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Los Ordenes de La Ayuda 1

El documento habla sobre tres órdenes de la ayuda según Bert Hellinger. El primer orden significa dar sólo lo que se tiene y esperar sólo lo que se necesita. El segundo orden significa someterse a las circunstancias externas e internas. El tercer orden significa que el ayudador se presente como un adulto igual para rechazar intentos de colocarlo en el papel de padre.
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Los Ordenes de La Ayuda 1

El documento habla sobre tres órdenes de la ayuda según Bert Hellinger. El primer orden significa dar sólo lo que se tiene y esperar sólo lo que se necesita. El segundo orden significa someterse a las circunstancias externas e internas. El tercer orden significa que el ayudador se presente como un adulto igual para rechazar intentos de colocarlo en el papel de padre.
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Los órdenes de la ayuda

Índice
Los órdenes de la ayuda .................................................................................................................3
Aprender a crecer: la ayuda ...........................................................................................................6
Amor ..............................................................................................................................................8
La consulta .....................................................................................................................................9
Entrevista ....................................................................................................................................9
Cuando empieza a hablar .......................................................................................................... 10
Posibles soluciones ................................................................................................................... 11
Diferencias básicas entre consultantes ...................................................................................... 12

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Los órdenes de la ayuda
Según Bert Hellinger

 Primer orden de la ayuda


El primer orden de la ayuda significa, por tanto, que uno sólo da lo que tiene, y sólo
espera y toma lo que realmente necesita.
El primer desorden en la ayuda comienza cuando uno pretende dar lo que no tiene y otro
quiere tomar lo que no necesita. O cuando uno espera y exige de otro lo que este no le
puede dar porque no lo tiene. O también, cuando uno no debe dar, ya que asumiría en
lugar de otro algo que solo este puede o debe llevar o hacer. Así, pues, el dar y el tomar
tienen límites. Percibir esos límites, y respetarlos, forma parte del arte de la ayuda.
Esta ayuda es humilde; muchas veces, ante determinadas expectativas, o también ante el
dolor, renuncia a ayudar. Lo que este paso exige, tanto de la persona que ayuda como de
quien busca ayuda en ella, se nos muestra claramente en el trabajo con Constelaciones
Familiares. Esta humildad y esta renuncia contradicen muchos conceptos convencionales
de la ayuda adecuada y frecuentemente exponen al ayudador a graves reproches y
ataques.

 El segundo orden de la ayuda


Por una parte, la ayuda está al servicio de la supervivencia, y por la otra sirve al desarrollo
y al crecimiento. Supervivencia, desarrollo y crecimiento dependen de circunstancias
especiales, tanto externas como internas. Muchas circunstancias externas nos vienen
dadas y no son modificables, por ejemplo una enfermedad hereditaria o también las
consecuencias de determinados sucesos, o de una culpa propia o ajena.
Si la ayuda pasa por alto, o no quiere admitir, las circunstancias externas, queda
destinada al fracaso. Esto se aplica aun más a las Circunstancias de carácter interno.
Entre ellas cuentan la misión personal concreta y especial, las implicaciones en destinos
de otros miembros de la familia, y el amor ciego que, bajo la influencia de la conciencia,
sigue sujeto al pensamiento mágico. En cada caso concreto esto significa algo ya descrito
en detalle en mi libro "Cadenas del amor", capítulo "Del cielo que enferma y la tierra que
sana"
A muchos ayudadores puede parecerles duro el destino de otro y desearan modificarlo.
Pero muchas veces no porque el otro lo necesite o desee, sino porque a ellos mismos les
resulta difícil so-portar este destino. Cuando el otro, a pesar de todo, se deja ayudar por
ellos no es tanto por su propia necesidad, sino por su deseo de ayudar a los ayudadores.
Así, esta ayuda se convierte en un tomar, y el aceptar la ayuda, en un dar.
El segundo orden de la ayuda significa, por tanto, que uno se somete a las circunstancias,
y solo interviene hasta donde ellas lo permitan. Esta ayuda se contiene y tiene fuerza.
El desorden en la ayuda sería aquí negar o tapar las circunstancias en lugar de
afrontarlas junto con la persona que busca ayuda. La pretensión de ayudar en contra de
estas circunstancias debilita tanto al ayudador como a la persona que espera la ayuda.
Lo mismo le ocurre a la persona a quien se le ofrece ayuda, e incluso a quien se ve
obligado a aceptarla. La imagen primaria de la es la relación entre padres e hijos, sobre
todo, entre la madre y el hijo. Los padres dan y los hijos toman. Los padres son grandes,
superiores y ricos; los hijos son pequeños, necesitados y pobres. Pero dado que padres e

