Tú eres Buda
54
Enric Cairol
Tú eres Buda
Cuaderno de notas
de un budista occidental
escéptico
Colección Con vivencias
54. Tú eres Buda. Cuaderno de notas de un budista occidental escéptico
Primera edición: marzo de 2019
© Enric Cairol Ramon
© De esta edición:
Ediciones OCTAEDRO, S.L.
Bailén, 5, pral. - 08010 Barcelona
Tel.: 93 246 40 02
www.octaedro.com
[email protected]Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o
transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus
titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español
de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear
algún fragmento de esta obra
ISBN: 978-84-17667-26-9
Depósito legal: B. 7191-2019
Cubierta: Tomàs Capdevila
Fotografia de la cubierta: 123RF/Sihasak Prachum
Diseño y producción: Editorial Octaedro
Impresión: Press Line
Impreso en España - Printed in Spain
A Rosa.
A nuestros hijos, Eva y David.
A nuestros nietos, Paula, Víctor, Carlota y Marc.
PRÓL O G O
En España, a finales de los años setenta del siglo xx, si alguien es-
taba interesado en adentrarse en el camino del budismo, y del zen
en particular, que habría conocido posiblemente por los libros,
no lo tenía nada fácil. Aun así, habían aparecido algunos maes-
tros que preconizaban una práctica viva en el mejor sentido de
la tradición. Invitaban a traspasar rápidamente las fronteras de,
lo que podríamos entender, una «filosofía», y nos dirigían hacia
el ámbito de la experiencia.
Nos recordaban que la enseñanza de Buda, el Budadharma,
es un camino que cada cual debe descubrir y transitar por sí
mismo, y requiere determinación y compromiso; una práctica
de vida dirigida a un gran ideal.
Así fue como algunos tuvimos la fortuna de conocer el zen
del maestro Deshimaru. Algo real en que anclarnos, un camino
que transitar.
Éramos jóvenes occidentales, hijos de la Ilustración, que huía-
mos de un nacionalcatolicismo asfixiante, analfabetos respecto
al budismo, pero deseosos de encontrar una vía espiritual que
colmase nuestras necesidades. Nuestra búsqueda era algo caó-
tica pero sincera, y algunos decidimos lanzarnos a la aventura
de explorar eso que se llamaba el zen, una rama del budismo.
Un día de diciembre de 1983, un pequeño grupo de personas
salimos de Barcelona en coche hacia La Gendronière, el templo
que el maestro Deshimaru había fundado recientemente y del que
apenas pudo disfrutar porque murió en abril de 1982.
| 9 |
T Ú ER ES BU DA
Uno de los integrantes de aquella improvisada expedición de
vagabundos del dharma era Enric Cairol.
En un fin de año gélido y hermoso, más de trescientas perso-
nas practicamos zazen en un dojo recientemente inaugurado y
un cielo de cristal lleno de estrellas amparó nuestro silencio. Tal
vez muchos fuéramos algo escépticos, y todos teníamos dudas
y preguntas, pero también una fuerte esperanza e ilusión por
recorrer ese camino. La gran sentada de zazen, en una noche
fría y oscura, nos confirmó cuál era nuestro hogar, y en aquel
viaje algunos corroboramos una fe irracional en nuestra propia
naturaleza de Buda.
Cuando Enric me habló del libro, señaló que hubiera agrade-
cido, en sus comienzos, poder encontrar algunas páginas que
enfocaran preguntas y circunscribieran algunas cuestiones.
Él ha intentado suplir esa carencia, comunicar su experiencia
en este camino y hablar, en la medida de lo posible, de aquello
que no puede ser expresado con palabras pero hay que poder
exponer.
Es una manera humilde y generosa de participar del movi-
miento de la rueda del dharma.
Tú eres Buda es una guía para perplejos, escépticos o ignoran-
tes que aporta algunas claves de eso que llamamos budismo y
nos acerca a una enseñanza milenaria que cobra sentido cuando
conseguimos hacerla real en nuestra vida. Es un dedo que señala
la Luna.
