Universidad Mayor de San Simón
Facultad de Odontología
PSICOLOGÍA
APLICADA A
ESTOMATOLOGÍA
Tema 2: Salud y Enfermedad
Mgr. Dr. Omar Francisco Prado Hernández
Docente Titular Grupos: I, J, K, L, N, O, P y Q
Cochabamba, 2022
TEMA 2
SALUD Y ENFERMEDAD
La salud siempre ha sido, desde tiempos remotos, uno de los grandes objetivos de la humanidad
con el afán de poder retrasar lo más posible el proceso de muerte, a la cual se la relaciona con la
enfermedad como contraparte. Apoyándose en las ciencias médicas, se procura no sólo tratar las
enfermedades, sino también preservar, potenciar y mejorar la salud.
En el devenir histórico de la salud y enfermedad, encontramos tres concepciones:
La concepción tradicional que creía que los que curaban las enfermedades eran divinidades y
que los brujos, por su proximidad a éstas, sanaban por medio de plantas y brebajes que
preparaban. Galeno (131 a.C.) ya cuestionaba esta visión que aún persiste en muchas
poblaciones Fue en base al uso de la razón, experimentado desde los antiguos griegos y
consolidado recién en la modernidad, que se superó en la cultura occidental la intervención
divina en la salud. Cabe resaltar sin embargo que, aún con el avance científico, la creencia de la
participación de Dios o de otras fuerzas sobrenaturales, es algo todavía arraigado en la cultura
humana.
La concepción moderna, según Herzlich y citada por Viveros (1993), señala cómo los
individuos se expresan a propósito de la salud y la enfermedad en un lenguaje elaborado a partir
de la relación que establecen con la sociedad . Esa concepción estudia y analiza a la salud y
enfermedad desde las representaciones sociales, observándola como producto de los procesos
sociales, intelectuales y de su colectividad, como menciona Maria del Carmen
Vergara (2007).
La concepción posmoderna de acuerdo a Foucault (1979), el ser humano como resultado de
prácticas discursivas, de igual modo la conducta es vista como el esfuerzo por decirlo de alguna
manera. El post‐estructuralismo asume que los gestos tienen sentido, y que todo lo que el ser
humano organiza en torno suyo, en objetos, ritos, costumbres, discursos o literatura, constituye
un sistema coherente de signos (VERGARA, 2007). Galeno (131 a.C.) ya cuestionaba esta
visión.
1. Definiciones
El término SALUD, proviene del latín salus,‐utis, y se define como el “Estado de pleno
bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad”, de acuerdo a la
OMS (Organización Mundial de la Salud, 1948). Por tanto, en dicha definición se observa que
no solamente cuenta el buen estado físico o fisiológico, sino que también considera los
aspectos psicológicos y cómo éstos influyen en nuestro entorno, ya sea socioeconómico,
familiar, laboral, emocional, medioambiental, etc.
Por lo tanto, la definición de salud no solamente se centra en la manifestación de síntomas o el
padecimiento de enfermedades, sino que enfoca el estado de salud de la persona desde la
calidad de vida, ya que estar sano o sentirse sano, no se define por el hecho de no estar enfermo.
Cuando el ser humano está sano, es decir, cuando no está enfermo, usa su salud sin darse
cuenta; pero, cuando se enferma, sufre alguna lesión o padece algún tipo de trastorno
psicológico como ansiedad o depresión, no está en buena condición de salud.
El concepto opuesto a salud es la enfermedad y hace referencia a aquello que origina una
alteración o rompe la armonía en un individuo, ya sea a escala molecular, corporal, mental,
emocional o espiritual. Esta alteración es causada por las noxas que son los factores intrínsecos
o extrínsecos que afectan al bienestar de los seres vivos.
ENFERMEDAD, proviene del latín infirmitas, falto de firmeza. La Organización Mundial de la
Salud (OMS) la define como “Alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias
partes del cuerpo, por causas generalmente conocidas, que se manifiesta por síntomas y signos
característicos, y donde la evolución es más o menos previsible”.
En este sentido, se debe comprender que tanto la salud física, la salud mental y la salud social
son aspectos que se relacionan entre sí, y que lo ideal es que estos se encuentren en equilibrio;
pero a su vez, la salud y la enfermedad se complementan.
