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LIbro 2006 Malacrianza y Otros Crímenes (Cristian Figueroa)

Este documento presenta un resumen de la obra de teatro "Malacrianza y otros crímenes" de Cristian Figueroa. Incluye la sinopsis de tres obras dramáticas: "Malacrianza" que trata sobre una familia disfuncional, "La grieta sin grito" y "El graznido". También presenta un prólogo que habla de la trayectoria de la obra "Malacrianza" y alienta al autor a seguir escribiendo a pesar de las dificultades.

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LIbro 2006 Malacrianza y Otros Crímenes (Cristian Figueroa)

Este documento presenta un resumen de la obra de teatro "Malacrianza y otros crímenes" de Cristian Figueroa. Incluye la sinopsis de tres obras dramáticas: "Malacrianza" que trata sobre una familia disfuncional, "La grieta sin grito" y "El graznido". También presenta un prólogo que habla de la trayectoria de la obra "Malacrianza" y alienta al autor a seguir escribiendo a pesar de las dificultades.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Malacrianza
y otros crímenes
Cristian Figueroa Acevedo

Este libro contiene las obras


dramáticas
• Malacrianza (restos de familia)
• La grieta sin grito
• El graznido

Borrador, sin corrección tipográfica, ortográfica


ni de diseño

Registro de propiedad intelectual Nº 158.341

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

para Laura
y los secuaces de siempre

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Prólogo

QUE SIGA CANTANDO

Al parecer, fue hija en algún mes de 1998, una hija


cargada de insolencias irrebatibles, en 1999 encendió una
luz, se expresó, conmovió, saludó y desapareció. Esta
desaparición llevaba todas las trazas de ser definitiva, a la
mayoría de sus antecesoras les había sucedido, por obra,
gracia y desgracia de la perenne ausencia de un verdadero
proyecto cultural del señor gobierno. Pero como ni siquiera
lo eterno tiene la última palabra, ya que la muerte está
hecha con los mismos materiales que la vida, después de
un tiempo cambió de rostro, de voz y ropa y volvió a la
carga. Pero si antes la dañó la fugacidad -solo pudo salir
dos veces- ahora se le fueron encima, hora, invierno y lugar.
Pagado este último precio, cerró cuidadosamente las
cortinas que no tenía y se marchó. Desde entonces vive,
repartida en pedazos, en las escuelas de teatro.
Esta es, sucintamente, la historia de Malacrianza, de
Cristián Figueroa, obra clara y dolorosa, chilena y
latinoamericana: Restos de familia mortalmente heridos, una
sociedad mortalmente indiferente, qué más
despiadadamente nuestro.
Obras febles, crípticas o patéticamente calcadas de
autores europeos han tenido y seguirán teniendo mejores
escenarios; pero no hay más remedio que vivir en medio de
este hecho, puesto que como bien sabemos, toda tropelía,
incluso la más atroz, siempre estará legalmente autorizada

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

si se lleva a cabo en nombre de grandes palabras, como


cultura, orden, justicia o bien común.
De allí que el dramaturgo - porque de eso estamos
hablando - puede carecer de cualquier cosa, de cualquiera,
menos de coraje; porque escribir se trata de cantar, y son
pocos los días de luz.
Y entonces, que Cristián Figueroa, siga cantando,
contra vientos y mareas, con laberíntica angustia como en
"Graznido", con inmensa ternura como "En La Grieta Sin
Grito" o con la desnuda violencia de un profeta bíblico sin
Dios ni ley, como en "Malacrianza".
Un abrazo a "Cierto Pez".
Y otro a Bertold Brecht: "... en los tiempos oscuros
hay que seguir cantando, cantando a los tiempos oscuros"

Juan Radrigán R.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

MALACRIANZA
(Restos de familia)
Cristian Figueroa - 1998

• Esta obra fue seleccionada para la V versión


de la Muestra de Dramaturgia Nacional en 1999,
organizado por la Secretaría General de Gobierno
de Chile

• En la muestra realizada en el Anfiteatro del


Museo de Bellas Artes se presenta una síntesis bajo
la dirección de Ramón Griffero, con la interpretación
de María Izquierdo (La Mamá), Naldy Hernández (La
Comadre), Elvira López (La Girlén), Pedro Vicuña (El
Papá), Cristián Gajardo (Pancho) y Victor Montero
(Roberto).

• La versión completa del texto fue estrenada


en abril de 1999, en la sala del Museo de arte
Contemporáneo de Santiago de Chile. Con: Nicole
Balmaceda (la Mamá), Tania Heyman (la Comadre),
Susana Tello (Girlén), Vladimir Huaiquiñir (el Papá) y
Tomás Leighton (Pancho), bajo la dirección de
Cristian Figueroa.

• A esta última versión se integran al elenco


original el 2002: Julieta Figueroa (Girlén) y Katerina
Cabezas (la Comadre).

Registro de propiedad intelectual Nº 158.341

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

MALACRIANZA
(RESTOS DE FAMILIA)

La sagrada familia, la sacro santa, sacra, sangra, sangrada familia:

La Mamá El Papá La Comadre El Pancho La Girlén.

I.- Un niño de pie, junto a un cuerpo inmóvil.


PANCHO: No, si no me voy a reírme na’. ¿Pa’ qué me voy a reír después
que me sacó la cresta? Si yo no tengo la culpa. A mi se me tenía que
ocurrir asomarme a la pieza. Me voló la raja de una patá. ¡Pero si yo no me
río na’! Me río de nervio no ma’, ¿qué quiere?. ¡No, papá, si no me río ma’...
se lo juro! Se lo juro por mi mamá que está en el cielo y por el Roberto, el
finao. Siempre le juro por mi mamá y por el Roberto... yo no lo conocí, yo era
chico cuando le enterraron la cuchilla... dicen que se desangró un buen rato,
que nadie lo fue a ver, que llegó mi mamá y lo vio morirse... y por eso ella
también se murió. Mi papá se pone a llorar cuando se acuerda y así no me
pega ma’.
Pero ahora me pegó no ma’, por gil y por intruso. ¿Qué tení que venirte
a meter a la pieza de tu hermana, voh? No te riai, conchetumadre, me dijo, no
te riai. Cuando tengo rabia, cuando tengo miedo, como que me río, pero no me
río na’. ¿Pa’qué me iba a reír si me estaba sacándome la cresta? Yo no le
levanté la mano, no se la levanté na’. ¿Pa’ que se la iba a levantar si es ma’
grande que yo... y si es mi papá? ¡Pero qué me importa el viejo culiao! No,
papá, si no dije na’.
¡Qué me importa el viejo culiao! Le pega a la Girlén... la deja to’a
moretiá. Pero ahora no le pegó na’. A mí me pega.
Ahora está callaito, igual que cuando se va a meter a la cama de la
Girlén. Cree que no lo veo na’ el viejo conchesumadre. Y la apreta’a a la
Girlén y a mí me pegó por mirar. Me da nervio y se me caen los mocos
cuando me mira el viejo culiao. Y me dan ganas de pegarle. ¿Pero pa’ qué
le voy a pegar si es más grande que yo... y si es mi papá? Así que no me reía
na’. Ahora me río, viejo culiao, ahora que estai callaito.
La Girlén me apreta’a, la Girlén me afirma’a, me paso el fierro, me dijo
que esta’a callaito: se tomó la malta y se qu’eo dormío.
La Girlén se apreta’a la guata, total que se fue a esconder pa’l cerro... le
da’a vergüenza. (Empieza a salir, arrastrando los pies. Bota un fierro).
Ahora me da risa, total el viejo culiao no me va a decir na’. La Girlén
se fue pa’l cerro. ¿Pa’ que me iba a reír si me estaba sacándome la cresta...

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

II - Un lugar oscuro. Las sombras de la Mamá y Pancho.


MAMA: Cómete la comía, ya.
PANCHO: ¡Mamá!
MAMA: ¿Sí?
PANCHO: ¿E’ uste’?
MAMA: Sí, ¿por qué?
PANCHO: No, por na’. Tuve una mamá hace cuarenta años.
MAMA: ¿Cuarenta años?
PANCHO: Por decir algo, ¿se acuerda?
MAMA: Si, yo soy tu mamá.
PANCHO: Debe ser cierto.
MAMA: Me decías mamá.
PANCHO: ¿Hace cuarenta años?
MAMA: No, no, hace un rato.
PANCHO: Se acuerda de todo.
MAMA: Sí.
PANCHO: ¿Se acuerda de todo?
MAMA: De algo: de la casa, hijos...
PANCHO: ¿Se acuerda de mi barba?
MAMA: No, no la conocí.
PANCHO: ¿Se acuerda de la Girlén?
MAMA: No, no la conocí.
PANCHO: Era mi hermana.
MAMA: ¡Mi hija! (Pausa) Si, creo que sí.
PANCHO: Ah, está bien. (Pausa) Entonces es mi mamá.
MAMA: Sí.
PANCHO: Ah, está bien.
MAMA. Así que cómase la comía.
PANCHO: No, no voy a comer. Tengo que irme.
MAMA: ¡Hijo, vuelve!
PANCHO: Ya vuelvo.
(Una mujer vestida de niña, la Girlén).
GIRLEN: Háblame a mí. ¡Háblame! Voy a criar mis hijos, por diosito, por
uste’ se lo juro... Una moneita por el amor de Dios... gracias, perdón... sí.
Señores pasajeros, gracias, perdón... ¡mi intención!, perdón... Mi intención no
es molestarles, pero, perdón... no sé, mi madre.
¡Háblame! No me hago ma’ caca. Mírame, no he dormío, no he
comío, no tengo donde llegar. Schi, ni parece que juerai mi mamá, hablai con
ese hueón no ma’. ¿Y dónde está?! ¿Dónde estai? Veí, maricón, te vai a
hablar solo con mi mamá, pero mi papá te va a sacarte la cresta...

(La Mamá sonríe. La Girlén se sienta La Comadre le limpia el trasero


lleno de caca).

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

III.- Un susurro metálico a través de una radio


COMADRE: Dios mío, cuando el diablo mete la cola, nadie lo puede parar. Yo
sabía que algo así iba a pasar. Desde que se murió la comadre que esta
familia no tiene pies ni cabeza. ¡Esos niñitos! Tan insolentes, tan mal
criados.
Compadre, vaya a la iglesia pa’ que el señor lo ilumine. ¡Tan porfiao
que es! ¡Ah, pero yo lo perdono, lo perdono de puro cristiana que soy!
Tu padre en el fondo no era un mal hombre, pero no podía criar a niñitos
tan mal criados. Dicen que les pega. Dicen que menosprecia, que diga, que
manosea a su hija. ¡Ay, Dios mío! ¿Cómo pueden inventar esas cosas?.
¡Dios mío!
PAPA: Señor, en mi no hay crimen ni pecado, estoy sin culpa... ¡Líbrame
de mis enemigos, defiéndeme de los que me atacan! Despiértate, ven a mi
encuentro y mira... vendrás en mi ayuda, demuestra tu poder... Piérdelos en tu
ira.
GIRLEN: ¿Quién anda ahí?
PAPA: Callaita, callaita, no ma’
GIRLEN: ... y me apreta’a, y me empuja’a; y yo no podía gritar.
MAMA: Hoy encontré un nido que se cayó del árbol...
COMADRE: Hace tiempo que quería hablar con usté, lo quiero tanto, lo
escucho todos los días.
GIRLEN: La Biblia, no, yo no leo la Biblia.
PANCHO: Confieso ante Dios y ante mis hermanos, que he pecado mucho,
de pensamiento, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...
pa’ que me iba a reír.
PAPA: ¿Pa’ qué, poh?
GIRLEN: Y ma’ me dolía.
COMADRE: Aló, aló, sí...
MAMA: Sí... me acuerdo... el nido estaba vacío, sin huevos ni pájaros ni
na’.
PANCHO: No la escuchí. A esa vieja no la escuchí.
GIRLEN: La radio no; no escucho la radio. Me da miedo, dice cosas que
dan miedo
COMADRE: ¡Mis días, mis noches, todas las tardes junto a ustedes, unidos en
el alma junto al dial, con esta fe que se transmite por la onda acústica... porque
Dios no tiene límites para hacerse oír, nos acercamos al gran día del señor!
PAPA: Habla puras hueas, no ma’...
PANCHO: Puras hueas, no ma’.
GIRLEN: La Biblia no, dice cosas que dan miedo.
COMADRE: Supiera usté las cosas que he visto...
PAPA: ¡Robertito! Si yo no tuve na’ que ver.
PANCHO: Yo soy el Pancho... ¡El Pancho!
GIRLEN: Ya callaito, callaito, no ma’.
COMADRE: Santa sea la voz que me habla, santo el oído que me escucha, el
que tenga ojos que vea... los llevo en mis recuerdos... ténganme en sus
oraciones.
PAPA: ¡Qué hací ahí, vieja culía, andai dando vueltas de pura metía, no
ma’.
PANCHO: Anda puro escuchando.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

COMADRE: ¡Ay, Dios mío! ¡Virgen santísima! Ruega por esos niños, los
pecadores, ahora y en esta hora ampara el alma de mi compadre muerto,
llévatelo pa’l cielo, porque pa’l cielo se tienen que irse todos. ¡Que dios lo
ampare en su santo reino!
GIRLEN: Me da miedo, dice que alguien va a venir.
PANCHO: ¡Qué! Si total, les pongo una pura patá, no ma’.
MADRE: ¡Hijo, vuelve!
PADRE: ¡Vaigale, mijo! ¡Por el centro... vaigale por el centro! ¡Ahí está,
patee, patee, mijo, patee!... ¡Patea, Robertito! ¡Robertito, no te salgai!
PANCHO: Si, pero yo soy el Pancho.
PAPA: ¡Cállate! Voh soy mi hijo, el Roberto.
PANCHO: ¡Yo no soy el Roberto, al Roberto lo mataron!
PAPA: ¡Cállate, conchetumadre! No le contestí a tu papá.
PANCHO: Pero si yo no le conteste. Yo era chico cuando lo mataron.
COMADRE: Lo mataron, fue una pelea en la cancha, el Roberto defendía al
Panchito. Le pegaron con todo lo que tenían, lo patearon, de repente uno sacó
una cuchilla y se la enterró en...
MAMA: ...en el pecho...
COMADRE: ¡Ay, dios mío! Fue tan rápido, era el diablo. ¡El diablo,
compadre!
MAMA: ¡Cállese, comadre, por la cresta!
COMADRE: Despiértate, ven a mi encuentro y mira... vendrás en mi ayuda,
demuestra tu poder... piérdelos en tu ira, piérdelos... que ladren como perros
por la ciudad; que anden buscando comida y no la consigan, sigan aullando.
Te cantaré fuerza mía, porque tú eres mi defensa.
¡Aló! ¡Aló! Mire, yo siempre lo escucho... y no sé, ¿cómo le puedo
contar?
No sé... ¡Ayúdeme! ¡Explíqueme! ¿Cómo unos niños pueden matar a su
propio padre? ¡Es el demonio! El demonio, ¿no cierto? Hace que los niños
se olviden que tienen que honrar a su madre y a su padre... ¡Ay, Dios mío! ¡Son
los síntomas!, que diga, ¡es la señal! ¡La señal de los últimos tiempos!
¡Suenan las últimas trompetas, se desata la ira del señor! ¡Los hijos se
levantarán contra sus padres! ¡Serán rebeldes de la palabra de Dios! ¡Ay,
Dios mío! Dígale a la gente, a toda la gente: que le pidan al Señor. ¡Se
acerca el juicio final! Ya vienen las señales, las pestes, las guerras, la
destrucción de los templos, los terremotos, que diga, los maremotos, los
ángeles del demonio, los carros de fuego, el papa negro... (Corre
despavorida)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

IV.- Un bolero, una voz de niño que tararea y murmura palabras


indistinguibles, ruidos de la calle...

