Giorgio Colli. (Fragmento) La Naturaleza Ama Esconderse
Giorgio Colli. (Fragmento) La Naturaleza Ama Esconderse
Giorgio Colli
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La naturaleza
ama esconderse
4>rziz KPrnTEzeAi $ iaei
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Nota y traducción del italiano de Miguel Morey
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Nota d el ed ito r 9
Nota d el traductor 11
Prefacio 21
V. Parménides 149
118 Diels traducía en Herakleitos von Ephesos, Berlín 19092, 3: «ein jegliches nach sei-
ner N a tu r au slegend», y luego con más fortuna, en Vors.s: «nach seiner Natu r ein j e
gliches zerlegend». E n cuanto a (jiÚCTic es inaceptable el significado de «H erk u n ft» que
le da G ig o n Unters. 10, en oposición a los frags. 112, 123. L a traducción genérica de
Diels no es suficiente, y tam poco la de W . A. H eidel On Certain Fragments o f the Pre-so-
atribuida a Heráclito, resultaría así desechado. ¿Cómo entender además el
eicacrron? Está claro que se refiere a «palabras y acciones», que es una pre
cisión antropológica de «todas las cosas», en la que hay que destacar la dis
tinción entre realidad expresiva fija y realidad interior activa, distinción
que se refleja en lo que sigue: «escindo según la naturaleza trascendente»
y «m anifiesto»115. Es doble el campo de la realidad que se trata de indagar,
y doble es la tarea del filosofar, determinado a alcanzar la individualidad
esencial y a comunicar la verdad bajo una forma estable. A destacar el
cmeLpoLau' ... treLptágenoi, «[ellos se asemejan sin embargo] a los que ca
recen de experiencia, cuando tratan de experimentar», al principio del pa
saje citado, expresión que se refiere a los «hombres», los cuales, aunque
posean los medios para captar esta multiplicidad de expresiones y de inte
rioridad, no sacan partido de cuanto experimentan.
También el frag. 7 (Colli A 48) alude a la multiplicidad como real:
cratics, en «P roceedings oí the Am erican Academ y o f Arts an d Sciences», 48, 1913 , 695-
696: «distinguishing then each after its own kind»: a 4>úaic le corresponde el significa
res de una lógica verbal arcaica com o desde la óptica existencialista con la que se ha
q u erid o leer recientem ente a Heráclito (Brecht ller. 44), no tiene ningún fundam en
to serio. Es en cam bio natural ver en enea u n a determ inación del genérico n d fT a pre
cedente. G igon Unters. 8 dice que en énea Kai épya no pu ed e rigurosam ente enten
derse sino «d e r ganze Bereich mensliche Betátigung», p e ro Heráclito trata toda la
realidad, com o se verá, con una term inología tomada de la vida del hom bre. El térmi
no énea tiene aquí un significado fundam ental de lo que se expresa con palabras, y épya
el de acciones, no explicadas ni definidas todavía. Este último significado le correspon
de a épya para m ostrar su diferencia con énea y queda confirm ado po r la distinción
lela a la del frag. 1, én ea-épya. El contexto del frag. 48 sugiere para épyov el significa
d o de esencia profunda.
Por más que pueda discutirse la interpretación, no cabe dejar de ver la
resistencia de la multiplicidad frente a cualquier unificación. El Sicryi/ÓLei/,
«reconocerían como distintas», remite al Siatpétov, «yo que escindo», exa
minado antes, igual com o las «narices» se corresponden con el «experi
mentar» precedente. ¿Qué significa que «todas las cosas que son» (y cier
tamente la expresión abstracta no invita a pensar en una realidad ilusoria)
continúan siendo tales aunque se las unifique? En este caso concreto, si las
cosas dejaran de ser visibles, se debería responder que, para una expe
riencia más íntima (respecto de la vista, el olfato en sus sensaciones perci
be los objetos como mucho más próximos al centro cognoscente)™ per
sistirían en su multiplicidad. Una confrontación con el frag. 107 (A 36)
puede ser de utilidad para aclararlo mejor:
l!" El frag. 98 nos ofrece una decisiva confirmación en este sentido: ai i|juxcu
óo|i(i)i'TaL Ka0’ " Ai6r|v, «las almas husmean hacia abajo en dirección al H ad es», donde
un predom inio de la vista sobre el oído. Sin em bargo, el fragm ento no es literalmente
heraclíteo (en un prim er m om ento, Herakl. 42, Diels no lo consideraba auténtico) y en
cuanto al contenido no se aviene demasiado con los frags. 55 y 107, q ue parecen p o n e r
a la vista y el oíd o en un mism o plano. Probablem ente el frag. 101 a es una falsificación
de origen bastante antiguo, tomada de H erod . 1 8.
