0% encontró este documento útil (0 votos)
139 vistas4 páginas

Poemas de Amor y Misticismo

Este documento presenta nueve poemas de diferentes autores y períodos que tratan sobre el amor. Los poemas describen las distintas etapas y emociones del amor, como la pasión, los celos, la pérdida y el anhelo de ser recordado después de la muerte. Los autores incluyen a Santa Teresa de Ávila, Lope de Vega, Shakespeare, Sor Juana Inés de la Cruz y Lord Byron, entre otros.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
139 vistas4 páginas

Poemas de Amor y Misticismo

Este documento presenta nueve poemas de diferentes autores y períodos que tratan sobre el amor. Los poemas describen las distintas etapas y emociones del amor, como la pasión, los celos, la pérdida y el anhelo de ser recordado después de la muerte. Los autores incluyen a Santa Teresa de Ávila, Lope de Vega, Shakespeare, Sor Juana Inés de la Cruz y Lord Byron, entre otros.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ya toda me entregué

Autor: Santa Teresa de Ávila (España, 1515-1582)


Período o movimiento: Renacimiento español, místicismo

El amor a lo divino es también una experiencia de amor que enciende el


alma. En el cristianismo, Dios es una persona  divina y, como tal, se
relaciona personal y amorosamente con el creyente. Santa Teresa de Ávila
se rinde ante este amor trascendente casi de forma sensual, pues se siente
unida al llamado Amor Hermoso, al punto de encontrarse en él su propia
identidad.

Ya toda me entregué y di
y de tal suerte he trocado,
que es mi amado para mí,
y yo soy para mi amado.

Cuando el dulce cazador


me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída.

Y cobrando nueva vida


de tal manera he trocado
que es mi amado para mí,
y yo soy para mi amado.

Hirióme con una flecha


enherbolada de amor,
y mi alma quedo hecha
una con su Criador,

ya no quiero otro amor


pues a mi Dios me he entregado,
y mi amado es para mí,
y yo soy para mi amado.

5. Soneto XII (Desmayarse, atreverse, estar


furioso...)
Autor: Lope de Vega (España, 1562-1635)
Período o movimiento: Siglo de oro español, conceptismo
Lope de Vega describe el amor y todos sus matices. Se pregunta qué es, e
intenta responder. Sus palabras parecen contradictorias entre sí, pero
ciertamente el amor contiene tensiones entre la pasión y el dolor.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,


áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,


mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,


beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,


dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

6. Amor verdadero
Autor: William Shakespeare (Inglaterra 1564-1616)
Período o movimiento: Renacimiento inglés, período isabelino

En este poema, el sujeto poético intenta comprender la definición del amor


verdadero. Pero finalmente, se lamenta y se confiesa incapaz de haber
percibido sus maravillas cuando hubo la ocasión.

No, no aparta a dos almas amadoras


adverso caso ni cruel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras


con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente


de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.
Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.

7. Amor empieza por desasosiego


Autora: Sor Juana de la Cruz (Nueva España, 1648-1695)
Período o movimiento: Barroco hispanoamericano

En este célebre poema, Sor Juana Inés de la Cruz describe las diferentes
etapas del amor, que nacen con la pasión encendida, y recorre las calles de
la indiferencia, los celos y el dolor ante la despedida.

Amor empieza por desasosiego,


solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,


conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:


¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?


Pues no te engañó amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.

Te puede interesar: Poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

8. Reminiscencia inmortal
Autor: Friedrich Schiller (Alemania, 1759-1805)
Período o movimiento: Romanticismo alemán

El enamorado espera que su amada encienda las mismas pulsiones que él,
pues la entrega mutua y plena de dos personas en un solo ser lo percibe
como un retorno al perdido origen divino.

Dime amiga, la causa de este ardiente,


puro, inmortal anhelo que hay en mí:
suspenderme a tu labio eternamente,
y abismarme en tu ser, y el grato ambiente
de tu alma inmaculada recibir.

En tiempo que pasó, tiempo distinto,


¿no era de un solo ser nuestro existir?
¿acaso el foco de un planeta extinto
dio nido a nuestro amor en su recinto
en días que vimos para siempre huir?

¿...Tú también como yo? Sí, tú has sentido


en el pecho el dulcísimo latido
con que anuncia su fuego la pasión:
amémonos los dos, y pronto el vuelo
alzaremos felices a ese cielo
en que otra vez seremos como Dios.

9. Acuérdate de mí
Autor: Lord Byron (Inglaterra, 1788 - 1824)
Período o movimiento: Romanticismo inglés

Para el amante el olvido es insoportable. La memoria de su persona es lo


único que le queda ante la inevitabilidad de la muerte. De hecho, el olvido
sería la verdadera muerte. Por eso el amante suplica que no lo olviden.

Llora en silencio mi alma solitaria,


excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.
Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede aniquilar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba


no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito


rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.
no por eso serán mejor curadas.

También podría gustarte