crimen y que comprende el conjunto de conocimientos biológicos, sociológicos y
criminológicos concernientes a la víctima”. Los diccionarios jurídicos la definen
como “El tratado o estudio de la víctima, o sea, a la persona que sufre o es
lesionada en su mente, o en su cuerpo o en su propiedad, por otra u otras”.
SU SITUACIÓN PRE DELICTUAL
En ocasiones, el trastorno mental funciona como un detonante para la comisión de
hechos delictivos. Sin embargo, ello no quiere decir que todo enfermo mental sea
un potencial delincuente, ni que todo el que delinque padezca un desequilibrio
mental.
No obstante, en la sociedad actual es lugar común creer en el estereotipo que
identifica al enfermo mental con una persona peligrosa y, generalmente, violenta.
Dicha asociación está impulsando a los estados democráticos a articular
mecanismos encaminados a “protegernos” contra posibles conductas agresivas de
estas personas en aras de aumentar la sensación de seguridad.
El internamiento ha sido, y está siendo, la herramienta más recurrente para
prevenir eventuales comportamientos violentos pero, ¿hasta qué punto el
diagnóstico de un trastorno mental grave justifica la adopción de esta medida?
¿Es suficiente un pronóstico de peligrosidad para apreciar un riesgo social o,
incluso, criminal? ¿Son compatibles las medidas jurídicas actuales con la atención
sanitaria que necesita un enfermo de este tipo? ¿Cumplen un fin terapéutico o, por
el contrario, dificultan más la curación de estos sujetos? A estos y a otros muchos
interrogantes da respuesta la obra Peligrosidad social predelictual y trastorno
mental. Una monografía que pone encima de la mesa diversos pormenores que la
enajenación mental ha suscitado en cuanto a su consideración como factor de
riesgo.
De este modo, el trabajo del profesor Flores Prada analiza el difícil equilibrio que
debe imperar entre la creciente demanda de seguridad por parte de la sociedad y
su consecución a través de un sacrificio proporcionado de los derechos y
garantías fundamentales. Y lo hace, tal y como nos tiene acostumbrados este
autor, de una manera sumamente clara y estructurada. Para ello, ha dedicado un
primer capítulo introductorio en el que sitúa el estado de la cuestión y expone los
principales motivos que han llevado a que en la actualidad haya aumentado
sobremanera el deseo por una mayor seguridad ciudadana, pese a que su logro
implique el endurecimiento de las políticas criminales y un mayor otorgamiento de
facultades y medios a los cuerpos de seguridad.
Tras ello, y antes de adentrarse en las distintas regulaciones que ha recibido la
peligrosidad a lo largo del tiempo, se detiene este autor en realizar, a mi juicio, una
de las tareas más complejas de esta obra: estudiar el significado de palabras y
expresiones clave en esta materia. Así, se desgranan conceptos como el de
seguridad, peligrosidad, medidas de seguridad, defensa social y medidas
preventivas. Atribuir un significado más o menos concreto a estos términos es,
como con acierto ha considerado Flores Prada, un trabajo previo a disertar sobre
la adopción de medidas idóneas frente a sujetos potencialmente violentos; pero, a
su vez, se trata, como decía, de un trabajo arduo, ya que para delimitar algunos de
estos conceptos han de tenerse en consideración numerosas connotaciones
subjetivas que los determinan. Aun así, el análisis de estas nociones consigue
aproximarnos a las mismas desde diferentes perspectivas, y no solo desde un
punto de vista jurídico, lo que hace a este trabajo interesante para otros campos
de estudios como la psiquiatría o la sociología.
El tercero de los capítulos de esta obra aborda la evolución histórica de la relación
entre peligrosidad y locura. Y es que, tal y como pone de manifiesto el presente
libro, el vínculo que une a ambos conceptos es muy estrecho y, desde antiguo, ha
despertado un sentimiento de miedo que ha propiciado que los enfermos mentales
sean considerados seres peligrosos. En este sentido, ha de reconocerse que
algunos trastornos como la esquizofrenia paranoide grave o ciertas alucinaciones
pueden suponer un verdadero riesgo tanto para quien la padece como para
terceros. Sin embargo, hay otros desequilibrios mentales menos acusados que no
suponen un impedimento para que quienes los sufren puedan convivir
perfectamente integrados en la sociedad. Sea como fuere, lo cierto es que
históricamente los enajenados han sido tratados como marginados sociales, algo
que no ha contribuido a su correcta atención.