MAMA: Cómete la comía, ¿ya?


PANCHO: No.
MAMA: Ya, poh, cómetela to’a.
PANCHO: No quiero.
MAMA: ¡Cómetela to’a, ¿ya?
PANCHO: No me gusta.
MAMA: ¡Come... o te voy a acusarte con tu papá!
PANCHO: Pucha.
MAMA: (Suave) Coma, mijo, o lo acuso con su papá.
PANCHO: Pucha, si no quiero. ¿Pa’ qué quiere que coma esta cuestión?
Voy a ponerme guatón, me dan pan, despue’ ulpo, almuerzo, postre pal
almuerzo... ¿Pa’ qué quiere que coma si no quiero comía?
MAMA: Coma mijo, tan porfia’o que es. (Llora) Y a mí nunca me hací
caso, cabro porquería. ¿Querí que me ponga vieja, eso querí? Sabiendo
que estoy embarazá, ustedes me van a matar así, ¡pero ya vai a ver cuando
llegue tu papá!
(El Papá, de pie junto a la puerta.)
MAMA: ¿Llegaste?
PAPA: Sí.
MAMA: ¿Tan tarde?
PAPA: Sí.
MAMA: Y con la cara que vení.
PAPA. Sí.
MAMA: Y te quedai ahí para’o.
PAPA: Sí.
MAMA: ¿No vai a entrar?
PAPA: Si.
MAMA: ¡Entra, poh!
PAPA: (entrando) Ya.
MAMA: Oye, reta a este cabro que no quiere comerse la comía.
PAPA: Ya.
MAMA: ¿Ya, poh, dile que se coma la comía!
PAPA: (a Pancho, suave) Cómete la comía.
MAMA: ¡Dile mas fuerte!
PAPA: ¡CÓMETE LA COMÍA!
(Pancho come y luego vomita)
MAMA: (llorando) Mira que es mal agradecío este cabro de porquería.
Me sacrifico to’o el día pa’ hacerle un plato de comía, ¡mal agradecío! (Al
Papá) ¡Dile algo, poh!
PAPA: Mal agradecío, no ma’.
MAMA: Tanto que me hacen rabiar, sabiendo que estoy embarazá.
PAPA: Sí, pero...
MAMA: Me hacen pasar puros malos ratos, sabiendo que estoy
embarazá.
PAPA: Oye, y...

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

MAMA: No me ayuda nadie. Paso sola, no hacen na’ porque son


hombres, dicen.
PAPA: ¿Dónde está...
MAMA. Un marío, dos hijos hombres, y ¿pa’ qué?
PAPA: Pero dile...
MAMA. Yo no puedo pasar estas rabias, porque estoy embarazá.
PAPA: ¿Sabí dónde...
MAMA: Si hubiera sabi’o que las cosas iban a ser así, no me caso, no
tengo ningún crío.
PAPA: ¿Y el Roberto?
MAMA: ¿Pa’ qué están si no me ayudan en na? (Pausa) ¿Qué me
decí?
PAPA: ¿El Roberto, dónde está el Roberto?
MAMA: Salió a jugar a la pelota. Ese cabro lo único que sabe es jugar a
la pelota. No me ayuda en na’, sabiendo que estoy embarazá.
PAPA. ¡Que te ayude este cabro, poh!
MAMA: No, el Pancho está muy chico todavía, y es tan porfia’o, ni le
importa que yo esté embarazá. ¡Este cabro chico no me sirve pa’ na’!
PAPA: Entonces te aguantai no ma’, poh
MAMA: (Le pega) ¿Qué me aguante? (Le pega) ¡¿Qué me
aguante?! (Le pega) ¿Eso querí? (Le pega) Sabiendo que estoy embarazá.
(Le pega en el suelo) Tengo tres hombres en esta casa, ¡tres hombres!, y de
los tres no hago ninguno, nadie me ayuda... ¡Ay! (Tocándose el vientre) ¡Ojalá
Dios me mande una mujercita!
PAPA: (desde el suelo) Ojalá.

V.- En la puerta de calle la Mamá y la Comadre.


COMADRE: Esta calle ya no es lo mismo que antes, comadre, el diablo anda
suelto. El otro día asaltaron a un pobre hombre: lo tomaron entre cuatro, le
sacaron todo lo que tenía, pobre hombre, ¡todo! ¡Ay, Dios mío! Una quisiera
ayudar, pero no puede. Parece que el diablo se les mete en el cuerpo. ¡El
diablo, comadre! Les ha visto los ojos, les tiritan las manos, ve como
caminan, mírelos bien, comadre. El diablo los tiene durmiendo; una debiera
llevar a Dios en la boca y vomitar en sus caras pa’ que se despierten...
MAMA: ¿Qué dice, comadre?
COMADRE: Escuchó la Radio: el diablo los duerme pa’ llevárselos al infierno,
como dice la Biblia, comadre: son los últimos tiempos, todo será tinieblas, y el
diablo se lleva a nuestros cabros.
MAMA: Mis cabros no son na’ malos, son decentes. No voy a saber yo
que los tiré al mundo, a pura teta los hice sanos y buenos.
COMADRE: ¿Usted cree, comadre?
MAMA: ¿Qué dice?
COMADRE: Na’, comadre, na’. Es que una nunca sabe lo que hacen los
cabros de una cuando están a nuestra espalda.
MAMA: ¿ Y usté qué sabe si no tiene cabros chicos?

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

COMADRE: Esas cosas se saben igual no ma’ comadre. La fuerza del


demonio se conoce igual.
MAMA: No diga eso, comadre, no ve que me asusta, sabiendo que estoy
embarazá.
COMADRE: Pero si por lo mismo se lo digo, comadre, ojalá Dios bendiga a
esta criatura de dios, mire que pasan tantas cosas malas, comadre. Los hijos,
hay que cuidar tanto a los hijos, comadre.
MAMA: No voy a saber yo, que los parí y me siguen doliendo... duelen por
dentro. Yo los críe solita, les di teta hasta los cuatro o los cinco o los seis, ya
ni me acuerdo; pero les di teta, porque si no salen debiluchos, torcidos, pálidos,
achacosos, curcunchos, piojentos, anémicos, mongólicos, tirifientos. Pero
tengo la esperanza de que esta criatura me salga mejor.
COMADRE: Ojalá, comadre. Dios la oiga.
MAMA: Me va a tener que oír no ma’, pues. Tiene que escuchar a los
que le rezan todo el santo día... y las noches... y siempre: “Presento al señor la
ofrenda de trigo nuevo y dos panes de la mejor harina, cocidos con levadura,
de unos cuatro kilos cada uno, como ofrenda especial de los primeros frutos
para el señor...”
COMADRE: ¡Levítico veintitrés!
MAMA: ¿Qué?
COMADRE: ¿Por qué dijo eso?
MAMA: Porque una ruega, porque una es madre.
COMADRE: Pero una nunca sabe lo que dios nos tiene preparado. Y yo tanto
que quería a los cabros chicos y no tuve ninguno.
MAMA: Por qué no se casó no ma’, pues, comadre.
COMADRE: Si, pero... ay, me da vergüenza. Igual le puse empeño, igual no
ma’, ¿qué cree?
MAMA: ¡Comadre!
COMADRE: ¡Un poquito! Pero no me embaracé.
MAMA: Bueno, pa’ eso le doy mis hijos, por eso va a ser la madrina de mi
mujercita, porque esta si que va a ser mujercita.
COMADRE: Lo que dios le mande no ma’, comadre, lo que mande. Lo único
que importa es que venga con la señal del señor, acuérdese que estamos en
los últimos tiempos, hay que prepararse pa’ las pruebas, pa’ los falsos profetas,
pa’ las tinieblas, pa’ los terremotos, pa’ la batalla entre los soldados del bien y
el demonio.
MAMA: ¡Ya, cállese, comadre!
COMADRE: Pero si es la palabra de dios.
MAMA: Si, pero es que me están viniendo contracciones.
COMADRE: ¡Ay, es la guagua, dios mío! ¡La guagua, va a tener la
guagua! Vamos al hospital, yo la llevo al tiro pa’l hospital.

(La Comadre saca a la Mamá)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

VI.- Meses después. Suena un bolero en la calle, el Papá le


canta a su guagua, la Girlén, que cabalga en sus rodillas.
PAPA: (cantando) “Es mi niña bonita
cada día más preciosa...”

Entra la Mamá, cruza en silencio el escenario, se detiene, vomita sangre


y leche, se moja la cara, el pecho... El Papá va a decir algo, se para, cae la
Girlé[Link] la comadre corriendo.

COMADRE: ¡Compadre! ¡Compadre! ¡Su hijo!


PAPA: ¡¿Qué hijo?!
COMADRE: ¡Su hijo! ¡El mayor! ¡El Roberto!
PAPA: ¡El Roberto! ¿Qué le pasó al Roberto?
COMADRE: ¡Compadre! ¡A su hijo... lo mataron.
PAPA: ¡¿Qué?!
COMADRE: Lo mataron, fue una pelea en la cancha, el Roberto defendía al
Panchito. Los Troncosos lo tomaron entre tres, le pegaron con todo lo que
tenían, lo patearon, de repente uno sacó una cuchilla y se la enterró en...
MAMA: (susurrando)... en el pecho...
COMADRE: ¡Eso! ¡Ay, dios mío! Y una no alcanzó a hacer nada, fue tan
rápido, era el diablo. ¡El diablo, compadre!
MAMA: ¡Cállese, comadre!
COMADRE: Sí, comadre. (Al Papá) Es que la comadre llegó cuando el
Roberto se desangraba... ¡Se desangraba, dios mío!...se desangraba.
MAMA: ¡Cállese, comadre, por la cresta!
COMADRE: Sí, comadre, sí. Yo me callo, me callo. Yo sé que le duele
acordarse de eso... yo sé. ¡Ay señor! Yo vi cuando los cabros llegaron a
pegarle, ma’ bien dicho a enterrarle la cuchilla, porque esos cabros a eso
venían, como mandaos del demonio: los hijos de los hijos del ángel malo,
Satanás, Caín.
La cosa es que al Roberto lo agarraron en la esquina de la cancha.
Siempre se agarran ahí, pero nadie dice na’, nadie se mete. Yo no me metí,
porque yo no sabía que era el Robertito. Si hubiese sabío hubiese gritao, o
llamao a los pacos, o no sé, o les tiraba agua, o algo. Cuando llegó la
comadre me di cuenta de que era el Robertito. La comadre lo recogió del
suelo, porque estaba tiraito, como un pajarito; y la comadre se lo puso en la
rodilla, le limpió la frente... se veían tan bonitos. Yo no atiné a na’, así que me
puse a llorar y a rezar, porque en los últimos tiempos hay que ponerse a rezar y
esperar de rodillas la llegada del señor y sus ángeles; pa’ que castigue al
demonio, que mató al Robertito.
PAPA: (aterrado) ¡Lo mataron! ¡Mataron a mi hijo! (Se sienta)
COMADRE. Si, compadre. Pero ya llegaron los pacos, ya lo detuvieron; y al
Roberto se lo van a traérselo lueguito.
PAPA: (parándose) ¡Mataron a mi hijo, lo mataron! ¡Lo mataron y yo
los mato! ¡Voy a matarlos, ¿dónde están?!
MAMA: ¡Cállate, hombre! ¿A quién vai a matar? ¡¿A quién vai a matar
voh?! (Lo sienta)
PAPA: Yo los mato. (Se para)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

MAMA: (sentándolo) ¿A quién vai a matar voh si ya mataron a mi hijo?


Mi hijo, su cuerpo, mis pechos.
COMADRE: La comadre le decía algo, el Roberto ni gritaba, le corría la sangre
por el pecho al pobrecito.
MAMA: Su pecho estaba blanco, después negro, después duro. Estaba
morado su pecho.
COMADRE: En eso llegaron los pacos, que diga, los carabineros y
preguntaron que había pasado: le preguntaron a la comadre, me preguntaron
a mí... yo iba a llamar a la ambulancia, pero los pacos, que diga, los
carabineros me dijeron que la iban a llamar ellos. Le preguntaron al Roberto
qué pasó, el Roberto dijo algo, no sé que dijo y ahí mismo se murió: dios lo
tenga en su santo reino.
PAPA: ¡Yo los mato!
MAMA: ¡¿A quién vai a matar voh, si ya mataron a tu hijo?! ¡Si ya lo
mataron! ¿Pa’ qué? Llora si querí, llora que yo me muero.
(El Papá sale corriendo)

COMADRE: Al Roberto se lo llevaron los pacos, que diga... y se lo llevaron pa’l


cielo, que diga, pa’ la comisaría, pa’ investigar, eso dijeron. Mañana lo van a
traerlo, y seguro que mañana acuchillan a otro cabro, porque esto es el caos,
son los últimos tiempos.
( La escena oscurece, la mamá se enciende)

MAMA: Me muero, me vacío como una teta que bota leche por la herida
de su hijo, mi pobre niño, en mis manos se secaba, se podría, se pudre...
¡Ya voy, hijo! No grites, pequeño hijo herido. Hijo oscuro: soy hija de tu
parto muerto. No grites, no grites. Yo te voy a cuidar, ya voy corriendo, no
me lo toque nadie porque es mi hijo. Que no grite, que me duele la cabeza.
Que no grite, que me duelen los pechos, que me duelen las manos. Que no
grite, que me duelen los brazos.
¡Quédese tranquilito, que ya voy, ya no grite!
Me gusta cuando llora, parece que tiene miedo, que está en la cama y
tiene frío y yo le cuento un cuento; pa’ eso yo lo traje al mundo. ¡Tranquilito
mi niño, que se muere! Ya voy, le lavo su ropita y parto corriendo. Ya parto
pa’lla, yo parto, ya parto... parto...
(La Comadre y la Girlén ven con horror como la madre se quema
yéndose al cielo)
GIRLEN: ¡Mamá!
MAMA: Ya soy la mujer, la madre del hijo muerto, que está muerta, su
propio parto en muerte.
COMADRE: ¡Comadre, no se vaya! ¡No puede hacerme esto! ¡¿Que van a
hacer sus cabros chicos?!... (La Comadre y la Girlén sacan a la Mamá que
ha muerto)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

VII.- Dos niños, Pancho y la Girlén, cantan en la micro...