2. Salud mental y trastorno mental
La salud mental agrupa los aspectos emocionales y psicológicos que condicionan a todo ser
humano, haciendo que éste ponga en práctica sus habilidades cognitivas y también su
sensibilidad para resolver las diversas situaciones de la vida cotidiana dentro de la sociedad y
lograr armonía con su entorno y consigo mismo.
La salud mental no sólo hace referencia a la ausencia de trastornos mentales, sino también a un
estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede
afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y satisfactoria y
es capaz de hacer una contribución a su comunidad (O.M.S. 2001, P.1).
En ese entendido, la salud mental es mucho más que la ausencia de trastornos mentales, siendo
considerada como parte integral de la salud, que va más allá de solamente la ausencia de
enfermedad y se relaciona de manera íntima con la salud física y la conducta.
Por otra parte, los trastornos mentales de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud
(O.M.S. 2001), se caracterizan en general por una combinación de alteraciones del
pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás.
La capacidad que tiene cada individuo para gestionar sus pensamientos, sus emociones, su
comportamiento y la manera como se relaciona e interactúa con los demás, son características
individuales de cada uno que, junto a factores sociales, culturales, políticos, económicos y
ambientales, y/o el estrés, la herencia genética, las infecciones perinatales, la alimentación y los
riesgos ambientales, son determinantes de la salud mental y de los trastornos mentales.
El capítulo V de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE‐10) de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(DSM) de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), son empleados para clasificar los
trastornos mentales.
La CIE‐10 señala que el trastorno mental no es un término exacto, aunque generalmente se
utiliza para dar a entender la existencia de un conjunto clínicamente reconocible de síntomas o
comportamientos asociados en la mayoría de los casos con angustia y con interferencia con las
funciones personales (OMS, 1992).
Es importante realizar una diferenciación entre la neurosis y la psicosis, no para profundizar en
el estudio de estos trastornos mentales, los cuales corresponden a la ciencia psicológica, pero si
para poder conocer algunas de sus características, para que el profesional odontólogo pueda
identificarlas a fin de que estas sean abordadas de manera interdisciplinaria.
La neurosis, es un trastorno que se manifiesta en situaciones de angustia, nerviosismo y
ansiedad, en las que se observa una reacción emocional exagerada, la cual es involuntaria y
difícil de controlar por la persona que la padece. Algunas variantes de la neurosis son: la
neurosis de angustia, la neurosis fóbica, la neurosis obsesiva‐compulsiva, la neurosis depresiva,
la neurosis histérica, la neurosis de despersonalización y la neurosis hipocondríaca.
Por otra parte, en la psicosis, la persona tiene una desconexión de la realidad, ya que no tiene
conciencia de que padece esta enfermedad, que se caracteriza por la presencia de delirios y
alucinaciones de tipo visual y/o auditivo, así como también de un sentimiento de estar
constantemente perseguida. La psicosis puede ser de origen genético, de origen social o a causa
de una lesión cerebral.
Dentro de la psicosis, se distingue la esquizofrenia, el trastorno delirante, el trastorno psicótico
breve, el trastorno esquizofreniforme, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno psicótico
compartido, el trastorno psicótico inducido por sustancias, el trastorno psicótico por enfermedad
médica.
En las tablas a continuación, se observa las clasificaciones de los trastornos mentales que
realizan la DSM, la CIE‐10, y la que hace R. Gross, quien toma como referencia a la DSM y a
la CIE‐10. Estas clasificaciones servirán para poder contextualizar la forma en que algunos de
estos trastornos se presentan en nuestro medio.
Clasificación de los trastornos mentales según el DSM
Trastornos mentales Algunos ejemplos
Trastornos como la TDAH y epilepsia también se han Retraso mental, TDAH
referido como trastorno del desarrollo y
discapacidades del desarrollo.