TTOTa|_LülüL Toi0iv aÚTotaii' épf}aíúOixnv CTepa kql eTepa libara éTuppel
«a quienes entran en los mismos ríos les siguen fluyendo aguas siempre di
ferentes».
cuyo valor metafórico queda señalado por el kcií . Ya antes, pero sobre todo
ahora, parece natural pensar en Anaximandro: de hecho, además del aiBioc
kívt)Oi.<;, «movimientoeterno» (B l, 17)122, que encuentra su correspondencia
en el KU'oúpenoc, «agitado», de este fragmento, es fácil constatar en «se des
com pone» el mismo pluralismo radical contenido en frag. 1 de Anaximan
dro, donde la realidad primordial queda señalada por la expresión t f oiv ...
ele TaÜTa, «las cosas fuera de las cuales [tiene lugar el nacimiento de las co
sas que son] son aquellas hacia las que [se desarrolla también la ruina, se
gún lo que debe ser]». En el frag. 125, el movimiento es algo accidental, que
muestra, cuando cesa, los elementos que están en la base de la realidad123*1
.
5
2
Con «las cosas con las que chocan (éyKupoixTi) cada día», alude evi
dentemente a la experiencia cotidiana, que puede ser fuente de conoci
miento, pero de la que no se benefician los hombres, porque las cosas se
les aparecen como «extranjeras». El opuesto de «extranjero» es precisa
mente íntimo, y para quien verdaderamente conoce son íntimas las cosas,
próximas, afines por naturaleza, en tanto que distintas siempre del sujeto
(«c o n las que chocan» contiene una confesión realista). Desde el punto de
vista del estilo, el frag. 17 está cercano:
1,4 El texto del fragm ento ha sido muy discutido. Aceptam os la enm ienda ókóctoic
( G ataker) po r ókóool códs. Diels y Th. G om perz han visto en el frag. 17 u n a polémica
contra A rq u íloco (frag. 68 D ie h l). La derivación es evidente (añadim os al claro acuer
d o verbal el uso del (^poveiv en el frag. 17, q u e no se aviene con el significado del ver
bo en los frags. 112, 113, 116, y el Ka0’ ripépav del frag. 72, que recuerda el e (V I][.U pav
de A rq u ílo c o ), pero se trata más bien de u n a rem iniscencia literaria. Finalmente, Th.
G om perz, Z u H era klit’s Lehre un den Ueberresten seines Werkes, en «W ien . S itzsber», 113,
1887, 998, pro pon e además, en lugar de TotauTa, Toaaíira, que quizá responda al texto
original heraclíteo.
En «todas esas contra las que chocan (éYKupeüaif) » encontramos un
duplicado casi textual de la expresión antes examinada; hay que destacar
el nexo sucesivo «n o las conocen en su esencia [ (yivuxjKOuait') una vez que
las han experimentado directamente (pa0óprec)], por el que se vincula
muchos con el pap0áveip, no con el •yu'oxjKetv. Parece aludirse aquí a dos
grados de conocimiento. Es preciso por tanto aclarar el significado de los
dos términos. El verbo pav0dveiv no aparece en ninguna otra ocasión,
aunque una vez se usa pd0r|cnc. A pesar de que Heráclito utiliza a menudo
el verbo y el sustantivo correspondiente con un sentido algo diferente, en
el caso anterior parece que existe concordancia. El frag. 55:
y el frag. 40:
125 A un qu e sin justificarlo, esto explica que la mayor parte de las innum erables in
terpretaciones de Heráclito sean sensualistas. Cf. po r ejem plo E. Loew, Z u HeraclitsFrg.
67 u nd 4 ". en «A . f. G. d. P h .», 22, 1909, 89-91. E. Arndt, Z u Heraclii, en «A . f. G. d. Ph.»,
26, 1913, 370-377, se muestra más acertado en su valoración del conocim iento sensible
en Heráclito, aun que equivoca la dirección en el planteamiento de los problem as. Pa
ra la posición empirista de Heráclito, que en este caso po d ría casi llamarse empirocri-
ticista, véase el frag. 6: véoc é<|)’ Ópéptl écrrív, «es joven cada d ía », dicho del sol.
I2'' I,a expresión vóov < .ynv equivale a tj>poveiv (e n el sentido técnico que vere
m os) . El vocablo vóoc no parece p o r lo general haber sido un término filosófico para
«riqueza de experiencia no enseña a tener una interioridad atenta».
Heráclito. A pesar del significado filosófico q ue tiene en el frag. 114, n o aparece más
que en el frag. 104, do n de tiene el sentido genérico del h abla popular.
127 B. Snell, Die Ausdrücke f ü r den Begriff des Wissens in der varplatonischen Philosophie,
en «Phil. U nters.», 29, 1924, 61-66 y 69-71, exam ina con precisión el valor primitivo de
icTOpía, aunque luego pretende ver en el frag. 35 de Heráclito el significado más evo
lucionado de «forschend».
128 Cf. de nuevo el frag. 81.
129Cf. además del frag. 40, en el que se nom bra a Hesíodo, los frags. 42, 56, 57,104, 106.
