Nuestras Huellas Nuestras Voces y Nuestros Nombres 1 1
Nuestras Huellas Nuestras Voces y Nuestros Nombres 1 1
Denise Phé-Funchal
Directora de Editorial Cultura
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Selección
Paola Méndez-Mor eno
In memoriam de Luz Méndez de la Vega, por su in-
cansable reivindicación femenina.
Paola Méndez-Moreno
5
Luz Méndez
de la Vega
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 1994
Díptico ante el espejo
Te hice y te deshice
sin querer
—manzana y serpiente—
puse delante de ti
el horror,
la espada de fuego
que te expulsó
del paraíso inocente
de los ángeles ambisexos.
¿Crimen o milagro?
Te hice a mi imagen
como a Dios
—Luzbel rebelde
a todo fatal destino—
pero, yo…
yo no era Dios
y entre mis manos
—inconstante barro—
ni fuiste tú
ni yo,
sutil caricatura
enamorada de su reflejo.
7
ii
También te odié y amé
como odio y amo
mi imagen en el espejo.
Te cubrí de insultos
y de besos.
Me eché a tus pies
como una perra buena
o una alfombra servil,
mientras que,
angélicalmente,
me trituraba el paso firme
de tus zapatos
que destilaban tinta y letras
—retórica de moda—
sobre la sangre cierta
de mi pasión suicida.
Pero… yo,
yo, también,
¡no lo niego!
alcancé a darte
feroces mordiscos
en los talones.
8
Tema bíblico
9
teléfono, supermercado,
fregadero y escoba,
más oficina, libros
y compromisos,
frente al cazador que regresa
«de ganarse el pan
con el sudor de su frente»
bailo, canto y río
para entretenerlo
—no solo con cuentos—
condenada a morir
—como Scherezada—
a su menor signo de fastidio.
10
Porque soy mujer
Tú me quieres alba
me quieres de espuma
me quieres de nácar
que sea azucena
sobre todas casta.
Alfonsina Storni
11
darme aureola santa
o palma de mártir.
Absurdos tremendos
que quieren
a falta de pruebas
tomemos por dogmas
como irrefutables,
solo…
Porque soy mujer
Porque soy mujer
¡Y solo por eso!
12
Trenos
ii
Suspensa en el instante
preciso del disparo,
su boca
eternizó el gesto vacío
del grito sin sonido,
en el cero estúpido
infinitamente oscuro
de la muerte.
(Boca abierta de pez sin agua,
Paréntesis en blanco).
13
iii
Con los ojos abiertos
amaneció sobre la grama.
Anónimo, entre las pequeñas
corolas amarillas
y las grandes corolas rojas
de su sangre coagulada.
14
iv
¿Qué ternura, qué nombre,
qué dulce clave, qué despedida
quedó plasmada
en el silencio abierto
de tus labios rígidos?
¿Qué mensaje, qué denuncia,
qué protesta, qué blasfemia
entre tus dientes amarillos
que ya inician
la desorbitada «O» de la calavera?
15
en semilla de un niño
que dulcemente sueña
la patria en primavera
y la hace renacer
a su verdor perenne.
Toque de queda —Poesía bajo el
terror— (1999)
16
Epílogo
Pablo Neruda
Borradas fechas
de heroísmos
fueron
17
sus historias.
Perdidos pasos
entre el dolor
y el gozo.
Inexistentes
testimonios,
en la fugaz
memoria del tiempo.
o con igual
intensidad
vivir,
cuando llegan:
el dolor,
la angustia,
el miedo,
la cólera,
la soledad
y la desesperanza.
18
Margarita
Carrera
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 1996
Canto-lamento
Una lástima
que seamos dioses
solo por un momento.
Amigos:
traigo la sonrisa a cuestas
y el llanto escondido.
Pero es una lástima
que esto no dure
que pronto no quede
más que el silencio
un poco de polvo oscuro
y de canto-lamento.
Es una lástima
que no tengamos la plena certeza
de ser eternos.
20
Como alguien
desesperadamente solo…
Como alguien
desesperadamente solo
sentado en el banco
de una plaza.
Así
el poeta
llora
y habla con Dios
como un maniático
y le cuenta
de la sangre
y del alba.
21
IV
Escribir es ser
circunscribir nuestra huella en lo impreciso
dar cuerpo
dar sangre saliva
a nuestro alegato
a nuestro decir
a nuestro gozopadecer.
Los detalles se agigantan
es ahora el cuarto rojo
su luz mortecina
el deseo que es perfil inexcusable
de un tiempo milagrosamente detenido.
