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Nuestras Huellas Nuestras Voces y Nuestros Nombres 1 1

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Nuestra huellas, nuestras voces y nuestros nombres:

Exhumar, evocar, invocar

© Luz Méndez de la Vega, Margarita Carrera, Ana María Rodas,


Isabel de los Ángeles Ruano, Carmen Matute, Delia Quiñónez

© Por la presente edición, Editorial Cultura, 2022


Diseño de portada: Alejandro Reyes
Selección y edición al cuidado de Paola Méndez-Moreno

Felipe Amado Aguilar Marroquín


Ministro de Cultura y Deportes

Cristhian Calderón Santizo


Viceministro de Cultura

Gretchen Fabiola Barneod Martínez


Directora General de las Artes

Denise Phé-Funchal
Directora de Editorial Cultura

Consejo asesor para las letras

Directora de Difusión Cultural: Ana Castañeda


Escritores: Luis Aceituno, Guisela López, Víctor Muñoz,
Gladys Tobar, Amílcar Zea

Una publicación de Editorial Cultura


[email protected]
Nu estr as
h u ell as
n u estr as
voces
Y n u estros
nom br es
Exhumar Evocar Invocar

******

Selección
Paola Méndez-Mor eno
In memoriam de Luz Méndez de la Vega, por su in-
cansable reivindicación femenina.

In memoriam de Margarita Carrera, por el constante


redescubrimiento de su ser; que somos —a la vez—
todos y nadie.

A Ana María Rodas, por su rebeldía y honestidad sin


tapujos. 

A Isabel de los Ángeles Ruano, por su valentía y per-


sistencia antiliteraria. 

A Carmen Matute, por la sutileza y elegancia de sus


palabras.

A Delia Quiñónez, por su inmanente lirismo y eru-


dición.
A dvertenci a

En esta selección se reúne a las poetas galardonadas con


el Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Astu-
rias», quienes nos demuestran la herencia literaria del
quehacer poético femenino en Guatemala, y nos incitan
a continuar con el legado de lucha, rebeldía, honestidad
y persistencia; sin ocultar las pasiones y vulnerabilidad
del ser humano, con abundante lirismo y elegancia: seres
perfectos e insurrectos que no deben condenarse al olvi-
do o encasillarse en el pasado.
Podría creerse que mucho se ha dicho y escrito so-
bre ellas, pero quien reconozca sus raíces líricas, quien
se identifique con su canto y su palabra, quien goce de
la emoción sulfurante de sus versos como del almíbar
embriagante que desborda los labios; comprenderá la re-
membranza y la perpetuidad que les debemos.

Paola Méndez-Moreno

5
Luz Méndez
de la Vega
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 1994
Díptico ante el espejo

Te hice y te deshice
sin querer
—manzana y serpiente—
puse delante de ti
el horror,
la espada de fuego
que te expulsó
del paraíso inocente
de los ángeles ambisexos.

¿Crimen o milagro?

Te hice a mi imagen
como a Dios
—Luzbel rebelde
a todo fatal destino—
pero, yo…
yo no era Dios
y entre mis manos
—inconstante barro—
ni fuiste tú
ni yo,
sutil caricatura
enamorada de su reflejo.

7
ii
También te odié y amé
como odio y amo
mi imagen en el espejo.
Te cubrí de insultos
y de besos.
Me eché a tus pies
como una perra buena
o una alfombra servil,
mientras que,
angélicalmente,
me trituraba el paso firme
de tus zapatos
que destilaban tinta y letras
—retórica de moda—
sobre la sangre cierta
de mi pasión suicida.

Pero… yo,
yo, también,
¡no lo niego!
alcancé a darte
feroces mordiscos
en los talones.

Eva sin Dios (1979)

8
Tema bíblico

Tres veces al día


—Marta—
sobre aluminios y cobres,
agua hirviente y jabones,
jadeo,
hasta dejar uñas y piel
en el milagro deslumbrador
de hacer que brillen
como soles y lunas
en el sitio de honor femenil
—condecorante—
de la atadura vitalicia
a estufa y fregadero
—María—
entre lo sucio
condenada
a ver desaparecer,
por el desagüe,
pensamientos irrecuperables.

Tres veces al día


—rito completo de mantel de cáliz—
rindo mi tributo secular
de mujer guardiana de los granos,
que en el descanso
de lavado, comida, pañal,

9
teléfono, supermercado,
fregadero y escoba,
más oficina, libros
y compromisos,
frente al cazador que regresa
«de ganarse el pan
con el sudor de su frente»
bailo, canto y río
para entretenerlo
—no solo con cuentos—
condenada a morir
—como Scherezada—
a su menor signo de fastidio.

Trabajo, sin duda,


por eso,
más lleno de riesgos
que el correr por la selva
buscando el sustento,
y, además, con el peso
del «parirás con dolor»
largo y duro precio
de nueve meses
de horror al espejo
y años de esclavitud
con sobresaltos,
por un logrado orgasmo
o hasta por uno frustrado
cuando el amo impaciente
se precipita
en un egoísta, y para él
gratificante coito.
Las voces silenciadas
—poemas feministas— (1985)

10
Porque soy mujer

Tú me quieres alba
me quieres de espuma
me quieres de nácar
que sea azucena
sobre todas casta.

Alfonsina Storni

Porque soy mujer


pretenden
que me nazcan alas
de ángel
en la espalda.

Porque soy mujer


me quieren
virginal y casta
aunque sea hecha
de la misma carne.

Porque soy mujer


pretenden
como a Santa Rita

11
darme aureola santa
o palma de mártir.

Porque soy mujer


me quieren
Venus Afrodita
bella y joven siempre
cual Miss Universo.

Porque soy mujer


pretenden
medir por iguales
mis débiles fuerzas
con pobre cerebro.

Absurdos tremendos
que quieren
a falta de pruebas
tomemos por dogmas
como irrefutables,

solo…
Porque soy mujer
Porque soy mujer
¡Y solo por eso!

Las voces silenciadas


—poemas feministas— (1985)

12
Trenos

Para el cadáver de un desconocido

Gris semilla de hielo.