Avanzando en el análisis del tratamiento del trastorno mental en la sociedad de
aversión al riesgo en la que vivimos, el cuarto capítulo se centra en estudiar la
constitucionalidad de ciertas medidas de seguridad predelictuales. Algunas de
ellas han sido declaradas inconstitucionales por el propio Tribunal Constitucional e
incluso han sido derogadas, como sucede con las que contenía la Ley de
Peligrosidad y Rehabilitación Social que, como es sabido, sustituía a la Ley de
vagos y maleantes, y cuyo principal objetivo era controlar el comportamiento de
las personas consideradas antisociales. Otras medidas, por su parte, están
todavía vigentes aunque, como evidencia este trabajo, haya dudas legítimas sobre
su adecuación a los mandatos constitucionales.
En definitiva, Peligrosidad social predelictual y trastorno mental es una obra que
merece la pena ser leída, no sólo desde el punto de vista de la doctrina jurídica,
sino también desde el campo psiquiátrico y psicológico. Y no solo por la actualidad
del tema sino por tratarse de un trabajo interdisciplinar que nos ilustra y que nos
hace comprender con mayor amplitud de miras la situación tanto jurídica como
asistencial en la que se encuentran las personas con trastornos mentales. 3
SU RELACIÓN CON EL DELINCUENTE
Se entenderá por víctimas a las personas que, individual o colectivamente, hayan
sufrido daños, incluidos lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional,
pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como
consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en
los Estados Miembros, incluida la que proscribe el abuso de poder. Podrá
considerarse “víctima” a una persona con arreglo a la Declaración,
independientemente de la relación familiar entre el perpetrador y la víctima. En la
expresión “víctima” se incluye, además, en su caso, a los familiares o
dependientes inmediatos de la víctima directa y a las personas que hayan sufrido
daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la
victimización.
Determinar relaciones entre la víctima y el victimario y los elementos a tener en
cuenta.
Esta relación va aportar información relevante del hecho, cuanto mejor se entienda
el punto de encuentro entre ellos, habrá más información sobre la génesis del
hecho.
1. DISTINCIÓN ENTRE PAREJA PENAL Y PAREJA CRIMINAL
Pareja penal Delincuente / víctima. Sujeto activo / pasivo.
3
Ignacio Flores Prada, Aranzadi, Cizur Menor, Peligrosidad social predelictual y trastorno mental, 2017, 282
págs.
Victimario/víctima
Pareja criminal 2 victimarios, 2 delincuentes, 2 sujetos activos.
¿Puede la pareja penal convertirse en una pareja criminal? Un típico caso es el
síndrome de Estocolmo, en el que el secuestrado se pone de lado del
secuestrador, en este caso se produciría el cambio de penal en criminal.
¿La pareja criminal se puede convertir en penal? Este caso es más frecuente que
el anterior. Dos delincuentes que roban un banco y uno de ellos coge el dinero le
mete un disparo al otro y se va.
2. PERCEPCIÓN DEL CRIMINAL POR SU VÍCTIMA
En este sentido no se puede establecer reglas genéricas para medir semejante
percepción, en tanto va a depender del tipo de delito y de la relación existente
entre ambos. Hay una investigación de Rodríguez Manzanera en la que medía con
carácter general los sentimientos de la víctima hacía el criminal. Los principales
sentimientos son: 27% coraje o rabia frente a un 14% de temor. Otras
investigaciones cifran el sentimiento de coraje o de rabia en torno al 49% frente a
un 16% de temor. No hay parámetros generales, no se puede establecer
sentimientos comunes, sino que hay que individualizarlo según el tipo de delito y la
relación existente entre ambos, en consecuencia, lo más útil es acotar estas
variables y según estas se podrá determinar en qué momento de la relación
delictiva se encuentran.
