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Fe Bíblica

Editado por Departamento de Educación Teológica de la


Editorial Universitaria Libertad

Copyright © 2015 by Editorial Universitaria Libertad

Madrid, España.

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Fe Bíblica

Contenido
Definiciones Generales sobre Fe ..........................................................................................................3
El Significado Bíblico de la Fe ............................................................................................................. 14
Otra perspectiva sobre la Fe .............................................................................................................. 21
Grandes Lecciones de Paciencia y Obediencia. ................................................................................... 31
La Fe Produce ................................................................................................................................... 35
La Fe del ungido ............................................................................................................................... 40
La Fe de los Israelitas ........................................................................................................................ 53
La Expresion de la Fe Genuina (Santiago 2:14–17)............................................................................... 63
La Confesion de Fe. ....................................................................................................................... 66
El Punto de Partida: Una Fe Genuina. ............................................................................................. 73
La Fe es Posible a Traves de Cristo ..................................................................................................... 79
Preferir la Fe al Miedo ................................................................................................................... 86
Confianza. .................................................................................................................................. 109
Los frutos de la fe declarada. ........................................................................................................... 129
La Fe en Teología ............................................................................................................................ 153
La justificación, efecto de la fe. ........................................................................................................ 172
Una visión balanceada Sobre la Fe ................................................................................................... 188
Pablo y el hombre en Listra ............................................................................................................. 200
El espíritu y la palabra ..................................................................................................................... 206
Fe viva ........................................................................................................................................... 208
El sufrimiento y la persecución ........................................................................................................ 222
El lenguaje de la fe.......................................................................................................................... 231
La fe y la restauración ................................................................................................................. 237
Conceptos bíblicos de la restauración........................................................................................... 242
La fe y la prosperidad ...................................................................................................................... 245
La fe y la oración............................................................................................................................. 254
El padre de la fe.............................................................................................................................. 262
Bibliografía. .................................................................................................................................... 273

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Fe Bíblica

Definiciones Generales sobre Fe


Definiciones: Sustantivo correspondiente al verbo «creer» y que en el hebreo
corresponde a heʾĕmîn, forma verbal de ʾāman, y en el idioma griego (LXX y NT) a la
palabra pisteuō. La última es una palabra clave en el NT, siendo el término regularmente
usado para referirse a la múltiple relación a la que el evangelio llama al hombre, es decir,
fe en Dios a través de Cristo. La complejidad de esta idea se refleja en la variedad de
construcciones que se emplean con este verbo (seguido de que, de acusativo o infinitivo,
para expresar la verdad creída; en y epi con el dativo señalando a la confianza a la que se
da crédito; eis y, ocasionalmente, epi con el acusativo—la característica más común y
original en el uso del NT, apenas presente en la LXX y desconocida en el griego clásico—
lleva la idea de un movimiento de fe y de un descanso en el objeto de su confianza). El
sustantivo hebreo corresponde a ʾāman (ʾĕmûnāh, traducida por pistis en la LXX), y
significa regularmente seguridad en el sentido de integridad, y pistis ocasionalmente lleva
este sentido en el NT (Ro. 3:3, de Dios; Mt. 23:23; Gá. 5:22; Tit. 2:10, del hombre). La
palabra ʾĕmûnāh normalmente se refiere a la fidelidad de Dios, y únicamente en Hab. 2:4
se usa para significar la respuesta religiosa del hombre a Dios. Allí, sin embargo, el
contraste entre la índole de la justicia y el orgullo autosuficiente de los caldeos parece
requerir un sentido más amplio de la «fe» sola: un sentido de auto renuncia, dependencia
confiada en Dios, la actitud del corazón en que la confianza en la vida es la expresión
natural. Éste es evidentemente el sentido en que los escritores apostólicos citan el texto
(Ro. 1:17; Gá. 3:11; Heb. 10:38), y el sentido que tanto pistis como pisteuō tienen en el NT,
donde las dos palabras se usan prácticamente como términos técnicos (Juan prefiere el
verbo, Pablo el sustantivo) para expresar el pensamiento complejo de una exclusiva
dependencia en la mediación del Hijo como única seguridad de la misericordia del Padre.
Ambas tienen un gran significado, ya sea que su objeto gramatical sea Dios, Cristo, el
evangelio, una verdad, una promesa, o si no está expresado del todo. Ambas llevan la idea
de un compromiso que sigue a la convicción, incluso en contextos donde la fe se define en
términos de convicción (p. ej., cf. Heb. 11:1 con el resto del capítulo). La naturaleza de la
fe, según el NT, es vivir por la verdad que se recibe; la fe que descansa en las promesas de
Dios, agradece por la gracia de Dios que obra para su gloria.

Debemos notar algunas contracciones ocasionales de esta amplia idea:

(1) Entre los escritores del NT, únicamente Santiago usa tanto el sustantivo como el verbo
para demostrar el mero asentimiento intelectual a la verdad (Stg. 2:14–26). Pero aquí, él
está explícitamente remedando la costumbre de aquellos que quería corregir—
convertidos judíos, que bien podían haber heredado esta noción de fe de las fuentes
judías contemporáneas—y no existe razón para suponer que esta costumbre era normal o
natural en él (p. ej., la referencia que hace a la fe en 5:15 tiene un significado más amplio).

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Fe Bíblica

En cualquier caso, el punto que él señala, de que una «fe» meramente intelectual, como la
que tienen los demonios, es inadecuada, está en completa armonía con lo que enseña el
resto del NT. Cuando Santiago dice, por ejemplo: «la fe sin obras está muerta» (2:26), está
diciendo lo mismo, en esencia, que Pablo «la fe sin obras, no es fe, sino lo opuesto» (Gá.
5:6; 1 Ti. 5:8).

(2) A veces, por una transición natural, «la fe» indica el conjunto de verdades creídas (p.
ej., Jud. 3; Ro. 1:5; Gá. 1:23; 1 Ti. 4:1, 6). Esto llegó a ser de uso común en el segundo siglo.

(3) De Cristo mismo se deriva un uso más restringido de la «fe» refiriéndose a una
confianza que obra milagros (Mt. 17:20s.; 1 Co. 12:9; 13:2), o algo que causa la realización
de los milagros (Mt. 9:28.; 15:28; Hch. 14:9). La fe salvadora no está siempre acompañada
de los «milagros de la fe», (1 Co. 12:9; Mt. 7:22).

I. CONCEPCIÓN GENERAL. Al circunscribirnos a la idea bíblica de la fe, debemos notar


tres cosas:

A. La fe en Dios encierra una creencia correcta acerca de Dios. En el hablar diario, la


palabra fe apunta tanto a una confesión de proposiciones (creencias) como a una
confianza en personas o cosas. En el último caso, alguna creencia acerca del objeto en el
que se confía es la presuposición lógica y psicológica del acto de la confianza misma,
porque la fe en algo se refleja en una expectación acerca de su conducta, y una esperanza
racional es imposible si se desconocen las capacidades de conducta de la cosa en la que se
confía. A través de la Biblia, la confianza en Dios se hace descansar sobre la creencia de lo
que Él ha revelado acerca de su carácter y propósitos. En el NT, donde la fe en Dios se
define como confianza en Cristo, el reconocimiento de que Jesús es el Mesías prometido y
el Hijo de Dios encarnado se toman como básicos. Los escritores conceden que puede
existir alguna forma de fe aunque la información acerca de Cristo es incompleta (Hch.
19:1), pero no donde conscientemente se niega su identidad y mesianismo divinos (1 Jn.
2:22; 2 Jn. 7–9); entonces todo lo que es posible es la idolatría (1 Jn. 5:21), la adoración de
una fantasía hecha por el hombre. La frecuencia con que las epístolas describen la fe
como conocimiento, creencia y obediencia a «la verdad» (Tit. 1:1; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:22, etc.),
demuestra que sus autores pensaban que la ortodoxia era el ingrediente fundamental de
la fe (Gá. 1:8-9).

B. La fe descansa sobre el testimonio divino. Las creencias, como tales, son convicciones
que se mantienen sobre la base de un testimonio; no contienen evidencias en sí mismas.
La cuestión que si ciertas creencias particulares deban tratarse como verdades conocidas
u opiniones dudosas dependerá del valor del testimonio en que se basen. La Biblia señala
las convicciones de la fe como ciertas y las iguala con el conocimiento (1 Jn. 3:2; 5:18–20,

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Fe Bíblica

etc.) no porque surjan de una supuesta experiencia mística que se autentifica a sí misma,
sino porque descansan sobre el testimonio de un Dios que «no puede mentir» (Tit. 1:2) y
que por lo tanto es completamente confiable. El testimonio de Cristo y de los apóstoles de
Cristo (Hch. 10:39–43) es el testimonio de Dios mismo (1 Jn. 5:9); este testigo divinamente
inspirado es el propio testigo de Dios (1 Co. 2:10–13; 1 Ts. 2:13), de tal manera que recibirlo
es certificar que Dios es verdadero (Jn. 3:33), y rechazarlo es hacer a Dios un mentiroso (1
Jn. 5:10). La fe cristiana descansa sobre el reconocimiento del testimonio bíblico y
apostólico en el que Dios mismo da testimonio de su Hijo.

C. La fe es un don sobrenatural y divino. El pecado y Satanás han cegado de tal manera a


los hombres caídos (Ef. 4:18; 2 Co. 4:4), que no pueden discernir el testimonio apostólico
de la Palabra de Dios, ni «ver», ni comprender las realidades de las que habla. (Jn. 3:3; 1
Co. 2:14), ni «vienen» al renunciamiento de sí mismo para confiar en Cristo (Jn. 6:4 4-65),
hasta que el Espíritu Santo los ilumine (2 Co. 4:6). Solamente los receptores de esta divina
«enseñanza», «persuasión» y «ungimiento» vienen a Cristo y permanecen en él (Jn. 6:44 -
45; 1 Jn. 2:20, 27). De esta manera, Dios es el autor de toda la fe salvadora (Ef. 2:8; Fil.
1:29).

II. PRESENTACIÓN BÍBLICA. A través de la Escritura, el pueblo de Dios vive por fe;
pero la idea de fe se desarrolla como revelación de la gracia y la verdad de Dios en la que
descansa. De diversas maneras, el AT define la fe como descanso, confianza y esperanza
en el Señor, uniéndose a él, esperándolo, haciendo de él nuestro escudo y fortaleza,
refugiándonos en él, etc. Los salmistas y profetas, hablando en términos individuales y
nacionales respectivamente, presentan la fe como una resuelta confianza en Dios que
salva a sus siervos de sus enemigos y que cumple el declarado propósito de bendecirlos.
Isaías, en forma especial, denuncia la confianza en la ayuda humana como inconsistente
con tal confianza (Is. 30:1–18). El NT mira al mantenimiento de la esperanza, la obediencia
que llevaba a renunciar al mundo y la tenacidad heroica por la que los creyentes del AT
manifestaron su fe como un modelo que los cristianos deben imitar (Ro. 4:11–25; Heb.
10:39–12:2). Aquí se declara la continuidad y también la novedad; porque la fe al recibir
una nueva expresión de Dios en las palabras y hechos de Cristo (Heb. 1:1), ha llegado a ser
un conocimiento de la salvación presente. Así, dice Pablo, la fe «vino» primero con Cristo
(Gá. 3:23–25). Los evangelios muestran a Cristo demandando confianza en sí mismo como
portador de la salvación mesiánica. Juan está lleno de esto enfatizando que, (1) la fe
(«creer en», «venir a» y «recibir» a Cristo) encierra un conocimiento de Jesús, no
meramente como un maestro enviado por Dios y obrador de milagros (esto es
insuficiente, Jn. 2:23) sino como el Dios encarnado (Jn. 20:28), cuya muerte expiatoria es
el único medio de salvación (Jn. 3:14s.; 6:51–58); (2) que la fe en Cristo asegura el gozo
presente de la «vida eterna» en comunión con Dios (Jn. 5:24; 17:3). Las epístolas reflejan

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Fe Bíblica

esto, y presentan la fe en una relación más amplia. Pablo muestra que la fe en Cristo es el
único medio para una relación justa con Dios, y que las obras humanas no pueden
lograrlo (véase Romanos y Gálatas); Hebreos y 1 Pedro presentan la fe como la dinámica
de la esperanza y el fortalecimiento bajo la persecución.

III. HISTORIA DE LA DISCUSIÓN. Desde el principio, la iglesia entendió que el


asentimiento al testimonio apostólico es el elemento fundamental en la fe cristiana; de
ahí el interés de ambos grupos en la controversia gnóstica de demostrar que sus
postulados eran genuinamente apostólicos. Durante el período patrístico, sin embargo, la
idea de la fe era tan estrecha que este asentimiento fue mirado como el todo. Hubo cuatro
factores que ocasionaron esto: primero, la insistencia de los padres anti-gnósticos, en
forma especial Tertuliano, de que los fieles son aquellos que creen «la fe», como se
declara en la «regla de fe» (regula fidei), es decir, el Credo; en segundo lugar, el
intelectualismo de Clemente y Orígenes, para quienes pistis (asentimiento sobre la
autoridad) era un sustituto inferior para la gnōsis (conocimiento demostrativo) de las
cosas espirituales, y un escalón hacia ella; tercero, la asimilación de la moralidad bíblica a
la moralidad estoica, una ética, no de una dependencia agradecida, sino de una decidida
confianza en sí mismo; cuarto, en vestir a la doctrina bíblica de la comunión con Dios con
el neoplatonismo, que la hizo aparecer como un ascender místico a lo suprasensible por
medio de un amor anhelante, sin tener un vínculo con el ejercicio ordinario de la fe como
tal. Además, puesto que la doctrina de la justificación no fue comprendida, el significado
soteriológico de la fe fue mal comprendido, y la fe (entendida como la ortodoxia) fue
mirada simplemente como el pasaporte al bautismo (remitiendo todos los pecados
pasados), y como una vida de probación en la iglesia (dando al bautizado la oportunidad
de hacerse por sí mismo digno de gloria por medio de sus buenas obras). Los escolásticos
refinaron este punto de vista. Ellos reprodujeron la ecuación de la fe con la creencia,
distinguiendo entre la fidesinformis (fe «no formada», ortodoxia simple) y la fides caritate
formata (creencia «formada» en un principio de trabajo por la adición sobrenatural de la
gracia distintiva del amor). Ellos mantienen que las dos clases de fe son obras meritorias
aunque la calidad del mérito de la primera es meramente congruente (haciendo la
recompensa divina algo adecuado, pero no obligatorio); y de la segunda, únicamente
ganar mérito condigno (haciendo de la recompensa divina un deber como una cuestión
de justicia). Roma todavía identifica formalmente la fe con la creencia, y ha agregado un
refinamiento posterior al distinguir entre la fe «explícita» (creencia que conoce su objeto)
y la fe «implícita» (asentimiento ininteligible de cualquier cosa que la iglesia mantenga).
Solamente la última (que evidentemente no es más que un voto de confianza en la
enseñanza de la iglesia y puede existir con una completa ignorancia del cristianismo) se
requiere de los laicos para la salvación. Pero, una mera disposición de este tipo se aparta
bastante del concepto bíblico de la fe salvadora.
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Fe Bíblica

Los reformadores restauraron las perspectivas bíblicas al insistir que la fe es más que la
ortodoxia; no solamente fides, sino fiducia, confianza personal en la misericordia de Dios
a través de Cristo; que no es una obra meritoria, un rasgo de justicia humana, sino la
apropiación de un instrumento, una mano vacía que se alza para recibir el libre don de la
justicia de Dios en Cristo; la fe es dada por Dios, y es en sí misma el principio dinámico
por el que brotan espontáneamente el amor y las buenas obras; y esa comunión con Dios
significa no un rapto exótico de éxtasis místico, sino una fe de todos los días que une con
el Salvador. El protestantismo confesional siempre ha mantenido esta posición. En el
arminianismo existe una tendencia a describir la fe como la obra humana de la que
depende en parte el perdón del pecado; como si el hombre, en efecto, contribuyera a su
propia salvación. Esto sería de hecho un reavivamiento protestante de la doctrina del
mérito humano.

El liberalismo ha psicologizado radicalmente la fe, reduciéndola a un sentido de armonía


contenta con el Infinito a través de Cristo (Schleiermacher), o a una resolución definida
de seguir la enseñanza de Cristo (Ritschl), o ambos. La influencia liberal se refleja en la
extendida suposición de que la «fe», entendida como una confianza optimista en la
amistad del universo, divorciada de cualquier credo específico, es un estado religioso
distintivo de la mente. Los teólogos neosupernaturalistas y los existencialistas,
reaccionando contra este psicologismo, enfatizan el origen y carácter sobrenaturales de la
fe. Ellos la describen como un compromiso activo de la mente y de la voluntad; es el «sí»
repetido del hombre ante los requerimientos de la palabra de Dios en Cristo; pero, la
fugaz apreciación del contenido de esa palabra dificulta a veces ver a lo que el creyente
debe decir «sí».

Claramente, cada punto de vista de los teólogos acerca de la naturaleza y significado


salvífico de la fe dependerá de la apreciación que él tenga de las Escrituras y de Dios, del
hombre y sus relaciones mutuas.

La Fe como una Medida en el NT. La frase griega analogiantēspisteōs sólo aparece en


Romanos 12:6. La RV60 traduce «medida de la fe», la NVI «en proporción con su fe». Lo
natural es entender la frase como equivalente a la frase metronpisteōs, «la medida de la
fe», que encontramos en el v. 3. El ejercicio de los dones espirituales no debe ser
controlado por el orgullo sino por la fe que Dios ha repartido. Sin embargo, muchos creen
que Ro. 12:6 se refiere a la fe en el sentido del «cuerpo de doctrina». En este caso la frase
significaría que la profecía debiera conformarse y no contradecir el evangelio (1 Co. 12:3).
Otra posibilidad aquí es que la «fe» contenga la idea de la raíz hebrea ʾāman:
«verdadero», «confiable»; «según la proporción de la fe» vendría a significar entonces una
combinación de las interpretaciones anteriores. Wett cita acertadamente Jer. 23:28

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Fe Bíblica

(donde traduce el hebreo ʾĕmet «verdadera», LXX, epalēzeias) un pasaje que podría
subrayar la enseñanza de Pablo aquí.

Otro elemento esencial a considerar sobre la fe, es que ella junto al arrepentimeinto son
necesaria para recibir la salvación. Es cuestionable cuál de éstos precede al otro en punto
de experiencia. Es dudable que una persona pueda verdaderamente arrepentirse si no
cree; y es cuestionable que uno pueda verdaderamente creer para salvación sin un sincero
arrepentimiento del pecado. Juan Calvino dijo una vez, “Cuando Juan Pérez entra por una
puerta, ¿quién entra primero, Juan o Pérez?” De la misma forma es difícil estar seguro
cuál viene primero, el arrepentimiento o la fe. Sabemos que los dos son necesarios.

Thiessen dice: “Tanto en el caso del arrepentimiento, como en el caso de la fe, la doctrina
no recibe la atención que merece. Gran énfasis está puesto sobre la conducta; se dice que
el credo del hombre es un asunto de indiferencia. Sin embargo la vida del hombre está
gobernada por lo que cree, y en la religión por la persona en quien él cree.”

1. La importancia de la fe.

Probablemente no es posible exagerar la importancia de la fe en la vida cristiana. La fe es


la única avenida de acercamiento a Dios. “Porque es necesario que el que se acerca a Dios
crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb. 11:6). Sin fe no es
posible agradar a Dios: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Todo lo que
un creyente recibe de Dios lo recibe por medio de la fe.

1.1. Salvación por medio de la fe.

Este principio es ampliamente proclamado en las escrituras. He aquí algunos ejemplos:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe” (Ef. 2:8).

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mr. 16:16).

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch. 16:31).

“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

“Más el que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por
justicia” (Rom. 4:5).

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo” (Rom. 5:1).

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“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe
para preservación del alma” (Heb. 10:39).

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida
eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

1.2. La llenura del Espíritu Santo por medio de la fe.

“A fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gá. 3:14). “Esto dijo del
Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Jn. 7:39).

1.3. Santificación por medio de la fe.

“Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones”
(Hch. 15:9). “Para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre
los santificados” (Hch. 26:18).

1.4. Seguridad por medio de la fe.

“Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe” (1 P. 1:5). “Bien; por su
incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie” (Rom. 11:20). “No que nos
enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por fe estáis
firmes” (2 Cor. 1:24).

1.5. Paz perfecta mediante la fe.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha


confiado” (Is. 26:3). “Pero los que hemos creído entramos en el reposo” (Heb. 4:3).

1.6. Sanidad mediante la fe.

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará” (Stg. 5:15). “Este oyó hablar
a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado” (Hch. 14:9).

1.7. Victoria sobre los adversarios mediante la fe.

Los principales adversarios del cristiano pueden ser resumidos como: el mundo, la carne,
y el Diablo.

1.8. El mundo vencido mediante la fe.

“Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Jn. 5:4).

1.9. La carne vencida mediante la fe.

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“Consideraos (un acto de fe) muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús,
Señor nuestro” (Rom. 6:11).

1.10. El Diablo vencido mediante la fe.

“Vestíos de la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo… sobre todo tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de
fuego del maligno” (Ef. 6:6–16). “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para
zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lc. 22:31, 32).

1.11. La vida cristiana entera es vivida por medio de la fe.

Cuatro veces leemos en la escritura: “Más el justo por la fe vivirá” (Hab. 2:4; Rom. 1:17; Gá.
3:11; Heb. 10:38). “Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual
me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20). La fe es la misma atmósfera en la que
la vida cristiana es vivida. Los cristianos son llamados creyentes porque sus vidas son
vividas en fe continua. Es claro, entonces, que la fe debe tener una gran parte en la
recepción de la salvación en su experiencia inicial.

2. El significado de la fe.

Muchos eruditos bíblicos creen que la Biblia no da una verdadera definición de la fe. Está
acordado, sin embargo, que Hebreos 11:1 es probablemente la más cercana a tal definición:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” El valor de
este versículo como una definición de fe es más obvio cuando examinamos de cerca el uso
de varias palabras. Se dice que la fe es la “certeza.” “Certeza” viene de una palabra que
literalmente significa “fundamento” o aquello que sostiene nuestra esperanza.
“Fundamento” habla de esa relación de pacto de amor mutuo entre el Señor y el creyente
que es nuestra base de esperanza.

La fe no es un ciego tanteando en la oscuridad, sino la convicción cierta, nacida de amor y


una relación experimental, de que la palabra de Dios revelada es verdad. La fe es más que
una simple esperanza; es una “certeza”, que era, en eventos legales, traducida “acción
titular.” El que cree divinamente, en cuyo corazón el amor suma a la persuasión, tiene una
“acción titular” a la completa provisión de Dios.

La fe es una persuasión ya que se aplica a lo invisible. Las realidades del reino de Dios son
por naturaleza realidades invisibles a la vista natural. La fe es la facultad por la cual las
realidades espirituales son percibidas como reales, y capaces de ser realizadas. Aquel que
tiene fe tiene ojos para lo espiritual. La fe es al cristiano verdadera “convicción.” No
necesita ninguna otra convicción a fin de proceder de acuerdo con la voluntad de Dios

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Fe Bíblica

revelada. En el griego clásico la palabra convicción era a menudo traducida “prueba.” La


fe es un “fundamento” y una “prueba.”

3. Los elementos de la fe.

La fe, como el arrepentimiento, tiene tres elementos: el intelectual, el emocional y el


voluntario.

3.1. El elemento intelectual.

La fe no es un salto ciego a la oscuridad. Ha sido erróneamente llamada “Un paso a la


oscuridad que lleva a la luz.” Al contrario, la fe es caminar en la luz—la Luz de la Palabra
de Dios. Es tremendamente inseguro dar un solo paso en la oscuridad. Un hombre podría
estar al borde de un precipicio y un solo paso lo lanzaría a su perdición. La fe debe estar
basada en el conocimiento. Nadie puede creer en algo de lo que no tiene conocimiento.
Uno no puede creer en una verdad que es completamente desconocida. Creer algo sin
conocimiento es imposible. La fe que se necesita para la salvación está basada en la mejor
de las evidencias, la Biblia, como la palabra de Dios. “Así que la fe es por el oír, y el oír por
la palabra de Dios” (Rom. 10:17). Necesitamos conocer el evangelio a fin de creer en Cristo
como nuestro Salvador.

3.2. El elemento emocional.

Este elemento es visto a veces en el gozo que acompaña a la primera vez en que nos
damos cuenta de la bondad de Dios en proveer para nuestras necesidades. Está ilustrado
por la experiencia de Israel, como es descrito en el Salmo 106:12: “Entonces creyeron a sus
palabras y cantaron su alabanza.” Desafortunadamente la emoción del gozo pronto pasó,
porque en los versículos veinticuatro y veinticinco leemos: “No creyeron a su palabra,
antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová.” Jesús describió las
emociones como parte del elemento emocional de fe de esta forma: “Estos son asimismo
los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento
la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque
cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan”
(Mr. 4:16-17).

El Dr. A.T. Pierson ha dicho: “Aquí está el orden: el hecho guía. La fe pone su ojo sobre el
hecho. El sentimiento con su ojo puesto sobre la fe trae el final. Todo irá bien mientras
este orden sea observado. Pero el momento en que la fe da su espalda al hecho y mira al
sentimiento la procesión tambalea.”

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Fe Bíblica

Este elemento de fe también incluye una aprobación de la mente a la verdad recibida. Los
escribas contestaron a la explicación de Jesús del mandamiento más grande, “Bien ,
Maestro, verdad has dicho” (Mc. 12:32-33).

Thiessen ha resumido bien esta sección de la siguiente manera: “Podemos definir el


elemento emocional de la fe como el despertar del alma a sus necesidades personales y a
la aplicabilidad personal de la redención provista en Cristo, junto con una inmediata
aprobación de estas verdades.”

3.3. El elemento voluntario.

Después de saber lo que Cristo ha prometido, y después de aceptar la verdad de esa


promesa, entonces la fe se extiende y se apropia de lo provisto. El conocimiento en sí no
es suficiente. Un hombre puede tener el conocimiento de que Cristo es divino y aún
rechazarlo como Salvador. El conocimiento afirma la realidad de estas cosas, pero, ni lo
acepta ni lo rechaza. El aceptar no es suficiente. Hay un asentimiento de la mente que no
expresa una rendición del corazón, y es “con el corazón se cree para justicia” (Rom. 10:10).
La verdadera fe está en la jurisdicción de la voluntad. La fe apropia. La fe toma. La fe
siempre tiene en ella la idea de acción. “La fe sabe caminar.” Es el alma saltando para
abrazar la promesa. “Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer
todo lo que había prometido” (Rom. 4:21).

De aquí que esta fase de la fe está comprendida por dos elementos: (1) rendición del
corazón a Dios y (2) la apropiación de Cristo como Salvador. Proverbios 23:26 ilustra el
primero: “Dame, hijo mío, tu corazón.” También Mateo 11:28, 29: “Venid a mí todos los
que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y
aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras
almas.” Romanos 10:9 dice: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor.” Expresa
el pensamiento de rendirse al señorío de Jesús con la vida entera.

La apropiación de Cristo como Salvador significa recibir plenamente todo lo que Él ha


hecho en el Calvario para la redención de su alma: “Más a todos los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Esto ilustra la importante verdad de que la salvación es recibir a Jesucristo, a Él mismo.


Esta apropiación personal es una necesidad vital. No es suficiente que Jesús haya muerto.
Debo reconocer que Él murió por mí. Es verdad que murió por todos, pero yo debo
individualmente aceptarlo como mi Salvador. El agua es provista para todos, pero yo
moriré de sed si no tomo personalmente del fluido dador de la vida. El aire es provisto
para todos, pero yo debo respirar individualmente si voy a sobrevivir. Debe haber una

12
Fe Bíblica

entrega individual del alma a Cristo, una aceptación personal de Él tanto como Salvador
como Señor.

Una familia estaba pasando la tarde disfrutando de deportes invernales en un lago


congelado cercano a su hogar. Una de las niñas fue demasiado lejos sobre el hielo y cayó
al agua helada. Teniéndose fuertemente del hielo en la superficie, gritó pidiendo ayuda.
Su padre, oyendo su grito de desesperación, se encaminó cautelosamente sobre la
superficie quieta y helada. Gateando lentamente hacia el borde quebrado del hielo, se
extendió y tomó una de las manos de su hija. Pero por más que trataba, no podía sacarla a
la superficie del hielo, mientras ella se tenía con la otra mano del borde. Finalmente él le
dijo: “Dame tus dos manos.” Esto significaba que debía soltar el borde firme del hielo y
entregarse completamente al cuidado de su padre, sin nada a qué sostenerse sino él. Fue
sólo entonces que él pudo tirar de ella hasta que estuviera a salvo. La salvación sólo puede
ser realizada al nosotros soltar todo sostén terrenal y darle nuestras dos manos en total
rendición y entrega a Él, quien solo puede salvar.

4. La fuente de la fe.

Aunque muchas otras bendiciones relativas a la vida cristiana, que son recibidas por fe,
han sido sugeridas en esta sección sobre la fe, estamos particularmente interesados aquí
en la parte que tiene la fe en la experiencia de la salvación, y cómo es recibida esta fe
salvadora. Muchas de las veces en que confrontemos individuos con el evangelio, y les
digamos que todo lo que tienen que hacer es creer, estos contestarán, “Pero es tan difícil
creer.” Si una persona está tratando de creer en su fe, o en algo que está haciendo, es
difícil, porque ni su fe ni sus obras son suficientes, y ella se da cuenta de esto. La fe está
basada en lo que Dios ha hecho y lo que Él ha prometido, no en el hombre.

La fe es simplemente creer la palabra de Dios. Está basada enteramente sobre la obra


finalizada de Cristo como es revelada en la escritura. En otras palabras está basada en la
palabra de Dios. “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Rom. 10:17). Otra
versión lo traduce: “Consecuentemente, la fe viene de oír el mensaje, y el mensaje es oído
mediante la palabra de Cristo.” Por lo tanto, la fe viene mediante el oír la palabra de
Cristo. “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron” (Hch. 4:4). Nada
producirá más fe que el leer y estudiar la Biblia, la palabra de Dios, y de ahí llegar a
conocer lo que Dios ha prometido. La fe es simplemente creer en lo que Dios ha dicho. Es
tomarlo por su palabra.

Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que


predicamos: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón
que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Rom. 10:8-9).

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Fe Bíblica

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida
eterna” (Jn. 5:24).

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch. 16:31).

Concedido, el evangelio de la gracia de Dios al hombre pecador suena demasiado bueno


para ser cierto. Pero cuando uno considera que está planeado por Dios, y llevado a cabo
por Él, no debería ser difícil tomarlo como su palabra. ¡Esto es fe!

El Significado Bíblico de la Fe
El significado bíblico de la fe tiene que ser estudiado desde tres puntos de vista diferentes:
(1) La fe como un acto de creer, (2) la fe como la sustancia de lo que creemos, y (3) la fe
como fidelidad.

Veamos que dice acerca de la fe el Catecismo Menor (pregunta 86): ¿Qué es la fe en


Jesucristo? «La fe en Jesucristo es una gracia salvadora, por la cual recibimos a Cristo
como nos está ofrecido en el evangelio». La pregunta 87 dice: ¿Qué es el arrepentimiento
para la vida? «El arrepentimiento para la vida es una gracia salvadora por la cual el
pecador, teniendo un verdadero sentimiento de sus pecados y conociendo la misericordia
de Dios en Cristo, con dolor y odio de sus pecados se convierte de ellos a Dios, con la
plena determinación de alcanzar una nueva obediencia». (Compárense Catecismo Mayor,
preguntas 72 y 76; Confesión de Fe, capítulos XIV y XV.)

A. La fe, un acto de creer.

Es mi convicción que el acto de creer, en cualquier reino de pensamiento o actividad, es


uno de sumisión.

1. Fe cognoscitiva.

La literatura relacionada con este tema en los campos de sicología, lógica y epistemología
es muy extensa. Solamente puedo sugerir unas consideraciones pertinentes en el campo
secular general que tienen relación con la fe como se estudia en el campo de la teología.

Debe ser evidente, a cualquiera que esté familiarizado con la lógica inductiva, que el acto
de creer en cualquier objeto o situación existente involucra una entrega más allá de los
procesos puramente cognoscitivos. Los datos para el razonamiento inductivo nunca son
completos. Las asunciones y presuposiciones involucradas en el sencillo acto de creer que
el sol se levantará mañana son literalmente innumerables.

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Fe Bíblica

No solo es necesario un acto de entrega para creer en cualquier conclusión existencial


sino que, es mi convicción, es necesario para creer en las mismas leyes de la consecuencia
que se expresan en el estudio de la lógica y la matemática. Hablando de razonamiento
secular, «la fe en la razón» es el primer paso, el primer acto de entrega en cualquier
proceso ordenado del pensamiento. Desde el punto de vista cristiano, no necesitamos
rechazar «la fe en la razón» como un postulado, sino reconocer que para nosotros la
razón es aquel concepto básico de la verdad que es un atributo esencial del carácter de
Dios.

Cuando alego que cualquier acto de fe implica una sumisión, no quiero decir que uno se
entregue necesariamente a todas las inferencias de lo que cree. «Tú crees que Dios es uno;
bien haces, también los demonios creen y tiemblan» (Santiago 2:19). Santayana (1863–
1952), un materialista, dice en algún lugar que él cree que la única perspectiva es la
muerte total.

La misma opinión fue expresada por Bertrand Russell (1872–1970) y otros físicos y
astrónomos. Sin embargo, la actitud de Santayana ha sido evitar la contemplación de la
muerte final y pensar en otras cosas.

Muchos escritores han hablado de diversos grados de creencia. Los niveles pueden ser
enumerados desde la opinión tentativa, a través de la actitud que dice: «Sí, ¿y qué?»,
hasta las convicciones más fuertes que llevan a una actividad vital. Mi punto por ahora es
solamente que no hay una creencia sin cierto grado de entrega que vaya más allá de los
datos mismos sobre los cuales se piense que ella está basada.

2. La fe salvadora, un acto de entrega total.

El estudio siguiente de la palabra «creer» viene de un artículo que publiqué, en la revista


Bibliotheca Sacra, como reacción contra la posición de un profesor que adujo que cuando
Juan usaba la palabra «creer» lo hacía con un significado puramente cognoscitivo y que
además indicaba los principios del gnosticismo.

La palabra «creer» como se usa en el cuarto evangelio tiene un contenido ético definido
y evidente. El autor declara categóricamente que lo tiene, y escribe su libro con el
propósito definido (entre otros) de refutar a sus contemporáneos que consideraban el
«creer» como no ético. Para los judíos el «creer» se basaba en «señales y prodigios», y la
ética era asunto de hacer la voluntad de Dios en forma legalista.

Para los griegos, «creer» se basaba en la lógica, y la ética se presentaba de varias maneras
en su filosofía. Luego, para los hombres de aquella época, el autor del cuarto evangelio

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Fe Bíblica

plantea la proposición de que «creer» en Cristo es no solo una cuestión moral sino que la
que decide todos los demás asuntos morales en la vida humana.

Es su claro propósito dar un nuevo contenido a la ética, y por esta razón a veces se dice
que todo el libro es no ético. No encontramos en el cuarto evangelio ninguno de los
distintivos del tipo ordinario de enseñanza moral. Se habla poco de la pureza personal, o
de la justicia legal, o de lo que llamamos hoy en día «servicio social». Encontramos
solamente el repetido mandato de «creer». Parece no haber diferencia si se expresa el
pensamiento en forma absoluta, o con «en» o «que».

Sencillamente debemos «creer» en cuanto a Cristo. Los que no «creen» están bajo «la ira
de Dios», y los que creen tendrán «vida en su nombre». Trataré de mostrar que este
«creer» no es meramente un asentimiento intelectual, ni una credulidad que no duda,
sino una reacción positiva de todo el ser del hombre hacia Jesucristo como el Hijo de
Dios.

3. La fe salvadora, un don de Dios.

La fe salvadora es un acto del hombre movido por el poder del Espíritu Santo mediante
un hecho inexplicable llamado comúnmente «llamamiento eficaz». Esto ya se ha
mencionado en nuestro estudio. Todo el sistema de la verdad revelada de Dios se
relaciona entre sí, y casi cada aspecto del sistema de doctrina enseñado en la Biblia llega a
su foco en la gracia especial por la cual el hecho de la fe salvadora se produce en los
elegidos de Dios.

He citado a Filipenses 2:12, 13, una vez tras otra «Porque Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad», y con más frecuencia a
Efesios 2:8–10: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios». La palabra «esto» no se refiere solamente a la «gracia» ni solo a la
«fe» sino a todo el asunto expresado en estas palabras.

Tanto gracia como fe son sustantivos femeninos, pero la palabra «esto», touto, es neutro,
y muestra que no es solamente gracia, ni solamente fe, sino el concepto completo de
gracia aceptado por la fe lo que tiene que ser considerado como un don de Dios. Esto se
comprueba por los versículos que siguen: «No por obras, para que nadie se gloríe, porque
somos hechura suya, creados en Cristo para buenas obras, las cuales Dios preparó de
antemano para que anduviésemos en ellas».

Me siento justificado al abreviar esta discusión de fe como un don de Dios porque ha sido
necesario referirme al tema varias veces en otras oportunidades, especialmente en la
discusión de la obra convencedora del Espíritu Santo y en la del «llamamiento eficaz».

16
Fe Bíblica

4. El proceso observable.

La distinción entre ser salvado y ser perdido, entre haberse entregado a Cristo y no
haberse entregado, entre el estado regenerado y el no regenerado, es una diferencia
absoluta. Por eso, el acto de la fe salvadora, obrado por el Espíritu Santo, tiene que ser
considerado como un acto instantáneo o, si no un acto instantáneo como tal, uno que
llega a su consumación en un momento preciso. No obstante, la fe salvadora es un acto
que es precedido por un proceso de convicción y llamamiento eficaz, y que resulta en otro
de crecimiento en gracia, conocimiento y santificación.

Como pastores, maestros, misioneros y evangelistas, nunca podemos ver el momento


preciso en que un pecador perdido pasa de muerte a vida. Nuestro trabajo es promover
todas esas influencias y circunstancias que el Espíritu Santo usa para obrar convicción e
impulsar a la persona perdida a hacer la entrega positiva exigida por las palabras «Cree en
el Señor Jesucristo y serás salvo» (Hechos 16:31; Juan 3:16).

Es significativo que la Escritura compare la Palabra de Dios con una semilla sembrada, y
el proceso de regeneración con la germinación y el arraigamiento de la semilla. Se ha
mostrado que la regeneración y la fe tienen que ser simultáneas. Desde el punto de vista
humano, muchas veces la fe parece un proceso de germinación y arraigamiento.

¿Qué pastor no ha experimentado haber traído a una persona al punto de aceptar algún
aspecto de la verdad bíblica y poco tiempo después observar que esa persona olvidó no
solo las razones de su convicción sino también el hecho de haber sido convencido? Lo
mismo ocurre en el caso de la conversión. El pastor necesita gran paciencia y
perseverancia. La semilla tiene que ser sembrada, regada, cultivada, protegida y abonada
con alimento espiritual.

Aunque hay mucho desaliento, la obra tiene más recompensa que cualquier otro tipo de
trabajo. Juan escribe a la iglesia que llama «señora elegida», diciendo: «Mucho me
regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al
mandamiento que recibimos del Padre» (2 Juan 4). También escribe Juan a Gayo (tal vez
el Gayo de 1 Corintios 1:14): «No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan
en la verdad» (3 Juan 4).

Pero, algunos preguntan, ¿no hay conversiones instantáneas, como la de Saulo de Tarso
en el camino a Damasco? La conversión tiene que ser instantánea según la naturaleza del
caso. Podemos definir la conversión como aquel cambio de dirección que ocurre en el
momento en que el individuo es regenerado y cree.

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Fe Bíblica

Hay etapas en el proceso de convicción y llamamiento eficaz, sin embargo, que conducen
a la conversión; y hay pasos en el proceso de maduración y santificación que fluyen de la
conversión. Tómese, por ejemplo, el caso de Saulo de Tarso. Ciertamente, en el momento,
llamó a Jesús «Señor», y estuvo pronto a obedecerle. No obstante, una lectura cuidadosa
de la historia mostrará que hubo pasos definidos en el proceso de convicción que
condujeron a esta conversión instantánea.

Pablo nos dice después que el testimonio de Esteban lo impresionó, al menos esta es la
inferencia que sacamos de Hechos 22:20. El heroísmo de los cristianos mientras sufrían
bajo la persecución tiene que haberle impresionado. Si no entendemos esto de la
narración de los acontecimientos, por lo menos se implica en las palabras de Cristo, «dura
cosa te es dar coces contra el aguijón» (Hechos 9:5; 26:14).

Es posible que Saulo estuviera entre los que visitaron la tumba vacía y no pudo explicar
los lienzos de la sepultura puestos allí sin el cuerpo de Jesús. La misma intensidad de la
persecución por parte de Saulo es una evidencia sicológica de un conflicto mental. Dar
coces contra el aguijón es solo una expresión figurativa de la mente bajo convicción,
luchando contra la evidencia y resistiendo la conclusión obvia.

Vemos pues, que aun en el caso de una conversión tan repentina como la de Saulo de
Tarso, hay un «antes» y un «después»; es decir, hay un proceso. De este hecho los padres
y obreros cristianos pueden sacar estímulo para esforzarse de manera paciente y fiel.

B. Fe como la sustancia de la creencia.

«Fe» en el uso bíblico no siempre designa el hecho de creer, es más, se refiere con
frecuencia a lo que es creído. Esta es una distinción muchas veces obviada. Sin embargo,
cuando se llama a la atención, es un significado que debe ser apreciado. «La fe que ha sido
una vez dada a los santos» (Judas 3) ciertamente es un cuerpo de doctrina y no un acto de
la mente o el corazón. De la misma manera, cuando Juan dice: «Esta es la victoria que ha
vencido al mundo, nuestra fe» (1 Juan 5:4), habla de lo que creemos y no meramente del
acto de creer.

En este caso tenemos un cuerpo de doctrina, pero más que eso, tenemos una persona
cuya fidelidad es la misma sustancia de la doctrina. Cuando Juan escribió las palabras de 1
Juan 5:4, es casi seguro que pensaba en el dicho de Jesús, en Juan 16:33: «Confiad, yo he
vencido al mundo». La expresión, «mirando a Jesús, autor y consumador de nuestra fe»
(Hebreos 12:2), es otro caso del uso objetivo: significa lo que creemos en cuanto a Jesús.
Véase también «profecía… conforme a la medida de la fe» (Romanos 12:6).

18
Fe Bíblica

Sería muy valioso un estudio para clasificar los usos del término «fe» y separar los casos
en que el significado sea objetivo más que subjetivo. Tal análisis es imposible ahora, pero
para un buen recurso sugiero el capítulo 11 de Hebreos como un pasaje significativo.

Particularmente me hicieron pensar mucho las primeras palabras del capítulo: «Es pues,
la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven».
Traté de hacer que «sustancia», hupostasis, y «demostración», elegchos, significaran otra
cosa, como hacen muchos traductores; pero tuve que volver al hecho de que los
significados dados a estas dos palabras en la versión antigua (Reina–Valera) son los
correctos. Hupostasis en tal contexto tiene que entenderse como «sustancia», y elegchos
significa más naturalmente «evidencia» o «prueba».

Pero si la fe bajo discusión aquí es el acto subjetivo de creer, ¿qué tenemos sino el
hipersubjetivismo de la autollamada «ciencia cristiana»? ¿Acaso el escritor inspirado nos
quería dar a entender que nuestra fe subjetiva en verdad es la sustancia de lo que
esperábamos y la evidencia de lo que no vemos? Esto sería una idea contradicha por
decenas de pasajes bíblicos.

Recuerdo muy bien la ola de iluminación que vino cuando se presentó el pensamiento de
que la fe bajo discusión aquí no es subjetiva sino objetiva. Lea este pasaje, y el capítulo
entero, usando la definición, «lo que creemos en cuanto a Cristo» cuando ocurre la
palabra «fe». «Lo que creemos en cuanto a Cristo es la sustancia de las cosas que
esperamos, la evidencia de las cosas que no hemos visto». ¡Cuán sencillo y claro es! El
sistema de verdad al cual seguimos, la verdad que tiene su centro en nuestro Señor
Jesucristo, es la sustancia y la evidencia para todas las promesas bondadosas de Dios en
cuanto a las cosas invisibles que se realizarán escatológicamente en la vida futura.

Esto es semejante al argumento de Pablo expresado en 1 Tesalonicenses 4:14: «Si creemos


que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él».
En otras palabras, son las verdades elementales del evangelio lo que constituye la base de
nuestra esperanza futura.

Continuando en el capítulo 11 de Hebreos: «Por ella [lo que creemos en cuanto a Cristo]
alcanzaron buen testimonio los antiguos». Esto es, por su fe en el Mesías venidero y en la
salvación por el sacrificio que Él haría, los antiguos «alcanzaron buen testimonio». Este
pensamiento es la clave para la discusión de cada nombre particular mencionado en esta
maravillosa galería de cuadros de los héroes del Antiguo Testamento. Debe leerse el
capítulo entero con este iluminador pensamiento en la mente.

Tómese por ejemplo el caso de Abel, el primer nombre mencionado. «Por lo que creemos
en cuanto a Cristo, Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín» (v. 4). Si no es
19
Fe Bíblica

cierto que Abel miraba hacia el cumplimiento de la promesa de Dios respecto a una
redención por la expiación, entonces la historia bíblica del sacrificio de Abel cae en la
insignificancia de la mera tradición. Pero si la fe de Abel, en sustancia, radicaba en la obra
expiatoria de Cristo, entonces todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento tiene
significado profético.

Los versículos introductorios continúan: «Por la fe entendemos haber sido constituido el


universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía»
(v. 3). Es por lo que creemos en cuanto a Cristo: Su vida, Su muerte, Su resurrección, Su
divina persona; por este cuerpo de verdad, que podemos entender la doctrina de la
creación de la nada. Si es verdad la historia sencilla del evangelio, y si es aceptada de
corazón, la mente no tiene dificultad en creer la doctrina bíblica de la creación del
universo.

Los últimos dos versículos del capítulo constituyen una elaboración del primero. «Y todos
estos, habiendo sido atestiguados por fe [por lo que creemos en cuanto a nuestro Señor
Jesucristo], no recibieron lo prometido [esto es, las cosas que esperamos, las cosas que
todavía no se ven], proveyendo Dios alguna cosa mejor [que las experiencias de la vida
actual] para nosotros [esto es, para todos nosotros], para que no fuesen ellos
perfeccionados aparte de nosotros [ni nosotros aparte de ellos]» (vv. 39, 40).

C. Fe como fidelidad.

Hay casos marginales en que la palabra «fe» parece estar entre el significado subjetivo y
objetivo. En algunos de estos pasajes parece que la palabra «fe» significa «fidelidad». A
veces la fidelidad es la del creyente motivado por el Espíritu Santo. Así Santiago afirma:
«Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia… pida con fe, no dudando
nada…» (Santiago 1:3, 6).

Hay otros pasajes en los que el sentido de «fe» parece juntar en sí mismo todas las
riquezas de los significados subjetivos y objetivos. Cuando Pablo dice: «La vida que ahora
vivo en la carne, la vivo en fe, la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí» (Gálatas 2:20), parece que la fe aquí quiere decir una confianza subjetiva
completa en la fidelidad objetiva de Cristo.

Otra vez, cuando leemos las citas de Habacuc 2:4 en el Nuevo Testamento (Romanos 1:17;
Gálatas 3:11; Hebreos 10:38, 39), «el justo por la fe vivirá», tenemos el significado más rico
posible de la palabra. Aquí, fe quiere decir una entrega de todo corazón, una aceptación y
una lealtad en la perfecta fidelidad de nuestro Dios y Salvador Jesucristo.

20
Fe Bíblica

Otra perspectiva sobre la Fe

A. El significado de la fe.

La fe significa confianza, certidumbre, contar con que algo es verdad. Por supuesto, la fe
debe tener contenido; tiene que haber confianza o certidumbre acerca de algo. Tener fe
en Cristo para salvación significa confiar en que Él puede remover la culpabilidad del
pecado y dar vida eterna.

B. La necesidad de la fe.

La salvación es siempre por la fe, no a causa de la fe (Efesios 2:8). La fe es el canal por el


cual recibimos la dádiva de Dios de la vida eterna; no es la causa. Esto es para que el
hombre nunca pueda gloriarse, ni aun de su fe. Pero la fe es el único y necesario canal
(Juan 5:24; 17:3).

Generalmente la palabra neo-testamentaría para creer (pisteuo) se usa con la preposición


eis (Juan 3:16), indicando confianza o esperanza confiada en el objeto. Algunas veces es
seguida por epi, que enfatiza la confianza como el asirse del objeto de la fe (Romanos
9:33; 10:11). A veces le sigue una cláusula que presenta el contenido de la fe (10:9). El verbo
se usa con un dativo en Romanos 4:3. Pero sea cual fuere la forma, indica confianza en
algo o alguien.

C. Las clases de fe.

Las Escrituras parecen distinguir cuatro clases diferentes de fe.

1. Fe intelectual o histórica. Esta comprende la verdad intelectualmente como resultado


de la educación, la tradición, la crianza, etcétera. Es humana y no salva (Mateo 7:26;
Hechos 26:27–28; Santiago 2:19).

2. Fe milagrosa. Esta es la fe de hacer o lograr que un milagro, y puede o no estar


acompañada por la salvación (Mateo 8:10–13; 17:20; Hechos 14:9).

3. Fe transitoria. Lucas 8:13 ilustra esta clase de fe. Parece ser similar a la fe intelectual
excepto que es posible que incluya más interés personal.

4. Fe salvífica. Esta es la confianza en la verdad del Evangelio como se revela en la Palabra


de Dios.

D. Los aspectos de la fe.

21
Fe Bíblica

1. El aspecto intelectual. Esto implica un reconocimiento factual y positivo de la verdad


del Evangelio y la persona de Cristo.

2. El aspecto emocional. La verdad y la persona de Cristo ahora se ven en un marco de


interés y fascinación.

3. El aspecto volitivo. Ahora el individuo se apropia personalmente de la verdad y de la


persona de Jesucristo y pone su confianza en El.

Mientras que se distinguen estos tres aspectos, ellos tienen que integrarse cuando ocurre
la fe salvífica. La persona cree en Cristo con todo su ser, no sólo con su intelecto, sus
emociones, o su voluntad.

Posiblemente una de las afirmaciones más claras del contenido necesario de le fe salvífica
se encuentra en las palabras del Señor a la mujer pecaminosa samaritana. Él dijo: “Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías, y él te
daría agua viva” (Juan 4:10). Conoce acerca del don y de la Persona, y entonces pide y
recibe la vida eterna.

Fe Sanadora.

Este término describe las sanidades que ocurren y que son contrarias a la expectación
médica normal, obradas por virtud de un don espiritual especial (1 Co. 12:28). Los
milagros bíblicos de esta naturaleza se veían como fruto de la directa acción divina, en
respuesta a la fe de la persona enferma (Mt. 9:22, 29), o de alguien que representaba al
enfermo (Mt. 9:2; Mr. 9:24; Jn. 4:50). Jesucristo sanó milagrosamente todo tipo de
enfermedad, y también expulsó a los demonios. Durante su ministerio aquí en la tierra, él
dio a sus discípulos el poder para sanar enfermedades y expulsar a los demonios (Mt. 10:1),
y este poder también fue ejercitado después de Pentecostés cuando nuevamente se
menciona la necesidad de fe (Hch. 14:9), y más específicamente, fe en Cristo (Hch. 3:16).

Pablo dice que algunos tienen el don de sanidad porque les ha sido dado a través del
Espíritu Santo, aunque no es un don para todos (1 Co. 12:9, 30). En Stg. 5:14, 15 quizá no
había cerca nadie con el don de sanidad, por lo que se pide a los ancianos que unjan al
enfermo y oren por él; nuevamente se enfatiza la fe, «la oración de fe salvará al enfermo»
(v. 15). Los comentaristas difieren en si éste es un tratamiento médico (el aceite) con
oración, o si se trata del ungimiento como un acto simbólico de fe, como cuando se
imponen las manos (Mr. 6:13). En ninguna manera, sin embargo, este pasaje que habla de
la sanidad, apoya la idea romana del sacramento de la Extremaunción, como una
preparación para la muerte. En el NT podemos notar que: (1) los cristianos no siempre

22
Fe Bíblica

fueron sanados (2 Ti. 4:20); (2) todas las sanidades de fe fueron prácticamente
instantáneas, y los pacientes no necesitaron un tratamiento posterior.

A través de las edades y en nuestra propia época, los milagros de sanidad han sido
reclamados no sólo por los cristianos ortodoxos sino por seguidores de distintos cultos. La
Ciencia Cristiana pretende sanar por medio de la negación de la existencia de la
enfermedad. Los sanadores espiritistas, por lo general, afirman ser guiados por el espíritu
de algún médico ya fallecido. Los católicos romanos presentan muchas sanidades en
Lourdes a través de la influencia de la Virgen María, aunque únicamente una pequeña
proporción de ellas son declaradas oficialmente como milagros. Los pentecostales y otros
a menudo organizan «campañas de sanidades». Ha habido casos en que muchos
cristianos han sido sanados milagrosamente en respuesta a la oración cuando los médicos
han abandonado las esperanzas.

Es digno de mención que muchas de estas sanidades son graduales, o que necesitan un
tratamiento posterior que puede ser médico o de imposición de las manos. ¿Pertenecen
ellas al mismo orden de las sanidades divinas del NT? Al evaluar los casos modernos
podemos notar: (1) el efecto impresionante de la mente sobre el cuerpo (p. ej., en el
hipnotismo); (2) el poder psíquico que tienen algunos, lo cual los hace vehículos de
sanidades; (3) la buena voluntad de Dios en responder la oración del creyente que esté de
acuerdo a Su voluntad. Parece que Él normalmente responde a la oración por sanidad por
un proceso gradual que puede incluir el uso de medicinas, aunque esté en contra de las
posibilidades médicas normales; pero, como en los tiempos del NT, Él no quiere sanar a
todos los cristianos.

La fe y las obras se necesitan mutuamente, Stg. 2:18–20:

Una nueva discusión mano a mano con otro interlocutor imaginario se observa tras el
fuerte discurso de los versículos 18–20. Alguno dirá, escribe Santiago. Debemos recordar
que estamos tratando con una epístola general, no dirigida a ninguna comunidad
cristiana en particular, sino a todas las comunidades cristianas dispersas por causa de la
persecución de Esteban. Esta misma actitud de alguno es la que Santiago probablemente
ha visto en su comunidad en Jerusalén, que le ha sido referida de palabra por quienes
viniendo de otras comunidades dispersas la han ratificado, y que, por eso, se convierte,
para Santiago, en una actitud generalizada. Cualquiera que haya sido pastor por algún
tiempo simpatiza inmediatamente con esta frase: “Sin embargo, alguno dirá”. ¡Hay tantas
cosas que se dicen, y tanta gente que dice cosas sin fundamento en todas las iglesias
cristianas! La reflexión de Santiago sigue siendo apropiada en el día de hoy.

Joya bíblica.

23
Fe Bíblica

“Hermanos míos, si alguno dice que tiene fe y no tiene obras, ¿de qué sirve? ¿Puede acaso
su fe salvarle?” (2:14).

Lo que este “alguno” dice es: Tú tienes fe, yo tengo obras. Santiago ataca duramente esta
posición exclusivista y privatista de la religión. No puede tener fe quien no tiene obras, es
lo que dice. Indirectamente, también dice que no puede tener verdaderas obras quien no
tiene fe. La fe y las obras se necesitan mutuamente. Nadie puede decir que tiene el don de
fe sin las obras. Nadie puede decir que tiene el don de las obras si no tiene también la fe.

La respuesta de Santiago es irónica y contundente: Muéstrame (es decir, si puedes) tu fe


sin tus obras, que yo te mostraré mi fe por mis obras. La expresión σου χωρὶς, significa
“aparte de”, en el sentido de que sólo por medio de ella, cosa que falta, se obtiene lo que
se desea. Las dos partes de la expresión llevan el mismo sentido: Sin obras no se puede
mostrar la fe. El que tiene fe debe mostrarla a través de sus obras. El desafío que Santiago
da a su interlocutor imaginario es mordaz y punzante. Si alguna persona intentara
demostrar su fe sin sus obras, no sólo no podría hacerlo, se pondría a sí mismo en
ridículo. No hay manera de mostrar la fe sin las obras, porque la fe es interior, del
corazón, invisible. Sólo se ven las obras que parten de la fe, y la demuestran visiblemente.

Fe sin obras.

(Stg. 2:14–18).

La fe que no tiene acciones concretas de solidaridad hacia los oprimidos y explotados, se


le puede declarar abiertamente que no es la fe del Señor Jesucristo. La auténtica fe es
dinámica y armoniosa con sus exigencias de corte humanitario. Un ejemplo de lo que
muchas veces ocurre en los países del llamado “tercer mundo”, lo presentan los hermanos
Leonardo y Clodovis Boff en su obra Cómo hacer Teología de la Liberación cuando
comparten el siguiente relato: “Cierto día, durante la sequía del nordeste brasileño, una
de las regiones más famélicas del mundo, encontré a un obispo trémulo que entraba a la
casa y le pregunte:

—Señor obispo, ¿qué sucede? Jadeante, respondió que había presenciado algo terrible.
Encontró a una señora con tres niños y uno más en brazos, frente a la catedral. Vio que la
mujer estaba casi desmayándose de hambre; la criatura que llevaba en sus brazos parecía
muerta. El obispo le dijo:

— ¡Mujer, alimente la criatura!

—No puedo, señor obispo —respondió ella—.

24
Fe Bíblica

El obispo insistió, pero ella siempre respondía: no puedo. Finalmente, a causa de la


insistencia descubrió su pecho, el cual estaba sangrando. La criatura se lanzó
violentamente al seno y absorbía la sangre. La madre que engendró esa vida la
alimentaba, como un pelícano, con su propia vida, con su sangre”.

La auténtica fe de los cristianos se fundamenta ante todo en la Palabra de Dios, pero


debe ser proyectada en acciones a favor de los desvalidos y oprimidos. No es la fe ciega
del carbonero que se mete a la mina sin saber si los muros que la sostienen son fuertes.

Debemos recalcar una vez más que no es aquí una cuestión de “tener” fe en contra de
“tener” obras. Lo que Santiago intenta afirmar es que la simple profesión de la fe no basta
para mostrar que se tiene una fe viva y activa. No es sólo cuestión de decir que uno tiene
fe en Cristo, es cuestión de demostrar por medio de las acciones que uno verdaderamente
tiene fe. En esto recuerda Santiago las múltiples llamadas del Señor a la responsabilidad
de hacer la voluntad del Padre (Mt. 7:21). Tampoco sirven para la salvación las obras que
no reflejan la fe (Mt. 7:22, 23). Las obras por sí mimas no sirven, porque no parten de la fe.
Pero la fe que no se manifiesta en obras no es verdadera fe.

Nuevamente, debemos recordar que Santiago no se está refiriendo aquí a las “obras de la
ley” (Rom. 4; Gá. 3) que no pueden salvar, sino a las obras de amor, como una verdadera
prueba de la fe que salva. También Pablo afirma esto en Gálatas 5:6: “Pues en Cristo Jesús
ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada, sino la fe que actúa por medio del
amor”. El argumento es el mismo. No es la circuncisión (obra de la ley) la que salva, sino
la fe, dice Pablo. La siguiente frase es la que muchas veces es pasada por alto por el que
lee: “la fe que actúa (obra) por medio del amor”. Pablo y Santiago concuerdan: La fe
verdadera se manifiesta a través de las obras de amor.

La fe verdadera no es sólo creer que Dios es uno (Stg. 2:19). No es sólo asentimiento, sino
confianza y compromiso. La fe como asentimiento no sirve para la salvación. Aún los
demonios creen como asentimiento, y tiemblan por causa de esa fe. Marcos (1:34) registra
que Jesús “no permitía a los demonios hablar, porque le conocían”. Los demonios tienen
una fe como asentimiento (Lc. 4:41; 10:17), pero esa fe no alcanza para la salvación, por eso
“tiemblan”, porque saben cuál es el futuro que les espera (Apoc. 20:10). Sólo la fe como
confianza, que se manifiesta en las obras de compromiso, es la fe que salva. Que
obviamente, no es la fe que los demonios tienen.

Termina su sección Santiago con una nueva afirmación firme y tajante sobre la necesidad
de demostrar la fe por las obras, esta vez dirigidas a un hombre vano. La palabra “vano”,
(kenos 2756) significa vacío, falto de verdad. Se la dice tanto de los lugares y las cosas que
no contienen nada, como de las personas que no tienen nada, que vienen con las manos

25
Fe Bíblica

vacías, sin regalos, o metafóricamente de aquellos cuyos actos no resultan en nada


productivo, que son vanos, sin efecto, sin fruto, y también de aquellos que no pueden
demostrar los frutos de su fe. La afirmación está dirigida no sólo a la fe sino a la persona.
Un hombre que tiene una fe vana termina siendo un hombre vano, afirma Santiago.
Alguien que tenga como buena una fe muerta termina muriendo él mismo. Alguien que
tenga una fe vana, termina él siendo vano completamente. La expresión “oh hombre” era
también común en el apóstol Pablo (Rom. 2:1, 3; 9:20; 1 Tim. 6:11). Pablo también usa la
palabra “necio”, pero nunca “vano” (1 Cor. 15:36).

La fe sin obras está muerta, así lo traduce la RVA el versículo 20. La palabra griega “arge”
(3410) significa inactiva, que no trabaja, que no obra. Se usa para denotar las personas que
no trabajan o que están desempleadas (Mt. 20:3, 6), las personas que no quieren hacer
nada porque son vagos o haraganes (1 Tim. 5:13), las cosas que son inútiles, que no sirven
para nada, ociosas (2 P. 1:8), y las que son indignas, o que han sido dichas sin cuidado
(Mt. 12:36). Hay un problema textual complicado en el uso de esta palabra, pues hay muy
buenos manuscritos que usan la palabra “necra” (3498), que significa muerta, en lugar de
“arge” (3410). La fe sin obras, dice Santiago, no trabaja, es ociosa, no sirve para nada, es
indigna. Es casi un juego de palabras: “La fe sin obras no obra”.

3. La fe y las obras obran conjuntamente la justificación, 2:21–26

En el tercer y último párrafo de esta advertencia, Santiago insistirá más profundamente


en la íntima interdependencia entre la fe y las obras para la salvación o la justificación.
Los ejemplos de Abraham y de Rahab le vienen a Santiago muy a la mano porque también
fueron usados por otros apóstoles. En Romanos 4 y Gálatas 3 Pablo discute ampliamente
la relación de Abraham con la salvación a través de la fe, como así también el autor de
Hebreos (11:8). En cuanto a Rahab, aunque sólo Hebreos (11:31) la menciona, y es incluida
por Mateo en la genealogía de Jesús (Mat. 1:5), aparentemente su ejemplo de fe era
comúnmente reconocido entre los judíos del primer siglo, y era equiparado al de
Abraham. Ambos, Abraham y Rahab, son puestos por Santiago como ejemplos de la fe
que se muestra por las obras.

Santiago, apóstol de la liberación.

Veamos más de cerca a Stg. 2:1–20

Uno de los más significativos y directos en el mensaje del Nuevo Testamento en cuanto a
la problemática social y dificultades humanas en los tiempos de la iglesia primitiva fue
Santiago. Con toda propiedad se le puede llamar el Amós del Nuevo Testamento. El
plantea la liberación de los oprimidos y explotados, como lo hicieran los llamados
“profetas de la justicia social”, que tanto los necesitamos en el día de hoy.
26
Fe Bíblica

I. Santiago plantea las causas de la pobreza absoluta, 2:1–4.

1. Una causa es la parcialidad (v. 1).

2. Otra es la lucha de clases (vv. 2–4).

(1) Promovida por los ricos sin conciencia (v. 3).

(2) Promovida por los ricos opresores (v. 4).

II. Santiago plantea la iglesia como la solución de Dios, 2:5–18.

1. Por la estrategia de trabajo comunal (vv. 12–15).

(1) Porque actúa dentro de la sociedad (v. 14).

(2) Porque siente las necesidades de los demás (v. 15).

2. Por la estrategia de solidaridad (vv. 16–18).

(1) Dando respuestas concretas de solución.

(2) Dando muestras de la acción de Dios.

III. Santiago plantea la respuesta escatológica, 2:12, 13.

1. Cuando venga el juicio de Dios (v. 12).

2. Cuando venga el Señor en gloria (v. 13).

Conclusión: Este mensaje alerta no solamente a la comunidad de la Iglesia del Señor, sino
que reta a la comunidad, para tomar las armas de la justicia de Dios y actuar
dinámicamente en el nombre de Jesucristo como generadores de soluciones.

La expresión justificado por las obras ha sido quizá la causa principal por la cual Santiago
ha sido tan malentendido y criticado. Obviamente, Pablo ha sido quien ha afirmado con
más vehemencia que la salvación y la justificación son solamente por la fe, no por obras.
Que Pablo estaba entendiendo por esas “obras” las “obras de la ley” ha sido explicado
anteriormente. Sin embargo, muchos cristianos que no distinguen entre estas dos
categorías de obras, ven una abierta contradicción entre Pablo y Santiago en esta
expresión. La salvación es por fe, pero el juicio de Dios es en base a las obras. Aquellos
que insisten en que hay contradicción entre Santiago y Pablo deberían leer con cuidado el
siguiente texto del apóstol: “Él [Dios] recompensará a cada uno conforme a sus obras:
vida eterna a los que por su perseverancia en las buenas obras buscan gloria, honra e
incorrupción; pero enojo e ira a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino

27
Fe Bíblica

que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre toda persona que hace lo malo
(el judío primero, y también el griego); pero gloria, honra y paz a cada uno que hace el
bien (al judío primero y también al griego)” (Rom. 2:6–10). De modo que también, según
Pablo, toda persona será justificada “conforme a sus obras”.

Lo chocante del ejemplo de Santiago es que quien fue justificado por las obras fue nada
menos que nuestro padre Abraham, el así llamado “padre de la fe” (Rom. 4:11–16). Lo que
parece una contradicción, sin embargo, no lo es. Santiago no discutiría que Abraham fue
justificado por la fe. Sin embargo, como ya ha dicho que la fe verdadera es una fe que
obra, sí afirma que el resultado visible de esa fe invisible son las obras de la fe, y que es
imposible tener una “fe” que no se manifieste en obras de amor. También el apóstol Pablo
afirma esto (Gá. 5:6; 1 Ts. 1:3; 2 Ts. 1:11), y es natural concluir que el propio Señor insistió
en que la justificación sería por las obras, no por la fe (Mt. 7:21; 25:31–46). El tema
principal en Santiago, al igual que en todo el testimonio del NT, es evitar la polaridad
entre la fe y las obras. No es que uno es salvo “sólo” por la fe, ni tampoco “sólo” por las
obras. La fe y las obras “actúan juntamente con” la una y la otra para producir la
justificación.

Que Abraham sea llamado nuestro padre por Santiago es consistente tanto con el
testimonio del AT (Gén. 17:5; Jos. 24:3; Is. 51:2), como del NT (Mt. 3:9; Lc. 1:73; Juan 8:39;
Hch. 7:2; Rom. 4:1, 12; Gá. 3:7, 29). Nuestro padre Abraham, padre de la fe, fue “justificado
por las obras”, “cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar”. El hecho que refiere Santiago
es relatado en Génesis 22:1–14. Es evidente que Santiago no puede contar este hecho de
Abraham entre las “obras de la ley” porque la ley todavía no había sido promulgada. En
una instancia previa a la ley de Moisés Abraham realiza las obras de la fe antes que la ley
las demandara. Del mismo modo, en Romanos 4, Pablo demostrará que la fe de Abraham
fue aún previa a la circuncisión, señal del pacto, por lo cual las referencias a las obras en
Romanos 4:4-5 tienen que ser entendidas en relación a las “obras de la ley”. En ambos
casos la comprobación es la misma: La misma obra de fe de ofrecer a su hijo Isaac sobre el
altar (Stg. 2:21) es la prueba de la fe que Abraham tuvo aún antes de la ley (Rom. 4:4-5), lo
cual fue la razón de su justificación. No hay contradicción posible entre Santiago y Pablo
si ambos son entendidos correctamente. Además, no es seguro ni que uno estuviera
contestando al otro, cualquiera sea que conteste, ni siquiera es seguro que uno haya
conocido el pensamiento del otro al escribir su respectiva epístola. La prueba es que tanto
Pablo como Santiago estuvieron de acuerdo uno junto al otro en el Concilio de Jerusalén
(Hch. 15; Gá. 2), en el cual este asunto de la fe y las obras no tuvo discusión alguna.

El versículo 22 trae el argumento final. La fe actuaba juntamente con las obras, a la vez
que fue completada por las obras. Ambas expresiones merecen consideración. La

28
Fe Bíblica

expresión “ves que…” podría traducirse quizá mejor como una pregunta retórica: “¿Acaso
no ves que…?”. La idea es la misma: lo que está presentando es tan evidente, que el autor
duda que el lector no pueda verlo. La expresión “actuaba juntamente”, (sunergo 4903),
significa obrar conjuntamente, ayudar en una obra, ser socio en un trabajo, asistir,
ayudar, favorecer, socorrer. Las obras hacen esto con la fe, la ayudan a mostrarse, son su
socia visible, la asisten, la ayudan, la socorren. Es sólo a través de las obras que la fe llega a
ser lo que realmente es: fe. Para Santiago, la fe y las obras se asisten mutuamente para
producir la justificación. Sin obras la fe es invisible, no actúa, está muerta. Con obras, la fe
es visible, es fuerte, es real: es verdadera fe.

La segunda expresión de Santiago lo clarifica aún más, la fe fue completada por las obras.
El verbo “fue completado”, (teleioo 50480, significa perfeccionar, hacer perfecto, llevar
adelante una obra hasta el final, completar, cumplir, como en el caso de una profecía que
ha sido “cumplida”. Es el mismo verbo que el Señor utilizó en la cruz cuando dijo:
“Consumado es” (Juan 19:30), usado en el mismo sentido que Juan lo utiliza en su primera
epístola para decir que “el que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Jn. 4:18). Del
mismo modo, el que no tiene obras, no ha sido perfeccionado en la fe. La fe sin obras es
una fe a medias. Puede ser una fe como asentimiento, quizá como confianza, pero nunca
como compromiso. La verdadera fe es más que creer que Dios es uno, es más que decir
que uno confía en Dios, es jugarse por el Señor en el quehacer diario, en la vida de cada
día, en cada acción que delata nuestras verdaderas lealtades.

El versículo 23 es la prueba final que Santiago y Pablo hablan de lo mismo. Ambos citan
Génesis 15:6 (Rom. 4:3). Santiago para probar que Abraham tenía obras con su fe, y Pablo
para probar que su fe precedía a la circuncisión y que fue la base verdadera de su
justificación. Ambos tienen razón. La fe verdadera se muestra en obras, pero no se
sustenta en ellas para la justificación, sino en Dios, el dador de la fe (Ef. 2:8), y en
Jesucristo, el “autor y consumador de la fe” (Heb. 12:2). Si la fe se sustentara en nosotros
mismos, entonces dejaría de ser una obra de amor y se convertiría en una obra de la ley
por la cual se presume ganar el cielo. Pero el cielo no se gana, es un don libre de Dios, una
gracia eterna que sólo tiene a Dios como su autor y dador, aquel que dijo “Tendré
misericordia del que tendré misericordia y me compadeceré del que me compadeceré”
(Éxo. 33:19, comp. Rom. 9:15). La salvación y la justificación dependen exclusivamente de
la gracia y la misericordia de Dios. Sólo Dios garantiza la salvación.

La expresión fue llamado amigo de Dios no corresponde a Génesis 15:6, sino a 2 Crónicas
20:7, o Isaías 41:8. En ambos casos la expresión está puesta en boca de Dios: “Abraham mi
amigo”. La expresión amigo, (filos 5384), por su parentesco con (fileo 5368), amar, gustar,
aprobar, tratar con afecto o cariño, tratar como amigo, podría también traducirse “amado

29
Fe Bíblica

de Dios, aprobado por Dios, miembro de la familia de Dios”. Cualquiera de estos


calificativos honra a Abraham, y a cualquiera que, como él, se sustente en la fe de Dios y
la demuestre a través de las obras de amor.

El versículo 24 completa el argumento de Santiago. Una vez más la expresión “Veis…”


podría ser traducida como una pregunta retórica: “¿Acaso no veis…?” Lo curioso es que en
este caso el interlocutor es más de uno. Sin mayores explicaciones, Santiago pasa del
singular al plural, lo cual es una muestra más del hecho de que no tenía a nadie en
particular, ni a ninguna congregación en particular en mente. Al escribir una carta
general, circular, católica, puede pasar del singular al plural, porque todos y cada uno
estamos incluidos en su argumento. Nadie puede pensar que fue dicho para otros, aunque
también fue dicho para otros, o que no fue dicho para uno mismo, porque también fue
dicho para mí. Esa es la fuerza del argumento de Santiago.

El verbo es justificado, (dikaioo 1344), puede traducirse tanto “hacer justo, justificar, o
hacer que una persona sea como debe ser”, como “mostrar, evidenciar, exhibir a alguien
como justo” (aunque no lo fuera). Cuál de estos dos sentidos estaba en la mente de
Santiago es difícil decirlo. Sin embargo, de cualquier modo que fuera, la idea es la misma.
Las obras demuestran la fe que salva. La fe que justifica es aquella que puede mostrarse en
obras de amor. Si no hay obras, no hay fe que justifica. De modo que no es solamente por
la fe, porque la fe necesita evidenciarse a través de las obras. La prueba que Santiago no
desprecia la fe es esta palabra solamente. La salvación, diría Santiago, es por la fe, pero no
solamente por la fe, sino por las obras que demuestran la verdadera existencia de esa fe
como compromiso total con Dios. Es claro que Santiago está evidenciando las obras como
prueba de la fe, no como el acto inicial de justificarse frente a Dios, como Pablo en
Romanos 4. Una fe viva es lo que todos debiéramos tener, sólo que debe mostrarse en
obras, como pasó con Abraham y con Rahab.

La razón por la cual Santiago se ve impulsado a traer como argumento el ejemplo de


Rahab no es clara para nosotros, aunque debió haber sido clara para los primeros oyentes
o lectores. Lo único que nos queda claro es que su ejemplo va paralelo nada más y nada
menos que al de Abraham, el padre de la fe. Según varios comentaristas esta asociación
entre Abraham y Rahab como ejemplos de fe era muy común entre los judíos. Lo que
Santiago intenta demostrar, sin embargo, es claro: Ambos, Abraham y Rahab, fueron
justificados por aquellas obras que demostraron su fe. Los dos momentos en que se
mostraron las obras de Rahab para con los mensajeros fueron cuando los recibió y cuando
los envió por otro camino, es decir, por una ventana en lugar de por la puerta (Jos. 2:15-
16). La palabra que se traduce mensajeros, aggeloi 32, significa “ángeles, enviados,
mensajeros de parte de Dios”. Hebreos 11:31 los identifica de un modo más humano como

30
Fe Bíblica

“espías”. Que estos mensajeros no eran ángeles del cielo, sino mensajeros humanos,
queda claro de la lectura detenida de Josué 2.

Lo que llama la atención en la mención de Rahab es que ella es una prostituta y, lo que es
peor, una pagana. En la visión de Santiago, y en la visión cristiana en general (Mt. 1:5;
Heb. 11:31) estos dos impedimentos fueron eliminados, al parecer, por el hecho de haberse
convertido en una heroína de fe por su confesión del Dios de Israel como “Dios arriba en
los cielos y abajo en la tierra” (Jos. 2:11).

La corta y enigmática mención de Rahab ha comenzado la conclusión de Santiago, que


ahora remata el argumento con el versículo 26. Así como el cuerpo sin espíritu está
muerto, así también, la fe sin obras está muerta. Un cuerpo sin espíritu pareciera que
tiene vida, pero no la tiene. Así es la “fe” que se declara, pero que no se muestra en
acciones de amor. Parece viva, pero está muerta. Parece algo que no es. Así también era la
iglesia de Sardis, a la cual el Señor en el Apocalipsis dice: “Yo conozco tus obras, que
tienes nombre de que vives, pero estás muerto” (Apoc. 3:1). Así también, la fe que no se
demuestra en obras está muerta (Stg. 2:14, 17, 20).

Completando el argumento que comenzó en los versículos 15 y 16, en resumen, Santiago


afirma que el que dice que cree en Dios pero se lava las manos en situaciones de
injusticia, de hambre y desnudez, al no mostrar el amor de Dios en estas realidades
sociales de la vida, de veras no cree en Dios ni ama a Dios (1 Jn. 4:20). En el resto de sus
advertencias, Santiago expondrá más claramente esta diferencia entre ricos y pobres en la
iglesia cristiana, especialmente en la séptima advertencia (Stg. 4:13–17) y octava (Stg. 5:1–
6).

Grandes Lecciones de Paciencia y Obediencia.


Hebreos 11:1–12:3 dice:
11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
11:2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de
modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
11:4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó
testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla
por ella.
11:5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso
Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

31
Fe Bíblica

11:7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con
temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue
hecho heredero de la justicia que viene por la fe.
11:8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir
como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
11:9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando
en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
11:10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es
Dios.
11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a
luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
11:12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo
en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
11:13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino
mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y
peregrinos sobre la tierra.
11:14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;
11:15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían
tiempo de volver.
11:16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de
llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
11:17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las
promesas ofrecía su unigénito,
11:18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;
11:19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en
sentido figurado, también le volvió a recibir.
11:20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras.
11:21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado
sobre el extremo de su bordón.
11:22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento
acerca de sus huesos.
11:23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque
le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.
11:24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón,
11:25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites
temporales del pecado,
11:26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios;
porque tenía puesta la mirada en el galardón.

32
Fe Bíblica

11:27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al
Invisible.
11:28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los
primogénitos no los tocase a ellos.
11:29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hace r lo
mismo, fueron ahogados.
11:30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.
11:31 Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo
recibido a los espías en paz.
11:32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de
Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas;
11:33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas
de leones,
11:34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se
hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
11:35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron
atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
11:36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.
11:37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada;
anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados,
maltratados;
11:38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por
las cuevas y por las cavernas de la tierra.
11:39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo
prometido;
11:40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos
perfeccionados aparte de nosotros.
Continúa en Hebreo Capítulo 12
Puestos los ojos en Jesús.

12:1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de
testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con
paciencia la carrera que tenemos por delante,

12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono
de Dios.
12:3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para
que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

33
Fe Bíblica

Recuerde: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube,
de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con
paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús “Hebreos 12:1, 2a.

Se cuenta de una señora que después de orar 35 años por la salvación de su esposo, al fin
lo vio convertido al Señor. El esposo dice que nunca recibió una palabra contradictoria o
negativa de ella. Con semejante testimonio no pudo dejar de ver el cambio que Cristo
puede hacer en una persona.

Pero, ¿35 años? Sin duda no fue fácil para ella. Hubo veces en que seguramente se
desesperó, pero no por ello vaciló en su empeño. Dios no tiene ninguna obligación de
contestar nuestras peticiones en el instante en que las presentamos. En cambio, nosotros
sí tenemos el deber de mantenernos firmes hasta recibir su respuesta.

En otra ocasión, un hombre, agobiado por los problemas financieros y familiares,


exclamó: “¡Es imposible vivir la vida cristiana!” Continuó: “Por más que me preocupo por
ser fiel y honesto, todo me sale mal”.

Es posible que si alguno de nosotros estuviera en la misma situación diría lo mismo. El


pasaje que estudiaremos ahora nos habla de hombres que a pesar de enfrentar problemas
muy difíciles, demostraron que sí es posible vivir la vida cristiana que agrada a Dios.

Los destinatarios de hebreos estaban dudando en su fe a causa de las duras pruebas por
las cuales estaban pasando. Por eso, el capítulo 11 del libro se dedica a dar una lista de
personas que tuvieron fe en Dios y por ella demostraron obediencia y paciencia en la
aflicción. Algunos, para recibir lo que Dios había prometido, tuvieron que esperar largos
años, como la señora de la ilustración, pero no vacilaron. Se utilizan los nombres de esas
personas para animar a los lectores a seguir adelante a pesar de los obstáculos.

La necesidad más imperiosa de los lectores de la carta era tener paciencia y aguantar la
difícil situación por la que estaban atravesando. En 10:23 ya se les exhortó a mantenerse
firmes y en 10:35–36 se les dijo que la solución al problema de la persecución no era
regresar al judaísmo, sino soportar pacientemente. Tal vez para los destinatarios era
difícil y quizá hasta imposible sostener esta situación. Pero este pasaje nos enseña que sí
es posible hacerlo. Hubo hombres que pudieron enseñarnos que a pesar de la
persecución, se puede demostrar fe a través de paciencia y obediencia.

¡NOSOTROS NO SOMOS DE LOS QUE RETROCEDEN SINO DE LOS QUE TIENEN FE!

Descripción de la fe según He. 11:1–3:

34
Fe Bíblica

Muchas personas siempre han pensado que en este pasaje se da una definición de la fe,
pero en realidad es una descripción de lo que ésta produce. Podríamos definir fe como
“creer en algo”. Pero creer en algo no lo hace cierto, y es por eso que la base de nuestra fe
es la revelación de Dios. El versículo 1 nos dice que esta fe en la revelación divina produce
en el creyente convicción y certeza.

No se puede ver la fe de un creyente, pero sí se pueden apreciar la certeza y convicción


que la fe produce en él. Por eso, el versículo 2 señala que las descripciones de la fe
pudieron verse ejemplificadas en personajes del pasado. Aquí “antiguos” se refiere a los
antepasados creyentes que tuvieron buen testimonio. Más tarde se señalarán algunos de
ellos.

En el versículo 3 aparece una ilustración de lo que la fe produce. En la creación, Dios fue


el único testigo. No hubo otra persona que pudiera contarlo. El hizo el universo por su
palabra y el único testimonio de esto se encuentra en la Biblia. Al hombre le queda
aceptar este testimonio o rechazarlo. Esta ilustración enseña que la fe da una convicción
firme de cosas de las cuales no hubo ningún testigo. Esto apoya lo que dice el versículo 1,
que la fe es la convicción de lo que no se ve.

La Fe Produce

LA FE NO PUEDE VERSE, SOLO SE VE LO QUE PRODUCE EN HOMBRES DE FE


DIGNOS DE IMITAR 11:4–40

En general, este pasaje enseña que la fe produce paciencia y obediencia. Para apoyar su
afirmación, el autor regresa al Antiguo Testamento y cita a hombres ejemplares de fe. No
tratará de probar la fe de estos hombres, sino que su fe produjo obediencia y
perseverancia.

Lo que produjo la fe de Abel 11:4.

La fe de Abel produjo obediencia, misma que se manifestó cuando ofreció un sacrificio de


animal. Esto, aunque no se ve en Génesis, se entiende como un patrón: “Sin
derramamiento de sangre no hay remisión de pecados” (9:22). En cambio, la
desobediencia de Caín vino de su incredulidad. No se trata de probar que Abel creyó, sino
que la fe produjo obediencia.

Lo que produjo la fe de Enoc 11:5-6.

35
Fe Bíblica

Aquí nuevamente no se trata de probar la fe de Enoc, sino de analizar lo que ésta dio
como resultado. Antes de ser traspuesto, su fe lo llevó a tratar de agradar a Dios.
Precisamente lo hizo por medio de su obediencia. Agradar y obedecer son sinónimos.

En el versículo 6 se establece el principio que está desarrollando: “Sin fe es imposible


agradar e Dios”. También se podría decir: “Sin fe ningún hombre puede obedecer a Dios”.

Lo que produjo la fe de Noé 11:7.

Los distintivos sobresalientes de la fe de Noé fueron la obediencia y su enorme paciencia.


La primera se manifestó al construir el arca, algo totalmente nuevo y extraño para Noé. Su
gran paciencia se ve en que esperó todo un siglo para ver el cumplimiento de lo que Dios
le había prometido.

Lo que produjo la fe de Abraham y Sara 11:8–19.

Abraham es conocido como el ejemplo máximo de fe en el Antiguo Testamento, y este


pasaje lo demuestra. Primeramente se puede ver su obediencia en que salió de Ur a un
lugar no conocido. Dios le dijo que abandonara su casa y así lo hizo. La paciencia se ve en
que estuvo habitando por mucho tiempo como extranjero en la Tierra Prometida,
esperando el día en que se cumpliría lo dicho por el Señor.

Su esposa Sara también demostró las mismas características en su vida de fe. Su paciencia
se vio cuando esperó más allá del tiempo adecuado para tener hijos deseando que pudiera
cumplirse la promesa y peor aún, porque era estéril. Esto también nos enseña que las
promesas no siempre se cumplen inmediatamente.

En los versículos 13 al 16 hay una pausa para llamar la atención al hecho de que a veces
hay una espera de mucho tiempo entre la promesa y su cumplimiento. A pesar de todo
ello, estos hombres que hemos visto jamás perdieron de vista lo prometido ni pensaron
volver atrás, sino que continuaron adelante, demostrando paciente fe en las promesas
divinas.

En el versículo 17 se menciona a Abraham. Dios le ordenó ofrecer a Isaac. Para la mente


humana esto sería un absurdo. ¿Cómo es posible que Dios le ofreciera una descendencia
grande a través de su hijo y ahora le pide que lo mate? (v. 18) Además, el patriarca esperó
mucho tiempo para el nacimiento de su vástago. Parece imposible que se le ordene
sacrificarlo. No había modo de que tuviera más hijos para que la promesa se realizara.
Pero Abraham obedeció. Creyó en el Señor aun al levantar la mano con el cuchillo para
matar a Isaac. Creyó que Dios podría levantarlo aún de la muerte y cumplir su promesa.
Todo esto demostró un gran ejemplo de obediencia y paciencia.

36
Fe Bíblica

La fe de Isaac, Jacob y José 11:20–22.

Se subraya que estos tres hombres murieron sin haber entrado en la Tierra Prometida.
Isaac fue nómada y peregrino; Jacob, exiliado en Egipto y José aunque alcanzó grandeza,
no dejó de ser extranjero en Egipto. Estos, a pesar de su experiencia, jamás dudaron de las
promesas de Dios y murieron esperando su cumplimiento. Sabían que lo que el Señor
ofrece es verdadero y ejercieron su fe esperando y obedeciendo pacientemente.

Lo que produjo la fe de Moisés 11:23–28.

La vida y manifestación de la fe de Moisés se remonta hasta su nacimiento, cuando sus


padres lo escondieron para evitar que muriera a manos de Faraón. Después su fe se fue
desarrollando mostrando lealtad a su pueblo y dejando las riquezas que ofrecía el palacio
para ser maltratado al igual que sus hermanos. Todo esto no tenía más que una esperanza
futura del caudillo hacia la tierra que Dios había prometido a sus padres. Aún tuvo que
soportar toda la experiencia de vagar por el desierto por 40 años. Todo esto mostraba la
gran paciencia y obediencia de la fe de Moisés. La sangre de la pascua demostró su
obediencia; pues Moisés y los del pueblo no podían entender cómo la sangre de un
cordero pudo salvarlos de la muerte física.

Reflexionemos

Si la descripción de la fe dada por el autor significa la manifestación de evidencias


visibles, ¿cómo podemos nosotros dar a conocer que somos cristianos fieles y verdaderos?
Primeramente, se requiere de nosotros obediencia a los mandatos de Dios señalados en
forma específica a través de su Palabra. También debemos ser pacientes y esperar todo lo
que el Señor ha prometido en ella, teniendo la certeza y convicción de que todo se
cumplirá aunque no podamos verlo.

Lo que produjo la fe en lo imposible 11:29–31.

En el versículo 29 se ve a un pueblo y a un líder dispuestos a emprender lo imposible en


obediencia a Dios. Teniendo enfrente un impetuoso mar y un ejército que los seguía por
detrás, obedecieron al Señor demostrando que aún el mayor obstáculo del mundo no es
impedimento para él.