Plomizo golpe de bala,
a un tiempo, detuvo
su voz,
su pulso
y su sueño.

ii

Suspensa en el instante
preciso del disparo,
su boca
eternizó el gesto vacío
del grito sin sonido,
en el cero estúpido
infinitamente oscuro
de la muerte.
(Boca abierta de pez sin agua,
Paréntesis en blanco).

13
iii
Con los ojos abiertos
amaneció sobre la grama.
Anónimo, entre las pequeñas
corolas amarillas
y las grandes corolas rojas
de su sangre coagulada.

Amaneció con la mirada fija


en la última estrella,
que se quebró en sus pupilas,
junto al rostro final
relampagueante de odios.

Amaneció cubierto de rocío


—como las flores y la yerba—
inadvirtiendo los trinos.
Picoteada por la metralla,
como fruta inservible
—junto a la basura—
su carne joven y hermosa.

Amaneció con los ojos fríos,


de cara al cielo azul,
un grito hirviente de silencios
congelado en su boca,
y flaméandole entre las manos
una invisible bandera.

14
iv
¿Qué ternura, qué nombre,
qué dulce clave, qué despedida
quedó plasmada
en el silencio abierto
de tus labios rígidos?
¿Qué mensaje, qué denuncia,
qué protesta, qué blasfemia
entre tus dientes amarillos
que ya inician
la desorbitada «O» de la calavera?

Cádaver equis, equis,


entre los miles de ametrallados
en Guatemala,
yo guardaré tu cara
dentro de mi sangre que protesta.
Yo acunaré tu imagen
con mi canción violenta.
Yo cerraré tus ojos
y juntaré tus labios
con mis dos manos tiernas.
Y como una madre nueva
que llega a ti en la muerte,
yo besaré tu frente insomne
para que al fin te duermas,
y en la matriz de tierra,
poco a poco te conviertas

15
en semilla de un niño
que dulcemente sueña
la patria en primavera
y la hace renacer
a su verdor perenne.
Toque de queda —Poesía bajo el
terror— (1999)

16
Epílogo

Yo volvía de lejos / para irme / para irme de nuevo,


y supe así que así es morirse / es irse y queda todo:
es morirse y la Isla / floreciendo / es irse y todo tacto.

Pablo Neruda

A los que vienen detrás


y borran con sus pasos
nuestras huellas,
nuestras voces,
y nuestros nombres,
les recuerdo:

que este mundo


ha sido nuestro,
y antes
de otros,
y de otros
y de otros infinitos
olvidados nombres.

Borradas fechas
de heroísmos
fueron

17
sus historias.
Perdidos pasos
entre el dolor
y el gozo.
Inexistentes
testimonios,
en la fugaz
memoria del tiempo.

Por lo que solo vale:


vivir plenamente:
con amor,
con sueños,
con alegría,
con gozos
y con esperanzas,

o con igual
intensidad
vivir,
cuando llegan:
el dolor,
la angustia,
el miedo,
la cólera,
la soledad
y la desesperanza.

Certezas de estar vivos,


paradójicos claroscuros
que nos rescatan
del bostezo y del hastío.

Frágil como el amor (2008)

18
Margarita
Carrera
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 1996
Canto-lamento

Es una lástima, amigos,


que vengamos de la nada
y a la nada vayamos
sin esperanza.

Una lástima
que seamos dioses
solo por un momento.

Amigos:
traigo la sonrisa a cuestas
y el llanto escondido.
Pero es una lástima
que esto no dure
que pronto no quede
más que el silencio
un poco de polvo oscuro
y de canto-lamento.

Es una lástima
que no tengamos la plena certeza
de ser eternos.

Desde dentro (1964)

20
Como alguien
desesperadamente solo…

Como alguien
desesperadamente solo
sentado en el banco
de una plaza.

Como quien se ha detenido


en su indivisible susto
perseguido de ángeles
y demonios.

Así
el poeta
llora
y habla con Dios
como un maniático
y le cuenta
de la sangre
y del alba.

Habla con los sordos


en su lenguaje mudo
y con las ratas miserables
de la ciudad ensangrentada.

Poemas de sangre y alba (1969)

21
IV

Escribir es como soñar


hacer memorias de uno mismo
pulsiones que nos llevan al fondo de nuestros huesos
rememorar una sonrisa
un cabalgar temblar
dar de alta a la incuria.

Escribir es ser
circunscribir nuestra huella en lo impreciso
dar cuerpo
dar sangre saliva
a nuestro alegato
a nuestro decir
a nuestro gozopadecer.
Los detalles se agigantan
es ahora el cuarto rojo
su luz mortecina
el deseo que es perfil inexcusable
de un tiempo milagrosamente detenido.
Escribir es tocar la vida con los dedos del alma
hacer piruetas para que otros se diviertan
para divertirnos nosotros
juegos inauditos para sentirnos vivos
evocar
estar despiertos pero soñando
traer a cuestas la infancia

22
caer del cielo a la tierra
o del infierno o de la tierra misma
caer a la tierra
codiciar la sangre roja palpitante
de un día de amor
con su cuello alto
y su lenguaje siemprelmismo
estar en la otra orilla
abordar el silencio
llegar a nuestras tenebrosidades
salpicarnos cantando ciegos como Homero.
Dar luz
untar recuerdos sobre el olvido
entrar en la infancia
que retoza
o que se esconde
sombra escuálida del olvido
volver fantástico lo cotidiano
lograr el asombro de sentirnos vivos
exhumar evocar invocar
el universo crece entonces
destartalado e inmenso.

Escribir es hacer hablar a la piedra


transmitir la levadura del dolor
modelar el tiempo espejismo infinito
alguna vez tal vez
el tema nuestra vida
nuestro deseo
nuestra muerte.
Conmovernos ante nuestra nada
y sentirnos dueños de todo.

