EPIFANÍA
Tema: Con el término Epifanía nos referimos a la representación de los tres Reyes
Magos en el momento de adorar al Niño en Belén y ofrecerle sus presentes.
La Epifanía es la primera Teofanía, esto es, la primera manifestación del Hijo de Dios
eligiendo a unos gentiles para indicar la universalidad de su mensaje salvífico.
Es uno de los episodios más característicos y representados del Ciclo de la Infancia de
Cristo1 porque con él la Iglesia quiere simbolizar la idea de salvación para toda la
humanidad, no solo al pueblo de Israel, como simboliza la Adoración de los Pastores2.
Palabras clave: Epifanía, Adoración de los Reyes, Adoración de los Magos, Los Tres
Reyes Magos, Los Magos de Oriente, Ciclo de la Infancia.
Síntesis del tema: Resulta complejo sintetizar el episodio de los Magos, ya que
dependiendo de las fuentes, los detalles varían. Lo que nos dice el evangelio de Mateo
es que, tras el nacimiento de Cristo, unos magos venidos de Oriente acuden a visitar a
Herodes y le preguntan por el lugar en que se encuentra el Mesías ya que tienen
intención de adorarlo. Herodes les indica que en Belén y les pide que después de
adorarle vuelvan para darle más detalles. Los magos parten hacia Belén siguiendo la
estrella que les venía guiando desde Oriente. La estrella se detiene sobre el Niño.
Inmediatamente ven al Niño con su Madre y lo adoran ofreciéndole oro, incienso y
mirra. En sueños se les advierte de las oscuras intenciones de Herodes, así que no
regresan a darle más información. Poco después Herodes ordenará la matanza de los
inocentes, casi como consecuencia directa de este episodio.
Otras fuentes agregarán detalles sobre el número de magos, sus nombres, su origen, la
edad del niño, etc. pero esto se verá con más detenimiento en el epígrafe referido a las
fuentes escritas.
Atributos y formas de representación: El tema de la Epifanía aparece en el Evangelio
de San Mateo de manera escueta (2, 1-12). No se menciona su número y se los
denomina magos al considerarse que serían unos sabios astrólogos procedentes de
Persia que fueron siguiendo la estela de una estrella.
Esta fuente canónica no precisa su número, y aunque al decir que ofrecen al Niño oro,
incienso y mirra, podría deducirse que eran tres, número que más tarde se generalizaría,
en las primeras representaciones artísticas aparecen en número de dos o cuatro y se
llegó a pensar que fueron doce, como las tribus de Israel y los apóstoles3.
Teológicamente con el número tres hacían alusión a la Trinidad, permitía relacionarlos
con las tres edades de la vida y considerarlos delegados de las tres partes del mundo
conocido.
Tampoco mencionan los primeros textos sus nombres, aunque en el Evangelio Armenio
de la Infancia (siglo VI) se los nombra ya como Melchor, Gaspar y Baltasar. En la obra
Excerptiones patrum, collectanea et flores, atribuida falsamente a Beda el Venerable
(ca. 672-735) se los describe identificándolos con su nombre y los dones ofrendados por
cada uno: “El primero de los magos fue Melchor, un anciano de largos cabellos y
cumplidas barbas...quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo,
1
Véase en relación, González Hernando, I., (2010), Nacimiento de Cristo, PIMCD Base de Datos Digital
de Iconografía Medieval, [Link]
2
Gómez Segade, J.M., (1988), p. 4.
3
Reau, L. (1996), p. 249. Orígenes (185-224) fue quien dedujo que serían tres a partir del número de
dones.
llamado Gaspar, joven imberbe de piel encendida, honró a Jesús presentándole el
incienso, ofrenda que manifestaba su divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de piel
oscura (fuscus) y con toda su barba, testimonió con la ofrenda de la mirra, que el hijo
del hombre tenía que morir”. Estos nombres se popularizan en la Edad Media a partir
de su inclusión en el Liber Pontificalis de Ravena del siglo IX4. La caracterización que
se describe en el texto reproducido fue la que se siguió de manera habitual, siendo lo
más frecuente la representación de dos reyes barbados y uno lampiño.