En el versículo 30 también vemos al pueblo ejerciendo su fe. Dios les había dicho que
rodearan la ciudad de Jericó por siete días. Esto es tan risible hoy en día como lo fue en
aquel entonces; pero obedecieron y la paciencia los mantuvo por siete días confiando en
que el Señor cumpliría.

37
Fe Bíblica

Por último, el versículo 31 nos habla de la fe de Rahab. Creyó que Dios estaba con Israel y
que les iba a dar la tierra donde ella vivía. Así que obedeció al guardar a los espías cuando
fueron a reconocer la tierra. Es interesante ver cómo la historia de Rahab quedó impresa
en la memoria de Israel. Santiago 2:25 la menciona como un ejemplo de obras que
demuestran la fe.

Resumen de otros héroes que alcanzaron buen testimonio 11:32–40.

En el versículo 32 se hace una pausa para cambiar de método. Ya no se seguirá tratando


de probar la manifestación de fe de estos hombres, uno por uno. Al parecer, el escritor
trata de decir que ya ha dicho suficiente para ilustrar cómo la fe produce obediencia y
paciencia y empieza a dar una especie de catálogo de sufrimientos y percances. Al dar esta
lista demuestra que la fe no exenta al individuo del sufrimiento y la persecución, pero sí
lo apoya o sostiene. Algunos pudieron ver la victoria de su fe inmediatamente, pero la
mayoría tuvieron que sufrir sin ver lo prometido y aun así, mostraron paciencia y
obediencia.

Al concluir el capítulo se hace notar que “todos éstos”, desde Abel hasta el final,
alcanzaron buen testimonio por lo que la fe produjo en ellos a pesar de no haber recibido
lo prometido.

La aplicación es obvia para estos destinatarios. Están sufriendo persecución a causa de su


nueva fe. Esto los está motivando a dejar el cristianismo y regresar al sistema judaico.
Estos ejemplos de fe les enseñan que la persecución es parte de la vida de fe, y lo que
deben hacer es perseverar. Al fin y al cabo Dios cumplirá. Además, si los hombres
mencionados pudieron aguantar y obedecer lo imposible, cuánto más aquellos que ya han
disfrutado los gozos de la salvación. Es así como las palabras de este capítulo iban con la
intención de animar a los destinatarios de esta epístola.

Reflexionemos

Lea este pasaje tres veces. Luego escriba una carta a un amigo real o ficticio que esté
sufriendo mucho y se sienta desanimado. Incluya en la carta las siguientes cosas: 1) la
enseñanza del capítulo, 2) ejemplos de personas de hoy en día que representarían a los
hombres de Hebreos 11 para animarlo y 3) una conclusión asegurándole sus oraciones.

La fe del creyente no es ciega. Tiene como base la revelación divina. A veces no tenemos
pruebas palpables para comprobar lo que dice la Biblia, pero podemos confiar en Dios y
sus promesas.

38
Fe Bíblica

A veces no se recibe una respuesta de Dios inmediatamente, pero por fe se espera y se


confía. El pasaje estudiado demuestra que con fe en el Señor se puede hacer hasta lo
imposible.

CRISTO EL EJEMPLO SUPREMO 12:1–3.

El escritor continúa aplicando la enseñanza dada en la epístola. Ya les demostró que


Cristo es superior a todo, y el creyente, en vista de esa superioridad, debe depositar su
confianza plena en él y demostrarla perseverando en la vida cristiana a pesar de las
persecuciones.

El “por tanto” del versículo 1 lo relaciona con el capítulo anterior. Así que trata de decir:
“Ya que pudimos ver cómo los hombres del Antiguo Testamento evidenciaron con su vida
que es posible vivir la vida cristiana de fe con paciencia y en obediencia, nosotros,
“despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” que impide hacer lo mismo
Que ellos.

¿A qué se refiere “peso y pecado”? Según el problema por el que están pasando los
destinatarios, se trata de la incredulidad. En 3:12, ya los exhortó a no ser incrédulos. Aquí
nuevamente les hace la misma recomendación, porque no les permite correr bien en la
carrera de fe. El énfasis en este primer versículo no está en correr solamente, sino en
hacerlo con paciencia. Con esto regresamos a 10:35–36 en donde se les exhorta a tener
paciencia.

En 12:2 hay un nuevo estímulo para la carrera de fe de estos destinatarios: “Puestos los
ojos en Jesús”. Su ejemplo es mucho mayor que los enumerados en el capítulo 11. Es muy
significativo que aparezca el nombre de Jesús sin agregar Cristo o Señor; haciendo énfasis
en su humanidad. Fue precisamente el ministerio terrenal de Cristo lo que mostró cómo
una vida de fe se manifiesta en aguante paciente en medio del sufrimiento. La oración:
“Sufrió la cruz, menospreciando el oprobio”, muestra su gran paciencia. El enunciado:
“Por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz”, manifiesta obediencia. Así que las
características mencionadas en el capítulo 11 en referencia a los hombres de fe, también se
aplican a Jesús.

“Puestos los ojos” no expresa todo el significado de la palabra original. Significa fijar
nuestros ojos en algo que está muy lejos quitando de nuestra vista todas las cosas
cercanas que desvían nuestra atención y poniendo la mirada solamente en el blanco que
es Jesús. Es como cuando un cazador se fija exclusivamente en el animal al que está
apuntando y se olvida de todo lo que pasa a su alrededor para no fallar el tiro. Cristo,
siendo el autor de la fe, es el ejemplo supremo de obediencia y paciencia. El pa saje nos

39
Fe Bíblica

exhorta a dejar a un lado la incredulidad para fijar la vista nada más en Jesús, como el
modelo de alguien que pudo correr con paciencia toda su vida.

En 12:3 nos invita no sólo a tener a Jesús como ejemplo, sino también a considerar su
sufrimiento como estímulo para no desalentarnos. El cansarse o desmayar era darse por
vencidos y regresar al judaísmo. Así que los padecimientos de Cristo deben servirnos de
inspiración para seguir adelante.

Reflexionemos

Todo el capítulo 11 de Hebreos se dedicó a demostrar que sí es posible vivir una vida de fe
a pesar de los problemas y persecuciones. En el capítulo 12 dice: Ustedes también lo
pueden lograr. Pero, ¿cómo? Vea el versículo 1. ¿Qué cosa debe dejarse? Examine su
propia vida. ¿Cuál es ese peso y pecado que usted debe dejar? ¿Cuál es la cosa positiva
mencionada? Lea el versículo 2. ¿En quién debemos concentrarnos para poder lograr una
vida victoriosa? Es posible que no nos agrade la difícil situación por la que estamos
atravesando, pero recordemos: “La prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:3).
Cristo demostró fehacientemente que sí es posible dominar las circunstancias difíciles,
por eso es nuestro ejemplo supremo.

Déle un vistazo a su pasado. ¿Cuántas veces en la última semana dijo usted: “Ya no puedo
más”? Todos lo hemos dicho en algunas ocasiones. Lea 1 Corintios 10:13. Este versículo
contradice la declaración anterior. Dios nunca nos manda una tentación más grande que
su gracia. La próxima vez que enfrente una situación similar, recuerde: “Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Mantenga los ojos puestos en Jesús. Los
humanos fallamos, pero Cristo nunca nos abandona.

La Fe del ungido

“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré h oy


los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra
sabrá que hay Dios en Israel” (17:46).

“Jehová te entregará hoy en mi mano”. El ungido con sus labios confiesa que el enemigo le
será entregado ese día. Con sus palabras confiesa que Dios lo ponía en autoridad sobre su
enemigo.

En Hebreos 11:1 leemos: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo


que no se ve”. La fe siempre está segura de lo que espera, convencida de lo que no se ve.
La fe llama las cosas que no son como si fueran.

40
Fe Bíblica

Pero la fe siempre opera basada y respaldada por la Palabra de Dios: “Por la fe


entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo
que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Heb. 11:3).

La fe siempre le cree a Dios y a lo que Él dice en su Palabra. Fuera de la Biblia no se


responde en fe, sino en presunción. La presunción es siempre una apariencia de fe falsa.

Por medio de la fe el creyente actúa y habla. Se necesita fe para ponernos de acuerdo con
Dios. El ungido es una persona que tiene y comunica fe.

“Y yo te venceré, y te cortaré la cabeza”. Notemos que el ungido habla victoria. Su


mentalidad es positiva. Su mensaje es positivo. Sus palabras son positivas. Su naturaleza
es positiva.

El ungido siempre confiesa los resultados. No declara fracasos, declara triunfos. No se ve


derrotado, sino victorioso. No se ve con la cabeza cortada por el enemigo, ve al enemigo
con la cabeza cortada por él. Sabe muy adentro de su corazón que es un instrumento de
Dios y que forma parte de un plan divino. Sabe a quién le ha creído y por qué le ha creído.

“Y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra”.
David al ejercitar su fe lo hacía en presente: “Jehová te entregará hoy en mi mano”. “Y
daré hoy”.

La fe es para “hoy” y la esperanza es para “mañana”. La fe recibe “hoy” y la esperanza


recibirá “mañana”. La fe se goza “hoy” y la esperanza se gozará “mañana”.

La fe del ungido es presente, lo mantiene activo, le hace declarar lo que quiere que suceda
“hoy”. La fe provoca milagros. ¡Tenga fe en Dios! ¡Tenga fe en la Palabra de Dios! ¡Tenga fe
en lo que usted dice de parte de Dios!

“Y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”. Con su fe, el ungido busca que Dios sea
glorificado y alabado en todo lugar. Cuando el ungido actúa con fe, los que lo ven tienen
que reconocer que la mano de Dios ha estado detrás de todo esto. El Director Ejecutivo es
Dios y el ungido simplemente ha recibido una parte para actuar.

Por lo tanto, el mérito no es del ungido sino del que lo ha montado todo: el Dios
Todopoderoso. El ungido debe ser humilde en su espíritu. Dios sin él o ella sigue siendo
Dios; pero él o ella sin Dios es nada. ¿Qué significa “nada” en griego? Para los que vi ven
fascinados por los originales bíblicos, “nada” en griego es “nada”. Y “nada” somos sin la
presencia y el favor de Dios en nuestra vida.

41
Fe Bíblica

Ejemplos entre la creación y el diluvio, 11:4–7. Abel (v. 4) es el primer ejemplo de un


“antiguo” que recibió buen testimonio (v. 2) por la fe. El autor de Hebreos afirma que su
sacrificio, en contraste con el de su hermano Caín, fue aceptable a Dios por su fe. En este
caso, Hebreos se diferencia de la versión griega (LXX), con la cual ha concordado en
tantas citas anteriores. La LXX sugiere una razón ritual por el rechazo del sacrificio de
Caín: su manera de ofrecer no fue correcta. En contraste, el texto hebreo en que se basan
nuestras versiones modernas apoya la interpretación que Hebreos da a Génesis 4:7: Dios
amonesta a Caín a hacer lo bueno y evitar el pecado; no pide ningún cambio en su
sacrificio. La diferencia estaba en las personas que sacrificaron, no en lo sacrificado o en
la manera de sacrificar. El hecho de que Dios aceptó las ofrendas de Abel es, para el
autor, prueba de su fe, y de la justicia que se basa en la fe (10:38).

Aun la muerte no pudo impedir los beneficios de su fe: A pesar de la violencia e injusticia
que sufrió, recibió la aprobación de Dios y la preservación del alma (10:39). Su vida
después del asesinato es uno de los hechos que no se ven, pero el testimonio de Dios
confirma que siguió viviendo (Gén. 4:10), porque aún muerto Abel habla todavía. Algunos
entienden que Abel habla a nosotros por su ejemplo de fe y justicia, o que sigue
reclamando la reivindicación hasta que ésta se perfeccione en el juicio final. Otros toman
habla como un presente histórico, refiriéndose al clamor de su sangre mencionado en
Génesis 4:10. En todo caso, la lección es que aún la muerte física no pone fin al valor de la
fe. Este es un tema importante en este capítulo de ejemplos de la fe. Tan grande es la fe
que significa la vida, aun a pesar de que a veces la evidencia que se ve es de muerte.

En contraste con Abel, la fe de Enoc (v. 5) le permitió evitar la muerte. Dios tiene poder
para levantar a una persona de fe a su presencia sin que ésta pase por la experiencia de la
muerte. Así hizo en el caso de Enoc, y también lo hará al regreso de Cristo (1 Tes. 4:17).
Los primeros dos ejemplos de la fe presentan la tensión entre la fe que evita la muerte y
las desgracias de la vida, y la fe que las enfrenta con valor. Esta tensión continúa en todo
el capítulo.

Una fe triunfante:

11:1–39

I. La naturaleza de la fe (vv. 1–3).

1. Es la constancia de que las bendiciones que Dios nos ha prometido nos


pertenecen. Por la fe podemos afirmar que ya son nuestras, aunque todavía no han
aparecido en nuestra historia y experiencia.

42
Fe Bíblica

2. Es la facultad de conocer las realidades invisibles como más sustanciales y más


permanentes que las cosas que todos ven, y basar las decisiones y conductas en ellas (v. 1).

3. Es la facultad de conocer a Dios como el creador del universo.

II. Los primeros hombres de la humanidad antes del diluvio son un ejemplo de fe
triunfante (vv. 4-7).

1. Abel. Por la fe presentó un sacrificio mejor a Dios.

2. Enoc. Fue justo y agradó a Dios sólo por la fe (vv. 5, 6).

3. Noé. Creyó en la advertencia del castigo divino y por su fe activa salvó a su familia
del diluvio.

El testimonio de la Escritura indica que Dios trasladó a Enoc por haberle agradado. Esta
expresión es la paráfrasis que los traductores de la LXX (o la edición hebraica que
utilizaron) dieron a la frase en hebreo “caminó con Dios” (Gén. 5:22). El v. 6 aclara que
nadie puede agradar a Dios sin fe. Aunque la Escritura no menciona la fe de Enoc (como
tampoco la de Abel), éste fue justo y agradó a Dios sólo por la fe. No podemos ver a Dios
en el mundo que percibimos por nuestros sentidos; uno se acerca a él solamente por la fe.
Y nadie busca a Dios a menos que crea que existe y confía en que Dios lo recibirá y le
concederá lo que busca. Como en ocasiones anteriores (4:16; 7:25; 10:1, 22), el autor
describe la religión como acercarse a Dios. Esta frase significa más que traer una petición
a Dios; el que se acerca a Dios busca una relación personal con él. Como dijo Tomás de
Aquino: “El galardón no es más que Dios mismo”.

Este principio, que el autor de Hebreos usa para comprobar la fe de Enoc se aplica
también a sus lectores. Los que quieren agradar a Dios y alcanzar el galardón de entrar en
su presencia, tienen que vivir por la fe. Sólo aceptando por fe la realidad del orden de las
cosas invisibles, y del Dios que existe en aquel orden, podemos acercarnos a Dios en
adoración y comunión.

Los héroes de la fe.

Noé (v. 7) es un ejemplo de la obediencia de la fe. Recibió una advertencia de Dios acerca
del diluvio, un evento que todavía pertenecía al futuro invisible, y actuó en base a su
temor reverente. La palabra traducida así significa primariamente “miedo”, pero Lucas
utiliza una palabra de la misma raíz para describir a los “piadosos”: los que tienen respeto
y reverencia a Dios y a su voluntad (Lc. 2:25; Hch. 2:5; 8:2). Noé creyó la advertencia
porque respetaba al que habló, y por su fe activa salvó a su familia del diluvio. Para el
mundo parecía un loco, construyendo un barco lejos del agua, y tuvo que enfrentar sus

43
Fe Bíblica

burlas y desprecio. Pero cuando vino el juicio de Dios y lo invisible se hizo visible, la
“locura” de Noé resultó ser sabia, y los que se burlaban de él perecieron. Así este “loco”
condenó al mundo por la fe. También llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe.
Noé es la primera persona que la Biblia llama justo (Gén. 6:9; 7:1), y Hebreos proclama
que uno puede ser justo solamente por la fe (10:38). Noé es un buen ejemplo de los justos
que viven por fe y así preservan el alma (10:38-39).

Los patriarcas, 11:8–22. El autor ya ha mencionado la promesa de Dios a Abraham (6:13–


15). En este capítulo le dedica más espacio que a cualquier otro ejemplo de la fe. La fe de
los primeros ejemplos está implícita en el testimonio divino, pero de Abraham este
testimonio dice directamente que creyó a Jehovah (Gén. 15:6). Por la fe que mostró a
través de toda su vida, Abraham es reconocido como el padre de todos los creyentes
(Rom. 4:11-12; Gál. 3:29).

La fe de Abraham, como la de Noé y toda fe genuina, fue activa. Cuando Dios lo llamó,
obedeció inmediatamente, “mientras todavía zumbaba el llamamiento en sus oídos”
(Westcott). El autor de Hebreos indica esta presteza por el participio presente: “Mientras
estaba siendo llamado”.

Dios no le indicó de antemano a dónde iría (Gén. 12:1); ni siquiera le prome tió que esa
tierra desconocida sería su posesión. Esta promesa solamente vino después de que
Abraham obedeció (Gén. 13:14, 15). Ha de haber sido muy difícil decir a Sara, su esposa:
“Querida, Dios me ha dicho que salgamos de aquí”. Sin duda ella preguntó: “¿A dónde te
está mandando?” Y él tuvo que responder: “No me ha dicho adónde. Nos dirá cuando
lleguemos”. Peor aún fue avisar a sus suegros que se llevaba a su hija, y no sabía adónde.
Tuvo que salir sin decir a su familia y a sus amigos dónde podrían visitarles. Dios llamó a
Abraham, pero no le dijo adónde iba ni a qué iba. “Pero ésta es la gloria de la fe,
sencillamente el no saber: no saber adónde vas, no saber qué vas a hacer, no saber qué
tendrás que sufrir, y seguir la pura voz de Dios” (Lutero). ¿Cómo pudo Abraham salir de
su patria con tantas preguntas todavía no resueltas? No sabía su futuro, pero conocía al
que le llamaba. Abraham creyó en Dios aun antes de tener una promesa para creer. La fe
es confiar en una persona antes de creer un mensaje.

Vv. 9-10. Cuando llegó a la tierra, y Dios le dijo: “Esta es la tierra que te daré” (Gén. 13:14,
15), Abraham seguía viviendo en tiendas, como advenedizo. Años después, cuando murió
su esposa Sara, no poseía ni siquiera la tierra suficiente para enterrarla (Gén. 23:2–4). La
única constancia o comprobación (11:1) de su posesión era la promesa de Dios. Muchas
veces el perseverar en la fe cuando se aplaza el cumplimiento es más difícil que la
obediencia inicial. Sin embargo, la demora es una oportunidad para aprender que el
cumplimiento pleno no vendrá a este mundo de todas maneras, porque las promesas de

44
Fe Bíblica

Dios tratan primordialmente de cosas celestiales. Él nos promete lo mejor, y lo mejor no


se encuentra en el mundo material y visible. Abraham estuvo contento viviendo en
tiendas en la tierra, porque tenía una ciudad celestial por la fe que espera.

La prueba y la oportunidad de “vivir en tiendas” no fue solamente para Abraham. Su hijo


y su nieto, coherederos de la misma promesa, compartieron esta experiencia. En el
sentido espiritual todos los que vivimos por fe en la promesa de Dios vivimos en tiendas
en este mundo. La promesa de Dios y la visión del futuro y de las realidades espirituales
que él da, nos dan la perspectiva de extranjeros en este mundo. La patria de la persona
que conoce a Dios por la fe es celestial (11:16), y nunca se siente “en casa” en este mundo.
Como Abraham, tenemos que abandonar la seguridad terrenal para tener la seguridad
espiritual que Dios da.

“Seguridad espiritual” no significa algo vago o teórico. La ciudad que Abraham esperó, y
que todos los herederos de la fe esperan, es real. Abraham no conocía la tierra adónde iba
(vv. 8), pero conocía al arquitecto y constructor de su hogar permanente. Aunque esta
ciudad es visible solamente por la fe, es la única ciudad permanente, porque está fundada
sobre los únicos cimientos dignos del nombre, y fue diseñada y construida por Dios. La
persona de fe es soñadora y visionaria, pero sus sueños y visiones no son invenciones
humanas; se basan en la promesa y en las obras eternas de Dios.

Es difícil determinar quién es el sujeto del v. 11: Abraham o Sara. Los comentaristas de los
primeros siglos aplicaron el versículo a Sara, y ésta es probablemente la mejor opción,
aunque el v. 12 claramente regresa a Abraham como sujeto. De todas maneras, ambos
están estrechamente ligados en esta hazaña de la fe, y la cuestión del sujeto gramatical no
afecta la fuerza del ejemplo. Abraham y Sara habían pasado la edad para engendrar un
hijo. Sara tenía 90 años y había dejado de menstruar, pero a pesar de esta imposibili dad
nació su hijo Isaac. Este nacimiento no fue producto de leyes naturales, sino de una
profunda confianza en aquel que les había prometido una posteridad. La fe es creer que
Dios es fiel (10:23). Si la risa de Sara parece una falta de fe (Gén. 18:12), para el autor de
Hebreos el nacimiento del hijo prometido es prueba de que ella superó sus dudas y aceptó
la promesa de Dios por fe. Esta promesa de Dios y la fe en su promesa permitió a
Abraham llegar a ser padre de una numerosa posteridad, aun después de que consideró
terminado este aspecto de su vida. Las figuras de las estrellas y de la arena aparecen
juntas en Génesis 22:17 —con relación a esta promesa de Dios— y varias veces separadas.
El AT presenta el cumplimiento literal de esta promesa: Aunque parecía una vez que
Abraham iba a morir sin descendientes, su posteridad llegó a ser toda una nación. El NT
presenta un cumplimiento aún más profundo de la promesa: Espiritualmente, Abraham

45
Fe Bíblica

llegó a ser padre de todos los que creen en las promesas de Dios (Gá. 3:7–9, 29; Rom. 4:16,
17).

En los vv. 13–16, el autor regresa al tema que había tocado en el caso de Abel: Que la
muerte física no pone fin al valor de la fe. Aun en la muerte los patriarcas Abraham, Sara,
Isaac y Jacob vivieron por fe. Dios les había prometido la tierra y una descendencia
numerosa, y ninguna de estas promesas fue cumplida antes de que murieran. Sin
embargo, la muerte no significa que las promesas de Dios quedan incumplidas, sino que
la fe abarca cosas que en esta vida siempre serán esperadas; solamente serán visibles en el
mundo al otro lado de la muerte. Las promesas eran firmes, pero los patriarcas no
pudieron más que percibirlas en la distancia y reconocer que todavía venían. Así la misma
muerte resultó ser una lección para su fe: Aprendieron que lo que esperaban, lo que Dios
había prometido, no pertenece a este mundo. Los creyentes tienen sus valores mayores en
otra dimensión; no son del mundo sino que son peregrinos. Están aquí solamente de
paso.

Cuando Abraham se describe como forastero y advenedizo (Gén. 23:4), y Jacob llama a su
vida una peregrinación (Gén. 47:9), es obvio que no consideran la tierra prometida, en la
cual pasaron tantos años, su verdadera patria. Por otro lado, no están recordando a Ur de
los caldeos o a Harán, de donde Abraham había salido para obedecer el llamamiento de
Dios. Si una de éstas fuera su verdadera patria, tendrían oportunidad de regresar. Sin
embargo, no las mencionan, porque tuvieron la perspectiva de la fe. Su felicidad estaba en
el futuro prometido y esperado, no en el pasado que habían dejado.

Ejemplos de fe triunfante:

11: 8–22

I. Abraham (vv. 8–19).

1. Obedeció inmediatamente al llamado de Dios, de salir, sin saber adónde iba.

2. Vivió contento en tiendas, confiando en la promesa de Dios de una morada mejor y


eterna, aun sin verla (vv. 9, 10).

3. Recibió una descendencia incontable por creer que Dios es fiel a sus promesas (vv.
11, 12).

4. Murió él, como toda su familia, creyendo que todas las promesas de Dios tendrán
su cumplimiento (vv. 13–16).

46
Fe Bíblica

5. Estuvo dispuesto a sacrificar a su único hijo con tal de obedecer a la voz de Dios,
sabiendo que Dios es fiel a sus promesas (vv. 17–19).

II. Isaac (v. 20).

Confió en que la promesa y el plan de Dios seguirían aun después de su muerte, por
eso bendijo a su hijo Jacob.

III. Jacob (v. 21).

Confió en que la promesa y el plan de Dios seguirían aun después de su muerte.

Los patriarcas no echaron raíces donde estuvieron, ni regresaron a donde habían


empezado, porque la patria que anhelaban no estaba en este mundo; es la celestial. Sin
duda es mejor que cualquier patria terrenal, porque tiene la naturaleza de lo celestial:
perfecta, sin defecto. La actitud que agrada a Dios (v. 6) es aceptar como real lo que él ha
preparado. Ciudad (vv. 10, 16) y patria son términos sinónimos que describen el lugar
preparado. Los cristianos somos conciudadanos, a pesar de diferencias de nacionalidad,
cultura e idioma, porque todos esperamos y confesamos la misma patria futura y celestial.

Dios se llama el Dios de ellos en Génesis 28:13 y Éxodo 3:6; 4:5. Debemos notar que las
citas de Éxodo son pronunciadas después de la muerte de los patriarcas; Dios no deja de
ser el Dios de los creyentes cuando éstos mueren. Como el autor dijo en los vv. 4 y 13, por
la fe uno preserva la vida aun después de la muerte.

Los vv. 17–22, que concluyen la descripción de la fe de los patriarcas, dan ejemplos
específicos de la actitud de la fe ante la muerte (v. 13). El primer ejemplo es la fe de
Abraham, no ante su propia muerte, sino cuando Dios manda la muerte de su hijo. Dios
le prometió que su descendencia sería innumerable (v. 12), y aclaró que el hijo de su pacto
era Isaac. Hacía falta esta aclaración porque Abraham tuvo otro hijo, Ismael, por medio de
Agar (Gén. 17:20, 21; 21:12). Pero el resultado de esta clara declaración acerca de Isaac es
que la crisis que Abraham enfrenta en Génesis 22, no es solamente un conflicto de
sentimientos sino también una prueba de la fe. Dios le manda sacrificar en holocausto a
Isaac, el hijo único del pacto. ¿Cómo se pueden cumplir las promesas de Dios si muere el
hijo de la promesa? Por otro lado, ¿cómo puede Abraham ser fiel al pacto si desobedecía
el mandamiento de Dios y no ofrecía a su hijo? Sin duda ésta es la prueba más difícil que
Abraham enfrentó en toda su vida, y una de las más difíciles en la historia de la fe. Sin
embargo, Abraham no se detuvo para especular sobre el problema lógico, ni para
lamentar su dilema. Cuando le falla el entendimiento, procede por la fe. Los tiempos del
verbo “ofrecer” en el v. 17 ilustran su obediencia. La primera vez se expresa en el tiempo
perfecto: El acto ya estuvo completo en cuanto a la decisión de Abraham. La segunda vez,

47
Fe Bíblica

el autor utiliza el tiempo imperfecto: Abraham ya estaba procediendo, y estaba a punto de


sacrificar a su hijo, cuando Dios intervino. Estaba fuera de las posibilidades de Abraham
el resolver el aparente conflicto entre la promesa y el mandamiento; por lo tanto, dejó
esta tarea al único que la podía cumplir, y se concentró en lo que le era posible como
hombre: obedecer. En realidad, esto era lo único que Dios le pedía.

Enfrentando esta prueba con fe Abraham aprendió más de Dios, el objeto de su fe: Llegó a
la convicción de que Dios puede levantar a personas aún de entre los muertos. El
nacimiento de Isaac había sido una señal de esta verdad (v. 12), pero en el camino a
Moriah Abraham se convenció de que Dios, para cumplir su promesa, levantaría a Isaac
de la muerte después del sacrificio. Al dejar a sus siervos, les dijo: Yo y el muchacho
volveremos (Gén. 22:5). Aparte de esta lección de la omnipotencia de Dios, Abraham
aprendió que Dios no es malo ni caprichoso, porque impidió el sacrificio. Por la fe
expresada en obediencia, conoció a Dios. También, la fe triunfó sobre la muerte, porque
en estos eventos dramáticos Abraham vio a su hijo rescatado de la muerte segura.

Hablando figuradamente (v. 19) traduce palabras que significan lit. “en parábola”. Hay dos
posibilidades principales para interpretar la frase. Podemos entender que el rescate de
Isaac fue tan dramático como si ya hubiera muerto; Isaac regresó de una muerte
“figurada”. La segunda posibilidad es que el autor de Hebreos vio este sacrificio como un
tipo o figura del sacrificio de Jesucristo: El rescate de Isaac presagia el rescate de Jesús,
quien realmente murió y resucitó. Este último es el sentido de la misma palabra
“parábola” en 9:9, la única otra vez que el autor la usa, y está de acuerdo con la
interpretación del sacrificio de Isaac en muchos otros autores cristianos de los primeros
tres siglos de la iglesia. Cuando recibió “de la muerte” al hijo de la promesa, Abraham vio
de lejos (v. 13) el gran evento que Dios había planeado para salvar a toda la humanidad de
la muerte (2:14, 15). El comentarista Bruce sugiere que éste puede ser el evento al cual se
refiere Cristo en Juan 8:56.

Jacob recibe la bendición de Isaac (11:20).

Los vv. 20–22 muestran que el representante principal de cada una de las tres
generaciones que seguían a Abraham tenía la misma perspectiva de fe en cuanto a su
propia muerte. Isaac pronunció a sus hijos una bendición de Dios que tenía que ver con el
porvenir, y éste se percibe solamente por la fe (11:1). Aunque pronunció la bendición años
antes de su muerte, la relacionó con ella (Gén. 27:27 ss.). Confiaba en que el plan de Dios
continuaría aun después de su muerte. La muerte suele ser una de las pruebas más
exigentes de la existencia humana, pero la fe es adecuada aun para ella.

48
Fe Bíblica

Hebreos menciona primero al hijo menor, Jacob, reflejando la prioridad que este tiene
sobre Esaú en la historia, a pesar de que la costumbre de los días de los patriarcas era dar
prioridad al mayor en la herencia y en la bendición paternal. El autor de Hebreos utiliza
este orden para hacer hincapié en la verdad de que Dios en su soberanía escoge a quien
quiere, sin referencia a las normas humanas (Is. 55:8-9). Se podría objetar que Jacob
recibió la primera y principal bendición por engaño (Gén. 27:19-23). Sin embargo, esta
objeción no refuta el principio, porque la prioridad del menor aparece también en el
siguiente ejemplo, la bendición por Jacob a los hijos de José (Gén. 48:17-19). En este caso
no hay ninguna ambición humana, solamente la revelación divina. Debemos concluir que
las bendiciones de Dios corresponden a la fe, no a distinciones hechas en este mundo
material.

Jacob añade a la bendición de sus nietos un acto de adoración. El acto de adoración


sucedió en una ocasión anterior, pero todavía pertenece al contexto de la fe que ve más
allá de la muerte. Jacob había pedido a su hijo José que llevara sus restos a Canaán para
enterrarlos con sus padres. Después de oír su juramento, Jacob se postró (Gén. 47:31) en
adoración. Durante sus primeros años había empleado artimañas y esfuerzos humanos
para asegurar su porvenir, pero al fin de sus días se postró delante de Dios en sumisión y
súplica.

Según la traducción del Génesis hebreo, Jacob se postró sobre la cabecera de la cama
(Gén. 47:21). Esta es la interpretación de los masoretas, eruditos judíos quienes
produjeron un texto hebreo con vocales entre 500 y 800 d. de J.C. El autor refleja la
misma traducción que se encuentra en la versión gr. llamada Septuaginta (LXX) Esta fue
producida en el siglo II a. de J.C., de un texto hebreo sin vocales. Las palabras hebreo para
“cama” y bastón tienen las mismas consonantes, mth. Los masoretas y los traductores al
griego, sencillamente escogieron distintas vocales, y así entendieron palabras distintas. La
diferencia no afecta la lección. La persona de fe ve las realidades invisibles, como Dios, y
lo adora. También ve las realidades esperadas, como el porvenir, de manera que puede
hablar con confianza de eventos posteriores a su propia muerte.

José, quien había cumplido su juramento acerca de los restos de su padre Jacob (Gén.
50:4–7), también dio mandamiento por fe acerca de la disposición de sus propios restos.
Indicó que fueran preservados para acompañar al pueblo cuando regresara a la tierra
prometida en el éxodo. En cumplimiento de su mandamiento su ataúd quedó con los
hijos de Israel durante todos los años de su estancia en Egipto (Gén. 50:26), un testimonio
de la promesa de Dios y también de la fe de José que siguió efectiva aun después de su
muerte. José vivió toda su vida adulta en Egipto, pero mantuvo una fe viva en la promesa
de Dios a sus padres, de darles la tierra de Canaán. El que había traído al pueblo a Egipto

49
Fe Bíblica

lo acompañó por fe en su regreso: Moisés llevó los restos de José cuando salió de Egipto
(Éxo. 13:19) y Josué los enterró en Siquem (Jos. 24:32).

Estos tres ejemplos muestran que la fe no deja al creyente desamparado en la hora de la


muerte. Lo sostiene y le permite participar en la vida aun después de la muerte. Ningún
recurso terrenal tiene esta capacidad, porque es una capacidad celestial, espiritual y
sobrenatural.

Moisés:

11:23–28

1. Por la fe de sus padres fue escondido (v. 23).

2. Por fe se identificó con el sufrimiento del pueblo ungido por Dios (vv. 24–26).

3. Por fe se fue de Egipto después de defender a sus compatriotas, no por temor al


faraón, sino por temor a desobedecer la voluntad de Dios (v. 27).

4. Roció los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero pascual, aunque esto
pareciera absurdo (v. 28).

Ejemplos del éxodo, 11:23–31. Génesis termina con el ataúd de José. El primer ejemplo de la
fe en Éxodo es Moisés. Aun como niño, vivió en la atmósfera visionaria y estimulante de
la fe. Sus padres oyeron el decreto del faraón: Echad al Nilo a todo niño que na zca (Éxo.
1:22), pero por los ojos de la fe podían ver en su hijo recién nacido algo del plan que Dios
tenía para él. Ejercieron su fe y arriesgaron sus propias vidas para obedecer ese plan de
Dios. El autor no da detalles acerca de qué vieron Amram y Jocabed en su hijo. Es posible
que Dios aprovechó el amor que sintieron al ver la hermosura física de su hijo para
despertarlos a su deber en los planes divinos.

No temieron al mandamiento del rey no es una razón de la acción de obediencia, sino una
verdad paralela: Escondieron a su hijo, y no temieron al rey. La fe y el temor no son
compatibles; la fe elimina el temor y el temor indica que no hay fe.

Después de tres meses los padres volvieron a ejercer su fe, exponiendo al niño en una
arquilla sobre el Nilo (Éxo. 2:5). Sin duda su fe fue confirmada y fortalecida cuando
supieron que la hija del Faraón había recogido y adoptado a su hijo.

Cuando Moisés llegó a la edad adulta enfrentó la crisis de su identidad, y tomó la decisión
que determinó el resto de su vida (vv. 24–26). Por adopción, tenía la oportunidad de
seguir viviendo en el palacio del faraón, con todos sus placeres y privilegios, y de usar sus
ventajas allí para ayudar al pueblo hebreo, como José lo había hecho. En contraste, su
50
Fe Bíblica

familia natural pertenecía a los esclavos, sin propiedades ni oportunidades en el mundo.


Por la fe Moisés percibió la voluntad de Dios, y se identificó, no con su madre adoptiva y
las ventajas que ella ofrecía, sino con la fe de sus padres naturales. En Éxodo 2:11-12 se
describe la acción en que Moisés reveló esta decisión: Defendió a un esclavo hebreo,
matando al egipcio que lo golpeaba.

Los placeres del palacio no son pecaminosos en sí. José sirvió a Dios y ayudó a su pueblo
en la misma situación que Moisés rechazó, pero Hebreos presenta a los dos como
ejemplos de la fe. La fe es obedecer la voluntad de Dios, distinta para cada persona. Imitar
las acciones de otra persona no es compartir su fe; Moisés imitó la fe de José con acciones
opuestas a las suyas. Para Moisés quedarse en el palacio hubiera sido abandonar al pueblo
de Dios, y así rechazar a Dios (10:25, 29). Por la fe podía ver el futuro en el cual se
acabarían los placeres, y en el cual el oprobio por Cristo se convertiría en gran galardón.
Por esta mirada de fe pudo escoger el oprobio en preferencia a los tesoros. Normalmente,
el sufrimiento no es preferible a la riqueza, pero en este caso se trataba del oprobio por
Cristo, o lit. “del ungido”. Moisés se identificó con el sufrimiento del pueblo “ungido” de
Dios. Es probable que el autor de Hebreos alude a pasajes como 1 Crónicas 16:22; Salmo
28:8 y 105:15; Habacuc 3:13, que identifican al pueblo de Israel como “ungido”. El camino
de la fe siempre ha incluido afrentas y sufrimientos, y estos llegaron a su colmo en Jesús el
ungido, quien sufrió el oprobio y aun la muerte para santificar a los fieles y preservar sus
vidas. De manera que Moisés, al identificarse con el pueblo ungido de Dios, también se
identificó anticipadamente con el Cristo que resume en sí todo el sufrimiento del camino
de la fe.

La nota de RVA aplica el v. 27 al éxodo del pueblo de Egipto, pero algunos comentaristas
ven aquí una referencia a la huida de Moisés a Madián, cuarenta años antes (Éxo. 2:15). Si
referimos el versículo al éxodo del pueblo, la referencia a la Pascua en el v. 28 parece fuera
del orden cronológico, y la referencia a la ira del rey es difícil de explicar, porque el faraón
estaba rogando a Israel que saliera. Por otro lado, el autor ya invirtió el orden cronológico
en 7:6 y en el v. 21 de este capítulo. También, si la referencia es a la salida de Moisés a
Madián, sin temer parece contradecir Éxodo 2:14, que dice que Moisés tuvo miedo.

Hay problemas con las dos posturas, pero es preferible aplicar el versículo a la salida de
Moisés solo hacia Madián. El autor dice sin temer para aclarar que las acciones de Éxodo
2:15 no surgen del temor incrédulo, sino de la precaución debida que el plan de Dios exige
en uno. Moisés abandonó Egipto primero en su corazón, y cuando las circunstancias lo
requirieron, también físicamente. La razón de su viaje a Madián no era temor al rey, sino
temor reverente al rey Invisible. Mostró que el temor terrenal no era el móvil de su vida
cuando acudió a la defensa de su compatriota (Éxo. 2:11-12), y cuando regresó a Egipto en

51
Fe Bíblica

obediencia audaz al llamamiento de Dios (Éxo. 3:10; 4:18). Durante los cuarenta años de
pastorear en el desierto Moisés se mantuvo firme en su fe, porque podía ver por fe lo que
no era visible a sus ojos corporales: La presencia de Dios con él y su poder para librar al
pueblo. Su visión del Dios invisible, no las cosas que el ojo ve, determinó su acción.

Seguramente hubo quienes calificaron a Moisés como loco cuando abandonó sus
privilegios y lujos para pastorear ovejas y después a esclavos en el desierto. Para estos
críticos no sería ninguna explicación el decir que él podía ver lo invisible. Más bien, tal
explicación sería una confirmación de la locura. Es cierto que el loco también ve cosas que
otras personas no ven. La fe no es simplemente tener visiones raras y actuar de una
manera rara. La diferencia entre fe y locura es que el loco ve algo invisible que se origina
en su propia mente; la visión del creyente más bien se origina en la promesa de Dios. Por
tanto, esta visión tiene una realidad objetiva y forma una base firme para la esperanza (v.
1).

Vv. 28-29. Con frecuencia la obediencia de la fe requiere acciones que para el mundo
parecen absurdas. Dios ordenó a Moisés que los israelitas mataran al cordero de la
Pascua, y que rociaran los dinteles de sus puertas con la sangre. Sin duda los egipcios
sonrieron o aun los censuraron al pasar y notar su “pintura” tan rara. Pero cuando el ángel
destructor pasó, la obediencia de fe salvó las vidas de los primogénitos dentro de las casas
con dinteles pintados con sangre.

Joya bíblica
Por la fe ellos pasaron por el mar Rojo como por tierra seca; pero cuando lo intentaron los
egipcios, fueron anegados (11:29).

También fue por la fe que los israelitas cruzaron el mar Rojo. Humanamente no les
quedaba ninguna esperanza, pues el mar cerraba su camino y los egipcios venían atrás
para matarlos. Pero esperaron y confiaron en Dios, y él les abrió camino. Los egipcios
intentaron exactamente lo mismo que los israelitas, pero con resultados muy distintos. El
pasar el mar Rojo era la voluntad de Dios para Israel, y ellos por su obediencia
preservaron sus vidas (10:39). Pero la voluntad de Dios para los egipcios era distinta, y lo
que fue obediencia para Israel fue desobediencia para los egipcios. De modo semejante,
José obedeció llevando al pueblo a Egipto; Moisés obedeció sacándolo de Egipto. La fe es
obedecer, y la voluntad de Dios es distinta para cada persona. Intentar las hazañas sin fe
resulta en destrucción.

Vv. 30, 31. Como el éxodo empezó con una hazaña extraordinaria de la fe, también
terminó con una victoria de la fe. Jericó era una ciudad formidable. Sus ciudadanos
estaban seguros de que Israel no podía penetrar sus fuertes muros (Jos. 6:1). Dios

52
Fe Bíblica

prometió que la ciudad caería en manos de Josué (Jos. 6:2), pero lanzó una estrategia
extraña: Desfilar alrededor de la ciudad, sin atacarla, durante siete días (Jos. 6:3, 4). Josué
aceptó la promesa de Dios y obedeció sus instrucciones. Sin duda los habitantes de Jericó
se burlaron de estos desfiles inocuos, especialmente cuando continuaron durante toda
una semana. Estas burlas molestaron a los guerreros de Israel, limitados a un paseo
cuando se habían preparado para una batalla, pero cayeron los muros. Es imposible
derrumbar muros por marchar alrededor de ellos, durante siete días o siete años. Fue
Dios quien dio la victoria cuando el pueblo aceptó su promesa y obedeció su palabra.

La Fe de los Israelitas.
Heb. 11: 29–31:

1. Por fe pasaron el mar en seco, porque confiaron en que Dios no los abandonaría (v.
29).

2. Por fe, obedeciendo a Dios, marcharon durante siete días alrededor de los muros
de Jericó aunque esto pareciera ridículo, y tuvieron la recompensa del triunfo al caer las
murallas por el poder de Dios (v. 30).

3. Por fe Rahab ayudó a los espías israelitas porque había depositado su fe en el poder
y victoria futura de Jehovah (v. 31).

Rahab es el último ejemplo detallado de la fe y el más sorprendente en la lista. Es la única


mujer que se menciona sin su marido (Sara, v. 11), es prostituta, y ni siquiera es de la
nación de Israel. Por incluirla, el autor enfatiza que no hay límites al alcance de la fe.
Puede “preservar la vida” (10:39) a cualquiera. Rahab ayudó a los espías israelitas porque
había depositado su fe en el poder invisible y la victoria futura de Jehovah. Por la fe ella
salvó su vida (Jos. 6:17) cuando los incrédulos perecieron, pero antes tuvo que arriesgarla
en base a las realidades invisibles (Jos. 2:1–6). La fe siempre involucra riesgos: las burlas de
otros, o aun la muerte. Es necesario fijar la mirada en el galardón (v. 26) para aceptar el
riesgo.

Resumen de otros ejemplos, 11:32–40. El autor deja la lista de ejemplos específicos de la fe,
porque sería demasiado larga si continuara cronológicamente por toda la historia de
Israel. Más bien, concluye con un resumen de varios tipos de hazañas de la fe que se
encuentran en el resto de esta historia. Los ejemplos específicos ya narrados son
suficientes, y los lectores pueden recordar la manera en que la fe se manifestó en las vidas
de otros.

53
Fe Bíblica

Aunque el orden de nombres en el v. 32 no es el de la narración bíblica, los primeros


cuatro representan la época de los jueces, y David y Samuel representan el reino y los
profetas, respectivamente. La Palabra inspirada menciona errores o debilidades de cinco
de estos seis hombres (Samuel es la excepción), pero también testifica que fueron
conscientes del poder de Dios y de su dependencia de él. Se puede percibir a Dios y su
poder solamente por la fe. Las notas al texto nos dirigen a la narración acerca de cada
uno.

Los vv. 33 y 34 presentan un resumen de las hazañas de estos seis héroes, y de otros
héroes de la fe en el AT y en la historia posterior de los judíos. Lograron todo esto por la
fe, en dependencia de las promesas de Dios y obediencia a él. Todos estos seis
conquistaron reinos: Gedeón a Madián, Barac a Canaán, Sansón a Filistea, Jefté a Amón,
David a Filistea y otros reinos, y Samuel también a Filistea. Hicieron justicia en este
contexto no indica la justicia personal, sino el establecimiento de un reino justo. El autor
posiblemente alude a 2 Samuel 8:15, donde aparece una frase semejante con referencia a
David. Samuel, Salomón y otros gobernantes del pueblo de Israel que también
establecieron justicia en sus gobiernos, por la fe.

Alcanzaron promesas puede significar que recibieron promesas de Dios, o que recibieron
el cumplimiento de ellas. La misma frase se aplica a Abraham en 6:15. Gedeón (Jue. 7:7) y
David (2 Sam. 7:12–16, etc.) recibieron nuevas promesas de Dios. Otros ejemplos incluyen
a Elías, a quien Dios cumplió su promesa de sostenerlo durante la sequía (1 Rey. 17:4, 9), y
muchos otros que recibieron promesas de Dios o vieron el cumplimiento de sus promesas
de protección y bendición. Taparon bocas de leones es una referencia a Daniel (Dan .
6:22), aunque es posible que el autor también considere las luchas con leones de Sansón
(Jue. 14:6), David (1 Sam. 17:34) y aun Benaías (uno de los “valientes” de David, 2 Sam.
23:20) como actos de fe Sadrac, Mesac, y Abednego sofocaron la violencia (lit., el poder)
del fuego. En Daniel 3:17-18, se afirma que Dios los puede liberar, pero también se declara
que aun si no lo hace, seguirán fieles. Tal fe sin condiciones es un ejemplo para todas las
generaciones del pueblo de Dios. El AT da muchos ejemplos de quienes escaparon del filo
de la espada por la fe: Elías escapó de Jezabel (1 Rey. 19:2–8), Eliseo de su hijo Joram (2
Rey. 6:31–33) y Jeremías de Joacim (Jer. 36:19).

Las hazañas de fe victoriosa:

Heb. 11:33-34:

1. Conquistaron reinos (Gedeón, Barac, Sansón, etc.).

2. Hicieron justicia (David, Samuel, Salomón, etc.).

54
Fe Bíblica

3. Alcanzaron promesas.

4. Taparon bocas de leones (Sansón, Benanías, David, etc.).

5. Sofocaron la violencia.

6. Escaparon del filo de la espada (Elías, Eliseo, etc.).

7. Sacaron fuerzas de la debilidad (Sansón, macabeos, etc.).

8. Fueron torturados, sin esperar ser rescatados (v. 35).

9. Sufrieron pruebas varias, incluyendo azotes, cadenas y cárcel (v. 36).

10. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a espada (v. 37).

La frase sacaron fuerzas de la debilidad se puede aplicar a todos los que se han
mencionado, porque la persona de fe es precisamente la que reconoce su propia
debilidad, y por fe encuentra en Dios las fuerzas que le hacen falta (2 Cor. 12:9, 10). Es
posible que el autor piense de manera especial en la última hazaña de Sansón, cuando
recibió de nuevo sus fuerzas y derrumbó un edificio, matando a 3.000 filisteos (Jue. 16:28–
30). Las últimas dos cláusulas del v. 34 van juntas. Se pueden aplicar a los casos de los seis
héroes mencionados en el v. 32, y a otros en la historia de los judíos, pero es posible que el
autor piense en un período posterior de ella: las batallas de los macabeos, en el segundo
siglo a. de J.C.

Vv. 35–38. La viuda de Sarepta (1 Rey. 17:17) y la sunamita (2 Rey. 4:17) recibieron por
resurrección a sus muertos. Aun en el NT con frecuencia son las mujeres quienes reciben
a los resucitados: la viuda de Naín (Lc. 7:14-15), Marta y María (Juan 11:5, 17–43) y las
viudas de Jope (Hch. 9:39–41).

En el v. 35b hay un cambio abrupto en la lista. Hasta aquí, el autor ha enumerado


ejemplos de la fe victoriosa; el resto de la lista da ejemplos de la fe sufriente. La fe es
seguir el camino de la voluntad de Dios. Este camino incluye grandes hazañas, pero
también grandes sufrimientos. Los primeros dos ejemplos, Abel y Enoc (11:4-5), ya
anticiparon este contraste que ha corrido por todo el capítulo. Por la fe Noé alcanzó la
salvación de toda su familia, pero la misma fe requirió que Abraham y su familia murieran
sin haber recibido el cumplimiento de las promesas (v. 13). Isaac fue rescatado de la
muerte por la fe (v. 19), pero también tuvo que morir con fe (v. 20). Todos los ejemplos en
los vv. 20–22 son de personas que murieron con fe, pero otra vez en los vv. 23–31 el énfasis
está en el poder de la fe para rescatar la vida (aunque los vv. 24–27 hablan de sacrificios).
Así que el contraste entre la fe que preserva la vida y la fe que sostiene a través de la

55
Fe Bíblica

muerte no es nuevo en el v. 35. Solamente que aquí, al final del capítulo, el contraste se
hace explícito.

Si la fe produjo en unos casos restauración a esta vida, también produjo un deseo fuerte
de proceder a la resurrección para una mejor vida. Con este deseo algunos aceptaron
persecuciones y muerte, desdeñando el rescate al precio de dejar su fe. Aparentemente, el
autor piensa especialmente en las historias conmovedoras del viejo Eleazar y de los siete
hermanos y su madre, quienes fueron torturados hasta la muerte durante las
persecuciones por Antíoco Epífanes (2 Macabeos 6:18 al 7:41). Por la fe es posible preferir
la resurrección celestial y eterna a un rescate milagroso en esta vida. Los mejores premios
de la fe no se dan en esta vida, sino en la resurrección.

Muchos sufrieron pruebas de burlas y de azotes, cadenas y cárcel (v. 36) por su fe. Un
ejemplo notable es Jeremías (Jer. 20:2; 37:15). La tradición dice que también murió
apedreado. El Señor Jesús indicó que Jerusalén había apedreado a tantos profetas que
llegó a ser un proverbio (Mt. 23:37; Lc. 13:34), y da el ejemplo de Zacarías (Mt. 23:35), que
se narra en 2 Crónicas 24:21. También el primer mártir cristiano fue apedreado (Hch.
7:58). Tradiciones judías y cristianas dicen que Isaías murió aserrado, y muchos murieron
a espada a causa de su fe. Hay buenos mss. que omiten puestos a prueba, una frase que
parece débil y fuera de lugar en medio de tres términos que describen el martirio (ver
nota de la RVA).

Ejemplos dignos de imitar:

Heb. 11:39, 40; 12:1–3

1. El ejemplo de los héroes de la fe es una ventaja para nosotros (vv. 39-40).

I. Los héroes de la fe del AT, aunque fueron aprobados por su fe, ninguno de ellos
recibió el cumplimiento de la promesa del reposo eterno en Jesucristo.

II. Nosotros tenemos la ventaja porque conocemos el ejemplo de la fe de los héroes, y


también porque vivimos en la época del cumplimiento, el perdón en la sangre de
Jesucristo y la consumación del reino de Dios.

2. La fe de los fieles del AT y el mayor ejemplo de fe, el Señor Jesucristo, deben


inspirarnos a una fe triunfante (12:1–3).

1. El ejemplo de fe de los fieles del AT nos anima en la carrera de fe que tenemos por
delante (v. 1).

(a) A correr ligeros sin el peso de pecado que puede estorbarnos en la carrera.

56
Fe Bíblica

(b) A perseverar hasta llegar a la meta y no desmayar en medio de la carrera.

2. El mayor ejemplo de fe que estimula y es al mismo tiempo la fuente de fe, la meta


de la carrera y el premio es Jesucristo.

(a) Él es el autor de la fe. Todos los fieles, aun los del AT, le siguen y reciben la fe de
él.

(b) Él es el consumador de la fe. Él fue el que terminó y llegó a la meta.

(c) Por cuanto es digno de que concentremos toda nuestra atención en él (11:2a).

(d) Por cuanto es digno de que imitemos su perseverancia y no nos desanimemos ni


desmayemos (v. 3b).

Hay un contraste solemne y llamativo entre escaparon del filo de la espada (v. 34) y
muertos a espada (v. 37). Vimos arriba que Elías escapó de la espada de Jezabel, pero otros
profetas cayeron (1 Rey. 19:10). Si bien Joacim no mató a Jeremías, el profeta Urías no se
escapó (Jer. 26:23). Unas décadas antes del día en que escribe el autor de Hebreos, Pedro
fue rescatado de la mano de Herodes mientras Jacobo murió (Hch. 12:1–3, 11). La voluntad
de Dios es distinta para cada uno de los fieles, y la marca de la fe no es necesariamente un
milagro notable ni el martirio. Lo único que todos los héroes de la fe tienen en común es
la obediencia.

Las personas de fe son extranjeras en este mundo (11:9), y con frecuencia han sido
obligadas a vivir como fugitivas. La descripción en los vv. 37b -38 recuerda los tiempos de
Elías (1 Rey. 18:4; 19:4, 8-9) y de los macabeos (1 Macabeos 2:29-38; 2 Macabeos 5:27).
Algunos héroes de la fe no tuvieron más que la ropa más ruda, de manera que anduvieron
cubiertos de pieles. Carecían de lo necesario para vivir (pobres, angustiados), y no les
faltaron tribulaciones (maltratados). El mundo los trató como indignos de participar en la
sociedad, pero así reveló su propia corrupción. Fue el mundo el que no era digno de los
que por la fe veían a otro mundo distinto, puro y permanente. La sociedad indigna de
ellos no aguantó su presencia, de manera que tuvieron que andar errantes por los
desiertos y por las montañas, sin más casa que las cuevas y las cavernas de la tierra.

En los vv. 35b–38 el autor enfatiza que la fe no garantiza una vida cómoda ni aun
tranquila en este mundo. Su recompensa es de otro orden, un orden que no se percibe
por los sentidos físicos. La congregación destinataria enfrentaba tribulaciones y oposición
por su fe; el autor ha mostrado que no son los primeros que se encuentran en tal
situación. Una de las tensiones en las cuales hay que vivir por la fe es el no saber cuándo
Dios va a proveer un milagro de rescate, y cuándo va a proveer la perseverancia para

57
Fe Bíblica

aguantar tribulaciones o persecuciones. No es cómodo vivir en tensión, pero Dios lo


requiere porque tiene su propósito: Este no saber nos obliga a acercarnos a Dios buscando
la respuesta, y buscando su poder para sostenerse o para resolver la dificultad.

Hoy hay corrientes que presentan la vida cristiana como el camino hacia la prosperidad,
la salud y el éxito en este mundo. Hebreos nos recuerda que no se puede saber de
antemano si el camino de la fe obediente será de hazañas notables o de sufrimientos
notables. La religión verdadera no es una clave para el éxito terrenal; se dirige a otra meta:
acercarse a Dios en el mundo espiritual y puro.

En los vv. 39 y 40 se dice que Dios da testimonio en su Palabra a la fidelidad y a los logros
de los héroes que menciona el cap. 11. Sin embargo, aunque vieron el cumplimiento de
muchas promesas divinas, no recibieron el cumplimiento de la promesa: La promesa del
reposo eterno que el Mesías traería. Dios demoró esta consumación para que nosotros los
cristianos también participáramos en ella. El plan de Dios es que nosotros los
acompañemos cuando sean perfeccionados, esto es, cuando lleguen a la meta.

Así que nosotros tenemos algo mejor. El ejemplo de los fieles del AT es una ventaja, pero
la mayor ventaja es que vivimos en la época del cumplimiento. Conocemos la provisión de
perdón, santificación y vida por medio del sacrificio de Cristo. Mucho de lo que ellos
esperaban es una realidad para nosotros: el mejor pacto (7:22) que se basa en mejores
promesas (8:6), y el mejor sacrificio (9:23) que provee una mejor esperanza (7:19).
(Aunque las traducciones varían, el autor emplea la misma palabra aquí traducida mejor,
en estos pasajes y en otros).

Paradójicamente, vivimos en la época del cumplimiento, pero todavía por fe. La época
cristiana es el siglo “entre los dos tiempos”. El cumplimiento ya vino en Jesucristo, pero
todavía esperamos que él regrese para completar su obra de redención y perfeccionar a
los que le sirven. Y lo que se espera, se percibe solamente por los ojos de la fe. Es porque
vivimos “entre los dos tiempos” que el autor de Hebreos puede enumerar ejemplos de la
fe de nuestros antecesores para que los imitemos y, paradójicamente, terminar el mismo
capítulo diciendo que disfrutamos algo mejor que ellos.

(6) Aplicación personal y el ejemplo supremo, 12:1-3. El autor de Hebreos aplica la historia
de la fe a las vidas de sus lectores, por medio de una exhortación expresada en una figura
atlética. Describe el peregrinaje cristiano como una carrera. En esta figura los cristianos
estamos en un gran estadio, y las gradas están llenas de nuestros antecesores, como una
grande nube. Aunque en la figura aparecen como espectadores, el énfasis está en lo que
nosotros vemos en ellos. Dios testificó de su fidelidad y obediencia (11:2, 4, 39), pero en
este cuadro son ellos los que dan testimonio de las dificultades y de los triunfos de la vida

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Fe Bíblica

de fe. Conscientes de que no somos los primeros en esta carrera, debemos esforzarnos por
correr bien. Primero, hay que quitar todo peso en exceso; el atleta sigue un
entrenamiento para quitar el exceso de peso en el cuerpo, y a la hora de la competenci a
lleva solamente ropa ligera. (En los juegos antiguos los griegos corrían desnudos). De
igual manera, el cristiano deja a un lado lo que lo puede distraer, para poner toda su
atención en lo más importante: seguir la voluntad de Dios en obediencia y confia nza. El
peso que más impide es el pecado. Fácilmente caemos en pecado, y después nos
encontramos tan enredados que no podemos correr el camino que Dios quiere. Aún es
necesario a veces quitar cosas que son buenas en sí, para perseguir lo mejor. En realidad,
todo el exceso de “peso” que llevamos en la vida cristiana es pecado, porque es
desobedecer la voluntad de Dios.

Cuando uno se ha aligerado para la carrera cristiana, debe correr con perseverancia. Un
buen comienzo no es suficiente; lo más difícil es seguir el camino de fe y obediencia hasta
el final de la vida. Los lectores de Hebreos habían empezado bien (10:32–34), pero estaban
tentados a dejar la carrera a medias (10:35-36). El autor expresa su exhortación en el
tiempo presente, que denota acción continua: Sigamos corriendo con perseverancia. La
perseverancia es una de las expresiones esenciales de la fe genuina. Como Moisés se
mantuvo como quien ve al Invisible (11:27), todo el que tiene la visión de fe persiste en el
camino de la voluntad del Dios invisible.

Los verdaderos valores.

1. El dejar de lado las cosas de Dios, a cambio de las cosas temporales y materiales de
este mundo, trae consecuencias funestas. Los lectores de Hebreos estaban en este peligro.

En nuestro tiempo, de igual modo, a cuántos encontramos en esta situación de haber


dejado de lado los valores del reino, los valores espirituales y estar parcial o totalmente
inmersos en la filosofía materialista y hedonista de nuestro mundo: el afán desmedido de
tener posesiones materiales, los placeres y diversiones, la vida libertina y relajada, etc.
Corremos de esta manera el peligro de perder las bendiciones de Dios para nosotros en
este mundo y la vida eterna.

2. Lo mejor sólo está en Dios. Los verdaderos valores de la vida están en la vida con
Dios.

Un vistazo a los fieles del pasado nos puede dar ánimo para la carrera, pero el mayor
estímulo viene de Jesús, el ejemplo supremo de la fe. Él es la fuente de la fe y también la
meta y el premio de la carrera de la fe. Por tanto, nuestra atención debe estar concentrada
en él (v. 2). Él es el autor de la fe: todos los fieles, aun del AT, le siguen a él y reciben la fe

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Fe Bíblica

de él. También es el consumador: Nos da la perseverancia para completar el curso y nos


corona al final. En él vemos el ejemplo más claro de la fe: mirando hacia el premio del
gozo en la esfera espiritual, perseveró aun cuando su camino incluyó una cruz. (El verbo
traducido sufrió en el v. 2 es de la misma raíz que el sustantivo perseverancia en el v. 1). El
sufrimiento físico de la cruz es más de lo que podemos imaginar, pero peor aún fue la
vergüenza que Cristo sufrió. Los romanos reservaban la crucifixión para los esclavos y los
criminales más viles, de manera que este castigo contenía un intenso oprobio. También,
en lo espiritual, Jesús, el único hombre que ha vivido sin pecado, sufrió como el culpable
de todo pecado de la historia humana. Pero Jesús menospreció todo esto; lo consideró
como indigno de tomarse en cuenta, porque tenía su mirada fijada en la meta (11:26). Esta
meta gozosa era sentarse a la diestra del trono de Dios. La frase viene del Salmo 110:1, y
Hebreos la ha empleado con frecuencia desde 1:3.

El gozo que Cristo persiguió no fue solamente un logro personal: Incluyó la gloria de Dios
y la santificación y perdón de su pueblo. Jesucristo se sentó a la diestra del trono de Dios
después de cumplir los propósitos de Dios el Creador y las promesas que había hecho
como Dios del pacto. También se ha sentado como nuestro redentor, sumo sacerdote y
precursor. Su presencia a la diestra de Dios es una prenda de nuestra aceptación ante
Dios.

La naturaleza de la fe triunfante.

Heb. 12:1–3.

I. La constancia de las bendiciones que Dios nos ha prometido.

1. Por la fe podemos afirmar que ya son nuestras, aunque todavía no han aparecido
en nuestra historia y experiencia.

2. La facultad de conocer las realidades invisibles como más sustanciales y más


permanentes que las cosas que todos ven, y basar sus decisiones y sus conductas en ellas
(v. 1).

II. La constancia de la seguridad del apoyo de Cristo (v. 2).

III. La constancia de que la disciplina de Dios es para nuestro bien (12:4–11).

1. Por cuanto las Escrituras lo recomiendan (vv. 4–6).

(a) Por ello no debemos desanimarnos cuando Dios permite el sufrimiento por
nuestros pecados (vv. 4, 5).

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Fe Bíblica

(b) Por ello es que la disciplina es una muestra del amor de Dios para con sus hijos
(v. 6).

Jesús es el ejemplo supremo de la fe en ambos aspectos de esta que se presentan en el cap.


11: la fe sufriente y la fe victoriosa. En Jesús tenemos el ejemplo supremo de morir con fe, y
él también provee el mejor ejemplo de recibir la vida por la fe. Por su fe, aun después de la
muerte, Jesús vive sentado a la diestra de Dios. El ejemplo de Jesús nos enseña que el
camino hacia la gloria y hacia el gozo siempre es un camino de sufrimiento. Pero también
nos asegura que el sufrimiento en nuestras vidas no es sencillamente una casualidad
trágica, sino parte del camino que lleva al cumplimiento de los propósitos de Dios para
perfeccionarnos y bendecirnos. Por tanto, el autor concluye su presentación del ejemplo
supremo de la fe con una exhortación (v. 3): Considerad a Jesús con cuidadosa atención.
Los pecadores dirigieron hacia él toda su hostilidad, porque el carácter transparente de
Jesús condenaba su maldad. Sin embargo, Jesús perseveró ante la oposición. (Soportó
traduce el mismo verbo traducido sufrió en el v. 2; en los dos casos significa “perseveró”).
Su ejemplo puede fortalecer a todo cristiano que está tentado a desmayar ante las
pruebas. Esta es precisamente la tentación que enfrentaban los destinatarios de Hebreos,
y el autor escribe para que no pierdan el ánimo. La carrera cristiana no depende de la
fuerza física, sino de la fortaleza interior.

2. Por cuanto debemos tomar una actitud positiva a la disciplina que nos
recomiendan las Escrituras (vv. 7-8).

(a) Debemos permanecer en el sufrimiento que Dios permite por nuestras faltas para
nuestro propio bien. Solamente quien persevera recibe el beneficio del sufrimiento (v. 7).

(b) Debemos tomar la disciplina como algo normal en la relación padre-hijo (v. 8).

(c) Debemos tomar la ausencia de pruebas como una muestra de que no es un


cristiano legítimo (v. 8).

3. Por cuanto nos ayuda a hacer una comparación de nuestra actitud hacia la
disciplina de nuestros padres terrenales y hacia la disciplina de Dios (vv. 9–11).

(a) Nos sometíamos a la disciplina de nuestros padres terrenales que nos


preparaban solamente para los pocos días de nuestra vida terrenal.

(a) Con mayor razón debemos someternos a la disciplina de nuestro Padre celestial
que nos prepara para una mejor vida en esta tierra y para la vida eterna.

(c) Dios nos corrige para hacernos santos como él, para una nueva calidad de vida
que nos beneficia.

61
Fe Bíblica

4. Por cuanto la meta final de la disciplina que Dios permite para nosotros es una
vida de paz y rectitud (v. 11).

(a) Aunque como toda disciplina es dolorosa, su fin no es destruirnos.

(b) Trae al final una vida de paz y rectitud cuando perseveramos y somos fieles a
ella.

El escudo de la fe.

La cuarta pieza de la armadura es el escudo de la fe. Pablo dice que este escudo habilita al
creyente para “apagar todos los dardos de fuego del maligno” (v. 16). Los escudos romanos
en los tiempos de Pablo eran de unos 122 cm de largo por 61 cm de ancho, lo
suficientemente grandes como para cubrir la mayor parte del cuerpo. Tenían cubiertas de
metal a prueba de fuego, para minimizar el efecto de las flechas ardientes. Con este
escudo, un soldado no solamente podía detener los dardos ardientes y las flechas en
llamas, sino también extinguirlas.

Las artimañas de Satanás son como dardos ardientes y flechas en llamas. Satanás tiene
cientos de formas de atacar a los creyentes con sus dardos, incluyendo pensamientos
blasfemos sobre Dios, sugerencias pecaminosas y deseos corruptos. Él dispara dardos al
exterior de los creyentes, así como a su interior, a sus corazones y mentes. Necesitamos el
escudo de la fe para confrontar los asaltos de Satanás por las siguientes razones:

1. La fe nos ayuda a reconocer las artimañas satánicas. William Gurnall dice: “La fe
mira por detrás de la cortina del sentido, y ve el pecado antes de que se vista para salir al
escenario”. La fe ve la fealdad y lo infernal del pecado sin su camuflaje.

2. La fe coloca a Cristo entre Satanás y nosotros. La sangre de Cristo es la cubierta a


prueba de fuego en nuestro escudo de fe. La sangre y la justicia de Cristo intervienen
entre Satanás y nosotros, guardándonos contra los fieros ataques de Satanás.

Nuestro mayor problema al pelear contra Satanás es que se nos olvida levantar el escudo
de la fe. Si usted es un creyente, levante alto el escudo de fe. Escóndase detrás de Cristo.
Él recibirá las culpas que Satanás trate de echarle en cara. Él ya ha parado en seco cada
ardiente dardo para ser su perfecto Salvador. Confíe en Él. Él nunca lo dejará ni lo
abandonará.

La meta de Satanás es apartar su escudo y luego apuñalarlo bajo la armadura. No le


permita hacerlo. Cuide bien su escudo viviendo en la fe. Descanse en la persona de Cristo;
acérquese, escuche, vea, confíe, tome, conozca, abrace, regocíjese, ame, triunfe en Cristo.
Por fe, celebre a Cristo, entregando cada parte de usted. Aférrese a Él de la misma forma

62
Fe Bíblica

en que los dientes de un anillo se aferran a su diamante. Apóyese en sus promesas. La fe


honra a Cristo, nos fortalece, nos conforta, nos hace útiles y garantiza la derrota de
Satanás.

Se dice que: “No ha habido una batalla planeada por el más talentoso estratega en el
infierno que pueda conquistar la fe. Todos los terribles y flameantes dardos caen sin hacer
daño en cuanto golpean contra el escudo de la verdad”.

Fallar en el uso de la fe como un escudo “es decir, andar en la incredulidad” es


ciertamente peligroso, si no es que fatal. La incredulidad nos deshonra, nos debilita,
destruye nuestra comodidad y evita que seamos útiles. Haga a un lado sus dudas; reprima
sus interrogantes. Rehúse rendirse a sus deseos diarios. Combata a Satanás con el escudo
de la fe. Confíe en el Señor en todo momento. Recuerde, una fe que nunca enfrenta las
tentaciones de Satanás no lo llevará a las recompensas celestiales.

La Expresion de la Fe Genuina (Santiago 2:14–17).

2:14. Otro cambio en el argumento de la epístola puede apreciarse por el uso que Santiago
hace de la frase hermanos míos. Introduce este párrafo con la pregunta retórica ¿De qué
aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? El énfasis no está en la verdadera
naturaleza de la fe, sino en una pretensión falsa de que se tiene fe. Lo que Santiago
condenó es la apariencia espuria de tener fe. Tal “fe” no hace “bien”; no hay “provecho”
(ofelos, usado en el N.T. solamente aquí; en el v. 16; 1 Co. 15:32). Es inútil debido a que
consiste de palabras y no de acciones. Es solamente una presunción habitual vacía (“dice”
está en el tiempo pres.). ¿Podrá la fe salvarle? En gr., se anticipa una respuesta negativa.
Decir únicamente que se tiene fe no es suficiente. La fe genuina se evidencia por medio de
las obras.

2:15–16. La pregunta retórica es seguida de una ilustración hipotética pero real;


(“supongamos”, NVI) que un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad
del mantenimiento de cada día, ¿cómo reaccionamos? (Con frecuencia, Santiago escribe
acerca de los pobres: 1:9, 27; 2:2–6, 15.) Para alguien que está en necesidad de las cosas
básicas de la vida, los buenos deseos sentimentales le benefician muy poco, como la
despedida judía id en paz (Jue. 18:6; 1 S. 1:17; 2 S. 15:9; Mr. 5:34; Lc. 7:50). Si no se hace
nada por llenar la urgente necesidad de ropa que abrigue y comida que satisfaga, ¿de qué
aprovecha? Por razones de énfasis, aquí se repite la misma frase que Santiago utilizó para
introducir este párrafo (Stg. 2:14).

63
Fe Bíblica

2:17. La presunción vana, fe en sí misma, o fe en y por sí misma, sin ninguna evidencia de


obras, está muerta. La fe sin obras es una fe inútil; ¡Improductiva, estéril, árida, está
muerta! Se pueden decir grandes cosas acerca de un cadáver que se supone que ha vuelto
a la vida, pero si no se mueve, si no tiene signos vitales, si no hay pulso, si no hay latido de
corazón, todavía está muerto. Las falsas pretensiones quedan silenciadas por la evidencia.

EVIDENCIA DE LA FE GENUINA (2:18–20).

2:18. Esta puede ser una de las secciones más mal entendidas de toda la epístola. Pero
alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras. Aquí se presenta a “alguno” como una persona
imaginaria que responde. Él no objetaba la conclusión de Santiago, más bien estaba de
acuerdo en que la fe sin obras está muerta. Pero equivocadamente despreciaba la fe,
mientras hacía hincapié en la importancia de las obras (V. el comentario del v. 19).

Lo que sigue, muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras, puede
ser la continuación de las palabras de la persona que responde. De ser así, deberían estar
dentro de comillas (NVI, RVR). (Si esta es la respuesta de Santiago a la declaración del
opositor “yo tengo obras”, habría escrito “muéstrame tus obras sin fe”.) Aunque algunas
trad. recientes no incluyen la segunda mitad del v. 18 en la cita del que responde (e.g. VP,
NC), la NVI, RVR, BJ, BC correctamente consideran al v. completo como parte de sus
comentarios. Lógicamente, en gr. no se incluyen las comillas, lo que explica las
variaciones que hay en español. No obstante, parece que el que responde está lanzando el
reto, “muéstrame tu fe aparte (j̱ōris, “sin”) de las obras, y yo te mostraré mi fe por medio
de (ek, “que sale de”) mis obras” (trad. libre del comentarista).

2:19. Podría ser correcto aun incluir el v. 19 (BC) como parte del argumento de la persona
que responde: tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y
tiemblan. De ser así, éste podría ser un típico creyente gentil que atacaba la creencia del
credo del monoteísmo, que era aceptado por todos los judíos. Él estaba diciendo, “creer”
en un Dios puede ser bueno, pero no es suficiente. Los demonios hacen lo mismo. De
hecho, no sólo creen (se usa el vb. pisteuō); ellos “tiemblan” o “se erizan” (frissousin, un
verbo onomatopéyico usado solamente aquí en el N.T.). “Creer” en un solo Dios, no
significa “confiar” en él. A menos que haya confianza, la fe no es genuina y no será
evidenciada por medio de buenas obras.

En otras palabras, la persona está diciendo: “la fe no es la clave; lo que cuentan son las
obras”. Pero el que responde ha ido demasiado lejos. Santiago no dijo que las obras son
esenciales para la fe, o que la fe no es importante. Su argumento es que las obras son
evidencia de la fe.

64
Fe Bíblica

Otros escritores entienden este pasaje como que Santiago (v. 18b) retó a “alguno” a
demostrar su fe sin las obras, pero el punto es que no puede lograrse tal cosa. Sin
embargo, Santiago dijo que la fe sólo puede demostrarse por medio de lo que uno hace (v.
18c). El “creer” de los demonios en Dios es inadecuado. Tal fe pretendida es irreal
obviamente y no va acompañada de las obras correspondientes.

2:20. Santiago no se lanzó a presentar una refutación larga al contendiente. El apóstol


simplemente se dirigió a él con energía: hombre vano, y regresó a su argumento original
que la fe sin obras es muerta (argē, “perezosa, ociosa, negligente”). El adjetivo “vano”
(kene) se trad. generalmente “vacío” (mataios, “inútil, vano, sin fruto”, en 1:26). La fe débil
está muerta, así como también lo están las obras vacías y sin fe. El argumento de Santiago
no es por obras ante fe, o por fe ante obras. Simplemente ha dicho que la fe genuina va
acompañada de buenas obras. Las obras espirituales son la evidencia, no la fuente, de la fe
sincera.

EJEMPLOS DE LA FE GENUINA (2:21–26).

Como prueba final de su tesis, Santiago dio dos ejemplos bíblicos: Abraham, el
reverenciado patriarca, y Rahab la prostituta redimida. Él presentó cada ejemplo en forma
de pregunta, previendo el instantáneo asentimiento del lector.

2:21. ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo
Isaac sobre el altar? Esta pregunta se entiende a menudo como que se opone
directamente a la declaración de Pablo, de que la fe de Abraham, no sus obras, hicieron
que Dios lo declarara justo (Ro. 4:1–5). No obstante, Pablo estaba argumentando a favor
de la prioridad de la fe. Santiago lo hace a favor de la prueba de la fe. Pablo declaró que
Abraham tuvo fe, y que por tanto fue justificado, o declarado justo (Gn. 15:6), antes de la
circuncisión (Gn. 17:11; Ro. 4:9). Santiago explicó que la fe de Abraham se hizo patente por
medio del sacrificio de Isaac (Gn. 22:12), y por tanto, fue justificado, o declarado justo. Las
obras sirven como el barómetro de la justificación, mientras que la fe es la base para la
justificación.

2:22–24. Santiago enfatizó el papel conjunto de la fe que actuó juntamente con sus obras.
La fe es la fuerza que se halla detrás de las obras. La obra es la finalidad de la fe. El verbo
que se traduce perfeccionó (eteleiōthē) significa “llevar hasta el fin”. La fe encuentra su
plenitud en la acción. Así sucedió con Abraham. Santiago y Pablo citaron el mismo
pasaje-Génesis 15:6-para probar sus puntos de vista (Ro. 4:3). Pablo dijo que Abraham fue
justificado por la fe, y Santiago, que Abraham fue justificado por la fe que se evidenció por
las obras.

65
Fe Bíblica

2:25. Asimismo también (lit., “y de la misma forma también”; jomoiōs de kai) Rahab la
ramera, ¿no fue declarada justa por sus acciones, al recibir a los mensajeros (angelous) y
ayudarlos a escapar? (Jos. 2: 6)

2:26. La conclusión es clarísima. La fe y las obras son tan esenciales la una para la otra,
como lo son el cuerpo y el espíritu. Sin (j̱ōris - χωρὶς) el espíritu, o el “aliento”
(pneumatos) de vida, el cuerpo está muerto. Sin (j̱ōris - χωρὶς ) la evidencia de las obras,
la fe puede tenerse por muerta. No es genuina. La fe verdadera continuamente contribuye
al crecimiento y desarrollo espiritual.

El creyente no sólo ha de permanecer firme, confiando en la palabra de Dios, aunque esté


pasando por pruebas y tentaciones (cap. 1), sino que también debe servir a sus hermanos
y hermanas en Cristo (cap. 2). Debe aceptar a todos los miembros de la familia de Dios sin
favoritismo (vv. 1–13), y ayudarlos con una fe que obra (vv. 14–26). Para lograr madurez
espiritual, el creyente debe ser lo que Dios quiere que sea y hacer lo que Dios quiere que
haga.

La Confesion de Fe.

La confesión de fe siempre resulta en una confesión gozosa. Confiesa que tenemos la


bendicion aún antes de que ésta llegue. Confiesa una salud perfecta aun cuando el dolor
todavía está en el cuerpo. Confiesa una victoria total mientras que la derrota todavía lo
mantiene a uno cautivo.

Tu confesión está basada sobre la Palabra Viva de Dios.

"Yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que Dios no sólo es capaz de hacer
buenas cosas, sino que Dios está haciendo buenas cosas en este momento en mi vida". Yo
tuve la oportunidad de orar por una persona que estaba muy enferma. Después de que
había terminado de orar, la persona dijo, "yo sé que me voy a mejorar", Yo sabía que
habíamos sido derrotados, yo le dije a ella, "¿Cuándo es que tú vas a sanar?" Ella dijo, "yo
no sé cuándo, pero yo sé que lo haré, porque la Palabra de Dios no puede fallar", Yo dije,
"no, pero tú le has fallado a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es ahora, la fe es ahora;
¿acaso la Palabra de Dios está siendo verdadera en tu caso?" Ella dijo, "sí, de hecho es
verdad". "Entonces", yo le dije, "por las llagas de Jesucristo ¿tú has qué?" Ella pudo verlo.
"Por las llagas de Jesucristo yo he sido sanada". Yo le dije, "¿cuándo?" Ella dijo, "ahora
mismo". Yo le dije, "en ese caso, debes levantar té y vestirte".

Yo recuerdo un hombre de avanzada edad en el pueblo de Fredericton. New Brunswick,


que era un diácono de la iglesia bautista de la localidad, y vino con una pulmonía doble.

66
Fe Bíblica

Varios de los pastores locales y yo fuimos a orar por él. Yo lo ungí con aceite y oramos por
él. Después de que acabamos de orar, él dijo con una voz muy fuerte, "esposa, dame mi
ropa, me voy a levantar", Ese fue un gran gozo al verlo actuar en la Palabra de Dios.
Cuando confesamos la Palabra de Dios con gozo, esto trae convicción para todos los
oyentes. En Romanos 10:10 dice, "porque con el corazón el hombre cree", Me gusta
traducido de esta manera, "porque con el corazón, el hombre actúa basado en la Palabra
de Dios", El corazón actúa, y eso mueve los labios para que hagan la confesión, Un
corazón que está lleno de duda es un corazón que está gobernado por los sentidos. Una
confesión valiente viene de un corazón que está gobernado por la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios domina la vida del corazón y entonces la persona habla tal y como lo
hizo Pablo, "yo sé en Quién he creído". Mientras que Pablo estaba parado en la cubierta
de aquel barco en medio de esa tormenta tan horrible, él dijo, "yo creo en Dios",
Entonces, él les dijo a todos esos hombres que no sabían qué hacer, "cada uno de ustedes
va a llegar a tierra a salvo, pero el barco se va a perder". Él dijo, "vengan, vamos a comer el
desayuno". Pablo partió el pan y dio gracias en me- dio de todos ellos. Él es dio a todos
ellos algo mucho más que sólo pan, él les dio el valor que necesitaban Pablo tenía una
confesión gozosa la cual estaba llena de fe. Sólo un corazón que ha sido nutrido con la
Palabra de Dios puede permanecer firme bajo estas circunstancias tan difíciles.

Cuando sabemos que la Palabra de Dios nos está hablando en este momento, no es difícil
poder actuar basados en ello. En el Salmo 82 declara que "la Palabra de Dios ha sido
establecida en los cielos". Cuando yo leí eso, pude ver que debía ser establecida en mi
corazón. Yo ya no iba a tratar de conformarme con nada menos que esto. Yo sabía que
ninguna Palabra de Dios iba a quedar sin cumplimiento. Nunca más iba yo a tener miedo
de actuar basado en la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios se convirtió en algo más real para mí y cualquier palabra que cualquier
hombre jamás me hubiera dicho. Mis labios se llenaron con risa, y mi corazón fue lleno
con gozo y de esta manera tuve una confesión victoriosa.

Cuántas veces he tenido que ver la confesión titubeante de alguien que camina en el
fracaso, y de la misma manera, la confesión gozosa de alguien que camina en una total y
completa victoria. Cuando actuamos sin temor alguno, basados en la Palabra de Dios, y
gozosamente echamos todas nuestras preocupaciones en Dios, la victoria es algo tan
seguro como el hecho de que el sol va a salir al día siguiente.

Tú eres un hombre de fe, una mujer de fe.

67
Fe Bíblica

Tú puedes ser valiente en tu vida cristiana por medio de saber qué es un hombre de fe,
una mujer de fe. Que bendición es poder conocer con certeza que, no importa cómo te
sientas, Dios dice que la fe es algo que tú ya tienes. ¡Es un regalo de Él!

Nunca te llames a ti mismo Tomás el dudoso. No fueron las dudas de Tomás las que
honraron al Señor. Fue la fe de aquellos que vieron a Jesús en Su Palabra, lo que trajo su
dedicación y la respuesta divina. Si tú hablas acerca de ser un Tomás dudoso, entonces tú
estás cerrando la puerta a las provisiones que Dios tiene para ti en Cristo Jesús. "Porque
en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo
por la fe vivirá" (Romanos 1:17). "Pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo
Jesús" (Gálatas 3:26). Nunca te inculques a ti mismo el hecho de que tú no tienes fe. Esto
es completamente contrario a las Escrituras, porque es en fe que tú te convertiste en un
hijo de Dios. "Que por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no es de vosotros, si no
es un don de Dios" (Efesios 2:8).

“Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe" (Romanos 12:3). No existe problema
alguno con este hecho: Dios te ha dado la medida de la fe. Debes notar que no es
solamente una medida, sino la medida. No importa qué tan pequeña es, porque la
cantidad de fe no es lo que importa con Cristo Jesús. ¡El declaró que la fe aunque fuera tan
pequeña como un grano de mostaza podría mover montañas!

No sólo tú tienes la medida de la fe, pero tú también tienes el espíritu de fe. "Pero
teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé, nosotros
también creemos, por lo cual también hablamos" (2 Corintios 4:13). Este espíritu de fe que
tú tienes, es expresado por medio de creer con tu corazón y declararlo con tu boca. "A fin
de que no seáis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia
heredan las promesas" (Hebreos 6:12). La fe no es un botón mágico que tú oprimes para
obtener lo que tú necesitas de Dios en forma instantánea, Tienes que conjuntar paciencia
con la fe para poder heredar las promesas que Dios tiene para tu vida.

El título que Dios nos da en la Biblia es creyentes, no du dadores. Es natural para nosotros
que podamos funcionar en la fe, porque esa es la naturaleza de nuestra vida: somos gente
de fe. De hecho, Dios dice que su casa es una casa de fe. "Así que entonces, hagamos bien
a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe" (Gálatas
6:10).

Debes confesar estas palabras valientemente, "yo soy un hombre de fe, una mujer de fe, y
la fe es algo que yo ya poseo. Dios me ha dado la medida de la fe, el espíritu de fe, y la
palabra de fe está cerca de mí en mi boca y en mi corazón" (Romanos 10:8). "Esta es la
victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4),

68
Fe Bíblica

Estas son afirmaciones personales de fe en la Palabra de Dios:

Debes tener tu propia vida de fe.

Yo no soy alguien que me mantengo pidiendo aventones espiritualmente, o sea, alguien


que depende en la fe de otro durante los tiempos de necesidad. Yo tengo mi propia vida
de fe, de la misma forma como tengo mi propio par de zapatos. Cuando viene una crisi s,
yo no necesito buscar la ayuda de alguien para que ore "la oración de fe" por mí; yo hago
mi propia oración. Si la enfermedad ataca, yo estoy listo para ser usado por Dios para
ministrar sanidad en el nombre de Jesús.

En Romanos 12:3 dice, "Dios le ha dado a cada hombre la medida de fe". Quede claro este
hecho: Dios me ha dado la medida de fe. Dios no me clasifica como dudador, ni como un
incrédulo. Yo soy miembro de la familia de la fe. Yo soy un hombre de fe, una mujer de fe,
y yo digo muy seguido, "la fe es algo que yo ya poseo, porque Dios le ha dado a todos los
cristianos la medida de fe".

En Mateo 7:7 dice, "Todo aquel que pide, recibe". Esta es la palabra de Jesús mismo en
este tema. Jesús enseñó muy claramente que todos deberían hacer sus propias oraciones,
y todos deberían recibir sus propias respuestas.

En Hechos 10:34 dice, "yo entiendo que Dios no hace acepción de personas". No existen
mascotas de la divinidad. Dios no hace diferencia entre las personas. El Padre Celestial no
tiene favoritos. No existen personas de suerte con el Señor Jesucristo. Yo soy tan amado
por el Padre Celestial como lo es cualquier evangelista, pastor, misionero o maestro. Y
tengo tanta justicia como cualquier otro cristiano la tiene, porque mi justicia está basada
en lo que Jesús ya hizo por mi (2 Corintios 5:21).

En Romanos 12:12 dice, "dedicados a la oración". Como resultado de tener mi propia vida
de fe, yo sé que yo tengo acceso instantáneo a Dios. Y no tengo que estar buscando aquí o
allá para que alguien ore por mí, porque yo soy suficientemente valiente para hacer mis
propias oraciones. "Todo lo que pidieres al Padre Celestial en mi nombre, Él os lo dará"
(Juan 16:23). Yo tengo el derecho de orar en el nombre de Jesús y al Padre Celestial, de la
misma manera como cualquier otra persona lo tiene.

Estoy tomando mi lugar de autoridad como creyente. He dejado de ser una persona que
se mueve a través de aventones espirituales. Yo puedo ponerme en contacto con el Padre
Celestial en el nombre de Jesús, de la misma manera como cualquier otra persona puede
hacerlo. El Padre Celestial me ama tanto como cualquiera de Sus hijos. Yo soy valiente en
mi fe. Yo oro y espero respuestas poderosas. Yo le digo a los demás que estoy orando por
ellos. Valientemente, yo soy el instrumento de Dios para bendecir, ministrar sanidad, y

69
Fe Bíblica

ayudar a todos aquellos que están en necesidad. Sin temor alguno, yo echo fuera a los
demonios en el nombre de Jesús. Yo me atrevo a hablar y a declarar la Palabra de Dios
con confianza en contra de todo tipo de opresiones. Yo poseo fe en la palabra dadora de
vida que está en mis labios. Yo tengo fe en mi propia fe. Es la fe de Dios. Yo tengo fe en mi
Dios.

Palabras ardientes:

Pero si digo: No le recordaré ni hablaré más en su nombre, esto se convierte dentro de mí


como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo) y no
puedo. (Jeremías 20:9)

Yo he experimentado lo mismo que Jeremías experimentó: la Palabra de Dios está en mi


corazón como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, y las palabras de Dios son
palabras de fuego.