Pere Taiho Secorún1
1. El maestro Pere Taiho Secorún es el monje responsable del Templo Soto Zen de la
Luna Nueva «Shingetsuji», de Barcelona. Recibió la transmisión del dharma (shiho) del
maestro Dosho Saikawa Roshi, responsable para América Latina de la Escuela Soto Zen y
abad del Templo Busshinji, en Sao Paulo (Brasil).
| 10 |
PR E SE N TAC IÓN
He tardado casi tres años en escribir este libro. La idea de es-
cribirlo me surgió hace ya algunos años, pero mi interés por la
religión en general y por el zen en particular se remonta a casi
cincuenta años atrás. De joven incluso me matriculé en la Escue-
la de Teología para Seglares, aunque debo reconocer que asistí
a muy pocas clases. Respecto al budismo, en el transcurso de
mi vida he tenido la oportunidad de conocer a maestros, leer
muchos libros, quizás demasiados, y sobre todo vivir mi propia
experiencia a través de la práctica.
En una ocasión, el Dalai Lama, durante una audiencia que
nos concedió a un reducido grupo de personas, nos aconsejó
que, si podíamos, viajáramos durante las vacaciones a países
de religión mayoritaria budista. Así lo he hecho en diversas
ocasiones y siempre me ha supuesto una experiencia realmen-
te enriquecedora. Especialmente en Japón, país ciertamente
fascinante. Durante estos viajes he tenido la oportunidad de
alojarme en monasterios budistas y compartir ceremonias y
prácticas de meditación con los monjes. Estas experiencias han
supuesto para mí unas vivencias inolvidables, en especial cuan-
do he tenido el privilegio de recibir enseñanzas directamente
de un maestro.
Ahora, al releer el libro, pienso que el primer beneficiado de
haberlo escrito he sido yo mismo. Además de permitirme orde-
nar y sedimentar las ideas, escribirlo me ha supuesto una expe-
riencia tan profunda que al principio no podía ni tan siquiera
| 11 |
T Ú ER ES BU DA
imaginar. Incluso, me parece, y lo digo con modestia, que final-
mente he escrito el tipo de libro que a mí me hubiera gustado leer
de joven. Si así hubiera sido, me habría ahorrado algunos proble-
mas y preocupaciones inútiles, hubiera cambiado algunas cosas
en mi vida y, posiblemente, hubiera sabido aprovechar mejor las
oportunidades y los buenos momentos.
Respecto a eventuales lectores, no aspiro a tanto y me con-
formaría con que este libro, a caballo entre el budismo y la psi-
cología, les sirviera para derribar unos cuantos mitos que casi
siempre nos complican innecesariamente la vida, les suscitara
algunas dudas, siempre saludables, les supusiera un estímulo
para profundizar en el conocimiento del budismo y, sobre todo,
les animara a experimentarlo directa y personalmente a través
de la práctica.
Casi había finalizado de escribirlo cuando mi buen amigo José
Antonio Aznar publicó un extenso y documentado libro titulado
La consciencia (Pirámide, 2017). José Antonio es doctor en Psi-
cología y profesor catedrático en la Facultad de Psicología de la
Universidad de Barcelona. En el epílogo de su libro menciona
que hay dos cuestiones capitales: los binomios cuerpo-mente y
yo-realidad, que aún siguen pendientes de resolverse. Le comen-
té que precisamente estas cuestiones son parte del núcleo del
budismo y que yo estaba escribiendo un libro sobre esta tradi-
ción. Gracias a esta conversación, mantenida mientras tomába-
mos una cerveza, pude convencerle de que revisara mi libro, lo
cual realizó a conciencia y con aportaciones y precisiones muy
valiosas.
Quisiera hacer un último comentario dedicado a mi familia.