El delirio, demencia, amnesia y otros trastornos El Alzheimer
cognitivos
Los trastornos mentales debidos a una enfermedad Relacionados con el SIDA, psicosis
médica
Trastornos relacionados con sustancias Abuso de alcohol
Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos Trastorno delirante
Trastornos del estado de ánimo Trastorno depresivo máximo, trastorno bipolar
Trastorno ansiedad Trastorno de ansiedad Trastorno de
generalizada, ansiedad social
Trastorno somatomorfo Trastorno de somatización
Trastorno facticio Síndrome de Munchausen
Trastornos disociativos Trastorno de identidad disociativo
Trastorno sexual y trastorno de identidad sexual Dispareunia
Trastornos alimentarios La anorexia nerviosa, bulimia nerviosa
Trastorno del sueño Insomnio
Trastorno de control de impulsos no clasificados por Cleptomania
otra institución
El trastorno de adaptación Trastorno de adaptación
Trastorno de personalidad Desorden de personalidad narcisista
Otras condiciones que pueden ser un foco de atención La discinesia tardía, El abuso infantil
clínica
Clasificación de los trastornos mentales según la CIE‐10
F0: Orgánicos, incluidos los trastornos sintomáticos, mentales.
F1: Trastornos mentales y de comportamiento causados por el uso de
sustancias psicoactivas.
F2: Trastornos de esquizofrenia, esquizotípico y delirios.
F3: Trastornos del humor (afectivos).
F4: Trastornos neuróticos, somatomorfos y relacionados con el estrés.
F5: Síndromes del comportamiento asociados con alteraciones fisiológicas y
factores físicos.
F6: Trastornos de personalidad y de comportamiento en personas adultas.
F7: Retraso mental.
F8: Trastorno del desarrollo psicológico.
F9: Trastornos conductuales y emocionales con inicio en la infancia y
adolescencia.
Además, un grupo de "trastornos mentales no especificados".
Clasificación de los trastornos mentales según R. GROSS (1994)
1. Trastornos mentales orgánicos
2. Esquizofrenia y trastornos relacionados
3. Trastornos por uso de sustancias
psicoactivas
4. Trastornos del estado de ánimo
5. Trastornos neuróticos
6. Trastornos de la infancia niñez y
adolescencia
7. Discapacidad intelectual
8. Trastornos de personalidad
3. Trastornos mentales en Bolivia
Las causas de los trastornos mentales pueden ser biológicas, psicológicas y sociales y en algún
momento de la vida, pueden afectar a la persona, dependiendo de la capacidad de ésta para
enfrentar los problemas cotidianos que desencadenan esa condición, la cual impactará
negativamente en su calidad de vida, si no cuenta con un tratamiento profesional adecuado.
Toda alteración del bienestar mental de un individuo puede afectar negativamente
esas capacidades y elecciones y llevar no sólo a una disminución del funcionamiento
a nivel individual sino también a pérdidas mayores de bienestar, tanto a nivel social
como familiar (AGUILAR, 2013: 1). Según el Ministerio de Salud, en Bolivia, no se
cuenta con datos estadísticos cercanos a la realidad sobre los trastornos mentales,
debido a la desinformación que existe a causa de la estigmatización vinculada a
dichos trastornos y también por la falta de información por parte de las instituciones
de salud.
En el año 2004, el estudio Panorama de la Salud Mental en Bolivia, en base a datos
de morbilidad hospitalaria según CIE‐10, realizó el análisis de los principales
trastornos de hospitalización por unidades especializadas de salud mental de
hospitales de tercer nivel, y hospitales psiquiátricos de todo el país, determinando
como principales causas de internación a los trastornos mentales y del
comportamiento debidos al consumo de sustancias con 28,2%, la esquizofrenia,
trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes 28%, los trastornos mentales
orgánicos incluidos los sintomáticos 17,8% y los trastornos del humor (afectivos) con
13,5% (AGUILAR, 2013: 3).
En el mencionado estudio se puede observar que los trastornos mentales de mayor prevalencia
en Bolivia, son:
• Los trastornos mentales y del comportamiento por consumo de sustancias psicotrópicas,
que son causados por el consumo de drogas y alcohol que genera dependencia y provoca
cambios en la personalidad y la salud del individuo.
• La esquizofrenia que es un trastorno mental severo que se caracteriza porque “la persona
cree que sus pensamientos, sentimientos y actos más íntimos son conocidos o
compartidos por otros y pueden presentarse ideas delirantes, alucinaciones, especialmente
las auditivas, además de otros trastornos de la percepción” (CIE‐10, 1992:38)
• Los trastornos mentales orgánicos, considerando como “trastornos mentales orgánicos
(TMO) a un amplio, variado y complejo conjunto de desórdenes psicológicos y
conductuales que se originan en una pérdida o anormalidad de la estructura y/o función
del tejido cerebral. Fueron llamados anteriormente síndromes orgánicos cerebrales”
(CIE‐10, 1992).
