El principio de la buena fe
por GUILLERMO A. BORDA
Diciembre de 1991
REVISTA SIGNOS UNIVERSITARIOS - MISCELANIA II - Nro. 20, pág. 41
EDICIONES UNIVERSIDAD DEL SALVADOR.
Id SAIJ: DACA930347
Si bien este principio no se encuentra enunciado entre los generales del Derecho los integra
merced a sus innumerables aplicaciones.
Se lo puede clasificar según dos tipos: 1) buena fe - lealtad u objetiva y 2) buena fe - creencia o
subjetiva.
Alude el primer tipo a la buena fe debida entre personas relacionadas jurídicamente, en especial,
en lo contractual. El segundo se refiere a la misma creencia del sujeto de poseer legítimamente un
derecho.
La objetiva se halla prevista en el artículo 1198 del Código Civil. Se analiza cada una de las
posibilidades. Así, 1) la buena fe en la celebración del contrato obliga a las partes a expresar sus
ideas con claridad. Proviene del Derecho Romano y nuestros tribunales la han aplicado
reiteradamente, en especial, en los contratos con cláusulas predispuestas.
2) La buena fe en la interpretación del acto: implica la confianza ante una declaración de voluntad
de que sus efectos serán los previsibles, por normales, en un caso dado. Los jueces no deben
admitir la reserva mental, ni aceptar como válida una diferente acepción de los vocablos que
alguna de las partes diga haber querido significar para salvar su responsabilidad. Deben atenerse
al uso común.
La jurisprudencia nacional, basada en fallos de tribunales ingleses, ha decidido que ante palabras
claras, no se admite la prueba de intención distinta mediante testigos; se protege, así, la seguridad
del tráfico comercial. Cabe, no obstante, la decisión contraria, si se prueba sin lugar a dudas que
ambas partes interpretaron los términos de otra manera.
3) Buena fe en la ejecución del acto: obliga al cumplimiento de las obligaciones de la forma que, en
cada caso, es dable esperar entre personas de conducta recta.
Derívanse reglas de interpretación: a) los jueces no deben atender estrictamente a las acepciones
técnico-jurídicas de las palabras empleadas, sino a la voluntad de las partes.
b) Para interpretar la voluntad es útil atenerse a los usos y costumbres sociales. Es criticable la
norma del artículo 218, inciso 6 del Código de Comercio que alude al lugar de ejecución,
entendiendo que es el de celebración el más apto para desentrañar usos y costumbres.
c) La buena fe y su rol en los contratos de adhesión: se alude a la injusticia de la parte fuerte que
aprovecha su posición frente a la débil. Se hace notar que ante la contradicción entre cláusulas
impresas y otras manuscritas o mecanografiadas, privan las últimas.
Nuestros tribunales adhieren unánimemente a esta solución.
En materia testamentaria, se aplica el principio de la buena fe en diverso sentido, ya que se trata
de liberalidades. Los jueces buscarán, sin tener en cuenta lo dudoso de un término, únicamente la
voluntad cierta del testador.
También hallamos una aplicación reiterada del principio en la Teoría de la Imprevisión.
Se aplica, asimismo, en la Teoría de los Actos Propios, de amplia difusión aunque no prevista
legalmente.
Según esta teoría, no se admite, aun si lícita, la pretensión que resulta contraria a conductas
previas del mismo sujeto. La contradicción vulneraría la confianza despertada en otra persona en
virtud del primer comportamiento. La buena fe repudia la incoherencia, por lo tanto, no ha lugar la
segunda conducta.
En cuanto a la culpa precontractual, el principio se aplica cuando, estando avanzada la
negociación, una parte se retira, habiendo la otra erogado gastos confiando en la buena fe de
aquélla. Se deben indemnizar estos perjuicios.
Con relación a la Teoría de la Apariencia, se detallan casos de aplicación del principio de la buena
fe. Los supuestos se dan en materia de transmisión de derechos cuando alguien es titular sólo en
apariencia; el Derecho protege al tercero adquirente de buena fe (casos del heredero aparente
matrimonio anulado, y otros).
La buena fe subjetiva (creencia), es de aplicación cuando el tercer adquirente ignora de buena fe
los defectos de su derecho aparente. Se citan casos de cónyuges de buena fe de un matrimonio
nulo o anulado;
o cuando uno solo de ellos lo es y los diversos efectos en cada supuesto. Se destaca la
trascendencia que la buena fe subjetiva tiene en derechos reales y se especifican detalladamente
diferentes situaciones respecto de la adquisición del dominio de inmuebles, muebles, prescripción,
frutos, así como cuando se trata de la posesión.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Danz, "Interpretación de los Negocios Jurídicos", página 199, nota 3
IV Jornadas Sanrafaelinas de Derecho Civil, punto 9.
Bochmer, "El Derecho a través de la Jurisprudencia", página 211.
Betti, "Teoria delle obligazioni", Tomo 1, página 72.
Carnelutti, "Teoría General del Derecho", páginas 348 y 349.