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PARCIAL

El documento discute el valor probatorio de las facturas y el principio de preclusión en materia probatoria. Según el documento, las facturas no son suficientes por sí solas para probar una obligación y se requiere corroborar que el servicio o producto fue efectivamente recibido. Además, el principio de preclusión establece que las pruebas deben ofrecerse en las etapas establecidas del proceso y no más adelante, aunque el documento plantea si este principio es absoluto o podría permitirse ofrecer nuevas prue

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El documento discute el valor probatorio de las facturas y el principio de preclusión en materia probatoria. Según el documento, las facturas no son suficientes por sí solas para probar una obligación y se requiere corroborar que el servicio o producto fue efectivamente recibido. Además, el principio de preclusión establece que las pruebas deben ofrecerse en las etapas establecidas del proceso y no más adelante, aunque el documento plantea si este principio es absoluto o podría permitirse ofrecer nuevas prue

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1- Asumiendo que únicamente la obligación, considerada como relación jurídica, satisface

nuestras expectativas. Desde una óptica estrictamente personal, considero que la


obligación, entendida como vinculación, puede ser conceptuada como una relación
jurídico especial de naturaleza patrimonial, establecida entre acreedor y deudor, en
mérito a la cual los sujetos vinculados buscan que el primero alcance un bien o una
utilidad, valiéndose para ello, de una conducta positiva o negativa que habrá de
desarrollar el segundo. Según Juan Monroy Gálvez (2017): “El proceso judicial es el
conjunto dialéctico de actos, ejecutados con sujeción a determinadas reglas más o
menos regidas, realizados durante el ejercicio de la función jurisdiccional del Estado,
por distintos sujetos que se relacionan entre sí con intereses idénticos, diferentes o
contradictorios, pero vinculados intrínsecamente por fines privados y públicos”. En
principio, cabe precisar que –conforme al reglamento de comprobantes de pago la
factura es un documento que acredita la transferencia de bienes, la entrega en uso o la
prestación de servicios. (…) Sin embargo, su sola emisión (que además es un acto
unilateral) no es suficiente para acreditar que el servicio o producto se prestó o entregó
y, ergo, nació la contraprestación, cuyo cumplimiento se exige judicialmente. Es
necesario, pues, corroborar que el servicio o producto fue aceptado o recibido por el
presunto obligado; de lo contrario, cualquiera podría exigir el pago de una obligación
generando a diestra y siniestra facturas sin haber prestado o entregado servicio o
producto alguno.

En ese sentido, analizando el valor probatorio de las facturas para acreditar una
obligación se ha pronunciado a Corte Suprema:

(…) los servicios que detalla la actora fueron prestados efectivamente a la


emplazada conforme a las facturas que se adjuntan a la
demanda, recepcionados y refrendados por la demandada, no habiendo
aportado esta, medios de prueba conducentes a desvirtuar los hechos de la
demanda, y menos que se encuentre exento de realizar el pago pretendido
(…)

2- Sobre el particular, es necesario dejar establecido que el principio de Oportunidad o


Preclusión en materia probatoria es la regla general aplicable en nuestro ordenamiento
procesal, en consecuencia, es obligación de los justiciables ofrecer sus medios
probatorios en las etapas señaladas para este efecto, en caso contrario los mismos no
deberán ser admitidos por el juzgador  El principio de preclusión, es explicado en
palabras del maestro Alsina, de la siguiente forma: “el paso de un estadio al siguiente
supone la clausura del anterior, de tal manera que los actos procesales cumplidos
quedan firmes y no pueden volverse sobre ellos. Esto es lo que constituye la preclusión:
el efecto que tiene un estadio procesal de clausurar el anterior”. (Arias, 2010). En línea
con lo expuesto, las partes o terceros legitimados que pudiendo haber ofrecidos pruebas
en las etapas establecidas no lo hubiesen hecho, pagan su omisión quedando impedidos
de ofrecer esas pruebas más adelante; esta restricción se debe a que la oportunidad para
ofrecer pruebas tiene por fin mantener un proceso ordenado, e impedir que una de las
partes se vea sorprendida con medios probatorios que haya podido reservar su
contraparte para el último momento, evitándose además la dilación del procedimiento y
trasgresión a las normas del debido proceso. Aahora bien, de la lectura del artículo 374
del Código Procesal Civil, se determina que sólo en los Procesos Abreviados y de
Conocimiento se permite el ofrecimiento de nuevas pruebas al momento de interponer
Recurso de Apelación o en la formulación de absolución de agravios, norma de cuyo
tenor queda en evidencia, que quedan excluidos del ejercicio de este derecho las demás
clases de procesos, como son por ejemplo el sumarísimo y el ejecutivo; entendemos que
el tratamiento de esta norma responde  a la complejidad de las causas que se ventilan en
los procesos de Conocimiento y Abreviado, y en la necesidad de proteger la naturaleza
sumaría y las propias restricciones en materia probatoria existentes en los demás
procesos.

No obstante, consideramos válido preguntarnos, si la aplicación de las disposiciones del


artículo 374 del Código Procesal Civil son absolutas, o sí en determinados casos cabría
ofrecerse en los recursos de apelación de sentencia medios probatorios en procesos
judiciales distintos a los de conocimiento y abreviado, en forma contraria a lo que
aparentemente determina la norma citada. ara resolver esta encrucijada, consideramos
que antes debemos entender y distinguir dos conceptos básicos, que a su vez tienen
carácter de derechos fundamentales, como son el derecho a la tutela jurisdiccional
efectiva y el derecho al debido proceso, regulados en los artículos 139, inciso 3 de
nuestra Constitución y los artículos I del Título Preliminar y 2 del Código Procesal
Civil.
“En ese sentido, definimos al proceso justo o debido proceso como aquel derecho
fundamental a la justicia a través del proceso y también del procedimiento; es decir,
como el derecho de todo sujeto de derecho a un proceso o procedimiento en donde su
inicio, desarrollo y conclusión, así como las decisiones que en ellos se emitan, sean
justos. Se trata de un derecho fundamental de carácter instrumental que se encuentra
conformado por un conjunto de derechos esenciales (como el derecho de defensa, el
derecho a probar, entre otros) que impiden que la libertad y los derechos de los
individuos sucumban ante la ausencia o insuficiencia de un proceso o procedimiento, o
se vean afectados por cualquier sujeto de derecho (incluyendo el Estado) que pretenda
hacer uso abusivo de estos.

La tutela jurisdiccional efectiva, en cambio, es el derecho de todo sujeto de derecho que


le permite exigir a los órganos jurisdiccionales del Estado o de la comunidad
internacional (en los temas que son de su competencia) que hagan  eficaz su función
jurisdiccional; es decir, que ejerzan jurisdicción eficaz y oportuna a través de un
proceso, más no de un procedimiento, pues sólo en el primero se puede hablar
propiamente del ejercicio de la jurisdicción o, si se prefiere, de la función
jurisdiccional.”

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