Ahora ya jubilado, procuro dedicar, como hacen otros muchos
abuelos, el mayor tiempo posible a mis nietos. Esto me ha llevado
a tomar conciencia, y me siento un tanto avergonzado por ello,
de estar dedicando más tiempo a mis nietos del que dediqué, en
su momento, a mis hijos. En los tiempos de mi vida profesional,
las jornadas laborales eran extremadamente largas y, muchas
veces, cuando llegaba a casa, mis hijos ya dormían. Además de
haber restado tiempo a mis hijos, sobrecargué a mi mujer con
responsabilidades y trabajos que hubiéramos tenido que com-
| 12 |
PR ESENTACIÓN
partir. Por tanto, la sincera dedicatoria de este libro a mi familia
está más que justificada y merecida.
Gassho.2
2. Gassho: saludo budista que consiste en hacer una reverencia con las manos juntas,
palma contra palma, manteniendo los brazos plegados y horizontales. Simboliza la unidad
del espíritu y de la existencia.
| 13 |
1. Un programa de televisión
Casi todo en la vida comienza con una idea: una empresa, un
proyecto y también la decisión de escribir un libro. Hace ya al-
gunos años, viendo un programa de televisión3 me surgió la idea
de escribir este libro. En dicho programa, un grupo de expertos
debatía semanalmente sobre una determinada cuestión. Aquella
noche trataron sobre la muerte. Hablar de la muerte no le gusta
a nadie. Procuramos eludir el tema como si no fuera de nuestra
incumbencia. No obstante, en el transcurso de nuestra vida vi-
vimos la experiencia de la muerte de conocidos, amigos o seres
queridos, y siempre nos produce inquietud y angustia. En cual-
quier caso, la muerte es una cuestión que necesariamente debe-
mos afrontar si queremos vivir plenamente. Es difícil vivir feliz
si nos sentimos acosados por la angustia de la muerte. Cuanto
antes lo hagamos, mucho mejor.
El budismo, en esta cuestión de la muerte, y también en otras
muchas, nos aporta una visión que puede ayudarnos decisiva-
mente a reducir el sufrimiento y a ser más felices en la vida. El
Dalai Lama dice al respecto: «La búsqueda humana del saber
y la comprensión de la propia existencia nacen de la profunda
aspiración a la felicidad y a la superación del sufrimiento». Si no
existiera para nosotros el sufrimiento y además fuéramos felices,
seguramente no tendríamos ningún interés por intentar com-
prender el sentido profundo de nuestra existencia.
3. El programa era «Mil·lenium», del Canal 33, que dirigía Ramón Colom.
| 15 |
T Ú ER ES BU DA
Volviendo al programa de televisión, uno de los asistentes
al debate comentó que un primer paso para aceptar la propia
muerte era redactar el testamento. Es cierto que sentarse ante el
notario y decidir quién se quedará con tus bienes después de tu
muerte obliga necesariamente a asumir que, un día u otro, ya no
estarás por aquí y que tus bienes, pocos o muchos, no te los vas a
poder llevar. Seguí su consejo y, después de asesorarme conve-
nientemente, hice mi testamento. Pensé entonces que, resuelto
el tema de los bienes materiales, me quedaba aún por solventar
una cuestión que a mí me pareció importante: qué hacer con
los bienes llamados inmateriales. Pagar una hipoteca exige un
esfuerzo considerable durante muchos años, pero elaborar unas
respuestas razonables a las preguntas fundamentales que todos
nos planteamos requiere mucho más tiempo.
Así pues, la primera razón para escribir este libro fue dejar una
especie de testamento de mis bienes inmateriales a mis hijos y
nietos y, eventualmente, para los que tengan a bien leerlos para
que, con sosiego, puedan considerarlos. Conversar de determi-
nadas cuestiones con nuestros hijos o nietos puede ser, en ocasio-
nes, bastante difícil. Sinceramente, a mí me cuesta imaginarme
hablando de la «vacuidad» con ellos. La segunda razón fue un
poco más egoísta: si me enfrentaba a escribir un libro de este tipo,
me exigiría organizar y estructurar mis propias ideas, lo que se-
ría, con toda seguridad, muy positivo para mí. Pensé que ahora,
ya jubilado, disponía del tiempo suficiente para poder hacerlo.