En cualquier caso, las formas más habituales de representar la Epifanía en el arte
medieval son las que se describen a continuación. La Virgen sedente muestra al Niño
en su regazo a los Reyes Magos. A menudo uno de ellos ya se postra ante el Niño
mientras los otros esperan con sus presentes. Además de las figuras, también forma
parte de la escena la estrella que los sirvió de guía5, la cual puede disponerse sobre el
Niño y en ocasiones es señalada por uno de los magos, mostrándosela a otro de sus
compañeros, con el que establece de este modo comunicación.
El Niño generalmente bendice a los regios visitantes, aunque en obras tardías, a partir
del siglo XIV, puede adoptar una actitud más infantil que aporta un sentido más
narrativo a la escena6.
Junto a estos personajes principales, a partir del periodo gótico suele estar presente San
José, normalmente en un plano secundario; también puede figurar el séquito de los
Magos, así como los donantes en las obras más tardías, como en el Tríptico de los Reyes
Magos de Hans Memling (Museo del Prado, Madrid), donde en la escena de la
Presentación en el templo, Santa Ana y el joven que aparece al fondo tienen los rasgos
de los donantes. Incluso los Reyes pueden adoptar la fisonomía de personajes
contemporáneos; en la obra comentada, dos de ellos retratan a Carlos el Temerario, el
más viejo y a Felipe el Bueno.
La escena transcurre en la gruta de Belén aunque las fuentes evangélicas no precisan
claramente el lugar ni el tiempo en que sucedió.
En las obras más antiguas estos personajes visten a la moda oriental con túnica corta,
pantalones denominados shawar ajustados a las piernas y tocados con el gorro frigio o
pileus por considerarse que eran magos oriundos de Persia, como van ataviados en San
Apolinar Nuovo (Ravena). Pero al adquirir su consideración de magos un matiz
peyorativo, se los transformó en reyes7, vistiéndose como tales, según la moda de la
época, y tocándose con corona que puede cambiarse por un lujoso tocado en las obras
clasificadas en fechas más tardías.
En las obras más tempranas no hay diferencias aparentes entre ellos, pasando después a
representar las tres edades de la vida –juventud, madurez y vejez-. El Cathalogus
Sanctorum (siglo XV) determinó sus edades en 60, 40 y 20 años. Como representantes
de las distintas razas y del tributo que le rinde al Niño toda la humanidad se los vinculó
con los descendientes de los hijos de Noé: Sem habría partido a Asia, Cam a África y
Jafet a Europa8. El rey que venía de Asia era el de más edad, el maduro era el
4
Reau, L. (1996), p. 250. Gómez Segade, J.M., (1988), pp. 14-15.
5
Gómez Segade, J.M., (1988), p. 15.
6
Reau, L. (1996), p. 259.
7
Fue Tertuliano quien convirtió a estos sabios astrólogos en reyes basándose en los Salmos (Sal 72, 10-
11) y en Isaías (60, 3): Reau, L. (1996), p. 248. Gómez Segade, J.M., (1988), p. 13.
8
En las tradiciones judías se dice a propósito de las distintas razas que Yavé envió a un ángel a la tierra a
recoger el polvo necesario para crear al hombre y la tierra le dio polvo blanco, negro y cobrizo: Graves,
R. Patai, R. (1986), p. 58.
procedente de Europa y el más joven el originario de África. Pero la fijación de sus
tipos tardó en consolidarse, así, en San Apolinar Nuovo (Ravena) Gaspar es el viejo,
Melchor es el joven imberbe y Baltasar el maduro, en el fresco de Navasa (Museo
Diocesano, Jaca), el rey viejo es Gaspar y el maduro Melchor, y en el frontal de Aviá
(Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona), el maduro es Baltasar y el joven
Gaspar. La alteración en los nombres y su caracterización será habitual en la Europa
medieval9.
Los presentes que ofrecen los Reyes al Niño son, como se narra en el Evangelio
Armenio de la Infancia: oro, por su condición de rey; incienso, por su condición
humana y mirra, por su condición divina. Este significado fue recogido por los teólogos
adquiriendo en épocas tardías un carácter mucho más prosaico10. Estos presentes le son
ofrecidos al Niño con las manos veladas en señal de respeto en las obras más tempranas
y posteriormente en cofres y recipientes de gran lujo adaptados a la moda del momento.