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hijos se aman profundamente, el dar y el tomar entre ellos puede ser casi ilimitado. Los
hijos pueden esperar de sus padres casi todo. Los padres están dispuestos a darles casi
todo a sus hijos. En la relación entre padres e hijos, las expectativas de los hijos y la
disposición de los padres de satisfacerlas son necesarias y, por tanto, buenas. Pero solo
son buenas mientras los hijos sean pequeños. A mayor edad de los hijos, los padres les
ponen límites en los que pueden experimentar fricciones y también madurar. En este
caso, ¿Son los padres menos amorosos con sus hijos? ¿Serían mejores padres si no les
pusieran límites? ¿O es que justamente así se muestran como buenos padres, exigiendo
de sus hijos algo que los prepara para la vida como adultos? Muchos hijos se enfadan con
sus padres, porque preferirían conservar la dependencia original. Pero justamente en esta
contención que frustra las expectativas de sus hijos, los padres les ayudan a liberarse de
la dependencia para, paso a paso, actuar bajo su propia responsabilidad. Solo así los
hijos asumen su lugar en el mundo de los adultos y, de personas que toman, pasan a ser
personas que dan.

 El tercer orden de la ayuda


Muchos ayudadores, por ejemplo en psicoterapia o en servicios sociales, ante personas
que buscan ayuda, creen que deberían ayudarles como algunos padres lo hacen con sus
hijos. Por otra parte, muchas personas que buscan ayuda esperan que los ayudadores se
dirijan a ellos como padres a sus hijos, para así recibir de ellos lo que de sus padres
siguen esperando o exigiendo.
¿Que ocurre cuando los ayudadores responden a estas expectativas? Se embarcan en
una larga relación. ¿Y dónde lleva esta relación? Los ayudadores acaban en la misma
situación que los padres en cuyo lugar se colocaron con su deseo de ayudar de esta
forma. Paso a paso tienen que poner límites o frustrar a aquellos que buscan ayuda.
Así, los clientes muchas veces desarrollan hacia los ayudadores los mismos sentimientos
que antes albergaban hacia los padres. De esta manera, los ayudadores que se situaron
en el lugar de los padres o incluso pretendían ser los mejores padres, en los ojos de los
clientes acaban siendo iguales que sus padres.
Muchos ayudadores permanecen atrapados en la transferencia y contratransferencia del
hijo a los padres, dificultando a los clientes la despedida de sus padres y también de ellos
mismos. Al mismo tiempo, una relación según el ejemplo de la transferencia hijopadres
también obstaculiza el desarrollo y la maduración personal del ayudador. Lo explicare en
un ejemplo:
Cuando un hombre joven se casa con una mujer mayor, muchos reciben la imagen de
que está buscando sustituir a su madre. ¿Y qué busca ella? A un sustituto de su padre.
Lo mismo se da también a la inversa. Cuando un hombre mayor se casa con una chica
joven, muchos dicen que ella se ha buscado un sustituto de su padre. ¿Y él? Ha buscado
sustituir a su madre. Es decir, por muy extraño que suene, quien se mantiene largamente
en una position superior e Incluso la busca e intenta conservarla, se niega a ocupar su
lugar de igual a igual entre adultos.
No obstante, existen situaciones en las que durante un breve tiempo resulta beneficioso
que un ayudador represente a los padres, por ejemplo cuando es necesario que el
movimiento amoroso, Interrumpido a una edad temprana, sea retomado y completado.
Sin embargo, a diferencia de la transferencia hijo-padres, los ayudadores representan
aquí a los padres verdaderos, sin pretender sustituirlos como si fueran una mejor madre o
un padre mejor. Por eso, los clientes tampoco necesitan desligarse de ellos. Los
ayudadores mismos los conducen a sus padres verdaderos. Así, ambas partes
permanecen libres.
Lo mismo se aplica a la ayuda para niños. Cuando los ayudadores sólo representan a los
padres, los clientes pueden sentirse cobijados con los ayudadores, ya que no pretenden