23
Escribir es derribar ídolos
para querer uno mismo ser ídolo
que también sea derribado
es entrar en la sombra
escoger lo imposible
decir y que la palabra sea a manera de droga
que madure en la latitud del silencio
descifrar lo que súbitamente desaparece
como el amor y la vida
engendrar fábulas
recuperar nuestra inocencia perdida
balbucir
dar frutos amargos y dulces
rechazar los comerciales
y las conferencias doctorales
volar como pájaro
o sentirse hormiga
rana
hipopótamo
abeja.

Escribir es volver a crear


lo que ya ha sido creado
medir el tiempo con el vaso de nuestro dolor
ver la vida como verle la cara a Dios
y no quedar petrificados
o quedar petrificados
sin cifras que nos identifiquen
sin estertor
y pulverizarse.

Escribir es caminar sin brújula


liberarnos del pasado
ser catárticos hedonistas masoquistas sadistas

24
y aún más
en un edén-infierno
en donde nos asimos desesperadamente a la palabra
contradecirse
obligarse
allanarse
perturbar golpear despertar
estorbar el desayuno
estorbarnos y a los demás
conjeturar tropezando contigo
e iniciar el eterno reclamo
y pelearse con Dios
o sencillamente desconocerlo
como Él a nosotros.

Escribir es seguir vivo


retornar
cambiar
hacer actos de magia
aparecer
desaparecer
memorizar el agua
persistir insistir gobernar
entrar en jirones en los rincones de otras almas
buscar
y entre las cosas
encontrarse de pronto con uno mismo
carrito descompuesto
sin ruedas sin timón sin puertas
casi sin carro.

Escribir es hundirse en un tiempo sin retorno


es gozar

25
abatirse
iluminarse
ensombrecerse
oscilar entre la vida y la muerte
descuartizarse
armarse
percibir el canto del ave
en medio de los alaridos del que muere torturado
prefabricar ilusiones
hablar con la nada
volverse pirámide.

Escribir es retorcerse los cabellos absolutos de deseo


es hablar al pueblo que no escucha
o que escupe en tu palabra
es concentrarse para sentirse
pensarse para sentirse
alabarse para sentirse
odiarse para sentirse
tratar de amarse para sentirse.

Escribir es ser memoria de una historia


que nosotros mismos nos hemos inventado
es derribar muros
aunque estos caigan sobre nosotros mismos
desenterrar mitologías
fulminar como un rayo
abrir las ventanas
para el sol el escalofrío la alucinación.

Escribir es rumiar a los descuartizados


probar el sabor de la sangre redentora
sentir su alarido

26
acompañarlos
mirar sus días idos
entrever el abrazo el plato el lecho abandonados.

Escribir es ir al cementerio para saborear la hiedra


entrar en la hoguera y quemarse vivo
llevar la furia
y llorarse con cara angulosa de martirio.

Escribir es por fin soltar la soledad


y tender los brazos
perpetuarse
decir lo que somos y lo que no somos
darnos como pasto
es entrar en el túnel de nuestra alma,
«en todo caso, había un solo túnel, oscuro y
solitario: el mío».

Del noveno círculo (1977)

27
Confirmación

Si alguna vez escribiste


sobre los sueños
y su intrépida actitud perenne.

Si alguna vez descifraste


los enigmas del alma.

Si alguna vez atravesaste


el vasto imperio de la nada.

Si alguna vez deseaste


el miserable y vano aplauso.

Si alguna vez tu corazón


resbaló en oscuros antros.

Si alguna vez oíste


del amor vanos consuelos.

Si alguna vez creíste


en un alto y dorado destino.

Ahora confirmas de nuevo


que eres desastre
y fracaso sombrío.

Sumario del olvido (1994)

28
Poemas de sal y lepra

Cada día el dolor desgarra


acerado y derecho
encerrado en su martillo
ejercitado en sal y lepra.

Cada día Margarita muere


y nace Margarita
para ese corredor de gangrena
de pústulas
de terremotos despavoridos.

Imprecisa y temblando
obcecadamente desamparada
llama al que no responde
al tirano que esconde su furia
en la espuma negra
del silencio.

Cada día es cada día


y se anuncia desde el alba
el terror del inesperado zarpazo
el vendaval que arrasa la esperanza
la máscara desembocando humillaciones
las congeladas lágrimas de abismos siniestros.

29
Cada día nace Margarita
y lamenta tal suceso.
Es mucho, se dice, estar viva
y no soporta el menor ruido,
los cavernosos diarios,
los alaridos, las metrallas
y su alma en pena.

Desprovista del sueño y del reposo


se levanta, con todo, tempestuosa,
desencajada Medea
plena de amor de cementerio
de afilados sinos infatigables
de arrugadas afrentas
de sustanciales vejaciones.

Cada día es cada día


y pareciera una eternidad
sus segundos, sus minutos, sus horas,
y ya es de noche y aún persiste el corazón
y la sangre
y el otoño de inconmovible paso
hacia el invierno.

Cada día empieza el tiempo de ceniza.


El apagado fuego
inicia su recuerdo de resplandor
y es el rostro surcado de arrugas
el pelo entrecano indócil y mustio
la mirada sin destino
el grito que queda inmerso
en cólera y vergüenza.

30
Cada día es cada día para Margarita
ese ser entre millones
que anhela gloria y aplausos
muerte y silencio.
Y se afirma y se niega
y se levanta y cae.
Testimonian las manos su congoja.

Ahora la soledad crece


y el silencio
y tiene miedo.
Pero el amor, dice,
está aquí
y se lo saca sangrante del pecho.

Eso —quizá— la sostiene


para continuar
cada día con el dolor
acercado y derecho
encerrado en su martillo
ejercitado en sal y lepra.

Alguien la quiere convencer


que la vida vale
que su juego siniestro
no existe.

Trata de tragarse tal aseveración


al día siguiente la vomita
está repleta de sal y lepra
de dolor gratuito.

Iracundiae dea (2008)

31
Ana María
Rodas
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2000
Lavémonos el pelo
y desnudemos el cuerpo.

Yo tengo y tú también
hermana
dos pechos
y dos piernas y una vulva.

No somos criaturas
que subsisten con suspiros.

Ya no sonriamos
ya no más falsas vírgenes.