Han pasado unos años.
GIRLEN: (mientras Pancho sigue cantando) Señores pasajeros, nuestra
intención no ha sido molestarlos, sólo les pedimos una modesta cooperación,
como sea su voluntad, pa’ que el señor se los multiplique, le agradecemos su
colaboración, y que dios los bendiga...
(los niños se juntan)
PANCHO: ¿Cuánto hicimo’?
GIRLEN: Como 500 pesos
PANCHO: Schi, está mala la hueá, mi papá los va a sacarlo’ la cresta
GIRLEN: Y si le decimo’ que nos robaron.
PANCHO: ¿Pa’ qué? Así nos va a volarlo’ la raja de una patá, por
hueones.
GIRLEN: Ah, no importa, si total nos pega igual siempre. Ya poh,
comamo’ un completo y le decimos que nos robaron.
PANCHO: ¿Un completo? Schi, mejor cantamo’ una hora ma’ y hacimo’ pa’
dos completos.
GIRLEN: No, ya es muy tarde.
PANCHO: ¿Y qué?
GIRLEN: No, es qué... después andan unos viejos...
PANCHO: ¿Y qué?
GIRLEN: No, es que me empiezan a agarrar, poh. Y quieren que me vaya
con ellos.
PANCHO: Yo te defiendo, poh
GIRLEN: ¡Qué me vai a defender vo’! ¿Estai loco? Si son viejos
grandes, y más fuertes.
PANCHO: ¡Qué! Si total les pongo una pura patá no ma’. Se dejan al tiro,
esos viejos son ma’ cobardes.
GIRLEN: ¿Cómo el papá?
(Silencio)

PANCHO. (Sentándose en el suelo) Ah, ya me aburrí.


GIRLEN: (sentándose) Mañana deberíamos juntar la plata que hagamo y
compramo helados pa’ vender. Dicen que dejan harta plata, despue’
compramo’ ma’.
Me gustaría tener un almacén como el tío, el tío tiene harta plata.
PANCHO: ¡Porque vende hierba, por eso tiene plata!
GIRLEN: ¿Y pa’ qué vende hierba?
PANCHO: ¡Ah, cállate!
(Silencio)

GIRLEN: Me gustaría tejer como mi mamá. Mi madrina dice que mi


mamá tejía bien lindo y vendía chalecas, bufandas, calcetines. ¿Tú sabí cómo
tejía mi mamá?
PANCHO: No me acuerdo.
GIRLEN: ¿Y tú sabí como era mi mamá? ¿Era bonita?
PANCHO: ¿Y no la hai visto en las fotos?
GIRLEN: Si, pero yo digo cómo era viva, poh. ¿Cómo hablaba? ¿Te
hacía cariño?

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

PANCHO: No me acuerdo.
GIRLEN: ¿Era bonita? Yo creo que era buena, la madrina dice que era
buena. Pero se fue pa’l cielo a cuidar a mi hermano Roberto. ¿Por qué no
se que’o a cuidarlos a nosotros?
PANCHO: ¡Ya, cállate, hablai puras huevá!
GIRLEN: Entonces vamonos rápido, porque si no mi papá los va a sacarnos
la cresta.
PANCHO: ¿Y pa’ qué los vamos a apurar? Si total igual nos va a sacarlos la
cresta. Vámonos por la avenía y miramos los juegos que llegaron ayer.

(Caminan, suenan ruidos de un parque de diversiones, la Girlén queda


sola)
GIRLEN: Me gustaría que estuviera mi mamá, así mi papá no los sacaría la
cresta. Me gustaría ser como mi mamá, tiene que haber si’o bonita... y
buena. Si, y me sacaría a dar una vuelta con ella... ¡a los juegos! Y me
subo al carrusel... y me mira desde la rejita. Y después nos subimos a la
montaña rusa y no tengo miedo de que me vaya a caer... ¡cierto mamá que vai
a cuidarme!
(Juega en un carrusel, luces que giran. Aparece la Mamá, un fantasma
errante)
MAMA: ¡Mi hijo! Su cuerpo, mi cuerpo, muerte, cuerpo, huesos, pelos,
sangre. ¡No parí para desvestirlo, no parí para secar su pecho que era
blanco, su pecho muerto! ¡Muerte, muerte, muerte! Me gusta esa
palabra, masticar la muerte, la llevo en la lengua para tragar dulcemente este
dolor crudo.
Muerte, muerte, muerte, calienta ese cuerpo frío, lame sus labios lilas y
sus pies... tan verdes... su frío... la mugre en la camisa herida, sus huesos
podridos en mi útero... Mi vientre se hincha de un ahogo crudo, de esta
eterna queja; que estoy huérfana de hijo... me escondo, me encierro, me
entierro...
GIRLEN: ¿Mamá?
MAMA: No. Ya no tengo hijos.
GIRLEN: Pense que era mi mamá.
(La Mamá sonríe y desaparece. La Girlén se hace caca)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

VIII.- La Comadre y el Papá leen en el dormitorio.


COMADRE: “El corazón me ardía por dentro y de mis quejas broto la llama;
entonces me puse a hablar”, Salmo treinta y nueve.
PAPA: “El señor es mi pastor, nada me falta... mi mansión será la casa
del señor, por largo, largo tiempo...” Salmo veintitrés.
COMADRE: Señor, en mi no hay crimen ni pecado, estoy sin culpa...
Despiértate, ven a mi encuentro y mira...
PAPA: ¡Líbrame de mis enemigos, defiéndeme de los que me atacan!...
vendrás en mi ayuda, demuestra tu poder...
COMADRE: Piérdelos en tu ira, piérdelos... que ladren como perros por la
ciudad; que anden buscando comida y no la consigan, sigan aullando...”
Salmo cincuenta y nueve.
PAPA: Me aburrió esta hueá.
COMADRE: ¡Compadre, es la voz de Dios! Pa’ ungir nuestros cuerpos.
PAPA: Me da risa leer, me da risa escucharla, no entiendo na´.
COMADRE: El que tenga oídos... no se vaya, ¡No se vaya compadre! Yo le
voy a leer, usté escuche, no ma’. Quédese quetito, sujéteme si quiere, le va a
servir, lo va a limpiar, si le ofrenda al señor lo va a limpiar Presente al señor
su ofrenda de trigo nuevo y dos panes de la mejor harina, cocidos con
levadura, de unos cuatro kilos cada uno, como ofrenda especial para el
señor...
PAPA: ¡Levítico veintitrés! ¡Levítico veintitrés!

IX.- El Papá esta bebiendo un trago.


PAPA: ¡Vieja, ¿pa’ que te juiste, oh?! ¡Vieja! Vah, de vera que se
murió la vieja... y también se murió mi cabro. A mi cabro lo mataron esos
conchesumadres, mi cabro era tan güeno pa’ la pelota: goleadorcito, peleaor en
la cancha era mi cabro, entraba fuerte por el centro. “¡Por el centro! ¡Por el
centro! ¡Vaigale, vaigale! ¡Fuerte, patee! ¡Patee, mijo! ¡Dale Robertito... ”
¿Robertito? Mi cabro, ¡dónde está mi cabro? Debe andar jugando a la
pelota, tan güeno que salió mi cabro pa’ la pelota.
¡Girlén, Girlén! ¡Anda a comprarme una malta a la esquina! ¡Girlén!

(Entra la Girlén, en silencio estira su mano para recibir dinero)


PAPA: ¡No tengo plata, mierda! Consíguete y me trai una malta. (La
Girlén sale cabizbaja. El Papá cada vez más borracho) Capaz que mi cabro
haiga metío un gol y ande celebrando, pero cuando llegue tiene que saber
tomarse un trago con su papá. Una malta con hueo, con harina, ¡una malta
helaita!

(Entra Pancho corriendo, se detiene asustado cuando ve al Papá, quien


le sonríe)
Llegó, mijo. Tan güeno que salió pa’ la pelota mi cabro. Venga pa’ca,
tómese un poco de malta. (El niño toma temeroso y sorprendido) Si jugarai
en un clu’ grande, seriai famoso, porque voh soy güeno, porque voh soy mi
hijo...
PANCHO: Pero...

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

PAPA: ¡Cállate! Voh soy mi hijo, ¡mi hijo! ¿Entendí?


PANCHO: Si, pero yo soy el Pancho.
PAPA: ¡Cállate! Voh soy mi hijo, el Roberto.
PANCHO: ¡Yo no soy el Roberto, al Roberto lo mataron!
PAPA: ¡Cállate, conchetumadre! (Le da un golpe, Pancho cae)
¡Párate, hueón! Levanta la cabeza, sácate la mano de los bolsillos, parecí
hueón así; tení que ser como tu hermano mayor, tení que ser choro. Me
saliste apocao, hueón, ¿por qué soy tan apocao?
PANCHO: Pero si usté...
PAPA: ¡Cállate, mierda! No le contestí a tu papá.
PANCHO: Pero si yo no le conteste.
PAPA: ¡Cállate! (Le pega) ¿Dónde estabai?
PANCHO: Ahí.
PAPA: ¿Dónde? ¿Andai jugando como los maricones?
PANCHO: No, si estaba ahí... en el ropero.
PAPA: (burlándose) Sale mariconcito, jugando en el ropero. Parecí
hueón. (Lo tira al suelo)
Y me botaste la malta, cabro culiao. ¡Me botaste la malta! ¡Y la puta
de tu hermana no me trae na’! Y voh andai jugando como los hueones, y me
botai la malta. ¡No sirven pa’na estos cabros culiaos!
(Lo patea en el suelo y se va)
PANCHO: (susurrando desde el suelo) Viejo culiao.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

X.- La Girlén llorando cuenta unas monedas en el


suelo.
El Papá la mira en silencio.

PAPA: ¿Llegaste?
GIRLEN: Sí.
PAPA: ¿Y me trajiste la malta?
GIRLEN: (despacio) No.
PAPA: ¡Contesta! ¿La trajiste?
GIRLEN: No, papá.
PAPA: No la trajiste.
GIRLEN: No, papá, es que no me alcanzó la plata.
PAPA: ¿Por qué no te conseguiste ma’?
GIRLEN: Traté, pero no me dieron ma’, poh.
Unos viejos querían darme si me iba con ellos pa’ detra’ del cerro.
Pero yo no quise, me dio miedo.
PAPA: ¿Te querían llevar pa’lla?
¡Claro, poh, si pa’ eso estai grandecita! Ya teni tetitas y
cinturita y...
(se lame los labios)

GIRLEN: ¿Me va a pegarme porque no le traje la malta?


PAPA: No. (Se acerca a tomarla)
GIRLEN: (asustada) ¿Y qué va hacer?
PAPA: Na’, te voy tocarte no ma’. Despacito... ¿pa’ qué te voy a
pegar?
GIRLEN: No me pegue, papito, no me pegue.
PAPA: Si no te voy a pegarte, quédate callaita, no ma’. Ven pa’ca
despacito.
GIRLEN: Si, papá, pero no me pegue.
PAPA: Y tení tetitas, ¿ah?
GIRLEN: Si, papá, es que estoy creciendo.
PAPA: A ver

(La toma por la espalda y le besa el cuello)

PAPA: ¿Juguemos?
GIRLEN: Me da vergüenza.

(Se oscurece la escena, murmullos)

PAPA: Callaita, vamo a jugar no ma’


GIRLEN: Si, papá, pero no me pegue na’. No me pegue na’, papito.
PAPA: Juguemos al unicornio.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XI.- El Papá en Calzoncillos con una botella de malta.

PAPA: Mi papá me sacaba la cresta y yo le tomaba la malta al viejo


culiao. Es ma´rica esta cuestión. Al Robertito le daba, poh. Malta con
harina, malta con huevo, malta con vino, malta con sal, malta con mote. ¡Malta
Morenita!
Se acuerda Robertito cuando su papá le daba. ¿Cómo que no?
¿Como que no...
Mira cabro insolente, no le hablí así a tu papá. Y a mi qué que te hayan
agarrao los Troncoso... a mi qué. Puta mijo, si yo no tuve la culpa. O sea...
no, poh. Yo, la verdad; yo na’ que ver.
No me venga con hueá, poh, Robertito, yo a usté lo trataba bien: era mi
cabro, poh. ¿Pa’ qué te iba a sacar la cresta a cada rato?
Venga pa’ca, tómese una malta con su viejo, una buena malta, ¡helaita!
Chi, ¿Hai visto las minas de los “poster”? Ricas las hueonas, te imaginai tu
viejo con una de esas; hasta vo podí agarrar carnecita e’ chancho. Ya poh, no
te enoji na’. Si ya pasó. ¿Pa’ qué te metiste en hueá? ¿Pa’ qué?
En to’o caso yo le saco la cresta al Pancho, por hueón. Roberto, ven
pa’ca, tómate una malta con tu viejo.

XII.- La Comadre y el Papá en el comedor.


COMADRE: Y sus cabros todo el día callejeando, aprendiendo quizás qué
cosas, tan dejaos de la mano de dios.
PAPA: (bebiendo) Métase en sus cuestiones no ma’.
COMADRE: Pero es que yo los quiero mucho, son mis ahijados. Y usté sabe
que yo siempre me estoy metiendo, que diga, preocupando de ustedes.
PAPA: Yo sabré como los crío.
COMADRE: No lo tome a mal, pero esos cabritos necesitan otra mamá, que
diga, otra mano. A lo mejor, si usté se los entrega a alguien...
PAPA: Yo tenía una esposa y tres hijos. Al Roberto lo tuve que
enterrarlo en un nicho... mi cabro jugaba a la pelota y me lo mataron, me lo
mataron de puro malos que son... dicen que se desangró en la calle como un
grifo, le salía la sangre como el agua de un grifo.
A la vieja la tuve que enterrar en tierra no ma’, en tierra los huesos de la
vieja que se murió de pura pena no ma’. Pa’ mí que se la lleo su propio hijo
pa’ no estar solo. Y me dejaron esos dos críos, ¿qué ma’ quiere que haga?
COMADRE: Yo misma le puedo ayudar, le cuido a los cabros pa’ que usté
trabaje; después, cuando llegue, los dos... que diga, yo les doy la educación
que esos niñitos necesitan, yo los crío bajo la palabra de dios, va a ver cómo se
van a arreglar.
PAPA: Aquí mando yo y los cabros me obedecen, como debe ser.
COMADRE: Pero tienen que ir a la escuela.
PAPA: Estos cabros no necesitan ir a la escuela; yo les enseño too, mire
no ma’... ¡Pancho! ¡Girlén! Vengan pa’ca... mijitos.
(los niños llegan corriendo)
Ve, comadre, que son obedientes, llegan al tiro cuando su papá los
llama. Ya, saluden a su madrina.
(Los niños se inclinan torpemente)
PANCHO: Hola, madrina.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

GIRLEN: Hola, madrina.