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ocupar el lugar de los padres. El tercer orden de la ayuda significa, por tanto, que ante un
adulto que acude en busca de ayuda, el ayudador se presente también como adulto. De
esta forma rebate los intentos de colocarlo en el papel de madre o de padre. Es
comprensible que muchos reciban esto como dureza y lo critiquen. Paradójicamente, esta
"dureza" se clasifica como arrogancia aunque, bien mirado, en una transferencia
hijopadre, el ayudador es mucho más arrogante.
Cuando un niño pequeño no pudo estar con la madre o el padre, aunque los hubiera
necesitado urgentemente y anhelara volver con ellos -por ejemplo en caso de una
estancia prolongada en el hospital- el anhelo del niño se convierte en dolor,
desesperación y rabia. A partir de esta experiencia, el niño se retira de los padres y, más
tarde, también de otras personas, aunque anhele estar con ellas. Estas secuelas de una
interrupción temprana del movimiento amoroso se superan retomando el movimiento
original y completándolo. En este caso, el ayudador representa a la madre o al padre de
17aquel entonces, y el cliente, como el niño de entonces, puede llevar a cabo el
movimiento interrumpido en aquel momento.
El desorden en la ayuda consiste aquí en permitir que un adulto demande al ayudador tal
como un niño lo hace con sus padres, y permitirle al ayudador tratar al cliente como si
fuera un niño, asumiendo en su lugar asuntos cuyas responsabilidades y consecuencias
únicamente puede y debe asumir él.
El reconocimiento de este tercer orden de la ayuda marca la diferencia más profunda
entre el trabajo con Constelaciones Familiares y la Psicoterapia convencional.

 El cuarto orden de la ayuda


Bajo la influencia de la Psicoterapia clásica, muchos ayudadores tratan al cliente como si
fuera un individuo aislado. También caen con facilidad en el peligro de la transferencia
hijo-padres.
Sin embargo, el individuo es parte de una familia. Solo cuando el ayudador lo percibe
como parte de su familia, también percibe a quien necesita el cliente y a quien, quizá, le
debe algo. Si el ayudador ve a la persona junto con sus padres y antepasados, quizá
también con su pareja y sus hijos, lo percibe tal como es en realidad. Así también percibe
y comprende quien es, en esta familia, la persona que necesita primero su respeto y su
ayuda; a quien se ha de dirigir el cliente para darse cuenta cuales son los pasos
decisivos, y darlos. Es decir, la empatía del ayudador ha de ser menos personal y, sobre
todo, mas sistémica. No se establece ninguna relación personal con el cliente. Este sería
el cuarto orden de la ayuda.
Aquí, el desorden en la ayuda sería no mirar ni reconocer a otras personas decisivas que,
por así decirlo, tienen en sus manos la clave para la solución. Entre ellos cuentan, sobre
todo, aquellos que fueron excluidos de la familia porque, por ejemplo, son considerados
una vergüenza para ella.
También aquí existe el peligro de que el cliente reciba esta empatía sistémica como
dureza, sobre todo aquel que aborda a sus Ayudadores con demandas infantiles. En
cambio, quien busca ayuda de una forma adulta, recibe este procedimiento sistémico
como fuente de fuerza.

