0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas6 páginas

Ética y Dignidad en la Educación Superior

1. El documento discute la distinción entre moral y ética, señalando que la moral se refiere a las normas de un grupo mientras que la ética implica una reflexión crítica sobre esas normas. 2. Explica que la formación ética en la educación superior busca desarrollar habilidades como el análisis crítico y la capacidad de fundamentar conductas propias. 3. También aborda la noción de dignidad humana y su importancia para el desempeño ético de los profesionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
61 vistas6 páginas

Ética y Dignidad en la Educación Superior

1. El documento discute la distinción entre moral y ética, señalando que la moral se refiere a las normas de un grupo mientras que la ética implica una reflexión crítica sobre esas normas. 2. Explica que la formación ética en la educación superior busca desarrollar habilidades como el análisis crítico y la capacidad de fundamentar conductas propias. 3. También aborda la noción de dignidad humana y su importancia para el desempeño ético de los profesionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

GUÍA DE SEGUNDO CORTE- ASIGNATURA ÉTICA.

Como una breve síntesis de lo visto en primer corte, respecto a ética y moral,
podemos decir, que la moral puede definirse como el conjunto de normas, valores
y costumbres que rigen en un grupo (ya sea éste social, cultural, étnico, religioso).
Siguiendo esta definición, en una determinada sociedad pueden convivir morales
diversas.
• la ética puede definirse como una reflexión sobre el origen, la articulación y el
fundamento de los conjuntos de normas, valores y costumbres de grupos
humanos. Por ejemplo, la ética se pregunta por qué ciertas normas nos parecen
justas o por qué algo es considerado valioso.
Esta distinción es útil para entender el carácter peculiar de la formación ética. La
formación ética pretende brindar a los estudiantes, herramientas para que sean
capaces de analizar críticamente y fundamentar conductas propias y ajenas,
reflexionar sobre el sentido y funcionalidad de las normas, argumentar a favor y en
contra de posturas valorativas diversas, debatir con el fin de explicitar las
diferencias e indagar el modo de llegar a acuerdos posibles para la acción
colectiva.
¿Qué distinciones se pueden efectuar entre los valores? La convivencia armónica
entre los grupos que conforman una sociedad pluralista sólo es posible en el
marco de un conjunto básico de valores compartidos. Estos valores compartidos
son los valores propios de una democracia y conforman una 'moral mínima' que
trasciende las particularidades grupales, étnicas, religiosas, políticas. Por ejemplo,
la no discriminación, la tolerancia, el reconocimiento del otro, el respeto por las
reglas de juego de la democracia, la renuncia a la violencia para imponer las
propias ideas.
A su vez, existen valores no compartidos (que podríamos llamar 'controvertidos')
que son legítimos pues no son contradictorios con los valores propios de esa
moral mínima o básica. Así, por ejemplo, existen en una sociedad pluralista
distintas creencias religiosas, ideologías políticas, posturas estéticas, gustos,
preferencias, costumbres.
Las diferencias se tornan ilegítimas cuando son contradictorias con los valores
compartidos. Por esta razón, podemos denominarlas contravalores. Son
contravalores aquellos que violan los derechos de las personas. Por ejemplo, las
posturas racistas, discriminatorias, xenófobas o las realidades sociales
excluyentes (el hambre, la miseria, la ausencia de condiciones dignas de
existencia).
Ahora bien, pasando ya al desarrollo del contenido del segundo corte, en lo que
respecta a la ética y la educación superior, podemos decir, que es un buen
2

momento para revisar la cuestión de los propósitos públicos de la Educación


Superior. Si los graduados actuales están llamados a ser una fuerza positiva en el
mundo, necesitan no sólo poseer conocimientos y capacidades intelectuales, sino
también verse a sí mismos como miembros de una comunidad, como individuos
con una responsabilidad para contribuir a sus comunidades. Deben ser capaces
de actuar para el bien común y hacerlo efectivamente.
Plantearse lo que deba ser la formación de un profesional competente no es
posible al margen de una formación ética y una educación para la ciudadanía. La
profesionalidad comprende, además de competencias –tanto teóricas como
prácticas–, una integridad personal y una conducta profesional ética, como
normalmente demandan (y confían) los ciudadanos o clientes. Por eso, en el plano
internacional, hay una creciente preocupación porque la educación universitaria
asuma, entre sus objetivos, formar a ciudadanos responsables de los problemas
de su sociedad.

Los valores son los marcos preferenciales de orientación del sujeto, que se
especifican y expresan en normas éticas o morales, como criterios o pautas
concretas de actuación, y forman códigos morales, como conjunto de normas o
principios y de leyes morales en una sociedad o profesión (deontológicos). La
ética, como reflexión crítica sobre los valores o comportamientos previos,
proporciona razones que justifican o no las acciones, analizando los
comportamientos morales.