150 Generalm ente, el verbo tiene siem pre en Heráclito el significado positivo de co
nocim iento (cf. para la opinión contraria B. Snell, op. cit., 66-67; cf. además 21, 38, 92),
a pesar d e la apariencia en contra del frag. 28, al que nos referirem os enseguida. A p ar
te del 97, en el que ■yivojcJKCiv es usado en el sentido popular, y el frag. 108, en el que
Grisebach-Bergmann), I 49 y ss., 536 y ss., II 155; IV 248 y ss., 262 y ss. Por otra parte, el
mismo contraste entre los fragmentos mencionados y los que se expresan negativa
mente en relación al dormir, y por tanto al soñar (cf. además del frag. 73, citado en el
texto, las mismas últimas palabras del mencionado frag. 26, ¿ypq-yoptoi. airTCTai eíi So v
Toe, «despierto, se aferra al durmiente», que pueden tener además el mismo significa
do que el frag. 73, o ser dichas incluso refiriéndose a las primeras palabras del frag
mento, invirtiendo los términos para mostrar la perfecta igualación idealista entre
sueño y vigilia; y el frag. 21, en el que se trata sin embargo de sueño profundo), no se
explicaría si no se admite que Herádito expone una gnoseología idealista, aun consi
derándola por otra parte como una posición que debe superarse. Retomemos una vez
más el frag. 89: Tote éypiyyopóau’ et>a Kai koivóv KÓapoi' e l vai, «los despiertos tienen
un mundo único y común», mientras que en el sueño cada uno se retrae al «mundo
propio», que establece un vínculo perfecto entre el frag. 2 y el frag. 73.
Finalmente, recordemos, por lo que respecta a la condena del conocimiento sen
sible, el frag. 56, que, aunque discutido, se refiere indudablemente a la distinción en
tre el mundo de la apariencia y una realidad suprasensible. Obsérvese la antítesis tujv
(J>avepojt'-oaa ót oírte ÍSopev oüt’ éXápopei/, «las cosas manifiestas-las cosas que no
liemos visto ni cogido», y además el carácter interior del conocimiento nouménico:
TdUTa (fcépopev, «las llevamos con nosotros». Todo lo cual nos lleva a creer además que
el término yvüau: es usado aquí con el mismo significado que hemos encontrado an
tes en yivkicJKeii', aludiendo precisamente a la conciencia del fenómeno que los hom
bres no poseen. Esta interpretación está ya en Brecht Her. 57, nota. Sobre el carácter
suprasensible del conocimiento más profundo cf. los frags. 54, 123, a los que nos refe
riremos más adelante.
1S2Para una interesante interpretación cosmológica de üflpic, «arrogancia», que por
otra parte no podemos seguir en tanto que puramente conjetural y alejada del signifi-
«la arrogancia, es necesario extinguirla todavía más que el estallido de un
incendio».
cado gnoseológico-político que entendem os com o probable, véase Bernays, her. Br. 12-
13, seguido po r Nietzsche, Werke, x 40-41 [K G W III 2, 324 (ed. it. 300), La filosofía en la
época trágica de los griegos, 7].
133 Repárese en el gran núm ero d e fragm entos heraclíteos q ue más o m enos direc
tamente, pero a m en u do también con gran violencia, se dirigen a fustigar la m edio
cridad humana. Esta consideración ayuda, o bien a esclarecer la figura de Heráclito, o
29, 34, 37, 49 (51, al principio: oú ¡jwidCTii', «n o c o m p re n d e n »), 70, 78, 79, 87, 95, 110,
117, a los que se añ aden los fragm entos dirigidos contra las masas religiosas, 5, 14, 15,
y los de contenido político, 121 y 125 a. Junto a los fragm entos ya citados contra los poe
tas y los pseudo-filósofos, los testimonios mencionados suman cerca de un tercio de to
dos los fragm entos heraclíteos.
1MAceptam os la óptim a enm ienda de Diels: yivtóaKci (fniXáoaeL (cód. yivioaKeiv c|nr
Xáaoci) y la de Schleierm acher: Sokco t r a (códs. Sokcóvtojv) . L a continuación del frag
m ento, que am enaza con el castigo de Dike a los mentirosos, difícilmente pu ed e unir-
«conoce las cosas aparentes, custodia, en verdad, aquel que es el más dig
no de fe...».
v con estas prim eras palabras, si n o se admite que con ello se expresa u n a condena.
Sólo po r esto ya es forzado entender el fragm ento com o u n a declaración de escepti
cismo o de modestia (cf. G ig o n Unters. 127 y ss.). Cuanto decim os en el texto d e <t>v_
Xóaaet se aviene perfectam ente con la segunda parte del fragmento.
y el 57 (A 26):
Dado que el «s o l» es la condición del día, y que para Heráclito los tér
minos «sol» y «d ía » son perfectamente equivalentes (este emparejamien
to está contenido implícitamente en el frag. 6, analizado antes)136, de la
confrontación de los dos fragmentos resultaría una contradicción, que el
curso de nuestra investigación muestra, sin embargo, como inexistente.