 El quinto orden de la ayuda


El trabajo de Constelaciones Familiares une aquello que antes estaba separado. En este
sentido se halla al servicio de la reconciliación, sobre todo, con los padres. A ella se
opone la distinción entre miembros buenos y malos de la familia, tal y como la establecen
muchos ayudadores bajo la influencia de su conciencia y de la opinión pública, igualmente

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condicionada por los límites de dicha conciencia. Así, por ejemplo, cuando un cliente se
queja de sus padres o de las circunstancias de su vida o de su destino, y cuando el
ayudador adopta como propia esta visión del cliente, más bien se encuentra al servicio del
conflicto y de la separación que de la reconciliación. Por tanto, la ayuda al servicio de la
reconciliación. Por tanto es posible para quien inmediatamente da un lugar,en su corazón,
a la persona de la cual el cliente se queja. De esta manera, el ayudador anticipa aquello
que el cliente aun tiene que lograr.
El quinto orden de la ayuda sería, pues, el amor a toda persona tal como es, por mucho
que se diferencie de mí. De esta manera, el ayudador abre su corazón para el otro. Se
convierte en una parte suya. Y lo que se ha reconciliado en su corazón, también puede
reconciliarse en el sistema del cliente.
El desorden en la ayuda sería aquí juzgar al otro; en la mayoría de los casos esto
equivale a una sentencia, y la consecuente indignación desde la moral. Quien realmente
ayuda, no juzga.

Aprender a crecer: la ayuda


Ayudar, es una actitud especial.
Tiene que ver con la ayuda como profesión y no con la ayuda interpersonal.
La primera se distingue porque es un arte: “saber hacer”, por lo tanto hay que saber hacer
y no dejarse involucrar.
Hacer lo que el otro necesite para actuar, no hacer más de lo que puedo (no sustituir a los
padres), ni dar más de lo que el otro necesita.
Significa otra cosa, y eso provoca resistencia.
Significa: Estar en concordancia.
La tarea del representante permite sacar a la luz muchas cosas.
Lo que le ocurre al representante, yo mismo me comporto como representante, siento lo
de él y lo de la persona a la que él representa.
Así, saco a la luz algo que estaba oculto.
Si alguien más tiene que entrar se sabe así, lo pongo enfrente y vemos qué pasa, qué los
une, qué los separa…y espero.
A veces la solución no está; lo dejo.
Si no, hago una intromisión en el Alma.
Lo importante es iniciar el crecimiento. Dar un paso es suficiente.

El trabajo me permite crecer, aprender con cada trabajo.


El problema nace cuando intentamos ayudar a un grande y nos ponernos por encima,
muchos que ayudan se ponen por encima del cliente.
El que ayuda debe honrar a los padres del cliente.
El que ayuda se contiene y lo que debe hacer es poner al cliente en una correcta relación
con sus padres y retirarse.
La persona arrogante que quiere ayudar, el mismo se mantiene superior ante sus padres.
Por eso, sólo puede ayudar cuando él mismo ante sus padres es pequeño la honra.
Cuando el terapeuta honra a los padres del cliente, les da a ellos la fuerza para el cliente.
No se pone por encima de ellos, no los rebaja y no pierde fuerzas.
Si en el cliente veo a sus padres, los respeto y acompaño al cliente al encuentro.
Muchos excluyen al padre, se comportan como “madres” y así el padre se convierte en un
rival.

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La relación terapéutica es madre-hijo, si lleva al padre en su corazón y lo respeta, ya no
es maternal con el cliente, es más “bajito” pero tiene más fuerza y puede acompañarlo
hacia el encuentro con ambos.
Si yo encuentro “horrible lo que le ocurrió”, ellos se ponen más débiles.
La compasión, no permite la ayuda.
Dios, si existe, ¿lo encontraría horrible?
¿Nosotros pretendemos ser mejores?

La lástima es un reproche a Dios o al Destino y no sirve para trabajar.