Escribir es tocar la vida con los dedos del alma
hacer piruetas para que otros se diviertan
para divertirnos nosotros
juegos inauditos para sentirnos vivos
evocar
estar despiertos pero soñando
traer a cuestas la infancia
22
caer del cielo a la tierra
o del infierno o de la tierra misma
caer a la tierra
codiciar la sangre roja palpitante
de un día de amor
con su cuello alto
y su lenguaje siemprelmismo
estar en la otra orilla
abordar el silencio
llegar a nuestras tenebrosidades
salpicarnos cantando ciegos como Homero.
Dar luz
untar recuerdos sobre el olvido
entrar en la infancia
que retoza
o que se esconde
sombra escuálida del olvido
volver fantástico lo cotidiano
lograr el asombro de sentirnos vivos
exhumar evocar invocar
el universo crece entonces
destartalado e inmenso.
23
Escribir es derribar ídolos
para querer uno mismo ser ídolo
que también sea derribado
es entrar en la sombra
escoger lo imposible
decir y que la palabra sea a manera de droga
que madure en la latitud del silencio
descifrar lo que súbitamente desaparece
como el amor y la vida
engendrar fábulas
recuperar nuestra inocencia perdida
balbucir
dar frutos amargos y dulces
rechazar los comerciales
y las conferencias doctorales
volar como pájaro
o sentirse hormiga
rana
hipopótamo
abeja.
24
y aún más
en un edén-infierno
en donde nos asimos desesperadamente a la palabra
contradecirse
obligarse
allanarse
perturbar golpear despertar
estorbar el desayuno
estorbarnos y a los demás
conjeturar tropezando contigo
e iniciar el eterno reclamo
y pelearse con Dios
o sencillamente desconocerlo
como Él a nosotros.
25
abatirse
iluminarse
ensombrecerse
oscilar entre la vida y la muerte
descuartizarse
armarse
percibir el canto del ave
en medio de los alaridos del que muere torturado
prefabricar ilusiones
hablar con la nada
volverse pirámide.
26
acompañarlos
mirar sus días idos
entrever el abrazo el plato el lecho abandonados.
27
Confirmación
28
Poemas de sal y lepra
Imprecisa y temblando
obcecadamente desamparada
llama al que no responde
al tirano que esconde su furia
en la espuma negra
del silencio.
29
Cada día nace Margarita
y lamenta tal suceso.
Es mucho, se dice, estar viva
y no soporta el menor ruido,
los cavernosos diarios,
los alaridos, las metrallas
y su alma en pena.
30
Cada día es cada día para Margarita
ese ser entre millones
que anhela gloria y aplausos
muerte y silencio.
Y se afirma y se niega
y se levanta y cae.
Testimonian las manos su congoja.
31
Ana María
Rodas
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2000
Lavémonos el pelo
y desnudemos el cuerpo.
Yo tengo y tú también
hermana
dos pechos
y dos piernas y una vulva.
No somos criaturas
que subsisten con suspiros.
Ya no sonriamos
ya no más falsas vírgenes.
33
Un demonio igual al tuyo me recorre en el día
y se enrosca sobre mi lado izquierdo
cuando en cualquier momento mi cuerpo busca
incrustarse en el sueño.
Es un demonio absurdo, cínico, violento
que se tiñe de azul, de verde o de morado
igual al tuyo.
Solo que tiene pechos.
34
Después, un lector desprevenido o La Crítica
divina madre que todo lo disecta
dirán que era fácil, que escribir así no era más
que un
trasladar al papel la serie de locos pensamientos.
35
A la hora justa en que Orfeo descendía nervioso
tú, en tu computadora
perdías otro poco tu condición de ser humano.
Mariana iba saliendo de la gelatinosa consistencia
del miedo
sin saber si escoger
entre el mito
la cibernética
o ella
en su simple jean y su suéter viejo
con el rubio pelo oliendo a humo, a perfume francés
a hastío
a deseo.
36
La vida no me lo permite
37
Isabel de los Ángeles
Ruano
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2001
Torre de abanicos
Estamos en la tarde.
Despierto de la siesta
nuevamente mi mente
transita y circula
por sobre la Gran Avenida.
Sí.
Deseo salir, moverme,
sentir dentro de mí
correr todo el bullicio
trepidante de la ciudad.
—¿Vamos a un café?—
Bebamos un café
al aire libre
tomemos café express.
Respiro.
Me encuentro de nuevo
en la alameda.
39
Son esos altos árboles
que me vieron pasar.
Este es realmente
un día cualquiera.
Lo sé. Pero es un día alegre
mi corazón te anhela
te espero y tú no vienes.
40
y contemplas la tarde
y besas tiernamente
mi boca.