Para explicar la relación existente entre víctima y delincuente, se recurre a unos
esquemas de Rodríguez Manzanera que ayudan a entender la relación entre
víctima y criminal:
Partimos de 3 hipótesis:
A. Tenemos un delincuente, junto a él, una víctima. El delincuente inicia el iter
criminis, la víctima inicia, otro camino, el iter victimae. El delito estaría en el punto
donde confluyen. El camino de ambos no finaliza en el delito, sino continúa
(denuncia, proceso penal
)
B. Atendiendo al delito, por ejemplo: el homicidio, el iter victimae finaliza con su
muerte, mientras que el iter criminis continúa con el proceso penal.
C. El supuesto de la pareja penal que se convierte en pareja criminal: en un primer
momento existiría un iter criminal, que se transformaría en doble, tras el cambio de
rol de la víctima.4
SU PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO PENAL
La victimología es el estudio de las causas por las que determinadas personas son
víctimas de un delito y de cómo el estilo de vida conlleva una mayor o menor
probabilidad de que una determinada persona sea víctima de un crimen. El campo
de la victimología incluye o puede incluir, en función de los distintos autores, un
gran número de disciplinas o materias, tales como: Antropología, Biología,
Psicología, Psiquiatría, Medicina, Derecho Penal, las que concurren en su método
de estudio para estudiar a la víctima, valiéndose de sus propios métodos y
pretensiones, gracias a lo cual se ha ido consolidando un saber victimológico,
resultando con ello la necesidad de una ciencia que integre y coordine las
informaciones procedentes de estas otras ciencias aplicadas al fenómeno
victimal. Siendo una exigencia del saber científico, los victimólogos deberán
continuar su trabajo para situar este sistema de conocimientos en una instancia
superior, de esa estructura transdiciplinaria.
La Victimología es una ciencia que estudia científicamente a la víctima y su papel
en el hecho delictivo, la que no podemos afirmar que esta sea una ciencia
experimental, debido a que no es ético victimizar para poder experimentar, lo que
sí concierne aplicarse al método de estudio en el campo de la terapéutica y la
4
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prevención victimal, donde el empleo del método empírico para el estudio del
fenómeno criminal conformado por el binomio víctima-delincuente constituye
esencia fundamental del interés victimológico.
El estudio de las víctimas es multidisciplinar y no se refiere sólo a las víctimas de
un delito, sino también a las que lo son por consecuencia de accidentes (tráfico),
desastres naturales, crímenes de guerra y abuso de poder. Los profesionales
relacionados con la victimología pueden ser científicos, operadores jurídicos,
sociales o políticos.
El estudio de las víctimas puede realizarse desde la perspectiva de una víctima en
particular o desde un punto de vista epistemológico analizando las causas por las
que grupos de individuos son más o menos susceptibles de resultar afectadas.
Luis Rodríguez Manzanera identifica el objeto de estudio de la victimología, a
partir de tres elementos fundamentales: el nivel individual representado por la
víctima, un nivel conductual relativo a la victimización y un nivel general que sería
la victimidad.
La Victimología, se ha desarrollado sobre todo en la última década. En la
actualidad, cada vez hay una mayor presencia de especialistas cubanos
dedicados a temas victimológicos, aunque aún resulten insuficientes, si
comparamos los conocimientos que se han desarrollado en esta ciencia en el
plano internacional y las garantías que el proceso revolucionario cubano ha creado
para darle cada vez una mayor satisfacción a las necesidades de la población.