COMADRE: Pero si estos niños están cada día más flacos. ¡Pobres criaturas
de dios! Usté ni siquiera los manda a la escuela.
PAPA: Pero comadrita, la escuela es tan cara y yo no tengo plata.
Total, yo mismo les enseño a leer. (Mostrando una botella de malta). Ya
cabros, ¿cómo dice aquí?
PANCHO Y GIRLEN: (con dificultad) Mal... ta...
PAPA: Ve, comadre, ve que saben leer, les enseño cosas útiles y no
esas hueás que les enseñan en la escuela y que no sirven pa’ na’.
COMADRE: ¡Ay, compadre! No puede estar hablando en serio. Estos niños
no están siendo criados como dios manda. Y el señor castiga, compadre. Si
no los cuida bien dios lo va a castigar, pero no a palos.
PAPA: ¿Cómo me va a castigar a mí, si los quiero tanto? (Abraza a los
niños) Vengan pa’ca mis cabros, vengan con su papá, cierto que el papá los
cuida bien. (Los aprieta) No pueden estar sin su papá, y yo ¿qué voy a hacer
sin mis mocosos? (Los besa)
COMADRE: Compadre, yo me los llevo pa’ mi casa, allá van a tener de todo,
van a estar en un hogar cristiano, yo los voy a guiar por la palabra del señor,
pa’ prepararlos pa’l juicio final, hay que endilgar a estos angelitos de Dios. El
Panchito tiene que llegar a ser un hombre honrado, y la Girlén tiene que ser
toda una mujercita.
PAPA: El Pancho se va a criar como yo, porque pa’ eso yo soy su papá.
Y la Girlén... de la Girlén no se preocupe yo la voy a hacer toa una mujercita.
COMADRE: Pero usté no puede, compadre. ¡Esa niñita necesita un modelo
de mujer como yo!.
PAPA: ¡Qué vai a ser modelo de mujer voh, vieja conchesumadre!
COMADRE: (espantada) ¡Compadre!
PAPA: ¡Na’ de compadre, vieja culiá! ¡Y, qué vieja culiá, si a voh quién
te iba a culiar! ¡Vieja hedionda, care culo, andai pasa a escabeche! Tení la
cosa con telaraña, llena de sebo.
COMADRE: ¡Ay, dios mío! ¡Dios mío, cómo puedo escuchar estas
ordinarieces! Usté compadre, no puede decirme so a mí, es el diablo, el diablo
que se le fue al hocico.
PAPA: ¡Qué diablo, vieja culiá! El diablo que te voy a chantar por el
poto si no te vai
(se para a espantarla)
COMADRE: ¡Ay, dios mío, libra a este hombre del pecado! ¡Ay dios mío,
esto no puede ser cierto! Mi compadre, mi propio compadre. Perdónalo,
señor, porque no sabe...
PAPA: ¡Ya, te fuiste, vieja metía!
COMADRE: Me voy, me voy, pero volveré, volveré. (Sale)
PAPA: ¡Pobre que te aparezcai por acá, vieja conchetumadre1
COMADRE: (volviendo a entrar) ¡Pero lo perdono, compadre! Lo perdono, no
es usté, es el demonio.
PAPA: ¡Sale, vieja intrusa! (Abraza a los niños) ¿Qué se tiene que
meter? Son mis cabros, seguro que rezando van a tener pa’ comer. ¡Que
aprendan a cuidarse solos los cabros hueones! Ya, ¡vayan a comprarme una
malta! (Los niños salen)
Una malta suavecita, morenita. Me trago to’a mi malta y me queo
dormío. Mi malta.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XIII.- La Girlén desnuda en el suelo.


GIRLEN: Perpetrar. Hoy aprendí esa palabra, la dijo un caballero en la
micro.
Perpetrar: hoy mi papá perpetró en mí... No sé que decir, no sé que
gritar. Perpetrar con la saliva ardiente, con la barba dolorosa, con el olor a
peos y a pescado... algo caliente me aprieta el cuello.
Perpetrar. Mi padre perpetró en mí su aliento, su tufo de rodilla
arrugada, de guata blanda y ojerosa. Mis piernas flacas sujetan sus
resbalosos pantalones transpirados.
Mamá, ¿dónde estás? No quiero gritar, me da vergüenza y parece que
se pudre algo dentro.

(La Mamá muerta, la Girlén no la ve)

MAMA: Yo sé que algo te duele. ¡Ya vuelvo! Y vuelvo borracha a


mis pequeños hijos, me desaguo como en sus partos, me pudro en su
podredumbre. Mis destetados, corren sin nido en sus desabridos partos,
desabridos besos de sangre coagulada, en la piel de mis pechos, en mi piel de
conejo, en la piel de peluche de sus juegos, sus juegos desvelados y secos...
los juegos quejumbrosos de mis hijos.

GIRLEN: ¿Papá? ¿Pancho, estai ahí? No me asusten, ¿ya? ¿Quién


está ahí?

MAMA: Soy la noche, soy la madre, la hija en los entierros y en las


maldiciones de mis hijos muertos, de mis hijitos vivos, de mis moribundos.
La mujer ya muerta.

GIRLEN: ¡Mamá! ¿Viste todo? ¿Viste lo que me hizo?, ¿Mamá,


escuchaste?, ¿Mamá, lo oíste? Parecía un perro rabioso y baboso,
mordiéndome. Mama, tenía unos ojos gigantes y no me decía nada, soplaba
en mi oreja, roncaba en mi cuello, yo me mareaba. Mamá, yo quería estar
durmiendo y soñando contigo, viendo como me haces los chapes y me coses
los vestidos y me das besitos y vamos a los juegos, tú estás tras la rejita. Yo
quería estar durmiendo, pa’ no ver sus pelos hediondos, ni su mano en la boca,
ni que me apriete. Pero ahora tengo pesadillas y lo veo a él riéndose y
tosiendo y sacándose el cinturón... voy a vomitar, si vuelvo a ver sus ojos voy a
vomitar.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XIV.- En un rincón de la casa.


GIRLEN: Pancho, ¿dónde estai? No te preocupí, mi papá se queó
dormío. Te traje un helao. Pancho, ¿estai ahí? No me asustí, ya. Toma.
PANCHO: (Escondido) No quiero.
GIRLEN: ¿Dónde estai?
PANCHO: Estoy jugando, no ma’.
GIRLEN: ¿A qué?
PANCHO: A una cuestión... me la enseñaron en la escuela.
GIRLEN: ¡Juguemos!
PANCHO: No, no se puede. No podí jugar.
GIRLEN: Si puedo, siempre hago las cosas contigo.
PANCHO: Es que... se me olvidó. A veces se me olvida.
GIRLEN: ¡Ya, poh!
PANCHO: Es que... tení que quearte callaita.
GIRLEN: (Descubriéndolo) ¡Ah! ¿Qué tení ahí?
PANCHO: Estate callaita.
GIRLEN: Te voy a tocar.
PANCHO: No.
GIRLEN: Si, déjame.
PANCHO: No.
GIRLEN: Te voy a darte un beso.
PANCHO: No.
GIRLEN: Un beso en la boca.
(Silencio)

Esta helaito. Todo está frío y eso que no hay comío helao. Helaito está
rico, con los viejos me pica, me dan besos calientes. Está súper rico.
PANCHO: ¡Cállate!
GRLEN: No me da asco.
PANCHO: ¿Asco?
GIRLEN: La malta me da asco, la boca con malta, la espuma, la saliva.
PANCHO: La malta es rica.
GIRLEN: ¡Cállate!
PANCHO: ¡Malta!
GIRLEN: ¡Cállate!
PANCHO: Malta, malta, me gusta. Digo malta y es como masticarla, la
tengo en la lengua, amarguita, dulcecita.
GIRLEN: Ahora no quiero jugar.
PANCHO: Te poní hueona al tiro. Sale de aquí y cierra la puerta. Voy a
seguir solo.
GIRLEN: Vei que soy maricón. ¡Me voy, oh, me voy!

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XV.- Desde la puerta, el Papá en calzoncillos.


La Girlén cuenta monedas en el suelo.
PAPA: ¿Estai aquí?
GIRLEN: Sí. Le dejé las moneas en la mesa.
PAPA: Ah, ¡qué bueno!
GIRLEN: Entonces no me va a pegar na’.
PAPA: No. Tú papá ya no te pega.
GIRLEN: Sí, poh. Pero no me haga nada ma’.
PAPA: ¿Nada ma’?
GIRLEN: Nada malo.
PAPA: No, si no te voy a hacer nada malo.
GIRLEN: ¡Que bueno!
PAPA: ¡Eso, que bueno! Te estai pareciendo tanto a tu mamá.
GIRLEN: Mmh.
PAPA: Estai igual a tu mamá cuando la conocí.
GIRLEN: Mmh.
PAPA: A ver ven pa’ca. Pero ven poh, acércate. Más cerca.
GIRLEN: Papá, yo ya estoi grande, ya me doy cuenta.
PAPA: Ah, sí, ¿te dai cuenta, mierda?
GIRLEN: Sí.
PAPA: Oye, ¿y te dai cuenta de todo?
GIRLEN: Sí.
PAPA: ¡Qué bueno! Enseña que estai aprendiendo hartas cosas
entonces.
GIRLEN: Sí.
PAPA: ¿Viste? Estai igual que tu mamá. ¿Querí ser como tu mamá?
GIRLEN: Sí.
PAPA: Deja que te enseñe entonces, como le enseñaba a tu mamá.
GIRLEN: Ya papá, déjese, usté esta curao.
PAPA: “Estai curao”. Hablai igual que tu mamá, ¿Queri ser como tu
mamá?
GIRLEN: Sí, ¿y qué?
PAPA: Ven pa’ca entonces, pa’ que probí lo mismo que probaba tu
mamá.
GIRLEN: ¡Ya, papá, déjese!
PAPA: Estate callaita, callaita no ma’ Juguemo’ al caballito.
GIRLEN: Ya no, papá, ya estoy grande ya, ¡eso es una cochiná!
PAPA: Na’ de cochiná, ¡ven pa’ca! ¡Hácele caso a tu papá, mierda!
¿Qué te creí?

(Se abalanza sobre ella, la aprieta, la besa, la manosea, mientras canta


un bolero.
Pancho observa desde la puerta, hasta que el Papá lo sorprende)

PAPA: ¿Qué estai haciendo ahí, voh?


PANCHO: Na’.
PAPA: ¡¿Qué esta mirando ahí?! ¡Contesta, conchetumadre!
PANCHO: (se ríe nervioso) Na’, no vi na’.
PAPA: ¡¿Qué tení que venirte a meter a la pieza de tu hermana, voh?!

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

PANCHO: (se ríe nervioso) No, si yo no me metí na’ pa’ la pieza.


PAPA: ¡Y no te riai! ¡Te dije que no te metierai! ¡Te dije que no te
asomarai!
PANCHO: Sí (sin poder contener la mueca de risa)
PAPA: ¡Y no te riai, mierda!
PANCHO: No, si no me río na’.
PAPA: ¡Cállate, cabro culiao!

(Le pega un fuerte puñetazo; Pancho lo mira sin llorar ni inmutarse. La


Girlén ha tomado un fierro a las espaldas del Papá. La escena se
oscurece y sólo se oyen los gritos del Papá, retando y maldiciendo.
Los niños gritan, son alaridos)

XVI.- En penumbras, ambos niños están de pie


junto al cuerpo inmóvil del Papá.
GIRLEN: Está callaito. ¡Papá! Está curao.
PANCHO: Si, está callaito.
GIRLEN: (llora) Me duele la guata.
PANCHO: (pasmado, ríe nervioso) Está durmiendo.
GIRLEN: Parece que si, se tomo to’a una malta y se que’o dormío.
PANCHO: Y no se mueve na’.
GIRLEN: ¡Ay, me duele la guata!
PANCHO: ¿Qué te hizo?
GIRLEN: Na’.
PANCHO: ¿Sí? ¡Yo lo vi, yo lo vi al viejo culiao!
GIRLEN: ¡Cállate, no digai na’! Puede despertar y a mí me da
vergüenza... y me duele la guata. Me voy a hacer caca.
PANCHO: Hácete no ma’, si no importa. No te va a decir na’. (Se ríe)
GIRLEN: No, me voy pa’l cerro, mejor me voy a cagar allá, porque me da
vergüenza. Tú quéate por si despierta, a mí me da miedo. Pero no digai na’,
ni te riai tampoco, no vei que puede despertarse. (Sale corriendo. Pancho
sonríe y tirita.)

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XVII.- La Girlén toma a la Comadre por la espalda.


GIRLEN: (cambiando la voz) ¿Qué quiere?
COMADRE: Nada.
GIRLEN: Soy la voz amiga.
COMADRE: La radio no; no escucho la radio. Me da miedo, dice cosas que
dan miedo
GIRLEN: ¡Mis días, mis noches, todas las tardes junto a ustedes.
COMADRE: Santa sea la voz que me habla, santo el oído que me escucha, el
que tenga ojos que vea... los llevo en mis recuerdos... ténganme en sus
oraciones.
GIRLEN: ¡¿Qué quiere, madrina?!
COMADRE: ¡Ay, cielo santo!
GIRLEN: ¿Qué quiere?
COMADRE: Ya, suélteme, mijita.
GIRLEN: ¿Por qué viene tanto, madrina?
COMADRE: Por cuidarlos a ustedes, poh.
GIRLEN: Nosotros estamos bien.
COMADRE: Es que huelo, algo me dice, algo me ilumina, una vocecita me trae
a ustedes.
GIRLEN: “El corazón me ardía por dentro y de mis quejas broto la llama;
entonces me puse a hablar” Es mi vocecita: soy linda, ¿no cierto?
COMADRE: ¡Suélteme, mijita!
GIRLEN: ¿Juguemos, ya? Al caballito, al unicornio.
COMADRE: Me está ahorcando, mijita.
GIRLEN: “Caballito blanco, llévame de aquí, llévame a mi pueblo donde yo
nací...” El unicornio es un caballito blanco con un cuerno, se queda dormido
entre las piernas de las niñas obedientes como yo.
COMADRE: ¡Ay, Dios mío!
GIRLEN: ¿Pa’ qué se asusta? Es un juego no ma’. A mí me gusta. El
unicornio después se transforma en perro, y en una lengua que cura las
heridas llenas de sangre, y me moja hasta que me que’o dormía.
COMADRE: ¿Por qué me dice esas cosas? ¡Suélteme, mijita! ¡Suélteme!
GIRLEN: A mí me gustan los juegos.
COMADRE: Estai maldita, tení el diablo en el cuerpo. Está podrido, todo
hediondo, tengo que limpiar.
(La Girlén la suelta)
GIRLEN: No se vaya madrina. Si ya va a llegar mi papá. Yo le iba a
contar las cuestiones que veo cuando juego, arriba del unicornio se ve harta
gente, hartos olores... malos olores. Y me gusta que me den asco. (Se ríe)
COMADRE: Se ríe, no deja de reírse. Esta endemoniá, hay que santificarla,
está loca. ¡Límpiate! Sométete al rey de reyes. ¡Santifícate! Aleja el mal de
tu cuerpo, no tientes con ese cuerpo de niña, ese cuerpo de carne fresca...
¡Purifícate! Te desmenuzarás como carne podrida de pescado, como
aberración del género, llevas el pecado al cuerpo de los hombres, del padre,
del hijo...
¡Señor! ¿Por qué nombro al señor... Si yo soy la que limpio.
GIRLEN: Y si está muy hediondo le digo que me suelte. Pero no me
quiere soltar, cuando me duele ya no quiero jugar.

