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CONSERVANDO LA SANIDAD
¿Qué son las heridas del alma?
Muchos han identificado las heridas del alma como las huellas que han dejado en el corazón las ofensas, los
maltratos o el rechazo de otras personas; algo así como comparar las dolencias físicas a sufrimientos emocionales.
La Biblia le llama a esto los dolores o dolencias del alma (Salmos 103:2-3).
En el alma residen los pensamientos, las emociones y la voluntad. Por tanto, toda herida afecta esas tres áreas. A)
Tu mente: pues piensas mal de ti mismo o de otros; B) Tus emociones: pues te sientes rechazado, culpable, solo,
caes fácilmente en depresión o amargura. C) Tu voluntad: porque te lleva a hacer cosas que tú no quieres y te
haces daño a ti, a otros, y algunas veces a los que más quieres.
El verdadero origen de las heridas
Las heridas del alma son resultado de una mala reacción ante las ofensas o rechazos. Como humano siempre
estarás expuesto a ofensas de parte de otros. Pero es tu reacción ante estas ofensas lo que te dañará y te herirá.
El Apóstol Pedro lo escribió así: ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño si vosotros seguís el bien? (1 Pedro
3:13).
Tu debes ser responsable de mantenerte sano y sin heridas en tu alma. Al igual que con tu cuerpo, eres el único
responsable de conservar saludable tu alma. Tu responsabilidad consiste en creer y obedecer a Dios. Creer quién
eres tu, en Cristo (tu identidad no la pierdas). Obedecerle significa, aprender a perdonar, bendecir, honrar, soportar
y amar a tu prójimo.
Lo que Jesús nos enseñó
Jesús nos enseñó la forma de mantenernos sanos. En ningún momento nos ofreció que nadie nos ofendería.
Todos estamos constantemente expuestos a ofensas o rechazos; “Porque todos ofendemos muchas veces” dice:
Santiago 3:2. Por el contrario, Jesús nos enseñó a afrontar situaciones difíciles y a salir como vencedores de ellas.
Como alguien dijo: No podemos evitar que llueva, pero si podemos evitar mojarnos.
Jesús dijo: “No resistáis al que es malo, antes a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la
otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica déjale también la capa, y a cualquiera que te obligue a
llevar por una milla, ve con él dos. (Mt 5:38-41).
En otras palabras, Jesús nos enseñó a vencer con el bien el mal. La clave está en no resistir al malo. “Resistir” es
oponerse o volverse en contra de alguien.
Resistimos al malo cuando, movidos por nuestro orgullo, le respondemos, lo ofendemos o le “pagamos con la
misma moneda”. Pensamos que le estamos resistiendo cuando no perdonamos y guardamos rencor. Pero la
verdad es que si queremos ser libres de verdad y vivir con el amor, gozo y paz de Dios en nuestros corazones,
debemos de eliminar de nuestras vidas todo rencor y debemos de aprender a perdonar todos los días, a todas las
personas que nos hagan daño, NO importa cuán grande sea la ofensa, déjaselo todo a Dios.
Repasemos de nuevo el versículo y veremos que aquí se mencionan tres acciones que nos pueden lastimar, y se
nos explica también como debemos reaccionar ante esas acciones.
1. “Antes a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” Esto es cuando alguien nos hiere
emocionalmente. Jesús nos dijo que le diéramos a esa persona la otra mejilla, y que no devolvamos mal por
mal, ya que devolver a otro la herida que nos hizo solo aumentará el dolor en ti y en los demás. Esto es como
enredarse en un círculo vicioso y de maldición, que debe de ser cortado por una de las dos personas que
fueron expuestas a la ofensa. Obedecer a Jesús en no devolver el daño, hará que El ponga una especie de
escudo alrededor de ti y así tu alma NO estará expuesta al sufrimiento.
2. “ Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica déjale también la capa” Esto es cuando alguien quiera
pelear, acusándonos, criticándonos, murmurando de nosotros, o cuando alguien quiere abusar de tus derechos.
Jesús nos manda a no resistirle sino a renunciar a nuestros derechos y ceder. En otras palabras, cuando
alguien nos maldice debemos bendecirlo, venciendo así con el bien el mal. Jesús mandó que fuéramos
pacíficos en medio de las contiendas.
3. “ Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” Jesús nos manda a no oponernos a
aquella persona que actúa en contra de nosotros, Jesús nos manda a amar a esa persona y haciendo el bien
seguramente será quebrantada y no solo evitaremos el mal propio sino que ganaremos a esa otra persona para
Cristo.
Como dice: Efesios 4:31-32 “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdono a
vosotros en Cristo”.
El ejemplo de Jesús
Jesús no enseño nada que El mismo no hiciese. El fue maltratado y ofendido como ninguna otra persona en la
historia humana. Sobre El se descargó toda ira y rencor, todo deseo de dañarlo y ofenderlo. Pero Jesús nunca
devolvió mal por mal, ni insulto por insulto. El soportó las burlas, los rechazos, los golpes y aun así pudo pedirle a
Dios “ Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34).
Nadie ha sufrido más que Jesús, y nadie conoce más la plenitud de la Paz, que El mismo. El conoce tus
sufrimientos, El mismo padeció tus dolores y sufrió el castigo para que pudieras tener paz, El te comprende en
cada padecimiento y se identificó contigo sufriendo El mismo tus heridas. Pero El mismo nos ha enseñado a
conservar un alma saludable. El no sólo logró tu libertad, también te enseña a disfrutarla. Gózate en ella, deja a la
gente que te ha hecho en donde deben estar… En tu pasado. No voltees para atrás. Y bendice solamente.
EN DIOS HAREMOS PROEZAS