Fuentes escritas: Como se ha dicho, solo menciona este episodio el Evangelio de San
Mateo (2, 1-11), el cual narra la llegada de los magos a Jerusalén donde preguntan a
Herodes sobre el rey que acaba de nacer, la adoración del Niño en Belén y su marcha
sin pasar por Jerusalén, como les había pedido Herodes. En los versículos 10-11 es
donde se inspira fundamentalmente esta iconografía:
- Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa,
vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus
tesoros le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
La narración se desarrolla de forma más detallada en los evangelios apócrifos. Lo narran
el Protoevangelio de Santiago, el Pseudo-Mateo, el Evangelio Árabe de la Infancia, el
Evangelio de Taciano, el Liber Infantia Salvatoris, yel Evangelio Armenio de la
Infancia, este último el más prolijo a la vez que controvertido desde el punto de vista
canónico, de donde se extraen detalles que conformarán su iconografía. Respecto al
Liber de Infantia Salvatoris, escrito entre los siglos VII y IX, refunde el Pseudo-Mateo
y gozará de gran difusión en la Europa occidental medieval11. En la Leyenda Dorada de
Jacopo de la Voragine (cap. XIV)12, se recogen las tradiciones medievales sobre esta
leyenda. Se recogen a continuación los textos originales en su traducción al castellano:
- Y he aquí que la estrella que habían visto en Oriente los precedió hasta que llegaron
a la gruta, y se detuvo por encima de la entrada de ésta. Y los magos vieron al niño
con su madre María, y sacaron de sus bagajes presentes de oro, de incienso y de
mirra (Protoevangelio de Santiago, XXI, 3).
- Y, transcurridos dos años, vinieron de Oriente a Jerusalén unos magos, que traían
consigo grandes ofrendas… Y al dirigirse los magos a Bethlehem, la estrella les
apareció en el camino, como para servirles de guía, hasta que llegaron a donde
estaba el niño. Y los magos, al divisar la estrella, se llenaron de alegría, y, entrando
en su casa, vieron al niño Jesús, que reposaba en el seno de su madre. Entonces
descubrieron sus tesoros, e hicieron a María y a José muy ricos presentes. Al niño
mismo cada uno le ofrecieron una pieza de oro. Después, uno ofreció oro, otro
incienso y otro mirra (Pseudo-Mateo, XVI, 1-2).
9
Reau, L. (1996), p. 252. Baltasar puede simbolizar a Europa, Melchor a Asia y Gaspar a África. Amo
Horga, L.M. de (2009), p. 250.
10
Reau, L. (1996), p. 253.
11
Puig, A. (2008), p. 200. Gómez Segade, J.M., (1988), p. 14.
12
Vorágine, S. de la (1989), pp. 91-97.
- Y la noche misma en que el Señor Jesús nació en Bethlehem de Judea, en la época
del rey Herodes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y apareció a las gentes del
país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los
persas. Y, como el 25 del primer kanun (fiesta de la Natividad del Cristo) había gran
fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos,
en pomposo aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de súbito
una luz vivísima brilló sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas
sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo
insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, y que,
por su claridad, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su
lengua: ¿Qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron,
sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el dios de los dioses, la luz emanada de
la luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para
que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes,
magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes: ¿Qué
presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y
mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de Persia, tomaron, como por una
disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libras de incienso y el tercero
tres libras de mirra. Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poniéndose la
tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo,
abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en
marcha, guiados por la estrella que les había aparecido. Y el ángel que había
arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a
Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la
virtud del Espíritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusalén, según que
Zoroastro lo había predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a
Jerusalén al rayar el día, e interrogaron a las gentes de la ciudad, diciendo: ¿Dónde
ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de
Jerusalén se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes.
[…]
Y los magos abandonaron la audiencia de Herodes, y vieron la estrella, que iba
delante de ellos, y que se detuvo por encima de la caverna en que naciera el niño
Jesús. En seguida cambiando de forma, la estrella se tornó semejante a una columna
de fuego y de luz, que iba de la tierra al cielo. Y penetraron en la caverna, donde
encontraron a María, a José y al niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre.