Dicen que el primer paso para tratar de resolver un problema
es plantearse la pregunta adecuada. El ser humano es, obviamen-
te, el único que se pregunta quién es. Quizás por ello, la pregunta
«¿qué es el hombre?» es la piedra angular de toda la filosofía. In-
tentar encontrar respuestas razonables a preguntas como de dón-
de venimos, qué sentido tiene la vida, qué es la Realidad o cómo
alcanzar la felicidad no es en absoluto una tarea fácil. Muchos
se conforman con aceptar las respuestas que les ha propuesto la
religión en la que han sido educados. Otros, tal vez por no encon-
trarlas satisfactorias, exploran otras religiones; finalmente, otros,
los menos, intentan un camino basado en su propia experiencia
interior.
| 16 |
1. U N PROGR A M A DE T E L E V ISIÓN
Recuerdo que mi abuela, que me cuidó de pequeño, me de-
cía: «Tú serás aprendiz de todo y maestro de nada». Su pronós-
tico se ha hecho realidad en gran medida. Siempre he senti-
do una gran curiosidad por cuestiones diversas, lo que me ha
ayudado a tener una visión global y transversal de las cosas.
Esta forma de enfocar las cuestiones también me ha sido muy
útil en la vida profesional, ya que, ante un problema complejo
con muchas variables y del que dispongamos de escasa o, por
el contrario, excesiva información, un enfoque generalista tiene
seguramente mayores posibilidades de éxito. Por ello, siempre
me he esforzado en seleccionar, de entre toda la información
disponible, la que me ha parecido más relevante y, a partir de
ahí, tratar de estructurar mis ideas y formular las propuestas
pertinentes. Normalmente, los detalles me han interesado poco
y he concentrado mi atención en lo que yo creía que era lo fun-
damental. En cierta medida, he ido a contracorriente, porque lo
habitual en nuestra sociedad es especializarse y saber cada vez
más de cada vez menos.
Este tema de la información disponible es realmente fasci-
nante. En el siglo xv se había doblado la información que existía
en el año 0. A partir de 2020 está previsto que la información se
duplique cada tres meses. Actualmente tenemos acceso a una
ingente cantidad de información como nunca antes habíamos
tenido, pero no debemos olvidar que la información, si no está
ordenada, nos puede generar desconcierto e incertidumbre. Y
ante la incertidumbre, reaccionamos con miedo, y con el miedo
siempre se incrementa la ansiedad. En cualquier caso, tenemos
que celebrar que nuestro mundo ha progresado más en los úl-
timos cincuenta años que en los cien mil anteriores. La época
que nos ha tocado vivir es, a pesar de sus innegables problemas,
realmente apasionante.
Durante mi vida profesional he sido, bastantes años, profesor
de Psicología Aplicada y de Organización Industrial en varias
escuelas de negocio. Las clases y conferencias que, en diversos
ámbitos, impartía eran sobre temas profesionales que conocía
razonablemente bien. Por el contrario, este libro versará sobre
cuestiones en las que no soy ni un especialista erudito, ni mucho
| 17 |
T Ú ER ES BU DA
menos un maestro espiritual. Por tanto, mi objetivo es escribir-
lo con humildad y centrándome principalmente en mi propia
experiencia.
Pensando en lo que decíamos sobre la información, una cues-
tión que me ha preocupado al redactar el libro ha sido no per-
derme en una maraña de datos. Sobre el budismo se han escrito
cientos, incluso miles de libros. El criterio que he utilizado es
pensar que únicamente lo básico es imprescindible. Me cen-
traré, pues, en las cuestiones que, según mi punto de vista, son
importantes para un lector occidental. Este criterio de centrar-
me en lo fundamental ya lo utilizaba al redactar los apuntes de
clase. Los enfocaba en lo importante, en lo que, según la jerga
estudiantil, va para «examen», y suprimía la «paja». Hay que re-
conocer, no obstante, que explicar algunas anécdotas siempre
ayuda a fijar la atención y permite que los temas sean un poco
más atractivos. Incluiremos, por lo tanto, algunas anécdotas e
historias en el libro.