• Los trastornos depresivos, que consisten en la “pérdida de la capacidad de interesarse y
disfrutar de las cosas; disminución de la vitalidad; reducción del nivel de actividad;
cansancio exagerado, que aparece incluso tras un esfuerzo mínimo” (CIE‐10, 1992: 60).
Es imperativo que el odontólogo en nuestro medio, al momento del abordaje de los diversos
pacientes en la consulta, pueda diferenciar rasgos saludables de la personalidad, de aquellos
otros no saludables y desadaptativos, no con el afán de conseguir experticia en el manejo de
estos trastornos mentales, sino por el contrario, para poder planificar estrategias del manejo
interdisciplinario para un óptimo abordaje integral.
4. Inteligencia y adaptación
La inteligencia humana se considera como una herramienta dinámica que le permite al ser
humano adaptarse al medio en el que vive, siendo este un proceso que se da a lo largo de
nuestra vida desde el momento de nuestro nacimiento, con el fin de conseguir relaciones
estables y extensas entre el universo y el individuo.
Es con la aplicación de la inteligencia que el ser humano llega a resolver un sin fin de
problemas que se le presentan en su cotidianidad, por la característica adaptativa que esta tiene.
La inteligencia es un estado de balance y equilibrio logrado por la persona cuando
puede lidiar de manera adecuada con los datos que tiene ante ella. Pero no es un
estado estático, es dinámico, en cuanto a que continuamente se adapta a los nuevos
estímulos ambientales (PIAGET, 1950).
La adaptación no es más que una sucesión de interacciones entre procesos de asimilación y
acomodación en pos de equilibrios cada vez más estables y duraderos. La adaptación es el
equilibrio que se produce una vez asimilada y acomodada la nueva información.
Al ser la adaptación el equilibrio entre las acciones del organismo sobre el medio y las acciones
inversas, Piaget (1950) propone la existencia de tres mecanismos de adaptación fundamentales,
conocidos también como “invariantes funcionales”:
• La asimilación: es la integración de una nueva información a través de los esquemas o
estructuras ya existentes de lo que ya se conoce, siempre que un organismo utilice algo de
su ambiente o se lo incorpore.
• La acomodación: es el proceso de cambio o reajuste en los esquemas para asimilar la
nueva información en lo que ya se conoce. Existe una relación interactiva entre
asimilación y acomodación.
• El equilibrio: es el resultado final de los procesos de acomodación y asimilación
producido cuando se superan las discrepancias o contradicciones que surgen entre la
información nueva que se ha asimilado y la información que ya se tenía y a la que se ha
acomodado.
No es posible asimilar toda la información que nos rodea, sino sólo lo que nos permite nuestro
conocimiento previo, lo cual supone que la asimilación está determinada por la acomodación y
viceversa, donde el equilibrio llega a ser un factor interno pero no genéticamente programado,
siendo éste, un proceso de autorregulación de una serie de compensaciones activas del sujeto en
relación a las perturbaciones externas.
Finalmente, este proceso adaptativo por el que pasa toda persona como respuesta a situaciones
influidas por el entorno, desarrolla también el paciente en la consulta odontológica porque se
encuentra en una constante adaptación frente a los diversos tratamientos odontológicos que sean
necesarios, considerando su integralidad, bajo guía y constante comunicación del profesional.
5. Motivación y necesidad
Para comprender la motivación y la necesidad, las cuales son diferentes en cada persona, nos
apoyamos en la Teoría Humanista de Carl Rogers y Abraham Maslow, quienes como
principales exponentes, hacen énfasis en que la motivación es aquello que nos lleva a cumplir
con un objetivo, por la necesidad que cada uno tiene de alcanzar dicha meta.
Carl Rogers se ocupó de abordar diferentes temas importantes y críticos en el ser humano
contemporáneo, los cuales afectan a la intimidad de cada persona, más aún cuando los
problemas sociales se hacen sentir cada vez con mayor intensidad, tomando en cuenta que la
persona es un ser constructivo que tiende hacia su propio desarrollo y maduración.