Los discípulos en el camino en Emaús tuvieron un encuentro con Jesús después del cual
"y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos
hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?" (Lucas 24:32). Las palabras de
Jesús producen ese ardor celestial. Las palabras de Jesús son palabras ardientes.

Jesús dijo, "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo
os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63). Las palabras de Jesús de hecho son
espíritu y son vida. Las palabras de Jesús son palabras ardientes.

Cuando yo confieso la Palabra de Dios, produce un fuego en mi corazón. El fuego es un


limpiador. "¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra"
(Salmo 119:9). "En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pe, car contra ti" (Salmo
119:11). Las Palabras de Dios limpian mi espíritu. Las Palabras de Dios son palabras
ardientes.

Mi oración con relación a la Palabra de Dios es la siguiente: "Abre mis ojos, para que vea
las maravillas de tu ley" (Salmo 119:18). Cuando el Espíritu Santo abre la Palabra de Dios
hacia mi espíritu, esa Palabra de Dios genera un fuego dentro de mi ser. Las Palabra de
Dios son palabras ardientes. "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor"
(Hechos 19:20). La Palabra de Dios tiene un poder que prevalece: poder para salvar, poder
para sanar, poder para avivar, poder para crear, poder para vencer a todos los enemigos.
Las Palabra de Dios son palabras ardientes.

Declara la forma en que te gustaría ser, y tú te convertirás en aquello que has


declarado.

70
Fe Bíblica

Tú confiesas a Jesús como Señor "para salvación" (Romanos 10:10). Tú lo confiesas a Él


primero, y entonces, Dios actúa para regenerar tu espíritu. Este principio de declarar las
cosas es visto en forma muy clara a través de las Escrituras. " delante de Dios, a quien
creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen "
(Romanos 4:17). Primero, Dios habló la palabra, y entonces, Sus actos de creación se
realizaron. Tú hablas, y entonces lo posees. Tú declaras la forma en que te gustaría ser, y
te conviertes en aquello que has declarado.

“Y ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo


bueno que hay en vosotros mediante Cristo" (Filemón 6). Tu fe se convierte en algo
efectivo por medio de tu reconocimiento, o por medio de tu declaración de todas las
cosas buenas que hay en ti en Cristo Jesús. Tú declaras, y entonces se convierte en una
realidad.

"Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por tanto hablé,
nosotros también creemos, por lo cual también hablamos" (2 Corintios 4:13). Para que tú
fe pueda ser activada, ¡Tú debes declarar!

¿Deseas tener buena salud? Entonces debes declarar todas las Escrituras que tengan que
ver con salud. Cuando tú declaras la Palabra de Dios, Proverbios 4:22 asegura que este
proceso de la Palabra Viviente va a producir "salud para toda tu carne", Tú debes declarar,
"yo tengo una mente saludable, ojos saludables, nariz, boca, corazón, vasos sanguíneos,
nervios, huesos y órganos saludables". Cuando tú tienes un problema de salud, debes
declarar a esa montaña lo que Jesús de claro, y tú "tendrás lo que hayas declarado"
(Marcos 11:23).

¿Acaso tienes el deseo de ser un cristiano fuerte? "Diga el débil, fuerte soy" (Joel 3:l0). No
es el fuerte quien afirma ser fuerte, sino el débil. Se tiene que declarar primero, y entonces
esto se convierte en una realidad. Ésta es la fe que agrada a Dios.

¿Acaso deseas convertirte en una persona amorosa? Entonces debes declarar de esa
manera porque "el amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo"
(Romanos 5:5). ¿Acaso deseas ser exitoso? Entonces debes declarar éxito. ¿Acaso deseas
ser valiente en Cristo Jesús? Entonces debes declarar valientemente por qué "los justos
son valientes como leones" (Proverbios 28:1).

El edificador de la fe.

Entré en contacto con el ministerio del Doctor Kenyon, por medio de escucharle en la
radio. Fue mi privilegio el haber estado en forma directa o indirecta bajo su ministerio por
aproximadamente 10 años.

71
Fe Bíblica

El Dr. Kenyon tuvo un ministerio largo y muy fructífero de más de 50 años, y él vive en los
corazones de aquellos que lo conocieron, y por medio de la literatura en la que él trabajó
tan arduamente, a fin de dejarla en las manos de la posteridad.

Estoy seguro que el Señor Jesús ha dado la bienvenida a su llegada como uno de Sus más
grandes generales en la fe. Pablo escribió a Timoteo, "pelea la buena batalla de la fe", y
otra vez, "sé un buen soldado del Señor Cristo Jesús", y "bien, buen siervo y fiel entra en el
gozo de tu Señor".

Él fue conocido como un maestro entre los maestros. En las ondas de radio fue conocido
como "el edificador de la fe". A través de su ministerio de la Palabra de Dios, hombres y
mujeres fueron convertidos en algo muy agradable ante los ojos de Dios. Este es un gran
reto para todo obrero cristiano. Muchos ministros jóvenes y obreros comenzaron sus
ministerios, recibieron inspiración y aliento a través del consejo amigable del Dr. El
conocía el secreto del ministerio exitoso. Él siempre se levantaba muy temprano, y a
través de su comunión con el Señor Cristo Jesús, era capaz de ayudar y edificar a otros. Él
tenía amor y ánimo para todos los demás. El único enemigo que él reconocía era el diablo
y sus ayudadores. Pero él sabía cómo tratar con ellos en el nombre de nuestro Señor
Cristo Jesús.

Él sabía el secreto del amor divino. El amo a hombres y a mujeres en el reino de Dios, y
edificó la Palabra de Dios en ellos, de tal manera que ellos pudieran pararse
victoriosamente. Fue él quien dijo,” prefiero morir que convertirme en un fracaso”. Tú
eres un éxito debido a que tú has sido unido con el Dios Omnipotente. Dios nunca ha
creado un fracaso. Tú tienes la vida de Dios. Tú tienes la habilidad y la fuerza de Dios".

El Dr. Kenyon fue un maestro de las palabras. Para mí él era el orador má s poderoso y
convincente que he podido testificar detrás de un púlpito. Sus mensajes de la Palabra de
Dios siempre fueron frescos y llenos de la dinamita divina.

Él fue un pionero en la obra a través de la radio en la costa oeste de los Estados Unidos.
Este ministerio ha tenido un alcance tremendo en toda la Iglesia. Miles de gentes aquí en
el noroeste de los Estados Unidos, y millones alrededor de todo el mundo han sido
impactados por medio de sus escritos, y han sentido el poder del ministerio de este
hombre. En verdad él fue un gran embajador para el Señor Cristo Jesús.

El Dr. Kenyon fue un ministro fiel de la Palabra de Dios. Nunca se supo que él estuviera
tarde para una cita o para un servicio. Sus mensajes verificadores de fe que venían del
Señor Jesús eran únicos y definitivos para estos últimos días. Nosotros qué conocíamos
personalmente al doctor, pudimos apreciar la Palabra de Dios más y más, cada vez que él
la abrió para nosotros.
72
Fe Bíblica

Si tú no lo has hecho todavía, tú vas encontrar muy provechoso para tu ministerio,


cualquiera que éste sea, el familiarizarte con los libros del Dr. Kenyon, que se encuentran
enlistados en alguna parte de este libro. Yo me regocijo que el Señor Jesús me permitió
entrar en contacto con este gran hombre de Dios. No te puedo decir en palabras todo lo
que su ministerio ha significado para mí y para mi ministerio. El Señor Jesús pueda decir
de nosotros algún día, "bien buen siervo y fiel".

El Punto de Partida: Una Fe Genuina.

Dicho de manera común, la fe o la confianza refuerza como cada uno vive. Bebemos agua
por varias razones y confiamos en que ha sido debidamente tratada. Confiamos en que los
alimentos que compramos en el supermercado o que comemos en un restaurante no
están contaminados. De manera rutinaria cambiamos o depositamos cheques, aun
cuando el papel en que están escritos no posee valor intrínseco. Ponemos nuestra
confianza en la honestidad de la compañía o la persona que emite el cheque. Algunas
veces nos exponemos al bisturí del cirujano, aun cuando no tenemos ninguna experiencia
en procedimientos médicos. Cada día ejercitamos una fe innata en alguien o en algo.

¿QUÉ ES LA FE ESPIRITUAL?

De igual manera, cuando usted tiene fe espiritual espontáneamente acepta ideas básicas y
actúa en muchas cosas que no comprende. Sin embargo, su fe espiritual no actúa de
manera innata como lo hace la fe natural. La confianza natural viene con el nacimiento
natural, y la confianza espiritual es un resultado directo del nacimiento espiritual:

Las conocidas palabras de Pablo en Efesios 2:8 nos recuerdan que:

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios".

Una versión en lenguaje moderno de una de las antiguas confesiones de la iglesia


(modelada estrechamente según la confesión de Westminster) proporciona está clara
descripción doctrinal de la fe práctica del creyente: Por la fe un cristiano cree que todo lo
que ha sido dado a conocer en la Palabra es verdad, porque en ella Dios habla
autoritariamente. También percibe en la Palabra un grado de excelencia superior a todos
los demás escritos, en verdad a todas las cosas que el mundo contiene. La Palabra revela
la gloria de Dios como aparece en sus diferentes atributos, la excelencia de Cristo en su
naturaleza y en los oficios que realiza, y el poder y la perfección del Espíritu Santo en
todas las obras que emprende. De esta manera, el cristiano es capacitado para entregarse
implícitamente a la verdad que es creída, y otorgar servicio según los diferentes requisitos
de distintas partes de las Escrituras. A los mandamientos da obediencia; cuando escucha

73
Fe Bíblica

una amenaza, tiembla. Con respecto a las promesas divinas acerca de esta vida y de la
vida venidera, las abraza. Por los actos principales de la fe salvadera se relacionan en
primer lugar con Cristo cuando el creyente acepta, recibe y descansa solo sobre Él para la
justificación, la santificación y la vida eterna. Y todo por medio de la gracia.

De modo que la primera columna fundamental que el pueblo de Dios debe tener es la fe
espiritual, o la confianza en Dios. Y esa actitud no crecerá ni se desarrollará a menos que
creyentes individuales lleguen a conocer a Dios mejor cada día. Esa verdad es
ejemplificada a través de las Escrituras. He aquí algunos ejemplos destacados:

• Moisés: "Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Ha sido mi salvación. Este es mi Dios, a


quien yo alabaré; el Dios de mi padre, a quien yo enalteceré" (Éx. 15:2).

• David: "Te amo, Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto
refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos"
(Sal. 18:1-3).

• Jeremías: "Mi porción es Jehová; por tanto, en él esperaré", dice mi alma" (Lm. 3:24).

•Pablo: "Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el
Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen" (1
Ti. 4:10).

• Juan: "Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios,

Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios
tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y
Dios en él" (1 Jn. 4:15-16).

EL EJEMPLO DE FE DE HABACUC

Para un vistazo más profundo a cómo los santos bíblicos ejemplificaron la actitud de la fe,
consideremos el caso del profeta Habacuc. Su ministerio tuvo lugar a finales del siglo siete
a.C. durante los últimos días del poderío asirio y en los comienzos de la hegemonía de
Babilonia (por los años 625 al 600 a.C.). La situación en los días de Habacuc era similar a
la que confrontaron Amós y Miqueas. La justicia y la fidelidad básicamente habían
desaparecido de Judá, había mucha maldad y violencia sin control en todo el territorio.

¿Por qué no hay respuesta, Dios?

74
Fe Bíblica

El comienzo de la profecía o sermón de Habacuc revela su frustración y falta de


comprensión de por qué Dios no intervenía en los asuntos de Judá y sobrenaturalmente
ponía en orden las cosas:

¿Hasta cuándo, Jehová, gritaré sin que tú escuches, y clamaré a causa de la violencia sin
que tú salves? ¿Por qué me haces ver iniquidad y haces que vea tanta maldad? Ante mí
solo hay destrucción y violencia; pleito y contienda se levantan. Por eso la Ley se debilita
y el juicio no se ajusta a la verdad; el impío asedia al justo, y así se tuerce la justicia”.
(Hab. 1:2-4)

El profeta se enfrentaba a un verdadero dilema. Probablemente ya le había pedido al


Señor que hiciera brotar un avivamiento espiritual para que todo Judá se arrepintiera, o
que juzgara al pueblo por su iniquidad, violencia, perversión de justicia y falta de atención
a su ley. Pero Dios no haría ninguna de las dos cosas, y Habacuc no podía entender cómo
podía Él observar la magnitud del mal de Judá y no actuar.

¿Por qué los caldeos?

Pero en el pasaje siguiente Dios le da a Habacuc la más asombrosa e inesperada respuesta:

"Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que
aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeas, nación
cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.
Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. Sus caballos
serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se
multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a
devorar. Toda ella vendrá a la presa; el terror va delante de ella, y recogerá cautivos como
arena. Escarnecerá a los reyes, y de los príncipes hará burla; se reirá de toda fortaleza, y
levantará terraplén y la tomará. Luego pasará como el huracán) y ofenderá atribuyendo su
fuerza a su dios"(1:5-11)

La revelación de Dios solo aumentó el desconcierto de Habacuc, porque no era eso lo que
esperaba ni lo que deseaba oír. ¿Cómo es posible que Dios use a los caldeos, un pueblo
pagano que era mucho más pecador que los judíos, para juzgar y castigar a su pueblo
pactado? Al fin y al cabo, a través de su historia los caldeos eran notorios por ser un
pueblo militarista y agresivo. Se formaron en las montañas del Kurdistán y Armenia, al
norte de Irak, y posteriormente se establecieron por sus propios territorios en el sur de
Babilonia en la parte superior del Golfo Pérsico. Desde los comienzos de la hegemonía
Asiría sobre Babilonia, los caldeos fueron una fuente de oposición e irritación para los
reyes asirios. A la postre, los caldeos tuvieron un papel preponderante en la caída de
Asiria y en el establecimiento del nuevo imperio de Babilonia.
75
Fe Bíblica

Los caldeos solo adoraban su fortaleza militar y estaban totalmente preparados para
reducir a escombros la ciudad de Jerusalén. (En el antiguo Oriente Medio, las murallas de
piedra de una ciudad o de un fuerte eran escaladas una vez que las tropas invasoras
amontonaban escombros contra las murallas. Los escombros formaban una rampa sobre
la que los soldados podían marchar y entrar en la ciudad.) Los caldeos eran pecadores,
egocéntricos y rudos, y Habacuc no podía entender cómo Dios pudo escoger a un pueblo
mucho peor que Judá como agentes para castigar a su pueblo.

La solución del dilema.

El desconcertante dilema de Habacuc no podía resolverse mediante la sabiduría humana.


Debido a que no entendía el plan de Dios, el profeta dirigió su mirada a la teología. ¿Si no
eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová,
para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar" (1:12).

En el cenit de su confusión, mientras se hundía en la arena movediza de su dilema y


percatándose de que no podía contestar sus propias preguntas, Habacuc sabiamente
apeló a lo que sabía que era verdad acerca de Dios. Primero, reconoció que Dios es eterno
y que ha existido desde la eternidad pasada y existirá en la eternidad futura. Habacuc
trajo a su memoria que los problemas que él y la nación confrontaban en realidad eran
parte de un breve período en la historia del mundo. El Señor era mucho más grande que
cualquier pequeño segmento de tiempo, con todos los problemas, y "Él sabía todo el
tiempo cómo todas las cosas encajan en su plan eterno".

El profeta refuerza sus palabras iniciales al dirigirse a Dios como "Oh, Jehová, Dios mío,
Santo mío". El vocablo Jehová relaciona a Dios Íntimamente con la nación de Israel como
el Dios que guarda el pacto y las promesas hechas a los padres. Habacuc sabía que Dios
estaba y está en control en medio de cualquier circunstancia, Él es Omnipotente, y nada
jamás se escapa de su control. Además, Habacuc reconoce que Dios es Santo, Él no se
equivoca y lleva a cabo su programa perfectamente.

Habacuc necesitaba encontrar un fundamento espiritual seguro en su comprensión de


quién Dios es y de lo que Él hace. Por lo tanto, él podía tranquilizarse de que "no
moriremos." Sabía que Dios permanecerá fiel y no destruiría a Judá, puesto que tiene que
cumplir el pacto prometido que hizo con Abraham que garantiza un reino, un futuro y
una salvación.

Habacuc vio la fidelidad de Dios, su persona en las palabras finales del versículo 12: "Oh
Jehová, para juicio lo pusiste [a los caldeos]; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar".
Ahora acepta el hecho de que Dios era demasiado puro para aprobar o excusar el mal y
que sus ojos no podían contemplar favorablemente la maldad. Por lo tanto, ha
76
Fe Bíblica

determinado castigar al pueblo de Judá, y soberanamente ha escogido a los ca1deos para


realizar ese castigo. Aun cuando Habacuc no hubiera escogido ese método de juicio,
ahora podía decir con mucha más seguridad de fe que antes: "Veo y acepto lo que está
ocurriendo".

La fe resumida y aplicada.

La esencia de la lucha de Habacuc con la definición de la fe quedó determinada cuando


Dios le dijo: "He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su
fe vivirá" (2:4). La frase final de este versículo es una de las declaraciones más importantes
en todas las Escrituras porque expresa de manera resumida la doctrina fundamental de la
justificación por la fe. Por esa razón a la postre llegó a ser, en la traducción de la Reina
Valera: "El justo por la fe vivirá", uno de los grandes lemas de la Reforma.

El historiador de la Reforma, J. H. Merle D'Aubigne, escribiendo en el siglo XIX, describe


el descubrimiento de Martín Lutero de la verdad crucial de Habacuc 2:4 de esta manera:
Él [Lutero] comenzó su asignatura con una explicación de los Salmos, y de ahí pasó a la
epístola a los Romanos. Fue de manera más concreta mientras meditaba en esta porción
de las Escrituras que la luz de la verdad penetró en su corazón. Al retirarse a la quietud de
su habitación, solía consagrar horas completas al estudio de la divina Palabra, esta
epístola del apóstol Pablo era mantenida abierta delante de él. En una ocasión, al llegar al
versículo diecisiete del primer capítulo leyó ese pasaje en el profeta Habacuc, "el justo por
su fe vivirá". Ese precepto le impresionó. Hay, por lo tanto, una vida para el justo
diferente de la de otros hombres. Esa vida es el regalo de la fe. Esa promesa que recibió en
su corazón como si Dios mismo la hubiera puesto allí, le reveló el misterio de la vida
cristiana y aumentó esa vida en él. Años después, en medio de numerosas
preocupaciones, se imaginaba que todavía escuchaba esas palabras: "el justo por su fe
vivirá". (The Life and Times of Martín Luther [La vida y los tiempos de Martín Lutero]
1846, Chicago: Moody, edición de 1978).

Eso ocurrió cuando Lutero era un joven profesor de teología bíblica en la Universidad de
Wittenberg en Alemania a principios de los años 1500. Esa comprensión lo afectó tan
profundamente que algunos años después fue compelido a escribir las famosas noventa y
cinco tesis y clavarlas en la puerta de la capilla de Wittenberg. Esas declaraciones
desafiaron a la Iglesia Católica Romana a ser más bíblica en algunas de sus doctrinas y
prácticas. Especialmente, Lutero estaba en desacuerdo con la venta de indulgencias por la
iglesia para conceder perdón de pecados. Señaló que tal remisión es otorgada libremente
como un regalo de gracia por Dios, pero solo a quienes vienen a Él en genuino
arrepentimiento y fe. Poco después eso condujo a un desarrollo pleno de la doctrina

77
Fe Bíblica

bíblica de la justificación por la fe y al esparcimiento de la Reforma protestante a través


de gran parte de Europa.

La declaración de Dios a Habacuc también se usa en pasajes clave del Nuevo Testamento.
Además de su importante uso en Romanos 1: 17, se cita dos veces más en las epístolas: Y
que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe
vivirá" (Gá. 3:11); "Más el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma" (Heb.
10:38).

El profeta Habacuc no relegó el tema de la fe solo al ámbito teológico. Le da una


expresión maravillosa de cómo poner en práctica lo antes dicho en los tres versículos
finales de su profecía:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del
olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no
haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de
mí salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en
mis alturas me hace andar”. (3:17-19)

Ese vocabulario era muy significativo y familiar para la sociedad agrícola de los oyentes de
Habacuc. Sabían que las higueras siempre florecen, las vides nunca dejan de dar fruto y
los olivos eran tan robustos y duraderos que siempre producían una buena cosecha. Era
inconcebible para ellos que los campos dejaran de producir alimentos y el ganado dejara
de producir corderos y becerros.

El profeta dice que aún si esos aspectos rutinarios, ordinarios y fiables de la vida diaria
dejaran de funcionar, si todo el mundo fuera virado al revés y retrocediera, todavía se
regocijaría en Dios y continuaría confiando en Él. Aun cuando no comprenda l as
circunstancias, todavía comprendía la persona y la obra de Dios.

Habacuc concluye comparando su estabilidad con aquella que el Señor les da a los
ciervos. He tenido la oportunidad de sobrevolar cerca de las montañas de Alaska, he visto
como los ciervos se comportan. Se paran en un borde escabroso y rocoso de algún
precipicio, tranquilos y confiados, sabiendo que sus pezuñas están seguras y fijamente
ancladas en el sendero. Esa es la clase de confianza que Dios le dio a Habacuc y la que
dará a todo creyente. Aunque pudiéramos estar en el precipicio, completamente
desconcertados frente a algún dilema sin solución o alguna dificultad ineludible, el Señor
nos hace como ciervos espirituales que andan con seguridad sobre los lugares altos sin
temor a despeñarse. Ninguno de los precipicios de la vida es demasiado contundente si
tenemos la actitud de confianza en Dios, como la tuvo Habacuc.

78
Fe Bíblica

La Fe es Posible a Traves de Cristo

En Gálatas 2:20, el apóstol Pablo da testimonio con respecto a la vida de fe: "Con Cristo
estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo
en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por
mí". Pablo simplemente dice que tanto él como otros genuinos creyentes en Cristo viven
su vida confiando constantemente en el Salvador. El apóstol también dice: "porque por fe
andamos, no por vista" (2 Co. 5:7). Eso significa que el cristiano, a la larga, no evalúa la
vida a través de sus sentidos naturales, sino a través de los ojos de la fe. ¿Cómo podía
Pablo estar tan confiado de que la vida cristiana podía funcionar de esa manera? Debido a
lo que dijo a los filipenses: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús" (4:19). La clave verdadera para vivir una vida de fe es el
medio divino suplido por la presencia constante y poderosa del Salvador y Señor
Jesucristo.

Está claro, pues, que la primera gran actitud cristiana, la fe, comienza con la salvación y
ha de caracterizar la totalidad de la vida cristiana. Es la columna fundamental sobre la
cual edificar su vida, si usted dice que ama a Jesucristo. Ese era el argumento de Pablo en
Romanos 5:1-10. “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la
cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto,
sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce
paciencia; y la paciencia, prueba, y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza;
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo
que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los
impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno
osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún
pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su
sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque sí siendo enemigos, fuimos reconciliados
con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por
su vida”.

LA OBEDIENCIA: EL COMPROMISO DEL CREYENTE.

El compañero perfecto de la fe es la obediencia. La última estrofa del conocido himno


"Para andar con Jesús" resume magistralmente la estrecha relación que esas dos
actividades fundamentales [fe y obediencia] tienen:

79
Fe Bíblica

Más sus dones de amor nunca habréis de alcanzar si rendidos no vais a su altar; pues su
paz y su amor solo son para aquel que a sus leyes divinas es fiel.

Una estrofa la versión original dice: "Lo que él diga haré, do me envíe iré" no s
proporciona una simple definición de la obediencia espiritual. Fundamentalmente
significa someterse a los mandamientos del Señor, hacer su voluntad, basado sobre lo que
está claramente revelado en las Escrituras.

LA FE Y LA OBEDIENCIA SON INSEPARABLES.

La Gran Comisión que Jesús dio a sus discípulos señala cuán fundamental es el tema de la
obediencia para los creyentes:

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os
he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Amén", (Mt. 28:19-20)

Aunque el versículo 19 implica proclamar el evangelio, ver a personas salvadas, y hacer


que confiesen públicamente su fe en Cristo, el versículo 20 construye sobre la experiencia
de salvación del nuevo convertido. El que hace discípulos, o cualquier creyente maduro,
le enseñará a los nuevos cristianos a obedecer los mandamientos de Dios en su Palabra y
someterse a Él. La Gran Comisión precisa los dos grandes requisitos del proceso de
santificación, o de la vida del creyente en Cristo, es decir, fe y obediencia.

La obediencia es tan fundamental que si no está presente en la vida de quien dice ser
cristiano, la fe de esa persona debe ser cuestionada. Esa verdad es enfatizada más de una
vez por el apóstol Juan: "Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si
vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos" (Jn. 8:31);
"Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado
los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor" (Jn. 15:10). El apóstol reitera
ese principio todavía más llanamente en su primera epístola: "Y en esto sabemos que
nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos El que dice: Yo le conozco, y no
guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Jn. 2:3-4).

Todos los que profesamos fe en Jesucristo tenemos también que demostrar esa fe
mediante la obediencia a la Palabra de Dios. De otro modo, nuestra profesión de fe
salvadora es sospechosa. La obediencia de un verdadero creyente será inequívoca,
intransigente, sin refunfuñar y de corazón. La obediencia es, por lo tanto, una parte
integral de la salvación de una persona.

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Fe Bíblica

De hecho, el apóstol Pedro describe la salvación como un acto de obediencia: "Habiendo


purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor
fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo
renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que
vive y permanece para siempre" (1 P 1:22-23). "La verdad" es el evangelio, que en esencia es
un mandamiento a arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo (Mr. 1:15). En el Nuevo
Testamento, el mensaje del evangelio era siempre predicado como un mandamiento (Mt.
3:2; 4: 17; Mr. 6: 12; Lc. 5:32; Hch. 2:38; 3: 19; 17:30; 26:20). Debido a que es un
mandamiento, requiere obediencia, y todos los que genuinamente hemos nacido de
nuevo tenemos una nueva vida espiritual porque hemos oído la verdad contenida en las
Escrituras, la hemos creído y la hemos obedecido.

El momento de la salvación, sin embargo, implica más que un acto aislado de obediencia.
Cuando alguien pone su confianza en Cristo y en su obra redentora y recibe el perdón de
sus pecados, también reconoce que el Salvador es Señor y soberano sobre su vida. Eso
significa que cada creyente se ha comprometido a vivir una vida de constante obediencia,
aunque inicialmente no se percató completamente de todas las implicaciones de ese
compromiso.

La razón de por qué no comprendemos inmediatamente todas las ramificaciones de


nuestro compromiso con Cristo es que Dios, mediante el Espíritu Santo, primero tiene
que damos ese sentido de dedicación. No se origina con nosotros, sino que el Espíritu
produce en nuestro corazón la determinación de andar el camino de la obediencia a Dios
como siervos de Jesucristo. Ese es el proceso de la santificación, pero eso es solo una fase
de nuestra salvación.

Una perspectiva completa de la salvación y sus plenas implicaciones comienza con una
compresión básica de la elección divina. 1 Pedro 1: 1-2 describe a los creyentes como
quienes han sido "elegidos según la presciencia de Dios Padre". La presciencia con
frecuencia es mal interpretada. No significa que todo el mundo ha operado mediante su
propia voluntad, con Dios como un observador neutral que mira adelante desde la
eternidad pasada para ver quién va a creer en Él y quién no y entonces escoge salvar
algunos y rechazar a otros. En cambio, presciencia significa que antes de que alguien
nazca, Dios en su amor predeterminó conocer íntimamente a algunos individuos y
salvarlos.

El vocablo griego traducido presciencia denota una relación predeterminada. Eso es el


mismo concepto que define el plan de Dios para escoger a Israel de entre todas las otras
naciones. Él pudo haber escogido una nación más prestigiosa y poderosa para proclamar
su verdad al mundo, pero Él soberanamente predeterminó tener una relación especial y

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Fe Bíblica

personal con Israel (Am. 3:2). Jesús habló de ese tema respecto de los creyentes cuando
dijo "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen" (Jn. 10:27).

La elección según la presciencia de Dios es la primera fase de la salvación. El Señor


predeterminó antes de la fundación del mundo tener una relación espiritual íntima con
ciertas personas, esas que han creído o que aún creerán, al evangelio antes del fin de la
historia. La frase siguiente de Pedro en el versículo dos "en santificación del Espíritu", nos
hace regresar a la santificación, la fase presente de la salvación. Eso que estaba en el
decreto de Dios en la eternidad pasada (la elección) pasó a la esfera del tiempo a través de
la santificación obrada por el Espíritu Santo.

Eso significa que los creyentes somos salvos, mediante el obrar del Espíritu: "Respondió
Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciera de agua y del Espíritu, no puede
entrar en el reino de Dios" (Jn. 3:5). De modo que el poder santificador del Espíritu
comienza cuando somos salvos. La santificación incluye el ser apartado del control del
pecado, la muerte, el infierno y Satanás y ser capacitado por el Espíritu Santo para vivir
una vida de obediencia, conformada más y más a la imagen de Jesucristo.

Vivir una vida de obediencia es la tercera y futura fase de la salvación, como señala la
afirmación de Pedro: "para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo" (v. 2). El
propósito más extenso de la salvación es que todos los creyentes vivamos el resto de
nuestra vida andando en obediencia al Señor. El apóstol Pablo ilumina y resume la fase
futura de la salvación en Efesios 2:10: "Porque somos hechura suya, creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en
ellas".

UN COMPROMISO DE OBEDIENCIA.

La breve declaración de Pedro en 1 Pedro 1:2, "y ser rociados con la sangre de Jesucristo",
nos pone delante un interesante reto interpretativo. Las palabras del apóstol son
pertinentes a nuestra discusión de la cuestión de la salvación, pero a primera vista su
significado podría parecer algo extraño y oscuro. El significado, sin embargo, era claro
para los lectores originales de Pedro, que incluía a muchos judíos convertidos. Se refería
al siguiente pasaje clave del Pentateuco, ya la ceremonia gráfica que describe:

Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el
pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho. Y
Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al
pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los
hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a
Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad
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Fe Bíblica

de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual
dijo: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho) y obedeceremos. Entonces Moisés
tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha
hecho con vosotros sobre todas estas cosas”. (Éx. 24:3-8)

Al comienzo de Éxodo 24, Moisés acababa de recibir la ley de Dios (los Diez
Mandamientos y muchas otras ordenanzas) en el Monte Sinaí. Antes de la nueva ley
mosaica, Dios había revelado su voluntad y sus caminos a su pueblo de muchas maneras
diferentes. Pero a partir de ahí, su voluntad sería escrita de manera concreta y específica,
todas las cosas en las leyes morales y ceremoniales y todas las leyes de la vida económica y
social.

Después de descender del Sinaí, Moisés con la ayuda del Espíritu Santo, verbalmente
relató la voluminosa ley de Dios al pueblo. Y ellos respondieron oralmente a una voz de
compromiso bíblico, básicamente diciendo: "Obedeceremos todo lo que hemos oído". Así
comenzó un proceso de compromiso entre Dios y su pueblo. Dios acordó, en la forma de
la ley mosaica, proporcionar un paquete de criterios para el comportamiento del pueblo
que cuando eran violados tendrían ciertas implicaciones morales y espirituales. El pueblo
aceptó, en la forma de su voto público voluntario, obedecer las palabras de Dios y seguir
el sendero de la justicia que su ley ahora establecía.

A continuación de la repetición oral de la ley, Moisés (presumiblemente a través de la


noche) escribió, bajo la inspiración del Espíritu Santo, todas esas palabras de la ley.
Temprano en la mañana siguiente, edificó un altar al pie del Monte Sinaí para simbolizar
públicamente el sello del pacto hecho el día anterior entre Dios y el pueblo. Para
representar la participación de cada individuo, la característica prominente del altar
consistía de doce columnas de piedra (realmente, montones de piedras), una por cada
tribu de Israel. Para expresar mejor la solemne decisión de cada uno de obedecer la ley de
Dios, ofrendas quemadas y ofrendas de paz de becerros eran ofrecidas en la presencia del
Señor.

A continuación, Moisés hizo algo verdaderamente fascinante con toda la sangre


producida a medida que los becerros eran sacrificados y preparados para las ofrendas. La
mitad de la sangre permanecía en grandes vasijas, y la otra mitad era esparcida por
Moisés sobre el altar, que representaba a Dios. El derramar la sangre era el próximo paso
demostrable y simbólico que Moisés tomó para ratificar el pacto.

Entonces, como si quisiera reforzar la importancia de su contenido, Moisés permitía que


el pueblo tuviera una segunda oportunidad de oír la ley mediante la lectura de todas las
palabras que había escrito la noche antes. El pueblo de Israel respondió exactamente

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Fe Bíblica

como lo había hecho cuando escuchó la lectura de la ley el día anterior: "Haremos todas
las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos" (v. 7).

Finalmente, Moisés selló el pacto hecho entre Dios y el pueblo al tomar la sangre de las
vasijas y rociarla sobre el pueblo. La sangre era la demostración física de que se había
hecho un compromiso entre dos partes. La sangre sobre el altar simbolizaba el acuerdo de
Dios de revelar la ley La sangre sobre el pueblo simbolizaba su acuerdo de obedecer esa
ley.

Así que el intenso simbolismo de Éxodo 24:3-8 es un paralelismo excelente con las
declaraciones con respecto a la salvación en 1 Pedro 1:2. Cuando Pedro dice: "y ser
rociados con la sangre de Jesucristo", el apóstol simplemente quiere decir que cuando un
creyente confía en Cristo, acepta su parte del nuevo pacto. Dios permitió al profeta
Ezequiel predecir ese principio: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro
de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de
carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y
guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (Ez. 36:26-27; Jer. 31:33).

De modo que la salvación era y es un pacto de obediencia. Dios ofrece su Palabra, sus
medios de gracia, sus bendiciones y cuidados, y nosotros respondemos con la promesa de
obedecer. Es como si la sangre que fue rociada en Cristo, el sacrificio perfecto, fue
entonces rociada sobre nosotros debido a nuestra aceptación de su nuevo pacto. ¡Qué
cuadro tan hermoso es este!

LA OBEDIENCIA EN PRÁCTICA.

Cuando vinimos a un fe salvadora en Jesucristo, entramos en un ámbito de obediencia


completamente nuevo. Antes de eso, habíamos sido obedientes a la carne, al mundo y al
diablo y éramos controlados por todas las diferentes facetas del pecado. Pero como
creyentes, ahora debemos ser obedientes a la justicia de Cristo.

Romanos 6:16-18 nos recuerda cuál es nuestra posición en Cristo y, por lo tanto, qué clase
de actitud obediente debemos tener:

“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de
aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?
Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a
aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a
ser siervos de la justicia”.

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Fe Bíblica

Primero, el apóstol Pablo expresa el hecho obvio de que cuando alguien se presenta a sí
mismo como esclavo de otra persona, la cuestión primordial es la obediencia, es decir,
hacer lo que dice el amo. Eso es verdad ya sea el caso de un inconverso y siervo del
pecado, o el de un creyente y siervo de Cristo.

Entonces Pablo toma esa simple ilustración y la aplica a la frase crucial: "habéis obedecido
de corazón" en el versículo 17. La obediencia de corazón debe ser una actitud que controla
y un deseo en cada cristiano. El creyente debe tener un deseo tan fuerte de obediencia
que constantemente manifiesta la obediencia como una característica fundamental de su
vida cristiana. Los creyentes llegamos a ser tan obedientes a lo que la Palabra de Dios nos
enseña que llegamos a ser "siervos de la justicia" (v. 18).

Otros pasajes del Nuevo Testamento dejan claro que no es suficiente para los creyentes
simplemente oír o leer la palabra (vea la firme advertencia y la seria ilustración en Mateo
7:21-27). La pregunta fundamental es: ¿Estamos obedeciéndola?

El apóstol Santiago se ocupa de la importancia de la obediencia cuando declara: "Pero sed


hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos".
Cuando alguien no aplica regularmente las Escrituras a su vida, está engañándose acerca
de su verdadera condición espiritual. Santiago ilustra ese principio de esta manera:
"Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al
hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y
se va, y luego olvida cómo era" (vv. 23-24). Permítame que ilustre esto más ampliamente
con un ejemplo más contemporáneo.

Suponga que un hombre decide un día afeitarse su barba o su bigote. Mientras se a feita,
una llamada telefónica lo interrumpe. Cuando termina la conversación, se olvida de que
se había estado afeitando y, en cambio, termina de vestirse y sale a trabajar solo para
encontrarse con la risa y las bromas de sus compañeros de trabajo, quienes le dicen cuán
ridículo se ve. Eso es lo que ocurre con cualquiera que solo da un vistazo a la Palabra, se
aleja y no la aplica a su vida. No se percata de cuán mala es su situación espiritual y vive
engañado con respecto a sus necesidades espirituales.

Eso verdaderamente es aplicable a un inconverso que oye el evangelio pero no toma el


tiempo para darle seria consideración. Las palabras de verdad no penetran y permanece
engañado con respecto a su verdadera condición. Santiago 1:23-24 también es aplicable a
una persona que asiste a la iglesia, oye la Palabra predicada, hace una profesión de fe,
piensa que es cristiano, pero nunca aplica a su vida nada de lo que oye.

Desafortunadamente, un creyente genuino también puede ser engañado con respecto a


cierta área de la vida cristiana en la que está pecaminosamente deficiente, vive como vivía
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Fe Bíblica

antes y es engañado con respecto a la verdadera condición de su vida espiritual. Santiago


concluye presentando un perfil del cristiano obediente:

"Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no


siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace"
(v 25). En el texto griego, el verbo "mira atentamente" se refiere a una mirada concentrada
y prolongada para poder valorar algo correctamente. Usted debe examinar la perfecta ley
de la libertad, que es la Palabra de Dios que lo libera del pecado y de la muerte (Jn. 8:32; 1
P. 1:23-25; 2:2) y permanecer en ella. Solo siendo "un hacedor eficaz" en vez de "un oidor
olvidadizo" será plenamente bendecido. Una actitud de obediencia produce verdadera
bendición.

En conclusión, cuando experimentamos la salvación, hicimos con el Señor un pacto


simple, pero de largo alcance. Por lo tanto, la actitud de obediencia debe acompañar la
actitud de fe en la vida cristiana porque ambas' son fundamentales para nuestra salvación.
Las iglesias que tienen la bendición de tener a creyentes que exhiben las dos columnas de
la fe y la obediencia también estarán llenas de gozo, poder y bendición de Dios.

Preferir la Fe al Miedo

Llevamos a nuestro hijo Jonathan a un restaurante cuando tenía apenas unos cuantos
meses. Yo lo tenía alzado mientras comíamos en silencio. Se acercó una pareja en tono
amistoso y nos felicitó a Victoria y a mí por el buen comportamiento de nuestro hijo.
Mantuvimos con ellos una conversación agradable, pero luego el esposo, al despedirse
nos dijo lo siguiente:

-Sólo esperen a que tenga unos dos años - nos advirtió - Es como si se convirtiera en una
persona diferente. Ahora se comporta bien, pero no tardarán en llegar esos terribles dos
años.

Estuve tentado a responderle, "Muchas gracias por animarnos". ¡Bien eso realmente me
animó!

Realmente, le dije a Victoria que me negaba a aceptar las predicciones de un extraño en


relación con nuestro hijo.

Eso no lo acepto -dije-. Para nosotros, no habrá esos terribles dos años. Serán unos
magníficos dos años.

86
Fe Bíblica

Ahora puedo decirte que no tuvimos ningún problema con Jonathan cuando cumplió dos
años, ni tres, ni cuatro.

Luego, cuando cumplió unos diez años, aparecieron de nuevo los comentarios negativos:
"Esperen a que llegue a la adolescencia. Entonces les dará problemas. Tendrán algunos
dolores de cabeza".

Jonathan ha sido adolescente desde hace ya cerca de dos años. ¿Sabes que todavía no ha
dicho una sola mala palabra ni ha tenido una sola rabieta? Aún no se ha vuelto rebelde. Es
tan bueno y respetuoso como siempre. Después, hay quienes dirán, "Bien, esperen a que
cumpla dieciocho y decida independizarse. Esperen a que tenga cuarenta. Pues, ten
cuidado porque cuando tu hijo tenga setenta y cinco. "

No. Lo he decidido. No voy a permitir que se despierten mis miedos. En cambio,


despertaré mi fe.

No esperamos que nuestros hijos nos causen problemas. Esperamos que se destaquen.
Esperamos que hagan grandes cosas con sus vidas. Tus propios hijos alcanzarán el nivel
de tus expectativas. Si esperas que te den problemas, que te causen dolores de cabeza y
que no lleguen a ser gran cosa, estarás permitiendo que eso ocurra porque estás poniendo
tu fe en tus miedos.

¡No pongas tu fe en tus miedos!

Cada día, de la mañana a la noche, tienes opciones. Puedes creer que Dios está en control,
creer que Él se ocupa de cuidarte y creer que tiene cosas buenas preparadas para ti, o
puedes andar por ahí preocupado, esperando lo peor, preguntando te si lograrás salir
adelante.

Es frecuente oír a los temerosos decir cosas como:

"Temo perder mi trabajo".

"No creo que este matrimonio dure".

"Estoy seguro de que mi hijo terminará con un grupo de amigos que no le convienen".

En ese momento no se dan cuenta, pero sus palabras demuestran que están optando por
el miedo y no por la fe. El miedo y la fe pueden parecer conceptos opuestos, pero tienen
algo en común. Ambos nos piden creer en algo que no podemos ver.

El miedo dice: Cree en lo negativo. ¿Ese dolor en tu costado? Es el mismo que le dio a tu
abuela cuando murió. Es probable que represente tu fin.

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Fe Bíblica

La fe dice: "Cree en lo positivo". Esa enfermedad no es permanente, es sólo transitoria.

El miedo dice: "Los negocios andan mal. Vas a quebrar".

La fe dice: "Dios está supliendo todas tus necesidades".

El miedo dice: "Has soportado demasiado. Nunca serás feliz".

La fe dice: "Tus mejores días están por venir".

Esta es la clave: Aquello en lo que medites arraigará. Si todo el día andas por ahí
pensando en tus miedos y repasas esos miedos una y otra vez en tu mente, se convertirán
en tu realidad.

Esa fue la advertencia que hizo Job cuando dijo, "Lo que más temía me sucedió".

Hace poco, un amigo me dijo que todo estaba saliendo bien en su vida. Se había
comprometido. Su negocio estaba bendecido. Pero, en vez de disfrutarlo, en vez de
agradecérselo a Dios, dijo, "Tengo miedo de que esto no vaya a durar. Me da miedo
porque es demasiado bueno para ser verdad".

Cuando uno se deja llevar por los temores, atrae lo negativo. Uno contribuye a que esos
temores se materialicen. Puedes tener pensamientos negativos si dices cosas como:
"Ahora te va bien, pero espera y verás. Todo terminará". No permitas que esas ideas
arraiguen en ti.

Cambia esa actitud por una actitud de fe y ora así: "Padre, dijiste que tu misericordia
duraría toda la vida. Dijiste que tu bondad y tu misericordia me seguirían todos los días
de mi vida".

Opta por la fe y no por el miedo.

Nadie está inmune al miedo. Hace un tiempo, me enfrentaba a una situación


potencialmente mala. Se había prolongado por meses y meses. Cada mañana, el temor y
el miedo era lo primero que experimentaba: "Esto no va a dar resultado. Causará muchos
problemas. Sería mejor hacer planes para la derrota".

El temor llegará a dominar tus pensamientos. Si lo permites, el temor te mantendrá


despierto en la noche. El temor te robará la alegría, te robará el entusiasmo. Esos temores
me siguieron a todas partes como una nube negra. Sin embargo, un día oí que Dios me
decía algo -no en voz alta. Fue sólo una impresión en lo más profundo de mí ser.

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Fe Bíblica

Me dijo: "Si te preocupas por esto y sigues pensando en eso y dando vueltas a las razones
por las que no resultará, esa preocupación hará que tus temores se materialicen. Pero si
confías en Mí y utilizas esa misma energía para creer, en vez de preocuparte, entonces'
daré la vuelta y haré que todo redunde en tu beneficio".

Al oír esto, encontré una nueva perspectiva. Me di cuenta de que la preocupación, el


miedo, los pensamientos equivocados no son solo malos hábitos. Permiten que lo
negativo se haga realidad. Desde ese momento, tomé una decisión: esa mala situación ya
no me preocuparía más. Cada vez que me sentía tentado a desanimarme, utilizaba la
tentación como recordatorio para agradecerle a Dios que fuera Él quien tuviera el control
y darle gracias por pelear mis batallas por mí.

Varios meses después, esa situación se resolvió a mi favor y resultó mejor de lo que
hubiera podido imaginar. Fue como si Dios hubiera puesto un punto de exclamación,
diciendo, "Mira, si te limitas a tener fe, si sólo confías en Mí, no solamente te ayudaré sino
que te haré avanzar en mejores condiciones que antes".

Céntrate en tu fe y deja que Dios maneje tu miedo.

En esta época tenemos muchas oportunidades para sentir miedo. Nos preocupa la
economía, la salud, los niños. Pero Dios te dice lo mismo que me dijo a mí: "No gastes tu
energía en preocuparte. Inviértela en creer".

¿Sabes que se requiere la misma energía para creer que para preocuparte? Es igual de fácil
decir, "Dios proveerá y suplirá todas mis necesidades" que "Nunca lo lograré".

Se requiere el mismo esfuerzo para decir, "Viviré una vida larga y saludable", que, "No
creo que me mejore jamás".

Cuando alguien expresa su miedo de perder el empleo. Entiendo su preocupación.


También tus temores pueden ser válidos, pero no puedes andar por ahí meditándolos uno
por uno, esperando que empeoren, esperando tener un mal año.

Cuando te detienes y sólo reflexionas en tus miedos, estás usando tu fe a la inversa. En


lugar de preocuparte constantemente, limítate a decir, "Dios, mi vida está en Tus manos.
Sé que Tú guías y diriges mis pasos y no espero una derrota. No espero un fracaso. Espero
tener un año de bendiciones. Espero salir adelante, no hundirme".

Podrías preguntar, "¿Qué pasa si hago eso y nada ocurre?".

¿Y qué pasa si lo haces y sí ocurre? Aún si perdieras tu empleo, no tienes por qué
desanimarte ni pensar, “Sabía que no me iba a dar resultado”. En cambio, mantén tu fe.

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Fe Bíblica

Recuerda que, cuando se cierra una puerta, Dios abre otra. Si mantienes la actitud
correcta, Él te dará un mejor trabajo, con mejores prestaciones laborales ¡ganarás más
dinero!

Es tiempo del favor de Dios.

¿Estás utilizando tu energía para creer o, por el contrario, la estás utilizando para
preocuparte? ¿Esperas el favor de Dios o esperas sólo en arreglártelas para sobrevivir?

En Mateo 9:29, Jesús dijo: "Que se haga según tu fe". Con demasiada frecuencia
esperamos lo peor, en lugar de esperar lo mejor. Un amigo me habló sobre su esposa,
quien siempre parecía pensar que había hombres malos merodeando por su casa. Al
menos una vez a la semana lo despertaba, diciendo que había escuchado a un ladrón en el
primer piso. Insistía e insistía hasta que él bajaba y se cercioraba de que no hubiera nadie
en la casa. Esto ocurrió sin interrupción durante años y años. Por último, una noche lo
volvió a llamar: "Levántate. Levántate. Hay alguien abajo"

Como hombre paciente, siguió la rutina tal como lo había hecho miles de veces antes.
Pero, esta vez se encontró al final de la escalera con un ladrón de verdad quien puso el
cañón de una pistola muy real entre los dos ojos.

-No haga ruido -dijo el ladrón. Deme lo que tenga de valor.

Mi amigo obedeció y le entregó las joyas y el dinero en efectivo. El ladrón se llevó los
bienes y estaba a punto de salir corriendo cuando mi amigo lo detuvo.

-Oiga, espere un minuto. No se puede ir todavía -dijo.

Debe subir y conocer a mi esposa. ¡Ella lleva treinta años esperándolo!

Las grandes esperanzas forjan grandes vidas.

No debes ser como la señora de mi amigo. Espera el favor de Dios. Sé de algunos que
están convencidos de que éste será un mal año. Han escuchado los informes de las
noticias tanto tiempo, que están esperando que sus finanzas se derrumben. Creen que
apenas podrán sobrevivir. Sin embargo, su actitud debería ser: Estoy esperando que este
año sea el mejor de mi vida. Estoy esperando que Dios me haga prosperar en el desierto.
Estoy esperando que toda situación negativa cambie para bien.

¿Sabías que el miedo es contagioso? Si quieres mantener tu fe, debes cuidar lo que lees, lo
que escuchas y con quién hablas. La preocupación es contagiosa. La negatividad se
contagia. Si estás con gente que se queja sin cesar, que se siente desanimada y deprimida,
su bajo estado de ánimo puede hacer que el tuyo también descienda.

90
Fe Bíblica

Los psicólogos hicieron un estudio en donde a las personas de un grupo les aplicaron un
leve choque eléctrico. Los investigadores midieron las ondas cerebrales desde el momento
en el que supieron que iban a recibir esta descarga eléctrica hasta el momento en que ya
la habían recibido. Lo interesante es que tenían también otro grupo en la habitación, que
sólo observaba. Los investigadores midieron también las ondas cerebrales de los
miembros de ese grupo. Aunque ellos no recibirían la descarga eléctrica, experimentaron
el mismo temor que los que sí la recibieron.

El simple hecho de ver el miedo en otros nos puede hacer sentir miedo, según lo informó
el resultado de los investigadores. Otro estudio similar comprobó que podemos
contagiarnos de los sentimientos positivos y negativos de los demás, así corno podemos
contagiarnos de un resfriado. Este estudio, realizado en Harvard, hizo el seguimiento de
cerca de cinco mil personas durante más de veinte años. Los investigadores determinaron
que las personas que tienen una actitud alegre contagian su buen temperamento a otros
que ni siquiera conocen. Y esos buenos sentimientos pueden durar hasta un año.

El mismo estudio determinó que la tristeza también puede contagiarse, pero que ese tipo
de "infección" parece ser más débil que la versión alegre. Los científicos dijeron que la
expresión de alegría del amigo tiene una influencia más positiva en quienes lo ven que un
aumento de $5.000. El mensaje es que aún en épocas económicamente difíciles, reunirse
con amigos y familiares alegres puede mantenernos animados. Por lo tanto, si tus amigos
se quejan constantemente y no dejan de hablar de que nunca lo lograrán, mi consejo es
que te apartes de su derrotismo y su tristeza. Busca nuevos amigos. No des cabida a
quienes les encanta ser portadores de malas noticias. Sus preocupaciones, su miedo, su
desánimo son contagiosos. Si pasas demasiado tiempo con ellos, lo más probable es que
te contagies de lo que tienen.

Sé que amas a tus amigos. No tienes por qué ser rudo. No les digas de buenas a primeras,
mañana por la mañana: "Se me dijo que eres una persona contagiosa. Me mantendré lejos
de ti".

Por favor, sé un poco más prudente. Y, hazme un favor, no me menciones.

Puedes ser amable. Puedes ser respetuoso. Pero, poco a poco, vete alejando y no
permanezcas tanto tiempo con ellos y con sus ánimos sombríos. No debes salir todos los
días a almorzar con alguien que siempre habla de tristezas y de lo mal que está la
economía. No puedes hacerlo sin que te afecte.

Tal vez no siempre puedas escapar de Un grupo de amigos deprimidos y tristes. Tal vez
una compañera de trabajo sea así y no tienes cómo evitarla. Si estas casado con alguien
que tiene cambios de ánimo depresivos, en ese caso, Dios te dará la gracia para superarlo.
91
Fe Bíblica

Sin embargo, cuando estás con mujeres depresivas y hombres que sólo ven el lado malo
de las cosas, asegúrate de tomar altas dosis de fe, altas dosis de esperanza. Llena tu mente
de triunfo.

Mantén un corazón alegre.

¿Sabes que tu estado de ánimo afecta tu salud? Jeff, un amigo, aprendió esto de la manera
más difícil. Sus compañeros de trabajo decidieron hacerle una broma. Llegó al trabajo una
mañana muy animado, increíblemente feliz. Al entrar, la recepcionista le preguntó:

¿Se siente bien?

-Sí, me siento muy bien -respondió Jeff- ¿Por qué me pregunta?

-No sé -le respondió la recepcionista. Se ve diferente. Está un poco pálido. Él no le prestó


mucha atención y siguió hacia su oficina. A los diez minutos, otro compañero de trabajo
le dijo:

-¿Estás cansado? Te ves agotado.

-No. Me siento muy bien - insistió Jeff.

Al poco tiempo, sin embargo, pensó, Tal vez sí estoy un poco cansado.

Otro compañero de trabajo entró a la oficina. Hablaron por un momento y luego le dijo:

-Jeff ¿Tienes fiebre? Te ves mal; parece que tienes la temperatura alta.

Jeff se llevó la mano a la frente y se aflojó la corbata.

-¿Sabes qué? - dijo - Me siento un poco caliente.

Finalmente, un último compañero de trabajo terminó la tarea diciéndole:

-¡Jeff, te ves terrible! ¿Qué te pasa?"

Para las 10:00 de la mañana, Jeff estaba de vuelta en casa, acostado en la cama. ¡Faltó al
trabajo una semana! Ese es el poder de la sugestión. Si no tenemos cuidado, si no
protegemos nuestra mente en cuanto a lo que permitimos que entre en ella, nos pueden
con- vencer de que tenemos todo tipo de enfermedades y malestares.

Cuidado, ¡Los demás te pueden convencer de llevar una vida de derrota!

92
Fe Bíblica

La fórmula para el desespero profundo es la siguiente: Levantarse en la mañana y


encender el televisor para ver el noticiero y enterarse de todo lo malo que ha ocurrido en
el mundo.

Después, conducir el automóvil hasta el trabajo escuchando la radio con más malas
noticias.

Luego, almorzar con profesionales en quejas y lamentos, que son sus compañeros de
oficina.

Aplica esa fórmula y también tú terminarás viviendo una vida de derrota. Sí, también tú
podrás llegar a convencerte de andar por la vida ¡como si llevaras un piano cargado a la
espalda!

Tal como le ocurrió a Jeff, que se fue para su casa sintiéndose enfermo, lo único que te
afecta es la compañía y las fuentes de donde obtienes la información. Las noticias de la
televisión pueden Dios está aún en el trono. Él es Jehovah Jireh; el Señor mi Proveedor.
Estoy más fuerte que nunca".

Te estoy pidiendo que no te vayas a tu casa sintiéndote enfermo. No abandones tus


sueños. No te conformes simplemente con sobrevivir porque alguien te ha convencido de
no vivir feliz.

Siempre habrá malas noticias. Ese es un informe, pero tenemos otro. El nuestro dice que
tú estás bendecido. Tú eres próspero. Tienes talento. Eres creativo. Eres muy capaz de
hacer lo que Dios te ha pedido que hagas.

Me gusta ver las noticias. Me gusta saber. qué sucede. Pero tengo cuidado y reconozco
cuando ya tengo la información que necesito y cuando se trata solamente de malas
noticias redundantes y adicionales que no tengo por qué oír una y otra vez.

Con la tecnología actual, con las noticias por cable veinticuatro horas al día, con Internet,
con la radio por satélite, hay veces que en un mismo día oímos la misma historia
deprimente una y otra vez, narrada de cien formas distintas. Cada hora parece corno si se
tratara de un nuevo titular, cuando, en realidad, suele ser la misma noticia negativa re -
empacada.

A menos que tengas cuidado, te agotarás y te convencerás de que todo es deprimente y


oscuro, comenzarás a vivir la vida sólo para sobrevivir. Comenzarás a pensar que está bien
si fracasas. Todo el mundo está fracasando.

"Es sólo cuestión de tiempo hasta que pierda mi casa".

93
Fe Bíblica

"Me pregunto cuándo será el desalojo."

"Me pregunto si mi salud se afectará".

Corta las conversaciones negativas. ¡Llena tu mente de pensamientos de triunfo!

Así como puedes convencerte de que tendrás un mal año, también puedes convencerte de
que tendrás un año excelente. Sí, el miedo es contagioso, pero la buena noticia es que la fe
es aún más contagiosa. ¡El triunfo es viral! ¡La alegría se disemina como una epidemia de
gripe! Por eso es tan importante tratar habitualmente con personas positivas, personas de
fe.

Te daré una dosis de buenas noticias: ¿Sabes qué está ocurriendo hoy? No estás atrapando
un resfriado. Estás atrapando una sanación. No te vas a enfrentar a una derrota. Te vas a
enfrentar a un triunfo. No vas a tener una crisis de desesperación. Vas a tener una
experiencia de esperanza, de una visión más amplia, te estás contagiando del favor de
Dios.

Debo advertirte. Somos altamente contagiosos.

Ya sea que te des cuenta o no, te estás fortaleciendo. Tu alegría va en aumento. Tienes
una mayor sensación de paz. Tu fe está aumentando. Cuando tratas con otros que están
bendecidos, alegres, que son prósperos y viven llenos de fe, ¡te hacen una persona mejor!

Sé que a veces no sientes deseos de ir a la iglesia. Has tenido una semana pesada. Estás
cansado, desanimado. O tal vez no tienes deseos de encender el televisor temprano en la
mañana. Pero es entonces cuando necesitas hacerlo, más que nunca.

Necesitas a alguien que te hable de fe. Necesitas estar con otros creyentes que te levanten
el ánimo. Sacamos fuerza unos de otros. Es posible que no conozcas a la persona que está
sentada a tu izquierda o a tu derecha, pero su fe, su alegría, su paz, su triunfo, harán que
te sientas mejor.

Saldrás de la iglesia con más fuerza que antes y todo se debe a la compañía de las
personas con quienes has estado. La bondad de los buenos es contagiosa.

Cuando le abres el paso a los pensamientos de miedo, tu perspectiva se desdibuja. El


miedo es como una niebla. Oscurece tu visión. Hace que todo se vea peor de lo que en
realidad es. Pero es, más que todo, una ilusión.

¿Sabes que la niebla densa que cubre siete cuadras de la ciudad tiene un grosor de cien
pies? Sin embargo ¡esa misma niebla cabe en menos de un sólo vaso de agua! Parece

94
Fe Bíblica

enorme. Intimidante, pero, de hecho, no es nada. Es sólo un poco de vapor que cabe en
un pequeño vaso.

No olvides esto cuando llegue el miedo a invadir tus pensamientos como una niebla
densa a decirte "No lo lograrás. Esa enfermedad será tu fin. Tu matrimonio, tu familia y tú
no permanecerán juntos." Limítate a enfrentar ese miedo y di: "Pareces grande.
Impresionante. Pero yo sé algo más. No eres nada en realidad, no eres más que vapor en
un vaso de vidrio"

He visto lo aterradora que puede ser la niebla. Se suponía que debíamos salir de Calgary,
Canadá. Pero ese día había una densa niebla. Nuestro avión se retardó cerca de una hora
por esa causa. Cuando al fin despegamos, me sorprendí. No habíamos estado en el aire ni
quince segundos cuando ya la habíamos atravesado y se podía ver allá abajo. Era sólo una
pequeña nube. Probablemente no cubría más de un área de un cuarto de milla.

Sin embargo, mientras íbamos en el automóvil hacia el aeropuerto e incluso mientras


abordábamos el avión, pensamos que toda la ciudad estaba cubierta de niebla. Pensamos
que todo estaba cerrado. Pero, en realidad, era sólo un pequeño parche de niebla.

Lo mismo podría decirse del miedo. Los miedos son casi siempre más grandes que la
realidad. El miedo se siente grande. Es intimidante. Te dice: "Nunca recobrarás la salud".
"Ese hijo tuyo nunca cambiará". "Tus finanzas se hundirán".

Debes enfrentar el miedo y decir, "Suenas imponente. Pareces muy rudo. Pero sé la
verdad. En realidad no eres nada. Es posible que sepas hablar, pero sé que tu mordida no
es tan fuerte como tu ladrido. Puedes parecer permanente, pero sé que eres sólo
transitorio. Es posible que las cosas estén un poco oscuras y nubladas en este momento
de mi vida. Parecería que nunca fueran a cambiar. Pero tengo información de una fuente
confiable. Sé que aún brilla el sol y que sólo es cuestión de tiempo para que la niebla se
disipe y el cielo vuelva a estar despejado y hermoso, como siempre".

Tus miedos se tornan más fuertes cuando te detienes a considerarlos. Les aumentas su
poder al imaginar todas las peores situaciones, como si estuvieras viendo una película de
terror. Los pensamientos negativos se convierten en imágenes negativas. Aún los miedos
más pequeños pueden volverse aterradores cuando se agrandan más allá de toda
proporción.

Consideremos ese pequeño dolor en tu costado. No es nada. Es sólo que comiste


demasiado. Pero vendrán pensamientos negativos a tu mente de forma subrepticia: Es
cáncer. Mi mamá lo tuvo. Mi abuela lo tuvo. Ahora me toca a mí.

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Fe Bíblica

Si dejas que esos pensamientos desalentadores giren una y otra vez por tu mente, antes de
que te des cuenta, empezarás a imaginar que estás en el hospital. Pensarás que no puedes
cuidar a tus niños. Verás inclusive tu propio funeral.

¡No! Debes desechar esos inquietantes pensamientos. No permitas que las imágenes
negativas se reproduzcan en la pantalla de tu mente. Tú eres el director y el auditorio.
Estás a cargo. Toma el control remoto. Cambia de canal. Si vas a permitir que tu
imaginación se desboque, déjala que lo haga en sentido positivo.

Deja rodar la película que te muestra logrando tus sueños. Presenta las escenas en las que
superas todos los obstáculos. Mírate sano, saludable, en plena prosperidad, alcanzando
niveles más altos cada vez. Debes hacerlo con fe.

En el ámbito natural, es posible que parezca que tu familia no permanecerá nunca unida.
Pero tu actitud debe ser: Cambiaré el canal. No veré esa película. Veré a mi familia
restaurada. Ya veo a mis hijos destacándose. Nos veo cumpliendo nuestros destinos.

Debes elegir el canal adecuado. Tal vez podrías llegar a un nuevo nivel si sólo tuvieras
más disciplina en cuanto a lo que pienses de tu vida y no permitieras que las imágenes
negativas se repitan una y otra vez. Sorprenden las cosas que la mente nos puede hacer
cuando permitimos que el miedo y la preocupación nos invadan el corazón.

Un amigo me envió esta historia por email, acerca de una mujer de veintitrés años que
supuestamente tuvo una experiencia loca después de ir a la tienda de víveres. Volvió a su
auto y puso los víveres en el asiento de atrás. Luego, en el momento en que se acomodaba
detrás del timón, escuchó un fuerte ruido y sintió que algo le golpeaba la cabeza por atrás.
Pensó que alguien le había disparado.

Levantó su mano y sintió lo que pensó que era su cerebro saliendo del cráneo. Fue tal el
shock, que perdió el conocimiento. Unos minutos después volvió en sí pero aún tenía
miedo de moverse. Permaneció allí inmóvil por más de una hora, manteniendo su cabeza
hacia atrás porque temía perder más masa cerebral.

Por último, pasó un señor y se dio cuenta de que algo andaba mal. Llamó a la policía. El
patrullero llegó y le pidió que abriera la puerta del automóvil. Ella le dijo que no podía
hacerlo. Le dijo que le habían disparado y que estaba sosteniendo su cerebro para que no
se le saliera del cráneo.

El policía rompió la ventana y se dio cuenta de que una lata presurizada de masa para
bizcochos había explotado. La masa le había golpeado la cabeza por detrás. ¡Eso era lo
que sentía y creía que era su cerebro!

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Fe Bíblica

Cuando el miedo y la preocupación dominan nuestros pensamientos la mente nos puede


jugar las peores pasadas y hacernos creer que lo más inocuo es algo amenazador. Por lo
tanto, aún si la economía va mal, o si estás pasando por momentos difíciles con tu salud,
o tus relaciones, no permitas que los pensamientos negativos te impidan ver la realidad.

Dios está diciendo, “Estás muy bien”. No es lo que crees. Es sólo ruido. Esto también
pasará. Cambia a un canal más alto. No permitas que se reproduzcan en tu mente
imágenes negativas. Había estado trabajando en el ministerio de nuestra iglesia durante
un poco más de un año, todo iba bien -la congregación crecía rápidamente- decidimos
entonces dar un gran paso de fe y comenzar un segundo servicio el domingo en la
mañana. En octubre anuncié que empezaríamos el nuevo servicio a partir de enero.
Entonces, durante los meses siguientes, me bombardearon los pensamientos negativos
poniendo en tela de juicio esa importante decisión.

Es un gran error. Nadie vendrá al segundo servicio en la mañana.

Entrarás a esa enorme iglesia vacía y te sentirás como un tonto.

Me esforcé al máximo por mantener mi fe, pero esos miedos seguían reproduciéndose en
mi mente. Entonces, una noche tuve un sueño. Tal vez sería más adecuado decir que tuve
una pesadilla. En ese sueño era ese primer domingo del nuevo servicio. Cuando salí del
ministerio, no había absolutamente nadie en el auditorio ni Victoria, ni mi madre, ni uno
de los miembros del coro, ninguno de los ujieres. Nadie.

Me desperté bañado en sudor frío. El enemigo estaba trabajando horas extras e n mi


mente. Me dijo, "Aún es tiempo de cancelar ese segundo servicio. Todavía puedes
suspenderlo y tal vez no quedar tan mal".

Fue muy difícil sacarme de la cabeza esa imagen del auditorio vacío. No le conté a nadie
mi sueño, pero estaba más que un poco preocupado. La semana del primer servicio,
esforzándome para que mi voz fuera lo más normal posible, le pregunté a mi madre si
pensaba asistir al segundo servicio.

-¿Empieza esta semana? me dijo.

Pensé, Dios Santísimo. Esa pesadilla pudo haber sido una profecía.

-Sí, empieza esta semana, Mamá - le dije - Y tienes que traer a tus amigos, a tus enemigos,
a tus primos, parientes y antepasados.

Tuve que hacer lo que te estoy pidiendo que hagas. Cuando esas imágenes negativas
aparecían en mi mente, no dejaba de cambiar de canal. Me decidí. Me negué a seguir

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Fe Bíblica

viendo el Canal del Audito- rio Vacío. Tampoco sintonicé la Red de Noticias Derrotistas.
Tampoco llegaría al Canal del Factor Miedo. Organicé un espectáculo totalmente distinto.

Con los ojos de la fe, vi el segundo servicio del domingo lleno hasta el balcón. No dejaba
de decirme: "Este miedo no es más que niebla. Intenta intimidarme, pero sé que en
realidad no significa nada".

Estaba impaciente porque llegara la hora del nuevo servicio del primer domingo del año
2000. Llegué una hora antes de lo habitual. Al entrar al estacionamiento, no podía creer lo
que vi. Uno de los estacionamientos ya estaba totalmente lleno y los otros se estaban
llenando rápidamente. Asistieron más de seis mil personas al nuevo servicio. ¡Desde
entonces la asistencia ha seguido aumentando!

Desecha esas imaginaciones erróneas. No permitas que esas imágenes negativas


aparezcan en la pantalla de tu mente. Tú tienes el control remoto. Cambia de canal. No te
dejes convencer de que será un mal año, un mal mes, o inclusive un mal día.

Déjame convencerte que tendrás un gran año. No hay obstáculo demasiado grande para
ti, ningún enemigo será demasiado fuerte. Nuestro Dios es Omnipotente. Y es posible que
en este momento no veas que vienen días mejores, pero no gastes energía preocupándote
por eso. Conéctate a la mayor fuente de energía y utilízala para creer en lo mejoro

Dios te ha guiado por momentos difíciles en el pasado y te llevará al futuro. Rodéate de


personas de fe, que te hablen de triunfo. Practica la disciplina y el control de tus
pensamientos. Decídete cada día a optar por la fe y no por el miedo.

Hablar palabras llenas de fe.

Tengo un amigo que llamaremos Ned que, cuando éramos pequeños, jugaba en uno de
mis equipos deportivos. Aunque me gustaba mucho, Ned sólo veía lo peor en cada
situación. Inclusive cuando hacía algo gracioso, su humor era negro. Cuando pasaban
varios días sin haberlo visto, le preguntaba, inocentemente, qué había estado haciendo.
Siempre, siempre me respondía: "No mucho. Me estoy haciendo más viejo, más gordo y
más calvo".

Probablemente oí a Ned decir eso quinientas veces. Hay que tener en cuenta que, en la
adolescencia, estábamos realmente en forma. Él era la estrella del equipo de fútbol de la
secundaria. Tenía el pelo grueso y rizado. Ned no era ni viejo, ni gordo ni calvo.

Por lo tanto, en ese entonces, sabía que bromeaba. Yo también bromeo mucho. Pero
nunca bromeo acerca de ser viejo, gordo o calvo ¡especialmente no bromeo en cuanto a
ser calvo! Quiero mantener mi pelo todo el tiempo que me sea posible.

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Fe Bíblica

Bien, el tiempo pasó y dejé de ver a Ned durante quince o veinte años, pero luego me lo
encontré un día. O más bien debo decir, me encontré a alguien a quien sólo reconocí
cuando habló.

Por poco me desmayo. Ned había profetizado su futuro. ¡Se veía viejo, gordo y calvo!

No sé qué pienses tú, pero, en lo que a mí concierne, nunca me referiré a mi vida con
palabras derrotistas, como lo hacía Ned. Lo que digo es, "Estoy rejuveneciendo. Dios está
renovando mi juventud. Me fortalezco con cada respiración. La salud y la sanación pasan
a través de mí. "Y ¡siempre tendré pelo!".

Una de las personas que trabaja para nosotros me confesó una vez que todas las mañanas,
antes de salir de su casa, se mira al espejo y dice, "Chica, qué bien te ves hoy".

La vi hace unos días y le pregunté si todavía lo hacía. "¡Sí! ", me respondió. "De hecho, esta
mañana, al mirarme al espejo dije, 'Chica, hay días que te ves bien ¡pero hoy te ves
especialmente bien!' ".

Me pregunto cómo hacen algunos para tener la osadía de mirarse al espejo y no


felicitarse. ¿No deberíamos ser tan amables con nosotros mismos como con los demás?
¿No deberíamos ser nuestros mejores amigos y nuestros mejores animadores? Sin
embargo, la mayoría del tiempo, nos menospreciamos peor de lo que lo haríamos con un
enemigo: "No me veo bien hoy. Estoy demasiado gordo. No soy atractiva. No puedo hacer
nada bien".

No hables de tu vida con palabras de derrota.

Tus palabras profetizan aquello en lo que te convertirás. Sé osada. Atrévete a decir "Me
veo muy bien hoy. Estoy hecha a la imagen de Dios Todopoderoso. Soy fuerte y talentosa.
Estoy bendecida. Soy creativa. Tendré un día productivo".

Nuestras palabras tienen realmente un poder creativo. Si quieres saber cómo serás dentro
de cinco años, sólo presta atención a lo que dices hoy. Con demasiada frecuencia,
expresamos nuestras dudas y nuestros temores, y en el proceso les asignamos poder:

Nunca mejoraré.

Nunca dejaré de deber.

Sé que me va a dar gripe.

Este matrimonio no durará.

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Fe Bíblica

Quienes hablan como víctimas suelen preguntarse por qué nunca encuentran una
oportunidad, por qué están estancados y no pueden empezar de nuevo. Es porque
siempre invocan la derrota. Invocan la mediocridad. Nuestras palabras pueden bendecir o
maldecir nuestro futuro. A veces nos sentimos deprimidos. Es posible que te despiertes
sintiéndote realmente mal. Tal vez tengas demasiados problemas. Pero no te quedes
pensando sólo en lo negativo. ¡Envía tus palabras en la dirección que deseas que tome tu
vida!

No uses tus palabras para quedarte meditando sobre una mala situación. Utilízalas para
cambiar esa situación. Es posible que te sientas deprimido y agotado. Entonces, siéntate
en la barda. Deja que tus palabras te levanten. Atrévete a expresar una declaración de fe
que te impulse hacia adelante:

"¿Sabes qué? Este será un gran día. Tengo el favor de Dios. Él dirige mis pasos. Todo lo
que toque prosperará y tendrá éxito".

Cuando expresas tu fe, bendices tu futuro.

Invocas el favor de Dios, invocas el incremento, invocas las buenas oportunidades.


Permíteme preguntarte: ¿Qué has estado invocando? ¿Qué estás diciendo acerca de tu
familia, tus hijos, tu salud o tus finanzas?

No basta sólo con pensar en la fe y la esperanza. No basta con creerlo. Damos vida a
nuestra fe cuando expresamos nuestros sueños.

Cuando tus palabras claman desde la miseria y la derrota, no puedes esperar elevarte a un
nivel superior ¿no es cierto? Si anuncias que tu hijo nunca llegará a hacer grandes cosas,
lo estás invitando a que cumpla tus expectativas. Estás invocando más de lo mismo.

Cambia tus palabras. Cambia tu vida. Olvídate del victimismo y la desesperación. Expresa
gratitud y esperanza:

"Padre, te agradezco porque mi hijo está bendecido. Tomará buenas decisiones. Está libre
de cualquier atadura. Cumplirá su destino".

Tu hijo puede ser tan rebelde como quiera. Pero, cuando estés con tus amigos, no
comentes lo malo que es ni digas que nunca cambiará. Habla de triunfos en tu vida.

Cuando tus amigos te pregunten cómo está tu hijo, sólo responde: "¿Saben qué? Está
bendecido. Toma buenas decisiones. Es amable y respetuoso. ¡Sólo que aún no lo sabe!".
Las palabras son como semillas. Hay que sembradas con cuidado para nutrir la fe, para
llevar tu vida a niveles cada vez más altos.

100
Fe Bíblica

Cuando Dios escucha expresiones de esperanza y optimismo, dice a los ángeles, "¿Oyes lo
que está diciendo? Está hablando de fe. Ángeles, tengo una misión para ustedes. Vayan
allá y comiencen a cambiar su situación".

En Romanos 4: 17, San Pablo dice: "Tenemos que llamar a las cosas que no existen como si
ya existieran". Tal vez no te sientas bien, pero no debes quedarte pensando en esos
sentimientos negativos ni expresados en palabras: "Hace años que me duele la espalda.
Me estoy haciendo demasiado viejo, No creo que vaya a mejorar".

Esas palabras representan derrota en tu futuro. Dales la vuelta. Habla de triunfo: "Tal vez
no me sienta del todo bien, pero es sólo transitorio. Dios me está devolviendo la salud.
Me estoy fortaleciendo, me siento más sano, más joven. Mis mejores días están por venir”.

Con esas palabras de triunfo, recibirás lo que invocas. Todos conocemos personas que se
quejan constantemente de sentirse cansadas y agotadas. "Estoy tan casada, no tengo
fuerzas".

Piensa en ellas. Siempre se ven cansadas y agotadas ¿no es verdad? Lo han dicho tanto
que se ha convertido en realidad. Mientras más hablamos de cosas negativas más
negativos nos hacemos. Si en la mañana te despiertas sintiéndote letárgico, en lugar de
quejarte debes decir: "Me siento fuerte, lleno de energía. Dios está renovando mis fuerzas.
¡Puedo hacer lo que tengo que hacer hoy!".

A veces, cuando Victoria y yo hemos ido de viaje y estamos ocupados con el trabajo y la
familia, me dice, "Estoy tan cansada. Mira mis ojos. ¿Ves lo rojos que están?".

Siempre le digo, "No, Victoria. Te ves muy bien. Estás más bella que nunca".

Victoria no se da por vencida fácilmente.

"No, no es así", me dice. "Te conozco. No me lo quieres decir".

Claro que, tiene razón. No voy a estar de acuerdo con ella en eso. No me gustan las
actitudes de derrota. ¡Quiero hablar de triunfo! Suelo preguntarme qué pasaría si alguna
vez le dijera, "Ay, sí, Victoria. No te ves nada bien. Te ves muy cansada. ¿De verdad te vas
a poner eso?".

Sin lugar a dudas, ¡tendría que buscar a alguien que me llevara de vuelta a casa!

Es natural que todos nos cansemos y nos sintamos agotados de vez en cuando. Sin
embargo, mientras más lo digamos, más cansados nos sentiremos. Mientras más
hablemos de lo deprimido que estamos más deprimidos estaremos. Mientras más
hablemos de tener sobrepeso, nuestro estado físico será cada vez peor.

101
Fe Bíblica

Cambia tu forma de hablar por una que exprese triunfo.

No hables de cómo te sientes cuando estás deprimido y agotado. Habla de cómo quieres
sentirte, ¡y cambia tu actitud! Esto se aplica a todas las formas de expresión. Un estudio
reciente demostró que las pacientes con cáncer que utilizan palabras más positivas al
escribir acerca de sus experiencias, tienen un mayor grado de mejoría en su calidad de
vida emocional que las que utilizan términos más negativos.

Nuestra hija Alexandra, tenía más o menos cuatro años cuando nos oyó hablar a Victoria
y a mí acerca del hijo de un amigo que tenía terribles dolores de cabeza. El niño había
tenido que faltar a clases y esto estaba afectando su calidad de vida.

Habíamos hablado a nuestros hijos del poder profético de las palabras. La pequeña
Alexandra dijo, "Papá, no tengo dolores de cabeza y nunca tendré dolores de cabeza".

Pensé, Mi niña, estás profetizando lo correcto.

Si alguna vez nos desviamos del camino con nuestras palabras, la pequeña Alexandra nos
corrige. Estaba arreglando la puerta del garaje un día, porque se había salido del riel.
Intentaba volverla a encarrilar, pero se trancó. Estaba frustrado. Ni siquiera me había
dado cuenta de que Alexandra estaba ahí. Pero dije entre dientes, "Esto nunca va a
funcionar". Entonces, oí esta vocecita que dijo, "Papá, vas a obtener lo que dices".

Pensé, Qué terrible cuando nuestros niños tienen que recordarnos que practiquemos lo
que predicamos.

La Escritura dice: "Que los redimidos por el Señor lo digan". Si estás ascendiendo al
siguiente nivel, debes decido. Si pretendes superar una adicción, debes decido. Si quieres
tener un año de bendiciones, si estás saldando tus deudas, si estás decidida a alcanzar tus
sueños ¡dilo! Anda sucede hasta que no lo digas.

Fíjate que la escritura dice: "Que los redimidos del Señor lo crean. Que los redimidos del
Señor lo piensen". Claro que es importante pensar las cosas bien. Es importante creer lo
correcto. Pero algo sobrenatural sucede cuando lo decimos.

No hay que decírselo a nadie más. Basta con decírselo uno mismo. Mientras conducimos
el automóvil camino al trabajo, o bajo de la ducha. Podemos confesar la Palabra así, "La
economía puede estar mal, pero soy bendecido. Soy próspero. Prestaré y no tomaré
prestado".

102
Fe Bíblica

"El huracán puede haber hecho mucho daño. Tuve algunos inconvenientes. Pero sé que
fue la preparación para una recuperación. Este será mi mejor año hasta el momento. El
favor de Dios lo hará cambiar".

O "Es posible que me sienta un poco solo ahora, pero sé que es sólo por un tiempo. Dios
está trayendo a alguien excelente a mi vida. Ese alguien perfecto para mí está en camino.
¡Y algún día seremos perfectamente felices!".

¿Por qué no apostar a la perfección?

Hay una correlación entre lo que decimos y lo que hace Dios. No podemos ser pasivos y
decir, "Está bien. No diré nada negativo. Me aseguraré de no decir las palabras
incorrectas".

Eso está bien, pero no es suficiente. Si esperas ver lo mejor de Dios, mantente a la
ofensiva. Habla de triunfo en tu vida. Si no pones tu vida en las palabras de fe que
pronuncias, estarás limitando lo que Dios puede hacer.

Cada día, antes de salir de tu casa debes decir: "Padre, quiero darte las gracias porque
tengo tu favor hoy en mi vida. Padre, gracias porque diriges mis pasos, y me haces estar
en el lugar correcto al momento correcto. Gracias porque Tu favor me trae oportunidad,
me trae incremento o me trae ascenso, me bendice para que yo pueda bendecir a otros".

Es tiempo del favor de Dios.

El Salmo 91:2 dice: "Diré yo al Señor: 'Refugio mío y fortaleza mía' ". En el siguiente verso
se nos dice: "Él me cubrirá, me librará, me protegerá".

Hay que tener en cuenta la conexión. "Yo diré" y "Él hará". Esto me indica que no estamos
diciendo que el Señor no hará lo que le estamos pidiendo. Busca las promesas en la
Escritura y di del Señor. Por ejemplo, 3 Juan 1:2 dice que Dios desea sobre todas las cosas
que prosperes y tengas salud.

Toma esa promesa y di, "Dios, Tú dijiste que me querías sano. Tú dijiste que me querías
próspero. Entonces yo digo del Señor, 'Tú eres mi médico. Tú eres mi proveedor. Tú eres
mi creador. Tú eres mi reivindicador. Tú eres mi victoria".

Cuanto dices del Señor, Él hará. Por otra parte, si no hacemos nada, no estamos liberando
nuestra fe. Puedes leer el pasaje a la inversa. "Yo no diré del Señor y Él no hará".

Tal vez no estés hablando lo suficiente del triunfo en tu vida. Si no estás llegando a dónde
quieres ir, tal vez no estés haciendo lo que debes hacer para llegar allí. ¿Por qué no mejora
tu situación? ¿Estás declarando el favor de Dios cada día? ¿Te levantas cada mañana y
103
Fe Bíblica

dices, "Estoy bendecido, camino en la salud divina. El favor de Dios me está abriendo
nuevas puertas. Voy a cumplir mi destino"?

Ponte de acuerdo con Dios.

Tal vez no estés bendecido ahora. Es posible que tengas problemas financieros, es posible
que no tengas buena salud, pero puedes hablar en fe sin negar la verdad. Dios dijo, "Que
los débiles digan, 'Soy fuerte' ". Él no dijo, "Que los débiles hablen de debilidad".

No se supone que debamos hablar de lo que somos. Debemos hablar de lo que queremos
ser. Ponte de acuerdo con Dios. Si Dios dice que soy más que un conquistador, es posible
que no me sienta así. Es posible que no me vea así. Pero si Dios lo dice, estaré de acuerdo
con Él. Yo también lo diré.

"Soy más que un conquistador".

Tal vez estés luchando con tus finanzas. Dios dice que prestarás y no tomarás prestado.
Dice que desbordarás con Su favor. Tu informe financiero debe reflejar tu fe: "Estoy
bendecido. Dios suple todas mis necesidades. Tengo más que suficiente".

La Escritura dice que todos comeremos del fruto de nuestras palabras. Es posible que
ahora no estés donde quieres estar. Pero ¿podrá ser debido a las palabras que has dicho
en el pasado?

Si has dicho: "Nunca tendré un puesto mejor. He llegado hasta dónde puedo llegar". Esas
palabras pueden reclamártelo. Sin duda quedarás estancado en el mismo lugar año tras
año.

O tal vez has dicho, "Nunca me libraré de esta adicción. La he tenido desde hace
demasiado tiempo. Es muy difícil". Y así como lo has dicho, esas palabras te controlarán.

Por lo tanto cambia lo que dices, adopta esta actitud: "Tal vez las cosas hayan sido así en
el pasado, pero no van a seguir así. Ascenderé. Puedo sentirme débil pero declaro que soy
fuerte. Puede que haya tenido esta adicción durante años, pero ahora declaro que soy
libre".

Cuando dices al Señor que estás sano, que estás limpio, que eres libre, que estás
bendecido, que eres próspero, Dios lo ha prometido, Dios lo hará.

Ahora tal vez sostengas que lo has estado diciendo durante mucho tiempo sin obtener los
resultados deseados. Sin embargo, la Escritura dice: "Mantente fiel a tu profesión de fe
porque quien lo promete es fiel".

104
Fe Bíblica

Si siempre dices lo correcto, si siempre hablas de triunfo, si siempre hablas de favor, si


siempre hablas de salud e integridad, Dios es fiel y esas semillas que siembras,
germinarán.

Comerás el fruto de tus palabras en su sazón.

¿Recuerdas cuando Jesús tuvo hambre, al pasar por un pueblo, se detuvo ante una higuera
para buscar fruta? Pero, no había higos porque no era tiempo de higos. Entonces, Jesús le
dijo al árbol:

"Que nadie coma de tu fruto jamás". Sus discípulos lo oyeron y les pareció extraño. Se
acercaron y examinaron el árbol. No se veía diferente. Jesús había dicho que el árbol se
secaría y moriría. Los discípulos debieron haber pensado, Ha perdido Su don. No pasó
nada esta vez. Se ve tal como estaba antes de que hubiera dicho algo.

Pero no se dieron cuenta de que en el momento en el que Jesús maldijo al árbol, algo pasó
en el reino invisible. La vida del árbol quedó cortada de raíz. Fue sólo cuestión de tiempo
para que el árbol mostrara en el exterior lo que había pasado en su interior.

Como era de esperar, volvieron un poco más tarde y vieron que Jesús tenía toda la razón.
El árbol estaba marchito y muerto.

El mismo principio se aplica a nosotros. Cuando hablamos las palabras de Dios, en el


momento en que Sus promesas salen de nuestra boca, algo ocurre en el reino invisible.
Tal vez no lo veamos por una semana o por un año, o inclusive por diez años, pero eso no
quiere decir que no sucederá.

Con demasiada frecuencia, cancelamos nuestras promesas al decir palabras negativas.


Empezamos bien, pero cuando, con el tiempo, vemos que nada ocurre, nos desanimamos,
No podemos hablar de derrota y esperar triunfo. No podemos hablar de enfermedad y
esperar salud. No podemos hablar de carencia y pobreza y esperar una vida de
abundancia. Por eso se dice, "Mantente fiel a tu profesión de fe”.

Pon un centinela en tu boca.

Decídete a que no importa cuánto tiempo tardes en alcanzar tus metas, no importa lo mal
que se vean ahora las cosas, no hablarás de duda ni de incredulidad. Declara favor sobre
tus finanzas. Habla de triunfo sobre la enfermedad, de libertad sobre la adicción.

Tal vez tengas que cambiar a un engranaje más alto si no hablas con suficiente fe sobre tu
vida. Si tienes sueños grandes, tendrás que declarar el favor en grande, de forma
realmente enorme. No bastará con una vez a la semana. Ni tampoco declares algo incierto

105
Fe Bíblica

como esto: "Oh Dios, espero que me bendigas esta semana". No, más bien declara el favor
cada día, todo el día. Permite que fluya de tu boca y .de tu aliento. Debes decir: "Padre,
quiero darte gracias porque tu favor me rodea como un escudo. Gracias porque tu favor
está abriendo puertas que nadie puede cerrar. Tu favor está trayendo oportunidades
sobrenaturales, conexiones divinas que me hacen estar en el lugar correcto en el
momento preciso". Zacarías 10:1 dice: "Pedid al Señor la lluvia en primavera". En la
Escritura, la lluvia representa el favor de Dios. ¿Qué significa "pedir la lluvia en
primavera"?

Si es primavera, la estación de la lluvia, no parece probable que haya que pedir que llueva.
Pero Dios está diciendo, "Mi favor puede estar disponible, pero no lo recibirás a menos
que lo pidas".

Justo ahora, Dios está derramando sus bendiciones, sanación, ascenso, buenas ideas. Está
lloviendo favor de Dios. Si no estás compartiendo su favor, tal vez convenga que cuides
tus palabras. Aquí está la clave: si no desencadenas tus palabras en la dirección correcta,
si no pides el favor de Dios, no experimentarás esas bendiciones. Nada ocurre a menos
que hables. Libera tu fe con tus palabras.

Este es un gran día para estar vivo. Dios está derramando su favor como en ningún otro
momento en la historia. Ahora mismo llueve incremento. Llueven nuevas ideas. Llueven
ascensos. Te animo a que no dejes que este momento se te escape.