Al inicio de un nuevo curso, los alumnos sentados en clase me
miraban expectantes, y yo me preguntaba cómo orientar las cla-
ses para captar su atención, cómo motivarles hacia los temas que
quería explicarles y cómo conseguir transmitirles mi experiencia
profesional para que les pudiera ser útil. Por ello, siempre traté
de estructurar las asignaturas de forma global, que formaran un
todo; en otras palabras, que abarcaran todos los ámbitos relacio-
nados con el asunto de la asignatura y, además, quedaran claras
las conexiones entre todos ellos. Espero que esta experiencia y
este enfoque me sean útiles al redactar el libro. Los profesores de
las escuelas de negocio debíamos unir a nuestros conocimientos
teóricos bastantes años de experiencia profesional. La razón era
que es difícil hablar sensatamente de algo que no has experimen-
tado personal y directamente. Esta reflexión es también válida
para este libro.
Procuraré, asimismo, no olvidar ese proverbio galés que dice:
«No entiendes realmente algo hasta que eres capaz de explicárselo
a tu abuela». Intentaré, por ello, escribir únicamente sobre aquello
que crea que haya entendido razonablemente bien y que, a ser po-
sible, haya experimentado personalmente. Me temo que, en mu-
| 18 |
1. U N PROGR A M A DE T E L E V ISIÓN
chas ocasiones y sobre muchas cuestiones, se escribe demasiado
«de oídas».
Todos nacemos en el seno de una cultura, de una sociedad
y con un determinado lenguaje. No tenemos, obviamente, nin-
guna posibilidad de elegir dónde o cuándo vamos a nacer. Así
pues, curiosamente, gran parte de las cosas que van a condicio-
nar nuestra la vida vienen determinadas por unas circunstancias
que no podemos ni controlar ni elegir. En efecto, ya desde nues-
tro nacimiento empezamos a asimilar e interiorizar la cultura
propia de nuestra civilización. La cultura en la que crecemos nos
inculca un conjunto de ideas, modelos y referencias que luego
utilizaremos para interpretar al mundo.
Quizás no seamos conscientes de ello, pero vemos y compren-
demos el mundo desde las creencias de nuestra propia cultura.
La cultura, por tanto, es y actúa como un factor de adaptación e
integración social. Precisamente por el hecho de vivir en colecti-
vidad, todas las teorías, ya sean religiosas, sociales o científicas,
tienen su origen en dicha colectividad y se han ido construyendo
gradualmente con las aportaciones de quienes nos han precedi-
do. Al vivir en el seno de una colectividad nos integramos en sus
instituciones sociales, y no olvidemos que la religión es una de
ellas. En cualquier caso, sería un craso error caer en la tentación
de considerar que nuestra cultura es la mejor de todas.
No creo que pueda existir alguna posibilidad para el ser hu-
mano de vivir fuera de la cultura, de ser, digamos, exocultural.
Nuestras raíces culturales son tan profundas que, salvo alguna
rara excepción, hacen imposible poder cambiar de cultura. El
multiculturalismo, ahora tan de moda, me parece, por esta ra-
zón, bastante más mediático que real. He nacido en Occidente y,
aunque me sienta atraído por la cultura tradicional de Oriente,
debo admitir que mis puntos de vista sobre el budismo estarán
siempre influenciados por la cultura occidental en la que me
he formado. Históricamente, las enseñanzas de Buda siempre
se han interpretado, como veremos, de forma algo distinta en
función de las diversas culturas en las que, a través del tiempo,
se han ido enraizando. Ahora quizás corresponda interpretarlas
desde Occidente.