La motivación, que es dinámica, es el impulso y/o causa del comportamiento producto de las
pulsiones y/o emociones que mueve a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en
ellas hasta su culminación, siendo ésta la que le da energía y dirección a la conducta. La
motivación pasa por tres fases: inicialmente la persona anticipa que se sentirá bien si logra la
meta marcada; seguidamente, empieza a hacer lo necesario para llegar a esa meta planteada y
finalmente, a medida que va avanzando hacia dicha meta evalúa, se retroalimenta y disfruta del
resultado obtenido.
Por otra parte, la necesidad es un impulso producto de un estado de tensión, debido a una
carencia o escasez de algo que se considera imprescindible porque según Dorsch (1991):
"las necesidades son la expresión de lo que un ser vivo requiere indispensablemente para su conservación y desarrollo".
La necesidad hace referencia a una evaluación subjetiva que pone de manifiesto un
desfase entre un estado deseado de la persona y el estado real; de esta evaluación
surge un estado motivacional (de intensidad variable) que identifica una necesidad
subjetiva de la que puede derivarse la acción para corregir esta situación (MORENO
[Link], 2015).
Para Abraham Maslow (1943), el comportamiento humano se puede explicar como la
motivación por medio de cualquier actividad realizada por el ser humano, con el fin de
satisfacer alguna necesidad. Maslow, plantea cinco necesidades: fisiológicas, de seguridad, de
amor y pertenencia, de estima y de autorrealización, las cuales plasma en una pirámide.
El primer interés de la persona es satisfacer sus necesidades básicas o fisiológicas;
sólo cuando éstas están cubiertas, la persona dirige su energía a satisfacer las de
niveles superiores (MASLOW, 1943).
6. Frustración y agresividad
Los instintos de autoconservación en la vida del ser humano, tienen una gran importancia,
entendiendo a la agresividad como una pulsión autónoma que puede ser canalizada al exterior,
como agresión o al interior, como autoagresión. El ser humano exterioriza esa agresividad para
evitar destruirse a sí mismo y a partir de la complejidad de este proceso, se manifiestan las
diferentes características de la personalidad y las conductas, donde la violencia se canaliza por
reglas sociales.
La frustración es un estado emocional por el que todos pasamos en algún momento de nuestra
vida y nos permite identificar y evaluar si algo no está bien y si hay que cambiarlo. Sin
embargo, siendo una emoción negativa, puede influir en que adoptemos un comportamiento
cargado de agresividad, donde el problema está en la forma como el individuo afronta las
situaciones externas.
La frustración es una respuesta emocional común a la oposición, relacionada con la
ira y la decepción, que surge de la percepción de resistencia al cumplimiento de la
voluntad individual. Cuanto mayor sea la obstrucción y la voluntad, habrá mayor
probabilidad de frustración. La causa de la frustración puede ser interna o externa
(JERONIMUS et al., 2017).
Para Dollard et al. (1944), “la frustración viene a ser una interferencia en el proceso del
comportamiento que genera un aumento en la tendencia del organismo a actuar agresivamente”.
Esta hipótesis es cuestionada a partir de estudios que indican que no siempre se reacciona con
violencia, ya que ésta se encuentra influenciada también por el entorno o medio ambiente.
“Investigaciones anteriores de la frustración sugirieron dos formas principales en las
que la frustración puede afectar al comportamiento manifiesto. Primero, sugieren que
la frustración puede aumentar el nivel general de motivación. Segundo, que la
frustración puede servir como una clave o estímulo interno, punto de partida de
nuevas formas de respuesta. Esta introducción de la frustración como variable
intermedia lleva consigo denotar las condiciones antecedentes, especificar las
relaciones funcionales entre la frustración y dichas condiciones, y describir las
formas en que dicho estado de frustración puede afectar al comportamiento”
(BERKOWITZ, 1965).
De acuerdo a los preceptos del psicoanálisis, la agresividad debe expresarse hacia el exterior,
caso contrario, si se reprime, puede provocar un incremento de las tensiones y de malestar,
influyendo de manera negativa en el ser humano. Aquí es en donde la sociedad tiene un papel
sumamente importante ya que, de alguna manera, regula estas pulsiones agresivas,
convirtiéndolas en conductas socialmente aceptadas.