Es tarde de domingo.
Bien lo sé. Has venido.
Oigamos la radio
con suaves melodías.
Y la radio irradia
una honda alegría
contenida en mi pecho.
41
Silencios inexpresables
Extravagante soy
y sonámbula perdida en el centro de la ciudad
sonriendo en la vía de los semáforos
tremenda estación del día
calles y avenidas urbanas y ruidosas
camino sobre el cemento. Grito. Río.
42
Soy hija de las locas turbulencias de la ciudad
soy hija del pavimento,
yo soy la que atraviesa las avenidas solas
alejada y temible
yo soy la paseante solitaria
que corre en las arterias del bullicio
feliz, feliz de transitar por las calles,
alegre, alegre de peregrinar
entre callejuelas y avenidas
contemplando los templos y la vida.
43
Catedral de la nada
44
Torres de piedra bajo el sol de la tarde
catedral de recuerdos donde amanece el tiempo
catedral por donde abro las puertas del enigma
y no soy porque soy disolviéndome en la nada
disolución total de mi yo ya quebrado.
Catedral de silencio
catedral de altas torres metálicas con relojes
y bruma
catedral de la nada, silenciosa y sombría
ataúd de la tarde, despierto, rutilante.
45
Obsesión
46
No soy más que un instante entre tú y yo.
Solo eso.
No soy sonrisa en tus labios.
Yo sé que no soy nadie para ti. Yo lo sé.
Mientras tú eres obsesión en mi ser.
47
Mi corazón, un perro ciego
Así es mi corazón
un perro ciego
doméstico y sencillo
habita una dimensión
de relojes y de péndulo
de escaleras y viejos muebles.
48
Y se oyen canciones lánguidas
son dulces melodías
que se filtran extrañas
son viejos discos y besos olvidados.
49
Carmen
Matute
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2015
Autorretrato
Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.
Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada
51
Nocturno
No hay lágrimas.
52
en busca de la luz
y tienes un aire de lejana ausencia.
53
Propuesta del higo
Te propongo
la dulzura del higo,
su carne sonrosada,
replegada y húmeda
como un animal marino.
Te propongo
las delicias del higo.
Muerde su violado,
desamparado centro,
prueba de nuevo —empecinado—
su carne
que guarda mieles y diluvios.
54
se demore
en el dulzor secreto,
que asalte con lentitud
su carne desvelada.
55
Ciudad del dolor
condenada a mi ciudad
a vivir entre sus muros agónicos
entre su nocturna ebriedad
escucho las voces de la furia
cincelándola,
abrasándola,
acurrucándose
en los quicios de las puertas,
en sus parques tristes,
en su indescifrable vocación de violencia
voces del ayer, del hoy/ahora,
marejada de voces
atravesando calles
dejando tras de sí las horas desoladas
56
sin ángeles que la cuiden
toda silencio
toda fuego
crecida día a día en mis pupilas
57
Este corazón que late...
A golpes
de huesos desnudos
—oleaje al amanecer
de carne plena y labios incendiados—
con la desesperación
de la llama
he amado.
El fuego de la orgía
he desencadenado
en bocas imprevistas,
voluptuosas,
embriagada
con el olor a manzanas
de los cuerpos
tendidos a la primavera;
jugando al amor alucinado, ebrio,
he amado en noches
llenas de miedo
y frío,
en la orfandad
y el desasosiego
¡a zarpazos
he amado!
Mas el amor hondo
y callado
58
con su melancolía
de jazmín bajo la luna
solo una vez vino a tocar este corazón
con su velado rostro,
este corazón lacerado
por un dolor de puñal
hundido en pecho blando.
59
Delia
Quiñónez
Premio Nacional de Literatura
«Miguel Ángel Asturias» 2016
Ultramar
Cristóbal Colón
Carta de relación del cuarto viaje
61
Cronista
Avanzábamos
con una espada en el vientre
y tres carabelas
vacías de agua dulce.
El camino
era una curva vertical
en sal de antiguas evidencias:
ella anudó su eternidad
y nosotros las amarras de su fuego.
Travesía
¿Dónde la brújula
de aquella sed salobre?
¿Dónde la cuadratura
que resuelve el enigma?
¿Dónde el destino
para agobiar la eternidad
que se mueve
en serpientes de ola
y de tormenta?
62
Vigilia
Cristóbal
rescata la vigilia al horizonte
y muerde su pluma
de cronista improvisado.
—Razón de sueño
dirá la espuma
nostálgica de espacio;
—razón de Estado
dirá Isabel
desde su celosía
de mediaslunas irredentas.