| 19 |
T Ú ER ES BU DA
Se dice a menudo que nuestra cultura occidental se sustenta
en tres pilares: el derecho romano, la filosofía griega y la reli-
gión judeocristiana. Si miramos hacia nuestro pasado histórico,
veremos que Grecia desarrolló la ciencia4 y Roma, la técnica, es
decir, Grecia trató de comprender el mundo y Roma se dedicó a
transformarlo. Hoy en día, muchos de los puntos de vista de los
filósofos clásicos nos siguen influyendo poderosamente, aunque
no seamos conscientes de ello. Me permitiré citarlos en alguna
ocasión.
Decíamos que uno de los pilares de nuestra cultura es la re-
ligión judeocristiana y, de la misma forma que quizás muchos
japoneses no son conscientes de la inmensa influencia que el
budismo, especialmente el zen, ha ejercido en su cultura, en su
arte y en sus valores, tampoco en Europa somos capaces de reco-
nocer que nuestra cultura, nuestro arte y nuestros valores tienen
su raíz en la religión judeocristiana.
El término religión proviene del latín religare, «unir». Com-
partir unas mismas creencias religiosas une, evidentemente, a
los pueblos. Y para mantener esta unión con la comunidad, que
todos deseamos y precisamos a toda costa, mucha gente apa-
renta mantener unas determinadas creencias religiosas ante el
temor de que, si no lo hacen, pueda verse excluida o rechazada
por su comunidad. Esto es más evidente en unos países que en
otros. En Japón, por ejemplo, es muy importante. Recuerdo que
en mi juventud se decía que convenía ir a misa de 12 para que
todo el vecindario te viera. Y lo que acabamos de comentar res-
pecto a las prácticas religiosas es igualmente válido respecto al
cumplimiento de todo tipo de normas propias de nuestro grupo
o colectividad. Tratamos, en general, de respetarlas y cumplirlas
para no vernos excluidos de nuestro grupo o de nuestra sociedad.
El grupo nos condiciona mucho más de lo que creemos.
Actualmente vivimos inmersos en una sociedad agresiva,
competitiva y con un elevado componente tecnológico. Este con-
junto de circunstancias está generando en el ser humano unos
4. Parece increíble, pero Eratóstenes en el 276 a.C. fue capaz de calcular el radio de la
Tierra únicamente con un pequeño error de 120 km, aproximadamente un 2 %.
| 20 |
1. U N PROGR A M A DE T E L E V ISIÓN
altos niveles de angustia, ansiedad, descontento, frustración e
incertidumbre. Parece que, lamentablemente, cuanto más avan-
zada es una sociedad, más infelicidad genera. Por ejemplo, según
un estudio recientemente publicado, como mínimo un 10 % de la
población española padecerá en el transcurso de su vida algún
problema psicológico grave y, si incluimos el alcoholismo, tres
millones de españoles son actualmente drogodependientes. Es
triste constatar cómo se incrementa el sufrimiento mental en las
sociedades avanzadas. En el budismo, el sufrimiento es, como
veremos, una cuestión central.
Percibir es interpretar la información que captan nuestros
sentidos. Es importante darse cuenta de que esta percepción de
la realidad no es solo sensorial, sino también cultural. La razón
es que la base sobre la que formamos los conceptos es, como
hemos comentado, la cultura en la que nos hemos educado y
el lenguaje con el que nos expresamos. Por esta razón, indivi-
duos de sociedades o culturas distintas elaboran modelos de
la realidad asimismo diferentes. Como iremos viendo, nuestra
mente tiene una imperiosa necesidad de ordenar y dar sentido a
todas nuestras experiencias y lo hace, en gran parte, siguiendo
los patrones que le han sido transmitidos por la sociedad en la
que está inmersa. En el próximo capítulo volveremos sobre esta
importante cuestión.