La restricción de su agresividad es el sacrificio primero y quizá más duro que la sociedad
exige al individuo (FREUD, 1973).
Por tanto, la agresividad en su concepción misma, puede ser entendida como un fenómeno
innato o que puede ser aprendido por la interacción del ser humano con la naturaleza y la
cultura, aspectos que influyen socialmente en la construcción de la personalidad y las
conductas.
A pesar de la diversidad de explicaciones teóricas respecto de la definición de la agresividad,
notamos que ésta se vincula más al daño que puede provocar el agresor a terceros, como a sí
mismo. Sin embargo, se debe considerar que un grado de agresividad está socialmente
aceptado, por ejemplo, cuando una persona se defiende en caso de ser agredida y su integridad
se encuentra en peligro, este acto de defensa es socialmente aceptado.
7. Estrés, ansiedad y dolor
a) Estrés
Hoy en día, diversos factores del cotidiano vivir ponen al ser humano en situaciones de estrés, el
cual se entiende como un proceso o reflejo frente a una tensión nerviosa que se manifiesta a
través de enfermedades que afectan el estado general de salud, provocando un desequilibrio en
la triada de salud mental, física y social. El estado emocional del individuo resulta entonces, de
una respuesta no específica del organismo producida por estímulos estresantes que se
desarrollan a lo largo de la vida. El estrés puede ser de dos tipos:
• Eustrés, conocido también como estrés positivo en el cual el individuo interactúa con los
factores causantes de estrés, asumiendo y enfrentando los problemas de buena manera,
tanto física, como mentalmente.
• Distrés o estrés negativo en el que los factores estresantes provocan un desequilibrio
fisiológico y psicológico, afectando de manera severa al individuo, ocasionándole
enfermedades psicosomáticas que afectan severamente a su estado de salud.
El estrés, al ser considerado una enfermedad, puede repercutir de sobremanera en la salud
psíquica del individuo, ocasionándole perturbaciones que influyen en su interacción y
desenvolvimiento social. Los síntomas del estrés pueden producir una serie de trastornos, donde
la interacción entre factores biológicos y psicológicos altera el proceso de salud entorno a la
enfermedad y viceversa.
“El estrés puede ser definido como una amenaza real o supuesta a la integridad
fisiológica o psicológica de un individuo que resulta en una respuesta fisiológica y/o
conductual. En medicina, el estrés es referido como una situación en la cual los
niveles de glucocorticoides y catecolaminas en circulación se elevan” (McEWEN,
2000).
De acuerdo al modelo biológico de Selye (1935), la respuesta fisiológica dentro de los
componentes del síndrome general de adaptación al estrés, tiene tres fases:
• Fase 1 o reacción de alarma: se caracteriza por estar en estado de vulnerabilidad frente
a los factores desencadenantes de estrés.
• Fase 2 o de resistencia: se caracteriza por manifestaciones clínicas y mentales
producidas por el estrés.
• Fase 3 o de agotamiento: se caracteriza por la falta de capacidad para enfrentar el estrés
que provoca un desequilibrio homeostático y fisiológico en el cuerpo, causando
enfermedades psicosomáticas, como por ejemplo: hipertensión, ataque al corazón,
derrame cerebral, úlceras, trastornos gastrointestinales, asma, cáncer, migraña,
alteraciones dermatológicas, etc.
Es menester comprender que la somatización producida por el estrés, no es más que la
manifestación de los componentes de la reacción emocional, como diferentes tipos de dolores,
cansancio crónico, etc. Un ejemplo es la ansiedad, producto de un estrés temporal, y para
controlarla, se recomienda alejarse de los factores causales que desencadenan ese estrés y
aplicar diversas técnicas de relajación, o la práctica de deportes como el yoga, pilates, crossfit o
cualquier otro que permita canalizar dicha tensión nerviosa. Sin embargo, en algunos casos en
que dicho estrés es severo, se debe buscar apoyo psicológico para poder identificar el origen de
la situación que causa el malestar.