26
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

XVIII.- Es de noche, los niños solos en el cerro.

PANCHO: Está durmiendo.


GIRLEN: No quiero irme pa’ la casa.
PANCHO: No, si no vamo’ a ir na’.
GIRLEN: Los vamo’ a quearlos aquí, en el cerro.
PANCHO: No, vamo’ a trabajar en la avenía... vamo’ a juntar plata.
GIRLEN: Y vamo’ a tener una casa y yo me voy a casar.
PANCHO: Sí, pero con un amigo mío.
GIRLEN: ¿Con el “Roller”!
PANCHO: No, con el “Roller” no, es muy gil. Mejor con el Johnny.
GIRLEN: No me gusta el Johnny. Mejor nos queamo’ aquí, me da miedo.
PANCHO: No va a pasar na, acuérdate no ma. ¿Y qué vamo a hacer aquí?
GIRLEN: ¿Te acordai en la película que nos metimos a ver en el cine del
centro? ¿Te acordai? Salían piluchos, eran dos, poh... dos niñitos no ma’
PANCHO: No me acuerdo.
GIRLEN: Sí... y vivían solos en una isla... el crespito y la cabra, ¿te
acordai? Se perdieron de sus papás. Eran dos cabritos no ma’, igual
vivieron solos.
PANCHO: Pero en la isla habían árboles y frutas... y to’o.
GIRLEN: ¡Y qué?
PANCHO: Schi, aquí no hay ninguna hueá, poh... y los llegaba a buscar el
papá...
GIRLEN: (triste) Sí.
PANCHO: ¿Viste?
GIRLEN: Pero... mi papa... no los va a venir a buscarnos, poh.
PANCHO: No, poh.
GIRLEN: (de pronto alegre) ¿Y si nos viene a buscarlos mi mamá?
PANCHO: ¡Cállate!
GIRLEN: La madrina dice que los muertos nos cuidan desde el cielo. Y en
el cielo está mi mamá y el Roberto.
PANCHO: Y... mi... (se petrifica, no puede hablar)
GIRLEN: (molesta) ¡No! ¡En el cielo no hay nadie ma’!
(Están quietos y entumidos. Luz de baliza. Un grito. Pasa el tiempo...
mucho tiempo)
GIRLEN: ¿Sabí?, igual me gusta el Johnny. El otro día me defendió de un
viejo culiao que me agarró de la mano allá en la avenía. Le pegó una patá en
los cocos y arrancamos.
PANCHO: (Soñando) Si alguien viene, yo te voy a defender: le parto la
cabeza... le doy con...
GIRLEN: Ya, callaito, callaito no ma’.
PANCHO: Sí.
(Miran cerro abajo. Pasa el tiempo)
GIRLEN: ¡Pancho!
PANCHO. ¿Qué?
GIRLEN: Nada.
FIN
Marzo de 1998

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

El Graznido
Cristian Figueroa Acevedo

Obra estrenada en la primera versión de“Monólogos de la Ciudad”


(Santiago de Chile, agosto 2001)
dirigido por Paly García, interpretado por Marcial Tagle

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

El Graznido

Un espacio siempre crudo. Claroscuros.

La silueta de un hombre en el ventanal de un edificio, sobre un sexto


piso. La luz, la intermitencia, los ruidos, el tráfico y todo eso. Toda la luz entra
por la ventana. El hombre aparece como una silueta en la niebla: un ser dulce
y pequeño. A medida que pasan las horas su imagen se irá haciendo más
nítida: una figura alta, agotada y perversa.

La música de alta fidelidad. A ratos desde la calle suena la ciudad.

Atardecer, el hombre secaa su cabeza con una toalla. Su voz baja


comienza a oírse.

Vamos a nacer de nuevo, capullito. No veremos más estos sucios


atardeceres. ¿Qué había afuera antes? ¿Ángeles? ¿Árboles? ¿Chiquillos
corriendo tras los pájaros?
¡Mi cabeza! Húmeda y fresca... pero arde mi cabeza. La sombra de
esos chiquillos corriendo tras los pájaros se agranda en mi cabeza. Y ahora
qué. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué puede pasarme? ¿Hay alguien allá
afuera? ¿Hay alguien en toda esta ciudad?
Ciudad, ciudad, ciudad... qué palabra más seca y salvaje.

Toma el teléfono, no marca, pero habla.

¿Qué hubo antes allá afuera? ¿Hubo alguien? ¿Qué hay detrás de
mí? Siempre alguien sonríe a mis espaldas. No siempre, a veces, a ratos...
no sé. ¿A mis espalda o dentro mío? Perdí la cuenta, perdí los ojos, la
mirada. El sol me asusta de tanto que viene y va.... El brillo me enceguece.
Quema mi cabeza.
La música, ¿hace cuánto?, viene y va, no se detiene, repica. Repica.
Resuena. Asusta. Viene y va. Va y viene. Como el sol viene y va. La gente,
el ruido, los pájaros, los aleteos, la ciudad... Círculo mortal.

Mira a sus alrededor; toma el teléfono, esta vez marca, no habla.


Se sonríe al escuchar una voz del otro lado del teléfono, cuelga. Vuelve
a secarse la cabeza.

El agua alivió mi cabeza. Mojaba mi espalda, mis alas, mi vientre. Ya


voy a reponerme. Ya lavé mi cuerpo, ahora estoy más limpio, más claro, más
bello.

Camina iracundo por la habitación.

Sale un mal olor, un mar de hedor. ¿Qué es ese olor? ¿De dónde
viene? Son esos niños indecentes que se mean y cagan en cualquier parte.
Vómitos. De tanto comer, vomitan. Sus peos, sus sudores...
Huele sus manos, tapa su cara.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

¡Mierda! ¡Soy yo! Yo tengo el mal olor. Yo expelo frasecillas. Poesía


barata, estulta, animal, pájara, palabras, graznidos. Juré no hablar y hacer
silencio. Silencio. El silencio repica, entra en mis huesos; en un hueso
miserable que retuerce la garganta, el esternón y el intestino. Graznar y cagar
es un mismo acto, un mismo hueso; un hueso silencioso, apéndice traidor.
Silencio traidor, delator. ¿Huelo mal? ¿A qué huelo?
Ahora es de noche, el hombre deambula en su habitación, gira en
torno a un teléfono en el suelo. Enciende un cigarrillo.
Muchos me declaran la guerra, yo no la declaro. No declaro nada, soy
inocente. No amenazo, acierto, soy perfecto. Mi guerra es precisa, preciosa y
pura. Mi guerra ya está jugada. Te quiero aquí para que veas mis triunfos.
Quiero frente a mi a todos mis asesinos, a todas mis víctimas. ¡Mierda! A
ratos quisiera que alguien ponga fin a este melodrama, y volver a mi vida real,
la de siempre, la de antes, la que recuerdo. Pero no hay película, no hay vida
real.

Toma el teléfono. Marca, ahora habla: su voz está siempre en una


tensión entre grito y el susurro; trata de mostrarse seguro, a veces en una
cruda ironía.

¡Margarita! ¿Eres tú, Margarita? Tranquilízate. Estará todo bien.


Tengo a los niños. Están bien, están conmigo. ¿No me correspondía? ¡¿Así
que no me correspondía?!
Están durmiendo, no tienen idea de nada. No tienen idea. Fue una linda
tarde, los llevé al cine, luego comimos esas chatarras que les gustan tanto.
¿Por qué los acostumbraste a comer chatarra? Con eso los compras, ¿no es
cierto?
Estamos en mi nuevo departamento. ¿Estás rastreando la llamada? ¿La
estás rastreando? (en un tono agresivo, directo) Perfecto. Mañana a primera
hora irás al juzgado. Retira esa demanda. ¡Limpia mis papeles, quiero todo
limpio desde ahora! No llames a la policía. No les digas de esto. Los niños
van a estar bien si colaboras. Quiero llegar a un buen acuerdo. (vuelve al
tono inicial) ¡¿Ramírez?! ¡Qué sé yo de Ramírez! ¿Dónde va a estar ese
viejo ahora? ¡En su casa, durmiendo! Mira, me despidió. Fue una idiotez,
todo en esa oficina fue siempre una idiotez. No me metas en eso. Limpia mis
papeles. Mi nombre.
¡Hazlo o no sabrás de esos niños! Yo no hago chantajes. Grazno antes
de morder la presa. ¿Quieres saber de qué soy capaz? ¿En serio quieres
saberlo? ¡Son tus hijos! ¡Tú los pariste! Y es a ti a quien cercenaría.
Soy un cobarde. ¡No lo repitas! Un cobarde, un pequeño ganso.
Tengo mucha paciencia. Tengo todo el tiempo del mundo. Espera mi
llamada, cuando estés tranquila. Es bonito hablar contigo, capullito.

Corta el teléfono.
Se sienta enciende otro cigarrillo.
Intenta acurrucarse, pero no puede.
Vuelve a sonar la música del principio.
Intenta mil formas en el sillón: un pájaro demasiado grande para ese
nido.
El cigarro siempre en sus manos. Sale.

30
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Vuelve con unas tostadas (unas galletas, etc.), come sin evitar que
caigan las migas.

¡En esa oficina nadie tenía el más mínimo buen gusto! ¿Cómo usa
esos calcetines, señor Ramírez? ¡Qué ridículo! Yo iba a darle estilo,
Ramírez. Yo mantenía digna esa fábrica de documentos.
Siempre hice lo correcto. Y aquí me tienen. Aquí me tienes, Ramírez,
en la cresta de basural. ¡Eso querías! Querías que llegáramos hasta este
punto. De eso se trata tu oficio, de exasperar, de fastidiar, de volverme inútil.
Ni siquiera tuviste valor para despedirme, tu secretaría vino con un miserable
finiquito: “Es por su bien – me decía -, es mejor que esté lejos por un tiempo.
Descanse, disfrute de sus niños”.
¡Cuando vean a esos niños!
¡Esos no son niños! No sé que hicieron con ellos. Su ordinariez, su
torpeza, sus dientes picados, el veneno de su baba. Los niños son terribles,
señor, ¿no lo sabía? Hieren los tobillos, carcomen los zapatos, dejan
pegajosas las manos.
Yo, animal acorralado, estaba de pie, indefenso, observado por su
madre, su nuevo padre, sus abuelos.
¡A esas bestias chicas no les importa nada! No les importa que yo las
ame. Llevan mi foto arrugada y con desconfianza. No soy su padre cuando
no estoy con ellos. Esas criaturas abren sus ojos idiotas esperando un paseo
entretenido de fin de semana. Ese fin de semana que cada quince días, por
obra y gracia del espíritu cívico, me permite un juez. ¡Qué juez, un simple
actuario! Me permite ser padre, siempre y cuando deposite sagradamente un
porcentaje de mi sueldo. ¡Mi sueldo idiota! Me chupan hasta el cigarrillo.
Aún tengo un cigarrillo. Treinta y seis años, ropa vieja y un cigarrillo.
Siempre ahí, escondido. En silencio el cigarrillo parece querer lamer mis
heridas por dentro. Saciarme como nada puede satisfacerme. Es triste, es
tremendo.

Se oye un automóvil, luces. Toma el teléfono, marca. No contestan.

¡Maldita!

Se acerca a la ventana y grita hacia fuera.

¡Te dije que no hablaras con nadie! ¡Qué no viniera nadie!


¡Váyanse de aquí! ¡Aléjense! ¡No me lastimen! ¡No pueden lastimarme!
Voy a matar a los niños. No va a costarme nada, esta vez no va a costarme
nada.

Cierra la ventana y se aleja de ella. Suena el teléfono.

Vienen por mí, han venido a ver mi ascensión al cielo. ¿Qué más
quieren saber? ¿Cómo sobrevivir?

Contesta el teléfono.

31
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

¡Margarita...! ¡No encuentran a Ramírez! ¡Ahora yo soy el


responsable de ese idiota! ¿Quieres que no haga ninguna locura? No te
preocupes, sólo hago lo que me corresponde, es mi metro cuadrado, es mi
naturaleza.
¿Mi hermano? No, no quiero hablar con mi hermano. Seguro que le
estuviste lloriqueando. ¿Crees que él va a convencerme de algo? ¿Va a
acusarme a mi mamá? ¡No es mi padre! ¡Nunca nadie fue mi padre!
¿Para qué vinieron? Me rastreaste. La policía tiene máquinas muy
modernas, ¿cierto? Estás con la policía. ¿Crees que soy idiota? Si alguien
se acerca al departamento, si hay alguien en el pasillo no vas a ver más a los
niños.
¡No grites! Tú llevaste las cosas hasta este punto. No puedo
evitarlo. ¡Soy un monstruo! Un monstruo casto, que no se vende por ese
dinero que necesitas, por ese sexo que llevas en la cara, al que no lo detiene el
hambre. Un monstruo cristalino.
¡Deja de preguntar por los niños! Estarán bien, con su padre. Soy
su padre, no puedes evitarlo. No habrá más chantajes ni reproches. ¡No
tienes nada que exigirme! Los hijos son prendas prestadas, siempre tendrán
que irse de nosotros. Son un incidente, hay que aprender a desprenderse.
Tú elegiste las reglas, capullito, yo las acaté durante mucho tiempo. ¿Por qué
trajiste toda esa gente? ¿Soy tan peligroso? Dime ¿soy tan peligroso? Por
eso cercos en torno mío, por eso restricciones, recursos, amparos.
¡Váyanse de aquí! Explica que todo fue error tuyo. Si alguien se
acerca haré volar el departamento. Les sacaré los ojos, los diseminaré para
que no los encuentren. Los mato a ellos y a mí, no quedará nada, no
obtendrás nada.