Qué significa “separación”.
Si uno ve todo y reconoce la realidad tal como es, a veces se reconoce como puerta y
entonces puede manejar algo…
Si no, es muy superficial.
El trabajo se desarrolla entre adultos, nadie es superior, nadie es menor, juntos nos
expusimos, por lo tanto no hay relación terapéutica transferencial, yo estoy libre y tú de
mi.
Ambos libres y enriquecidos.
Cada uno tiene fuerza para poner en marcha lo posible y dejar atrás los deseos ilusorios
propios y del otro.

Esto no es psicoterapia, es un servicio a la vida tal como es.


Cuando algo me cuesta en el otro, búscalo primero en ti, y luego vuelvo a mirar al
cliente y su destino y me inclino.
Por ejemplo, ver la muerte del otro y asentir.
No me interpongo entre el cliente y su destino.
Estoy en concordancia con él y él se hace cargo tomando el camino que corresponde.
La muerte es aquello que completa, que lleva a la plenitud –Ella es Grande- la miramos y
nos giramos de manera que ella quede atrás (sino debilita) la dejamos detrás y nosotros
miramos a la vida.

Hasta que punto nos obliga y hace posible el crecimiento personal.


Uno es como un policía de tránsito, enseña cuál es la dirección a tomar, vemos a todos.
Si sólo veo lo que el cliente quiere que vea, caemos en la trampa.
En cuanto tomo partido, ya no podemos ayudar, estamos perdidos.
Sólo cuando todos son respetados con sus implicaciones y su destino especial.
Sólo el Amor que reconoce todo tal como es, puede ayudar a que al final reconcilie
aquello que era opuesto
.
Ayudar es un arte, es creación.
Esta ayuda se diferencia del otro tipo de ayuda que aprendimos, donde en el fondo uno se
inmiscuye en los secretos del Alma, curioseando, diagnosticando, probando un método.
Cuando uno quiere ayudar con intención, no puede ayudar.
¿Y dónde queda el Alma? El alma se retira .

Esto significa caminar con el ALMA.


Diferenciar entre “el bien y el mal”, es una barrera para ayudar, si lo soltamos estamos al
servicio de la Paz.

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Amor
Por una parte, el amor es simple, porque tienen que ver con un vínculo (hijospadres,
relaciones de pareja, Padre-hijo). En esto el amor fluye de un lado a otro y cumple
nuestras necesidades más profundas, por eso es tan importante. Al mismo tiempo
estamos separados de otros.
A veces los “ayudadores” se vinculan con el cliente y el cliente a ellos (semejante a la
relación entre padres e hijos o pareja), esto no es una verdadera ayuda.
Es un sustituto de algo, en este amor se sustituye algo para ambos e impide los vínculos
reales entre el hijo con el padre o la relación de pareja.
Así, la relación pone en riesgo al vínculo real.

Resistir al vínculo, ese es el acto.


Mantenerse en el amor, significa que todo tal como sea, sea amado, sea recibido en el
Alma, que asentimos a todo de la manera que es.
Eso significa que asentimos a la vida, tal y como se presenta.
La propia vida, la vida de los demás, la creación como es.
Y a esta vida también pertenece la lucha.
La vida de unos que lucha con la vida de otros para armar sitio.
Los opuestos: La victoria y la derrota, la vida y la muerte, los vivos y los muertos, el
pasado tal como fue y el futuro como venga.
Justo así.
En este AMOR somos plenos, serenos, entregados a nuestro propio destino, respetamos
el destino de los demás y del mundo.
Estar entregados significa mantenerse en el Amor.
Eso tiene consecuencias en nuestro trabajo, quien se mantiene así, puede observar lo
que ocurre, dado que ama el conjunto a veces se convierte en perpetrador, sin caer en la
soberbia, quiere ayudar de esta manera, no se preocupa, es libre, esta en concordancia.
Todos están a igual nivel.
No hay mejor ni peor en el conjunto, simplemente estamos.
El que ayuda ama de una manera distinta de todo lo que es posible.
El que ayuda esta al servicio de los vínculos, pero no interfiere en ellos.
Esta libre, mantiene su fuerza y ayuda realmente.
El que ayuda, ha de moverse con el “excluido” y gana fuerza.
Quien tiene miedo de seguir su percepción no puede seguir adelante.