“El estrés es un estado de falta de armonía o una amenaza a la homeostasis, donde la
respuesta adaptativa puede ser específica o generalizada y no específica. Así, una
perturbación en la homeostasis resulta en una cascada de respuestas fisiológicas y
comportamentales a fin de restaurar el balance homeostático ideal”. (CHROUSOS et.
al, 1992).
Científicamente, está demostrado que el estrés es una reacción fisiológica del organismo que se
manifiesta como un mecanismo de defensa frente a factores que provocan esa tensión nerviosa.
El estrés es una respuesta a situaciones exteriores desencadenantes, que hacen que el individuo
sienta que su integridad se sienta afectada. Es importante considerar que, un mismo estrés puede
ser positivo para algunos individuos y negativo para otros, dependiendo de las características
con las que cada uno asuma y responda a los factores estresantes. Estos aspectos psicosociales
dentro el proceso de salud y enfermedad, deben ser conocidos y manejados adecuadamente por
los odontólogos. b) Ansiedad
La ansiedad, que es más subjetiva en comparación con el estrés, tiene como finalidad proteger
al organismo, manteniendo al cuerpo en situación de alerta y de acción en caso de ser necesario.
La ansiedad es una respuesta emocional que se manifiesta como una reacción normal del
individuo frente a situaciones de peligro o amenaza. Puede presentarse como una sensación de
inquietud leve, que no es dañina, o por el contrario, manifestarse a niveles más elevados, como
sensación de terror o pánico severos, que generan una angustia profunda y afectan de manera
negativa en la salud psicosocioemocional.
La ansiedad se manifiesta como una respuesta a una situación de amenaza que el individuo
imagina que puede ocurrir o que podría darse en un futuro, afectándole física y
psicológicamente. La interpretación de una situación es la que determinará lo que sentirá el
individuo frente a lo que supuestamente ocurrirá.
“Se afirma a menudo que el tipo de vida de la sociedad actual tecnológica,
urbanizada y competitiva genera mucha ansiedad. Sin embargo, ansiedad ha habido
siempre en toda época. Es impensable la vida sin ella. Cierto grado de ansiedad está
presente en nuestras vidas cotidianas. Existe una ansiedad normal, ligada a las
situaciones que vivimos, que cumple una función adaptativa y prepara al individuo
para la ejecución de tareas o alerta frente a posibles amenazas. Sin embargo, la
ansiedad puede ser patológica cuando no se presenta como respuesta proporcionada
frente a un estímulo o si su intensidad y duración exceden de los límites aceptables.
En tales condiciones, pierde su función de adaptación y se convierte en un problema
para el individuo” (REYES, 2001).
Se puede diferenciar de manera práctica dos tipos de ansiedad:
• La ansiedad real, es producto de una situación que se presenta en el mismo instante y que
se supera una vez que pasa el factor desencadenante de ese estrés, como por ejemplo, un
robo, una atención odontológica, etc.
• La ansiedad mental o fobia es aquella situación a la que se siente expuesto el individuo y
que es provocada por una experiencia traumática ya vivida, que le genera un temor
excesivo, por el que no quiere volver a pasar. Este tipo de ansiedad pasa una vez que se
supera al factor causante.
c) Dolor
El dolor, es una experiencia por la cual pueden atravesar todos los seres vivos en cualquier
momento de sus vidas y se entiende científicamente, como una señal de alerta orgánica
frente a un daño físico que está acompañado de manifestaciones emocionales, que pueden
potenciar la sensación dolorosa dependiente del sistema nervioso. El dolor consta de dos
dimensiones: la sensorial que es de carácter objetivo y la emocional que es de carácter
subjetivo.
Es importante hacer énfasis en que el dolor está relacionado no sólo con el aspecto físico, sino
que también tiene un componente psicológico y que de acuerdo a la Asociación Internacional
para el Estudio del Dolor, se define como una, “experiencia sensorial y emocional
desagradable, asociada con una lesión presente o potencial, descrita en términos de la misma”.
En algunas enfermedades serias en las que aparentemente no se observa daño físico o una
marcada dolencia del organismo, el dolor se puede experimentar recién después de que los
daños son evidentes, lo que puede poner en riesgo la vida del individuo. En consecuencia, un
aspecto a considerar es el “umbral del dolor”, el cual difiere de un individuo a otro y se entiende
como el grado o nivel de tolerancia frente a un estímulo nocivo.
