EL HERMANO LIMOSNERO U HOSPITALARIO.
El Hermano limosnero u Hospitalario, es el ministro de los actos de beneficencia de
la Logia.
Su obligación no solamente es de asegurarse si los indigentes que reclaman los
beneficios de la Logia los merecen realmente sino también el indicar los medios más
eficaces para que los socorros que se les puedan dar les sean de más utilidad.
Antes de cerrarse los trabajos presentará la caja de pobres a todos los Hermanos.
También es él el que recibe las ofrendas voluntarias destinadas a la beneficencia.
Cuando la caja de pobres no baste para las urgencias y atenciones de la Logia, el
limosnero debe excitar la caridad de sus Hermanos.
En estos deberes que la humanidad recomienda debe emplear el mayor celo e
inteligencia dando a mostrar con ello cuanto le interesa el bienestar de sus semejantes.
Bajo su dirección, y de acuerdo con la junta que la Logia haya nombrado al intento,
estará todo el numerario destinado al socorro y alivio de la indigencia, y del mismo modo
se arreglará en los pedidos y cuestiones particulares.
En un libro firmado y sellado con el de la Logia sentará con mucha exactitud y
claridad el cargo y data. Cada tres meses dará cuenta a la L∴ del estado de su caja y en fin
del año hará concluir y finiquitar sus cuentas por los miembros de la junta que las
legitimaran con sus firmas.
Además una de las principales obligaciones del Limosnero es la de visitar los HH∴,
luego que sepa que están enfermos, dando cuenta de su estado a la Logia. Si se agravan y
los cree en peligro no debe descuidarse un momento en sacar de sus manos todos los
papeles, cuadernos, libros, y efectos M∴ que tenga el enfermo, para depositarlos en lugar
seguro y en caso de que llegue a sanar devolvérselos.
Si muere se pasará todo a la Logia o a los que les pertenezca de derecho si se conoce
que los nuevos propietarios no harán mal uso de ellos.
Debe pues conformarse como un deber muy grato a todo lo que prescriben los
reglamentos generales y particulares de su L∴ sobre el ejercicio de su empleo.
Esta noble dignidad debe excitar el celo y la emulación de las almas sensibles y
virtuosas.
Así es que no hay un Masón en ninguna Logia que no desee llegar a aquel lugar, para
practicar las virtudes y actos de beneficencia que trae consigo tal dignidad. Es uno de los
más hermosos gajes y la pensión más dulce de nuestra sublime e inmortal institución y que
nos preceptuó como primer deber el G∴ Arq∴ del Universo.
Los profanos la respetan y veneran, y el Supremo autor de nuestro ser, extiende su
mano protectora sobre el que la practica, recibiendo su homenaje con dulce sonrisa.
¡Que cuadro tan brillante no presenta a nuestros ojos el ejercicio piadoso de un
Limosnero!
¡Aprended profanos! abrid vuestros ojos a la luz, y venid en nuestro seno a practicar
virtudes reales y verdaderas, derramareis con generosidad vuestros dones sobre el
desgraciado y recibiréis las bendiciones que dicta el agradecimiento.
Órgano y fiel ejecutor de la voluntad y deseos de la Respetable Logia, el limosnero
recibe de antemano gracias por el cuidado con que ha procurado ocultar a los indigentes y
enfermos hasta el nombre de los que les han asistido. Su silencio debe siempre acompañar
al fervor caritativo y lleno de sensibilidad que debe tener para con sus HH∴ vertiendo el
bálsamo saludable de la amistad fraternal sobre las llagas de los seres infelices; respira un
gozo puro y duradero que es la esencia de la primera y más sublime de las virtudes.
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hospitalario.html