Cuelga. El hombre echado en sillón.

No podré acercarme a la ventana. Los buitres apuntan sus picos para


despellejarme. Mi talón de Aquiles se extendió por toda la espalda. Cualquier
flecha podría herirme. Y uno espera, resiste. Alguien entrará por esa puerta
con cascos y armados, como si yo fuera toda una banda a la que hay que
enfrentar. En cualquier momento entra Ramírez y me pide perdón. O tú,
Margarita, sonriendo, con tu vestido a lunares, como antes.
Todos vendrán pequeños, vacíos, inocuos, a pedirme perdón. Para
sumarme a su maldita obsesión arribista de tomar un destino, como si todo
estuviera escrito, como si la vida estuviera montada en un armazón terminado,
correcto. No es correcto, es incompleto. Yo corregí, de una vez por todas yo
corrijo ese armazón brutal en que me montaron. Y ahora quieren que me
desdiga, que sea cómplice de sus estupideces, de sus lógicas, de sus
matanzas, ofreciéndome un sitio de honor.

Suena el teléfono.

Pero siempre para traicionarte, para faltar a la palabra, para entregarte.

Suena el teléfono.

32
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

¿Cuánto vale la palabra? ¿Cuántas promesas hicimos? ¿Cuántas


promesas creímos?

Suena el teléfono.

En cualquier momento la cabeza explota. Debe explotar esta cabeza


para olvidar el monstruo que han parido en treinta y seis años. Hay tantas
cosas adentro. Tantas que se instalan en mi cabello y hacen pesar mi cabeza.
La cabeza pesa. Los ojos saltan. Los oídos arden.

Casi desfallece, hasta que oye, al fin, el teléfono. Contesta.


Diga. Si, soy yo. ¿Pablo? ¿Qué haces allá afuera, Pablo? ¿Qué
están haciendo? Esa estúpida armó este escándalo. Y tú le creíste. Me
conoces, Pablo, me conoces de siempre. Siempre callado, esperando. ¡Un
ganso, ¿te acuerdas?! ¡Bueno! ¡Ahora tu pequeño hermano cambió,
Pablo! Soy otro, ya no soy tu hermano, lo siento. ¡No tienes nada que hacer
aquí! ¡Nada! No es tu problema, yo ya soy grande. Demasiado grande.
¡No metas a mi mamá en esto! ¡Mi mamá, no!
Yo estoy bien, muy bien, no sabes lo bien que se siente haber
cruzado las nubes, la carne, saber que no hay nadie capaz de detenerte. No
sabes lo que es sentir que todo es tuyo, al fin tuyo... Es el mundo el que está
mal, Pablo, anormal, inútil, pretende dejarnos quietos viendo como se
autodestruye. Todo nos acorrala hasta un terreno séptico. Y no iba a dejarme
corroer, Pablo. Todo era tan frágil. Mis manos siempre fueron torpes para
sostenerse, pero había fuerzas de flaqueza. Me acostumbré a morir de a poco,
de la mano de otros, morir muchas veces... ese puede ser un buen oficio:
chapotear, hundirse, salir a flote. No me tomes en serio, no es necesario.
¿Qué es eso de tomarse todo tan a pecho? Estoy jugando. ¿Dónde está el
humor, Pablo? Donde está tu maldita afición burguesa de tener un propósito,
una meta, una cosa muy clara. Todos los propósitos de los que hablas me
los paso por el culo, y el culo ardió de rabia, ya sacó todo. No voy a digerir
nada más de tus discursos.
¿Qué me ves, Pablo? ¿Qué tiene mi voz? Es un juego. Yo era torpe
para el juego. ¡Pero ahora yo tengo la sartén tomada del mango! Ahora yo
soy el que gana. Y quiero ganar. En el minuto final es más sabroso, Pablo.

Corta el teléfono. Se pone de pie.


Enciende un cigarrillo. Canturrea.

Fumar es un placer sensual, genial... etc.

Saca un arma de su chaqueta. Se acerca a la ventana, da dos


disparos.

¡Sin trucos! Se acabaron las amenazas... ¡Salgan de aquí! ¡Saquen a


todos los policías del edificio!

Suena el teléfono.

¡Ya sé como funcionan estos idiotas! ¡Quieren desesperarme!

33
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Suena el teléfono.

¡Quieren convencerme! ¡Traerán hasta a mi madre! ¡Vendrá la


televisión!

Suena el teléfono.

Me ofrecerán ayuda. Dirán que están de mi parte. ¡De mi parte, los muy
idiotas! Un reality show.

Suena el teléfono. Lo contesta.

¡Los muy idiotas, caraduras! ¡Quieren ganar tiempo!


¿Con quién hablo? No, capitán, no quiero hablar con usted. No puede
ayudarme, gracias. Estoy con mis hijos, éste es mi departamento. ¿Puedo
saber que mierda de delito estoy cometiendo? ¡Esa puta miente! Todo es un
invento de esa mujer con su abogado. Pregúntele de donde sacó la plata,
pregúntele por su actual marido. ¡Ése si que comete delitos! Preocúpese de
ellos, mejor. Ellos son los criminales.
Ya no hay vuelta atrás, ellos iniciaron el juego, todos ellos y ahora que
me toca ganar quieren terminarlo.
Usted tiene trabajo y está con sus hijos, capitán. No va a entenderme.
No puede ayudarme, gracias.
No, capitán, no tiene idea lo que me pasa... la calle no es como usted la
ve desde sus patrullas. Hay que entrar a las casas, ahí si que hay mierda, ahí
se perpetran los mayores delitos, se trafica con todo, capitán. Con las almas,
con el cuerpo, con la fidelidad, con la paciencia de todo maldito cristiano. Se
violan todos los códigos, no hay leyes bajo las casas, la familia es una montaña
inhóspita... es inútil llegar a su cima. Es adentro, en las casas, en las salas de
clases, en las capillas donde se cometen los mayores crímenes, capitán. No,
capitán, los crímenes no se cometen bajo sus narices; sería todo tan fácil.
Bajo sus narices se levantan espejismos, los tenemos demasiado cerca. La
familia que tenemos, la mía, la suya, todas son un espejismo, capitán.
Cualquiera las deshace, es un campo de batallas sin reglas, con mucha sangre
y golpes bajos. Es su maldita clase media que pretende dejarnos inertes,
hacernos cómplices, inofensivos. Hay que moverse, capitán, romper los
espejismos.
La vida se ríe en nuestras propias narices, somos demasiado ilusos.
¿No discrepa de la vida que llevamos, capitán?
Soy un perfecto idiota, capitán. Sí. Soy perfecto. Mire donde me
encuentro. Vine a parapetarme a un lugar totalmente inseguro. ¡A ver si me
apuntan! ¿Cómo no van a apuntarme, capitán? Soy un blanco fácil. ¡Hagan
sus apuestas! El que no me dé es un perfecto idiota, capitán ¿Cree que
podré salir con vida? Aquí estoy... ¿qué esperan? No, no es locura, capitán,
yo elegí este sitio, a esta altura, porque tengo algo que ya nadie tiene, el honor,
señor. No pretendo traicionarme. Mi honor está intacto.
Aquí estoy, disparen y no vayan a equivocarse. No me den la posibilidad
de apuntarles.
¡Quiero hablar con mi mujer! Deme con mi mujer, por favor...

34
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Aló, Margarita. Parece que llevaste las cosas demasiado lejos.


Hay mucha gente afuera. Siempre te gustaron los shows.
Todo hubiera sido más fácil, Margarita. Pero nos fuimos enredando. En
algún momento nos trasnochamos, perdimos la medida de las cosas, las
distancias, las proporciones. Algo empezó a pesarnos, tú nos traicionaste a
todos. No te gustaban tanto los chantajes, no tuviste a tus hijos como rehenes
para apartarme. Sigue jugando entonces.
No. Me da lo mismo tu ingeniero. Él no tiene nada que ver entre
nosotros. ¡Tú eres la puta que se acuesta con un buen benefactor! Lo
lograste, te felicito. ¡Que bien te viene, mi capullito! ¡Vales mucho ahora!
¡Conmigo valías poco? Ropa de segunda mano... ¡Ahora eres de primera
calidad! ¿Cuántas sobajeadas te costaron ese vestido? ¡Todo tu culo vale
ese auto! ¿Y los quejidos? ¿Cuánto te dan por gritar mientras te lo hacen?
Porque tú no lo haces, capullito, te lo hacen. Sin favores. Eso es muy caro.
Has escalado alto, los niños están más rosaditos, bien educados y
tienen dos papás. Dos papás.
Si quieres puedes venir con nosotros... Siempre quisimos ir al caribe.
Todavía tienes esa postal que envío tu hermana. Esa en la que pegaste una
foto mía. Me hacías burlas por mi traje de baño. “Capullito, el traje de baño
tan tosco para el caribe”.
¡Sí, están bien! Nunca estarán más bien que ahora; ahora y para
siempre. Duermen. Tranquila, capullito, todo estará en orden, como debe ser.
¡Dile al capitán que nos haga llegar un buen desayuno y un paquete de
cigarros! ¡Cigarros! Es mi placer. Placer. ¿Conoces algo que me dé
placer?

Cuelga.

Vuelve a sentarse.

No preparé nada para después. Es una cruda sobremesa, solitaria, soy


un ser demasiado solo, demasiado lejos, demasiado alto.

Juega con sus dedos sobre la mesa de centro.

Todo gira bajo mis pies. Todo a mi disposición. Soy gigante, eterno,
inmenso. Ya falté a los diez mandamientos y no se atreven a condenarme.
Ya violé las reglas y no me dan medio a medio. ¿Quién va a poder hacerme
algo? Ni yo puedo detenerme, estoy demasiado lejos, muy lejos... vuelo alto, ya
soy un halcón, un águila...

Toma el teléfono. Marca. Habla.

Capitán, dígale a mi hermano que no tiene nada que hacer aquí. Que
esta vez no va a poder solucionar nada. Que vaya con su madre al sur. Mi
madre está vieja y sola. Pregúntele hace cuánto que no la ve. Dígale. No
quiero verlo aquí.

Cuelga.

35
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Es demasiado el silencio. Este silencio besa suave en la mejilla, tan


suave que me adormece; y cierro los ojos. Y en esta oscuridad me hundo.
Con suavidad. En silencio. Silencio homicida. Silencio que se deja matar.
Estoy cansado y adolorido. Esos niños son mi única arma. Esos niños
fueron mis hijos. Tenerlos, parirlos, conservarlos, domarlos, retenerlos, pus en
las orejas y en el cuello... insoportable. Los tenía, los perdí, volví a tenerlos,
son míos, tan míos, ya no voy a perderlos más.
Medea. ¿Quién la recuerda? Lo más propio, lo más amado...

Junto a la muralla, se retuerce, suda, va a golpearse la cabeza y grita.

Medea es la madre, el padre, los hijos sacrificados. Los hijos vengando


una traición. Los hijos venganza. Los ojos. Los hijos se vengan con sus ojos
afuera, con su rostro, su madre, el llanto.
¿Para qué van a vivir los pobrecitos? ¿Para qué descuartizarlos?
¿Para qué repartirlos entre tanta gente?
Se mueren, descansan. Se mueren, despiertan. Se mueren y acaban
con todo lo que te amarra a mí, puedo hacerlo por ti, capullito es mi gesto de
mor. Cronos se come a sus hijos y escupe fuego, y apaga las tormentas y
diluye el aire y restituye a los hombres. Se arranca los ojos. ¡Es mejor
arrancarse los ojos!

Suena el teléfono. Enciende otro cigarrillo.

Suena el teléfono insistentemente. Lo descuelga. No escucha lo


que le dicen, sólo habla.

¡Si! ¡Claro! Entiendo. Debe haber estado muchas horas ahí, ¿cómo
no darse cuenta? Rígido, frío. ¡Ese Ramírez! Tenía sus cosas secretas. No
era un mal tipo, pero... ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza’? ¿Una bala?
¡Una bala, sí!

Ríe. Juega con su arma. Delira.

¡Una bala por la cabeza! Y no gritó. Tan digno, señor Ramírez, tan
sobrio y bien tenido. ¿Qué me dice ahora, Ramírez! ¿Vio que soy capaz?
¡¿Vio?!

Ríe. Gira delirando por la habitación.

¡Los niños eran unas bestias! ¡No son niños! Nunca lo fueron. Era
necesario, señor Ramírez. Siempre es necesario un acto de corrección, de
instrucción, métodos adecuados para la contrición. Se lo agradeceré
siempre... Sus consejos... era como un padre para mí... por eso... por eso...
¡Nunca nadie fue mi padre!

Se sienta, como si le hablara a alguien muy próximo.

36
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Hay cosas peores, Ramírez; terribles, tremendas. Una vorágine de


destrucción asusta a todos los hombres. Nadie entiende las bromas, todos se
toman todo demasiado en serio. ¿Quién puso la guerra y sus víctimas frente
a nuestros ojos? Como un cuadro cotidiano, de mal gusto. Pero al rato ya
no nos importa, funcionamos, nos santiguamos. Ya no nos importa. ¿Para
qué resguardos, preguntas, interrogatorios y represalias?
¿Por qué se lo toman todo tan en serio? Yo juego. Soy un ave, un ganso
- cuervo arrancando ojos.

Se acerca a la ventana, se esconde. Vuelve a mirar, sonríe y


muestra su arma. Vuelve al sillón.

No, Medea, no pueden contigo.. Se hará tarde, no ves bien de noche.


Si pudieras cerrar los ojos, antes que la cabeza explote. Retorcerme...
hasta mañana. Allí entonces me levantaría sonriente, saldría a correr por un
parque, besaría las palomas. Ya no habría nada en la espalda.
Pero abro los ojos, las paredes hablan, el brillo del sol escribe un epitafio
y el oráculo me amenaza: “Lacoonte se ahoga con sus hijos. Medea sonríe,
mientras un cuervo le saca los ojos... y grazna. Las figuras de mármol ven
pasar sus restos bajo los puentes. Los querubines sonríen”
Ya no hay nadie cerca. Hace algún tiempo era un hombre, un padre, un
soldado, un profesional; nada tan heroico. Ahora me ensucié de crímenes. De
pequeños crímenes, casi unos favores. Soy un semidiós. Estoy impune.
Ahora soy un dibujo nítido, inmenso, glorificado de la maldad. No hay nada
más perfecto que hacer el mal, el daño es efectivo inexpugnable
Ya no tengo hijos, ni armas, ni venganzas, mi pico susurra un suave
graznido. Siempre fui un ganso, ahora ya soy un cuervo.