Posiblemente es fácil incurrir en algunos errores al analizar
al budismo desde las categorías y los valores de la cultura occi-
dental; no obstante, vale la pena intentarlo, ya que la visión que
nos aporta el budismo puede ser tremendamente enriquecedora
para nosotros. Algunas ideas y conceptos budistas tienen cierto
parecido, como veremos, con los de nuestra filosofía y nuestra
psicología. El desarrollo de ideas y conceptos similares en el seno
de culturas distintas puede ser debido a una influencia mutua,
pero también a la similitud del espíritu humano.
Me gustaría hacer un comentario sobre el subtítulo del libro:
«Cuaderno de notas de un budista escéptico». Cuaderno de no-
tas, porque en el transcurso de mi vida he ido acumulando in-
formación de los libros que he leído, los cursos que he realizado y
las conferencias a las que he asistido; notas que ahora he tratado
| 21 |
T Ú ER ES BU DA
de revisar y ordenar. Me gustaría destacar que, al leer un libro,
realizar un curso o asistir a una conferencia, lo más importan-
te no es ser capaz de recordarlo, lo realmente importante es la
transformación que hayamos podido experimentar en nuestra
forma de pensar.
No he pretendido, en ningún momento, que el libro fuera un
tratado erudito. Por ello, incluso he suprimido las tildes de las
palabras de origen sánscrito, chino o japonés que permitirían,
en principio, pronunciarlas correctamente y he resaltado en ne-
grita los conceptos o las personas que considero especialmente
importantes.
En todas las religiones existe un nivel que podríamos llamar
«popular», más apegado a los ritos, con más imaginación que
racionalidad, amante de los poderes mágicos y los milagros.
Cuando comente algún concepto, matiz o aspecto relacionado
con este tipo de religión, destacaré popular en negrita para evitar
confusiones.
En una ocasión leí este buen consejo que he tratado de seguir:
«Investiga, estudia, aprende hipótesis y argumentos, pero al final
elabora tus propios puntos de vista y ten una visión tan amplia y
sin prejuicios como te sea posible». Quisiera añadir, para consue-
lo de los que ya vamos acumulando bastantes aniversarios, otra
frase: «En la juventud aprendemos, pero en la vejez comprende-
mos». Me gustaría que fuera cierta.
Si me preguntaran con qué forma de pensar me siento más
confortable, contestaría, con toda seguridad y convencimien-
to, que con la budista. Creo que, durante siglos, el budismo ha
ofrecido un camino para superar el sufrimiento, encontrar la
felicidad y caer en la cuenta de la Realidad última que no tiene
parangón con otras tradiciones religiosas. En última instancia,
el objetivo del budismo es que a través de la práctica adquiramos
una experiencia que modifique nuestra conducta y nos conduzca
a una vida más feliz.
El budismo y también el taoísmo, al no sustentarse en la fe,
sino en la razón, tienen una racionalidad y un realismo mucho
más próximos al pensamiento occidental que otras religiones.
Einstein (1879-1955) llegó a decir que el budismo era la única
| 22 |
1. U N PROGR A M A DE T E L E V ISIÓN
religión compatible con la ciencia moderna y Nietzsche (1844-
1900) aseveró, en una primera época, que el budismo era cien
veces más realista que el cristianismo. Por su parte, el Dalai
Lama ha escrito: «El budismo debe coincidir con la ciencia y,
si no coincide, deberíamos cambiar el budismo». Incluso Buda
dijo: «Y aquello que los sabios del mundo están de acuerdo en que
no existe, yo también digo que no existe».
En el subtítulo del libro añado el adjetivo escéptico porque
nunca deberíamos estar absolutamente convencidos de algo,
ya que las verdades absolutas nos acercan al fundamentalismo.