Y, ofreciéndole sus presentes, lo adoraron. Luego saludaron a sus padres, los cuales
estaban estupefactos, contemplando a aquellos tres hijos de reyes, con la tiara en la
cabeza y arrodillados en adoración ante el recién nacido, sin plantear ninguna
cuestión a su respecto. Y María y José les preguntaron: ¿De dónde sois? Y ellos les
contestaron: Somos de Persia. Y María y José insistieron: ¿Cuándo habéis salido de
allí? Y ellos dijeron:
Ayer tarde había fiesta en nuestra nación. Y, después del festín, uno de nuestros
dioses nos advirtió: Levantaos, e id a presentar vuestras ofrendas al rey que ha
nacido en Judea. Y, partidos de Persia al primer canto del gallo, hemos llegado hoy
a vosotros, a la hora tercera del día.
Y María, agarrando uno de los pañales de Jesús, se lo dio a manera de elogio. Y
ellos lo recibieron de sus manos de muy buen grado, aceptándolo, con fe, como un
presente valiosísimo. Y, cuando llegó la noche del quinto día de la semana posterior
a la natividad, el ángel que les había servido antes de guía, se les presentó de nuevo
bajo forma de estrella. Y lo siguieron, conducidos por su luz, hasta su llegada a su
país (Evangelio Árabe de la Infancia, VII, 1-4).
- Pero al cabo de tres días […] he aquí que los magos de Oriente, que habían salido de
su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a
la ciudad de Jerusalén. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo,
Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. […] tan pronto el
ángel hubo anunciado a la Virgen María su futura maternidad, marchó, llevado por
el Espíritu Santo, a advertir a los reyes que fuesen a adorar al niño recién nacido. Y
ellos, habiendo tomado su decisión, se reunieron en un mismo sitio, y la estrella que
los precedía, los condujo, con sus tropas, a la ciudad de Jerusalén, después de nueve
meses de viaje. […]
El primer rey, Melkon, aportaba, como presentes, mirra, áloe, muselina, púrpura,
cintas de lino, y también los libros escritos y sellados por el dedo de Dios. El
segundo rey, Gaspar, aportaba, en honor del niño, nardo, cinamomo, canela e
incienso. Y el tercer rey, Baltasar, traía consigo oro, plata, piedras preciosas, perlas
finas y zafiros de gran precio.
Y, cuando llegaron a la ciudad de Jerusalén, el astro que los precedía ocultó
momentáneamente su luz […].
Y he aquí la estrella, que habían visto antes, iba delante de ellos, hasta que,
llegando, se puso sobre donde estaba el niño Jesús. Y, regocijándose con muy
grande gozo, bajaron cada cual de su montura, e inmediatamente hicieron sonar sus
bocinas, sus pífanos, sus tamboriles, sus arpas y todos los demás instrumentos de
música, en honor del recién nacido, hijo del rey de Israel […].
Y los magos llegaron gozosos a la entrada de la caverna. Y, divisando al niño en el
pesebre de los animales, se prosternaron ante él, con la faz contra la tierra […]. Y
cada uno aportaba sus presentes, y los ofrecía.
En primer término se adelantó Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo,
canela, incienso y otras esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume
de inmortalidad en la gruta. Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de
sus opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata, piedras
preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio. A su vez, Melkon, rey de la Persia,
presentó mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino. […]
¡Asombroso es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo!
[…]. ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo? Franqueémonos los
unos con los otros en recíproca sinceridad. ¿Qué signo maravilloso hemos
contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada uno? […]. Contémonos
nuestra visión respectiva. Y preguntaron a Gaspar […]. Y el rey Gaspar contestó:
Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un trono de gloria, y a las
legiones de los ángeles incorporales, que formaron su cortejo. […] Y preguntaron a
Baltasar […]. Y Baltasar contestó: se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado
de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas […]. Y Melkon expuso: yo lo vi
como hijo del hombre, como ser de carne y hueso, y también lo vi muerto
corporalmente entre suplicios, y más tarde levantándose vivo del sepulcro
(Evangelio Armenio de la Infancia, XI, 1-25).