En lugar de decir, "Todos reciben bendiciones menos yo. No sé por qué todos reciben
oportunidades que a mí nunca me llegan". Sugiero que digas para tus adentros, "Soy
bendecido. Soy próspero. Soy favorecido. Estoy sano. Soy libre".

Pide lluvia en este tiempo de lluvia.

A veces nosotros somos nuestros peores enemigos. Oí a alguien decir, "El diablo no tiene
que derrotarnos. Nos derrotamos nosotros mismos".

Que éste no seas tú. Cuando hablas de fe, estás de acuerdo con Dios. Cuando hablas de
derrota, estás de acuerdo con el enemigo.

Hablar de Dios trae a Dios a la escena. Hablar del enemigo trae al enemigo a la escena. Y
durante todo el día, hay dos voces que compiten por llamar nuestra atención: la voz de la
fe y la voz de la derrota.

Tal vez oigas una voz que dice, "Nunca llegarás más alto. No tienes lo que se requiere. Has
llegado a tu límite".

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Fe Bíblica

Sin embargo, si escuchas con atención, oirás otra voz que dice, "Tú puedes. Tú lo puedes
todo en Cristo. Tus mejores días están por llegar".

Ahora, debes elegir cuál de las dos voces cobrará vida. Da a conocer tu opinión
expresándola. El momento en el que verbalices ese pensamiento, le darás derecho a
realizarse. Cuando escoges palabras negativas, escoges la voz equivocada.

"Nunca me pasa nada bueno. No tengo talento. Probablemente nunca saldré de este
problema".

Ponte de acuerdo con Dios. Esa otra voz puede ser más fuerte, pero tú puedes superarla.
Le puedes quitar todo su poder simplemente escogiendo la voz de la fe.

Te levantarías en la mañana y le dirías a tu esposa, "No iré a esa entrevista. De cualquier


manera no les gustaré. No estoy calificado. No me elegirán”.

¡No! Con tus propias palabras, estarías sellando tu suerte. La Escritura dice: "¿A quién le
creerás, al que trae una parte de victoria o al que trae una parte de derrota?".

Cuando se presentan los retos, aparece de inmediato en tu mente una batalla. Durante
todo el día estarás tentado a hablar de lo mala que es la vida; estás en deuda hasta el
cuello; tu informe médico fue malo, tus hijos tienen problemas. Pero debes poner fin a ese
estilo de conversación: "No, no le daré vida a esa derrota. No hablaré de enfermedad. No
hablaré de carencia. No hablaré de miedo. Elegiré un informe distinto. Creo en el informe
del Señor y éste dice que estoy bendecido, tengo el favor y soy próspero. Estoy sano e
íntegro. Soy un vencedor. Nunca un vencido".

No hables de tus problemas; habla a tus problemas. Habla a esas montañas que están en
tu camino. Declara el favor de Dios sobre situaciones difíciles. Con demasiada frecuencia
le hablamos a Dios de lo grande que son nuestros problemas. ¡Deberíamos hablar a
nuestros problemas de lo grande que es Dios!

En la Escritura, Zorobabel, un descendiente del Rey David y gobernador de Judá, se


enfrenta a un gran reto. Se le ha ordenado reconstruir un templo en el Monte Moría
donde había sido destruido el legendario Templo de Salomón setenta años antes. La tarea
parecía imposible debido a la oposición de los residentes locales.

Pero Zorobabel no se desanima. En cambio, decide enfrentarse a la tarea que tiene por
delante diciendo: "¿Quién eres tú, oh gran monte? Ante Zorobabel te convertirás en
llanura; y él sacará la piedra clave entre aclamaciones de, '¡Gracia! ¡Gracia!' a ella".

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Fe Bíblica

Nota que dice que una montaña se convertirá en una llanura. ¿Cómo? Hablándole de
gracia. Otra palabra para "gracia" es "favor". En otras palabras, Zorobabel dijo a las
montañas, "Tengo el favor de Dios, lo puedo hacer todo por Cristo, cumpliré mi destino".

Me encanta la forma como empieza: "¿Quién eres tú oh gran monte?" Estaba diciendo,
"No puedes derrotarme. ¿No me conoces? Tengo una ventaja. Tengo el favor de Dios".
Cuando miró su montaña, no se desanimó. Supo que no era permanente. Entendió este
principio. Podía hablar de favor a sus montañas y Dios le prometió que se convertirían en
meras llanuras.

De la misma forma, cuando enfrentes retos, no hables de derrota, no te quejes. Atrévete a


ser como Zorobabel, que habló a las montañas y les declaró el favor de Dios.

Si estás luchando con tus finanzas, saca tu chequera y háblale del favor de Dios. Si tienes
un hijo en problemas, expresa el favor de Dios sobre él. Tal vez tienes un problema difícil
en el trabajo. Habla a esa montaña. Declárale el favor de Dios. Él ha prometido que tus
montañas se convertirán en colina.

Cuando Moisés estaba guiando al pueblo de Israel por el desierto y necesitaron agua, Dios
le dijo que golpeara la roca. Y cuando Moisés golpeó la roca, fluyó de ella el agua. Un
tiempo después, el pueblo que iba con Moisés necesitó agua de nuevo. Esta vez, Dios le
dijo que le hablara a la roca. Pero ¿sabes qué hizo Moisés en cambio? Volvió a hacer lo
que había hecho antes. Golpeó la roca una y otra vez. Eventualmente, salió agua, pero se
requirió mucho más esfuerzo del necesario.

Con frecuencia, nos encontramos haciendo lo mismo al confrontar nuestros retos.


Volvemos a las formas antiguas. Tratamos de resolver nuestros problemas confiados en lo
que ha dado resultado antes.

Ya se trate de corregir el comportamiento de un niño o de manejar una situación difícil en


el trabajo, nos sentimos tensionados y frustrados cuando las antiguas tácticas no dan
resultado. Pero Dios dice que no hay que golpear más la roca. "Mi Hijo vino para que
pudieran vivir una vida en abundancia. Basta con hablarle a la roca. Sólo declarar el favor
de Dios sobre esa situación".

Dios quiere que entres en una unción de paz.

No tienes que vivir una vida de frustración. Levántate cada día y di, "Soy bendecido.
Ningún arma que se levante contra mí prosperará. Lo. que esté dirigido a dañarme, Dios
lo utilizará a mi favor. Este problema no me derrotará".

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Si diriges tus palabras en el sentido correcto, eliminarás los obstáculos que te han
retenido durante años. Verás que las dificultades familiares que parecían permanentes
dan un giro. Las situaciones del trabajo contra las que has luchado se van suavizando por
el favor de Dios, que te da sabiduría, que te da Su favor, que retira a las personas que no
son las correctas y trae a las que sí lo son haciendo que lo torcido se enderece.

Es posible que hayas estado golpeando la roca, pero ahora es momento de hablarle a la
roca. No hables de tu problema. Háblale a tu problema. Cada mañana al levantarte
declara el favor de Dios. Aprende a llamar las cosas que no son como si ya lo fueran.

Ponte de acuerdo con Dios. Di lo que Él dice de ti. Hablar Sus palabras es una de las cosas
más poderosas que puedes hacer. Recuerda, no basta pensar, no basta creer. Dale vida a
tu fe. Declárala en voz alta.

Cuando para ti ya sea un hábito declarar el favor de Dios y hablar palabras llenas de fe,
podrás ver cómo cambian las situaciones negativas. Tus montañas se convertirán en
colinas. Dios luchará tus batallas por ti. Superarás obstáculos, derrotarás a tus enemigos y
obtendrás cada sueño y cada promesa que Dios haya puesto en tu corazón porque ¡es
tiempo del favor de Dios!

Confianza.

“Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios.” (1 Juan 3:21)

El secreto de la victoria es agarrar tu dilema con ambas manos. El secreto de ganar es


afrontar la dificultad con la confianza de que no te puede azotar, porque no puede azotar
a Dios. La forma de afrontar una situación imposible es darte cuenta de que estás ligado a
Dios, y el que está ligado a Dios no puede fallar más de lo que Él puede fallar.

La fe que Jesús tenía en Sí mismo, en Su ministerio y en Su Padre le hizo afrontar la cruz


con el espíritu de un vencedor. Cuando uno está ligado a Dios, los recursos de Dios son
suyos. Dios respalda cada iniciativa a la que Él te envía.

Puede que no sientas el entusiasmo y la emoción que creerías que sería lo natural cuando
uno está ligado a la omnipotencia, pero no tienes que sentido. Lo único que necesitas es
saber que mayor es el que está en ti, el que te da energías, que toda la oposición que
pudiera venir. (1 Juan 4:4). Con una calma santa, puedes hacer frente a los problemas y
dificultades de la vida.

Una firme convicción.

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Valentía no es arrogancia, bravata o pretensión, sino coraje, confianza, fe en Dios. Es esa


firme convicción de que mayor es el que fortalece tu brazo y guía tu trabajo que cualquier
fuerza que los seres humanos o los demonios puedan traer contra ti. Valentía es la
seguridad silenciosa de que con Dios vas a prevalecer.

Las raíces de tu ser van hasta el mismo corazón y seno de Dios. Desarraigarte a ti sería
desarraigar el mismo corazón de Dios. Nuestra valentía nace de una unión consciente con
Dios para hacer Su voluntad, lograr Su deseo y llevar adelante Su programa.

Todas las facultades de tu ser han sido alineadas con Dios. Dependes de Su sabiduría. Es
Su gracia de donde bebes profundamente. Es Su poder lo que te fortalece en la lucha. La
fe te ha capacitado para hacer frente a los problemas de la vida con una sonrisa.

La fe en Él, el Invisible, te ha levantado de tu debilidad y te ha llevado a Su esfera. Vives y


caminas en la fortaleza de Dios. Estás en medio de Su fuerza. Extraes tu vida de Él. SU
vida es tu vida. Estás escondido con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3).

Acude confiadamente al trono de la gracia.

Las palabras de Jesús nos permiten conocerle. Dibujos silenciosos de Jesús no podrían
retratarnos al verdadero Jesús, así que tenemos cuadros proclamados de Jesús. Le vemos
actuando, oímos Sus palabras.

Las palabras son las cosas que más viven en nuestra mente. Su Palabra es Él mismo. Eso
es algo llamativo cuando piensas en ello. Cuando Él dice: "Acerquémonos, pues,
confiadamente al trono de la gracia" para que hagas tus peticiones (Hebreos 4:16), vamos
con labios llenos de Su Palabra. Vamos en el nombre de Jesús.

Vamos en la autoridad de Su propia promesa, la cual dice: "Todo cuanto pidiereis al Padre
en mi nombre os lo dará" (Juan 16:23). Esa palabra es Su Palabra. Eso le hace a Él decir la
oración que nuestros labios están diciendo: "Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en
la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren les será hecho por mi Padre que está en
los cielos" (Mateo 18:19).Cuando yo cito esa Palabra, Su Palabra sube delante del Padre. Es
Su Palabra, y no mía. Es Su oración, no la mía.

Jesús dijo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros) pedid todo lo
que queréis y os será hecho" (Juan 15:7). Estoy usando las palabras de Jesús. El Padre oye
las palabras de Jesús que proceden de unos labios entregados al señorío de Su Hijo. Así
que es realmente Su Hijo el que está orando a través de estos labios. Yo le recuerdo que la
Palabra habita en mí, y que yo habito en Él. Nada queda inadvertido. Es el Maestro mismo
el que está haciendo la obra.

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Él ora a través de mí. Yo cito Juan 14:13 ante el Padre: "Y todo lo que pidiereis al Padre en
mi nombre lo haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Yo le digo al Padre:
"Deseo que seas glorificado a través de Jesús, así que te pido en el nombre de Jesús que se
haga esto".

La palabra pedir puede significar "demandar". Estoy demandando que el dolor se vaya del
cuerpo de esta persona. Sé que cuando eso ocurre, el Padre está siendo glorificado. Me
estoy poniendo del lado de Jesús de este asunto, y estoy haciendo lo que glorificará al
Padre.

Cuando adoptamos esa actitud, la oración se convierte en un asunto del tamaño de Dios.
Estamos entrando en la plenitud de Cristo en la vida de oración. Sentados en nuestros
hogares, o dondequiera que estemos, podemos tocar las islas más remotas de la tierra.
Podemos enviar fuerzas angelicales a ministrar a los que están en necesidad.

Su Palabra se convierte en la moneda del reino. Su nombre en nuestros labios es como si


el Maestro mismo estuviera presente. Entremos en esta poderosa relación en toda su
plenitud.

El poder de la línea de sangre.

Qué haces cuando estás en una situación desesperada? Por ejemplo, ¿hay alguna solución
para tratar con los robos y los ladrones? Sí, hay poder en la sangre de Jesús que vencerá
cualquier cosa y todo lo que el enemigo pueda traer contra nosotros. Apocalipsis 12:11 se
hizo real en mi vida, mi familia y nuestro ministerio para vencer una gran adversidad.
Dice: "Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del
testimonio de ellos".

Durante más de cuarenta años, hemos vivido de una forma nueva bajo la protección de la
aplicación de este versículo. Hemos vivido libres del peligro de ser víctimas de un
enemigo malvado y sin sentimientos, y de su malvada obra: "El ladrón no viene sino para
hurtar y matar y destruir" (Juan 10:10).

En 1969, nuestras oficinas evangelísticas en Surrey, Canadá, estaban sitiadas por el


enemigo. Repetidamente, los ladrones entraban en nuestras oficinas durante la noche
para robar y devastar las instalaciones. Usamos todos los medios naturales para detener
las arremetidas, incluyendo aumentar las luces, los cerrojos, la seguridad y la vigilancia
policial, pero nada funcionó; los ataques persistían.

Había noches en que me despertaba con un sudor frío con la premonición de que estaban
robando en nuestras oficinas en ese momento. Saltaba de la cama y me dirigía hacia las

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oficinas. Más de una vez, descubrí que cuando las luces de mi auto iluminaban el frente
del gran edificio, los ladrones escapaban por la puerta de atrás. Era frustrante y
perturbador.

Entonces, un evangelista llamado Stevens vino a Canadá para ministrar. El Señor le usó
para ganar almas para Cristo y para derribar fortalezas en las vidas de las personas. El
diablo se puso furioso y le dijo al hermano Stevens: "Voy a matar a tus hijos en tu granja
en Tennessee".

El hermano Stevens se rió del diablo y le respondió: "Satanás, tú no puedes tocar a mis
hijos. ¡Le pertenecen a Jesús! ".

Pero Satanás respondió: "He puesto la rabia en los zorros que rondan por el bosque que
hay cerca de tu granja. Ellos cruzarán tu vaya para morder a tus hijos e infectarles la rabia.
Luego morirán".

El hermano Stevens tenía experiencia en luchar con el diablo, y sabía que esa amenaza del
adversario no era un llamado para que él fuera a comprar un billete de avión, volar a
Tennessee e ir a cazar zorros con su pistola. En cambio, discernió que era un ataque
espiritual, y fue totalmente consciente del poder de la sangre, como enseña Éxodo 12:23:
"Y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no
dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir".

Les pidió a tres creyentes que se unieran con él para aplicar Apocalipsis 12:11 a esta
situación: "Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del
testimonio de ellos". Cada uno de ellos alzó su dedo índice y, en fe, dibujaron una línea de
sangre alrededor de su granja, específicamente alrededor de los límites.

A los diez días, el hermano Stevens recibió una carta de su hermano, que estaba cuidando
de la granja. Decía: "Iba caminando por la parte trasera de tu tierra, y llegué al lindero, y
me encontré a cinco zorros muertos en el suelo. Examiné sus cabezas, y los cinco tenían la
rabia".

¡Gracias a Dios que esos zorros no pudieron cruzar el lindero! En el ámbito del Espíritu,
esa era la línea de sangre. La sangre de Jesús había sido aplicada por "la palabra de su
testimonio", y todos los zorros murieron.

Cuando oí esa historia, supe que esa era la respuesta para nuestras oficinas. Llamé a mi
familia y a mi equipo de trabajo. Todos levantamos nuestro dedo índice y, por fe,
dibujamos una línea de sangre alrededor de nuestras oficinas. Sabíamos que la autoridad

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estaba en la sangre y en las palabras que salieron de nuestra boca. Mover el dedo fue algo
simbólico de nuestra afirmación.

Declaramos: "Diablo, ya has hecho tu maldad contra nosotros. Ahora, aplicamos la sangre
de Jesús contra ti. Ya no puedes hacer hombres malos entren a robar en nuestras oficinas.
La sangre de Jesús está contra ti, Y te derrotamos!".

Por el poder de la sangre de Jesús, esos intrusos nunca volvieron a entrar en nuestras
oficinas. Si lo han intentado, no habrán podido cruzar el límite establecido. Hay poder, un
poder asombroso, ¡en la sangre del Cordero! Todas las medidas que habíamos intentado
antes fracasaron. Poner luces nuevas e instalar cerrojos nuevos no detuvo a los ladrones.

Aumentar la vigilancia policial no capturó a los ladrones. Fue sólo el poder de la preciosa
sangre de Jesús, dicha a través de nuestra afirmación en un acto de fe, lo que detuvo a los
ladrones.

En todas las décadas que han pasado desde entonces, nunca nos han vuelto a robar.
Hemos aumentado ese acto de fe para incluir no sólo nuestras oficinas, sino también
nuestros hogares, nuestros autos, nuestros muebles, nuestra ropa, nuestras posesiones y
nuestros viajes misioneros. Y por encima de todo, hemos aplicado el poder y la protección
de la sangre sobre los miembros de nuestra familia.

Mi esposa y yo a menudo viajamos más de 150.000 kilómetros al año haciendo la obra del
Señor y llevando el evangelio a las naciones. Siempre que subimos a un avión,
abrochamos nuestros cinturones de seguridad e inmediatamente dibujamos una línea de
sangre alrededor del avión, los motores, la tripulación y nuestro equipaje. Estamos
convencidos de que somos la gente más segura del mundo, protegidos por la sangre de
Jesús.

Te desafío a hacer esto: levanta tu dedo índice y haz un círculo que cubra tu vida, tu
vehículo, tu casa y a tus seres queridos con la preciosa sangre de Jesús. Durante más de
cuarenta años, Dios ha honrado de forma maravillosa nuestra fe en la sangre de Jesús.

No estamos entre aquellos a los que Satanás vence con sus trabajos sucios, sino que le
hemos vencido con la sangre del Cordero y la palabra de nuestro testimonio. ¡Qué vida de
confianza produce este acto de fe!

Nuestro frente sólido en Cristo.

Nuestro frente sólido en Cristo significa una confesión intrépida en presencia de


circunstancias que parecen abrumadoras.

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Tu valentía será una señal de la destrucción inmediata de tus enemigos, pero para ti será
una señal segura de tu salvación de Dios. (Filipenses 1:28). Una posición firme e intrépida
en presencia de la derrota trae la victoria. Una confesión valiente de la supremacía de
Dios sobre toda opresión de enfermedad trae la victoria.

Dios no puede mentir, y Su Palabra nunca puede fallar. Él dice: "Yo apresuro mi palabra
para ponerla por obra" (Jeremías 1:12). No necesitamos nada más. Romanos 10:11 es el
mensaje de Dios para nuestros corazones: "Todo aquel que en él creyere, no será
avergonzado". Corno puedes ver, Dios y Su Palabra son una, así que atrévete a tomar tu
lugar sin temor como uno de los suyos con Cristo.

"Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros,
gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en
Cristo"(Colosenses 2:5). La traducción Weymouth dice: "el frente sólido presentado por
vuestra fe en Cristo". Otra traducción dice: “ vuestra firmeza y frente sólido en Cristo".

El testimonio vacilante, titubeante y dudoso genera incapacidad y fracaso, pero el que se


atreve a hacer frente al adversario valientemente es el ganador. Esto significa ser osado en
medio de cada problema para retener tu confesión. (Hebreos 4:14). No es tu profesión,
sino tu confesión de quién es Él para ti y de lo que significa para ti Su Palabra en tu
caminar diario.

Conocemos la Palabra, y es necesario que actuemos en base a ella para convertirnos en


hacedores de la Palabra y gente que practica la Palabra. (Santiago 1:22-25). Nuestra
confesión y nuestra conducta deben concordar. Seguro que este pasaje del libro de
Santiago te resulta familiar:

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?
¿Podrá la fe salvarle? Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin
tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” (Santiago 2:14, 18)

El que consiente sólo mentalmente no tiene acciones correspondientes; el que "espera" no


tiene acciones correspondientes. Es el que cree el que actúa en base a la Palabra, dándole
gloria al Padre, y dándole gozo a Jesús. Como puedes ver, en cada lugar debe haber una
acción correspondiente. Nunca debemos olvidar ni por un instante qué clase de personas
somos. Somos la "nueva creación", somos gente en la que Dios habita, gente vencedora, y
debemos recordar lo que somos en Cristo. ''Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8:27). Somos señores de las
circunstancias. El hombre que es independiente de las circunstancias te dirá que, en la
pobreza, actúa como si fuera rico; en prisión, se comporta como hombre libre. Las
circunstancias no pueden gobernarle. Los demonios han aprendido a temerle. Dios le
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honra. Jesús se goza con él. Es un señor. Si la enfermedad le llega, él recuerda que es
señor de la enfermedad y alaba al Padre por su perfecta salud. Si surgen dificultades
económicas, recuerda: "Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:32-33).

Tal hombre ha buscado el reino, y lo ha encontrado. Ha encontrado su lugar como hijo de


Dios; por consiguiente, es señor sobre la necesidad. Cultiva la conciencia de que "Dios
está dentro". Tu caminar con Dios puede ser controlado si cultivas la conciencia de tu
unidad con Cristo, de tu victoria en Él sobre las fuerzas de la oscuridad. Cultiva una
conciencia de dominio total del nombre de Jesús. Recuerda que Él dijo: "En mi nombre
echarán fuera demonios" (Marcos 16:17), y: "Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre)
os lo dará" (Juan 16:23).

Si tienes acceso al Padre en ese nombre, eso te sitúa en el lado ganador para la eternidad.
Ahora eres un maestro. Recuerda qué clase de hombre eres, y no vuelvas y vivas como un
hombre común. Vive como lo hizo el Maestro en Su caminar terrenal, porque tienes a
Dios en ti. Tienes el derecho legal de usar Su nombre, el cual tiene toda autoridad. Eres
un maestro. Alábale por ello, y vívelo ahora.

Cómo se edifica la fe.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera" (Hebreos 11:1). Le damos certeza a la


esperanza cuando actuamos en base a la Palabra de Dios. La esperanza es siempre futura.
La fe es ahora. Creer es actuar en base a la Palabra.

Santiago dijo: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores,


engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22). Un "hacedor" es un "practicador".

La Palabra vive en mí en la medida en que la hago. Hacer la Palabra es, entonces, vivir la
Palabra. Esto significa que Dios está viviendo en mí. Yo vivo en la Palabra hasta la medida
en que ésta funciona en mi vida diaria.

Jesús dijo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros " (Juan 15:7).
Con esta realidad, la oración se convierte en algo muy simple. ¿Por qué? Porque la Palabra
en mis labios será la Palabra de Dios. Dios está hablándose a sí mismo a través de mis
labios. A través de mis labios, Dios puede pedir lo que quiere, y me será dado.

Su Palabra se convierte en algo vivo en mis labios, como fue algo vivo en los labios de
Jesús. En la tumba de Lázaro, Jesús dijo: "Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía
que siempre me oyes" (Juan 11:41-42). Cuando la Palabra habita en ti como vive en Jesús,

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puedes decirle lo mismo al Padre. Esa Palabra puede habitar en nosotros, puede vivir en
nosotros, como vivió en Jesús.

Cuando recibimos a Cristo, recibimos la vida eterna. Eso nos llevó a la familia de Dios,
donde tenemos que asumir el lugar de hijos e hijas. Ahora, temeos que actuar como hijos
de Dios. Tenemos que tomar nuestro lugar y asumir nuestras responsabilidades.

No tienes que intentar ser un hijo de Dios, porque ya eres uno. No tienes que intentar
obtener fe, porque todas las cosas te pertenecen por estar en Su familia. Estás haciendo la
voluntad de tu Padre como lo hizo Jesús, y el Padre te está respaldando como respaldó a
Jesús.

Estudias para conocer al Padre. "Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17:3). ¿Te habías dado cuenta de lo que acabas de
leer? Que conozcas al Padre. Que conozcas a Jesús. Que puedes conocer a tu Padre a
través de Jesús.

Quizá le conozcas a través de los cuatro Evangelios hasta cierto grado. Quizá le conozcas
en más profundidad con la revelación paulina. Pero realmente le conoces cuando
comienzas a practicar la Palabra.

Cuando te conviertes en un "hacedor" de la Palabra, realmente le conoces. Cuando oras


con los que están enfermos; cuando aprendes a no dar crédito a la evidencia sensorial que
contradice la Palabra; cuando estudias la Palabra como si fuera el mensaje de Dios para ti;
entonces le conocerás. Habla con Él. Relaciónate con Él cómo lo harías con un ser querido
que vive contigo. Entonces conocerás al Padre.

Resultados de la oración.

Debería haber escuelas para enseñarles a los hombres a orar. La oración es más
importante que la predicación. Me refiero a ese tipo de oración que involucra a Dios en
nuestro bienestar, la que trae una respuesta divina y respuestas auténticas.

Tenemos a mucha gente que ora, pero los resultados no demuestran que sus oraciones
tengan valor alguno. Debemos orar para obtener beneficios. Los grandes hombres de
negocios buscan hacer empresas que den beneficios. Las grandes industrias del acero
demandan la mejor educación técnica y científica, y lo mismo ocurre en cada sección de
la industria.

La oración es de suma importancia. Hablar simplemente al aire no es orar. Tomar unos


veinte minutos el domingo por la mañana, darle a Dios una homilía sobre cuáles son Sus
tares para nuestra nación no es orar. Darle a la congregación una clase sobre el abrigo de

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Fe Bíblica

Dios no es orar. Creo que deberíamos orar para obtener resultados; si oramos y no pasa
nada, deberíamos buscar cuál es el problema. Las cosas más grandes del cristianismo son
las sobrenaturales, y si las cosas no se hacen, eso demuestra que tenemos la forma pero
no el poder (2 Timoteo 3:5). Todas las cosas se nos ofrecen a través de la oración, y si no
las tenemos es porque no hemos establecido una conexión de oración.

Sabemos que Dios ha oído la oración. Tú lo sabes, y yo lo sé. He visto miles de almas
salvadas como respuesta a la oración. He visto conseguir miles de dólares como respuesta
a la oración. He visto demonios expulsados y miles de enfermedades sanadas como
respuesta a la oración. He visto el poder milagroso de Dios manifestado cientos de miles
de veces.

He ido de iglesia en iglesia y he encontrado desde veinte a cien cristianos en cada lugar.
En muchos de ellos, no se ha salvado ni un alma durante años, y no se ha obtenido ni una
sola respuesta llamativa a la oración, y aun así siguen orando.

¡No hay resultados! ¿Por qué no volver a los primeros principios y descubrir qué está
pasando? ¿Acaso Dios es falso? ¿Se ha terminado el día de la oración? ¿El que ha hecho
estas promesas es un Dios en bancarrota? Puede que sea que no nos conocen en el banco
del cielo. ¡Nos iría mejor si Jesús nos presentara e identificara allí!

Jesús nos ha dado los poderes para usar Su nombre en oración ante el Padre. Sus palabras
son definitivas: "Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará" (Juan 16:23).
Sabemos que Jesús y el Padre hicieron en un pacto de sangre maravilloso con nosotros, y
sólo eso nos garantiza respuestas a nuestras oraciones.

Luego, Jesús nos dio la gran comisión y dijo que estaría con nosotros hasta el fin del
mundo. (Mateo 28:18-20). Si Él nos envía, Él nos respaldará, porque ningún soldado
marcha bajo sus propias órdenes. Jesús debe responder nuestras oraciones y suplir
nuestras necesidades.

Nos encontramos con grandes necesidades por todas partes. Los hombres se mueren por
su necesidad de Cristo. Los enfermos necesitan sanidad y los débiles necesitan fuerza.
¿Estás en Su voluntad?

¿Estás haciendo lo que Él quiere que hagas? ¿Está bien tu vida con Dios? ¿Te condena tu
corazón? Si es así !arréglalo! Arrodíllate bajo el Poderoso y ábrete camino orando entre el
ejército de demonios que quiere obstaculizar tus oraciones.

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Fe Bíblica

Ora para obtener la victoria. Si estás orando por el enfermo, sigue haciéndolo y no
abandones. Si estás orando por dinero, ordena que llegue en el poderoso nombre de Jesús.
Si estás orando por almas, permanece preparado hasta que veas la respuesta.

Confiado como un león.

Cuando yo era joven, experimentaba temores que me atormentaban en muchas áreas de


mi vida. Era reticente, dudoso y temeroso. Después, el Señor me llamó al ministerio, y me
transformó milagrosamente de ese joven temeroso a un siervo emocionado de Dios.
Durante muchos años, viví libre del temor en todas sus formas. Entonces, experimenté
una crisis que me llevó a enfrentarme nuevamente cara a cara con la diferencia entre una
vida de temor y derrota y la victoria de una vida bíblica atrevida.

Durante años, tuve un lunar en un lado de mi cara. Era liso, del tamaño de la uña de mi
dedo. Cuando el lunar comenzó a cambiar de color y tamaño, obtuvo una fea apariencia.
En febrero de 1976, mi esposa Joyce y yo nos estábamos preparando para salir a un viaje
misionero. Estábamos desayunando con nuestros hijos cuando mi hijo hizo de portavoz
de todos ellos: "Papá, estamos preocupados por el brote de ese lunar en el lateral de tu
cabeza. Antes de que te vayas de viaje, nos gustaría que fueras al doctor para que lo
examine".

Accedí a la petición de mis hijos, y esa misma tarde fui a ver al doctor. El doctor examinó
meticulosamente el brote y luego me preguntó con un tono serio de voz: "Reverendo
¿cuál es el menor tiempo posible en el que podría estar listo para una intervención?".

"¿Intervención?", indagué. "No tenía ni idea de que usted tuviera eso en mente".

El doctor respondió: "Es indispensable que se opere lo antes posible. No debemos


retrasarlo". Le informé al doctor de que estaríamos fuera hasta el 1 de marzo. Él miró su
calendario y programó mi intervención para el 4 de marzo. Me informó del posible
peligro de ese tumor, y que la operación no se debía retrasar más de la fecha estipulada.

Cuando Joyce y yo llegamos a nuestro destino unos pocos días después, tuve que batallar
con unos temores intensos por el veredicto del doctor. De hecho, me estaba
compadeciendo a mí mismo. ¿Por qué me tiene que ocurrir esto a mí? ¿Por qué tengo que
ser yo la "victima" de esta amenazante situación?

Un día, estaba de pie mirándome en el espejo, tocando ligeramente el tumor y


recordando las advertencias del doctor de su posible peligro. Joyce me vio ahí de pie y me
dijo: ''Alguien que yo conozco está realmente asustado".

118
Fe Bíblica

"Sí, es cierto, cariño", admití. Joyce cruzó la habitación hacia donde yo estaba, y pensé que
venía para darme unas palabras de ternura y preocupación, pero cuando estaba a sólo
unos pasos de mí, me miró fijamente y me dijo: "!Pues peor para ti!""¿Peor para mí? ¿Por
qué has dicho eso?", le pregunté.

"Tú eres el predicador que ha escrito libros sobre cómo vencer el temor; has compartido
docenas de mensajes de radio por todo el mundo sobre cómo vivir libre del temor todos
los días de tu vida, y ahora, aquí estás todo asustado". "Pero, cariño, esto es de verdad... ".

Mi esposa valientemente pasó a la acción y me dijo: "Don, hay tres cosas que debemos
recordar. Primero, puede que la operación sea la manera de Dios de proveerte para esta
situación. En segundo lugar, la operación puede que no sea necesaria, porque el Señor
puede sanarte en su soberanía. Y tercero, pase lo que pase, no debemos darle lugar al
temor, porque eso sería darle lugar al enemigo".

Con esas palabras, Joyce puso su mano firmemente sobre mi pecho y comenzó a
reprender al espíritu de temor en el nombre de Jesús. ¡Esa fue una de las liberaciones más
destacadas de mi vida! De repente, el temor se fue. Fue como si unos grilletes se hubieran
roto en mi pecho. Me sentí libre para respirar profundamente sin ningún temor en mi
corazón.

El tumor persistió e incluso se hizo más grande y feo en los días siguientes, pero nunca
más me asustó. El Señor me había liberado totalmente de los espíritus atormentadores de
temor, y yo era libre para alabar a Dios, confesar Su Palabra y anticipar valientemente el
milagro del Señor para mi vida.

Cuando volábamos de regreso a casa el 1 de marzo, acerqué mi mano y accidentalmente


me toqué el tumor. Cuando lo hice, se cayó como la mitad en mi mano; después, durante
la noche del 3 de marzo, ocurrió un gran milagro. Me levanté temprano esa mañana, me
toqué la cabeza y me alegré al descubrir que donde había estado la otra mitad del tumor,
¡no había nada! Corrí al espejo para examinarlo más de cerca y descubrí que el tumor se
había ido por completo. Al volver a mi cama, pude ver los restos del tumor esparcidos por
la almohada.

Con gozo, desperté a Joyce y compartí con ella la maravillosa noticia. "Cariño, este es el
día programado para la operación, “¡Y no hay nada que operar!". Nos gozamos juntos por
lo que el Señor había hecho.

En el desayuno, decidimos que debíamos mantener la cita con el cirujano, y pregunté con
algo de curiosidad: "¿Qué le voy a decir hoy al doctor? Nunca me había pasado algo así".

119
Fe Bíblica

Mi hijo dijo con voz firme: "Papá, cuando veas hoy a esos doctores, ¡simplemente diles lo
que ocurrió!”.

Cuando llegué a la clínica para la operación, me recibió una enfermera. Me llevó hasta la
sala donde tenía que dejar mi ropa y esperar hasta que estuvieran listos para realizar la
intervención. En el momento en que llegamos a la habitación, dije: "Enfermera, quizá no
se haya dado cuenta, pero ya no tengo nada".

Ella me miró sorprendida. "¿Ya no está el tumor?”

“¿Qué le ha ocurrido?". Con gozo en mi corazón, le respondí: "¡El Señor Jesucristo me ha


sanado completamente!".

Al mencionar que el Señor me había sanado, la enfermera me miró bastante asustada y


rápidamente dijo: "Debo informar a los doctores de inmediato". Se apresuró por el pasillo,
alejándose de la habitación.

En unos minutos, el primer doctor regresó con mi cuadro médico en la mano. Estudió el
cuadro y luego examinó cuidadosamente mi cabeza. Repitió el proceso varias veces y
luego explicó: "Será mejor que avise al otro doctor. Él ha estado llevando su caso más de
cerca que yo".

Después de un rato, llegó el segundo doctor. El doctor estaba algo dudoso de mi relato
sobre que el Señor había hecho un milagro en mí. Me miró con curiosidad y me preguntó:
"¿Qué es eso que he oído de que hizo un milagro en usted mismo?".

"Doctor, yo no lo hice. Fue el Señor quien lo hizo, ¡y le dio a Ellas gracias y la gloria!
"Durante los siguientes veinte minutos, esos médicos estuvieron discutiendo el asunto
conmigo. Compartí con ellos mi experiencia tal y como había sido: cómo casi sucumbí al
espíritu de temor, cómo Joyce había orado por mí y como el Señor había comenzado el
proceso de sanidad en las siguientes setenta y dos horas antes de la hora de la
intervención. Mientras hablaba, los doctores parecían relajados y estaban mucho más
abiertos en su actitud.

Después de un rato, el primer doctor se giró hacia el segundo y le preguntó: "¿Es posible
que esto haya sido obra de la naturaleza?" Pero el otro doctor sólo respondió: "¿Qué es la
naturaleza?". Para terminar nuestra conversación, ambos doctores pronunciaron que mi
caso estaba terminado. Reconocieron que ellos no habían hecho nada en la sanidad que
se había producido. ¡El Señor recibió toda la gloria!

Este milagro ha soportado la prueba durante más de cinco años ya. No ha vuelto a
reaparecer ningún indicio del tumor. Le he dado gracias al Señor cien veces por la

120
Fe Bíblica

sanidad, por la victoria sobre el temor y por la continua demostración del poder de una
vida bíblica atrevida. Han pasado muchos años desde que Dios nos guió por primera vez a
ser pioneros con el mensaje de llevar una vida bíblica atrevida en nuestros programas de
radio. Ha significado mucho para mi propia vida, porque ha sido a través de este
conocimiento de la Palabra de Dios como he aprendido a vivir como dice la Biblia en
Romanos 8:37, como "más que vencedores por medio de aquel que nos amó".

Caminar en fe.

Antes creía que si podía confiar en Dios respecto mis finanzas, realmente podría estar
entre la gente de fe. Con el paso de los días y la multiplicación de los años, la fe comenzó
a tomar un rango más amplio, y comencé a ver qué poca cosa era confiar en Dios sólo en
cuanto al dinero.

Luego, confié en Dios con respecto a mi cuerpo. Vi que "por su llaga fuimos nosotros
curados" (Isaías 53:5). Fue un alegre sentimiento de alivio de los temores que me habían
atrapado en el pasado.

Después, un día, vi que mi Dios era un Dios de fe, y toda la vida era fe. Me di cuenta del
poco espacio que queda para el conocimiento sensorial en el ámbito de las cosas. Vi sus
limitaciones, y tras sus limitaciones, vi la ausencia de límites de la fe.

Luego, las Escrituras que había leído durante años y pensaba que entendía se iluminaron
con una luz que me emocionaba. Vi que en la obra terminada de Cristo, cada necesidad
del hombre había sido suplida. No se trataba de obtener mi sanidad. Mi sanidad ya se
había conseguido. No se trataba de conseguir fuerza para realizar las obligaciones del día,
pues esa fuerza ya era mía. No se trataba de adquirir sabiduría, porque Jesús se hizo para
mí sabiduría de Dios. (1 Corintios 1:30).

Ya no se trataba de oraciones de desesperación, sino que era hablar con quietud y


confianza de las obras del día. No era decir: "Señor, dame dinero para pagar mis facturas",
Yo sabía que Él supliría cada una de mis necesidades. No era orar por fuerza, sino que Él
era "la fuerza de mi vida" (Salmo 27:1).

Descubrí que el siguiente pasaje en Santiago 5 se refería a los cristianos que caminaban en
el ámbito de los sentidos, que nunca habían aprendido a caminar en el ámbito del
Espíritu. ‘‘¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren
por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor" (Santiago 5:14).

"Llame a los ancianos" era en el ámbito de los sentidos. Yo he salido de los sentidos para
adentrarme en la esfera del Espíritu. Ahora puedo caminar en las obras preparadas para

121
Fe Bíblica

mí. Sanidad y bendición, romper el poder de los demonios sobre los cuerpos de los
hombres, todo fue preestablecido y logrado. Lo único que yo tenía que hacer era usarlo.

Es como ir al armario a por un traje que está ahí colgado. Simplemente me lo pongo y
salgo a trabajar. Ahora, me pongo las capacidades, la gracia, la fuerza, la sabiduría y el
amor necesarios para resolver los problemas de la vida. ¿Es cierta esta promesa? Marcos
9:14-27 contiene la historia del padre con el hijo epiléptico. Los discípulos no pudieron
llevar a cabo la liberación, y el padre se lo llevó a Jesús diciendo: “Pero si puedes hacer
algo ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: 'Si puedes creer, al que cree
todo le es posible'" (vv. 22-23).

Aquí está lo ilimitado del asunto; aquí está el reto para todo aquel que lee Su Palabra.
Parece algo lastimoso que intentemos tener fe. Muestra cómo el cristianismo teórico nos
ha dominado y mantenido en debilidad, en la esfera de la teoría y la especulación, en la
esfera de la mente del mundo en vez de acudir a la Palabra de Dios como niños.

Los hombres han formulado sus credos y han encerrado a Jesús en ellos, así que lo único
que tienen es un Cristo de credo, un Cristo teórico, o quizá un Cristo histórico. Ahora
podemos acercarnos al Jesús vivo, ilimitado por el credo, que ahora susurra a nuestro
corazón: "Todo es posible para ti". La palabra creyente significa realmente "uno que
cree". Esto aporta algo más de luz. "Alguien que cree" es un hijo de Dios, Entonces, todo
es posible para los hijos de Dios. Todas las cosas nos pertenecen ahora.

Cuando nacimos de nuevo, entramos a formar parte de la familia y nos convertimos en


coherederos con Cristo. Esto es de gran valor para nosotros. Todo es posible para los hijos
e hijas de Dios, para los que han venido a formar parte de la familia.

Sé fuerte en el Señor.

El éxito en la vida divina y el éxito en la vida comercial son ambos aventuras de fe. Nadie
sabe lo que traerá el mañana en el mundo comercial. Puede que un fuego incendie tu
edificio, o que el banco que tiene tu dinero entre en bancarrota, o un cliente que te debe
lo suficiente como para hundirte se declare insolvente.

Pero si confías en el Señor, no fracasarás. ''Fortaleceos en el Señor; y en el poder de su


fuerza" (Efesios 6:10). No te dice que seas fuerte en tus propios recursos sino en la fuerza
del poder de Dios.

"Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos" (1 Corintios 16:13). Este es
el reto de amor. Tienes que descolgarte libremente de las teorías de los hombres y
descansar totalmente en la Palabra de Dios, ''para que os dé conforme a las riquezas de su

122
Fe Bíblica

gloria) el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu" (Efesios 3:16).
Fortalecido con la fuerza de Dios, capacitado con la capacidad de Dios en el hombre
interior, permanecerás firme e inmovible. (1 Corintios 15:58).

"Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y
longanimidad" (Colosenses 1:11). Esa persona no puede fallar. Esa persona es un vencedor
desde el comienzo de la batalla.

Regresemos a nuestro primer versículo: "Fortaleceos en el Señor" (Efesios 6:10). Consigue


toda la educación y el entrenamiento que puedas, pero recuerda que tu fortaleza está en
el Señor. "Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su
buena voluntad" (Filipenses 2:13). Estás confiando en el Dios que está en tu interior.

Una vida bíblica confiada.

¿Qué es una vida bíblica atrevida? ¿Qué significa?

Primero, una vida bíblica atrevida significa vivir con V mayúscula. "El que tiene al Hijo,
tiene la vida" (1 Juan 5:12). Cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador, Dios nos da
vida abundante (Juan 10:10) y eterna. (Juan 3:16).

Segundo, vivimos según la Biblia. Jesús nos enseñó cómo vivir realmente: "No sólo de pan
vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4). Mi
llamado constante en el ministerio es vivir por la Palabra de Dios. Eso es vivir
bíblicamente.

En tercer lugar, el Señor nos llevó claramente a enfatizar la vida bíblica atrevida. Al
estudiar las Escrituras con relación a la vida bíblica atrevida, descubrimos una promesa
tremenda de Dios. ¡Todos podemos ser confiados como un león!

¿Por qué? Porque "más el justo está confiado como un león" (Proverbios 28:1). ¿Quiénes
son los justos? Todos los cristianos nacidos de nuevo ¿Cómo?! Por la fe en Jesucristo! No
tenemos nuestra propia justicia con la que agradar a Dios, pero Dios hizo que Jesús se
convirtiera en pecado por nosotros, para que pudiésemos ser la justicia de Dios en Cristo.
(2 Corintios 5:21). Sí, somos la justicia del Señor, y los justos están confiados como leones.

¿Qué significa estar "confiado como un león"? Primeramente, significa tener cuatro cosas:
confianza, valor, ausencia de temor y osadía.

La confianza en Cristo, no en nosotros mismos, es lo que nos capacita para gritar: "Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

123
Fe Bíblica

Valor, el mismo valor bíblico que caracterizó a todos los justos de la Biblia. Considera los
hechos de hombres como Daniel, David, Elías, Abraham, Josué y Moisés, por nombrar
sólo unos pocos.

La ausencia de temor, la capacidad de Dios que nos capacita para vivir libres del temor
todos nuestros días. "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de
amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7).

Osadía para actuar en base a la Palabra de Dios, para hacer lo que Dios dice que podemos
hacer.

Estas son cuatro cualidades distintas; sin embargo, armonizan entre ellas. Es difícil tener
una y no tener las cuatro. La Palabra está llena de principios desafiantes para asegurarnos
que Dios nos da estas cualidades, y luego espera que las usemos. El Señor promete: “No
temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo”
(Isaías 41:10). “En quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15). “Mira que te
mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios
estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

Esto es vivir con confianza: ser valiente ante cualquier adversidad y aprender que el
triunfo es para los que practican esta verdad. Es ser capaz de decir con David: ''Aunque un
ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo
estaré confiado" (Salmo 27:3).

En mayo de 1967 me encontraba en Israel. Cuando llegamos a esa zona donde los
israelitas estaban formados contra los filisteos, mi imaginación recordó gráficamente el
gran evento.

Si un hombre alguna vez ha mostrado valor ante el fuego, ese fue David en esa hora. Todo
el ejército de Israel estaba aterrado por el gigante Goliat. Ningún hombre podía hacerle
frente. De hecho, todos se acobardaron en su presencia y en presencia de sus humillantes
insultos contra Israel. El ejército israelí tenía tan pocas probabilidades de éxito que
ningún hombre se atrevía a "salvar la cara" en ese momento de crisis.

Sin embargo, vemos a David saliendo de ese campo de batalla y retando al gigante que se
reía de él. David no fue cobarde. Dios le había dado victorias en el pasado contra
enemigos formidables como un león y un oso. Este joven tenía valor, y el valor era la
cualidad que se necesitaba aquí.

Con la ayuda de su Dios, David venció al gigante ese día. ¿Cuáles fueron sus secretos?
Primero, creyó en su corazón que podía vencer a Goliat, y así lo declaró confiadamente.

124
Fe Bíblica

Nosotros también debemos confesar nuestra fe, confesar las Escrituras, y afirmar
confiadamente que lo que Dios ha dicho es nuestro. En segundo lugar, el valor de David
fue por el nombre del Señor. David declaró: "más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de
los ejércitos" (1 Samuel 17:45). Nuestra fortaleza está en Su nombre. Recuerda: "Torre
fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo y será levantado" (Proverbios 18:10).

Un evangelista amigo mío me contó una historia sorprendente de un hombre que exhibió
una vida bíblica confiada y un valor en el Señor bajo unas circunstancias muy adversas. La
historia es la siguiente:

"Hace años, en una terrible ventisca, un granjero lleno del Espíritu se había quedado
tirado a muchos kilómetros de distancia de su hogar. El parabrisas de su auto se estaba
congelando, y los limpiaparabrisas no funcionaban, al igual que la calefacción, que no
funcionaba. Se encontraba en una condición desesperada. Este hombre le dijo al Señor:
Ahora, Señor, tú sabes que estoy a muchos kilómetros de mi casa. Mi esposa está allí sin
comida suficiente. Señor, si permites que siga aquí moriré congelado en poco tiempo, y
mamá se morirá de hambre si no llego a casa con algo de comida. Después, el hombre
hizo algo atrevido. Dijo: 'Señor, sabes que no puedo ver nada, así que voy a arrancar el
auto y me encomiendo en tus manos para que me guíes'.

Este hombre cristiano arrancó el auto y lo condujo por esas carreteras secundarias,
incapaz de ver nada, tan sólo girando el volante como el Espíritu de Dios le guiaba.
Kilómetro a kilómetro, condujo con un radar espiritual, tomando curvas cuando sentía
que debía hacerlo.

De repente, el auto se detuvo en seco. El granjero miró y vio que se había apagado el
motor. Por un momento, se preocupó y así se lo dijo al Señor.

Señor, sabes que este no es mi hogar. Tú me has traído hasta aquí, pero no me puedes
dejar aquí tirado. Miró por la ventana para ver dónde se encontraba cuando de repente el
tren expreso pasó muy deprisa haciendo mucho ruido. Si el auto no se hubiera detenido
cuando lo hizo, ¡hubiera estado en la vía del tren en el momento en que pasó!

"El hombre inclinó su cabeza y dijo: 'Gracias, Señor. Tú sabías más sobre esta situación
que yo'. El hombre volvió a encender el motor y llegó esa tarde a su granja sano y salvo".

Eso es vivir una vida bíblica confiada: moverse confiadamente en medio de las
circunstancias adversas y confiar en que el Señor te sostiene. "Más el pueblo que conoce a
su Dios se esforzará y actuará" (Daniel 11:32). A mí me entusiasma estar confiado, porque
los que están confiados realizan hazañas en el nombre del Señor.

125
Fe Bíblica

Las leyes del éxito.

Todos los hombres nacen con la capacidad de que le vaya bien en la vida. Su primera
ocupación es encontrar para qué está adaptado. Estimula la ambición del niño por medio
del sabio consejo y la lectura adecuada.

Moisés peleó su llamado durante cuarenta años; finalmente cedió al mismo. Su debate
con Dios en Éxodo 3:4 es algo sobre lo que debería meditar cada pensador.

"Y Jehová dijo [a Moisés]: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara"
(Éxodo 4:2). Era esa vara lo que Dios capacitó y usó para sacar a Israel de Egipto. Lo que
tienes en tu mano que parece tan común, cuando está lleno del poder de Dios puede ser
un instrumento poderoso. ¿Qué tienes en tu mano?

"Porque nada hay imposible para Dios" (Lucas 1:37).

Tienes la Palabra de Dios en tu mano. Es el arma más poderosa, el instrumento más


tremendo jamás conocido. "Porque mayor es el que está en vosotros) que el que está en el
mundo" (1 Juan 4:4). Tienes a Dios en ti, y sin embargo me dices que no puedes hacer
cosas. ¡Claro que puedes!

"Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado
en el Hijo" (Juan 14:13). Tienes el nombre de Jesús con el que puedes ordenar que la
enfermedad se vaya de los cuerpos de los hombres.

Jesús dijo: "Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará" (Juan 16:23). No sólo
tienes el nombre para romper el poder de la enfermedad, del pecado y del dominio de
Satanás, sino que también puedes alcanzar el mismo trono de Dios y estar ahí como un
vencedor.

"Y todo te saldrá bien."

Lee las palabras de Dios a Josué: "Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni
te desampararé" (Josué 1:5). ¡Qué fuerte consolación! Hay algo tan sentido, tan fuerte y
tan victorioso en el consejo de Dios a Josué, que mi corazón vuelve de manera in -
consciente a ello una y otra vez.

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en
él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces
harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Josué 1:8).

Este es el secreto del éxito espiritual, el éxito financiero y el éxito físico. Dedícate a
conocer la Biblia y a conocer al que inspiró el Libro. Descubre su voluntad; luego
126
Fe Bíblica

deléitate, vive en ello y hazlo. Con Dios, la vida se convierte en una obra de teatro, un
romance. Después de un tiempo, un sentimiento de Su omnipotencia dominará tu
espíritu. Filipenses 4:13 es un hacha de guerra con el que puedes derribar cualquier
barrera entre tú y el éxito: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece¨. Tu éxito es el
éxito de Él; si fracasaras sería Su fracaso. Él te respalda, y Su mirada está sobre ti.

"No te fallaré."

"No te dejaré, ni te desampararé" (Josué 1:5). ¡Cómo le debieron haber animado estas
palabras a ese héroe de Dios!

Recuerda que Moisés dijo: "Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí"
(Éxodo 33:15). Moisés no estaba dispuesto a ir solo o a ir con un ángel. Solamente iría con
Dios, y Dios dijo: "Mi presencia irá contigo" (v. 14).

Después, Dios le dijo a Josué: "Como estuve con Moisés, estaré contigo" (Josué 1:5). Por
tanto, cuando Josué estuvo frente al Jordán y vio las aguas abrirse ante él sin ningún
puente, ni túnel y sin lugar de vado, se atrevió a decides a los sacerdotes: "Tomad el arca
del pacto, y pasad delante del pueblo" (Josué 3:6). Él sabía que las aguas debían abrirse.

Entonces ocurrió el milagro de milagros. Como si una espada gigante hubiera descendido
y separado las aguas, parte de ellas se apresuraron hacia el mar y la otra parte quedó
retenida por la mano invisible del Omnipotente y la orden del hombre. Las palabras de
Josué tenían poder; estaban llenas de autoridad. Dios ha dicho: "Porque yo apresuro mi
palabra para ponerla por obra" (Jeremías 1:12). Cuando Jesús dijo: "Y todo lo que pidiereis
al Padre en mi nombre, lo haré" (Juan 14:13), también estaba prometiendo velar por esa
palabra y hacer que se cumpliera.

Puede que te atrevas a imponer tus manos sobre los enfermos y decir: "En el nombre de
Jesús, la enfermedad debe irse de este cuerpo". Tus palabras están llenas de autoridad
divina, porque tus palabras son Sus palabras. No temas, porque Él está contigo.

¿Cómo recibir guía de Dios?

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en


todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:5-6)

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” (Salmos 119-105).

Toda guía debe estar en armonía con la Palabra, nunca separada de ella. El Espíritu Santo
siempre usa la Palabra: "La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (Efesios 6:17 ).
Por ejemplo, el Espíritu Santo nunca guía a un cristiano a casarse con un no cristiano,

127
Fe Bíblica

porque eso sería una violación de Su Palabra. "No os unáis en yugo desigual con los
incrédulos" (2 Corintios 6:14). El Espíritu Santo nunca guía a un verdadero cristiano a
caminar en tinieblas. Como dijo Jesús: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no
andará en tinieblas" (Juan 8:12).

No debemos complicar la guía. "El corazón del hombre piensa su camino; más Jehová
endereza sus pasos" (Proverbios 16:9). Debemos someternos a Su señorío sobre nuestras
vidas. "Fíate de Jehová de todo tu corazón" (Proverbios 3:5). Confiésalo: “Jesús es Señor;
confío en El con todo mi corazón".

Debemos resistir al enemigo usando la autoridad de Jesús para acallar su voz. "Resistid al
diablo, y huirá de vosotros" (Santiago 4:7). Como somos el rebaño de Jesús, podemos
esperar que Él nos guíe. "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen" (Juan
10:27).

Permite que Dios te hable como Él quiera. Ora como lo hizo Samuel: "Habla, porque tu
siervo oye" (1 Samuel 3:10). Puede que Dios decida hablar con una voz audible (Éxodo 3:4-
5), en sueños (Mateo 2:13, 22) o por visiones (Isaías 6; Apocalipsis 1:9-17). Una de las
formas más comunes en que Dios guía está revelada en Isaías 30:21: "Entonces tus oídos
oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la
mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda". Obtén tu propia guía de Dios,
pero entiende que el Señor puede usar otras cosas para confirmar tu guía. Al mismo
tiempo, ten cuidado con la falsa guía. Hay que verificar las credenciales del guía con las
Escrituras.

Una historia verdadera sobre la guía en China.

Hay una historia de la China comunista sobre una mujer cristiana que estaba trabajando
en una minería. Una de sus tareas era tocar el silbato que alertaba a los mineros cuando
era la hora de salir de la mina para comer o para finalizar el día enseñado el liderazgo
comunista.

Un día, esta señora experimentó una fuerte urgencia interna de hacer sonar el silbato una
hora antes de la hora de comer. Tenía una gran lucha interior. Sus instrucciones eran
esperar otra hora y, sin embargo, ella sentía que el Espíritu Santo le estaba alertando a
hacerlo en ese momento. Desobedecer las órdenes podría suponerle la pérdida de su
empleo, y posiblemente otras consecuencias más.

¿Qué debía hacer?

128
Fe Bíblica

La decisión estaba tomada, ya que el impulso era muy fuerte. Sin duda, sintió que estaría
desobedeciendo a Dios si no hacía sonar el silbato. Así pues, una hora antes del tiempo
establecido, hizo sonar el silbato, y todos los trabajadores salieron de la mina. Cuando
salió el último, la mina se derrumbó.

La noticia sobre el derrumbe de la mina se propagó rápidamente por los alrededores. Los
oficiales comunistas y los supervisores de la mina acudieron al lugar del accidente. Pronto
descubrieron que estaban todos los trabajadores y que ninguno había resultado herido. La
heroína del día fue la joven que hizo salir a los trabajadores de los pasadizos subterráneos.
A continuación siguió un interrogatorio.

"¿Quién te dijo que hicieras sonar el silbato?", le preguntaron. Ella se sintió obligada a
decir exactamente lo que había ocurrido: cómo el Espíritu Santo le había urgido a hacer
sonar la alarma. Los trabajadores, familias, amigos y oficiales se dieron cuenta de que el
Dios todopoderoso había intervenido e impedido un desastre minero de grandes
proporciones. Y esto llevó a que se propagara un avivamiento del evangelio de Jesucristo
en toda la zona.

Tú también puedes ser guiado por Dios. ¡Tú puedes oír Su voz!

Los frutos de la fe declarada.


Di con valentía lo que Dios dice.

Porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir


confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre
(Hebreos 13:5-6).

Haz de la Palabra de Dios el estándar para tu vida. Entrénate para decir lo que Él dice.
Somete tus labios, y piensa antes de hablar. ¡Di lo que Dios dice! No le contradigas ni a Él
ni a Su Palabra. Dios está en Su Palabra. Cuando la confiesas, Ella materializa! Antes de lo
que imaginas, ocurrirá una revolución en tu vida.

Cuando hagas estas cosas, encontrarás que verdaderamente estás viviendo la vida
abundante y atrevida que se encuentra en la Palabra de Dios. Y lo sé de cierto porque ha
ocurrido en mi propia vida y ministerio innumerables veces.

Soy bendecido una y otra vez al recordar como Dios nos proveyó durante nuestra primera
misión a África hace años. Era ya el último día antes de salir ese mes, de febrero, pero aún
estábamos mil setecientos dólares por debajo del presupuesto necesario para la misión.

129
Fe Bíblica

No importa qué camino había tomado yo para obtener el dinero, ninguno parecía
funcionar, pero sabía que era un tiempo para mantener firme mi corazón con la
expectativa de que Dios mismo ministrara a nuestra necesidad.

Calladamente reafirmaba una y otra vez, tanto en mi corazón como con mi boca, lo que
prometía la Palabra: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas
en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19).

Cuando llegué a mi oficina la última mañana, reuní a todo nuestro equipo de trabajo, y
decidimos que caminaríamos con Dios poniéndonos de acuerdo con Él, exactamente
como yo había predicado con valentía a miles de personas que hicieran.

Presentamos nuestra necesidad de mil setecientos dólares a nuestro Padre celestial, y


luego, levantamos nuestras manos y alabamos a Dios anticipando su provisión.
Confesamos juntos la Palabra durante un tiempo antes de volver a las tareas cotidianas
del día. No estábamos intentando manipular a Dios, ni tan siquiera "impresionarle" con
nuestra búsqueda incesante de Su ayuda. Simplemente estábamos pidiendo provisión a
nuestro fiel Dios.

Mientras yo estaba fuera de la oficina, un hombre de Vancouver llamado Peter Dyck


llamó y le dijo a mi esposa: "El Señor me ha hablado con su dulce voz interior: 'Dale a Don
mil setecientos dólares'. No tengo tanto dinero en mi banco, pero hice un préstamo con
mi tarjeta de crédito para conseguir el dinero. Si el hermano Don se pudiera reunir
conmigo de camino al trabajo esta tarde, le tendré listo el dinero para dárselo"

Esa fue una de las intervenciones divinas más milagrosas que habíamos experimentado
hasta entonces. El Señor dijo la cantidad exacta de dinero que necesitábamos, y el hombre
oyó su voz y obedeció!

Nunca dejo de maravillarme de esas personas queridas que pueden oír la voz de Dios y
obedecer. Durante una reunión que tuve en una iglesia bautista en Duanesberg, Nueva
York, un hombre llamado Sam Sumner se levantó y compartió el siguiente testimonio.

Tras ser bautizado en el Espíritu Santo hace varios años, estaba caminando en un tiempo
maravilloso de eventos dirigidos por el Espíritu que eran hermosos. Después, un día, el
Señor me dijo: "Quiero que le envíes a Don trescientos dólares".

Yo le respondí: "De acuerdo Señor, lo haré. Pero no sé quién es Don, dónde vive o cómo
puedo enviarle trescientos dólares".

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Fe Bíblica

Más o menos olvidé esa palabra hasta que pasaron unas pocas semanas. Entonces el Señor
me habló con un tono bastante firme: "¿Cuándo le vas a enviar a Don los trescientos
dólares que te dije que le enviaras?".

Me quedé un poco triste por ese recordatorio. Después de todo, yo ni siquiera sabía quién
era Don, o cómo enviarle el dinero. Salí a mi auto caminando y quejándome: "Señor,
¡tienes que decirme cómo puedo hacer esto!"

Conduje por la autopista de peaje de Nueva York y encendí la radio. Estaba buscando los
canales cuando oí estas palabras: "Puedes escribir a esta dirección”…. ¡Gloria a Dios, fue
como una voz del cielo!

Es bastante singular cómo el Señor puede hablar con Su voz interior y cómo los corazones
de personas sinceras pueden oírle y tener la gracia de obedecer en amor.

A través de toda una vida de confiar en Dios en muchas cosas, he aprendido que Dios
desea que hablemos en fe. Las respuestas de Dios normalmente están precedidas por
nuestras palabras de fe. El Señor nos indica en el Salmos 50:23 que Él muestra Su
salvación al que ordena su conversación.

No somos meros robots sin la capacidad de escoger las palabras que decimos, sino que
ordenamos nuestra conversación de forma correcta o incorrecta. Dios guía nuestra
conversación y motiva nuestras palabras, pero la decisión de ordenar nuestra
conversación sigue siendo nuestra. Dios dice: "Si decides ordenar tu conversación
correctamente, te mostraré mi salvación". Con esto, se está refiriendo a la salvación en
cada área de nuestra vida.

Sanado por Jesús de Nazaret en Nazaret.

Hace varios años llevé a un grupo de cristianos a Israel. Cuando salíamos de Jerusalén un
día por la mañana temprano, estaba luchando con una fiebre intensa, lo cual significaba
que había una infección en alguna parte de mí. Me sentía muy mal mientras seguíamos
con nuestro recorrido por Israel. Era una lucha bastante grande para mí.

Sabía que no debía hablar de ello con mis amigos, porque recibiría inmediatamente su
compasión y su pesar y luego me empezaría a sentir mal conmigo mismo. Ninguno de
esos factores me ayudaría cuando lo que necesitaba era una sanidad de Dios. Seguí
manteniendo mi callada confesión de Su Palabra.

Mientras disciplinaba mi corazón y mis labios para decir: "Gracias Jesús, por Tus llagas
soy sano" (1 Pedro 2:24), el Señor tuvo a bien manifestar una bonita sanidad en la ciudad
de Nazaret, ciudad natal de nuestro Señor Jesucristo.

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Fe Bíblica

Inmediatamente realicé una reunión de sanidad en las mismas calles de Nazaret. Anuncié
a mi grupo de treinta y cinco personas: "Durante la mayor parte de la pasada noche y todo
el día de hoy, he estado luchando con una fiebre alta. Tomé una pequeña siesta aquí en el
autobús, y cuando me desperté, estaba sudando mucho. ¡La fiebre me había dejado! ¡Jesús
de Nazareth ha sanado aquí mismo en Nazareth!" Todos se gozaron conmigo. Luego,
ministré a los que necesitaban sanidad, y Su poder y amor se manifestaron.

Me gustaría decirte a ti, que lees este libro, que ahora mismo puedes comenzar a hablar la
Palabra y Jesús de Nazaret será tu Sanador, ya sea que vivas en Canadá, los Estados
Unidos de América, Inglaterra, Barbados, India o algún otro lugar. Simplemente aférrate a
tu confesión, diciendo: "Por Tus llagas soy sanado".

“Y como tus días serán tus fuerzas" (Deuteronomio 33:25). Es esencial que tomes las
fuerzas del Señor todos los días. Todos conocemos nuestras debilidades en la vida, ya
sean espirituales, físicas o mentales. A veces nuestras debilidades están en nuestras
conversaciones, malos hábitos, exceso de tolerancia en la comida, ver demasiada
televisión, o estar consumidos con deseos sexuales y pensamientos impuros.

Tenemos la victoria sobre esas debilidades porque el Señor sabe cómo ministrarnos esa
fuerza. Tan sólo confesemos su Palabra: "Jehová es la fortaleza de mi vida" (Salmos 27:1), y
“diga el débil: Fuerte soy" (Joel 3:10).

Dilo una y otra vez: "En Jesús, ¡soy fuerte! ¡Soy fuerte!". Si eso te suena como una
contradicción para tu pensamiento natural, considera que te estás moviendo en un nivel
más alto de vida donde la Palabra de Dios prevalece, y no en tus sentimientos y
pensamientos negativos.

La vida cristiana está hecha de una serie de adversidades y problemas, los cuales Dios
siempre nos da la gracia de vencer. Por eso Dios nos llama "vencedores" y no "sufridores".

Montañas económicas.

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el
mar) y no dudare en su corazón) sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le
será hecho. (Marcos 11:23)

Notemos que Jesús no dijo: "Lo que piense le será hecho". El pensamiento positivo es
poderoso, pero no es "lo que piense le será hecho", sino "lo que diga le será hecho". Desde
que el Espíritu Santo me enseñó la enorme importancia de "hablar a las montañas", mi
economía ha sido literalmente transformada. Me gustaría compartir dos de mis
experiencias más recientes. La primera historia es sobre la provisión de Dios a través de la

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Fe Bíblica

ayuda de un desconocido. Como mi esposa Debra y yo hemos sido llamados a predicar a


las naciones, hacemos más cien mil millas cada año viajando. Hemos hablado siempre en
fe para el dinero que necesitamos para comprar nuestros billetes aéreos, y en 1997 el a
nuestra fe tocando el corazón de uno de sus santos escogidos. Durante años, esta señora
había escuchado mi programa de radio diario, y a menudo había oído nuestros informes
de los viajes a India, África y otras naciones.

Dios mismo puso en su corazón el sentir de regalarnos billetes de avión para nuestro
ministerio. Esta señora había trabajado para una de las aerolíneas más grandes del mundo
durante más de veinte años. A través de su conexión con la aerolínea, pudo conseguir
billetes llamados "Pasajes de acompañantes", los cuales nos regaló.

Casi recelosamente, nos acercamos al mostrador de la aerolínea con esos billetes en la


mano, y simplemente le dije al empleado que queríamos ir a Hong Kong y después a
Delhi, India. El empleado rápidamente nos preparó nuestras tarjetas de embarque, y nos
pusimos en camino. Y no en asientos de turista, ¡nos asignaron asientos en clase
preferente! A mí me sobrecogió una sensación de asombro.

Pensé: No sólo tenemos estos caros asientos, sino que el precio fue muy barato: ¡gratis!
¡Gloria a Dios!

Desde 1997 hemos tomado docenas de esos maravillosos vuelos. Singapur, Tokio, París,
Frankfurt, Delhi, Hong Kong, Milán, Sidney, Melbourne. Si hubiéramos pagado esos
billetes, el costo hubiera sido decenas de miles de dólares.

La segunda historia trata sobre la provisión de Dios de un auto.

Antes de que mi primera esposa, Joyce, recibiera su llamado al cielo, me ayudó a comprar
un auto nuevo. Fue en abril de 1989. Durante diez años me deleité conduciendo ese auto,
añadiéndole miles de millas cada año.

A medida que el auto se fue desgastando poco a poco, mis hijos a menudo me decían:
“Papi, ya es hora de que compres un auto nuevo”.

Yo siempre les respondía simplemente diciendo: "No, desde 1950 he estado pagando
cuotas y aumentando mi deuda debido a los diferentes autos. ¡Otra vez no! Esta vez voy a
declarar la Palabra del Señor para que provea de un nuevo medio de transporte".

Debra y yo seguimos declarando esta provisión. Después, el 17 de marzo de 1999, recibí


una llamada de teléfono de un hermano cristiano.

-Don, quiero que Debra y tú vengan a verme a mi oficina hoy. ¿Podrían?

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Fe Bíblica

-Sí - le respondí - ahí estaremos.

Al llegar a la oficina de este hombre, nos invitó a dar una vuelta en su auto. Tras unas
pocas manzanas, me pidió que condujera el vehículo. Después, un poco más tarde, sugirió
que condujera Debra. Cuando regresamos a su oficina, nos preguntó:

-¿Les ha gustado el auto? Le dijimos que sin duda era muy bonito.

Sorprendentemente, el hombre respondió:

-Como les gusta, ¡el auto es de ustedes! Regresen mañana, y arreglaremos los papeles para
que puedan llevárselo.

Nuevamente, eso estuvo tan totalmente en la esfera de lo sobrenatural, que salimos con
gozo y alegría. Aquel no era un vehículo normal y corriente. Era un Range Rover de 1998,
el más alto de la gama de la familia Land Rover. Nos dijeron que era el vehículo oficial de
la familia real en Inglaterra, donde se fabrican estos autos. Cuando vimos un video
describiendo todas las características de este Range Rever, nuevamente nos vimos
caminando en nubes esponjosas de éxtasis espiritual.

Desde marzo de 1999, ¡Debra y yo hemos disfrutado inmensamente conduciendo este


auto! Una vez más, fue la provisión del Señor en respuesta a nuestra declaración de fe.
Sólo Dios podría haber dirigido sobrenaturalmente a ese hombre a ser Su instrumento de
provisión, ¡y ese hombre pudo oír la voz del Señor y obedecer!

“Lo que diga le será hecho" (Marcos 11:23). ¿Quién dijo estas palabras? Nuestro Maestro,
¡El Señor Jesucristo!

¿Lo dijo en serio? ¡Sí!

¿Incluye eso la economía? ¡Sin lugar a dudas!

Estas dos notables provisiones han sido la "guinda en el pastel" durante nuestros años de
declarar la Palabra sobre nuestra economía.

¿Necesitas un trabajo, o quizá sólo uno mejor? ¿Necesitas un buen auto? ¿Dinero para
arreglar tu casar ¿Necesitas muebles nuevos para reemplazar los que están desgastados en
tu hogar? ¿Dinero para el dentista? ¿Fondos para la educación de tus hijos? ¿Dinero para
los billetes de avión?

Cualquiera que sea el área de necesidad, económica, espiritual o física, este es mi desafío
para ti:

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Fe Bíblica

No declares enfermedad; en su lugar habla la Palabra de sanidad.

No declares debilidad; en su lugar afirma que el Señor es la fuerza de tu vida.

No declares derrota; en su lugar grita la victoria en Jesús

No declares carencia; en su lugar confiesa Su provisión para cada una de tus


necesidades.

No declares ataduras; en su lugar confiesa Su libertad.

Tenemos victoria en el nombre de Jesús.

La noche que me hizo escribir la canción "Tenemos victoria en el nombre de Jesús" fue
una noche espantosa. La tormenta duró todo el día. El viento había soplado con furia, y la
nieve se había amontonado formando grandes bancos. Fue una de esas tormentas que
sólo ocurren en la temible costa este de los Estados Unidos.

La multitud había llegado. La convicción era tan fuerte que parecía que nada podría
impedir que la gente viniera. Los bancos de nieve eran altos. La gente tenía que abrirse
paso a través de la nieve para llegar allí.

¡Cómo chillaba y soplaba el viento esa noche! Apenas si se podía oír una voz por encima
del ruido de la tempestad. Parecía como si la furia del infierno se hubiera desatado
alrededor de nosotros.

Me giré hacia un joven que había viajado conmigo, y que era poderoso en oración, y le
dije: "Teodoro, ¿puedes orar?".

Él se levantó e intentó orar, pero el viento sofocaba su voz, y en un momento se


derrumbó y desistió.

Luego, me dirigí a su mujer, Nellie, que también era una guerrera de oración, y la pedí
que nos dirigiera en oración; pero ella también desistió. Parecía que todos los demonios
del infierno habían sido liberados sobre nosotros.

Yo estaba caminando por la plataforma mientras Nellíe estaba intentando orar, y cuando
desistió, di un paso al frente y cargué contra la tempestad en el nombre de Jesús para que
amainase. Reprendí a la tormenta.

En un momento, se hizo la calma. No fue la disminución del viento, ni que amainase


gradualmente. Era como si no pudiera levantar mi voz por encima del tumulto, y cuando
la tormenta cesó, antes de que yo terminara de orar, descubrí que estaba gritando.

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Fe Bíblica

Me quedé callado. La audiencia se quedó callada y asombrada ante la presencia y el poder


de ese nombre. Era el nombre de Jesús.

En lo secreto de Su presencia.

Hay tres problemas en la oración que me gustaría tratar: primero, la oración efectiva por
las almas; segundo, la oración efectiva por la economía; y tercero, sobrellevar
sinceramente las cargas los unos de los otros.

Día tras día, nos encontramos con un flujo interminable de personas, muchas de ellas
agitadas e intranquilas, en busca de algo que les satisfaga. Puedes leerlo en sus ojos, oírlo
en sus voces, sentido en sus apretones de manos. Puedes vedo en su manera de caminar.
Oyes a tus vecinos regañando a sus hijos y preocupados por ellos, y notas las miradas
cansadas de sus rostros.

Todas esas cosas no son otra cosa que manifestaciones de una necesidad profunda del
Hijo de Dios; de un Salvador, de un Descanso, una Paz, una Fuerza, una Quietud que no
tienen.

A las reuniones de tu iglesia llegan desconocidos constantemente, y un gran porcentaje


de ellos no son salvos y están buscando algo. Quizá tus propios miembros están
intentando seguir llevando, externamente, una vida que no tienen internamente. Luego,
desde el otro lado de las aguas, llegan llamadas de ayuda de los campos misioneros.

La oración es el único canal Dios ha encerrado todo en la oración. Estas cargas y dolores
sólo se pueden aliviar a través de la oración. El hombre o la mujer que se mete en una
oración profunda en su corazón es el canal a través del cual Dios puede obrar. El que
toma estas cargas y las lleva al Señor en oración, es también aquel en quien el Señor
puede confiar para ir y hablarle la palabra necesaria cuando llegue el momento. En otras
palabras, el que ora es un trabajador personal, y el trabajador personal es necesariamente
un guerrero de oración.

Nos enfrentamos diariamente a problemas financieros. Podrían ser problemas


económicos en el hogar, en la iglesia o en el campo misionero. El pueblo de Dios está
cojeando, economizando un poco de aquí y estirando otro poco de allá para poder llegar a
fin de mes, cuando el almacén de Dios está lleno y rebosando. Hay vías de esfuerzo que
significarían llevar el mensaje a cientos de miles de personas. La puerta está abierta de par
en par, ¡Y aun así la iglesia es demasiado débil para ir a gatas hasta el umbral de la puerta!

Nuevamente, el ¿por qué? se responde con la simple declaración de que hemos dejado de
orar. No tenemos que pedirle a otra persona que dé, no tenemos que hacer peticiones

136
Fe Bíblica

públicas para fondos extra. Si cada persona se arrodillara a orar sinceramente, el dinero
llegaría. Lo hemos comprobado una y otra vez en nuestro ministerio.

Este es el secreto. Si estoy dando honestamente todo lo que mi Señor espera que dé,
entonces puedo orar honestamente para que Él derrame de su abundancia. El hombre
interior es consciente del hecho de que no puede esconder nada de Dios. El hombre
puede engañar al hombre, pero no puede haber secretos delante del Padre.

Uno puede levantarse y orar públicamente al Dios del universo, y puede parecer muy
espiritual a ojos de los hombres, pero él sabe en su corazón si Dios le oye o no. Este no es
un asunto en el que el hombre pueda juzgar al hombre. Es un asunto en el que cada uno,
en su propio corazón, debe juzgarse a sí mismo.

Luego, hay un tercer problema. ¿Qué hacemos cuando alguien nos pide que oremos por
él? ¿Has prometido orar por personas y luego ni siquiera te has acordado de cuál era su
petición? ¿Has recibido su petición como una verdadera carga y has llevado esa confianza
al trono de la gracia? ¿Has sido fiel con los que te han confiado sus problemas?

El corazón hambriento de los insatisfechos te está mirando y espera resultados cuando


oras. El corazón cargado de tu hermano o hermana en el Señor espera sentirse aliviador
descargado de la presión aplastante que tiene a través de tu oración.

Debemos llegar a ser verdaderos hombres y mujeres de pacto de sangre y compartir


realmente las cargas los unos de los otros. Mora en la Palabra y conviértete en un
verdadero guerrero de oración. Únete a los ejércitos de la oración. Pasa mucho tiempo en
lo secreto de Su presencia. Apártate donde sólo te oiga el oído del Padre, y al oírte, te
responderá:

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”


(Jeremías 33:3).

Algunos datos sobre sanidad.

Al estudiar Isaías 53, es evidente que la sanidad es parte del plan de redención. Por tanto,
en el momento en que aceptas a Cristo como tu Salvador y le confiesas como tu Señor,
tienes derecho a la virtud que hay en la redención: la sanidad de tu cuerpo enfermo.

La sanidad le pertenece a cada hijo de Dios. Algunos dicen que no es la voluntad de Dios
sanar a todos, pero no hay evidencia bíblica que apoye eso.

Dicen: "¿Acaso Pablo no tenía un aguijón en la carne?". Sí, pero el aguijón de Pablo en la
carne no era una enfermedad. Vino sobre Pablo por la grandeza de la revelación que le

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Fe Bíblica

había sido dada. Ninguno de nosotros puede esconderse tras eso porque ninguno de
nosotros ha tenido nunca una revelación como Pablo.

Otros dicen: "¿No dejó Jesús a otros enfermos?". Sí, no hay duda de que lo hizo. Había
enfermedad entre los discípulos, como hay enfermedad en la iglesia hoy, pero es porque
los primeros cristianos venían directamente del paganismo, donde no sabían nada sobre
el Señor, y rompían la comunión como nosotros la rompemos hoy. El adversario les
atacaba como nos ataca a nosotros hoy. Si ellos no entendían sus privilegios, puede que
no supieran cómo mantener su comunión y su salud.

Sabemos que ni Pedro ni Santiago ni Juan impusieron nunca sus manos sobre una
persona y ésta no fue sanada. No encontramos un lugar donde no fuera la voluntad de
Dios sanar a todos.

No voy a discutir sobre el tema. Yo tomo lo que me pertenece. No me gustan las


enfermedades, y no creo que a nadie que esté leyendo este libro le gusten las
enfermedades como para discutir sobre este tema. Creo que preferiríamos deshacernos de
nuestros problemas.

La fe del centurión.

Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis y sufre terriblemente.

-Iré a sanarlo - respondió Jesús.

Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y
mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores) y
además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: "Ve” y va, y al otro: "Ven” y
viene. Le digo a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.

Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: Les aseguro que no he
encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe. Les digo que muchos vendrán del oriente
y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de
los cielos. Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá
llanto y rechinar de dientes.

Luego Jesús le dijo al centurión:-¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora
aquel siervo quedó sanó. (Mateo 8:5-13, NVI).

Esta es una de mis historias bíblicas favoritas. Contiene todos los ingredientes divinos de
una fe triunfante: el poder de la fe declarada en acción. ¿Cómo ejercitas e! poder de la fe
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Fe Bíblica

declarada? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe


que predicamos" (Romanos 10:8). Se ejercita creyendo la Palabra en tu corazón y
confesándola con tu boca. El centurión de Mateo 8 entendía y practicaba el poder de la fe
declarada, y Jesús le alabó por ello. De hecho, dijo que la fe del centurión era la fe más
grande que había visto en Israel.

Podemos hablar con el mismo espíritu de fe. «Conforme a lo que está escrito: Creí, por lo
cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos" (2 Corintios 4:13).

Cree y habla. La salvación, el mayor de todos los regalos de Dios, nos viene creyendo con
e! corazón y confesando con la boca. (Romanos 10:9). Cuando aprendemos a declarar la
Palabra y no el problema, estamos en el camino a la victoria absoluta, pero somos
derrotados en el momento en que nos damos permiso de comenzar a enumerar nuestras
cargas en vez de contar nuestras bendiciones. Dios nos concede sus beneficios
diariamente, así que también debería ser para nosotros algo de todos los días el hecho de
alabarle.

Probablemente nos sorprenderíamos si supiéramos cuántas oraciones respondidas


dependen de nuestra actitud de alabanza a Dios. La clave para la respuesta de las
peticiones es que la oración abre la puerta y la alabanza la mantiene abierta. Cuando
comenzamos a alabar a Dios, realmente nunca podemos justificar detenemos, porque Su
grandeza no tiene límite ni tampoco nuestras razones para estar agradecidos. Todos
acudimos a Él en oración, ¿pero cuántas veces volvemos para alabarle? Recuerda cómo se
sintió Jesús con los leprosos desagradecidos de Lucas 17:

“Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se
pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban,
fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió,
glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y
éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y
los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este
extranjero?” (Lucas 17:12-18)

Las afirmaciones de Jesús.

Alguna vez has pensado en el hecho de que Jesús dijo muchas cosas sobre Sí mismo? Él
dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mi” (Juan 14:6).

La oración es llegar hasta el Padre. Bajo el primer pacto, sólo el Sumo Sacerdote podía
llegar a la presencia de Dios, y sólo una vez al año podía entrar al Lugar Santísimo. Pero

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Fe Bíblica

ahora, Jesús ha proclamado: "Yo soy el nuevo camino hacia la presencia de Mi Padre, y si
haces que yo sea tu Salvador y recibes la vida eterna, podrás ir a través de Mí a la
presencia de Mi Padre siempre que lo desees".

El velo que separaba el Lugar Santísimo de los ojos de la gente ha sido rasgado, y
cualquiera puede entrar ahora al Lugar Santísimo.

Jesús dijo: Yo soy el agua de vida. El que bebe del agua que yo doy nunca más volverá a
tener sed. (Juan 4:14). Los que hemos bebido sabemos que es cierto, que nunca más
tendremos sed. No vamos a los pozos de la psicología, o la filosofía, o el conocimiento y el
razonamiento sensorial para beber, porque tenemos algo mejor que nos satisface.

Cuando Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas sino
que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12), no lo cuestionamos. Su afirmación encaja en Su
vida. Su vida y Sus afirmaciones se pertenecen. Sé que es así porque he caminado en la luz
del nuevo estilo de vida durante muchos años.

La luz significa sabiduría, y Jesús se ha convertido en nuestra sabiduría. Él es nuestra luz


para los problemas de la vida. No caminamos más en la oscuridad del conocimiento
sensorial De vez en cuando, descendemos al valle del conocimiento del sentido, pero nos
hartamos de ello inmediatamente. Jesús se llamó a sí mismo “la luz de la vida" (Juan 8:12).

"Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no
tendrá sed jamás" (Juan 6:35). Una vez Jesús dijo: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino
de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4) ¿Recuerdas cómo Job dijo que se
alimentaba de las palabras de Dios? (Job 23:12). ¿Recuerdas que Jeremías dijo casi lo
mismo? (Jeremías 15:16). Bien, hemos venido a alimentarnos de este Pan, esta Palabra de
Dios. Sabemos lo que significa.

Jesús es la solución del problema del espíritu humano. Jesús es la solución del enigma de
la vida. Él es la Luz de los problemas de la vida, y Él es todo lo que el corazón podría
querer saber jamás. Él satisface al hambriento.

Juan 6:47 dice: “El que cree en mí tiene vida eterna". Lo que Jesús está diciendo es:
"Cuando crees en Mí y me recibes, recibes la vida eterna, la naturaleza de Dios". Eso
encaja en la imagen de Cristo, ¿no crees? De algún modo u otro, no podemos hacer otra
cosa salvo aceptarlo. Si lo hubiera dicho cualquier otro, no hubiera significado nada, pero
fue Él quien lo dijo, y eso lo cambia todo.

Un hombre a punto de morir me preguntó una vez:

-¿Dijo Él eso?

140
Fe Bíblica

Yo le dije:

-Sí señor.

-Dime dónde está - me dijo -. Y fui a la Biblia y se lo leí.

Él dijo:

-Le recibo como su Salvador. Le acepto como mi Señor

-¿Tienes vida eterna?- le pregunté, y él me respondió.

-Claro que sí. Él lo dijo, ¿no es así?

Yo le respondí:

-¿Qué haces cuando alguien te da algo como esto?

Él me respondió:

-Le miro a la cara y le doy gracias por ello.

Cuando me fui, sonrió y dijo:

-Le he encontrado, y le he recibido.

Esa es una de las muchas afirmaciones que encajan en la vida de Jesús.

Creo que Jesús es. Creo que fue. “Creo que será el mismo ayer, y hoy, y por los siglos"
(Hebreos 13:8).

Por tus palabras.

Quizá nadie te lo haya dicho jamás, pero la gente te mide por tus palabras. Te clasifican
por tus palabras. Tu salario se estima por el valor de tus palabras. Tus palabras te abren
un hueco en la empresa en la que estás involucrado.

Ni los celos ni el temor te pueden impedir escalar a la cima si tus palabras tienen un valor
que pertenece a la cima. La organización ha de darte el lugar que te pertenece si tus
palabras producen los resultados correctos.

No tienes que actuar, no tienes que exagerar; lo único que tienes que hacer es ser natural,
pero haz que ese "natural" sea algo que merezca la pena escuchar.

Estudia tu trabajo. Estudia cómo decir las cosas. Estudia cómo usar palabras que cambien
las circunstancias a tu alrededor. Haz un estudio, un estudio analítico de las palabras, y

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Fe Bíblica

luego mira a ver cuánto puedes poner en una sola frase. No me refiero a cuántas palabras,
sino a cuánto puedes poner en las palabras para que cuando las personas escuchen tus
palabras, se emocionen con ellas.

Una dependienta en una tienda de artículos a un dólar me dijo una vez "buenos días" de
una forma que me volví para mirarla. Ella había puesto algo en sus palabras, se puso a sí
misma, su personalidad, en sus palabras, y éstas sonaron. Me vendió unos lapiceros, pero
los vendió como si estuviera vendiendo un auto de lujo. Cuando salí de la tienda, me sentí
atraído a entrar de nuevo para verla tratar a otros clientes.

Suprime las palabras vanas que se interponen. Elimina todas las palabras que
obstaculizan que tus palabras alcancen la meta. Confía en las palabras; confía en las
palabras de tus propios labios, y llénalas de verdad y amor.

Piensa en tu corazón cómo quieres ayudar a los que serán tus clientes, cómo vas a
bendecirles, y cómo lo que tú tienes es necesario para su deleite. Es lo que pones en tus
palabras lo que las hace estar vivas en los corazones de los oyentes.

Las palabras vacías mueren en tierra de nadie. Nunca sobrepasan las trincheras, y si lo
hacen, nunca llegan a estallar. Si las traspasan y las personas las oyen, siguen sin valer de
nada. Las palabras vivas, palabras rebosantes de mensajes del corazón, emocionan y
perduran.

El amor siempre busca la palabra correcta para comunicar su mensaje sin que pierda nada
de significado en el tránsito. Viste tus pensamientos con las palabras más bonitas, pero no
sacrifiques la mordacidad por la belleza, más bien júntalas.

Lo único que tenía eran palabras.

Este es un pequeño estudio de grandes cosas. Un hombre comenzó su vida sin


patrocinadores, sin una educación universitaria, sin dinero. Alguien le preguntó: "¿Qué
tienes aparte de tus dos manos para tener éxito en la vida?".

El hombre dijo amablemente: "Lo único que tengo son palabras". El amigo sonrió, sin
entenderle.

Así pues, comenzó su solitaria búsqueda del éxito sin otra cosa que palabras. Aprendió el
secreto de poner las cosas en palabras, de hacer de las palabras cosas con vida. Cargaba
sus palabras con pensamiento, un pensamiento claro y, después de un tiempo, aprendió el
secreto de poner su fina, limpia y espléndida hombría en sus palabras.

142
Fe Bíblica

Los hombres comenzaron a poner un valor en sus palabras. La gente le detenía por la
calle para entablar con él una conversación sólo para oír sus palabras.

Hay que entender que casi todos los hombres que han escalado a la cima de la escalera
del éxito han llegado allí con palabras.

Aquí y allá, un hombre ha llegado a la cima por una voz peculiar o un don peculiar en las
artes, pero la mayoría de los hombres han puesto sus pies en el primer peldaño de la
escalera del éxito usando palabras. Escalaron, peldaño a peldaño, palabra a palabra, hasta
la cima.