El frag. 99 confirma una vez más el pluralismo heraclíteo: la «n och e» es
una realidad en sí (que no se trata de un concepto privativo lo demues
tra su afinidad estilística con el frag. 23, al que volveremos más adelan
te), y también el día. En el frag. 57 en cambio, día y noche son una sola
cosa: tal cosa no puede significar la identificación de los dos términos, ni
tampoco su condicionamiento recíproco, porque en tal caso la contra
dicción con el frag. 99 sería insuperable. La única solución parece ser,
pues, entender esta unidad com o una nueva realidad comprensiva de los
dos términos antitéticos: éstos continuarían subsistiendo, dotados cada
cual de una independencia que permite pensarlos prescindiendo de la
realidad unificadora. La insatisfacción que se manifestaba antes al pre
tender un conocim iento, interior, de la esencia individual, y que surgía
de la dispersión de la realidad fragmentada y cristalizada en elementos
aislados, quedaría aquí aplacada por este nuevo ytvükjKeiP, ya no interior
sino representativo, que unifica y conecta la realidad dispersa. Se intro-
en Plut. De foti. 3, de ¿nexo Tiuy aXkuv’ átJTfXov, «a causa de las otras estrellas», antes
de eücjjpór'r), dado que en este texto de Plutarco la cita heraclítea es indirecta.
116El frag. 106: dyvooñi'Ti tjnxjii' qqepac ¿máary, píav oúaav, «[H erác lito reprochó
a H esío d o ] ignorar q u e la naturaleza de cada día es una sola», que parece entonces
oponerse al frag. 6, ya citado, se refiere evidentemente a un conocimiento esencial del
día, com o muestra el uso de óúctic, mientras el frag. 6 reflejaría el p n m er estadio gno-
seológico, que sin em bargo tiene para Heráclito su propia validez, el estadio empírico.
duce además un nuevo elemento: la conexión tiene lugar entre términos
antitéticos.
TTÓXegoc TíávTüjv pév ttclttíp ecm, návTiov 8e (3aatXeúe, xal touc gen
Geouc éSei^e touc, Sé áu0pwTrouc, touc p.év SoúXouc eiToíqae toüc Sé
éXeuOépouc
« Potemos es de todas las cosas padre, y luego rey de todo; y a los unos los re
vela como dioses, a los otros, en cambio, como hombres; a los unos los ha
ce existir como esclavos, a los otros, en cambio, com o libres».
1,7 Cf. frag. 1: toíi 8e Xóyov toü8’ cóvtoc ... yivo|i€v<ov yáp tráimúv KCrra tóv Xó_
yol' TÓvík, «y respecto de este logo.s que es verdadero [, siempre los hom bres se mues
tran privados de entendim iento, sea antes de prestar oídos, sea después de h aberlo es
cuchado.] D e hecho, también todas las cosas surgen en conform idad con este logos...».
mismo Potemos, que está en contacto demasiado directo con la multiplici
dad radical. El logos se impone a esta última, seleccionando los contrarios
según su afinidad cuantitativa, lo que permite una conjunción armoniosa
(at)vát]>ie<; oXa «a i oúx óXa..., «conjunciones son la totalidad y la no to
talidad...», 10). Los contrarios, que en la dispersión nouménica eran indi
vidualidad tan sólo, y, por tanto, distintos, pierden su inmutabilidad y su
autonomía por obra del logos, que los convierte precisamente en contra
rios y los lleva al plano representativo, convirtiéndolos de este m odo en re
lativos unos respecto de otros. En el contacto establecido por el logos, la
enemistad inspirada por el Potemos encuentra el m odo de desarrollarse, y
los contrarios, desprovistos en este plano de esencialidad, pueden perder
se el uno en el otro ( tú tjmxpa QépeTcu, 0eppov t]tí>xeTai..., «las cosas frí
as se calientan, lo caliente se enfría...», 126). La figura creada por el logos
se mueve así y se transforma, para ser unificada a su vez en una conjunción
más vasta y compleja, con otra individualidad representativa de igual cua
lidad, que Potemos le ha opuesto, y atravesar de este modo nuevas transfor
maciones (toútó t’ e n ( mv «a i Te0vqKÓc ... TÚSe yáp peTaTreoóvTa é~
Kelfá écm..., «y dentro de nosotros está presente una idéntica cosa: vida
y muerte... de hecho, estas cosas, una vez puestas del revés, son aquéllas [y
aquéllas a su vez, una vez puestas del revés, son éstas]», 88).