- Y la estrella que habían visto en Oriente iba ante ellos, hasta que, llegando, se situó
sobre donde estaba el niño. Y, viendo la estrella, se regocijaron grandemente. Y,
entrando en la casa, vieron al niño con su madre María. Y, postrándose, lo adoraron,
y abrieron sus tesoros, y le ofrecieron oro, incienso y mirra (Evangelio de Taciano,
VIII, 8-11).
Fuentes no escritas: Fueron de gran importancia para la configuración de esta
iconografía los Autos y piezas teatrales que se representaron en toda Europa a lo largo
de la Edad Media y fueron incorporando detalles y actitudes que luego se vieron
reflejadas en el arte13.
Extensión geográfica y cronológica: La adoración de los Magos es uno de los temas
iconográficos más tempranos porque en el primer cristianismo se constituyó en la fiesta
litúrgica conmemorativa de la Natividad por ser la primera manifestación en la que se
desvela el misterio de la divinidad de Jesús14. Su trascendencia con carácter
propagandístico por parte de la primitiva Iglesia pretendía avalar la nueva religión por
parte de los gentiles y abundar en el carácter divino de Cristo. Pero lo que empezó
siendo un símbolo, con el paso del tiempo, cuando la escena del nacimiento la suplantó
para representar la Natividad, ganó en narratividad al añadirse acontecimientos de su
historia que podían llegar a conformar un ciclo.
En las representaciones más antiguas hay una apropiación de la iconografía imperial. La
ofrenda de regalos se convierte en el momento preferido, para lo que toma como
referencia la continuidad de la refrendación política bajo forma de procesión tributaria
que los romanos imponían a los pueblos vencidos15. De esta forma se pretendía mostrar
la necesidad de ofrendar dones a la Iglesia, por eso fue un tema propio de las
catacumbas y los sarcófagos para dar a entender las donaciones que había realizado el
difunto, cuya generosidad era recompensada con su salvación. Mediante esta
iconografía se pretendía también estimular a los vivos a donar parte de sus bienes.
Como todavía no se había fijado el número de magos, en la catacumba de los santos
Pedro y Marcelino son dos y se disponen a ambos lados del trono con la Virgen y el
Niño; y en la catacumba de Domitila son cuatro. En los mosaicos del arco triunfal de
Santa María la Mayor (Roma), donde los magos son tres disponiéndose dos a un lado y
uno al otro, el Niño, ya de cierta edad, se sienta solo en un trono flanqueado por su
Madre y la alegoría femenina de la Divina Sabiduría.
En los relieves de los sarcófagos, la Virgen entronizada con el Niño se muestra de
perfil y recibe los presentes de los magos que se disponen en fila uno tras otro, como es
el caso de la representación de la Epifanía en el sarcófago dogmático (Musei Vaticani,
Roma), donde también aparece San José tras el trono de María; o en el sarcófago de
Layos (Museo Marés, Barcelona).
En este periodo, visten siempre a la moda oriental y es habitual representar el momento
de la presentación de las ofrendas, por lo que los protagonistas se dirigen hacia el Niño
flexionando las rodillas.
La iconografía se mantiene sin variaciones a lo largo de la Antigüedad Tardía y el
periodo prerrománico, como se puede ver en el altar de Ratchis (Cividale), donde los
personajes todavía visten a la moda oriental y el más cercano al Niño inclina su cabeza
en señal de adoración, en una página del Antifonario Mozárabe de la catedral de León y
en un relieve del Museo Arqueolóxico Provincial de Orense, donde el personaje del
centro se muestra de rodillas en señal de adoración.
13
González Montañés, J.I., (2002), pp. 289-316. Véase un amplio estudio sobre estas representaciones
litúrgicas en Colchero Garrido, M.T. [Link]/[Link]
14
Gómez Segade, J.M., (1988), p. 16.
15
Grau-Dieckmann, P., (2002) [Link]
Su culto en la Edad Media se acrecentó cuando sus reliquias se trasladaron a Colonia.
Según la leyenda, Santa Elena, madre del emperador Constantino, llevó las reliquias a
Constantinopla desde Saba, donde habrían muerto. Eustorgio de Milán en el siglo V las
transportó a la capital del Milanesado, custodiándose en la iglesia de su advocación. Y
en 1164, coincidiendo con la invasión de Milán por Federico Barbarroja, el arzobispo de
Colonia, Reinaldo de Dazzel, las trasladó a su diócesis y se reconstruyó su catedral
como gran relicario para tan importantes reliquias16.