Un hombre debe valorar sus propias palabras antes que otros comiencen a sentir su valor.
Las palabras ambiciosas del hombre se convirtieron en su cuenta bancaria. Estudió, cavó
hondo, pensó para resolver sus problemas. Otras personas aprendieron a confiar en su
juicio y sus palabras en vez de estudiar por sí mismos.

Hay un gran ejército de personas que tienen ciertas habilidades empresariales, pero
tienen que contratar a otros para realizar la mayoría del pensamiento. El hombre
ambicioso suplió esa carencia. Él lo planeó, y otros estuvieron dispuestos a pagarle casi
cualquier precio para que pensara para ellos.

Sus palabras se hicieron valiosas, fueron sus sirvientas, ¡cómo trabajaban para él! Llenó las
palabras de inspiración, de consuelo, de esperanza para otros.

Las envió con alas hasta que pasaron de casa en casa, de labio a labio. Se dio cuenta de
que le estaban citando por todos lados; sus palabras estaban haciendo cosas. Él había
aprendido el secreto de las palabras. Enseguida surgieron editoriales que le pagaron
sumas incalculables de dinero por sus palabras. ¿Por qué? Porque había aprendido el arte
de llenar palabras con inspiración, con nueva vida.

Estudiemos las palabras. Aprendamos a llenarlas de golosinas para los niños, de sanidad
para los enfermos, y de victoria para los desanimados, y ganaremos.

Declara sólo la Palabra.

Quiero compartir uno de los testimonios más maravillosos de sanidad que he oído jamás.
Ocurrió en un hospital de Londres, Inglaterra, en marzo de 1994. Puedo contar esta
historia quizá mejor que ninguna otra persona, porque estuve directamente implicado en
ella.

Mi hija Judy y yo viajábamos por el este de África haciendo cruzadas. En Nairobi, Kenia,
teníamos varias reuniones cada día, y Judy dirigía un coro de cien voces cada noche.

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Fe Bíblica

Tras las cruzadas de Nairobi, volamos a Mombassa, en el Océano Índico, para seguir
ministrando. El calor y la humedad de Mombassa la hacen ser una de las ciudades más
intolerables del mundo para vivir. Era terriblemente calurosa, pero Judy y yo trabajamos
muy duro mientras estuvimos allí.

Luego llegó el día de volar a Londres para pasar allí una noche antes de regresar a
Norteamérica. Cuando llevábamos un rato de vuelo, Judy me dijo que se iba a otra parte
del avión donde había visto varios asientos vacíos para poder estirarse un poco más. A
mitad de camino de un vuelo que duraba diez horas, regresé para hablar con ella y
asegurarme de que estaba bien.

"Papá, he vomitado varias veces", me informó. Le puse mi mano en la frente e hice una
breve oración paternal por ella, y luego regresé a mi asiento. No parecía nada importante,
así que no me preocupé en exceso.

La crisis.

Como una media hora antes de aterrizar en Londres, una azafata vino a buscarme y me
dio las graves noticias.

-Sr. Don, siento informarle de que su hija Judy está muy enferma. No sólo ha vomitado
varias veces, sino que también está teniendo hemorragias por todos los orificios de su
cuerpo. Es la sangre lo que nos ha alarmado. No sabemos si es una intoxicación por la
comida o cuál es el problema. Hemos informado al aeropuerto de Heathrow para que nos
esperen con una silla de ruedas para su hija.

La silla de ruedas nos estaba esperando cuando aterrizamos, y se llevaron a Judy a una
sala para examinarla. Tras más de una hora, llegó una doctora con unas noticias
alarmantes:

-Sr. Don, hemos tomado sangre a su hija, y tiene algo más grave que parásitos, no
estamos seguros de lo que es. Hemos pedido una ambulancia para que venga
inmediatamente y la lleve al otro lado de Londres, a un hospital especializado en
enfermedades e infecciones tropicales.

-Por favor doctora, no es necesario. Judy trabajó mucho mientras estábamos en África.
Estoy seguro de que se pondrá bien con un poco de descanso, y tengo reservadas
habitaciones aquí en Londres para pasar la noche-le expliqué.

La doctora fue bastante directa al responder a mi objeción.

144
Fe Bíblica

-Sr. Don, salir del hospital no es una opción. Su hija ha sido puesta en cuarentena. Ahora
ella es responsabilidad de la compañía British Airways y de la ciudad de Londres. No hay
forma en que podamos considerar permitirle salir con la enfermedad altamente
contagiosa que pudiera tener.

En ese momento, dos hombres sacaron una camilla en la que habían atado a Judy. Me
dijeron que podía acompañarla al hospital, así que fui sentado al lado de Judy en la
ambulancia. Parecía muy débil, especialmente comparado con la fuerza que normalmente
mostraba.

Ella me miró y dijo:

-Papá, no he estado un día o una noche en un hospital en toda mi vida. Ni siquiera nací
en un hospital.

-Lo sé, Judy, pero vas a estar bien; Dios te ayudará - le dije - intentando animarla.

Cuando llegamos al hospital, un equipo completo de doctores y enfermeras nos


recibieron. Todos llevaban ropa de hospital de emergencias, y rápidamente se llevaron a
Judy a una habitación aislada.

Tras mucho tiempo, el Dr. Clark, el médico jefe, salió para hablar conmigo.

-Sr. Don, su hija está extremadamente enferma. Haremos todo lo posible para salvar su
vida, pero no sabremos nada hasta mañana. Mientras tanto, usted tendrá que salir del
hospital, y no se le permitirá regresar hasta que le notifiquemos que puede hacerlo. Puede
entrar a la sala aislada donde se encuentra su hija, pero sólo durante veinte minutos.
Luego deberá abandonar el hospital.

Cuando estaba a solas con Judy, le dije:

-Judy, el doctor me ha dado sólo veinte minutos para estar aquí antes de marcharme. No
tendremos tiempo para interceder profundamente por ti, pero Judy, voy a declarar la
sanidad de la Palabra para ti. Tengo estas verdades en mi espíritu, en mi 'versículos de la
sanidad'. Recuerda que Jesús expulsó espíritus demoniacos sólo con su Palabra; eso es lo
que voy a hacer ahora. La Palabra que declaro sobre ti expulsará esos espíritus de
enfermedad. Tan sólo recibe esta Palabra cuando yo la declare ahora. Cualquiera de estos
veintiséis versículos puede ser tu porción de sanidad.

Hijo mío. está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus
ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan) y medicina a
todo su cuerpo. (Proverbios 4:20-22)

145
Fe Bíblica

Yo dije:

-Judy, Su Palabra es medicina para todo tu cuerpo. Esto es para ti, ahora mismo. ¡Recibe
Su sanidad para tu vida!

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como
prospera tu alma. (3 Juan 2)

- Oh amada Judy, Dios nuestro Padre realmente quiere que tengas salud, no está
devastadora enfermedad; recíbela en este instante.

Después repetí esta oración de David: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva
un espíritu recto dentro de mi" (Salmos 51:10). Dije:

-Judy, creo que tienes un corazón limpio y un espíritu recto. Permitamos que el Espíritu
Santo haga Su obra de examinar y renovar el corazón mientras nos rendimos a Él ahora.

Después de que Judy y yo permitimos calladamente que el Espíritu Santo hiciera Su


bendita obra de limpieza y renovación, seguimos: "Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde
tu palabra" (Salmos 119:17).

Sabiendo que la vida de Judy estaba en juego, declaré sobre ella ese versículo con
urgencia: ¡"Que viva, Señor, y guarde tu palabra!".

“La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:16).

Este versículo nos recordó las misericordias de Dios en los años pasados:

“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona
todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” (Salmos 103:2-3).

Declaré con osadía:

“Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste
anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios
estaba con él” (Hechos 10:38).

Cuando seguí declarando, intenté que Judy entendiera bien este hecho eterno: Él (Jesús]
cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores" (Mateo 8:17, NVI).

Afirmé que el pacto de sanidad original de Dios estaba expresado en: “Yo soy Jehová tu
senador” (Éxodo 15:26).

146
Fe Bíblica

“Honrar la majestad de nuestro Señor llegó con el versículo: Jesucristo es el mismo ayer, y
hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8).

Luego, declaré:

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el
cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1
Corintios 6:19-20).

Cuando declaré: “Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Marcos 16:18), le
aseguré a Judy que impondría manos sobre ella y que Jesús mimo prometió que sanaría.

El siguiente es precioso: “El corazón alegre constituye buen remedio" (Proverbios 17:22).

Este magnifica el poderoso nombre sobre todos los demás nombres: y por la fe en su
nombre [Jesús], a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe
que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
(Hechos 3:16)

Al día siguiente, Judy me dijo que el versículo en Lucas fue la Palabra que aceleró todo, el
rhema de Dios que le ministró sanidad. Me dijo que cuando terminé de declararlo, ella
dejó de vomitar, ¡y dejó de sangrar! ¿Cuál fue ese dinámico versículo?

“Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar
de esta ligadura en el día de reposo?” (Lucas 13:16).

Declaré: "Y el poder del Señor estaba con él para sanar" (Lucas 5:17).

El siguiente también es precioso, honrando al poderoso Espíritu Santo que mora en


nosotros: “Vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en
vosotros" (Romanos 8:11).

El versículo de Santiago significa derrota para el diablo: "Resistid al diablo, y huirá de


vosotros" (Santiago 4:7). Si no resistimos al diablo, él no va a huir, pero si le resistimos,
tiene que huir!

Este Salmos contiene otra expresión de autoridad: “Dios envió su palabra, y los sanó"
(Salmos 107:20).

"Hablad de todas sus maravillas" (Salmos 105:2). Hablamos de Sus obras esa noche en la
cama de Judy.

147
Fe Bíblica

Este era el siguiente en el alfabeto de sanidad: “Más a vosotros los que teméis mi nombre,
nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación" (Malaquías 4:2).

Este revela el ministerio activo de Jesús: "Porque poder salía de él y sanaba a todos" (Lucas
6:19).

Este quizá sea el versículo que más veces hemos declarado para sanidad: “y por su llaga
fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5).

Después declaré: "Porque de él es mi esperanza" (Salmos 62:5).

Le aseguré a Judy que este siguiente había sido bueno para mí durante todos esos años, y
que ahora ella debía recibirlo: "De modo que te rejuvenezcas como el águila" (Salmos
103:5). Llegué al versículo final de este inspirado grupo: “Anheláis dones espirituales" (1
Corintios 14:12).

Cuando terminé de declarar estos veintiséis versículos de la Biblia sobre mi hija, obedecí a
la Palabra del Señor de imponer mis manos sobre ella para su sanidad. Luego, tuve que
irme del hospital.

Mi corazón estaba lleno de confianza en que el Dios todopoderoso estaba cuidando de


que se cumpliera Su Palabra. (Jeremías 1:12). Ninguna palabra que sale de Su boca vuelve a
Él de vacío (Isaías 55:11), porque Dios no es hombre para que nos mienta. (Números 23:19).

El doctor dijo que podía llamar a la mañana siguiente. Llamé a las 8:00 de la mañana. "Lo
siento Sr. Don, no tenemos nueva información sobre su hija ahora. Vuelva a llamar en una
hora", me dijeron.

Volví a llamar a las 9:00 de la mañana. De nuevo, la respuesta fue la misma. "No tenemos
información que darle aún. Vuelva a llamar en otra hora".

A las 10:00 volví a llamar. La enfermera respondió: "Ahora mismo hay doce doctores
alrededor de la cama de su hija, pero no tengo información que darle. No nos vuelva a
llamar por favor; nosotros le llamaremos".

Esperé pacientemente en la habitación de mi hotel, alabando a Dios en espera de un buen


informe médico. Cuando sonó el teléfono, era el Dr. Clark, y me dijo: "Sr. Don, esto es
increíble. Es como si hubiera dos mujeres diferentes en esa misma cama. Anoche cuando
le extrajimos sangre, los resultados mostraron que la infección era muy fuerte. No le
dimos medicina, porque no sabíamos cómo medicarla.

"Esta mañana volvimos a extraerle sangre, y ahora su sangre está completamente limpia y
pura! Acabamos de dar el alta a su hija de este hospital. Llamaremos a un taxi para el viaje
148
Fe Bíblica

hasta el aeropuerto de Heathrow. ¡Podrá reunirse allí con ella para continuar su viaje de
regreso a Norteamérica esta tarde!".

¡Prácticamente me puse a gritar alabanzas al Señor! Rápidamente hice mi maleta y salí del
hotel. Tomé un autobús que me llevara al aeropuerto de Heathrow, pero con la emoción,
me subí al autobús incorrecto y me tuve que volver a bajar. Cuando finalmente llegué a
Heathrow, ¡Judy me estaba esperando!

Si necesitas sanidad, te recomiendo que afirmes estos veintiséis versículos de la Biblia


enumerados en este capítulo. Contienen la sanidad de Dios para tu espíritu, alma y
cuerpo. ¡Cree y recibe tu sanidad!

¿Cómo lo encontré?

He padecido durante años de problemas nerviosos. A veces era tan insoportable que
parecía que iba a volverme loco. Entonces, un día, estaba visitando a un amigo que
conocía la Palabra, y le hablé de mi padecimiento.

-¿Has leído alguna vez Isaías 53:4-52 - me dijo.

-¿Por qué? Conozco esos versículo s, y desde que era niño. Así que se los recité:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le


tuvimos por azotado) por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su
llaga fuimos nosotros curados.”

Yo conocía esos versículos, pero no significaban nada para mí. Luego mi amigo volvió a
leerlos, y yo escuché cada una de las palabras. Me sentí inquieto. Me preguntaba por qué
yo no lo había visto nunca, así que mirando a mi amigo le dije:

-Estoy curado.

Pero él dijo:

-Aún no has oído el resto-. Se dirigió a Hebreos 9:11-12.

Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más
amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no
por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez
para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

149
Fe Bíblica

Y vi que Cristo había entrado en el Lugar Santísimo con su propia sangre, y que la corte
suprema del universo había aceptado esa sangre como el sello sobre el documento eterno
de mi redención. Volví a Hebreos 1:

“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien


sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de
nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las
alturas.

Y en Hebreos 9:24:

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el
cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”.

Lo vi. Vi a Cristo sentado a la diestra del Padre, y en Hebreos 7:25:

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios,
viviendo siempre para interceder por ellos”.

Entonces entendí Hebreos 9:26: "Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó
una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado". Él
no sólo quitó de en medio pecado, sino que también quitó de en medio mi viejo hombre,
todas mis antiguas enfermedades. Quitó de en medio todo lo malo que hubiera tocado mi
vida.

Luego, mi amigo me preguntó:

-¿Alguna vez te has dado cuenta de Efesios 12?

-¿Cómo? ¡Me sé Efesios 1 de memoria!

Pero cuando él abrió la Biblia en esa parte, vi lo que nunca antes había visto.
Comencemos con el versículo 17:

Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría
y de revelación en el conocimiento de él.

Entonces me di cuenta de que me faltaba más conocimiento de Él. No había comprendido


lo que Él había hecho y lo completa y perfecta que era la obra que había hecho por mí. No
me había dado cuenta de la importancia de la nueva criatura creada en Cristo Jesús.
Ahora vi por primera vez que yo era un ser recreado de manera perfecta, que las cosas
viejas que me tenían en esclavitud habían pasado, y que las cosas nuevas de luz, y vida, y
amor habían tomado su lugar.

150
Fe Bíblica

Y comencé a entender lo que significaba "alumbrando los ojos de vuestro entendimiento,


para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la
gloria de su herencia en [mí]" (Efesios 1:18). Yo nunca había pensado en eso. Dios tenía
una herencia en mí. Nunca antes me había dado cuenta de que Él tenía una herencia que,
según Su opinión, era rica y llena de gloria en mí.

Y luego, Él quería que yo conociera la supereminente grandeza de Su poder a mi favor


como creyente. Él dijo que era según las riquezas de Su poder como efectuó en Cristo Su
resurrección de los muertos. En otras palabras, la capacidad que había en Cristo es mía.

Luego, vi en Efesios 1:20-24 que:

Dios hizo que Cristo se sentara a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo
principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en
este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por
cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que
todo lo llena en todo.

Luego, Efesios 2:6 me alcanzó y se aferró a mi corazón: “y [Él] juntamente con él [me]
resucitó, y asimismo [me] hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús". Vi que
me identificaba con Él, que yo estaba sentado con Él en ese lugar de autoridad, y vi que yo
tenía dominio sobre los demonios; tenía dominio sobre la enfermedad en ese nombre.

Dios le dio a Él el nombre que es sobre todo nombre: de los seres de la tierra, debajo de la
tierra y sobre la tierra. (Filipenses 2:9-10). En esos tres mundos, cada ser está sometido a
ese nombre, y ahora Él me da los poderes para usar ese nombre. Él me ha dado dominio, y
tengo que representarle en el mundo. No puedo representarle si el diablo es mi señor, o si
mi cuerpo está lleno de enfermedad, pero ahora veo que la enfermedad ha sido quitada de
en medio.

Él me ha hecho Su justicia en Cristo, y no sólo Su justicia, sino que también me ha dado la


autoridad que está representada en Su nombre.

Dios estaba diciendo, en efecto: "Ahora ve y haz discípulos a todas las naciones. Yo te he
capacitado. Te he dado mi capacidad, puedes reírte de tu enemigo porque Cristo ha sido
hecho para ti la sabiduría de Dios. Tienes una sabiduría mayor que la sabiduría del
adversario, y una capacidad que es mayor que la capacidad del adversario. Hoy eres un
señor, porque Yo estoy en ti, y Yo soy mayor".

151
Fe Bíblica

Lo entendí, y lo dije: "Satanás, ¿Has oído estos versículos? ¿Ves lo que sé ahora? Estás
derrotado. Soy un vencedor, tengo dominio. Si estuviera en tu lugar, ¡Me iría ahora
mismo!".

Ahora camino por fe, fe en el Hijo de Dios que me amó y se dio a Sí mismo por mí. He
comprendido ahora que somos uno.

Mi confesión.

Nuestras palabras nos dan nuestro estatus entre los hombres. De la misma forma,
nuestras palabras nos dan un estatus con el adversario y con la Palabra.

Si, como hijo de Dios, hago una confesión de enfermedad y fracaso, voy al nivel de esa
confesión. Si siempre confieso victoria y salud, y proclamo que mis necesidades están
cubiertas, voy al nivel de esa confesión.

Esta es una pequeña confesión que escribí. Nunca antes se la he leído a nadie, pero voy a
escribirla aquí para ti. Padre mío, a través de Jesucristo, Tu Hijo, he recibido vida eterna,
Tu naturaleza. Me ha hecho uno contigo. Me ha hecho lo que Tú has declarado que soy
en Cristo. Como el pámpano es a la vid, así yo soy tuyo y Tú eres mío.

Mi corazón canta esta canción de profunda unidad contigo, Padre mío; de mi profunda
unidad contigo, mi Señor.

Tu naturaleza es amor, así que mi naturaleza es amor. De mi interior fluye amor para toda
la humanidad. Soy, al igual que Tú, un amante. A través de mí, fluye este río de amor sin
obstáculo alguno.

Tú eres la fuente dentro de mí, una fuente de salud perfecta y vida vibrante. Este río de
vida me llena de salud y gozo. Mi cuerpo es Tu casa, uno de Tus lugares santísimos donde
Tú no estás escondido, sino visible. Es el hogar de la salud, el hogar del amor. Tú le has
hecho a Él, mi resucitado Señor, mi Sabiduría.

Al fin ahora sé cómo usar el conocimiento de la revelación. Sé cómo usar el conocimiento


de los sentidos. Mi unión contigo me hace dominar las circunstancias, porque he
aprendido cómo dejarte que tengas libertad en mí, dejarte poner Tu misma naturaleza en
mí. Esto me ha liberado de la vieja esfera del temor y la duda.

Jesús me ha dado los poderes, el derecho legal de usar Su nombre, a fin de que pueda
actuar por Él, tomar Su lugar, hacer la obra que Él hizo, y llevar a cabo las obras que Él
comenzó. Tu capacidad se ha convertido en mi capacidad. Tu gracia se ha apoderado de
mí, y soy esclavo de Tu amor. Me ha dominado sobremanera, y me he convertido en un

152
Fe Bíblica

esclavo por amor de Tu Hijo. Estás viviendo en mí y a través de mí. Tu vida y Tu


naturaleza amante me dominan. Tú eres la fuerza de mi vida.

Esta vida es como una fuente dentro de mí. Recuerdo lo que dijo el Maestro en Juan 7:38:
que de mi interior correrían torrentes de agua viva. Este ha sido mi sueño: poder ser una
pequeña fuente a través de la cual puedas hacer fluir diariamente Tu vida a través de mí
para bendecir este árido y desértico mundo.

He podido conocer la realidad del versículo: "mayor es el que está en vosotros) que el que
está en el mundo" (1 Juan 4:4). A Ti, poderoso Dios amante, te doy Tu lugar en mí. Tú,
poderoso Dios Padre, haz Tu obra creativa a través de mí. Que no haya nada que te lo
impida en mi vida. ¡Qué gracia has desvelado para permitirme usar tu Palabra viva! ¡En
mis labios, Tus palabras se con- vierten en palabras de sanidad, palabras que dan fe y
palabras que dan vida!

¡Levántate, mi Padre, y sé grande en mí! Cuántas veces mi corazón ha clamado que


puedas ser un Dios del tamaño de Dios en mí, para que puedas derramar te a Ti mismo a
través de mí en palabras y acciones, que cada parte de mi ser pueda estar bajo Tu
dirección.

No pido sanidad, porque por Su llaga he sido sanado. No pido fortaleza, porque Él es la
fuerza de mi vida. No pido que me llenes, porque Él es mi plenitud. No pido justicia,
porque yo soy Su justicia en Cristo. No pido poder, porque Él está en mí y todo el poder
está ahora en mí. Estoy pensando en Su capacidad en mí, en Su naturaleza de amor que
me gobierna, y en Su sabiduría como una lámpara para guiarme a toda verdad. Te dejo
suelto en mí. Dejo que uses mis capacidades, que hables a través de mis labios y sanes a
través de mis manos.

Estoy lleno de Tu plenitud. Tu sabiduría y Tu amor son míos. La amabilidad y grandeza


del amor son mías. Tu propia firmeza tierna se ha convertido en parte de mí. Estoy
descansando en Tu descanso. Tu paz me mantiene tranquilo. Soy tuyo, y Tú eres mío. La
vida es grande contigo en ella.

La Fe en Teología
Observaciones preliminares.

EL primer ejercicio consciente del alma renovada es la fe; así como el primer ejercicio
consciente de un ciego de nacimiento cuyos ojos han sido abiertos es la visión. Así es con

153
Fe Bíblica

el creyente. Tan pronto como sus ojos son abiertos por la renovación del Espíritu Santo,
está en un mundo nuevo. Las cosas viejas pasaron, he aquí, todas son hechas nuevas. La
aprehensión de «las cosas de Dios» como verdaderas se encuentra en la base de todos los
ejercicios del alma renovada. La discusión de si la fe precede al arrepentimiento, o el
arrepentimiento a la fe no puede darse si se está de acuerdo en el significado de las
palabras. A no ser que la fe se limite a algunos de sus ejercicios especiales, no puede
dudarse de que en el orden natural tiene que preceder al arrepentimiento. El
arrepentimiento es el volverse del alma del pecado a Dios, y a no ser que sea producido
por una aprehensión creyente de la verdad no es siquiera un acto racional. Por cuanto en
las Escrituras se le asigna tanta importancia a la fe, por cuanto todas las promesas de Dios
se dirigen a los creyentes, y por cuanto todos los ejercicios conscientes de la vida
espiritual involucran el ejercicio de la fe, sin la que son imposibles, no se puede
sobrevalorar la importancia de esta gracia. Para el teólogo y para el cristiano práctico es
indispensable tener ideas claras y correctas sobre esta cuestión, de especial dificultad.
Dificultad que surge en parte por la naturaleza de la cuestión; en parte por el hecho de
que el uso ha dado al término fe tantos significados diferentes; en parte por las
definiciones arbitrarias que le han dado filósofos y teólogos; y en parte por la gran
diversidad de aspectos bajo la que es presentada en la Palabra de Dios.

La naturaleza psicológica de la fe.

La fe, en el sentido más amplio del término, es asentimiento a la verdad, o la persuasión


de la mente de que algo es cierto. En un lenguaje popular ordinario decimos que creemos
aquello que consideramos cierto. El elemento primario de la fe es confianza . La idea
primaria de verdad es aquello que es digno de confianza; aquello que sustenta nuestras
expectativas, que no frustra, porque realmente es aquello que se supone o que se declara
ser. Se opone a lo engañoso, lo falso, lo irreal, lo vacío y lo carente de valor. Considerar
algo como verdadero es considerarlo como digno de confianza, como siendo lo que
declara ser. Por tanto, fe, en el sentido global y legítimo de la palabra, es confianza.

La fe es una convicción basada en el testimonio.

Dice Agustín: «Conocemos lo que descansa sobre la razón; creemos lo que descansa
sobre la autoridad» Entre los escolásticos, esta era la idea prevalente. Cuando definieron
la fe como la persuasión de cosas que no se ven, se referían a aquellas cosas que recibimos
como ciertas en base de la autoridad, y no porque podemos conocerlas o demostrarlas.
Por ello se decía constantemente: la fe es humana cuando reposa en el testimonio de los
hombres; divina cuando reposa en el testimonio de Dios. Tomás de Aquino dice: 1 «La fe
de que hablamos no asiente a nada excepto porque sea revelado por Dios». Creemos en
base de la autoridad de Dios, y no porque veamos, conozcamos o sintamos que algo sea

154
Fe Bíblica

cierto. Éste es el sentido de la enseñanza del gran cuerpo de teólogos escolásticos. Ésta
fue también la doctrina de los Reformadores y de los teólogos posteriores, tanto
Luteranos como Reformados. Owen: 2. «Toda fe es asentimiento a un testimonio; y la fe
divina es el asentimiento a un testimonio divino». John Howe: 3. Pregunta: « ¿Por qué
creo que Jesús es el Cristo? Porque el Dios eterno ha dado Su testimonio acerca de Él que
lo es.» «La creencia de un hombre llega a no ser nada sin esto, que hay un testimoni o
divino.» Una vez más:" «Creo aquello tal como Dios lo revela, porque me ha sido dada por
autoridad de Dios. El Obispo Pearson: 4, dice: «Cuando se nos propone algo que no es ni
evidente para nuestros sentidos, ni a nuestro entendimiento, en y por sí mismo, ni que
podamos conseguir de ninguna clara y necesaria conexión con la causa de la que procede,
o de los efectos que naturalmente produce, ni es aceptado en base de ningunos
verdaderos argumentos ni por referencia a otras verdades reconocidas, y sin embargo nos
aparece como verdadero, no por una manifestación, sino por testimonio de la verdad, y
así nos lleva al asentimiento no por sí mismo, sino en virtud del testimonio que se da de
ello; de esto se dice propiamente que es creíble; y el asentimiento a esto, en base de tal
credibilidad, es el concepto apropiado de fe o de creencia.»

Esta postura acerca de la naturaleza de la fe es recibida casi universalmente no sólo por


teólogos, sino por filósofos y por la masa del pueblo cristiano. La gran cuestión ha sido
siempre si hemos de recibir la verdad en base de la autoridad, o en base de la evidencia
racional. Leibnitz comienza su «Discours de la Conformité de la Foi avec la Raison»
diciendo: «Supongo yo que dos verdades no se van a contradecir; que el objeto de la fe es
la verdad que Dios ha revelado de una manera extraordinaria, y que la razón es el
encadenamiento de verdades, más particularmente (una vez comparadas con la fe) de
aquellas que el espíritu humano puede alcanzar naturalmente, sin ayuda de la luz de la
fe».

Ya se ha admitido que el elemento esencial de la fe es confianza. pero en el sentido


estricto y especial de la palabra, como distinta de conocimiento y opinión, la fe significa la
creencia de cosas no vistas, sobre la base de testimonio. Pero por testimonio no se
significa meramente la afirmación de un testigo inteligente. Hay otros métodos por los
que se puede dar un testimonio aparte de una afirmación. Un sello es una forma de
testimonio; lo mismo una señal. Lo mismo es todo aquello que compromete la autoridad
del testigo de la verdad a establecer. Cuando Ellas declaró que Jehová era Dios y Baal una
mentira, dijo: «El Dios que responda por medio de fuego, ése sea Dios.» El descenso del
fuego fue el testimonio de Dios en favor de la verdad de la declaración del profeta. Así, en
el Nuevo Testamento se dice que Dios dio testimonio de la verdad del Evangelio tanto
con señales como con prodigios y diversos milagros y dones distribuidos por el Espíritu
Santo (Heb. 2:4); y se dice del Espíritu de Dios que da testimonio con nuestros espíritus

155
Fe Bíblica

de que somos hijos de Dios (Ro. 8: 16). La palabra, en estos casos, es marturo, testificar.
Así, cuando se dice que la fe se basa en testimonio, se significa que no se basa en los
sentidos, ni en la razón, ni en los sentimientos, sino en la autoridad de aquel por quien es
autenticado.

Prueba en base del uso general del término.

Se puede argumentar que ésta es la base y la característica distintiva de la fe. En base del
uso general del término. Se dice que conocemos lo que vemos o podemos demostrar; y
que creemos lo que consideramos verdadero sobre la base de la autoridad de otros. Esto
se admite cierto de lo que se llama fe histórica. Y esto incluye bastante; todo lo que está
registrado acerca del pasado; todo lo cierto de cosas actuales que no caen dentro de la
esfera de nuestra observación personal; todos los hechos de la ciencia tal como los reciben
las masas; y casi todo el contenido de la Biblia, sea del Antiguo o del Nuevo Testamento.
Las Escrituras constituyen el registro de la historia de la creación, de la caída, de la
redención. El Antiguo Testamento es la historia de los pasos preparatorios de esta
redención. El Nuevo Testamento es una historia del cumplimiento de las promesas y de
los tipos del Antiguo en la encarnación, vida, padecimientos, muerte y resurrección del
Hijo de Dios. Todo el que crea este registro certifica que Dios es veraz, y es hijo de Dios.

Prueba de la consciencia.

En segundo lugar, la consciencia nos enseña que ésta es la naturaleza de la fe no sólo


cuando sus objetos son hechos históricos, sino también cuando las cosas a creer son
proposiciones. Ambas cosas son ciertamente a menudo inseparables. Que Dios sea el
creador del mundo es a la vez un hecho y una doctrina. Es, como dice el Apóstol, cuestión
de fe. Creemos en base de la autoridad de las Escrituras, las cuales declaran que «En el
principio Dios creó los cielos y la tierra». Que Dios envió a Su Hijo como propiciación por
nuestros pecados es una doctrina. Reposa únicamente sobre la autoridad de Dios. Lo
recibimos en base de Su testimonio. Así es con todas las grandes doctrinas de la gracia; de
la regeneración; de la justificación; de la santificación, y de una vida futura. ¿Cómo
sabemos que Dios aceptará a todos los que creen en Cristo? ¿Quién puede conocer las
cosas de Dios, excepto el Espíritu de Dios, y aquel a quien el Espíritu se las revele? (1 Co.
2: 10-11). Por la naturaleza del caso, «las cosas del Espíritu», los pensamientos y propósitos
de Dios, pueden ser conocidos sólo por revelación, y pueden ser recibidos sólo en base de
la autoridad de Dios. No son objetos ni de los sentidos ni de la razón.

Prueba de la Escritura.

Es la uniforme enseñanza de la Biblia que la fe se basa en el testimonio o autoridad de


Dios. La primera prueba de ello es el hecho de que las Escrituras nos vienen
156
Fe Bíblica

bajo la forma de una revelación de cosas que no podríamos saber de otra manera. Los
profetas del Antiguo Testamento fueran mensajeros, la boca de Dios, para declarar lo que
el pueblo debía creer, y qué debían hacer. El Nuevo Testamento es llamado «El
testimonio de Jesús». Cristo vino, no como filósofo, sino como testigo. Él le dijo a
Nicodemo: «Hablamos lo que sabemos, y testificamos de lo que hemos visto; y no recibís
nuestro testimonio» (Jn. 3:11). «El que viene de arriba está por encima de todos; el que es
de la tierra, es terrenal, y habla cosas terrenales; el que viene del cielo, está sobre todos. Y
lo que ha visto y oído, de eso testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su
testimonio, ése certifica que Dios es veraz» (vv. 31-33). De la misma manera los Apóstoles
fueron testigos. Como tales fueron designados (Lc. 24:48). Después de Su resurrección e
inmediatamente tras Su ascensión, nuestro Señor les dijo: «Recibiréis poder, cuando haya
venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hch. 1:8). Cuando declaraban la muerte y
resurrección de Cristo como hechos que debían ser creídos, decían: «De lo que nosotros
somos testigos» (Hch. 2:32; 3:15; 5:32). En este último pasaje los Apóstoles dicen que
fueron testigos no sólo del hecho de la resurrección de Cristo, sino de que Dios «a éste, ha
exaltado con su diestra por Jefe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de
pecados». Véase Hechos 10:39-43, donde se dice: «y nos encargó que predicásemos al
pueblo, y testificásemos solemnemente que él es el designado por Dios como Juez de
vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todo el que crea en él,
recibirá perdón de pecados por su nombre.»

La gran queja contra los Apóstoles, especialmente en las ciudades de Grecia, era que no
presentaban sus doctrinas como proposiciones para ser demostradas; ni siquiera
declaraban las bases filosóficas sobre las que reposaban ni trataban de sustentarlas ante el
tribunal de la razón. La respuesta que San Pablo da a esta objeción es doble: Primero, que
la filosofía, la sabiduría de los hombres, había demostrado ser absolutamente
incompetente para resolver los grandes problemas de Dios y del universo, del pecado y de
la redención. De hecho, no era ni más ni menos que insensatez, por lo que respecta a
todas sus especulaciones acerca de las cosas de Dios. Segundo, que las doctrinas que él
enseñaba no eran verdades de la razón, sino asuntos de revelación; que se debían recibir
no sobre una base racional o filosófica, sino en base de la autoridad de Dios; que ellos, los
Apóstoles, no eran filósofos, sino testigos; que ellos no argumentaban empleando las
palabras de la sabiduría humana, sino que simplemente exponían los consejos de Dios, y
que la fe en las doctrinas de ellos no debía reposar en la sabiduría de los hombres, sino en
el poderoso testimonio de Dios.

La segunda prueba de que las Escrituras enseñan que la fe es la recepción de la verdad


sobre la base del testimonio o sobre la autoridad de Dios, es que lo que se nos manda

157
Fe Bíblica

hacer es recibir el registro que Dios ha dado de Su Hijo. Esto es fe: recibir como cierto lo
que Dios ha testificado, y por cuanto Él lo ha testificado. «El que no cree a Dios, le ha
hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su
Hijo.» Aquí el texto griego es ou pepisteukeneis ten marturian hen memartureken ho Theos
peri tou huiou hautou, «no cree el testimonio que Dios testificó acerca de su Hijo». «Y éste
es el testimonio (he marturiai) que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su
Hijo» (1 Jn. 5:10-11). Difícilmente podría haber una declaración más clara de la doctrina
escrituraria en cuanto a la naturaleza de la fe. Su objeto es lo que Dios ha revelado. Su
base es el testimonio de Dios. Recibir este testimonio es certificar que Dios es veraz.
Rechazarlo es hacer mentiroso a Dios. «Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor
es el testimonio de Dios; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado acerca
de su Hijo.»

Ésta es la constante enseñanza de la Escritura. La base sobre la que estamos autorizados y


mandados a creer es no la conformidad de la verdad revelada con nuestra razón, ni su
efecto sobre nuestros sentimientos, ni que suple a las necesidades de nuestra naturaleza y
condición, sino simplemente: «Así dice el Señor.» Las verdades de la revelación sí que se
recomiendan a nuestra razón; sí que poderosa y legítimamente afectan a nuestros
sentimientos; sí que suplen nuestras necesidades como criaturas y pecadores; y estas
consideraciones pueden inclinamos a creer, pueden fortalecer nuestra fe, conducimos a
abrigarla y a hacerla gozosa y eficaz. Pero no constituyen su base. Creemos en base del
testimonio o autoridad de Dios.

Se objeta frente a esta postura que creemos la Biblia como la Palabra de Dios sobre otra
base que la del testimonio. El cumplimiento de profecías, los milagros de sus autores, su
contenido, y los efectos que produce, son razones racionales para creer que es de Dios. A
esta objeción se pueden dar dos respuestas: Primera, que los acontecimientos
sobrenaturales, como las profecías y los milagros, son algunas de las maneras en que se da
el testimonio divino. Pablo dice que Dios dio «señales, prodigios y diversos milagros»
(Heb. 2:4). Y segundo que el fin inmediato de estas manifestaciones de previsión divina y
poder era autenticar la misión divina de los mensajeros de Dios. Quedando esta misión
establecida, el pueblo era llamado a recibir su mensaje y a creer en base de la autoridad de
Dios, por quien habían sido enviados.

La tercera prueba de que las Escrituras enseñan que la fe es una recepción de verdad
sobre la base del testimonio se encuentra en los ejemplos e ilustraciones de la fe que se
dan en las Escrituras. Inmediatamente después de la caída. fue dada la promesa a
nuestros primeros padres que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.
¿Sobre qué otra posible base podía reposar la fe en esta promesa, excepto sobre la

158
Fe Bíblica

autoridad de Dios? Cuando Noé fue advertido por Dios acerca del diluvio que se
avecinaba, y le fue ordenado que preparara el arca, creyó, no porque vio señales del
diluvio que se avecinaba, ni porque su juicio moral le asegurara que Dios vengaría de
aquella manera Su ley violada; sino simplemente en base del testimonio de Dios.
Igualmente cuando Dios le prometió a Abraham la posesión de la tierra de Canaán, que
él, un anciano sin hijos, vendría a ser padre de muchas naciones, que por medio de su
simiente serían benditas todas las naciones de la tierra, su fe no pudo tener otra base que
la autoridad de Dios. Lo mismo sucede con cada ilustración de fe dada por el Apóstol en
el capítulo once de su Epístola a los Hebreos. Y lo mismo tenemos en toda la Biblia. No
tenemos base para nuestra fe en un mundo espiritual, en el cielo y el infierno descritos en
la Escritura, en la doctrina de la redención, en la seguridad y triunfo definitivo de la
Iglesia, aparte del testimonio de Dios. Si la fe no descansa en el testimonio, no tiene nada
donde descansar, Pablo nos dice que todo el evangelio reposa sobre el hecho de la
resurrección de Cristo de entre los muertos. Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe,
y estamos todavía en nuestros pecados. Pero nuestra certidumbre de que Cristo resucitó
al tercer día reposa sólo sobre el testimonio que Dios ha dado de varias maneras a este
hecho.

Éste es un punto de gran importancia práctica. Si la fe, o nuestra persuasión de las


verdades de la Biblia, reposan sobre bases filosóficas, entonces queda abierta la puerta al
racionalismo; si reposa sobre sentimientos, entonces queda abierta al misticismo. El único
fundamento seguro y satisfactorio es el testimonio de Dios, que no puede errar, y que no
engañará.

Por ello, la fe puede ser definida como la persuasión de la verdad basada en el testimonio.
La fe del cristiano es la persuasión de la verdad de los hechos y doctrinas registrados en
las Escrituras en base del testimonio de Dios.

Diferentes clases de fe.

Aunque se admite la definición anterior, se debe admitir que hay diferentes clases de fe.
En otras palabras, el estado mental que designa la palabra es muy diferente en un caso de
lo que es en otros. Esta diferencia surge en parte de la naturaleza de sus objetos, y en
parte de la naturaleza o forma del testimonio en que se basa. Una cosa es fe en un hecho
histórico o en una verdad especulativa; otra cosa es fe en verdad estética; otra cosa es fe
en una verdad moral; otra cosa es fe en la verdad espiritual, y especialmente fe en la
promesa de la salvación que se nos da. Esto es, el estado de mente llamado fe es muy
diferente en cualquiera de estos casos de lo que es en los demás. También el testimonio
que Dios da de la verdad es de diferentes clases. En una de sus formas va dirigido
especialmente al entendimiento; en otro a la conciencia; en otro a nuestra naturaleza

159
Fe Bíblica

regenerada. Ésta es la causa de la diferencia entre fe especulativa, fe temporal y fe


salvadora.

Fe muerta, o especulativa.

Hay muchos que creen que la Biblia es la Palabra de Dios; que reciben todo lo que enseña:
y que son perfectamente ortodoxos en sus creencias doctrinales es. Si se les pregunta por
qué creen, puede que no sepan qué responder. La reflexión pudiera llevarles a decir que
creen porque otros creen. Reciben su fe por herencia. Les enseñaron a creer así desde sus
más tiernos años. La Iglesia a la que pertenecen inculca esta fe, y les es enseñada como
verdadera y necesaria. Otros de mayor cultura pueden decir que la evidencia del origen
divino de la Biblia, tanto externa como interna, da satisfacción a sus mentes, y les produce
la convicción racional de que las Escrituras son una revelación de Dios, y reciben su
contenido en base de Su autoridad. Esta fe, tal como enseña la experiencia, es
perfectamente compatible con una vida mundana o malvada. Esto es lo que la Biblia
llama una fe muerta.

Fe temporal.

Por otra parte, no hay nada más común que el hecho de que el Evangelio produzca una
impresión temporal, más o menos profunda y duradera. Los que han recibido esta
impresión creen. Pero al no tener raíz en sí mismos, más pronto o más tarde se apartan.
Es también una experiencia común que hombres totalmente indiferentes, o incluso
escépticos, en un tiempo de peligro, o al avecinarse la muerte, quedan profundamente
convencidos de las certidumbres de aquellas verdades religiosas previamente conocidas,
pero hasta ahora descuidadas o rechazadas. Esta fe temporal se debe a la gracia común;
esto es, a aquellas influencias del Espíritu comunes en mayor o menor medida a todos los
hombres, que obran en el alma sin renovarla, y que revelan la verdad a la conciencia, y
hacen que produzca convicción.

Fe salvadora.

La fe que asegura la vida eterna; que nos une a Cristo como miembros vivos de Su cuerpo;
que nos hace hijos de Dios; que nos hace partícipes de todos los beneficios de la
redención; que obra por el amor, y es fructífera en buenas obras, se basa no en la
evidencia externa o moral de la verdad, sino en el testimonio del Espíritu con y mediante
la verdad al alma renovada.

Qué significa el testimonio del Espíritu.

160
Fe Bíblica

Es necesario, antes de ir más adelante, determinar qué se significa por el testimonio del
Espíritu, del que se dice que es la base de la fe salvadora. Dios, o el Espíritu de Dios, da
testimonio de la verdad de las Escrituras y de las doctrinas que contienen. Este
testimonio, como se ha visto, es en parte externo, consistiendo en profecías y milagros, y
en parte en la naturaleza de las mismas verdades en la relación que tienen con los
elementos intelectuales y morales del alma, y en parte es específico y sobrenatural. Los
hombres irregenerados pueden sentir el poder de las dos primeras clases de testimonio, y
creer con una fe meramente intelectual y especulativa, o, tal como puede ser denominada
por su base, con una fe moral, sólo temporal. La forma espiritual del testimonio está
limitada a los regenerados. Naturalmente, es inescrutable. Las operaciones del Espíritu no
se revelan en la consciencia de otra manera que por sus efectos. Sabemos que los hombres
nacen por el Espíritu, que el Espíritu mora en el pueblo de Dios y que influencia
continuamente sus pensamientos, sentimientos y acciones. Pero sabemos esto sólo por la
enseñanza de la Biblia, no porque tengamos consciencia de sus operaciones. «El viento
sopla donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene, ni adónde va; así es
todo aquel que es nacido del Espíritu» (Jn 3:8).

Este testimonio del Espíritu no es una afirmación de que la Biblia es la Palabra de Dios.
Tampoco es producto de una convicción ciega e ininteligente de este hecho. No se dirige,
como sucede con el testimonio humano, desde fuera a la mente, sino que está dentro de
la misma mente. Es una influencia destinada a producir fe. Se llama un testimonio porque
recibe este nombre en la Escritura; y porque tiene la naturaleza esencial de un testimonio,
por cuanto es la prenda de la autoridad de Dios en apoyo de la verdad.

Los efectos de este testimonio interior son: (1) Lo que las Escrituras llaman
«discernimiento espiritual». Esto significa dos cosas: Un discernimiento debido a la
influencia del Espíritu; y un discernimiento no sólo de la verdad, sino también de la
santidad, excelencia y gloria de las cosas que se disciernen. La palabra espiritual significa,
en este sentido, conformado a la naturaleza del Espíritu. Por esto es que se dice que la
leyes espiritual, esto es, santa, justa y buena. (2) Un segundo efecto necesariamente
derivado del acabado de mencionar es deleite y complacencia, o amor. (3) La aprehensión
de lo apropiado de las verdades reveladas, a nuestra naturaleza y necesidades. (4) La firme
convicción de que estas cosas no sólo son verdaderas, sino divinas. (5) Los frutos de esta
convicción, esto es, de la fe así producida, son las buenas obras: santidad de corazón y de
vida.

Por ello, cuando se le pregunta a un cristiano por qué cree las Escrituras y las doctrinas en
ella contenidas, su sencilla respuesta es: En base del testimonio o autoridad de Dios. ¿De
qué otra manera podría saber que el universo fue creado por Dios, que nuestra raza

161
Fe Bíblica

apostató de Dios, que Él envió a Su Hijo para nuestra redención, que la fe en Él logrará la
salvación? La fe en estas verdades no puede tener otra base más que el testimonio de
Dios. Si se pregunta cómo testifica Dios de la verdad de la Biblia, y la persona a la que se
le ha hecho la pregunta, responderá. De todas las maneras concebibles: mediante señales,
maravillas y milagros; mediante la exhibición que hace la Biblia de conocimiento divino,
de excelencia, de autoridad y de poder. Si fuera una persona sin conocimientos, puede
que simplemente diga: «Mientras que antes era ciego, ahora veo.» Este hombre, y en
verdad cada cristiano, pasa de un estado de incredulidad a uno de fe salvadora no por
ningún proceso de investigación o de argumentación, sino de experiencia interior. El
cambio puede tener lugar, y a menudo sucede, en un momento. La fe de un cristiano en la
Biblia es, como ya se ha observado antes, análoga a la que todos los hombres tienen en la
ley moral, que reconocen no sólo como verdad, sino como poseyendo la autoridad de
Dios. Lo que el hombre natural percibe con respecto a la ley moral, el hombre renovado
queda capacitado para percibirlo con respecto a «las cosas del Espíritu», mediante el
testimonio del Espíritu con y mediante la verdad a su corazón.

Prueba por medio de declaraciones expresas de las Escrituras .

Nuestro Señor prometió enviar el Espíritu con este preciso propósito. «Él redargüirá al
mundo de pecado», especialmente del pecado de no creer en Cristo; «de justicia», esto es,
de la justicia de Él, de la justicia de Sus demandas de ser considerado y recibido como el
Hijo de Dios, Dios manifestado en carne, y el Salvador del mundo; «y de juicio», esto es,
del derribo final del reino de las tinieblas y del triunfo definitivo del reino de la luz. (Jn .
16: 8.) Así, la fe es siempre expuesta en la Escritura como uno de los frutos del Espíritu,
como don de Dios, como producto de Su energía (pistis tes energeias tou Theou) (Col. 2:
12). Se dice que los hombres creen en virtud del mismo poder que obró en Cristo cuando
Dios le resucitó de entre los muertos (Ef. 1: 19-20). El Apóstol Pablo establece de manera
elaborada la base de la fe en el segundo capítulo de Primera a los Corintios. Declara que
para su apoyo no se basaba en las palabras atractivas de la sabiduría humana, sino en la
demostración del Espíritu, a fin de que la fe de los oyentes no descansara en la sabiduría
de los hombres, sino en el poder de Dios. La fe no debía reposar en la argumentación, en
pruebas históricas o filosóficas, sino en el testimonio del Espíritu. El Espíritu demuestra la
verdad a la mente, esto es, produce la convicción de su veracidad, y conduce al alma a
abrazarla con certidumbre y deleite. Ya se han citado pasajes que enseñan que la fe reposa
en el testimonio de Dios, y que la incredulidad consiste en el rechazamiento de este
testimonio. El testimonio de Dios es dado por medio del Espíritu, cuya función es tomar
las cosas de Cristo, y mostrárnoslas. El Apóstol Juan dice a sus lectores: «Más vosotros
tenéis la unción del Santo, y sabéis todas las cosas, la unción que recibisteis de él
permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os ensené; sino que así como

162
Fe Bíblica

la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, así también,
según ella os ha enseñado, permaneced en él» (1 Jn. 2:20,27). Este pasaje enseña: (1) Que
los verdaderos creyentes reciben de Cristo (el Santo) una unción. (2) Que esta unción es
el Espíritu Santo. (3) Que asegura el conocimiento y la convicción de la verdad. (4) Que
esta enseñanza interior que los hace creyentes es permanente, y que los asegura en contra
de la apostasía.

De esta manera, en las Escrituras la fe está basada en el testimonio de Dios. Como ya se


ha dicho, por testimonio se significa atestación, todo aquello que certifica la autoridad del
testigo en favor de la verdad a establecer. Como este testimonio es de distintas formas,
también la fe que produce es diferente. Hasta ahí donde el testimonio es meramente
externo, la fe que produce es simplemente histórica o especulativa. Hasta ahí donde el
testimonio es moral, consistiendo en el poder que el Espíritu da a la verdad sobre la
conciencia natural, la fe es temporal, dependiendo del estado mental que es su causa
inmediata. Además de estos, tenemos el testimonio interior del Espíritu, que es de tal
naturaleza y poder que produce una perfecta revolución en el alma, comparado en la
Escritura con el efectuado por la apertura de los ojos de un ciego a la realidad, a las
maravillas y a las glorias de la creación. Así, existe entre una fe reposando sobre este
testimonio interior del Espíritu y una mera fe especulativa toda aquella diferencia que
existe entre la convicción que tiene un ciego de las maravillas de la naturaleza antes y
después de que le sean abiertos los ojos. Por cuanto este testimonio es informativo,
capacitando al alma para ver la verdad y la excelencia de «las cosas del Espíritu» hasta allí
donde está involucrada la consciencia del creyente, su fe es una forma de conocimiento.
Ve que es cierto lo que el Espíritu revela y refrenda,

Fe y conocimiento.

La relación de la fe con el conocimiento es ancho campo. Las discusiones acerca de esta


cuestión han sido variadas e interminables. Es poco probable que las cuestiones bajo
discusión sean jamás resueltas para satisfacción de todas las partes. La base de la fe es la
autoridad. La base del conocimiento es los sentidos o la razón. Aquí sólo nos atañe la fe
cristiana, esto es, la fe que recibe las Escrituras como la Palabra de Dios y todo lo que
enseñan como ciertas en base de Su autoridad.

La suposición de que la razón y la fe son incompatibles; de que tenemos que saltar a la


irracionalidad a fin de llegar a ser creyentes, es, sea cual sea su intención, el lenguaje de la
incredulidad: porque la fe en lo irracional es necesariamente irracional ella misma. Es
imposible creer que sea cierto aquello que la mente contempla como falso. Esto sería
creer y descreer lo mismo al mismo tiempo. Así, si fuera cierto lo que afirman los
modernos filósofos, que es imposible que un ser infinito pueda ser una persona, entonces

163
Fe Bíblica

la fe en la personalidad de Dios sería imposible. Entonces no podría haber religión, ni


pecado, ni responsabilidad, ni inmortalidad. La fe no es una convicción ciega, irracional.
A fin de creer tenemos que saber lo que creemos, y la base sobre la que reposa nuestra fe.
Y por esta razón el refugio que algunos buscan en la fe, huyendo del escepticismo
universal al que según ellos conduce necesariamente la razón, es un refugio inseguro y sin
valor.

Aunque admitiendo que las verdades de la revelación deben ser recibidas en base de la
autoridad de Dios; que la razón humana no puede ni abarcarlas ni demostrarlas; que un
hombre tiene que ser convertido y transformado como un niñito antes que pueda
verdaderamente recibir las doctrinas de la Biblia; y admitiendo, además, que estas
doctrinas son irreconciliables con cualquiera de los sistemas filosóficos, siempre
construidos por aquellos que rehúsan ser enseñados por Dios, o que ignoraban Su
Palabra, se debe sin embargo mantener que estas doctrinas son inexpugnables; que
ningún intelecto creado puede demostrar que son imposibles o irracionales. Pablo,
rechazando como rechazaba la sabiduría del mundo, mantenía con todo que él enseñaba
una más alta sabiduría, la sabiduría de Dios (1 Co. 2:6, 7). ¿Y quién osará decir que la
sabiduría de Dios es irracional?

El conocimiento, esencial para la fe.

Los Protestantes admiten naturalmente que los misterios, o verdades que somos
incapaces de comprender, pueden ser, y son, objetos legítimos de la fe. Repudian la
doctrina racionalista de que podemos creer sólo aquello que podemos comprender y que
podemos demostrar, o al menos elucidar, de manera que se vea cierto bajo su propia luz.
Lo que los Protestantes mantienen es que el conocimiento, esto es, la cognición del
sentido de la proposición a ser creída, es esencial para la fe, y, por consiguiente, que la fe
está limitada por el conocimiento. Sólo podemos creer aquello que conocemos, esto es,
aquello de lo que tenemos una aprehensión inteligente. Si se nos anuncia una proposición
en una lengua desconocida, no podemos afirmar nada acerca de la misma. No podemos ni
creerla ni descreerla. Si la persona que hace la declaración afirmara que es verdadera, si
tenemos confianza en su competencia e integridad, podemos creer que dice la verdad,
pero la proposición misma no forma parte de nuestra fe. El Apóstol reconoce esta verdad
evidente cuando dice: «Así también vosotros, si por la lengua no dais palabra bien
comprensible (eu semon logon), ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al
aire. Si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que
habla será como extranjero para mí. Si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa el lugar
de oyente sencillo, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que estás
diciendo» (1 Co. 14:9-16). Decir Amén es asentir a algo, tomarlo como propio. Por ello,

164
Fe Bíblica

según el Apóstol el conocimiento, o la comprensión inteligente del significado de lo que


se propone, es esencial para la fe. Si la proposición «Dios es Espíritu» se anuncia a los no
conocedores en hebreo o en griego, es imposible que puedan asentir a esta verdad. Si
comprenden el lenguaje, si saben cuál es el significado de la palabra «Dios», y qué
significa la palabra «Espíritu», entonces podrán recibir o rechazar la verdad que afirma
aquella proposición. La declaración, “Jesús es el Hijo de Dios” admite interpretaciones
diferentes. Unos dicen que el término Hijo es un título oficial, y por ello que la
proposición «Jesús es el Hijo de Dios» significa que Jesús es un gobernante. Otros dicen
que es un término afectuoso, y entonces la proposición significa que Jesús era el especial
objeto del amor de Dios. Otros dicen que Jesús tiene la misma naturaleza con Dios; que Él
es una persona divina. Si éste es el significado del Espíritu al declarar que Jesús es el Hijo
de Dios, entonces los que no asignan este sentido a las palabras no creen la verdad que se
quiere enseñar. Cuando se dice que Dios puso a Cristo como propiciación por nuestros
pecados, si no comprendemos qué significa la palabra propiciación, la proposición
entonces no significa nada para nosotros, y nada no puede ser un objeto de fe.

El conocimiento, la medida de la fe.

Siendo el conocimiento esencial para la fe, tiene que ser la medida de la misma. Lo que se
encuentra más allá de la esfera del conocimiento sé encuentra más allá de la esfera de la
fe. De lo invisible y eterno podemos creer sólo lo que Dios ha revelado; y de lo que Dios
ha revelado podemos creer sólo lo que conocemos. Se ha dicho que de aquel que cree que
la Biblia es la Palabra de Dios se puede decir con propiedad que cree todo lo que enseña,
aunque muchas de sus instrucciones le sean desconocidas. Pero esta no es una
proposición correcta. Aquel que cree la Biblia está dispuesto creer en base de su autoridad
todo lo que declare cierto. Pero no se puede decir con propiedad que crea más dé su
contenido que aquello que conoce. Si se le pregunta si cree que unos hombres mordidos
por serpientes venenosas fueron jamás sanados mirando una serpiente de metal, podría,
si ignora el Pentateuco, responder con un honrado «no». Pero si llega a leer y a
comprender el registro de la curación de los israelitas moribundos, tal como esta verdad
evidente cuando dice: «Así también vosotros, si por la lengua no dais palabra bien
comprensible (eusémon logon), ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al
aire. Si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que
habla será como extranjero para mí. Si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa el lugar
de oyente sencillo, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias?; pues no sabe lo que estás
diciendo» (1 Co. 14:9-16). Decir Amén es asentir a algo, tomarlo como propio. Por ello,
según el Apóstol el conocimiento, o la comprensión inteligente del significado de lo que
se propone, es esencial para la fe. Si la proposición «Dios es Espíritu» se anuncia a los no
conocedores en hebreo o en griego, es imposible que puedan asentir a esta verdad. Si

165
Fe Bíblica

comprenden el lenguaje, si saben cuál es el significado de la palabra «Dios», y qué


significa la palabra «Espíritu», entonces podrán recibir o rechazar la verdad que afirma
aquella proposición. La declaración «Jesús es el Hijo de Dios» admite interpretaciones
diferentes. Unos dicen que el término Hijo es un título oficial, y por ello que la
proposición «Jesús es el Hijo de Dios» significa que Jesús es un gobernante. Otros dicen
que es un término afectuoso, y entonces la proposición significa que Jesús era el especial
objeto del amor de Dios. Otros dicen que Jesús tiene la misma naturaleza con Dios; que Él
es una persona divina. Si éste es el significado del Espíritu al declarar que Jesús es el Hijo
de Dios, entonces los que no asignan este sentido a las palabras no creen la verdad que se
quiere enseñar. Cuando se dice que Dios puso a Cristo como propiciación por nuestros
pecados, si no comprendemos qué significa la palabra propiciación, la proposición
entonces no significa nada para nosotros, y nada no puede ser un objeto de fe.

El conocimiento, la medida de la fe.

Siendo el conocimiento esencial para la fe, tiene que ser la medida de la misma. Lo que se
encuentra más allá de la esfera del conocimiento se encuentra más allá de la esfera de la
fe. De lo invisible y eterno podemos creer sólo lo que Dios ha revelado; y de lo que Dios
ha revelado podemos creer sólo lo que conocemos. Se ha dicho que de aquel que cree que
la Biblia es la Palabra de Dios se puede decir con propiedad que cree todo lo que enseña,
aunque muchas de sus instrucciones le sean desconocidas. Pero esta no es una
proposición correcta. Aquel que cree la Biblia está dispuesto a creer en base de su
autoridad todo lo que declare cierto. Pero no se puede decir con propiedad que crea más
de su contenido que aquello que conoce. Si se le pregunta si cree que unos hombres
mordidos por serpientes venenosas fueron jamás sanados mirando una serpiente de
metal, podría, si ignora el Pentateuco, responder con un honrado «no». Pero si llega a leer
y a comprender el registro de la curación de los israelitas moribundos, tal como se
encuentra en la Biblia, respondería de manera racional y sincera: «sí». Esta disposición a
creer todo lo que la Biblia enseña tan pronto como sabemos lo que se enseña puede
recibir el nombre de fe implícita, pero no es fe real. No tiene ninguna de sus
características ni nada de su poder.

«La fe», dice el Apóstol, «viene por el oír». El mandamiento de Cristo fue el de enseñar el
evangelio a toda criatura; enseñar a todas las naciones. Los que recibieran las
instrucciones dadas de esta manera, serían salvos, aseguró El a Sus discípulos. Los que las
rechazaran, serían condenados. Esto da por supuesto que sin el conocimiento del
Evangelio no puede haber fe. Es en base de este principio que los Apóstoles actuaron en
todas partes. Fueron por todo lugar predicando a Cristo, demostrando por las Escrituras

166
Fe Bíblica

que Él era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. La comunicación de conocimiento


precedió siempre a la demanda de fe.

La conversión tiene lugar mediante conocimiento. Pablo dice que fue convertido en
creyente por la revelación de Cristo dentro de él. Se dice del Espíritu que abre los ojos del
entendimiento. De los hombres se afirma que son renovados para que conozcan. Somos
trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz. Los creyentes son hijos de la luz.
Del pueblo se dice que perece por falta de conocimiento. Nada es más característico de la
Biblia que la importancia que le da al conocimiento de la verdad. Se dice que somos
engendrados por medio de la verdad; que somos santificados por la verdad; y de los
ministros y maestros se afirma que todo su deber es mantener la palabra de vida. Es por
esta creencia de los Protestantes en lo esencial del conocimiento para la fe que insisten
tan enérgicamente en la circulación de las Escrituras y en la instrucción del pueblo.

La doctrina Romanista acerca de esta cuestión.

Los Romanistas establecen una distinción entre fe explícita e implícita. Por lo primero se
significa fe en una verdad conocida; por lo último, fe en verdades no conocidas. Enseñan
ellos que sólo es necesario conocer unas pocas verdades primarias de la religión, y que la
fe sin conocimiento en cuanto a todas las otras verdades es genuina y suficiente. Acerca
de esto dice Tomás de Aquino: «Quantum ad prima credibilia, que sunt articuli fidei,
tenetur homo explicite credere, sed solum implicite, vel in prteparatione animi, in
quantum paratus est creder equidquid divina Scriptura continet»

La fe implícita es definida como: “Assensus, qui omnia, quamvis ignota, que ab eccIesia
probantur, amplectitur”. La fe que se demanda del pueblo es simplemente «Una intención
general de creer todo aquello que cree la Iglesia». La Iglesia enseña que hay siete
sacramentos. De un hombre que no tenga ni idea de qué significa la palabra sacramento,
ni qué ritos son los que la Iglesia considera como de carácter sacramental, se dice que
cree que el orden sacerdotal, la penitencia, el matrimonio y la extremaunción son
sacramentos. Y lo mismo con todas las otras doctrinas de la Iglesia. Se dice que la
verdadera fe es congruente con la total ignorancia. Según esta doctrina, un hombre puede
ser un verdadero cristiano, si se somete a la Iglesia, aunque por sus convicciones internas
y modos de pensamiento pueda ser panteísta o pagano.

Es a este grave error acerca de la naturaleza de la fe que se debe atribuir mucho del
carácter y de las prácticas de la Iglesia Romanista: 1. Ésta es la razón de que se prive al
pueblo de las Escrituras. Si el conocimiento no es necesario para la fe, no hay necesidad
de que el pueblo conozca lo que enseña la Biblia. 2. Por la misma razón, los servicios de
culto público se llevan a cabo en un lenguaje desconocido. 3. De ahí también el

167
Fe Bíblica

simbolismo que caracteriza su culto. El fin a conseguir es una ciega reverencia y


maravilla. Para este fin no es necesario que estos símbolos sean comprendidos. Es
suficiente que afecten a la imaginación. 4. A este mismo principio debe atribuirse la
práctica de la reserva en la oración. La verdad puede ser retenida u ocultada. La cruz es
expuesta ante el pueblo, pero no es necesario enseñar la doctrina del sacrificio por el
pecado ofrendado en ella. Es suficiente que el pueblo quede impresionado; importa poco
si creen que la señal, o el material, o la doctrina simbolizada, es lo que asegura la
salvación. Más aún, cuanto más oscurecida la mente, cuanto más vago y misterioso sea el
sentimiento excitado, y tanta más ciega la sumisión prestada, tanto más genuino será el
ejercicio de la fe. “La fe religiosa”, dice Newman, “es tiniebla intelectual”
5. Es sobre este mismo principio que siempre se han llevado a cabo las misiones
Católicorromanas. La gente es convertida no por medio de la verdad, ni por medio de un
curso de instrucción, sino por el bautismo. Son hechos cristianos a miles, no por su
inteligente adopción del cristianismo como sistema de doctrina, de la cual pueden estar
profundamente ignorantes, sino por su simple sometimiento a la iglesia y a sus ritos
prescritos. La consecuencia de ello ha sido que las misiones católicas, aunque continuadas
en algunos casos durante más de cien años, no calan en el pueblo, sino que casi
uniformemente se desvanecen tan pronto como se corta el suministro de misioneros
foráneos.

Fe y sentimientos.

La fe no está necesariamente conectada con sentimientos. A veces sí, a veces no. Que lo
esté o no dependerá de la naturaleza del objeto de la fe. La creencia en buenas noticias va
necesariamente acompañada de gozo; en malas noticias, por dolor. La creencia e s la
excelencia moral involucra un sentimiento de aprobación. La creencia de que un cierto
acto sea criminal involucra un sentimiento desaprobación. (b) En la base inmediata de la
fe. Si alguien cree que una pintura es hermosa sobre la base del testimonio de jueces
competentes, no hay un sentimiento estético relacionado con su fe. Pero si percibe
personalmente la hermosura del objeto, entonces el deleite es inseparable de la
convicción de que es hermoso. De la misma manera, si alguien cree que Jesús es Dios
manifestado en carne en base del mero testimonio externo de la Biblia, no experimenta
una debida impresión de esta verdad. Pero si su fe está basada en el testimonio interno
del Espíritu, mediante el que le es revelada la gloria de Dios en la faz de Jesucristo,
entonces queda lleno de admiración y amor adorantes.

La controversia entre Romanistas y Protestantes acerca de esta cuestión gira en tomo al


punto de vista tomado del plan de salvación. Si, como mantienen los Protestantes, cada
hombre, para ser salvo, tiene que recibir el registro que Dios ha dado de su Hijo; tiene que

168
Fe Bíblica

creer que Él es Dios manifestado en carne, la propiciación por nuestros pecados, el


profeta, sacerdote y rey de Su pueblo, entonces se tiene que admitir que la fe involucra
confiar en Cristo como fuente de sabiduría, justicia, santificación y redención. Pero si,
como enseñan los Romanistas, los beneficios de la redención son comunicados sólo por
medio de los sacramentos, efectivos ex opere operato, entonces la fe es lo opuesto a la
incredulidad en su sentido popular. Si un hombre no es creyente, es incrédulo, esto es,
uno que rechaza el cristianismo. El objeto de la fe es la revelación divina tal como está
contenida en la Biblia. Es un simple asentimiento al hecho de que las Escrituras proceden
de Dios, y que la Iglesia es la institución divinamente constituida y sobrenaturalmente
dotada para la salvación de los hombres.

Fe y amor.

En cuanto a la relación entre la fe y el amor hay tres posturas diferentes: 1. Que el amor
es la base de la fe. 2. Que los hombres creen la verdad porque la aman. La fe está basada
en el sentimiento. 3. Que el amor es el acompañante invariable y necesario y consecuente
a la fe salvadora. Así como nadie puede ver ni creer una cosa como moralmente buena sin
un sentimiento de aprobación, así tampoco nadie puede ver y creer la gloria de Dios como
está revelada en las Escrituras sin que se despierte en su alma una reverencia llena de
adoración; nadie puede creer para salvación que Cristo es el Hijo de Dios y el Hijo del
Hombre, que nos amó y se dio a Sí mismo por nosotros, y que nos hace reyes y sacerdotes
para Dios, sin amor y adoración en proporción a la claridad y fortaleza de esta fe,
llenando el corazón y controlando la vida. Por esto se dice que la fe obra por el amor y
purifica el corazón. Los que creen que la apariencia de este mundo se pasa, que las cosas
invisibles son eternas, los que tienen esta fe que es la sustancia de lo que se espera, y la
evidencia de lo que no se ve, ponen sus afectos en las cosas de arriba, donde Cristo está
sentado a la diestra de Dios.

El objeto de la fe salvadora

Fe general.

Se concede que todos los cristianos están ligados a creer, y que todos creen todo lo que se
enseña en la Palabra de Dios, hasta ahí donde conocen el contenido de la Escritura. Por
ello, es correcto decir que el objeto de la fe es toda la revelación de Dios contenida en Su
Palabra. Como la Biblia es para los Protestantes la única regla infalible de fe y de práctica,
no se puede imponer nada al pueblo de Dios, como artículo de fe, nada que no se enseñe
de manera expresa en las Escrituras, o que no se deduzca de la misma por inferencia
necesaria. Ésta es «la libertad con la que Cristo nos ha hecho libres», y en la que somos
llamados a mantenemos firmes. Ésta es nuestra protección, por una parte, contra las

169
Fe Bíblica

usurpaciones de la Iglesia. Los Romanistas pretenden para la Iglesia la prerrogativa de


una enseñanza infalible y autoritativa. En contra de todas las arrogaciones indebidas de
autoridad, los verdaderos Protestantes se mantienen firmes en dos grandes principios: el
derecho al juicio privado, y que las Escrituras son la única norma infalible de fe y de
práctica. Por ello, el objeto de la fe son todas las verdades reveladas en la Palabra de Dios.
Todo lo que declara Dios en la Biblia como cierto estamos ligados a creerlo. Esto es lo que
los teólogos llaman fides generalis.

Fides Specialis.

Pero además de ésta hay una fides specialis necesaria para la salvación. En el contenido
general de la Escritura hay ciertas doctrinas acerca de Cristo y de Su obra, y ciertas
promesas de salvación hechas por medio de Él a hombres pecadores, que estamos
obligados a recibir y sobre las que hemos de depositar nuestra confianza. Así, el objeto
especial de la fe es Cristo, y la promesa de la salvación por medio de Él. Y el acto especial
y concreto de fe que asegura nuestra salvación es el acto de recibirle y de reposar en Él tal
como Él nos es ofrecido en el Evangelio. Esto es enseñado de manera tan clara y diversa
en las Escrituras que difícilmente admite duda alguna.

El testimonio de Cristo.

En primer lugar, nuestro Señor declara en repetidas ocasiones qué es lo que se demanda
de los hombres, y cuál es su condenación por no cumplir esta demanda, la cual es que
crean en Él. Él fue levantado, «para que todo aquel que en él cree, no perezca, sino que
tenga vida eterna» (Jn. 3; 15). «El que cree en él, no es condenado; pero el que no cree, ya
ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» (v. 18).
«El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; más el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la
vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él» (v. 36). En otro lugar nuestro Señor
dice: «Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (Jn. 6:29). Sin embargo,
los pasajes en los que se demanda la fe en Cristo de manera expresa como la condición
para la salvación son demasiado numerosos para poderlos citar.

Se dice que somos salvos al recibir a Cristo.

Que Cristo es el objeto inmediato de la fe que salva se enseña también en todos aquellos
pasajes en los que se dice que recibimos a Cristo, o el testimonio de Dios acerca de Cristo,
y en los que se dice de este acto de recepción que asegura nuestra salvación. Por ejemplo,
en Jn. 1: 12: «A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios». «Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís» (Jn.
5:43). «Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque
éste es el testimonio de Dios, que ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo
170
Fe Bíblica

de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso,


porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo» (1 Jn. 5:9-10).
«El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida» (5:12).
«Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios» (v. 1). Por ello, es la
recepción de Cristo, la recepción del testimonio que Dios hadado de su Hijo; creer que Él
es el Cristo, el Hijo del Dios vivo, el acto específico que se nos demanda para la salvación.
Por ello, es Cristo el objeto inmediato de estos ejercicios de la fe que aseguran la
salvación. Y por ello la fe se expresa como mirando a Cristo; acudiendo a Cristo;
encomendándole a Él el alma, etc.

La enseñanza de los Apóstoles.

Según la enseñanza apostólica, somos justificados «por la fe de Jesucristo» (Ro. 3:22, RV).
No se trata de la fe como disposición piadosa de la mente; ni de la fe como confianza
general en Dios; ni de la fe en la verdad de la revelación divina; y mucho menos de la fe
«en verdades eternas», ni en los principios generales de verdad y deber, sino aquella fe de
la que el objeto es Cristo. Romanos 3:22, RV: «La justicia de Dios por la fe de Jesucristo,
para todos los que creen en él.» Gálatas 2:16: «Sabiendo que el hombre no es justificado a
base de las obras de la ley, sino por medio de la fe de Jesucristo, nosotros también hemos
creído en Cristo Jesús, para ser justificados a base de la fe de Cristo, y no de las obras de la
ley.» Capítulo 3:24: «De manera que la ley ha sido nuestro ayo hacia Cristo, a fin de que
fuésemos justificados por la fe.» Capítulo 3:26: «Pues todos sois hijos de Dios mediante la
fe en Cristo Jesús». 2:20: «Vivo en la fe del Hijo de Dios», etc.

Lo mismo sigue de las descripciones dadas de la relación del creyente con Cristo. Estamos
en Él por fe. Él mora en nosotros. Él es la cabeza de la que nosotros, como miembros de
su cuerpo, derivamos nuestra vida. Él es la vid, nosotros somos los pámpanos. E stas y
otras descripciones son absolutamente inconsistentes con la doctrina de que una vaga fe
general en Dios o en las Escrituras nos asegura la salvación. Es una fe que tiene que ver
directamente con Cristo, que lo acepta como nuestro Dios y Salvador. Nada, pues, puede
ser más ajeno a la doctrina Romanista, sustancialmente avivada por la moderna filosofía,
que aparta la mente del Cristo histórico, realmente existente, objetivo, fijándola en la
obra dentro de nosotros; no dejándonos nada para amar y confiar más que lo que
tengamos en nuestros propios miserables corazones.

Los efectos de la fe.

El primer efecto, según las Escrituras, es la unión con Cristo. Estamos en Él por la fe. Hay
ciertamente una unión federal entre Cristo y Su pueblo fundamentada en el pacto de
redención entre el Padre y el Hijo en los consejos de la eternidad. Por ello, se dice de

171
Fe Bíblica

nosotros que estábamos en Él antes de la fundación del mundo. Es una de las promesas
de este pacto que todos aquellos que el Padre le ha dado al Hijo acudirán a Él. Pero
también estaba incluido en los términos del pacto, como leemos en la Escritura, que Su
pueblo, por lo que a los adultos respecta, no recibirían los beneficios salvadores de este
pacto hasta que se unieran a Él mediante el acto voluntario de la fe. Son «por naturaleza
hijos de ira, lo mismo que los demás» (Ef. 2:3). Permanecen en este estado de
condenación hasta que creen. Su unión queda consumada por la fe. Así, estar en Cristo y
creer en Cristo son, en las Escrituras, formas convertibles de expresión. Significan
sustancialmente lo mismo, y, por ello, se atribuyen los mismos efectos a la fe que a la
unión con Cristo.

La justificación, efecto de la fe.


Segundo, el efecto inmediato de esta unión, y por ello el efecto secundario de la fe, es la
justificación. Somos «justificados por la fe de Cristo» (Gá. 2: 16). La fe es la condición
sobre la que Dios promete en el pacto de la redención imputar a los hombres la justicia de
Cristo. Por ello, tan pronto como creen no pueden ser condenados. Quedan revestidos
con una justicia que responde a todas las demandas de la justicia. «¿Quién acusará a los
escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo es el que
murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que
también intercede por nosotros» (Ro. 8:33-34).

La participación en la vida de Cristo, efecto de la fe.

El tercer efecto de la fe, o unión con Cristo, es la participación de su vida. Aquellos que
están en unión con Cristo, nos enseña el Apóstol (Ro. 6:4-10), de modo que son partícipes
de Su muerte, son partícipes también de Su vida. «Porque yo vivo, y vosotros también
viviréis» (Jn. 14: 19). Cristo mora por la fe en nuestros corazones (Ef. 3:17). Cristo está en
nosotros (Ro 8:10). No vivimos ya nosotros, sino que es Cristo que vive en nosotros (Gá.
2:20). La ilustración que da nuestro Señor de esta vital unión se deriva de una vid y de sus
ramas (Jn. 15:1-6). Así como la vida de la vid se difunde a través de sus pámpanos, y por
cuanto viven sólo en tanto que conectadas con la vid, así la vida de Cristo es difundida a
través de Su pueblo, y ellos son partícipes de la vida espiritual y eterna sólo en virtud de
su unión con Él. Otra ilustración familiar de este tema se deriva del cuerpo humano. Los
miembros derivan su vida de la cabeza, aunque parecen estar separados de la misma (Ef.
1:22; 1 Co. 12:12-27). En Efesios 4:15-16 el Apóstol da esta ilustración de manera detallada:
«La cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado y trabado entre sí por
todas las junturas que se ayudan mutuamente, según la actividad adecuada de cada
miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor». Así como el principio de la

172
Fe Bíblica

vida animal situada en la cabeza, por medio del complicado pero ordenado sistema
nervioso que se extiende a cada miembro, difunde vida y energía por todo el cuerpo, de la
misma manera el Espíritu Santo, dado sin medida a Cristo la cabeza de la Iglesia, que es
Su cuerpo, difunde vida y fuerza a cada miembro. Por ello, según la Escritura, la morada
de Cristo en nosotros se explica como la morada del Espíritu en nosotros. La morada del
Espíritu es la morada de Cristo. Si Dios está en vosotros; si Cristo está en vosotros; si el
Espíritu está en vosotros: todo esto significa lo mismo (Romanos 8:9-11).

Explicar esta unión vital y mística entre Cristo y Su pueblo como una mera unión de
pensamiento y sentimiento es totalmente inadmisible. (1) En primer lugar, es contrario al
llano sentido de las palabras. Nadie jamás habla de Platón morando en los hombres; de
que él sea la vida de ellos, de manera que sin él ellos no puedan hacer nada; y mucho
menos de que la santidad, la dicha y la vida eterna dependan de esta unión. (2) Esta
interpretación supone que nuestra relación con Cristo es análoga a la relación de un
hombre con otro. Mientras que se trata de una relación entre hombres y una persona
divina, que tiene vida en Sí mismo, y que da vida a los que quiere. (3) Ignora todo lo que
enseñan las Escrituras de la obra del Espíritu Santo y de Su morada en los corazones de
los hombres. (4) Pasa por alto el carácter sobrenatural del cristianismo, y lo reduciría a un
mero sistema filosófico y ético.

La paz como fruto de la fe.

El cuarto efecto de la fe es paz. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios
por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Ro. 5:1). La paz brota de un sentimiento de
reconciliación. Dios promete perdonar, recibir a Su favor, y finalmente salvar a todos los
que creen el testimonio que Él ha dado acerca de Su Hijo. Así, creer es creer esta promesa;
y apropiamos de esta promesa para nosotros es creer que Dios está reconciliado con
nosotros. Esta fe puede ser débil o fuerte. Y la paz que mana de ella puede ser trémula e
intermitente, o puede ser constante y segura.

Certidumbre.

Hacer de la certidumbre de la salvación personal algo esencial para la fe es contrario a las


Escrituras y a la experiencia del pueblo de Dios. La Biblia se refiere a una fe débil. Es
abundante en consolaciones destinadas a los dubitativos y a los desalentados. Dios acepta
a aquellos que sólo pueden decir: «Señor, creo: ¡Ayuda tú mi incredulidad!» Los que
hacen de la certidumbre la esencia de la fe por lo general reducen la fe a un mero
asentimiento intelectual. A veces son rígidamente severos, rehusando reconocer como
hermanos a los que no están de acuerdo con ellos; y a veces son antinomianos.

173
Fe Bíblica

Al mismo tiempo, la Escritura y la experiencia enseñan que la certidumbre no es sólo algo


que pueda ser alcanzado, sino que es un privilegio y un deber. Ciertamente, puede existir
certidumbre donde no hay verdadera fe en absoluto; pero allí donde hay verdadera fe, la
carencia de certidumbre ha de ser atribuida bien a la debilidad de la fe, bien a conceptos
erróneos del plan de la salvación. Muchos creyentes sinceros son demasiado
introspectivos. Miran demasiado exclusivamente adentro de ellos, y así la esperanza de
los tales es proporcional al grado de evidencia de regeneración que encuentran en su
propia experiencia. Esto, excepto en contadas ocasiones, no puede conducir a la
certidumbre de la esperanza. Podemos examinar nuestros corazones con todo el cuidado
microscópico prescrito por el Presidente Edwards en su obra sobre «Los Afectos
Religiosos», y nunca quedar satisfechos de que hayamos eliminado toda razón para la
inquietud y las dudas. La base de la certidumbre no se encuentra tanto dentro de
nosotros como fuera. Son, según las Escrituras, (1) La promesa universal e incondicional
de Dios que a los que acuden a Él en Cristo no los echará fuera de ninguna manera; que
todo el que quiera, puede tomar libremente el agua de vida sin dinero y sin precio.
Estamos obligados a tener la certeza de que Dios es fiel, y que ciertamente salvará a los
que crean. (2) El infinito, inmutable y gratuito amor de Dios. En los primeros diez
versículos del quinto capítulo de la Epístola a los Romanos, y en el Octavo capítulo de la
misma epístola desde el versículo treinta y uno hasta el fin, el Apóstol discurre acerca de
estas características del amor de Dios, como dando un fundamento inamovible de la
esperanza del creyente. (3) El mérito infinito de la satisfacción de Cristo, y la prevalencia
de su continuada intercesión. Pablo, en Romanos 8:34, enfatiza estos puntos de manera
especial. (4) El pacto de la redención en el que se promete que todos los que han sido
dados por el Padre al Hijo acudirán a Él, y que ninguno de ellos se perderá. (5) Por el
testimonio del Espíritu, dice Pablo, «nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios»,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu
Santo que nos fue dado. Esto es, el Espíritu Santo nos asegura de que somos los objetos de
aquel amor que él pasa a describir como infinito, inmutable y gratuito (Ro. 5:3-5). Y otra
vez: «El Espíritu mismo da juntamente testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos
de Dios». Por tanto, si cualquier creyente carece de la certidumbre de la fe, la falta está en
él mismo, no en el plan de salvación ni en las promesas de Dios.

La santificación es un fruto de la fe.

El quinto efecto de la fe es la santificación. «Los que son santificados», dice nuestro


Señor, «mediante la fe en mí». Aunque en este versículo (Hch. 26: 18, V.M.), las palabras
«mediante la fe» no califican solamente la cláusula anterior, «son santificados», sino que
tienen que ser aplicadas a todos los puntos precedentes, la iluminación, liberación de
Satanás, perdón de los pecados, y la herencia eterna, sin embargo no se debe omitir el

174
Fe Bíblica

antecedente inmediato. Que somos santificados por la fe se enseña claramente en otros


pasajes. «La fe que actúa mediante el amor y mediante la que se purifica el corazón» (Gá.
5:6 y Hch. 15:9).

La fe santifica porque es la condición necesaria para la eficacia de los medios de la gracia.


Es por medio de la Palabra, de los sacramentos y de la oración que Dios comunica
constantes suministros de gracia. Son los medios de llamar a la actividad los ejercicios de
la vida espiritual. Pero estos medios de gracia son inoperantes a no ser que sean recibidos
y empleados por la fe y no es la fe desde luego la que les da su poder, sino que es la
condición por la cual el Espíritu de Dios los hace eficaces.

El hecho de que las buenas obras son el efecto necesario de la fe queda incluido en la
doctrina de que somos santificados por la fe. Porque es imposible que haya santidad
interior, amor, espiritualidad, amor fraternal y celo sin una manifestación externa de estas
gracias en toda la vida exterior. Por tanto, la fe sin obras está muerta. Somos salvos por la
fe. Pero la salvación incluye la liberación del pecado. Por ello, si nuestra fe no nos libra del
pecado, no nos salva. El antinomianismo involucra una contradicción lógica.

La certidumbre de la salvación.

Un sexto efecto atribuido a la fe en las Escrituras es la seguridad o la certidumbre de la


salvación. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3: 16). «De
cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y
no vendrá a condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida» (Jn. 5:24). «Todo lo
que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, de ningún modo le echaré fuera. Y
esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él,
tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el último día» (Jn. 6:37, 40). «Mis ovejas oyen mi
voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie
las arrebatará de mi mano» (Jn. 10:27-28).

El octavo capítulo de Romanos.

Todo el octavo capítulo de la Epístola a los Romanos tiene como propósito demostrar la
segura salvación de todos los que creen. La proposición a establecer es que «Ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús», Esto es, que nunca pueden perecer;
nunca pueden quedar separados de tal manera de Cristo que puedan caer en
condenación. El primer argumento del Apóstol para establecer su proposición es que los
creyentes son liberados de la ley mediante el sacrificio de Cristo. Por ello, el creyente no
está bajo la ley que condena, como Pablo había dicho antes (Ro. 6:14). «No estáis bajo la

175
Fe Bíblica

ley, sino bajo la gracia.» Pero si no bajo la ley, no puede ser condenado. Ésta es la primera
razón que el Apóstol da de por qué los que están en Cristo jamás serán condenados.

Su segundo argumento es que ya tienen de ellos el principio de la vida eterna. Y si el


Espíritu de Aquel que levantó a Cristo de entre los muertos mora en vosotros, Aquel que
resucitó a Cristo de los muertos también vivificará hasta vuestros cuerpos mortales por su
Espíritu que mora en vosotros. Por ello, la morada del Espíritu asegura no sólo la vida del
alma, sino la definitiva y gloriosa vida del cuerpo.

El tercer argumento para la seguridad de los creyentes es que son hijos de Dios. Aquellos
que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Esto es, son partícipes de su
naturaleza, los objetos especiales de su amor, y con título a la herencia que Él da. Si hijos,
entonces herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo. Para la manera de
pensar del Apóstol, es imposible que perezca ninguno de los hijos de Dios. Si hijos,
entonces ciertamente serán salvos.

El cuarto argumento es en base del propósito de Dios. Aquellos que Él ha predestinado


para ser hechos conformes a la imagen de Su Hijo los llama Él a ejercitar la fe y el
arrepentimiento; y aquellos a los que Él llama los justifica, provee para ellos y les imputa
una justicia que da satisfacción a las demandas de la ley, y que les da título en Cristo, y
por causa de Él, a la vida eterna; y a los que Él justifica, los glorifica. No hay fallo en esta
cadena. Si los hombres hubieran sido predestinados a la vida eterna en base de su
arrepentimiento y creer por medio de sus mismas fuerzas, o por medio de una
cooperación con la gracia de Dios que otros no llegan a ejercitar, entonces su
continuación en un estado de gracia podría depender de ellos. Pero si la fe y el
arrepentimiento son dones de Dios, los resultados de Su llamamiento eficaz, entonces el
otorgamiento de estos dones es una revelación del propósito de Dios de salvar a aquellos
a quienes les son dados. Es una evidencia de que Dios los ha predestinado a ser hechos
conformes a la imagen de su Hijo, esto es, a ser corno Él en carácter, destino y gloria, y de
que Él llevará a cabo Su propósito de manera indefectible. Nadie puede arrebatarlos de
Sus manos.

El quinto argumento de Pablo es del amor de Dios. Pablo arguye en base de la grandeza,
gratuidad e inmutabilidad de este amor que sus objetos nunca pueden perderse. «El que
no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
también con él todas las cosas?» Si ha hecho lo más grande, ¿no hará también lo menor?
Si dio a Su propio Hijo, no nos dará fe para recibirlo y constancia para seguir hasta el
mismo fin? Un amor tan grande como el amor de Dios para Su pueblo no puede dejar de
alcanzar su objetivo. Este amor es también gratuito. No se basa en lo atractivo de sus
objetos. Nos amó «siendo aún pecadores»; «cuando éramos enemigos»; «mucho más,

176
Fe Bíblica

habiendo sido ya justificados en su sangre, seremos salvos de la ira por medio de él.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida». El amor de Dios es,
a este respecto, comparado con el amor paterno. Una madre no ama a su hijo porque sea
atractivo. Su amor la lleva a hacer todo lo que pueda para hacerla atractivo y para
mantenerlo así. Así el amor de Dios, siendo de manera semejante misterioso, no debido a
nada en sus objetos, lleva a que adorne a Sus hijos con las gracias del Espíritu,
vistiéndolos con toda la hermosura de la santidad. Es sólo el lamentable error de pensar
que Dios nos ama por nuestra propia bondad que puede llevar a nadie a suponer que su
amor depende de nuestro atractivo auto-sustentado, cuando deberíamos contemplar Su
amor paterno como la fuente de toda bondad y como la base de la certidumbre de que Él
no permitirá a Satanás ni a nuestros propios malvados corazones que destruyan los rasgos
de la semejanza con Él que Él mismo ha imprimido sobre nuestras almas. Habiendo
amado a los suyos, los ama hasta el fin. Y Cristo ora por ellos para que su fe no falle.