Ni mártires que esperan en la cama


el salivazo ocasional del macho.

Poemas de la izquierda erótica (1973)

33
Un demonio igual al tuyo me recorre en el día
y se enrosca sobre mi lado izquierdo
cuando en cualquier momento mi cuerpo busca
incrustarse en el sueño.
Es un demonio absurdo, cínico, violento
que se tiñe de azul, de verde o de morado
igual al tuyo.
Solo que tiene pechos.

Cuatro esquinas del juego de una muñeca (1978)

34
Después, un lector desprevenido o La Crítica
divina madre que todo lo disecta
dirán que era fácil, que escribir así no era más
que un
trasladar al papel la serie de locos pensamientos.

Pero ni el lector ni La Crítica sabrán qué cantidad


de angustia, de dolor, de desesperanza
qué necesidad de asirme a algo
cuando escribí estas cosas.

El fin de los mitos y los sueños (1984)

35
A la hora justa en que Orfeo descendía nervioso
tú, en tu computadora
perdías otro poco tu condición de ser humano.
Mariana iba saliendo de la gelatinosa consistencia
del miedo
sin saber si escoger
entre el mito
la cibernética
o ella
en su simple jean y su suéter viejo
con el rubio pelo oliendo a humo, a perfume francés
a hastío
a deseo.

La insurrección de Mariana (1993)

36
La vida no me lo permite

Yo sé que debería estar escribiendo


sobre temas luctuosos o cuando menos serios
sobre ese invierno que quiere sentárseme en el pecho
Que tendría que contar en vez de historias
terribles amarguras postreras
o aquellas manchas que auguré en su día y que llegaron
puntuales
Pero es que la vida es una pulpa jugosa azucarada
que te induce a morderla cada día
La vida es un juego de nubes y de sol
es una estrella que arde violenta y se me ajusta
en el vientre
cuando sospecha que se acerca un pensamiento mustio
Con ese fuego instalado en mis entrañas
resulta muy difícil hablar de la partida
no se puede pensar en los sepulcros
ni se presume un viaje al cementerio
La vida es una fruta suntuosa en la que es fácil perderse
cuando hay intención premeditada
de gozar los días los amigos los libros
la familia el chocolate las flores del jardín los perros
y los gatos

Esta desnuda playa (2015)

37
Isabel de los Ángeles
Ruano
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2001
Torre de abanicos

Estamos en la tarde.
Despierto de la siesta
nuevamente mi mente
transita y circula
por sobre la Gran Avenida.

Y traigo un río de ilusiones


en el corazón
¿oiremos la radio?
Sí.
Descansemos del bullicio
trepidante del día.

Sí.
Deseo salir, moverme,
sentir dentro de mí
correr todo el bullicio
trepidante de la ciudad.
—¿Vamos a un café?—
Bebamos un café
al aire libre
tomemos café express.

Respiro.
Me encuentro de nuevo
en la alameda.

39
Son esos altos árboles
que me vieron pasar.

Aquí existe una fuente,


es suave y rumorosa.
Hay paz y mansedumbre.
Es la tarde tranquila.
Viene el bus suburbano
y sobre el Gran Boulevard
un café al aire libre.

Aquí está el café.


Está un tanto alejado
del bullicio mundano.

Este es realmente
un día cualquiera.
Lo sé. Pero es un día alegre
mi corazón te anhela
te espero y tú no vienes.

—Café Express, por favor—


sí, beberé una taza
de humeante café.
Adivino que vienes
que tu sombra me sigue,
que tu voz que me quema,
me habla suavemente.

Que tu recuerdo recorta


a la tranquila tarde
¿Vienes?
Bebe conmigo una taza
de Café Express

40
y contemplas la tarde
y besas tiernamente
mi boca.

Es tarde de domingo.
Bien lo sé. Has venido.
Oigamos la radio
con suaves melodías.
Y la radio irradia
una honda alegría
contenida en mi pecho.

—Café Express, por favor—


mientras tanto, la tarde
abandera mi pecho
al calor de tu risa.

Café Express (2002)

41
Silencios inexpresables

Cordillera de sueños alta torre


precipitada en las columnas de la tarde.
Cual acordeón mi corazón te ama
y explota junto a ti con mis canciones.
Se elevan cometas en la tarde
y resplandece el templo de mi amor
con su cúpula de ensueño bajo los cielos.
Conmigo estás hoy. Vibra la tarde.
Atardecer soleado enhebra los sueños
tejados y solemnes misterios
ventanas entreabiertas
plazoletas desnudas
colina de estas calles, puente alegre,
griterío del día prodigioso.
Silencios tuyos inexpresables, dulces.

Extravagante soy
y sonámbula perdida en el centro de la ciudad
sonriendo en la vía de los semáforos
tremenda estación del día
calles y avenidas urbanas y ruidosas
camino sobre el cemento. Grito. Río.

42
Soy hija de las locas turbulencias de la ciudad
soy hija del pavimento,
yo soy la que atraviesa las avenidas solas
alejada y temible
yo soy la paseante solitaria
que corre en las arterias del bullicio
feliz, feliz de transitar por las calles,
alegre, alegre de peregrinar
entre callejuelas y avenidas
contemplando los templos y la vida.

Versos dorados (2006)

43
Catedral de la nada

Voy caminando en un silencio largo de sombras


soy una turbación del ánimo
soy toda la soledad llena de rejas
soy la catedral de la nada sin religión, sin fe.

Soy un camino que no tiene altar


soy capilla sin íconos sagrados
soy la soledad, el vacío, el silencio.

Tan solo soy la muerte


en este cementerio de mis sueños sin luz.

Y estoy orando en esta catedral de la nada


sin altares, sin flores, sin las velas sagradas.

Soy sollozo desnudo


soy la muerte vacía
y estoy a la sombra de los días impíos
de diabólicas fuerzas voy huyendo y no soy.

En tanto respiro el olor de la cera


son ritos de la muerte
que se van disolviendo
disolución del yo ante la tumba inerte
son volutas de fuego quemadas con incienso
catedral de la nada sin porvenir, sin Dios.