A partir del periodo románico se convirtió en un vehículo de conceptualización
teológica importante no solo para la vida religiosa, sino también para la política feudal,
como un modo de exaltación del poder temporal y de la generosidad de los donantes. Es
un periodo en el que prolifera esta iconografía tanto en tímpanos de portadas, capiteles,
pintura mural, sobre tabla, miniatura, esmaltes, etc. Los personajes ya se representan
como reyes, con largas túnicas y coronados, y dos de ellos barbados. Iconográficamente
se impone la adoración, donde uno de los reyes en actitud genuflexa presenta los dones
al Niño, como podemos ver, por citar algún ejemplo, en las pinturas de la ermita de la
Santa Cruz de Maderuelo (Museo del Prado, Madrid), o Santa María de Taull (Museu
Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona); entre tanto, los otros dos dialogan en torno a
la estrella que es señalada por uno de ellos.
En el arte occidental la genuflexión caracterizará el acto de adoración al Niño siguiendo
la ceremonia feudal del homenaje del vasallo a su señor17.
En el periodo gótico se reafirma esta temática; la figura de San José se hace más
constante y el acto de adoración por parte de los reyes gana en vehemencia, de modo
que es frecuente que el rey bese el pie del Niño en señal de vasallaje y el Niño toque la
cabeza del rey en correspondencia, como se puede observar en la obra de Gentile da
Fabriano (Gallerie degli Uffizi, Florencia, 1423). A partir del siglo XIV se añaden
elementos anecdóticos que enriquecen la escena, como es el cortejo de los reyes, como
se puede apreciar en la misma obra.
En el siglo XIV hace su aparición la figura del rey negro, alusión a la universalidad de
la salvación18. Una de las primeras obras donde aparece es en la Adoración de los Reyes
de Altichiero da Zevio (Oratorio di San Giorgio, Padua, 1384) y en la tabla del Altar
Wurzach de Hans Multscher (Gemäldegalerie, Berlín, 1437) ya se muestra totalmente
caracterizado. Pero la figura del rey negro no se hará habitual hasta el siglo XVI y la
mayoría de las Adoraciones de los Reyes del siglo XV siguen mostrando a los tres de
raza blanca.
Los Reyes Magos asumieron entre otros patronazgos el de los viajeros y peregrinos.
Soportes y técnicas: La importancia del tema a lo largo de la Edad Media favoreció
que se ejecutase en todos los soportes y técnicas artísticas: mosaicos, pintura mural y
sobre tabla; miniatura; escultura en piedra, en madera, en bronce, en marfil; textiles,
vidrieras, etc.
Precedentes, transformaciones y proyección: La conformación plástica de la Epifanía
partió de la iconografía imperial donde los vencidos rendían obediencia al emperador en
forma de procesión tributaria, representaciones tomadas a su vez del ritual oriental. De
16
Reau, L., (1996), pp. 250.
17
Reau, L., (1996), p. 260.
18
Reau, L., (1996), p. 252. Gómez Segade, J.M., (1988), p. 15.
hecho en el arte bizantino -o de influencia bizantina- es frecuente encontrar a los magos
ofreciendo los presentes con las manos veladas en señal de respeto, gesto que se toma
del protocolo imperial bizantino, tal como puede verse por ejemplo en los mosaicos de
San Apolinar Nuevo en Rávena.
A lo largo del tiempo el tema se transformó y se pasó de la presentación de las ofrendas,
a la adoración del Niño manifestada como un acto de vasallaje y homenaje al rey de
reyes, manteniéndose los tipos iconográficos y la esencia de la escena en los distintos
periodos artísticos.
Por otra parte, en la Edad Media la Epifanía no sólo se representó como tema aislado,
sino también como ciclo. De hecho, a partir de los apócrifos se creó una leyenda en
torno a los Reyes Magos configurando una serie de escenas que junto a la adoración
formaban su historia: la aparición de la estrella a los reyes, la cabalgata y su encuentro,
la visita a Herodes, la advertencia en sueños por el ángel y el regreso de los reyes a sus
tierras19.