Por otra parte, Potemos no tolera una unificación triunfante, dada su na
turaleza impaciente e inquieta (tcapaTÓc e o n toic aÚToíe |K>x0eív..., «un
penoso trabajo es agotarse por las mismas cosas...», 84 b |A 35]). Cuando
el logos cree que ha destruido la esencialidad múltiple, dominada por la
homogeneidad del contrario prevaleciente en fuerza vital, como sucede
en las individualidades superiores de la apariencia en las que está presen
te una gran potencia interior (así, por ejemplo, en el alma, que pertenece
siempre a la representación en cuanto tiene un logos, aunque no sea unifi-
cable: i|tuxfjc TTeípaTa ion’ oik áv efeúpoLO ... oímo Pq0úv Xóyov eyci,
«los confines del alma, en tu caminar, no podrás descubrirlos... tan pro
fundo es el logos que le pertenece», 45 [A 55]; ijjuxrjc écm Xóyoc éairróv
El significado de logos es perfectamente unitario, se resume en: ley del fenómeno, esto
es, representación, relación entre sujeto y objeto, en la que el sujeto es también el ob
jeto y viceversa (recuérdese que los contrarios no son otra cosa sino individualidades
interiores). El logos será entonces también la expresión en general, en cuanto manifes
tación, apariencia del noúmeno, y en particular la palabra y el pensamiento humanos.
aü£tov, «al alma le corresponde un logos que crece por sí mismo», 115 [A
10]; e incluso en el fuego: TTÜp áeíCwov, áTTTÓpevot' péTpa..., «fuego siem
pre vivo, que arde según medida», 30 [A 30]; nárra ... tó mjp ... kct
TaXri4)CTaL, «el fuego [dictará sentencia] sobre todas las cosas... y se abati
rá sobre ellas devorándolas», 66 [A 90]), le sucede KÓpoe, «saciedad» (65 [A
88]) , cualidad interior propia al Potemos -com o su contrario xppopoaúr’ri,
«privación», que había conducido hacia la expresión a la solitaria esencia
interior- y la inmóvil, la perfecta forma del logos queda destruida. El repo
so en el equilibrio de una figura seductora que va transmutándose en el
tiempo y en el espacio (yevógevoi Cütetv éeéXoucn ... páXXov Se áva:
TTaíieaOat..., «una vez nacidos quieren vivir ... pero quieren todavía más re
posar», 20 [A 62]) se corresponde con el mundo ilusorio del logos; dada la
naturaleza trágica y dionisiaca de la individualidad nouménica, guiada en
este mundo por Potemos, es más verdadero que peTa|MXXoi' ávauaíieiTai,
«cambiando, reposa» (84 a [A 34]). En este planteamiento unificador, que
le contrapone netamente a Potemos, la ley superior de la representación, el
logos, toma el aspecto de la harmonía-, com o tal, su divisa, en antítesis con
el «cambiando reposa», se presenta com o tó á im ^ ow aup^épov, «lo que
se opone, converge» (8 [A 5]), o incluso 8ia<f>€pópevov éaiimu ógoXoyéct,
«diferenciándose de sí mismo, concuerda» (51 [A 4 ]), donde se expresa
una concepción horizontal estática, clausurada en el frío esquema racio
nal de los dos opuestos que se limitan, frente al dinámico impulso vertical
del Potemos. A la plenitud fenoménica se opone el disgusto de la intimidad,
tpie juzga, atribuye un valor a la expresión (Pop(3ópv> xQíPelv. «tomar pla
cer en el fango», 13 [A 22]; KeKÓpr|VTat OKwauep KTrivea, «[p e ro los más]
se llenan hasta la saciedad, como las bestias del rebaño», 29 [A 77]), y des
truye esta forma con su exigencia de una vida más alta. La representación
se desanuda así en flujo vertical de formas que expresan una jerarquía de
valores, en el ó8óc rivai KaTW pía tcai ü)utt|, «el camino que sube y el ca
mino que baja, uno solo y el mismo» (60 [A 33]), porque el logos aferra de
nuevo la dispersión del Potemos, moviéndose esta vez sobre la escala traza
da por la insatisfacción nouménica, y la enlaza con el vínculo del £vvóv,
«de lo que se concatena» (que debe entenderse fundamentalmente en el
sentido parmenídeo, más la indicación de una función unificadora activa).