44
Torres de piedra bajo el sol de la tarde
catedral de recuerdos donde amanece el tiempo
catedral por donde abro las puertas del enigma
y no soy porque soy disolviéndome en la nada
disolución total de mi yo ya quebrado.

Catedral de silencio
catedral de altas torres metálicas con relojes
y bruma
catedral de la nada, silenciosa y sombría
ataúd de la tarde, despierto, rutilante.

Catedral de la nada tan llena de la muerte


cual mausoleo solo sin futuro y sin vida.
Catedral de la nada
con solo una flor roja
temblando en sus paredes
mirando hacia el cielo marchita
y dolorida…

Poemas grises (2010)

45
Obsesión

Torturante y maldita obsesión de las horas


espíritu de mi yo sin recuerdos y triste.

Soy lo perecedero, lo efímero.


Soy la vida transitoria que es solo un suspiro.
Soy el soplo del tiempo sobre el olvido anclado.
Soy el hálito de la vida en los pulmones llenos.
El espíritu del ser, la nada, el tiempo,
soy tatuaje de llama sobre este cuerpo claro.
Soy deseo sin velos, abierto y extendido
soy la nada, el anhelo y los sueños despiertos.

Ansiedad por tu ser palpitante y amado.


Radiante fulguración en mi memoria eres
con torres y huracanes y tempestad y rayos.

Como soy para ser y siendo en siempre


amor carcomido sin esperanza y solo.

Obsesión por tu ser


ser de horas perdidas.

Solo soy transitoria en los ejes del día


y presiento la agónica trascendencia del aire.

46
No soy más que un instante entre tú y yo.
Solo eso.
No soy sonrisa en tus labios.
Yo sé que no soy nadie para ti. Yo lo sé.
Mientras tú eres obsesión en mi ser.

Poemas grises (2010)

47
Mi corazón, un perro ciego

Así es mi corazón
un perro ciego
doméstico y sencillo
habita una dimensión
de relojes y de péndulo
de escaleras y viejos muebles.

Vive entre anticuarios


y música antigua
con soberbia de vitrinas,
de peces de colores
y cristales manchados.
Es mi corazón
un perro ciego que ama
en tardes de galopes melancólicos
y horas arrinconadas.

Así crecen mis anhelos


caracoles de ternura sobre escombros
ternura terriblemente rara
como los besos largos tuyos y míos
en la penumbra
besos tras las persianas
largos y silenciosos.

48
Y se oyen canciones lánguidas
son dulces melodías
que se filtran extrañas
son viejos discos y besos olvidados.

Y siento tu boca alegre,


alegría, clara alegría
que vuela como beso
y abre tu risa loca.
Alegría con deseos de ayeres
de nuncas y de siempres
que me invaden coronados
de sueños y terciopelo
sinfonía nueva para tus besos
amor que te ama
con todo mi corazón
que es perro ciego.

El perro ciego (2021)

49
Carmen
Matute
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2015
Autorretrato

Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.
Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada

Poeta solo (1986)

51
Nocturno

No hay lágrimas.

Hay tan solo la fuerza


de la rosa incorrupta en el florero
y el latido
apenas.

Intemporal, el silencio me rodea,


angustioso lenguaje
que se extiende
desde una esquina hasta la otra
en esta habitación a la deriva,
tan llena de ti, de tu presencia.

Has vencido otra vez, al día,


pero llega la noche
y debemos inventar
de nuevo la esperanza.
Próxima, leve,
tu respiración de pájaro
me alerta
en la más inocente de mis noches:
vas desdibujándote

52
en busca de la luz
y tienes un aire de lejana ausencia.

Bajo la sombra interminable de la muerte,


tu aliento,
tu mirada que se apaga lentamente
ante el enigma.

Casa de piedra y sueño (1997)

53
Propuesta del higo

Te propongo
la dulzura del higo,
su carne sonrosada,
replegada y húmeda
como un animal marino.

Goza el misterio de este fruto,


su textura de molusco,
su íntimo tamaño.
Tersa,
su pulpa
apremiará el deseo
de tu lengua.

Te propongo
las delicias del higo.
Muerde su violado,
desamparado centro,
prueba de nuevo —empecinado—
su carne
que guarda mieles y diluvios.

Las delicias y dulzura del higo


—pequeño y desbordado—
tan solo te propongo.
Que tu boca profunda

54
se demore
en el dulzor secreto,
que asalte con lentitud
su carne desvelada.

Deja que a tu paladar


traiga la memoria
de sabores primitivos.

En el filo del gozo (2002)

55
Ciudad del dolor

condenada a mi ciudad
a vivir entre sus muros agónicos
entre su nocturna ebriedad
escucho las voces de la furia
cincelándola,
abrasándola,
acurrucándose
en los quicios de las puertas,
en sus parques tristes,
en su indescifrable vocación de violencia
voces del ayer, del hoy/ahora,
marejada de voces
atravesando calles
dejando tras de sí las horas desoladas

mi pobre ciudad amada


amanece entre quiebracajetes azules
como una adolescente atolondrada
y permanece en la cárcel del llanto
cautiva
desterrada de sí misma
mi Guatemala de las Angustias

56
sin ángeles que la cuiden
toda silencio
toda fuego
crecida día a día en mis pupilas

Vida insobornable (2004)

57
Este corazón que late...

A golpes
de huesos desnudos
—oleaje al amanecer
de carne plena y labios incendiados—
con la desesperación
de la llama
he amado.

El fuego de la orgía
he desencadenado
en bocas imprevistas,
voluptuosas,
embriagada
con el olor a manzanas
de los cuerpos
tendidos a la primavera;
jugando al amor alucinado, ebrio,
he amado en noches
llenas de miedo
y frío,
en la orfandad
y el desasosiego
¡a zarpazos
he amado!
Mas el amor hondo
y callado

58
con su melancolía
de jazmín bajo la luna
solo una vez vino a tocar este corazón
con su velado rostro,
este corazón lacerado
por un dolor de puñal
hundido en pecho blando.

¡Una vez tan solo!