Por el proceso de victimización se entendió la cadena de hechos o circunstancias
o actos que producen daño, prejuicio, menoscabo o sufrimiento a la víctima,
estudiándose la victimización primaria, que radica en la experiencia individual
recibida por el delito y la victimización secundaria que se deriva de las relaciones
de la víctima con el sistema penal.5
5
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ESPECIAL CONSIDERACIÓN A LAS TEORÍAS DE LAS
OPORTUNIDADES PARA EL DELITO
PERSPECTIVAS FUTURAS
1. Hacia un enfoque realista
En base a la revisión anterior del pasado de la victimología y de su estado actual,
ahora debería ser posible identificar algunas posibles tendencias futuras. Una
transición del Idealismo Utópico al Realismo Duro La gente con la edad se vuelve
más sabia y más pragmática. Se establece un cierto realismo, provocado por la
dura realidad de sus experiencias vitales, por decepciones y contratiempos, por
una mejor comprensión de lo que es posible y lo que no, por lo que puede y no
puede ser alcanzado. Gradualmente, aprenden a abandonar los sueños utópicos y
optan en su lugar por objetivos más alcanzables. Esta transformación es probable
que tenga lugar en la victimología, una vez que muchos de los jóvenes activistas
de hoy en día se dan cuenta de que algunas de sus bienintencionadas demandas
no son ni razonables ni prácticas, y es probable que conduzcan, en caso de
aplicarse, a un sistema de justicia inequitativo, injusto, y parcial. La criminología ha
sufrido una transformación similar. Los años 1960 y 1970 fueron las décadas en
que el romanticismo y el idealismo en criminología alcanzaron su punto máximo,
encabezado por los llamados "nuevos criminólogos". Los sueños de la época se
hicieron añicos con la llegada de una era de conservadurismo provocada por la
elección de jefes de gobierno simples, de pensamiento primitivo: Reagan,
Thatcher y Mulroney, por nombrar sólo algunos. Para sorpresa de nadie, el
idealismo de los "nuevos criminólogos", su optimismo exagerado, dio paso a lo
que se dio en llamar "realismo de izquierda" o "realismo radical". La criminología
realista rompió "con las concepciones románticas e idealistas que se habían
transmitido por la criminología radical" (Matthews y Young, 1986: 1; véase Fattah,
1997a: 265). Parece no sólo posible sino también muy probable que un desarrollo
parecido ocurrirá en victimología. En su intento de llamar la atención sobre el
sufrimiento de la víctima, y para lograr sus objetivos políticos e ideológicos, los
líderes del lobby de víctimas se han negado constantemente a reconocer que la
victimización es un fenómeno normal y natural, un hecho de la vida, retratándolo
en cambio como un fenómeno patológico y anormali. Ellos han rechazado
categóricamente cualquier afirmación, incluso cuando sea apoyada por evidencia
empírica irrefutable, de que los roles de víctima y victimario son intercambiables y
que muchos incidentes de victimización violenta son el resultado de interacciones
dinámicas y explosivas en lugar de acciones deliberadas y unilaterales de la
personalidad defectuosa del autor.
El punto de vista actualmente dominante en victimología, de un mal infractor y una
buena víctima, de una víctima inocente y un criminal culpable, poco a poco dará
paso a la visión más realista y defendible de dos seres humanos atrapados en una
red de relaciones sociales complejas y emociones humanas. Realismo significa
que la venganza, que sabemos que es dañina y destructiva, hará espacio para
una visión más equilibrada de la victimización y para una respuesta comunitaria
donde empatía, compasión, tolerancia y perdón reemplacen las llamadas actuales
de venganza. Los albores de este realismo victimológico podrían verse fácilmente
en lo que Marc Groenhuijsen, uno de los defensores de las víctimas más fuertes,
llama "la falacia de los victimólogos". En su discurso ante el IX Simposio (1999:
107), advirtió en contra de la creencia errónea de que "cuantos más derechos de
las víctimas, mejor". Sostuvo que reclamar derechos excesivos para las víctimas
puede y será contraproducente, simplemente porque exagerando en este sentido
podría fácilmente ponerse en peligro la realización del catálogo de derechos
básicos de las víctimas. La sabiduría de estas palabras no se perderá, y está
destinada a influir en el pensamiento y acciones de las generaciones futuras de
victimólogos. El realismo también dará lugar a una redefinición del objeto de la
victimología. Si victimología no es perder completamente su carácter científico, si
no es convertirse en un movimiento puramente político e ideológico, parece
inevitable un nuevo trazado de sus fronteras y una reducción de su objeto. Así, el
realismo protegerá a la victimología contra el peligro real de ser transformada en
mera preocupación por el sufrimiento humano. El realismo hará muy claro que no
hay tal cosa como una "ciencia" del sufrimiento humano. Porque, como Flynn
(1982) señala en uno de los primeros simposios internacionales sobre
victimología, si todo el dolor y el sufrimiento (que van, por ejemplo, desde
enfermedad mental a neurosis) debían ser definidos como victimización, ¿quién no
sería una víctima? La llamada "victimología global", predicada por algunos, dará
paso a una "victimología realista", una victimología verdaderamente científica que
recoge sus datos utilizando metodología de investigación reconocida, y basa su
acción en teoría científica, no en ideología política.