Se tiene que recordar aquí que el Apóstol no argumenta para demostrar meramente la
certidumbre de la salvación de los que creen; sino su segura perseverancia en la santidad.
Según el sistema de Pablo, la salvación en pecado es una contradicción lógica. Esta
perseverancia en santidad es asegurada en parte mediante la influencia secreta interior
del Espíritu, y en parte por todos los medios adaptados para lograr este fin: instrucciones,
amonestaciones, exhortaciones, advertencias, los medios de la gracia, y las dispensaciones
de Su providencia. Habiendo, en Su amor, determinado acerca del fin, ha determinado
también los medios para su cumplimiento.

El sexto argumento del Apóstol es que así como el amor de Dios es infinitamente grande y
totalmente gratuito, es también inmutable, y que por ello los creyentes serán ciertamente
salvados. De ahí la conclusión: «Estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo
profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en
Cristo Jesús nuestro Señor.»

Se podrá ver que el Apóstol no descansa la perseverancia de los santos sobre la naturaleza
indestructible de la fe, ni sobre la naturaleza imperecedera del principio de la gracia en el
corazón, ni en la constancia de la voluntad del creyente, sino únicamente en lo que está
fuera de nosotros mismos. La perseverancia, nos enseña él, se debe al propósito de Dios, a
la obra de Cristo, a la morada del Espíritu Santo, y a la fuente primaria de todo, al infinito,
misterioso e inmutable amor de Dios. No nos guardamos a nosotros mismos: somos
guardados por el poder de Dios, por medio de la fe, para salvación (1 P. 1:5)

177
Fe Bíblica

La fe, ¿qué es?


¿Qué es esta fe de la que se dice: "Por gracia sois salvos por medio de la fe?" Hay muchas
definiciones de fe, pero vamos a considerar las más importantes. La fe es lo más sencillo
del mundo, y quizá sea su sencillez lo que dificulte explicarla.

¿Qué es la fe? Está constituida de tres cosas: el conocimiento, la creencia y la confianza. El


conocimiento viene en primer lugar. "¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?"
(Romanos 10:14). Necesito que se me informe de un hecho para poder creer en él. "La fe es
por el oír" (Romanos 10: 17); hemos de oír en primer lugar, a fin de saber en qué hemos de
creer. "En ti confiarán los que conocen tu nombre" (Salmo 9:10). Un cierto conocimiento
es esencial para la fe; de ahí la importancia de alcanzar el conocimiento. "Inclinad vuestro
oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma" (Isaías 55:3), esas fueron las palabras del
viejo profeta, y siguen siendo las palabras del Evangelio. Escudriña la Escritura y aprende
lo que enseña el Espíritu Santo con respecto a Cristo y su salvación. Busca conocer a Dios:
"El que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan"
(Hebreos 11:6). ¡Que el Espíritu Santo te conceda el espíritu de conocimiento y de temor
de Dios! Conoce el Evangelio, conoce cuáles son las buenas noticias, cómo habla del
perdón gratuito y del cambio de corazón, de la adopción en la familia de Dios y de
innumerables otras bendiciones. Conoce especialmente a Jesucristo, el Hijo de Dios, el
Salvador de los hombres, unido a nosotros por su naturaleza humana y, sin embargo, uno
con Dios, por lo que puede actuar de mediador entre Dios y el hombre, poner su mano
sobre ambos y convertirse en el vínculo entre el pecador y el juez de toda la Tierra.
Esfuérzate por conocer a Jesucristo cada vez más. Esfuérzate especialmente por conocer la
doctrina del sacrificio de Cristo, porque la fe salvadora gira esencialmente en torno a esto:
"Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los
hombres sus pecados" (2 Corintios 5: 19). Conoce que Jesús fue "hecho por nosotros
maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)" (Gálatas
3:13). Imbúyete de la doctrina de la obra sustitutiva de Cristo, porque ahí reside el mayor
consuelo posible para los hijos culpables de los hombres, puesto que el Señor "lo hizo
pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:22). La fe
comienza por el conocimiento.

La mente pasa a creer que estas cosas son ciertas. El alma cree que Dios existe y que
escucha el clamor de los corazones sinceros, que el Evangelio procede de Dios, que la
justificación por la fe es la gran verdad que Dios nos ha revelado por medio de su Espíritu
en estos postreros días con más claridad que antes. Entonces, el corazón cree que Jesús es
verdaderamente nuestro Dios y Salvador, el Redentor de los hombres, el Profeta, el
Sacerdote y el Rey de su pueblo. Todo esto se acepta como una verdad segura,

178
Fe Bíblica

incuestionable. Oro para que llegues a esto de inmediato. Cree con convicción que "la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:8); que su sacrificio por
los hombres es completo y que ha sido plenamente aceptado por Dios, de forma que
quien cree en Jesús no es condenado. Cree estas verdades tal como crees en cualquier otra
afirmación, puesto que la diferencia entre la fe común y la fe salvadora reside
fundamentalmente en el objeto sobre el que se ejercen. Cree el testimonio de Dios tal
como crees el testimonio de tu propio padre o de un amigo: "Si recibimos el testimonio de
los hombres, mayor es el testimonio de Dios" (1 Juan 5:9).

Hasta ahora hemos avanzado hacia la fe, solo nos queda un ingrediente para completarla:
la confianza. Entrégate al Dios misericordioso, deposita tu esperanza en el Evangelio
misericordioso; confía tu alma al Salvador en su muerte y en su vida; lava tus pecados en
la sangre expiatoria; acepta su justicia absoluta y todo irá bien. La confianza es la savia de
la fe, sin ella no hay fe salvadora. Los puritanos acostumbraban a explicar la fe con el
término "recostarse". Significa apoyarse en algo. Apoya todo tu peso en Cristo. Una
imagen mejor sería decir que te acuestes cuan largo eres sobre la Roca de los siglos.
Ofrécete a Jesús; descansa sobre Él; entrégate a Él. Una vez hecho eso, habrás ejercitado la
fe salvadora. La fe no es algo ciego, puesto que comienza con el conocimiento. No es
cuestión de conjeturas, puesto que la fe cree en hechos de los que está segura. No es algo
teórico, fantasioso, puesto que la fe confía en la verdad de la Revelación y le confía su
destino. Esa es una manera de describir lo que es la fe; me pregunto si ya la habré
"confundido".

Permítaseme decirlo de otra manera. Fe es creer que Cristo es lo que se dice que es y qué
hará lo que prometió hacer, y esperar eso de Él. Las Escrituras hablan de Jesucristo como
Dios, Dios encarnado; como alguien de carácter perfecto; como la ofrenda por el pecado a
nuestro favor; como el que cargó con nuestros pecados en su cuerpo en el madero. La
Escritura habla de Él como quien terminó la prevaricación, puso fin al pecado y trajo la
justicia perdurable (Daniel 9:24). El testimonio sagrado nos dice además que "resucitó de
los muertos", que "[vive] siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7:25), que ascendió a
la gloria y ha hecho toma de posesión del Cielo en nombre de su pueblo, y que volverá
pronto para" [juzgar] al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud" (Salmo 98:9).
Hemos de creer plenamente convencidos que esto es así; porque este es el testimonio de
Dios el Padre cuando dijo: "Este es mi Hijo amado; a él oíd" (Marcos 9:7). Esto también lo
atestigua Dios el Espíritu Santo, porque el Espíritu ha dado testimonio de Cristo, tanto en
la Palabra inspirada y los diversos milagros como por su obra en los corazones de los
hombres. Hemos de creer que este testimonio es cierto.

179
Fe Bíblica

La fe también cree que Cristo hará lo que ha prometido; que puesto que prometió que no
echará a nadie que venga a Él, es seguro que no nos echará si venimos a Él. La fe cree que
las palabras de Jesús - "El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para
vida eterna" (Juan 4:14) tienen que ser ciertas; y si obtenemos este agua viva de Cristo
permanecerá en nosotros y producirá en nosotros ríos de vida santa. Cristo hará todo lo
que prometió que haría, y hemos de creerlo de tal forma que busquemos el perdón, la
justificación, la protección y la gloria eterna de sus manos, en concordancia con lo que
prometió a los creyentes en Él.

Luego viene el segundo paso necesario. Jesús es lo que dijo ser, Jesús hará lo que dice que
hará, por lo que todos nosotros hemos de confiar en Él y decir: "Será para mí lo que dice
que es, y hará por mí lo que prometió hacer; me pongo en manos de Aquel que fue
nombrado para salvarme y que hará tal como dijo". Esta es una fe salvadora, y quien la
posee tiene vida eterna. Por muchos peligros y dificultades, por muchas tinieblas y
desdichas, por muchas debilidades y pecados, el que cree así en Cristo Jesús no es
condenado, y nunca vendrá a condenación.

¡Espero que esa explicación sea de alguna utilidad! Confío en que el Espíritu de Dios la
utilice para llevar a mi lector a la Paz inmediatamente. "No temas, cree solamente".
Confía y descansa.

Temo que el lector pueda llegar a darse por satisfecho con entender lo que es preciso
hacer y, sin embargo, no lo lleve a cabo. Mejor es la fe más pobre que se pone en práctica
que el mejor de los ideales que se queda en puras conjeturas. Lo verdaderamente
importante es creer en el Señor Jesús inmediatamente. No importan las distinciones y
diferenciaciones. Un hombre hambriento come a pesar de no entender la composición de
su alimento, la anatomía de su boca o el proceso de la digestión: vive porque come. Otro
hombre mucho más inteligente entiende todo lo relacionado con la ciencia de la
nutrición; pero, si no come, morirá a pesar de todos sus conocimientos. No cabe duda
alguna de que en este mismo momento hay muchas personas en el Infierno que
comprendieron la doctrina de la fe, pero no creyeron. Por otro lado, nadie que haya
confiado en el Señor Jesús ha sido echado jamás, aunque no haya sido capaz de definir su
fe de forma inteligente.

Querido lector, acepta al Señor Jesús en tu alma y vivirás para siempre. "EL QUE CREE
EN [ÉL] TIENE VIDA ETERNA" (Juan 6:47).

¿Cómo podemos ejemplificar la fe?

A fin de dejar la cuestión de la fe más clara aún, te ofreceré unos pocos ejemplos. Aunque
solo el Espíritu Santo puede hacer que mi lector vea, es mi deber y mi placer proporcionar
180
Fe Bíblica

toda la luz que pueda y orar al Señor divino para que abra los ojos ciegos. ¡Ojalá que mi
lector ore la misma oración por sí mismo!

La fe que salva tiene sus analogías con el cuerpo humano.

Es el ojo que mira. Por medio del ojo podemos traer a la mente cosas lejanas; podemos
traer el Sol y las lejanas estrellas a la mente de un simple vistazo. De la misma forma, por
medio de la fe acercamos al Señor Jesús; y aunque Él esté lejos en el Cielo, entra en
nuestro corazón. Solo tienes que mirar a Jesús, el himno es estrictamente cierto:

Hay vida al mirar al Crucificado, tienes vida en la vida que Él ha dado.

La fe es la mano con que asirnos. Cuando nuestra mano agarra algo por sí misma hace
exactamente lo mismo que la fe cuando se apropia de Cristo y de las bendicione s de su
redención. La fe dice: “Jesús me pertenece”. La fe oye de la sangre perdonadora y clama:
"Acepto ese perdón para mí". La fe considera suya la herencia del Jesús moribundo; y es
suya, puesto que la fe es la heredera de Cristo; Él se entregó a sí mismo y dio todo lo que
tenía a la fe. Toma, amigo mío, lo que la gracia ha provisto para ti. No serás un ladrón,
puesto que disfrutas del permiso divino: "El que quiera, tome del agua de la vida
gratuitamente" (Apocalipsis 22: 17). Si alguien puede tener un tesoro simplemente con
tomarlo, será un necio si permanece en la pobreza.

La fe es la boca que se alimenta de Cristo. Para que la comida pueda aprovecharnos es


preciso que primeramente entre en nosotros. Esto es algo sencillo, es comer y beber.
Aceptamos de buena gana nuestro alimento en la boca y luego permitimos que acceda a
nuestro interior, donde es asimilada por nuestro cuerpo. En la Epístola a los Romanos, en
el capítulo 10, Pablo dice: "Cerca de ti está la palabra, en tu boca" (Romanos 10:8). Ahora,
pues, lo único que queda por hacer es tragarla, permitir que llegue al alma. ¡Ojalá que los
hombres tuvieran apetito! Porque quien está hambriento y ve comida ante sí no necesita
que le enseñen a comer. "Tú dame -dijo uno- un cuchillo, un tenedor y la posibilidad de
comer". Estaba dispuesto a hacer todo lo demás. Ciertamente, un corazón que tiene
hambre y sed de Cristo solo tiene que saber que se le ofrece gratuitamente y lo aceptará
de inmediato. Si mi lector se encuentra en esa situación, que no vacile en aceptar a Je sús;
puede estar seguro de que jamás se le reconvendrá por ello: "A todos los que le recibieron,
a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12).
Nunca rechaza a nadie, sino que permite que todos los que vienen a Él sean hijos suyos
para siempre.

Las ocupaciones de la vida también ejemplifican la fe de muchas maneras. El granjero


entierra la semilla y espera no solo que viva, sino que se multiplique. Tiene fe en lo que ha
dispuesto el pacto -que la siembra y la cosecha no cesarán- y se le recompensa por su fe.
181
Fe Bíblica

El comerciante pone su dinero al cuidado de un banquero y confía plenamente en la


honradez y la solidez del banco. Confía su capital a otras manos y se siente mucho más
tranquilo que si tuviera su dinero contante y sonante bajo llave en una caja fuerte.

El marinero se confía al mar. Cuando nada, deja de poner los pies en el fondo y flota sobre
el inmenso océano. No podría nadar si no se confiara plenamente al agua.

El orfebre deposita el metal precioso en el fuego que parece dispuesto a consumirlo, pero
lo recupera nuevamente del horno purificado por el calor.

No podemos observar ninguna faceta de la vida sin contemplar la fe en acción entre los
hombres o entre el hombre y las leyes naturales. Ahora bien, como confiamos en la vida
diaria, igualmente hemos de confiar en Dios tal como se revela a sí mismo en Cristo Jesús.

La fe existe en diversas personas y en diversos grados, en consonancia con el nivel de


conocimiento o de crecimiento en la gracia. En ocasiones, la fe es poco más que aferrarse
a Cristo: un sentimiento de dependencia y una voluntad de depender de esa forma. En la
orilla del mar se suelen ver lapas adheridas a la roca. Si uno camina sigilosamente hasta la
roca y golpea rápidamente una de las lapas con el bastón, esta caerá. Probemos a hacer lo
mismo con otra. Ya la hemos puesto sobre aviso; ha percibido el golpe que ha recibido su
vecina y ahora se aferra con todas sus fuerzas. ¡No lograrás arrancarla jamás! Por mucho
que la golpees, es más probable que rompas antes la roca misma. Querido amigo, la lapa
no sabe gran cosa, pero se aferra. No está al corriente de la formación geológica de la roca,
pero se aferra. Puede aferrarse y ha encontrado algo a lo que aferrarse: eso es todo lo que
sabe, y lo utiliza a efectos de su seguridad y su salvación. Aferrarse a la roca es la vida para
la lapa, y aferrarse a Jesús es la vida para el pecador. Hay miles de miembros del pueblo de
Dios cuya fe no es mucho más que eso; saben lo suficiente para aferrarse a Jesús con todo
su corazón y con toda su alma, y eso basta para su paz presente y su seguridad eterna.
Para ellos, Jesucristo es un Salvador fuerte y poderoso, una roca inamovible e inmutable;
se aferran a Él porque les va la vida en ello, y es este asimiento lo que los salva. Lector, ¿no
puedes aferrarte? Hazlo de inmediato.

La fe se puede advertir cuando alguien confía en otra persona debido a que es conocedor
de su superioridad. Esta es una fe más elevada, la fe que conoce el motivo de su
dependencia y actúa en consecuencia. No creo que la lapa sepa mucho de la roca; pero a
medida que la fe va creciendo se vuelve cada vez más inteligente. Un ciego confía en su
guía porque sabe que su amigo puede ver y, al confiar en él, camina por donde su guía le
lleva. Si el pobre hombre es ciego de nacimiento no sabe lo que es la vista, pero sabe que
existe tal cosa como la vista y que su amigo la posee, por lo que toma confiadamente la
mano del que puede ver y sigue su dirección. "Por fe andamos, no por vista" (2 Corintios

182
Fe Bíblica

5:7). "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Juan 20:29). Esta es la mejor
imagen de la fe que cabe imaginar: sabemos que Jesús tiene unas virtudes, un poder y una
bendición de los que nosotros carecemos y, por ello, nos confiamos de buena gan a a Él
para que sea por nosotros lo que nosotros mismos somos incapaces de ser. Confiamos en
Él como un ciego confía en su guía. Jamás traiciona nuestra confianza, sino que "nos ha
sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Corintios 1:30).

Todo niño que asiste a la escuela debe ejercitar la fe durante su aprendizaje. Su maestro le
enseña Geografía y le instruye con respecto a la forma de la Tierra y la existencia de
ciertas grandes ciudades e imperios. El niño no sabrá que estas cosas son ciertas a menos
que crea a su maestro y los libros que se le entregan. Eso es lo que tendrás que hacer con
Cristo para ser salvo: simplemente has de saberlo porque Él te lo dice, creerlo porque Él te
asegura que es así, y confiarte a Él porque te promete la salvación como resultado de ello.
Casi todo lo que tú y yo conocemos nos ha llegado por fe. Se ha llevado a cabo un
descubrimiento científico y estamos seguros de ello. ¿Sobre qué base lo creemos? Sobre la
autoridad de ciertos hombres cultos y reconocidos que tienen una sólida reputación.
Jamás hemos visto o llevado a cabo sus experimentos, pero creemos su testimonio. Debes
hacer lo mismo con respecto a Jesús: debes ser su discípulo y creer sus palabras porque Él
te enseña ciertas verdades; debes ser su súbdito y confiar en Él porque llevó a cabo ciertas
cosas. Es infinitamente superior a ti, y se presenta ante ti para que confíes en Él como tu
Señor y Maestro. Si le aceptas a Él y recibes sus palabras serás salvo.

Otra modalidad de fe más elevada es la fe que crece a partir del amor. ¿Por qué confía un
niño en su padre? El motivo de que el niño confíe en su padre es que le ama.
Bienaventurados y felices aquellos cuya fe en Jesús está teñida de un profundo afecto
hacia Él, dado que esta es una confianza sosegada. Los que aman a Jesús de esta forma se
sienten atraídos por su carácter, se regocijan por su misión, les deslumbra la bondad que
ha manifestado y no pueden evitar, pues, confiar en Él, debido a la admiración, la
reverencia y el amor que le profesan. Este tipo de confianza amante en el Salvador se
puede ejemplificar de esta forma: Una mujer es la esposa del más eminente médico de su
época. Es víctima de una peligrosa enfermedad y enferma gravemente por su causa; sin
embargo, se encuentra perfectamente tranquila y sosegada, puesto que su marido está
especializado en esta enfermedad y ha curado a miles de personas que se habían visto
igualmente afectadas por ella. No siente la menor preocupación porque se sabe
perfectamente a salvo en manos de alguien que le es tan querido, y en cuya persona la
habilidad y el amor están entremezclados en su manifestación más elevada. Su fe es
razonable y natural; su marido la merece se mire por donde se mire. Esa es la clase de fe
que los creyentes más bienaventurados profesan hacia Cristo. Es un médico inigualable,
nadie puede salvar como Él; le amamos, y Él nos ama a nosotros; y podemos ponernos,

183
Fe Bíblica

pues, en sus manos, aceptar todo lo que nos prescriba y hacer todo lo que nos pida.
Sabemos que no nos puede ordenar nada equivocado, porque nos ama demasiado para
dejar que perezcamos o suframos el más mínimo dolor innecesario.

La fe es la raíz de la obediencia, y esto se puede ver claramente en los asuntos de la vida.


Cuando un capitán confía a un práctico la dirección del navío para entrar en el puerto, el
navío queda en manos de este. Cuando un viajero confía en un guía para que le lleve por
una ruta difícil, sigue el camino que el guía le seña la. Cuando un paciente cree en un
médico, sigue cuidadosamente sus instrucciones y sus prescripciones. La fe que se niega a
obedecer los mandamientos del Salvador no es más que una farsa, y jamás salvará al alma.
Confiamos en Jesús para que nos salve; Él nos instruye con respecto al camino de la
salvación; seguimos esas instrucciones y somos salvos. No olvide esto mi lector. Confíe en
Jesús y demuestre su confianza haciendo todo lo que le pida.

Hay una notable modalidad de fe que surge del conocimiento seguro; esta procede del
crecimiento en gracia, y es la fe que cree en Cristo porque le conoce y confía en Él porque
ha demostrado ser siempre fiel. Una anciana cristiana tenía la costumbre de escribir una P
y una C en los márgenes de su biblia cada vez que probaba y comprobaba una promesa.
¡Qué fácil es confiar en un Salvador probado y comprobado! Aún no puedes hacer tal
cosa, pero llegarás a hacerlo. Todo debe tener un comienzo. Alcanzarás una fe fuerte a su
debido tiempo. Esta fe madura no pide pruebas y señales, sino que cree valientemente.
Observa la fe del capitán de un barco; muchas veces me ha maravillado. Leva anclas y
abandona la tierra firme. Durante días, semanas y hasta meses, no toca tierra; sin
embargo, prosigue intrépido día y noche, hasta que una mañana se encuentra justo
delante del puerto hacia el que había partido. ¿Cómo ha seguido su camino por un océano
sin indicaciones? Ha confiado en su brújula, en sus cartas de navegación, en su catalejo y
en los cuerpos celestes; y guiándose por ellos, sin llegar a ver tierra, ha navegado con tal
precisión que no ha tenido que desviarse lo más mínimo para entrar a puerto. Esa
navegación a vela o a motor, sin guiarse por la vista, es algo maravilloso. En términos
espirituales es una bendición abandonar por completo las orillas de la vista y de los
sentidos y despedirse de los sentimientos interiores, de las señales y demostraciones
alentadoras de la Providencia y demás. Es glorioso hallarse mar adentro en el océano del
amor de Dios, creyendo en Dios y navegando en dirección al Cielo guiados por la Palabra
de Dios. "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Juan 20:29); a ellos se les
dispensará una generosa acogida a su llegada y un viaje seguro durante su camino. ¿No
depositará mi lector su confianza en Dios en Cristo Jesús? Es ahí donde descansa mi
gozosa confianza. Hermano, ven conmigo y cree en nuestro Padre y en nuestro Salvador.
Ven de inmediato.

184
Fe Bíblica

¿Por qué somos salvos por fe?

¿Por qué se ha elegido la fe como el medio para la salvación? Es indudable que esta
pregunta suele plantearse a menudo. "Por gracia sois salvos por medio de la fe" (Efesios
2:8) es sin duda doctrina de la Sagrada Escritura, y lo que Dios ha dispuesto. ¿Pero por
qué es así? ¿Por qué se ha optado por la fe en lugar de por la esperanza, el amor o la
paciencia?

Hemos de ser humildes al responder a tal pregunta, porque los caminos de Dios no
siempre nos son comprensibles, ni se nos permite que los cuestionemos
presuntuosamente. Respondería humildemente que, en la medida de lo que podemos
decir, la fe ha sido elegida como el medio de la gracia porque la fe tiene la capacidad
natural de funcionar como receptor. Imaginemos que me dispongo a dar limosna a un
mendigo. La deposito en su mano, ¿por qué? Bien, difícilmente sería oportuno depositarla
en su oreja o dejarla sobre su pie; la mano parece haber sido creada específicamente para
recibir. Igualmente, en cuanto a nuestra mente, la fe ha sido creada específicamente para
ser un receptor: es la mano del hombre, y parece lógico que la gracia se reciba por medio
de ella.

Permítaseme dejar esto muy claro. La fe que recibe a Cristo es un acto tan sencillo como
cuando tu hijo recibe la manzana que le das porque se la ofreces y le prometes que se la
darás si viene por ella. La fe y la recepción se limitan a una manzana, pero equivalen
exactamente al mismo acto de fe en relación con la salvación eterna. La mano del niño es
a la manzana lo que tu fe es a la salvación perfecta de Cristo. La mano del niño no crea la
manzana, ni la mejora, ni la merece; solo la toma. Y Dios ha elegido la fe para que sea el
receptor de la salvación; porque la idea no es que cree la salvación ni contribuya a ella,
sino que se contente humildemente con recibirla. "La fe es la lengua que pide perdón, la
mano que lo recibe y el ojo que lo ve; pero no es el precio que la compra". La fe nunca
hace su propio alegato, basa toda su defensa en la sangre de Cristo. Se convierte en un
siervo fiel que trae las riquezas del Señor Jesús al alma porque reconoce de dónde las
obtiene y que solo esa gracia se las ha confiado.

La fe, por otro lado, se elige sin duda porque da toda la gloria a Dios. Es por fe, para que
sea por gracia, y es por gracia para que no haya jactancia; porque Dios no tolera el orgullo.
"Al altivo mira de lejos" (Salmo 138:6), y no desea acercarse a él. No concederá la salvación
de una forma que sea indicativa de orgullo o lo fomente. Pablo dice: "No por obras, para
que nadie se gloríe" (Efesios 2:9). Ahora bien, la fe excluye toda jactancia. La mano que
recibe caridad no dice: "Se me debe agradecer que acepte el don", eso sería absurdo.
Cuando la mano lleva el pan a la boca no dice al cuerpo: "Agradéceme que te alimente".
La mano hace algo muy sencillo, aunque muy necesario; y nunca se arroga gloria por lo

185
Fe Bíblica

que hace. Dios ha escogido la fe, pues, para recibir el inefable don de su gracia porque no
puede atribuirse mérito alguno, sino que debe adorar al Dios misericordioso que es el
dador de todo bien. La fe corona la cabeza adecuada, y por eso el Señor Jesús quiso
coronar la cabeza de la fe y dijo: "Tu fe te ha salvado, ve en paz" (Lucas 7:50).

Además, Dios escoge la fe como el medio de la salvación porque es un método seguro que
vincula al hombre con Dios. Cuando el hombre confía en Dios, hay un nexo de unión
entre ellos, y esa unión garantiza la bendición. La fe nos salva porque hace que nos
aferremos a Dios, y así nos vincula a Él. He recurrido a este ejemplo con gran frecuencia,
pero me veo obligado a repetirlo porque no se me ocurre otro mejor. Oí la historia de que
hace años un barco se precipitó por las cataratas del Niágara, y había dos hombres que
estaban siendo arrastrados por la corriente cuando algunas personas en la orilla les
hicieron llegar una soga y ambos se aferraron a ella. Uno de ellos se agarró fuertemente y
fue arrastrado hasta ser puesto a salvo en la orilla; sin embargo, el otro, al ver un gran
tronco que flotaba al lado soltó insensatamente la soga y se agarró al tronco, puesto que
era más grande y en apariencia lo mejor para agarrarse. Por desgracia, el tronco -y el
hombre con él- se precipitó sobre el abismo porque no tenía ningún vínculo de unión con
la orilla. El tamaño del tronco no fue de ayuda alguna para quien se agarró a él; necesitaba
un punto de contacto con la orilla para ofrecer algún tipo de ayuda. Cuando un hombre
confía, pues, en sus obras, o en los sacramentos, o en cualquier cosa semejante, no se
salvará, porque no hay vínculo alguno entre él y Cristo; pero la fe, aunque parezca una
delgada cuerda, está en manos del gran Dios en la orilla; hay un poder infinito que tira del
cable de conexión y así rescata al hombre de la destrucción. ¡Bendita sea la fe, porque nos
une a Dios!

La fe se escoge, por otra parte, porque toca la fuente de la acción. La fe se encuentra en la


raíz de todo, aun de las cosas más comunes. Me pregunto si me equivoco al afirmar que
no hacemos nada que no implique algún tipo de fe. Si camino por mi despacho es porque
creo que mis piernas me llevarán. Un hombre come porque cree en la necesidad de la
comida; hace negocios porque cree en el valor del dinero; acepta un cheque porque cree
que el banco lo considerará válido. Colón descubrió América porque creía que había otro
continente al otro lado del océano; y los Padres Peregrinos la colonizaron porque
creyeron que Dios estaría con ellos en aquellas orillas rocosas. La mayor parte de las
grandes hazañas han sido fruto de la fe; para bien o para mal, la fe obra milagros por parte
del hombre que la tiene. La fe en su forma natural es una fuerza omnipresente que forma
parte de todo tipo de acciones humanas. Posiblemente quien ridiculiza la fe en Dios es el
hombre que, de una manera maligna, más fe tiene; ciertamente, suele caer en una
credulidad que sería graciosa de no ser tan trágica. Dios entrega la salvación a la fe porque
creando fe en nosotros toca la verdadera fuente de nuestras emociones y nuestros actos.

186
Fe Bíblica

Se apodera, por así decirlo, de la batería y ahora puede enviar su corriente sagrada a toda s
las partes de nuestra naturaleza. Cuando creemos en Cristo y el corazón pasa a ser
posesión de Dios, somos salvados del pecado y se nos lleva al arrepentimiento, la
santidad, el celo, la oración, la consagración y cualquier otra virtud. "Lo que el aceite es a
las ruedas, lo que las pesas son al reloj, lo que las alas son a los pájaros, lo que las velas
son al barco, es la fe a todo deber y servicio piadoso". Ten fe y todas las demás virtudes
serán añadidas y mantenidas.

La fe, por otra parte, tiene la facultad de obrar a través del amor, inclina los sentimientos
hacia Dios e induce al corazón a las mejores cosas. El que cree en Dios le amará sin el
menor asomo de duda. La fe es un acto del entendimiento, pero también procede del
corazón. "Con el corazón se cree para justicia" (Romanos 10:10), y así Dios concede la
salvación a la fe porque reside junto a los sentimientos y es vecina del amor; y el amor es
el padre y la nodriza de todo acto y de todo sentimiento santos. El amor a Dios es
obediencia, el amor a Dios es santidad. Amar a Dios y amar al hombre es ser conforme a
la imagen de Cristo; y esto es la salvación.

Más aún, la fe crea paz y gozo; quien la tiene descansa y está tranquilo, es feliz y tiene
gozo; y esto es una preparación para el Cielo. Dios concede todos los dones celestiales a la
fe por esta razón entre otras: la fe obra en nosotros la vida y el espíritu que se
manifestarán eternamente en el otro y mejor mundo. La fe nos proporciona la armadura
para esta vida y nos educa para la vida venidera. Capacita a un hombre para vivir y para
morir sin temor; nos prepara tanto para la acción como para el sufrimiento; y por eso el
Señor la escoge como un medio óptimo para transmitirnos la gracia y asegurarnos así la
gloria.

Ciertamente, la fe hace por nosotros lo que ninguna otra cosa puede hacer; nos
proporciona gozo y paz y nos hace descansar. ¿Por qué intentan los hombres alcanzar la
salvación por otros medios? Un viejo teólogo dice: "Un siervo necio al que se le pide que
abra la puerta apoya el hombro contra ella y empuja con todas sus fuerzas; pero la puerta
no se mueve, y no puede entrar por mucha fuerza que emplee. Otro viene con una llave,
abre la puerta fácilmente y entra sin problema alguno. Los que quieren salvarse por obras
empujan la puerta del Cielo sin resultado; pero la fe es la llave que abre la puerta de
inmediato". Lector, ¿utilizarás esta llave? El Señor te manda que creas en su amado Hijo,
de forma que debes hacerlo, y al hacer tal cosa vivirás. ¿No es esta la promesa del
Evangelio: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Marcos 16:16)? ¿Qué objeción
puedes plantear a un camino de salvación que se encomienda a la misericordia y la
sabiduría de nuestro bondadoso Dios?

187
Fe Bíblica

Una visión balanceada Sobre la Fe

Todo creyente sabe lo que significa luchar con la fe. ¿Tengo suficiente confianza en
Dios? ¿Se hubiera sanado si yo hubiera confiado más en Dios? ¿No me ascendieron
porque me faltó fe? Si realmente confío en Dios, ¿por qué tengo estos pensamientos
inclementes? Si mi fe es firme, ¿por qué mis hijos tienen tantos problemas? Si actúo con
fe, ¿no tendrían que aceptar a Cristo como su Salvador todas las personas a quienes
testifico?
Tal vez el apóstol Pablo se refería a este conflicto cuando usó la frase: «La buena
batalla de la fe» (1 Timoteo 6.12). Para él, la batalla por la fe no estaba limitada al
ministerio. Aunque las iglesias pioneras de Asia deben haber tenido muchos conflictos
con la fe, la «buena batalla» de Pablo se refiere más a su relación total con el Señor Jesús.
Pablo admite que la fe ha sido una batalla, una buena batalla, cuando en los últimos
momentos de su vida escribió desde la prisión, consciente de que podrían ejecutarlo en
cualquier momento.
Quizá para usted sea un paso gigantesco aceptar el hecho de que existe algo llamado
«buena batalla». La presente cultura no cree que haya mucho por lo que valga la pena
luchar. Sin embargo, sí lo hay: la fe.
¿Por qué molestarse en luchar por la fe? ¿Por qué la batalla por la fe es una buena
batalla?
Porque:
• Cualquier cosa que se haga sin fe nunca va a agradar a Dios (Hebreos 11.6).
• La gracia se alcanza sólo por fe (Efesios 2.8).
• Todos poseemos la capacidad de tener fe (Romanos 12.3).
• La fe es uno de los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12.7–11).
• Nada es imposible cuando se tiene fe, aunque sea tan pequeña como una semilla de
mostaza (Mateo 17.14–21).

La batalla por la fe es una buena batalla.


La Biblia es clara en su enseñanza acerca del poder de la fe. Sin embargo, muchos
creyentes están confundidos respecto a ella. Esta confusión se debe en parte al papel que
desempeñan los diferentes ministerios de «fe». Algunos ministran con efectividad,
mientras que otros parecen utilizar la fe de tal manera que hacen al hombre amo de su
destino, en vez de reconocer a Dios como el Señor Soberano.
Pero aunque no existieran enseñanzas y maestros polémicos, aún habría lucha en el
campo de la fe. ¿Por qué? Porque, corriendo el riesgo de ser muy simplista, la fe tiene un
enemigo. En realidad su fe tiene dos enemigos: usted mismo y Satanás.
Satanás emplea muchas estratagemas en su ataque sobre su vida. Pero tal vez le
sorprenda saber que el enfoque de su ataque está dirigido casi exclusivamente a su fe. Él
sabe muy bien que si puede quitarle la efectividad a su fe, usted será ineficaz. Quiere
derrocar su fe (lea 2 Timoteo 2.18).
Satanás no será el causante de toda su lucha por la fe. Parte de ella será por su propia
«naturaleza» humana. La fe requiere oír, tomar decisiones, arrepentirse y aprender. Estos

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Fe Bíblica

son retos en los que no interviene el diablo. Como él sabe cuán difícil puede ser la «buena
batalla de la fe», procura influir con sus mentiras en usted.
Se nos puede engañar fácilmente, y como Satanás es ingenioso, resulta decisivo que
asimilemos la Palabra de Dios para el cultivo, crecimiento y evaluación de nuestra fe.
Nuestra fe se vivifica por medio de su Palabra (Romanos 10.17), y con ella peleamos contra
el enemigo (Efesios 6.17).
Durante este estudio de la Palabra de Dios, usted se hará muchas preguntas
importantes sobre la fe:
• ¿Puedo pedirle a Dios cualquier cosa, y mientras tenga la fe correcta, obtener lo que
pido?
• Si creo, ¿puedo estar seguro de que mis hijos serán salvos?
• ¿Puede garantizarme la fe que no sufriré dolor o enfermedades?
• ¿Existe alguna posibilidad de que mi falta de fe provoque la ira de Dios?
• ¿Peligra mi salvación si hago enojar a Dios?

Llegar a tener «plena certidumbre de fe» es algo por lo que vale la pena luchar la
buena batalla de la fe. Busquemos el camino de la fe de acuerdo con la Palabra de Dios.

La historia de la fe

Hace poco alguien dijo que el mundo necesita desesperadamente héroes. En lo que
respecta a la fe, abundan. En cada época, la iglesia los ha tenido y han sido debidamente
honrados. Sin embargo, la historia más emocionante de héroes de la fe se encuentra en
Hebreos 11. Al comenzar el estudio de la historia de la fe, haga una pausa aquí y lea todo
ese capítulo bíblico, concluyendo con Hebreos 12.1–2. ¡Qué lectura tan emocionante!,
¿verdad? ¿No le acelera el ritmo cardíaco?
¿Ha notado que aparecen juntos tanto quienes experimentaron gran victoria como los
que vivieron su fe sin disfrutar jamás de una? Lea Hebreos 11.33–34 otra vez. ¿Para qué los
capacitó la fe?
Ahora, lea otra vez la segunda oración en Hebreos 11.35–38. ¿Qué es lo que la fe les
permitió hacer a estos héroes?

EXEGESIS DIRECTA

1 Juan 5.4 «Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe». Una pregunta
sensata acerca de la «fe» es: ¿Cuándo se es ganador? ¿Cuándo es uno victorioso? Nuestra
sociedad sugiere que la experiencia de victoria sólo puede ser verdadera cuando usted
tiene aquello que quiere cuando lo quiere. Sin embargo la Biblia nos enseña que usted
gana no cuando usted consigue lo que quiere, sino en el momento en que cree. Si estoy
rodeado de problemas, no gano cuando encuentro la solución, sino en el momento en que
creo que Dios me sustentará durante los tiempos difíciles o más allá. Si estoy enfermo,
triunfo sobre la enfermedad no en el momento en que encuentro sanidad sino cuando
confío en las promesas de Dios, que confirman a Jesucristo como Sanador vivo y real para

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Fe Bíblica

mí. Si me encuentro en pobreza, gano en el momento en que creo en lo que Dios ha dicho
acerca de mi situación económica. Tú y yo somos más que vencedores a partir del
momento en que ponemos nuestra fe en el Hijo de Dios, y en lo que nos dice su Palabra.
En 1 Juan 5.4, la palabra «vence» aparece dos veces, y victoria, sólo una. En ambos
casos se traduce de la palabra griega nike (Strong 3528, 3529). ¿No parece el nombre de un
fabricante de calzado deportivo muy famoso? Por supuesto, ellos eligieron este nombre
para identificar a su compañía, puesto que también es el nombre de la diosa de la victoria
en la mitología griega. Pero la victoria militar o atlética, aquello a lo que se referían los
griegos, y que se ocupa sólo de los objetivos humanos, es simplemente un mito. Lo
verdadero y fundamental es esto: Cuando depositas tu fe en el Hijo de Dios (cuando naces
en Dios) tu fe te transforma en un vencedor y te da una victoria que nadie te puede quitar.

HÉROES DE LA FE

Por favor utilice su Biblia para contestar las preguntas que a continuación se
encuentran sobre los héroes de la fe que aparecen en Hebreos 11. Al contestarlas tome en
cuenta los principios para una fe efectiva y práctica según aparecen en ese texto.

¿Cuál es el primer héroe de la fe que menciona este capítulo? ¿Qué es lo que hace por
fe? (v. 4).
¿Qué le pasó a Enoc? ¿Cómo consiguió agradar a Dios? (v. 5).

EXEGESIS DIRECTA

Según Hebreos 11.6, la fe que le interesa a Dios hace tres cosas:

• La fe agradable busca a Dios: «Es galardonador de los que le buscan». Buscar, como se
usa aquí, significa investigar, anhelar, o demandar. Es una promesa apremiante. No se
trata de molestar a Dios. Jesús mismo enseñó dos parábolas que celebran la búsqueda
diligente y agresiva en la oración. Lea una de estas en Lucas 11.5–10. El deseo del Señor
es que usted no crea que Él está dormido o que no le interesa su situación. Al mismo
tiempo desea que usted no tenga vergüenza en buscarlo insistentemente. La palabra
«importunidad» («insistencia» en el versículo 8) viene de dos palabras griegas, que
significan «sin timidez».
Escriba sus pensamientos acerca de esta parábola, tomando nota de que Jesús desea
inculcar osadía al pedir (en vez de simple tenacidad). Estudie las palabras y discierna
esta importante verdad.

• La fe agradable cree que Dios existe: «Cree que le hay». Las oraciones de algunos hacen
dar la impresión de que se hablan a sí mismos. ¿Ha orado alguna vez sin pensar que
está en la presencia de Dios? Él quiere que su fe esté enfocada en la realidad de su
existencia. Contrario a lo que suponen las filosofías modernas, Dios está allí. Él insiste
en que usted piense de esta manera para complacerlo a Él.
En teoría, para muchos de nosotros esto no es problema. Como cristiano, usted ha
profesado fe en Dios por medio de Cristo. Desde ese punto de vista, usted cree que Él
existe. El problema se suscita cuando nos encontramos bajo presión. ¿Creemos que

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Fe Bíblica

existe cuando atravesamos circunstancias difíciles? Allí es cuando su fe agrada a Dios,


cuando por fe puede verlo en su situación.

• La fe agradable cree que Dios da recompensa: «Es galardonador». En algunas culturas


esta palabra se refiere simplemente a un buen empleador. Está relacionada con un
salario, con dinero que se paga por un trabajo. Si sólo significara eso, entonces Dios se
agradaría si usted creyera que Él es un buen jefe. Pero va mucho más allá de creer que
Dios paga buenos salarios. «Galardonador» es mucho más que una compensación, es
más que el reembolso del valor de lo que se recibe. ¿No es esto lo que indica Efesios
3.20–21? Véalo desde el punto de vista negativo de la pregunta: ¿Cómo es posible
agradar a Dios cuando creo que Él me da menos de lo que le pido? La respuesta
bíblica: No es posible agradar a Dios cuando creemos que Él responde a nuestra
oración con lo mínimo indispensable para ayudarnos a atravesar nuestra
circunstancia. Recuerde: La fe agradable cree que Dios provee una recompensa más
allá de lo normal cuando lo buscamos con diligencia.

MÁS HÉROES DE LA FE
¿Qué hizo Noé por fe? (v. 7)
¿En qué se convirtió Noé al condenar la actitud del mundo en que vivía?
Lea Efesios 5.1–11 para ver cómo su vida de fe hace hoy lo que la vida de Noé hizo en su
día.
Aunque estudiaremos más adelante la vida de fe de Abraham, lea Hebreos 11.8–12, 17.
Escriba sus pensamientos acerca de las declaraciones siguientes:
• Abraham obedeció por fe (v. 8).
• Abraham salió por fe, con certeza en la dirección, pero sin instrucciones claras (v.
8).
• Abraham vivió por fe en la tierra prometida pero como un extranjero, Dios le
prometió la tierra pero nunca vivió en ella como propia (v. 9).
• Abraham esperó por fe y vio una ciudad eterna hecha por Dios (v. 10).
• Sara recibió por fe la fuerza para tener un niño en su vejez (v. 11).
• Abraham ofreció por fe a Isaac, creyendo que si era necesario Dios lo podía
levantar de entre los muertos, pues su nacimiento fue como un milagro de
resurrección (v. 17).

Hebreos 11.13–16 enumera una letanía extraordinaria de fe. Si usted memoriza esta
declaración rítmica de fe, su fe personal se verá enriquecida grandemente. Ahora observe
cinco características adicionales de fe que estos versículos revelan:
1. La fe es segura. Pablo utiliza esta palabra cuando dice que está seguro de que nada
puede separar al creyente del amor de Dios en Cristo (Romanos 8.38). Esto implica
siempre un proceso mental; el convencimiento requiere procesamiento, tiempo. El
utiliza la misma palabra de nuevo para hablar de la confianza que tiene en que Cristo
ha de terminar la buena obra que ha empezado en todo creyente (Filipenses 1.6).

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Fe Bíblica

Posiblemente el uso más conmovedor de esta palabra ocurre cuando Pablo escribe
a Timoteo, quien había comenzado a combatir al temor en su pastorado en Éfeso.
Como un padre amoroso, invita a Timoteo a tomar su lugar en la obra de la fe,
diciendo: «Pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que
es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (1 Timoteo 1.12). La palabra
griega es peitho (Strong #3982). Significa que uno ha participado de un debate donde
han tenido expresión todas las ideas relevantes al tema en cuestión. Luego, habiendo
considerado el mérito de todas las posiciones expuestas, uno toma una decisión
basada en toda la evidencia y en la convicción interna. Cuando esto ocurre, usted está
convencido.
¿Cómo convence la fe? El convencimiento viene al considerar todo lo que la
Palabra de Dios dice respecto de los temas en cuestión y al exponerse en persona al
Verbo, el Señor Jesús. La combinación de la Palabra escrita de Dios y la Palabra
revelada en la persona de Jesucristo consigue afirmar esta seguridad gloriosa. Mi
pregunta para usted es: ¿Qué «palabras» de promesa conforman su fe en la
actualidad?

2. La fe se aferra. Esta palabra (aspadzomai, Strong #782) se utiliza con mayor frecuencia
al principio de las epístolas, cuando el apóstol «saluda» a la iglesia. A veces Pablo
instruye a los creyentes a «saludarse» unos a otros; esta es la palabra a que hacemos
referencia. Puede significar envolver a alguien en sus brazos, saludar o dar la
bienvenida. Así como la seguridad de la fe viene de considerar las promesas y ser
convencido por ellas, «abrazarlas» significa interiorizarlas. Ahora que las ve con
claridad, salúdelas, abrácelas, téngalas, deles la bienvenida a su vida. Así como
abrazaría a un ser querido, debe tratar a las promesas que Dios ha hecho a su vida.
Téngalas por amigas. En distintas interpretaciones llega a tener la connotación de
gran afecto, y se puede traducir como «beso». La pregunta que se debe usted hacer es:
¿Qué «palabras» bíblicas de fe ha incorporado a su vida como amigas?
3. La fe confiesa. La palabra griega homologeo (Strong #3670) significa dar
consentimiento, compromiso o reconocimiento. Es como una obligación de contrato,
como cuando está por comenzar la construcción de un edificio. Jesús usa esta palabra
cuando dice: «Aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del
Hombre le confesará» (Lucas 12.8). Significa estar en la misma sintonía. La fe almea la
persuasión y el abrazo con la confesión. ¿Qué debería usted confesar en su situación
presente? Debería confesar aquello que lo ha persuadido y que ha recibido en su vida.
Enfoquémoslo desde un punto de vista negativo: ¿Qué es lo que no debería confesar?
No debería confesar aquello que no lo ha persuadido. No debería confesar cosas que
no anhela para su propia vida.
Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12.34). Mi amigo y
pastor, Steve Overman, dice a menudo: «La Palabra de Dios siempre le dirá lo que
pasa en el corazón de Dios. ¡Desafortunadamente, las palabras suyas siempre le dirán
lo que sucede en su corazón!» La pregunta es: ¿Cuál es la condición de su corazón con
respecto a las promesas de Dios, según indica su confesión?

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Fe Bíblica

4. La fe declara con claridad. ¿Por qué difiere esto con lo que ya enseñamos? Lo que
precede tiene que ver con el vocabulario, las palabras que usted ha usado que reflejan
la condición de su corazón en cuanto a las promesas de Dios. La declaración presente
viene más como una manifestación de una decisión de por vida que usted ha
efectuado y que es evidente para todos. La palabra griega que se traduce como
manifestar es emphanidzo (Strong #1718), se usa para describir la manifestación de la
vida, lo que otros pueden ver claramente por el estilo de vida y diálogo. Jesús utiliza
esta palabra cuando habla de la manifestación espiritual que Él y su Padre producirán
en todo creyente cuando reciban el Espíritu Santo (Juan 14.21). La combinación de las
palabras utilizadas en este pasaje en el hebreo sugiere claridad. No puede haber
disputa en lo que se declara, es obvio. La «declaración sin rodeos» ciertamente puede
involucrar al lenguaje, pero es mucho más que eso. Si usted está cerca de alguien que
«declara sin rodeos» (como se usa aquí), oirá lo que habla a través del movimiento
corporal, las decisiones, las acciones y las palabras que usa. Su vida «declara sin
rodeos». En este caso, la vida de estos creyentes «declaraba sin rodeos» que la
promesa de Dios los había convencido; que habían dado la bienvenida a la Palabra de
Dios en sus vidas, que hablaban acerca de lo que Dios había prometido y que su vida
entera era una prueba de la realidad de su fe. La pregunta que debemos hacer es: ¿Qué
dice su vida a las personas que mejor lo conocen?

5. La fe evoca. Casi siempre que se utiliza esta palabra, se traduce «recordar». Conlleva la
idea de controlar sus pensamientos; de estar a cargo de sus ideas. También implica
controlar lo que usted piensa al hablar de lo que quiere recordar.
Al escribir esta carta el apóstol enseña una lección notoria a todos los que toman en
serio su fe: Si usted se fija en la mente un objetivo diferente al que delinea la promesa de
Dios, tendrá la oportunidad de alcanzarlo. Asombroso, ¿verdad?
Si los peregrinos de Hebreos 13.13 hubieran puesto en su mente el país que dejaron
atrás para seguir a Dios, muchas oportunidades se hubieran dado para volver atrás. Sin
embargo, se preocuparon por pensar en la tierra prometida, un lugar mejor, un país
espiritual. Ellos «invocaron en su mente» una meta que descansaba en el centro de las
promesas de Dios.
Es importante recordar que debemos estar en control absoluto de lo que pensamos.
Algunos pueden argüir que se le puede dar demasiado énfasis a este tema. ¡Pero Dios no
nos hubiera dado instrucciones sobre cómo pensar (ver Filipenses 4.8) si no fuera posible
hacer exactamente lo que Él dice!
Escriba las palabras de Jesús como se registran en Lucas 21.19.
Ahora escríbalas teniendo en cuenta que «ganaréis» significa «tomar control», y que
«alma» incluye su mente y sus sentimientos.
Una de las prácticas de la vida de la fe es memorizar la Palabra de Dios. Repita las
promesas. Invóquelas en su mente. Vocalícelas. Si usted tiene alguna dificultad con sus
pensamientos, lea Salmos 119.11.
La pregunta que nos confronta es: ¿Qué hemos estado invocando en nuestra mente?

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6. La fe anhela. La palabra griega oregamai (Strong #3713) significa una decisión interna
para alcanzar un objetivo, estirarse uno mismo en una posición de vulnerabilidad,
como si dijera: «Esto es lo que quiero hacer con mi vida». Es la palabra que se utiliza
en 1 Timoteo cuando Pablo dice que es bueno anhelar el obispado. En su forma
negativa, también se usa para describir a alguien que codicia un objeto que aún no
posee. En tono positivo, usted utilizaría esta palabra en la siguiente frase: «Este es el
anhelo de mi vida». La fe anhela el cumplimiento de la promesa de Dios. La pregunta
es: ¿Cuál es el anhelo de su vida?
Si usted memoriza esta letanía puede convertirla en la regla para medir su vida de fe.
¿Se dio cuenta de la contradicción? Por lo menos, algunos creen que es una contradicción
al entendimiento de la vida de fe. Hemos tratado la vida de fe de aquellos que nunca
recibieron lo que creyeron. ¿No le molesta eso?
No le molestará si entiende que el sentido práctico de nuestra vida de fe es llevarnos a
dónde Dios quiere que vayamos. No es una herramienta para lograr el éxito personal, sino
el cumplimiento del propósito de Dios en nosotros al hacernos receptivos activa y
agresivamente a su Palabra, su voluntad, su promesa y su poder.
Lea Hebreos 11.16. He aquí las personas de quienes Dios dice que «no se avergüenza de
llamarse Dios de ellos». La conclusión lógica es que a veces ¡Dios está avergonzado!
¿Cuándo ocurre esto? Cuando nuestra fe trata de apropiarse de la bondad de Dios sólo
para esta vida, olvidando que su plan es eterno. Escriba una declaración personal que
diga: «Señor, anhelo que te regocijes en mi fe».

MÁS SOBRE HÉROES DE LA FE

Narre sus propios pensamientos acerca de la mención que se hace respecto de la fe de


Isaac, Jacob y José (Hebreos 11.20–22). ¿No es la vida de fe una sucesión generacional? ¿Es
verdad que una persona de fe tiene mucho que decir ante su muerte?
¿Qué eligió Moisés en fe? ¿Qué valoró?

Lea Hebreos 11.33-34. Vea los logros de quienes estaban motivados por la fe:
Subyugaron reinos.
Obraron justicia.
Obtuvieron promesas.
Detuvieron las bocas de leones.
Apagaron la violencia del fuego.
Escaparon al filo de la espada.
Se fortalecieron en la debilidad.
Se volvieron valientes en la batalla.
Provocaron la huida de los ejércitos extranjeros.

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Fe Bíblica

REFLEXIÓN SOBRE FE

Ya que la fe es «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve», escriba


algunas de las cosas que usted espera, pero que todavía no ve. Al hacerlo, deje que el
Espíritu Santo le recuerde la Palabra de Dios. Escriba las promesas al lado de lo que desea
pero que aún no ve.

El don de fe

El ascensor era muy lento; así que tomé las escaleras. Tan rápido como me fue posible
subí los escalones de dos en dos. Me habían llamado cuando estaba camino al hospital.
Fueron pocas y concisas palabras. La comunicación se interrumpió antes de que pudiera
hacer alguna pregunta. Sin embargo, yo sonreía al subir las escaleras.
¿Por qué? No es que Hank fuera demasiado joven para morir de un ataque al corazón.
Yo sabía que había algo mejor. Un ataque al corazón le puede ocurrir a cualquiera, a
cualquier edad. Tampoco es que él fuera un firme creyente que sabría cómo asirse de las
provisiones de la gracia sanadora. Hank era un creyente joven. Yo lo conocía bastante
bien. Le era difícil encontrar el evangelio de Juan y peor aún encontrar los pasajes sobre
sanidad.
Sin embargo, yo sonreía. ¿Por qué? Porque estaba seguro de que Hank se recuperaría.
Esta seguridad no provenía de las breves palabras que me habían hecho correr al hospital.
Mi sonrisa no era por algún conocimiento médico, o por la ausencia del mismo. Sonreía
porque reconocía el don de fe.
No era la primera vez que me ocurría. Me sucedió una ocasión cuando me arrodillé al
lado de una niña de nueve años que la acababa de atropellar un camión. Yo conducía mi
auto detrás del camión que la golpeó. Cuando la examiné parecía tener graves heridas. El
golpe le había deformado la cabeza. Le salía sangre por el oído. Pude escuchar los gritos
de la madre en el fondo y las voces de la gente que pedían a alguien que llamara una
ambulancia.
Sabiendo que no debía moverla le empecé a susurrar al oído: «Vas a estar bien. El
Señor se va a encargar de ti. Vivirás y sanarás completamente». ¡Era verdad! Yo no estaba
tratando de consolarla con palabras de ánimo. De alguna manera sabía que se iba a
recuperar por completo.
Yo había recibido el don de fe.
Ella se recuperó, así como también Hank. Ojalá ocurriera siempre, pero no es así. Aún
las personas de gran fe deben admitir que aunque el don de fe no es raro tampoco es una
experiencia común y corriente, es cuestión de voluntad. El creyente elige creer lo que
Dios ha dicho en su Palabra. El próximo capítulo de esta guía está dedicado a explorar esa
expresión de fe que denominaremos la decisión de fe. Pero en este estudiamos otra faceta
de la obra del Espíritu de Dios en que la fe funciona como un «don», porque el Espíritu
Santo ha decidido darla en una situación en que usted, algún otro cristiano o yo
«aparece» como el instrumento que Él ha elegido para ministrar ese «don». A este don se
refiere 1 Corintios 12.9: «A otro, fe por el mismo Espíritu».

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Fe Bíblica

Lea 1 Corintios 12.7–11 y conteste lo siguiente:


1. ¿A quién se le da la manifestación del Espíritu y por qué?
2. Escriba las nueve manifestaciones de dones espirituales, mencionadas en este
pasaje.
3. ¿Quién opera todos estos dones, y por voluntad de quién?

EXEGESIS DIRECTA
Fe, pistis (Strong #4102). Significa persuasión: creencia, convicción moral de una
verdad religiosa o confianza en Dios. Acarrea la connotación de seguridad, credo, creencia,
fe, fidelidad.

EXEGESIS DIRECTA

Don, carisma (Strong #5486). Un regalo (divino): liberación (de peligro o pasión), dote
espiritual o facultad milagrosa, obsequio gratuito.

Si unimos estas dos palabras, «fe» y «don», y le agregamos la idea de que este carisma
de fe viene por la obra del Espíritu Santo, tenemos algunas posibilidades extraordinarias.

EL APÓSTOL PABLO

El apóstol Pablo recibió el don de fe muchas veces. Podemos leer acerca de una de
esas oportunidades en Hechos 27.6–44. Observe cómo este pasaje describe su viaje a
Roma como prisionero. Vea cómo el capitán, haciendo caso omiso a la advertencia de
Pablo, se dispuso a navegar en una de las épocas más peligrosas del año (ver mapa).
Con su Biblia abierta en este pasaje, responda las siguientes preguntas:
1. ¿Qué es lo primero que dijo Pablo respecto a la pérdida de vidas? (Hechos 27.10).
2. ¿Qué es lo que Pablo dijo acerca de la pérdida de vidas? (Hechos 27.22).
3. ¿En que baso Pablo su promesa? (Hechos 27.23–24.
4. ¿En qué creyó Pablo? (Hechos 27.25).

La confianza inquebrantable de Pablo en esta situación no se basaba en una poderosa


«voluntad» humana para creer, sino en una visita del Señor que «impartió» fe en una
situación que parecía no tener solución. Cuando lo estudiamos con objetividad, el don de
fe parece que funciona sin estímulo externo. Con esto quiero decir que los factores
atenuantes conducen o al menos sugieren otro desenlace. Por ejemplo, ¡la tormenta no
llevaba a creer que todo iba a salir bien! Al contrario, la fe de Pablo provenía de adentro,
no venía de un factor externo; era sobrenatural, no natural. Además se basaba en el
entendimiento de Pablo acerca de lo que dijo el Señor, en vez de basarse en algún
comentario proveniente de una autoridad terrenal o generado por la voluntad humana o
el celo religioso.

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Fe Bíblica

ANTECEDENTE HISTÓRICO

Camino a Roma (cuarto viaje misionero de Pablo, Hechos 27.1–28.16). Estando en Jerusalén
tras su tercer viaje misionero, Pablo se encontró en dificultades con los judíos que lo
acusaron de profanar el templo (Hechos 21.26–34). Fue colocado bajo custodia romana en
Cesarea durante dos años, pero después de apelar al César, se le envió por barco a Roma.
Al zarpar de la Isla de Creta, el grupo de Pablo naufragó frente a Malta debido a una gran
tormenta. Por último, tres meses más tarde arribó a la capital del imperio. 1

CALEB

En el Antiguo Testamento existen varios ejemplos similares de fe sobrenatural. Una de


ellas es la historia de los doce espías enviados por Moisés a Canaán; debían informar de
vuelta a Israel. Diez de los espías ofrecieron un informe negativo, humanamente real y
militarmente práctico. Como contrapartida, dos de los espías dieron un informe positivo
que parecía obviar los desafíos a los que se enfrentaban.
Acerca de este incidente en Números 13.17–23, responda estas preguntas:
1. ¿Qué asignación se dio a los espías?
2. ¿Por cuánto tiempo se fueron los espías?
3. ¿Qué dijo Caleb?

EXEGESIS DIRECTA

Podremos, yakol (Strong #3201): Tener la habilidad, el poder, la capacidad para vencer
o tener éxito. Este verbo se usa 200 veces en el Antiguo Testamento. Generalmente se
traduce de varias formas, pero todas encierran ideas similares. En Números 13.30 Caleb
utiliza la repetición intensiva de yakol, a fin de indicar su clara y firme convicción de que
el pueblo poseía todos los recursos físicos y espirituales para lograr la victoria: «porque
más podremos nosotros que ellos»2

Al estudiar los versículos habrá notado el contraste entre el informe de Caleb y el de


los otros diez espías. Obviamente Caleb habla con una fe asombrosa. ¿De dónde viene
esta? ¿Cómo puede Caleb hablar con tal confianza, cuando los otros hombres tienen una
versión totalmente opuesta?

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, Fl, 1994, 1438.
2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 184, riqueza literaria, Números 13.30, podremos.

197
Fe Bíblica

Para encontrar la respuesta, lea Números 14.24. ¿Qué clase de «espíritu» tiene Caleb?

«Espíritu» se refiere al hombre interior de Caleb, no al Espíritu Santo. Sin embargo


sigue siendo una referencia que nos ayuda a ver cómo el don de fe funciona en nosotros.
A Caleb no le asustaron los gigantes que vio durante sus cuarenta días de espionaje.
No lo asombraron las ciudades amuralladas o el tamaño enorme de la tierra. Al contrario,
él «decidió ir en pos de [Dios]», ¡no vio sólo a los gigantes, también vio al Señor! Aunque
vio las ciudades amuralladas, también vio al Señor. Caleb vio la enormidad de la tierra,
pero también vio al Señor. Aquellos que siguen al Señor, lo ven en medio de sus
circunstancias. Conocen los desafíos; no juegan con la mente, pretendiendo negar la
realidad de la situación que enfrentan, sino que ven al Señor por encima de los
problemas.
El don de fe, la obra sobrenatural del Espíritu Santo, viene a los que son llenos del
Espíritu. Como todos los otros dones, el don de fe fluye hacia quienes permiten al Espíritu
Santo obrar en ellos. La confesión de Caleb muestra su carácter y voluntad por creer. Sin
embargo, tal como con Pablo en el barco, cuando examinamos la situación no se puede
ver una influencia externa que justifique la confesión de Caleb. Los gigantes, el tamaño de
la tierra y las ciudades amuralladas sugieren que el informe de los otros espías es más
acertado.
Pero el reporte de Caleb es diferente, no sólo por su carácter o por su decisión, sino
por la influencia del Espíritu Santo de Dios. Es un don sobrenatural que dice: «¡Somos
capaces de vencer!»

TESTIMONIO

El doctor Roy Hicks, dice de la confesión de Caleb: «Caleb vio los mismos gigantes y
las mismas ciudades amuralladas que los otros espías, pero los diez espías regresaron para
trasmitir un «malvado informe» pesimista. Las palabras de Caleb proclamaron una
convicción, una «confesión», ante todo Israel: «Más podremos nosotros que ellos». Él
había reconocido el terreno, lo que nos recuerda que la fe no es ciega. La fe no niega la
realidad o la dificultad; declara el poder de Dios.
Hay un mensaje en la respuesta de Caleb al rechazo de su informe. Algunos utilizan su
confesión de fe para crear por orgullo escisión o división, pero Caleb permaneció en la fe y
continuó sirviendo durante cuarenta años junto a aquellos cuya incredulidad causó un
severo retraso en su experiencia personal. ¡Qué paciencia y fe! El hecho de que finalmente
lograra la posesión de la tierra en una fecha tardía indica que, aunque vendrán retrasos, la
confesión de fe traerá al final la victoria al creyente. 3

PEDRO

3
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL., 1994, 184, Dinámica del reino, Números 13.30; 14.6–9, la
fe cuando hay demoras.

198
Fe Bíblica

La sanidad del hombre cojo en Hechos 3.1–16 nos presenta otra imagen de la fe
sobrenatural. Aunque ocurrieron muchos milagros durante el ministerio de Pedro, la
metodología del milagro se presenta de esta manera sólo en este pasaje. Es importante
por varios motivos. Responda a las preguntas siguientes en base al texto:
1. ¿Por cuánto tiempo había estado cojo el hombre?
2. ¿Dónde estaba el cojo cuando Pedro le habló?
3. ¿Qué dijo Pedro que le podía dar al cojo?
4. ¿Cómo se lo dio?
5. ¿Cuándo fue sanado el hombre?
6. Según Pedro, ¿qué no sanó al hombre?
7. ¿A qué atribuyó Pedro la sanidad? (v. 16)
8. ¿De dónde vino la fe?

TESTIMONIO
Este primer milagro realizado por los discípulos da a todos los creyentes la clave para
ejercitar la autoridad de fe. Al ordenar la sanidad en el hombre cojo, Pedro emplea el
nombre completo y el título de nuestro Señor: «Jesucristo [Mesías] de Nazaret». «Jesús»
era un nombre común entre los judíos y continúa siéndolo en muchas culturas. Pero la
declaración de su nombre y título completos, una práctica interesante en Hechos, parece
ser una lección buena y objetiva para nosotros (véase 2.22; 4.10). Seamos específicos
cuando reclamemos autoridad sobre las enfermedades o los demonios. En nuestra
confesión de fe o proclamación de poder, confesemos su deidad y su señorío como «el
Cristo» («Mesías»); usemos su nombre precioso, como «Jesús» («Salvador»). Clamemos a
Él como «Señor Jesús», «Jesucristo» o «Jesús de Nazaret», sin que en este punta haya la
intención de establecer un principio legal o ritual. Pero es sabio recordar que, al igual que
oramos «en el nombre de Jesús» (Juan 16.24), también ejercemos toda autoridad en Él,
mediante el privilegio de poder que nos ha dada en Su nombre (Mateo 28.18; Marcos 16.12;
Juan 14.13, 14). En la Palabra de Dios encontramos muchos otros nombres compuestas que
se aplican a Él. Declarémoslos en fe, con oración y plena confianza. 4

Notemos aquí que la sanidad requirió de Pedro una decisión: Extender la mano al cojo
para levantarlo y expresar palabras de sanidad en el nombre del Señor Jesús. Pero
respondiendo al asombro de todos al ver al cojo caminando, saltando, y alabando a Dios,
Pedro dice que la fe es lo que lo sanó. Aún más importante en nuestro estudio, Pedro
declara que «la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de
todos vosotros».
Pedro reconoce que la operación de esta fe no fue premeditada y que no es una
función del carácter o de alguna cualidad personal. Aunque la obediencia es parte del

4
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL., 1994, 1392, dinámica del reino. Hechos 3.6, el nombre de
Jesús: La autoridad completa de la fe.

199
Fe Bíblica

proceso, Pedro aclara que este milagro maravilloso no se ha logrado por la santidad
personal, la voluntad propia o el poder humano (Hechos 3.12).
Pedro reconoció que este milagro fue posible por una fe cuya fuente está más allá del
alcance humano. Esta fe sobrenatural puede y debe encontrar cooperación humana,
puede y se debe canalizar a través del hombre, pero por sobre todo, la fe «es por Él».

Pablo y el hombre en Listra

Abra su Biblia en Hechos 14.1–18 y examine este pasaje para responder a las siguientes
preguntas:
1. ¿Cómo testificó el Señor de la palabra de su gracia?
2. ¿Cuánto tiempo había estado el cojo en Listra en esa condición?
3. ¿Qué le ordenó Pablo hacer al hombre?
4. ¿Cuál fue la respuesta del cojo?
5. ¿Qué es lo que Pablo vio en el hombre?

Puesto que la costumbre de Pablo al entrar a una nueva ciudad era hablar primero a la
comunidad judía, algunos asumieron que el cojo era judío. Esto no se puede saber con
certeza, pero lo más probable es que él escuchó la «palabra de gracia» por vez primera. El
cojo empieza a creer a medida que Pablo predica acerca de lo que Jesucristo, su muerte y
resurrección significan para todos.
Es crucial ver que Pablo no predica sanidad sino que predica a Cristo, al mismo Jesús
como el cumplimiento de las profecías del Rey-Salvador. Pablo ve fe en el cojo, pero no fe
para sanidad sino fe en Cristo, en Jesús el Señor. Este hombre ha empezado a creer en lo
que Pablo dice acerca del Señor Jesús. Cuando Pablo reconoce la presencia de la fe, le dice
a gran voz: «Levántate derecho sobre tus pies».
Recuerde las señales y prodigios prometidos y dados por el Señor Jesús, como
testimonio del mensaje que los apóstoles predicaban (Marcos 16.15–20). Este milagro
ocurre como una señal, como testimonio de la verdad de la presentación que Pablo dio de
Jesucristo. Vea también que la sanidad ocurrió a alguien con fe.
¿De dónde vino esta fe?
La aparición de la fe en este hombre coincide con oír el mensaje de Jesucristo. Es la
proclama del mensaje del Señor Jesús que despierta la fe, y es el obrar del Espíritu Santo
que posibilita la existencia de la fe en un hombre que nunca antes ha tenido fuerza en sus
pies.

EXEGESIS PROFUNDA

Aquí vimos que el «don de fe» seguirá otro sobre la «decisión de fe». Están escritas así
a propósito, pues ni una u otra se presentan como das alternativas. Algunos en el

200
Fe Bíblica

movimiento de renovación dentro de la iglesia se han polarizada con esta pregunta: «¿Es
la fe soberana o es una decisión del hombre?
Las personalidades del inicio del movimiento de renovación ilustran opiniones
diferentes: Charles Price y Smith Wigglesworth. Ambas eran evangelistas, Price de Canadá
y Wiggleswarth de Gran Bretaña.
Charles Price predicaba que la fe era una cuestión de la soberanía de Dios. Si usted no
tenía fe, no se podía hacer nada al respecto. ¡La tenía a no la tenía! Price dijo: «Dios se
moverá, es entonces cuando usted lo podrá seguir». Se cuenta una historia del evangelista
Price. Un joven llegó tarde a una reunión de la iglesia y lo condujeran hasta la primera fila.
Aunque llegó tarde, él notó que la reunión no había comenzado todavía.
—¿Qué pasa—le susurró al hombre que se sentaba a su lado—, no hemos empezado
todavía? ¿Dónde está el evangelista?
—Joven—le contestó el hombre—, yo soy el evangelista. ¡Pero no empezaremos hasta
que llegue el Señor!
Smith Wigglesworth tenía ideas bastante diferentes. Su mensaje era: «¡Usted se mueve,
luego Dios se moverá!» Es famoso por su comportamiento descomunal. Esta historia
muestra su posición en lo que respecta a la fe: Una vez haló a una mujer de su silla de
ruedas y le ordenó:
—¡Sé sana!
En vez de ser sanada, se cayó. Todos estaban bastante avergonzados, menos
Wigglesworth, quien con tranquilidad la ubicó de nuevo en la silla de ruedas.
—Jovencita—le dijo—, te caíste al tropezar con tus cobijas.
De nuevo la haló de la silla de ruedas y le ordenó que fuera sanada. ¡Y se levantó sana!
Los dos hombres tuvieron resultados extraordinarios en la sanidad de muchas
personas, pero los métodos que emplearon fueron muy diferentes. Como ambos
ministerios ocurrieron al inicio del movimiento de renovación de este siglo, el
entendimiento de la fe y de lo milagroso en la Iglesia recién estaba empezando a
desarrollarse. Desde entonces, muchos han tendida a polarizar el asunto entre la
soberanía de Dios versus la participación humana. Pera cuando al presente analizamos el
interrogante de si la fe viene de Dios o del hombre, la respuesta más apropiada es que
viene de «ambos». Existe el don de fe (de Dios, quien da en forma soberana), y está la
decisión de fe (el hombre recibe enérgicamente).

Nuestra vida de fe será completa sólo si damos lugar a ambas expresiones. Considere
lo siguiente: Existirán momentos en que el Espíritu de Dios le dará a usted la capacidad
sobrenatural de creer. El don de fe fluirá desde su interior, y frente a circunstancias
difíciles sentirá que crece una confianza sólida. Aunque no exista nada en su situación
que concuerde con su fe, usted oirá o sentirá en su interior algo que dice: «Todo va a estar
bien. Voy a salir adelante». ¿Por qué siente esta confianza? Porque la presencia del
Espíritu Santo le da el don de fe.
Pero también considere otros momentos cuando evalúa las circunstancias que vive a
la luz de la cruda realidad y no siente confianza. Sin embargo, oye la Palabra de Dios en
su corazón, susurrándole al alma. O tal vez una promesa que memorizó mucho tiempo
antes. En este momento, usted es quien decide: Puede ceder su fe al análisis práctico de la
circunstancia o puede decidirse a creer las promesas llenas de poder como se encuentran

201
Fe Bíblica

en la Palabra de Dios. Este es el tipo de situación que todos vivimos cuando enfrentamos
la decisión de fe.

EXEGESIS PROFUNDA

Escriba una experiencia personal que haya tenido con el «don de fe».

¿Qué lo hace sensible a la obra del Espíritu Santo cuando se manifiesta el don de fe?
(Efesios 5.18)

Romanos 12.3–8, dice que todos hemos recibido una «medida» de fe. Evalúe con
honestidad cómo está utilizando esa medida de fe que recibió.

La decisión de fe

Llovía a cántaros. Debido a que estaba en construcción, la autopista tenía habilitado


un solo carril. Para colmo de males, yo estaba siguiendo al único camión que había en mil
kilómetros. No me sentía feliz.
Me habían llamado muy tarde esa noche desde el campamento donde estaba nuestro
hijo.
—Pastor Hicks, creemos que a su hijo se le han roto ambas piernas.
Mi hijo de nueve años estaba a dos horas de camino. No podía hacer nada con la
distancia o con el accidente que había ocurrido. Me pedían autorización para llevarlo al
hospital. Por supuesto que la di, y pregunté cómo estaba.
—Tiene mucho dolor y está llorando—me dijeron.
Esto no ayudó a mis emociones.
—Díganle que su papá lo ama—les dije—, que estoy orando por él; estoy en camino al
hospital.
Había ocurrido una hora antes; y heme aquí atascado detrás de lo que parecía ser el
camionero más lento en todo el continente norteamericano. Zigzagueé detrás de él
prendiendo las luces altas en forma intermitente. Aparentemente, esto no fue bien
recibido por quien ocupaba la cabina del camión. Al parecer, bajó la velocidad y situó su
camión de tal manera en el carril, que cualquier intento de pasarlo sería una invitación al
desastre.
Un amigo de la costa este estaba de visita en mi casa y ofreció acompañarme en el
viaje. Me preguntó si podía orar. ¡Mejor él que yo! Porque para entonces, mis emociones
estaban totalmente al rojo vivo: Estaba enojado con el camionero, con el campamento,
con los niños que tuvieron que ver con el accidente, con el consejero que tenía
responsabilidad sobre mi hijo cuando ocurrió el accidente, y enojado conmigo mismo por
haber dejado a mi hijo ir al campamento.
Hasta estaba un poco enojado con el Señor por permitir lo que le ocurrió a mi hijo. Al
fin y al cabo, ¿no le preocupaba? ¿No sabía él lo que habría de ocurrir? ¿Por qué no evitó
el accidente? Sí, era mucho mejor que orara mi amigo.

202
Fe Bíblica

Mientras Amós oraba, el Espíritu Santo comenzó a traerme convicción sobre mis
emociones. Al meditar en la convicción que el Espíritu Santo trajo con gracia sobre mí,
comencé a orar por cada una de las personas con las cuales me había enojado: El
camionero (¡en realidad, alabé a Dios por alguien que hacía caso a las leyes de velocidad
máxima!), por el director del campamento, el consejero, los otros niños y por mí. Según
recuerdo, fue en algún lugar al norte de Salem, Oregón, yendo por la autopista I-5,
cuando le pedí al Señor que me perdone por el enojo que sentía hacia Él. Fue necedad, lo
lamenté. Su perdón fue instantáneo.
Luego me uní a Amós y oré por Jeff. Nunca olvidaré las palabras que surgieron de mi
boca. «Señor, te pido que sanes a Jeff, pero no estás obligado a hacerlo. Me encantaría ver
un milagro, pero no es un requerimiento. Tú me tienes de pie a cabeza. Señor, si nunca
veo otro milagro mientras haya vida en mí, está bien pues he visto suficiente gracia y
poder tuyos para estar convencido de lo que eres. Poderoso Dios, muévete con libertad y
haz lo que decidas hacer en tu propósito. En lo que a mí respecta, elijo creer en ti».
Luego, Amós comentó acerca de cómo los dos sentíamos la presencia del Señor en ese
momento. En cuanto a mí, supe que acababa de pasar otro examen crucial de la fe. Cada
vez que usted pasa un examen de fe descubre que existe una elección. De hecho, no hay
manera de pasar el examen de fe sin que se dé la elección.
En esta instancia, yo había pasado el examen de las circunstancias por haber elegido
creer en El, en vez de creer en lo que El habría de hacer por mí.
Por favor entendamos que no hay nada malo en creer en lo milagroso. Se nos exhorta
a contender ardientemente por la fe que una vez se dio a los santos (Judas 1.3). Sin
embargo, no se nos da el privilegio de exigir lo milagroso para decidirnos a continuar
poniendo nuestra fe en el Señor Jesús.
Tomé una decisión decisiva en la fe mientras estuve atascado atrás de ese camión
aquella noche lluviosa en Oregón. El Señor había bendecido nuestra pequeña iglesia en
Eugene con muchos milagros y mucho crecimiento. No era raro ver a muchos sanarse de
todo tipo de enfermedad. En la iglesia había una capacidad inmensa de fe, una habilidad
para creer en lo milagroso. Yo no era un desconocido de los asuntos de fe o de lo
milagroso.
En ese momento me pregunté: ¿Se ha entrometido algo en mi vida de fe? ¿Ha habido
alguna contaminación fariseica que ha comenzado a expresarse a través de mi ministerio?
Realmente no lo sé. Pero sí sé que un poco de la gloria de Dios penetró mi hombre
interior en el momento en que dije: «Me encantaría ver un milagro, pero no es un
requerimiento».
En ese momento de gloria comencé a orar por mi hijo. Hablé paz a su corazón, con la
confianza de que Dios estaba obrando en ese momento, aunque me encontraba a muchas
millas de distancia. Le pedí al Señor que consolara a Jeff, y también reprendí al enemigo
por usar este incidente para desfigurarlo de alguna manera.
Una vez en el hospital me llevaron de inmediato a la sala de emergencias. ¿Qué fue lo
que descubrí? Un pequeño niño sonriente que se bajó de un salto de la camilla y corrió a
mis brazos. Noté dos cosas: Una, ¡sus piernas, obviamente, no estaban rotas! Segunda,
¡tenía puestas las mismas ropas, sin haberlas cambiado desde que se fue al campamento
cinco días atrás!

203
Fe Bíblica

Al volver juntos a casa le pregunté qué había pasado.


—No lo sé, papá—fue su respuesta—. Estaba muy mal y de repente me dejó de doler.
Hasta el día de hoy no tengo la menor idea de lo que pasó. La enfermera del
campamento creía que las dos piernas se habían quebrado. Uno de los jóvenes que
trabajaba en el campamento y que había servido en Vietnam como paramédico también
creyó lo mismo. No existía confirmación médica fehaciente, por eso digo: «No sé». Pero sí
sé que sentí la gloria del Señor cuando (1) hice una confesión y fui purificado y perdonado
de la ira, (2) tomé una decisión de fe que lo honró a Él, y (3) liberé a Dios de mi
requerimiento de lo milagroso. Asimismo, sé que mi hijo vivió una experiencia que nunca
olvidará. Todo esto es suficiente.

LA DECISIÓN DE CREER

Existen varios incidentes de la vida del Señor Jesús que ilustran la importancia de
elegir bien. Lea Marcos 4.35–41. Partiendo de esta historia de la tormenta, conteste las
siguientes preguntas:
1. ¿Qué dijo Jesús a los discípulos para iniciarlos en la travesía?
2. ¿Qué hacía Jesús cuando llegó la tormenta?
3. ¿Qué le sugiere esto a usted?
4. ¿Cómo confrontó Jesús a la tormenta?
5. Los discípulos escucharon a Jesús hablar a la tormenta. ¿Qué oyeron cuando se
dirigió a ellos?

Es notable ver que Jesús reprendió tanto a la tormenta como a los discípulos. Aunque
calmó la tormenta externa, Él esperaba que ellos confrontaran la tormenta interna. Si
usted lee los relatos de los evangelios, le sorprenderá ver cuán a menudo Jesús ejerce
control sobre los eventos climatológicos y sobre los espíritus demoníacos; sin embargo,
casi nunca lo verá ejerciendo control sobre los discípulos. Sólo Él podía reprender a la
tormenta en el mar de Galilea. Sólo ellos podían reprender a la tormenta de temor y
dudas que estaban sintiendo.
Cuando Él pregunta: «¿Cómo no tenéis fe?» Estaba sugiriendo que era posible tener fe;
que se necesitaba una decisión. Ellos podrían haber elegido creer en vez de ceder a las
dudas y temores.
Hoy día eso es también valedero para nosotros. En su sabiduría, Dios nos ha hecho
responsables a ti y a mí de los asuntos de fe. Sólo nosotros podemos controlar nuestras
dudas y temores. Utilice una concordancia para ver cuántas veces aparece en la Biblia la
expresión «no temáis». El consejo no aparecería si no fuera posible hacer caso. Si Jesús
dice: «No temáis», ¡para nosotros debe ser posible recibir el dominio sobre el temor!

EXEGESIS DIRECTA

204
Fe Bíblica

Romanos 8.15: «No habéis recibida el espíritu de esclavitud para estar otra vez en
temor». Phobia, phobos, (Strong #5401); alarma o consternación, tener temor, en exceso,
terror, de donde se deriva phebomai (estar atemorizado).
Pablo asocia este terror con el espíritu de esclavitud y dice que no hemos recibido ese
espíritu. Hemos recibido el Espíritu Santo operante que es llamado el «espíritu de
adopción». Él nos llevará a clamar: «¡Abba, Padre!», un término amoroso utilizado por los
que se saben incluidos en la familia de Dios.

EXEGESIS DIRECTA

2 Timoteo 1.7: «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía», deilia (Strong #1167);
timidez o temor.
Cuando Pablo confronta la timidez de Timoteo, le recuerda lo que el Espíritu Santo le
ha dado. A partir de 2 Timoteo 1.7, ¿cuáles son los tres elementos que Pablo le dice a
Timoteo que ha recibido de Dios?

1.

2.

3.
En la lección anterior vimos que la fe es un don del Espíritu Santo. Cuando
consideramos la fe como una decisión, ¡ya nunca más estamos solos! El Espíritu de Dios
labra en nosotros el conocimiento de que cada uno es hijo del Padre. Así, el Espíritu Santo
busca darnos poder, amar y dominio propio.

EXEGESIS DIRECTA

2 Timoteo 1.7: «Dominio propio», sophronismos (Strong #4995); disciplina,


autocontrol, sanidad mental.
Mientras que la palabra cobardía significa temer a perder la confianza, el dominio
propio se refiere a la habilidad de estar baja control durante circunstancias difíciles, pensar
acertadamente baja presión. Lo malo es que existe el espíritu de temor. Ese espíritu estaba
operando en Timoteo, y va a tratar de aperar en usted también. Lo bueno es que el
Espíritu Santa al mismo tiempo está obrando para poner a su disposición el dominio
propio que necesita.

Usted puede decidirse a creer. También puede elegir el pánico, dejando lugar a las
dudas y a los temores. Pero la decisión es suya. Usando la metáfora de la historia de
Marcos 4, si el Señor Jesús dice: «Pasemos al otro lado», se puede asumir correctamente
que usted también llegará a la meta.
La pregunta entonces se vuelve: «¿Qué le ha dicho a usted el Señor?» O tal vez
debamos preguntar: «¿Qué pasajes de las Escrituras entiende usted que se pueden aplicar
a su situación actual?»
Si algunos aspectos de la fe están supeditados a la decisión personal, y si la elección es
entre lo que usted sabe que el Señor ha dicho y lo que su circunstancia actual (el enemigo

205
Fe Bíblica

de su alma) dicta, entonces se vuelve sumamente importante saber lo que el Señor está
diciendo.

EXEGESIS DIRECTA

Romanos 10.17: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios». Nota: «En
los medios normales de operación divina las personas no llegan a tener una fe de
salvación, a menas que lean la Biblia o que alguien les explique el evangelio contenido en
ella. El Espíritu utiliza la Palabra de Dios para conseguir una reacción de fe en nuestro
interior, y nos inclinamos en la confiabilidad de la Palabra de Dios para nuestra fe de
salvación.1

El espíritu y la palabra

Cuando la fe es asunto de elección, usted puede estar seguro de que el Espíritu de


Dios habla la palabra sobre la cual usted puede basar su decisión de creer. Usando de
nuevo la historia de la tormenta en Marcos 4, notemos que los discípulos tenían la
palabra de Jesús («pasemos al otro lado»), así como su presencia (estaba con ellos en el
bote). Haciendo la comparación, responda a las siguientes preguntas:
¿Está Jesús con usted? Escriba sus pensamientos al respecto al leer estas promesas.
Mateo 28.20: «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he
aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Amén.
Hechos 18.10: «Porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para
hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad».
¡Él está contigo! Armado con lo que te ha dicho, usted debe tomar buenas decisiones,
decisiones en fe. Sea diligente en tratar con sus dudas y temores. No olvide: Jesús
reprenderá la tormenta de afuera. Sólo usted puede reprender su tormenta interna.
No es correcto ni verdadero decir: «No tengo temor». Pero sí está bien decir: «No
temeré». No está bien decir: «No tengo dudas». Pero sí es bueno decir: «No permitiré que
las dudas se adueñen de mí».
Escriba los siguientes versículos:
1. Salmos 56.3
2. Isaías 12.2
3. Salmos 92.2 (lea los versículos 1–6)

EXEGESIS PROFUNDA

1
Biblia Plenitud, Miami, FL, Editorial Caribe, 1994, nota sobre Romanos 10.17.

206
Fe Bíblica

Es cierto que en años recientes se ha enseñada un estilo de fe que tiene más de la


Nueva Era que de la Biblia. ¿Cuáles son las diferencias?
• Las enseñanzas de fe de la Nueva Era lo llevan al camino de satisfacer la
voluntad propia. La fe bíblica lo lleva por el camino de satisfacer la voluntad de
Dios.
• Las enseñanzas de fe de la Nueva Era hacen que la propia voluntad sea
importante. Las enseñanzas de la fe bíblica ubican a Dios como ser sumamente
importante.
• Las enseñanzas de fe de la Nueva Era implementan tácticas de negación,
rechazando el reconocimiento de la realidad de la maldad personal y
sobrenatural. Las enseñanzas de la fe bíblica reconocen la realidad y triunfa
sobre la tragedia.

La negación está basada en el temor, pero la fe nunca teme la realidad. Algunos


quieren creer en la sanidad porque le tienen miedo a la enfermedad. Pero la fe bíblica
lucha por la sanidad porque Dios la ha prometido («Yo soy Jehová tu sanador» Éxodo
15.26), y no porque tememos las complicaciones o consecuencias de la aflicción o de la
muerte.
Con esto no queremos sugerir que un cristiano no teme, ya sea al dolor, la
enfermedad, la pobreza o incluso al enemigo. Los creyentes fieles y sinceros tienen estos
sentimientos, pero algunos adoptan el arte de la negación y no admiten el temor, como si
su negación fuera «fe». La fe genuina se centra en el Señor y en su Palabra. Se basa en Él
(la Verdad) y en su Palabra que es verdad (Juan 14.6; 17.7) En vez de vivir en un mundo de
negación religiosa o filosófica, el cristiano armado con el entendimiento verdadero de la
fe rechazará ser conmovido o tomar decisiones basado en el temor. Ese «entendimiento
verdadero» es (1) el Señor está contigo, (2) su Palabra es verdad, y (3) nunca Él le fallará ni
a usted ni a su Palabra.
¿Lo cree?
En los cuatro versículos siguientes Jesús formula la pregunta: «¿Crees esto?» Escriba
sus propias observaciones de cada incidente, tomando la precaución de estudiarlo en
contexto. En cada caso, vea cómo Jesús exige la decisión de fe. La opción correcta no es el
poder de la fe. Es sencillamente nuestra aceptación de su promesa: su Palabra. El poder es
suyo, la promesa nos la dio a nosotros (textos en bastardilla están resaltado cada
versículo).
1. Mateo 9.28: «Y llegado a la casa, vinieron a Él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que
puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor».
2. Juan 1.50: «Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera,
crees? Cosas mayores que estas verás».
3. Juan 9.35: «Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el
Hijo de Dios?»
4. Juan 11.26: «Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

207
Fe Bíblica

Fe viva
En la lección anterior estudiamos el don de fe. El Espíritu de Dios se puede mover tan
poderosamente dentro de usted que la fe es menos un asunto de hacer que alga suceda y
más un asunto de permitir que alga ocurra. Coma es un dan, usted sólo puede recibirlo.
Cada uno de nosotros puede responder a un regalo que se nos ofrece. No podemos iniciar
la ofrenda del don pera podemos recibirla.
En este capítulo hemos estudiado los conceptos detrás de la fe como una decisión.
Evalúe sus decisiones recientes como asuntos de fe en las siguientes circunstancias:
Describa modos que permitan tomar la decisión de creer:

En mi hogar

En mi trabajo

En mi salud

En mis emociones

En mi ministerio

Este es un ejercicio maravilloso, sin embargo, revise la escrita. Si escribió decisiones


que expresan sus deseos y no la voluntad de Dios (como lo revela en su Palabra), entonces
usted va a tener menos poder de fe que lo que El desea que tenga. Vea los distintos temas
de nuevo, y tome nota de un versículo que crea adaptado a su circunstancia. Convierta esa
promesa en la base de su fe y deje que Dios entre en su decisión mediante esa decisión.
Usted no debe sentir que su responsabilidad es crear o conseguir el poder para obtener
soluciones. Usted simplemente debe elegirla a Él. ¡Él tiene el poder, y nos ha dada su
promesa tanto a usted coma a mí!