I lay que seguir esta ley, que pone en claro los valores de la vida, 8et éiTeo
Oai tüj ÍJuvuj, «hay que seguir lo que se concatena» (frag. 2 [A 13]; y a con
tinuación Toü Xóyou 8’ eóvTOc ^uuoü, «y aunque el logos se concatene»,
que deja clara la naturaleza del fiivóv como comportamiento del logos) y
LCTXupííeaQai xP 1! Tü> ttóvtwv , «hay que sacar fuerza de aquello en
lo que se concatenan todas las cosas» (frag. 114, en el que se explica a con
tinuación la consideración del £wóv como ley suprema de la representa
ción) . En el £uvóv el logos se interioriza, reconoce la pluralidad nouménica
proclamada por Polemos, y así se dan las condiciones para constituir ex
presiones más sólidas y válidas, no recluidas plásticamente en la antítesis
de los contrarios, porque la interioridad se conecta no ya en el plano es
table de una homogeneidad cualitativa, sino en el ansia de una contigüi
dad con valores diferentes, en las dos direcciones. La gélida medida ra
cional en la que se expresaba el conflicto de poder de las interioridades
cerradas por la harmonía (<yr|> GáXactaa SiaxeeTaL, xai |ieTpeeTai etc tóv
aiiTÓv Xóyov..., «la tierra se licúa como mar, y su medida se determina por
el mismo logos...», 31 [A 31 b ]; TTÍjp áeí£tüOV, áiTTÓgevov pcrpa xai attoa
(kvvugevov peTpa, «fuego siempre vivo, que arde según medida y se apa
ga según medida», 30 [A 30]), es complicada por una expresión dinámica,
próxima a la intimidad pura, en la que ya no es la cantidad de las esencias
que la componen, sino la cualidad heterogénea, el valor individual, lo que
se contrapone (e8i£r|ctá|j.r|v 1 petoUTÓv, «he intentado descifrarme a mí mis
m o», 101 [A37],r|0oc ávGpaiTTuj Saípiov, «la propia cualidad interior es un
dem onio para el hom bre», 119 [A 112]). El logos que en su aspecto plásti
co se presenta com o harmonía, en su interiorización como £uvóv asume la
figura de Dike que juzga la apariencia, haciendo respetar los límites de su
cualidad y triunfar los valores (Aucric óvopa oúk av qSeaav, ei Taina ptfj
qv, «n o conocerían el nombre de Dike si estas cosas no existieran», 23 [A
65], donde Taina es el fenómeno, quedando así manifiesto el valor repre
sentativo de Dike; ral A lkt| KaTaXiyJjeTai..., «y Dike se abatirá sobre ellos...»,
28 [A 80]; "HXtoc yap oüx úrrepfJqaeTai..., «Helios en verdad no sobrepa
sará [la m edida]», 94 [A 81]). Los dos aspectos del logos se compenetran
armónicamente, condicionándose recíprocamente y produciendo el flujo
admirable y reversible del devenir. El fenóm eno en su figura sensible más
universal se presenta en la gradación cualitativa entre «fu ego» y «m undo»,
que no se disuelven ni traspasan el uno al otro, sino que indestructibles en
sí mismos por la interioridad esencial que expresan, permanecen conti
guos y en comunicación inmediata por el vínculo del ¿juvóv, laten con una
vida alterna, en la que la expansión cuantitativa de uno de ellos en su plás
tica form a expresiva está condicionada por la absorción de la potencia de
un contrario contenido en el otro, liberada por el KÓpoe de este último,
<ltie se encuentra en depresión cualitativa (KÓapov t ó u Sc ... áXX’ rjv áei
Kal écmv Kai eoTai Ttup áeí£o>ov, curTÓgevov pcTpa kol áTtoaPevvúpe-
\’W péTpa, «el mundo ante nosotros... [n o lo hizo ninguno de los dioses
ni de los hombres], sino que fue siempre, y es, y será fuego siempre vivo,
que arde según medida y se apaga según medida», 30 [A 30], en el que,
cuando el «fuego arde» el «m undo» desaparece de la apariencia, aunque
subsistiendo nouménicamente y estando destinado a darle la vuelta a la si
tuación, una vez su KÓpoe al hacerle perder la expresión lo convierta en
XpqopoCTÚvq, reduciendo entonces a su vez al «fuego» ahora «apagado»: ttu
póe TpoTTai TTpojTov OáXaacra..., «inversiones del fuego: en primer lugar, el
mar...», 31 |A 31 ]; TTupóe Te áuTapoiPri Ta TrávTCt..., «todas las cosas se
cambian en fuego...», 90 [A 29]; en estos dos últimos fragmentos las pala
bras «inversión» y «cam bio» sintetizan el proceso antes descrito; «jjuxtpi-
OávaToe ü8(i)p yeveoOai ... ÜBcitoc 8é tjjuxó, «[¡ara las almas es muer
te convertirse en agua... pero del agua [surge] el alma», 36 [A 53]; la mis
ma concepción se encuentra en toda la jerarquía de la representación: cr
OcmaToi OuqTot, 0vr|TOL áOávaToi, C<úvtz e tóv CKeivaiv GávaTov, tóu 8e
ekcívüjv píov TcByccoTec, «inmortales mortales, mortales inmortales, vivos
en la muerte de éstos, pero, en la vida de aquéllos, muertos», 62 [A 43];
t|)uxqcH t cpi|jiv r] GávoTou úyprjcn yeveaGai, «para las almas es go c e -si no
muerte- convertirse en húmedas», 77 [A 49], donde queda clara la refe
rencia a la debilidad cualitativa, al KÓpoe del alma llamado Tépt|tie, «goce»,
que determina el predominio cuantitativo en la apariencia de la realidad
contigua, en este caso de valor inferior por naturaleza; cf. 117 [A 51]).
