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Cacol, el caracol y las comunidades de México

El caracol de la niña, llamado Cacol, la ayuda a estudiar las comunidades autónomas de México. Cuando la niña se queja de lo difícil que es aprender los nombres y ubicaciones, Cacol camina por el mapa y le dice el nombre de cada comunidad por la que pasa. Siguiendo el recorrido de Cacol por el mapa en espiral, la niña aprende fácilmente los nombres y ubicaciones de las diecisiete comunidades autónomas.
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Cacol, el caracol y las comunidades de México

El caracol de la niña, llamado Cacol, la ayuda a estudiar las comunidades autónomas de México. Cuando la niña se queja de lo difícil que es aprender los nombres y ubicaciones, Cacol camina por el mapa y le dice el nombre de cada comunidad por la que pasa. Siguiendo el recorrido de Cacol por el mapa en espiral, la niña aprende fácilmente los nombres y ubicaciones de las diecisiete comunidades autónomas.
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ALUMNA: BARBARA BERENICE ISIDRO OSORIO

TAREA DEL CUENTO

Cacol, el caracol viajero

Tengo un caracol que sólo sabe andar girando en sentido contrario a las
agujas del reloj. Mi papá me lo trajo cuando era solamente un trocito de
cascarón. Con cariño y lechuga lo he criado. A veces jugamos. Le he puesto
de nombre Cacol. Me gusta verlo dando vueltas sobre la mesa de estudio
de mi habitación. Yo creoque de tanto estar dentro de su casa, se le ha
quedado esa forma de andar: en espiral.
Un día, tenía que estudiarme las comunidades autónomas de Mexico.
—¡Qué rollo, Cacol!, esto es muy difícil —le dije.
Pero mi caracol no decía nada, sólo daba vueltas en espiral.
Sobre la mesa tenía un mapa, con nombres y todo. Me lo habían dado en el
colegio para estudiármelo. ¡Ni más ni menos que diecisiete comunidades, y
además había que aprenderse dónde estaban!
Después de media hora intentando memorizar las dichosas comunidades,
me entró el sueño. Me levanté para despejarme. Salí a la cocina y me tomé
un vaso de leche con galletas. Mi mamá dice que el azúcar es bueno para
estudiar, pero sin pasarse, que después hay que ir al dentista.

Cuando volví a la mesa, vi que la hoja del mapa tenía babas de mi caracol.
—Eres un cochino, Cacol. Eso no se hace. ¿Cómo me voy a estudiar esto si
está lleno de babas?
Cacol se escondió en su casa, y yo creo que lloró y todo.
—No llores, Cacol, pero es que así no voy a poder
estudiar.
Cacol salió de su casa, dejó escapar una lágrima desde su antena y comenzó
a andar sobre la mesa hacia el mapa.
—¿Dónde vas? —le pregunté, pero no me contestó.
Caminó sin decir nada y se subió otra vez a mi hoja.
—Me da igual, no me importa lo que hagas. Puedes pasearte por la hoja lo
que quieras; de todas maneras, la tengo que tirar. Y si suspendo el control,
será culpa tuya. Cacol entró en el mapa por Chiapas y se paseó por el mapa.
—¿Otra vez? —me enfadé.
Antes de ponerse a caminar, giró la cabeza y desde sus ojos muy arriba, me
dijo:
—Apunta las comunidades por las que paso.
—¡Oh, no sabía que podías hablar! —me sorprendí.
—Hazlo, melón.
—Está bien. —Cogí el boli y me preparé para escribir
—. Ya sé lo que vas a hacer: llenarme de babas el mapa.
—Escribe y calla —se enfadó y soltó un chorro de babas sobre Chihuahua.
Poco a poco fue pasando por el mapa. Y cada vez que llegaba a una
comunidad autónoma nueva, se paraba y me decía su nombre.
—Salimos desde el Pacifico: ésta Chiapas.
—Ya lo sé, Cacol. Vivimos en ella.
Y siguió su camino.
—Ésta es Cd de Mexico
—Y ésta, Sinaloa.
—Estamos Durango
—Ahora nos vamos por Chihuahua: llegamos a Estados Unidos.
Yo estaba alucinado. ¡Qué fácil aprenderlas así!

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