La ética explica, desde patrones de generalidad o universalidad, la experiencia


moral humana y prescribe los modos de comportamiento justificables. La ética
profesional comprende el conjunto de principios morales y modos de actuar éticos
en un ámbito profesional, forma parte de lo que se puede llamar ética aplicada, en
cuanto pretende –por una parte– aplicar a cada esfera de actuación profesional los
principios de la ética general pero paralelamente –por otra– dado que cada
actividad es distinta y específica, incluye los bienes propios, metas, valores y
hábitos de cada ámbito de actuación profesional.

Además, abordaremos la temática sobre la Dignidad Humana, como el único valor


absoluto existente y su importancia para el correcto desempeño ético, por parte de
los profesionales, en toda y cada una de sus actuaciones.

La dignidad humana radica en el valor interno e insustituible que le corresponde al


hombre en razón de su ser, no por ciertos rendimientos que prestara ni por otros
3

fines distintos de sí mismo. El hombre vale por lo que el mismo es, por su ser. Ya
hemos visto que lo que caracteriza al hombre es su ser persona. Persona de
naturaleza racional y libre, por tanto, con voluntad. La dignidad de la persona se
funda en ella misma, en su ser persona. De aquí nacen todos los derechos
humanos y la igualdad en cuanto ser de hombre y mujer.

Las diferencias físicas, raciales y culturales no pueden ser motivo para excluir a
nadie ni tener un trato diferente, ya que, a pesar de esas diferencias, que en
realidad son enriquecedoras, somos iguales en dignidad.
La dignidad de la persona es la razón por la que no podemos tratar a las personas
de cualquier manera como cosas o animales. Sin embargo, hay determinadas
períodos de la vida en la que la defensa de la propia dignidad resulta más difícil,
es el caso de los no nacidos, los recién nacidos, personas con discapacidad,
demencia senil, etcétera, que son vulnerables al trato que reciben de los demás y
de la sociedad. Es igualmente persona un anciano que un niño, un enfermo que
alguien sano, todos merecen ser tratados con respeto.

1. Kant y el problema de la dignidad humana

Kant ha abordado explícitamente el concepto de dignidad humana y, más allá de


las controversias, su interpretación sigue siendo relevante en la actualidad. Desde
el planteo ético-filosófico kantiano, es posible dar una respuesta tanto al problema
de la fundamentación de la noción de dignidad humana, como también a las
cuestiones vinculadas con la demarcación de la atribución de dicha dignidad y las
condiciones de aplicación situacional e histórica de la misma. Kant ha aportado
buenas razones para la solución de cada una de estas cuestiones.

1.1 Fundamentación de la dignidad humana

Como es sabido, Kant distingue claramente entre "valor" y "dignidad". Concibe la


"dignidad" como un valor intrínseco de la persona moral, la cual no admite
equivalentes. La dignidad no debe ser confundida con ninguna cosa, con
ninguna mercancía, dado que no se trata de nada útil ni intercambiable o
provechoso. Lo que puede ser reemplazado y sustituido no posee dignidad,
sino precio. Cuando a una persona se le pone precio se la trata como a una
mercancía. "Persona es el sujeto cuyas acciones son imputables (...) Una cosa es
algo que no es susceptible de imputación" (Kant, I. 1989, 30). De ahí que la ética,
según Kant, llegue sólo hasta "los límites de los deberes recíprocos de los
hombres" (Kant, I. 1989, 371).

En cuanto ser dotado de razón y voluntad libre, el ser humano es un fin en sí


mismo, que, a su vez, puede proponerse fines. Es un ser capaz de hacerse
4

preguntas morales, de discernir entre lo justo y lo injusto, de distinguir entre


acciones morales e inmorales, y de obrar según principios morales, es decir, de
obrar de forma responsable. Los seres moralmente imputables son fines en sí
mismos, esto es, son seres autónomos y merecen un respeto incondicionado. El
valor de la persona no remite al mercado ni a apreciaciones meramente subjetivas
(de conveniencia, de utilidad, etcétera), sino que proviene de la dignidad que le es
inherente a los seres racionales libres y autónomos.

En consecuencia, la autonomía moral es el concepto central con que Kant


caracteriza al ser humano y constituye el fundamento de la dignidad humana:
"La autonomía, es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y
de toda naturaleza racional" (Kant, I. 1996, 49). Esta caracterización moral marca
una diferencia entre los animales y los seres humanos, y, a la vez, deja abierto un
espacio para el respeto a otros seres que pudieran ser moralmente imputables.