Sepultó el amor
su luz dorada
en este corazón
que late aún,
habitado por la certeza
de una pena oscura.

Que te llamen hoguera (2015)

59
Delia
Quiñónez
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2016
Ultramar

Yo estoy tan perdido como dije: he llorado hasta aquí a


otros; haya misericordia ahora el cielo y lloré por mí la
tierra.

Cristóbal Colón
Carta de relación del cuarto viaje

[…] y desde entonces le pusieron nombre de Tonatió,


que quiere decir el Sol o Hijo del Sol y así le llamaron de
allí en adelante.

Bernal Díaz del Castillo


Verdadera y notable relación del descubrimiento y
conquista de la Nueva España y Guatemala

[…] procuraba dar a entender a los indios lo mucho en


que tenían su paz y amistad y el galardón que habrían si
la conservaban con lealtad […].

Fray Pedro Aguado


Conquista del Nuevo Reino de Granada

61
Cronista
Avanzábamos
con una espada en el vientre
y tres carabelas
vacías de agua dulce.

El camino
era una curva vertical
en sal de antiguas evidencias:
ella anudó su eternidad
y nosotros las amarras de su fuego.

(El mar era una esquina


de gris inevitable).

Travesía

¿Dónde la brújula
de aquella sed salobre?

¿Dónde la cuadratura
que resuelve el enigma?

¿Dónde el destino
para agobiar la eternidad
que se mueve
en serpientes de ola
y de tormenta?

62
Vigilia
Cristóbal
rescata la vigilia al horizonte
y muerde su pluma
de cronista improvisado.

—Razón de sueño
dirá la espuma
nostálgica de espacio;
—razón de Estado
dirá Isabel
desde su celosía
de mediaslunas irredentas.

Cronista

Avanzábamos en vela
de frente
o contra el viento
que vulnera los mástiles
con veladuras de ácidos presagios.

Avanzábamos:
un sol de tempestades
viaja embotellado
atenido
a la redondez cambiante
del mundo y de la ola.

63
Islas afortunadas
Ahora
las islas afortunadas,
el agua dulce
la alquimia del verde
la opacidad del polen negro;
la savia
para avivar el sueño,
la gota de miel
en las gargantas;
el susurro del tiempo
en las colmenas.

Ahora
el perfil del rocío
en la memoria.

(después
Castilla y su estandarte)

Tierra

El sol
rompe su círculo.

Pedernales de cristal
dominan el silencio
sobre la algarabía de las velas
y el paisaje
eternamente próximo.

64
Distantes
—historia o ráfaga oscura—
los pájaros
construyeron catedrales
en la vieja sequía de ultramar
ahora alargan sus alas
en pirámides
de vértigo
hacia el cielo.

Ahora
se sublevan las velas
frente al sol
desvaído en los pájaros;
en el tiempo del iris
duplicado en los cerros
y en los tréboles deshojados
con un sabor ardiente
parecido al rocío.

¡Oh victoria del ansia


desde la curva vertical de la ola
hasta la tierra
que tiembla por primera vez
en la entraña y la piel!

Cronista

Tocábamos el cielo
con los poros del asombro.

65
Truenos indescifrables
nos llenaron los ojos
y el vacío de tierra
que traían nuestros tímpanos viejos.

(Ciertamente
el color de su piel
era un topacio extraño
entre el brillo del ojo
y la sonrisa).

Ellos,
habitantes de túneles extraños
sabían medir el tiempo
en las estrellas;
con nosotros aprendieron
que el reloj retrocede
con un filo de espadas
en el vientre
y huracanes que barren,
de golpe,
la memoria.

Espejitos

Es vender dos veces


la misma enredadera
o empezar
la cuenta al infinito.

66
Por eso retornan las naves:
es preciso volver sobre la ruta
y traer
entre el puño y la alforja
la misma enredadera,
el mismo sol en la botella;
la misma tempestad
vuelta brisa
a fuerza de mirarla
en un espejo.

Espada en tierra

Más honda y vertical


que la ola
primeriza en el tiempo
se hundió la espada en la tierra.
Olvidaron la eternidad
de las estelas
y las cresterías
que besaron el cielo
surcando escalinatas
de ciencia irrepetible.

Dejaron bajo el árbol de Ixquic


las siete calaveras de
ultramar
y las siete virtudes con las que el ángel
de la bola de oro
empeña su palabra.

67
Negaron la sabia geometría
de los templos
la fragancia suspendida
en las flores de jade
y las palabras del glifo
que rumiaba silencios.

Más honda y vertical


que la ola primeriza
cayó la espada
sobre los hombres
que dieron redondez
al círculo eterno de la
tierra.

Hijo del sol

Turbio de soles
desenvuelve su melena
de rayo y tempestad.
El férreo estandarte
sacude entraña y virgo
de lunas primigenias
e hilvana terremotos
desde la última sima
donde Abel recupera
la quijada del buey
y los frutos ambiguos de la muerte.

Turbio de soles
—cometa vulnerable—
usurpa el fuego de los dioses

68
para quemar a los dioses
que tienen en sus llagas
testimonio
del fuego de su paso.

¡Oh capitán
de mástiles violentos:
dura entraña se quema
en el sol de tu nombre
y por tu nombre,
capitán de ira impostergable,
de amarilla crin rebelde
que ruge en el rojo
de todas las colinas
de sangre indescifrada!

Tatuaje
Ahora,
en la piel,
el surco de ultramar
sembrado en esta esquina
de verde inescrutable.
Tatuaje en la memoria.
Espuma que se encrespa
En la estela donde duermen
las viejas historias de los astros
con la misma eternidad
de las tinieblas.

Esmeril en la piel
guarda grabada la consigna

69
acerca del tiempo,
la ola
y el silencio.
Tatuaje y surco
solamente quedaron
en guardia desde el cielo
esperando que la tierra
se vuelva redonda nuevamente.

Verbo y cruz

Hay un prodigio de gozo


en nuestra lengua:
un gozoso misterio en retomar
el trino
el vuelo del ángel
la oración del juglar
el verbo
el ruido quebrado de las olas;
la cresta eriza
de los amaneceres
la tibieza del pan
entre azahares.