Toma el teléfono. Marca. Habla.

¡Aló! ¿Capitán? Quiero hablar con mi mujer. ¡Con mi mujer, digo! ¡No!
No tengo nada que decirle a usted. ¿Qué sé yo lo que le hicieron a Ramírez?
Ese hombre, esos hombres tienen muchos enemigos. Tal vez sus fantasmas
lo traicionaron, sus ángeles lo abandonaron. ¿qué sé yo? ¡Qué se lo coman
los pájaros! ¡No tengo nada que confesar! Quiero hablar con mi mujer.
Tengo a los niños. Yo hablo, yo doy las ordenes.

Margarita. ¡Eres tú? Habla más fuerte. ¿Tú estás muy cansada? Eso
no es nada con lo que me ha tocado a mí. Es triste llegar a este punto,
capullito. No quise insultarte. Lo de “puta” fue un decir. Cuando te fuiste con
ese ingeniero te entendí, te deje en paz, ¿te acuerdas? Todo muy civilizado,
como debe ser.
No. No podríamos volver. Sería lindo, lo sé, pero no. Todo se
enreda, se vuelve áspero. Ha sido tremendo. Te amé. En algún punto de esta
madeja te amé.
Pero se acabó. ¿Sabes por qué te llame? No vas a creerlo. Eres mi
única amiga, capullito. Tú vas a entenderme, ¿cierto?. Dile a los policías que
vengan por mí, estoy desarmado. Pueden subir. He aquí el hombre, un simple
hombre frente a la ventana, de pie, limpio, jabonado y afeitado. Aquí, en pie,

37
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

que se acerquen lentamente, con cuidado; soy eléctrico, demasiado para ellos,
que me tomen con cuidado.
Tranquila, los niños bajan en estos momentos, los acabo de poner en el
ascensor. Están bien, no se han dado cuenta de nada. Esta pesadilla ha
terminado, capullito, entiéndeme. He querido, por sobre todas las cosas, abrir
mi corazón, ponerlo frente a mi y decidir si es necesario perpetuar o acabar con
el monstruo que me ha nacido, que se había desatado en un crimen y corría
por un oscuro callejón.
He querido estar puro para ese momento, verme vacío para poder
asumir íntegramente mis actos, en su justa medida, en su fría distancia, en su
gesto completo observado desde mi vacuidad. Para desentrañar la fiebre, las
culpas, la propiedad, la belleza y torpeza de todas mis cosas. Pero ¿como
podría hacerlo si no me dejaba en píe, si me arrancaba los ojos y mi propio
corazón? No podía, tenía que buscar en mis engendros, en eso hijos míos,
tan míos porque llevan mis carnes y mis células. Dentro de ellos podría
descifrar mi carne, mis gritos, mis ojos, mi brutalidad desatada en horas de
furia. El corvo del cuervo hizo un buen trabajo. Algún día te contaré como fue
todo. Era bello descifrar la carne, buscar adentro, creía encontrar lo que era
mío, descubrir las razones, ver mi germen perpetuo y monstruoso... pero no
había nada, sólo carne, podredumbre, venas insatisfechas. Los niños estaban
muy mal por dentro, capullito. Los ordene lo mejor posible, siempre nos gustó
verlos bien presentados. Ya bajan, son seis pisos. Una negra bolsa de
plástico. Los he limpiado. Una bolsa de plástico dije... ¡Son dos! Dos bolsas
con sus presas, no manché sus ropas, las guardé conmigo. Van limpios y sin
ojos con que verte derrotada. Cada corte es un beso para ti, capullito.
Cúbrelos bien, ¿Si? Que no vayan a desarmarse. (Ríe) ¡Qué no vayan a
desarmarse! No podré olvidarlos.

Ríe y tirita. Anochece. Sirenas, ruidos de un arresto y una carcajada


pavorosa. Una risa, un grito, un graznido.

FIN

Santiago, junio de 2001

38
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

LA GRIETA SIN GRITO

CRISTIAN FIGUEROA

Estrenada en el Festival de Dramaturgia Breve de la U. Finis Terrae,


Santiago de Chile, enero del 2003.
Premio mejor dramaturgia y mejor montaje
Dirección Vanesa Montero
Actuación María Paz Grandjean

Registro de propiedad intelectual Nº 158.341

39
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Imágenes de soledad y frío, paralelos a la presencia de la actriz que


interprete la niña.

Voz en Off

Voy a llegar arriba del cerro, de ese


montón de cerro de arena y veré si es cierto
que el tren se mete en el mar. Si es cierto
que el desierto alguna vez se acaba, porque
yo no lo creo, no.
Además yo voy con el que me eligió
entre todas esas chinas sucias de allá abajo.
Yo voy alto con un hombre alto a
despeinarme.
El uniforme del colegio esconde mi pelo
largo y brillante. Yo debería ser fea, me
dicen negra, chica... dicen que soy pobre,
pero yo no lo creo, no

Pausa

Una niña, vestida de escolar, con sus manos rotas, tendida al fondo de un
pozo. A sus pies, una mochila y un muñeco. Una tenue luz y el viento.
Ruidos intermitentes.

Voz en vivo

Tengo amontonada arena en los pies. Y en el cuello y en las orejas y en


el pelo y entre medio de las piernas.
Todos saben donde buscarme.

Mi mano, una mano, dos manos entrelazadas y transpiradas.


Anular, pulgar, anular.
Meñique, ¿medio?
Índice ¿medio?
Medio, anular.
La mano completa.
¿Para qué sirve una mano completa?

La mano de una niña. ¿Para qué sirve la mano de una niña?


Limpia por la mañana, sucia por la tarde.
¿Para qué debía lavar mis manos, madre?
¿Para qué era el peinado y las calcetas blancas?
Lo olvidé, madre. Te juro que lo olvidé.
Me lo dijiste tanto que lo olvidé.

La noche me ha tomado un poco de improviso...

El silencio es largo, la luz se hace más tenue. Pasan muchas horas.

40
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

No sé si es cierto que ya es la noche.


No sé si es cierto que ha soplado el viento que se trajo la arena que se
mete en las orejas que me hace escuchar más viento.
No sé si es cierto o invento.
¿Hay cacatúas en el desierto?
¿O papagallos?
O son los cuervos que disfrazan sus cantos maldadosos.
O son jotes – que también son buitres – que se disfrazan de sombras que
se meten en la arena que se meten en los poros de las pieles púberes que se
queman al sol que se queman al frío que después no son más que monolitos
que parecen animitas que llevan cruces y cintas de muchos colores.

No hay cruces cerca.


No hay luz.
¿Cómo mierda van a encontrarme?
No hay luz no hay luz no hay luz no hay luz.
Los buitres.
La arena.
Me disfrazaré de cerro, me esconderé en el bolso, me haré pasar por
renacuajo, por tuna, por esmeralda, por cobre.
¡Así van a encontrarme!

Disfrazada de piedra brillante, de piedra cara, de piedra oxidable.


Me haré pasar por moneda de cobre.
Por qué...
¿Con qué cara voy aparecerme?
¿Con que cara van a creerme?
¿Con qué cara una niña tan dulce no va ser castigada por pasarse la
noche fuera de la casa?
¿Con qué cara voy a explicarles si estuve una noche fuera de casa?
¡Las niñas no pueden estar fuera de casa!
¡Las niñas deben estar en sus casas!
¡Las niñas deben dormirse en su cama y despertarse en su cama que
está en su casa!
¡Limpias de manos y de cuello, peinadas de pelo y de chaleco, con uñas
cortas y con zapatos brillantes, con buenas palabras y linda sonrisa!
¿Para qué era que había que lavarse, madre?
¡Las niñas dulces y las niñas amargas, que van a la escuela que van a las
plazas, que se detienen en la esquina que se meten a los almacenes, que
saludan o que se esconden, las niñas de falda de jumper de jines, deben al
final del día llegar a sus casas! Sin aliento...
Sin vueltos, sin cuadernos...
Sin encargo, sin recados...
Sin pinches...
Sin camisones...
Sin zapatos...
Sin notas ni libretas ni canastitos ni mantequilla...
Pero a sus casas.

No importa como, pero a sus casas.

41
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

No importa si con más de lo que llevaban, sin mucho menos de lo que


tenían, pero a sus casas.
¡No es culpa de los padres!
Niñas traviesas.
Niñas perversas.

Hay niñas que no llegan a sus casas.


O llegan escondiendo algo.
Ellas creen que son mejores porque tienen secretos y llegan por la
mañana en silencio al patio del colegio, y después en la sala, y después en el
baño, y despues en la calle de vuelta a casa. Van calladas, mirando al suelo,
sin decir nada. Aprietan su cintura y su estómago, como si fuera un gran
secreto, no dicen nada en muchos días.
Nada. Nada. Se creen importantes.

Después se ponen raras. No juegan con nosotras, no van a la esquina,


no corren a las dunas, no tiran nada en la línea del tren.
Se quedan horas mirando el cielo. Como brujas que esperan que se
cumplán sus malos encantamientos.
Sonriendo cuendo ven venir a los pájaros.
Esos pájaros que cantan.
Esos pájaros atroces que me cantan y me rebotan, sus cantos, en la
cabeza. Y retuercen mi pelo y ensortijan mis cejas y secan mi frente y
palidecen mis mejillas.

Ya no se puede confiar en nadie.

Matías iba a venir a buscarme.


¡Matías! ¿Estás por ahí?
Debe haberse retrasado.
Se entretiene viendo a las señoras que cruzan la vía férrea.
Vía férrea. Linda palabra. Lindas dos palabras. Más que antes, que
decir “línea del tren“.
La línea del tren es sucia, es oscura, es hedionda.
La vía férrea es como las películas. Los buenos y los malos, la
diligencias, los botines de oro.
Todos llegabamos hasta la línea. Poníamos todo lo que estaba cerca,
una caja, una cocina vieja, los palos que botaban las casas, el montón de
basura.
Pero fuimos creciendo ya no había que llegar a la línea, había que
cruzarla, perderse del pueblo, esconderse en las dunas a rastrear los
pantalones de los mocosos más grande. Meterse en las dunas a que nos
saquen el jumper, a que nos besen la guata, a que nos toquen las piernas.
Yo dejo a Matías lejos para que no me vea, me da vergüenza.
Matías se entretiene recogiendo cosas en el basural, contando los autos,
las luces de los autos de la carretera.
Se entretiene.
Se pierde Matías creyéndose héroe, creyéndose pistolero, bandido.
Es grande ya Matías, ¿cómo ha crecido Matías?

42
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

¡Cómo hemos crecido!


Yo también he crecido, este delantal me quedaba grande, me
avergonzaba de llevarlo.
Me avergonzaba.
Me quedaba grande.
Ahora me aprieta.

Llega más luz, la chica se apoya en unas vigas bajo la tierra.

Nadie va a creer que Matías se retrasó tanto.


Nadie va a creerlo.
Seguramente me van castigar, es muy tarde, mi madre dijo que llegara
antes de las ocho. Son más de las ocho.
Mi padre dirá que soy una sinvergüenza, mi padre tal vez crea todo lo que
dicen las vecinas de todas nosotras. Que nos quedamos por ahí, que andamos
fumando, que no somos mosquitas muertas, que andamos con hombres y nos
vamos por ahí... por ahí... por ahí ando.
Es decir, por aquí, por aquí ando.
Es decir, no ando. Ya no ando. Así no puedo andar. Así ni grito. Es que
a quien le grito, si grité hace un rato y no me respondió nadie. Ni Matías. Ni la
Carola que debe andar por ahí, como dicen las vecinas. Ni la Maca. Ni la
Andrea.
A lo mejor todas las demás se cayeron a un hoyo. Por que este es un
hoyo, una grieta grande. A lo mejor todas están rasmilladas y asustadas,
viendo como parece que las pican los pájaros, y tapándose los oidos y
llorando.
Yo no estoy llorando, ya no estoy. Para qué. Aquí hace mal botar
lágrimas; se pierde líquido. Quién sabe si voy a necesitar líquido en algún rato
más.
Quién sabe. Quién sabe nada. ¿Dónde estoy? No va ha saber nadie, si
no pisé la arena. Si en la arena, aunque deje huellas no queda nada después
del viento. ¿Quién va a rastrearme? ¿Quién va a buscarme? No me van a
buscar los cabros de los cursos más grande. No me van a echar de menos,
hay más niñas en las dunas. No me buscarán los profesores, somos tantas en
el patio, falto tanto a la escuela, no van a notarme.
Nadie. Ni el Matías.
No. El Matías se aburre al rato. Además es olvidadizo.
Va decir que no se acuerda.
Que no se acuerda bien cuando me vio por última vez. Qué parece que
en la escuela...
No, en las dunas.
No, que me iba a la playa.
No, que me vio en el terminal, que iba pa’ Iquique.
El Matías eso tiene, si no se acuerda inventa. Inventa bien. Después se
cree el mismo, se le olvida que había inventado algo. Después se olvida.
¿Y la Maca? ¿Y la Andrea? ¿Y la Carola? No las veo hace rato,
deben andar por aquí, o en la ciudad pidiendo plata, con caballeros, en casas
raras, con mini faldas, maquilladas, con mucha plata.
O están acá, por acá cerca.
Se cayeron al hoyo. Las tiraron abajo.

43
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

(susurrando) Andrea. Carola. Maca.

No, deben haberse quedado dormidas.


O se aturdieron, se pegaron fuerte en la cabeza.
Esta caída es súper peligrosa; uno puede quebrarse algo.
A lo mejor son esas grietas que dejaron los mineros.
Sacaron oro y se fueron.
Todo el cobre, todo el salitre...
Y dejaron estos hoyos.
El desierto abierto, más herido, preciso para que uno caiga en estas
trampas.
Seguramente es eso.
Son estos hoyos.
Pero si yo fuera cobre, si fuera salitre o piedras preciosas vendrían acá
abajo a buscarme, los mineros alargarían sus manos hasta este fondo y me
sostendrían firme para llevarme con ellos, al aire, al puerto.
Si yo hubiera sido cobre.

Mi madre no va a creerme, no va a creerme nadie.


Ni siquiera van a escucharme.
Ni van a revisarme.
Ni van a tocar mis piernas, ni mi cuello.
Ni van a tocarme aquí abajo.
¡Tengo sangre!
¡Sangre!
¡Te juro madre que yo no quise!
¡No sé de dónde salía tanta sangre, madre!
Tú me habías dicho que la sangre vendría a veces. Que mis pechos
hinchados y mi boca seca iban a avisarme.
Ahora no hubo nada que me avisara, la sangre chorreó de golpe.