1.2 Sujetos de la dignidad humana

La dignidad es una atribución propia de todo ser humano, no en tanto que


individuo de la especie humana, sino en tanto que miembro de la comunidad de
seres morales. La dignidad es una instancia moral que distingue al ser humano de
los animales "y lo ennoblece ante todas las demás criaturas. El respeto absoluto e
incondicionado que debemos a los seres autónomos, moralmente imputables, no
puede ser afectado por instancias arbitrarias, circunstancias contingentes o
relaciones de poder. De ahí que la dignidad humana pertenece a todo hombre, por
el sólo hecho de pertenecer a la especie humana. Ahora bien, el fundamento de la
dignidad humana radica en la autonomía y la capacidad moral de los seres
humanos, no en su especificidad genética.

Consecuencias prácticas que se desprenden del concepto de dignidad


humana

El reconocimiento de todo ser personal, y particularmente de todos los seres


humanos como personas, tiene como consecuencia fundamental que cada uno
debe ser tratado siempre al mismo tiempo como fin y nunca sólo como medio. De
esta comprensión deriva Kant el imperativo categórico: "Obra del tal modo que
uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro,
siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como medio" (Kant,
I.1996, 44s.). Siempre que se objetiva al otro y se lo instrumentaliza -es decir, se
lo utiliza sólo y exclusivamente para los fines propios-, se lesiona su dignidad
como persona.

2. Habermas y la dignidad humana

La cuestión de la dignidad humana no ha sido tratada de forma específica por los


fundadores de la versión clásica de la ética del discurso -ni por Jürgen Habermas
ni por Karl-Otto Apel. No obstante, algunos de los textos en los que Habermas se
5

refiere específicamente a la noción de dignidad humana están relacionados con la


investigación bioética, especialmente con los problemas del inicio de la vida, con
la manipulación de la vida y el trato que se debe dar a los embriones (Habermas,
J. 2000; 2002; 2004).

Habermas considera que la asignación de dignidad humana a los embriones es un


asunto que, lejos de ser tratado en forma neutral, está cargado de sentido
religioso. De ahí que mire con escepticismo la posibilidad de que los embriones
sean considerados seres humanos con igual dignidad que los individuos nacidos.
Sin embargo, retomando en cierta medida la conceptualización kantiana, sostiene
que los embriones, aunque no sean poseedores de dignidad, merecen un
tratamiento especial: no deben ser objeto de la mera manipulación.

Habermas sostiene que la utilización experimental de embriones es el resabio de


una moral utilitarista, la cual representa un peligro para la autocomprensión moral
de los hombres como seres libres e iguales (Habermas, J. 2004, 26, 41, 47). Esta
práctica manipuladora de la vida humana prenatal puede degenerar en una
desensibilización en el trato con la naturaleza humana y, lo que es aún más
peligroso, en una eugenesia positiva. Las reservas de Habermas en contra de la
manipulación de embriones no parece arraigar, por consiguiente, en la dignidad
especial que poseen los individuos de la especie humana, de cualquier forma que
se la comprenda, sino en la posibilidad de daño que podría causarse a la identidad
individual y a la autocomprensión colectiva de la humanidad.

En lo que se refiere al sujeto de la dignidad humana, Habermas sostiene que la


persona, en tanto que sujeto de dignidad, corresponde exclusivamente a los
individuos de la especie humana que han nacido. Según Habermas, los seres
humanos deben ser considerados personas sólo a partir del nacimiento, puesto
que el nacimiento marca la frontera entre "naturaleza" y "cultura": "el nacimiento,
como línea divisoria entre naturaleza y cultura, marca una nuevo comienzo. (...)
con el nacimiento se pone en marcha una diferenciación entre el destino por
socialización de una persona y el destino por naturaleza de su organismo"
(Habermas, J. 2004, 82).

Una primera consecuencia que puede extraerse del planteo habermasiano es que
la dignidad moral es una cuestión que atañe a los miembros de la comunidad
moral de seres humanos. Merecedores de dignidad absoluta son todos los seres
humanos nacidos. La idea de una comunidad moral obliga a los seres humanos a
verse "recíprocamente como miembros de una comunidad inclusiva que no
excluye a ninguna persona" (Habermas, J. 2004, 78). Se trata de la inclusión moral
en una comunidad de seres iguales y con la misma dignidad.
6

Otra consecuencia que puede señalarse es la siguiente: la vida humana no debe


ser arbitrariamente instrumentalizada. Habermas sostiene expresamente que la
vida humana merece un respeto especial y tiene que ser considerada
como indisponible, esto es: no debe ser instrumentalizada. Expresado en términos
kantianos, la vida humana no debe ser tratada sólo como una cosa ni manipulada
arbitrariamente.

También podría gustarte