Hay una cruz de prodigio


nublada de ultramar,
de fuego eternizado
en la corteza de los códices
y en la piel de los hombres
que aprendieron a contar el tiempo
en las estrellas.

70
Prodigio cruzado de palabras
para empezar de nuevo
el recuento olvidado de los siglos.

Credo y códice

Alas de clarinero
sobre la rubia crin.
Catedrales y pirámides
ángeles y estelas
en la doble proa
de canoa y carabela.

Tierra y mar
sobre el credo y el códice,
fragua y fuego
del esperma y la savia.

Ritmo y tiempo
—cruz y piedra—
sostienen la curva interminable
llegada de ultramar.

Otro Pedro

Pedro susurra
—campanita en mano—
que las puertas del cielo
han dejado su llave
en tierra firme:

71
siempre fue más dúctil
al temblor que asciende
del vientre a la garganta.
Cubrió de campanitas
su vía crucis,
los ingenuos belenes,
el humilde esquisúchil
de su patio trasero
y el frío que socava los altares.

Isla afortunada
la arena de ultramar
que cubre su sonrisa.

Otra vez espejito

Reverdece
intermitente
la misma enredadera:
la cuenta al infinito
de ida y de regreso
en la misma orilla de la ola
que se niega al retorno.

Por los siglos de los siglos


la espuma es un espejo roto
donde la brisa arrecia
en tempestades
después del anclaje de la nave
y anterior a la vela
que se agota.

72
Volvemos
espejito,
a mirarnos el rictus duplicado
y a vendernos dos veces
la misma enredadera.

Retorno

Quinientos años después


la brújula vacila todavía.

La ola es la misma curva vertical


donde el moho y la historia
inscriben su silencio
con cien mil púas
de ceniza y espuma.

Aquí el color,
el grano prodigioso
los abismos oscuros
del iris en los pechos,
la esencial arboladura
para entender la eternidad;
el místico roce de las sementeras,
la música en el árbol
que perfuma los pros;
el colibrí gigante,
el vértigo que anuncia
la altura milenaria;
el ala suave
del ángel prehistórico.

73
Aquí la redondez definitiva.
Quinientos años después
el sol retorna embotellado
y vacía de imperios
la redondez quemante de su curva.

Cronista

Ahora
retomemos
la curva del tiempo.
Después
recordaremos
la eternidad.

Ultramar (1991)

74
Misiva de Pandora

Dioses queridos:

No olvido que turbios


—como siempre—
me enviaron a la tierra
encubierta de dones, astucias y belleza;
y que veleidosos
—como siempre—
me dieron órdenes claras
de no abrir jamás la famosa cajita.

Pero yo, la dotada con todas las gracias,


jamás ignoré que ustedes
—turbios y veleidosos—
me hacían instrumento de rencores antiguos
y que males eternos llevaba entre las manos.

Entonces
un día en que la tierra soñaba con trascender
más allá del deseo de los dioses,
con ojos inocentes miré hacia el Olimpo,
abrí la cajita
y terminé para siempre con ustedes.

75
(Por demás les digo
que ni la esperanza quedó en la cajita
porque solo ustedes creyeron en ella
cuando turbios y veleidosos
me hicieron instrumento de sus males)

Rituales sobre la piel (2007)

76
Eco que recuerda
A Francisco, Julio Fausto, Roberto,
Antonio, Luis Alfredo y José Luis,
poetas de Nuevo Signo

Soy rumor de ola y huella sobre el espejo:


anclas movedizas con las que penetro
en este túnel huidizo y frágil que me invade.

Soy, en esa esquirla de tiempo


que estalla con angustia de vuelo,
un eco que recuerda
—de pie, frente al espejo—
la marea de los siglos
la eterna fuga de pájaros y peces
la indolente
suave calma
de los relojes sin cuerda.

Soy porque recuerdo


y me agoto en la espuma
de muchos mares antiguos
de rutas pasajeras
de pasos y sombras
que cruzan mis orillas.

Ola y espejo
cuajan sobre la superficie
de mis horas vividas
con rumor de agua leve
o grito de tempestad encarcelada.

77
Soy porque recuerdo.
Porque en mis espejos se dilatan
los relámpagos que ardieron
en medio de cálices
y vientos generosos;
porque en ellos tiembla la luz y se duplica
ajena a mi rostro que proclama
la carrera del tiempo.

Ola y espejo admiten mis silencios


y trepan —luctuosos—
sobre la primavera
que dejé empañada en un recodo sin nombre.

Soy
en la lentitud de mi memoria
un pez
que invade las algas
para tatuar de nuevo sus aletas;
un filo de navaja
que intentaba hilvanar la distancia
con el viento
y la última nave de Ulises irredento.

Ola y espejo
donde quedan mis heridas,
mis campanas en vuelo
mis ojos
y mis manos en silencio;
mi tacto abarcador
mis pies de barro
y esa irremediable
manía de soñar
donde me abismo

78
para entender los aromas
el sabor de la sal,
el rebrote de los amaneceres
o las pruebas nucleares que anticipan
el próximo desastre.

Soy
porque el polvo ha penetrado
en todas las rendijas
desde donde acostumbro
descubrir el mundo;
porque transito
transida de huellas
y de signos silvestres.

Ola y espejo
quiebran su andar
en la nemorosa ruta donde habita
mi alegría triunfal
mis ecos sin respuesta.

Soy un resquicio de tiempo


en esta ola
que retuerce su cuello
de cisne enardecido
para mirar
entre la sal y el cielo
su rostro congelado
en un espejo
de undívagas llanuras;
ojo eterno
donde se queman

79
—a sol abierto—
los minutos que tengo
entre las manos.

Pedernales de cristal / Cantos rodados (2018)

80
Al margen de la poesía

Supe entonces que el gran poeta y el mal poeta,


ambos tienen el mismo sufrimiento, la misma alegría,
el mismo triunfo o la misma derrota.
La diferencia estriba en encontrar la expresión debida.
Algunos, solo balbuceamos…

Antonio Brañas

Eterna buscadora de cárceles, la poesía.