El amor
Un hombre, en sueños, oyó una noche la voz de Dios, diciendo: “Levántate, toma a tu
hijo, a tu único y bienamado, llévalo al monte que te señalaré, y allí ofrécemelo en
holocausto”.
Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su
mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Cogió al niño, lo llevó al monte, construyó un
altar, le ató las manos y sacó el cuchillo para sacrificarlo. Pero en ese momento oyó otra
voz, y en lugar de su hijo sacrificó un cordero.
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?
¿Cómo miran ellos a Dios?

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¿Y cómo los mira Dios –suponiendo que exista- a ellos?
También otro hombre, por la noche oyó en sueños la voz de Dios, diciendo:
“Levántate, toma a tu hijo, a tu único y bienamado, llévalo al monte que te señalaré, y allí
ofrécemelo en holocausto”.
Por la mañana, el hombre se levantó, miró a su hijo, su único y bienamado, miró a su
mujer, la madre del niño, y miró a su Dios. Y le respondió, cara a cara :¡No lo haré!”
¿Cómo mira el hijo al padre?
¿Cómo el padre al hijo?
¿Cómo la mujer al hombre?
¿Cómo el hombre a la mujer?
¿Cómo miran ellos a Dios?
¿Y cómo los mira Dios –suponiendo que exista- a ellos?

La consulta
Observación y percepción abierta en la pre-entrevista y en la entrevista sistémica

Nuestro “trabajo” comienza desde el pedido de consulta.


Cuando el primer contacto es telefónico, ya tenemos indicios y señales que podemos
registrar.
• ¿Cómo se presenta el paciente?
• ¿Qué quiere/ necesita/ busca?
• ¿Cómo llega a nosotros, a través de quién o quién lo deriva y por qué?
• ¿Soy idóneo respecto de lo que busca?
• ¿Cómo se dirige a nosotros? Qué palabras usa? Qué vocabulario emplea?
• ¿Qué transmite su voz? Qué sentimos?
• ¿Qué muestra: precisión/ confusión; orientación/desorientación; claridad?

Entrevista
Antes de hablar, indicios no verbales

 ¿Qué comunica el paciente por sí mismo?


 Postura, ropa, adornos, modo de caminar, mirada, gestos, “sello emocional de su
cara” ¿Qué nos resulta llamativo?
 ¿Qué me hace sentir? ¿Qué sensaciones y sentimientos registro? (miedo alegría,
cansancio, aburrimiento, tristeza, rabia, dolor físico ¿Dónde?)
 ¿Cómo se sienta? ¿Se ubica cómodamente en su asiento? ¿Apoya su espalda?
¿Está en la punta de la silla? ¿De costado? ¿Está tranquilo? ¿Tenso? ¿Inquieto?
 ¿Apoya sus cosas? ¿Tiene todo encima? ¿Hace preguntas o comentarios? ¿Son
pertinentes? ¿Hace observaciones o comentarios del entorno?
 Su rostro: se pueden trazar 2 líneas imaginarias que dividan su cara en
4cuadrantes y registrar sus expresiones. Generalmente no coinciden y nos dan
diferentes informaciones.