Esta sensación desagradable que es el dolor, casi siempre está relacionada con un mal
amenazante, siendo un aviso para actuar oportunamente frente al factor causante que se cree lo
desencadena como producto de un daño físico. Normalmente, el individuo siente entonces
miedo como una barrera de protección para evitar el dolor y una reacción natural de protección.
De esta manera se puede diferenciar en líneas generales dos tipos de dolor:
• El dolor agudo que se manifiesta como un desequilibrio sensorial y emocional que
puede ser revertido una vez realizado el tratamiento oportuno, o por la misma
capacidad de recuperación del organismo, haciendo que esta respuesta del sistema
nervioso desaparezca.
• El dolor crónico que se manifiesta como un desequilibrio sensorial y emocional
persistente y los síntomas se mantienen de manera indefinida.
En síntesis, se debe entender al dolor como una situación multifactorial que, de ser necesario,
debe ser abordada de manera interdisciplinaria, ya que no abarca solamente una afectación
física, sino que también tiene factores psicológicos que están comprometidos, como la
depresión y las alteraciones de conducta que pueden influir negativamente en el individuo y en
su entorno.
Finalmente tanto el estrés, como la ansiedad y el dolor que están presentes en los diversos
pacientes que acuden diariamente a la consulta o clínica odontológica, deben ser comprendidos
por el odontólogo y diferenciados también, para poder planificar un abordaje idóneo, mediante
estrategias y técnicas que consideren todos esos aspectos. Se trata de lograr el objetivo con
relación a la necesidad de la interdisciplinariedad en los casos de tratamientos odontológicos y
va más allá de centrarse en dar solución a situaciones de enfermedades bucales o dentarias
porque también considera los aspectos psicológicos del individuo, dentro una visión holística de
su proceso adaptativo desde un abordaje integral.
Consideraciones del tema
• La salud y la enfermedad se apoyan en las ciencias médicas no sólo para tratar las
enfermedades, sino también para preservar, potenciar y mejorar el estado del individuo.
• Dentro del pasaje histórico de la salud y enfermedad, encontramos tres concepciones: la
tradicional, la moderna y la posmoderna.
• Se entiende como salud al estado de pleno bienestar físico, mental y social y no
solamente la ausencia de enfermedad.
• La enfermedad es una alteración que rompe el equilibrio entre el cuerpo y la mente, así
como entre éstos y el entorno.
• La salud mental es mucho más que la ausencia de trastornos mentales, siendo considerada
como parte integral de la salud, que va más allá de solamente la ausencia de enfermedad,
relacionándose de manera íntima con la salud física y la conducta.
• Existen diferentes nomenclaturas para la clasificación de los trastornos mentales, como lo
son la CIE‐10 de la Organización Mundial de la Salud o la DSM de la
Asociación Psiquiátrica Americana, entre otras.
• Las causas de trastornos mentales pueden ser de origen biológico, psicológico y social.
• En Bolivia no se cuenta con datos estadísticos reales sobre los trastornos mentales, según
el Ministerio de Salud, debido a la estigmatización de dichos trastornos y a la falta de
información de parte de las instituciones de salud.
• Los trastornos de mayor prevalencia en Bolivia de acuerdo al artículo de Aguilar (2013)
son los trastornos mentales y del comportamiento por el consumo de sustancias
psicotrópicas, la esquizofrenia, los trastornos mentales orgánicos y los trastornos
depresivos.
• El odontólogo tiene que conocer algunas características de los trastornos mentales para
poder diferenciar los rasgos saludables de la personalidad de aquellos rasgos no saludable
y abordarlos de manera interdisciplinaria.
• El paciente odontológico aplica su inteligencia adaptativa en la consulta al sentirse
motivado porque comprueba que sus necesidades están siendo atendidas, pero en caso de
que exista algún detonante que le genere malestar, este se siente frustrado, manifestando
incluso agresividad, relacionada con una conducta desadaptativa.
• El estrés, la ansiedad y el dolor deben ser comprendidos y diferenciados dentro de la
consulta o clínica odontológica para realizar un idóneo abordaje de estas situaciones,
considerando estrategias que involucren los aspectos psicológicos característicos de cada
uno de ellas.