Yo lo había visto antes, era grande y bueno.


Él me llevaría a la puna, a ver todo el desierto, a ver como se iba el día
como se hacía la noche.
Él era bello, era grande y fuerte. Era bueno.
Tenía las manos más grandes y lindas que las tuyas, padre.
Tenía tu voz.
Tenía el pelo limpio y las uñas cortas, madre, era un buen hombre.
La Andrea y la Carola lo querían, pero yo les gané.
Él me eligió a mí, madre.
Y subí a su auto y nos fuimos lejos porque él era bueno y me mostraría la
puna, madre.
Ustedes nunca quisieron llevarme.
Ustedes nunca tuvieron un auto.
Ustedes nunca tuvieron esas palabras en la boca, ni esa medallita en el
cuello.
Me tenían en la casa, en el colchón helado, sacando agua del pozo,
comprando pan añejo que es más barato y arrodillándome frente a las animitas
de los muertos que no conozco.
Su auto estaba tibio, no había olores, ni colchones helados, ni animitas.

44
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

El no tenía el olor de los cabros más grandes, ni estaba sucio, ni parecía


enojado. No tenía compañeros de curso para contarles como eran mis
calzones.
No tendría compañeros de curso para reirse en el patio, para que me
sigan hasta el baño, para que me toquen el poto.
El no tenía a nadie. Sólo yo le escuchaba.

Pero llegaba la noche y no ví como el sol se escondía allá abajo.


La puna es húmeda y espesa. Ahoga. Perdía el aire, la voz, los ojos.

Ya tengo piernas y hombros de niña grande.


Ya tengo manos que abrazan fuerte su espalda.
Mi pelo son ramas de un bosque inmenso donde todos los hombres
quieren ir a cortar árboles.

Porque crecí, madre, padre. Crecí.


Y a mí empezó a gustarme que me miraran, que hubieran rostros que se
perdían en mi cuerpo, no en mi cara ni en mi sonrisa.
¿Por qué habrá viejos que me persiguen cuadras y cuadras? ¿Por qué
me gustará tanto saber que quieren tocarme?
Porque eso quieren. Y desnudarme. Y darme besos. Y dejarme gritando
en sus oídos, mordiendo sus cuellos, tragándome sus babas hediondas,
enredándome en sus pelos secos y sus guatas espesas, como cazuela, como
mierda.

Comienza a sonar una tonada nortina, tropetas y bombos lejanos, que se


mezclan con el viento.

No me llevaron nunca a la puna, ni al puerto, madre. Ni a Chuqui, padre.


Un día salimos del pueblo, me vistieron de china morena, me llenaron de
cintas y sombreros. Fuimos con todas las chiquillas del pueblo a danzarle
diabladas a La Tirana. A la tirana de los ojos morenos y del pelo tieso.
Nunca había visto tanta gente, ni tantos colores, ni tanto gringo, ni a la
virgen tan vestida, tan fea y tan negra, ni a mi padre arrodillado hasta la iglesia.
Y tu llorabas tanto, madre. Llorabas como si se te hubiera muerto alguien
ahí en ese pueblo. Rezaban tanto y cantaban y bailaban y sonreían.

Ahora rezo madre, y bailo, y canto y doy vueltas con cintitas de colores en
un sombrero sobre la cabeza.
Recé, madre. Cuando ese hombre me abrió las piernas, recé. Grite lo
que más pude, guarde mi amor para cuando viniera quien se lo mereciera, pero
llegó este hombre antes. Me dejó su espasmo, su aliento, su medallita.
¡Te juro, padre, que no soy de esas!
Cuando te lo digan no los escuches. No estoy en la playa, no estoy
esperando críos, no estoy en casa de putas, estoy aquí, en este hoyo negro, en
esta noche, padre.
No, no estoy en las comisarías, en ninguna iglesia, ni en La Tirana, ni en
las animitas, ni en los autos de los ricos, ni en la capital, ni en el puerto... estoy
temblando, madre. Estoy sin fuerzas, con mi mochila, con el muñeco que me
regalaste, padre.

45
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Matías no pudo defenderme.


El hombre tenía fuerza.
Más fuerzas que tú, padre, que tú, madre. Más rabia que todos juntos.
Y creció como un montón de arena. Era una gran sombra, era toda la
noche y todo el viento.
Quebraba mis piernas con su cintura.
No diré más, madre, padre.

Pausa. Ahora veremos a la niña más nítida que nunca.

Después sus manos alcanzaron para hundirme y hacer que me vea acá
muda, sin gritos.
Tal vez cavó estos pozos, tal vez robaba salitre, tal vez picó las piedras y
se llevó el oro.
Tal vez él dejó estos hoyos en el desierto.

O es el desierto que crece, que se va metiendo al pueblo. Que mete su


arena en los ojos para nublar las calles y la línea férrea, para nublar los ojos.
Que mete arena en las orejas para que no nos escuchen allá arriba, allá
afuera. Que mete la arena hasta en mi garganta para que se ahogue, para
que no grite, para que no baile.
Pero bailo, madre, tengo cintitas en el pelo. Y doy vueltas, padre, aquí
abajo doy vueltas como virgen negra.

La niña gira y se pierde entre la cintas de colores, los llantos, los cantos y
el carnaval de la diablada.

FIN

Santiago, agosto del 2002

46
Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Post scriptum
A quien corresponda
En el uso de las facultades mentales de las que creo disponer, en el uso
de los derechos civiles que me restan, conciente del derecho que tengo a
guardar silencio, pero con el derecho y deber de cerrar este libro, de hacer
alguna declaración (una más, aparte de estas obras) en esta empresa literaria,
teatral y dramatúrgica... declaro ante estos crímenes:

Me aburrí de las abstracciones: las especulaciones y las explicaciones


sobran. La cursilería es atención de la casa.
Me aburrí de la lírica y los crucigramas de metáforas, no así de la poesía.
Me aburrí de las palabras lindas, de la tirria adolescente, de la frígida
sofisticación estilística, de las militancias atroces, de las convicciones fugaces.
Los dramas tienen carne, sangre, latidos... las palabras no dejan a nadie
indemne. Las imágenes brotan como leche materna a la que nos entregamos
con instinto superviviente.
Los fantasmas de los hechos más detestables rondan por todas partes...
al menos a mi no me dejan en paz.
Y con más deseo que sentido de misión -con delirio de persecución - me
aboco al oficio de plasmarlos para que retumben en la mente de directores, en
boca de los actores, en oído del público... y ahora en ojos lectores.

Cuando quiero pertenecer al teatro, decido que escribo.


Me muevo entre la penumbra y la incompletud.

Escribo porque pretendo provocar un gesto escénico. Escribo sobre y


desde la angustia (vacío inquietante). Escribo desde la soledad y desde la
calle, con la sensación de ser testigo de un mundo incompleto. Un testigo
delatando un mundo fragmentado, un mundo en tránsito del resto al todo. En
esa incompletud surge el gesto dramatúrgico: el movimiento.
Compongo desde la penumbra, desde mi mirada miope, escéptica,
urbana, rabiosa. Esta ha sido mi única forma de plantearme frente a este oficio,
de tratar de comprender y comprenderme.
De todo lo que una obra dramática puede importar o contener, a mi me
interesa el tema, el “viejo asunto” de lo que hablan (o invocan) las obras... de
allí ha de venir el tono, la palabra o la imagen precisa; la convocatoria al gesto,
la irrupción de los seres-personajes. El “viejo asunto”, “la vieja historia”, así lo
quiero, a la antigua; como las viejas historias que me contaban madres y
abuelas junto al bracero.

Es cierto que en estos textos se habla de la violencia, del crimen, de los


bajos fondos; pero bajo el desamor, el lamento, la desesperanza y el desvarío,
está el instinto de amar, la risa desatada, la fe más profunda, la recia ternura y
la lealtad más pueril. De lo más bajo puede surgir una especie de redención
para el dolor humano. Hay una oblicua perfección en el criminal, la víctima y lo
fallido que me seduce. ¿Será que sólo aquí me atrevo a mirar y entender los
actos más infames? Porque en la calle real me escapo, vomito, me asusto, me
abstengo. Es en este acto que me obligo a acercarme y oler las cosas.

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Y a veces, más a tientas que con grandes propósitos, bosquejo las


pinceladas del retrato. Con más incertidumbre que oficio, pienso en una
ceremonia donde los fantasmas resuciten, en un libro o en la escena. Porque,
dicho sea de paso, ya el formato me es indiferente. Este material publicado,
pide vivir (y no morir) como palabra leída, como cuerpo transpirado en escena,
como proyección luminosa en la pantalla.

Finalmente escribo como una apuesta por convocar otros, como una
propuesta.
Siento que mi gesto dramatúrgico es llegar al puerto antes que zarpe el
barco, en la zona de desembarque entrego esta mercancía. Si me llevan de
polizonte, bien. Si no, llévense estas pilchas por el mar.
Y que mejor que unas pilchas empastadas decentemente, en hojas
limpias, para sortear las olas. Nunca sobra un libro de viaje. Por eso me
interesa este gesto editorial, este barco que flota, gracias a cierto pez que anda
rescatando piezas... como si se tratara de un salvavidas en el naufragio.
Este Ciertopez, de cierto Coloma quijotesco– de Cervantes y Lepanto en
las venas- me permite enviar de contrabando estos trastos a los puertos que
nos esperan. Si nos esperan.

De las sobras... las obras


El barco ya flota y quiero verlo seguir flotando.
Todos los textos que aquí publico han sido estrenados. Suena a
jactancia. Sí, es cierto. Me acuso de eso y detallo mis crímenes.
El primero goza de una terrible enfermedad: la malacrianza y los restos de
familia. El primer texto, como el primer amor, con ese dolor exquisito de perder
la virginidad, me ha sostenido en este oficio por casi ocho años, me ha dado de
comer en sentido figurado y literal... nació también como un monólogo, en ese
ya legendario taller de la DIBAM (esa pandilla de autores jóvenes que forjo
proyectos y amistades). El capitán del equipo, Marco Antonio de la Parra, me
empujó al abordaje de ese pueril éxito de los dramaturgos chilenos. Todavía
no creo que la obra haya sido estrenada, conocida en otras latitudes, que en
escuelas de teatro ha sido actuada, que en las poblaciones -de las que me
encanta decir que vengo – los aficionados de siempre se han puesto a
“hacerla”. En los barrios, junto al feliz mundo de mi infancia, se me instaló la
nostalgia. Fue escuchar mil veces historias tras las murallas..
El Graznido es un grito desesperado de un padre vejado en sus instintos,
juro que no tenía idea de nada entonces, me declaro inocente de ese sentido
profético que tiene hoy, de ese olor a autobiografía. Yo tenía una familia
entonces, me llamaron a escribir, me sentí libre y honrado que Paly García
haya puesto esa ave rapaz en buen árbol. Días después de su estreno
(agosto del 2001), un hombre, en la soledad de una fábrica, degollaba a sus
tres hijos pequeños. Poco antes había amenazado a su ex mujer: “si no haces
lo que te pido no vas a volver a verlos... mataré a tus hijos” ¡Y lo hizo!
Graznó y su graznido me tocó una tarde mirando mi ventana (esto es cierto, no
es poesía) Es terrible y es cierto. Impotente monólogo.
La grieta sin grito es otra voz, un voz nortina, pero confieso que pretende
oler a México, a Salta, a Matto Grosso a Oruro, a cualquier pueblo adentro de
nuestro panamericanismo, de nuestras criollas grietas escondidas. El punto de
partida fue un pueblo en medio del desierto, Alto Hospicio, sitio que no conocía

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

entonces. Pero me quedé con el gesto de las niñas muertas una vez y
asesinadas mil veces. Una seguidilla de violaciones a cholitas pobres con un
criminal manifiesto y otros cómplices latentes. Lo de siempre. Yo sólo vi la
transfiguración de las (des) vírgenes pobres y morenas a animitas mestizas.

Post data.
La relación de los hechos y la lista de secuaces son amplias.
Obvio que faltan algunos, lo único seguro en las dedicatorias es que
faltarán nombres
Pero como lo exige el bolero y la cebolla... unas letras a mis padres, a
toda la familia y amigos ya de sangre, a los que creyeron más que yo a veces.
A los compañeros de oficio que me han tomado en serio.
A los capitanes de barco: De la Parra; don Juan, el Radrigán y mis
hermanas que me retan y honran con copas de vino...
A Dios, porque no existe y me hace inventarlo, entre escupitajos al cielo.
A esta manía de escribir con mis preguntas disfrazadas de textos.

Así de bueno resulta a un miope, casi tuerto, venir a oler las cosas.

Y tan ansioso, como los ojos de mi hija dándome sus dibujos, pongo en
sus manos estos artefactos a modo de composición

Cristian Figueroa Acevedo


Santiago, octubre de 2006

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Malacrianza y otros crímenes Cristian Figueroa A.

Reseña Biográfica

CRISTIAN FERNANDO FIGUEROA ACEVEDO


(Santiago de Chile, 1972)

Dramaturgo, actor y docente universitario. Licenciado en Artes de la


Universidad de Chile, Postítulo de Dramaturgia en la Universidad Católica de
Chile. Fundador y actual presidente de la Asociación de Dramaturgos
Nacionales (ADN); seleccionado para la V Muestra de Dramaturgia Nacional
(1998), Invitado a presenciar el Festival Internacional de Teatro de Avignon,
Francia. (1999), premiado con la Beca Creación Literaria para Escritores
Noveles con sus proyectos ”Lira 78” (2002) y “Daño Colateral (2003), premio
Mejor Dramaturgia en el III Festival de Dramaturgia Breve de la U. Finis
Térrae (2003). En noviembre del 2006, participa como uno de los seis
dramaturgos chilenos invitados a las “Primeras Jornadas de Dramaturgía
Chilena Contemporánea en España” Casa América y Resad, Madrid, Institut
del Theatre, Barcelona
La mayoría de sus textos han sido llevados a escena tanto en el ámbito
profesional como académico: “Malacrianza” (restos de familia) (1999), “1980
y tantos” y “Puerto Principal” (1998), “Mortajas” (2002), “San Rafael: el
misterio de los atorrantes” (2001), “El Graznido” (2001), “La grieta sin
grito” (2003), “Viaje de Huida” y “Vilma” (2003). Ha publicado sus textos
“Mareos” 1998 y “Viaje de Huida” (Colección OFF Dramaturgia, 2004)
También se ha desempeñado como actor profesional en teatro y
televisión y productor teatral; además de su labor como docente en las
Universidades de Chile, ARCIS, U. Diego Portales, Universidad del Mar, Duoc,
AIEP y en el I. Profesional de Providencia; así como en diferentes escuelas de
teatro en Santiago, La Serena y Concepción.

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