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Cuando empieza a hablar
 ¿Qué dice? ¿Cómo lo dice? ¿Qué palabras utiliza? ¿Alguna expresión, modismo o
“muletilla” nos resulta llamativo? Prestar atención a las primeras frases.
 ¿Cuál es el pedido?
 ¿Es adecuado? ¿Está a mi alcance? ¿Es claro, preciso?¿Da muchas vueltas?
¿Es confuso?
 ¿Habla por sí mismo? ¿O tengo que interrogar con frecuencia?
 ¿Sabe lo que quiere?
 ¿Tiene contacto consigo mismo? ¿Está acá? ¿Presente? ¿O en “otro lado”?
¿Me mira cuando me habla? ¿A dónde mira? ¿Me habla a mí o a “otro”? ¿Está
ausente?
 ¿Cómo usa la voz?¿Cuál es su tono? ¿Qué emoción impregna su discurso?
¿Qué me genera todo esto?
 ¿Lo percibo sobrecargado? ¿Demandante? ¿Desafiante? ¿“conmigo no vas a
poder”?
 ¿A qué viene? ¿Qué quiere para su vida? ¿Lo que quiere y lo que necesita (de
acuerdo a Los Ordenes) está muy lejos?
 ¿Qué quiere y espera de mí? ¿Es adecuado?
 ¿Qué relación propone el paciente? ¿Quiere que el terapeuta sea su salvador?
¿Su madre? ¿Su padre? ¿Quiere luchar? ¿Intelectualizar? ¿Jugar? ¿Juzgar?
¿Desafiar? ¿Ganar?
 Reflexionar: cómo se muestra el paciente: ¿responsable de sí mismo?
¿Irresponsable? ¿Entregado? ¿Resignado? ¿Desesperanzado? ¿Débil?
¿Crítico? ¿Ha consultado antes? ¿Cuándo, a raíz de qué y qué pasó? ¿Hizo
constelaciones? ¿Cuándo? ¿Qué temas trató? ¿Qué aprovechamiento hizo de
estas experiencias?
 Veo si el paciente está dispuesto a abrir el tema, o si está cerrado, si tiene el
permiso sistémico o si lo tiene que “gestionar” y se lo indico; si el contexto de
su vida para trabajar “el asunto” es propicio o si debe hacer algo antes, o es
aconsejable alguna consulta a otro profesional primero.
 ¿Está en tratamiento actualmente? ¿Toma alguna medicación?
 Reviso la propuesta y me fijo si estoy dispuesto a tomarla o no; defino la
relación terapéutica y el trabajo que puedo asumir y lo propongo.
 Formulo hipótesis sobre dinámicas ocultas e implicaciones posibles, según Los
Ordenes del Amor. ¿De qué se trata lo que le pasa? ¿Cuáles pueden ser las
dinámicas en juego? ¿Quiénes están excluidos o no tenidos en cuenta en su
relato? ¿De quiénes no habla? ¿De quiénes habla mal? ¿Quiénes están
despreciados? ¿Por quién o quiénes? ¿A quién le es leal? ¿Cuáles son los
Órdenes de aquí que no están respetados? ¿Quiénes faltan? ¿Qué y a
quiénes no pudo tomar?
 ¿Qué podría llevar al paciente al camino de la solución o mejoría? ¿Tiene la
fuerza? ¿Qué podría fortalecerlo antes de…? ¿Cuáles son los recursos del
paciente? ¿Y los míos?
 ¿Cuál es la disposición del paciente? Si trae demasiados problemas y no
muestra claramente un deseo de mejorar algo, el terapeuta no sabe por dónde
empezar. Entonces, puede guiar al paciente para crear juntos una imagen de
solución: ¿cuál sería una buena solución? ¿De qué manera te darías cuenta

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de esto? ¿Quién se alegraría por esta solución? ¿Alguien no? ¿Qué podrías
hacer luego? Se puede recurrir a la Pregunta del Milagro.
Las respuestas pueden incluir actos, comportamientos, hechos, decisiones,
sentimientos, etc.
 Crear hipótesis y registrar imágenes. ¿Qué información sería necesaria en este
caso? ¿Qué preguntas necesito hacer sobre miembros y hechos de la historia
Personal y Familiar?

Posibles Soluciones

Lo que necesita: ¿cómo puede lograrlo? ¿A través de qué pasos? Elaborar una
estrategia de trabajo. ¿Qué ayuda puedo ofrecerle? ¿Qué puede servirle al paciente
para ir dando esos pasos? ¿Todos están a mi alcance o puedo hacer sugerencias
respecto al aporte de otros profesionales que con su intervención, faciliten y sumen al
objetivo final de su mayoría?