La fe y la sanidad

¡Crack! Era la tercera entrada, dos outs, y el bateador hizo volar la pelota sobre mi
cabeza en el puesto de parador. Con el ojo clavado en la pelota, corriendo velozmente
hacia atrás, estaba yo seguro de que iba a lograr el último «out» de la entrada.
Desafortunadamente, el interceptor izquierdo tuvo la misma idea. Todos los espectadores
quedaron maravillados cuando saltamos al mismo tiempo. Tropecé y él me cayó encima.
Ninguno de los dos pudo agarrar la pelota. ¡Otro día típico en la cancha de la Liga Infantil
de Béisbol!
Así se me fue el verano, dejándome con la clavícula fracturada en dos partes. Si no
hubiera tenido tanto dolor, me habría enojado mucho más. Pero el dolor me quitó la
furia.
Cuando me llevaron a casa, me di cuenta que tenía otro problema. No sólo tenía la
clavícula fracturada; también tenía un padre que creía en las promesas de la Biblia sobre
la sanidad divina. Para él, «sanidad divina» quería decir: «El poder de Dios para sanar los
enfermos y afligidos en respuesta a la oración de fe ofrecida en el nombre de Jesús». La fe
de mi padre en favor de la sanidad era tan fuerte que nuestra familia sufrió muy pocas

208
Fe Bíblica

enfermedades (¡en años posteriores, mi hermano y yo solíamos decir que «no se nos
permitía» enfermarnos!).
Cuando el entrenador me llevó a la sala de mi casa, papá le hizo algunas preguntas.
Después de que se fue, papá se dirigió a mí, lo que me causó sorpresa. Yo estaba
esperando una de sus famosas oraciones de sanidad, porque es lo que normalmente hacía
(y en general daba resultado, aunque no siempre el que yo esperaba. Otros niños, de vez
en cuando, podían quedarse en casa por un dolor de estómago. ¡Pero nosotros, no! «¡Sé
sano en el nombre de Jesús! Ahora, vete a la escuela»).
Pero esta vez, le oí decir:
—Bueno, hijo: ¿Qué te gustaría hacer?
No vale, pensé. Vamos, ora por mí y haz que me ponga bien. Rápido.
Por su mirada, yo sabía que él había tomado una decisión y que esta iba a ser mi
decisión. Algunos años más tarde me daría cuenta de que él sabía que era necesario que
un niño en crecimiento se encontrara a solas para lidiar con las promesas y pactos de Dios
sobre la sanidad.
—Vamos papá, ora—le dije con la audacia que me habían dado todas sus oraciones
anteriores.
Él oró, ¡pero cuando traté de mover mi brazo, me dolió! En vez de orar de nuevo,
sonrió. Según recuerdo, me dijo que me llevaría al médico en cuanto yo estuviera listo.
He aquí una propuesta interesante. Nunca había conocido a un médico, ni tampoco
había estado en un hospital, mucho menos había utilizado los servicios de un profesional.
Así que no era una idea agradable. Entonces, basado más en el temor de lo ignoto que en
la fe en el Señor, decidí llevar el brazo en cabestrillo y me fui a dormir. Tenía once años y
estaba mucho más interesado en los placeres del verano que se me iban a escapar que en
darle al Señor la gloria en el proceso de sanidad.
Pero algo ocurrió en esas dos semanas que influyó en el resto de mi vida. En realidad
leí la Biblia con seriedad y para el crecimiento personal. Tal como la mayoría de los niños
buenos que van a la iglesia, había memorizado las Escrituras para concursos, y en general
para lucirme frente a los adultos. Pero en realidad no había leído las promesas de Dios por
algún otro motivo. ¡No estaban ligadas a la «vida real»!
Esto sí que era real. Especialmente después de haberme caído por las escaleras al día
siguiente, y después de que todo el vecindario me oyera gritar del dolor. De pronto, ir al
doctor no era tan mala idea.
—¿Qué te gustaría hacer?—me volvió a preguntar papá.
Como un niño de once años, admito que tomé una decisión basada en un
entendimiento inmaduro del propósito y de las promesas de Dios, sin embargo decidí
creer para sanidad. Cómo sé que Él me sanó es el “resto de la historia”. Antes de contarle
eso, repasemos algunas de las promesas que cimentarán su fe.

LA PROVISIÓN DE SANIDAD

El profeta Isaías describe al Señor Jesús como el Siervo sufrido. En Isaías 53 se ilustra
gráficamente el sufrimiento de nuestro Señor en la cruz. Estudie Isaías 53.1–12,

209
Fe Bíblica

formulando las preguntas que se encuentran a continuación a medida que va leyendo el


pasaje:
1. ¿Cómo se describe la aparición del Señor en el versículo 2?
2. ¿Qué lleva y qué experimenta, según el versículo 3?
3. Según el versículo 4, ¿cómo fue estimado el Señor?
4. Según el versículo 4 ¿qué llevó el Señor?
5. Según el versículo 5, ¿por qué fue herido?
6. Según el versículo 5, ¿para qué fue molido el Señor?
7. Según el versículo 5, ¿qué consiguió su llaga?
8. Según el versículo 6, ¿qué hizo el Señor con el pecado de todos nosotros?
9. Según el versículo 7, ¿cuál es la respuesta del Cordero en su sufrimiento?
10. Según el versículo 8, ¿por qué fue herido?
11. Según el versículo 10, ¿qué expresión parece hacer referencia a la resurrección del
Señor?
12. Según el versículo 11, ¿cómo justificará a muchos el Siervo justo?
13. Según el versículo 12, ¿cuáles son las cuatro cosas que el Siervo hizo por la
humanidad?

EXEGESIS DIRECTA
Isaías 53.4, quebrantos, choliy (Strong #2483); dolencia, ansiedad, calamidad:
aflicción, enfermedad, quebranto. Utilice una concordancia de la Biblia para buscar esta
palabra y ver cuántas veces se utiliza para referirse a la enfermedad física.

EXEGESIS DIRECTA

Isaías 53.4, dolores, makob (Strong #4341). Esta palabra a menudo se traduce, «dolor»,
«quebranto», y parece que se refiere al dolor emocional, mientras que la palabra que
antecede parece indicar dolor físico. Utilice una concordancia para ver cómo otros
escritores han utilizado esta palabra.

REFLEXIÓN

Isaías 53 enseña con claridad que la sanidad corporal está incluida en la obra
expiatoria, el sufrimiento y la cruz de Cristo. Las palabras hebreas para «dolores» y
«enfermedades» (v. 4) se refieren específicamente a la aflicción física. Esto se verifica en el
hecho de que Mateo 8.17 dice que este texto de Isaías se cumple a carta cabal en los actos
de sanidad que efectuó Jesús.
Además, está claro que las palabras «llevó» y «sufrió» se refieren a la obra expiatoria
de Jesús, porque son las mismas que se utilizan para describir a Cristo cargado con

210
Fe Bíblica

nuestros pecados (véase el v. 11 y 1 Pedro 2.24). Estos textos vinculan inequívocamente la


base de la provisión, tanto de nuestra salvación como de nuestra sanidad, con la obra
expiatoria del Calvario. Sin embargo, ninguna de estas cosas se recibe automáticamente,
porque ambas deben alcanzarse por la fe. La obra de Cristo en la cr uz las pone a nuestra
disposición, y las recibimos, según sea nuestra elección, mediante un acto sencillo de fe.
Por cierto, unos pocos alegan que la profecía de Isaías acerca de la enfermedad se
cumplió completamente mediante las sanidades descritas en Mateo 8.17. Pero un examen
más cuidadoso no revela que la palabra «cumplir» se aplica a menudo a una acción que se
extiende a lo largo de toda la era de la iglesia (véanse Isaías 42.1–4; Mateo 12.14–17; Salmos
107.20; Mateo 4.23–25).1

INFORMACIÓN

Antes de estudiar algunos otros pasajes importantes que explican la provisión divina
para la sanidad corporal observe el siguiente cuadro, que combina los versículos de Isaías
52 y 53, y enumera las referencias del Nuevo Testamento que les dan cumplimiento.

EL SUFRIMIENTO DEL SIERVO

Jesús entendió su misión y obra como el cumplimiento del sufrimiento del siervo
anunciado en Isaías.2

La profecía El cumplimiento

Será exaltado (52.13). Filipenses 2.9


Será desfigurado por el sufrimiento Marcos 15.17, 19
(52.14; 53.2). 1 Pedro 1.2
Expiará con su sangre (52.15). Juan 12.37, 38
Será rechazado abiertamente (53.1, 3). Romanos 4.25; 1 Pedro 2.24, 25
Sufrirá nuestros pecados y dolores 2 Corintios 5.21
(53.4, 5). Juan 10.11; 19.30
Será nuestro sustituto (53.6, 8). Juan 19.38–42
Aceptará voluntariamente nuestra Juan 3.16; Hechos 16.31
culpa y castigo (53.7, 8). Marcos 15.27, 28; Lucas 22.37
Será sepultado en la tumba de un
hombre rico (53.9).
Salvará a quienes crean en El (53.10, 11).
Morirá en lugar de los transgresores

1
Biblia Plenitud, Nashville, TN, Editorial Caribe, 1994, «Dinámica del reino: Isaías 53.4, 5. «La sanidad
mediante la expiación de Cristo» 878.
2
Ibid, cuadro: «El sufrimiento del Siervo, Isaías 53.12».

211
Fe Bíblica

(53.12).

La provisión amorosa de Dios para sanidad está enraizada en la obra propiciatoria de


su Hijo sobre la cruz, en el poder de Dios por medio del ministerio del Espíritu Santo y en
el carácter de Dios, quien está comprometido a buscar la sanidad completa del ser
humano. Mirándolo desde otro punto de vista, Dios en su naturaleza es un Dios de
sanidad. En cuanto al poder, no hay nada imposible para Dios. En lo legal, la obra de
Cristo en la cruz abrió la puerta para que el Dios santo opere su misericordia sanadora en
personas que de otra manera estarían descalificadas para recibir su toque sanador.

PROMESAS DE SANIDAD

En los siguientes versículos, ¿qué dice el Señor que sanará?


1. 2 Crónicas 7.14
2. Salmos 6.2, 3
3. Salmos 41.4
4. Isaías 57.17, 18; Jeremías 3.22; Oseas 14.4
5. Isaías 61.1
6. Jeremías 30.17

Cada promesa tiene una condición. Estudie los siguientes versículos en su contexto.
Tome nota de la promesa de sanidad y de la condición que se debe satisfacer para que la
promesa de sanidad se cumpla.
1. Isaías 58.8
Promesa:
Condición:
2. Éxodo 23.25
Promesa:
Condición:
3. Deuteronomio 7.15
Promesa:
Condición:
4. Santiago 5.14, 15
Promesa:
Condición:

LA SANIDAD Y EL MINISTERIO DE JESÚS

212
Fe Bíblica

No hay estímulo mayor para aumentar la fe en la sanidad que el ministerio de Jesús.


Hebreos 13.8 dice: «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos». Este ser
maravilloso, quien es el mismo que ministró las sanidades maravillosas y poderosas
descritas en los cuatro evangelios, nos invita a confiar en Él para el toque de sanidad.
Escriba sus pensamientos acerca de los cuatro incidentes de milagros de sanidad que
operó el Señor Jesús. ¿Qué le llama la atención de Él? ¿Qué le dice acerca de usted
mismo?
1. Mateo 12.10–13
2. Marcos 2.1–12
3. Lucas 4.38–43
4. Juan 4.47–54

LA SANIDAD CONTINUADA A TRAVÉS DE LA IGLESIA

EXEGESIS PROFUNDA

Algunos enseñan que tener fe para sanidad no está bien. Basan su creencia en la
proposición de que una vez que las Escrituras fueron canonizadas, o sea, una vez que la
Biblia como la conocemos hoy quedó completamente ensamblada, lo milagroso ya no fue
necesario; y ahora, la evidencia para la fe personal debe «descansar solamente en las
Escrituras». Esta perspectiva sostiene que el ministerio de sanidad del Señor Jesús por
medio de la iglesia cesó con el fallecimiento de los últimos apóstoles.
Al contestar esta objeción, afirmemos en primer lugar que la perspectiva planteada en
este estudio bíblico concuerda totalmente en que nuestra fe debe descansar
completamente en las Escrituras, pues la Biblia dice: «La fe es por el oír, y el oír, por la
Palabra de Dios» (Romanos 10.17).
Asimismo, las Escrituras mismas no enseñan que hay un «cese» de la provisión de
sanidad que Dios ha acercado a la humanidad. La idea del «cese» de las sanidades,
milagros (o cualquiera de los dones del Espíritu) parece ser una proposición hecha por
hombres, basada en la opinión humana y en la doctrina de la iglesia, además de la
interpretación que algunos dan a sus experiencias personales negativas.

TESTIMONIO

Uno de los textos bíblicos en que se basa la oposición a los actos milagrosos de Dios en
la actualidad se encuentra en 1 Corintios 13.10. Queriendo glorificar la importancia de las
Escrituras, el ingenio humano ha propuesto que «lo perfecto» es la Biblia, y como ya está
completa, todos los milagros y señales que sostiene el Nuevo Testamento «se acabaron» y
ya no ocurren más. La Palabra de Dios revela algo muy diferente: «Lo perfecto» se refiere
al cumplimiento de los propósitos de Dios a partir de la venida del Señor Jesucristo
(Romanos 8.18, 19). O sea, cuando se cumpla la voluntad más perfecta de Dios para con
nosotros. «La opinión humana es la única razón para presumir que este pasaje se refiere a
la conclusión del canon de las Escrituras. Aunque la Palabra inspirada de Dios se completó

213
Fe Bíblica

al fin del primer siglo, su conclusión no marcó el fin de la continuidad del funcionamiento
de los poderes que ella misma describe. Tampoco indicó el fin de la necesidad humana de
compasión y sanidad. Al contrario, la Palabra nos instruye a aceptar los dones y el
ministerio del Espíritu Santo en nuestras vidas, completando nuestra suficiencia para el
ministerio a un mundo necesitado, por medio de la Palabra predicada y la Palabra
confirmada.3

Escriba sus pensamientos y observaciones a partir de los siguientes textos que


describen el ministerio de sanidad del Señor por medio de la Iglesia. Tome nota de las
diferentes alternativas y de cómo se ministra la gracia de Dios.
1. Hechos 3.1–11; Hechos 4.14
2. Hechos 5.15-16
3. Hechos 8.7
4. Hechos 9.36–42
5. Hechos 19.12–17
6. Hechos 28.8, 9
7. Filipenses 2.26-27

Examine lo enunciado y recuerde: Jesús estaba vivo y ministró sanidad a través de la


iglesia primitiva. ¡Hoy Jesús está vivo para ministrar sanidad en usted y a través de usted!
Usted ha estudiado las profecías del Antiguo Testamento que presentan la obra
propiciatoria de Jesucristo en la cruz. En esa sección vio las referencias bíblicas que
incluían la provisión divina para su sanidad física y espiritual. Nosotros remarcamos la
verdad de que la obra de Cristo en la cruz es la base legal sobre la cual Dios extiende su
misericordia sanadora a los creyentes que son justificados por su fe en Cristo.
También estudió las promesas para sanidad, todas las cuales tienen condiciones, que
son asunto de fe y obediencia. Cuando se cumplen estas condiciones, los creyentes
quedan en posición a no hacerle demandas a Dios sino a ponerse bajo su mano de manera
que puedan recibir la operación de su promesa en la experiencia personal.
Al estudiar los relatos del ministerio de sanidad del Señor Jesús, usted ha visto a Aquel
que no cambia, quien es el mismo ayer, hoy, y por siempre. Usted puede tener fe en Él
para que sea el Señor que lo sana hoy. El no cambia.
Al estudiar los casos de sanidad que se suscitaron a través de la Iglesia luego de la
ascensión del Señor Jesús, usted ha visto que la provisión de sanidad sigue vigente y debe
continuar no sólo para usted, sino también a través de usted para un mundo en
necesidad.

EL RESTO DE LA HISTORIA

3
Ibid, 1739, nota sobre 1 Corintios 12.10.

214
Fe Bíblica

Para concluir esta lección sobre la fe y la sanidad quisiera terminar la historia que
empecé en la introducción.
Dos semanas más tarde, en una pelea con un chico de mi barrio quedé sin sentido, y la
madre del que me golpeó a traición me llevó al hospital. El doctor confirmó rápidamente
que fue un puñetazo afortunado. Pero antes de que me diera de alta, escuché a la mamá
decir:
—¿Doctor, ya que estamos aquí, podría revisarle la clavícula? Creo que se la rompió,
pero no estoy segura si se le suministró algún tratamiento.
Inmediatamente, el doctor me revisó la clavícula. Nunca olvidaré lo que dijo.
—Hijo, tu clavícula estuvo rota en dos lugares pero ya soldó perfectamente.
—¿Qué tratamiento te hicieron?—quiso saber, motivado por la pregunta de la dama.
—Lo único que hicimos fue orar—dije sonriendo con timidez.
—Lo que te hayan hecho te hizo bien—dijo mientras reía—. ¡Pero de ahora en
adelante tendrás que tratar de evitar esos golpes a traición!
En el camino de vuelta a casa, la madre de mi amigo se disculpó. Me dijo que el resto
del vecindario se había disgustado bastante con mi familia, pensando que nadie me había
cuidado bien. Esta no habría de ser la última vez que escucharía a un médico confirmar el
obrar maravilloso de la misericordia sanadora de Dios en nuestra familia.
Desde entonces, aunque agradezco las palabras del doctor, estoy más agradecido por
un padre que tuvo la sabiduría de dejarme tener mi primera experiencia de fe sanadora en
un ambiente de amor. No me forzó a tener fe, me dejó elegir entre confiar o no. Él me
ofreció ir al médico inmediatamente, sin hacerme creer que era una opción inaceptable o
indigna. Resumiendo, me hizo decidir en lo que yo creía en vez de dejar que mi fe
dependiera de la suya.
Siempre he estado agradecido por aquellos momentos en que indagué las Escrituras
por primera vez para basar mi fe personal en algo que Dios me estaba diciendo
personalmente.

REFLEXIÓN SOBRE FE

Escriba las promesas de sanidad que se han despertado en usted durante el estudio de
esta lección. ¿Cuáles son las condiciones que se deben cumplir para que su fe se mueva
«bajo la mano de Dios», y así tener la libertad plena para recibir esas promesas?

La fe y los milagros

Jesús dijo: «Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera
demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa
mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán» (Marcos
16.17, 18).
Juan registra que la promesa de continuar el ministerio de los milagros a través de los
discípulos les fue dada la noche en que Jesús fue traicionado: «De cierto, de cierto os digo:

215
Fe Bíblica

El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque
yo voy al Padre» (Juan 14.12).
En ambos casos la continuidad de los milagros se basa en la condición de la fe. En
algunos sectores de la iglesia se enseña que los milagros cesaron en algún momento del
siglo primero. Se enseña que los milagros ya no eran necesarios al morir el último de los
apóstoles originales y al concluirse el canon. Sin embargo, esto no aparece en ningún
lugar de las Escrituras. La Biblia enseña que la presencia o la ausencia de fe marca la
tónica para las posibilidades relativas de los milagros.
En este capítulo revisaremos once milagros en el ministerio del Señor Jesús. En cada
uno encontrará una mención específica de la fe, el acto de creer o una exhortación a creer.
Antes de comenzar este estudio, veamos tres observaciones que pueden serle útiles.

Primera: Los milagros han sido parte integral de cada era de la revelación de Dios a su
pueblo. En todas partes las Escrituras sirven de guardianes de la historia; por ejemplo, los
antiguos reinos de Judá e Israel, los reinados de los profetas y de los jueces, el período del
exilio, y el regreso de Israel para reconstruir las paredes y el templo de Jerusalén; todas
están entrelazadas con algunas expresiones de lo milagroso.
La era de los patriarcas, el relato del liderazgo de Moisés y la historia de Josué a l
poseer la tierra prometida están repletas de relatos de milagros físicos, visitaciones
espirituales, señales, prodigios y milagros de todo tipo. Hubo épocas en que raramente se
oía la Palabra del Señor: «No había visión con frecuencia» (1 Samuel 3.1). Esta rareza (en
algunas traducciones la palabra «raro» se traduce como «precioso» o «extraordinario») es
el resultado de la incredulidad o desobediencia del pueblo de Dios, como si Él se hubiera
vuelto mezquino con sus demostraciones amorosas de poder.
En realidad Aquel «en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1.17)
parece estar sumamente interesado en mostrar su poder a favor de los que creen. Revise 2
Crónicas 16.9, y no lo olvide.

Segunda: Los milagros y las manifestaciones de la gloria de Dios son para su gloria.
Cuando Jesús convierte el agua en vino en las bodas de Caná, Juan dice: «Este principio de
señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria» (Juan 2.11).
Cada milagro es una manifestación de la gloria de Dios. Juan usa esta expresión para
describir este milagro del agua que se convierte en vino, pues tal vez algunos no lo vean
en la misma categoría que la resurrección, la sanidad de un hombre ciego o la expulsión
de un demonio. Ayudar de manera tan bondadosa en el éxito de la recepción de una boda
se podría considerar por algunos una «pérdida» del poder de Dios; tal vez por eso Juan
describe el milagro de la manera en que lo hizo. Pero a pesar de lo que se diga acerca del
tipo de milagro, sin importar la clase de «señal», este surge para manifestar la gloria del
Señor; es decir, la excelencia de su amor, gracia, fuerza y poder.
Cada milagro es también para su gloria, para que toda la alabanza y honra le sea dada
a Él, y sólo a Él. Al estudiar esta lección, usted verá cuántas veces el Señor Jesús elogia a
distintas personas por su fe. Es bueno que nosotros lo veamos haciendo esto pues indica
su deleite, el placer de Dios, con respecto a los que «creen» de forma tal que lo aceptan y
le permiten obrar en áreas que la incredulidad entorpecería.

216
Fe Bíblica

Al desarrollar la fe, esta accede a la gracia de Dios hacia los milagros. Sin embargo,
cuando ocurre algo milagroso, incluso cuando la humanidad (usted, alguien por quien
usted ora o cualquier otro) se ha beneficiado, es siempre para la gloria de Dios.
Lea Isaías 42.8. ¿Qué es lo que el Señor no comparte?
Específicamente, ¿A quién no permitirá el Señor que se ofrezca su alabanza?

La naturaleza del hombre inevitablemente alaba al agente humano por medio del cual
fluyen los milagros de Dios. Nuestra naturaleza nos inclina no sólo a adorar a aquel que
Dios usa para producir el milagro, sino también al propio milagro o a los artefactos
asociados con él. La iglesia antigua ha venerado los objetos asociados con los milagros
pasados, suponiendo que el objeto tiene en sí alguna eficacia. Esta tendencia humana es
histórica, hasta aparece en la Biblia.
Vea Números 21.4–9 y compare la historia de cómo Dios sanó a los israelitas de la
plaga de las serpientes ardientes con 2 Reyes 18.1–4. Vea cómo ese instrumento de
liberación se convirtió en un objeto de alabanza. Vea cómo fue necesario destruir ese
objeto para poder restaurar la alabanza verdadera en el templo.
Aimee Semple McPherson, una evangelista de la década de los treinta, usada
poderosamente por Dios en el ministerio de los milagros, tenía un lema bíblico inscrito en
su púlpito de Los Ángeles que decía: «Quisiéramos ver a Jesús» (Juan 12.21). Ella entendió
este imperativo como quien participara normalmente de lo milagroso. Tanto este pasaje
como las lecciones enunciadas sirven para ayudarnos a recordar: ¡Los milagros son una
manifestación de la gloria de Dios y siempre se dan para su gloria!
Tercera: Los milagros están siempre ligados al propósito eterno de Dios. Aunque los
milagros pueden aliviar la necesidad y el sufrimiento humanos (en verdad, ocurren a
menudo), estos en realidad no se llevan a cabo simplemente para afectar la condición
humana sino que están ligados al plan eterno de Dios.
Lea de nuevo Marcos 16.17–18. Ahora, vea la relación directa con el versículo 15. El
texto da la promesa de lo milagroso, pero también revela su propósito: La expansión del
evangelio de salvación. Las señales y prodigios se dan para confirmar la predicación de la
Palabra de Dios (v. 20).
Los milagros no existen para ayudarnos a conseguir lo que queremos, sino para que
por medio de ellos Dios cumpla su propósito. Esta palabra de corrección no quiere decir
que Dios se preocupa sólo por su programa y que no le importa su gente. No hay nada
más alejado de la verdad, pues las personas son el programa de Dios. Pero debemos
mantener nuestra vista en El. El no sólo es la fuente de amor y de poder sino también el
único que tiene toda la sabiduría y el entendimiento. Debemos confiar en Él y buscarlo,
siendo su propósito nuestra preocupación máxima.
Lea 1 Pedro 5.7. ¿Bajo qué fundamento se nos ofrece entregarle nuestra ansiedad a
Dios?
A modo de ejemplo del balance entre el propósito de Dios y su poder para los milagros,
lea Éxodo 3.9. Aquí Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente. En este encuentro,
Moisés oye que Dios dice: «El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí,
y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen». Por otro lado, la
217
Fe Bíblica

compasión de Dios está deseosa de liberar a Israel; como contrapartida, Él está listo para
llevar a cabo su juicio en contra de la arrogancia egipcia.
El que estudia la historia bíblica se da cuenta de que Dios está comprometido con los
israelitas y con su pueblo elegido, y la liberación del yugo egipcio era una parte integral
de su propósito eterno. Al mismo tiempo en que Dios da cumplimiento a su propósito
eterno de revelar su plan global de redención, también ministra compasivamente a las
necesidades de su pueblo.
Al ver esto, creamos que no estamos forzados a pensar que Dios está más interesado
en su propósito eterno que en la condición humana. A Elle preocupan ambos aspectos.
Los milagros muestran la gracia de Dios que alcanza a la necesidad humana, y revelan la
gloria de Dios al cumplir con su propósito.
¿Por qué es tan necesario que entendamos este aspecto? ¡Porque en el mismo
momento en que desplazamos el tema de los milagros de una perspectiva del plan eterno
de Dios, Satanás o la naturaleza humana tratarán de atribuirse los resultados de lo
milagroso con la intención de lucro o engaño!
Habiendo efectuado esta tercera observación, repasemos. Escriba sus comentarios
personales bajo cada punto:
1. Los milagros nunca han cesado donde hay fe.
2. Los milagros son manifestaciones de la gloria de Dios y se manifiestan para su
gloria.
3. Los milagros están siempre ligados al propósito eterno de Dios.

LOS MILAGROS DE JESÚS

Ahora comencemos nuestro examen de los once milagros antes mencionados.


Al estudiar los siguientes versículos que describen ciertos milagros del Señor Jesús,
escriba sus propias observaciones acerca de la importancia de la fe, notando el modo en
que se expresan las palabras o las acciones de fe, y las formas en que se invoca o se origina
la fe.

Marcos 2.1–12: La sanidad del paralítico que bajaron por el techo.


1. ¿Qué es lo que vio Jesús?
2. ¿Por qué perdonó Jesús al paralitico antes de sanarlo?
Lucas 7.1–10: La sanidad del siervo del centurión.
1. ¿En qué basó su fe el centurión?
2. ¿Qué comentario hizo el Señor respecto de la fe del centurión?
Marcos 5.24–34: La sanidad de la mujer que tenía el flujo de sangre (examine los
relatos de este mismo milagro en los otros evangelios: Mateo 9.20–22; Lucas 8.43–48).
¿Qué dijo Jesús que sanó a la mujer?

218
Fe Bíblica

TESTIMONIO

Es obvio que en esta historia el milagro no ocurrió con la participación consciente del
Señor Jesús. Podemos presumir que Él no sabía quién lo tocó, debido a su pregunta:
«¿Quién ha tocado mis vestidos?» Esto no pretende sugerir que se extrajo un milagro del
Señor sin su bendición. Sin embargo, la historia parece indicar que hay una dimensión de
la virtud del Señor que está al alcance del creyente que se esfuerza por llegar a Él
(superando las propias circunstancias), y tocarlo para recibir un milagro.

¿Cómo supo el Señor que alguien lo había tocado, estando en medio de una multitud?
Mateo 9.27–31: La sanidad de dos ciegos.
¿Cuál es la pregunta que hizo el Señor antes de curarles la ceguera?
Mateo 14.23–33: El milagro de Pedro al caminar sobre el agua.
1. ¿Cuál fue el clamor inicial de los discípulos cuando vieron que Jesús caminaba
sobre el agua?
2. ¿Cuál fue la reacción de Pedro?
3. ¿Qué es lo que asustó a Pedro?
4. ¿Cómo lo reprendió el Señor?
Mateo 15.22–28: La liberación de la hija de la mujer cananea.
1. ¿En base a qué le brindó una respuesta al requerimiento de la mujer?
2. ¿Qué sugiere esta situación respecto del privilegio de la fe en la búsqueda con
esperanza de las promesas de Dios?
Marcos 5.35–43: La resurrección de la hija de Jairo.
1. ¿Cómo exhortó el Señor al principal de la sinagoga cuando llegó la noticia de la
muerte de su hija?
2. ¿A quién echó el Señor del hogar del principal?
3. ¿Por qué cree usted que Él hizo esto y cuál puede ser la aplicación?
Lucas 18.35–43: La sanidad del ciego en Jericó.
1. ¿Cuál fue la reacción de la multitud para con el ciego? ¿Cuál fue la reacción del
ciego para con las palabras de ellos?
2. ¿Qué dijo Jesús que salvó al hombre?

EXEGESIS DIRECTA
Salvado, sodzo (Strong #4982). Salvar, liberar o proteger. Significa: sanar, preservar,
salvar, estar bien, tener plenitud. Para la mayoría de los creyentes el concepto de salvación
se limita al perdón de los pecados. Aunque este perdón es maravilloso, la salvación es
muchísimo más. Ser salvo, en el sentido bíblico de la palabra, es experimentar la plenitud.
Tener plenitud es llevar la vida como Dios la ideó. La salvación, o la plenitud, viene sólo a
través de la fe.

219
Fe Bíblica

Marcos 9.17–29: La liberación del niño que tenía el espíritu mudo y sordo.
1. ¿Por qué no podían los discípulos echar fuera este espíritu?
2. ¿Qué le dijo Jesús al espíritu?
3. ¿Qué le prometió Jesús al hombre si creía?
4. ¿Cuál fue la respuesta del hombre?

INFORMACIÓN ACADÉMICA
En este pasaje Jesús nos dice que la condición para la oración de sanidad contestada es
«creer». El padre del muchacho endemoniado respondió con lágrimas en los ojos: «Creo»,
y luego agregó: «Ayuda mi incredulidad». Siendo la fe un don, podemos orar pidiéndola
tal como lo hizo este padre. Note cuán rápido contestó la gracia de Dios. Pero aquí se nos
ofrece otra lección: Deberíamos buscar un ambiente diferente a aquel donde es difícil
creer. Hasta la capacidad de Jesús para hacer milagros se vio reducida donde prevalecía la
incredulidad (Mateo 13.58).
La oración y la alabanza proveen una atmósfera de fe en Dios. Sin embargo, en este
texto Jesús explica otro obstáculo a la victoria de la fe, que hace infructuosas a las
oraciones: «Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno» (Marcos 9.29). Su
explicación enseña: 1) Que algunas aflicciones (no todas) son impuestas por el demonio; y
2) que algunos tipos de posesión demoníaca no responden al exorcismo; solamente la
oración ferviente puede producir liberación. La perseverancia en la oración, acompañada
de alabanza y ayuno, provee un clima para la fe que trae liberación. 1

Juan 4.46–54: La sanidad del hijo de un hombre noble.


1. ¿Cuándo creyó el noble que su hijo sería sanado?
2. Habiendo creído en la sanidad de su hijo, ¿cuál fue el segundo acto de fe de este
hombre?

EXEGESIS DIRECTA
Revise Salmo 107.20 como referencia a la sanidad del hijo del oficial del rey.
El hecho de que Dios «envió su Palabra» se cumple en dos aspectos: Primero, Dios la
envió a través de su Hijo. Jesús es el Verbo [la Palabra] (Juan 1.14), y «de su plenitud
tomamos todos» (Juan 1.16). Segundo, Dios envió su Palabra en la forma de la Biblia, la
Palabra escrita de Dios. Al creer en sus promesas nos volvemos receptivos a las
posibilidades de que su gracia las cumpla. De acuerdo con Isaías 55.11, ¿qué ocurrirá
cuando el Señor «envíe su Palabra»?

Juan 11.1–45: La resurrección de Lázaro de entre los muertos.


1. Enumere las cinco veces que Jesús utiliza la palabra «creer».
2. ¿Qué dijo Jesús que es necesario para ver la gloria de Dios? (v. 40).

1
Biblia Plenitud, Miami, FL, Editorial Caribe, 1994, «Dinamica del reino: Marcos 9.22, 23. Cultivemos un
clima de fe para la sanidad», 1262.

220
Fe Bíblica

3. ¿Por qué oró Jesús de aquella manera en la tumba de Lázaro?

Hemos considerado once milagros que el Señor llevó a cabo, y todos fueron librados
por la fe de las personas involucradas. Como conclusión de nuestro estudio, lea Marcos
6.5, 6.
¿Por qué no podía el Señor hacer obras de poder en aquel momento?
Los milagros se efectúan y se reciben por fe. Son útiles para la presentación del
evangelio. Un milagro puede solucionar un dilema humano o reparar una condición
humana. Cuando ocurre un milagro, toda la alabanza y la honra se deberían dar al Señor
que lo efectuó.

INFORMACIÓN ACADÉMICA
Relate un milagro de Dios del que usted fue testigo o que usted mismo vivió en una
época pasada de su vida, reciente o antigua. ¿Cómo este milagro afectó su fe? ¿Cómo le dio
gloria y honra al Señor? A la luz de su estudio, ¿existe una oración que quisiera hacer a
Dios acerca de su gracia y poder milagrosos, y de su propia vida y servicio al Señor?
Escríbala.

La fe y el sufrimiento

Estábamos en la ministración del domingo por la mañana. Algunos ancianos y parte


del equipo pastoral se habían unido a mí ante el altar para ministrar a la gente que
deseaba oración. Aunque no intencionalmente, pude escuchar a uno de los ancianos que
decía: «Querido, ninguno de nosotros sufre lo suficiente. Usa este momento de
sufrimiento para darle honra a tu Señor».
Cuando terminamos le pregunté a mi amigo qué había dicho y por qué. No me había
ofendido; pero cuando las personas se acercan al altar en busca de oración, nuestra
costumbre debería ser tratar de aliviar el sufrimiento, ¡no de aumentarlo!
Administrábamos dones de sanidad, no de sufrimiento. Como yo le tenía respeto, en
aquel momento estaba asombrado y curioso. Pero todo cambió.
El Señor se encargó de que no me olvidara dé ese incidente, ya que en las semanas
siguientes su Espíritu Santo me condujo a las Escrituras. Una y otra vez me veía
prácticamente forzado a ver los modelos bíblicos de sufrimiento, y al mismo tiempo veía
mi propensión a hacer lo posible por evitar cualquier tipo de dolor o dificultad.
Durante esa época vi cómo el temor motivaba gran cantidad de mi fe. En más
ocasiones de las que me gustaría admitir busqué una fe poderosa porque tenía miedo:
Miedo a enfermarme, a ser pobre, a estar triste, a la aflicción, etc. Temía. El miedo puede
ser un gran motivador. Pero el tener que enfrentarlo en mi propia vida me forzó a
entender que el Señor no nos ha dado ese espíritu. 2 Timoteo 1.7 enseña: «Porque no nos
ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio».
Acompáñeme a un estudio en el que repasaremos las enseñanzas bíblicas sobre el
sufrimiento. Primero, pensemos juntos en las tres áreas de la vida donde la Biblia reve la
que los creyentes sufrirán: (1) El sufrimiento de la persecución; (2) El sufrimiento de tener

221
Fe Bíblica

que lidiar con la naturaleza caída; y (3) El sufrimiento de vivir en un planeta que vive bajo
la maldición del pecado.
En cada una de las dimensiones de sufrimiento existe una provisión especial de gracia
que Dios nos ofrece, gracia que capacita al creyente a vencer el sufrimiento en lugar de ser
víctima del mismo.
Para empezar, es importante discernir entre vencer y ser víctima. Dios nos ayuda
cuando somos víctimas, pues su amor alcanza a todos los que de una manera u otra nos
afectamos por el sufrimiento. Sin embargo, la Biblia no da razón alguna para creer que
Dios quiere que seamos algo menos que vencedores en cualquier circunstancia.
El mejor pasaje para empezar el estudio es quizás Romanos 8.35–39.
Basado en el conocimiento de que nada puede separarlo del amor de Dios en Cristo
Jesús, veamos algunas de las palabras utilizadas en los versículos sobre el sufrimiento.

EXEGESIS DIRECTA

Sufrimiento, pathema (Strong #3804); estar sometido a, por ejemplo: dificultad o


dolor; subjetivamente: emoción o influencia: se traduce como afección, aflicción, dolor,
padecimiento.
Pathos (Strong #3806); apropiadamente, sufrimiento («pathos»), por ejemplo
(subjetivamente) una pasión; se traduce como (desordenado) afección, lascivia.
Pascho (Strong #3958); tener una sensación o impresión (generalmente dolorosa): se
traduce como sentir, pasión, sufrimiento, vejación.
Sumpascho (Strong #4841); experimentar dolor con o del mismo tipo (específicamente,
persecución; «simpatizar»): se traduce como sufrir con.

El sufrimiento y la persecución

Lea 2 Timoteo 3.12. Cuando Pablo escribió a Timoteo, a quien había dejado en Éfeso
para pastorear la iglesia creciente, ordenó al joven a ser fuerte frente a la persecución.
Ahora lea el contexto: Versículos 3.10–11. Se nos recuerda el precio que pagó Pablo por
predicar el evangelio. Tal como le escribió a Timoteo, hasta el día de hoy a todos se nos
enseña que los creyentes encontraremos resistencia cuando encauzamos nuestra vida en
un orden divino.

EXEGESIS DIRECTA

Persecución, dioko (Strong #1377); procurar (práctica o metafóricamente); por


implicación, perseguir; se traduce como continuar, seguir (detrás), darse, sufrir
persecución, avanzar. Verbalmente se ilustra como la persecución implacable de un
enemigo: Alguien que lo persigue y no se rinde.
2 Timoteo 3.12 se usa a menudo para advertir a los creyentes de la persecución que
sufrirán al seguir a Cristo. Sin embargo, en el versículo que antecede (3.11), Pablo también

222
Fe Bíblica

se refiere a dos elementos cruciales para nuestro entendimiento y acción al enfrentar


semejante sufrimiento.

• Persecuciones que he sufrido. Este no es el tono de una víctima. Pablo no se lamenta.


Sencillamente describe con honestidad los hechos de la persecución. ¡No se rindió a
los sentimientos de persecución! Bebió de la gracia de Dios a medida que le
«acaecieron» las circunstancias.
• Y de todas me ha librado el Señor. ¡Oigalo! La experiencia de Pablo es un modelo para
usted y para mí. El mensaje es claro para todo creyente que enfrenta persecución: Si
sufre persecución por su fe y por su vida santa, ¡Jesús mismo lo librará!

Busque estos versículos, prestando atención al contexto; dé su opinión sobre lo que


significa sufrir persecución por el evangelio.
1. 2 Timoteo 1.12
2. Gálatas 5.11
3. Gálatas 6.12
4. Juan 15.20
5. 1 Tesalonicenses 2.14-15
6. Mateo 13.21
7. 1 Pedro 4.15-16

EL SUFRIMIENTO Y NUESTRA NATURALEZA PECAMINOSA

¿Ha leído usted alguna de las historias de los ancoritas? Estos fueron los ermitaños
para Cristo que vivieron entre los siglos tres y cuatro; fueron hombres y mujeres
extraordinarios que se comprometieron a llevar una vida de pobreza y carencia personal
para llegar a ser santos. Creían que el camino a la santidad sólo se hallaba a través del
aislamiento extremo y del sufrimiento físico.
Aunque admiro su tenacidad, y muchas de sus historias son maravillosas, la Biblia no
nos enseña ni exige que procuremos o aceptemos este tipo de sufrimiento. Sin embargo,
sí enseña que nadie puede entregarse sin sufrimiento a una vida de victorias personales
sobre el pecado. Una victoria requiere una batalla: incluso una batalla victoriosa requiere
sufrimiento. ¿Cómo aprenderemos a encontrar el equilibrio de esta realidad: saber que
soportaremos el sufrimiento, confiando al mismo tiempo en la victoria venidera?
Lea 1 Pedro 2.11–17. Note cómo Pedro se dirige a nosotros como «peregrinos» de la fe y
nos alienta a armarnos en nuestra mente para la batalla contra el pecado. Aunque este
pasaje también está vinculado con la persecución, la exhortación de Pedro trata
directamente con el sufrimiento que enfrentamos por haber elegido vivir de manera
diferente que antes de venir a Cristo.
Este pasaje describe el sufrimiento que enfrentaremos al lidiar con nuestra caída
naturaleza humana. Este sufrimiento viene en dos formas: interna y externa. La tentación
nos llega de la misma manera en que el enemigo se apareció ante nuestro Señor Jesucristo

223
Fe Bíblica

(Lucas 4.1–13). Pero todos tenemos una naturaleza caída que nos acosa, aun cuando no
experimentemos ningún estímulo externo hacia el pecado: una “vida propia” con la
capacidad total de asaltarnos, ¡y a veces hasta de mostrarse como el tentador mismo!
Hay una promesa en Santiago 1.12–15, que nos presenta un caso de estudio sobre las
recompensas que recibimos cuando vencemos la tentación. ¿Cuáles son? ¿Por qué al ser
creyentes debemos enfrentar este tipo de sufrimiento (vs. 13–14)?

EXEGESIS DIRECTA

Tentación, peirazo (Strong #3985); probar (objetivamente), por ejemplo: esforzarse,


escrutar, inducir, disciplinar: se traduce como ensayar, examinar, intentar, tentar, tratar.

Lea 1 Corintios 10.13. Esta promesa llena de poder permite a todo creyente tener
confianza en la lucha contra la tentación. Primero, no le llegará tentación a menos que
usted tenga la facultad—si usted así lo elige—de encararla correctamente. Como un padre
amado que no dejaría a su niño andar en bicicleta antes de aprender a caminar, su Señor
no le permitiría enfrentarse con tentaciones que están fuera del límite de sus capacidades.
Segundo, su Señor proveerá siempre una vía de escape (del griego ekbasis; salida,
puerta de escape). ¡Cuando Él permite la prueba, también provee la salida! Y tercero, el
designio de Dios al darnos una salida no es para promover nuestras debilidades, sino para
aumentar nuestra resistencia. En la frase «para que podáis soportar» vemos la palabra
poder, que viene del griego, dunamis. Usted recibirá poder para soportar la prueba.
Revisemos la promesa: (1) No seremos tentados más allá de nuestra posibilidad de
resistencia. (2) No seremos tentados sin tener la posibilidad de una vía de escape. (3) No
seremos tentados sin que Él nos dé poder completo para mantenernos firmes y enérgicos.
Esta es una promesa poderosa. Empero, aunque ofrece un escape, también implica
que no hay cómo escapar al sufrimiento que viene de lidiar con la tentación. ¿Cómo
debería prepararse el creyente para enfrentar este tipo de sufrimiento? Lea 1 Pedro 4.1–5, y
responda estas preguntas:
1. ¿Quién ha dejado de pecar?
2. ¿Con qué debemos armarnos, y qué significa esto para usted?
3. ¿Cómo debemos vivir el resto de nuestra vida?
A la luz de su estudio sobre el sufrimiento y la tentación, lea cuidadosamente los
siguientes textos y escriba sus propias observaciones de estos versículos que están
relacionados con el crecimiento personal y la victoria sobre el pecado:
1. Hebreos 5.8
2. Hebreos 11.24, 25
3. Hebreos 12.1–4
4. Romanos 8.16–18
5. Romanos 8.26–28

224
Fe Bíblica

6. Romanos 12.21
7. Gálatas 4.19: Fíjese que parte del sufrimiento es en favor de otros, para que puedan
ganarle la batalla al pecado y al «yo». Si le ha pasado esto, escriba algunas formas en
que lo haya experimentado.
8. 1 Corintios 9.24–27 (vea cómo otra forma de sufrimiento puede ser una disciplina
autoimpuesta para conseguir la victoria: «¡Si no duele, no cobra!») ¿Ha observado esta
característica en otro cristiano sensato o lo ha visto en usted mismo?

EL SUFRIMIENTO Y LA VIDA EN UN PLANETA CAÍDO

Un estudio de estos versículos nos ayudará a captar la actitud de la iglesia primitiva


para tratar con la realidad de un mundo manchado por la maldición del pecado. Escriba
su opinión haciendo una referencia especial a la «promesa» que destila en sus
pensamientos al leer estos versículos.
1. Romanos 8.19–22
2. 1 Corintios 4.11–13

EXEGESIS PROFUNDA

Algunos enseñan que un creyente verdadero nunca debería estar enfermo. Pero
aunque usted sea un creyente verdadero, al margen de cuán firme pueda ser su fe, es
probable que se enfrente con la enfermedad.
Lea Filipenses 2.26–30. La historia de Epafrodito es preciosa. Su enfermedad
aparentemente vino como resultado de una misión militar que tuvo. Aquellos que están al
servicio de otros y en un ministerio que exalta a Cristo también se enferman. Aunque su fe
personal sea firme y se asocien con quienes regularmente experimentan lo milagroso
(¡esto se aplicaría ciertamente a la vida de Pablo!), Dios no les promete una vida libre de la
prueba de la enfermedad.
¡Qué mala noticia! Y ¿cuál es la buena noticia? Que de la misma manera en que hay
una respuesta para la tentación del pecado, también la hay para los efectos que la caída
manifiesta sobre la enfermedad y la afección humana. Esto no quiere decir que Epafrodito
estaba enfermo por sus propios pecados. De ninguna manera. Sencillamente vemos que
estaba enfermo porque nadie vive en un planeta caído sin estar expuesto a los efectos de la
maldición; en los efectos del pecado y la maldición se incluyen la enfermedad, el dolor y el
sufrimiento.
Pero hilemos este tema. Pablo se apresura en decir que Epafrodito se sanó por la
misericordia de Dios. El mensaje de esperanza y fe es que, al igual que Epafrodito, usted y
yo podemos encontrarnos enfermos al tratar de cumplir nuestras misiones y ministerios;
pero si eso ocurre, ¡también está a nuestra disposición la misma misericordia de sanidad
que obró en él!
Es un desafío estar expuestos al sufrimiento mientras vivamos en un mundo en
decadencia. Esto mismo le manifestó Pablo a la iglesia en Roma (Romanos 8.18–25): toda
la creación gime a una y nosotros gemimos con ella, aguardando aquel día en que seremos
liberados para siempre en la aparición de Cristo. Pero no debemos tomar la palabra
“gemido” como si nos entregáramos a la derrota por medio del sufrimiento.

225
Fe Bíblica

¡Nunca! El creyente que perdura en la vida en un planeta caído puede aferrarse a las
promesas de Dios. Lea esos versículos y vea el consuelo que se encuentra a continuación,
en Romanos 8.26–28. A partir de nuestra experiencia de sufrimiento, al lidiar con toda la
realidad del efecto del pecado, el Espíritu de Dios nos da poder en la fe para llevar una
vida de victoria, siendo vencedores en todo lo que hagamos y extendiendo esa vida de
victoria a todos los que el Señor nos pone en el camino.

REFLEXIÓN SOBRE FE

Describa su filosofía personal para el sufrimiento, en las tres dimensiones que hemos
tratado:

(1) En la persecución:

(2) Al enfrentar el pecado:

(3) Al vivir en un planeta caído.

La fe salvadora

Cuando yo tenía nueve años, nuestra familia vivía en Akron, Ohio, donde mi padre
pastoreaba una pequeña iglesia. Me acuerdo más que nada de ese tiempo, pues es donde
experimenté la fe de salvación en Jesucristo.
Volvíamos a casa después de asistir a una reunión en otra iglesia. Recuerdo que estaba
sentado en la parte delantera del auto, en medio de papá y mamá, cuando les pregunté:
«¿Podrían orar conmigo esta noche para que yo reciba al Señor Jesús?»
No esperaban esa pregunta, menos en ese momento. Todavía me acuerdo de lo
sorprendido que yo estaba por la tardanza de papá en contestarme. Finalmente me dijo
que orarían conmigo antes de ir a dormir. Recuerdo con vaguedad que me lavé los dientes
y me puse la piyama tan rápido como me fue posible. Lo que recuerdo con claridad
absoluta es haberme arrodillado frente a la litera que compartía con Jim, mi hermano
menor. Alcancé a ver a Jim que se asomaba desde el borde superior de la litera,
probablemente para ver si algo especial ocurría con el hermano.
Mamá se sentó en la cama y papá se arrodilló a mi lado, me abrazó y me guió en una
sencilla oración en la que yo le pedía a Jesús que se convirtiera en Salvador y Señor de mi
vida.
No recuerdo haber tenido alguna sensación especial, pero ese momento se grabó por
siempre en mi memoria. Más tarde estaría agradecido de que no hubo ningún flujo de
emociones. No sentí temor o culpa, ni tuve pensamientos del cielo o del infierno. Debo
decir con sinceridad que no sé lo que se pudo haber dicho en la iglesia que motivara mi

226
Fe Bíblica

requerimiento. Pero de alguna manera, me di cuenta que ya era hora (¡sabía que debía
hacerlo!), y que me era posible hacerlo (¡sabía que podía!).
Esta es la fe salvadora. Es el momento en que alguien sabe que debe recibir a Jesús y
sabe que puede creer en El y recibirlo.
Ahora bien, alguien tal vez pregunte: «¿Para qué queremos estudiar la fe salvadora» en
el contexto de un estudio de la fe poderosa de un creyente que ya recibió la salvación»?
¿No hemos tratado ya la fe práctica, mientras que la fe para salvación tiene más que ver
con la teología y la doctrina?» Sin embargo, quiero que veamos cómo la fe básica ejercida
en nuestra salvación no es diferente del ejercicio de la fe que accede al poder de Dios. Sea
cual fuera lo que usted o yo sentimos en el momento en que supimos que debíamos, y
supimos que podíamos, recibir a Jesucristo como Salvador y Señor, es el mismo tipo de fe
de la que hemos estado hablando.
Analicemos este tema: ¿Qué es la fe salvadora?
Primero, se centra en Cristo: Es fe en Dios por medio de la persona de Cristo Jesús. La fe
de salvación siempre enfoca hacia Jesús como persona, y no hacia Él como un simple
concepto. En otras palabras, cuando usted o yo permitimos que se separe a Jesús de
nuestro estudio de la Palabra de Dios, este estudio se vuelve únicamente un objetivo
académico sin el poder del Espíritu que nos enseña a glorificar a Jesús en nosotros por
medio de la Palabra. Por verdaderas que sea la Biblia y por maravillosa que sea la
sabiduría que destila, la vida de las Escrituras está ligada a Cristo. No nos atrevemos a
separar la Palabra de la Persona.

Lea los textos siguientes y escriba sus observaciones en respuesta a esta pregunta: ¿En
qué pusieron la fe los discípulos?
1. Hechos 24.24
2. Gálatas 3.26
3. Colosenses 1.14
4. Colosenses 2.5

Vayamos al comienzo del evangelio de Juan. Al leer la primera docena de versículos


vea cuán cuidadosamente presenta Juan a Jesús como la Luz y el Creador del mundo.
Ahora vea Juan 1.12. Note cómo el acto de recibir a Cristo se hace posible por la presencia
de la fe.
¿Qué se dio a los que creyeron y recibieron?
Vayamos a Juan 3, a la conversación nocturna que Jesús tuvo con Nicodemo. Aquí el
centro de la fe se presenta con palabras que muchos niños han memorizado en su Escuela
Dominical. Lea Juan 3.15–19, y tome nota de las cinco veces que se menciona el creer en la
persona de Jesucristo.
Estos pasajes y los que preceden lo aclaran bien: Primero, todos los asuntos vitales
están centrados en la persona de Jesucristo, no en los «objetos», «ideas» ni aun en «cre er
en la fe». Eso es lo que separa la fe viva de una fórmula de fe o sistemas seudocientíficos
de creencia. Segundo, la fe de salvación se despierta por la palabra del evangelio.

227
Fe Bíblica

Busque y examine Romanos 10.6–10 para ayudarlo a responder a estas preguntas:


1. ¿Cuáles son los dos pasajes donde se encuentra la palabra de fe?
2. ¿Cómo se oye?
3. ¿Qué es lo que se hace con el corazón?
4. ¿Qué es lo que se hace con la boca?

EXEGESIS DIRECTA
Aunque el estudio del lenguaje de la fe se encuentra en otra lección, puede serle útil
algo que dijo mi padre, el doctor Roy Hicks, al referirse a Romanos 10.9–10: «He aquí la
lección más relevante sobre la importancia y el poder de la confesión de fe que se puede
hallar en todas las Escrituras. El principio de la fe se establece desde el comienzo mismo
de nuestra vida en Cristo. Exactamente igual a como la salvación (la obra justa de Dios en
nuestro favor) se confirma por creer de corazón y por la confesión pública de nuestra fe,
así también la continua manifestación de Cristo en nuestras vidas se logra por los mismos
medios.»
La palabra «confesar» (del griego homologeo) tiene el significado de «una vinculante
declaración pública por la cual se establece una relación legal mediante un contrato»
(Kittel). Por lo tanto, así como con nuestras palabras contratamos” desde nuestra parte la
salvación, desde su parte Dios proporciona la obra y el poder de Cristo; aquí tenemos un
principio para toda la vida. Crezcamos en la fe activa a partir de este espíritu de fe
salvadora, creyendo en el gran poder de Dios para suplir todas nuestras necesidades y
proclamando con los labios lo que nuestros corazones reciben y creen de las muchas
promesas de su Palabra. Aceptemos los “contratos” de Dios para toda necesidad nuestra,
dotándolos con la confesión de nuestra creencia, tal como cuando fuimos salvos» 1

Entonces, el paralelo entre la fe «salvadora» y la fe de «poder» se encuentra en su


dependencia de la Palabra del evangelio.
Tercero, la fe salvadora es milagrosa.
1. Lea Juan 6.44. ¿Quién puede venir a Jesús?
2. Lea Efesios 2.8, 9. ¿Cuál es el don?
En este versículo existen tres fuerzas en movimiento: Gracia, fe y salvación. Pablo
quiere que se entienda bien que bajo ninguna circunstancia nadie puede decir que logra
salvarse por iniciativa personal. Aunque la fe salvadora es su respuesta que permite a un
Dios de gracia traerle vida eterna, esta sería imposible sin el don y la gracia del Espíritu
que lo atrae hacia el Salvador.

EXEGESIS PROFUNDA

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Romanos 10.9–10. Continuar la fe
tal como empezamos a andar en ella, 1463.

228
Fe Bíblica

A medida que crece en la experiencia cristiana, esta faceta de la gracia de Dios (que Él
es el iniciador y el autor de su fe) no sólo se volverá más preciosa para usted, sino que
también descubrirá que la fe salvadora tiene el poder para encender la fe de poder en el
diario vivir. Ya que Dios es el iniciador, el creyente sólo tiene que descubrir lo que Él está
iniciando; o sea, ¿qué dice la Palabra de Dios acerca de lo que Él quiere hacer? ¿Qué es lo
que el Espíritu Santo le incita a aceptar? Cuando descubrimos la provisión que Dios ya ha
puesto en marcha, podemos confiadamente apropiarnos de ella en fe, tal como hicimos en
la conversión cuando recibimos a Cristo.
Lea Romanos 3.21–26 y responda las preguntas siguientes:

1. ¿Quién ha pecado?

2. ¿Cómo se recibe la justicia de Dios?

3. ¿Quién es justificado?

EXEGESIS DIRECTA

Redención, apolutrosis; Strong #629: Una liberación asegurada por el pago de un


rescate, liberación, dar en libertad. La palabra, en el griego secular, describía a un
conquistador soltando a los prisioneros, un amo redimiendo a un esclavo. En el NT, la
palabra designa la liberación del mal y de la condenación del pecado por medio de Cristo.
El precio que se pagó para la compra de esa liberación fue su sangre derramada. 2

Mientras responde a las preguntas usted revisa y se enfrenta a los principios


fundamentales de la salvación. Es un milagro, ¿verdad? Nuestra salvación no es un
milagro porque nosotros éramos especialmente malvados. Usted quizás sí o quizás no
haya sido malvado en el sentido de estar dedicado a lo reprochable, depravado u horrible.
De una u otra forma estaba perdido, sin esperanza (Efesios 2.12). No podría rescatarlo
nada de lo que pudiera hacer con cualquier demostración de ingenio, fuerza, sabiduría o
bondad en hechos concretos.
Pero Jesús lo hizo. ¡Él lo rescató a usted! ¡Milagrosamente!
¿Por qué hago tal énfasis en el hecho de que la conversión es un milagro? Es la
tendencia normal del ser humano olvidarse que la naturaleza de la provisión y el poder
operante al momento de nuestra experiencia de fe salvadora es absoluta y
magníficamente milagrosa. Con el paso del tiempo, muy fácilmente nuestra conversión se
vuelve parte de un viejo álbum, un diario personal o un recuerdo de tiempos antiguos. Sin
embargo, si podemos mantener candente la naturaleza milagrosa de la «fe salva dora»,
podemos seguir preparados a experimentar muchísimos momentos más de fe de poder,
operando en las circunstancias diarias de la vida tal como la salvación fue el momento de
decisión en nuestra vida.
Pero si nos olvidamos de la naturaleza sencilla pero milagrosa de nuestra salvación
«original» (cómo Dios nos atrajo hacia sí, cómo nos persuadió y nos avivó por medio de la

2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Riqueza literaria, Romanos 3.24. Redención, 1451.

229
Fe Bíblica

Palabra), nos volveremos insensibles a su disponibilidad para tratar con nosotros hoy día
y estaríamos desprevenidos o lentos en responder a la fe.
En verdad cada área de su vida se ha diseñado para sentir la iniciación, la atracción, la
conquista y la convicción de Dios por medio de su Palabra y su Espíritu. Milagrosamente,
Él nos motiva hacia la fe para con nosotros mismos, el matrimonio, los niños, nuestros
asuntos y para todas las áreas de la vida.
Cuarto, la fe salvadora no confía en las emociones.
¿Cuál es la antítesis de caminar por fe? (2 Corintios 5.7).

Lea 1 Corintios 2.9–12.


Pablo cita en este pasaje al profeta Isaías. Quiere mostrar que nuestra relación con
Dios a través de Cristo no es algo que se pueda apreciar con los sentidos naturales. El ojo,
el oído o el corazón no pueden percibir lo que Dios ha preparado para nosotros,.
¿Cómo se puede percibir? Pablo dice que podemos ver estas maravillas sólo si las
revela el Espíritu de Dios. Su Espíritu no las muestra a los ojos, los oídos o el corazón, el
centro de las emociones humanas. Por el contrario, se las revela al espíritu humano.
El versículo 11 dice que sólo en nuestro espíritu redimido se puede recibir la Palabra de
Dios y la revelación, separadas de la distorsión que viene de los ojos, los oídos y el
corazón.
Estas son lecciones sencillas que la mayoría de los creyentes aprenden temprano en su
caminar con Cristo. Usted lo ha oído en forma hablada y cantada: «Yo soy salvo hoy, ya
sea que lo sienta o no». O, «soy salvo hoy, a pesar de cómo me veo o de cómo se ven las
circunstancias». Aun cuando hayamos aprendido estas lecciones hace mucho tiempo, la
vida dinámica de fe moderna exige un repaso de aquellos principios de fe básicos. ¿Por
qué? Porque cada promesa que procuremos percibir comprenderá la prueba de nuestra fe
y lo que Pablo llama «la buena batalla» (1 Timoteo 6.12). Nuestra fe se fortalecerá
únicamente en la medida en que aprendamos a confiar en su Palabra, yendo más allá de
las emociones, viviendo y respondiendo a las circunstancias a través de lo que
entendemos por verdad a causa de su Palabra, no por lo que sintamos, veamos o
pensemos en el plano natural.
Lea Romanos 4.13–25. Utilice estas preguntas a medida que estudia la fe de Abraham
para que le ayuden a entender el significado de andar por fe y no por vista.
1. ¿Cuándo se nulifica la fe? (Romanos 4.14).
2. ¿A quién se le afirma la promesa? (Romanos 4.16).
3. En su opinión, ¿qué significa: «Él creyó en esperanza contra esperanza»? (Romanos
4.18).
4. ¿Cuándo es usted débil en la fe? (Romanos 4.19)
5. A la inversa, y del mismo versículo, ¿cuándo es usted fuerte en la fe? (Romanos
4.19).
6. ¿Qué nos haría dudar en la promesa de Dios? (Romanos 4.20).

230
Fe Bíblica

7. ¿De qué quedó convencido Abraham? (Romanos 4.21).


8. ¿Cuándo fue Abraham fortalecido en fe? (Romanos 4.20).

Para finalizar, aunque la fe salvadora es una experiencia arraigada en el espacio y el


tiempo (tal como recuerdo claramente mi experiencia a los nueve años), también es
continua.
Con esto quiero decir que la fe que usted emplea para confiar en todos los días en Dios
es la misma fe que utilizó para la conversión. La fe se desarrolla, se vuelve más fuerte y
también evoluciona; pero no cambia la esencia. Esto es algo digno y maravilloso de
observar y recordar, porque muestra cómo Dios promete cubrir cada necesidad que tenga
hoy en su vida, ¡y cubrirla a través de ese sencillo proceso de fe que usted inició!

REFLEXIÓN SOBRE FE

Narre su propia experiencia de fe salvadora. Describa cómo llegó a creer en el Hijo de


Dios. ¿Cómo lo atrajo Dios? ¿Cómo oyó por primera vez el evangelio, la palabra de
salvación por gracia? Al escribir su experiencia, pídale al Señor que le muestre cómo ha
continuado la obra que puso en marcha la posibilidad de fe para su vida. ¡Pídale al Señor
que le muestre cualquier corrección y arrepentimiento que deba ofrecer para que su vida
de fe se examine de tal manera que otra vez vuelva a ser fe salvadora!

El lenguaje de la fe

Hace varios años enterré a Nita Smith. Todavía la extraño. Aunque no necesitaba
trabajar, ella decidió ayudarnos en el departamento de contabilidad de la iglesia. Cuando
hablan de ella sus compañeros de oficina utilizan las palabras eficiente, rápida,
inteligente, buen sentido del humor, etc.
Pero no es por eso que la extraño, sino porque era una de esas pocas personas que
consiguen entender el significado de la fe en su aplicación a la vida diaria. Para ella, cada
momento negativo le daba una oportunidad para encontrar una promesa de Dios y
ponerla a prueba. ¡Esperaba ver con humor y confianza lo que haría su Dios
Todopoderoso en cada oportunidad!
Me acuerdo especialmente del domingo en la mañana cuando tropezó al salir por la
puerta delantera de la iglesia. Como ella había asistido al primer culto, nadie me habló del
accidente hasta que todos los cultos terminaron. Salí corriendo a la sala de emergencia,
pero llegué muy tarde: ya se sentía bien.
—Por sus llagas soy curada—me dijo.
Mientras las enfermeras terminaban me contaron los momentos llenos de humor que
habían pasado. Cuando Nita cayó, se golpeó la cabeza con el borde de concreto al pie de
las escaleras. Como la mayoría de las heridas en la cabeza, sangraba intensamente. Uno

231
Fe Bíblica

de los ujieres pidió una ambulancia, lo que no la alegró. Ella no temía ir al hospital pero
en su opinión no era necesario.
El personal de la ambulancia le puso una venda provisoria en la frente para detener la
hemorragia hasta que el doctor pudiera suturar la herida. Como su rostro estaba cubierto
con la venda, Nita aprovechó la oportunidad para alabar en silencio al Señor. Pero el que
la atendía vio el movimiento de la boca. Temiendo que pudiera estarle doliendo algo, le
levantó la venda y le preguntó si estaba bien.
—¡Estoy orando!—le respondió con brillo en los ojos—. ¡Y si me dejas tranquila, tal
vez pueda terminar antes de que lleguemos al hospital!
Esa fue la primera señal de que esta mujer no era el paciente habitual de un domingo
por la mañana. La segunda señal apareció cuando la enfermera analizó la herida para ver
si podría detectar daño más allá del corte.
—Ya oré—fue la reacción de Nita—. Y sé que el Señor ya me sanó. Si me toman una
radiografía verán que es sólo una herida superficial.
Como también se lastimó la rodilla le tomaron en ese momento una radiografía de la
misma. El doctor entró con el informe preliminar y dijo que no se veía bien, que había
sufrido graves lesiones tanto en la rodilla como en la frente.
La respuesta de Nita fue tranquila, dijo:
—No puede ser—fue la tranquila respuesta de Nita—. Al venir acá oré al Señor y le
pedí que me sanara. Su Palabra dice que lo hará. Por favor tome otra radiografía.
Lo hicieron de mala gana. Para su sorpresa, aunque no para Nita, no encontraron nada
grave en la rodilla ni en la frente. Cuando llegué, Nita estaba utilizando el momento como
otra oportunidad para hablar de su amor por el Señor Todopoderoso.
Perdí la cuenta de la cantidad de veces que Nita llevó a la iglesia a alguien con
problemas irreparables. Ella sonreía durante todo el culto matinal, esperando plenamente
que el Señor se moviera en sanidad, liberación o en cualquier otra área de necesidad de su
amigo.
¡Sé dónde está ahora, ella es muy feliz, pero la extraño!
Narro la historia de Nita porque en esta lección estudiaremos varias partes de las
Escrituras que resaltan la importancia del lenguaje de la fe. Tal como hay un cierto sonido
para la duda y el temor, también hay un sonido claro para la fe. ¡Los que creen se
distinguen por cómo hablan! A menudo hablan con un lenguaje muy particular, el de la
fe.

EXEGESIS DIRECTA

Debemos considerar tres grandes obstáculos antes de explorar el fabuloso tema del
lenguaje de la fe:

Primero, el lenguaje de la fe no trata de crear una falsa realidad. A veces los que
escuchan la palabra «fe» piensan que esta es una manera de negar la realidad. Lo que no es
verdad. Por ejemplo, el lenguaje de la fe no niega la existencia de la enfermedad, ni
ninguna otra cosa como la bajeza humana o la maldición que ha caído sobre el hombre
como consecuencia del primer pecado. No es un lenguaje de «pretensiones», como si sólo

232
Fe Bíblica

pronunciando ciertas palabras, pudiéramos salir de la pobreza, la enfermedad, el divorcio


o cualquier otro problema que vemos o enfrentamos. Usted no puede, y la fe verdadera no
se trata de eso. ¡No!
Pero hay una manera especial de responder en fe a la realidad. Cuando lo hace,
¡hablará de cierta manera! Su lenguaje empleará palabras de fe. En vez de rendirse a la
realidad de la circunstancia, la fe hablará de la voluntad del Señor para ese momento. En
vez de ahondar en los síntomas de la realidad, la fe meditará en las promesas de Dios. En
vez de someterse a la derrota o al desánimo, la fe dará alabanza a Dios por su bondad.
Hablar en fe no es practicar el arte de hacer caso omiso a la realidad, sino expresar con
confianza lo que Dios ha prometido hacer con nuestra realidad.

Segundo, el lenguaje de la fe no se puede reducir a la simpleza de hablar positivamente.


Podemos mostrar que el negativismo es la causa de muchos fracasos, pero hablar
positivamente no es lo mismo que hablar en «fe». El lenguaje de la fe, sea positivo o
negativo, habla la Palabra de Dios. Hablar en fe es utilizar las promesas de Dios, no sólo
las buenas intenciones del hombre. Hablar positivamente es muy bueno, pero el lenguaje
de la fe accede al trono de Dios. Hablar positivamente puede mover a muchos, pero no
mueve la mano de Dios.

Tercero, aunque esta lección busca identificar el sonido cierto de la fe, es peligroso
pensar que una vez reconocido se puede practicar separado de la obra energizante del
Espíritu Santo (por favor lea la oración anterior dos veces más). El Espíritu Santo es el
Espíritu de fe y de gracia, no de «obras». Él da fe viva, dinámica. No hay nada más
superficial que una apariencia de fe sin la sustancia dada por el Espíritu Santo.
Piense en lo siguiente: Uno de los peligros graves a la vida de fe es el legalismo. Este es
el intento humano de reducir la gracia de Dios a un tipo de conducta que no requiere la
obra dinámica del Espíritu Santo. Dondequiera que Pablo predicaba, los judaizados lo
perseguían. Su preocupación más grave era que los nuevos creyentes cayeran en la trampa
de lo que él llamaba «otro evangelio diferente» (Gálatas 1.6–9). Si no opera en nosotros el
poder cálido, amoroso y vital del Espíritu Santo, aun la fe expresada con convicción puede
volverse «otro evangelio diferente» hundido en los vestigios de la tradición religiosa.
Cuando se trata del lenguaje dé la fe, cada uno de nosotros necesita un tratamiento
profundo del Espíritu, para que de la abundancia del corazón, hablemos palabras de fe
(Mateo 12.34).
Lea Proverbios 18.21 y conteste las siguientes preguntas:

1. ¿Qué tiene la lengua bajo su poder?

2. ¿Qué hace la lengua para producir el fruto de la muerte y de la vida?

EXEGESIS DIRECTA
Poder, yad (Strong #3027). Traducido casi exclusivamente como «mano», «en tu
mano», indicando poder, medios, fuente y dirección. ¡El aspecto figurativo del lenguaje
hebreo dibuja una lengua con una mano! La lengua puede «agarrar» (como en este
versículo) la vida y la muerte. Las palabras que usted y yo usamos pueden retener o liberar
poderes vinculados con la vida y la muerte. La expresión «sus frutos» (Proverbios 18.21)
indica que la palabra hablada es semejante a la semilla. Las palabras plantadas mediante el

233
Fe Bíblica

poder del habla son como plantas que llevan fruto y dan vida o muerte, dependiendo de lo
que se haya hablado.
Utilice una concordancia de la Biblia para ayudarlo en un estudio del libro de
Proverbios. Busque los versículos que tengan que ver con la lengua, la boca, los labios o la
palabra. A continuación enumeraré algunos para ayudarlo a comenzar. Escriba los
versículos y anote sus observaciones personales sobre el poder del habla.

1. Proverbios 6.2

Antes de que los contratos se escribieran sobre papel, un simple pacto verbal, obligaba
a las partes. ¿Qué pasaje bíblico podría usted utilizar como un contrato con Dios? ¿Qué
palabras usaría usted para pactar el contrato?
2. Proverbios 12.18

La palabra hablada promueve la salud. ¿Qué palabras puede usted hablar que
promoverían la integridad en las relaciones, en la conducta y en las circunstancias físicas?
3. Proverbios 3.13, 21.23

El aprendizaje del lenguaje de la fe incluye aprender a saber qué no decir. ¿Qué ha


dicho usted o alguna otra persona que no debería haberse expresado?
4. Proverbios 15.4

Una manera distinta de decirlo sería: «Una lengua de sanidad es un árbol de vida».

5. Proverbios 16.24

INFORMACIÓN ACADÉMICA
Proverbios 16.24 revela lo que la sabiduría divina (su Palabra) enseña a nuestros
corazones: verdades y promesas que deben reflejarse en nuestra conversación y transmitir
esas enseñanzas a nuestros labios. La Palabra en nuestros corazones debe influir sobre
nuestra conducta y conversación. La «dulzura» y la «medicina» que tales palabras
promueven son deseables, ya sea para nuestras relaciones humanas o para la recepción de
la gracia divina en nuestro diario vivir. Llevan al creyente a una vida victoriosa a través del
reconocimiento del poder y la fortaleza de Dios, tanto con nuestras acciones como con
nuestros labios. 1

Habiendo estudiado algunos de los versículos del libro de Proverbios, usted ha


descubierto la conexión que Dios hace entre el mundo físico y el espiritual, ubicando al
modo de hablar como la entrada. Aprender el poder de la palabra es una de las lecciones
básicas del discípulo.
Escriba sus propios pensamientos al revisar los siguientes versículos:
• La Palabra es como una semilla (Mateo 13.18–23). ¿Qué podemos hacer con ella?
• La Palabra es como una espada (Efesios 6.17). ¿De qué modos podemos usarla?

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 780. Dinámica del reino, Proverbios 16.23, Las
palabras sabias traen salud.

234
Fe Bíblica

• La Palabra se usa en conexión con el lavamiento y con el agua (Efesios 5.26). ¿Cómo
se aplica?

Habiendo estudiado las referencias, ¿cómo puede ponerlas por obra en su propia vida?
¿Existe la posibilidad de que las palabras que usted pronuncia sean semillas, así como la
Palabra de Dios es semilla? ¿Existen ocasiones en que usted debe usar sus propias
palabras para hacer guerra? O, ¿puede usted expresar palabras que sean usadas para el
lavamiento y la purificación? Por supuesto que la respuesta es «sí». Pero esto sólo es
posible en la medida en que esté dispuesto a dejar que la palabra de Dios se convierta en
el patrón de sus propias palabras. El lenguaje de la fe es hablar lo que Dios ha dicho y lo
que nos dice aun como su respuesta inmutable a las circunstancias presentes.
Una de las grandes enseñanzas de Jesús acerca del poder del habla se encuentra en
Marcos 11.23–26. Lea estos versículos antes de continuar y escriba sus propias
observaciones.
Versículo 23, acerca de las posibilidades de la fe y el habla.
Versículo 24, acerca de la liberación de la fe y el habla.
Versículo 25, acerca de la humildad de la fe y el habla.
Versículo 26, acerca de la responsabilidad de la fe y el habla.

INFORMACIÓN ACADÉMICA
Lea las palabras del doctor Roy Hicks, padre, en Marcos 11.22–24, tituladas Jesús en la
«confesión de fe»: «De los propios labios de Jesús recibimos la más directa y práctica
instrucción concerniente al ejercicio de nuestra fe. Consideremos estos tres puntos: 1) La
fe debe depositarse «en Dios». La fe que se expresa llega antes que la fe que se busca. El
Todopoderoso es la fuente y la base de nuestra fe y de nuestro ser. La fe fluye sólo hacia Él,
debido a que la fidelidad fluye directamente de Él. 2) La fe no es una treta que hacemos
con los labios, sino una expresión que brota de la convicción de nuestros corazones. No es
bíblica la idea de que la confesión de fe es una “fórmula” para conseguir cosas de Dios. Lo
que Jesús nos enseña es que la fe que hay en nuestros corazones debe expresarse, lo que la
convierte en algo activo y eficaz, que produce resultados concretos. 3) Las palabras de
Jesús: “Todo lo que pidiereis”, extienden este principio a todos los aspectos de nuestra
vida. Las únicas restricciones son: (a) que nuestra fe esté puesta “en Dios”, nuestro Padre
viviente en concordancia con su voluntad y palabra; y (b) “que creamos” en nuestros
corazones y no dudemos. Así, decir “al monte” no es un ejercicio vano o supersticioso, sino
más bien una forma de invocar la promesa de la palabra creadora de Dios» 2

Puesto que usted toma la fe en serio y desea aprender el lenguaje de la fe, querrá
prestar atención especial a la conexión entre el hablar que mueve montañas y la fe que

2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 1268. «Dinámica del reino, Marcos 11.22–24, Jesús en
la «confesión de fe.»

235
Fe Bíblica

echa fuera el pecado. Tal como lo hemos visto, ¡Jesús habló del lenguaje de la fe de las dos
maneras!

EXEGESIS DIRECTA

En Marcos 11.25, al que se le acababa de explicar cómo hablar a los obstáculos


montañosos también se le enseñó cómo perdonar. Perdonar, aphiemi (Strong #863)
«quitar». ¡Probablemente no es mera coincidencia que la palabra que Jesús usa para
«mover montañas», en griego signifique perdonar el pecado! ¡Claramente puede ver que
no se pueden mover montañas si no se está dispuesto a perdonar pecados!
Guardar rencor contra una persona es rehusar ofrecerle perdón, o «quitar» el pecado o
acto que alguien cometió contra usted. El que alberga un rencor no podrá «mover la
montaña». Usted y yo no podemos sortear los obstáculos en nuestro camino si
mantenemos obstáculos (montañas de falta de perdón) en el camino de los demás.
Perdone ya que se le perdona. Al perdonar descubrirá una dimensión mayor del perdón de
Dios para usted. Entonces su fe estará preparada y activamente lista para mover montañas.

INFORMACIÓN ACADÉMICA

«El creer puede tomar formas opuestas. Puede ser fe o duda. Cuando crees que Dios
existe, que te ama y que está atento a tus necesidades, entonces nace la fe en el corazón.»
«De la misma manera la duda es igualmente real. Al contrario de la fe, la duda te dice
que Dios no existe, o que no te ama y no se preocupa de tus necesidades. La duda hace
que el temor aparezca, lo que acarrea tormento, no paz. En realidad el temor te impide
recibir las cosas buenas que Dios desea enviarte. Apodérate de esta verdad: Du da, y no
recibirás nada; ten fe, y recibirás. Durante muchos años he dicho: ¡Espera un milagro!»
«Tales expectativas abrirán tu vida a Dios y lo pondrán en condiciones de recibir
salvación, gozo, salud, ayuda económica y también paz mental; en pocas palabras, todas
las cosas buenas que tu corazón desea, ¡y mucho más!» 3

Pat Robertson respondió así a la pregunta «¿Cómo orar para que ocurra un milagro?»:
«Cuando enfrentemos una gran necesidad, ya sea nuestra o ajena, debemos
humildemente buscar la voluntad de Dios en el asunto: “Padre, ¿qué te propones hacer en
esta situación?” Jesús dijo: “Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5.17).
Escuchó la voz del Padre, y le puso atención. Cuida de no comenzar o terminar oración
alguna diciendo torpemente: “Si es tu voluntad”. En lugar de ello, debes tratar de conocer
la voluntad de Dios en cada situación particular y basar en ella tu oración. Orar por un
milagro constituye una invitación al Espíritu Santo para que se manifieste. Cuando ese es
su propósito, Él te lo hará saber. Entonces puedes pedirle el milagro que ya sabes que El
desea llevar a cabo.

3
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 1268. «Dinámica del reino; Marcos 11.22–24 Tu fe en
Dios es la clave de lo que recibes»

236
Fe Bíblica

»A menudo es importante utilizar algo clave para implorar un milagro: la palabra


hablada. Dios nos ha dado autoridad sobre la enfermedad, los demonios, las tormentas y
las finanzas (Mateo 10.1; Lucas 10.19). A veces le pedimos a Dios que actúe, cuando en
realidad Él nos llama a emplear su autoridad actuando por medio de declaraciones
divinamente autorizadas. Debemos declarar esa autoridad en nombre de Jesús: podemos
ordenar que los fondos necesarios fluyan en nuestras manos, que la tormenta cese, que un
demonio abandone a alguien, que una aflicción nos deje o que una enfermedad
desaparezca.
»Las palabras de Jesús fueron: “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate
en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga
le será hecho” (Marcos 11.23). ¡Cree en tu corazón que ya ha sido hecho! Proclámalo con la
unción de fe que Dios da. Pero recuerda, los milagros nacen de la fe en el poder de Dios,
no de un ritual, fórmula o fuerza de la voluntad humana» 4
Habiendo meditado en Marcos 11.23–26 con estos notables maestros y líderes acerca
de las posibilidades de la fe, escriba ahora sus propios pensamientos sobre esta enseñanza
clave de Jesús.
Para terminar nuestra lección sobre el lenguaje y la fe, estudie las palabras de Pablo en
2 Corintios 4.13. ¿A qué versículo de los Salmos se refiere Pablo?
En base a 2 Corintios 4.14, ¿qué dice saber Pablo?

En última instancia, su lenguaje de la fe depende del conocimiento de la misma


verdad que conoció Pablo. Es la vida del Señor Jesús que da sentido a la confesión de fe.
Recuerde lo que dijo Salomón:
«La muerte y la vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18.21). Como sabemos
que Jesucristo está vivo, y que como Resucitado está listo para administrarle a usted su
poder vivificante ¡inmediatamente!—en todas las circunstancias presentes, podemos
elegir expresarnos desde el punto de vista de la vida y no de la muerte. Nuestras palabras
de fe pueden acoger y cooperar confiadamente con la voluntad de Dios, tal como lo ha
revelado en su Palabra. Hoy y todos los días podemos disfrutar el vocabulario de fe, ¡hasta
que vuelva el Señor!

Escriba una confesión de fe que le haya venido durante su estudio de la Palabra de Dios
en este tópico. Escriba además la corrección de algo incorrecto y no bíblico que haya venido
permitiendo en su vida de fe. Con todo el potencial que Dios le ha dado, utilice su lenguaje de
fe.

La fe y la restauración

¿Qué es lo que Dios va a restaurar que se ha perdido? ¿Hay algo que Dios no
restaurará? ¿Cómo puedo cooperar con el plan divino de restauración?

4
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 1746. «Respuestas espirituales a preguntas difíciles»

237
Fe Bíblica

Usted estudiará en esta lección: (1) Las promesas y el programa de restauración de


Dios de los cuales tenemos un registro histórico; (2) los conceptos bíblicos de
restauración; y (3) las promesas de Dios de restauración para su vida.
Notará que he colocado este capítulo al final de los estudios de fe. ¿Por qué? Nuestra
naturaleza se inclina a estudiar la fe de manera que nos ayude a llevar a cabo nuestro
propio programa. Siempre me entristece, y creo que nuestro Señor también se entristece,
cuando se busca la fe sólo como una manera de satisfacer una necesidad personal.
Entiendo que esta preocupación puede ser una trampa. Por un lado, Dios quiere
satisfacer todas nuestras necesidades (Mateo 6.33). Por otro lado, ¡Dios tiene un plan! Él
no existe por el solo hecho de satisfacer nuestras necesidades. Desde la eternidad, Dios se
ha comprometido a llevar adelante un curso de acción, y no torcerá su plan. Al ejecutar
ese programa eterno, en su gracia satisface nuestras necesidades. Pero su plan va mucho
más allá que el mero alivio de la condición humana.
La fe alcanza su mayor exponente cuando usted y yo cooperamos con el plan eterno
de Dios y nos unimos a Él en su búsqueda, en vez de exigirle que se una al nuestro.
La restauración implica que se ha perdido algo. Nadie puede vivir en un planeta caído,
tratar con la naturaleza propia caída y enfrentar la naturaleza caída de los demás sin sufrir
pérdidas. Si aprender a vivir por fe, podrá evitar que el fracaso sea algo normal, aunque no
desaparecerá por completo. Cuando ocurra, como usted se ha comprometido a estar en el
programa de Dios, sentirá la gracia y el poder de los ministerios de restauración de Dios.

EJEMPLOS HISTÓRICOS DEL PODER DE RESTAURACIÓN DE DIOS

Zacarías y Hageo son dos de los profetas que pertenecieron al período de restauración.
Generalmente se cree que este período vino después de que gran parte de la población de
Israel fuera deportada a Babilonia. Israel fue entonces repoblado por los babilonios, y más
tarde por el imperio persa. Aun antes de que comenzara la deportación, después de años
de derrotas humillantes a mano de los asirios, Dios habló a través de sus profetas e indicó
que Israel sería restaurada en sus tierras. Al comenzar dicha restauración, tal como Dios
había dicho, Zacarías y Hageo fueron usados para hacerle recordar al pueblo el plan de
Dios.

HAGEO

Hageo profetizó durante los esfuerzos de Esdras y su pueblo por reconstruir el templo
de Salomón que había sido demolido. La fecha del ministerio de Hageo data
aproximadamente desde el año 520 a.C. y se registra en el libro del Antiguo Testamento
que lleva su nombre.
El difunto Sam Middlebrook escribió lo siguiente del ministerio de Hageo: «El libro de
Hageo aborda tres problemas comunes a todos los pueblos en todas las épocas, y ofrece
tres inspiradoras soluciones a estos problemas. El primero de los problemas es el
desinterés (1.1–15). El pueblo había retornado del exilio con el propósito de reconstruir el

238
Fe Bíblica

templo de Jerusalén (Esdras 1.2–4) y había comenzado la tarea asignada; pero surgió la
oposición y la obra se detuvo. La gente se interesó más en construir sus propias casas,
quizás para olvidar el tiempo vivido en tierra extraña (1.4). Dios les habló en dos
ocasiones para despertarlos de su apatía. Primero debían reconocer que su vida era
infructuosa (1.5, 6), porque habían desestimado la casa de Dios para ocuparse de sus
propias casas (1.7, 9). Los esfuerzos por construir su propio reino no podrían jamás
producir frutos permanentes. Después de tomar conciencia de sus problemas, el pueblo
debía comprender que Dios aceptaría la obra que pudieran hacer, lo glorificarían con solo
dedicarle lo que tenían (1.8).
»El segundo problema es el desaliento (2.1–9). Algunos los mayores dentro del grupo
de los exilados que retornaron habían visto el templo de Salomón cuando eran niños; así
que ningún edificio, por hermoso que haya sido, podía compararse con la gloria del
templo anterior (2.3). El desaliento de los mayores pronto influyó en los jóvenes, y a sólo
un mes de iniciada la obra cesó la edificación del templo. Pero, de nuevo Hageo trae un
mensaje dirigido a enfrentarse enérgicamente al desaliento del pueblo. La solución consta
de dos partes: una trata del problema inmediato, la otra ofrece una solución a largo plazo.
Por el momento, es suficiente que el pueblo se esfuerce … se esfuerce … y trabaje (2.4). La
otra clave para superar el desaliento es hacer saber a los constructores que están
edificando un templo para que Dios lo llene con su gloria, de tal manera, que sobrepase la
antigua gloria del templo de Salomón (2.9).
»El último problema que Hageo enfrenta es el de la insatisfacción (2.10–23). Ahora que
pueblo está trabajando espera recuperar rápidamente los años de inactividad. Entonces el
profeta se presenta ante los sacerdotes con una pregunta (2.12, 13) sobre las cosas limpias
e inmundas y su influencia recíproca. La respuesta de los sacerdotes es que la inmundicia
se contagia, mientras que la santidad no. La lección es obvia: no esperes que la obra de
tres meses compense dieciséis años de negligencia. El siguiente mensaje de Dios para el
pueblo constituye una sorpresa: Mas desde este día os bendeciré”(2.19). La gente debía
comprender que la bendición de Dios no podía ser comprada, sino que era una dádiva
gratuita del Dios misericordioso. Dios escogió a Zorobabel como una señal (2.23), es decir,
como representante de la naturaleza del siervo, la cual tuvo su máxima expresión en el
más grande hijo de Zorobabel, Jesús. Nótese el nombre de Zorobabel en las dos listas
genealógicas que aparecen en los Evangelios (Mateo 1; Lucas 3), lo que indica que la más
alta y definitiva bendición de Dios se encarna en una persona, la de su Hijo Jesucristo»1

Lea la primera profecía de Hageo en 1.2–11, y responda las preguntas siguientes:


• La expresión «meditad sobre vuestros caminos» aparece dos veces y señala una
descripción de su difícil situación. ¿Cómo describiría usted con sus propias
palabras la condición en la que estaban?
• Por qué les hizo perder el Señor todo lo que tenían?
• El Señor habla de la siembra, la comida y la bebida, la ropa y los salarios. ¿Qué
hará con las fuerzas de la naturaleza?