Lajerarquía de valores en la representación se eleva con el afirmarse de
la interioridad (áppoi'íq d<t>avqc 4>avepfje KpeÍTTwv, «la trama escondida
es más fuerte que la manifiesta», 54 [A 20]), que el £ w ó f tiende siempre a
unificar más. Por encima de la unidad universal todavía visible del «fuego»,
está la suprema individuación divina, que recoge la complejidad de la apa
riencia en una forma inmutable y representa el fundamento en el que se
unen las dos leyes supremas del fenómeno, «guerra-paz», en sus plantea
mientos cualitativos, «saciedad-hambre», y cuantitativos, «día-noche»:
1,8 Cf. 113: ¡juvov écm. TTáai tó <]>poveeLO, «el sentir es aquello en lo que se conca
tenan todas las cosas» (donde se afirma la contigüidad en un mismo plano radical de
la intimidad de todas las cosas) repetido con menor eficacia en 116: áv6pwTrotcn traat
pÉTecm ytvoCTKetv ¿(jjutoüc Kai «fpot'f tv, «a todos los hombres les puede tocar en
suerte reconocerse a sí mismos y sentir la inmediatez», en el que tenemos una confir
mación del significado de ytvcoaKeiv antes establecido (al igual que para el frag. 1,
aceptamos la enmienda ópoveXv de Diels, por el contrario Kranz conserva la lectura
atoópovelv de los códs.): tó 4>poveiv ápeTT| peyicmn, «experimentar la inmediatez es
la máxima excelencia» (112), donde destaca el Krrra énaíovTaq, «aprendiendo
según la naturaleza trascendente», refiriéndose a la noumenalidad de la Atiene.
(3epvqoe TTÓVTa 8ia TTávTüty, «una sola es la sabiduría: conocer la razón,
en tanto que gobierna todas las cosas por medio de todas las cosas», 41 [A
73]), a veces recogida a medio camino, mientras goza de la plenitud del
dios de la apariencia y ya su naturaleza trágica alude a la separación (ev tó
ao^óv potjyov XéyeaGaL oúk ¿GéXei Kai éGéXei Zr|vóc óyopa, «una cosa
sola, la sabiduría, no quiere y quiere ser llamada con el nombre de Zeus»,
32 [A 84]), finalmente, a veces navegante ya sobre el mar indecible de la
trascendencia (...cro<t>óy ecm návTtijv icexwpujpÉuov, «...la sabiduría está se
parada de todas las cosas», 108 [A 17]). Caen más allá las distinciones de
las formas, también las de la intimidad y la unidad, todo se hace leve y sin
finalidad, reina la eterna juventud del insondable aitón:
303
230 B 110, 10 202
196 B 112, 4 258
258 B 113 258
205 B 115, 14 212
210 B 116 213
202 B 117,2 195
195 B 117, 2 225
265 B 129 203
161 B 129, 2-6 204
265 B 132, 1 204
161 B 134, 4-5 206
163
206 HERACLITUS (Diels Von5)
265 A 5 = 14 [A 1 138] 69
266 A 5 118
265 A 10 = 14 [A 1 139] 118
266 A 15 = 14 Í A 1 137] 65
230 A 15 118
225 B 1 = 14 [A 9] 171
230 B 1 172
209 B 1 178
208 B 1 180
211 B 1 181
201 B 1 183
209 B 2 = 14 [A 13] 178
196 B 2 178
207 B 2 179
201 B 2 180
225 B 2 181
201 B 2 185
202 B 3 = 14 [A 54] 178
201 B 4 = 14 [A 9] 180
205 B 5 = 14 [A 21] 177
202 B 5 180
201 B 6 = 14 [A 89] 17h
202 B 6 182
199 B 6 182
202 B 7 = 14 [A 48] 172
204 B 7 171
205 B 8 = 14 [A 5] 185
230 B 9 = 14 [A 101] 180
311
■
206 d-e 267 38, 19 83
209 b 267 41, 17 47
210 a 269 41, 17 75
210 a-b 268 133, 21 83
210 c-d 269 149, 12 47
210 e 251 149, 32 80
210 e 267 149, 32 84
210 e 269 154, 14 48
211 a 269 168, 2 83
211 b 269 452, 32 46
211 d 269 458, 25 46
211 d 296 465, 5 46
212 a 246 479, 33 47
212 a 296 484, 8 46
218 b 269 1266, 36 46
Theaet.
183 e 143 SOPHOCLES
183 e 145 Ant.
187 a 231 612 207
P L IN IU S STRABO
Nat. hist. XIV 3, 632-633 146
116,31 = 11 [B 13] 135 XIV 25, 642 146
x x x iv 21 146
TH EOPH RASTUS
P L O T IN U S De sens.
EnneatL 3 159
III 8, 6 154 11 201
25-26 79
PLUTARCHUS Phys. Opin. (Diels D ox.)