1. ¿Qué puedo y debo plantearle ahora que pueda modificar su estado de


conciencia respecto al problema?
2. ¿Está en tratamiento médico? ¿Psiquiátrico? ¿Psicológico? ¿Otros? (grupos
de autoayuda, terapias complementarias, etc)
3. ¿Qué Herramientas Sistémicas puedo usar en esta o una próxima consulta
individual? (Tablero familiar, plantillas, sillas, almohadones, imagen sana,
Tetralema, cuentos y grafitos de Hellinger, otros.)
4. ¿Es conveniente una próxima consulta? ¿Es conveniente sugerirle una
constelación? (¿está dispuesto? No quiere trabajar un grupo y exponer su
problema ante una cantidad de gente). ¿Es conveniente trabajar en grupos
terapéuticos con Ordenes del Amor sin Constelar?

PARA RECORDAR

Si el mapa no es el territorio, la descripción no es el problema.


La solución es la liberación para el próximo paso. (Stephn Hausner)
La postura del consultor está libre de intención, libre de miedo, libre de juicio y
libre del amor que quiere lograr algo. (Bert Hellinger)
Antes de comenzar la entrevista, me aquieto, me centro, hago el ejercicio interno
o la visualización proyectada en la pared, con mis Padres, mis maestros, mis
Guías y “me inclino ante el destino del paciente”, reconozco mis límites y me
subordino a los límites que me impongan la lealtad, sistema del paciente, llevando
a mi corazón sus excluidos. Recuerdo que hay más variables “invisibles” que
“visibles”, que intervienen en el proceso a de sanación, las tengo en cuenta, me
subordino a ellas y me ubico como un “elemento integrante facilitador” en el
“campo de cura” que conformo con el paciente, en la consulta individual. Cuando
“todo converge” y tenemos permiso, la “cura sucede” y esto no depende sólo de
mí.
La humildad y la sabiduría son como hermanas que caminado de la mano y
ambas, son hijas de la comprensión.

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Diferencias básicas entre consultantes
Curioso, quejoso y cliente verdadero

1- Curioso o visitante o turista


El cliente no puede definir claramente por qué vino; puede estar desorientado, haber
sido derivado porque alguien le dijo que le haría bien o están preocupados por su
estado; o viene a conocer al terapeuta, su técnica, qué hace, cómo lo hace, conocer el
método, que le expliquen claramente porque leyó o le dijeron y no entiende, qué se
puede lograr mediante esta técnica. Quiere información y no está dispuesto a plantear
su problema.
• Lo aconsejable es no “intervenir terapéuticamente” porque no hay un pedido claro
• Brindar amablemente la información que solicita y que resulte pertinente
• Subrayar lo que anda bien y funciona en su vida
• No fijarse sin mencionar lo que no funciona
• Hacerle comentarios que no provoquen cambios

2- Quejoso
El cliente está molesto y quiere quejarse de “los otros”, de su familia, de su jefe, sus
amigos, sus padres, la vida, su muerte, sin mostrar un deseo de cambiar algo de sí
mismo. Muestra posición de víctima. No está dispuesto a reflexionar sobre sus propios
comportamientos.
• Dejar que se queje, que muestre su amargura y enojo
• Preguntarle por la problemática y mostrar comprensión
• Si el paciente comienza a definir una meta y se muestra cooperativo para lograrla,
estaría pasando al estado de “cliente verdadero”, que tiene la voluntad de hacer algo
a favor de los cambios necesarios
• Se le pueden dar tareas de observación

3- El cliente verdadero
Reflexiona sobre su comportamiento y está interesado en la parte responsable con la
que participa en los problemas que lo afectan. Quiere entender y entenderse y ver qué
puede hacer para lograr cambios en sí mismo. Desea una mejoría en su estado y
muestra disposición para hacer cambios. Coopera en las tareas que el terapeuta le
sugiere y pide ejercicios y tareas que él pueda hacer a diario, y cumple. Muestra
interés, quiere leer al respecto. Tiene coraje, se atreve a “lo nuevo”, con las
resistencias normales. Es agradecido. Es de buen pronóstico para el trabajo
terapéutico.

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