Creo que deberíamos ser capaces de observar, mirar con curio-
sidad y mantener el espíritu abierto. La verdad no pertenece a
nadie en particular y, obviamente, nadie tiene la exclusividad de
la verdad. Además, la filosofía y la ciencia, para avanzar, se basan
en la duda. Lo contrario de la duda es, quizás, una fanática e in-
quebrantable fe religiosa. Aristóteles (348 a.C.-322 a. C.)dijo: «La
duda es el principio de la sabiduría», e incluso Buda nos enseñó
que «es apropiado que alberguéis dudas». El filósofo Pirrón de
Elis (360 a.C.-270 a.C.) primer filósofo escéptico y discípulo de
Anaxarco (380 a.C.-322 a.C.), nos aconsejó: «No digas “así es”,
sino “me parece que es”». Bertrand Russell (1872-1970) dijo, asi-
mismo, que «nadie debería estar seguro de nada», y «si alguien
está seguro de algo, sea lo que sea, está equivocado». Un último
comentario, José Ortega y Gasset (1883-1955) manifestó: «Quien
quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: que nos sitúe
de modo que la descubramos nosotros». Yo no pretendo, cierta-
mente, enseñar ninguna «verdad»; mi deseo es, sencillamente,
presentar una información para que el lector, en función de su
propia experiencia y conocimientos, extraiga lo que conside-
re más conveniente para él. Si de paso derriba algunos mitos y
siente cierto interés por aproximarse a la práctica del budismo,
muchísimo mejor.
Y como dice mi nieta: «Eso es lo que hay».
| 23 |
Í N DIC E
Prólogo 9
Presentación 11
1. Un programa de televisión 15
2. Magia, religión y ciencia 25
3. El hinduismo 41
4. Siddhartha Gautama 47
5. Las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero 55
La verdad de la realidad del sufrimiento 55
La verdad del origen del sufrimiento 57
La verdad del camino que conduce a la
cesación del sufrimiento 59
La verdad del camino para poner fin al sufrimiento 59
El óctuple sendero 60
6. La enseñanza de Buda: el Dharma 63
7. El Karma 73
| 287 |
T Ú ER ES BU DA
8. Vacuidad, impermanencia e interdependencia 79
Vacuidad 80
Impermanencia 89
Interdependencia 90
9. Los sutras 93
10. La expansión del budismo 101
11. Tradiciones y costumbres 111
12. El zen 119
13. La meditación zazen 133
La postura 134
La respiración 135
Cambios fisiológicos 136
La actitud de la mente 139
14. El koan 149
15. Aquí y ahora: el presente eterno 155
16. La realidad es mental 159
17. Conocerse a sí mismo 165
Hormonas y neuronas 166
El órgano que gestiona la vida: el cerebro 168
¿Libre albedrío? 170
Compasión, empatía y neuronas espejo 173
La interpretación de la realidad 174
El poder de las expectativas 177
Mente-cuerpo 178
Respuestas cerebrales a la estimulación 180
| 288 |
ÍNDICE
Estados emocionales positivos 182
Liberarse del «yo» ilusorio 184
Psicología budista 186
18. La felicidad 189
19. La Realidad última 199
20. El Despertar 205
21. Vida cotidiana 215
22. El arte zen: Sabi-Wabi 225
23. Palabras sabias 235
Apéndices 243
Estructura de la personalidad 243
Inconsciente 244
Preconsciente 246
Consciente 247
Ello 248
Yo 249
Superyó 250
Mecanismos de defensa del yo 255
La represión 256
La racionalización 256
La regresión 257
La identificación 257
La proyección 258
La sublimación 259
La negación de la realidad 260
La transformación en lo contrario 260
El desplazamiento 261
La vuelta contra sí mismo 261
La fantasía 261
| 289 |
T Ú ER ES BU DA
El hombre autorrealizado 262
El taoísmo 267
El shintoísmo 271
Bibliografía 277
Magia, religión y ciencia 277
Budismo 277
Zen 277
Bibliografía de lectura interesante 278
Religión y ciencia 278
Budismo y zen 278
Índice de personajes y términos 281
Índice de personajes 281
Índice de términos 282
Agradecimientos 285