Cronista
Avanzábamos en vela
de frente
o contra el viento
que vulnera los mástiles
con veladuras de ácidos presagios.
Avanzábamos:
un sol de tempestades
viaja embotellado
atenido
a la redondez cambiante
del mundo y de la ola.
63
Islas afortunadas
Ahora
las islas afortunadas,
el agua dulce
la alquimia del verde
la opacidad del polen negro;
la savia
para avivar el sueño,
la gota de miel
en las gargantas;
el susurro del tiempo
en las colmenas.
Ahora
el perfil del rocío
en la memoria.
(después
Castilla y su estandarte)
Tierra
El sol
rompe su círculo.
Pedernales de cristal
dominan el silencio
sobre la algarabía de las velas
y el paisaje
eternamente próximo.
64
Distantes
—historia o ráfaga oscura—
los pájaros
construyeron catedrales
en la vieja sequía de ultramar
ahora alargan sus alas
en pirámides
de vértigo
hacia el cielo.
Ahora
se sublevan las velas
frente al sol
desvaído en los pájaros;
en el tiempo del iris
duplicado en los cerros
y en los tréboles deshojados
con un sabor ardiente
parecido al rocío.
Cronista
Tocábamos el cielo
con los poros del asombro.
65
Truenos indescifrables
nos llenaron los ojos
y el vacío de tierra
que traían nuestros tímpanos viejos.
(Ciertamente
el color de su piel
era un topacio extraño
entre el brillo del ojo
y la sonrisa).
Ellos,
habitantes de túneles extraños
sabían medir el tiempo
en las estrellas;
con nosotros aprendieron
que el reloj retrocede
con un filo de espadas
en el vientre
y huracanes que barren,
de golpe,
la memoria.
Espejitos
66
Por eso retornan las naves:
es preciso volver sobre la ruta
y traer
entre el puño y la alforja
la misma enredadera,
el mismo sol en la botella;
la misma tempestad
vuelta brisa
a fuerza de mirarla
en un espejo.
Espada en tierra
67
Negaron la sabia geometría
de los templos
la fragancia suspendida
en las flores de jade
y las palabras del glifo
que rumiaba silencios.
Turbio de soles
desenvuelve su melena
de rayo y tempestad.
El férreo estandarte
sacude entraña y virgo
de lunas primigenias
e hilvana terremotos
desde la última sima
donde Abel recupera
la quijada del buey
y los frutos ambiguos de la muerte.
Turbio de soles
—cometa vulnerable—
usurpa el fuego de los dioses
68
para quemar a los dioses
que tienen en sus llagas
testimonio
del fuego de su paso.
¡Oh capitán
de mástiles violentos:
dura entraña se quema
en el sol de tu nombre
y por tu nombre,
capitán de ira impostergable,
de amarilla crin rebelde
que ruge en el rojo
de todas las colinas
de sangre indescifrada!
Tatuaje
Ahora,
en la piel,
el surco de ultramar
sembrado en esta esquina
de verde inescrutable.
Tatuaje en la memoria.
Espuma que se encrespa
En la estela donde duermen
las viejas historias de los astros
con la misma eternidad
de las tinieblas.
Esmeril en la piel
guarda grabada la consigna
69
acerca del tiempo,
la ola
y el silencio.
Tatuaje y surco
solamente quedaron
en guardia desde el cielo
esperando que la tierra
se vuelva redonda nuevamente.
Verbo y cruz
70
Prodigio cruzado de palabras
para empezar de nuevo
el recuento olvidado de los siglos.
Credo y códice
Alas de clarinero
sobre la rubia crin.
Catedrales y pirámides
ángeles y estelas
en la doble proa
de canoa y carabela.
Tierra y mar
sobre el credo y el códice,
fragua y fuego
del esperma y la savia.
Ritmo y tiempo
—cruz y piedra—
sostienen la curva interminable
llegada de ultramar.
Otro Pedro
Pedro susurra
—campanita en mano—
que las puertas del cielo
han dejado su llave
en tierra firme:
71
siempre fue más dúctil
al temblor que asciende
del vientre a la garganta.
Cubrió de campanitas
su vía crucis,
los ingenuos belenes,
el humilde esquisúchil
de su patio trasero
y el frío que socava los altares.
Isla afortunada
la arena de ultramar
que cubre su sonrisa.
Reverdece
intermitente
la misma enredadera:
la cuenta al infinito
de ida y de regreso
en la misma orilla de la ola
que se niega al retorno.
72
Volvemos
espejito,
a mirarnos el rictus duplicado
y a vendernos dos veces
la misma enredadera.