De fort. frag. 1 (475, 1-476, 2) 50
3 182 frag. 1 61
P ericl frag. 1 68
26 144 475, 2-8 61
475, 2-476, 2 62
S C H O L IA A P O L L . R H O D . 475, 3-6 = 10 [B 2] 4-8 68
II 1248 63 475, 10 68
475, 10-13= [P H D 1] 65
S IM P L IC IU S 475, 10-13 81
in Arist. De cáelo 475, 12 = [P H D 1] 2-3 62
561, 4 46 475, 14-476, 2 68
602, 20 46 frag. 2 (476, 3-477, 11) 52
615, 13 = 11 [B l l ] f 46 frag. 2 52
in A ris t Phys. frag. 2 C.4
36, 13-14 46 476, 3-15 = [P H D 2] 1-18 68
476, 3-15 81 47<*. 2-lli NI
476, 4 = [P H D 2] 2 76 470, I - |l’H U 2| 21 "
476, +5 92 470,7 |l'l II) 2| Vft 53
476, 5-6 = [P H D 2] 4 62 470, KM I - 11*1II) 7 1ÜO ‘1(1 nn
476, 5-6 94 470, 13- |PWL>2| 33 41
476, 6-7 97 479, 1S ‘H
476, 6-15 = [P H D 2] +18 46 479, 1+ 15 - |P i l i ) 2| 35 Mi
476, 6-15 47 479, 14-15 «4
476, 7 = [P H D 2] 6 4 479,15-16 |m i ) 2 | 55 57 ni
476, 13 = [P H D 2] 15 114 479, 17-480, 3 - |l*lll) 7| l> 44
476, 13-15 = [P H D 2] 16-18 52 479, 17-480, 3 r.;>
476, 14 = [P H D 2] 17 67 479, 17-480, 3 NI
476, 1+15 174 frag. 5 (480, 4-481, 13) 55
476, 15-16 52 frag. 5
476, 16= [P H D 6] 62 frag. 5 M)
476, 16-17= [P H D 6] 2 75 frag. 5 til
476, 16477, 5 = [P H D 6] 76 frag. 5 ti 4
476, 16477, 5 81 frag. 5 71
476, 17-18 = [P H D 6] 3-4 53 frag. 5
476, 17-18 92 frag. 5 83
476, 17-18 94 480, 4-8, cf. [P H D 4] 56
477, 5-10 = [P H D 9] 81 480, 4-8 56
477, 9 80 480, 4-8 81
frag. 3 (477, 12-478, 15) 58 480, 5-6 76
frag. 3 68 480,6 72
frag. 3 73 frag. 5a (481, 14-482, 4) 57
frag. 3 77 frag. 6 (482, 5-13), cf. [P H D 2]
477, 17-478, 15 = [P H D 8] 62 38-47 45
477, 17-178, 15 77 frag. 6 60
477, 17-478, 15 81 frag. 6 61
477, 18 = [P H D 8] 2-3 76 frag. 6 69
frag. 4 (478, 16480, 3) 51 frag. 6 70
frag. 4 58 frag. 6 72
frag. 4 74 frag. 6 74
frag. 4 76 frag. 6 83
frag. 4 77 482, 7-13 = [P H D 2] 38-47 60
478, 18-21 = [P H D 7] a 51 482, 7-13 69
478, 18-479, 2, cf. [P H D 7] a 81 482, 7-13 81
478, 20 = [P H D 7] a, 3-4 48 482, 12-13 = [P H D 2] 45-47 68
478, 20-21 = [P H D 7] a, 3-5 66 frag. 6a (482,1+483, 7) 43
478, 21-479, 2 51 frag. 6a 54
479, 2-16 = [P H D 2] 19-37 48 frag. 6a 69
479, 2-16 49 frag. 6a 70
479, 2-16 54 frag. 6a 73
479, 2-16 69 frag. 6a 78
frag. 6a 86 frag. 9 (484, 19-485, 5) 81
482, 20483, 1 13 frag. 9 82
frag. 7 (483, 8-10) 70 484, 19-485, 4 = [P H D 10] 81
frag. 7 71 484, 19-20 = [P H D 10] 1 54
frag. 7 83 485, 1-4 = [P H D 10] 6-9 68
483, 10 = [P H D 3] 81 frag. 10 (485, 6-16) 81
frag. 8 (483, 11-484, 18), frag. 13 (491, 19-21) 12
cf. [P H D 5] 66 frag. 16 (492, 4-6) 56
frag. 8 61 frag. 18 (492, 9-493, 2) 19
frag. 8 72 frag. 23 (494, +495, 1) 45
frag. 8 12
483, 11-484, 16= [P H D 6] 81 X E N O P H A N E S (Diels Vors.5)
483, 16-17 = [P H D 5] 9 65 B 8 141
483, 16-17 61 B 22 141
484, 2 = [P H D 5] 20 65 B 22 143
484, 3-5 66
484, 8-11 = [P H D 5] 25-29 65 XENOPHON
484, 10-11 = [P H D 5] 28-29 61 Cyr.
484, 11-13 81 5,2,29 106
484, 13-16 = [P H D 5] 30-34 62
índice onomástico