El tema tuvo absoluta continuidad en la Edad Moderna, manteniendo sus rasgos
esenciales, aunque incorporando novedades en la búsqueda de la universalidad de los
magos. Así podría señalarse, a modo de ejemplo, no sólo la incorporación del tercer rey
negro, sino inclusive también otro rey más con rasgos indígenas americanos, testimonio
del descubrimiento de nuevas razas tras la conquista de América.
Prefiguras y temas afines: Literariamente los precedentes de la llegada de los magos
de Oriente siguiendo a una estrella se pueden rastrear en distintos libros del Antiguo
Testamento: Números, 24, 17; Salmos, 72, 10-15; Isaías, 49, 23; 60, 5-16.
Una prefiguración de la Adoración de los Reyes en el Antiguo Testamento se encuentra
en la visita de la reina de Saba a Salomón en Jerusalén (1Reyes, 10, 1-29).
Se pueden considerar afines a la Epifanía los temas del ciclo de la infancia,
especialmente la Adoración de los Pastores.
Imágenes20:
- Epifanía, siglo III, pintura al fresco, Catacumba de los Santos Pedro y Marcelino,
Roma.
- Epifanía, siglo IV, pintura al fresco, Catacumba de Domitila, Roma.
- Epifanía, Sarcófago de Layos, ca. 310-325, relieve en piedra, Museu Marés,
Barcelona.
- Epifanía, Sarcófago Dogmático, ca. 330-340, relieve en piedra, Musei Vaticani,
Roma.
- Epifanía, 432, mosaico, Basílica de Santa Maria Maggiore, Roma.
- Epifanía, siglo VI, mosaico, San Apolinar Nuovo, Ravena.
- Epifanía, Altar de Ratchis, ½ siglo VIII, relieve en piedra, Museo Cristiano,
Cividale del Friuli.
- Epifanía, finales siglo X, comienzos siglo XI, procedente de San Juan de Cambas,
Castro Caldelas, relieve en piedra, Museo Arqueolóxico Provincial, Ourense
19
Reau, L., (1996), pp. 254-266.
20
Véase un importante repertorio de imágenes en: [Link] y
[Link]
- Epifanía, Antifonario Mozárabe, Ms. 8, fol. 83v, 1069, miniatura sobre pergamino,
Catedral de León.
- Epifanía, Ábside de Santa María de Taüll, ca. 1123, pintura al fresco, Museu
Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.
- Epifanía de Navasa, procedente de la iglesia de la Asunción de Navasa, siglo XII,
pintura al fresco, Museo Diocesano, Jaca.
- Epifanía, Frontal del Sarcófago de San Ramón, 1170, relieve en piedra, Catedral de
Roda de Isábena.
- Frontal de Aviá, siglo XIII, temple sobre tabla, Museu Nacional d’Art de Catalunya,
Barcelona.
- Adoración de los Magos, Codex Bruchsal, fol. 11r, ca. 1220, miniatura sobre
pergamino, Badische Landesbibliothek, Karlsruhe.
- Adoración de los Magos, Giotto di Bondone, 1303-1305, pintura al fresco, Cappella
degli Scrovegni, Padua.
- Adoración de los Magos, Altichiero da Zevio, 1384, temple sobre tabla, Oratorio di
San Giorgio, Padua.
- Adoración de los Magos, Lorenzo Mónaco, 1421-1422, temple sobre tabla, Gallerie
degli Uffizi, Florencia.
- Adoración de los Magos, Gentile da Fabriano, 1423, temple sobre tabla, Gallerie
degli Uffizi, Florencia.
- Adoración de los Magos, Altar Wurzach, Hans Multscher, 1437, óleo sobre tabla,
Gemäldegalerie, Berlín.
- Tríptico de la Epifanía, Hans Memling, ca. 1470-1472, óleo sobre tabla, Museo del
Prado, Madrid.
- Tríptico de los Reyes Magos, ca. 1500, madera policromada, Colegiata de
Covarrubias, Burgos.
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Autor y dirección electrónica: Laura Rodríguez Peinado, lrpeinado@[Link]