Retorno
Aquí el color,
el grano prodigioso
los abismos oscuros
del iris en los pechos,
la esencial arboladura
para entender la eternidad;
el místico roce de las sementeras,
la música en el árbol
que perfuma los pros;
el colibrí gigante,
el vértigo que anuncia
la altura milenaria;
el ala suave
del ángel prehistórico.
73
Aquí la redondez definitiva.
Quinientos años después
el sol retorna embotellado
y vacía de imperios
la redondez quemante de su curva.
Cronista
Ahora
retomemos
la curva del tiempo.
Después
recordaremos
la eternidad.
Ultramar (1991)
74
Misiva de Pandora
Dioses queridos:
Entonces
un día en que la tierra soñaba con trascender
más allá del deseo de los dioses,
con ojos inocentes miré hacia el Olimpo,
abrí la cajita
y terminé para siempre con ustedes.
75
(Por demás les digo
que ni la esperanza quedó en la cajita
porque solo ustedes creyeron en ella
cuando turbios y veleidosos
me hicieron instrumento de sus males)
76
Eco que recuerda
A Francisco, Julio Fausto, Roberto,
Antonio, Luis Alfredo y José Luis,
poetas de Nuevo Signo
Ola y espejo
cuajan sobre la superficie
de mis horas vividas
con rumor de agua leve
o grito de tempestad encarcelada.
77
Soy porque recuerdo.
Porque en mis espejos se dilatan
los relámpagos que ardieron
en medio de cálices
y vientos generosos;
porque en ellos tiembla la luz y se duplica
ajena a mi rostro que proclama
la carrera del tiempo.
Soy
en la lentitud de mi memoria
un pez
que invade las algas
para tatuar de nuevo sus aletas;
un filo de navaja
que intentaba hilvanar la distancia
con el viento
y la última nave de Ulises irredento.
Ola y espejo
donde quedan mis heridas,
mis campanas en vuelo
mis ojos
y mis manos en silencio;
mi tacto abarcador
mis pies de barro
y esa irremediable
manía de soñar
donde me abismo
78
para entender los aromas
el sabor de la sal,
el rebrote de los amaneceres
o las pruebas nucleares que anticipan
el próximo desastre.
Soy
porque el polvo ha penetrado
en todas las rendijas
desde donde acostumbro
descubrir el mundo;
porque transito
transida de huellas
y de signos silvestres.
Ola y espejo
quiebran su andar
en la nemorosa ruta donde habita
mi alegría triunfal
mis ecos sin respuesta.
79
—a sol abierto—
los minutos que tengo
entre las manos.
80
Al margen de la poesía
Antonio Brañas
81
Resuelta a la búsqueda
de cedazos donde el alfa y la omega
entretejen sus redes luminosas,
en ellos despeñó el grácil sueño
que el hombre acostumbraba detener
entre la lógica, la niebla o el espanto.
82
para apretar entre su dulce lengua
el griterío que Héctor retuvo en las retinas.
83
en el ultraje que acecha
la dignidad
la luz,
el aire de los pueblos.
84
La cárcel donde Miguel,
el Miguel de los olivos, la cabra y la boñiga
encerró la leche cuaja —cortada— de su luna.
¿En qué frontera de espanto o dulce miel
cayó la flor
que Antonio y Federico hurtaban a la tierra?
Cárcel el surco donde sus voces
de cristal y barro
prendieron banderillas de sangre hacia el silencio.
85
Contenido
Advertencia..................................................................... 5
Margarita Carrera
Canto-lamento.............................................................. 20
Como alguien desesperadamente solo…....................... 21
IV.................................................................................. 22
Confirmación............................................................... 28
Poemas de sal y lepra..................................................... 29
[Lavémonos el pelo]...................................................... 33
[Un demonio igual al tuyo me recorre en el día]........... 34
[Después, un lector desprevenido o La Crítica]............ 35
[A la hora justa en que Orfeo descendía nervioso]....... 36
La vida no me lo permite.............................................. 37
Isabel de los Ángeles Ruano
Torre de abanicos.......................................................... 39
Silencios inexpresables.................................................. 42
Catedral de la nada........................................................ 44
Obsesión....................................................................... 46
Mi corazón, un perro ciego........................................... 48
Carmen Matute
Autorretrato.................................................................. 51
Nocturno...................................................................... 52
Propuesta del higo......................................................... 54
Ciudad del dolor........................................................... 56
Este corazón que late..................................................... 58
Delia Quiñónez
Ultramar....................................................................... 61
Misiva de Pandora......................................................... 75
Eco que recuerda........................................................... 77
Al margen de la poesía.................................................. 81
Editorial Cultura / Dirección General de las Artes
Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala
Marzo de 2022