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994, 1141–1142. Introducción al libro de Hageo.

239
Fe Bíblica

• En respuesta al primer mensaje del profeta, ¿qué hará el pueblo?


• Qué hizo el Señor que dio al pueblo la posibilidad de responder? (1.14)

EXEGESIS DIRECTA

Despertar, ˒ur (Strong #5782). Levantar, provocar, excitar, incitar, motivar o abrirle
los ojos a alguien. ˒Ur aparece unas 75 veces en el Antiguo Testamento, y se utiliza tanto
para describir un águila que excita su nidada (Deuteronomio 32.11), como el «despertar»
de un instrumento musical dispuesto a tocar (Salmos 108.2). En Isaías 50.4, Jehová
despierta al profeta cada mañana y «despierta» su oído para que escuche el mensaje
divino. Véase también Isaías 51.9, que habla del despertar del brazo de Jehová. Esta
referencia es similar: Dios despertó el espíritu de Zorobabel y le incitó para que reparara el
templo de Dios.2

Lea Hageo 2.4–9, y responda las preguntas siguientes:


1. En el versículo 2.4, se anima al pueblo a esforzarse. ¿Qué promesa les da el Señor
para el proceso de restauración?
2. ¿Cuál es la promesa que les da el Señor acerca de la gloria de este templo postrero
(el que estaban construyendo en ese momento)?
3. Partiendo del versículo 2.7, ¿cómo perfeccionará su gloria en este templo postrero?
Usted ha estudiado las palabras del profeta con respecto al evento histórico registrado
en el libro de Esdras. Sería bueno que leyera este libro para ayudarlo a entender cómo
obra Dios en el proceso de restauración.
En Esdras 1.7–11, vemos una referencia curiosa acerca de ciertos artefactos del templo.
Ciro, rey de Persia, había mandado a que por medio de Esdras se devolvieran todos los
utensilios que se habían substraído del templo de Salomón antes de su destrucción. ¡Estos
versículos hasta cuentan el número de cuchillos!
¿Por qué motivo aparece este inventario parcial en las Escrituras? Lea Jeremías 27.21,
22. Aproximadamente siete años antes Dios les dio una promesa de restauración referente
a los objetos del templo. «Y después los traeré y los restauraré a este lugar”. ¿Por qué tiene
importancia? Indica que cualquier cosa que ha sido consagrada al Señor se convierte en
posesión suya. Siempre me pareció cómico pensar que el Señor podría haber dicho: «Los
cuchillos, no se olviden de los cuchillos. Yo quiero que los traigan de vuelta. ¡Me
pertenecen!»
El humor es aceptable, pero este hecho debe darle gran placer. No importa lo que le
haya consagrado al Señor (ya sea su vida o sus hijos) Él lo toma como suyo y se ocupa de
que vuelva a dónde pertenece.

ZACARÍAS

2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. «Riqueza literaria, Hageo 1.14, despertó».

240
Fe Bíblica

El ministerio profético de Zacarías se dirige al mismo pueblo pero en un proyecto de


construcción diferente. Mientras Hageo se dedica a la construcción del templo, Zacarías
se ocupa de la reconstrucción de los muros y de las puertas de Jerusalén. Tal como el libro
de Esdras da el respaldo histórico para el ministerio profético de Hageo, el libro de
Nehemías lo hace para con las profecías de Zacarías.
El lineamiento del libro de Zacarías varía drásticamente con respecto a lo que acaba de
ver en Hageo. Contiene una serie de visiones y la presentación de estas al pueblo,
acompañadas de mensajes proféticos.
Una de las profecías que tiene que ver con la reconstrucción de los muros de la ciudad
se encuentra en Zacarías 4.6–10. Léalo cuidadosamente y responda a las siguientes
preguntas:
1. ¿Qué no traerá la restauración o la reconstrucción de los muros de la ciudad?
2. ¿Que traerá la restauración?
3. ¿Qué le ocurrirá a la montaña, al obstáculo que trata de impedir la restauración?
4. ¿Qué gritan cuando queda ubicada la piedra final, la de la cima (muchos creen que
se llama la «piedra del amén», la que sella el arco)? ¿Qué le dice eso a usted?

EXEGESIS DIRECTA

La palabra fuerza se traduce como «riqueza», «valor», «virtud» (carácter), «un


ejército». Aquí se refiere a la dependencia. ¿Qué motiva la fe en usted a la restauración
que anhela? Aunque estas cosas son importantes para el programa de restauración, no
debe depender de los recursos humanos, del valor, de los números o de la fuerza. ¡En
última instancia, la restauración verdadera es imposible sin Dios! La palabra poder se
refiere casi exclusivamente a un mensaje de fuerza y así se traduce. Tal como los profetas y
poetas hebreos, esta unión entre la fuerza y el poder es una herramienta literaria y
polémica. Una palabra está edificada sobre la otra, para que cuando se combinan,
podamos tener un cuadro más completo. ¡Aquí el profeta insiste en que la restauración es
imposible a través de la fuerza y el poder humanos!

EXEGESIS DIRECTA

Hacer restitución, Shalam (Strong #7999). En forma figurada, ser o estar (completar;
por insinuación, ser amigable; por extensión, corresponder). Se traduce como
«desagraviar», «terminar», «llenar», «hacer el bien», «restaurar», «restituir». Da la idea de
devolver algo a su propietario, o de enmendar, en el sentido de intentar devolver algo a su
sitio original.
Restablecer, shuwb (Strong #7725). Devolver en forma práctica o figurada (no
necesariamente con la idea de que sea a su punto de origen). Esta palabra trae la
connotación de un nuevo comienzo. El regreso al punto de partida podría ser imposible en
términos geográficos o de tiempo. Sin embargo, en este sentido, «restablecer» hace
posible un nuevo comienzo.

241
Fe Bíblica

Conceptos bíblicos de la restauración

El concepto de la restauración comienza con la Ley. A modo de ejemplo, lea Éxodo 22.
Los primeros versículos tratan con el restablecimiento y la restitución de algo que ha sido
robado.
Si la ley demanda una restitución que repone más de lo que se ha perdido, es lógico
asumir que el Señor, quien es el autor de esa ley, haga lo mismo. Esto es precisamente lo
que usted lee en su estudio de la restauración del templo: Él dijo que la gloria de la casa
venidera sería mucho mayor que la de la primera. Cuando Él restaura, su obra produce
algo de mejor calidad que lo que originalmente se perdió. En Zacarías 4.10, ¿notó usted
que la profecía parece reprender al pueblo por pensar que las paredes reconstruidas
serían muy bajas?
Lea Job 42.12. ¿Qué dice acerca de la condición en que se encontraba Job al final de su
vida con respecto a la que llevaba antes de vivir semejante tragedia? Aunque Job se utiliza
a menudo como un ejemplo de lo que uno no quisiera ser, la bendición del Señor sobre
este hombre, que confió en Él a través de la adversidad, es poderosa.
En Isaías 42.22, ¿cuál es la condición en que se encuentra el pueblo? Al leer sobre su
circunstancia de abuso, vea lo que el profeta les dice que no tienen la capacidad de hacer.
¡Se han convertido en tales víctimas que ni pueden pedir restauración! Tristemente, esto
es frecuente con quienes se han convertido en víctimas. Ya sea real o imaginario, la
víctima no puede concebir que algún día llegará a ser como era, mucho menos, que
podría ser mejor.
Utilice su concordancia y busque las referencias asociadas con las palabras restaurar,
renovar, reconstruir o construir de nuevo. Al leer estos pasajes comenzará a ver cuál es la
actitud de Dios con respecto a la restauración de lo que usted ha perdido.
Este libro de lecciones trata con diferentes aspectos relacionados con la vida de fe. Sin
embargo, no se centra en esos tópicos; ¡se centra en la fe! El objetivo de este capítulo ha
sido inducirlo a que analice las ilustraciones históricas de interés y los métodos de Dios
para la restauración. En la sección anterior se le pidió a usted que medite en los conceptos
básicos de la restauración. Ahora hemos llegado a la sección final del estudio en que
repasamos las promesas de restauración.
Al meditar en esta sección he sentido que muchos de los lectores de esta guía de
estudio se estarán haciendo preguntas sobre la restauración. Si yo fuera su consejero y
usted me preguntara: «¿Cómo puedo creer en la restauración de mi matrimonio?» o,
«¿cómo puedo tener fe en que mis emociones serán restauradas?» Sin duda, yo le dirigiría
la atención a una, a varias, o a todas las promesas.
¿Por qué? En última instancia, la restauración será posible sólo cuando usted crea que
es posible. La Palabra de Dios lo motiva a creer en la posibilidad de la restauración.

¿EXISTE ALGO QUE NO SE PUEDE RESTAURAR?

Algunos se harán esta pregunta. Yo les respondería con las palabras de Jesús. Escriba
cada uno de los versículos completos:

242
Fe Bíblica

Mateo 17.20:
Mateo 19.26:
Marcos 10.27:
Lucas 18.27:
Lucas 1.37:

EXEGESIS DIRECTA

Aunque apropiadamente traducido como está, Lucas 1.37 contiene la palabra griega,
rhema, que significa una vocalización, o palabra hablada. En este sentido el ángel le dijo a
María: «Ninguna palabra que el Señor dice va sin fuerza». Isaías lo expresó de esta manera:
«Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo
quiero, y será prosperada en aquello para que la envié» (Isaías 55.11). Cuando usted tiene
una promesa de Dios, tiene también la fuerza de El para hacer que esa promesa se cumpla.

PROMESAS DE RESTAURACIÓN

Usted descubrirá en estas promesas lo que Dios ha de restaurar. Aunque le di los


versículos, por favor léalos en su Biblia en el mismo momento. Si no están resaltados,
hágalo, tal vez subrayando las palabras u oraciones claves. Si el Señor llegara a hablarle
algo de la promesa de restauración para su propia situación, escríbalo en el espacio que le
he dejado y en su Biblia, indicando la fecha.
El gozo perdido de la salvación: Salmos 51.10–12: «Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no
quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me
sustente».
Esta oración de David es su respuesta a la obra de convicción del Espíritu Santo luego
de su pecado con Betsabé. Está incluida en las Escrituras porque nos ofrece un modelo de
la posibilidad de recibir perdón y la restauración del gozo de salvación.

El sentido perdido de justicia: Isaías 1.26: «Restauraré tus jueces como al principio,
y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel».
La idea expresada aquí es que los estragos del pecado producen insensibilidad a la
justicia. La insubordinación gobierna sin respetar los valores absolutos o el marco sobre el
cual se puede edificar una comunidad de justicia. Dios promete restaurar a su pueblo para
que sus vidas se puedan basar en la justicia, que posibilita llevar una vida según el plan
inicial.

La motivación perdida para vivir: Isaías 57.18: «He visto sus caminos; pero le
sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados».

243
Fe Bíblica

Lea los versículos precedentes al versículo 18. ¿Qué clase de actitud atrae esta promesa
de restauración de Dios? «No hay paz para los impíos» contrasta con la restauración del
consuelo y ayuda a definir el significado de consuelo. No quiere decir consuelo en el
sentido de conveniencia. Tiene más que ver con el llanto. La obra de restauración divina
quitará ese tipo peculiar de tristeza que le roba al hombre la motivación por la vida.
Cuando el penitente toma los pasos necesarios para avanzar más allá de la tristeza
personal y el llanto se arrepiente ante el Señor y Él le dará tal renovación que renace la
posibilidad de vivir de nuevo.

La intimidad perdida con Dios: Jeremías 30.17: «Más yo haré venir sanidad para ti, y
sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de
la que nadie se acuerda».
Esta promesa es especial porque se refiere al fin del juicio. Cuando el profeta Jeremías
dijo: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová,
pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jeremías 29.11), se
refería al fin de la dispersión de Israel; cuando regresaran a la tierra. El poder de la
Palabra se emite durante la época en que Israel cosecha lo que sembró. Aun allí, Dios les
dice: «Esto pasará. No es esto lo que quiero para ti. Yo te daré paz, y cumpliré las
expectativas que todavía son posibles porque eres mi pueblo». Las heridas en Jeremías
30.17 no son causadas por hombres. ¡Las causa el juicio de Dios! Por tanto podemos con
seguridad dar expresión al corazón y a la voluntad de Dios para quien ha vivido el juicio
del Señor por los pecados cometidos. Él desea sanar las heridas de su juicio y restaurar su
corazón hacia Él.

El tiempo perdido: Joel 2.25: «Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el
revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros».
Sería suficiente que el Señor prometiera restaurar lo que fue destruido por las plagas
de langosta. Sin embargo, fue más allá de la sustancia material, abarcando en la promesa
de restauración el tiempo perdido por culpa de las plagas. El pecado y sus consecuencias
roban al hombre su posesión más valiosa: El tiempo. Pero cuando el corazón vuelve a
Dios, se pueden restaurar los años perdidos en el matrimonio, en la paternidad, en la
juventud; como también se pueden aprender las lecciones valiosas que se desperdiciaron.

El poder perdido para vivir con fortaleza: Isaías 40.31: «Pero los que esperan a
Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se
cansarán; caminarán, y no se fatigarán».
Esta restauración tiene también una condición. La renovación de la fuerza está
disponible para quienes descansan en el Señor. Utilice una concordancia para ver cómo
en los Salmos se traduce esta palabra. Indica dependencia. ¡La idea de depender de otro
no es popular en nuestra cultura! Se ve como señal de debilidad y disfunción. Pero en lo
que respecta a su relación con el Señor, la dependencia es un factor de fuerza. ¡Su fuerza
depende de su debilidad! En efecto, ¿no es lo que dijo el apóstol Pablo? «Porque cuando

244
Fe Bíblica

soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12.10). Asimismo, busque en su concordancia
cómo se traduce la palabra «renovar». Descubrirá que tiene que ver con el cambio, con la
renovación de lo que muere y algo nuevo que toma su lugar.

La juventud perdida en la vida: Salmos 103.5: «El que sacia de bien tu boca de modo
que te rejuvenezcas como el águila».
La idea aquí es que a pesar de la edad, la obra de restauración de Dios lo ayudará a
mantenerse joven. Se menciona el águila por el proceso de restauración de las plumas. Tal
vez resulte cómico, pero las águilas no pueden volar sin plumas. Quizás tengan músculos,
habilidad innata y oportunidad, pero sin plumas, ¡no volarán! ¡Algunos cristianos son
como las águilas sin plumas! Poseen los músculos (la fuerza de propósito), la habilidad
(conocen los principios bíblicos) y tienen la oportunidad, pero no vuelan. Lo harán sólo
cuando le dejen a Dios satisfacer el apetito con lo bueno de su Palabra y le permitan
renovar su visión juvenil.

EXEGESIS DIRECTA

Ahora que usted ha comenzado el estudio sobre la fe y restauración, anote lo que le ha


confiado a Dios para restaurar en su vida y en las vidas de aquellos que ama.

La fe y la prosperidad

La bicicleta era roja y negra. Vila nota sujeta al manubrio. La misma persona que dejó
la bicicleta en nuestro patio trasero me dejó una nota: «El Señor desea que tengas esta
bicicleta. Así como diste, Él te da».
Yo tenía diez años, y no sabía mucho de «fe y prosperidad». Ni siquiera estoy seguro
de haber hecho una relación entre la reluciente bicicleta y la ofrenda misionera que di
unos meses antes. Mi familia y yo fuimos a una función especial en otra iglesia para
fomentar las misiones. Al final del culto el predicador nos pidió que inclináramos la
cabeza. Oró al Señor pidiéndole que nos hablara acerca de nuestras ofrendas a la
evangelización mundial a través de nuestro programa de misiones internacionales. Yo
tenía sólo diez años y había ahorrado algo de dinero para comprar una bicicleta.
De pronto quise darle ese dinero al Señor para las misiones. Mientras los demás
oraban, yo le pedí permiso a papá. El me hizo algunas preguntas y me lo otorgó. ¡Estoy
muy feliz de que lo hiciera! Papá me puso el dinero en la mano para que yo lo entregue.
Al pasar el cesto agregué mi ofrenda a lo que otros habían dado.
Parecía ser exactamente lo que debí hacer. Supongo que otros podrían haberlo visto
como un sacrificio. Como niño de diez años, no pensé mucho en renunciar a mi bicicleta.
En lugar de eso, pensé más en la emoción de oír hablar al Señor. Esa fue la primera vez
que tuve pensamientos tan deslumbrantes y diferentes a mis propios patrones mentales
que motivaron mi reacción.

245
Fe Bíblica

Nadie me lo tuvo que explicar. Sabía que Dios no me exigía sino que me pedía dar. De
alguna manera supe que era mi dinero y mi decisión de dar o no.
Desde entonces han sido parte valiosa de mi vida las lecciones de fe como se
relacionan con las promesas de Dios para la prosperidad de sus hijos. ¡Ojalá pudiera decir
que siempre he tenido el tipo de respuesta que cuando tenía diez años! ¡Al crecer tuve
que volver a aprender unas cuantas veces las lecciones sobre la generosidad!
Repasemos en esta lección lo que realmente enseña la Biblia sobre la prosperidad.
Algunas promesas de bendición parecen tener muy pocas restricciones. Otras son muy
precisas, con parámetros bien definidos. Pero sobre todo, usted descubrirá que las
condiciones para la bendición y la prosperidad casi siempre nos llevan por el sendero de
las relaciones. En otras palabras, aunque estudiará principios ricos de la prosperidad,
notará que Dios no está interesado en enriquecer a alguien por el simple hecho del
enriquecimiento.
Para asegurar una perspectiva sana del tema de la fe y la prosperidad, que tan a
menudo se distorsiona, establezcamos tres conceptos primarios.

CONDICIONES PARA LA PROSPERIDAD

1. La prosperidad se vincula siempre con el propósito. Dios pretende que seamos


instrumentos de recursos. Lea Filipenses 4.19: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta
conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús». La conexión entre las ofrendas
responsables de los filipenses y el propósito de la bendición de Dios es clara, cuando
leemos esta promesa en su contexto. Le dieron a Pablo, y luego Dios les dio la
recompensa. Pero los recompensó para que pudieran seguir siendo una fuente de recursos
para el programa del reino de Dios.

2. La bendición siempre está relacionada con el carácter de Dios y el suyo propio. Lea
Filipenses 4.11–13. Casi sin respiro, Pablo transmite la promesa de bendiciones a los que
dieron y administra las lecciones de vivir plenamente satisfechos con lo que se tiene. La
prosperidad no está prometida como una medicina para la disconformidad. La confesión de
Pablo es simple: Yo estoy contento en la abundancia y en la escasez. Las posesiones o la
prosperidad no determinan el nivel de satisfacción. Este hecho de carácter se resuelve con
lo que uno posee en el interior, no en el exterior. Es en medio de este punto que Pablo
afirma su famosa declaración: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». A partir de
este contexto, se ve claramente que la fortaleza que viene del Señor Jesús, de la que Pablo
se jacta, surge de estar satisfecho a pesar de la presencia o ausencia de abundancia.

3. El éxito está más relacionado con el programa de Dios que con nuestros deseos. No
está mal presentar nuestras peticiones y deseos al Señor. Está mal hacer que los deseos
condicionen la relación. Dios quiere bendecimos, darnos éxito en todas las áreas de
nuestra vida. Sin embargo descubriremos que esas bendiciones vendrán con mayor
rapidez a los comprometidos con el programa de Dios para sus vidas.

246
Fe Bíblica

La Biblia tiene tanto promesas de prosperidad como advertencias acerca de la


prosperidad. ¿Por qué? Porque el Señor conoce los corazones. La humanidad caída y
hasta los redimidos del Señor son fácil presa de los patrones de pensamiento acerca de la
prosperidad que se inclinan hacia la codicia y la avaricia. El Señor desea que la
prosperidad sea una bendición, no una maldición. Pero la fe se emplea erróneamente
cuando la motiva la codicia y cuando la prosperidad se convierte en la condición sobre la
cual la fundamentamos. De repente, confiamos en Dios para obtener bienes, en vez de
confiar en Él en todo. ¡En ese momento, la prosperidad se convierte en una maldición!

EXEGESIS DIRECTA

Prosperado, 3 Juan 2: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y
que tengas salud, así como prospera tu alma». Euodoo (Strong #2137) viene de las palabras
griegas que significan «bueno» y «camino». Por lo tanto denota éxito en alcanzar un
objetivo, ya sea en un viaje o en el negocio.

Escriba sus propios pensamientos sobre 3 Juan 2.

Juan se asegura de que el concepto de prosperidad sea integral. Él enlaza la condición


del ser interior con los aspectos externos de la vida. Según su forma de pensar, sería inútil
orar para alcanzar una meta si uno no está bien internamente. Digamos esta oración de
otro modo: «Deseo que puedas llegar a donde quieres ir en tu exterior mientras en tu
interior vayas a donde Dios quiere».

EXEGESIS DIRECTA

Josué 1.8: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche
meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito;
porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien». Prosperidad, tsalach
(Strong #6743); empujar, en varios sentidos; abrirse, avanzar, lucro.

A la luz del significado hebreo de «prosperidad», explique Josué 1.8 con más detalle,
exponiendo por escrito sus pensamientos sobre cómo esta promesa puede aplicarse a su
vida.
Estas palabras expresadas a Josué justo antes de guiar a los hijos de Israel a la Tierra
Prometida subrayan la importancia de la Palabra de Dios en lo que a fe y prosperidad se
refiere. Tsalach (próspero) tiene una connotación de fuerza. De hecho, esta palabra a
menudo se asocia en el Antiguo Testamento con el advenimiento del Espíritu Santo sobre
una persona (véase Jueces 14.6 y 19 acerca de Sansón). Debería haber una irrupción del
poder de Dios para asistir a Josué y posibilitar la ocupación de la tierra prometida. La
palabra que a veces se traduce como «prosperidad», se utiliza también para describir la
forma en que Dios descendió poderosamente sobre Sansón durante varios actos de fuerza

247
Fe Bíblica

y potencia. Es como si el Señor le dijera a Josué: «Yo vendré poderosamente sobre ti y tu


pueblo para tomar esta tierra, si …» Entonces, a continuación, el despliegue de poder
asociado con la prosperidad tenía como condición hablar, meditar y observar la ley de
Dios o la Palabra del Señor.
Esto es igualmente cierto hoy. El poder de Dios fluye con plenitud a través de las vidas
de quienes están dispuestos a obedecer, a llenar sus mentes y a dar sus vidas en
obediencia a la Palabra del Señor.

LA PROSPERIDAD DEPENDE DE LA FE

¿Puede usted ver la conexión entre las condiciones de la prosperidad y la fe? ¿Tiene
lógica para usted el hecho de que ninguna de estas condiciones es posible sin fe? ¿Sin fe,
podría Josué hablar la Palabra del Señor al enfrentarse con todos los obstáculos que
tendría al guiar a Israel a la Tierra Prometida? ¿No se necesita una fe viva para llenar la
mente de la Palabra de Dios, en vez de dejar que se llene de los desafíos de la conquista?
Por eso Dios dijo a Josué muchas veces: «Sé valiente» (véase Josué 1.6, 7, 9).
¡Cuán crucial es la fe intrépida cuando intentamos obedecer la voz de Dios! ¡Trate de
dar sin fe siete vueltas alrededor del muro de Jericó! Sin fe intente cruzar el Jordán
pidiéndole a los sacerdotes que entren en las aguas. Lea estas historias en los primeros
capítulos de Josué, y estará de acuerdo en que fue la fe de Josué, estimulada por la
promesa divina de «gran prosperidad» la que le dio el triunfo. ¿Cómo sucedió? Mediante
la alimentación, la meditación y la comunicación constante de la verdad de la Palabra de
Dios.
La fe en estas expresiones de diálogo, pensamiento y acción, centrada en la Palabra de
Dios, se vuelve el fundamento de la prosperidad dada por Dios. Recuerde la definición de
la palabra «prosperidad»: Alcanzar una meta deseada. El concepto se enfoca menos en la
abundancia material y más en las aventuras prósperas. La prosperidad de Dios es la
provisión divina que posibilita el avance real en el camino asignado o en la tarea que debe
realizarse de acuerdo a su voluntad.
Con estos conceptos en mente, recordemos cómo la idea de fuerza se asocia con la
prosperidad como demostración del poder y autoridad de Dios, y que no se origina en la
fuerza humana. Deseo resaltar aquí: Habrá resistencia en su realización de la prosperidad
divina. Pero el poder de Dios puede vencer y darle la oportunidad de «llegar al lugar
donde Él quiere que llegue».
Describa sus propios pensamientos a medida que estudia los versículos que tratan los
conceptos de la prosperidad. Utilice una concordancia para ver qué palabra se traduce
como «prosperidad», «próspero» o «bendición». Tome nota si aparece alguna condición
obvia que debe cumplirse para que se dé la prometida prosperidad.
1) Deuteronomio 29.9

Su opinión:

Condición para la prosperidad:

248
Fe Bíblica

Pregunta: Si se cumple la primera condición, ¿hay alguna restricción en cuanto a lo


que puede ser prosperado?

2) 1 Reyes 2.3

Su opinión:

Condición para la prosperidad:

Pregunta: ¿Cuál es el lenguaje aplicado en la última parte de este versículo que


promete a Salomón éxito irrestricto mientras cumpla con las condiciones expuestas?

3) 2 Crónicas 20.20–22

Su opinión:

Condición para la prosperidad:

Pregunta: El contexto de esta promesa para la prosperidad es de batalla. ¿Qué hizo


Judá para que el éxito fuera posible?

4) 2 Crónicas 24.20

Su opinión:

Condición para la prosperidad.

Pregunta: De la última parte del versículo: ¿Cuándo abandona el Señor a su pueblo


de pacto?

5) 2 Crónicas 26.5

Su opinión:

Condición para la prosperidad

Pregunta: De la última parte del versículo: ¿Cuándo abandona el Señor a su pueblo


de pacto?

6) Salmos 1.1–3

Su opinión:

Condición para la prosperidad:

INFORMACIÓN ACADÉMICA

249
Fe Bíblica

«Y todo lo que hace prosperará» (Salmos 1.3). Esto incluye todo: familia, progenie,
matrimonio, negocio, empleo y salud. Significa que Dios desea cumplir lo que dice: todo
prosperará.
Pero, ninguna promesa de Dios está exenta de alguna acción responsable de nuestra
parte. Nadie prosperará mientras no comience a hacer lo que Dios dice. Mucha gente
desea los resultados prometidos sin el compromiso responsable que le acompaña. Pero
ninguno de nosotros ganará instantáneamente algo que valga la pena.
No espere que las respuestas divinas se ajusten a su itinerario. Recuerde que sus
respuestas llegan cuando pone su palabra en acción. Así como un período de intenso
estudio precede a un título universitario, a través de la paciente búsqueda de su promesa
podemos esperar que la Palabra de Dios madure en nuestras vidas. 1
7) Proverbios 28.13
Su opinión:
Condición para la prosperidad:
Pregunta: En este pasaje la palabra «prosperará» significa ser capaz de avanzar, y la
confesión del pecado el acto personal que remueve los obstáculos que impiden el
progreso. Partiendo de 1 Juan 1.9, ¿qué hace Dios cuando usted confiesa su pecado?
8) Isaías 55.11
Su opinión:
Condición para la prosperidad:

INFORMACIÓN ACADÉMICA
Un comentario Isaías 55.4: «Tanto la evangelización (divulgación de las Buenas
Nuevas) como la expansión (engrandecimiento del potencial de nuestra vida bajo Dios) se
multiplican mediante la “semilla” de la Palabra de Dios. Jesús describió la Palabra como
una “semilla” (Lucas 8.11); esta es la fuente de toda salvación y crecimiento espiritual dados
por el Padre a la humanidad. Todo crecimiento de la vida dentro de su amor viene por su
Palabra, mientras la respuesta humana abre camino a sus bendiciones. Una vez recibida, la
palabra de la promesa divina jamás queda estéril. El poder de la Palabra hará que se
cumpla la promesa que ella encierra. Nunca debemos preguntarnos cómo se desarrolla la
fe o cómo alcanzamos sus frutos. La fe viene por el “oír” la Palabra de Dios (Romanos
10.17); o sea, al recibirla sin reservas y con humildad. El aprovechamiento de la fe
constituye la consecuencia garantizada, ya sea para la salvación de un alma perdida o para
proveer la necesidad de un discípulo. La Palabra de Dios nunca será inútil o estéril: ¡En ella
reside el poder vivificador!»2
9) Salmos 68.6
Su opinión:

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Salmos 1.1–3, se exige
responsabilidad en el plan de prosperidad de Dios, 645.
2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Isaías 55.10, 11, la Palabra de
Dios, evangelización y expansión, 880.

250
Fe Bíblica

Condición para la prosperidad:


Pregunta: Si el Padre le promete prosperidad a sus hijos, ¿qué le pasará a los
rebeldes?
10) Proverbios 10.22
Su opinión:
Condición para la prosperidad:

EXEGESIS DIRECTA

Pena (Strong #6087), puede tener uno de varios significados: un vaso terrenal;
generalmente sin descanso (dolorosa); tormento (en el cuerpo o en la mente): Dolor,
ídolo, trabajo, tristeza. Cuando la bendición viene como resultado de nuestra confianza en
Dios, está libre de tristezas, esfuerzos, y dolores humanos. Más importante aún, su
bendición asegura que la prosperidad no se vuelva un ídolo. Cuando el pueblo de Dios
prospera por andar en los caminos de Dios, la alabanza del corazón se enfoca en el
Proveedor, no en la provisión.

11) Malaquías 3.10


Antes de hacer comentarios o análisis, examine los dos párrafos siguientes, que
arrojan entendimiento sobre este texto.

EXEGESIS DIRECTA

Sobreabundar, day (Strong #1767): Suficiencia, plenitud, cantidad suficientemente


grande, algo inconmensurable. Day aparece cerca de cuarenta veces en el Antiguo
Testamento; por primera vez en Éxodo 36.5, donde se refiere a una ofrenda voluntaria de
oro y otros objetos. El pueblo ofrendó de una manera tan dadivosa, que las Escrituras
describen su ofrenda como “más que suficiente”. Day se encuentra en el título de la
famosa canción de agradecimiento de Pascua titulada: dayenu, que significa: «Sería
suficiente para nosotros». Cada verso relaciona algo que Dios hizo por Israel en el Éxodo y
concluye diciendo que, si hubiera hecho solamente eso y nada más, habría sido «suficiente
para nosotros»3

INFORMACIÓN ACADÉMICA

Mucha gente está incapacitada por su propia pobreza, motivada a menudo por su
desobediencia a la Palabra. Esta desobediencia se manifiesta de muchas maneras; una de
ellas es ¡robarle a Dios! Este pasaje claramente nos dice que quienes retienen sus diezmos

3
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Riqueza literaria, Malaquías 3.10, sobreabundar,
evangelización y expansión, 1167–1168.

251
Fe Bíblica

y ofrendas le roban a Dios. En consecuencia, también se privan de las bendiciones que


Dios desea otorgarles. Cuando cesamos de diezmar estamos violando la Ley, la que no
podría obrar a nuestro favor.
Nada hará que un creyente sabio deje de ofrendar y diezmar, pero jamás lo harán con
la intención de obtener algo a cambio. Más bien, la acción de dar procede de la
obediencia, ¡y Dios siempre recompensa la obediencia 4
Ahora, comente sobre Malaquías 3.10, con los textos anteriores en mente.
Su opinión:
Condición para la prosperidad:

OTRAS CONDICIONES PARA LA PROSPERIDAD

Como conclusión de nuestro estudio sólido basado en la Biblia acerca de la


prosperidad y la fe, consideremos estos tres aspectos: Recursos, relatividad y
dependencia.
Recursos. La prosperidad sólo puede ocurrir cuando Dios es la fuente de recursos del
creyente. Desde ese momento se nos hace posible evitar las trampas de la pobreza. No es
el banco, el gobierno o el cheque mensual nuestra fuente de recursos. La mayoría de las
pruebas espirituales arrojaron luz sobre estos hechos en la vida de los discípulos. Es
necesario aprender a ver más allá de las circunstancias y a confiar enteramente en Aquel
que ha prometido ser nuestra fuente exclusiva de recursos.
Lea Filipenses 1.19. Pablo escribió esta epístola desde la prisión. Aunque su situación
era apremiante, confiaba en que en el futuro estaría mejor. ¿En qué basaba su confianza?
Sabía que los creyentes filipenses estaban orando por él y tenía absoluta confianza en la
provisión del Espíritu. Esto es lo que significa tener a Dios como única fuente de recursos.

EXEGESIS DIRECTA

Provisión, epichoregia (Strong #2024). Tomamos la palabra «coreógrafo» de la palabra


griega que aquí se traduce como «provisión». En tiempos modernos, un coreógrafo hace
los arreglos en una producción de danza, designando los movimientos y pasos de los
bailarines y actores en el escenario. En el tiempo de Pablo, un coreógrafo era más como un
productor moderno. El coreógrafo en la antigüedad pagaba todas las cuentas, haciendo
posible la continuidad del espectáculo. A esto se refería Pablo. «Voy a ser rescatado de esta
situación», o, «cuando esto termine, seré mejor creyente que ahora». ¿Por qué? ¡Porque
ustedes están orando por mí, y el Espíritu saldará todas las cuentas!
Pagar las cuentas debería ser un término familiar para todos nosotros. Existen
momentos en que nuestros recursos personales, ya sean monetarios o emocionales,
simplemente no alcanzan para cubrir todas las cuentas. Pablo está al tanto de que su

4
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Malaquías 3.8–10, el plan de
prosperidad incluye el diezmo, 1168.

252
Fe Bíblica

«Coreógrafo» celestial (el Productor de los eventos de esta vida) se hará cargo de que se
paguen todas las cuentas.

Relatividad. Dios siempre dará su bendición mucho más abundantemente de lo que


pidamos o entendamos (Efesios 3.20). La bendición de Dios está siempre ligada a su
propósito, asimismo se relaciona de algún modo con la norma cultural en que se
encuentra su hijo. La expresión «mucho más» no es lo mismo que decir excesivo. En otras
palabras, «abundancia», «bendición» o «provisión» siempre guardarán relación con la
cultura. Permítame ilustrarlo.
Dios no le va a dar un vehículo Rolls-Royce a un campesino de Kenya que nunca ha
visto una gasolinera. No le dará un millón de dólares a una persona que vive en una
sociedad que comercia mediante el trueque. Sin embargo, en toda cultura, su generosidad
excederá nuestras definiciones, aun nuestras necesidades; tal como cuando Jesús dio de
comer a la multitud con el almuerzo de un niño: sobraron tantas cestas de comida que
sirvieron para alimentar a los discípulos. Que les sobrara comida, era mucho más de lo
que esperaban, pero no era suficiente como para abrir un supermercado especializado en
pescado y pan. Esperemos y luchemos por las bendiciones de Dios sobre nuestra vida.
Sepa que Su generosidad excederá nuestras normas, y al mismo tiempo no nos conducirá
a violar las normas culturales con ostentación o despilfarro. Su bendición está diseñada
para hacer que la gente ponga su atención en el que bendice y no en la bendición.

Dependencia. La prosperidad en el sentido bíblico es imposible sin aprender a depender


completamente en el Señor, olvidando la dependencia en sí mismo o en las bendiciones
recibidas con anterioridad. Lea Salmos 30, la canción de David en la dedicación del
templo. Verá que David confiesa que en cierto momento comenzó a depositar su
confianza en la prosperidad que el Señor le había dado. Esto difiere grandemente de
poner la confianza en Aquel que da la bendición.
«En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido» (Salmos 30.6). Sin embargo, en
el versículo siguiente confiesa que Dios lo afirmó «como monte fuerte». Más adelante en
el mismo salmo David dice que su lamento fue cambiado en baile. David recibió tanta
bendición que por un tiempo colocó su confianza en su fortuna, sus tierras y en su
prosperidad (aunque vemos en otro estudio que el pecado grave cometido con Betsabé se
llevó a cabo en momentos de bendición sin par). Pero más tarde aprendió la lección.
Deje que la vida de David le enseñe esta lección importante: Cuando Dios le da
prosperidad, es de importancia suma apoyarse completamente en El. Cuando usted ha
prosperado en sus caminos, es fácil empezar a depender de la prosperidad, en vez de
afirmarse en Aquel que ha sido la fuente del éxito.
Lea Éxodo 33.15. Aunque parece que Moisés pudo haber tomado la decisión de entrar a
la Tierra Prometida con o sin el Señor, dijo: «Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos
saques de aquí».
Esta elección de Moisés debe ser una alarma para todo creyente que aprende los
caminos de un Señor generoso. Se debe tener un compromiso con sus métodos de
bendición. ¡Nunca elija la bendición en detrimento del que bendice!

253
Fe Bíblica

Reflexión sobre fe

Puede que aunque no todas, usted haya leído muchas de las promesas de la Palabra de
Dios acerca de la prosperidad. Redacte una oración en la que con confianza le pida a Dios
los recursos necesarios para obtener lo que Él quiere para usted en esta temporada de la
vida.

La fe y la oración

¿Ha descubierto usted la paz y el gozo que vienen de la oración? Le hago la pregunta
porque temo que demasiadas personas quieren discutir sobre la oración por razones
diferentes a los beneficios espirituales: se encuentran muy ocupados con las posibles
mejoras físicas o económicas. Desde luego, para nosotros es natural querer aprender los
«secretos del éxito». Incluso cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a
orar puede que lo hicieran por motivos errados. Sabemos que insensatamente pidieron
posición y reconocimiento (Marcos 10.35–45).
Sin embargo, el poder de la oración se haya no sólo en una fe enérgica que busca
exigirle a Dios cualquier cosa que deseemos, sino que el verdadero poder espiritual se
encuentra en la fe agresiva que lucha por: (1) que se haga la voluntad de Dios (2) como se
revela en las Escrituras. Si deseamos que esta «santa agresión» se desate de manera que
no busque el beneficio propio, es crucial que como creyentes estemos completa y
exclusivamente comprometidos con el reino, la voluntad y el gobierno de Dios. A medida
que este compromiso se hace real en nosotros tendremos verdadero acceso a la promesa
de Mateo 6.33: «Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas».

EXEGESIS DIRECTA

Buscar, zeteo (Strong #2212). En el buen sentido, esta palabra significa buscar, como en
la alabanza, con todo el corazón a Dios. En la antigüedad, cuando la palabra se empleaba
con una connotación negativa, quería decir tramar o conspirar. Pero cuando buscamos a
Dios con todo el corazón, planificando y aceptando el reino de Dios como una realidad
inmediata, el Señor puede «añadir todas las cosas» que hemos deseado en la profundidad
del corazón. Escriba Salmos 37.4 como referencia que complementa a Mateo 6.33.

EL FUNDAMENTO PARA LA FE POR MEDIO DE LA ORACIÓN

Pedro exhortó a que echemos toda ansiedad sobre el Señor (1 Pedro 5.7). La razón para
esta oración se basa en el conocimiento del amor de Dios. Ese es el punto de partida, el
fundamento para la oración de fe.

254
Fe Bíblica

¿Sabe usted que el Señor lo cuida? Solamente cuando en lo íntimo de nuestro corazón
estamos convencidos del continuo afecto del Señor por nosotros, es posible acercarnos a
Él con fe sencilla y confiada.

EXEGESIS DIRECTA

Preocupación, Merimna; Strong #3308: distracción, preocupación. Jesús usó esta


palabra para describir las preocupaciones de esta vida, que sofocan la semilla de la Palabra
de Dios. Es el pensamiento anhelante que lo distrae de lo que está haciendo. Es el
pensamiento de preocupación que promueve desunión del propósito interior, un
pensamiento de división y distracción. Esta es quizá la mejor definición de preocupación.

EXEGESIS DIRECTA

Echando, epirrhipto; Strong #1977. En realidad, esta palabra significa lanzar, tirar, una
representación gráfica de sacudir. La palabra «echando» no se debe interpretar como
hacer a un lado la preocupación, sino más bien como librarse completamente de ella.
Quizás Pedro entendió cuán difícil es sacarse de encima esas preocupaciones; es decir,
aquello que divide nuestros pensamientos. ¡Para lograrlo tal vez se requiera algo más
demostrativo que un pensamiento tranquilo y meditabundo!

Jesús sabía de las dificultades que enfrentaríamos al buscar el descanso en la fe,


entendiendo que Dios cuida de nuestras necesidades. Lea Mateo 7.7–11 y Lucas 11.9–13. El
enemigo de la vida de oración nos sugiere a menudo que no conseguiremos lo que
pedimos; nos susurra: «En vez de recibir lo que necesitas te va a pasar algo peor, y te lo
mereces». Pero cuando permite que la verdad de Dios moldee su pensamiento, usted
recibirá las palabras de Jesús; podrá descansar en Él, sabiendo que no responderá sus
oraciones con una piedra, una serpiente o un escorpión. Su fe crecerá en la certeza de que
Dios, su Padre revelado en la persona de Jesucristo, solamente le dará lo bueno a sus hijos;
le dará bendición en vez de maldición a los que oran en fe.

UN ESQUEMA PARA LA ORACIÓN DE FE

Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, ellos acababan de
verlo orar (Lucas 11.1). ¿Cree usted que habían visto algo en su oración que les resultaba
atractivo?
La respuesta de Jesús contiene una estructura muy sencilla en la que usted y yo podemos
hallar la confianza total en la estructura para la oración de fe. En la liturgia repetimos a
menudo el «Padre nuestro», ya sea en canciones o en respuestas congregacionales.
Medítelo y escriba su propio «Padre nuestro» siguiendo algunas ideas sencillas acerca de
la guía para la oración de Jesús.

255
Fe Bíblica

• Padre nuestro que estás en los cielos, Empiece alabando y adorando al Padre.
santificado sea tu nombre.

• Venga tu reino. Hágase tu voluntad, Comprométase con el reino, con su


como en el cielo, así también en la programa y con su voluntad. Cualquiera
que sea la voluntad del Señor para el
tierra. momento, ore con insistencia.

• El pan nuestra de cada día dánoslo


Confié plenamente en El para la
hoy. provisión diaria.

• Y perdónanos nuestros pecados. Confiese y arrepiéntase de todo pecado


que haya cometido.

• Porque también nosotros perdonamos Desate toda atadura; no guarde deseos de


venganza en su corazón. Olvídese de
a todos los que nos deben. todas las ofensas cometidas contra usted.
Perdone a los demás los pecados
cometidos en su contra, para que
respondan sólo a Dios, el Juez justo.

• Y no nos metas en tentación, más Pídale gracia para tratar con cualquier
líbranos del mal. debilidad en su vida que pueda hacerle
caer en pecado, y pídale poder para
librarlo de cualquier atadura.

• Porque tuyo es el reino, y el poder, y Concluya con alabanza por todo lo que
ha pedido. Dele toda la gloria.
la gloria, por todos los siglos. Amén.

Utilizando este esquema se han escrito algunas oraciones poderosas. Trate de escribir
la suya. ¡No haga una oración para el resto de su vida! En vez de eso, hágala siguiendo este
modelo, que sirva para un solo día!
Al hacer esto durante varios días descubrirá que crece su fe en el Padre Dios, quien
merece toda su alabanza, cuyo reino demanda entrega, cuya voluntad es enteramente
buena y justa, quien nos promete su provisión diaria, cuyo corazón amoroso no lo
256
Fe Bíblica

condena por sus pecados sino que le abre un camino para que trate con esos pecados y
cuyo amor lo compele a perdonar a los demás como Él lo perdona a usted. Verá que su fe
crece en Aquel que nunca lo tentará, sino que lo ayudará a salir de la tentación.
Escriba su versión del Padre nuestro:

EJEMPLOS DE FE EN LA ORACIÓN

Lea los versículos siguientes y conteste todas las preguntas. Al hacer observaciones
persónales, escríbalas:
1) Mateo 6.5–8
¿En dónde les gusta orar a los hipócritas, y cuál es su recompensa?
Anote sus pensamientos sobre la oración en privado y la recompensa pública?
2) Mateo 26.41
En este versículo, ¿cuál es la conexión entre la oración y la tentación?
3) Marcos 11.24
¿Cuándo dice Jesús que usted recibirá las cosas que ha pedido?
4) Lucas 11.5–8
En esta parábola, ¿cuál parece ser el fundamento para la respuesta a la oración?
5) 1 Timoteo 2.8
¿Qué imagen del Antiguo Testamento le recuerda este versículo? ¿Qué acontecía con
las manos levantadas?
6) Santiago 5.15
Escriba sus pensamientos con relación a la enfermedad y el pecado en este versículo.
7) Mateo 18.19

EXEGESIS PROFUNDA

Al estudiar el contexto de Mateo 18.19 notará que tiene relación con la disciplina y
corrección en la iglesia. Sin embargo el principio de dos personas de acuerdo se aplica no
sólo a estos temas. Es una especie de poder santo que la fe puede desatar cuando se invoca
el nombre de Jesús.

EXEGESIS DIRECTA

De acuerdo, sumphoneo; Strong #4856: Estar de acuerdo, en armonía, estipular un


pacto. De allí se deriva la palabra «sinfonía». Esta idea no sugiere que la disponibilidad del
poder divino se basa en nuestro acuerdo, sino en que cuando los creyentes se pone n de
acuerdo en algo que está dentro de la voluntad de Dios, el poder prometido fluye
directamente de Él.
8) Juan 14.11–14
Jesús lanza el desafío: «Creedme», y a continuación promete que los discípulos harán
obras mayores que las suyas. Luego les ofrece una promesa extraordinaria que infundiría

257
Fe Bíblica

vigor a la oración. ¿Qué conexión existe entre las obras mayores y la oración de promesa
que Jesús ofrece en los versículos 13 y 14?
9) Juan 15.7 (estudie los versículos 1–7)
Así como en los versículos que estudió en Juan 14, estas están entre las palabras que
dijo nuestro Señor el día que fue traicionado por Judas. La «Santa Cena» acababa de
terminar. Muchos creen que Jesús se reveló como la vid cuando al pasar por las puertas
del templo vieron grabado el emblema de Israel, que era la vid; y por eso les dio
instrucciones de comportarse como pámpanos que se alimentan de Él.
Escriba sus pensamientos sobre lo que significa «permaneced en mí». Busque esta idea
en su concordancia. Además de recibir una invitación a permanecer en Él, ¿qué le
promete habitar en su interior para darle autoridad espiritual y fruto en la oración?
10) Juan 16.23–24
Esta valiosísima promesa para la oración de fe se da en el contexto de la tristeza. ¿Con
qué promete el Señor reemplazar esa tristeza?
¿En nombre de quién ordena orar a los discípulos?

EXEGESIS PROFUNDA

¿Qué significa orar en el nombre de Jesús? Al igual que en la cultura de los lenguajes
bíblicos, hoy día «en el nombre de» comunica el concepto típico de autoridad. Si alguien
venía en el nombre del César, generalmente significaba que era un enviado especial de la
Roma imperial con autoridad para llevar a cabo una comisión especial. En el ámbito legal
de la actualidad, si alguien da a otro un «poder», significa este último se puede hacer
cargo como representante de los asuntos del primero.
Orar en el nombre de Jesús no significa utilizar un término místico que tiene poder
mágico en sí mismo, tampoco da licencia a utilizar la autoridad divina para alcanzar los
objetivos personales. Al presente, cualquiera que tiene un «poder» y lo utiliza para
beneficio personal, terminará en la cárcel. En la antigua Roma cualquiera que abusaba del
poder de la corte imperial generalmente moría.
Por causa de la gracia benigna de Dios, no ocurre nada tan drástico y repentino al que
abusa del poder del nombre de Jesús. Me he maravillado en la misericordia del Señor al
respecto, pero debo recordarles la historia del libro de Los Hechos. Algunos jóvenes
trataron de echar un demonio «por Jesús, el que predica Pablo». ¡El endemoniado los
atacó y les arrancó las vestiduras! Generalmente quienes abusan del nombre de Dios
descubren que el poder del Señor está a disposición de la voluntad de Dios y no a la del
hombre.
A la luz del estudio anterior, lea Santiago 4.3.
Estas personas están orando, pero no reciben. ¿Por qué?
Escriba Santiago 1.6, y luego estudie la idea encerrada en la palabra «duda» para
entender el sentido y significado de ser decididos cuando elegimos creer.

EXEGESIS DIRECTA

258
Fe Bíblica

Duda, diakrino; Strong #1252; separarse plenamente, distanciarse de, discriminar o


vacilar. Es diferente al significado de la palabra «juzgar» pero ambas contienen en el
original el vocablo krino. Por otra parte, se nos exhorta a discernir sin dudar. Debemos
investigar profundamente, pero una vez que le hemos entregado un asunto en oración a
Dios, ¡debemos dejar de examinarlo!
Recuerde: Una vez que se decida a orar, juzga (krino) que el asunto le pertenece al
Señor. Dudar (diakrino) significa que usted todavía se pregunta si debe hacer algo más o si
esto es algo de lo que Dios no puede o no quiere ocuparse. Esto es dudar, lo que lucha
contra la fe e impide la liberación del poder de Dios para responder a la oración.
Investigue el asunto completamente (anakrino); y luego emita un juicio. Si en oración le
presenta el asunto a Dios, entréguelo sin dudar (diakrino, meditar de nuevo en la
decisión).

Evalúe su proceso de pensamiento a la luz de la exhortación de Santiago 1.6. ¿Vacila


usted (sigue pensando)? Una vez que le entrega algo a Dios, lo deja en sus manos? ¿Qué
debería hacer si lucha con la duda? Escriba sus respuestas.
Luego de haber tratado con sus pensamientos sobre la duda, repase la historia de la
duda de Tomás en Juan 20.25–29. Esto debería traerle consuelo: Aunque Tomás se ha
vuelto un monumento a la duda, Jesús hizo una segunda visita a los discípulos,
especialmente para revelarse a Tomás. ¡Él no nos abandonará!

¡CUATRO ORACIONES PARA QUE USTED ORE EN FE!

1. La oración de entrega
A. Jesús en Getsemaní
Los mayores ejemplos de este tipo de oración son las palabras de Jesús en Getsemaní.
Lea las narraciones de esta oración en Mateo 26.36–42, Marcos 14.32–36 y Lucas 22.39–46.
Nadie puede entender la angustia que Jesús sintió. Aunque nosotros lidiamos con el
pecado, no somos puros como él. Nosotros luchamos por volvernos puros, pero Jesús era
puro. No había pecado (y no habría de pecar), pues no formaba parte de su naturaleza.
Mientras agonizaba, enfrentaba la posibilidad de que el pecado lo separara del Padre, ya
que estaba a punto de pagar el precio de nuestro pecado.
¡Aun así se rindió! En Lucas, un ángel le fortaleció (Lucas 22.43). Finalmente, se rindió
a la muerte de la cruz. Fue levantado de entre los muertos. Lea la referencia que hace
Pablo a este hecho en Filipenses 2.9–11. En ese mismo pasaje, donde se invita a todo
creyente a emular a Jesús permitiendo «este sentir que hubo también en Cristo Jesús»
(Filipenses 2.5), concluimos que si así como Él, nosotros nos rendimos en oración de fe a
la voluntad de Dios, seremos fortalecidos de manera sobrenatural y finalmente exaltados
junto con Cristo.

B. María y la anunciación.
Otro gran ejemplo de oración de entrega se encuentra en las palabras de María.
Cuando oye la declaración de Gabriel, esta joven responde: «Hágase conmigo conforme a

259
Fe Bíblica

tu palabra». Mientras que la entrega de Jesús se basaba en el conocimiento completo de lo


que le iba a ocurrir, María no tenía idea de lo que demandaría su compromiso.
Ella no sabía nada del viaje a Belén ni sabía de la matanza de inocentes decretada por
Herodes. No se le habría ocurrido que debería estar exiliada hasta la muerte de Herodes.
Sólo después oyó las palabras que profetizó Simeón: «Una espada traspasará tú misma
alma» (en referencia a la muerte de Jesús); sin embargo su respuesta fue: «Hágase
conmigo conforme a tu palabra».
Combine cuidadosamente ambos ejemplos de «la oración de entrega». Usted conoce
algunos aspectos acerca de su situación y del plan de Dios para su vida. Con plena
confianza ríndase a Jesús, a su voluntad, y a sus caminos.
También desconocerá algunos acontecimientos futuros. Sin embargo, usted se rendirá,
sabiendo que posiblemente esa decisión lo conducirá a su propio Belén, a su lucha
violenta contra poderes iguales a Herodes o quizás hasta a lo que parezca un «desvío» a
Egipto.
A pesar de todo sea como María. Reconozca que la promesa de Dios es verdadera. Sepa
que su poder le sobrevendrá también, que una parte de su vida y de su poder están en
usted y que su imagen está creciendo en usted. Sabiendo estas verdades diga con
confianza: «Hágase conmigo conforme a tu palabra».

Escriba una oración de entrega que sea importante en su vida.

2. La oración de liberación

A veces la oración da la impresión de autoridad. Se eleva la voz, no hacia Dios sino


contra al enemigo del alma. Como lo dijo Pat Robertson: «A menudo es importante
utilizar algo clave para implorar un milagro: la palabra hablada. Dios nos ha dado
autoridad sobre la enfermedad, los demonios, las tormentas y las finanzas (Mateo 10.1;
Lucas 10.19). A veces le pedimos a Dios que actúe, cuando en verdad nos llama a emplear
su autoridad actuando por medio de declaraciones divinamente autorizadas. Debemos
declarar esa autoridad en nombre de Jesús: podemos ordenar que fluyan a nuestras manos
los fondos necesarios, que cese la tormenta, que un demonio abandone a alguien, que una
aflicción nos deje o que una enfermedad desaparezca.
Las palabras de Jesús fueron: «Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en
el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le
será hecho» (Marcos 11.23). ¡Crea en su corazón que ya se hizo! Proclámelo con la unción
de fe que Dios le da. Pero recuerde: los milagros nacen de la fe en el poder de Dios, no
nacen de un ritual, fórmula o fuerza de la voluntad humana»1
Escriba una oración de liberación que con fe pueda elevar a Dios.

3. La oración de sanidad

EXEGESIS DIRECTA

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Respuestas espirituales a preguntas difíciles, 1746.

260
Fe Bíblica

Lea Santiago 5.14–15. Así como a Éxodo 15.26 se le llama el Pacto de Sanidad Divina en
el Antiguo Testamento, a Santiago 5.13–18 se le considera el Pacto de Sanidad Divina en el
Nuevo Testamento. Aquí el apóstol inspirado afirma que sanarán los enfermos a quienes
los ancianos de la iglesia unjan con aceite, y por quienes oren. 2

«Y el Señor lo levantará» (Santiago 5.15). Esa es la promesa. ¿Cuál será su


participación? Si está enfermo, llame a los ancianos. Pida oración. Algunos sugieren que
Santiago se refiere a la oración de fe como una aplicación para ese momento de sanidad.
Se cree que en este ejemplo los ancianos son los que elevan la oración de fe. Sin embargo,
cuando no están disponibles los ancianos, usted puede elevar la oración de fe.
Escriba una oración de fe para la sanidad o para tratar con el pecado.

4. La oración de revelación

Lea Efesios 1.15–17. Ore con confianza pidiendo «revelación». Puesto que esta palabra
se usa mal en algunos sectores de la iglesia, usted podría luchar con esta idea. Pero Pablo
es el modelo adecuado para todos los creyentes respecto de la oración que se eleva en fe.
Posiblemente le ayude leer el comentario de Jack Hayford: «Pablo dice en este pasaje
que ora para que los destinatarios de su carta reciban “espíritu de sabiduría y de
revelación”, con el propósito y el poder de Dios en sus vidas. Tal “revelación” es como un
descorrer del velo del corazón, a fin de que podamos recibir el entendimiento profundo
de la manera en que la Palabra de Dios intenta obrar en nuestras vidas. Esta se puede
aplicar a la enseñanza o a la predicación especialmente ungida para ayudar a las personas
a ver la gloria de Cristo y la manifestación de su propósito y poder en sus vidas. Pero al
hacer semejante uso bíblico del término, tal como aparece en Efesios 1, es de sabios
recordar su otro uso aún más grandioso.
»La palabra “revelación” se emplea de dos maneras en la Biblia. Es importante
distinguirlas, no sólo para evitar confusión en el estudio de la Palabra de Dios, sino
también para evitar caer en la trampa de las ideas humanistas y en un error irremediable.
A las Sagradas Escrituras se las llama la “Palabra revelada de Dios”. La Biblia declara que
la “Ley” de Dios (Deuteronomio 29.29) y los “profetas” (Amós 3.7) son el resultado de la
revelación divina, lo cual describe a todo el Antiguo Testamento “revelado”. En el Nuevo
Testamento, esta palabra también se aplica a las Escrituras” (Romanos 16.25; Efesios 3.3;
Apocalipsis 1.1), las cuales llegaron a formar parte del canon completo de la Biblia (véase
El contenido de la Palabra de Dios está completo”, Proverbios 30.5, 6).
»La sabiduría y el entendimiento, al igual que un hablar sano y práctico, recomiendan
que el creyente de hoy conozca y exprese con claridad lo que quiere decir cuando habla
de “revelaciones”. El Espíritu Santo, a decir verdad, nos da revelación, así como este texto
lo enseña. Pero esta intuición profética nunca se debe considerar igual a la recepción real
de las Santas Escrituras. Tan útil como pueda ser para la Palabra de Dios, el propósito de

2
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Santiago 5.13–18. El pacto
neotestamentario de sanidad divina, 1651.

261
Fe Bíblica

toda la revelación de la Santa Palabra es el único fundamento seguro para la edificación


de nuestras vidas» (Mateo 7.24–29)3
Escriba su propia oración en la que pida revelación.

REFLEXIÓN SOBRE FE

Para finalizar, la fe y la oración son herramientas utilizadas personalmente y muy a


menudo en forma privada. Escriba su agenda de oración para el mes próximo. Tomando
en cuenta lo que ha aprendido, ¿qué ajustes realizará en su estilo de oración? ¿Qué
correcciones llevará a cabo para alcanzar el objetivo de orar fielmente y con fe?

El padre de la fe

Mis mejores recuerdos de la niñez son los viajes. Cada temporada de vacaciones
íbamos a casa de una de mis dos abuelas. En los feriados de Acción de Gracias o Navidad
nos encontrábamos cargando el automóvil para dirigirnos a Colorado o Tennessee.
Llenábamos de maletas el asiento trasero de tal manera que nos servía de cama a mi
hermano y a mí. Para nosotros era fantástico. Sólo mucho después supe que de esa
manera no parábamos en hoteles y que se basaba más en la economía que en hacer
divertir a los muchachos.
Sospecho que con el pasar de los años algunas de sus mejores memorias se
relacionarán con sus travesías de fe. Cuando Pedro escribe a los peregrinos en la primera
epístola (1 Pedro 1.1), se dirige a todos los que en fe nos hemos aferrado al Señor Jesús
como salvador. Usted es un peregrino, un viajero. Su travesía de fe tiene muchos modelos
tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento. Aunque todos son reveladores, ninguno
nos ayuda más que el ejemplo de Abraham. Esta lección estudia su vida y su travesía de
fe.
Deseo concluir con Abraham nuestras lecciones de fe por dos motivos: Primero, como
«padre de la fe» a Abraham se le dio un papel maravilloso de modelo para vivir en fe. Él
no fue perfecto; cometió algunos errores, pero su fe inició el pacto de relación entre Dios
y la humanidad, pacto este que Jesús hizo posible para todos nosotros hoy día.
Sin embargo, como nota personal quiero concluir con el pensamiento de Abraham
porque tengo dos modelos, dos padres de fe. Uno es Abraham, el otro es mi padre. Usted
ha notado que en estas lecciones me he referido con frecuencia a mi padre. En realidad
me he referido a el toda la vida, y a los cincuenta años de edad, sigo estando agradecido
por la forma en que él fue ejemplo para mi vida de fe.

3
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. Dinámica del reino, Efesios 1.17–19, El espíritu de
revelación, 1543.

262
Fe Bíblica

En segundo lugar, entendí que deberíamos finalizar hablando de la vida de Abraham y


su viaje fantástico de fe pues tanto usted como yo hacemos un viaje maravilloso de fe.

ABRAHAM: EL PADRE DE LA FE

La Biblia llama a Abraham «el padre de la fe» (Romanos 4.11) y padre de los creyentes.
Es a quien Dios prometió: «Y serás padre de muchedumbre de gentes» (Génesis 17.4);
cuando Pablo escribe a los Gálatas, señala que todo el que cree en Jesucristo se ha
convertido en descendencia de Abraham (Gálatas 3.29). Como personas de fe, usted y yo
nos hemos convertido en miembros de la casa de Abraham (Romanos 4.13), así que las
promesas que se hicieron para la descendencia de Abraham se pueden aplicar a nuestras
vidas de fe (Romanos 4.16; Gálatas 3.16).
Existen dos secciones de la Escritura que debemos estudiar cuando examinamos el
poder de la vida de fe de Abraham: Primero, la narración histórica de su vida comenzó
con la conclusión de la genealogía en Génesis 11.27–32. Hasta que Dios le dio el nombre
Abraham, se le conocía por Abram (Génesis 17.5); el relato bíblico de la vida de Abraham
concluye más adelante, en Génesis 25.11.
La segunda sección de las Escrituras que tratan con la vida de Abraham, aunque en
perspectiva histórica, establece una proposición teológica. Esa sección se encuentra en
Romanos 4. En los evangelios, Abraham aparece a menudo como el padre de la fe, y Pablo
utiliza el ejemplo de su vida para enseñar eficazmente a los gálatas. Sin embargo, la
sección que mejor define el papel de Abraham en los asuntos de fe se ubica en la carta de
Pablo a los romanos.

LA JORNADA DE FE

Seguir la vida de Abraham significa trazar una jornada de fe que merece ser vista como
un modelo para todo creyente. Lea los siguientes versículos que describen los
acontecimientos más importantes de Abraham en su travesía de fe. Escriba sus
pensamientos cuando algún aspecto particular del viaje de fe de Abraham se parezca a la
situación por la que usted pasa. ¿Cuántos clases de similitud encuentra?

UN COMENTARIO

La jornada de fe de Abraham. El viaje de 2.400 km de Abraham estaba alimentado


por la fe. «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de
recibir como herencia […] Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en

263
Fe Bíblica

tierra ajena[…] porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y
constructor es Dios» (Hebreos 11.8–10)1

1. Abram deja Harán para dirigirse a Canaán por causa de la palabra del Señor
(Génesis 12.1–3).
Una vida de fe requiere (1) que respondamos a una promesa y (2) que al salir
abandonemos algo. En el caso de Abram, vemos que fue enviado a una tierra hasta ese
momento no identificada. Aunque no tenía idea a dónde lo llevaría su decisión de fe,
sabía que debía ir. Así es a menudo la jornada de fe. Dios nos dice con claridad solamente
lo que debemos dejar o suspender, mientras que el futuro permanece poco claro. Esto no
sugiere un futuro incierto para quienes caminan en fe, sino que a veces es confuso. La
presencia y promesa del Señor sostienen la certeza, aun cuando no veamos el futuro.
La obediencia de Abram al irse se basa en la clara instrucción de Dios: «Vete de tu
tierra y de tu parentela» (Génesis 12.1). Aunque el Señor prometió sólo mostrarle la tierra
prometida en algún momento futuro, el resto de sus promesas fueron bastante claras. Las
mismas promesas pueden aplicarse de igual manera a la vida de todo aquel que cree como
lo hizo Abraham.

EXEGESIS DIRECTA

¿Cuáles son las seis cosas que Dios le prometió a Abram? (Génesis 12.1–3)
1.

2.

3.

4.

5.

6.

En su jornada de fe es posible que el Señor haya sido al mismo tiempo muy claro y
poco claro con usted. Puede creer con certeza en el cumplimiento de las promesas dadas
a Abraham para su propia vida, si con seguridad deja atrás lo que el Señor demanda.
Recuerde el viejo refrán de la iglesia: «No puede haber unión con el Señor sin dejar atrás
al mundo».
¿Cuál es el aspecto claro en su jornada?
¿Qué hay confuso acerca de su jornada?
¿Que dejo Abram? (Génesis 12.1–3)

1
Biblia Plenitud, Editorial Caribe, Miami, FL, 1994. La jornada de fe de Abraham, 22.

264
Fe Bíblica

2. Abram parte de Canaán hacia Egipto por causa del hambre (Génesis 12.10).
Aunque creemos en Dios, obedecemos su Palabra y andamos en su camino, no
tenemos ninguna garantía contra el hambre. Nuestra jornada de fe, al igual que la de
Abraham, atravesará momentos de hambre. Estas sequías a veces se dan cuando
perdemos el trabajo, hay enfermedad y/o a través de algún otro modo de sufrimiento. La
fe no es tan solo el poder para defenderse del mal, es el poder que nos da Dios para
procesar la realidad. La fe nunca niega la realidad sino que la atraviesa con la confianza de
la victoria prometida por Dios. En verdad, 1 Juan 5.4 específicamente anuncia que la fe es
la victoria que ha vencido al mundo.
¿Cuando vence usted?
¡Al momento en que empieza a creer!
La lucha de la fe no concluye en la victoria de conseguir aquello en lo que tenía puesta
la esperanza. ¡No! Usted gana en el momento en que toma una posición de fe cuando
decide poner la confianza en el Señor, en lo que Él ha dicho en medio de circunstancias
amenazadoras.
Algunos sugieren que Abram no debería haber dejado la tierra que el Señor le acababa
de indicar que le sería dada (Génesis 12.7–9). Si esto fuera en verdad una falla en la fe de
Abram, si este fracasó en confiar en Dios frente a las circunstancias difíciles, se hace
todavía más interesante ver cómo el Señor trató con su imperfección. En vez de mandarle
una plaga por su falta de fe, Dios mandó una plaga a Faraón. Aunque no parece que
Abram estaba en condiciones de decidirse a salir de Egipto, Dios intervino de manera tal
que fue provisto y virtualmente forzado a volver a la tierra que llegaría a ser suya.
Regocíjese en esto. Su jornada de fe no requiere que usted sea perfecto. Un creyente
no es una persona infalible. Sin embargo, un creyente es alguien que responde a Dios
cuando se descubren las fallas. Abram volvió al altar que había hecho antes, al principio,
cuando vino a la tierra, entonces invocó de nuevo en ese lugar al nombre del Señor
(Génesis 13.3–4).
1. Describa la fortuna de Abram cuando dejo Egipto (13.2)
2. ¿A dónde fue Abram cuando dejó Egipto? (13.3)
3. ¿Qué hizo Abram en cuanto volvió? (13.4)

Esta es la lección: Si usted no confía en Dios cuando se enfrenta con circunstancias


amenazadoras, vuelva lo más rápido posible al lugar donde lo invocó por primera vez, y
renueve su compromiso.
Escriba cualquier lección que haya aprendido de un fracaso momentáneo de la fe. ¿Se
acuerda del fracaso de Pedro? ¿Cómo dijo el Señor que oraría por él? (Lucas 22.32).
¡Asegúrese de leer ese versículo, porque es exactamente como el Señor Jesús orará por
usted! (Hebreos 7.24–26). ¡Es así como usted y yo deberíamos orar por cualquier persona
que sepamos que atraviesa dificultades en su jornada de fe!

265
Fe Bíblica

3. Abram le deja elegir las mejores tierras a Lot, su sobrino, y recibe bendición
(Génesis 13).
¡Esta sección revela mucho acerca del carácter de Abram! Como creyente, no usó su
influencia humana, su autoridad personal o su posición de ventaja para pelear por las
mejores tierras. No usó su posición de autoridad paternal para influir en Lot. Hubo una
ausencia total de manipulación de su parte. Lot eligió la tierra irrigada, que parecía ser el
jardín del Señor. Su elección dejó a Abram con la tierra de Canaán. Era grande, pero
estaba llena de desiertos y montañas. La tierra de Lot era acogedora. Su elección le dejó a
Abram una tierra que no parecía ser el lugar donde surgiría la «gran nación» prometida
por Dios.
Es interesante y hasta cómico resaltar que Canaán, que no hubiera sido elegida por
ninguno, era la misma tierra que Dios quería para Abram. ¿Por qué? Porque Dios deseaba
bendecir a Abram milagrosamente y darle prosperidad dentro de los límites de una tierra
en la que en condiciones normales no sería posible. La elección de Lot dejó a Abram justo
en la posición que Dios quería para él: Dependiendo de Dios para el cumplimiento de sus
promesas.
La lección es simple: Cuando las decisiones de otros lo dejan a usted en desventaja,
¡Dios lo tiene justo en el lugar donde quiere que esté! Él quiere cumplir todas las promesas
que le ha hecho en la misma circunstancia que a usted le parece un desierto. A veces la
carne quiere ayudar a Dios. No es raro para los creyentes sinceros cometer el error de
manipular sus propias circunstancias, de tratar de «ayudar» a Dios. Aunque estos
esfuerzos son sinceros, generalmente «ayudan» a traer resultados opuestos a los deseados.
Es una lección que debe aprender todo hombre y toda mujer de fe. Abram aprendió
temprano esta lección, y el Señor quisiera que todos nosotros la aprendiéramos lo antes
posible en nuestra travesía de fe con Él.
Describa «lugares de desierto» en su propia vida que puedan haberle sobrevenido por
causa de las decisiones de otros. Luego, describa las promesas que crea haber oído del
Señor y de su Palabra, promesas que usted sabe que se pueden cumplir en esos «lugares
de desierto».

4. Abram rescata a Lot (Génesis 14.14–17).


Nuestro estudio es de Abram, pero vale la pena analizar a Lot. Su elección de la mejor
tierra (espíritu egoísta) dio fruto amargo. Lo llevó a asociarse con Sodoma y Gomorra.
También, cuando los reyes de la región pelearon entre sí, Lot se convirtió en víctima de
esas riñas. ¡Elegir lo aparentemente mejor sin consultar a Dios resultará de todas maneras
en la necesidad de ser rescatado de algún tipo de dificultad!
Como contraste al egoísmo de Lot, vea el espíritu generoso de Abram. Cuando supo
Abram de la cautividad de Lot, convocó inmediatamente a sus sirvientes y los preparó
para rescatar a su sobrino. Este hecho es otra ojeada al carácter de este «padre de la fe».
La misión tuvo éxito, y como resultado de la victoria ocurrieron dos incidentes
importantes que sirven de enseñanza a todos los que viven por fe.
Primero, Abram se encuentra con Melquisedec, rey de Salem, a quien la Biblia
describe como «sacerdote del Dios Altísimo» (Génesis 14.18). Abram le mostró gran
reverencia a Melquisedec y le ofreció diezmo de todo lo que había ganado en la batalla.
266
Fe Bíblica

En otras partes de la Escritura se nos dice que Melquisedec es la representación de


Jesucristo (Salmos 110.4; Hebreos 7.1–10). Al pagar los diezmos al rey de Salem, el «padre
de la fe» nos enseña a los hombres y mujeres de fe que debemos pagar diezmos de
nuestras prebendas. Ya tratamos el tema de la prosperidad, pero es importante resaltar
que los creyentes son generosos con los diezmos y las ofrendas.
Segundo, la gente de fe no es generosa sólo con los diezmos y las ofrendas, exhiben
otro aspecto que se caracteriza en la actitud de Abram para con el rey de la vil Sodoma.
Abram no le permitió a este rey corrupto que lo bendijera. El rey de Sodoma quería los
prisioneros, ofreciendo bienes a Abram pero pretendiendo a cambio el dominio de las
personas. Abram rehusó entrar en sociedad con este rey. ¿Por qué? «Para que no digas: Yo
enriquecí a Abram». Dios ya había enriquecido a Abram, y él entendía claramente que sus
recursos provenían de su relación con el Altísimo.
Lección: Una persona de fe no se asociará con quien mancille la fuente de bendición. De
este incidente nuestra jornada de fe nos enseña: (1) A rescatar inclusive a los pecadores,
(2) a manifestar generosidad en los diezmos y en las ofrendas y (3) a oponernos a
cualquier sociedad que pudiera manchar la fuente de nuestras bendiciones.
En su vida, ¿qué personas estaría dispuesto a rescatar? Escriba los nombres, asegúrese
de incluir los que puede que no sean «inocentes».
¿Cuál es su plan de ofrendas? Evalúe su propia generosidad. Si usted lidia con el pago
de los diezmos, anote la razón principal o las razones principales, si son más de una.
También describa alguna lección que haya aprendido sobre la generosidad, en base a su
propia jornada de fe.
Mi plan de ofrendas:
Lecciones sobre la generosidad:
Por último, ¿ha hecho acuerdos que como persona de fe hayan deshonrado la fuente
de su bendición? Anótelas y describa un plan de acción para corregirlas.

5. El pacto con sacrificio de Abram (Génesis 15).


Cuando Abram se quejó de no tener heredero, Dios le prometió que alguien nacido de
su simiente sería su heredero. En esta fabulosa sección se da instrucciones a Abram de
mirar a las estrellas. Cuando miraba los innumerables astros, Dios le dijo: «Así será tu
descendencia». Génesis 15.6 es extraordinario, y se convirtió en piedra fundamental de la
enseñanza de Pablo sobre la gracia y la fe en el Nuevo Testamento. Abram creyó al Señor
cuando al mirar las estrellas oyó la promesa de Dios. En ese momento, la fe de Abram
permitió al Señor «impartirle» justicia. ¿Qué clase de fe es esta? ¿Qué significa que el
Señor nos imparte justicia? Es cuando Dios (por su gracia y elección de amor) nos
atribuye un complemento total de su justicia y de su justificación prometida.
Al leer notará que Abram oye la promesa y cree en el Señor. Cuando usted se convierte
en una persona de fe, será de suma importancia que reconozca la diferencia entre creer en
la promesa y creer en Aquel que ha hecho la promesa. Para Abram, lo segundo se hizo
realidad. Y esta fe permitió al Señor impartirle justicia.

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Fe Bíblica

INFORMACIÓN ACADÉMICA

¿Lucha usted con la idea de que es importante poner la fe en el Prometedor (el mismo
Señor) en vez de ponerla en las promesas? Cómo desearía yo que no fuera necesario hacer
esta explicación, ¡pero lo es! ¿Por qué? Porque usted y yo vivimos en un mundo
disfuncional. Las palabras aparecen fuera de contexto, haciendo posible la creación de
nuevos significados para casi cualquier vocablo. Las palabras cambian a veces el sentido de
manera drástica. Para complicarlo aún más, como lo hemos resaltado repetidamente,
tenemos la tendencia de ejecutar las promesas preciosas por nuestra propia cuenta. Por
eso la experiencia de Abram es muy importante. El oyó la promesa y creyó en el Señor.
¡Nunca deje que una promesa lo separe de Aquel que ha hecho la promesa! Si no lo ha
hecho aún, memorice 2 Corintios 1.20: «Porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y
en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios». Óigalo de nuevo: Las
promesas son Sí y Amén, ¿cuándo? Cuando son en Él.

Lea la experiencia de Abraham en Génesis 15.1–21 como preparación para la siguiente


lección.

Pablo describió este momento en la vida de Abraham que muestra Génesis 15. Al
hacerlo, utilizó el concepto de contabilidad legal y de negocios. Así vemos que la
«contabilidad» de Dios es una decisión legal que Él tomó en su carácter de Juez supremo.
En este fallo, el Juez nos justifica por ser creyentes, atribuyéndonos justicia frente a su
trono de juicio. Nuestra fe en Él lo llevó a exonerar nuestros pecados, situándonos en una
posición de pureza frente a Él. Este momento cumbre de fe se concreta en nuestras vidas
cuando oímos «la palabra de promesa» respecto a Jesucristo; cuando decidimos poner
nuestra fe en El. Al creer en el Señor Jesucristo, el Padre Dios nos «cuenta» como
justificados: ¡Legalmente impecables, totalmente aceptados!
Para Abram, la «contabilidad» fue sellada por un sacrificio de sangre. Preparó y
ofreció el sacrificio, y luego durante la noche lo protegió de las aves de rapiña. En algún
momento de esa noche oscura experimentó lo que se denomina «el corte del pacto». Esta
frase describe la ceremonia en que dos personas se obligan a hacer una promesa o
contrato. El sacrificio yace tendido de tal manera que haya espacio en medio para pasar.
Los participantes del pacto pasaban entre las mitades que tenían un convenio irrevocable
cuyo incumplimiento acarreaba la pena de muerte. De manera asombrosa, en el sacrificio
de Abram, Dios se manifestó y pasó por el sacrificio como un horno humeante y una
antorcha de fuego. Nota: Abram no pasó por el sacrificio: Sólo Dios se obligó cumplir la
promesa. La parte de Abram era creer; la parte de Dios era cumplir, hacer que ocurriera la
promesa.
Para nosotros, el sacrificio es Jesucristo. Su sangre fue derramada. Y como fue en el
caso de Abram, sólo Dios pasó por el sacrificio de su hijo: el Señor Jesús. A nosotros nos
toca creer. A Dios le corresponde cumplir con todas sus promesas bondadosas que ha
hecho en la persona de Cristo Jesús.
Cuando creemos como lo hizo Abram somos justificados por la sangre del sacrificio,
Jesucristo. Se nos hace «justicia»: estar sin pecados, inmaculados frente al Juez de la

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Fe Bíblica

eternidad. No hemos creído en Dios para que nos dé «cosas», sino que por sobre todas las
cosas hemos confiado en Dios.
Abram tuvo que ahuyentar a las aves de rapiña, y de modo similar Jesús habla en la
parábola del sembrador acerca de las «aves del cielo» que interfieren con el propósito
divino de fructificación (Marcos 4.4, 15). Escriba un ejemplo de cómo ha luchado contra
las «aves de rapiña» o las «aves del cielo» que han tratado de interferir con el propósito de
Aquel que ha prometido salvarlo:

6. Abram engendra a Ismael por medio de Agar, la sierva de Sara (Génesis 16).
Lea Génesis 16, una historia que presenta a Abraham tratando de hacer realidad la
promesa de Dios sin el Prometedor. Fue por sugerencia de Sara que Abram tomó a Agar
como concubina para poder tener un hijo a quien dar la herencia. Sara era estéril. En
tiempos antiguos se entendía a la esterilidad como una maldición. La sugerencia de Sara
quizás era totalmente aceptable en aquella cultura, pues su propuesta tuvo respuesta
común. Pero aunque comprensible y aceptable en esa cultura, no era aceptable para
Abram ya que tenía el llamado a confiar en Dios. Las promesas de Dios no se pueden
conseguir con la fuerza o ingenio humanos. La fuerza del Prometedor es la que hace
cumplir sus promesas.
Estudie este episodio, dándole atención especial a la angustia tanto de Sara como de
Agar. Vea que Dios no le dio la espalda como resultado de ese hecho nacido en la
incredulidad. Pero se reveló a Agar como el Dios que todo lo ve, y se comprometió a
cuidar de ella y del niño.
La mayoría de nosotros, aunque somos personas de fe, hemos engendrado nuestros
propios «Ismaeles», mediante actos que trataron de ayudar a Dios a solucionar nuestros
problemas. Pero el mismo Dios amoroso que se reveló a Abram, y no abandonó a quien
había recibido esas promesas tan gloriosas, no abandona a ninguno de nosotros, aunque
posiblemente hayamos tratado de dar cumplimiento a sus promesas en nuestra propia
fuerza, sabiduría o poder.
El nombre Ismael significa «Dios oirá». Aun cuando fallamos en una parte de nuestra
jornada, ¡Dios todavía nos oye! Él no nos abandona para que recibamos el resultado de
nuestros pensamientos o actos carnales; sino que interviene para que la promesa que nos
ha hecho ocurra de la manera que se propuso.
¿Qué le pide el ángel del Señor a Agar? (Génesis 16.8)
¿Qué le dice el ángel que debe hacer Agar? (Génesis 16.9)
¿Qué le da Agar a Dios? (Génesis 16.13)

7. El nombre de Abram es cambiado por Abraham (Génesis 17).


El nombre de Abram es cambiado a Abraham. Abram significa «gran padre», pero
Abraham significa «padre de muchas gentes». En ese momento Dios instituye una señal
de pacto.
Escriba el pacto que Dios hizo con Abraham (Génesis 17.7).

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Fe Bíblica

¿Cuál fue la señal del pacto?


¿Cuál era la pena si no se llevaba a cabo la señal del pacto? (Génesis 17.14)
Es importante notar que aunque Abraham ofreció muchos sacrificios durante su
jornada de fe, sólo un sacrificio le fue contado por justicia (Génesis 15). Recuerde esto:
Muchos sacrificios comprendían la alabanza y la fe pero sólo uno servía como momento
de fe salvadora. Aunque la incircuncisión llevaría al que no participaba de este rito a no
tener parte en el pacto, la circuncisión misma no ocurría en el momento en que venía la
fe de salvación. Era una señal del pacto, no el pacto en sí.

INFORMACIÓN ACADÉMICA

En el Nuevo Testamento, los fariseos ponían gran énfasis en la santidad externa.


Durante los viajes misioneros de Pablo esta misma filosofía era promulgada por los
judaizantes. Pablo describe en la carta a los filipenses las señales del nuevo pacto. Este se
establece mediante la sangre sacrificada por Jesucristo. Sólo un sacrificio es necesario para
asegurar su pacto con Dios. Mientras que la señal de Abraham era cirugía física, una marca
permanente en su cuerpo, su señal y la mía como pueblo de pacto no es menos
permanente. Sin embargo, en vez de ser una marca en nuestros cuerpos, nuestra marca es
cómo vivimos ante Dios y los hombres.

¿Cuáles son las señales del nuevo pacto? (Filipenses 3.1–3)

8. Abraham recibió la promesa de un hijo a través de Sara (Génesis 18.1–5).


En Génesis 18 se registra el incidente del cambio de nombre de Abraham, junto a una
aparición del Señor acompañado por dos ángeles. Van camino a juzgar a Sodoma y a
Gomorra cuando se detienen a visitar a Abraham. Como este les sirve con el tradicional
lavamiento de los pies y les ofrece comida y provisiones, el Señor le habla.
¿Qué hizo Abraham cuando se encontró con los ángeles? (Génesis 18.3)
¿Cuál fue la respuesta de Sara cuando oyó la conversación entre Abraham y los
ángeles? (Génesis 18.12)
¿Cuál fue la respuesta de Abraham? (Génesis 17.17)
¿Cómo amonestó Dios a Sara? (Génesis 18.14)
¿Cuántos años tenían Abraham y Sara en aquel momento? (Génesis 17.17)
¿Cuántos años tenía Abraham cuando nació Ismael? (Génesis 16.16)

REFLEXIÓN SOBRE FE

Una de las grandes lecciones que enseña la jornada de fe de Abraham tiene que ver
con el tiempo. Usted y yo vivimos en una cultura en que el tiempo parece estar
comprimido. Casi todo se puede hacer con rapidez. Los fax, las computadoras y los hornos
de microondas actúan de inmediato. Sin embargo, la fe no opera en una atmósfera donde

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Fe Bíblica

todo se hace de inmediato o por conveniencia. En ese momento de la jornada de


Abraham, Dios le había prometido un hijo muchos años antes. Tal vez la risa de Abraham
tuvo menos que ver con la incredulidad que con la falta de entendimiento de las promesas
de Dios a la luz de cómo Él se mueve a través del tiempo.
Esto es especialmente cierto en las personas cuyo concepto del tiempo y del espacio se
ha distorsionado por culpa de la tecnología moderna. ¡La fe puede tener resultados
inmediatos, y a veces hasta resultados convenientes! El error está en asumir que al pasar el
tiempo la promesa se ha olvidado o que Dios ha permitido que se cumpla a través de un
Ismael, mediante la provisión humana en vez de hacerlo a través de su poder milagroso y
en su tiempo. Escriba las promesas que ha recibido de la Palabra y del Espíritu de Dios, y
que requieren que ejerza su paciencia y su fe.

9. El llamado de Abraham al sacrificio de Isaac (Génesis 22).


Finalmente, Abraham se enfrentó con el llamado supremo a la fe: A dejar frente al
altar todo lo que Dios le había dado. A rendir todo, inclusive la promesa cumplida, y
confiar en el que hizo la promesa por sobre todo.

Lea Génesis 22. Responda estas preguntas.


1. ¿Cómo expresó Dios su mandamiento a Abraham? (v. 2)
2. ¿Cuánto tiempo pasó hasta que Abraham respondió? (v. 3)
3. ¿Qué evidencia dio Abraham con sus palabras de creer que Dios habría de
intervenir? (v. 5)
4. Cuando fue cuestionado por Isaac, quien sentía que algo extraño estaba sucediendo,
¿cuál fue la respuesta de Abraham? (vv. 6–8)
5. ¿Hasta dónde llegó Abraham en su acto de obediencia? (vv. 9–10)
6. ¿Que dijo, y dirigió Dios? (vv. 11–13)
7. ¿Por qué dijo Dios que estaba interviniendo? (v. 12)

Este encuentro fue el momento cumbre en la jornada de fe de Abraham. Los


propósitos más altos de Dios no son enriquecernos (aunque lo haya hecho con Abraham),
sanarnos (aunque haya «sanado» el cuerpo de Abraham, haciendo posible así el
nacimiento de Isaac) o cumplir su promesa con nosotros (aunque dio a Abraham y a Sara
el hijo prometido, Isaac). Su objetivo es traernos de vuelta a confiar en Él bajo cualquier
circunstancia y en toda situación, y a caminar con él, por encima y más allá de todo.
Y esto, mi compañero peregrino, es la verdad final que todas las lecciones de fe
pretenden grabar en nuestras almas. Escriba una oración en la que esta lección se
profundice en su alma y viva con usted para siempre.

UNA PALABRA FINAL

Hemos terminado nuestras lecciones de fe. ¿Sí o no? ¿No es verdad que nuestra
jornada de fe nunca estará verdaderamente completa hasta que estemos frente al Padre?

271
Fe Bíblica

Me regocijaré si algún ejercicio de esta guía de estudio sobre la fe o si alguna palabra que
usted haya leído de lo que escribí, o de lo que cité, tiene un efecto positivo sobre su
propia jornada de fe.
Al final, cuando estemos frente a Dios, nuestra fe será lo que le traerá honra y gloria.
«Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque
perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea
manifestado Jesucristo» (1 Pedro 1.7).
¡Y su fe será probada con fuego! La figura en el texto griego es de un orífice que
repetidamente calienta el metal, haciendo salir la «basura» (impurezas, escorias,
residuos) al surgir a la superficie del metal derretido. ¿Cuándo sabe el orífice que ha
terminado? Se nos dice que en la antigüedad, el refinador sabía que había terminado el
proceso de purificación recién cuando podía ver claramente su propio reflejo en el oro.
De la misma manera, nuestro amoroso Señor Jesús será nuestro compañero fiel a
través de toda prueba de fuego. Al someternos al tratamiento de nuestra vida en su
presencia, al confesar las impurezas que van surgiendo por causa del calor de las
circunstancias, El removerá con amor toda la «escoria» de nuestras vidas. Al margen de
cuánto hayamos avanzado en el proceso, un día glorioso nos encontrará frente a Él. Al
haber removido la última de las impurezas, veremos su imagen perfeccionada: «Seremos
semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es» (1 Juan 3.2).
Entonces mi hermano o hermana, crezcamos en la fe y en Cristo: «¡Quizás nuestra fe,
probada por fuego, sea hallada en Él con toda la alabanza, la honra y la gloria!

Él es poderoso para guardarte sin caída


Y presentarte delante de su glorioso trono.
Yo me presentaré sin mancha y con gozo.
Porque Él es poderoso,
Sí Jesús es poderoso,
para guardarme sin caída, Él es poderoso.

272
Fe Bíblica

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