Su voz
presa en la palabra,
en el ritmo,
en el aleteo incesante
y turbio de la idea.

¡Cuán libre su fragancia


suspendida en cráteres lozanos,
en penachos de temblorosa epifanía;
en vírgenes burbujas
donde el agua
aquieta el torrente
que luego devendrá en rocío!

81
Resuelta a la búsqueda
de cedazos donde el alfa y la omega
entretejen sus redes luminosas,
en ellos despeñó el grácil sueño
que el hombre acostumbraba detener
entre la lógica, la niebla o el espanto.

La poesía estuvo siempre


más allá del hombre y su frontera:
parpadeaba entre el sollozo de cada era glaciar;
reinaba, abrupta y hostil,
en la epidermis de los dinosaurios prehistóricos
y en la flama de los dragones sonámbulos.

Pero la poesía también huyó del paraíso:


se abrazó —alucinada—
al tembloroso pecado de la carne
y anduvo
—tiempo y tiempos bíblicos multiplicados—
buscando la mazmorra,
el temple del acero con que Moisés
y Salomón
y el divino David
sacudieron su esplendor,
en piedra, hoja y cítaras celestes.

¡Cuán libre es su luz


en el radiante despertar de la razón;
en el ópalo sombrío de las tardes con duda
y aún en la tiniebla memorable
del odio, la ira y el rencor!
Luz precipitada entre la reja y el acoso
con el que Homero se abría,
como un ancho río de deltas infranqueables,

82
para apretar entre su dulce lengua
el griterío que Héctor retuvo en las retinas.

En miles y miles de escamas de sirena


se enredó la poesía:
¡laberinto de laberintos
que nunca más reencontró
la punta del ovillo!

¡Cuán libre la ternura


que engalana un vientre madurado!
La que cincela a fuego y hierro
el desgarrado grito del exilio;
la que unge con piadosa bondad
la mano que mendiga
un pan, una sonrisa, una estrella.
Ternura,
torrente,
dimensión agónica,
la poesía se fuga en pos de la palabra:
cárcel, reja,
fértil colmena de los trinos de Juan
y de Teresa la docta.
¡Vaso y vino que adelgazaron la sed,
la delirante costra reseca de La Mancha!

Eterna buscadora de cárceles, la poesía.

Transitaba, feliz, entre el iris;


dormía —trémula—
en la alcoba del niño y la doncella,
en el tálamo de circunvalación intermitente;
se posaba en el dolor del hombre
que pierde las batallas;

83
en el ultraje que acecha
la dignidad
la luz,
el aire de los pueblos.

¡Cuán libre el torrente que se fuga


hacia la cárcel de márgenes darianas;
oprimido,
titila en la hierba que rumia el viejo Whitman;
encerrado, prisionero del llanto,
su torrente arrebata
la recia coraza
de aquel César de Césares andino.
Legendario corcel que arde
sobre archipiélagos donde Pablo, el hombre,
derrama relámpagos de luz por sus cuatro costados,
por su única herida!

Eterna buscadora de cárceles, la poesía.

Agua de sed inacabable,


hormiga que trepa en el silencio
de ácidos recuerdos.

Libre su cauce entre la piel gastada de las piedras.


huidiza constelación
que la mano del hombre rompe
a fuerza de invocar
la sabia eternidad de la lechuza.

¡Cuán libre el manantial


donde tiende su faz
de cuadratura equivocada!
Qué insondable precipicio.

84
La cárcel donde Miguel,
el Miguel de los olivos, la cabra y la boñiga
encerró la leche cuaja —cortada— de su luna.
¿En qué frontera de espanto o dulce miel
cayó la flor
que Antonio y Federico hurtaban a la tierra?
Cárcel el surco donde sus voces
de cristal y barro
prendieron banderillas de sangre hacia el silencio.

¡Cuán libre la libertad


que Obregón, Arango y Aguilera
tomaron por los cuernos!
Elixir, Pedro a Secas
en la herida que un rayo
con cinco siglos viejos
abrió bajo el negro costado de los cerros.

Eterna buscadora de cárceles, la poesía.

Breve, etérea presa


que los Brañas
retienen en las manos.
La que Francisco enmascara
bajo un sonsonete
que desgarra campanas.

¡Cuán libre la tempestad


que corre en pos de la palabra!
Eternidad,
misterio,
moho desmemoriado,
larga risa que oprime el canto de los ángeles.

Pedernales de cristal / Cantos rodados (2018)

85
Contenido

Advertencia..................................................................... 5

Luz Mendez de la Vega

Díptico ante el espejo...................................................... 7


Tema bíblico................................................................... 9
Porque soy mujer........................................................... 11
Trenos........................................................................... 13
Epílogo.......................................................................... 17

Margarita Carrera
Canto-lamento.............................................................. 20
Como alguien desesperadamente solo…....................... 21
IV.................................................................................. 22
Confirmación............................................................... 28
Poemas de sal y lepra..................................................... 29

Ana María Rodas

[Lavémonos el pelo]...................................................... 33
[Un demonio igual al tuyo me recorre en el día]........... 34
[Después, un lector desprevenido o La Crítica]............ 35
[A la hora justa en que Orfeo descendía nervioso]....... 36
La vida no me lo permite.............................................. 37
Isabel de los Ángeles Ruano

Torre de abanicos.......................................................... 39
Silencios inexpresables.................................................. 42
Catedral de la nada........................................................ 44
Obsesión....................................................................... 46
Mi corazón, un perro ciego........................................... 48

Carmen Matute

Autorretrato.................................................................. 51
Nocturno...................................................................... 52
Propuesta del higo......................................................... 54
Ciudad del dolor........................................................... 56
Este corazón que late..................................................... 58

Delia Quiñónez

Ultramar....................................................................... 61
Misiva de Pandora......................................................... 75
Eco que recuerda........................................................... 77
Al margen de la poesía.................................................. 81
Editorial Cultura / Dirección General de las Artes
Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala
Marzo de 2022

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